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MARTÍNEZ DE SOUSA, JOSÉ. “CORRECCIÓN DE PRUEBAS”.

VOZ DE DICCIONARIO EN
DICCIONARIO DE BIBLIOLOGÍA Y CIENCIAS AFINES. GIJÓN: TREA, 2004. PÁGINA 237-238.

(fr. correction des épreuves; i. proof-reading) Cualquiera de las correcciones que se efectúan en
las pruebas, ya sean primeras (corrección de galeradas), segundas (corrección de compaginadas)
o, a veces, terceras. (También se llama corrección tipográfica.) (→ PRUEBA.)
▻ Operaciones básicas de la corrección. Las operaciones principales de la corrección tipográfica
pueden sintetizarse así: 1) enmienda de las faltas ortográficas; 2) verificación tipográfica y 3)
cotejo del original.
Enmienda de las faltas ortográficas. Los autores se equivocan. Es fácil que puntúen y acentúen
mal e incluso que cometan otras faltas de ortografía o gramaticales. En principio, tales faltas
deben ser advertidas y corregidas por el corrector de estilo, pero tampoco es infrecuente que
esa función deba realizarla el corrector tipográfico editorial. Este, no obstante, debe derrochar
prudencia en este aspecto de la corrección, pues no siempre es error lo que él cree. Es asimismo
frecuente que el autor (y, para el caso, el traductor) no unifique las grafías, es decir, que no siga
un criterio coherente. En este caso es preciso establecerlo, pero debe hacerse también
prudentemente, tratando de ver hacia dónde apunta la intención del autor. Lo que de ninguna
manera debe hacerse es establecer un criterio distinto del del autor cuando este sabe bien lo
que tiene entre manos.
Verificación tipográfica. La presentación tipográfica del libo corresponde al corrector
tipográfico, siguiendo las directrices trazadas de antemano por el corrector de estilo y el
señalizador del original, sin perder de vista las normas particulares que afecten a la obra en
general como consecuencia de su inclusión en una colección, por ejemplo. Deben aplicarse las
reglas ortotipográficas con sentido común, conscientes en todo momento de que todas las
reglas (y las tipográficas suelen hacerse muy rígidas) tienen su excepción (aunque solo sea una).
Al hacer sus indicaciones a los teclistas, el corrector debe pensar siempre en sus consecuencias:
una simple letra o una sílaba que se mueva de su sitio puede traer como consecuencia un
movimiento generalizado de material, que ocupará posición distinta de la actual; ¿a cuántas
irregularidades dará lugar esta movimiento?
Cotejo del original. Ninguna prueba debe leerse sin su correspondiente original, cuyos folios se
irán pasando a medida que se avance en la lectura, con objeto de cotejar al instante cualquier
aspecto que pueda presentar dudas. Esta costumbre ayuda a hallar muchas irregularidades que
de otra forma no se advertirían. Si se trata de una traducción, el corrector debe disponer del
libro original con objeto de comprobar las grafías, fechas, datos numéricos, etcétera. A veces,
aunque no conozca el idioma, es capaz de descubrir desaguisados, como párrafos sin traducir y
otros lapsos que antes no se habían observado.
Método en el trabajo. La labor de la corrección es muy delicada. Hay que dedicarle los
cinco sentidos y alguno más. Las funciones se realizan una detrás de la otra, sin mezclarlas. Al
propio tiempo que se lee, bueno será apuntar en papel aparte cuantas incidencias deban tenerse
en cuenta: dudas, grafías exóticas, etcétera, con el número de la galerada o la página en que se
encuentran. La lectura (que ha de ser de corrector y no de mero lector) requiere toda la
atención, para lo cual es necesario que esté rodeado de silencio. Las palabras han de leerse
enteras, letras por letras (cuando menos, sílaba por sílaba), y bueno será hacer las inflexiones
de una lectura con sentido, única forma de descubrir los errores de puntuación. Las decisiones
que se tomen acerca de una palabra o una grafía han de unificarse en todos los casos iguales o
semejantes. Cuando se sustituya una palabra, se ha de estar seguro de que la nueva es la
adecuada. Conocido es el caso del corrector que, hallándose en un texto con la frase El arpa de
Noé, se dijo de inmediato: “No. El arpa no es de Noé, sino de David”, y, consecuentemente con
su deducción, corrigió: El arpa de David, pero del contexto se deducía que la verdadera frase era
El arca de Noé.
Técnica de la corrección. Las correcciones se indican por medio de signos, que pueden
ser llamadas (los que se marca en el texto, sobre la letra, sílaba, palabra o frase equivocada),
enmiendas (los que se sitúan al margen, tras la repetición en este de la llamada, e indican la
operación que se ha de realizar) y señales (los que indican qué debe hacerse con el material:
abrirlo –dar blancos-, cerrarlo –quitar blancos-, cambiar el orden, etcétera). Estos signos son de
conocimiento prácticamente universal, pero deben trazarse de forma que no den lugar a dudas.
Cuando los signos sean insuficientes debe utilizarse una fraseología corta y explicita, en la que
quede claro qué se solicita que haga el teclista. Los mochuelos (palabras o frases que el teclista
ha dejado de componer) han de escribirse lo más cerca posible del lugar donde falten. Si son
extensos, se señala en el original en la parte que falta y se acompaña una fotocopia en la que se
indica la galerada o página donde debe añadirse. No es recomendable escribirlos al dorso de la
prueba, pues obliga al corrector o compositor a volver a esta.