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Pensamiento Renacentista

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El pensamiento renacentista se ve enmarcado por la crisis del sistema escolástico y el intento de recuperar el pensamiento antiguo.

En él el ser humano ocupa el centro de reflexión e interés lo que hace que se considere al renacimiento un período antropocéntrico. Además ofrecerá nuevos planteamientos en el terreno de la política, la religión y la ciencia. El Renacimiento humanista ve en el medievo una Edad de Tinieblas y su admiración hacia la cultura greco-romana le lleva al intento de volver al universo cultural de la antigüedad clásica. Se trata de recuperar sus obras y traducirlas lo más fielmente posible. No sólo las menos conocidas de Platón o Aristóteles, sino también las de otros autores y corrientes, como las del helenismo o la ciencia alejandrina, que habían estado olvidadas o censuradas. Sin embargo, se acabará rompiendo con toda autoridad, sea Platón, Aristóteles o los pensadores cristianos. En el terreno de la política sobresale Maquiavelo (1469-1527) quién funda el pensamiento político moderno al describir la conducta efectiva de los reyes y príncipes renacentistas, mostrando como hay gobernantes que no tienen escrúpulos y usan cualquier medio para garantizar la finalidad que les conviene. El interés por la organización y el funcionamiento de la sociedad hace resurgir la literatura utópica, es decir, las descripciones de sociedades imaginarias más o menos felices y sin discriminaciones. En el terreno de la religión el hecho fundamental es la Reforma protestante y la aparición de diversas confesiones cristianas enfrentadas. Frente a la jerarquización y unidad eclesiástica de épocas anteriores se plantea la necesidad de retornar a los orígenes del cristianismo. En el terreno de la ciencia se produce la revolución científica que abordamos en el siguiente apartado. El Renacimiento es uno de los grandes momentos de la historia universal que marcó el paso de mundo Medieval al mundo Moderno. Es un fenómeno muy complejo que impregnó todos los ámbitos yendo por tanto, más allá de lo puramente artístico como ha querido verse. Para muchos autores empieza en 1453 con la conquista turca de Constantinopla. Según otros es un nuevo periodo que surge desde el descubrimiento de la imprenta, e incluso se considera que no se produce hasta que Copérnico descubre el sistema heliocéntrico; pero la fecha tope es 1492, con el descubrimiento de América. FOLOSOFIA Comprende todas las manifestaciones del pensamiento cronológicamente situadas entre el final de la filosofía cristiana medieval y el pensamiento final de la Ilustración. Este periodo se define especialmente por oposición al escolasticismo. Su fuerza radica en su capacidad crítica, que puso en cuestión las tesis de la escolástica. Frente al rígido esquema medieval, el pensamiento moderno se definió a través de las características que se resumen a continuación. Autonomía del pensar Los filósofos modernos se resistieron progresivamente a solicitar el tutelaje y el dictamen de los dirigentes de la Iglesia respecto a sus tesis y especulaciones. Comenzó una auténtica lucha para liberarse del dictado del dogma teológico. Los filósofos modernos abandonaron las reglas tenidas por indiscutibles y los métodos universalmente aceptados, para establecer sus propias normal: de verificación: coherencia racional, comprobación empírica, duda metódica, etc., rompiendo con la fidelidad a lo establecido. Libertad de razonar

La filosofía moderna intentó forjar una nueva concepción del mundo y de la sociedad y, aunque inicialmente no prescindió absolutamente de la influencia religiosa, postuló la resolución de los problemas mediante la libertad de razonamiento. Abandonó así progresivamente las verdades absolutas o reveladas, intentando sustituir lo sobrenatural por lo natural, lo divino por lo humano, lo celeste por lo terrenal, resolviendo zanjar definitivamente la polémica entre la fe y la razón en favor de esta última. Liberación individual La nueva filosofía contribuyó a la liberación de la individualidad, de un modo que antes sólo se produjo en la Grecia clásica. Esta contribución fue casi simultánea a la lucha por la liberación de los grupos nacionales que pugnaban por quebrar el imperialismo medieval. De algún modo, la filosofía moderna se vincula al surgimiento de las nacionalidades. La formulación científica Otro rasgo del pensamiento moderno fue la intención de aproximar la filosofía y la ciencia. Fue en esta época de la historia cuando comenzaron a estructurarse las ciencias naturales, entendidas como un sistema de conocimientos rigurosamente clasificado y verificado. El pensamiento moderno acabó convirtiendo a la filosofía en colaboradora de la ciencia. A partir de esta época fue frecuente que una misma persona reuniera la doble condición de científico y filósofo. Galileo y Newton son grandes ejemplos de este cambio. que alcanzó hasta la época contemporánea, como lo demuestra Bertrand Russell. En esta perspectiva, los dos factores más importantes de la ciencia moderna (utilización concreta de la experiencia del investigador y mentalidad matemática) fueron también dos de los temas filosóficos más apasionadamente discutidos, hasta tal punto que dio lugar a dos de las más destacadas escuelas filosóficas de la Edad Moderna: el racionalismo, que se fundó en tos aspectos lógico-racionales del conocimiento, y el empirismo, que afirmó la validez absoluta de la experiencia en el ámbito del conocimiento científico-filosófico. Laicización. La nueva filosofía planteó tres condiciones importantes que a largo plazo resultaron decisivas: la laicización (liberalización de las costumbres respecto a la influencia religiosa), la extra oficialidad (liberación e independencia de los comportamientos respecto de la tutela imperial) y la sustitución del latín por los idiomas de las distintas nacionalidades. Los filósofos importantes dejaron de ser clérigos y sus enseñanzas dejaron de estar respaldadas por las instituciones políticas y por la Iglesia, penetrando hacia el pueblo a través del idioma nacional. En general, se acostumbra a dividir la filosofía moderna en tres grandes periodos: el Renacimiento, el Racionalismo, el Empirismo y la Ilustración. Las disciplinas filosóficas que gozaron de mayor importancia en la Edad Media eran la teología y la metafísica. La Edad Moderna no prescindió totalmente de ellas e incluso se llegaron a proponer nuevas elaboraciones metafísicas como el panteísmo de Spinoza, pero su campo de interés primordial lo constituyó la problemática en torno a la teoría del conocimiento. RENACIMIENTO El Renacimiento: ciencia y humanismo en el origen de la modernidad. El Renacimiento hemos de entenderlo como consecuencia de la crisis del siglo XIV que significa el fin del feudalismo y el comienzo del mundo burgués. Le Golf afirma que esta crisis se debe al límite de la tecnología medieval (artesanía) para responder a las nuevas necesidades que se le plantean. Las naciones modernas surgen con la burguesía y son un fenómeno burgués. El poder de los

reyes va creciendo en las ciudades, estando las monarquías amparadas por el capital burgués. La transformación del poder y el régimen feudal monárquico trae como consecuencia la unificación de las leyes, que hasta entonces eran múltiples. Un fenómeno fundamental de ésta época, y que se da preferentemente en el s XV, es la revolución tecnológica, que tiene unas consecuencias que cambian la historia: El invento de la brújula, que supone una nueva posibilidad de arriesgarse más allá del espacio conocido, abriéndose las posibilidades de los descubrimientos y de las colonizaciones. El telescopio, invención de Galileo, contribuye de una forma decisiva el cambio de la concepción del mundo. El hombre se da cuenta de la infinitud del mundo y cambia su visión geocentrista por la heliocentrista. La pólvora, que supone la revolución militar y la muerte de las costumbres caballerescas. Los nuevos ejércitos, basados en el poder de la artillería y tácticas de guerra y no en el potencial de caballería, son mucho más costosos y sólo los reyes pueden mantener ejércitos poderosos, siendo éste un factor más que explica la perdida de poder de los señores feudales. La imprenta, de Gütemberg, permite el comienzo de la cultura escrita, que hasta ahora había estado restringida a los monasterios. Se desarrollan las Universidades, que pronto adquieren una especial importancia para la secularización de la cultura. El elemento que más vigorizó a la economía fue el descubrimiento de nuevos mercados y la creación de nuevas industrias, posibilitado en parte por la caída de los turcos. Se crean ligas comerciales en los Países Bajos y las primeras colonias. Se crea el mercado de África y concluye el descubrimiento de América, entrando nuevos productos y metales preciosos. Se comienza a implantar la industria metalúrgica, relojera y cristalería, que desbancan el predominio textil. Con el Renacimiento aparece el naturalismo, que valora la naturaleza y la vida sensible; esto hace que se dinamice el trabajo para poder gozar posteriormente de la naturaleza. Esta actitud naturalista aumenta la curiosidad intelectual, la valoración del lujo, los viajes, las exploraciones y todo lo que represente contacto con lo natural. Se comienza a valorar el paisaje y a humanizar el arte. La cultura se va haciendo progresivamente laica e independiente de la autoridad eclesiástica y de los dogmas religiosos. Las pruebas de este naturalismo y de su cultura laica son: El cambio de la actitud respecto de la muerte. El sentido laico de la muerte iguala a todos los hombres. La muerte se suele ver como un castigo, o un final o tránsito, de hay que haya que activar la energía para gozar lo máximo posible de la vida. El tema de la fama es la solución laica a la supervivencia. El hombre medieval creía en el otro mundo; la fama, en cambio, será la forma de sobrevivir tras la muerte en el Renacimiento. Aparece el tema de la fortuna. El hombre medieval cree en la intencionalidad y providencia de Dios en el mundo. En el Renacimiento la cultura se descristianiza y aparece las ideas de fortuna y predeterminación; la suerte guía al hombre y el azar vuelve a ocupar un papel importante. Hay una valoración ética de la persona. El ideal de la vida no es ya seguir un modelo -como los sabios helenísticos o los santos del cristianismo-, sino afirmar la propia personalidad y el propio modelo de vida. Comienza la independencia del poder político frente a los Papas, como consecuencia del refuerzo del poder de los reyes tras la caída del régimen político feudal. Los pensadores más

importantes toman partido por la independencia de ambos poderes; no con la intención de reforzar el poder de los reyes, sino porque piensan en el poder de la Iglesia como espiritual y no concreto, y, por lo tanto, independiente del Estado. El núcleo ideológico del Renacimiento es el Humanismo, que podemos definir como la nueva cultura que surge a partir del s XV que se centra en el hombre (antropocéntrico) y que tiene como finalidad al hombre (antropotélico). Los temas más importantes que desarrolla el humanismo son: El tema del sujeto y de su libertad, la relación del sujeto con Dios, y la relación del sujeto con el mundo y la naturaleza. El Renacimiento se va a destacar por la vuelta a los ideales grecolatinos y por la interpretación libre de la Biblia. Como grandes humanistas podemos destacar: Leonardo da Vinci, Tomas Moro y Pico della Mirandola. A ellos, sobre todo Pico, se debe la ruptura con la filosofía medieval. Así destacamos los planteamientos: El hombre es capaz de hacer el bien por sí mismo, frente a la naturaleza humana corrompida de la filosofía medieval, que afirmaba que el hombre tiene tendencia al mal. El hombre se considera un ser autónomo, que elige libremente su destino y acepta las consecuencias de sus actos, frente a la filosofía medieval que afirma que el hombre sólo puede salvarse por la gracia y fe divinas. Los problemas mecánicos planteados por la nueva astronomía no podían ser resueltos por la mecánica de Aristóteles. Los aristotélicos vieron en este hecho una argumentación contra la nueva astronomía, pero Galileo y Newton demolieron sus objeciones con una mecánica científica moderna y ordenada. RACIONALISMO (del latín, ratio, razón) En filosofía, sistema de pensamiento que acentúa el papel de la razón en la adquisición del conocimiento, en contraste con el empirismo, que resalta el papel de la experiencia, sobre todo el sentido de la percepción. El racionalismo ha aparecido de distintas formas desde las primeras etapas de la filosofía occidental, pero se identifica ante todo con la tradición que proviene del filósofo y científico francés del siglo XVII René Descartes, el cual creía que la geometría representaba el ideal de todas las ciencias y también de la filosofía. Mantenía que sólo por medio de la razón se podían descubrir ciertos universales, verdades evidentes en sí, de las que es posible deducir el resto de contenidos de la filosofía y de las ciencias. Manifestaba que estas verdades evidentes en sí eran innatas, no derivadas de la experiencia. Este tipo de racionalismo fue desarrollado por otros filósofos europeos, como el francés Baruch Spinoza y el pensador y matemático alemán Gottfried Wilhelm Leibniz. Se opusieron a ella los empiristas británicos, como John Locke y David Hume, que creían que todas las ideas procedían de los sentidos. El racionalismo epistemológico ha sido aplicado a otros campos de la investigación filosófica. El racionalismo en ética es la afirmación de que ciertas ideas morales primarias son innatas en la especie humana y que tales principios morales son evidentes en sí a la facultad racional. El racionalismo en la filosofía de la religión afirma que los principios fundamentales de la religión son innatos o evidentes en sí y que la revelación no es necesaria, como en el deísmo. Desde finales del año 1800, el racionalismo ha jugado sobre todo un papel antirreligioso en la teología. EMPIRISMO En filosofía occidental, doctrina que afirma que todo conocimiento se basa en la experiencia, mientras que niega la posibilidad de ideas espontáneas o del pensamiento a priori. Hasta el siglo XX, el término empirismo se aplicaba a la idea defendida sobre todo por los filósofos ingleses de los siglos XVII, XVIII y XIX. De estos filósofos ingleses, John Locke fue el primero en dotarlo de

una expresión sistemática, aunque su compatriota, el filósofo Francis Bacon, había anticipado algunas de sus conclusiones. Entre otros empiristas también se cuentan David Hume y George Berkeley. Opuesto al empirismo es el racionalismo, representado por pensadores como el francés René Descartes, el holandés Baruch Spinoza y los filósofos de los siglos XVII y XVIII Gottfried Wilhelm Leibniz y Christian von Wolff. Los racionalistas afirman que la mente es capaz de reconocer la realidad mediante su capacidad para razonar, una facultad que existe independiente de la experiencia. El pensador alemán Immanuel Kant intentó lograr un compromiso entre el empirismo y el racionalismo, restringiendo el conocimiento al terreno de la experiencia, a posteriori, y por ello coincidía con los empiristas, pero atribuía a la mente una función precisa al incorporar las sensaciones en la estructura de la experiencia. Esta estructura podía ser conocida a priori sin recurrir a métodos empíricos, y en este sentido Kant coincidía con los racionalistas. En los últimos años, el término empirismo ha adquirido un significado más flexible, y ahora es utilizado en relación con cualquier sistema filosófico que extrae todos sus elementos de reflexión de la experiencia. En Estados Unidos William James llamó a su filosofía empirismo radical y John Dewey acuñó el término de empirismo inmediato para definir y describir su noción de la experiencia. El término leyes empíricas se aplica a aquellos principios que expresan las relaciones que, según se aprecia, existen entre los fenómenos, sin que impliquen la explicación o causa de los fenómenos mismos. Para los empiristas, a partir de la experiencia el ser humano va acumulando conocimientos; plantea que el individuo cuando niño empieza por tener percepciones concretas y es sobre la base de estas percepciones que forma luego sus representaciones generales y conceptos. Es a partir de la experiencia que, Carl Rogers plantea, se da el aprendizaje significativo en el estudiante. Señala que el aprendizaje se da cuando lo estudiado es relevante en los intereses personales del estudiante. El individuo tiende a la autorrealización. Formula la "teoría del aprendizaje empírico". Lo que identifica a la ciencia como tal es una actitud frente a la cosas y a la vida que exige una metodología estricta. Tiene que ver con la búsqueda de la verdad y con lo que ella, con fidelidad absoluta, nos exige. RENE DESCARTES (1596-1650) Descartes es el padre de la filosofía moderna. Sus obras más importantes son: Reglas para la dirección del espíritu, Principio de Filosofía, Meditaciones metafísicas, Discurso del método. Su famosa frase "Cogito, ergo sum" ("Pienso, luego existo") fue el punto de partida que le llevó a investigar las bases del conocimiento. Su filosofía surge en el siguiente contexto: Se ha producido ya una cierta ruptura con la filosofía medieval, pero no se había planteado aún una nueva forma de entender la verdad. Esta filosofía se va a basar en la confianza en la razón y la consideración de esta como algo interno del individuo. Se encuentra con el pensamiento religioso medieval, aunque ya sumido en una gran crisis. Para Descartes la seguridad no proviene en principio de la seguridad que nos da el pensamiento divino, ni es algo externo como el pensamiento griego, sino que deriva de la certeza de la mente humana. Intenta superar los 2 grandes prejuicios medievales en el tema del conocimiento: 1. Autoridad de Aristóteles, cuya forma de pensamiento se basa en los silogismos; consiste en aplicar teorías generales a casos concretos: a partir de 2 premisas (una mayor o general y otra menor) vamos obteniendo conclusiones y ampliando el conocimiento: El hombre es un ser racional; Luis es un hombre. Luego Luis es un ser racional. Descartes se plantea la necesidad de un nuevo método ya que los silogismos no nos permiten avanzar, crear, ... 2. Unión fe-razón, es decir, la verdad obtenida a través de la razón y de la fe coinciden.

Razón y método: el criterio de verdad. Sin embargo, Descartes rechaza tal principio de incomunicabilidad de los géneros, por considerar que el saber humano no se diversifica por la distinción de objetos formales, pues siendo la razón una, el saber del hombre es uno sin admitir límites interiores. Una de las premisas del pensamiento de Descartes es la sumisión a un método cuidadosamente elegido, aunque esto no es original, pues ya en Platón hay una gran preocupación por los asuntos de método. En Descartes nos encontramos con 3 momentos del método: 1. El método como camino de búsqueda de la verdad: la duda metódica. Descartes comienza dudando de los sentidos, por un hecho patente: éstos me engañan alguna vez, luego he de pensar que pueden engañarme siempre. Cuando sueño siento la existencia de las cosas igual que en la vigilia y, sin embargo, no existen. La dificultad para distinguir el sueño de la vigilia presta la posibilidad de dudar también de la existencia de las cosas. Sin embargo es cierto que, aún fuera del estado de vigilia, hay verdades que prevalecen, las matemáticas: "Pues, duerma yo o esté despierto, dos más tres serán siempre cinco, y el cuadrado no tendrá más que cuatro lados". Descartes introduce un nuevo motivo de duda: la hipótesis de que puede que Dios haya puesto en mi mente estas ideas con la intención de engañarme. Pero existiría una posible objeción a esta hipótesis: podría repugnar a la voluntad divina el querer engañarme. Para evitar equívocos con la fe, Descartes sustituye la denominación de Dios engañador por Genio maligno, un ser todopoderoso que tiene la voluntad de engañarme en todo lo que pienso. Con esta hipótesis ahora parece que no puedo tener nada por cierto sin correr el riesgo de ser engañado; incluso con las verdades matemáticas puede ocurrir que "haya querido que me engañe cuantas veces sumo dos más tres, o cuando enumero los lados de un cuadrado". Con todo este proceso de duda , desarrollado en la 1ª Meditación Metafísica, Descartes persigue, como hemos dicho, llegar a una verdad absoluta, eliminando los prejuicios (algo parecido a la ironía socrática). Llegado a este punto, en la 2ª Meditación Metafísica, Descartes aplica la duda a la propia duda. Y es entonces cuando encuentra un elemento que prevalece a la duda. Si dudo que dudo es indudable que sigo dudando. El hecho de dudar, aunque me esté engañando, siempre puedo tener la certeza de que estoy dudando. Y dudar o engañarse implica necesariamente que estoy pensando; y si estoy pensando es indudable que estoy existiendo. Por tanto estamos ante la primera verdad indubitable, la de mi propia existencia como verdad pensante, a partir de la cual va a construir todo el conocimiento: Pienso, luego existo (Cogito, ergo sum) Ya en su tiempo Descartes recibió la objeción de que el cogito era la conclusión de un silogismo -a los que precisamente Descartes quiere evitar en su intento de ruptura con la filosofía medieval- cuya premisa mayor (sobreentendida) sería "todo lo que piensa existe", la premisa menor "yo pienso", y la conclusión "yo existo". Pero Descartes no aceptó este planteamiento, ya que, según él, "cuando alguien dice pienso, luego existo, no infiere su existencia del pensamiento como si fuese la conclusión de un silogismo, sino como algo notorio por sí mismo, contemplado por simple inspección de espíritu. Ello es evidente, pues, si la dedujese mediante un silogismo, tendría que haber establecido antes esta premisa mayor: todo lo que OTROS PERSONAJES IMPORTANTES JOHN LOCKE (1630-1704) Cursó estudios de teología, química y medicina en Oxford. Allí entró en contacto con la doctrina escolástica y la teoría de Descartes. Es la formulación clásica del empirismo inglés. Parte del principio de que todo conocimiento, incluso el abstracto es adquirido, y se basa en la

experiencia, rechazando las ideas innatas. El objeto de conocimiento son las ideas, definidas como contenido del entendimiento y sin ningún carácter ontológico, ya que son el resultado directo de la sensación o la reflexión (ideas simples), o el resultado de la actividad asociativa de la inteligencia humana (ideas compuestas). No representa un empirismo radical y acepta el conocimiento por demostración, no fundamentado en la experiencia, (como la demostración de la existencia de Dios por el argumento cosmológico o teleológico), y la validez de conceptos originados por el sujeto (como los matemáticos o geométricos). Sus obras más importantes son: Ensayo sobre el entendimiento humano, Tratado sobre el gobierno civil, La racionalidad del cristianismo DAVID HUME (1711-1776) estudió en un primer momento Derecho, pero pronto se dedicó a la Filosofía. Su filosofía proviene a la vez del empirismo de Locke y del idealismo de Berkeley. Trata de reducir los principios racionales (entre otros la casualidad) a asociaciones de ideas que el hábito y la repetición van reforzando progresivamente., hasta llegar, algunas de ellas, a adquirir una aparente necesidad. Por lo tanto, las leyes científicas sólo son para los casos en que la experiencia ha probado su certeza. No tienen, pues, carácter universal, ni es posible la previsibilidad a partir de ellas. La sustancia, material o espiritual no existe. Los cuerpos no son más que grupos de sensaciones; el yo no es sino una colección de estados de conciencia. Es el fenomenismo. Sus principales obras son: Tratado sobre la naturaleza humana, Investigación sobre el entendimiento humano, Investigación sobre los principios de la moral CONCLUSIONES Circunstancias de carácter social-político. En esta época aparecen nuevas clases sociales y se produce cambios muy profundos en la sociedad. Se tiene que crear pues una forma de conocimiento acorde a los nuevos tiempos y las necesidades de las nuevas clases sociales. Ya en la filosofía moderna se encuentra René Descartes quien intenta superar los prejuicios medievales (la autoridad de Aristóteles y la unión fe-razón) e hizo avances matemáticos, pero también tenemos en el siglo XVII y XVIII a John Locke y David Hume quienes tratan la filosofía con mas racionalidad. Como se observó anteriormente, la filosofía juega un papel muy importante dentro de nuestras vidas, ya que la tecnología, los avances médicos-científicos, y la psicología que hoy en día manejamos, se lo debemos a las personas que hace siglos se dedicaron a buscar un por qué, a plantear hipótesis y con el tiempo las mas acertadas se convertirían en teorías. EL RENACIMIENTO: TRANSICIÓN AL PENSAMIENTO MODERNO En 1453, Mahoma II se apodera de Constantinopla y los sabios griegos emigran a Italia con los manuscritos de Platón, de Plotino, de Aristóteles: éste es el punto de partida del humanismo, del "renacimiento" de la literatura antigua y de las antiguas escuelas grecorromanas: platonismo, aristotelismo, estoicismo, epicureísmo y escepticismo (1). Los hombres del Renacimiento están convencidos de que ha nacido una nueva época, que supone una ruptura con el mundo medieval. Hacen del hombre el protagonista de todas las cosas. Descubren que el hombre es libertad, entendida sobre todo como capacidad de infinitas alternativas. Esta libertad es la que permite al hombre realizar sus facultades esenciales. La inteligencia y el trabajo (las manos) son las dos armas o medios de que dispone el hombre para llegar a ser lo que quiera, para culminar su libertad, para crear y crearse a sí mismo. Este marcado interés renacentista por el hombre da lugar a la corriente de pensamiento conocida como humanismo (2). Se trata de un movimiento que buscaba mediante la enseñanza de las humanidades (studia humanitatis: gramática, retórica, historia, poesía, filosofía, etc.) el

cultivo de las facultades del hombre. El ideal educativo humanista fue el del pleno desarrollo de la personalidad. La literatura antigua, griega y romana principalmente, fue considerada como el principal medio de educación. Lorenzo Valla, Marsilio Ficino, Pico de la Mirándola, Castiglione, Bruno, en Italia; Montaigne (3), Erasmo, Moro, Vives, en el resto de Europa, no harán más que crear y provocar este "hombre nuevo" surgido de los principios eternos que se encuentran en el mundo antiguo. Una revolución marca el nacimiento de esta nueva época: la Reforma protestante (4) emprendida por Lutero (1483-1546). Ella viene a impugnar la autoridad de la todopoderosa Iglesia de Roma y, con ello, sustituye la autoridad del papa por la de la conciencia de cada uno. Además planteó la cuestión de la diversidad de opiniones y credos; fomentó un nuevo sentimiento de nación; elevó el prestigio de las lenguas vernáculas; cambió las actitudes hacia el trabajo, el arte y la emoción humana; privó a Occidente de su antiguo sentido de unidad, etc. El Renacimiento es también la época en la que se precipitan los grandes descubrimientos. Y no sólo el descubrimiento de América (que ensanchará el significado de Occidente y el poder de su civilización), sino sobre todo los descubrimientos científicos (5). Copérnico (1473-1543) afirma el movimiento de la tierra alrededor del sol. Galileo (1564-1642) confirmará esta teoría y descubrirá las leyes matemáticas de la caída de los cuerpos. Kepler (1571-1630) expondrá en 1618 las tres leyes del movimiento planetario. Vesalio crea la anatomía, mientras que Servet concibe por primera vez la idea de la circulación de la sangre. La matemática pura progresa igualmente. En 1543, Tartaglia resuelve las ecuaciones de tercer grado. Vieta, antes que Descartes y Fermat, entrevé el principio de la aplicación del álgebra a la geometría. En el terreno de la reflexión sobre la nueva ciencia, F. Bacon (1561-1626) comprendió muy bien su espíritu: «saber es poder». El objetivo de la ciencia es establecer y extender el dominio del hombre sobre el universo. Sólo descubriendo las leyes según las cuales se comportan los fenómenos, el hombre puede dominar metódicamente la naturaleza. En una de sus obras más conocidas -"Nova Atlántida"- imagina una isla utópica en la que la ciencia y la técnica dirigen el progreso social. Bacon defiende el método inductivo y experimental como base de la ciencia y exige, como paso previo, la identificación y extirpación de los prejuicios que deforman nuestra visión de la realidad (6). También en el ámbito de la teoría política se innova. Dos nombres destacan: Niccoló Maquiavelo y Thomas More (7). El primero (1467-1527), en su obra "El Príncipe", no se plantea como problema básico la justificación metafísica o teológica del poder, sino el conocimiento puro y simple de los mecanismos efectivos por los que se consigue y se mantiene el poder político. En esta línea, la virtud es la eficacia en la conquista y el dominio político, la capacidad y astucia para el arte de la política. Ahora bien, el éxito en este arte depende también de la fortuna, la suerte, y de la habilidad para sacar provecho de las circunstancias. Su teoría política aparece así como un saber pragmático; no se trata de averiguar cómo "debe ser" el poder, sino cómo "es", como funciona de hecho en la sociedad moderna. Con Maquiavelo comienza toda una tradición de pensamiento político: la del pensador realista que investiga los mecanismos del poder. Para Thomas More (1480-1535), por el contrario, el problema fundamental no es el del poder político, sino el de la organización social. En su obra Utopía imagina una isla en la que la vida social está organizada con vistas a lograr la máxima felicidad; sus moradores desprecian el oro y aprecian el trabajo, la igualdad y la naturaleza; son tolerantes en religión y se rigen por un sistema democrático sin privilegios. La idea base de su organización es la igualdad y la cultura del pueblo. En torno a este ideal de reforma social aparecen en años sucesivos otras obras como La Ciudad del Sol de Campanella (1568-1639) o la Nueva Atlántida de F. Bacon. Si a todo esto añadimos la invención de la imprenta por Gutenberg y la difusión de la cultura resultante, comprenderemos la efervescencia intelectual de esta época. Un nuevo deseo de libertad y de felicidad se apodera de los hombres europeos. Es preciso citar también la doctrina panteísta de Giordano Bruno (8) y, antes que ésta, la filosofía de Nicolás de Cusa (9) que sueña

con la tolerancia religiosa, con la cultura con fundamento en la matemática y con la transformación del mundo por técnicas racionales. En el curso de este período, tres ideas clave del pensamiento moderno hacen su aparición o se desarrollan: la necesidad de una separación de teología y filosofía; la idea de que las matemáticas constituyen el lenguaje básico para conocer la naturaleza; y la idea del método experimental y del conocimiento objetivo de los hechos de la naturaleza. Estas dos últimas ideas (matematización y experimentación) constituyen los dos rasgos principales del nuevo método científico que tantos éxitos dará a la ciencia. LA EVOLUCIÓN DEL PENSAMIENTO CIENTÍFICO EN EL RENACIMIENTO (Texto adaptado de Max Caspar: "Kepler", Ed. Acento, Madrid, 2003) Para comprender la situación intelectual a fines del s. XVI, hay que tener en cuenta el profundo cambio en el pensamiento filosófico y científico que se había producido alrededor de doscientos años antes. La escolástica, que culminó en el gran sistema de Tomás de Aquino, había centrado su tarea en desarrollar, sistematizar y ahondar intelectualmente en las verdades de la enseñanza cristiana, al menos hasta donde le resultara posible a la razón humana. En su época realizó esta tarea de manera admirable; pero en su evolución posterior degeneró cada vez más en especulaciones sutiles que no pudieron satisfacer por más tiempo a intelectuales abiertos al mundo y librepensadores. Estos se sintieron sujetos y presos en un sistema de estructuras abstractas que ponía cadenas al espíritu. Aristóteles, cuya influencia abarcaba no sólo el campo de la filosofía sino también el de la física, incrementó su autoridad en gran medida. Tanto fue así que se consolidó la idea de que encontrar y demostrar una verdad significaba y exigía comprobar la tesis con los principios del filósofo. Con el tiempo, esta situación se volvió insoportable y favoreció el hallazgo de una salida. El espíritu humano se dedicó a observar la naturaleza y a buscar su lugar en ella. Ante él se abrió un reino lleno de enigmas y secretos, un nuevo mundo, un cosmos de belleza extraordinaria en el que se intuía un orden sublime. Si antes se buscaba comprender la naturaleza desde dentro, como un todo y siempre bajo la perspectiva del destino humano en el más allá, ahora la mirada se dirige hacia la abundancia de fenómenos, que, por supuesto, se siguen considerando obra de Dios. Si antes se había mirado hacia abajo, hacia la totalidad del mundo físico, desde el más allá, ahora el hombre se situaba entre las cosas, y desde ellas alzaba la mirada al cielo. El punto central del pensamiento se trasladó de lo sobrenatural a lo natural. Junto a la revelación de Dios por la palabra, surgió la revelación de Dios a través de su obra; junto a las Santas Escrituras apareció el libro de la naturaleza, cuya interpretación se convertía ahora en la tarea principal. Explicar la palabra de Dios era competencia de los teólogos; examinar su obra incumbía a los estudiosos de los fenómenos naturales. Comenzaba una secularización de la ciencia y de la filosofía, y el establecimiento de estos nuevos objetivos favoreció la emancipación paulatina y definitiva del hombre con respecto a la Iglesia, que había acaparado hasta ahora su vida intelectual. Lo que el ser humano practicaba entonces no era todavía las ciencias naturales tal y como hoy las entendemos. Aún no sabían la paciencia y el esfuerzo indecibles que se precisan para desentrañar los secretos de la naturaleza a través de la observación y la experimentación. Todavía desconocían el concepto de las leyes naturales que establecen una relación causal entre los fenómenos y los traducen a fórmulas. No se había desarrollado en método de conocimiento inductivo según el cual, a partir de una hipótesis, se extraen conclusiones que deben probarse empíricamente para demostrar su exactitud o, al menos, su probabilidad. No se producía ciencia, sino filosofía de la naturaleza. Pretendían alcanzar de golpe lo que el mundo alberga en lo más hondo de su interior. Percibieron el orden y lo denominaron armonía. Se especulo sobre el alma de la Tierra y del universo, sobre la simpatía y la antipatía entre los objetos, sobre los elementos y las almas vivientes, sobre macrocosmos y microcosmos. Para

muchos, el platonismo y el neoplatonismo reemplazaron a Aristóteles; se entusiasmaron con la idea de que Dios creó el mundo con la belleza máxima, y en las ideas platónicas admiraban los pensamientos de Dios, que se hacían patentes en los fenómenos sensibles. El pensamiento teórico del Renacimiento aúna una gran diversidad de tendencias y orientaciones. Giordano Bruno, Nicolás de Cusa, Paracelso son nombres que por sí solos ya reflejan esa pluralidad; cada sabio, en este momento, edifica su propio mundo. Lo viejo y lo nuevo se impulsan entre sí. Este jura en el nombre de Platón, aquel en el de Aristóteles, un tercero busca una síntesis de ambos. La escolástica todavía se mantiene vigente durante mucho tiempo. Alquimistas y astrólogos escarban en busca de nuevos tesoros del conocimiento. Estas diversas tendencias se entrecruzan y, así por ejemplo, el gran astrónomo Kepler construye todo un sistema astrológico basado en su fascinación por la idea de armonía, defiende la idea de un alma de la Tierra y profesa la teoría idealista del saber platónico. Asimismo se muestra conocedor del espíritu de la escolástica, defiende su principio de observación, se sirve de sus conceptos básicos y en sus consideraciones se sirve de la teoría aristotélica sobre la materia y la forma; y todo ello con la misma decisión con que se opone a su física, para la cual sigue una vía personal, nueva. Precisamente fue la astronomía la primera en sacar provecho de este retorno a la naturaleza. Las mentes se sintieron cautivadas al observar que la estabilidad y continuidad inalterables del firmamento se oponían al fluir perpetuo de los fenómenos terrestres, a su nacer y perecer, que la diversidad inmensa de aquí abajo se oponía a la armonía y sencillez inmutables del cielo. ¿Acaso no se revelaba allí lo que debe entenderse por armonía, un sistema de relaciones numéricas? Y ese mundo, ¿no es acaso una imagen de la mismísima divinidad, origen primero de la armonía, para que la humanidad pueda sentirla más de cerca mediante la contemplación del firmamento? Pero los impulsos también llegaron por otras vías, las necesidades prácticas. El ajuste del calendario resultaba indispensable desde hacía tiempo porque ya no se correspondía con los movimientos celestes. Quienes emprendían viajes aventurados en aquella época para descubrir tierras nuevas, solicitaban y precisaban la ayuda de los astrónomos para determinar situaciones geográficas. Y la creencia en el influjo de los fenómenos celestes sobre el acontecer terrestre también alentó el empeño por precisar los movimientos de los planetas. Hasta entonces se había creído que el cielo consistía en esferas de cristal, bolas huecas concéntricas que sostenían las estrellas fijas y las errantes (planetas). Para explicar el movimiento de los astros, especialmente el de los planetas con sus desigualdades, Aristóteles había concebido un sistema formado por gran número de dichas esferas. Al otro lado de la esfera de las estrellas fijas se situó el empíreo, que, en la Edad Media cristiana, al igual que para Dante, constituía la morada de los bienaventurados. Desde allí arriba descendía, ordenada, la jerarquía de las partes en que se dividía el mundo. De todas ellas, la Tierra, en el escalafón más bajo, ocupaba el último lugar. Cada una de las esferas estaría impelida por ángeles u otros seres espirituales. Pero ahora volvió a recordarse la gran producción del alejandrino Claudio Ptolomeo, quien en el siglo II de nuestra era desarrolló un sistema admirable para calcular el movimiento celeste sin utilizar tales esferas. Con la conquista turca de Constantinopla llegaron a Occidente, a través de Italia, numerosos manuscritos griegos, entre los que se encontraba el de su obra más importante, la que vulgarmente se tituló Almagesto y que hasta entonces sólo se conocía por una traducción latina del árabe. Su análisis dio un empuje significativo al ya creciente interés por la astronomía. Pero el estudio de esta obra no se limitó a comprender su contenido; mediante la observación y el uso de instrumentos sencillos se procuró hacer coincidir mejor los datos de Ptolomeo con la realidad observada y completar los cálculos necesarios. La investigación astronómica abriría las puertas a una nueva visión del mundo con Copérnico. El marcó un hito en el desarrollo del saber occidental. A lo largo de varios decenios escribió y pulió su gran trabajo: De revolutionibus orbium coelestium, publicado el mismo año de su muerte, 1543. Como todos saben, en esa obra ubica el Sol en el centro del universo, alrededor del cual

se desplaza la Tierra, como un planeta más, que gira a su vez sobre su propio eje. Copérnico consiguió evidenciar que esa hipótesis explicaba con mucha más sencillez los movimientos de los astros. Y puesto que la naturaleza ama la sencillez, siguió aferrado a esa idea a pesar de todas las objeciones que él mismo tuvo que formularse desde el pensamiento de aquellos días. Como toda gran obra nueva, la de Copérnico recibió un rechazo general. Las críticas llegaron desde diferentes ángulos. Los teólogos, sobre todo, desestimaron categóricamente la idea del movimiento de la Tierra porque la consideraban contraria a las escrituras. Los físicos remitieron al vuelo de los pájaros, al movimiento de las nubes, a la caída vertical de las piedras y a otras cosas semejantes para rebatir la hipótesis de la rotación terrestre. La noción de que todo lo que yace dentro del campo de atracción de la Tierra participa de su rotación, quedaba completamente fuera de su entendimiento. Además, eran víctimas del concepto aristotélico sobre lo pesado y lo ligero. Pero tampoco los astrónomos se mostraron partidarios de la nueva teoría. No simplificaba en absoluto la solución de lo que ellos consideraban el objeto del estudio astronómico, predecir la posición de los planetas. Por otro lado, a Copérnico no le fue posible aportar pruebas fehacientes de su doctrina. Aún estaba por llegar alguien con la fuerza suficiente para refutar las objeciones, alguien que comprendiera el valor y las posibilidades de la doctrina copernicana y que distinguiera que no se trataba de un método nuevo de cálculo, ni de establecer otro objeto de estudio para la astronomía, sino de configurar una visión nueva del mundo. Kepler fue el hombre que se sintió llamado a realizar esta tarea. Él, con ayuda de las observaciones anotadas por otro de los grandes astrónomos de la época, Tycho Brahe, elaboró esta nueva visión que le llevó a descubrir sus tres famosas leyes sobre el movimiento de los planetas. Su obra, junto a la del gran físico y astrónomo Galileo Galilei, llevarán a la nueva configuración de la física establecida por Newton a finales del siglo XVII. Además de la importancia concedida a la observación y a la experimentación, conviene subrayar otra característica fundamental que será la clave del desarrollo espectacular de esta nueva física: la matemátización de la realidad. La matemática se constituye en el lenguaje con el que leer la naturaleza: «Las matemáticas constituyen el origen de la naturaleza, porque desde el principio de los tiempos Dios porta en sí mismo, en la abstracción más simple y divina, las matemáticas, que sirven de modelo a las cantidades materiales previstas». (Kepler, Mysterium Cosmographicum) RESPONDE A 10 DE ESTAS 12 PREGUNTAS: 1. ¿Por qué el "Homo quadratus" de Leonardo da Vinci se ha convertido en un símbolo del Renacimiento? 2. ¿Qué es lo que hace que la imprenta sea un invento técnico tan importante? ¿Hay algún invento del s. XX que se le pueda comparar? 3. ¿En qué sentido se califica a Michel de Montaigne como escéptico? 4. Explica el sentido de la siguiente afirmación de Lutero: «Uno no se salva más que por la gracia y ésta ha sido precisada desde toda la eternidad por la predestinación». ¿Comparte la tesis Erasmo de Rótterdam? 5. Relaciona y comenta las ideas que aparecen en estos textos de Maquiavelo: - «Todos los hombres que se han ocupado de la política concuerdan en decir que el que se proponga fundar un Estado y dotarlo de leyes debe suponer de antemano que los hombre son malvados y dispuestos siempre a mostrar su maldad tantas veces como la ocasión se le presente» (Discursos sobre la primera década de Tito Livio) - «Porque aquel que abandona el modo como se vive por aquel como se debería vivir, el que deja lo que se hace por lo que debería hacerse, se procura antes su ruina que su defensa;

porque un hombre que quiere hacer profesión de bueno entre muchos que no lo son, tiene que llegar a ser su víctima. Es, pues, necesario a un príncipe que quiera conservarse, aprender a no ser bueno; para serlo o no, según la necesidad lo exija». (El príncipe) - «Un príncipe prudente no puede ni debe, pues, cumplir sus promesas cuando tal observancia le perjudica, y han pasado las circunstancias que le hicieron prometer; si los hombres fuesen buenos todos, no lo sería este precepto; pero como no lo son, y no han de cumplirte sus promesas, tampoco tú vienes obligado a cumplirlas, ni te faltarán razones para justificar su inobservancia. Mil ejemplos modernos pudiera presentar para demostrar cuántas paces, cuántas promesas han quedado nulas por la infidelidad de los príncipes y cuánto mejor éxito han alcanzado los que mejor han sabido imitar a la zorra. Pero es preciso saberla imitar bien, y saber fingir y disimular, que, por lo demás, los hombres son tan necios y obedecen tanto a las necesidades presentes, que al engañador jamás le faltará alguno que se deje engañar». (El príncipe) - «A un príncipe no es, pues, necesario tener todas las virtudes que he enumerado; pero le es muy necesario fingir tenerlas. Así, algunas, teniéndolas y observándolas siempre, son dañosas; y simulando tenerlas, son útiles». (El príncipe) 6. ¿Por qué Thomas More llamó a su obra más conocida "Utopía"? ¿Piensas que las utopías son realizables y/o necesarias? 7. Explica la idea principal del texto de F. Bacon y comenta la relación que establece entre ciencia y técnica. ¿Crees que es actual esta visión? «La ciencia y el poder humano coinciden en todo y se orientan al mismo fin; es la ignorancia de la causa lo que nos priva del efecto; porque no se puede vencer a la naturaleza más que obedeciéndola; y lo que era principio, efecto, o causa en la teoría, deviene regla, fin o medio en la práctica». (Novum Organum) 8. ¿Cuál de los prejuicios o ídolos del conocimiento nombrados por Bacon te parece más peligroso? 9. ¿Para el pensamiento humano, qué supuso según A. Koyré la revolución científica que va de Copérnico a Newton? «Durante los siglos XVI y XVII el pensamiento humano, o al menos el europeo, sufrió una profunda revolución que transformó el marco y los patrones de nuestro pensamiento, de la que la ciencia y la filosofía modernas constituyen a la vez la raíz y el fruto. (...) Por lo que a mí respecta los cambios introducidos por esta revolución me parece que se pueden reducir a dos fundamentales: 1) La destrucción del cosmos, es decir, la sustitución del mundo como un todo finito y bien ordenado, en el que el espacio estaba estructurado mediante una jerarquía de perfección y valor, por la de un universo indefinido o aun infinito unificado tan sólo por la identidad de sus leyes y componentes últimos y básicos. 2) La geometrización del espacio. Se sustituye la concepción aristotélica del espacio (un conjunto diferenciado de lugares intramundanos) por la de la geometría euclídea (una extensión esencialmente infinita y homogénea) que, a partir de entonces, pasa a considerarse idéntica al espacio real del mundo. Este cambio espiritual no se produjo repentinamente. También las revoluciones exigen tiempo para realizarse. Así las esferas celestes que ceñían el mundo, manteniéndolo unido, no desaparecieron de un golpe con una poderosa explosión; la burbuja del mundo creció y se hinchó antes de estallar, confundiéndose con el espacio que la rodeaba. De hecho la senda que lleva del mundo cerrado de los antiguos al abierto de los modernos no era muy larga: escasamente cien años separan el "De revolutionis orbium caelestium" de Copérnico (1543) de los "Principia philosophiae" de Descartes (1644); apenas cuarenta años separan esos Principia de la obra de Newton "Philosophiae naturalis principia mathematica" (1687)». (A. Koyré: Del mundo cerrado al universo infinito)

10. ¿Qué objeción de orden mecánico se oponía a la aceptación del sistema heliocéntrico copernicano y qué solución propone Galileo? 11. ¿En qué sentido el método experimental de Galileo puede ser denominado hipotéticodeductivo? 12. Explica la idea principal de estos textos de Kepler y valora su vigencia. Reflexiona, además, sobre la siguiente cuestión: ¿todo lo real puede ser expresado matemáticamente? -«Las matemáticas son las que mejor contribuyen a la observación de la naturaleza, por cuanto revelan la estructura bien ordenada de pensamientos a partir de la cual se creó el todo (...) y presentan los elementos primordiales simples en toda su estructura armónica y proporcionada con la que también fue creado el cielo en su totalidad tomando en sus partes individuales las mismas formas que aparecen en dicha estructura». (Harmonice Mundi) -«La geometría es una y eterna, una reverberación del espíritu de Dios. Que la humanidad participe de ella es una de las razones por las que las personas son la viva imagen de Dios». (Dissertatio cum Nuncio Sidero) -«No todas las conjeturas son falsas. Porque el ser humano es el reflejo de Dios, y es muy posible que en determinadas cuestiones relacionadas con el ornamento del mundo opine lo mismo que Dios. Porque el mundo participa de las cantidades y, precisamente, nada hay que el espíritu del hombre comprenda mejor que las cantidades, y es evidente que fue creado para reconocerlas». (Carta a H. von Hohenburg, 14-9-1599)

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