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ESCUELA NORMAL Y CURSOS DEL PROPFESORADO Instituto superior de formación docente 127 / 2008

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ESCUELA NORMAL E HISTORIA DE LOS PROFESORADOS LA FORMACION DOCENTE: FIDELIDAD Y COMPROMISO
PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO norojor@cablenet.com.ar

01.

Hay algunos árboles que crecen sumando años y solidez y se reproducen, generosa y

silenciosamente, a través de sus raíces. Las nuevas plantas surgen primero bebiendo la savia vivificadora de la planta madre, y luego se desprenden violentamente (siempre se necesita cierta dosis de violencia) para tomar vida propia. “¡Olmo del Duero, quiero anotar en mi cartera, la gracia de tu rama verdecida!” canta el poeta (Antonio Machado), y naturalmente despierta la evocación de la nueva planta nacida de la más que centenaria Escuela Normal, como canto agradecido a la madre que supo proteger a su hijo hasta que tomó vuelo propio.

02.

Cuando la Escuela Normal había celebrado ya sus 75 años de vida, asoma la idea de

dejar crecer un retoño: los cursos del profesorado. Y podemos mencionar diversas causas que abonaron esta iniciativa: las internas respondían a la necesidad manifiesta de formar profesores para la ciudad y la región, y al mismo tiempo ofrecer algunas alternativas de formación superior para una población que ya tenía en marcha los recientes cursos de Ingeniería de la Universidad Tecnológica Nacional; las causas externas obedecían a la progresiva expansión del nivel superior tanto en las universidades como en la creación de institutos superiores o cursos del profesorado, ya que, hasta ese momento, los Institutos del Profesorado eran muy pocos y gozaban de un prestigio análogo a la formación universitaria1.

03. Pero estas causas no operaron por sí mismas. Había en la Institución Madre un promotor de
espíritu batallador e inclaudicable, el recordado Prof. Marcelino Marcatelli. Pero la situación descripta
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La Enseñanza Superior no Universitaria en la Argentina tiene su punto de partida en el Seminario Pedagógico de 1903/1904 que viene a resolver la situación de los graduados universitarios que se desempeñaban como docentes. Sobre esta base fue creado el Instituto Nacional del Profesorado en la ciudad de Buenos Aires. Transitoriamente dependió de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, pero luego recuperó su autonomía. La estructura de los profesorados que fueron creándose en todo el país, data de 1953/ decreto 3911. Allí se reglamentó el funcionamiento de los Iinstitutos Nacionales del Profesodo, los Cursos del Profesorado en las Escuelas Normales y el Instituto Nacional del Profesorado en Lenguas Vivas (Bs.As.) En la década del 60 se produjeron numerosas creaciones, sobre la base del mismo Reglamento Orgánico, Plan de estudios de 4 años de duración, respondiendo a necesidades regionales (tanto en el ámbito oficial como en el privado).

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no pasó desapercibida para los representantes políticos de la ciudad, sensibles a los requerimientos de los ciudadanos, fieles a sus mandatos republicanos. Resulta llamativo comprobar – al revisar la historiaque el florecimiento económico y fabril, el cambio social y las transformaciones educativas producidas en la zona, estuvieran acompañados por una significativa presencia de políticos en los órganos del gobierno nacional. En la cámara baja eran tres los diputados nicoleños que representaban – a través de la militancia en los diversos partidos – a su pueblo: los Doctores José E. De Cara, Arturo Mor Roig y Vicente Musacchio.

Fue el Dr. De Cara quien -- con la adhesión de sus pares nicoleños -- presentó ante la cámara de representantes un proyecto de Ley de creación de los CURSOS DE PROFESORADOS de la ESCUELA NORMAL, y expresaba en sus fundamentos:

“No son pocos los egresados de Escuelas Normales y Colegios Nacionales que, por vocación, seguirían la carrera del Profesorado, pero no pueden hacerlo porque carecen de medios económicos para realizarlo en Rosario, Buenos Aires o La Plata. Las necesidades presentes y futuras de San Nicolás y ciudades vecinas (Villa Constitución y Ramallo) en cuanto a personal docente diplomado de enseñanza media, no pueden ser atendidas satisfactoriamente porque muchas vacantes deben cubrirse con profesores que no residen en la localidad.

El mencionado escrito proponía la Escuela Normal -- tradicional formadora de docentes desde 1988 -- como sede de los cursos porque disponía no sólo del espacio sino del espíritu que se necesitaba, teniendo en cuenta el prestigio docente adquirido, el edificio moderno y funcional, la magnífica biblioteca y la calidad de su educación.

04.

Es de destacar el perfil ambicioso del proyecto original, ya que propiciaba la creación de los

siguientes profesorados:Castellano y Literatura, Matemática y Cosmografía, Física, Química, Historia, Ciencias Naturales, Geografía, Filosofía y Pedagogía, Educación democrática y Ciencias Jurídicas, Ciencias Económicas e Idiomas. De las más de diez carreras imaginadas por los promotores de la ley, se autorizó la apertura de tres especialidades CASTELLANO, LITERATURA e INGLES, FILOSOFIA y PEDAGOGIA, GEOGRAFIA y CIENCIAS BIOLOGICAS. Curiosamente, 43 años después observamos que – exceptuando la carrera de Ciencias Jurídicas – se pusieron en marcha en años sucesivos la totalidad de las carreras originalmente postuladas.

05.

A partir de la promulgación de la Ley 16616 (setiembre de 1964) y de

su decreto

reglamentario (2936/65), aparecido en el Boletín Oficial n°26648 se aceleran las acciones para poner – en menos de cinco meses - en marcha la ambiciosa iniciativa, quwe significaba un verdadero salto cualitativo para la educación de la ciudad:

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El 3 de febrero de 1965 el profesor Marcelino Marcatelli solicita al Inspector Volker que propicie la creación de los cursos para profesores que deberían funcionar como anexo de la Escuela Normal.

El 28 de febrero se anuncia que los cursos del profesorado funcionarán en hora de la tarde y que -tal como lo anticipara el Subsecretario de Educación, el Prof. Durán -- darán comienzo en el mes de abril, con especialidades a detallar.

El 7 de mayo llega a la Escuela Normal el Boletín oficial n° 26.648 del 29 de abril, con el Decreto n°2936 del 21 de abril, donde se reglamenta la ley, se determinan las especialidades y se encomienda al Ministerio de Educación y Justicia la puesta en marcha de los cursos.

El 11 de mayo se anuncia que se abre por 8(ocho) días hábiles el registro de aspirantes para cubrir cátedras de forma interina, en las asignaturas de los profesorados. También se fijan las pautas para la inscripción de los alumnos interesados: ser Maestro Normal Nacional, Bachiller o Perito Mercantil. Para la carrera de Inglés los alumnos deben rendir un examen de conocimiento de dicho idioma.

El 22 de junio la dirección cita a los alumnos para la prueba de selección, según lo dispuesto por el Reglamento Orgánico para las secciones del Profesorado de las Escuelas Normales.

El 25 de junio de 1965 se anuncia y se concreta la inauguración de los cursos (originalmente prevista para el 7 de junio): “a las 11 horas – señala el diario local - se concretará una vieja aspiración de la docencia nicoleña con la inauguración del curso de profesores. Para tan destacado evento cultural se contará con la presencia de autoridades civiles, militares, eclesiásticas, locales y nacionales; el presidente de la Cámara de Diputados, Sr. Arturo Mor Roig y el Ministro de Educación y Justicia, Dr. Carlos Alcanonada Aramburú”

06.

El plan de estudio original de cada una de las carreras fue el dispuesto por los especialistas

del Ministerio de Educación, sobre los antecedentes del Instituto Joaquín V. González, los profesorados de la Escuela Normal n°1 de la ciudad de Rosario y las recomendaciones de la Comisión Nacional para la enseñanza de la Biología. A la convocatoria original respondieron los 25 inscriptos para Filosofía y Pedagogía, 25 también en Geografía y Cs. Biológicas y 24 para Castellano, Literatura e Inglés. Un número superior al 50 % de los ingresantes lograron concluir sus estudios, aunque no todos lo hicieron en los cuatro años estipulados. Numerosos egresados de la primera hora retornaron, con el paso de los años, a la institución para el ejercicio de la tarea docente.

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No es extraño que al testimoniar esos momentos fundacionales, una relevante profesora del período inicial, la Prof. Dra. Irene Rosales, haya testimoniado: “El entusiasmo de haberle tocado a la Escuela Normal acoger en su seno la renovación de la formación y capacitación docente en el primer ensayo de esa modalidad, específicamente en el modelo de la educación media, pergeñado por sus creadores para el nuevo tiempo nicoleño, despertó un gran entusiasmo entre la gente de San Nicolás de los Arroyos. Especialmente entre docentes y gente de la cultura, y lo más novedoso era que había surgido la iniciativa de entre los suyos, fue gente de su ciudad quien lo imaginó y lo gestó. Los que vinimos de otras partes, así como antes la mano de obra de las fábricas, nos sentíamos orgullosos de haber sido elegidos para unir nuestro destino al de los nicoleños”.

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Hay dos nombres – además de los docentes de aquella hora inicial y los que con su

personalidad, su saber, su experiencia o sus antecedentes académicos jalonaron la historia del profesorado – que debemos remarcar: en primer lugar el ya mencionado profesor MARCELINO MARCATELLI. Como signo del respeto y la admiración que le tributamos, queremos compartir uno de los párrafos que figura en nuestro Proyecto Institucional: “A poco de haber asumido como Rector, le correspondió al Prof. Marcelino Marcatelli, catedrático especializado en el área de la Geografía, acompañar el contrato fundacional, en aquel lejano 1965. Hombre de la ciudad, asociado a las tradicionales familias arroyeñas acompañó en los orígenes la iniciativa de los legisladores, tramitó ante las autoridades los mecanismos de creación del nivel, ordenó el trabajo administrativo y docente para su puesta en marcha, supervisó la designación de los primeros docentes y la inscripción de los primeros alumnos y, como culminación, procedió a la inauguración. Se constituyó en el padre de la nueva y esperada criatura. Como tal vio crecer al hijo, ayudándolo -- como real pedagogo -- a dar los primeros pasos, tomar empuje, volar. Esta sensación de pertenencia (filiación) caracterizó toda su gestión porque siempre consideró al profesorado legítimamente como propio. Tal legitimidad no era discutida por nadie: todos reconocían en él la fortaleza y la idoneidad para hacerlo.” El otro nombre es el del Prof. DUILLO CÁMPORA. Mas allá de los méritos que le corresponden por su decidida y prolongada presencia al frente de la Escuela Normal, fue uno de los profesores fundadores de los cursos del Profesorado y quien – desde su gestión directiva - nos acompañó, especialmente en los primeros tiempos, cuando el entonces Instituto Nacional de Enseñanza Superior daba sus pasos iniciales: él fue quien estuvo en la sala de parto y ayudó a dar a luz la nueva vida del Instituto Formador, que fiel a la mayéutica socrática debía proyectarse con vida y fuerza propias, ya que siempre entendimos el desprendimiento como un mandado que se fortalecía con la creatividad, la autonomía y la solidez de sus propuestas pedagógicas.

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En este sentido debemos contextualizar y precisar el nacimiento del Instituto: el corte

definitivo se produjo cuando la Escuela Normal cumplía 100 años: el mismo agosto de la celebración centenaria fue la fecha de nuestro nacimiento como unidad independiente. Tanto al hijo que partía

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como a la madre que se desprendía de uno de sus miembros no les resultó una tarea fácil: pero fue el tributo que se debió pagar al crecimiento y a la emancipación. A partir del Gobierno democrático de 1983, el Ministerio de Educación fue produciendo cambios en su organización. La Dirección de Educación Superior logró constituirse en un organismo independiente -- con sus propios equipos técnicos y grupos de Inspectores - y poner en funcionamiento diversas políticas de Transformación. La administración del Prof. Cascallar Carrasco produjo los primeros pasos con las Jornadas Nacionales de Institutos de Nivel Terciario realizadas en 1986, en Concepción del Uruguay. Pero fue el Dr. Ovide MENIM (coincidentemente un ex docente de los profesorados) quien llevó una política educativa más agresiva y transformadora, tanto en la estructura de las Escuelas Normales como en los Institutos. Sus estrategias tendían -- también -- a fortalecer una Dirección de dimensiones reducida frente a los otros organismos. La Creación y organización de los Institutos fue una de ellos. El resto es historia conocida.

09.

Pero, fieles a nuestra especialidad académica, deseamos hacer otra lectura de estos hechos

históricos, cuya mirada hermenéutica y genealógica permiten encontrar las razones de las acciones y las determinaciones. Hace 120 años San Nicolás aplaudía en nacimiento – en la casa histórica - de su Escuela Normal, sumándose a la proliferación de fundaciones que se produjeron en toda la república, para respaldar la puesta en marcha de la educación universal, gratuita y obligatoria.

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¿POR QUE ESCUELA “NORMALES”? Sabemos que los nombres refieren conceptos y que

acostumbramiento al uso suelen quitarse contenido semántico a los términos mas significativos. Más allá de la figura de Sarmiento2 y de las maestras sarmientinas debidamente homenajeadas, queremos detenernos en esa creación esencial para la educación moderna. Desde los originales Seminarios Pedagógicos prusianos del finales del siglo XVIII(que no fueron mas que apropiación del término y del modelo de seminario, como ámbito propicio para el crecimiento de las semillas, y aplicado la formación de los ministros religiosos), las Escuelas Normales – difundidas rápidamente en Europa y en EEUU representaron la posibilidad de hacer efectivo el ideal de COMENIO de enseñar, con maestros y métodos especializados, todo a todos.

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“Las escuelas normales es una institución pensada para la educación pùblica y no puede omitirse dondequiera que se trate de organizar el sistema público de instrucción popular”. (Sarmiento.¡1849!)

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En este sentido las escuelas normales representaban el establecimiento de una “norma”, de un patrón de normalidad pedagógica que – con la lógica de una razón instrumental y positivista – privilegiaba lo establecido y debidamente probado por sobre la originalidad y la creatividad. Lo experimentado, lo científico, lo metodológicamente implementado - tanto en educación como en salud y otras áreas - debía ser el modelo único a seguir, porque la idea de ortopedia social atravesaba los proyectos y suponía que la homogenización de contenidos, metodología, educadores, edificios, aulas y alumnos era la única manera de enseñar, como también había una única manera de promover la higiene y curar las enfermedades en los hospitales, o de disciplinar a los díscolos en las cárceles y preparar los soldados para la guerra.

Pero complementariamente, la Escuela “normal” remitía también a una categoría propia de mediados del siglo XIX, en donde lo normal, lo recto, lo establecido, lo correcto, lo culturalmente concebido y socialmente establecido se oponía a lo a-normal, lo patológico, lo aberrante, lo bárbaro, lo incivilizado. Y la escuela (universal y obligatoria) aunque debía ocuparse de todos, en los hechos, restringía su universalidad a los normales (una discutida categoría histórica), a aquellos que tenían desarrollada y probada su capacidad de atender, de aprender, de disciplinarse, de integrarse a un grupo, de lograr en años calendarios y en grados sucesivos – a través de la enseñanza homogénea, única, frontal y simultánea – los conocimientos y el disciplinamiento requeridos por la sociedad. Una Escuela Normal era, en suma, un cruce de normalidades: establecer la norma, demarcar los patrones, aplicar las reglas, trabajar con los normales e implantar pautas de normalidad entre los futuros ciudadanos en una sociedad en construcción. En la Argentina el propósito de su fundación fue muy claro: SARMIENTO había recorrido países europeos conociendo los sistemas y las escuelas y estudiando los métodos educativos, pero lo que más le impresionó fue la labor de HORACE MANN EN LOS EE.UU. Organizó el traslado de maestros a la argentina con la ayuda del pastor metodista Enrique Goodfellow, quien lo seleccionó y alojó al llegar a Buenos Aires. En total fueron 68 educadores que llegaron desde el país del Norte y la gran mayoría eran evangélicos. Aunque la influencia de Mann fue significativa para Sarmiento y el sistema argentino, su proyecto fue resistido y criticado en los EE.UU. Su movimiento de las "escuelas públicas" comienza en la década de 1830. Había bebido los modelos y los estilos europeos y los había trasplantado a Norteamérica para desempeñar otras funciones. Supuestamente el objetivo era garantizar que todo niño tuviese acceso a una educación. No obstante, desde el comienzo mismo hubo otra agenda: controlar lo que se enseñaba, para crear los llamados ciudadanos ejemplares. Escuela pública significa tomar el control de la educación de manos de los padres para entregarlo a los ingenieros sociales y el gobierno. Propiciaba una educación común, universal y homogénea, que sostenía, además de la libertad del individuo, el desarrollo de la inteligencia a partir de la educación. Los maestras pero sobre todo las maestras norteamericanas comenzaron a llegar al país en 1870; el último grupo llegó en 1898. Y siguieron trabajando en las Escuelas Normales hasta 1928. En 1870 llegó GEORGE STEARNS y su esposa Julia C. de Stearns para desempeñarse en la fundación

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de la Escuela Normal de Paraná. Stearns era hijo del superintendente general de escuelas de EEUU. Con el tiempo llegaría también un hermano de Stearns. Todos venían con el propósito de regresar a los EEUU. Muchos de ellos lo hicieron definitiva o transitoriamente, y sirvieron de nexo para entusiasmar y contratar otras maestras. Es difícil precisar el número porque en muchos casos venían muchas maestras con el mismo apellido y en las firmas no quedan diferenciadas su identidad. Pudieron sumar un centenar, aunque algunos hablan de 68 maestras., Vinieron originalmente de Massachusset (lugar de residencia de H. Mann y su esposa) pero luego lo hicieron desde otros estados. No descartaban que la misión agregara a la abnegación propia de la educación el ideal de cumplir al mismo tiempo una misión evangélica en un lejano país (educadoras y misioneras). Los contratos para los viajes se firmaron en Nueva York, con la presencia de un ministro argentino, asignándoseles ya el suelo que recibirían.

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La idea soporte era que solamente con una formación uniforme de verdaderos maestros, se

podía llegar a una educación universal, obligatoria y por eso mismo gratuita. Las escuelas normales tuvieron ese sello identificatorio: crear la identidad del docente, del maestro que pasaba por sus aulas para aprender de qué manera se podía lograr la educación de todos en el tiempo establecido y en las escuelas creadas. Con variados formatos y numerosas transformaciones y también con dificultades, estas escuelas pioneras cumplieron con ese rol hasta 1969. Porque a partir de allí asumieron otra estructura que le dio un carácter distinto a la institución en general y a la formación de los maestros en particular. En este sentido, aprovechando la relevancia de esta celebración, es bueno destacar el carácter distintivo y específico, el sello propio de las Escuelas Normales, aquello que justificó su origen glorioso y el histórico desarrollo durante 120 años: las Escuelas Normales no estaban sólo para brindar una excelente educación, ofrecer un lugar especial para la educación femenina, disponer de edificios cuidadosamente construidos (la arquitectura escolar de inspiración sarmientina, hizo de las escuelas normales un referente arquitectónico objeto de numerosos estudios por la belleza, la funcionalidad y la presencia en el entorno) y ser un lugar elegido por las mejores familias para la educación de sus hijos. Las Escuelas Normales reunían en su seno no solo la formación de los maestros (como una de las orientaciones del nivel medio o secundario) sino la ineludible “escuela de aplicación”: su escuela primaria – creada para tal fin - se caracterizaba por la excelencia de sus docentes, la calidad de su educación, el rigor de su disciplina, el alto nivel de las metodologías de enseñanza y los aprendizajes que lograba. Solamente con un departamento de aplicación – en el que su Regente era la persona clave que articulaba la teoría con la práctica, los saberes de los libros con los dictados de la realidad - era posible educar a los futuros docentes. Quienes se formaban en el Magisterio, no solo tenían un profesor que los guiaba en sus prácticas, sino una multitud de agentes que los acompañaban e intervenían en el proceso formativo. 3
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En las épocas de oro, estas estos departamentos de aplicación sumaban la intervención directa de sus autoridades y docentes en la formación de los maestros: los practicantes y los maestros novatos eran observados y corregidos por los responsables institucionales, en intervenciones que a veces se transformaban en clases

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Cabe mencionar, al respecto, que la conocida etapa de las “observaciones” era una experiencia clave, porque el futuro maestro, sin salir de la escuela concurría a las aulas del nivel primario y observando a los maestros dar sus clases habituales aprendían directamente lo que debían enseñar, uniendo los contenidos necesarios, la metodología para hacerlo, los problemas de aprendizajes, el control de los grupos, el manejo de la disciplina, las actitudes de un buen docente: en suma, se apropiaban de las aptitudes esenciales. Recreaban – así – la prehistoria de las escuelas normales porque los precitados seminarios no eran mas que encuentros intensivos en los que los interesados en ejercer como maestros participaban de encuentros en los que un referente con experiencia articulaba los principios de la naciente pedagogía con la práctica con alumnos reales: se trataba de aprender – como en todos los oficios – observando las buenas prácticas de los expertos.

12. Cuando se crearon los CURSOS DEL PROFESORADO, en 1965, (con sus tres orientaciones, un
reducido número de alumnos y de prestigiosos profesores), la Escuela Normal también convertía a su nivel medio en un nuevo y necesario “curso de aplicación”, porque en localidades en las que nos abundaban las escuelas secundarias, era oportuno aprovechar la presencia de los docentes y los alumnos de la institución. Pero ya – en este nivel – no se replicaron los mecanismos de formación y compromiso observados en el otro nivel. En nuestro caso, porque cuando la primera promoción concluía su carrera, la Escuela Normal iba cerrando sus cursos de formación de maestros para ir creando el Profesorado para la Enseñanza Primaria.

Allí, posiblemente, se producen uno de los hiatos irrecuperables, de los quiebres en la educación argentina, porque fueron mutando los usuarios de las Escuelas Normales y porque el sistemas se quedó sin una orientación media que fuera un verdadero semillero de futuros docentes. A pesar de los Bachilleratos para la Formación Docente (BOD) las Escuelas Normales comenzaron a desarticular la estructura y sus usuarios, separándolos de su función histórica específica: la preparación de los docentes, de los futuros maestros y – en nuestro caso – de los futuros profesores. Es verdad que asomaba otro concepto de educación, en el que la universalidad se hiciera mas efectiva y se multiplicaran las escuelas con una natural expansión de la matrícula. Pero lo cierto es que no necesariamente el primario era el Departamento de Aplicación, ni el nivel medio seguía siendo el terreno propicio para el nacimiento de Maestros y Profesores como en otros tiempos.

ejemplares para que se dispusiera de un modelo seguro para el futuro obrar.En la novela de Manuel Garvez (1915), La Maestra Normal – y más allá de la perspectiva ideológica que atraviesa la historia y sus páginas - hay una ilustrativa escena en la que Raselda - una joven e inexperta maestra que maneja con dificultad los contenidos y los grupos – es observada, monitoreada por la Regente de la Escuela Normal de La Rioja que interviene directamente en su clase para enseñarle cómo debe enseñar, qué técnicas y métodos debe aplicar.

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13. El último intento por volver a este espíritu original fue hace 20 años, cuando el Ministerio
Nacional con una admirable creatividad (y en manos del ya menciona Dr. Ovide Menim), imaginó la formación de los docentes como una carrera de cuatro años, dos de los cuales se cursaban en los últimos dos años del secundario. El proyecto MEB (DINES –UNESCO) era un propósito ambicioso que llenaba nuevamente de contenido la expresión “unidad académica” y pretendía – con una anticipación muy creativa – resolver el problema de la vocación, cantidad, calidad y formación de los futuros docentes. El tiempo, los cambios de gestión, el final de un gobierno y las mutaciones políticas que han contaminado a nuestro país y a la educación, se llevaron sus buenas intenciones sin que se cerrara un ciclo para su debida evaluación.

14. Después vinieron en catarata incontenible otros hechos: la ley de transferencia, el cambio de
jurisdicción, la ley federal, los cruces de bibliografías, el festival de cursos, títulos y capacitaciones, la indebida homogeneización de las escuelas medias, el reinado de los neologismos y de los eufemismos, y las Escuelas Normales no fueron ajenas a todas estas “transformaciones”. En la actualmente vituperada década de los noventa escribimos y demandamos otra actitud de los responsables del Ministerio de Educación que cedieron que una mínima oposición todos sus principios ante las imposiciones del todopoderoso ministerio de economía: la transferencia de los servicios educativos a las provincias no debía comprender a los Institutos Formadores y a las Escuelas Normales porque representaban la garantía de identidad y articulación educativa entre todas las jurisdicciones: el tiempos nos ha dado la razón, ya que una nueva ley lucha por reconstruir la unidad perdida y la educación en crisis. Las Escuelas Normales lucharon heroicamente por su unidad, con genuina vocación y lograron respuestas saludables. Gozaron y siguen gozando de un respaldo académico y social que – en muchos casos – se asocia a una tradición insobornable y a edificios que siguen honrando y recordando a la educación de los buenos tiempos, pero han perdido – tal vez – aquel destino original, aquella función específica que justificó su origen y las llenó de gloria y trascendencia.

15. Cabe preguntarse – respetuosamente - si esa proclamada y legítima unidad académica no
debería modular los discursos que honran el pasado con los proyectos del presente, si aquel semillero de futuros docentes, si la figura de los cursos de aplicación, si la excelencia académica y pedagógica de su personal no debería acompañar la necesidad de despertar vocaciones docentes, la formación de los educadores, la preparación de los profesionales de la enseñanza. En tiempos como los nuestros, en qué la educación emerge menesterosa de nuestros rumbos, el aporte de estas prestigiosas escuelas sería determinante, y hermanaría a todas las instituciones que trabajamos – como nuestro Instituto Superior 127 - en la formación de los docentes. Porque es cierto que hoy los educadores se forman en el nivel

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superior, pero el recorrido previo – en donde la subjetividad graba las imágenes y los modelos más determinantes – una palestra rica en modelos y discursos alentadores, y, entonces, los resultados serían óptimos. Y tal vez estas necesarias celebraciones sumarían al recuerdo y a la nostalgia de los tiempos idos, la posibilidad de crear legítimamente el porvenir.

16. Incorporando finalmente un concepto al que somos particularmente afectos, podemos hablar
de la vigencia y de la crisis de los relatos y de los metarrelados. En definitiva no existen realidades puras, sino versiones, interpretaciones de la realidad. La educación del siglo XIX, el ideal sarmientino, el normalismo y las escuelas normales son parte de un gran relato que ayudó a sostener, a darle fortaleza a los grandes proyectos de nuestro país. Los fundadores no sólo se expresan objetivamente en obras y proyectos (realidad), sino que construyen historias que le otorgan trascendencia y sentido (versiones, interpretaciones). Los relatos son los que nos ayudan a ver lo que queremos que socialmente se vea y se valore. En esta dirección debemos leer los escritos de Sarmiento y la de cada uno de los normalistas y pedagogos que acompañaron los grandes momentos de nuestra educación. Las proclamas de los momentos fundacionales, las realizaciones y la cosecha de las etapas gloriosas fueron acompañadas por las interpretaciones que de ella se realizaron, las versiones que operaban en los discursos de los relatores y en la subjetividad de los usuarios. Durante 100 años las Escuelas Normales (incluida la nuestra) vivieron de un relato floreciente, impecable, prolijo del que se alimentaron sus educadores, sus alumnos, sus reglamentos, sus estructuras y la sociedad toda. Esos relatos se multiplicaron en personalidades brillantes, arquitectura imponente, generaciones de alumnos consubstanciados con sus ideales y una sociedad argentina orgullosa de la educación de sus ciudadanos. Pero en un momento dado, por una variedad de causas (e intereses) que sería muy interesante investigar y precisar, los relatos desaparecieron y sólo nos quedamos con las versiones, los testimonios, los recuerdos, los edificios: el pasado sustituyó al presente, la tradición a los proyectos, la memoria y a la construcción del presente y del futuro. Quizás estas Escuelas Normales estén esperando recuperar nuevos relatos, crear metarrelatos motivadores que las vuelvan a convertir en el eje de la educación que necesitamos, que – como sociedad – demandamos. No resulta tarea fácil porque se necesitan locos soñadores, creadores utópicos y muchas veces incomprendidos, profetas atrevidos capaces de leer los signos de los tiempos y construir el futuro que necesitamos. Uno piensa en la fortaleza federal de estas “unidades académicas” repartidas estratégicamente en todo el territorio argentino y no puede dejar de imaginar un nuevo pensamiento mítico (son los mitos los que movilizan voluntades) que defina, ayude a formar y ponga en marcha una nueva historia en términos educativos.

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Nuestras felicitaciones y nuestro agradecimiento en nombre de todos los actores del profesorado a las autoridades de hoy y a los que en los últimos cincuenta año hicieron posible y acompañaron nuestra propia historia. Y los mejores augurios para el futuro.

Comenzamos haciendo referencia al árbol generoso que permitió el nacimiento de otro árbol a su lado. Utilicemos la misma metáfora para concluir, recurriendo a otra poeta: “Porque después de todo he comprendido /que lo que el árbol tiene de florido/ vive de lo que tiene sepultado” (Francisco Luis Bernárdez): lo que la querida ESCUELA NORMAL celebra en sus 120 años brota de la fuerza de sus raíces cargadas de vitalidad educativa, de su presencia señera en la mas que centenaria construcción de la sociedad y de los ciudadanos.

Prof. Dr. Jorge Eduardo Noro Instituto Superior de Formación Docente 127 Agosto – setiembre 2008 .