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UNIVERSIDAD RAFAEL URDANETA
VICERRECTORADO ACADÉMICO
FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS, ADMINISTRATIVAS Y SOCIALES
ESCUELA DE PSICOLOGÍA
EL TDAH EN LAS ESCUELAS: UN SISTEMA NO APTO PARA TODOS
Realizado por:
Vanesa Romero
Isis Rojas
Sección “B”
Maracaibo, julio de 2024
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Resumen
El objetivo fundamental del trabajo guarda relación con las adversidades que enfrentan los niños
y adolescentes diagnosticados con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) al
momento de transitar el periodo de escolaridad inicial y secundaria. El artículo es de naturaleza
documental mixta, debido a que para su realización se tomaron en cuenta fuentes de información
hemerográficas, bibliográficas y audiovisuales, realizando la búsqueda de estos documentos se
revisaron diversas bases de datos, tales como: Scielo, Dialnet, Redalyc, entre otros. Entre los
autores que sustentan teóricamente el trabajo se encuentran: Pascual-Castroviejo (2009), Araújo
et al. (2019), Torres et al. (2016), Bronstein, (2019), Terol et al. (2023), entre otros. Tras la
revisión de los documentos consultados se pudo concluir que el modelo de aprendizaje empleado
en las instituciones educativas supone un mayor número de complicaciones para los niños y
adolescentes que parecen de TDAH al verse expuesto a un entorno que no posee las herramientas
necesarias para inculcar el saber de manera apropiada para sus casos, obteniendo como
consecuencia la aparición de problemas en el rendimiento, así como emocionales y psicológicos
como resultado de métodos de enseñanza que no toman en cuenta la existencia de la
neurodiversidad como un factor determinante en el aprendizaje.
Palabras clave: Neurodiversidad, TDAH, educación, infancia, adolescencia, aprendizaje,
escuela.
Introducción
La diversidad es una cualidad inherente de la humanidad que ha causado revuelo a lo
largo de la historia misma. En más de una ocasión las disimilitudes entre las personas han
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ocasionado situaciones catastróficas, y es que las opiniones desiguales generan conflicto, las
individualidades, incluso a día de hoy, tienden a tratarse con cierto rechazo, como si existiese una
predisposición a ignorar su existencia con tal de no suscitar algún tipo de disputa o
enfrentamiento de posturas que traería como resultado una serie de señalamientos por parte de
las visiones ajenas.
Las personas han encontrado un orden al establecer un comportamiento normativo al
momento de desarrollarse en sociedad y se han aferrado con fervor a dichos parámetros porque
permiten la entrada de la concordancia a través de la opinión mayoritaria. El establecer una
generalidad conductual para así potenciar el funcionamiento de las sociedades es una medida
necesaria, de lo contrario no existiría una forma de progresar como especie, sin embargo, eso no
elimina la existencia de grupos minoritarios que no son tomados en cuenta por las instituciones,
puesto que los sistemas instaurados están diseñados para la mayoría, pero no para todos, lo que
convierte a las diferencias de algunos en dificultades al momento de desenvolverse en el entorno.
Uno de los lugares en donde esta realidad queda al descubierto es en el ambiente escolar,
concebido bajo el ideal de instruir de la mejor manera a los jóvenes, sin embargo, ¿están
cumpliendo ese objetivo de forma efectiva? Existen personas que no son acogidas de la manera
más apropiada por las aulas de clases, y entre todos esos colectivos, se presenta uno que destaca
por las notorias adversidades que deben manejar al momento de estudiar en el entorno
académico: aquellos que padecen de Trastorno de Deficit de Atención e Hiperactividad. Pero,
¿Cuáles son las dificultades que afrontan los niños y adolescentes con TDAH en el sistema
educativo?
Métodos y materiales
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El tipo de investigación empleado para la elaboración del presente trabajo fue documental
mixto, debido a que se trabajó con documentos hemerográficos, bibliográficos y audiovisuales
para su elaboración. Considerando artículos de revista, tesis, noticias, libros, videos e imágenes
compartidos en redes sociales, fundaciones y organizaciones orientadas a la causa y páginas web.
Entre las bases de datos consultadas se encuentran Dialnet, Redalyc, Google académico y Scielo.
También se extrajo la información de revistas como la Revista de Psicología (Santiago),
la Revista Iberoamericana de Educación Superior, la Revista científica electrónica de Educación
y Comunicación en la Sociedad del Conocimiento, la Revista de Investigación Psicológica, entre
otras. Se investigó en el repositorio de la universidad Rafael Urdaneta, en el de la Universidad
Veracruzana y en el de la Universidad de Azuay. En sitios web de fundaciones orientadas al tema
como el Proyectodah, así como en otras plataformas digitales como el portal de noticias CNN y
material audiovisual extraído de YouTube. Los autores en los cuales se basó la investigación
fueron: Pascual-Castroviejo (2009), Araújo et al. (2019), Torres et al. (2016), Bronstein, (2019),
Terol et al. (2023), Castaño et al. (2019), Orjales, (2021), entre otros. Los criterios de
investigación se delimitan en documentos que hayan sido publicados en los últimos veinte años,
centrados en generalidades del TDAH y su efecto en jóvenes que atraviesan la niñez y
adolescencia.
Desarrollo
Se comprende como neurodiversidad a la variedad de posibles maneras en las cuales se
puede manifestar el funcionamiento neurológico de los seres humanos, entendiendo que, a pesar
de la existencia irrefutable de conjeturas comunes en relación al género o a la edad, es imposible
que dos individuos procesen exactamente igual la misma situación porque las percepciones
construidas siempre se encontraran atadas a la subjetividad (Castillo et al.,2023), ya que se
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encuentran relacionadas a aspectos fisiológicos, propios de cada persona y que serán empleados
al momento de interpretar los datos que recibe del medio y las facultades que posea para
analizarlos, integrarlos y responder a ellos (Feldman, 2010).
Así que, llegada la hora de discutir acerca de la neurodiversidad, se está haciendo alusión
a la manera en la que se gestan u organizan los procesos cognitivos, tales como la atención,
memoria o aprendizaje con respecto a las bases neurales que posea el individuo. Entonces la
existencia de la diferencia en el procesamiento del mundo posee orígenes biológicos (Castillo et
al.,2023), de hecho, la genética juega un rol fundamental en el desarrollo neural, llegando a ser
determinante en algunos aspectos relacionados con conductas potenciales a manifestar (Flórez,
2016).
Es lógico concluir que la neurodiversidad es un espectro que brilla por su gran amplitud
al abarcar todas las variables conductuales y comprenderlas como parte de las diferencias
comunes entre seres vivos (Rosales, 2022), tomando a consideración distintos problemas
intelectuales o trastornos del neurodesarrollo (Dalton, 2013) desde una perspectiva que parte del
deseo de lograr integrar de manera igualitaria a todas las personas en la sociedad y sean capaces
de enaltecer sus cualidades al máximo (Barnhart y Dierickx, 2021).
Es entonces que, partiendo de este concepto fundamentado en una ideología inclusiva, es
posible alcanzar una compresión más profunda de las repercusiones que el Trastorno de Déficit
de Atención e Hiperactividad (TDAH) puede llegar a tener en el desarrollo emocional de quienes
los padecen. Pues a pesar del sostenido pensamiento igualitario que gobierna en la actualidad y
las múltiples investigaciones que se han enfocado en analizar los aspectos que constituyen al
trastorno, las personas con TDAH deben luchar a diario en un sistema que no los tomó en cuenta
al momento de forjarse (Araújo et al., 2019).
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El TDAH es catalogado como un trastorno de índole neuropsiquiátrico, caracterizado por
un desempeño disruptivo de las funciones ejecutivas y del procesamiento sensorial (Cabaleiro,
2022), dado que los individuos que lo padecen manifiestan dificultades a la hora de centrar su
atención en algún elemento en particular y una significativa tendencia al movimiento, lo que les
exige una constante actividad motora (Araújo et al., 2019). De acuerdo con Pascual-Castroviejo
(2009), existe una marcada inclinación hacia comportamientos compulsivos que encuentran su
origen en la necesidad de estimulación persistente, así como actitudes impulsivas e inquietas.
Estudios realizados por investigadores como Pascual-Castroviejo (2009) y Alonso (2022)
demuestran que el trastorno se encuentra vinculado con alteraciones en la metabolización
sináptica de neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y la noradrenalina, causando
alteraciones en la regulación de impulsos vinculados a la motricidad, la concentración y la
búsqueda de la satisfacción. Es por esto que los jóvenes son propensos a afrontar obstáculos
mayores al momento del aprendizaje de la autorregulación de sus conductas y estados anímicos
en relación al entorno, además de presentar otros problemas de índole cognitiva como en el
proceso de fijación de información a corto plazo o el análisis y resolución de problemas
(Castaño, et al., 2019; Sepúlveda y Espina, 2021).
También es esperado que se presenten deficiencias en la interpretación y regulación de
los sentimientos que experimentan, lo que entorpece su desarrollo socioemocional al no saber
cómo gestionar los altos niveles de ansiedad con los que lidian al encontrarse incapaces de
satisfacer sus impulsos de manera inmediata o por razones relacionadas con la poca compresión
que tiende a manifestar el círculo cercano, generando frustración y emociones relacionadas con
la impotencia al no ser comprendido, sino señalado (Pascual-Castroviejo, 2009; López-Martín et
al., 2010; Bronstein, 2019; Terol et al., 2023).
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Para poder diagnosticarse como TDAH se deben tomar en cuenta algunos factores como
el género y la persistencia de estas actitudes en el tiempo (Pascual-Castroviejo, 2009; Terol et al.,
2023), haciendo énfasis en la importancia de una intervención prematura para poder abordar de
forma más eficiente el manejo de los comportamientos disruptivos del menor (Araújo et al.,
2019) con el fin de garantizar que en la adultez sea capaz de desenvolverse en sociedad de la
manera más apropiada.
Las personas que padecen el trastorno enfrentan una gran cantidad de adversidades a
diario, teniendo que sobreponerse a una gran variedad de inconvenientes con tal de tratar de
llevar su día a día de la manera más ‘normal’ posible en ambientes que no son precisamente
óptimos al momento de suplir sus necesidades (McCabe, 2017). Esta es una problemática que
posee una amplia variedad de matices, pero sin duda alguna uno de los lugares en dónde queda
en evidencia la falta de consideración que posee la sociedad para con la neurodiversidad se
encuentra en las instituciones educativas, las cuales presentan modelos de enseñanza
incompatibles con las implicaciones del trastorno, estableciendo a la escuela como un elemento
critico en la formación de la autoestima (Araújo et al., 2019).
Puesto que los colegios y universidades fueron instituidos con el propósito de formar
adecuadamente a los jóvenes para que puedan desarrollarse de la mejor manera posible a lo largo
de la vida adulta, durante el proceso de aprendizaje impartido se les deberían de otorgar las
herramientas necesarias para lograr dicho objetivo, pero lo cierto es que existe un enorme vacío
en el sistema actual que se encuentra ligado directamente a la falta de capacidades para enseñar
efectivamente a todo el mundo, es más, en muchas ocasiones la metodología aplicada por el
personal docente y el formato de clases actual es el que termina por generar heridas emocionales
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y psicológicas en los menores que no encuentran la manera de adaptarse al medio (Plata et al.,
2014).
De acuerdo con las investigaciones de Kuriyan et al. (2013), los niños que padecen
TDAH muestran una aceptación mayor ante las gratificaciones que pueden obtener de manera
rápida o inmediata, manifestando un rechazo hacia las actividades que conllevan mayor tiempo
de espera para ser remuneradas, llegando a evadirlas o realizarlas de manera ineficiente con tal
de darlas por culminadas y poder encontrar algo que les resulte mucho más entretenido. Teniendo
en cuenta esta afirmación, no es sorprendente que desde la infancia tanto padres como docentes
puedan percatarse de una falta de motivación por parte del niño a la hora de realizar asignaciones
obligatorias que no se relacionan con sus intereses personales (Araújo et al., 2019).
El proceso de aprendizaje de la lectura y escritura son claros ejemplos de esto, siendo
ambas actividades impartidas desde etapas iniciales de la educación que solicitan el enfoque, la
coordinación, repetición y la participación de funciones ejecutivas como la memoria para poder
ejecutarse de forma idónea, exponiendo el nivel de complejidad mayor que se requiere al
momento de adquirir habilidades lingüísticas (Molina, 2021; Martínez y Acosta, 2022; Conesa,
2022). Es común que los niños con TDAH presenten un notable número de errores al momento
de organizar sus ideas, escribir palabras, comprender textos o expresarse de la manera esperada,
siendo la sintaxis de oraciones y el entendimiento de los signos lingüísticos unos de los primeros
desafíos a los que se enfrentan (Vaquerizo et al., 2005; Araújo et al., 2019).
Incluso se ha comprobado que las capacidades del procesamiento visual y auditivo se ven
agudizadas en algunos casos, facilitando la perdida de la concentración en el proceso de
enseñanza al intentar procesar las grandes cantidades de información sensorial que están siendo
captadas por el organismo, provocando un estado de alerta constante que obstruye la tarea de
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concentrarse en un elemento particular del medio (Pascual-Castroviejo, 2009; Torres et al., 2016;
Molina, 2021; Molina, 2022; Pérez de Diego, 2024), ocasionando que el niño se agote de la
estimulación de su entorno con facilidad, desencadenando comportamientos compulsivos a los
cuales subyacen sensaciones de frustración y aburrimiento durante el resto del día escolar,
afectando de forma directa su rendimiento académico (Torres et al., 2016; Pérez de Diego, 2024).
El TDAH en términos neurológicos también está ligado a alteraciones en el
funcionamiento de las regiones frontales del encéfalo, encargadas de modular e inhibir la
conducta manifiesta, ocasionando episodio de hiperactividad repentinos que se manifiestan
mediante a la activación motriz (Pascual-Castroviejo, 2009; Kuriyan et al., 2014). En el aula de
clases es común que estas actitudes terminen siendo señaladas como distractoras para los demás
estudiantes al momento de impartir las lecciones programadas, puesto que se encuentran
conversando con sus compañeros, levantándose con frecuencia de su asiento o cambiando de
posición con demasiada regularidad (Martínez, 2017; Orjales, 2021).
Las conductas impulsivas que se encuentran presentes en los jóvenes con TDAH son una
de las causas más usuales de altercados entre estudiantes o incluso con los mismos instructores,
pues al presentar impedimentos para modular sus actitudes son más propensos a verse envueltos
en disputas con el resto de los jóvenes, en algunos casos llegando a recurrir a las agresiones
verbales o físicas antes de mediar una solución por el diálogo (Martínez, 2017; Vega, 2024).
Cabe destacar que las conductas agresivas no son algo propio del trastorno, debido a que en estos
comportamientos influyen muchos otros factores como se mencionaba antes, simplemente se
afirma la existencia de una mayor probabilidad de manifestación más no se señala como un
síntoma inherente al trastorno (Castaño et al., 2019).
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Con la gran cantidad de complicaciones que se encuentran manifiestas en el proceso de
aprendizaje del niño y la manera en la que se desenvuelve en el área escolar es normal que tanto
padres como maestros señalen sus bajas calificaciones y conductas que resultan indebidas o
problemáticas e interfieren en el estudio de los demás alumnos presentes en el aula al no contar
con las herramientas necesarias para manejar la situación (López y Quezada, 2019; Orjales,
2021).
La desinformación juega un papel determinante en el tema del TDAH, siendo la
responsable de la confundida interpretación que se le ha dado al trastorno durante años (Moya et
al., 2022). Desde el entorno familiar suele afrontarse el rechazo al diagnóstico o la creencia de
que el niño simplemente no desea aplicarse a los estudios por estar muy distraído con otras
cosas, lo que en parte es cierto; no obstante, no es una cuestión de voluntad, asunto que los
padres comúnmente no llegan a comprender del todo, decidiendo ignorar las situaciones de sus
hijos y dejándolos solos frente a sus impulsos sin recibir una guía apropiada para aprender a
regularse más allá de los regaños que reciben (López y Quezada, 2019; Moya et al., 2022).
El TDAH suele venir en compañía de otros problemas de gestión ejecutiva como ciertas
limitaciones al modular la ansiedad y el estrés, además de encontrarse vinculado con frecuencia a
tendencias depresivas o verse relacionado con bajos niveles de autoestima (López-Martín et al.,
2010; Campeño-Martínez et al., 2016; LaMotte, 2023). Debido a esto, los jóvenes con TDAH
tienden a verse envueltos en problemas de adicción como el consumo de drogas o alcohol en
exceso con mayor frecuencia, ya que son sustancias que los mantienen estimulados y les
permiten deshacerse de las presiones por un tiempo, como una manera de escapar de la realidad
que parece recordarles que solo hay algo mal en ellos (Aguilar, 2020; Pascual-Castroviejo,
2009).
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Porque el verse constantemente desalentando por el entorno que parece estimular el
crecimiento personal del resto tiene consecuencias incluso más graves, dado a que estudios tales
como los de Pascual-Castroviejo (2009), LaMotte (2023) y Vega (2024) confirman que los
jóvenes con TDAH son una población vulnerable ante pensamientos o tendencias suicidas,
mostrando mayores probabilidades de tomar la decisión de acabar con sus vidas que el resto de
los adolescentes
En el entorno educativo la construcción de la autoestima solo encuentra más obstáculos,
categorizando a los niños como flojos, poco inteligentes, irresponsables y problemáticos a voces
de personal docente que a menudo no tiene idea de cómo manejar al alumno de forma adecuada,
sin comprender que este no actúa motivado por intenciones maliciosas, sus comportamientos son
difíciles de regular y sin una atención apropiada los constantes llamados de atención no harán
más que confundirlo (Martínez, 2017). Por otro lado, están los compañeros de clase que pueden
llegar a emitir comentarios burlescos sobre el bajo rendimiento del alumno o las notorias
complicaciones que presenta al momento de aprender, volviendo a los jóvenes con TDAH unas
de las frecuentes víctimas de acoso escolar o bullying (Salas, 2014).
Estás situaciones influyen directamente en la persona que padece TDAH, más aun
teniendo en cuenta que en los años escolares los niños y adolescentes se encuentran en el proceso
de descubrir cómo funciona el mundo y de qué manera desean mostrarse en el, por lo que
presentar tantos obstáculos en su desarrollo social termina entorpeciendo la percepción que
construyen de sí mismos, viéndose condicionada por las expectativas insatisfechas que recaen
sobre sus hombros y la sensación de no ser suficientes para ser buenos a nivel académico (Terol
et al., 2023; Araújo, et al., 2019).
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Las opiniones constantes que parecen no comprender la realidad que estos chicos
afrontan al momento de intentar adaptarse al sistema termina por ocasionar graves problemas de
índole personal, evocando pensamientos negativos ligados al autodesprecio al pensar que existe
un error dentro de ellos, que algo está mal y que por eso no pueden ser como todos los demás
niños, construyendo así un sistema de creencias inclinado a asumir que no poseen las habilidades
suficientes o la inteligencia necesaria para alcanzar los objetivos que se proponen (Salas, 2014;
Moya et al., 2022; Terol et al., 2023).
Todo lo contrario, a lo que se supone que el sistema educativo tiene como meta, que no
solo es nutrir de conocimiento para formar personas cultas, sino que estas sean efectivas al
momento de ejecutar tareas debido a que se les fueron otorgadas las herramientas necesarias para
poner en práctica sus fortalezas y aportar a la sociedad en un futuro de la manera esperada.
Porque para formar personas capaces se necesita partir desde bases que fomenten la positividad
de lo que pueden llegar a ser, incluso está comprobado que los individuos inclinados a creencias
positivas tienden a realizar mejor las actividades o encontrar una solución a los problemas de
manera más objetiva, determinando entonces que la formación personal es fundamental a la hora
de educar y enseñar (Díaz-Barriga, 2011), y es ahí donde las instituciones le fallan a los jóvenes
con TDAH.
En palabras de Bronstein (2019): “El sistema educativo está hecho para algunos, y si vos
no estás dentro de esos algunos vas a ser excluido y tratado de incapaz antes de saber para qué
eres capaz” (m. 5:23). El elemento crítico al momento de debatir sobre los jóvenes con TDAH
reside en percibirlos como un problema en lugar de verlos como lo que son, niños que solo tratan
de aprender en un ambiente que no los toma en cuenta y que en vez de motivarlos a surgir parece
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limitarse a señalarlos de incompetentes antes de cuestionarse porqué les resulta tan complicado
ser funcionales.
Es una problemática de la cual deben hacerse responsables tanto padres como maestros,
desde el hogar se debe educar con una perspectiva inclusiva, estimulando las fortalezas del niño
para que al momento de involucrarse en entornos sociales posea una noción de sí mismo que le
permita mantenerse firme sobre sus convicciones y habilidades, con el acompañamiento
terapéutico debido que le otorgue la información que necesita para afirmar que él no es menos
que los demás por funcionar diferente y así pueda descubrir su identidad y lo que desea ser sin el
condicionamiento de las palabras ajenas (Araújo, et al., 2019; Moya et al., 2022).
Pero esto solo será posible si ocurre un cambio de pensamiento a nivel institucional en
los lugares en donde los conocimientos del mundo son impartidos, ya que las competencias de un
individuo no pueden determinarse en evaluaciones que no están diseñadas para su manera de
percibir el mundo (Araújo, et al., 2019). Es necesario implementar estrategias multidisciplinares
que permitan enseñar sin estigmatizar, encasillar o apartar a quienes presentan dificultades en el
camino, porque la educación es un derecho que debe de ser impartido a todos por igual, no un
privilegio del que solo algunos tienen la suerte de gozar (Castillo et al.,2023; Moya et al., 2022).
Conclusión
El trastorno de déficit de atención e Hiperactividad se encuentra vinculado a una serie de
alteraciones cognitivas que afectan la manera en la que el individuo percibe al mundo y responde
a los estímulos que se encuentran en este, encontrando sus orígenes en las bases neurales del
organismo, las cuales son inalterables en términos fisiológicos, manifestándose durante la
infancia mediante conductas disruptivas que afectan su rendimiento en distintas áreas sociales e
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intrafamiliares, lo que implica un significativo obstáculo en el desarrollo integral del individuo
en contextos como el escolar.
Resulta de vital importancia tener en cuenta las implicaciones que tiene el TDAH al
momento de evaluar la efectividad de las instituciones educativas de forma objetiva, debido a
que en la mayoría de los casos éstas no se encuentran capacitadas para responder apropiadamente
a las cualidades inquietas y distraídas que manifiestan los jóvenes al momento de transitar el
periodo estudiantil y en vez de brindarles los recursos necesarios para aprender a regular sus
conductas, buscan una adaptación forzosa a un entorno inadecuado para ellos, trayendo
consecuencias significativas en el sistema de creencias que forjan los individuos durante su niñez
y adolescencia, aumentando la probabilidad de que experimenten emociones relacionadas con el
autodesprecio, la impotencia y la tristeza al no sentirse comprendidos en el ambiente, creyéndose
incapaces de ser funcionales al no poder cumplir con las expectativas de las pautas evaluativas
por razones vinculadas al modelo de enseñanza instaurado, no por sus facultades intelectuales.
Por esto, es fundamental que la información acerca de los matices de este trastorno sean
tomados en cuenta por las instituciones educativas y así garantizar que los educadores que se
encuentran enseñando en las aulas puedan cumplir con su deber, el cual no se basa únicamente
en impartir conocimientos, sino de fomentar el desarrollo personal de todos los alumnos que
pasen por sus manos, para así garantizar un proceso de aprendizaje que resulte justo para todos
por igual.
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