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PRÁCTICA DOCENTE UNIVERSITARIA. / PROF. DR. JORGE E.

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TEORIA Y REALIDAD: MAPAS Y TERRITORIOS
PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO norojor@cablenet.com.ar

“Si la palabra y la realidad se identificasen, el mundo se acabaría, el universo ya no sería perfectible simplemente porque sería perfecto. La literatura es una herida por donde mana el indispensable divorcio entre las palabras y las cosas”. CARLOS FUENTES Diana o la cazadora solitaria.

“...En aquel imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba una Ciudad y el mapa del imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos adictas al Estudio de la Cartografía, las generaciones siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las inclemencias del sol y de los inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas ruinas del Mapa, habitadas por animales y mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las disciplinas geográficas” JORGE LUIS BORGES1.

01. Es conocido el uso que – en los últimos tiempos – se ha hecho y se hace de la co-relación entre
mapa y territorio. La afirmación o la presuposición, "el mapa no es el territorio", refleja una de las concepciones teóricas más importantes en la construcción subjetiva de la realidad. Cada uno de nosotros posee un trozo de información (mapa) de una realidad que denominamos territorio. Sin embargo, ese mapa se acerca bastante a la realidad, pues nos sirve para construir nuestra vida, aunque nunca es traducción de la realidad. ALFRED KORZYBSKI, fue un ingeniero nacido en Varsovia en 1879, que en su libro Ciencia y Sanidad, fue el primero en utilizar el concepto de neurolingüística y explayarse acerca del mapa y el territorio. En su exposición, el lenguaje es un mapa del mundo que nos rodea, o sea, es un mapa de las percepciones sensoriales, las cuales ya son un primer mapa del territorio. Cuando el hombre es capaz de ponerle nombre a lo que lo rodea, pasa a conformar estructuras

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BORGES Jorge Luis, El Hacedor. Museo. Del rigor de la ciencia.

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mentales que le permiten crear las dimensiones del tiempo y trasladarse en cada una de ellas, crear mundos paralelos, confundir sueño y realidad, confundir mapa y territorio.

02.

EL TEXTO DE BORGES despierta una serie de analogías con respecto a las actividades educativas. En cualquier marco institucional y en todos los niveles, las clases, las lecciones, la enseñanza, los alumnos, las situaciones de aprendizaje, los exámenes, las acreditaciones, la gestión al frente de las instituciones son nuestro territorio. Allí se juegan los verdaderos partidos, allí está la realidad. Nada podemos hacer solamente con los mapas o con los planos. A veces, la cartografía – perfecta, puntillosa, delicada – no nos revela el territorio. Debemos preguntar, tratar de ubicarnos, desandar la ruta, preguntar por las calles. Es lo que nos sucede frecuentemente cuando avanzamos por una geografía desconocida o una ciudad que descubrimos. Una parada en el camino para reaprovisionarnos de combustible, controlar el vehículo, reparar fuerzas, comprobar qué es lo que hemos recorrido y cuántos nos falta. Bajarnos, preguntar, corroborar datos y reiniciar el camino. Hay quienes saben guiarnos, otros dudan y otros terminan por desorientarnos. A veces perdemos tiempo para ganarlo luego. Necesitamos mapas, pero buenos mapas, mapas confiables.

03.

NUESTRA PERCEPCIÓN DE LA REALIDAD - del territorio - no es la realidad, sino una representación - un mapa - de ella. ¡Cuántas semejanzas podemos establecer con nuestra responsabilidad como directivos y profesores en la organización de las clases y en el recorrido específico de cada año académico! El mapa es siempre una representación mental o gráfica de la realidad. Lo que percibimos, siempre estará primariamente filtrado por nuestra selección u omisión, generalización o distorsión, de los detalles percibidos. Ninguna persona está más preparada que las otras para decir qué es la realidad, ningún modelo o teoría del mundo es más verdadero que otros, por la simple razón que todos son falsos o todos son verdaderos para quien los sustenta. Si una persona obtiene un modelo del mundo, que le es satisfactorio le servirá, para obtener lo que en su vida es importante. Para su bien o su mal. Porque tendrá mas opciones y alternativas en uno u otro sentido. Un mapa no es el territorio porque los mapas son instrumentos, son representativos de algún territorio y se utilizan para hacer distinciones en el territorio. El mapa ideal sería el que se identifica con el mismo territorio: sólo es posible en las asombrosas ficciones de Borges.

04.

EN EL AMPLIO CAMPO DE LA EDUCACIÓN TAMBIÉN TENEMOS MAPAS Y TERRITORIOS: los primeros son las versiones sobre lo real, las construcciones teóricas, académicas o política sobre lo que pasa o sobre lo que nos pasa. Cuando los ministros o los funcionarios informes y documentos, o los teóricos nos presentan sus ideas, no hacen más que construir nuevos mapas, no nos están exhibiendo la realidad, sino mostrando versiones de ellas. El territorio permanece inalterable, intangible, ajeno a todo lo que se digan sobre él. A menos que adhiramos al más exagerados realismo gnoseológico y ontológico, las palabras no son las cosas. Apenas si las reflejan. Ese riesgo también lo podemos correr nosotros en este encuentro. De nosotros depende ser hábiles frecuentadores del territorio. Como si se tratara de la alegoría platónica: debemos ser buenos conocedores de la caverna al mismo tiempo que – liberados – nos asomamos al mundo sensible.

05. FRECUENTEMENTE HAY EXCESOS DE MAPAS, demasiados mapas. Los cartógrafos de la educación
se empecinan en acrecentar mapas, temiendo que los viajeros – profesores y docentes - no sepan orientarte o moverse. Multiplican las orientaciones, las referencias, las indicaciones. Son tantas que ya no sabemos cómo leer los mapas o qué mapa elegir. Cada uno de los cartógrafos inventa sus referencias y sus códigos: es problemático guiarse con sus productos. Y el territorio sigue allí, esperándonos. A veces nos cansamos de los mapas y, como generaciones menos adictas a la cartografía terminamos por eliminarlos creyendo que solamente se trata de ser expertos en territorios. Creemos que una vez que hemos llegado a un territorio, los conocemos a todos. Y tal vez no sea así: ni exceso de mapas, ni la absoluta negación de todos ellos. ¿Conviene planificar nuestras actividades institucionales o docentes? ¿Hasta qué punto podemos permanecer fieles a los proyectos que formulamos? ¿Qué valor tienen los mapas que otros nos facilitan o recomiendan? ¿Cuál es el mapa que

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debemos elegir? ¿Se puede circular sin mapas por los territorios de las instituciones, de las clases, del sistema educativo improvisando con creatividad y conocimientos lo que en cada caso debemos hacer?

06. ¿CUÁNTOS MAPAS NOS HAN PRESENTADO A LO LARGO DEL TIEMPO en que trabajamos en el
sistema? ¿Cuánta cartografía se ha ido desgranando en nuestras lecturas, en las capacitaciones o en nuestras variadas formas de perfeccionamiento? Nosotros, habitantes del territorio, muchas veces observamos asombrados las construcciones cartográficas ajenas a lo que vivimos. Hablan de un río (y nuestro territorio es un desierto), mencionan una cadena montañosa (y vivimos en la llanura) o recomiendan un microclima (y el nuestro tiene temperaturas extremas). El problema es que los mapas sirven para reconocer el territorio, para interpretar las señales, para recorrerlo, para advertir los riesgos y los peligros, para disfrutar del paisaje, para imaginar alguna transformación del lugar, pero suponen y exigen el conocimiento previo y constante de la geografía. Nada pueden decirnos de recientes inundaciones, el deterioro de la ruta, los desvíos impuestos por las permisionarias de los peajes, los accidentes, la neblina de ciertas mañanas, los cortes impuestos por sectores que reclaman por sus derechos. Frío, el papel sólo marca la geografía relevada, lo que alguna vez fue registrado y traducido en colores, líneas, puntos y señales.

07.

RECORDEMOS NUESTRA EXPERIENCIA cada vez que – guiados por un mapa o una hoja de ruta – nos atrevemos a recorrer territorios desconocidos. Muchas veces debemos detener el vehículo y contrastar la información del mapa con la palabra y la experiencia de los habitantes del territorio. Tal vez éstos no tengan la perspectiva necesaria y les falte la visión del conjunto, pero nadie les puede discutir el dominio de la realidad. Probablemente los sistemas educativos o las instituciones estén acumulando demasiados mapas, muchos cartógrafos, hermeneutas desmedidos, publicaciones innecesarias…sin reparar en la necesidad de proveerse de más voces (plurales, disonantes, antagónicas) de los habitantes del territorio, baqueanos del lugar que saben manejarse con las líneas que la experiencia ha trazado en su mente.

08. LA

PREPARACIÓN DE LOS FUTUROS PROFESIONALES o los estudios de postgrados – en cualquiera de sus manifestaciones - también tiene mapas y territorios. Los que concurren a formarse deben recibir sistemáticamente los mapas necesarios para interpretar, recorrer, conocer la realidad. Todo el andamiaje teórico que utilizamos en nuestras clases responde a ese objetivo. Todo recorrido teórico en torno a una realidad es siempre un mapa con respecto a un territorio. Tales mapas son más efectivos cuanto más actualizados, mas contrastado con el territorio estén. No se trata – en un primer momento por lo menos – de hacer un rompecabezas de la cartografía o de jugar con mapas desconocidos a la búsqueda de algún territorio. Un profesional capacitado es también un buen cartógrafo, un buen intérprete, un buen lector. Pero no es sólo eso, sino sobre todo sino peritos, versados en territorio.

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09. DE ALLÍ QUE LAS INSTITUCIONES Y LOS CURSOS DEBAN TRABAJAR TAMBIÉN CON EL TERRITORIO,
atreverse a recorrerlo para rectificar los mapas, para certificar la vigencia de la cartografía. Los mapas sin territorios son discursos vacíos, innecesarios, formales; los territorios sin mapas son recorridos ciegos, errantes, peligrosos. La educación real, la que se respira, se vive, se disfruta y se padece en las Instituciones se alimentará siempre de ambas vertientes: mapas y territorios. A veces nos dedicaremos a revisar y reconstruir la cartografía; otras, a recorrer serenamente el territorio; y en ocasiones a articular dialécticamente ambos mundos. Cuando nos esmeramos en redactar los mapas, multiplicar las versiones, convertirlas en prolijos y burocráticos documentos institucionales estamos cumpliendo solamente con una parte de nuestro compromiso educativo. Aunque sea cierto también que el territorio se nos puede convertir en desconocido o en ingobernable, y requerimos la presencia de cartógrafos expertos que nos ayuden a abrir los ojos, agudizar los oídos, movilizar la inteligencia o despertar el corazón.

10.

LA TAREA DE QUIENES SUPERVISAN, DIRIGEN, GESTIONAN O GOBIERNAN no debería concentrarse en la multiplicación parasitaria de los mapas y de la cartografía, sino – sobre todo – en el reconocimiento de los territorios. Porque en suma, las instituciones educativas y cada uno de los docentes tienen alumnos, educandos, seres en crecimiento, familias asociadas, porciones de sociedad: cada uno de ellos y todos en general no son solamente un punto en el mapa, una minúscula mancha, una referencia… son el territorio, nuestro territorio, aquello que profesionalmente constituye nuestra ocupación principal. Por eso en estos cursos de postgrado (maestría), necesitamos recuperar el territorio, re-descubrir la realidad, relativizar los mapas. Los verdaderos educadores – directores, docentes, coordinadores - se deben transformar en cartógrafos de su propio territorio, construyendo mapas dinámicos, cambiantes, que tienen la particular condiciones de poder re-configurarse permanentemente, al calor de las realidades que nos regala día a día, kilómetro a kilómetro el territorio. Crecer con la convicción de que los mapas son necesarios siempre que sean tomado como instrumentos provisorios: no representan una receta mágica y de valor absoluto, y su funcionamiento no es definitivo. El territorio de la educación tiene una particularidad que – en general – no tienen los territorios de nuestra geografía: muta, sufre metaformosis, se arma y se desarmar, cambia de apariencia, desorienta al navegante. Pero ese juego dialéctico entre la realidad y la construcción es el

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verdadero nombre de la educación. No sería bueno que pasaran los años y que en el territorio de la educación – convertido en desierto - sólo quedaran mapas como ruinas despedazadas e inservibles, habitadas por excluidos y bárbaros… y en todo el país no hubiera ya ni restos de las disciplinas cartográficas. 2

11. EN EL TEMA DE LOS MAPAS Y LOS TERRITORIOS aparece el perfil de los expertos

y los novatos. Los expertos son los que más conocimiento tienen del territorio (con una vasta experiencia del mismo y un variado recorrido de su geografía), pero también son (o deberían ser) los que conocen numerosos mapas, han efectuado una crítica racional y fundada sobre muchos de ellos y hasta han podido producir su propia cartografía. Los novatos, en cambio, vienen con un bagaje muy significativo de mapas, planos, productos cartográficos. Creen que lo que saben sobre el territorio es tan importante como el territorio mismo. Rápidamente descubren que la geografía real del aula, de los alumnos, del ritmo de las clases, de la enseñanza y de los aprendizajes, exhibe muchas más riquezas, riesgos, paisajes, cruces peligrosos o carreteras deterioradas que los que figuran en los numerosos mapas que acumula en su portafolio y en sus títulos. La articulación y el trabajo complementario entre el experto y el novato pueden representar una verdadera riqueza para los alumnos y para las instituciones. Ni el experto lo sabe todo (como para creer que ya no necesita mapas o que ya nada se puede decir sobre los territorios), ni el novato es alguien desprovisto de cualquier conocimiento riguroso de la realidad. Un buen sistema, sabe utilizar las riquezas de los dos. El juego curioso entre mapas y territorios aparece en la película DOGVILLE . (2003)3: es una película que juega con el cruce los mapas (planos, en realidad) y territorios… porque los personajes, la historia y la mirada constructora del espectador trabajan al mismo tiempo en un mapa-plano que es la realidad. Precisamente por eso desorienta, porque uno espera encontrarse con el territorio (las construcciones fílmicas) y se encuentra con los personajes deambulando por los mapas trazados en el escenario, mucho más que en un escenario porque los personajes se mueven en el mapa-plano como si existieran. Con Dogville, el pueblo del perro, perro cuya imagen real, cuyos desgarrados ladridos sólo se conjuran en el desenlace postrero del filme, Lars Von Trier fortalece su pasado como seguir de dogma. El contenido de Dogville se estructura a través de un prólogo y nueve capítulos, es decir a través de fragmentos articulados de tal forma que al espectador se le previene sobre el artificio del relato. Con este proceder Dogville subraya su vocación fabuladora. Porque de eso se trata, de forjar un cuento terrible, cruel e ingenuo pero, y sobre todo, moral y corrosivo en el que se retrata el lado oscuro y turbio del ser humano. Si tantas veces se ha dicho que la mayor parte de la película es una construcción mental del espectador en la que este tiende sus propios puentes sobre los fragmentos de algo que se le ofrece sobre la pantalla, por qué no, parece sugerir el director, dejar que el espectador construya también el espacio como lo hace ante una obra de teatro o un cuento. En Dogville construimos el pueblo con los fragmentos que nos sugiere la película: rayas y nombres pintados en el suelo, puertas invisibles, paredes transparentes.

12. EN LAS DIVERSAS ETAPAS DE FORMACIÓN NO SE TRATA SOLO

DE ATESORAR MAPAS AJENOS (apuntes o fotocopias), o de tomar nota de los mapas y la cartografía disponible, sino de preparar los propios mapas, los planos, las hojas de ruta para afrontar las demandas de la vida profesional exige. Por eso la dinámica de aprendizaje de este nivel (tal vez debería ser de todos los niveles) es otro: todo el esfuerzo por entender y retener la cartografía es un trabajo arduo que muchas veces parece un
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Varios autores han trabajado – con diversos criterios – este tema y esta distinción: CLAXTON (1987:35), FROMM (1986: 100, 135), MADURO Otto (1992: 26, 36) 3 Dirección y guión: Lars von Trier. 2003. 177 minutos. Con Nicole Kidman (Grace),

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sacrificio estéril e inútil. En medio de los mapas, rodeados de planos, redactando trabajosamente las hojas de ruta, encerrados en una clase y escuchando al experto en cartografía que despliega sus detalles en el pizarrón, los alumnos pueden sufrir un desencanto, porque ven por las mismas ventanas de sus escuelas que “la vida está en otra parte”. La tarea consiste en que los expertos los vuelvan capaces de ser los autores de los nuevos mapas o de las hojas de ruta que necesitan.

14. SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA CO-RELACIÓN DE MAPAS Y TERRITORIOS,

y sobre la particular relación que se establece entre ambos, CLAXTON (1987:35) aporta observaciones valiosas. “La gente no soporta mucho la realidad porque es compleja e inescrutable y nos recuerdan constantemente cuán inadecuadas son nuestras teorías sobre ella. La mente no se equivoca de vez en cuando: si estamos atentos, nos daremos cuenta de que lo hace constantemente. Por lo tanto, el aprendizaje, la inseguridad y la incompetencia nos acompañan continuamente, desde el nacimiento hasta la muerte. (… ) Como los seres humanos no quieren equivocarse constantemente han encontrado el modo de evitarlo, sustituyendo su teoría por la realidad. En vez de utilizar el mapa como una guía por el campo, se supone que el mapa tiene razón, simplemente porque es así, y si existe alguna discrepancia entre éste y la disposición del terreno, no se le presta atención o se justifica: no tenemos que revisar nuestros conceptos, el fallo está en la realidad. Cuando la gente pierde de vista la naturaleza y función de su teoría personal, comienza a confundirla con el mundo, del que es sólo una representación deformada.(…) En todos estos casos – cuando se producen fallas – la culpa siempre está en la realidad y nunca en los mapas o teorías. Esta tendencia a vivir en el mapa y no en el mundo… y a utilizar el mapa para desplazarse es la clave fundamental para comprender la forma en que la gente aprende o lo hace. (…) Dice Herman Hesse (Mi credo,1980): “Cada uno de nosotros pinta o falsea, todos los días y todas las horas, la selva virgen de los misterios como un bonito jardín o como un mapa plano y detallado (el moralista con ayuda de sus máxima, el religiosa con la ayuda de su fe, el ingeniero con la ayuda de sus cálculos, el pintor con la ayuda de sus paletas) y cada uno vive satisfecho y tranquilo en su mundo ilusorio y en su mapa, hasta que la rotura de dique o alguna tremenda revelación provoca la irrupción de la realidad, de lo inaudito, de la belleza o la falsedad sobrecogedora y se siente irremediablemente y moralmente atrapado”. El lenguaje, por su parte, es el mapa del mapa: nuestras teorías recogen y acentúan las diferencias con la realidad y crean diversas formas de relación, pero el lenguaje tiene que crear convenciones y símbolos que son arbitrarios y completamente distintos de sus referentes. Sería poco realista que se pretenda atrapar la evanescencia líquida de nuestra experiencia en una red de palabras por muy fina que fuera. (CLAXTON, 1987: 87)4

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CLAXTON Guy, 1987: 35, Vivir y aprender. Psicología del desarrollo y del cambio en la vida cotidiana. Alianza. Madrid. Trad. Celina González

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Muchas veces los mapas dejan de servirnos: nos remiten a territorios que han cambiado o han sido construido sin atender a los últimos avances de la cartografía. Pero todo cambio de mapas entraña un riesgo: “Al enfrentarnos con una situación de aprendizaje importante, no podemos negar la lucha que se establece entre el intento de aferrarse a la teoría (mapa) que ha demostrado que ya no sirve por su falta de adecuación y el miedo a sumergirnos en lo desconocido. Para que nuestra competencia (el valor que tengo por el éxito en lo que hago) pueda aumentar tenemos que mudar la piel conocida pero opresiva, al igual que las serpientes, y afrontar los riesgos que suponen la desnudez y la vulnerabilidad transitorias. Para hacerlo se requiere no tanto valor como conocimiento profundo de que si se afronta el riesgo, se puede perder la vida, ser herido o perder la partida… y de que si no se hace lo hace, se pierde seguro porque se elige seguir encerrado en una piel que se va volviendo progresivamente más estrecha e incómoda. De esto se deduce que sólo arriesgándose a fracasar, en el sentido de no obtener lo que se espera y de aceptar que la teoría no es adecuada, se puede llegar a aprender. El aprender se produce cuando se afronta el riesgo de no ser competente, de no ser coherente (seguir siendo lo que creo ser), de perder el control de la situación (explicar y predecir el mundo), de no sentirme cómodo (= sin ansiedad, inquietud, culpabilidad). Por eso es natural y evidente que siempre hay una resistencia a nuevos aprendizajes que provisoriamente me dejen incompetente, incoherente, sin control e incómodo… Entonces o me bloqueo y me paralizo en un lugar y momento de mi vida profesional, personal o académica, o me arriesgo y produzco un verdadero salto cualitativo (con la ventaja de que acostumbrado al aprendizaje, estaré abierto siempre a nuestros desafíos) (CLAXTON, 1987: 15)

15.

EN NINGUNA DE LAS FUNCIONES QUE DESEMPEÑAMOS deberíamos confundir nuestra idoneidad para manejar mapas (o nuestra habilidad para multiplicarlos con un sinnúmero de palabras) con la dura tarea de habitar, vivir, recorrer, conocer, dominar, conquistar el territorio. Igual que cuando planeamos realizar un viaje, podemos optar, si no conocemos bien el terreno, por buscar un guía que nos facilite la estancia y nos ayude a descubrir el lugar, organizando nuestro tiempo y sorteando aquellas dificultades que nosotros ignoramos. Esto nos asegurará el viaje: buenos mapas, hojas de ruta, direcciones, teléfonos, nombres, referencias, planos... Pero esta preparación previa y remota no es el viaje. De hecho, cuando vamos viajando (o llegando) tratamos de contrastar lo que dicen nuestras anotaciones, las cartillas, los planos, los mapas con la realidad que vamos descubriendo. Muchas veces el mapa es ajeno, se deja leer pero no resulta sencillo de aplicar a la realidad: las distancias no son las esperadas, hay otros detalles o referencias, han construido nuevos caminos, se presentan nuevos carteles, hay otras atracciones. Los viajes organizados son, aparentemente, más seguros pero menos excitantes. También podemos decidir embarcarnos en la aventura de descubrir nosotros mismos el territorio que desconocemos, aun a riesgo de soportar, por desconocimiento, numerosos contratiempos e, incluso, peligros: tardaremos más, podemos equivocar la ruta, meternos en senderos equivocados, pero seguramente será un territorio mucho más conocido. Cuando, al regresar, contemos nuestro viaje, desplegando mapas, folletos, fotos, videos, volvemos a construir el mapa, y los que nos observan tendrán una construcción que no es la realidad: podemos aconsejarlos, indicarles rutas o lugares, advertirles cuáles pueden las dificultades, anticiparte kilómetros y estados de los caminos, clima y estructura de la ciudad... pero serán los nuevos viajeros o visitantes los que tendrán la experiencia del territorio.  Nunca como en estos tiempos he podido vivir con mayor contraste la falta de relación entre los mapas y los territorios. Un amigo me entregó un mapa actualizado de una ruta que – según su experimentada opinión – era el mejor camino hacia el destino elegido. El mapa, prolijo y perfecto, dibujaba cada una de poblaciones que en forma de rosario imaginario iban uniendo a través de las diversas rutas el recorrido. Había tenido la delicadeza de adelantarme numerosas indicaciones para asegurar el mejor uso de la ruta. Nada podía hacer imaginar que el viaje se iniciaría con una

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cerrada neblina que tornaba peligrosa la circulación y que inhabilitaba muchas de la señales. Lo cierto es que con más frecuencia que en otras oportunidades fuimos encontrando dificultades. Los carteles no aparecían, las numerosas bifurcaciones en las rutas no nos permitían concluir que lo que figuraba en el papel se traducía en la realidad. Más de una vez nos vimos parados al costado del camino tratando de interpretar las indicaciones, o desandando el camino habiendo comprobado que no se trataba de la ruta precisa, o acercando el auto hasta alguna estación de servicio o algún transeúnte circunstancial para recibir la información precisa. En esos casos, los mapas eran instrumentos para buscar, para preguntar, para revisar los carteles… aunque en sí mismo no nos hubieran conducido a los lugares deseados. Una vez conocido el territorio, el mapa parecía claro, pero cuando afrontábamos por primera vez la realidad, las dificultades aparecían, y solamente la experiencia se encargaba de transformar la información del papel en información real  En algunas carreras (RALLY) todo depende del mapa: es tan importante el polito que conduce el auto, como el co-piloto que maneja paso a paso cada detalle del territorio, porque la velocidad no le permite al conductor pensar la maniobra, sino ejecutarla siguiendo las indicaciones de quien lo acompaña.  Es verdad que, actualmente, los GPS operan como MAPAS INTELIGENTES pero siguen siendo construcciones simuladas porque hay una cartografía cargada que trabaja con el satélite que observa el territorio: nadie sustituye los caminos reales, las dificultades propias del viaje.

16. ESTAMOS ACOSTUMBRADOS A CONSUMIR MAPAS Y CARTOGRAFIAS

pero lo que nos espera es siempre el TERRITORIO. Un consumidor sólo espera fórmulas, recetas para aplicar, solamente obedece ORDENES que recibe: DOBLAR, PARAR, DETENERSE, GIRAR, TENER CUIDADO, ACELERAR, CUIDARSE… es alguien que depende del MAPA o de la CARTOGRAFIA que le han fabricado otros. Lo necesario es alguien que toma contacto con el territorio aprende a MAPEAR, a CARTOGRAFIAR, a CONSTRUIR sus propios recorridos. Corre más riesgos, pero su esfuerzo implica un mayor dominio de ambos mundos: del territorio (que es lo que en definitiva interesa) y de los mapas (que son las construcciones mentales y los diseños previos).

17. UN RELATO: ANTHONY DE MELO
El explorador había regresado junto a los suyos, que estaban ansiosos por saberlo todo acerca del Amazonas. Pero ¿cómo podía él expresar con palabras la sensación que había inundado su corazón cuando contempló aquellas flores de sobrecogedora belleza y escuchó los sonidos nocturnos de la selva? ¿Cómo comunicar lo que sintió en su corazón cuando se dio cuenta del peligro de las fieras o cuando conducía su canoa por las inciertas aguas del río? Y les dijo: «Id y descubridlo vosotros mismos. Nada puede sustituir al riesgo y a la experiencia personales». Pero, para orientarles, les hizo un mapa del Amazonas. Ellos tomaron el mapa y lo colocaron en el Ayuntamiento. E hicieron copias de él para cada uno. Y todo el que tenía una copia se consideraba un experto en el Amazonas, pues ¿no conocía acaso cada vuelta y cada recodo del río, y cuán ancho y profundo era, y dónde había rápidos y dónde se hallaban las cascadas?

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El explorador se lamentó toda su vida de haber hecho aquel mapa. Habría sido preferible no haberlo hecho. Cuentan que Buda se negaba resueltamente a hablar de Dios. Probablemente sabía los peligros de hacer mapas para expertos en potencia. . 5

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Cfr. SENGER PETER (1996): La Quinta Disciplina. Granica, y BARKER, Joel Arthur.(2000), Paradigmas. McGraw Hill. Otra forma de explicar los paradigmas es considerándolos como mapas. Todos sabemos que “el mapa no es el territorio”. Un mapa es simplemente una explicación de ciertos aspectos de un territorio. Un paradigma es exactamente eso. Es una teoría, una explicación o un modelo de alguna otra cosa. Todos tenemos muchos mapas en la cabeza, que pueden clasificarse en dos categorías principales: mapas del modo en que son las cosas, o realidades, y mapas del modo en que deberían ser, o valores. Con esos mapas mentales interpretamos todo lo que experimentamos. Pocas veces cuestionamos su exactitud; por lo general ni siquiera tenemos conciencia de que existen. Simplemente damos por sentado que el modo en que vemos las cosas corresponden a lo que realmente son o a lo que deberían ser. Estos supuestos dan origen a nuestras actitudes y a nuestra conducta. El modo en que vemos las cosas es la fuente del modo en que pensamos y del modo en que actuamos. Todos tendemos a pensar que vemos las cosas como son, que somos objetivos. Pero no es así. Vemos el mundo, no como es, sino como somos nosotros, o como se nos ha condicionado par que lo veamos . Así pues, cuanta más conciencia tengamos de nuestros paradigmas, mapas o supuestos básicos, y de la medida en que nos ha influido nuestra experiencia, en mayor grado podremos asumir la responsabilidad de tales paradigmas, examinarlos, someterlos a la prueba de la realidad, escuchar a otros y estar abiertos a sus percepciones, como lo cual lograremos un cuadro más amplio y una modalidad de visión mucho más objetiva.