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Derecho a la Integridad en Perú

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Constitución de Perú, Articulo 2, Inciso 1

Hithler Calcina Mamania *, Lesly Pilco Quenaya b, Lucero Veles Bedoya ,


c
Maycol Calsina Quea, dJose Chuquicallata Mamani
a
Primera filiación, Dirección, Ciudad y Código postal, Pais
b
Segunda filiación, Dirección, Ciudad y Código postal, Pais
c
Tercera filiación, Dirección, Ciudad y Código postal, Pais

Resumen

En el Perú el derecho a la integridad constituye un atributo que alcanza el ámbito físico, espiritual y síquico de la persona.
Este derecho posee la máxima importancia ya que es el soporte indispensable del derecho a la vida, bastando el riesgo potencial
de afectación para justificar la limitación de otros derechos. Ningún menoscabo en la integridad resulta admisible ya que nadie
puede ser objeto de violencia moral, síquica o física, ni sometido a torturas y este derecho se encuentra tutelado tanto en el ámbito
civil como en el penal a nivel local y por los tratados internacionales sobre derechos humanos. Las personas privadas de libertad
tienen algunos derechos limitados pero la restricción no alcanza al derecho a la integridad pudiendo practicarse requisas que
respeten este derecho, así como la intimidad y realizar tras la dos siempre que las condiciones climáticas no afecten la salud del
detenido.

Palabras clave: derechos humanos, derecho a la integridad, tortura, registros penitenciarios, traslado de detenidos.

1. Introducción

I. El derecho a la integridad

La más caracterizada doctrina constitucional de nuestro país sostiene que el derecho a la integridad se refiere a la
intangibilidad de los diversos elementos que componen la dimensión física de la persona humana.
Dentro de este concepto, la norma constitucional peruana en el inciso primero del artículo 2o. comprende, además del
anterior, el derecho a la integridad síquica y moral. El derecho a la integridad síquica se refiere a la preservación de todas las
capacidades de la psiquis humana, que incluyen las habilidades motrices, emocionales e intelectuales sin que ninguna de ellas
pueda resultar afectada por la aplicación de métodos técnicos o sicológicos. El segundo
tiene un sentido restringido muy importante que es la dimensión ética de la persona. Como derecho quiere decir que
cada ser humano puede desarrollar su vida de acuerdo al orden de valores que conforman sus convicciones, desde luego todo ello
dentro del respeto a la moral y al orden público.1
Por otra parte se ha definido este derecho como "aquella facultad de rechazar cualesquiera agresiones corporales,
estableciendo un deber general de respeto que alcanza validez erga omnes en el sentido de marcar una abstención común de
cuantas actividades pudieran devenir perjudiciales al organismo humano".
La efectiva protección del derecho a la vida exige el reconocimiento previo del derecho a la integridad ya que en
múltiples ocasiones la afectación del primero y fundamental se inicia con el ataque al segundo.
Sostiene Quispe Correa que el derecho a la vida es, básicamente, la posibilidad real para desenvolverse a plenitud, no es
la vida del esclavo, no es la vida miserable, sino que es, aunque resulte un pleonasmo, el derecho a vivir.
Cabe destacar que en la perspectiva de este autor se produce una extensión del derecho a la identidad ya que toda persona
goza de un conjunto de cualidades que las distinguen de otra y que deben ser respetadas. El nombre, el sexo, su cultura, son, entre
otros, rasgos distintivos de una personalidad determinada y nadie puede usarla sin su autorización ni denigrarla impunemente. La
plenitud moral, síquica y física, que componen la integridad del sujeto, son partes integrantes de esa identidad.
La consideración como bien de la personalidad, que se reconoce al cuerpo y a la integridad corporal, resulta del valor
mismo reconocido a la vida y todo aquello que produzca su menoscabo o deterioro, bien por una afección, sustracción,
disminución o alteración del soma humano, implica un ataque a este derecho.

* Autor de correspondencia Tel.: 948 070 740


E-mail: hithlerecalcinamamani@gmail.com
Hithler Calcina Mamani, Maycol Calcina Quea y Jose Chuquicallata Mamani

El reconocimiento de la integridad y la vida entre los derechos fundamentales, así como el derecho a la libertad han sido
una constante en la jurisprudencia de nuestro máximo tribunal. En este sentido se ha resuelto que "a través de distintos fallos o
sentencias constitucionales se ha establecido en forma uniforme la primacía y/o vigencia plena del derecho constitucional a la
libertad individual e integridad física, las mismas que indudablemente son derechos fundamentales inherentes a la persona
humana".4
El derecho a la integridad física, de consiguiente, en cuanto a su verdadero alcance, si bien se proyecta sobre la realidad
somática de la persona, también debe encuadrar a aquellas de sus facultades anímicas que, biológicamente enraizadas en su
mismo ser, son parte indisociable del individuo —compuesto, no se olvide, de corporeidad y espiritualidad o mundo de la
inteligencia—, de tal suerte que ambas, a la vez, deben constituir su exacto contenido, y, por ende, estar protegidas de cualquier
ataque o intromisión de cualquier agente.
Como quedara expuesto, la tutela alcanza tanto la salud física como la salud síquica, por lo que consideramos mejor
hablar de "derecho a la integridad corporal" que de "derecho a la integridad física", sobre todo si partimos de que aquella
integridad corpórea recoge las dos realidades, la del cuerpo humano y la del espíritu.
Admitido lo anterior queda claro que resulta reprobable cualquier acto que produzca perturbación mental o trauma,
porque el daño a la salud síquica ha de ser considerado indemnizable, tanto o más que el inferido a la salud física.

Nuestro Tribunal Constitucional tiene resuelto que el contenido esencial del derecho a la integridad personal, en su dimensión
física, sólo tolera que se genere una disminución permanente e irreversible de una función de un órgano del cuerpo humano, si
con ello se busca evitar un riesgo inminente y grave para ese valor superior y primario, que es la vida humana.
De lo expuesto por el supremo intérprete de nuestra Constitución se deduce que concibe como lo hiciéramos supra una
doble vertiente para este derecho a la integridad (física y sicológica). Adicionalmente deja establecido que sólo en caso de que se
encuentre en riesgo la vida puede tolerarse una disminución física permanente e irreversible, como la que representa la
esterilización quirúrgica6 (ligadura de trompas) en las mujeres.
En la misma sentencia se establece además que aun cuando la Ley 26530, prima facie, permita (al no encontrarse prohibida)7
utilizar la esterilización como método de control de la natalidad, debería llevar a este Colegiado a evaluar si aquella permisión
tácita se compadece o no con el derecho a la integridad corporal, que el inciso 1o. del artículo 2o. de la Constitución reconoce
como derecho fundamental de toda persona.
La respuesta negativa se impone naturalmente. Más adelante estudiaremos la particularidad del caso en el que la
esterilización tenga carácter voluntario, circunstancia que ha generado polémica y disparidad de opinión tanto en la doctrina
nacional como internacional.

2. Método

II. Nivel jerárquico del derecho a la integridad personal en la doctrina del Tribunal Constitucional

Consecuente con sus postulados teóricos y estableciendo comparación con otros derechos, el mismo Tribunal tiene
resuelto que
El hecho de que exista una necesidad por mejorar los servicios de abastecimiento eléctrico en beneficio de un grupo
de ciudadanos, no significa que ésta se satisfaga afectando los intereses de esos mismos ciudadanos o de otros distintos, como
parece ocurrir en el presente caso con la instalación de una subestación aérea que constituye un riesgo potencial y, además,
permanente para su propiedad y, sobre todo, para la tranquilidad, la integridad o la vida de quienes son moradores o habitantes
de su predio.
Nótese que en este caso el progreso o la libertad de contratación entre otros pueden ser limitados no sólo cuando afecten
el derecho a la integridad, sino que basta con que exista un riesgo potencial para que opere la limitación.
En el mismo sentido se ha resuelto que la autoridad administrativa (en el caso la municipalidad metropolitana de Lima)
puede revocar autorizaciones concedidas a empresas de transporte cuando "los pasajeros sean sometidos al peligro de accidentes
u otros hechos que atenten contra la seguridad e integridad física".
Se aprecia claramente en este caso la prioridad que asigna el máximo intérprete de la Constitución al derecho a la
integridad con relación a los derechos de ejercer toda industria lícita y de asociación bastando una vez más la existencia de la
puesta en peligro sin que se requiera la existencia objetiva del resultado lesivo. En el mismo sentido se manifiesta el entonces
fiscal de Lima, Hugo Denegri al sostener que
La conciencia de la excelsa dignidad de la persona humana, de su superioridad sobre las cosas y de sus derechos y
deberes universales e inviolables, están fuera de toda discusión... Cuando se niegan las medicinas necesarias para atender la salud
del anciano, de la mujer, del niño y en general de los enfermos, se viola la integridad de la persona humana al igual que las
torturas moral es o físicas, no sólo se ofende a la dignidad humana, sino que degrada la civilización humana, deshonran más a
sus autores que a sus víctimas... Todos los habitantes de la nación tienen el derecho de ejercer toda industria y el de comerciar
con la condición de que no sea perjudicial a la salud.
En la doctrina de nuestro Tribunal Constitucional se ha dejado establecido también que el derecho personal a la
integridad física, síquica y moral entre otros (como el derecho al honor, a la dignidad personal y a la buena reputación, el derecho

2
Lesly Pilco Quenaya y Lucero Veles Bedoya

a una vida tranquila y en paz y el derecho a la igualdad entre los seres humanos) son valores más altos, constitucionalmente
hablando, que la finalidad legítima de preservar el vínculo matrimonial.

Es decir, que ante la hipótesis de una colisión entre la protección de la familia (y por extensión la del matrimonio) y el
derecho a la integridad debe preferirse este último en virtud de que goza de un rango superior.
Como consecuencia de lo anteriormente expuesto, el máximo intérprete de la Constitución ha resuelto que si bien la
finalidad de la conservación del matrimonio que contiene el artículo 337o. del Código Civil es legítima, no debe preferirse ni
sacrificarse a la consecución de ésta, otras finalidades también legítimas y constitucionales, referidas a la defensa y desarrollo de
la persona humana como tal, pues, a juicio de este Tribunal, los derechos humanos citados tienen mayor contenido valorativo y
constituyen finalidades más altas y primordiales que la conservación del matrimonio.
En el mismo sentido el Tribunal Constitucional tiene resuelto que toda vez que el incumplimiento en el deber de pagar
la pensión alimentaria puede comprometer la integridad del beneficiario es perfectamente constitucional que se pueda aplicar una
sanción privativa de libertad en caso de incumplimiento delictivo. Al respecto se ha resuelto que cuando el literal "c", del inciso
24), del artículo 2o. de la Constitución prohíbe la prisión por deudas, con ello se garantiza que las personas no sufran restricción
de su libertad locomotora por el incumplimiento de obligaciones cuyo origen se encuentra en relaciones de orden civil. La única
excepción a dicha regla se da como el propio dispositivo constitucional señala, en el caso del incumplimiento de deberes
alimentarios, toda vez que están de por medio los derechos a la vida, salud y a la integridad del alimentista, en cuyo caso el juez
competente puede ordenar la restricción de la libertad individual del obligado.

3. Objetivos

3.1. Objetivos Generales

La presente iniciativa legislativa se encuentra dentro de nuestro marco constitucional y legal vigente, y propone modificar
el artículo 5º del Código Civil, que se relaciona con la irrenunciabilidad de los derechos fundamentales del ser humano, y tiene
como objetivo el enriquecimiento de dicho artículo con el desarrollo doctrinal alcanzado por la disciplina del derecho de las
personas; en el cual se incorpora un nuevo derecho (derecho a la identidad personal), y se precisa la redacción sobre el derecho a
la integridad, así como el sujeto de derecho, que es el ser humano.

3.2. Objetivos Específicos

• El derecho a la identidad personal, es el conjunto de atribuciones y características que permiten individualizar a la persona en
la sociedad; por cuanto el referido derecho debe ser entendido como todo aquello que hace cada ser humano, para no ser
confundido con otro. Es decir, la identidad son el conjunto de rasgos de cada persona que se proyectan hacia el mundo exterior
y permiten a los demás conocer a la persona, en lo que es cada uno en cuanto a ser humano.
• El referido derecho ha permitido que la jurisprudencia pueda solucionar diversas controversias relacionadas con dicho derecho;
un ejemplo de lo mencionado es Argentina, que ha encontrado en el referido derecho el sustento para emitir sus fallos
protectores del derecho a la identidad personal, en todos sus aspectos, tanto dinámicos como estáticos.
• En ese sentido, debemos dejar en claro que la identidad es un fenómeno complejo que comprende diversos elementos de
identificación, de los cuales todos son importantes para el desenvolvimiento individual y de la vida en sociedad de la persona,
por lo cual es de suma importancia que se incluya dentro del Código Civil el referido derecho.
• En cuanto al derecho a la integridad, debemos mencionar que la redacción actual del referido derecho no cubre en su totalidad
lo que comprende el concepto de integridad, por cuanto sólo se refiere al derecho a la integridad física y no se tiene en cuanta
la integridad psicológica.
• En ese sentido proponemos que el derecho a la integridad física y psicológica sean considerados de forma conjunta, para lo
cual se debe utilizar el termino sicosomático, el cual engloba los alcances del derecho a la integridad.
• De otro lado, se propone sustituir la expresión ¨persona humana¨ por la de ser humano, a fin de comprender al concebido como
sujeto de los derechos contemplados en el presente numeral. Asimismo, en el Código Civil se ha reservado la expresión
¨persona¨ para distinguir a la persona natural de la persona jurídica. Por lo cual consideramos que se debe tener en cuenta la
presente propuesta.
• Teniendo en consideración la importancia que tiene la modificación del artículo en referencia, es necesaria su pronta
aprobación y que no se espere la reforma integral del Código Civil.

4. Resultados

III. La integridad personal en el ámbito del derecho penal

Como ya se señalara dentro de la integridad corporal, han de encuadrarse aquellas cualidades de la persona que le son
propias por su misma naturaleza racional y que, si bien no encajan en el ámbito puramente físico, son atributos predicables del ser
3
Hithler Calcina Mamani, Maycol Calcina Quea y Jose Chuquicallata Mamani

humano que, como tal, goza de una inteligencia, carácter y temperamento que se proyectan al exterior, en un equilibrio de
normalidad.
Los seres humanos gozan por naturaleza de un conjunto de libertades básicas que son inherentes a su personalidad; esas
libertades básicas requieren garantías para asegurar su disfrute y no verse restringidas o violadas.
Las garantías son el marco que asegura el libre goce y ejercicio de las libertades fundamentales y están especialmente
diseñadas contra los agentes del Estado, ya que sólo éste puede incurrir en violaciones a los derechos humanos.13 Los particulares
podrán cometer delitos, los más graves de los cuates pueden ser calificados como de lesa humanidad, pero en todo caso serán
sancionados por la normativa penal nacional (o excepcionalmente internacional) sin que resulten de aplicación las normas de
protección de los derechos humanos.
La Constitución trata de cubrir todas las posibilidades de violencia contra una persona, porque no sólo repudia la
posibilidad de que lo golpeen o le causen daño (conducta además tipificada como delito en los artículos 121, 121-A, 122, 122-A,
123, 124, 441 y 442 del Código Penal), sino también que se apele a otros medios (como el de las drogas) o se le fuerce con
constantes amenazas.
El artículo 5o. de la Convención Americana de Derechos Humanos, en concordancia con la también vigente Convención
contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, han regulado en forma prohibitiva la afectación directa
o indirecta de la integridad física o sicológica de la persona. Ello implica entre otras cosas la prohibición de las mutilaciones o
reducción de la capacidad orgánica de una persona, las lesiones, la esterilización, la experimentación humana, la tortura y los tratos
inhumanos, crueles y degradantes.
De más estará decir que lo dicho vale para todas las personas incluidas aquellas que se encuentran privadas de libertad,
pues como veremos más adelante tal situación implica, objetivamente, la restricción de determinados derechos, pero en ningún
caso puede afectarse la vida, la dignidad o la integridad de las personas.

5. Marco Conceptual

IV. La integridad personal en el Código Civil

El artículo 5o. del Código Civil establece que "El derecho a la vida, a la integridad física, a la libertad, al honor y demás
inherentes a la persona humana son irrenunciables y no pueden ser objeto de cesión. Su ejercicio no puede sufrir limitación
voluntaria, salvo lo dispuesto en el artículo 6o.".

Cabría preguntarse si, en el contexto que nos encontramos, una persona puede disponer libremente de su integridad física
y el artículo 6o. del Código Civil establece que la prohibición es la regla general.
En la doctrina se ha sostenido que:
Por su naturaleza especial, no se trata de un derecho en cuanto facultad de su titular sobre un objeto. No se puede tener
derecho sobre la propia persona, sobre el propio cuerpo, lo que se tiene es libertad para disponer de sí mismo. El derecho no se
ejerce sobre la integridad física, sino que se tiene derecho a esa integridad, derecho a vivir, al honor, etcétera.27
La norma señalada establece que:
Los actos de disposición del propio cuerpo están prohibidos cuando ocasionen una disminución permanente de la
integridad física o cuando de alguna manera sean contrarios al orden público o a las buenas costumbres. Empero, son válidos si su
exigencia corresponde a un estado de necesidad, de orden médico o quirúrgico o si están inspirados por motivos humanitarios.
Como se observa, el Código Civil consagra el derecho irrenunciable a la integridad física. Surgen en este punto tres temas
que merecen algún nivel de desarrollo por su especial vinculación con nuestra materia:
a. La donación de órganos;
b. La esterilización, y
c. El cambio de sexo
En la primera cuestión contamos en Perú y Venezuela, por ejemplo, con una legislación especial que recoge la tendencia
generalizada en la materia que es la de facilitar la donación post mortem de cualquier clase de órgano (e incluso en vida) de aquellos
órganos o tejidos que aun cuando no se regeneran, su extirpación no perjudica gravemente la salud del donante ni reduce
sensiblemente su tiempo de vida.
Las disposiciones contenidas en los artículos 6o., 7o. y 9o. que se refieren a la protección del cuerpo y a la cesión de
órganos, tejidos o partes del organismo que no se regeneran constituyen una novedad en relación con el Código Civil de 1936.
La regla contenida en este artículo tiene como objetivo la protección del cuerpo, considerado como una unidad
sicosomática, es decir de la llamada "integridad personal". De ahí que la norma, en su primer párrafo, prohíbe los actos de
disposición del propio cuerpo cuando ocasionan una disminución permanente del mismo o cuando de alguna manera son contrarios
al orden público o a las buenas costumbres.
Sin embargo, y excepcionalmente, puede disponerse de órganos en los siguientes casos:
1. Cuando exista estado de necesidad médico o quirúrgico pues en este caso se trata de una especial medida tendente a
proteger la salud y en última instancia la vida.
2. Cuando el acto está orientado a fines humanitarios (donación de órganos, sangre, etcétera) siempre que no se
perjudique la salud o reduzca el término de vida.
4
Lesly Pilco Quenaya y Lucero Veles Bedoya

En ambos casos es indispensable (de acuerdo con el artículo 7o. del mismo Código Civil) que la disposición no disminuya
el tiempo de vida del donante, que exista un consentimiento expreso y escrito del donante y por último que no se persiga un fin de
lucro.
En conclusión, la regla establecida en el Código Civil sobre la materia es la autorización limitada para la disposición de
los propios órganos y la prohibición de la disposición del derecho a la integridad personal.
Más arriba hemos visto que nuestro Tribunal Constitucional rechaza enérgicamente la esterilización como política oficial
de control de población, cabe ahora preguntarse por la esterilización voluntaria, ya sea que esté motivada por razones terapéuticas
o anticonceptivas.
En esta hipótesis entran en juego el derecho a la libertad de la persona para proyectar su vida pero también con el derecho
de la sociedad en cuanto la esterilización tiene indudable repercusión sobre el destino de la especie humana.
En nuestro medio se tolera la esterilización voluntaria mientras que en otros ordenamientos se encuentra legalmente
prevista aunque sujeta a especiales requisitos (tal es el caso de Noruega, Suecia, Panamá, Japón y algunos estados de la Unión
Americana).28 Frente a los anteriores ordenamientos, los de España y Somalia (entre otros) prohíben expresamente la posibilidad
de recurrir a la esterilización voluntaria incluyendo tal conducta en el título relativo al delito de lesiones.
La versión original del artículo VI del título preliminar del Decreto Legislativo 346, Ley de Política Nacional de Población
de nuestro país, excluía taxativamente a la esterilización y al aborto como método de planificación familiar. Más tarde, la Ley
26530 del 9 de Septiembre de 1995 modifica dicho artículo incluyendo a la esterilización como método de planificación familiar.29
El último tema que podría dar lugar a controversia es el del cambio de sexo. En el ámbito científico el debate sobre esta
posibilidad no se ha cerrado ni mucho menos. Algunos autores sostienen la procedencia de este tipo de intervención quirúrgica ya
que contribuye a resolver el problema de identidad sexual. Dicha operación, según sostienen estos autores, tiende a adecuar los
caracteres sexuales externos al verdadero sentimiento de la persona, a sus inclinaciones sicológicas y a su habitual comportamiento
social.30
Frente a lo anterior, otra importante corriente asevera que lo decisivo no es facilitar una supuesta adecuación al otro sexo,
sino adoptar las medidas preventivas o de rehabilitación en orden a la afirmación y vivencia del sexo de origen, ya que la tendencia
al cambio de sexo constituye un problema sicológico que debe ser tratado médicamente.
A contrario sensu debe entenderse, por supuesto, que no cabe considerar como lesión del derecho a la integridad física la
intervención quirúrgica que tienda a la confirmación del sexo de origen.31

6. Marco Teorico

V. El caso particular de las personas privadas de libertad

Para comenzar diremos que, con sustento en la jurisprudencia nacional y comparada, existe entre los internos de las
unidades penitenciarias y la administración pública una especial relación de sujeción que permite avanzar sobre los derechos de
los individuos en niveles que exceden largamente la medida de la potestad estatal respecto del resto de los ciudadanos.

Una de las finalidades que persiguen las instituciones penitenciarias es la retención y custodia de los internos lo que se
traduce en el deber de las autoridades penitenciarias de organizar los adecuados sistemas de vigilancia y seguridad en los
establecimientos al objeto de garantizar aquella finalidad; de ahí que el Reglamento Penitenciario mencione entre los criterios
organizativos del establecimiento penitenciario un sistema integral que garantice la custodia de los internos.32

Naturalmente que las restricciones impuestas no alcanzan el derecho a la integridad corporal. Al respecto, nuestro Tribunal
Constitucional tiene resuelto que: el traslado de los internos de un establecimiento penal a otro, no es en sí mismo un acto
inconstitucional. En efecto, tratándose de personas privadas legalmente de su libertad locomotora, una obligación de la que no
pueden rehuir las autoridades penitenciarias es la de prestar las debidas garantías para que no se afecte o lesione la vida, la integridad
física y los demás derechos constitucionales que no hayan sido restringidos. Ello supone que, dentro de márgenes sujetos al
principio de razonabilidad, las autoridades penitenciarias no sólo puedan, sino que deban adoptar aquellas medidas estrictamente
necesarias para preservar los derechos constitucionales de los internos, cada vez que existan elementos razonables que adviertan
sobre el eventual peligro en el que éstas se puedan encontrar.

5
Hithler Calcina Mamani, Maycol Calcina Quea y Jose Chuquicallata Mamani

Tabla 1

Contraste del pre-test con el post-test para los conocimientos actitudes y prácticas respecto al Artículo 2 Inciso 1.

CAP Pre-Test Post-Test


95% IC t(79) p
M DE M DE
Derechos Humanos [-23.90, - -
53.16 23.49 69.22 31.33 0.000
8.22] 4.09
Derechos del Niño y [-5.91, -
67.70 10.08 70.45 12.38 0.086
del Adolescente 0.40] 1.74
Derechos del Niño [-5.71, -
78.10 14.20 80.49 14.14 0.156
0.93] 1.44
Nota: IC = Intervalo de confianza; CAP = Conocimientos, actitudes y prácticas.

Sólo deben utilizarse líneas horizontales dentro del cuadro para distinguir los encabezados de las columnas del cuerpo de la
tabla. Las tablas deben ser incorporadas dentro del texto.
Todas las tablas deben ser numeradas con números arábigos. Los títulos deben ser colocados por encima de las tablas. La
presentación de la tabla debe ser lógica y fácil de entender por el lector. Las tablas deben estar integradas en el texto pero deben
estar diseñadas de manera que se puedan comprender por separado. No interprete todos los datos de la tabla, sólo efectúe aquellos
datos más relevantes de las tablas.

Conclusión

El derecho a la integridad personal tiene reconocimiento expreso en el texto de la Constitución Política del Perú, y
adicionalmente el Tribunal Constitucional lo reconoce entre los derechos fundamentales inherentes a la persona humana.
Posee una doble vertiente ya que se protege la integridad física pero también el aspecto sicológico y moral de la persona.
La libertad de contratación, el derecho de asociación, el derecho de ejercer toda industria lícita, el derecho de comerciar,
la finalidad legítima de preservar el vínculo matrimonial y el impedimento constitucional de la prisión por deudas son algunos de
los derechos que pueden verse limitados en función de la preferencia del derecho a la integridad personal expresamente analizados
en el ámbito peruano.
La normativa penal prevé una serie de figuras delictivas que afectan el derecho a la integridad personal para el caso que
la afectación sea cometida por particulares, pero también se encuentran vedados la tortura y los tratos o penas crueles, inhumanos
o degradantes cuando la conducta deba ser imputada a agentes estatales.

Cuando existan actos u omisiones que importen violación o amenaza de derechos diferentes de la libertad personal, pero
cuya eventual lesión se genera, precisamente, como consecuencia directa de una situación de privación o restricción del derecho a
la libertad individual se puede recurrir a la garantía Constitucional del habeas corpus.
El Código Civil también se ocupa del tema estableciendo una prohibición general en cuanto a la posibilidad de disponer
del derecho a la integridad personal y una autorización limitada para la disposición de los propios órganos (cuando exista estado
de necesidad médico o quirúrgico o cuando el acto está orientado a fines humanitarios, siempre que no se perjudique la salud o
reduzca el término de vida).
Las personas privadas de libertad conservan todos los derechos reconocidos a los ciudadanos por la normativa salvo por
supuesto aquellos incompatibles con el cumplimiento de la condena. Naturalmente que las restricciones que puedan imponérsele
no alcanzan el derecho a la integridad corporal.
El registro corporal que se practique a aquellas personas no se encuentra vedado pero su constitucionalidad depende de
que estén justificados por su finalidad, se fundamentan en las circunstancias del centro penitenciario y que los medios empleados
no afecten los derechos fundamentales.
Por último, coincidimos con la doctrina del Tribunal Constitucional español en cuanto sostiene que las inspecciones en
alguna medida invasivas practicadas a las personas que pretendan acceder a una visita con contacto personal, no constituyen un
sometimiento ilegítimo, pero siempre que se practiquen respetando las condiciones que se describen en el Informe 38/96 de la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Agradecimientos

Esta sección es utilizada en el caso que el estudio haya recibido un financiamiento o deseen colocar algún aporte de otro
investigador o una institución.

6
Lesly Pilco Quenaya y Lucero Veles Bedoya

Referencias

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