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Barrie Pitt presenta la historia ilustrada del siglo de la violencia que edita San Martin La cronologia del siglo XX es un catalogo de violencia como jamas hasta ahora conociera el mundo. Dos guerras a escala mundial han Sefialado las cimas de la inevitable inclinacién del hombre hacia la violencia; pero el! periodo no ocupado por e: ras no ha sido me- nos violento: la humanidad no ha cesado rs0 para la violen- de ejecutar actos vilentos o de ocuparse de sus consecuencias Cuanto mas capaz se hace la raza humana de controlar el medio que rodea, mas le empuja su ansia de autoafirmacién a poner en peligro ‘on el uso de la violencia. El instinto de luchar y destruir Parece ser tan basico en la naturaleza humana como el instinto de amar y crear. Para comprender mejor este siglo de violencia, San Martin-Ballantine inicia ahora la publicacién de una extensa coleccién, la Historla llus- trada del Siglo de la Violencia. En ella se integrara la historia ilustrada de la segunda guerra mundial, que tan enorme éxito tiene, y que con- tinuara ofreciendo las series ya conocidas por sus lectores. Seguirén apareciendo los libros de Batallas, Campafas y Armas de la segunda guerra mundial, y se ampliaran para incluir otras batallas, campafias y armas de todo el siglo de otros periodos y diferentes paises, desde Corea hasta Vietnam y desde la Espafia de 1936 hasta las luchas revo- lucionarias de América del Sur. Aparecerén ademés series nuevas. Per- sonajes presentara biografias de los hombres: unos, de reconocida grandeza; otros, de intausto recuerdo, que arrastraron a la humanidad a fa violencia o que emplearon la violencia para dirigir la lucha por la paz. Ya se han publicado las biografias de Patton, Skorzeny, Hitler, Tito y Mussolini. Pronto les seguirén otras. Los libros iran, en todos los casos, profusamente ilustrados. EI si: glo XX ha sido la’ era de la camara fotograi clas Podido desarrollarse nuevas técnicas de press demos- trado bien el dominio de dichas técnicas con la Historia llustrada de la Segunda Guerra Mundial. Dondequiera que haya tenido lugar un hecho lencia ha habido una o; a registrario. El equipo de investigadores de la coleccién ha recorrido los archivos public: las colecciones particulares de el mundo en busca de las mejores fotografias, para que todos los libros vayan inmejorablemente ilustrad: Los textos se deben a las plumas de los escritores y comentaristas mas ompetentes del mundo, cada uno experto en su campo. Todos oncisos y de facil lectura; textos ¢ ilustraciones componen juntament una nueva forma de presentar la informacién. Los libros ilustrados de an Martin son un nuevo tipo de libros para el lector mo Armas de Infanteria - Armas de none a hie Director Editorial: Barrie Pitt Editor: David Mason Director Artistico: Sarah Kingham Editor Grifico: Robert Hunt Dibujante: David A. Evans Cubierta: Denis Piper Dibujos Especiales: John Batchelor Investigacion Grafica: Owen Wood Cartografia: Richard Natkie! ulti, a0 Rover 1G 41 TWA: ran WAL a8 Gumnern Prose 109 US Aen 51 US NoUonal Arcaves, 5 Camera Pres 15910808 Army 150 159 IW: Cuba’ Us War Museum, Cuberta Posterior ‘Traductor: Lazaro Minus Primera Edicién Pulicada en Estados Unidos por Pan Ballantine Copyright © John Weeks Copyright © en Lengua Espanola LIBRERIA EDITORIAL SAN MARTIN Puerta del Sol, 6 MADRID-14 Printed in Spain - Impreso en Espaiia Por ALTAMIRA-ROTOPRESS, S. A. Carretera Barcelona, Km, 11,200. MADRID-22 Depésito legal: M. 36.095 /74 LSUBN. 84-7140-0960 36 2 102 us 158 180 Introduccion Disparos de punteria Pistolas Subtusiles Fusiles Fusiles de asalto Ametralladoras ‘Armas insélitas «del tablero de dibujo> Bibliografia a cnica en una narraciin tan interesan- Species coro conquer relia beco Wekecion ft que él hace sorrender, 2 no du Introducci6n por Jon V.Hogg Antafo se conocia a la Artillerfa como Uitima Ratio Regis —-El Ultimo Argu- mento de los Reyes-—; si tal es el easo, @l ultimo argumento del menos glorif- ado soldado lo constituye su arma per- sonal, sea esta fusil, bayoneta, pistola o ametralladora, Cuando 10s ‘generales han planeado y los ejércitos se han reu- ido; ha hablado 1a artilleria y manio- bbrado los blindados, es el hombre de a pple con su fusil en la mano el que de ver- ad ocupa el territorio enemigo y, como relata el coronel Weeks, «saca al otro bastardo de su pozo de tirador y 1o leva a firmar el tratado de paz Las armas ligeras son, pues, aquellas que manejan 1a gran mayorfa de los sol- dados, las que maldicen, de las que ha- blan y Ias que Iuego recuerdan. Ellas elercen una inmensa fascinacién sobre Vielos y JOvenes, y la historia de su desa- rrollo esta lena de extrafios desvios e interesantes revelaciones. Probable- ‘mente ningun otro perfodo registro tan- ta actividad en el perfeccionamiento de Jas armas como los aos de le Segunda ‘Guerra Mundial, y gran parte de esa ac 6 tividad tavo lugar en el campo del ar- mamento de infanteria. Dicho periodo vio el auge del subfusil, el nacimiento del fusil de asalto, y el ocaso del de ce- rrojo, por eitar slo tres de los temas que trata este libro. John Weeks se halla bien dotado para 1m tarea de contar Ia historia de las ar- ‘mas de Infanteria. Especialista en arma- mento y eonstruccion del Eiéreito brita- nico, fe director de Estudios, Armas de Infanteria, del Royal Military College of Science, para mandar después 1a Uni- dad de Experimentacion y Desarrollo de Infanterfa. En tan variados papeles, ha visto, examinado, estudiado y evaluado précticamente cada arma de infanteria hasta ahora fabrieada, y ha leido innu- ‘merables informes sobre inventos, per feecionamientos y pruebas, todo 10 cual Je proporeiona una amplitiid de conoei- mientos bésicos y experiencia que la mayoria de los estudiosos del tema no poseen, Ademas de esta capacidad téc- hea, tfene la rara habilidad de saber ex- plicar tales conocimientos en términos sencillos, y convertir una Informacion dar, a muchos lectores, y algunos de tllgs bien pueden ser los que, por haber tutilizado las armas que el coronel tra- ta, se consideran familiarizados con ellas. Los dietamenes y comentarios he cchos aq son los de un infante profesio- hal (paracaldista, en realidad) que no ‘Slo se interesa por el especto y las ven: tajas téenicas de un arma, sino por su funclonamiento en el campo de batalla. En realidad, uno llega a la conclusion de que algunas acciones de guerra deben haber tenido éxito @ pesar de las armas, mas blen que a causa de ellas, y que es posible trazar un interesante paralelo entre los logros militares de una nacion, y las armas que haya proporcionado a ‘sus goldados, todo lo cual leva al es- pléndido resumen de la fundacion de la nueva clenela Lamada -fusilologia» Una caracteristica bien presente en el desarrollo de las armas aquf detalladas la dificultad de conseguir un arma 0 ‘un concepto nuevos y utilizarlos de he- cho, Algo de esto se atribuye al conser vadurismo del que, Justa o injustamen. te, se culpa a todos los ejércitos; pero micho se debe a los hombres que mane- Jan los condones de la bolsa. La Primera Guerra Mundial dej6 a muchos de sus rotagonistas con grandes depésitos de armas casi indestructibles y otros aun ‘mayores de munieiones para las mis- mas. Mientras existiera todo ello, nin- gan alto funcionario de Hacienda en su ‘sano juicio se atreverfa a aprobar fondos para reequipar a las fuerzas armadas con algo radicamente suevo —y caro—, (que transformaria automaticamente los ‘montones de material en montones de chatarra. En virtud del Tratado de Ver- salles, Alemania qued6 en gran parte ‘exenta de esta desven‘aja, pero, a car: Dio, reeibié otra y muy singular: Adolfo Hitier, con el que casi se podria contar para hacer caso omiso de las cabales y Sensatas sugerencias de los técnicos y langarse, con descuklado abandono, tras demenciales y fatuos proyectos que prometian el equivalente militar de una fortuna rapida. Y¥ hablando de proyectos Iundticos, me ha complacido descubrir que algu- ‘nas de las ideas malogradas han hallado jugar en estas paginas. Bs saludable mi- rar atris a algunas de las ideas que no fructificaron del todo por una u otra ra- on, aunque sdlo sea por la percepelén ‘que nos dan acerca del estado de animo y el clima mental que las motivaron. ‘Quiza se burien algunos lectores de 10s equipos de tres hombres destinados a incendiar carros de combate, pero, ‘como antiguo miembro de uno de ell puedo asogurarles que, en verdad, prat Heamos tal travesura suicida con ia m: yor seriedad. Realmente, estoy en con- diciones de rematar el relato de John Weeks poniendo de relieve otra téenica saprobada> de aquellos afios, técnica que de hecho aleanz la categoria de re- comendacién en un manual de instruc- cion: Un hombre con una granada de mano y un mariillo se situaba en una ventana del primer piso. Al pasar por debajo el carro enemigo, el hombre sal- taba ala torreta y daba marillazos en la trampilla. Cuando el jefe del blindado la abria para ver qué pasaba, nuestro in trépido héroe lanzaba la. granada al in- terior, cerraba después 1a trampilla de un golpe y se sentaba en ella para conte- ner la subsiguiente explosién. jAh! jEra- mos chicos alegres en aquellos lejanos dias! 'Y¥ es a la luz reflejada de esas jornadas, a la que uno quiere leer las paginas que siquen. La fria luz de lo que pudo haber Sido y no fue no es iluminacién adecua~ da para pasar revista a las armas de in- fanteria; porque cuando el tiroteo se ha~ a en su momento eumbre y el enemigo esta a la vista, hay que tomar muchas eeisiones que dificiimente aguantarfan lun examen en afios posteriores y mas tranquilos. Ahora verd el lector por qué se adoptaron algunas de tales decisio- nes —para bien o para mal— como alec- taron al soldado en el eampo de batalla y las conseeuencias que dieron por re- Sultado, Termnino ahora para dar paso a John Weeks (Sefior Fusil, con matricula de honor), que despliega ante ustedes e! magnifico y abigarrado tapiz de las ar- mas de infanterfa de In Segunda Gerra ‘Mundial El infante de la Primera Guerra Mun- dial aprendid un oflcio eomparativa mente seneillo. Quizé no fuera agrada- ble —y para muchisimos results fatal pero, de manera general, su conocimien- to de las armas hubo de extenderse a poco mas que su fusil y su bayonets, junto con la pala. Con estas herramien- tas riflé una guerra que todavia era muy siglo XIX en su aspecto, y casi barbara- mente simple en lo que le exigi6. Los re- sultados fueron tan aterradores que, en los afios siguientes, se hizo un enorme esfuerzo para reequipa le una potencia de fuego y dad aun mayores. En 1839, el rendimion- to de ese esfterzo era un tanto deshilva- nado, y dependia enteramente de cuan- to consideraba eada pais que podia per- mitirse gastar, y por espacio de qué tiempo habia tenido que armarse. No obstante eso, el ritmo del cambio result enormemente rapido en los cinco afios osteriores, aunque, como siempre, de- pendio en ditima instanela para suéxito —y casi por completo— del individuo, Gel hombre en su trinchera 0 en su po2d de tirador. En la Segunda Guerra Mundial, el sol- dado tenia, seguia teniendo, su Musil, su bayoneta y, tambien, la pala: pero ahora habia de aprender a manejar una ame- tralladora ligera con tanta fecilidad y competencia como su fusil. ¥ el de tres © mas granadas, un mortero pequeo y algun tipo de arma anticarro. A medida que progresaba la guerra, tuvo que do- minar el empleo de un subfusil, mas gra- hadas, distintos caflones o proyeetores anticarros y, en oeasiones, diferentes fu siles y ametralladoras. En tres afios de servicio quizi tuviera que utilizar ocho © nueve armas dispares, a veces més. Si pertenecfa a alguna fuerza especial —co- mandos o paracaidistas, por ejemplo—, seguramente le ensefaron también los. rudimentos del equipo enemigo, para que, en caso necesario, pudiera usarlo sin demora. Era ain el mismo hombre que combatio en Flandes en 1914, pero se Iba haciendo mds un tenico en ar ‘mamento de lo que su padre hubiera so- ado. Soldados de infanteria coronan una altura armados dnleamente con fusiles. El Som- me, octubre de 1916, ‘Todo este equipo constitufa el arsenal de Ia infanterfa, y no importaba cual fuese 1a nacionalidad det soldado; los cambios resultaban bastante universa- les. Solamente en Rusia y, en menor es- ala, también en el Japon se hallaba el infante limitado a unas poeas armas, 0 ineluso a una sola. Estos paises tentan razones especiales para ser tan sencillos, fen sus perspectivas: un sistema de ins trucoién un tanto incompleto, un enor me ejéreito al que adiestrar y equipar, ¥ poco tiempo para hacerlo, Un hombre, tun arma resultaba tambien un atractivo cuando el recluta procedia de un medio agricola primitivo, pero eta ruinoso en el empleo de tal recluta, y restringia el uso tdctico de las unidades en las que formaba. Para los soviéticos esto supo- nia el menor de sus problemas, y la ca ractetistica principal de sus operaciones entre 1941 y 1945 fue la simplicidad —casi seria mejor decir 1a tosquedad— de sus téeticas en el campo de batalla, Jo cual condujo a aquel extraordinario. fenémeno de la guerra: las unidades de Jinetes de carros, cuyos combatientes no tuvieron en toda su actuaclon otras ar. mas més pesadas que subfusiles. El espectro total de las armas de in- fanteria resulta tan amplio que es mas de lo que este libro puede confiar en cu- Dir, por ello, ha habido que fijar un If mite al aleance, y se ha restringido a los ‘mais comunes de todos los instrumentos de combate de la infanterfa: las armas personales o ligeras. Incluso en esto es €l campo suflcientemente vasto, comen- zando con pistolas y sublendo hasta las ametralladoras de tipo medio, y a tal fa- millia se dediea este libro, No es la inten- cl6n de este libro pasar revista a los fas- cinantes aspectos del equipo de infante- ra integrado por morteros, granadas y, en particular, el arsenal anticarro. En Io que respecta a armas ligeras, la ‘Segunda Guerra Mundial no solo acele- 70 el perfecclonamiento de las ya exis: tentes, sino que vio también La introduc clon de varias nuevas. Entre tales lnno- vaciones ocupa lugar destacado una de filosofia general mas bien que de cual quier material tangible. EI hilo prineipal de esta fllosafia fue la aceptacion de téc. nicas de manufacturas rapidas y senci las para las armas ligeras. Hasta el co- mienzo de la guerra, todo este tipo de ‘armamento se fabricaba, con excepeién 10 de un pequefio mimero que aeababa de injelarse en Alemania en 1938, mediante procesos que implicaban muchas exac: tas y euldadosas operaciones mecanicas, el uso de materias de alta calidad y ei meticuloso y preciso ajuste de las ple- 2as realizado por obreros especializados. Esto resultaba lento y caro a la vez y, como los ejéreites exigian cantidades ingentes de armas ligeras, se requieren ‘muchas fabricas y una organizacion de altos vuelos para atender 1a demanda. La Alemania nacional socialista fue la primera en comprenderlo, y, como se Vera en posteriores capitulos, tleg6 a los mayores extremos para modifiear los di sefios de armas ligeras a fin de lograr luna manufactura mas seneilla y conse- guir, para su empleo, materias primas ‘fis baratas (metales en este caso). Ello tuvo como resultado que, si bien la in- dustria de guerra alemana sufi graves destrozos a eausa de los bombardeos, la produceion de armas ligeras logré man- tener el ritmo —a veces al nivel justo- hasta los ultimos meses de Ia guerra, cuando el eaos general predomino por oquier de forma general. La tremenda Ventaja del diseno para la fabricacion ‘mas que con Vistas a un uso de duracion, indefinida no tardé en ser apreciada por los aliados —y coplada—, lo que dio lu Bar a la aparieién de horrores tales como los subfusiles Sten y M3, «el de la grasa», como lo denominaron: ambos fueron perfectamente efectivos ¢ ideal: mente barates, aunque a los ojos de los fabricantes especialistas resultaran ho: Mribles sobre toda ponderacion. La alta calidad de la armeria militar habia ven do direetamente de los contratistas elvi- les que, de todos modos, fabricaron la mayoria de las armas, a las que aplica ron téenicas heredadas del competitivo terreno comercial Vino luego el auige del sulbfusil, que si guié 0 acompans ia tendeneia hacia 1a sencillez de manufsetura, Este arma fie la que realmente aport6 poteneia de fue- go personal a las batallas de la infante- a, y el habil uso que de ella hizo el Ejéroito alemén en las primeras etapas del conficto condujo al borde del pani- 0 a los mas medrosos de los aliados, El Jinetes de carros rusos, equipados con ‘Subfusiles PPSh M1941, se disponen a aceptar la rendicion de una patrulis de In- {anteria alemana, subfusil resulté el complemento ideal del fusil de gran potencia de la Segunda Guerra Mundial. Oftecia dicho arma tuna gran rapidez de fuego junto con fa- cllidad dle manejo y poco peso; 1a unica limitacion consisifa en su aleance. Es in- erefble pensar que, en 1939, solamente hubiera unos pocos millares —quiza 50.000 6 60.000— en existeneia, y, en cinco afios despues, unos diez millones, seguin céilculos moderados. La mente se resiste a admitir lo que estas cifras s nifican en términos de esfuerzo fabril y humano, dinero y materias primas, ¥ sin embargo, después de tan fenomenal nacimiento, ‘ahora parece como si el mismo subfusil se esté quedando va an ticuado y sea superado. Las armas han avanzado tan rapidamente que el fusil ‘moderno de pequefio calibre puede le. var a cabo la tarea del subfusil asf como Ta propia, por lo que en in plazo de diez aos quiza no figure este ultimo en el a- senal de los ejércitos de primera linea ‘que existan en el mundo. ‘Otra de las innovaciones habidas en 1a guerra fue el cartuche de mediana po- tencia, al que se pasa revista en el capt- tulo relativo al fusil de asalto, Esto era algo que, desde hacfa tiempo, se consi deraba una necesidad si es que tba a ha- ber algin avance en la técnica del fusl, aunque razones de tipo econémico 10 habian retrasado siempre. Hizo falta la perspicaeia de un pequefio equipo ale- man, ayudado por la circunstancia de partir de exigencias moderadas, para producir lo que se ha convertido en el tipo comin de eartucho militar de nues- tra época; y, de éste, el fusil que Lo dis- para, Resulta interesante seguir la his- toria de estas y otras ideas nuevas y ‘comprober con cuanta frecuencia se de- bleron a disefiadores y proyectistas ale- ‘manes, La eapacidad téznica y la inven- tiva del pueblo aleman ha hecho gran- des aportaciones al murdo, y entre tales dones figuran en lugar destacado el de- sarrollo y perfeccionamiento de armas de guerra. Hay que tener en cuenta que Jas condiciones no siempre favorecian al inventor en la Alemania nazi, dado que Jos planes de accion quedaban subord nados en todo momento a los drganos de la maquinarla politica, y requerian freeuentemente la aprobacion del pro- plo Fuhrer. El juicio de Hitler era probe- blemente defectuoso, en particular cuando intentaba aplicar su propia y li mitada experiencia militar a nuevas revolucionarias ideas; bastante a menu Go, parece como si las armas modernas se "introdujeran a pesar del Canciller, mas bien que debido a él. Pero esto nun- a detavo la constante afluencia de no- vedades; para los alemanes, el unico trastomo se debia a que muchas de esas novedades no se llevaban a su conclu- n definitiva, o se fabricaban en nume- ro suficiente porque la capacidad de las fabricas tenta un limite. ¥ en ocasiones se desviaba esa capacidad a la manufae- El empleo de subfusiies aporté potencia de fuego personal los combates de In ante! MP 3840. ura de armas improductivas que Jamas se deberian haber empezado. Un ejem- plo tipico lo constituyeron las granadas para la pistola de sefiales. Una innovacién mis, relacionada di rectamente con la simple fabricacién, Me el principio de disefiar armas para {ue se pudieran hacer en subcomponen- tas, 0 seesiones, que se manufacturaban. en distintas partes del pais y se monta- ba luego en un sitio para lograr el arma mmpleta, Era ésta la primera guerra en Ia que se hizo necesaria tal técnica, por- {ue ningun otro conflicto se habia visto turbado por el bombardeo estratsgico de gran radio de accion, con su sosteni- day deliberada destruccién del esfuerzo de guerra. Asi, se aunaron las activida des de toda suerte de industrias para hacer pieaas destinadas a armas ligeras, hasta que resulté lteralmente cierto ‘que las firmas del calzadao fabricaban cafones para tales armas, y los reloje- ros, gatillos. El volumen total de pro- Guceldn aleanzd cotas inmensas, pero la emanda fue igualmente grande a medi- da que la guerra se prolongaba en afos sueesivos y las potencias beligerantes movilizaban ejércitos mas y mas nume rosos, todos los cuales pedian armas y municiones, cada vez en mayor canti dad, para continuar la lucha. En Gran Bretafia, el mayor fabricante de armas Ligeras @ prineiplos del conflicto era la compatiia BSA, pero, una noche de 1941, 1a fAbrica’ central resulto al canzada en un bomibardeo, y 1a enorme nave de cafones quedo casi enteramen te destruida. La respuesta que dio dieha empresa consistid en descentralizar la produccion a pequefias firmas de todo e| istrito, y casi cada concebible activi dad que dispusiera de alguna clase de taller mecénico sufrié una arbitraria in cautacion, la maquinaria de 1a planta principal fue trasladada en horas y se eomen2é 1a fabricacién incluso antes de ‘que los antiguos propietarios tuvieran tiempo de marcharse. Tan pronto como se montaba una maquina, se conectaba Ja energia eléctrica y se iniciaba la ma- nufactura de armas. El proceso conti- nuaba @ medida que legaban mas ma quinas, y los eamiones iban de un punto # otro llevando materias primas y plezas acabadas. No se volvio a permitir que descendiera la producci6n, pero ello ext 6 un tremendo esfuerzo y probable. B La fébrica de la Birmingham Small Arms tras el bombardeo de 1941. ‘mente no resulté muy eficiente en ter- mings de mano de obra. ‘Mientras que ahora parece logiea y obvia esa medida de ia descentraliza- cién, no tuvo la misma apreciacion por arte de muchas personas en aquella €poca, las cuales vieron cémo se descar- taba sin ceremonia alguna toda una vida de trabajo. En muchos casos hubo hostilidad y oposicién, pero la compen Sacién econémica arbitrada por el go- bierno suaviz6 un tanto el golpe, y no se udo argdir nada al oficial eneargado de hacer la requisa. Naturalmente, este sis- tema no se limito inicamente a Gran Bretaria; también en Alemania se proce: dio a la ineautacion de docenas y doce nas depequefias fbricas que inmiediata mente se pusieron a manufeturar ar ‘mas. Una gran ventaja que las armas It Beras tienen sobre las plezas de artille ria es Ia del tamano, y que un hombre Puede manejar ficlimente sus partes 4 ‘componentes. Cafiones y curefias hacen preciso que el suelo de la fabrica este ‘daptado a la accion de griias y caballe- tes para mover las piezas que se term nan, y el proceso no se puede eonfiar a subcontratistas del mistno modo en que se realiza con las armas pequefias. Gran parte de la fabricacién del armamento ligero en tiempo de guerra requeria he- Framientas sencillas, como tornos, pren- sas y fresadoras, todo ello en tamatios corrientes en la industria del ramo en general, e incluso los talleres de earrete- a podian dediearse a hacer plezas, En cuanto a las municiones, ditieit mente se podia distribuir Ia tarea de {déntico modo a docenas de mintiseulos ‘centros; por ello, y para todos los belige- antes, el proceso de fabricacién de car tuchos y balas se confind a unas pocas fabricas altamente automatizadas. Las vainas requieren una serie de operacio- nes de corte y estampacion para ser fa- bricadas, y esto es algo que no resulta comun a cualquier tipo de Industria y que exige maquinaria especial si es que se va a llevar a cabo, Bn realidad, esta actividad se encemendé en forma ¢e Subcontrato @ unas pocas firmas ce Gran Brotana, ls eusles, en época ce paz, habian hecho recipientes de forma ‘mas 0 menos semejante, tales como fi: Jas para linterna; pero incluso entonces preoisaron generalmente maquinaria es- pecial para ponerse en marcha. Llenar Jas vainas con el agente impulsor era en- teramente una funcion de las fabricas gubernamentales o, si no, s6lo podtan realizarla compafias que trabajaran en ese ramo antes de la guerra. Esencial mente, se trataba de algo que tenia qve hacerse en medios adecuados y con pre- cauuclones especiales de seguridad: por festa razon, ya cauisa también de lo co- nocido de su situacion, tales instalacio- nes resultaban vulnerables a los ata ques aéreos. Pero una planta de este tipo es diffeil de destruir con bombas, y hhubo varias subterréneas. Las incursio hes eausaban menos efecto en ellas que en otras fuentes de la produceion belie. ‘Antes de facilitar al lector mAs deta les de Ia historia de las armas ligeras en Ia Segunda Guerra Mundial, no estaria de mas bosquejar brevemente lo que se entiende por tal denominaeién, y deta- lar después c6mo operan estos instru mentos; sin algunos eonocimientos dal funcionamiento interior de las armas se plerde gran parte del quid de las discu- siones. Esta explicacion sera incomple ta en grado sumo, pero habra de bastar para una razonable comprension de 10 ue sigue. Se considera, en general, que tun arma ligera es la que dispara un pro- yectil de menos de treinta milimetros ce calibre, Para los fines de este trabajo, e limite superior de calibre se estima en media pulgada aproximadamente, o tre- ce milimetros. Las armas ligeras son les que se fabrican y suministran en enor mes cantidaes a los infantes y a los de otros cuerpos, al ser las que se llevan al asalto final y al combate cuerpo a cuer po, resultan las mas importantes de la maestranza, ‘Todas las armas ligeras disparan un proyectil de algun tipo y, en 1a Segunda ‘Guerra Mundial, las baias fueron practi camente las mismas por ambas partes. Las partes integrantes de la municién de esta elase de armas son un cartucho, la pélvora impulsora, un deflagrador y tuna bala. El cartueho se coloca en la eé- mara abierta en el extremo de clerre de lun eafién, y la eémara se eierra con un ‘obturador 0 eerrojo. Un dispositive me- ‘eanico golpea la cabeza del deflagrador inicla la ineineracién del agente im- pulsor. Aproximadamente en una milé- sima de segundo éste se ha quemado por completo y transformado en gas, ¥ Ja presiOn se ha elevado al orden de v rlaS toneladas por milimetro cuadrado. La bala comienzas entonces a acelerar por el cafén; en realidad, empieza su ‘movimiento antes de que se haya consu: mido toda la pélvora, y aleanza ripida mente una velocidad muy alta. En su re corrido queda sometida a un giro para darle estabilidad girosedpica, y enton. ces abandona Ja boca y vuela hacia su objetivo. La sigue fuera del tubo una nube de gas, de répido desplazamiento, ‘que también se halia a elevada tempera tura y puede ser inflamada. La eyeccion de este gas origina la caracteristica ex- poston y el fogonazo en la boca, razon por la que se han hecho investigaciones fin de encontrar un medio para reducir tal fenémeno, por exigencias de oculta- miento, El cartucho vacio queda en la camara, y ha de ser extraido y retirado antes de introduelr uno nuevo para Fe petir el proceso, Tal es la base del dispa- ro de todas las armas ligeras; el proceso ‘mecénico de alinear un cartucho con la camara, empujario dentro, maniobrar el clerre, disparario, abir el cierre, extraer el casquillo y, finalmente, expulsarlo fuera, Para el proyectista, supone un di- {fcil problema Incorporar todos estos movimientos en un pequefio recinto, ‘con el menor numero de piezas posible ¥ el peso mas reducido, idénticas ext encias en cuanto a las operaciones ara su manufactura, empleo de mate- Tiales que no se requieran urgentemente ara otras armas y, por ultimo, lograr lun instrumento seguro y robusto. Algu nos lo conseguian maravillosamente Dien; otros, rematadamente mal. Para dar una idea de las fuerzas en juego, la presion en el cierte de un eartticho nor- teamericano de 7,5 milimetros ascendio a sels toneladas por centimetro cuadra do por un perfodo de practicamente una mullésima de segundo, y la fuerza que ac: tuaba contra el frente del cerrojo era, fraeeionadamente, de casi dos tonela das. Bl tiempo es tan corto que el tira dor solamente siente un empuje de ape- ‘nas tn par de kilos al repartir el impulso Is 1a inercla de su fusi; pero el frente del ce- rojo no abriga duda alguna en cuanto ala magnitud de la fuerza, y por ello debe ser fabricado en consecueneia. Los ‘eartuchos de pistola generan presiones y fuerzas menores, més atin estan en la Tegién de las toneladas y son todavia notablemente peligrosos. En armas sencillas, como los fusiles acelonados por cerrojo, hay muy pocas ‘complicaciones; pero cuando se requie~ re que el arma realice automaticamente todo el ciclo de disparo, entra en juego una yerdadera multitud de ingeniosos dispositivos mecinicos, todos los cuales ‘emplean de alguna forma la fuerza de la ‘explosion para operar el mecanismo, Es festa miscelanea mecanica lo que hace tan fascinante el estudio de las armas It eras, Los sistemas fundamentales de fenergia son tres, con mezclas ocasiona- Jes de uno con otro, y el primero es el retroceso. Este sistema se ha aplicado generalmente a las emetralladoras mas esadas, mas. en 1a Segunda Guerra ‘Mundial pueden nallarse ejemplos en todo el espectto. EI retroceso constitu- ye, naturalmente, la fuerza més elemen- tal que experimentan todos los que dis- paran un arma. En las autométicas se ‘emplea para mover el eafin y el cerrojo hhacia atras mientras la bala viaja por el ‘4nima. En su movimiento de retroceso se abre el cerrojo (el proyectil ha partido yal, y el canon vuelve hacia adelante ‘Obligado por un resorte. Al moverse en Tetxoceso, el cerrojo exirae el cartucho vacio y, tras expulsario, empuja otro nuevo ai ser forzado en direccién frontal por otro resorte. La llustracion lo mues- tra con toda claridad. Se trata del prin- ciplo que se utiliza, entre otras, en la pistola Luger. Naturalmente, tiene ven- tajas y defectos. Extrafamente, la eanti- dad de energia disponible es pequefia, y fn ocasiones apenas suflciente para ac- tivar el mecanismo. Por ello han de em- plearse impulsores del retroceso y la Vickers y 1a MG 42 son dos buenos ejem- plos de armas de este tipo. En tales ca- 808, el impulsor es una camara en la ‘boca que atrapa una parte de los gases y los permite expandirse y empujar el cafion hacia atras antes de liberarlos. ‘Otza desventaja radica en que el tubo tiene que moverse, y esto no se puede conseguir féellmente en fusiles y ame- tralladoras ligeras, en especial estas dl- timas, que necesitan por lo general ca ones que puedan ser cambiados con rapidez. Como factor positivo figura el hecho de que utiliza pocas partes movi- les, impone menores esfuerzos al meca. nismo y @ Ia estruetura global del arma, yes comunmente robusto y seguro. El siguiente sistema es el operado por gases, en el que el suministro de fuerza ppara el funcionamiento del arma se rea- liza mediante la toma de una pequefia cantidad de los gases impulsores. del nima una vez que la bala ha pasado bblen hacia 1a boca, y por Jo tanto no ‘queda afectada por ninguna clase de pe- uefios cambios de presidn. Ese gas se invierte hacia un fogon o portillo, y se Girige atrés, al clerre; se le hace iuego ‘uir por un ellindro y golpear un piston, Este se halla coneetado al cerrojo y a su ispositivo de cierre, con lo que, prime- ro, abre el cerrojo y, despues, lo empuja hacia atris. A coritinuacién, un muelle elerce esa accion hacia adelante con todo el conjunto para repetir et ciclo, Este sistema goza de popularidad por- que es generalmente ligero y no dema: siado complicado, y también porque su faceidn puede variarse alterando 1a can: tidad de gas que se toma del ean. Asi, siel arma funciona en el barro o est en malas condiciones por el largo uso y tlende a la viscosidad en la acci6n, es posible admitir més gas para que lo em- ule todo con algo mas de fuerza. Con ‘lerta habllidad se puede conseguir que el cafion pueda cambiarse rapidamente; debido a ello, el sistema ha sido bien acogido para ametralladoras ligeras y fusiles automaticos. Fue probablemen- te, el mas usado de todos en la Segunda Guerra Mundial, aunque en cifras escue- tas quizd lo superara el siguiente. El tercer sistema es el de retroceso del cerrojo, ampliamente usado actualmen- te para todas las armas pero confinado en la Segunda Guerra Mundial a subfu- siles y unas pocas pistolas, con la excen- cién de un niimero muy pequefo de an- tleuadas ametralladoras utilizadas por tropas de segunda fila del Bjereito Ita- ano. En este sistema, el cerrojo no esta trincado al cafién en absoluto, y depen- de de la inercia para mantener la reca ‘mara cerrada hasta que la presidn de los gases haya descendido a un nivel de se- guridad. Retrocede entonees para abrir- In-y ejecutar el mismo tipo de ciclo de (87 mm). ladora Fiat modelo 35, de 8 mm. fen accion. Obsérvese la rapida expulsion de las valnas vacias. los otros sistemas. La esencia de este teteer sistema es un pesado cerrojo comparativamente hablando— y una ina de lados paralelos, El cerrojo ofre ce sulfelente inereia ala presiOn de los gases para mantener cerrada la reeduna Fa, y la vaina de lados paralelos actia de émbolo al salir de la camara y no per mite que pasen los gases hasta ser com. pletamente retirada, Naturalmente, todo esto sucede en un tiempo incretble mente breve: aun ritmo de ftezo de Selsclentos disparos por minuto, cada rtucho es extraido del cargador o de la cinta, disparado y expulsado en una décima de segundo. Si esta décima de segundo se divide aun més, se hace 20 pronto evidente que solamente durante nas pocas centésimas de seq manece el cartucho en la reedmara; el resto, se halla en movimiento, En el mo- mento en que el casquillo es percutido en la accion de retroceso, el cerrojo se encuentra atin en movimiento hacia adelante; y no queda en posicion de oso al venir contra el frente del cierre, Sino al ser empujado hacia atras por Ia vaina bajo la presién de los gases. En ar- mas bien proyectadas, el cerrojo nunca tocara realmente el frente del cierre, sino que retrocederi una fraccién de pulgada antes de aleanzarlo, Todo esto exige un gran cuidado en el disefio, Identica atencion en la fabricacion de la munielon, ya que, como puede verse, este tipo de arma es mds sensible a los ‘cambios en 1a potencia del cartueho, y tambien a la suciedad sobre las superf es que el cerrojo cabalga, Sin embar- go, el sistema es notablemente senciilo, y se ha utilizado durante muchos afios en las pistolas. En la Segunda Guerra Mundial cobr6. verdadera_prominencia on los subfusiles, todos los cuales em pleaban este sistema en una u otra for- ma y hacian fuego mediante un cerrojo abierto. Se vera que ‘si el cerrojo ha de cerrarse sobre un eartucho, entonces se plerde la inerela, y el retroceso de aquél Sera muy violenta; por ello, siempre se dispone que el arma cese en sus dispa ros cuando el cerrojo esté sujeto atrés. El primer disparo tarda un tiempo apre- clable desde que se acciona el gatillo hasta que sale la bala, Durante ese perio. do, el pesado cerrojo avanza, alimenta el ‘arma con un nuevo eartucho y perturba generalmente la punterfa del tirador. Nada se puede hacer para impedinlo, y constituye una caracteristica de todos os diseflos militares eficientes. ‘Tras este pt arma se hace natu to, y pocos subfusi dos au fe hace fuego autor er disparo, el mov ato. jento det mente mas violen: ‘pueden mante- ‘blanco cualquiera Ningura otra arma atrae tanto la imag nacién como una pistola. Es pequefa, compacta, obra de ingenio, bien cons truida por lo general y poseida de una mistiea propia. Tiene fama en la leyen- da y en la eaneidn, resulta mortifera y por iltimo, se halla pricticamente al al cance de cualquiera Las pistolas militares son a menudo tan semejantes al modelo civil que no se diferencian de éste, aunque no siempre curra asi. Unas pocas se reconocen ff cllmente como hechas para uso castren- 2, ¥ entonces las discrepancias se ev- Gencian. Literalmente, clentos de pisto- las distintas se han fabricado y utilizado fen el rrundo, y muchas de eilas probe- blemente se levaron y, sin lugar a du. das, se emplearon en la Segunda Guerra Mundial Como seria completamente imposible deseribir més que un peauefio numero, este capitulo se coneretara a las que se adoptaron oficialmente para las fuerzas armadas por los prineipales paises pariieipantes en el conficto; este estudio cubre un eampo tan amplio que sse ha considerado necesario eliminar va- os modelos individuales que se sabe fueron utilizados por uno u otro belige- rante. Incluso en este breve examen la gama do calibres va de 0:32 a 0,455 pul- gadas (de & a 11,37 milimetros), y, con toda seguridad, ésa gama podria exten- derse 2 0,22 pulgadas (5,50 milimetros) Por el extremo inferior, con lo que se in- cluirfa una infinidad de armas cortas. El uso tradicional de la pistola militar es el de proporcionar defensa personal a hombres armados con otra cosa distinta de los fusiles; en si, la pistola es relativa- ‘mente poco imporiante si se Ia compara con otras armas ligeras. Es opinion co- ‘iin que rara vez se usa en combate, tun destacado general conocido del aii tor ha declarado que él estaba presente cuando precisamente treinta hombres resultaron muertos 0 heridos a conse- ‘cuencia de fuego de pistola, Por desgra- la, veintinueve pertenecian a sus Mer ‘as, y fueron vietimas de descargas acc! dentales o descuidos. El otro era un ene migo a quien el propio general abatid, pero como la aecion no parecia ser deft nitiva tuvieron que rematarlo con un subfusil. Esto no es un medio de hacer Publicidad de las pistolas, sino de esti ‘mar justamente su valor militar. En ma- nos del soldado corriente, su nivel de Punteria es pobre, aunque el arma y su. municidn sean intrinsecamente exactas. En las de un combatiente sin experien- cia o muy entusiasta, una pistola equi vale aproximadamente, en cuanto as guridad, a una granada ala que se ha Quitado 1a aguja. Su pequefio tamafio la hace notablemente manejable para uso rapido y, también, muy peligrosa. El empleo adecuado de una pistola puede salvar la vida de un soldado; el inade- ‘cuado, terminar prematuramente la de tun amigo, y frecuentemente ha sido ast Lo dificil con las pistolas es que la conti j SP aba! nua préctica y el adiestramiento cuida doso son vitales para su utilizacion se gura y efeetiva. En tiempo de guerra pocos eéreitos tienen tiempo para la tuna © para el otto. Pero ya esta bien de filosofia; vaya ‘mos ahora a los heehos. Como muchos lectores saben, las pistolas se presentan fen dos formas: revélveres y gutométi cas. Las discusiones sobre los méritos de cada una de ellas se han desarrollado Por espacio de mas de eincuenta atios, pero ahora se acepta que las automat cas son mejores, y cast todas las nacio- nnes las usan. Durante la Segunda Gue- Fra Mundial la dicotomia no se resolvio. fen modo alguno, v en todos los elereitos se utilizaron armas de ambos tipos. Por lo general, los revélveres son mas sencl llos, Seguros y robustos. Mas atin, es f cil ver si estan o no cargados, por lo que gozan de popularidad entre los solda dos. Las automaticas o pistolas de auto- carga, para darles su nombre correcto, tlenen, por lo comun, menor peso, evan, mas municion y disparan con mayor ra pide Pero, después de cada disparo, se Fecarga Ia camara y se monta el arma Guerritieros chinos armados con (iquier- da) un Mauser 39K (centto) una pistol eutomatica Browning y (derechs) una yr automatica de 7,63 mm 0 call- ara funcionar con tn nuevo cartucho, Ambos tipos son manejables en espa: clos reducidos, pero tienen escaso alean- ce efectivo. En cuanto a éste—para que ningun lector pueda correr el riesgo de creer a pie juntillas 1o que se ve en las peliculas del Oeste—, 1a bala mas pesa- da de pistola no llega, con efectos lets- les, mas allé de treselentos metros, eon- siderando que la victima sea herida en tun punto vital, come el centro de la ea: beza. Para ot¢as es mucho més corto; pero como hay muy pocos pistoleros Que pueden acertar a Ia puerta de un graneto a mucho mas de diez pasos (0, ‘como decfa un personaje pintoreso, ape: ‘has pueden alcanzar el oeéano desde un bote), la euestion del aleance solamente Incluye las leyes del accidente y de la casualidad. ES algo que se estudia ex- tensamente en los libros especializados, ‘Antes de la guerra, las preferencias B britanicas se inclinaba firmemente por los reveiveres, y el arma reglamentaria Ge costado dei Eyército del Reino Unido fue, desde 1938 a 1997, el revolver En: field nimero 2 Marf 1 de 038 pulgadas (05 milimetros). Se trataba de’ una pis tola sencilla inspirada en un diseho de Webley y Scott.de principios de la déca. da de 1820, modificada parcialmente en el mecanismo de la lave en Ia Royal ‘Small Arms Factory, de Enfleld, v @ la que se adapto la camara para albergar Un nuevo ¥ mas potente cartucho per- feectonado por et mismo establecimien- to, Bra corriente en cualquier aspecto, siendo sus dos caracteristicas princips- les su notable confiabilidad y su no me- thos notable falta de precisidn en manos del usuario medio. La labor de Enfield en el gatillo dio por resultado elerta rig dez de uso, y un terrorifico tirén al dis. parar en docble acciin. Esto se podia solventar con una piedra de amolar y cierta mafia, a fin de que la pistola tira- a suayemente y con precision; pero las Unieas personas interesadas en hacer luna cosa ast eran los aflclonados al tiro al blanco, y los modelos de la época de la guerra ‘se dejaron, en su mayoria, como fueron fabrieados. Una variacion el disefio, denominada ia Mark 1*, vena, eliminada la cresta del pereutor, para ue las dotaciones de vehieulos y'aque- os que operaran en espacios redueidos no sufrieran la molestia de que, al mo- verse, se les enganchara la pistoia en al gin Tesalte. Ello dio por consecuencia luna pistola que resultaba casi imposible de mantener firme al disparar, a menos ‘que se tuvieran en la mufieca unos mus culos como los de Hercules. El aleance Util de este pecullar modelo era poco ‘mis que a boca de jarzo, en el que sobre- sale porque nunea se encasquilla y un disparo en falso demora meramente el tito siguiente. Rste hecho constituye otra diferencia importante entre los dos tipos de pistola, Un fallo en una auto- mitica exige accionar para atris la co- mredera con la mano libre a fin de expul- sar el cartucho defectuoso y meter otro, Y en ese espacio de tiempo el tirador puede haber muerto ya. El que maneja lun revolver slo tiene que ocuparse de apretar el gatillo y, para el mecanismo, no supone diferencia slguna que el per ‘cutor eaiga sobre un mal eartucho 0 80- bre uno bueno, 4 Rovélver Enfield nimero 2 Mk 1. Calibre: 0,38 (9,5 milimetros), Sistema: efecto sen- illo 0 doble: Longitud: 26,09 em. Longitud del Cahn: 12.70 om, Alimentacion: ells ‘ro, seis cémaras; Mira Oclantera: Hola; ‘Mira Trasera: Muesea cuadrada; Peso: 715 {gramos; Velocidad inicial: 168 metros por segundo, Seria una exageracion decir que el En- ‘eld fue popular. Se tolero, y nada mas. Siempre que se presentaba la oportunt dad, se -liberaban- o hurtaban otras pistolas, y el Enfleld se deseartaba, Las favorites eran las Beretta italianas las, P38 alemanas, aunque, en realidad, se preferia cualquier cosa. Otro revolver uitilizado por las fuereas britanicas, el ‘Smith y Wesson del mismo calibre que el Enfield, se adquirid en gran numero fen los Estados Unidos. Se trataba de lago mucho mejor que el autéctono, re- sultaba mas facil de sujetar y disparar y tenia un delicioso gatillo que contri- bbufa a tirar eon bastante preeision. Ei IL ero gatillo controlaba un pereutor que funclonaba con bastante ligereza; a me- nudo, el golpe era demasiado suave Un oficial apunta su revélver Enfield del 38. para activar un cartucho de guerra, asi Que se hicieron nevesarias unas peque- ‘as modificaciones del muelle principal El Smith y Wesson no tenia Ia robustez del Enfield un uso verdaderamente in- tenso aflojaba todas sus uniones y hacia ‘Su fimeionamiento ain mas inseguro, pero era buseacto por el combatiente en: tendido, Por ultimo, hubo una pistola automatica en los ejreitos britanicos, la Browning de 9 milimetros fabrieada en el Canada, que se suministrs en pe- (Qquetio numero a Jas unidades aerotrans- portadas y de comandos unieamente. Luego ha continuado usandose, y es ahora la pistola de reglamento, habien- do reemplazado por completo ai Enfield Hay poco notable quemeneionar acerca de este arma, excepto el hecho de que el cargador alberga trece cartuchos, y es ‘uno de los mayores hechos para tna pis- tola. Los eartuchos van colocados al tresbolillo y, eomo consecuencia, la cu- lata que los rodea resulta comoda de empuilar. Los primers modelos tentan una mira trasera tangente graduada hasta quinientos metros, y una ranura en Ta culata para acoplaria un culatin. Estos nunca se suministraron, y cual. Quier soldado que intentara tirar a qui rhlentos metros s6lo conseguia elevar st propia moral, Ei arma goz) de populai dad entre sus usuarios. y no ha eambia- do nada en sus treinta y cinco aftos de existencia, B] Riército de los Bstados Unidos nor- malizd en 1911 la pistola automatica Colt de 11,25 milfmetros, que hoy sigue en servieio. El modelo dela Segunda "Guerra Mundial, diferia poco del origi- nal, y 10 utilizaron todas las armas y cuerpos norteamericanos a lo largo y fancha del mundo, Habia stocks suficlen- tes para este vasto despliegue porque quedaban muchos miles de a Primera Guerra Mundial, y la fabricaeion no ha- bia cesado en tiempo de paz. En realk ad, hubo bastantes para que Gran Bre- tana adquiriera unos cuantos miles de pistolas en 1940, y la manufactura ¢o- bro nuevos brios despuds de Pearl Har Dour para equipar a las fuerzas estadou- nidenses, entonces en continua expan- sion La Colt ha suscitado grandes afec- tos, pues indudablemente se trata de un ‘modelo muy eficaz y digno de conflanza. Su origen se remonita a un arma produ. ida por Browning en 1897, que la Colt 26 Pistola Automatica Modelo 1911 At. Call- bre: 0,45 (11,25 mm): Sistema: Retroceso ‘Automitico; Longitud: 22 em; Longitud det Canén: 12,70 em:Alimentacion: Cargedor {de caja separable, 7 cartuchos en line Mira delantera: Hoja; Trasora: Muese ‘cuadrada; Peso: 1.000 gramos: Velocicad Inicia: 253 metros por segundo. Corto do una pistola automatica nortes- mericana M1911 At. fabrieo y mejoro progresivamente hasta Negar al modelo de 1911. La pistola es muy robusta, sencilla y de gran confia- bilidad; muchos especialistas en armas ligeras la califican como In mejor arma militar de esta clase jamais fabricada, Siempre resulta dificil determinar lo ‘mejor o lo peor en este terreno, poraue hay que considerar tantos faetores que el analisis final ha de basarse en la opi- nlon mas que en hechos concretos, Pero dado que la Colt ha prestado servicio militar durante mucho mas tempo que ninguna otra, y sobrevivido dos guerras mundiales con sélo pequefias modifica ‘clones, no puede ser una pistola corrien- te. La pistola dispara la enorme bala del cariucho ACP de 11,25 milimetros, que fue adoptado tras Ia campatia de Filipt nas en 1900, cuando se llegd a la conclu. sion de que el calibre nueve y medio re- sultaba demasiado ligero para detener Ja carga de los guerreros de las tribus. Elproyectil de la Colt pesa un terciomas, ‘que el que dispara el fusil reglamentario de la Organizacion del Tratado del Auléntico Norte (OTAN}, lo que obliga a ‘contar con una pistola pesada para que ‘el retroceso no rompa la mufieca del ti rador. No hay duda de que Ia Colt es art lleria de bolsillo en toda Ia extension de Ja palabra; sin embargo, a pesar de su tamafio, se adapta confortablemente a la mano y dispara sin entorpecitaientos. Pese a los vastos depdsitos de Colts, ‘no hubo bastantes para todos los com: Datientes norteamericanos que debian uusarlas, y algunos emplearon revolveres el mistno calibre, sobre todo el Smith y Wesson. Este era el hermano mayor el de 9,5 utilizado por los britdnicos, se diferenciaba poco de él eon excepeicn de que disparaba un cartucho sin pesta. fia y tenia un ingenioso sistema de pinza ara apoyarlo y expulsarlo. En su mayo- ta, los revélveres se destinaron a la Po- licia Militar y a clertas unidades de ser- vielos, y tambien algunos a la Infanteria de Marina, Aparte de estos, 1a historia de las pistolas en el Kjercito de los Esta- dos Unidos durante el periodo 1941-45 es sencillamente la historia de la Colt, y no. hay duda de que tuvo suerte en contar con tan buen modelo. Elejército aleman entré en la guerra ‘armado con una pistola que iba a ser el recuerdo més popular y preciado de 28 Pistola Luger P08. Calibre: 9 mm: Sistema: Retroceso, semiauiomatico: Longitud ntimetros; Longitud. del Canon ‘Alimentacién: Cargador de caja, 8'cartuchos en linea: Mira Dolantora: Hoja: Trasera. Muesca en V; Peso: 874 gramos! Velocidad inicial: 320 metros por segundo. lequierda: Un soldado lleva el tripode pera la MG 34 y empuna una pistola Luger POS, Derecha: Soldade de les SS con un Mau KAR 98K. todo el conflicto —eclipsando ineluso a los sables de los oficiales japoneses— la Luger de nueve milimetros modelo 08. Probablemente hay mAs conceptos erro- eos acerca de este arma que de ningu- na otra, y, al igual que muchas alema- nas del periodo 1945, adquirid una espe- cle de aureola que la leyenda y la fanta- sia han realzado y recabado.. Tneluso hoy, los coleecionistas pagan altos pre- clos por una buena Luger, y, no hace ‘muchos afios. clerta empresa briténica del ramo hizo buenos negocios restau- rando Lugers para que los estusiastas de esta pistola pudieran practicar el tiro con ella. En el curso de su existencia, la Luger se ha vendido en todo el mundo aunque, aparte de Alemania, solamente se adopto de manera oficial como regla- mentaria en paises pequefios, entre ellos algunos de ‘América del Sur. Ningun ejército de importancia tom6 tal dec sion. Aunque parezea inerefble, incluso la Vickers de Gran Bretafia hizo algunas, Fue ung orden de diez mil para el go- bbierno de los Paises Bajos en la década de 1920, si bien resulta difleil compren- der por qué los holandeses no intents- ron comprar antiguos stocks de 18 pri. mera Guerra Mundial, ‘La Luger fue adoptada por el Ejército alemén en 1908 (de aqui la denomina- clon de Modelo 08), y se fabriearon dos millones de pistolas entre 1914 y 1918. Parece que muchas ie éstas se retiraron después del armisticio, por lo que, euan: do la Alemania nacional socialista eo- ‘menz® a rearmarse en los primeros aftos del decenio de 1930, quedaban muy po ‘eas y hubo que rearudar Ia producei6n, Hacla 1038 se habia hecho creciente- mente cara, y para reemplazarla se adopté la més sencilla P 38. La manu. factura de la primera se iba a suspender segiin drdenes recibiclas, pero continud hasta 1942 porque el Ejéreito preferia generalmente la Luger y queria contar con ella; por ello se fabricaron cuatro- cientas mil mas, 10 que eleva el total de Producclon a tres ‘millones. En algunos aspectos por lo menos, la Alemania de 29 Ja preguerra no era totalmente Ia rigide dictadura que a veces nos sentimos in- linados a creer. Como pistola, la Luger no es tan buena eomo su fama. Resulta ‘clertamente elegante, se maneja bien y ispara con precision y facllidad; mas, ‘como arma militar, padece ciertas limi: taciones En primer lugar, euesta cara. Hay numerosas piezas pequefias del me- canismo que requieren una cuidadosa manufactura y ajuste, y los muelles han de hacerse meticulosamente. EI sistema de lave acodillada es sensible a las va- Haclones de potencia del eartucho: si ésta resulta demasiado pequea 0 gran- de, se bloquea el funcionamiento, Barro, poivo, hielo y nive también causan en: Yorpecimcientos, y, como el mecanismo ho tiene proteccién, no hay nada que impida la penetracion de tales agentes. Comparada con la P 38, no hay duda de ‘eusl es la mejor pistola militar, lo que hhace atin mas sorprendente la decision de contiauar fabricando la Luger otros ‘cuatro atios. En la Primera Guerra Mun- ial hubo varios aditamentos a la pisto- Ja estandar, siendo el mas comun de los. cuales un culatin de madera para con- vyertirla en una pequefia carabina, pero esta rara vez se vio en la guerra de 1939, aunque se conserv6 el teidn en la cula: ta. Las rarezas tales como el enorme cargador en -earacol- de 32 balas y las miras tvaseras tangentes graduadas hasta ochocientos metros desaparecie- ronen 1618 tra veterana que sobrevivis desde et Iejano pasado y cuya manufactura se reanud6 en la década de 1930 fue 1a pis- tola militar Mauser, disefiada y product da por primera vez en 1895, Se trata de un arma grande, de feo aspecto, costosa de fabricacién y no adecuada para la produceién en masa, Dicho esto, es agradable disparar con ella y bastante Drecisa. La produccion se reanudo en 1932 tras una suspension de eatoree afios, probablemente porque en ese tiempo ro se disponta de otro disefio como consecuencia, se hicieron varios miles hasta que la fabricacion ees6 final mente en 1945, B] total de los cincuenta afios de vida de la Mauser es aproxima: damente de un millon de unidades, elfra moderada para un arma ligera.” Fre- ‘cuentemente se usd como earabina aco- plindole un eulatin de madera, y una vversiGn eta totalmente automatiea y se 30 Pistol Automética Mauser Modelo 191 Calibre: 9 mm; Sistoma: Retrocese del e ‘rojo, semiautomético: Longitud Total 4585 ‘om; Longitud del Canon: 85 cm: Peso: 593 gramos; Alimentacién: Cargador parable, 8 cartuchos en linea; Trasera: Muesea ri Corte dela Pistola Automatica Mauser 1218. Muostra fa poco usual posicin del cargador. destinaba a pistola ametralladora. Se ddestind originalmente a unidadesde apo- yoy de servicios, pero en el caos de 1945 'y Jos itimos dfas de la guerra se echo mano de todas las armas y la infanteria utiliz6 la Mauser con frecuencia. La pistola de reglamento elemana, que reemplazS finalmente a la Luger, era la Walther P 38, la cual todavia se fabrica en Alemania y ha vuelto a ser Utilizada en el Bjército aleman, Bs una pistola automatica integra, de diseho ‘convencional con excepcion de su origi- nal gatillo de dobie accion. Una vez car- ada, se puede evar con un eartucho en la recémara y el percutor bajado, siendo entonces completamente segura fen cuanto a dispararse accidentalmen- te. Para hacer fuego se oprime el gatillo, el cual monta el pereutor y lo libera para que active Ia municiOn. El retroce- 80 monta el arma para los disparos si- gulentes. La P 38 fue la primera pistola militar que dispuso de este sistema, 1o ‘que en realidad constitaye una innova ‘idn de cierto valor; hay al mismo tiem- po otro seguro que’ bloquea la caja del petcutor. Pese a toda esta complicacion aparente, el meeanismo resulta sencillo y directo, y su fabricacion, relativamen- te facil. Podria esperarse que, a su tiem- ‘po, rivalizera con la Colt por el titulo de Ja mejor pistola militar que se haya vis- to jamas. La Walther se suministré en atniplia escala a la Wehrmacht que, go. neralmente, era mas consciente de este tipo de armas que los aliados. Al princi- Plo, los oficiales preferian la Luger, y la P38 se destind a los soldados; pero hacia 1944 su uso se extendio a todos los gra- dos. Funciona bien a pesar de la sucie- dad y el polve, aunque algunos modelos osteriores 2 1944 se hicieron con mate- Hiales defectuosos —que se desgastaron répidamente—, y los mecanismos resul- taron poco seguros. En total, alrededor un millén de P 38 se fabricaron en los. afios de la guerra en tres fabrieas distin- fas, de las cuales solo una era Ia Wale er Hay otra pistola alemana que merece una breve meneion, y es la pistola de se- ales, 0 Kampfpistoie, como se la lam6. ‘Todas las de este tipo son bastante se mejantes en cuanto a que se trata de ar- mas de un solo tiro, de calibre razona- blemente grande, que disparan un pro- yectil pirotéenico a baja velocidad y con 2 ‘ma: Retroceso, semiautomitico; Longitud: 21,5 cm: Longitud del Canon: 13.25 cm: ‘mos; Velocidad Iniclal’ 339 metros por undo. un alcance maximo de unos sesenta me: ‘ros. No hay nada especialmente mortt fero acerca de ellas, a menos que tenga la mala suerte de encontrarse en Ja trayectoria del ardiente proyectil casi recién salido por la boca del arma, mo, mento en que se mueve mas répidamen: te. Pero los alemanes convirtieron esta sencilla pistola en un lanzagranadas ha- eiendo para ella un pequefio cartueho explosivo y rayando el anima para dar estabilidad al proyectil. Tenia un celt bre de veintisiete milimetros, y la grana. Ga pesaba unos 140 gramos con su agen- te Impulsor, de los cuales llegaban clen al objetivo. No resulta sorprendente que Ia Hegada de tan modesto proyectil no ‘causara demasiado dafo, especialmente porque parte del peso era pura espoleta En vuelo silbaba en tono bajo e inesta. ble al atravesar los treinta metros esca- ‘80s hasta el blanco, y daba tiempo sult clente para que un combatiente alerta. do bajara simplemente la cabeza. Fue una idea ingeniosa y sensata desde cier- to punto de vista, ya que daba a la pis- tola de sefiales otro y mas belico papel. Por desgracia, unas granadas tan pe {quefias tenfan escaso efecto en un com- bate de infanterfa, y apenas valian la) molestia y el gasto de su fabricccion. Resulta significative que ningun otro pais adoptara la idea. El e)ército soviético nunca tuvo parti ccular billlantez en lo que respects a pis- tolas, y el arma reglamentaria en la Se. gunda Guerra Mundial fue una version ligeramente simplificada de la Brow- ning 1911, con le recémara adaptada para el eartucho Mauser de 7,68 milime- tos. Rusia disponta de grandes existen- clas de dicha municién cuando se pro- yects la pistola a finales de la década de 1920, por lo que parecia logico utilizar- Jas. Llamada Tokarev por el nombre de su disenador, la pistola se fabried en ‘gran ntimero en varias instalaciones so- vieticas, con distinto grado de termina. cion y ajuste, La aparicién de! subfusil ‘casi acabé con las pistolas como arma en la Rusia socialista, excepto para las dotaciones de vehioulos y algunas tro Pas auxiliares y oficiales de distintos ‘Cuerpos. La filosofia rusa se ‘inelinaba ‘mis haela un arsenal ofensivo que de- fensivo, y 1a pistola no hallaba lugar en él. Por todo ello, la Tokarev fue un arma robusta y efectiva y, al parecer, funcioné extremadamente bien en condiciones adversas y recibiendo escasa atencion Se ha fabrieado bajo lceneia, desde 1a guerra, en la mayoria de los paises del Feex2S Towatev blogve orienta, y ann sigue prestando servicio. 3 ae Los Japoneses, por otra parte, persis tieron en las pisiclas porque munes per feecloraron un sions que rvalzara con elias, En cualguler cas, eran en fran medida, tradiclotales en 1 que Fespeeia ast equipo, los ofciales ie aban espadas 5 piatolae como arias 4e replamento, Como muchas otras ar mas miponas. na de ls que tenian fe Sultaba un tanto extrara sto os oct dentales: Bra la Nambu tipo 18, de ocho mlimetzos, prodeida en 1023 como una Modicacién dela Nambu 1014 21a que Se parecia mucho, El contomno general no $e cifereneia emasindo de la Luger S'bien aki eeabe euaiguiet otra simi ud. Bt mecaniomo es completamente 33 , y conquis- t6 similar elogio en la guerra de Corea. ‘Todavia presta servicio en muchosejére!- tos de todo el mundo. El Garand, o M 1, para darle su titulo cortecto, era un seneillo y robusto fusil de autocarga. El aspecto externo resulta Thuy atractivo porque es esbelto y bien ‘equilibrado; en realidad, parece bien, al gual que una locomotora adecuadamen- te proyectada, y es obviamente funcio- nal. La caja de madera llega hastala mi- tad del cain, y un guardamanos, tam- bién de madera, cubre el tercio final. Los liltimos centimetros de cafién quedan al descublerto, ¥ debajo se halla el ellindro 3 de gases, casi de la misma longitud. El ‘cajon de mecanismos es corto, ¥ el alza trasera esta montada sobre él. funcio- namiento resulta engaflosamente senel- Ho. Bl corto cerrojo se fja mediante dos tetones delanteros que giran y engranan en depresiones situadas detrés dela rec mara. Aparte de tales depresiones, el ca- Jon aparece recortado para que todo el frente de aquélla y el sistema de clerre se limpien con facilidad, a diferencia del Mauser, en que esas depresiones se ha lan ocultas. El caj6n de mecanismos es lun tanto pesado, aunque absorbe poco. del esfuerzo del disparo; mas, dada su es casa longitud, el peso extra no se mani festa tanto y presta clerto gradodesegu- idad en caso de rotura de un cartucho © de algin contratiempo semejante, EL ‘mango corre junto al cerrojo y lo hace airar mediante una seneilla accion de leva. La varilla que lo conduce adelante y atts se mueve por debajo del caion cuando sale del eilindro de gases, y reco- ge entonces el muelle de retamo para el Ccertojo, que responde del corto eajon de mecanisinos ya que éste no tiene ningun mmiuellesemejante que acomoder. Cuando Ja varilla se acerca a la reeamara, se des- via a la detecha y de nuevo hacia arriba, ara salir del guardamanos de madera ¥ feunirse con el mango. Asi, cada vez {que se dispara ol fusil hay una pieza de metal al descublerto que se mueve hacia atras y hacia adelante a considerable ve- locidad. $i el tiradorno ha sido advertido de tal cireunstancia, o si resulta mas des: ctuidado que el término medio, es posible Ccogerse un dedo entre la varilla el gu damanos, pero el aecidente no reviste la gravedad que pudiera pensarse, y lo que suele suceder habitualmente no pasa de que el cartucho siguiente se detenga y no entre en la recamara. La eritica mds frecuente del Garand se Fusil semiautomatic Modelo 43 (643) Calibre: 7,92 87 mm; Sistoma: Gases, sélo semiautomatice; Longitus: 1,10 mi tros; Longitud del Canon: §4,05 om; AH mentacion: Cargador de caj 10 cartuchos al tresbollllo; De ranura; Trasera: De fronda tangente; Velocidad inicial: unos 777 metros por 8 ‘unde: Peso: 4.200 gramos, irige a su cargador y al método para re- enarlo. Parece que en esto John Garand perdié una oportunidad, y uno se pregun: ta por qué. Esposible que estuviera preo- cupado por el peso —east cuatro kilos y medio vacfo—; 0 quiz no deseaba aco- plar una vulnerable caja metaliea que se proyectaba por debajo de Ia suave lines Ge la caja. Cualuiera que fuese el moti. Vo, posiblemente no tenia razin, v es las tima que el Ejército de los Estados Uni dos no pidiera el cambio del cargador ‘cuando acepto el arma. Ocho eartuchos se alojan en un eargador de una pieza albergado en la caja. El unico medio de ‘carga es merced a un peine, que contiene los ocho proyectiles. Se oprime el peine hacia abajo en el cargador y alli se queda hasta que se vacia, momento en que es expulsado, Es este un sistema poco usual de hacerlo, y no ha sido recomendado ‘universalmente por varias razones meno- res, una de las cuales era el hecho de que no Se pudiera -rellenar- un cargador, te- nfa que set un peine completo o nada. Otras pequefias diffcultades surgidas en 1 curso de las diversas acciones se refe- Mosquetones Mauser KAR 98K en el fren- te Malian. rian au tendeneia a -congelarse- 0 atas- earse cuando estaba muy mojado. Como. Ja zona bélica del Pacifico resultaba ex- tremadamente himeda durante muchos meses del afio, ello podia constituir un gran contratiempo para sus usuarios, y s6lo se remediaba en parte con el uso de lubrificantes especiales. ‘Aunque no sin ciertos obstaculos, sefa- brico un ianzagranadas, que ingeniosa- mente permitia la desearga del ellindro de gases al aire cuando se disparaban granadas, impidiendo ast que se dafiara el mecanismo a causa de las mas eleva. as presiones. Con municién normal, el fogon de gases secerraba, y elfusil funcio- naba como de costimbre. Se hizo una versién de tirador selecto, en la cual se acopl6 al eajén de mecanismos un teles- copiode 2.2 aumentos. También se inten to fabricar una version especial redueida, 85 mas ésta sufti6 1a misma suerte que tue vieron todas las otras en Alemania y Gran Bretafia, v pronto se desech6 par- que el retroceso se acentuaba y por st n y fogonazo en la boca. 1944 se iniciaron medi das para tratar de producit una vers zar alas Brownings, que ahora enveje- fan rapidamente. El diseno paso por un fconfus) nimero de modelos en la serie ‘T,deT20.aT22K2, pero en 1945 sehabian hecho muy pocos, y ninguno entré en ser- 3s defectos usua nino la guerra se habian ms ‘ufaeturado east 4.200.000 Garands por ‘as prinelpales, de los cuales ld Armory produje el ineré ¢.471, y la Winchester Re: ompany, los restantes. El Gio otro impulso a su evs la eifra global a ssélo pequefias modifi Arriba: Un tirador de primera norteamericano dispara en Italia con un tusil semiautom clos, era altamente tico Garand. Abajo: Infantes de Marina de los Estados Unidos se disponen a entrar Seah fen accion contra los japoneses. Lievan fusiles Mi de 0,30 (7,5 mm) Garand, y engrase para mantenerle en buen fun miento durante largos periodos. La y rnica mas frecuente consistia ena rotura de la aguja de! pereutor, qu é rabe ficilmente asi! tan eficaz como el Garand io en fecha: tan temprana como la de 1936, prendente que ni siquiera se fa la introduecion de cualquier otro, y ‘mueho menos se usara’ pero, cuando Se Geclaréla guerra en 1941, el Ejereito tent ‘que recorrer una bt tania para. ‘equipar a todassusunidades, y a guardaba turnc 'va de una prologada espera, os recurrieron al fusil automatico n, que examinaron y probaron an= tes de la guerra, y despues re Proyectado y perfeceions 1940 por la Reserva de la trataba de un arma muy original eintere- El fusll Springfield M 1903, de 0,30 (7.5 mn). sante. Funcionaba utilizando elretroceso del cafion para operarelmecanismo,y po- sefa también otras earacteristicas singu- lnres. Laculataera un tanto de tiporecto, si bien no tan extremado como para ext gir alzas de montaje alto. 1 canon no tenia apoyos en aproximadamente la mk tad de su longitud, 1o que daba al arma: naire grécil y deportivo, si bien aexpen- sas deladebida robustez y dela imposib- Uidad de calar una bayoneta. Un mangul to deacero perforado formaba un guarda. mano, pero lo mas destacado de todo el fusil era el cargador: de tipo rotativo —muy poco usual, se acoplaba debajo del.caj6n demecanismos y apenas alters ba la lines del fusil. Albergaba diez pro- Yeciiles y se eargaba con cartuchos stel- tos por una trampilla al lado derecho. La ‘boca del cargador ajustaba en el cajén, 1o que evitaba cualquier posibilidad de distorsiono dafios. Bleation se podia des: ‘montarfiellmente, lo que resultaba espe- clalmente atractivo para los lanzamjen- tos por medio de paracaidas yen algunas, ‘operaciones especiales. Pero, en conjun- to,el disefioera muy poco militar yprocli- ‘ela las averias para ser un éxito. ‘El gobierno holandés encargo y recibio una importante partida de fusties John sonen 1941, con los que equipo a sus fuer- zas en las Indias Orientales, Poco des- pues de produjo la invasion japonesa, ¥ Se suspendieron los pedidos, El Exéreito ¥ la Infanteria de Marina de los Estados ‘Unidos absorbieron la produccion res. tant, pero el Johnson nunca fue acepta- do oficialmente y, a medida que aumen- taban los suministros del Garand, term. 16 por ser abandonado, La produccion, enmtimero decreciente, acabofinalmente 4 enel inviemo de 1943-44, y con ella ces6, tambien todo el desarrollo. En realidad, habla cambiado poco en ese tiempo; ver daderamente, era atin un fusil deportivo FGr x63 : Fusil M1, (Garand semiautomético). Cali- bro: 0,20 (75 mm); Sistema: Gases, se- miautomatico: Longitud: 1,09 metros: Lon- itud del Cation: 60 em; Alimentacin: Car ‘gador de caja no ble, 8 cartuchos 81 tresbolll; Mira Delantera’ De hola con orejetas prot Peso: 4.903 gramos; Velocidad Inical: 854 ‘metros por segundo. Arriba: Después del Dia-D, un paracaidis- ‘norteamericano armado con un fusil Mi aa un soldado.aleman, Derecha’ Una bomba de fragmentacign punto de ser disperada, que se habia extraviado en el Hiéreito Desgraciadamente, la demanda civil de este tipo de armas semiautomaticas no es grande, y el Johnson no pasa de ser hoy una pieza de coleceionista. Un millar de ellos fueron adaptados para la mun cién Mauser de siete milimetros y vendi- dos a Chile, pero no se tiene noticia de cuanto tiempo prestaron servicio. Ningu- ro ha sobrevivido. El dbito del Johnson dej6 libre el cami- no al Garand, el cual retuvo su suprema: cfa sin ser molestado. Durante los dias tun tanto eriticos de 1941 y 1942 varios miles de Springfield de la Primera Gue ra Mundial continuaron en servicio, y lunos pocos duraron algun tiempo des ués como fusiles de tiradorselecto; pero