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Geografía Humana

Cristina Teresa Carballo


Elena Margarita Chiozza

Índice de contenidos
Versión digital de la Introducción
Carpeta de trabajo Unidad

Unidad

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2

Carballo, Cristina Teresa


Geografía Humana / Cristina Teresa Carballo y Elena Margarita
Chiozza. - 1a ed. - Bernal : Universidad Virtual de Quilmes, 2013.
E-Book.

ISBN 978-987-1856-55-8

1. Geografía Humana. I. Chiozza, Elena Margarita II. Título


CDD 910

Procesamiento didáctico: Bruno De Ángelis, Ana Elbert, María


Cecilia Paredi y Marina Cánepa
Diseño original de maqueta: Hernán Morfese, Marcelo Aceituno
y Juan I. Siwak
Diagramación: Juan Ignacio Siwak

Primera edición: mayo de 2013

ISBN: 978-987-1856-55-8

© Universidad Virtual de Quilmes, 2013


Roque Sáenz Peña 352, (B1876BXD) Bernal, Buenos Aires
Teléfono: (5411) 4365 7100 http://www.virtual.unq.edu.ar

La Universidad Virtual de Quilmes de la Universidad Nacional de


Quilmes se reserva la facultad de disponer de esta obra, publicarla,
traducirla, adaptarla o autorizar su traducción y reproducción en
cualquier forma, total o parcialmente, por medios electrónicos o
mecánicos, incluyendo fotocopias, grabación magnetofónica y cual-
quier sistema de almacenamiento de información. Por consiguiente,
nadie tiene facultad de ejercitar los derechos precitados sin permiso
escrito del editor.

Queda hecho el depósito que establece la ley 11.723


3

Íconos

LL
Leer con atención. Son afirmaciones, conceptos o definiciones destacadas
y sustanciales que aportan claves para la comprensión del tema que se
desarrolla.

PP
Para reflexionar. Propone un diálogo con el material a través de preguntas,
planteamiento de problemas, confrontaciones del tema con la realidad,
ejemplos o cuestionamientos que alienten la autorreflexión.

Texto aparte. Contiene citas de autor, pasajes que contextualicen el desa-


rrollo temático, estudio de casos, notas periodísticas, comentarios para for-
mular aclaraciones o profundizaciones.

N
Pastilla. Incorpora informaciones breves, complementarias o aclaratorias de
algún término o frase del texto principal. El subrayado indica los términos a
propósito de los cuales se incluye esa información asociada en el margen.

CC
Cita. Se diferencia de la palabra del autor de la Carpeta a través de la inser-
ción de comillas, para indicar claramente que se trata de otra voz que ingre-
sa al texto.

Ejemplo. Se utiliza para ilustrar una definición o una afirmación del texto
principal, con el objetivo de que se puedan fijar mejor los conceptos.

AA
Para ampliar. Extiende la explicación a distintos casos o textos como podrían
ser los periodísticos o de otras fuentes.

KK
Actividades. Son ejercicios, investigaciones, encuestas, elaboración de cua-
dros, gráficos, resolución de guías de estudio, etcétera.

SS
Audio. Fragmentos de discursos, entrevistas, registro oral del profesor expli-
cando algún tema, etcétera.

EE
Audiovisual. Videos, documentales, conferencias, fragmentos de películas,
entrevistas, grabaciones, etcétera.

II
Imagen. Gráficos, esquemas, cuadros, figuras, dibujos, fotografías, etcétera.

WW
Recurso web. Links a sitios o páginas web que resulten una referencia den-
tro del campo disciplinario.

OO
Lec­tu­ra obli­ga­to­ria. Textos completos, capítulos de libros, artículos y papers
que se encuentran digitalizados en el aula virtual.

RR
Lectura recomendada. Bibliografía que no se considera obligatoria y a la que
se puede recurrir para ampliar o profundizar algún tema.
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5

Índice

Las autoras............................................................................................ 7
Introducción............................................................................................ 9
Problemática del campo........................................................................ 10
Reflexiones acerca del aprendizaje de la asignatura en entornos virtuales.11
Mapa conceptual.................................................................................. 13
Objetivos del curso................................................................................ 15

1. Introducción a la geografía, ciencia humana...................................... 17


Objetivos ............................................................................................. 17
1.1. Introducción................................................................................... 17
1.2. El conocimiento geográfico ............................................................ 18
1.2.1. El conocimiento empírico como saber geográfico................... 21
1.2.2. Viajes, expediciones y representaciones del mundo................ 23
1.3. Geografía humana, disciplina científica............................................ 28
1.3.1. De la ciencia de los lugares a la ciencia humana.................... 29
1.3.2. ¿Geografía o geografías?...................................................... 33
1.4. Espacio geográfico y sociedades..................................................... 42
1.4.1. Epistemología, geógrafos y espacio geográfico....................... 42
1.4.2. ¿Cuáles son las propiedades del espacio geográfico?............. 45
Referencias bibliográficas...................................................................... 52

2. La organización del espacio geográfico ............................................ 53


Objetivos.............................................................................................. 53
2.1. Introducción................................................................................... 53
2.2. Localización y escala, un binomio indispensable ............................. 54
2.2.1. ¿Dónde?, una pregunta de todos los días.............................. 54
2.2.2. Escalas de análisis, relaciones de poder............................... 57
2.3. El paisaje: modos de ver, de sentir y de vivir el territorio................... 63
2.3.1. El análisis del paisaje........................................................... 64
2.3.2. El paisaje y lo aparente........................................................ 67
2.4. El retorno al territorio y la región .................................................... 71
2.4.1. La mirada regional............................................................... 72
2.4.2. El protagonismo del territorio................................................ 75
Referencias bibliográficas...................................................................... 81

3. Espacios en definición: población, sociedad y territorio...................... 83


Objetivos.............................................................................................. 83
3.1. Introducción................................................................................... 83
3.2. La geografía de la población en el análisis de la realidad social......... 83
3.2.1. Ideologías y población en América Latina: 1950,
momento de clivaje en la región...................................................... 86
3.2.2. Argentina en el mapa de la modernidad científica................... 92
3.3. Población, estadísticas y territorio................................................... 96
3.3.1. Las pirámides de población en la diversidad social................. 96
3.3.2. Los indicadores de población en el territorio ............................. 100
3.4. Distribución de la población y la explosión demográfica.................. 105
6

3.4.1. Crecimiento demográfico y repartición espacial de


la población................................................................................. 106
3.4.2. Revisando teorías en perspectiva socioterritorial.................. 111
Referencias bibliográficas.................................................................... 117

4. Nuevos mundos.............................................................................. 119


Objetivos............................................................................................ 119
4.1. Introducción................................................................................. 119
4.2. El modelado de una geografía humanizada..................................... 120
4.2.1. La técnica en la conquista del territorio............................... 120
4.2.2. Los mitos y los espacios económicos.................................. 124
4.3. Los mapas en tensión: entre lo global y lo local............................. 129
4.3.1. La mundialización de la economía y el nuevo (des)orden....... 131
4.3.2. Territorios en redes, tramas y flujos..................................... 136
4.4. Un mundo de ciudades................................................................. 144
4.4.1. Crecimiento urbano y urbanización...................................... 144
4.4.2. América Latina y la desigualdad urbana............................... 150
Referencias bibliográficas.................................................................... 156
7

Las autoras

Cristina Teresa Carballo es Docteur en Géographie Sociale (Francia),


Magíster en Políticas Ambientales y Territoriales y Profesora de Geografía por
la Universidad de Buenos Aires. También alcanzó el Master en Economía y
Administración de Empresas (ESEADE). Ha obtenido premios y becas, entre
ellas, para la formación posdoctoral, otorgado por la Fundación Carolina y el
Ministerio de Educación de Argentina (2012), realizada en la Universidad de
Barcelona. En el 2010 recibió una distinción de la Asociación Argentina de
Geógrafos por la publicación de Cultura, territorios y prácticas religiosas. En el
2000, diseñó y elaboró Introducción a la Geografía en colaboración con la doc-
tora Elena Chiozza para la Licenciatura en Ciencias Sociales y Humanidades
de la UVQ. Se ha desempeñado como investigadora en el campo urbano,
ordenación territorial y ambiente. Fue coordinadora de la carrera Licenciatura
en Información Ambiental en la Universidad Nacional de Luján. Ha coordinado
redes de investigación y programas de intercambio universitario. Actualmente
es investigadora, docente y directora de la Maestría en Ambiente y Desarrollo
Sustentable en la Universidad Nacional de Quilmes.

Elena Margarita Chiozza egresó de la Facultad de Filosofía y Letras de la


Universidad de Buenos Aires. Ejerció por igual la docencia, la investigación y la
gestión por más de sesenta años, y formó a varias generaciones de geógrafos.
Su fuerte carácter hizo de ella una persona transgresora, sobre todo en los
momentos más oscuros de la historia política argentina. Fue distinguida con
el título de Doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de Luján y de
la Universidad Nacional del Comahue. Fue miembro de la Academia Nacional
de Geografía. Muy tempranamente incursionó en la consultoría geográfica
profesional y planeamiento en momentos en que estos ámbitos eran domi-
nados exclusivamente por hombres. También se destacó por su actuación
como asesora del Ministerio de Obras Públicas de la Nación. Fue profesora e
investigadora en la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad Nacional
del Sur y en la Universidad Nacional de Luján, donde participó en la formación
del Departamento de Ciencias Sociales y el grado de Geografía creando la
Tecnicatura y Licenciatura en Información Ambiental, carrera pionera a nivel
nacional. Ha participado en la elaboración de la importante obra Argentina,
suma de Geografía (1950-1960) dirigida por Francisco de Aparicio, quien ejer-
ció una gran influencia en su formación. Luego, dirigió El país de los argentinos
(1970) y el Atlas total de la República Argentina (1980) publicados por el Centro
Editor de América Latina y otras publicaciones. Una de sus últimas creaciones
fue Introducción a la Geografía (2006). Entre otras funciones fue miembro
del Comité de Teoría y Métodos Geográficos del Instituto Panamericano de
Geografía e Historia (IPGH), y Miembro Honorario del Centro Humboldt. Por su
labor académica, recibió en el año 2010 el premio Rebeca Gerschman.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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Introducción

Geografía Humana es una propuesta que continúa –madura y ampliada– a su


antecesora Introducción a la Geografía. El particular trayecto de la asignatura
en los planes de estudio ha permitido transmutarla. En definitiva, la geografía
es una ciencia humana.
El mayor desafío de esta carpeta fue reconstruirla sin la presencia de Elena
Chiozza, geógrafa y pionera que inauguró en la Universidad de Quilmes el cami-
no disciplinar en entornos virtuales. No obstante, nos dejó como principal lega-
do su compromiso social respecto del conocimiento geográfico, frente a otras
concepciones crípticas del mismo, que contribuyó a pensar un mundo mejor
y a mirar con otros ojos a esta paradigmática sociedad argentina. Si es tarea
de la ciencia geográfica develar la razón del espacio como producto social,
Elena ha ofrecido a la geografía argentina muestras sobradas de su capacidad
y sagacidad intelectual con la dirección de las obras más emblemáticas y de
mayor difusión de la Argentina de finales del siglo XX: El País de los Argentinos
y el Atlas Total de la República Argentina, insuperables a pesar del tiempo.
Geografía Humana es una continuación de aquel primer momento, por con-
siguiente, hoy sus palabras nos acompañan, en cada línea y en cada idea.
Esta carpeta es una renovada y exhaustiva revisión que aprovecha la expe-
riencia recogida en la enseñanza en entornos virtuales y la enriquece con
nuevas cartografías sociales, contenidos, saberes, información, actividades y
teorías. La renovación curricular de esta asignatura se fundamenta en varias
razones. Por un lado, como sabemos, el conocimiento es provisorio, y esta
característica hace necesario revisar la reciente producción científica en el
campo geográfico e incorporar algunos contenidos a esta nueva propuesta. Y
por otro lado, la revisión disciplinar se asocia y hace indispensable al observar
la dinámica de la sociedades y las transformaciones de los espacios contem-
poráneos. El mundo está en un continuo cambio, la geografía, por ende, tam-
bién. Y finalmente, la propuesta se adecua a la revisión del plan de estudios
vigente, introduciendo los contenidos curriculares acordados.
Esta Carpeta de Trabajo tiene como propósito ofrecer al estudiante una
forma renovada para aproximarse a la realidad social, desde la mirada del
espacio geográfico. El espacio geográfico, el territorio, la región y el paisaje
como conceptos y como variables explicativas ocupan un papel, cada vez más
relevante, en el análisis de diferentes abordajes disciplinares de las ciencias
sociales como la economía, la antropología, la historia, la sociología, la polí-
tica, entre los principales. En este sentido, se considera al saber geográfico
como herramienta indispensable para la comprensión del mundo presente:

CC
Una geografía que interpreta el espacio geográfico como la expresión territorial
de las relaciones que las sociedades humanas establecen a lo largo del tiem-
po con los distintos ámbitos del planeta que habitan […] Sintéticamente, po-
demos decir que el espacio geográfico, objeto de estudio de la geografía, es
Naturaleza modificada por la sociedad. En consecuencia, el espacio geográfico
es una construcción social y la geografía que lo estudia, una ciencia social que
requiere también del conocimiento de la naturaleza (Chiozza y Carballo, 2006:9).

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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Es nuestro propósito introducir al estudiante en el análisis geográfico y, para-


lelamente, dotarlo de herramientas conceptuales que, a partir de esta expe-
riencia, podrá poner en juego en cada análisis social de la realidad.
En función de esto, este trabajo está organizado en cuatro unidades, en
las que se desarrollan diferentes aspectos y dimensiones de la Geografía
Humana. Dichos propósitos explican la selección de contenidos, los objetivos
particulares de cada unidad, los estudios de cada caso, las actividades, los
recursos didácticos y la selección bibliográfica.
En la unidad 1, Introducción a la Geografía, ciencia humana, proponemos
revisar algunos de los aportes de la geografía al conocimiento científico de la
realidad y adentrarnos en la caracterización de un concepto central, el espacio
geográfico, que se irá construyendo y complejizando paulatinamente, a medi-
da que avancemos en la Carpeta de Trabajo. Además, presenta el contexto y
evolución de la Geografía Humana en el campo de las ciencias sociales y su
actual resignificación como disciplina.
En la unidad 2, La organización del espacio geográfico, presentamos una
selección de conceptos básicos e indispensables en el análisis geográfico:
escala, territorio, región y paisaje. En cada propuesta de contenido, se ofre-
ce una creciente complejidad y formas de interrelación teórico-prácticas, con
el propósito de reflexionar sobre sus aportes para la interpretación de las for-
mas espaciales contemporáneas, desde una visión renovada de la Geografía
Humana.
En la unidad 3, Espacios en definición: población, sociedad y territorio,
desarrollamos una aproximación de conceptos operacionales que hacen al estu-
dio de la población y el análisis de la realidad social desde el contexto explica-
tivo del espacio geográfico. Para ello, se presentan censos, estadísticas, car-
tografía e información que se trabajan a través de conceptos y variables, como
herramientas para la comprensión de una dinámica geografía de la población.
Y por último, en la unidad 4, Nuevos mundos, seleccionamos algunas ten-
dencias y tramas territoriales del presente para analizarlas desde las rela-
ciones de poder, la técnica y la globalización. Relaciones espaciales que se
materializan en el análisis del impacto territorial más relevante de la historia
de la humanidad, el crecimiento urbano y la desigualdad social.
Aprovechamos para aclarar que esta propuesta está lejos de constituirse
en una obra acabada, en un recetario de fórmulas “aceptadas”; por el contra-
rio, es una aproximación a una particular interpretación que intenta superar
las descripciones superficiales y/o desestructurar a las posiciones teóricas
vacías de contenido social, tratando de exponer y ofrecer elementos y herra-
mientas conceptuales que contribuyan a la búsqueda de explicaciones de los
fenómenos geográficos. Es nuestra intención propiciar el debate y la reflexión.

Problemática del campo


La unificación de la Tierra como campo de acción de las sociedades europeas
comenzó con los grandes descubrimientos de los siglos XV y XVI, se aceleró
hacia fines del siglo XVIII y durante el siglo XIX con la revolución industrial y la
revolución de los transportes y las comunicaciones. Otro salto en la integra-
ción planetaria se dio en el siglo XX con el avance de las telecomunicaciones,
especialmente, después de la Segunda Guerra mundial. Desde entonces, y
a la “velocidad de la luz”, las innovaciones tecnológicas y la mundialización

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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de la economía modifican profundamente la organización del espacio plane-


tario hasta globalizarlo, generando un proceso contrario de diferenciaciones
territoriales. Esto nos lleva a una pregunta: ¿por qué, entonces, plantearnos
la necesidad de una Geografía Humana? Si bien esta geografía nace en el
contexto decimonónico, ha evolucionado, hecho crisis y vuelto a reconstruirse,
en parte como reflejo de los paradigmas de las ciencias sociales, en parte por
el rol diferente que adquiere el poder político y económico en los espacios y
sus sociedades.
Las nuevas tecnologías se están configurando como uno de los ámbitos
más dinámicos de actuación humana para el siglo XXI, y esto induce a pensar
que podemos liberarnos de los históricos condicionantes de tiempo y espacio;
sin embargo, no debemos olvidar que toda actividad humana se desarrolla en
y con el espacio geográfico, del que nos aprovechamos, sobre el cual incidi-
mos, y que a su vez también nos impone condicionantes.
El término geografía es ampliamente usado con varios sentidos. Por un
lado, el sentido académico que tiene como objeto al espacio o territorio deter-
minado, que varía según la corriente de pensamiento disciplinar. Por otro
lado, es entendido como un saber sobre el territorio asociado a una determi-
nada matriz cultural, según corresponda. Pero también, se aplica a las prácti-
cas y experiencias geográficas que acompañan al desarrollo de la humanidad
como así también de las prácticas sobre el espacio geográfico que realizan
diversos profesionales. Para algunos geógrafos, esta diversidad de sentidos
o polisemia contribuye a la confusión cuando se problematiza el campo o se
aborda una evolución histórica del conocimiento geográfico. Cabe enfatizar
que esta diversidad, aparente, de la geografía pertenece a su naturaleza de
ciencia social, y como tal le permite mutar y estar atenta a las transformacio-
nes sociales y a sus espacios.
Los principios aceptados por el mundo científico, y sus presupuestos, siem-
pre estuvieron articulados con la coyuntura política, histórica y social. Esa
forma de mirar del geógrafo construirá significativos aportes para el pensa-
miento geográfico desde el siglo XIX, que legitimaba, a su vez el mundo cen-
tral, y era legitimado en tanto servía para actuar sobre el planeta. Estas ideas
dominantes persistirán, marginalmente, en la geografía dando lugar a nuevos
cuestionamientos y posiciones críticas como innovadoras. En la actualidad,
la Geografía Humana se convierte en una disciplina que se gesta como tal
para comprender los cambios socioespaciales y la organización del territorio.

Reflexiones acerca del aprendizaje de la asignatura en


entornos virtuales
Los avances teóricos y empíricos del conocimiento y la enseñanza en el entor-
no virtual son abrumadores, los diversos resultados expuestos en numerosos
congresos internacionales dan cuenta de su rápido desarrollo en el sistema
educativo. Por ello, la mayoría de los científicos y expertos de diferentes áreas
coinciden en calificar al nuevo siglo como el siglo de la transmisión de cono-
cimientos. El desarrollo de nuevas tecnologías, de teorías educativas y de
metodologías de enseñanza para los entornos virtuales ocupan cada vez más
un lugar central en la formación superior, lo que nos remite a la pregunta: ¿la
sociedad informacional es un concepto teórico, abstracto, o es un hecho de
la actualidad con espacialidad propia?

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En nuestro caso, el entorno virtual no solo nos permite ofrecer esta


Geografía Humana en la formación superior, sino que además nos permite
integrar a las diversas prácticas sociales como culturales del territorio y sus
comunidades. En otras palabras, somos una parte activa del mapa social en
esta construcción histórica de las nuevas tecnologías aplicadas a la forma-
ción superior.
Las redes y las nuevas tecnologías modifican los conceptos tradicionales
de espacio físico y generan nuevas realidades que se sintetizan en espacios
virtuales, que son utilizados por diferentes sectores sociales.
Si la sociedad y los espacios contemporáneos están atravesados por la tec-
nología de las comunicaciones, ¿la educación superior debería estar por fuera
de estos procesos? Hoy parece difícil imaginar un sistema universitario aisla-
do de la sociedad, muy por el contrario: la tecnología educativa ha alcanzado
un nivel de desarrollo impensado hasta hace pocos años. Las estrategias de
aprendizaje virtual en general, con toda su complejidad, enfrentan un reto for-
midable. En este sentido, la enseñanza virtual de contenidos geográficos no
se escapa de este contexto, se incluye como antaño en diversos planes de
estudio de carreras de grado pero con un potencial explicativo resignificado
por el mundo presente, como una herramienta indispensable para reconocer
estos nuevos continentes virtuales y a la vez, mantener un papel crítico frente
a esta sociedad de la información.
Hoy somos protagonistas de una era en que las diferencias sociales y tec-
nológicas son abrumadoras. Esta experiencia educativa y geográfica es una
verdadera oportunidad para un ejercicio crítico y constructivo de la problemá-
tica de la realidad socioespacial en el entorno virtual.
Los instrumentos didácticos, los contenidos, objetivos y actividades previs-
tas en esta carpeta responden a un estrategia institucional de amplia experien-
cia, las que contemplan no solo el expertise disciplinar sino también los con-
textos que hacen a las heterogeneidades espaciales, las políticas públicas,
económicas, educativas y sociales. Este contexto permite un acercamiento
genuino y no un “transplante” importado de tecnologías educativas de otras
sociedades. En este sentido, se propone un original sincretismo entre forma-
ción-tecnología-territorio y sociedad local.

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Mapa conceptual

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Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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Objetivos del curso

Que el estudiante:

•• Reconozca y comprenda la diversidad de perspectivas respecto de las


características del pensamiento científico en la conformación teórica de la
Geografía Humana.
•• Revise las nociones clásicas de territorio, paisaje y región desde la renova-
da Geografía Humana.
•• Identifique y analice el interjuego de escalas en el análisis espacial de las
transformaciones territoriales.
•• Acceda a herramientas conceptuales y metodológicas para la interpretación
de las cuestiones que afectan a la población mundial desde una perspec-
tiva renovada.
•• Analice y redefina los procesos espaciales y los impactos territoriales en
el marco de la mundialización de la economía.
•• Valorice la construcción del conocimiento geográfico como saber estra-
tégico en la interpretación de la desigual y heterogénea realidad social y
reflexione sobre dicha construcción.

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Introducción a la geografía, ciencia


humana

Objetivos

Que el alumno:

•• Contextualice el papel de la Geografía Humana en el marco de las ciencias


sociales.
•• Reconozca los aportes de la geografía al conocimiento científico.
•• Revise las características del espacio geográfico según los principales apor-
tes epistemológicos.
•• Reflexione sobre la complejidad del espacio geográfico.

1.1. Introducción
En principio, el término Geografía es ampliamente usado con varios sentidos.
Por un lado, el académico, que tiene como objeto al espacio o territorio deter-
minado, según la corriente de pensamiento disciplinar. Por otro lado, es un
saber sobre el territorio asociado a una matriz cultural. También, se aplica a
las prácticas y experiencias geográficas que acompañan al desarrollo de la
humanidad así como de las prácticas sobre el espacio geográfico que realizan
diversos profesionales. Por ello, para algunos geógrafos, esta diversidad de
sentidos, o polisemia, contribuye a la confusión para reconstruir el campo y la
evolución histórica del conocimiento geográfico.
Cuando preguntamos qué es la geografía, las respuestas, generalmente,
están asociadas con las experiencias escolares; ello justifica que se la iden-
tifique con inventarios de datos, nombres, mapas de regiones y estadísticas,
algo muy diferente de lo que es la disciplina en el campo de la investigación
científica. Algunas personas podrían responder que los geógrafos tienen como
principal tarea la elaboración y empleo de mapas, relacionándola con itinera-
rios (guías de viajes, descripciones físicas del paisaje, etc.), en los que los
protagonistas son los lugares.
Esta percepción está alejada tanto de la moderna concepción de la geo-
grafía como de lo que en realidad hoy los geógrafos hacen, y en especial de
su producción científica. Esto no significa que el geógrafo no necesite obser-
var las características de los lugares donde se localizan los fenómenos socia-
les. El desarrollo de la disciplina fortaleció un desarrollo tanto teórico como
metodológico y técnico mucho más amplio del que podemos llegar a pensar.
La geografía y su devenir han acompañado a la propia naturaleza humana.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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Explorar el mundo conocido, viajar, ubicar y hacer mapas, inventarios territoria-


les, entre otros, hacían del saber geográfico un saber estratégico para la pro-
pia historia humana. Durante mucho tiempo, la geografía tuvo como objetivo la
descripción y la cartografía de los lugares, y tenía un lugar central en la produc-
ción de conocimiento que respondía a los intereses de imperios y estados en
expansión. Es decir que la localización de los lugares, su descripción y el tra-
zado de rutas era una necesidad urgente de los estados a la que la geografía
debió responder. La tarea de “inventariar” el mundo estaba en manos de quie-
nes podríamos llamar geógrafos, que pasaron a ser minuciosos relatores de una
geografía de sectores del planeta hasta entonces desconocidos. Durante este
largo período, apenas existía como disciplina aunque sus fundamentos hubie-
ran sido ya expuestos por Estrabón en el siglo I, renovados por Varenius en el
siglo XVII y reformulados por Humboldt y Ritter al despuntar el siglo XIX. En el
marco de la expansión de las potencias europeas, del nacionalismo, del auge
de la revolución industrial, del poderío militar y económico, los conocimientos
de la geografía serían indispensables para el dominio planetario.
La historia tiene un papel central como transmisora de los valores de la
época: contenidos y valores fundamentales para un discurso necesario, difun-
dido a través de la enseñanza, que lleva a la construcción de la nación.
Cuando se analizan las obras escritas sobre la evolución del saber geográ-
fico, experiencias, prácticas y conocimiento, generalmente, enfatizan la marca-
ción de una frontera entre la modernidad y la tradición anterior como un gran
saco compacto de saberes uniformes.
Esto está lejos de ser cierto, no existen cajones compactos del saber sino
procesos que influyeron en la concreción de la organización disciplinar del
campo científico tal como lo conocemos hoy.
Lo cierto es que la geografía es una disciplina moderna, que se cristalizó
como tal en determinadas condiciones históricas y sociales reguladas por las
ideas occidentales que legitiman y reconstruyen bajo su órbita formas de com-
prensión del mundo. La geografía, como otras ciencias, no escapa de esta
influencia de legitimación académica; de allí que es importante mantener una
postura crítica. Además, la geografía humana no se constituye al margen de
las preocupaciones sociales que la atraviesan, sino por el contrario, retoma
constantemente la dinámica social como factor transformador de su campo
de estudio y objeto.
En esta unidad procuraremos aproximar a los estudiantes a los conceptos
centrales que ordenarán la carpeta, y mostraremos, a la vez, algunos deba-
tes, reflexiones y avances en la producción del conocimiento geográfico. En
fin, nuestra propuesta es reflexionar sobre aquellos conceptos que permiten
introducirnos en esta disciplina que se ha dado en llamar Geografía Humana.

1.2. El conocimiento geográfico


Toda vida social necesita de los conocimientos geográficos y se afianza en
ellos, necesita conocer los recursos existentes, apropiarlos, explotarlos y orga-
nizarlos. Debe conocer su medio para instalarse, proveerse de agua potable y
alimentarse, circular y comunicarse con otras sociedades; para ello construirá
así su propio espacio, en esta relación sistémica y dialéctica entre sociedad y
naturaleza. Espacio y territorio estarán marcados e identificados por símbolos
compartidos por cada grupo social.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


19

Los pueblos occidentales no tienen el monopolio de los saberes geográfi-


cos, ya que toda cultura se desarrolla y dispone de sus propios símbolos, de
un capital de conocimientos y convenciones sociales que son transmitidos por
generaciones para la apropiación del territorio, para asegurar su subsistencia.
No obstante, sabemos que a través de los últimos tres siglos, esos conoci-
mientos y prácticas geográficas de intercambio e hibridación cultural, darán
lugar al cuerpo disciplinar que hoy conocemos.
El conocimiento geográfico de América por los europeos está ligado al pro-
ceso de conquista y expansión colonial de España que proporciona crónicas,
memorias, informes y cartografía cuyas primeras manifestaciones han sido
recogidas en buena parte por Levillier en su obra América, la bien llamada.

CC
Con el descubrimiento por los europeos de este mundo, que por desconocido
para ellos llamaron “Nuevo”, se inicia, desde luego, el conocimiento geográfico
del mismo. Por lo tanto, para historiarlo, en cualquier país de América, ha de
comenzarse desde la época en que fuera descubierto. Más si hemos de afinar
el concepto y entender por conocimiento geográfico no sólo la simple noticia
de la existencia de tierras hasta ese momento ignorada, sino la descripción
más o menos sistemática de esas tierras en escritos de carácter o al menos
de contenido geográfico, el plan de investigación varía. La historia de ese cono-
cimiento no es, por lo tanto, la del descubrimiento y exploración de un territo-
rio, sino la historia de las relaciones de carácter geográfico, escritas acerca de
él. Por lo que respecta a la América española, el origen y desarrollo del conoci-
miento geográfico marcha muy a la par con el proceso del descubrimiento, ex-
ploración y ocupación de su suelo. Descubridores y conquistadores, primero, y
funcionarios de toda laya, después, produjeron muchedumbre de relaciones,
memorias y crónicas de asuntos geográficos. (De Aparicio, 1958:3).

De esta forma, podríamos sintetizar que las prácticas geográficas y la geo-


grafía científica no son cosas opuestas. Luego, en el siglo XVIII tendrán inicio
por toda América los viajes científicos, que proveerán, para la burocracia de
los imperios y luego, para los estados modernos, la base de la información
estadística y cartográfica del mundo. Un lugar especial en la exploración y
sistematización de la información geográfica en América tuvieron las órdenes
religiosas, en especial la Compañía de Jesús. Podemos decir entonces que,
hasta esos momentos, el conocimiento geográfico no tomaría forma de disci-
plina académica. No obstante, cabe destacar que España se adelantó a dicho
conocimiento, con la creación del cargo de cartógrafo y cronista de Indias para
la elaboración de informes reales.
El siglo XIX se caracterizó, entre otras cosas, por la difusión y divulgación
de los conocimientos geográficos. En este período, la disciplina geográfica y
la cartografía adquirieron un valor social histórico. Una buena muestra de la
significación social del saber geográfico, es sin duda, la aparición de volúme-
nes especiales destinado a geografías de diferentes regiones del mundo. Por
otro lado, la disciplina conquistará un lugar institucional en las universidades
europeas, y además, se producirá el fenómeno del surgimiento y fundación
de las reales academias geográficas: la Royal Geographical Society, que data
de 1830, la de París (1821), entre otras, que llegarán a más de veinte para
1869 y a sesenta y dos para 1889. Estas sociedades contribuyeron a la difu-

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


20

sión de los conocimientos geográficos del planeta y a la aceptación social de


la geografía como disciplina académica de relevancia. Gracias a su prestigio,
desde su seno, se pensaron y se consiguieron los fondos para las cátedras
universitarias. Estas sociedades fueron totalmente funcionales a las políticas
e ideologías del momento: el imperialismo y la superioridad de la civilización
occidental.
Esa misma tradición se mantiene durante el siglo XIX en el período de con-
solidación del Estado nacional, que culmina con la eliminación de las fronte-
ras interiores. En Argentina, la institucionalización de la geografía en el ámbi-
to de la enseñanza universitaria se produce a fines del siglo XIX con el aporte
de científicos de diferentes nacionalidades y orígenes profesionales; esta ins-
titucionalización fue acompañada con la creación de la carrera docente en el
Instituto Nacional Superior del Profesorado Secundario (1904), precedida por
la incorporación de la disciplina al ámbito de la investigación académica, que
se produce en el seno de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
de Buenos Aires al despuntar el siglo XX y en la Facultad de Humanidades y
Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata.

LECTURA RECOMENDADA

RR
Nadal, F y Urteaga, L. (1990), “Cartografía y estado: los mapas topográficos nacio-
nales y la estadística territorial en el siglo XIX “, [en línea]. En: Geocrítica, Universi-
dad de Barcelona, Barcelona. Año XV. Nº 88. Disponible en: <http://www.ub.edu/
geocrit/geo88.htm> [Consulta: 12/11/2012].

El campo de las ideas geográficas ha sido muy fértil en aportes al conocimien-


to de la realidad terrestre. Sus contribuciones a lo largo de su historia se han
centrado en varios tópicos, y es el concepto de espacio geográfico uno de los
más discutidos y sobre los que aún se mantienen fuertes debates. Hacer una
descripción o recortes del complejo devenir de las corrientes del pensamiento
geográfico no es el propósito de este trabajo, pero sí se tendrán presentes,
sintéticamente, algunas ideas o procesos que ayuden a contextualizar sus
principales aportes a través del tiempo y a debatir sus ideas.
En síntesis, la aproximación no reflexiva y acrítica al campo del saber geo-
gráfico correría el riesgo de confundir los distintos planos de su práctica pasa-
da y/o presente, que más que tratarse de posiciones opuestas, son fases
diacrónicas de un proceso complejo, fases a veces coexistentes, de formas
diversas de concebir el conocimiento geográfico:

CC
En primer término, el mundo de experiencias espaciales que, como tal, perte-
nece a la propia naturaleza humana. En segundo lugar, la esfera de las repre-
sentaciones espaciales, como ordenación y racionalización de estas experien-
cias: esboza intelectualmente un tipo de representación social, que los
griegos, sus inventores, denominaron geografía. En tercer término, el mundo,
mucho más restringido y preciso, del proyecto moderno de integrar ese tipo de
experiencias como un campo de conocimiento o episteme, de acuerdo con los
términos de la modernidad.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


21

Algún autor contemporáneo ha empleado los términos “geografía pública” y


“geografía académica”, respectivamente, para diferenciar esos planos. Es nece-
sario distinguir los saberes prácticos, las propias prácticas espaciales y las
representaciones de las mismas que forman parte de la naturaleza social, del
campo de conocimiento. Aquellos configuran una cultura del espacio, nuestra
cultura, occidental, del espacio. El último, pretende llegar a ser una ciencia, o
un saber riguroso, sobre el espacio. (Ortega Valcárcel, 2000:15).

1.2.1. El conocimiento empírico como saber geográfico


El punto de partida del conocimiento geográfico ha sido la experiencia acumu-
lada por las sociedades primitivas que exploran las zonas que habitan reco-
nociendo los lugares que le brindan alimentación y refugio. ¿Cuándo comienza
esa experiencia? Tan lejos en el tiempo como podamos datar la aparición del
hombre.
Este conocimiento empírico del entorno permite responder a las preguntas
“¿qué?”, “¿dónde?” y “¿cómo?”; son preguntas que los humanos se formu-
lan para poder encontrar los medios de subsistencia más propicios, y tam-
bién para eludir lugares de riesgo. No obstante, estos elementos no alcanzan
para entender por qué la relación con la naturaleza remite al terreno mítico.
Muchas personas en la actualidad no han sobrepasado el nivel del “¿qué?”
y el “¿dónde?”, y no han desarrollado la capacidad de interrogarse por el
“cómo” y por el “¿por qué?” e interpretar la realidad de la que forman parte y
en la que tienen (aunque no sean conscientes de ello) un papel protagónico.
La ubicación y la orientación apuntan al dominio del espacio conocido:
estas fueron dos prácticas esenciales del quehacer geográfico. El dominio del
espacio en las culturas significó delimitarlo, hacerlo mensurable, aprehenderlo.
Los griegos son los primeros, en la cultura occidental, en sistematizar el
conocimiento y dar una visión racional de la Tierra. Con Heródoto, siglo V a.
C., el mundo conocido se expande hacia el norte de África y el este de Asia,
proceso que completarán las expediciones de Alejandro Magno. Con la expan-
sión y la integración de los territorios, empezaban a plantearse, cada vez más,
los problemas de las representaciones, de la forma. En ese escenario de evo-
lución de ideas y saberes, Estrabón tiene un papel importante, dado que él
plantea la utilidad política del conocimiento geográfico.

PARA AMPLIAR

El conocimiento de la geografía antigua está ligado estrechamente a

AA su nombre, ya que su obra permitió conocer la evolución y el desa-


rrollo de la tradición geográfica griega. Su Geografía de 17 tomos no
es una mera enumeración de topónimos con sus correspondientes
localizaciones cartográficas. Proporciona noticias sobre el paisaje, el
clima, la situación y las dimensiones de los diferentes países, informa
acerca de la forma de vida y su potencial económico de cada territo-
rio, sin dejar de lado la constante alusión al pasado de cada una de las
regiones o a los acontecimientos históricos más recientes que habían
tenido lugar en esos escenarios.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


22

Estrabón procedía de una familia ilustre, era un griego originario de


la zona de Ponto, una región de la costa septentrional de Asia Menor
que desempeñó un papel destacado en la última parte del la histo-
ria del mundo helenístico a lo largo del siglo I a. C. Su giro hacia la
geografía quizás estuvo ligado al hecho de partir de cero, ya que de
nada le servían el prestigio y la influencia de la que habían disfruta-
do sus antepasados frente a los romanos. El único camino posible era
buscar la protección de alguno de los personajes ilustres de la política
romana y poner todo su talento a la entera disposición de los nue-
vos señores del orbe. Estrabón era un hombre de su tiempo y su vida
discurrió fundamentalmente entre los dos nuevos polos de atracción
cultural de su época, como eran las ciudades de Alejandría y Roma.
Fuente: adaptación extraída de Estrabón, 2001, Geografía. Libros II y III, Biblioteca
Básica Gredos, Madrid.

El conocimiento empírico sigue siendo tan necesario hoy como en su momen-


to lo fue para nuestros antepasados más remotos, solo que en lugar de una
experiencia en gran medida dependiente del azar se ha transformado en una
instancia del conocimiento científico que debe estar guiado, o tamizado, por
los objetivos que perseguimos. De esta manera, nuestra experiencia cotidiana,
asistemática, se transforma en una fuente de conocimiento científico a la luz
de la búsqueda de su “racionalidad” en el marco de una teoría que puede ser
confirmada o refutada, en este último caso, dando origen a nuevas teorías.
Experiencias, entendimiento, comprensión, explicación, teorías, son la
base del pensamiento geográfico. Otros parten del camino inverso: en tal
caso, la experiencia corrobora o no los supuestos teóricos iniciales. En las
reconstrucciones, las biografías de sus diseñadores no es un tema menor,
dado que muchas veces dan luz al análisis histórico de la evolución de las
ideas geográficas.
Podríamos sintetizar entonces, como lo plantea Roger Brunet (1990), que
uno de los objetivos esenciales de la geografía es investigar lo que es y lo
que tiende a ser, las permanencias en las localizaciones y las relaciones, las
grandes bifurcaciones y también los nuevos y profundos movimientos en la
diferenciación y en la organización de los territorios, los espacios desarrolla-
dos tecnológicamente y los espacios en dificultad, los espacios abiertos y los
espacios cerrados.

LECTURA RECOMENDADA

RR
Zusman, P., Lois, C. y Castro, H. (2008), Viajes y Geografías, Prometeo, Buenos
Aires.

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23

1.2.2. Viajes, expediciones y representaciones del mundo


Hay una diferencia entre el contexto actual y aquella situación histórica en la
que tienen su origen las primeras manifestaciones del conocimiento geográ-
fico, que no superan el nivel de lo que efectivamente se puede conocer por
experiencia, resumida en inventarios, itinerarios y descripciones de lugares;
en un comienzo, esto está limitado al alcance del desplazamiento a pie y más
tarde, en embarcaciones o a caballo, pero siempre en contacto directo con la
realidad. Desde el siglo XIX, otros medios de transporte, como el tren o el auto-
móvil, amplían el radio de desplazamiento a cambio de una visión fugaz de los
paisajes sacrificados a la velocidad, que cambia la ecuación distancia-tiempo.
Hoy, a la experiencia vivencial –y por eso, espacialmente limitada para la
mayoría de los hombres– se suma la experiencia obtenida a través de senso-
res remotos que hacen accesibles otras escalas espaciales y permiten una
reinterpretación de la realidad y el acceso a rasgos que escapan a la escala
de la observación local.
Conocer es una forma de posesión del objeto conocido, y darle un nom-
bre que lo identifique es reafirmar esa posesión: cordillera-Andes, río-Amazo-
nas, ciudad-México, mar-Tirreno, etc. Con la experiencia surge un vocabulario
que identifica los elementos de la realidad y denota su singularidad con un
topónimo.
Las palabras forman parte del lenguaje cotidiano, pero su incorporación al Topónimo: nombre que distingue
lenguaje científico exige una redefinición que precise los conceptos, de modo un lugar preciso, de allí el énfasis
que su significado sea el mismo para toda la comunidad científica. Muchos de la vertiente espacial o locacio-
nal en su estudio y comprensión
términos tienen un uso estrictamente local y su empleo demanda, con mayor de por qué ese nombre designa
razón, una definición: por ejemplo, uadi, huayco, que aunque tengan simili- ese lugar, junto con la historia y
tud, no son lo mismo. En el primer caso, la voz se aplica a los cauces secos la lingüística. La afinidad entre
toponimia y geografía no es secun-
con agua subsuperficial del desértico ámbito sahariano; en el segundo, la voz
daria; frecuentemente, el conoci-
quechua que se aplica a las torrenteras originadas por las lluvias excepciona- miento del territorio da las claves
les que labran profundas quebradas en tierras áridas, como las Huayquerías para encontrar el significado de
del Tunuyán. los nombres. Pero estos proce-
sos no son neutros: se trata de
Para la geografía, además de identificar y nombrar los elementos de la rea-
observar si la toponimia suminis-
lidad y nombrarlos es necesario también representarlos, acrecentar el dominio tra información significativa para
y hacer que los mapas mentales que surgen de la experiencia sean inteligibles evaluar los procesos de transfor-
para otros mediante su expresión gráfica. mación y cambio del territorio, y
de comprobar si topónimos anti-
Representar significa no solo individualizar los elementos significativos, guos se han visto alterados o no.
sino también asignar a cada uno un símbolo y un lugar. Con la representación
pictórica, asistimos a los albores de la cartografía, cuya historia constituye un
apasionante capítulo de la ciencia y de la técnica, que busca todavía la defi-
nición de una simbología universalmente aceptada.
Las distintas culturas han considerado a la propia como punto de parti-
da para referenciar el resto del mundo. Un ejemplo de esto ha sido la dispu-
ta entre cristianos y musulmanes por Jerusalén, que estaría en el centro del
interés europeo durante el siglo XI. En cambio, la cartografía árabe colocó a
La Meca como su centro.
Los avances cartográficos tuvieron su epicentro en Alejandría y Oriente
Próximo. Si bien el dogma cristiano restringía la mirada del mundo conoci-
do, los cartógrafos medievales perfeccionarían, lentamente, los mapas de
la época con los informes de viajeros que relataban las tierras y continentes
extraños.

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24

G.1.1. “T en O”. Representación cartográfica del mundo

II

Fuente: <http://www.quehistoriaeessa.com/2010_11_01_archive.html>.

Tendremos que esperar al siglo XV, con los viajes de exploración y la búsqueda
de nuevas rutas marinas, para la ruptura con la conceptualización y visuali-
zación de la imago mundi de tradición cristiana-occidental, que considera al
mundo centro del universo y a Jerusalén, el centro del mundo. Los mapas “T
en O” se denominaban así dado que la O representaba al oceanus; la terra
ofrecía esa forma ya que era cortada por los mares formando una “T”. Estos
mapas tenían una distribución de conocimiento geográfico y un poder simbóli-
co de concebir al mundo. El este u oriente eran ubicados hacia arriba, donde
se representaba al Paraíso. De allí la expresión orientarse, que viene de la
necesidad de ubicación, el oriente. Hacia abajo, el mapa incluía a Europa y
África, y al Mar Mediterráneo. En sentido norte-sur representaba desde la
península escandinava hasta el Nilo. En la Edad Media, se redescubren los
antiguos escritos griegos sobre la forma y el tamaño de la Tierra, conocimien-
to geográfico que repercutió en el desplazamiento de aquella cosmovisión
impuesta por siglos. Las consecuencias se harán notar con el avance en la
exploración de la Tierra y en la conformación del mundo moderno.
Otras culturas, como la china, desarrollaron su propia cartografía indepen-
dientemente de los conocimientos europeos. Estas representaciones, a dife-
rencia de los antiguos griegos –que dedujeron una tierra esférica– partían
de una tierra plana. La China del siglo III a. C. requirió un relevamiento de su
extenso territorio, cuyo cabal conocimiento, al igual que el censo de la pobla-
ción, eran vitales para la administración y el dominio del imperio. Antes que
Ptolomeo, el cartógrafo Chang Heng, en el siglo I d. C. ya había representado
un sistema de líneas perpendiculares –paralelos y meridianos– para hacer el
mapa del imperio, para trazar sus límites.
En Europa, tendremos que esperar hasta el siglo XIII para un desarrollo con-
tinuo de la cartografía. Portugal, luego de cierta estabilización política y de sus
fronteras hacia 1250, quedó volcado geográficamente hacia el inconmensura-
ble océano Atlántico y hacia el misterioso continente “donde no hace frío”, es
decir, África. Esto empujaría a la corona portuguesa a una empresa de larga
duración. A inicios del siglo XV el príncipe Enrique El Navegante creó la escuela
cartográfica y de navegación ubicada en el mítico promontorio sagrado, Sagres.
Estos primeros mapas de navegación, como reflejo de la realidad, adquie-
ren rigor a medida que la exploración del planeta y los instrumentos de medi-

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


25

ción evolucionan simultáneamente para determinar distancias y altitudes. Son


los grandes viajes, inventos y descubrimientos que se desarrollan a partir de
los siglos XV y XVI los que llevan finalmente a la confección de los mapas del
mundo y de los globos terráqueos que proporcionan un modelo que torna cohe-
rentes e inteligibles las visiones fragmentarias que habían servido de base
para su construcción. Eso significó resolver problemas de matemática y geo-
metría que dieron nacimiento a la geodesia.
Esa cartografía nos ha acostumbrado a una manera de mirar al mundo, en
un plano y desde el hemisferio norte. Siempre nos asombra, por ejemplo, la
rústica representación de las costas de América del Sur, en el que el Estrecho
de Magallanes está ubicado en la parte superior de la misma en el mapa de
Pigafetta en el que se aprecia una visión de las costas de América del Sur.

G.1.2. Visión de las costas de América del Sur, según Pigafetta

II

Fuente: De Aparicio, F. (1958), La Suma de Geografía, Peuser, Buenos Aires.

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En el dibujo de Antonio Pigafetta, que viajó con Hernando de Magallanes (1522),


aparece la costa argentina desde el río de la Plata (Fiume de Johan de Solis)
hasta el Estrecho de Magallanes (Streto patagonico). La región pluvial incluye
los dos afluentes mayores del Plata, Uruguay y Paraná, y el delta de este último,
pero sin nombres. En la costa del Atlántico (Mare oceano), desde el río de la
Plata hasta el cabo Vírgenes (Capo de le ij m. vir., Cabo de las Once Mil Vírgenes)
figuran cinco grandes entradas que probablemente correspondan actualmente
a: Bahía Blanca, golfo de San Matías, golfo de San Jorge, puerto de San Julián
(Porto de Santo Juliano) y al río Santa Cruz. San Matías y Santa Cruz son regis-
trados por Francisco Albo, piloto de la expedición, pero no por Pigafetta. La
profunda entrada con una isla debe ser el estuario de Santa Cruz. Las leyendas
están invertidas con respecto al rumbo porque el autor las escribió de acuerdo
con la dirección del viaje, mirando al sur como para tomar alturas.
Como síntesis podríamos decir que, junto con el imaginario social, van sus
representaciones. O podríamos decirlo de otra manera, entendiendo que las
representaciones del mundo no pueden disociarse de los contextos sociales
e históricos de los cuales se nutren.

LECTURA OBLIGATORIA

Ramírez, H. “La representación cartográfica de la superficie terrestre:

OO una mirada crítica “, [en línea]. En: Breves Contribuciones del Instituto
de Estudios Geográficos. Nº 22. Tucumán. Universidad Nacional de
Tucumán. 2010/2011. Disponible en: <http://dialnet.unirioja.es/
servlet/articulo?codigo=4061449> [Consulta: 02/01/2013].

Así tenemos que la evolución de la cartografía –o la manera de aprehender


el mundo–, como el Mapa de Tolomeo, reproducido en 1482 por Johannes
Schnitzer, la reproducción de Orteluis o la versión más sofisticada de Carel
Allard de 1696, adquieren un claro propósito: representar al extenso y com-
plejo, pero medible, mundo.
El progreso en la representación de los rasgos morfológicos fue extraordina-
rio a tal punto que, cuando pudo contemplarse la superficie terrestre desde un
avión, asombraba ver la correspondencia entre formas de la realidad y mapas.
El mapa elaborado por los geodestas fue, hasta la Primera Guerra Mundial,
el medio más adecuado para integrar la experiencia de cada investigador en
un marco más amplio. El desarrollo de la aviación y la toma de fotografías
aéreas impulsaron el desarrollo y el enriquecimiento de la cartografía con nue-
vos datos. La aereofotointerpretación y el uso de aparatos que permiten recu-
perar las formas de relieve dieron mayor precisión a los elementos represen-
tados, pero a la vez pusieron al descubierto el vigor y la riqueza de los rasgos
de la impronta de la actividad humana sobre la Tierra, y esto fue válido no
solo para la actividad presente, sino también para la del pasado remoto. La
fotografía aérea se convirtió en auxiliar no solo de la geografía, sino también
de la historia y la arqueología.

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27

G.1.3. Fotografía aérea de Lima (1930-1940)

II

Fuente: <http://fotosaereasantiguasdelima.blogspot.com.ar/>

En esta imagen se puede observar la Plaza Mayor y la imponente Catedral


de Lima. Para ese entonces, aún no invade la trama urbana ningún edificio
en altura, que solo se dispersan como manchones aislados, con lo cual, la
centralidad de la escena limeña sigue estando, desde el patrimonio simbó-
lico, en manos del poder religioso y cívico con los edificios emblemáticos.
Desde 1991, la Catedral se encuentra incluida como Patrimonio Cultural de
la Humanidad al estar en el Centro histórico de Lima.
Si bien el origen de la fotografía en general se remonta a 1827, no obstan-
te, la fotografía aérea vendrá a perfeccionarse a posteriori, sus primeras apli-
caciones se dieron tanto en el campo militar como en el civil. La utilidad mili-
tar de la navegación aérea hizo que las aerostaciones, al inicio, estuvieran
en manos de las naciones europeas (Francia, 1877, Inglaterra 1879, España
1884). Para mediados de 1916, la fotografía aérea había alcanzado un notable
desarrollo. Las máquinas para aviación utilizaban tres tipos de focos que les
permitían desde 2.500 metros de altura obtener fotos verticales entre 1:2.500
y 1:10.000. Hoy el Google Map nos permite acceder libremente a otras escalas
de análisis visual del territorio gracias a la imagen satelital y a un sistema de
información que permite reconocer prácticamente cualquier parte del planeta.
Sin duda, a partir de entonces, los saltos y las continuidades en los avan-
ces tecnológicos han evolucionado significativamente, cada vez con mayor
precisión en la representación del planeta. Luego, además de los vuelos de
aviones, se fueron sumando las naves espaciales, y con ellos, las fotografías
aéreas adquirieron más alcance y precisión, como las tomadas por el Géminis
en 1967. No obstante, estas fotografías, lentamente, fueron siendo desplaza-
das por otros avances técnicos: los satélites artificiales y sus sensores remo-
tos que permitieron la obtención de las imágenes satelitales, otrora monopolio
de la NASA, hoy en fuerte competencia con los países de la Europa Occidental.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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Y así, en cualquier computadora con Internet se puede obtener, a través del


programa Earth del Google o el Google Map, una vista de cualquier parte del
mundo en imágenes satélites de gran alcance, por su definición técnica y por
los detalles de la realidad que pueden captar.
En el presente, puede decirse que ningún lugar de la Tierra, por apartado,
inhóspito y recóndito que parezca, es inaccesible al conocimiento humano. Las
imágenes captadas por los sensores remotos, las determinaciones de posi-
ción y las medidas realizadas por los GPS permiten hoy responder a las pre-
guntas qué y dónde con gran precisión. El GPS ya dejó de ser un instrumento
exclusivo de la cartografía o de la geodesia, y se encuentra en cualquier auto-
móvil al solo efecto de marcar la ruta a seguir desde cualquier punto.
Queda responder por qué es así y por qué allí como tarea del geógrafo, que
no podrá prescindir de la utilización (como medios de aprehender el espacio
geográfico, su objeto de conocimiento) de la experiencia, del dominio de un
lenguaje preciso y de las representaciones simbólicas de la realidad: cartas,
mapas, planos, fotografías e imágenes.
Sin embargo, eso no es todo. En su campo, el geógrafo no ha de trabajar
solo en compañía de geodestas, cartógrafos y naturalistas, sino también con
quienes le proporcionen los medios necesarios para el acceso al conocimien-
to de las sociedades: se trata de captar la diversidad de grupos humanos que
tienen diferentes formas de inserción social, cultural y económica, ya que cada
uno imprime un sello peculiar a su accionar sobre el planeta, lo cual lleva a la
configuración de espacios geográficos diferenciados.

1.

KK Argentina en el mapa
“Argentina está en el ombligo del mundo, según un planisferio oficial”.
Este es el título de un artículo periodístico del 4-11-12 publicado por
Clarín. En él, se analiza la difusión en las escuelas de un planisferio ofi-
cial reciente. Realice las siguientes actividades:
a. Descargue el artículo en el siguiente enlace: <http://www.
clarin.com/sociedad/Argentina-ombligo-mundo-planisferio-
oficial_0_804519660.html>.
b. Léalo y extraiga de su contenido las ideas principales sobre el rol de
la cartografía y la particularidad de este planisferio.
c. ¿Qué significa el subtítulo Terra Argentea?
d. Según los contenidos trabajados en esta unidad, ¿qué papel ha tenido
la cartografía y la geografía en la construcción de la realidad social o
visión del mundo? Ejemplifique.
e. En este caso, según lo analizado, ¿por qué este planisferio genera
polémica en la sociedad argentina?

1.3. Geografía humana, disciplina científica


Hablar de geografía humana nos lleva a invocar a los pioneros románticos,
los alemanes Humboldt (1769-1859) y Ritter (1779-1859). Ellos son reco-
nocidos como los fundadores de esta disciplina gracias a sus formulaciones
sistemáticas de los conocimientos geográficos y a sus interrelaciones, dado
que hasta ese entonces dichos conocimientos estaban fragmentados. Ellos

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


29

son los primeros que se esfuerzan por establecer relaciones causales a esca-
la planetaria. No obstante, como recuerda Paul Claval (2001), fueron casos
excepcionales. Estos geógrafos eran estudiosos o curiosos que no respondían
a una formación común sino que provenían de trayectorias diversas.
El desarrollo de los estudios geográficos se acelera luego de la desapa-
rición (1859) de los mencionados pioneros alemanes. Por un lado, la cons-
titución de un espacio económico mundial unificado progresa rápidamente,
gracias a la navegación a vapor que reduce como nunca en la historia de la
humanidad la relación tiempo-distancia. La apertura del canal de Suez (1869)
aproxima Europa a los países de Asia meridional e, inclusive, acorta las dis-
tancias con Australia. La primera línea de ferrocarril transcontinental fue inau-
gurada en Estados Unidos en 1866. Así, el mundo se reduce y a la vez, se
expande.
Por otro lado, luego de 1870, el imperio alemán impone la geografía en la
enseñanza escolar; camino que luego tomarán Francia y el resto de los esta-
dos. En los tiempos de las escuelas nacionales –desde 1890 a 1950– tanto
en Europa como en América Latina se ve a la geografía revertir su forma clá-
sica, es decir, la ciencia de los paisajes y de las sociedades fue desplazada
por los estudios de geografía física, dejando de lado las transformaciones
urbanas e industriales del mundo.
Al finalizar el siglo XIX, se consolidarán las bases de la geografía huma-
na que tendrán una gran repercusión hasta la Segunda Guerra Mundial. La
antropogeografía de Ratzel (1844-1904) y el posibilismo de Vidal de la Blache
(1843-1918) son las corrientes y las personas (con sus historias particula-
res) que impactarán en la concepción científica de la geografía. El escenario
es complejo, como lo ilustra el caso de Eliseé Reclus (1830-1905), de militan-
cia anarquista, y contemporáneo a Vidal, que por sus exilios no se vinculó a la
geografía académica y expuso en su obra Nouvelle Géographie Universelle las
desigualdades sociales. Desde finales del siglo XIX, y dentro de un contexto
general de crítica al positivismo, asistimos a diversos proyectos de fundamen-
tar la especificidad de la geografía humana. Las lecturas posteriores de esa
evolución, muchas veces, son muy reducidas y responden a la reproducción
a modo de una historia sagrada que no permiten comprender la relación de
ideas e interrelaciones entre las diversas formas de abordaje.

1.3.1. De la ciencia de los lugares a la ciencia humana


Una mirada histórica sobre la evolución de la disciplina geográfica muestra
tres componentes-procesos significativos:

1. el salto cualitativo y cuantitativo que significaron las exploraciones y los


descubrimientos geográficos de la totalidad del planeta;
2. las representaciones, mediciones e inventarios aportados por la cartografía;
3. el paso siguiente: el pensamiento geográfico, entendido como la etapa en
que estos conocimientos lograron su formalización en el campo científico.

Geografía ¿ciencia humana? No será hasta el siglo XVIII cuando se darán


todas las condiciones para que la disciplina se desarrolle como tal, gracias
al interés y a la atenta mirada de los ilustrados de la Europa Occidental, que
está puesta en los datos geográficos del Nuevo Mundo; y también gracias al

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


30

interés del Estado Moderno, atento a la explotación de recursos y al monopolio


del comercio.
Hasta el siglo XIX, podemos caracterizar a los geógrafos como autodidactas
dado que no aprendieron la disciplina en la universidad, sus orígenes y forma-
ciones fueron de lo más diversas, pero sin duda la influencia de las ciencias
naturales estuvo presente. La impronta del evolucionismo de Darwin (1808-
1882) tuvo su impacto en la conformación del determinismo y del ambien-
talismo en la geografía. Esto nos plantea otra cuestión: ¿cuándo, entonces,
podemos hablar de escuelas geográficas? Esto no será posible hasta la con-
solidación de las cátedras de geografía en las universidades europeas, es
decir, a fines del siglo XIX.
Pero con ello, también se consolidan las primeras ideas renovadas de la dis-
ciplina, en Alemania, con F. Ratzel; les proponemos la lectura atenta de la cita
que sigue:

CC
¿F. Ratzel, inspirador de la geografía humana?
En realidad, Ratzel ha renovado la manera de comprender a la humanidad y a
la actividad humana como hechos geográficos. Ha visto a los hombres como
realidades que cubren parcelas de la superficie terrestre, revestimiento viviente
digno de la observación del geógrafo que se halla al mismo nivel que el revesti-
miento vegetal o la “población” animal. Ha observado permanentemente a los
grupos humanos y a las sociedades humanas desarrollándose en los límites de
un cierto cuadro natural, ocupando siempre un lugar preciso sobre el globo, y
teniendo siempre la necesidad de alimentarse para subsistir, para crecer en un
determinado espacio.
Todo ello adquiere bajo la pluma de Ratzel un sentido nuevo; […]. Posee, en
un alto grado, el sentido de la realidad terrestre. Percibe los hechos humanos
sobre la tierra, no como un filósofo, ni como un historiador, ni como un simple
etnógrafo, ni como un economista; sino que el discierne las múltiples, comple-
jas y variables conexiones con los hechos de orden físico, altitud, topografía,
clima, vegetación…Observa a los hombres que pueblan el globo, que trabajan la
superficie, que buscan su vida y que hacen historia sobre la tierra; él los observa
con los ojos de un verdadero naturalista. (Brunhes, 1925:41-42).

Le debemos al determinismo de Ratzel la unidad de la geografía, dado que


sus principios metodológicos de análisis necesitaban tanto de las ciencias
naturales como de las ciencias del hombre, de allí su éxito. Desde entonces,
la puja entre el determinismo, y lo que luego se dio en llamar posibilismo,
tendrá frecuentes batallas en el campo de las ideas y escuelas geográficas.
Representante de fuertes críticas al determinismo fue Vidal de La Blache, fun-
dador de la escuela geográfica francesa, en la que el posibilismo nace como
respuesta al ambientalismo, al que no solo critica sino del cual se nutre; de
allí surgirán los principios de la geografía clásica que atiende tanto al valor
de las interrelaciones del mundo físico-natural como a su carácter dinámico e
histórico. Para Vidal, era evidente el diálogo entre el ser humano y el medio,
esta relación había ido configurando la organización del territorio; para tratar
estos procesos, propuso una metodología centrada en el estudio del paisaje.
En ese contexto también propuso el concepto de genre de vie, o género de
vida para expresar el resultado integral de las influencias físicas, históricas y

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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sociales que la relación entre ser humano y medio establecía en un lugar con-
creto. De esta manera, integraba conceptos tales como lugar, alimentación y
organización social en un marco de rasgos naturales.
El trayecto de nuestra disciplina ha sido accidentado y sobre todo muy
cuestionado interna y externamente en el mundo científico. Ricardo Figueira,
en su introducción a La Geografía, ciencia humana (1977), ha rescatado los
conflictos por los que atravesó la disciplina desde sus primeros pasos. En sus
palabras, podremos identificar la compleja construcción histórica y el contexto
científico en que se desarrollan los supuestos básicos de la ciencia geográfi-
ca, los que por cierto irán mutando a través del tiempo al influjo de renovados
enfoques teóricos:

CC
En el panorama de las ciencias del hombre la geografía es quizá la única disci-
plina cuyo territorio suele aparecer difusamente fijado, cuando no efectivamen-
te discutido. La existencia de los geógrafos no parece ser, claro está, razón de
peso para confirmar la suya propia. Ellos mismos lo ponen en evidencia con la
casi infaltable afirmación de su entidad en toda discusión metodológica o teó-
rica. Braudel, un historiador de la escuela sociológica francesa, heredero del
pensamiento de Vidal de La Blache, señalaba al respecto: “La geografía (como
la historia) es una ciencia muy imperfecta, mucho más imperfecta que otras
ciencias de lo social. Tal vez tan imperfecta como la misma historia, esa otra
vieja aventura intelectual. Tampoco ella tiene métodos seguros ni, aún menos,
posee un dominio perfectamente reconocido”. ¿A qué se debe esta situación
de inferioridad de una ciencia que nació en el mismo ambiente y con la misma
vitalidad que la sociología o la antropología? (Figueira, 1977: 9).

Varios factores parecen converger. La ciencia geográfica diseñó su proyecto en


medio de la poderosa marea romántica y en el marco del positivismo: la última
gran síntesis filosófica operativa de una burguesía que quería racionalizar el
mundo a su imagen; dentro de ese mismo marco nacieron las otras ciencias
del hombre y hallaron su ubicación las de la naturaleza.
El carácter sintético y generalizador de la geografía, el mismo que definió su
especialidad, parece haber sido la causa de su flaqueza: ciencia que debe acu-
dir al aporte de todas las ciencias requiere, más que otras, una razón general y
totalizadora como la que brindó el romanticismo o el positivismo comtiano. La
crisis del universo que sustentaba al positivismo acarreó la propia y con ella
se alejó la unidad del saber científico sobre el hombre, que se fue dividiendo
en ciencias especiales que, a su vez, se pulverizaron en estudios más y más
especializados, desarrollaron lenguajes propios y racionalidades específicas.
El proyecto de la geografía parece haber sufrido entonces un cuádruple proce-
so de deterioro: en primer lugar, su labor científica se dificulta progresivamen-
te porque los campos de donde debe asimilar materiales se alejan por sendas
más apartadas; en segundo lugar, sus propios estudios se van especializando
y alejando de su proyecto original; en tercer lugar, porque la labor creciente-
mente especializada y expansiva de otras ciencias (la historia, la sociología, la
economía, la demografía, la ecología) descubre e incorpora parte de su ámbi-
to y lo reivindica con, aparentemente, el mismo derecho que el del geógrafo
dedicado a estudiar el mismo territorio. El cuarto motivo es compartido con

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otras ciencias del hombre, pero en la geografía, que se encuentra vinculada


también con las ciencias de la naturaleza, tiene mayor vigencia: es la atrac-
ción que ejerce el modelo epistemológico de las ciencias físicas, que da lugar
a desnaturalizaciones y desgarramientos del campo del saber.
Claro está que la especialización cientificista, la pérdida de vista de la
unidad y del sentido de la ciencia no es atribuible a la geografía, aunque en
ella pese con más fuerza. En la versión escolar, el objeto propio de su estu-
dio parece ser sistemático cajón de sastre de datos físicos y humanos pro-
venientes de los más diversos ámbitos y ordenados competitivamente según
principios más curiosos que racionales, y por otra parte el reemplazo de la
anquilosada ratio studiorum jesuítica por proyectos no siempre irracionales no
parece haber mejorado la situación. En la versión mercantil, el objeto que se
presenta como geografía suele ofrecer pintorescas descripciones del mundo,
mezcla más o menos equilibrada de folleto turístico, historia natural del siglo
XVIII, compendio de curiosidades, guía Baedeker y almanaque del entresiglo
(siglos XIX y XX).
Cuando hablamos de geografía, no nos referimos a esas versiones populares
pero espurias, sino a lo que Pierre George –investigador reconocido de la geo-
grafía francesa– caracteriza como una ciencia que requiere conocer los métodos
y resultados de numerosas ciencias asociadas; que se afirma como modo de
expresión de valores que se aplican de manera continua al conjunto del espacio
terrestre y a la que la variabilidad de sus orientaciones la hace aparecer como
una ciencia muy sensible a la coyuntura, que responde a una necesidad de cono-
cimientos globales, inherente a preocupaciones utilitarias y circunstanciales.
Según George, la geografía parte de la descripción para llegar a la expli-
cación a través de la observación analítica, la detección de correlaciones y la
búsqueda de relaciones de causalidad. Una de sus originalidades consiste en
estudiar relaciones espaciales que se establecen entre hechos heterogéneos
y diacrónicos: en un lugar dado, la realidad geográfica está constituida por la
convergencia ocasional de procesos evolutivos específicos, cada uno de los
cuales se diferencia de los otros por su dimensión y su ritmo tanto como por
su naturaleza. En consecuencia, la geografía es una ciencia que debe aplicar
métodos heterogéneos, tanto de las ciencias de la naturaleza como de las del
hombre, para acceder al conocimiento analítico de los hechos que son objeto
de su síntesis. Esto, señala George, amenaza con fraccionar a la geografía y,
ya que la especialización es inevitable, es preciso que se dé en el ámbito de
una unidad de pensamiento que debe basarse en la concepción de la geografía
como ciencia humana. Si bien le parece razonable aprovechar la sistematiza-
ción matemática y modelística, señala el carácter solamente indicativo de los
modelos, que no pueden ser más que una base sobre la que operar y no una
imagen representativa de la realidad. La sensibilidad a la coyuntura histórica
y la voluntad de acción concreta son, según George, los componentes de la
tercera característica de la geografía. En este sentido, la geografía tiene como
objeto el estudio de las relaciones de hechos y de movimientos cuyo conoci-
miento propio forma parte del dominio de otras ciencias. No puede hacerse
cargo de un objeto en particular si no es ubicando en medio de esas relacio-
nes la inquietud por la existencia de los hombres. Los centros de gravedad
de su investigación estarán, por lo tanto, determinados por la coyuntura vital
de la sociedad y la necesidad de actuar sobre ella.
En suma, en geografía ¿qué es conocer? Es identificar, describir el objeto,
interpretarlo, nombrarlo e incorporarlo a la teoría. Hasta el siglo XX fue lícito

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pensar en un espacio ecuménico, identificado con el espacio habitado (modi-


ficado) por el hombre y, por oposición, en un espacio no ecuménico como
espacio deshabitado. Al finalizar el siglo XX, esa distinción es superflua. La
humanidad habita la Tierra entera y por leve que sea la impronta que deja en
algunas partes y asombrosa que parezca su concentración en otras, su acti-
vidad se deja sentir sobre la naturaleza de todo el planeta y ha desarrollado
técnicas que le permiten habitar en condiciones extremas para un ser de su
condición biológica.
Es precisamente ese desarrollo técnico y la capacidad de sobrevivir tam-
bién en el espacio exterior lo que ha llevado a algunos a pretender incluir el
espacio exterior en el espacio geográfico. Esta inclusión significaría cambiar
el objeto de la geografía, que es el espacio de la Tierra modificado por las cul-
turas. Reconocemos sí, que la conquista del espacio exterior ha significado
la adopción de ciertos lugares de la superficie terrestre para la instalación de
las plataformas de lanzamiento de naves y vehículos espaciales, pero lo ha
hecho como una más de las instalaciones que el hombre desarrolla para hacer
posible su traslado en la Tierra (rutas, ferrocarriles, embarcaderos y puertos;
aeropuertos, etc.). Queda entendido pues que el objeto de estudio abarca el
ámbito terrestre organizado por las sociedades humanas, cuya extensión remi-
te al planeta entero, pero no más que él.
Dentro de la evolución reciente de la geografía humana, persistieron inten-
tos de quienes prefieren ubicarse en el campo seguro y “cierto” de las ciencias
naturales como, entre otros, la geomorfología, la climatología o la hidrología.
Otros asumen las dificultades de operar en el ámbito humano y las reivindi-
can como garantía de la unidad de la ciencia. Hay quienes prefieren ser más
“científicos” y apropiarse del lenguaje matemático, como los que eligen la geo-
grafía cuantitativa o geométrica.
No obstante, la diversificación de la geografía humana se cristalizó luego de
la Segunda Guerra Mundial y aún continúa; en este sentido, podríamos nom-
brar la geografía sanitaria, la geografía de la población, la geografía urbana o
rural, la geografía económica, entre sus principales fragmentaciones.

1.3.2. ¿Geografía o geografías?


¿Qué geografía humana se fue gestando desde fines del siglo XIX hasta la
actualidad? La producción es impresionante y dista mucho de ser lineal o
simple; se caracteriza justamente, por su riqueza y complejidad. Pero con el
solo propósito de situarnos en un contexto más amplio, intentaremos definir
algunas coordenadas que nos orienten hacia nuestro destino: la geografía
contemporánea. Ahora bien, lejos de asumir una visión simple e ingenua, se
presentarán a continuación un particular recorte y un esquema ordenador que
nos facilite ver las diversas corrientes de pensamiento geográfico, muchas de
las cuales coexisten en el presente.

LECTURA RECOMENDADA

RR
Lindon, A. y Hiernaux, D. (2006), Tratado de Geografía Humana, Anthropos,
Barcelona.

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34

Como hemos dicho, el conocimiento geográfico se inicia en las culturas primiti-


vas por la necesidad de conocer su ambiente para asegurar su supervivencia.
Las primeras descripciones e intentos de explicar racionalmente el funcio-
namiento de la Tierra (ecumene) están estrechamente vinculadas al mundo
mediterráneo. Desde el punto de vista de las representaciones, los periplos
(descripciones de las costas) fueron una fuente valiosa de conocimiento geo-
gráfico. Comerciantes y marinos, los fenicios y cartagineses precedieron a los
griegos en la exploración de nuevas tierras y el periplo de Hannon testimonia
la vuelta al África en el siglo VI antes de Cristo.
Desde entonces, en un ininterrumpido ir y venir se irán construyendo repre-
sentaciones de la Tierra cada vez más detalladas. Por último, el viaje de Colón,
a fines del siglo XV, permitirá que el mundo europeo tome contacto con otros
territorios, el “Nuevo Mundo”, y ponga a prueba las representaciones simbó-
licas de la Tierra. Con la navegación de ultramar, los descubrimientos se mul-
tiplicaron, se transmutaron diferentes visiones del ecumene, y la producción
cartográfica se desarrollará como nunca antes en su historia. Con la circunna-
vegación (1522) iniciada bajo el mando de Hernando de Magallanes y consu-
mada por Sebastián El Cano queda instalada definitivamente la nueva imagen
del mundo y, con ello, se abre una nueva etapa de la historia de la geografía.
En relación con esto, el descubrimiento de América plantea problemas que
van más allá de la geografía de los recursos y rutas comerciales: es la presen-
cia de la población originaria. Por eso, las descripciones comienzan con una
cosmogonía y sobre posibles teorías que expliquen el poblamiento del conti-
nente. Desde entonces, las limitaciones y las dificultades cartográficas fue-
ron siendo superadas, y la geografía tuvo un papel destacado en la revolución
científica del siglo XVII, que sentó las bases de la ciencia moderna.

CC
La geografía, como ciencia que se ocupaba de la descripción y de la represen-
tación cartográfica de la Tierra, formaba parte de las matemáticas. Era una
ciencia matemática mixta, como la astronomía, la óptica o la música, entre
otras, y en las universidades se enseñaba dentro de la cátedra de matemáti-
cas. La obra que mejor representa la relación de la geografía del siglo XVII con
los problemas de la revolución científica es la Geografía general de Varenio, pu-
blicada en Leyden en 1650. (Capel y Urteaga, 1984: 12).

En líneas generales, se recoge como una constante en las obras de todos ellos el
reconocimiento de un tránsito de la búsqueda del conocimiento de la naturaleza
terrestre, que dará origen a las hoy llamadas ciencias de la Tierra, y abrirá el paso
hacia el interés del conocimiento de las relaciones humanas con el planeta.
Entre los cronistas de América, el padre Cobo –en su minuciosa descrip-
ción del mundo andino y su prolija enumeración de intercambio de plantas y
animales domésticos entre España e Indias– brinda importantes elementos
para comprender las características del mundo indígena y los primeros con-
tactos con los españoles. La obra de los cronistas de América, deslumbrados
a la vez por una naturaleza de rasgos desconocidos en sus países de origen
y por el mosaico de hombres y culturas cuyas realizaciones pueden comparar-
se sin desmedro con las de Europa, constituyen un capítulo esencial para la
historia de la geografía, que aún queda por escribirse.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


35

CC
A principios del siglo XIX Humboldt y Ritcher determinan sus fundamentos [de
la geografía] y la convierten en una ciencia moderna. La enseñanza le concede
un importante lugar. En resumen, la geografía es una disciplina venerable, y a
todos nos es familiar desde nuestra infancia. Entonces, ¿por qué hablar de
nueva geografía? Desde hace principalmente cosa de una década esta vieja
disciplina ha experimentado una considerable mutación, muy poco conocida
fuera de un reducido número de iniciados (Claval, 1979: 13).

La geografía moderna del siglo XIX se caracterizó por la producción geográ-


fica de Alejandro de Humboldt y Karl Ritter en el contexto de la Revolución
Industrial, el imperialismo europeo y la exploración del territorio. Ambos com-
partían la filosofía idealista y el romanticismo alemán y las ideas de Kant,
Herder, Hegel, Schiller o Goethe se identificarán en sus obras.
El positivismo y las ciencias naturales dominarán la escena científica de
este período; por consiguiente, la idea del evolucionismo influyó ampliamente
en los geógrafos en el momento en que se produce la institucionalización de
la geografía como disciplina (1860-1890).
Estas ideas, y en especial la idea de evolución propuesta por Darwin (1809-
1882) y Lamarck (1744-1829), se difundirán ampliamente en la disciplina. Un
claro exponente de este período es la obra de Friedrich Ratzel, quien recibi-
rá tempranamente el impacto de las ideas de la selección natural de Darwin.
Todo se conjuga: las ideas positivistas, el triunfo de la biología y la máxi-
ma meta de la ciencia, que es establecer con rigurosidad las causas de los
hechos y el descubrimiento de leyes. Todos estos elementos estarán en la
corriente del determinismo geográfico, preocupado por la influencia del medio
físico y la búsqueda de leyes que expliquen las relaciones entre los factores
físicos y los humanos. En esta línea de ideas, podemos incorporar la síntesis
de Brisa Varela (1999) destacando los siguientes aspectos centrales:

CC
1. Oponiéndose a la escuela determinista naturalista, Vidal planteará un mun-
do que evoluciona desde los organismos inferiores a los superiores con gra-
dos de libertad progresivos que en el caso de las sociedades humanas les
posibilita importantes niveles de dominio sobre el medio natural, de modo
que el medio condiciona a las sociedades pero no las determina.
2. La acción humana es social, por lo tanto colectiva, y no individual. Las deci-
siones sociales son, por otra parte, no un fruto del espontaneísmo o del azar,
sino conscientemente decididas y concertadamente ejecutadas.
3. En el espacio geográfico coexisten cambios y permanencias. Vidal le dio un
importante peso, en la explicación del espacio social, al segundo aspecto.
4. En relación con los procesos de cambio, el papel del geógrafo es entonces
descubrir las acciones sociales antes que la perpetuidad de las permanen-
cias geológicas o los comportamientos de los fenómenos naturales. De este
modo, el posibilismo de Vidal hace que la geografía se articule fuertemente
con las ciencias sociales y especialmente con la Historia en la comprensión
de los procesos sociales de construcción del espacio.
5. En el marco conceptual y en el trabajo sobre estudios de casos intentará
articular los elementos de la geografía “física” con la “humana” de modo de
no escindir la disciplina sino de demostrar la necesidad de integrar ambos
componentes.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


36

6. La unidad de los aspectos del mundo de la naturaleza y el mundo social se uni-


fican en torno al concepto de región donde se combinan ambos fenómenos.
7. En el estudio de lo regional se incluyen no sólo los métodos empiristas, expe-
rimentales e inductivos del positivismo sino claves interpretativas proceden-
tes del vitalismo. Se sostiene que es necesario hacer jugar lo sensible para
aprehender con profundidad la región y su significación social.
8. El paisaje como reflejo de las relaciones sociales sobre el medio natural se
convertirá desde ese momento, en objeto central de la investigación geográ-
fica de la escuela francesa. (Varela, 1999:54).

En Argentina, la influencia vidaleana se nota en la obra de Romualdo Ardissone,


que le da nombre hoy al Instituto de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras de
la Universidad de Buenos Aires. Recordemos que a partir de la década de 1930,
por iniciativa del profesor Félix Outes, el Instituto de Investigaciones Geográficas
queda vinculado al Museo Etnográfico. Finalmente, en el año 1947 se creó,
de manera definitiva, el actual Instituto de Geografía, integrado por la sección
de Geografía Humana, a cargo del Profesor Romualdo Ardissone, y la
sección de Geografía Física, a cargo del doctor Federico Daus.
Los intensos cambios y acontecimientos históricos, económicos y políticos
del siglo XX fueron el escenario material e intelectual de corrientes del pensa-
miento científico con abordajes cada vez más complejos para el análisis de la
realidad. También el conocimiento geográfico se enriqueció en esta vertigino-
sa producción de ideas y debates científicos. Como plantea Brisa Varela, hay
dos aspectos que merecen destacarse especialmente: la inserción indiscuti-
da de la disciplina en el campo de las ciencias sociales y la proliferación de
escuelas geográficas que se plantearon nuevos problemas o abordaron los ya
existentes desde distintas perspectivas.
En la actualidad, coexisten diversas escuelas y modelos explicativos en
geografía. Entre ellos, podemos nombrar: la geografía cuantitativa, la geogra-
fía de la percepción y la geografía crítica. Nuevos centros de interés apare-
cen, en las últimas décadas, en la producción geográfica como la problemática
ambiental o la del género entre otros. La geografía anglosajona tuvo un papel
importante, por la repercusión de la geopolítica de Mackinder (1861-1947).
En el caso estadounidense, aparecen como fundadores de la Association of
American Geographers en el año 1904 W. Morris Davis (1850-1934) recono-
cido por sus contribuciones al desarrollo de la geomorfología. Sus discípulos
renombrados en la literatura geográfica fueron Ellsworth Huntington (1876-
1947) por sus estudios sobre el clima y Ellen Churchill Semple (1863-1932),
reconocida por sus enfoques deterministas de la geografía americana. Esta
geografía tendrá que esperar a mediados del siglo XX para el desarrollo cul-
turalista de la escuela de Berkeley de la cual la máxima figura fue Carl Sauer
(1889-1975) que rechazó los enfoques deterministas tan desarrollados en
Estados Unidos. Cultura, aculturación y paisaje cultural eran los conceptos
fundamentales para su obra. La cultura se definía de manera amplia e incluía
tanto objetos materiales como inmateriales y creaba paisajes culturales. Pero
este auge académico tuvo que combatir con el avance de la nueva geografía
y el neopositivismo, batalla que perdió.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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LEER CON ATENCIÓN

En el campo teórico de la geografía estadounidense, a mediados del

LL siglo XX, se dio una batalla campal entre Richard Hartshorne (1899-
1992) y Friedrich Schaefer (1904-1953), debate que tuvo resonan-
cia internacional. El primero pensaba que el conocimiento geográfico
tenía un carácter singular y por lo tanto ideográfico, y que el objeto
de la disciplina debía centrarse en la descripción de las variaciones
espaciales y no en la generalización de leyes universales. En cambio,
Schaefer critica el excepcionalismo y no lo considera una postura
científica, él abre el debate hacia el positivismo lógico. En esa línea,
William Bunge (1928) publica su clásica obra Theoretical Geography
(1962), en la que expone dos principios claves que el método geográ-
fico debe considerar para lograr su lugar en la ciencia contemporánea:
a) la predictibilidad de los fenómenos geográficos y b) las generaliza-
ciones o leyes geográficas. Esta línea teórica dará el sustento epistemo-
lógico para el desarrollo de la geografía cuantitativa y neopositivista;
entre sus seguidores, tendremos a David Harvey, Richard Chorley y
Peter Haggett, entre otros.

La revolución cuantitativa y la filosofía neopositivista dieron origen a lo que se


dio en llamar la geografía cuantitativa.
Desde la década de 1940 y sobre todo después de la Segunda Guerra
Mundial se formarán geógrafos que introducirán los modelos matemáticos
para el análisis del mundo, y con ello buscarán el descubrimiento de leyes y
teorías que permitan explicar y predecir los procesos de transformación terri-
torial. Las obras de Haggett (1965), Harvey (1969) y otros marcaron, al final
de la década de 1960 y al comienzo de la década siguiente, el auge del lla-
mado paradigma neopositivista de la “Nueva Geografía”.
Paralelamente, o como reacción, hacia la década de 1960, cuando esta-
ba en su formación inicial el movimiento de cuestionamiento a la geografía
cuantitativa (o también llamada teorética), una de las corrientes contestata-
rias recibió el nombre de behaviorista; en realidad, tuvo desarrollo la geogra-
fía de la percepción y del comportamiento en el contexto neopositivista. Esta
escuela, en el mundo anglosajón, tomó el nombre de behavioural revolution,
en función del énfasis centrado en la investigación, no ya del hombre esen-
cialmente dirigido por lo económico y por la racionalidad de sus decisiones,
sino con un comportamiento más empírico y con visiones del mundo propias
de seres humanos muy concretos, con sus prejuicios, limitaciones, valores,
etc. Rápidamente, este movimiento creció, ampliándose y diversificándose, en
forma sensible sus temas y objetivos. Fue así como la denominación “beha-
viorista” fue superada por lo que se dio en llamar la geografía de la percepción
o del comportamiento, preocupada tanto por el espacio urbano, como por el
rural. La principal propuesta sobre la que se construye este movimiento es la
de valorizar el peso de la subjetividad social en la interacción y construcción
del espacio geográfico. Esta subjetividad está directamente relacionada con
las experiencias de la vida y con la memoria histórica que ese grupo posea.
Cabe recordar que este enfoque estuvo fuertemente influenciado por otras dis-
ciplinas como la psicología, la sociología y la antropología. Entre los principa-

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


38

les teóricos, puede citarse a Kevin Lynch, quien escribe un texto clásico, La
imagen de la ciudad. Una de las propuestas más innovadoras de este enfoque
son los mapas mentales, línea desarrollada por Peter Gould:

CC
A través de este desarrollo la geografía enlaza dos tendencias fenomenológi-
cas y existencialistas, que también influyen más o menos contemporáneamen-
te en otras ciencias sociales. Es el campo de la experiencia personal realmen-
te vivida lo que aparece ahora, y al avanzar por él se avanza también en la
crítica de las abstracciones de los modelos cuantitativos. Aparece así, otra
nueva geografía, una geografía crítica frente a las concepciones cuantitativas y
frente a la realidad social, y radical en el sentido de que pretende un cambio
que llegue a la raíz de los problemas. [...] Problemas nuevos aparecen con ello
como temas de estudio geográfico: la pobreza, la injusticia, el hambre, la enfer-
medad, la contaminación, la marginación social. [...] Se considera una tarea
necesaria la crítica del orden espacial existente y la reflexión sobre las nuevas
ordenaciones que ayuden a una mayor felicidad de los hombres. Para muchos,
el marxismo aparece como un marco teórico válido […] un marxismo con un
fuerte sesgo historicista, y en ello estos geógrafos coinciden con la otra gran
rama del movimiento radical, la llamada geografía humanista, que se basa
más directamente en el existencialismo y en la fenomenología. (Capel y Urteaga,
1984:46).

Hacia 1966 Yi-Fu Tuan propone un nuevo horizonte para la geografía estado-
unidense, y en general, en el campo disciplinar, la geografía humanista. Esta
propuesta aparece como un rechazo a la indagación de la geografía teorética
que se centra en la búsqueda de leyes científicas y que no prestan atención
a los cambios del ser humano.
La exploración del mundo de la experiencia humana se abre como un nuevo
campo de conocimiento geográfico y con ello la fenomenología.

2.

KK Los aportes de Yi-Fu Tuan


a. Busque en Internet la biografía de Yi-Fu Tuan, en al menos tres
fuentes distintas y complementarias. Cite dichas fuentes. Luego,
establezca cuáles fueron sus principales aportes para la disciplina.
b. Acompañe su producción con una imagen del autor en cuestión, con
la respectiva indicación de la fuente de donde la obtuvo.

En ese contexto, la respuesta a las escuelas neopositivistas se hicieron sentir


desde la revisión crítica de la disciplina y sus supuestos cientificistas. Tres
obras publicadas casi simultáneamente, a comienzos de la década de 1970,
son acaso las más representativas del movimiento que se conoció como la
geografía radical o crítica. El filósofo y sociólogo Lefebvre (1974), el sociólogo
Castells (1972) y el geógrafo Harvey (1973) fueron los autores que llevaron
a la “espacialización” del marxismo, y a la “marxización” de la geografía.
Algunos textos permiten realizar un recorrido por estos paradigmas y sus dis-
cusiones implícitas. El salto de la tradicional geografía humana a la geografía

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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radical fue un escenario recorrido por los principales centros de investigación


geográfica, camino para nada sencillo.

Horacio Capel. Un geógrafo que no conoce de fronteras…


Horacio Capel es catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Barcelona. Ha
sido profesor o investigador invitado en diversas universidades europeas y americanas y
es Doctor Honoris Causa por varias universidades nacionales de Argentina (de San Juan,
1999; Cuyo, 2002 y Buenos Aires, 2010). Ha dirigido unas cincuenta tesis doctorales y
un elevado número de tesis de licenciatura y memorias de investigación del Diploma de
Estudios Avanzados (DEA). Sus publicaciones se iniciaron en 1964, y desde entonces,
cuenta con una profusa producción científica en el campo geográfico que pueden leerse,
publicados originalmente o traducidos, en castellano, portugués, inglés, catalán, italiano,
francés y alemán.
Su incansable inquietud, curiosidad y compromiso académico lo han llevado a incur-
sionar en diversos espacios de investigación en la Geografía Humana; a modo de síntesis
podemos decir: hasta mediados de los años 1970 realizó investigaciones sobre cuestiones
relacionadas con la geografía urbana y la percepción del espacio, y en ese sentido destacan
los libros Estudios sobre el sistema urbano (1974 y 1982), Capitalismo y morfología urbana
en España (1975 y 1991). A partir de mediados de los años setenta, centró su atención en
la teoría e historia de la geografía y de la ciencia, destacando en este sentido libros como
Filosofía y ciencia en la geografía contemporánea (1981 y 1983; edición italiana 1981; edi-
ción brasileña, vol. I, 2004), La Física Sagrada. Creencias religiosas y teorías científicas en
los orígenes de la geomorfología española (1985), De Palas a Minerva. La formación científica
y la estructura institucional de los ingenieros militares en el siglo XVIII (en colaboración,
1988), y O nacimento da ciência moderna e a América (1999). Investigador infatigable,
recorre otros campos a finales de los años ochenta en cuestiones relacionadas con la inno-
vación técnica y el medio local, entre otras. A partir de 2000, ha vuelto a trabajar en temas
relacionados con la ciudad y con la innovación técnica. Entre sus libros más difundidos
se encuentran obras dedicadas a cuestiones urbanas como Dibujar el mundo. Borges y la
geografía del siglo XXI (2001), La morfología de las ciudades. Sociedad, cultura y espacio
urbano (dos volúmenes, 2002 y 2005) y La cosmópolis y la ciudad (2003).
La contribución más extendida y revolucionaria, en el sentido estrictamente inte-
lectual, fue sin duda la dirección de Geocrítica. Cuadernos críticos de Geografía Humana
(1976-1994). La visión y el enfoque de los estudios geográficos en el mundo iberoameri-
cano darán un giro socrático, y ofrecerán un espacio de diálogo a ideas de diversos ámbitos
de conocimiento geográfico, en un contexto que se conoció como la escuela radical en
Geografía. Pero el proyecto fue más allá del orbe conocido hasta esos momentos por el
mundo académico, y exploró nuevos continentes espaciales: el incógnito Internet. Se
genera entonces el más importante sitio de consulta geográfica del habla hispana hasta la
actualidad: <http://www.ub.es/geocrit/menu.htm>.
Sin acabar esta empresa de innovación científica, desde 1999, llama a los geógrafos de
toda Iberoamérica a discutir temas de relevancia en la producción geográfica a través de
los encuentros internacionales que se organizan anualmente con el nombre de Coloquios
Internacionales de Geocrítica, haciendo de este encuentro un hito para el encuentro y
discusiones de geógrafos.
La página web de Geocrítica, <http://www.ub.edu/geocrit> es una visita obligada.
El sitio condensa una diversidad de publicaciones, notas, artículos y bibliografía. Rescata
los inicios de la versión impresa de Geocrítica. Además, ofrece otras revistas para entornos
virtuales siguiendo la rigurosa tradición y propósito de discutir ciencia. Para ver su curricu-
lum vitae, consultar: <http://www.ub.edu/geocrit/capel.htm>.
Solo cabe una última reflexión: ¿con qué nos sorprenderá en el futuro?

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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Toda una serie de líneas de investigación tendrán lugar en los últimos 25


años. En este camino reciente, existe una fuerte resignificación o giro episté-
mico de la geografía cultural, por nombrar una escuela que en la actualidad
ha adquirido un lugar destacable en las discusiones geográficas francesas o
anglosajonas. Sobre este campo disciplinar, existe una profusa investigación,
revistas científicas, centro de estudios especializados. En el ámbito latino-
americano, cabe destacar el papel pionero del NEPEC, Núcleo de Estudos e
Pesquisa sobre Espaço e Cultura de la Universidad de Río de Janeiro, organi-
zado y dirigido por Zeny Rosendahl y Roberto Lobato Corrêa.

LECTURA RECOMENDADA

RR
Lobato Corrêa, R. y Rosendahl, Z. (2012), Geografia Cultural. Uma antologia. Vol.
I, Editoria da Universidade do Estado do Rio de Janeiro, Rio de Janeiro.
Zusman, P. et ál. (eds). (2011), Geografías Culturales. Aproximaciones, intersecciones y
desafíos, Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Buenos Aires,
Buenos Aires.

Y desde el neopositivismo, los especialistas geógrafos en los Sistemas de


Información Geográfica (SIG), reclaman que su enfoque sea considerado como
el nuevo paradigma para el análisis geográfico. Por otro lado, los temas de
género adquirieron, en los años noventa, un papel protagónico en el campo de
las ciencias sociales dando lugar a la llamada geografía del género. También,
desde la década de los ochenta, la preocupación por el deterioro del ambien-
te tuvo un fuerte impacto en la geografía, y se reavivaron las discusiones del
ambientalismo o la ecología humana de comienzos del siglo XIX. Y con ello,
los planteos teóricos sobre el objeto de estudio de la “verdadera” geografía,
tema predilecto de los geógrafos desde el siglo XX.
Una buena idea de esta multiplicidad del quehacer científico y sus debates
epistemológicos de redefinición del objeto de estudio, la pone en evidencia la
siguiente frase de Levy (1975):

CC
Se debe atacar frontalmente la vieja geografía. No se trata de crear un clima
de violencia, aún verbal, contra los que sostienen la geografía actual. Pero es
importante definirse, ya que no se puede estar a la vez del lado de la ciencia y
de la no-ciencia […].
La geografía tiene ya una larga historia. Todo lo que podía haberse hecho en el
cuadro pre-científico ya está hecho. La crisis que la geografía conoce en estos
tiempos significa que las condiciones de la ruptura están reunidas. Otra geo-
grafía, por lo tanto es posible; una ciencia del espacio social; de las ciencias
espaciales de la naturaleza; de las disciplinas teóricas, sistemáticas y progre-
sistas. La ciencia del tiempo social tiene más de cien años; la del espacio social
está por inventarse. Lograrlo constituirá una tarea difícil, que exige esfuerzos
sostenidos, largos análisis filosóficos y polémicas que probablemente quisiéra-
mos obviar. Sin embargo, el camino hacia la ciencia merece pagar este precio.
(Levy, 1975).

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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La principal reflexión que surge de este mosaico de enfoques, movimientos


y corrientes de pensamiento en geografía es que están orientados epistemo-
lógicamente por lo que Kuhn define como el contexto de investigación y el
reemplazo de un paradigma por otro.
La discusión no es tan sencilla en el plano de los modelos científicos, sino
que son igualmente dinámicos, como lo son los contextos sociales e histó-
ricos. La evolución reciente del pensamiento geográfico, por su diversidad y
complejidad, plantea dudas en cuanto a la validez absoluta de la propuesta de
Kuhn. Diversos geógrafos (y otros intelectuales) están más inclinados a acep-
tar la propuesta elaborada por Lakatos (1977), que admite la coexistencia y
la competencia entre paradigmas explicativos diferentes.
Como hemos visto en el desarrollo de los apartados anteriores, el princi-
pal desafío de nuestra disciplina ha sido y es entender la complejidad de la
organización del espacio geográfico y su materialización en el territorio. Es
preciso aceptar que no existen recetas establecidas para todo el universo
social-espacial, sino más bien metodologías y resignificaciones conceptuales
que se puedan adaptar a nuestro objetivo central, la comprensión de la reali-
dad social y su expresión en el espacio geográfico. Para las preguntas ¿qué
cambios? y ¿cómo se desarrollan estructuras territoriales y sus mutaciones?
pueden formularse algunas respuestas provisorias a partir del análisis del
espacio geográfico.

CC
Quisiéramos ofrecer al mundo el espectáculo de una unidad espiritual de la
que tan necesitado se halla. Ésta fue la aspiración de los tres maestros cuyo
nombre he inscrito a la cabeza de la presenta obra, como lo hice cuarenta
años atrás a la cabeza de mi tesis. Nuestro mundo material es prodigiosamen-
te distinto del que ellos describieron. Su mente era lo bastante abierta como
para permitirles aceptar las transformaciones experimentadas. Estaban en el
sentido auténtico y profundo del término humanistas. Después de Alejandro de
Humboldt, después de Karl Ritter, después de Eliseo Reclus, enseñaron a sus
discípulos que la Geografía humana era una disciplina humanista. Léanse los
Principes de Géografie humaine, de Vidal de la Blache; medítense las quince
páginas de introducción. […] Aportarle las nuevas evoluciones impuestas por
la diferencia de los tiempos es mantenerse fiel a ella. ¡Ojalá se me haya escu-
chado! (Sorre, 1967: XV).

3.

KK Explorando percepciones sobre el saber geográfico


a. Realice dos entrevistas (a personas de diferentes características socia-
les y edades) que contengan las siguientes preguntas. Organice cada
una de las respuestas en diferentes columnas. Finalmente, deje una
última columna, para clasificar las respuestas según el tipo de pen-
samiento geográfico que se asocia más a la visión del entrevistado.
1. Defina qué estudia la geografía.
2. ¿Hay algo del saber geográfico que le haya gustado o le guste?
En caso de que no, ¿a qué piensa que se debe esta falta de gusto?
(malas experiencias escolares, percepción de la disciplina como
“aburrida”, interés por otro tipo de materias/áreas de conoci-
miento, etcétera).

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


42

3. En caso de que sí haya algo que le guste o haya gustado, comente


en qué este conocimiento le fue útil y provechoso para la com-
prensión de la actual realidad social.
b. Fundamente brevemente la clasificación que haya hecho de las res-
puestas en la última columna.

La renovación temática y conceptual de la disciplina, como hemos visto, es


compleja y cristaliza en un mosaico intelectual rico y diverso hacia finales del
siglo XX e inicios del siglo XXI. Hoy nos encontramos con una pluralidad de
enfoques: primero, con lo que se dio a conocer como la geografía posmoderna
y luego, con la evolución de otros intereses como la geografía de género, o la
nueva geografía regional, o el resurgimiento de la Geografía Humana; las ideas
evolucionan.

1.4. Espacio geográfico y sociedades


Aproximarnos a entender estas distintas miradas de lo que es geografía posi-
bilita evitar las habituales confusiones sobre lo entendido como “espacio”. En
este sentido, las distintas concepciones del espacio deben ser comprendidas
tanto en sus posibilidades como en sus límites, pero también se debe tener
especial cuidado en entender en qué contexto histórico específico surgieron
las diferentes perspectivas, dado que los problemas y preocupaciones socia-
les se modificaron y es lícito preguntarse sobre la pertinencia, en la actualidad,
de algunas de las miradas de la geografía de otras épocas.
En palabras de R. Brunet (1990), podremos afirmar que cuando cambia el
mundo se necesitan nuevos puntos de referencia. Día tras día aparecen en
la escena de los medios de comunicación lugares más lejanos cuya aparición
nos interroga. Hoy más que nunca, la dimensión de los problemas geográficos-
sociales se volvió mundial y el investigador toma conciencia de que el mundo
es un sistema. Lo que ocurre aquí o allá revela interacciones complejas y
extendidas, se busca evaluar las estrategias de los actores, las capacidades
de adaptación o rebeldía de las poblaciones. En nuestro país, ¿se puede expli-
car la crisis exclusivamente a escala local?
El conocimiento de los “designios”, de las disparidades y de los conflic-
tos se acrecienta en tanto que su aprehensión y su interpretación se presta
a controversias. En este campo, es lícita la aparición de escuelas o pensa-
mientos que intenten proponer diferentes marcos explicativos. Los hechos o
acontecimientos geográficos actuales o pasados no son producto de procesos
“naturales” o “espontáneos”. El pensamiento geográfico, según su contexto
histórico, tendrá que realizar el esfuerzo de hacer inteligible la realidad socio-
espacial contemporánea.

1.4.1. Epistemología, geógrafos y espacio geográfico


En torno al concepto de espacio geográfico se han formulado tantas ideas
como profundas críticas a las diversas propuestas teórico-conceptuales. Para
reflexionar y representar esta frondosa y entusiasta producción teórica, se
transcriben algunas ideas de geógrafos contemporáneos. Esta discusión es
central para la disciplina, ya que más allá del origen de las ideas, todos los

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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geógrafos convergen en la necesidad de construir un campo teórico-conceptual


en que se desarrollen aportes para su caracterización y definición. Entre los
textos seleccionados están: una transcripción de la introducción de El espacio
geográfico de Oliver Dollfus; un fragmento de la entrevista que Geografikós
le realizó a David Harvey en su paso por Buenos Aires con motivo del VI
Encuentro de Geógrafos de América Latina y algunas palabras que Milton
Santos pronunció en la conferencia de cierre de dicho encuentro. Espacio
geográfico, miradas y palabras se reúnen en las siguientes citas:

CC
En su sentido más amplio, el ámbito del espacio geográfico es la epidermis de
la Tierra, es decir, la superficie terrestre y la biosfera. En una acepción más
restrictiva, es el espacio habitable, allí donde las condiciones naturales permi-
ten la organización de la vida en sociedad. Hasta fecha reciente la oikuméne
coincidía más o menos con las tierras utilizables para la agricultura y la gana-
dería. Pero esta noción debe ser revisada. El espacio geográfico es el espacio
accesible al hombre, usado por la humanidad para su existencia. […] incluye
los mares y los aires. Es localizable, concreto, diríamos “trivial”. Aunque cada
punto del espacio puede ser localizado, lo que importa es su situación en rela-
ción con un conjunto en el cual se inscribe y las relaciones que mantiene con
los diversos medios de los que forma parte. Ese espacio geográfico se forma y
evoluciona partiendo de unos conjuntos de relaciones, que se establecen en el
marco concreto de la superficie de la Tierra. El espacio geográfico se presenta
como el soporte de unos sistemas de relaciones, determinándose unas a par-
tir de los elementos del medio físico, y las otras procedentes de las socieda-
des humanas que ordenan el espacio en función de la densidad de poblamien-
to, de la organización social y económica, del nivel de las técnicas, en una
palabra, de todo el tupido tejido histórico que constituye una civilización.
(Dollfus, 1982: 7).

CC
La discusión sobre el espacio es muy rica e interesante. Surgen muchas cues-
tiones cruciales alrededor de esta discusión. La primera es que dentro de la
geografía tenemos que tener cuidado de no repetir siempre lo mismo pero con
un nombre distinto. En el mundo anglosajón la palabra región no es muy usa-
da, la “Geografía regional” no es muy común; pero el concepto de lugar se ha
vuelto muy popular y surge una cuestión interesante que es cuando los geógra-
fos hablan del lugar y la teoría del lugar, se refieren a conceptos básicamente
diferentes a lo que se entiende por región, no le están dando un nuevo nombre
a una misma cuestión. Y en tal caso, ¿de qué serviría usar un nombre distinto
si estamos hablando de lo mismo?
La segunda cuestión que reviste gran interés es que en la teoría, el espacio y
la cartografía se usan como metáforas por medio de las cuales se describe la
realidad. Cuando Edward Soja habla del “giro o cambio espacial” se refiere a
la manera en que la teoría social trata de explicar las metáforas y entender la
realidad. Existen muchos libros actualmente que se refieren a “cartografías”.
Nuestro desafío como geógrafos es el siguiente: podemos usarlas como metáfo-
ras, pero lo que nos interesa es la realidad material que define el significado de
esas metáforas. Han surgido interesantes debates acerca de la relación entre el
espacio como una metáfora idealista y el espacio como resultado de una cons-
trucción y producción material. Aquí aparece un diálogo muy interesante que no

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hace estática a la discusión sobre la espacialidad, sino muy dinámica, relacio-


nada al espacio como una representación y al espacio como el producto de una
actividad material. (Harvey, 1997: 88).

CC
Nuestra disciplina, en lo que va del siglo, se ha enfrascado en una interminable y ca-
si vacía discusión alrededor de la palabra “geografía”. Me parece que no hay nada
que reiterar de la continuación de ese debate. El debate central, el debate que per-
mite un debate ontológico, no es alrededor de un nombre de disciplina, sino alrede-
dor de un problema que sea ontológicamente trabajado. A mi juicio, ese tema es el
tema del espacio. Eso significa que hay que enfrentar, al mismo tiempo, lo que exis-
te frente a nuestros ojos como realidad actual y el tiempo. El tiempo debe ser data-
do de forma empírica, si queremos que sea compatible con esa otra categoría empí-
rica que es el espacio y que podría ser definido brutalmente como el conjunto de
cosas, de ideas y de relaciones fundadas en cosas e ideas. Pero no únicamente co-
sas e ideas de relaciones existentes, sino cosas e ideas de relaciones posibles. En
una época dada, ¿por qué no se puede trabajar, enfrentar una situación contra aque-
llo que llamábamos en el pasado “la realidad” con enorme pretensión? Si no dispo-
nemos de conceptos, fabriquémoslos. Que esa fabricación esté de acuerdo con la
sistematización de lo real del mundo. Así incorporamos la historia a nuestro racioci-
nio, y nos ponemos como geógrafos en el mundo, frente al mundo.
Tiempo-espacio que es, hasta hoy, el problema más grande de nuestra discipli-
na. [...] No se ha podido encontrar la solución, primero porque no incluimos la
cuestión de la técnica: la técnica y el tiempo; La técnica y el espacio. Las dos
cosas. La manera como definimos el acontecer en cada período histórico está
relacionada generalmente con lo que en cada período histórico es la técnica.
La construcción del espacio y la relación del hombre con la extensión es igual-
mente marcada en cada período histórico por la técnica correspondiente a ese
período histórico. De ahí que la casi totalidad, por no decir la totalidad, de los
estudios geográficos sobre el tiempo no tuvieran éxito, porque la ausencia de la
noción de técnica supone la imposibilidad de unir el tiempo y espacio, aunque
algunos geógrafos imaginen que han resuelto la cuestión. (Santos, 1997: 81).

4.

KK Espacio geográfico y miradas


A partir de las definiciones de espacio que se seleccionaron de Harvey,
Dollfus y Santos, establezca qué elementos explicativos tienen en común.

Como hemos visto en el desarrollo de los apartados anteriores, el principal desa-


fío de nuestra disciplina ha sido y es entender la complejidad de la organización
del espacio geográfico y su materialización en el territorio. Es preciso aceptar
que no existen recetas establecidas para todo el universo social-espacial, sino
más bien metodologías y resignificaciones conceptuales que se puedan adaptar
a nuestro objetivo central: la comprensión de la realidad social y su expresión
en el espacio geográfico. Para las preguntas ¿qué cambios?, y ¿cómo se desa-
rrollan estructuras territoriales y sus mutaciones?, pueden formularse algunas
respuestas provisorias a partir del análisis del espacio geográfico.
En este contexto de reflexión teórica y de múltiples perspectivas sugerimos
una propuesta que puede tener puntos de convergencia o divergencia, pero

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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que sin duda aporta a la construcción de nuestro concepto central: el espa-


cio geográfico. Parafraseando a Milton Santos, podemos decir que el espa-
cio geográfico debe considerarse como un conjunto de relaciones realizadas
a través de las funciones y de las formas que se presentan como testimonio
de una historia escrita por los procesos del pasado y del presente. Es decir,
se define como un conjunto de formas representativas de las relaciones que
ocurren ante nuestros ojos y que se manifiestan por medio de los procesos y
funciones. El espacio es, entonces, un verdadero campo de fuerzas cuya ace-
leración es desigual. Esta es la razón de que la evolución espacial no se rea-
lice de forma idéntica en todos los lugares. En otros términos, el mismo autor
expresa: “El espacio debe considerarse como un conjunto indisociable en el
que participan, por un lado, cierta combinación de objetos geográficos, obje-
tos naturales y objetos sociales y, por el otro, la vida que los colma; es decir,
la sociedad en movimiento”. (Santos, 1991: 26).
En suma, el espacio geográfico es la configuración de la superficie terres-
tre que resulta de la existencia del hombre en el planeta. Esto conlleva la idea
del carácter histórico de esas configuraciones que responden a procesos de
cambio asociados al devenir de las sociedades humanas. Como toda ciencia,
la geografía busca una descripción y una explicación causal de los procesos
espaciales y la identificación de la tendencia en esos procesos, sin olvidar
que la evaluación de esa tendencia es contingente porque es impredecible la
evolución de la sociedad humana en su conjunto.

5.

KK La geografía del poder


En una entrevista realizada a Doreen Massey, géografa y feminista, se
plantea la asociación entre el espacio geográfico y el poder. Descargue
el artículo: “Los espacios están llenos de poder, son un producto de las
relaciones sociales”, Página 12, 29-10-2012. Disponible en: <http://
www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-206595-2012-10-29.html>.
Luego, responda:
a. ¿Cuál es el objeto de la entrevista?
b. ¿Qué significa el término “geometría del poder” y por qué lo plantea
la geógrafa?
c. ¿Con qué línea de pensamiento geográfico asociaría la argumenta-
ción de Massey, según lo trabajado en la unidad? Desarrolle.

1.4.2. ¿Cuáles son las propiedades del espacio geográfico?


El espacio geográfico es localizable o localizado y tiene una extensión. Se
caracteriza por la distribución y el tipo de correlaciones causales existentes
entre los distintos elementos que la constituyen. Esas causalidades no
siempre se explican por los elementos localizados en él, lo que nos obliga
a pensar que el espacio debe ser analizado, no solo en su concreta loca-
lización y extensión, sino también en el contexto de su posición a escala
regional y planetaria.
Estas condiciones de posición son las que sufren las mayores variaciones
a lo largo del proceso histórico y nos explican por qué algunos lugares privile-
giados en cierto momento pueden ser abandonados en otros.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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El espacio geográfico es localizado, tiene un referente territorial con una


ubicación, es decir, en términos geodésicos un ubi (dónde) en términos de lati-
tud y longitud (georreferenciado), ocupa un sitio que remite a las propiedades
del territorio y tiene una posición que da su ubicación relativa, no ya respecto
al sistema hoy universalmente aceptado de coordenadas terrestres, sino con
relación a otras localizaciones que sean para él significantes.
La posición lleva a la evaluación de la otra escala, que remite a espacios
exteriores, a lugares próximos o lejanos. Por ejemplo: Buenos Aires, punto de
contacto entre mar y tierra, rutas marítimas y terrestres transcontinentales,
posición fronteriza o zona ecuménica.
La ubi es siempre la misma; el sitio se modifica por la dinámica natural o
social (por ejemplo, puede haber mayor o menor contaminación, construcción
de barrios, etc.); la posición cambia históricamente por la acción terrestre o
la valorización social.
Dado su contexto territorial, estamos habituados a considerar el espacio
geográfico como una superficie, un polígono del que pueden reconocerse pun-
tos, formas y extensión. Esta concepción, arraigada en una visión cartográfica
adaptada a un plano, debe ser corregida por nuestra experiencia de la reali-
dad. El espacio geográfico no solo incluye el terreno como soporte, sino tam-
bién el aire que respiramos, lo que nos obliga a considerar el espacio como
un volumen, aun más cuando la construcción de rascacielos nos aleja del
nivel del suelo y la navegación aérea y las comunicaciones implican el uso de
las capas superiores de la atmósfera. Si la ocupación y el uso de la atmósfe-
ra implican la concepción de un espesor en altura, la ocupación y el uso del
lecho del mar, así como las excavaciones para el trazado de vías de circula-
ción o explotaciones mineras conllevan la consideración de los alcances en
profundidad.
El alcance de la real dimensión volumétrica de un espacio dado en los
ámbitos aéreo, del subsuelo terrestre o marítimo, más allá del postulado de
la legislación nacional e internacional, depende de lo que efectivamente la
sociedad del espacio en cuestión pueda alcanzar. Un ejemplo de esa limita-
ción es la circulación de naves espaciales fuera del alcance del control de las
sociedades cuyos territorios son sobrevalorados. Varias ramas del derecho se
vinculan con estas dimensiones.
En el caso de la aviación, por ejemplo, los vuelos regulares deben encau-
zarse a través de “corredores aéreos” y las ciudades no pueden sobrevolarse
a menos de 500 m de altura. Otras consideraciones podrían hacerse sobre el
alcance de las comunicaciones radiales, la telefonía, etcétera.
La estructura del espacio geográfico contiene puntos, líneas y áreas, que
no se distribuyen al azar, sino respondiendo a la lógica que les impone la
sociedad que lo modela en su gestión de la naturaleza que le da sustento.
Estos elementos guardan entre sí relaciones estructurales, de cuyo equilibrio
dependen el funcionamiento y la persistencia del sistema.
La identificación de las estructuras es, sin duda, uno de los puntos más
delicados, significativos y relevantes del análisis, necesarios además para la
descripción e interpretación del espacio geográfico como un geosistema loca-
lizado y abierto. Al decir abierto, estamos señalando que pueden aparecer
algunos elementos nuevos que modifiquen en su debido momento la estruc-
tura vigente. Por ejemplo, una autopista por la que fugan flujos sin conexio-
nes locales es un ingreso de energía que a largo plazo termina alterando la
estructura del sistema; igualmente, testimonios del pasado que no respon-

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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den a la lógica locacional actual pueden ser considerados como energía fósil,
que incide sobre el sistema actual y puede en el futuro ser vivificado por su
incorporación al sistema como patrimonio cultural. Por ejemplo, las ruinas de
Ostia, las del Pucará de Quilmes o las de Machu Pichu, entre otras, que son
revalorizadas por el turismo.
El espacio geográfico es dinámico. Es un sistema en equilibrio sujeto a per-
manente transformación, impulsado por la dinámica social y la natural, cuyos
ritmos, al ser diferentes, deben ser coordinados para que el equilibrio, aunque
cambiante, pueda mantenerse.
En el espacio geográfico, sociedad y naturaleza están en transformación
perpetua e inevitable. Conocer sus dinámicas y tendencias a futuro es la más
delicada de las tareas del geógrafo y la culminación de su labor profesional,
cuyos logros pueden ser útiles a otros investigadores y a la sociedad en la
que se inserte.
La dimensión temporal tiene diversas manifestaciones en el espacio geo-
gráfico. Por un lado, el tiempo que transcurre ajeno a la voluntad del hombre:
la sucesión alternada de los días y las noches, la de las estaciones y el ciclo
anual, el tiempo biológico, etc. Por otro lado, el tiempo asociado a la distan-
cia guarda relación con la técnica de los medios de transporte y la velocidad
en la que se la recorre y el lapso de tiempo-reloj que se emplea en ello. La
distancia métrica se convierte en distancia geográfica, más o menos extensa
según la velocidad del medio de circulación que se emplee.
Pero hay otros tiempos que tienen que ver con las permanencias de los
sistemas sociales que interactúan con el espacio geográfico (naturaleza más
o menos modificada) y permiten establecer periodizaciones: períodos de esta-
bilización, de transformación o de sustitución de un sistema socio-espacial
por otro.
Ejemplos muy evidentes de la significación espacial de los cambios del sis-
tema sociocultural nos ofrecen los espacios geográficos surgidos de la coloni-
zación hispánica. Si tomamos por caso el espacio pampeano indígena cuyos
rasgos aparecen definidos por una sociedad nómade de cazadores y recolec-
tores que actúan sobre una llanura de abundantes pastos y animales silves-
tres, en función del uso de los recursos, se dibujan las sendas que recorren,
de aguada en aguada, sin establecer asentamientos permanentes, con una
tasa de reproducción muy baja, controlada por la disponibilidad de alimentos.
Con la instalación europea, se consuma la extinción violenta de las culturas
indígenas acompañada por la aparición de asentamientos estables (ciudades
y pueblos) conectados por un sistema social, con apropiación y división de la
tierra, introducción de animales y plantas cultivadas de origen foráneo y susti-
tución de la población por otra con una estructura social, económica y política
que mantiene su cohesión por la sujeción a los valores, normas y conductas
de la sociedad metropolitana. A lo largo de un extenso período de al menos
dos siglos, este espacio se consolida y expande trabajosamente desde el
litoral hacia el interior, repitiendo el modelado con variantes que hacen a las
condiciones de localización de diferentes lugares hasta que factores de largo
alcance, provenientes del exterior (es un sistema abierto), llevan a cambios
estructurales políticos y económicos de la sociedad (apertura del puerto de
Buenos Aires, creación del Virreinato del Río de la Plata) que motivan la transi-
ción hacia un nuevo período que, a diferencia del tránsito del período indígena
al período colonial –que entrañó la sustitución de la sociedad y el espacio indí-
gena por la sociedad y el espacio colonial–, el que ahora se inicia perfecciona,

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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acentúa y enriquece los rasgos del período anterior. Y así, podríamos seguir
el análisis a través del tiempo histórico y descubrir como en un palimpsesto,
los rasgos de la escritura en el espacio a lo largo de cada período: las ciuda-
des y los pueblos, las chacras y las colonias, los ferrocarriles y los puertos,
los caminos, carreteras y autopistas, los ramales del tren clausurados, los
pueblos abandonados, los complejos industriales, los clubes de campo...todo
está allí y no podemos explicar por qué ahí, si no identificamos a que perío-
do histórico pertenece, período en el que esos elementos eran funcionales al
espacio geográfico de la sociedad que lo modeló.
Sin una correcta lectura de los tiempos que se manifiestan en el espacio,
no podremos captar su esencia: ¿cuál es el centro de los negocios de una ciu-
dad metropolitana? ¿La desolación de las noches, el tedio y el silencio de los
sábados y los domingos? ¿O el hacinamiento, el ruido, el trajinar de las gen-
tes en las calles, la congestión de vehículos en las rutas de entrada y salida
de la ciudad en los llamados “días hábiles”? ¿Qué nuevo significado dan al
espacio el uso de Internet, el correo electrónico y el trabajo a domicilio? ¿Qué
tipo de espacio está configurándose con estas nuevas dimensiones del tiem-
po? Geógrafos, sociólogos, historiadores, filósofos y planificadores reflexionan
sobre este tema, entre los que podemos citar a Milton Santos, Marc Augé,
Jacques Le Goff, Kevin Lynch e Ilya Prigogine, entre otros.
El concepto de espacio geográfico fue evolucionando desde las propuestas
de comienzo del siglo XIX, entendido casi como sinónimo del espacio físico,
no obstante, sin descuidar las relaciones de sus componentes tanto natura-
les como sociales y sus interdependencias.
La geografía que hoy conocemos como disciplina científica no se ha cons-
truido de una día para otro. Su desarrollo y crecimiento han sido más que
complejos. Ha tenido momentos de gloria y reconocimiento mundial de sus
saberes, y también, períodos de oscuridad y olvido. Pero su tarea ha sido
constante y ha podido ofrecer al mundo, desde sus pasos iniciales, las herra-
mientas y conceptos para su aprehensión. La diversidad de la Tierra, sus dife-
rentes culturas, sus modos de vida, la pobreza, los conflictos geopolíticos, la
puja por los recursos vitales para sus sociedades, son cuestiones actuales
que los geógrafos intentan descifrar. Para ello, como desde sus comienzos,
entablará relaciones desde diferentes esferas científicas, tomará aportes del
campo de las ciencias naturales y sus fundamentos de las ciencias sociales,
sin perder de vista esta la imprescindible interrelación entre sociedad y natu-
raleza. La ambición de conocer el mundo a través del quehacer geográfico, ha
sido y es, extremadamente dinámica e inmensa, hoy enriquecida por el enfo-
que sistémico de los problemas y la aceptación del curso aleatorio que estas
relaciones pueden asumir en el futuro. Ante cualquier cambio o mutación del
sistema-mundo, el resto no permanecerá ajeno.

6.

KK Actividad integradora
a. Explique los factores que intervinieron en los procesos de institucio-
nalización de la geografía europea a fines del siglo XIX.
b. ¿Con qué escuela de pensamiento podrían asociarse el surgimiento
y el fortalecimiento de la Geografía Humana?
c. Defina “espacio geográfico” del modo más completo posible, sirvién-
dose de los elementos trabajados en esta unidad.

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d. ¿En qué se diferencia el sitio de la posición geográfica. Una vez respon-


dida la pregunta en general, ejemplifíquela con su lugar de residencia.
e. Considerando el nombre de esta materia y los contenidos centrales
vistos, busque un recurso en Internet (texto, video, presentación
multimedia, PowerPoint, etc.) que le parezca interesante para com-
plementar lo estudiado. Fundamente su elección explicitando con
qué tema, precisamente, se relaciona el recurso buscado por usted
y qué nuevos aportes puede ofrecer. Cite, finalmente, la fuente del
recurso.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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Referencias bibliográficas

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Zusman, P. et ál. (editores). (2011), Geografías Culturales. Aproximaciones,
intersecciones y desafíos, Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras.
Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.
Zusman, P., Lois, C. y Castro, H. (2008), Viajes y Geografías, Prometeo, Buenos
Aires.

Referencias web
Nadal, F y L. Urteaga (1990), “Cartografía y estado: los mapas topograficos
nacionales y la estadística territorial en el siglo XIX “, [en línea]. En:
Geocrítica, Universidad de Barcelona, Barcelona. Año XV. Número: 88.
Disponible en: <http://www.ub.edu/geocrit/geo88.htm> [Consulta:
12/11/2012].
Fotos aéreas del Cercado de Lima-Perú (entre 1930 y 1950) <http://
fotosaereasantiguasdelima.blogspot.com.ar/> [Consulta: 18/03/2013].
Descripción: blog con fotos del mencionado período.
Clarín.<http://www.clarin.com/sociedad/Argentina-ombligo-mundo-planisferio-
oficial_0_804519660.html> [Consulta: 18/03/2013]. Descripción:
“Argentina está en el ombligo del mundo según un planisferio oficial”.
Universitat de Barcelona web. <http://www.ub.es/geocrit/menu.htm>
[Consulta: 18/03/2013]. Descripción: menú de Geocrítica en el sitio web
de dicha universidad.
Página/12. <http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-206595-2012-10-
29.html> [Consulta: 18/03/2013]. Descripción: entrevista a Doreen
Massey, geógrafa y feminista, sobre la “geometría del poder”.
Ramirez, H. “La representación cartográfica de la superficie terrestre: una
mirada crítica “, [en línea]. En: Breves Contribuciones del Instituto
de Estudios Geográficos. N 22. Tucumán. Universidad Nacional de
Tucumán. 2010/2011. Disponible en: <http://dialnet.unirioja.es/servlet/
articulo?codigo=4061449> [Consulta: 02/01/2013].
Qué História é essa? <http://www.quehistoriaeessa.com/2010_11_01_archive.html>
[Consulta: 18/03/2013]. Descripción: sitio de historia, en portugués.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


53

La organización del espacio geográfico

Objetivos

Que el estudiante:

•• Reconozca y aplique los conceptos de localización, escala y paisaje en el


análisis espacial.
•• Identifique y diferencie los conceptos de territorio y región para la compren-
sión de las formas espaciales.
•• Analice la organización del espacio geográfico desde el interjuego de esca-
las entre lo global, lo regional y lo local.
•• Valorice el aporte de la renovada Geografía Humana para el análisis del
mundo presente.

2.1. Introducción
El propósito de este capítulo es provocar algunas reflexiones en torno al uso
naturalizado de conceptos básicos, nacidos en el núcleo de la Geografía
Humana: paisaje y región. Estos conceptos y otros, como escala y territorio,
han tenido –en sus raíces teóricas y empíricas– influencia de las ciencias natu-
rales en el marco del auge del positivismo que repercutió en todo el campo
científico. Este proceso legitimó no solo la cosmovisión occidental en su lectu-
ra de la realidad social, sino que también influyó en las formas de apropiación
espacial de los recursos, el territorio y las personas. El saber geográfico ha
dado un giro socrático y ha retomado, como actualizado, algunos supuestos
que hacen al quehacer de la geografía renovada y crítica.
Cada vez más, estas nociones de la tradicional Geografía Humana son uti-
lizadas en el campo de las ciencias sociales, aunque resignificadas.
La Geografía Humana propuso y formalizó científicamente las ideas básicas
que plantea el análisis geográfico: la localización, la fisonomía del paisaje, su
extensión, la posición, las condiciones del lugar, las relaciones sociedad medio,
la región como síntesis, entre otros. Todos estos atributos entendidos en la más
estricta interrelación de escalas dan sentido al estudio geográfico regional de
la escuela clásica. No obstante, lejos de considerarlos perimidos, podríamos
rescatar algunos de estos principios y confrontarlos con los actuales contextos
sociales, complejizándolos y dándoles una carga de significado más adecuada
a los presentes desafíos del análisis geográfico contemporáneo.
El espacio mundial es también un espacio de ideas. El papel de la Geografía
Humana ha sido y es central para el abordaje del análisis geográfico científi-

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


54

co de la realidad espacial. En el siglo XXI se pueden establecer tres áreas de


debates prioritarias, compartidas por el campo del saber:

a) El referido al renovado enfoque para abordar los problemas sociales, iden-


tificando y descubriendo el grado de intensidad de los conflictos territoria-
les, así como su distribución espacial.
b) El relacionado con los objetivos de proponer y revisar los principios científi-
cos positivistas, llámense determinismo o posibilismo geográfico, o corrien-
tes más recientes como el neopositivismo de la geografía cuantitativa, y de
fomentar el deseo de interpretar los aspectos espaciales de las situacio-
nes en términos de las acciones e intenciones de los actores individuales
o de los comportamientos grupales.
c) Y finalmente, el debate en el que coinciden todas las escuelas dentro de la
geografía, sobre el principio de que los orígenes de las desigualdades que
se observan en el espacio geográfico no pueden explicarse si no se consi-
deran también las desigualdades en el campo social.

Varios geógrafos, durante las últimas décadas del siglo XX, investigan desde
diferentes posturas y objetos; su producción se diferencia en el ámbito de
la geografía por la forma en que encaran el tratamiento de los problemas
centrados en las cuestiones socioterritoriales. En este marco, por ejemplo, la
Geografía Cultural y la Geografía Social aportan nuevas miradas sobre el paisa-
je, el lugar y el territorio, que son valoradas no solo por la Geografía Humana
sino, fundamentalmente, por el campo de las ciencias sociales.
Ahora bien, el desafío del quehacer geográfico se posiciona en el estudio del
presente, según el enfoque y la mirada del contexto espacial. Después de un largo
periplo de evolución de ideas para la compresión de la organización social del
territorio podremos, a continuación, aproximarnos a algunos conceptos básicos.

2.2. Localización y escala, un binomio indispensable


Desde siempre, la localización y la escala han sido esenciales para la delimitar
el territorio de estudio. Esta última ha sufrido teorizaciones diversas que rompen
con la estricta escala cartográfica y proponen una forma de recorte espacial no
impuesta por el tamaño de la superficie por representar sino por las relaciones
de poder. Más allá del complejo proceso social de construcción y reconstrucción
del espacio geográfico, es preciso identificar algunos conceptos centrales que
permitan encontrar las claves para comprender la génesis y/o evolución de la
organización del espacio. Por ello, proponemos evidenciar la proximidad y la
vinculación entre los conceptos espacio geográfico, localización y escala con el
objeto de resignificarlos a la hora de su aplicación para la comprensión de la
dinámica de la organización del espacio. Organización que no puede interpretar-
se en trozos, sino como un todo interrelacionado que exige el mundo presente,
el espacio global-local que es parte de un sistema abierto, incierto y dinámico.

2.2.1. ¿Dónde?, una pregunta de todos los días


El GPS que proviene del inglés Global Positioning System es un sistema de
posicionamiento global, una herramienta tecnológica que hoy se ha hecho
cotidiana en nuestras vidas, al solo efecto de posicionarnos en un mapa y

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


55

construir un trayecto. En principio, parece un aparato simple y novedoso que


no implica demasiados cambios pero sí ventajas para una rápida orientación
geográfica. Ahora bien, el “dónde estamos” o el “a dónde vamos” no son
preguntas ingenuas, aunque así parezcan.
Para algunos geógrafos, la geografía es la ciencia de los lugares; como tal,
sería la ciencia de lo singular, de lo único, lo que estaría reñido con la condi-
ción de ciencia. Sin llegar a esa postura extrema, debemos reconocer que la
geografía no puede prescindir de los lugares como no puede hacerlo de los
paisajes, porque unos y otros son la expresión concreta e irrepetible del juego
de una serie de múltiples factores que contribuyen a su localización y a su
fisonomía en un momento dado.
Localizar significa seleccionar un lugar apto para satisfacer los objetivos
que se propone la sociedad que lo elige en ciertas circunstancias históricas.
Al menos tres componentes entran, de manera más o menos consciente, en
esa selección: ubicación, sitio y posición.
Comencemos con el primer concepto: la ubicación. Está referido al sis-
tema de coordenadas terrestres (latitud y longitud) que permite distinguir a
dicho lugar del resto de los lugares del planeta. Algunos geógrafos también lo
llaman posición absoluta cuando se refieren a la determinación del lugar por
coordenadas. Esto fue posible después que el descubrimiento de América lle-
vara a la aceptación de la teoría de la redondez de la Tierra. La precisión en
la determinación de las longitudes se alcanza en el siglo XIX con la invención
del cronómetro y la transmisión radial del servicio de la hora. Como un ejem-
plo de la significación de este dato, recordemos todas las vicisitudes sufridas
por el trazado de la famosa línea de Tordesillas, demarcatoria de los dominios
de España y Portugal, y las consecuencias sobre nuestra propia geografía. En este sitio podrá ver las distin-
La ubicación tiene inmediata relación con la disponibilidad de energía solar, tas demarcaciones de la línea de
Tordesillas, en diferentes mapas,
la duración de los días y las noches, la sucesión de las estaciones, la posi-
desde el siglo XVI hasta el XVIII:
ción hemisférica, etcétera. No solo se nos ubica en una zona climática; hoy, <http://mapasmapas.blogspot.
en el mundo de la simultaneidad informática, también se nos informa sobre com.ar/2009/09/mapa-histo-
las desviaciones horarias de la apertura de los mercados en diferentes lugares rico-de-cuando-portugal-y.html>
del mundo, que influyen sobre nuestra propia distribución del tiempo y sobre
el conocimiento de las cotizaciones en mercados tan distintos como Tokio y
Nueva York.
Otro componente de la localización, de mayor envergadura a lo largo de la
historia de la humanidad, en el momento de seleccionar el lugar, ha sido el
sitio: el terreno concreto sobre el que se asentará el objeto propuesto. El sitio
reúne una serie de condiciones que satisfacen las expectativas de la socie-
dad que lo ocupa; los requerimientos serán unos, si se trata de instalar una
plaza fuerte inexpugnable como un pucará, una fortaleza o un castillo, que se
emplazarán en sitios elevados de muy difícil acceso (existen muchos testimo-
nios de esas construcciones en distintos lugares del planeta); y habrá otros
requisitos para épocas de paz, en las que, en cambio, se prefieren los sitios
accesibles y con buenas comunicaciones. Y así podríamos continuar enume-
rando poblaciones agrícolas, industriales, turísticas, etc., cada una con sus
demandas específicas.
Si la instalación es persistente y expansiva, puede incluso llevar a la ocu-
pación de sitios aledaños desechados originalmente, a los que se somete a
procesos de modificaciones. Por ejemplo, “villas” en zonas inundables, barrios
“colgados” de los cerros, favelas, etc., asentados en sitios con restricciones
naturales.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


56

Esto proporciona claros ejemplos de vulnerabilidad ambiental, abundantes


en las poblaciones más pobres de las metrópolis latinoamericanas, donde la
situación de ocupación y extensión de las ciudades no consideró las condicio-
nes desfavorables del sitio, y donde no se actuó ni en la ordenación del creci-
miento físico de la urbe, ni se tuvieron en cuenta los cambios sociales que tra-
jeron aparejados las grandes migraciones campo-ciudad. Luego de 1950, las
metrópolis regionales han crecido como nunca antes en su historia, a tal punto
que varios estudiosos denominan al fenómeno de crecimiento de la población
y el crecimiento urbano como “urbanización de la pobreza”, resultado de las
diversas políticas de los estados que no tuvieron en cuenta la variable espa-
cial. Estas políticas han dado como respuesta el aumento del riesgo ambiental
para la población urbana con casos paradójicos como el de la falta del agua
potable junto con la amenaza de las inundaciones en los barrios pobres.

1.

KK Sitio y posición no son sinónimos


a. ¿Qué diferencia existe entre sitio y posición?
b. ¿Cuáles son las coordenadas geográficas de su ciudad?
c. ¿Cuál sería la ubicación de su barrio en términos de sitio y posición?
d. Busque una imagen que exprese las condiciones del sitio de su barrio,
y describa los rasgos más destacados del lugar.
e. Desde su experiencia, ¿qué posición tiene su ciudad frente a la región
y a otras ciudades? Fundamente su respuesta.

Las condiciones del sitio no determinan por ellas mismas los conflictos que
se desprenden del lugar ni tampoco es natural el tipo de impacto que el medio
puede ejercer una población determinada. Detrás, siempre ha habido una
valoración social (que depende de la matriz cultural y/o de la matriz política-
económica) en la selección del sitio en el que pueden jugar muchos factores,
pero esencialmente, veremos que se relaciona con el próximo componente
que interviene en los procesos de localización.
La posición es dicho tercer componente y, tal vez, el más relevante, porque
influye directamente en la selección del sitio. Como adelantamos en el capítu-
lo anterior, la posición no se vincula con el lugar concreto del asentamiento,
sino con la relación que este lugar mantiene con otros. Es el juego de esas
relaciones lo que determina la relevancia de la posición, y este es un dato
variable a lo largo del tiempo: solo aquellos lugares que ante las contingen-
cias cambiantes del devenir histórico han reafirmado las condiciones favora-
bles de su posición, mantienen su vigencia y acrecientan su significación en
el contexto relacional.

LECTURA OBLIGATORIA

Dollfus, O. (1978), “Capítulos 1, 2 y 3”, en: El análisis geográfico,

OO Oikos Tau, Barcelona.

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57

2.2.2. Escalas de análisis, relaciones de poder


Cuando planteamos el concepto de escala nos viene a la memoria el recuerdo
escolar del ejercicio de calcular la distancia o la superficie de alguna parte
del planeta, siempre difícil de entender. ¿Qué era eso de representar en un
modelo visual, el mapa, el tamaño real de la Tierra? ¿Cuál era la utilidad de
calcular la escala? Ha sido tan sistemática y regular esta enseñanza escolar
de la cartografía, por lo menos en algunas generaciones de argentinos, que
resulta impensado creer que esta escala, la cartográfica, hoy no alcance para
la comprensión de la organización del espacio. Se requiere de otra lógica para
el recorte del objeto espacial o delimitación. La escala y la delimitación del
área siempre son relativas al problema o a la realidad socioespacial y está en
función del “ojo” del geógrafo su construcción. Estos cambios se fueron suce-
diendo con la maduración de la disciplina, aunque divorciada con los saberes
que se reproducían en las escuelas. No obstante, la escala no es tan solo un
cálculo aritmético sobre un mapa, es mucho más complejo.
Otro problema para atender es que la rápida evolución de corrientes de
pensamiento geográfico surgidas durante las últimas décadas ha originado
un elevado nivel de eclecticismo conceptual, en el marco de la nueva relación
global-local y de las formas de abordaje escalar de sus problemas geográficos.

2.

KK Repensando a Vidal de la Blache


a. Lea con atención el siguiente texto y luego responda las preguntas.

CC
La concepción de la Tierra como un todo, cuyas partes están coordinadas orgá-
nicamente, brinda a la geografía un principio de método cuya fecundidad apare-
ce mayor a medida que se extiende su aplicación. Si nada existe en forma ais-
lada en el organismo terrestre, si por todas partes se establecen leyes
generales de manera que no se pueda tocar algún sector sin provocar un enca-
denamiento de efectos sobre el resto, la tarea del geógrafo asume un carácter
diferente de aquel que le es, a veces, atribuido. Cualquiera sea la fracción de
la Tierra que él estudie para comprenderla, no puede circunscribirse solamente
a ella. Un elemento de orden general se introduce siempre en toda investiga-
ción local. La fisonomía no es, en efecto una consecuencia del juego de ele-
mentos regionales, sino que depende de influencias múltiples y, a veces, leja-
nas de las cuales no importa determinar el origen. Inclusive fuera de toda
relación de cercanía, la acción, cada vez más reconocida de las leyes genera-
les, se traduce por afinidades de formas o de climas, que sin alterar la indivi-
dualidad propia de la región, deja en ellas huellas análogas. Entre estas analo-
gías o “conformidades” […] varias podrían ser solamente aparentes, pero
otras son reales; están fundadas no sobre puros encuentros exteriores, sino
sobre relaciones de origen y de causas.
Entre ellas, el acercamiento o la relación se impone, ya que cada una aporta a la
otra su tributo de explicación; y el geógrafo está conminado así a proyectar sobre
el sujeto que estudia, toda la luz provista por la comparación de casos análogos.
La explicación solo le pertenece a la Tierra tomada en su conjunto. Por enci-
ma de miles de combinaciones que varían hasta el infinito la fisonomía de las
regiones, existen condiciones generales de formas, movimientos, extensión,

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


58

posición, intercambios, que transportan todo el tiempo, la imagen de la Tierra.


Cuando los estudios locales se inspiran en este principio de generalidad supe-
rior, adquieren un sentido y una dimensión que sobrepasan ampliamente el
caso particular que fuera motivo de su estudio. (Vidal de la Blache, 1896).

b. ¿Quién fue Vidal de la Blache? A través de una búsqueda en recursos


de Internet, descríbalo en diez líneas con los aportes de su carrera al
conocimiento geográfico.
c. ¿Cuáles son los argumentos que presenta el autor sobre la forma de
conocer de la geografía?
d. ¿Aparece aplicado el concepto de escala? Enuncie ejemplos del texto.
e. ¿Qué tipo de escala plantea el autor para el abordaje del geógrafo?
f. Según su opinión, ¿lo que plantea el autor aún está vigente?
Fundamente su respuesta.

Como ya destacaba de la Blache en el párrafo citado, sobre la consideración


en el análisis geográfico de las interrelaciones de escalas, esta no es una
cuestión menor, y se hace cada vez más necesaria su instrumentación meto-
dológica cuando interpretamos nuestro presente. Los efectos territoriales, sus
actuales estructuras y fisonomía no encontrarían un marco explicativo si no
tuviéramos en cuenta sus componentes más significativos, sus relaciones,
jerarquías, interdependencias o vínculos. La escala de análisis y las relacio-
nes espaciales de poder resultan en el estudio geográfico herramientas de
análisis centrales, que pueden derivar en la definición de diferentes unidades
espaciales; estas abarcan el espacio vivido, el percibido, el administrativo
municipal, regional o nacional, entre otros. ¿Cómo determinar, entonces, el
área de estudio? ¿Cómo establecer la unidad geográfica de análisis si no es a
través de la escala y las relaciones de los actores que en ella se establecen?
En la actualidad, además de los conceptos básicos, aparecen y se con-
templan en el estudio geográfico las valorizaciones sociales o individuales
del espacio cotidiano, regional, nacional o internacional. No obstante, no es
tarea sencilla definir la unidad de análisis y la escala de la misma. Le propo-
nemos la atenta lectura de la siguiente cita, sobre el concepto de formación
socioespacial y escala:

CC
Las formaciones socioespaciales pueden ser asimiladas como unidades geo-
gráficas coherentes, […] espacios más o menos perceptibles y delimitados,
pero […] suficientemente presentes en el “sentido común” para ser objeto de
representaciones colectivas.
Estas entidades forman una jerarquía compleja, [no] automática, desde la esca-
la micro-regional hasta la escala nacional. Comparables a edificios territoriales
que comparten infraestructura geo-económica y una estructura ideológica; las
formaciones socioespaciales son gobernadas por relaciones dialécticas […]
entre las diversas instancias económicas, ideológicas y políticas. [Estas forma-
ciones] son de hecho doblemente objetivadas, con algunas variantes en cuanto
al sentido de la forma, por la superposición aproximativa de los espacios indivi-
duales vividos y por el esfuerzo organizativo de los aparatos políticos e ideoló-
gicos (Estado, Región, Escuela, […]) que retoman por su cuenta, cuando no lo
inflexionan a su gusto, el discurso de la historia. […] las unidades socioespa-

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


59

ciales no encierran […] las ideas, las prácticas y las actitudes de los individuos
en una determinación estrecha. La trayectoria de cada actor social y la manera
muy personal con la que interioriza las informaciones [..] del medio garantizan
la variedad de los comportamientos individuales y de las relaciones [sociales y
espaciales]. (Di Meo, 1998: 75-76, traducción de las autoras).

Di Meo plantea con claridad en la cita que lo central de la escala geográfica


es que permite reconstruir formas socioespaciales y darles cierta coherencia
como unidades geográficas. Lo que se pone en juego son los criterios de
objetivización del espacio.
Cuando nos referimos a la escala, no solo estamos pensando en la rela-
ción entre un centímetro del mapa y la realidad que este centímetro repre-
senta, sino, fundamentalmente, estamos haciendo hincapié en las complejas
relaciones culturales, naturales, sociales y de poder, y sus expresiones en el
territorio. Desde la mirada del espacio político, podremos encontrar una diver-
sidad en los criterios de subdivisión del territorio, comenzando por el espacio
planetario, unidades supranacionales como la Comunidad Económica Europea
o el Mercosur, estados, regiones, áreas metropolitanas, municipios, distri-
tos, barrios, propiedad privada, vivienda familiar. Justamente, lo que le da al
Estado el carácter de tal es la unidad territorial, y su dominio físico. Por otro
lado, la repartición del planeta en estados-nación, no necesariamente es una
distribución homogénea de territorio, población y recursos, sino por el contra-
rio: la apropiación de ellos dependerá de múltiples factores y procesos que
requerirán un análisis del poder económico y no tan solo político. Muchas
veces las intencionalidades y los conflictos por el dominio de recursos vita-
les para el sistema económico se recubren de un maquillaje político o religio-
so, como lo demuestra el interés de los capitales y el complot de los esta-
dos más poderosos sobre el control del petróleo de Medio Oriente. En otras
palabras, la independencia política de los estados no es necesariamente una
relación de poder autónomo, sino que estos pueden ser influidos o condicio-
nados por diferentes niveles de actuación, dado que son parte de dimensio-
nes de mayor alcance, y se ven subordinados al poder de las multinacionales
o al poder militar, localizados en otros territorios y por otra actuación social,
por dar algún ejemplo.
En el otro extremo, podemos plantear que las actuaciones individuales o
de grupos sociales, implican una escala de análisis psico-socio-territorial dife-
rente a la escala analizada anteriormente, no por ello, sin conflictos. A medida
que nos referimos a la actuación en la vida cotidiana, los intereses del indivi-
duo o del grupo social estarán ligados a las competencias psicosociales inme-
diatas; no obstante, su capacidad de actuación en el territorio no se limita a
la esfera inmediata, dado que puede interactuar a miles de kilómetros, tomar
decisiones o ser observador, gracias a los medios de comunicación,
Pongamos un ejemplo, para analizar el juego de intereses, las competen-
cias político-territoriales, y los niveles de actuación social. Los conflictos por
el uso del suelo son un buen ejemplo, dado que allí aparecen a la luz diferen-
tes ópticas, por ejemplo, sobre la reutilización de un sitio ocupado por una
fábrica abandonada. Aparecerán entonces diversos actores proponiendo usos
diferentes; por ejemplo: la instalación de una nueva fábrica por los sectores
productivos nacionales e internacionales, o la construcción de un complejo
carcelario que responde a los intereses del gobierno provincial, o aparecerán

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


60

otros sectores con el objetivo de luchar por la demolición del viejo edificio y
acondicionarlo para una reserva verde urbana propuesta por los vecinos de
los barrios aledaños y ONG; o algunos sectores municipales junto con inverso-
res externos propondrán como discurso el objetivo social de que se refuncio-
nalice el lugar para la instalación de un shopping, entre otros ejemplos. Cada
uno de estos reclamos y propuestas de uso del predio de la vieja fábrica son
lógicas y razonablemente coherentes con los intereses de cada grupo que los
formuló; son reclamos y propuestas relacionadas con el poder, y no con la
escala “escolar”, por lo tanto, estos intereses adquieren relevancia desde la
escala de actuación. No obstante, en cada una de las propuestas existe un
uso incompatible con el otro. Es evidente que la elección de la escala y del
recorte de las relaciones en juego no es neutra.
En el análisis del hecho geográfico y en su interpretación no se puede eludir
el tema de la escala que es la que nos permite comprender la relación entre
lo local y lo global. Un ejemplo de la importancia de la escala en el análisis
de los efectos del poder de decisión en la configuración del espacio nos lo
da la propuesta que hace Joan Eugeni Sánchez (1992), que trata en profun-
didad este tema.

LEER CON ATENCIÓN

Desde el punto de vista geográfico la escala tiene que ser abordada y

LL definida en su expresión física territorial. La determinación del tama-


ño de la unidad territorial se relaciona directamente con la extensión
del fenómeno que se analice, sin dejar de lado, lo relacionado con su
expresión social. Expresión social que se corresponde con las escalas
jerárquicas de las sociedades que interactúan sobre el territorio en
cuestión.

Así, la escala territorial referida a un fenómeno barrial la representaríamos


por los valores de 1:500 o 1:1000; la escala urbana de una ciudad interme-
dia, nos llevaría a 1:5000, extensión que involucraría a diferentes barrios; la
escala metropolitana, por su parte implicaría a diferentes ciudades, recorte
territorial del aglomerado urbano que podría demandar una escala gráfica de
1:100.000; así progresivamente. Pero en cada escala física es necesario
considerar las diferentes escalas políticas y administrativas involucradas, por
ejemplo, en el barrio, la comisión de fomento, el municipio, el departamento
o partido, la provincia o la nación. Y también las escalas que tienen que ver
con las regionalizaciones económicas, políticas, sociales, culturales, etcétera,
que nos llevan, finalmente, a la escala global.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


61

PARA AMPLIAR

Las escalas según Eugeni Sánchez, una síntesis

AA • Escalas relacionales:
-- Escala de la vida cotidiana, en el marco de la vida familiar e íntima.
-- Escala convivencial (barrio) involucra a los diferentes lugares donde
se desenvuelve la actividad normal de una persona como: residencia,
estudio, trabajo, recreación, etc., que originan movimientos pendu-
lares de origen y destino con diferentes ritmos (diarios, semanales,
estacionales, entre otros).
• Escalas político-administrativas y funcionales:
-- Escala local, es el territorio básico administrativo, y se toma gene-
ralmente, la escala del municipio
-- Escala del departamento –o partido, para la provincia de Buenos
Aires– corresponde a la tercera jerarquía en la subdivisión de los
territorios provinciales. Algunas veces, esta escala coincide con la
del municipio.
-- Escala provincial, subdivisión del primer orden dentro del Estado.
-- Escala nacional, abarca la totalidad del Estado.
-- Escala metropolitana: aquí el criterio de su definición se apoya en
la continuidad de la trama urbana de un aglomerado que excede
los límites político-administrativos del municipio generador de la
conurbación.
-- Escala comarcal: se refiere más a la heterogeneidad brindada por el
paisaje, tomando elementos de este, naturales, históricos y sociales;
por ejemplo, la cuenca del río Luján.
-- Escala regional económica, por ejemplo en el contexto europeo la
Unión Europea, en el contexto latinoamericano, el Mercosur o el
Pacto Andino.
-- Escala macronacional: los organismos internacionales como la
Organización de los Estados Americanos, que tiene influencia en
el conjunto de los estados que componen el continente americano.
-- Escala mundial o planetaria: es escala absoluta en el espacio geo-
gráfico.

LECTURA OBLIGATORIA

Valenzuela, C. “Contribuciones al análisis del concepto de esca-

OO la como instrumento clave en el contexto multiparadigmático de la


Geografía contemporánea”, [en línea]. En: Investigaciones geográficas
Boletín del Instituto de Geografía UNAM, Nº 59. México. UNAM.
2006. Disponible en: <http://www.revistas.unam.mx/index.php/rig/
article/view/30039> [Consulta: 02 02 2009].

Sintetizando, toda localización de objetos o flujos nacida de la apropiación del


espacio es el resultado de la decisión social, y se verá expresada en el territo-
rio. Es decir, que en el análisis espacial, necesariamente, deberá considerarse

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


62

la escala geográfica. La escala territorial la leemos en la dimensión geométrica


del espacio, pero las otras escalas, las relacionales y los procesos sociales
–a veces intangibles– como las redes económicas, exceden siempre el límite
del territorio. Es más, muchas de esas redes sociales que definen al espacio
geográfico se superponen en el mismo lugar, con diferentes intensidades y
velocidades, son como fuerzas envolventes que abarcan territorios mayores.
De allí que se proponga el interjuego de escalas para el abordaje del análisis
geográfico.

3.

KK Escala e ideas
a. La definición instrumental y metodológica de la escala está en estre-
cha relación con el tipo de abordaje teórica que se tenga del espa-
cio geográfico. En esta actividad, tomaremos el artículo de Cristina
Valenzuela “Contribuciones al análisis del concepto de escala como
instrumento clave en el contexto multiparadigmático de la Geografía
contemporánea” (la lectura obligatoria que precede a esta actividad),
para realizar una síntesis orientadora y valorar los contextos cientí-
ficos a la hora de utilizar el concepto. Lea atentamente el artículo y
complete el siguiente cuadro de síntesis.

Escuelas de pensa- Período aproximado Concepto aceptado de escala


miento geográfico y/o de auge
contextos
Geografía Regional

Geografía cuanti- Mitad del siglo XX en


tativa, teorética o adelante.
neopositivista

Se enfoca en las percepciones indi-


viduales y grupales en espacios aco-
tados como el lugar, la escala es
la local (entiendo la localidad, los
poblados, el barrio, la ciudad)
Geografía del com- En este caso, para el geógrafo, la
portamiento y la imagen percibida es el filtro que se
percepción interpone entre el espacio y el medio,
como objetivo de estudio. A partir del
comportamiento y el espacio perci-
bido se desarrollaron instrumentos
como los mapas mentales.

Geografía radical o
crítica

Retoma el concepto de “lugar” y


con ello, se hace énfasis en la esca-
la local. En esta línea geográfica,
el lugar es construido por la propia
A partir de la déca-
Geografía Humana y experiencia humana y a través de su
da de los setenta del
la línea Humanista estudio es posible indagar acerca de
siglo XX los significados y vínculos emociona-
les entre éste y los habitantes para
descifrar las implicancias en el espa-
cio vivido.

b. Seleccione un modelo teórico de escala desarrollado en la tabla y


proporcione un ejemplo que conozca. Fundamente su elección desde
la argumentación que proporciona Valenzuela.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


63

2.3. El paisaje: modos de ver, de sentir y de vivir el


territorio
La geografía del planeta y la construcción de sus paisajes resultan no solo de
la interacción de los hechos económicos y físicos, sino que también surgen de
nuestras maneras de ver y entender la realidad. De este modo, se construye
una amplia diversidad de paisajes, que estarán directamente relacionados
con la diversidad cultural y social de los grupos humanos protagónicos. Así lo
señala Sánchez (1992):

CC
El paisaje, la distribución de las formas, el contacto entre ámbitos distintos, y
posteriormente las propias actuaciones humanas, serán reflejo de esta globali-
zación, haciendo distinto y particular a cada lugar o situación como medio o
ámbito de la vida humana como un todo” (Sánchez, 1992, p. 51).

¿Qué significa comprender geográficamente el mundo o parte de él? Como


hemos visto, la geografía se propone algo más que describir paisajes, pues
la simple descripción no nos da elementos suficientes para una comprensión
global de aquello que pretendemos conocer geográficamente: la organización
de los espacios. Sin embargo, la fisonomía del espacio geográfico puede ser
de suma utilidad para el análisis geográfico cuando se lo aborda superando
lo aparente o lo anecdótico. Es decir, superando la descripción de sus rasgos
a modo de una fotografía hablada, ir más allá y preguntarnos acerca de las
razones y los factores que participaron en la generación de una determina-
da apariencia. En este punto, nos introducimos en un apasionante tema: el
análisis del paisaje que también evoluciona con las ideas geográficas, y en la
actualidad, desde el saber específico de la ciencia. A grandes rasgos, vere-
mos que también esta noción se relaciona con el alcance teórico que se le
proporcione al espacio ya sea como espacio absoluto y concreto, ya sea como
espacio subjetivo, o como espacio relacional o relativo.
Es interesante recordar que el análisis del paisaje y su función dentro del
saber escolar estuvo estrictamente restringido al medio natural, de allí que
para el común de la gente, los paisajes son naturales y lo asocian con el turis-
mo o el patrimonio natural.
También cabe destacar que en el desarrollo científico de la geografía física
el paisaje adquirió un desarrollo diferente, ya que se convirtió en uno de los
conceptos integradores para subsanar las miradas fragmentadas del medio
físico del territorio. En esta línea, Fovola y Bertrand (2006) proponen una exce-
lente síntesis de los complejos procesos del rol del paisaje en la geografía
medio ambiental, en el pasado y en el presente.

LECTURA RECOMENDADA

RR
Frovola, M. y Bertrand, G. (2006), “Geografía y Paisaje”, en: Tratado de Geografía
Humana, Anthropos, Barcelona, 254-269.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


64

Detrás de la noción de paisaje hay formas de pensar diferente entre los geó-
grafos. Podríamos sintetizar, siguiendo a Lobato Corrêa (2012) que existen
dos grandes momentos en la producción conceptual y empírica del paisaje: el
siglo XIX hasta 1970, y de 1970 hasta el presente. En el primero, el paisaje
se consideraba como una expresión sintética y material de la región. Desde
1970, su estudio pasó a disfrutar de una mayor autonomía, constituyéndose
en un objeto de investigación por sí mismo. Paul Vidal de la Blache, Roger
Dion y Carl Sauer son referencias clásicas relativas al primer período, en tanto
que Denis Cosgrove, Augustin Berque, Don Mitchell, corresponden al segundo
momento.
A continuación plantearemos nuestras propias coordenadas para aproxi-
marnos a un concepto operacional a la hora de comprender la organización
del espacio geográfico.

2.3.1. El análisis del paisaje


Este es el punto de partida: conocer y aprehender el paisaje como herramienta
para el análisis geográfico. Lejos estamos de poder resolverlo fácilmente; para
ello, es necesario agudizar no solo la manera de observar y encontrar relacio-
nes entre los objetos y los flujos, procesos y materializaciones en el territorio,
sino además, se requiere conocer los alcances de esta herramienta para la
comprensión del por qué esa distribución de los objetos o esa materialización
del trabajo, en un momento dado y en un espacio determinado.
Para ello, es preciso, en primer lugar, analizar al paisaje en el marco de los
contextos culturales, socioeconómicos y naturales. Vista la importancia de la
construcción de los mundos culturales, es posible acercarse a interpretar lo
percibido y lo aparente que se ofrece a nuestros sentidos.

LEER CON ATENCIÓN

El paisaje es la expresión sensible de una larga trama de interrelacio-

LL nes establecidas entre la sociedad y el territorio; y este análisis nos


permite aproximarnos a la interpretación de lo percibido y aparente
a nuestros sentidos como expresión de las fuerzas profundas que han
contribuido a su configuración.

La cultura imprime al paisaje una impronta vigorosa que denota la organización


social del grupo que da personalidad a ese paisaje. Ya hemos citado el énfasis
que pone Paul Claval (1999) en la cuestión cultural en el análisis geográfico. El
ha resignificado el papel del paisaje en su Geografía Cultural; sus aportes dan
nueva luz e imponen la necesidad de asociar en el análisis espacial el papel de
la cultura de las sociedades a través de las huellas que siembra en el paisaje,
que sirve de matriz para su interpretación. En esto, recupera algunas nociones
de Marx Sorre en su análisis del hábitat. Podemos decir que la escuela de la
geografía cultural retoma a la cultura desde tres ejes:

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


65

•• La cultura es una creación colectiva y renovada de los hombres. Ella los


dota de códigos que les permiten adaptarse a condiciones cambiantes
como así también innovar. En el momento de las grandes mutaciones cul-
turales, estos códigos son a veces reemplazados por otros.
•• La cultura provee a los hombres los medios para orientarse, delinearse en
el espacio y explotar los recursos.
•• Las culturas varían en el tiempo y su transformación es inseparable de
la historia de las grandes fases por las cuales pasa el desarrollo de la
humanidad.

La adopción de una óptica humanista convulsiona la aproximación geográfica


tradicional o clásica, pero también los enfoques neopositivistas de la disci-
plina. La inquietud esencial es la de comprender cómo los hombres viven,
cómo revisten a la Tierra con sus obras, y sus saberes, cómo la modelan o
transforman, y cómo se inscriben en ella los símbolos que se proporcionan
para apropiarse del espacio, y que los ayudan a precisar sus identidades indi-
viduales y colectivas. Esto es, entonces, el marco, donde inscribimos nuestras
competencias y percepciones del mundo y del espacio, y por lo tanto, de su
paisaje. Hacer caso omiso de nuestros contextos culturales del que somos
parte es ser “miope” ante la realidad socioespacial. Por ello, hacer explícita
esta forma de ver al mundo, nos permite tomar contacto con nuestras poten-
cialidades en la interpretación del paisaje y/o de nuestras limitaciones.

CC
La cultura está constituida de realidades y por los signos […] inventados para
describirlas […]. También posee una dimensión simbólica. Al ser repetidos en
público, algunos gestos se cargan de significaciones nuevas, se transforman
en rituales y crean, en quienes los hacen y los observan, un sentimiento de co-
munidad compartida.
En la medida en que el recuerdo de las acciones colectivas se enlaza con los
caprichos de la topografía, […] o con los monumentos creados para sostener
la memoria de todos, el espacio se convierte en territorio [...] El paisaje lleva
la huella de la actividad productiva de los hombres […]. Está marcado por las
técnicas materiales que la sociedad domina, y moldeado para responder a las
convicciones religiosas, a las pasiones ideológicas o a los gustos estéticos de
los grupos. [Es] un documento clave para comprender las culturas, a menudo el
único que nos queda […] del pasado.
Los niños asimilan conocimientos, actitudes y valores observando lo que se
hace […] e imitándolo: las lecciones [de] los adultos subrayan los símbolos de
los cuales los lugares son portadores. El paisaje se vuelve así una de las matri-
ces de la cultura.
[…] su interpretación [la de los paisajes] no es fácil: hablan de los hombres que
los moldean y que los habitan actualmente, y de aquellos que los precedieron;
informan sobre las necesidades y los sueños de hoy y también de un pasado a
veces difícil de datar. (Claval, 1999: 18-19).

Por otro lado, Cosgrove plantea a la geografía cultural como un mundo de sig-
nificados, y en esto también surge una clara evolución de la forma conceptual
del paisaje. Este autor desarrolla un enfoque eminentemente histórico para
rastrear las relaciones entre el paisaje y la imaginación geográfica. Los modos

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


66

de visión plantean relaciones con las diferentes formas de percibir el espa-


cio. Las imágenes del paisaje construyen, a la vez que reflejan, la expresión
geográfica de identidades sociales e individuales. La evolución de los signifi-
cados del paisaje en el mundo occidental es tanto una historia de cambio de
tecnologías de percepción y modos de representación como de las relaciones
sin mediación alguna entre el espectador humano y el espacio material. Este
autor es brillante exponente de la geografía cultural anglosajona. En otra línea,
aunque convergente se desarrollará la escuela francesa.

LECTURA RECOMENDADA

RR
Cosgrove, D. “Observando la naturaleza: el paisaje y el sentido europeo de la vista”,
[en línea]. En: Boletín de la A.G.E. Nº34. Madrid. Asociación de Geógrafos Españoles.
2002. Disponible en: <dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/660033.pdf> [Consulta:
01/03/2013].

La mirada de la geografía cultural, y en particular, a partir del aporte de Claval,


nos acerca a entender y a poner de manifiesto lo siguiente: a) nuestras estruc-
turas o formas de ver al mundo; b) la complejidad del fenómeno espacio-tiem-
po y su materialización en el territorio; c) la íntima relación entre lo “natural” y
las acciones y decisiones de grupos sociales, que distan de ser espontáneas,
sino por el contrario, responden a racionalidades y acciones sociales concre-
tas, a través de relaciones dialécticas, y/o sistémicas, entre el espacio físico y
el espacio social, entre las sociedades, y entre sus espacios.Para la actividad
que sigue, le pedimos que ingrese al Observatorio del Paisaje de Cataluña, a
partir del siguiente enlace:

Observatorio del Paisaje de Cataluña. <www.catpaisatge.net> Consulta:


WW 18/03/2013. Descripción: observatorio de dicho paisaje.

4.

KK Paisaje y sociedad
a. Indague, recorriendo la página, sobre el tipo de información que brinda
el Observatorio de Paisaje de Cataluña que dirige Joan Nogué, geógrafo
especializado y reconocido internacionalmente en ese campo. Exprese
precisamente cuáles son sus objetivos y por qué el paisaje resulta de
interés científico y social.
b. ¿Podría intuir qué definición de paisaje subyace en la información?
Argumente su propuesta.
c. ¿Pensaba que el paisaje tenía esta relevancia científica en la actualidad?
Fundamente su respuesta.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


67

2.3.2. El paisaje y lo aparente


El análisis del paisaje, desde nuestra Geografía Humana, se enriquece con la
interesante contribución que realiza Milton Santos en su análisis crítico del
mismo, señalando los límites y oportunidades que nos da para el análisis del
espacio geográfico. Al respecto, comenta:

CC
Todo esto nos lleva a colocar el problema de las divisiones del espacio.
Podemos hacerlo de dos maneras. Una nos lleva a distinguir formas múltiples
de organización que resultan en otras tantas apariencias concretas. Sería el
espacio-paisaje. Y la otra, la escala del espacio a estudiar. En tanto que no hay
espacio real fuera del espacio banal, es necesario definirlo según las dos no-
ciones. Desde el punto de vista de la percepción inmediata, el espacio se dife-
rencia en función de los paisajes presentes. En el lenguaje geográfico se pue-
de comprender, entonces, a través de la oposición entre espacio urbano y
espacio rural. Pero esto es nada más que el lenguaje, destinado a definir un
epifenómeno, el paisaje. Desde el punto de vista genético, lo único capaz de
trazar una explicación del espacio no es solamente diferenciarlo por el hecho
que de las actividades dominantes sean de naturaleza diferente, sino también
se lo puede explicar en función de la estructura de esas actividades y de los
respectivos niveles de decisión. Este problema depende de la escala de obser-
vación de los fenómenos, y, por lo tanto, de la escala de su explicación.
Por consiguiente, cada actividad tiene un reflejo espacial y una escala espacial
diferente, dependiendo tanto del nivel de desarrollo económico, como también,
del propio nivel de la actividad. Es a esa escala que debe corresponder la esca-
la de análisis. (Santos, 1996: 65).

En otras palabras, los paisajes que vemos son apenas manifestaciones apa-
rentes de las relaciones establecidas entre los muchos y variados factores que
intervienen en el modelado y transformación de nuestro planeta.
Para avanzar en el análisis de los paisajes, podemos partir de los fenómenos
físicos-naturales visibles: la energía del sol, el relieve, las plantas, los anima-
les, las aguas, las nubes, los vientos, las estaciones y su relación con los movi-
mientos y desplazamientos de la Tierra, o de los constantes levantamientos o
el hundimiento y los desplazamientos de los continentes que explican el relieve
y el perfil de las costas y así adentrarnos en el campo de las ciencias de la tie-
rra. O también podemos partir de las formas de acción de las tribus indígenas
que persisten como relictos o ruinas arqueológicas y llegar, siguiendo su rastro,
hasta la lectura de la impronta de la intervención de las modernas sociedades
industriales. Pero estas solo son algunas de las visibles relaciones que intervie-
nen en la formación de los espacios geográficos. Ir más allá de las apariencias
significa considerar que por detrás de todo paisaje tenemos, necesariamente,
una dinámica particular que lo configura, que lo construye, que lo mantiene con
determinada apariencia, y esto vale tanto para la selva o el desierto, como para
el paisaje agrario o la ciudad de rascacielos que trasuntan la obra de la socie-
dad que lo modela con su bagaje cultural y sus objetivos económicos y políticos.
Lo que nos lleva una vez más al terreno de las ciencias sociales.
Estudiar geográficamente el mundo, en su totalidad o en parte, es comen-
zar a buscar respuestas al cómo y por qué de los paisajes y de las característi-
cas que observamos. Es decir, lo que se busca es la comprensión del espacio

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


68

geográfico, entendido como algo que incluye no solo aquello que vemos (paisa-
je), sino también los factores intervinientes ocultos detrás de esa apariencia.
Por lo tanto, la investigación del hecho geográfico acerca del mundo actual
debe no solo ocuparse de las descripciones de las realidades aparentes, sino
indagar, principalmente, sobre el modo por el cual la sociedad produce una
particular organización del espacio.
Más aun: citemos a Jens Andermann (2011) según quien el paisaje, –en
tanto postales que se identifican con la naturaleza de un lugar, con un grupo
social y discurso determinado– es uno de los nodos principales a través de los
cuales se puede pensar la interrelación entre prácticas políticas y estéticas
legitimadas en un momento dado y según la estructura del poder.

CC
Como imagen cultural de la naturaleza, el paisaje se inscribe en una tensión
constitutiva entre su apropiación como signo que otorga control representacio-
nal sobre un objeto determinado y la experiencia en que este mismo signo pro-
mete y anuncia: experiencia de su propio desborde en tanto imagen, y que lo
devolverá al espectador a un modo tangible de experiencias más allá de las
mediación. Pero es así, precisamente, como la inmediatez una y otra vez anun-
ciada y postergada en un mismo instante por el paisaje –“lo natural” dándose
epifánicamente, en estado puro– contribuye y sanciona a la petrificación de las
relaciones sociales que se interponen en la realización de la promesa. En el
paisaje, la “segunda naturaleza” (para valernos del concepto lukásiano) apare-
ce imbricada inexorablemente con la primera que no existe sino como efecto
negativo de esta. En rigor, pues, como sugiere Jacques Derrida “no hay natura-
leza, solo sus efectos”. El paisaje representa estos efectos en el doble senti-
do propio del concepto de representación. Por un lado, remite a la imagen he-
cha, al paisaje visión […]. En cambio, en su sentido performativo, el término
representación remite a la puesta en relación entre el cuerpo y el entorno, y
así a una noción de espacio. (Andermann, 2011: 279-280).

Ahora bien, retomando nuestro eje de análisis, en la interpretación del paisaje


partimos de la información de nuestros sentidos: los colores, la luz, las textu-
ras, los volúmenes, las líneas y puntos, la distribución y forma de los objetos,
todo debe ser decodificado y expresado como dato que solo el ojo experto
podrá identificar. Además de los aspectos visibles, tomaremos de la prime-
ra descripción pistas o indicios de los procesos que estuvieron presentes,
como también interpretaremos las actuales funciones, y también las pasadas.
Haremos el esfuerzo por analizar no solo la escala espacial allí implícita, sino
además, la escala temporal que se manifiesta en ese recorte de paisaje. Todo
dependerá de las formas plasmadas en el paisaje que analicemos, como de
la propia experiencia, del entrenamiento para la interpretación, de nuestros
saberes e intereses sobre el lugar en cuestión. En conclusión: en el paisaje,
todo el pasado se hace presente para quien lo sepa leer en él.
Generalizando, podríamos decir que hoy, cuando hablamos de espacios
geográficos, estamos siempre hablando de espacios producidos o apropiados
por la sociedad cambiante en el tiempo por cuantía, objetos y técnicas en un
proceso constante de redefinición, de remodelación de los paisajes.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


69

LEER CON ATENCIÓN

En la descripción e interpretación de los paisajes ponemos en mar-

LL cha una serie de competencias que nos permitieron ir más allá de lo


sensible, formulándonos las preguntas del por qué y del cómo los
factores, objetos, personas y relaciones han tenido tal expresión en
el espacio y en el tiempo. Permanencias y cambios, refuncionaliza-
ciones, nuevas valorizaciones sociales, siempre están presentes en el
espacio, y si bien, espacio y paisaje no son sinónimos son conceptos
estrechamente relacionados entre sí. Es claro para nosotros que el
paisaje es la expresión sensible de las relaciones que la sociedad esta-
blece con su territorio y que estas relaciones responden a la acción
de diferentes escalas sociales que actúan sobre él. De tal manera que
ahora es imprescindible hacer hincapié en cuatro nociones básicas:
flujos, sistema, “tiempo espacial” y fricciones (o rugosidades, como lo
expresaría Milton Santos).

Hemos visto que el espacio geográfico se materializa en una porción delimi-


tada de territorio; y también, que este es representado como el teatro de las
acciones de la sociedad local influido por decisiones, a veces, proveniente de
otros territorios, cuyo peso no siempre es perceptible a primera vista. Es en
la simple apariencia donde se encierran fuerzas, fricciones, flujos, decisiones
y agentes que variarán según la escala de análisis.

LECTURA OBLIGATORIA

Santos, M. (1996), “Capítulo 5”, en: Metamorfosis del espacio habi-

OO tado, Oikos Tau, Barcelona.

La organización del espacio y su expresión física, el territorio, nos permiten


reconocer sistemas de objetos y relaciones que se ordenan y funcionan, en
el marco de otros espacios. También, hemos reconocido cómo en el territo-
rio se recrean tanto los elementos naturales como los sociales, y adquieren
cada vez, una singular valoración histórica. Cuando hablamos de los sistemas
geográficos, no lo hacemos como si fuesen una rígida estructura, semejante
a una maquinaria de relojería, sino como un sistema abierto con elementos
que se interrelacionan, como resultado de procesos históricos, imposibles
de predecir a modo de oráculo. También, hemos reconocido la presencia de
diversos tiempos tanto en los objetos fijos como en las redes; las resistencias
o fricciones existentes en territorio que dan como resultado su desarrollo, su
crecimiento y evolución creando nuevas formas espaciales, o su desapari-
ción. Por otro lado, los espacios, es decir, la mezcla de estructuras que los
caracterizan, están en cada momento más o menos abiertos a las influencias
nuevas, como la sociedad toda. Hay espacios abiertos receptores, concreta-
mente: lugares permeables a los flujos de modernización o innovación; otros,

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


70

capaces de crear algún sistema de innovación tecnológica, mientras algunos


se aferran a viejas estructuras generando restricciones, fricciones para su
modernización, que finalmente se le imponen, en condiciones de marginalidad
para la sociedad local.

5.

KK El análisis del paisaje, el rostro del territorio

a. Observe el paisaje que te presentamos en la imagen que sigue a la


actividad, y realice un listado de preguntas identificando la forma,
los colores, a la distribución de los objetos allí presentes. Por otro
lado, plantee preguntas acerca de cuáles podrían ser los procesos que
se manifiestan en la imagen, presentes y pasados.
b. Luego de la relectura de los contenidos pertinentes de la carpeta, des-
criba este paisaje apoyándose en los siguientes enfoques conceptuales:
1. ¿Cómo lo interpretaría Milton Santos?
2. ¿Cómo lo analizaría Denis Cosgrove?
c. Lea la siguiente frase: “El paisaje es el resultado de una transforma-
ción colectiva de la naturaleza, es la proyección natural de una socie-
dad en un espacio determinado: es el rostro del territorio”. (Nogué,
2010: 57). ¿Qué se quiere decir sobre el paisaje, además de lo eviden-
te, de lo explícito? Desarrolle, amplíe, argumente, ponga ejemplos
relacionados con lo trabajado hasta el momento en la unidad.

G.2.1. Paisaje de Buenos Aires

II

En conclusión, la simple idea del paisaje, como paisaje telúrico, decorativo o


vacío de contenido social, carece de sentido para el análisis geográfico. Detrás
de los paisajes están las acciones de la sociedad –presentes y pasadas–, las
necesidades existenciales, las ideas mediadoras, la producción cotidiana del
espacio que finalmente, lo articulan y organizan y le dan una fisonomía propia.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


71

Tradicionalmente, el tratamiento del paisaje ha sido trivial, casi limitado a


imágenes con vistas espectaculares de lugares donde la naturaleza se revis-
te de un gran valor estético, como las Cataratas del Iguazú o el Glaciar Perito
Moreno. Frecuentemente, sus descripciones olvidan su riqueza como expre-
sión del contexto socioeconómico, político, cultural, que los pone en valor.
Hoy el paisaje es considerado como patrimonio de la sociedad, es el espejo
que refleja lo que la sociedad es, su ideario, sus fortalezas y sus debilidades;
está hecho de luces y sombras, refleja la riqueza, la sensibilidad ambiental,
la perspectiva cultural, la estética, la calidad de vida y también la inequidad.
Es innegable que el paisaje es mucho más que un hecho estético digno de
una fotografía. En realidad, un paisaje es la expresión del territorio que per-
cibimos a través de los sentidos. El paisaje es el resultado de las acciones
sociales que transforman el medio y lo reconstruyen continuamente. Este con-
cepto tiene una connotación relevante, ya que está presente en todo análisis
social, inclusive en el campo profesional como el turismo, en el urbanismo,
etc. En el urbanismo, el análisis del paisaje es central para vincular el hábi-
tat y las relaciones sociales. En el turismo se desarrollan diversas formas de
puesta en el mercado de los paisajes, ya sea desde una concepción clásica,
ya sea desde el ecoturismo que valora los paisajes naturales excepcionales.

2.4. El retorno al territorio y la región


El retorno al territorio y a la región es un título provocador, dado que en reali-
dad nunca se retiraron; lo que si sucedió es que los enfoques teóricos que le
dieron vida y auge fueron fuertemente erosionados desde finales del siglo XX,
tanto por la geografía cuantitativa o teorética como desde la geografía radical.
Por ello, algunos geógrafos plantean el retorno, la vuelta a estas categorías
en apariencia caídas en desuso. Lo que si pasó es que lo que cayó en desuso
fueron sus teorizaciones científicas de antaño, que dieron lugar a la multipli-
cidad de enfoques y revisiones, todas estas ajustadas a las necesidades de
la realidad social contemporánea.
La Geografía Regional es sin duda la rama especializada por excelencia de
la Geografía Humana. Esta se identificaba con el estudio de la región, como
una geografía de corte descriptivo y de síntesis. Hoy, la región, en su inte-
rior, es contenedora de una doble herencia; una, antigua, relacionada con la
descripción y otra, moderna, que toma la región como unidad básica de rela-
ción entre el hombre y el medio. Este concepto ha adquirido un rol destacado
en la organización espacial no solo en la geografía sino también en diversas
disciplinas.
En cuanto al significado de la noción territorio, sucede algo similar, aunque
no se lo apropia una rama específica de la disciplina sino que la multiplicidad
de acepciones se reproducen en tanto existan definiciones de espacio geográ-
fico. Las significaciones conceptuales del territorio podrían ser algo así como
una aparente Torre de Babel. Para ir al fondo de la cuestión, se hace necesa-
rio plantear algunos aspectos que nos ayuden a entender su mutación, como
una muestra de la complejidad.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


72

2.4.1. La mirada regional


El concepto de región fue centro de debates. La región como tierra delimitada
parte de una homogeneidad en el reconocimiento de la existencia de relacio-
nes entre factores físicos y la presencia humana. Como sostiene Valcárcel
(2000), hacer de la región objeto y objetivo de la geografía regional fue un
proceso paulatino en el que se reflejan el ascenso y el descenso de dicha
geografía.
Hasta mediados del siglo XX, la geografía regional se mantiene como disci-
plina que se orienta a describir e identificar regiones, producto de la herencia
clásica de la escuela francesa de Vidal de la Blache y Hettner en Alemania que
impusieron dos tendencias hacia generalizaciones, y provocaron en el campo
geográfico una producción de monografías regionales sin precedentes, que
fueron sin duda la principal contribución al saber disciplinar.
La descripción regional se apoyaba en el análisis del paisaje y formaba
parte entonces de esa geografía de autores clásicos que logran denominarla
corografía aunque este término cae en desuso. Una línea importante, asociada
más con la geografía alemana (pero no excluyente) se centraba en la descrip-
ción de las geoformas de la superficie terrestre y respondía así a su forma de
explicar el mundo, que para el hombre se presenta como finito. Lo que debe-
mos rescatar es que al tratarse de una ciencia de los lugares, no de los hom-
bres, tal como lo sostiene García Álvarez (2006), la región es objeto y el méto-
do regional, el procedimiento. La visión de la geografía clásica con respecto
al mundo es la de un rompecabezas donde las piezas encajan perfectamente
en la región, de ahí que se privilegie describirla, identificarla y estudiarla con
cierta impronta naturalista, influida por los avances cientificados del momento.
El declive de la región en la Geografía Humana se produce luego de la
Segunda Guerra Mundial, y se prolonga hasta 1960 y más. Las críticas se
relacionan con el insuficiente desarrollo teórico y con su metodología. Dichas
críticas vendrán de la mano de geografía analítica, y con los modelos espacia-
les preocupados en la enunciación de leyes. La región funcional o formal como
herramienta conceptual del investigador renovó el léxico y las herramientas de
análisis sin perder de vista las redes, los flujos, los sistemas que la vertebran.
En la década de 1980, la geografía clásica y la moderna han sido objeto
de relecturas en búsqueda de soluciones que permitieran superar la intensa
fragmentación del conocimiento geográfico. Se intenta recuperar la visión inte-
gradora que ofrece la regionalización como síntesis geográfica. En esta reno-
vación, se ha planteado la necesidad de incorporar la dimensión cultural del
conocimiento geográfico que legitime la participación del sujeto como vehícu-
lo para el conocimiento geográfico. También, el retorno a lo regional fue pro-
puesto desde varias líneas de pensamiento crítico como la geografía radical.
Esta plantea las regiones como el escenario de las desigualdades asociadas
al sistema capitalista globalizado.
En este sentido, podemos decir que se suman enfoques sistémicos con-
temporáneos con representantes como O. Dollfus y R. Brunet que toman la
región estructurada por relaciones verticales y horizontales; economías políti-
cas que centran el análisis de sistema mundo en relación con las desigualda-
des del sistema capitalista.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


73

LEER CON ATENCIÓN

La región es una porción de espacio terrestre individualizada e iden-

LL tificada. La ambigüedad de los criterios para su delimitación fue pre-


ocupación de la ciencia y del análisis regional. Por décadas, se bus-
caron delimitaciones precisas, lo que resultó en la formulación de la
región formal. No debemos olvidar que la delimitación de una región
puede estar determinada por una serie de características simples y
básicas que ofrezcan una homogeneidad visible en la que se determi-
ne sus límites. En todos los casos, la región es una porción del espa-
cio definida que se identifica con un rasgo concreto que caracteriza
al conjunto. Por ejemplo: si tomamos a la vegetación y el medio físi-
co encontraremos regiones naturales; si se la delimita por el radio de
influencia de una metrópoli, estaremos en presencia de una región
metropolitana, y si tomamos un sistema de producción de vinos
mendocinos, hablaremos de regiones vitivinícolas, o si se parte de
la información del clima, la representaremos en regiones climáticas,
etcétera.

Cuando es el medio físico el que ofrece las características definitorias (clima,


vegetación, relieve, geomorfología, etc.) hablamos de regiones naturales.
Estas regiones, durante décadas eclipsaron otras formas de comprensión del
espacio terrestre y básicamente fueron el centro de la geografía física y de
los análisis medioambientales en la disciplina. En la enseñanza escolar, las
regiones, generalmente, estaban apoyadas en los rasgos físicos y naturales;
esta visión aun perdura y ha sido un fenómeno internacional.
Le proponemos que mire atentamente el siguiente video, para luego reali-
zar la actividad que le sigue.

EE

Youtube. <http://www.youtube.com/watch?v=AC5QXrWIbKI>
[Consulta: 18/03/2013]. Descripción: “Geografía, regiones naturales”.
Mediateca Telesecundaria.

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74

6.

KK La región en cuestión
a. ¿Cómo se establecen los grados de homogeneidad de las regiones?
¿Con qué variables? Enumere al menos dos.
b. ¿Ha recibido alguna vez este tipo de información? ¿Dónde y cuando?
c. ¿Qué variables están minimizadas o ausentes en estas regionalizaciones?

No obstante, existen otros casos para definir a las regiones que se funda-
mentan en aspectos más complejos como pueden ser las regiones históricas,
preocupadas por el espacio político o descriptivo de pueblos y localizaciones
geopolíticas: las regiones políticas-administrativas o geopolíticas, como puede
ser la Unión Europea y, en el segundo caso regional, más próximo a nosotros,
el Mercosur.
En la región, el factor económico es central. Por ejemplo, podemos encon-
trar varias tipologías. La región es homogénea, los parámetros seleccionados
representan variables constantes en el territorio. La región funcional o pola-
rizada es la que se organiza a través de nodos y jerarquías. La región planifi-
cada o región plan es en la que se determinan objetivos políticos o de orde-
nación territorial.
Hoy, en el análisis geográfico, la regionalización se encuentra en pleno
auge. La regionalización crea una clasificación de espacios, a partir de la defi-
nición de los atributos que le den identidad propia. Regionalizar lleva consigo
dos procesos opuestos: integrar y segregar. El primero conlleva la identifica-
ción de una similitud y homogeneidad interna entre los elementos que compo-
nen el territorio en relación con una o más variables seleccionadas. Pero tam-
bién se da el proceso opuesto, la segregación, ya que ese territorio delimitado
se distingue entre otros espacios a partir de rasgos visuales y/o materiales.
Finalmente, podemos decir que la cuestión regional se retoma hoy con
fuerza, en primer lugar, por la proliferación efectiva de regionalismos, identi-
dades regionales y de nuevas-viejas desigualdades socioeconómicas. Por otro
lado, la cuestión resurge en las ciencias sociales en función de los debates
académicos. El tema es apasionante, y nos excede para este espacio de tra-
bajo; para los interesados se recomiendan algunas lecturas, además de las
obligatorias.

LECTURA RECOMENDADA

RR
Haesbaert, R. (2010), Regional-Global. Dilemas da Região e da Regionalização na Geo-
grafia Contemporânea, Bertrand Brasil, Rio de Janeiro.
Albet i Mas, A. “¿Regiones singulares y regiones sin lugares? Reconsiderando el estu-
dio de lo regional y lo local en el contexto de la geografía postmoderna”, [en línea].
En: Boletín de la AGE Nº32. Madrid. 2001. Disponible en: <http://age.ieg.csic.es/
boletin/32/3202.pdf> [Consulta: 22 de marzo 2011].

En síntesis, el recorrido y la actualidad de la región y la regionalización como


herramienta de análisis espacial han sido profusos en el debate académico.
Aunque también hay que reconocer que esta producción científica no está

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


75

aislada sino relacionada con la sociedad contemporánea. Este retorno ha par-


tido de la necesidad de dar respuesta a estas nuevas formas de organización
espacial, donde lo regional aparece como un abordaje explicativo suficiente,
tanto para las relaciones de poder político y económico como para afrontar
todas las mutaciones culturales e identitarias que emergen de las fracturas
de la modernidad y la globalización.

2.4.2. El protagonismo del territorio


La región, el territorio y el paisaje interactúan todo el tiempo. Recordemos
que la región en su origen –como lo presenta Valcárcel (2000)– responde a la
necesidad práctica de representar las delimitaciones celestes que formaban
parte de la práctica religiosa romana. Región procede de regio, expresión latina
que indica la dirección en línea recta, y que se aplicó a las líneas rectas tra-
zadas en el cielo por los augures para delimitar sus partes. De allí, sus raíces
en la aplicación geográfica para indicar los límites o fronteras y sobre todo, el
área comprendida dentro de esos límites, el territorio. Desde entonces, las
formas de valorar y delimitar al territorio son diversas, y cuando pensamos
en las cosmovisiones de los pueblos originarios, estas nos remiten a otra
concepción diferente del territorio de la occidental. Para los mayas o para los
incas, el territorio es visto como naturaleza sagrada e integrada a la vida de
los pueblos. En este sentido, cada vez más aparecen hibridaciones territoria-
les y culturales que diseñan nuevas formas de representación del territorio o
del lugar de la memoria. Veamos la siguiente propuesta en que el cuerpo se
reconstruye como territorio.

PARA REFLEXIONAR

La globalización, la territorialización y la desterritorialización son


PP procesos que conllevan la movilidad territorial de la población, y con
ello, sus culturas, creencias y religiones. Las búsquedas de identidad
y la reconstrucción de una memoria utilitaria para una comunidad
aparecen en la escena urbana o rural a miles de kilómetros. Se enfa-
tizan algunas costumbres y la religión adquiere ese valor aglutinante
de lo social. Hasta tal punto se dan estos procesos, que las vestimen-
tas, la apariencia corporal, se resignifican como marcadores territo-
riales, y el cuerpo, entonces, aparecen como continuidad territorial.
El cuerpo toma un lugar protagónico frente a la construcción de
identidad desde la memoria colectiva de los grupos sociales y/o de
movimientos religiosos. La construcción de una memoria que fije la
materialidad de y en las creencias del pasado resulta indispensable
como reconstrucción de la identidad y pertenencia religiosa del pre-
sente, a la vez que proyecta al grupo hacia el futuro cierto y definido.
Estos componentes constituyen a los grupos en búsqueda de su iden-
tidad religiosa. A través del diseño y de la narrativa de una memoria,
la comunidad fija rasgos de las representaciones de sí misma frente
a la sociedad. Así, las modalidades de construcción del relato mne-
mónico se enmarcan en un guión a partir de lo que cuenta para ellas
en el presente.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


76

Este proceso genera representaciones compartidas y sostenidas por


los miembros de esa comunidad religiosa, situada conceptualmente
en un espacio intermedio entre la memoria individual y la memoria
colectiva. En esos intersticios sociales, se generan espacios sociales.
Así, es posible analizar el cuerpo y su imagen en tanto vehículo de
disciplinamiento social-religioso, pero a la vez como locus donde es
posible reinventar las identidades. En este sentido, el cuerpo ha teni-
do un rol central en los rituales, sacrificios y ofrendas a lo largo de la
humanidad, variando según la religión o creencias del grupo social.
(Carballo, 2013).

Por otro lado, Joan Nogué proporciona otra mirada, siguiendo la misma línea
cultural y social. Este autor propone con claridad el papel de la experiencia y
el de la identidad, no como elementos contenedores del paisaje o el territorio,
sino a la inversa.

CC
El territorio proporciona el medio principal a través del cual damos sentido al
mundo y a través del cual actuamos en el mundo. Cuando creamos territorios
en el espacio geográfico, cuando vivimos aquellos territorios, creamos identi-
dades. Hablar de territorio, por lo tanto es hablar de la identidad, porque la
identidad no está solo asociada a la cultura y a la lengua, sino también al es-
pacio geográfico, a los espacios geográficos. Podemos sentirnos parte de di-
versos territorios en una misma escala o en escalas diferentes. Es un senti-
miento vivido de manera muy diversa según las personas, con lo cual no se
puede generalizar más sobre ello, pero lo que es innegable es que todos los
tenemos, todos los sentimos y muy a menudo están vinculados a los recuer-
dos y a las experiencias vividas. (Nogué, 2010:22. Selección de textos traduci-
dos por las autoras).

No obstante, casi todos tenemos una concepción muy arraigada que surge de
la expansión occidental, de la modernidad y de la definición de los Estados.
El territorio es visto, casi exclusivamente, como parte inseparable del Estado.
Por otro lado, no olvidemos que la biología también nos ha dejado su huella y
las visiones de territorio y territorialidad se asocian muchas veces a los com-
portamientos animales y sobre la capacidad de delimitarlo, para asegurar la
subsistencia de las especies.
Ahora bien, hecha esta introducción, volvamos a la geografía. La diferencia-
ción que establecemos en relación con los objetos (de superviviencia, social,
emocional, etc.) o de la ubicación estos presentan nos permiten distinguir enti-
dades diversas tales como sitios y lugares. Esta espacialidad humana conlleva
que el espacio forme parte inseparable de la práctica social y que, por ello, las
nociones espaciales constituyan un elemento cotidiano en nuestro lenguaje.
Entre las nociones espaciales y los conceptos geográficos se encuentra
la construcción consciente de una forma de representación del espacio: el
territorio.
En la actualidad, en relación con el territorio, la realidad nos abruma sobre
el significado político, vivimos un tiempo signado por el recrudecimiento de

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


77

las tensiones sociales y fundamentalmente, por el creciente protagonismo de


los movimientos sociales en búsqueda de su identidad y legitimación frente
al Estado y/o frente al mercado. En estos casos, la percepción que se tiene
del territorio de pertenencia y de expresión colectiva no condice con la visión
de quienes ven en él solo una fuente de recursos, o un bien que se cotiza en
el mercado.
En este escenario, las acciones colectivas resignifican al territorio no tan
solo como un espacio físico. Y esto tiene consecuencias porque estamos asis-
tiendo también a un momento de profundos cuestionamientos del pensamien-
to que legitima el orden desigual impuesto en América.

7.

KK Repensando el territorio

Fuente:<http://razoncartografica.files.wordpress.com/2012/03/club-de-mapas.png>.

a. ¿Cuál es la respuesta que busca la maestra? Es decir, ¿cómo se utiliza


tradicionalmente en la escuela, el concepto de territorio?
b. ¿Cuál es la visión del territorio de Mafalda? En otras palabras, ¿en qué
piensa el autor al plantear esta caricatura de la sociedad argentina?

El cuerpo de conceptos que sostenían al territorio como noción geográfica


comienza a desdibujarse, generando cierta incertidumbre teórica. Ya no queda
claro de qué realidad da cuenta, por ejemplo, un concepto como el de territo-
rio. Giménez (2001: 5), antropólogo, presenta una ajustada síntesis a partir
de su interés en definir el concepto de territorio. Para ello, abrevará en aguas

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


78

de la Geografía Humana y Cultural renovada, rompiendo con las visiones esta-


docentristas y fijas de la noción territorio. Su síntesis viene a cuento dado que
es impecable su reconstrucción.

CC
Se entiende por territorio el espacio apropiado y valorizado por un grupo social
para asegurar su reproducción y la satisfacción de sus necesidades vitales. Se
trata de un concepto multiescalar que puede ser aprehendido en diferentes ni-
veles de la escala geográfica. Los geógrafos han elaborado también el concep-
to de paisaje en estrecha relación con el de territorio, ya que se considera al
primero como símbolo metonímico y componente diferenciador de este último.
La cultura, entendida como pauta de significados, constituye una dimensión
fundamental del territorio, porque la apropiación del espacio no tiene sólo un
carácter instrumental sino también simbólico-expresivo. Así entendido, el terri-
torio constituye el marco obligado de ciertos fenómenos sociales, como el
arraigo, el apego y el sentimiento de pertenencia socioterritorial, por un lado, y
la movilidad, la migración y hasta la globalización, por otro. (Giménez, 2001).

A continuación, le presentamos el mapa de los cortes y piquetes en un paro


de la CGT, actualizado el 20 de noviembre de 2012 a las 10:55 horas. Le
proponemos leer la noticia y reflexionar sobre el rol del territorio en momentos
de reclamo social. Piense en qué se diferenciaría esta noción de territorio y
qué tendría en común si retomamos a Mafalda y los límites que presentamos
al inicio del tema (apartado 2.2).

EE

Terra. <http://noticias.terra.com.ar/sociedad/conoce-el-mapa-de-los-
cortes-y-piquetes-en-el-paro-de-la-cgt,3becaf173891b310VgnVCM5
000009ccceb0aRCRD.html> [Consulta: 18/03/2013]. Descripción:
portal de noticias; en esta ocasión, presenta el mapa de piquetes previa-
mente mencionado en la presentación del recurso.

El territorio, concepto complejo, es profundizado con agudeza metodológica por


A. Benedetti (2011), que resalta los procesos epistemológicos y políticos que
asume esta noción, aunque quizás el meollo de la cuestión lo plantea al citar
a Lobato Corrêa. Este último autor, al hablar del territorio y de su polisemia se
refiere al concepto de espacio como contenedor de perspectivas teóricas, y sus
dos corrientes –igualmente confundidas y difundidas– que sustentan sus acep-
ciones. Es decir, el espacio absoluto y el espacio social: estas acepciones son
en síntesis reducida las principales referencias teóricas del territorio.

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79

LECTURA RECOMENDADA

RR
Benedetti, A. (2011), “Territorio: concepto integrador de la geografía contemporánea”,
en: Territorio, Lugar y Paisaje. Prácticas y conceptos básicos en geografía, Editorial de la
Facultad de Filosofía y letras, Buenos Aires, pp. 11-82.

En otra escala, o mejor dicho en el interjuego de escalas de análisis, Segato


(2008: 46) reflexiona justamente sobre los procesos de localización y demar-
cación territorial en los contextos globales y contemporáneos. “No se trata
de un proceso de desterritorialización, ni siquiera de una nueva relación con
el territorio, sino de una nueva producción del territorio”. Es, en este sentido,
un claro aporte para no caer en definiciones y redefiniciones conceptuales del
territorio, cuando comenzamos a presentarlo como producción social, así el
territorio es lo que es en ese contexto de producción.
En la siguiente representación cartográfica, el territorio es tomado como el
escenario de los procesos climáticos. En este caso, el territorio se modeliza en
tres grandes categorías según la intensidad de las precipitaciones promedio.

G.2.2. Mapa de isohietas. Argentina

II

Fuente: <http://escritorioeducacionespecial.educ.ar/datos/mapas-geografia.html>.

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80

La utilidad del análisis de las precipitaciones se relaciona con los procesos


físicos y sociales que desencadenan la presencia o no del agua. Es decir,
la noción de soporte físico sigue siendo útil a la hora de poder entender los
comportamientos y valorizaciones económicas como sociales del territorio.
En el siguiente caso, el territorio es el reconocido e institucionalizado por
el Estado.

G.2.3. Mapa de la Patagonia, 1877

II

Fuente: <http://bahiasinfondo.blogspot.com.ar/2012/02/buscando-mapas-viejos-de-
la-patagonia.html>.

Esta reconstrucción de la región patagónica, como vemos, es incompleta


cuando nos retrotraemos a los mapas actuales y a la definición territorial del
Estado argentino. Lo que sí nos indica este mapa es el alcance del territorio
inventariado hasta ese momento, 1877. Si bien ya se conocía la extensión
de la Patagonia por las rutas de navegación y los numerosos contactos con
conquistadores, viajeros, piratas y científicos, se la conocía relativamente y no
se contaba aún con el inventario territorial de los recursos y de las poblaciones
en el interior del continente. La expedición de Francisco P. Moreno ha sido
conocida en la historia argentina por sus logros científicos, por su defensa
territorial como perito de límites y por su rol político.
El camino recorrido frente a la noción territorio ha sido vasto, y a pesar de
las diferenciaciones epistémicas e históricas, existen quizás convergencias en
el hecho de que sus significados conviven más allá del abordaje que se haga
del espacio entre las funciones políticas y las académicas.
El territorio, finalmente, es una herramienta –tanto teórica como empí-
rica– para la comprensión de la realidad social y cultural, en tiempos
contemporáneos.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


81

Referencias bibliográficas

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Aproximaciones, intersecciones y desafíos, Editorial de la Facultad de Filosofía y
letras, Buenos aires, 277-290.

Benedetti, A. (2011), “Territorio: concepto integrador de la geografía contemporánea”


en: Territorio, Lugar y Paisaje. Prácticas y conceptos básicos en geografía, Editorial
de la Facultad de Filosofía y letras, Buenos Aires, 11-82.

Carballo, C. (2013), “La corporalidad como nuevos territorios de espacialidad


religiosa”, en: Revista NEPEC, Universidade Estadual do Rio de Janeiro,
Rio de Janeiro, en prensa.
Claval, P. (1999), La Geografía Cultural, EUDEBA, Buenos Aires.
Corrêa, R. rosendahl, z. (2012), Geografía Cultural. Uma antologia, editora da
Universidade do Estado do Rio de Janeiro, Rio de Janeiro.
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Humana, Anthropos, Barcelona, 254-269.
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Humana, Anthropos, Barcelona, 25-70.
Giménez, G. (2001), “ Cultura, territorio y migraciones. Aproximaciones teóricas”,
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Haesbaert, R. (2010), Regional-Global. Dilemas da Região e da Regionalização
na Geografia Contemporânea, Bertrand Brasil, Rio de Janeiro.
Palleres i Barbera, M., Tulla i Pujol, A. (2001), Geografía regional, Edicions de la
Universitat Oberta de Catalunya, Barcelona.
Nogué, J. (2010), Paisatge, territori i societat civil, Tres i Quatre, S.L., Valencia.
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Referencias web
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el estudio de lo regional y lo local en el contexto de la geografía
postmoderna”, [en línea]. En: Boletín de la A.G.E. Nº32. Madrid. 2001.
Disponible en: <http://age.ieg.csic.es/boletin/32/3202.pdf> [Consulta:
22/03/2011].
Bahía sin fondo. <http://bahiasinfondo.blogspot.com.ar/2012/02/buscando-
mapas-viejos-de-la-patagonia.html> [Consulta: 02/02/2013]. Descripción:
blog, con elementos útiles para geografía.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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Cosgrove, D. “Observando la naturaleza: el paisaje y el sentido europeo de


la vista”, [en línea]. En: Boletín de la AGE Nº34. Madrid. Asociación
de Geógrafos Españoles. 2002. Disponible en: <dialnet.unirioja.es/
descarga/articulo/660033.pdf > [Consulta: 01/03/ 2013].
Escritorio Modalidad Educación Especial. <http://escritorioeducacionespecial.
educ.ar/datos/mapas-geografia.html> [Consulta: 20/03/2013].
Descripción: banco de imágenes y sonidos.
Razón Cartográfica. <http://razoncartografica.files.wordpress.com/2012/03/
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Segato, R. “La faccionalización de la república y el paisaje religioso como índice
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para el diálogo. Buenos Aires. CLACSO, Consejo Latinoamericano de
Ciencias Sociales. 2008. Disponible en: <http://bibliotecavirtual.clacso.
org.ar/ar/libros/grupos/alonso/Segato.pdf> [Consulta: 02/02/2013].
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y-piquetes-en-el-paro-de-la-cgt,3becaf173891b310VgnVCM5000009c
cceb0aRCRD.html> [Consulta: 18/03/2013]. Descripción: portal de
noticias; en esta ocasión, presenta el mapa de piquetes previamente
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Valenzuela, C. “Contribuciones al análisis del concepto de escala como
instrumento clave en el contexto multiparadigmñatiuco de la Geografía
contemporánea”, [en línea]. En: Investigaciones geográficas Boletín del
Instituto de Geografía UNAM, Núm. 59. Mexico. UNAM. 2006. Disponible
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Vidal de la Blanche, P. “Le principe de la géographie générale”, [en línea].
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142. 1896. Disponible en: <http://www.persee.fr/web/revues/home/
prescript/article/geo_0003-4010_1896_num_5_20_5903> [Consulta:
08/03/2013]. (Selección de textos. Traducción propia).

Otras referencias
Youtube. <http://www.youtube.com/watch?v=AC5QXrWIbKI> [Consulta: 18/
03/2013]. Descripción: “Geografía, regiones naturales”. Mediateca
Telesecundaria.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


83

Espacios en definición: población, sociedad


y territorio

Objetivos

•• Reconocer, en los datos, en los indicadores y en los procesos demo-


gráficos de la población, herramientas para el análisis de la sociedad
contemporánea.
•• Comprender la desigual distribución espacial de la población desde enfo-
ques críticos.
•• Aplicar los aportes del análisis de la población en la interpretación de la
organización del espacio.
•• Reflexionar sobre las problemáticas de la población mundial y su interac-
ción con las mutaciones territoriales.

3.1. Introducción
Una aproximación simple, pero cierta, es plantear a la geografía, y en especial
a la geografía humana, como aquel campo del conocimiento que estudia la
superficie de la Tierra como el espacio en el que viven las sociedades.
La geografía humana, tradicionalmente, ha analizado y analiza las diferen-
tes formas y tendencias de distribución espacial de los fenómenos y activida-
des sociales, en términos de población. Poblaciones que varían de una loca-
lización a otra dando como resultante un planeta cambiante, pero finito. Por
ello, desde sus inicios, bajo la luz de diversos paradigmas teóricos, se ha ocu-
pado de estudiar las actividades humanas en su dimensión espacial, como la
distribución de la población y sus características más relevantes.
En esta unidad intentamos retomar y profundizar la relación población,
sociedad y territorio. Para comenzar, resulta imprescindible partir de algu-
na descripción demográfica por unidades territoriales. ¿Cuántos somos?
¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos? No son preguntas ingenuas y, como
veremos, la descripción es tan solo una parte del proceso de análisis, no lo
es todo.

3.2. La geografía de la población en el análisis de la


realidad social
El estudio de la población es una preocupación conjunta de muchas disci-
plinas como la demografía, la sociología, la ecología humana, la economía,
entre las principales. En este sentido, la geografía humana se ha interesado

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


84

especialmente en los estudios de población a partir de 1950 como una sub-


disciplina específica: la geografía de la población.

CC
Con anterioridad, la preocupación geográfica por los hechos de población, aun-
que no completamente ausente, había sido muy escasa. Ni en los grandes trata-
dos sobre el contenido y la metodología de la geografía en general, ni en los ma-
nuales específicos de la geografía humana, se le concedía una atención
especial. Prácticamente los únicos temas que interesaban eran los relativos a la
distribución espacial de los efectivos. Los demás aspectos de la población ape-
nas eran tocados, ni en el marco de las tesis regionales, en boga durante la mi-
tad del siglo XX (Puyol, 1995:51).

La revolución cuantitativa de la posguerra y el desarrollo de la demografía en la


geografía de la población han sido muy importantes. En esta fase se generan
modelos para la comprensión de la realidad poblacional, descriptivos, con
aspiraciones a explicar los procesos demográficos. Aunque esta producción
disciplinar fue innovadora en su tiempo, se sesgó en la aplicación de técni-
cas, hasta tal punto que algunos críticos proponen que este enfoque reduce
la geografía de la población a una demografía espacial. Durante el auge del
enfoque cuantitativo en el campo científico, y para el conocimiento geográfico,
la categoría central fue la de población humana, entendida como un conjun-
to de personas o agregados desligados de toda interpretación social de los
hechos demográficos; salvaguardando su imagen al demostrar neutralidad y
objetividad tanto metodológica como teórica.
En este contexto científico, caben destacar excepciones frente a la rigidez y
proliferación de modelos demográficos como fue la propuesta de Geografía de
la Población, de Pierre George (1965). Es decir, la geografía de la población,
en sus inicios, tanto en la metodología como en sus técnicas, estuvo enmar-
cada en una postura de búsqueda de leyes y modelos universales y explicati-
vos. No obstante, no debemos olvidar que también se desarrollaron grandes
bases de datos. De esta manera, por primera vez en la historia de la humani-
dad se desarrollan sistemáticamente estadísticas mundiales y a escala nacio-
nal, generando un gran bagaje de información, aunque primó la descripción de
la distribución espacial de la población.

LECTURA OBLIGATORIA

Mendoza, C. (2006), “Geografía de la Población”, en Tratado de

OO Geografía Humana, Anthropos, Barcelona, 147-169.

Detrás del crecimiento demográfico o de las migraciones contemporáneas,


por ejemplo, subyacen posiciones teóricas que evidencian tensiones sociales.
Posiciones que cuestionan al capitalismo que ignora el límite humano y el límite de
las condiciones del medio terrestre. De esta manera, se plantean los conflictos o
problemas sociales como las respuestas al tipo de crecimiento económico, el que
hoy nos introduce, cada vez más, a la diferenciación social del espacio geográfico.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


85

El mapa resulta, en este ámbito de saberes, no solo una metáfora de la


realidad o una simple herramienta para resaltar algunos aspectos de los datos
estadísticos, es más que eso. El mapa nos permite construir o reconstruir
observaciones materiales y concretas de realidades objetivadas, expresadas
en determinadas variables sociales de la población. Estas representaciones
de las realidades demográficas las hacen o no visibles al mundo, según las
escalas seleccionadas en la intervención territorial.

LEER CON ATENCIÓN

Los censos de población

LL El lector habrá comprendido sin duda que no fueron los demógrafos


quienes inventaron el instrumento que les permite fundar estimacio-
nes de población. El censo era al principio una operación adminis-
trativa que permitía al príncipe conocer el número de sus vasallos,
determinar el montante de impuestos que podría recaudar o estimar
las tropas que podría reclutar llegado el caso. A los cristianos también
les resulta conocido, puesto que la leyenda dice que María y José fue-
ron a Belén para censarse y que allí Jesús nació en un pesebre… El
método, muy burdo y totalmente dependiente del poder en un prin-
cipio, se fue refinando al mismo tiempo que se liberaba de las coac-
ciones políticas. Cuando, en el umbral del siglo XIX, esta nueva dis-
ciplina que pronto se llamará demografía, toma forma, encuentra en
el censo un instrumento de observación muy experimentado. Bastaba
con aportar algunos retoques para dotarlo de garantías de objetividad
necesarias al método científico y confiar la responsabilidad de su ela-
boración a un organismo suficientemente independiente del poder
para darle, a los ojos de la opinión pública, la imagen de neutrali-
dad indispensable a la sinceridad de las informaciones recogidas. En En esta unidad, la mayor parte
el momento actual, en casi todo el mundo, el censo es un asunto de de las estadísticas fueron obte-
estadísticos. No por ello ha dejado de ser una operación administra- nidas de:
-Banco Mundial, Databank.
tiva (Vallin, 2006:15).
<http://databank.worldbank.org>
-ECLAC-UN, Statistical year-
book for Latin America and the
Caribbean, 2011
-INED, Population & Sociétés.
En este sentido, la diversidad aparente de la geografía es propia de su natura- Bulletin mensuel d’information de
leza como ciencia social y, como tal, se reconstruye según las legitimaciones l’Institut national d’études démo-
de los avances científicos. De allí que la distribución de la población y sus deri- graphiques. Nº 485, janvier, 2012
-Indec, <http://www.indec.gov.ar/>
vados sociales y territoriales son construcciones que se apoyan desde diver- -UN, United Nations. World
sas posturas como la de política administrativa. Son reconstrucciones socia- Population Prospects, the 2010.
les que seleccionan u organizan la información demográfica y de esta forma Revision.
se representan los guarismos a nivel planetario y regional. Las estadísticas
son valores o cifras que pueden calcularse rigurosamente, aunque su interpre-
tación o representación espacial nunca es neutra.
No hace falta aclarar que cualquier ciencia es difícil de definir certeramente
en pocas palabras, y la geografía humana, como hemos visto, no es una excep-
ción a la regla. El estudio de la población es un componente indispensable
en el saber geográfico. Desde sus inicios no solo se preocupó por la localiza-
ción de hitos humanos como las ciudades o la producción de alimentos, sino

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


86

fundamentalmente por la localización de la población. Aunque los estudios


más sistemáticos provienen del siglo XIX, no se estudia a la población de la
misma manera en la actualidad. Es decir, la población y sus territorios pueden
ser estudiados de muchas formas diferentes, pero siempre tienen un papel
destacado en los estudios geográficos. Esto lo demuestra el hecho de que en
cualquier publicación de geografía humana, la geografía de la población es un
capítulo sustantivo, el que se desarrolla según el marco teórico del científico.
En esta propuesta, se intenta presentar, a modo de introducción al campo
de la geografía, ciertas variables que hacen a la distribución espacial de la
población, desde una postura crítica. La geografía de la población estudia sin
duda los modos de relación entre la naturaleza de los lugares, sus territorios
y las variaciones espaciales en la distribución, composición, natalidad, morta-
lidad, el crecimiento demográfico, los procesos e ideologías de la ocupación
del territorio –presentes y pasadas, según correspondan–, como así también
temas de suma relevancia contemporánea como el crecimiento de la pobla-
ción urbana y las migraciones. Las unidades de recorte de análisis espacial se
reflejan en la definición o delimitación territorial. Por excelencia, la geografía
humana ha compartido diversas escalas de análisis, ya sea la unidad mundo
y/u otras escalas que plantean otras unidades, como las regionales, para
poder interpretar las diferenciaciones geográficas.

LEER CON ATENCIÓN

Las líneas de trabajo de los estudios de población que abarca la geo-

LL grafía son, entre otros:


• Poblamiento y ocupación del territorio.
• La distribución geográfica y la cartografía demográfica mundial.
*Las migraciones y la movilidad territorial.
• Población urbana y rural.
• Modelos demográficos de difusión espacial.
• Estructura etaria de la población.
• Crecimiento demográfico: mortalidad y natalidad.
• El envejecimiento y el género.
• Identidades, religión y etnias.
• Indicadores de calidad de vida.
• Pobreza e indigencia.
• Necesidades Básicas Insatisfechas. Entre los principales.

3.2.1. Ideologías y población en América Latina: 1950, momento


de clivaje en la región
Las conquistas y la ocupación territorial van de la mano de las pautas cultu-
rales, religiosas, económicas como ideológicas. La distribución de la pobla-
ción no es espontánea ni responde únicamente a factores naturales. En los
Estados siempre estuvo presente el tema de la población y el territorio como
un binomio inseparable, no solo en la construcción de los imperios sino tam-
bién en la consolidación del Estado moderno. El tema de la población en el
siglo XIX y el modelo occidental de raza plantean al resto del mundo el desafío

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


87

de trasmutar su población y cultura, en la búsqueda del progreso y el orden


social. Estas ideas aún persisten hasta el presente como las del mito de los
“vacíos” demográficos cuando se remiten a los mapas imaginarios de América,
desconociendo las formas de vida de los pueblos originarios.
En el siglo XX continuaron las políticas públicas en materia de población y
territorio, y hoy más que nunca se hacen sentir en las trasmutaciones espacia-
les de la región. La implantación del nuevo modelo de desarrollo en la América
Latina y el Caribe se inició al finalizar la Segunda Guerra Mundial. El nuevo
consenso internacional se basó en algunas ideas económicas generales del
tipo keynesianas que aplicaban las potencias emergentes. El gobierno podía,
en este modelo político-económico, manejar los procesos macroeconómicos y
regular el mercado, teniendo como objetivo el crecimiento industrial y el pleno
empleo de la población. La región quedó en la práctica excluida de los esfuer-
zos internacionales de cooperación, como fue el Plan Marshall para Europa.
A partir de 1950 se dará en estas latitudes una versión periférica del modelo
de sustitución de importaciones.
El modelo industrial intentará desplazar el modelo de exportaciones de
materias primas que siempre imperó en estas geografías, el modelo de acu-
mulación vendrá de la mano ya no de la renta agraria sino con la renta indus-
trial. En esta nueva fase territorial del desarrollo de la región, el Estado pasó
a desempeñar una función protagónica. Por primera vez desde la emancipa-
ción política de los países latinoamericanos, pudo el Estado asumir un papel
de conducción económica, junto con los primeros ejercicios de planificación
institucional. En muchas realidades nacionales, el modelo de desarrollo y la
planificación de las actividades no procedieron de fuerzas endógenas, sino que
fueron inducidos para la obtención de créditos internacionales. Le siguieron
tres décadas de desarrollismo en la región y las consabidas crisis económi-
cas, tanto institucionales como financieras. Junto a los cambios políticos, se
promovieron las mutaciones demográficas y territoriales de alto impacto en la
historia espacial de América Latina y el Caribe:

•• Gran aumento de la población: se mantuvieron las tasas de natalidad y se


disminuyó la tasa de mortalidad, gracias a las mejoras en salud. Como se
puede observar en la tabla G.3.1, la población creció entre 1950 y 2010,
pasando de 167.000.000 a más de 590.000.000 de habitantes. Es decir,
¡se triplicó!
•• Incremento en los procesos de concentración de la población, lo que agu-
dizó las asimetrías y los desequilibrios regionales preexistentes y generó
otros. Esto se asocia a la caída y desplazamiento de los circuitos produc-
tivos tradicionales por otros, y la ruptura de matrices de gran raigambre
cultural y territorial, como fue el latifundio versus el minifundio.
•• Auge del proceso de urbanización: va de la mano con el crecimiento de la
población urbana en desmedro del crecimiento de la población rural. Este
es otro efecto bien notorio de cambio de patrones territoriales de distribu-
ción de la población. En 1950, la región contaba con un 60 % de población
rural, y hoy apenas con un 20 % (G.3.2 y G.3.3).
•• Macrocefalia urbana y tendencia hacia la metropolización. El peso de grave-
dad espacial de la ciudad capital o industrial crece a un ritmo nunca visto,
y su tamaño demográfico desequilibra la distribución de la población total
y del sistema urbano nacional (G.3.3).

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


88

•• Avance de la frontera agrícola y desarrollo de infraestructura para la integra-


ción nacional, para la obtención de energía, para el incremento de super-
ficie cultivada. Este proceso se acelera en los años setenta, luego de la
Revolución Verde, con la incorporación de pesticidas, fertilizantes y semi-
llas híbridas que compiten y desplazan a los usos de suelo y formas pro-
ductivas más sustentables, desde la óptica del manejo de los recursos.
•• La migración campo-ciudad. La movilidad de la población fue una respuesta
inevitable a la innovación tecnológica que conllevó a una nueva dirección
de la producción primaria. Producción que, por un lado, es más intensiva
y, por el otro, incorpora nuevas superficies, áreas antes marginales, con
el corrimiento de la población rural concentrada y dispersa. Estos proce-
sos incentivan los movimientos migratorios, no solo hacia la ciudad capital
del país, sino también hacia el exterior. Actualmente, esta movilidad toma
otros destinos como ciudades intermedias.
•• Incremento de la pobreza urbana. Los pobres rurales se trasladan a las
ciudades y, con ellos, sus condiciones de vida: la pobreza y la indigencia.
Las ciudades no están preparadas para los cambios demográficos. Y, por
otro lado, el crecimiento vegetativo de las ciudades ha sido elevado. Es
decir que no resuelven no solo las necesidades de los pobres recién lle-
gados, sino que tampoco pueden dar una respuesta social a los pobres
urbanos preexistentes. Lo que se representa en G.3.2 es el rápido creci-
miento de la población urbana, que no estuvo acompañado con suficiente
infraestructura y saneamiento, empleo y hábitat, pasando del 40 %, para
1950, al 80 % en 2010.

LECTURA RECOMENDADA

RR
Un estudio reciente que involucra diversas variables e indicadores del comportamiento
de la población rural en la región se encuentra en:
CEPAL, Población, territorio y desarrollo sostenible, [en línea], Santiago de Chile,
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), 2012. Disponible en:
<http://www.cepal.org/celade/noticias/paginas/0/46070/2012-96-Poblacion-WEB.
pdf> [consulta: 20-08-2012].

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


89

G.3.1. Población total de América Latina y el Caribe (en miles)

Países y regiones 1950 1960 1970 1980 1990 2000 2010


Anguila 5 6 6 7 8 11 15
Antigua y Barbuda 46 55 66 70 62 78 89
Antillas Neerlandesas 112 135 159 173 191 180 201
Argentina 17.150 20.616 23.962 28.094 32.581 36.896 40.738
Aruba 38 54 59 60 62 90 107
Bahamas 79 110 169 211 256 298 343
Barbados 211 231 239 249 260 268 273
Belice 69 93 122 144 190 251 312
Bolivia 2.714 3.351 4.212 5.355 6.669 8.317 10.031
Brasil 53.975 72.744 95.991 121.618 149.527 174.167 195.498
Chile 6.082 7.643 9.570 11.174 13.179 15.412 17.133
Colombia 12.000 16.005 21.327 26.881 33.186 39.763 46.299
Costa Rica 966 1.334 1.821 2.347 3.076 3.929 4.639
Cuba 5.920 7.141 8.710 9.823 10.564 11.075 11.203
Dominica 51 60 71 75 71 70 68
Ecuador 3.387 4.439 5.970 7.961 10.272 12.305 13.773
El Salvador 2.200 2.773 3.740 4.660 5.326 5.942 6.192
Granada 77 90 94 89 96 102 104
Guatemala 3.146 4.140 5.419 7.014 8.908 11.229 14.376
Guyana 407 560 721 777 725 733 754
Haití 3.221 3.869 4.713 5.691 7.109 8.578 10.089
Honduras 1.487 2.003 2.691 3.634 4.901 6.234 7.621
Islas Caimán 6 8 10 17 26 40 56
Islas Turcas y Caicos 5 6 6 8 12 19 38
Islas Vírgenes Británicas 7 8 10 11 16 20 23
Islas Vírgenes de los Estados 27 33 64 98 103 109 109
Unidos
Jamaica 1.403 1.629 1.869 2.132 2.365 2.582 2.741
México 27.741 37.877 52.029 69.321 83.906 98.957 110.675
Montserrat 14 12 12 12 11 5 6
Nicaragua 1.295 1.774 2.399 3.250 4.137 5.100 5.822
Panamá 860 1.126 1.506 1.949 2.411 2.950 3.508
Paraguay 1.473 1.907 2.484 3.198 4.248 5.349 6.460
Perú 7.632 9.931 13.193 17.324 21.765 25.997 29.495
Puerto Rico 2.218 2.359 2.716 3.196 3.529 3.814 3.749
República Dominicana 2.365 3.294 4.502 5.808 7.179 8.560 9.899
Saint Kitts y Nevis 46 51 45 43 41 46 52
San Vicente y las Granadinas 67 81 90 100 107 108 109
Santa Lucía 83 90 104 118 138 157 174
Surinam 215 290 372 366 407 467 525
Trinidad y Tobago 636 841 968 1.078 1.215 1.292 1.341
Uruguay 2.239 2.538 2.808 2.914 3.106 3.318 3.372
Venezuela 5.094 7.579 10.721 15.091 19.731 24.402 29.043
América Latina y el Caribe 167.368 220.058 286.377 362.326 443.032 521.429 590.082
América Latina 160.946 212.083 277.770 353.109 431.779 508.479 575.867
El Caribe 17.084 20.725 25.325 29.695 34.205 38.441 41.646

Fuente: elaboración propia con base en CEPAL.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


90

G.3.2. Evolución en porcentajes de la población rural y urbana de América


Latina y el Caribe (1950-2010)
90
80
70
60
50
%

40
30
20
10
0
1950 1960 1970 1980 1990 2000 2010
Años
Población urbana Población rural

Fuente: CEPAL

Luego, en los años 80, la intensidad de los cambios económicos y políticos


continuó con los procesos iniciados en la década de 1950. Fundamentalmente,
se evidenció en lo que hace a cambios intensos, la mayor intervención de los
sistemas naturales, una concentración del capital industrial y agrícola, la libera-
ción y debilidad de regulaciones públicas, la intensidad de la producción de los
monocultivos de exportación, explotación de minerales, depredación forestal
y privatización de los hidrocarburos. Las crisis económicas y políticas que le
sucedieron a la región no han cesado de impactar en la población y su territorio.
A principios del siglo XXI se plantean otros desafíos frente al actual orden econó-
mico (los patrones son similares): cambios en la producción agrícola-ganadera,
incorporación de áreas marginales o recursos naturales a la producción primaria,
crecimiento urbano, el narconegocio y la desigualdad social.

La guerra del Fútbol: ¿primera guerra demográfica del mundo?


15 de junio de 1969: Honduras tiene la desgracia de perder en San Salvador un partido
de fútbol crucial para las eliminatorias de la Copa del Mundo. Se producen agresiones
en el estadio, el Gobierno hondureño acelera la expulsión de campesinos salvadoreños
indocumentados, tropas de El Salvador cruzan la frontera. Se inicia así la denominada
“guerra del Fútbol”, tan sangrienta y destructiva como breve: a las cien horas de iniciada,
la OEA pudo implantar un cese el fuego permanente.
Sin minimizar lo que significa en América Latina un partido internacional de fútbol,
la prensa de cobertura mundial no se conformó con la causa aparente de la confrontación
bélica entre los países hermanos. Con buen criterio se asumió que el partido de fútbol
solamente fue el factor desencadenante de un conflicto cuyas raíces eran bastante más
profundas. El Salvador era un país víctima de una grave crisis poblacional. La presión
demográfica había forzado a unos 300.000 campesinos salvadoreños, que no tenían
acceso al recurso constituido por la tierra, a cruzar la frontera con Honduras, país cuya
densidad en siete veces inferior a la de El Salvador. La frontera había actuado, pues, como
una membrana cuyo funcionamiento osmótico hubiera determinado la presencia de un
elevado número de migrantes ilegales que alcanzaban a representar en 1969 el 12 % de
la población total de Honduras. Los conflictos de competencia por el acceso a la tierra
habían suscitado en Honduras múltiples tensiones con los ciudadanos del vecino país.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


91

En apariencia, todo parece confirmar el modelo interpretativo maltusiano: a partir


de 1800, la curva de crecimiento poblacional de El Salvador asume una perfecta forma
exponencial. A fines del siglo pasado, la población salvadoreña superó la magnitud que
con toda probabilidad alcanzó en el último período prehispánico. La población de 1900,
que representaba unos 775.000 habitantes, había logrado duplicarse hacia 1940, a pesar
de una de las peores tragedias latinoamericanas de este siglo: la represión de la rebelión
campesina de 1932, que cobró por lo menos 17.000 víctimas. A mediados de la década
de los años sesenta, la población salvadoreña había vuelto a duplicarse. En el período
intercensal 1961/1971, El Salvador padecía una tasa anual de crecimiento demográfico
del 3,5 %, que podría figurar entre las más altas del mundo.
La producción de alimentos no pudo sin embargo sostener el ritmo de crecimiento
demográfico. Este déficit persistente determinó que El Salvador se convirtiera en los años
cincuenta y sesenta en un país importador de granos básicos. La expansión de la frontera
agrícola parecía que había alcanzado sus límites físicos en los años sesenta. Frente a este
negro panorama, la emigración legal o ilegal constituía la única opción para muchos
salvadoreños. Hasta aquí los datos que permitirían encuadrar el caso salvadoreño en un
libro de texto diseñado por el propio Malthus.
El trabajo de Durham, que incluye un análisis global de la realidad salvadoreña y hon-
dureña permite enfocar el problema con la profundidad requerida. Primera constatación:
si se incluyen en el cómputo los productos de exportación, la producción agrícola total
mantuvo una dinámica de crecimiento semejante a la de la población. En los años sesenta,
el área de cultivos comerciales de exportación llegó a significar el 14,9 % del total de la
superficie agrícola. La superficie sembrada de algodón ascendió de 1.144 ha en 1935 a
110.792 ha en 1965. En lo que respecta al desplazamiento del cultivo básico, el auge del
algodón no hizo sino seguir los pasos de la expansión del café y de la ganadería extensiva.
A pesar de su persistente declinación, en 1961 el café representaba todavía el 61,1 % de
las exportaciones del país, y su extensión era comparable a la de los cultivos maiceros. La
competencia por el uso del suelo entre los cultivos de subsistencia y los comerciales, expre-
sión de un conflicto de intereses entre hacendados, empresas y campesinos, adquiere así
una relevancia que es ajena a la interpretación mecanicista centrada de manera exclusiva
en los efectos de “la presión demográfica”
Esta expulsión económica se tradujo en una migración forzada. El análisis de la diná-
mica migratoria internacional se dificulta por las múltiples distorsiones censales, pero
ofrece también algunas claves interpretativas de sumo interés. La mitad de los emigrantes
salvadoreños que vivían en Honduras hacia 1969 ya se habían instalado a mediados de la
década de los años cincuenta y cuarenta con el déficit alimentario. No obstante, la com-
plejidad de los problemas que se traducen en la escasez selectiva de recursos no permite
que se planteen en términos de una simple relación población-recurso tierra. Su dinámica
no puede concebirse en ningún caso como una función directa de la densidad poblacional.
Adaptado de Tudela, 1990: 96-99.

1.

KK La guerra del fútbol


A partir del caso de la “guerra del Fútbol”, responda las siguientes preguntas:
a. ¿Por qué se presenta el conflicto armado entre los salvadoreños y
hondureños?
b. ¿Cuáles son las posturas teóricas e ideológicas que aparecen en el
análisis del conflicto demográfico? Ejemplifique con los argumentos
que aparecen en el texto.
c. ¿Qué tipo de relación se puede establecer entre la población y el
territorio?

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


92

d. Finalmente, indique si acuerda o no con la siguiente frase: “Salvo


contadas excepciones, el crecimiento poblacional no constituye por
sí solo la causa principal de los problemas sociales del desarrollo,
aunque por supuesto pueden agravarlos”. Fundamente su respuesta.

Justamente, uno de los principales impactos en el crecimiento y el reparto de


la población en América Latina ha sido la urbanización. En escasas décadas,
todo ha cambiado en estas latitudes: contingentes de población rural arribaron
a las ciudades… y estas no los esperaron con los brazos abiertos. A continua-
ción, podemos observar la magnitud de los cambios territoriales que implicó
la urbanización periférica en la región y su consecuente materialización en el
crecimiento de las ciudades entre 1950 y 1990, según la CEPAL.

G.3.3. Evolución urbana 1950-1990

II

Fuente: Rodríguez Vignoli (2002), Distribución territorial de la población de América


Latina y el Caribe: tendencias, interpretaciones y desafíos para las políticas públicas,
Serie Población y Desarrollo 32, Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía
(CELADE). División de Población, Santiago de Chile, pág. 15. <http://www.eclac.cl/
publicaciones/xml/6/11786/lcl1831-P_1.pdf?>

3.2.2. Argentina en el mapa de la modernidad científica


Se considera indispensable reflexionar en que las formas de pensar y estudiar el
territorio, la población y sus recursos no son excluyentes del siglo XIX; muy por
el contrario, es casi tan antiguo como la presencia de la sociedad en el planeta.
Aunque en términos de saberes científicos, la situación cambia. Se hace necesa-
rio abordar estas formas de estudio y su vinculación política como la maduración
de un proceso ideológico e intelectual que se gesta en el siglo XVII. Europa discute
e indaga importantes avances en el conocimiento con los aportes de la Historia

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


93

Natural; y luego, desde la producción darwiniana junto con el auge del desarrollo
industrial europeo, plantearon un quiebre en la mirada de la Naturaleza.
Esos aportes de las ciencias, en especial de la biología, influirán en la pro-
ducción y enfoques tanto en la escuela francesa como en la escuela alema-
na de geografía y en la anglosajona, con diferentes impactos. En síntesis, la
escuela vidaliana por un lado, y la escuela ratzeliana por otro, han dejado plas-
madas dos líneas de pensamiento geográfico que impactarán hasta mediados
del siglo XX o más, según el contexto institucional y académico: el posibilismo
en geografía y el determinismo ambiental. Cabe aclarar que esta última, en
realidad proviene de la antropogeografía, desde la concepción de una geogra-
fía humana, de la que provenía Ratzel. Ambas escuelas son producto del posi-
tivismo europeo, y esto traerá consigo una carga importante de significados y
de legitimación científica, en el marco de las relaciones entre el hombre y la
naturaleza, y la mirada sobre la población y sus recursos.
Para comenzar con el análisis, es necesario delinear una síntesis tempo-
ral y espacial que permita interpretar la producción científica y la relación que
mantiene con el conocimiento geográfico. Se plantea precisar cómo aquellos
científicos en el siglo XIX “hacían” ciencia, es decir, cómo veían al mundo,
cómo percibían al espacio, cómo se situaban y qué racionalidad dominaba
para comprender las prácticas sociales, qué concepciones proponen sobre la
naturaleza, territorios, recursos y qué valores sociales les parecían esencia-
les. Es en este sentido que la puesta en valor de la región pampeana no se
escapa de este contexto y, por el contrario, explica el por qué de su puesta en
valor e inserción en la economía mundial de fines del siglo XIX.
La ciencia no es solamente la producción intelectual de teorías, sino tam-
bién una práctica de construcción social inseparable de las otras prácticas,
que vinculan el capital cultural, las clases sociales, las asimetrías en las rela-
ciones de poder, etc. Desde la historia de las ideas, existe concurrencia y con-
senso de que la ciencia moderna y el mundo científico europeo se construyen
a partir de los aportes de Copérnico y Galileo. Esta cosmogonía científica será
la piedra angular de la arquitectura epistemológica y metodológica que deter-
minará “lo científico” y que repercutirá también en las ciencias sociales. Su
método probó ser el correcto para hacer descubrimientos en ciencias teóricas
y, de esta forma, pudo haber facilitado el camino hacia un control consciente
de la naturaleza mediante la ciencia aplicada, incluyendo a las poblaciones
humanas “primitivas”.
Esta visión del dominio de la naturaleza, pero desde un enfoque totaliza-
dor, no ha sido unilineal frente a las ideas del siglo XVII y XVIII. Darwin, en
este sentido, aparece en este devenir como la ruptura concreta de estudiar
los nuevos territorios desde la visión científica que culminará con su obra La
Teoría de las Especies. La repercusión de esta obra impactará en todo el cor-
pus científico incluyendo las llamadas ciencias sociales. En geografía, los via-
jeros de la Edad Moderna participan activamente en este momento histórico al
“demostrar”, por ejemplo, que había un mundo habitado “debajo” del Ecuador.
Se suma así la superioridad del conocimiento experimental sobre el “libres-
co”. Y como los viajeros son hombres de ciencia, en estos será depositada la
construcción del mundo real para los ojos occidentales.
La historia de ese conocimiento no es, por lo tanto, el descubrimiento y
exploración de un territorio, el conteo de su población y recursos, sino las his-
torias de las relaciones de carácter geográfico escritas acerca de él. Desde
esta visión, son numerosos los documentos y fuentes.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


94

Respecto al conocimiento geográfico del Río de la Plata y del territorio


argentino, debería empezar en 1516, fecha del viaje de Solís, descubridor
oficial. La primera crónica fue la de Ulrico Schmidl, llegado con Mendoza en
1536. ¿Qué era la región pampeana para estos primeros contactos con el
mundo europeo? Una aldea en un espacio dilatado y salvaje, indómito. ¿Un
territorio vacío? Solo después de cuatro siglos adquirirá la valoración territo-
rial y económica para el capitalismo occidental. Y con ello, su ocupación y
poblamiento, después de diezmar o correr hacia el sur a la población indígena.
Podemos citar algunos de los viajeros científicos más destacados que con-
tribuyeron en estas regiones con valiosas producciones para el conocimiento
geográfico del territorio argentino: D’Orbigny, Darwin, De Moussy y Burmeister.
En el siglo XIX, se comprueba una importante producción de los viajeros-cientí-
ficos preocupados por estas latitudes, en concordancia con el auge e inserción
en la economía mundial de las zonas templadas productoras de alimentos.
Argentina es un claro exponente de esa revolución y la pampa su protago-
nista. En ese contexto científico de comienzos del siglo XX se desarrolla la
máxima obra no solo por la precisión de su información y cartografía temática
francesa, sino por representar fielmente la visión del mundo occidental sobre
América del Sur y Argentina. Son muchas y muy significativas las producciones
científicas que hasta ahora nunca fueron vistas, entre las que la Géographie
Universelle tiene un lugar destacado.

LECTURA RECOMENDADA

RR
Carballo, C., “Interpretación geográfica vidaliana de la Argentina de comienzos del
siglo XX. La valorización del territorio según Pierre Denis”, [en línea], en: Estudios
Rurales. Publicación del Centro de Estudios de la Argentina Rural, Buenos Aires, Uni-
versidad Nacional de Quilmes, 2012. Disponible en: <http://ppct.caicyt.gov.ar/index.
php/estudios-rurales/article/view/1387> [consulta: 17-07-2012].
La Suma de Geografía (1958),
obra dirigida por Francisco
Aparicio, impulsada desde la
Universidad de Buenos Aires, fue
sin duda un hito en el conocimien- Darwin, sin duda, ha sido el primer científico en su acepción más moderna
to geográfico del país, por su pro- que realiza la exploración y análisis en territorios nacionales: “En lo que atañe
fundidad e innovación promovida
a nuestro territorio podemos decir que las regiones por él visitadas aparecen
en ese contexto científico.
como nuevamente descubiertas, pues ingresan, desde ese momento, en los
dominios del conocimiento científico” (Aparicio, 1958: 118).
Cabe destacar que las coordenadas tiempo-espacio son indispensables
para interpretar correctamente las descripciones de los viajeros científicos.
Estas narraciones sobre los territorios americanos son las que generan el
conocimiento al corpus científico. En este sentido, es interesante destacar
la diferenciación entre el viaje de Darwin de comienzos de siglo XIX con el de
Denis, un siglo después, cuando la pampa es otra, es decir, es la pujanza eco-
nómica del país, su paisaje deja de ser salvaje para ser productivo.
Es así que Darwin (1832-1833) nos describe en sus narraciones las tensio-
nes entre la civilización y la barbarie, las luchas internas, el poder de Rosas, la
concepción del desierto como el “vacío territorial”, el gaucho y el indígena, el
ejército, entre las principales observaciones. Aunque no sin dejar de lado los
potenciales conflictos, también nos adelanta en su crónica lo que luego será
el corrimiento del indio y su exterminio. Nos describe una Pampa salvaje, un
espacio rural dilatado y “vacío”, una tierra por cultivar y “poblar”.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


95

En cambio, la llegada de Pierre Denis a la Argentina es en el momento cúl-


mine con el auge de una economía y proyecto político moderno, que genera-
rá la matriz económica y de ocupación del territorio que perdura hasta nues-
tros días en la organización del espacio. Denis llega pocos años después del
Centenario y no puede dejar de ver la totalidad de la sociedad y su territorio.
Encuentra el despliegue de dos sociedades contradictorias que aparece en sus
relatos: una moderna y otra más vinculada a la raíz colonial hispana. En otras
palabras, la pampa gringa y las regiones extrapampeanas. En ambos casos,
estas reconstrucciones científicas del territorio nacional son claros exponentes
y representantes de una visión de mundo, de una visión geográfica.

LECTURA RECOMENDADA

RR
Denis, P. (1987), La valorización del país. La República Argentina - 1920, Ediciones
Solar, Buenos Aires.

G.3.4. Representación moderna de la región pampeana

II

Fuente: Pierre Denis (1987: 237).

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


96

2.

KK La región pampeana en el siglo XIX


Según el apartado 3.1.2 y partiendo de la perspectiva presente en Pierre
Denis de la región pampeana, plasme una visión del territorio y sus recursos.
a. ¿Por qué aparecen las isohietas o curvas de igual precipitación (courbe
de pluie)?
b. ¿Cómo asocia la delimitación física de la región con la expansión de
la población rural inmigrante de fines del siglo XIX?
c. ¿Cómo se organiza el territorio en esta representación cartográfica?
d. ¿Conoce qué tipo de actividad económica hoy se valoriza en la región y qué
efectos provoca sobre la población?

3.3. Población, estadísticas y territorio


Como dijimos, la sociedad es parte integrante del espacio geográfico y a su
vez lo modela. Y es en este contexto que los estudios de población no pueden
desdeñarse. Hay que conocer su monto y distribución pero, fundamentalmen-
te, explicar por qué esa cuantía y por qué en ese lugar. Para buscar estas res-
puestas en el análisis geográfico no pueden plantearse solo consideraciones
demográficas derivadas de tasas del crecimiento vegetativo u otros indicado-
res relacionados con los aspectos cuantitativos de la población. Por ejemplo,
Al estudiar la población y en par- el análisis de la estructura de sexos y edades plantea cuestiones que deben
ticular su crecimiento, se utilizan ser vinculadas con la etapa histórica del desarrollo de la comunidad de que
medidas elementales. La nata-
lidad o tasa de natalidad es la
se trate, hechos indisociables de sus pautas culturales: el papel de la mujer,
relación del número de nacidos la condición social y económica del grupo, su nivel educativo, el rol de las
vivos con el total de la población. políticas demográficas, las migraciones y las guerras. Sin olvidarnos de que
La tasa de natalidad no mide la estructura demográfica revela también el tipo de “energía humana” que la
correctamente la fecundidad de
la población, aunque da indicios. sociedad en su conjunto dispone para su relación con el medio.
El concepto de fecundidad se
relaciona con los nacimientos. La
medición más utilizada es el índi-
ce sintético de fecundidad, que 3.3.1. Las pirámides de población en la diversidad social
mide el número de hijos nacidos
por mujer. La mortalidad o tasa
de mortalidad es la relación del Las pirámides de población nos permiten contar con una imagen sintética
número de defunciones por el de la estructura por edad y sexo de una población. Además, nos sirve para
total de la población. proporcionar datos sobre los comportamientos de la población a través de la
natalidad y la mortalidad.
En el caso del modelo proyectado para la población mundial de 1950 y
2010 (véase G.3.5.), se aproximan más a las pirámides de poblaciones jóve-
nes. Recién en las proyecciones para el 2050 y 2100 se puede observar el
descenso de la natalidad y la baja en la mortalidad y de allí el cambio en su
forma de pagoda a una forma de campana, típica de poblaciones estaciona-
rias. Generalmente, se plantean modelos o esquemas básicos de pirámides
para interpretar el tipo de población y sus tendencias como es el caso de
las pirámides progresivas de base expandida con alta natalidad aunque tam-
bién con alta mortalidad, típicas de América Latina, África o Asia meridional
(con forma de pagoda). El otro esquema se caracteriza por baja natalidad y
baja mortalidad, llamadas “urnas” o regresivas, como es el caso de Europa y
América del Norte. El modelo de transición, entre ambos esquemas anterio-
res, son las pirámides para las poblaciones estacionarias con alta natalidad
y baja mortalidad, las que tienen una forma de campana.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


97

G.3.5. El mundo en pirámides de población: por grupos de edad y

II sexo (en números absolutos)

Fuente: United Nations. World Population Prospects, the 2010. Revision. <http://esa.
un.org/unpd/wpp/population-pyramids/population-pyramids.htm>.

Las pirámides de población reflejan, en primer lugar, la historia demográfica reciente


de un país, región o del mundo, como es el caso del G.3.5. La pirámide permite
imaginar cómo puede ser su futuro, pero expresa simultáneamente las repercusio-
nes del pasado y del presente de los cambios económicos y sociales. Estas deben
ser analizadas bajo la interpretación de los contextos sociales, y en forma dinámica
como recíproca entre los hechos demográficos, socioeconómicos como políticos.
La síntesis de proyecciones que reflejan las pirámides de la población mun-
dial nos expresan la estructura de la población por edad y sexo para 1950,
2010, 2050 y 2100. Estos gráficos nos ofrecen una imagen muy detallada y
sugestiva no solo del crecimiento total, sino de una evolución sostenida como
la cantidad de jóvenes, adultos y personas de edad en el contexto del total de
la población. Tradicionalmente, las pirámides de población permitían inferir y
representar la evolución de la PEA, población económicamente activa (entre
los 15 y 65 años), y la PP población pasiva transitoria y definitiva (entre 0 y
15 años; entre 65 y más años). Esta clasificación estaba estrechamente vin-
culada al mercado de trabajo y tuvo su auge durante el crecimiento industrial
y económico posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Se acepta universalmente que en el lado izquierdo del gráfico se represen-
ta a la población masculina y, en el lado derecho, a la población femenina.
En estas pirámides G.3.5. se estructuran los grupos etarios de la siguiente
manera: de 0 hasta 20 años (jóvenes), de 20 a 65 años (adulta) y más de 65
años como personas de edad, los que se distinguen por las diferentes tona-
lidades, según sean hombres o mujeres. Esta clasificación supone en efecto

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


98

una definición delimitada de grupos de edades, propuesta por los organismos


mundiales, en este caso por las Naciones Unidas. La dificultad de esta clasi-
ficación no es solo de orden cuantitativo, sino de orden conceptual. ¿En qué
momento se convierte una persona en adulto? ¿Esto es igual para todas las
sociedades y culturas? Por ejemplo, en los países del llamado Tercer Mundo,
los adolescentes de 15 años tempranamente tienen que trabajar o se des-
vinculan de su grupo familiar por la pobreza, la guerra o el crimen organizado.
Edad que no coincide con los países industrializados o llamados del Primer
Mundo, donde los jóvenes dependen de sus familias, prácticamente, hasta
los 20 años. No obstante, esta clasificación actualmente se utiliza y permite
mostrar las diferencias entre las sociedades.

G.3.6. Pirámides de población de Argentina, 1895-2010

II

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


99

Fuente: Indec

G.3.7. Pirámide de población: Argentina y China, 2012

II

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


100

Fuente: Oficina del Censo de Estados Unidos.


<http://www.census.gov/population/international/data/idb/region.php>

3.

KK Pirámides y población
Observe la evolución de las pirámides de población de Argentina entre
1895 y 2010:
a. ¿Cuáles son las pirámides, para el caso de Argentina, que nos per-
miten inferir una alta tasa de natalidad y mortalidad? ¿A qué censos
corresponden?
b. A grandes rasgos, ¿qué pasa con la población pasiva definitiva a través
de los censos en Argentina?
c. Compare la pirámide de 2010 y 1947. ¿Qué similitudes y diferencias
encuentra?
d. Por último, observe y compare las pirámides de población de 2012
de China y Argentina: ¿cómo fue evolucionando la población pasiva
o inactiva transitoria en millones de habitantes?
e. ¿Qué reflexión puede realizar al comparar estas pirámides?

3.3.2. Los indicadores de población en el territorio


Las pirámides de población se asocian al índice de envejecimiento (número
de personas de más de 65 años cada 100 jóvenes); al índice de juventud
(número de jóvenes cada 100 personas de más de 65 años); y al índice de
dependencia (número de pasivos transitorios –jóvenes– y de pasivos defini-
tivos –personas de edad– cada 100 personas activas). Otro dato que suma
a la interpretación de la estructura de edad por sexo es la edad promedio o
edad media, que dispara según el país un dato que lo referencia a sociedades
viejas como la Europa Occidental o en sociedades con graves necesidades
como las diferentes regiones africanas. La edad promedio (es la suma total
de las edades de todas las personas dividida por el número total) junto con el
indicador de esperanza de vida al nacer (es la media de la cantidad de años
que vive cierta población), nos permite inferir las condiciones sociales gene-
rales de la población en estudio.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


101

El estudio de la estructura por edad es uno de los aspectos principales en


la geografía de la población dado que casi todos los aspectos que se abor-
dan se relacionan con la edad o el sexo de los individuos. En pocas palabras,
la estructura de la población por edad es el modo en que se distribuyen los
individuos de un lugar concreto, en un momento dado, entre diferentes gru-
pos etarios.
En este sentido, la tabla G.3.8 nos ofrece otra síntesis comparativa de las
edades promedio y la estructura por edad en porcentajes. Estos casos nos
permiten aproximarnos a la complejidad de los procesos de envejecimiento de
la población; en esta tabla, se seleccionaron tres casos bien contrapuestos,
y se incluyó a la Argentina. Allí se señala la edad media para el 2010 donde
Argelia alcanza un promedio de 26,2, China un 34,5 e Italia con 43,2 años,
casi duplicando al primero.

G.3.8. Edad y envejecimiento: sociedades desiguales


  ARGELIA ARGENTINA CHINA ITALIA
1990 2000 2010 1990 2000 2010 1990 2000 2010 1990 2000 2010
Edad media 18,1 21,7 26,2 27,2 27,9 30,4 25,1 29,7 34,5 37 40,2 43,2
% 0-14 43,1 34,2 27 30,7 27,9 24,9 28 25,5 19,5 16,5 14,3 14,1
% 15-64 53,3 61,6 68,4 60,4 62,2 64,5 66 67,5 72,4 68,6 67,4 65,6
% + de 65 3,6 4,1 4,6 8,9 9,9 10,6 5,9 7 8,2 14,9 18,3 20,4

Fuente: elaboración propia con base en United Nations. World Population Prospects, the 2010. Revision,
<http://esa.un.org/unpd/wpp/index.htm>

LEER CON ATENCIÓN

La tabla permite una rápida comparación de los casos extremos que se

LL ejemplifican con Argelia, China e Italia. También se encuentran los


datos de Argentina. A simple vista y guiados solo por la miopía que
a veces pueden generar la lectura acrítica de las estadísticas (cuando
se suprime o minimiza el contexto social, cultural y territorial), surge
una obligada comparación entre los casos expuestos. La conclusión
parecería ser que la edad promedio de Argentina y por ende la estruc-
tura de la población por edades, tiene una realidad demográfica simi-
lar a la que presenta China. ¡Y si hay realidades sociales bien diferen-
tes justamente son las de estos países! Este ejemplo es caso extremo y En cambio, el indicador en la ges-
suficientemente claro que nos llama a la reflexión. Al leer las estadís- tión nos permite contar con un
parámetro de avance en el cum-
ticas debemos prestar atención y no hacer rápidas conclusiones sin plimiento de objetivos y metas que
tener en cuenta información complementaria. proporciona un medio sencillo y
fiable para medir logros, reflejar
los cambios vinculados con una
intervención o ayudar a evaluar
los resultados de un organismo
La dinámica demográfica en el territorio se puede reconstruir a través de diver- de desarrollo.
sos indicadores y su respectiva distribución espacial. El indicador estadístico
es una medida que nos permite ir observando una variable, medirla, mesurarla.
Algunos geógrafos plantean la necesidad de una geografía revitalizada y
socialmente relevante. Para ello, se requiere una reorientación de la discipli-
na hacia los procesos, hacia el movimiento y el cambio, romper con la visión

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


102

estática. En este sentido, los indicadores de la población se han renovado y


desarrollado otros para acercarnos a las mutaciones sociales que el mundo
experimenta. El rasgo determinante de la escala, en la que se producen los
procesos y en la que se materializan las configuraciones espaciales del mundo
actual, constituye un desafío continuo a la mirada del geógrafo que busca un
equilibrio entre las técnicas cuantitativas y las cualitativas, entre los modelos
teóricos y las subjetividades, entre otros. Las escalas de los procesos socia-
les de producción del espacio no son independientes ni autónomas, aunque
forman parte del mismo sistema.

Sitio web de indicadores demográficos

WW

Fuente: <http://www.ined.fr/fr/tout_savoir_population/cartes_interactives/>

El INED (Institut National d´Etudes Demographiques) en su sitio web


permite la reconstrucción dinámica y animada de cartografía temática
de diversas estadísticas, como el tamaño de la población; e indicadores,
como esperanza de vida, natalidad y otros. El nivel de información es
por país, y se ofrece, a la vez, la posibilidad de una selección de países
para una representación comparativa. En el margen derecho esos mis-
mos indicadores se expresan en formato de gráficos.
En este mapa se representa la población mundial para 2012.

La escala global surge en las nuevas condiciones de reproducción del capital


que rompe con el marco estatal, aunque este permanece como un eslabón
central en el nuevo orden económico. La dimensión espacial en el desarrollo
social plantea las contradicciones y desigualdades como una realidad obser-
vable y de alguna manera mesurable y comparable. De allí el papel destacado
de los indicadores.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


103

G.3.9. Tasa de mortalidad infantil por 1.000 nacidos por departa-

II mento. Argentina, 1999-2002.

Fuente: Dirección de Estadísticas e Información de la Salud. Ministerio de Salud.


Presidencia de la Nación.
<http://www.deis.gov.ar/Capacitacion/anexo%20estadistico%202/tasa%20de%20
mortalidad%20infantil.jpg>

El mapa de la mortalidad infantil en Argentina nos permite observar en la


escala departamental una diferenciación espacial de este indicador. De esta
Es el cociente que resulta de divi-
manera, la representación cartográfica y la escala seleccionada expresa un dir las defunciones de los meno-
mayor detalle territorial, sin caer en promedios provinciales que pueden escon- res de un año por el total de los
der las singularidades de la población local. Esta distribución de información nacimientos.
se hace fácilmente visible gracias a la escala cromática; permitiendo, a su
vez, una lectura del comportamiento de este indicador en diferentes unidades
territoriales. Como resultado se podría reorganizar la mortalidad infantil argen-
tina en regiones de alta vulnerabilidad social, tanto alimentaria como sanitaria.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


104

PARA REFLEXIONAR

La mortalidad infantil en Argentina no conoce de diferencias territo-

PP riales. No existen determinismos físicos ni naturales. Por el contrario,


las condiciones de vida y el contexto social son el factor explicativo
de esta desigualdad.
Se sugiere siempre leer con detenimiento los mapas de indicadores.
Este indicador nos muestra las áreas sociales más vulnerables del país,
desde el área metropolitana de Buenos Aires (que aparece como una
pequeña mancha) hasta la provincia del Chaco (los valores más altos
involucran casi la totalidad de su territorio), que representan para el
censo de 2010, respectivamente el 25% y el 2,5% de la población
total del país. Los impactos por el tamaño de población afectada, a
pesar de su superficie, serán más altos en el conurbano metropolita-
no que en toda la provincia del Chaco.

LECTURA RECOMENDADA

RR
¿Se puede medir cómo vive la gente en Argentina? Guillermo Velázquez intenta
responder a esta pregunta a partir de la elaboración de detallados mapas que muestran
cómo vivimos los argentinos en cada uno de los diversos puntos de nuestra geografía
y los cambios recientes, a partir de indicadores demográficos, económicos y sociales.
La propuesta es interesante por el grado de amplitud y la escala nacional propuesta en
este esfuerzo de reconstruir a través de los indicadores las condiciones de vida de la
población.
Velázquez, G. (2008), Geografía y Bienestar, EUDEBA, Buenos Aires.

Sin duda, el conocimiento de la dinámica demográfico-espacial permite avizo-


rar situaciones futuras. Al despuntar el siglo XXI, la sociedad afronta en este
sentido problemas de una magnitud nunca vista, con una aceleración de su
ritmo de crecimiento y la desigualdad social que en muchos casos supera la
capacidad de reacción política para satisfacer las nuevas necesidades. Cuatro
millones de habitantes en el 10.000 a. C., doscientos cincuenta millones de
hombres sobre la Tierra en la época de la Antigüedad clásica, unos quinientos
millones al promediar el siglo XVII, mil millones en 1850... ocho mil millones
antes del fin del siglo (estimación a mediados de 1964: 3.300 millones).
Según las Naciones Unidas, en la actualidad somos casi siete mil millones
de habitantes, las proyecciones de mediados del siglo XX no estuvieron tan
erradas.
La población se ha duplicado en 2000 años, entre la Antigüedad y la Edad
Moderna; en dos siglos de 1650 a 1850; en menos de un siglo de 1850 a
1940; y finalmente, en una generación. No es necesario dar más pruebas del
vértigo demográfico, intensificado por las diferencias regionales.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


105

CC
Pero la población del mundo, aun siendo una realidad aritmética, constantemente
cambiante, es tanto una abstracción geográfica cuanto una abstracción económi-
ca y social. Según las condiciones, según las posibilidades de vida en cada país,
un nacimiento cobra una significación particular. Abre unas perspectivas más o
menos largas de vida; se inserta en un cuadro humano donde la edad media pue-
de variar de un número al doble, donde la esperanza de vida oscila entre treinta
años en América Central o en Surinam y más de setenta años en Suecia y los
Países Bajos. El infante puede esperar disponer, cuando llegue a la edad adulta,
de una cuota individual teórica de medios de existencia equivalentes a 300 fran-
cos en la India, a 600 francos en Guatemala, a 1200 francos en los Estados
Unidos. La más ineluctable de las fuentes de desigualdad entre los hombres es,
hoy en día, su lugar de nacimiento. Al lado de las diferenciaciones naturales, que
implican para el pequeño esquimal un universo distinto del pequeño indonesio, la
disparidad entre la distribución de la riqueza y la de los hombres, las oposiciones
violentas entre los países donde crece el ingreso y aquellos donde crecen las ne-
cesidades, hacen de la geografía de la población uno de los abordajes más dramá-
ticos de la realidad humana de nuestros días (George, 1965:5).

Agudo observador de la realidad mundial, George pinta en el breve discurso


introductorio a su Geografía de la población, obra pionera, un cuadro que al
finalizar el siglo XX ha profundizado los contrastes regionales y un crecimiento
diferenciado en un mismo planeta.

PARA REFLEXIONAR

¿Por qué Pierre George afirma: “Según las condiciones, según las

PP posibilidades de vida en cada país, un nacimiento cobra una signifi-


cación particular”?

3.4. Distribución de la población y la explosión


demográfica
Si bien las estadísticas reconstruidas nos dan una primera aproximación
sobre la evolución del crecimiento de la población mundial, no hay duda de
que estamos pasando por una fase única en la historia de la humanidad, cre-
cimiento constante y sin límites, por lo menos, hasta ahora… Detrás de este
crecimiento se proponen diversas teorías, desde las maltusianas o neomaltu-
sianas hasta la transición demográfica y el crecimiento cero.
En este apartado, observaremos atentos el crecimiento demográfico y la
distribución espacial de la población.

LECTURA OBLIGATORIA

Arango Vila-Belda, J. (2008), “La población mundial”, en:

OO Geografía Humana. Procesos, riesgos e incertidumbres en un mundo


globalizado, Ariel, Barcelona, 57-104.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


106

3.4.1. Crecimiento demográfico y repartición espacial de la


población
El tiempo es otra variable que nos hace reflexionar sobre esta distribución
regional y territorial de la población. Si prestamos atención, podemos observar
que, al despuntar el siglo XVI, Europa y África tienen prácticamente la misma
cantidad de habitantes; en cambio, al despuntar el siglo XXI, la situación cam-
bia, y se hace notoria la brecha en el tamaño de la población entre ambos con-
tinentes. Brecha que adquiere valores superlativos cuando dirigimos la vista
hacia las realidades sociales de los territorios. En este sentido, la tabla G.3.10
nos ofrece la información cuantitativa de la evolución mundial de la población.

G.3.10. Evolución de la población mundial por continentes, 1500-2010

REGIONES 1500 1600 1700 1750 1800 1850 1900 1950 2000 2010
AMÉRICA LATINA 39 10 10 15 19 34 75 166 521 590
EUROPA 84 11 125 146 195 288 422 573 723 738
NORTEAMÉRICA 3 3 2 3 5 25 90 166 313 344
OCEANÍA 3 3 3 3 2 2 6 13 31 36
ÁFRICA 87 113 107 104 102 102 138 222 811 1.022
ASIA 245 338 433 500 631 790 903 1.376 3.719 4.164
MUNDO 461 578 680 771 954 1.241 1.634 2.516 6.123 6.896

Fuente: elaboración propia con base en los datos hasta 1950 que fueron extraídos de la tabla de
Jacques Vallin (2006:69); para los años 2000 y 2010, los datos se obtuvieron de United Nations.
World Population Prospects, the 2010. Revision.

En esta tabla también se representa la evolución del crecimiento de la pobla-


ción mundial por continentes entre 1500 y 2010. Nadie puede negar el impac-
to del capitalismo industrial de fines del XIX que repercute en el crecimiento
de la población del continente europeo, mientras que otros continentes se
mantienen casi inalterables como Oceanía y África. No obstante, la tendencia
de Asia escapa a toda lógica occidental. Es más, en esta región del mundo, el
crecimiento de la población será gravemente acelerada por los efectos tardíos
del capitalismo al mismo tiempo que África y América Latina. La movilidad del
epicentro y de las lógicas de organización de la producción va acompañada
por las mutaciones de la población y su crecimiento, que no solo se hacen
sentir en la región o país, sino que impacta cada vez más al planeta dado
que somos parte de un único sistema. De allí la preocupación por crecimiento
mundial de la población.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


107

G.3.11. Evolución y proyección de la edad media o edad promedio

II de la población por región, 1950-2100

Fuente: United Nations. World Population Prospects, the 2010. Revision <http://esa.
un.org/unpd/wpp/Analytical-Figures/htm/fig_12.htm>

PARA REFLEXIONAR

¿Qué piensa sobre el crecimiento casi geométrico de la población

PP mundial y su proyección hacia el 2050? Si bien el crecimiento se


muestra diferenciado por continentes, ¿esta realidad nos afecta a
todos?
¿Qué información nos ofrecen la tabla G.3.10 y el gráfico G.3.11?
¿En qué se complementan para tener mayor detalle de la situación
demográfica?

La población mundial se ha representado cartográficamente de diversas for-


mas para dar cuenta sobre el reparto mundial de la población. Podríamos
sintetizar tres tipos de mapas:

a) A través de mapas de densidad de población. Densidad por unidad territo-


rial, es decir, habitantes por km2.
b) Mapas de puntos, donde cada punto implica un tamaño de población, por
ejemplo 500.000 habitantes.
c) Mapas por iconografía diversa como círculos proporcionales al tamaño de
la población.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


108

En este apartado trabajaremos sobre la población mundial desde el punto


de vista de su distribución planetaria y de sus características estructurales y
demográficas. Una mirada a vuelo de pájaro sobre nuestro planeta muestra
grandes heterogeneidades en la distribución de sus habitantes.

G.3.12. Densidad de la población mundial, 2000

II

Fuente: Center for International Earth Science Information Network (CIESIN)


<http://sedac.ciesin.columbia.edu/gpw/maps/globaldens.pdf>

El mapa G.3.12 es un ejemplo de representación de la densidad de la pobla-


ción que combina una representación de gradientes a través de los tonos
más claros a los más intensos. Otro tipo de representación de la densidad
de la población es por unidad territorial, en la que se expresa en promedios
nacionales. En este caso, este tipo de representación nos permite observar
algunos rasgos interesantes.
En primer lugar, se advierte el contraste entre tierras pobladas y mares des-
habitados, y en segundo lugar, los continentes no muestran una homogénea dis-
tribución de los seres humanos. Los contrastes son enormes y se hace evidente
que la organización del espacio geográfico, que surge de la mera necesidad de
alojar poblaciones con tan diferente grado de concentración, será muy distinta.
Aunque en la franja de climas templados se acumula la mayor proporción
de los seres humanos, también en ella se muestra un gran contraste entre las
márgenes orientales de los continentes y las márgenes occidentales donde
encontramos que los grandes desiertos generan vacíos demográficos. Una
mirada más detallada denota otros ajustes que ponen en juego diferencias
de relieve con su correlato climático y de accesibilidad, como, por ejemplo, la
Europa Atlántica sobre el margen occidental del continente, beneficiada por
la corriente marina del Golfo o en las Sierras de América Andina con amplios
valles de altura de clima templado-húmedo, densamente poblados, colindan-
tes con la estrecha franja del desierto de la Costa Pacífica.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


109

El estudio detallado de estas regiones nos mostrará también cómo las civi-
lizaciones agrícolas mediante la presencia del agua pudieron, a través de la
ingeniería de riego, crear espacios propicios para su desarrollo en medio del
desierto. Sobre estas adaptaciones y transformaciones del medio a través de
la cultura, y luego, del avance técnico del siglo XX, se colonizan territorios ári-
dos o semiáridos y también los selváticos e inaccesibles. Hoy la pregunta en
el manejo del agua se centra en la explotación y la contaminación sin medir
las consecuencias ambientales para un futuro cercano.
Desierto blanco o desierto verde no lo son nunca en términos absolutos,
solo están como a la espera de que las sociedades humanas valoren sus
recursos y dispongan de la tecnología adecuada para su aprovechamiento,
para poder instalarse en esos ámbitos. El ejemplo más contundente es la
apropiación de los recursos de la cuenca del Amazonas y sus consecuentes
transformaciones territoriales, ambientales y sociales (véase G.3.15).
El peso de las formas históricas de distribución de la población por países
será apenas alterado en los próximos años, aunque no deben descontarse
grandes migraciones y conflictos, y una acentuación de la concentración en
las grandes ciudades, dado que estos procesos se iniciaron a mediados del
siglo XX y aún continúan.
Los mares carecen de población permanente y, aunque existan grandes
navíos concebidos como verdaderas ciudades flotantes destinadas al placer
o buques factoría con autonomía suficiente para permanecer durante varios
meses en el mar, su destino es volver siempre a tierra. No faltan, sin embargo,
ejemplos de casas flotantes adosadas a la ribera de grandes focos de pobla-
ción, tanto en Holanda como en China; aunque importantes en el nivel local,
el número de sus habitantes carece de relevancia a escala mundial.
Los continentes son la base permanente donde se desarrolla la vida huma-
na, que a fines del siglo XX ya superaba a los 6.000.000.000 de personas, y
a inicios del XXI ya cuenta con más de 6.850.000.000 de habitantes. Vuelta
la vista sobre cada continente, se observan grandes disparidades poblacio-
nales. Asia se destaca porque aloja a más del 60 % de la población mundial.
Por ejemplo, China (9.396.960 km2) y Estados Unidos (9.372.610 km2),
con una extensión similar, sustentan una población de magnitudes muy dife-
rentes. Una estimación de 2010 daba a China 1.341.335.000 habitantes (el
estado más poblado del globo) y a Estados Unidos 310.384.000 habitantes.
La Federación Rusa (217.075.400 km2), pese a ser el Estado más extenso,
contaba apenas para 1994 con 147.021.869 habitantes, superado demográ-
ficamente por Brasil (8.511.970 km2), el otro gigante, con 161.800.000; este
último para el 2010 alcanza a 194.946.000 habitantes
La Argentina (incluyendo la Antártida y las Islas del Atlántico Sur) y la India,
con extensiones similares, presentan volúmenes de población que casi no
admiten comparación: 40.412.000 habitantes y 1.224.614.000 habitantes,
respectivamente, estimados para 2010 por las Naciones Unidas.
Los mapas de densidad nos aproximan a conocer y proyectar, por ejem-
plo, volúmenes de demanda de alimentos, teniendo en cuenta el consumo de
calorías diarias per cápita, volúmenes de agua potable, superficie del suelo
residencial (a ras del suelo o en altura), magnitud de la demanda de energía
y servicios, etcétera. Sin embargo, como estos mapas se elaboran a partir de
los datos referidos a unidades político-administrativas carentes de homoge-
neidad, desde el punto de vista geográfico es útil la representación por el sis-
tema de coropletas o por puntos como es el caso del mapa G.3.12.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


110

La población mundial no es un dato sin interés. A continuación, observa-


remos en el mapa G.3.13. una representación de libre acceso que realiza
Wikipedia, y que toma la densidad en términos de tamaño de la población
por países.

G.3.13. Población mundial por países, en números absolutos

II

Fuente: <http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:World_population.PNG>

Una mirada más minuciosa muestra disparidades en la distribución dentro


de cada país, tal como se refleja en el mapa G.3.12, en relación con el mapa
G.3.13. Es decir, un mapa en el que se distinga con claridad, en este caso,
áreas de igual densidad de población por unidad de superficie.
Si observamos la repartición espacial de la población para comienzos de
este siglo, llama la atención las elevadas densidades del Asia Oriental (llanura
China, Corea, Japón, Taiwán), y el Asia del Sur (llanura del Ganges y del Indo
y la costa de la península del Dekán). En Europa las densidades en general
son altas pero las mayores concentraciones tienen una extensión menor (valle
del Rin, Bélgica, Holanda, Valle del Po) que en Asia. En la costa americana del
Atlántico Norte y en la región de los Grandes Lagos (Canadá y Estados Unidos),
se encuentran también islotes de altas densidades. Esto contrasta con la
enorme extensión del casi vacío subcontinente de América del Sur con concen-
traciones en la zona oriental del Brasil y en el tramo inferior de la Cuenca del
Plata. En África, también, dominan las bajas densidades con las más fuertes
concentraciones en el delta y en el valle del río Nilo y la costa mediterránea.
En el extremo opuesto del continente, las altas concentraciones corresponden
a la costa meridional con manifestaciones puntuales en el interior. Australia,
excepción hecha del extremo sudeste, es un continente vacío. Son también
bajas las concentraciones en Oceanía.
En líneas generales, puede decirse que la mayor parte de la población mun-
dial se concentra en Asia del Este y Sur, y en ambas márgenes del Atlántico
Norte. Buscar una explicación de esta distribución haciendo hincapié en su
ubicación por franjas climáticas o en su asociación con ecosistemas natura-
les nos conduciría a error. Por cuanto, si bien es cierto que en la más remota
antigüedad los pueblos cazadores y recolectores dependieron para su subsis-
tencia del marco bioclimático en el que se encuadraba su supervivencia en
función de los recursos alimentarios disponibles, desde la aparición de la agri-

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


111

cultura y la domesticación de los animales, cobran significación como factores


explicativos la cultura y los sistemas socioeconómicos y tecnológicos de los
que cada pueblo dispone a lo largo de su historia.
Si bien las migraciones de pueblos han existido desde tiempos prehistóri-
cos, las de alcance planetario se dan recién a fines del siglo XV con el descu-
brimiento de la ruta de Asia por el sur de África por parte de los portugueses,
y con el descubrimiento de América protagonizado por Colón para la corona
de España. La importancia de esta migración europea trastocó totalmente el
mapa de la distribución y la composición étnica de la población de América y
África. Esta última fue objeto de una “saca” de población trasladada compul-
sivamente a América en condición de esclavos. La situación demográfica y la
composición étnica en el sur y este de Asia fueron apenas alteradas, aunque
el proceso colonial tuvo allí también agudas manifestaciones.
El siglo XXI debuta con la expansión de la informática que dará una nueva
dimensión a la relación tiempo-distancia que, sumado a otros factores, aca-
rreará, sin duda, otras formas de distribución de la población.
Como la condición social y económica y el bagaje técnico no son homogé-
neos para todas las sociedades ni tienen una evolución sincrónica, coexisten
hoy sociedades de cazadores y recolectores itinerantes –compuestas por un
centenar de miembros que ocupan extensos territorios en la Amazonia, por
ejemplo– y sociedades industriales, concentradas en megalópolis o verdade-
ras “regiones urbanas”, con densidades que exceden los 1000 hab./km²,
como en Hong Kong, Nueva York, México, San Pablo, etc. Entre ambas socie-
dades, se ubica una muy variada gama de situaciones sociales y culturales.

PARA REFLEXIONAR

Para expresar el comportamiento territorial de los indicadores

PP demográficos, ¿es importante estar atentos al tipo de representación


cartográfica?

3.4.2. Revisando teorías en perspectiva socioterritorial


Las proyecciones de todo tipo como la del crecimiento de la población no son
verdades absolutas. La geografía de la población, la estadística y la demografía no
adivinan el futuro, solo expresan tendencias. Lo que se debe tener en cuenta es que
las proyecciones son modelos explicativos o descriptivos, y que siempre debemos
interpretarlos en un contexto determinado. Si continuamos con nuestro ejemplo
sobre las proyecciones de crecimiento, y si aplicáramos las mismas hipótesis de
las principales variables (fecundidad, natalidad y mortalidad) en situaciones simila-
res de condiciones socioeconómicas como políticas, la población resultante podría
llegar a alcanzar los valores estimados por las organizaciones internacionales.
En la historia reciente de las ciencias sociales, las predicciones, teorías
y modelos fueron importantes para marcar lineamientos de políticas demo-
gráficas y cierto posicionamiento ideológico frente al desafío del crecimiento
demográfico mundial.
Thomas Malthus, impresionado por la dureza de las dificultades naturales
impuestas a la humanidad, pensaba que los hombres, como todos los seres

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


112

vivos, tendían a aumentar su especie más de lo que lo permitía la cantidad de


alimentos. En su obra Ensayo sobre los principios de la población (1798), pro-
pone su teoría sobre la población que crece geométricamente mientras que
los alimentos lo hacen aritméticamente. En otras palabras, el desarrollo eco-
nómico, al estimular la fecundidad, conllevaba un crecimiento de población
excesivo y conducía fatalmente a una crisis de subsistencia y, por lo tanto, a
la mortalidad en masa (guerras, epidemias, hambrunas). Para evitar este cre-
cimiento y sus consecuencias, proponía controlar el número de nacimientos. El
devenir histórico demostró que este trágico destino que proponía la teoría mal-
tusiana no se cumplió, por diversas razones técnicas, científicas y sociales.
Luego de la Segunda Guerra Mundial, se produjo el boom del crecimien-
to de la población mundial, y dio lugar a la escuela neomaltusiana que pudo
reavivar el interés por la tesis del siglo XVIII. Como vimos en la tabla G.3.10,
el crecimiento a partir de 1950 ha sido expandido de tal manera, que algu-
nos teóricos propusieron la teoría de la explosión demográfica. La noción de
explosión demográfica también puede entenderse a partir de un incremento
sostenido del número de habitantes hasta el punto en que la infraestructura
y los sistemas ya no den abasto para satisfacer las necesidades básicas de
la población.
De acuerdo con el anuncio de Naciones Unidas, el 12 de octubre de 1999,
fueron alcanzados los 6.000.000.000 de habitantes. Esta fecha símbolo estu-
vo pensada para llamar la atención de las sociedades sobre las múltiples
implicancias sociales y territoriales que supone haber alcanzado un nuevo
millar de millones de personas en el planeta. A pesar de que los nefastos vati-
cinios de mediados de siglo XX que anunciaban la explosión demográfica no
se cumplieron, cabe destacar que sí se incrementaron las disparidades y los
contrastes demográficos y sociales.
Esto nos lleva a otra teoría, la de la transición demográfica de la población
mundial. Como veremos en el gráfico G.3.14, el componente básico del aná-
lisis es el comportamiento de la natalidad y mortalidad.
¿Cómo es que la población presenta diferentes fases en su crecimiento?
Solo una pequeña cantidad de países llamados desarrollados alcanzaron
la transición en su fase IV, es decir, la tendencia al crecimiento cero.

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113

G.3.14. Modelo de la teoría de la transición demográfica

II

Fuente: Universidad de Cantabria


<http://ocw.unican.es/ciencias-de-la-salud/biogerontologia/materiales-de-clase-1/
capitulo-4.-transicion-epidemiologica/4.2-el-marco-teorico-del-envejecimiento>

En esta fase, en algunas naciones ricas, por ejemplo, de Europa Occidental,


el continuo descenso de las tasas de fecundidad se combina con una baja de
la mortalidad y un aumento en la esperanza de vida, lo que provoca un creci-
miento demográfico casi nulo. El crecimiento económico moderno, impulsado
por la industrialización, provoca entre otras cosas, los cambios en las formas
de vida que conllevan al modelo de la familia reducida. Estos cambios sociales
y culturales son los que deciden los comportamientos reproductivos en las
sociedades más ricas.
En cambio, las sociedades llamadas ‘menos desarrolladas’ se encuentran
en fases de expansión, fundamentalmente por las altas tasas de natalidad.
Los modos de comportamiento reproductivo son híbridos, entre los nuevos
procesos demográficos y aquellos mantenidos por patrones culturales como
socioeconómicos tradicionales. En apariencia el peligro al que se expone la
humanidad por este crecimiento demográfico ilimitado tiene como responsa-
bles a los más pobres.

CC
En realidad, la pretendida teoría no es estrictamente tal, sino una gran genera-
lización de base histórica, derivada de la experiencia de los países que primero
conocieron la industrialización, el crecimiento económico moderno y los gran-
des cambios demográficos (Arango Vila-Belda, 2008:62).

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114

G.3.15. Densidad demográfica del Brasil, 1960, 1980 y 2007

2007
II 1960
-70° -60° -50° -40° -30°

RR
AP
O
Boa Vista C
E
A
N
RORAIMA AMAPÁ O
Macapá
AM CE RN

Equador
A
Equador
0° PA MA
T
L
 PB
N
T PI PE
Belém I
C
AC
O AL
Manaus
São Luís
RO SE
Fortaleza
GO BA
RIO GRANDE MT DF
CEARÁ DO NORTE
AMAZONAS Teresina
PARÁ Natal MG
MARANHÃO
Paraíba
João Pessoa ES
PIAUÍ Pernambuco
Recife RJ
ACRE Porto Velho
SP
Rio Branco Palmas Alagoas
-10°
Maceió PR
RONDÔNIA Tocantins -10°
Sergipe SC
Aracaju
BAHIA RS Escala 1: 60 000 000
30 0 600 km
MATO GROSSO Salvador
Projeção Policônica

DF
Cuiabá BRASÍLIA 1980
Goiânia
GOIÁS
MINAS GERAIS

RR
P A C Í F I C O

Campo
Grande
Belo
Horizonte ESPÍRITO AP
SANTO
-20° MATO GROSSO Vitória
O
DO SUL SÃO PAULO C -20°
I
RIO DE JANEIRO N
T
AM CE RN
L
 PA MA
Rio de Janeiro T
o São Paulo A
Capricórni PB
Trópico de
PARANÁ PI PE
AC
Habitantes por km2 Curitiba
AL
RO GO SE
menos de 1 SANTA CATARINA O BA
O C E A N O

N
Florianópolis E
A MT DF
1 a 10 C
O

RIO GRANDE MG
10 a 25 DO SUL Porto Alegre Escala 1: 30 000 000
MS ES
25 a 100 150 0 300 km

Projeção Policônica
-30°
mais de 100 Meridiano de Referência: -54º W. Gr RJ
Paralelo de Referência: 0 º -30° SP
PR
-70° -60° -50° -40° -30° SC
RS Escala 1: 60 000 000
30 0 600 km

Projeção Policônica

Fuente: Instituto Brasileiro de Geografia e Estadística


<http://www.ibge.gov.br/ibgeteen/atlasescolar/mapas_pdf/brasil_densidade_demo-
grafica.pdf>

4.

KK Brasil en los mapas


Según las representaciones visuales de densidad demográfica de Brasil
(véase mapa G.3.15), ¿cuál es el patrón territorial que se sostiene en el
crecimiento y reparto de la población? y ¿cuáles son los cambios?

Para finalizar esta unidad, los indicadores son ilustrativos y, a la vez, son “con-
tradictorios” los mapas que reflejan los resultados estadísticos de esperanza
de vida al nacer, mortalidad infantil o desnutrición infantil. Esta contradicción
solo se puede visualizar si analizamos los resultados de los indicadores en
conjunto. Por ejemplo, hay países como Níger cuya población crece 3,5 %
anual, lo que implica que su tamaño se duplica en tan solo 20 años. Si bien
la tasa de mortalidad infantil ha descendido a escala mundial de 107 % en
1970 a 56 % en 1997, la esperanza de vida al nacer se ha acrecentado de 55
a 67 años, y registramos una esperanza de vida al nacer de 51 años en los
países del África subsahariana y de 77 años en los países de altos ingresos.
La mortalidad –ponderada por la esperanza de vida al nacer– va de los 34
años en Mozambique a los 81 años en Japón. Como hemos visto, disparida-
des semejantes se observan en la natalidad y en la estructura por edad o eda-
des medias. Al igual que ocurre en otras situaciones de la realidad social, en
el campo demográfico, el mundo contemporáneo se caracteriza por profundas
brechas y desigualdades.

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115

Un exponente de la geografía como Max Sorre estudió con detenimiento las


condiciones de inserción y el tipo de espacio que se genera en las distintas
zonas del planeta buscando la correlación entre la sociedad y la naturaleza,
en un intento de establecer una “ecología humana”. Este intento, reflejado
en sus Fundamentos Biológicos de la Geografía Humana, le sirvió para demos-
trar que la distribución actual de la población mundial excede el marco de la
consideración del hombre como ser biológico, y señala que, en consecuen-
cia, es preciso atender también a la dimensión temporal y a los cambios de
su marco económico, técnico y político, temas que desarrolla en otros cuatro
volúmenes de su obra publicada entre 1950 y 1956.
Es preciso destacar que Sorre, en cierto sentido, se adelantó a las visio-
nes de la geografía crítica, ya que él había llamado la atención sobre el hecho
de que algunos espacios regionales, como los territoriales de América del Sur
que no han salido enteramente de la condición colonial, revelan la impronta
de decisiones que toma la población local en función de “órdenes” que pro-
vienen de sociedades extrarregionales. Es lo que él llama “espacios deriva-
dos”, dependientes de los llamados “espacios centrales”, para los cuales los
“espacios derivados” son funcionales como proveedores de bienes de los que
aquellos carecen, bienes que salen de los espacios derivados como materia
prima no elaborada o con escaso grado de transformación.
Estas interacciones socioeconómicas tendrán sus resonancias en las polí-
ticas de población para hacer o no un mundo más equitativo para la población.
Hoy más que nunca, espacios derivados o espacios centrales interactúan a
través de la movilidad territorial de la población. La migración es un claro ejem-
plo, la pobreza de las sociedades menos desarrolladas cruza el océano o la
montaña y rompe a diario las fronteras para introducirse en el otro mundo que
parece ofrecer oportunidades.

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116

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117

Referencias bibliográficas

Carballo, C., “Interpretación geográfica vidaliana de la Argentina de comienzos


del siglo XX. La valorización del territorio según Pierre Denis” [en línea],
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en: <http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/estudios-rurales/article/
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Chile, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL),
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Romero, J. (Coordinador) (2008), Geografía Humana. Procesos, riesgos e
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de España, Madrid.
Vallin, J. (2006), La población mundial, Alianza Universidad, Madrid.

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118

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119

Nuevos mundos

Objetivos
•• Interpretar la configuración de los espacios económicos en términos de
tramas territoriales, redes y flujos.
•• Reconocer las relaciones entre técnica, sociedad y organización del espacio.
•• Debatir desde el saber geográfico los problemas espaciales de la
globalización.
•• Valorizar el análisis geográfico para interpretar el mapa del mundo
contemporáneo.

4.1. Introducción
A más de cinco siglos del descubrimiento del ‘Nuevo Mundo’, iniciado por la
Europa premoderna, hoy nos encontramos en presencia de otros nuevos mun-
dos. Estos nuevos continentes se diseñan a la luz de las transformaciones y
valorizaciones de recursos, inversiones, producciones industriales, mercados
e innovación tecnológica.
En el primer proceso histórico, la cartografía cumplió un papel central en el
saber geográfico como sustento esencial en la estructura del poder político-
cultural dado que era necesario conocer las rutas y contar con un detallado
sistema de inventarios. Estos objetivos se cumplieron ampliamente gracias a
la reinvención de la técnica en el transporte marítimo y la información geográ-
fica, cada vez más precisa.
En el presente, la tecnología, la comunicación y la información geográfica
no dejan de tener un papel protagónico a la hora del análisis territorial del capi-
tal, aunque el mapa muestre otros contenidos: nodos urbanos que conforman
redes, como flujos y movimientos de objetos, información o personas. Sin caer
en clichés, la globalización de la economía traerá como resultado contradic-
ciones económicas y tantos mapas-mundo como rupturas o fragmentaciones
provoque, ya sean sociales, políticas o culturales.
La internacionalización, la mundialización y la globalización han sido los
estadios de avance y conquista introducidos como punta de lanza por las
empresas multinacionales de acuerdo con su capacidad de articulación sobre
la configuración del espacio único mundial como campo de estrategia y como
campo de actuación: de obtención de primeras materias, de producción divi-
dida, de distribución y de comercialización, así como de financiación y espe-
culación monetaria. La globalización económica, como sistema, alcanza una
difusión única en la historia de la humanidad, aunque con resistencias espa-
ciales. En esta unidad presentaremos algunas dimensiones espaciales que
se construyen entre conflictos y negociaciones.

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120

4.2. El modelado de una geografía humanizada


El segundo milenio concluye con una geografía planetaria polifacética. El mode-
lado de una geografía humanizada comienza tímidamente con nuestros ante-
cesores más remotos, consumidores de vegetales y frutos silvestres, y caza-
dores que agudizaron su astucia para emboscar a los animales y desarrollaron
cierto instrumental para herirlos, ultimarlos y trozarlos. De la geografía que
ellos perfilaron nos quedan tenues rastros que los arqueólogos, antropólogos
y paleontólogos se empeñan hoy en descifrar.
La idea del modelado de una geografía humanizada hace hincapié en el
papel de los primeros grupos humanos y su vínculo con la naturaleza, en los
saltos en el dominio de la técnica y del territorio, hasta llegar a nuestros días,
en los que la realidad geográfica se encuentra totalmente transformada. De
ese tímido modelado, poco queda para entender la construcción del espacio
económico contemporáneo y sus dimensiones sociales.
La relación de la evolución de la técnica nos marca las formas de apropia-
ción del territorio, presionadas por lógicas espaciales. Lógicas imbuidas en el
poder y la cultura, en la valoración económica del suelo, en la difusión de téc-
nicas superadoras de las rudimentarias herramientas del pasado y en la con-
tinua innovación de las armas para la guerra, entre otros rasgos.

4.2.1. La técnica en la conquista del territorio


Detrás del proceso de adaptación e integración al medio de plantas y anima-
les, está la historia geológica, en tanto el hombre es un recién llegado que
apenas ha tenido tiempo de actuar sobre la Tierra. Sin embargo, su accionar
no es desdeñable. Con el auxilio del fuego e instrumentos rudimentarios, tanto
los cazadores paleolíticos como los agricultores del Neolítico abrieron brechas
en el mundo natural y crearon nuevas asociaciones de animales y plantas.
Vidal de la Blache, geógrafo francés de principios del siglo XX, afirma que cada
grupo ha encontrado en su medio los elementos básicos y las estrategias para
asegurarse la existencia. Los obstáculos y los procedimientos para superarlos
representan otras soluciones locales al problema de la existencia.
Durante casi dos millones de años, nuestro planeta estuvo a merced de las
glaciaciones, con una alternancia de períodos de intenso frío glacial y períodos
interglaciales cálidos. Se trata de la época geológica que conocemos con el
nombre de Pleistoceno –la que transcurrió entre los doce y diez mil años antes
de Cristo–, que dio paso, luego, a la época actual, el Holoceno. Esa fluctuación
climática tuvo impacto en las comunidades vegetales del planeta: cuando las
temperaturas bajaban bruscamente, las selvas tropicales se fragmentaban y
se reducían, o migraban a latitudes más cálidas, es decir, hacia el ecuador.
Por el contrario, en los períodos interglaciales, el proceso se invertía.
La geografía de la que hoy somos parte ha sido construida por el Homo
sapiens, desde hace unos 30.000 años, con distintas manifestaciones socio-
culturales. Muchas de esas sociedades que en el pasado tuvieron un papel
protagónico han desaparecido, dejándonos solamente el testimonio de sus
obras y planteándonos interrogantes aún no resueltos sobre su origen y la
causa de su extinción, como, por ejemplo, la cultura de los menhires de Tafí,
entre otras.

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121

En el dominio de las relaciones entre técnica y espacio, una primera reali-


dad es la dispersión desigual de las técnicas. En una misma porción de terri-
torio, conviven subsistemas técnicos generados en diferentes fechas, esto
es, elementos técnicos provenientes de contextos socioculturales diversos.
Desde el punto de vista de los geógrafos, los problemas se plantean en forma
diferente de lo que haría un historiador o un antropólogo.
Comúnmente, consideramos que la capacidad y “habilidad” de la especie
humana para devastar el mundo natural y causar, por ejemplo, la extinción de
especies es un fenómeno exclusivo de las sociedades contemporáneas. En
este punto, los invitamos a ir un poco más allá de lo evidente, a mirar hacia
atrás para encontrar que las implicancias espaciales de la expansión de los
primeros pobladores de América y el papel de su técnica también impactaron
sobre el medio y las especies, y a reflexionar sobre las condiciones en que se
originó el primitivo modelado de una geografía humanizada en estas latitudes.
Alfred Russel Wallace decía, a fines del siglo XIX, que la causa de la extinción
de los grandes mamíferos del Pleistoceno “se encontraba en el reciente y gran
cambio físico conocido como época glacial”.
Sin embargo, años después planteó otra hipótesis: “Estoy convencido de
que la rapidez de [...] la extinción de tantos mamíferos grandes se debe, en
realidad, a la intervención del hombre”. De esta forma, Wallace fue el primero
que sugirió que las extinciones de los grandes mamíferos podían explicarse
por el impacto humano como consecuencia de la colonización de tierras donde
no se conocía la presencia del Homo sapiens. Solo la primera idea de Wallace
fue, sin duda, la que tuvo mayor aceptación y difusión hasta hace unos años,
cuando se comenzaron a revisar los aportes de los clásicos. Entre nosotros,
el argentino Florentino Ameghino estudió la convivencia del hombre con ani-
males que hoy consideramos prehistóricos y señaló la posibilidad de que el
hombre fuera también agente de la extinción de esos animales.
Debemos partir del hecho de que esos diferentes sistemas técnicos for-
man una situación y tienen una existencia en un lugar dado. Para comprender
el mundo presente, Milton Santos propone que la forma en que se combinan
los sistemas técnicos de diferentes edades-orígenes es la clave para inter-
pretar su complejidad. Estas combinaciones técnicas tendrán repercusiones
directas o indirectas sobre las formas de vida. Desde el punto de vista especí-
fico de la técnica dominante, la cuestión es otra: verificar cómo los restos del
pasado son un obstáculo para la difusión de lo nuevo o cómo juntos encuen-
tran la manera de permitir acciones simultáneas. Generalmente, es esto lo
que vemos en el paisaje: momentos de superposición de técnicas, que van
dando paso y vía libre a aquella que resulta más conveniente en términos cul-
turales o en términos económicos.
El geógrafo constata que en el presente existe una gran diversidad socio-
cultural y que esa diversidad entraña diferentes concepciones del mundo y de
la vida, diferentes valorizaciones de la relación del hombre con la naturaleza
y, por ende, la creación de distintos espacios geográficos. También encontra-
mos diferentes concepciones de las relaciones de los hombres entre sí, riva-
lidades, oposiciones, conflicto y guerra, donde la diferencia entre vencedores
y vencidos puede ser la diferencia entre la vida y la muerte, la apropiación del
espacio del pueblo derrotado y la creación de una nueva geografía que, tal
vez, conserve los restos inertes de la antigua cultura, llámese Teotihuacán,
Machu Picchu, Quilmes o Tikal.

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122

En realidad, toda técnica es historia “consumada” a través de los objetos y


refleja el momento de su creación; es decir, las técnicas nos revelan las condi-
ciones históricas, económicas, socioculturales, políticas y geográficas en que
fueron creadas, instaladas y difundidas en cada lugar.
En el comienzo de la historia social del planeta, había tantos sistemas técnicos
como lugares y grupos humanos. Estos primeros grupos humanos utilizaban, prin-
cipalmente, las técnicas del cuerpo, técnicas primitivas caracterizadas por la falta
de medios de movilidad espacial y por el hecho de que los grupos que las utiliza-
ban dependían de las áreas geográficas en las que moraban, es decir, se valían de
su inteligencia y de los recursos naturales locales que, combinados, les permitían
encontrar diversos modos de subsistencia. A comienzos del siglo XX, Vidal de la
Blache llega a componer un mapa de la distribución mundial de este tipo de socie-
dades unidas a un medio específico; denominó a estas sociedades “autónomas”
porque se abastecían para su desarrollo y su reproducción con los bienes naturales
locales. La idea fue retomada por Maximilien Sorre y sus discípulos. Milton Santos
conoce sus obras y se ilustra con los principales aportes de la geografía francesa.
En esta línea de razonamientos, encontramos oportunas algunas de sus palabras:

CC
Cada punto habitado de la superficie terrestre constituía, entonces, un conjun-
to coherente, formado por una fracción del planeta, por una población local,
por las técnicas locales, un sistema político local y por un régimen económico
local. Las características de la sociedad y del espacio geográfico, en un mo-
mento dado de su evolución, están en relación con un determinado estado de
las técnicas. De este modo, el conocimiento de los sistemas técnicos sucesi-
vos es esencial para el entendimiento de las diversas formas históricas de es-
tructuración, funcionamiento y articulación de los territorios, desde los albores
de la historia hasta la época actual. Cada período es portador de un sentido
atribuido por el espacio y por la sociedad, representativo de la forma como la
historia realiza las promesas de la técnica (Santos, 1996:137).

El drama de la relación técnica-distancia-tiempo constituye uno de los ejes


sobre los que discurre el estudio de Pierre Chaunu sobre Sevilla y el Atlántico,
que sirve para demostrar cómo en la época de la navegación a vela la relación
distancia-tiempo podía variar según las circunstancias climáticas.

LECTURA RECOMENDADA

RR
Chaunu, P. (1985), Historia, ciencia social. La duración, el espacio y el hombre en la época
moderna, Encuentro Ediciones, Madrid.
El historiador francés da cuenta de una obra impresionante en la que centra su
historia social en categorías de tiempo, pero también en el espacio y, fundamental-
mente, en la relación de ambos frente a los cambios sociales. Su amplia obra ofrece
importantes aportes en la lectura e interpretación de la duración del espacio y las
relatividades sociales.

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123

G.4.1. Mapa de distancia-tiempo

II

Fuente: Chaunu (1977: 238-239).

En este mapa, podemos observar cómo las condiciones de los vientos per-
manentes y la corriente marina del golfo podían ser ventajas o desventajas
para la navegación a vela durante el siglo XVII. Por ejemplo, el viaje de Europa
a Jamestown (I) demandaba más de cincuenta días. En cambio, el viaje de
regreso, con la corriente del golfo y los vientos a favor, la misma distancia
era recorrida en menos de cuarenta días. Otro caso que podemos citar es el
de la península de Florida(II). El viaje de Europa a Florida tardaba alrededor
de ochenta días, debido a los mismos factores físicos. De regreso, el viaje se
reducía a tan solo sesenta días.
Esta relación tiempo-distancia recién cambiará con la aparición de una
nueva tecnología en la navegación ultramarina, la máquina de vapor. La inte-
gración de los mundos, en la actualidad, ha reinventado el tipo de relaciones
tiempo-distancia-espacio; en este sentido, se han impuesto modelos econó-
micos y culturales que tienden hacia la uniformidad, aunque no sin tensiones.
La sociología y la historia han realizado aportes importantes al señalarnos
que el hecho social es, ante todo, un hecho colectivo. Todo proceso históri-
co conlleva la acción concertada colectiva y consciente de un grupo humano,
una clase o un sector social. Por otro lado, el concepto de “imaginario social”
ayuda a comprender que la representación de la realidad que tienen las perso-
nas y/o los grupos sociales, generalmente, dista de ser homogénea. No todas
las culturas responden a las mismas escalas de valores, ni todos participamos
en igualdad de condiciones en las actividades de producción, ni compartimos
los mismos intereses o creencias.
Esto explica la diversidad de perspectivas frente a los fenómenos que
experimentamos. ¿Cuál fue el impacto territorial y la impronta en el imagina-
rio social que produjo la llegada del mundo europeo, acompañado del caba-
llo, el arcabuz, la rueda, el arado, la gripe o la viruela en las culturas indíge-
nas? ¿Cuál fue el imaginario del conquistador español en la búsqueda de El
Dorado? ¿Qué significó el sincretismo religioso de las culturas prehispánicas
con el cristianismo europeo? ¿Cuál fue el efecto de la incorporación de nue-
vas técnicas, la expansión del comercio europeo y las migraciones ultramari-
nas en la organización espacial de América? Historiadores como Silvio Zavala
en México y Alberto Salas en nuestro país han escrito páginas brillantes sobre
estos temas.

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124

Todas las sociedades, de alguna forma y en algún estadio de evolución,


recurren a los mitos para explicar los orígenes de los pueblos o las aldeas, e
inclusive para explicar su conquista o desaparición. Es decir, toda sociedad
accede de alguna forma a la formalización o institucionalización del territorio
a través de símbolos religiosos: héroes, sacrificios, ritos, etc. En consecuen-
cia, la institucionalización social del espacio implica en pocas palabras trazar
límites entre lo salvaje y lo civilizado, entre lo natural y lo humanizado, entre
lo deshabitado y lo habitado, entre lo sagrado y lo profano.

CC
No hay sociedad sin un espacio que le sirva de soporte. La institucionalización
de la sociedad es entonces inseparable de la del espacio. Adopta formas varia-
das. Hablando de las relaciones de los aborígenes australianos con el territorio,
A. P. Elkin (1967) percibe el rol de los grandes ancestros en esta institucionaliza-
ción del espacio: la patria de cada grupo local está surcada por caminos o sen-
deros, habitualmente no indicados, que jalonan cierto número de sitios particula-
res en los lugares donde un héroe hizo tal o cual cosa narrada en el mito [...]. En
otro lugar está, sin duda, el emplazamiento donde finalizó su viaje, allí donde su
cuerpo fue transformado en piedra y donde su espíritu, despojado del estorbo de
la materia, vio todo lo que sucedería inmediatamente, a menos que sea la “mo-
rada” donde su alma espera la reencarnación [...]. Del mismo modo, por sus ri-
tos y por las acciones, por el poder del que estaba dotado, transformó ciertos lu-
gares en centros donde se encontraban los principios vitales y los espíritus de
las especies naturales (Claval, 1999).

4.2.2. Los mitos y los espacios económicos


Los lugares en cada sociedad tienen un valor para la producción, un valor
para la residencia y la vida cotidiana, un valor como espacio público y un valor
como residencia del poder que a menudo se mezcla con el valor religioso, en
forma de tabúes o de castigos divinos para quienes invadan ese espacio sin
tener la condición social necesaria. Romper las reglas, más de una vez, pudo
implicar la pena de muerte o el sacrificio cruento.
En las civilizaciones maya y azteca, la relevancia del lugar sagrado se man-
tiene hasta hoy por debajo del manto de homogeneización cultural que signi-
ficó la introducción de la cultura hispánica con su instauración de otros luga-
res sagrados.

PARA REFLEXIONAR

La veneración a la Virgen de Guadalupe es, quizás, una muestra más

PP de formas de construcción social de espacios sagrados que perduran en


nuestro presente. La ciudad de México es, a la vez, escenario y vestigio
de ese largo proceso de hibridación y sincretismo cultural, en el que
las batallas por la superioridad en el terreno de lo simbólico producen
diversas estrategias de supervivencia y adaptación entre las culturas.
La constitución del actual santuario de Guadalupe es el resultado del
encuentro sociocultural y religioso que se dio entre las civilizaciones del
mundo prehispánico y el de los españoles del siglo XVI.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


125

Una de las conquistas más importantes fueron los significados que se


otorgaron a los espacios. Esta evidencia material del territorio como
geosímbolo expone un claro esfuerzo por imponer significados y, a
la vez, aprovechar la carga semántica que ya se constituía en ese espa-
cio; aunque también existen otros casos en que la resignificación del
locus puede reconocerse debajo de prácticas sutiles, como las que
encontramos en ciertos lugares sagrados de la cultura originaria, que
fueron reutilizadas por los vencedores como estrategia de legitima-
ción de sus dioses y su poder. En el caso del cerro del Tepeyac, lugar
sagrado, la Iglesia Católica aprovechó su sacralidad profana, la que
legitimó gracias a las apariciones marianas. Con ello se fusionaron
los elementos propios de la religiosidad náhuatl con la doctrina cris-
tiana para dar como resultado uno de los principales nodos de hie-
rofanía de América Latina, es decir, el lugar y acto de manifestación
de lo sagrado.

Para cada momento y cada lugar, hay que pensar y preguntarse lo siguiente:
¿cuál es el fraccionamiento del espacio?, ¿qué significa?, ¿qué estructura
social y qué función del espacio están por detrás o en forma visible?
Por ejemplo, el espacio entre los incas se distribuía en cuatro sectores de
igual dimensión, destinados a la residencia y a la producción de alimentos:
uno para el inca; otro para el ejército; otro semejante para el culto; y el cuar-
to para la comunidad, la cual cultivaba en común y gozaba de los bienes pro-
ducidos, pero a la vez estaba obligada a prestar servicios en los otros tres
sectores para producir alimentos y mantener a los funcionarios. Esto significa
que el espacio reflejaba una función social bien diferenciada y que se vincula-
ba directamente con la estructura social y la producción de bienes necesarios
para la manutención de los agricultores y los sectores sociales más podero-
sos. De esta forma, se establecían los límites entre el espacio público y el
privado, que debían ser funcionales para la producción y reproducción de la
sociedad y para el espacio sagrado del inca y los sacerdotes.
En esta lógica se reconoce el resto de la distribución de los territorios, que
eran jerarquizados por las sociedades, ya sea como cotos de caza o áreas
cultivables, o según la delimitación de lo profano y lo sagrado. Un ejemplo es
la ciudad de Machu Picchu, en la que los componentes de la comunidad eran
diferenciados de acuerdo con su función social, y esta diferenciación se mani-
festaba en el lugar destinado para la vida cotidiana y de residencia. Los luga-
res más periféricos correspondían a los agricultores y, en la medida en que las
viviendas y otras construcciones se acercaban al centro de la ciudad, ascen-
dían en altura: la vivienda de ese sector social (ejército, nobleza o sacerdotes)
estaba más cerca del representante del inca, es decir, de Dios.
Robert Sack enriquece nuestro análisis de los grupos primitivos al plantear
algunas características sobre las concepciones sociales del espacio, que se
aplican especialmente al nivel de las estructuras político-económicas e ilus-
tran claramente las diferencias en las visiones del espacio que están asocia-
das a las diferencias entre primitivas y civilizadas.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


126

CC
La primera propiedad es la concepción que las personas tienen en cuanto a la
relación entre su sociedad y su lugar geográfico. Como sucede con otras co-
sas, las sociedades ocupan espacio. La primera propiedad se refiere a la con-
cepción de las personas acerca de esta relación. Las sociedades tienden a for-
jar fuertes lazos con los lugares que ocupan y a justificar estos lazos mediante
organizaciones y procedimientos sociales. Las distintas sociedades conciben
estos lazos con los lugares en forma diferente [...]. La sociedad está anclada a
la superficie de la tierra en localizaciones muy especiales, como los lugares
sagrados, las fuentes de agua y los campamentos tradicionales [...]. Otras so-
ciedades conciben el orden social extensivo en el espacio en el cual los límites
pueden definirse más o menos claramente y pueden ser territoriales. En las
sociedades civilizadas, se ven partes de la sociedad como en posesión de una
extensión continua, pero qué partes y qué tan claramente se definen sus lími-
tes son cuestiones que difieren entre los distintos tipos de sociedades. La se-
gunda propiedad del concepto social del espacio es el conocimiento y la acti-
tud que unas personas tienen en relación con otras personas y lugares [...].
Podemos utilizar los datos etnográficos contemporáneos como evidencia para
una caracterización plausible de sociedades anteriores. Nos concentraremos
especialmente en aquellas características que distinguen las formas primitivas
de las civilizaciones e ilustran claramente su visión social del espacio. Los gru-
pos primitivos son menos complejos que las civilizaciones. Tienen menos divi-
sión del trabajo, una menor especialización interna, pocos miembros y territo-
rios más pequeños. Pero hay entre ellos diversos órdenes de complejidad, que
abarcan desde las bandas y clanes de cazadores, y conocimiento constante y
profundo del lugar involucrado en una visión mítica de la tierra fusiona a la so-
ciedad con el lugar. El lugar a menudo está habitado por los espíritus de los
ancestros, y un lugar específico puede haber sido dado a la gente por sus dio-
ses. En Australia, cada grupo totémico está asociado al lugar del que se supo-
ne que surgió el ancestro totémico [...]. Generalmente, se incorporan en los
mitos formas paisajísticas fisonómicamente impresionantes, que contribuyen
al anclaje de la sociedad del lugar. En muchos mitos de la creación, los dioses
le dieron un lugar en la Tierra a un pueblo [...]. La creencia en la ocupación de
la tierra por parte de espíritus de ancestros y en la donación mítica de la tierra
a la gente ha generado un poderoso sentido comunitario de propiedad y uso.
(Sack, 1984)

El conocimiento geográfico nos permite analizar el presente, que no puede


explicarse íntegramente sin considerar los procesos que le dieron origen.
Recordemos una vez más que, en el comienzo de la historia del hombre, la
configuración territorial fue simplemente el conjunto de los complejos natura-
les. A medida que la historia va “haciéndose”, se organiza una nueva confi-
guración territorial. El territorio se recrea socialmente y su expresión son las
obras de los hombres: cultivos, puertos, ciudades, etc. Por ello, la configura-
ción territorial es el resultado de una producción social e histórica que inició
una transformación de la naturaleza “natural” modelándola y sustituyéndola
por una naturaleza “humanizada”, como es el caso de la actual organización
del espacio geográfico planetario.
A partir del siglo XX se han intensificado los procesos de configuración terri-
torial por la intervención de la empresa capitalista en sus diversas formas.
Prueba de ello es la matriz territorial latinoamericana. Los recursos naturales

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


127

siempre han sido un componente esencial en la valoración de los territorios


en el sistema económico, ya que su estructuración responde a diversas esca-
las de actuación socioeconómica.

Los enclaves forestales de la región chaqueño-misionera


La producción de la pampa húmeda contribuyó a otorgar a la Argentina la imagen de
una gran homogeneidad interna y a facilitar la precoz identificación de la región pam-
peana con el espacio nacional, así como la de sus terratenientes con la burguesía del país.
Ello sucedió a pesar de que la diversidad regional estaba en la base de la historia nacional,
tanto en términos humanos y socioeconómicos como en términos políticos. Hasta cierto
punto, se identificó la historia regional pampeana con la historia argentina y, en materia
económica, tarde o temprano, directa o indirectamente, otras formas de organización de
la producción resultaron dependientes de la pampa húmeda.
La génesis de los enclaves forestales chaqueño-misioneros estuvo subordinada al des-
envolvimiento de la estancia pampeana, lo que queda en evidencia si se analiza la apropia-
ción y distribución de la tierra, la implantación de las redes ferroviarias y el cometido que
desempeñó la región, parcialmente determinado por el funcionamiento de la economía
pampeana. La revisión de este proceso formativo, sin embargo, pone en evidencia la
diversidad regional y la existencia de estructuras económicas que divergieron substancial-
mente de las montadas por el capitalismo agrario pampeano en su inserción periférica en
la economía mundial.
[...]
La denominación enclave […], aplicada a los obrajes y fábricas chaqueños, tiene un
doble significado. En primer lugar, en su forma madura, se trató de núcleos de actividad
económica controlados de manera directa desde fuera del país. Tal era el caso de La
Forestal y de otras empresas tanineras asentadas en el Chaco, cuyos accionistas, directorios
y centros de decisión estaban en el extranjero, adonde se remitían las utilidades que la
compañía resolvía distribuir. En segundo lugar, el término enclave pone de manifiesto
cierto aislamiento físico o clausura espacial, originalmente determinado por condiciones
naturales, sociales e institucionales, como la presencia de la selva y sus habitantes aboríge-
nes y la incertidumbre sobre las condiciones legales –entre otras, la propiedad del recurso
natural y las facultades de capital extranjero de disponer de su producto.
[...]
Cuando hablamos de organización de la producción, nos estamos refiriendo a un
conjunto relativamente homogéneo de las relaciones técnicas y sociales, que responde
a determinado patrón de división social y territorial del trabajo, y que se inserta en un
esquema económico más amplio, de cuyas características constituye una especie particu-
lar, ubicada en el tiempo y en el espacio. El entrelazamiento de formas de organización
de la producción con elementos superestructurales de diverso orden define los rasgos
dominantes de una región en cada etapa de su desarrollo. Recíprocamente, en cada etapa
del desenvolvimiento de una sociedad y en cada porción de su territorio, alguna forma de
organización de la producción genera la conformación espacial. En el Chaco de las déca-
das de fines y principios de siglo, primero el obraje maderero o yerbatero [en Misiones]
y, después, la fábrica de tanino y el aserradero […] fueron los núcleos típicos de la pro-
ducción organizada en la forma de enclave forestal, así como los ordenadores del espacio.
[...]
No fue objeto de conquista y ocupación durante el período colonial, excepto la parte
de Misiones en que se asentaron las reducciones de los guaraníes de la Compañía de Jesús
durante los siglos XVII y XVIII, que desaparecieron algunos años después de la expulsión
de esa sociedad religiosa, y unos pocos lugares donde hubo alguna otra misión que tam-
poco perduró. Solo en el período republicano –a partir de 1880–, tan vasto territorio fue
ocupado por el ejército nacional.
[...]

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


128

En ese contexto se ubica el incipiente y primitivo proceso de desarrollo económico


constituido por los primeros enclaves forestales, que tenían un carácter inestable e iti-
nerante, determinado por la calidad y estacionalidad de la explotación forestal, pues la
tala del bosque no implicaba la propiedad de la tierra y estaba solo condicionada por la
precariedad de normas legales que bien podían no cumplirse. Eran explotaciones depre-
dadoras que, en el lenguaje de la primitiva ganadería pampeana, podrían haberse llamado
una vaquería forestal [...].
Los asentamientos yerbateros y madereros estaban vinculados entre sí y con el resto del
mundo, en la gran mayoría de los casos, solo por vía fluvial [...]. Al principio, estos esta-
blecimientos se ubicaron sobre ambas márgenes del alto y medio Paraná, el alto Uruguay
y el Paraguay. En algunos casos precedieron y causaron el avance de la frontera, y se
fueron alejando de los ríos a medida que se afirmaba el proceso de ocupación de la tierra.
[...]
Dos fases se sucedieron históricamente en la evolución de las explotaciones forestales
chaqueñas maduras, que terminaron integradas bajo la hegemonía de la segunda. La
primera fue el obraje, productor primario de madera para durmientes, vigas, postes, etc.,
y de subproductos como carbón y leña. La segunda, la fábrica, más cercana al prototipo
de empresa capitalista decimonónica [...]. Este poder y su capacidad de movilizar capital
financiero llevaron a unas pocas fábricas a adquirir un creciente control del sector y a
extenderlo a otras actividades, como transporte, comercialización, servicios urbanos, etc.,
con lo que su liderazgo se fue ampliando a la región.
[...]
En su forma madura, [el enclave forestal primitivo] alcanzó un desarrollo avanzado
para el lugar y la época, y su influencia sobre la organización espacial del noreste argentino
perduró por más de medio siglo. Se incorporó directamente a la economía mundial, sin
la mediación de la economía pampeana, por los circuitos financieros del capital europeo.

Extraído de: Bitlloch E. y Sormani, H. (1997), “Los enclaves forestales de la región


chaqueño-misionera”, en: Ciencia Hoy, Buenos Aires [en línea], disponible en: <http://
www.cienciahoy.org.ar/hoy37/enclav1.htm>. [Consulta: 12 de abril de 2013].

Tempranamente, la organización del espacio económico en la Argentina se ha


materializado a través de las huellas que han dejado o dejan los circuitos o
eslabones productivos, según se traten. De aquella naturaleza sagrada de los
grupos originarios cuya escala de actuación no trascendía la región o lo local,
solo quedan indicios de esas formas culturales. Los modos de producción
que se van imponiendo a lo largo de dos siglos plantean un tipo diferente de
apropiación de los recursos y del territorio, por ejemplo, los intentos de las
misiones de los jesuitas, quienes fueron expulsados en el siglo XVIII. Estos
procesos de ocupación no fueron espontáneos. El caso analizado por Bitlloch
y Sormani nos proporciona un buen ejemplo de las sucesiones e hibridaciones
espaciales que dan por resultado una forma particular de organizar el territorio,
en su integración con la economía nacional, local o mundial. Hoy podemos
encontrar en la región una superposición temporal del espacio en la que aún
pueden identificarse matrices territoriales según el modelado que cada grupo
social le supo dar.
¿Y qué observamos en la actual organización espacial? Si miramos atenta-
mente el mapa del mundo, se revela una fuerte impronta del proceso de orga-
nización de los Estados nacionales que tienen una expresión territorial. Pero
ese mapa es también un mapa que presenta zonas de gran inestabilidad y

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


129

tensiones, donde los temas geopolíticos son noticias en los medios masivos
de comunicación y están en las agendas internacionales.

1.

KK Espacio geográfico - Espacio social


a. ¿Qué plantea Sack sobre la visión social del espacio?
b. ¿Por qué se propone como título de este apartado “El modelado de
una geografía humanizada”?
c. ¿Cómo se relacionan espacio económico y técnica para el caso de
“Los enclaves forestales de la región chaqueño-misionera”?

4.3. Los mapas en tensión: entre lo global y lo local


Aun cuando las nuevas tecnologías constituyen uno de los ejes más dinámicos
de actuación humana de este comienzo de siglo XXI, no podemos olvidar que
toda actividad se desarrolla en el espacio geográfico y con el espacio geográ-
fico, del que nos aprovechamos, sobre el cual incidimos y el que, a su vez,
aunque nos neguemos a reconocerlo, nos impone condicionantes. Es en “los
lugares” donde se hacen efectivas e impactan las ideas y las acciones de la
sociedad. Hoy, más que nunca, debajo del sistema economía-mundo subsiste
la fuerza de los lugares donde se encuentran y expresan las lógicas mundiales
y locales, muchas veces a través de conflictos.
Esto nos lleva a valorar la dimensión material de nuestro espacio de uso
cotidiano, que puede llegar a tener una extensión de hasta varias decenas de
kilómetros de radio. Por el contrario, nuestro espacio mental cotidiano, nues-
tro espacio de información y, para algunos, el espacio de actuación, se sitúa
o puede situarse a escala mundial.
La amplitud y flexibilidad del nuevo sistema de comunicación ha aumenta-
do su capacidad de absorción de todo tipo de expresiones culturales, sociales
y políticas, en un universo digital electrónicamente comunicado y difundido.
Como consecuencia de ello, puesto que la cultura es un sistema de comuni-
cación, nuestra sociedad está, cada vez más, organizada en torno a la produc-
ción, distribución y manipulación de símbolos.
La extensión de las nuevas tecnologías en el espacio ha significado que
las relaciones sociales hayan superado totalmente los ámbitos locales, para
tomar una dimensión planetaria. El ejemplo más claro son las empresas mul-
tinacionales, que actúan comercial y productivamente sobre una unidad espa-
cial de escala planetaria. Es decir, que tienen el poder de operar en cualquier
punto del planeta con independencia de las divisiones geopolíticas.
Por otro lado, en el momento actual, algunos Estados dotados de cierta
autonomía, para poder competir con éxito reorganizan sus alianzas y se acer-
can a antiguos rivales, llevados por la necesidad de defender intereses comu-
nes, y constituyen uniones supranacionales. Si al iniciar el siglo XXI, ese vín-
culo es, fundamentalmente, una comunidad de intereses económicos, puede
derivar más tarde en la constitución de una nueva forma de Estado en el que
queden eliminadas las fronteras políticas. Una organización promisoria, que
se fue construyendo luego de la Segunda Guerra Mundial, ha sido la Unión
Europea (UE). Hoy en tiempos de crisis los objetivos de la región son cuestio-
nados por algunos países miembros. No obstante, en el siglo XXI, pertenecer

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


130

a ese mundo feliz favoreció para que en España y en Grecia bajara el impacto
de la indiscutida caída libre de sus economías, con expresiones de conflictos
sociales que critican los mandatos de las cúpulas políticas y económicas de
la UE, los que se asumen con poco ingenio desde el Estado nacional.
Cabe destacar que la crisis del sistema capitalista hoy no conoce fronteras,
sus impactos se hacen sentir en las naciones de todo el globo, sin importar
la región. Algunos geógrafos han puesto la mirada crítica en estos procesos y
plantean la necesidad de conquistar una justicia espacial, señalando las con-
tradicciones de la economía global frente a la desigualdad social.

EE

Resulta interesante el debate que propone la conferencia de Alain Musset,


“Los territorios de la espera (Justicia Social y Espacial/Territorial): un
pendiente de las ciencias sociales” [en línea], en: Youtube <http://www.
youtube.com/watch?v=XooRnNO2ois&feature=related>. [Consulta:
5 de octubre de 2012]. Descripción: Conferencia del geógrafo Alain
Musset.

En los últimos años, los gobiernos locales adquirieron un papel político diferen-
te al que predominó hasta la década de 1970, en consonancia con las crisis
estructurales de competencias y poder con la que se encuentran los Estados
nacionales en el nuevo sistema global. Frente a ese mundo global donde la
economía y su estilo de producción y consumo diseña sistemas cada vez más
integrados, los Estados nacionales relativizan su competencia para controlar o
planificar por sobre los flujos globales de poder, riqueza y tecnología del nuevo
sistema. Este sistema-mundo también es pluralidad de intereses sociales e
identidades culturales de la sociedad. De esta manera, la concepción del rol
del Estado no solo se erosiona desde las macroestructuras económicas, sino
también desde el interior de sus sociedades bajo posiciones, a veces extre-
mas, del rescate de la diversidad cultural. Así, el Estado pierde legitimidad, al
igual que las instituciones representativas y las organizaciones del poder públi-
co. En síntesis, estos procesos de globalización del mercado de capitales, de
los mercados de mercancías y de las cadenas de producción hacen cada vez
más difícil que los Estados puedan ejercer una política económica efectiva,
y su ejercicio representativo se ve envuelto en nuevas tensiones frente a las
fragmentaciones sociales y culturales que provoca directa o indirectamente la
desigualdad social y espacial del mundo.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


131

LECTURA OBLIGATORIA

Oslender, U. (2002), “Espacio, lugar y movimientos sociales: hacia

OO una especialidad de resistencia”, en: Scripta Nova. Revista electrónica


de geografía y ciencias sociales, Universidad de Barcelona, Barcelona
[en línea]. Disponible en: <http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-115.
htm>. [Consulta: 13 de octubre de 2012].

En este último tramo, presentamos algunos rasgos de estos “nuevos mundos”


desde una geografía de la totalidad. Nuestro propósito es mostrar la importan-
cia de mirar el espacio geográfico desde la escala planetaria, como un todo de
relaciones y como el ámbito donde se efectivizan y materializan las acciones
sociales, es decir, mirar el espacio geográfico como un sistema abierto, ya
que consideramos que es la única forma de poder comprenderlo.

4.3.1. La mundialización de la economía y el nuevo (des)orden


En palabras de Daniel Harvey (1992), se puede mantener la siguiente tesis en
lo que respecta a los procesos sociales: “La comprensión del proceso social
en toda su complejidad depende de la forma de enfocar la forma espacial”.
Esta idea central nos invita a descifrar algunos comportamientos espaciales
de la economía mundial, tendencias y proyecciones sociales. ¿Estamos pre-
senciando la mutación hacia un nuevo (des)orden mundial?
Según un estudio del Citigroup, en 2015 los intercambios comerciales de
China superarán la cifra global del comercio exterior estadounidense. En 2050
las exportaciones chinas representarán el 18,2 % del comercio global; la India
ocupará el segundo lugar controlando el 9 % de los intercambios; Estados
Unidos caerá al tercer puesto con el 6,6 % del comercio; le seguirá Alemania
con 3,5 % del comercio mundial. Corea del Sur ocupará el quinto puesto con
3,4 %; seguida por Indonesia, con 3,1 %; Hong Kong con 2,3 %; Japón con
2,7 %; Singapur con 2,4 % y el Reino Unido en el décimo lugar con 2,1 % del
comercio. Estas especulaciones estadísticas nos muestran nuevos mundos,
impensados durante el siglo XX. La pregunta es cómo repercutirá esto en el
orden mundial establecido en el último siglo.
El Banco Mundial explicaba, a fines del siglo XX, la importancia que había
adquirido en la economía global la inversión extranjera y el rol que desempe-
ñaban las empresas transnacionales, fenómenos que todos asumimos como
fundamentales para entender el comportamiento de las economías naciona-
les y sus recientes reorganizaciones territoriales. La economía mundial puede
ser descripta a través de dos dimensiones: los intercambios comerciales y
las actividades de producción. Según la visión de los economistas del Banco
Mundial, ambas dimensiones unen a consumidores, productores y proveedo-
res dentro de las economías nacionales. La magnitud de las relaciones a tra-
vés de las fronteras que emprendieron estos agentes económicos varía con
la ubicación y tamaño de los mercados, con las ventajas tecnológicas y con
otros tipos de economías nacionales, y con la apertura de los marcos insti-
tucionales. Los vínculos establecidos mediante el comercio o las actividades
de producción pueden involucrar muchos componentes, en particular, flujos

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


132

de capital, mercancías, servicios, personal, tecnología, información e ideas.


En otras palabras, el grado internacional de integración económica depende
básicamente de la extensión y la profundidad de estos vínculos a través de
las fronteras nacionales.
En América Latina, en general, y en Argentina, en particular, se pueden
reconocer con nitidez las dos máscaras que participaron de la obra neolibe-
ral: por un lado, la de la comedia que refleja a los actores asociados a la polí-
tica hegemónica de los modelos neoliberales y privatizadores y, por otro lado,
la de la tragedia que remite a los espacios de exclusión social y económica,
y que, cada tanto, y oportunamente, es colocada a la vista en la pantalla de
la televisión.
En la segunda mitad de la década de 1990, frente a los indicadores explo-
sivos de pobreza y de indigencia, por una parte, y a la crisis de representati-
vidad política de la democracia formal, por otra, miles de argentinos que for-
maron parte de los sectores populares (y que aún conservan la memoria de
la incorporación familiar al trabajo asalariado, a la protección de la salud y al
acceso a la educación pública) generaron formas de resistencia pacífica a lo
largo y ancho del país.
En el momento más álgido del 2001, entre estas formas de resistencia se
conoció internacionalmente el movimiento piquetero. No obstante, a pesar de
la caída temprana de la ilusión neoliberal, las protestas piqueteras –en sus
inicios sobre todo– fueron deslegitimadas desde los centros del poder políti-
co y mediático hasta culminar con la crisis de diciembre de ese año. Por otro
lado, este movimiento había logrado reconocimiento interno e internacional
como fenómeno político. Al despuntar el nuevo milenio, Argentina fue el esce-
nario de la peor crisis social y económica de la región.
Así el territorio de protesta se transformó en otra expresión social del espa-
cio gracias a la geografía del nuevo (des)orden global.

G.4.2. Gráfico de cortes de ruta

II

Fuente: Carballo y Varela (2002).

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


133

Este movimiento se enmarcó dentro de la reestructuración económica y de


la reforma del Estado del período menemista, que consideró la existencia de
“excedentes humanos” y de “ciudadanos descartables” y, por lo tanto, legiti-
mó su exclusión de los derechos sociales y políticos.
La tendencia histórica de la economía mundial va estrechando e integrando,
cada vez más, todos estos espacios. Fuertes afinidades entre países vecinos
a menudo proveen el contexto para vínculos iniciales a través de las fronteras
y un grado más alto de integración internacional. Por extensión, para ellos, la
globalización se refiere literalmente al máximo alcance de la integración inter-
nacional, producto de una creciente interconexión de economías nacionales a
través de flujos de mercancías, servicios y factores de producción.
Otra mirada crítica es la que discute este tipo de integración espacial, dado
que las contradicciones son evidentes. En esta línea de ideas, cabe rescatar a
un clásico de la geografía marxista, Henri Lefebvre, quien afirmará en un artí-
culo en Antipode (1976), lo siguiente:

CC
El espacio no es un objeto científico separado de la ideología o de la política;
siempre ha sido político y estratégico. Si el espacio tiene apariencia de neutra-
lidad e indiferencia frente a sus contenidos, y por eso parece ser puramente
formal y el epítome de abstracción racional, es precisamente porque ya ha sido
ocupado y usado, y ya ha sido el foco de procesos pasados cuyas huellas no
son siempre evidentes en el paisaje. El espacio ha sido formado y modelado
por elementos históricos y naturales; pero esto ha sido un proceso político. El
espacio es político e ideológico. Es un producto literariamente lleno de ideolo-
gías (Lefebvre, 1976).

Pensadores como Joachim Hirsch –de la Universidad Johann Wolfgang Goethe,


Frankfurt, Alemania– planteaban, al iniciar el nuevo milenio, que para enten-
der los procesos económicos mundiales y sus efectos locales, se requiere
una visión opuesta a la neoclásica. En especial, para este economista, la
globalización del capitalismo cambia al mundo profundamente, sin que con
esto desaparezcan las relaciones capitalistas de dominación y explotación.
De cierto modo, hasta las ha intensificado en diversos aspectos, incremen-
tando asimismo los conflictos. La globalización no es un acontecimiento o
expresión natural de una lógica “objetiva”, sino un proceso impuesto y reñido
políticamente. Las transformaciones vinculadas con la globalización obligan a
repensar las categorías científicas y políticas fundamentales. Esto rige tanto
para el concepto de Estado como para el de clases, nación o democracia. En
otras palabras, Hirsch manifiesta que la globalización actual es, en esencia,
un proyecto capitalista en la lucha de clases.
Sin embargo, en la concreción de las medidas y los resultados obtenidos,
y fundamentalmente en estos últimos diez años, se ha generado una fuerte
polémica y controversia en relación con los supuestos neoliberales de la eco-
nomía mundial.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


134

LECTURA OBLIGATORIA

Méndez, R. (1997), “Efectos espaciales de la globalización econó-

OO mica”; “Innovación tecnológica, sistema productivo y territorio”, en:


Geografía Económica. La lógica espacial del capitalismo global, Editorial
Ariel, Barcelona, pp. 107-155 y 157-188.

G.4.3. Póster del 15-10-11

II

Fuente: <www.15october.net/files/2011/09/15Oi.jpg>

“Unidos para el cambio global” fue uno de los tantos pósteres del movimiento
que organizó electrónicamente la estrategia para realizar una de las principales
protestas sociales que abarcó a todo el mundo, el 15 de octubre de 2011.
El movimiento de los indignados, que nació en España, tuvo en vilo a las
autoridades durante muchas jornadas por la ocupación de la plaza del Sol, en
Madrid, y la plaza de Cataluña, en Barcelona, y coincidió con las anteriores
elecciones autonómicas y locales. Estas movilizaciones de protesta tienen en
común, a nivel global, el objetivo de cambiar determinados comportamientos
de lo que podríamos denominar elites (políticos, banqueros, empresarios),
aunque cada país tiene su singularidad. Como recuerda The Economist, el
Para más datos geográficos véase: principal argumento de las protestas en Chile estuvo centrado en el sistema
<http://www.economist.com/ educativo, que poco tiene que ver con la queja mayoritaria en Reino Unido. En
blogs/dailychart/2011/10/
occupy-protests>
España y Grecia cerca del 50 % de los jóvenes no tienen empleo ni motivación.
Todas estas reclamaciones fueron argumentos más que suficientes para gene-
rar este movimiento global, que eclosiona a los 10 años de la crisis argentina.

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135

La revista Fortune, al publicar el 9 de julio un adelanto de su ranking anual 2012, reveló


que las ganancias de las 500 multinacionales más grandes del planeta crecieron 13,2 %
en 2011, con negocios por 29.500 millones de dólares.
En la posición número uno aparece la petrolera Royal Dutch Shell (Países Bajos),
seguida por Exxon Mobil de EE. UU. (2); Walmart de EE. UU. (3); la británica British
Petroleum BP (4); las chinas Sinopec Group (5) y China National Petroleum (6); la com-
pañía eléctrica china State Grid (7); las estadounidenses Chevron (8) y Conoco Phillips
(9), y la japonesa Toyota Motor (10).
Walmart de Estados Unidos obtuvo ingresos por 446.950 millones de dólares en
2011. La transnacional posee sucursales en Japón, China, Reino Unido, India, Argentina,
Canadá, México, Brasil, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, y se
enriquece explotando a sus trabajadores. En Chile, donde controla el 40 % de las ventas al
detalle, la empresa fue acusada de prácticas antisindicales, abusos cotidianos, tales como la
evasión del pago de horas extras y el desconocimiento de derechos laborales básicos, como
el descanso semanal y el pago del salario mínimo. El The New York Times denunció que,
en México, fue acusada de pagar 24 millones de dólares en sobornos en la última década
para ganar el dominio del mercado nacional.
En 2011 Toyota perdió el liderazgo mundial en las ventas de vehículos y cayó a la
tercera posición, después de la estadounidense General Motors y la alemana Volkswagen,
pero obtuvo ganancias de 235.364 millones de dólares. En junio, las ventas de vehículos
de Japón y Surcorea registraron un incremento del 22 % en el mercado norteamericano.
Toyota acumuló en los primeros seis meses del año un repunte del 29 % en la comercia-
lización de vehículos, y logró una participación del 14,4 % del mercado norteamericano.
En el ranking por países, de Fortune, Estados Unidos se consolida en el primer lugar
con 132 empresas, seguido de China (73), Japón (68), Francia (32), Alemania (32), Reino
Unido (27), Suiza (15), Corea del Sur (13), Holanda (12), Canadá (11), Australia e Italia
(9), Brasil, India y España (8), Rusia (7), Taiwán (6), Bélgica y Suecia (4), México (3),
Irlanda, y Luxemburgo y Singapur (2). Con una sola empresa en la lista 2012, apare-
cen Colombia, Venezuela, Arabia Saudí, Tailandia, Turquía, Emiratos Árabes Unidos,
Austria, Dinamarca, Finlandia, Hungría, Luxemburgo, Malasia, Noruega y Polonia.
Estados Unidos continúa en el primer lugar con 132 empresas, menos que las 197 que
tenía una década atrás. Este año la petrolera Exxon Mobil fue desplazada por el gigante
anglo-holandés Royal Dutch Shell, mientras que la distribuidora estadounidense Walmart
que lideró el ranking en 2009 y 2010 cayó a la tercera posición. Otro de los grandes
perdedores, el grupo canadiense Research In Motion fabricante del teléfono BlackBerry,
quedó fuera de la lista de las 500 empresas más importantes del mundo.
Fuente: <http://www.kaosenlared.net/territorios/t2/internacional/item/25132-%C2%BFcrisis?-
%C2%BFqu%C3%A9-crisis?-las-petroleras-y-los-bancos-alcanzan-r%C3%A9cord-de-
facturaci%C3%B3n.html>

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


136

2.

KK Territorio, sociedad y crisis


a. A partir del artículo extraído de <www.kaosenlared.net>, proponga
según su opinión cuál es la posición ideológica del sitio.
b. ¿Qué papel tienen los recursos naturales en la economía y la riqueza
en el nivel mundial?
c. Según Lefebvre (1976), ¿podemos naturalizar la crisis actual del capi-
talismo y sus repercusiones espaciales?
d. Finalmente, describa qué intenta denunciar la caricatura.

4.3.2. Territorios en redes, tramas y flujos


Castells (2000) considera al espacio como expresión social y dinámica por
definición, que tiene nuevas lógicas subyacentes a sus formas y procesos
espaciales. Esas formas y procesos están condicionados por la dinámica de
la estructura social general, que incluye las contradicciones derivadas de los
conflictos y estrategias existentes entre los actores sociales que ponen en
juego sus intereses y valores opuestos. Las prácticas sociales que (re)definen
el espacio asumen especificidades históricas.
La teoría de flujos, propuesta por este autor, nos remite a flujos de capital,
flujos de información, flujos de tecnología, flujos de interacción organizativa,
flujos de imágenes, sonidos, símbolos.
El espacio de los flujos, como la forma material de soporte de los proce-
sos y funciones dominantes en la sociedad actual, resulta de la articulación
de (al menos) tres “capas” de soportes materiales: el primer soporte material
del espacio de los flujos está formado por circuitos electrónicos (microelec-
trónica, telecomunicaciones, procesamiento informático, sistemas de radio-
difusión, etc.) que forman la base material de los procesos estratégicos de
la sociedad red.

CC
La sociedad red es una forma espacial del mismo modo que lo pueda ser la
ciudad o la región en la organización de la sociedad mercantil o la industrial.
En esta red ningún lugar existe por sí mismo, ya que las posiciones se definen
por los intercambios de los flujos en la red. Los lugares no desaparecen pero
su lógica de significado queda absorbido por la red (Castells, 2000:490).

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


137

G.4.4. Mapa de flujos: tráficos net, 1993

II

Fuente: <www.mundi.net>

El conocimiento de la cantidad de datos de flujos de tráfico entre diferentes


puntos del globo aun es confuso en la actualidad. Hay muy pocos mapas
de tráfico a disposición del público, y los que hay tienden a ser agregados a
nivel de país o limitan la información de la red solo a una única compañía. De
hecho, es probable que supiéramos más acerca de los flujos de datos en el
ciberespacio hace diez años que lo que sabemos hoy. Uno de los proyectos
más notables de mapas de tráfico, antes de que Internet fuese la protagonista
de los años noventa, fue realizado por Brian Reid en 1993. El resultado de sus
investigaciones se representó en este mapa, que recorrió el mundo científico
e informático.
La segunda capa del espacio de los flujos la constituyen sus nodos y ejes.
El espacio de los flujos, si bien tiene como eje una red electrónica, conecta
lugares específicos con características culturales, sociales, físicas y funcio-
nales bien definidas. Hay lugares que son los nodos de la red, constituyen los
ámbitos de funciones estratégicamente importantes. Las relaciones de domi-
nación asignan a cada lugar un papel y una jerarquía en el proceso de gene-
ración de riqueza, procesamiento de la información y creación de poder, que
condiciona el destino de cada localidad concreta.
La tercera capa importante del espacio de los flujos hace referencia a la
organización espacial de las elites gestoras dominantes que ejercen las fun-
ciones directrices en torno a las que ese espacio se articula.
Las sociedades están organizadas de forma asimétrica en torno a los inte-
reses específicos dominantes de cada estructura social.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


138

CC
La elite tecnócrata-financiera gestora que ocupa las posiciones destacadas en
nuestras sociedades también tendrá necesidades espaciales específicas en cuan-
to al respaldo material/espacial de intereses y prácticas: la manifestación espa-
cial de la elite constituye otra dimensión fundamental del espacio de los flujos.
Por lo tanto, la elite tecnócrata-financiera-gestora que ocupa las posiciones des-
tacadas en nuestras sociedades también tendrá necesidades espaciales espe-
cíficas en cuanto al respaldo material/espacial de sus intereses y prácticas. La
manifestación espacial de la elite informacional constituye otra dimensión fun-
damental del espacio de los flujos (Castells, 2000).

A su vez, las elites imponen un conjunto de reglas y códigos sociocultura-


les, estableciendo la pertenencia o no a esa identidad que construyen como
dominantes.
“El flujo de los invisibles” constituye otra forma espacial de expresión de la
globalización, aunque, a decir verdad, no es una forma nueva: la migración. La
movilidad espacial de la población es uno de los fenómenos contemporáneos
que más preocupa en la actualidad, y a la vez, es un tema de relevancia den-
tro del campo de la geografía humana. Con el nombre de movilidad espacial,
territorial o geográfica se estudian los fenómenos relacionados con el despla-
zamiento geográfico de los individuos que componen una población. Sin dejar
de lado los contextos espaciales que actúan sobre estos flujos.

G.4.5. Mapa de movilidad espacial de la población. El flujo de los

II invisibles

Fuente: <http://ficus.pntic.mec.es/ibus0001/poblacion/Movimientos_migratorios.html>

Principales migraciones: 1) América del Sur-EE. UU.; 2) México-


EE. UU.; 3) China-EE. UU.; 4) América Latina-Unión Europea;
5) África subsahariana-Unión Europea; 6) Magreb-Unión Europea; 7
y 8) Egipto-países productores de petróleo (Argelia y Golfo Pérsico);
9) Europa Oriental-Unión Europea; 10) Europa-EE. UU.; 11) Sudeste
Asiático-Unión Europea; 12) Sudeste Asiático-países productores de
petróleo (Golfo Pérsico); 13) Sudeste asiático-Australia; 14) Sudeste
Asiático-Japón; 15) África central y oriental-República de Sudáfrica.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


139

Este mapa-esquema de las migraciones internacionales nos invita a repensar


la movilidad de la población junto con los cambios que provoca el sistema
productivo y de consumo que hoy está vigente en la escala planetaria. Los
flujos de capital, los flujos de información y los flujos financieros no están
suspendidos en la nada. Sus impactos son territoriales, y uno de ellos es,
precisamente, la movilidad de población en escala mundial, la cual puede
observarse en esta representación cartográfica, donde aparecen no solo las
rutas seguidas, sino también las áreas expulsoras y los principales destinos
o nodos de los que migran.
Se llama movimiento migratorio al desplazamiento, con traslado de residen-
cia, de los individuos desde un lugar de origen o lugar de partida a un lugar de
destino o de llegada. La migración es todo cambio permanente de residencia.
A fines del siglo XX, se rompen récords de migrantes ilegales que traspasan
las fronteras sin la documentación del país de origen, cada vez son más los
indocumentados que se refugian en las ciudades. Estos flujos de los invisibles
hoy constituyen un problema en las ciudades, donde se convierten en proble-
mas sociales, y se visibiliza la otra cara de la globalización.
Con los ritmos históricos de las formas capitalistas, se dieron flujos migra-
torios de un lado de los océanos hacia el otro. A partir de fines del siglo XX,
las áreas atractivas son las sociedades desarrolladas, y los flujos de los invi-
sibles llegan de todas partes del mundo. Las técnicas y la producción fueron
variables que han repercutido directamente en las masas migratorias, de esto
da cuenta la historia del siglo XIX hasta nuestros días.

3.

KK “Los muros de la globalización ya dividen a veintisiete países”


a. Descargue el artículo en el siguiente link: <http://edant.clarin.com/
diario/2006/04/09/elmundo/i-02801.htm>
b. ¿Cuál es la reacción de los Estados frente a la inmigración?
c. ¿Por qué el artículo vincula las nuevas murallas con la globalización?
d. ¿Acaso la globalización económica no nos integra? ¿Por qué los
muros?
e. ¿Los Estados podrán detener este flujo de personas?
Fundamente su respuesta con los contenidos trabajados en la unidad.

La tecnología libera a las sociedades o las hace dependientes. Las técnicas


evolucionan, y las sociedades se liberan de la dependencia de los recursos
del marco local. Ahora bien, en la medida que hay una independencia de los
recursos locales, las civilizaciones dejan de ser autónomas –en el sentido
expresado por Vidal de la Blache– porque pueden acceder a los recursos de
otras áreas geográficas, pero esto aumenta su dependencia a escala plane-
taria lo que acicatea su interés de dominación. Esto, como se dijo anterior-
mente, es la esencia del desarrollo del siglo XX. La organización planetaria del
espacio tiene sus antecedentes en los imperios marítimos del siglo XVI-XVII,
que involucraron al mundo entero en la medida en que pudieron acceder a un
mayor desarrollo tecnológico.
En este sentido, en el mundo global de hoy ya no importa tanto la domina-
ción política del espacio como la dominación económica y teconológica ejer-
cida a través de empresas multinacionales que no se hacen cargo ni se res-

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


140

ponsabilizan de las revoluciones o los conflictos políticos, o de las crecientes


desigualdades sociales, cuya solución queda a cargo de los gobiernos locales,
con escasos medios económicos para remediarlas.
Hoy, más que nunca, todas las partes de la Tierra se relacionan; el aisla-
miento es una anomalía. Ya no alcanza con comprender las condiciones del
sitio y la posición de un lugar, hoy hay que prestar mucha atención y mirar con-
juntamente las sociedades y sus territorios, insertos en la realidad planetaria,
imaginando futuros escenarios. Como hemos resaltado, es un error olvidar o
relegar a un papel subordinado el espacio, en la medida en que puede otorgár-
sele una importancia ideológico-cultural, en la articulación de toda sociedad y,
por ello, con un importante papel en la explicación de los procesos sociales.
En tiempos globales, los principales aspectos de la relación entre el espacio
y las nuevas tecnologías podríamos sintetizarlos, según Joan Eugeni Sánchez
(1991, pp. 265-270), en:

•• Doble dirección de las relaciones entre espacio y nuevas tecnologías.


•• Consideración sobre el significado de efecto.
•• Coherencia necesaria entre los cambios en las dinámicas social y territorial.
•• Desarrollo técnico. Es importante el control sobre los recursos técnicos.
•• Efectos espaciales directos, derivados e indirectos.
•• Innovación tecnológica y relaciones de poder en el espacio.

Cuando Juan Romero y Joan Nogué (2008) hablan del lado oscuro de la tec-
nología global, se refieren en realidad al “lado oscuro de la globalización”,
pero, para ser más certeros, lo que se pone en evidencia en esta aldea global
es que el avance tecnológico es a la vez una herramienta y una estrategia
territorial puesta al servicio del crimen organizado. Los procesos de interac-
ción global tienen, sin duda, su lado oscuro y su dimensión perversa cuando
analizamos geográficamente al crimen organizado. El espacio de flujos y redes,
la economía informacional y las nuevas tecnologías de la información están
siendo utilizadas por los comerciantes de armas, los contrabandistas al por
mayor, los carteles de los narcotraficantes, los terroristas, las mafias, es
decir, por el crimen organizado global. Estamos presenciando, al iniciar este
nuevo milenio, redes criminales transnacionales (o nacionales con conexiones
globales), gracias a la permisividad de las fronteras y a los débiles controles
nacionales propiciados durante la década de 1970 con el proceso de globali-
zación de la economía mundial.

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141

G.4.6. Mapa interactivo del narcotráfico en México

WW

<http://www.economist.com/blogs/dailychart/2011/02/
daily_chart_drugs_mexico>

En 2011, The Economist presentó un informe y un mapa interactivo, en


formato flash, sobre el narcotráfico en México y algunos datos relacio-
nados. Este mapa tiene tres pestañas, y, en cada una de ellas, podemos
seleccionar qué mostrar haciendo clic en las leyendas.
En la primera pestaña, al mover el cursor sobre los distintos estados, se
ve el número de crímenes asociados a las drogas. Hay datos de 2008 a
2010. En la última pestaña (Traffic Routes), se pueden mostrar todas
las rutas haciendo clic en la leyenda donde dice “show all”. La pestaña
del medio, la de los carteles, permite ver la distribución geográfica de la
influencia de cada cartel. También se puede seleccionar cuál ver desde
la leyenda del mapa.

Sea como fuere, el mapa conocido hasta ahora de los estados territoriales
está en vías de transformación, en virtud de estos procesos que tensionan al
mundo conocido con este otro que plantea un (des)orden nuevo. La tendencia
es que, a pesar de que se mantengan las fronteras nacionales y la soberanía
territorial, se van a ir desdibujando como consecuencia de diversos procesos,
aunque se presentan variantes para no sucumbir, como la constitución de
uniones regionales, en las que un grupo de estados de común acuerdo adop-
ta políticas que tienen una inmediata repercusión sobre el tratamiento del
espacio en cada uno de los estados nacionales. Ya no se trata de reuniones
efímeras para la guerra, sino de uniones que se espera puedan garantizar la
paz de los Estados. Otras intentan imponer lineamientos por sobre los intere-
ses de algunos y aprovechan, por ejemplo, a las organizaciones de actuación
a escala mundial, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), o a
escala continental, como la Organización de los Estados Americanos (OEA),
entre otras. El ejemplo más acabado de este proceso es el caso de la Unión
Europea (UE), que comenzó siendo la comunidad del carbón y del acero hace
40 años para ser luego la Comunidad Económica Europea y, finalmente, esta
unión adoptó una moneda común y una serie de medidas que condicionan

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


142

a la sociedad en su conjunto. Hay otras, como la Organización de Países


Exportadores de Petróleo (OPEP), en la que también un acuerdo –que abarca
los países afroasiáticos– repercute sobre los demás países.

G.4.7. Mapas de empresas multinacionales y filiales

II

Fuente: <http://www.princeton.edu/~ina/infographics/starbucks.html>

Cabría preguntarse entonces cuáles son las organizaciones que hoy ejercen el
poder geopolítico sobre las sociedades contemporáneas, además del Estado
y las instituciones supranacionales. La respuesta puede parecer sencilla,
pero es muy compleja, sin por ello dejar de reconocer la evidencia y el peso
gravitatorio que ejercen las organizaciones económico-financieras en este
mundo global.
Las multinacionales tienen un papel protagónico en el mundo, desde lo eco-
nómico y desde la industria cultural. Buen ejemplo de esto son las cadenas de
hamburguesas y otras empresas similares, como se representa en el mapa.

4.

KK Territorios en red
a. ¿Qué variables espaciales están representadas en el anterior mapa?
b. ¿A qué multinacionales se refieren?
c. De la lectura del mapa, ¿cuáles son las regiones geográficas que cuen-
tan con más filiales?
d. ¿Qué interpretación podría proponer, según lo leído en el capítulo
y la bibliografía obligatoria?

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


143

Las grandes multinacionales se han convertido en un objeto del análisis geo-


gráfico. Este análisis permite abordar uno de los bloques de poder más impor-
tantes a escala mundial, por el volumen de la actividad, así como su capacidad
de incidir sobre las economías nacionales, por su extensión sobre el conjunto
del territorio mundial y por la concentración en relativamente pocas manos de
su poder de decisión. Por lo expuesto, las sedes de las empresas multinacio-
nales hacen de ellas uno de los ámbitos de intervención política más potentes
que podemos encontrar en este momento.
Según Sánchez (2008), el origen de la localización de las sedes centrales
de las multinacionales, privilegian el escenario metropolitano, el que aparece
como causa y como efecto.

CC
Como efecto sobre la metropolización en la medida en que la localización inicial de
ciertas empresas constituyó uno de los motores del crecimiento de los núcleos en
los que se habían localizado, generando economías de urbanización a partir de la
sucesión de interrelaciones entre economías de aglomeración, de concentración y
de escala. Por tanto, una gran parte del crecimiento metropolitano de las ciudades
que no son capital de Estado, responden al efecto de las implantaciones iniciales,
y su posterior expansión, entre las que encontramos a muchas de las todavía do-
minantes. Sobre la base de este proceso, las condiciones de urbanización que se
iban potenciando sirvieron como causa de nacimiento o implantación de nuevas
empresas, que a su vez han alcanzado el liderazgo mundial que este grupo refleja.
Como causa y/o como efecto realimentador, las condiciones metropolitanas
aparecen con toda claridad como condición casi necesaria para el desarrollo de
grandes corporaciones.
El factor metropolitano apunta hacia una nueva dimensión de la territorialidad
del poder dentro de la escala nacional. En concreto, las regiones metropolitanas
de Tokio (53), Nueva York (36), París (36) y Londres (33) constituyen los cuatro
centros territoriales principales de poder empresarial mundial. Desde tan solo
estos cuatro centros, se controla casi un tercio de la actividad de las grandes
corporaciones. Las 18 siguientes regiones metropolitanas, con más de 5 empre-
sas por aglomeración, representan aproximadamente otro tercio. Mientras que
el último tercio se reparte entre las restantes 99 localizaciones. En volumen
representa que, de los 50,5 millones de empleados que trabajan para estas
empresas, casi 15 millones son controlados desde cuatro ciudades; así como
el 32,7 % de los ingresos y el 37 % de los beneficios.
A su vez, el factor metrópolis se refuerza, en general, a través del factor capitali-
dad. En efecto, de los 32 países representados en el ranking, en 24 (84 %) la capi-
tal concentra la mayoría de las sedes; de esos 24, en 12 (38 %), todas las sedes
están ubicadas en la capital. Solamente en 3 países (Canadá, Suiza y Australia),
la capital del estado no localiza ninguna gran empresa, mientras que en otros 3
(Estados Unidos, Alemania y Brasil), la capital tiene una concentración minoritaria.

LECTURA RECOMENDADA

RR
Sánchez, E. (2008), “El poder de las empresas multinacionales”, en: Scripta Nova.
Revista electrónica de Geografía y Ciencias Sociales, Barcelona, Universidad de Barcelona
[en línea], disponible en: www.ub.edu/geocrit/sn/sn-270/sn-270-8.htm. [Consulta: 8
de febrero de 2012].

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144

De esta manera pasamos a uno de los fenómenos más impactantes de esta


fase de la economía-mundo: el crecimiento urbano, la urbanización y la metro-
polización del planeta. En tiempos de globalización, ¿podríamos hablar de un
mundo de ciudades?

4.4. Un mundo de ciudades


En las primeras décadas del siglo XXI, la población mundial pasará a trans-
formarse en población predominantemente urbana. Según Naciones Unidas,
en el año 2000, el 47 % de la población residía en ciudades. Este grado de
urbanización afecta tanto al mundo desarrollado como al tercer mundo. El
hecho urbano es uno de los acontecimientos geográficos más relevantes del
presente.
Crecimiento urbano y urbanización son dos procesos complementarios que
se desarrollaron durante el siglo XX.
Las áreas metropolitanas y las ciudades en América Latina tomaron rumbos
impensados hasta los años cincuenta; la mutación hacia la construcción urba-
na fue veloz, cruel y sin precedentes en las ciudades más pobres del mundo.
Cuanto más indagamos sobre los detalles de la distribución geográfica de
la población, tanto más frágiles resultan las predicciones. Ya de 1950 a 1985,
el porcentaje de la población mundial que vivía en las ciudades aumentó del
29 % al 42 %. Es decir que la población urbana creció mucho más rápido que
el conjunto: pasó de 734 millones (en 1950) a 2000 millones (en 1985).
Para 1990, el 73 % de la población de los países industrializados o desa-
rrollados era urbana. Hasta entonces, países industrializados y desarrollados
eran sinónimo de una misma realidad espacial.

4.4.1. Crecimiento urbano y urbanización


En 1950, solo dos aglomeraciones en el mundo se acercaban a los 10 millo-
nes de habitantes: Nueva York, con 12 millones, y Londres, con 9 millones;
es decir, los dos principales nodos del capitalismo industrial de la posguerra.
En 1975, calcula Vallin (2006), ya eran seis, con Tokio, México D. F., San
Pablo y Shanghái, que con 12 millones de habitantes, superaban a Londres.
En 1990, se duplicaron las principales aglomeraciones y su tamaño.
México, con 20 millones; Tokio, con 18 millones; San Pablo, con 17 millones.
A finales del siglo XX, eran veintiuna las ciudades con más de 10 millones de
habitantes; y aparecen en el mapa urbano Calcuta y Bombay. Esta vez lideran
el ranking dos ciudades del tercer mundo: San Pablo y México D. F., con 22 y
26 millones, respectivamente. Los guarismos nos siguen sorprendiendo, pero
también los cambios que opera este proceso de urbanización.

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145

G.4.8. Porcentaje de aglomeraciones y población urbanas clasifica-

II das por tamaño (2011)

Fuente: <http://esa.un.org/unpd/wup/Maps/maps_urban_2011.htm>

El proceso de urbanización ha sido largo y discontinuo. Desde los orígenes de


la revolución urbana (en el tercer milenio a. C.) hasta nuestros días, el fenó-
meno urbano se fue extendiendo de manera interrumpida en todo el planeta.
La diferencia entre crecimiento urbano y urbanización es que el primero no
necesariamente conlleva al segundo, mientras que la urbanización conlleva
necesariamente un crecimiento urbano; es decir que la población urbana crece
porcentualmente más que la población rural.
La revolución urbana moderna occidental va de la mano de la Revolución
Industrial y la explosión demográfica entre los siglos XVIII y XIX.
Desde el siglo XVIII hasta la mitad del siglo XX, las ciudades experimenta-
ron un gran crecimiento. Esto se dio, principalmente, en los núcleos industria-
les: primero Europa y, luego, Estados Unidos. El crecimiento de las ciudades
se produjo como consecuencia de las migraciones campo-ciudad promovidas
por los cambios estructurales en la estructura agraria del capitalismo inci-
piente, y por la localización de la producción industrial como la principal activi-
dad económica. Ello explica que, para ese momento histórico, estas regiones
alcanzaron los valores de urbanización más elevados del planeta.
A partir de mediados del siglo XX, el crecimiento urbano más importante se
relocalizará en el tercer mundo, en las ciudades de los países subdesarrollados,
que superarán a las ciudades europeas. Este proceso de urbanización también
afectará las migraciones campo-ciudad y el crecimiento de la población.
También a mediados del siglo XX, se producirá un fenómeno planetario:
la metropolización. Como nunca, las principales ciudades se extenderán en
superficie provocando una masa continua de edificación, funciones y activida-
des hasta ahora nunca vistas en la historia de la humanidad, junto con una
etapa de industrialización masiva que tendrá como escenario las principales
ciudades del mundo.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


146

El siguiente mapa (1967) muestra cuáles eran las principales áreas metro-
politanas en la década de 1960 señalando con diferentes íconos las ciudades
de más de un millón de habitantes y las ciudades que tenían entre 100.000
habitantes y un millón. Max Sorre denomina a las principales áreas metropo-
litanas “enjambres urbanos” para dar cuenta de la complejidad de la trama
territorial.

G.4.9. Grandes regiones urbanas del globo

II

Fuente: Sorre, 1967.

La ciudad actual se enmarca en otro proceso que llamamos globalización,


donde la ciudad del primer mundo experimenta una urbanización difusa hacia
las áreas suburbanas, y las altas tasas de crecimiento se invierten. Este
fenómeno no es exclusivo y, con otras formas, también lo encontraremos en
las principales ciudades del tercer mundo.
La extensión de la ciudad hacia la periferia podrá concretarse una vez que
se resuelva el costo del transporte. A partir de allí se producirá otro fenóme-
no urbano común: la difusión territorial. El desequilibrio queda evidente en el
esquema de Unicef sobre la población urbana por países, en lo que respecta
al tamaño y al grado de urbanización.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


147

G.4.10. Población urbana por países y grado de urbanización

II

Fuente: <http://www.unicef.org/spanish/sowc2012/pdfs/SOWC-2012-UN-
MUNDO-URBANO.pdf>

En el caso europeo, recordemos que la vieja ciudad medieval dejó huellas


en la conformación del plano, que fue totalmente transformado por la ciudad
industrial hasta, en muchos casos, desaparecer. La lógica espacial de la ciu-
dad industrial presentaba un nuevo orden urbano en el que se asentaban las
clases sociales más jerarquizadas y diferenciadas espacial y funcionalmente,
las cuales giraban alrededor del sistema productivo. Los modelos centro-peri-
feria, concentración-centralización, integración-segregación fueron aspectos
destacados, como así también los problemas de violencia, guetos y deterioro
urbano en general en las ciudades americanas desde los años cincuenta hasta
los años ochenta.
Por otra parte, la conurbación es el resultado del crecimiento de la ciudad
que al expandirse absorbe otras ciudades. Puede darse una formación pluri-
nuclear. En cambio, el área metropolitana o región metropolitana no solo es
de mayor tamaño, sino que también se caracteriza por el hecho de que en
ella hay un centro urbano principal y centros de segunda jerarquía o de tercer
rango, inclusive.
El proceso de conurbación tiene su auge con el modelo de la ciudad indus-
trial fordista. En este transcurso, se expandirán las grandes urbes de los paí-
ses desarrollados.
Las ciudades globales partirán de estas matrices del capitalismo indus-
trial, pero se reconfigurarán en un nuevo sistema de integración a partir de la
difusión del modelo neoliberal desde lo político, la economía global y la inno-
vación en la información y la comunicación. Así como el sistema urbano tenía
una integración en sí mismo hasta mediados del siglo XX, transmutará en una
nueva red de aglomeraciones.
El sistema de red de la ciudad global no conocerá fronteras. En realidad, el

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


148

sistema nacional no desaparece, sino que se suma según las circunstancias


a otras lógicas de integración del territorio. En este sentido, la ciudad global
pasa a convertirse en los principales nodos de las redes urbanas contempo-
ráneas, ya sean productivas, de innovación tecnológica o de consumo.
Las ciudades, nodos urbanos, aparecen más que nunca como lugares de
intercambio: de personas, de bienes, de información y de ideas. Las ciuda-
des actuales afrontan realidades sociales caracterizadas por la presencia de
habitantes de diferentes procedencias y por flujos continuos de visitantes. La
ciudad se presenta como la bisagra entre lo local, lo nacional y lo global. Las
ciudades mundiales de Hall (1996) o las ciudades globales de Sassen (1991)
intentan explicar su funcionamiento a partir de la necesidad de control de la
economía global sobrecentralizada.
La otra cara de la moneda es la segregación urbana y la pobreza en las prin-
cipales ciudades globales, en las ciudades medias y en las ciudades capitales;
ningún mapa urbano se salva de las contradicciones productivas y sus efec-
tos en la organización social contemporánea. Las soluciones son los muros,
la privatización, vivir alejado del centro o, si no es posible, la gentrificación de
determinados barrios centrales donde los límites son el valor del suelo urbano.
Es el proceso urbano por el cual
inmuebles de muy bajo precio se Del otro lado del muro, los guetos, los pobres, los sin domicilio fijo, los
revalorizan e incorporan al merca- que duermen en plazas o calles y viven de los residuos, en fin, un espectácu-
do con poca inversión, destinados lo urbano que también muestra en otra realidad los niveles de concentración
a sectores sociales de alto poder
adquisitivo.
de la riqueza y la polaridad social.
Los procesos conllevan a la intensificación de las redes urbanas como res-
puesta a la diferenciación regional de los mercados y la dinámica de las orga-
nizaciones productivas.

LECTURA RECOMENDADA

RR
Veltz, P. (1999), Mundialización, ciudades y territorios. La economía de archipiélago,
Ariel, Barcelona.

Finalmente, cabe rescatar una clasificación tradicional, pero aún muy válida a
la hora de definir la ciudad como objeto de análisis: la ciudad hacia dentro y la
ciudad hacia fuera. En otras palabras, recortar espacio interior de las ciudades
o plantearlas como redes. En este campo, los estudios y las publicaciones
que abordan las transformaciones urbanas desde la espacialidad son más
que numerosos.

Entrevista a David Harvey


Las grietas de la ciudad capitalista
Por Carolina del Olmo/César Rendueles (Archipiélago)

Archipiélago: Parece que, en los últimos años, la idea de fomentar la competitividad en


un entorno crecientemente globalizado ha dejado de ser patrimonio de empresarios y
Gobiernos liberales para pasar a presidir también las reflexiones de los urbanistas […].
¿Cómo hemos llegado a esta situación?...
David Harvey: El proyecto neoliberal que se consolidó a principios de la década de

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149

los ochenta pretendía fundamentalmente restablecer el poder de las clases dominantes.


Entre otras cosas, este nuevo modelo dio rienda suelta a las presiones competitivas y se
volcó en la utilización del capital financiero como medio para asegurar la consecución de
las tasas de beneficio más elevadas posibles. Pero, naturalmente, ninguna de estas medidas
podría haber funcionado sin la construcción de un aparato estatal dócil, y esa es la tarea
que Thatcher y Reagan acometieron a través de diversos procesos de desregulación y
privatización, así como de feroces ataques al poder sindical y al estado de bienestar […].
Archipiélago: Cuando el discurso oficial se ve obligado a afrontar el aumento de la
economía informal y sumergida en las metrópolis, del resurgir de métodos de explota-
ción decimonónicos y bolsas de pobreza aguda, lo hace como si se tratara de una lacra
del pasado, como si fuera un problema ajeno a la nueva organización económica […].
¿Puede hablarnos de la coherencia de esas dos realidades? ¿Se trata, de algún modo, de
una aplicación al ámbito del urbanismo de la relación entre centro y periferia del modelo
de Wallerstein?
D. Harvey: Un elemento fundamental en el proyecto neoliberal ha sido la nueva
ronda de cercamientos de las propiedades comunes que se ha llevado a cabo a través de
la privatización. Este proceso ha significado una «segunda vuelta» de lo que Marx llamó
«acumulación primitiva» y que yo prefiero denominar «acumulación por desposesión».
Dado que se trata de una piedra angular de la apuesta neoliberal, no debería sorprender-
nos la revitalización de antiguas prácticas laborales asociadas con la proletarización y con
la pérdida de derechos en general.
Archipiélago: […] ¿tiene sentido defender simultáneamente una política urbana orien-
tada hacia la competición más feroz y una ciudad más justa y cohesionada para todos, en
la que los precios de la vivienda estén controlados y en la que haya unos buenos servicios
sociales? Es decir, ¿no son en último término incompatibles ambos objetivos?
D. Harvey: Cuando la inversión pública se destina a la creación de un buen clima para
los negocios, se está subsidiando el capital y, por tanto, se está contribuyendo al proceso
de restablecimiento del poder y los privilegios de clase. No obstante, en estos procesos
hay ciertas contradicciones que hay que analizar detenidamente. Por ejemplo, hacer más
competitiva una ciudad podría requerir prestar atención a cuestiones relacionadas con la
calidad de vida en el área urbana y, lógicamente, el empobrecimiento atroz de la población
puede constituir un elemento muy poco atractivo para ciertas inversiones de capital. En
consecuencia, si lo que se quiere es atraer turismo y ciertos tipos de actividad empresarial,
la construcción de un entorno urbano tranquilo, creativo, interesante, etc., puede pasar a
formar parte del proyecto neoliberal […]. Por ejemplo, hacer una ciudad única, especial
y «auténtica» puede resultar muy atractivo; y, por esta razón, hay tantas ciudades que
han comenzado a prestar atención a su herencia cultural o a consideraciones culturales
en general, con el objeto de realzar su naturaleza comercializable […].
Archipiélago: Últimamente han surgido voces que aseguran que se está produciendo
cierta pérdida de poder de los Estados-nación que podría redundar en una mejora de las
condiciones para la movilización y la toma de decisiones de la ciudadanía en el plano
local. ¿Qué opinión le merecen esta clase de ideas?
D. Harvey: Sostener que el Estado-nación ha perdido poder es una estupidez. El hecho
de que se haya convertido en un Estado neoliberal por oposición al Estado socialdemó-
crata indica meramente que su papel ha cambiado. Y esto es así tanto a nivel local cuanto
a nivel nacional […].
Archipiélago: En sus textos se ha distanciado claramente del tradicional desdén que
han mostrado los marxistas por las cuestiones relacionadas con la justicia y los derechos.
¿Cree que son cuestiones que tienen un particular interés en el ámbito de los conflictos
específicamente urbanos?
D. Harvey: La cuestión de la justicia social y de los derechos es un arma con doble
filo. En mi opinión, no podemos arreglárnoslas sin tales conceptos en la vida política, ya
que son cruciales en cualquier forma de lucha. La dificultad surge cuando se presupone
que hay una única concepción fija y universal de los derechos a la que todos deberíamos
adherirnos […]. Pero también debemos darnos cuenta de que los trabajadores y los veci-

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150

nos de los barrios luchan por sus derechos y en contra de la injusticia; eliminar todo esto
de la política sería una locura. Entiendo perfectamente la crítica de Marx a los derechos
universales y comparto su postura, pero me niego a abandonar el poder de un lenguaje
que puede impulsarnos de manera muy poderosa a restablecer las condiciones de un
Gobierno democrático […].

Fuente: Del Olmo y Rendueles (2007).

5.

KK La ciudad desde Harvey


A partir de la entrevista realizada a David Harvey, describa cómo se
representa la ciudad capitalista en el mundo contemporáneo.

4.4.2. América Latina y la desigualdad urbana


La población de América Latina y el Caribe se ha multiplicado y, en 2010,
ha llegado a 588 millones de habitantes. Dentro de la región, la distribución
demográfica es desigual. Existe territorialmente una elevada concentración
de población en dos países, México y Brasil, ambos suman más de la mitad
de la población regional (18,5 % y 33 % de la población, respectivamente). En
cambio, Centroamérica y el Caribe tienen el 7 % de los habitantes de la región.
El Cono Sur reúne al 12 %, y los países del arco andino-ecuatorial, el 22 %. El
peso demográfico relativo de cada una de esas áreas ha experimentado pocas
variaciones desde 1970 y tampoco debería sufrir grandes transformaciones
en el futuro.
El acelerado crecimiento de la población de América Latina y el Caribe en
el último siglo no ha sido constante. Según la ONU-Hábitat (2012), podríamos
realizar la siguiente síntesis:

CC
1. América Latina y el Caribe es la región más urbanizada del mundo, aunque
también es una de las menos pobladas en relación con su territorio. Casi el
80 % de su población vive actualmente en ciudades, una proporción supe-
rior, incluso, a la del grupo de países más desarrollados. El crecimiento de-
mográfico y la urbanización, procesos que en el pasado fueron muy acelera-
dos, han perdido fuerza. Actualmente, la evolución demográfica de las
ciudades tiende a limitarse al crecimiento natural.
2. El número de ciudades se ha multiplicado por seis en cincuenta años. La
mitad de la población urbana reside hoy en ciudades de menos de 500.000
habitantes; y el 14 %, en las megaciudades (más de 222 millones en las pri-
meras y 65 millones en las segundas). Los avances logrados en acceso a
agua, saneamiento y otros servicios han aumentado el atractivo de las ciu-
dades intermedias, lo que apunta a un mayor equilibrio del sistema de ciu-
dades de los países.
3. El éxodo migratorio del campo a la ciudad ha perdido peso en la mayoría de
los países. Las migraciones son ahora más complejas y se producen funda-
mentalmente entre ciudades, a veces traspasando las fronteras internacio-
nales. También son relevantes los movimientos de población dentro de las

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151

ciudades, entre el centro de la ciudad y su periferia, así como entre centros


urbanos secundarios.
4. La expansión urbana ha hecho que muchas ciudades desborden los límites
administrativos de sus municipios y terminen absorbiendo físicamente otros
núcleos urbanos en un proceso de conurbación. El resultado ha sido la apa-
rición de áreas urbanas de grandes dimensiones territoriales, a veces forma-
lizadas en un área metropolitana, integradas por múltiples municipios y con
una intensa actividad en todos los ámbitos.

G.4.11. Urbanización en América Latina: 1950-2010

II

Fuente: ONU-Hábitat, 2012, p. 21.

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La región de América Latina y el Caribe presenta una acelerada urbanización,


aunque sus ciudades no están preparadas para ello. El mapa de tasa de
urbanización hace una diferenciación en la escala nacional. En esta represen-
tación, Argentina y Uruguay cuentan con los valores más altos del Cono Sur.
No obstante, el cambio de Brasil en términos de urbanización rompe con las
tendencias anteriores a 1950, y lo posiciona para el 2010 como uno de los
países con mayor porcentaje de población urbana.
A continuación, en la escala regional se puede evidenciar la consolidación
de una tendencia. Las diferencias de los valores en el mundo ya son bien
notorias, destacándose una sociedad urbana. Con relación a Europa, cuenta
con los valores más altos para 1950, en 1985 se igualan, para luego tener
América Latina y el Caribe los valores más altos de urbanización. A pesar de
estos valores, la contradicción social y la fragmentación urbana en la región
latinoamericana no conoce precedentes. Esta urbanización no puede compren-
derse solo por los guarismos, la realidad urbana es un mosaico social polari-
zado, con una población pobre que no conoce fronteras.

G.4.12. Tabla comparativa de la población urbana: 1950-2010

Año Mundo Europa América Latina y el


Caribe
Población Población Población Población Población Población
urbana en urbana urbana en urbana en urbana en urbana en
miles en % miles % miles %
1950 745 495 29.4 280 602 51.3 69 264 41.4
1955 871 932 31.4 311 084 54.1 86 841 45.3
1960 1 019 638 33.6 344 397 57.0 108 540 49.3
1965 1 184 646 35.5 380 373 60.0 134 588 53.3
1970 1 352 419 36.6 412 199 62.8 163 402 57.1
1975 1 537 668 37.7 441 153 65.2 196 257 60.7
1980 1 753 229 39.4 466 318 67.3 232 955 64.3
1985 2 004 497 41.2 485 384 68.7 271 280 67.4
1990 2 281 405 43.0 502 983 69.8 311 620 70.3
1995 2 564 133 44.8 511 556 70.3 352 614 73.1
2000 2 858 632 46.7 514 545 70.8 393 619 75.5
2005 3 197 534 49.1 523 263 71.6 430 379 77.3
2010 3 558 578 51.6 536 611 72.7 465 246 78.8

Fuente: Elaboración propia sobre datos de Naciones Unidas.

La evolución de las ciudades latinoamericanas debería ser abordada desde


los procesos políticos y socioeconómicos que diseñan la configuración territo-
rial presente, marcada por el deterioro urbano y las urbanizaciones de elites.
Según los análisis, tanto de investigadores como de organismos regionales,
las tendencias no son alentadoras. En la década de los noventa, los proble-
mas urbanos se expresan con mayor virulencia: mayor concentración de la
población, disminución de la capacidad económica de la población y aumento
de la economía informal; y un descenso acelerado de la calidad de vida e
incremento de la vulnerabilidad ambiental.
Las raíces urbanas de América Latina nos remiten a las matrices hispanas
de ocupación donde la ciudad era el centro de poder político y económico.
Los puertos fueron la base de la estrategia de ocupación y de conexión con la

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metrópoli. Luego, la independencia fortalecerá esos vínculos entre la ciudad


y el espacio rural, para saltar al siglo XX con una industrialización incipiente y
diferenciada, funcional al sistema de las multinacionales de la década de los
setenta. La historia es bien conocida: la desindustrialización y la renovación
de la estructura productiva constituirán nuevos escenarios urbanos. Pero la
estructuración rural, paralela, expulsará migrantes, que se instalarán por miles
en las áreas más desfavorecidas, como laderas frágiles, áreas inundables,
en los basurales, o en tierras fiscales haciendo del mapa urbano un mosaico
social fragmentado sin políticas de ordenación ambiental del territorio.

LECTURA RECOMENDADA

RR
Un trabajo clásico y pionero para la ciudad de Buenos Aires es:
Torres, H. (1993), El Mapa social de Buenos Aires (1940-1990). Facultad de Arquitec-
tura, Diseño y Urbanismo, UBA, Buenos Aires.

El neologismo “urbanización” describe adecuadamente la naturaleza de algu-


nos de los procesos recurrentes en la construcción actual del territorio urbano,
aunque este tipo de formas y contenidos no se pueden explicar por la tasa
de urbanización.
Muchas de estas formas urbanas se desarrollan a costa de la destrucción
del paisaje y recursos considerados valiosos para el conjunto de la sociedad
urbana, y a costa de una mayor exposición ambiental de la población más
crítica.
La mundialización lleva consigo un modelo territorial adecuado a las ten-
dencias económicas y sociales, modelo en que el sistema urbano constituye
una pieza clave. Como paradoja, mientras en este modelo aparecen espacios
de innovación, en otra parte se consolidan bolsones de pobreza urbana. En
síntesis, y a la vista de la evolución del desarrollo urbano, no existe una ley
fatal que determine una serie de etapas en el sistema urbano en los diferen-
tes países, eso sí se interrelacionan a través de redes y flujos en que cada
uno se posiciona más cerca o más lejos del poder económico y tecnológico.

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


154

Geografía humana Cristina Carballo - Elena Chiozza


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Recursos web
Del Olmo, C. y Rendueles, C. (2007), “Entrevista a David Harvey: Las grietas
de la ciudad capitalista”, Cuadernos del Cendes, CDC, Caracas. Texto
completo disponible en: <http://es.scribd.com/doc/75716789/
Entrevista-a-D-Harvey-Las-Grietas-de-La-Ciudad-Capitalist-A> o en <http://
redalyc.uaemex.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=40306505>
Youtube.<http://www.youtube.com/watch?v=XooRnNO2ois&feature=relat
ed>. [Consulta: 5 de octubre de 2012]. Descripción: Conferencia del
geógrafo Alain Musset.

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