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Una de las formas de discriminación más comunes y extendidas, en el Perú y en casi

cualquier parte de la tierra, es la discriminación lingüística. Incluso quienes


conscientemente se oponen a todas las formas de discriminación, suelen ejercer ésta,
muchas veces sin notar que lo hacen, pero otras muchas veces con la intención clara de
quien quiere colocarse en un plano superior al de los demás.

El asunto es especialmente sui géneris porque convierte al lenguaje en terreno e intrumento


de la discriminación incluso en el caso de individuos que, en otras circunstancias, usan ese
mismo lenguaje para combatir otras formas de segregación o al menos para expresar su
rechazo hacia ellas o, por último, simplemente para describirse como enemigos de la
discriminación en general.

El lenguaje puede servir de signo para orgullos nacionalistas: piensen en esas sociedades de
América Latina que reclaman para sí el reconocimiento de hablar el “español más castizo”,
el “más puro” o simplemente el “más bello”, y luego piensen si al hacer esa proclama no
están afirmando también una cierta forma de superioridad sobre los hablantes de otras
variedades del español.

Pero los casos más duros suelen darse dentro de una misma sociedad. En el Perú, por
ejemplo, suele ser el caso de quienes hablan dentro de una norma estándar, asociada con
una mejor educación formal, dentro de estratos socioeconómicos altos, donde no abundan
(aunque existan), por ejemplo, las inflexiones, los giros y los colores adquiridos de lenguas
andinas: suele ser el caso que esos hablantes tengan la idea de que el español que ellos
hablan es más propio, más perfecto o más correcto que el hablado por quienes se mueven
dentro de variantes andinas, que su castellano es, en resumen, superior al de los otros.

La sombra o la vibración del quechua debajo del español de un peruano suele ser objeto de
desprecio o, por lo menos, de minusvaloración, de parte de quienes hablan un español más
lejano de esa influencia. Una “r” sibilante, la pronunciación de la “e” cuando esperamos una
“i”, etc.: hay montones de rasgos fonéticos que muchos hablantes (muchos hablantes
limeños, por ejemplo) perciben no sólo como sonidos distintos, sino como rasgos
descalificadores de clase y raciales.

“Hablar como serrano”, en el Perú, puede resultar tan ignominioso como tener la piel
cobriza o llevar un apellido quechua. Quienes hacen esa operación mental para juzgar a los
otros, no sólo están haciendo algo análogo a un juicio racista: están dando un paso dentro
del terreno del racismo; quienes creen que los peruanos andinos deberían “mejorar” su
español para hablar como ellos, están deseando algo tan arbitrario y absurdo como quien
creyera que un negro o un mulato o un indígena necesitan tener la piel más blanca para
estar a la altura de uno.

Dije que el lenguaje no sólo era terreno sino además instrumento de discriminación. Eso se
debe a que usamos el lenguaje para jerarquizarnos: la norma más ligada con las clases altas
se convierte en un rasero para medir a los demás; una mejor ortografía, una sintaxis más
estándar. Usamos todo eso como una forma de capital y estamos dispuestos a hacer notar a
los demás cuando su capital nos parece menor.

La infame y recordada primera plana de Correo en la que Aldo Mariátegui descalificaba a


una congresista andina, cuyo español era su segunda lengua, por los defectos de su
ortografía, es el ejemplo que más rápidamente nos viene a la mente: la idea era simple: si
esa es su manera de hablar, entonces es una ignorante y está descalificada para el cargo; no
me puede representar porque yo soy superior; de allí a señalar la superioridad de toda una
parte de la población sobre otra el paso es mínimo.

Pero demostrar la discriminación colocando como ejemplo a los que discriminan


descaradamente y cada día y de las maneras más brutales no ilustra la dimensión real del
problema. En días y semanas recientes he leído conversaciones en Facebook, en Twitter, en
blogs y en comentarios de diarios online que de pronto eran cortadas, a la mitad de un
argumento, cuando uno de los interlocutores hacía un paréntesis para corregir el lenguaje
del otro.

Lo curioso es que he visto esa actitud de parte de directores de organismos de derechos


humanos, de parte de personas de ONGs que trabajan por el desarrollo de poblaciones
marginales, de parte de feministas, de parte de lingüistas profesionales; huelga decir que
también la he visto en los Aldos Mariáteguis de este mundo. (Y no está de más decir que yo
mismo solía hacerlo, aunque creo que he aprendido a combatirlo, sobre todo debido a la
insistencia de mi amigo Miguel Rodríguez Mondoñedo, un lingüista que entiende la feroz
agresividad que se esconde detrás de esas formas de descalificación).

¿Por qué digo que son formas de descalificación? Porque el mensaje que indefectiblemente
habita bajo la superficie de esas alegaciones es la idea de que si tú y yo estamos teniendo
una discusión pero tú no eres capaz siquiera de expresarte de la manera que yo juzgo
correcta (o sea, de la manera en que yo me expreso), entonces tú no eres digno de que yo
siga discutiendo contigo.

Incluso si, en la práctica, la situación se produce entre dos individuos de una misma clase
social y una misma extracción étnica, esos seudo-diálogos suelen tener como propósito
dejar en claro cuál de los dos combatientes captura la punta de la montaña, incluso si la
montaña está siendo construida recién a la medida en que la conversación se produce. Y
cuando no, cuando los interlocutores en efecto vienen de sectores distintos de la sociedad,
entonces la llamada de atención sobre el habla ajena es una manera de recordarle al otro
que su sitio está debajo del sitio de uno.

Y si permitimos esa jerarquización, entonces estamos reforzando la desigualdad,


promoviendo el verticalismo de nuestra sociedad, quitándole a los más marginados (pero
también a quienes han tenido quizás una menor educación formal o han conducido su vida
fuera de una esfera intelectual) el primer instrumento con el que podrían expresar su
reacción ante la injusticia social o simplemente su visión de la sociedad, que es el derecho a
usar su propia voz y su propia palabra. Y en este caso, “voz” y “palabra” no son metáforas de
otra cosa, de modo que decir que se les está amordazando es una descripción casi literal
DISCRIMINACIÓN LINGÜÍSTICA O LA
“FORMA CORRECTA DE HABLAR”
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En el Perú, además de las formas típicas de discriminación, léase la racial, económica,


social, de género, de especie , etc.; existe otra profundamente arraigada y no tan
percibida: la discriminación lingüística. Dentro de esta, podemos distinguir dos clases:
1. Discriminación basada en el origen geográfico
2. Discriminación educacional

La discriminación basada en el origen geográfico se desarrolla dentro de un contexto de


migración en el que un grupo móvil arriba a un determinado lugar en el cual existe un
modo particular de hablar. La discriminación se ejerce por parte de personas que practican
el dialecto “oficial” hacia personas que, por la reciente movilidad geográfica, no lo han
adquirido.Sobre lo señalado, tengamos presente la discriminación dirigida hacia
poblaciones selváticas y serranas donde es motivo de burla o mofa el llamado dejo, es
decir, el acento peculiar del habla de determinada región, variación del lenguaje que es
equiparado a un hablar incorrecto. Así, pongamos como ejemplo dos casos sucedidos en
años recientes, el primero ocurrido en una unidad de transporte público limeño donde el
cobrador era una persona de origen andino poseedor de un dialecto de la sierra central, el
mismo que al requerir a uno de los pasajeros si no tenía cambio o sencillo, pues había
recibido un billete de veinte soles del mismo, fue víctima de una frase dura, además, de
discriminatoria: “Aprende a hablar bien el castellano, cholito igualado, así como hablamos
los criollos, no se dice sencillo sino sencillo”.La grafía “ll” hace imposible percibir la
diferencia a la cual se refería el pasajero, la cual alude a la forma particular que tienen las
personas de origen andino de pronunciar la doble ll; así para el victimario, “hablar bien el
castellano” equivalía a hacerlo como lo hace la gente de la capital, como lo hablan los
“criollos”, aparejado a ello, el pasajero ubica en una posición de inferioridad a su
interlocutor al afirmar que este se le está “igualando”. El segundo caso se refiere a algo
bastante común en la sociedad peruana y muy especialmente en las ciudades capitalinas:
la autodiscriminación. Hace algunos años, durante mis estudios en Generales Letras de la
Universidad Católica, conocí a una chica que me hacia recordar bastante a Bobby de
“Alienación”, el celebre cuento de Julio Ramón Ribeyro. Supe por una amiga en común
que la chica en mención odiaba su segundo nombre -Felicita- porque según ella era “de
chola”, que prefería decir que vivía en el distrito de la Molina a pesar que vivía en Ate,
porque este último “es de berracos” y que su sueño era casarse con un ciudadano de
Estados Unidos para “mejorar la raza”. Al semestre siguiente, se presentó como voluntaria
para el programa “Compañero PUCP”, el cual facilita la integración de los estudiantes
extranjeros a la vida universitaria a través de la asesoría de un estudiante local, con el fin
de “cazar” alguno, tal como lo dijo en sus propias palabras, y así pareció ocurrir con
Guillermo, un ciudadano argentino. Poco tiempo después, tiñó su cabello de rubio -para
hacer juego con el de su ahora enamorado, también del mismo color- se puso lentes de
contacto verdes y un aparato invisible dentro de la nariz que la hacia menos aguileña, a la
par que realizó un cambio dramático en su forma de hablar, según ella influenciada por el
contacto directo con el muchacho bonaerense, simulando fonemas como si de una
ciudadana argentina se tratara, en vista que “ese dejo era más cool”. En este caso, la
discriminación no viene por parte de un sujeto externo sino que una persona de forma
inconsciente, tras un proceso en el que también ha sido víctima de discriminación, rechaza
su dialecto, por asociarlo a la discriminación recibida, para asumir otro que considera de
mayor prestigio social.
A partir de lo que venimos diciendo, rompamos el mito de que existe una forma correcta
y/o apropiada de hablar; así no se puede aseverar científicamente que una determinada
manera de hablar sea mejor o superior a otra puesto que la forma de manifestación de
cada una de ellas obedece a diversos factores sean estos, sociales, culturales, étnicos,
etc. En esta línea de razonamiento, la discriminación lingüística obedece a una postura
etnocéntrica respecto a la forma de utilizar una lengua determinada, donde el sujeto al
considerarse parte de un grupo sociocultural determinado asume que su variedad
lingüística es la idónea. Ante ello, hagamos hincapié en que la lengua es un sistema de
signos articulados de los que hace uso una comunidad de habla lingüística para
comunicarse; dichos miembros están afectos a distintos factores extralingüísticos como
son el de género, el educacional, el generacional, etc., factores que influencian en el uso
que hacen de su lengua lo cual genera las distintas variedades lingüísticas o dialectos.
En consecuencia, la forma de hablar de los ejemplos citados vienen a ser correctas, léase
la del cobrador de combi, la del prejuicioso pasajero, la de la chica acomplejada y la de su
enamorado argentino; que el segundo y la tercera consideren que existe una forma óptima
de hablar, no tiene ninguna base científica sino que obedece a la ignorancia, a creencias,
prejuicios y/o formas excluyentes de percibir la realidad y a los “otros”.

La segunda forma de discriminación es la que tiene como premisa a la educación oficial.


Desde que el individuo ingresa a las instituciones educativas públicas o privadas, se le
enseña que existe una “forma correcta de hablar”; en consecuencia desarrollar el “habla
culta” se lograría mediante una sólida educación que tendría como principal contribuyente
una universidad de prestigio, dentro de la cual el estudiante a través de la instrucción
permanente recibida, independientemente de la profesión elegida, y la interacción
constante con personas vinculadas a diversas áreas del conocimiento, vendría a adquirirla
y desarrollarla. El “habla culta” es la difundida y avalada por la Real Academia de la
Lengua Española, institución que de forma arbitraria establece normas, reglas, significados
y conceptos de las palabras, lo cual trae aparejado también la “forma correcta de escribir”.
El segundo tipo de discriminación se da por parte de quienes tienen el poder del
conocimiento, de quienes han aprendido y emplean el “habla culta” hacia los que no. Si
bien se trata de una forma de discriminación, la educacional se encontraría “justificada” en
las ideas de progreso y ascenso social y económico; siendo que aquella se torna corrosiva
en el caso de los ciudadanos que no saben leer y/o escribir castellano. Respecto de esto
último, tomemos como ejemplo el acto estatal traducido en la política de alfabetización, lo
cual encierra un punto de vista etnocéntrico y occidentalizado, el cual considera a todas las
personas que no tienen conocimiento de la lectura y escritura como atrasadas, tomando
como premisa a la educación formal.
Por tanto, las grandes proclamas de combate y/o erradicación del analfabetismo no toman
en consideración, como tantas veces, la realidad pluricultural del país en donde existen
más de cuarenta lenguas indígenas que son de tradición oral, es decir no poseen una
escritura desarrollada. En vista de ello, la “bienintencionada” política estatal difundida por
los medios de comunicación masivos y las disertaciones ofrecidas incluso por presidentes
tienen el efecto de generar en el espectador la sensación de que todo aquel que no tenga
conocimiento de la lectura o escritura -del castellano en el caso peruano- se encontraría en
un nivel distinto de quienes si lo tienen, siendo percibidos de manera negativa.

Tanto la discriminación educacional como la basada en el origen geográfico se confunden


y entrelazan; pensemos por ejemplo en una ciudadana peruana perteneciente a la
comunidad awajún quien ha migrado recientemente a Lima y que se encuentra en pleno
proceso de aprendizaje del castellano, persona que, casi seguro, será víctima de ambos
tipos de discriminación, lo cual enfatizamos se relaciona directamente con el enorme
racismo existente en el país, lo cual sería menos incisivo y más tolerable si de una persona
extranjera se tratara, tal como señalamos con el ejemplo de Guillermo, quien pareció sufrir
bastante cuando la versión femenina de Roberto López, lo dejó por otro ciudadano
extranjero, esta vez inglés, de nombre Dimitri, de quien adoptó, además de su hinchaje por
el Manchester United, la forma incipiente de hablar el castellano, pues eso según su
prejuiciosa forma de entender las relaciones sociales, la hacía aún más chic ante su familia
y la sociedad.
Presentación

¿Por qué se eligió el tema y qué se pretende observar?

Decidimos escoger el tema de “Discriminación Lingüística” porque vemos que en


la actualidad,nuestra sociedad discrimina a las personas que no dominan o hablan “bien”
el español. Es

frecuente ver actos discriminatorios hacia personas que tienen estas características en
lacapital de nuestro país. Los limeños califican a estas personas, que en su mayoría
provienende la periferia de Lima, como ignorantes o simplemente se burlan por la manera en
la quehablan. Es por ello, que en nuestro grupo hemos decidido observar los actos
discriminatoriosen su uso cotidiano y sobre todo analizar el porqué de estas conductas.

Preguntas de investigación

1.

¿Qué es la discriminación lingüística?

Es una de las formas más frecuentes y extendidas de discriminación en el Perú, es asíque


muchos peruanos comenten este acto discriminatorio o son víctimas de ello, masno se dan
cuenta. Incluso, aquellas personas que no están de acuerdo con ladiscriminación comenten
este acto discriminatorio, y con esto se evidencia que en elPerú tal discriminación está
sumamente internalizada.

Por ello, no podemosdiferenciar cuando discriminamos lingüísticamente o no. Así, la


discriminaciónlingüística se produce, puesto en nuestro país existen muchas lenguas que
conviven.Sin embargo, las lenguas diferentes al español son menospreciadas e consideradas
deinútiles. Es por tal motivo, que las personas que hablan estas lenguas son víctimas
dediscriminación. Esta discriminación se origina desde la llegada de los españoles,quienes nos
impusieron su lengua y parte de su cultura, así fuimos subyugados. Es porello, que esta tipo de
conductas discriminatoria esta en cada uno de los peruanos, noimporta quien alguna vez
ha discriminado.

2.

¿Existe este fenómeno en el Perú?

En nuestro país, este fenómeno se puede observar todos los días, ya que en nuestrasociedad el
tema de la discriminación está presente en las acciones de todos nosotros.Es por ello, que no
solo existe la discriminación hacia los que no hablan español, o losque tienen como segunda
lengua el español (aquellas personas que han emigrado alima desde provincias y se han visto
forzadas a aprender el español), sino que tambiénexiste aquella discriminación que se da
entre personas que hablan el español. Estaconsiste, en que personas de gran poder adquisitivo
y pertenecen a la clase a, suelendiscriminar a personas que hablan el español pero pertenecen
a otro estrato social,pues según ellos aseveran que su español es más puro.

Así, en el Perú existe una

Cfr. Faverón 2012

Cfr. Faverón 2012

discriminación bilateral, pues los agraviados en instancias se convierten en agresor.Entonces,


en nuestro país la discriminación es un problema que persiste desde hacemucho tiempo y que
nos afecta tanto como afectamos.

3.

¿Cómo se originó la discriminación lingüística?

La discriminación lingüística se originó a la llegada de los españoles, quienesimpusieron su


lengua para dominarnos. Antes, en la época de los incas no existía estetipo de discriminación,
pues a pesar que se les obligaba a aprender el quechua, erasolo para fines comerciales. Así, los
pobladores del incanato podían hablar en suspropias lenguas y no sufrían de discriminación.
Entonces, al imponernos el castellanolos españoles dieron a este idioma superioridad y un
prestigio para poder asíargumentar que los incas no eran civilizados y, por ende dominarnos.

Por ello, es queesta discriminación ha venido desarrollándose por muchísimo tiempo hasta
el puntoque ya no lo sentimos como tal, si es que alguna vez sentimos que
discriminamoslingüísticamente, sino que más bien adoptamos la idea de que el español
es superior,

es “mejor” que otro idioma hablado en el Perú.

4.

¿Qué haríamos nosotras como traductoras para solucionar este problema?


En primer lugar, nosotras haríamos charlas sobre esta problemática de la"Discriminación
Lingüística" para que nuestra sociedad y, más aún nuestra sociedadjoven tome conciencia de
este hecho y cambie su perspectiva discriminatoria sobreestas personas. Segundo,
estudiaríamos la lengua quechua o algunas de estas lenguasminoritarias y haríamos ayuda
social a las personas que no dominan el idioma español.Por último, en un futuro, formaríamos
intérpretes en alguna de estas lenguasaborígenes y si es posible en cada una de ellas, para que
dichos intérpretes sean unpuente de ayuda comunicativa para las personas que vienen de
otros lugares del Perúy no manejen el español. Como por ejemplo, el Ministerio de Cultura
está formandointérpretes y traductores para los procesos de consulta previa, los cuales se
podríandar a futuro.

5.

¿El gobierno realmente fomenta el valor de las lenguas aborígenes y combate


ladiscriminación lingüística?

El MINEDU (Ministerio de Educación) propuso lo siguiente:

Ley Nº 29735 Ley queregula el uso, preservación, desarrollo, recuperación, fomento y difusión
de las

lenguas originarias del Perú”, dicha ley fue aprobada el 5 de Julio del 2011.

Esta ley,en resumen, se basa en el artículo 48 de la Constitución Política del Perú; es decir,
suobjetivo principal es que toda lengua aborigen goce de los mismos derechos que lasdemás
lenguas y, que se mantenga y desarrolle en todo ámbito. Inclusive, esta ley, enlos primeros
capítulos nos dice que la persona debería contar con medios detraducción de manera directa e
inversa para que así pueda ejercer su derecho en

Cfr. Bruce 2007

Cfr. Bruce 2007

Cfr. MINEDU

cualquier situación. Además, dentro de esta ley en el artículo 17, se establece las

“Medidas contra la discriminación” la cual nos dice que el gobierno cuenta con

medidas efectivas que evitan que se discriminen a las personas que utilicen su lenguade
origen. Con esta ley, podemos apreciar que el Estado, está comenzando a fomentarel valor
sobre las lenguas originarias y también combatir este grave problema del Perú,la
discriminación lingüística.

6.

¿En el Perú, la discriminación lingüística es considerada como un problema?

Sí, se considera uno de los tipos de discriminación más usuales en nuestro país. Esteproblema
ocurre a diario dentro de nuestra sociedad, porque las personas que hablan

el español ‘es

tándar' discriminan a los que hablan dicha lengua con diferentes maticesy colores como los
quechuahablantes, e incluso a los que no hablan en absoluto estalengua. Este problema se
evidenció fuertemente, por ejemplo, con el caso de la ex-congresista Hilaria Supa, quien sufrió
de discriminación lingüística durante su período

de congresista. El hecho ocurrió cuando el diario “Correo” publicó una fotografía de

Supa donde se mostraban las faltas ortográficas de la lengua del castellano en susapuntes, lo
cual ocasionó que en el congreso se desarrolle un acalorado debate sobreel tema de
la discriminación lingüística hacia las lenguas minoritarias del Perú. Este essolo un ejemplo de
los miles que suceden a diario en el Perú.

7.

¿Qué es la diglosia?

La diglosia ea una idea que se da cuando en la convivencia de dos lenguas en unmismo espacio
geografico, una de ellas es considerada superior o que posee mayorprestigio que la otra. En el
caso del Perú, podemos hablar de una multiglosia, puestoque existen varias lenguas dentro del
territorio peruano y solo una es la consideradaprestigiosa: Español. A pesar de que, existe en la
Constitución del Perú en el título II,capitulo I, articulo 48, estipula que son lenguas oficiales el
castellano y dondepredominen el quechua, el aymara y las demás lenguas aborigenes. Sin
embargo, estaley no se pone en practica, puesto que como ya hemos dicho la lengua que
se toma másencuenta es el español.

8.
¿En el Perú, existe alguna lengua que se considera superior a las otras? ¿Cuál es?

Desde los tiempos de la conquista española, en el Perú se impuso el idioma español,sobre el


quechua. Como señala Pilar Robledo , los españoles llegaron a este paísexclamando que su
idioma era superior al de los Incas porque tenía escritura.

Esta fuela primera piedra que desencadenó la diglosia en el país. Luego de esto, este
problemapersistió en la colonia, donde las personas de descendencia española marginaban
alquechua-hablante porque los vinculaban con su servidumbre o personas no civilizadas.A
partir de esa época, hasta la actualidad, el peruano tiene internalizado que el español

Cfr.Normas Legales

Cfr. BBC Mundo 2012

Cfr. Constitución Política del Perú

Cfr. Córdova 2007

es superior al quechua, y ya no solo porque este tiene escritura, sino porque se hacreado la
mentalidad que las personas que hablan quechua, son aquellas que no tienensuficiente bagaje
cultural o la capacidad intelectual necesaria para ser considerados

“iguales” con las personas que tienen de lengua materna el español.

9.

¿Qué criterios consideran estas personas para decir que una lengua es superiora otra?

Como ya hemos mencionado antes, el problema de la diglosia se remonta desde laconquista


española y su imposición del español como la lengua oficial. Pero entretodos los factores que
podemos mencionar como desencadenantes de la diglosiapodemos relacionarlos con los
mencionados por Charles A. Ferguson en su artículosobre la diglosia. En él se señala que la
diglosia puede nacer en una sociedad por

prestigio

, es decir, porque uno de los idiomas es considerado por la mayoría de lapoblación como
superior, que es lo que podemos observar en estos días en relacióndel español y el quechua.
También lo podemos relacionar con el

léxico,
este apartadoseñala que la diglosia aparece porque las personas consideran que uno de los
idiomasno tiene suficiente contenido léxico o términos técnicos a diferencia del otro,
por esarazón lo consideran inferior; esto es lo que sucede en otros casos donde ubicamos
ladiglosia, esto se debe a que hay personas que consideran al español como un idiomasmás
culto en el que se puede expresar más cosas, dejando de lado al quechua.

10.

¿Cómo se podría reducir este problema?

La “discriminación lingüística” proviene de la época colonial, donde los españoles

impusieron la lengua del castellano alegando que era superior a todas las lenguasaborígenes;
en la actualidad, según Jorge Bruce, la sociedad joven se está dando

cuenta de este gran problema. Sabemos que la “discriminación lingüística” no se

erradicará, pero gracias a que la juventud está tomando consciencia de este problemalos actos
discriminatorios se darán con menor frecuencia, y como resultado sedisminuirá dicho
problema. Asimismo, el Estado está implementando medidas para dealguna manera reducir
este problema, como por ejemplo, el Ministerio de Cultura estácapacitando a las personas que
como lengua materna tienen alguna lengua aborigencomo intérpretes para que puedan
ayudar a personas que dominan alguna lenguaoriginaria como el quecha, aymara, ashánika,
entre otros, en cualquier ámbito públicoy privado.

Conclusión

En síntesis, hemos decidido enfocarnos en la discriminación lingüística en el Perú porque


esuna problemática que está presente en nuestro día a día; muchas veces pasamos
pordesapercibido estos actos discriminatorios en contra de las personas que no dominan el

español. A menudo en la sociedad limeña se observa actos de discriminación y marginación al

“otro”, es decir, a la persona que no habla español o no lo domina en su totalidad. Por otro

lado, también nos interesamos en el tema de la diglosia, la cual consiste en considerar a


unalengua superior a otra. No obstante, en el país existe la multiglosia, ya que se considera
alespañol como la lengua dominante sobre las demás, que también son consideradas
comooficiales por la Constitución política del país. Por lo tanto, creemos vehemente que con
estasinterrogantes, nuestra sociedad se interese y conozca este grave problema que a
diarioatraviesen miles de migrantes. Además, queremos que se tome conciencia, que se
comience avalorar y respetar las diferencias, en cuanto idiomas, que posee el Perú, a su vez,
queremosque las demás lenguas sean consideradas tan importantes como el español mismo.
Hablemos claro, por Patricia del Río

Patricia del Río

04.02.2016 / 06:47 am

En un proceso electoral los ciudadanos tienen que elegir a alguien que los represente, a
alguien que encarne los valores y características con las que uno se siente más cómodo.
Cuando los partidos políticos son débiles, cuando no hay formas de ver el mundo con las
cuales identificarse, entonces empiezan a primar las características personales. Así, más allá de
lo que ofrezcan, los ciudadanos nos fijamos en la edad del candidato, su sexo, y acá arranca la
parte más complicada, en su condición social, su “raza” y hasta sus rasgos físicos.

Y mientras la identificación sea positiva, todo bien: autodenominarse “de una raza distinta” o
asumirse “el cholo sano y sagrado” son estrategias que buscan capitalizar de forma inteligente
este factor. Cuando se usa para descalificar al otro, es cuando empiezan los problemas. Y si
bien hoy el insulto racista y clasista, a boca de jarro, es cada vez más rechazado, hay otras
formas de discriminación, más sutiles, casi imposibles de identificar, que no solo no reciben
crítica alguna sino que suelen ser celebradas con entusiasmo. Y me refiero específicamente a
la discriminación lingüística que no es otra cosa que juzgar negativamente a un individuo por
su manera de hablar; es decir, considerar que hay formas de usar el castellano que son propias
de gente inferior, ignorante o poco profesional.

El castellano, como toda lengua del mundo, tiene múltiples variedades y formas de hablarse.
Esto tiene que ver con su larga historia, con la cantidad de lugares donde se practica, con la
cantidad de lenguas con las que ha entrado en contacto, con la variedad de individuos que la
usan. Para la lingüística, todas esas formas son válidas, son parte de nuestro idioma y merecen
la misma consideración y respeto. Sin embargo, nos parece muy ‘cool’ como habla un
argentino (sin importarnos que conjugue los verbos distinto, use vos en lugar de tú), pero
arrugamos la nariz cuando alguien usa el castellano andino, influido por el quechua, con
diferencias en el uso de la vocales, la pronunciación, el orden sintáctico, etc.

¿Es mejor el castellano de los limeños que el de los apurimeños? No. Sostener algo así es tan
ridículo y prejuicioso como asumir que los españoles hablan mejor que los peruanos, o que los
chilenos con ese dejo tan cantarín deben ser todos “medio raritos”. Es más inteligente el que
dice “haya” que el que dice “haiga”. De ninguna manera. El uso de una forma más estándar del
español, esa considerada correcta por las academias, no tiene nada que ver con las
capacidades del hablante, sino con aspectos bastante más complejos, como el lugar de origen
o el grado de instrucción de los padres que no pueden ser materia de discriminación.

En esta campaña que recién empieza, el candidato César Acuña es la principal víctima de este
tipo de discriminación. ¿Refleja el uso del castellano de Acuña a una persona incapaz, poco
inteligente? De ninguna manera, esa conclusión es inadmisible. En cambio, ¿son las evidencias
de plagio una señal de que el señor César Acuña ha construido su futuro sobre la base de un
fraude? Pues todo indica que sí, y esas evidencias serían igual de demoledoras para un
candidato considerado cultísimo y muy bien hablado. Así que una recomendación: critiquemos
a César Acuña, o a cualquier otro candidato, basados en pruebas concretas. No permitamos
que se use el drama de la discriminación para defenderse de causas que no tienen nada que
ver con la raza o el origen humilde, sino con la honradez, con la ética y con el trabajo honesto.