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2
Staff
∞PurpleGirl∞

Bella’ Lipi Sergeyev Niika

Erianthe Luisa1983 Passionate-Reader

EstherC Ms. Lolitha ∞PurpleGirl∞


3
Julii Camii Myr62 Taywong

Alysse Volkov EstherC


Bella’ Indiehope
Dai Taywong
Dre Vickyra

Bella’ & YaniM

Bella'
Contenido
Sinopsis Capítulo 9 Capítulo 19

Prólogo Capítulo 10 Capítulo 20

Capítulo 1 Capítulo 11 Capítulo 21

Capítulo 2 Capítulo 12 Capítulo 22

Capítulo 3 Capítulo 13 Capítulo 23

Capítulo 4 Capítulo 14 Capítulo 24

Capítulo 5 Capítulo 15 Capítulo 25


4 Capítulo 6 Capítulo 16 Capítulo 26

Capítulo 7 Capítulo 17 Capítulo 27

Capítulo 8 Capítulo 18 Sobre la Autora


Sinopsis
¿Q
ué pasa cuando todo lo que quieres es lo único que no
puedes tener?
Mi nombre es Sevin.
Educado en casa y protegido por mi ultra-religiosa
familia, siempre me enseñaron que la lujuria era un pecado.
Ella fue la chica que había sido cuidadosamente elegida para mí.
Después de un noviazgo de larga distancia, me mudaría a la casa de
invitados de su familia para poder conocernos en los meses previos la boda.
Se establecieron límites: sin toques inapropiados, sin besos, sin sexo antes
5 del matrimonio.
Había aceptado esas reglas y mi destino.
Hasta que conocí a aquella con la que quería pecar.
Fue entonces cuando los límites se convirtieron en un problema… sobre
todo porque esa persona no era Elle.
Era su hermana, Evangeline.
Ya sabes lo que dicen sobre los planes mejor trazados.
Mi nombre es Sevin, y he pecado.
Prólogo
É
l era más dolorosamente apuesto de lo que recordaba. Sevin no se
había fijado en mí todavía, me encontraba en la puerta disfrutando de
mirarlo mientras se sentaba allí entre la multitud.
No debería estar aquí.
Ya no había lugar para mí en Dodge City. Pero ocurrió lo único que sabía
que me obligaría a volver. Ahora, no había otra opción que enfrentarse a él. Su
mirada se dirigió al piso mientras giraba sus grandes pulgares, y eso me dio más
tiempo para mirarlo.
Alguien llamó mi nombre, y solo así, levantó la cabeza cubierta de cabello
negro brillante para encontrar mi expresión asustada.
6 Sin sonrisa.
Nada de calidez brillaba en su precioso rostro.
Sus ojos se encontraron con los míos con una mirada casi viciosa.
La adrenalina que me recorrió solo solidificó lo que siempre supe: que
incluso después de todo este tiempo, mis sentimientos por él no habían
flaqueado. A pesar de que me odiaba, seguía mirando a los ojos del único
hombre que había amado.
El esposo de mi hermana.
1

S
u cálido aliento me hizo cosquillas en la oreja.
—Sevin, necesitaré un par de manos fuertes para montar el
vestíbulo para el desayuno después del servicio.
Ese era el código para otra cosa. Mi par de manos fuertes
estaría haciendo mucho más que simplemente establecer mesas y sillas, y ambos
lo sabíamos. Pero me sorprendía que nadie más pareciera saber. Venía al final de
7 mi banco a la misma hora todos los domingos, unos cuarenta minutos antes de
que terminara la iglesia. Nos íbamos juntos y, sin embargo, nadie parecía darse
cuenta de lo que realmente pasaba.
La luz de sol que fluía a través de los vidrios de color brillaba alrededor de
su cabello rubio. Candace hizo una indicación con el dedo para que la siguiera
al edificio adyacente a la iglesia.
Mientras caminaba detrás de ella por el largo pasillo, el sonido del sermón
desapareció. Mi polla se endureció al ver su culo moviéndose a través de su larga
y conservadora falda lápiz. Definitivamente iría directamente al infierno.
Si estas personas supieran.
Al entrar en el vestíbulo, el olor a café me golpeó. Pasamos la mesa de
productos horneados que ya estaban establecidos. La puerta del armario de
servicios crujió al abrirla, y mi polla se crispó en anticipación.
Apreté mi cuerpo contra su pecho en el espacio oscuro y cerrado mientras
la puerta se cerraba.
Candace tiró una cuerda por encima de nosotros, encendiendo una
pequeña luz. Sonrió y no perdió el tiempo desabotonando mi camisa.
—Oye, ¿qué crees que estás haciendo? Estoy vestido con mi mejor ropa de
domingo, y la estás arruinando —bromeé mientras le quitaba el broche que
sostenía su cabello y veía cómo las trenzas se deshacían en un lío sexy.
—Desnudo es tu mejor domingo, nene. La luz permanecerá encendida en
este momento. Necesito ver tu cuerpo, Sevin. He estado esperando toda la
semana por esto. Dios, te extrañé. Siete días son demasiado largos. —Me quitó la
camisa de mis brazos y la tiró al suelo—. Eres tan hermoso, nene —susurró—. Tan
hermoso.
Cerré los ojos mientras ella me besaba el pecho.
—Se siente bien —murmuré.
Habló sobre mi piel:
—Odio la forma en que te miran. Todas esas chicas adolescentes en la
iglesia. Todas te quieren, Sevin. Y yo soy la única que llega a tenerte así, la única
que llega a ver lo que hay debajo de esa ropa, la única que llega a ver este
cuerpo que parece cortado en piedra... hecho para el pecado. Soy la única,
¿verdad?
—Sí. Por supuesto que lo eres —mentí. Algunas de esas chicas me habían
visto.
Cuando desabrochó mis pantalones y sacó mi polla hinchada, un familiar
sentimiento de culpa comenzó a arrastrarse, pero fue un momento fugaz.
Se quitó la blusa y sacó un condón de su sujetador de encaje negro antes
de abrir el paquete con los dientes. Candace me miró a los ojos mientras
deslizaba cuidadosamente la goma. Me miró como si le perteneciera. Me hizo
sentir incómodo, pero no lo suficiente como para parar.
8 —Date la vuelta —le dije para no tener que ver su rostro.
Apoyó sus manos contra la pared del armario mientras su falda caía al
suelo.
La débil música del órgano en la distancia fue el único sonido hasta el grito
ahogado que ella emitió cuando la penetré.
—Shhh —le advertí.
¿Estaba loca, dejando salir un ruido así? No podía imaginar las
repercusiones si alguien nos encontraba aquí.
Con cada empuje, sin embargo, me recordó por qué seguía volviendo por
más con Candace. En el momento en que estábamos aquí, podía cerrar los ojos y
fingir que era alguien más, alguien que significaba algo. Me gustaba fingir que me
querían, que alguien importante me amaba. En realidad, ella me estaba usando
tanto como yo la usaba. Pero para alguien que creció sin ningún tipo de afecto,
el sexo era lo más cercano que tenía al amor, lo más parecido a una conexión
con otro ser humano. A diferencia del amor real, que habitualmente terminaba
en dolor, nadie tenía que salir lastimado en esta situación. Cuando saliéramos de
aquí, sería como si nunca hubiera pasado.
La otra razón por la que seguía haciendo esto: era simplemente
estimulante. Hacer algo que sabía que estaba mal era adictivo. Ese era el
problema conmigo. Actuar mal siempre me produjo una embriaguez incluso
desde muy joven. A los veinte, pensaría que habría tenido la más alta moral dada
mi crianza protegida. Pero conmigo, todo salió mal.
Mientras crecía, era el niño que recogía el dinero en la iglesia solo para
quedarme con un puñado de la canasta de donaciones para comprar cigarrillos.
Era el chico que regresaba a mi habitación después de una lección bíblica
acerca de la lujuria, solo para masturbarme con la revista Playboy escondida
debajo de mi cama. Supongo que siempre he sido un pecador por naturaleza.
Pero estos encuentros con Candace eran definitivamente un nuevo punto bajo.
—Mierda. Sevin. ¡Más duro! —gimió.
El sonido de las sirenas de la policía en la calle fuera del vestíbulo se registró
vagamente. La penetré con todas mis fuerzas hasta que dejó escapar un familiar
grito ahogado, su boca contra la pared. Fue entonces cuando me dejé ir.
Poco después, la frialdad de la realidad se filtró lentamente mientras nos
apresuramos a ponernos nuestras ropas para volver al servicio de la iglesia antes
de que terminara. Pronto, la gente estaría copando esta habitación más rápido
de lo que había llenado a Candace.
Abrochó su último botón, se lamió los labios y dijo:
—Mi hermoso chico. Muchas gracias. Fue increíble.
Lo que me había hecho sentir tan bien hace unos segundos, ahora me
hacía sentir mal.
Los quince minutos siguientes estuvimos haciendo lo que supuestamente
9 habíamos venido a hacer, preparar las mesas y sillas.
La conmoción en la iglesia a nuestro regreso provocó una alteración en mi
sistema. La gente se apresuraba nerviosa. Las luces rojas y brillantes de los
vehículos de emergencia atravesaban los vidrios.
Mi madrastra lloraba en un rincón mientras mis medios hermanos
intentaban sostener su cuerpo flácido.
¿Qué estaba pasando?
Vi a los paramédicos suspendidos sobre alguien. Me tomó unos segundos
darme cuenta de que era mi padre.
El predicador Thomas se precipitó hacia mí, deteniéndome de seguir
avanzando.
—Sevin... hijo. Lo siento mucho. Tu padre... se desplomó en medio del
servicio. Los paramédicos simplemente confirmaron que no pudieron salvarlo. Ya
no respira. Ha ido a estar con el Padre Celestial.
No.
No.
No.
¿Mi padre se había muerto?
Se sintió surrealista. En medio de mi sorpresa, todo lo que podía pensar era
en el hecho de que eventualmente tus pecados te alcanzarán. Las cosas malas
le suceden a la gente mala. Papá era una buena persona. No lo merecía. Pero yo
lo hacía. Este fue mi castigo, y tardó un tiempo en llegar.
Candace permanecía congelada con las manos sobre la boca.
—Lo siento mucho —repitió el predicador.
Lo miré a los ojos y permanecí allí sin habla. Quería decirle que no debería
disculparse por mí. Yo era el que lo sentía. Fue mi culpa. Porque mientras mi padre
estaba agonizando, yo me encontraba al lado follando a la esposa del
predicador.

10
2

E
l mes siguiente a la muerte de mi padre fue tortuoso. Estar solo en la
casa con mi madrastra y mis medios hermanos se convirtió en una
situación de la que necesitaba salir. Aún no tenía un plan de escape.
Había estado ahorrando los salarios que había ganado al trabajar en el
mantenimiento de los establos en la ciudad, con la esperanza de pasar a la
universidad y había planeado mudarme tan pronto como tuviera un poco de
dinero en el banco. Ahora, sin papá, la necesidad de escapar de aquí parecía
11 urgente.
Mi padre, Brent, había sido la única voz de la razón, la única persona con
la que podía relacionarme, a pesar de que mi madrastra le había lavado
bastante el cerebro. Al menos se preocupaba por mí. Mi madrastra era fría, de
mentalidad cerrada y nunca un verdadero reemplazo de mi propia madre. El
principal defecto de papá era el ser débil y no saber cómo hacer frente a Lillian.
Mi padre se casó con ella cinco años después de que mi madre muriera.
La religión ni siquiera había sido parte de nuestras vidas hasta que Lillian entró en
escena. Convenció a mi padre de sacarme de la escuela pública para que ella
pudiera educarme en casa. Sentía que estar cerca de los niños de las escuelas
públicas tendría un impacto negativo en mí porque venían de familias que aún
no habían aceptado a Cristo. Esconderme era su manera de asegurarse de que
me enseñaría todo como ella quería sin influencias externas. Nos enseñaría que la
vida consistía en vivir en el temor de Dios y que la Biblia debía tomarse
literalmente. Tuvimos muy poca interacción con otros niños a menos que fueran
de familias cristianas estrictas. Tuve que ser muy creativo, a menudo escapando
para pasar el rato con los niños "regulares" en medio de la noche o durante los
desvíos que tomaba en el camino cuando llevaba a cabo algún recado de mi
querida madrastra. Mi padre estaba de acuerdo con todo lo que Lillian quería. Se
sintió perdido después de perder a mi madre, su único amor verdadero, y cayó
fácilmente en la telaraña de mi madrastra.
Papá y Lillian tuvieron tres hijos, mis hermanos menores, Luke, Isaiah y John.
Eran las imágenes escupidas de su madre, clones rubios uno del otro que se
parecían a Los Niños del Maíz1. Por otro lado, con mi cabello negro, ojos azules
oscuros y pómulos altos, lucía exactamente como una versión masculina de mi
madre hippie muerta, Rose. Sobresalía como un pulgar dolorido y nunca sentí un
vínculo con mis hermanos.
Sintiendo que le debía a mi padre, fingí seguir con todas las reglas de
Lillian. En apariencia, me convertí en el perfecto chico cristiano. En realidad, a
puertas cerradas, era la antítesis de eso. Lillian siempre me enseñó que podía ir al
infierno solo por tener pensamientos inapropiados. No se dio cuenta de que esa
advertencia era lo que me convencía de actuar en secreto. Si simplemente tener
pensamientos impuros me garantizaba un boleto al infierno, bien podría
aprovechar la satisfacción que venía de actuar sobre ellos.
Un ligero golpe en la puerta me llevó a empujar el dibujo sobre el que
había estado trabajando debajo de la cama.
Lillian entró a mi habitación.
—Sevin, tenemos invitados, y me gustaría que los conocieras. Por favor, haz
algo con ese cabello, ponte una camisa limpia y baja las escaleras. —Cerró la
puerta con fuerza.
No estaba de humor para actuar ahora frente a sus invitados. Recogiendo
el bosquejo de debajo de la cama, me tomé mi dulce tiempo para terminar lo
que había empezado antes de bajar.
12
Con pequeños movimientos circulares, sombreaba cuidadosamente los
pezones de los pechos que había dibujado. Esta sería una de las docenas de
desnudos que había ocultado en una caja escondida dentro de un agujero en la
pared que había perforado en la parte trasera de mi armario. Parecía que había
estado dibujando mujeres desnudas desde el principio de los tiempos, pero sabía
el momento exacto en que comenzó. De hecho, un psiquiatra tendría un día de
campo con ello.
Un día, cuando tenía trece años, me había quedado solo en casa, lo que
era una rareza. Había decidido empezar a hurgar en las cosas de mi padre para
tratar de encontrar algo de mi madre. Estaba desesperadamente buscando fotos
o cualquier recuerdo. Me encontraba bastante seguro de que Lillian había
ocultado todos los rastros de Rose o había destruido sus cosas. Para Lillian, mi
madre, un espíritu libre no religioso, era una pecadora que no merecía ningún
respeto.
Buscando en la oficina de mi padre, terminé con las manos vacías salvo
por una pequeña caja que se encontraba escondida dentro de una más
grande. La caja exterior era el embalaje de un taladro Craftsman y estaba
claramente destinado a disuadir a la gente de fisgonear.
Dentro de la caja más pequeña había algunas joyas y un esbozo de una
mujer desnuda con una cintura pequeña, caderas grandes y senos

1
Children of the Corn (literalmente, en inglés, Los chicos del maíz o Los niños del maíz) es
un relato de Stephen King, publicado por primera vez en 1977.
perfectamente redondos. Lillian habría explotado del enfado si hubiese sabido
que mi padre lo tenía. Me tomó unos segundos confirmar que la mujer era mi
madre. La cosa es que debería haberme asqueado, pero saber que mi padre lo
guardaba en secreto me hizo feliz. Asumí que el artista había sido él.
Esa noche en mi habitación, empecé a dibujar mi primer cuerpo femenino.
No intentaba de ninguna manera recrear la imagen desnuda de mi madre. Pero
creo que me enamoré de la idea de crear algo tan prohibido, tan íntimo. Me
encantó la idea de imaginar lo que mi padre había sentido cuando lo dibujó, un
intenso amor y aprecio. Esbozar desnudos se convirtió en un pasatiempo, un
escape. Cada uno que creaba era diferente y más hermoso para mí que el
anterior. Mientras que algunos podrían considerarlo como jodido, con los años,
llegué a la conclusión de que el proceso de dibujar a una mujer desnuda era más
satisfactorio para mí que estar dentro de una mujer real que solo me estaba
usando.
—Sevin, ¿qué te está llevando tanto tiempo? —Escuché gritar a Lillian
desde el fondo de la escalera.
Dejé el dibujo debajo de mi cama.
—Ya voy —le grité.
Me peiné, suspirando profundamente. No había nada que odiara más que
hacer un espectáculo para los huéspedes. Mis hermanos eran innatamente
13 dulces y respetuosos. Para mí, siempre fue una puta actuación.
Me puse unos caquis y una camisa azul abotonada, enrollando las
mangas. Corrí por las escaleras y me detuve a la vista de una chica de mi edad.
Tenía el cabello castaño y medio largo y llevaba una falda fluida hasta los tobillos.
Era linda. No es exactamente la invitada que estaba esperando.
Tosí.
—Hola.
—Hola. Buscaba un baño —dijo tímidamente.
—Soy Sevin. ¿Quién eres tú?
Ruborizada, dijo:
—Soy Elle.
Extendí mi mano y justo cuando extendió la suya, un hombre apareció y
empujó su brazo hacia abajo para evitar que nos tocáramos.
—Veo que has conocido a mi hija, Elle.
Volviéndome hacia él, le respondí:
—Sí, señor. ¿Y usted es?
—Soy uno de los amigos más antiguos de tu padre, hijo. Nunca nos hemos
visto. —Me ofreció su mano—. Lance Sutton.
La sacudí.
—Sevin. —Echando un vistazo a la chica y luego a él, dije—: Sí... mi padre
mencionó su nombre una o dos veces. ¿Dónde vives ahora?
—Hemos recorrido un largo camino, en realidad... desde Kansas. Tu padre
y yo crecimos juntos allí. Prácticamente fuimos como hermanos una vez. Se alejó
cuando conoció a tu madre. Rose era una vagabunda y llevó a tu padre con
ella. Perdió un poco su camino entonces. Pero nos volvimos a contactar hace un
par de años, comenzó a mantenerse en contacto de nuevo.
—¿Qué le trae hasta aquí?
—En realidad, esperaba que tú y yo pudiéramos sentarnos a hablar.
Lillian se encontraba de pie en la esquina y me dio un leve ademán de
aprobación, lo que significaba que probablemente debería preocuparme. Fuera
lo que fuese, ella estaba de acuerdo.
—Está bien... sí. Por supuesto.
Lillian apoyó las manos en los hombros de la muchacha.
—Elle, cariño, ¿por qué no vienes a ayudarme a preparar el almuerzo para
todos?
—Claro, señora Montgomery.
Cuando Lillian y Elle estuvieron fuera de la vista, el señor Sutton indicó con
14 la cabeza hacia la puerta corredera de cristal que conducía a nuestro patio
trasero.
—¿Por qué no salimos?
—Muy bien —dije, entrecerrando los ojos con suspicacia.
Después de unos segundos de silencio, nos quedamos frente a frente en la
cubierta mientras una brisa soplaba musgo en el aire.
Fui el primero en hablar.
—¿De qué se trata todo esto, señor Sutton?
—Por favor... llámame Lance.
—Bien. Lance. ¿Qué está pasando?
—Brent y yo habíamos estado discutiendo algunas cosas antes de que
muriera.
—¿Cosas?
—Sí. Tu padre estaba preocupado por ti, que pudieras estar entrando en
algunas situaciones... sintiendo ciertas tentaciones... eso no encajaría con una
buena vida cristiana.
—Bueno…
—Me dijo que estabas ahorrando para la universidad por tu cuenta, y
respeto eso. Pero tengo una propuesta para ti.
Crucé los brazos.
—Una propuesta...
—Sí. Mira, tu padre realmente quería lo mejor para ti. Sabía que yo había
estado buscando a alguien a quien pudiera preparar, enseñar y entrenar para
hacerse cargo de mi negocio.
—¿Qué tipo de negocio?
—Empaque de carne. Tengo una planta de carne en Dodge City. Sutton
Provisions.
—¿Quieres que me haga cargo de tu negocio cuando todo lo que he
estado haciendo durante el año pasado es sacar mierda de caballo?
Se rio entre dientes.
—No sería de la noche a la mañana. Te tomaría bajo mi ala durante varios
años hasta que estuvieras listo. La compañía también pagaría por la escuela de
negocios.
—¿Cuál es el truco?
—Bueno, obviamente tendrías que mudarte.
—Eso no es una trampa. Salir de aquí es un incentivo importante. ¿Cuál es
el truco?
—Hay algo más. No es realmente una trampa. Al menos, espero que no lo
15 veas así.
—No entiendo.
—No le pediría a nadie que se hiciera cargo de mi negocio, algo por lo
que he trabajado toda mi vida. Tendrías que ser parte de mi familia. No tengo un
hijo, Sevin. Tengo tres hijas. Tu padre... quería lo mejor para ti. Él sabía que no eras
feliz aquí, que podrías estar teniendo algunos problemas. Pero sé que eres un
buen chico porque eres el hijo de Brent. Este plan... no se suponía que fuera tan
pronto, pero después de que Brent murió, no pensé que debiera esperar.
—¿A dónde quieres llegar?
—Conociste a mi hija, Elle.
—Sí... buena chica. ¿Qué hay con ella?
—Sevin, en nuestra comunidad, no solo dejamos que nuestras hijas salgan
con hombres. Las mujeres son cortejadas.
—¿Cortejadas?
—Sí. Como padre, es mi responsabilidad encontrar a un buen cristiano para
que corteje a mi hija con las mejores intenciones.
—¿Qué implica eso?
—Bueno, una cosa que no implica es el contacto físico de cualquier tipo.
Bajo este escenario, un joven pasa varios meses conociendo a la chica. Entonces,
eventualmente, si está lejos, se mudaría más cerca y las salidas serían con
compañía.
—¿Y si no quiero cortejar a Elle?
—Entonces, esta situación no funcionará.
—¿Ese es parte del trato para este trabajo?
Dudó.
—Sí.
—¿Hablaste de esto con mi padre?
—Sí. Él quería esta vida para ti.
—Entonces, ¿qué pasa si el cortejo no funciona?
—Sevin, no puedo dejarle mi imperio a alguien que ni siquiera es parte de
mi familia.
—Así que, no estamos hablando solo de pasar tiempo con Elle. Cuando
dices cortejo, realmente quieres decir...
—Casarse —interrumpió—. Te casarías con mi hija.

16
3

E
l teléfono sonaba cada noche a la misma hora. Su constancia era
linda. Ni siquiera necesitaba mirar el identificador de llamada.
—Hola, Ellebell.
—Hola. ¿Qué estás haciendo?
—En realidad, acabo de empacar algunas cosas.
—Sin embargo, no te mudarás aquí hasta dentro de un mes. Creí que
habías dicho que no tienes muchas cosas.
17
—Supongo que estoy un poco ansioso por salir de aquí.
Elle y yo habíamos estado hablando por teléfono todos los días durante tres
meses. Después que Lance y ella dejaron la casa ese primer día, pasé un par de
semanas reflexionando sobre su oferta antes de aceptar. Acordar casarme con
alguien que ni siquiera conocía parecía una locura al principio. Pero al final, la
oportunidad que me estaban dando en un plato de plata fue realmente difícil de
rechazar. Mi perspectiva también era diferente ahora desde que papá murió de
un ataque al corazón. Quería cambiar mi vida, ser una persona mejor para honrar
su memoria... básicamente, dejar de follar.
Esta oportunidad parecía enviada del cielo. Se sentía como una situación
de ahora o nunca. Me seguía diciendo que siempre podría retroceder si no se
sentía bien. Cada día, sin embargo, parecía tener más sentido.
Para empezar, el hecho de que no conocía a Elle lo suficiente como para
amarla era irrelevante. No tenía ningún deseo de enamorarme tanto de alguien
que el perderlo podría causarme el mismo tipo de daño irreparable que mi padre
experimentó después de que mi madre murió. Era demasiado joven entonces
para recordar mucho sobre los años previos a Lillian pero no demasiado joven
para saber que la muerte de mi madre destrozó a mi padre.
Aunque una parte de mí quería experimentar la intensidad del amor solo
una vez en mi vida, no valía la pena el riesgo. Tener un sano respeto mutuo era
más importante para mí. El amor era jodidamente loco. El matrimonio, por otra
parte, era básicamente un arreglo de negocios. Elle facilitó el deseo de seguir
adelante. Era tan dulce y fácil de hablar. Si terminara enamorándome de ella,
entonces me encargaría de eso cuando llegara. Si no lo hacía, al menos nadie
saldría lastimado, y también había algo bueno en eso. Las cosas se estaban
moviendo un poco más rápido de lo que probablemente deberían, pero de
nuevo, nada sobre esta situación era típico.
—Bueno, sé que papá está realmente ansioso porque vengas aquí. Dice
que te pondrá a trabajar antes de que te quites el abrigo.
—En serio, cualquier cosa será mejor que trabajar en los establos. Tal vez no
querrías casarte conmigo si supieras a lo que olía.
—No hay nada que me haga desear no casarme contigo, Sevin
Montgomery.
—¿De verdad? ¿Nada? ¿Y si yo fuera secretamente un asesino en serie?
—¿De animales o seres humanos?
—Humanos.
—Entonces, podría haber un problema. Pero papá es un cazador, y yo lo
amo. Así que los animales estarían bien.
—¿Él caza? ¿De verdad?
—Sí. Probablemente querrá llevarte a alguna parte con él.
Mierda. Que mejor no sea otro requisito de trabajo. Fue entonces cuando
18 realmente asimilé que estaría trabajando para una puta planta de carne, y eso
significaba que trabajaría esencialmente con animales muertos. Tendría que
aguantarlo, pero no había manera de que matara a uno. Guau. Supongo que
tenía algo de moral. Podía mirar a los ojos de otro hombre después de follar a su
esposa, pero disparar a un conejo para el disfrute estaba fuera de cuestión.
Cambié de tema.
—Entonces, dime qué más hay para hacer en Dodge City además de
matar animales.
—Tenemos una sala de cine.
—Hombre, eso suena emocionante. Me estás matando aquí. No puedo
llegar lo suficientemente rápido.
Se rio.
—Honestamente, en realidad no es el lugar más emocionante para vivir.
Si Elle no fuera tan conservadora, podría haber coqueteado con ella y
haberle dicho que podía pensar en una serie de cosas que podríamos hacer para
pasar el tiempo allí juntos. Pero después de tres meses de tantearla, lo sabía
mejor. Tal vez una vez que estuviéramos formalmente comprometidos, probaría
las aguas un poco más. Planeé darle el anillo de compromiso de mi madre poco
después de mi llegada. El diamante de marquesa tenía dos zafiros pequeños a
cada lado. Era una de las joyas que mi padre había escondido en esa caja. No
me lo había dado oficialmente, pero lo tomaría. De todos modos, el anillo era solo
una formalidad. Se comprendía muy bien que mi mudanza significaba que Elle y
yo definitivamente nos casaríamos.
Tragando el impulso de decir algo sugerente, dije:
—Bueno, tienes suerte de que me gustes. No importará lo que hagamos.
—Realmente no puedo esperar para empezar una vida contigo, Sevin.
Sabía que lo decía en serio, aunque no podía entender qué era
exactamente lo que veía en mí. Nuestras conversaciones nunca fueron lo
suficientemente profundas como para que ella conociera al verdadero yo.
Probablemente no querría casarse con ese tipo. Entonces, ¿era atracción física?
Fuera lo que fuese, sabía que era el tipo de chica que sería leal. Me adoraría.
Sería una buena esposa. Sin embargo, había una parte de mí que quería
sacudirla, deseando que solo me dijera un secreto sucio, maldita sea, decirme
que no podía esperar a follarme o simplemente que me mandara a la mierda de
vez en cuando.
—Estaremos bien juntos, Ellebell. Posees tranquilidad. No dejas que nada te
llegue. Necesito a alguien así para equilibrarme. Ha sido un año difícil. He sentido
mucha rabia. Pero conocerte ha sido lo mejor que me pasó en mucho tiempo.
Se quedó en silencio un momento antes de decir:
—Te amo, Sevin.
19 Elle nunca había usado esas palabras antes. Mi corazón comenzó a
golpear porque honestamente no sabía cómo responder.
Cuando no dije nada, continuó:
»Sé que quizás es demasiado pronto para decirlo, y es un poco extraño
porque ni siquiera hemos pasado tiempo juntos físicamente. Pero así es como me
siento. Realmente creo que convertirme en tu esposa es la voluntad de Dios.
Guau. Eso era profundo, pero no podía decirle que la amaba. Aún no lo
sentía. Pero no quería insultarla ni mentirle.
—Esa es una de las mejores cosas que me han dicho. Espero poder estar a
la altura.
Lo intentaría.

Mi último mes en casa en Oklahoma pasó volando. Pasaba el tiempo


despidiéndome de amigos y compañeros de trabajo en los establos y pasando
algún tiempo de calidad con mis hermanitos, lo cual no era típico en mí. También
investigué sobre el infierno de la industria de empacado de carne para no
parecer un idiota total el primer día que entrara en la compañía de Lance.
El último día antes de que tuviera que irme, me aseguré de tomar la
pequeña caja que mi padre guardaba escondida, que contenía las joyas de mi
madre y el esbozo del desnudo que había encontrado hace mucho tiempo.
Estaba empacando la última de mis cosas cuando entró Luke, el mayor de mis
hermanastros.
—Oye amigo.
—No nos olvides, Sevin.
—Lo prometo. No lo haré. Sin embargo, se tienen entre ustedes. Stick estará
contigo como siempre. Solo recuerda que algún día si averiguas que las cosas no
son exactamente como Lillian te enseñó, siempre puedes venir a donde quiera
que esté. Siempre habrá un lugar seguro para ti.
Había una razón por la que decidí decirle eso. Tenía más que una fuerte
idea de que Luke no compartía exactamente mi apreciación de la forma
femenina. Sus gestos y algunas de las preguntas que me hacía me llevaron a
creer que él era gay. Y sabiendo cómo era Lillian, eso me asustaba hasta la
mierda. Había oído la forma en que lanzaba odio hacia los gays, y estudiaba la
expresión de miedo y vergüenza en su rostro cada vez que la oía hablar mal de
ellos. Si solo había una razón para quedarse en este agujero infernal, era para
proteger a Luke de su ira. Una vez me había preguntado por qué los gays iban al
infierno si Dios los hacía así. Fue entonces cuando lo supe. Pero Luke solo tenía
20 trece años y no parecía listo para admitir su sexualidad ante nadie.
Puse mis manos firmemente sobre sus hombros y lo miré directamente a los
ojos.
—Puedes venir a mí por cualquier cosa, ¿de acuerdo? Cualquier cosa.
—Gracias. Lo recordaré. —Me abrazó fuertemente—. Te extrañaré.
—Te echaré de menos también, Luke. Lo siento si siempre he sido un
hermano de mierda. Solo sé que mi actitud no tiene nada que ver contigo. Te
quiero.
Esas tres palabras habían salido muy fácilmente, y eso me sorprendió. Era
la primera vez que usaba ese término para uno de mis hermanos. Se sentía
correcto en ese momento. Cuando vi las lágrimas en los ojos de Luke, solo
confirmó que había tomado la decisión correcta. El pobre niño probablemente
había estado muriendo de hambre por mi afecto durante todos estos años, y yo
había elegido dárselo solo porque estaba saliendo de su vida.
—También te quiero, Sevin.

A la mañana siguiente, rápidamente me fui a poner gasolina en la vieja


camioneta Ford 100 de mi padre, la cual heredé después de su muerte. Recé con
fuerza para que llegara hasta Kansas sin desmoronarse. Tan pronto como
comenzara a ganar algo de dinero real, la primera compra sería un auto nuevo.
Ya había empacado la mayoría de las cajas grandes en la camioneta y
estaba haciendo una inspección final de mi habitación cuando Lillian entró.
—Vine a ver si estabas listo.
—SÍp. Estoy listo para irme. Solo echaré un último vistazo.
—Realmente estoy orgullosa de ti por tomar la decisión correcta. Tu padre
sin duda sonríe desde el cielo de que hayas encontrado a una buena chica
cristiana y que vivirás el tipo de vida que el Señor pretendía para ti.
—Supongo —dije, empacando el último de mis artículos más pequeños y
recuerdos.
—Déjame ayudarte a bajar estos dos últimos contenedores. —Levantó una
de las cajas.
—¡No! No toques eso.
Tan pronto como las palabras salieron de mi boca, supe que había
cometido un gran error. Mantener la calma habría sido el movimiento inteligente.
En lugar de eso, Lillian ahora estaba claramente consciente de que había algo allí
que yo no quería que ella viera.
21 Sus ojos se movieron lentamente hacia los míos con una mirada
sospechosa.
—¿Qué es exactamente lo que estás escondiendo aquí que podría causar
una reacción tan brusca?
—Nada.
—Entonces, ¿no te importará que eche un vistazo?
—En realidad, yo...
Antes de que pudiera decirle algo, abrió la caja.
Mierda.
Colocó la caja sobre la cama y cubrió su boca con una mano, levantando
una de las hojas de papel con la otra.
—¿Qué es esto, Sevin?
—Es exactamente lo que parece.
Examinó la pila.
—Esto está mal. ¿Quién... quiénes son esas mujeres?
—No son reales.
—Se ven reales para mí.
—Gracias.
—Ese no fue un cumplido —gritó.
Una ligera risa nerviosa se me escapó.
—¿Qué quieres que te diga?
—Quiero que expliques por qué tienes todos estos dibujos de mujeres
desnudas en esta caja cuando estás a punto de entrar en un matrimonio con
alguien que es pura e inocente. ¡Esto es vergonzoso!
La miré a los ojos, algo que raramente hacía, y dije honestamente:
—Creo que son hermosos.
—¿Cómo crees que se sentiría tu padre si viera esto?
Rebuscando dentro de la otra caja, encontré el bosquejo que mi padre
había dibujado de mi madre todos esos años. Entonces, me acerqué a Lillian y se
lo entregué.
—Aquí está su respuesta, un regalo de despedida de papá. —Mi voz era
temblorosa—. Pensaste que habías destruido todos sus rastros, ¿verdad? Pero
como puedes ver... aprendí del mejor.
Agarré las dos últimas cajas, dejándola con nada más que un dibujo de
una Rose desnuda mientras salía por la puerta y nunca miré hacia atrás.

22
4

—B
uena chica —dije dando palmadas en el tablero de la vieja
camioneta. Al entrar en el tramo final del largo viaje por la
US-281, le di las gracias a mi afortunada estrella por no
haberse descompuesto.
Fuera de la carretera, continué por un largo y aparentemente interminable
camino de tierra que se suponía conducía al rancho de los Suttons. El área me
recordó a una frontera salvaje saliendo de una vieja película occidental. En
realidad, había leído que el espectáculo Gunsmoke fue filmado en Dodge City.
23 En la cima de todo esto, el escape de mi camioneta decidió empezar a
fallar de vez en cuando. Así que, era fácil imaginar que me encontraba en medio
de un tiroteo. Tal vez, estaba delirando luego de seis horas en mi vehículo.
Después de devorar todos los bocadillos que había traído, estaba sintiendo
hambre. Y estaba excitado.
Estaba tan jodidamente excitado.
No había estado con nadie desde Candace, el día que mi padre murió. Y
sabía que pasarían varios meses antes de que Elle y yo estuviéramos casados. Así
que mi mano y yo tendríamos que estar aún más familiarizados de lo que ya
estábamos. Gracias a Dios que tendría mi propio espacio privado para ocuparme
de esas cosas. La pequeña casa de huéspedes al lado de la residencia de Sutton
sería mi casa temporal hasta que Elle y yo nos mudáramos después de la boda.
Eran cerca de las cinco de la tarde y el sol seguía brillando. Un conjunto de
aerogeneradores blancos fue la primera señal de movimiento después de
kilómetros de conducir por el amplio espacio abierto.
Eventualmente, hubo más señales de vida: el ganado a los lados de la
carretera, un auto ocasional que pasaba, y algunas casas comenzaron a
aparecer escasamente. Agradecido por la luz del día, no me podía imaginar
irrumpiendo aquí en el medio de la noche porque no parecía haber tal cosa
como una torre de teléfono celular por estos lados. No había tenido servicio
desde que salí de la autopista. Fue algo bueno que hubiese escrito las
instrucciones en lugar de depender únicamente de la aplicación GPS en mi
teléfono. Calculé que solo me quedaban unos cuantos kilómetros.
Algo comenzó a acercarse a mí a lo lejos. Al principio, parecía que podría
ser un semental galopando con mechones de pelo negro salvaje soplando al
viento. A medida que se acercaba, me di cuenta de que era una chica en
bicicleta. Desaceleró cuando se acercó a mi camión, y seguí su ejemplo. Nuestros
ojos se encontraron durante unos breves segundos mientras me pasaba en lo que
parecía cámara lenta. Mis ojos se quedaron fijos al espejo retrovisor mientras ella
se alejaba. Cuando mi camioneta de repente falló, pisé los frenos después que
me di cuenta de que ella había chocado en la bicicleta y se había caído en el
camino de tierra.
¡Mierda!
Puse la reversa, retrocedí y salí corriendo para ayudarla.
—¿Estás bien? Déjame ayudarte.
—No, no, no. Estoy bien —dijo mientras se levantaba sin mirarme.
—Por un momento me asustaste. ¿Qué te pasó?
Ella pareció detenerse para recuperar el aliento por un segundo después
de que finalmente me mirara a los ojos. No estaba seguro de lo que significaba.
Enmarcada por los gruesos mechones había un rostro impresionante ahora
cubierto de tierra. Lucía alrededor de mi edad.
Finalmente habló.
24 —Fue tu camión. Cuando falló, me asustó. Sonaba como un tiroteo en el
O.K. Corral2.
—Sí. Lo sé. Es curioso que digas eso. Pensé lo mismo antes. Pero me he
acostumbrado.
—Esa chatarra es un peligro.
—No es una chatarra. En realidad, es un clásico.
—Oh, lo sé. Es un Ford 100 del '56.
—Muy bien. ¿Cómo sabes el año?
—Llevabas el cinturón de seguridad cuando nos cruzamos. El modelo del
año '56 fue el primero en tener cinturón.
—Guau. Impresionante.
—¿Por qué?
—La mayoría de las chicas no saben eso.
—Bueno, no soy la mayoría de las chicas. Y por casualidad sé mucho más
sobre autos que eso.
—No, definitivamente no eres la mayoría de las chicas.

2
El tiroteo en el O.K. Corral fue un reconocido enfrentamiento armado entre forajidos y
funcionarios de la ley ocurrido detrás de un corral de ganado en el pueblo de Tombstone,
Arizona, Estados Unidos, alrededor de las 3:00 PM del miércoles 26 de octubre de 1881.
—¿Estás bromeando?
—No. No todos los días conoces a una chica con la cara sucia que sabe
una cosa o dos sobre autos.
—¿Sucia?
—Deberías verte. Mírate en el espejo.
Bajó la almohadilla y se acercó al camión. Inclinándose sobre el espejo del
conductor para examinar su rostro y se echó a reír.
—No bromeabas.
Me quedé detrás de ella, mirando su reflejo.
—Eres un desastre.
La verdad era que, incluso con la cara sucia, esta chica era tan
increíblemente hermosa que mi corazón palpitaba.
Pasó sus dedos por sus mejillas y luego se enderezó de repente y
accidentalmente me golpeó directamente. No había prestado atención a nada
más que a su rostro en el espejo y me había acercado demasiado.
—Lo siento —dijo ella.
—Fue mi culpa. Déjame... conseguirte algo para limpiarte la cara.
25 Al llegar a la ventanilla abierta de mi asiento delantero, agarré un pedazo
de toalla de papel y lo mojé con un poco de agua de mi botella.
—Aquí.
—Gracias. —Mientras se limpiaba las mejillas, bajó la vista y dijo:
—Oh no.
—¿Qué?
—Hay sangre en mi falda. Creo que me corté la rodilla.
—Déjame ver.
Retrocedió.
—No. No puedo dejarte.
—Oh. Lo siento. Solo estaba tratando de ayudar. No quise decir nada con
eso.
—Sé que no lo hiciste. Es solo que... No se me permite...
Alzando las palmas de las manos, dije:
—Lo entiendo.
Un auto empezó a acercarse. Incliné la cabeza hacia la hierba en el lado
de la carretera.
—Salgamos del camino. Ve allí y revisa tu pierna. Asegúrate de que esté
bien.
Se dirigió a un área cubierta de hierba a varios metros de distancia y
levantó su larga falda de espaldas a mí. Me gritó:
—¿Puedo tener una toalla de papel limpia con un poco de agua?
—Sí... sí, por supuesto. —Busqué a tientas los artículos en mi camioneta,
incapaz de entender por qué estaba de repente en el borde y nervioso. Mojando
la toalla de papel, me acerqué a donde se encontraba sentada en la hierba.
—Gracias. —Tomó la toalla de papel y la metió debajo de la falda para
limpiar la herida.
—¿Estás bien?
—Sí. Es solo un rasguño. Me pondré un poco de antibiótico cuando llegue a
casa más tarde.
Cuando se levantó, hubo un silencio incómodo mientras nos miramos.
Podía sentir que estaba poniéndola nerviosa, pero había algo tácito entre
nosotros que le impedía salir corriendo en esa bicicleta.
De repente, fue como si un interruptor de luz se apagará en su interior.
—Tengo que irme.
—Está bien. —Permanecí congelado en el mismo lugar viendo cómo se
iba.
26 Mientras subía a su bicicleta y empezaba a pedalear, me metí en mi
camioneta e intenté ponerla en marcha. Seguí dándole arranque una y otra vez,
y nada sucedía. Era vergonzoso porque la chica aún escuchaba. Ella había dicho
que era una chatarra, y yo la había defendido. Ahora estaba demostrando que
la camioneta realmente era un pedazo de mierda, clásica o no.
Oí su voz detrás de mí.
—¿Esto ha ocurrido antes?
Regresó.
—No. Siempre logré encenderla.
Caminó hacia el frente del camión. Levanta el capó.
—Iba a hacer eso. No…
—Ábrelo.
No pude evitar reírme de su persistencia.
—Sí, señora.
Era bastante bueno con los autos, pero intencionalmente la dejé hacer
esto, viendo que todo se desarrollaba como un espectáculo.
Pude ver que estaba revisando la bomba de combustible.
—No es la bomba de combustible —dijo.
Me metí las manos en los bolsillos, sorprendido por su conocimiento.
—Bien.
Después de unos minutos, dijo:
—Acabo de revisar las válvulas de mariposa en el carburador. Ese no es el
problema, tampoco.
¿De dónde diablos vino esta chica?
Si era inteligente, revisaría el aparato eléctrico. Decidí probarla.
—¿Qué revisarás después?
—Los cables de enchufe.
Buena niña. Increíble.
Un par de minutos más tarde, se dio la vuelta con grasa en la cara.
—Dos de ellos se soltaron. Debe haber ocurrido por la vibración en la
carretera. Por eso ahora la camioneta no arrancará. Detenerla fue un gran error.
En realidad... estaba pensando que parar la camioneta fue la mejor
decisión que tomé en todo el día.
No pude contener mi sonrisa.
—¿Qué harás ahora?

27 —Reconectarlos.
Observé cada movimiento de sus manos hasta que los cables estuvieron
conectados.
—Todo listo. Debería estar bien para irte. ¿Quieres probarlo?
—Confío en ti. —Era la verdad, aún no quería entrar al auto e irme. En
cambio, me paré—. ¿Dónde aprendiste a hacer todo esto?
—Es un secreto.
Los dos nos apoyamos en el camión.
Se estremeció cuando levanté mi mano a su cara y pasé mi dedo por su
mejilla.
—Tienes un montón de grasa allí —dije.
—Oh gracias.
—Entonces, ¿qué quieres decir con... un secreto?
—Tengo una amiga, Adelaide. Es propietaria de un taller de reparación de
automóviles. En realidad, iba a visitarla cuando te crucé por el camino.
—¿Te enseñó a arreglar los autos?
—Sí. A mis padres... no les gusta que vaya allí. Piensan que voy a visitar a
otro amigo cuando en realidad, voy a ver a Adelaida y pasar el rato con ella y los
otros mecánicos. Me enseñaron todo lo que sé.
—¿Por qué no le gusta a tus padres?
—Es una historia larga.
—Tengo tiempo. Vamos a sentarnos en la hierba.
¿Qué estaba haciendo? Estaba llegando muy tarde a lo de Elle. Pero no
estaba listo para dejar a esta chica. Me fascinó. Ambos nos sentamos, y ella
empezó a abrirse.
—Mis padres simplemente no piensan que Adelaide comparta los mismos
valores que ellos. Y no piensan que arreglar autos sea una profesión adecuada
para una mujer.
—Creo que es fantástica.
—También yo.
—¿Cuántos años tienes?
—Veinte —dijo—. ¿Cuántos años tienes?
—Tenemos la misma edad. Sin embargo, tendré veintiuno en una semana.
—Feliz cumpleaños.
—Gracias. —Agarré una hierba—. Gracias por arreglar mi camión y por
confiar en mí con tu secreto.
—Bueno, nos conocemos desde hace unos cuarenta y cinco minutos,
28 después de todo. —Ambos nos reímos. Su sonrisa iluminó su rostro entero y cuando
se desvaneció, fue como si el sol bajara. Continuó—: Así que, de todos modos, me
siento muy mal por mentir a mis padres, pero siento que están equivocados,
¿sabes?
—Lo que no saben no les hará daño. No estás haciendo daño a nadie
haciendo lo que amas y estando cerca de personas que te hacen feliz.
—Adelaide y sus amigos... son buenas personas.
—No tengo duda. Tus padres no son razonables, como mi madrastra. No
estás haciendo nada malo. No lo creas nunca.
—Eso es lo que trato de decirme a mí misma. Odio guardar secretos.
—Todo el mundo tiene secretos.
—Dime uno de las tuyos. —Sus palabras fueron abruptas y me
sorprendieron con la guardia baja. Sus ojos se encontraron fijos en los míos con
una paciente curiosidad.
Me dirijo a la casa de la chica con la que me voy a casar. Se supone que
estoy empezando una nueva vida ahora mismo, pero lo único que quiero hacer
es quedarme aquí sobre el suelo y hablar contigo hasta que oscurezca. ¿Qué tal
ese secreto?
Definitivamente no podría decirle eso. Y seamos realistas; podríamos tener
un día de campo con las posibles respuestas a su pregunta. Mi vida era una
mezcla de cosas inapropiadas y malas guardadas en secreto.
—Hmm... Dios, ni siquiera sé por dónde empezar. —Me reí y miré hacia el
cielo, pensando largo y tendido acerca de qué decirle—. Bueno. Así que... desde
los trece años, he dibujado estas imágenes.
—¿Imágenes?
—Sí... um... —Vacilé—. Imágenes de mujeres. No desagradables. Son solo
dibujos de la forma femenina.
Su rostro enrojeció.
—¿Están... desnudas?
—Sí. ¿Crees que ahora soy un gran pervertido?
Ella se echó a reír.
—No, no dije eso. Supongo que solo dependerá del contexto.
Durante los siguientes minutos, le conté la historia de encontrar la imagen
de mi madre y cómo empezó lo del dibujo.
—Es más como un arte —dijo.
—Exactamente. Pero todavía tuve que esconderlo porque mi madrastra
me habría echado de la casa o me habrían exorcizado o algo así —bromeé—.
Así que, de todos modos... ¿ves? Todos tenemos secretos.
29 Su reacción me hizo sentir aliviado, como si no estuviera loco. Aun así,
nunca le había contado a nadie sobre mi pasatiempo ni cómo empezó.
—Gracias por compartir eso conmigo.
—Bueno, me haces querer compartir cosas contigo por alguna razón. No lo
sé. Pareces... familiar para mí o algo así. No estoy acostumbrado a esto.
—Sí. Yo tampoco. En realidad, ni siquiera se me permite hablar con chicos
a menos que sea previamente aprobado.
—Bueno, no le diré a nadie si no quieres.
—Está bien. —La sonrisa en su rostro era tan hermosa que dolía. Cuando la
luz del sol atrapó las manchas de oro en el marrón de sus ojos, tuve que mirar
hacia otro lado para orientarme.
Ni siquiera le he preguntado su nombre. ¿Pero cuál es el punto?
Necesitaba irme.
Solo quiero saber su nombre.
Entonces, me voy.
—Conocemos los secretos del otro, pero ni siquiera hemos intercambiado
nombres. ¿Cuál es el tuyo?
Ella dudó y dijo:
—Sienna.
—¿Sienna? Es lindo.
—Gracias. ¿Cuál es el tuyo?
—Sevin.
El color pareció drenarse de su rostro.
—¿Qué dijiste?
—Sevin. Lo sé. Es como el número, pero se escribe como Kevin con S. Mi
madre era poco convencional, y ella tenía el nombre elegido antes de que yo
naciera. Yo…
Sienna de repente se levantó y enderezó su falda.
—Tengo que irme.
¿Qué?
—¿Dije algo malo?
—No. No no. Acabo de darme cuenta de que se está haciendo muy tarde.
Tengo que irme antes de que oscurezca demasiado para volver a casa.
—Muy bien, bueno, fue…
Ni siquiera me dejó terminar. Mi corazón palpitaba mientras corría hacia su
bicicleta.
Grité:
30
—¡Sienna... espera!
Saludó frenéticamente y se fue como un murciélago del infierno.
—¡Adiós!
No sabía por qué era tan difícil dejar ir a esta chica. No tenía sentido. Pero
claramente, algo la asustó. Me quedé aturdido, observando su cabello largo y
negro agitado en el viento hasta que desapareció.
Mientras continué mi avance por el camino de tierra, me preguntaba si mi
mente cansada la había imaginado.
5

A
l final de la carrera de dos kilómetros, mi garganta se sentía cruda al
jadear por aire. Consumida por la conmoción y la humillación, había
llorado todo el camino hasta lo de Adelaide con lágrimas
derramándose por mi rostro.
Cerrando la puerta detrás de mí, me pareció imposible recuperar el
aliento.
31 —Oh Dios mío, Vangie. ¿Qué diablos te ha pasado? —Adelaide había
estado cocinando su famosa sopa de cerveza y lentejas en la estufa y dejó caer
la cuchara sobre la encimera para correr hacia mí.
Sacudí la cabeza repetidas veces, incapaz de dejar de llorar el tiempo
suficiente para formar palabras.
—¿Alguien te hizo daño?
Me limpié la nariz en la manga y grité:
—No.
—Ven acá.
En los brazos de Adelaida, me permití derramar las lágrimas que me
quedaban hasta que pude volver a encontrar mi voz. Como siempre, olía como
una mezcla de aceite de motor y pachulí.
—Siéntate. Te voy a preparar un té caliente, y me vas a contar todo. ¿Bien?
Todo.
Adelaide me entregó la cálida taza de jazmín y tomé un sorbo. Cuando
finalmente me tranquilicé, dije:
—Ni siquiera sé por dónde empezar.
—Tomate tu tiempo.
—Estaba de camino aquí. Habría llegado aquí hace una hora y media,
pero me encontré con este chico en el camino.
Frunció el ceño.
—¿Chico?
—Sí.
—Bien…
—Me caí de la bicicleta, y salió a ayudarme. En el segundo en el que posé
mis ojos en él... era solo… hubo algo. Era tan guapo. Pero era más que eso. Pero
Dios, él era... me conoces... No encuentro a nadie atractivo.
—Lo sé. Rara vez mencionas al sexo opuesto. Estaba empezando a
preguntarme si eras una de mi clase. Solo estoy bromeando, Vangie, pero ya
sabes a qué me refiero.
—Sí. Lo sé. Definitivamente era lindo, alto, cabello negro, ojos grandes y
grandes, grandes manos masculinas. Pero mira... no era solo su apariencia. Era
más la forma en que me miraba, como si me viera por dentro o algo así. Había
una conexión. Era indescriptible. Fue solo esto...
—Química. —Adelaide asintió en comprensión.
—Sí.
—A veces no se puede explicar la química. Solo está allí desde el principio.
Sigue hablando. Voy a ir a revolver la sopa —dijo, caminando hacia la estufa.
32 —Sí. Eso es lo que sentí, solo esta carga o energía invisible en el aire. De
todos modos... al principio, no sabía cómo manejar lo que estaba sintiendo.
Simplemente me asusté y me fui en mi bicicleta. Pero podía oír detrás de mí que
su camión no arrancaba, así que me di la vuelta para ayudar. Habrías estado tan
orgullosa de mí. ¡Descubrí qué era lo que no funcionaba!
—Sinvergüenza. ¿De verdad?
—¿Era uno de esos Ford 100 viejos con un motor plano V-8? Se soltaron dos
cables de la cabeza del enchufe, así que los volví a conectar.
—Esa es mi chica. Estoy orgullosa de ti, cariño.
—Gracias. De todos modos... después de eso... hablamos un rato, nos
metimos en cosas personales, pero ni siquiera habíamos intercambiado nombres.
Finalmente me pidió el mío, y le dije que era Sienna.
—¿Sienna? Ahora, ¿por qué harías eso?
—Sabes que nunca me ha gustado mi nombre, Addy. Solo quería algo
bonito. Y honestamente supuse que nunca volvería a verlo.
—Nunca entendí por qué te sientes así por tu nombre. De todos modos...
continúa.
—También me dijo su nombre.
—¿Cuál era?
Tragué con fuerza, cerré los ojos y dije la palabra como si fuera dolorosa:
—Era Sevin.
—Sevin... —Adelaide se cubrió la boca cuando lo descubrió—. ¿Sevin? ¿El
Sevin? ¿El tipo que viene aquí a cortejar a Elle? ¿El tipo que se está mudando a la
propiedad de tu familia? ¿Ese tipo? Oh no.
—Oh sí.
—Oh, mierda.
—Lo sé. —Enterré la cabeza en mis manos y hablé a través de ellas, mi voz
amortiguada—: ¡Lo sé! Estoy mortificada.
—Eso fue mala suerte y sincronización. ¿Nunca habías visto una foto suya?
—No. Elle nunca me mostró una foto real. Lo describió, pero no se parecía
a cómo lo imaginé. Lo hizo lucir como un santo. Pero el tipo que conocí era un
poco más áspero. Era casi como si tal vez ella lo hubiera retratado como le
gustaría que fuera. Quiero decir, hablan por teléfono todos los días, y ella está
loca por él, pero él no es nada a como lo imaginaba. No es tan correcto, vamos
a ponerlo de esa manera. Ese aura lo rodeaba.
—¿Le dijiste quién eras?
—No. ¡Todavía no tiene ni idea! Ese es el problema. Tan pronto como él dijo
que su nombre era Sevin y lo deduje, me levanté y dije que tenía que irme. Vine
directamente aquí. No esperaba que se mudara antes de esto, pero ¿puedes
33 imaginar cómo me siento ahora? ¡No puedo volver allí! No puedo enfrentarme a
él.
—Tienes que hacerlo.
—Lo sé. —Bajé la mirada hacia mi té por un tiempo y luego dije—: Me tocó
el rostro.
—¿Qué?
—Tenía grasa. Fue inocente. La quitó con el dedo. Pero cuando me tocó,
fue como si lo hubiera sentido en todo mi cuerpo. Un simple toque. Me siento tan
avergonzada.
—No lo estés. Esa es una reacción natural a la atracción física.
—Pero no puedo sentirme físicamente atraída por el futuro marido de mi
hermana.
—No lo sabías, Vangie. Fue un error inocente.
—Lo sé, pero ¿cómo voy a deshacerlo ahora?
—Tal vez no puedas. Solo tienes que ser fuerte, aceptar esto como una de
las extravagantes coincidencias de la vida y primero enfrentarte a él.
—Estoy tan atrapada en mi propio maldito problema, que ni siquiera te
pregunté cómo se encuentra Lorraine.
—Oh, cariño, no te sientas mal por eso. Sin embargo, tuvo un día muy malo.
Los medicamentos la están enfermando. Pero gracias por preguntar.
—Hazme saber si hay algo que pueda hacer, ¿de acuerdo? Tal vez
recoger algo más de la tienda para que puedas estar con ella más tiempo
durante el día.
—Lo aprecio, pero Marty y Jermaine están haciendo un buen trabajo. Te
avisaré si las cosas cambian. Esta noche, sin embargo, necesitas ir a casa y hacer
frente a la música antes de que oscurezca demasiado para regresar. Sabes que
me preocupo cuando andas en esa bicicleta por la noche.
—Bueno. No tengo ni idea de lo que voy a decir o hacer.
—No lo pienses demasiado. Solo Lidia con cada momento a medida que
llegue. Estaré aquí mañana si necesitas hablar de nuevo. Y te guardaré sopa para
el almuerzo.
—Gracias, Addy. No sé qué haría sin ti.
—No tendrás que averiguarlo nunca.
Monté hacia nuestra casa como si estuviera en una carrera contra el
tiempo con el atardecer. Cuando pasé por el mismo montículo cubierto de
hierba donde Sevin y yo nos sentamos, sentí culpa. No fue por lo que pasó. Me
sentía culpable porque sabía que incluso si me diera la opción de regresar y
borrar nuestro momento en el tiempo, no habría cambiado nada.

34
6

C
uando entré en el rancho Sutton, Lance, su esposa, Olga, y Elle
estaban esperándome en el porche del granjero. El sol emitía un
resplandor naranja brillante alrededor de su enorme casa que se
asentaba en una colina. Algunos caballos de pastoreo estaban dispersos. Era
difícil creer que esta vasta propiedad ahora fuera mi hogar.
Elle lucía hermosa con un largo vestido blanco con flores multicolores.
Estaba radiante mientras corría por los escalones de la entrada hacia mí. Parecía
35 extraño no ser capaz de abrazarla después de todo este tiempo. Las reglas de
Lance habían quedado muy claras: Elle y yo no podíamos tener contacto físico
cercano hasta que estuviéramos casados. A pesar de que no estábamos
comprometidos de manera oficial, sin embargo, tomarse de las manos estaba
permitido cuando teníamos compañía.
Elle me extendió las dos manos y temblaron un poco.
—¡Lo hiciste!
—¿Estás nerviosa o algo? —pregunté.
—Un poco. Estoy muy emocionada de finalmente tenerte aquí. Espero que
te guste.
—Estoy feliz de estar aquí... Ellebell. No hay nada por lo que deberías
sentirte nerviosa.
Lance se acercó detrás de ella, haciéndome instintivamente soltar sus
manos.
—¿Cómo estuvo el viaje, hijo?
—Largo, pero sin incidentes.
Vaya, solo tomó dos minutos hasta mi primera mentira.
—Me alegro de oírlo —dijo.
Olga se acercó y me dio su mano.
—El famoso Sevin Montgomery. Es maravilloso conocerte. Siento que ya te
conozco con lo mucho que Elle habla de ti.
—Igualmente, señora.
—Por favor, llámame Olga.
Asentí educadamente.
—De acuerdo.
Olga no perdió tiempo dirigiéndose a la parte trasera de mi camioneta.
—Vamos a ayudar a mover estas cosas a la casa de huéspedes.
Elle y yo nos miramos y sonreímos.
Una chica más joven corrió a unirse a nosotros.
—¡Número siete! —Parecía como una pequeña versión de Elle con colas
de cerdo. Elle era la mediana de tres hijas. Había mencionado que una de sus
hermanas era un año mayor, mientras que la otra era mucho más joven, unos
once.
—Tú debes ser Emily.
—¿Cómo supiste?
—Lo supuse. Encantado de conocerte.
36
—Igual. —Emily miró a su padre—. ¿Dónde está Evangeline? Ella debería
estar aquí para conocer a Seven Heaven, también.
—Evangeline está haciendo lo que sea que Evangeline hace —respondió
Olga mientras sacaba una de mis maletas más pequeñas de la camioneta—. Sin
embargo, será mejor que vuelva a casa pronto.
Una vez que habíamos trasladado todas mis cosas a la casa de huéspedes,
Lance y Olga se marcharon para volver a la residencia principal, pero le pidieron
a Emily que se quedara con Elle y conmigo. Ese era el protocolo. Elle y yo
podríamos estar juntos mientras hubiera alguien más con nosotros.
—Echa un vistazo a la casa. ¿Te gusta?
—Es acogedor, pero hay mucho más espacio del que he tenido en mi vida.
La casa de huéspedes era pequeña pero perfecta para una persona.
Había una pequeña cocina, una sala con chimenea y un dormitorio con un
pequeño baño adyacente. Con madera oscura y decoración a cuadros, la casa
tenía una sensación de cabaña de madera rústica. Ya se sentía más como un
hogar que la de Lillian; eso era seguro. Más que nada, estaba agradecido de
tener mi propio espacio.
Emily estaba leyendo en el sofá mientras Elle me seguía hacia el dormitorio
donde empecé a colgar algunas de mis ropas.
Mirando por la ventana, noté que estaba oscureciendo y no podía evitar
pensar en Sienna, esperando que llegara con seguridad a dondequiera que se
dirigía.
—¿Qué sigue en la agenda esta noche? —pregunté.
—Cena en casa en media hora.
—Suena bien. Supongo que debo cambiarme esta andrajosa camiseta,
¿eh?
Elle se quedó aturdida cuando de repente levanté mi camiseta por
encima de mi cabeza para ponerme una camisa. No había estado pensando y
olvidé que desvestirse delante de ella estaba en contra de las reglas. Giró su
cabeza hacia un lado para alejar su mirada de mi pecho desnudo, haciéndome
reír interiormente.
—Puedes voltearte ahora.
Sus mejillas se sonrojaron.
—Debes trabajar mucho.
—Hago una buena cantidad de ejercicio trabajando en los establos.
Levanto algunas pesas y hago estiramientos en mi habitación cuando regreso a
casa, también, pero me gusta mucho correr. Eso me ayuda a liberar tensión.
—Mi hermana también corre. Parece que yo no puedo hacerlo por mucho
tiempo sin tener que parar.
—Bueno, podemos hacerlo juntos, empezar despacio si quieres.
37 —Me gustaría eso. Sin embargo, harán que Evangeline venga con nosotros.
¿Lo sabes, cierto?
—Lo que sea. No será así para siempre. Siempre y cuando podamos pasar
tiempo juntos.
—Cierto. —Sonrió—. Oye... ¿cómo tomaron tus hermanos tu partida?
—Estaban muy desanimados cuando me fui.
—¿Y tu madrastra?
—Lillian estaba realmente devastada.
—¿Lo estaba?
Elle sabía que Lillian y yo no nos llevábamos bien. Me sorprendió que no
percibiera mi sarcasmo.
—No porque estuviera yéndome. Es una larga historia. —Una que no pienso
que Elle apreciaría.
—Te hice un pequeño regalo de bienvenida. Vamos a ver. Está en el sofá.
Levantando una manta, la abrió para mostrarme lo que había bordado en
ella. Era una S y una E.
Sonreí.
—Nuestras iniciales.
—Sí... he diseñado este logo que podríamos usar para la boda. Aprendí a
bordarlo en la manta. ¿Te gusta? El reverso dice Montgomery.
—Lindo. Es realmente lindo. Gracias. Me mantendrá caliente por la noche.
—Bueno... hasta que estemos casados. Entonces, puedo ser yo quien haga
eso. —Se mordió el labio y rio.
Esa fue la cosa más sugerente que Elle me había dicho. Fue bueno verla
aflojarse un poco.
Antes de que pudiera responder, Emily cerró su libro y dijo:
—Caray. Tengo hambre. ¿Podemos regresar a la casa ahora?
Pobre niña, tener que cuidar a dos adultos.
—¿Por qué no van ustedes damas, a ayudar a su madre? Dejaré mis
últimas cosas y las encontraré en la casa en unos diez minutos.
Cuando Elle y Emily se fueron, me retiré a mi habitación, cerré la puerta y
solté un suspiro de alivio. Todavía estaba tenso desde esta tarde, incapaz de
apartar de mi mente lo que pasó con Sienna. Necesitaba hacer algo para
relajarme antes de tener que sentarme y atravesar mi primera cena con los
Suttons. Agarré una loción del baño y me recosté en mi nueva cama.
Desabrochándome los pantalones, sabía que no iba a llevarme mucho tiempo
terminar. Después de echar un chorro de crema blanca en mi palma, agarré mi
38 eje, sorprendido de lo rápido que me había puesto duro mientras bombeaba en
mi mano. Cerrando mis ojos con fuerza, traté de imaginar el pequeño cuerpo de
Elle desnudo, lo que se sentiría estar con ella. Quería visualizarlo
desesperadamente. Todo lo que pude ver fue la curva del culo de Sienna a
través de su larga falda, su desordenado cabello negro, sus labios hinchados
envueltos alrededor de mi polla. La imagen era clara como el día y abrumaba
todos los demás intentos de mi débil mente de imaginar cualquier otra cosa. Me
sentía culpable, pero no lo suficiente para detenerme.
A mitad de camino, decidí dejar de combatir los pensamientos. Para sacar
a la misteriosa chica de mi sistema, me permití a mí mismo pensar en ella solo esta
vez, mientras ella todavía estaba fresca en mi mente. A medida que pasaran los
días, su imagen se desvanecería lentamente de mi memoria de todos modos. Por
lo tanto, esta sería la primera y última vez. Ahora, mi imaginación la tenía
completamente desnuda y me montaba en la parte de atrás de mi camioneta
mientras la embestía con toda mi fuerza. Mi mano se convirtió en su mojado coño
envuelto alrededor de mi polla. Las lágrimas casi saltaron a mis ojos cuando me
vine tan duro en mi mano. Mierda. Se sentía tan bien solo dejarlo ir.
El orgasmo me había noqueado, y todo lo que quería hacer era dormir.
Decidiendo tomar una ducha para despertarme, lavé mis impurezas y reafirmé mi
postura para no dejar que eso sucediera de nuevo.
—Espero que te guste el pollo y las bolas de masa cocida para servir con
guiso —dijo Olga mientras entraba en su espaciosa cocina.
—Eso suena asombroso. Estoy muriendo de hambre.
—Bueno, una cosa que no te dejaremos hacer por aquí es morir de hambre
—¿Puedo ayudar con algo?
—No. —Olga sonrió mientras sacaba una bandeja del horno—. Se ocupan
las damas. Solo siéntate y relájate. Tuviste un largo viaje.
Elle se dio cuenta de mi cabello mojado.
—¿Te has duchado?
—Sí. Estuve en la camioneta por tanto tiempo. No quería molestarte en mi
primera noche aquí.
—Elle se ha llevado bien contigo. No creo que eso sea posible.
—¡Mamá! —gimió Elle, poniendo los ojos en blanco y pareciendo
avergonzada.
Una cosa era segura: todos ellos me hacían sentir muy cómodo y querido
aquí. No era algo a lo que estuviera acostumbrado.
39 —¿Cuál es tu comida favorita en todo el mundo, Sevin? —preguntó Olga.
—¿Quieres decir, además de pollo y bolas de masa cocida? —bromeé.
—Sí.
—Probablemente un bistec con ajo y puré de papas.
—¿Oyes eso, Elle? Tendrás que aprender a hacerlo.
Después de ayudarles a poner la mesa en el comedor, estábamos casi
listos para sentarnos a cenar cuando la puerta se cerró de golpe. Lance corrió por
el pasillo y lo oí gritar.
—¡Tienes el valor de volver a casa tan tarde, Evangeline! Podrías haber
ayudado a tu madre y a Elle con la cena, ya sabes.
—Lo siento, papá. Por favor, no grites. No esta noche. Tuve un accidente.
No fue intencional.
—Nos preocupa que te vayas a matar con esa bicicleta en la oscuridad.
Bueno, ven aquí ahora y conoce al novio de tu hermana.
—Solo necesito usar el baño. Estaré ahí.
Elle, Emily y yo ya estábamos sentados cuando Lance entró y tomó su lugar
en la cabecera de la mesa. Cuando Olga se sentó, Lance dijo:
—Sevin, ¿quieres dirigir la oración?
—Sí, señor. —Cerré los ojos y tomé la mano de Elle—. Querido Señor, Padre
Celestial, te damos gracias por este alimento. Alimenta nuestras almas del pan de
la vida y ayúdanos a hacer nuestra parte en palabras amables y obras amorosas.
Te pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
—Amén —dijeron todos al unísono.
Cuando abrí los ojos, por un segundo rápido, pensé seriamente que estaba
alucinando. Esa era la única explicación posible, porque antes de que los hubiera
cerrado, ella no estaba allí. Ahora, estaba de pie delante de mí, luciendo
exactamente de la forma en que la había dejado, agotada, desaliñada y más
bella si eso era posible. Parpadeé. Ella seguía allí. Parpadeé de nuevo.
¿Qué mierda estaba pasando?
Mi corazón palpitó fuera de mi pecho cuando silenciosamente articulé
“¿Sienna?”
Ella rápidamente negó frenéticamente, un mensaje silencioso para que no
dijera más nada.
Lance fue el primero en hablar.
—Sevin, esta es nuestra otra hija, Evangeline. Lamento que llegue tarde.
Su mano tembló cuando me la extendió.
—Un placer conocerte.
—Evangeline. —Resultó más como una pregunta. Le tomé la mano y la
40 apreté en un intento de comunicar mi enojo y confusión, un silencioso ¿qué
mierda? Ni siquiera estaba seguro de si estaba enojado con ella o con la vida de
la broma enferma que me estaba jugando ahora mismo.
—¿Por qué llegas tan tarde? —le preguntó Elle.
Incapaz de mirarla más, miré fijamente mi plato.
—Un amigo necesitaba ayuda. —Escuché que dijo Evangeline.
Mi pecho se apretó. Evangeline. No había ninguna Sienna. Todavía estaba
procesando todo, tratando de averiguar por qué siquiera mintió sobre su nombre.
Al principio, me preguntaba si tal vez lo hizo porque sabía quién era yo. Pero eso
no tenía sentido porque se asustó cuando le dije que mi nombre era Sevin.
Emily estaba hablando con Lance sobre algo de la historia americana que
aprendió en clase. Elle y su madre estaban discutiendo una receta. Los sonidos de
sus conversaciones, y el ruido de los cubiertos se mezclaron. Lo que fue más
ensordecedor, sin embargo, era lo que no se decía. En un momento, la miré a
través de la mesa frente a mí, e hicimos contacto visual antes de que ella bajara
la mirada avergonzada.
La cena pasó en un borrón. Logrando obligarme a comer el pollo y las
bolas de masa hervida, no fui capaz de digerir la tarta de merengue de limón de
postre. La trituré de modo que pareciera que había comido.
Incapaz de tomar más de esto, necesitaba procesarlo solo. Mi silla patinó
contra el piso de madera mientras me levantaba.
—Creo que será mejor que me vaya temprano esta noche. Mañana es mi
primer día en la planta, y quiero estar alerta.
—Espero poder mostrarte todo, Sevin —dijo Lance.
—Muchas gracias por la cena.
Elle se puso de pie.
—¿Puedo acompañarlo a la casa de huéspedes?
—Claro, cariño —dijo Olga—. Evangeline, ve con ellos.
Ella había estado mirando hacia abajo y levantó su cabeza.
—¿Disculpa?
—Por favor, acompaña a Elle y a Sevin a la casa de huéspedes.
—Realmente no me siento bien. ¿Puede ir Emily?
—No. Has sido muy grosera esta noche. Creo que necesitas ir y disculparte
por tu comportamiento mientras los acompañas.
Lució humillada, y mi corazón se apretó. Se levantó a regañadientes y nos
siguió por la puerta. Elle tomó mi mano mientras Evangeline caminaba
tranquilamente junto a nosotros.
Elle se volvió hacia su hermana.
41
—¿Le pasó algo a Lorraine? ¿Por eso estás actuando así?
—No. No lo está haciendo bien, pero nada ha cambiado.
—¿Entonces qué es?
—No es nada, ¿de acuerdo? Por favor, déjalo estar. Lo prometo, nada está
mal.
Sintiéndome obligado a rescatarla de una inquisición, le dije:
—A la gente se le permite tener días malos, Elle.
Evangeline me miró por primera vez desde que comenzamos a caminar, y
nuestros ojos se encontraron brevemente. Su expresión se suavizó como si me
diera las gracias por disuadir cualquier curiosidad.
Llegamos a mi puerta, e intencionalmente no las invite a entrar porque el
paseo en sí ya era demasiada tensión para una noche.
—Gracias por acompañarme. Lo aprecio.
Elle seguía sosteniendo mi mano y la balanceaba juguetonamente.
—Nos vemos en la mañana para el desayuno.
—Bien. Buenas noches. —Me quedé en mi puerta viéndolas alejarse. Elle
corrió delante de ella, y Evangeline me sorprendió cuando se giró brevemente
para encontrarse con mi mirada fijamen.
Adiós, Sienna.
7

H
abían pasado tres días y había logrado evitar casi completamente a
Sevin con la excepción de la hora de la cena. Era como un deporte,
esquivar a Sevin, en lugar de quemados o algo así.
Afortunadamente, Papá lo tenía entrenando una buena parte del día.
Normalmente no regresaban de la planta hasta después de las siete y media de
la noche. La parte más difícil, sin embargo, había sido tratar de actuar normal
alrededor de Elle. Durante los últimos meses, había escuchado atentamente
42 mientras se jactaba ante mí por el hombre que la cortejaba. Había compartido su
entusiasmo y participado en interminables conversaciones sobre la boda.
Elle y yo trabajabamos arriba en las oficinas de Sutton Provisions. Aunque
normalmente me escapaba a lo de Adelaide después del trabajo, Elle a menudo
montaba su caballo, Magdalena, en las tardes. Pero estábamos juntas casi todo
el día hasta que nuestros turnos terminaban a las tres y media. Tener que
mantener la misma actitud ahora era difícil. Aún más difícil era averiguar por qué
esto estaba resultando tan difícil. Nada había sucedido realmente entre Sevin y
yo. Mi atracción por él era mi propio problema. En realidad, tuvimos una
conversación interesante después de que lo ayudara con su auto. Ninguno
conocía la identidad del otro en ese momento. Todo fue un inocente gran
malentendido. Entonces, ¿por qué me sentía tan culpable?
Era tarde. Elle había ido con papá a recoger a la tía de mamá, Imogene,
quién se quedaría con nosotros temporalmente después de ser expulsada de su
apartamento a una hora de distancia.
Me encontraba en la cocina cuando mi madre salió de la lavandería
adyacente con algunas toallas recién lavadas.
—Cariño, necesito que lleves estas a dónde Sevin. Aquí está la llave si él no
se encuentra allí.
Abrí la boca en un intento de encontrar una excusa, pero honestamente,
tendría que enfrentarlo en algún momento. Cuanto antes terminara esta
incómoda fase, mejor. Tomando una respiración profunda, agarré las toallas y me
dirigí a través del campo abierto a la casa de huéspedes, esperando
secretamente que no estuviera allí.
La puerta principal crujió mientras la abría lentamente.
—¿Hola?
No hubo respuesta. No estaba en casa. Mi ritmo cardíaco se desaceleró
inmediatamente. Insegura de dónde poner las toallas, me dirigí a través del
dormitorio al pequeño cuarto de baño. No había espacio en el gabinete debajo
del fregadero, así que terminé colocándolos en el estante en la parte superior del
armario en su habitación. El olor de su colonia silvestre estaba por todas partes.
De inmediato me llevó de nuevo a nuestro primer encuentro en la carretera
cuando el viento sopló en mi dirección. Tomé la manga de una de sus camisas
colgadas y la inhalé bien y lentamente, cerrando mis ojos para saborear el olor.
—¿Cómo huelo?
Salté.
Sevin se quitó los auriculares. Estaba sin camisa. El sudor goteaba por su
pecho desnudo, bajando lentamente hacia la V tallada de su abdomen. Su
respiración era irregular.
Querido Señor.
Su cuerpo estaba tan definido que parecía casi obsceno mirarlo. Pero no
43 podía apartar la vista.
Apenas logré articular palabra, dije:
—No te escuché entrar.
—Salí por una carrera rápida. Dejaste la puerta abierta.
—Lo siento... solo estaba... Te traje unas toallas. No sé por qué estaba olie...
—Está bien, Evangeline. —Sus ojos eran intensos—. No me importa si hueles
mi maldita camisa. Huele todas ellas si significa que dejarás de fingir que no existo.
—Oler tu camisa no está bien. Fue raro y...
—Eres un poco rara, pero es lo que me gusta de ti.
—Cielos, gracias. —Sonreí.
—Estaba empezando a pensar que nunca volvería a ver esa sonrisa de
nuevo. Me alegra que estés aquí.
—Te he estado evitando.
—¿De verdad? No me había dado cuenta. Solo pensé que tenías una muy
mala incontinencia durante la cena. —Agarró una toalla para limpiar su rostro y
luego la frotó sobre su pecho. Bajé la mirada al piso para no seguir mirándolo
fijamente cuando preguntó—: ¿Te quedarás unos minutos?
—No. Realmente no debería estar aquí. —Caminé más allá de él hacia la
puerta de su habitación.
Su voz me detuvo en seco.
—¿Crees que eres la única que está asustada? Después de que te fuiste en
tu bicicleta ese día, fue imposible sacarte de mi cabeza, aunque estaba seguro
de que nunca te vería de nuevo. Entonces, pensé que te estaba imaginando
cuando entraste en el comedor esa primera noche. Pero, por supuesto, tú ya
sabías lo que estaba pasando.
Me giré para mirarlo de nuevo.
—No quería volver a casa. Estaba tan avergonzada.
—¿Por qué huiste cuando supiste quién era? Podrías haberme dicho la
verdad. Pudiste decirme algo. Pensé que habíamos establecido eso en la primera
hora que nos conocimos.
Cuando me reí, la tensa mirada en su rostro pareció suavizarse.
—Sinceramente, no sé por qué corrí. Fue una sorpresa.
Sevin caminó lentamente hacia mí, su pecho bronceado aún brillando.
Podía sentir el calor de su cuerpo, aunque no me estaba tocando.
—No hicimos nada malo.
—Lo sé —dije defensivamente.
—¿Por qué me dijiste que tu nombre era Sienna?
44
—¿Honestamente? Simplemente no me gusta mi nombre.
—Evangeline es un nombre hermoso. Te queda.
—Bueno, tal vez simplemente no me gustaba mucho entonces.
—Me encanta tu nombre. No deberías mentir sobre eso.
—Gracias.
Miró hacia el techo y luego hacia mí.
—Vamos a intentarlo de nuevo.
—¿Qué?
—Hola, soy Sevin —dijo, extendiendo su mano.
La tomé.
—Evangeline.
—Hola, Evangeline.
—Hola.
Todavía sostuvimos nuestras manos. La sensación de su firme agarre emitía
lo que se sentía como ondas de energía y deseo a través del núcleo de mi
cuerpo.
¿Por qué ese hola se sentía como un adiós? Adiós a la ilusión del hombre
que conocí y hola a la realidad de lo que nuestra relación tendría que ser ahora.
—Nos vamos a ver todos los días. Voy a ser parte de tu familia. Así que
tenemos que acostumbrarnos a esto, Evangeline.
Solté su mano, sintiéndome enferma al pensarlo.
—Lo intentaré, ¿de acuerdo?
—¿Dejarás de pretender estar mirándote a ti misma en el reflejo de tu plato
en la mesa?
—Sí.
—¿Dejarás de fingir que tienes que ir al baño cada cinco minutos?
—Sí.
—¿Y dejarás de correr por el otro lado, tropezando con la gente, cuando
me veas en la planta?
—Tal vez.
—Bien... porque lo odio.
Asentí y miré mi reloj.
—Será mejor que vuelva.
—Está bien. Te veré más tarde —dijo sin apartarse de su sitio mientras me
miraba caminar hacia la puerta.
45
Fue difícil no mirar su pecho una última vez antes de darme la vuelta. Si
antes pensaba que tenía un problema para detener mis pensamientos lujuriosos
sobre él, sería casi imposible ahora.

La cena esa noche se convirtió en una experiencia interesante por


múltiples razones.
Había estado preparando una ensalada en la cocina mientras mamá
sacaba una bandeja de kielbasa3 y patatas del horno. Elle y papá no habían
vuelto aún de recoger a tía Imogene. Debían regresar en cualquier momento.
Sevin entró en la cocina.
—Hola, Evangeline... Olga.
Se había duchado después de su carrera. Tenía el cabello mojado y
llevaba un jersey de color marrón. Su fragancia característica superaba el olor de
la comida. Sevin de repente era todo lo que podía oler. Fue vertiginoso.
—¿Por favor, me dejaría ayudar con algo, Olga? —preguntó.

3
Kielbasa: Es un salchichón polaco o longaniza.
—Puedes ayudar a Evangeline a poner la mesa si insistes.
—Lo hago. Gracias.
Me siguió en silencio al comedor, llevando los cubiertos. La tensión en el
aire era espesa mientras caminaba detrás de mí alrededor de la mesa ovalada,
colocando cubiertos después de cada plato que había puesto. Era como un
extraño juego de sillas musicales donde el silencio incómodo sustituía a la música.
Los vellos de mi espalda se erizaron. No estábamos diciendo nada, pero era
como si yo pudiera sentir el peso de mil palabras junto con el calor de su cuerpo
tan cerca detrás de mí.
Cuando me di cuenta de que había puesto un tenedor donde se suponía
que iba la cuchara, lo cambié.
—En realidad, los tenedores van de este lado. —Mi mano temblaba. No
podía creer el poco control que tenía sobre mí.
Al notar mis nervios, de repente colocó su mano sobre la mía y susurró:
—Detente.
Escalofríos recorrieron mi cuerpo. Mi corazón empezó a latir más rápido.
Mis pezones se endurecieron. Odiaba mi cuerpo por responderle con igual
cantidad de miedo y lujuria.
Me volví hacia él, su mano todavía sobre mis nudillos. Sentí que no podía
46 respirar mientras solo me miraba.
Los pasos de mi madre hicieron que Sevin moviera su mano de la mía a la
velocidad de un rayo.
Mamá entró, y seguimos poniendo la mesa como si nuestro momento
robado no hubiera ocurrido.
—Así que, mientras estamos esperando a papá y Elle, pensé en tomar el
tiempo para explicar un poco sobre la hermana de mi madre, Imogene.
Me aclaré la garganta.
—De acuerdo…
—La conociste hace mucho tiempo, Evangeline. Ella estaba bien en ese
entonces. La razón por la que va a vivir con nosotros es porque su mente se ha ido
un poco. No tiene hijos, así que soy su pariente más cercano.
—¿Es como demencia? —preguntó Sevin.
—No completamente. Debo aclarar, Imogene no ha perdido realmente su
mente tanto como su filtro en los últimos años. Tuvo un accidente de auto hace
unos años y no ha sido la misma de siempre. Dice y hace algunas cosas
inapropiadas, a veces cosas muy pecaminosas. Tengo que creer que el Señor la
perdonará porque no está bien. Tienes que aprender a ignorar lo que dice o
hace. Solo quería advertirte mientras tuviera la oportunidad.
Unos cinco minutos después, la puerta principal se abrió.
Mi madre juntó sus manos y esbozó una falsa sonrisa.
—¡Imogene! —dijo cariñosamente mientras saludaba a su anciana tía.
Imogene tenía cabello largo y blanco que mantenía atado en una sola
trenza. Tenía bastantes arrugas en el rostro, haciendo que sus sorprendentes ojos
azules se destacaran aún más. Cuando sonrió a mamá, pude ver que le faltaban
todos sus dientes.
—Es maravilloso verte de nuevo, tía Imogene —dije.
—Y a ti, querida. —Hasta ahora, parecía una anciana normal.
Elle se acercó a Sevin y le tomó la mano.
—Imogene, quiero que conozcas a mi prometido, Sevin Montgomery.
Sevin extendió la mano.
—Encantado de conocerle.
—Mira nada más, tienes manos grandes. Elle será una chica afortunada. Si
es inteligente, ya ha descubierto lo que eso significa. —Hizo un guiño, mostrando
su sonrisa desdentada antes de que mi madre de repente la alejara para
mostrarle el dormitorio donde se quedaría.
Una vez que todos estuvimos sentados en la mesa para la cena, me
sorprendí haciendo exactamente lo que prometí que no haría, mirar hacia abajo
a mi reflejo en el plato. Cualquier cosa era mejor que mirar hacia los dedos
47 entrelazados de Elle y Sevin.
Una vez que se sirvieron el kielbasa y las papas, papá dio las gracias, y
todos empezamos a comer. Era una cena más callada que de costumbre. En un
momento dado, mi madre le pidió a Emily que la siguiera hasta la cocina. Me
decidí a mirar a Sevin, y prácticamente se le salían los ojos. Elle estaba enrojecida
como un betabel. ¿Me estaba perdiendo algo? Fue entonces cuando miré a
Imogene.
Oh Dios mío.
Me tapé la boca.
Sostenía su gorda kielbasa en la palma de su mano y en lugar de comerlo,
parecía estar sacudiéndola arriba abajo, simulando una masturbación. Cuando
vio que me di cuenta, no hizo otra cosa que sonreír en una mueca desdentada
como si todo fuera normal.
Sevin y yo hicimos contacto visual. Pude ver que estaba a punto de
perderlo. Mantener mi compostura podría haber sido posible si no fuera por su
expresión. Enterré mi rostro entre mis manos y empecé a llorar lágrimas de risa,
casi haciéndome en mis pantalones. Sabía que era malo reírme de esto, pero no
pude evitarlo.
Mi padre permanecía estoico y se negaba a hablar. Elle se sentó allí,
conmocionada. Sevin bajó su servilleta de tela y salió de la habitación. Sabía que
iría al baño a reírse en privado. Toda la situación era enferma, pero después de
una de las semanas más difíciles de mi vida, me sentía agradecida por el alivio
cómico.
48
8

F
eliz maldito cumpleaños para mí.
Eran mis veintiún años. Solo eso debería haberlo hecho uno de
los días más felices de mi vida, pero los cumpleaños nunca fueron
felices para mí. Este año no era la excepción. A pesar de que me
sentía como si ahogara mis penas en mi primera botella legal de alcohol, me
recordé a mí mismo mi voto de ser una mejor persona.
49 Llamaron a la puerta con un alegre ritmo melódico. Elle y Emily estaban allí
con grandes sonrisas en sus rostros.
—¡Feliz cumpleaños! —dijeron al unísono.
—Gracias, dulces pastelitos.
Este año, mi cumpleaños caía sábado, así que se suponía que Elle y yo
iríamos a pasar el día a la ciudad para celebrar. Emily iba a acompañarnos como
nuestra chaperona.
Odiaba que una parte de mí hubiera deseado que fuera Evangeline.
Pero era mejor que no lo fuera. Directamente no podía pensar cuando esa
chica se encontraba en la misma habitación, y mucho menos si se uniera a
nosotros para un día entero. Hoy era un día que no podría manejar luchando
contra mi atracción hacia ella. Aunque le había dicho que necesitábamos
acostumbrarnos a estar cerca el uno del otro, parecía que últimamente era yo
quien tenía problemas.
Decidido a perderme en la compañía de Elle, le sugerí que me mostrara la
ciudad de Dodge. Visitamos el Boot Hill Museum, el Dodge City Zoo, y me llevó a
un par de posibles lugares para la recepción de la boda. Elle logró ayudarme con
éxito a olvidar mis problemas por un tiempo.
Después de un almuerzo tardío de hamburguesas y malteadas, nos
detuvimos en una galería a la que Emily quería ir. Era lo menos que podíamos
hacer por ella después de que nos siguiera todo el día.
—Vamos, Emily. Aquí hay algo de dinero para la máquina. Estaremos aquí.
—Elle parecía ansiosa por tener un momento a solas conmigo, aunque
técnicamente no se suponía que estuviéramos solos del todo.
Emily fue absorbida por un juego en el extremo opuesto de la atestada
sala. Nos encontrábamos rodeados de luces intermitentes y ruidos de la sala de
juegos cuando Elle dijo:
—He estado esperando para darte tu regalo de cumpleaños.
Tomó mi mano y me sobresaltó cuando se inclinó. Sus labios moviéndose
hacia mí. Era la última cosa que esperaba. Elle posó suavemente sus labios sobre
los míos. Cuando moví mi boca sobre la suya, creo que empezó a asustarse de
que deslizara mi lengua o que hiciera algo más. Se apartó, deteniendo el beso.
Había sido suave y se sintió inocente, a pesar de que tenía la seguridad de que
fue algo importante para ella.
—Elle... no tienes que hacer eso. Podría haber esperado.
—Sé que se supone que no debo hacerlo. Pero quería hacerlo. Me he
estado muriendo por ello. Desearía que pudiera ser más.
—Se sintió... realmente agradable.
Lo hizo.
Mientras seguía sonriéndome, me sentí obligado a hacerle una pregunta.
50
—¿Qué quieres, Elle?
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir... ¿de la vida? ¿Qué quieres realmente?
—Quiero ser tu esposa.
—Pero aparte de eso, ¿hay algo que quieras hacer, pero tal vez sientes
que no puedes? ¿Cuáles son tus sueños?
—No lo sé. Ser una esposa y, si Dios quiere, una madre... es suficiente para
mí. No todas las mujeres tienen que querer más. Realmente quiero esas cosas.
—Eres una buena persona. A veces, creo que eres demasiado buena para
mí.
—Eso no es cierto. Eres todo para mí.
Dejando ir su mano, pasé la mía por mi cabello, tratando de formar mis
pensamientos en palabras.
—No me malentiendas. Lo aprecio demasiado, y nadie nunca me ha dicho
eso, ni siquiera me siento realmente de esa manera sobre mí. Supongo que no
entiendo por qué me amas. Como, ¿qué hice para ganarlo, y cómo sabes que
no hay alguien mejor que yo para ti, el chico que tu padre te eligió?
—Primero que todo, mi padre no te eligió. Nos presentó, pero yo te elegí a
ti. La vida es corta, Sevin. Ni siquiera tenemos garantizado el mañana. Algunas
personas pasan la mayor parte de su vida buscando ese “algo más”... se pierden
los regalos que Dios pone justo delante de ellos.
—No soy perfecto, Elle. He hecho algunas cosas malas. A veces, me siento
como si lo supieras, tú…
—No quiero saberlo. Eso no me importa. Amar a alguien significa amarlo a
pesar de sus faltas o errores. El Señor te perdona si te arrepientes y lo aceptas.
Aunque sentí que ella realmente creía eso, nuestra conversación me dejó
con aún más preguntas que respuestas. Es decir, por qué repentinamente estaba
pensando en el inminente matrimonio cuando siempre se supuso que era un
acuerdo comercial. Yo lo había aceptado. Entonces, ¿por qué de repente me
cuestionaba todo?

Las velas parpadearon mientras la cera goteaba. Tenía veintiún años y


miraba fijamente mi primer maldito pastel de cumpleaños. Era de chocolate de
triple capa y recién horneado por Olga. A medida que crecía, antes de Lillian,
papá nunca celebró mi cumpleaños, y Lillian no creía en fiestas de cumpleaños.
51
—¿Dónde está la tía Imogene? —preguntó Emily.
Olga dejó los platos de postre.
—No se unirá a nosotros para el pastel.
—¿Por qué no?
—Se quedará en su habitación por ahora —dijo Lance.
Imogene era extraña; no había duda sobre eso. Pero me resultó un poco
triste que no le hubieran permitido sentarse con nosotros en la cena. En parte
entendía por qué tomaron esa decisión a causa de Emily, pero todavía no
parecía correcto. Elle o Evangeline siempre le traerían a Imogene su cena en una
bandeja de T.V.
—Hey, Seven-Up, ¡apaga tus velas! —gritó Emily.
Contemplando las llamas, las extinguí con un rápido soplido. En medio de
las aclamaciones y rostros sonrientes, no pude evitar notar la otra persona que
faltaba y me pregunté si ella estaba evitando intencionalmente mi celebración
de cumpleaños.
Como si pudiera leer mi mente, Elle preguntó:
—¿Dónde está Evangeline esta noche?
Olga le pasó una porción de pastel.
—El Señor sabe. Esa chica sigue dando vueltas en esa bici al atardecer.
Solo rezo para que una de estas noches, no sea un oficial de policía el que llame
a nuestra puerta en lugar de Evangeline.
Mi pecho se contrajo al pensar en que algo malo le pasara.
Elle apoyó su mano en mi hombro.
—¿Estás bien, cumpleañero?
—Estoy bien. ¿Por qué lo preguntas?
—De repente pareces decaído.
—Estoy bien, Ellebell. Si quieres saber la verdad, este fue el mejor
cumpleaños que he tenido en toda mi vida. —Lo que no expliqué fue cuan malos
fueron todos los demás. Así que, en verdad, no era un gran cumplido.
Pude oír la puerta principal abrirse, tratando de ignorar las sensaciones en
mi cuerpo que siempre parecían estallar cuando sabía que ella estaba cerca.
Algo dentro de mí siempre cobraba vida, y a pesar de mis esfuerzos por vencerlo,
nunca cesó.
—Hola. Siento llegar tarde.
—Te perdiste la fiesta de cumpleaños de Sevin, Evangeline —gruñó Emily.
—Lo siento. —Me miró fugazmente—. Feliz cumpleaños.
52
Sus ojos estaban enrojecidos. Parecía que había estado llorando.
—¿Estás bien? —pregunté.
No respondió, haciendo que Elle interrumpiera:
—¿Qué pasa? ¿Qué pasó?
Meneó su cabeza como si no quisiera hablar de ello y susurró a Elle:
—Es Lorraine.
—¿Murió?
Negó
—No.
Olga entró al comedor.
—Habla, Evangeline. ¿Qué está pasando ahora?
—No puedo hablar de eso. Te vas a enojar conmigo, y no puedo lidiar con
eso esta noche.
Lance levantó la voz:
—¿Tiene que ver con esas lesbianas?
—¡Lance! —Olga se volvió hacia Emily—. Cariño, por favor, ve a tu
habitación.
Cuando Evangeline se mantuvo callada, Lance repitió:
—Bien, ¿qué es?
—Realmente no te importa. Entonces, ¿por qué quieres saberlo?
Olga se inclinó.
—Cariño, ¿qué está pasando? Puedes decirnos.
Hablando a través de las lágrimas, Evangeline dijo:
—Lorraine está muriendo. Puede que ni siquiera logre pasar la noche. El
cáncer la ha devastado completamente. Adelaide está sufriendo. La familia de
Lorraine está en el hospital y no permiten que Adelaide entre a la habitación. Han
estado juntas por veinte años. Lorraine es el amor de su vida, y Addy ni siquiera
puede estar a su lado cuando su pareja tome su último aliento. Me está
rompiendo el corazón, y no hay nada que pueda hacer.
Todo el mundo permaneció en silencio. Ver su llanto me estaba causando
dolor físico. Recordé la historia que me contó en ese primer día acerca de tener
que dar una vuelta para visitar a sus amigos, y las razones detrás de tener que
esconderlo eran ahora aún más claras.
—Evangeline, esas mujeres... son pecadoras —dijo Lance—. Lo que está
sucediendo es lamentable, pero las leyes del estado y las leyes de Dios son las
mismas. La forma en que han estado viviendo es equivocada.
—Tú eres quien se equivoca, Papá. ¡El amor no está mal!
53
—Siento disentir. Está mal cuando es entre dos miembros del mismo género.
La Biblia lo confirma también. Lo siento. Es perverso. Esa pobre moribunda irá al
infierno.
Mis puños se apretaron. Podía sentir mi sangre hirviendo mientras recuerdos
de Lillian y el odio que solía vomitar inundó mi cerebro. Quería golpear a Lance
en la cara en ese momento. Lo frustrante era que sabía que él realmente creía
tener razón.
Evangeline salió furiosa del comedor. La puerta principal se cerró de golpe.
Me sentí enfermo.
Lance y Olga se retiraron a la cocina, dejándonos a Elle y a mí solos en la
mesa.
Me volví hacia ella.
—¿Qué piensas de lo que acaba de decir tu padre?
—¿Qué específicamente?
—Que esas mujeres irán al infierno por amarse.
—No lo sé, Sevin. Hay una parte de mí que siente como que está mal... tú
sabes, dos mujeres juntas. No es lo que Dios quiso. Al mismo tiempo, me siento muy
mal por ellas y por lo que están pasando.
Esa no era la respuesta que esperaba de ella, y solo me hacía enfurecer
más. Ya había tenido suficiente de esta noche. Necesitando estar solo, me
levanté de la mesa.
—Gracias de nuevo por hoy. Estoy un poco cansado. Me iré a la casa.
—¿Puedo acompañarte?
—No. Está bien.
—De acuerdo.
Salir fue un escape bienvenido. Había humo mezclado con el aire fresco
de la noche; un vecino debió haber estado quemando leña. Mi corazón se sintía
pesado, y ni siquiera podía identificar la razón exacta. Solo quería meterme bajo
mis mantas y apagar el mundo.
En mi camino a la casa de huéspedes, me di cuenta de una luz
procedente del pequeño granero rojo en la propiedad. O eso significaba que
alguien la había dejado accidentalmente encendida, o alguien estaba allí.
Necesitaba saber si era ella.
Estaba acurrucada en un rincón sentada en un montículo de heno cuando
la encontré.
—Hey —dije.
Saltó y se cubrió el pecho con la mano.
—Me has asustado —dijo, resoplando.
—Lo siento. Vi una luz encendida y pensé en venir a comprobar las cosas.
54
—No deberías estar aquí.
—Lo sé. —En lugar de irme, caminé hacia ella y me senté en el montón a su
lado. Después de varios segundos de silencio, dije—: Tienes razón, ¿sabes?
—¿Sobre qué?
—Tus amigas... no merecen lo que la gente les está haciendo,
manteniéndolas separadas. Ese es el verdadero pecado, y de verdad creo que
esos imbéciles miembros de la familia son los que irán al infierno.
Puso los ojos en blanco.
—No permitas que mi padre te escuche decir eso.
—Bueno, casi lo hizo. Casi lo pierdo. Debí haber dicho algo.
—No lo hagas. No vale la pena. Está muy lejos de su camino. Sería un
desperdicio de esfuerzo. Amo a mi padre, pero he tenido que aprender a estar
de acuerdo en no estar de acuerdo.
—Mi hermano es gay.
Lo había dejado escapar. Era la primera vez que lo admitía en voz alta.
—¿Qué? ¿En serio?
—Sí. Nadie lo sabe, y no estoy seguro de que él se haya dado cuenta de
ello cien por cien. —Me reí entre dientes—. Pero en serio, la actitud que tiene la
gente como Lance y mi madrastra me asusta hasta la mierda por Luke y lo que el
futuro le depara.
—Debe ser una sensación tan horrible tener que ocultar quién eres
realmente.
Recostándome en el heno, dije:
—Siento que puedo relacionarme con eso últimamente.
—¿Quieres decir aquí... con Elle?
—A veces, sí. No soy perfecto, y realmente quiero esto... estar aquí...
trabajar, pero hay veces en que siento que no puedo ser yo mismo. Pero eso es
más o menos como siempre ha sido para mí.
—Querrás decir que no puedes mostrar tu pervertido interior.
Mi estómago cayó.
Debe haber notado la mirada en mi cara cuando dijo:
—Sevin, solo estoy bromeando. Me confiaste sobre esos dibujos. Fue solo un
mal chiste. No creo que seas un pervertido del todo.
Lanzando un poco de heno en su dirección, le dije:
—Eres es un poco listilla.
Sus mejillas se volvieron rosadas.
—Hablando de pervertidos... pobre Imogene.
55
—Oh, Dios mío, Evangeline. Esa noche... los dos fuimos los únicos que lo
perdimos.
—Fuiste al baño a reír, ¿no?
—¡Sí! Literalmente pensé que iba a morir de risa. No creo que me haya
reído tan malditamente fuerte en mi vida.
—¡Sabía que por eso te habías levantado! —Ambos comenzamos a
partirnos de risa, y cuando se desvaneció, ella dijo—: Siento haberme perdido tu
cumpleaños.
—Todavía es mi cumpleaños. —Sonreí—. De todos modos, no te has
perdido nada. Hoy he estado en un verdadero bajón.
—¿Cómo?
—Es una larga historia.
—Tengo tiempo —dijo.
Le lancé un poco más de heno en broma.
—Acabas de robar mi línea del día que nos conocimos —dudé. Una parte
de mí realmente quería decirle lo que me estaba molestando, pero no quería
alejarla de sus propios problemas. En su lugar, cambié de tema—. ¿Vienes mucho
a pensar aquí?
—A veces. ¿Cómo sabías que estaba aquí de todos modos?
—Como dije, pude ver la luz. Por descarte.
—Apagaría las luces, pero tengo un miedo mortal a la oscuridad.
—¿En serio?
—Sí. Por alguna razón, no me molesta tanto estar afuera en la oscuridad,
pero estar en una habitación oscura me da pánico.
—Esa es una sensación desagradable, pero a mí me pasa lo contrario. Me
gusta dormir en la oscuridad total.
—Tienes suerte de casarte con Elle y no conmigo. Nunca podríamos dormir
en la misma habitación.
—Sí. Creo que no, ¿verdad? —Hubo un largo silencio antes de mirarla y
preguntarle—: ¿Por qué no?
—¿Hmn?
—Si eres la hija mayor, ¿por qué Lance quiere casar primero a Elle?
—Eso lo tiene que explicar él. Hay varias razones. Pero, por un lado, no creo
que me vea preparada para el matrimonio y la responsabilidad que conlleva. Así
que, esquivaste una bala. —Me guiñó un ojo.
Dios, era hermosa. Necesitaba irme. En vez de eso, sacudí la cabeza y
pregunté:
—¿Qué hay de ti?
56
—¿Qué quieres decir?
—¿Qué tienes que me hace querer contarte todos mis secretos?
—Siento lo mismo por ti.
—Podrías pensar que soy extraño por decir esto...
Me interrumpió:
—Hemos pasado ese punto. He pensado que eras extraño desde el
momento en que te conocí, Sevin.
—Tal vez por eso nos llevamos tan bien. De la misma ralea... —bromeé.
Ella rio entre dientes.
—¿Qué ibas a decir?
—Algo sobre ti me recuerda a lo que imagino que era mi madre.
—¿De qué manera?
—Solo un espíritu libre, alguien que se preocupaba por la gente, que no
discriminaba, alguien que era apasionada y hermosa... por dentro y por fuera.
Alguien que me hubiera amado incondicionalmente.
—Guau. Gracias. Debe haber sido alguien...
—Realmente no lo sé. Nunca tuve la oportunidad de conocerla.
Una expresión de sorpresa se apoderó de su rostro.
—¿Qué?
—Nunca conocí a mi madre.
—Has mencionado que murió, pero no entiendo. ¿Qué pasó?
No podía creer lo que iba a admitir. Sería la primera vez que pronunciaba
las palabras responsables de todo lo que siempre estuvo mal conmigo. Las
palabras que me definieron.
—La maté.

57
9

L
os ojos de Sevin se llenaron de lágrimas cuando lo dijo. La conmoción y
la tristeza me atravesaron, pero no dije nada, sabiendo que
necesitaba encontrar las palabras a su tiempo.
Mi corazón estaba acelerado. La había matado. ¿Qué significaba eso?
Nunca la conoció, pero la había matado. Justo cuando comencé a entenderlo,
volvió a hablar.
—Mi madre murió dándome a luz.
58 —Oh por Dios. Lo siento tanto.
—Todavía no sé todos los detalles de cómo sucedió exactamente porque
mi padre siempre se negaba a hablar de eso. Fue demasiado doloroso para él.
—¿Elle lo sabe?
—Le dije que mi madre había muerto cuando era pequeño, pero nunca
discutimos los detalles. Eso es parcialmente mi culpa, porque siempre cambio el
tema. No estoy seguro de que mi padre tampoco le haya dado a Lance todos los
detalles. Si Elle no lo sabe, supongo que él tampoco.
—No te puedes culpar por lo que sucedió.
—Muy en el fondo y lógicamente, sé que no fue mi culpa, pero pasé la
mayor parte de mi vida deseando no haber nacido, preguntándome cómo sería
ella si yo no estuviera aquí. No ayudó que mi padre fuera una cáscara deprimida
durante la mayor parte de mi infancia. Luego, conoció a Lillian y le permitió
básicamente secuestrar su cerebro. En una forma extraña, él lo necesitaba.
Necesitaba dirección, alguien que se hiciera cargo, porque estaba muy perdido.
Lo único bueno que hizo Lillian fue salvar a mi padre de las profundidades de la
desesperación. Solo que hizo miserables a todos los demás en el proceso.
—Tu padre te amaba.
—Creo que lo intentó. Realmente lo hizo, pero nunca lo sentí. Me veo justo
como ella. No puedo imaginarme como debió ser para él mirarme, un
recordatorio constante de ella, del dolor.
—Ella debió de haber sido realmente impresionante.
Inmediatamente me sentí avergonzada, dándome cuenta de que mi
comentario era básicamente una admisión de que lo encontraba a él
impresionante.
La boca de Sevin se extendió en una sonrisa, ya que aparentemente
también llegó a la misma conclusión.
—Sí, lo era.
—¿Cuál era su nombre?
—Rose.
—Es muy hermoso.
—Mi padre la amó mucho. Creo que eso es lo más aterrador de amar a
alguien así. Cuando se van, se siente como si tu vida se acabara por completo.
—Lo sé. Es como lo que está pasando Adelaide en este momento, pero sé
que ella nunca cambiaría sus años con Lorraine para escapar del dolor actual.
—Tal vez sea un consuelo... Me gusta pensar que mis padres ahora están
finalmente juntos de nuevo... donde pertenecen.
—Definitivamente creo que están juntos.
—Lillian y tus padres dirían con absoluta certeza que no están en el mismo
lugar. Dijeron que mi madre estaba en el infierno porque no era cristiana.
59
—Bueno, no creo en todo lo que mis padres dicen. En mi corazón, sé que
las cosas no son tan negras y blancas como lo han pintado. Tiene que haber más
en la vida que vivir con miedo al castigo. Es una vergüenza. Solo creo que, si eres
una buena persona, Dios lo sabe. No creo que ir a la iglesia todos los domingos o
decir que aceptas a Cristo hace una pizca de diferencia al final.
Su siguiente pregunta me sobresaltó.
—¿Qué quieres de la vida, Evangeline?
—Esa es una pregunta difícil.
—Lo sé. Le hice la misma pregunta a Elle más temprano.
—¿Qué te dijo ella?
—Dijo que quería casarse conmigo y que eso era suficiente para ella.
—Elle es muy diferente a mí. No me malinterpretes, es la mejor persona que
conozco, pero tenemos diferentes deseos y necesidades. Creo que realmente
quiso decir lo que te dijo.
—Yo también lo creo —dijo.
—¿Crees lo que dijo?… o ¿tienes diferentes deseos y necesidades?
—Ambas. —Su mirada era penetrante—. Así que, contesta mi pregunta.
—¿Qué es lo que quiero?
—Sí.
—Demasiado.
—¿Demasiado?
Me senté más derecha y brevemente cerré los ojos para recoger mis
pensamientos antes de que las palabras parecieran derramarse de mí.
—Quiero ser libre, independiente de mis padres. Quiero experimentar el
amor, pero no quiero conformarme. Quiero ser amada tanto como ame a
alguien, pero no quiero que esa relación me defina. Quiero hacer una diferencia
en el mundo, pero no sé cómo, y eso me frustra sin fin. Quiero sentirme cómoda
en mi propia piel. Quiero hacer el amor bajo la lluvia algún día y... ¡Paracaidismo!
Quiero morir sabiendo que no viví con miedo, pero que viví la vida al máximo sin
arrepentimientos. No quiero sentirme culpable por ser fiel a mí misma. Quiero
demasiado, hasta el punto donde a veces siento que voy a estallar. Es
abrumador.
El peso de su mirada fue abrumador mientras absorbía mis palabras. No
dijo nada durante mucho tiempo antes de que simplemente murmurara:
—Eres maravillosa.
A pesar de que nunca me sentí más conectada con alguien de lo que lo
hice en ese momento, parecía que estábamos empezando a cruzar una línea.
Me obligué a decir:
60 —Elle será una buena esposa. Te hará realmente feliz, Sevin. —Tragué el
sabor amargo de esas palabras y de repente me levanté, enderezando mi
falda—. Tengo que volver a la casa antes de que vengan a buscarme.
Su expresión tensa de segundos antes se había transformado en una de
sorpresa y decepción ante mi repentino deseo de irme.
—Está bien, ve. —Mientras me quitaba el heno de mi falda y empecé a
alejarme, me llamó—: Evangeline…
Me giré.
—¿Sí?
—Gracias por responder a mi pregunta. Espero que cada una de esas
cosas se vuelvan realidad.

El sueño fue imposible esa noche entre preocuparme por Lorraine y pensar
en Sevin. Cuando me hizo esa pregunta, simplemente le solté todos los sueños
que había escondido durante toda mi vida. No podía superar la forma en que me
hizo sentir. Por primera vez, sentí que esos sentimientos eran definitivamente
recíprocos. La forma en que me miró confirmó que nuestra conexión no estaba
en mi cabeza. Fue una realización peligrosa.
Este era el único hombre que en mi mente sabía que nunca me podría
enamorar, y sin embargo mi corazón tenía otras ideas. Ya me había enamorado,
mucho y rápido. Por mucho que lo intentara, no podía dejar de pensar en él.
Estaba desesperada por una solución. Querer a alguien que sabía con absoluta
certeza que nunca podría tener era la definición misma de la agonía.
Cuando Elle entró a mi dormitorio a la mañana siguiente, apenas pude
mirarla a los ojos.
—¿Estás bien?
—Si. ¿Por qué? —le pregunté jugando con mi cabello como siempre hacía
cuando estaba ansiosa.
—No has sido tú misma en las últimas dos semanas. Todo el mundo lo ha
notado.
—Todo lo que está pasando con Adelaide y Lorraine... está pasándome
factura. Estaré bien. No te preocupes por mí. Lo siento si he parecido distante.
¿Cómo estás?
—No tuve la oportunidad de hablar contigo ayer, pero sucedió algo muy
importante.
—¿Qué? ¿Está todo bien?
Elle sonrió, su rostro se sonrojó.
61
—Más que bien.
—Bueno, ¿qué es?
—Lo besé.
—¿Besaste a Sevin? —Sentí como si mi corazón hubiese caído a mi
estómago.
Asintió.
—Te ves sorprendida.
—Yo… lo estoy. Pensé que estabas esperando.
—Estaba. No sé qué me sucedió. Era su cumpleaños, y realmente quería
mostrarle lo mucho que significa para mí. Mamá y papá me matarían si lo
supieran, pero no me arrepiento. Ni un solo pedacito.
—¿Qué hizo él?
—Me lo devolvió. Se sintió tan bien besarlo. Solo me hizo sentir aún más
segura de que él es el único.
La intensidad de los celos que estaba experimentando era una llamada de
atención. Cualquier otra hermana habría pedido detalles, pero estaba haciendo
todo lo posible para no pensar en ellos besándose. Esto era solo una gota en el
cubo en comparación con lo que vendría a medida que la relación de Sevin y
Elle evolucionará. Deshacerse de estos sentimientos no era solo una opción, sino
una necesidad urgente.
Fingiendo felicidad, sonreí.
—Guau. Eso es genial.
—He estado esperando un momento para decírtelo, pero has estado muy
ocupada.
—Bueno, me alegra que me lo hayas dicho.
Se sentó en el borde de mi cama y cruzó las piernas.
—No quiero que nos distanciemos.
—¿Qué quieres decir? ¿Por qué ocurriría eso?
—Cuando Sevin y yo nos casemos. No quiero que perdamos nuestra
conexión. Incluso cuando me mude lejos, necesito poder hablar contigo sobre
cosas... como sexo. No sabré qué estaré haciendo.
Una oleada de náuseas y celos me abrumó.
—No tengo más experiencia que tú en esa área.
—¿Estás bromeando? Puede que no tengas experiencia real, pero has
estado estudiándola a tu manera durante el tiempo que puedo recordar.
Elle se refería al hecho de que siempre había sido naturalmente más
curiosa sexualmente que ella. Miraba a escondidas las novelas gráficas de la
62 biblioteca, ocultándolas de mis padres, forzando a Elle a escuchar mientras leía
algunos de los pasajes con una linterna bajo las sábanas de la cama. Así que,
aunque no había tenido sexo real, definitivamente había vivido indirectamente a
través de personajes ficticios.
—Supongo que tienes razón.
—El verdadero punto es que no quiero que nada cambie entre nosotras,
Evangeline. Nunca.
—Yo tampoco, Elle —dije, acercándola en un abrazo.
Capturando su dulce perfume que era tan delicado como ella, cerré mis
ojos con fuerza y silenciosamente juré no dejar que nada se interpusiera entre
nosotras. Mi hermana era más importante que nada. Eso significaba tomar
medidas para asegurar que cualquier sentimiento que tuviera por Sevin fuera
erradicado inmediatamente. Realmente solo había una opción. Necesitaba
encontrar a alguien que lo apartará de mi mente. Si quería seguir viviendo bajo el
techo de mis padres, sin embargo, solo había una manera de hacerlo. Sería a su
manera o de ninguna.

Llamé a la puerta del cuarto de costura de mi madre esa tarde después de


que todos regresáramos del servicio del domingo.
—¿Tienes un minuto?
—Claro cariño. Entra. ¿Está todo bien?
—He estado pensando en algunas cosas últimamente. Quería hablarte en
privado.
Ella había estado cosiendo una falda en su máquina de coser clásica
Singer y dejó lo que estaba haciendo, colocando la tela a un lado.
—Bien.
Dejé escapar un profundo suspiro y miré por la ventana la lluvia que caía
afuera.
—Con Elle y Sevin casándose, estuve pensando mucho en mi futuro. Sé que
te dije que no estaba interesada en ser cortejada...
—Cuando dijiste que nunca querías casarte, eso fue muy molesto para tu
padre y para mí, ya sabes. ¿Qué significa para tu futuro… convirtiéndote en una
vieja solterona sin hijos? Mira a tu tía Imogene. Es un excelente ejemplo de lo que
le puede suceder a las personas que pierden su camino en la vida y no se
adhieren a la voluntad de Dios.
No iba a tratar de discutir con mi madre acerca de la pobre Imogene, que
no tenía nada que ver con esto. Imogene tenía problemas, pero dudaba que
tuvieran algo que ver con que ella nunca se hubiese casado.
63
—Bueno, en ese momento, cuando discutimos por última vez esto, estaba
fuertemente en contra del matrimonio arreglado. Aún no estoy cien por ciento
segura, pero creo que al menos intentaré ver cuáles son mis opciones.
—¿Quieres ser cortejada? Porque tu padre no te va a permitir salir
tradicionalmente sin el matrimonio como el objetivo y el resultado final.
—Sé cuáles son sus reglas. No tienes que explicarlo.
—Bueno, sabes que hay muchos jóvenes buenos de nuestra iglesia de
alrededor de tu edad, Evangeline, pero están buscando esposas, buenas amas
de casa que estén listas para asentarse. Tú tienes una personalidad muy inquieta
y es muy difícil de satisfacer. El matrimonio es para toda la vida. A pesar de que
queremos que te cases, también tienes que estar segura de que es lo que quieres
antes de entrar en un cortejo. No sería justo para el hombre si no lo tomas en serio.
Quiero amor. Pero ahora mismo, lo que realmente necesito es una
distracción. Haré cualquier cosa, incluso si eso significa ir en contra de todo en lo
que creo.
—Como dije antes, estoy abierta a las opciones. Tengo mis dudas sobre ir
por este camino, pero tampoco quiero estar sola. No sabré si la ruta del cortejo
funcionará para mí si no lo intento. Pero si intento y fallo, tengo el derecho de
cambiar de opinión, ¿no?
—Papá y yo hablaremos de eso, ¿de acuerdo? Siempre tendrás una
opción, pero una vez que decidas seguir un cortejo, realmente necesita ser
tomado en serio.
—Entiendo.
Mamá y yo continuamos hablando hasta que la lluvia cesó. Elle, Sevin y mi
padre habían viajado a un almacén de mejoras para hogar a una hora de
distancia. Sevin ayudaría a papá a construir un nuevo cobertizo el fin de semana
siguiente, así que estaban consiguiendo todas las provisiones.
Optando por aprovechar la tranquilidad, decidí dar un paseo por el
perímetro del rancho para despejarme la cabeza hasta la hora de la cena.
Bajando de la propiedad, anduve por el camino hasta la finca del vecino más
cercano. En medio de la niebla y la llovizna persistente, me encontré con un
hermoso rosal, un sorprendente racimo de rojo que se destacaba en medio de un
día blanco y negro. Nunca lo había notado antes.
Rose.
No pude evitar pensar en la madre de Sevin, en cómo no había hablado
de las circunstancias de su muerte con nadie más que conmigo. Tanto como este
día se tratara de planear maneras de pasar de mi enamoramiento, nunca dejé
de pensar en él.
Recogiendo una rosa de tallo largo del arbusto, miré detrás de mí para
asegurarme de que nadie me había visto. Al olerla, decidí que este sería un
momento simbólico. Tomaría esta rosa y la dejaría en la puerta de la casa de
huéspedes para hacerle saber cuánto significó para mí el que compartiera la
64 historia de su madre. Entonces dejaría todo atrás, todo lo que pasó desde el
momento en que lo conocí hasta nuestro encuentro en el granero. El gesto
también simbolizaba mi propio voto de hacer las paces con mis pecados y
debilidades, hacer lo correcto y seguir adelante con mi vida.
10

A
l principio, pensé que tal vez era una coincidencia y que fue Elle
quien me dejó esa rosa. Cuando la llamé más tarde y le pregunté si
puso algo en mi puerta, dijo que no. Elle también estuvo con Lance
y conmigo toda la tarde y fue directo a la casa principal desde el auto, así que
no podría haber sido de todos modos.
No quería creer que había sido Evangeline. Traté de controlar mis
pensamientos sobre ella después de nuestra charla. Que también estuviera
65 pensando en mí, en mi madre, reavivó todos los sentimientos que trataba de
controlar.
El día entero con Elle, estuve racionalizando conmigo mismo y llegué a la
conclusión de que no existía manera en el infierno de que pudiera sacar
provecho de mi atracción por Evangeline. Por lo tanto, la única opción era
encontrar una manera de detenerla.
Durante un breve descanso antes de la cena esa noche, traté de hacer un
boceto. El dibujo siempre fue mi salida para combatir el estrés, pero esta noche
no me ayudaba. Mientras descansaba en mi cama con el cuaderno de dibujo en
la mano, lo único que quería era dibujarla: su trasero curvilíneo, la hinchazón de
sus pechos, su cabello negro y sedoso. Esos ojos color caramelo. Quería recrear la
mirada apasionada en ellos cuando contestó a mi pregunta con más honestidad
de la que jamás hubiera podido esperar.
Bajé la mirada al papel en blanco frente a mí. Los desnudos que siempre
dibujaba eran normalmente de mujeres anónimas y sin rostro. Ya no tenía deseo
de crearlos. Era como si mi mano estuviera paralizada cuando traté de forzarme a
dibujar. El lápiz no se movía. Lo arrojé al otro lado de la habitación, me acerqué al
espejo encima de mi cómoda y pasé mis dedos por mi cabello mientras miraba
mi reflejo.
Cuando Evangeline enumeró sus sueños y esperanzas la pasada noche,
algo completamente desconocido surgió en mi pecho. Era como si estuviera
nombrando todas las cosas que nunca supe que quería. Siempre me convencí de
que no merecía ciertas cosas por mi papel en la muerte de Rose. Pero con cada
deseo que salía de la hermosa boca de Evangeline, mi corazón latía más y más
rápido como si estuviera hablando directamente en él. Era la primera vez que me
di cuenta de que quizás quería más de la vida. Puede que no lo mereciera, pero
lo quería.
La quería.
Mierda.
Seguí mirándome fijamente al espejo.
Evangeline no era una opción, simple y llanamente. ¿Qué se supone que
debía decirle a Lance? ¿Que cometió un error en la hija que eligió para mí? ¿Qué
me siento más atraído en todos los sentidos a Evangeline, a pesar de que hice
una promesa a su otra hija que realmente cree que me ama? ¿Dónde dejaría
esto a la dulce Elle? Estaría devastada, y sabía que Evangeline nunca traicionaría
a su hermana. Al final, estaría en la calle, o peor, de regreso a Oklahoma con
Lillian. Mis planes se encontraban escritos en piedra. Esto era lo que mi padre
quería, que me hiciera cargo del negocio de Lance. Se lo debía a su memoria.
Era lo menos que podía hacer después de años de joderla. Mi cama estaba
hecha, y tenía que acostarme en ella. Lo que quería... ansiaba... no importaba.
Era desafortunado que la única mujer que me hizo sentir vivo era la única persona
en el mundo que no podía tener.
Tienes que encontrar una manera de superar esto, pensé mientras seguía
66 examinando mi reflejo.
Lo único que tenía sentido era intentar acercarme a Elle, descubrir en ella
algunas de las mismas cosas que me atrajeron a Evangeline. Prometí que esta
noche sería la noche en que empezaría el proceso de tratar de enamorarme de
mi futura esposa.

—Evangeline no nos acompañará a cenar esta noche —dijo Olga mientras


colocaba un lomo de cerdo en la mesa del comedor.
—¿Por qué no? —preguntó Elle.
—Acaba de llamar para informar que no volverá a casa esta noche.
Levanté la cabeza de repente.
—¿Qué?
Jesús. Intenta ocultar un poco tu interés, Sevin.
Ella miró a Elle.
—Su amiga... Lorraine... falleció hace una hora. Evangeline tomó las llaves
del auto de tu padre sin preguntar y se dirigió a su casa.
Mi corazón de repente se sintió pesado. Mierda. Debió estar devastada.
—Será debidamente castigada por eso cuando regrese —dijo Lance.
Me volví hacia él.
—¿No crees que eso es un poco duro? No es como si lo hubiera sacado
para dar un paseo. Alguien murió.
Elle apoyó mi comentario.
—Sí, papá. No podías esperar que no estuviera allí para Adelaide en un
momento como este.
—Tu hermana sabe lo que siento por las amistades que tiene. Lo que
sucedió es lamentable, pero no cambia eso. No tenía derecho a llevarse el auto
sin mi permiso. No hay excusa para ese tipo de comportamiento. No robarás, Elle.
¿No has aprendido nada de la Biblia?
El resto de la cena fue la más silenciosa de la historia. Después de que
todos ayudáramos a Olga a limpiar la mesa, llevé a Elle aparte.
—Necesito que me hagas un favor.
—Cualquier cosa. —Sonrió dulcemente.
—Después de que subas por la noche y todo el mundo esté dormido,
quiero que salgas en silencio y vayas a la casa de huéspedes.
67
Ella miró detrás de su hombro y susurró:
—Sabes que no puedo hacer eso.
—Me doy cuenta de que va en contra de las reglas, pero creo que
realmente necesitamos tener algo de tiempo a solas. Te prometo que no voy a
intentar nada. Solo quiero hablar, Elle. Quiero pasar tiempo contigo sin nadie
respirando en nuestros cuellos.
—Sevin...
—Solo piensa en ello, ¿de acuerdo?
Una mirada de extrema preocupación cruzó su rostro.
—Bien.

Poco después de la medianoche, justo cuando llegué a la conclusión de


que Elle no vendría, hubo un ligero golpe en la puerta. Cuando la abrí, mi corazón
casi se detuvo.
Se encontraba temblando, de pie allí con el cabello mojado y lágrimas en
los ojos.
—Evangeline.
—¿Puedo pasar?
—Claro. —Tragué y abrí la puerta por completo—. Por favor.
Mi corazón palpitaba mientras permanecía frente a mí.
Su cabello goteaba sobre sus pechos.
—No sé por qué estoy aquí, Sevin.
Me quedé allí sin palabras, en sorpresa total porque estuviera en mi casa.
Jodidamente habla, Sevin.
—Dijeron que pasarías la noche en casa de Adelaide.
—Planeaba hacerlo, pero comencé a preocuparme por la reacción de
papá. No quería el estrés de tratar con sus gritos mañana. Pensé que al menos si
dormía en mi cama en la mañana, no me castigaría tan duramente. Tu luz se
hallaba encendida. Sé que no podré dormir. No quería estar sola con todos
durmiendo. Solo necesitaba hablar con alguien. Sé que realmente no debería
estar aquí.
—No, realmente no deberías estar aquí.
Empezó a alejarse.
68 —Puedo irme. Yo…
—Déjame terminar, realmente no deberías haber venido aquí, pero estoy
feliz de que lo hicieras.
—¿Te importa si me quito el abrigo? Está un poco húmedo. Estuve fuera
durante mucho tiempo contemplando si debería tocar tu puerta.
—Por favor. —Le quité el abrigo—. Siéntate, relájate, ¿puedo prepararte
algo?
Me siguió hasta la cocina y tomó asiento en el pequeño mostrador.
—¿Tienes comida?
—Me dedico a preparar... —Dudé y me reí entre dientes—. Pop Tarts.
La risa reemplazó su llanto mientras se enjugaba los ojos.
—¡Pop Tarts! Tan gourmet de tu parte.
—¿Quieres una?
—Me encantaría una Pop Tarts, en realidad.
Metí rápidamente dos tartas de fresa en la tostadora. Guiñando, le dije:
—Solo lo mejor en mi casa.
Cuando le entregué un plato, tomó un bocado del pastel.
—Es lo mejor que he comido en todo el día. ¿Esto es lo que haces cuando
estás solo? ¿Sentarte a comer Pop Tarts?
Colocando leche en un vaso alto y deslizándolo hacia ella, sonreí.
—A veces.
—¿Qué más haces cuando vuelves aquí por la noche?
¿Aparte de masturbarme pensando en ti? Bueno…
—¿Últimamente? He estado escuchando música, pensando mucho.
Evangeline tomó un largo sorbo de leche y luego dijo:
—Aunque no fuera feliz en Oklahoma, debe ser extraño comenzar una vida
completamente nueva.
—Sí… es algo así, pero aparte de mis hermanos, realmente no había nada
allí para mí, estoy agradecido por la oportunidad que tu padre me dio. —
Tomando su plato vacío, le dije—: Basta de mí. Háblame de esta noche, ¿qué
pasó?
—Adelaide me llamó llorando para decirme que Lorraine murió. No fue una
sorpresa. Todos lo esperábamos, pero aun así necesitaba estar allí para ella.
Estaba oscuro afuera, así que la bicicleta no era una opción. Sabía que papá
nunca me daría de buena gana el auto, así que sentí que no tuve más opción
que tomarlo.
—Te respeto por eso, sabías que tendrías que sufrir las consecuencias de
69 robar el auto, pero hiciste lo que tenías que hacer por tu amiga.
—¿Qué otra opción tenía?
—Cuando dice que te va a castigar, ¿qué quiere decir?
—Papá nunca me pega, si eso es lo que me estás preguntando.
—Eso es exactamente lo que quería saber, me alegra oír eso.
—Probablemente me quitará la bicicleta por un tiempo, lo que en realidad
va a ser un problema ya que necesito ayudar a Adelaide en el taller de
reparaciones por los próximos días.
—Te llevaré si necesitas llegar allí.
—Gracias, pero no quiero molestarte, Sevin. Se me ocurrirá algo. —Se
acercó al viejo reproductor de discos en la esquina de la habitación—. ¿Qué tipo
de música escuchas?
—Mi gusto varía.
Todavía tenía muchos discos de cuando mi padre era niño y antes de que
Lillian me prohibiera cualquier música no cristiana. Evangeline alzó uno de ellos.
—Oh Dios mío, me encanta The Smiths, no creí que nadie más escuchara
este tipo de música además de mí. ¿Cuál es tu álbum favorito?
—Probablemente The Queen is Dead.
—De ninguna manera, Hatful of Hollow.
—Guau. Impresionante. —Caminé hacia donde se encontraba de pie—.
Juro, Evangeline. Creo que nunca he conocido a nadie como tú en mi vida.
—¿Porque soy muy rara?
—Cuando digo que eres rara, no lo digo de mala manera, sabes eso,
¿cierto? Eres diferente de otras chicas que he conocido.
—Debes haber conocido a muchas chicas en Oklahoma, ¿no es así?
—Nunca he tenido una novia real antes de Elle.
—¿Cómo es posible? Pareces del tipo que habría tenido muchas.
Nos miramos el uno al otro, y tuve la repentina necesidad de abrirme a ella.
Quería contarle todo lo que me carcomía, aunque no supiera por qué era
importante. Era por alguna razón. El latido de mi corazón se aceleró.
—He tenido sexo… pero no una relación seria.
Bajó la mirada mientras procesaba la información, antes de encontrar mi
mirada otra vez.
—Pensé que probablemente no eras virgen, ¿lo sabe Elle?
—Traté de iniciar una conversación sobre todas esas cosas una noche, le
dije que hice algunas cosas malas en mi vida, cosas con las que no estaría de
acuerdo. Quería que supiera todo antes de casarnos, para ver si eso le
70 importaba.
—¿No te dejó decírselo?
—Dijo que no quería saber, que Dios me perdonaría si lo aceptaba.
—Sabe lo que puede manejar. Creo que podría sospechar que has tenido
sexo, Sevin. De todos modos, no es algo tan malo. No creo que Elle tenga las
mismas expectativas de ti que las que nos ponen nuestros padres. Solo espera
que seas un buen marido para ella una vez que se casen.
—No fue solo que tuve sexo.
—No es asunto mío.
Entonces, dije:
—Me acosté con una mujer casada.
Retrocedió un poco, pareciendo un poco sorprendida.
—Oh.
—No estoy orgulloso de ello… al menos ya no. Si pudiera volver atrás en el
tiempo y borrarlo, lo haría.
Su rostro se hallaba ruborizado, indicando que mi revelación realmente la
afectó.
—Podrías tener a cualquier chica que quisieras, ¿por qué acostarte con
alguien que está casado?
—Por la simple razón de que me encontraba equivocado. Me hizo sentir
poderoso de alguna manera ir en contra de la institución del matrimonio. Era una
forma de rebelión. Estaba muy enojado con la vida, no solo por cómo llegué a
ser, sino por el modo en que mi madrastra me protegía del mundo. Nunca me
sentí querido por mi familia. Por lo tanto, el sexo con esta persona… también me
permitió sentir un falso sentimiento del amor en el momento del acto sin la
responsabilidad del después. Sabía que no esperaría nada más de mí. Pero era la
forma equivocada de hacerlo. No tenía el respeto por ciertas cosas que debía
tener. Ahora lo veo.
—¿Quién era ella?
Tragué.
—Era la esposa de nuestro predicador.
Se cubrió la boca.
—Oh Dios mío.
—Lo sé. —Pasando mis manos por mi cabello, tiré de él con frustración, me
paseé un poco—. Mierda. No entiendo por qué decirte todo esto parece
importante. No puedo explicarlo, pero quiero que sepas quién soy. Dime qué
estás pensando.
Dejó escapar un largo suspiro.
71 —Es molesto, pero lo que acabas de decirme no te define. Eso no es lo que
eres. No eres tus errores.
—Gracias por decir eso. Nunca lo vi así.
—Solo el hecho de que te sientas culpable por ello demuestra que eres una
buena persona. Las personas meten la pata. De todos modos, aunque fuiste un
participante voluntario, esa perra se aprovechó de ti. ¿Era mayor, correcto?
—Tenía treinta y tantos.
Asintió, mirando hacia el piso de nuevo para absorber todo. Mi cuerpo se
relajó un poco cuando empezó a sacudir la cabeza con una risa ligera.
—Guau. ¿De todos modos cómo pasamos de hablar de The Smiths a
hablar de sexo?
—¿Quién diablos sabe? Siento que podría hablar contigo por siempre. Un
segundo estamos comiendo Pop Tarts, al siguiente te digo mi más profundo y
oscuro secreto.
—¿Eso es todo? ¿Ese fue tu más profundo y oscuro secreto?
—¿Quieres más que eso? Eso fue bastante malo. —Mi mente corrió. Pensé
largo y duro y me di cuenta de que en realidad ese era probablemente el peor
de mis pecados—. Sí. Estoy bastante seguro de que lo era. —Mi boca se extendió
en una sonrisa—. Entonces, es justo que me digas el tuyo.
—¿Mi más oscuro secreto?
—Sí —dije suavemente mientras la miraba fijamente a los ojos.
Cerró los ojos y cuando los abrió dijo:
—¿Honestamente? Este. Ahora mismo. Estar aquí… es mi más profundo y
oscuro secreto.
Asentí comprendiéndola y susurré:
—Sí.
—Realmente no debería quedarme mucho tiempo.
Por favor quédate.
Luego vino un golpe. Ambos giramos la cabeza al unísono hacia la puerta
principal.
Nuestro pánico compartido era palpable cuando pregunté:
—¿Quién está ahí?
—Es Elle.

72
11

M
is latidos se aceleraron.
—¿Elle? —Corrí a ponerme el abrigo.
—Solo quédate quieta. Está bien. Me encargaré.
Sevin abrió la puerta. En su mejor voz casual, dijo:
—Hola...
73 Elle inmediatamente se fijó en mí de pie en medio de la sala de estar.
Entrecerró los ojos.
—¿Evangeline?
Levanté la mano torpemente.
—Hola.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Antes de que tuviera la oportunidad de responder, Sevin intervino:
—Evangeline decidió traer el auto de tu padre esta noche para que lo
tuviera por la mañana. Pensó que golpeó algo en la carretera y quiso una
segunda opinión sobre si quedó algún daño notable en el auto. Me encontraba a
punto de agarrar mi chaqueta y una linterna para echar un vistazo.
Al escuchar esa excusa sorprendentemente lógica, mis nervios empezaron
a calmarse.
—Así es. Vi la luz de Sevin encendida y no quería despertar a papá. Ya está
bastante enojado conmigo. —Miré brevemente a Sevin, luego volví a Elle y le hice
una pregunta a la que realmente no tenía derecho—: ¿Qué haces tú aquí?
Los celos se acumulaban a medida que registraba que Elle se había
escapado para venir a verlo. ¿Pasó antes?
Parecía asustada mientras miraba a Sevin.
De nuevo, intervino:
—Le pedí a Elle que viniera después de que todos estuvieran dormidos.
Con todos mirándonos constantemente, siento que realmente no hemos tenido la
oportunidad de conocernos como deberíamos. Solo íbamos a tener una charla.
Eso es todo.
Elle asintió y me miró.
—Sé que no dirás nada.
—Por supuesto que no.
Sevin consiguió su chaqueta y una linterna. Luego salió por la puerta,
fingiendo ir a ver el auto. Mientras miraba la expresión de simpatía de Elle, los
sentimientos de culpa lucharon con los celos.
¿En qué pensaba?
Elle se acercó para abrazarme.
—Lo siento mucho por Lorraine.
La adrenalina seguía fluyendo a través de mí. Me hallaba tan enojada por
mi reacción. Déjenme aclara esto:me encontraba celosa de que mi hermana se
escapara en medio de la noche para ver a su novio. Realmente inteligente. Eso
era solo otra indicación de que necesitaba controlar esto.
Realmente no tenía la intención de venir a verlo. Pero el día fue tan
74 doloroso, y supe que él lo entendería todo sin juzgarme. Debí haberme parado
bajo la lluvia durante diez minutos antes de que finalmente tuviera el valor de
llamar a su puerta. Elle apareciendo fue una bofetada en el rostro y confirmó que
mi decisión fue un gran error.
—Será mejor que regrese a la casa, Elle. Seré silenciosa para que no se
despierten.
—Papá me mataría si sabe que estuve aquí.
Tragando mi orgullo, di la respuesta que cualquier buena hermana haría.
—No te preocupes por eso. Tú y Sevin deberían estar pasando tiempo
juntos lejos de los ojos vigilantes de todos. Esta es la única manera de hacerlo.
—Te amo —dijo ella.
Mi pecho se contrajo.
—Yo también te amo.
Sevin tenía las manos en los bolsillos mientras se paraba cerca del auto de
papá estacionado en la entrada. Miraba al piso cuando dijo:
—No pensé que viniera.
—Ella era la única de nosotras que tenía derecho a estar en tu casa en
medio de la noche.
—Le dije que viniera porque realmente siento que no la conozco a veces.
Yo…
—Por favor —lo interrumpí—. No necesitas explicarte. Ustedes se van a
casar. Esto fue solo el golpe de realidad que necesitaba. —Me arrepentí de la
última admisión mientras abruptamente comenzaba a caminar hacia la casa
principal.
—Evangeline...
—Tengo que irme.
Gritó detrás de mí:
—Nunca te di las gracias por la rosa. Eso significó mucho para mí.
Me detuve y me volví brevemente.
—Buenas noches, Sevin.

Dos días más tarde, Lorraine fue enterrada. Mamá convenció a papá para
que me dejara llevar mi bicicleta al funeral.
Después del servicio, organicé un almuerzo en la casa de Adelaide para su
75 familia, amigos y empleados de la tienda. Los padres de Lorraine organizaron una
comida de agradecimiento en un restaurante para su propia familia y le
prohibieron a Adelaide asistir. Fue desgarrador.
Después de que todo el mundo se marchara y limpiara todos los platos,
Adelaide y yo nos quedamos solas en su sala de estar.
—Vangie, no puedo agradecerte lo suficiente por manejar todo esto. Has
arriesgado tanto para apoyarme el mes pasado. Significa más de lo que crees.
La abracé y le dije:
—Es lo menos que puedo hacer. A veces, me siento más cerca de ti que
de mi propia familia. Eres mi refugio seguro. —La solté y me levanté del sofá—.
Voy a prepararnos un poco de té, ¿de acuerdo?
—Dime algo nuevo y emocionante, Vangie. Cualquier cosa que quite este
dolor.
—¿De qué quieres hablar?
—Dime algo gracioso. Hazme reír. ¿Tu tía pervertida sacó algo nuevo
últimamente?
Riendo, accidentalmente derramé parte del agua del té en mi vestido
negro.
—Mamá y papá no la dejan salir de la habitación lo suficiente como para
intentarlo.
—He estado postergando preguntarte sobre ya sabes quién. Supuse que
me dirías si surgió algo nuevo.
—Puedes decir su nombre.
—¿Qué está pasando con Sevin?
—¿Qué fue lo último que te dije?
—Me hablaste de la rosa que dejaste en la puerta, que fue muy dulce.
Honestamente, sin embargo, me preocupaba que tal vez te enamores de él. Eso
es peligroso.
—La conclusión es que tienes razón. Es peligroso. He estado jugando con
fuego, y eso solo terminará quemándome. Me di cuenta hace un par de noches
que ni siquiera puedo ser su amiga. Mis sentimientos son demasiado fuertes.
Necesito alejarme y obligarme a conocer a alguien.
—No puedes forzar el amor, cariño.
—Algo tiene que ceder, Addy. En este momento, intercambiaría el amor
por un poco de cordura. —Remojando la bolsita de té, confesé—: Le dije a mamá
que estaría abierta a un cortejo.
—Vangie, no.
—Te prometo que no me apuraré en nada que no me parezca bien. Es
76 algo que creo que por lo menos debería intentar. Podría ser bueno para mí. Se
siente como el momento adecuado.
Adelaide que me conocía mejor que mi propia madre. Podía ver a través
de mi acto.
—Dios mío. ¿Qué te ha hecho ese muchacho?

Más tarde esa semana, me hacía la misma pregunta.


Papá y Sevin se tomaron el viernes para empezar a construir el cobertizo en
nuestra propiedad.
Acababa de regresar de ayudar en la tienda de Addy cuando estacioné
mi bicicleta al lado de donde trabajaban.
Sevin llevaba una gorra de béisbol al revés y una camisa de franela a
cuadros con las mangas enrolladas. Cuando se dio la vuelta, me di cuenta de
que tenía la camisa completamente desabrochada, mostrando su pecho
desnudo.
Cuando me vio allí de pie, asintió y alzó su mano en un saludo. Saludé de
regreso antes de entrar corriendo.
Desde la ventana de la cocina, continué observándolo trabajar: la forma
en que sus músculos se movían mientras golpeaba el martillo con fuerza, la
manera en que sus pantalones abrazaban su culo cuando se inclinaba para
recoger algo, la forma en que su camisa se abría más cuando levantaba el dorso
de su mano para limpiar el sudor de su frente. Los músculos entre mis piernas se
apretaban con un deseo doloroso que se acumulaba dentro de mi núcleo.
La voz de mi madre me sobresaltó.
—Evangeline, ¿podrías por favor llevarles esta agua?
—¿Dónde está Elle?
—Ha llevado a Imogene a una cita médica.
—Ah… de acuerdo.
Cargando dos vasos altos de agua helada, caminé hacia donde
trabajaban.
Hablando sobre el ruido, grité:
—Tengo estas aguas. ¿Dónde quieren que las ponga?
—Pon la mía sobre la mesa de allá —gritó papá en medio del sonido de su
taladro.
Sevin dejó caer el pedazo de madera que sostenía con un fuerte ruido. Se
77 acercó a mí.
—Tomaré la mía ahora. —Mis pezones hormiguearon cuando su mano rozó
la mía mientras tomaba el vaso.
Mientras tragaba el agua, observé su manzana de Adán moviéndose
arriba abajo. Aproveché la oportunidad para mirar su cuerpo sudoroso de cerca.
La parte superior de su ropa interior sobresalía de sus pantalones. Su olor era
embriagador, una mezcla de madera cortada, sudor y colonia. Pensé en nuestra
charla la otra noche, cómo confesó su historia sexual. Por mucho que me
molestara, sabiendo que utilizó ese cuerpo para dar placer a una mujer, me
debilitaba con el deseo. Solo podía imaginar lo que se sentiría estar con él.
Elle lo descubriría.
Todavía miraba sus abdominales cuando dijo:
—Gracias. —Mis ojos inmediatamente se elevaron para encontrar su
ardiente mirada.
Me sorprendió mirándolo.
—De nada.
Su boca se curvó en una sonrisa mientras me devolvía el vaso.
—¿Cómo has estado? No te he visto mucho esta semana.
—Sí. He estado ocupada.
—Tengo algo para ti —soltó, de un modo que indicaba que se hallaba
ansioso por decirlo.
—¿Para mí?
—Sí. Espera aquí, ¿de acuerdo?
Sevin corrió hacia donde su camioneta se hallaba estacionada y agarró
algo de la ventanilla abierta.
Regresó a donde me encontraba de pie y me entregó un disco compacto.
—¿Qué es?
—Si te gustan The Smith, te gustarán algunas de las canciones aquí. Incluí
unas cuantas canciones de The Smith, las de tu álbum favorito, pero también hay
de The Lemonheads, The Pixies… y Pulp.
—¿Hiciste esto?
—Sí. Lo hice para mí y te grabé una copia.
—Gracias.
Me miró directamente a los ojos y dijo:
—La número diez es mi favorita. — Luego, se alejó.
Inmediatamente lo llevé a mi habitación y desempolvé mi viejo
78 reproductor de discos portátil.
Acostada en mi cama con el sol entrando, ahogué el mundo y escuché
cada canción. Cuando llegué a la número diez, presté especial atención,
sabiendo que señaló esa específicamente.
El nombre de la canción era Like a Friend. Más tarde descubrí que era de
Pulp. Con cada letra, mis ojos se volvieron más pesados hasta que se llenaron de
lágrimas. Las palabras describían exactamente lo que sentía por él. El cantante
gritaba todos sus sentimientos acerca de su amiga, que era todo lo que no
debería querer, todo lo que era malo para él, pero no podía dejar de quererla.
Tomaría lo que pudiera conseguir incluso si eso significaba ser amigos. Cada línea
me hablaba. Era la primera vez que me daba cuenta de que tal vez no me
encontraba sola en mi tormento. Esta situación, lo que sea que ocurría entre
nosotros, también lo afectaba a él.
Debo haber escuchado la canción cinco veces antes de ir a la ventana y
mirarlo. En un momento, finalmente alzó la mirada y me vio. Entrecerró los ojos
para verme a través del resplandor del sol. Todavía tenía mis audífonos puestos.
Sabía que había escuchado la número diez. La mirada en su rostro cuando
nuestros ojos se encontraron confirmó que la número diez no era solo una
canción. Era su manera de hablarme.
A la mañana siguiente, estiraba fuera de nuestra puerta, preparándome
para tomar mi carrera matutina. Había mucha niebla, pero existía algo tan
pacífico en correr en ese tipo de clima opaco antes de que el mundo estuviera
despierto.
Alcanzando el camino de grava, me hallaba a unos doscientos metros de
mi ruta cuando escuché lo que parecía el eco de mis propios pasos. El sonido se
hizo más fuerte mientras se acercaban. Mi corazón empezó a correr.
Alguien corría detrás de mí.
Me di vuelta para ver a un hombre usando una sudadera negra. El pánico
comenzó a formarse. A medida que se acercaba, el reconocimiento final de su
rostro ralentizó mi respiración.
Sevin.
No dijimos nada mientras corríamos uno al lado del otro alrededor de un
kilómetro y medio. Cuando finalmente me volví hacia él, me miró. La capucha
negra que enmarcaba su rostro realmente acentuaba el profundo azul de sus
ojos. En un momento dado, me hizo falta detenerme para recuperar el aliento.
Se desabrochó la chaqueta y sacó una botella de agua, abriendo la tapa
y me la entregó.
—No deberías correr sin agua.
79 Tomé un pequeño sorbo.
—Gracias.
Llevó la botella a su boca. Observé el movimiento de su lengua a través del
plástico transparente mientras sorbía el agua. Cuando la sacó de sus labios, hizo
un ruido de succión por la pérdida. Me la dio, su voz ronca.
—Bebe un poco más.
Esta vez, cuando bebí de la botella, no pude evitar pensar en el hecho de
que mi lengua se encontraba donde la suya acababa de estar. Escalofríos
recorrieron mi cuerpo mientras sus ojos seguían pegados a mi boca. Le devolví la
botella vacía.
Continuamos nuestra carrera. Con cada zancada, la tensión en el aire se
volvió más espesa que la niebla. Era como una extraña forma de juego previo
que no podía satisfacer, así que corríamos más rápido. Cuando miró su reloj y se
giró para dirigirse de regreso, lo seguí.
Estábamos casi en casa. Su aliento irregular cuando de repente dijo:
—¿Siempre corres sola tan temprano?
—Sí. ¿Por qué?
—No me gusta. Viste cuán fácil alguien puede llegar detrás de ti como lo
hice. No debes hacerlo más sola. —Me miró—. Voy a correr contigo.
Después de esa mañana, pasó un tiempo antes de que tuviera que volver
a correr sola.
80
12

V
ivía para esas carreras.
Cada mañana, esperaba en mi ventana hasta que ella
corría a través de la propiedad hacia la carretera. Cuando estaba
fuera de la vista, me dirigía a mi puerta para alcanzarla. Era
importante que, si alguien se despertaba y miraba, no nos vieran salir juntos.
Aunque nunca hablamos de eso, sabía que se había acostumbrado a
esperarme, porque dejó de mirar sobre su hombro cuando me escuchaba
acercándome. Sabía que era yo. Al principio, podrías decir que el tenerme allí, la
81 ponía incómoda. Sin embargo, con el paso de los días, el silencio cómodo
reemplazó a los nervios mientras corríamos juntos por kilómetros.
Algunas mañanas, nos deteníamos en medio de la ruta y nos sentábamos
en la hierba como lo habíamos hecho la primera vez que nos conocimos. Solo
hablábamos. Hablábamos de cualquier cosa: de nuestras infancias similares,
música, mi vida en Oklahoma, sus esperanzas para el futuro. Ella quería
eventualmente tomar la tienda de Adelaide cuando su amiga se retirara, pero
sabía que la expectativa era que se casara y fuera ama de casa, tal vez
trabajara a tiempo parcial para el negocio familiar como mucho. También le
confesé todas mis inseguridades acerca de ser capaz de manejar las
responsabilidades que se esperaría de mí algún día en Sutton Provisions.
Cuando volvíamos a correr y llegábamos al último kilómetro, me ponía
delante de ella para asegurarnos de que nadie nos viera juntos. Seguí
convenciéndome a mí mismo de que no estábamos haciendo nada malo, que
era simplemente tiempo inocente pasado con una amiga. Sin embargo, al
segundo en que regresaba a mi casa, lo sabía mejor porque estaría contando los
minutos hasta la mañana siguiente.
Elle y yo estábamos buscando pasar más tiempo a solas, pero no me
estaba ayudando a superar mis sentimientos por Evangeline. Eso me asustaba
como la mierda. Las conversaciones con Elle eran diferentes, nunca tan
profundas y siempre un poco artificiales. Quería tanto desarrollar sentimientos más
fuertes por ella, pero simplemente no estaba sucediendo de manera natural.
Salir a correr con Evangeline continuó durante aproximadamente un mes
hasta que una mañana en particular a la mitad de nuestra caminata, ella de
repente se detuvo.
Su respiración era dificultosa.
—Ya no puedo hacer más esto, Sevin.
Entré en pánico, pensando que tenía un dolor físico.
—¿Qué pasa? ¿Qué sucedió? ¿Tienes problemas para respirar? ¿Tienes un
calambre?
—No.
—¿Qué es?
—Ya no puedo hacer más esto contigo. Tiene que parar.
Aunque malditamente sabía bien la razón, pregunté:
—¿Por qué?
—Porque me duermo todas las noches, esperando que llegue rápidamente
la mañana. Cada día quiero este tiempo contigo más y más. Y pronto un día, voy
a dar la vuelta esperando por tus pasos, y no vas a estar allí. Necesito detener
esto antes de que llegue ese día. Necesito que dejes de correr conmigo. Por
favor. —Sus ojos húmedos estaban implorando.
82
Se sentía como si mi corazón estuviese siendo ahogado, porque ella
acababa de describir exactamente cómo me sentía sobre estas mañanas.
Finalmente, me di cuenta en ese momento de que sus sentimientos por mí eran
igual de fuertes. Necesitaba protegerla de que saliese herida. De ahora en
adelante, eso sería más importante que mi egoísta necesidad de estar a su
alrededor. Simplemente asentí y luego observé cómo se alejaba corriendo a lo
lejos.
Durante las siguientes semanas, apenas vi a Evangeline. O trabajaba arriba
en la planta o ayudaba a Addy en la tienda. Nos veríamos en la cena; eso era
todo. Las cosas se parecían mucho a cómo habían sido en el principio. La
extrañaba ferozmente, pero sabía que esto era lo mejor.

Con Emily como nuestra chaperona, Elle y yo estábamos caminando,


tomados de las manos una tarde temprana antes de la cena, cuando dejó caer
más de una bomba sobre mí.
—Tengo que preguntarte algo.
Le apreté la mano.
—Dispara.
—¿Estás ocupado el 17 de agosto?
—¿Qué pasa el 17 de agosto?
—El salón que queríamos para la boda tiene una cancelación. Esa fecha
funcionará perfectamente con la disponibilidad de la iglesia.
El hecho de que no habíamos sido capaz de encontrar un lugar disponible
para acomodar el tamaño de la boda fue la razón principal de que todavía no
hubiésemos establecido una fecha.
—Eso es en cuatro meses.
—Sí. ¿Es demasiado lejano... demasiado pronto?
A pesar del sentimiento inquietante en mi estómago, dije:
—No. Está bien.
—¿Entonces, deberíamos reservarlo?
—Por supuesto.
—¿De verdad?
—Sí.
—¡Estoy tan feliz ahora mismo! —Me abrazó—. ¡No puedo esperar para
contarle a mamá! Te quiero mucho.
83
—Me alegra que estés feliz.
—Emily, ¿estás lista para ser una pequeña dama de honor?
—¿Por qué Evangeline será la dama de honor principal?
Mi estómago se revolvió ante la idea de Evangeline caminando por el
pasillo en mi boda con Elle.
Elle juguetonamente desordenó el cabello de su hermana.
—Porque es mayor, tonta. Tal vez para entonces, también esté
comprometida.
Habíamos estado balanceando nuestros brazos, e inadvertidamente, me
detuve.
—¿Por qué dices eso?
—¿Conoces a Callum Hughes?
—Ese es el amigo de tu padre que invierte en el negocio.
—En realidad, es su hijo, Callum Junior.
—¿Qué hay de él?
—Evangeline y él han estado hablando por teléfono.
Mi mandíbula se endureció.
—De verdad…
—Sí. Creo que están considerando un cortejo. Mañana por la noche
vendrá a cenar.

Evangeline parecía nerviosa mientras llevaba objetos de la cocina al


comedor. Se negó a mirarme, pero eso no impidió que mis ojos la siguieran.
Llevaba un hermoso vestido lavanda, que no era su estilo normal. Usaba
faldas, pero por lo general eran casuales. También tenía su cabello estilizado en
largos rizos. Fue muy difícil apartar la vista.
Elle se sentó a mi lado y tomó mi mano en la suya.
—¿Por qué estoy nerviosa? —preguntó.
—No lo sé. Dime tú.
—Estoy nerviosa por ella. Me recuerda a cuando te conocí la primera vez.
Estaba tan asustada cuando papá me llevó a tu casa en Oklahoma esa primera
vez, pero luego te eché un vistazo y solo lo supe.
Conozco el sentimiento. Así es como me sentí cuando conocí a tu hermana
84 la primera vez.
Aparentemente, Evangeline y Callum habían estado hablando por un
tiempo, pero esta era la primera vez que se encontrarían cara a cara. Él vendría
con sus padres. Quería conocerlo tanto como quería un agujero en la cabeza.
Lance fue hasta la puerta, y los sonidos de sus voces eran cada vez más
cercanos al comedor. Para mostrar respeto, me levanté cuando entraron.
—Sevin, este es mi buen amigo, Callum Hughes Senior... sé que me has oído
hablar de él; te presento a su esposa Barbara y su hijo Callum Junior.
Con su cabello rubio y ojos marrones, su hijo Callum era físicamente lo
opuesto a mí. Parecía una versión más antigua de uno de mis hermanos. Odiaba
descubrir que era bastante fuerte y guapo.
Sacudiendo la mano de Callum especialmente duro y buscando sus ojos,
no dije nada.
Aunque nadie parecía lo suficientemente bueno para Evangeline, era
importante para mí que él fuera al menos un buen tipo que la quisiera y
protegiera.
Evangeline se sentó a su lado mientras seguía negándose a mirarme a
través de la mesa ni siquiera por una fracción de segundo. Durante la cena, sus
conversaciones parecían fluir con facilidad. Estaba claro que se habían estado
conociendo. Los Suttons conversaron con sus padres todo el tiempo. Tratando de
leer su lenguaje corporal, solo vi a Evangeline interactuar con Callum.
Después de la cena, todos nos retiramos para tomar el postre y el café en
el patio. Las campanas de viento sonaron con el fresco viento. El sol se había
puesto completamente, así que Olga había encendido las luces blancas de
Navidad. Evangeline y Elle estaban sentadas en un columpio juntas, con sus
brazos alrededor de la otra. Su armoniosa risa era un sonido hermoso, un
recordatorio de por qué estaba soportando esta tortura esta noche. Eran sangre.
No podía hacer nada para separarlas sin importar cuán fuertes fueran mis
sentimientos por Evangeline. Me preocupaba tanto por ellas, por arruinar ese
vínculo. Una cosa que admiraba de los Suttons era cuán fuertemente unidos
como familia estaban. Tenían sus desacuerdos, pero en general, estaban muy
unidos. Ahora eran mi familia.
Callum estaba parado solo a pocos metros de mí y también parecía estar
mirando a las hermanas. Nadie bebía en la casa de los Sutton, de lo contrario,
definitivamente habría traído algunos de los packs de cervezas que tenía en el
refrigerador de mi casa. Algo para relajarme en esta noche habría sido muy
agradable.
Caminando hacia Callum, me obligué a mí mismo a conversar.
—Bonita noche, ¿verdad?
—Sí. Tienen un lugar muy bonito. La última vez que estuve aquí, era
demasiado joven para apreciarlo.
85 —¿Así que, conociste a las chicas cuando eran más jóvenes?
—Sí. Nos fuimos del estado, y no tuve la oportunidad de volver a estar en
contacto con Evangeline hasta hace poco. Estaba muy enamorado de ella en
aquel entonces.
Mi cuerpo se tensó mientras apretaba los dientes.
—¿No me digas?
—Sí. Quién hubiera sabido que la estaría cortejando diez años más tarde.
—No sabía que ya era oficial.
—Yo diría que esta noche es una buena indicación de que lo es, ¿tú no?
—Bueno, ¿qué dice ella sobre eso?
—No lo hemos hecho formal si eso es lo que estás preguntando.
Me estaba viendo más como un abogado que interrogaba a alguien en el
estrado en lugar de un circunstancial cuñado.
—Entonces, ¿de quién fue la idea de este emparejamiento?
—Fue suya, en realidad. Les dijo a sus padres que estaba lista para este
paso en su vida.
—¿Entonces, ella te eligió?
—La mujer siempre tiene una opción. No es como si alguien le pusiera una
pistola en la cabeza.
—Pero ella no te eligió. ¿Ellos lo hicieron, y ella estuvo de acuerdo?
Rio.
—No es diferente a ti y a Elle. Así es como empieza, ¿cierto?
—Supongo que en esta casa. —Mirando hacia atrás a las chicas,
pregunté—: ¿Qué es lo que más te gusta de ella?
Hizo un gesto con la mano hacia el columpio.
—Quiero decir… mírala. Es maravillosa. Esos ojos grandes, esos labios, ese
cuerpo. ¿Esas caderas? Sacará a los bebés muy fácil.
Sintiendo una ráfaga de adrenalina, mi cuerpo parecía estar
preparándose para golpear a este tipo si fuera necesario.
—¿Es cierto?
—Eso espero.
—Quizá ella quiera más de la vida que parir los bebés de algún tipo. ¿Se te
ha cruzado alguna vez por la cabeza?
—Lo hemos hablado. Dijo que quiere niños.
—Sí. Pero te aseguro que ella no quiere decir de inmediato.
—¿Has hablado de eso con ella o algo así?
86
En realidad, lo he hecho. Probablemente la conozco mejor que nadie.
—Entonces, piensas que es atractiva. ¿Qué más?
—Es dulce, divertida…
Lo interrumpí.
—¿A qué le teme?
—¿Qué?
—Di algo a lo que ella le tenga miedo.
—Nunca hablamos de eso.
—Tal vez deberías preguntarle.
—Ya habrá tiempo.
—Supongo que mi punto es, si te vas a casar con alguien, realmente
deberías saber todo sobre ella. Eso es todo.
—Bueno, una vez que te cases con Elle en el verano, planeo hacer eso. Me
mudaré a la casa de huéspedes.
Aparentemente, como ellos vivían bien adentro de Missouri, la familia
Hughes planeaba quedarse en la casa Sutton ese fin de semana entero. El
sábado por la noche, se suponía que Elle y yo íbamos a ir a una cita doble con
Evangeline y Callum.
Todavía estaba luchando con mis emociones después de escuchar que
Callum eventualmente se trasladaría a la casa en la que vivía yo ahora. Se sentía
como si estuviera mudándose en todo, y si fuera honesto conmigo mismo, no era
realmente la casa lo que estaba molestándome. Para el momento en que
planeaba mudarse aquí, Elle y yo supuestamente tendríamos una casa en algún
lugar cercano, la que Lance pagaría en un principio. El plan era que
eventualmente le devolveríamos el dinero.
Nos dirigí al restaurante en mi nueva camioneta. Todavía tenía ese olor a
auto nuevo. Estaba haciendo bastante buen dinero ahora, así que había sido
hora de reemplazar la vieja Ford. Después de la cena, se suponía que íbamos a
jugar a los bolos.
La cena fue incómoda mientras me obligaba a conversar con él.
—Entonces, Callum, nunca pregunté, ¿qué es exactamente lo que haces?
—Estoy trabajando en un contrato temporal para un fabricante de líneas
aéreas en Missouri.

87 —Dijiste algo sobre posiblemente mudarte a mi casa de huéspedes. ¿Qué


va a pasar con tu trabajo?
—El final del verano o el principio del otoño encajará perfectamente con la
caducidad de mi contrato. Hablé con Lance acerca de tomar una posición
directiva temporalmente en Sutton Provisions.
—¿Temporalmente?
—Sí. Si las cosas funcionan entre Evangeline y yo, después de casarnos,
vendrá conmigo de vuelta a Missouri. Eventualmente me haré cargo de los
asuntos de mi padre.
Mis ojos se dirigieron a ella. Ella ya me estaba mirando, esperando que
reaccionara.
Él estaba planeando llevarla lejos de su familia y Addy.
Y de mí.
No podía estar de acuerdo con mudarse. Eso también habría significado
romper su sueño de hacerse cargo de la tienda de Addy algún día.
Elle seguía hablando de los planes de boda. Callum fingía que le
importaba. Ambos, Evangeline y yo estábamos tranquilos.
Callum se acercó y agarró la mano de Evangeline. Mis ojos
inmediatamente aterrizaron en sus dedos entrelazados. Él frotó su pulgar con
cariño contra su piel mientras escuchaba a Elle contar una historia desde el otro
lado de la mesa. Fue mi primer llamado de atención real de que esto realmente
estaba sucediendo. Evangeline estaba con él. Mientras yo estuviera con Elle,
necesitaba aprender a aceptar eso.
Separé mis ojos de sus manos el tiempo suficiente para notar que
Evangeline también me había estado observando. Mirándome viéndola. Nos
quedamos mirando el uno al otro. Por un momento, fue como si todos los demás
se evaporaran en el aire. Supe sin lugar a duda que deseaba que fuera yo el que
estuviera al otro lado de la mesa. Excepto, que no solo quería sostener su mano.
Quería inclinarme y tomar su labio inferior regordete en mi boca y chuparlo
lentamente, correr mi lengua por su cuello y pecho en busca de los pezones que
estaban perforando a través de la tela de su camisa en este momento. Mi boca
estaba haciéndose agua, y no tenía nada que ver con la carne. Mierda. Cuanto
más me recordaba a mí mismo que no podía tenerla, más la deseaba.
La camarera vino a servir nuestra comida, devolviéndonos a la realidad.
En el momento en que llegamos a los bolos, estaba listo para sacar mi
frustración.
Fingiendo que cada pino era Callum, seguí golpeando strike tras strike.
Nunca había jugado bolos en mi vida.
En un momento, Elle bromeó.
—Dios, Sevin. Tal vez tengamos que encontrar una liga de bolos para ti o
88 algo así.
Callum siguió usando excusas para tocar a Evangeline. Supuestamente
estaba enseñándole cómo sostener la bola de bolos mientras que prácticamente
envolvía su cuerpo entero alrededor del de ella en el proceso.
El único consuelo era que pronto se estaría dirigiendo de regreso a Missouri.
Sin embargo, la parte más difícil de la noche no tuvo nada que ver con
Callum. Estábamos en mi camioneta dirigiéndonos de regreso a casa cuando Elle
presionó un botón y accidentalmente cambió la música de la radio a modo de
CD. Había estado escuchando Like a Friend de Pulp ese mismo día. La número
diez en el CD que hice para Evangeline decía todo sobre mis sentimientos por
ella. Cuando estaba solo en mi auto, era una de las raras veces que podía
relajarme. Me gustaba repetir esa en particular. La canción era un secreto entre
nosotros. Y ahora, ella sabía que la había estado escuchando.
Mirando a través de mi espejo retrovisor, pude ver que Evangeline me
estaba viendo directamente. No queriendo hacerla incomodar, la cambié.
—Me gustaba esa canción —dijo Elle—. ¿Por qué lo cambiaste?
—Esta es mejor —mentí.
Cuando robé otra mirada de Evangeline, estaba viendo con la mirada
perdida por la ventanilla.
Dos semanas después, Callum estaba muy lejos. Evangeline seguía
hablando con él todos los días por lo que escuché. Elle estaba profundamente
metida en nuestros planes de boda. Todo se movía tan rápido, que era imposible
incluso absorberlo. Así, cuando Elle me dijo que saldría de la ciudad el fin de
semana siguiente con sus padres, Emily e Imogene para visitar a algunos de los
primos de Olga, estaba agradecido por ese indulto. Me habían pedido que fuera
con ellos, pero usé la excusa de querer tomar ese tiempo para trabajar en
algunas reparaciones muy necesarias en la cocina de la casa de huéspedes.
Evangeline también se quedó. Estaba trabajando todos los fines de
semana en la tienda de Adelaide para el descontento de Lance. A pesar de que
lo desaprobaba, no hizo nada para detenerla. Saber que ella y yo seríamos las
únicas dos personas en la propiedad ese fin de semana me hizo sentir un poco
ansioso, a pesar de que no tenía planes de aventurarme a la casa principal.
El sábado comenzó exactamente como estaba previsto. En mi tercera lata
de cerveza, bajé mi taladro para tomar un descanso de la instalación de uno de
los gabinetes nuevos. Decidiendo que me iba a hacer un sándwich, encendí la
televisión. Las noticias locales habían interrumpido cualquier programación en la
que hubiese estado encendida. Las palabras a través de la pantalla decían:
Fuertes lluvias moviéndose a Dodge City y áreas circundantes esta tarde y noche.

89 Había estado tan inmerso en mi trabajo, que no había notado que los
cielos estaban inusualmente oscuros durante la mitad del día. Casi parecía de
noche. Cuando la lluvia empezó a caer, corrí hacia la casa principal para revisar
las cosas, asegurándome de que no había ventanas abiertas.
Mi estómago se hundió porque Evangeline no estaba en casa. Esperaba
que fuera lo suficientemente inteligente como para quedarse donde sea que
estuviera. No tenía su número de teléfono celular porque nunca tuve una razón
para llamarla. Concluyendo que Evangeline probablemente solo se quedaría en
Addy, decidí no llamar a los Suttons para pedirles su número.
Hubo un pequeño respiro de la lluvia, pero para cuando cayó la noche, los
aguaceros torrenciales regresaron en plena fuerza con vientos aún más pesados.
La siguiente vez que encendí la televisión, el titular decía: Advertencia de
tornado para la ciudad de Dodge y áreas circundantes.
Mi corazón empezó a correr. Mierda. Necesitaba averiguar dónde estaba
ella. Antes de que tuviera la oportunidad de digerir ese pensamiento, todo se
volvió negro.
13

G
racias a Dios que decidí aprovechar ese pequeño respiro de la
lluvia. Addy intentó convencerme de que me quedara, pero quizás
nunca hubiera llegado a casa si no me hubiera aprovechado de
ese respiro. Quería dormir en mi propia cama esta noche.
Traté de no pensar en el hecho de que Sevin estaba en la casa de
huéspedes. Esta era la primera vez que estábamos solos en la propiedad. Si
jugaba bien mis cartas, no tendría que verlo en absoluto.
Mi móvil zumbó. Era Callum.
90
—¿Hola?
—Oye, cariño. Solo estoy chequeándote. Oí que había algunas tormentas
serias pasando por allí.
—Estoy en casa. A salvo. No hay necesidad de preocuparse. Creo que voy
a tratar de ver un poco de televisión para distraerme de los rayos y truenos.
—Es una buena idea. Te extraño. No puedo esperar para volver a visitarte
pronto.
—Estoy esperando eso.
—Ponte en contacto conmigo en un par de horas, ¿de acuerdo?
—Bueno.
Después de colgar, fui abajo y encendí la televisión, con la esperanza de
algo ligero para ver. En cambio, mi corazón se cayó al ver las palabras extendidas
a través de la pantalla: Alerta de tornado. Cientos de interrupciones de energía,
reportadas.
Miré afuera, incapaz de ver más allá de las pesadas franjas de lluvia. Me di
cuenta de que necesitaba alejarme de la ventana. Inmediatamente registré la
cocina en busca de velas o una linterna. No teniendo idea de dónde guardaba
mi madre esas cosas, empecé a entrar en pánico. Sevin no tenía un teléfono fijo
en la casa de huéspedes, y yo no tenía su número de celular. Tenía miedo de salir.
Eso era lo último que dicen que debes hacer si llega un tornado. Justo cuando fui
en busca de mi teléfono para llamar a papá, las luces se apagaron.
Oh no. No, no, no.
Mi única fobia real era la oscuridad total.
Mi respiración se intensificó cuando giré a mi alrededor para tratar de ver
dónde estaba. Conseguí regresar a la sala de estar y me senté en el sofá en
posición fetal. Las lágrimas comenzaron a picar mis ojos. Sabía que
probablemente debería ir al sótano, pero estaba aterrorizada de estar allí sola. El
aullido del viento se intensificó, lo que me impulsó a levantarme una vez más y
tantear mi camino hasta la puerta del sótano. La abrí y bajé cuidadosamente
paso a paso.
Temblando, sujeté mi cabeza con mis manos. Una explosión enorme
viniendo de arriba sacudió hasta mi corazón. Estaba segura de que una ventana
había estallado, o tal vez algo se derrumbó... hasta que oí su voz.
—¡Evangeline!
Me levanté del suelo, abrumada por una inmediata sensación de alivio.
—¡Sevin! Oh Dios mío. Sevin. Estoy aquí abajo. ¡En el sótano!
El ruido de sus pasos se acercó. Un destello de luz me golpeó en los ojos
cuando la puerta del sótano se abrió, y él se apresuró por las escaleras. En
cuestión de segundos, presioné mi rostro contra su pecho desnudo. Su corazón
latía tan rápido. Las lágrimas de mis ojos se derramaron sobre su piel. Estábamos
91 completamente quietos mientras él me abrazaba fuertemente, su corazón
tronando contra mi oído. Era la primera vez que un hombre me había abrazado
así.
—Está bien. Estoy aquí.
Oírlo decir eso me hizo llorar aún más, no solo porque estaba tan feliz de
no estar sola, sino porque estar en sus brazos hizo que todos los sentimientos que
había estado tratando de enterrar salieran a la superficie.
Cuando me soltó, el aire frío reemplazó el calor de su cuerpo.
—Gracias a Dios que pensé en volver a comprobar de nuevo.
—¿De nuevo?
—Vine antes, y no estabas en casa. Supuse que te quedaste en donde
Addy. Cuando se apagaron las luces, sabía que necesitaba llegar aquí por si
acaso había una posibilidad de que hubieras vuelto. Encontré mi linterna y corrí.
Sé cuánto te asusta la oscuridad. También quería asegurarme de que sabías ir al
sótano. Nunca esperé encontrarte.
—Estoy tan feliz de que estés aquí.
Su colonia y el olor de su piel húmeda enmascaraban el moho del nivel
inferior. Sevin llevaba una camisa, pero estaba abierta en la parte delantera.
Probablemente estaba trabajando en la casa así vestido antes de dejarla
cuando se apagaron las luces.
Tomó mi rostro entre sus manos y limpió mis lágrimas con los pulgares. A la
tenue luz de su linterna, el azul oscuro de sus ojos penetraba en la oscuridad. Me
sorprendió cuando dijo:
—Te he echado mucho de menos.
La cruda emoción de sus palabras pareció cortar toda mi determinación.
Solté el control de mis pensamientos.
—Esto ha sido muy difícil.
Habíamos estado luchando una batalla juntos contra nuestros
sentimientos, una que solo nosotros dos sabíamos.
El viento afuera sacudió una pequeña ventana del sótano. Sevin no soltó
mis mejillas. Agotada por meses de deseo reprimido, mi cuerpo entero se sentía
débil mientras me tocaba. Recé para que no intentara besarme porque sabía
que no habría podido resistirme.
Lentamente deslizó sus manos hacia abajo y las alejó de mí. Mientras mi
mente estaba aliviada, mi cuerpo gritaba por el regreso de su toque. Incluso sin el
contacto físico, todavía lo sentía indirectamente mientras seguía mirándome.
—Mira a tu alrededor, Evangeline. No hay nadie más aquí. Solo somos tú y
yo.
Tragando, le respondí nerviosamente:
92
—Soy consciente de eso.
—Hemos hablado de muchas cosas desde que nos conocimos, cosas que
tememos, cosas que nos apasionan. Pero nunca... ni una sola vez... hemos
hablado de esto, de lo que ha estado sucediendo entre nosotros. —Cuando bajé
la mirada, llevó sus manos en mi cara otra vez, forzándome a levantar la mirada—
. Necesitamos hablar de ello.
Cerré los ojos, asintiendo en acuerdo, sintiendo un peso levantándose
lentamente de mí. Mantener todo dentro había sido arduo.
—Bueno. Hablemos de eso.
Sus ojos tenían una intensidad que casi me asustaba.
—Voy a empezar —dijo antes de hacer una pausa. Parpadeó varias veces,
claramente tratando de entender cómo articular lo que estaba pensando—. A
veces, siento que toda mi vida ha sido una mentira, ya sea que estuviese
fingiendo ser algo que no era o simplemente la mierda con la que me alimentó la
gente. Desde el momento en que te conocí, antes de que conociera tu maldito
nombre, se sintió como si de alguna manera fueras el reflejo de mi verdadero yo.
Cuando estoy a tu alrededor, no quiero ser nadie más que yo. Eso nunca me ha
ocurrido antes. No más mierda. Necesito que seas honesta conmigo. ¿Puedes
hacer eso?
Aunque tenía miedo, y no estaba completamente segura de lo que estaba
aceptando, asentí.
—Sí.
—Voy a hacerte algunas preguntas. No quiero que pienses en las
repercusiones de tus respuestas ni en lo que crees que debes decir. Solo necesito
tu verdad.
—¿Mi verdad?
—Sí. Nada de mentiras para proteger a alguien, solo la verdad
desenfrenada. ¿Puedes hacer eso por mí, aunque solo sea por esta noche?
Una lágrima cayó por mi mejilla mientras susurraba:
—Sí.
Se alejó un poco de mí. Era impresionante, con su amplio pecho expuesto
en esa camisa a cuadros abierta. Su cabello muy oscuro se encontraba mojado
por la lluvia. Mis entrañas estaban llenas de necesidad. Incapaz de controlar la
reacción de mi cuerpo ante él, estar aquí sola con Sevin parecía una situación
muy peligrosa. No podía evitar querer tocarlo, y eso me asustó.
Su voz me asustó.
—Primera pregunta. ¿Realmente planeas casarte con él?
Después de vacilar, le dije:
—Creo que sí.
93
—No es realmente una respuesta. Dame un sí o un no.
—Esa es la verdad. Estoy planeando, pero no estoy cien por ciento segura
de que pueda seguir adelante con él.
—Porque en realidad no lo quieres.
—Me quiero casar.
—No lo quieres. —Se acercó, su voz más exigente—. Dime la maldita
verdad.
Recordándome mi promesa de no mentir, admití:
—Realmente no lo quiero. Pero lo necesito.
—¿Por qué?
—Porque me va a hacer daño quedarme aquí. Y es mi billete de ida.
Ahora esa definitivamente era la verdad.
Dio dos pasos más hacia mí, provocándome piel de gallina en mis brazos.
—Cuando estuvimos en el granero esa noche y me enumeraste tus
esperanzas y sueños, me dijiste que deseabas experimentar el amor.
Asentí y susurré:
—Sí.
—Pensé que era incapaz de eso. —Hizo una pausa—. Pero creo que podría
estar experimentando algo muy cercano a ello... contigo.
Lo que acababa de admitir era una sorpresa total. A pesar de que
permaneció en silencio, Sevin pareció dominado por la emoción. No esperaba
esas palabras más que yo.
Continuó diciendo:
—Dime que no estoy loco, porque pienso que sientes lo mismo.
Lo hago.
Finalmente dije:
—No estás loco. Por eso tengo que irme. Estos sentimientos no se van, así
que tengo que irme... porque no puedo tenerte.
—Mírame. ¿No puedes ver que ya lo haces?
—¿Qué?
—Tú me tienes, Evangeline. Tú. Nadie más. Desde el momento en que nos
conocimos, has sido tú.
—No podemos estar juntos.
—Tampoco quiero herir a Elle. Es lo último que quiero, pero no puedo
94 controlar esto.
—No creo que lo entiendas, Sevin. Eso no importa. Tú y yo nunca
tendremos un futuro. Número uno, mi padre... te mataría. No hay nada en este
mundo más precioso para él que Elle y si la lastimas, él te destruirá. Pero más que
eso, no puedo traicionar a mi hermana. Ella te ama tanto.
—Ella cree que me ama. No me conoce, no como tú. Sé que le hice una
promesa a ella y a tu padre que tenía la intención de mantener, pero estoy tan
confundido. Lo único de lo que estoy seguro es que no puedo deshacerme de
mis sentimientos por ti. Dios sabe que lo he intentado.
—Esfuérzate más. Por favor. Tenemos qué. Me niego a hacerle daño.
—Me niego a hacerte daño a ti —espetó—. Y el estar con ella te hace
daño.
—No te preocupes por mí.
—¿Qué no me preocupe por ti? Vas a dejar que te lleve a Missouri, lejos de
Addy, lejos de tu familia, todo porque estás huyendo de mí. Yo debería ser el
único que abandone la ciudad si ese es el caso.
—No digas eso, Sevin. Esta es tu casa. Este es tu futuro. Te mereces esta
oportunidad.
—He pensado seriamente en marcharme y volver a Oklahoma.
La idea de que desapareciera por completo y nunca volver a verlo era
aún más amarga que el pensamiento de él casándose con Elle. Saber que sería
parte de mi familia para siempre era un consuelo agridulce. Era realmente jodido,
pero cierto.
—¿Me quieres, Evangeline? Olvídate de cómo crees que debes responder
a esa pregunta. Por favor. Necesito oírtelo decir. —Mi cara se estaba quemando
mientras se acercaba—. Por favor.
—Te quiero.
Cerró los ojos y los abrió.
—Te quiero más de lo que he querido algo antes.
—No todo lo que queremos es bueno para nosotros.
—No te atrevas a decir que no serías buena para mí. Si nuestras
circunstancias de vida fueran diferentes, serías perfecta para mí y lo sabes.
—¿A dónde va esta conversación? ¿Qué me pides, Sevin?
—No lo sé. En este momento... nada. Solo necesitaba saber la verdad.
Estoy tan cansado de pretender... de intentar ocultar esto.
—Bueno, te dije mi verdad. Simplemente no cambia nada.
—¿Quieres saber mi verdad?
—Sí.
95 Sus ojos ardían en los míos.
—Eres mi verdad. Todo lo demás es mentira.
Los vientos se intensificaron, sacudiendo las paredes del sótano. Los sonidos
de metal y los escombros que volaban alrededor me ponían nerviosa. Algo
golpeó la ventana del sótano con fuerza, e instintivamente me metí en los brazos
de Sevin. Me sostuvo allí un rato. Respirando su olor, la necesidad física de él se
sentía insoportable.
El calor de su aliento contra mi oído hizo que mis pezones se endurecieran
cuando dijo:
—Se siente tan bien abrazarte.
—Es incorrecto.
—Entonces, ¿por qué no te has alejado?
No pude responder a eso. En mi cabeza, de alguna manera había
justificado el permitirlo debido a la tormenta. Pero incluso cuando los vientos
finalmente se calmaron, eso no me impidió quedarme acurrucada en sus brazos,
diciéndome que esta era la primera y única vez que lo experimentaría.
Esa fue la primera de muchas mentiras que me dije cuando se trataba de
justificar mis acciones con Sevin.
A la mañana siguiente, mi familia regresó a la casa. Papá, aparentemente,
llenó su auto y obligó a todos a volver temprano tan pronto como la lluvia se
detuvo para poder evaluar el daño. El tornado nunca nos golpeó directamente,
pero había innumerables árboles derribados y líneas eléctricas. Para su
consternación, también hubo daños en el nuevo cobertizo que él y Sevin
acababan de construir.
—Gracias al buen Dios que estás bien, Evangeline —dijo mamá,
atrayéndome hacia ella.
—Realmente entré en pánico cuando las luces se apagaron. Ya sabes
cómo soy acerca de la oscuridad. Afortunadamente, Sevin vino a verme y se
quedó hasta que pasó la tormenta.
Los ojos de Elle mostraban una mirada inquisitiva pero inquietantemente
seria.
—¿Estabas con Sevin? —Inclinando la cabeza, dijo—: No lo mencionó
cuando lo llamé desde el camino.
Mi estómago cayó. ¿Por qué no había dicho nada?
Pensando rápidamente, dije:
—Sevin fue muy útil. Me ayudó a mantener la calma cuando ocurrió el
96 apagón. No sé si hubiera sobrevivido de otra manera.
Recé para que no pareciera tan culpable como me sentía. Esperaba que
la expresión de mi rostro no dijera: “Sí, me abrazó fuertemente hasta que pasó la
tormenta. Tuve que rogarle que volviera a su casa antes de la mañana porque
tenía miedo de no poder resistirme a besarlo.”
—Tienes un buen hombre, Elle —interrumpió mamá.
—Lo es. Me alegro de que estuviera aquí para que no tuvieras que pasar
por eso sola.
—Sí, yo también.
Al percibir que algo seguía molestando a Elle, le pregunté:
—¿Está todo bien?
—Todo está bien —respondió rápidamente.
Tal vez fue solo mi propia paranoia lo que me hizo preguntarme si Elle se
molestó por el hecho de que Sevin nunca le mencionó que estuvimos juntos
durante la tormenta.

Aquella misma tarde, llamaron a la puerta de mi habitación. Elle entró


antes de que yo le dijera que estaba bien entrar.
—¿Tienes un minuto? —preguntó.
—Por supuesto. ¿Qué está pasando?
—Tengo que hablarte de Sevin.
Mi corazón palpitaba.
—¿Qué hay con él?
—Algo no está bien entre nosotros y tengo que arreglarlo.
Volviéndome loca en el interior, di un golpecito en la cama.
—Ven a sentarte a mi lado.
Subió a mi cama y se acercó a mí mientras apoyaba su espalda contra mi
cabecera tapizada.
—Creo que Sevin podría tener algunas dudas sobre el matrimonio.
—¿Qué te hace decir eso?
—Por un lado, no me ha dado un anillo.
—La fecha de la boda ha sido fijada. ¿Tal vez espera dártelo ese día?
—No lo sé. Recuerdo que antes de mudarse a Dodge City cuando
estábamos en contacto a larga distancia, dijo algo acerca de planear
97 comprarme un anillo una vez que llegara aquí, pero no lo ha hecho, ni siquiera lo
ha mencionado.
—Creo que estás pensando demasiado. Quiero decir, se ha fijado una
fecha. Estoy segura de que conseguirá un anillo.
—Sé cuál es su duda.
El temor empezaba a encajar. Me preparé.
—¿Cuál?
—¿Por qué te casarías con alguien si no has probado la mercancía?
—¿De qué estás hablando?
—La gente asume que soy muy ingenua. Por mucho que trato de ser
buena, no soy estúpida. Míralo. Sé que no es virgen. Sé que ha estado con chicas.
Creo que incluso trató de decírmelo una vez, pero honestamente no quiero
saberlo.
—¿A dónde quieres llegar?
—Realmente creo que no está acostumbrado a tener que esperar así. Para
ser honesta, estoy realmente empezando a impacientarme, también. Estamos
comprometidos. Deberíamos ser capaces de hacer ciertas cosas.
—¿Qué estás diciendo exactamente?
—Estoy diciendo que quiero entregarme a él.
Mi corazón empezó a correr.
—¿No crees que estás apresurando las cosas? Te casarás en unos meses.
¿Cuál es la diferencia?
—La diferencia es... No estoy segura de que Sevin esté completamente
cómodo comprometiéndose conmigo sin saber si nos conectamos bien en esa
área. No creo que nadie lo haya hecho esperar así, y creo que le está haciendo
daño y lo hace dudar de nosotros.
—Entonces, ¿empezarás a tener relaciones sexuales con él?
—Bueno, tal vez no al instante. Pero quiero hacerle saber que estoy abierta
a permitir que él intente cosas, entregándole el control de mi cuerpo.
Una oleada de adrenalina me golpeó.
—¿Has intentado algo hasta ahora?
—Nada aparte de besarnos.
Alivio.
—¿Sientes que estás lista para esto?
—¿Cuál es la diferencia? Me voy a casar con él pronto. Mamá y papá me
matarían si supieran que estoy considerando romper las reglas, pero lo que no
saben no les hará daño. Es más importante para mí mantener feliz a Sevin en este
punto. Esa tiene que ser mi prioridad número uno. No quiero perderlo.
98 Una batalla entre el bien y el mal se produjo dentro de mí: la buena
hermana contra la hermana celosa.
—No sé qué decir. No esperaba esto de ti. Has sido tan diligente en seguir
las reglas. Esto es solo un poco impactante.
—Solo quiero tu apoyo y honestidad. ¿Crees que es una mala idea?
Respirando dentro y fuera, dije:
—Creo que necesitas hacer lo que sientas que tienes que hacer.
—¿Vas a seguir las reglas con Callum?
—No he pensado en ello. Es demasiado pronto.
—Es un tipo muy bueno, Evangeline.
—Sí. Lo es.
—Solo piensa... a esta altura el próximo año, tú y yo estaremos casadas.
Quién sabe, tal vez incluso con un bebé en camino.
—¿Quién? ¿Yo?
—O yo. —Sonrió.
Me sentí enferma.
—¿Quieres tener hijos tan pronto?
Elle parecía realmente sorprendida.
—¿Tú no quieres?
—No. Siento que necesitaría más tiempo para disfrutar de la vida
matrimonial primero. Los niños son una gran responsabilidad, y una vez que los
tengas, eso es todo; no hay vuelta atrás.
—No puedo esperar a estar embarazada con su bebé. Nuestros hijos van a
ser hermosos si se parecen a él con esa estructura ósea, piel olivácea y cabello
oscuro.
Incapaz de escuchar más de esto, de repente me levanté.
—¿Estás bien? —preguntó.
—Sí. Estoy bien. Toda esta charla de matrimonio y bebés… Aún no estoy allí,
Elle.
—No quería asustarte. Estoy segura de que Callum entenderá si quieres
tomar las cosas lentamente.
—Eso espero.
—De todas formas, solo quería contarte sobre mi decisión.

99

No me uní a mi familia para cenar esa noche. Fingiendo que estaba


enferma, me quedé en mi habitación, repitiendo mi intenso estado de celos. No
sabía lo que me invadía. El inminente casamiento de Sevin y Elle significaba que
tener sexo era inevitable. En el fondo sabía eso, pero aparentemente había
estado en negación.
La esperanza era que yo sería capaz de salir de esta obsesión con Sevin
antes de la boda. Ahora que Elle estaba planeando llevar las cosas a otro nivel
con él pronto, en cualquier momento, no tendría tiempo para ajustarme, no
había tiempo para superar mis sentimientos antes de que eso pasara.
La mera idea de ellos teniendo sexo me enfermaba. Estaba empezando a
ser realmente claro que esta reacción no iba a desaparecer mágicamente en
unos meses. El pánico comenzó a asentarse. Mi primer pensamiento era que
necesitaba detener las cosas entre ellos para que eso no sucediera. Estaba muy
decepcionada de mí misma, de siquiera haber pensado tan egoístamente.
La noche entera, giré y giré, intentando bloquear las imágenes no
deseadas de ellos juntos y desnudos. Mi tiempo a solas con Sevin en el sótano
seguía repitiéndose en mi mente, también. Él había puesto todo sobre la mesa.
Dijo que pensaba que tal vez se había enamorado de mí.
La situación se volvió más seria de lo que había imaginado.
Necesitaba hablar con alguien, y solo había una persona en la que podía
confiar.

Al día siguiente, me escapé del trabajo y monté mi bicicleta a lo de Addy.


Se encontraba en el garaje en medio de los neumáticos cuando entré. El olor a
grasa siempre fue extrañamente como un hogar para mí.
Se limpió las manos en su mono de mecánico.
—Vangie, no sabía que vendrías tan temprano hoy.
—Se supone que estoy trabajando en la planta. Tengo que regresar pronto,
pero realmente necesitaba hablar contigo.
—Es casi la hora del almuerzo de todos modos. Entremos a la casa.
Addy hizo sándwiches. Comimos juntas mientras recordaba todo lo que
había pasado desde la tormenta hasta la conversación con Elle.
—Siempre me preocupó que llegara a esto —dijo, tomando nuestros platos.

100 —Dime qué quieres decir


—Desde el momento en que entraste aquí después de ese primer
encuentro con él en el camino, temía que esta conexión entre ustedes dos se
volviera más fuerte que lo que podrían manejar bajo estas circunstancias.
—Pensé que podía controlarlo.
Regresó a la mesa y sujetó mis dos manos. Hubo una gran pausa mientras
me miraba directo a los ojos.
—Lo amas.
Dejando ir sus manos y enterrando mi rostro entre mis palmas, dije:
—No lo sé.
—Lo amas, Vangie
—¿Cómo lo sabes?
—Porque nunca podrías escoger este dolor en un millón de años si no lo
hicieras. Es como yo siendo gay. ¿Por qué una mujer escogería ponerse a sí misma
en una situación que podría significar ser condenada al ostracismo? Nunca
escogerías herir a tu hermana o ser rechazada por tu familia. El hecho de que no
puedas deshacerte de esto a pesar de todo es la prueba de que lo amas.
Lo que ella dice tiene mucho sentido.
—Nunca habría elegido esto.
—No puedes escoger amar. Te escoge a ti, y una vez que pasa, no te deja
ir. Puedes pretender que no está ahí, pero cuando intentas, solo pelea más fuerte,
más alto hasta que finalmente entiendes el mensaje y te rindes.
Me temblaban los labios.
—Por favor dime qué debo hacer.
—No puedo decirte qué hacer, cariño. Lo que te puedo decir es que
necesitas escoger un lado y aferrarte a él. Este purgatorio de medio campo en el
que estás ahora, tiene que terminar. Necesitas tomar una decisión o aclaras con
Elle lo de Sevin, le dices lo que ha estado pasando y te preparas para sufrir las
consecuencias, o te alejas completamente de él. No puedes vivir de esta
manera.
—Cuando dices estar lejos de él… ¿te refieres a irme?
—Tanto como no quiero verte ir, estaría de acuerdo dada la situación, no
serías capaz de vivir aquí si él se casa con tu hermana. No creo que tus
sentimientos vayan a cambiar. Te conozco, Vangie. Ese escenario sería pura
tortura. No quiero verte sufrir, viéndola a ella con él cada día. Hay una razón para
el viejo dicho de “fuera de la vista, fuera de la mente".
—Estoy tan asustada.
—¿Que te da más miedo?
101 —Herir a mi hermana.
—Entonces esa es una pista de en cuál dirección necesitas ir. No deberías
tomar esta decisión sola.
—¿Crees que necesito hablar con Sevin?
—Sí, lo necesitas. No creo que debas esperar.

No pude dormir en absoluto. En medio de la noche, me levanté y espié en


el cuarto de Elle para asegurarme de que estaba completamente dormida. No
podía arriesgarme a esto si era una de las noches en las que ella planeaba
escabullirse a lo de Sevin también.
Cuando me aseguré que todo el mundo estaba profundamente dormido,
silenciosamente salí en puntillas de la casa principal. Todavía en mi camisón, mi
cuerpo entero estaba temblando porque en ese momento no tenía idea de qué
sucedería. Solo sabía que era necesario tomar el consejo de Addy y resolver esta
cosa con Sevin de una vez por todas.
A diferencia de la única otra noche que aparecí en su puerta tan tarde, no
había luces en la casa de huéspedes esta vez. Debía estar durmiendo. No estaba
segura de cómo despertarlo. Agarre una pequeña roca y la tiré a la ventana. La
casa principal estaba lo suficientemente lejos para que el ruido no despertara a
nadie.
En el segundo intento, una luz se encendió en su dormitorio. Él apareció,
viéndose dolorosamente guapo. Estaba sin camisa, y su cabello despeinado por
el sueño.
—¿Evangeline? —preguntó aturdido.
Hable a través de su ventana.
—Necesitamos hablar.
Desapareció sin decir una palabra. Segundos después la puerta de
enfrente se abrió.
—Entra —dijo.
—Gracias. Lo siento si te desperté.
—No estaba durmiendo… intenté, pero no pude. ¿Qué pasa?
—Vine a hablar contigo.
Cuando me miró, vi algo en sus ojos que nunca había visto antes: miedo.
Sus irises estaban oscuros, su expresión hosca.
—Sé por qué estás aquí.
102
—¿Estás bien Sevin?
Todo estaba silencioso, excepto por el tic tac del reloj mientras estábamos
de pie frente a frente en medio de la sala de estar. Alcanzó mi mano y la puso
sobre su corazón, que estaba latiendo muy rápido. Su voz era tensa.
—No, no lo estoy, Evangeline. Realmente no estoy bien.
Mantuve mi mano sobre su corazón por un momento. Mi propio corazón
compitiendo con su ritmo desenfrenado. Una revelación me golpeó en ese
momento. Me preocupaba por Sevin en un nivel que no había sentido por nadie
más antes. Por mucho que amara a Elle y quisiera protegerla de esto, amaba a
Sevin por igual y quería protegerlo también. Era trágico, porque eso significaba
que, de cualquier manera, alguien que amaba saldría herido.
—¿Por qué crees que estoy aquí? —pregunté.
—Elle y yo hablamos en el patio de tus padres después de cenar esta
noche. Sé que te mencionó que iba a hablar conmigo al respecto. También sé
que la animaste.
—Supongo que lo hice de una manera indirecta, pero…
—También me dijo otra cosa…
—¿Qué?
—Ella te escuchó hablar esta tarde por teléfono preguntándole a Callum si
creía que sus padres y tus padres te permitirían mudarte a Missouri ahora en vez
de más tarde, en lugar de que él se mudara aquí. Así que… puedo sumar dos más
dos en cuanto a lo que viniste a decirme
No podía creer que Elle había estado escuchando mi conversación con
Callum. Debe haber pensado que Sevin lo tomaría como un buen chisme. No
tenía idea de que lo devastaría saber lo que estaba pensando hacer.
Después de llegar de casa de Addy, estaba desesperada por una solución.
Seguí pensando en su consejo y concluí que la única manera de salir de mi
dilema era dejar la ciudad inmediatamente. Así que, decidí dejar de lado mis
sentimientos sobre mudarme a la casa de los Hughes y posiblemente trabajar
para la cadena de supermercados que poseían.
No fue hasta que entré en lo de Sevin esta noche y vi el miedo en sus ojos
que comencé a dudar de si podría hacerlo. Sentir su corazón latir de esa manera
me hizo olvidar todo lo que había decidido antes. Me ubicó de nuevo en el
principio.
—¿Crees saber a qué he venido? ¿Cómo es posible que lo sepas cuándo
ni yo lo sé? Estoy tan confundida. Cada vez que pienso que he tomado una
decisión, miro tus ojos y eres todo lo que veo.
—Has venido a decirme que te vas. ¿Estoy en lo correcto?
—No me quiero ir.
103 —Tú no puedes irte. Puedes irte de Dodge City, pero ¿no puedes ver que
realmente no puedes borrarme? Todavía estaré aquí. Tu hermana también.
Cuando me dices que me olvide de ti, para seguir con el plan original y casarme
con Elle, a veces no sé si te das cuenta de lo que realmente me estás pidiendo.
No es solo una boda. El matrimonio es una condena perpetua. Significa ser su
hombre, tener sexo con ella, compartir mi vida con ella y solo ella. Si me caso con
Elle, estaría prometiendo hacer todas esas cosas y seguir adelante con ella para
el resto de nuestras vidas. ¿Es eso lo que quieres? ¿Quieres que tenga bebés con
Elle? No cre…
Grité:
—¡No! ¡No es lo que quiero! ¡No es lo que quiero! Tengo tanto miedo de
eso. —Mis manos estaban a cada lado de mi cabeza mientras tiraba de mi
cabello con rabia.
—Tú también me asustas como el infierno, Evangeline.
—Estoy tratando de hacer lo correcto, pero te deseo tanto que duele.
Cuando me dijo lo que planeaba ofrecerte, me puse tan celosa que no pude
comer ni dormir. Esto se siente como una situación imposible. Tienes razón... Vine
aquí esta noche para intentar decirte que me iba. Pero al segundo que estoy
frente a ti, la forma en que me haces sentir... todo lo que quiero hacer es
quedarme. ¿Por qué no pude encontrarte bajo circunstancias diferentes?
Me abrazó y habló en mi hombro.
—No vuelvas allí esta noche. Por favor. Te prometo que no intentaré nada si
te quedas aquí.
—Hay momentos en que realmente siento que podría morir por esto. A
veces, es tan malo que te odio. —Se me escapó una leve risa por haberlo
admitido.
Sonrió.
—No, no lo haces. Desearías hacerlo.
—Quedarme aquí esta noche no es justo para ella. Es cruzar una línea.
—¿No crees que ya la hemos cruzado? —Agarró mi rostro—. ¿Quieres
hablar de lo que es justo? No creo que puedas decir que es justo para mí
casarme con ella cuando todo lo que quiero, todo con lo que jodidamente sueño
eres tú. Elle es una dulce y maravillosa persona temerosa de Dios. Ella me calma y
me hace sentir bien por dentro. Pero tú... —Acercó su rostro—. Tú enciendes un
fuego en mí, Evangeline, uno que no puedo apagar, uno que no quiero. Ojalá
pudiera mostrarte cómo me siento.
Fuego. Era una buena palabra para describir el nivel de deseo ardiente
que corría a través de mí al pensar en lo que él le haría a mi cuerpo si pudiera. Él
tenía experiencia. Aunque pensarlo con otras mujeres me hacía sentir celosa, la
idea de experimentar algo parecido me emocionaba. Sabía que no iba a ceder
a mis necesidades físicas, pero mi mente necesitaba ser satisfecha si mi cuerpo no
podía.

104 A menudo había fantaseado con los dibujos de desnudos que confesó
dibujar. Quería tan mal ver los objetos de su creatividad.
—Quiero ver tus dibujos.
—¿Las mujeres?
—¿Hay otros dibujos?
—No.
—¿Me los vas a mostrar?
—Vas a pensar que soy retorcido.
—Ya me contaste la historia detrás de ellos. Te prometo que no lo haré.
El ambiente era extremadamente tenso mientras me condujo a su
habitación. Una pequeña lámpara proporcionaba muy poco de luz. Sacó una
caja negra de tamaño mediano de la parte de atrás de su armario.
—Nunca se los he mostrado a nadie. Mi madrastra accidentalmente los
encontró cuando me estaba mudando, pero eso realmente no cuenta. Tú eres la
primera persona a la que estoy dispuesto a mostrárselos.
Dejando la caja en su cama, Sevin caminó hacia el lado opuesto de la
habitación y se apoyó contra la pared. Cruzó sus brazos y me observó mientras
abría la caja.
Mis ojos se ampliaron. No sabía lo que esperaba, pero la realidad era
absolutamente impactante e impresionante a la vez. Mujeres hermosas de todas
las formas y tamaños. Las partes del cuerpo fueron recreadas de forma clara y
gráficamente a la perfección con finos detalles como el vello púbico y los lunares.
Las caras estaban mayormente giradas hacia un lado o mirando abajo. Algunas
tenían los ojos cerrados. Algunos eran más sexualmente provocativos que otros,
pero todos eran de buen gusto.
—Estos... son increíbles. ¿No usas modelos reales?
—Sí, claro. Tenía montones de mujeres desnudas escondidas en mi viejo
dormitorio en casa. —Apuntó a su cabeza con el dedo índice-—. No, es todo de
aquí arriba. Ninguna de ellas es real.
—¿Cómo lo haces?
Hizo un gesto con sus manos y mis ojos siguieron su movimiento mientras
hablaba.
—Comienzo con un montón de ángulos, uno para su cabeza, uno para su
cintura y otro para sus caderas y piernas. Lo llamo marco. Entonces, una vez que
la base está dibujada, empiezo a esbozar las formas reales de su cuerpo. Es difícil
de explicar. Solo hago lo que veo en mi cabeza.
—Eres increíble.
—Voy a contarte un secreto —dijo.
—No sería el primero.
105 Su boca se curvó en una sonrisa.
—No he dibujado ni uno solo desde que me mudé aquí.
—¿Por qué no?
—Lo he intentado.
—¿Solo no puedes?
—Vas a pensar que estoy loco.
—Demasiado tarde para eso. —Sonreí.
—Para poder dibujar uno, tengo que visualizar a la persona. No son
personas reales, pero tengo una imagen clara de ella en mi mente. Pero desde el
día en que nos conocimos, no puedo ver a ninguna otra mujer en mi cabeza,
excepto a ti.
—¿Alguna vez has intentado?
—¿Intentado qué?
—Dibujarme.
—No.
—¿Por qué no?
—Sinceramente creo que sería demasiado para mí. Demasiado real. Y
para ser honesto, no estoy seguro de poder replicarte.
Realmente no supe lo que se apoderó de mí. Ver las decenas de hermosas
imágenes que había creado me dejó con una necesidad abrumadora. Ya me
sentía atraída por él de muchas maneras, y luego descubrir este increíble talento
era abrumador. Quería ser cada una de estas mujeres, los objetos de su deseo y
pasión. Quería verlo crear.
Sabía por qué estaba de pie lejos de mí. Porque todo esto, nuestras
confesiones, la muestra de sus creaciones más íntimas, encendieron emociones
que eran demasiado poderosas. Esta noche solidificó aún más el hecho de que
era importante atenerse a mi plan original de dejar la ciudad. Esta atracción
entre nosotros continuaría hirviendo a fuego lento hasta que explotaría,
destruyendo todo en su camino para estar satisfecha.
Si no podía soportar herir a Elle, si iba a ser desinteresada e irme, entonces
al menos quería llevar una pieza de él conmigo.
Me levanté de la cama.
—Necesito que me dibujes.

106
14

M
e quedé allí paralizado y sinceramente no sabía cómo
responder.
No fue porque no quisiera hacerlo. Fue porque lo quería tanto
que me preocupaban las secuelas. Una sensación en mis
huesos me dijo que decididiera huir de todo esto, que saliera de casa. Ya sea que
dijera sí o no para dibujarla esta noche, de cualquier manera, probablemente me
arrepentiría.
Más que nada, estaba confundido acerca de lo que ella esperaba que
107 implicara el dibujarla
Todavía manteniendo mi distancia mientras me apoyaba contra la pared,
repetí su declaración.
—Necesitas que te dibuje...
—Sí.
—¿Por qué?
—Creo que son hermosas, y quiero ver cómo me ves.
La expresión de melancolía en su rostro me estaba matando. No había
rastro de humor ni de felicidad en su petición; estaba completamente seria.
Quería que la dibujara, pero al mismo tiempo, algo de eso la entristecía.
—Te lo dije. Normalmente no dibujo personas reales. Las imágenes en mi
cabeza son auto-creadas. No sé si la forma en que te imagino se traduciría bien al
papel.
Me sorprendió cuando dijo:
—Podría quitarme mi camisón.
Nunca, ni en un millón de años, esperé que sugiriera eso.
—¿Por qué querrías hacer eso?
—No tengo que hacerlo. Solo pensé que quizás eso te facilitaría dibujarme.
¿Cómo podría pensar que eso sería seguro? ¿No tenía idea de lo que me
hacía?
—No. De ninguna manera —espeté—. ¿Por qué haces esto?
Pareció sorprendida y mortificada por mi inflexible negativa.
—Lo siento. No puedo creer que incluso lo sugerí. Olvídate de que dije algo.
Esto fue un error. Tengo que irme.
Salió corriendo de la habitación en dirección a la puerta principal.
Agarrando su muñeca desde atrás, le dije:
—Detente.
Se volvió hacia mí, cerró los ojos, pero no dijo nada.
—Abre los ojos. —Cuando lo hizo, le dije—: No te avergüences nunca de
decirme lo que quieres. Siento haber reaccionado exageradamente. La verdad
es que quiero dibujarte tanto en este momento que me está malditamente
asustando. Simplemente no creo que sea una buena idea, así que voy a decir
que no. Pero por favor no te vayas. Quédate conmigo.
Después de una larga pausa, Evangeline asintió y me siguió hacia la sala
de estar. Se sentó en el sofá, agarrando una almohada.
—¿Tienes algo de beber?
108
—¿Para qué estás de humor? Tengo soda, agua, café...
—Me refiero a un trago de verdad.
—Tengo, pero no creí que bebieras.
Rio.
—No lo hago. Pero nunca necesité uno más que ahora.
Sonriendo comprensivamente, dije:
—Todo lo que tengo es cerveza. ¿Está bien?
—Sí.
Abrí una lata de Bud Light y la miré. Se veía hermosa con su camisón
blanco mientras se acurrucaba en mi sillón.
Esto.
Esto era lo que quería cada noche.
Vertí la cerveza en dos vasos y los traje hasta ella.
Mientras nos sentábamos y bebíamos, dijo:
—Siento que necesitamos comer algo con esto. ¿Tienes algunos Pop Tarts?
—¿Por quién me tomas? Por supuesto que tengo. —Sonriendo, me levanté,
puse dos de ellos en la tostadora y esperé antes de llevárselos en un plato.
Se llenó la boca.
—Estos son tan buenos.
—A partir de ahora, me aseguraré de tenerlos a mano en caso de que te
aparezcas al azar en medio de la noche.
—¿En serio?
—Ojalá no lo fuera.
Pasamos la siguiente hora reproduciendo música, pasando por todos mis
CDs uno por uno. Escogió las canciones que quería que yo grabara para ella.
Sentada en el suelo con las piernas cruzadas, examinó los viejos CDs de mi
padre y estalló en carcajadas.
—Estar aquí... beber cerveza. Hay muchas razones por las que sería
crucificada.
—Todo el mundo necesita una noche fuera de ese mundo de vez en
cuando.
—Hay formas mucho peores de pecar que con cerveza, Pop Tarts y
música, supongo.
Me reí.
—Si esos son tus peores pecados, diría que lo estás haciendo bastante bien.
109 —Solo peco cuando estoy contigo, Sevin. ¿Qué dice eso?
—Que soy una mala influencia. Todo el mundo siempre decía que mi
madre era una pecadora y una mala influencia para mi papá. Supongo que
heredé ese gen de ella.
—Ella estaría muy orgullosa de ti.
—¿Porque soy un pecador o una mala influencia?
—Ninguno. Porque eres una buena persona, no juzgas al igual que ella, y
eres un trabajador fuerte. Te veo en la planta. Papá siempre se jacta de ti
también. Pero también me muestras un lado de ti que nadie más puede ver.
Tengo suerte de que hayas confiado en mí. He llegado a ver tu pasión y tu
vulnerabilidad... tu necesidad de ser amado.
—Estoy bastante seguro de que maté a la única persona que me hubiera
amado incondicionalmente a pesar de mis faltas.
—¿Eso es lo que crees? ¿Que no eres capaz de ser amado por nadie más?
—Por desgracia, a veces lo creo, Evangeline.
—Puedo asegurarte que eso no es verdad. —Cerró los ojos, parecía que
quería decir mucho más. Su voz era apenas audible cuando los abrió y me miró—.
Cuando te pedí que me dibujaras, era porque quería algo de ti que fuese solo
mío. Puedo ver ahora cuán hermoso es tu arte. Solo quería ser parte de ello,
experimentarlo contigo, experimentar algo apasionado contigo. Sé que está mal,
pero es algo que podría mantener para siempre.
—Quieres un recuerdo. Porque te vas...
No dijo nada. No tenía que hacerlo.
En todos esos años dibujando mujeres, era casi como si, a través de la
práctica, había estado tratando de crear a la perfecta en vano. Desde casi el
primer momento en que Evangeline entró en mi vida, ya no había necesidad de
imaginarlo. Nada que mi mente pudiera evocar se compararía con ella.
Una mezcla de ira y deseo egoísta me consumió.
—Cambié de opinión. Quiero dibujarte.
Pudo ver la seriedad en mi expresión antes de seguirme en silencio a mi
habitación.
Abriendo el cajón, busqué nerviosamente mis provisiones. De alguna
manera se sentía como si toda mi experiencia de dibujo hasta ahora había
estado conduciéndome a este momento. Utilicé dos tipos diferentes de lápices,
uno para delinear y otro para sombrear. Me metí uno detrás de la oreja. Sentado
en mi cama con las piernas cruzadas, la miré fijamente mientras se paraba contra
la pared. Su pecho subía y bajaba.
—No estés nerviosa.
Le estaba diciendo que no estuviera nerviosa cuando tenía que evitar que
mi propio cuerpo temblara.
—Lo intentaré —dijo, con voz insegura.
110
—Quédate donde estás, ¿de acuerdo? No te acerques más a mí.
Asintió.
—Bien.
Ya que solo tenía una lámpara, mi habitación estaba oscura. Prendí un
fósforo, encendí tres velas y las coloqué en la mesa junto a donde estaba. La luz
de las llamas proyectaba un resplandor en la pared, causando una sombra
detrás de ella.
No iba a decirle que se desnudara. En su lugar, trataría de dibujar cómo la
imaginaba, con la esperanza de que no estuviera decepcionada con mi
interpretación.
Indeciso para comenzar, froté las yemas de los dedos a lo largo del papel
grueso de mi bloc de dibujo y cerré los ojos por un momento para poder
orientarme.
Cuando los abrí, mi corazón saltó un latido antes de palpitar
descontrolado. Sus brazos estaban levantando lentamente el camisón blanco de
algodón que llevaba por encima de su cabeza. Había cerrado completamente
los ojos para no tener que presenciar lo que estaba haciendo.
Mi conciencia gritaba que la detuviera, pero no dije nada porque quería
esto más de lo que había deseado cualquier otra cosa.
No podía creer que me dejara hacer esto.
Evangeline llevó sus manos a su espalda y desabrochó su sostén, que cayó
al piso. Tragué con dificultad mientras la contemplaba, pero no parecía que
hubiera saliva en mi boca.
Sus pechos eran tan llenos, tan pesados y perfectamente simétricos. Sus
pezones eran más oscuros de lo que imaginaba, un hermoso color malva y un
poco más grande que una moneda de medio dólar. Anhelando chuparlos, me
lamí los labios. Mi polla se endureció. Necesitaba ajustarme, pero no me atrevía
en caso de que abriera los ojos justo en ese momento. Gracias a Dios, tenía los
ojos cerrados porque no podía evitar la excitación dolorosa que ahora me
apretaba los pantalones.
Era diez veces más perfecta de lo que podría haber imaginado.
Continuaba con los ojos cerrados mientras deslizaba lentamente sus bragas
blancas por sus piernas. Mi corazón estaba bombeando más rápido que antes.
Recordando cómo murió mi padre, me preguntaba si me encontraba
genéticamente en riesgo de tener un ataque al corazón.
Evangeline se paró frente a mí completamente desnuda, es decir, su coño
estaba justo así. No sabía lo que esperaba, pero nunca esperé que lo afeitara.
Saber que era el primer hombre que la veía así significaba más para mí de lo que
ella podría haber sabido.
Pero esto era más que físico.
111 Estaba descubriéndose ante mí porque confiaba. Sabía que sentía tanto
por ella cuando mis ojos estaban cerrados o cuando ni siquiera estábamos juntos,
como lo hacía con ella desnuda delante de mí.
Sentimientos de orgullo y posesión me alcanzaron. Sabía con absoluta
certeza que no podía compartir esto con nadie más. Era sagrado para mí. Ella era
sagrada para mí. Era lo más puro que había experimentado, y la quería toda
para mí. Toda ella. Evangeline no lo sabía, pero ese fue el momento exacto en
que prometí hacer lo que fuera necesario para luchar por ella; incluso si eso
significaba dejar todo lo demás y sufrir las consecuencias.
Sus ojos todavía estaban cerrados mientras movía su cabeza hacia el otro
lado, haciendo que sus salvajes trenzas negras cubrieran ligeramente uno de sus
pechos. La dibujaría exactamente de esa manera.
Tomó todo de mí reunir la suficiente energía para iniciar el primer trazo.
Prefería mirarla y maravillarme de su belleza natural sin tener que pensar en nada
aparte de lo que se sentiría estar dentro de ella. Forcé el movimiento del lápiz.
Una vez que empecé, no podía parar, estaba increíblemente centrado en
la precisión de los ángulos y representando sus proporciones con precisión. Toda
mi práctica me preparó para esto. La forma en que estaba parada me
dificultaba distinguir su pecho tan claramente como necesitaba. Tenía que saber
si tenía alguna marca de belleza, también.
Por más que fuera un riesgo, me levanté de la cama y lentamente me
acerqué a ella.
—Mantén los ojos cerrados.
Su respiración se intensificó, pero hizo lo que le dije. Sosteniendo el lápiz en
mi mano, lo usé para trazar ligeramente la forma de sus pechos uno a la vez.
Cuando se estremeció y abrió sus ojos, susurré:
—Está bien. Solo los trazo para tener una idea de la forma. Te prometo que
no haré nada más.
Asintió, pero ahora sus ojos estaban abiertos y siguiendo el movimiento de
mi mano. Su respiración era difícil.
—¿Quieres que me detenga?
—No —exhaló.
Traté de grabar los detalles finos de su cuerpo en mi memoria: la forma de
pera de sus pechos, el pequeño lunar en la piel interior de su seno derecho. Su
hermoso coño desnudo... me tuve que contener para no arrodillarme y devorarlo.
Cuando conseguí lo que necesitaba, me obligué a dar un paso atrás. Me miró
cuando dejé de tocarla con el lápiz. Nuestros ojos se engancharon. Tan erótico
como era todo, no podía ir más lejos.
Sabía que estaba excitada. Había señales obvias, como la forma en que
sus pezones se fruncieron y la forma en que movía sus piernas. Pero más que eso,
lo sentí. De hecho, su resistencia era más débil de lo que esperaba. Habría estado
dispuesto a apostar cualquier cosa que ella estaba tan mojada como yo estaba
112 duro. La mera idea de eso me estaba volviendo loco. Pero, aunque mi cuerpo la
ansiaba, este no era el momento adecuado para considerar nada más que lo
que estábamos haciendo. No iba a aprovechar la ventaja que me había
regalado esta noche.
Así que, volví a mi cama y juré quedarme allí hasta que terminara el
bosquejo.

Casi estaba amaneciendo cuando Evangeline se vistió y volvió a la casa


principal.
Pareciendo realmente amarlo, jadeó cuando le mostré el dibujo. Tenía que
admitirlo, era realmente mi mejor trabajo. Nunca me había dado cuenta de lo
mucho más sencillo que era crear una representación precisa cuando tenías una
modelo real.
Antes de irse, Evangeline escondió la pintura dentro de un gran libro de
fotografía de Ansel Adams que le había prestado. Será mejor que encuentre un
maldito escondite para eso.
Abandonado en un estado de insoportable necesidad, me retiré
inmediatamente al baño y me masturbé con los pensamientos de todas las cosas
que quería hacerle a ella, pero no le había hecho. Ahora que casi cada rincón
de su cuerpo estaba claro en mi mente, las fantasías eran insoportablemente
vívidas. Me corrí duro tres veces seguidas... de pie en el baño, en la ducha y de
nuevo en mi cama. Había considerado tomar un día libre del trabajo solo para
masturbarme, pero me detuve cuando pensé en lo ridículo que era.
Esa mañana en el desayuno, apenas podía mirar a Elle a los ojos.
—Sevin, ¿te sientes bien?
—Sí. Solo estoy un poco cansado. No fui capaz de dormir anoche.
Mientras miraba sus dulces ojos, por primera vez, mi culpa se sintió como
completamente transparente. El único consuelo era que Evangeline estaba arriba
aparentemente todavía durmiendo.
Cuando Elle había sugerido hace poco llevar las cosas a un nivel físico, de
alguna manera logré convencerla de que era mejor seguir esperando.
Cuando Olga estuvo fuera del alcance del oído, Elle me susurró:
—Quiero ir a verte esta noche.
—De acuerdo. Claro. —No sabía cómo responder. Sabía con seguridad
que no iba a poner un dedo sobre ella, pero estar a solas últimamente me hacía
sentir incómodo. Parecía desesperada por conectar conmigo mientras yo era
cada vez más distante.
113 Con cada día que pasaba, parecía menos probable que la boda con Elle
llegase a suceder. Sin embargo, las probabilidades de que me mudara de
regreso a Oklahoma parecían mayores que mi final con Evangeline.
—Callum viene de visita este fin de semana. Le dije a Evangeline que los
cuatro saldríamos de nuevo.
Se sentía como si todo estuviera cerniéndose sobre mí. Evangeline casi me
dijo que estaba dejando la ciudad con su "novio". Mientras tanto, los planes de la
boda estaban en curso. Sentí que necesitaba hacer algo drástico y pronto.

Callum había manejado desde Missouri, y los Suttons lo habían metido en


mi casa de huéspedes. Así que tuve un compañero de cuarto no muy deseado
para el fin de semana.
La noche que dibujé a Evangeline fue un punto de inflexión. No había
forma de que fuera capaz de tolerar la idea de este tipo tocándola, y mucho
menos casándose con ella.
El tiempo a solas con Callum, sin embargo, fue mi oportunidad de jugar al
tonto y obtener tanta información sobre los planes de Evangeline como fuera
posible.
Estábamos afuera trabajando en la reconstrucción del cobertizo que fue
dañado durante la tormenta. Era una tarde clara, y el sol nos golpeaba. Elle y
Evangeline fueron a la ciudad, al mercado del agricultor para comprar productos
para la cena. Lance y Olga habían ido a una función de la iglesia con Emily. Así
que, aparte de Imogene, estábamos solo Callum y yo en la propiedad.
Lo que empezó como una tarde rutinaria de trabajo resultó ser cualquier
cosa menos ordinaria.
Golpeé con mi martillo sobre un trozo de madera contrachapada y retiré el
clavo que había estado sosteniendo entre mis dientes.
—Entonces... ¿Evangeline dice que planea mudarse a Missouri?
—Sí... fue su idea.
—¿Cuál es la prisa de repente?
—Tengo mis teorías.
—¿Oh sí? ¿Qué teorías?
—Bueno, ya sabes. El entorno aquí no es exactamente propicio para tener
una relación. Mis padres no son tan estrictos como los Suttons. Ellos creen en los
roles tradicionales y todo, pero sus reglas de cortejo son diferentes.
—Entonces, ¿crees que Evangeline quiere mudarse a Missouri para poder
114 follar contigo?
—En parte, sí.
—Y cuando dices, “roles tradicionales”, ¿de qué exactamente estás
hablando?
—Significa varias cosas. Por ejemplo, una vez que nos casemos, Evangeline
se quedará en casa y criará a nuestros hijos mientras trabajo fuera de la casa.
—Pensé que parte de la razón por la que supuestamente se está mudando
era para trabajar en la compañía de tus padres.
—Bueno, eso estará bien por un tiempo, pero Evangeline no podrá tener
una profesión una vez que tengamos hijos.
—¿Ella lo sabe?
—Se sobreentiende.
—Así que, lo han discutido...
—Sí.
—Pura mierda. No, no lo has hecho.
—¿Disculpa?
—Evangeline nunca aceptaría eso. Es demasiado ambiciosa.
—Eso es agradable y todo, pero una vez que estemos casados, hará lo que
sea mejor para nuestra familia y por lo tanto, lo mejor para ella. Así es como
funciona.
—Lo mejor para ella es lo que la haga feliz.
—¿Entonces, me estás diciendo que Elle seguirá trabajando una vez que
tengas hijos?
—Elle puede hacer lo que quiera, ya sea quedarse en casa con sus hijos o
trabajar. No es mi lugar decirle cómo vivir su vida.
—Lo siento, pero no fue así como me crié. Una esposa no tiene elección
para el caso.
—No me di cuenta de que fuiste criado por una tribu de malditas hienas.
Levantó los brazos.
—Amigo, ¿cuál es tu maldito problema?
—Mi problema es tu pensamiento arcaico y el hecho de que no sabes
nada de nada sobre la mujer con la que te vas a casar.
—¿Y tú lo haces?
—Mucho mejor que tú, aparentemente.
—¿Qué pasa contigo y Evangeline de todos modos? ¿Por qué siempre te
metes en nuestros asuntos? ¿Desearías casarte con ella en su lugar? ¿Por qué no
te preocupas por Elle? Ve a follártela o algo. Mantente fuera de Evangeline y mis
asuntos.
115
—Evangeline es mi familia, tanto como Elle. Es mi asunto.
—Bueno, no por mucho tiempo.
—Si crees que se casará contigo y aceptar perder su identidad, estás muy
equivocado.
—Hará lo que sea que malditamente le diga que haga como su marido.
—Supongo que crees que también debería follarte cuando se lo digas,
¿verdad?
—En realidad, sí. Como mi esposa, quiera o no, ella se someterá a mí
donde y cuando yo le diga.
Realmente no quería quitarle los dientes. Pero tan pronto como esa frase
salió de su boca, mi brazo tomó mente propia. Lo siguiente que supe, es que
Callum estaba en el suelo, y su boca era un desastre sangriento. Todo sucedió tan
rápido.
No había testigos a la vista, o eso creía yo. Sería su palabra contra la mía
de cómo fue la pelea.
—¡Casi me quitas los malditos dientes, bastardo!
—Dices otra vez mierda así sobre personas que me importan, y me
aseguraré de que no tengas un solo diente la próxima vez.
No sabía cómo le explicaría esto a los Suttons. Callum definitivamente me
haría pasar por el chico malo.
Como si este espectáculo de mierda no pudiese empeorar, Callum y yo
miramos al mismo tiempo hacía la ventana. Parecía que teníamos un testigo de
nuestra lucha. Imogene estaba ahí de pie, sonriéndonos con su mueca
desdentada. Nos observaba como un espectador. No la había visto en semanas,
ya que los Suttons hacían un trabajo muy bueno en mantener a la pobre cosa
escondida.
Pervertida como era, debe haber estado comiéndonos con los ojos a
Callum y a mí mientras ambos trabajamos sin camisa bajo el sol. Eso no fue lo
peor. Cuando se dio cuenta de que la vimos, levantó su camisa, exponiendo sus
largas tetas flácidas. Empezó a sacudirlas.
¿Qué diablos?
Callum y yo estábamos sin habla. Eso marcó el final de nuestra lucha
mientras ambos regresamos a la casa de huéspedes conmocionados y en
silencio.

116
15

C
allum tenía un labio hinchado. No me dijo la verdad de lo que pasó,
pero sentía que Sevin tenía algo que ver con eso.
Durante la cena de esa noche, me di cuenta que Sevin tenía
un moretón en la mano, por lo que no fue difícil sumar dos más dos.
Cuando enfrenté a Callum sobre eso más tarde, inventó una historia que
los dos estaban bebiendo demasiado y terminaron peleando. Dijo que las cosas
se salieron de las manos. Todo sonaba falso.
117 Había estado evitando intencionadamente a Sevin por completo, así que
preguntarle no era una opción. Sabía que él me diría la verdad, pero no estaba
segura de querer saberlo. La única vez que fui capaz de encontrarme sola en la
cocina después de la cena del sábado por la noche, dijo que necesitaba hablar
conmigo sobre algo importante. Tal vez tenía que ver con lo que pasó con
Callum. Elle había entrado segundos más tarde, y ese fue el final. Ahora que mi
decisión de irme había sido tomada, no tenía sentido empeorar las cosas
pasando más tiempo con Sevin. Después de esa noche, dejé de ir a cenar.
El domingo por la noche, Callum acababa de salir para regresar a Missouri.
Su próximo viaje a Dodge City en dos semanas sería para recogerme y traerme
de vuelta con él. Aunque mamá y papá me habían dado su bendición de
mudarme con la familia Hughes, todavía no le había dicho a nadie exactamente
cuán rápido tenía planeado irme. Estaba esperando hasta el último minuto para
no volver a ver a Sevin. Eso también significaba esconderlo de Elle.
Estaba en mi habitación discretamente empacando algunos de mis
pequeños artículos preparándome para la mudanza cuando Elle entró. Me
esforcé por parecer casual para que mi embalaje no pareciera tan obvio.
Sonrió.
—Hola, hermana. ¿Qué haces?
—Solo estoy organizando algunas de mis cosas.
Se dejó caer en la cama.
—Entonces, ¿estás planeando mudarte a Missouri?
Dejando escapar una respiración profunda, dije:
—Ese es el plan.
—¿No hay nada que pueda hacer para cambiar tu opinión?
—No me hagas llorar. No está tan lejos. Todavía podemos visitarnos.
Suspiró.
—Lo sé. Siempre nos imaginé criando a nuestros bebés juntos, caminando
alrededor de la propiedad todos los días en sus autitos mientras visitábamos a
mamá. Entiendo que Callum tiene que asumir la compañía de su padre y todo,
pero nunca imaginé que te mudarías. Eso me entristece. No puedo evitarlo.
Lágrimas que salían de la nada comenzaron a formarse en mis ojos.
—Realmente lo siento, Elle.
Lo siento por mi debilidad, que estropeó tus sueños para nosotras.
Lo siento por enamorarme de tu prometido.
Lo siento por todo.
Estaba realmente arrepentida.
Se levantó de la cama para abrazarme.

118 —No te preocupes por mí. Está bien, siempre y cuando esto sea lo que te
hará feliz.
Tu felicidad es más importante.
Elle realmente no tenía idea de lo infeliz que me sentía. Pensé que tal vez
después de todo este tiempo, Sevin o yo podríamos haber dado algún tipo de
vibra, pero realmente me sorprendió que Elle no percibiera que algo estaba mal
con cualquiera de nosotros. Sentía que mi miseria debería haber estado escrita
por todo mi rostro.
—Por cierto, ¿Callum está bien? —preguntó.
—¿Qué quieres decir?
—Su labio...
—¿Sevin no te ha dicho nada?
—No. Le pregunté si sabía lo que pasó, y me dijo que no era nada. No
quiso entrar en detalles.
—La forma en que Callum lo explicó, aparentemente estaban bebiendo
mientras trabajaban en el cobertizo y andaban por ahí, y Callum se cortó el labio.
—Eso suena muy extraño.
—Lo sé.
Sonrió y se encogió de hombros.
—Los chicos serán chicos, supongo.
—Exacto.
Exhalé un suspiro de alivio cuando salió para ir abajo. Era tan difícil no
decirle cuán pronto estaba planeando irme. Pero una vez que Sevin se enterara,
sabía que él trataría de detenerme. No podía arriesgar que nada ocurriera entre
nosotros que pudiera disuadirme.
Después de la noche en que me dibujó a su habitación, supe que no podía
permitirme perder mis inhibiciones como esa vez nunca más. Quería que me
dibujara como una forma de cierre, pero tuvo un efecto opuesto en mí, uno tan
fuerte que solidificó la necesidad de salir lo antes posible.
No podía cerrar los ojos por la noche sin recordar la sensación de su lápiz
trazando mis senos… la mirada de deseo en sus ojos cuando lo hacía.
Había estado tan concentrado, dibujádome mientras estaba sentado en la
cama con las piernas cruzadas, el lápiz escondido en el hueco de su oreja.
Nunca olvidaré un solo segundo de esa noche. Las sensaciones que
habían pulsado a través de mí eran unas que ni siquiera sabía que mi cuerpo era
capaz de sentir.
El dolor por él ahora era más insoportable que nunca. Forzarme a
mantenerme alejada de él lo hacía aún peor.
Lo extrañaba tanto, pero ya no podía confiar en mí. Así debía ser. Todo lo
119 que tenía que hacer era tocarme una vez más, y tenía miedo de perderlo. Y
perderlo significaría perder a mi hermana y ser responsable de la caída de Sevin
todo al mismo tiempo.

Una semana antes de mi planeada partida, los sentimientos de vacío y


anhelo no habían disminuido; solo se habían intensificado. En un infructuoso
intento de deshacerme de ellos, decidí hacer algo que no había hecho en
semanas.
Atándome las zapatillas de deporte, me preparé para salir por lo que
probablemente sería mi última carrera temprano en la mañana aquí, ya que el
resto de la semana el pronóstico era de lluvia. Había menos niebla que de
costumbre, y el sol estaba luchando para salir a través de las nubes de la
mañana.
Cuando mis pies golpearon la tierra de los terrenos fuera del rancho, la
enormidad de mi partida realmente comenzó a hundirse. Corrí más rápido para
combatir los sentimientos de desesperación. El frío aire de la mañana intentó
secar las lágrimas que corrían por mi rostro.
No quería irme.
El simbolismo de mi carrera no se perdió para mí. Era exactamente lo que
estaría haciendo, huyendo de todo aquí. No sabía si eso me convertía en un
héroe o una cobarde.
Alrededor de tres minutos de mi carrera, sentí como si mi corazón estuviera
golpeando fuera de mi pecho en sincronía con mis pies. Podría haber jurado que
lo oí golpear fuera de mí, pero pronto me di cuenta de que no era mi corazón en
absoluto. Era el sonido de pasos que golpeaban el pavimento detrás de mí.
No tuve que darme la vuelta. Sabía que era él. Aceleré. Cuando llegó a mi
lado, sentí que había perdido una carrera contra el tiempo.
Podía ver las lágrimas cayendo por mis mejillas, el enrojecimiento en mis
ojos. Debió de saber que estaba llorando mucho antes de que me alcanzara.
La capucha gris de Sevin cubría su cabeza. Sus hermosos ojos azules
oscuros perforaban desde abajo. Parecía atormentado, devastado...
increíblemente hermoso… un claro recordatorio de exactamente porqué me
había estado alejando de él.
No dijo nada. Cuanto más rápido corría, más rápido iba a seguirme. Uno
pensaría que estábamos siendo perseguidos por algo cuando de hecho la única
cosa de la que estábamos huyendo era el uno del otro.
Estaba perdiendo el aliento. Sentía que iba a caer, y él lo percibió.
120 Me agarró del brazo y me obligó a detenerme.
—¡Mierda! Detente, Evangeline.
Envolviendo sus manos alrededor de mis mejillas, acercó mi rostro al suyo.
Estábamos a solo centímetros de distancia y ambos jadeando por aire. El aire que
escapaba de su boca y entraba en la mía me hacía cada vez más débil. Quería
consumir todas y cada una de sus respiraciones. Este momento era diferente de
todos los demás que habíamos compartido. La intensidad en sus ojos no era nada
como la mirada fija que normalmente mostraba cuando me miraba. Era salvaje,
desinhibida y no tenía ningún control en absoluto.
Al sentir que algo iba a suceder, grité:
—No podemos hacer esto. Iremos al infierno, Sevin.
Habló por encima de mis labios.
—¿No sabes que me quemaría en el infierno por probarte al menos una
vez?
Eso fue lo último que dijo antes de sentir mis labios desaparecer
completamente en su boca. Si todo antes de esto había sido una quemadura
controlada, entonces esta fue la explosión. Entrando más profundo en mí, me abrí
para su lengua, dejándolo tomar la posesión completa de mi boca. El calor de su
beso, el calor de su cuerpo presionando el mío eclipsaron todo lo que me
rodeaba. No podía ver nada. No oía nada. Solo podía sentirlo. Alzando la mano,
pasé los dedos por debajo de su capucha, agarrando su cabello para acercarlo
más. Nunca pareció lo suficientemente cerca. Nunca lo sería. Porque lo
necesitaba dentro de mí. La forma en que arremolinaba su lengua en
movimientos duros y controlados dentro de mi boca imitaba lo que sabía que
haría con otras partes de mí. Estaba palpitando entre mis piernas, tan
increíblemente mojada de deseo. Mi cuerpo despierto estaba listo para asumir
más. Mucho más. Saber que nunca podría estar satisfecha hasta que estuviera
dentro de mí fue un entendimiento peligroso.
Esto era tan peligroso.
Cuando intenté alejarme, Sevin habló en mi boca.
—Por favor, no me pidas que me detenga.
Sentí que no podía parar, como si nada más importara. Tal vez eso era lo
que pasaba cuando finalmente te rendías completamente a la persona que
estaba destinada para ti. Nada más importaba. Perdí la capacidad de hablar
cuando empezó a besar mi cuello. Mi cabeza estaba doblada hacia atrás lo más
lejos que podía mientras él besaba, chupaba y mordía suavemente mi piel.
Estábamos en medio de la carretera desolada, sin sonido, excepto nuestra
respiración y la llamada matutina de los pájaros. De repente, el sonido de un auto
acercándose nos obligó a separarnos.
Jadeando, nos movimos al lado de la carretera cuando un delegado del
sheriff nos pasó zumbando. Podría haber sido alguien que nos conociera. Peor
121 aún, podría haber sido papá yéndose temprano a trabajar. Eso raramente
sucedía, pero era posible.
Ambos estábamos tratando de recuperar el aliento, aún conmocionados,
mirando el concreto. Cuando levanté la mirada hacia sus ojos llenos de lujuria,
tomó toda la fuerza en mí el retroceder y decir:
—Por favor, no me toques de nuevo.
—¿Eso te hará más fácil volver a fingir que no existo?
—¿Crees que es fácil para mí?
—No, de hecho, creo que es imposible.
—Tienes razón. Cuanto más intento, más difícil es.
—Puedes estar físicamente lejos de mí, Evangeline. Por supuesto. Incluso
puedes mudarte a cientos de kilómetros de distancia. ¿Pero no ves que todavía
estaré contigo? —Palmeó su pecho—. Estaré aquí... en tu corazón, en tus sueños,
bajo tu piel. Así es como siempre ha sido para mí contigo. Cuanto más nos
separamos, más te anhelo. A veces, mientras más luchamos contra algo, más
demuestra su poder sobre nosotros.
—Por favor, déjame ir.
—Malditamente desearía saber cómo. La única vez que he orado en toda
mi vida fue para pedirle a Dios que me muestre cómo dejarte ir. Pero Él no está
ayudando, porque no estamos destinados a estar separados. —Miró al suelo,
sacudiendo su cabeza, frustrado—. Escúchame y escucha bien. Puedes
permanecer lejos de mí todo lo que quieras, pero por favor... por favor... no te
cases con él. No es para ti.
—En realidad no lo conoces.
—Quiere atraparte, hacerte su maldita esclava. Deberías oír cómo habla
cuando no estás cerca. Que los roles tradicionales son tonterías, cómo una vez
que estén casados, harás lo que él dice... follarte cuando quiera... estar descalza
y embarazada. He estado tratando de advertirte, pero no me das la oportunidad
de encontrarte a solas. He estado volviéndome loco tratando de hablar contigo
acerca de esto. Quería matarlo.
—Lo golpeaste.
—Sí, le di un puñetazo. ¿No era obvio?
—Cómo Elle no lo ha descubierto está más allá de mí, entre el moretón en
tu mano y tu boca.
—Imogene lo vio todo.
—¿Imogene?
—Sí. Justo antes de que nos mostrara rápidamente sus tetas desde la
ventana.
Mis ojos se agrandaron en incredulidad.
122 —¿Qué? ¿En serio?
Asintió.
—Historia verdadera.
Empezamos a reír mucho. Las lágrimas caían de mis ojos otra vez, y no
podía estar segura de si eran lágrimas de tristeza o risa o ambas cosas.
Cuando la risa se desvaneció, miré su mano y dije:
—Siento lo de tu magulladura.
Estiró los dedos y miró sus nudillos.
—Esto no es nada comparado con lo que siento por dentro, Evangeline. De
todos modos, realmente no fue nada. Haría cualquier cosa para protegerte.
Te amo, Sevin. Te amo mucho.
Se veía tan vulnerable y desesperado, como si quisiera hacer cualquier
cosa para hacer que me quede. Tenía el cabello revuelto por sus dedos. Se veía
increíblemente sexy, hambriento. No quería nada más que me consumiera en la
hierba. Mi cuerpo estaba hormigueando, palpitante, dolorido como nunca antes.
Caminó hacia mí.
—Estabas llorando cuando te alcancé. No eres feliz. Por favor, déjame
hacerte feliz.
—¿A expensas de qué? No amo a Callum, ¿de acuerdo? Lo sabes. Pero es
la única opción que tengo en este momento para un nuevo comienzo. No sé si
me casaré con él. En este momento, lo único que necesito es otro lugar para vivir
por el momento. Mi estancia solo destruirá a mi hermana y arruinará tu futuro.
—No quiero un futuro sin ti en él.
—Tengo que ir.
—No vuelvas a huir de mí.
—Tengo qué.
Apartándome sin otra palabra, corrí como un infierno hacia el rancho,
dejando a Sevin en medio de la carretera. Pero tenía razón. Podía correr todo lo
que quisiera, pero él todavía estaba conmigo. Necesitarlo con todo mi corazón y
alma pudo haber sido un pecado, pero era la verdad. Él era mi verdad. Incluso si
eso me hacía una pecadora. Muy pronto, mi verdad y mis pecados me
alcanzarían más rápido de lo que estaba lista.

123
16

E
stimado Sevin,
Te escribo para hacerte saber que me voy a ir al final de este
fin de semana para Missouri. Sé que esto será una sorpresa porque es
más pronto de lo que nadie esperaba, pero es lo mejor.
Hay algo que necesito decirte antes de irme.
Debatí durante mucho tiempo si debía escribirte. Me siento más segura de
124 comunicarme contigo de esta manera porque por razones obvias, ya no confío
en mí misma para estar físicamente a tu alrededor.
De todos modos, de vuelta al punto de esta carta. Dijiste una vez, con
respecto a la muerte de tu madre, que sentías que habías matado a la única
persona que te amaría. Te equivocaste. Eres capaz de ser amado. Soy una
prueba de ello. Porque te amo. Incondicionalmente. Ojalá no lo hiciera.
Amo tu pasión. Amo tu arte. Amo cómo aprecias mis rarezas. Amo tu
música y cómo la usas para expresarte conmigo. Amo la forma en que me miras.
Amo cómo me haces sentir. Amo quien soy —yo— cuando estoy cerca de ti. Te
quiero. Te amo, Sevin. No importa lo que pase, necesito que lo sepas.
Mis sentimientos son demasiado fuertes para mí. A través de mi debilidad,
me puse en situaciones contigo que nos han puesto a prueba a los dos. A pesar
de que no me arrepiento de ninguno de los momentos secretos que pasamos
juntos, no cambia el hecho de que estuvieron mal. A veces, el amor también
significa poner las necesidades de aquellos que amas delante de las tuyas. Elle no
merece que su hermana mayor la traicione a sus espaldas. Si me amas, entonces
cuídate. Lo único peor que el dolor que estoy sintiendo ahora, es imaginar a Elle
experimentando lo mismo si alguna vez se enterara de nosotros.
No quiero que te preocupes por mí. Tengo una buena cabeza sobre mis
hombros. Si las cosas entre Callum y yo no se sienten bien, prometo no casarme
con él. Voy a ganar más dinero en Hughes Foods que en Sutton. Planeo ahorrar
cada centavo hasta que consiga un plan para mí.
Quizás algún día lo superaré y luego volveré. Hasta entonces, esto es lo que
tengo que hacer.
Nunca olvidaré ese beso mientras viva.
Amor para siempre, Evangeline
PD. Por favor, destruye esta carta ya que no puedo arriesgarme a que
alguien la encuentre.
Sosteniendo la carta en mi mano, se sentía como una muerte. Por primera
vez en mi vida, era casi posible imaginar lo que sentía mi padre cuando perdió a
mi madre. De alguna manera, el hecho de que Evangeline todavía estuviera viva
y avanzando con su vida parecía que sería más difícil de manejar. Hubiera sido
más fácil si ella desapareciera en el aire.
Al abrir mi gabinete, saqué una pequeña botella de Jack Daniels que
había sido albergada durante algún tiempo. Volví a mi cama, bebiendo el
alcohol en un largo sorbo mientras seguía mirando fijamente su meticulosa letra.
Llamaron a la puerta.
Mierda.
Empujando la carta bajo mi cama, me acerqué a contestar. Eran Elle y
Emily.
125 Elle pasó junto a mí mientras Emily encendía la televisión en mi sala de
estar.
—Así que, tengo algunas noticias —dijo Elle, luciendo triste.
—¿Cuáles?
—Evangeline se va a Missouri este fin de semana. Se está mudando con la
familia Hughes. Pensé que no sería durante otros meses, pero está sucediendo
ahora.
Tragando, le dije:
—En serio...
—Sí. La próxima vez que la veamos será la boda.
Sintiéndome entumecido, no sabía fingir sorpresa. ¿Cómo diablos podría
fingir que la noticia de la partida de Evangeline no había destrozado mi mundo
hacía unos momentos?
Elle continuó:
—No entiendo por qué tiene que irse tan pronto. La boda está a solo unas
semanas. Realmente esperaba que al menos se quedara hasta entonces.
La segunda mención de nuestra inminente boda me provocó oleadas de
náuseas.
Se acercó.
—Sevin, ¿estás bien?
Me quedé allí sin palabras, sintiendo que estaba a punto de explotar.
—¿Has estado bebiendo?
—Solo un poco.
A pesar del olor a alcohol, mi angustia tenía que haber estado escrita en
mi rostro. Miré sus dulces ojos, y la realidad me golpeó como un montón de
ladrillos. Todo parecía tan claro en ese momento. Fue gracioso cómo el estrés
podría nublar tu cerebro durante meses. Entonces, de repente, la claridad solo
podía salir de la nada.
No podía seguir adelante con eso.
No podía casarme con ella.
Necesitaba terminarlo.
Cuando Lance propuso por primera vez este arreglo, parecía tener sentido.
Tanto había cambiado desde entonces. Había cambiado. Lo que yo quería
cambiar. Lo que necesitaba cambiar. Y aunque Evangeline nunca se permitiera
estar conmigo, Elle siempre me recordaría a su hermana. Y si no podía tener a
Evangeline, no podría recordármela todos los días por el resto de mi vida. No era
justo poner a Elle en esa situación, tampoco. Ella merecía algo mejor que casarse
con un hombre que secretamente estaba desesperadamente enamorado de su
hermana.
126 Necesitaba conseguir un tiempo. Darle esta noticia a los Suttons tendría
que ser manejado con mucho cuidado. Los devastaría, pero mejor ahora que
diez años más adelante. Aún habría tiempo para que Lance encontrara un
reemplazo para hacerse cargo del negocio.
Finalmente le contesté:
—De hecho, las cosas no están bien. Tengo que volver a Oklahoma por un
tiempo.
—¿Qué? —Sus ojos se abrieron de par en par—. ¿Por qué?
Mentí.
—Mi hermano está pasando por algunas cosas. Él me necesita. Estaré unos
días como mínimo.
—¿Cuándo te enteraste de esto?
—Hoy.
—Bueno está bien. Um... ¿cuándo te vas?
—Esta noche.
Era difícil creer que en realidad estaba llegando a esto. En el fondo, desde
casi el comienzo de mi tiempo aquí, sabía que seguir adelante con la boda
estaba mal. Siempre creí que iba junto con ello.
Realmente necesitaba el consejo de alguien más viejo y sabio. En
momentos como estos, realmente deseaba que mi padre todavía estuviera aquí.
Conduciendo alrededor de Dodge City sin rumbo más tarde, no estaba
claro a dónde me dirigía. Con mi pequeña maleta en la parte trasera de mi
camioneta, no tenía ninguna intención real de conducir las varias horas a la casa
de Lillian en Oklahoma.
Finalmente decidí buscar un hotel a una hora fuera de la ciudad. Solo
necesitaba un lugar tranquilo donde pudiera pensar claramente y llegar a un
plan sobre cómo abordar las cosas con los Suttons. El pensamiento de esa
conversación me enfermó.
Por mucho que supiera que estaba equivocado, una última parada sería
necesaria antes de salir de Dodge.
Elle había mencionado que Evangeline estaba trabajando en un último
turno en el taller de reparación de autos de Addy. Ya que me iba de la ciudad
por unos días, ella se habría ido a Missouri cuando regresara.
Sentía que necesitaba verla más de lo que necesitaba mi próximo aliento.
Era lo único de lo que estaba seguro, mientras conducía alrededor perdido en mis
127 pensamientos. No sabía qué significarían para mí los meses que se avecinaban o
dónde terminaría. Solo sabía que no podía salir de la ciudad sin un último
momento con ella.
Podría estar molesta conmigo, pero no me importaba una mierda. Si yo
estaba a punto de renunciar a todo porque la amaba, ella tendría que
enfrentarme una última vez.
Decirme adiós en la cara.
Nunca había ido a Adelaide. Cuando estacioné mi camioneta en la
carretera de grava de su propiedad, vacilé antes de entrar. Observé todo,
pensando en cómo este era el lugar que Evangeline parecía amar más en todo
el mundo.
La pequeña casa gris de Addy estaba junto a la tienda, que era una
estructura más grande con tres grandes garajes. Los ruidos de golpeteo metálico
y de risas se oían desde el interior.
Una voz femenina ronca me sobresaltó.
—¿Puedo ayudarte?
—Hola. Soy…
—Sevin —respondió—. Sé quién eres.
—¿Lo sabes?
—Lo hago. —Me miró de arriba abajo—. Guau.
—Lo entiendo, eres Addy.
—Jesús H. Cristo, Vangie no estaba bromeando.
—¿Qué?
—Dijo que eras guapo. No dijo que eras el tipo de guapo que podría
convertir a una vieja lesbi como yo.
Addy me hizo sonreír, que no era una tarea fácil. Pude ver por qué
Evangeline se sintió atraída por esta mujer.
—Bueno, gracias.
—Sé por qué estás aquí.
—Lo haces…
—Estás aquí por ella. —Sonrió—. Vangie está en el garaje trabajando en un
ajuste. —indicó con la cabeza hacia la casa—. ¿Quieres entrar... charlar conmigo
un rato?
La firme mirada de sus ojos me dijo que no me estaba preguntando que
entrara; me estaba diciendo. Era una mujer grande, no alguien con quien
meterse. Aún más fuerte era su personalidad. Sentía que podía sentir su espíritu si
eso fuera posible. Esto no me pareció diferente a la de conocer a la madre de
Evangeline por primera vez. Addy probablemente sabía más de ella que nadie.
128 Me llevó dentro de la casa, haciendo un gesto para que me sentara en la
mesa de su cocina. Algo con sabor a ajo estaba cocinándose en la estufa.
Addy agitó la olla y luego secó sus manos en un delantal y se sentó frente a
mí.
—No voy a andar con rodeos aquí. No es mi estilo.
—Bien…
—Ustedes niños se han metido en una mierda profunda.
Finalmente, alguien que hablaba mi idioma.
—¿Cuánto sabes?
—Todo, Picasso.
Mierda.
—Guau.
—No te preocupes. Puedes confiar en mí, ¿de acuerdo?
Mirando directamente a los ojos de Addy, mi tono fue casi frenético.
—La amo. Dime qué hacer, Addy. Solo dime qué hacer. —Ser capaz de
hablar con otra persona acerca de lo que me estaba sucediendo, se sintió como
si un peso enorme se levantara de mi pecho. No era normal haber sobrellevado
todo esto solo durante tanto tiempo.
—Sé que la amas.
Se sentía tan malditamente bien hablarlo con alguien.
Pasando mis manos por mi cabello, solté un profundo suspiro.
—¿Ella realmente planea dejar la ciudad mañana?
—Sí. Trabajar en ese maldito auto era lo que quería hacer en su último día
aquí, ¿puedes creerlo? Pero eso es en parte porque necesita mantenerse
ocupada, de lo contrario se romperá, y lo sabe. Por cierto, amo a esa chica a
muerte.
—Nunca estará conmigo porque nunca le hará daño a Elle. Simplemente
no veo una solución.
—Necesito confesar, recientemente la alenté a tomar una decisión de una
manera u otra. Parece que ella siguió mi consejo. Aquí está la cosa... no estoy tan
segura de que fuera la idea más correcta. Siento que debería haber tratado de
sesgar su decisión, pero quería que fuera su propia elección. Si le digo que haga
una cosa, y ella termina haciéndose daño, no estoy segura de poder
perdonarme.
—¿Estás diciendo que crees que deberíamos encontrar una manera de
estar juntos? Eso es lo que quiero. Incluso si tenemos que mantenerlo en secreto.
No me importa.
—Escucha, pasé mi vida siendo perseguida por amar a alguien que todo el
129 mundo me dijo que estaba prohibido. Ese amor de mi vida acaba de morir. Ella se
ha ido. Para siempre. De una manera extraña, perderla me hizo apreciar aún más
todas nuestras luchas. No podría imaginar su salida de esta Tierra sin que nosotras
hubiéramos tenido la oportunidad de expresarnos plenamente ese amor.
Simplemente no podía imaginar eso. No tener ese arrepentimiento es la única
razón por la que duermo por la noche ahora. Mi pesadilla es que Vangie se
arrepiente de huir. El arrepentimiento es una maldición horrible. No quiero eso
para ninguno de los dos.
—Puedo ver por qué Evangeline ama venir aquí.
—Sé que acabamos de conocernos, Sevin, pero me preocupo por ti,
porque ella se preocupa por ti. Quiero que sepas que, si alguno de los dos
necesita un refugio seguro, siempre eres bienvenido aquí. Te daré trabajo y un
techo sobre tu cabeza. Vangie es como la hija que nunca tuve.
—No puedo decirte lo mucho que significa para mí. No tengo padres. No
tengo a nadie.
—Lo tienes ahora.
—Gracias.
—Sé que parece imposible, pero no renuncies a ella.
—Necesito verla.
—Ve. Está en el garaje.
Ella no me había notado estando de pie allí durante mucho tiempo.
Luciendo casi exactamente como el día que nos conocimos por primera vez,
Evangeline tenía grasa en su rostro, y su salvaje cabello negro estaba
desparramado. Un hermoso lío.
Había estado preocupada acerca de irnos al infierno por nuestro beso. El
infierno para mí era la vida en la Tierra sin ella. El tiempo se estaba acabando
rápidamente, pero tenía mucha lucha en mí. El área de la que me había estado
conteniendo también era su mayor área de debilidad. Sabía que no podía
resistirse a mí sexualmente. Literalmente huiría de mí para evitar ceder a la fuerte
atracción física entre nosotros. Necesitando probar todo para conseguir que ella
se quede, sabía que el contenerme ya no era una opción. No dejaría que corriera
directamente a los brazos de otro hombre solo porque tenía miedo de las
consecuencias de amarme. Sobre mi cadáver. Ella era mía.
Necesitaba reclamar lo que era mío.
Llamé:
—Evangeline.
Saltó y colocó su mano sobre su pecho.
—¿Qué haces aquí, Sevin?
—Está lloviendo. Vine a recogerte.
130
17

E
scondiéndome en la casa de Adelaide, había estado llorando la
mayor parte del día. Cuando lo vi parado ahí, aun cuando recé para
que se mantuviera apartado, mi corazón saltó de alegría. Debí saber
mejor en vez de pensar que Sevin tomaría esa carta como un cierre. Ni siquiera
intenté pedirle que se fuera porque la mirada en sus ojos me dijo que no iba a
ninguna parte. También me dijo que estaba acabada.

131 Aclaré mi garganta.


—Ya casi termino.
Sevin cruzó sus brazos y se recostó contra la pared.
—Esperaré. —El calor de su mirada era abrumador mientras veía todos los
movimientos que mis manos hacían al ajustar el distribuidor.
Cuando terminé, dije:
—Solo voy a limpiarme.
Estaba parado en el mismo sitio cuando regresé de limpiarme. Se veía
asombroso en la chaqueta negra que abrazaba su pecho cómodamente. Su
cabello aún estaba húmedo por la lluvia. Pero era la mirada de seguridad en su
rostro lo que en realidad debilitaba mis rodillas.
—Déjame ir por mi abrigo.
—¿Necesitas despedirte de Addy?
Negué con la cabeza.
—Pasaré mañana… antes de irme.
Su mandíbula se apretó ante la mención de mi partida inminente, sus ojos
diciéndome que no iba a ningún lado.
—Déjame ayudarte con eso. —Sevin arrebató el abrigo de mis manos y lo
abrió para mí. Sus manos tocaron mis hombros, encendiendo una cálida corriente
de energía a lo largo de mi columna.
Volteé para encontrarme con sus ojos, su rostro demasiado cerca para mi
comodidad.
—Vamos —dijo observándome
Estaba oscuro afuera, y la lluvia de antes se había convertido en una
llovizna ligera. Sevin abrió la puerta del pasajero de su camioneta y esperó para
cerrarla hasta que estuve sentada.
Su aroma llenó el interior del auto. Lo suficiente para emborracharme de él.
Sus ojos se deslizaron a un lado, y me observó brevemente antes de encender el
auto.
Ninguno de nosotros decía nada mientras él continuaba conduciendo
rápidamente por el camino oscuro en la dirección opuesta a nuestro rancho.
Estaba mirando por la ventanilla cubierta de gotas de lluvia cuando su
cálida mano se posó sobre la mía, instándome a mirarlo. La intensidad en su
mirada hizo que mi corazón latiera más rápido.
Después de algunos minutos manejando en silencio, detuvo el auto junto a
un campo abierto. Se me hizo un nudo en el estómago. Sevin apagó el motor e
inclinó su cabeza hacia atrás antes de voltear a verme.
—Si tú te vas, entonces yo también.
¿Qué?
132
El pánico se estableció.
—No.
—Te ibas a ir sin despedirte, ¿Me ibas a dejar con una maldita carta, estilo
Querido John?
—Tú sabes por qué no podía verte.
Su rostro estaba enrojeciendo.
—¿Porque eres débil?, ¿Porque no puedes confiar en que no me permitirás
que te folle?
—No. —Mentí.
—Sí. Eres débil. Yo también lo soy. Tan malditamente débil. —Gentilmente
acariciando un lado de mi mejilla, dijo—: Déjate ir, Evangeline. Déjate ir… maldita
sea. —Sevin envolvió su mano delicadamente en mi cuello, mientras frotaba su
pulgar en mi garganta—. Te prometo que se sentirá muy bien si te dejas ir.
Mi respiración era irregular, Traté de decir algo, pero las palabras no salían.
Todo lo que quería era que él continuara tocándome. Era todo en lo que podía
pensar.
Su boca se curvó en una sonrisa.
—Mira cómo reaccionas a mí. Solo un simple toque. ¿Piensas que podemos
detener esto? Ninguno de nosotros se puede resistir al otro.
No. No podemos.
Soltando un sonido ininteligible, cerré mis ojos mientras su calloso pulgar
continuaba sobre mi cuello. Ese simple movimiento causaba que mi cuerpo
entero zumbara con excitación.
Apretó ligeramente mi cuello.
—Si te vas a despedir de mí, hazlo cuando te estoy tocando —dijo
bruscamente—. Dímelo a la cara. No puedes. Ni siquiera puedes malditamente
hablar. Amo esto, cómo reaccionas a mí. Estoy malditamente duro justo ahora.
Lágrimas empezaron a descender por mis mejillas. Él tenía razón, no podía
despedirme en su cara, y era imposible resistirse a él. Me asustaba siquiera mirarlo.
Aun así, hice un último intento de huir de los poderosos sentimientos que se
habían apoderado de mí. Abriendo la puerta, la cerré con fuerza detrás de mí.
Luchando por respirar, aspiré el aire brumoso. Caminando hacia la parte
trasera del auto, crucé mis brazos sobre mi pecho. La lluvia ligera empezaba a
caer de nuevo. Estaba oscuro a excepción de la iluminación de la luna y la luz de
la camioneta. La puerta de Sevin se cerró de golpe.
No podía dejar que esto sucediera.
No podía dejar que esto sucediera.
No podía dejar que esto sucediera.
133 Mientras cerraba los ojos, sentí que me tiraba entre sus brazos. Supe en ese
momento que había perdido. Había terminado. Era suya. Alguien iba a salir
lastimado.
—Lo resolveremos —susurró sobre mi rostro como si pudiera leer los
pensamientos que corrían en mi cabeza. Su frente tocó la mía—. Juntos. Mientras
nos tengamos el uno al otro. Averiguaremos cómo lidiar con esto.
Cuando abrí mis ojos, se encontraron con su mirada intensa. Podía sentir su
amor por mí fluyendo fuera de esos ojos, de su cuerpo y su alma. No quería nada
más que pasar mi vida amando a este hermoso chico roto, para demostrarle que
la forma en que vino al mundo no fue en vano. A veces, las palabras no eran
necesarias. A veces, solo se necesitaba cierta mirada. Debe haber visto esa
mirada en mis ojos, la mirada que le dijo que mi cuerpo estaba aceptando.
Estaba cediendo.
Soltó un suspiro que parecía como si lo hubiera estado reteniendo desde
siempre antes de sostenerme más fuerte. Permitiéndome liberar la tensión
reprimida, mi cuerpo se relajó en él. Me besó la cabeza mientras trazaba sus
dedos a lo largo de mi espalda. Podía sentir su erección contra mi estómago.
Nunca antes había sentido la excitación de un hombre. Me sorprendió lo grande
y caliente que se sentía contra mí. Humedad y debilidad se desarrollaron entre
mis piernas.
Sevin retrocedió y sostuvo mi rostro entre sus manos.
—Tengo tanto amor dentro de mí que te pertenece, y ha estado
encerrado. Necesito dártelo, porque retenerlo está matándome. Sé que tu
corazón me pertenece. Pero soy egoísta. Quiero todo de ti. Quiero tu cuerpo
antes de que huyas de mí otra vez. Porque te prometo, una vez que estemos
conectados, sabrás que estamos hechos el uno para el otro. A menos que me
digas que no, voy a tomarte. Justo aquí. Justo ahora, Evangeline.
Sus palabras hicieron que mi cuerpo temblara.
Voy a tomarte.
Tratando de enterrar mi culpa en él, atraje su cuerpo hacia mí.
Tómame.
Inclinando la cabeza hacia atrás, cerré los ojos y silenciosamente accedí a
hacer lo que él quisiera. Había soñado por tanto tiempo con lo que se sentiría
entregarme completamente a él.
—No sé lo que estoy haciendo.
—Te voy a enseñar todo. Te diré qué hacer.
Empezó a besar mi cuello, y con cada movimiento de su boca, la presión
fue progresivamente más difícil. Empezó a chupar la base de mi cuello y de mi
pecho hasta el punto de dolor. Tenía la espalda apretada contra el frío metal de
la camioneta. A menudo me preguntaba cómo sería Sevin sexualmente. Él tenía
experiencia, y yo no tenía ninguna. No me tomó mucho tiempo darme cuenta de
que no había nada gentil en él. Pero eso no me asustó; quería más.
134
Sus poderosas manos agarraron el material de mi camisa mientras besaba
mis pechos. Buscando a tientas los botones, se impacientó y rasgó mi blusa
abierta. Abrió mi sujetador y luego lo tiró a la parte de atrás de la camioneta
detrás de mí.
Sevin habló contra mi piel, mientras lamía y chupaba mis pechos.
—No tienes idea de lo difícil que fue no tocarte esa noche en mi
habitación. No tengo nada de resistencia en mí. —Empujando mis pechos juntos,
los apretó y lamió lentamente por el medio antes de pellizcar mi pezón.
Ningún hombre me había tocado así antes. Tener mi primera experiencia
tan ruda y primitiva fue inesperado. Trabajó mi cuerpo como si me poseyera. No
quería que parara ni siquiera un segundo. Cualquier culpa quedó
completamente ensombrecida por la necesidad. Mi conciencia ya no era lo
suficientemente poderosa como para impedir que esto sucediera.
Sevin me besó más fuerte antes de arrodillarse sobre la hierba mojada para
bajar mi falda. Más humedad se filtraba por mis muslos. Metió sus dedos por los
lados de mi ropa interior y se tomó su tiempo deslizándolos por mis piernas. Liberé
una profunda respiración cuando lo sentí deslizar dos de sus dedos dentro de mí.
—¿Se siente bien? —preguntó mientras me follaba con sus dedos.
—Sí. —Suspiré.
Moviendo su mano dentro y fuera, me miró a los ojos.
—¿Quieres que lo haga más fuerte?
—Uh-huh.
Sus dedos estaban profundamente dentro de mí mientras su pulgar
rodeaba mi clítoris.
Se levantó.
—Tócame, Evangeline.
—¿Dónde?
—Donde tú quieras.
Frotando mi mano por sus vaqueros, sentí su erección caliente estallar a
través de las costuras.
—¿Sientes eso?
—Sí.
—Nunca había estado tan duro en mi vida.
Froté la mano arriba abajo sobre su entrepierna mientras él me tocaba.
Podía sentirlo palpitando a través del material. Cuando sacó los dedos de dentro
de mí, los lamió lentamente, sin quitarme los ojos de encima. Los músculos entre
mis piernas se apretaron al ver eso.
—He estado esperando tanto tiempo para probarte. Soñé con esto el
135 primer día que nos conocimos.
—¿Qué sabor tengo?
En lugar de contestarme, me tiró en un beso, golpeando su lengua contra
la mía y permitiéndome probarme a mí misma. No podía obtener lo suficiente
mientras le tiraba del cabello. Aun estando completamente vestido, continuamos
besándonos mientras estaba desnuda contra él en medio del campo.
Cuando detuvo el beso, deslizó su mano por la longitud de mi cuerpo y
comenzó a recorrer lentamente mi montículo con ella.
—No puedo creer que te afeites. Tan sorprendentemente sexy. Podría
comerte.
—¿Podrías o lo harás?
—Estoy a punto de hacerlo.
De repente se arrodilló. Jadeé cuando sentí la húmeda boca de Sevin
entre mis piernas. Era un sentimiento tan increíblemente extraño de una manera
asombrosa. Agarrando la parte de atrás de su cabeza, lo empujé contra mi clítoris
hinchado, guiando sus movimientos.
—Eso es, mueve mi rostro como quieras. Enséñame cómo quieres que te
folle con mi boca.
Con cada palabra sucia que se le escapaba, los músculos entre mis
piernas palpitaban contra él. Sus gemidos vibraron a través de mí. Mis propios
sonidos parecían encenderlo mientras me devoraba más y más fuerte. Yo me
había dado orgasmos antes, pero nunca imaginé que la construcción de uno
podía sentirse tan bien. Nada se había sentido tan bien como su lengua húmeda
presionando contra mis pliegues.
No parecía tener suficiente de mí. De repente se detuvo y se arrastró hasta
la parte de atrás de la camioneta con la delicadeza de un tigre, llevándome con
él. Se acostó sobre su espalda y colocó mi cuerpo sobre su boca.
—Monta mi cara.
Mi sexo palpitaba con sus palabras. Dudando en tomar el control, no me
moví.
Me agarró las caderas y las guió hacia su boca mientras me devoraba.
Con mi peso encima de él, las sensaciones eran aún más poderosas. No pasó
mucho tiempo antes de que mis músculos comenzaran a contraerse. Él lo sintió.
—Déjalo ir. Vente en mi boca, Evangeline. Quiero probarlo.
Estaba tan mojada, masajeó su lengua más fuerte contra mi palpitante
clítoris. Mi orgasmo vino feroz y repentinamente. Mis caderas se sacudían, mi
cuerpo retorciéndose contra su boca. Su lengua latió con más fuerza. Mantuvo
sus labios en mí hasta que supo que me había calmado completamente. Luego,
suavemente giró su lengua sobre mi sexo y lo besó hasta que el temblor se
detuvo.
—Quiero hacerte eso de nuevo —dijo, su voz suave vibrando entre mis
136 piernas. A pesar de que ya me había corrido, sentí que necesitaba hacerlo de
nuevo.
Me quitó de encima de él y se levantó, acercando mi boca a la de él. Sus
labios estaban cubiertos con mi orgasmo, y eso me excitó sin fin.
—Quiero probarte también.
—Y lo harás, pero necesito estar dentro de ti antes de que explote.
Me dio la vuelta, me clavó debajo de él con un brazo a cada lado de mí.
Me miró a los ojos antes de inclinarse para besarme de nuevo. Mi lengua buscó
desesperadamente la suya mientras tiraba de su cabello mojado. Lamiendo,
saboreando, necesitando más, nunca suficiente. De repente se detuvo.
—Mírame. Dime que de verdad quieres esto. Porque una vez que esté
dentro de ti, no sé si podré detenerme.
—Estoy asustada, pero lo quiero demasiado.
—Dolerá al principio.
—Lo sé.
—Voy a ir lento. Me vas a guiar. ¿Está bien?
—Bien
—Dime si se vuelve demasiado.
—Lo haré.
—No estés nerviosa. Te amo, Evangeline. No haré nada para lastimarte. Lo
prometo. Solo quiero enseñarte con mi cuerpo cuánto te amo,
—Yo también te amo
—Podemos ir a otro lugar, si quieres.
—No. Lo quiero justo aquí.
Dejando salir una risa, dijo:
—Gracias a Dios.
Lentamente desabrochó su sudadera húmeda, dejándola a un lado.
Después de quitarse la camisa por la cabeza, froté las manos a través de su
pecho y pude sentir su corazón palpitar tan fuerte como el mío. Era difícil creer
que lo tocaba libremente, sintiendo todas las ondulaciones y los músculos que
solo había podido admirar de lejos.
—Siempre he querido tocarte —susurré
Agarró una de mis manos y la colocó en la protuberancia que se filtraba a
través de sus vaqueros.
—Estarás haciendo mucho más que tocarme.
Estaba aún más duro que antes mientras lo masajeaba a través de sus
vaqueros.
137
—Quítamelo —demandó.
Desabroché lentamente los vaqueros y metí la mano dentro de sus
pantalones. Su erección saltó hacia adelante mientras bajaba sus calzoncillos. La
piel de su polla era como seda cálida envuelta alrededor de un grueso eje. No
pude evitar maravillarme de lo fenomenal que se sentía. Su punta era hermosa,
como un hongo cubierto en húmeda excitación. Darle placer con la boca a un
hombre nunca fue algo sobre lo que alguna vez hubiera fantaseado, pero no
había nada que quisiera más que llevarlo a mi boca y pasar mi lengua a lo largo
de la línea que corría a través de su corona, chupando cada gramo de semen.
No tenía el valor para hacerlo todavía, pero mis impulsos sin duda me
sorprendieron.
Mientras se daba placer a sí mismo, dejé que me dirigiera. Reposicionó mi
mano sobre su polla mientras abría mis piernas. Su voz sonaba diferente, gruesa
de deseo.
—Tócame. Ponme donde se siente bien.
Tan increíblemente húmedo, agarré su eje y deslicé lentamente la cabeza
hacia arriba abajo sobre mi abertura. Siseó, dejando escapar un suspiro
tembloroso y, por primera vez, pareció exhibir una ligera pérdida de control
mientras miraba su polla frotándose contra mí.
—Dios, eso se siente... tan bien. Tan malditamente bueno. Está tomando
todo en mí para no correrme por todas partes en este momento. No puedo
imaginar lo que se sentirá dentro de ti.
Sevin tomó de nuevo el control y frotó la longitud de su polla a través de mi
hendidura una y otra vez. Lento. De ida y vuelta. De ida y vuelta. El ritmo de su
respiración coincidía con cada empuje. Era hipnótico. Miré el cielo estrellado por
un momento, pensando que todo esto parecía un sueño. Era surrealista estar en el
medio de la nada sin ningún sonido, excepto el de nuestra respiración.
—Amo sentirte así —dijo.
El alcance de mi necesidad era perturbador. Me sorprendí cuando dije:
—Te quiero dentro de mí.
—Todavía no. Necesito que estés lista para mí.
Continuó frotando su polla contra mí por algunos minutos. Mis piernas
temblaban de necesidad, y estaba empapada.
—Deslízate hacia atrás.
Colocó su sudadera debajo de mi culo y se colocó sobre mí, sosteniendo
su cuerpo con ambos brazos a cada lado de mí. Sus vaqueros todavía estaban a
la mitad de sus piernas, así que los empujó fuera.
—Ponme dentro de ti.
Envolviendo mi mano alrededor de su polla, lo llevé a mi abertura. Apenas
llegó a la mitad cuando jadeé. Definitivamente fue más doloroso de lo que
138 esperaba.
—¿Estás bien?
—Sí.
—No, no lo estás. Debemos hacerlo lentamente.
—Está bien.
Se posó sobre mi cuerpo mientras nos besábamos, empujando lentamente
en mí. Su boca nunca dejó la mía mientras me besaba profundamente con cada
movimiento. Centímetro a centímetro, sentí la lenta quemadura de él entrando
en mí.
Una vez en mi interior, Sevin soltó un gemido de placer, su voz resonó en la
noche. No había nadie alrededor. Oírle perder el control hizo que todo el dolor
valiera la pena. Con cada empuje lento y constante, me penetró con más
facilidad hasta que finalmente esuvo dentro hasta las bolas.
Agarrando su culo, lo empujé hacia mí con más fuerza.
—Está bien. Dame más.
—¿Estás segura?
Cuando asentí, Sevin envolvió mis piernas alrededor de su espalda y me
folló más fuerte. Sus caderas se movían en un rápido movimiento circular mientras
me llenaba una y otra vez. Nuestros cuerpos se balanceaban rítmicamente,
sacudiendo la camioneta. Cuanto más empujaba, más me excitaba. Nunca
imaginé que me gustaría rudo, pero lo amaba demasiado, por lo que tenía
sentido que nuestro amor reflejara esa intensidad.
La lluvia empezó a caer más fuerte sobre nosotros mientras clavaba las
uñas en su espalda. Mis músculos comenzaron a contraerse, y mi orgasmo vino
fuerte e inesperado. Sevin pudo sentirlo.
—Vente, Evangeline. Vente. Vente por mí. Dios… te sientes… tan increíble.
—Cuando percibió que había terminado, salió de mí y se frotó fuertemente
mientras inclinaba la cabeza hacia atrás. Miré con asombro como interminables
chorros de su semen caliente fueron disparados en mi estómago. De todo lo que
habíamos hecho, nada me había excitado más que verlo correrse.
A pesar de que estaba dolorida, quería otra ronda solo para poder verlo
correrse de nuevo. Realmente me fascinó.
Sevin se posicionó encima de mí. Su pecho duro presionó contra mis
pechos mientras me besaba profundamente antes de retroceder.
—Esa noche en el granero, dijiste que soñaste con hacer el amor bajo la
lluvia. Nunca lo olvidaré. Deseé tanto que pudiera ser yo quien hiciera eso
contigo, pensando que nunca sería posible. No importa lo que suceda, nunca
olvidaré esto, la mejor noche de mi vida.
Yacemos juntos por un período de tiempo indeterminado antes de que
139 Sevin me llevara a la camioneta. Nos sentamos en silencio durante muchos
minutos hasta que se giró hacia mí. Fue entonces cuando el ambiente se
oscureció.
—¿Sabes cómo se sentía el saber que la próxima vez que debía ver tu
rostro sería cuando caminaras por el pasillo en mi boda con tu hermana? ¿Qué
tan jodido es eso?
—Lo siento. Pensé que lo entenderías.
—Entiendo. Demasiado bien. Ese es el problema. Me amas. Te amo. En
realidad, es muy simple.
—¿Simple?
—Te amo mucho, Evangeline. Para mí, estaba claro lo que tenía que
suceder, y no implicaba que ninguno de nosotros se casara con otra gente.
—Hiciste una promesa a mi hermana que te ama. Estaba tratando de
hacerlo más fácil para ti.
—¿Sabes qué? En cierto modo, me lo hiciste más fácil. Me ayudaste a ver
que no podía casarme con Elle.
—¿Qué pasará ahora?
—No voy a pasar por nada de eso. Me voy. No puedo pretender amar a
alguien más, no cuando estoy desesperadamente enamorado de ti. Eso nunca
cambiará. Incluso si no existieras, no es justo casarse con alguien cuyo amor no
puedes corresponder. Veo eso ahora que sé lo poderoso que es el verdadero
amor. También la mantendría alejada de la experiencia de estar en el extremo
receptor de eso.
—¿Entiendes lo que dices? Papá te arruinará. Te echará fuera de la ciudad
si haces esto después de todo lo que invirtió en tu futuro.
—¿No me oíste decir que me iba? Comprendo las repercusiones.
—Vas a arruinar tu vida. No tendrás trabajo, un techo encima de tu
cabeza... nada. ¿Eso no te importa?
—Es importante en el sentido de que no quiero herir a Elle. Pero las otras
cosas no son importantes para mí. No hay nada que me importe más que tú. No
dejaré que te cases con él solo para alejarte de mí. Y no te haré verme casarme
con tu hermana cuando sé en mi corazón que te haría daño más allá de la
creencia. Ninguna profesión en el mundo vale la pena sabiendo que estás
sufriendo por mí.
—¿Dónde vas a ir?
—A cualquier lugar excepto aquí.
Agarrando su mano, miré hacia fuera a la lluvia que golpeaba la
ventanilla.
—Esto es una sorpresa.
140 —Sin embargo, ¿en serio? Este día siempre iba a llegar. ¿No podías sentir
que se avecinaba? Sabía en mis huesos que sería imposible permanecer lejos de
ti. Creo que lo supe desde la primera vez que te vi sentada frente a mí en la mesa
del comedor el día que nos conocimos. Lo que tenemos es demasiado fuerte.
Al borde de las lágrimas, pregunté:
—¿Qué vamos a hacer? Papá va a hacer de tu vida un infierno. Tampoco
quiero que te lastime.
—Lo único que posiblemente puede hacerme daño es perderte.
—¿Dónde cree Elle que estás ahora?
—Le dije que iba a regresar a Oklahoma por unos días. Mentí. Inventé una
historia sobre que mi hermano me necesitaba. Tuve que escapar para averiguar
cómo voy a decírselo.
—Estará devastada.
—¿Preferirías que lo hiciera dos años después de que Elle y yo estuviéramos
casados con un niño?
Solo la mención de tener un hijo con Elle me hizo sentir náuseas.
Continuó:
—Mi madre no murió dándome a luz, así podría pasar mi vida viviendo una
mentira. Ella no querría eso. Quiero vivir la verdad. Y tú eres mi verdad.
—Quiero que estemos juntos. ¿Pero cómo? ¿Cómo puedo hacerle esto a
mi hermana?
—Te amaré en secreto si tengo que hacerlo.
—¿En secreto?
—Si no puedes romperle el corazón, nadie tiene que saberlo.
—¿Pero, cómo?
—Todavía no tengo las respuestas exactas. Tal vez pueda construir una vida
en algún lugar fuera de la ciudad, pero cerca. Podemos estar juntos hasta que
podamos resolver las cosas. Tal vez algún día las cosas serán diferentes. Elle
encontrará a alguien que verdaderamente la ame. Podemos decirles algún día lo
que pasó.
—Prométeme que no le dirás nada a Elle, hasta que hayamos pensado en
ello.
—Iré a un hotel por un par de días para pensar. Volveré al rancho, y
cuando llegue el momento, le diré a todo el mundo que me voy.
—No puedo creer a dónde ha llegado esto.
—Desde el momento en que nos conocimos, se suponía que iba a pasar
de esta manera. Estábamos hechos el uno para el otro, Evangeline. Es por eso
que Dios me guió aquí. No a encontrarla... para encontrarte. Ese fue el destino.
En el fondo, supe que tenía razón. Fuimos hechos para estar juntos. Pero el
141 destino no siempre viene sin desvíos y giros. A veces, el destino puede ser fatal.
Pronto aprenderíamos eso de la manera más difícil.
18

D
espués de regresar al rancho de Sutton, Evangeline y yo decidimos
esperar una semana antes de mi anuncio. Hablar con Elle sería la
primera prioridad. Le haría saber que mis sentimientos por el
matrimonio habían cambiado. Esa sería la parte más dolorosa. Entonces, me
sentaría con Lance para darle mi renuncia formal, profusamente pediría disculpas
por perder su tiempo y herir a su hija, con la esperanza de que no sacara su
escopeta. Sería una pesadilla, pero tenía que hacerse.
142
El plan era que me escondiera en casa de Addy hasta que pudiera
conseguir un trabajo. Evangeline acabaría encontrando una manera de venir
conmigo dondequiera que estuviera. Al menos, eso era lo que me estaba
diciendo ya que me encontraba en bancarrota. A pesar de que consumamos
todo en el campo abierto y profesábamos nuestro amor, una persistente
sensación de que ella no podría seguir adelante me estaba atormentando.
Evangeline vino a la casa de huéspedes casi todas las noches esa
semana. Indicaba su presencia golpeando con una piedra mi ventana, y yo iba
alrededor para dejarla entrar. Estaba completamente llena de culpabilidad, pero
nosotros todavía no podíamos resistirnos el uno al otro. Me dolía el cuerpo cuando
no estaba cerca. Éramos completamente adictos al sexo. Después de acabar,
siempre la abrazaba porque sabía que se sentía enferma por darse por vencida
mientras Elle pensaba que habría una boda. Pero incluso eso no importaba lo
suficiente; No podíamos estar lejos el uno del otro. Ahora que habíamos
conseguido una probada de ello, era simplemente imposible parar. Como un
drogadicto, era adicto a su olor, a su sabor, a la sensación de estar en su interior.
Cuando no estaba cerca, me sentía como si me faltara un apéndice. Ella era una
parte de mí ahora.
Me hubiera gustado prestar más atención a cada detalle de nuestro
tiempo juntos esa noche. Miércoles por la noche. La última noche que hicimos el
amor antes de que todo cambiara. La última noche que tuvimos un poco de
esperanza para el futuro. La misma noche en que me quedé mirando el anillo de
compromiso de mi madre mientras Evangeline dormía en mi cama. Sabía que iba
a dárselo a ella y me preguntaba cuánto tiempo después de que todo se
hundiera, ella se permitiría aceptarlo. La sensación de alegría estaba aún
ensombrecida por una inquietud inexplicable en mi estómago.
El jueves por la tarde, la fuente de mi temor se reveló.
Todo cambió en un instante.
Dicen que cuando ocurre un evento traumático, siempre recuerdas
dónde estabas y qué estabas haciendo. Resulta que estaba en Sutton Provisions
lentamente limpiando mi área de escritorio en el caso de que Lance no me
permitiera el acceso de vuelta al edificio una vez que se rompiera mi compromiso
con Elle.
Uno de los encargados de la elaboración de la carne de vacuno entró.
—Sevin, algo pasó. Lance acaba de llamar a casa y salió corriendo. Será
mejor que te vayas. Creo que algo pasó en el rancho con una de sus hijas. No
tengo ninguna otra información.
Apresurándome por la puerta, corrí al camión y llegué a casa tan rápido
como pude, rezando para que todo estuviera bien.
Varios vehículos de emergencia estaban estacionados fuera de la
propiedad cuando me detuvieron. Los recuerdos de la muerte de mi padre me
atormentaban mientras corría hacia las luces intermitentes.
Evangeline corrió hacia mí, sus ojos estaban hinchados y rojos. Estaba
143 llorando e incapaz de hablar con claridad.
Mi corazón palpitaba fuera de control.
—¿Qué pasó?
—Es Elle. La llevan al hospital.
—¿Qué?
—Estaba fuera montando uno de los caballos. Emily dice que el caballo se
puso loco y lanzó a Elle al suelo. Estuvo inconsciente por un tiempo. No sé qué
está pasando ahora.
La escena era caótica. Olga entró en la parte trasera de la ambulancia.
La puerta se cerró y esta salió.
Lance se paseaba antes de que me descubriera.
—Sevin, lleva a Evangeline y a Emily y sígueme al hospital en tu camioneta.
El viaje al hospital parecía durar para siempre. Las hermanas estaban
acurrucadas en el asiento trasero. Evangeline estaba reconfortando a Emily que
aparentemente había presenciado cuando Elle fue arrojada del caballo.
Miré en el espejo retrovisor.
—Emily, dime lo que puedas.
Emily se secó los ojos. Pasaron varios segundos antes de que me
contestara.
—Después de que Elle llegó a casa del trabajo, salió a cabalgar como
normalmente lo hace. La estaba observando montar a Magdalene. Estaba
montada, haciendo sus saltos habituales. Las cosas iban bien. Entonces, entré por
un segundo para tomar una bebida. Cuando salí, el caballo se estaba volviendo
loco. Sacudió a Elle. Corrí hacia ella y no despertaba —los sollozos de Emily se
hicieron más fuertes—. Todo cambió... así.
Evangeline la abrazó con más fuerza.
—Está bien, bebé.
A pesar del silencio durante el resto del viaje, el miedo entre los tres era
fuerte y tangible.
La larga espera en el hospital por información era insoportable. Incluso a
Olga le dijeron que se quedara afuera en la sala de espera.
Un doctor finalmente salió después de aproximadamente una hora.
—Elle está despierta.
Todos parecimos soltar suspiros de alivio al unísono.
—¿Estará bien? —preguntó Olga, lágrimas cayendo de sus ojos.
—Hay algo que necesitan saber —hizo una pausa—. A partir de ahora, Elle
está experimentando una pérdida total de sensibilidad en sus extremidades
144 inferiores. Estamos realizando algunas pruebas para determinar la magnitud de la
parálisis y si es temporal.
—¿Está paralizada? —gritó Lance.
—No sabemos si es permanente —dijo el doctor.
No podíamos asimilarlo. Esto parecía irreal. Mientras el doctor hablaba,
todo lo que pensaba era en el actor Christopher Reeve y esperaba que lo que le
pasara a Elle no fuera algo así. El médico no parecía saber todavía.
—Así que, la buena noticia es que está alerta y capaz de recordar lo que
pasó. No parece haber daño cerebral permanente, pero todavía estamos
evaluando el nivel de lesión de la médula espinal.
—¿Podemos verla?
—Ella preguntó por un Sevin. ¿Es su marido?
—Es su prometido —dijo Olga.
De todos, ella quería verme.
La culpa aplastante me consumió, sabiendo que mañana se suponía que
sería el día en que le rompiera el corazón. Hoy era mucho peor de lo que
mañana podría haber sido.
—Ve, Sevin —dijo Evangeline.
Caminando por el pasillo hacia su habitación, las preocupaciones egoístas
me estaban clamando instintivamente. Necesitaba alejar todos los pensamientos
de lo que esta situación iba a significar para Evangeline y para mí. Elle necesitaba
ser la primera en este momento.
La puerta chirrió lentamente al abrirla. Elle estaba tendida en la cama con
los ojos cerrados.
—¿Ellebell?
Abrió los ojos y se volvió hacia mí, extendiendo la mano.
—Sevin.
—Vas a estar bien.
Estaba temblando.
—No puedo sentir mis piernas.
Suavemente frotando mis manos por sus muslos, le pregunté:
—¿No puedes sentir esto?
—No. Estoy tan asustada.
—Escúchame, Elle. Pasaremos por esto. Toda la familia está aquí. El doctor
va a averiguar cómo ayudarte. Están haciendo algunas pruebas.
Empezó a llorar.

145 —No sé qué le pasó a Magdalene. Un segundo, yo estaba montándola


como de costumbre, al siguiente solo enloqueció. Caí.
—Lo siento mucho.
—¿Qué hay de la boda?
Su pregunta parecía una bala en mi corazón.
—¿Qué acerca de ella?
—Tenemos que posponerlo. Perderemos todo ese dinero.
—No te preocupes por eso ahora. No es importante. Qué mejores es lo
único que importa.
—¿Y si no vuelvo a tener sensibilidad?
—Lo harás. Lo harás, Ellebell. Tienes que creer eso.
Realmente quería creer eso también, pero la verdad era que no tenía idea
de lo grave que era esto.
Durante los días siguientes, los médicos de Elle realizaron una serie de
pruebas. Una evaluación neurológica determinó que su lesión era lo que
llamaban "completa", que era más grave, a menudo dando lugar a una parálisis
permanente. La resonancia magnética de Elle, las tomografías computarizadas y
los rayos X también confirmaron daños significativos en la médula espinal.
Huelga decir que mis planes para romper con ella fueron puestos en
espera indefinida. La vida en general también fue puesta en suspenso mientras
toda la familia permanecía junta.
Cada día consistía en acomodar a Elle y ayudarla a sentirse segura.
Evangeline y Emily cuidaron de ella con cada necesidad después de que la
trajimos a casa. Jugué la parte del novio de apoyo, sosteniendo su mano,
diciéndole que todo iba a estar bien. Lo que fuera necesario, teníamos que
hacerlo. Elle era lo único que importaba por el momento.
Al mismo tiempo, hubo una gran desconexión entre Evangeline y yo. Me
estaba matando. Sabía que de alguna manera se sentía responsable de lo que
pasó, a pesar de que no tenía nada que ver con la lesión de Elle. Cualquier culpa
que sintiera antes del accidente fue diez veces peor. Lo manejó manteniéndose
lejos de mí y echando toda su energía en ayudar a Elle. No podía decir que la
culpaba, pero dolía como el infierno.
A pesar de que había aceptado la nueva normalidad, todavía no había
renunciado a nosotros. A medida que pasaban los días, cada vez era más difícil
creer que Evangeline y yo volveríamos al lugar donde estuvimos, que ella volvería
a estar completamente conmigo. Estábamos físicamente uno alrededor del otro
durante todo el día, pero ella se había cerrado.
Estábamos todos traumatizados. La conmoción y la tristeza que sentía
hacia la situación de Elle era lo único que me impedía centrarme únicamente en
el dolor de mi corazón de Evangeline alejándose de mí.
Con el tiempo, comencé a sentir que esto era más un cambio de vida
146 permanente en lugar de un duro parche temporal. Sin embargo, cuidar a Elle se
hizo un poco más fácil cada día. Ella comenzó a ir a la terapia física. Le
enseñarían formas de controlar su vejiga y la función intestinal. Un terapeuta
ocupacional vendría a casa para intentar enseñarnos cómo hacer el ambiente
más propicio a la incapacidad de Elle. También enseñaría a Elle maneras de
cuidarse.
El médico de Elle también le recetó un antidepresivo. Había estado
luchando con sus emociones y la pérdida del futuro que imaginaba para sí
misma. El médico había indicado que, aunque algunas personas con lesiones de
la médula espinal podrían quedar embarazadas, eso no sería una opción en su
caso. No ser capaz de tener hijos fue el mayor golpe, ya que ella había colocado
casi toda su autoestima en convertirse en esposa y madre algún día.
Los días se convirtieron en semanas. Finalmente, Imogene fue enviada a
vivir con otro familiar porque la familia no podía asumir ninguna responsabilidad
adicional, además de cuidar a Elle.
Evangeline terminó su cortejo con Callum usando la misma excusa que yo
iba a darle en Elle antes de que todo esto sucediera; que había cambiado de
idea. Evangeline y yo no habíamos hablado de nuestra situación. Parecía haber
una comprensión silenciosa entre nosotros de que no era el momento adecuado
para concentrarse en nada más que en Elle.
Cuando una noche sentí una piedra golpear mi ventana, apenas podía
creerlo. Sabiendo que solo podía ser una persona, salté fuera de la cama, me
deslicé por el piso y le abrí.
Evangeline estaba ahí en la noche con lágrimas saliendo de sus ojos. Lucía
como mitad ángel mitad bruja con ese precioso cabello negro.
—Te necesito Sevin
Jalándola cerca, susurré:
—Estuve esperando para que volvieras a mí. —Enterré mi nariz en su
cabello y tomé una respiración profunda de su esencia—. Esto ha sido tan difícil.
Ella presionó su cuerpo contra mí, sus suaves pechos estaban justo contra
mi pecho.
—No digas nada ¿de acuerdo? No puedo manejar hablar de nada de
ello. Solo necesito que me hagas olvidar por una noche. Por favor. Te lo estoy
rogando. Solo hazme el amor tan duro como nunca se lo hayas hecho a nadie
antes.
—Solo he hecho el amor contigo
—Necesito sentirte mañana. Y al día siguiente. Por favor…
147 Sabía que podía darle lo que quería, pero el hecho de que se había
alejado durante días sin tocarme y ahora queriendo que la follara me confundía.
—Te daré lo que quieras, nena, mientras te quedes esta noche. No te alejes
de nuevo.
No hizo ninguna promesa mientras caminaba pasándome. Cuando
llegamos a mi habitación, Evangeline tomó mi rostro entre sus manos y comenzó a
besarme como si fuera su última comida. Mis labios estaban tan calientes y
doloridos por la intensidad de la succión. Así que, hambriento de ella, no perdí
tiempo levantando su camisón sobre su cabeza. No estaba usando sujetador
debajo. Así que, desesperado por sentirme dentro de ella de nuevo, ni siquiera
me bajé del todo los pantalones cuando la levanté sobre mi polla. Su espalda
contra el muro. Nunca lo habíamos hecho de pie antes.
—Fóllame duro —respiró—. Hasta que duela.
No entendía de dónde venía eso de que de repente necesitaba sexo
doloroso. Parecía que estaba buscando por algún tipo de castigo. Incluso
aunque me encendía más allá de la creencia, algo no me sentaba bien.
Demasiado débil para resistir sus súplicas, le di todo lo que estaba pidiendo.
Mi mano fue alrededor de su cabeza para protegerla. Estaba bombeando
dentro de ella tan duro, descargando todas mis frustraciones de las pasadas
semanas en su cuerpo. Tuve que seguir recordándome que era lo que ella quería
mientras dejaba ir todas mis inhibiciones y la follaba de la manera más cruda
imaginable. Su coño se sentía tan apretado envuelto alrededor de mi dura polla.
Nada parecía ser suficiente para ella.
—Por favor, Sevin. Más duro.
Me resultaba más fácil follarla sin misericordia cuando me enfocaba en mis
pensamientos de ella dejándome estas pasadas semanas. Mientras que entendía
el porqué, aún me molestaba y me hacía sentir más desesperado por ella, todo
en uno.
Embistiéndola una y otra vez, le hable al oído:
—¿Crees que solo puedes pretender que nosotros nunca pasamos? Nunca
serás capaz de olvidarme ahora. ¿Es suficiente duro para ti? ¿Eh? ¿Quieres más?
Sujetó mi trasero y me empujó dentro de ella incluso más profundo.
—Sí.
Mi orgasmo de repente vino rápido y duro mientras sentía sus músculos
contraerse alrededor de mi polla. Siempre sabía exactamente cuándo se estaba
viniendo, pero esta vez, fue la más intensa. Fue el orgasmo más estremecedor
que había tenido en mi vida, mi carga disparándose en ella en un flujo que
parecía infinito.
Sus piernas permanecieron alrededor de mi cintura. Su cuerpo estaba flojo.
Fue el sexo más rudo que he tenido. Cuando mire a sus ojos, estaban oscuros. En
vez de alguna felicidad después del sexo, Evangeline solo se veía atormentada
148 como si hubiera estado esperando que ese sexo se encargara de algo que la
había estado molestando.
—Ven aquí, recuéstate conmigo.
—Realmente debería volver.
—Recuéstate conmigo, Evangeline —le pedí.
La sostuve fuerte, asustado de dormirme y encontrar que se había ido, o
peor, descubrir que esa hermosa ángel-bruja quien apareció en mi habitación fue
solo un sueño.
Eventualmente me dormí. Era mediodía para el momento en que me
desperté. Mis instintos fueron aparentemente correctos, porque mientras
Evangeline no estaba en ningún lado, en su lugar había una nota.
Siempre serás mi verdad. Pero a veces, la verdad duele demasiado.
Te amo
El papel tembló un poco en mis manos. Un sentimiento de miedo e intenso
temor me sobrepasaron mientras intentaba interpretar las palabras.
Vistiéndome lo más rápido posible, corrí a la casa principal para intentar
encontrarla. Lance y Olga estaban al teléfono, gritándole a alguien. Algo estaba
pasando. Elle se encontraba sentada en su silla de ruedas en la cocina, su rostro
enterrada entre sus manos.
—¿Elle? ¿Qué rayos está pasando?
—Algo horrible ha pasado —dijo
Adrenalina comenzó a correr a través de mí.
—¿Alguien está herido? ¿Qué?
—Evangeline se fue.
Me empezó a dar vueltas la cabeza.
—¿De qué estás hablando?
—Dejó una nota esta mañana. Huyó. Aparentemente, había estado
viendo a algún tipo a escondidas, alguien que mis padres no aprobarían. Nadie
sabía sobre esto. Está todo en la carta, pero básicamente dijo que necesitaba
encontrarse a sí misma lejos de nosotros, que realmente lo sentía, pero que
necesitaba irse por un tiempo y no estaba segura de cuándo volvería.
Demasiado sorprendido y mareado para formar una oración, simplemente
dije:
—¿Qué?
—Creo que es debido a mí.
Aun procesando todo, repetí:
—¿Qué? —Elle debió pensar que me estaba volviendo sordo.
149 —Dije que creo que se fue debido a mí, Sevin. Creo que no puede manejar
lo que me pasó. Lo sé en mi corazón. Ella no podía estar más a mi alrededor.
Estaba demasiado devastado para confortarla y decir algo sobre su última
declaración.
—¿Dónde está la carta?
—En la encimera.
Mis manos no habían parado de temblar desde que leí la nota que ella
dejó más temprano. Ahora, estaban temblando completamente mientras
levantaba el papel escrito en una hoja arrancada de notas amarilla.
La explicación era exactamente como ella había descrito, una historia de
mierda de Evangeline sobre haber conectado con alguien que no era un
temeroso de Dios, alguien que no se suponía que debía amar, pero no podía
dejar de querer estar con él. Evangeline continuó mintiendo de cómo necesitaba
encontrar un propósito en la vida y cómo no se sentía tan mal de dejar a Elle
porque sabía que su hermana me tenía a mí para cuidar de ella. Todo era un
montón de mierda. Si no hubiera estado tan jodidamente herido, podría haber
matado a alguien.
Viéndolo como pensamiento, no podía recordar el momento en que mi
madre murió, su muerte no me impactó en el modo en que lo hizo la de mi padre.
Así que, estaba muy seguro de decir que este momento, de pie en la cocina
sabiendo que la mujer que amaba me había abandonado no solo a mí, sino a su
familia entera era el peor momento de mi vida.
Elle continuó hablando. Incapaz de procesar nada además de las vívidas
imágenes en mi cabeza de la noche anterior, simplemente no estaba
escuchándola. La terrible mirada en los ojos de Evangeline mientras me pedía
más ahora tenía sentido. Anoche fue su follada de despedida destinada a
adormecer el dolor de lo que solo ella sabía que pasaría hoy.
Solo una cosa estaba clara: a donde sea que haya ido, se encontraba
muy herida. Una frenética desesperación de encontrarla me consumía. La única
persona a la que tal vez pudo haberle dicho era a Addy. ¡Necesitaba ir a su casa
y sacarle información!

Mi toque fue alto y abrupto


—¡Addy! Addy, déjame entrar
La puerta se abrió.
—¿Sevin? ¿Qué está mal?
—Déjame entrar —bufé—. No actúes como si no supieras.
150 —¿De qué en el nombre del cielo estás hablando?
—Evangeline y su desaparición. ¿A dónde fue realmente? —Busqué
frenéticamente en la casa—. Espera… ¿Está aquí? —Las cosas fueron cayendo
por todo el lugar mientras entraba y salía de las habitaciones.
—¡Deja de saquear mi casa! Vangie no está aquí, Sevin.
—Entonces te dijo a dónde se iba.
—Cálmate. Dime qué está pasando. La última vez que hablé con
Evangeline fue hace dos noches. No me dijo nada de ir a ningún lugar.
—¿Hablas en serio?
—No mentiría sobre algo como esto.
—Ella dejó una carta con una historia sobre huir con algún tipo y necesitar
encontrarse a sí misma fuera de Dodge. Tú y yo sabemos que es mentira. Eres la
única que sabe sobre nosotros. ¿A dónde pudo haber ido?
—No tengo idea. No tiene dónde caerse muerta. ¿Intentaste con su
celular?
—Sí, el número estaba desconectado.
—¿Qué harán los Suttons?
—¿Que pueden hacer ellos? Ella tiene veintidós. Lance estaba hablando
con la policía, pero no actuarán porque se fue por su propia cuenta. Olga habló
con Lance sobre no buscarla más lejos, diciendo que Evangeline necesitaba
aprender de sus errores.
—Parecía particularmente molesta la última vez que estuvo aquí. Solo
asumí que era el estrés usual por la situación de Elle y el efecto que tuvo en
ustedes dos.
—Júrame que no me estás mintiendo, Addy. Júrame que realmente no
sabes dónde está.
—Chico… ¿no puedes ver que esto me está afectando tanto como a ti?
—¿Que carajos voy a hacer?
—Esperarás hasta que regrese a ti. Escucha mis palabras. Regresará.
Vangie te ama demasiado.
—Si no vuelve a sus cabales pronto. No sé qué quedará de mí cuando ella
vuelva. Estaba perdiendo todo como estaba. Desde el accidente de Elle… fue
difícil para todos nosotros. La presencia de Evangeline todos los días era lo único
que me ayudaba a pasar por esto.
—Si tienes días donde sientas que no puedes seguir, ven a mí. Seré tu
apoyo. No hagas nada estúpido.
—Gracias, Addy. ¡Realmente… gracias!
151

Addy tenía razón en una cosa; Eventualmente Evangeline volvería. Lo que


Addy no podría haber predicho, sin embargo, era que sería cinco años más
tarde. Para entonces, era demasiado tarde para deshacer el daño que se había
hecho.
Apenas un año después de que Evangeline desapareció inicialmente, Elle y
yo nos casamos. Era eso o renunciar a mi trabajo y el único hogar que tenía. Sin
Evangeline en la ecuación, aquellas cosas que eran simplemente necesarias para
la supervivencia volvieron a ser más importantes de nuevo. En ese momento,
realmente creía que Evangeline se había ido para siempre. Ni una palabra de ella
en un año completo. Cada día era como morir una muerte lenta.
Aparte de mi propia lucha interna, era imposible abandonar a Elle en su
condición. Necesitaba un proveedor y un cuidador. Para ser honesto, con cada
semana que pasaba, el amor que pertenecía a Evangeline dentro de mí
lentamente se hundía en lo que parecía odio. No podía entender cómo pudo
simplemente irse.
Casarme con Elle era una manera de poner un clavo en el ataúd de mis
sueños para Evangeline y para mí. Elle me necesitaba. Aunque no estaba
enamorado de ella, decidí mantener mi promesa original. Mi principal razón para
no querer casarme con Elle siempre había sido acerca de cómo afectaría a
Evangeline. Después de un año completo de espera, ya no importaba si una de
mis opciones resultaba en el sufrimiento de Evangeline. De hecho, cualquier cosa
que pudiera haber hecho para herirla tanto como me había lastimado parecía
justo.
Interpretar el papel del buen marido para Elle no fue una tarea fácil. Era
una seria responsabilidad. Después de largos días en la planta, volvía a casa y no
hacía nada más que ocuparme de ella. La ayudaría a moverse para evitar
heridas en el cuerpo y le cambiaría el catéter.
También era mi responsabilidad hacerla sentir amada. Le frotaba los
hombros, le decía que me resultaba hermosa y la besaba. A veces, eso llevaba a
otras cosas. Elle no podía tener relaciones sexuales, pero hice lo que tuve que
hacer como su marido para mantenerla satisfecha. Nada de lo que Elle y yo
hicimos físicamente estuvo incluso cerca de lo que tuve con Evangeline. La culpa
intentaría entrar, y tendría que recordarme que Evangeline fue la que me
abandonó, no al revés.
A pesar de que todavía guardaba algunas de mis pertenencias en la casa
de huéspedes, Elle y yo terminamos viviendo a tiempo completo en la casa
principal. Era más fácil porque la habíamos hecho accesible para
discapacitados. Lance hizo poner una rampa y dispuso algunas otras
modificaciones. Estuvo igual de bien porque la casa de huéspedes era donde
vivía el fantasma de Evangeline. Cada rincón de aquel lugar me recordaba a
152 ella, particularmente la pared de mi dormitorio que servía de telón de fondo a la
noche en que la dibujé y la última noche que estuvimos juntos cuando follamos
como animales contra ella.
Mis pasiones y deseos quedaron relegadas ante mis obligaciones como
marido de Elle. Fue una tremenda responsabilidad. Cuidé de ella todos los días
durante cinco años.
Hasta el día de su muerte.
153 Parte II
19

E
sto era realmente peor que mi peor pesadilla. Estar frente a Sevin
después de cinco años era una cosa. Tener que ver a Elle tumbada en
un ataúd a pocos metros de distancia era otra. Eso le hacía parecer
un paseo en el parque.
Tan cobarde como había sido mi huida, nada podía impedirme una última
mirada a mi hermosa hermana. Al mismo tiempo, era el castigo final por mis
pecados. Después de esta experiencia, nada sería capaz de lastimarme más.

154 Sentí el peso de la mirada de Sevin mientras caminaba hacia el cuerpo sin
vida de Elle.
—Cómo te atreves —dijo papá mientras pasaba junto a él. No me
importaba. Solo necesitaba llegar a mi hermana.
Colapsando sobre ella, vacié de mis ojos un charco de lágrimas y sobre el
vestido blanco de seda que llevaba puesto. Todo el mundo me miraba
sorprendido. Mamá era la única que sabía que hoy iba a venir. No podía soportar
mirar a Sevin otra vez. La mirada de muerte que me dio cuando entré fue
suficiente para decirme todo lo que necesitaba saber sobre lo que sentía por mi
presencia. No había ni una pizca de sorpresa en su rostro, sino pura rabia.
Toda esta experiencia fue surrealista.
Nunca olvidaré la llamada telefónica de mamá. Ella era la única persona
que conocía mi paradero durante todos estos años. Me dijo que Elle desarrolló
una infección que se extendió por todo su cuerpo y envenenó su sangre.
Septicemia lo llamó. La tomó rápido.
Aparentemente, mamá no les dijo que podría llegar a venir, porque el
resto de mi familia realmente parecía haber visto un fantasma.
El director de la funeraria tuvo que sacarme de su cuerpo. No podía
dejarla. Necesitaban mover su ataúd azul claro para la procesión fuera de la
iglesia. Sevin era uno de los portadores del féretro junto con papá y algunos de los
chicos de Sutton Provisions.
Todos siguieron el ataúd salvo yo. En vez de eso, simplemente miré los
bancos vacíos.
Mi hermana pequeña Emily me sobresaltó.
—Evangeline...
No tan pequeña ya. Ni siquiera me había fijado en ella cuando entré. Emily
parecía una mujer adulta. Ahora tenía diecisiete años y se parecía más a Elle que
a la niña que recordaba haber dejado atrás.
—Hola, hermanita. —Nos abrazamos y lloramos en silencio durante varios
minutos.
Esnifó.
—¿Cómo lo supiste?
—Mamá me lo dijo.
—¿Sabía dónde estabas?
—Sí, pero por favor no se lo digas a nadie.
—¿Dónde has estado todo este tiempo?
—-He estado viviendo en Wichita.
—Eso queda solo a unas pocas horas de distancia. ¿Estás bromeando? ¿Allí
vive el tipo con el que escapaste?
Aunque no había conocido a Dean hasta después de huir, era más fácil
155 seguir mi mentira.
—Sí.
No permití que Dean viniera conmigo al servicio. Hoy no necesitaba esa
presión adicional. No estuvo contento de tener que dejarme fuera de su mira en
mi territorio, pero por algún milagro, lo dejó ir.
—¿Cuál es el nombre de la persona que es tan importante que tuviste que
dejar a tu familia?
—Se llama Dean.
—Te necesitábamos. ¿Nos dejaste cuando más te necesitábamos por ... un
tipo? ¿Cómo pudiste hacernos eso?
—Em, algún día te lo contaré todo. Solo sé que no me sentía como si
tuviera una opción en ese momento, ¿de acuerdo? Dejarte era lo último que
quería.
—Estoy confundida.
—Lo sé.
—¡Elle está muerta, Evangeline! Está muerta.
Cubriendo mi boca ante la realización otra vez, lloré y susurré en mi palma:
—Lo sé.
Emily y yo nos abrazamos durante un minuto antes de que ella
retrocediera.
—Será mejor que nos vayamos. Hay un auto esperando para llevarnos al
cementerio.
—Adelántate sin mí. Seguiré.
Me quedé sola en la iglesia. No tenía ninguna intención de ir a la tumba y
observar mientras la bajaban a la tierra. Solo necesitaba verla una vez más, y tuve
esa oportunidad. No quería empeorar las cosas con Sevin.
Colocándome de rodillas, recé en el altar en medio del olor de los cirios
encendidos. Las pesadillas sobre Elle me habían estado acechando todas las
noches. Sabía que solo iban a empeorar después de que hoy enfrentara la
realidad.
Por favor Dios. Dame la fuerza para afrontar esto.

Con miedo a enfrentar la ira de papá, en lugar de detenerme en casa,


volví directamente a Wichita. Viendo nada más que destellos de la mirada
enfadada de Sevin, el camino de vuelta fue un borrón completo. El hombre que
156 tuvo mi corazón hasta el día de hoy probablemente hubiera deseado que fuera
yo la que hubiese muerto. Realmente deseé haberlo sido, también.
Cuanto más me acercaba a nuestra casa, más sentí que mis entrañas
estaban pudriéndose. Repetirle este día a Dean era la última cosa que sería
capaz de hacer esta noche. Solo quería ir directamente a la cama.
Dean estaba sentado en el sofá viendo la televisión.
—Evie, te tomó lo suficiente para volver a casa. Estoy hambriento.
—¿Por qué no te has hecho algo?
—Sabes que soy incapaz de cocinar una mierda.
—Acabo de regresar del funeral de mi hermana. ¿Crees que quiero pasar
el resto de esta noche cocinando para ti?
—No habías visto a tu hermana en cinco años. Si no hubiera muerto, no
habrías vuelto.
—¿Eso significa que no debería sentirme devastada?
Durante todo este tiempo, Dean pensó que yo estaba alejada de mi
familia por elección. Realmente no sabía toda la verdad sobre el dolor de mi
pasado y mis razones para abandonar Dodge City. No podía imaginar lo mucho
que verdaderamente amaba a Elle. Definitivamente no podía imaginar lo mucho
que amaba a Sevin.
Sevin.
Dios, incluso el pensar su nombre causó que el dolor me atravesara. Era
como si pudiera sentir todo el odio y la ira que sentía hacia mí dentro de mi
pecho. Eso, junto con mi propio aborrecimiento, ahora era una carga demasiado
grande.
Dean debió haber notado que algo estaba seriamente mal conmigo,
porque se suavizó, cosa que era rara.
—Lo siento, nena. No quise molestarte. Ve a hacernos algo de cenar, ¿eh?
Era más fácil ceder que empezar una discusión. Nunca gané con Dean.
Solo haría el resto de mi noche miserable hasta que me obligaba a follarlo,
llamándolo sexo de reconciliación.
Retrocediendo hacia la cocina, rompí algunos huevos en un tazón y los
batí. Me gustaría hacer tortillas de queso y gofres congelados. Desayuno para la
cena. Hecho.
—¿Por qué tardas tanto? —gritó Dean desde el salón.
—¡Solo estoy haciendo algunos toques finales! —Rocié los huevos con
pimienta extra, retorciendo el molinillo de una manera exagerada.
Dean observó la televisión desde la mesa de la cocina mientras
comíamos. Nunca hubo conversación en la cena con Dean. Después de nuestra
comida, estaba lavando platos cuando mi teléfono celular sonó.
157 Era mamá.
—Es mi madre. Tengo que tomarla —dije, llevando el teléfono al dormitorio
y cerrando la puerta.
—¿Mamá?
—Evangeline, tienes que volver.
—¿Por qué?
—Papá está muy enojado conmigo. Quería saber cómo te enteraste de
Elle. Le dije que solo recientemente descubrí tu paradero. Está furioso conmigo
por ocultárselo. Tiene demasiado estrés ahora mismo, pero quiere hablar contigo.
Emily también te necesita.
—No puedo volver, mamá.
—Le dijiste a Emily que vivías en Wichita. Eres su única hermana. Es la hora.
Es hora de enfrentarlo todo. No puedes seguir fingiendo que no existimos, no
ahora que todo el mundo sabe dónde estás.
—Dean no me prestará el auto para volver ahora.
—Vamos a buscarte. Además, ¿qué clase de hombre podría apartar a su
esposa de su familia en un momento como éste?
El tipo loco y posesivo con el que me casé, que no hace más que fumar
hierba todo el día y no tiene respeto por nadie más que por sí mismo.
—Le diré que voy a ir la próxima semana. Si no me da el auto, entonces
tendrás que venir a buscarme.
—Bien. Haré que lo cumplas.
—¿Mamá?
—Sí.
—¿Sevin está bien?
Hubo una larga pausa.
—Está muy mal.

Una semana después, el encuentro con papá fue más suave de lo que
pensaba. Esperaba que me pusiera sobre su rodilla con un cinturón. En cambio,
me tomó en sus brazos y lloró. Supongo que perder a un hijo te hace mucho más
indulgente con los hijos que te quedan.
Después de que finalmente sacó su cólera, me hizo decirle dónde había
158 estado todo este tiempo. Así que le di una historia que estaba medio llena de
mentiras, diciéndole que Dean era la razón por la que hui. Las partes verdaderas
eran que había trabajado como camarera y que Dean y yo nos casamos.
—Evangeline, si esto hubiese pasado hace unos años atrás, no podría
dejarte regresar a esta casa. Ahora eres una mujer adulta, responsable de tus
propias decisiones. No estoy de acuerdo con tu huida o la vida no cristiana que
estás viviendo. Pero eso no cambia el hecho de que eres mi hija. Siempre te
amaré.
Su perdón significaba todo para mí. Emily y mamá estaban llorando,
ambas también sorprendidas por la reacción de papá a mi regreso.
Estuvimos de acuerdo en que los volvería a visitar de nuevo pronto. Querían
conocer a Dean. Me ocuparía de eso cuando llegara el momento. No había
manera de que trajera a mi marido aquí. Mi padre probablemente enviaría a las
autoridades a recogerlo.
Sevin aparentemente vivía de nuevo en la casa de huéspedes. Una de las
condiciones para que viniera a ver a mis padres fue que se hiciera a mitad del día
cuando estaba trabajando. Fue un movimiento cobarde, pero no podría manejar
verlo. Papá había dejado la planta temprano para reunirse conmigo.
Cuando entré en mi auto para salir de la propiedad, miré a mi alrededor,
vencida por una inmensa sensación de nostalgia mezclada con tristeza. Todo
parecía igual, sin embargo, había cambiado mucho. Por un momento, me
pareció que no había pasado el tiempo.
Me sorprendió una abrumadora necesidad de ver a Addy a pesar de
sentirme avergonzada de enfrentarla. Lo que le había hecho a ella no era
diferente a mis acciones hacia Sevin.

Mi corazón se hundió cuando llegué a su casa. El taller parecía


abandonado. Lágrimas llenaron mis ojos por temor a lo que iba a encontrar
cuando llamé a esa puerta.
La persona que respondió a la puerta no era la que esperaba.
—¿Puedo ayudarte? —preguntó un guapo chico rubio.
—Hola. Soy Evangeline, una vieja amiga de Addy. ¿Ella está aquí?
—¿Eres Evangeline?
—Sí.
Parpadeó unas cuantas veces y parecía estar examinando mi rostro.
—Guau. Um... ella fue a la ciudad a comprar comida.
159
—¿Quién eres tú?
—Soy Luke. Hermano de Sevin.
—¿El hermano de Sevin?
—Sí. Vivo aquí.
—No entiendo.
—Estaba pasando por algunas cosas. Me fui de casa. Sevin me dijo que
podía venir a él si alguna vez lo necesitaba, y acepté su oferta. Adelaide se
enteró de que estaba aquí y me ofreció su cuarto de repuesto. Me ocupo de
todo aquí para ella a cambio de alojamiento y comida.
—¿Ella y Sevin son cercanos?
—Sí. Él es como un hijo para ella. Yo también.
La realidad de cuánto me había perdido era difícil de asimilar.
—¿Qué le pasó al taller?
—Se cerró. Dos de los chicos se fueron a mejores trabajos, y Addy no pudo
mantenerse al día con la demanda. Perdió a muchos asiduos. Todavía hace
algunos arreglos aquí y allá, en su mayoría de boca en boca.
—Lamento oír eso.
—¿Ella sabía que ibas a venir?
—No. No tiene ni idea.
—Habla de ti todo el tiempo. Cuando te fuiste, estaba destrozada.
—¿Qué hay de Sevin? ¿Alguna vez me mencionó?
—No. Todo lo que sé de ti vino de Adelaida. Sevin no habla de ti.
—Sí... —Asentí en comprensión mientras mis ojos se sentían más pesados—.
¿Puedo esperar aquí?
—Por supuesto.
Me senté en el sofá y miré a mi alrededor. Todo estaba igual. El hervidor
todavía estaba en el mismo lugar en la estufa. La casa todavía olía a pachuli. Una
oleada de emociones me golpeó porque este lugar era el verdadero hogar que
había abandonado.
La puerta se abrió y me levanté de inmediato.
Addy estaba cargando una bolsa de papel y se congeló. Sus labios
estaban temblando mientras ponía la bolsa sobre la mesa.
Me quedé allí sin palabras mientras las lágrimas que había estado
reteniendo cayeron libremente.
Ella negó con la cabeza incrédula y de repente se precipitó hacia mí,
empujándome hacia un cálido abrazo. Sus hombros temblaban. Nunca había
visto a Addy llorar así, ni siquiera después de que Lorraine muriera. Era un
160 testamento de cuánto me amaba. Luke salió de la habitación para darnos algo
de privacidad.
Después de sujetarme durante varios minutos, se echó hacia atrás.
—No sabía si estabas viva o muerta.
—¿Sevin nunca mencionó que me vio en el funeral?
—No.
No sabía por dónde empezar.
—Addy...
—Sabes lo que voy a preguntar, Vangie. Y no te atrevas a mentirme.
Dónde diablos…
—He estado viviendo en Wichita.
—¿Wichita? —repitió más fuerte—, ¿Wichita?
—Sí.
—Todo este tiempo, ¿y has estado aquí en Kansas, a pocas horas de
distancia?
—Sé que quieres una explicación, pero me temo que no puedo dártela.
Todo lo que puedo decir es que dejarte fue una de las peores partes para mí.
—Sé que sentías que no tenías otra opción, pero Sevin... —dejó de hablar y
miró al suelo.
—¿Qué?
—Lo destrozó completamente, Vangie. No es la misma persona. —Oír eso
fue como una puñalada en el corazón.
—Lo sé. Podía sentir eso. No es que esperara algo diferente, pero es difícil
verlo por mí misma.
—¿Con quién vives?
—Estoy casada.
Abrió los ojos.
—¿Casada? ¿Con quién?
—Su nombre es Dean. Lo conocí cuando me fui. Papá piensa que hui para
estar con él, pero sabes que eso no es cierto. Estuve por mi cuenta por un tiempo,
y luego él me aceptó.
—¿Te aceptó? ¿Estabas sin hogar?
—Nunca llegó a eso, pero estuve cerca.
—Vangie, escucha. Sabes que te quiero. Puede que no estés lista para
decirme todo, pero espero una explicación completa de por qué hiciste lo que
nos hiciste. Salir de la ciudad es una cosa, pero marcharte sin decirnos dónde
estabas...
161
—Te lo prometo, Addy. Algún día, te contaré todo lo que pasó mientras
estuve fuera. Ahora no puedo. No puedo manejarlo todo todavía, ¿de acuerdo?
Por favor, solo sé que te amo y nunca quise hacerte daño. Tienes que creer eso.
—Sabes que soy una persona fuerte, y sabes que te quiero. Podrías haberte
quedado fuera durante veinte años, volver, y te daría la bienvenida con los
brazos abiertos. No es a mí a quien le debes una explicación. No soy yo quien
estuvo completamente destruido. Tienes que enfrentarte a él.
—No quiere verme.
—No importa. Aún tienes que enfrentarlo.
—Me odia.
—¿Realmente crees eso? Déjame decirte algo. Ese muchacho te buscó
por todas partes. Yo estuve ahí. Vi cuánto sufrió después de que te fuiste. Eso no
significa que te odia; está enojado, sí. Pero no es odio. ¿Sabes qué más pasó
mientras estabas fuera? Ese chico se convirtió en un hombre. Era dueño de sus
responsabilidades, cuidaba de tu hermana todos los días, hasta que murió.
Aunque lo habías dejado completamente destrozado, encontró su fuerza interior.
El amor que ha salido mal puede disfrazarse de odio. Déjame definir el odio de
Sevin por ti. Es un mecanismo de autoprotección para un amor que duele tanto
que tiene que luchar contra ello todos los días. Por lo menos, él merece una
explicación.
Ella tenía razón, pero no sería hoy. Mirando hacia abajo a mi reloj, supe
que, si no regresaba pronto, Dean me mataría.
—Tengo que irme, Addy. Te prometo que volveré pronto.
Addy me hizo darle mi dirección. No quería que ella supiera dónde vivía
porque probablemente estaría horrorizada por lo que encontraría, pero ya no me
estaba escondiendo. No podía herir a la gente que amaba más de lo que ya
había hecho.

Fueron dos semanas más tarde cuando Dean me permitió llevar la


camioneta a Dodge City de nuevo. Seguí diciéndome que no tenía que pasar
por ello, que podía cambiar de opinión en cualquier momento. Esa fue la única
manera en que pude conjurar suficiente valentía para enfrentar a Sevin.
Era tarde un domingo por la tarde, nublado y cubierto. Bordeando la
propiedad de mis padres, estacioné el Dodge Ram de Dean en frente de la casa
de huéspedes. Con el corazón palpitando, con las manos temblando, permanecí
en el asiento del conductor durante más tiempo antes de forzarme a salir.
Respirando pesadamente, me quedé allí contemplando el paisaje. Estaba
misteriosamente silencioso, el único sonido era el de las campanillas de viento de
mi madre sonando a lo lejos. Había dos vehículos estacionados afuera, un camión
162 que asumí era de Sevin y un sedán Toyota.
La puerta se abrió antes de que tuviera la oportunidad de llamar.
—Solo dime si hay algo más que necesites —dijo una atractiva pelirroja de
mi edad a Sevin mientras salía de la casa.
¿Quién era esa?
Me congelé cuando sus ojos se posaron sobre mí con la misma mirada
enojada y vacía que me había dado en el funeral de Elle.
—¿Quién eres? —preguntó—. ¿Podemos ayudarte?
¿Nosotros?
Un silencio largo e incómodo se produjo cuando Sevin y yo nos miramos.
Finalmente miré hacia atrás.
—Soy Evangeline.
—Mi cuñada —se burló amargamente.
—Oh lo siento. No me di cuenta. De todos modos, te llamaré más tarde
para comprobarte, Sevin —dijo mientras se subía a su Toyota y se alejaba,
dejando un rastro de polvo detrás.
Se quedó en la puerta dándome la misma mirada helada. Mi latido del
corazón estaba fuera de control mientras realmente lo admiré por primera vez.
Sevin era más grande, más musculoso. Su cabello había crecido, y su rostro
estaba enmarcado por la barba de un día. Era verdaderamente un hombre
ahora en todos los sentidos. Y aunque todo lo que nos rodeaba estaba
destrozado, no había un nosotros, mi corazón roto se sentía más entero de lo que
había estado en todos los años en que me había ido simplemente porque él
estaba cerca. La energía eléctrica que siempre existió entre nosotros todavía
estaba allí. Simplemente se manifestaba de una manera diferente ahora.
Después de pasar una cantidad de tiempo indeterminada, fue el primero
en hablar.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Tragando, le dije:
—Necesitaba verte.
—¿De repente tienes que verme? —Negó con la cabeza, incrédulo, pero
no dijo nada más.
Un ruido de truenos sonó en la distancia, una adición adecuada a esta
ominosa recepción. Estaba empezando a llover.
—¿Puedo entrar?
—No. —Su respuesta fue abrupta. Tenía el cuerpo rígido y las manos en
puños.
Asintiendo, miré hacia abajo a mis pies, sintiéndome avergonzada por
163 siquiera venir.
—Lo siento. Debería haber sabido que no querrías verme.
—Realmente no entiendo por qué estás aquí. —Parecía cansado, como si
apenas tuviera la energía para decir esas palabras.
¿Por qué estaba aquí?
—Porque ya no puedo vivir así. Necesito explicarte algunas cosas.
Mis nervios se dispararon, pero me acerqué a él de todos modos. Su olor
familiar me provocó sensaciones de nostalgia, deseo y dolor. Todos los
sentimientos que había obligado a desaparecer comenzaron a despertar. Solo
quería arrojarme a sus brazos. Como si pudiera ver dentro de mi cabeza, Sevin
retrocedió dos pasos, alejándose dentro de la casa.
—Vete de aquí, Evangeline.
Sus palabras eran como un puñetazo en el estómago.
—Por favor. No consigo el auto muy a menudo. Necesito hablar contigo.
Yo…
El golpe de la puerta en mi rostro me hizo estremecer.
Cerré los ojos con fuerza mientras las lágrimas comenzaban a caer por mis
mejillas. Tanto había cambiado en nuestras vidas, pero en ese momento, yo era
simplemente la misma Evangeline que amaba a Sevin con todo mi corazón y
alma.
Caminando por el lado de la casa, me asomé a la ventana. Sevin estaba
sentado en el sofá con la cabeza baja en las rodillas. Una botella de Jack Daniels
estaba abierta sobre la mesa. No me vio. Me era imposible apartar la vista. Esa
visión resumía todo el daño que había causado. Ver de primera mano lo mucho
que lo había lastimado era tan difícil de aceptar.
Me merecía cada pedacito de la horrible existencia que me quedaba
ahora.
Volviendo a la camioneta, empecé a encender el motor y me deslicé por
el camino largo de grava que conducía hacia fuera de la propiedad de mis
padres. No era digna de su perdón. Merecía mi castigo, que era mi vida con
Dean. Volví a Wichita, jurando no regresar nunca a Dodge City de nuevo.

164
20

M
e llevó casi una hora levantarme del sofá ese día. Estaba tan
malditamente enojado conmigo mismo. Después de todo lo que
ella había hecho, debería haber querido matarla. En su lugar, tuve
que golpear la puerta en su cara a causa de los malditos sentimientos que me
embargaron. Cuando llegó el impulso de agarrarla y sostenerla, me preocupé de
que estuviera loco. ¿Cómo era posible odiar a alguien y amarlo al mismo tiempo?

165 Mi juicio estaba claramente empañado, lo que me obligó a deshacerme


de ella antes de hacer algo de lo que me arrepentiría. Aun emocionalmente débil
por el trauma de la muerte de Elle, no había manera de que Evangeline pudiera
entrar y permitirme ser manipulado por ella. Nunca podría confiar en ella de
nuevo, pero era demasiado fácil de ser absorbido. Sobre mi cadáver mi debilidad
por ella borraría los últimos cinco años. Ella no iba a obtener mi perdón. No había
excusa para dejarme así, abandonando a Elle en esa condición. Necesitaba
mantenerme firme.
Pero cerrar esa puerta no hizo nada para librar mi corazón de ella. Vivía
dentro de mí, siempre lo hizo¸ constantemente me perseguía incluso cuando no
estaba físicamente presente. Tendría que esforzarme más para luchar contra esto.
Durante días después de su visita, no pude comer ni dormir y no hice nada
más que beber. Se estaba librando una batalla dentro de mí. Por un lado, quería
protegerme de la verdad de donde había estado todo este tiempo. Por el otro, la
curiosidad me estaba matando.
Sabía que necesitaba hablar con Addy. Habíamos hablado por teléfono
después de que Evangeline apareciera por primera vez en su casa, pero no sabía
que Evangeline había venido a verme. Addy fue mi voz de la razón todos estos
años, la única persona que me mantuvo cuerdo a través de lo peor de todo.
Vinculados en nuestra miseria por el abandono de Evangeline, habíamos estado
allí el uno para el otro todos los días. Cuando Luke huyó de Oklahoma y se mudó
a Dodge City, los tres nos volvimos como una familia. Los dos eran un trozo de
normalidad en medio de mi vida, que de otra manera habría consistido
principalmente en trabajo y mis obligaciones en casa con Elle hasta que murió.
Addy y Luke fueron mi fuerza y mi consuelo. Al mismo tiempo, la casa de Addy era
un lugar donde podía simplemente relajarme con una cerveza y ser yo mismo.
Ella y Luke jugaban a las cartas cuando fui por primera vez desde la
aparición de Evangeline en mi puerta.
—Parece que has sido atropellado por un camión, hijo —dijo Addy—. ¿Qué
está pasando?
Tomando asiento en la mesa, puse mis pies en la silla frente a mí. Dejé
escapar una respiración profunda y froté mis ojos cansados.
—Ella vino a verme.
Addy abandonó su mano de cartas y se levantó para buscarme una
cerveza del refrigerador.
—Pensé que lo haría. Le dije que lo hiciera.
—¿Tú le dijiste que lo hiciera?
Medio sonriendo, colocó la botella con firmeza frente a mí.
—Claro que sí.
—¿Por qué?
—Porque cuanto antes se acabe lo inevitable, mejor. Dime lo que pasó.
166 —Le cerré la puerta en la cara.
Addy y Luke se miraron y empezaron a reír.
Mirando entre ellos, pregunté:
—¿Qué les resulta tan gracioso?
Addy sacudió la cabeza y cruzó los brazos.
—No puedes hacer eso, Sevin. No puedes huir de ella.
—¿Por qué diablos no?
—Porque ahora que sabes dónde está, no serás capaz de ignorarla.
—No sé dónde está.
—Lo haces, porque te lo voy a decir.
—No quiero saberlo.
—Vive en el 15 Great Road en Wichita.
Maldición.
—Addy... no quería saber.
—Sí, quieres. También debes saber que está casada.
Mi corazón se hundió.
—¿Qué?
Maldita sea. Si la odiaba tanto, ¿por qué esa noticia me devastó?
—Algo no está bien con ella, Sevin.
—¿Qué quieres decir?
—No lo sé. Tengo un muy mal presentimiento. Parecía renuente a decir su
dirección, me hizo prometer que no iría allí si me la daba. Tenemos que
comprobar las cosas.
Mi silla patinó mientras me levantaba y caminaba hacia la ventana.
—Lo comprobé, bien. Comprobé esto por completo. No puedo seguir por
este camino con Evangeline de nuevo.
—No entiendo por qué actúas así respecto a ella —dijo Luke—. Parecía
muy dulce, y definitivamente se arrepiente por lo que hizo. Deberías por lo menos
hablarle.
Me acerqué a mi hermano y le lancé una de las cartas.
—Si no fueras gay, pensaría que te echó el mismo hechizo que me echó a
mí cuando tenía tu edad.
—Eso no es verdad —dijo Addy—. Sin embargo, escucha a tu hermano
pequeño. Vangie es una buena persona y merece el perdón. No estoy diciendo
que tiene que suceder durante la noche o incluso pronto. Pero sabes que nuestra
chica siempre se ha dejado guiar por el miedo y la conciencia. Se fue porque
sentía que no tenía otra opción, probablemente no podría manejar la culpa
167 dada la situación de Elle. Sea cual fuere la razón, tomó la decisión equivocada; lo
sabemos. Pero no podemos cambiar el pasado. Ahora está casada. No es como
si estuviéramos sugiriendo que continúes donde lo dejaron. Probablemente es
demasiado tarde para eso. Solo tienes que encontrarte en ti mismo para
perdonarla.
Tomé un sorbo de cerveza y tragué.
—Nunca la perdonaré.
—No estoy diciendo que debas olvidar, pero tienes que pedirle a Dios que
te ayude a perdonar.

Habían pasado dos meses desde que apareció en mi puerta. A pesar de


mi voto de tratar de olvidarla, no pasó un día sin que pensara en Evangeline o
tratara de reconstruir lo que le sucedió en los años que estuvimos separados.
Nunca fui el tipo de ir a la iglesia. Al crecer, la iglesia era simplemente una
oportunidad para salir de la casa estancada de Lillian o quizás conocer a algunas
buenas chicas para corromper.
El período después de la muerte de Elle fue la primera vez en mi vida que
había usado la iglesia como un lugar para meditar, para encontrarme con Dios y
canalizar su guía en mis luchas internas.
No queriendo tratar con la gente de Sutton Provisions, elegí no asistir al
servicio en la iglesia principal en Dodge City. En su lugar, fui a la de la próxima
ciudad. Fue donde conocí a Nancy. Ella era una viuda cuyo marido murió en
combate en el extranjero, pero no tuvo hijos. Nancy se mudó a Kansas para estar
más cerca de sus padres y para mí había sido un hombro en el apoyarse
últimamente dado nuestras situaciones similares. Se reunía conmigo en el servicio,
se sentaba a mi lado y algunas veces dejaba comida en mi casa durante la
semana. Algunas noches, se quedaba un rato, y conversábamos. Nancy estuvo
allí el día que Evangeline apareció en mi puerta. Afortunadamente, nunca habló
de mi extraña reacción hacia mi "cuñada". Mientras yo no estaba en modo
alguno preparado para una relación con alguien, tenía la sensación de que
Nancy quería más conmigo y solo estaba esperando que pasara el tiempo que
sería suficiente para mí para empezar a salir. Honestamente no sabía si las cosas
con ella evolucionarían hacia algo. Si realmente buscaba otro marido, tenía que
ser cuidadoso de no meterme en mi cabeza. Por ahora, éramos amigos, y su
presencia era reconfortante.
Ese domingo en particular, Nancy y yo estábamos tomados de la mano
durante una oración cuando noté a una familia a unos cuantos bancos de
168 nosotros. No pude darme cuenta de dónde conocía al padre. Cuando se dio la
vuelta para entregar la canasta de donaciones a la gente que estaba frente a
nosotros, su rostro me pareció familiar. La familia tenía cuatro hijas, tres de ellas
con cabello más claro y una niña de cabello oscuro al final del banco, que había
perdido la mitad inferior de su brazo izquierdo. Me pareció que probablemente la
habían sentado en la esquina de la izquierda para que usara su mano derecha
para sostener a su hermana durante la oración. Me hizo pensar en el hecho de
que cada uno tiene sus propios desafíos. La lucha de esta niña era muy diferente
a mi lucha interna, pero, sin embargo, todos nos reunimos el domingo en busca
de una guía del mismo poder. Algo en esa realización me dio fuerzas renovadas,
como si no estuviera solo en esta vida de locura.
Esa tarde, Nancy me siguió a casa. Al principio fue como cualquier otro
perezoso domingo. Vimos una película juntos en la sala, pero cuando terminó, ella
desapareció en el cuarto de baño fuera de mi dormitorio durante casi quince
minutos.
Llamé a la puerta.
—¿Está todo bien?
—Sí. Todo está bien.
—Bien. Déjame saber si necesitas algo.
Unos segundos más tarde, la puerta se abrió. Nancy estaba allí con un
sujetador de encaje blanco y ropa interior a juego.
—¿Qué estás haciendo? —grité
—Pensé que quizá esto ayudaría.
Tragué. Se veía hermosa, pero no se sentía bien.
—¿Ayudar con qué?
La pregunta más estúpida que se hizo alguna vez.
—Sé que te sientes culpable, tal vez no estoy preparada o tú no estás
preparado para esto debido a nuestras situaciones, pero creo que es algo que
ambos necesitamos. Quiero hacerte sentir bien, Sevin. No tiene que significar
nada más que eso. Hace mucho que no me tocan.
—Nancy, yo...
Antes de que pudiera decir algo, se inclinó y plantó un largo beso en mis
labios. Mi cuerpo se tensó. Mi polla se puso rígida, a pesar de que estaba tratando
de luchar contra la reacción física. Como no había estado dentro de una mujer
desde Evangeline, por supuesto que mi cuerpo iba a reaccionar. Simplemente no
podía manejar nada más de lo que pudiera venir al tomar ese paso.
Sin embargo, con cada empujón de su lengua dentro de mi boca, me
sentía más débil. Una parte de mí quería ahogar mis penas en Nancy, dejar que
me ayudara a olvidar a Evangeline aunque fuese por unos minutos. Cuando
empezó a desvestirme y sacó un condón de su sostén, me rendí y cerré los ojos. El
sonido de la envoltura arrugada me incitó a abrirlos. Después de que ella me
169 cubrió, todo pasó tan rápido.
Mientras estuve en su interior se había sentido bien, faltó intimidad y pasión.
Era solo sexo. Ambos nos vinimos, y fue lo suficiente para hacerme sentir
temporalmente algo que no sea adormecimiento o enojo. Me recordó el tipo de
sexo que había tenido antes de Evangeline, el tipo que utilizaba como un escape.
Se sentía bien, pero no era alucinante.
Nancy se quedó a dormir por primera vez esa noche. No podía decirle que
se fuera a casa después de tener sexo.
Por la mañana, tomando café, me sorprendió con una pregunta.
—Evangeline es el nombre de tu cuñada, ¿verdad?
Mi mano, que había estado alcanzando la cafetera, se congeló en el aire.
—¿Por qué preguntas?
—Dijiste su nombre mientras dormías.
—¿Lo hice?
—Sí. Dijiste, “Evangeline, lo siento mucho. Siempre has sido tú”. Y seguiste
disculpándote.
En silencio, serví el café, tratando de absorber lo que acababa de admitir.
Tomando un gran trago del líquido caliente casi me quemé la boca antes de
decir:
—Bueno, eso es extraño.
—También pensé lo mismo.
Afortunadamente, Nancy dejó el tema poco después y finalmente salió de
la casa poco antes de que tuviera que entrar en el trabajo.
Ese día entero en la planta estuve obsesionado por el hecho de que había
estado soñando con Evangeline. Tanto esfuerzo invertido cada día tratando de
olvidarla, pero aparentemente no tenía control sobre mi débil subconsciente. Eso
realmente me enfureció.

Saber dónde vivía era una maldición. Realmente deseaba que nunca se lo
hubiera escapado a Addy. Sin embargo, sabía que no podía confiar en mí mismo
para estar alrededor de Evangeline, la curiosidad me estaba matando. Quería
verla, pero no quería que ella me viera.
Evangeline estaba casada. Casada. Addy me había dejado con un mal
presentimiento cuando dijo que presentía que Evangeline podría tener algún tipo
de problema. Me hizo sentir culpable por no revisar las cosas al menos una vez.
Esa era mi excusa oficial mientras me dirigía por la Ruta 54 hacia Wichita.
170 Tomando prestado el auto de mi compañero de trabajo, necesitaba asegurarme
de que mi camioneta no me dejara tirado.
¿Qué carajos estás haciendo Sevin?
El sudor me corría por la frente. Subiéndole a la música, la vibración del
bajo competía con mi corazón. El cielo de la noche de Kansas se había
transformado en un profundo azul. Era el tipo de noche hecha para estacionarte
en un campo abierto y mirar las estrellas, no acosar a tu ex casada quien te
había devastado.
Cuando llegue a la dirección en Great Road, no podía creer lo que veían
mis ojos. Era una pequeña casa blanca de un piso rodeada de basura. En el
césped seco había un par de autos abandonados, un Winnebago averiado,
viejos cortadores de césped, y muebles a medio quemar. Parecía el epítome de
la basura.
Me estacioné cruzando la calle, inseguro de cuál sería mi siguiente
movimiento. Después de casi una hora, la puerta de enfrente se abrió,
haciéndome esconder mi cabeza en el asiento.
Las luces del camión que salía iluminaban la calle. No estaba seguro si
Evangeline estaba adentro, pero decidí seguirlos de todos modos.
Después de un viaje de cinco kilómetros, se detuvo enfrente de un edificio
negro. La puerta del pasajero se abrió, y su largo cabello fue la primera cosa que
captaron mis ojos mientras ella salía del camión.
Evangeline.
Mi corazón comenzó a martillar contra mi pecho.
Cerró la puerta con fuerza, y el camión aceleró. El idiota ni siquiera esperó
que ella entrara y estuviera segura en el edificio.
Y si pensaba que mi corazón martillaba con fuerza antes, estuvo cerca de
hacer combustión cuando miré el brillante letrero de neón enfrente: Club de
Caballeros The Pink Lady.
No.
Dios no, Evangeline.
Hice todo lo posible para convencerme a mí mismo de no sacar
conclusiones. Ella podría trabajar en el escritorio, de mesera o bartender. Solo
porque hubiese entrado allí no significaba que fuera una de las nudistas, por el
amor de Dios.
La música Tecno sonaba en el lugar mientras las luces multicolores
iluminaban el oscuro y arenoso espacio. El humo llenaba el aire, y el olor a bebida
era penetrante. Evangeline no estaba a la vista mientras miraba alrededor con mi
capucha negra sobre la cabeza.
Tomando asiento en la esquina, respiré profundamente mientras una
mesera rubia se aproximaba a mi mesa.
—¿Qué puedo hacer por ti, guapo?
171
—Dame la bebida más fuerte que tengas. Por favor
Regreso con un líquido color ámbar no identificable que olía a medicina.
—Gracias
—Es un placer. Chicos como tú no entran aquí todos los días. Deberías
quitarte esa capucha. Muestra tus preciosos ojos y tu rostro. Déjame saber si
quieres un baile de regazo. Las chicas aquí se pelearán por quien lo consigue.
Suspiré aliviado cuando se alejó. Lo último que necesitaba era a alguien
atrayendo la atención hacia mí.
Un rápido vistazo a la habitación me reveló que Evangeline seguía sin
aparecer. Sobre el escenario, dos pelirrojas con pechos falsos bailaban juntas y se
frotaban la una a la otra. Tenían los cuerpos bien aceitados mientras se molían.
Salieron del escenario y rápidamente fueron reemplazadas por una rubia con
coletas y una falda corta haciendo una rutina de una canción de Britney Spears.
Sus pechos se encontraban completamente fuera de su camiseta abierta
mientras chupaba una paleta de muchos colores. Observé por un rato antes de
desviar mi atención y perderme en mis propios pensamientos.
Mientras más tiempo pasaba, más me perdía mi humor. Cuando la música
de repente se detuvo y la luz cambió, mi completa atención regresó al escenario.
Me quedé sin aliento cuando la canción lenta de Amy Winehouse comenzó a
reproducirse. Era una interpretación de Will You Still Love Me Tomorrow.
Un proyector se detuvo en una melena de cabello negro cayendo por su
espalda.
Joder.
Mi respiración se tornó trabajosa, mientras succionaba mi segundo trago.
¿Cómo demonios en el nombre de Dios había llegado a esto? ¿Cómo
terminó en este lugar?
Su espalda estaba frente a mí. Hizo la rutina entera en la silla que montaba.
Cruzaba las piernas o las volteaba sensualmente y lentamente, con gracia
precisa. Básicamente le estaba haciendo el amor a la silla. Me levanté con
asombro, todavía lo suficientemente lejos como para que no pudiera verme.
Muchas emociones mezcladas me recorrieron. Tristeza, porque no podía
entender por qué alguien tan brillante como ella necesitaba explotar su cuerpo
por dinero. Miedo, porque me preocupaba lo que habría pasado para llevarla a
este lugar. Ira hacia mí mismo, porque me importaba jodidamente mucho.
El más problemático era el intenso deseo que despertaba en mí. Se
suponía que odiaba a esta persona por arruinar mi vida. En cambio, me quedé
allí cautivado, extasiado, deseando desesperadamente ser esa silla debajo de
ella. Era un pequeño recordatorio del poder sexual que siempre tuvo sobre mí.
Pero esta situación, ser un mero espectador incapaz de tocarla, lo llevó a un nivel
172 completamente diferente. Estaba duro como una roca.
Perturbado y excitado en partes iguales, continúe observando cada
movimiento de su cuerpo.
Evangeline llevaba una camisa blanca abierta con un sostén negro
debajo. Cuando se quitó su camiseta, tragué con fuerza porque sabía lo que
venía. Con sus ojos cerrados, giró sus caderas lentamente mientras desabrochaba
la parte de posterior de su sostén. Cayó lentamente al suelo. Esos grandes y
hermosos pechos que una vez me pertenecieron ahora sobresalían libremente
para que el mundo los viera. Miré a mi alrededor por primera vez. Casi todos los
ojos en la habitación estaban sobre ella, después me sentí enfermo del estómago.
Solo enfermo. Enfermo de que todos estuvieran observándola y aún más enfermo
por la reacción de mi cuerpo.
¿Exactamente cuán lejos llevaba Evangeline las cosas? Aún estaba de pie
en mi mesa cuando la mesera regresó con otra bebida.
Apunte al escenario.
—¿Cuánto por un baile de regazo con ella más tarde?
—¿Sienna? No hace bailes de regazo, cariño. Lo siento. Es una de las
conservadoras. Probablemente cada chico que camina dentro de este lugar la
quiere. Pero hay otras muchas chicas que lo harían… más que eso. ¿Puedo
llevarte al fondo de la habitación si quieres?
Sienna.
Joder.
Estaba usando el nombre de Sienna.
—No, gracias. —Me sentí aliviado, sabiendo que al menos estableció
algunos límites. Pero, de todos modos, ¿por qué tenía que hacer esto? ¿Y cómo
demonios podría su marido dejar que su esposa se desnude para otros hombres?
Bajando el último trago de una sola vez, anticipé que la canción estaba
por terminar. Antes de saberlo, ella había salido del escenario. No entendía por
qué, pero de repente, mi estado emocional se sentía fuera de control. Confusión.
Celos. Curiosidad. Deseo. Posesión.
Tristeza.
Pura tristeza.
Los últimos cinco años podrían haber sido también cinco minutos.
Necesitaba verla.
Caminando hacia la mesera, tomé una decisión apresurada.
—Me gustaría un baile privado con Sienna.
—Te lo dije, cariño, ella no hace eso.
—Dile que estaría dispuesto a pagar diez mil dólares.
—No hablas en serio.
173 —¿El dinero sería para ella?
—Todo menos el diez por ciento.
Sacando mi tarjeta de crédito de mi cartera dije:
—Hágalo.
Sabía que ella no podría rechazar esa cantidad. Viendo la miseria en la
que vivía, sospeché que estaría dispuesta a considerar mi propuesta.
—Ya vuelvo. Necesito hablar con ella.
—Por favor no le diga mi nombre.
—No se preocupe. Usamos la mayor discreción aquí.
Pasó mucho tiempo y dudé que ella aceptara. La mesera reapareció y me
puse de pie.
—Ella está de acuerdo en darle solo un baile de regazo si así lo quiere,
nada más. No habrá nada de sexo involucrado. Tengo otras chicas que podrían
hacer eso por esa cantidad de dinero.
—No, te lo dije. Solo quiero un baile de regazo. Tiene que ser Sienna.
—Déjame verificar tu tarjeta.
Mis palmas estaban sudando mientras esperaba que regresara.
Hizo un gesto con la mano.
—De acuerdo. Ven por aquí. —La mujer me llevó por un largo y oscuro
pasillo, dentro de una pequeña habitación ligeramente iluminada de rojo.
La larga espera era insoportable. Finalmente, la puerta se abrió
lentamente.
Evangeline entró con la cabeza gacha, negros mechones de su cabello
cubrían la mitad de su cuerpo desnudo.
Cuando finalmente me miró, bajé mi capucha.
Nuestros ojos se encontraron.
Jadeando, se cubrió los pechos y se congeló.

174
21

C
uando Wilma entró al vestuario y me dijo que había un hombre que
ofrecía diez mil dólares para un baile privado, no lo pude creer.
¿Quién pagaría ese tipo de dinero por algo que no involucraba
sexo? Le pregunté si era un hombre del tipo de negocios, y dijo que no. Solo un
chico joven con una sudadera con capucha negra. Dijo que era hermoso. Eso
hizo que pareciera aún más extraño.
Al principio, me había negado categóricamente. Nunca había dado un
baile antes y juré que nunca lo haría. Ni siquiera me quitaba las bragas durante
175 mis presentaciones. El club me permitía salirme con la mía porque los clientes
habituales parecían adorarme. Solo mi baile en topless atraía a muchos que
regresaban por más al negocio.
Cuando la oferta comenzó a tener sentido, pensé en lo que ese dinero
podría significar para mí. Dean no sabía de mi cuenta bancaria secreta. Solo
llevaba a casa la mitad de las propinas que hacía. El resto lo guardaba. Cuando
hubiera suficiente dinero en efectivo para mantenerme sola, mi plan era dejar a
Dean y volver a la escuela, comenzar una nueva vida. Sin embargo, tendría que
decidir con cuidado cómo lo dejaría. De alguna manera, tenía que parecer que
fue su idea. No podía dejarlo por mi propia cuenta, porque me perseguiría. Esos
diez mil dólares me darían una enorme ventaja hacia mi sueño.
Así que, a regañadientes, acepté.
Llevé mi teléfono en caso de que tuviera que llamar para pedir ayuda. No
llevaba nada más que mi sujetador de encaje negro, ropa interior y tacones de
aguja, tenía la piel de gallina mientras caminaba por el pasillo hacia la habitación
de atrás.
Me sentía como una puta.
Después de abrir la puerta, no pude soportar mirarlo a la cara. El hombre
tenía una gran estatura que pude apreciar a través de mi cabello que cubría mis
ojos. Su embriagante colonia me resultó extrañamente familiar. Finalmente miré
hacia arriba. Cuando bajó su capucha, mi corazón casi se detuvo.
Cubriendo mi pecho, perdí el aliento.
La voz de Sevin me dio escalofríos.
—No te escondas. Quiero verte.
Me apoyé contra la puerta.
—¿Qué estás haciendo?
—¿Qué estás haciendo tú?
—¿Por qué viniste aquí? Pensé que no querías verme. Que me odiabas.
—Eso es lo que debería sentir, ¿no? Por eso es que esto es tan jodido.
Una oleada de náuseas me golpeó. Sosteniéndome el estómago, dije:
—Voy a vomitar. Esto es una sorpresa.
—Tal vez quise sorprenderte de la manera en que me sorprendiste cuando
volviste.
—Bueno, funcionó. Estamos a mano. ¿También me viste ahí afuera?
—Sí. Diste todo un espectáculo.
—No puedo creerlo.
Caminó lentamente hacia mí.
—Ven acá.
176
Meneando la cabeza, dije:
—No.
—¿No? Ya aceptaste el trato.
—Normalmente no hago esto, Sevin.
—Pero aparentemente, sí puedes ser comprada.
Fue un golpe bajo, pero tenía razón. Me sentía como una puta barata.
—Dime por qué pagaste diez mil dólares para hablar conmigo ahora
después de que me rechazaste en tu casa. ¿Por qué?
—Porque no pagué para hablar contigo. Pagué para que bailes encima
de mí.
Sus palabras, y el tono en que las dijo me estremecieron.
—No hablas en serio…
—¿Me ves riendo?
—Esto es una locura.
—Sienna, ¿eh? Justo como el primer día que nos conocimos.
—Sí…
—Ven aquí, Sienna. —Hizo hincapié en el sonido de la “S”, burlándose.
¿Qué clase de juego estaba jugando? ¿Y qué estaba mal conmigo?
Porque tan malo como estaba siendo, me moría por tocarlo. Sevin se acercó al
asiento de felpa, se sentó y apoyó la espalda en él.
Me haría pasar por esto.
Avancé lentamente hacia él hasta que mis rodillas tocaron las suyas.
—Dame lo que mi dinero vale —dijo con voz ronca. Por primera vez, noté el
alcohol en su aliento. Tal vez estaba perjudicando su juicio, contribuyendo a su
comportamiento agresivo hacia mí, tan fuera de carácter. O tal vez, Sevin
simplemente había cambiado. Una punzada de miedo se desarrolló en la boca
de mi estómago.
La habitación estaba en silencio aparte del bit apagado de la música del
club a lo lejos. Me temblaban los muslos mientras los colocaba uno a cada lado y
me sentaba en su regazo. Su pecho estaba agitado mientras me miraba, sus ojos
reflejando una intensidad salvaje.
No pude moverme al principio. Sus pupilas parecían oscurecerse con cada
segundo que pasaba mientras seguía mirándome fijamente.
Esperando.
Con su estructura más musculosa, cabello crecido y barba, la edad
definitivamente le sentaba. A pesar de mi miedo, la conciencia sexual se
177 apoderó de mi cuerpo, que había estado ansiando por él. Nunca pensé que
tendría la oportunidad de estar tan cerca de Sevin de nuevo en mi vida.
Al mismo tiempo, no merecía estar consiguiendo placer del contacto.
Aparte de las diferencias en su apariencia física, sabía que los cambios en su
interior eran mucho más profundos. Lo había destrozado, y luego la muerte de Elle
lo había destrozado de nuevo. Pensé en lo que mi madre dijo, que él estaba“muy
mal”. Cerré los ojos para rechazar pensamientos de Elle, pensamientos de todo lo
que pudo haber sucedido, que sucedió, después de que me fui.
Llevó sus dedos callosos a mi barbilla.
—Abre los ojos y mírame.
Los mantuve cerrados.
—Evangeline.
Cuando dijo mi nombre, los abrí.
—Sé que me odias —susurré.
—No quiero hablar.
—¿Qué quieres?
—Quiero lo que me trajo aquí, lo que pagué.
Se me ocurrió que esto era una forma de devolución. Quería humillarme.
También pensé que se lo debía. Si esto era lo que le haría sentir mejor,
avergonzarme y castigarme, entonces le iba a dar todo lo que necesitara.
Era mejor a que me presionara para obtener información. No podía
contarle todo lo que había pasado desde que me había ido. Así que le daría
todo lo que pidiera a cambio. Seguiría su juego.
—¿Quieres un baile? Te daré un baile.
Deslizándome lentamente hacia él, pude sentir el calor de su polla dura
como una roca debajo de mí. Empujando sus hombros hacia atrás en el pequeño
sofá, giré mis caderas lentamente sobre él. Soltó un gemido ahogado. Mis
pezones se endurecieron, y la humedad se desarrolló entre mis piernas mientras el
material de mi ropa interior se frotaba contra sus vaqueros.
Esto era un error.
Me miró profundamente a los ojos mientras seguía montado su regazo.
Nunca quitamos los ojos el uno al otro en ningún momento.
Deslizó el dedo medio debajo de la correa de mi sujetador y la empujó.
—Quítate esto.
Cada palabra que salía de su boca incrementaba mi estado de
excitación.
Obedecí, desenganchándolo por la espalda y arrojándolo al suelo. Sus ojos
nunca dejaron los míos a pesar de mi desnudez. Su mirada era una mezcla de ira,
desconcierto y lujuria sin adulterar.
178
Colocando sus palmas en mis pechos, comenzó a masajearlos lentamente.
Frotó las puntas de sus pulgares a lo largo de mis pezones.
La boca de Sevin se curvó en una leve sonrisa.
—Te estás excitando, ¿no?
No quise responder, pero no tuve que hacerlo.
Continuó:
—Puedo sentir lo húmeda que estás a través de tus bragas. Mierda. —
Agarrando la parte trasera de mi culo, presionó sobre él con más fuerza—. ¿Qué
tipo de hombre permite que su esposa trabaje aquí?
Dejé de moverme.
—Te lo dije. Nunca he hecho esto antes.
Colocó sus manos en mis caderas para mostrarme quién estaba a cargo y
comenzó a mover mi cuerpo sobre él de nuevo.
—¿Cuánto dinero necesitaría para follarte?
Salté fuera de él.
—Detente. Lo entiendo. ¡Me odias! Quieres que pague por lo que te hice.
Solo llámame una puta y termina con esto. Luego vete. —Caminé hacia el lado
opuesto de la habitación, cubriéndome los pechos—. Este es un juego perdido,
Sevin. No puedes hacerme sentir peor de lo que ya lo hago. Desearía haber sido
yo quien muriera. Desearía estar muerta cada día. Si tuviera las agallas, yo
simplemente...
—¿Tú qué?
Le di la respuesta honesta.
—Terminaría todo...
Parecía como si mi admisión le hubiera infligido dolor físico.
Sevin se levantó de su asiento y se precipitó hacia mí.
—No digas eso. ¡Nunca vuelvas a decir eso! —Jalándome hacia sus brazos,
me abrazó fuertemente. Cuando volvió a mirarme, fue como si acabara de
despertar de un trance—. Oh Dios, lo siento mucho. Lo siento mucho. Perdóname.
Perdóname por esto. Perdóname.
Se repetía a sí mismo, pidiendo perdón.
Pasé mis dedos por su cabello mientras enterraba su frente en mi pecho.
—Lo entiendo —dije—. Me merezco todo esto.
Habló en mi pecho.
—Estoy tan enfadado contigo. No sé cómo manejarlo.
El calor de su aliento calentó mi piel en la habitación de otro modo helada.
179 Entonces, sentí humedad caer sobre la piel desnuda de mis pechos. Él estaba
llorando. Nunca había visto a Sevin llorar, ni siquiera en el funeral de Elle.
Sostuve su rostro contra mí durante varios minutos.
—¿Por qué? —susurró sobre mi piel.
No podía darle esa respuesta.
—Me dejaste —repitió con más fuerza—, ¿por qué? ¿por qué simplemente
te rendiste? —Se enjugó los ojos y me miró—. ¿De verdad crees que te odio?
Ojalá te odiara, Evangeline. Daría cualquier cosa. Ojalá pudiera sacarte de mi
corazón, pero tú eres mi puto corazón.
Caminando hacia el otro lado de la habitación, tomó mi sujetador del piso
y me lo dio. Ya no parecía enojado. Solo triste y un poco avergonzado de sus
acciones.
—Tengo que irme.
—¿Estás bien para conducir?
—Estaré bien.
Después de ponerme de nuevo el sujetador, se quitó su sudadera y la
envolvió alrededor de mis hombros.
Extendió la mano y dijo:
—Dame tu teléfono. —Lo tomó y programó su número en los contactos—.
Ahora tienes mi número. En caso de que lo necesites.
Después de que se fuera, me senté en la habitación vacía, acurrucada en
su sudadera, respirando su olor, sin saber dónde estaban las cosas con Sevin.
Más tarde escondí la sudadera con capucha en mi casillero del vestuario
para que Dean no la viera cuando me recogiera.

Pasaron varias semanas antes de que surgiera una oportunidad de


dirigirme a Dodge City. No tener un auto era una gran desventaja, pero una que
Dean cuidadosamente manipulaba, negándose a dejarme comprar mi propio
vehículo.
Había mirado fijamente el número de Sevin casi todos los días, queriendo
llamar pero sin saber qué decir. Habíamos dejado las cosas en una nota muy
extraña, pero de cierto modo, me había dejado a mí para que retomara el
contacto. No estaba segura si era una buena idea. Me preguntaba si le habría
dicho a Addy dónde estaba trabajando y si estaba decepcionada de mí.
Emily me había hecho prometer que iría a verla, así que la visita a la casa
de mis padres ya tenía retraso. Cuando Dean anunció que se iría a un viaje de
180 chicos durante el fin de semana, las ruedas en mi cabeza comenzaron a girar.
—Entonces, ¿a dónde van exactamente?
—No estoy seguro de si ya lo decidieron.
—¿Dices que Nelson te recogerá?
—Sí… ¿por qué?
—Eso significa que dejarás la camioneta. ¿Puedo usarla?
—Puedes usarla para ir a trabajar, pero eso es todo.
—¿Por qué no? Pensaba tomar un par de noches de descanso e ir a
Dodge City para el fin de semana para ver a mis padres.
—No. La camioneta necesita nuevos puntales. No puedes conducir hasta
que lo solucione.
—Yo puedo arreglarlo, por Dios.
—¿Crees que voy a dejarte tocar mi camioneta, Evie? Hay suficiente
mierda para hacer en la casa de todos modos. Has estado floja esta semana. No
necesito preocuparme por ti mientras estoy lejos.
—Quiero ir a casa.
—Esta es tu casa.
No, no lo es.
—Sí, pe…
—¿Te olvidas que te habías escapado de ese lugar cuando te encontré? Si
no fuera por mí, estarías en la calle. ¿Dónde estaba tu maldita familia, eh? Ni
siquiera querrían tener algo que ver contigo si supieran de tus malas costumbres.
Soy la única razón por la que estás bien. ¿De repente, ahora, quieres visitarlos los
fines de semana? ¡Qué mierda, Evie...
Evie. Era la única persona que me llamaba así. Lo odiaba. Me recordaba
al mal.
—Tengo derecho a ver a mis padres y a mi hermana.
—Bueno, no será este fin de semana.
Era raro que Dean se fuera. No podía perder la oportunidad y tenía que
encontrar una manera de volver a casa.

Dado que no había líneas de autobús fáciles a Dodge City desde Wichita,
una de mis compañeras de trabajo, Liz, me prestó su SUV para el fin de semana.
El amigo de Dean lo recogió a las ocho de la mañana. Nelson había traído
181 donas glaseadas y café en caja de Wally's. Me uní a ellos en la cocina, haciendo
todo lo posible para actuar indiferente. Dean pensó que pasaría el día
poniéndome al día con la lavandería.
Quince minutos después de que se fueron, caminé el kilómetro y medio a
donde Liz y me fui en su auto por la Ruta 54.
Después de conducir durante tres horas, finalmente llegué a la propiedad
de mis padres.
Mi relación con papá seguía siendo tensa, aunque por lo menos me
hablaba.
Emily, nuestros padres y yo nos sentamos en la mesa del comedor para el
almuerzo. Emily trató de aligerar el estado de ánimo haciéndose cargo de la
conversación, hablando de su persecución para convencer a mi padre de
dejarla aplicar en un par de universidades fuera del estado. No pasó mucho
tiempo antes de que papá empezara a interrogarme.
—Creí que habías dicho que la próxima vez que vinieras, traerías a tu
marido.
Nunca habría prometido eso.
Él NUNCA vendrá aquí.
—No pienso traerlo aquí, papá.
—¿Te importa decirme por qué no?
—Porque no lo aprobarías, y no quiero desobedecerte.
—¿Desde cuándo te importa respetar nuestra opinión?
Mi madre puso su mano en el brazo de mi padre.
—Lance, por favor. Estamos tratando de tener un buen almuerzo.
El resto de la comida pasó en silencio con nada más que el sonido de los
cubiertos tintineando. Había llegado a esperar esto como la nueva normalidad,
sintiéndome como un paria entre mi propia familia. Supongo que tuve suerte de
que papá me dejara entrar en la casa después de mi desaparición. Hubiera sido
poco razonable esperar una cálida recepción por encima de eso.
No pude evitar preguntar:
—¿Cómo está Sevin?
Cuando mis padres no contestaron, Emily intervino.
—Probablemente saliendo con su novia. Ha estado alrededor mucho. Veo
su auto estacionado fuera de la casa de huéspedes todo el tiempo.
Sentí deseos de vomitar.
—¿Novia?
—Bueno, dice que no, pero creo que solo trata de ser respetuoso de
182 nuestros sentimientos... por Elle.
—¿Quién es ella?
Emily terminó su sorbo de agua antes de decir:
—Su nombre es Nancy. Eso es todo lo que sé.
Olvida Evie… Nancy era mi nuevo nombre menos favorito en el mundo.
Aunque no tenía derecho a estos celos, mi corazón clamaba en protesta.
—¿Conduce un Toyota?
—Sí. Beige. Ese es.
Un nudo se formó en mi garganta al darme cuenta de que era la misma
mujer que conocí el día que me presenté en su puerta. Eso había sido hace un
tiempo, lo que significaba que habían estado viéndose desde hacía rato.
Mi madre había convertido en suites las antiguas habitaciones de Elle y
mía. Mi plan era pasar la noche en mi antigua habitación.
En el camino por el pasillo, me detuve en la de Elle.
Colapsando sobre su cama, me rompí y hablé con su almohada.
—Lo siento mucho. Te prometo que cambiaría de lugar contigo si pudiera.
Respirando, tratando en vano de encontrar algún reconocimiento de su
olor, sollocé durante lo que debió haber sido una hora. Supongo que donde
quiera que estuviera, ahora sabía todo.
Cuando finalmente salí de la habitación, decidí dar un paseo rápido a la
tienda de comestibles más cercana. Emily me había hecho prometer que le haría
esas galletas que solía hornearle cuando era más joven. Era lo menos que podía
hacer después de haberla abandonado durante gran parte de sus años de
formación.
La camioneta de Sevin estaba estacionada frente a la casa de huéspedes,
así que supuse que estaba adentro. Unos segundos más tarde, justo cuando
entraba en mi auto, los faros de un vehículo que se aproximaba me golpearon en
la cara.
Me congelé cuando me di cuenta de que era el Toyota de Nancy. Ambos
salieron y cerraron las puertas. Sevin no me vio al principio. No iba a decir nada,
pero luego se dio la vuelta y me vio de pie frente al SUV.
Del otro lado de la hierba, nuestros ojos se encontraron. Se quedó en
silencio mientras caminaba desde la entrada de mis padres hasta la suya.
—Hola —dije.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Estoy pasando el fin de semana con mamá y papá.
—No me dijiste que ibas a venir.
—No creí que quisieras verme.
183
Miró a su novia.
—Esta es Nancy. Nancy, esta es...
Ella lo interrumpió.
—Lo sé. Evangeline. Tu cuñada. Nos conocimos brevemente.
Asentí.
—Bueno, será mejor que deje que los dos sigan con su noche. Voy a hacer
algunas compras.
Apresurándome, me escapé en el auto antes de que alguien pudiera
decir otra palabra. Volviendo a mirar brevemente a Sevin, noté que no se había
movido del lugar mientras seguía mirándome.
Cuando volví de la tienda, su auto todavía estaba estacionado afuera. Se
quedó allí el resto de la noche. A pesar de que traté de no centrarme en él,
estaba constantemente en mi mente, y pasé tiempo con mi hermana, horneando
galletas y poniéndome al día sobre todas las cosas que había perdido durante su
adolescencia.
Antes de ir a la cama, miré por la ventana una última vez y noté que el
vehículo seguía allí. Nancy estaba definitivamente pasando la noche. Las luces
de la casa de huéspedes estaban encendidas. Me preguntaba si Sevin estaba
pensando en mí o, peor aún, si Nancy le estaba ayudando a olvidar.
A la mañana siguiente, ataba mis zapatillas y golpeaba el pavimento
fuera de la propiedad de mi familia por primera vez en años. El sol aún no había
subido completamente, y la niebla de la mañana me saludó en toda su gloria.
Ni siquiera podía recordar la última vez que salí a correr. Jadeando por
aire, estaba claro que mi cuerpo ya no estaba acostumbrado a correr.
Todo parecía y olía igual a como recordaba. El sonido de pasos
imaginarios jugaba en mi cabeza, pasos que sabía que ya no vendrían detrás de
mí. Mi pecho se tensó mientras pensaba en nuestro secreto cuando las cosas eran
tan diferentes. Tan escandaloso como era todo, los recuerdos parecían
inexplicablemente inocentes. Habría dado cualquier cosa para retroceder y
cambiar tantas cosas. ¿Podría haber cambiado el enamorarme de él?
Probablemente no.
Definitivamente habría impedido que Elle montara a Magdalena ese día.
Seguramente hubiera cambiado eso.
Las lágrimas comenzaron a caer. ¿Qué era lo que me emocionó de
correr? Las endorfinas siempre sacaban a relucir mis sentimientos con todas sus
fuerzas, pero también me proporcionaban claridad. ¿Cómo había permanecido
fuera de casa durante tanto tiempo?
Corrí alrededor de tres kilómetros y medio antes de decidir dar la vuelta. Mi
cuerpo ya no estaba acostumbrado a este nivel de ejercicio. Era importante que
184 me tranquilizara, o no sobreviviría a los tres kilómetro y medio de regreso.
A mitad de camino, sentí como si correr todo la distancia a casa fuera
imposible. Mi corazón latía fuera de control. Tal vez era el agotamiento. O tal vez
era más una premonición. Porque pronto los escuché. Pasos. No venían detrás de
mí, sino hacia mí.
Entonces, lo vi.
Sudadera gris con capucha.
Estatura alta.
Zapatillas de deporte grandes cavando en la suciedad.
El latido de mi corazón se aceleró con cada paso que Sevin daba hacia
mí, y luego perdí completamente mi capacidad para respirar.
Apoyando mis manos sobre mis muslos en busca de equilibrio, traté de
recuperar el aliento.
Sus pasos se detuvieron en la grava. Lo siguiente que supe fue que me
levantaba. Sin peso, descansé mi cabeza en su pecho mientras caminaba,
llevándome varios metros hasta que me dejó en el césped.
Sacó una botella y dijo:
—¿Qué te dije sobre correr sin agua?
Me la dio. Bajé la mitad de la botella mientras él observaba cada
movimiento de mi boca.
—Gracias.
Sevin cerró la tapa y clavó la botella en la tierra.
Envolvió sus brazos alrededor de sus espinillas. Sus mangas estaban
enrolladas, y por primera vez noté la letra E tatuada en su antebrazo derecho. Mi
corazón se detuvo un segundo. Debió de haberlo conseguido después de que
Elle muriera.
Me aclaré la garganta y pregunté:
—¿Dónde está Nancy?
—Está durmiendo en la casa.
Asentí en silencio.
—¿Tu marido está contigo?
—No. —Queriendo desviar el tema de Dean, dije—: Gracias por no decirle
a mis padres... ya sabes...
—Saberlo no les haría ningún bien.
—Tienes razón.
Pasó un largo momento de silencio mientras ambos mirábamos a nuestro
alrededor, a nuestros pies, hacia el cielo, a cualquier parte, menos el uno al otro.
185 Lo sentí venir.
El momento en que finalmente le daría una explicación. No podía contarle
todo, pero merecía la mayor información que pudiera darle.
—Probablemente te estarás preguntando cómo terminé en este lugar en
mi vida.
—En realidad no... a menos que cuentes cada momento de cada día
desde que regresé de Wichita.
—¿Por dónde empiezo?
—Qué tal si empiezas con por qué carajo me dejaste en primer lugar. Eso
sería bueno.
Tenía la boca seca. ¿Cómo podría explicarlo?
—¿Puedo tener más agua?
Me entregó la botella.
Bebí hasta que estaba tan vacía que el plástico se dobló. Finalmente dije:
—No sé cómo explicarte mis acciones, salvo decir que ya no podía estar
cerca de Elle. La culpa era demasiado pesada.
—Claramente el no sentir culpa significaba más para ti que nada. ¿Huir te
ayudó a encontrar tu paz interior?
—No.
—¿Encontraste a tu puta interior en su lugar?
—Sevin...
Se frotó los ojos.
—Mierda. Lo siento. Eso estuvo fuera de lugar. Estoy descubriendo que no
sé cómo frenar mi ira a tu alrededor.
Respirando profundamente, dije:
—Estuve en un lugar muy malo ese primer año que me escapé. Viviendo
con una anciana que me acogió y me permitió quedarme en una de sus
habitaciones extras. Pero las cosas cambiaron, y tuve que irme.
—¿Qué pasó?
—Ella murió, y tuve que encontrar un nuevo lugar para vivir. Su familia me
dejó vivir allí hasta que vendieron la casa.
—¿Cuando lo conociste?
—En realidad me estaba quedando en unos cuantos lugares diferentes,
con algunos amigos que conocí mientras trabajaba de camarera, pero me
encontraba prácticamente sin hogar. Lo que hacía no era suficiente para pagar
un apartamento. De todos modos, Dean era un habitual en el restaurante. Así lo
conocí. Era realmente agradable al principio. Llegamos a hablar, y con el tiempo,
186 finalmente me ayudó a ponerme de pie.
—¿Entonces te casaste con el tipo?
Me di cuenta de que mi historia parecía rara. Estaba omitiendo la parte
más grande, y sin ella, nada tenía sentido.
—Me acogió. Yo estaba mal mentalmente. Realmente no quería nada más
que sobrevivir día a día. En aquel entonces, Dean era una persona diferente. Pero
con el tiempo, una de las condiciones de su continuo apoyo financiero fue
casarme con él. Realmente no sentí que tuviera algo que perder. Ya me había
sentido como si mi vida hubiese terminado. En ese momento, no tenía planes de
volver aquí.
Sevin entrecerró los ojos, tratando de darle sentido a todo.
—¿Cómo sabía Olga dónde estabas? Obviamente estaba en contacto
contigo si te hablaba de Elle.
—La llamé en un momento dado. Necesitaba a alguien que supiera que
estaba viva. No le dije dónde estaba, pero tenía un número de teléfono celular.
—¿Por qué no le dijo a nadie?
—Le rogué que no lo hiciera.
—¿Sabías de mí y de Elle? ¿Que nos habíamos casado?
—Sí. Fue muy difícil de asimilar, pero lo entendí.
—Dijiste que cuando conociste a este tipo, te sentías segura con él. ¿Y
ahora?
—Mucho ha cambiado. Necesito dejarlo, pero tengo miedo.
—¿Por qué? —La vena en su cuello parecía que iba a reventar—. ¿Te hace
daño?
Sí.
Abusa de mí verbalmente y me golpea a veces.
Solía pensar que me lo merecía.
No puedo decirte por qué. Me temo que irás tras él, y luego te contará
todo.
Nunca querrás tener nada que ver conmigo de nuevo.
Nunca puedes conocerlo.
—No me hace daño... exactamente —mentí—. Ya no es el adecuado para
mí. Es difícil hacer cambios en tu vida cuando te has acostumbrado a cierta
manera de vivir.
—¿De qué estás hablando? ¡Estás viviendo en la miseria!
—Dean puso un techo sobre mi cabeza y me consiguió el trabajo en The
Pink Lady. El dueño es su amigo. Desnudarme es la última cosa que
probablemente esperabas que hiciera, pero resultó ser la mejor manera de
ganarme la vida sin un título. No estoy segura de cómo sobreviviría si no pudiera
187 guardarme una parte de ese dinero. Si lo dejara ahora, perdería ese trabajo. Por
lo tanto, estoy tratando de ahorrar lo suficiente para mantenerme sola. Es la única
razón por la que lo hago, Sevin.
—¿Los diez mil dólares no son suficientes para empezar?
—Les pedí que devolvieran el crédito de tu tarjeta, les dije que guardaran
sus honorarios y acreditaran el resto.
—¿Qué? ¿Por qué lo hiciste?
—Porque no puedo usar tu dinero, Sevin.
—Prefería que hubieras tomado el dinero y te hubieras alejado de ese tipo.
—No es tan simple.
—No quiero que seas miserable, Evangeline. Crees que te odio, pero no.
Estoy enojado porque te fuiste, enojado con la vida. No estoy seguro de que eso
vaya a cambiar. Nunca desearía que pasaras el tipo de vida que estás viviendo.
Si te quedas en una mala situación porque piensas que te lo mereces, estás
equivocada. Ven a casa. Tus padres te aceptarán.
Dean vendrá tras de mí, y se lo contará a todo el mundo.
Necesito hacer que me deje primero de alguna manera.
Todavía no lo he descubierto.
—Esa no es una opción en este momento.
Desesperada por cambiar de tema, le hice la pregunta que me había
estado molestando.
—¿Cómo conociste a Nancy?
Hizo una pausa, parecía vacilante al hablar de ella…
—En la iglesia. Es viuda. Así que tenemos eso en común.
—¿Las cosas son serias?
—No puedo ser serio con nadie en este momento de mi vida. Estoy
demasiado jodido de la cabeza.
—Entonces, no estás...
Amplió los ojos.
—¿Me estás preguntando si la estoy follando?
—Realmente no quiero saber eso.
—Porque huyes de cosas que duelen...
—Sí. Saber eso me dolería.
—En ese caso, deberías saber que estoy follando a Nancy. También da
buenas mamadas.

188 La abrupta admisión me había dejado en silencio. Entonces, fue como si


algo estallara dentro de él mientras continuó:
—¿Te dolió oír eso? ¿Quieres hablar de dolor? Dolor es descubrir que todo
este tiempo, te has dado a alguien a quien ni siquiera amas. Dolor es saber que lo
has estado follando con mi corazón todavía dentro de ti. Dolor es tratar de
convencer a Elle de que no te fuiste por ella, cuando no pude decirle que te
fuiste por mi culpa. Dolor es tratar de ser un buen marido para tu hermana,
haciéndola sentir como una mujer, besándola, chupando sus tetas, bajando
sobre ella cuando ni siquiera podía sentir mi maldita boca. Todo para hacerla
sentirse hermosa, así no desearía estar muerta, algo que a menudo admitía sentir.
Dolor es hacerla creer que la amaba cuando solo te amaba a ti. Dolor es sentir
tanta culpa de que te estaba traicionando, aunque me abandonaste. ¿Qué tan
jodido es eso? La verdad duele. ¿Pero sabes lo que más duele? A pesar todo,
todavía te amo más que a la vida misma.
Sevin se levantó y se alejó unos metros para componerse. Cada frase que
había salido de su boca me ahogaba más que la última.
Después de unos minutos, regresó al lugar que tenía a mi lado.
—Lo siento. Solo necesitaba sacarlo todo.
Anhelando consolarlo, sujeté su mano. Esperaba que me empujara, pero
abrió sus dedos y los entrelazó con los míos.
—¿Elle realmente dijo que deseaba estar muerta?
—Tu hermana tuvo sus días, pero al final, murió sintiéndose amada. Cuando
comprendí que ella nunca supo que no era la única. No podría haber jugado el
papel de marido si hubieses estado aquí, no podría haber fingido. Así que, en ese
sentido, le hiciste un favor al irte. Ese es el único consuelo que puedes tomar de
todo esto. Tu hermana murió tan feliz como pudo haber sido dada las
circunstancias.
Escuchar eso fue realmente un regalo. Significaba que el infierno que
había estado viviendo no era totalmente en vano.
—Gracias por tu honestidad.
Nos sentamos en silencio por un tiempo hasta que se volvió hacia mí.
—He estado luchando con mis sentimientos, pensando mucho,
especialmente desde que te vi en el club. A pesar de que me sentía tan enojado
contigo, todavía lo estoy, en última instancia, una parte de mí entiende por qué
hiciste lo que hiciste. Luke y yo nos hemos vuelto muy cercanos en los últimos
años. En retrospectiva, si estuviera en sus zapatos, si hubiese sido mi hermano,
habría hecho lo mismo. Esa es una perspectiva que tengo ahora que no tenía
entonces.
—¿Qué estás diciendo?
—Estoy diciendo... estoy tratando. Quiero perdonarte, pero todavía no he
podido.
Sus palabras cortaron profundamente. Quería perdonarme. Sin embargo,
189 solo podía perdonar lo que sabía. Había mucho más sobre mí que no sabía.
Le pedí a Sevin que me contara más sobre su vida con Elle. Nos sentamos
durante más de una hora. A pesar de que era difícil de oír, era algo que
necesitaba tolerar si alguna vez seguiría adelante.
Finalmente trotamos en silencio de vuelta a la propiedad.
Poco después, regresé a Wichita, asegurándome de llegar mucho antes
de que Dean regresara de su viaje.
La culpa me consumió en los días que siguieron.
Sevin estaba tratando de perdonarme.
Por primera vez, dudaba seriamente de si era capaz de ocultarle la
verdad sobre lo que realmente había pasado.
22

U
n par de semanas después de que Evangeline y yo tuviéramos
nuestra charla, Nancy estaba lavando los platos mientras yo los
limpiaba después de la cena. Había estado actuando de manera
extraña todo el día.
De la nada, dijo:
—Por favor, no te enojes conmigo.
—¿Por qué?
190 —Encontré algo en tu habitación. Estaba buscando mi zapato debajo de
tu cama, y había un libro de dibujos. Lo abrí. Eran mujeres desnudas. Todas se
parecían a tu cuñada, Evangeline.
Mierda.
Era la primera vez que me descuidaba y dejaba el bloc de dibujos.
Normalmente lo escondía en el armario, pero lo había puesto debajo de la cama
cuando Nancy llamó al timbre ese día temprano. Debo haber olvidado guardarlo
de nuevo.
—¿Ha sucedido algo entre ustedes?
Me tomó desprevenido, dejé de secar el plato que tenía en la mano, pero
no dije nada.
Nancy continuó:
—El par de veces que estuvo aquí, ha habido un ambiente extraño entre
ustedes. Por no mencionar ese sueño que tuviste. Ahora, los dibujos…
Estaba harto de vivir una mentira. Si Nancy y yo continuábamos juntos,
necesitaba saberlo todo. Desde su perspectiva, probablemente explicaría mucho
sobre cómo actué en general.
Llevándola al sofá, le dije:
—Olvídate de los platos y ven a sentarte un momento.
Durante la siguiente hora, procedí a contarle la historia completa de
Evangeline y Elle de principio a fin, sin dejar nada. A pesar de que una parte de
ella se sentía mortificada, parecía aliviada por no tener que preguntarse sobre mi
extraño comportamiento hacia Evangeline.
—¿Todavía la amas?
La miré directamente a los ojos y le dije la verdad absoluta.
—Sí. No creo que eso cambie nunca.
Nancy parecía verdaderamente afectada por mi revelación.
—Guau. Todo esto es mucho para asimilar. No sé qué decir.
—Para ser honesto, tampoco sé qué decir. No sé dónde están las cosas
ahora mismo. Mi vida se ha vuelto al revés en el último año. Esta es una gran parte
del por qué coloqué tantas paredes contigo. Has sido tan buena conmigo, y te
merecías la verdad.
—Cuando te conocí, pensé que lo que teníamos en común era que cada
uno había perdido al amor de nuestra vida. La tuya sigue viva. Eso cambia las
cosas para mí. Mis sentimientos por ti son fuertes, pero puedo decir
inequívocamente que Mason fue el amor de mi vida. Nadie lo reemplazará
jamás. Si siguiera caminando por esta tierra, y yo estuviera en tu situación,
necesitaría un final.
—¿A dónde piensas llegar?
191 —Obviamente tienes asuntos pendientes. Me gustas mucho, Sevin.
Realmente me gustas. Incluso me aventuraría a decir que podría estar
enamorándome de ti. Mis sentimientos han ido creciendo, pero necesito
protegerme. Las cosas no pueden llegar a un nivel donde podría terminar con un
corazón roto. No podría manejar eso después de perder a Mason. Creo que es
mejor para mí alejarme por un tiempo hasta que soluciones tus cosas. Quiero
decir ¿puedes honestamente mirarme a los ojos y decirme que no hay posibilidad
de que vuelva a desarrollarse algo entre ustedes?
No podría.
Mierda.
—Lo siento, Nance.
El casto beso que me dio en los labios se sintió como un adiós.
—Parece que la historia no está terminada. Si eres capaz de cerrar la
puerta a este capítulo de tu vida, y todavía estoy aquí, por favor, ven a
buscarme.

La historia no estaba terminada.


En el fondo de mi corazón, siempre lo supe. Con Nancy fuera de la imagen
me permití pasar más tiempo que nunca solo con mis pensamientos. Y todos los
pensamientos señalaban a Evangeline. Una noche, el impulso de contactar con
ella se hizo demasiado fuerte para resistirme. Llegando a mi mesa de noche, tomé
mi teléfono y le envié un mensaje de texto.

¿Cuándo puedes hablar?

Pasaron treinta minutos antes de que ella respondiera.

Evangeline: ¿Todavía estarás a la medianoche?


Sevin: Sí
Evangeline: Tengo algo de tiempo después de mi turno antes de que él me
recoja. ¿Puedo llamarte entonces?
Sevin: Aquí estaré.

La luna brillaba mientras contemplaba la noche estrellada al tiempo que


192 esperaba ansiosamente su llamada. Mi ventana estaba abierta, dejando entrar
una brisa fresca y el sonido de los grillos. A las doce en punto, mi teléfono celular
vibró sobre mi edredón, y mi corazón cobró vida.
—Evangeline.
—Hola. ¿Está todo bien?
—Todo está bien —dije.
—Es muy bueno oír tu voz.
—¿Así que terminaste por esta noche?
—Sí. Termino a medianoche. Entonces, me quedo y me relajo hasta las
12:30.
Me relajé en mi almohada.
—¿Qué piensas cuando estás en el escenario?
—Cualquier cosa menos lo que estoy haciendo. De esa manera, pasa
bastante rápido.
—¿No te gusta nada?
—No realmente. —Después de una larga pausa, preguntó—: ¿Te sientes
decepcionado de mí? ¿Por elegir hacer esto por dinero?
—Me da celos, pero ese es mi problema. No hay nada de qué
avergonzarse. Tienes un cuerpo increíble. Mientras nadie te toque o te haga
daño, estoy bien.
—Una vez hubo un tipo… con una capucha… me tocó. Me aterrorizó un
poco.
Por una fracción de segundo sentí una avalancha de adrenalina,
pensando que se refería a otra persona antes de caer en la cuenta de que
estaba hablando de mí.
—Ese tipo me aterrorizó también. No quiero volver nunca más a ese lugar
contigo… ese lugar de ira.
Evangeline cambió de tema.
—¿Cómo están las cosas con Nancy?
—Las cosas están en espera.
—¿Qué pasó? —Cuando no respondí, debió haber sentido mi
aprehensión—. ¿Sevin?
Exhalando, no estaba seguro de si admitirlo todo.
—¿Recuerdas mis dibujos?
—Por supuesto. Todavía tengo el que me hiciste, guardado en un lugar que
nadie puede encontrar.
—Bueno, Nancy encontró algunos de ellos.
193 —¿Se enfadó contigo y se fue por eso?
—Vas a pensar que soy raro.
—Demasiado tarde.
Esto empezaba a sentirse un poco nostálgico, como una de nuestras
antiguas conversaciones.
—Había pasado tanto tiempo, Evangeline, desde que había dibujado a
una mujer. Todo lo que pasó con Elle, no tuve tiempo a solas. No había tomado
mi lápiz en años hasta que te vi en The Pink Lady. Volví jodido de ese viaje. Estaba
tan enojado conmigo mismo, sorprendido, frustrado, triste, ansioso por ti, excitado.
Tan excitado. Comencé a dibujarte la siguiente noche y la siguiente y la siguiente.
Continué haciéndolo en cada oportunidad que tenía. Era como pasar tiempo
contigo de una manera extraña. De todos modos, Nancy estaba buscando
debajo de mi cama un día y encontró el cuaderno de bocetos.
—Oh Dios mío. ¿Supo que eran de mí?
—Sí. Así que aproveché esa oportunidad para contarle todo.
—¿El que tuvieras más mujeres desnudas y escondidas que Hugh Hefner?
—No, no eso. Sabionda. —Sonreí—. Sobre tú y yo.
—Lo siento por bromear al respecto.
—¿Bromeas? Me siento aliviado de que estés bromeando conmigo
después de la mierda que te hice en el club.
—Sé que no te estabas en tu estado de ánimo normal esa noche.
—¿Esa noche? Prueba con cinco años.
—¿Rompió contigo por mi culpa?
—No era que estuviera enojada por los dibujos. Sentía que mis sentimientos
por ti estaban sin resolver. Tiene miedo de salir lastimada.
—Lo siento.
—No lo hagas. Ella tenía razón.
—¿Y ahora qué?
—Nada.
—¿Nada?
—No. Justo eso. —Hizo una pausa durante unos segundos—. ¿Escuchas
eso? Tu y yo. Solo respirando. No pensando en el pasado. Simplemente juntos.
Hablando. Solo quiero hablar contigo todos los días y saber que estás bien.
—Me gustaría eso.
—Entonces, ¿es a medianoche mi momento?
—¿Qué quieres decir?
—¿El momento seguro para que me hables es cuando no está contigo?

194 —Sí. Mi turno termina a medianoche. Pero le digo que me recoja a las 12:30
porque necesito esa media hora para mí. Si a medianoche no es demasiado
tarde para ti, entonces puede ser nuestro momento para hablar.
—Lo tomaré.
Hablamos cada noche a medianoche durante semanas. Evangeline iba a
uno de los cuartos privados vacíos en el club. Hablábamos de nuestros días, nada
demasiado profundo o molesto. Hablábamos de trabajo, de Addy, Luke o la
música que estuviéramos escuchando. Ella estaba aprendiendo cómo era mi
vida cotidiana ahora, y yo estaba haciendo un trabajo bastante bueno
fingiendo que no quería nada más que sacarla de ese infierno en Wichita 4.
Tal como solía vivir para nuestras carreras, viví por esos treinta minutos cada
noche, donde nuestra historia no nos definía. Solo éramos Sevin, y ella, Evangeline.
Ayudó que la distancia significara que la fuerte tentación física que existía cada
vez que estábamos juntos fuera eliminada de la ecuación. Eso hizo que fuera más
fácil conocernos de nuevo.

Era raro que durmiera hasta tarde. Era casi mediodía de un sábado
cuando el sonido de una piedra golpeando mi ventana me despertó. Al principio,

4
Ciudad del estado de Kansas, Estados Unidos.
pensé que era mi imaginación. Pero para el segundo golpe, mi corazón saltó, y mi
cuerpo lo siguió.
Abrí la puerta para encontrarla de pie bajo la luz del sol de la mañana.
Parecía como si tal vez todavía estuviera en medio de un sueño.
—¿Evangeline? —Frotándome los ojos para asegurarme de que no estaba
imaginándola, me puse de lado cuando entró.
—Primero llamé a la puerta, pero no contestaste.
—Tenía el aire acondicionado encendido, no te oí.
—Espero que esté bien que esté aquí.
—Está más que bien.
Sus ojos se posaron en mis abdominales desnudos y luego volvieron a mi
rostro. La euforia instantánea que sentí fue un poco molesta para mí, cuan duro y
fácil caía de nuevo. Mi cerebro me recordaba que era la misma chica que me
había abandonado. Sin embargo, mi corazón hablaba con más fuerza,
recordándome que ella también era la misma chica que fue víctima de un
conjunto de horribles circunstancias fuera de nuestro control, la misma chica que
amé con cada centímetro de mi alma. El corazón siempre ganaba cuando se
trataba de Evangeline, y estaba dando una fiesta de celebración al verla allí en
persona. Tendría que dejar a un lado mis problemas de abandono por ahora.
195 Su pregunta me sacó de mis pensamientos.
—¿Estás bien?
Había estado soñando despierto mientras la llevaba adentro. Mi
inquebrantable atracción física hacia ella nunca dejaba de sorprenderme. Solo
su olor estaba endureciendo mi verga. Mi cuerpo nunca reaccionó ante nadie
como con Evangeline. No debería haber estado pensando cuánto tiempo
tomaría antes de que pudiera enterrarme dentro de ella otra vez. Era todo en lo
que podía pensar; que la necesitaba más de lo que necesitaba o quería
cualquier otra cosa, que necesitaba alejarla de ese supuesto hombre al que se
refería como esposo.
Necesitaba traerla a casa.
—¿Sabe que estás aquí?
—No.
—¿Te escapaste? —La ironía de esa pregunta no se me escapó.
—No. Dean tuvo que irse por una emergencia familiar. Su madre no está
bien. Es raro que vaya a cualquier parte, así que aproveché y tomé prestada la
camioneta de mi amiga de nuevo.
—¿Te dará problemas?
—No lo sabrá. Volverá el lunes. Me aseguraré de estar en casa el domingo
por la noche. Es un riesgo, pero necesitaba verte. Ya era hora.
—Me alegro de que hayas decidido venir, pero me preocupo por ti. No
puedo entender por qué diablos todavía estás con él. No puedo dormir por la
noche.
—Ya te expliqué que dejarlo tiene que suceder de cierta manera.
—Yo te protegeré. ¿No lo sabes?
Mi tripa me dijo que había algo que ella no me estaba diciendo; me
estaba carcomiendo.
¿Por qué coño este tipo tiene tanto poder sobre ti?
—¿Podemos por favor no hablar de él? Solo necesito un descanso de todo.
—Bien.
Por ahora.
Se acercó a mi sofá y se acurrucó en él, dejando escapar un enorme
suspiro.
—Se siente tan bien estar de vuelta aquí.
Entonces nunca debiste haberte ido.
Tenía que morderme la lengua con tanta frecuencia a su alrededor. Era
realmente fácil perder el control de mis emociones, pero no quería que este corto
196 periodo de tiempo con ella estuviera lleno de drama. Si el objetivo era reconstruir
nuestra relación, tenía que frenar mi propia necesidad egoísta de echarle la
culpa.
Recientemente, había aceptado el hecho de que Evangeline podía casi
arrancar mi corazón, pisotearlo y luego dármelo de comer, y aun así se lo
devolvería. Ella era su dueña.
—¿Tienes hambre? —pregunté—. Puedo hacerte algo.
—Muerta de hambre. Pero déjeme cocinar para ti. Hago un desayuno
increíble. ¿Tienes huevos y cosas así?
—Sí. Acabo de ir al mercado.
Evangeline no perdió tiempo en ponerse a trabajar en la cocina, batiendo
huevos, haciendo pan en la tostadora, friendo el tocino. Una opresión en mi
pecho se desarrolló mientras la veía tan doméstica en mi casa. Era un lado de ella
que nunca pude experimentar. Se sentía tan bien tenerla aquí.
En un momento, ella había servido los huevos revueltos en nuestros platos
cuando abrió el armario.
Me acerqué a ayudarla.
—¿Qué necesitas?
—¿Tienes sal?
—Debería estar allí.
Se encontraba buscando entre las cosas y de repente se detuvo. Estaba
sosteniendo la caja de Pop Tarts.
—Estos están fechados hace más de cinco años. ¿Son los mismos que
tenías la última vez que estuve aquí?
La miré a los ojos y susurré:
—Sí.
—No entiendo.
—¿Qué es lo que no entiendes?
—Nunca los tiraste...
Me encogí de hombros.
—No pude. Estúpido, ¿verdad? ¿Como si de alguna manera el tenerlos te
hiciera regresar mágicamente?
La tristeza en sus ojos me atravesó. No quise que los encontrara.
Me impresionó hasta la mierda cuando de repente abrió uno de los
paquetes individuales y comenzó a rellenar su boca con la pastelería rancia.
—¿Qué estás haciendo? ¿Estás loca? Solo son reliquias. No están
destinados a ser comidos.
197 —Tienes razón. Debería haber estado aquí... para comerlo contigo —dijo
con la boca llena. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras masticaba.
—¡No los guardé para que pudieras enfermarte cinco años más tarde!
—Si eso sucede, lo merezco. Soy una mala persona. No tienes idea. Yo…
—Evangeline, para. —Tomé la caja, la arrojé a la basura y la empujé hacia
mí—. No mereces el botulismo. —Me reí.
Cuando se rindió a una leve sonrisa ante mi comentario, añadí:
—Bueno, tal vez mereces una diarrea.
Me golpeó ligeramente en el pecho, y ambos no reímos de buena gana.
La tostada se había quemado. Los huevos estaban fríos. Nada de eso importaba,
porque estaba a salvo en mis brazos.
—Arruino todo —dijo—. Ni siquiera puedo prepararte el desayuno sin
arruinarlo.
La abracé más cerca.
—Me alegro de que se haya quemado.
Retrocedió.
—¿Por qué?
Hice una mueca.
—Porque ahora tengo que invitarte a salir. De hecho, creo que deberíamos
quedarnos fuera todo el día.
—¿Qué quieres hacer?
De repente tuve una idea.
—Quédate aquí.
Fui a mi habitación y regresé con un trozo de papel.
—Esa vez en el granero poco después de que me mudé... me enumeraste
tus sueños. ¿Lo recuerdas?
—Sí.
—Volví aquí aquella noche y los anoté lo mejor que pude recordar. En ese
momento, realmente no entendía por qué recordarlos era tan importante para
mí. Más tarde me di cuenta de que era porque quería ayudarte a hacerlos
realidad y porque muchos de ellos eran mis propios sueños. —Le mostré mi lista
manuscrita.
Ser independiente.
Experimentar el amor sin asentarse .
Ser amado de vuelta.
198 Hacer una diferencia en el mundo.
Estar cómoda en su propia piel.
Hacer el amor bajo la lluvia.
Paracaidismo.
No tener remordimientos.
Ser honesta consigo misma.
—Si mis cálculos son correctos, has logrado la mayoría de estos, excepto los
últimos tres.
—¿Cómo es eso?
—Bueno, eres independiente de tu familia. Por lo menos, trabajas y haces
tu propio dinero. Has experimentado el amor. Definitivamente has sido amada de
vuelta. Has hecho una diferencia en mi vida. Te quitas la ropa en público. Si eso
no es estar cómoda en tu propia piel, ¡no sé qué es!
Los dos nos reímos. Se sentía tan bien reírse con ella.
Mi voz bajó.
—Has hecho el amor bajo la lluvia. Yo estuve ahí.
—Sí, estuviste.
—Pero los últimos tres: paracaidismo, vivir sin arrepentimientos y ser fiel a ti
misma... con esos todavía necesito ayudarte. Podemos empezar con lo más fácil.
Evangeline aterrizó antes que yo. Al menos, le rogaba al cielo que lo
hubiera hecho.
Hubo un fuerte ruido cuando el instructor tiró de la manija para activar el
paracaídas. Paracaidismo parecía un pedazo de pastel en comparación con el
año pasado de mi vida. Era extraño, pero no estaba tan asustado como pensé
que estaría al saltar fuera de ese avión; mis recientes experiencias en la vida me
habían endurecido de esa manera.
El alivio que sentí cuando el paracaídas se abrió fue eufórico. Todo se
desaceleró dramáticamente. Lentamente descendiendo y flotando en el aire, me
permití relajarme. El suelo se acercaba rápidamente.
Terminé aterrizando sobre mi culo.
Evangeline corría hacia mí con una enorme sonrisa en la cara.
—¡Eso fue increíble! ¡Oh Dios mío!
—¿Fue todo lo que esperabas?
—La mayor carrera de adrenalina que he experimentado. No puedo
esperar a hacerlo de nuevo.
199
La besé en la frente.
—Ambos necesitábamos esto.
Más tarde, después de que nos calmamos y volvimos a mi camioneta, su
rostro todavía estaba rojo de emoción cuando se volvió hacia mí.
—¿Qué haremos ahora?
—¿Quieres más? Podríamos hacer bungee.
—¿No hablas en serio?
Me reí.
—De hecho, pensé que podríamos cenar con Addy. Sé que quiere verte.
—Realmente me encantaría —dijo, parecía más relajada de lo que
probablemente la había visto. La vida no debería ser tan complicada como la
nuestra hasta ahora. Todo lo que siempre quise fue hacerla feliz. Por hoy, al
menos, lo había conseguido.
Después de llamar a Addy para hacerle saber que llevaríamos la cena,
Evangeline y yo regresamos a mi casa a limpiarnos. Cerré los ojos y escuché el
sonido de la ducha corriendo, pensando en lo increíblemente bien que se sentía
al tenerla aquí, sabiendo que estaba lejos de él.
Salió del cuarto de baño con el cabello mojado, corriendo mi cepillo de
cabello por los largos mechones. Se había puesto un vestido rojo que abrazaba
sus curvas. Un par a juego de sandalias con tacón que hicieron que sus piernas
bien formadas parecieran aún más largas.
No podía quitar mis ojos de ella, y realmente no sabía cómo sería posible
que la dejara volver a Wichita.
No podía permitir que volviera a él.
Evangeline debió haber leído mis pensamientos por la expresión de mi
rostro mientras la miraba. Dejó de cepillarse y se acercó a mí.
—No quiero volver.
Sentándome en la cama, apoyé la cabeza suavemente en su estómago
mientras me atraía hacia ella y envolvió sus brazos alrededor de mi cuello.
—Quédate. —Cuando hablé sobre el material de su vestido, su cuerpo
tembló.
—¿Cómo podría?
—No necesitas volver jamás. Le enviaremos una carta, mandaremos a
alguien por tus cosas, o podré ir contigo cuando le des la noticia.
Sacudió la cabeza como para descartar esa última opción.
—Hay cosas que no entiendes, Sevin, cosas que no te he dicho.
200 —¿De verdad piensas que hay algo en este momento que jodidamente
me podría sorprender? No sabía si estabas viva. Cualquier cosa es mejor que
pensar que podrías haber muerto.
—Lo siento. —Evangeline retrocedió y comenzó a caminar.
Me levanté y puse mis manos sobre sus hombros para detenerla.
—¿Qué hará exactamente? Porque jodidamente lucharé contra él hasta
los huesos por ti. De todos modos, terminaste con él porque estabas huyendo de
mí. No perteneces ahí.
—Estaba muy perdida cuando entró en mi vida. Siente que le debo
mucho. Lo único que quiero es quedarme contigo, pero no me dejará ir tan
fácilmente.
Su miedo era palpable. No quería arruinar nuestro día presionándola a
decirme todo. Estaba claramente alterada. Decidí retroceder por ahora a pesar
de mi carrera mental ideando maneras de lograr que nunca vuelva a Wichita.
—Tengamos una buena cena de Addy, ¿de acuerdo?
Se secó los ojos y sonrió.
—Bien.
Después de hacer una parada en el mercado, preparamos espaguetis
para la cena en lo de Addy, insistiendo a nuestra anfitriona en que no levantara
un dedo. La pequeña cocina estaba llena con el olor de la albahaca fresca y el
pan de ajo horneándose en el horno. El humor tenso de antes se había
transformado en una cómoda camaradería de nuevo cuando Evangeline y yo
cocinamos uno al lado del otro, bebiendo vino y robándonos miradas.
Era la primera vez que todos los que me importaban se sentaban juntos
para una comida.
Luke pasó la ensalada a Evangeline.
—Entonces, Addy me contó muchas historias acerca de los días en que
solías escabullirte aquí y trabajar en el garaje.
—Sí... era mi lugar favorito en el mundo. Ella me enseñó mucho sobre
arreglar autos, pero más sobre la vida en general.
Miró a Addy con afecto.
—Escuché eso. He aprendido mucho de esta mujer también.
—Bueno, gracias, nena. —Se volvió hacia Evangeline—. Vangie era
probablemente mejor y más rápida que la mayoría de los hombres que habían
sido mecánicos la mitad de sus vidas.
—Solía soñar con llevar el negocio. Lo sabes.
201
Puse mi mano en el brazo de Evangeline.
—Tal vez puedas hacerlo.
—Ya no hay nada que hacer —dijo Addy.
—Claro que sí. Todas las cosas fundamentales aún se encuentran
guardadas en la tienda. Solo tendríamos que ser creativos, elaborar un plan de
negocios. Le cambiaríamos el nombre y haríamos una gran reapertura.
Addy dio una palmada en la mesa.
—La llamaremos la GAY-rage5, la pintaremos con arco iris. A la gente de
aquí le encantaría —dijo sarcásticamente.
—Estoy a favor de eso, mamá —dijo Luke, mientras chocaba las cinco con
ella.
Bajé mi bebida de golpe.
—¿Quieres hablar en serio durante cinco segundos? ¿Por qué no tratar de
hacerlo funcionar?
Addy sacudió la cabeza.
—Porque hubo una razón por la que lo cerré en primer lugar.

5
GAY-rage tiene una pronunciación parecida a garage que es taller, pero si traducimos
GAY-rage a español sería rabia gay.
—¿No dijiste que por un tiempo tuviste que alejar a la gente cuando Marty
y Jermaine tomaron otros trabajos? Fue solo después de eso que el negocio
realmente se ralentizó, porque los clientes que alejaste encontraron otros
mecánicos y nunca regresaron.
—Es verdad. Sí.
—Apuesto a que, si tuvieras el personal adecuado, podrías empezar de
nuevo.
Mi vida había sido demasiado frenética en los últimos años para realmente
llegar a un plan para ayudar a Addy a volver a ponerse de pie. Ahora que tenía
un poco más de tiempo en mis manos, estaba emocionado de poder ayudarla. El
hecho de que este esfuerzo podría atraer a Evangeline de nuevo a Dodge City
era un beneficio añadido. Addy no tenía ni idea de que ella estaba trabajando
como bailarina exótica. Evangeline prefería que no lo supiera, y yo no traicionaría
su confianza.
Evangeline se encontraba terriblemente callada, solo miraba de un lado a
otro entre todos. La conversación se tornó sería una vez que Addy realmente
admitió que lo que yo decía tenía algo de sentido. Estuvo de acuerdo en
permitirme en, al menos, desarrollar un plan de negocios para ella y dijo que
pensaría en reabrir la tienda.
En un momento, Evangeline se levantó de la mesa, molesta.
202
Cuando tardó mucho tiempo en volver del baño, me levanté y llamé a la
puerta.
—¿Estás bien?
—No.
—Abre la puerta.
Cuando la abrió lentamente, sus ojos estaban rojos.
—No quería que me vieras así.
—¿Qué pasa? Pensé que estábamos pasando una buena noche.
—Estábamos. Nada está mal. Ese es el problema. Todo es demasiado
perfecto. Esta cena. La conversación sobre la reapertura de la tienda. La forma
en que me has estado mirando esta noche como si nunca te hubiera causado
tanto dolor... Dios, Sevin.
Agarré un pañuelo y le limpié los ojos.
—No he olvidado el dolor de tu partida o el corazón roto que me dejaste.
Pero también eres tú la única que puede curarlo. Puede que haya habido
momentos en que pensé que te odiaba. Pero el hecho es que nunca podría
odiarte más de lo que te amo. Eres el amor de mi vida.
—Te amo mucho. Por eso no puedo perdonarme.
—Te estás castigando quedándote con esa basura del remolque. Esta es tu
casa. Podemos ir a Wichita esta noche y traer tus cosas antes de que vuelva.
Estaba temblando.
—Hay algo que no sabes. Me odiarás, Sevin.
Colocando mis manos sobre sus hombros para mantener su cuerpo, dije:
—Por favor, deja de ser críptica. ¡Dime qué diablos pasó! —
Inmediatamente lamentando mi tono, respiré hondo.
Addy nos interrumpió.
—¿Todo bien aquí? —Echó una mirada al rostro de Evangeline y supo la
respuesta—. Vangie, ¿qué está pasando?
Evangeline se estaba derrumbando. Fuera lo que fuese lo que me estaba
ocultando, poco a poco la estaba carcomiendo y ahora la consumía totalmente.
Necesitábamos estar solos, y necesitaba que ella se abriera a mí sin forzarla.
—Creo que estoy teniendo un colapso nervioso, Addy.
—Me parece que es mejor que la lleve a casa.
Addy pareció sorprendida.
—¿A Wichita?
—No. Dije a casa. A mi casa.
Evangeline asintió. Ella y Addy se abrazaron, y prometimos llamar por la
203 mañana.
El viaje de regreso a mi lugar fue silencioso. Evangeline apoyó la cabeza
en el asiento. No intentaría sonsacarle nada esta noche porque ella podría subir
muy fácilmente a su SUV e irse si la molestaba lo suficiente. No quería que
manejara en esta condición y todavía estaba decidido a que nunca regresara.
Necesitaba hacerla sentir segura esta noche y hacerle creer que nada de lo que
pudiera decirme cambiaría lo que sentía por ella.
Había huido y había estado sola por mucho tiempo antes de conocer a la
comadreja Dean; Cualquier cosa podría haberle sucedido. Mi imaginación se
estaba volviendo loca. Las teorías que pasaban por mi mente me hacían sentir
mal del estómago. Necesitaba dejar de lado mis propias inseguridades, hacer de
ella mi prioridad esta noche.
Su cabello negro estaba esparcido sobre mi almohada mientras se
acostaba en el sofá y cerraba los ojos.
—No necesitamos hablar de ello esta noche. Ha sido un largo día. Pero
necesito saber todo lo que pasó mientras estabas fuera... cuando estés lista para
decírmelo.
Sus ojos reflejaron una profunda tristeza mientras simplemente me miraba
sin decir nada antes de cerrar los ojos una vez más.
Le froté el brazo suavemente y dije:
—Quiero que tomes mi cama. Dormiré en el sofá esta noche.
—No tienes que hacer eso.
—Insisto.
Se le formaban gotas de sudor en la frente.
—¿Estás ardiendo? Déjame traerte un poco de agua. —Caminé hacia la
cocina para servirle un vaso.
—Es raro. Tengo escalofríos, pero estoy sudando.
—¿Te estás enfermando?
—No. Son nervios.
—Te voy a preparar un baño. Te relajará, te distraerá de las cosas por un
tiempo.
Tragó nerviosamente y asintió.
—Me encantaría eso. Gracias.
—Vuelvo enseguida.
Mi corazón palpitaba violentamente mientras me dirigía al cuarto de baño
fuera de mi habitación. No podía explicar mis propios nervios, excepto para decir
que parecía que algo transcendental estaba a punto de suceder, aunque no
tenía ni idea de lo que era. Solo lo sentí.
Corrí mi mano por el agua que salía del chorro hasta que tuvo la
204 temperatura tibia perfecta. Recordando que Nancy había dejado un poco de
jabón de burbujas debajo de mi fregadero, saqué el recipiente y vertí el resto en
el agua. La bañera estaba ahora llena de burbujas esponjosas.
Volviendo a la sala de estar, le ofrecí mi mano y la levanté suavemente del
sofá, llevándola al baño.
—Hazme saber si necesitas algo. Estaré justo detrás de la puerta.
—Está bien. Gracias.
Arreglé mi cama antes de sentarme en el borde y cerrar mis ojos.
Escuchando los sonidos del agua burbujeando mientras movía su cuerpo
alrededor, deseé más que nada estar adentro con ella.
Estar dentro de ella.
—¿Sevin?
Su voz era tan baja que era apenas audible.
Me levanté y apoyé mi mejilla contra la puerta.
—¿Sí?
—¿Puedes entrar?
Lentamente gire la manija. Solo su cabeza era visible mientras yacía bajo la
espuma. No parecía relajada en absoluto. La expresión de su rostro parecía aún
más atormentada que antes.
—¿Qué necesitas, bebé?
Evangeline alzó su mano, llegando hacia mí mientras una lágrima caía por
su mejilla.
—A ti.
—¿Quieres que vaya contigo?
Asintió.
Mis nervios de antes eran diez veces mayores cuando me quité la camisa.
Sus ojos siguieron el movimiento de mis manos mientras me quitaba los
pantalones. Dejando mis calzoncillos boxer, me metí en la bañera detrás de ella y
envolví mis piernas alrededor de su cuerpo. La cabeza de cabello mojado de
Evangeline se apoyó en mi corazón palpitante. Su pecho subía y bajaba. Besé la
parte posterior de su cabeza suavemente para tratar de calmarla.
Esto era lo contrario de un divertido paseo en la bañera. Se sentía más
como si estuviéramos lavando nuestros pecados en un tranquilo momento de
arrepentimiento. Esa persistente sensación de que algo importante estaba a
punto de suceder no cesaba.
Susurrando contra su cabeza, dije:
—Está bien, Evangeline. Todo va a estar bien. Estoy aquí. Nunca dejaré que
algo malo te vuelva a pasar. —La sostuve más cerca de mí—. Te amo. Ni siquiera
sé quién soy sin ti. ¿No lo sabes? Incluso experimentar dolor contigo es mejor que
205 nada en absoluto. Por favor, dime que te quedarás. Lo solucionaremos... el
tiempo que sea necesario. Lo que sea necesario, bebé, lo haremos.
Evangeline extendió su pie para bajar el tapón. El agua se vació
lentamente en el drenaje mientras continuaba apoyando su espalda encima de
mi pecho. Con cada segundo que pasaba, su respiración se hizo más pesada.
Con el agua desaparecida, no quedaba nada excepto el resbaladizo
cuerpo desnudo de Evangeline contra mí. Bajé mi boca a su cuello y comencé a
besarlo. Ella dio la vuelta para detenerme.
—No intentaré tener sexo contigo esta noche —dije, a la defensiva—. Solo
quería besar tu cuello. Eso es todo.
—No me giré por eso.
—¿Por qué te diste vuelta entonces?
Sus labios temblaban.
—Tengo que enseñarte algo.
—¿Qué?
Se sentó a horcajadas sobre mí, su caliente coño sentado encima de mis
muslos. Todavía llevaba mis calzoncillos boxer que estaban mojados y pegados a
mi plena erección. Sus manos temblaban mientras tomaba las mías en las suyas y
las colocaba debajo de su estómago. Me soltó y observó mientras trazaba mi
dedo a lo largo de su piel tensa.
Fue entonces cuando vi la gruesa línea rojiza.
Mi dedo se congeló.
Parecía como si alguien la hubiese cortado.
—¿Qué es esto? ¿Alguien te apuñaló? —Mi sangre estaba hirviendo—.
¿Fue él?
Lentamente negó con su cabeza, y unos segundos más tarde, todo
empezó a registrarse.
No.
Instintivamente, me enderecé y mi cuerpo se puso rígido.
Entonces, un destello de pánico.
Tapé mi boca mientras miraba su cicatriz.
No.
No.
No.
—Tengo que oírte decirlo, Evangeline.
Lloró más fuerte.
Froté mi pulgar a lo largo de su línea de bikini.
206 —¿Qué es esto? Dilo.
No contestó.
Grité:
—¡Dilo!
—¡Tuve un bebé! —gritó.
Bajé mi voz y repetí:
—Tuviste un bebé.
—Sí —susurró.
Mi corazón parecía que iba a explotar fuera de mi pecho.
¿Era mío?
¿De él?
Sería imposible aguantar cualquiera de los escenarios.
—¿Un bebé de quién?
—Nuestro bebé.
Nuestro bebé.
Ninguna palabra tuvo un impacto mayor en mi vida, pero estaba tan
confundido.
—¿Has dado a luz… a nuestro bebé?
—Sí.
—¿Dónde está?
—No lo sé.
—¿Qué quieres decir con... que no lo sabes? No lo sabes. ¿Tú NO LO
SABES? ¿Cómo diablos NO lo sabes?
—La regalé.
La regaló.
Ella.
Una hija.
¿La regaló?
—¿Ella? ¿Regalaste a nuestra hija? —Chorreando agua, me alejé de ella
saliendo de la bañera e irrumpí en el dormitorio, paseando con mi palma en mi
frente—. Oh Dios mío.
Tratando de juntar todas las piezas, mis pensamientos estaban confusos.
Ahora tenía sentido por qué Evangeline huyó cuando lo hizo. Habíamos tenido
cuidado la mayoría de las veces que tuvimos sexo con la excepción de una o
dos. No podía creer que ni una vez pensé que podría haber estado embarazada
cuando se fue. Entendí por qué tenía que ocultarlo de Elle, pero ¿cómo podía
207 mantener algo así de mí?
Estaba envuelta en una toalla cuando salió del baño.
—Sé que es incomprensible. Tengo que explicar lo que pasaba en mi
cabeza en ese momento.
Poniéndome los pantalones y un suéter, espeté:
—No hay ninguna explicación que justifique regalar a mi hijo sin que yo lo
supiera. —Agarré mis llaves—. No puedo hablar contigo... no puedo estar
alrededor tuyo ahora mismo. Haré o diré algo de lo que me arrepentiré. Necesito
procesar esto.
—Espera…
Cuando me siguió y puso su mano en mi hombro, la aparté de mí.
—Ni se te ocurra tocarme —dije con desprecio antes de cerrar la puerta de
golpe y salir corriendo a la noche.
23

N
o debería haber esperado nada diferente. Sabía que él nunca
entendería. ¿Cómo podría entender si yo ni siquiera podía
comprender mis propias acciones? Dejé a Sevin una nota,
diciéndole que regresaría a Wichita. Dudaba que quisiera verme de todos modos.
Mientras conducía por la autopista, me maldije por creer que Sevin podría
ignorar algo tan deplorable. Pero más temprano esta noche, empecé a sentir la
esperanza de que tal vez encontraría en sí el perdonarme. Incluso si no lo hacía,
sabía que ya no podía evitarlo. Este secreto había gobernado mi vida durante
208 años, y su peso era demasiado pesado para soportarlo más. Fue la única razón
por la que me obligué a quedarme con Dean, porque constantemente
amenazaba con encontrar a mi familia y contarles sobre la "puta embarazada"
que había rescatado. En aquel entonces, no podía arriesgarme a que Sevin y Elle
se enteraran del bebé. Dean siempre pensó que nunca supe quién era el padre.
Ahora que Sevin sabía la verdad, no tenía ninguna razón para quedarme
en Wichita, atrapada por las amenazas de Dean. Trazar mi salida del matrimonio y
del hogar que compartimos tendría que hacerse con cautela. No iba a
concederme el divorcio con facilidad. Pero necesitaba irme de cualquier
manera. Solo rezaba para que no me matara primero.
Era la mitad de la noche cuando llegué a nuestra casa. Una luz brilló desde
el porche tan pronto como puse la SUV en frente. El temor me embargó cuando
también noté la camioneta de Dean estacionada afuera.
Mierda.
Había llegado temprano a casa.
Tuve que decidir si me alejaba o afrontaba las consecuencias. Decidí que
después de la noche que había tenido, no tenía nada que perder. Ya no me
escondería de mis demonios. Nada podía afectarme como lo hacía el lastimar a
Sevin.
Dean salió de la casa antes de que tuviera la oportunidad de salir del auto.
—¿Dónde diablos has estado? Acabo de llamar al club, y me dijeron que
no trabajaste esta noche.
—Fui a Dodge City.
—Creí que te había dicho que no fueras mientras estuviera fuera.
—Quería volver a casa.
—Entra en la maldita casa. No vamos a entrar en ello en medio de la calle.
—¿Por qué? ¿Tienes miedo de que alguien escuche la forma en que me
hablas o te vea empujarme?
—¡Entra, maldición!
—No.
—¿Disculpa?
—¡No! No me harás daño. No voy a entrar.
—La mierda que no.
Dean agarró mi brazo y comenzó a arrastrarme por el césped. Cuando me
resistí, me dio una bofetada en el rostro.
—¡Déjame ir! —grité.
Las luces de un automóvil que se aproximaba lo distrajeron
momentáneamente. Traté de correr, pero él me tiró al suelo, sujetándome.

209 La puerta de un auto se cerró de golpe, y luego lo oí.


—¡Aléjate de ella!
Dean se alejó de mí.
—¿Quién carajo eres?
Sevin cargó hacia él y empujó a Dean en el pecho con ambas manos.
—¿Quién soy? La última persona con quien hablarás con vida si no la dejas
sola. Tengo una escopeta en mi auto, y la usaré si es necesario. —Se volvió hacia
mí, ayudándome a quitarme la hierba—. Evangeline, ¿estás bien?
—Sí.
—¿Cómo diablos conoces a mi esposa? ¿Eres un acosador obsesionado
del club?
—Tu esposa es mi familia.
—¿Qué?
—Estaba huyendo de mí cuando te conoció.
—Ella era una puta embarazada cuando la conocí, dijo que no sabía
quién era el padre.
Sevin parecía que estaba a punto de explotar. Cerró sus ojos brevemente y
luego me miró.
—Evangeline, entra en mi camioneta.
Agarré mi bolso inmediatamente del SUV de Liz y me acerqué al Ford F150
de Sevin.
—Evie, te vas con este tipo, es mejor que nunca pongas un pie en esta
casa otra vez.
—Puedes contar con el hecho de que ella no lo hará. Y si piensas seguirla,
llamaré a la policía para avisarles de tu venta de marihuana en el sótano. He
hablado con varias personas que te han comprado a través de los años, también.
Se encuentran a la espera de conseguir buenas ganancias si los necesito. Te
alejas de ella y no se llamará a nadie.
—Evie, ¿permitirás que tu antiguo novio me soborne después de todo lo
que he hecho por ti? ¡Jodidamente te salvé la vida!
—Tendrás noticias de su abogado —dijo Sevin antes de acercarse a mí.
Casi me disculpé con Dean por dejarlo así, pero me detuve. No merecía
mi respeto.
—Adiós, Dean. —Presioné el botón para cerrar la ventanilla.
Sevin encendió la camioneta y bajó por el camino.

210

El silencio era ensordecedor durante el viaje de regreso a Dodge City. Sevin


todavía parecía que estaba a punto de estallar. No estaba dispuesto a hablar
conmigo, y no podía culparlo.
Cuando finalmente habló, su voz me estremeció.
—No deberías haber salido de mi casa. Estaba regresando para hablar
contigo. Solo necesitaba el tiempo para asimilarlo.
—No estaba segura de si alguna vez querrías verme de nuevo. ¿Cómo
llegaste tan rápido?
—Debo haber salido inmediatamente después de que recibí tu nota.
—¿Cómo sabías de las plantas de marihuana de Dean?
—Lo he observado durante semanas —dijo simplemente sin mirarme—.
Ambos hemos pasado por mucho esta noche. Es demasiado tarde para conducir
hasta casa. Encontraremos un hotel, dormiremos unas cuantas horas. Cuando nos
despertemos, me vas a contar todo. Y me refiero a todo, Evangeline. Cada último
maldito detalle.
Asentí y miré para asegurarse de que me viera.
Paramos en un pequeño hotel de la interestatal en Hutchinson.
—¿Cuántas camas? —preguntó el recepcionista.
Sevin respondió de inmediato:
—Una.
Lo miré. Él me miró. Sus ojos me decían que no lo cuestionara, y no tenía
intención de protestar. Estaba confundida, incapaz de entender cómo era
posible que quisiera compartir una cama conmigo después de todo lo que había
pasado esta noche.
La habitación era pequeña, con una cama de tamaño normal. Estaba
oscuro, pero ninguno de los dos encendió la lámpara. Mantuvimos la luz del
cuarto de baño encendida, lo que permitió iluminación suficiente para vernos.
Sevin levantó su camisa y la tiró en la silla. Sinceramente, no sabía dónde
estaba su cabeza. Su solicitud específica de una cama me hizo tener cautela
sobre la razón por la que quería dormir a mi lado. La verdad era que, si él
planeaba intentar follarme enojado para dejar salir sus frustraciones, le daría lo
que él quería. Haría cualquier cosa para consolarlo esta noche.
—Acuéstate —dijo, su tono exigente mientras deshizo la ropa de cama y se
metió debajo.
Mi espalda estaba frente a él cuando me subí a la cama con todo, menos
mis zapatos.
Sevin envolvió sus brazos alrededor de mi cintura y me abrazó. Estaba tan
211 callado que no estaba segura de si se había quedado dormido hasta que me
preguntó:
—¿Siempre te ha maltratado así?
—No al principio, pero en los últimos años, sí. Nunca me golpeó mucho,
pero me golpea a veces o me empuja. Y es muy abusivo verbalmente.
Sevin empezó a respirar más fuerte, apretándome y acercándome aún
más firmemente contra él. Cerré los ojos, me relajé en él. Después de varios
minutos de silencio, bajó su mano y la colocó debajo de mi camisa sobre mi
estómago, acariciándome suavemente la piel con su pulgar.
Sabía que estaba pensando en nuestro bebé, buscando
desesperadamente y en vano algo que había desaparecido hacía mucho
tiempo. Estaba rompiendo mi corazón. ¿Cómo haría mañana para explicarle
todo de una manera que pudiera justificar mis acciones?
En algún momento de la madrugada, Sevin y yo nos quedamos dormidos,
nunca retiró su mano de mi vientre.

El sol de la mañana fluía por la ventana. Cuando me desperté y acaricié la


cama a mi lado, se había ido. Antes de que pudiera asustarme, la puerta se abrió
y cerró detrás de él. Sevin estaba sosteniendo dos bolsas de desayuno de comida
rápida y dos cafés en una bandeja de cartón.
Me senté mientras me entregaba un café y colocaba una de las bolsas en
la mesa de noche a mi lado.
—Come —dijo simplemente. Su estado de ánimo era definitivamente más
oscuro que la noche anterior cuando me abrazó. Probablemente se estaba
preparando para la conversación que estábamos a punto de tener.
En cuanto a mí, no había manera de que me preparara mentalmente para
enfrentarlo. Mientras me sentaba a comer, el sol atrapó sus oscuros ojos azules de
tal manera que hizo que mi corazón se apretara. Sus cabellos estaban
desordenados por el sueño. Habían pasado al menos unos días desde que se
afeitara por última vez. Sevin era un hombre tan hermoso. No sabía cómo podría
manejarlo si tuviera que vivir en Dodge City y no estar con él, no ser capaz de
amarlo abiertamente si él nunca me perdonaba.
Después del desayuno, me dijo que me diera una ducha. Después, se
quedó de pie en la puerta con sus brazos cruzados y me miró mientras me
cepillaba el cabello lentamente. Intentaba retrasar lo inevitable.
—Siéntate —dijo.
Sabía que ya era hora.
212 Sentada en la cama, miré al suelo y froté mis palmas sudorosas a lo largo
de mis muslos. Sevin estaba apoyado contra la pared en el lado opuesto de la
habitación, como para evitar estar cerca de mí en el caso de que su ira se
volviera incontrolable; Al menos, así fue como interpreté su posición tan lejos.
Cuando finalmente lo miré, él me ofreció un simple gesto con la cabeza.
Solo empecé a hablar.
—Descubrí que estaba embarazada un mes antes de irme. Puede que
recuerdes que empecé a distanciarme mucho. Quería decírtelo, pero sabía que,
si lo hacía, insistirías en que lo mantuviéramos. Simplemente no vi cómo podría ser
posible a menos que ambos huyéramos. No podía hacerle eso a Elle. Al mismo
tiempo, el aborto no era una opción. Era nuestra hija. Necesitaba ayuda, así que
tomé una decisión arriesgada. Le dije a mamá sobre nosotros... todo.
Sevin alzó la mirada del suelo, y sus ojos eran penetrantes. Una mirada que
era una mezcla de conmoción y rabia invadió su rostro.
—¿Tu madre? ¿Olga ha sabido todo este tiempo?
—Sí.
—¿Qué hay de Lance?
—Papá todavía no sabe hasta el día de hoy. Tampoco lo hace Emily.
Nadie más lo sabe.
—Mierda. No puedo creer esto.
—Confié en mi madre en lugar de Adelaide, porque tenía miedo de que
Addy te lo dijera. Mamá me instaló en una casa en Wichita. La anciana que vivía
ahí era una segunda o tercera prima de mi abuela. Mi madre le pagó para que
me quedara allí mientras estaba embarazada. ¿No sé si recuerdas que se iba
algunos fines de semana? Me estaba visitando.
—Sí. Siempre pensé que era extraño que dejara a Elle... para visitar
supuestamente a unos primos.
—También conseguí un trabajo de camarera en ese momento. Fue
entonces cuando conocí a Dean, aunque nunca nos reunimos hasta después del
embarazo. Era un habitual en el restaurante.
—Maldito idiota.
—Estaba muy asustada, Sevin. Te extrañaba tanto, te ansiaba. Estaba
llevando una parte de ti dentro de mí y no podía decirte. Pensé que nunca
volvería a verte. Sé que parece que tomé una decisión imprudente e
irresponsable, pero me sentí como si no tuviera elección. Simplemente no vi otra
solución en ese momento. No podría arriesgarme a que mi hermana se enterara,
especialmente en su condición.
—¡Tenía derecho a saberlo!
—¿Puedes decir sinceramente que me habrías permitido dar en adopción
213 al bebé?
—Absolutamente no lo hubiese hecho.
—Y yo lo sabía. No era justo para ti. Lo sé. Pero tomé una decisión basada
en lo que era mejor para mi hermana.
—¿Qué hay de lo que era mejor para nuestra hija... tener a su madre y a su
padre en su vida?
—No sentía que estuviera en condiciones de ser madre.
—Yo la habría tomado y la habría criado. Elle nunca lo habría sabido.
Podría haber inventado algo. ¡Mierda... era mi hija! Mi hija. ¡Lo habría resuelto de
alguna manera! ¡Dios, Evangeline! ¿Dónde está ella?
Mi corazón se estaba rompiendo porque no tenía las respuestas que él
merecía.
—Fue una adopción cerrada. No lo sé, Sevin. No lo sé. Sé que me odias por
esto. Es por eso que he pasado todos los días desde que nació castigándome. No
me perdonaré jamás por lo que te quité, y tampoco debes perdonarme.
Me tapé el rostro y rompí a llorar. Ni siquiera había llegado a la parte más
difícil de la historia.
Después de unos minutos, su temperamento se calmó. Apoyó la cabeza
contra la pared, cerró los ojos y susurró:
—Dime sobre el día en que nació. Dímelo todo.
—Fue un día lluvioso. Comencé a sentir algunas contracciones mientras
trabajaba y llamé a mamá enseguida. Había preparado un teléfono celular
especial para mis llamadas.
Sevin negó con la cabeza con incredulidad.
—Estaba muy asustada. Nunca había tenido tanto dolor en mi vida. Mamá
llegó allí unas horas más tarde, y para ese momento, las contracciones estaban a
menos de cinco minutos de distancia, así que fuimos al hospital. Llamó al agente
de adopción con el que estaba trabajando para hacerle saber que las cosas
estaban sucediendo.
—¿Le permitieron ponerla en adopción sin mi permiso?
—Les dijimos que no sabíamos quién era el padre. Esa es la única
circunstancia en la que el padre no necesita firmar.
Su rostro y sus orejas se ponían rojos mientras murmuraba algo para sí
mismo.
Continué:
—Las contracciones eran realmente malas, pero no tenía dilatación. Se
dieron cuenta de que era porque el bebé había volteado en la dirección
equivocada. Ella corría peligro. Por eso todo no progresaba lo suficiente como
para dar a luz naturalmente. Me sentía tan asustada porque me dijeron que iban
214 a tener que hacer una cesárea de emergencia. No me acuerdo mucho después
de eso. —Me levanté y caminé un poco por la habitación antes de continuar,
deteniéndome en el escritorio y apoyándome en él para sostenerme—. Todo
sucedió tan rápido. Me llevaron a la sala de operaciones, me inyectaron drogas.
Mamá estaba justo en mi cabeza. No podía sentir nada, y había un divisor azul
delante de mi rostro, así que no podía ver lo que el doctor estaba haciendo.
Pensé en ti en ese momento, cómo habrías estado allí a mi lado, sosteniendo mi
mano. Te quería allí. Era tan aterrador, pero el miedo no era nada comparado
con la cantidad enorme de culpa que recuerdo sentir.
—Tienes razón, debería haber estado allí. Dondequiera que estuviera,
pensaba que era solo otro maldito día, tal vez en el trabajo o en casa con Elle.
Todo mientras estabas dando a luz a mi hija. No puedo ni siquiera comprenderlo.
Es muy jodido.
Cuando se acercó a mí de repente, instintivamente retrocedí contra la
pared.
—¿Por qué te alejaste de mí así?
—No lo sé.
Supongo que después de años de vivir con Dean, era una segunda
naturaleza sentir como si alguien que se acercaba a mí con ira significaba que
recibiría un castigo físico.
—¿Creíste que te iba a pegar?
—No estoy segura de por qué lo hice. Quizás era mi instinto.
—Nunca te haría daño como hizo él. ¿Me entiendes?
—Sí.
De hecho, Sevin no me tocó en absoluto. Sentí que necesitaba que me
abrazara, pero no me atrevía a preguntar. Regresó al lado opuesto de la
habitación lejos de mí.
Permaneció en silencio durante un rato y luego preguntó:
—¿Siquiera la abrazaste, o simplemente se la llevaron? —Su tono era
amargo.
—No la sentí salir. La oí llorar, y así fue como supe que había nacido. La
trajeron a mi alrededor y la pusieron cerca de mi rostro. Traté de no mirarla. Tenía
miedo si lo hacía, nunca podría dejarla ir. Su piel era tan suave cuando rozó mi
mejilla. Tenía el olor más dulce. Giré mi rostro para besarla con los ojos cerrados,
pero la llevaron lejos demasiado rápido.
—¿Eso fue todo?
Negué con la cabeza.
—Hubo un período de espera de 48 horas antes de que se me permitiera
firmar los papeles... en caso de que cambiara de opinión. Había dejado claro
que no debían traerla conmigo, sin embargo. En algún momento en el medio de
la noche esa primera noche, estaba tratando de dar un paseo. La cesárea me
215 dejó muy dolorida, pero me dijeron que tenía que tratar de moverme. Terminé
accidentalmente pasando por el área neonatal. Mi madre estaba allí
sosteniéndola. Sentí como si estuviera siendo una traidora en ese momento
porque ella había sido la que más me insistió para dejarla. Mamá tenía lágrimas
en los ojos. El bebé estaba llorando incontrolablemente. Supongo que estaban
teniendo problemas para que tomara la fórmula.
Tuve que parar para sentarme. Esta era la primera vez que hablaba en voz
alta sobre el nacimiento, y los recuerdos eran difíciles de manejar. Mientras era
incapaz de hacer contacto visual, podía sentir el dolor de Sevin emanando de él
sin siquiera mirar su rostro.
—Estaba enojada con mi madre por pasar tiempo en el área neonatal
cuando había sido inflexible sobre que yo no viera al bebé. Me acerqué a ella y
tomé al bebé de sus brazos.
Las lágrimas comenzaron a caer libremente por mis mejillas solo pensando
en lo que sucedió después.
—Ella dejó de llorar unos segundos después de que la tomé en mis brazos.
De alguna manera supo que era yo.
Sevin se sentó en la cama y se cubrió el rostro. No podía decir si estaba
llorando. Una parte de mí quería detener la historia, pero él necesitaba saberlo
todo. No iba a ser más fácil contarlo en otra ocasión.
Limpié mis ojos.
—Buscaba mi pecho con su pequeña boca. Mi leche acababa de
empezar a salir. Sabía que alimentarla era un enorme no, dada la situación, pero
en ese momento, todo lo que importaba era reconfortar a mi bebé. Pedí a mi
madre que saliera de la habitación. Entonces, me senté, abrí mi bata de hospital,
y se prendió enseguida. La enfermera entró y me dijo que dejara de darle de
comer, que era una mala idea acostumbrarse a la leche materna cuando
necesitaba acostumbrarse a la fórmula. Pero no podía parar. Era todo lo que
podía darle... todo lo que le daría. Nunca imaginé cuán rápido iba a
enamorarme de ella. La amaba tanto, no solo porque era mía, sino porque era
tuya.
La siguiente parte de la historia era la más difícil para mí.
—Ella escupió un poco, así que deshice su manta para limpiarla... —Cerré
los ojos—. Fue entonces cuando me di cuenta de que... —Dudé.
—¿Qué?
—Tenía un defecto de nacimiento. Nadie me lo había dicho.
—¿De qué estás hablando?
—Le faltaba la mitad inferior del brazo izquierdo.
—¿Qué?
—Ninguno de los ultrasonidos lo captó. Dijeron que era solo una cuestión
216 genética, nada en específico que haya hecho para causarlo.
Sus orejas se pusieron rojas mientras mantenía la cabeza entre las manos.
Tal vez debía detenerme.
Se giró hacia mí, con los ojos hinchados y rojos.
—¿Cómo pudiste darla después de eso?
El dolor en mi pecho empeoró cuando me obligué a continuar con la
historia.
—La familia adoptiva fue informada de su brazo. También descubrieron
que estaba teniendo dudas, y amenazaron con retroceder si no firmaba los
papeles pronto. Dijeron que no iban a esperar para siempre para que cambiara
de opinión. Tenía miedo de que no tuviera un buen hogar. Mamá seguía
presionándome, recordándome todas las razones por las que hui en el primer
lugar y diciendo que sería más difícil encontrar otra familia debido a la
imperfección del bebé.
—Así que lo hiciste... solo... firmaste los papeles —dijo incrédulo.
—Ni siquiera le dije adiós porque no podía. ¿Qué irónico es eso? Dejé a
nuestro bebé de la misma manera en que te dejé. Así que, ¿ves? Todo esto...es
por eso que soy una persona tan terrible, por qué me merecía el tipo de vida que
he tenido desde entonces.
—¿No hay forma de averiguar dónde está?
—Como dije, fue una adopción cerrada. Ni siquiera sé el apellido de la
familia.
Un largo momento de silencio se produjo antes de que se volteara hacia
mí.
—¿Cómo es ella?
Decirle sería como verter sal en su herida, pero ya no había más.
—Se parecía a ti. Igual que tú.
Sevin se levantó de la cama.
—Necesito algo de aire.
Salió por la puerta y la cerró de golpe detrás de él.
Sintiéndome vacía, me acurruqué en la cama, deseando tener drogas
para adormecer el dolor.
Después de que asimilé todo, una niebla extraña, casi calmante, se
apoderó de mí. Era similar a cómo te sentías después de una larga carrera o
después de bajar de un ataque de pánico. Era una sensación de alivio al mismo
tiempo, como si lo peor ya hubiera pasado. No podía ser peor que admitir a Sevin
que había regalado a su hija.
Una hora más tarde, cuando la puerta se abrió de par en par, los ojos de
217 Sevin estaban abiertos y frenéticos al volver de su paseo.
Alarmada, enderecé mi espalda contra la cabecera.
—¿Qué pasó?
Se aferró al pecho, tratando de recuperar el aliento.
—Sé dónde está.
24

—L
a he visto... a nuestra hija.
—¿Qué?
—Tu madre mintió.
—Eso no es posible.
—¡Ella mintió! Sabe dónde está nuestra hija.
—¿Cómo sabes eso?
218 —Me di cuenta en mi caminata. —Las palabras se derramaron de mí tan
rápido—. He estado yendo a esta iglesia en Spearville por un tiempo. Voy allí a
despejar mi cabeza un par de domingos al mes. Siempre me siento en la fila de
atrás. Hay una familia que me llamó la atención un par de veces porque a una
de sus hijas le faltaba la mitad inferior del brazo. Su cabello era más oscuro que el
de sus hermanas. Recuerdo haber pensado en lo mucho que me recordaban a
mis medio hermanos y a mí, tres rubias y una niña de cabello oscuro que
sobresalía como un pulgar hinchado.
—Pero podría ser una coincidencia. Eso no significa que sea ella, Sevin.
—Déjame terminar. Lo que también me hizo prestarle atención a esta
familia fue que el padre siempre lucía tan malditamente familiar. Una o dos veces
se dio la vuelta para entregar la canasta de donaciones a la gente detrás de él u
ofrecer una señal de paz, juré que lo conocía de otro lado, pero nunca pude
saber de dónde. Bueno, un día lo hice. Recordé que era el mismo tipo que
apareció en Sutton una vez. Este hombre estaba en el vestíbulo. La recepcionista
le entregó un sobre y luego se fue.
—No lo entiendo.
—Me pareció un poco sospechoso en ese momento, así que le pregunté a
Jeannie si sabía lo que había en el sobre. Dijo que era efectivo y que Olga había
entrado en la oficina y le había ordenado que se lo diera al tipo. No debía querer
que su negocio fuera hecho en casa. Asumí que era una especie de donación
de caridad, que tal vez eran pobres o algo así. Nunca volví a pensar en ello...
hasta ahora.
Ella se cubrió la boca.
—Oh Dios mío.
—La he visto, Evangeline. Solo desde atrás. Tiene el cabello largo y negro,
igual que tú, excepto que es un poco regordeta y preciosa. Es ella. Sé que lo es.
Tu madre debe haber estado dándoles dinero para ella todo este tiempo.
—No puedo creerlo.
Comencé a empacar nuestras cosas.
—Tengo que pensar en lo que voy a hacer.
—¿Qué quieres decir? No hay nada que puedas hacer. Ella es legalmente
suya.
—Sigue siendo mi hija.

Le dije a Evangeline que era mejor que se mudara con Addy y Luke por un
tiempo hasta que pudiéramos resolver las cosas. Era demasiado pronto después
219 de que dejara caer esa bomba pensar en reparar nuestra relación. Todavía
estaba conmocionado y tratando de averiguar cómo proceder. Quería estar
equipado con la mayor cantidad de información legal como fuera posible antes
de confrontar a nadie.
Desafortunadamente, todo lo que leí básicamente declaraba que no era
sencillo. Podría impugnar jurídicamente la adopción, reclamando los derechos
paternales, pero no sería un proceso fácil, y nada estaba garantizado. ¿Incluso
sería justo exponer a mi hijita a eso?
Mi hijita.
Aún no lo había asimilado completamente.
Tantas cosas eran inciertas, excepto por el hecho de que sabía que
necesitaba verla. La única vez, desde que descubrí la noticia, que volví a la
iglesia, ella no estaba.
Solo una persona sabía dónde encontrarla. Era el momento de confrontar
a Olga.
Era la mitad de la tarde. Comprobé para asegurarme de que Lance
estaba en Sutton Provisions y que Emily había desaparecido antes de dirigirme a
la casa principal.
Olga estaba sosteniendo un cesto de ropa cuando abrió la puerta.
Luciendo sorprendida al verme a esa hora del día, inclinó la cabeza.
—Sevin.
Tal vez fue la mirada en mi cara. O tal vez fue el hecho de que no dije
nada en respuesta. La sonrisa en su rostro se desvaneció rápidamente.
Apreté los dientes.
—¿Dónde está ella?
—¿Quién?
—Mi hija. ¿Dónde vive?
Olga dejó caer la cesta de ropa y su rostro se puso blanco. Con la cabeza
baja, se apartó para dejarme entrar.
—¿Cuándo te lo dijo?
—Hace varios días.
—No puedes hacer nada, Sevin.
Repetí:
—¿Dónde vive?
—Prométeme que no tratarás de crear problemas para esa niña.
—¡Respóndeme!
—Spearville.
220 —¿Quiénes son esas personas?
—Robert y Genia Simonsen. Son buenas personas.
—¿Los elegiste?
—El agente de adopción los encontró. Ayudé a seleccionar a la familia
basada en la que sentía que tenía los mejores valores y el hecho de que eran
locales.
—¿Les das dinero?
—Trabajan duro, pero no están bien. Solo les doy un poco más para llegar
a fin de mes.
—¿Por qué no le dijiste a Evangeline que estabas haciendo esto?
—Era mejor que ella no estuviese involucrada. Se encontraba demasiado
vulnerable en ese entonces. Ambos sabemos que tenía que suceder de esta
manera, Sevin. Imagínate si Elle, Dios tenga su alma, hubiera descubierto lo que
ustedes dos...
—No digas eso como si hubiéramos cometido un crimen. No hicimos nada
más que enamorarnos. Estoy bastante seguro de haber compensado mis
pecados cuando se trata de Elle, y tú lo sabes. No te vi ayudándola a limpiar su
trasero tanto como yo. —Inmediatamente lamentando ese comentario, dije—: Lo
siento, Olga. Pero necesitas entender por qué esto está mal.
—Lance no puede averiguar que le he ocultado esto. Esta familia ha
pasado por suficiente.
—Entonces, ¿se supone que debo olvidar que ella existe... callarme sobre
ello... así Lance no se enfada? Se trata de mí y mi hija. No tiene nada que ver
contigo o Lance o incluso Evangeline en este momento. ¿Cuál es su dirección?
—¿Qué vas a hacer?
—No lo sé. Pero necesito saber dónde encontrarla. Me diste sus nombres. Si
no me lo dices, los encontraré de todos modos.
—Die Lowell Lane en Spearville.
—¿Cuál es su nombre?
—Rose.
¿Rose?
¿Cómo es posible?
—¿Rose?
—Sí.
—Ese es el nombre de mi madre.
—Lo sé, Sevin.
—¿Quién le puso ese nombre?

221 —Evangeline.
—No entiendo. ¿Por qué quería ponerle al bebé Rose si ella la iba a
entregar?
—No quería firmar los papeles a menos que acordaran mantener el
nombre. Fue un acuerdo verbal. No tiene forma de saber si lo siguieron. No
estaban obligados a hacerlo. Los Simonsens no sabían el significado del nombre.
Evangeline se sentía increíblemente culpable, y creo que quería creer que, si el
bebé se llamaba Rose, tal vez una parte de ti, de alguna manera, siempre estaría
con ella.

Con mi gorra de béisbol puesta, me senté en el extremo de las gradas de


la fila más alta. Podrías decir que me mezclé. Nadie me cuestionó en ningún
momento. Podría haber sido el padre de alguien, hermano o tío. Un fijo en estos
juegos de pelota todos los martes y jueves en Greenbush Field, nunca
perdiéndome uno.
Después de que Olga me hubiera dado la dirección de los Simonsens, me
contuve durante varios días antes de hacer algo con ello. Mi plan inicial era
llamar a su puerta y explicar quién era yo, exigiendo que me dejaran ver a mi hija.
Cuando llegué a su modesta casa de dos pisos esa primera noche, usé mis
binoculares para mirar por la ventana desde mi auto. Por primera vez, vi la cara
de mi hermosa niña de cabello oscuro. Aunque tenía el cabello largo y grueso de
Evangeline, sus rasgos faciales eran iguales a los míos. Era como mirarme en un
espejo. No lo podía creer. Era ligeramente gordita, tenía flequillo largo, que casi le
cubría los ojos, y llevaba unas coletas. Me recordó un poco al personaje Boo de
Monsters, Inc. Esta era mi hija. Mierda.
Lentamente dejando caer mis binoculares, limpié las lágrimas de mis ojos e
intenté recuperar mi compostura. Ella estaba viendo algo en la televisión con sus
hermanas y riendo. De repente, mi plan de irrumpir a través de su puerta y
reclamarla no parecía una idea tan brillante. De hecho, parecía estúpido. No
quería asustarla. Así que, dejé todo eso de lado y solo disfruté de esta hermosa
niña a lo lejos durante un tiempo. Cada viajaba, iba con la intención de hacer
notar mi presencia, y cada vez, decidiría lo contrario.
Cuanto más actuaba como espectador, más claro se hacía que Rose
tenía una buena vida. Era una niña feliz, bien cuidada y genuinamente querida.
La realización de eso hizo aún más difícil revelarme.
Así que me convertí en el papá invisible.
Por semanas.
Evangeline no tenía idea de lo que estaba haciendo los martes y jueves.
222 Nuestra relación se paralizó temporalmente. Nos estábamos dando espacio.
Pasaba sus días con Addy, ayudando a reorganizar el taller para la reapertura.
Evangeline probablemente pensó que yo la estaba evitando por otras razones,
pero fue principalmente mi necesidad de enfocarme en la situación con Rose por
un tiempo, lo que me mantuvo lejos.
Mientras Lance y Olga sabían que Evangeline se estaba divorciando y
viviendo con Addy, nadie le había dicho a Lance que tenía una nieta.
Ciertamente, nadie le dijo quién era el padre de dicha nieta. Por el momento, era
mejor así.
Evangeline sabía que había ido a ver a Rose esa primera vez, pero no tenía
ni idea de que regresé a Spearville dos veces a la semana después del trabajo.
Dejó en claro que se oponía a la idea de que perturbase la vida de Rose de
alguna manera. Pero solo necesitaba ver a mi hija. Los juegos de Rose eran mi
propio tiempo privado con ella. Tan privado, que la pobre niña ni siquiera lo sabía.
Nadie resultaba herido de esta manera.
Hasta el día en que me resbalé e involuntariamente me revelé.
Comenzó como cualquier otro jueves. Era tarde, y el sol empezaba a
descender por el campo cubierto de hierba que estaba lleno de jugadores de
pelota de cinco y seis años y sus padres. Algunas personas instalaban sillas
plegables mientras que otras pasaban el rato en las gradas.
Asumí mi lugar en la fila superior con mi taza de café para llevar. Había
mucha espera involucrada en ese deporte. Me pasaba cada segundo de ello
viéndola, ya sea que solo estuviese mirando al espacio, riéndose con los otros
niños o jugando. Cada vez que iba a subir al plato, mi corazón daba vueltas.
Lleno de orgullo, siempre me levantaba para poder verla mejor. Era increíble lo
que podía hacer con un brazo. Ella golpeaba la pelota con su brazo derecho y
corría a la primera base. Lo había logrado en el primer intento casi cada vez. Los
aplausos para ella eran siempre los más fuertes. Tuve que darle crédito a
Simonsens por hacerla partícipe de un deporte que desafiaba su discapacidad.
Podían haberse quedado con el fútbol o algo en lo que no tuviera que usar su
brazo, pero claramente querían mostrarle que podía hacer cualquier cosa si se lo
proponía.
Una bola perdida se dirigió a la esquina del campo cerca de donde
estaba sentado. Por alguna razón, Rose se separó de todos para ir tras ella. Una
oleada de adrenalina me golpeó. Mi corazón palpitaba más rápido con cada
paso que daba hacia mí. Ella nunca había corrido en mi dirección antes. El balón
terminó rodando hacia las gradas. Fue en busca de este.
Inseguro de si era lo correcto, caminé hacía las gradas y fui detrás de ella
hacía donde se encontraba buscando la bola. Era muy pequeña. No debería
haber estado allí sola. ¿Y si yo fuera una mala persona? ¿Y por qué nadie había
notado que había salido del juego?
—¿Necesitas ayuda?
—Estoy buscando una pelota.
223 Cerré los ojos brevemente, disfrutando el momento de oír por primera vez el
sonido de su dulce voz pequeña con claridad. Me atravesó y creó una opresión
en mi corazón.
—Te ayudaré a encontrarla.
Me siguió detrás de las gradas. No había ni rastro de la bola.
—Lo siento. No creo que esté aquí.
—Bueno.
Empezó a alejarse.
No estaba lista para dejarla ir.
—Espera.
Se detuvo y se volvió.
Eché un largo vistazo a sus confundidos ojos de ciervo. Sonreí al darme
cuenta de que a pesar de que ella era mi viva imagen, sus ojos eran en realidad
marrones como los de Evangeline.
—Hazme un favor, ¿de acuerdo? No vagues más así. Y no hables con
extraños. Soy un buen tipo, pero no todo el mundo lo es. Nunca debes seguir a
nadie a ningún lugar, especialmente cuando no hay otros adultos alrededor.
—Lo siento.
—Está bien. Simplemente no vuelvas a hacer eso, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
Empezó a alejarse de nuevo. Estaba luchando con mis emociones porque
no quería dejarla ir. Mis ojos vagaron a la izquierda y de repente aterrizó en un
balón de softbol blanco brillante en la hierba.
—¡Rose! —grité.
Ella se dio la vuelta.
—¡Encontré la pelota! Está aquí. —Corrí a recogerla, luego me acerqué a
donde ella estaba esperando, me arrodillé y se la di.
—¿Cómo sabes mi nombre?
Mierda.
—Lo adiviné. ¿Será porque pareces una rosa?
—Gracias por la pelota.
Gracias por existir.
Permanecí arrodillado, esperando a que se fuera. Por alguna razón, no lo
hizo. Solo se quedó allí mirándome a los ojos. Era como una extraña conexión
cósmica que solo podía existir entre un padre y un niño. Algo se apoderó de mí, y
en contra de mi mejor juicio, levanté mis manos a su cara y la empujé hacia mí,
besándola en la frente. Mis palmas permanecían envueltas alrededor de sus
mejillas. En ese momento, tuve una epifanía. Era la respuesta a la pregunta que
224 me había estado haciendo toda mi vida. Finalmente conocí mi propósito, por lo
que vine a esta Tierra, el por qué sobreviví cuando mi madre murió. Nací para dar
vida a este precioso ser humano.
Debí haberme ido en mis pensamientos, porque había olvidado que mis
manos aún sostenían su rostro. La siguiente cosa que supe es que escuché pasos,
seguidos por la voz de un hombre.
—¡Oye! ¡Suelta a mi hija!
Salté.
Se arrodilló y puso sus manos sobre sus hombros.
—¿Qué te hizo este hombre?
—Nada, papá. Me ayudó a encontrar mi pelota. Luego me besó.
Sus ojos casi se salieron de su cabeza mientras se volvía lentamente hacia
mí.
Con las manos en alto, le dije:
—No es lo que piensas.
—Mi hija desapareció del campo, aparece con un hombre extraño que la
besó, ¡y no es lo que yo pienso! ¿No es lo que pienso? ¡Le dirás eso a la policía!
—Señor. Simonsen... Robert... —dije.
Entrecerró los ojos.
—¿Cómo sabes mi nombre?
No podía decirlo delante de Rose, pero necesitaba explicarme si no quería
que me llevaran a la cárcel.
—Mi nombre es Sevin Montgomery. Conoces a Olga Sutton...
Soltó su agarre sobre ella.
—Rose, vuelve con tus entrenadores. —Vaciló antes de irse, mirando entre
él y yo—. ¡Ve! —gritó. Me miró una vez más antes de correr hacia los otros
jugadores. Cuando Rose estuvo fuera del alcance del oído, me miró. Su voz
bajó—. ¿Qué hay con Olga Sutton?
—Hace cinco años, Olga Sutton arregló la adopción de mi hijo sin mi
conocimiento.
—Eso es una locura. La hija de Olga ni siquiera sabía quién era el padre.
—Fue una mentira. Yo soy el padre.
—No puedes probarlo.
—Mira mi cara, luego mira a Rose, y dime si no puedo probarlo.

225
25

A
ddy planchaba su uniforme para la gran reapertura de la próxima
semana. Un ruido sordo escapó de la plancha mientras dejaba salir
un poco de vapor sobre la gruesa tela azul marina.
—¿Has escuchado algo de él?
Estaba sentada en un taburete viendo como se quitaba cada arruga.
—No. No desde el jueves por la noche. Cuantos más días pasan, más me
preocupa seriamente que nunca podamos reparar nuestra relación.
226 Había pasado casi una semana desde la última visita de Sevin en lo de
Addy. Mientras la había estado ayudando con la parte comercial de la
reapertura con mensajes de correo electrónico en su mayoría, mantenía su
distancia física de mí.
La semana pasada, sin embargo, había venido a confesar lo que pasó
con el padre adoptivo de Rose en el campo de béisbol. No sabía que iba a
Spearville cada semana. Ayudó a explicar su ausencia temporal de mi vida. La
resiliencia de Sevin no fue una sorpresa. Aunque le dije que consideraba que era
una mala idea que confrontara a los Simonsens, sabía que sería inevitable.
Al parecer, cuando Sevin dio a conocer su identidad ese día, Robert
Simonsen se suavizó, suplicando y rogándole que se mantuviera fuera de la vida
de Rose, señalando que sería devastador para la niña descubrir que todo lo que
conocía como verdad era una mentira; Rose obviamente no tenía ni idea de que
era adoptada. Robert le dijo a Sevin que si realmente le importaba a Rose, no
trataría de interrumpir su vida. Sevin dejó Spearville sintiéndose derrotado y
confundido, sobre todo porque tener el contacto cercano con ella solo había
reforzado sus sentimientos de amor incondicional y apego. Al mismo tiempo,
sentía la responsabilidad de protegerla de las heridas. La situación quedó sin
resolver por el momento.
No pasaba un día en que no pensara en Rose. El hecho de que hubieran
mantenido el nombre que había elegido para ella, rompió y entibió mi corazón al
mismo tiempo. Sevin era mucho más fuerte que yo, porque ni siquiera podía
soportar ver su rostro, sabiendo lo que hice.
Addy ahora sabía toda la verdad sobre mi ausencia y las razones detrás
de ella. Pasaba casi todos los días tratando de animarme a no abandonar el
futuro con Sevin.
Sacó su uniforme recién planchado, lo colgó y se sentó.
—Cinco años de dolor no se deshacen fácilmente. Será una batalla que
puede que tengas que luchar por un tiempo muy largo. Lo traicionaste. Pero la
culpa y el autocastigo son un desperdicio de energía. Déjame preguntarte esto.
¿Por qué permaneciste casada con ese burro por tanto tiempo?
Dios bendiga a Addy por siempre encontrar una manera de hacerme reír
bajo las peores circunstancias. Me reí de su uso del término para describir Dean,
que afortunadamente me había dejado sola y estaba cooperando con el
divorcio. La amenaza contra su operación de marihuana aparentemente
funcionó.
—Primordialmente, era por temor a que Dean encontrara a mi familia y les
hablara sobre el embarazo, pero también fue porque sentía que no merecía algo
mejor después de traicionar a mi hermana y regalar al bebé de Sevin y mío. En mi
peor momento, ni siquiera estaba segura de querer vivir más. Mi depresión me
hizo indiferente sobre las cosas, especialmente el matrimonio. El despojo, también,
era solo otra demostración de mi auto odio y la falta de respeto por mí misma.
—De acuerdo... así que pasaste todos estos años enfocándote en el
227 autocastigo, que en realidad no te llevó a ninguna parte. Yo diría que pusiste
suficiente tiempo y energía en eso, ¿no? Es hora de encontrar tu fuerza interior,
todos la tenemos. A veces, se entierra por el miedo, la depresión... todas las cosas
negativas. Es hora de enfocar tu energía en vez de recuperar tu vida, recuperar a
Sevin, si eso es lo que quieres.
—Por supuesto, es lo que quiero. ¿Cómo lo hago, si he destrozado su
confianza?
—No lo haces quedándote sentada, centrándote en la culpabilidad y
avergonzándote de ti misma, bebé. Él necesita saber que eres fuerte, a largo
plazo, que incluso cuando está tratando de castigarte con la distancia, lo estarás
esperando cuando esté listo.
—Pero ¿y si no puede perdonarme por haber dado a Rose?
—Se necesitaron dos personas para crear esa preciosa bebé. No
menoscabes su propio sentido de responsabilidad en todo esto. Sí, está enojado
porque tomaste una decisión sin incluirlo, pero también está enojado consigo
mismo. Ha admitido que se siente culpable por no haber sido más cuidadoso
contigo, por meterte en esa situación en primer lugar. No puedo garantizarte que
pueda superarlo completamente. A veces, no superamos cosas dolorosas,
simplemente aprendemos a vivir con ellas.
Addy era tan sabia. Siempre me hacía ver las cosas bajo una luz diferente.
—De acuerdo, así que si quiero recuperar su confianza... ¿por dónde
empiezo?
—Comienzas contigo. Creo que necesitas hablar con alguien que no sea
yo, un profesional, para llegar a un acuerdo con la culpabilidad primero. Solo
entonces recuperarás la fuerza que necesitas para luchar por Sevin.

Terminé tomando su consejo y reservando una cita con un terapeuta


local, el doctor Zinger. Me tomó un tiempo conseguirlo, ya que no había muchos
terapeutas que tomaran pacientes nuevos a nivel local.
Después de varias sesiones, me había ayudado a hablar de los temas que
más había estado evitando. Acurrucada en su sofá de tweed mientras miraba el
roble frente a la ventana de su oficina, me había abierto sobre las cosas más
perturbadoras, como la intimidad de Sevin con Elle, las circunstancias de su
muerte y renunciar a Rose. Derramé muchas lágrimas en ese sofá. Afrontar esos
temas difíciles no fue fácil, pero fue necesario para mi eventual recuperación. Los
objetivos del doctor Zinger para mí eran muy parecidos a la oración de serenidad:
ganar fuerza para cambiar las cosas que podía y aceptar las cosas que no podía.
Sevin estaba dejando muy claro que el balón estaba en mi cancha. No
228 había venido sino hasta el día de la reapertura de la tienda. Lo atrapaba
mirándome mientras trabajaba, pero evitó la conversación y no se quedó para la
cena de celebración esa noche.
Una de las realizaciones a las que había llegado durante mis sesiones con
el doctor Zinger era que Sevin siempre había sido el luchador en lo concerniente
a nosotros. Incluso en los primeros días, siempre fue quien estaba tan seguro y
confiado en lo que teníamos. Siempre sostenía que nada podía rompernos,
siempre y cuando estuviésemos juntos. Siempre fui yo quien corrió. Ya no. Era mi
momento de subir al plato, demostrarle mi amor, correr hacia él, no lejos de él.

Había repetido lo que planeaba decir una y otra vez durante el camino
hacia lo de Sevin esa noche. Recientemente se había mudado de la casa de
huéspedes y había comprado una pequeña casa de dos dormitorios en las
afueras de Dodge City. Estaba más lejos de todo el mundo y en mi mente, el
movimiento representaba su alienación de nosotros mismos.
Revisé dos veces la dirección escrita en un trozo de papel para
asegurarme de que estaba estacionada en el lugar correcto. Cuando confirmé el
número de casa de Sevin, todas las palabras practicadas en mi cabeza
parecieron evaporarse cuando vi una familiar Toyota beige estacionada en el
frente.
Nancy.
¿Qué hacía ella aquí?
La vieja Evangeline podría haber dado la vuelta y volver a donde Addy. En
cambio, con mi corazón palpitante, salí y cerré de golpe la puerta del Chevy
usado que había comprado recientemente, cerrándolo involuntariamente en la
falda de mi vestido.
Superada por una sensación de posesión salvaje, me dirigí a su puerta y
golpeé fuerte. Mi respiración era visible en el aire frío de la noche mientras
exhalaba.
No iba a perderlo ahora.
Cuando apareció en la puerta, el alivio me invadió al darme cuenta de
que estaba completamente vestido. Ella estaba sentada en el mostrador de la
cocina.
Sevin parecía sorprendido al verme.
—Evangeline...
—¿Qué está haciendo aquí? —pregunté.
—Nancy solo estaba de visita.
Al bajar del taburete, dijo:
229
—Será mejor que me vaya...
—Sí. Deberías —repliqué.
Sevin alzó su ceño hacia mí, su boca se curvó en una sonrisa
inesperadamente divertida en reacción a mis descarados celos.
—Lo siento, Nance. Gracias por venir.
—Por supuesto. —Forzó una sonrisa hacia él. Sin mirarme más, agarró su
cartera de cuero marrón.
La acompañó hasta la puerta y ella le susurró algo antes de besarle
ligeramente en la mejilla. Sabía que no tenía derecho a sentirme así, pero estaba
ardiendo de celos. Había estado trabajando tan duro para llegar a un lugar
donde pudiera reunir el coraje para verlo, y la presencia de ella era una sorpresa
muy desagradable.
Después de que se fue, su mirada era penetrante, aunque su expresión
aún reflejaba una ligera diversión.
—Bueno, eso fue grosero.
—No te quiero con ella.
—No estoy con ella. Vino a verme. Le hablé de Rose. ¿Estás seriamente
celosa después de todo lo que me has hecho pasar?
—Sí. Estoy celosa. Y enojada con tantas cosas. Pero he terminado de huir
de todo ello. Quiero estar aquí contigo. Quiero que te abras conmigo sobre Rose,
no con ella.
—No sé si estoy preparado para eso.
Su admisión provocó un nudo en mi garganta.
—Lo sé. Incluso si no estás listo para abrirte a mí... Quiero que sepas que
estoy aquí, que no voy a ir a ninguna parte. Ya no deberíamos tener que hacer
frente a las cosas solos. Quiero estar aquí cuando piensas en Rose o en Elle o en
las malas decisiones que he tomado. Quiero compartir tu dolor. Si estás enojado
conmigo, quiero estar aquí para que puedas descargar tus sentimientos sobre mí
aunque me duela. No me importa lo que papá o alguien más piense o que
descubran la verdad. Eres mi verdad. Lo único que me ha parecido natural es
amarte. Nadie me va a decir que ya no puedo amarte abiertamente. Ya he
terminado de correr, Sevin.
—¿Has terminado de huir de la realidad?
—Sí.
Hizo un gesto con los dedos.
—Ven acá.
No estaba segura de lo que iba a hacer. En lugar de tocarme, buscó
230 dentro de su bolsillo y sacó su teléfono. Después de deslizarse a través de las fotos
un par de veces, lo puso frente a mí.
En la pantalla había una foto de una hermosa niña de cabello oscuro. Sin
estar preparada para la imagen, una que nunca debí de ver, mi pecho se sintió
repentinamente pesado. Al mismo tiempo, era un regalo inesperado. La foto fue
tomada de lado. Con una sonrisa radiante, Rose estaba en un uniforme de
béisbol azul real y claramente no sabía que le estaban tomando una foto.
—Mira lo que hemos perdido —dijo.
Quitándole su teléfono y ahogándome con las lágrimas, susurré:
—Lo siento.
—No voy a luchar contra la adopción. Mi decisión está tomada. No quiero
destrozar su mundo. La amo demasiado.
Lo miré.
—Creo que esa es la decisión correcta.
Su mirada indignada me impregnó.
—Una que nunca debería haber tenido que hacer.
—Tienes razón.
—Pero también tengo que tomar algo de responsabilidad, sabes. Tuve que
haber sido más cuidadoso contigo en ese entonces. Estaba tan locamente
enamorado de ti que no siempre tomé las decisiones más responsables.
—Ambos lo hicimos.
—Todavía tengo muy poco control sobre mis sentimientos hacia ti. Es por
eso que necesito mantenerme alejado, es por eso que no has escuchado de mí
mientras tomaba una decisión sobre Rose. Todavía estoy trabajando en llegar a
un acuerdo con eso. Eso es en parte el por qué Nancy estaba aquí. En realidad
ella es adoptada. Quería saber acerca de sus sentimientos hacia sus padres
biológicos, cosas así.
—No necesito ninguna explicación y entiendo perfectamente el por qué te
mantuviste alejado.
—No ha sido nada fácil el mantenerme alejado de ti. —Me quitó su
teléfono—. Addy me dijo que has estado viendo a un terapeuta.
—Sí. Realmente me ha ayudado a ver qué es lo que necesito para salir
adelante.
Pasamos el siguiente par de horas abriéndonos el uno al otro sobre nuestros
sentimientos en cuanto a Rose. Sevin confesó que también había estado viendo
a un terapeuta para enfrentarse a sus problemas de ira.
Finalmente, me armé de valor para sugerir algo que había estado
conteniendo.
—Tengo que estar aquí contigo, Sevin. Cada día. Necesito demostrarte que
231 estoy en esto contigo por mucho tiempo, no solo con mis palabras, sino con mis
acciones. Mi auto está lleno de todas mis cosas. Yo…
—Espera. —Frunció el ceño con incredulidad—. ¿Quieres mudarte
conmigo?
—Sí.
—No estoy seguro si estoy listo para eso.
—No estaría compartiendo cuarto contigo. Solo quiero cuidar de ti por un
tiempo. ¿Me dejarías?
—No sé si esa es una buena idea.
No más allá de rogar, supliqué:
—Por favor.
La mirada en mis ojos debió haberle mostrado que estaba hablando en
serio, porque simplemente asintió.
Esa noche, Sevin me ayudó a mover mis cosas, me instaló en el dormitorio
de invitados. Le pedí a Dios que esta fuera mi última mudanza durante un tiempo.
Las próximas semanas se trataron sobre adaptarse a la nueva rutina. Sevin
y yo vivíamos en su casa, pero no había intimidad. Todavía estaba actuando
cerrado hacia mí en su mayor parte. Nos sentábamos y cenábamos juntos o
hablábamos de nuestros días, pero no hacía ningún contacto físico.
Era doloroso, pero prometí seguir adelante, recordándome que solo con el
paso del tiempo podía demostrar mis intenciones. A pesar de que estaba siendo
frío, todavía quería nada más que estar con él todos los días y tratar de darle el
tipo de vida que siempre mereció.
En el camino a casa desde el trabajo en la tienda de Addy, me detenía a
diario para comprar más artículos para hacer de su casa un hogar. La casa de
Sevin tenía el bonito porche de un granjero, así que coloqué algunas plantas en
maceta para colgarlas. Pinté la sala blanca de un color de terracota y colgué
varias pinturas de lienzo. Puse velas y colgué palabras de inspiración de madera,
como "hogar" y "esperanza", así como organicé toda su música. Todo estaba
perfecto en el exterior pero destrozado en el interior.
El más duro de mis esfuerzos fue la cocina. Estaba decidida a que nos
sentáramos juntos a comer una buena comida cada noche pero no podía
cocinar nada a menos que fuera el desayuno o el postre. Todo lo demás se fue al
infierno. Corría a casa desde lo de Addy para llegar antes que él y repasar las
recetas en línea. Era difícil saber si Sevin estaba disfrutando de lo que hacía la
mitad del tiempo. Estaba bastante segura de que mis comidas eran al menos
232 comestibles. Agradable podría haber sido demasiado pedir para mí. Dean
siempre prefería la comida de mierda que era fácil de hacer, como perritos
calientes, nuggets de pollo congelados o macarrones con queso. No le gustaban
las verduras. Así que, cocinar una saludable y sabrosa comida era algo bastante
nuevo para mí.
A medida que pasaban las semanas, Sevin se ablandaba un poco hacia
mí, pero parecía ir a paso de caracol. Y nunca me tocó. Nunca. Eso fue doloroso.
Sentarme junto a él por la noche mientras miramos la televisión, podía olerlo y
prácticamente sentir el calor de su cuerpo. Lo atrapaba mirándome cuando
pensaba que estaba completamente inmersa en un programa. Sabía que se
contenía intencionalmente, que aunque me quería, no estaba listo para
permitirse cruzar esa línea. Sin embargo, entender su razonamiento, no hizo nada
para aliviar el dolor que se acumulaba dentro de mí. Mi atracción física hacia él
estaba en lo máximo, no solo porque no había sido tocada en tanto tiempo, sino
porque a sus casi veintisiete años, era verdaderamente todo un hombre y más
guapo y tonificado de lo que había estado en su vida.
Por lo tanto, la frustración estaba realmente empezando a obtener lo mejor
de mí. Todo se vino de cabeza una noche cuando el teléfono de la casa sonó
durante nuestro tiempo de televisión. Sevin se levantó para responder antes de
llevar el teléfono a su dormitorio. Atascada por una mezcla de fatiga y celos,
llamé a la puerta.
—¿Con quién estás hablando que tienes que llevarte el teléfono a otra
habitación? —Antes de que pudiera contestar, se lo arrebaté.
—¿Quién es?
—Es Nancy —dijo ella.
—Nancy.
—Sí.
A punto de explotar, tenía tantas palabras en la punta de mi lengua. Pero
sabía que nada de eso era justo. Ella estaba allí para él cuando yo no estaba.
Esperar que él solo la sacara de su vida y me tomara era injusto. En lugar de
atacarla, le di el teléfono y salí.
Sevin estaba visiblemente molesto cuando salió del cuarto.
—Ella es solo una amiga, Evangeline.
—¿Entonces por qué tienes que alejarte para hablar con ella?
—Porque no quería enojarte.
Alcanzando el límite de mi cordura, grité.
—He estado intentando tanto. No sé qué más hacer para que me
perdones. Solo quiero hacerte feliz. Estoy tan cansada. ¡Solo dime lo que
necesitas, y lo haré!
—Desearía que fuera así de simple.
233 —¿Quieres que me vaya?
Se frotó los ojos y respiró despacio.
—No, me gusta tenerte aquí.
—Pareciera que no te complace tanto.
—Solo estoy tratando de protegerme a mí mismo. No hay un punto medio
respecto a ti, Evangeline. Nunca lo hubo. Es todo o nada. El enterarme acerca de
Rose sacudió mi mundo entero. Solo necesito tiempo para perdonarte
naturalmente. No es algo que pueda forzar. No puedo estar contigo hasta que mi
cabeza esté de nuevo en el lugar correcto.
—¿Qué hago mientras tanto?
—Solo sigue haciendo lo que estás haciendo.
—¿Tratar de matarte con mi forma de cocinar?
Los dos rompimos en una necesaria carcajada.
Me sorprendió cuando se inclinó y me tomó las mejillas suavemente.
—No te vayas.
Escucharlo decir que quería que me quedara fue toda la motivación que
necesitaba.
Sonreí.
—Está bien.
Nada que valga la pena es fácil. Pero cuando la recompensa viene,
puede ser espectacular.
En las semanas posteriores a mi estallido, Sevin pareció más consciente de
mi necesidad de tranquilidad. Uno de los cambios fue que empezó a cocinar
junto a mí por la noche. Sus dedos a veces me rozaban a lo largo de mi espalda
mientras me pasaba en la cocina. Incluso el más ligero toque envió temblores de
conciencia sexual a través de mí. Saboreé cada sutil contacto que me ofreció.
Otra cosa fue que empezó a dejarme notas alrededor de la casa. Algunas
eran simplemente notas de agradecimiento estándar: Mis ropas nunca han olido
más limpio. No sé qué carajo estás haciendo con ellas, pero no puedo dejar de
olerme. Es un problema. Otras eran sugerencias educadas sobre mi menos que
comida gourmet: Tal vez no vamos a hacer Piccata de pollo de nuevo. Algunas
eran francamente graciosos, como una que encontré en el espejo del cuarto de
baño: Tu cabello se cae más que el de un viejo perro pastor inglés. Lo estoy
coleccionando para tejer suéteres para los pobres.
Durante varios días, las notas fueron bastante vainilla. Entonces un día,
234 estaba poniendo algo de ropa en la habitación de Sevin. Una nota en la parte
superior de su cómoda me llamó la atención. Tuve que sujetarme el pecho
porque esta hizo que mi corazón saltara.
Esta mañana lucías tan jodidamente hermosa en el desayuno. Haces
realmente difícil querer ir a trabajar.
Nunca hablamos de las notas. Tomé cada una y las guardé en una caja en
mi habitación. Me dejaba nuevas cada día. Mientras sus acciones hacia mí en la
noche no habían cambiado mucho, las notas eran su manera segura de expresar
la evolución de sus sentimientos.
Otra tarde, acababa de regresar a casa para cambiarme de ropa cuando
una nota amarilla se me burlaba desde mi mesa de noche.
Esa blusa que llevabas anoche sin sostén... úsala otra vez.
Esa noche, en la cena, sus ojos se dirigieron a mis pechos, y simplemente
dijo:
—Veo que recibiste mi nota.
Enrojecida de la mejor manera posible, sonreí y respondí:
—Lo hice.
Ese tipo de coqueteo inocente continuó por un tiempo. Fue una lenta
quemadura hasta una tarde cuando la nota en la encimera de la cocina era
todo menos inocente.
No te molestes con la cena. Lo único que comeré esta noche es a ti.
Permanecí en estado de conmoción por mucho tiempo, con el corazón
latiendo y mi cuerpo vibrando de excitación. Mirando mi despertador, me di
cuenta de que estaría en casa en poco más de una hora. Despojándome de la
ropa, corrí al baño para prepararme para él.
No estaba lista, no me había afeitado las piernas en días. Cuando terminé
de asegurarme de que estaba limpio y liso, cada orificio de mi cuerpo
hormigueaba ante la anticipación mientras cerraba los ojos y dejaba que el agua
me golpeara.
La puerta se abrió repentinamente, haciendo que saltara.
Llegaba temprano.
El pánico rápidamente se transformó en emoción una vez que todo se
registró. A través del cristal de niebla, podía verlo, los músculos definidos de su
pecho y sus brazos. Llevaba pantalones negros. El metal chasqueó cuando sacó
su cinturón de cuero y lo tiró al suelo antes de salir de su ropa.
La puerta se abrió. El hambre en sus ojos era como nada que yo hubiera
visto en él. Su aroma varonil saturó la bañera llena de vapor.
—¿Estás lista para mí?
Asentí con ansia.
—Sabes que lo estoy.
235
Entró y me dio la vuelta.
—Será mejor que te agarres a la pared.
Esas palabras causaron que un escalofrío bajara por mi espina dorsal.
Mientras presionaba su pecho contra mi espalda, su erección caliente se deslizó
contra mi culo. Sostuve ambas palmas contra la pared de azulejos y cerré los ojos.
Las últimas semanas habían sido una larga pelea de preliminares, así que ya
estaba húmeda. Abrió la puerta brevemente otra vez para conseguir algo. Me
volví para verlo rasgando salvajemente el empaque de un condón con los
dientes. Extendió la goma sobre su pene antes de hundirse por completo dentro
de mí en un empuje lento.
—Oh Dios —murmuró. Cuando empezó a moverse dentro de mí, gruñó—:
Santo infierno... he extrañado follarte. He soñado mucho con esto. He estado
muriendo por esto.
—Yo también —susurré.
Empezó a follarme más fuerte. En un momento, hice una mueca.
—¿Demasiado áspero?
—No.
—Bien. No creo que pueda hacerlo de otra manera en este momento. Te
sientes increíble.
Nuestros cuerpos húmedos se estrellaron mientras embestía contra mí, con
las uñas de mis dedos clavando en el yeso. Sus empujes eran ásperos y a veces
dolorosos, pero incluso cuando dolía un poco, se sentía tan bien, tan perfecto. No
me cansaba de él.
Su respiración se volvió repentinamente desigual.
—No puedo... demasiado... Voy a...
—Está bien. Vente, Sevin.
—Joder... —Un segundo después, sus gemidos resonaron en el cuarto de
baño mientras me empujaba aún más contra él. Mis músculos se contrajeron
alrededor de su polla mientras se venía, mi propio clímax enviando espasmos a
través de mí. Casi había olvidado lo intenso que era el sexo con él. Nada se
comparaba a esto.
Se quedó dentro de mí, respirando contra mi cuello. Me dio la vuelta y me
besó tiernamente y luego me sorprendió cuando cayó de rodillas en el piso de la
ducha. El agua se deslizó sobre su sedoso cabello negro mientras suavemente me
besaba el estómago y susurraba:
—No vuelvas a dejarme nunca más.
Arrodillándome para encontrar sus ojos, le agarré la nuca.
—Preferiría morir antes de volver a hacerte daño.
Ofreciendo su mano, me levantó antes de cerrar el grifo y exprimir la
236 humedad de mi cabello. Agarró una toalla y secó mi cuerpo y el suyo, entonces
me llevó a su cama.
Se puso en cuatro patas sobre mí, encerrándome con los brazos.
—No dormirás más allí, ¿de acuerdo? Quiero que estés aquí conmigo todas
las noches.
Mis ojos comenzaron a abrirse al oírlo decir eso. Aunque lo entendí, tener
que dormir en la habitación de huéspedes siempre dolió como el infierno.
—Nancy tampoco va a llamar o venir más —dijo.
—No tienes que hacer eso. Ha sido tu amiga.
—Sí, pero también es una ex novia y no quiero molestarte. Esperaría lo
mismo de ti. Terminamos de hacernos daño, ¿de acuerdo?
Cuando asentí, continuó suspendido sobre mí en silencio. Tanta pérdida,
tanto dolor y todavía podía mirarme con el mismo amor brillando a través de sus
ojos.
—Recuéstate.
—¿Qué estás haciendo?
—Tengo la intención de cumplir mi promesa acerca de la cena.
Mis ojos se deslizaron por su cuello hasta el V tallada debajo de sus
abdominales y hasta su pene que una vez más estaba gloriosamente duro.
—¿Te gusta lo que ves?
—Tu cuerpo es aún más increíble de lo que recordaba.
Extendió mis piernas y frotó la palma de su mano lentamente por la
longitud de mi torso, luego me tomó posesivamente el coño en la mano mientras
decía:
—Este cuerpo es mío. Prométeme que no volverás a mostrarlo a nadie más.
—Lo prometo.
Luego bajó su cara entre mis piernas. Mis ojos se quedaron en blanco en el
instante, sentí la humedad y el calor de sus labios en mi tierna piel. Aplicando
presión en mi clítoris con su lengua, lamió y chupó hasta que me llevó al orgasmo.
Era la única persona que había bajado sobre mí.
Hicimos el amor lentamente dos veces más esa noche en su cama,
nuestra cama. Se sintió monumental, porque por primera vez desde que nos
cruzamos en ese camino de tierra años atrás, estábamos verdaderamente libres
de hacer lo que era natural.
Todo lo que siempre quise fue amarlo. Sin embargo, las cosas estarían lejos
de ser perfectas mientras la mayor representación de nuestro amor continuara
ausente de nuestras vidas. Siempre habría un agujero en su corazón. Necesitaba
encontrar una manera de arreglarlo.

237
26
Evangeline y yo estábamos oficialmente cansados de escondernos.
Finalmente nos presentamos a Lance como pareja, haciendo que pareciera que
nos acercamos unos meses después de su divorcio. Por supuesto, Olga sabía la
verdad sobre nuestro pasado secreto, pero seguía haciéndose la tonta. Nadie
dijo una sola palabra sobre Rose. Esa era la mejor decisión por ahora.
Sorprendentemente, Lance y Emily parecían aceptar el hecho de que estábamos
juntos.
Mi papel en Sutton Provisions solo aumentó a lo largo de los años. Ahora
238 era el Gerente de Operaciones, supervisando el procesamiento y producción de
la carne. Algún día, reemplazaría a Lance como el presidente de la compañía.
Con Elle desaparecida, supongo que mi relación con Evangeline ayudó a
consolidarme como un miembro permanente de la familia a los ojos de Lance.
Aunque su aceptación casi parecía demasiado buena para ser verdad, la
tomaría con gusto.
Evangeline todavía trabajaba en la tienda de Addy, que fue renombrada
Autopartes SEAL. SEAL era un juego de nuestros nombres: Sevin, Evangeline, Addy
y Luke. A veces, me escapaba a casa temprano para llegar antes de que ella
llegara del trabajo. Atraparla llena de grasa y sucia me excitaba enormemente.
Una de esas tardes, esperaba con impaciencia que entrara por la puerta
cuando sonó el teléfono de la casa.
—¿Hola?
—¿Es Sevin Montgomery?
—Sí.
—Mi nombre es Genia Simonsen. Soy…
—Sé quién eres. —Mi estómago cayó—. ¿Le ha pasado algo a Rose?
—No. Siento haberte alarmado.
Dejando escapar un enorme suspiro de alivio, le pregunté:
—¿Qué está pasando?
—No se supone que esté en contacto contigo. Si Robert se entera, estará
furioso.
—¿Cómo conseguiste este número?
—Evangeline ha contactado conmigo varias veces en las últimas semanas.
Ella me lo dio.
—¿Lo hizo?
—Me encontró en línea, y hemos estado yendo y viniendo un poco.
Evangeline nunca dijo nada sobre contactar a los Simonsen. Me conmovió
que hubiera hecho contacto, sobre todo porque sabía que se encontraba en
contra de perturbar la vida de nuestra niña. Lo hacía por mí.
—¿De qué han estado discutiendo?
—Evangeline ha tratado de conectar conmigo, mujer-a-mujer, con la
esperanza de convencerme de permitir que ambos pasen algún tiempo con
Rose.
—Tu esposo me dejó muy claro que verla nunca sería una opción.
—Evangeline me preguntó si podía arreglar algo, tal vez sin que Rose sepa
quiénes son, pero que todavía podrían verla sobre una base semi-regular. Lo
discutí con Robert, y me temo que está en contra.
239 —Así que, ¿solo estás llamando para hacérnoslo saber?
—Bueno, en realidad, surgió algo.
El tono de su voz me llevó a sentarme.
—¿Qué pasó?
—Robert fue despedido de su trabajo hace un par de meses. Se le ofreció
una posición fuera del estado.
—¿Fuera del estado? ¿Dónde?
—Oregón.
Tan pronto como pronunció la palabra, sentí como si me aplastaran el
pecho.
—¿Se mudaron? ¿Se la van a llevar?
—Me temo que sí. No tenemos opción.
—¿Qué hace Robert? Podría darle un trabajo en Sutton. Yo…
—Sabes que no aceptaría eso. Ya se están haciendo arreglos para la
mudanza. De alguna manera sentí que tenías derecho a saberlo.
—Lo aprecio, pero honestamente, estoy completamente atónito. A pesar
de que no pueda verla a diario, existía consuelo en el hecho de que se
encontraba a solo una ciudad de distancia.
—Pensaba que tal vez desearías verla antes de que nos fuéramos. Puedo
llevarla a un lugar público. Podríamos hacer que pareciera una coincidencia. No
podrían decirle sus nombres reales en caso de que mencione algo a su padre.
Su padre.
Esta conmovedora bomba que dejó caer me aturdió en silencio.
Genia continuó:
—Sé que Evangeline esperaba más, pero eso no será posible,
especialmente ahora que nos estamos mudando. —Hizo una pausa—. Robert
estará fuera de la ciudad mañana. Escoltará una excursión con mis hijas mayores.
¿Estarían disponibles? Podría preparar el almuerzo, encontrarme con Rose en un
parque de juegos en algún lugar entre las dos ciudades.
—Por supuesto, estaremos disponibles. No hay nada que tenga que hacer
que sea más importante. Solo déjanos saber la hora y el lugar. Estaremos allí.

Evangeline y yo llegamos temprano. No queríamos arriesgarnos a perder


240 nada del tiempo que nos fue asignado con ella. El sol brillaba sobre la goma azul
del patio de juegos. Podía ver nuestras sombras mientras nos sentábamos en uno
de los bancos alineando en el borde del parque.
Conseguimos café en el camino, y ahora Evangeline se hallaba
desgarrando la taza de poliestireno.
—No estés nerviosa.
—No puedo evitarlo —dijo, mientras seguía destruyendo la taza.
Vestía una falda y una camisa elegante, Evangeline se encontraba
demasiado arreglada para la ocasión. No dije nada porque sabía que eso la
hacía sentirse más segura; quería dar una buena impresión.
Mis propios nervios también me molestaban. Cerrando los ojos, escuché los
sonidos de las pelotas de baloncesto que rebotaban en la cancha cercana junto
con los niños jugando a la roña en el área de juegos.
De repente, el olor a perritos calientes me golpeó, incitándome a abrir los
ojos. Un camión de comida aparcó justo fuera de la cerca detrás de nosotros.
Me volví hacia ella.
—¿Quieres uno?
Sacudió la cabeza.
—No tengo apetito. ¿Tú sí?
—No. —Sonreí.
Unos minutos después, escuché su nombre antes de verla.
—¡Espera, Rose!
Sus trenzas negras se balanceaban de un lado a otro mientras ignoraba a
su madre y corría directamente a la torre que subía sobre el tobogán rojo.
Evangeline y yo nos levantamos del banco al unísono cuando Genia
Simonsen caminó hacia nosotros.
Sostenía una pequeña hielera y dijo:
—Lo siento. Ella tiene mente propia. Regresará cuando tenga hambre o
sed. ¿Cuánto han estado esperando?
—No mucho tiempo —mintió Evangeline. En realidad, llegamos tan
temprano que fuimos las primeras personas aquí.
—Hemos estado tan ocupados empacando para la mudanza. Está un
poco emocionada por estar fuera de casa.
—Me imagino —dijo Evangeline mientras se lamía los labios y mostraba una
rápida sonrisa falsa.
Tuvimos una conversación incómoda hasta que Rose corrió hacia nosotros.
—Mami, tengo sed.
241 Genia alcanzó la hielera.
—Aquí tengo tu agua.
Rose se la bebió antes de cerrar la tapa. No nos vio y empezó a irse otra
vez.
—¡Espera un momento, señorita! —gritó Genia tras ella—. Saluda a mis
amigos antes de que vuelvas a correr.
—Hola. —Hizo contacto visual conmigo en particular, entonces pareció
examinar mi brazo—. Te recuerdo.
—¿Lo haces?
—Ajá. Me ayudaste a encontrar mi pelota.
Guau.
—Está bien. Eso fue hace muchos meses. No puedo creer que me
recuerdes.
—Recuerdo la E en tu brazo.
Reí entre dientes mientras miraba el tatuaje de mi antebrazo.
—Eres muy ingeniosa.
—¿Qué significa la E?
Curioso por lo que diría, respondí con una pregunta:
—¿Qué crees que significa?
—¿Elmo?
Mientras los tres adultos reían de su respuesta, Rose se veía tan adorable
mientras permanecía allí confundida. Poco sabía que justo debajo de mi camisa
se encontraba un tatuaje de su propio nombre. Recientemente, tatué Rose sobre
mi corazón.
—La E representa a Evangeline.
Genia me miró con un leve gesto de advertencia. Olvidé que no debíamos
decir nuestros nombres. No pensaba. Evangeline también me miró, sorprendida
por mi respuesta. Asumió erróneamente que la E representaba a Elle; siempre
representó a Evangeline.
—¿Quién es Evangeline? —preguntó Rose.
—Alguien especial.
—¿Cómo tu perro?
—Algo como eso. ¿Tienes un perro?
—No. Mi mamá no nos deja tener uno.
Te compraría un perro.
Cualquier cosa que quisieras.
242 Se volvió hacia Evangeline por primera vez.
—Me gusta tu cabello.
—Gracias. Me gusta el tuyo también.
Tenían el mismo cabello.
De la nada, Rose se dirigió hacia el tobogán. Evangeline permaneció
quieta, pero no dejaba de mirar a Rose. Sospecho que pasaba por las mismas
emociones que yo la primera vez que conseguí ver a nuestra hija en persona. Una
cosa era pensar en ella, pero otra era ver tu carne y sangre justo delante de ti,
especialmente cuando era tan preciosa como Rose.
Continuando con los ojos fijos en Rose, Evangeline finalmente habló:
—¿Cómo maneja su discapacidad en general?
—Es todo lo que ha sabido, lo que de alguna manera lo hace más fácil
que perder la funcionalidad más adelante en la vida. —Mis pensamientos
inmediatamente se dirigieron a Elle mientras Genia continuaba—: Siempre la
hemos animado a no renunciar a las cosas que piensa que no puede hacer.
Como el béisbol. Eso tomó un tiempo, pero al final fue capaz de jugar casi
exactamente igual que los otros niños.
Asentí en acuerdo.
—Admiro lo que has hecho, animándola a ser lo mejor que puede ser.
Gracias.
—Gracias a ti por no pelear la adopción. No puedo decirte lo mucho que
significa para mí.
—¿Le vas a contar algún día? —pregunté.
—No estamos seguros.
—Tiene derecho a saber.
—Lo estamos considerando, pero no pronto.
—¿Nunca preguntó por qué se ve tan diferente de sus hermanas?
Antes de que Genia pudiera contestarme, Rose corrió hacia nosotros. Tenía
tierra por todas partes.
—¿Puedo tener mi Capri Sun?
—Eso es para el almuerzo. ¿Quieres sentarte y comer ahora?
—Sí.
Genia le entregó a Rose un sándwich de mantequilla de maní y jalea junto
con la bolsa de jugo. Tomando un lugar en el banco, comenzó a devorar su
almuerzo y luego se giró hacia mí con la boca llena.
—¿Por qué te nombran como un número?
—¿Qué quieres decir?
243
—Tu nombre... siete.
Genia abrió mucho los ojos.
—Nunca te he dicho mi nombre.
—Lo dijiste a mi papá una vez.
Olvidé que le dije a Robert mi nombre antes de que se llevara a Rose ese
día en el campo de béisbol.
—¿Cómo recuerdas eso?
—Es fácil recordar un número.
Se giró hacia Evangeline.
—¿Cuál es tu nombre?
Dudando, finalmente dijo:
—Sienna.
—Eso es bonito.
—Gracias. Rose también.
Rose hizo esta cosa de tararear mientras masticaba. En un momento,
Evangeline y yo, que estábamos obsesionados con ella, nos miramos y sonreímos
con una mirada que decía: ¿Nosotros hicimos eso?
Rose me entregó el resto de su sándwich.
—¿Quieres esto?
Genia se echó a reír.
—Rose, no creo que quiera comer tus restos.
—¿Estás bromeando? —bromeé—. ¡Me encanta la mantequilla de maní y
la jalea! —Lo tomé y atiborré mi rostro, haciendo ruidos que sonaban algo así
como el monstruo de las galletas. Rose se echó a reír.
Cuando su risa se calmó, casualmente balanceó sus piernas hacia
adelante y hacia atrás y dijo al azar:
—Nos estamos mudando a Origami.
—¿Oregón?
—Sí. Oregón.
—Lo escuché. ¿Cómo te sientes sobre eso?
—No quiero irme.
—Sé cómo te sientes.
—¿También te vas a mudar?
Ojalá.

244 No se dio cuenta de que me refería a mis propios sentimientos acerca de


su partida.
—No, pero me he mudado antes. Puede ser aterrador, pero cuando me
mudé a Kansas desde Oklahoma, conocí a algunas personas realmente
grandiosas que cambiaron mi vida. Pasaron cosas increíbles. No me arrepiento de
nada. Por un lado, si no me hubiera mudado, no estaría aquí contigo ahora
mismo.
Por supuesto, en realidad no lo entendió. No se suponía que lo hiciera.
—No estarías comiendo mantequilla de maní y jalea.
—Correcto... sí. —Sonreí—. Solo recuerda que a veces, algo bueno puede
salir de cosas que parecen mal o escalofriantes al principio.
—¿Cómo mi brazo? ¿Cómo me falta la mitad? ¿Algún día, estaré feliz con
eso?
Tuve que pensar en cómo responder a eso.
Incapaz de responder realmente a su pregunta, simplemente respondí:
—Vi la forma en que juegas béisbol. Deberías estar muy orgullosa de ti.
De manera típica, Rose saltó de pronto del asiento y se giró hacia Genia.
—¿Puedo jugar un poco más?
—Claro, cariño.
Corrió hacia el parque de juegos.
La observamos en silencio durante varios minutos mientras Genia
empacaba la hielera. En un momento, Rose se encontraba de pie en el fondo de
las barras, mirando hacia arriba. Veía a otra chica subir. Me rompió el corazón
porque parecía que quería tanto hacerlo.
Me levanté y corrí hacia ella.
—¿Quieres ayuda?
—Sí.
La levanté cuando agarró la primera barra con la mano derecha. Se dejó
colgar, y cuando empezó a perder fuerza, la equilibré un poco antes de moverla
hasta la siguiente barra. Se colgaría mientras su pequeño brazo pudiera
sostenerse en cada uno. Recorrimos las barras unas cuantas veces hasta que se
cansó.
—¿Qué piensas?
Se encogió de hombros.
—No fue lo que esperaba.
Incliné mi cabeza hacia atrás en risas ante su respuesta.
—Era más divertido cuando pensaste que no podías hacerlo, ¿eh?
—Sí.
245
Cuando rio, causó un dolor sordo dentro de mi pecho.
Genia agitó su mano hacia nosotros.
—Será mejor que nos vayamos, cariño.
El sol brillaba en los grandes ojos marrones de Rose mientras me miraba.
—No quiero irme.
Me dolía decir:
—Lo sé, pero tienes que escuchar a tu mamá.
Sintiéndome derrotado, caminé muy despacio con Rose de vuelta a la
banca donde Genia y Evangeline esperaban.
Rose bebía un poco de agua cuando jalé a Genia a un lado.
—Hay algo que me gustaría darte para ella antes de que te vayas. ¿Cómo
puedo dártelo?
—¿Qué es?
—Es una carta y una reliquia familiar. Si alguna vez decides decírselo, me
gustaría que lo tuviera.
—Puedo pasar solo para recogerlo en algún momento esta semana antes
de que dejemos la ciudad.
—Gracias. Realmente lo aprecio.
Rose corrió a una papelera de reciclaje para tirar su agua. Cuando volvió,
agitó su pequeña mano y dijo:
—Bueno... adiós. —Como si su partida en ese momento no estuviera a
punto de devastar nuestro mundo.
Genia se demoró, sabiendo que necesitábamos algo más que un adiós
casual.
—¿Puedo tener un abrazo? —pregunté. Sin esperar su respuesta, me
arrodillé mientras caminaba hacia mí y entraba en mis brazos sin vacilar.
Tan confiada.
Por favor ten cuidado, Rose.
Antes de enterarme de Rose, nunca vocalicé mis oraciones. Ahora, oraba
cada noche, pidiéndole a Dios que cuidara de ella. Tal vez nunca creí en Dios
hasta Rose. Fue mi primera prueba viviente de sus milagros: la personificación del
amor. Quizás para mí, Dios era amor.
Olía a mantequilla de maní y aire fresco. Enterrando mi nariz en su coleta,
traté de grabar su olor en mi memoria mientras oraba para que las lágrimas que
me picaban los ojos se fueran. No quería asustarla. Por mucho que estuviera
conteniéndome, otra parte de mí tenía el impulso de soltar: "Yo soy tu papá".
Siempre pensé que el amor que tenía por Evangeline era el tipo más fuerte; no se
246 comparaba con mi amor por Rose, que parecía infinito.
Ella era el verdadero amor de mi vida.
Juntando mis labios para recomponerme, acaricié los últimos segundos de
nuestro abrazo antes de alejarme.
Evangeline no había dicho una palabra en un rato. Me sorprendió cuando
preguntó:
—¿Puedo tener uno, también?
—Está bien.
La espalda de Rose se hallaba frente a mí, así que todo lo que pude ver
fue a Evangeline mientras cerraba los ojos tan fuertemente para alejar las
lágrimas. Cuando liberó a Rose, se giró tan rápidamente para secarse los ojos
antes de que alguien pudiera verlo.
—Cuídense —dijo Genia mientras tomaba a Rose por la mano, llevándola
al estacionamiento.
Evangeline y yo nos quedamos inmóviles, observando hasta que Rose
desapareció de vista en el auto.
Sabiendo que volverían a pasar por nuestro lugar para salir del
estacionamiento, me quedé en el lugar. Cuando pasó el Subaru verde, Rose nos
saludó una última vez desde el asiento trasero. Le sonreí, pero un segundo
después, cuando se fue, las lágrimas finalmente llegaron. Evangeline enterró su
rostro en mi pecho, y ambos soltamos todo lo que conteníamos.
Cuando la solté, limpié las lágrimas de sus ojos y dije:
—Volverá a nosotros algún día. Lo sé. Se lo dirán.
Sorbiendo, gritó:
—¿Y si nos odia?
—Entonces, explicaremos todo lo mejor que podamos.
Era demasiado fácil dejar que mi tristeza se convirtiera en ira. Ya no podía
vivir así. En cierto sentido, perder a Rose fue la última prueba de mi amor por
Evangeline. El amor incondicional no es posible sin el perdón. Si alguna vez íbamos
a seguir realmente adelante, existía algo que necesitaba decirle, aunque no
estuviera cien por ciento seguro de decirlo en serio. Tenía que ser dicho.
La atraje de regreso hacia mí y le susurré al oído:
—Te perdono.
Suspiró en mi hombro.
—¿Cómo puedes?
—Porque eso es lo mucho que te amo.
—Hoy realmente me he dado cuenta de todo lo que perdimos.
—Perdimos algo. Pero también ganó una familia que la ama... tres
247 hermanas. Es feliz. Eso cuenta.
Se soltó de mis brazos.
—Ella es feliz, pero ¿qué pasa con nosotros?
—Llegaremos allí. —Viendo la expresión de duda en su rostro mientras
miraba al suelo, puse mi mano en su barbilla, incitándola a hacer contacto
visual—. Oye. Eres suficiente para mí.
Esa seguridad se hizo más importante de lo que podría haber sabido.

En los años que siguieron, intentamos todo, pero Evangeline nunca pudo
quedar embarazada. Fue una triste ironía, considerando que su embarazo con
Rose tuvo un impacto tan profundo en el curso de nuestras vidas.
Un año después de que Rose se fue, Evangeline y yo nos casamos de la
misma manera que comenzó nuestra relación: solos en una loma cubierta de
hierba, siendo el único testigo la fresca brisa de Kansas. Evangeline llevaba dos
rosas, una por nuestra hija y otra por mi madre, junto con las hortensias azules, que
eran las flores favoritas de Elle. Una recepción siguió en la forma de una
barbacoa al estilo Texas en el patio trasero de Addy. Los pocos invitados
incluyeron a Emily y un tipo llamado Zachary, que la cortejaba. También
estuvieron presentes Luke y su nuevo novio, Alexander.
Nos quedamos sin hijos, viviendo una vida con la que imagino algunas
personas con niños ocasionalmente fantaseaban: comer mucho fuera, ir de
vacaciones, tener total libertad para hacer lo que queríamos, cuando queríamos.
Éramos Evangeline y yo contra el mundo. Habríamos dado cualquier cosa para
compartir nuestras vidas con un niño; simplemente no estaba en las cartas. Esa
era la espina clavada en nuestro costado para una vida de otra manera
hermosa. En muchos sentidos, la vida era como una rosa, hermosa, pero no sin el
sendero espinoso a veces doloroso que conduce a la hermosa flor roja. Si la flor
roja representaba lo mejor de la vida, entonces nuestra flor floreció en una tarde
común de lunes diez años después de nuestra cita del patio de recreo con Rose.
Evangeline salió a recoger el correo y entró en la casa con un sobre
temblando en sus manos. Cuando miré el nombre en la etiqueta del remitente,
todo tenía sentido.
Rose Simonsen.

248
27

Q
uerida Rose,
Si estás leyendo esto, obviamente tus padres te han dicho
la verdad.
Me resulta difícil resumir en una sola carta todo lo que
quiero decirte. Supongo que debería comenzar diciendo hola. Mi nombre es
Sevin Montgomery, y soy tu padre. Jesús, me siento como Darth Vader ahora
mismo. (¡Me acabo de dar cuenta, probablemente no sabes quién es!)
249 En realidad nos hemos visto un par de veces. No sé si recuerdas. Tenías
unos cinco, yendo a seis. La primera vez, perdiste una pelota en tu juego de T-ball,
y te ayudé a encontrarla. La segunda vez que nos reunimos, tu madre, Genia, te
trajo al parque justo antes de que te mudaras de Kansas a Oregón. Tu madre
biológica, Evangeline, también estuvo conmigo ese día. Genia te trajo al parque
para que te pudiéramos ver antes de mudarse. No sabías quiénes éramos
realmente. ¿Recuerdas las barras? Piensa de nuevo. Trata de recordar. Ese era yo.
De todos modos, probablemente te estás preguntando cómo tu madre y
yo pudimos abandonarte. Es una historia muy larga, no estoy seguro de que estés
lista. No tengo manera de saber cuántos años tienes al leer esto. Lo que puedo
decirte es que en ese momento, tu madre, Evangeline, sintió que no tenía otra
opción. Creía que tus padres te darían una vida mejor de lo ella podría. Prometo
explicarte todo honestamente algún día y responder a todas las preguntas que
tengas acerca de las circunstancias que llevaron a esa decisión.
Por desgracia, no me enteré de ti hasta varios años más tarde, poco antes
de la primera vez que nos vimos en el campo de béisbol. En ese momento, te
encontrabas feliz y establecida con tu familia adoptiva. Tus padres no se
encontraban listos para decirte la verdad, y no podía desgarrar tu mundo a
conciencia. Esa fue la única razón por la que no peleé contra ellos por ti, Rose.
Por favor, cree eso. No tenía nada que ver con no quererte. Luché largo y duro
con mi decisión.
Necesito que sepas que desde el primer momento que descubrí tu
existencia, me enamoré irremediablemente de ti. No ha pasado un día o pasará
que no esté pensando en ti y deseando que podamos estar juntos. Rezaré cada
día para que regreses a mí cuando tengas la edad suficiente para decidir si eso
es lo que quieres. Por favor, no te enojes con Evangeline por decidir darte. Ella te
ama mucho también.
Le di a tu madre, Genia, un anillo junto con esta carta. Era el anillo de
bodas de mi madre. Fuiste nombrada por ella, tu abuela Rose. En realidad, luces
exactamente como ella porque, bueno, te pareces a mí. Cada vez que se
suponía que debía darle el anillo a alguien, algo sucedió para evitarlo. Eso es
probablemente porque nunca fue para nadie sino para ti. Espero que llegues a
usarlo y que te recuerde lo mucho que eres amada.
Estoy muy orgulloso de ti, Rose. Si nunca he logrado otra cosa en esta vida,
eso sería lo suficientemente bueno para mí. Porque eres mi mayor logro. Tu
existencia es suficiente para alegrarme de haber nacido. Pasé gran parte de mi
vida preguntándome sobre mi propósito para estar vivo. Esa es otra historia para
otro día, también. Espero que tengamos ese día, pero la elección es tuya, mi
preciosa niña.
Esta carta no estaba destinada a molestarte. Y ciertamente no tienes que
verme ni a Evangeline si no quieres. (Tu madre y yo volvimos a estar juntos
alrededor del tiempo que te mudaste.) Solo sé que te amamos y siempre lo
haremos. Nuestra dirección es: 11 Briar Road en Dodge City, Kansas. No pienso
mudarme nunca, porque quiero que siempre puedas encontrarme. Hasta que
llegue ese día... Te amo.
250
--Papá (o Sevin... lo que prefieras.)
Limpiando mis ojos, volví a doblar la carta por enésima vez y la coloqué
dentro del sobre. Leerla nunca se hizo más fácil. La parte más reveladora fue el
hecho de que la tinta del lápiz azul sobre las últimas frases se encontraba
manchada. Parecía que fue golpeada por agua y me hizo preguntarme si una
lágrima cayó de sus ojos hacia el final, aterrizando en esas palabras.
Tuve mucho tiempo para repasar todo en la carta durante los últimos
meses. Probablemente tenía razón. Si mis padres me hubieran dicho que en
realidad no era su hija biológica cuando tenía cinco años, me habría devastado.
Mis hermanas, Janelle, Cassie y Trinity, eran todo mi mundo. A pesar de que
éramos inseparables, siempre me sentí diferente, debido a mis rasgos más
morenos. Por lo tanto, haber descubierto entonces que realmente no me
encontraba emparentada con ellos me habría destrozado. Puede que no fuera lo
suficientemente madura emocionalmente para entenderlo o aceptarlo.
Eso no quiere decir que descubrirlo a los dieciséis fuera mucho más fácil. No
quedó completamente claro para mí por qué dieciséis era el número mágico
para ellos. Mis padres me sentaron sola una noche después de mi juego de
softbol y me dijeron todo. Ni siquiera me había cambiado el uniforme.
Mis hermanas entraron más tarde a la habitación juntas como si fuera el
momento oportuno y se sumaron a la conversación después de que la
conmoción se desvaneció un poco. Todo parecía tan surrealista. Al mismo
tiempo, la inexplicable sensación de estar incompleta que sentí toda mi vida
ahora tenía sentido.
No existía duda sobre el hecho de que mi infancia fue bendecida. Después
de que mi padre tomó el trabajo en Oregón, las cosas resultaron más fáciles para
nuestra familia. Nos mudamos a una casa más grande, a un gran vecindario. Fue
la perfecta crianza americana. Sin embargo, algo no identificable siempre
parecía faltar. Tal vez, no pude identificarlo porque venía de lo más profundo de
mi alma.
La noche de la revelación de mis padres, mi madre entró en mi dormitorio
sosteniendo un sobre y una pequeña caja azul. Explicó que los artículos eran de
mi padre biológico y me preguntó si quería que ella se quedara en la habitación
mientras leía la carta. Preferí procesarlo sola, así que se fue.
No esperaba la conexión inmediata que sentí con él a través de sus
palabras. Lo que realmente no esperaba era descubrir que nos conocimos... y
que lo recordaba.
Lo recordaba.
No claramente. Pero recuerdo haber conocido a un apuesto desconocido
de cabello negro cuando era joven. Recuerdo que me ayudó en las barras.
Recuerdo que sentí una conexión con él pero no entendí por qué. No recuerdo
mucho de lo que se dijo. Tampoco podía recordar a Evangeline o lo como lucía
en absoluto.
Obviamente, la carta no me proporcionó toda la información, ya que
251 quedaba mucho por explicar. Todavía no sabía nada de lo que le sucedió a
Evangeline, que fue tan malo o a qué se refería cuando dijo que siempre se
preguntó por qué había nacido. Me hallaba agradecida, sin embargo, por las
respuestas que me dio la carta y por las incertidumbres que descartó. Sin ella,
podría haber asumido erróneamente que mis padres biológicos me dieron por
causa de mi defecto de nacimiento.
Cuando abrí la caja esa noche, en el interior se hallaba un pequeño pero
brillante diamante corte marquesa entre dos zafiros. Utilizando mi mano de
prótesis, lo coloqué sobre mi dedo anular derecho. Mi abuela debió tener dedos
delicados, porque encajó perfectamente.
Desde que descubrí la verdad, volví a leer la carta varias veces,
diseccionando hasta la última frase. Mis padres tenían claro que la elección de
cómo proceder era toda mía. Insegura de si me encontraba lista para enfrentar
todos los detalles de cómo llegué a ser, fue muchas semanas antes de que
conjurara el valor para llegar a él.

El auto se detuvo frente a la casa gris. Por lo poco que podía recordar de
Kansas, parecía que nada había cambiado.
En el patio lateral, vi a una mujer de cabello oscuro besando a un hombre
rubio mientras tomaban unas bebidas. Me alarmó. ¿Era Evangeline? ¿Le pasó
algo a Sevin? Le envié una carta hace unas semanas, acusando recibo de su
propia carta. Le pedí más tiempo para procesar las cosas y le prometí escribir de
nuevo. En su lugar, tomé la decisión precipitada de volar hasta aquí durante mis
vacaciones escolares. Mis padres se hallaban firmemente en contra de mi
llegada a Kansas sin llamar primero, pero no tenía su número y realmente solo
tenía que ver las cosas por mí misma.
—¿Este es el 11 Briar Road?
—Sí, este es. Llegamos —dijo el conductor—. Tienes mi número para
cuando quieras que vuelva y te lleve a la casa de tu tía.
Mis padres contrataron un servicio de autos para que me llevara desde el
aeropuerto hasta Dodge City. Insistí en venir aquí sola. Estuvieron de acuerdo
siempre y cuando me quedara con la hermana de mi madre en Spearville.
—¿Te importa esperar por unos minutos... en caso de que la persona que
quiero ver no esté en casa?
—Seguro. Solo envíeme un mensaje, hágame saber lo que quiere que
haga.
Me acerqué lentamente a la pareja besuqueándose. Mi corazón latiendo.
252 ¿Era mi madre?
—¿Hola?
—¿Puedo ayudarte? —preguntó.
—¿Sevin Montgomery vive aquí?
—¿Cuál es tu nombre?
—Rose.
Su boca se encontraba abierta mientras examinaba mi rostro.
—¿Has dicho Rose?
—Sí. ¿Quién eres tú?
—Emily... la hermana de Evangeline. —Miró ansiosamente detrás de su
hombro—. ¿Sabían que vendrías?
Mi tía.
—¿Sabes quién soy?
Sus ojos comenzaron a aguarse.
—Sí. Sí, lo hago. Yo... me enteré hace poco... como hace muy poco. Oh mi
Dios. —Se cubrió la boca y repitió—: Oh, Dios mío. No puedo creer esto. —
Entonces, de repente me empujó en un abrazo. El hombre junto a ella parecía
muy confundido. Todavía nerviosa, se volvió para presentarlo—. Um... lo siento,
este es mi marido... um...
—Zachary —le recordó.
Lo saludé con la mano antes de preguntar:
—¿Dónde están?
Emily todavía examinaba mi rostro cuando dijo:
—Están dentro preparándose para traer la comida. Estábamos a punto de
cenar fuera.
Apunté mi pulgar hacia el auto que esperaba.
—Puedo regresar.
—¿Estás bromeando? —Extendió las manos para impedir que me fuera—.
¡No te muevas! Quédate ahí mismo. —Siguió murmurando mientras se alejaba—:
Oh Dios mío. Oh Dios mío.
Zachary y yo nos sonreímos torpemente mientras esperábamos en silencio.
Mi garganta se sentía seca. Realmente necesitaba un vaso de agua. Mis
pensamientos corrían. ¿Qué iba a decir? ¿Lo llamaría Sevin? ¿Señor Montgomery?
¿Ella… Evangeline? ¿Estaban casados? ¿Señor y señora Montgomery? No... Los
llamaría Sevin y Evangeline.
Me encontraba quitando nerviosamente pedazos de pelusa de mi vestido
cuando escuché pasos y levanté la mirada. Mi corazón latía más rápido.
253 Él sostenía su mano mientras ambos salían corriendo antes de detenerse
para contemplarme.
Las dos personas que me dieron la vida.
Evangeline era increíblemente hermosa, su largo cabello negro atado en
un nudo desordenado. Sostenía una cuchara de madera que parecía que tenía
Cool Whip en ella, un indicio de que fue literalmente sacada de la cocina. Alzó su
temblorosa mano a su boca y se congeló, mientras Sevin se acercaba a mí
lentamente.
Ahogando lágrimas, puso sus manos sobre mis hombros y me miró durante
mucho tiempo antes de susurrarme:
—Hola, Rose.
Mis propias lágrimas realmente me tomaron desprevenida cuando me
atrajo hacia él. Su corazón latía con fuerza contra el mío cuando empezó a llorar.
No sabía lo que el futuro traería, ciertamente no cuando se trataba de una
relación con Evangeline. Aunque existía tanto que todavía no sabía, había
algunas cosas de las que me encontraba segura. Uno, este hombre me amaba.
Dos, estas lágrimas borraron la tinta de esa carta. Tres, ya no existía ninguna duda
en mi mente acerca de cómo llamarlo.
Cuando se apartó, miré sus brillantes ojos y contesté, no con mi cabeza,
sino con mi corazón.
—Hola, papá.
Sobre la Autora
Penelope Ward es una de las
escritoras más vendidas del New York Times,
USA Today y # 1 del Wall Street Journal.

Creció en Boston con cinco hermanos


mayores y pasó la mayor parte de sus
veintes como presentadora de noticias de
televisión. Penélope reside en Rhode Island
con su esposo, su hijo y su hermosa hija con
autismo.
Con más de un millón de libros
vendidos, ha sido de las más vendidas del
New York Times en diecisiete ocasiones y
autora de más de quince novelas,
254 incluyendo RoomHate que alcanzó el # 2 en
la lista de best-sellers del New York Times y el
número 1 en la lista de best-sellers del Wall
Street Journal. Otros bestsellers del New York
Times incluyen: Stepbrother Dearest,
Neighbor Dearest, Drunk Bastard, Stuck-Up Suit, Playboy Pilot y Mister Moneybags
(los últimos cuatro escritos conjuntamente con Vi Keeland).
255