THORN
UN ROMANCE BULLY DE ADOLESCENTES
LOS CHICOS DE ROSEWOOD HIGH #1
TRACY LORRAINE
Copyright © 2022 por Tracy Lorraine
Todos los derechos reservados.
Ninguna parte de este libro puede reproducirse de ninguna forma ni por ningún medio
electrónico o mecánico, incluidos los sistemas de almacenamiento y recuperación de
información, sin el permiso por escrito del autor, excepto para el uso de citas breves en
una reseña del libro.
Editado por My Brother’s Editor
Corrección por Pinpoint Editing
Traducido por Sirena Audiobooks Production LLC.
Fotografía por Michelle Lancaster
Modelo Andy Murray
ÍNDICE
Capítulo Uno
Capítulo Dos
Capítulo Tres
Capítulo Cuatro
Capítulo Cinco
Capítulo Seis
Capítulo Siete
Capítulo Ocho
Capítulo Nueve
Capítulo Diez
Capítulo Once
Capítulo Doce
Capítulo Trece
Capítulo Catorce
Capítulo Quince
Capítulo Dieciséis
Capítulo Diecisiete
Capítulo Dieciocho
Capítulo Diecinueve
Capítulo Veinte
Capítulo Veintiuno
Capítulo Veintidós
Capítulo Veintitrés
Capítulo Veinticuatro
Capítulo Veinticinco
Capítulo Veintiséis
Capítulo Veintisiete
Capítulo Veintiocho
Capítulo Veintinueve
Capítulo Treinta
Capítulo Treinta y Uno
Capítulo Treinta y Dos
Capítulo Treinta y Tres
Capítulo Treinta y Cuatro
Capítulo Treinta y Cinco
Capítulo Treinta y Seis
Capítulo Treinta y Siete
Capítulo Treinta y Ocho
Capítulo Treinta y Nueve
Capítulo Cuarenta
Capítulo Cuarenta y Uno
Capítulo Cuarenta y Dos
Capítulo Cuarenta y Tres
Epílogo
Agradecimientos
Acerca del Autor
Derechos de Autor © 2022 por Tracy Lorraine
Todos los derechos reservados.
Ni una parte de este libro puede ser reproducida en ni una forma o por ni una manera
electrónica o mecánica, incluyendo almacenamiento de información y recuperación de
datos, sin autorización por escrito del autor, a excepción del uso breve de citas en una
reseña.
Traducción, Edición y Revisión de contenido por Sirena Audiobooks, LLC.
Fotografía de la portada por Michelle Lancaster
Modelo: Andy Murray.
Derechos de Autor © 2022 por Tracy Lorraine
Todos los derechos reservados.
Ni una parte de este libro puede ser reproducida en ni una forma o por ni una manera
electrónica o mecánica, incluyendo almacenamiento de información y recuperación de
datos, sin autorización por escrito del autor, a excepción del uso breve de citas en una
reseña.
CAPÍTULO UNO
AMALIE
—C reo que realmente vas a disfrutar tu tiempo aquí —dice el
director Hartmann. Trata de sonar alegre sobre eso, pero tiene
simpatía emanando de sus ojos arrugados y cansados.
Esto no debía ser parte de mi vida. Debería de estar en Londres
comenzando la universidad, pero aquí estoy al comienzo de lo que
aparentemente será mi penúltimo año en una preparatoria americana de la
cual no tengo la más mínima idea aparte de su nombre y el hecho de que mi
mamá estudió aquí hace muchos años. Un nudo sube a mi garganta mientras
pensamientos de mis padres me llegan sin advertencia.
—Sé que las cosas serán diferentes y podrás sentir que vas en retroceso,
pero te puedo asegurar que es lo correcto. Te dará el tiempo que necesitas
para… adaptarte y pensar seriamente en lo que quieres hacer una vez que te
gradúes.
Tiempo para adaptarme. No estoy segura que cualquier cantidad de
tiempo será lo suficiente para aprender a vivir sin mis padres y ser enviada
a través del océano Pacífico para comenzar una nueva vida en América.
—Estoy segura de que será genial.
Poniendo una sonrisa falsa, tomo el horario de las manos del director y
lo miro. Las mariposas que ya estaban revoloteando en mi estómago
estallan a tal grado que podría vomitar sobre su escritorio de formica
astillado.
Matemáticas, Literatura Inglesa, Biología, Educación Física, mis manos
tiemblan hasta que veo algo que me relaja al instante, Arte y Cine. Al
menos me salí con la mía en algo.
—Organicé que alguien te muestre los alrededores. Chelsea es la
capitana del equipo de porristas, lo que no sabe de la escuela no vale la
pena saberlo. Si necesitas algo, Amalie, mi puerta está siempre abierta.
Asintiendo con la cabeza, me levanto de mi silla justo cuando un
golpeteo suave suena y una morena alegre entra a la oficina. Mi
conocimiento de las preparatorias americanas ha sido cortesía de las horas
que me pasaba viendo películas, y ella entra perfectamente en el estereotipo
de la capitana.
—¿Necesita algo, Sr. Hartmann? —dice tan dulcemente que hace que
mis dientes tiemblen.
—Chelsea, esta es Amalie. Es su primer día comenzando su penúltimo
año. Confío en que serás capaz de mostrarle el lugar. Aquí tienes una copia
de su horario.
—Considérelo hecho, señor.
—Le aseguré a Amalie que estaba en buenas manos.
Quiero pensar que es mi imaginación, pero cuando voltea esos grandes
ojos color chocolate hacia mí, la luz en ellos disminuye un poco.
—Muéstrame el camino. —Mi voz no tiene ni un tipo de entusiasmo y
por como estrecha sus ojos, no creo que se lo perdió.
La sigo fuera de la habitación con un poco menos de vigor en mi paso.
Una vez que estamos en el pasillo, voltea sus ojos hacia mí. Realmente es
bonita con cabello grueso y castaño, ojos grandes y labios carnosos. Es más
bajita que yo, pero a cinco pies y ocho pulgadas es muy difícil encontrar
cualquier otra chica adolescente que me pueda mirar a los ojos. Levantando
su cabeza para poder mirarme, evito sonreír.
—Vamos a hacer esto rápido. Es mi primer día de mi último año y tengo
cosas que hacer.
Volteándose en sus talones, se aleja y me apresuro para alcanzarla.
—Cafetería, biblioteca. —Señala, después mira su copia de mi horario.
—Parece que tu casillero está por ahí. —Indica con su mano hacia el
pasillo lleno de estudiantes quienes están mirándonos, antes de apuntar en
la dirección general de mis diferentes materias.
—Okay, eso te ayudará. Que tengas un buen día.
Su sonrisa es más falsa que las que he dado toda la mañana lo cual es
decir algo. Comienza a alejarse, pero al último minuto voltea hacia mí.
—Oh, se me olvidó. Esos de allá.
Sigo su dedo el cual señala a un grupo grande de gente afuera de las
puertas dobles que están sentados alrededor de un montón de mesas.
—Ellos son mi grupo. Probablemente deba de advertirte ahora que no
vas a encajar en el.
Escucho su fuerte y clara advertencia, pero de verdad no necesitaba
decirla. No tengo la intención de ser amiga de las porristas, ese tipo de
cosas no es realmente mi escena. Soy más feliz escondiéndome detrás de mi
cámara y escabulléndome en el fondo.
Chelsea se contonea al irse y no puedo evitar que mis ojos la sigan hacia
su grupo. Puedo ver desde aquí que consiste en su equipo y el equipo de
fútbol americano. También puedo ver el anhelo en los ojos de los otros
estudiantes mientras pasan a su lado. Quieren ser como ellos o quieren ser
parte de su estúpida y pequeña pandilla.
Dios, este lugar es más estereotípico de lo que me esperaba.
Desafortunadamente, mi primera clase del día está en la dirección en la
que se fue Chelsea. Subo mi mochila más alta en mi hombro y sostengo el
par de libros que traigo más apretados a mi pecho mientras camino fuera de
las puertas.
No he tomado ni dos pasos fuera del edificio cuando mi piel hormiguea
con reconocimiento. Me obligo a mí misma a mantener la cabeza baja. No
tengo interés en ser su entretenimiento, pero mis ojos me desafían, y me
encuentro levantando la mirada mientras Chelsea me señala y se ríe. Sabía
que mi llegada repentina al pueblo no era un secreto. El legado de mi mamá
aún es fuerte, así que cuando escucharon las noticias, estoy segura de que
fue un gran chisme.
Calor se distribuye por mis mejillas y baja por mi cuello. Estoy a punto
de alejar la mirada cuando un par de ojos azules atrapan mi atención.
Mientras los de los demás me miran intrigados, como si tuvieran una nueva
mascota con la cual jugar, los suyos están afligidos y enojados. Nuestras
miradas se sostienen, sus ojos se entrecierran como si estuviera tratando de
advertirme de algo antes de agitar su cabeza de manera amenazadora.
Confundida por sus acciones, logro alejar mis ojos de los suyos y miro
hacia donde creo que debería ir.
Solo logro tres pasos cuando mucho, antes de chocar contra algo… o
alguien.
—Mierda, lo siento. ¿Estás bien? —pregunta una voz profunda.
Cuando miro en los ojos verdes amables del chico enfrente de mí, casi
suspiro de alivio. Estaba comenzando a preguntarme si encontraría a
alguien que no fuera solo a mirarme con furia. Sé que soy la chica nueva
pero mierda. Han de haber tenido nuevos chicos cada semana, no puedo ser
tan inusual.
—Estoy bien, gracias.
—Eres la chica nueva británica. Emily ¿verdad?
—Es Amalie, y sí…esa soy yo.
—Siento mucho lo de tus padres. Mi mamá dice que era amiga de la
tuya.
Lagrimas queman mis ojos. Hoy ya es lo suficientemente duro sin el
recuerdo constante de todo lo que he perdido.
—Mierda, lo siento. No debí…
—Está bien —miento.
—¿Cuál es tu primera clase?
Pasándole mi horario, rápidamente lo escanea.
—Literatura Inglesa, voy hacia allá. ¿Puedo encaminarte?
—Sí.
Su sonrisa crece ante mi entusiasmo, y por primera vez hoy la que
regreso es casi sincera.
—Por cierto, soy Shane.
Lo miro y le sonrío, afortunadamente el pasillo es demasiado ruidoso
para que continuemos con cualquier tipo de conversación.
Parece un tipo dulce pero mi cabeza está dando vueltas y solo el
pensamiento de tratar de sostener una conversación seria en este momento
es agotador.
Las miradas de los estudiantes siguen mis pasos. Mi piel hormiguea
mientras más y más gente me observa mientras camino al lado de Shane.
Algunos me sonríen, pero la mayoría solo asienten con la cabeza en mi
dirección, señalándome con sus amigos. Otros son extremadamente
groseros y físicamente me señalan como si fuera un maldito animal del
zoológico que despertó de su hibernación.
En realidad, solo soy una chica de dieciocho años que está comenzando
en un lugar nuevo, y está desesperada por perderse entre la multitud. Sé que
eso con quien soy (o más bien con quienes eran mis padres) no va a ser tan
fácil, pero al menos quisiera una oportunidad de tratar de ser normal.
Aunque me temo que perdí eso el día que perdí a mis padres.
—Esta es tu clase.
La voz de Shane se abre camino entre mis pensamientos y cuando
levanto la cabeza evitando a los demás a mí alrededor, veo que está
sosteniendo la puerta abierta.
Por suerte el salón está medio lleno, pero aun así, cada par de ojos
voltean a verme.
Ignorando su atención, mantengo mi cabeza agachada y encuentro un
escritorio desocupado al final del aula.
Una vez que me senté, me arriesgo a levantar la mirada. Mi aliento se
atora cuando encuentro a Shane que aun está parado en la entrada, forzando
a los estudiantes que van entrado a pasar a un lado. Asiente con la cabeza.
Sé que es su manera de preguntar si estoy bien. Forzando una sonrisa en
mis labios, asiento de vuelta y después de unos segundos, se voltea para
irse.
CAPÍTULO DOS
JAKE
—N o veo cual es la gran cosa —Chelsea se queja con sus amigas
—. Realmente no es tan bonita. Mira.
No puedo evitar seguir sus dedos mientras señala a través
del patio interior. Mis ojos encuentran inmediatamente a la rubia alta. Mis
labios se presionan en una línea delgada y mi sangre hierve. Sentimientos
que he intentado por años mantenerlos encerrados amenazan con salir.
Desviando mis ojos, miro la banca debajo de mí. Mi corazón se acelera
y mi visión se nubla. De repente, soy un niño de seis años de nuevo
mirando como mi mundo se cae a pedazos.
Las chicas continúan quejándose, pero las ignoro, demasiado perdido en
mi propia agitación para importarme sus opiniones patéticas de cómo luce
la chica nueva. Ella no va a encajar aquí. Me aseguraré de eso.
—No tengo idea de lo que están hablando. Está buena con B mayúscula
—dice mi mejor amigo, Mason, su mirada aun enfocada en la rubia con la
que todos están fascinados.
—No es para tanto.
—¿Qué demonios te pasa? Es el primer día de nuestro último año, no se
pondrá mejor que eso.
—Si tú lo dices. Ya me voy.
—Jake, espera.
Lo ignoro y brinco de la banca. Debo de haber tomado dos pasos
cuando un soplido me hace levantar la mirada. Cuando lo hago, veo a la
chica nueva chocar contra Shane, uno de nuestros jugadores. Sus manos la
agarran de la parte alta de sus brazos para estabilizarla. El verlo tocándola,
protegiéndola hace que fuego se encienda dentro de mí. Solo mirarla me
hace sentir vulnerable y eso no es algo que quiera experimentar de nuevo.
—¿Qué está pasando?
Mason y Ethan flanquean mis costados y miran el mismo choque que
yo.
—¿La estás apartando para ti? —pregunta Ethan, siguiendo mi mirada.
El no tener ni una maldita preocupación en el mundo al menos ha
resultado en una cosa. Mi reputación. Hago lo que me da la gana, cuando
quiero y todos por aquí saben que es mejor dejarme hacer lo que quiera. Eso
significa no ir a clases, emborracharme, y lo más importante, soy el primero
en elegir a las chicas. Los demás las pueden tener una vez que termine si así
lo desean, no me importa pasarlas una vez que he terminado con ellas. Pero
nunca vuelvo por las sobras. Nunca.
—Está prohibida.
—Diablos, sabía que la querías —se burla Ethan antes de que me voltee
y agarre su camisa. La sangre se drena de su cara mientras se prepara para
el golpe que está esperando.
—No la quiero, maldición. Estoy diciendo que está prohibida. ¿Lo
entiendes?
—Sí, sí. Prohibida, lo entiendo.
—Y asegúrense de que todos lo sepan. Esa perra no pertenece aquí y se
lo vamos a demostrar.
—¿Ya terminamos aquí? —pregunta Mason.
Siempre ha sido el más centrado de los tres. Aleja mi brazo de Ethan y
se interpone entre nosotros, pero no antes de que una mirada confundida
pase entre ambos.
Reclamar el derecho sobre una chica es inusual, pero lo que acabo de
hacer... esa mierda no es normal. Y sin tener la intención, les mostré un lado
de mí que no quiero que nadie nunca vea. Debilidad.
—¿Estás seguro de que todo está bien? —pregunta Mason una vez que
comenzamos a caminar en la dirección de nuestra primera clase.
—Sí. Solo sintiendo la presión, supongo.
—Este año va a ser genial.
Levantando mi ceja hacia él, espero a que explique lo que va a pasar. El
equipo de fútbol americano de Rosewood High no ha sido para tanto. Todos
tenemos la pasión y dedicación que necesitamos, pero históricamente, no
ayuda mucho. Cada año el entrenador da un discurso de que este año será el
año, pero hasta hoy, no hemos progresado más que unos cuantos juegos en
los playoffs estatales. Puedo admitir que nuestro equipo está
desempeñándose mejor que nunca, pero no quiero subir mis expectativas
hacia algo épico.
Para mí, el fútbol americano es una descarga. Una manera de dejar ir la
tensión y olvidar todo acerca de mi vida de mierda. Le daré mi todo, pero
no tengo la ilusión de que es mi vida. Algunos chicos tienen la esperanza de
ser elegidos por una universidad y estoy seguro de que para unos cuantos
pasará, pero dudo que los veamos alguna vez en algún equipo de la NFL.
—No me des esa mirada, Thorn. Sabes tan bien como yo que este es
nuestro año. Contigo a cargo, no hay manera de que no lleguemos hasta el
final.
No puedo criticar su entusiasmo, eso es seguro. Es una lástima que no lo
siento. Y su llegada no ayuda para nada.
CAPÍTULO TRES
AMALIE
A parte de las miradas constantes de los otros estudiantes y chocar
contra Shane, mi mañana es bastante tranquila. Las clases están…
bien, y para mi alivio, me dejan tarea en cada una de ellas. Eso
debería de ayudar a mantener mi mente activa una vez que llegue a casa. Lo
último que quiero es preocuparme de lo que se ha convertido mi vida así
que mientras más tenga que hacer mejor.
Estaba desesperada por comenzar como estudiante de último año, pero
el director Hartmann se negó rotundamente y le explicó a mi abuela que me
perdería de mucho y haría ingresar a una universidad más complicado de lo
que debería de ser, así que al final no tuve mucha opción. Estoy atorada
aquí por dos años.
Aparte de graduarme, mi meta principal es mantener mi cabeza abajo,
tener buenas calificaciones y enfocarme en el futuro. Un futuro en el cual
estoy a cargo, no servicios sociales, policías investigadores o asesores
financieros.
Sigo el flujo principal de estudiantes mientras salgo al pasillo antes del
almuerzo con la esperanza de que me llevaran hacia la cafetería. Da
resultados y en pocos momentos estoy parada haciendo fila esperando ver
cuales delicias podré obtener.
Cuando es mi turno, la señora sirviendo me mira con las cejas
levantadas.
Mirando hacia la comida, nada parece apetecible. Nada lo ha sido desde
el momento que encontré a la policía parada del otro lado de nuestra puerta
delantera, pero le prometí a mi abuela que comería, así que aquí estoy.
—Lo que sea que sea lo mejor —murmuro, mi voz suena vacía en una
manera de la cual me estoy acostumbrando.
—Claro que sí, cariño. Mi hamburguesa y papas harán que tu día
mejore.
Su sonrisa ilumina su cara e intento corresponderla, pero fracaso. Tengo
la impresión de que quiere decir más, pero cuando me pasa la comida y nota
a los estudiantes esperando detrás de mí, solo sonríe y dice: —Siguiente.
Tomando mi bandeja, me volteo y un escalofrío me recorre. Levantando
la mirada, encuentro una vez más que estoy bajo la mirada vigilante del
grupo de chicos de hace rato, quienes asumo son el equipo de fútbol
americano y en el centro está el chico con los ojos azules penetrantes y
enojados.
Mi estómago se revuelve mientras una vez más entrecierra sus ojos.
—¡Quítate de en medio!
Alguien grita detrás de mí antes de que mi hombro sea empujado y un
grupo de chicas marche por mi lado. Apenas atrapo mi bandeja antes de que
se deslice de mis manos y se ladee al costado.
Cuando miro de vuelta hacia la entrada donde estaban parados, la
encuentro vacía. Pero el cosquilleo de mi piel me dice que aun soy el foco
de atención de su mirada llena de odio.
Mirando alrededor de la cafetería, encuentro todos los grupos de
estudiantes que esperaba encontrar. Los artistas aun usando camisas
cubiertas de pintura, los nerds, las chicas tímidas sentadas calladas en la
esquina, y el grupo al que creo debo permanecer lo más alejada posible. Los
“populares”. Los jugadores de fútbol americano y el equipo de porristas
quienes están sentados en un par de bancas como si fueran dueños del lugar.
Bueno, seamos honestos, básicamente lo son. Tal vez no seré capaz de ver
las coronas encima de sus cabezas, pero básicamente son la realeza de
Rosewood.
Localizando una mesa vacía entre los nerds y las chicas tímidas, me
dirijo hacia allá, dejo caer mi bandeja y me siento en la banca.
No estoy segura de que esperaba que pasara hoy. Pero realmente no es
esto. Apenas he hablado con alguien aparte de Shane durante todo el día y
ya tengo un montón de enemigos, al parecer uno en particular.
Entiendo que probablemente no quieren que llegue una chica nueva.
Maldición, tampoco quiero estar aquí tanto como ellos no me quieren aquí,
pero no tengo opción. Mi vida me fue arrebatada y aquí es donde terminé.
—Ahí estás. Lo siento muuucho por no encontrarte esta mañana, mi
auto no prendió y mis padres ya se habían ido. Una pesadilla. De todas
maneras… ¿cómo te ha ido? —dice Camila, sentándose a mi lado y sacando
un sándwich de su bolsa.
Camila es la única persona aparte de Shane que me ha prestado atención
desde que llegué. Es una de las nietas de las amigas de mi abuela que me
presentaron. Es genial, una verdadera dulzura y me siento mal que se sienta
comprometida. Debe de tener amigas con las que quiera pasar el tiempo en
este momento.
—Me ha ido …bien.
Meto una papa frita en un tipo de salsa en mi plato, pero no hago el
esfuerzo de comerla. Ya me siento enferma, no creo que agregarle comida
realmente ayude.
—Wow. Tan bien.
—Cam. ¿Qué estás…? Oh hola, Amalie —dice Shane, parándose al
borde de nuestra mesa.
—¿Ya se conocieron? —pregunta Camila, mirando entre los dos.
—Sí, chocamos más temprano.
—Realmente estoy apenada. —Vergüenza colorea mis mejillas.
—No te preocupes. Puedo pensar en peores personas contra las cuales
chocar. Fue realmente un placer.
La manera que sus ojos me evalúan mientras dice eso hace que me
incomode. No creo haberle dado algún tipo de idea de que pudiera estar
interesada, pero puedo ver esperanza y emoción en sus ojos. Sé que solo
hemos hablado brevemente antes, pero pensé que podríamos ser amigos. No
estoy interesada en algo más.
—¿Vendrás a unirte con los demás? —él pregunta después de que miro
a mi plato.
—¿Quizás en un momento? Creo que hoy ha sido algo abrumador,
¿verdad?
—Algo así —murmuro—. Puedes ir. No quiero alejarte de tus amigos.
—Está bien. Te prometí que te mostraría como están las cosas y ya fallé.
Aunque, parece que estabas en buenas manos —dice Camila.
—Por supuesto —dice Shane, sentándose en el asiento opuesto al mío.
Su mirada me penetra, pero mantengo mis ojos abajo, no queriendo darle
esperanzas.
—Así que, ¿Qué clases tienes esta tarde?
CAPÍTULO CUATRO
JAKE
T oda la mañana la única cosa que he sido capaz de ver es a ella. No
importa cuántas veces me diga a mí mismo que es alguien más, que
no importa. La devastación y la traición que recuerdo tan bien quema
dentro de mí. Estoy impotente de hacer algo más que dejarla que se
propague. Para el momento que llega el almuerzo, estoy listo para golpearle
la cara a alguien.
—¿Qué demonios te está preocupando? —pregunta Ethan en el
momento que comienza a caminar a mi lado.
—Jódete.
—Prefiero no hacerlo.
Mis puños se aprietan mientras trato de calmarme para no empujarlo
contra la pared y dejar salir un poco de mi frustración.
Sabía que el ir a la cafetería era mala idea. Debí haberme ido de la
escuela. Pero no lo hice. En vez de eso, continúo caminando a un lado de
Ethan, la mayoría del resto del equipo se nos une en algún momento hasta
que el olor de la mala comida se filtra y la amplia habitación se abre ante
nosotros.
Mis pasos se detienen en el momento que la veo justo cuando se voltea
del mostrador. Podré solo verle la espalda, pero sé por el grueso cabello
rubio cayendo por su espalda que es ella. Es como un maldito faro para mí.
—Mierda, lo siento —alguien murmulla detrás de mí, no están viendo
por donde van y se estrellan contra mi espalda.
Mis pies se rehúsan a moverse. Es una tortura el solo mirarla, pero es
como si mi cuerpo está feliz de mandarme al infierno de ida y vuelta, e
insiste que espere a que se voltee para poder mirar su cara de nuevo. No es
como que lo necesite, son muy parecidas y no es como que vaya a olvidar la
cara de la mujer que me abandonó sin mirar atrás.
—¿Thorn? —Alguien pregunta detrás de mí, claramente preguntándose
porque me detuve.
En el instante que levanta la mirada, sus ojos se encuentran con los
míos. Luce sorprendida, ese pensamiento hace que la más pequeña sonrisa
sacuda mis labios. Debería de estar asustada. Tengo toda la intención de
correrla de este lugar antes de que logre asentarse.
Esta es mi escuela. Mi vida. Y estaré jodido si voy a pasar lo que
debería de ser el mejor año de mi vida aquí siendo atormentado por ella.
No es hasta que alguien la empuja que es forzada a alejar sus ojos
asustados de los míos y soy capaz de moverme. Tomando un paso, camino
hacia nuestra área usual como si nada hubiera pasado. Cuando me siento y
espero a que los otros se unan, noto que la mayoría no se dieron cuenta de
que algo pasó, pero las miradas de Ethan y Mason me atraviesan. Ambos
me conocen mejor que nadie, mejor que mi patética excusa de familia, así
que saben que algo está seriamente mal. No espero que entiendan.
Maldición, tampoco lo entiendo, pero no están manteniendo una gran parte
de ellos escondida en el fondo de un cajón como si ella nunca hubiera
existido. No tienen motivos para apreciar lo mucho que la chica nueva se
parece al fantasma que trato de ocultar.
La práctica es exactamente el tipo de distracción que necesito, aparte de mi
deseo de darle un puñetazo a la pequeña cara engreída de Shane. Resisto la
urgencia, por ahora. Como el mariscal de campo y el capitán del equipo,
todos me admiran por mi habilidad de tomar decisiones rápidas y liderarlos
a lo que esperemos sea un año exitoso. Por supuesto también quiero eso.
Quiero más que nada tener una razón para celebrar, dios sabe que no he
tenido muchas razones de hacerlo en mi vida. Pero una cosa que he
aprendido es que la vida es generalmente mejor si eres realista, y soy lo
suficientemente realista para saber que probablemente tampoco ganaremos
el campeonato estatal este año. Eso no significa que no voy a pelear con
todo para intentar que suceda.
Parándome a un lado del entrenador, siento que pertenezco, como si
estuviera haciendo una diferencia y no puedo evitar que mi pecho se llene
de orgullo. Esto es lo que necesito ahora.
El entrenador ya nos advirtió que nos entrenará con todo este año y que
esta sesión de práctica no será la excepción. Nuestro primer juego no es
hasta el viernes por la noche, pero se asegurará de que estemos listos para
el.
Parado bajo el chorro de la regadera una vez que dejamos el campo,
permito que el agua golpee contra mis hombros con la esperanza de que
alivie algo de tensión.
—¿Qué demonios está pasando entre tú y la chica nueva, Thorn?
Entrando en pánico ante su mención, miro alrededor, pero las regaderas
ya están vacías aparte de Mason, cuyos ojos están enfocados en los míos
como si fuera a leer la respuesta en ellos.
—Solo no me agrada. —Me encojo de hombros, cerrando el agua y
alcanzando mi toalla.
—Eso es mentira y lo sabes.
El sonido de sus pisadas ligeras detrás de mí me dice que esto no ha
terminado. Sé que si alguien fuera a entenderlo, sería Mason, pero eso no
significa que estoy dispuesto a hablar de ello.
—Como sea. No tengo que darte explicaciones.
—No tienes. Pero como tu mejor amigo, esperaba que lo hicieras.
Culpa retuerce mi estómago. Ha tenido suficiente de su propia mierda
recientemente y lo he hecho hablar cuando menos ha querido. Debí de
haber visto esto venir.
—Solo…no me gusta como luce. No encaja aquí.
—¿Hermosa y sexy no encaja aquí? Oh cállate. Normalmente estarías
sobre ella. Vas a tener que tratar más si quieres hacer que te crea eso.
Ignorándolo, me volteo y comienzo a ponerme la ropa. No tengo tiempo
para esto. Acabo de lograr olvidarme de sus ojos azules y su cabello rubio
mientras estábamos haciendo unas jugadas, pero aquí están de nuevo.
—Vamos, te compraré una hamburguesa. Podría suavizarte un poco.
Mostrándole el dedo medio, lo sigo hacia su auto así podemos dirigirnos
a nuestro lugar usual, un café a la orilla de la costa.
CAPÍTULO CINCO
AMALIE
—T enía planeado ir a la casa y adelantar a mis tareas —le digo a
Camila cuando intenta convencerme de que vaya con ella,
Shane y un par de sus otros amigos a un café.
—Lo siento, pero eso no va a pasar. Le prometí a mi abuela que te
ayudaría a sentirte cómoda.
—De verdad, está bien. Me aseguraré de que sepa que hiciste lo que
pidió. No quiero que sientas que tienes que cuidarme.
—Suficiente —grita, pero sus ojos brillan con diversión. Enganchando
su brazo con el mío, me jala hacia el auto estacionado.
—No tomaré un no por respuesta. Además, una de las malteadas de Bill
hará que tus preocupaciones desaparezcan.
No creo que eso pueda ser verdaderamente posible, pero estoy lista para
probarla. Realmente no quiero pasar los siguientes dos años siendo la
marginada social que me sentí hoy. Pero estoy igualmente de insegura si
estoy de verdad lista para socializar y pretender que todo está bien con mi
vida.
—Wow, esto es como sentirse en casa —digo, mi voz teñida con tristeza
mientras me subo al Mini Cooper de Camila.
—Es magnífica, ¿verdad? Bueno, una vez que encienda. Cruza los
dedos.
Me guiña el ojo antes de hacer un show al meter la llave en la ignición y
girar para encenderlo. Soltando un suspiro de alivio cuando retumba a la
vida, mira hacia mí y sonríe.
—Aces en el primer día de tu último año es una tradición. Todos los que
son alguien estarán ahí.
Gruño, no solo soy de penúltimo año, pero hay un grupo entero de
chicos que realmente no me quieren ahí.
—No estoy muy segura de esto.
—¿Pasó algo hoy? ¿Alguien te dijo algo sobre tus padres o…?
Rápidamente me mira, sus ojos entrecerrándose mientras trata de
entenderme.
—No, nadie dijo nada, apenas hablé con alguien aparte de ti y Shane.
Omito las miradas de odio que recibí que creo que son peor que si
alguien me hubiera dicho algo hiriente. Al menos si él dijera algo que me
diera una pista de cual podría ser su problema.
El estacionamiento está lleno cuando salimos de la avenida principal.
Hay chicos deambulando por toda la costa y bajándose a la playa. Camila
no estaba bromeando cuando dijo que todos estarían aquí.
—Los chicos ya tienen una mesa lista para nosotros. Noah se saltó su
última clase para obtenerla.
—¿En serio?
—Sí. Estar aquí está tarde es algo importante. ¿Lista?
Me da una sonrisa la cual intento replicar después de que volvió a
aplicar su brillo de labios en el espejo del visor y alborota un poco su
cabello. Sale del auto y me apresuro a seguirla.
Alguno de los otros chicos que están ahí giran hacia nosotras, pero
gracias a la falda obscenamente corta de Camila, estoy agradecida de no ser
el foco de atención. Si causo algunos murmullos una vez que los
espectadores han tenido su saciedad con sus piernas.
—Oh, están allí.
Sigo detrás de ella mientras se dirige hacia una mesa llena de
estudiantes que no reconozco. Es inmediatamente obvio porque este lugar
se llama Aces. Es todo negro, blanco y rojo con suvenires de juegos de
cartas por todos lados. Shane nos ve caminando hacia ellos y me sonríe
como si fuéramos amigos de toda la vida.
—Amalie, es bueno verte.
El entusiasmo en su voz es demasiado cuando se sale de la cabina donde
está sentado para permitirme unirme a su grupo de amigos. Camila toma el
asiento opuesto a mí y se acurruca al costado de Noah. No puedo desviar mi
mirada de él mientras la mira y deja caer sus labios en su sien. Ella lo mira
con tanta adoración y amor que hace que mi corazón duela y un nudo se
forme en mi garganta.
Soy distraída rápidamente cuando una multitud ruidosa entra
tambaleándose por la entrada. Mi estómago cae cuando mis ojos lo
encuentran. Su odio obvio de mi mera existencia irradia por cada uno de sus
poros.
Una vez más, sus pasos se frenan mientras me mira. Sus labios forman
una línea delgada, sus ojos oscuros y afligidos. Mientras continúa
mirándome, no puedo evitar sentir que no está mirándome sino a través de
mí, como si fuera un fantasma que no puede creer que esté viendo. No sé él,
pero estoy bastante segura que nunca lo había visto antes. Estoy segura que
recordaría si lo hubiera hecho porque, aunque su presencia manda un
estremecimiento de miedo a través de mí, no puedo negar que es sexy.
Su cabello oscuro es corto a los costados y largo en la parte de arriba,
sus ojos inquietantes que me han estudiado desde lejos hoy, puedo ver ahora
que son azul marino y su cuerpo. Bueno…solo diré que es obvio que es
parte del equipo de fútbol americano porque su cuerpo está definido. Su
camisa blanca está estirada apretada sobre sus hombros amplios mostrando
su pecho esculpido y su abdomen plano. Apostaría a que hay un abdomen
de lavadero impresionante debajo de eso.
Pensamientos del cuerpo de un hombre tiene ideas entrando en mi
cabeza que quisiera no pensar en este momento. Ya me siento vulnerable
alrededor de estos extraños que ya saben demasiado de mi vida y como
terminé aquí, no necesito el pasado y las emociones que vienen con el
haciéndome más débil. Especialmente cuando mi piel hormiguea por su
mirada.
—¿Qué demonios? —pregunta Shane, mirando entre el chico y yo—.
¿Lo conoces?
—Nop. Nunca lo había visto hasta esta mañana. Sin embargo, parece
que tiene algún problema conmigo.
Moviendo mi atención de vuelta a la gente que me rodea, veo que todos
están mirando entre nosotros expectativamente.
—¿Estás segura de que no lo conoces? —pregunta Camila—. Parece
muy interesado en ti.
—Estoy muy segura. ¿Quién es?
—¿Quién es? —Alyssa, otra de las amigas de Camila, repite como me
imagino que sonaría justo si alguien preguntara quien es Donald Trump—.
Ese es Jacob Thorn. Capitán del equipo de fútbol americano. Rey de
Rosewood High y el sueño húmedo de cada chica.
—No todas las chicas —añade rápidamente Camila, mirando a Noah
como si acabara de colgar la luna.
Eventualmente sus amigos se han cansado de esperar y lo jalan hacia
una mesa vacía del otro lado del café. Eso no significa que pierdo su
atención. Podría negarme a mirar, pero siento sus ojos en mí. Mi piel se
calienta y mariposas revolotean en mi estómago al saber que prefiere
mirarme que divertirse con sus amigos. Sé que es porque claramente me
odia, pero a mi cuerpo traicionero parece no importarle.
—Si puedo enseñarte algo sobre Rosewood High, Amalie, es
mantenerte tan alejada como puedas de ellos. No son más que problemas.
—Suenas como tu abuela.
Se encoge de hombros, no ofendida en lo más mínimo.
—En serio. No tengo idea de lo que está pasando entre ustedes, pero lo
mejor sería que te lo saques de encima y te olvides que él y cualquiera de
los otros jugadores de fútbol americano existen.
—Oye —se queja Shane—. No todos somos chicos malos.
Empuja mi hombro para asegurarse que escuché sus palabras.
—Es bueno saberlo.
Aunque, debo de admitir que estoy más sorprendida que aliviada.
Supongo que tiene el cuerpo para encajar en la imagen, pero eso no explica
por qué está sentado aquí con los “don nadie” cuando podría estar allá con
su equipo, viviendo la gran vida.
—No entiendo como soportas jugar con esos idiotas.
—No juego por ellos.
—Como sea —dice Camila, ignorándolo como si hubiera escuchado el
mismo argumento un millón de veces.
Su conversación pronto regresa al año por adelante, cuales fiestas van a
pasar y el espectáculo de porristas del viernes antes del primer juego de la
temporada. Todos me miran como si tuviera tres cabezas cuando les
pregunto que expliquen qué es exactamente un espectáculo de porristas.
Parecen olvidar que vengo de un mundo completamente diferente.
Camila brinca en su asiento mientras me cuenta qué puedo esperar,
luego demandando que esté ahí ya que el no asistir es una manera segura de
ponerme en la “Lista negra”.
Me abstengo de explicar cómo realmente me importa una mierda todo
eso, pero asumo que si voy a pasar dos años aquí, podría evitar pintar un
blanco en mi espalda.
—De todas formas, tienes que estar ahí para que puedas asistir a lo que
pasa después.
—¿Qué pasa después? —pregunto con inquietud. La emoción que baila
en sus ojos me pone nerviosa.
—Tendrás que esperar para saberlo, pero es épico. La fiesta de todas las
fiestas. Además, lo podrás hacer dos veces. No toda la gente tiene esa
oportunidad.
CAPÍTULO SEIS
JAKE
L as palabras de Mason no me dejan el viaje entero a Aces. Por
supuesto tiene razón. Es hermosa y sexy, nadie con un par de ojos
puede negarlo. Es demasiado hermosa. Ese es el maldito problema.
Cualquiera que luzca de esa manera solo puede tener maldad por dentro. Lo
he vivido y no es algo que tenga deseo de repetir, por eso se tiene que ir. No
necesitamos ese tipo de veneno por aquí. Ya tenemos suficientes idiotas
rondando los pasillos de Rosewood High.
El lugar está lleno, pero no estoy preocupado de que no encontraremos
lugar. Las cabinas del fondo están prácticamente reservadas para nosotros.
Somos dueños de este lugar y Bill lo sabe. Si no fuera por nosotros y
nuestra reputación, el lugar no estaría lleno de chicos todos los días.
Sosteniendo mi cabeza en alto, camino por la entrada de Aces con
Mason y Ethan cerca detrás de mí. El lugar entero voltea a vernos cuando
entramos y por un momento fugaz, la sensación que usualmente obtengo de
saber que soy dueño de este maldito lugar comienza a correr por mis venas.
Entonces mi mirada cae en un par de ojos grandes y azules, los mismos que
me han estado persiguiendo todo el día, y esa euforia previa se desvanece.
Esa perra succiona cada parte de mí.
—Sigue caminando —instruye Mason, pero estoy impotente.
Mientras la miro, un evento de mi pasado que cambió todo sobre mi
futuro, se desarrolla en mi mente como una maldita película. Mi pecho se
aprieta y mis pulmones arden cuando trato de tomar el aire que necesito. No
importa que tanto quiera que se vaya, la imagen de su cara cuando se fue
está justo al frente de mi mente. Mi excusa de vida de mierda es su culpa,
pero tristemente no está aquí para vivir las consecuencias de sus acciones.
Pero ella lo está.
Conforme mi visión se aclara y la chica nueva se vuelve mi punto de
enfoque, noto unas sutiles diferencias de la mujer que arruinó mi vida. Pero
puedo ignorarlas. Lo que es más importante es eliminar la ira y
desesperación que he cargado desde ese día.
Estoy tan ido que mi cuerpo entero se sobresalta cuando una mano cae
en mi hombro.
—Estás comenzando a hacer una escena.
—Déjalos ver, maldita sea. —Me importa un carajo lo que todos
piensen ahora. Todo lo que sé es lo que necesito, y necesito verla destruida.
Para cuando llegamos a nuestras cabinas, he logrado ponerme la
máscara que uso para andar todos los días, y asegurar que nadie me
cuestione. Solo hay un par de personas en este planeta que han visto mi
verdadero yo, el dolor y la fealdad que se infecta dentro de mí y seré feliz
manteniéndolo de esa manera.
Mason me da una sonrisa preocupada antes de voltearse hacia la mesera
y darle nuestra orden usual. Espero tenga razón y que una de las
hamburguesas de Bill me ayude a enfocarme.
Ha estado aquí solo un día y ya soy un maldito desastre. Esta situación
necesita resolverse y rápido.
Los chicos a mi alrededor hablan emocionados sobre nuestro primer
juego mientras las chicas discuten sus rutinas de porras para el rally de
porristas. No podría importarme menos ambas, tengo cosas más importantes
con las cuales lidiar.
—¿Qué pasa, Jake? ¿Te está llegando el estrés de ser un estudiante de
último año? —ronronea Chelsea, su mano pintada con bronceador falso cae
ligeramente en mis pectorales y desciende sobre mis abdominales.
Por qué me permití ir ahí está más allá de mi comprensión. Pero parece
que Chelsea cree que solo porque me la cogí tiene algún tipo de derecho
sobre mí.
—Estoy bien, gracias —anuncio, tomándola de la muñeca un poco
fuerte y removiendo su mano de mi cuerpo.
—¡Ow! —Se queja, volviendo sus ojos gigantes hacia mí como si el ver
las lágrimas en ellos harán que repentinamente me importe.
—Demonios, no me toques.
—Aw, vamos. No estabas diciendo eso…
—¡Suficiente! —grito. Levantándome de la cabina, todas las miradas
siguen mi movimiento—. Ya terminé aquí.
Deslizándome fuera, todos los ojos me siguen, pero no les pongo
atención. Pueden pensar que me voy para alejarme de Chelsea o por la
mierda que sea, pero en realidad, me voy por una cierta rubia. Fue escoltada
a la salida por Camila, pero acaba de volver por algo, ahora es mi
oportunidad de presentarme.
Abriendo la puerta lateral con más fuerza de lo necesario, se estrella
contra la pared. El golpe resuena a través de mí y me impulsa hacia
adelante. Mi piel aun cosquillea por el toque de Chelsea y mis músculos
aún están tensos por las memorias que ella atrajo más temprano.
La localizo instantáneamente recargándose en la pared de Aces con su
pie reposado contra el ladrillo.
Emoción y anticipación burbujean en mi estómago cuando la miro por
un momento. Es claro que tiene mucho en su mente mientras mira a la
distancia, pero en este momento me importa un carajo sus preocupaciones.
Las mías son las únicas que importan.
Mis puños se aprietan y una línea profunda se forma entre mis cejas
mientras tomo un paso hacia ella. Podrá no ser la mujer que me arruinó la
vida, pero en este momento, es la cosa más cercana que tengo.
CAPÍTULO SIETE
AMALIE
L a malteada es casi tan buena como Camila prometió, aunque no me
olvido de mis preocupaciones por un segundo, no es que realmente lo
esperaba. Mi vida es un desastre en este momento y ninguna cantidad
de leche de fresa, helado o chispas de dulce lo van a rectificar.
—Está buena, ¿verdad? —pregunta Camila cuando ve que mis ojos
ruedan hacia atrás el momento que la dulzura toca mi lengua.
—Bastante buena.
—Te pedí una extra especial ya que hoy es un día importante.
Mi estómago cae y mis ojos van a los suyos pensando que va a contar el
secreto que he mantenido todo el día. No es como si haya sido un trabajo
arduo o algo así y no es como si tengo alguna inclinación de celebrar.
Me da un guiño antes de volverse a sus amigos. Tratan de incluirme lo
mejor que pueden, pero nuestros mundos están tan alejados que creo tomará
más de un viaje al café para comenzar a encajar.
Sacando mi teléfono de mi bolsillo cuando comienza a vibrar, encuentro
el nombre de mi abuela mirándome.
—Mierda.
«Pensé que ya estarías en la casa. ¿Está todo bien? ¿Necesitas que vaya
y te recoja?»
Podrá haber insistido en llevarme a la escuela esta mañana, pero fui más
insistente que tomaría el autobús de regreso a casa. Estoy muy consciente
de lo mucho que ya he cambiado su vida en el transcurso de un par de
semanas, y algo tan simple como ir a la escuela en autobús es una forma
fácil de permitirle seguir con su vida.
«Estoy bien. Estaré en casa pronto x.»
Pensando que es la excusa perfecta de irme de este lugar y el par de ojos
que aún están burlándose de mí a través del café.
—Lo siento, pero necesito irme. Mi abuela me está esperando. ¿Hay
algún autobús que pueda tomar o debería llamar un taxi?
—No seas tonta. Te llevo.
—No, dijiste tu misma lo importante que es que estés aquí. Estaré bien.
—Puedo volver. Solo déjame llevarte, me hará sentir mejor.
Me mira, sus ojos amables diciéndome que no tengo otra opción hasta
que cedo, me paro y deslizo de mi asiento.
La escucho que les dice a los otros a donde vamos antes de que
comience a seguirme fuera de Aces. Mantengo mis ojos enfocados en el
piso, resistiendo la necesidad de voltear y confirmar que el hormigueo
atravesando mi cuerpo es cortesía de estar una vez más bajo su mirada
intensa.
—Mierda, ahora vuelvo. Noah tiene mi maldito celular. Espera aquí.
Se apresura a entrar dejándome unos minutos sola para intentar dar
sentido a todo lo que está zumbando alrededor de mi cabeza.
La sensación de que estoy siendo observada cae sobre mí, y mi corazón
comienza a acelerarse. Mirando alrededor, todos parecen estar ocupados
haciendo su propia cosa. Estoy a punto de soltar el aliento que estaba
sosteniendo, sintiéndome ridícula por sentirme vulnerable, cuando una
sombra cae sobre mí. Voy a gritar, pero dedos calientes toman mi barbilla y
soy forzada a encontrarme con la mirada oscura de los ojos que me han
perseguido todo el día.
La temperatura de mi cuerpo aumenta y mis manos comienzan a
temblar. Miedo trepa en mi interior mientras me mira con ojos oscuros e
impenetrables, el azul casi negro.
Espero a que diga algo, pero el silencio parece arrastrarse por un largo
tiempo. En vez de eso, su mirada pasa por cada pulgada de mi cara, como si
estuviera memorizándola.
Cuando sus ojos se encuentran con los míos, una vez más mi aliento se
detiene. Me digo a mí misma que nada va a pasar. Estamos en un lugar
público lleno de gente y Camila volverá en cualquier segundo.
Mi pecho jadea cuando su calor corporal hormiguea mi piel. Bajando su
cabeza, su aliento cosquillea a través de mi oído y debajo de mi cuello. Mi
cuerpo traicionero reacciona y cubre mi piel en escalofríos. Algo que no
creo que se pierda si su risa profunda y sin gracia lo da a entender.
—No perteneces aquí, chica nueva. Tomaría esta advertencia muy en
serio si fuera tu porque puedo hacer tu vida muy, muy difícil.
Trato de tragar, pero mi garganta está demasiado seca. Justo cuando
creo que va a agregar más o hacer algo, su agarre en mi se suelta y se aleja.
Mi cuerpo se mece de alivio, pero solo es un segundo más tarde que me doy
cuenta de lo que pasó.
—Amalie, ¿estás bien? —pregunta Camila, caminando alrededor de la
esquina con su teléfono en mano.
—Uh…
Titubeo, mi respiración aun errática y mi mente dando vueltas.
—Solo estaba dándole la bienvenida a Rosewood.
Mira entre nosotros brevemente antes de volver su mirada a Jacob. Sigo
sus ojos y lo analizo. Su cuerpo está casi relajado pero la dureza de su cara
me dice que esa amenaza que hizo no fue una broma.
—Lo que digas, Jake.
—Mantente fuera de esto. Sé que Mason no tomará muy a la ligera que
andes metiendo tu nariz en nuestros asuntos.
Meneando su cabeza, se estira hacia mí y le permito que envuelva su
mano cálida alrededor de mi antebrazo y me aleje de él.
Su mirada penetra mi espalda mientras nos alejamos. Me digo a mí
misma que no debo voltear, pero mi cabeza se mueve sin instrucción de mi
cerebro y me encuentro enganchada una vez más en su mirada. Sus labios
se curvan en una sonrisa siniestra y mi estómago cae.
Sabía que el comenzar de nuevo aquí no sería fácil, pero no lo esperaba
a… él.
—¿Estás segura que todo está bien? —pregunta Camila una vez que
estamos en la seguridad de su auto.
Mi respiración ha casi vuelto a la normalidad, pero sus ojos molestos
aún son la única cosa que veo y la piel en mi barbilla está aún caliente
donde me sostuvo firme en su agarre.
—S-sí. Todo está bien.
Mirando hacia mí, puedo darme cuenta que no cree ni una palabra, pero
no me presiona por más y estoy agradecida.
—Solo promete que te mantendrás alejada de Jake. No es una buena
persona.
Quiero desesperadamente preguntar más, pero temo verme demasiado
interesada, así que murmuro mi acuerdo y mantengo mis labios cerrados.
El viaje es corto y pronto estamos estacionándonos afuera del búngalo
de mi abuela en una parte tranquila del pueblo. Al principio pensé que me
sentiría sola rodeada de mi abuela y todos sus amigos vecinos, pero
mientras más tiempo estoy aquí más me gusta ser capaz de esconderme.
Creo que lo voy a apreciar aún más ahora que la escuela comenzó.
—Gracias.
—Cuando quieras. Si necesitas algo, por favor llámame, ¿sí? Sé lo
difícil que es comenzar de nuevo con tu vida, pero si necesitas algún oído u
hombro, estoy aquí. ¿De acuerdo?
—Sí, gracias, Camila. Realmente lo aprecio.
—De nada. Buenas noches. Ah y… sé que no quieres celebrar, pero
feliz cumpleaños.
Un nudo se forma en mi garganta. Mayormente he sido capaz de poner
lo que hoy representa en la parte trasera de mi mente. No tengo la intención
de celebrar sin mis padres, así que hice a mi abuela prometerme que no le
diría a nadie y no hacer un escándalo. Parece que rompió su promesa si
Camila lo sabe.
Asiento con la cabeza, incapaz de responder por temor de soltarme a
llorar.
Parándome en la entrada, miro cuando se aleja y me despido justo antes
de que salga de mi vista. Creo que ambas podríamos ser buenas amigas.
Parece que tenemos mucho en común, tenemos personalidades similares,
pero no estoy segura de tener la energía de dejar a alguien entrar.
Especialmente porque no sé realmente lo que me depara el futuro después
de estos dos años aquí. Por el momento, mi corazón aún está fijo en
regresar a Londres, pero debo de admitir que después de estar aquí unas
cuantas semanas, estoy disfrutando el sol y el mar. Hace que todo se sienta
más posible sin la tierra y suciedad de la ciudad que estoy acostumbrada.
Tomando una respiración profunda, me volteo y doy un paso hacia la
entrada de mi abuela. Pronto me doy cuenta que la advertencia de olvidar
sobre lo que hoy se celebra ha sido completamente ignorada porque la
cocina está llena de globos y carteles.
—Lo sé, lo sé, no querías un alboroto. Pero es tu cumpleaños número
dieciocho, corazón. Te arrepentirás si permites que pase desapercibido.
Sus ojos están llenos de amor y esperanza, no tengo fuerzas de discutir,
así que permito que mis ojos vean lo que está ante mí y el pastel gigante
con el número dieciocho en el centro de la mesa y fuerzo mis labios a
sonreír. Camino hacia ella y envuelvo mis brazos alrededor de sus hombros
delgados. Podrá estar poniéndose vieja, pero no es menos hermosa. Es
obvio de donde mi mamá y yo obtuvimos nuestra estatura y como nos
vemos.
—Gracias, abuela.
Realmente espero que suene sincero porque no quiero que piense que no
aprecio todo el esfuerzo que ha hecho desde el día que me mudé. No estoy
segura que el ser el guardián de su nieta adolescente era algo que tenía
planeado para su retiro, pero aquí estoy.
—Cociné tu platillo favorito. Pescado y papas fritas. Ve y retócate y lo
terminaré. Incluso hice los chicharos pastosos de los cuales hablas tanto.
Pensamientos de mi hogar tienen lágrimas quemando mi garganta. Las
trago, le doy otra sonrisa y me giro hacia mi habitación.
Odio alterarme delante de ella. Sé que ahora es su trabajo cuidarme,
pero odio la sombra que llena sus ojos y el ligero temblor de sus labios
cuando piensa sobre su hija. Las últimas palabras que se dijeron la una a la
otra no eran las ideales, pero ahora es algo con lo que la abuela tendrá que
vivir.
Dejando caer mi mochila con los libros en el pequeño escritorio que la
abuela colocó en mi habitación, me dejo caer en la cama y cierro los ojos
mientras trato de bloquear todo. Podrá funcionar con algunas de las mierdas
en mi cabeza, pero desafortunadamente no funciona con él, Jake Thorn.
¿Cuál es su maldito problema? Soy nueva, lo entiendo. Pero su reacción
hoy, su amenaza fue demasiado. La piel cubriendo mi mandíbula arde
cuando recuerdo su agarre brusco y el enojo saliendo de sus ojos mientras
me miraban. Odio absoluto y puro emanaba de ellos.
CAPÍTULO OCHO
JAKE
A zotando la puerta de la camioneta de Mason, camino furioso hacia la
casa, aunque no hay ni una maldita manera de que entre. Vivo en la
parte trasera. Escondido en las sombras, así mis tíos pueden
pretender que no existo. Eso está bien por mí. Prefiero estar afuera sabiendo
que no les importo que estar dentro de la casa y ver como tratan a sus hijos
como realeza. Por qué ella pensó que este sería el mejor lugar para mí
cuando se fue, solo dios lo sabe.
Metiendo la llave en la cerradura de mi tráiler, entro y cierro la puerta
con seguro. Realmente no tengo que preocuparme de que alguien venga a
molestarme. Cada persona en esa casa ignora mi existencia. Bueno, todos
aparte de Poppy, mi prima mayor. Lo ha intentado una y otra vez, pero he
desechado cada intento que ha hecho. Mi tía y tío no quieren que tenga algo
que ver con sus hijos, está en sus ojos cada vez que me ven que los miro.
No tengo nada en contra de Poppy, es una estudiante de penúltimo año en
Rosewood y es una gran chica, pero por su propio bien, me mantengo
alejado de ella. No quiero causarle problemas con sus padres y como me lo
han dicho una y otra vez, eso es todo lo que soy, un problema.
Sacando mis cigarros y un encendedor de mi cajón superior, caigo sobre
mi sofá y enciendo uno. Inhalando, permito que queme mis pulmones
mientras miro el humo llenar el espacio a mi alrededor.
Trato de aclarar mi mente, enfocarme en mis movimientos y
respiración, pero maldición no ayuda para nada. Todo lo que veo es ella,
todo lo que huelo es su esencia dulce. El momento que estuve nariz con
nariz con ella, las evidentes diferencias entre la mujer que me recuerda
fueron obvias. Su cabello era completamente natural, no el peróxido que
recuerdo, sus ojos son ligeramente azul obscuro, y de cerca tienen destellos
verdes en ellos que se convirtieron más brillantes con su miedo. Tiene
algunas pecas cubriendo su nariz redonda y pómulos altos, y tiene este lindo
y pequeño lunar justo encima y a la izquierda de su labio superior. El odio
que ha estado supurando dentro de mi desde que mis ojos cayeron en ella
por primera vez esta mañana repentinamente se transforma en algo mas,
algo que me rehúso a reconocer porque necesito el enojo. He esperado años
para soltarlo y sus similitudes son suficientes para mí. Son lo suficiente para
permitirme creer que estoy hiriendo a la mujer que me hirió más de lo que
podría ser posible.
Dejando caer la colilla del cigarro en una botella vacía de cerveza,
inmediatamente enciendo otro pero sé que no va a ser suficiente para
aclarar mi cabeza, para hacerme olvidar.
Cuando Mason me encontró luchando por respirar y recargándome
contra la pared trasera de Aces después de que ella se fue, solo confirmó
que algo estaba seriamente mal conmigo. Ha estado investigando todo el
día, pero debería conocerme mejor que esperar que saque todos mis
problemas. Hemos sido amigos desde que tengo memoria, y ni una sola vez
le he contado todos mis secretos. Tengo toda la intención de llevarme esos
demonios a la tumba. Nadie necesita saber la verdad acerca de cómo soy
imposible de amar y quien realmente es mi mamá. Un escalofrío me recorre
con solo pensar que mis amigos se enteren. Eso sería la única cosa que
podría hacer mi vida aún peor. La llegada de la chica nueva es una cosa
pero que salga la verdad…No, eso no puede pasar y haré todo lo que esté en
mi poder para evitarlo.
Metiendo mi segunda colilla en la botella, caigo de espaldas en el sofá
deseando tener algo más fuerte.
Mi celular vibra en mi bolsillo y cuando lo saco, me pregunto si Ethan
puede leer mi mente.
«Mis padres salieron de la ciudad. Trae tu trasero aquí.»
Dejando caer mi celular en el asiento, me paro y comienzo a quitarme la
ropa mientras camino hacia el baño. Pongo la regadera tan caliente como
puedo y entro bajo el chorro de agua. Cerrando mis ojos, dejo que caiga
sobre mí, deseando que se lleve todo pero el momento que cierro los ojos
todo lo que veo son los suyos. El temor en ellos tiene a mi corazón
acelerándose y mi pene creciendo.
Cerrando mi puño en mi longitud, caigo de espaldas contra los azulejos
helados y suelto algo de la presión acumulada dentro de mí. Apenas le quita
el filo a mi agitación, pero hasta que ponga mis manos en lo que estoy
esperando que Ethan tenga en su casa, es lo mejor que puedo hacer.
Mientras camino pasando la casa principal, veo a la familia sentada
juntos alrededor de la mesa riendo y sonriendo cuando comen su comida de
la tarde. La visión solía dolerme, solía ser como un bate de beisbol al pecho,
pero conforme pasó el tiempo y aprendí a mantener encerrado eso, todo lo
que siento es lástima. Lástima que pueden tan fácilmente hacerme a un lado
como si no existiera. Son tan malos como ella. Tan egoístas como ella.
Justo cuando voy a desviar la mirada, Poppy mira sobre su hombro. Sus
ojos se encuentran con los míos y una pequeña sonrisa triste sacude sus
labios.
Alejando mi mirada, continúo hacia la acera y hago mi camino hacia la
casa de Ethan.
—¿Cuántas de estas te tenemos que dar antes de que empieces a hablar? —
pregunta Mason, pasándome otra botella.
Soltando la fumada que estaba sosteniendo, lo miro. El mareo del
cigarro que Ethan me dio está mezclándose con el alcohol y dándome la
liberación que deseaba.
—¿Cuándo ha pasado eso?
Me conocen mejor que eso. Ninguna cantidad de hierba o alcohol me
hará soltar la fealdad que mantengo adentro.
—Va a pasar algún día, Thorn. —Se recarga y lleva la botella a sus
labios, bebiendo lo último de su cerveza.
Un toque suena en la casa y Ethan brinca emocionado. Hasta ahora es el
más rico de los tres. No es que sea difícil tener más que yo, el chico que
vive en el tráiler escondido y mayormente vive de limosnas de sus amigos o
fideos ramen. No es algo de lo que estoy orgulloso, pero no obstante es mi
vida.
Corre de su sala de estar, dejándonos a Mason y a mi desparramados en
sus sillones gigantes. El sonido de platica femenina emocionada entra de la
puerta principal y mi estómago cae.
—No dijo que las invitaría.
Mason me mira como si me acabara de salir otra cabeza.
—¿Qué?
—Nada. Es solo que no es de ti el rechazar alguna oferta de vagina.
—Sí, bueno. Tal vez hoy es diferente.
—Diablos, hombre. Esa chica te tiene todo tenso ¿verdad?
—¿Chica? —pregunto, tratando de actuar como si no pasara nada pero
cuando responde con solo una rodada de ojos, sé que no he tenido éxito.
—Tal vez Chelsea pueda distraerte, ayudarte a relajarte.
Justo cuando dice esto, se desliza en mi regazo y toma de mi cerveza.
—¿Quién necesita distraerse? —su voz es alta y chillona, y hace que se
me erice la piel.
No muy gentil, la empujo de mi regazo y cae en el azulejo pulido con
un ruido sordo y un chillido. Azotando mi cerveza en la mesa de centro, se
gira hacia a mí, empuja su pecho hacia adelante y pone sus manos en sus
caderas.
—¿Qué demonios, Jake?
—¿Estás bien Chelsea? Parece que tuviste un pequeño accidente —
pregunta Mason, señalando hacia el pequeño parche húmedo en su mini
falda.
Sus mejillas se sonrojan y sus ojos se escurecen antes de que resople y
se aleje molesta.
—Voy a necesitar más de estas si ella planea quedarse.
Mason me mira fijamente, pero una mirada a mis ojos entrecerrados y
hombros tensos y mantiene su boca cerrada.
Mirando hacia el jardín de Ethan, observo como las otras chicas se
quitan la ropa hasta quedar en bikinis y saltan en la piscina. Ethan pronto
las sigue y en minutos tiene a dos acorraladas en la esquina. Sin vergüenza
miro cuando mete su lengua en una de sus bocas rápidamente seguido por la
otra. Normalmente estaría haciendo lo mismo, o aun mejor, llevando a
alguna a uno de los cuartos de visita. Pero no estoy interesado. Esta noche
quiero sentarme en una esquina oscura rodeado de botellas de cerveza y un
puñado de cigarros de marihuana.
CAPÍTULO NUEVE
AMALIE
P or algún milagro, logro llegar al final de mi primera semana en
Rosewood High sin demasiado drama. Jake ha mantenido su distancia.
He atrapado sus ojos penetrantes a través del pasillo más de una vez,
pero nunca se ha acercado. No estoy segura como me siento sobre eso. Una
gran parte de mi quiere pensar que su advertencia el lunes fue una broma,
su manera enferma de darle la bienvenida a la chica nueva. Pero estuve ahí,
fue mi barbilla hormigueando bajo su agarre fuerte, no había nada de broma
o ligero sobre el movimiento. Habló en serio cada palabra que me dijo
afuera del café y aunque trato de alejar la preocupación, sé que está
esperando en las orillas, planeando su movimiento. Si solo pudiera
descubrir cuál es su problema, entonces podría tener alguna oportunidad de
verlo venir.
—Para esta tarea, van a trabajar en parejas. Quiero una investigación
detallada y algún tipo de presentación, no me importa de qué forma, usen su
creatividad. Las comenzaremos el próximo viernes.
Hay murmullos entre mis compañeros de clase cuando empiezan a
planear su tarea de historia.
—Asignaré las parejas —grita el maestro causando que todos a mí
alrededor se quejen.
Comienza diciendo nombres, que no tengo idea de a quienes
pertenecen, pero espero y observo sus expresiones de felicidad o de enojo
en sus caras cuando aceptan quiénes son sus parejas.
—Amalie —dice, viéndome—. Te toca con Poppy.
Una chica con cabello oscuro y unos ojos aún más oscuros se gira y me
ofrece una sonrisa suave. Me relajo un poco cuando a primera vista no
parece ser una aspirante a porrista o una fan de algún jugador de fútbol.
El profesor menciona el resto de los nombres en su lista antes de
instruirnos que nos sentemos con nuestras parejas y comencemos a planear.
—Hola, soy Poppy —dice, dejando caer su mochila en el piso y
sentándose en el ahora asiento vacante a mi lado.
—¿Estás en mi clase de Estudios Cinematográficos? ¿verdad?
—Tal vez. Lo siento, esta semana ha sido algo abrumadora.
—Está bien. Por suerte, acabas de adquirir una excelente compañera
para este proyecto.
—¿En serio? —digo riéndome, dándome cuenta que ya me agrada.
Comenzamos, pero la campana suena antes de que hagamos un gran
progreso.
—Entonces, ¿te veo después de la escuela el lunes y puedes venir a mi
casa?
—Suena bien.
—¿Irás al show de porristas?
—Aparentemente.
—Suenas realmente emocionada por eso. —Se ríe y pone su mochila
sobre su hombro antes de que caminemos hacia la puerta.
—No es realmente lo mío.
—No, tampoco es lo mío, pero mi primo está en el equipo así que voy a
apoyarlo. —Sonrío, pero la mención de familia hace que mi corazón caiga
al fondo de mi estómago.
—¿Entonces te veré el lunes?
—Claro que sí. —Me despido cuando ella camina hacia su siguiente
clase y me volteo a hacer lo mismo.
—Hoy se está alargaaaaaaando —se queja Camila cuando me encuentra
escondiéndome en la parte trasera de la biblioteca en el almuerzo.
—Sabes —dice, mirando a los estantes empolvados—. Siempre creí que
cosas poco cuestionables pasaban al fondo de las librerías. Estás
arruinándome eso.
—Siento decepcionarte. Definitivamente no estoy haciendo nada
“cuestionable”.
En realidad, estoy rodeada de libros de arte tratando de encontrar una
idea para nuestro proyecto de Historia.
—Eso es una pena. Podrías necesitar un poco de emoción. Apuesto que
Shane estaría dispuesto.
—También lo notaste, ¿huh?
Alejo mis ojos del libro que estaba hojeando y miro los ojos
conocedores de Camila.
—Es difícil no hacerlo. Prácticamente te ha seguido como un cachorrito
perdido desde que llegaste. Es adorable.
—Tal vez lo sería si estuviera interesada.
—Es atractivo, ¿Cuál es el problema?
—Solo no estoy interesada en una relación. Mi vida es un desastre
ahora, no necesito un chico que lo empeore.
—Estoy segura que el chico adecuado lo mejoraría. Aliviaría algo de la
tensión que cargas contigo.
Resoplo, cierro el libro y lo agrego a la pila a mi lado.
—Espera…estás soltera ¿verdad? ¿O tienes una relación a distancia
teniendo sexo por teléfono con algún británico sexy?
—No, nada de sexo telefónico ardiente.
Detecta la tristeza en mi tono que estaba tratando de ocultar.
—Pero había un chico ¿verdad?
—Sí, no…no lo sé realmente. Estábamos teniendo una aventura,
supongo. Pero no era nada serio.
—¿Pero pudo serlo?
—Quien sabe —digo encogiéndome de hombros—. Supongo que nunca
lo sabremos.
—Lo siento —dice Camila, sus ojos oscureciéndose cuando mi tristeza
entra en ella.
—¿Alguna noticia de los detectives?
—No que yo sepa. Prometieron llamarme si encontraban algo.
He tratado de sacar la idea de mi cabeza de que la muerte de mis padres
no fue un accidente, empeora las cosas que alguien en este planeta los
quería muertos. Dejo salir un aliento, evitando que las lágrimas picando mi
garganta llenen mis ojos.
—Maldición, lo siento. Vamos, déjame comprarte una rebanada de
pastel para compensarte.
—Estoy bien aquí.
—Amalie, necesitas dejar de esconderte. O si te rehúsas, al menos
necesitas decirme que te está molestando.
La imagen de sus ojos duros mientras me amenazó que ha estado
persiguiéndome toda la semana aparece de nuevo en mi cabeza, pero me
niego a admitir que hizo que me ocultara. He sobrevivido lo peor que la
vida te pueda dar en los últimos meses, me rehúso a admitir que estoy
asustada y que el chico malo de la escuela me tiene acobardándome como
una débil en la biblioteca.
—Nada me está molestando. Esta semana ha sido demasiado es todo.
—No puedo imaginar cómo te estás sintiendo y no voy a pretender que
lo hago. Si te empujo demasiado, tienes que decirme, pero solo vives una
vez Amalie. Podré nunca haber conocido a tus padres, pero estoy bastante
segura que no querrían que te escondieras cuando podrías estar allá afuera
viviendo.
Mi estómago se retuerce y lucho por meter aire a mis pulmones. La
repentina ola de dolor que me golpea amenaza con quebrarme. Pero soy
más fuerte que eso. Pasé el primer mes de mi tiempo aquí encerrada en mi
habitación en la casa de mi abuela, escondiéndome del mundo y
ahogándome en dolor. Mi vida era buena, estaba establecida y después de lo
que se suponía era otro viaje a Milán para mis padres terminó en tragedia
cuando su helicóptero tuvo problemas e inesperadamente se estrellaron
sobre una campiña francesa.
Apretando mis ojos, me enfoco en mi respiración y alejo el ataque de
pánico que estoy a punto de tener. Nadie necesita ver ese lado de mí.
—Tienes razón.
Una vez que me siento lo suficientemente fuerte me levanto.
—Vamos y encontremos ese pastel.
—Debería advertirte que el pastel de la cafetería probablemente esté
seco y duro como una piedra.
—¿Qué tan malo puede ser? Pastel es pastel ¿verdad?
—Te dejaré que juzgues eso.
Camila enlaza su brazo a través del mío y de alguna forma logro salir de
la biblioteca con la cabeza en alto, con alguien que rápidamente se está
convirtiendo en una buena amiga a mi lado.
Mientras nos paramos en la fila, me pone al corriente de su semana
hasta el momento y las tonteras que Noah ha estado haciendo.
Con nuestro pastel en la mano, comienzo a sentir que todo va a estar
bien y que tal vez sea posible disfrutar mi tiempo aquí, eso es hasta que
levanto la mirada y me encuentro con sus ojos. Mis pasos tambalean y
Camila choca contra mi espalda.
—Amalie, que… ¡oh!
Siento su mirada moverse entre nosotros y cuando logro alejar mi
mirada de sus ojos atormentados y la miro de vuelta, sus cejas están
fruncidas y sus labios están tensos en ira.
—¿Cuál es su maldito problema? Sostén esto. —Me pasa su plato y
camina molesta hacia la dirección de Jake.
Cada uno de sus amigos se giran para mirar su camino, algunos
entretenidos por la morena furiosa caminando hacia ellos, otros miran con
ojos llenos de lujuria su cuerpo, pero es un par de ojos en particular que
atrapan mi atención. Mason, el chico que parece ser la mano derecha de
Jake la mira con odio.
Estoy ocupada preguntándome cual es la maldita historia entre ellos
cuando se detiene, pone sus manos en su cadera y despotrica contra Jake.
Felicitaciones para ella porque no puedo imaginarme muchos estudiantes en
esta escuela que estén dispuestos a ponerse en su contra.
Eventualmente, sus labios se curvan en una sonrisa irritada y la ignora.
Ella da dos pasos hacia atrás, sus ojos no dejando los suyos antes de que
rápidamente mire a Mason, gire y regrese caminando molesta hacia mí.
—Más vale que esté riquísimo ese pastel.
—¿Qué dijo? —pregunto, apresurándome a seguirla cuando va en busca
de una mesa vacía del otro lado de la cafetería.
—Solo un montón de idioteces. No le creí ni una palabra.
—¿Idioteces cómo cuál?
Me mira y se muerde su labio inferior.
—Realmente no le agradas. Pero en serio, no te estreses, lo va a superar.
No estoy segura si sus palabras son para reconfortarme o no, pero no me
hacen sentir mejor en lo más mínimo.
—Sí, ya veremos. ¿Y qué hay de ti?
—¿Qué sobre mí?
Mantiene su expresión en blanco, pero el oscurecimiento de sus ojos me
dice que sabe exactamente de lo que estoy hablando.
—Oh ya dime. Mason te miró con tanto odio. Podré no conocerte desde
hace tiempo, pero es lo suficiente para saber que no le harías daño ni a una
mosca. ¿Cuál es su problema?
—Nuestras mamás son mejores amigas. Nosotros solíamos serlo, ahora
ya no. ¿Eso es todo?
Levantando una ceja, espero a que elabore, pero solo se me queda
viendo antes de cambiar por completo el tema.
—¿Estás emocionada por tu primer juego?
—Um…
—Será asombroso, ya lo verás.
Me da su enorme sonrisa, pero hace poco para incitar algo de emoción.
CAPÍTULO DIEZ
AMALIE
R esulta que el auto de Camila ya está lleno con todo lo que va a
necesitar en la noche así que cuando se estaciona afuera de la casa de
abuela después de la escuela, se baja y saca una bolsa gigante de la
parte trasera.
—¿Vas a entrar, eh?
—No te dejaré fuera de mi vista. Sabes al igual que yo que a la primera
oportunidad que tengas vas a cancelar ir esta noche y no permitiré que eso
pase.
—Tal vez. —Su ceja se levanta—. Está bien, probablemente.
—Necesitas relajarte y eso es de lo que se trata hoy. Solo por unas horas
puedes dejarte llevar y ser solo tú, la estudiante de preparatoria de dieciocho
años. Emborracharte, divertirte, tal vez tener un beso…o dos —dice con un
guiño sugestivo.
No puedo negar que solo pensar en lo que está proponiendo no lo hace
sonar atractivo en lo más mínimo. La parte divertida y de beber claro está,
no tengo intención de besar a alguien. Ese tipo de cosas solo puede llevar a
hacer mi vida desastrosa a una más complicada.
—Vamos pues. No tengo la más mínima idea de que debería ponerme
para esta cosa.
—Sexy, Amalie. Siempre sexy.
La abuela está en el teléfono cuando entramos a la cocina para agarrar
algo para beber. Me sonríe y es tan genuino que hace que lagrimas quemen
la parte trasera de mi garganta. Ha estado desesperada por integrarme en la
vida de aquí y finalmente que acepte que ahora esta es mi casa. Nunca lo
dijo en voz alta, pero creo que estaba preocupada que fuera a subirme
directo en un avión en el momento que cumpliera dieciocho y pudiera
legalmente hacerme cargo de mí misma. Por supuesto, lo pensé una y otra
vez. Sería tan fácil volver a Londres, quedarme en casa de una amiga.
Podría ser capaz de pagarme la universidad, tengo el dinero suficiente en mi
cuenta de banco para hacerlo posible. Pero ¿quiero volver y estar sola?
Podría haber estado aquí solo unas semanas, pero eso es suficiente para
saber que necesito estar aquí. Me digo que es por la abuela, mi presencia
aleja la sombra oscura de la muerte de su hija que ha nublado sus ojos, pero
también sé que el estar alejada de Londres y los lugares que me puedan
hacer recordarlos también me está ayudando. No tengo idea de cómo seré
capaz de volver a mi antigua vida cuando no están ellos ahí. En realidad, no
estaban alrededor mucho, el negocio tomaba la mayoría de su tiempo, pero
solo estaban a una llamada de distancia, aun si estaban en un país diferente.
—Hay galletas recién horneadas en el envase —dice la abuela, habiendo
colgado el teléfono.
Camila inmediatamente se gira hacia al envase que la abuela señaló,
quita la tapadera y mete una en su boca.
—Eres una leyenda, Peg.
La abuela y yo nos reímos mientras sigue comiendo.
—Así que, ¿noche de juego?
—Aparentemente.
—La vas a amar. Solía vivir por esas noches de juego cuando era joven.
El entusiasmo, la emoción de la victoria, la esperanza de atrapar el ojo de
algún jugador.
Tiene esta mirada distante y no puedo evitar preguntarme como era
cuando era joven. Siempre ha estado en mi vida y la visitábamos unas
cuantas veces, pero es ahora que estoy viviendo bajo su techo que estoy
realmente comenzando a conocerla.
—No quiero estar cerca de ningún jugador de fútbol.
—¿Ah sí? —las cejas de la abuela se elevan en interés y
lamentablemente Camila no puede detenerse.
—Ya tiene dos bajo sus encantos, Peg.
Gruño, agarro un par de galletas y salgo del cuarto.
—Claro que los tiene, es la hija de su madre. Los tendrá emocionados y
ansiosos.
Los músculos de mi estómago se contraen al pensar en mi mamá y me
apresuro a llegar a mi habitación, temerosa de escuchar algo más. Sé que
Camila solo está provocándome, pero no necesito el recordatorio de todo lo
que estoy tratando de ignorar en la escuela. El interés de Shane y más
importante, el enojo de Jake. No necesito a ninguno de los dos en mi vida
en este momento y prefiero que la abuela no se involucrara, porque si he
aprendido algo sobre ella es que es una romántica empedernida quien
saltará a la oportunidad de ayudarme a tener una cita.
—Lo siento, no fue mi intención…—dice Camila unos minutos después
siguiéndome hacia mi habitación.
—Está bien. No necesitas disculparte.
—Tu abuela nos hizo chocolate caliente. No es el comienzo de la tarde
que tenía en mente, pero no voy a negarme a tomar chocolate.
Estamos en silencio mientras tomamos de nuestras tazas humeantes.
—Sabes, creo que realmente le gustas.
Tomándome desprevenida, volteo a verla, mis cejas fruncidas.
—¿A quién?
—A Shane —dice rodando los ojos, como si pudiera estar hablando de
alguien más.
—Oh, cierto. No ha captado la idea de que no estoy interesada.
—¿Por qué no? Es atractivo. Y estoy enterada de que es muy
talentoso…si sabes lo que digo. —Contonea sus dedos en el aire y gruño.
—Dedos mágicos o no, no estoy interesada.
Me da una mirada decepcionada. —Espero eso no sea porque otro
miembro del equipo, El Capitán, ha capturado tu interés.
Peleando por tragar el chocolate en mi boca, mis ojos se agrandan al
punto que creo que van a saltar.
—Por favor dime que estás bromeando. Me odia, y debo decir, el
sentimiento es mutuo.
—¿Así que algo pasó?
«Mierda.» Cada vez que la he visto después del incidente en Aces me
ha cuestionado. Era obvio que algo pasó en los pocos minutos que se fue,
pero aun me rehúso a hablar de los eventos de esos horribles momentos.
—No. ¿Podemos por favor no hablar de él? No se merece nuestro
tiempo o atención.
—No podría estar más de acuerdo. —Baja su taza y salta de la cama—.
Vamos a encontrarte algo que ponerte. He estado muriendo por entrar en tu
guardarropa.
Miro mientras abre las puertas y una sonrisa divide su cara.
—¡Dios mío!, es aun más de lo que imaginaba.
—Puedes tomar prestado lo que sea. Si te queda. —Agrego porque
nuestros tipos de cuerpos son muy diferentes. Mientras obtuve el cuerpo de
supermodelo de mi mamá, el de Camila es súper sexy y curvilíneo, y una
cabeza más bajita que yo.
—¿En serio?
Voltea a verme, una sonrisa casi partiendo su cara en dos.
—Claro.
No soy estúpida, sé el costo de lo que está mirando es mucho más de lo
que la gente puede imaginar, pero para mí, solo es ropa. Nunca estuve
fascinada por las marcas de diseñador que solían darle ropa gratis a mi
mamá para que pudiera ser fotografiada en ella. Siempre supe que teníamos
dinero, más que la mayoría, pero no fue hasta que me mudé aquí que las
diferencias fueron más notorias.
Hay mucho dinero en esta ciudad, mayormente en el lado este, pero no
es nada comparado con la gente que mamá y papá solían pasar el tiempo. El
dinero no significa nada para mí, prefiero tener a mi familia que cualquier
cosa en el banco, pero esa decisión me fue robada. Es una de las razones
por la cual ira recorre mis venas cada vez que veo a alguien mirar lo que
estoy usando con celos saliendo de sus ojos. Ropa y marcas de diseñador no
son nada por lo que deben estar celosos, vienen y se van y no significan
nada, la familia sin embargo…solo tienes una de esas y daría lo que fuera
por tener la mía de vuelta.
Movimiento al otro lado de la habitación me saca de mis pensamientos
taciturnos, me siento y veo como Camila saca prenda por prenda de mi
colección mientras hace ruidos de oohh y aahh. Eso es hasta que se detiene,
saca algo y voltea hacia mí.
—Tienes que usar esto hoy.
—Vamos a un juego de fútbol americano, Cam, no un club. —Se
encoge de hombros.
— ¿Y? Quieres verte sexy ¿no?
«Realmente no.»
—Solo quiero mezclarme en la multitud. Jeans y una camiseta estarán
bien.
Pone sus ojos en blanco, pero en vez de discutir como estaba esperando,
sus hombros caen en decepción.
—Supongo que realmente no importa lo que uses, aun así, lucirás
increíble.
Deja caer el vestido de lentejuelas plateado que estaba sosteniendo. Es
el que mi mamá me compró para celebrar que terminé Sixth Form
(equivalente a los últimos dos años de preparatoria en América), pero nunca
llegué a usarlo. Probablemente nunca lo haga, pero no hay manera que me
pueda deshacer de el. Fue lo último que eligió para mí en el último día que
pasé con ella.
—¿De qué estás hablando? Eres preciosa, me encantaría tener tus
curvas.
Alejo las emociones que ese vestido trajo y camino hacia mi
guardarropa.
—¿Qué tal algo como esto? —pregunto, sacando un romper que
realmente mostraría su generoso escote y sus piernas torneadas—. Te
garantizo que harán que se le salgan los ojos a Noah de la cabeza.
—¿Lo crees?
—Sí. Pruébatelo.
—Está bien. Y puedes usar lo que quieras pero…—gruño—. Te
maquillaré.
—Trato hecho.
Una hora después y Camila está parada en mí playsuit viéndose
formidable mientras me puse unos jeans negros, tenis y mi camiseta
favorita. Es blanca con “con placer” en una letra de burbuja en el frente.
Camila ha hecho un excelente trabajo con mi maquillaje simple y
agregando unos rizos sueltos en mi cabello rubio.
—Shane se va a impactar cuando te vea.
—Cam, por favor no.
—¿Qué? Solo estoy diciendo que te ves genial en ese estilo. Vas a girar
cabezas esta noche.
—No quiero girar cabezas. Solo quiero mezclarme.
—Sé que lo quieres, pero créeme cuando digo que jamás te vas a
mezclar con la multitud.
Un suspiro pasa mis labios, pero no digo más.
—¿Ya empacaste para la noche?
—¿Empacar?
—Sí, para la fiesta de medianoche.
—Si solo es una fiesta, ¿Por qué necesito empacar?
—Oh, Amalie.
Saca la bolsa Louis Vuitton de la parte de arriba de mi guardarropa.
—No es solo una fiesta. La Fiesta de Medianoche es una larga tradición,
un rito de paso, algo así. Es una fiesta de toda la noche que termina en la
playa. Es una noche donde puedes relajarte, soltar algo de estrés y actuar
loca antes de que la seriedad del último año realmente comience. Además,
lo que pasa en la Fiesta de Medianoche se queda en la Fiesta de
Medianoche. —Sus cejas se menean de emoción y mi estómago cae.
—No soy de último año.
—Probablemente no, pero vendrás como mi invitada especial. Nos
vamos a embriagar, bailar y disfrutar. Ahora apúrate que el show de
porristas va a comenzar pronto y no queremos llegar tarde.
Se para con las manos en su cadera y una mirada impaciente en su cara
mientras me levanto de la cama.
—¿Qué necesito empacar? —pregunto en un suspiro.
—Cosas normal para acampar.
—¿Qué implica eso?
—¿Nunca has acampado?
Me mira, pero no me da tiempo de responder.
—No sé porque pregunto ¡por supuesto que no has acampado!
—¿Qué? No soy una chica rica engreída. Puedo acampar.
—Lo averiguaremos esta noche. Un cambio de ropa, bikini, y una
almohada estarían bien.
Alejándome de su cara entretenida, comienzo a meter cosas en mi bolso.
—Oh, no olvides toallitas húmedas, son esenciales. Y condones si tienes
algunos.
—¿Qué? No necesito…
—Oh shhh…es la Fiesta de Medianoche, cualquier cosa puede pasar…
y probablemente suceda.
Pavor retuerce mi estómago ante la emoción en sus ojos. —Si esta
noche básicamente será una gran orgia, por favor dímelo ahora así puedo
quedarme en casa.
—Ahora estás siendo tonta. Vámonos.
Cierra mi bolso por mí, enlaza sus dedos con los míos y me saca de la
habitación.
—Ambas lucen hermosas. ¿Están listas para su gran noche?
—Lo estoy —responde Camila orgullosamente antes de girarse hacia mí
—. Esta está un poco escéptica.
—Estarás bien ya que estés ahí. Ten, te compré esto. —dice la abuela
abriendo una alacena y revelando una botella de vodka—. Ahora, confío en
que ambas serán responsables con esto, no quiero una llamada telefónica
para ir y rescatar sus traseros ebrios a la playa. Pero quiero que ambas se
diviertan, tú —sus ojos encuentran los míos—, te lo mereces.
Le agradezco, doy un beso en su mejilla y ambas caminamos hacia el
auto. Camila brinca de la emoción mientras desesperadamente trato de sacar
algo de entusiasmo por cualquier cosa que no sea comenzar a beber la
botella de vodka en mi mano.
CAPÍTULO ONCE
JAKE
E l rugido de la multitud mientras celebran la victoria con nosotros
vibra a través de mí. Esto es todo. Este momento es para lo que vivo.
Ser parte de algo tan grande que mi vida de mierda ya no importa. A
nadie le importa de dónde vengo, como vivo o sobre la ira que resuena por
dentro. Todo lo que les importa sobre este momento es que soy su rey. Soy
la razón por la cual tienen algo que celebrar. Cada uno de los fans de fútbol
americano en este momento quieren ser yo y cada par de ojos femeninos
quieren un pedazo de mí. Demonios, lo amo.
—Diablos, estuviste increíble esta noche —dice Mason golpeando su
mano en mi hombro.
No está equivocado. Todo sobre esta noche sucedió perfectamente.
Todas nuestras jugadas bien practicadas fueron ejecutadas con la precisión
exacta que el entrenador esperaba y superamos por mucho a nuestros
oponentes. Por primera vez, las palabras de los chicos de que este año será
nuestro año comienzan a sonar más probables. Podrá ser el primer juego de
la temporada, pero es un maldito buen comienzo.
—Necesito una maldita bebida y un buen pedazo de culo. ¿Quién está
conmigo? —grita Ethan en los vestidores y hay respuestas de acuerdo y
gritos de emoción.
Hemos estado esperando con ansias esta noche desde que éramos lo
suficientemente grandes para entender lo que era una fiesta. La fiesta de los
de último año básicamente resume como será nuestro último año de
preparatoria. Si no vas, o peor aún, no tienes permitido ir y básicamente
eres un marginado. Aparece, medio participa y eres aceptado, pero aparece
y has exactamente lo que se espera de ti y estás listo para el año. Esta noche
es sobre probarte a ti mismo, probar que tienes lo que se necesita para ser
un estudiante de último año en Rosewood High. Es una maldita tradición y
por fin, es nuestro turno.
—Dejen esas pelotas bien limpias, chicos. Las chicas estarán haciendo
fila por nosotros cuando lleguemos. Pero elijan sabiamente mis amigos,
escojan muy sabiamente.
Riéndome de las payasadas de Ethan, me dirijo a la regadera y hago
exactamente lo que sugirió porque no pretendo pasar la noche sin tener mi
pene succionado al menos una vez.
Como lo planeamos, somos los últimos en llegar a la playa. El humo de
la fogata nos llama, señalándonos la dirección correcta, no que no
supiéramos hacia dónde íbamos. El momento en el que abro la puerta del
pasajero de Mason la música llena mis oídos y mi corazón se acelera. Estoy
sumamente listo para esto. Mi primera semana del último año ha sido…
jodida por decir algo. La llegada de la chica nueva revolvió una ira dentro
de mí que pensé que ya había logrado deshacer, pero está de vuelta con más
fuerza, burlándose, empujándome hacia adelante. Me he mantenido fuera de
su camino estos últimos días, pero eso no significa que no la he observado.
La veo acercándose a Shane y la manera que la mira como si fuera
malditamente especial. La veo caminando alrededor como si tuviera los
malditos problemas del mundo sobre sus hombros. Bueno, ¿adivina que
princesa? El resto de nosotros tenemos nuestra propia mierda con la cual
lidiar y para poder soltar algo de lo que estoy cargando estoy a punto de
hacer tu vida aún peor.
—Vamos hacer esta mierda. —Sacando hieleras de la cajuela, sigo a
Mason y Ethan hacia la playa.
Un vitoreo comienza en el momento que aparecemos, y mi pecho se
llena de maldito orgullo. La mayoría del equipo de porristas salta y nuestros
compañeros de equipo que llegaron antes vienen corriendo hacia nosotros.
Chelsea hace una línea directa hacia mí, pero a diferencia del resto de la
semana, acepto su entusiasmo.
Su mano va directo a mi pene, frotándolo a través de la tela de mi
pantalón como la puta desesperada que es.
—Vas a tener suerte esta noche.
Su agudo y susurrante gemido hace poco para mí, pero no puedo negar
que el que me esté acariciando no se sienta bien.
Moviendo su otra mano por mí pecho, la envuelve alrededor de la parte
trasera de mi cuello y se eleva en sus dedos de los pies, es como si pensará
que la voy a besar. Debería de haberlo aprendido ya. No beso. Nunca.
Justo cuando sus labios se mueven hacia los míos y estoy a punto de
empujarla, un destello rubio atrapa mi atención. Diablos, no lo haría. ¿O sí?
Al verla, mi cuerpo se tensa, furia ebulle en mi estómago mientras mis
venas se llenan de fuego. Apretando mis puños a mi costado, listo para
marchar hacia allá y demandar que se vaya. No veo su movimiento hasta
que es demasiado tarde y los labios carnosos de Chelsea se presionan contra
los míos.
Debe de sentir mi mirada porque sus ojos se elevan e inmediatamente se
enganchan con los míos. Se agrandan en sorpresa antes de oscurecerse
cuando observa a la zorra que está presionada contra mi cuerpo. Chelsea
gime cuando mi pene se pone más duro bajo su toque, solo que no es por
ella. Estoy duro por la emoción corriendo por mi cuerpo, el entusiasmo de
la venganza y el dolor que voy a causar.
Ethan, el maldito, me grita por estar teniendo suerte y
desafortunadamente causa una escena que tiene cada par de ojos mirando
hacia nosotros. Alejando mis ojos de ella, agarro los antebrazos de Chelsea
y la fuerzo a alejarse de mí. Hace un puchero, sacando su labio inferior
como si debería estarlo succionando de vuelta en mi boca. Me mira y su
cara se torna pálida. Sé porque, la tensión que está viendo tiene a mi cuerpo
contraído. Mi necesidad de ir hacia allá y arrastrar el triste trasero de la
chica nueva fuera de la playa ocupa toda mi atención.
Mason debe de sentir donde está mi cabeza porque su mano cae en mi
hombro, girándome de los ojos de cada uno de los estudiantes de último año
que están en la playa.
—¿Por qué demonios está aquí? Ni siquiera es de último año —escupo
cuando lo que realmente quiero hacer es golpear algo o alguien.
—Ni idea. Supongo que la invitaron.
—Maldita Camila. Necesitas poner en su lugar a esa perra. —Sus ojos
se entrecierran, pero sabiamente mantiene su maldita boca cerrada.
Será mi mejor amigo, pero no tengo problemas en volverlo mi saco de
boxeo ahora.
—Vamos a instalar el campamento y tomar una cerveza…o cinco.
Pasándome la casa de campaña y las bolsas que él y Ethan debieron
haber agarrado del auto cuando estaba besándome con Chelsea, las subo a
mi hombro y marcho hacia nuestro lugar. El mejor lugar en la maldita
playa.
Chelsea se va saltando como si no la acabara de rechazar. Su trasero
duro y sus pechos demasiado grandes rebotan en su innecesario bikini
mientras se mueve, casi cada set de ojos masculinos siguen sus
movimientos. Quitando mis ojos de ella, miro al resto de las chicas. La
mayoría mostrando tanta piel como pueden con la esperanza de cogerse esta
noche al chico de su elección. La noche de esta fiesta es abierta para todos.
Todo puede pasar si vas por quien quieres. No solo muchas relaciones
comienzan esta noche, pero muchas terminan. Los chicos mayormente están
relajándose, mirando su presa, esperando el momento indicado para atacar.
Excitación comienza a emanar en mi estómago mientras considero mis
opciones. La cosa es, los chicos pensaran que pueden elegir del montón,
pero la verdad es, los únicos con ese privilegio es el equipo de fútbol
americano, los demás tienen nuestras sobras. Cuando mi mirada cae sobre
las chicas y comienzan a notarlo, pechos son levantados, culos sacados un
poco más, ninguna me llama la atención. Todas saben que están buenas y lo
usan para obtener exactamente lo que quieren. No son diferentes a Chelsea.
—Diablos. Están listas para esto —murmura Ethan detrás de mí—.
¿Cómo vamos a escoger?
Mientras él y Mason comienzan a debatir sus opciones, mis ojos una
vez más caen en una persona. A diferencia de cada chica aquí, está vestida
con jeans y una maldita camiseta. Como si no fuera ya una marginada
social, parece que quien sea que la invito no le avisó sobre el código de
vestimenta. Una sonrisa retuerce mis labios. No será con la que voy a pasar
la noche, pero tiene un blanco en su cabeza. No durará hasta la medianoche.
Me aseguraré de eso maldita sea.
No nos toma mucho tiempo en armar las casas de campaña y que las
cervezas fluyan.
—¿A quién están eligiendo? —pregunta Mason.
Es una tradición en cualquier fiesta que anunciemos nuestros blancos de
la noche. No hay otra razón más que presumir al día siguiente que lograrnos
cogernos a quien elegimos.
—Propongo reglas diferentes esta noche, viendo que es la Fiesta de
Medianoche y eso.
—Prosigue —digo, llevando mi cerveza a mis labios y tomándome el
contenido, esperando a que Ethan explique su plan.
—Propongo que nombremos un blanco para cada uno. Entonces tendrás
hasta el amanecer para tener sexo.
Los ojos de los chicos se iluminan ante la sugerencia del reto.
—Diablos sí.
Alguien arrastra las palabras teniendo ya demasiadas cervezas.
—De acuerdo. Nómbralas.
Ethan se inclina en sus codos y mira a la fiesta sucediendo más abajo en
la playa. La fogata enorme ruge, bañándonos en un tono naranja y la música
suena de unas bocinas que alguien instaló.
Comienza enlistando nombres, los chicos o sonríen de gusto o se quejan
ante el reto épico que tienen por delante. ¿Yo? No tengo ni una
preocupación. La mayoría de las chicas ahí harían lo que fuera para ser
capaces de pasar la noche conmigo.
—Mason, tú puedes tener a Chelsea.
Una risa se escapa cuando veo la mirada de disgusto en su cara.
—Jódete. No quiero sus desechos —grita, volviendo sus ojos hacia mí.
—No te estarás quejando cuando más tarde tenga sus labios alrededor
de tu pene.
Chelsea podrá ser muchas cosas, pero no puedo negar que chupa bien
un pene, y si piensa que la mantuve alrededor por otra razón, está
completamente equivocada.
—¿Maldición es en serio? ¿verdad?
—Ok, te daré una opción.
Los otros chicos se quejan porque a ellos no les dieron opciones. Mason
levanta su ceja, esperando escuchar lo que Ethan va a decir, pero por la
malvada sonrisa en los labios de Ethan, no creo que le vaya a gustar lo que
va a decir.
—Chelsea o… —juro que todos sostienen su respiración, no más que
Mason mientras esperamos—. Camila.
—Jódete, idiota —Mason se molesta—. Me quedaré con Chelsea.
—Pensé que lo harías.
Ethan se ríe mientras Mason pone mala cara y lo golpea en el hombro.
—Es solo diversión, hermano.
—Jódete, no me llames hermano. —Mason se levanta y camina molesto
hacia la hielera por otra cerveza.
—¿Le creció una vagina o qué?
Unas cuantas personas se ríen, pero en su mayoría el comentario de
Ethan es ignorado.
—Solo nos quedas tú, capitán.
Mantengo mis ojos en la multitud, viéndolos reír y bailar, eso es hasta
que mis ojos se enfocan en la pareja bailando y mi enojo comienza a hervir
de nuevo. Justo en el medio está Shane y está bailando con ella. Era obvio
que estaba interesado cuando la vio por primera vez, pero la manera que sus
manos están actualmente descansando en sus caderas y la mirada en sus
ojos me molesta. Ya debería de ser de conocimiento común que está
prohibida. Si alguien va a poner sus manos en ella, seré yo.
Mi gruñido de frustración sale más fuerte de lo que estaba anticipando,
y Ethan me mira antes de voltearse hacia la multitud.
—Thorn —prácticamente canta de lo emocionado que está y si no
estuviera tan distraído ante la visión frente a mí podría haber visto venir sus
siguientes palabras.
—Porque te gusta hacer más de lo que te toca, tienes a dos. Shelly —
dice, asintiendo hacia donde está haciendo shots con Chelsea. Me giro hacia
él, sus ojos oscuros y traviesos—, y Amalie.
Estoy a punto de preguntar quién demonios es cuando me doy cuenta.
Mis ojos la encuentran en la multitud, pero esta vez no solo está bailando
con Shane porque mientras sus caderas se mueven contra las suyas, me está
mirando fijamente.
—Reto aceptado, idiota. Reto. Aceptado.
CAPÍTULO DOCE
AMALIE
M ientras el alcohol comienza a hacer efecto, me doy cuenta que no es
la peor idea que he tenido. Ha pasado mucho tiempo desde que he
tenido una noche donde he sido capaz de realmente olvidar todo y
solo ser yo. Camila tuvo razón de arrastrarme aquí.
Le sonrío a Shane mientras bailamos juntos, aun no del todo feliz por la
lujuria que encuentro en sus ojos verdes. No tengo intención de llevarlo a
pensar que algo pasará entre nosotros, pero mi cuerpo no puede evitar girar
con el suyo al ritmo de la música.
El pánico que me consumió en el momento que mis ojos encontraron
los de Jake cuando llegué casi ha sido remplazado con gozo, lo cual es un
sentimiento extraño después de todo este tiempo.
La canción cambia y Shane me gira, así que mi espalda está contra su
frente. En cuanto levanto la mirada lo encuentro de nuevo. Su grupo ha
puesto el campamento ligeramente arriba en la playa así pueden mirar hacia
abajo a los plebeyos como si fueran dueños del lugar.
Sus ojos se entrecierran y bajan a donde Shane está sosteniendo mis
caderas y jalando mi cuerpo alineándolo con el suyo. Fuego quema en lo
mas profundo de su mirada y mi corazón comienza a palpitar. No soy
bienvenida en esta fiesta, eso fue obvio desde que llegó. Estoy sorprendida
que he durado tanto, pero observando el desprecio en su cara en este
momento, temo que mi tiempo aquí se haya terminado.
—Necesito algo de tomar —digo, descansando mi cabeza hacia atrás
contra el hombro de Shane.
Decepción está escrita en toda su cara, lo cual prueba que necesito
poner espacio entre nosotros. Relajarme y divertirme es una cosa, pero es
un chico dulce y no quiero hacerlo creer que esto es más de lo que alguna
vez será.
—Necesito ir al baño.
—¿Necesitas que sostenga tu mano o qué? —dice Camila con una risa
donde está frotándose contra Noah, sus ojos brillantes con el alcohol que ha
consumido.
—No, pero ¿dónde están los retretes?
—Es la playa. No hay ninguno.
—Entonces donde vamos a…
—Solo ve entre los árboles y haz lo tuyo.
—¿Los árboles? —Miro hacia donde la playa termina y lo verde
comienza.
—Realmente este es un mundo diferente para ti ¿verdad?
No tengo la oportunidad de responder porque Noah atrae su atención de
vuelta hacia él y mete su lengua en su boca.
Negando con la cabeza, camino pasando a los otros chicos quienes están
demasiado ocupados disfrutando para mirarme.
El instante que entro en el área de los árboles, oscuridad me rodea.
Sacando mi teléfono de mi bolsillo trasero, prendo la linterna y la uso para
guiar mi camino hacia lo más profundo del matorral. Podría ser algo
extremo pero la última cosa que necesito es alguien tropezando conmigo a
media orinada.
Una vez que estoy segura que dejé a los fiesteros atrás, encuentro un
lugar detrás de un árbol y hago lo mío.
No es hasta que estoy caminando de regreso a la playa que un ruido o
más bien un gemido, me detiene en seco.
Sabiendo que necesito alejarme de aquí antes de verme como una rara,
continúo hacia adelante pero antes de encontrar la playa, me tropiezo con el
dueño del gemido.
Un chasqueo fuerte suena cuando me paro en un palo y sus ojos voltean
a los míos. La ira que estoy acostumbrada a ver está ahí, pero es rebasada
por el deseo. Sus labios llenos están ligeramente abiertos y su pecho
desnudo está agitado. Cuando bajo mis ojos, encuentro a una rubia
arrodillada con su cabeza subiendo y bajando mientras su teléfono está en
su mano como si estuviera filmando el evento.
Mi estómago se retuerce en pánico. Realmente no necesito estar parada
aquí.
—Lo siento mucho —murmuro dando un paso hacia atrás pero
claramente no piensa lo mismo porque cuando me muevo, grita.
—Detente.
Sin ninguna instrucción de mi cerebro, mis piernas se congelan, pero
mantengo mis ojos hacia abajo, no queriendo entrometerme en lo que
debería de ser un evento privado.
El movimiento que puedo ver por la periferia de mis ojos me indica que
la chica no ha parado. «Debe de estar disfrutándolo más que él», pienso y
tengo una batalla interna sobre qué hacer. Debería correr, eso sería lo más
sencillo por hacer, pero hay algo sobre su voz de mando que me obliga a
quedarme completamente quieta y esperar a saber qué es lo que quiere.
—Mírame.
Con aprehensión, mis ojos se levantan hasta que encuentran su mirada
atormentada. Me detiene en el lugar con sus ojos llenos de odio, y mientras
mi cerebro me grita que me mueva, que corra, que haga algo. Mi cuerpo se
queda exactamente donde está, fascinado, mientras el placer inunda su cara.
Sus ojos se entrecierran y oscurecen aun más, si eso es posible, su barbilla
cae y el sonido más erótico que he escuchado sale de sus labios.
Clavo mis dientes en mi labio inferior mientras miro el show. Estoy más
interesada en mirar de lo que debería de estar. El calor corriendo por mis
venas me molesta porque el chico que estoy actualmente mirando como si
fuera la cosa más fascinante del planeta me odia. Pero no puedo dejar de
mirar ya he llegado hasta este punto.
Con su mano en el cabello de la chica, la empuja hasta que cae al piso.
Hago un gesto de dolor, pero a ella no parece importarle. Para cuando se
gira hacia mí, ha acomodado de vuelta sus pantalones y cualquier placer
que estaba en su cara se ha ido. Es rígida de nuevo con el músculo en su
mandíbula sacudiéndose en ira.
—Lo disfrutaste ¿verdad? Viéndome tener mi pene succionado. Con
suerte eso te dará algunos tips porque eres la siguiente. Aunque, dudo que
necesites lecciones, chicas tan hermosas como tú siempre están en casa
arrodilladas.
—Jódete —digo, tomando un paso hacia atrás cuando entra en mi
espacio personal.
—Ni que tuvieras tanta suerte. No cojo a putas.
Mi respiración se detiene al mismo tiempo que mi espalda choca contra
un árbol.
—No hables de mí como si me conocieras. No es así.
—Sé muy bien como las mujeres como tú operan, lo que hacen para
obtener lo que quieren. Me da asco y tengo la intención de probarlo.
Su cuerpo se acerca más acorralándome contra el árbol. Mi corazón
retumba en mi pecho, miedo haciendo que mis manos tiemblen, pero me
niego a acobardarme ante este idiota. No tiene ni una maldita idea de lo que
está hablando.
—Tengo planeado mostrarle a toda la maldita escuela la puta tan poco
confiable que en realidad eres.
—¿Cuál es tu maldito problema? No he hecho nada.
—Aun no, no lo has hecho. Pero lo harás. Chicas como tú
eventualmente muestran su verdadero ser.
—No…
Inclinándose hacia adelante, su pecho roza con mis senos y mi
respiración se detiene con la sensación.
—Ves, lo estás haciendo ahora.
Mueve su pecho otra vez y mis pezones se endurecen con la fricción.
—Ahora mismo harías lo que sea para salirte con la tuya. Tu cuerpo lo
está deseando.
—Veta a la mierda.
Mi mano se eleva para abofetearlo, pero la atrapa y sus dedos calientes
aprietan mi muñeca tan fuerte que juro que me dejará una marca.
Sus dedos agarran mi barbilla, haciendo que mis labios hagan un
puchero. Sus ojos llenos de odio penetran los míos antes de que caigan a
mis labios. Su lengua se desliza a través de su labio inferior como si
estuviera considerando su próximo movimiento. Mi corazón continúa
palpitando tan fuerte en mi pecho que mi cabeza comienza a sentirse algo
mareada.
Moviéndose a un costado se inclina, su aliento caliente cosquillea mi
oído.
—No, pero te voy a quebrar. Te mostraré exactamente lo que eres.
En el instante que sus últimas palabras están fuera de su boca, me suelta
y retrocede en las sombras. No pierdo nada de tiempo y corro en dirección
de la playa. Mis pulmones arden por aire y mis piernas están temblorosas
para el momento que pongo un pie en la arena, pero en vez del escape que
estaba esperando, me estrello contra una pared sólida.
Un par de manos grandes caen en mi cintura para estabilizarme, pero
lucho para alejarme pensando que él me ganó a salir de entre los árboles.
—Amalie, está bien.
La voz es desconocida pero amable, tiene el efecto deseado porque dejo
de luchar. Eso es hasta que levanto la vista y me encuentro con la mano
derecha de Jake, Mason. Entonces me alejo de sus manos y toma un paso
gigante hacia atrás.
—¿Estás bien?
Parece preocupación genuina en su cara, pero sabiendo que es amigo
del idiota que dejé atrás dudo que en verdad le importe.
—Estoy bien. Gracias.
Mi voz es dura y fría y sus ojos se entrecierran.
—¿Algo te pasó allí?
—No, nada. Solo fui a orinar.
Una sonrisa sacude sus labios.
—¿Por qué no usaste los retretes?
—¿Retretes? —Murmuro—. Pero Camila dijo… —me detengo cuando
su cara completa se retuerce como si tuviera dolor.
—Era una broma —la voz de Camila se escucha ligeramente
arrastrando las palabras detrás de él.
—Oh.
—Amalie, por favor dime que no fuiste… —sus palabras tambalean
cuando ve a Mason parado a mi lado.
—¿Qué le dijiste? —grita.
—¿Yo? No he hecho nada. No fui quien la mandó a los árboles a que
usara el baño.
—Pensé que sabía que estaba bromeando. Nos estacionamos al lado de
los baños.
—Bueno, ella no lo sabía.
Mason avanza hacia Camila, podría cortar la tensión entre ellos con un
cuchillo mientras se miran el uno al otro, ambos negándose a retroceder.
Eso es hasta que alguien más aparece de entre los árboles. Miramos
mientras Jake sale de la oscuridad con su pavoneo usual y su aura general
de odio rodeándolo. Ambos Camila y Mason miran entre él y yo.
Prácticamente puedo escuchar sus pensamientos corriendo a una milla por
minuto en sus cabezas.
Jake los ignora a ambos y camina hacia mí. Sus ojos recorriendo el
largo de mi cuerpo antes de que sus manos se deslicen en mi cabello y su
mejilla áspera roce contra la mía.
—Cuídate la espalda, británica.
Para nuestros espectadores, podría verse como un movimiento íntimo,
pero la realidad de la situación es muy diferente.
Retrocede casi inmediatamente, me guiña el ojo y comienza a caminar
de espaldas, sin quitar sus ojos de mi cuerpo hasta que es forzado a mirar
por donde va. Sé el momento que sus ojos ya no me ven porque el
hormigueo que estaban siguiendo su mirada se desvanecen
instantáneamente. Me digo a mí misma que es el odio ardiente proviniendo
de él lo que lo ocasiona, pero después de tener su cuerpo duro y caliente
presionado contra el mío, sé que ese podría no ser el caso. Jake Thorn
puede ser un bastardo, pero es una maldita hermosura siéndolo, y todo lo
que mi cuerpo ve es el suyo ardiente.
—¿Qué mierda fue eso? —pregunta Camila, Mason está demasiado
ocupado estudiando mi reacción para decir algo.
—No fue…nada.
—¿Nada? ¿Qué demonios pasó ahí?
—No pasó nada. Solo fui a orinar, eso fue todo. Si me hubieras dicho
donde estaban los retretes en primer lugar, no hubiera ido allá.
—Lo siento. Pensé que sabías que estaba bromeando.
Camila luce horrorizada de que de verdad la escuché y fui ahí, pero en
realidad, ¿Por qué no habría de creerle? No me dio ni una razón de pensar
que era una broma.
—Necesito algo de tomar.
Caminando entre ellos, marcho de vuelta hacia la fiesta y agarro dos
botellas de cerveza de la hielera.
Casi he terminado con la primera cuando siento su presencia detrás de
mí. —Amalie, lo siento mucho. No pensé que…creí que habías visto los
baños.
—Está bien, de verdad. Nada de eso fue tu culpa.
—¿Qué pasó?
—¡Cinco minutos! —grita alguien del otro lado del grupo y aclamación
estalla de la multitud, pero en ningún momento Camila quita sus ojos de los
míos.
—¿Están listas? —pregunta Noah. Cuando levanto la mirada, encuentro
a Shane a su lado, sus ojos iluminados con emoción y probablemente
demasiado alcohol.
—¿Listas para qué?
—Te va a encantar. —Camila prácticamente salta en sus talones.
De verdad espero que sea más placentera que su última “sorpresa.”
CAPÍTULO TRECE
JAKE
E n el momento que vi el miedo en sus ojos cuando nos encontró, casi
me vine en la garganta de Shelly. Su aparición en ese instante no pudo
ser más perfecta si lo hubiera planeado yo mismo.
Mi pene se sacude en mis pantalones cuando pienso sobre la manera en
la que sus ojos cayeron a mi pecho y recorrieron mis abdominales. Podrá
odiarme después de lo que le hice, pero maldita sea si no deseó ser Shelly
en ese momento. Y maldición si no quería eso también. El pensamiento de
que fuera su garganta la que estaba castigando hace que mi pene llore de la
emoción. Podré querer destruirla, pero mierda si no quiero disfrutar el viaje
y eso ciertamente conllevará a tenerla en sus rodillas, lo puedo garantizar.
La dulce esencia de su perfume mezclado con el miedo en sus ojos era
exactamente lo que necesitaba para alimentar la furia que llena mis venas
cada vez que la miro y recuerdo exactamente lo que representa. Mujeres
débiles y hermosas usaran lo que dios les dio para obtener lo que sea que
quieran sin importar a quien arrollan o abandonan en el proceso.
Mis puños se aprietan con la necesidad de tener su cuerpo inmoral y
delgado presionado contra el mío de nuevo así puedo mostrarle que su
atractivo no la llevará a nada aquí. «Estás cayendo en su trampa», una
pequeña voz grita dentro de mí, pero la ahogo con otro trago de cerveza. No
estoy cayendo en nada. Le enseñaré a esa zorra una lección. Obtendré
venganza por lo que otra versión me hizo hace años atrás.
—¿Qué demonios? —pregunta Mason, cayendo a mi lado.
—¿Qué?
—No te hagas el tonto. ¿Qué pasó con Amalie en los árboles?
—¿Qué crees que pasó? Y para que quede claro, succiona como una
maldita aspiradora.
Sus ojos se entrecierran y sus dientes rechinan.
—Estás hablando pura mierda, no es una de ellas.
Señala hacia la mayoría del equipo de porristas quienes bajarían sus
pantaletas con una sola mirada.
—No hay manera de que lo hizo por voluntad propia.
—¿Quién dijo que estuvo dispuesta?
—¿Qué diablos pasa contigo? Este no eres tú, hermano.
—Este soy yo haciendo lo que se necesita hacer.
—Hemos sido amigos desde que estábamos en pañales, Jake. Si piensas
que no puedo ver lo que está pasando aquí, que no puedo ver exactamente
lo que ves cuando la miras, entonces eres un verdadero idiota. Tus
problemas no tienen nada que ver con ella, no es a quien necesitas castigar
por como tu vida terminó. Ya ha pasado por demasiada mierda por su
propia cuenta, lo último que necesita es que la acoses. Detente ya maldita
sea.
Parándome, necesitando hacer algo para sacar la tensión tomando
control de mi cuerpo, lo miro.
—¿Qué diablos, Mase?
Mis músculos se aprietan mientras lucho contra la necesidad de borrar
de su maldita cara la advertencia que me está dando. Mejores amigos o no,
no tiene derecho de decirme esa clase de mierda. Parándose en la arena, me
mira directo a los ojos, provocándome.
—Vamos, golpéame. Descarga tu ira en mí, mejor yo que ella.
—¿Por qué demonios la estás defendiendo?
—Porque no ha hecho nada más que tener su propia vida arrebatada. No
pretendas como si no supieras exactamente lo que les pasó a sus padres. De
verdad crees que te necesita acosándola solo porque desafortunadamente se
parece un poco a…
—No lo digas. No lo digas.
Estoy directamente en su cara, nuestras narices a solo un respiro de
distancia. Un golpe de mi parte y el marica estará en el piso como una
piedra y lo sabe, pero aun así se para frente a frente defendiéndola.
Mi pecho jadea, mis manos se aprietan, pero de alguna manera logro
mantenerlas a mis costados.
—¿Cómo estaba Camila? —pregunto a través de dientes apretados
recordando que estaban parados juntos.
—Jódete.
—Na, está bien. Debería irme y encontrarla, apuesto que necesita una
buena cogida porque ese maldito con el que está claramente no es capaz.
No anticipo su puño, pero por supuesto que lo siento cuando se estrella
con mi mandíbula. Sabía que mencionar a Camila lo alteraría justo como a
mí.
—No te atrevas a acercártele.
—¿O qué?
Su puño me golpea de nuevo, pero en ningún momento contraataco.
Necesito esto. Necesito el dolor.
—¿Qué mierda? —grita Ethan, quitándome de encima a Mason.
—No es nada —murmuro, escupiendo la sangre que está llenando mi
boca por la cortada que está haciendo que arda mi labio.
—No parece como si fuera nada.
Su mirada revolotea entre los dos, asegurándose de que no volveremos a
pelear en el momento que se aleje.
Mason se encoge de hombros inspeccionando sus nudillos y
marchándose para ir a encontrar más cerveza. Sabía que mencionar a
Camila era una movida idiota. ¿Pero qué puedo decir? Soy un idiota.
—¿Cómo te va con tus chicas? —pregunta Ethan después de que ambos
observemos a Mason alejarse.
—Listo.
—¿Ambas?
—Ambas —confirmo.
—Wow, pensé que Amalie iba a ser un reto demasiado grande para ti,
Casanova.
—¿Qué puedo decir? Las chicas no se pueden resistir.
—Te estás engañando.
—Me importa una mierda. Obtuve algo. ¿Y tú?
—Aún estoy trabajando en ello.
Después de que nos dio todos los nombres, Rich, otro chico del equipo
le dio a Ethan un reto casi imposible con su chica. No hay manera que
obtenga algo de ella esta noche.
—¿Estás listo? Ya casi es tiempo.
—Siempre estoy listo.
Ethan se ríe y ambos ponemos nuestras cervezas en la arena,
alistándonos para movernos.
Alguien grita la señal y cada cuerpo en la playa comienza a moverse.
Ropa es tirada en todas las direcciones, algunos más que otros dependiendo
de qué tan valientes son y comienzan a moverse hacia la playa.
Quitándome mis jeans, mantengo una mano en mi paquete mientras
continúo observando a los estudiantes bajando hacia la playa. Mis ojos la
encuentran inmediatamente, no es que sea difícil con su cabello rubio
platinado. No puedo alejar mi mirada mientras observa lo que los demás
están haciendo a su alrededor antes de tomar la parte de abajo de su
camiseta, quitándosela de su cuerpo delgado. Aun desde aquí puedo ver que
su piel pálida es perfecta como esperaba que lo fuera. Sus pechos pequeños
y parados están cubiertos con dos pequeños triángulos negros de tela que se
atan detrás de su cuello y su espalda. Mis dedos hormiguean con lo fácil
que será removerlo de su cuerpo. Desabrochando el botón de su pantalón,
los empuja hacia abajo por sus piernas, inclinándose para liberar sus pies, la
visión de su trasero apenas cubierto tiene a mi pene amenazando con
ponerse completamente erecto. Necesitando una distracción antes de que mi
necesidad sea obvia para los que nos rodean, sigo a todos y salgo corriendo.
La Fiesta de Medianoche es una prueba de valentía y coraje. Aquellos
que quieran probarse a sí mismos se desnudan por completo y corren con
todo hacia el mar. Como es de esperarse, la mayoría de los chicos se quitan
todo mientras que Chelsea y sus amigas zorras se desnudan y muestran todo
lo que tienen como putas desvergonzadas.
Tristemente, el agua no es lo suficientemente fría para apaciguar la
imagen de su trasero que aun está grabada en mi cabeza.
—¡Mierda! —alguien chilla detrás de mí cuando comienzan a salpicar,
la gente ríe y tontea.
Me paro con el agua hasta la cintura y miro sus payasadas
repentinamente sintiéndome desanimado sobre esta noche y el año por
venir.
—Esto es estúpido —murmuro a Mason cuando se acerca.
—¿Verdad que sí? ¿Quieres ir por una cerveza?
—Tengo una idea mejor.
Me mira nerviosamente, pero siendo el amigo leal que es, asiente con la
cabeza y me sigue fuera del agua, dejando al resto de nuestra clase detrás
para que disfruten.
CAPÍTULO CATORCE
AMALIE
—¿D ónde demonios está nuestra casa de campaña? —se queja Camila
una vez que hemos regresado para secarnos.
El espacio a un lado de la casa de campaña de los chicos donde
armamos la nuestra, está completamente vacío.
—No lo haría, ¿o sí?
No tengo la intención de decir las palabras en voz alta, pero me doy
cuenta que lo hice cuando Camila, Noah y Shane voltean a verme.
—¿Quién? —pregunta Camila, pero por sus ojos entrecerrados hacia el
equipo de fútbol americano, sé que no necesita que conteste la pregunta.
—Los voy a matar.
Camina con pasos largos hacia donde están sentados alrededor
bebiendo, en su mayoría con el equipo de porristas en sus regazos.
—Nena, espera —dice Noah apresurado, tomando su brazo y jalándola
de regreso.
—El que vayas y hagas una escena es exactamente lo que quieren. No
alimentes a los animales.
—Pero tienen todas nuestras cosas, nuestra ropa, nuestra ropa interior.
Los dientes de Noah rechinan, pero no suelta su agarre de su novia.
Acercándose a ella, le susurra en el oído lo suficientemente bajo que no
puedo entender las palabras. Cuando se aleja, ella lo mira por unos
segundos, un argumento silencioso pasando entre ambos, pero
eventualmente, sus hombros caen y dice: —Está bien. Pero los haré pagar
por esto.
—Toma —dice Shane, pasándome su toalla así puedo secarme.
Dudo en tomarla, consciente de que no quiero que piense que hay más
en esto, pero en realidad, no tengo muchas opciones en este momento.
—Pueden quedarse con nosotros. La nuestra es para cuatro personas,
habrá mucho espacio.
La emoción que brilla en los ojos de Shane hace que mi estómago se
retuerza con temor. Realmente no lo quiero herir, parece que es uno de los
chicos buenos, a pesar de estar con el equipo de fútbol.
—Creo que mejor debería irme a casa.
—¿Qué? No. Noah tiene razón, eso significaría que ellos ganan y no
voy a perder contra esos idiotas.
—Lo entiendo, Camila, lo hago. Pero no necesitas pelear esta batalla
conmigo. Me puedo ir, y puedes continuar como si no hubiera estado aquí,
trayendo este drama a sus vidas.
—¿Ya terminaste?
Se para frente a mí, sus manos en sus caderas, su cabeza hacia atrás así
puede mirarme directamente a los ojos.
—No vas a ningún lado. Te invité porque te quiero aquí, nosotros te
queremos aquí. Que se jodan ellos y sus juegos infantiles. Vamos a
mostrarles que estás echa de cosas más fuertes que esas. Sé que lo tienes en
ti porque no estarías aquí en este momento si no lo tuvieras.
Tiene razón, sé que la tiene, pero eso no me detiene de querer correr a
casa y esconderme bajo mi edredón del idiota que está tratando de arruinar
mi vida más de lo que ya lo está.
—Vamos, toma una bebida y vamos a tratar de disfrutar el resto de la
noche —incentiva Noah, dándole a Camila una de sus camisetas.
Cuando giro a mirar a Shane, también está sosteniendo una camiseta
para que la use. La tomo, agradecida que no tengo que pasar la noche en mi
bikini, pero cuestiono mi decisión de ponérmela cuando me doy cuenta que
es su camiseta de fútbol americano con su número en la espalda. No sabré
mucho sobre las preparatorias americanas pero una cosa que sí sé es que el
darle a una chica tu número es una gran cosa.
—¿No tienes algo más?
—Es la única que tengo limpia.
Después de unos pocos segundos de mirarlo y con un poco de
motivación de Camila, la paso por encima de mi cabeza, sintiéndome mejor
casi inmediatamente por tener algo de piel cubierta. Mi bikini de tiras puede
ser enorme comparado con lo que las otras chicas están o no están usando,
pero eso no quiere decir que estoy cómoda con tener tanta piel expuesta.
Podré haber crecido en la industria de la moda y alrededor de modelos
quienes están más que felices de posar en casi nada, pero esa no soy yo.
Prefería esconderme detrás de la cámara con mi papá, que en frente y en el
centro de atención con mi mamá.
Con el gigante número noventa y nueve de Shane en mi espalda, me
siento en la arena con los otros y acepto la botella de cerveza que me dan.
No tenía expectativas de lo que pasaría esta noche. Maldición, no tenía
idea de lo que iba a pasar considerando que Camila mantuvo los detalles en
secreto de mi en su intento de aumentar mi emoción, pero puedo decir
honestamente que no esperé nada de esto.
Mientras miro alrededor a los estudiantes aun salpicando en el mar, los
que están en pareja y rodando en la arena, y luego la fiesta separada que el
equipo de fútbol americano parece estar teniendo más lejos en la playa, me
pregunto cómo esto se convirtió en mi vida.
Aun cuando me pasó a mí, es difícil de creer que tu vida puede cambiar
en un parpadeo. Los amigos que pensé tener en Londres que serían mis
amigos de toda la vida ya casi no están. Incluso Laurence, el chico con el
cual pensé que tendría un futuro no me ha contactado en semanas. Mientras
estoy aquí comenzando una nueva vida, ellos están aventurándose en las
suyas, en las universidades de su elección y continuando con su vida…sin
mí. Duele que ya hayamos perdido contacto, pero realmente no esperé que
pasara de otra manera. Solo puedo esperar que los chicos que me rodean
ahora puedan ser un poco más leales, o al menos quedarse lo suficiente para
ayudarme a pasar los siguientes meses mientras me asiento y con suerte
encuentre mi lugar. Si no lo hacen y cualquiera que sea esta cosa con Jake
se vuelva demasiado, entonces no estoy segura de cómo luzca mi futuro.
Siempre he sido el tipo de persona que mira hacia adelante y ve lo
positivo de las cosas, pero mientras me siento aquí reflexionando, no puedo
evitar pensar por primera vez en mi vida que el ir hacia atrás es seriamente
una posibilidad.
—Oye —dice Camila, ligeramente dándome un codazo en el brazo para
sacarme de mis pensamientos—. ¿Todo bien?
—Claro.
—Realmente lo siento sobre lo de antes. El chiste me salió
contraproducente.
—Está bien.
Ya se siente como si hubiera pasado hace una vida.
—Ten, toma un trago y ven a bailar conmigo, se supone que esta es una
fiesta.
Tomando el vaso de plástico de su mano, me lo tomo de un sorbo y le
permito que me levante de la arena. Caminamos hacia la pista de baile
improvisada, con Noah y Shane tras nosotras.
Un escalofrío recorre mi cuerpo cuando miro por encima de mi hombro,
encuentro exactamente lo que estaba esperando. Sus ojos en mí.
Ignorándolo, me giro hacia mis nuevos amigos, pongo una sonrisa en mi
cara e intento hacer exactamente lo que debería de estar haciendo, disfrutar.
CAPÍTULO QUINCE
JAKE
P arecía una buena idea en mi cabeza, pero ahora que estoy sentado aquí
viéndola usar su camiseta con su maldito número, me doy cuenta de
mi error.
Algo posesivo que no quiero identificar se asienta incómodamente en
mi estómago y causa que mis músculos se tensen. La necesidad de ir y
arrancar ese maldito pedazo de tela de su cuerpo delgado ocupa toda mi
atención. Mis dedos rodean la botella en mis manos con una fuerza casi
dolorosa.
—Qué demonios pasa… —Mason sigue mi línea de visión—. Oh.
—Sí, maldito oh.
—Te dije que era una mala idea.
—Esperé que perdieran la cabeza no que siguieran como si no les
importara.
—Nunca puedes predecir a las chicas, hermano. Debiste de haber
aprendido eso ya.
Mis dientes rechinan, usualmente puedo predecir perfectamente a las
chicas como Chelsea y Shelly, casi siempre hacen lo que espero. Pero la
chica nueva, es diferente. Sí, hay temor en sus ojos cada vez que me acerco
demasiado, pero no se aleja. No tiene miedo de ponerse frente a frente
conmigo y pelear por lo que cree que es correcto.
«Tal vez ella tiene razón», dice una pequeña voz en mi cabeza. Que
importa si se parece a la perra que me abandonó, no significa que sea como
ella.
Tomándome la cerveza que está en mis manos, me estiro por otra,
necesitando ahogar pensamientos estúpidos como esos. El odio y la ira han
estado supurando dentro de mí por años, ahora no es el momento de
comenzar a cuestionar mis intenciones. La frustración que estoy sintiendo
necesita llevarme hacia adelante, no volverme en un maldito cobarde.
—Tenías razón sobre Chelsea —dice, dejándose caer a mi lado.
—¿Oh si?
—Como una maldita aspiradora.
Echando mi cabeza hacia atrás, me rio de la mirada de sorpresa en su
cara.
—Te dije que era buena.
—Creo que pudo haber arruinado las mamadas para mí. Nadie más se
va a comparar con eso.
—¿Qué estás diciendo? ¿Vas a asentarte con la perra?
—¿Después de que ha tenido la mitad de los penes de la escuela en su
boca? Nah, estoy bien gracias. Necesito pensar una manera de cómo
encontrar una chica buena que pueda succionar así.
Negando con la cabeza a sus nobles intenciones de encontrarse una
buena y linda novia, me detengo de señalar que probablemente deberá dejar
de actuar como un perro para que eso pase. Todas las chicas buenas lo van a
rechazar justo como él lo está haciendo con Chelsea.
—Realmente no la tuviste de rodillas en los árboles antes, ¿verdad? —
asiente hacia donde ella está bailando con Shane y mi corazón se aprieta
dolorosamente en mi pecho.
—No soy de los que besan y cuentan, Mase.
—Solo porque no las besas, pero siempre te succionan y cuentas.
Encogiéndome de hombros, lanzo una mirada a los otros, buscando a
algunas chicas a las cuales mirar que no hagan que quiera matar a alguien.
—Nada que decir. Me chupó, me vine. Reto terminado.
—Mentiras. No te tocaría ni con un palo de diez pies de largo después
de la manera que la has tratado. Y siendo honesto, no la culpo.
—No necesito tu opinión sobre esto. Seguramente tienes suficiente con
tus propios problemas que preocuparte sobre lo que estoy haciendo.
Después de todo, tu chica succionara su pene esta noche en vez del tuyo.
—No es mi maldita chica.
—Exacto, y ese es el problema, ¿no? —suelta una exhalación calmante.
Debería de ser suficiente para dejar de provocarlo, pero estoy en modo
idiota por completo esta noche.
—Ni siquiera sé lo que le ves. Ella no es nada especial.
Vuelve sus ojos homicidas hacia mí, están casi negros con su ira. Por un
segundo creo que va a golpearme de nuevo. Pero en el último minuto, tira
su botella de cerveza en la playa y se levanta.
—Jódete, Jake. Jódete. Cuando todo esto te explote en la cara no vengas
arrastrándote hacia mí.
Se va molesto, uniéndose a los otros chicos del equipo. Mis ojos se
entrecierran en la camiseta de los Rosewood Bears debajo de mí, y la furia
llena mis venas. Todo esto es su culpa. Mi vida estaba…bien antes de que
ella mostrara su cara. Ahora no puedo escapar de la ira de mi pasado como
alguna vez fui capaz de hacerlo y mi mejor amigo de la infancia acaba de
darme la espalda.
Todo. Es. Su. Culpa.
Y me aseguraré que lo sepa.
CAPÍTULO DIECISÉIS
AMALIE
L a luz brillante del amanecer se filtra a través de la tela delgada de la
casa de campaña y cuando vuelvo en sí, me doy cuenta que estoy
acalorada y bastante incómoda. Tratando de moverme, pronto
encuentro el porqué. Shane está enredado a mí alrededor como una maldita
serpiente, su brazo cayendo sobre mis costillas, el peso causando un dolor
por mi pecho. El piso en el que estamos, después de darles el colchón
inflable a Camila y Noah es sólido, y tengo un bulto de arena presionando
contra mi cadera.
Haciendo lo posible para deslizarme de su agarre, mi trasero roza contra
su entrepierna. Un gemido bajo retumba en su garganta, su longitud crece
contra mí y su brazo se aprieta. Entro en pánico. No quiero que despierte y
nos encuentre en esta posición. Cada vez que lo miro, sus ojos se oscurecen
con deseo que tiene a mi estómago hecho nudos por todas las razones
erróneas. Lo último que necesito es que piense que quiero esto.
Una vez que creo que se ha vuelto a dormir, trato de moverme de nuevo.
Bebió mucho más que yo anoche, casi todos lo hicieron. Estaba más
preocupada en mantenerme alerta por si Jake decidía acercarse de nuevo y
realmente terminar de arruinar mi noche. Afortunadamente, su mirada
enardecida desde el otro lado de la playa fue todo a lo que fui sujeta.
Debería ser cuidadoso, si fuera cualquier otra chica, podría comenzar a
pensar que su atención constante significa algo más que odio. Digo, ¿quién
en su sano juicio pasa toda la noche mirando a la chica que supuestamente
odia tanto cuando podría estar divirtiéndose con sus amigos? Jake Thorn, él
lo hace.
Un escalofrío baja por mi columna de solo pensarlo.
Sintiéndome segura, intento levantar el brazo de Shane, pero me
detengo en el momento que escucho su voz susurrante.
—¿Qué estás haciendo? Vuelve a dormir.
Dejando caer su brazo una vez más, me jala apretándome más hacia él.
Cada músculo de mi cuerpo se tensa cuando su erección matutina se
presiona con más fuerza que antes contra mi trasero.
Nada sobre esto está bien, y solo prueba que nada pasará nunca entre
nosotros, no importa que tanto parezca que él lo quiera. Shane y yo estamos
destinados a ser solo amigos.
—Lo siento, realmente necesito orinar.
—¿En serio? ¿Ahora?
—En serio.
Me permite levantar su brazo y rápidamente me alejo de su cuerpo.
—Se rápida.
No respondo porque cualquier cosa que pueda decir para asegurarme de
que se quede en donde está sería una mentira.
No estaba mintiendo cuando dije que necesitaba usar el baño, pero no
tengo ninguna intención de regresar a esa casa de campaña.
Cerrando la cremallera, echo un vistazo alrededor de la playa y me
sorprendo. La fogata aun está brillando, y está rodeada con cuerpos
dormidos en diferente variedad de vestimenta y botellas vacías de cerveza.
Van a haber serias resacas cuando todos comiencen a despertar.
Jalando hacia abajo la camiseta de Shane, hago mi camino a través de la
arena y tristemente, en la dirección del equipo de fútbol así puedo utilizar
los baños. De ninguna manera voy a volver a esos árboles, especialmente
cuando el sol apenas está comenzando a salir.
Mis pasos se detienen cuando me acerco a un cuerpo familiar
durmiendo. Casi me rio en silencio cuando me doy cuenta que está mirando
hacia donde yo estaba. Maldito acosador.
Arriesgándome, me paro ahí por unos segundos observándolo. Luce
menos agresivo mientras duerme. Su casi constante ceño fruncido se ha ido
y su frente no está arrugada en ira. Luce normal, no…hermoso.
Sacudiendo los pensamientos locos de mi cabeza, bajo mi mirada,
asimilando su pecho esculpido y sus abdominales antes de que sus líneas en
V desaparezcan en sus jeans.
Su brazo tatuado se mueve y casi salto una milla. Mi corazón golpetea e
inmediatamente me alejo. Lo último que necesito cuando mi cabeza está
ligeramente palpitando por la cerveza de anoche y aun un poco dormida, es
tener que lidiar con un Jake con resaca.
Mis piernas se mueven por su propia voluntad y me encuentro a mí
misma prácticamente corriendo hacia los baños y lejos de cualquier peligro.
Como lo esperé, los baños están vacíos, aunque la evidencia de que
hubo una fiesta está por todos lados. Botellas y vasos de shot están por
todas las encimeras, además de maquillaje desechado y toallitas sucias, aun
cuando un bote de basura en perfecto estado está aquí debajo. No hay nada
que sugiera que fueron ellas, pero mi mente inmediatamente hace a Chelsea
y a su grupo de porristas responsables.
Sentándome en el inodoro, dejo caer mi cabeza en mis manos. No
planeo volver a la playa. Necesito encontrar una manera de llegar a casa y
lejos del desastre que este lugar será cuando todos comiencen a resucitar.
Dudo que la mayoría de la gente aquí se vayan a dar cuenta que me fui.
Me lavo las manos sin mirar al espejo, con miedo de lo que veré cuando
lo haga. Durante los últimos meses, he tenido que mirar mi reflejo roto y ya
he tenido suficiente de la mirada patética y triste en mis ojos que sé que ha
regresado. «¿Regresado?» No estoy segura si alguna vez se fue. Más bien
se transformó en un diferente tipo de miseria. Una donde casi he aceptado,
aunque no he lidiado, la perdida de mis padres, pero odio la vida a la que he
sido aventada. Oré que pudiera comenzar en Rosewood High, perderme en
el fondo, graduarme y seguir adelante. Pero parece que eso fue demasiado
pedir. Aunque puede que haya conseguido un par de amigos, he hecho un
peor enemigo y no le veo ganas de parar pronto. Está decidido a arruinar mi
vida aquí y algo me dice que no se va a detener hasta que obtenga lo que
quiere. La única cosa que puedo intentar hacer ahora es no demostrarle que
sus acciones y palabras viles me afectan.
Soy mejor que la persona amargada en la que me puede convertir. Mi
abuela merece que sea fuerte y no ponerle más drama sobre sus hombros.
Mis padres no esperarían menos de mí que reírme en la cara de ese idiota.
Me merezco más que esto.
Con mi cabeza en alto, salgo de los baños públicos con ganas renovadas
de vivir. El sol me hace estremecerme y me permito un par de segundos el
disfrutar su calidez en mi cara. No estoy acostumbrada a este tipo de clima
y espero que no sea algo que daré por sentado pronto.
Mirando hacia mis pies descalzos, tomo una respiración profunda y me
preparo para la caminata dolorosa hacia casa. Sé que debería de ir y
despertar a los demás con la esperanza de que me lleven a mi casa, pero el
pensamiento de que Shane me jale hacia nuestra pequeña cama y envuelva
sus manos a mí alrededor es suficiente para mantenerme en movimiento.
Realmente no quiero darle falsas esperanzas, pero parece que está
determinado en ver algo que no es.
No estoy cien por ciento segura del camino a casa, pero supongo que
mientras me aleje más de la playa comenzaré a reconocer cosas y
eventualmente lo averiguaré. Si no fuera tan temprano o si unos idiotas no
hubieran robado todas nuestras cosas, podría haber llamado a mi abuela
para pedirle ayuda, pero esa no es una opción.
Afortunadamente, es lo suficientemente temprano que casi no pasan
autos, y solo uno me ha tocado la bocina hasta el momento. Entiendo el
porqué, claramente estoy haciendo el camino de la vergüenza usando solo
una camisa deportiva de los Rosewood Bears que expone casi todas mis
piernas.
Un desconcertante escalofrío corre por mi columna reconociendo lo
estúpida que fue esta decisión. Esta ciudad es bastante tranquila, pero eso
no significa que no haya algún loco merodeando las calles y esperando que
su siguiente presa casi caiga en su regazo. Soy el blanco perfecto en este
momento.
El ruido ensordecedor de un motor alentándose detrás de mí vibra a
través de mi cuerpo y mi corazón comienza a palpitar más rápido.
Podría ser cualquiera, un violador, un asesino. Imágenes de lo que
pueda estar a punto de suceder aparecen en mi mente como todas las
películas que he visto a través de los años. Mis palmas sudan y mis
músculos se preparan para correr mientras el auto se vuelve más lento
detrás de mí.
Finalmente, mi miedo se vuelve demasiado y tengo que mirar por
encima de mi hombro. El momento en que el pasajero del auto se vuelve
claro, una risa sale de mis labios.
—¿Estás bromeando? —pregunto mientras continúo caminando.
—Entra, británica —grita Jake a través de la ventana abierta.
—Vete a la mierda.
—Entra. En. El. Maldito. Auto. Ahora.
—Vete. A. La. Mierda.
Sus fosas nasales se ensanchan ante mi resistencia y sus labios se
presionan en una línea delgada. Es sacudido hacia adelante cuando el auto
acelera y respiro un suspiro de alivio. Eso es hasta que el auto se detiene
abruptamente ligeramente en frente de mí y la puerta del pasajero se abre.
Girando en mis pies adoloridos, estoy a punto de correr, pero brazos
fuertes y tatuados se enredan alrededor de mi cintura. Me quedo inmóvil al
contacto y jadeo en sorpresa cuando la longitud entera de su cuerpo se
presiona contra mi espalda.
—Dije, que entres en el maldito auto —gruñe, su voz es aterradora.
Mi cuerpo tiembla, no hay manera de que pase desapercibido y me
maldigo a mí misma por permitirme que sienta mi miedo en este momento.
Antes de que pueda discutir, mis pies dejan el piso y soy cargada hacia
el auto donde Ethan mantiene la puerta trasera abierta para permitir que
Jake me aviente hacia adentro.
Chillo mientras vuelo hacia el asiento de piel, rápidamente moviéndome
para poder hacer mi escape antes de que el auto se mueva, pero cuando me
siento, encuentro a Jake mirándome intimidantemente. Sus ojos están
molestos y oscuros, pero hay una sonrisa engreída en sus labios.
—Déjame salir maldición.
—Amaneciste peleonera ¿verdad?
Su cabeza se ladea como si estuviera tratando de entenderme y maldita
sea si no lo hace lucir aun mejor. Calor se despliega en mi estómago cuando
intento quitarlo fuera del camino. Ve lo que estoy planeando y antes de
tener la oportunidad de hacer algo, se inclina dentro del auto, manos en el
asiento detrás de mí, acorralándome.
No dice nada por mucho tiempo. En vez de eso, sus ojos saltan entre los
míos antes de caer a mis labios. Me muerdo el inferior, mis uñas clavándose
en la piel del asiento debajo de mí.
—¿Cuál es tu maldito problema? —digo furiosa, esperando que me deje
tranquila y deje de mirarme como lo está haciendo ahora.
Una risita sin gracia sale de él.
—¿Mi problema? Tengo un millón de ellos, corazón. Pero en este
momento eres tú caminando sola a un costado del camino luciendo como
una puta que acaba de ser corrida después de una buena noche.
—Disculpa, ¿estoy bajando el nivel de clase del área? —pregunto, y por
el oscurecimiento de sus ojos y el rechinido de sus dientes, diría que solo
alimente su ira. Quiere que discuta, no sabe cómo responder porque
básicamente estoy de acuerdo con él.
—¿Tu noche con Dunn y su pequeño pene fue tan decepcionante que
tuviste que huir?
Todo el aire deja mis pulmones cuando se acerca, sus labios a solo
milímetros de los míos. Su esencia llena mi nariz y no puedo evitar
preguntarme como huele tan rico después de una noche en la playa. Mis
ojos se concentran en el moretón oscureciéndose en su mejilla y el corte en
su labio. Me pregunto, ¿Quién estuvo al otro lado de ese puño? Debieron de
haber hecho un mejor trabajo.
—¿Pasaste todo el tiempo pensando en mí? pensando como llenaría ese
coño al máximo y te daría más placer del que alguna vez conociste.
Mi estómago se retuerce y trato de convencerme que es de disgusto,
pero no soy estúpida y me odio por mi reacción hacia él.
—Déjame en paz.
Trato de mantener mi voz fuerte, pero ninguno de los dos nos perdemos
el quebrantar al final.
—No lo dices en serio. Veo la manera que tus ojos se dilatan cuando me
acerco. Quieres esto. Puedes odiarme como yo te odio, pero no puedes
negar que quieres que te coja.
—Aléjate de mí maldición.
Trato de nuevo, pero sé que es inútil. Mis palabras no significan nada
para él.
—El que te coja no va a lograr lo que quieres. Quieres placer, pero todo
lo que tengo para ti es dolor, nena.
—Suficiente, Thorn —dice Ethan desde el asiento frontal y Jake se aleja
un poco, permitiéndome tomar unos cuantos muy necesitados respiros.
—Dolor, británica —susurra amenazadoramente—. Dolor es todo lo
que tengo para ti.
Me estiro por la manija en el instante que azota la puerta, pero es inútil,
me han encerrado con seguro.
—¿A dónde me llevan?
—A tu casa —ruge Jake.
Quiero preguntar por qué. Si me odia tanto como continúa expresando,
entonces ¿por qué no dejar que me corte los pies en pedazos con el
pavimento? Pero mantengo mis labios cerrados y mis brazos cruzados sobre
mi pecho. Me recargo y veo el paisaje pasar mientras nos dirigimos hacia
mi casa.
—¿Cómo sabes dónde vivo?
No pensé en decirle mi dirección cuando Ethan movió el auto, pero
poco tiempo después se está deteniendo afuera de la casa de mi abuela.
—Sabemos todo lo que pasa alrededor.
—Claaaaaaro. Bueno, gracias por el aventón, supongo. Me gustaría
decir que fue un placer, pero…no lo fue.
—Debí haberte dejado para que te secuestraran —dice desde el asiento
del pasajero.
—Ignóralo —dice Ethan—. Tiene el síndrome premenstrual o algo así.
Una sonrisa casi llega a mis labios mientras abro la puerta. Contengo la
urgencia de agradecerles apropiadamente porque realmente sí me rescataron
cuando pudieron dejarme para que encontrara mi propio camino, pero en
vez de eso azoto la puerta y camino hacia el búngalo de la abuela.
De verdad no quiero tocar el timbre y despertarla, pero no sé otra
manera de entrar sin mis llaves. En serio no necesito todas las preguntas
que me hará con solo verme parada en frente de su puerta luciendo como lo
hago.
Con vergüenza, presiono mi dedo en el botón y el timbre suena a través
de la casa. Justo estoy comenzando a pensar que no la despertó cuando
movimiento en la ventana a mi derecha capta mí mirada segundos antes de
que la puerta se abra.
—Amalie, que… —Sus palabras son cortadas por el fuerte retumbar de
un motor detrás de nosotros. Sus ojos se levantan de los míos y sonríe
mientras el auto se aleja y desaparece por la calle.
—Siento mucho despertarte. Puedes volver a la cama.
—De todas maneras, ya estaba despierta. ¿Qué pasó? ¿Dónde está
Camila? ¿Por qué estás usando una camisa de los Bears?
—Primero necesito café —digo, cerrando la puerta detrás de mí y
dirigiéndome hacia la cocina.
CAPÍTULO DIECISIETE
JAKE
M i cuerpo supo el momento en que sus ojos estuvieron en los míos.
Fuego quemó en mi estómago y mi sangre se volvió lava bajo su
intenso escrutinio. Por más que quería abrir mis ojos y asustarla, mi
necesidad de saber qué demonios haría era más grande. Esperé que me
hiriera después de todo lo de ayer. No tengo la menor duda de que sabe que
fuimos nosotros quienes robamos su casa de campaña y todas sus cosas.
Para mi sorpresa, solo se quedó ahí mirando.
Frialdad me rodeó cuando eventualmente se alejó y supe que no podía
aguantarme más, tenía que verla.
Me arrepentí inmediatamente cuando mis ojos recorrieron sus piernas
largas hasta que encontraron la parte de abajo de su maldita camisa
deportiva que aun usaba. El fuego se propagó dentro de mí sabiendo que
pasó la noche con ella. Ese idiota debió de haber sido advertido de que
estaba prohibida, aun así, hace lo que quiere. Al igual que cuando pasa el
tiempo con sus amigos estúpidos en vez de con su equipo como el resto de
nosotros. Todos sabemos dónde está nuestra lealtad, ¿pero Shane Dunn?
Necesita que le den una maldita lección y tengo la munición perfecta. Tiene
una debilidad por la chica nueva y estoy a punto de usarla en su contra.
—¿Ahora a dónde? —pregunta Ethan después de que la observamos
entrar a la casa de su abuela.
El despertarlo y demandar que la siguiéramos probablemente fue un mal
movimiento, pero no pude ignorar el hecho de que la vi salir de los baños y
dirigirse hacia su casa usando solo esa maldita camisa deportiva y sin
zapatos. Podré querer herirla, pero estaré jodido si voy a permitir que algo
más le pase.
—Aces.
—¿Quieres regresar a la playa por Mason?
Pienso en nuestra discusión de anoche y sé que no vendrá. Dejó sus
sentimientos muy claros y aunque pueda doler, no me doblegaré ante él
ahora. Puede creer que sabe lo que es mi vida, lo que pasa en mi cabeza,
pero no sabe la mitad de ello. ¿Y que si sabe cuál es mi problema con ella?
Eso no significa nada.
—No, ya tiene planes.
—¿Quieres hablar de ello?
Mirándolo, levanto una ceja.
—Está bien. Está bien. Solo me estaba ofreciendo.
—Solo cómprame un café y estamos bien.
Dejándonos caer en nuestra mesa habitual, el silencio desciende
mientras esperamos a que venga la mesera.
—El juego de anoche fue épico.
Dios, ¿tan solo fue ayer? Haber estado en el campo se siente ya como si
fue hace millones de años atrás.
—Fue un gran comienzo para la temporada.
—¿Qué demonios, Thorn? Eres nuestro capitán. Nuestro mariscal de
campo. Deberías estar aun más emocionado sobre nuestra primera victoria
que el resto de nosotros.
—Estoy emocionado. Solo no quiero precipitarme. No es la primera vez
que los Bears han ganado el primer juego y caen derrotados poco después.
Solo voy a tomar cada partido a la vez.
—Lo entiendo, pero maldición, un poco de celebración no sería
inapropiado.
—No te molestes, Ethan. No te queda.
Me da el dedo medio cuando la mesera regresa con nuestro café.
—¿Cómo te fue con tu chica anoche? ¿Cedió al final?
—No.
Su punto se mantiene firme en su lugar.
—¿Tú?
O estaba demasiado borracho para recordar que me preguntó esto
anoche o legítimamente no me creyó.
—Sí, hombre. Sabes que siempre obtengo a la chica.
—¿Tuviste a la chica nueva en sus rodillas?
El shock en su voz debería ser suficiente para hacerlo que me cuestione,
pero él nunca lo hace.
—Algo así —murmuro, no queriendo mentirle en su cara.
—Maldicioooón. Eso definitivamente merece el desayuno.
Dos platos llenos de panqueques dulces y tocino salado son puestos en
frente de nosotros en el momento justo y se me hace agua la boca.
—¡No viniste a casa anoche! —grita mi tía desde el patio mientras me
dirijo hacia mi puerta frontal.
—¿Y? —grito de vuelta, no es usual que se preocupe sobre lo que hago,
por consiguiente, la razón por la que fui desterrado al tráiler en el patio.
—Solo me preocupé, es todo.
«Sí, seguramente lo está». Probablemente está más preocupada de que
el dinero que recibe por soportarme dejará de llegar si me voy. Por mucho
que me encantaría hacer justo eso, no tengo el dinero suficiente y lo sabe.
—Estoy en una pieza, como lo puedes ver.
Furia ante su intento patético de verse como si le importara comienza a
hervir dentro de mí.
—¿Necesitas algo más? —pregunto a través de dientes apretados.
Algo de movimiento detrás de ella atrapa mi mirada y Poppy sale para
pararse en la puerta y mira entra nosotros, sus cejas fruncidas.
—Ok, bueno…
Mi tía se detiene antes de desaparecer adentro, negando con la cabeza.
Dándole a Poppy una débil sonrisa cuando mucho, me giro y entro en
mi tráiler. Nada de esto es su culpa, no es como si hubiera pedido que me
metieran en el medio de su familia feliz todos esos años atrás.
Aventando en mi cama el bolso pequeño que saqué de la camioneta de
Ethan hace unos minutos, me quito la camiseta, dejo caer mis jeans y
marcho hacia el baño. Necesito deshacerme de la arena que está revistiendo
mi cuerpo y recordándome de todo lo que ha pasado en las pocas horas
atrás.
El goteo del agua de la regadera hace poco por aliviar la tensión
manteniendo mis hombros tensos.
Parándome con las manos en la pared en frente de mí, permito que el
agua que tengo corra por mi espalda. Cierro mis ojos y me arrepiento
inmediatamente. La imagen de sus ojos aterrados cuando me incliné hacia
ella en el auto está justo ahí, burlándose de mí. Desde el día en que llegó
todo lo que ha hecho es provocarme. A donde sea que mire, cada vez que
cierro los ojos, ahí está trayendo de vuelta todo lo que intento olvidar,
tentándome con su cuerpo y recordándome que es la razón por la cual
Mason me dijo que me jodiera anoche. Nunca hemos peleado. Sí, nos
hemos golpeado a través de los años, pero nunca ha llegado a lo que pasó
anoche.
Su cara llena mi mente, el oscurecimiento de sus ojos cuando me
acerqué, la manera en que miraron a mis labios como si siquiera hubiera la
más minina maldita oportunidad de que la besara. Su esencia florar, aun
después de meterse al mar y una noche en la playa llenó mi nariz, y
maldición si no hizo que se me hiciera agua la boca, preguntándome qué tan
malo sería ese beso.
Mi pene se hincha y se sacude, atrapando mi mirada. Dejando caer un
brazo, lo empuño con un agarre casi doloroso. Manteniendo mi peso contra
la pared con un brazo froto mi pene, deleitándome en el escape mientras mi
mente se vacía y mi cuerpo persigue ese placer aturdidor.
Mis testículos se elevan y cuando me vengo en la regadera solo una cara
llena mi mente. Inmediatamente arruina cualquier placer que haya
encontrado.
Golpeando la pared enfrente de mí, dejando una abolladura decente,
gruño mi frustración. Como está logrando esa perra meterse tan
profundamente por debajo de mi piel cuando todo lo que quiero es
deshacerme de ella.
—¿Qué demonios estás haciendo? —grito molesto al segundo que
encuentro a Poppy sentada en mi sillón.
No estoy sorprendido, realmente lo esperaba después de que escuchara
el intercambio entre su madre y yo antes.
—Solo viendo si estás bien y traje algo de suministros.
Asiente con la cabeza hacia las dos bolsas llenas de cosas en mi
encimera. No necesito que me traiga cosas de su casa, de hecho, prefiero
comprar mi propia comida, pero insiste que es lo que sus padres deberían de
estar haciendo por mí, así que hace que suceda.
La esquina de mis labios se contrae cuando encuentro una botella de
vodka al fondo de la bolsa.
—¿Cómo sacaste esto?
Se encoje de hombros, su cara cayendo.
—Solo lo tomé la última vez que fueron de compras. Están tan
ocupados discutiendo que probablemente se olvidaron que la compraron.
Me compadezco por ella y su situación. Podría odiar vivir aquí, pero
creo que logré salir más beneficiado al estar aquí afuera lejos de todo eso.
—Puedes quedártela. Salir y divertirte.
Arrugando su cara en disgusto, dice: —No, está bien. Puedes tomarla.
Me quedaré con la cerveza, gracias.
No puedo evitar reírme de ella cuando giro la tapa y tomo un trago, hace
que su cara se arrugue aun más.
—Probablemente deberías aguarla con algo.
—Sí, probablemente debería.
Desempaco todo lo que me trajo antes de dejarme caer a su lado. Solía
llevar de vuelta a la casa cualquier cosa que me diera, pero desde que me
atraparon y pensaron que estaba en realidad robando las cosas decidí parar.
No quiero meter a Poppy en problemas por hacer algo agradable por mí.
—Así que, ¿cómo estuvo la fiesta de medianoche? —Mete sus piernas
debajo de ella y me mira emocionada.
—Estuvo…
Me detengo mientras decido como estuvo anoche. Frustrante, dolorosa,
un completo fiasco…
—Estuvo divertida, la vas a amar cuando sea tu turno.
—No puedo esperar. Otro paso más cerca de irme de esta pocilga.
—Tú y yo, niña.
Frunce el ceño y sus labios se parten lista para llamarme la atención por
usar el apodo que odia, pero obviamente decide en contra de ello.
—¿Tienes tarea por hacer?
—Probablemente —admito.
—Iré por la mía, las haremos juntos. Necesitamos las calificaciones si
alguna vez queremos salir de aquí.
Quiero decir que no. Enviarla de vuelta a su casa para que me deje
ahogarme en remordimientos solo, pero el brillo en su mirada a la idea de
pasar la tarde aquí conmigo es demasiado para negarme y me encuentro a
mí mismo buscando la maldita tarea mientras ella corre a su casa. «Bueno,
esto será una maldita novedad.»
CAPÍTULO DIECIOCHO
AMALIE
—A malie, tienes un visitante —llama mi abuela por las escaleras.
Cerrando la tapa de mi laptop, la coloco en la cama a mi
lado y me levanto en busca de quién demonios llegó a tocar.
Asumo que es Camila ya que hui de ellos esta mañana, aunque porqué la
abuela no la mandaría a mi habitación es algo extraño.
Entiendo el porqué cuando giro la esquina y el visitante aparece a la
vista.
—¿Mason? —pregunto, pensando que debo estar imaginándolo.
¿Por qué demonios está en nuestra puerta principal? Entonces un
pensamiento me llega y furia se propaga a través de mí.
—Si estás aquí para hacer su trabajo sucio, entonces puedes pensarlo de
nuevo. Solo porque lo sigues alrededor como si fuera dios no significa que
me doblegaré a sus órdenes.
La abuela palidece a mi lado, pero lentamente comienza a alejarse y
estoy agradecida de que me va a dejar pelear mis propias batallas.
—¿Qué? No, no. No tiene idea de que estoy aquí.
—Está bien. ¿Entonces por qué estás aquí?
—Tengo todas tus cosas en mi auto. Pensé que podrías necesitarlas.
—¿Por qué? —le entrecierro mis ojos, no confiando ni un momento el
que esté siendo amable. Jake y su grupo no son amables.
Levantando sus manos en derrota, mantiene el contacto visual.
—Solo estoy siendo amable, lo juro. Jake está actuando como un idiota
arrogante. No te mereces eso, así que pensé que era el momento de hacer lo
correcto.
—Está bien —digo, aun no queriendo confiar en él.
—¿Ven a ayudarme?
—Claro.
Poniéndome unas sandalias que dejé a un lado de la puerta principal, lo
sigo hacia su auto.
—También tengo las cosas de Camila, ¿te importaría tomarlas?
—Por qué no se las llevas. Sabes donde vive, ¿verdad?
No tengo idea si es verdad o no, pero estoy desesperada por saber cuál
es la historia entre ellos.
—No creo que vaya a ver con buenos ojos que me aparezca sin avisar.
Será mejor si las tomas.
Su hombro cae un poco cuando dice esto, solo logrando hacerme aun
más sospechosa de cuál es la situación entre ellos.
Ambos tomamos todas las bolsas y nos dirigimos hacia la casa de la
abuela.
—¿Les gustaría algo de tomar? Hice galletas.
—Debería irme…
—Te puedes quedar unos cuantos minutos ¿sí?
Las palabras salen de mi boca antes de que tenga tiempo de decidir si
hablo en serio o no, pero tenerlo aquí y aparentemente dispuesto a
ayudarme, quiero aprovecharlo al máximo. Quien sabe que información
podré sacarle al mejor amigo de mi enemigo.
—Los dejaré solos —dice mi abuela, agarrando una de sus galletas y
desapareciendo en la sala.
La tensión es pesada entre nosotros mientras hago dos cafés y dirijo a
Mason hacia el patio.
—¿Por qué estás haciendo esto?
—Porque no mereces nada de esa mierda.
—Aun así, hasta este momento, has sido parte de eso. ¿Qué está
pasando?
—Que quede claro, nunca estuve de acuerdo con las cosas que hizo.
—¿Entonces por qué seguirlo? Solo porque es tu capitán no significa
que tengas que seguirlo alrededor como una oveja.
—Créeme, lo sé. Es que ha sido mi amigo de toda la vida y siempre
hemos sido los dos. A veces es fácil olvidar que tal vez esos más cercanos a
ti no siempre tienen las mejores intenciones con otros.
Sorbiendo mi café, permito que las palabras que acaba de decir se
registren.
—¿Entonces qué es esto? ¿Una ofrenda de paz?
—Supongo.
El silencio desciende una vez más cuando ambos observamos el jardín
de la abuela.
—¿Cuál es el asunto entre tú y Camila?
Su cuerpo se tensa visiblemente a mi lado mientras exhala una
respiración temblorosa. Eso por si solo me dice que estoy en lo correcto y
definitivamente hay una historia ahí.
—No hay nada. Éramos amigos, ahora ya no lo somos.
—Hmm…
Mantengo mi mirada en las flores enfrente de mí, pero eso no significa
que no sé el momento en que gira su mirada hacia mí.
—¿Qué significa eso?
—Nada. Ella dijo exactamente lo mismo.
—Eso es porque es verdad.
—¿Por qué ya no son amigos?
—No vine a hablar de mi vida. —Su voz es repentinamente más fría,
dejándome saber que realmente no quiere hablar de esto.
—Está bien, entonces dime porque tu mejor amigo me odia tanto.
—No es mi historia para contarla. Si quiere que lo sepas entonces te lo
tendrá que decir él mismo.
—Bueno… eso es útil.
—Lo siento. No estaré de acuerdo con él, pero eso no quiere decir que
lo haré a sus espaldas.
—¿Cómo estar aquí ahora? Estoy asumiendo que no tiene idea de que
estás aquí o que regresaste nuestras cosas.
—Uh…no exactamente.
—Viendo que lo conoces tan bien, ¿Cuál es tu consejo? ¿Cómo hago
que me deje en paz así para seguir con mi vida?
Su mano se levanta para frotar su mandíbula mientras piensa.
—Estás bajo su piel más de lo que alguna vez va a admitir y no creo que
se dé cuenta que no es por la razón que él cree.
—Wow, eso me ayuda —digo con una risa.
—Solo no lo dejes que te pase por encima. Defiéndete. Respetará eso.
—No necesito su respeto —digo.
—No, pero necesita saber que eres fuerte. Que puedes cuidarte por ti
misma y sobrellevar las cosas cuando sea requerido.
Entrecerrando mis ojos, trato de leer entre líneas, pero de verdad, no
tengo idea de lo que está tratando de decirme.
—Ese mensaje críptico es todo lo que me dirás ¿verdad?
—Como dije…
—Es su historia que contar. Lo entiendo.
Su teléfono comienza a sonar en su bolsillo y lo usa de excusa para
escapar de mis preguntas.
—¿Algo que necesite saber? —pregunta mi abuela, batiendo sus cejas
sugestivamente una vez que he llevado a Mason a la salida.
—No, realmente no.
—Aw es una pena. Es un chico guapo. Si fuera cuarenta años más
joven.
Me estremezco por dentro, pero claramente no logro mantener el
disgusto de mi cara porque comienza a reírse de mí.
—Estoy bromeando. Estoy bromeando. Creo —grita cuando le doy la
espalda y camino hacia mi habitación con mis cosas y las de Camila.
—Por cierto, tienes permiso para salir en citas —escucho al instante en
el que cierro mi puerta.
Gruñendo, dejo todo en la esquina y caigo sobre mi cama.
Tomando mi teléfono, hago la llamada que he estado temiendo. Va a
querer respuestas y no estoy segura de estar lista de explicar.
—Tengo tus cosas —digo, interrumpiendo a Camila cuando demanda
saber a dónde fui esta mañana el segundo en el que contesta el teléfono de
su casa.
Me siento mal de hacerla que se preocupe, pero aun después de mi
encuentro con Jake, sé que tomé la decisión correcta al irme. La noche
anterior podrá haber sido soportable cuando había alcohol corriendo por mi
cuerpo, pero despertar bastante sobria con Shane envuelto a mi alrededor
fue una señal lo suficientemente grande de que no pertenezco aquí.
—¿Qué? ¿Cómo?
—Mason acaba de dejarme todo. Así que nuestras sospechas eran
correctas sobre que ellos fueron quienes las tomaron.
—¿Por qué las devolvió? Eso fue amable de su parte —dice las palabras
como si él no fuera capaz de hacer algo así y solo hace que mi curiosidad
crezca más.
—Solo necesito darme un baño y después iré a recogerlas. ¿Se te antoja
una malteada?
—No puedo, tengo un artículo que escribir para mi clase de Literatura
Inglesa.
—Oh, vamos, ya me abandonaste una vez hoy.
La tristeza en su voz me obliga a que acepte.
—Está bien pero solo por una hora porque tengo que terminar esto.
—De acuerdo. Te veo en un rato.
Camila se estaciona afuera de la casa de la abuela alrededor de treinta
minutos después. Después de llenar el baúl del auto con sus cosas, nos
dirigimos hacia Aces. Trato de convencerla de ir a otro lado, pensando en
cómo la mitad de la escuela parece pasar el rato ahí, pero se niega a hacerlo.
Afortunadamente, él no está ahí. Hay algunas caras que reconozco de
los pasillos de la escuela y Camila saluda a algunos, pero somos capaces de
encontrar una mesa en paz.
—Shane piensa que te fuiste por su culpa. ¿Es verdad? —Camila suelta
abruptamente después de tomarse la mitad de su malteada.
—Sí y no.
—¿Por qué? Parecía que se estaban llevando muy bien anoche.
—Sí, lo estábamos…como amigos. Luego desperté esta mañana con él
envuelto a mi alrededor y su…
—¿Pene? —provee Camila útilmente.
—Sí, eso, presionando en mi trasero.
—Me encanta la manera en la que dices trasero —dice Camila,
imitando mi acento—. Lo siento, lo siento. No es importante ahora.
¿Entonces estaba duro? ¿Qué esperas de un chico adolescente cuando una
chica está tan cerca que la puede tocar?
—No es eso. Solo no estoy interesada y no quiero que comience a creer
que habrá algo más. No lo habrá.
—Suenas muy segura.
—Es porque lo estoy.
—Apenas lo conoces.
—Conozco lo suficiente para saber que no me emociona.
—Que lastima. Estaba esperando que pudiéramos tener citas dobles.
¿Entonces quién te emociona? No me digas que necesitas a alguien más…
idiota.
Mis ojos casi se salen de mi cabeza ante lo que está sugiriendo.
CAPÍTULO DIECINUEVE
AMALIE
—H ola —llama Poppy mientras se dirige hacia la banca en la que
estoy sentada esperándola—. ¿Tuviste un buen día?
Hago memoria de las últimas horas. Comenzó muy bien
cuando Camila apareció con donas frescas, dijo que eran una ofrenda de paz
después de la “broma” que me jugó la noche del viernes. No era necesario,
pero no iba a rechazar un regalo azucarado a primera hora de la mañana del
lunes. Mi día pronto fue en decline al instante que vi a Jake a través del
estacionamiento en el momento que ella se estacionó. Una mirada a sus ojos
y podría estar de vuelta en el auto de Ethan el sábado por la mañana. Mi
estómago se tensó, mis puños se apretaron y mi temperatura se elevó.
Camila notó en donde estaba mi atención e inmediatamente me arrastró en
otra dirección mientras me instruía a que lo ignorara. Si tan solo fuera tan
sencillo.
—Sí, estuvo bien. —Dejando imágenes de él a un lado—. ¿El tuyo?
—Tuve un examen sorpresa en Matemáticas. Pensé que las sorpresas
estaban destinadas a ser cosas buenas —dice con una rodada de ojos—.
Además de un reporte masivo de laboratorio que escribir para Biología.
Nada como entrar con calma al nuevo año. Vamos, mi auto está por este
lado.
Sigo detrás mientras Poppy continúa charlando sobre su día y en breve
estamos saliendo de la escuela y dirigiéndonos hacia donde vive.
Su casa se encuentra en el límite entre las partes este y oeste de la
ciudad. El edificio en sí luce como si debiera pertenecer a la zona rica del
este con su tamaño colosal, pero el área definitivamente luce como el lado
oeste.
—Wow, tu casa es impresionante.
—Tenemos suerte de tener tanto espacio. Estoy segura de que no es
nada comparado con lo que tenías en Inglaterra.
El recordatorio de casa es como un golpe en el pecho. Tiene razón, la
casa de mis padres en Chelsea era opulenta y masiva, pero era solo una
casa.
—Supongo —murmullo tristemente—. Sin embargo, es diferente aquí.
Nunca pudimos usar el espacio exterior como tú.
En el instante que abre la puerta principal somos recibidas con un grito
fuerte y las vibraciones de una puerta azotándose en alguna parte de arriba.
—Mierda.
Pasos golpetean bajando las escaleras antes de que una mujer muy
embarazada y muy estresada se revele a sí misma.
—Mamá ¿está todo bien?
—Por supuesto, cariño. Hola, soy Tammy, la mamá de Poppy —dice
girándose hacia mí con una sonrisa amplia y falsa en su cara.
—Hola, gusto en conocerla.
—Amalie vino para trabajar en un proyecto conmigo.
—Eso es fantástico. Porque no van y trabajan afuera. Les llevaré algún
refrigerio en unos cuantos minutos.
—Gracias, mamá. —Poppy se gira hacia mí—. Quieres ir y encontrar
un lugar. Solo necesito subir a mi cuarto rápido y tomar mis cosas.
—Claro.
—Es por aquí, linda. —Llama su mamá mientras se aleja, así que la
sigo. Caminando a través de la casa es obvio que, aunque es enorme,
realmente no tienen el dinero para seguir manteniéndola—. ¿Está bien un
refresco?
—Perfecto, gracias.
—Solo toma asiento donde quieras, estoy segura que Poppy no ha de
tardar.
Cuando salgo al jardín trasero, el sol de finales de verano hace que
entrecierre los ojos y baje mis lentes de sol de arriba de mi cabeza. Mirando
alrededor, observo las pocas flores que hay cerca, pero lo que más atrapa la
mirada es la piscina. El agua azul brilla en el sol y mi cuerpo prácticamente
me ruega para que me desnude y me sumerja.
No siendo capaz de resistir la tentación, me quito mis zapatos y voy a
sentarme en el borde. El agua es cálida por el sol de verano y suspiro en
placer cuando toca mis pantorrillas.
Deteniéndome en las palmas de mis manos, inclino mi cabeza hacia
atrás y cierro mis ojos. El sonido de pájaros y el crujido de los árboles en la
distancia es tan relajante, me hace desear que mi abuela tuviera esto. Podría
perder un montón de tiempo haciendo solo esto.
Justo cuando creo que estoy tan relajada cómo es posible sin acostarme
en un flotador en el medio de la piscina, una voz suena alrededor de mí.
—¿Qué demonios?
Mi espina se pone rígida como una tabla. No necesito girar para saber
quién exactamente es, pero ¿qué está haciendo aquí? ¿Acaso su obsesión
con arruinar mi vida ahora se extendió a acecharme?
No hago nada, solo rezo porque se irá tan rápido como llegó, pero no
tengo tanta suerte porque en segundos su esencia amaderada llena mi nariz
y su cuerpo quema mi piel extremadamente consciente.
Sus ojos bajan por un costado de mi cuerpo y mis piernas hacia donde
están colgando en el agua.
—¿Por qué?
Su pregunta confusa es suficiente para tenerme girando para mirarlo.
Asimilo su frente arrugada mientras me frunce el ceño como si no hubiera
posibilidad de que esté aquí, sus labios fruncidos y sus ojos cansados.
Cuando no respondo, continúa.
—¿Por qué? ¿Por qué estás siempre aquí? —Golpea un costado de su
cabeza haciéndome pensar que no es mi presencia actual la que lo está
irritando tanto—. A todos lados donde volteo, estás ahí, recordándome de
todo, jodiéndome como si no pasaran los años.
Mis ojos se entrecierran mientras trato de entender lo que está diciendo,
pero también podría estar diciendo tonterías.
Su pecho sube y baja mientras me mira, sus ojos revoloteando alrededor
de mi cara como si estuviera memorizándola, pero eso no puede ser el caso
ya que está tan harto de mí.
Se acerca y jadeo en conmoción cuando su mano cae en mi espalda baja
y me empuja lo suficiente para tener mi trasero deslizándose a través del
azulejo debajo de mí y hacia el borde del agua.
—Jake —chillo, mis uñas enterrándose en el borde en un intento de
mantenerme fuera de la piscina.
—Dame una buena razón por qué no debería.
—Porque —gimo, luchando por tener una razón—. Tu prima está a
punto de regresar.
Mi cerebro de repente ata cabos después de lo que dijo Poppy sobre
apoyar a su primo en el partido de fútbol el viernes por la noche.
La presión en mi espalda se reduce y la larga exhalación que suelta
cosquillea por mi cuello, haciendo que mis pezones se endurezcan debajo
de mi chaleco.
—Necesitas mantenerte lejos de mi maldito camino.
—Créeme, no estoy intentando estar en tu camino.
Sus dedos agarran mi barbilla y soy forzada a girar para mirarlo una vez
más. Se inclina así nuestras narices están casi tocándose.
—Entonces, ¿Por qué estás siempre aquí?
Abro la boca para responderle, pero otra voz llena mis oídos.
—Jake, ¿Qué demonios?
Al sonido de la voz de Poppy, le da a mi barbilla un apretón final y se
para, dejándome inhalando tan necesitado aire a mis pulmones.
—Solo saludando a tu nueva amiga. Tienes que fijarte con quien pasas
tu tiempo, Pop. La gente no siempre son lo que parecen.
—¿Qué demonios se supone que significa eso?
—Solo cuídate la espalda ¿sí?
Ya no se dicen mas palabras y después de un segundo se gira en sus
talones y se marcha furioso por el jardín.
El aire es pesado hasta que se desvanece de la vista y un golpe suena.
—¿Estás bien? —pregunta Poppy, dejando sus libros en la mesa y
caminando hacia mí.
—Sí, estoy bien.
—¿Hay algo que debería saber?
Miro su cara amable y me pregunto qué tanto debería de contarle. Jake
es parte de su familia, no tengo idea de que tan cercanos son aparte del
hecho de que lo apoya en sus noches de partido.
—No creo que le agrade mucho.
—Sí, percibí esa vibra. ¿Por qué?
—Estaba esperando que pudieras decirme.
CAPÍTULO VEINTE
JAKE
A zotando la puerta del tráiler, rujo mi frustración en el espacio vacío.
Logré evitarla todo el maldito día. Cada vez que vi un destello de su
cabello platinado a través del pasillo, mis puños se apretaron con mi
necesidad de ir hacia ella. No estoy seguro exactamente que habría hecho si
hubiera ido, no tenía la intención de descubrirlo. Pero maldición si no me
llama en una manera que nadie lo ha hecho jamás.
Y luego ahí está, en mi maldito jardín.
Mi corazón resuena en mi pecho con la necesidad de salir y terminar lo
que comencé. La imagen de ella con su ropa mojada, su chaleco blanco
transparente lo suficiente para darme una pista de lo que está escondiendo
debajo hace que mi temperatura aumente.
—¡Maldición! —grito, la palabra resonando a mi alrededor.
Me cambio rápidamente y agarro mis audífonos antes de dirigirme hacia
afuera a mi gimnasio improvisado. El tráiler está justo al final del jardín y
metido entre la aglomeración de árboles que separan esta propiedad de los
búngalos de atrás. Ahí es donde se encuentra mi gimnasio casero. También
es mi lugar tranquilo cuando necesito un escape cuando las cosas se
vuelven demasiado.
Caminando por el matorral, aplastando unas moras que han crecido
desde la última vez que estuve aquí hasta que el pequeño claro aparece.
Este lugar puede no ser como el gimnasio que tenemos en la escuela y
no se compara al que a veces voy con Ethan, pero hace el mismo trabajo.
Incluso ya tengo una bicicleta de ejercicios que tomé de la basura de
alguien en la calle en el verano.
Saltando, mis manos se enredan alrededor de la rama áspera y lucho por
subir mi barbilla. Mis músculos arden, recordándome que no he calentado
para nada, pero no me importa en este momento. Necesito sentir el calor, el
dolor que solo yo puedo causar. Nadie puede decirme que hacer aquí. Hago
las reglas y empujo mis propios límites.
Continúo hasta que mis brazos están temblando y rogando por alivio.
Soltando mi agarre, permito que mis pies toquen el piso una vez más, el
suelo crujiendo cuando caigo en palos viejos y hojas caídas.
Echando la pierna sobre la vieja bicicleta, le subo a la tensión.
Sudor corre por mi piel mientras me empujo más fuerte y más fuerte.
Mi cabeza está llena con imágenes de mi pasado. Empujo mis piernas tan
rápido como puedo ir mientras trato de escapar. Me imagino su cara el día
que me dijo adiós y se alejó de mí. La manera en la que sus labios estaban
en casi una sonrisa permanente por el relleno que ha metido en ellos, las
pestañas ridículas que estaban pegadas a sus parpados y su maldito cabello
rubio casi amarillo con peróxido. Era tan falsa como podría serlo y estoy
seguro que solo ha empeorado con los años que han pasado.
He hecho lo más que puedo para evitar ver su cara de nuevo, pero con el
trabajo que hace, a veces es imposible. Siempre he eludido abrir cualquier
tipo de revista y alejarme cuando cualquiera de las chicas de la escuela
sacan una. Si alguna vez tengo que volver a ver su cara de nuevo, entonces
no necesita ser cuando tenga compañía. Afortunadamente el día que
descubrí su más reciente decisión de carrera estaba solo en la seguridad de
mi tráiler. Nadie estaba alrededor para ser testigos de los efectos
secundarios de ese desastre.
La música retumba en mis oídos, pero no escucho ni una palabra de ella.
Estoy demasiado enfocado en escapar de los recuerdos, el dolor, la
desesperación que aún recuerdo tan bien.
Casi cada uno de mis músculos tiembla de agotamiento para el tiempo
que termino. Quitándome mi camiseta empapada de sudor de mi cuerpo, me
limpio la cara y la tiro sobre mi hombro mientras voy en búsqueda de agua.
Voces femeninas suaves descienden hacia mí cuando camino hacia mi
tráiler y en el último minuto, cambio de parecer y me dirijo hacia la casa
principal. Realmente no tengo deseo de entrar, pero la tentación de
fastidiarla es demasiado.
Cuando aparecen a mi vista, ambas tienen sus cabezas agachadas, una
pila de libros, lapiceros y bloc de notas enfrente de ellas mientras hacen su
tarea como pequeñas niñas buenas. Una voz fastidiosa en la parte trasera de
mi cabeza grita que probablemente es algo que también debería de estar
haciendo en vez de saciar mi necesidad de venganza usando a la inocente
chica nueva, pero eso es todo lo que parezco ser capaz de pensar estos días.
—Espero se den cuenta de que los nerds no se divierten —comento una
vez que estoy lo suficientemente cerca para que me escuchen claramente.
—Y esos que se saltan las clases terminan volteando hamburguesas.
¿Algún problema? —dice Poppy, sus ojos encontrándose con los míos,
llenos de diversión. Podría no ser la primera vez que ha mencionado que mi
destino está en un restaurante de comida rápida.
Un gemido callado a su costado aleja mi atención, y estoy contento de
hacerlo porque la chica nueva está haciendo justamente lo que quiero. Su
barbilla está abajo mientras sus ojos deambulan sobre mi piel desnuda. Si es
posible, mi cuerpo se calienta aun más bajo su mirada, pero no le permito
ver alguna reacción de mi parte.
—¿Ya terminaste? —grito, haciendo que Poppy palidezca ante mi
arrebato.
Sus mejillas se enrojecen y no me pierdo que baja hacia su pecho, hasta
la parte alta de su busto y avergonzadamente vuelve a mirar al libro
enfrente de ella como si nada hubiera pasado.
Dejándome caer en el asiento enfrente de ella, mantengo mi atención en
Poppy.
—De casualidad podrías traerme una botella de agua, Pops.
—Yo…uh…—tartamudea, mirando entre nosotros. Entiendo su
indecisión, probablemente tampoco la dejaría conmigo.
—Por favor. —Sonrío dulcemente y me inclino, colocando los codos en
mis rodillas.
Quitando mis ojos de Poppy cuando con vacilación se levanta y nos
deja solos, miro a la cabeza agachada frente a mí.
—¿Qué? ¿Te volviste tímida de repente? No pensé que las putas se
avergonzaran.
—Jódete —dice, levantándose tan rápido que la silla de plástico en la
que estaba sentada cae hacia atrás.
Me levanto, su busto rozando contra mi pecho de lo cerca que estamos.
Su respiración se detiene al mismo tiempo que una rara chispa se dispara
por mis venas.
—Ya hemos pasado por esto. No me cojo a putas.
—Sí, lo sigues diciendo, pero aquí estás. De nuevo.
Furia burbujea dentro de mí cuando se refiere a si misma de esa forma.
Es irracional porque lo comencé, pero aun así lo odio.
Estando solo unas cuantas pulgadas más bajita que yo, se mantiene
completamente inmóvil, sus ojos azules penetrando en los míos. El odio que
he puesto en ella repentinamente se siente insignificante cuando otras
necesidades comienzan a hacerse cargo. Es fácil imaginar que es alguien
más a cierta distancia. Es fácil forjar otra cara y cabello rubio falso, pero de
cerca es solo una chica quien está tan perdida como yo.
Mis ojos caen de los suyos a sus labios y comienzo a imaginar lo dulce
que podrían saber, que tan suaves podrían sentirse presionados contra los
míos.
—Aléjate, Jake. —El sonido severo de la voz de Poppy es lo suficiente
para romper mi mirada.
Levantando la vista, la encuentro en la puerta con la botella que pedí
posicionada como si estuviera a punto de arrojármela.
La mirada mortificada en su cara es lo suficiente para distraerme, que
me pierdo el movimiento de brazos frente a mí y para el momento que sus
palmas golpean mi pecho es demasiado tarde.
Tomo un paso hacia atrás tratando de estabilizarme, pero no hay nada
ahí. Mi estómago salta hacia mi garganta mientras comienzo a caer. Solo
escucho el sonido de su risa malvada antes de caer al agua y me hundo.
«Maldita perra.»
Para cuando resurjo, está arrodillándose al borde esperándome con una
sonrisa presumida en su cara. Orgullo crece en mi pecho. Creo que pude
haberla subestimado. No es tan débil como al inicio pensé y solo hará esta
cosa entre nosotros aun más divertida.
—Oh, británica. La acabas de joder en grande.
—¿En serio? Porque a lo que veo, eres el que estás perdiendo en este…
¡ah!
El sonido de su grito antes de la salpicadura podría ser la cosa más
satisfactoria que alguna vez he escuchado.
Da vueltas, brazos y piernas agitándose en su pánico. Eventualmente
tengo piedad y estiro el brazo.
Su cintura es tan pequeña que mis dedos casi se encuentran en su
columna. La elevo y toma respiraciones profundas mientras
simultáneamente pelea por alejarse. Eso es hasta que la alineo contra mí. La
tentación de sentir sus curvas contras mis partes duras es demasiado.
Sus manos quitan el cabello mojado que está pegado a su cara y el
segundo que nuestros ojos conectan deja de luchar.
Mis dedos se aprietan a su alrededor en mi necesidad de mostrarle lo
mucho que ha echado a perder mi vida. Pero así de cerca, no es nada como
la mujer que me causó dolor real, así que me enfoco en el presente. La chica
es la razón por la que mi vida se ha ido a la mierda esta semana pasada. Es
la razón por la que Mason aun me está evitando y por la que mis noches
están llenas de sueños de mis momentos de niñez que preferiría olvidar.
Inclinándome, mi mejilla áspera roza contra la suya y su cuerpo entero
se estremece contra mí.
—¿Quieres pelear sucio, británica? Puedo asegurarte que vas a perder.
Tienes demasiadas debilidades que puedo explotar mientras que a mi nada
me puede tocar.
Mi lengua corre por la concha de su oreja y se queda sin aliento en
sorpresa, cada parte de su cuerpo tensándose.
Para extraños, como mi prima de quien siento su mirada quemando mi
piel, podría parecer íntimo, como que le estoy susurrando cosas románticas
en su oído. Bueno… supongo que le estoy susurrando promesas como tal.
Su pecho crece cuando aspira algo de fortaleza para responder.
—No soy la chica débil y patética que piensas que soy. No me voy a
agachar y dejarme.
—Tal vez deberías, todo acabaría más rápido.
—No creí que cogieras putas.
Sus palabras hacen que mi respiración se detenga.
Enredando el largo de su cabello mojado alrededor de mi puño, inclino
su cabeza hacia atrás para asegurarme que sus ojos se mantengan en los
míos, y la levanto y la presiono contra la pared de la piscina. Estoy confiado
que no tiene idea de que sus piernas automáticamente se envolvieron
alrededor de mi cintura, pero el momento que su calor se alinea con mi pene
semi erecto no lo voy a señalar.
Presiono más fuerte en ella, ignorando el hecho de que sabrá que me
está poniendo duro justo ahora. Me permito a mí mismo unos segundos para
observarla. La oscuridad de sus ojos azules está revelando su ira y su deseo,
las gotas de agua que están esparcidas en su cara y difuminándose con sus
pecas, su cabello mojado, alejado de su cara impecable. Está empapada
pero no hay maquillaje corriendo por su cara, solo prueba que en verdad es
natural y perfectamente hermosa.
—No —advierto, mi voz profunda y persistente, mi boca soltándose
conmigo—. Nunca te vuelvas a llamar así.
—¿Pero está bien que tú lo hagas?
Su voz no es más que un respiro susurrante. Mi corazón resuena y mi
pene amenaza en ponerse completamente duro sabiendo que la estoy
afectando tanto como ella a mí.
—Hago lo que quiero, británica. Creí que ya te habrías dado cuenta de
eso.
Mis ojos caen a sus labios porque si esa declaración fuera cierta, ya
estuvieran presionados contra los míos.
Esa realización es suficiente para hacerme soltarla y dar un paso atrás.
No beso a las chicas. Las uso para lo que quiero y las deshecho. Esto, me
confunde desmesuradamente y eso solo conlleva a más frustración.
—Amalie, ¿estás bien? —pregunta Poppy.
La veo corriendo hacia la esquina de la piscina donde justo estaba
mientras el sonido de agua salpicando llena mis oídos.
Saliendo de la piscina, mantengo mi espalda hacia ambas y comienzo a
alejarme al sonido de sus voces asustadas.
—Oye, británica —grito sobre mi hombro justo antes de estar fuera de
su vista. No espero a que responda, el silencio es lo suficiente para decirme
que están escuchando—. Recuerda, nunca pierdo.
Y con esas últimas palabras, me voy de ahí y lejos de la chica que está
confundiendo mi cabeza.
CAPÍTULO VEINTIUNO
AMALIE
—V amos a encontrarte algo de ropa seca y luego creo que
probablemente sea mejor si nos vamos de aquí.
No podría estar más de acuerdo mientras sigo a Poppy
dentro de la casa y arriba hacía su habitación.
Mi cabeza gira con todo lo que pasó en los últimos minutos. Pensé que
estaba siendo inteligente al empujarlo cuando estaba distraído, pero debí de
haber sabido que me saldría contraproducente, y si su advertencia cuando se
alejó era seria entonces creo que subí la apuesta en lo que a él concierne.
Un suspiro largo sale de mis labios mientras camino a la habitación de
Poppy.
—El baño está ahí si quieres ir y secarte. Encontraré algo para que te
cambies.
—Gracias —murmuro, dirigiéndome en la dirección que señaló.
Aún no me ha hecho ni una pregunta, pero una mirada a sus ojos y sé
que están en la punta de su lengua.
Me apuro a quitarme mi ropa empapada y la dejo caer en el lavamanos
para que se escurra. Escalofríos cubren mi piel fría, pero hace poco para
reducir el calor dentro de mi cuerpo. Debí haber odiado al sentir sus palmas
quemar mi piel, la fuerza de su cuerpo siendo presionado firmemente contra
el mío. Mi cabeza estaba gritándome, pero mi cuerpo tenía otras ideas. Hay
algo sobre ese idiota que llama a mi cuerpo mientras en mi cabeza, estoy
imaginando millones de formas de acabarlo. Era confuso antes de que
presionara la longitud de su cuerpo contra el mío y me manipulara para
enredarme a su alrededor.
—Imbécil —murmuro, descansando mis palmas en el lavamanos y
mirando en mis ojos más oscuros que lo usual. Lo odio. Maldición, lo odio.
Sin embargo, por qué tengo esta necesidad constante de tratar de cavar un
poco por debajo de la superficie y encontrar lo que realmente está pasando
dentro de su cabeza, que fue lo que de verdad le molestó sobre mí en mi
primer día que no lo puede dejar ir.
—Aquí tienes. —La mano de Poppy se asoma por la puerta y tomo la
ropa que ofrece—. Espero te quede.
—Es perfecta, gracias.
Afortunadamente, Poppy y yo no tenemos un cuerpo tan diferente,
aunque ella es unas cuantas pulgadas más bajita que yo. Si esto hubiera
pasado cuando estuviera con Camila, entonces podría haber tenido
problemas.
Desdoblo un chaleco suelto y una falda de jeans antes de ponérmelos
rápidamente escurriendo mi propia ropa. Encontrando un cepillo de cabello
en la repisa arriba del lavamanos, hago un trabajo rápido de peinar mi
cabello mojado y enredado antes de apilarlo en lo alto de mi cabeza.
Con mi ropa mojada en la mano, abro la puerta, esperando encontrar a
Poppy esperándome, solo que la habitación está vacía.
No queriendo husmear por la casa, dudo en la puerta, pero escuchando
sonidos desde la planta baja, hago mi camino hacia abajo.
Encuentro a Poppy recogiendo nuestros libros de la mesa.
—Lo siento por arruinar todo.
Girándose hacia a mí, sus ojos se entrecierran en confusión.
—No arruinaste nada. Él es quien tiene problemas. Siempre ha sido un
poco problemático, pero eso fue...mierda, no lo sé. ¿Quieres irte de aquí?
—Sí.
El alivio en mi voz la hace reír y una vez que ambas tenemos nuestras
bolsas en las manos, nos dirigimos hacia su auto.
—Quieres ir a tu casa o... —dice sin terminar.
—Aún tenemos un montón de trabajo por hacer y no estoy segura de
que este lista para todas las preguntas —digo, sabiendo que la abuela me
mirará en la ropa de alguien mas y no me dejará en paz hasta que le
responda.
—¿Y crees que yo no tengo alguna? —Se ríe haciéndome quejar—. ¿A
dónde quieres ir?
—A cualquier lado menos Aces.
—Por supuesto.
Miro por la ventana mientras el auto viaja hacia el paseo marítimo, pero
afortunadamente Poppy se estaciona al lado opuesto de Aces y una vez que
recolectamos nuestras cosas, me dirige hacia un pequeño café que se
encuentra un poco lejos del mar.
—Este lugar es lindo.
Mis ojos van de un lado al otro alrededor del lugar pensando que podría
fácilmente poner un pie aquí y estar de vuelta en Londres.
Un suspiro largo sale de mis labios. Poppy se gira hacia a mí, su cara
llena de simpatía como si supiera exactamente lo que estoy pensando.
—Pensé que podría gustarte.
Encontramos una mesa y tomamos los menús, mi estómago retumbando
en el momento justo.
Una vez que ordenamos, Poppy casi inmediatamente saca todos los
libros que metió a su bolsa antes de que saliéramos de su casa así podemos
continuar donde nos quedamos. O al menos eso es lo que espero que haga,
así que mi estómago se enreda cuando coloca sus codos encima de todo y
sus ojos encuentran los míos.
—¿Cuéntame? —incentiva.
—¿Qué?
—No me digas qué —se ríe—. Estás sentada en mi ropa porque el
idiota de mi primo te arrastró hacia nuestra piscina después de que lo
empujaste. No puedes decirme que nada está pasando ahí. Fue como el
máximo coqueteo escolar que he visto.
Me burlo.
—Te puedo asegurar que eso no fue coquetear.
Mi mente regresa al momento en el que miró a mis labios como si
estuviera a punto de besarme, mi temperatura aumenta ante el recuerdo,
pero lo reprimo. Seguramente, leí todo eso mal.
—Estoy bastante segura de que la tensión entre ustedes era
definitivamente sexual.
Alguien en la mesa de al lado mira, mis mejillas se sonrojan de
vergüenza.
—¡Shhhh! Eso no fue lo que era. Me odia. No tengo idea de porqué.
¿Podemos olvidarnos de eso y seguir con esto? —pregunto
esperanzadamente.
Está callada por un momento cuando empiezo a pensar que tal vez
dejará ir el tema. Tristemente, no tengo tanta suerte.
—Mi primo es un poco...
—Idiota —ofrezco cuando se detiene.
—Iba a decir alejado o distante, pero eso funciona. No ha tenido la
mejor niñez. Sé que eso no es una excusa —agrega rápidamente cuando
abro la boca para discutir—. Creo que su percepción de cómo actuar normal
a veces es un poco torcida. Se porta mal así no tiene que lidiar con sus
emociones o sentimientos, bueno eso creo que hace. Nunca he logrado
hacer que hable de ello.
—¿Qué le pasó? —Las palabras salen de mis labios antes de tener la
oportunidad de detenerlas.
—Su madre es un desastre total. Realmente no sé la historia completa,
era demasiado pequeña para entender, y nadie habla de ella jamás.
Suficiente de eso, aún tenemos una tonelada de trabajo por terminar.
Aliviada de que mueve la conversación lejos de él, tomo uno de los
libros en los que se ha estado apoyando y nos ponemos a trabajar.
Por suerte para cuando Poppy me deja en la casa, la abuela ya se ha ido.
La noche del lunes es noche de bingo con sus amigas y no podía estar más
agradecida de que puedo tener unas cuantas horas para mí mientras trato de
analizar minuciosamente cada momento de mi tarde. Mi cabeza es un
desastre después de esos cortos minutos con Jake en la piscina de Poppy.
Fue un idiota como siempre, pero había algo más. La seriedad detrás de su
advertencia sobre llamarme a mí misma una puta, la manera en la que miró
mis labios como si quisiera succionarlos en su boca.
Quitándome la ropa de Poppy, me meto bajo la ducha y permito que el
agua cálida se lleve la esencia de cloro que aún recubre mi piel del
chapuzón inesperado y rezo que sea lo suficiente para sacarlo también de
mi mente, aunque creo que eso podría ser una ilusión.
Sus palabras finales cuando se alejó se repiten en mi cabeza una y otra
vez mientras me recuesto en mi cama intentando dormirme. “Recuerda,
nunca pierdo.” No dudo por un segundo que esas palabras sean ciertas. No
sostendría la posición que tiene en la escuela si repartiera amenazas vacías.
Cada estudiante parece tenerlo en algún tipo de pedestal intocable. Las
chicas claramente quieren cogérselo y los chicos quieren ser él. Quién sabe
por qué, es un imbécil. Un escalofrío corre por mi columna recordándome
que, aunque eso pueda ser cierto, es uno hermoso. La imagen de él todo
sexy, sudado y goteando agua está grabada dentro de mis parpados y
cuando el sueño eventualmente me llama, aún está ahí, inspirando mis
sueños.
Cuando despierto la mañana siguiente, es con temor asentándose
fuertemente en mi estómago. No tengo idea de porque, es como una
premonición o algo. Pero algo sobre sus palabras finales aún me acechan y
sé que va a mantener esa promesa.
Camila llega justo en el momento indicado y una vez más hay donas
frescas en el asiento del pasajero.
—Acepté tu disculpa, lo sabes ¿verdad?
—Sí, pero estaban tan buenas ayer que no pude evitarlo. Además, Noah
se quejó de que no le di una así que…
Recogiendo la caja, entro en el asiento del pasajero y las coloco en mi
regazo.
—No me estoy quejando —digo, tomando una y mordiéndola.
El azúcar inmediatamente hace que se me haga agua la boca, es
justamente lo que necesito.
—¿Cómo te llevaste con Poppy anoche?
—Bien.
—¿Así de bien? —dice con una risa.
Soltando un suspiro, recuerdo los eventos de anoche una vez más.
—¿Sabías que es prima de Jake?
—Sí.
—¿Y no pensaste en advertirme?
—No pensé que debería. ¿Por qué? ¿Qué pasó?
Para el entretenimiento de Camila, le cuento los eventos de la noche
previa.
—¿Terminaste en la piscina? —Se ríe.
—Sí, debí de haberlo visto venir, en realidad. Empujarlo fue algo
estúpido.
—¿Así que como terminó?
—Con él advirtiéndome que nunca pierde. Creo que logré subir la
apuesta. Quién diablos sabe lo que me depara.
—Estoy segura de que estarás bien. ¿Qué puede hacer exactamente? —
Por el ligero trepidar de su voz, es obvio que ni ella cree las palabras que
salieron de su boca. Se detiene en un par de semáforos y se gira hacía mí—.
No te preocupes tanto. No es como si tuviera información negativa sobre ti.
Solo será un chisme patético de patio de la escuela, cualquier cosa que sea.
Murmuro mi acuerdo, pero sus palabras hacen poco para aliviar el pavor
retorciendo mi estómago mientras más cerca nos encontramos a la escuela.
Todo está bien hasta diez minutos antes del almuerzo. Estoy en clase de
Literatura Inglesa, escondiéndome en la parte trasera y haciendo la tarea
que nos han dejado, cuando el teléfono de alguien suena. El maestro le grita
a quien quiera que sea, pero los ignoro y sigo con lo que estaba haciendo.
Eso es hasta que siento ojos penetrándome.
Levantando la vista, encuentro tres pares de ojos mirándome directo,
sonrisas divertidas apareciendo en sus labios. Entrecerrando mis ojos, trato
de descifrar que demonios está pasando, pero antes de tener la oportunidad
de hacer algo, más ojos se giran hacia mí. Mis mejillas se sonrojan con la
atención de todos.
—Clase —dice el maestro—. Presten atención. Estaré recogiéndolas y
calificándolas una vez que suene la campana.
La mayoría de los estudiantes se giran y continúan escribiendo, pero un
par de los chicos aparentemente me encuentran mucho más interesante y
sus miradas se mantienen en mí. Mi piel hormiguea incómodamente cuando
sus ojos recorren sobre mí, checándome.
En el momento que la campana suena, tomo mi tarea, la dejo en el
escritorio del maestro e intento salir de ahí. Tristemente, alguien grita mi
nombre antes de que haga mi escape. Mirando por encima de mi hombro,
encuentro la mirada divertida de uno de los chicos que estaba mirándome.
—¿Estás libre en el almuerzo? Podría necesitar un poco de liberación.
Los estudiantes rodeándolo sueltan carcajadas y un par de sus amigos lo
golpean en la espalda, empujándolo hacia adelante.
Mis cejas se juntan, pero el momento en que sus ojos bajan para mirar
mi cuerpo una vez más, salgo corriendo de la habitación. Este es
exactamente el tipo de atención que quería evitar.
Considerando que le prometí la semana pasada a Camila que no pasaría
mi tiempo libre escondiéndome en la biblioteca, me dirijo hacia la cafetería
para encontrarla.
El instante que pongo un pie dentro, silencio desciende cuando cada
cabeza en la habitación se gira a mirarme.
«¿Qué demonios está pasando?»
—Ahí está —escuchó una voz familiar decir detrás de mí y cuando
volteo, encuentro a Camila corriendo hacia mí.
—¿Estás bien? —Sus ojos están amplios y luce maniática.
—Sí… ¿por qué? ¿qué está pasando?
—¿Has checado tu teléfono en los últimos diez minutos?
—No, ¿por qué?
—Oye, británica. ¿Cuánto cobras por treinta minutos? —dice una voz
masculina.
—Maldición. Necesitamos salir de aquí.
—¿Qué demonios está pasando? —pregunto de nuevo.
Camila me mira, su cara ceñida con ira.
—Aquí no. Vamos.
Sus dedos se entrelazan con los míos y me jala hasta que camino detrás
de ella. Miradas siguen cada uno de nuestros movimientos, silbidos y
preguntas al azar sobre mis precios llenan el pasillo.
Cuando me lleva por la entrada de la biblioteca, sé que las cosas deben
de estar mal. Se niega a permitirme esconderme aquí, aun así, está
arrastrándome hacia la parte trasera de la habitación haciendo justamente
eso.
—Necesitas empezar a hablar.
—Está bien, es que…—duda, saltando de un pie al otro y entrelazando
sus manos en frente de ella.
—Camila, solo suéltalo.
Quiero decir que probablemente ya he vivido por lo peor este año, pero
alejo cualquier pensamiento de mis padres de mi cabeza.
—Está esta foto que básicamente ha sido enviada a cada estudiante de la
escuela.
—¿Está bien? —Deseando que solo llegara al maldito punto, le señalo
que continue.
—Parece como si fueras tú.
Saca su teléfono de su bolsillo y lo sostiene para que lo vea.
—Que…—mis palabras se detienen cuando se lo arrebato de su mano y
miro la cabeza de la chica en la foto.
Sé exactamente cuándo fue tomada, podría decir que estuve ahí en el
momento, pero la parte de arriba de la cabeza que puedo ver
definitivamente no soy yo.
—Es de la Fiesta de Medianoche —susurro.
—¿Me estás diciendo que eres tú? —Los ojos de Camila se agrandan al
punto que podrían salirse de su cabeza.
—No, esa no soy yo con el pene de Jake en mi boca.
—No lo creí. Espera, ¿cómo sabes que es Jake en la foto?
Dejando que mi cabeza golpee la pared, me deslizo hasta que mi trasero
toca el piso. Camila sigue mi movimiento y pronto está esperándome por
respuestas.
—Fui a orinar en los árboles.
Hace una mueca, dándose cuenta de que esto es el resultado de su
“broma.”
—Hice lo mío y en el camino de regreso me encontré a Jake y alguna
porrista zorra en sus rodillas. Esa es ella en la imagen.
—Su cabello es más oscuro.
—No es difícil editar eso en Photoshop, Cam.
—Mierda.
—Muéstramela de nuevo. —Renuentemente, me entrega su teléfono y
lo miro—. ¿Recuerdas lo que yo estaba usando esa noche?
—Por supuesto, jeans y una camiseta.
—Puedes ver la piel de su hombro bajo su cabello. Yo estaba usando
una camiseta blanca.
—No quiere decir que no pudiste habértela quitado en un momento de
pasión.
—Espera, ¿me estás acusando?
—¿Qué? No. Solo estaba señalando lo que los demás dirán. Sabía que
no eras tú en el instante que la vi. No sabía que era Jake, pero aun así, no
pensé que te hayas acercado tanto a alguien desde que llegaste.
—Por supuesto que no lo he hecho y planeo que se mantenga de esa
manera, y definitivamente no me venderé como esto lo sugiere.
Leo el texto de nuevo. «Británica succiona tus joyas de la corona por un
precio de oferta», y después mi maldito número telefónico.
No me atrevo a sacarlo de mi bolsa y encontrar justo cuantos chicos
calenturientos piensan que van a tener suerte.
—Esta es una maldita pesadilla. ¿Por qué haría esto? —pregunta
Camila, tomando su teléfono de vuelta así no tengo que seguir mirándolo.
—Porque él nunca pierde.
Dejando caer mi cabeza en mis manos, me enfoco en mi respiración.
Como demonios se supone que salga y mantenga mi cabeza en alto. Cada
estudiante en el edificio piensa que soy una puta que cae en sus rodillas por
dinero y ni por más que lo niegue va a cambiarlo. Es mi palabra contra la
suya, su rey. No tengo ni una oportunidad.
—¿Cuáles clases tienes esta tarde?
Mi cabeza gira tan solo en pensar sobre lo que va a pasar cuando ponga
un pie fuera de la seguridad de la biblioteca.
—No tengo idea, pero estoy bastante segura de que cualesquiera que
sean, no voy a entrar.
—¿Te las vas a saltar?
—¿Qué sugieres que haga?
Se encoge de hombros.
—Te verás culpable si huyes de esto.
—Seamos honestas, pensarán que soy culpable sin importar que. Podría
subirme al techo y defender mi inocencia y nadie escucharía una palabra.
Jake Thorn reina esta escuela y si dice que soy una puta, entonces eso es lo
que seré.
—Lo dejarás que gane ¿así de fácil?
—Por ahora, sí. No estoy segura de que más puedo hacer.
—Esto es una mierda.
—Y me lo dices a mí.
Una risa sale de mis labios, pero no hay diversión en ella.
CAPÍTULO VEINTIDÓS
JAKE
M i necesidad de venganza me consume cuando me alejo de la piscina
completamente empapado. Logré ignorar el hecho de que mi pene
estaba tan duro debajo del agua después de estar presionado contra
su cuerpo suave pero tonificado y me enfoqué en mi necesidad de
arruinarla. No está a cargo aquí, ese es mi trabajo y si piensa que puede
humillarme, aún si es solo en frente de Poppy, entonces está sumamente
equivocada.
Abriendo la puerta de mi tráiler, entro molesto, mis músculos aun
gritando después de mi entrenamiento y me dirijo directo a la regadera, mi
mente corriendo una milla por minuto tratando de que se me ocurra como
voy a acabar con ella.
Al final, me doy por vencido con la lluvia de ideas, sacando lo que
queda de la botella de vodka que Poppy me dio el otro día y enciendo el
cigarrillo de marihuana fresca que le robé a Ethan.
El alcohol y la hierba corriendo por mi sistema ayudan a relajarme, pero
las imágenes de su cuerpo húmedo aún están presentes en mi mente.
Necesitando que alguien más sea la razón de mi constante erección,
saco mi teléfono y echo un vistazo a algunas de las fotos que he tomado en
los meses anteriores. Algunas totalmente inocentes, otras no tanto y son
esas las que necesito. Chicas anónimas, suaves curvas y pequeñas bocas
calientes. Eso es lo que necesito ahora mismo.
Si llamo al número correcto, no tengo la más mínima duda de que
podría encontrarme con alguna en tan solo minutos y obtener exactamente
lo que ella dejó deseando a mi cuerpo.
Estoy desplazándome por las fotos cuando una atrapa mi mirada. Me
toma un momento recordar de cuando es. La cabeza llena de cabello rubio
cuando es obvio que me está succionando es todo lo que puedo ver de ella.
Mi respiración se detiene cuando la chica rubia equivocada entra en mi
mente. Mis venas se llenan con lava de solo pensar en ella y el efecto que
tiene en mí.
Abriendo mis mensajes, se la envío a alguien que sé que puede
ayudarme.
«¿Puedes editar el cabello de esta chica a un rubio mucho más claro?»
Los tres puntos pequeños aparecen inmediatamente.
«Dame cinco minutos.»
Tomando otro trago directo de la botella, coloco mi teléfono en mi
muslo y espero. Se ilumina en la mitad del tiempo que dijo y el resultado
que me está mirando de vuelta es perfecto. Mi pene llora al pensamiento de
que sea la británica atragantándose con mi pene.
Guardo la imagen y espero hasta el momento perfecto. Quiero estar
alrededor para presenciar los daños colaterales y eso no será posible
mientras estoy escondiéndome en esta pocilga que llamo hogar.
Sabiendo que la imagen está en mi teléfono es una maldita tortura. Casi
le doy enviar un millón de veces antes de la escuela la mañana siguiente,
pero sé que eso será inútil. Quiero ver su cara cuando todos piensen que es
ella. La idea de ver su dolor y la vergüenza tiene haciéndome agua la boca y
mis músculos retorciéndose. Es exactamente lo que necesito para calmar a
la bestia molesta que ha estado supurando dentro de mí.
—Sr. Thorn, ¿A dónde cree que va?
—Tengo cosas que hacer —grito sobre mi hombro mientras me dirijo a
la puerta del salón, dejando al resto de mis compañeros de clase
completando sus tareas como pequeños niños buenos.
—No puede irse…
La puerta se azota detrás de mí, cortando lo que sea que iba a decir.
Entrando al área de la cafetería desértica, un par de señoras preparando
el almuerzo me observan, pero nadie me cuestiona. Sentándome en la parte
alta de nuestra mesa usual, saco el teléfono de mi bolsillo junto con la
nueva tarjeta SIM que recogí de camino hacia aquí esta mañana. Pasé la
mayoría del primer periodo llenándola con todos los números que necesito,
gracias a que Ethan me dio su teléfono cuando se lo exigí. Tiene el número
de todos los que vale la pena conocer así que sé que esto funcionará como
lo pretendo. Además, el chisme prende este lugar como un incendio forestal
en los mejores días así que no tengo duda que esos números que no tengo se
los reenviarán. A nadie le gusta perderse el último drama de Rosewood.
Rápidamente quito mi SIM usual y lo reemplazo con el nuevo. Estoy
bastante seguro de que todos sabrán que esto ha venido de mí, pero pensé
que probablemente sería mejor no ser totalmente descarado sobre ello.
Abriendo mis mensajes, encuentro la imagen y selecciono enviársela a
todos. Mi pulgar vacila sobre el botón de enviar. Un momento de duda
golpeándome, haciéndome reconsiderar lo que estoy a punto de hacerle,
pero me imagino la razón de todo esto. La mujer que me arruinó, la
británica podrá no ser ella, ni en un millón de años, pero representa la
misma cosa. Es del mismo mundo y eso es suficiente para mí.
Con ira comenzando a llenar mis venas de nuevo cuando pienso en el
pobre niño pequeño que abandonó, presiono el botón. Un escalofrío corre
por mi columna cuando la realización de lo que acabo de hacer me golpea.
Si no me odiaba ya, entonces lo hará después de esto. Con suerte, se
mantendrá tan lejos de mí como es posible y puedo intentar continuar con
mi vida de mierda.
A pesar de que todos aún están en clase, comienzo a recibir respuestas
casi instantáneamente y es cuando obtengo el primer indicio de que esto
podría ser un error masivo.
«Puede succionarme cuando ella quiera.»
«Mierda, estoy duro de solo mirar, hombre.»
«Ven con papi.»
Mi estómago se anuda con la idea de ella tocando a alguien más. O los
dedos de alguien más agarrando su cabello fuertemente mientras cogen su
boca. Sé que la foto no es ella, ella sabrá la verdad también, pero mi tipo
hizo tan buen trabajo que todos los demás creerán que lo es. Sé por un
hecho que los chicos no mirarán tan detenidamente a la foto para encontrar
cualquier problema obvio.
«Dios. Estoy tan jodido.»
Mis manos tiemblan ligeramente mientras saco la nueva SIM de la parte
trasera de mi teléfono y la meto hasta el fondo de mi bolsillo, esperando que
seré capaz de borrar la memoria de esas respuestas. Es unos cuantos
minutos después que el estruendo de estudiantes dejando las aulas y
dirigiéndose hacia acá se filtran por la casi silenciosa cafetería.
Nadie me presta atención cuando comienzan a entrar, están demasiados
ocupados platicando con sus amigos o más importante, mirando sus
teléfonos y mostrándoselos a la gente con la que están.
Mis puños se aprietan y mis músculos arden sabiendo exactamente lo
que están mirando y exactamente lo que los chicos están sintiendo mientras
lo hacen. Se la están imaginando con sus labios rojos carnosos alrededor de
sus penes.
Mi corazón golpetea en mi pecho y mis dientes rechinan con la
necesidad de caminar hacia cada chico que piensa que están mirando a mi
británica.
«Mi británica.»
—Que se joda esta mierda.
Saltando de la mesa en la que estoy sentado, salgo molesto hacia la
salida antes de que el resto del equipo o las porristas aparezcan. La última
cosa que necesito es que traten de indagar en lo que está mal conmigo.
Como si tuviera una maldita pista. Quisiera saber porque estoy tan jodido
tanto como ellos.
CAPÍTULO VEINTITRÉS
AMALIE
J usto logro mantener la máscara en mi cara hasta que entro por la
puerta principal. Afortunadamente, la abuela está afuera así no estará
para presenciar mi colapso el segundo que azoto la puerta detrás de
mí.
—Hijo de puta —grito, mi voz temblorosa con emoción que ha estado
burbujeando del estrés de la ultima hora.
¿Cómo pudo manipular esa foto para hacer que todos piensen que soy
yo? Él es el maldito puto de los dos, no es como que alguien alguna vez lo
mirará mal por sus aventuras.
Mi pecho se eleva cuando inhalo respiraciones profundas y trato
desesperadamente de calmarme. No merece mis lágrimas.
Me sirvo un vaso con agua antes de dirigirme hacia mi habitación. Una
mirada a la foto de mis padres en mi mesa de noche y las lágrimas que
desterré al instante llenan mis ojos de nuevo.
Dejando caer mi trasero al borde de la cama, me estiro por el retrato y
corro mis dedos sobre la cara impecable de mi mamá.
—Oh, mamá —lloro.
Estoy confiada que no importa cuánto tiempo pase, siempre habrá
momentos como este que todo lo que necesitaré es un abrazo de ella.
Necesito las palabras reconfortantes que solo una madre puede dar para
decirme que todo estará bien. Que no me convertiré aún más en la paria
social que ya soy por ser públicamente humillada por el chico malo de la
escuela.
«¿Qué me diría que hiciera?» Me pregunto mientras continúo mirando
la fotografía. Mi papá probablemente estaría amenazando con ir a su casa y
golpearlo hasta que no pueda pararse por amenazar a su bebé, mientras mi
mamá simultáneamente lo calmaría y me apoyaría. Su reacción sería menos
dramática, diciéndome que no permita que un chico me haga pensar menos
de mí misma cuando él es quien debería de estar avergonzado por sus
acciones. Me diría que soy mejor, más fuerte que esto y que salga ahí con la
cabeza en alto y le permita a la gente que piense lo que quieran porque yo
sé la verdad.
Todo suena bien en mi cabeza, pero en realidad, quiero esconderme y
nunca mostrar mi cara de nuevo en la escuela. Sé que esa foto que
actualmente está rondando no soy yo, pero todo el mundo piensa que sí.
Tratando de sacudir la imagen de mi cabeza de lo que dejé atrás en la
cafetería, saco la parte alta de un bikini y un par de shorts, y me dirijo hacia
el baño. Si voy a pasar el resto del día escondiéndome, entonces podría
broncearme un poco al mismo tiempo.
Tomando mi libro y agua, dejo mi teléfono en el fondo de mi bolso, no
queriendo mirar al tipo de mensajes que probablemente he recibido.
El poco jardín que aún está en el sol está justo al final, así que después
de jalar el camastro cómodo de la abuela, me instalo en los rayos cálidos y
trato de bloquear al mundo.
Estoy perdida en mi libro y justo cuando las cosas se pondrán
interesantes, el ruido más extraño llega a mis oídos. Es casi como si alguien
estuviera actuando lo que está pasando en mi libro con la respiración pesada
y los gruñidos que parecen salir de los árboles detrás mí.
Tratando de ignorarlo, sigo con mi libro, pero no puedo bloquearlo y
termino releyendo la misma oración tres veces.
Me siento ahí unos cuantos minutos más pero cuando los sonidos
continúan, mi curiosidad me gana. Dejando mi libro, me dirijo hacia los
árboles. Este lugar es como el paraíso para niños, puedo imaginarme todas
las guaridas que han sido construidas aquí a través de los años, es casi una
vergüenza que la mayoría de las casas que están al borde del matorral son
casas de gente mayor.
Mi corazón se acelera mientras desciendo más profundo entre las
sombras y comienzo a pensar que esto probablemente sea la cosa más
estúpida que he hecho en mucho tiempo. Estoy a punto de encontrarme o
con una pareja teniendo sexo o un asesino con un hacha me va a matar. Eso
sería un final dramático para Jake y su estúpida foto.
El jadeo continúa y justo cuando estoy convencida de que me voy a
encontrar a una pareja de adolescentes robando un momento de pasión,
tropiezo con la razón real del ruido.
Mis ojos se agrandan y mi cuerpo se tensa cuando miro al medio
desnudo y sudado Jake subiendo su barbilla hacia una rama de árbol por
encima de su cabeza.
—Ugh —gruñe mientras lo logra, antes de bajarse y repetir.
Podrá estar oscuro aquí con solo un poco de luz solar entrando por las
hojas arriba, pero el sudor bajando por su espalda brilla antes de mojar su
pretina que está baja en su cadera.
Mi estómago se retuerce y un hormigueo llena mi cuerpo entero. Quiero
decir que es rabia, este chico desea con todo su corazón arruinar mi vida,
pero me temo que lo que estoy sintiendo en este momento es más que eso.
Debería girarme para irme, no sabrá que estuve siquiera aquí pero mi
cuerpo se rehúsa a moverse.
Mis ojos se mantienen en él mientras se jala hacia arriba así su barbilla
toca la rama unas cuantas veces más antes de soltarla con un gruñido y caer
al piso. Ramas se rompen y hojas crujen donde sus pies aterrizan.
Sostengo mi respiración, con miedo de lo que va a pasar cuando se gire
y me encuentre, porque es inevitable.
Coloca sus manos en sus rodillas y succiona unas cuantas respiraciones,
pero aún así, mis piernas se mantienen inmóviles negándose a escuchar a mi
cabeza e irme de aquí.
—¿Qué demonios? —grita, sus ojos creciendo con miedo y su mano
subiendo para cubrir su corazón.
Es hasta ahora que mis pies concuerdan en moverse y doy un paso hacia
atrás justo cuando sus ojos se entrecierran en enojo.
—¿Qué estás haciendo aquí? ¿No deberías de estar en la escuela?
Mis cejas se elevan.
—¿No deberías estar tú en la escuela absorbiendo todas las alabanzas de
tu grupo después de mostrarles lo que realmente soy?
—¿Y qué es eso exactamente?
—Una puta que se la chupa a quien sea por el precio correcto.
Su pecho se eleva cuando toma una respiración profunda antes de
soltarla con un gruñido. Después está acercándose hacia mí. Probablemente
debería de estar asustada, pero por alguna razón sé que no me va a herir. Al
menos no físicamente.
—¿Qué te dije de llamarte a ti misma así?
—Es un poco tarde para preocuparte sobre lo que la gente piense de mi
¿no lo crees? La escuela completa está probablemente hablando sobre lo
puta que soy mientras quieren felicitarte por ser capaz de ponerme de
rodillas a segundos después de conocerte. Espero hayas logrado lo que sea
que fuera tu objetivo con ese pequeño truco.
—Ni siquiera estoy cerca.
Su voz es tan baja que no estoy segura de haberlo escuchado bien.
—¿Cuál es exactamente tu problema conmigo, Jake? No te he hecho
nada. Todo lo que hice fue llegar después de que mi vida fuera puesta de
cabeza. No me merezco nada de esta mierda tuya y lo sabes.
—Mi problema. Oh, británica, tengo demasiados que no sé dónde
termina uno y comienza el otro.
Colocando mi mano en mi cadera, la saco al costado, esperando porque
lo que acaba de decir no es lo suficiente para hacerme retroceder.
—No hiciste nada ¿ok? Es lo que representas, de donde vienes con lo
que tengo un problema.
—¿Londres? —pregunto, líneas formándose en mi frente de la
confusión.
—No, no Londres —dice, imitando mi acento—. Tu mundo lleno de
idiotas falsos, plásticos y privilegiados quienes piensan que el mundo les
debe algo solo porque son hermosos.
—¿Cómo es eso mi culpa? Nací en eso.
—Solo lo es.
Su voz es tan baja y amenazante que hace que se me seque la boca.
Toma un paso más hacia mí y no tengo opción mas que dar un paso
atrás si no quiero que choquemos, solo que cuando lo hago, me estrello
contra un árbol.
Sus ojos caen de los míos y observan mi pecho apenas cubierto. Mis
pechos crecen bajo su escrutinio intenso y mis pezones se endurecen contra
la tela delgada, a su placer.
—Así que, ¿qué harás al respecto, británica? —Acorta el espacio entre
nosotros, y lucho para jalar aire a mis pulmones.
—Tengo un nombre, sabes.
Mi voz es un susurro y me regaño a mí misma por caer bajo su hechizo.
Sabe que está bueno y maldito sea por usarlo a su ventaja.
—Lo sé. También tienes otras cosas.
—Que…
Mis palabras son cortadas cuando su nariz recorre la línea de mi
mandíbula. Tomo una respiración temblorosa y se ríe.
—Amas lo mucho que me odias.
No es una pregunta, así que no me molesto en responder, no es que sea
capaz de hacerlo en este momento.
Continúa hacia mi oído y cuando su aliento cálido se desliza por la piel
sensible, mi cuerpo entero se estremece.
—Te apuesto que estás tan húmeda por mi ahora mismo. Justo como lo
estabas en la piscina. ¿Debería descubrir si estoy en lo correcto?
Sus palabras son lo suficiente para que la neblina se aclare por unos
cuantos segundos. Debe de sentir el cambio en mí porque se echa para atrás
y sus ojos oscuros y peligrosos encuentran los míos.
—No tocas a putas, recuer…
No logro terminar la oración antes de que sus labios se estrellen contra
los míos y se pierdan. Su lengua entra en mi boca abierta con conmoción y
encuentre la mía. Mi cabeza grita que me aleje de él, golpearlo por ser tan
pretencioso pero mi cuerpo, que se deja caer contra el árbol, mis rodillas
casi cerca de rendirse. Afortunadamente, empuja su rodilla entre mis
piernas y presiona su cuerpo duro contra el mío, manteniéndome en el
lugar.
Su mano sube por mis costados. La gentileza de su toque causando que
piel de gallina brote por mi cuerpo entero.
Un gemido bajo vibra en su garganta y juro que lo siento hasta los dedos
de mis pies.
Levantando mis brazos los coloco sobre sus hombros, mis dedos
enredándose en su cabello corto en la nuca, y caigo más y más bajo su
hechizo.
Mis pulmones están urgidos por aire cuando eventualmente se aleja de
mis labios, pero no se detiene. Besándome bajo mi cuello, sus dedos
recorriendo el borde de la parte de arriba de mi bikini, entrando para
pinchar mis pezones duros.
Una bocanada fuerte llena el aire a nuestro alrededor, pero no me doy
cuenta de que sale de mis labios.
—Oh maldición —gimo cuando sus dedos son remplazados con su boca
caliente y mi punta sensible es succionada profundamente, su lengua
moviéndose en círculos y enviando un rayo fuerte de electricidad en medio
de mis piernas.
Sabiendo exactamente lo que necesito, sus dedos rozan la piel de mi
estómago y se deslizan dentro de mis shorts cuando encuentran la pretina.
No hay duda en sus acciones, sabe exactamente lo que quiere y exactamente
lo que está haciendo.
—Oh maldición, oh maldición —digo, enfocándome en lo que está por
venir y olvidando cada onza de realidad que debería de estarme enfocando
en este momento.
Somos dos adultos jóvenes, escondidos bajo la sombra de los árboles en
un momento de pasión pura. Solo dos cuerpos tomando exactamente lo que
necesitan y olvidándose de las consecuencias de la vida real y de lo que
podría pasar cuando todo esto termine. Arrepentimientos no significan nada
mientras mi cuerpo corre para encontrar la liberación que no me di cuenta
que estaba desesperada por tener, hasta que sus manos cayeron en mí.
Sus dedos empujan dentro de mi ropa interior y casi inmediatamente
encuentran mi clítoris.
—Dios, británica —gime, encontrándome completamente lista para él.
Besa a través de mi pecho, quitando el otro lado de mi bikini y dándole a
ese pecho el mismo tratamiento mientras sus dedos indagan más profundo
para encontrar mi entrada.
Dejando caer mis manos, las corro hacia debajo de los músculos de su
estómago deleitándome en el hecho de que danzan bajo las yemas de mis
dedos. Cuando encuentro la parte alta de sus shorts, las deslizo dentro, pero
muevo mi mano alrededor a su trasero, apretando firmemente y presionando
su erección con más fuerza en mi cadera. Gime, sus caderas empujando de
nuevo para encontrar algo de fricción.
—Maldición, estás estrecha —gime, deslizando otro dedo dentro de mí
y trayendo mi liberación casi tan cerca que la puedo tocar.
—Maldición, sí. Vente en mis dedos, británica.
Sus labios encuentran los míos una vez más, su lengua entrando,
pasando mis labios para explorar todo lo que pueda, su pulgar presiona mi
clítoris y mis músculos se aprietan en él. Gruñe. El sonido junto con las
vibraciones, son lo suficiente para llevarme al extremo. Se traga mis
gemidos cuando el placer corre por mi cuerpo. Su mano aprieta mi cintura y
su cuerpo me presiona más fuerte en el árbol para mantenerme de pie, el
placer amenazando con derribarme.
Apenas he regresado de mi intoxicación de placer cuando se aleja
ligeramente. Sus ojos usualmente azules oscuro están negros con su deseo,
su cara apretada, y es lo suficiente para tener pequeñas replicas
disparándose por todo mi cuerpo.
Jake mira hacia abajo a sus manos donde las acaba de sacar de mis
shorts, no estoy segura si está considerando cortarla después de tocarme o
qué, pero lo que no estoy esperando es que la levante a sus labios y la
succione profundamente en su boca.
No puedo evitarlo. Me estiro hacia él, no estando lista para que esta
tregua entre nosotros termine. Muevo mis manos por su pecho y las coloco
alrededor de la parte trasera de su cuello. Bajando su mano, me observa.
Sus ojos recorren cada pulgada de mi cara, es casi como si me estuviera
viendo por primera vez, lo cual es algo loco.
—Jake, necesito…
Mis palabras son interrumpidas por un grito fuerte del otro lado de los
árboles.
—Thorn, ¿estás ahí hombre?
—Maldición.
Soltando su agarre en mí, se aleja. Odio la decepción que me recorre,
pero el perder su toque causa que una frialdad que no estaba esperando me
golpee.
—¿Jake? —Su nombre es una simple suplica en mis labios, y odio lo
desesperada que sueno por un chico que odio.
—No —dice, mirando hacia donde vino el grito.
—¿Thorn?
—Sí, ya voy. Espera en el tráiler ¿sí?
—Seguro, hombre.
«¿Tráiler? ¿Qué?»
Moviendo sus ojos duros hacia mí, trago mientras un poco de temor
sube a mi garganta.
—Esto nunca pasó.
—¿Qué?
—Solo olvídalo —gruñe, cerrando la discusión—. Tómalo como una
disculpa por esa maldita foto.
Estirándose, toma mi barbilla en su mano, su agarre duele, pero soy
incapaz de alejarme. Sus labios se estrellan con los míos por otro beso que
hace que mis rodillas se debiliten antes de empujarme con tanta fuerza que
me tropiezo con algo y caigo al suelo.
Sus ojos destellan con preocupación cuando chillo de dolor, pero no
hace nada. Sin otra palabra, recoge su camiseta que ha sido desechada en la
tierra y desaparece de mi vista.
—Maldición —gruño, dejándome caer al suelo.
«¿Qué acabo de hacer?»
CAPÍTULO VEINTICUATRO
JAKE
M i pecho se eleva con dificultad y mi cabeza da vueltas mientras
camino fuera de los árboles y lejos de ella. Confusión corre por mis
venas. No debí de haberla tocado, debí haberme ido al instante que
la encontré viéndome, pero no me pude resistir. La tentadora hinchazón de
sus pequeños pero perfectos pechos escondiéndose detrás de esas pequeñas
tiras de tela, la suave y tonificada piel de su estómago que tuvo a mi boca
haciéndose agua y la patética excusa de esos shorts. No tuve la oportunidad
de verla por detrás, pero estoy bastante seguro de que hicieron un pobre
trabajo para cubrir su trasero.
Cuando emerjo en el sol de la tarde, puedo decirme a mismo tanto como
quiera que no debí de haberlo hecho, pero la realidad es que mi cuerpo está
demandando que me gire y termine el trabajo que comencé. No, si soy
realmente honesto, quiero regresar y asegurarme de que está bien después
de que la empujé. El pequeño chillido de dolor que soltó cuando cayó en el
piso resuena en mis oídos. Sé que se lastimó y soy un completo idiota por
abandonarla. «¿Pero acaso no es eso lo que quieres que piense?»
Sacudiendo el pensamiento de mi cabeza, me enfoco en lo que me voy a
encontrar. Sosteniendo mi camiseta en frente de la intensa erección que ella
causó y que aún está levantando mis pantalones deportivos.
Las voces de Ethan y Mason retumban a través de las delgadas paredes
de mi tráiler. No he hablado con Mason desde la Fiesta de Medianoche así
que solo puedo asumir que está aquí para darme otro regaño por mis
acciones recientes.
Abriendo la puerta, me aseguro de que estoy cubriendo cualquier
excitación persistente, aunque estoy seguro de que se desvanecerá en el
segundo que mis ojos caigan en esos dos.
Su conversación se detiene en el momento que entro al tráiler y dos
pares de ojos entrecerrados caen en mí.
—¿Qué mierda te pasó?
—Solo estaba ejercitándome.
—¿Seguro? Quieres intentar decirnos eso cuando no tengas labial por
toda tu cara.
Asustándome, levanto mi camiseta para limpiar mis labios.
—Maldita sea, Thorn, ¿en serio?
—Fin de la discusión. Me voy a duchar.
—No te quiero escuchar arreglando esa pequeña situación, hombre.
Les muestro el dedo medio a ambos, me dirijo hacia el baño, abro la
regadera y dejo caer mis pantalones deportivos. Mi pene se balancea entre
mis piernas, burlándose de mí con las memorias de cómo terminé en este
estado en primer lugar. Todavía puedo saborear su dulzura en mi lengua, la
suavidad de su piel, los suaves gemidos y lloriqueos que salieron de sus
labios cuando la llevé al orgasmo.
Mi pene está duro como maldito metal de nuevo, pero nada aparte de su
toque lo calmará y eso me molesta más que nada. No solo no puedo sacarla
de mi cabeza, pero ahora la necesito, y nunca quiero necesitar a alguien en
mi vida, nunca. Necesitar a alguien significa darles una parte de ti, una
parte que puede ser quebrada en pedazos sin pensarlo dos veces. No
permitiré a nadie tener una parte de mí, no importa cuán pequeña.
Poniendo el agua fría, me quedo ahí parado pensando sobre cualquier
cosa excepto su cuerpo, que podría hacer que mi pene regrese a la
normalidad así puedo salir y enfrentar lo que sea que esos dos han venido a
decirme.
—¿Quién fue? —dice Mason en el momento que reaparezco.
—Oh…uh… ¿Chelsea? —No tengo la intención de que salga como
pregunta, pero es el único nombre en el que puedo pensar sin revelar la
verdad.
—Vete al carajo, ¿de verdad piensas que vamos a creer eso?
Encogiéndome de hombros, agarro un par de cervezas y se las paso a
mis amigos molestos.
—Primero… —comienza Mason—. Chelsea estaba en mi clase el
último periodo, así que sé que no fue ella. Y segundo, no besas, y
ciertamente no besas a putas como Chelsea. Así que vamos, dinos antes de
que comencemos a llegar a conclusiones.
—No fue nadie.
—Fue ella, ¿verdad? —pregunta Ethan.
—Suficiente —digo molesto—. ¿Vinieron a reprenderme sobre a quién
beso o hay una razón de su visita?
—Vinimos a golpearte hasta entrar en razón.
Colocando mi botella en la encimera, miro entre mis dos mejores
amigos. Doy un paso hacia adelante, manos a mi costado.
—Hazlo entonces.
—No lo dijimos de manera literal, Jake.
—¿No? Probablemente lo merezco.
—Maldita sea lo mereces. Esa artimaña que hiciste hoy fue
imperdonable.
«Ella no parecía tener un problema con eso hace unos minutos atrás.»
Las palabras están justo en la punta de mi lengua, pero de alguna manera
logro mantenerlas dentro. Nadie aparte de nosotros dos necesitan saber lo
que pasó esta tarde en los árboles.
Encogiéndome de hombros una vez más, tomo mi cerveza y me dejo
caer en el sofá ahora que sé que no me van a golpear.
—Esto es ridículo, Thorn. Estás arruinando su maldita vida. ¿Cómo
puede no importarte? Sé que eres un idiota, pero esto es una locura.
—Me importa. Me importa que haya desenterrado cosas que preferiría
fueran dejadas en el pasado.
La cara de Ethan se tuerce en confusión, pero Mason sabe más que la
mayoría.
—Nada de eso es su culpa —se enfurece—. Solo déjala que siga con su
vida.
—¿La quieres? —Mi voz sale más calmada de lo que estoy sintiendo
cuando la comprensión me golpea del porque siempre está tratando de
defenderla.
—¿Qué? No, no la quiero.
—¿Estás seguro? Pareces estar de su lado la mayoría del tiempo.
—Sí, porque estás actuando como un idiota y en este momento estoy
avergonzado de ser tu amigo.
—Nadie te está obligando.
Tomando un trago de mi cerveza, alejo mi mirada de él así no puede ver
lo que realmente siento ante esa sugerencia.
—Jódete, Jake. No escucharás mi consejo, entonces sigue con esta
mierda. Arruínale la vida a esa chica solo para hacerte daño a ti mismo.
Todo lo que estás haciendo es tratar de ocultar lo mucho que la deseas,
todos podemos verlo. No tengo problema en permitirte que jodas esto tan
mal que jamás volverá a mirarte, mucho menos tocarte.
—¡Maldición!, no la deseo —digo furioso, parándome como Mason así
puedo mirarlo directamente a los ojos.
El maldito tiene la audacia de reírse. Se ríe por completo en mi cara.
Hace que mi sangre hierva.
—¿Entonces no era su labial regado por toda tu cara cuando entraste?
No olvides, que también sabemos dónde vive.
Mis manos se aprietan con la necesidad de borrar esa mirada arrogante
de su maldita cara mientras se prepara para continuar.
—¿Qué tal si te dijera que sí la quiero? ¿Qué tal si te dijera que ya la
invité a la fiesta de Shane el sábado por la noche y dijo que sí? ¿Qué tal si
te digo que planeo cogérmela…
—Arg —rujo, volando hacia él y golpeándolo en la mejilla.
—Suficiente —demanda Ethan detrás de mí, sus manos enredándose
alrededor de mis brazos para quitarme de encima de mi mejor amigo.
Girándome, sus manos empujan contra mi pecho, obligándome a dar un
paso atrás y lejos de Mason.
—Necesitas sacar tu cabeza de tu trasero, Jake. La deseas, entonces deja
de estar perdiendo el tiempo antes de que jodas las cosas tan mal que te
arrepentirás.
Empujo contra Ethan, pero su agarre es demasiado fuerte.
—Podré no desearla, pero hay suficientes chicos en la escuela que lo
hacen. La pusiste en el centro de sus pensamientos hoy y todos ellos
quieren un pedazo de ella, nadie más que Shane. Necesitas hacerla tuya
antes de que alguien más lo haga.
—No la deseo —miento, las palabras saliendo sin interrupciones de mis
labios.
—Me rindo —dice Mason, sus manos alzadas en derrota antes de
desaparecer de la vista, la puerta cerrándose de golpe y el tráiler
sacudiéndose con su partida.
Ethan suelta su agarre, camina hacia el sillón y saca un cigarrillo ya
enrollado de su bolsillo. Prendiendo el encendedor, toma una calada antes
de ofrecérmelo.
Lo tomo y le doy una jalada larga, mis músculos inmediatamente
comienzan a relajarse.
—¿Qué tienes que decir sobre todo esto? —pregunto, dándome cuenta
por primera vez de que se mantuvo en silencio mientras Mason despotricó
en mi contra.
—Siento que no tengo toda la información, pero también estoy de
acuerdo con Mase. Necesitas cogértela y sacarla de tu sistema.
—¿Realmente irá a la fiesta de Shane el sábado por la noche?
—Quien sabe, hombre. Pero si él tiene algo que decir sobre eso,
entonces ella estará ahí, ha estado siguiéndola como un maldito cachorro
enamorado desde que llegó. Y si me preguntas…
—No lo hice.
—Si me preguntas, a cómo vas, está mejor con él.
—Probablemente tengas razón.
—¿De verdad? —pregunta, sus cejas prácticamente tocando el
nacimiento de su cabello.
—Sí, sin embargo, no lo permitiré.
Una pequeña sonrisa sacude la esquina de su boca y mi estómago cae.
Ya pude haber admitido lo mucho que la deseo.
CAPÍTULO VEINTICINCO
AMALIE
—M ierda, ¿qué pasó? —pregunta Camila en el instante que entro
en su auto la mañana siguiente. No estoy sorprendida, el
vendaje grande en mi brazo es casi imposible de esconder.
Cuando mi abuela llegó a la casa, y me encontró tratando de cubrirlo
con gaza, fue insistente de que me llevara a emergencias y dejaran que lo
checaran como se debe. Traté de discutir, pero no tuve ni una oportunidad
contra ella, especialmente cuando comenzó a decirme que sería lo que mis
padres hubieran querido.
Resulta que tenía razón porque terminé con unas cuantas puntadas en la
parte más profunda de la cortada. No tenía idea cómo el caer en unas pocas
ramas caídas ocasionarían tanto desastre. Supongo que fue karma por besar
al diablo o algo así, todo lo que sé es que duele demasiado y me mantuvo
despierta la mayor parte de la noche. Supongo que debería de estar
agradecida de que no me lo quebré.
—Me caí.
—¿Te caíste? —pregunta incrédulamente—. ¿Dónde?
—Fui a caminar por los árboles al final del jardín y me tropecé con unas
ramas. Fue estúpido.
Mi cara se enrojece y estoy agradecida de que Camila está bastante
enfocada hacia dónde va, así que se lo pierde.
—No me digas—. Afortunadamente, acepta mi mentira y continúa,
aunque es hacia otro tema que estoy tratando evitar—. ¿Estás segura de
estar lista para esto? Las cosas no se calmaron para nada después de que te
fuiste ayer.
Gruñendo, me recuesto en el asiento del pasajero de su Mini Cooper
deseando que me trague.
—No puedo esperar.
A una infame hora anoche cuando mi brazo estaba punzando, tuve el
error de sacar mi teléfono del fondo de mi bolso. Aparte de los mensajes
preocupados de Camila y Shane, todo el resto eran de chicos
preguntándome cuando estaba disponible y para mi completo asombro
había unas cuantas fotos de penes poco impresionantes esperándome
también. Nada de eso señaló el hecho de que las cosas habían explotado. Sé
por vivir una vida rodeada de celebridades que el chisme es solo chisme
hasta que algo más pasa, solo estaba deseando que algo loco hubiera pasado
después de que me fui ayer y que ya sería noticia vieja. Supongo que eso
fue una ilusión. Hasta que algo más pase, seré vista exactamente como Jake
planeó, una puta. Aunque, después de lo que pasó ayer en los árboles, no
puedo evitar sentir que hay algo de verdad en ello.
Estoy avergonzada de que me afectó tanto que le permití poner sus
manos en mí. También estoy confundida por lo que me hizo, como me hizo
sentir en esos pocos segundos fue en contra de todo lo que ha estado
intentando hacerme ver. Me dijo que nunca tocaba a una puta, aún así, no
dudo en sacarme un orgasmo a la primera oportunidad.
Recuerdo la tarde anterior en la piscina de Poppy y no puedo evitar
considerar que habría hecho lo mismo si hubiera tenido la oportunidad.
Mi cuerpo se calienta cuando repito los eventos de ayer en mi cabeza.
Todavía puedo sentir la aspereza de la piel de sus manos raspar a través de
mi estómago mientras sus dedos se metían en mis shorts. Aún puedo
saborearlo en mi lengua y recordar su voz áspera cuando murmuró en mi
oído.
«Maldición.»
—¿Estás bien? Estás murmurando para ti misma.
—Sí, estoy bien. Solo recordando que olvidé hacer algo de tarea.
—Estoy segura de que el maestro te dará otra oportunidad. Sin duda
también saben todo sobre lo que pasó ayer.
—Fantástico.
—Mierda, no quise decirlo así.
Siento sus ojos penetrar mi piel en el momento que salgo del auto de
Camila, pero mantengo mi cabeza en alto y me enfoco en donde voy.
—Amalie.
Mi nombre siendo llamado por una voz familiar arrastra mi atención del
edificio frente a mí y cuando levanto la vista estoy aliviada al ver que solo
es Shane y no un chico queriendo agendar una “cita.”
—Hola, ¿cómo estás? —Sus ojos caen al vendaje en mi brazo, pero no
pregunta sobre ello cuando niego con la cabeza y ruedo los ojos como si no
fuera nada de qué preocuparse.
—Genial, amo ser la zorra de la escuela.
—No —gruñe, acercándose más para protegerme de las miradas
entrometidas.
—¿Estás seguro de que quieres ser visto conmigo? Sabes que todos
pensarán que estás pagando por mi tiempo.
No tengo la intención de que salga sonando tan resentido, pero al
atrapar un vistazo del grupo de Jake riéndose y bromeando por encima del
hombro de Shane, me molesta.
—Me importa una mierda lo que piensen. Sabemos la verdad, eso es
todo lo que importa.
—¿Sabes que no era yo?
—Por supuesto.
—¿Cómo? —pregunto, mis ojos entrecerrándose sospechosamente.
—No es el tipo de cosa que harías.
—Pero apenas me conoces.
Su seguridad en mi moral sí me hace sentir un poco mejor, haciéndome
desear que todos vieran la misma cosa.
—Sé lo suficiente. ¿Puedo encaminarte a tu clase?
—Tu funeral —susurro, pero no es lo suficientemente bajo.
—Amalie —me advierte de nuevo—. Puedo alimentarte a los lobos si
es lo que deseas, pero pienso que preferirías mantenerte en las sombras.
Solo la mención de sombras es suficiente para traer a Jake al frente de
mi mente. Por qué no me siento como lo hice con él anoche cuando estoy
con Shane. Es un buen chico, me trata bien. Me ha mostrado exactamente
cómo se siente y nunca haría el tipo de cosas que Jake hace.
Hay algo seriamente mal conmigo que no puedo sentir nada más que el
apoyo de un amigo mientras camino a un lado de Shane.
Los insultos del grupo de amigos de Jake llegan hasta nosotros.
Mirando por encima del hombro, veo a Chelsea y unas cuantas de sus
seguidoras, pero él no está por ningún lado.
—Solo ignóralos —dice Shane, motivándome a seguirme moviendo con
una mano gentil en mi espalda—. Vamos.
Poniendo una sonrisa para mi amigo, miro hacia él. Está sonriéndome
con un brillo en sus ojos que me tiene tragando saliva en preocupación. No
importa que tan platónicas trato de mantener las cosas entre nosotros,
parece que su imaginación le gana. Sus dedos se mueven en la parte baja de
mi espalda y me alejo ligeramente. Sus labios se curvan en una mueca, pero
no dice nada.
—Si te estás alejando de tu rumbo, puedo caminar sola.
—Algo así, pero necesito saber que llegarás sin ser acosada por ninguno
de estos idiotas.
—Realmente aprecio tu apoyo.
—Y de verdad odio la forma en la que estos malditos chicos
calenturientos te están mirando en este momento. Es como si pensaran que
eres un pedazo de carne con el que pueden jugar, Jake va a pagar por lo que
hizo ayer.
—Por favor, no hagas nada estúpido —digo con una mueca sabiendo
que el que vaya en contra de su capitán nunca terminará bien.
—No puedo prometerte nada.
—Oye, feliz cumpleaños, hombre —un chico que no conozco dice,
caminando hacia Shane y golpeándolo juguetonamente en el hombro.
—Gracias, hombre.
—No puedo esperar a tu fiesta del viernes por la noche, va a ser épica.
—Sí, debería de ser una buena noche.
La respuesta de Shane realmente carece de emoción.
—Bueno —dice incómodamente mirando entre nosotros,
probablemente preguntándose que hace su amigo con la zorra de la escuela
—. Con suerte estaremos celebrando también una victoria.
—Esperemos. Te veo más tarde, ¿sí?
—Seguro.
Asintiendo la cabeza a ambos, se aleja y desaparece entre la multitud.
—¿Es tu cumpleaños? —pregunto, mis pasos deteniéndose un poco con
la realización.
—Sip, soy legal y toda esa mierda ahora.
Levanto la vista justo a tiempo para ver sus cejas menearse y una
sonrisa descarada aparecer en sus labios.
—Bueno, feliz cumpleaños. No tenía idea así que… uh... no he…
Mi excusa incomoda del porqué no le he comprado un regalo es
interrumpida cuando me agarra del brazo y me gira para que lo afronte.
—Cena conmigo.
—Oh…uh…
Mi corazón comienza a acelerarse al pensar que incluso cuando he
estado esforzándome bastante para no darle ninguna esperanza, parece que
las tuvo de todas maneras. Mordiendo mi labio inferior, miro en sus ojos
esperanzados y mi estómago cae. Realmente no quiero herirlo.
—No como una cita o algo así. —Aunque por la manera en la que su
cara cae cuando dice esto, es obvio que es exactamente lo opuesto de lo que
quiere—. Solo amigos. Puedes pagar, que sea mi regalo de cumpleaños.
—¿Solo como amigos? —pregunto, sintiéndome como la peor persona
del planeta por despreciar a un chico tan dulce.
Algún día será un novio increíble para alguien, solo no el mío. Tanto
como quisiera que fuera él quien haga que hierva mi sangre y cause una
erupción de mariposas en mi estómago, no lo hace. También creo que nunca
lo hará. Shane y yo estamos destinados a ser amigos y tan pronto como
acepte eso será mejor.
Percatación calienta mi lado izquierdo, mirando por encima de mi
hombro encuentro que los estudiantes que estaban en frente de nosotros se
han separado y al final del pasillo, muriéndose de coraje, está Jake. Sus ojos
están oscuros y homicidas mientras mira entre Shane y yo. Tratando de
tragarme mi aprensión, me giro hacia Shane cuando habla.
—Sí, solo amigos. Sin presiones, Ame…
Dolor arde por mi hombro cuando mi espalda y cabeza se golpean
contra la pared.
—¿Cuál es tu maldito problema, hombre? —grita Shane cuando se
tambalea unos cuantos paso atrás.
—¿Cuánto cobra por una cena? Dudo que valga la pena.
Cuando mis ojos se enfocan, los encuentro a ambos frente a frente. Jake
es una pulgada o dos más alto, usualmente no sería notorio, pero ahora
mismo luce como un gigante comparado con Shane. Su pecho está inflado
en ira, sus hombros amplios mientras trata de intimidarlo, pero aplausos
para Shane porque mantiene su cabeza en alto y responde de la misma
manera.
—Tendría que importarte el conocer a una chica para poder entender.
—Me importa —gruñe Jake tan callado que casi me lo pierdo.
—Sí, sobre meterte entre sus piernas e irte lo más rápido posible.
—Cuidado. —Las manos de Jake golpean el pecho de Shane y una vez
más se aleja —. Necesitas recordar donde está tu lealtad.
Con una última mirada rígida y un vistazo hacia mí, Jake se va enojado
por el pasillo. Toma unos cuantos segundos, pero los testigos que miraron
todo pronto continúan con sus conversaciones y quitan su atención de
nosotros.
—Maldición, ¿estás bien? —pregunta Shane, acercándose rápidamente
a donde aún estoy parada, apoyada contra la pared.
Parpadeo por lo que se siente como la primera vez desde que lo vi
parado a unos cuantos pies de distancia y es lo suficiente para sacar un par
de lágrimas de mis ojos.
—Maldición, ¿te hizo daño?
Es justo cuando sus palabras se registran que recuerdo mi cabeza
golpeándose contra la pared detrás de mí cuando Jake se estrelló contra mí.
Pero no es el dolor de eso lo que está causando las lágrimas, es el recuerdo
de lo gentil que fue conmigo anoche. Sí, sus toques fueron demandantes y
seguros, pero en ningún momento fue severo o poco cuidadoso.
Parpadeando un poco más rápido alejo las lágrimas, me empujo de la
pared.
—Estoy bien. De verdad —agrego cuando me mira con una ceja
levantada.
—Ese tipo es un idiota. Si nunca tengo que verlo de nuevo, sería
demasiado pronto.
Murmuro mi acuerdo, aunque cuando lo digo algo dentro de mí se
retuerce dolorosamente. Debería de estar completamente de acuerdo
después de todo lo que me ha hecho, pero hay una parte de mí, aún después
de lo que acaba de pasar, que quiere seguirlo. Que quiere intentar encontrar
cuál es su problema y… ayudar ¿tal vez?. Reprendiéndome por tan solo
pensarlo, es claro que Jake Thorn ya no puede ser rescatado y que, si
alguien es capaz de hacerlo, no sería yo.
—Sí, igual.
Mi concordancia es débil y ocasiona que los ojos de Shane se
entrecierren en mi con sospecha.
—¿Así que cuando tendremos esta cena? —pregunto, tratando de quitar
la atención de mí.
—¿Jueves por la noche? No puede ser el viernes por el juego y la fiesta.
—¿Fiesta?
—Sí, en mi casa después del juego. Es como una tradición, ¿nadie te
dijo sobre eso?
Me encojo de hombros, hay una alta probabilidad de que alguien lo
haya hecho pero las fiestas de fútbol americano no están muy altas en este
momento en mi lista de prioridades.
—Estarás ahí, ¿verdad? ¿En el juego y la fiesta?
La esperanza que brilla en sus ojos es lo suficiente para indicarme que
la respuesta correcta sería no. Debería de decir no ahora mismo, pero
cuando su cara cae y una mirada de cachorro triste aparece, se me dificulta
negarme.
—Vamos, hay que llevarte a clases.
El resto del camino es en silencio y temo haberlo herido cuando la única
cosa que quiero hacer es lo opuesto.
CAPÍTULO VEINTISÉIS
AMALIE
E l resto del día, y el siguiente, es exactamente como lo esperaba. Lleno
de miradas, señalamientos, susurros silenciosos y proposiciones. Para
el momento que me encontré con Camila en su auto el jueves por la
tarde, ya tuve suficiente de esa mierda.
—¿Cómo estás aguantando? —pregunta, mirándome cuando entro a su
auto.
Dejando salir un enorme suspiro de frustración, una risa suave cae de
mis labios.
—¿Tan bien?
—Peor.
—Se va a dispersar pronto. Con el juego y la fiesta de Shane este fin de
semana, alguien va a hacer algo estúpido y te quitará el foco de atención.
—Eso espero —murmullo mientras se aleja de la escuela.
—¿Lista para tu gran cita de hoy por la noche?
—No es una cita.
—Claaaaro.
—Es en serio, Camila. Saca de tu cabeza esas ideas sobre tener citas
dobles contigo y Noah. No estoy interesada en Shane de esa manera.
—Sigues diciendo eso, pero a él le gustas de verdad. Solo dale una
oportunidad.
—Esa no es una buena razón para darle falsas esperanzas. Vamos a salir
como amigos y eso es todo lo que alguna vez seremos.
Incluso el pensar sobre hoy por la noche tiene a mi estómago hecho
nudo con incertidumbre. Por más que defienda que no es una cita, va a
verse así para los demás. Por más que no quiera que tenga la idea errónea,
tampoco quiero que la reputación de Shane se manche por pasar tiempo
conmigo, la chica que todos piensan que cobra por hora.
—¿Sabes lo que vas a usar? —pregunta Camila, sacándome de mis
pensamientos.
—Uh…jeans y una camiseta.
—Dios, Amalie. Sé que no es una cita, pero podrías poner al menos un
poco de esfuerzo.
—Bien —resoplo—. ¿Quieres entrar y ayudarme?
—Pensé que nunca preguntarías.
—¿Cómo estuvo la escuela? —pregunta mi abuela cuando entramos a la
cocina para tomar una bebida.
—Estuvo bien —miento, sintiendo la mirada de Camila quemando en la
parte trasera de mi cabeza.
—¿Qué? —articulo, girando para mirarla, no es como si hubiera ido
directo a casa, y soltado cada detalle de la imagen que está circulando que
me hace parecer que estoy dando una mamada. Hay algunas cosas que una
abuela y su nieta nunca necesitan discutir, y esta es una de ellas.
—¿Supiste sobre la cita de Amalie?
—No es una cita —digo furiosa, para la diversión de Camila.
—Aw, es emocionante. Recuerdo mi primera cita. Él era un encanto. Me
compró flores, me llevó a cenar y tuvimos la caminata más romántica por la
playa—. Los ojos de la abuela se empañan mientras recuerda—. Y cuando
me besó al final de la noche, pensé que mi vida nunca sería la misma.
—Habrá cero besos esta noche. Vamos a salir como amigos.
—Sí, sí. Ahora vamos y encontremos algo que puedas usar que tu
amigo realmente vaya a disfrutar.
—Asegúrate de que use un vestido —grita la abuela cuando
desaparecemos por el pasillo.
—No usaré un maldito vestido —me quejo, abriendo la puerta.
Camila va directo a mi guardarropa y comienza a sacar sugerencias, con
cada una de ellas me rehúso. No me estaré arreglando, me niego a permitir
que Shane piense que hice un esfuerzo para impresionarlo. Somos. Solo.
Amigos.
Al final, cedo en un vestido de verano casual con tirantes delgados y
flores por todos lados. Racionalizo que, si es lo suficientemente casual para
usar en la escuela, entonces es lo suficientemente casual para usar en mí no-
cita.
Camila una vez más insiste en peinarme y maquillarme, y cuando
eventualmente salgo de mi habitación, tengo un ligero pero oscuro
sombreado de ojos y cabello con ondas sueltas colgando alrededor de mis
hombros. El vendaje que está alrededor de mi brazo no ayudó al estilo, pero
no hay mucho que pueda hacer sobre eso, tampoco con el recordatorio
constante de la persona que lo puso ahí.
—Wow, luces hermosa. Va a estar muy sorprendido.
Gruñendo a las palabras de la abuela, inmediatamente me giro para irme
a cambiar, pero desafortunadamente para mí, Camila me lo impide.
—Uh uh…ni lo intentes. —Justo cuando voy a sacarle la vuelta, el
timbre suena—. Es demasiado tarde, ya está aquí.
El deleite que ilumina su cara hace que quiera pisarle los dedos de los
pies con mis plataformas.
—Vas a pagar por esto —advierto en un susurro, pero todo lo que
obtengo de vuelta es una risa alegre.
—Solo trata de disfrutarlo ¿sí?
—Abuela, no —digo cuando la veo dirigiéndose hacia la puerta
principal. La última cosa que necesito es que se una al equipo “no sería
Shane un gran novio”—. Ambas solo…desaparezcan.
—Sabe que estoy aquí, se habrá estacionado a un lado de mi auto.
—Uh, de acuerdo. Abuela, escóndete.
Hace un puchero, pero hace lo que le digo y entra a la sala de estar.
Soltando una respiración profunda, me preparo para abrir la puerta. No
soy lo suficientemente rápida porque el timbre suena a través de la casa una
vez más.
—Hola, lo siento —digo, abriendo la puerta y poniendo una sonrisa en
mi cara.
—No te preocupes. Estaba comenzando a pensar que me habías
plantado en tu propia entrada.
La risa que sale es nerviosa, y no me hace sentir para nada bien.
—Wow, te arreglas bien.
En vez de los jeans y camiseta que parece siempre usar en la escuela,
Shane está vestido en un par de pantalones y camisa de vestir. Es claro que
le dio un poco más de tiempo a su cabello rebelde y huele demasiado bien.
Su esencia hace que se me haga agua la boca, pero aún no es suficiente para
hacerme desearlo.
—Tú también, luces increíble.
Mis mejillas se sonrojan ante su halago y me siento incomoda por
primera vez en su presencia desde el día que me estrellé contra él.
—Muy bien entonces, pásenla bien, chicos. Asegúrense de estar de
regreso antes del toque de queda —Camila dice entusiasmada, pasando
entre nosotros y dirigiéndose hacia su auto. Con un pequeño saludo con la
mano, se aleja dejándonos a ambos solos por primera vez.
—¿Lista? —Sostiene su brazo para mí y me siento como una tonta
cuando me niego, pero ya siento que esta noche se está saliendo de control.
—¿A dónde vamos? —pregunto mientras su auto se dirige hacia el
paseo marítimo.
—Por las mejores hamburguesas de la ciudad, por supuesto.
—¿Aces? —pregunto con vacilación.
—Por supuesto. ¿A dónde más? Dijiste que querías algo casual, y no
hay nada mejor que Aces.
«Mierda.»
No necesito decir nada, debe de ser capaz de sentir mi tensión.
—Estará bien. Además, me niego a esconderte. No podría importarme
menos lo que piense la gente. Ambos sabemos que no eras tú la de la foto.
También sabemos que no te estoy pagando para que estés conmigo, así que
se joda el resto y sus mentes pequeñas.
Mis dedos se retuercen en mi regazo mientras trato de creer lo que
Shane está diciendo, pero no puedo evitar sentir que esta noche solo se
pondrá peor.
Afortunadamente, Aces luce bastante tranquilo cuando caminamos
hacia la entrada.
—Por aquí.
Shane se estira y toma mi mano, jalándome hacia una cabina vacía.
Mantengo mi cabeza agachada pero no me pierdo el silencio que desciende
alrededor del restaurante. Murmullos comienzan rápido, pero el zumbido en
mis oídos significa que no escucho nada. Sin embargo, sí siento la mano de
Shane apretar la mía más fuerte así que solo puedo imaginarme cual chisme
está corriendo en este instante.
Me guía hacia una cabina e inmediatamente una mesera se acerca para
tomar nuestra orden de bebidas. Estoy aliviada de que me da algo en que
enfocarme en vez de las miradas múltiples que puedo sentir hormigueando
mi piel. Nunca me he sentido tan poco bienvenida en mi vida.
—Lo siento, tal vez tenías razón en estar preocupada.
—Está bien. Eventualmente se van a aburrir.
Por suerte mi voz suena más fuerte de lo que me siento sobre la
situación.
Arriesgándome a mirar, encuentro a Chelsea y su pequeña banda de
perras en la mesa que estaban la primera vez que vine aquí. La mayoría
están mirándome, pero Chelsea tiene su cabeza en su teléfono. Logro
contener mi gruñido, sabiendo que probablemente está llamando al resto de
su tropa incluyendo al que realmente no tengo intención de ver esta noche.
Las cosas se calman por un rato y logramos comer nuestras
hamburguesas sin ser interrumpidos, aunque en ningún momento pierdo el
interés del resto de los clientes. Hasta los que estoy segura de que no asisten
a Rosewood parecen interesados en mí. Supongo que esa foto no se quedó
entre la población de nuestra escuela.
Justo estoy ordenando un sundae de postre cuando un escalofrío corre
por mi columna. No necesito ver la mirada en la cara de Shane cuando mira
a la puerta detrás de mí para saber quién acaba de entrar.
Me digo a mí misma que debo mantener mis ojos el menú, darle alguna
atención solo lo motivará, pero mi cuerpo traidor tiene otras ideas porque
solo unos segundos después me encuentro mirando sobre mi hombro.
Su mirada penetrante está dirigida hacia mí. El momento que se da
cuenta que lo estoy mirando de regreso, sus ojos se agrandan en sorpresa
antes de bajar por mi cuerpo. No puede ver mucho ya que estoy sentada en
la cabina, pero eso no los detiene de oscurecerse.
—Vaya. Vaya, vaya, no es esto tierno.
—Déjanos en paz, Thorn.
—¿O qué? —Se burla, ocasionando que Shane se deslice por el borde
de la cabina hacia él.
—¿Vas a obligarme?
—Shane, solo ignóralo —ruego, pero es demasiado tarde. Ya está
parado frente a frente con Jake.
Parándome al lado de ambos, coloco mi mano en el antebrazo de Shane
para el horror de Jake, si el agrandar de sus ojos y apretar de sus dientes me
dicen algo.
—Siéntate, por favor. No vale la pena.
No estoy por encima de rogar en este instante así no causamos una
escena mayor de la que ya hemos hecho.
Dando un paso atrás, los ojos de Jake se giran hacia mí. Caen a mi ahora
cuerpo expuesto y lentamente observan cada pulgada de mis piernas
desnudas. Sin mirar por encima del hombro, puedo sentir los músculos de
Shane tensarse cuando se prepara para remover físicamente los ojos de Jake
de mi cuerpo, pero no tiene la oportunidad.
—Desperdiciada en él, británica. Desperdiciada.
Lentamente se aleja, tomando su tiempo en pasar sus ojos sobre mí una
vez más antes de girarse e ir a unirse a su banda de idiotas, la cual tan usual
estos días está sin Mason.
CAPÍTULO VEINTISIETE
JAKE
«¿Q ué estoy haciendo aquí?» Me he estado haciendo esa pregunta desde
antes de entrar, pero en el instante que me llegó el mensaje de
Chelsea diciéndome que estaba aquí con él no tuve otra opción que verlo
con mis propios ojos.
Pensé que sería divertido burlarme de ella, pero una mirada hacia donde
está sentada, vestida toda bella para él y supe que había cometido un
terrible error. Un dolor punzante atravesó mi pecho cuando la imagen de
ella presionada contra ese árbol llena mi cabeza. Se me hace agua la boca
mientras el recuerdo de como sabe me golpea. Mis músculos se aprietan
con la necesidad de sentir su cuerpo contra el mío y su boca luchando con la
mía una vez más. El pequeño vestido veraniego que trae puesto está
rogando a que lo desgarre de su cuerpo sexy y delgado, y eso no se hará con
las manos de alguien más, más que las mías. Compañero de equipo o no,
Shane necesita entender a quien le pertenece.
Mis ojos se agrandan cuando estira su mano para detenerlo de que
peleara conmigo, la visión de una venda nueva atada alrededor de su
antebrazo hace que mi estómago se enrede. ¿Por favor dime que no fui el
causante de eso?
Desesperadamente quiero preguntarle, las palabras están justo en la
punta de mi lengua, pero afortunadamente sus palabras sobre el que no
valgo la pena son la dosis de agua helada que necesito para recordar lo que
estoy haciendo, y admitir que algo paso entre nosotros no puede pasar de
nuevo. Fue un error, uno sobre el que podría haber estado soñando que se
repitiera desde entonces, pero un error, no obstante.
Sentándome con mis amigos, lucho por mantener mi mirada en la mesa
frente a mí y no en la pareja que está en una cita a unos pies de distancia.
Por qué está saliendo con ella, pensé que dejé muy en claro que estaba
prohibida.
—¿Quién se cree que es? Cree que es alguien especial porque tiene un
acento elegante y unos padres famosos y ricos —dice molesta Chelsea.
—Padres muertos —interviene Victoria.
—Eso no le da el derecho de llegar y quitarnos a los chicos en nuestra
cara.
—¿Por qué? ¿Querías a Shane para ti?
—Maldición no. Es demasiado mojigato. Te aseguro que también es
virgen.
—¿Entonces cuál es el problema?
—Sobre quien va a ir después es mi problema. Pronto se va a dar cuenta
que es aburrido y seguirá adelante.
Mi piel hormiguea cuando la mirada de Chelsea cae en mí.
—¿Qué?
—¿Tienes planes esta noche?
Sus ojos revolotean de mis ojos a mis labios.
—Sí, y no te involucran.
La empujo de mi regazo.
—Ouch.
—Vete a la mierda.
Chelsea se pone furiosa, me da la espalda para darle algo de atención a
otro de mis compañeros de equipo.
El movimiento de Shane levantándose y dirigiéndose hacia los baños
atrapa mi mirada. Tan tentado como estoy de seguirlo y asegurarme que sea
incapaz de regresar a su mesa, lo ignoro y apunto mi mirada en la británica,
quien está batiendo los últimos restos de su helado alrededor del plato como
si fuera la cosa más fascinante del mundo.
Incapaz de detenerme, me levanto de la silla en la cual estoy sentando y
me dejo caer en la banca opuesta a ella.
—Creo que debemos… ¿Qué estás haciendo? —pregunta en pánico
cuando levanta la cabeza y me encuentra mirándola—. Shane solo fue al
baño.
—Qué lástima. ¿Qué te paso? —asiento con la cabeza hacia el vendaje
en su brazo e intenta ladearse así no puedo verlo—. No tiene sentido que lo
ocultes.
Dejo caer mis ojos en donde se encuentra la unión de sus muslos bajo la
mesa y me da gusto ver que sus mejillas se sonrojan.
—No es nada. Tienes que irte.
—¿Lo hice yo?
—¿Por qué te importa? Quieres lastimarme, ¿recuerdas?
—No físicamente. Maldición.
Restregando mi mano por mi cara y mi mandíbula áspera, miro en sus
suaves ojos azules. Ojos que no hace mucho tiempo no quería ver de nuevo,
pero estoy comenzando a darme cuenta de que no se parecen para nada a
los que están en mi memoria y todo a los que quiero seguir mirando una y
otra vez.
—Lo siento.
Me quedo atónito cuando su única respuesta es reírse de mi disculpa.
—¿Qué es tan divertido?
—Que estés disculpándote. Es una broma ¿verdad?
Mi boca se abre para responder, aunque no tengo ni una maldita idea de
que decir cuando una sombra cae sobre nosotros.
—¿Te importa? Estás sentado en mi lugar.
—Estoy bastante seguro de que eres tú quien está tomando mi lugar en
este momento.
—¿Cómo es eso exactamente? Corrígeme si me equivoco, pero ¿no
fuiste tu quién acaba de mandar una foto cuestionable por toda la escuela
completa solo para avergonzarla? Así que, ¿por qué exactamente querrías
estar sentado aquí si la odias tanto?
«¿Acaso no es esa la pregunta del millón?»
—Tienes razón. Es toda tuya.
Bilis quema mi garganta con tan solo decir esas palabras, pero
maldición si dejaré que alguien sepa de cómo me estoy sintiendo realmente
sobre esta pequeña cita que estoy presenciando.
—¿Quieres salir de aquí? —Shane le pregunta a la británica,
completamente ignorando que aún estoy ahí sentando.
—Sí. La compañía indeseada como que está arruinando el momento.
No tengo idea de si lo dice por mi beneficio o porque algo se está
desarrollando entre ellos. De cualquier manera, no estoy feliz sobre eso.
Estirando su mano, casi me inclino y la golpeteo, pero para mí horror, la
británica lo alcanza y le permite que la levante de la cabina, y tomados de la
mano salen del restaurante. Mi estómago se revuelve como si pudiera
vomitar justo en el piso cuadriculado de Bill, eso es hasta que se gira y me
mira por encima del hombro al último minuto. Esa sola mirada me dice
todo lo que necesito saber. No está con él, en absoluto porque como yo, su
cabeza aún está en esos árboles y el cuerpo que quiere a su lado es el mío.
—¿Quieres salir de aquí e ir a emborracharnos?
La voz de Ethan se filtra a través de la confusión que ha descendido y
cuando levanto la mirada, lo encuentro observándome con preocupación en
toda su cara.
—Sí.
Entrando en su auto, nos alejamos y siento como si pudiera respirar una
vez más ahora que ya no estoy cerca de ella. Pero al mismo tiempo
imágenes flotan alrededor de mi cabeza sobre lo que podría estar haciendo
en este momento… con él. ¿Le está permitiendo que la toque? ¿Va a dejar
que la bese?
Mis dientes se aprietan cuando las imágenes siguen apareciendo.
Debería de ser yo el que la esté besando. «Es mía.» La comprensión
repentina de cuanta verdad hay detrás de esas dos palabras me golpean
como un camión. Levantando mi mano para tratar de aliviar el dolor
irradiando de mi pecho, tomo una respiración profunda.
—¿Estás bien? —pregunta Ethan, mirando a donde estoy batallando
para respirar.
—Sí, solo sigue conduciendo. Más te vale tener una muy buena hierba.
—¿Qué te está haciendo esa chica, hombre?
—Quien sabe.
—¿Quieres que los localice así puedes reclamar lo que es tuyo?
—No es mía —resoplo.
—Claaaro, Thorn. Como tu digas. —Sonríe, haciéndome querer
quitársela de la cara—. Estoy comenzando a entender cuál es el problema
de Mason, de verdad estás ciego, hombre.
—¿Ya terminaste?
—No me voy a entrometer, hombre. Lo que sea que necesites, estoy
contigo.
Aprecio eso más de lo que quiero admitir, ya que Mason me mandó a la
mierda. Ha sido mi mejor amigo desde que tengo memoria, la influencia
calmante a mi impulsividad. Me ha seguido como un maldito perro desde
siempre, no pensé que alguna vez lo molestaría. Parece que me equivoqué.
Lo extraño, pero no lo suficiente para irle a rogar. Tendré que encontrar
algo para tenerlo de vuelta de mi lado.
—¿No iremos a tu casa? —estoy decepcionado cuando Ethan gira hacia
mi casa en vez de la suya.
—No, mis padres están de vuelta por unos días. Tiene que ser en tu casa
si quieres fumar.
—Genial.
Me digo a mí mismo que el estar tan cerca de la británica no será un
problema. Que en ningún momento esta noche querré ir a través de los
árboles para ver si la trajo sana y salva a casa.
Maldición, necesito una bebida.
Relajándome, permito que la hierba fluya a través de mí, calmándome
mientras la cerveza calienta mi estómago.
—¿Crees que ya estén de regreso?
—¿Quién? —Ethan pregunta adormilado desde su lado del sillón.
—Shane y la británica.
Ruedo mis ojos como si debió haber sido obvio.
—¿Cómo podría saber? Si las cosas salieron bien, entonces
probablemente la llevó a Head Point para hacerlo en la parte trasera de su
auto.
Mi cuerpo entero se tensa ante la sugerencia.
—¿No lo haría…o sí?
—Si no lo hace, entonces debe de tener una vagina porque ella está…
—No termines esa oración.
—Maldición, Thorn, realmente tienes sentimientos por ella ¿no?
—No tengo nada, solo prefiero no pensar en lo que puedan o no puedan
estar haciendo. —Es una mentira descarada y ambos lo sabemos. Por
suerte, Ethan deja de hablar, se encoge de hombros y regresa a su cigarro y
a quien sea que está mensajeando.
Estoy tan perdido dentro de mi cabeza que no me doy cuenta de cuánto
tiempo ha pasado o que Ethan está dormido a mi lado, roncando como un
oso.
Mirándolo, asimilo su cara pacífica de dormido mientras babea en mi
sillón. Mi mente una vez más, deambula hacia la británica y me encuentro
parándome sin poner demasiado razonamiento a mis acciones. Miro hacia
mi amigo dormido cuando llego a la puerta para asegurarme que aún esté
inconsciente, después abro la puerta y salgo a la noche.
La hierba y la cerveza hacen que mis piernas estén inestables cuando
me dirijo hacia los árboles, pero ahora que he comenzado, no daré la vuelta
hasta que encuentre lo que necesito para calmar mi imaginación.
Maniobro mi camino a mi gimnasio casero sin mucha consideración, he
hecho este viaje un millón de veces. Pero me encuentro teniendo que sacar
el celular de mi bolsillo para usar la linterna cuando me tropiezo con un
palo mientras intento caminar hacia el otro lado.
Mi celular ilumina el espacio justo lo suficiente así no termino en el
piso y en breve estoy caminando por un patio poco familiar y hacia un
búngalo destartalado.
Acercándome a la ventana más cercana, encuentro exactamente lo que
estaba deseando, la británica dormida en su cama. Volteando hacia mi
izquierda, veo una puerta que asumo lleva directo a su habitación.
Colocando mis manos alrededor de la manija, gentilmente empujo hacia
abajo, mi corazón golpetea mientras espero para saber si abrirá. Un suave
clic llena el aire a mi alrededor y mi estómago se revuelve de la
anticipación.
Entrando a la habitación oscura, soy tan silencioso como puedo cuando
me dirijo hacia su cama, el cuarto solo iluminado por la luz de la luna que
entra por sus cortinas abiertas.
Poniéndome en cuclillas a su lado, asimilo su hermosa cara dormida,
sus pestañas largas y ligeras descansan en sus pómulos, sus mejillas están
rosadas, casi como si supiera que estoy aquí, y sus labios carnosos están
partidos ligeramente mientras suaves respiraciones pasan entre ellos.
Mis ojos recorren cada facción, mi pene endureciéndose más con cada
segundo que pasa. Incapaz de detenerme, estiro mi mano y coloco un
mechón de cabello que ha caído en su mejilla detrás de su oído.
El gemido que emite cuando nuestras pieles conectan hace que mis
bolas duelan y mis venas se llenen de fuego. Sería tan sencillo tomar lo que
quiero de ella de esta manera. Podría ser un idiota, pero ese no es realmente
mi estilo, tanto como quiera sentir su cuerpo presionado contra el mío en
este instante.
Rozando mi nudillo por su mejilla y a través de sus labios, se mueve y
gime, y entro en pánico, eso es hasta que escucho algo que hace que mi
cuerpo se congele en el lugar.
—Jake.
Su voz es apenas un murmullo, justo como cuando tuve mis dedos
dentro de ella, y casi me vengo en el sitio. ¿Está soñando conmigo?
¿Pero por qué? No he sido más que un idiota desde el día que puse mis
ojos en ella. Es lo suficientemente malo que piense sobre mí durante las
horas del día, ¿pero también de noche? Eso está jodido. Justo como nunca
debió de permitirme que tuviera una probada de ella la otra noche. Solo esa
probada ha convertido mi ligera obsesión en algo con lo que estoy
batallando en controlar, por consiguiente, la razón de que estoy parado
dentro de su habitación como un maldito acosador mientras duerme.
Se mueve de nuevo y se estira. Las ligeras yemas de sus dedos bajan por
mi pecho cubierto por mi camiseta y mi cuerpo entero se estremece con el
contacto. Me quedo quieto, esperando a que en cualquier momento
despierte y se asuste, pero eso no sucede. En cambio, deja caer su brazo y
vuelve sucumbir en un sueño profundo.
Sabiendo que necesito irme antes de que me atrapen, me paro y camino
hacia la puerta. Viendo un bloc de papel y pluma en su escritorio, me
detengo a último minuto y le dejo una nota.
CAPÍTULO VEINTIOCHO
AMALIE
D espertando la mañana siguiente, todo mi cuerpo está caliente y
cubierto en una ligera capa de sudor. Mis pezones rozan contra la tela
de mi blusa y mi centro duele. Las imágenes persistentes de mi sueño
regresan y mi cara se sonroja con vergüenza cuando la imagen de Jake
entrando sigilosamente a mi habitación y tomando exactamente lo que
necesitaba me golpea. Era tan vívido, tanto qué, si no supiera que acabo de
despertar, estaría dudando si realmente pasó.
Necesito hacer algo para sacarlo de mi cabeza. Tuve una buena noche
con Shane, ¿Por qué no es él quien está protagonizando mis sueños
obscenos? ¿Por qué tiene que ser el idiota de la escuela quien está
determinado a arruinar mi vida?
Después de que afortunadamente dejamos el restaurante y los ojos
molestos de Jake, Shane nos llevó a pasear en auto alrededor de la ciudad
antes de que termináramos de regreso en la casa de la abuela. Sabiendo que
ella no estaba, lo invité a entrar y nos sentamos en el jardín con un poco de
su limonada casera y platicamos sobre la escuela, nuestros amigos y temas
sin sentido. En ningún momento trató de hablar sobre mi vida pasada o de
mis padres, o siquiera Jake, y estaba más que agradecida de no tener que
pensar sobre esos temas desgarradores y dolorosos por una hora o dos.
Si pensó que el que lo invitara a entrar era código para que algo más
pasara entre nosotros, entonces no lo mostró y tampoco lució decepcionado
cuando la noche terminó con un abrazo amigable entre nosotros. Aún así,
me fui a la cama con tristeza sabiendo que sentía más por mí de lo que yo
por él, pero no puedo evitarlo, no puedo forzarme a enamorarme de él.
Me dormí como lo he hecho cada noche esta semana con recuerdos de
mi tiempo en los árboles con Jake bailando en mi mente. Esos recuerdos
son los culpables de las vívidas acciones de mi mente sucia durante mi
sueño y justo otra razón del porqué necesito bloquear todo lo que paso de
mi memoria. Nada bueno puede pasar con obsesionarme. No es como que
voy a permitir que pase de nuevo aun si la oportunidad se presente a sí
misma.
Bajando mis piernas de la cama, me paro y camino hacia la puerta que
conduce al jardín así puedo abrirla y permitir que el aire fresco llene la
habitación. Amo la esencia del final de verano mezclándose con el ligero
aire de mar.
Una ráfaga de aire me rodea causando escalofríos en mi piel, cuando
algo cayendo al piso detrás de mí atrapa mi atención.
Agachándome, me estiro para recoger el papel que flotó hacia el piso,
pero en el instante que pongo mis ojos en el, mi cuerpo entero se congela.
«Ponle seguro a tu maldita puerta.»
Mirando alrededor, busco pistas de que alguien estuvo aquí, pero nada
parece fuera de lugar. Después recuerdo una vez más mi sueño. De su toque
gentil, la calidez de su piel.
—Maldición.
Colocando la palma de mi mano en la mejilla donde recuerdo la punta
de sus dedos me tocaron, me tambaleo hacia atrás hasta que caigo en mi
cama. ¿Fue todo un sueño?
Camila me interroga sobre mi “cita” todo el camino hacia la escuela,
por suerte distrayéndome de mi potencial visitante nocturno, pero en el
momento que llegamos y salgo del auto, es todo en lo que puedo pensar.
Miro alrededor y por primera vez desde que comencé aquí, lo busco
activamente, esperando encontrar algún tipo de evidencia de la verdad sobre
anoche. Pero tristemente, aparte del montón de sus amigos idiotas, no veo
ni un indicio de él.
Ignorando los pensamientos de que me está evitando, me dirijo hacia mi
primera clase. Es Jacob Thorn, rey de Rosewood High, ¿Por qué sentiría la
necesidad de evitarme? Hasta donde sé, sí entró a mi habitación anoche y
obtuvo más evidencia incriminadora sobre mí en video y está en el proceso
de humillarme con ella.
Mi corazón se acelera con ese pensamiento. Si ese es el caso, pudo
haber hecho lo que sea. Mi estómago se retuerce y mi desayuno amenaza
con hacer una reaparición.
Soy la primera en mi clase de arte, me tambaleo hacia mi escritorio y
con torpeza saco la silla mientras trato de convencerme a mí misma de que
estoy permitiendo que mi imaginación me engañe. Sé que es un idiota, pero
no llevaría las cosas al extremo ¿o sí? Trato de no enfocarme en cual podría
ser la respuesta a esa pregunta.
—Hola, ¿cómo estás?
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué pasó? —Prácticamente le grito a Poppy
cuando se sienta a mi lado.
—Uh… —Su titubeo tiene a mi corazón acelerándose y mi cabeza
dando vueltas. Sus ojos se entrecierran y su cabeza se ladea en confusión—.
Nada, no creo. Me refiero después del comienzo de la semana, además
escuché un rumor de que tuviste una cita anoche.
Dejando salir un enorme suspiro de alivio de que nada más ha pasado,
aún, dejo caer la cabeza en mis manos.
—No fue una cita. Solo dos amigos yendo a cenar.
—¿Él lo sabe? Hasta yo he visto la manera en que te mira.
—Sí, estaba completamente consciente y nada inapropiado pasó. No
que tu maldito primo lo hubiera permitido.
—¿Jake estaba ahí?
—Sí, siempre está en todos lados, volviéndome loca.
Mis mejillas se sonrojan cuando las memorias de anoche me golpean
una vez más, pero afortunadamente Poppy o no se da cuenta o lo ignora.
—Necesita controlarse. Está actuando como un hombre loco.
—Me lo dices a mí. ¿Terminaste tu parte de la presentación? —
pregunto, cambiando el tema.
—Sip, todo terminado. ¿Aún nos reuniremos en el almuerzo para
revisarla?
—Sí. ¿la Biblioteca?
—Si quieres.
Sorprendentemente, logré mantener mi cabeza baja y evitar casi a todos
todo el día. Pasé mi periodo libre en la biblioteca y la hora del almuerzo con
Poppy checando nuestra presentación para más tarde.
No escuché ni un chisme de que algo más ha pasado y no hay evidencia
de una nueva grabación de mí, así que para el momento que salí de la
escuela después de mi última clase para encontrarme con Camila, estoy
comenzando a relajarme un poco.
—Ah ella vive —se ríe—. Pensé que iba a tener que ir a sacarte de la
maldita biblioteca.
—Tenía mucho trabajo por hacer.
—¿Así que no estás evitando a Shane después de anoche?
—No. ¿Por qué lo haría?
Se encoge de hombros, pero no es suficiente para olvidar su comentario.
—¿Qué pasó, Cam?
—Nada, nada. Solo parece más interesado esta mañana. No podía parar
de hablar sobre ti.
—No tiene razón de hacerlo, tuvimos una noche agradable, como te dije
esta mañana. Nada pasó y no le di ninguna idea de que lo haría.
—Bueno, por lo que pude ver, ciertamente tiene esa idea.
—Maldición. Tal vez no debería de ir esta noche.
—Ni lo sueñes. Es su cumpleaños, tienes que ir.
—No, realmente no. De verdad no quiero pasar una noche con el equipo
de fútbol y las porristas, y especialmente no necesito pasar la noche
cuidando todo lo que diga o haga por si acaso le doy esperanzas.
—Estará bien. Aparentemente Jake no irá, así que esa es una cosa
menos de la que necesitas preocuparte.
Jode. Mi. Vida. ¿Cómo las cosas se volvieron tan complicadas?
—Vamos, hay que salir de aquí. Tenemos un juego y una fiesta para los
cuales prepararnos.
—¿Así que me estás diciendo que tenemos que usar los colores de la
escuela esta noche? —le pregunto a Camila cuando saca diferentes artículos
de ropa que son rojos y blancos.
—Sip, tradición.
—Fantástico —murmuro, abriendo mi closet y mirando las opciones.
Soy empujada a un costado cuando Camila se hace cargo de mis
opciones de vestimenta.
—Hmmm…que tal…esto —dice, quitando una falda blanca corta del
gancho—. Y…uh…esto.
Un top de pañuelo rojo revelador cuelga de su dedo. Ambos artículos
son cosas que no hubiera pensado dos veces en ponerme cuando estaba en
Londres, pero las cosas aquí son diferentes. Sé que esta noche estaré bajo el
escrutinio de la mayoría de los estudiantes de Rosewood High y es algo que
quisiera evitar lo más que pueda.
—¿O esto? —Saco un par de jeans ajustados blancos y una playera roja.
—Nope, demasiado aburrido. Te permití que usaras lo que quisieras a la
Fiesta de Medianoche y llamaste la atención. Confía en mí, lucirás ardiente.
Me contengo de explicarle que quiero lucir lo contrario a ardiente así no
atraigo atención, pero sé que es inútil, Camila no lo entiende.
Tomando la ropa que aún está sosteniendo hacia mí, me giro y dirijo
hacia el baño para cambiarme.
Mis piernas lucen largas en esta falda incluso para mis propios ojos,
definitivamente no me va a ayudar a pasar desapercibida y el top, aunque
sexy, es más pequeño de lo que recordaba.
Con un resoplido, abro la puerta del baño y camino hacia Camila.
—¿Podemos llegar a un acuerdo? ¿La falda y la playera o el top y los
jeans? —pregunto con exasperación.
—Wow ¿no hablas en serio? —Sus ojos casi se salen de su cabeza
cuando se gira y me recorren—. No me gustan las chicas, pero
definitivamente te cogería.
—Ese es el problema, Cam. No quiero que nadie me mire y quiera
“cogerme”. Solo quiero esconderme.
Mi frustración sobre esto está comenzando a derrotarme.
—¿Incluso Jake? —Sus ojos serios sostienen los míos y mi estómago se
retuerce.
«¿Puede leer mentes?»
—No, especialmente no él.
—¿En serio? No creas que no me he dado cuenta del cambio en ambos.
El aire entre ustedes es electrizante aún a través de la escuela.
—No sé de lo que estás hablando. De todas maneras, dijiste que no iría
esta noche.
—Eso es lo que escuché.
Entrecerrando mis ojos hacia ella, repentinamente tengo el
presentimiento de que podría estar ligeramente exagerando la verdad.
—Es lo que escuché —repite, sus manos alzadas en derrota—. No
mates al mensajero.
Cuando caminamos en el estadio listas para el juego unas horas
después, es con pintura de cara roja y blanca atravesando nuestras mejillas y
banderas de Rosewood en nuestras manos. Me sentí ridícula en el auto de
Camila, pero cuando nos unimos al resto de la escuela y me doy cuenta de
que no somos las únicas luciendo así, me siento un poco mejor.
Eventualmente cedió y me salí con la mía al usar la falda blanca con
una camiseta simple roja. Me siento mucho más cómoda, pero tampoco me
perdí alguna de las miradas en mi dirección mientras caminábamos desde el
auto.
El juego es como el de la semana pasada. La emoción está por los
cielos, los cánticos son tan estruendosos que hace que las gradas bajo mis
pies vibren y la euforia cuando anotamos primero es increíble.
Todavía no tengo idea sobre el juego así que mientras todos a mi
alrededor exclaman con admiración, trato lo más que puedo en unirme y
aprender por lo que están tan emocionados o decepcionados.
Mientras comenzamos a llegar al final de los sesenta minutos vamos
ganando, pero apenas. Eso es cuando todo comienza a venirse abajo. La
multitud se vuelve silenciosa cuando el balón vuela por el aire hacia el final
del campo del otro equipo. El sonido del nombre de Shane siendo gritado
llena mis oídos mientras él corre hacia ella para defender su actual posición
ganadora, pero justo cuando debió tomarla, la agarra con torpeza. El balón
cae en el suelo justo cuando uno de los jugadores del otro equipo la levanta
y anota.
Los hombros de Shane caen en derrota cuando un par de sus
compañeros de equipo lo golpean en la espalda en apoyo mientras el otro
equipo celebra. Todo parece bien hasta que el mariscal de campo de
Rosewood avanza molesto a través del campo en la dirección de Shane. El
estadio cae en silencio, las intenciones de Jake obvias por su lenguaje
corporal. En el instante que se coloca en frente de Shane sus manos se
levantan y empuja fuertemente contra su pecho. El resto del equipo de
Rosewood voltea para encontrar a su capitán sacando su frustración en
Shane. Les toma unos cuantos segundos en reaccionar y cuando lo hacen,
toma a dos chicos el quitar a Jake.
Todo pasa tan rápido, pero un momento está peleando con Shane y al
siguiente ha sido expulsado y está desapareciendo de la vista, asumo hacia
los vestidores.
—Bueno eso fue dramático —comenta Camila a mi lado mientras el
equipo se alista para continuar con los últimos minutos.
Rosewood está perdiendo y la tensión está corriendo tan alta para que
saquen adelante esta victoria.
—No luzcas tan preocupada, lo lograrán —dice cuando mira hacia mí.
—Oh, no estoy preocupada.
—Tal vez quieras decirte eso. Luces tan tensa como una virgen en una
orgia.
—¡¿Qué?! —digo, quitando mi mirada de donde Jake desapareció para
mirarla.
—Ohhh —dice entusiasmada como si ya hubiera descifrado algo—.
Quieres absolutamente ir tras él, ¿verdad?
—¿Eh?
Trato de aparecer confundida, pero sé exactamente a lo que se refiere y
estoy teniendo dificultad en no hacer eso mismo que sugirió. Es una locura,
lo sé, pero algo me llama a que lo siga. Descubrir cuál es su problema y si
está bien.
—No te hagas la inocente. Sabes al igual que yo que su problema con
Shane eres tú. Tu misma dijiste que fue un dolor en el trasero en Aces
anoche durante tu cita…
—No fue una cita.
—Ugh, como sea. Te desea, y Shane se interpone en su camino.
—No hay nada pasando con Shane.
Mi voz es exasperada. ¿Cuántas veces necesito repetir esto?
—Lo sé. Tú lo sabes. ¿Pero lo sabe Jake?
—¿Por qué le importaría? Me odia.
—¿Lo hace?
Repentinamente un rugido emerge a nuestro alrededor, la cabeza de
Camila gira hacia el campo y la sigo para encontrar al equipo celebrando
una anotación de último minuto lo cual le da la victoria a Rosewood
segundos antes del silbato final.
Mi pecho crece con orgullo cuando veo a los chicos celebrar en el
campo, pero siento tristeza cuando veo a Mason quitarse el casco y mirar
alrededor buscando a su mejor amigo ausente. Es pronto distraído cuando
Ethan lo jala para un abrazo de celebración. No tengo idea si Camila tiene
razón y todo eso fue básicamente mi culpa, pero no obstante me siento mal.
No quiero ponerme en medio de nadie, especialmente si va a afectar a
tantos como una derrota esta noche hubiera sido.
—Vámonos de aquí. ¡Es tiempo de festejar! —dice Camila, toma mi
mano y me levanta de las gradas junto con el resto, quienes se están
apurando a salir de aquí y comenzar a celebrar apropiadamente.
Mientras salimos del estadio, no puedo evitar voltear a mirar hacia
donde sé que están los vestidores. ¿Me pregunto si aún está ahí?
CAPÍTULO VEINTINUEVE
JAKE
M i cuerpo entero está tenso con frustración. Pasé la mayoría del día
con ese maldito idiota en todas mis clases y luego en el campo esta
noche. Cada vez que lo miro, todo lo que puedo ver en sus ojos es
tengo algo que quieres. La imagen de él riéndose con la británica anoche en
Aces está grabada en la parte trasera de mi mente. Al menos sé que no pasó
la noche con él.
Mi pene se sacude una vez más a pesar de la tensión recorriendo mi
cuerpo cuando la imagen de ella durmiendo tranquilamente viene a mi
mente. Me he arrepentido de alejarme desde el segundo que
silenciosamente cerré la puerta detrás de mí. Si la hubiera despertado, ¿qué
habría hecho ella? ¿me habría hecho irme o hubiera tenido otra probada? La
manera en la que gimió mi nombre ciertamente insinuó hacia el hecho de
que podría haberme permitido tomar lo que necesitaba.
Salgo furioso de la escuela con el sonido de todo el cuerpo estudiantil
gritando y chillando con lo que espero haya sido nuestra victoria, mis
músculos duelen. Estoy jodiendo todo, y tanto como quisiera culparla por
todo, sé que es mi propia acción.
Si hubiera ignorado mi ardiente necesidad de venganza hacia otra mujer
la primera vez que puse mi mirada en ella, entonces nada de esto hubiera
pasado. Si no estuviera tan arruinado por esa mujer previamente
mencionada, entonces hubiera podido lidiar con toda la mierda en mi vida.
Pero no, un vistazo a la chica que representa lo mismo que ella, y pierdo
todo el maldito sentido de lo que estoy haciendo. Una cosa es segura, no se
suponía que la deseara. Quería herirla, no hacerla mía.
—Argh —grito mi frustración hacia la noche.
Debería haberme quedado para cuando el equipo volviera al vestidor y
para la regañada del entrenador por perder mi temperamento contra uno de
los nuestros, pero no pude soportar mirarlo a los ojos otra vez. Ese maldito
tiene algo que me pertenece y no voy a hacerme a un lado y dejar que pase.
Cuando las luces de la tienda se divisan a la distancia, decido probar mi
suerte.
Asiento con la cabeza al cajero cuando entro y respiro un suspiro de
alivio cuando es un chico joven que parece pueda entender mi necesidad de
un escape esta noche.
Tomo una botella de vodka, un par de bolsas de papitas y unos cuantos
platillos de pasta pre hecha para meter al refrigerador una vez que llegue a
la casa y llevo todo hacia la caja registradora orando que solo lo cobrará y
me dejará seguir mi camino.
El chico escanea la comida, obviamente dejando la botella al final y mi
estómago se retuerce. Ahora que la tengo a distancia de tocarla, la necesito
más que nunca. El alivio de mi jodida realidad está justo ahí, pero él
sostiene todas las cartas. Si me pide mi identificación entonces estoy jodido.
Tengo una identificación falsa en la casa para este tipo de situaciones, pero
no pensé que la necesitaría esta noche.
—¿Mala noche? —pregunta el chico, sus dedos alrededor del cuello de
la botella.
—Como no lo creerías.
—También tengo problemas de chicas, sé cómo puede ser, hombre.
Su suposición de que mi problema pueda ser por una chica me molesta,
pero tristemente, le dio al clavo.
—Apesta, ¿verdad?
Mi humor se levanta un poco cuando el pequeño pitido de la caja
registradora suena a través de mis oídos y miro como el chico deja caer la
botella con el resto de mi compra.
—Buena suerte con tu chica —dice una vez que he pagado y comienzo
a dirigirme hacia la puerta.
—Igualmente, hombre.
Las cosas se ven aún mejor mientras me dirijo hacia la playa con mis
nuevas compras bajo mi brazo. Estoy a punto de olvidar todo y no podría
ser más bienvenido.
Me aseguro de estar oculto de algún transeúnte y me dejo caer entre un
par de dunas. Saco la botella de la bolsa y giro la tapa.
Me estremezco cuando el primer trago quema al bajar por mi garganta,
pero aparte de que alguien me golpee en la cara por ser un total desperdicio
de espacio, es el dolor justo que necesito.
Trago otro y otro hasta que los eventos de esta noche comienzan a ser
un poco borrosos. Estoy avergonzado por mis acciones. Se supone que soy
el capitán del equipo maldita sea. Debo de apoyar a nuestros chicos y estar
completamente enfocado en el juego, pero dejé pasar todo eso porque mi
cabeza está demasiado llena de ella. Pensé que el herirla la sacaría de mi
cabeza, bloquear los recuerdos que ha arrastrado a la superficie, pero estaba
tan equivocado. Habrá sofocado los recuerdos, pero definitivamente aún
está en mi maldita cabeza.
No tengo idea de cuánto tiempo me siento en las dunas tomando tragos
y más tragos de vodka mientras me como la primera bolsa de papas que
compré, pero eventualmente el timbrar de mi celular hace imposible que lo
ignore.
Sacándolo de mi bolsillo, alzo la mirada por primera vez y veo que el
sol hace mucho se ha ido y la luna está reflejada en el oscuro mar más allá.
Tengo un montón de llamadas perdidas y mensajes de texto de una
variedad de personas, no estoy sorprendido después de mi acto de
desaparición, pero es el nombre de Ethan el que una vez más aparece en mi
pantalla.
—¿Qué? —grito, el hecho de que al menos hice el esfuerzo de contestar
hace que me moleste.
—¿Vas a venir a celebrar nuestra victoria?
—No. Nadie me quiere ahí, casi hecho a perder todo.
—Basta de autocompadecerte, Thorn, a nadie le importa. Al final
ganamos, eso es todo lo que importa.
—Estoy bien gracias —digo, mirando hacia abajo a la fiesta de uno que
me rodea.
—Oh vamos, hay alcohol y coños por millas. Sabes que las fiestas de
Shane es la ventaja de que esté con nosotros. Además, Amalie está aquí y se
ve absolutamente ardiente.
Esa declaración final me tiene un poco más interesado y el fuego
comienza a quemar en mi estómago.
—¿Debiera importarme?
Espero que las palabras salgan desinteresadas, pero no tengo idea si
tuve éxito. El vodka está comenzando a hacer que mi cabeza gire al punto
de que estoy perdiendo enfoque.
—Pues deberías, está bailando con Shane y la manera en la que la ve,
hombre. Es como si quisiera…
—Suficiente. Ya es suficiente.
Cuelgo al sonido de su risa a través de la línea. El maldito sabía cómo
hacerme ir allí. Si estuviera sobrio, me preocuparía por haber sido
engañado, pero en este momento todo lo que me importa es asegurarme que
su cuerpo no se esté rozando contra el de Shane.
Levantándome del piso, recojo mi mierda y comienzo a caminar por la
playa.
Las fiestas en la casa de Shane son legendarias, aunque no por su propia
cuenta. Tiene hermanos gemelos mayores quienes se fueron a la
universidad hace dos años atrás y son los mayores fiesteros y dos padres
quienes siempre parecen estar en otro estado. Oh y más ricos de lo que
puedo soñar. Su casa es enorme y está en la orilla de la playa. Su padre fue
una de las estrellas de la NFL más grande que este país ha visto, y los
chicos Dunn mayores viven por el status de celebridad que tienen, por
consiguiente. Ambos se fueron a una universidad de élite con becas
deportivas completas, no es como si las necesitaran. Según cuentan, todos
los grandes equipos universitarios estaban rogando por tenerlos, también
querían una rebanada de la fama, entendiblemente. Me molesta más de lo
que alguna vez admitiré que obtuvieron un pase gratis solo por su papá
mientras estoy aquí sin nada y sin una oportunidad de alguna educación
universitaria. Sí, todos saben el nombre de mi madre, pero su reputación no
me va a llevar a ningún lado en este mundo.
Caminando por la calle llena de casas enormes y pretenciosas, mi
estómago se retuerce por como mi vida pudo haber sido. Otro trago de la
botella que estoy cargando pronto ayuda a ahogar mis pensamientos. Autos
llenan la calle afuera de la casa Dunn y mientras más me acerco, más fuerte
es la música. Los vecinos deben odiar estas fiestas.
Mientras doy la vuelta a la casa hay chicos por todos lados, muchos que
reconozco de la escuela, otros deben de ser universitarios, eso es
confirmado cuando veo a los gemelos Dunn jugando beer pong al otro lado
del jardín con chicas colgadas de sus brazos. Luca asiente con la cabeza
hacia mi cuando me ve, pero pronto es distraído por la chica que coloca su
mano en su mejilla y lo gira para besarlo.
Rodando mis ojos, me dirijo adentro para encontrar a Ethan. Cuando lo
hago, tiene a una morena que nunca he visto antes presionada contra la
encimera de la cocina con su lengua en su garganta.
—Hey —llamo, pero claramente está demasiado distraído por la chica.
Levantando mi mano, lo golpeo en la parte trasera de la cabeza.
—Oye, Savage.
Alejándose de la chica, se gira para mirarme al mismo tiempo que soba
el lugar en su cabeza donde le acabo de pegar.
—Hey, idiota. Que gusto verte.
—Vete a la mierda. No es como si me hubieras dado mucha opción.
¿Dónde está?
—Ni idea. Espero no hayas llegado demasiado tarde, estaba demasiado
ebria.
Fuego arde por mis venas. Si Shane o algún otro idiota han puesto sus
manos en ella mientras está ebria, los voy a matar.
Voy a responderle, pero cuando me giro hacia Ethan, veo que está
distraído de nuevo. —Consíganse una maldita habitación.
Me da el dedo medio sobre su hombro antes de presionarse aún más
fuerte contra la chica.
Tomando una cerveza del costado, me fijo en tratar de encontrar a mi
británica.
Mi británica.
Maldición, ese vodka me está afectando más de lo que pensé. ¿Por qué
continúo declarándola como mía?
Unos cuantos de los chicos me golpean en la espalda como saludo
mientras paso, otros tratan de arrastrarme en alguna conversación sobre el
juego de hoy, pero no estoy interesado, no hasta que la encuentre.
Localizo primero a Camila con el imbécil de su novio. Enredando mi
mano alrededor de su antebrazo, la jalo de sus labios, muy a su disgusto.
—¿Dónde está?
—¿Qué diablos?
Mira entre mí y donde aún la estoy tocando con disgusto llenando sus
ojos. No hay aprecio entre nosotros desde toda la mierda que pasó entre ella
y Mason unos años atrás. Sé dónde está mi lealtad y al parecer, ella
también.
—¿Dónde. Está?
—Jódete, Jake. Tienes que estar loco si piensas que te diré dónde está.
Ya has hecho suficiente daño.
Noah, su maldito noviecito, envuelve su brazo alrededor de su cintura,
jalándola de vuelta hacia él, claramente no lo suficientemente hombre para
ponerse frente a ella para lidiar conmigo él mismo.
—Solo dime así no perderé el tiempo buscando en este lugar —
pregunto, ya harto con esta conversación.
—De ninguna manera.
Afortunadamente para mí mientras me dice esto, sus ojos se mueven por
encima de mi hombro. Siguiendo su mirada, encuentro exactamente lo que
quiero, o no, viendo que Shane tiene sus manos sobre su cuerpo en este
momento.
—Mierda.
Girándome de vuelta a Camila, traga nerviosamente.
—Le haces daño y…
—¿Y qué? ¿Qué vas a hacer?
Visiblemente palidece, aún así, su novio hace absolutamente nada.
—No tengo tiempo para esta mierda.
Para el momento que me volteo, la británica y Shane se han ido.
—Maldición.
Mirando alrededor, encuentro una puerta hacia la cocina, pero hay
demasiados cuerpos en el camino que dudo lograron pasar por ahí tan
rápido o delante de mí están unas escaleras. Mi corazón se acelera cuando
imágenes que no necesito llenan mi cabeza.
CAPÍTULO TREINTA
JAKE
N o perdiendo el tiempo, corro hacia arriba, mis piernas ligeramente
tambaleantes toman las escaleras dos a la vez con facilidad hasta que
mis pies llegan al descanso del primer piso. Caminando por el largo
pasillo, abro puerta tras puerta revelando una mezcla de habitaciones vacías
y ocupadas con parejas en diferentes estados de vestimenta. No me molesto
en decir algo hasta que llego al último cuarto en este piso y abro la puerta.
—Quítale tus malditas manos de encima.
Shane se congela, sus manos sosteniendo a la británica alrededor de la
cintura como si estuviera a punto de subirlas por su estómago hacia su…
mierda.
Mis puños se aprietan a mis costados mientras espero a que ella diga
algo ante mi interrupción, pero en ningún momento levanta su cabeza del
hombro de Shane.
Entrecerrando mis ojos ante su expresión asustada, tomo un paso hacia
adelante, tratando de descifrar que está pasando.
—¿Qué estás haciendo?
—Na.. nada. Está ebria, solo la iba a recostar para que se le pasara
durmiendo.
—Por tu bien, realmente espero que eso sea verdad.
Mi voz es baja y amenazante. Los músculos en su cuello oscilan cuando
traga su nerviosismo.
No es hasta que un suave gemido sale del cuerpo débil en sus brazos
que recuerdo que estoy haciendo ahora mismo.
Pasando mis manos entre ambos, rápidamente la alejo de él.
—Qué demonios. Solo ponla en mi cama. Necesita dormir.
—No la dejaré que se quede ni a una milla de ti.
La cara se Shane se torna roja de rabia, una vena pulsando en su frente.
—Esa no es tu decisión. Ella te odia.
—Te va a odiar si la dejo aquí para que hagas lo que fuera que estabas a
punto de hacer.
—No iba… —Sus manos se elevan en exasperación—. Solo la estaba
alejando de la fiesta. No le haría daño.
—No te creo —rujo, levantando su cuerpo en mis brazos.
Inmediatamente enreda sus brazos apretadamente alrededor de mis
hombros y acurruca su cara en mi cuello. Me alegro, pero sé que no es
momento de enfocarnos en eso. Necesito sacarla de aquí.
—No puedes llevártela. ¿Cómo sé que no la vas a lastimar?
—Porque no le tocaría ni un maldito cabello de su cabeza.
—Dice el tipo que envió una foto a toda la escuela para hacerla ver
como una puta.
—¿Ya terminaste de meter tu nariz en mis cosas?
—De ninguna manera, especialmente cuando tienes a la chica que
quiero en tus brazos.
—No es tuya, Dunn. Nunca lo fue y nunca lo será.
—¿Y realmente crees que es tuya? —dice, pero es demasiado tarde, ya
estoy alejándome con mi chica en mis brazos.
—Sí, sí lo creo —murmuro para nadie.
Cabezas giran en el instante que mis pies tocan la planta baja, unas
cuantas barbillas bajan y ojos se agrandan cuando nos ven a ambos.
—Tiene que estar bromeando —escucho que Camila dice molesta, pero
no me quedo el tiempo suficiente para escuchar que más tiene que decir.
El mar de gente se aparta cuando me dirijo hacia la cocina y
afortunadamente al final encuentro a Mason tomando un vaso de agua.
—Necesito un aventón.
—¿Qué estás haciendo, Thorn?
—Alejándola de sus manos deambulantes.
Sus cejas se fruncen, pero no alega. En vez de eso, deja su vaso y me
dirige hacia a fuera de la casa de Shane.
—Espera, espera —grita Camila después de abrirse camino a través de
la multitud quienes obviamente no se movieron por ella.
—¿Qué demonios está pasando? ¿Qué sucede con ella?
—¿Ebria? ¿Drogada? Quien sabe. Todo lo que sé es que la encontré en
su habitación con sus manos sobre ella. Maldita sea. No. Va. A. Suceder.
Camila palidece, asumo que es por mi sobreprotección, pero realmente
no me importa.
—Mierda, ¿está bien?
—Lo va a estar.
Camila mira entre los tres, confusión escrita en su cara. Puedo ver que
quiere hacerse cargo de su amiga, pero también entiende que no tiene ni una
maldita oportunidad ahora mismo.
—¿Puedo confiártela?
Entiendo su preocupación, demonios si los roles estuvieran reversos,
haría todo lo posible para detener esto de pasar, pero Camila no es yo, y no
voy a desistir.
—Puedes. No le haré daño.
—No estoy segura de que sea verdad —susurra.
—No la voy a tocar, tienes mi palabra.
—No es su cuerpo por el que estoy preocupada.
Mi boca se abre para responder, pero las palabras no pasan mis labios.
—Nos iremos o no. No tenía la intención de pasar mi noche afuera con
ella.
Los ojos de Mason se dirigen hacia Camila y como siempre, veo sus
sentimientos en conflicto por ella. Quiere odiarla, lo entiendo más que
nadie, pero no puede obligarse a hacerlo.
—Sí, abre la puerta trasera.
Toma un poco de maniobrar, pero eventualmente logro meternos a
ambos en el asiento trasero del auto de Mason. La recuesto con su cabeza
en mi regazo.
Mirando su cara dormida, paso mis dedos a través de su cabello suave,
asimilando la variedad de tonos de rubio bajo mis dedos.
—Espero y sepas lo que estás haciendo —dice Mason desde el asiento
delantero.
—Ni una maldita idea, hermano. La única cosa que sé con certeza es
que no podía dejarla ahí. La manera en la que la estaba tocando.
Mis músculos se tensan cuando recuerdo.
—¿Estás seguro de que no viste lo que querías ver? Shane no es así. No
mataría a una mosca.
—Aún si lo hiciera, no estoy feliz sobre que estuviera en su habitación.
—Maldición, Jake. Estás enamorado ¿verdad?
—¿Qué?
Todo lo que hace es reírse, diciéndome que sabe al igual que yo lo que
siento por esta chica. Lo sabía antes que yo, por consiguiente, me restriega
en la cara mi mierda.
—Sabes que tiene todo el derecho de nunca perdonarte por lo que has
hecho, ¿verdad?
—Sip, estoy consiente.
El silencio llena el auto, el único sonido que puedo escuchar es el de
nuestra respiración mientras Mason navega lejos de la costa y hacia la
ciudad.
—¿A dónde vas? —digo cuando toma el giro equivocado.
—Llevándola a casa.
—De ninguna manera. Vamos a mi casa.
—¿Esperas que la dejé contigo después de todo?
—Uh, sí. Acabas de señalar como me siento sobre ella. No la voy a
tocar.
Sus ojos sostienen los míos en el espejo, pero después de unos cuantos
segundos, es obligado a mirar de vuelta hacia el camino.
—No la podemos llevar a su casa, su abuela estará dormida, y querrá
saber que está mal con ella.
Dejando salir un respiro largo, Mason aprieta con fuerza el volante.
—No estoy contento con esto.
—No necesito que lo estés. Solo necesito que nos lleves a mi casa y
confíes en mí.
—Bien. Pero si jodes esto, voy a tumbarte los dientes de un golpe.
—Me gustaría verte intentarlo.
Mason se ríe, pero la tensión en sus hombros se mantiene mientras da
vuelta y se dirige hacia mi tráiler. En realidad, es el último lugar al que
quiero llevar a la británica, ella se merece algo mejor que mi maldito tráiler,
pero no tengo mucho que ofrecerle.
Estaciona el auto enfrente de la casa de mis tíos, pero no apaga el motor
cuando sale y me ayuda a sacar a la británica inconsciente del asiento
trasero.
—¿Están bien desde aquí?
Duda sobre permitir que esto pase llena su voz. Una parte de mí odia
que esté cuestionando mis motivos, pero una parte más grande está feliz de
que ella le importe y sienta la necesidad de preocuparse.
—Sí, estamos bien.
—No me hagas arrepentirme.
—Gracias por el aventón, hombre. Realmente lo aprecio después de
todo.
Con un rápido asentimiento con su cabeza, entra al auto y se va. No
estoy bajo ninguna creencia de que las cosas entre nosotros volverán a
cómo eran antes de que la chica en mis brazos apareciera y tirara mi vida en
un lio, pero al menos hicimos un progreso.
Tomo cada paso hacia mi tráiler cuidadosamente, aunque la mayoría de
los efectos del vodka desaparecieron en el instante que la vi en sus brazos,
sé que de ninguna manera estoy sobrio.
Para el momento que saco la llave de mi bolsillo y logro meterla, mi
pecho se eleva del esfuerzo. Tal vez debí de haberle pedido ayuda a Mason,
me pregunto mientras mi respiración pasa por mis labios.
Caminando directo hacia mi habitación, la bajo gentilmente. Me
sorprendo ante la visión de su cabello rubio dispersado por mi almohada
oscura y su cuerpo largo y delgado recostado a través de mi cama. Ni una
chica ha estado antes en mi cama, maldición, aparte de Poppy, ninguna
chica ha entrado a mi tráiler. No hubiera querido que ni una de las chicas de
la escuela vieran esta pocilga. De alguna manera, sé que la británica no va a
juzgar. Demonios, probablemente va a estar con demasiada resaca, o muy
molesta, para darse cuenta.
Dejándome caer en mis rodillas, cuidadosamente quito los tenis de sus
pies y los coloco en el piso. Mis ojos recorren las suaves líneas musculares
de sus piernas y mis bolas anhelan sentir que tan suave es su piel. Pero no lo
haré. No la tocaré sin su permiso.
Tomando unos bóxers limpios, dejo la habitación para ir a bañarme. No
me esperé lo suficiente para tomar una ducha después de que me expulsaron
del juego y apesto. De hecho, estoy sorprendido que la hediondez no la
despertó de su borrachera.
Tomo el baño más rápido posible, ignorando completamente a mi pene
que está felizmente balanceándose entre mis piernas esperando a que
despertará y le prestará algo de atención, estoy demasiado impaciente de
estar con ella. Sabiendo lo mucho que necesito estar acostado a su lado en
mi cama me asusta, pero trato de no afligirme por eso. Me digo a mí mismo
que solo estoy preocupado de que despertará y no sabrá donde está o que se
enfermará y se ahogará en su propio vomito. La idea de que eso pase en mi
cama me hace estremecer, pero lideraré con eso por ella si tengo que
hacerlo.
CAPÍTULO TREINTA Y UNO
AMALIE
M i cabeza está girando antes de que abra los ojos. Me toma unos
segundos darme cuenta que la última cosa que recuerdo de la fiesta
fue que estaba bailando con Shane y sentí que mis ojos comenzaban
a volverse pesados.
Sentándome derecha, abro mis ojos y miro a los alrededores
desconocidos.
¿Dónde demonios estoy?
Ciertamente no en la gigantesca casa de Shane. No pensé que fuera un
chico rico, o un chico que tuviera un padre famoso por jugar fútbol
americano, eso prueba que no puedes juzgar a un libro por su portada.
Aún estoy tratando de descifrar que pasó cuando un movimiento junto a
mí en la cama me sobresalta.
—¿Como te sientes? —La voz áspera y adormilada, pero familiar
atraviesa por mi pánico. Mirando hacia abajo, mis ojos casi se salen de mi
cabeza.
¿Por qué diablos estoy en su cama?
—No, no, no, no —repito mientras me quito las sábanas y salgo de la
cama—. Esto no puede estar pasando.
En mi apuro por alejarme, mi pie se enreda en sus sábanas y caigo de
cabeza al piso. Claramente, él tiene una cabeza más clara, porque justo
antes de que mi nariz haga contacto con su alfombra gastada, dos manos
grandes agarran mi cintura y soy levantada.
—Aléjate de mí —grito, comenzando a luchar para alejarme una vez
más. Cuando me suelta, no solo me ha salvado, pero me ha depositado en su
regazo.
Cuando miro a mi izquierda, pulgadas tras pulgadas de su piel
bronceada me reciben y siento una pequeña agitación de algo entre mis
piernas.
No, no, esto no está pasando.
—¿Por qué demonios estoy en tu cama?
—Sabes —dice, colocando sus dedos contra mi mejilla y obligándome a
mirar en sus brillantes ojos azules—. Probablemente deberías de estar
agradeciéndome, ¿no gritándome?
Sus dedos se deslizan a la parte trasera de mi cuello, permitiéndole a su
pulgar acariciar el borde de mi mandíbula.
—O…oh ¿sí?
Odio que su toque haga que mi habilidad para pensar y hablar flaquee.
—¿Y por qué es eso?
—Fui tu caballero de radiante armadura, nena.
Mariposas estallan en mi estómago, pero hacen más aparente el
sentimiento enfermizo que he estado tratando de ignorar. Ha de estar escrito
en toda mi cara porque sus ojos se suavizan un poco antes de que ruegue.
—Por favor no me vomites encima.
—Sería lo que te mereces.
Cuando voy a levantarme, me lo permite. No estoy segura de si es
porque realmente no me quería ahí en primer lugar o si tiene miedo de que
lo voy a cubrir con la cena de anoche. Me tambaleo hacia la pared y le
permito que me sostenga cuando mi cabeza gira y mi estómago se revuelve.
— Me parece justo —murmura, su conducta calmada hace que mis
cejas se junten en confusión.
—Disculpa, pero ¿estoy soñando o de verdad estoy en tu tráiler y estás
siendo amable conmigo?
—No te preocupes, estoy tan conmocionado como tú.
—Eso dices, pero no eres quien despertó aquí sin ninguna memoria del
viaje.
—Eso es probablemente lo mejor.
—¿De verdad? ¿Por qué? ¿Qué hiciste?
—¿Yo? —pregunta, sentándose contra la cabecera y permitiendo que las
sábanas se acumulen alrededor de su cintura.
«Ojos arriba, Amalie. Ojos arriba.»
—Sí, tú. ¿Lograste ponerme en alguna posición comprometedora así
tienes más imágenes para regar alrededor? Estaré vestida en este momento,
pero no dudaría de ti si…
—No te desnudé, británica. No hice nada más que traerte aquí para
asegurarme de que estuvieras a salvo. —Su voz se profundiza y sé que he
tocado un nervio.
—Bueno, eso es algo bueno de tu parte ¿pero exactamente de qué me
estabas rescatando?
—Shane.
—¿Qué? Eso es una locura. ¿Por qué demonios necesitarías rescatarme
de él?
—¿Qué tanto bebiste anoche?
Su repentino cambio de tema me da dolor de cabeza.
—Uh…un par de cervezas y dos o tres shots.
—¿Así que no lo suficiente para estar fuera de sí?
—No, yo diría que no. ¿Por qué?
—Porque cuando te encontré, ni siquiera podías abrir tus ojos y Shane
estaba a punto de…
Se detiene a sí mismo de decir algo más pero no me pierdo el apretar de
sus puños a sus costados o el músculo pulsando en su cuello.
—¿Estaba qué?
—Tocándote.
—¿Shane? ¿En serio?
—Solo puedo decirte lo que vi.
—Estás delirando, ¿lo sabes?
—Tal vez, pero no podía arriesgarme.
Realmente necesito irme de aquí y lejos de él, pero no puedo evitarlo.
—¿Arriesgar qué?
—Sabiendo que alguien más tiene sus manos en lo que es mío.
—¿Tuyo? —una risa exasperada sale de mis labios.
No hay un toque de entretenimiento en la cara de Jake cuando baja sus
piernas de la cama, se para y se mueve hacia mí. La manera en la que su
mirada se mantiene concentrada en mí me recuerda a como un león podría
acechar a su presa.
No se detiene hasta que está frente a frente conmigo. Lucho por
mantener mis labios cerrados mientras mi respiración incrementa, sabiendo
que mi aliento huele tan mal como sabe entonces probablemente podré
alejar su interés en un instante, no es que eso sea necesariamente una cosa
mala.
Sus manos aterrizan a cada lado de mi cabeza y su aliento, mucho más
fresco, acaricia mi cara mientras continúa mirándome.
Cuando habla, es tan bajo que comienzo a pensar que lo imaginé.
—Sí. Mío.
Su cabeza baja, sus labios atrapando los míos y entro en pánico.
—Estás loco, ¿lo sabes? —pregunto una vez que me he escapado de sus
brazos y llegado a la puerta.
Sus hombros caen cuando se da cuenta que nuestro tiempo ha llegado a
su fin. Eso es hasta que se coloca la máscara a la cual estoy acostumbrada.
Sus rasgos se endurecen y tomo una respiración para prepararme para lo
que vendrá.
—Tienes razón. No tengo una maldita idea en lo que estaba pensando.
Debí haberte dejado ahí. Permitido que te pasaran alrededor como la
pequeña puta que eres.
Inmediatamente lágrimas queman la parte trasera de mi garganta y
suben a mis ojos.
—Te odio —grito, mi voz quebrándose con emoción antes de que corra
por su tráiler para encontrar la puerta.
El sonido de su rugido molesto y un estruendo fuerte detrás de mí hacen
que mis pasos se detengan un poco, pero no es lo suficiente para hacer que
me gire. Tampoco lo es el hecho de que me doy cuenta en el segundo que
toco el césped debajo de su tráiler de que no traigo zapatos puestos.
Corro hasta que llego a los árboles, después tengo que comenzar a
tomarlo un poco más cuidadosamente mientras navego las ramas y las
piedras del suelo.
Justo llego al claro cuando una rama quebrándose detrás de mí atrapa
mi atención. Me preparo para correr a pesar de lo mucho que va a doler,
pero no tengo oportunidad. Un brazo fuerte se enreda alrededor de mi
cintura y soy llevada hacia atrás hacia un cuerpo duro.
Sus respiraciones en aumento cosquillean mis oídos y mandan un
escalofrío por mi columna. —Lo siento, ¿está bien?
Tomando una respiración profunda, me preparo para girarme y
enfrentarlo.
—No. No, no está…
Mis palabras son cortadas cuando sus labios caen en los míos. Me
olvido del estado de mi boca mientras su lengua toca la unión de mis labios
y le permito la entrada, demasiado entusiasmada por experimentar lo que
tiene que dar.
Justo como antes, está contenido y molesto. Un brazo se mantiene
enredado alrededor de mi cintura mientras el otro se enreda en mi cabello,
ladeando mi cabeza así está en la posición perfecta para él. La longitud de
su cuerpo presiona contra la mía, su erección presionando contra mi
estómago.
Toma al menos un minuto o dos antes de que la realidad se filtre de
vuelta. Levantando mis manos, empujo contra su pecho.
—Jake, para —murmuro contra sus labios.
Da un paso atrás, alzando sus manos en derrota.
Mis ojos caen de los suyos y me doy cuenta que vino a perseguirme
solo en sus boxers ajustados, los cuales claramente muestran exactamente lo
que tiene debajo, y un par de tenis. Cuando miro la tela levantada, mi
lengua sale a mojar mi labio inferior, mi centro llenándose con calor.
Miro hacia arriba justo a tiempo para ver su boca abrirse. Espero algún
comentario engreído sobre estar impresionada por su tamaño que salga de
sus labios, así que estoy conmocionada por lo que escucho.
—¿Desayuna conmigo?
—¿Qué?
Da un giro de trescientos sesenta grados de su actitud cuando corrí del
tráiler que completamente me desconcierta.
—Desayuna conmigo. Aún es temprano, tu abuela no estará despierta
¿o sí?
—No, pero…necesito bañarme y…
—Tengo una regadera. Además, conozco el mejor lugar para deshacerte
de tu resaca.
Miro en sus ojos, esperando que me diga que es una broma, pero no lo
hace. Solo espera pacientemente por mi respuesta.
Quiero decir que no. Sé que sería la cosa sensible de hacer, pero la
tentación de comida eventualmente gana.
—Okay, está bien. Pero en el instante que vuelvas a ser el idiota que
usualmente eres, me iré.
Sus labios se curvan en una sonrisa que me golpea directo en el pecho.
¿Por qué tengo el presentimiento de que este desayuno es más para él que
para mí? Pero eso es una locura, después de todo, ¿Por qué querría pasar
tiempo conmigo en público?
Estirándose, toma mi mano en la suya. La pequeña cantidad de contacto
me calienta todo el camino hasta los dedos de mis pies.
—No iremos a Aces —le advierto mientras emergemos desde los
árboles.
—Ni siquiera lo iba a sugerir.
Todo está mal sobre esto, aún así, cuando entro en su viejo tráiler
escondido al final del jardín, todo se siente bien.
—Ponte cómoda. No es mucho y estoy seguro de que no es nada como a
lo que estás acostumbrada, pero es todo lo que tengo.
Por primera vez desde que lo vi en la escuela ese primer día, veo un
poco de su inseguridad entrar. Por algún milagro, logré despegar solo una
esquina de la máscara impenetrable que siempre usa. No sé porque, o que
hice para merecerlo, pero justo en este momento, el chico que estoy viendo
frente a mí no es Thorn rey de Rosewood High, sino Jacob un chico de
dieciocho años que está tan inseguro sobre la vida como yo. Tal vez no
somos tan diferentes como piensa.
—Es perfecto, gracias.
—Iré a buscarte una toalla limpia así puedes bañarte, volveré en un
segundo. —Va a retirarse, pero se detiene antes de salir del área de la cocina
—. Aquí tienes. Supongo que necesitas estas.
No podría estar más agradecida por el pequeño paquete de analgésicos
que caen en mi regazo.
Espero a que desaparezca y lo escucho mientras se mueve alrededor por
unos cuantos minutos antes de levantarme, abrir el refrigerador y tomar una
botella de agua cálida. Tomándome la mitad, tiro un par de pastillas en mi
boca y espero que trabajen rápido en el golpeteo en mi sien.
Dejándome caer en el sofá, pongo una de las almohadas bajo mi cabeza
y cierro mis ojos, tratando de recordar alguna memoria de anoche.
Debí haberme quedado dormida porque lo siguiente que sé, una gota de
agua cae en mi mejilla y corre hacia el nacimiento de mi cabello.
—Que…oh.
Abro los ojos para encontrar una atractiva visión. Jake parado sobre mí,
su cabello empapado por su ducha y solo una toalla colocada baja en su
cintura.
Mordiendo mi labio inferior, trato de luchar la tentación de estirarme y
quitarla de su cuerpo para descubrir apropiadamente lo que está escondido
debajo.
—Vamos, hazlo —se mofa.
—¿Hacer qué? —pregunto inocentemente, mirándolo a través de mis
pestañas.
Poniéndose en cuclillas así su cabeza está casi a nivel conmigo.
—Si piensas que no puedo leer tus pensamientos entonces necesitas
pensarlo de nuevo. ¿Cómo te sientes?
Tomo un momento para enfocarme en el dolor en mi cabeza y me doy
cuenta que de hecho está comenzando a disminuir.
—Mejor, gracias.
Me mira por unos cuantos segundos. Comienzo a pensar que me besará
de nuevo, pero justo cuando estoy a punto de mover mi cabeza hacia él, se
levanta y camina hacia la cocina.
—El baño es todo tuyo. Debo de advertirte que la regadera no es más
que un chorrito y realmente nunca se pone muy caliente, pero hace el
trabajo. Dejé un nuevo cepillo de dientes a un lado para ti.
Me avergüenzo sabiendo que sabe de primera mano lo asquerosa que mi
boca está en este instante.
—No me tardaré.
—Tómate tu tiempo. Haré café…te gusta el café ¿verdad?
—Sí.
—Tal vez no eres tan rara después de todo —dice mientras camino
hacia su habitación.
No le presté mucha atención al cuarto antes de irme, pero vi lo
suficiente para saber que ha limpiado y hecho su cama.
Mirando por encima de mi hombro, encuentro su espalda desnuda
cuando se estira hacia la alacena y no puedo evitar tratar de entenderlo.
Claramente hace un esfuerzo por ocultar esta parte de su vida, ¿pero por
qué? ¿Por qué vive aquí solo? ¿Dónde están sus padres?
Las preguntas del millón que tengo sobre él giran alrededor de mi
cabeza, mientras correteo el patético chorro de agua alrededor del cubículo
en un intento de lavar de mí lo que quedo de la noche anterior.
CAPÍTULO TREINTA Y DOS
JAKE
M i cuerpo está prácticamente vibrando con energía nerviosa mientras
el agua corriendo en el baño suena alrededor del tráiler.
No tengo idea de lo que estoy haciendo. Todo lo que sé es que
en este momento está desnuda con agua cayendo por sus curvas esbeltas a
pocos pies de distancia, y no puedo olvidar el dolor que partió mi estómago
casi a la mitad cuando la miré alejarse de mí antes. No estaba listo para que
nuestro tiempo juntos acabara, aún si ella no tenía idea de qué estaba
pasando o porqué estaba aquí. Trato de ignorar el hecho de que básicamente
la secuestré, tenía todo el derecho de querer correr tan lejos como fuera
posible.
Estoy sentado en mi sillón con los codos descansando en mis rodillas y
mi cabeza colgando entre mis hombros cuando entra en la cocina.
Levantando la mirada, encuentro su cabello apilado encima de su cabeza,
una de mis camisetas cubriendo su cuerpo diminuto y amarrada a su cintura.
Sus piernas largas en completa exhibición en su pequeña falda blanca. Mis
ojos casi se salen de mi cabeza.
—Espero no te importe, mi blusa olía mal.
—N…no, claro que no. Luce…uh…mejor en ti que en mí.
Sonríe tímidamente antes de mirar a la encimera.
—¿Esto es mío?
—Sí. ¿Está bien?
—¿Tienes algo de leche? —Creo que se da cuenta de su error en el
momento que sus palabras salen de sus labios—. De hecho, está perfecto.
Levantando la taza, estoy fascinado mientras delicadamente sopla a
través de la parte de encima y luego coloca sus labios en el borde. Sorbe el
café negro y hace lo mejor para lucir como si lo disfrutara, pero no lo logra.
—No tienes que pretender que te gusta para hacerme sentir mejor —
digo, levantándome del sillón—. Vamos, te compraré uno que sí quieras
beber.
—Gracias.
Es aún temprano y el único sonido que se puede escuchar cuando
salimos del tráiler son los pájaros en los árboles.
Afortunadamente, no hay movimiento dentro de la casa mientras
pasamos por un lado y nos dirigimos hacia la calle principal. Puedo sentir la
mirada de la británica cuando nos dirigimos hacia la parada de autobús al
final del camino. Si estimé bien el tiempo, entonces debería de estar aquí en
cualquier momento para llevarnos lejos de este lugar.
—Wow, Jake Thorn viaja en autobús.
Su voz es ligera, claramente está bromeando, pero aún así, mi estómago
se retuerce y mis músculos se tensan ante su burla.
—Las cosas no son siempre lo que parecen, británica.
Abre la boca, pero pronto decide no decir nada. Cuando eventualmente
sí habla, cambia el tema, pero puedo ver su desesperación de descifrarme en
la profundidad de sus ojos azules.
—Tengo un nombre, sabes.
—Estoy consciente.
No le doy una razón y por suerte no presiona por una porque el autobús
llega desde la vuelta de la esquina.
Colocando mi teléfono sobre el lector a un lado del conductor, pago la
tarifa de ambos y nos dirigimos hacia la parte trasera del autobús.
—No puedo recordar la última vez que estuve en un autobús —
reflexiona, mirando las casas pasar por la ventana.
—No me digas, tenías una Range Rover o dos y no podías usar el
transporte público.
Sus ojos son amplios y su barbilla cae ante la amargura en mi tono.
—De hecho, no tenía una Range Rover…o dos. Tenía un Mini Cooper,
pero solía tomar el metro para ir a la universidad todos los días. Conducir
en Londres era…en realidad no voy a defenderme a mí misma ante ti.
Parece que ya me tienes descifrada, así que te dejaré que creas eso.
Dios, aunque estoy intentando ser amable, termino metiendo la pata.
—Lo siento, no quise decir eso.
Se encoge de hombros y se gira a seguir mirando por la ventana. Me
siento como un idiota por hablarle de esa manera, pero no es un sentimiento
poco usual estos días.
El resto del camino es en silencio. Tensión sale de ella en oleadas y solo
puedo imaginar que se está arrepintiendo de aceptar esto. Podría estar en
casa, durmiendo su resaca en vez de estar sentada aquí a mi lado. Solo se
mueve cuando me escucha presionar el timbre, indicando que estamos a
punto de bajarnos.
—Solo te estoy siguiendo porque tengo hambre. Este lugar más vale
que sea bueno —dice enfadada mientras continua a mi lado hasta que me
detengo afuera de un pequeño restaurante clandestino que encontré unos
cuantos años atrás.
—Está bueno. Los mejores panqueques del estado.
Murmura algo en voz baja pero no digo nada. Tiene todo el derecho de
estar molesta conmigo.
Nos encuentro un lugar en la parte de atrás y una mesera con
aproximadamente veinte latas de spray revistiendo su peinado espantoso y
un pequeño mandil rojo viene corriendo.
—Buenos días —dice demasiado feliz—. ¿Qué les puedo traer?
—Dos cafés, uno negro, uno con crema y dos desayunos especiales del
chef.
Los ojos de la británica se enfocan en mí, los ignoro y continúo mirando
a la mesera quien termina de escribir nuestra orden antes de mirar entre
nosotros. Me gustaría saber lo que está pensando en este momento.
—Muy bien, enseguida salen.
Se gira en sus tacones y camina hacia la cocina.
—Puedo pedir mi propia comida, Jake —dice la británica molesta, sus
hombros tensos y sus labios retorciéndose en ira.
—Lo sé, pero confía en mí. Es lo mejor.
Se deja caer contra la silla y baja su atención a sus uñas.
No estoy completamente seguro como pasamos de besarnos en los
árboles a ella ignorando mi existencia, pero sé que es mi culpa.
CAPÍTULO TREINTA Y TRES
AMALIE
T rato de ignorarlo, pero su mirada quema en la parte alta de mi cabeza
cuando miro hacia abajo a mis manos.
«¿Por qué demonios estoy aquí?»
Solo puedo atribuir mi estupidez a cualquier cosa que aún está corriendo
por mi sistema después de anoche. Sé que no bebí lo suficiente para estar
tan fuera de mí que Jake fue capaz de llevarme a su tráiler sin que estuviera
consciente de ello. Creo que es demasiado obvio que alguien debió de haber
agregado algo a mi bebida.
¿Pero quién?
El sospechoso más obvio sería el chico sentando enfrente de mí, pero
algo me dice que no fue él. Algo dentro de mí realmente quiere creer que
está haciendo lo que dice, cuidar de mí, protegerme. Pero de nuevo, ¿por
qué? Ha dejado en claro una y otra vez que me odia. Así que porque
hacerlo, ¿y por qué perseguirme esta mañana y traerme aquí?
La mesera regresa con nuestros cafés y por más que quiera estar
frustrada con él por haber ordenado por mí, no puedo, ya que estoy
agradecida de tener algo que beber. Lo que intentó darme en su tráiler era
como melaza. Amo mi café, pero tiene que tener leche.
Levantando la taza a mis labios, mis ojos se encuentran con su oscura
mirada y un escalofrío me recorre. Cualquier señal del chico dulce y
preocupado quien me cuido anoche y esta mañana se ha ido. El Jake Thorn
que conozco y…odio, me está mirando.
Tomando un trago de café para agarrar valor, pregunto la interrogante
de la cual he querido saber la respuesta desde la primera vez que me miró.
—¿Cuál es exactamente tu problema conmigo?
Está callado por unos segundos y comienzo a pensar que va a ignorar
que he hecho una pregunta, cuando sus codos descansan en la mesa y sus
ojos escanean mi cara.
—No eres tú exactamente. Solo me recuerdas a alguien a quien no
salvaría aun si estuviera muriendo.
«Wow, okay.»
Odio puro llena sus ojos y me doy cuenta que en realidad, pudo no
haberse pasado con la mierda que causó. Hay algo oscuro viviendo dentro
de él y solo está esperando explotar.
—¿Quién?
Niega con la cabeza, claramente renuente en divulgar más detalles. Sin
embargo, eso no va a detenerme de preguntar.
—Está bien, ¿Cómo te recuerdo a esa persona?
—Al principio, desde cierta distancia, pensé que lucías como ella.
Pero…pero ahora, es lo que representas.
—¿Y qué exactamente es eso?
—Una vida de lujo, pretenciosa y privilegiada que está llena de idiotas
falsos, plásticos y egocéntricos quienes piensan que las cosas importantes
son las superficiales.
No es la primera vez que lo ha dicho, pero es la primera vez que
realmente pienso en ello.
—Wow. ¿Y ese es el tipo de persona que piensas que soy?
—Es el mundo del que provienes.
—Tal vez, pero nací en ese mundo. No tuve opción. Pero siempre tuve
mis propias opiniones sobre la industria de la que mis padres eran parte.
—No intentes decirme que no lo amabas. Toda la atención, ropa gratis
de diseñador, estar al frente de la cámara.
Parte de mí no quiere defenderse cuando parece haber decidido que ya
me descifró. Pero al mismo tiempo, odio la mirada sentenciosa que me está
dando como si me conociera, cuando en realidad no tiene ni una maldita
idea.
—Me importa una mierda la ropa de diseñador. Solo es ropa. Cumplen
la misma función si cuestan veinte libras o dos mil. Y no es como que sea
de tu incumbencia, pero nunca he estado enfrente de la cámara.
Resopla y me echo hacia atrás.
—¿Qué significa eso?
—No me jodas, británica. Tienes supermodelo escrito por todo tu
cuerpo, justo como tu madre. Vales mucho como para no forzarte en ese
mundo.
Empujando la silla hacia atrás con un chillido fuerte, me levanto y
coloco las manos en la mesa. Mi respiración sale de mis labios cuando
lucho por mantener el control de mi ira.
—Para tu información, mis padres eran buenas personas. Sí, la industria
en la que estaban puede ser cuestionada de un millón de maneras y créeme
cuando te digo que lo he hecho, muchas veces. Y sí, podré tener la imagen
adecuada, pero mis padres nunca me habrían obligado a hacer algo que no
quisiera. Siempre me he negado a ser parte de ese mundo. Ninguna cantidad
de dinero podría ponerme en ese lado de la cámara para hacer alguna de las
cosas que esas modelos hacen.
Jake visiblemente palidece, pero no quiero quedarme para descubrir por
qué. En vez de eso, me alejo de la mesa y hacia la salida, solo que él es más
rápido. Sus dedos cálidos se enredan alrededor de mi cintura y soy obligada
a detenerme.
Su calor corporal calienta mi espalda cuando se acerca a mí y su aliento
cosquillea mi oído. Me estremezco cuando sus dedos tocan a través del
espacio de piel que revela su camiseta amarrada a mi cintura.
—Lo siento. Estaba siendo un idiota.
—Me estoy acostumbrando a ello —digo molesta.
—Por favor vuelve a sentarte. Solo para comer, y después puedes irte y
nunca mirar hacia atrás.
Algo duele dentro de mi pecho a la idea de alejarme de él de una vez
por todas. Es lo que debería estar haciendo porque tiene razón, es un idiota.
Pero por alguna razón, me he vuelto un poco adicta a él. Una masoquista o
algo así porque a pesar de saber lo que es mejor, sigo volviendo por más.
—Está bien, pero solo porque tengo hambre.
Me deja ir. Me odio a mí misma, pero inmediatamente extraño su toque.
Cuando me volteo hacia nuestra mesa, la mesera está colocando dos
platos gigantes. La visión de la comida tiene a mi estómago gruñendo. La
esencia del tocino, huevos y panqueques llegan a mi nariz cuando retomo
mi asiento y se me hace agua la boca. Podría tener razón sobre algo, esto
luce increíble.
Comemos en silencio, pero eso no quiere decir que no sienta su mirada
cada vez que me mira. Me niego a encontrar sus ojos por miedo a que de
alguna manera haya dejado de estar molesto y en vez de eso me mire con
sus ojos vulnerables. Sabía que había sacado conclusiones apresuradas
sobre mí. Si soy honesta, pensé que sería por dinero. No es un secreto que
mis padres eran muy exitosos y ricos, mientras que es cada vez más obvio
que él no tiene mucho.
—¿Por qué vives al final del jardín de tus tíos? —las palabras están
afuera antes de que tenga oportunidad de detenerlas.
—Es donde pertenezco —dice tristemente.
—Jake, eso no…
—Es exactamente como es. No eres la única que piensa que soy un
desperdicio de oxígeno. —La honestidad en sus palabras es lo suficiente
para matar cualquier respuesta que hubiera en mi lengua—. No soy lo que
todos en la escuela piensan que soy. Pero pretender es mejor que la realidad.
Solo necesito graduarme y me iré de aquí.
—¿A dónde?
—Donde sea. No me importa, solo necesito un nuevo comienzo en un
lugar donde nadie me conozca.
—¿Y la universidad?
Mis cejas se fruncen cuando se ríe.
—¿Realmente piensas que puedo costearme la universidad? Has visto
donde vivo.
—Lo sé, pero…
—Sin peros. Es lo que es. En el instante que haya terminado la
preparatoria, comenzaré de nuevo. No me importa dónde o que trabajo
tendré para pagar por ello.
—Seguramente podrías obtener una beca o algo —reflexiono, realmente
no entendiendo cómo funciona todo aún.
Se encoge de hombros.
—Lo dudo.
—¿Tan siquiera has investigado?
—Lo puedes dejar ¿por favor?
La desesperación en sus ojos significa que hago lo que pide, por el
momento. No lo conozco tan bien, pero sí sé que es mejor que eso como
para desechar la idea de la universidad tan fácilmente.
El resto de nuestro tiempo en el restaurante es en silencio. Pero no es
incómodo como podría serlo. Jake ha regresado a su lado suave, el que sé
que no le muestra a mucha gente. Me hace preguntarme porqué está
bajando la guardia conmigo.
—Debería llevarte a casa antes de que tu abuela se preocupe.
—Está bien, sabe que fui a una fiesta anoche. No me imagino que me
esté esperando.
Jake traga nerviosamente.
—Sobre anoche.
—¿Qué?
—Alguien le hecho algo a tu bebida.
—Así parece. Pero estoy bastante segura que no fue Shane. Por favor no
hagas algo estúpido.
Me siento como una estúpida cuando las palabras salen de mi boca.
¿Por qué haría algo estúpido para proteger a alguien que odia?
—Descubriré quien fue y van a pagar.
Estirándome sobre la mesa, coloco mi mano en la suya, la calidez
extendiéndose por mi brazo.
—No, Jake. Solo déjalo, por favor. No necesito que pelees mis batallas.
—¿Qué si quiero hacerlo?
La mesera regresa con la cuenta y Jake saca su cartera.
—Maldición —murmura, obviamente encontrándola más vacía de lo
que estaba esperando.
—Está bien, yo pago.
Entregando algo de dinero, se tensa al otro costado de la mesa. Sus
labios presionados en una línea fina y el músculo en su cuello pulsando.
Quiero preguntar sobre su último comentario, pero no tengo la
oportunidad porque una sombra cae sobre nosotros.
—Vaya, vaya, vaya, acaso no es esto acogedor.
Conozco la voz, no necesito levantar la mirada para confirmar quien es.
En vez de eso, mantengo mis ojos en los de Jake. Se endurecen
inmediatamente, sus defensas levantándose, poniendo un fin a cualquier
momento que estuviéramos teniendo.
—La británica ya se iba.
Mi barbilla cae en conmoción.
—¿Qué están haciendo? ¿Desayunando juntos? —pregunta Chelsea.
Incredulidad por lo que está viendo clara en su voz—. Tu apariencia podrá
conseguirte lo que quieras en Londres, pero no funciona aquí.
Chelsea saca su cadera, esperando impacientemente para que me
mueva, pero la ignoro y me enfoco en Jake.
—¿Qué demonios estás haciendo? —susurro, pero no es lo
suficientemente bajo.
—Dios, realmente eres una puta, rogándole para que te quiera.
Los ojos de Jake se mantienen en los míos, pero no puedo leer nada en
ellos. El chico que estaba aquí expresando su necesidad de protegerme se ha
ido. Tomando tres respiraciones tranquilizantes, me levanto del asiento,
preparándome para ponerme frente a frente con la perra de la escuela.
—Estás en mi lugar.
Me levanto y justo como la primera vez que nos encontramos en la
oficina del director, tiene que levantar la vista para verme y no puedo evitar
la sonrisa que retuerce mis labios. Lo odia.
—Pensé que eras demasiado buena para estar pasando el tiempo en esta
parte de la ciudad.
Visiblemente palidece. Podré no tener una pista de donde estamos en
este momento, pero fue obvio en el camino que no es el área más agradable.
No pensé en eso después de que Jake dijo que quería alejarse, pero mientras
miro en los ojos esmeralda de Chelsea repentinamente me percato. Está
avergonzado. Vino aquí conmigo así podríamos escondernos.
—Ya acabé con esta mierda. Eres bienvenida a quedártelo.
—Como si se acercaría a alguien como tú. Siempre ha sido mío.
Mi cuerpo se inmoviliza, mi necesidad de discutir con ella amenazando
con vencerme. Mis hombros se tensan y mis emociones quemando la parte
trasera de mi garganta hacen su camino hacia mis ojos. Cuando un chico
comienza a dirigirse hacia mí, soy obligada a moverme y afortunadamente
es hacia la puerta. No necesito el tipo de drama que Chelsea puede traer a
mi vida.
Brevemente miro sobre mi hombro, encuentro al chico que entró con
sus brazos alrededor de Chelsea. Me es familiar, me pregunto fugazmente
quien es, ya que es obvio que es mayor que ella, pero la mirada que siento
desde la cabina que acabo de desocupar es demasiado intensa como para
ignorar.
Nuestros ojos se encuentran, algo parpadea por los suyos, pero se ha ido
demasiado rápido para ser capaz de leerlo.
Las lágrimas que están quemando mis ojos amenazan con caer y huyo.
Corriendo por la calle, encuentro un callejón y entro para que me permita
un poco de privacidad para desmoronarme.
Mi espalda golpea la pared y me dejo caer hasta que mi trasero toca el
piso sucio. Un sollozo sale de mi garganta y dejo caer mi cabeza en mis
manos. Como pude ser tan estúpida de creer que realmente podría querer
pasar tiempo conmigo. Solo quería usarme como su pequeño y sucio
secreto.
Pienso en lo dulce que ha sido, y solo hace que llore con más fuerza. No
debe de agradarme. No debería de importarme. Pero hay mucho más en
Jake Thorn de lo que permite que el mundo vea. Por alguna razón me ha
dado un vistazo del chico destrozado escondiéndose debajo de la superficie
y no puedo evitar querer más.
Estúpida, estúpida chica.
Una vez que mis lágrimas disminuyen, la comprensión me llega. No
tengo idea de donde estoy y ni una pista de cómo llegar a casa.
Colocando mi bolsa en mi regazo, busco hasta encontrar mi teléfono al
final de un montón de recibos y monedas. Afortunadamente, la batería no
está agotada, aunque está al quince por ciento gracias al flujo de mensajes,
llamadas perdidas y mensajes de voz que me perdí completamente de
Camila y Shane.
Culpa se asienta pesadamente en mi estómago de que no tienen idea de
donde estoy o si estoy bien o no. ¿Siquiera saben que me fui anoche con
Jake?
Pulsando llamar en el número de Camila, pongo el teléfono en mi oído
y lo escucho sonar.
Cuando eventualmente responde, es obvio que la he despertado. Su voz
es profunda y áspera con sueño, pero pronto se pone sobria cuando las
memorias de anoche deben de golpearla.
—¿Amalie? ¿Dónde estás? ¿Estás bien?
—Sí, estoy bien. ¿Hay alguna oportunidad de que pudieras hacerme un
favor?
—Por supuesto.
Le explico brevemente donde estoy, enlistando unos cuantos lugares
que puedo ver desde mi escondite. Por suerte, Camila sabe y promete que
estará ahí en no más de treinta minutos. Ya puedo darme cuenta por el tono
de su voz que tengo un millón de preguntas viniendo en mi camino.
Quiero ir por más café pero la idea de encontrarme con Jake de nuevo
es suficiente para hacer que me quede ahí. Verlo en la escuela será lo
suficientemente malo después de todo lo que pasó entre nosotros.
CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO
AMALIE
S on solo veinte minutos después cuando veo el auto de Camila
estacionarse en la esquina. Levantando mi cuerpo exhausto del suelo,
sacudo la tierra de mi trasero y camino hacia ella. Como se lo indiqué,
se queda en el auto y en segundos, estoy abriendo la puerta del pasajero y
entrando.
—¿Qué demonios está pasando Amalie? Fuiste sacada de la fiesta
cargada de lo ebria que estabas por tu peor enemigo y ahora estoy
recogiéndote. Tienes que darme una seria explicación.
—Llévame a un lugar tranquilo para tomar un café y lo explicaré. No a
Aces —agrego rápidamente antes de que lo sugiera.
Así que, por segunda ocasión esta mañana me encuentro en otro
restaurante clandestino con otra mesera sirviéndome café.
—¿Entonces marchó todo tipo alfa y demandó saber dónde estaba? —
pregunto, mis cejas fruncidas en confusión—. ¿Por qué?
—¿Quién demonios sabe? Pero según Shane perdió la cabeza con él, te
alejó de ahí y fuera de la casa.
—Piensa que Shane le echó algo a mi bebida e iba a…—me detengo no
necesitando decir las palabras en voz alta.
—¿Shane? ¿Shane Dunn?
—Lo sé. Le dije que estaba loco y que Shane jamás haría algo así. Pero
me encontró en su habitación con sus manos sobre mí.
—Shane solo te iba a recostar en la cama para que durmieras.
—Es lo que dije, pero Jake no cree eso.
—Ok, ¿entonces que pasó con Jake?
Estoy callada por unos segundos mientras trato de descubrir cómo
responder esa pregunta.
—Oh mi dios, pasó algo con él, ¿verdad? ¡OH DIOS MIO!, ¿te lo
cogiste?
—¿Qué? No, no me lo cogí.
Mis mejillas se sonrojan sabiendo que, aunque eso es verdad, no soy
completamente inocente. Sí lo besé esta mañana y sin que Camila lo sepa,
tampoco es nuestro primer beso.
—Pero… —me alienta, acercándose en su asiento esperando a escuchar
el chisme jugoso.
—Nos besamos.
—¡Oh mi dios! —chilla, aplaudiendo con sus manos en deleite—. Es
como en las películas. Te odia para cubrir el hecho que en realidad le
gustas.
Poniendo mis ojos en blanco a su corazón romántico, suspiro.
—No, estoy bastante segura de que me odia. Probablemente solo fui una
apuesta estúpida para él o algo así, para ver si soy lo suficientemente
patética para enamorarme de él. Bueno, adivina que, claramente lo soy
porque ve lo que pasó. Ugh…lo odio.
—¿De verdad?
—Sí. No. No lo sé. Hay algo dentro de él que me llama. Desearía no
verlo y solo enfocarme en que es un idiota, pero no puedo evitar sentir que
necesita ayuda. Quiere que lo vea aún cuando está asustado.
—Volviendo a mi comentario anterior…
—Eres una pesadilla. ¿Cómo está Noah?
—Está bien. Le dije cuando estaba un poco ebria que la noche de su
cumpleaños será la noche —dice con un guiño.
—Espera. Ustedes no han…
—Nop. Le dije que quería esperar, y respetó eso. Pero ya estoy aburrida.
Todos los demás lo han hecho así que…
—No puedes hacerlo solo porque lo demás lo están haciendo.
—Lo sé y esa no es la razón. Hemos estado juntos por mucho tiempo y
siento que es lo correcto. Es tiempo de llevarlo al siguiente nivel antes que
comencemos a estresarnos por la universidad y todo eso.
Aún así sigo sin creerle.
—Lo amas, ¿verdad?
—Por supuesto.
Entrecerrando mis ojos, trato de entender lo que está escondiendo, pero
es inútil especialmente porque no estoy segura de que ella lo sepa. Los he
visto juntos muchas veces ya. Por fuera, parecen ser la pareja perfecta, pero
no puedo evitar sentir que algo no está del todo bien.
—Así que ¿qué es lo que sigue con Thorn? —pregunta, moviendo la
conversación de regreso a mí.
—Lo siguiente es que dejaremos de hablar de él. Ya he terminado.
—Mentirosa. No puedo creer que te besó. Según cuentan los rumores no
besa a nadie. Nunca.
Escuchar eso cambia mi idea de ya no hablar más sobre él.
—No me jodas. Es el peor mujeriego de la escuela, debe de haber
besado a muchas chicas.
—Nop nunca, aparentemente.
Recuerdo la Fiesta de Medianoche, la cual se siente como un millón de
años atrás, y su reacción cuando Chelsea puso sus labios en los suyos. Tal
vez lo que Camila está diciendo es verdad. Pero si lo es, ¿por qué me besó?
No estoy menos confundida sobre toda la situación de Jake cuando
Camila me deja más tarde en la casa de mi abuela que lo que estaba esta
mañana. Me mira con una camiseta de hombre y levanta sus cejas.
—No es lo que estás pensando —murmuro, caminando cerca de ella y
dirigiéndome hacia mi habitación.
—Cuando estés lista para hablar, sabes dónde estoy.
Mi estómago se retuerce cuando me dejo caer contra la puerta de mi
habitación. No quiero excluir a la abuela después de todo lo que ha hecho
por mí, pero como puedo explicarle todo esto. Incluso recordar los eventos
de estas semanas pasadas en mi cabeza me hacen sentir como una persona
loca. ¿Cómo demonios sonará esto para ella?
Me tomo mi tiempo bañándome y lavando su olor de mí. Parece que
nada de lo que intente hacer será efectivo, su esencia única aún persiste en
mi nariz.
Después de ponerme una pijama y un suéter enorme encima, amontono
mi cabello encima de mi cabeza y me dirijo hacia afuera, esperando un
millón de preguntas por parte de la abuela.
—¿Tienes hambre?
—Me puedo hacer algo. Quédate ahí.
Está sentada en el sofá leyendo una de las revistas vulgares que ama. No
tengo la más mínima idea de cómo puede seguir leyéndolas después de
algunas de las mentiras que han publicado sobre mis padres y sus colegas a
través de los años.
—No seas tonta. Siéntate y te haré un sándwich de queso fundido.
¿Suena bien?
—Suena increíble, gracias.
El silencio cae a nuestro alrededor mientras lo prepara, y sorbo de un
vaso con agua que me pasó.
—Amalie, sé que soy vieja y probablemente piensas que no podría
entender, pero por favor, te lo ruego. Háblame. Estoy preocupada por ti.
Las mentiras están justo en la punta de mi lengua, pero cuando hablo, lo
opuesto sale de mi boca.
—Es un chico.
—Lo asumí. ¿Alguien que conozca?
Ignoro la pregunta, no estando lista para admitir quien es en caso de que
no lo apruebe. Si sabe quién es y donde vive, lo cual estoy segura que lo
hace porque nada se le pasa a la abuela, entonces no tengo la menor duda de
que no lo aprobará. ¿Por qué lo haría? Jake es el infame chico malo de la
escuela quien mayormente me trató mal desde el primer día que comencé
en Rosewood.
—No debería de agradarme. No ha sido exactamente agradable desde
que entré. —Esquivo la realidad de la situación—. Pero hay más en el chico
que lo que permite que el mundo vea. Se está escondiendo, pero puedo ver
su vulnerabilidad y me pregunto si es por eso que no le agrado mucho.
Me sonríe, y un brillo misterioso aparece en sus ojos antes de girar para
poner mi sándwich en un plato.
—¿Por qué esa mirada?
—Está asustado, Amalie. Sabe que puedes ver más profundo de lo que
los demás y está asustado de que sea usado en su contra.
Considero su teoría por unos cuantos minutos y aunque no puedo
discutir porque creo que le ha dado al punto. No estoy segura de que eso sea
todo el problema.
—Hay más que eso. Dijo algo críptico sobre el estilo de vida de mis
padres y de ser la razón por la cual no le agrado.
—¿Cuál es su nombre? —pregunta de nuevo.
Riéndome a su segundo intento, niego la cabeza hacia ella.
—Buen intento.
—¿Qué? —la mirada inocente en su cara puede haber funcionado en
otros, pero no me está engañando en lo más mínimo.
—No te diré porque probablemente sabes cada detalle de su vida y no
quiero chisme de segunda mano.
La abuela jadea, colocando su mano sobre su corazón como si la
hubiera herido.
—Te diré, jovencita, que mi conocimiento de esta ciudad y sus
ocupantes es fáctico. Ni un chisme pasa por estos labios.
Riéndome de ella, acerco el plato que me pasó. El olor del queso
derretido haciendo que se me haga agua la boca.
—Claaarooo —digo, siguiéndole la corriente antes de gruñir en placer
cuando obtengo mi primer bocado.
—¿Quieres un consejo?
—Seguro.
—Si crees que hay más sobre este chico, entonces probablemente tienes
razón. Si crees que vale la pena descubrirlo, entonces continúa indagando,
pero se consciente de que podrías encontrar algo feo. Si no vale la pena el
dolor, entonces aléjate…si puedes.
La abuela sale del cuarto, dejándome con esa pequeña pizca de consejo.
Esa pregunta gira alrededor de mi cabeza por el resto del día. ¿Puedo
alejarme? Es lo que debería de hacer después de la manera que me ha
tratado. Pero lo que debemos hacer y lo que queremos están frecuentemente
al lado opuesto del espectro.
Parándome enfrente de mi espejo de cuerpo completo, cepillo mi
cabello antes de volverlo a colocar hacia arriba y fuera de mi rostro así
puedo dormir. La ligera brisa de mi ventana abierta causa que escalofríos
cubran mi piel expuesta y rápidamente me meto en la cama.
La abuela tiene aire acondicionado por toda la casa, pero no me puedo
acostumbrar a dormir con el. La británica en mi prefiere la cálida brisa
entrando por la ventana en la noche. Sé que debería cerrarla, especialmente
después de mi visitante nocturno de la otra noche, pero no puedo hacerlo.
La anticipación se mezcla con las palabras de mi abuela y me quedo
dando vueltas por horas, esperando que el sueño me reclame. Pero
eventualmente un ruido que estaba esperando, deseando, suena alrededor de
la habitación.
El crujido de pies contra el suelo afuera tiene a mi corazón subiendo a
mi garganta.
«Él vino.»
Me mantengo acostada tan quieta como puedo, con la esperanza de
verme como que estoy dormida. Me perdí su visita la última vez y estoy
desesperada por saber lo que hará.
El clic de la puerta abriéndose me hace saltar aún cuando lo estoy
esperando. Lucho por mantener mi respiración regular mientras entra a mi
habitación.
—Maldición —murmura, antes de arrodillarse a mi costado. Su esencia
me rodea de nuevo. Mi corazón amenaza con salirse de mi pecho cuando
espero por lo que hará después.
—Lo siento mucho, británica. Debes despertar y alejarme por ser un
maldito idiota. No estaba avergonzado de estar contigo antes, solo…lo eché
a perder.
Su voz se quiebra con desesperación y no puedo evitar abrir mis ojos.
Dejó la cortina de la puerta abierta lo suficiente para que la luna lo
ilumine como si estuviera bajo un foco. Su cabeza está colgando entre sus
hombros, luce tan roto como suena. Y en vez de que ira llene mis venas
como debería, encuentro a mis dedos sacudiéndose a mi lado para estirarme
y tocarlo.
—No debería de estar aquí. Solo necesitaba saber que estabas a salvo.
Su cabeza se eleva y mi respiración se detiene mientras espero que sus
ojos encuentren los míos.
Sus labios se parten cuando se da cuenta que no estoy dormida como él
estaba esperando.
—Maldición, yo…mierda. —Se levanta, sus manos yendo a su cabello
y jalándolo al punto de que pienso que se lo va a arrancar—. Maldición,
estoy…
Camina hacia la puerta y entro en pánico.
—Jake, espera.
Mi voz es apenas un susurro, pero es lo suficiente para detenerlo.
Se detiene, pero no levanta su vista del piso.
—No debería de estar aquí —admite tristemente.
—Pero estás aquí de todas formas.
Quitándome las sábanas, me levanto en mis codos y lo miro. Sus
hombros están caídos en derrota, sus manos colgando sueltas alrededor de
sus caderas.
—Jake —respiro.
Algo en mi voz hace que gire, sus ojos encuentran los míos antes de que
bajen por mi cuerpo vestido con poca ropa.
—Maldición.
Sus pies se comen el espacio entre nosotros y en pocos segundos su
mano se está deslizando en la parte trasera de mi cabello y sus labios
encuentran los míos.
Siento el cambio en él cuando conectamos. Se ha ido el chico roto que
estaba parado frente a mí, en vez de eso el hombre besándome está perdido
ante su necesidad.
Su lengua entra en mi boca y hambrientamente la succiono más
profundo. No debería de permitir esto después de lo que hizo hoy, pero en
el instante que sus manos están en mí, es como si todo aparte de los dos en
este momento dejara de existir.
Jake se sube en mi cama, sus rodillas fijando mis muslos en el lugar
mientras continúa besándome como si fuera nuestro primer beso y no
pudiera tener suficiente.
Cuando ambos estamos desesperados por respirar, se aleja. Sus ojos
están oscuros y caídos mientras me mira. Mi centro palpita por más cuando
sus dedos cosquillean sobre mi pecho y corren alrededor del borde de mi
blusa causando que mis pezones se endurezcan detrás de la tela.
—Dime que me vaya. Dime que me odias y necesito irme.
Sus dedos bajan y rozan sobre mis pezones, haciéndome estremecer.
—Tienes razón, te odio, pero…
No tengo la oportunidad de decirle que no quiero que se vaya en este
momento porque baja mi blusa de tirantes y toma un pezón en su boca
caliente.
—Oh, maldición.
Mis caderas se sacuden involuntariamente pero no logran nada porque
Jake todavía me tiene fijada a la cama. Sus labios se retuercen en gozo ante
mi reacción.
Se mueve hacia el otro lado, también exponiendo ese pecho así puede
hacer lo que desee. Lame, mordisquea y succiona mientras gimo y me
retuerzo bajo él.
Quiero gritarle cuando se mueve hacia mi cuello y pasa su lengua
alrededor del borde de mi oreja.
—Te haré sentir tan bien, británica.
Mi respuesta es gemir cuando comienza a bajar por mi cuerpo. Lame
mis pechos una vez más antes de levantar mi blusa y besar hacia debajo de
mi estómago.
Para el momento que curva sus dedos alrededor del borde de mis shorts
para dormir, están empapados, mi necesidad por lo que tiene que ofrecer es
demasiada para aguantar.
—Jake, por favor.
—Maldición. Dilo de nuevo.
—Jake —respiro, sus labios bajando al hueso de mi cadera y
arrastrándose hacia mi centro—. Por favor, necesito…ohhh…
Antes de saber que está pasando, mis shorts ya no están y su aliento
cosquillea contra mi parte más sensible.
—Demonios…sabes tan dulce —murmura, empujando mis muslos más
abiertos y lamiendo mi longitud.
—Oh, mierda, mierda, mierda, Jake —grito, olvidándome de donde
estoy y que podríamos ser escuchados.
Su lengua presiona contra mi clítoris antes de moverse en círculos,
llevándome más alto. Mis manos alternan entre empuñar la sábana debajo
de mí y deslizándose en su cabello para mantenerlo en ese lugar.
Desvergonzadamente me froto contra su cara, necesitando todo lo que
tiene que dar para remover la ira y el rechazo que causó dentro de mí más
temprano. No tengo idea de si esto es un tipo de disculpa, pero en este
momento realmente no me importa mientras placer como nunca he
experimentado estremece cada una de mis terminaciones nerviosas.
Levantando sus dedos, hace círculos alrededor de mi entrada mientras
continúa con la maravillosa tortura de mi clítoris con su lengua.
—Jake, Jake —grito cuando sus dedos se sumergen más profundo. Mis
músculos se tensan mientras el comienzo de una liberación trascendental
empieza a consumir mi cuerpo—. Sí, sí.
Continúa por unos cuantos segundos antes de que algo dentro de mí se
libera y caigo en una dicha devoradora mientras sigue lamiéndome,
alargando cada última gota de placer.
Mi pecho se eleva, mi respiración saliendo de mis labios cuando intento
poner a mi corazón bajo control.
Jake se sienta, limpia su boca con la parte trasera de su mano, una
sonrisa presumida en su cara ante lo que acaba de lograr.
—¿Necesitas lucir tan engreído?
—Británica, yo…
—Amalie, ¿estás bien?
—Maldición.
Jake se mueve más rápido de lo que creí posible y se coloca en posición,
escondiéndose detrás de la puerta. Su habilidad de saber exactamente que
hacer me hace preguntarme cuantas veces ha sido atrapado entrando en la
habitación de una chica.
Un malestar se genera en mi estómago ante la idea de que ha hecho lo
que me hizo a mí con otras, pero no tengo la oportunidad de pensar en ello
antes de que un ligero golpeteo suene y la puerta de mi habitación sea
abierta.
Justo logro agarrar las sábanas para cubrirme antes de que la cabeza de
mi abuela se asome alrededor de la puerta.
Estoy acostada con un ojo abierto lo suficiente para ver que hace. Mira
brevemente alrededor de la habitación, pero cuando afortunadamente no
encuentra algo sospechoso, silenciosamente cierra la puerta una vez más y
sus pisadas se dirigen por el pasillo.
Soltando un gran suspiro de alivio, miro cuando Jake aparece de las
sombras y se arrodilla a mi lado.
Se estira y toma mi mejilla en su mano cálida.
—Debería irme.
Tanto como quiero decir que no, sé que es lo correcto. Esto ya ha ido
muy lejos y hemos estado muy cerca de ser descubiertos.
Asiento con la cabeza y su cara cae, su máscara se ha ido y una vez más
se me ha permitido ver al chico real escondiéndose debajo.
Cuando se levanta, mi boca se abre para discutir, pero no puedo.
Necesita irse antes de que la abuela regrese o que haga algo de lo que
realmente me voy a arrepentir. Ya está bajo mi piel, que pasemos más
tiempo juntos en este momento, solo me causará más dolor a la larga porque
no es como que va a tomar mi mano mañana en la escuela y caminará
alrededor orgulloso de que soy suya.
El pensamiento mismo me frustra. No quiero ser suya, ¿o sí?
En silencio camina hacia la puerta. Mis músculos se sacuden por
estirarse hacia él, pero logro mantenerlos a mis costados y le permito
desaparecer en la oscuridad, dejando solo el sabor de su beso y el rápido
golpeteo de mi corazón como evidencia de que estuvo aquí.
CAPÍTULO TREINTA Y CINCO
AMALIE
—¿D ormiste bien? Te ves mejor —dice Camila en el instante que me
dejo caer en su auto para nuestro viaje diario hacia la escuela.
—Uh…sí —miento.
En realidad, me tomó horas quedarme dormida después de que mi
visitante nocturno se fue y cuando la alarma sonó esta mañana, no estaba
para nada lista.
—¿Crees que ya se han olvidado de lo que pasó en la fiesta?
—¿Qué? ¿qué alguien te drogó y fuiste rescatada por el mismísimo Jake
Thorn?
Me estremezco, de verdad no necesito un recordatorio de como terminé
la noche del viernes.
—Sí, eso.
—Shane se siente horrible, me ha estado enviando mensajes de texto
todo el fin de semana viendo que lo estás ignorando. Realmente él no lo
hizo.
Me encojo de hombros, porque, aunque al inicio estaba persistente de
que no fue él, no lo conozco. Solo mira a Jake, pensé que era un idiota de
pies a cabeza, pero sigue demostrándome que hay algo agradable en alguna
parte dentro de él. Tal vez Shane es lo opuesto.
—Solo quiero olvidarlo y no ir a otra fiesta de nuevo por un largo
tiempo.
—Eso podría ser un problema porque el Baile de Bienvenida y el
cumpleaños de Noah son este fin de semana.
—Nadie me va a extrañar en el Baile de Bienvenida y dile a Noah que
estoy ocupada o algo.
—Nop. No va a pasar. Te guste o no ahora eres parte de esta escuela, así
que el Baile de Bienvenida no es negociable. Puedes usar ese pequeño y
sexy vestido plateado, y en cuanto a la fiesta de Noah, estoy segura de que
puedo convencerte.
Murmuro mi frustración porque tristemente, probablemente tenga razón.
Mientras caminamos hacia la escuela, siento ojos en mí. Solo que no
están solamente en mí porque se mueven de ida y vuelta entre mí y Jake
quien está sentado en su lugar usual rodeado de su grupo.
Su mirada me sigue y quema un rastro por mi cuerpo entero.
—Eso es raro —comenta Camila.
—¿Qué es?
—Jake no te está mirando como si te quisiera matar, te está mirando
como si quisiera…
—Suficiente.
Girando su mirada curiosa en mí, sus manos caen en mis antebrazos y
se para frente a mí.
—¿Algo más pasó que no me estás contando?
Mis mejillas se sonrojan y sé que no tengo oportunidad de esconder la
verdad.
—Tal vez, pero no es importante.
—Lo que sea que ponga tu cara de ese color definitivamente es algo
importante.
—Voy a llegar tarde a clases.
Mirando la hora en su teléfono, gruñe.
—Dejaré ir esto solo porque tienes razón.
—Genial, te veo después —digo, esquivándola y caminando hacia el
edificio para mi primera clase del día.
La mañana pasa sin ningún drama, es casi como debería de ser la
escuela, así que naturalmente estoy en alerta esperando a que algo pase.
Estoy dirigiéndome hacia mi casillero antes de mi reunión con la
consejera académica cuando lo siento. Jake está parado al otro final del
pasillo con Chelsea prácticamente colgada de él, Mason y Ethan a sus
costados.
Una chispa se enciende entre nosotros cuando nuestros ojos se
encuentran, pero me niego a que alguien más lo vea. Alejando mi mirada,
abro mi casillero. Un pequeño pedazo de papel atrapa mi mirada. Echando
un vistazo alrededor de mí para asegurarme que no estoy siendo observada,
lo desdoblo.
«¿Misma hora esta noche? J»
Me sorprendo e ira se enciende en mi estómago. ¿Me acabo de convertir
en su pequeño sucio secreto?
Dando un paso hacia atrás, voy a girarme hacia donde están parados,
pero no necesito mirar muy lejos para encontrarlo porque los cuatro están
justo detrás de mí.
—¿Cómo te sientes, briaga? —gruñe Chelsea, su sonrisa falsa colocada
en su lugar.
—Estaba mejor antes de tener que mirar tu cara.
Mason resopla en diversión mientras Jake se queda parado con hombros
tensos y su cara en su máscara usual. Solo que cuando miro en sus ojos, veo
más. Mi chico roto aún está ahí.
—Déjala en paz, Chelsea —demanda Jake. Mis ojos casi se salen de
mis cavidades de que me defienda en público.
—No me digas que te agrada la zorra.
—No. —Esa sola palabra mata cada pequeña esperanza que se estaba
generando de que las cosas podrían cambiar—. Solo creo que es momento
de dejar de molestarla.
Arrojando su cabello sobre su hombro murmura un “como sea,” antes
de irse.
Jake va a tomar un paso hacia adelante, pero me niego a darle tiempo
para que intente disculparse por eso. Azotando mi casillero, paso por un
costado, golpeando a Ethan con el hombro en el proceso.
—¿Británica? —llama Jake.
Odio que el sonido de su voz haga que mariposas revoloteen en mi
estómago, pero me rehúso a girarme y darle atención. Tengo una reunión a
la cual llegar.
Me dirijo hacia la biblioteca, pero me detengo en la oficina de la
Señorita French. He estado posponiendo esta reunión desde que comencé
porque sé que querría discutir mi futuro, pero se ha convertido obvio en
todas estas semanas que no estoy moviéndome hacia adelante con lo que
podría hacer cuando la preparatoria llegue a su final.
Toco ligeramente, con la esperanza de que no escuche y puedo
pretender que no estaba ahí, pero sé que es una ilusión cuando me llama a
que entre.
—Amalie, es bueno por fin conocerte. Has sido algo elusiva de
encontrar.
—Lo siento.
—No hay necesidad de disculparse. Entiendo que pensar en tu futuro
después de todo lo que has pasado es difícil. Solo quiero ayudarte a enfocar
tu mente y contestar cualquier pregunta que puedas tener. Sé que el sistema
educativo aquí es diferente de lo que estás acostumbrada.
—Sí, debería de estar en la universidad en este momento —digo con un
suspiro, dejándome caer en la silla en frente de su escritorio.
—Lo sé y de verdad entiendo tu frustración al parecer que vas hacia
atrás, pero puedo asegurarte que esta es la decisión correcta.
—Lo entiendo, lo hago. Es solo…frustrante.
La señorita French abre mi archivo y rápidamente escanea la
información que tiene enfrente de ella.
—Tus calificaciones se ven muy bien. Parece que tus maestros están
muy impresionados con tu progreso.
—He estado trabajando duro, lo último que necesito es atrasarme antes
de haber comenzado.
—Si tan solo todos nuestros estudiantes de traslado pensaran de esa
manera —reflexiona—. Como sea. Dice en tu documento de transferencia
que ibas a estudiar fotografía en la universidad. ¿Aún es ese tu plan?
Estoy callada por unos pocos segundos mientras considero la respuesta
a la pregunta que sabría que llegaría.
—No estoy segura.
—¿Y porque es eso? —estoy bastante segura de que sabe la respuesta.
Parece que tiene todos mis detalles en ese archivo así que debe de saber por
qué estoy aquí.
—Siempre estuve inspirada por mi papá. Era un genio detrás de la
cámara y siempre decía que yo también lo sería. Estaba tomando fotos
aparentemente antes de que pudiera hablar, como si estuviera en mi sangre.
—¿Y ahora?
—No he tomado mi cámara desde que murieron —admito en voz baja,
luchando con el bulto que está amenazando con bloquear mi garganta.
—¿Crees que eso es algo que él querría? Que renuncies a algo que
amas.
—No. Nunca. Es solo…difícil.
—Amalie, también perdí a mis padres a una edad joven, así que créeme
cuando digo que sé cómo te sientes. Es la cosa más difícil que alguna vez
pasarás, pero no puedes olvidarte de lo que te hace feliz, sin importar lo
mucho que los recuerdos puedan doler. Aunque dolorosos, los recuerdos
son buenos. Te llevan a tiempos felices y te aseguran de que nunca los
olvides. Tu papá era un hombre muy talentoso, no voy a mentir y decir que
no investigué a tus padres. Eran personas muy inspiradoras, lograron
mucho. Sé que odiarían que te dieras por vencida por culpa de ellos.
Limpio mis ojos, tratando de quitar las lágrimas que han caído cuando
se puso a hablar de ellos. Una de las cosas que mayormente he logrado
evitar desde que me mudé aquí es tener a la gente hablando de ellos. Aparte
de los primeros días con los rumores sobre el porque estaba aquí, solo la
abuela los saca de vez en cuando. Demuestra que, aunque creo que lo he
estado sobrellevando mejor, temo que podría estar ocultándolo en vez de
propiamente lidiar con ello. Aún estamos esperando por noticias del
accidente y si en realidad fue un accidente, y pienso que podría estar
enterrando como me siento sobre ellos hasta que tengamos ese veredicto.
La señorita French continúa hablando, sacándome de mis oscuros
pensamientos. —Si decides continuar con la ruta de la fotografía entonces
hay muchas universidades con buenos programas de fotografía dentro y
fuera del estado. ¿Has pensado sobre si te gustaría mudarte de aquí?
Parte de mi quiere decir que sí, comenzar de nuevo en un lugar que
elegí estar, pero otra parte molesta sabe que mi única familia está aquí, así
que ¿por qué me iría para estar sola?
—No lo sé —respondo honestamente—. Puedo ver los pros y contras en
ambos.
—Espero no te moleste, pero me tomé la libertad de imprimir algunos
de los mejores programas solo para darte algo en que pensar. Estos están
por todo el país, y aquí hay unos cuantos en el estado. Solo léelos y mira las
páginas web de las universidades. Ve si alguna te llama la atención. Sé que
es muy pronto y tienes mucho tiempo para tomar una decisión, pero no hay
daño en comenzar a tener ideas y tener algo hacia lo que trabajar.
—Gracias —digo, tomando todo el papeleo que puso sobre el escritorio.
Viendo alguno de los nombres de las universidades en la parte alta de
los folletos hace que mi corazón se acelere un poco. No soy completamente
ingenua en este tema, de hecho, estudiar por mi licenciatura en Estados
Unidos es algo que discutí con mis padres más de una vez. Pensaron que
sería algo bueno para mí, y algunas de estas instituciones tienen cursos
increíbles que de verdad podrían ayudarme a lanzar mi carrera, junto con mi
nombre, por supuesto. Pero al final, decidí que no quería irme lejos.
Investigué algunas de las sugerencias de mi papá y no podía negar que lo
que algunas podrían ofrecer era increíble, además de la oportunidad de vivir
en ciudades impresionantes como Nueva York era bastante tentador.
Estoy saliendo al corredor cuando voces elevadas viniendo de la entrada
de esta parte de la escuela hacen su camino hacia mí.
—Lo siento, pero no puedo permitirle que entre al edificio.
—Pero es mi hijo. Tengo todo el derecho de verlo.
—Sí. Una vez que las clases hayan terminado, podrá hacer lo que desee,
pero no le permitiré que perturbe mi escuela o la educación de mis
estudiantes.
—Esto es irritante. ¿Sabes quién soy?
Giro por la esquina justo cuando dice esas palabras y mi barbilla cae.
Kate Thorn. Supermodelo. Estrella porno. Adicta a las drogas. «La
mamá de Jake.
Maldición.»
¿Cómo no vi esto venir?
Mi movimiento atrapa su mirada, y quita sus ojos de los del director
hacia los míos. Sus ojos se entrecierran mientras me mira de arriba hacia
abajo.
—Te conozco.
—Soy Amalie Win…
—Windsor-Marsh. Sé quién eres.
Sus labios se curvan en disgusto como si fuera nada más que un montón
de mierda de perro bajo su zapato.
Apartándose de mí, continua en donde se quedó.
—No sé por cuanto tiempo estaré en la ciudad. Necesito ver a mi hijo.
Mientras continúan discutiendo, me da la oportunidad de observarla.
Luce completamente diferente desde la última vez que la vi en persona e
igual a la imagen que ha llenado las revistas de chismes desde el año pasado
o más. Solía ser una de las modelos más buscadas de la industria. Era
hermosa, tenía la piel perfecta y la figura delgada que cada diseñador
buscaba. Mi papá la ha fotografiado más que cualquier modelo en su
carrera, era su favorito con el cual trabajar y frecuentemente ella
demandaba que fuera él quien la fotografiara o no sucedería. Pero como con
muchas historias de jóvenes exitosas, la fama y el dinero llegaron a ser
demasiado. Estaba trabajando sin descanso y algo se iba a quebrantar.
Comenzó a beber, inhalar demasiada cocaína y perdió trabajo tras trabajo.
Según los rumores, se inhaló y tiró cada centavo que había ganado y
después de que saliera a la luz un video sexual, obviamente se dio cuenta de
que había dinero por hacer en el sexo y recurrió a eso. No he visto nada,
pero las capturas de pantalla y los comentarios que he visto en las redes
sociales no han sido placenteros.
Su alguna vez piel de porcelana es ahora casi gris, sus mejillas hundidas
y sus ojos cansados e irritados. Aunque siempre ha sido muy delgada, su
piel ahora está colgando de sus huesos. Pero son sus ojos azules y cabello
rubio que sobresalen para mí. Aunque ese rubio no es natural. Es amarillo
peróxido y aún desde la distancia, se ve frágil como paja.
Todo lo que Jake alguna vez me dijo tiene mucho más sentido. Su odio
de dónde venía, la industria de mis padres, incluso como luzco hasta cierto
punto.
Su madre es la maldita Kate Thorn. Me siento como una idiota por no
haber puesto las piezas en su lugar. ¿Pero por qué lo haría? Estoy segura de
que hay un millón de chicos de dieciocho años con el apellido Thorn
quienes podrían ser el hijo que abandonó cuando era un niño. El chico
pequeño que dejó atrás era mencionado frecuentemente cuando la
embarraban en la prensa.
«Debió de haber sido obvio», la voz en mi cabeza grita. Pero mientras
me paro aquí y me reprendo a mí misma, todavía escuchando la creciente
discusión acalorada, veo movimiento por las gradas.
Jake gira la esquina, los gritos a la distancia atrapando su atención y
levanta la vista. Todo pasa en cámara lenta. Toma un segundo o dos para
que la realidad lo golpee, pero cuando lo hace, nunca he visto un aspecto en
su cara como ese. Pensé que me miraba a mí con odio puro, pero me estoy
dando cuenta de que no era así porque cuando mira a su mamá, luce
homicida. Su cuerpo entero se tensa, sus puños se aprietan a su costado
como si quisiera caminar hacia ella y golpearla en la cara. Doy un paso
hacia adelante, necesitando ir hacia él, pero Kate ve donde está mi enfoque
y sus ojos caen en Jake.
—Jake, mi niño. Ven aquí.
Dejo caer mi bolso y libros y corro hacia Jake mientras su pecho se
eleva y su cuerpo entero vibra con furia.
—Ven, bebé.
—No me llames bebé, maldita puta.
Con eso, se gira en sus talones y corre. Intento perseguirlo, pero
fácilmente me deja atrás y me quedo jadeando, doblada con las manos en
mis rodillas tratando de recuperar el aliento.
—Maldición —murmullo entre respiraciones profundas. Mirando hacia
atrás, Kate y el director se han ido.
Debería dejarlo en su propio infierno personal pero ahora que entiendo
el porque es de la manera que es, sé que no seré capaz de hacerlo.
Caminando hacia la escuela, recojo todo lo que dejé caer y trato de
descifrar a donde podría haber ido.
No pienso dos veces sobre la escuela mientras salgo del campus. Tomo
un autobús hacia el paseo marítimo. Mi primer pensamiento siendo Aces,
aunque estoy bastante segura que no querrá estar rodeado de gente en este
momento, pero está cerca de mi segunda suposición, la playa. Si acabara de
tener mi mundo volteado de cabeza, creo que iría directo al océano. Hay
algo tan relajante al escuchar las olas romperse.
No tengo éxito en ambos lugares, así que sin ningún otro lugar a donde
ir, me dirijo hacia su tráiler. Si no está ahí en este instante, tengo la
esperanza de que aparecerá en algún momento.
Tomo el autobús urbano hacia su casa, no queriendo que mi abuela me
descubra. Camino a hurtadillas por el estacionamiento y bajo hasta el final
del jardín. Precedo el tráiler, pensando que tal vez estará en su gimnasio
improvisado, pero está vacío sin ninguna señal de que ha estado ahí.
Afortunadamente, la puerta de su tráiler está sin seguro, así que la abro
y doy un paso adentro.
Luce exactamente como lo hizo el otro día. Está más organizado de lo
que hubiera esperado, sabiendo que un chico de dieciocho años vive aquí.
Anticipaba encontrar latas de cervezas, ropa y todo tipo de cosas regadas
por todo el lugar, pero en realidad, la única cosa fuera de lugar es un
cenicero.
No queriendo husmear mucho en su vida, tomo asiento en su sofá y
espero.
Debí de haberme quedado dormida porque cuando mis ojos se abren, el
sol ha comenzado a bajar y tengo un par de ojos muy molestos mirándome.
CAPÍTULO TREINTA Y SEIS
JAKE
R echazar a la británica como lo hice enfrente de Chelsea fue
físicamente doloroso. ¿Por qué no puedo ser valiente y admitir que
las cosas han cambiado? La chica a la que estaba tan feliz de no
volver a ver otra vez cuando recién llegó de alguna manera ha logrado
meterse bajo mi piel y no importa por mas que lo intente, no puedo sacarla.
Estoy tan acostumbrado de interpretar el papel del idiota despreocupado
de la escuela que el acto sale naturalmente. Nadie interroga la máscara que
uso, nadie, aparte de Mason, saben que existe. Piensan que este imbécil soy
realmente yo. No tienen idea que uso este personaje para cubrir lo que
realmente está supurando dentro de mí. La ira, el dolor y la traición. Han
pasado años, pero no parece hacer una diferencia, ese pequeño niño
abandonado aún vive dentro de mí.
Debería de estar en clases, pero logro enterarme que la británica tiene
una reunión con la señorita French y con los demás ocupados aprendiendo,
decido sorprenderla y hacer las paces por ser un idiota. El sabor de ella
viniéndose en mis labios anoche es la única cosa que puedo probar y
maldición necesito más. Tiene todo el derecho de decirme que vaya a
joderme, lo cual hice varias veces con mi mano una vez que volví la noche
anterior a mi tráiler, pero mi necesidad por ella significa que le doy una
excusa patética a mi maestra y salgo del salón de clases. Ni siquiera me
espero para ver si me dio permiso o no. A quien le importa. No es como si
alguien en su sano juicio va a cuestionarme.
Cuando veo al director al final del pasillo, voy a esconderme en las
sombras así puedo llegar a la oficina de la señorita. French de otra manera.
Pero la figura parada en frente de él me tiene saliendo y dejándome ver.
Mi corazón se acelera y un nudo incómodo se forma en mi estómago.
«No puede ser.»
Pensando que debo estar imaginando cosas, tomo unos cuantos pasos
más cerca, mis ojos enfocados en la mujer la cual ahora me doy cuenta que
está gritándole como loca al director Hartmann.
«Maldición.»
He imaginado un millón de veces cómo reaccionaría si alguna vez la
viera de nuevo. Un millón y una manera que podría herirla después de lo
que me hizo. Pero en ese momento, antes de que me vea, todo dentro de mí
se congela.
No luce para nada como la recuerdo, o como en la única foto que tengo
de los dos juntos. Ya no es la despampanante supermodelo que imagino
cada vez que pienso en ella, sino una mujer demacrada y vieja. El hecho de
que la vida claramente no ha sido buena con ella me hace sentir un poco
mejor después de todo, pero para nada se acerca en hacer que la ira y el
dolor desaparezcan. Me dejó sin pensarlo dos veces por una vida de lujo y
fama. Nunca la perdonaré por la decisión egoísta que hizo cuando era un
niño. Tal vez podría ser más considerado con ella si hubiera tomado esa
decisión con mis mejores intereses en cuenta, pero pronto se volvió claro
que mi felicidad no fue un factor en su decisión. Me dejó con dos personas
las cuales fue obvio que no me querían y que no tenían tiempo para el niño
desastre en el que ella me convirtió.
Como era inevitable, se gira para mirarme. Ira ardiente sale de mis
venas y mis puños se aprietan para hacerla sentir una pizca del dolor que
me ha causado a través de los años. Pero por más que quisiera reconocerla,
no le daré el placer.
Cuando abre la boca y me llama, mi estómago se retuerce, amenazando
con vaciarse en el concreto a mis pies.
¿Cómo se atreve a llamarme su niño después de todo? ¿Y que, su vida
lujosa no salió como lo planeado y ahora es una estrella porno drogadicta y
vieja? No estoy aquí para ser su apoyo cuando todo se ha ido a la mierda y
no tiene a donde ir.
Mi cuerpo tiembla con la adrenalina corriendo por el. El instinto de
pelear o huir aparece y después de contestar con palabras que no registro,
corro.
Corro tan rápido y tan lejos como puedo. Justo como lo hizo todos estos
años atrás. Tristemente, no tengo el dinero que necesito para irme del país
para alejarme de ella. En vez de eso, me encuentro al final de la playa entre
las dunas justo como lo hice unas noches atrás después de haber sido
expulsado del juego.
Coloco mis codos en mis rodillas mientras tomo unas respiraciones
profundas muy necesitadas. Aprieto y suelto mis puños, tratando de liberar
el deseo que tengo de golpear algo, o alguien, hasta que esa perra ya no me
pueda afectar. Debería de haber superado esto. Han pasado años, pero aún
está dentro de mi maldita cabeza, arruinándome.
Golpeando mi puño contra mi cien, trato de sacarla. No he puesto mis
ojos en ella por más de diez años, aún así, tiene este poder sobre mí.
Exactamente el por qué siempre me he negado a salir con chicas. No quiero
que otra mujer tenga este poder.
«Solo que lo has hecho, imbécil. La británica se ha escabullido a pesar
de lo idiota que has sido.» Viendo a la mujer que me dio la vida una vez
más solo ha señalado las diferencias alarmantes entre ella y la británica las
cuales realmente debí de haber reconocido ese primer día que la vi, pero
estaba demasiado cegado por su pasado y la vida de la que proviene. En
realidad, la debí de haber visto por quien era, no por quien la creí en mi
cabeza. Ha probado en repetidas ocasiones que no es nada como la mujer
que acabo de dejar atrás. No importa cuantas veces la he dañado, ha vuelto
como si supiera que había algo dentro de mí que necesitaba sacar a la luz.
Con cada insulto que le dije, volvía. Es por eso que no puedo mantenerme
lejos. Me desafía como nadie que he conocido y hace intentar verse
indiferente a mis avances su trabajo de tiempo completo cuando todo lo que
ocasiona es hacerme querer tratar con más ganas el quebrarla.
El pensar en la británica hace que la ira y la tensión comiencen a
drenarse de mi cuerpo. Es lo suficiente para decirme que es ella a la que
necesito en este momento.
Levantándome, me predispongo en ir a encontrarla. Probablemente aún
está en la escuela y de ninguna manera volveré allá ahora, o nunca si estará
apareciéndose. En vez de eso, me dirijo a la casa por un baño para perder
algo de tiempo antes de que llegue a casa y pueda ir a verla.
Me enfoco en ella mientras hago mi camino hacia mi tráiler. No me
molesto en alcanzar el transporte público, la larga caminata es exactamente
lo que necesito para intentar sacarla de mi cabeza. No pasa desapercibido
que no hace mucho tiempo había estado caminando para sacar a la británica
de mi cabeza y ahora estoy impaciente porque la necesito.
Maldición. La necesito demasiado y estoy harto de tratar de ocultarlo.
Mis piernas duelen y sudor baja por mi espalda para el momento que
camino por el jardín hacia mi tráiler.
Estirándome detrás de mí, me quito la camisa sobre mi cabeza, listo
para ir directo a la regadera cuando abro la puerta y entro.
Me dirijo hacia la habitación, pero algo a mi izquierda atrapa mi mirada.
Maldición. Está aquí.
¿Cómo supo que la necesitaba?
Dejando caer mi camisa en el mostrador cuando paso, me dejo caer en
cuclillas mientras observo cada pulgada de su hermosa cara. ¿Cómo la pude
comparar con esa vieja arpía? No hay nada remotamente similar entre
ambas. Su apariencia es mayormente falsa, la de la británica es belleza
natural y pura.
Como si pudiera sentirme, sus ojos se abren. Me ve inmediatamente y
su respiración se detiene en miedo.
—Jake, diablos. Yo…
No le permito que diga más. Mis dedos se enredan en su cabello y mi
lengua indaga en su boca. Todo lo que necesito en este instante es a ella. Su
beso me recuerda que no todo en mi mundo está jodido.
Cae en mi agarre y me permite tomar lo que necesito. Poco sabe, que
nunca será suficiente.
—Te necesito —digo entre respiros jadeantes cuando me alejo y coloco
mi frente contra la suya. Miro en sus ojos azules y por primera vez admito a
mí mismo que nunca quiero mirar en otros de nuevo.
—Lo que quieras —respira. La honestidad en su voz me desconcierta
por un momento. Mis dedos se aprietan más fuerte en su cabello mientras
trato de aceptar lo que acaba de decir.
—¿Por qué? Después de todo, ¿Por qué aún estás aquí y dispuesta a
darme todo?
—No tengo idea, solo sé que es donde necesito estar.
—Maldición —gruño, soltándola y dando un enorme paso atrás.
—Jake, que…
—Vamos a algún lado.
—Claro, seguro. ¿A dónde quieres ir?
—No quiero decir a cenar o por la tarde, quiero decir vámonos de aquí.
Solo tú y yo. ¿Qué dices?
—Digo… ¿estás loco?
—Probablemente. Solo…no puedo estar aquí ahora—. Es la verdad. Si
fue a buscarme a la escuela, estoy seguro que aquí será el siguiente lugar
que visite. Maldición, podría estar en esa casa en este segundo—. Necesito
irme. Ahora.
—Uh…sí. Está bien. ¿Puedo ir y tomar unas cosas primero?
—Tienes diez minutos para regresar o me iré sin ti.
No tengo idea si es la verdad o no, con la manera que me estoy
sintiendo, esperaré a que regrese conmigo.
—Muy bien.
Levantándose del sofá, mete sus pies en sus tenis y da un paso hacia la
puerta. Al último minuto, se gira hacia mí, envuelve sus dedos alrededor de
la parte trasera de mi cuello y presiona su nariz gentilmente contra la mía.
—No soy como ella, lo prometo —susurra antes de colocar un beso
dulce en mis labios y salir corriendo de mi tráiler.
Mis manos tiemblan cuando me doy cuenta.
Lo sabe.
CAPÍTULO TREINTA Y SIETE
AMALIE
C orro por los matorrales, el cardo raspando mis brazos descubiertos,
pero no me importa. Necesito mis cosas y necesito volver con él
antes de que se vaya. No estaba anticipando que lo estuviera
esperando en su tráiler, pero una mirada a esos ojos atormentados y supe
que era justo lo que necesitaba, al igual que este viaje. Sé que quiere irse
antes de que ella lo encuentre por lo cual suspiro de alivio cuando encuentro
el búngalo de mi abuela vacío, permitiéndome meter unas cuantas cosas en
un bolso antes de correr de vuelta con Jake.
Cuando salgo de los árboles, solo abre su puerta.
—¿Lista?
—Sí.
Merodeo por unos segundos mientras cierra, después toma mi mano y
me lleva hacia el estacionamiento de la casa.
—¿Qué estás haciendo? —susurro casi gritando en conmoción cuando
va directo al auto viejo de su tío.
—Nos iremos de este lugar tan rápido como podamos.
Miro en horror cuando abre la puerta del conductor, tira su mochila en
la parte trasera y entra.
—¿Vienes o qué?
—Mierda. Sí. Ya voy.
Sigo su guía tirando mi bolso con el suyo y dejándome caer en el
asiento justo cuando se inclina y arranca el auto conectando los cables.
—¿Qué es esto? ¿Grand Theft Auto?
—Algo así. ¿Estás lista para un viaje salvaje? —mira hacia mí y guiña
el ojo, haciéndome creer que no está hablando sobre el paseo.
—No puedo esperar. Muéstrame lo que tienes.
Jake gruñe como si estuviera sufriendo antes de hacer lo que sea que
haces para arrancar un auto sin llave. El motor retumba a la vida, y sale en
reversa del estacionamiento velozmente.
—Asumo que esa no fue tu primera vez.
—Asumes bien. ¿Algún lugar al que quieras ir?
—Nop. Solo conduce.
—Hecho.
Bajo la ventana y me recuesto, permitiendo que la brisa cálida pase por
mi cara. Podré estar en un auto robado con Jake Thorn, un chico al cual
felizmente hubiera tirado bajo uno cuando recién lo conocí, pero mientras
conducimos al costado del camino costero con la radio resonando y las
ventanas abajo, me siento más libre de lo que me he sentido en un largo
tiempo.
—¿Cómo supiste?
—¿Sobre tu mamá?
—Sí, pero por favor no la llames así.
—La vi discutiendo con Hartmann cuando salí de mi reunión con la
consejera académica. No tenía idea hasta ese momento. Me siento un poco
estúpida por no haberme dado cuenta antes.
—¿Cómo lo habrías descubierto?
—Solo por las cosas que has dicho. Viéndola, todo tuvo mucho sentido.
—Lo siento.
—Perdón, ¿qué fue eso? Vas a tener que repetirlo, no pude escucharlo
apropiadamente.
—Lo siento, por todo. Estaba proyectando todo mi odio por ella en ti
por donde vienen tus padres y tú. No fue justo.
—Lo entiendo.
—No deberías. Fui un idiota.
—No puedo negar eso, Jake, pero tenías tus razones. Estoy contenta de
saber la verdad ahora. Debiste haberme dicho.
—No hablo sobre ella, británica. Nunca.
—¿Lo harías?
—¿Haría qué?
—Hablar…sobre ella. ¿Sobre lo que pasó?
Sus dedos se aprietan en el volante con un agarre aterrador.
—Todo lo que sé sobre ella es por chismes de revista o fragmentos que
escuché cuando estaba hablando con mis padres. Por lo poco que he visto,
la prensa no estaba tan mal.
Se queda callado, los músculos de su cuello pulsando constantemente.
Le permito el tiempo que necesita para recolectar sus ideas.
—No tengo muchos buenos recuerdos de ella, siempre estaba
dejándome en cualquier lugar así podía irse. Pero supongo, recordando, al
menos estaba ahí. El día que me dio la espalda, nunca lo olvidaré. Me dejó
en la casa de mi tía, besó mi frente y se fue sin mirar atrás.
—Era pequeño, asumí que mi tía solo estaba cuidándome, pero nunca
regresó. Hasta este día, no tengo idea si mi tía sabía que estaba atascada
conmigo desde entonces o que. Me puso en el cuarto de huéspedes y ella y
mi tío mayormente siguieron con sus vidas como si no estuviera ahí. La
única diferencia para ellos fue la ropa extra para lavar y otro plato en el que
poner comida. Si ella estaba esperando que al dejarme aquí tendría una vida
mejor, estaba equivocada. Habrá sido negligente, pero al menos era mi
madre.
—Solía escuchar a mis tíos hablando sobre cosas que habían visto que
estaba haciendo y solía bajar a hurtadillas a su oficina y usar su vieja
computadora para buscarla en Google. Incluso a esa edad, estaba
avergonzado. Algunas de las cosas que solía encontrar. Dejé de buscar el
día que salió a la luz el video sexual.
Un escalofrío lo recorre con el recuerdo.
—Es un maldito desperdicio de espacio. Todo lo que le importa es ella.
Nunca mandó un centavo de su dinero bien ganado o alguna vez vino a
visitarme cuando estaba en el país. Solo me dejó con ellos, sin importarle si
estaba vivo o muerto. La odio.
La fuerza de sus sentimientos por su madre salen de él en oleadas. Sus
brazos tiemblan cuando trata de controlarse.
Necesitando hacer algo para ayudar, me estiro y coloco mi mano en su
muslo. Sus músculos se tensan antes de que se relaje ligeramente.
Me mira, una ligera sonrisa en sus labios.
—¿Qué demonios hice para merecer esto? ¿Merecerte?
Me encojo de hombros porque realmente no tengo una respuesta.
—Vi algo en ti, supongo.
—¿O sí? —pregunta, su engreído personaje usual colocándose en
posición.
—Algo en tus ojos.
—¿Oh? Pensé que ibas a decir mis abdominales.
—Cállate, idiota.
Se ríe y después de la conversación tensa que acabamos de tener, suena
increíble.
El sol está bajando y lanzando un brillo naranja sobre el mar.
—Es hermoso aquí —digo, completamente perdida en la vista, mi mano
aún colocada firmemente en el muslo de Jake.
—Hay un motel más adelante, ¿quieres detenerte ahí?
—Claro. ¿No estará tu tío molesto de que robaras su auto?
—Probablemente. En verdad no me importa. Piensan que soy un
fracasado. Porque no actuar de esa manera.
—¿No preferirías probarles lo contrario?
—¿Por qué? Me tienen visto como el chico malo con el que están
atascados desde el primer día. Nada que haga va a cambiar sus mentes.
—Eso es triste.
—Tal vez, pero es mi realidad. Es el porque me iré en el segundo que
acabe la escuela.
Apaga el motor y sale del auto. Me mantengo sentada y miro como
estira sus músculos tiesos. No es hasta que miro mi teléfono que me doy
cuenta de que tanto tiempo hemos estado conduciendo.
Tomando mi bolso del asiento trasero, voy hacia él al frente del auto.
—Vamos a ver si tienen una habitación —sugiero. Doy un paso, pero no
llego muy lejos. La mano de Jake se desliza en la mía y me jala hacia atrás
hasta que estoy alineada con su pecho.
Me mira causando mariposas que se mueven en mi estómago. Su mano
sostiene mi mejilla, su pulgar rozando gentilmente sobre mi piel.
—Gracias —murmura.
Es por lejos la cosa más sincera que alguna vez me ha dicho e
inmediatamente trae lágrimas a mis ojos. Los suyos saltan entre los míos.
—Mierda. Eso no se suponía que te haría llorar.
—Tomará más que eso para hacerme llorar, Thorn.
Sus ojos se entrecierran ante el uso de su apodo.
—Vamos, hay que conseguir una habitación.
Una sonrisa retuerce sus labios, sus ojos oscureciéndose. Solo puedo
imaginar lo que está pensado, y puedo desear que sea coherente con lo que
quiero.
Diez minutos después, Jake está metiendo la llave a nuestro cuarto por
la noche. Abre la puerta, luego se hace a un lado para permitirme entrar
primero.
—Eso fue muy caballeroso de tu parte —digo, mirándolo por encima de
mi hombro.
—No siempre soy un imbécil.
—¿En serio? Estaré esperando con ansias. Ahhh —chillo cuando sus
manos caen en mi cintura y soy lanzada hacia la cama doble en el medio del
cuarto.
Caigo con un rebote antes de girarme para encontrarlo cerniéndose
sobre mí. Gatea en la cama y separa mis piernas así puede colocarse entre
ellas. Sus manos caen a los costados de mi cabeza y se deja caer
ligeramente, estrechando el espacio entre nosotros.
—Hablé en serio sobre lo que dije afuera.
—Lo sé.
Sus ojos deambulan por cada pulgada de mi cara, la intensidad en sus
ojos haciéndome desear apretar mis muslos.
—¿Estoy en tu camino? —pregunta, sus ojos brillando con gusto.
—Eso depende.
—De…
—Qué pretendes hacer.
—Oh, tengo planes. Hay muchas cosas que quiero hacer.
Calor inunda mi centro mientras los recuerdos de lo bien que se sintió
su boca en mí anoche.
—La primera cosa que quiero hacer. —Se baja aún más así nuestros
labios se están rozando—. Es conseguir algo de comida. Me estoy muriendo
de hambre.
Salta de la cama, riéndose con diversión cuando gruño en frustración.
Estira su mano hacia mí y me levanto así estoy sentada.
—Vi una pizzería al final de la calle. ¿Tienes ganas?
—Oh, no te preocupes. Tengo ganas.
—Cambie de idea. Ya no estoy hambriento.
—Esa es una pena porque ahora que lo mencionaste, estoy famélica.
Vamos.
Me giro cuando llego a la puerta, justo a tiempo para verlo
acomodándose en sus pantalones. Maldición, tal vez deberíamos quedarnos
aquí.
CAPÍTULO TREINTA Y OCHO
JAKE
T odo lo que quería hacer era volver a estar entre sus piernas, pero sabía
que merecía algo mejor que eso. No tenía que aceptar este viaje
espontaneo, pero lo hizo sin pensarlo dos veces. Quien sabe que hice
para merecer su apoyo en este instante porque sé que no lo merezco.
Por más que quiera pasar la noche haciendo todas las cosas sucias que
están llenando mi cabeza, estoy más que dispuesto a permitirle que tome la
iniciativa. No quiero presionarla a algo más de lo que esté lista.
Ambos nos sentamos en nuestras sillas después de terminar una pizza
cada uno.
—Eso está mejor —digo, tomando mi refresco y terminándome el vaso.
Casi lo escupo todo encima de ella cuando deja salir un eructo impropio de
una dama.
—Oops —dice, cubriendo su boca con la mano, sus mejillas
volviéndose un tono de rojo.
—Estás arruinando todas mis primeras impresiones de ti, lo sabes
¿verdad?
—Bueno, viendo que me odiabas al verme, no creo que eso sea algo
malo.
—Yo…solo la veía. Sé que es loco porque realmente, no se parecen,
pero…maldición. Fui un imbécil.
Alejando mis ojos de los suyos, miro a través del pequeño restaurante,
la culpa me consume.
La británica se estira por encima de la mesa y entrelaza sus dedos con
los míos. Moviendo mi vista de nuevo a ella, mi respiración se atrapa en mi
garganta ante la mirada hambrienta en sus ojos.
—Hay que regresar a nuestra habitación.
Soy incapaz de negar su sugerencia. Después de dejar unos cuantos
billetes en la mesa que definitivamente cubren la cuenta, nos levantamos y
salimos tomados de la mano del restaurante.
Hay algo tan liberador sobre estar en un lugar donde nadie nos conoce.
Mientras estemos en Rosewood, siempre encontraremos alguien que nos
reconocerá. Y no es que esté avergonzado de que me vean con ella como lo
pensó en el restaurante. Estoy más preocupado sobre ella y lo que la gente
pensará cuando la vean conmigo. Tengo una reputación y sé que la
juzgarán, hacerla ver tan mal como una de las porristas zorras. Ya puedo
predecir los rumores que los chismosos regarán.
Ambos estamos en silencio en el corto camino de regreso a nuestra
habitación, pero la tensión se siente entre nosotros. Sé que también lo puede
sentir porque cada minuto o dos voltea a verme. Preocupación arruga su
ceja y sé que quiere ayudar, pero no sé qué pueda hacer en este momento
más que estar aquí. Sé que voy a tener que volver y lidiar con mi madre. Si
ha llegado tan lejos para verme, entonces no puedo imaginar que se subirá a
un avión y desaparecerá voluntariamente. Ya hizo la parte difícil, hizo saber
su presencia después de años de evitar este lugar, de evitarme a mí.
Sacando la llave de mi bolsillo, abro la puerta y permito que la británica
entre antes de cerrarla y ponerle seguro detrás de mí.
Girando, doy un paso hacia adelante, pero me detengo antes de
colisionar con ella.
Me mira, sus ojos evaluando mientras muerde su labio inferior.
—¿Qué estás haciendo?
—Tratando de descubrir la mejor manera de hacerte que salgas de tu
propia cabeza. Querías escapar, pero has pasado el tiempo completo con tu
cabeza de vuelta en Rosewood preocupándote por lo que dejaste atrás.
—Lo sé, lo siento pero...
Acercándose, su calor corporal quema mi pecho.
—No estaba buscando una disculpa, Jake. Lo entiendo. La mierda con
la familia puede ser…difícil.
—Mierda, británica. Lo siento mu…
—No. Hemos terminado de hablar.
Su voz sale más fuerte y comienzo a asustarme de que la he molestado y
que está a punto de correr. Por suerte, cuando se mueve, es lo opuesto a eso.
Sus manos se elevan y se unen detrás de mi cuello, nuestras bocas a un
respiro de distancia.
—¿Crees que pueda ayudarte a que dejes de pensar en ello?
Nuestras narices se presionan juntas, sus labios tocando ligeramente los
míos. Mi pene se mueve en mis pantalones de solo pensar en probarla de
nuevo.
—No lo sé. ¿Necesitas que me vaya y entre a hurtadillas cuando no lo
estés esperando?
—En realidad no me gusta perder el tiempo.
—Tal vez no, pero no puedes negar que tener a alguien entrando en tu
habitación de noche y hacerte venir no es caliente. Sabes que me debes
¿verdad?
—No, definitivamente me debías esos.
Asiento con la cabeza, no hay manera que pueda no estar de acuerdo
con eso después de todo lo que le he hecho.
Nuestros alientos se mezclan mientras nuestros pechos jadean y
continuamos mirándonos uno al otro. Sus ojos azules se oscurecen mientras
más tiempo nos quedamos parados. Es casi como si estuviéramos
desafiando al otro a que haga el primer movimiento. Es sexy pero mi
necesidad por ella está a punto de quebrarse. Cada músculo en mi cuerpo
está tenso y mis dedos se retuercen en su cintura anhelando explorar cada
pulgada de su cuerpo perfecto.
Es casi como si alguien nos puso una cuenta regresiva porque en el
segundo que me quiebro, también lo hace ella. Nuestros labios colisionan,
nuestros dientes chocan cuando luchamos por acércanos aún más. Mis
manos se deslizan dentro de su playera, mi necesidad de sentir su piel
contra la mía demasiado para negarla.
Encontrando el broche de su brasier, lo abro y corro mis manos
alrededor de su frente para obtener lo que realmente necesito. Sus pechos
podrán ser pequeños, pero llenan mis manos perfectamente.
Gime y lo succiono cuando pellizco ambos pezones entre mis dedos.
Sus manos encuentran su camino debajo de mi camisa y la levanta hasta
que soy forzado a romper nuestro beso así puedo quitármela por encima de
mi cabeza. Inmediatamente la dejo caer en el piso, jalando su cuerpo de
vuelta a mí, sin perder el tiempo.
Con una mano bajo su camiseta, envuelvo la otra alrededor de su cintura
y la hago caminar de espaldas hasta que sus piernas pegan con la cama.
—Amalie, maldición. Te necesito.
Se queda quieta en mis brazos y hace su cabeza hacia atrás así puede
mirarme.
Mi estómago cae. Acaba de cambiar de parecer. «Maldición.»
—¿Qué pasa?
Mi pene pulsa contra ella, pidiéndole que no ponga un final a esto en
este instante.
—Dijiste mi nombre —dice suavemente, sus mejillas sonrojándose
cuando se da cuenta de lo que dijo—. Es solo que, nunca lo has usado antes.
—Usarlo significaba aceptar lo que realmente quería.
Quiere preguntar, está en la punta de su lengua, pero no estoy listo para
expresar todo lo que he mantenido enterrado desde la primera vez que entró
a mi vida. Le he desnudado lo suficiente de mi hoy. Así que en vez de
permitirle que diga algo, agarro la parte baja de su camiseta y se la quito
rápidamente seguido por su sostén.
—Maldición —gruño cuando soy recibido por sus pezones rosados y
duros. Son tan perfectos como los recordaba.
Dejando caer mi cabeza, succiono uno y luego el otro en mi boca
asegurando que recorra mi lengua alrededor de cada uno. Sus caderas
empujan hacia mi mientras gime mi nombre y demonios, si no hace que mi
pene llore por ella.
—Necesito más —demando, dejándome caer en mis rodillas, beso
bajando por su vientre plano antes de bajar el cierre de sus jeans.
Sintiendo su mirada consumiendo la parte alta de mi cabeza, levanto la
mirada cuando comienzo a jalar la tela de sus jeans y su ropa interior hacia
debajo de sus piernas.
Luce tan inocente mientras muerde su labio inferior, mis pelotas duelen
por ella cuando espera a ver que voy a hacer.
Con nuestros ojos aún conectados, me inclino hacia adelante y planto un
beso en el hueso de su cadera. Sus párpados se agitan, pero no se cierran
por completo.
No puedo resistirme más tiempo y tengo que quitar mi mirada de la
suya. Sentándome en cuclillas, miro su cuerpo.
Podrá tener el cuerpo de una supermodelo, pero eso no significa que no
tenga curvas. Y maldición si esas curvas no me hacen caer de rodillas.
—Siéntate en la cama.
Sigue mi orden, pero en vez de mantenerse erguida, caen hacia atrás en
sus codos, dándome una vista increíble.
Acercándome, rodeo mis manos alrededor de sus muslos y la jalo así su
trasero está colgando sobre el borde, después me bajo hacia su centro. Su
esencia hace que se me haga agua la boca antes de que succione su clítoris
hinchado en mi boca.
—Jake —grita, y me siento como un maldito rey.
Que se joda el reinar la escuela, la única persona de la que quiero ser
rey es ella.
CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE
AMALIE
J ake no se quita hasta que me ha permitido disfrutar cada segundo del
orgasmo que me dio.
Se levanta de su posición en el piso y toma la parte de arriba de su
pantalón. Sin querer perderme ni una cosa, me elevo en mis palmas y miro
atentamente cuando baja la tela de ambos, sus jeans y boxers por sus
muslos.
Su pene sale libre y mis ojos se agrandan. No soy una virgen, pero
mierda, eso es más grande de lo que he experimentado antes.
Antes que deje caer la tela al piso, hurga en su bolsillo y saca una tira de
condones.
—Wow, alguien estaba optimista.
—Mejor eso que quedarnos cor…—sus palabras se detienen cuando
levanta la vista y me encuentra mirándolo.
—Dios, Amalie. ¿Podrías ser más hermosa?
El sonido de su voz grave diciendo mi nombre ocasiona que más
mariposas revoloteen en mi estómago.
Nunca supe que escuchar mi propio nombre me afectaría tanto.
Da un paso hacia mí y mi corazón golpetea dentro de mi pecho.
—Te necesito… desesperadamente, pero si no quieres entonces…
—Detente.
Coloco mi dedo contra sus labios mientras comienza a subir encima de
mí. Si no estuviera segura de esto, entonces no me habría puesto en esta
posición. Estoy acostada aquí desnuda por voluntad propia. Podría ser la
cosa más estúpida que he hecho hasta la fecha porque todas las cosas dulces
que me está diciendo podrían ser una gran mentira, pero después de ver a su
mamá antes y el efecto que tuvo en él, estoy bastante convencida de que
está diciendo la verdad. Estaba demasiado vulnerable para mentirme
cuando recién me encontró antes.
Colocando mis manos contra sus duros abdominales, las subo sobre su
pecho y después en su cabello. Mis uñas rascando su cabeza ligeramente,
haciéndolo gemir.
—Demonios. No merezco que esto pase. Deberías deshacerte de mí
desnudo trasero y hacerme caminar de vuelta a Rosewood.
—Tienes razón. Eso es exactamente lo que debería de hacer. Pero no.
—Maldición.
Colocándose entre mis piernas, deja caer sus labios en los míos y me
besa como si moriría sin ellos. Su lengua se zambulle en mi boca y se
enreda con la mía mientras sus caderas empujan hacia enfrente en un
intento de encontrar la fricción que necesita.
Rasgando mis uñas bajo su espalda, lo agarro de su trasero y lo jalo más
cerca hacia donde necesita estar.
—Condón —murmura contra mis labios.
—Estoy cubierta, está bien.
—No —dice severamente, sentándose de golpe—. No correré ningún
riesgo en que mi vida sea puesta de cabeza de nuevo, aún no.
No puedo discutir, solo está siendo sensible.
Arrancando uno de los cuadros de la larga tira que sacó de su bolsillo, la
abre con sus dientes y rápidamente lo coloca en su erección. Observo cada
movimiento, mi coño contrayéndose para sentir lo que estará presionando
dentro y llenándome hasta el final.
Alineándose con mi entrada, me dejo caer en la cama y espero.
—¿Qué tan lento necesito tomar esto?
Sé que es su manera de preguntar si soy virgen y no puedo evitar sonreír
a mí misma.
—Tanto como lo necesites. No es mi primer rodeo.
—Maldición —ruge, una expresión de conflicto cruzando su cara.
—Oye —digo, levantando la mano y sosteniendo su mejilla. Sus ojos
encuentran los míos y parece volver en sí.
Empuja hacia adelante y hago una mueca de dolor. Podré no ser una
virgen, pero ha pasado mucho tiempo.
—Demonios, estás apretada —gruñe mientras lentamente continúa
empujando dentro hasta que está tan profundo como puede estar.
Espero que me coja. Que desquite toda la frustración sobre todo lo que
pasó hoy en mí, pero eso es exactamente lo opuesto de lo que hace. En
realidad, deja caer su cara en mi cuello cuando lentamente se mueve en mí.
No pasa mucho tiempo antes de que sus movimientos considerados
comiencen a despertar otra liberación dentro de mí.
—Jake, Jake —grito, mis uñas aruñando su espalda mientras mis
músculos se tensan lista para caer sobre el borde.
Levantando su cabeza, encuentra mis labios cuando se sostiene con un
codo mientras con la otra acaricia mi cara. Es más suave y emocional de lo
que alguna vez pude imaginar con él.
Mis músculos se aprietan en él mientras mi orgasmo colisiona en mí. Se
eleva y me mira. Mis párpados están pesados cuando ola tras ola de placer
me recorre, pero no puedo romper contacto con él. Algo está pasando entre
nosotros y no quiero perderme ni un segundo.
—Demonios, Amalie.
Antes de que mi orgasmo se desvanezca, desliza una mano debajo de mi
trasero y me levanta. Entonces, como estaba esperando, empuja duro y
rápido en mí. Su cabeza cae hacia atrás mientras sus músculos ondean y se
tensan ante mis ojos.
La visión de él tomando lo que necesita es lo suficiente para traer el
hormigueo de otra liberación. Una que se asegura de sacar de mí
presionando su pulgar en mi clítoris.
—Maldición —ruge antes de que siento a su pene sacudirse—. Amalie
—grita mientras se vacía dentro de mí.
Saliéndose, deja caer el condón usado sobre el costado de la cama,
después se gira y me jala apretadamente contra su cuerpo.
Nuestros pechos jadean con nuestro esfuerzo y mis músculos continúan
retorciéndose de placer. Sé que no estoy sola en querer más porque puedo
sentir su pene aún semi duro contra mi trasero.
Nos mantenemos acostados en silencio por un largo tiempo, ni uno de
los dos listos para quedarnos dormidos aún.
—¿Estás despierta? —eventualmente susurra.
—Sí. ¿Tú?
—Sí —se ríe—. ¿Amalie?
—¿Sí?
—Nunca lo dije antes porque era un idiota, pero de verdad siento lo de
tus padres. Eso debió haber sido muy duro.
La mención de mis padres inmediatamente tiene lágrimas quemando
mis ojos y solo me recuerda a la conversación que tuve hoy más temprano
con la señorita French.
—Gracias. Es… —Mi voz se quiebra y claramente lo nota.
—Mierda.
Girándome así no tengo más opción que afrontarlo. Besa las dos
lágrimas que caen y me abraza más fuerte contra su pecho.
—Lo siento mucho.
No tengo idea si se está disculpando por la pérdida de mis padres, la
cual claramente no tuvo nada que ver, o por la mierda que me ha hecho
estas semanas pasadas. Realmente no importa por lo que es, especialmente
porque la acepto, no obstante.
—¿Saben cómo pasó? —pregunta después de unos cuantos minutos de
silencio entre nosotros.
—Aún están investigando si su helicóptero fue alterado. Esperaba que
ya tuvieran las respuestas que necesitan a esta altura. Les está tomando
mucho tiempo. Solo necesito que terminen así puedo intentar seguir
adelante.
—Si ayuda en algo. Creo que ya estás haciendo un trabajo increíble. Lo
que has pasado habría quebrado a la mayoría de la gente.
—Hiciste un muy buen trabajo.
—Por lo cual probablemente me arrepienta por el resto de mi vida.
Estaba tan metido en mis propios problemas que ni siquiera pensé dos veces
en lo que habías pasado. Fui demasiado cabeza dura.
Girándolo hacia su espalda, pongo mi pierna por encima de su cintura y
me recuesto encima de él con mi barbilla descansando en su pecho.
—Ya está en el pasado. No hay razón en seguir culpándote sobre algo
que no puedes cambiar.
—Necesito dejar ir el pasado. Verla hoy me mostró eso. Necesito mirar
hacia adelante, descubrir lo que quiero hacer.
—¿Has tenido alguna reunión con la señorita French?
—Bastantes.
Odio sacar la idea de la universidad de nuevo porque me desalentó
rápidamente la última vez, pero debe de haber algo que pueda hacer para
llegar ahí.
—¿Y qué dice sobre la universidad?
—Que debo de evaluarlo y dejar de descartarlo. No me des esa mirada
—dice cuando elevo una ceja en una manera que dice “te lo dije.”
—¿Qué tal si investigamos juntos?
—¿Ir a la universidad juntos?
—Wow, detente ahí, Thorn. Acabamos de tener relaciones sexuales, no
casarnos.
Su cara cae y me hace pensar si va más en serio sobre esta cosa entre
nosotros de lo que deja ver.
—Quise decir hacer algo de investigación, tratar de descifrar el futuro
juntos.
—Supongo que podríamos hacer eso.
—¿Tienes alguna idea de lo que te gustaría estudiar?
—Hmmm… ¿qué tal tu cuerpo? —pregunta, volteándonos y
succionando uno de mis pezones con su boca.
—No estoy segura de que sea una opción.
Me rio mientras me hace cosquillas en mis costados antes de colocarse
entre mis piernas una vez más como si fuera su nuevo hogar.
—Quiero hacer fotografía así que definitivamente podría hacer uso de
tu cuerpo.
—¿Es eso correcto? —pregunta con un guiño.
—Aprendí unos cuantos trucos de mi papá, sería capaz de quitarte unas
cuantas pulgadas.
Jadea en falso terror.
—Tenía razón, sabía que eras una perra.
—Eso podría ser un poco más creíble si lo dijeras cuando tu pene duro
no estuviera clavándose entre mis piernas.
—Puedes tomar fotos de mi cualquier día. No soy tímido.
—Me doy cuenta.
Mi mirada cae a donde su puño está frotando su pene lentamente.
Puedo decir sin temor a equivocarme que dejamos nuestra estampa en
esa habitación de motel, y el baño, cuando decidimos que probablemente
era momento de ducharnos.
Para cuando bajo mis piernas de la cama en algún tiempo después del
amanecer la mañana siguiente, juro que cada músculo en mi cuerpo se
aprieta.
—¿Estás bien? —pregunta Jake, mirándome con las sábanas
acumulándose en su cintura. Definitivamente es una visión a la cual
despertar. Su cabello está levantado en todas las direcciones y sus labios
aún están hinchados de nuestras horas besándonos. Algo dentro de mi
pecho se intensifica al verlo, pero pongo el sentimiento en la parte trasera
de mi mente, asustada de que, si me enfoco demasiado en ello, solo va a
terminar en dolor.
Le sonrío, pero no es para nada convincente.
No tengo idea de que pasará una vez que salgamos de este cuarto de
motel, pero sé que las cosas entre nosotros nunca serán como lo fueron
aquí.
Hay demasiados obstáculos que se interpondrán entre nosotros una vez
que volvamos a Rosewood. La mamá de Jake es obviamente el problema
más obvio, pero no puedo olvidar a todos los chicos de la escuela que van a
estar poco impresionados si algo pasara entre nosotros.
—¿Por qué te ves tan preocupada?
—Porque tenemos que volver pronto a la realidad.
—¿Y? Yo debería de ser el estresado. Es la puta de mi madre la que me
está esperando.
Doy un paso atrás por un montón de razones y creo que se da cuenta de
su error porque se apresura a disculparse.
—Lo siento. Ojalá pudiera cambiar la mía por la tuya.
—Está bien —digo, estirando mi mano y apretando la suya—. Pero…
—¿Pero qué?
—Que pasa entre nosotros cuando salgamos de aquí. Anoche fue…
—Increíble. Extraordinario. Trascendental —dice, jalándome hacia la
cama con él y besándome en la punta de la nariz.
—Sí, pero…
—Pero nada, Amalie. —Escalofríos pinchan mi piel al sonido de mi
nombre, y lo hace sonreír—. Podemos salir de aquí tomados de la mano y
puede continuar por tanto tiempo como quieras, si eso es lo que deseas.
—Sin embargo, no es tan sencillo.
—¿Por qué no? En caso de que no lo hice lo suficientemente obvio
anoche, te deseo, británica. He terminado con las sandeces y pretender. Soy
tuyo, si me aceptas.
—¿Pero y los demás?
—Nadie más importa.
—No estoy segura de que los demás lo verán de esa manera.
—¿Cómo quién?
—Chelsea, por ejemplo.
—Que se joda Chelsea. No tiene nada que ver con lo que hay entre
nosotros.
—No, pero tendrá una opinión y se asegurará que otros también la
tengan.
—Que se jodan. Todos ellos. Si necesito pararme en el techo de la
escuela y anunciar al mundo que eres mía, entonces lo haré.
—No estoy segura de que sea necesario —murmuro, avergonzándome
de solo pensar que haría algo tan ridículo.
—Qué tal si lo tomamos un día a la vez. Necesito lidiar con Kate
cuando regrese, no tengo duda de que me está esperando e iremos desde
ahí. Tal vez me dejarás invitarte a salir.
—¿En una cita?
—Sí, si quieres.
Una sonrisa sacude mis labios ante la idea.
—¿Alguna vez has estado en una cita antes?
—No, nunca. Nunca he salido con alguien y nunca he besado a alguien.
—¿Ese rumor era cierto?
—Hasta que llegaste tú, nena. —Mis ojos se agrandan en sorpresa—.
Lo digo en serio. Estoy seguro de esto, de nosotros.
—También yo —admito, poniendo mi corazón en la línea.
—Muy bien entonces. ¿Comenzamos con esto? Probablemente tenemos
gente buscándonos en casa, bueno al menos tú tendrás.
Tiene razón, es día de escuela y ninguno de los dos estamos ahí. Dejé
una breve nota para mi abuela ayer diciendo que estaría durmiendo en otro
lugar, pero estoy segura que estaba esperando que asistiera a la escuela hoy,
también Camila.
—¿Te gustaría una ducha primero? —pregunto, levantando mi ceja.
—Claro que sí.
Se levanta de la cama más rápido de lo que puedo parpadear y después
estoy en sus brazos y estamos haciendo nuestro camino hacia el baño.
—Argh, está congelada —chillo cuando la abre y ambos somos
golpeados con agua fría.
—Te calentaré, nena.
No se equivoca. Esas pocas palabras son lo suficiente para hacer eso,
pero se asegura de terminar el trabajo recargándome contra la pared y
rodeándome, dentro y fuera, con su calor.
CAPÍTULO CUARENTA
AMALIE
S acando mi teléfono de mi bolso, pavor se asienta pesado en mi
estómago cuando encuentro un montón de llamadas perdidas y
mensajes de texto de mi abuela y Camila.
—Maldición —murmullo, poniendo el teléfono en mi oreja cuando
comienza a sonar.
—¿Amalie? ¿Dónde demonios estás? Tuve a la escuela en el teléfono
diciéndome que no asististe.
—Lo siento mucho. Estoy con un amigo que me necesitaba.
El codo de Jake me golpea en el brazo y sus cejas se elevan cuando
articula “¿amigo?”
—Confió en ti, Amalie, por lo cual les dije que estabas enferma, pero
apreciaría que en el futuro me avisaras.
—De verdad lo siento. Nos dejamos llevar. Ya vamos de regreso.
Estaremos ahí en un par de horas.
—Muy bien. Te veré pronto. Podrías querer hablar con Camila antes de
que te encuentre primero.
—Lo haré. Te veo pronto.
—¿Amigo? —pregunta Jake, luciendo molesto con mi descripción de
él.
—No era una conversación que quisiera tener por el teléfono. Si gustas,
te presentaré apropiadamente en persona cuando volvamos.
Traga nerviosamente ante la idea.
—¿Qué?
—Nunca he hecho eso de conocer a la familia antes, además sabrá quién
es mi mamá y…
—Y nada. Mi abuela es bastante abierta de mente. Estará bien.
—Si tú lo dices.
Mirando al reloj, sé que Camila estará en clases, pero no queriendo
asustarla más de lo que ya está, la llamo.
Se va al buzón de voz, pero no han pasado cinco minutos cuando está
regresándome la llamada.
—¿Dónde demonios estás? Y no me digas, ¿estás con Jake?
—Um…no estoy segura de donde estamos, pero sí, está aquí.
—Por dios, Am. Me he estado volviendo loca.
—Ambos estamos bien. Encontramos una habitación de motel para
pasar la noche.
—Está bien, así que…espero escuchar cada detalle de eso después, pero
por ahora, solo estoy contenta de que no te ha matado y aventado tu cuerpo
al mar.
—Escuché eso —dice Jake riéndose.
—Bien, esperaba que lo hicieras. Si le haces daño, Thorn, iré por ti.
—Me gustaría verte intentarlo.
—No me tientes. Ya es demasiado buena para ti.
—No podría estar más de acuerdo.
—Ok, tan divertido como ha sido esto, yo sigo aquí escuchando esta
conversación entre ustedes. Solo ven a la casa de mi abuela después de la
escuela ¿sí?
—Uh por supuesto. Iremos a comprar vestidos ¿recuerdas?
—Um…no.
—Mierda, podré haber olvidado decirte, pero necesito tu ayuda para
encontrar algo sexy para el Baile de Bienvenida y el cumpleaños de Noah
porque, bueno…ya sabes.
—Sí, lo sé. Está bien. Te veré más tarde. Puedes invitarme a cenar.
—¿Después del estrés que me causaste hoy? No lo creo.
—Como sea. Adiós.
—¿Qué demonios fue eso?
—Camila ha estado esperando para tener sexo.
—Ella y Noah no han…—Su voz se desvanece—. Wow. Apuesto que
Mason no sabe eso.
—¿Qué tiene que ver con él?
Jake voltea los ojos como si fuera tan obvio que ni siquiera debería estar
preguntando.
—Ha estado enamorado de ella desde siempre. Solo que no lo admitirá.
—Sabía que había algo entre esos dos. Ambos se negaron a hablar de
ello cuando pregunté.
—Son tan tontos. Pretenden que no se soportan, pero en realidad, son
exactamente lo que el otro necesita.
—Que irónico —digo con una risa.
—Oye, al menos puse mi mierda en orden.
—Sí, solo asegúrate de que se mantenga así.
Estirándome, coloco mi mano en su muslo, pero la toma y la lleva a sus
labios.
—Siempre.
Su promesa hace que mi corazón revolotee, pero lucho por mantener a
mi cabeza a cargo de lo que está creciendo entre nosotros. Tiene el poder de
destrozarme y solo hemos sido oficialmente lo que sea que somos por unos
cuantos minutos.
Hablamos de cosas al azar todo el camino a casa, pero es agradable.
Casi no sé nada sobre él, así que absorbo cosas mundanas como su comida
y color favorito.
No es hasta que se estaciona en la casa de sus tíos que la realidad de la
situación se revela. Hay una sacudida en las cortinas de la sala antes de que
su tío salga volando de la casa, seguido de cerca por su tía quien camina
como pato con su enorme barriga de embarazada.
—¿Qué demonios estabas pensando, chico?
—Solo lo tomé prestado por unas cuantas horas. No hubo ni un daño.
—No lo tomaste prestado. Lo robaste. Deberías de estar agradecido que
no llamamos a la policía en este instante.
—Como si les importaría. ¿Has visto el estado de esa cosa?
—Esa cosa es mi Pontiac Sunfire del 91. Lo voy a arreglar y será un
clásico.
Jake se burla.
—Una clásica pieza de mierda.
—Solo porque te permitimos quedarte en nuestra propiedad no quiere
decir que tienes el derecho de tomar nuestras cosas cuando sientas la
necesidad. ¿Qué si tu tía hubiera entrado en labor de parto?
Jake mira hacia su tía y luego al otro auto en su entrada.
—Luce bastante embarazada para mí. Vamos —me dice, tomando mi
mano y alejándome.
—Bien, vete, pero no has escuchado el final de esto, chico.
Jake le enseña el dedo medio a su tío por encima de su hombro.
—¿No deberías al menos disculparte? Tiene razón sobre que lo robaste.
Lo encendiste sin llave.
—Lo haría si me importara. No son mejor que la perra de la que hui. No
han hecho nada para ayudarme. ¿Por qué los debería de ayudar?
Me detengo de señalar que funciona de ambos lados y que, si fuera un
poco más amable, tal vez entonces ellos lo serían. Tengo un presentimiento
de que ya pasado demasiado tiempo para que Jake intente reparar cualquier
relación que alguna vez pudo tener con su familia. Es triste, especialmente
cuando daría todo por tener a la mía de vuelta, pero es lo que es. No puedo
recriminarle su familia irresponsable solo porque mis seres queridos
fallecieron.
—¿Estás listo para conocer a mi abuela? —pregunto cuando salimos a
su jardín desde los arbustos. Cuando no responde, lo volteo a ver—. Jacob
Thorn ¿estás nervioso?
—¿Qué? No. No me pongo nervioso. La vida es demasiado corta para
esa mierda.
—Lo que digas.
—Hola —grito cuando entramos por la puerta trasera.
—¿Por qué estás entrando por la…oooooh… —dice la abuela, sus ojos
bajando a nuestras manos unidas—. ¿Así que este es tu amigo por el que
faltaste a la escuela?
—Abuela, este es Jake. Jake, esta es mi abuela, Peggy.
—Un gusto conocerla.
—Igualmente —la abuela logra decir una vez que ha quitado la mirada
sorprendida de su cara.
—Siento mucho si le causamos alguna preocupación con la
desaparición de Amalie. Fue completamente mi culpa, necesitaba aclarar mi
cabeza y ella aceptó ir conmigo.
Los ojos de la abuela evalúan a Jake todo el tiempo que está hablando, y
no puedo evitar preguntarme lo que está pensando.
—¿Les gustaría algo de beber? Me pueden contar todo sobre su
pequeño viaje.
Afortunadamente la abuela se gira para servirnos limonada, así que se
pierde el color que mancha mis mejillas cuando pienso sobre lo que
mayormente nuestro viaje implicó.
Jake se quedó por casi una hora antes de que se excuse.
—¿Me acompañas a la salida? —pregunta, estirándose por mi mano.
Deslizo la mía en la suya, me levanta del asiento y fuera hacia el jardín.
Se detiene justo antes de los árboles que esconden su tráiler del búngalo
de mi abuela. Me jala hacia él y coloca sus brazos alrededor de mi cintura.
—No creo que le agrade.
—Aún no ha tenido oportunidad. Dale tiempo, como que la
emboscamos.
—Solo está viendo mi reputación y mi apellido.
Mi abuela chismosa está probablemente consciente de quien es su
madre y como es su vida.
—Solo déjala ver tu yo real. La persona que me muestras, no el idiota
que el resto de la ciudad ve.
—¿De verdad crees que soy un idiota?
—Jake —digo con un suspiro, levantando mis brazos sobre sus hombros
y entrelazando mis dedos detrás de su cuello—. Ese eres tú sobreviviendo.
Lo entiendo. Comprendo porque usas la máscara que te pones, pero creo
que tal vez es momento que comiences a quitártela.
Tomo una decisión impulsiva y una que espero no me salga el tiro por la
culata.
—El viernes es el Baile de Bienvenida. ¿Serías mi cita?
Miedo pasa por su cara e inmediatamente me arrepiento de preguntar.
Estoy forzando demasiado en él muy rápido.
—Está bien. Olvida que dije algo. Es estúpido.
—No, no. No lo fue. Solo que no lo vi venir. Si quieres que sea tu cita,
entonces eso es lo que seré.
Baja la cabeza y roza su nariz contra la mía. Mariposas revolotean en mi
estómago ante la idea de que anuncie al mundo lo que hay entre nosotros.
—¿Estás seguro? Todos estarán ahí.
—Entonces más gente que estará celosa de que eres mía.
Mi corazón rueda en mi pecho antes de que presione sus labios en los
míos para un beso simple y suave.
—Te veré más tarde. No le pongas seguro a la puerta.
Calor se acumula entre mis piernas ante el prospecto de un visitante
nocturno.
—Está bien. Te veré pronto.
Deja caer otro beso en la punta de mi nariz y desaparece en los árboles.
—Sabes quién es su mamá ¿verdad? —dice la abuela en el momento
que entro de vuelta a la casa. El segundo que me giré de la dirección que
Jake fue, la vi mirando por la ventana.
—Lo sé ahora. Ayer apareció en la escuela demandando verlo.
—¿Regresó?
—Sip. Lo conmocionó.
—Amalie, ven y siéntate un minuto.
Sigo su orden, aunque es con una bola de pavor en mi estómago.
—No te diré lo que puedes o no hacer, o a quien puedes o no ver. Pero
ese chico, por lo que he escuchado, es problemático.
—Créeme, abuela. Sé exactamente de lo que Jake es capaz. Sé sobre su
reputación y como es obligado a vivir su vida. Nuestra relación no ha sido
de lo más romántico cuando nos conocimos, pero por alguna razón,
seguimos encontrándonos atraídos uno al otro.
—Y ese tipo de conexión no debería de ser ignorada —dice mi abuela,
la vieja romántica en ella saliendo a la superficie una vez más—. Solo
necesito que estés consciente de quien es. Su madre es…
—¿Un desastre?
—Sí, algo así —se ríe—. Confío en ti, Amalie. Tienes una cabeza
inteligente sobre tus hombros y si dices que vale la pena, entonces le daré la
bienvenida a esta casa con los brazos abiertos.
—Gracias, de verdad aprecio eso.
—Así que, irás de compras por un vestido para el Baile de Bienvenida
con Camila más tarde ¿huh?
—¿Cómo sabes sobre eso?
—Quería saber si estarías de vuelta para eso cuando vino a recogerte
para ir a la escuela esta mañana. Se veía muy emocionada.
—Lo está.
—¿Irás?
—Parece ser que sí.
—Probablemente deberías estar un poco más emocionada.
—Lo sé. Es solo que las fiestas y yo no parecemos llevarnos tan bien así
que no tengo ni una razón para pensar que esta será diferente.
—Estoy segura de que estará bien. Tendrás a un hombre fornido como
tu acompañante en esta ocasión.
Mis labios se curvan en una sonrisa ante la idea.
—Sí, solo espero que eso no me dé más problemas.
Pongo al día a la abuela en algo del drama de la escuela que es ahora mi
vida diaria antes de ir a alistarme para que Camila me recoja para ir a
comprar vestidos.
Termina llevándome a cada tienda de ropa del centro comercial. Y en
típica conducta femenina, el vestido que compra fue el primero que vio.
Tal como lo prometió, me hace comprarle una hamburguesa y papas
fritas para cenar y me fastidia por cada detalle de mi tiempo con Jake.
—Sabes que todas las chicas en la escuela van a querer matarte
¿verdad? No solo Jake Thorn te ha besado, pero pasó la noche completa
contigo.
—Sí, estoy consciente.
—Estará bien. Si está interesado en ti como dice, entonces las pondrá en
línea. Nadie te dirá algo si son inteligentes.
—De verdad lo espero.
Mientras estoy recostada en la cama esa noche esperando a que
aparezca mi visitante nocturno, recuerdo los eventos que nos llevaron a
desaparecer ayer. Aún me siento estúpida por no haberme dado cuenta
antes, especialmente después de que explicó que era de donde venía y la
industria de mis padres lo que realmente odiaba.
Estoy comenzando a quedarme dormida cuando el teléfono sonando
llena el búngalo. Escucho a la abuela caminar por el pasillo para contestarlo
antes de que su voz llegue hacia mí.
—Amalie, ¿estás despierta?
—Voy.
Colocándome una sudadera sobre mis hombros, hago mi camino por el
pasillo oscuro hacia donde está parada a un lado del teléfono solo con una
lampara iluminando la habitación.
—Es el detective de Londres. Pensé que querrías escucharlo primero.
Mi estómago cae hacia mis pies.
—Mierda.
Dejando salir una respiración lenta, trato de prepararme para lo que sea
que pueda tener que decirme. Tomo el teléfono y lo llevo a mi oído.
—¿Hola?
—Señorita Windsor-Marsh, soy el Detective Griffin. Tengo noticias en
relación al accidente de sus padres.
—Está bien —digo, mi voz tremulante mientras mi mano tiembla en mi
oído.
—La colisión ha sido declarada como un terrible accidente. Nuestros
investigadores no pudieron encontrar evidencia de que el helicóptero haya
sido alterado.
—Oh mi dios —respiro.
—Ha terminado, Amalie. Sé que no será fácil, pero espero que ahora
tengas la respuesta que has estado esperando para que puedas ser capaz de
seguir con tu vida. Tendrás que hablar con tu abogado, pero las posesiones
y cuentas de tus padres, serán liberadas. Te aconsejo agendar una reunión
tan pronto como puedas.
—Gracias.
—Sé que es tarde allá, pero quería que supieras tan pronto como me
avisaron que podía contarte.
—De verdad lo aprecio. Muchas gracias.
Se despide, coloco el teléfono de vuelta en su lugar y caigo de espaldas
contra la pared. Mis rodillas no resisten y caigo al piso.
Lágrimas bajan por mis mejillas, pero no lloro como lo esperé.
—¿Qué dijo? —pregunta mi abuela impacientemente.
—Que fue… que fue un accidente. No hay evidencia de nada
inapropiado. Se ha terminado, abuela. Ha acabado y se han ido.
Son esas palabras que hacen que mi presa se rompa. La abuela cae a mi
lado y me sostiene hacia ella mientras ambas lloramos por todo lo que
hemos perdido.
No tengo idea de cuánto tiempo nos quedamos sentadas llorando en el
hombro de la otra, pero de repente, un pensamiento me golpea y sin
importar nada, no puedo hacer que se vaya.
—Necesito volver.
—¿Qué?
—Necesito volver a Londres.
La idea de ser capaz de recoger alguna de las cosas que fui obligada a
dejar atrás me tiene en mis pies en segundos.
—Vamos a intentar dormir un poco y después buscaremos vuelos en la
mañana.
—No. Necesito ir ahora.
—No seas loca, Amalie —dice, pero no estoy escuchando, ya estoy a
medio camino hacia mi cuarto para agarrar mi laptop. En minutos tengo el
sitio web abierto y buscando vuelos.
—Hay uno para mañana.
Tomando mi tarjeta de mi bolsa, lo reservo y cierro mi laptop.
—No puedes solo volar a Londres. ¿Y la escuela?
—Solo serán un par de días —digo cuando lleno una bolsa de viaje con
ropa—. Necesito estar ahí. Necesito… necesito decir un adiós final ahora
que sabemos.
—Detente un momento e iré contigo.
—Lo siento, no quiero sonar grosera, pero necesito hacer esto sola.
Necesito encontrar una manera de dejar a mi antigua vida detrás.
—Está bien —dice la abuela asintiendo con la cabeza y con una sonrisa
triste—. Lo entiendo. Te llevaré al aeropuerto. Solo prométeme algo.
—Lo que sea.
—Prométeme que vas a volver.
CAPÍTULO CUARENTA Y UNO
JAKE
D ebería haberlo esperado, pero cuando tocan a la puerta de mi tráiler,
llamo para quien sea que es entre, asumiendo estúpidamente que es
Ethan o Mason. Pero cuando levanto la mirada, se me hela la sangre
mientras miro a mi supuesta madre entrar a mi casa.
—Jake —murmura como si fuera un maldito animal salvaje que va a
salir huyendo en cualquier segundo. Si no estuviera bloqueando la puerta
esperando a que corra, entonces podría considerarlo, pero he pasado la
última década planeando lo que podría decirle si volviera a aparecer y ahora
es mi oportunidad.
—No puedo creer lo grande y guapo que estás.
—Porque eso es todo lo que te importa ¿verdad? Apariencias. No te
podría importar lo que hay dentro, ya que tu corazón es negro.
—Jacob Thorn —regaña y solo me irrita más.
—No. No tienes el derecho de llegar molesta después de todos estos
años e intentar criarme. Renunciaste a esa responsabilidad el día que te
fuiste de mi vida, dejándome con esos dos idiotas.
—¿Cómo puedes decir eso de ellos? Te acogieron cuando no pude hacer
ese trabajo apropiadamente. Estaba enferma, Jake.
—Patrañas, madre. No estabas enferma, solo eras codiciosa. Alguien te
dijo que tenías una cara linda, te ofreció una paga decente y te fuiste como
si no tuvieras a nadie que dependiera de ti. Y con respecto a esos dos. —
Señalo hacia la casa principal—. Fueron tan buenos de ver por mí, que me
aventaron aquí por mi cuenta cuando fui lo suficientemente mayor para ver
por mí mismo.
—Estoy segura de que hay más en esa historia que eso. Por lo que
escuché, fuiste un terror.
—Así que me removieron de su casa y me dejaron aquí para hacer lo
que quisiera. ¿Estás sorprendida?
—Cometí errores, Jake. Soy humana.
Mis músculos se tensan y mi pecho jadea de que pueda pararse ahí y
hacer tales declaraciones, después de todo. Mis puños se aprietan con mi
necesidad de golpear algo, mayormente ella, pero no le daré el privilegio de
que llame a la policía, porque no tengo la menor duda de que lo hará,
seguido de vender la historia de su hijo abusivo e incontrolable a la prensa.
—No. No solo cometiste errores. Arruinaste mi maldita vida. Tenías un
solo trabajo el día que me pariste. Ponerme primero. Hacerme tu prioridad.
Pero fallaste. Fallaste en cada paso del maldito camino. Así que lo siento si
esperabas volver a mi vida y que te recibiera con los brazos abiertos, pero
eso nunca va a pasar. Si hubieras regresado unas semanas, o un mes
después, habría considerado perdonarte. Pero ahora, ni lo pienses.
Demasiado tiempo y dolor ha pasado.
Dando un paso hacia ella, visiblemente se acobarda como si estuviera a
punto de golpearla.
Muevo mi puño, pero no termina cerca de su cara. En vez de eso, golpea
a través de la pared de la cocina y hacia la habitación de huéspedes.
—Por favor, Jake —llora.
—Tus lágrimas patéticas no funcionan en mí.
—Por favor, quiero compensarte por todo. No me iré a ningún lado en
esta ocasión.
—Bueno, yo lo haré. No tengo nada más que decirte.
Pasándola, salgo del tráiler y corro.
No tiene derecho a entrar en mi espacio y tratar de compensar por sus
errores. Ni un maldito derecho.
Corro hasta que mis piernas queman de dolor y mis pulmones no son
capaces de succionar aire lo suficientemente rápido. Lo que necesito es a
Amalie, pero no le haré un bien en aparecer así.
En vez de eso, llego a trotar lentamente mientras me dirijo a la entrada
de Mason. Aparte de ahora Amalie, él y el entrenador son los únicos que
saben sobre mi mamá. Hago todo lo posible de mantenerla en secreto por
miedo que los chicos la busquen en Google y miren sus malditos videos
porno. No soy lo suficientemente estúpido para pensar que todos están sin
saber. Cuando estaba teniendo éxito, esta ciudad amó aprovecharse de su
fama. Raro como todo llego a un punto muerto cuando fue sorprendida
consumiendo cocaína de un retrete sucio en un bar clandestino.
Golpeo en la puerta mientras intento controlar mi respiración.
Afortunadamente, Mason es quien viene a la puerta, no estoy seguro que
pensarían los demás sobre el estado en el que estoy.
—Que gusto que estés vivo —dice, abriendo la puerta más amplia para
que entre—. ¿Dónde demonios has estado?
—Uh…
Lo sigo hacia su cocina, el sonido de la televisión de los niños revienta
desde el cuarto de juegos cuando pasamos.
—¿Está tu mamá?
—No, está…fuera.
A Mason le gusta hablar de su vida en casa y situación familiar tanto
como a mí. Así que solo asiento con la cabeza en compresión y continúo
siguiéndolo.
Saca dos cervezas del refrigerador y me pasa una.
—Kate volvió.
La botella se detiene a mitad del camino hacia su boca y su barbilla cae.
—Por favor dime que estás bromeando.
—Sería un chiste muy divertido, ¿verdad?
Sus labios se sacuden, pero viendo que vivió toda la situación conmigo,
lo encuentra tan divertido como yo.
—Apareció ayer por la tarde en la escuela exigiendo verme.
—Mierda, hombre. ¿Qué hiciste?
—Corrí. Parece que la británica vio todo el asunto y cuando volví a
casa, me estaba esperando. Robamos el auto de mi tío y nos fuimos por una
noche.
Sus ojos se agradan en sorpresa, pero juro que veo un poco de orgullo
en ellos.
—¿Y cómo estuvo eso?
—Extraordinario, hermano. Pero no beso y cuento.
—Sabía que estabas enamorado en ella.
—Enam…
Mis palabras vacilan cuando considero su declaración. ¿Estoy
enamorado de la chica que pensé que odiaba?
—Maldición.
—Te tomó bastante tiempo darte cuenta, hermano.
—Dios.
Restriego mi mano por mi barbilla cuando un niño pone el grito en el
cielo.
—Mason, Charlie continúa golpeándome con su camión.
—Maldición. Déjame ir a lidiar con ellos.
Mason camina hacia el cuarto de juegos y tiene una conversación dura
con sus dos hermanos menores antes de volver luciendo exasperado.
—¿Alguna vez tu mamá planeará en invertir en una niñera de verdad así
puedes salir y vivir tu vida?
—Sigue prometiendo que las cosas cambiarán, pero hace tiempo perdí
las esperanzas de que eso vaya a pasar. Solo tengo que seguir. Algún día
nos ganaremos la lotería o alguna mierda. De todos modos, mis problemas
no son los más urgentes en este momento. ¿Qué demonios harás sobre tu
mamá?
—¿Aparte de esperar a que se vaya tan rápido como lo hizo la última
vez? Mantenerme lejos de su camino. No puedo estar lidiando con sus
patrañas.
—No, no ahora que tienes una novia de que preocuparte.
—Maldición. Tengo una maldita novia.
—Hermano, las chicas en la escuela van a volverse locas. Han estado
compitiendo por tu atención por años y luego Amalie llega y te enamoró.
—No me…
Sus cejas casi llegan al inicio de su cabello.
—Bueno. Está bien, tal vez eso pasó un poco.
Me termino mi cerveza mientras Mason se ríe.
—¿Otra?
—Dame todo lo que tengas. Tengo que beber a esa perra fuera de mi
sistema.
Odio perderme el entrar a hurtadillas a la habitación de Amalie cuando
le dije específicamente que dejara su puerta sin llave. Pero embriagarme
con mi mejor amigo es exactamente lo que necesito. Aún cuando él pasó la
noche jugando el papel de papá para sus hermanos menores.
Cuando despierto la mañana siguiente, es con un dolor de cabeza, pero
Mason se asegura que me levante al quitarme las sábanas y amenazándome
con una cubeta de agua helada.
—Si no levantas tu trasero de mi piso, te cambias y apareces para la
práctica, el entrenador tendrá tus bolas.
—Lo sé, lo sé —murmuro, tratando de hacer que mis brazos y piernas
funcionen lo suficiente para levantarme de su piso duro como piedra. Ya sé
que estoy en su lista negra por perder las prácticas de los dos días
anteriores.
Sin embargo, el entrenador no es la razón por la que levanto mi trasero
del suelo. Es Amalie quien me tiene tambaleándome hacia el baño de
Mason así puedo limpiar la esencia del consumo de alcohol de anoche. Día
dos de nuestra relación y ya estaré suplicando después de no mostrar mi
cara anoche.
La idea de que estuviera esperándome en su cama usando un pequeño
par de pantaletas y una blusa lo suficientemente delgada para ver sus
pezones me hacen preguntarme qué demonios estaba pensando al quedarme
aquí anoche.
Evito mi lugar usual cuando llego a la escuela. Lo último que necesito
en este instante es a Chelsea pretender que le importa donde estuve ayer. En
vez de eso, me dirijo directo hacia el casillero de Amalie. Solo que no está
ahí.
No tengo idea de cuál es su horario, me pasé las últimas semanas
tratando de pretender que no me importaba, algo de lo cual me estoy
arrepintiendo más que nunca porque me ayudaría a encontrarla más rápido.
Sabiendo a quien le necesito preguntar, camino hacia Camila y su
pequeño grupo de amigos. Tristemente, eso también incluye a Shane,
alguien que no necesita hacerme enojar de nuevo. Todo dentro de mí me
ruega para que lo golpee por lo que le hizo a mi chica en la fiesta, pero algo
me dice que ella no estaría feliz si lo hiciera. Parece estar bajo la ilusión de
que es un buen chico y que no podría ser quien la drogó.
Ignorando su mirada letal, coloco mi mano en el hombro de Camila y la
giro hacia mí.
—¿Dónde está?
—Que… —Le toma un segundo darse cuenta que soy yo—. ¿Amalie?
—Sí, Amalie. ¿Por quién más estaría preguntando?
Se encoge de hombros y me molesta.
—¿Dónde está? —espeto.
—¿No lo sabes? —Está provocándome, sé que lo está, pero no puedo
evitar que me llegue. La necesito.
—¿Parece como si supiera?
Mi voz elevada está comenzando a causar una escena, pero no me
importa.
—Se ha ido a Londres.
Mi cabeza gira mientras trato de aceptar lo que me acaba de decir. Pasé
prácticamente los últimos dos días con ella y ni una vez mencionó que se
iría. Mi corazón comienza a acelerarse cuando el pánico me absorbe. ¿Por
qué no me diría que se iría?
—¿Cuándo volverá? —mi voz es áspera mientras lucho por
mantenerme bajo control.
—No lo sé. Su abuela dijo que reservó un vuelo de ida.
Mi barbilla cae en conmoción.
—¿De ida?
—Sí, probablemente tratando de alejarse de ti —Shane dice
valientemente, dándome la excusa perfecta para hacer exactamente lo que
estaba deseando en el instante que puse mis ojos en él.
—Hijo de puta.
Mi puño vuela y lo golpeo directo en la mandíbula. Se tambalea donde
no estaba esperando el golpe, pero logra detenerse antes de caer al suelo.
La siguiente cosa que sé, un par de manos grandes se enredan en mis
brazos y soy jalado hacia atrás mientras Shane gime en dolor.
El sabor de cobre llena mi boca diciéndome que debió de haberme
golpeado pero mi cuerpo está demasiado lleno de adrenalina para sentir
algo en este momento.
Soy empujado fuertemente hacia enfrente cuando la gente comienza a
rodear a Shane.
«Que se joda. Espero que le duela bastante.»
—No la mereces —grita por encima de la conmoción.
Una sonrisa se curva en mis labios. «No es esa la maldita verdad.»
Para cuando soy empujado a través de la puerta de la oficina del
entrenador y sentado en la silla en frente de su escritorio, estoy comenzando
a bajar de mi emoción y mi cara comienza a doler.
—Necesitas comenzar a hablar, chico. Primero peleas durante un juego,
luego te pierdes la práctica de dos días consecutivos y ahora esto. Estoy tan
cerca de mandar tu trasero a la banca, Thorn. Así de cerca.
Cuando levanto la vista, está sosteniendo su dedo pulgar e índice a un
centímetro de distancia.
—¿Qué está pasando? Por favor no me digas que todo esto es por culpa
de una mujer.
—No es cualquier mujer —digo furioso.
—Así que es una chica. ¿Quién es quién te tiene hecho un manojo de
nervios?
Dejando caer mis ojos a mi regazo, mantengo mi boca cerrada.
—No te puedo ayudar si no hablas.
—No importa quién es, ¿está bien? Se ha ido. Se fue y me dejó como la
basura que soy.
—Bueno, esta realmente se ha metido debajo de tu piel.
—No es solo ella, entrenador.
Se recarga hacia atrás y cruza sus brazos sobre su pecho, esperando a
que le cuente. Estoy sorprendido que no sepa. El chisme se riega por los
maestros aquí tan rápido como lo hace alrededor de los chicos.
—Continúa.
—Kate apareció.
Asiente con la cabeza, esperando que suelte todo, lo cual hago. El
entrenador es la única figura paterna que he tenido por la mayor parte de mi
vida así que a diferencia de la mayoría del mundo a mi alrededor, sabe
todos mis sucios y oscuros secretos. También me ha sacado de varias
situaciones de mierda más veces de las que puedo contar.
—Necesitas sacarla de tu cabeza o serás inútil el viernes por la noche.
Es nuestro gran juego contra Eastwood, en caso de que lo hayas olvidado.
Si Ganamos, estaremos en camino para el juego estatal. Pero te necesito,
Thorn. Te necesito completamente enfocado. No madre fracasada, no
problemas de chicas. Sácalas de aquí y enfócate, —dice, golpeteando mi
cabeza—. Ahora sal de aquí y arréglate la cara. Te veré en el campo
después de clases.
—¿No me mandará a la banca?
—Aún no. Te necesito el viernes, solo tendrás que mantenerte fuera de
problemas hasta entonces o mi mano podría ser forzada. Ahora vete antes
de que dejes sangre en el piso de mi oficina.
Inmediatamente cuando salgo de la oficina del entrenador, me llaman a
la oficina del director y me dan otra regañada por mis acciones. Al igual
que el entrenador, también sabe que está dependiendo de mí para el juego
del viernes por la noche, así que al final, se lo toma con calma.
Para el viernes por la noche, mis moretones han comenzado a reducirse
y las cortadas en mis nudillos han sanado, lástima que el dolor en mi pecho
aún no se calma. Traté de llamarla cuando recién descubrí que se fue, pero
ni siquiera se conectó. Así que después de haber destrozado mi tráiler un
poco más de lo que ya estaba después de la visita de mi mamá, le envié un
mensaje de texto del que me arrepiento al instante que presiono enviar. En
realidad, no quise decir ninguna de las palabras severas. Su repentina
desaparición solo duele demasiado, sus acciones son exactamente de lo que
la acusé cuando recién llegó. No es mejor que mi madre quien corrió a la
primera oportunidad de una vida mejor. ¿Fueron sus pocas horas conmigo
tan malas que tuvo que dejar el país?
La última cosa que quiero es ir a la escuela y ser aclamado mientras con
suerte le damos una paliza a Eastwood. Son nuestros rivales más cercanos y
casi cada año nos derrotan, yéndose con sonrisas pretenciosas en sus caras.
Todo el cuerpo estudiantil llena el estadio para el juego de esta noche.
El Baile de Bienvenida no es la gran cosa, las esperanzas están altas
después de nuestras últimas victorias y todos los ojos están ansiosos en
nosotros cuando entramos al campo. El clamor de emoción de nuestros fans
me hace retorcerme, pero ayuda a empujar a un lado todo lo que estoy
sintiendo y me permite enfocarme en lo que debería de estar haciendo en
este momento.
Que se joda, si no piensa que este lugar es lo suficientemente bueno
para ella entonces que le vaya bien. Este lugar es mío y en este instante mi
gente me necesita.
El juego es bastante duro y no ayuda el hecho que Shane me provoca
con ojos excesivamente divertidos o un empujón en el hombro si piensa que
puede salirse con la suya. Está molesto de que la tuve, aunque por una
pequeña cantidad de tiempo, pero está igualmente irritado que hice que se
fuera. Pude haber alardeado que tuve a Amalie para mí, pero al menos no
tuve que drogarla para llevarla a la cama.
El entrenador nota la tensión entre nosotros y articula que me calme.
Ambos sabemos que no debería de estar en este campo en este momento
después de que ataqué a Shane el otro día. Estoy determinado a terminar
este juego y no permitir que lo arruine, como está intentando hacerlo.
Ganamos, pero apenas, y la emoción está por los cielos cuando hacemos
nuestro camino de regreso a los vestidores.
—¡Maldición sí! —grita Ethan—. Ahora hay que bañarnos e ir a
encontrar coño.
Todos los demás vitorean, pero solo comienzo a quitarme mi uniforme y
no pasa desapercibido.
Mason y Ethan aparecen a mis costados.
—Vendrás, ¿verdad?
—¿Luzco como si quisiera ir a un maldito baile?
—Aw, vamos, ganaras la corona y entonces habrá muchas más chicas
colgando de ti que lo usual.
Ninguno de los dos se encoge de miedo cuando levanto mi brazo y
estrello mi puño en el casillero enfrente de mí.
Dolor sube por mi brazo, pero recibo la distracción del dolor en mi
corazón.
—No quiero a otras chicas —susurro, no queriendo que el equipo
escuche que me ha crecido un maldito coño.
—Bien, que te parece si vienes a celebrar con el equipo. No tienes que
quedarte toda la noche. Podemos irnos temprano y emborracharnos.
Ahora eso suena más como una oferta a la que no puedo negarme.
—Está bien, pero solo porque estás ofreciendo algo para matar las
memorias de lo que paso.
—Ese es mi hombre.
Ethan golpea mi hombro antes de dirigirse a las regaderas.
—¿Aún no has oído de ella? —pregunta Mason, sonando más
preocupado sobre mí que perderme el festejo de esta noche.
—Se ha ido. Espero que se esté muriendo de risa. Me ganó en mi propio
juego, me hizo desearla y se fue.
—No, hombre. Ese no es su estilo. ¿Has ido a hablar con su abuela?
¿Averiguar qué está pasando?
Mi silencio le indica que no he hecho eso. No la voy a perseguir y
permitir que la maldita ciudad vea como me tiene en mis rodillas.
Me baño y pongo una camisa de botones blanca con unos pantalones de
vestir negros y zapatos. Vestirme formalmente es la última cosa que quiero,
pero no quiero decepcionar a mi equipo más de lo que ya lo he hecho.
Puedo poner una sonrisa falsa por una hora antes de que con suerte
alguien me pase una botella de algo fuerte.
CAPÍTULO CUARENTA Y DOS
AMALIE
E ntrando en la casa de mis padres de nuevo es el sentimiento más raro.
Es exactamente igual a cuando me fui. El ama de llaves que aún está
contratada la ha mantenido limpia.
Mi corazón duele más de lo que pensé posible mientras miro todas sus
pertenencias, sus vidas.
No debí de haber huido como lo hice, pero la necesidad de estar rodeada
de ellos era demasiada. Los extraño más de lo que las palabras podrán
expresar y escuchar la noticia de que nadie los quería muertos me hizo
necesitar este cierre final.
Este lugar podrá sentirse familiar en muchas formas, pero es obvio en el
minuto que puse un pie adentro que ya no es mi hogar. Las dos personas
que hicieron este lugar sentirse como un hogar familiar y amoroso se han
ido, dejándola no más que una casa.
Pasé mi primer día deprimida en la pérdida de mis padres y revisando
todas sus cosas. Tanto como odio remover piezas de ellos, sé que necesita
suceder para ayudarme a seguir adelante. Selecciono un par de mis prendas
favoritas del closet de mi mamá y colección de joyas, y dejo ir el resto. Es
momento de seguir adelante.
Una vez que la casa es mayormente despejada, me siento un poco mejor
y como si este viaje realmente valiera la pena y no una decisión loca de
último minuto de la cual me voy a arrepentir.
No fue hasta que apagué mi celular ya lista para el vuelo, que me di
cuenta que en mi apuro por empacar no tomé mi cargador.
Me dije a mi misma que había una razón por la cual lo olvidé y cuando
caminé pasando por las tiendas de llegada en el aeropuerto de Heathrow, no
me detuve a comprar uno nuevo.
La señorita French catalizó pensamientos sobre mi futuro, necesito este
tiempo para darme cuenta de lo que quiero hacer. Podrá ser egoísta
desconectarme del mundo, sé que Jake no estará feliz de eso, pero espero
que entienda mi necesidad por un poco de tiempo. Mi vida ha sido una
locura, y solo necesito un minuto para tomar un respiro. Necesito que todo
se desacelere, todos los cambios que paren así puedo ser yo.
Organizo una reunión con el abogado de mis padres para discutir que
pasa después junto con otra en el banco mientras trato de descifrar que
demonios hacer con el dinero que me dejaron. Sabía que eran ricos, pero
tener la realidad de la situación en la pantalla frente a mí fue un poco
abrumador. Como su única hija, todo, incluyendo su negocio ha quedado
para mí. Afortunadamente, dejaron gente muy capaz para operarlo lo que
significa que no necesito hacer nada. Fueron lo suficientemente sensibles de
dejar las cosas resueltas solo en caso que lo peor fuera a pasar. Así que
aparentemente, solo tengo que relajarme y recoger las recompensas que mis
padres habrían tenido. Si soy honesta, prefiero tenerlos, pero es un poco
tarde para eso.
En el instante que salgo del banco sé lo que necesito hacer. Desde el
momento que aterricé, creo que supe que este lugar no era mi hogar y más
tiempo aquí solo ha probado una cosa. Dejé mi corazón atrás en Estados
Unidos. Está firmemente en las manos de un chico testarudo, sexy y roto
quien pienso se siente de la misma forma, a pesar de cada manera que ha
intentado demostrar lo contrario.
Permitiendo que entren pensamientos de Jake, mi corazón duele por
verlo de nuevo. De sentir la seguridad de sus brazos a mi alrededor.
Deteniendo un taxi, le doy mi vieja dirección y le pido que se apresure.
Tengo un vuelo que reservar y con suerte alcanzar.
El vuelo de regreso es horroroso. Una vez que tomé la decisión, quería
estar de vuelta en ese instante. Así que sentarme por casi una hora
esperando despegar me exasperó.
Llamé a mi abuela en el momento que reservé mi vuelo de último
minuto, y aceptó recogerme del otro lado.
Compré un cargador de teléfono celular en el aeropuerto y usé el
tomacorriente a bordo para cargarlo.
Cuando lo prendo, se vuelve loco con mensajes de texto y de voz. Casi
todos de Jake y Camila.
Ignoro cada uno de ellos. Mi enfoque está en una sola cosa, y una cosa
nada más.
La abuela me recibe en la terminal de llegada como si no me hubiera
visto en años, no solo un par de días.
—También te extrañé —digo en su cabello mientras me sostiene
apretadamente.
—Estaba tan asustada de que no regresaras —admite, haciendo que mi
corazón duela.
—Creo que necesitaba volver para darme cuenta de donde realmente
quería estar. Amo Londres, pero este lugar se ha convertido ya en mi hogar.
Nunca hubo una oportunidad de que no regresaría.
—Gracias a dios por eso. —Cuando se aleja, sus ojos están nadando con
lágrimas—. Amo tenerte aquí, Amalie. No me di cuenta de lo sola que
estaba antes de que llegaras.
Emociones obstruyen mi garganta y solo confirman algo que
mayormente decidí en Londres. No la dejaré para ir a la universidad. Una
vez que quite esta noche del camino, voy a sacar el papeleo que la señorita
French me dio de las universidades locales y revisaré sus cursos. Aquí es
donde está mi corazón y mi familia, así que aquí es donde necesito estar.
—También me gusta aquí. No me di cuenta de cuanto hasta que me fui.
—Me alegra escucharlo. Ahora, hay que salir de aquí, entiendo que hay
un baile esta noche y estoy bastante segura de que habrá un chico
esperándote.
—No estoy tan segura —murmuro, saliendo de la terminal al costado de
la abuela.
—¿No?
—No he hablado con él desde que me fui —admito con una mueca de
dolor. Sé que probablemente no fue la cosa más sencilla de hacer donde
Jake concierne, pero necesitaba el tiempo.
—Bueno, aún más razón para arreglarte y dejarlo boquiabierto.
En el segundo que camino por la puerta frontal de la casa de mi abuela,
corro hacia mi habitación.
Tomo la ducha más rápida de mi vida antes de secarme el cabello y
ponerme un poco de maquillaje. Podré estar apresurada, pero aún necesito
lucir como si hice un esfuerzo.
Abriendo mi guardarropa, mis ojos caen en un vestido. El diminuto
plateado que mi mamá me compró para la noche de mis últimos dos años de
preparatoria.
Sacándolo, me permito unos segundos para admirarlo. No tengo idea si
es el tipo de cosa que las chicas usan para el Baile de Bienvenida, pero
ahora mismo, realmente no me importa, es exactamente lo que necesito para
darme la confianza de caminar en ese gimnasio y reclamar mi lugar en esta
escuela.
Me abstengo de la llegada elegante viendo como el baile ya ha
comenzado y permito que la abuela me deje en el estacionamiento.
Después de despedirme de ella, camino la pequeña vereda hacia el
gimnasio. Mis manos tiemblan y mariposas revolotean con tanta fuerza en
mi estómago que pienso que podría volar.
Temo que me rechace después de que lo dejé. Es exactamente el tipo de
comportamiento que me criticó cuando llegué por primera vez, pero estoy
determinada a hacerlo ver que era cosa de una sola vez, que estoy de
regreso y la mayor razón es él.
Dejando salir un largo respiro, sacudo mis manos y levanto una para
abrir la puerta.
El sonido de conversación y emoción dentro llegan hacia mí, pero para
mi sorpresa, no hay música.
Mi curiosidad junto con mi necesidad por Jake tienen a mis pies
moviéndose. Camino por el corto corredor y la razón de la falta de música
se vuelve clara pronto.
—Y su reina del Baile de Bienvenida es…
Hay un breve silencio antes de que quien sea que esté a cargo del
micrófono anuncie el nombre de Chelsea. «Por supuesto que lo es.»
Volteo mis ojos y por dentro me quejo antes de continuar.
El gimnasio está lleno con globos y serpentinas para hacerlo ver menos
como un auditorio deportivo y más como un salón para celebrar, pero mis
ojos no se enfocan en nada de eso o los cientos de chicos mirando al
escenario porque es solo un hombre en el escenario quien captura mi
atención.
Está vestido con una camisa blanca con el cuello abierto, sin corbata.
Sus pantalones de vestir negros son lo suficientemente ceñidos para abrazar
sus muslos y hacen que se me haga agua la boca, pero son sus ojos en los
que me pierdo mientras mira hacia el espacio. Lucen afligidos en una
manera que recuerdo demasiado bien. Están justo como el primer día que
me vio, y después de nuevo cuando miró a su madre solo unos días atrás.
Chelsea se pavonea en el escenario haciendo un escándalo innecesario
sobre recibir la corona y ser vista como un objeto por todos.
Jake ni siquiera la mira mientras se para ahí como si quisiera que el piso
lo tragara por completo. No estoy sorprendida que ha sido coronado rey
porque es exactamente lo que es. Él reina este lugar. Sabe lo mucho que lo
necesitan para cualquier posibilidad de éxito en fútbol americano, y lo usa a
su ventaja.
Estoy congelada en el lugar mirando esta pequeña ceremonia realizarse
en frente de mí cuando cada músculo en mi cuerpo se tensa mientras
Chelsea se desliza a un costado de Jake. Tiene un brillo en sus ojos que no
me gusta cuando el fotógrafo toma un par de fotos de ellos. Justo cuando se
hace a un lado para irse, ella tapa su camino y coloca sus labios en los
suyos. Su cuerpo se tensa, sus ojos se agrandan, pero es en ese momento
que me encuentra parada en la puerta.
Toma demasiado tiempo para que él reaccione. Estoy a punto de
caminar hacia allá y quitarle a la zorra de encima cuando sus brazos se
elevan, y empuja fuertemente. El completo cuerpo estudiantil resopla con
horror cuando ella pierde el equilibrio y cae del escenario.
No tengo ni una idea de lo que le pasa porque mi atención está
exclusivamente en los ojos molestos de Jake. Mientras la conmoción
continua al frente del escenario, Jake salta hacia abajo sin ningún esfuerzo y
esquiva la multitud que se ha formado.
Mi corazón golpetea con cada paso que toma hacia mí. No tengo idea de
que hará, pero la mirada en sus ojos y las líneas duras en su cara me
aterrorizan.
En ningún instante rompe nuestro contacto y creo que eso es más
perturbador. Me quiere nerviosa.
Mi cuerpo entero está temblando en el momento que llega hacia mí y
me preparo por cual abuso sobre mi partida saldrá de sus labios, pero nada
pasa.
Está a pulgadas de mí, sus ojos en los míos, su pecho subiendo y
bajando casi como el mío lo está. Sus brazos se levantan y me encojo de
miedo, no es que realmente crea que va a golpearme, más que nada el
movimiento me sorprende.
Después hace algo que de verdad no estaba esperando. Su mano toma
mi mejilla antes de que sus dedos se deslicen en mi cabello.
—Gracias a dios —murmura, su voz está rota y derrotada antes de que
sus labios caigan en los míos.
No tengo idea de si es porque desconecté al mundo alrededor de mí para
enfocarme en su beso o si el gimnasio realmente se queda en silencio
mientras me besa delante de la escuela completa.
Su mano ladea mi cabeza al costado así puede sumergir su lengua en mi
boca y consumirme totalmente.
Los brazos que tiene alrededor de mi cintura se aprietan, presionando
nuestros cuerpos juntos y la innegable sensación de su longitud presionando
en mi estómago enciende algo dentro de mí que no voy a ser capaz de
ignorar.
Haciéndose hacia atrás, coloca su frente contra la mía, nuestras
aumentadas respiraciones mezclándose, sus ojos más suaves de lo que
estaban anteriormente, pero aún llenos de hambre, solo que esta vez no está
hambriento de dolor o venganza, solo está hambriento por mí, ese
conocimiento solo hace mi necesidad por él más fuerte.
—Necesitamos irnos de aquí.
CAPÍTULO CUARENTA Y TRES
JAKE
P ensé que estaba imaginándomelo cuando levanté la vista y la vi parada
como un maldito ángel en la puerta.
Parpadeé, esperando que no estuviera allí cuando abrí mis ojos,
pero aún estaba ahí. Desafortunadamente, Chelsea tomó ventaja de mi
momento y no solo Amalie estaba ahí, la maldita de Chelsea estaba pegada
a mis labios.
La fuerza que usé para alejarla fue más de lo necesario, pero a tentado
su suerte conmigo demasiadas veces. La única chica que quiero tocándome
está actualmente mordiendo su labio, luciendo insegura de sí misma en el
vestido más sexy que he visto alguna vez.
Pensé que estaría molesto al verla de nuevo, pero todo lo que siento es
alivio. Está de vuelta, y está de vuelta por mí. Eso es todo lo que necesito
saber, que es mía.
Marchando hacia allá, la única cosa en la que puedo pensar es tener sus
labios en los míos. Y en el segundo que obtengo mi deseo, todo lo que ha
estado mal conmigo esta semana repentinamente se corrige.
—Necesitamos salir de aquí.
Con su mano en la mía, salimos del gimnasio y lejos de todos, pero no
antes de ver a una Poppy contenta sonriéndonos. Le guiño un ojo y se ríe
ligeramente antes de darme un pequeño saludo con la mano.
Ya está oscuro afuera, pero el cielo está lleno de estrellas centellando.
Nunca les he prestado atención antes, pero juro que están más brillantes esta
noche.
—¿Puedes caminar en esos zapatos?
Me detengo y miro hacia sus pies. No quiero tener que caminar hacia la
casa. Quiero ser el tipo de chico que pueda ayudarla a entrar a mi auto para
llevarla de vuelta a mi habitación lo más rápido posible, pero
desafortunadamente, ese chico no soy yo. Lo mejor que tengo que ofrecer
es una caminata bajo la luna por la playa en nuestro camino de regreso a mi
tráiler de mierda.
—Caminaré tan lejos como necesites que lo haga.
Mi corazón se acelera al escuchar las palabras que no tenía idea estaba
añorando.
Dándole a su brazo un tirón, comienza a caminar a mi lado cuando nos
dirigimos hacia la playa. Caminamos por un tiempo en silencio, solo
absorbiendo la presencia del otro.
—Siento mucho por irme como lo hice.
—Lo siento por el mensaje que envié. No fue mi intención.
Está callada por unos segundos y entro en pánico. Me arrepentí de ese
mensaje en el momento que lo envié, pero era demasiado tarde. Las
palabras viles ya estaban fuera en el mundo.
—No he leído ni uno de ellos. Mi celular se murió y cuando volví mi
primera prioridad fue llegar a ti. Me di cuenta de algo mientras estaba fuera.
—¿Qué fue eso?
Se detiene mientras se quita sus zapatos y bajamos a la arena.
—El detective llamó para explicar que no había nada sospechoso sobre
el accidente de mis padres y mi primer instinto fue que necesitaba ir a casa.
Solo que en el momento que puse pie en suelo inglés, me di cuenta que ya
no era más un hogar para mí. El lugar que dejé atrás era ahora mi hogar. La
gente que dejé atrás eran mi hogar.
La detengo en mi lugar oculto entre las dunas de arena y tomo sus
mejillas en mis manos.
—¿Yo? —pregunto, odiando la duda en mi voz. Pero verla de nuevo
esta noche solo ha solidificado la fuerza de mis sentimientos por ella.
Apenas he sobrevivido unos cuantos días sin ella, es bastante claro que no
puedo vivir el resto de mi vida sin tenerla a mi lado.
—Tu, Jake. Solo te necesito a ti.
—Maldición.
Una bola de emociones que no estoy del todo acostumbrado obstruyen
mi garganta y la parte trasera de mis ojos arde mientras observo su belleza.
—Te amo, Amalie. Te amo demasiado.
No le doy tiempo de responder, en vez de eso estrello mis labios en los
suyos, decidido a mostrarle lo mucho que importan esas palabras.
Cuando eventualmente la dejo que tome aire, lágrimas bajan por sus
mejillas, pero tiene la sonrisa más amplia en su cara.
—¿Qué?
Se ríe y no puedo evitar unirme.
—Estoy segura de que eres el mayor idiota que he conocido, Jacob
Thorn. ¿Pero sabes una cosa?
Niego con la cabeza, esperando que vaya a decir exactamente lo que le
dije. Mi corazón siente que se está desangrando al no escuchar esas
palabras.
—También te amo.
EPÍLOGO
AMALIE
D ecirle a Jake realmente como me siento fue como si un gran peso se
levantara de mis hombros. La mirada en sus ojos cuando le dije esas
tres pequeñas palabras es algo de lo cual nunca me arrepentiré.
Quería llorar como una bebé cuando capté que había una gran probabilidad
de que nunca se las hayan dicho antes. Afortunadamente, vio venir la
avalancha de lágrimas frescas y rápidamente me distrajo.
Con sus labios en los míos, nos bajó hacia la arena y justo ahí, bajo las
estrellas y en la privacidad de las dunas, comenzó a demostrarme justo
como se sentía haciéndome el amor hasta que ninguno de los dos podría
mantenerse despierto por más tiempo.
No tengo idea a qué hora eventualmente salimos de la playa, ambos
sonriendo como unos locos y riéndonos como si no tuviéramos ni una
preocupación en el mundo. Fue el sentimiento más increíble y uno que no
tengo duda Jake continuará haciéndome sentir por un largo tiempo.
Cuando volvemos a su tráiler, ambos nos bañamos para quitarnos la
arena juntos en su pequeño cubículo, era acogedor, pero ninguno de los dos
tenía ninguna intención de separarnos pronto, así que fue perfecto, antes de
que ambos cayéramos en su cama.
—¿Estás listo para esto? —pregunto, parada afuera de la casa de Noah
donde su fiesta está esparciéndose hacia el patio trasero y la música está
sonando tan fuerte que no hay duda de lo que está pasando adentro.
—Estoy tan listo. Es hora de mostrarle a todos a quien le perteneces.
Con su mano firmemente sosteniendo la mía, entramos a la casa de
Noah.
Los ojos de nuestros compañeros de clases intrigados siguen cada uno
de nuestros movimientos. Las chicas enfocan sus ojos en nuestras manos
antes de que sus miradas letales me encuentren. Todas chismean entre ellas,
pero me niego a acobardarme ante sus celos patéticos.
No reacciono mas que mi sonrisa creciendo más amplia con cada paso
que tomo. Eso es hasta que nos topamos con un grupo de chicas sentadas
alrededor del sofá. Cuando un par de ellas se apartan, se vuelve obvio
porqué están todas sentadas ahí porque en el centro con su tobillo recién
enyesado elevado en la mesa de centro está Chelsea.
—Quebraste su tobillo —le susurro a Jake, haciendo lo posible de
mantener cualquier diversión fuera de mi voz.
—No la habría empujado si no se hubiera aprovechado de mí. Mis
labios son solo tuyos. Es momento que todos estos idiotas lo sepan.
Coloca sus brazos alrededor de mi cintura y me jala contra él. No
necesita decir nada para tener la atención de todos en el cuarto. Es Jake
Thorn, controla la atención de todos tan solo con respirar.
Una vez que está seguro de que todos están mirando hacia donde
estamos, coloca sus labios en los míos. Me besa como si fuera nuestra
primera vez inclinándome hacia atrás y de verdad le da a nuestra audiencia
un espectáculo.
—Te amo, británica —murmura cuando me endereza.
—Y creo que todos en esta habitación aparte de ti me odian —digo
bromeando, pero sus ojos se endurecen con ira.
—Si algún imbécil te hace pasar un mal rato, solo tienes que decirme.
—Soy una chica grande, Jake. Puedo cuidarme sola.
—No lo sabré —susurra con una risa.
Abro mi boca para responder, pero una conmoción en otra habitación
quita la atención de todos de nosotros.
—Mason, no —alguien grita, y Jake sale corriendo. Soy obligada a
seguirlo viendo que su mano aún está sosteniendo la mía.
La multitud se aparta para él y es entonces cuando tenemos nuestro
primer vistazo de Mason golpeando una y otra vez la cara de Noah.
—¿Qué demonios acaba de pasar?
Jake se apresura a alejar a su amigo, cuando levanto la vista, encuentro
los ojos aterrados de dos chicas. Unos pertenecen a mi mejor amiga y los
otros a una chica que apenas reconozco como otra alumna de último grado
y una del grupo de Chelsea. Lo que sea que esté pasando en este momento,
presiento que va a cambiar la vida de Camila de una forma que no estaba
esperando.
PAINE (Los Chicos de Rosewood High #2)
RESERVA TU COPIA HOY
AGRADECIMIENTOS
Bueno, ¿por dónde empiezo? Supongo que con mi esposo. Me hizo una
simple pregunta en el camino hacia nuestras vacaciones de verano y desde
el momento que sus palabras dejaron su boca, Jake apareció.
Tenía un plan para el resto del año, y puedo decir sin duda alguna que
Jake no era parte de eso. Él tenía una opinión diferente. Traté de ignorarlo,
de verdad lo hice. Estaba desesperada por terminar mi serie Forbidden sin
ninguna distracción no prevista, pero, si llegaste hasta aquí entonces ya
habrás aprendido que Jake no siempre hace lo que se le dice.
Así que un par de semanas, algo de motivación de Andie M. Long, y un
montón de notas en mi teléfono después, cedí y así fue como Jake y Amalie
nacieron. Es fácil decir que mayormente me consumieron por los dos meses
y medio que me tomó escribir su historia.
Tuve muchas dudas sobre este libro, es una de las razones por las que
no mencioné que lo estaba escribiendo hasta que estaba terminado. Mi
lectora alfa, Michelle, quien lee todos mis libros mientras los escribo odió a
Jake, hasta el punto que me estaba amenazando con rendirse y no continuar
leyendo. Pero afortunadamente, su intromisión la venció y tuvo que
continuar. Valió la pena porque cayó enamorada de Jake.
Es diferente a mis libros usuales, los personajes son jóvenes y la
angustia más intensa, y Jake un idiota más grande de lo que usualmente
escribo, pero una vez que lo entregué para que lo leyeran mis betas me
ayudaron a eliminar el miedo y me empujaron hacia adelante. Les debo un
enorme agradecimiento por darle la oportunidad a un libro que no es
necesariamente su lectura usual y enamorarse de él de todas formas. Espero
que un par de ustedes confiaron lo suficientemente en mí y llegaron tan
lejos con la historia, y también se hayan enamorado de Jake.
Como siempre, comenzó con la intención de ser un libro único,
mayormente para sacar a Jake de mi cabeza, pero tan pronto como Jake
comenzó a desaparecer, un par más apareció así que supongo que la gran
pregunta es… ¿Cuál es el asunto con Camila y Mason? Bueno, con suerte
muy pronto lo sabrás ¡porque su historia es la siguiente en mi lista!
Un agradecimiento masivo a Michelle Lancaster quien me ayudo
cuando estaba en el infierno de las portadas y me encontró el modelo más
increíble que solo grita Jake. Las siguientes dos están igual de ardientes y
no puedo esperar para también revelar esas dos.
Quiero dar un enorme agradecimiento a todos los que me han apoyado
con Thorn, tanto si eres un lector beta, lector de ARC, bookstagrammer o
solo lo tomaste para leer. De verdad no estaría aquí haciendo esto sin ti.
Hasta la próxima,
Tracy xo
ACERCA DEL AUTOR
Biografía del autor
Tracy Lorraine es una autora bestseller de novelas románticas contemporáneas para
adultos del USA Today y del Wall Street Journal. Tracy vive en el lindo pueblo de
Cotswold en Inglaterra junto con su esposo, su hija y su adorable, pero un poco loco
springer spaniel. Habiendo sido siempre una adicta a los libros con la cabeza metida en
su Kindle, Tracy decidió probar suerte con la idea de una historia que soñó y no ha
mirado atrás desde entonces.
Sé el primero en enterarte de sus nuevos lanzamientos y ofertas. Suscríbete a su
boletín aquí.
Si quieres saber lo que estoy haciendo, ver avances y fragmentos en los que estoy
trabajando, entonces debes de formar parte de mi grupo de Facebook. Únete a los
Ángeles de Tracy aquí.
Mantente al día con los libros de Tracy en [Link]