Apuntes Profesora
Apuntes Profesora
Desde
que nace, incluso desde que está en el útero materno, recibe sus primeras impresiones a través de sus
órganos sensoriales.
El desarrollo sensorial integra todos los procesos que se producen en los niños y las niñas, relacionados
con la adquisición de la información de su entorno (sonidos, colores, olores, formas, etc.) y de su propio
organismo (sensación de frío, hambre, etc.).
Las capacidades sensoriales son las primeras que se desarrollarán en los bebés y, por lo tanto, suponen
el primer paso en el proceso de formación de sus funciones cognitivas y afectivas.
A partir del nacimiento, el bebé irá experimentando sensaciones procedentes del entorno y de su propio
organismo y acumulará sus primeras experiencias como ente separado del cuerpo materno.
La sensación es el proceso a través del cual la información sensorial (los datos sensoriales) llega al
cerebro.
La sensación que provoca cualquier estímulo se produce en una pluralidad. Así, por ejemplo, cuando un
bebé es amamantado por su madre, experimenta diversas sensaciones simultáneas que tienen que ver
con el gusto, el tacto, la vista y el olfato.
Las células receptoras sensoriales transmiten los datos sensoriales a las neuronas (células del sistema
nervioso), las cuales, por una única vía o canal sensitivo, llevarán esta información al cerebro.
No todos los estímulos que llegan a los sentidos generan sensaciones, pues los receptores sensoriales
operan solamente entre unos límites de energía (umbrales máximo y mínimo); es decir, solo se pueden
captar los estímulos que contengan una intensidad de energía que se mantenga entre su umbral mínimo
y su umbral máximo. Más allá de estos límites, los receptores sensoriales no funcionan.
En definitiva, la sensación es una impresión que se produce en el cerebro por la excitación originada en
un receptor sensorial a causa de un estímulo proveniente del mundo externo o interno.
Precisamente, según la procedencia interna o externa de los estímulos, diferenciamos entre sensaciones
exteroceptivas e intraceptivas.
Las sensaciones exteroceptivas son las que reciben los estímulos del mundo exterior.
Sus receptores sensoriales están situados en cada uno de los órganos de los sentidos, que recogen las
señales y las envían al córtex cerebral, donde se analizan.
La persona tiene conciencia de que recibe esta clase de sensaciones. Normalmente, la percepción de un
estímulo del medio externo no se realiza mediante un solo sentido, sino que es necesaria la
interrelación de varios de ellos: olfato-gusto-tacto, vista-oído, vista-tacto, etc.
Las sensaciones intraceptivas son aquellas cuyos estímulos provienen del medio interno del organismo.
Propioceptivas. Sus receptores sensoriales están situados en los músculos, los tendones, las
articulaciones y en el aparato vestibular del oído interno, que envían la información al córtex cerebral y
al cerebelo.
A través de las sensaciones propioceptivas, la persona percibe su tono muscular, la posición de su
cuerpo en el espacio, la disposición de sus miembros, su movimiento y su equilibrio.
Estas sensaciones son esenciales para la homeostasis (equilibrio o regulación de los procesos
metabólicos internos) y pueden inducir a conductas que procuren disminuir estados de malestar
provocados por la sed, el hambre, el frío, etc.
Existen otras maneras de clasificar las sensaciones, por ejemplo, según el grado de complejidad o de
vinculación con los estados emocionales.
Sensaciones protopáticas. Son las primeras sensaciones que afectan a niños y niñas y están relacionadas
con sus estados de placer o displacer. Son muy subjetivas y no se pueden separar de los estados
emocionales.
Estas sensaciones se estructuran a nivel subcortical (por debajo del córtex cerebral).
Sensaciones epicríticas. Son un tipo de sensaciones más elevadas, superiores y más complejas que las
protopáticas. No tienen un carácter tan subjetivo y reciben los estímulos del mundo exterior.
Se estructuran en las zonas correspondientes del córtex cerebral (táctil, olfativa, gustativa, auditiva y
visual) y están más cerca de los procesos intelectuales superiores.
Cuando funcionan los diferentes sentidos, siempre hay componentes protopáticos (agrado, desagrado,
placer, displacer, etc.) y componentes epicríticos (azul, grande, cuadrado, etc.); es decir, hay elementos
objetivos y subjetivos que actúan al mismo tiempo.
Mediante la percepción, la niña o el niño ya es capaz de diferenciar, de extraer un estímulo concreto del
cúmulo de sensaciones que recibe, y darle significado.
La percepción, por tanto, ya puede considerarse una función cognitiva básica, pues significa la toma de
conciencia de que el objeto existe y de que tiene unas determinadas cualidades.
Leyes de la Gestalt
La Gestalt señala que el fenómeno de la percepción se da como un todo y que, si se intenta analizar
descomponiéndolo en elementos o partes más pequeñas (elementalismo), esta totalidad desaparece.
Desde esta perspectiva, cualquier cambio o pequeña alteración en algún elemento afecta a la totalidad
del fenómeno perceptivo.
De acuerdo con la psicología de la Gestalt, la percepción de las personas no se ejerce sobre elementos
aislados del entorno, sino en campos perceptivos.
Un campo perceptivo sería la distribución del conjunto de elementos del medio que afectan a la
persona cuando tiene una percepción.
La organización del campo perceptivo determina el fenómeno perceptivo, pero hay que considerar que
el campo perceptivo es un concepto muy dinámico porque constantemente se tienen percepciones.
Según estos principios, la percepción ya está originariamente organizada y estructurada con unas leyes
propias que determinan un campo perceptivo. Así, la percepción infantil ya está estructurada desde el
momento de nacer y condicionará la manera en la que niños y niñas perciban los estímulos de su
entorno.
Las leyes de organización perceptiva de la Gestalt más importantes son las siguientes:
La ley de proximidad.
La ley de semejanza.
La ley de cierre.
La ley de continuidad.
La ley de figura-fondo.
La organización perceptiva humana tiende a percibir una figura, un objeto, una cara o una estructura de
la manera más sencilla, equilibrada, estable y regular posible. Hay que considerar esta ley como un
principio básico que rige todas las demás leyes.
Ley de proximidad
Se tiende a percibir juntos, o como un mismo objeto, los elementos próximos en el espacio o en el
tiempo, es decir, se tiende a agrupar elementos que se encuentran cerca.
Ley de semejanza
Se tiende a agrupar elementos parecidos como si formasen parte de una misma estructura. Por ejemplo,
en la figura adjunta se aprecia más fácilmente con seis columnas verticales que con filas horizontales,
debido a que la percepción agrupa las figuras por similitud de forma.
Ley de cierre
Se tienden a clausurar las brechas existentes en una posible figura que tenga las líneas incompletas o,
dicho de otra manera, se perciben figuras completas cuando en realidad no lo son.
Ley de continuidad
Se tiende a percibir como si formasen parte de una misma figura los estímulos que guardan entre sí una
continuidad de forma.
Ley de figura-fondo
La figura es el objeto sobre el cual se focaliza la atención; el fondo es la parte de atrás o lo que rodea a la
figura en todo su contorno.
Cuando la relación figura-fondo es ambigua, las percepciones de la figura y del fondo se alternan y no se
puede conseguir contemplar ambas imágenes a la vez.
Muchas veces se ve, se siente o se huele aquello que se espera ver, sentir u oler. Se espera percibir
aquello que encaja con las propias ideas preconcebidas. Esto significa que las expectativas influyen en la
manera de percibir los estímulos.
La estimulación sensorial consiste en una programación y aplicación sistemática de una serie de
actividades destinadas a favorecer la entrada de información del entorno al sistema nervioso a través de
los sentidos.
El entorno de manera natural ya aporta estímulos que las niñas y los niños captan de manera
espontánea, sin embargo, si estos estímulos se aportan de una manera intencional y programada se
mejoran los resultados.
Hemos visto que el desarrollo sensorial tiene lugar básicamente en los tres primeros años de vida y, de
manera especial, el primer año. Será, por tanto, en este periodo en el que se deberá hacer un uso más
intensivo de los programas de estimulación sensorial.
Otro aspecto que hay que tener en cuenta es que los niños y las niñas reciben los estímulos en su
globalidad (visuales, auditivos, táctiles, etc.), por lo que no hay que limitarse a tratar las áreas por
separado, sino integrando experiencias con diferentes sentidos a la vez, procurando que la estimulación
sea multisensorial.
Los ejercicios o las actividades que se proponen en este apartado están clasificados según el desarrollo
de las diferentes áreas sensoriales e intentan seguir un orden de complejidad gradual. No pretende ser
un programa de estimulación cerrado, sino una introducción a la práctica de la estimulación. Puede ser
una guía inicial a partir de la cual puedan surgir otras ideas o actividades.
En este sentido, cuando se apliquen estos ejercicios o estas actividades, se debe procurar no caer en una
sistematización demasiado rígida, sino que se debe ser flexible y adaptarse al momento de cada niño o
niña y a las posibilidades de espacio y material existentes. En esta propuesta, la estimulación se prevé
realizarla individualmente, ya que la persona adulta se adaptará al ritmo de cada niño o niña en
particular, pudiéndose ampliar este criterio también a actividades de grupo.
Materiales
Los materiales que se utilicen para estimular este sentido deben contener alguna cualidad táctil para su
percepción: tamaño, consistencia, forma, textura, material, peso, temperatura y dolor.
El tamaño y el peso de estos objetos deben ser adecuados a las posibilidades del niño/a, tener un
aspecto atractivo (color, diseño) y ser de fácil manipulación.
Todos los materiales utilizados en las actividades de estimulación deben cumplir la normativa de
seguridad e higiene de la Unión Europea.
De 0 a 6 meses
Móviles táctiles: objetos de diferente textura y forma, enlazados con una cinta o goma para sujetarlos
en el cochecito, la tumbona o la cuna.
Cinta elástica con objetos de diferentes tamaños, texturas y formas (pelota, pirámide, aro, estrella,
muñeco, etc.).
De 6 a 12 meses
De 12 a 18 meses
Torres nido.
De 18 a 24 meses
Juegos de clasificación.
Cuentos táctiles.
De 24 a 36 meses
En general, el material que sea posible adaptar del que se ha citado hasta ahora.
El material táctil de esta edad está asociado a actividades didácticas e integrado dentro del grupo de los
denominados juegos sensoriales (de clasificación, de discriminación, lotos, encajes, dominós sensoriales,
etc.).
De 0 a 6 meses
Caricias y cosquillas, especialmente en las zonas más sensibles, como la cara, la palma de la mano, la
planta de los pies, la columna vertebral, etc.
Masajes, con las manos, por todo el cuerpo, utilizando una crema o una loción infantil.
El tacto es el sentido que el recién nacido experimenta con más intensidad. De hecho, es el primer
sentido que se desarrolla en el útero materno y es uno de los más importantes para el desarrollo infantil
tanto en el plano fisiológico como psicológico y emocional. El masaje infantil, según demuestran
estudios recientes, es una técnica que aporta numerosos beneficios.
En el plano afectivo, por ejemplo, activa la comunicación entre la persona adulta y el bebé a través de la
piel, la mirada, los gestos, la sonrisa, los sonidos y los olores. Favorece también la maduración del
sistema gastrointestinal y refuerza el sistema inmunitario porque, mediante el masaje, se reducen las
hormonas del estrés y se provoca en el bebé una sensación de bienestar, una relajación física y mental,
y un sentimiento de seguridad y confianza. Los beneficios que el bebé recibe mediante el masaje infantil
son también notables para el desarrollo de su sistema nervioso central y muscular, puesto que con este
tipo de estimulación se favorece la atención, la curiosidad, el deseo de interactuar con el entorno y se
incrementa la capacidad sensorial propioceptiva.
En una sesión de masaje infantil, se recomienda seguir las pautas que se exponen a continuación:
Cuando el bebé esté relajado, deslizar las manos suavemente por todo su cuerpo. Empezar por el pecho,
y continuar después por un brazo y la mano, el otro brazo y mano, vientre, piernas y pies, espalda y
cara.
Caricias y juegos en las manos, antebrazos y brazos a ritmo de retahílas, rimas o canciones infantiles.
Colocar al bebé, solo con el pañal, sobre una manta (de 80 x 100 cm, por ejemplo), confeccionada con
trozos de tela de diferentes texturas, como: algodón, terciopelo liso y rugoso, felpa, cañamazo, lana,
satén, etc. El educador/a pondrá al bebé boca arriba y boca abajo para que perciba las diferentes
sensaciones táctiles.
Poner en la mano del bebé (a partir de 4 o 5 meses) objetos de fácil prensión y de distintas texturas
(peluches, muñecos, sonajero, pelotas pequeñas, etc.).
Colocar al bebé debajo del trapecio, encima de una manta suave, para que pueda tocar y experimentar
táctilmente sus diferentes objetos colgantes.
Pasar objetos (muñecos, peluches, esponjas, etc.) por distintas partes sensibles del cuerpo del bebé.
El educador/a pone al niño/a sobre sus rodillas de cara a una superficie plana (por ejemplo, una mesa),
donde hay dos muñecos duros y dos muñecos blandos. Se los irá dando o colocando, uno por uno, en las
manos del bebé para que los explore (los toque con las manos, con la boca, etc.) acompañando la acción
con la palabra.
El educador/a muestra un peluche multitextural al bebé (a partir de 3 o 4 meses), que está tumbado en
una tumbona o hamaca. Después de que este lo haya visto, se lo irá pasando por distintas partes del
cuerpo (pies, pecho, cara) y se lo dará o pondrá en sus manos para que lo explore o juegue con él.
De 6 a 12 meses
Se sienta al niño/a en la trona (silla alta con brazos y bandeja) o en una silla con bandeja (a partir de los
9 meses en el parque o en el suelo), encima de la cual se colocan objetos blandos que pueda estrujar
como, por ejemplo, esponjas, muñecos de goma, pelotas y muñecos de los llamados antiestrés,
peluches blandos, etc. El educador/a le muestra los objetos y los manipula (apretándolos y
estrujándolos) de uno en uno incitándole a hacer lo mismo.
Se sienta al niño/a en la trona o en su silla (a partir de los 9 meses en el parque o en el suelo), encima de
la cual se colocan trozos pequeños de tela (20 x 20 cm, por ejemplo) de diferentes tejidos (toalla, felpa,
lana, seda, etc.). El educador/a se sienta delante del niño/a, le pasa por la cara los diferentes trozos de
tela de uno en uno y se los va dando para que los manipule y experimente con ellos.
Se sienta al niño/a en el suelo (a partir de 8 o 9 meses) frente a una cesta no muy alta y muy abierta
(panera) en la que se alojan objetos muy variados y atractivos en cuanto a material, color y forma. El
educador/a, junto al niño/a y también frente a la cesta, va sacando objetos, de uno en uno, los
manipula, se los enseña y los devuelve a la cesta; después, induce al niño/a a que vaya repitiendo la
acción sin ayuda.
De 12 a 18 meses
La misma actividad anterior, pero andando sobre suelos de diferentes materiales: piedrecitas, arena,
parquet, alfombra, moqueta, baldosa, corcho, etc.
La misma actividad anterior, pero por superficies blandas de diferentes consistencias (espuma dura y
blanda de diferentes grosores, por ejemplo).
Arrugar papel. Dar al niño/a distintas clases de papel (seda, celofán, periódico, plata, etc.) para que lo
arrugue. El educador/a irá dando estímulos con la acción y la palabra.
Trocear papel. La misma actividad anterior, pero, en lugar de arrugar el papel, se trocea y se rompe.
Ofrecer al niño/a piezas de distintas texturas para que las monte en una torre con eje. Previamente, el
educador/a habrá hecho la demostración, pero le ayudará a conseguirlo, si es necesario.
De 18 a 24 meses
Colocar dentro de una bolsa opaca cuatro esponjas y cuatro tacos de madera cuadrados. Pedirle al
niño/a que, sin mirar, vaya sacando las esponjas sin sacar los tacos (el educador/a puede acompañar la
petición sacando primero las cuatro esponjas para que luego el niño/a le pueda imitar).
Se induce al niño/a, con la acción y la palabra, a que apareje tablillas con relieves muy contrastados
(debe haber dos de cada clase).
El educador/a presenta al niño/a una caja con tacos de diferentes formas y tamaños, y le invita a que los
manipule y experimente con ellos con previa demostración (el educador/a hará el puente de tres piezas
o una torre de dos o tres piezas).
El educador/a presenta al niño/a una caja buzón; la llena con piezas que solo pasan por las aberturas
correspondientes, la vacía e invita al niño/a a que lo haga (con y sin ayuda).
Situar al niño/a frente a un cajón lleno de arena. El educador/a irá llenando con arena algún cubo,
completamente o hasta la mitad, con una pala e inducirá al niño/a a que, con otra pala, le ayude.
Después, se vaciará el cubo o los cubos, repitiendo la acción varias veces.
La misma actividad anterior, pero con arena mojada (se puede humedecer la arena utilizando un cubo
pequeño de plástico que, previamente, se llenará de agua delante del niño/a induciendo a que participe
en la operación).
Colocar al niño/a frente a un fregadero para que experimente con el agua llenando y vaciando cubos
(pequeños y de plástico). El educador/a, inicialmente, también participará en la actividad.
El educador/a explica al niño/a un cuento táctil, invitándole a pasar la yema de los dedos por las
diferentes texturas del cuento, a medida que pasa las páginas.
Dimensión: abarcable, ancho, alto, bajo, corto, delgado, diminuto, encogido, estirado, estrecho, fino,
grande, grueso, inabarcable, largo, mediano, muy grande, pequeño o profundo.
Forma: abierta, aguda, alargada, cerrada, cilíndrica, circular, cónica, dentada, esférica, forma de animal,
forma humana, forma de objeto usual, ovalada, puntiaguda o redondeada.
Materia: algodón, barro, cartón, cartulina, lana, madera, malla, metal, metacrilato, papel (celofán,
estraza, periódico, seda), tela, piedra, plástico, agua, rejilla, seda, arena o vegetal.
Superficie: áspera, con relieve, continua, discontinua, deslizante, espinosa, esponjosa, firme, granulada,
lisa, llana, nudosa, pegajosa, peluda, plegada, porosa, pulida, rasposa, resbaladiza, resquebrajada, roma,
rugosa, satinada, suave o tensa.
Situado el niño/a frente a una superficie plana, el educador/a le pondrá delante dos recipientes iguales,
uno con agua fría y el otro con agua templada. El educador/a induce al niño/a a introducir las manos en
los recipientes, primero en uno y luego en el otro, y va verbalizando su acción.
De 24 a 36 meses
El educador/a enseña y entrega un objeto atractivo al niño/a para que lo mire y lo manipule. Luego,
dicho objeto se introduce en una bolsa opaca donde hay otros dos objetos diferentes. Se pide al niño/a
que ponga la mano dentro de la bolsa y saque el objeto que ha visto y manipulado anteriormente.
El educador/a tiene de frente al niño/a y le enseña tres juguetes pequeños y conocidos. Después de
verlos, el educador/a le pide que ponga las manos detrás (acompañando la acción con la palabra), en la
espalda, y le coloca en ellas uno de los juguetes que debe identificar diciendo el nombre.
El niño/a debe hacer dos grupos de botes opacos cerrados, que contengan agua caliente y fría, situados
en una superficie plana, de acuerdo con las indicaciones y, tal vez, demostraciones del educador/a.
La misma actividad anterior, pero con la mitad de los botes llenos de algún material sólido: arroz, arena,
lentejas (en un grupo habrá los botes pesados y en el otro los livianos).
La misma actividad anterior, pero con objetos que tengan la misma apariencia (forma, color, tamaño) y
con dos pesos muy diferenciados.
El niño/a descalzo y ayudado por el educador/a, anda por encima de varios cajones, cada uno de los
cuales debe contener una misma clase de material o de objetos sólidos (por ejemplo, arena, guijarros,
pequeñas pelotas de plástico, piedras). El educador/a ayudará al niño/a a expresar sus sensaciones.
El educador/a coloca dentro de una caja (con una abertura en la tapa para poder introducir la mano) dos
parejas de objetos distintos y conocidos por el niño/a (por ejemplo, dos peluches pequeños y dos
pelotas pequeñas). Pedirá al niño/a que saque un objeto de la caja y, después de verlo, le pedirá que
saque su pareja.
El niño/a, sentado en una mesa, participa en los juegos sensoriales táctiles que el educador/a le va
proponiendo: dominó táctil, lotos táctiles, encajes, etc.
El educador/a muestra al niño/a una serie de objetos familiares y los coloca encima de una superficie
plana, tapados de uno en uno con un pañuelo. El niño/a, inducido/a por el educador/a, debe adivinar,
tocándolos, cuál es el objeto que se oculta debajo de cada pañuelo.
Materiales
El sentido del gusto se va desarrollando al mismo tiempo que aumenta la variedad de alimentos en la
dieta infantil. Por lo tanto, el material específico serán los alimentos que se van introduciendo y los
ejercicios y actividades se realizarán mayoritariamente a través de la alimentación.
Ejercicios y actividades
De 0 a 6 meses
A partir de los cuatro meses, percibe los sabores «amargo» y «ácido» a través de la papilla de frutas
(plátano, naranja, pera, manzana, etc.).
De 6 a 12 meses
Al introducir nuevos alimentos (carne, verdura, pescado, harinas, cereales, etc.), el gusto del bebé se
amplía con lo salado.
De 12 a 18 meses
Con la introducción de nuevos alimentos y condimentos, amplía su exploración del mundo de los
sabores.
De 18 a 24 meses
El educador/a presenta y da a probar a un grupo de niños y niñas diferentes alimentos con sabores y
gustos contrastados (dulce-salado, amargo-dulce, etc.) verbalizando el nombre del alimento y el sabor
correspondiente.
De 24 a 36 meses
La misma actividad que de 18 a 24 meses, añadiendo que el educador/a pregunta al niño/a el nombre
del alimento que prueba y si lo encuentra dulce o salado.
Sentar al niño/a delante de una mesa donde hay un recipiente que contiene trozos de frutas (naranja,
plátano, manzana, pera…) y darle a probar las diferentes frutas de una en una, preguntándole cada vez
el nombre de la misma.
Se coloca al niño/a de pie frente a una mesa donde hay dos recipientes iguales que contienen sal y
azúcar respectivamente. El educador/a le preguntará cuál contiene el azúcar y cuál contiene la sal.
Materiales
De 0 a 6 meses
Bolsitas.
Algodones.
Perfumes variados.
De 6 a 12 meses
De 12 a 18 meses
De 18 a 24 meses
Cuento olfativo.
De 24 a 36 meses
Tarritos.
Esencias de frutas.
Plantas aromáticas.
Ejercicios y actividades
De 0 a 6 meses
En la cuna, tumbado boca arriba y despierto, pasar por debajo de su nariz bolsitas de tela que
contengan:
Algodón mojado con perfume, extracto de vainilla, coco, agua de rosas, etc.
Polvo de nuez moscada, de canela, etc.
Colocado el bebé en el regazo de la persona adulta, pasar por debajo de su nariz las mismas bolsitas
señaladas en la actividad anterior.
De 6 a 12 meses
Colocado en la tumbona o hamaca, se le pasan las bolsitas por la nariz (como en las actividades de 0 a 6
meses).
Colocado en la tumbona o hamaca, darle, de una en una, las bolsitas aromáticas de las actividades
anteriores para que las huela (se le debe estimular, con la acción y la palabra, para que cada bolsita vaya
a la nariz y no a la boca).
Sentado en la trona o en una sillita con bandeja delante, se le deben colocar las bolsitas aromáticas
señaladas anteriormente para que las vaya cogiendo, ayudándole y controlando que vayan a la nariz y
no a la boca.
De 12 a 18 meses
Presentar tarritos con olores de frutas conocidas por el niño/a. El educador/a los va abriendo de uno en
uno y los da a oler al niño/a, pronunciando el nombre del olor o la fruta correspondiente.
Presentar al niño/a tarritos con otros olores agradables y familiares y continuar la actividad como en el
ejercicio anterior.
De 18 a 24 meses
El educador/a explica a un grupo de dos o tres niñas/os, sentados a su lado, un cuento olfativo, a la vez
que activa los olores que están impregnados en sus páginas.
De 24 a 36 meses
Presentar a los niños/as un cesto lleno de diferentes frutas; se van sacando de una en una y se les da
para que las huelan y las nombren.
Reconociendo olores. El educador/a presentará a los niños/as una serie de fotografías con imágenes de
frutas que conozcan y después las extenderá sobre una mesa. Luego dará a oler a los niños/as tarritos
(de rosca) que contengan los olores de dichas frutas. Después de olerlos, intentarán decir el nombre de
la fruta correspondiente y, después de adivinarlo, los colocarán encima de la foto correspondiente a esa
fruta.
Aparear olores. Se proporcionarán tarritos duplicados que contengan aromas de diferentes plantas
aromáticas, se mezclarán y los niños/as deberán olerlos y emparejarlos por aromas.
Se presentarán tarritos con distintos olores y el niño/a debe olerlos y hacer dos grupos: olores
agradables y olores desagradables.
Dar a oler a los niños/as objetos de su entorno para que comprueben o experimenten su olor.
Adivinar con los ojos tapados el nombre de alimentos a través del olfato.
Adivinar con los ojos tapados el nombre de objetos de su entorno familiar a través del olfato (jabón,
colonia, plastilina, ceras, pintura, etc.).
Identificar olores. El educador/a muestra al niño/a unas bolsas de plástico opacas que contienen
sustancias olorosas familiares. Se le indica (el educador/a realizará la acción para estimular el interés del
niño/a) que las abra, olfatee y diga a qué corresponde el olor de cada una de ellas.
Materiales
Igual que en el tacto, el material que utilices debe ser variado y debe contener diferentes cualidades
sonoras (timbre, tono, frecuencia, intensidad).
De 0 a 6 meses
Carruseles sensoriales.
Campanillas y cascabeles.
Móviles musicales.
Mantas musicales.
Grabaciones de música clásica, nanas, canciones infantiles, etc. También grabaciones de sonidos
variados (familiares o no para los niños y niñas).
Títeres de mano.
De 6 a 12 meses
El mismo material que de 0 a 6 meses o material nuevo adaptado a las posibilidades de los niños y las
niñas.
Material Montessori.
De 12 a 18 meses
Cuentos sonoros.
De 18 a 24 meses
De 24 a 36 meses
Ejercicios y actividades
¡Tenlo en cuenta!
Sigue las orientaciones siguientes para la realización de las actividades de estimulación auditiva:
El vocabulario que utilices debe ser muy sencillo y expresado pausadamente. La voz debe ser melódica y
aguda, y la entonación en forma de pregunta (exagerada).
La intensidad de la voz debe ser normal; no es necesario gritar porque los bebés ya pueden percibir
murmullos (a partir de 25 o 30 dB).
De 0 a 6 meses
Hacer sonar un sonajero, una campanilla o un cascabel, primero frente al rostro del bebé (en la cuna,
despierto y boca arriba) y después desplazándolo hacia la derecha y hacia la izquierda.
Frente al rostro del bebé, hacer sonar dos sonajeros con las dos manos, simultánea y alternativamente,
procurando ir cambiando de ritmo.
Hablar al bebé frontalmente, con voz pausada y melódica, alternando tonos graves y agudos.
Detrás del bebé, que está en la cuna y despierto, se hace sonar un cascabel, un sonajero o una
campanilla, cambiando de posición hacia la derecha y hacia la izquierda.
Colgado sobre o al lado de la cuna, con el bebé despierto, se acciona un móvil sonoro.
La misma actividad anterior, pero con juguetes musicales como, por ejemplo, un reloj musical.
La misma actividad anterior (el bebé de 4 o 5 meses), pero con un muñeco o juguete blando, fácil de asir
con cascabeles en su interior. Además, se deja que el bebé lo agarre o se le pone en la mano y se le
ayuda a provocar el sonido con unos movimientos suaves, secos y oscilantes.
Al bebé, tumbado en el suelo o en una superficie plana, se le colocan pulseras sonoras (uno en cada
muñeca) y se le motiva para que mueva los brazos y los antebrazos, provocando su sonido.
La misma actividad anterior, pero colocándole pulseras sonoras en las muñecas y en los tobillos.
Se le canta o tararea una canción infantil mientras está tumbado en la cuna, en el regazo del educador/a
o en la hamaca o tumbona (según la edad).
Tumbar al niño/a en la hamaca o tumbona. Se acciona un muñeco sonoro, fuera de su campo visual
directo, para que lo busque y lo encuentre girando la cabeza.
La misma actividad anterior, pero esta vez el estímulo sonoro debe estar situado en la parte trasera
izquierda o derecha del bebé, para que tenga que buscar la procedencia del sonido girando un poco la
espalda y un poco más la cabeza.
Poner música clásica suave, durante unos minutos, mientras el bebé está en la cuna o en la tumbona.
La misma actividad anterior, pero poniéndole sonidos familiares previamente grabados para el bebé
como: el timbre de la puerta o del interfono, teléfono, grifo, ducha, ascensor, manejo de llaves, sirena,
coches, campanas de la iglesia, impresora del ordenador, etc.
Al niño/a, en la tumbona o hamaca, el educador/a le tarareará o cantará una canción suave, le recitará
una retahíla o le dirá cosas matizando la voz, con un títere de mano que se irá desplazando y moviendo
al ritmo de la expresión.
De 6 a 12 meses
El niño/a está sentado en las rodillas de la persona adulta frente a una mesa, o en la trona (con
bandeja). Sobre la mesa hay distintos juguetes sonoros. El educador/a los hace sonar e induce al niño/a
para que juegue y reproduzca los sonidos.
Al niño/a, en la tumbona o hamaca, procurando que no haya ningún otro ruido, se le pone música
clásica durante unos minutos.
Se coloca al niño/a sobre una alfombra sonora, el educador/a va accionando y apretando las diferentes
partes de la alfombra para que el bebé oiga los diferentes sonidos y los reproduzca, o los intente
reproducir, con su propia acción.
El bebé, sentado en las rodillas de la persona adulta y frente a una mesa, mira cómo el educador/a
acciona los diferentes resortes de un juego manipulativo sonoro. El educador/a estimulará al niño/a
para que lo explore y experimente, si espontáneamente no reproduce sus acciones.
A partir de un año, la estimulación auditiva se produce no solo a través de actividades específicas, sino
también y predominantemente a través de las actividades musicales, corporales y de lenguaje que
corresponden al módulo de Expresión y comunicación. Por ello, aquí solo se proponen algunas
actividades muy concretas para la estimulación sensorial auditiva, dejando las otras actividades más
globalizadas para el módulo correspondiente.
De 12 a 18 meses
Sentar a la niña/o en el suelo o delante de una superficie plana; el educador/a manipulará (estrujando,
arrugando, etc.) trozos grandes (30 x 30 cm o 40 x 40 cm) de diferentes clases de papel (celofán, seda,
plata, periódico, etc.), provocando diferentes sonidos e incitando al niño/a a que también lo haga.
El educador/a y el niño/a están sentados frente a un conjunto de utensilios u objetos que pueden
producir sonidos (cucharas de madera o metálicas, cajas de plástico duro, recipientes de aluminio,
cajitas de madera, vasos de plástico, etc.). El educador/a produce sonidos con los diferentes objetos,
incitando al niño/a a que lo imite.
La misma actividad anterior, pero con uno o dos tambores. Debe haber cuatro baquetas (palillos o
varitas de madera): dos para el educador/a y dos para el niño/a.
El educador/a tiene una pandereta pequeña en una mano y le da otra igual al niño/a; golpea la
pandereta con la otra mano y, después, también mueve la muñeca de la mano que sujeta la pandereta,
produciendo sus otros sonidos metálicos agudos y vibrantes; al principio, realiza estos movimientos
lentamente, incitando al niño/a a que le imite, para, luego, ir un poco más deprisa.
De 18 a 24 meses
El niño/a está frente a una superficie plana (de pie o sentado) donde hay un conjunto de botes
metálicos, bien cerrados, la mitad de los cuales debe contener material sólido que pueda sonar (dos o
tres bolitas, unos cuantos garbanzos, o tres o cuatro avellanas, por ejemplo). El educador/a sacudirá
algún bote con sonido y algún otro sin sonido, verbalizando la acción e invitando al niño/a a que le
ayude a clasificarlos en dos grupos.
El educador/a, al lado del niño/a, le explicará un cuento sonoro y lo irá accionando (apretará los
resortes) para que se escuchen los diferentes sonidos: de animales, de la naturaleza, del medio
ambiente, etc., e inducirá al niño/a a que también apriete los resortes.
Esconder un juguete sonoro en acción (mientras suena) e invitar al niño/a a que lo busque.
El niño/a y el educador/a están sentados frente a un tambor (puede haber dos tambores) y tienen una
baqueta en cada mano. El educador/a, con las dos manos, irá alternando sonidos fuertes y débiles,
induciendo al niño/a a que los imite.
El niño/a y el educador/a están sentados frente a una caja con diferentes pitos y trompetas pequeñas. El
educador/a los irá probando, poniéndoselos en los labios y haciéndolos sonar, incitando al niño/a a que
los explore y experimente por sí mismo.
La misma actividad anterior, pero el educador/a procurará que el niño/a le imite cuando produzca
sonidos largos y cortos.
De 24 a 36 meses
Las mismas actividades que de 18 a 24 meses adaptadas a sus posibilidades.
Se disponen en una superficie doce campanillas aparentemente iguales. La mitad de ellas suenan con un
tono agudo y la otra mitad con un tono más grave. Ambos sonidos deben ser muy contrastados. El
educador/a hace sonar las campanillas señalando al niño/a los dos tonos e invitándole a que las
manipule, explore y haga dos grupos, según el sonido.
Lotos sonoros. El educador/a sentado al lado del niño/a, le pide que señale la foto o el dibujo de los que
están encima de la mesa correspondiente al sonido que se oye en una grabación. Previamente, se ha de
haber preparado la grabación con sonidos, fotografías o dibujos muy claros y familiares para el niño/a.
Pueden ser sonidos de la naturaleza (viento, truenos, etc.), del entorno (timbre de la puerta, sirenas,
cláxones, trenes, barcos, etc.), de animales (gato, perro, etc.) o sonidos producidos por el propio cuerpo
(estornudar, llorar, bostezar, etc.).
La misma actividad anterior, pero colocando los objetos o instrumentos sonoros auténticos en lugar de
la fotografía.
Cuentos onomatopéyicos. El educador/a explica al niño/a un cuento, haciendo todas las onomatopeyas
de los personajes o elementos (gato, perro, gallo, sirena, timbre, lloro etc.).
El educador/a explicará un cuento infantil (con el único soporte de su voz, reforzada por el gesto y la
expresión facial) a la niña/o, que debe estar sentado muy cerca.
El educador/a tapa los ojos del niño/a con un pañuelo diciéndole que escuchará unos sonidos y que
deberá dirigirse a su lugar de procedencia. Rápidamente, el educador/a irá al otro lado de la sala y
producirá el sonido (por ejemplo, tocando un instrumento) para que el niño/a pueda localizarlo.
Lógicamente, la habitación debe estar libre de obstáculos para que el niño/a no tropiece.
Estimulación de la vista
Materiales
Debe ser un material variado y atrayente de diferentes tamaños, con colores vivos y contrastados
(blanco y negro), brillante, con formas planas o con volumen. Estos materiales se colocan dentro de su
posible campo visual.
De 0 a 6 meses
Láminas con dibujos esquemáticos grandes de diferentes figuras: sol, estrella, luna, casa, osito, etc.
Alfombras multicolores.
Espejos irrompibles.
Lámparas con pantallas de movimiento circular que contengan figuras recortadas o di-bujos.
De 6 a 12 meses
Cubos, cajas, tazas, anillas grandes, objetos con formas geométricas con colores vivos y variados.
De 12 a 18 meses
De 18 a 24 meses
De 24 a 36 meses
Puzles de cuatro o cinco piezas, sencillos (geométricos, siluetas o figuras muy esquemáticas).
Láminas, en color o en blanco y negro, donde se reflejen acciones o situaciones familiares y no familiares
para el niño/a.
Dominós de colores.
Juegos de cartas.
Bloques lógicos: cajas que contienen figuras geométricas (de madera o de plástico) de distinto color,
forma, tamaño y grosor.
Ejercicios y actividades
De 0 a 6 meses
El bebé está tumbado y despierto en la cuna. Se sostiene un objeto de color vivo en el centro de su
campo visual, a una distancia de unos 25 o 30 cm de su rostro, y se mueve horizontalmente de derecha
a izquierda y de izquierda a derecha lentamente. Se le habla y se hace durar la actividad muy poco
tiempo (un minuto más o menos).
La misma actividad anterior, pero moviendo el objeto verticalmente, de arriba abajo y de abajo arriba.
Con el bebé despierto en la cuna, mover un títere de mano, delante de su campo visual, en diferentes
direcciones. Se puede acompañar la acción con una canción, retahila, etc.
Las mismas actividades anteriores, pero con el bebé en el regazo de la persona adulta.
Las mismas actividades anteriores, pero con el bebé sobre el cambiador o sobre una manta blanda y
suave en el suelo.
Se provoca un movimiento pendular, primero, y rotatorio, después, a un móvil situado dentro del
campo visual del bebé, intentando que lo siga con la mirada.
Se colocan en la cuna, dentro del campo visual del niño/a, pelotas u objetos de colores vivos atados
individualmente a cintas elásticas. Se accionarán las cintas para conseguir movimientos oscilantes.
Primero solo se presentará un objeto y, a partir de los dos o tres meses, se ampliará a más objetos.
La misma actividad anterior, pero con el bebé tumbado boca arriba debajo del trapecio.
El bebé (4 meses) está en la hamaca, tumbona o sobre el regazo de la persona adulta. Se le van
poniendo en la mano juguetes y objetos pequeños (ligeros, vistosos y atractivos) para que fije la mirada
en ellos, acompañando la acción con la palabra.
La misma actividad anterior, pero con una lámina que contenga un dibujo grande y muy esquemático
(cara humana, sol, osito, etc.).
El bebé (5 o 6 meses) está tumbado sobre una superficie plana, por ejemplo, en el cambiador. Se le
coloca a cada lado un peluche llamativo y se le incita a que fije la mirada en él, a la derecha y a la
izquierda.
El bebé (5 o 6 meses), tumbado boca abajo sobre una superficie blanda, puede mirarse a un espejo
amplio que se le ha colocado en la cabecera. La persona adulta, con la acción y la palabra, motivará al
niño para realizar esta acción.
De 6 a 12 meses
El bebé está en la hamaca o tumbona. El educador/a hace rodar por el suelo, dentro del campo de visión
del niño/a, un juguete que se desplaza para que lo siga con la vista.
El bebé está sentado en las rodillas del educador/a frente a una mesa donde hay dos objetos (por
ejemplo, dos muñecos con colores contrastados), los observa y manipula; el educador/a, aprovechando
su interés, agarra uno y lo retira de su campo visual, provocando que el niño/a lo busque con la mirada.
Al bebé, en la tumbona o sentado en una sillita, frente a un espejo vertical, se le invita a que se mire y
que nos mire a través del espejo. El educador/a también debe estar mirando al niño/a a través del
espejo, nombrándole, señalándole y señalándose.
Las mismas actividades del tacto de 6 a 12 meses, pero teniendo en cuenta el colorido del material.
De 12 a 18 meses
La persona adulta está sentada en el suelo con las piernas abiertas y la niña/o sentado entre sus piernas.
El educador/a hace rodar pelotas u objetos rodantes (coches, trenes) y provoca que el niño/a siga su
dirección con la mirada.
La misma actividad anterior; pero ahora el niño/a, mostrando su interés, gatea, sigue el mismo recorrido
del objeto y lo agarra procurando, también, hacerlo rodar.
Dar al niño/a piezas de colores variados para ensartar en una torre con eje; el educador/a iniciará la
colocación de las piezas de un mismo color e incitará al niño/a para que le vaya dando piezas de este
color o para que las inserte sin recibir ayuda.
La misma actividad anterior, pero con torres nido. Se tendrá en cuenta que, a esta edad (15-18 meses) el
niño/a solo construirá torres de dos o tres piezas, pero sí que las puede colocar unas dentro de otras.
La misma actividad anterior, pero con una caja buzón de un único color, teniendo, así, en cuenta
solamente la forma.
La misma actividad anterior, pero con encajes geométricos de dos o tres piezas (círculo, triángulo y
cuadrado, por ejemplo).
La misma actividad anterior, pero con encajes geométricos de una sola forma con tres o cuatro variantes
de colores (rojo, amarillo, azul y verde).
De 18 a 24 meses
Sentar al niño/a frente a una mesa; la persona adulta, sentada a su lado, coloca un montón de objetos
de la misma forma, pero de tres o cuatro clases de colores diferentes (rojo, amarillo, azul y verde). La
persona adulta agarra uno de esos objetos y le pide al niño/a que le dé otro del mismo color.
La misma actividad anterior, pero con objetos del mismo color y de tres o cuatro formas distintas. Se le
pide al niño/a otro objeto igual.
El niño/a y el educador/a están sentados en el suelo, uno frente al otro. Cada uno tiene una caja que
contiene el mismo número de elementos idénticos: cubos del mismo tamaño y distinto color, cilindros
del mismo color y de distinto tamaño, etc. El educador/a saca, por ejemplo, un cubo de su caja y lo
muestra al niño/a, lo deja en el suelo y le pide al niño/a que busque en su caja otro objeto igual. Una vez
conseguido que el niño/a haya imitado la acción, se va repitiendo la operación sucesivamente hasta
vaciar la caja.
El educador/a monta una torre con eje haciendo una seriación de tres colores (azul-amarillo-rojo, por
ejemplo) y el niño/a debe construir otra, imitándole y siguiendo la misma seriación.
El educador/a leerá un cuento muy sencillo, pasando las hojas y mostrando detenidamente las
ilustraciones al niño/a.
El educador/a y el niño/a hacen puzles sencillos (de dos o tres piezas geométricas). El educador/a
inducirá al niño/a a que los haga sin recibir ayuda.
De 24 a 36 meses
El educador/a pide al niño/a que agrupe, según el color, un montón de pañuelos mezclados que están
en un cesto (previamente ha sido preparado utilizando pañuelos de cuatro colores: rojo, amarillo, azul y
verde). Mostrar algunos ejemplos para que el niño/a continúe sin recibir ayuda.
El niño/a está frente a una mesa, donde el educador/a ha colocado tres objetos conocidos y familiares.
El educador/a le induce a observarlos; después, le pide que cierre un momento los ojos, momento que
aprovechará para esconder uno de los tres objetos. Seguidamente dirá al niño/a que mire y le
preguntará cuál es el objeto que falta.
El educador/a muestra al niño/a un objeto de determinado color y le pide que le traiga todos los objetos
del mismo color que encuentre en la sala.
El educador/a se sienta con el niño/a en una mesa; y juntos hacen lotos de colores y lotos de objetos, y
juegan a cartas de colores y a dominós (de colores, de animales, de frutas…).
La misma actividad anterior, pero haciendo puzles sencillos de cuatro o cinco piezas. El educador/a
inducirá al niño/a a hacerlos sin recibir ayuda.
La misma actividad anterior, pero con encajes variados: de colores, de formas y de tamaños.
La estimulación sensorial es un contenido que se trabaja en la escuela infantil desde varias actividades
con diferente nivel de intencionalidad:
De manera transversal junto a otros contenidos en diferentes actividades rutinarias (por ejemplo, en el
cambio de pañales) o de juegos (juegos en el arenero, juegos con texturas, etc.).
De manera prioritaria en actividades que tienen como finalidad principal la exploración y manipulación
de objetos. Entre ellos, merecen una mención especial la cesta de los tesoros (para niños y niñas a partir
de los cinco o seis meses) y el juego heurístico (a partir del año de edad). Ambos juegos se estudiarán
con detalle en los módulos de Didáctica de la educación infantil y El juego infantil y su metodología.
De manera específica, elaborando actividades para el trabajo de estos objetivos en concreto. Para la
creación de estas actividades puede partirse de los Ejercicios y Actividades propuestas en el apartado
anterior y adaptarlos para su realización en clase como actividades, tanto individuales como en grupo.
Materiales:
• Cubos de colores (rojo, amarillo, azul, verde y naranja) en una cantidad que dependerá del número de
participantes.
Desarrollo de la actividad:
Sentados en círculo, la educadora o educador presenta a los niños y las niñas una de las cestas, en la que
hay cinco cubos de cada color. El educador o educadora se queda la otra cesta, en la que también debe
haber un cubo de cada color.
Extrae uno con la mano y, enseñándoselo, les pide que cada uno busque y escoja un cubo igual o del
mismo color.
Los van dejando en el suelo, fuera de las cestas, y se va repitiendo la misma acción con todos los colores.
Después, se puede hacer lo mismo colocando los cubos dentro de las cestas.
Evaluación:
Observaciones:
Aunque se esté estimulando la vista como objetivo principal, al mismo tiempo también se estimula el
de-sarrollo de la psicomotricidad gruesa (estar sentado), se refuerza la psicomotricidad fina (asir los
objetos con las manos), se introduce el conocimiento práctico (de hecho) matemático/conceptual de
“dentro/fuera”, etc.
Por tanto, se pueden añadir otros objetivos relacionados con las áreas mencionadas.
Esta actividad se puede ampliar dando el nombre del color de cada cubo y, en este caso, se estaría
estimulando el desarrollo del lenguaje.
Para llevarla a cabo, es necesario anotar cualquier incidencia en unos registros o escalas de observación
que permitan su comparación, seguimiento y análisis.
Criterios de valoración
Para valorar el desarrollo sensorial infantil se debe considerar, como criterio, la consecución de la
respuesta de cada actividad en tres niveles:
El primer nivel es el de captación. Se basa en la percepción del estímulo por parte del niño o niña.
Generalmente conlleva una respuesta casi refleja.
El segundo nivel es el de seguimiento. El niño o niña ahora ya será capaz de ir tras (o seguir) el objeto de
estímulo con el sentido correspondiente (por ejemplo, seguir con la vista un objeto en movimiento). La
respuesta a este nivel se produce con un cierto sentido o intencionalidad.
Finalmente, el tercer nivel es el de reconocimiento, por parte del niño o niña, del estímulo. En este caso,
la respuesta que se va a dar va a ser «pensada».
Instrumentos de registro
El resultado de las observaciones se recoge en unos registros que serán más o menos estructurados en
función de los objetivos de la evaluación.
La comprobación y anotación de cada uno de los sentidos se propone solamente hasta un año, porque a
esa edad, e incluso antes, ya ejercen funcionalmente un nivel óptimo de maduración y desarrollo.
Se pueden realizar otras propuestas, ampliando o estructurando nuevos cuadros de observación a partir
de otros presupuestos.
La pauta de observación y los ítems propuestos para cada sentido deben ser sencillos, para que puedan
observarse con claridad (para que no existan dudas sobre la presencia o no de la conducta objeto de
estudio) y el registro sea válido y fiable.
El desarrollo sensorial se manifiesta en tres niveles: captación (a), seguimiento (b) y reconocimiento (c).