TEOLOGÍA PRÁCTICA
UNA PROPUESTA PARA UNA TEOLOGÍA DE LA
MISIÓN
(REFLEXIONES EN TORNO A LA OBRA DE C. FLORISTÁN, “TEOLOGÍA PRÁCTICA”)
Angel Hernández Bravo
CCRR - UNIVERSIDAD SAN DÁMASO - MAYO 2018
Introducción
El Papa Francisco habla en Evangelii gaudium (EG) básicamente de la necesidad de renovar el
encuentro personal con Jesucristo (EG3), desde el ser uno con Él, que es el nucleo esencial de la
identidad de cristianos, evitando la gran tentación actual: la mundanidad espiritual. Esta mundanidad
está asociada asociada a dos tipos de comportamientos negativos: el neo- gnosticismo, es decir,
fundamentar todo en base a una experiencia subjetiva y racional que busca solamante la satisfacción;
y el neo-pelagianismo, es decir, la confianza en las propias fuerzas y en un cristianismo basado en
cumplir las normas, seguir métodos, fundarse en el puro activismo (EG93). Ambos comportamientos son
una manifestación de inmanentismo antropocéntrico que entorpecen e incluso imposibilita la acción
evangelizadora.
Estos comportamientos se reflejan en la Iglesia de modos diversos pero un modo especialmente grave
es el mal endémico que consiste en una polarizacíon de posturas de los miembros de la Iglesia, ya
sean laicos, religiosos o clérigos, de forma que unos se centran en la pura reflexión teológica y el puro
espiritualismo, con una desconexión tremenda respecto del mundo, mientras que otros se sumergen
en la actividad frenética, en una desconexión, mas o menos amplia, de la Fuente de donde todo
mana.
La reflexión teológica sobre la acción de la Iglesia, lo que se conoce como teología pastoral, se ha
desarrollado tras el Concilio Vaticano II , un concilio que en si mismo es eminentemente pastoral, gracias
a una nueva comprensión de la Iglesia como Pueblo de Dios en el mundo y para el mundo. Después del
Vaticano II el objetivo de la acción pastoral no es simplemente que crezca la Iglesia, sino que los cristianos
en estado de comunión eclesial y de comunidad cristiana ejerzan su misión en la sociedad para que el
mundo sea ya desde aquí y ahora, con esperanza escatológica, el Reino de Dios.
Existen diversas aproximaciones dentro de la Teología Pastoral que tratan la conciliación praxis-
espiritualidad en la evangelización, pero me ha parecido de especial valor la que presenta Casiano
Floristán en su obra Teología Práctica, y será la que se exponga a continuación.
La relación de la Iglesia con el mundo, sobre todo con el hombre situado en la periferia y el descartado
es esencial en la comprensión de la acción pastoral. Se habla a menudo de la “práxis”, un término que
procede de filosofías escatológicas laicas, pero que aplica prefectamente en la teología pastoral ya
que lo propio de su campo de reflexión es la acción de los cristianos. Podemos hablar de “teología
práctica” como posible vía de solución a la doble tentación mundana que plantea el Papa Francisco.
“La teología práctica se mueve en el universo de lo que acontece, utiliza la inducción para deducir después,
articula su propia reflexión en diálogo con el dato revelado teológicamente entendido, formula sus
objetivos, tiene en cuenta el magisterio y aterriza en el campo de los imperativos cristianos mediante
distintos proyectos; es teología inductiva”1.
Es preciso reconstruir la evangelización reordenado todo lo bueno que hay en la Iglesia, siguiendo los
pasos que empezó Juan XXII “quien nos enseñó a mirar lejos, soñar el futuro de nuestro pasado y dar un
salto hacia adelante”2.
La praxis de Jesús como modelo de la acción pastoral cristiana
La actividad de Jesús, relatada por los evangelios como praxis, debe ser considerada como modelo de la
acción pastoral de la Iglesia. La vida de Jesús se orienta a introducir a sus discípulos en la experiencia
del Misterio de Dios, para que sean capaces de mostrarlo a todos los hombres, de manera análoga a
esa vida.
La fe se expresa de acuerdo a las imágenes que se tienen de Jesucristo, imágenes que dependen
originariamente de la educación cristiana familiar, la catequesis parroquial, la formación religiosa escolar,
la predicación , etc. , y tambien por la influencia cultural y social. En el fondo de toda experiencia
cristiana reflexiva late una determinada cristología. C. Floristan señala dos concepciones cristológicas
básicas en cierto modo contrapuestas3:
- Una cristología pastoral deductiva o descendente , de fundamento metafísico, que corre el
peligro de hacer que la Iglesia esté más centrada en su problemática interna y su
autosustentación. Cristo se entiende como el Verbo encamado y el punto de arranque es la
divinidad de Jesús. Es una cristología con acento teórico preocupada por el lenguaje teológico
1
C. FLORISTAN, Teología Práctica, Ed. Sígueme, Salamanca (1991) 9
2
C.M. GALLI, Dios vive en la ciudad, Ed. Ágape, Buenos Aires (2011) 3
3
C. FLORISTAN, Teología Práctica, Ed. Sígueme, Salamanca (1991) 32
que ha impregnado el ministerio cristiano con categorías que han sido interiorizadas por el mismo
pueblo cristiano, tales como la resignación, la expiación y el poder. Lo más característico e
irrenunciable de Jesús de Nazaret, que es la cruz, se ha convertido frecuentemente en
justificcación de la resignación: Jesús es sustituido por la imagen de la cruz como plegarse a la
voluntad del Padre para afrontar el sufrimiento: “ El cristiano, a imitación de Cristo, debe
padecer…la idea del sacrificio expiatorio o de la expiación de valor infinito lo envolvía todo”.4 Es
una cristología que se mueve en el ámbito de una Iglesia que actúa y reflexiona a la defensiva
respecto de la Sociedad.
- Una cristología ascendente, inductiva, que tiene en cuenta el proceso genético que siguieron los
apóstoles desde su comprensión de Jesús de Nazaret a la comprensión del Cristo resucitado.
Tiene talante de inserción en el entorno socio-cultural. Cristo se entiende desde el Padre y desde
el Reino, y el punto de arranque es la humanidad de Jesús o el Jesús histórico para llegar a su
resurrección y hasta Dios Padre, a quien revela. Es una cristología con acento práctico preocupada
más que la anterior por el lenguaje pastoral5.
Las imágenes de Jesús en el pueblo cristiano que ha confesado durante siglos su fe en Cristo sin mayor
dificultad, pueden ser un punto de partida muy útil para un analisis en profundidad de la teología que
se necesita para evangelizar en los nuevos tiempos. Tal vez sean algunas de ellas, de aguna forma,
un lastre para la evengelización, y otras, sin embargo, una herramienta, para la Iglesia en salida que
propone el papa Francisco.
A menudo se parte de un Jesús deducido de los evangelios literalmente entendidos, debido a una falta
absoluta de un conocimiento de la Biblia. Han sido entendidos como relatos históricos que narran los
hechos tal como meras biografías de Jesús y, sin embargo, dentro del evangelio atraen poderosamente
la atención los milagros, que impresionan al pueblo, quizá porque los necesita. El cristianismo se ve a
veces como una religión de los milagros, en la que Jesús es para los sencillos el Señor de los milagros.
Tambien puede observarse otro rasgo de la imagen habitual de Jesús: Jesús en el fondo es sólo Dios, el
cual ve y actúa a través de Cristo, que no es del todo hombre como nosotros, pues su humanidad es
4
Ibid., 33
5
Ibid., 34
apariencia. Se trataría de un docetismo o monofisismo latente: Rahner afirmó que el pueblo católico, en
el fondo, posee un monofisismo latente ya que cree sólo en la naturaleza divina de Jesús6.
Tambien se advierte la imagen un Jesús que padece para darnos ejemplo. La primera imagen del
crucificado fue gloriosa, siendo la cruz la victoria sobre la muerte, el pecado y el demonio; pero a partir
del s. XI se propagan rápidamente en las iglesias románicas las tallas de Cristo que pasan de la serenidad
de su rostro y el sosiego de todo su cuerpo, a mostrar el sufrimiento del crucificado con rostro dolorido,
imagen del «varón de dolores». Se trata de un Cristo sufriente, marginado y condenado que se ha
convertido en el centro de la religión de los oprimido. Es modelo de paciencia, resignación y obediencia.
Relacionado con esto último se percibe un Cristo Salvador que expía los pecados y nos da el cielo tras
un mundo que equivale a un valle de lágrimas. Su imitación pasa por arrepentirse y no pecar, comportarse
de acuerdo a los mandamientos, frecuentar los sacramentos, alcanzar una buena muerte y entrar en el
cielo, de forma que la vida es ocasión de hacer méritos y de vivir en gracia.7
Jesús es objeto de fe como resucitado y en los evangelios se le asignan títulos acuñados dogmáticamente
como Cristo, Mesías, Señor, Salvador o Hijo de Dios. Esto puede hacer olvidar el contexto histórico de
Jesús de Nazaret, que también es hombre, la plenificación del hombre. Tampoco podemos caer en la
tentación opuesta consistente en reducir la perspectiva pastoral al Jesús histórico, olvidando el
acontecimiento Pascual. Jesús no es un sacerdote del Templo ni tampoco un escriba (que eran los que
mejor conocían la Sagrada Escritura, que en sentido moderno serían los teólogos). Por el contrario,
Jesús era visto por los discípulos como un "rabí", un maestro, si bien en los evangelios (no así en el
resto del NT), se le muestra como un "profeta" del Reino de Dios. Jesús mismo aceptó ser tenido como
profeta al afirmar que poseía el pleno Espíritu de Dios (Mc 3,28), algo que encajaba perfectamente en el
profetismo judío. Pero la ruptura esta en que es profeta de la llegada inminente del Reino de Dios8,
considerando Reino (Basileia) en sentido dinámico de que Dios realiza la justicia; un reino que aparece
como presente y venidero a la vez (Lc 17,21) .
La práxis de Jesus tiene una característica esencial y diferencial, que se encuentra ensu especial
relación con los discípulos. La comunidad prepascual de discípulos que formó Jesús es modelo
6
K. RAHNER, Se trata de una famosa frase de Karl Rahner, muy citada, pero no he encontrado el origen exacto.
7
C. FLORISTAN, Teología Práctica, Ed. Sígueme, Salamanca (1991) 37
8
Ibid., 42
fundamental del nuevo Pueblo de Dios, que es lo mismo que decir, el lugar teológico del que se origina
la Iglesia. Ante la inminente llegada del Reino, Jesús reune al pueblo para constituirlo como nuevo Pueblo
de Dios.
En primer lugar, se origina por una llamada de Jesús a un grupo de personas, del judaismo periférico en
muchos casos, incluso muchas mujeres y paganos, que creen en Él, le siguen y se convierten de su
circustancia existencial anterior (cambian de vida). En segundo lugar, Jesús pide una adhesion a su
persona, a compartir su misión, a dar incluso la vida por amor. En tercer lugar, esos discípulos forman
una comunidad de vida que actúa como el Maestro en un mundo lleno de injusticias, un mundo que
pretenden liberar.
El concepto de Pueblo de Dios es propuesto ya en el Concilio Vaticano II como lugar teológico de
evangelización (LG9) y lo enlaza a esa práxis originaria de Jesús. La evangelización9 , “que resume toda
la misión de la Iglesia… consiste en realizar la traditio Evangelii”10, es decir, en la fidelidad a esa práxis
originaria de Jesús. Existe una conexión fundamental entre el concepto de Pueblo de Dios y la
humanidad de Cristo. El principio pastoral de la encarnación surge de una analogía fundada con la
doctrina del Concilio de Calcedonia acerca de la dualidad de naturalezas en la única Persona de Cristo, y
que muchas veces se reduce solo a una de ellas, según a la tentación a la que se ceda.
Ya al final del siglo pasado se ahondó en esta perspectiva hasta el nivel socio-religioso, recuperando
las raíces espirituales de la cultura y retomando la tradición eclesial, dando origen a lo que ha ido
evolucionando en algunos países de América Latina como la teología del Pueblo de Dios11. El
Documento de Puebla dice: “la Iglesia, Pueblo de Dios, cuando anuncia el Evangelio y los pueblos acogen
la fe, se encarna en ellos y asume sus culturas. Instaura así no una identificación sino una estrecha
vinculación con ella”12. Jesús hace conectar a su Iglesia con la dimensión religiosa de la cultura a donde
es enviada y la hace ubicar en el fondo etico‑cultural de un pueblo concreto: "el ámbito en el que se
desenvuelven las grandes imágenes rectoras, los símbolos más sensibles del alma de un pueblo y que
9
EN24
10 CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, “Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización”
(3/12/2007), L’Osservatore romano, 21/12/2007, 11.
11
GALLI, ibid. 83
12
III CONFEREGENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO, Documento de Puebla, 1979, DP 400
define el origen que nutre el imaginario colectivo, configurando así las representaciones básicas del
propio mundo, es decir, el núcleo ético‑religioso de la cultura"13.
La práxis de Jesús tiene una dimensión profundamente humana, pero ligada a su divinidad de forma
profética, y se manifiesta básicamente en sus acciones: los milagros, el perdón, la comunidad de mesa,
…. Con estas acciones va enseñando Jesús una forma de actuar precisa, de manera que lega a sus
discípulos los principios básicos de una práctica alternativa a la respuesta anterior a la Alianza, que es la
práctica del Reino y la base de una vida común en la Iglesia 14.
La práxis cristiana en el seno de la Iglesia
La práxis de Jesús quedó inmediatamente incorporada a la práctica de la Iglesia primitiva constituida
por los primeros discípulos tras aquel Pentecostés de la historia. La Iglesia primitiva se mueve en el
ámbito de judaísmo, y comparte su mismo carácter proselitista, que despierta también un fuerte
atractivo por su profunda espirituaidad y forma de vida de elevada y moralidad en un entorno muy
laxo , en los que llama la atención la fraternidad y la celebración comunitaria. Pero también desata
una profundo rechazo por la extrañeza en un conjunto de comportamientos sociales e individuales
que eran vistos con suspicacia por la sociedad y los poderes públicos, cosa que en los tiempos
actuales también ocurre.
Casiano Floristan utiliza una imagen plástica para definir la práxis pedagógica de Jesus asumida por la
Iglesai usando tres niveles:
a) Caridad o práctica de las manos: El primer nivel tiene relación con las manos, mediante las
cuales Jesús curó a enfermos y repartió el pan a hambrientos, es el nivel de la vida concreta,
podriamos decir incluso el nivel económico. Jesús educa a sus discípulos en actitud de donación
con un amor universal (Lc 6, 27-38).
b) Esperanza o práctica de los pies: es el camino de esperanza que recorren los seguidores de
Jesús, que son sus discípulos. Los evangelios narran la actividad de Jesús a lo largo de un itinerario,
en forma de subida, desde Galilea a Jerusalén; una manera de realizar la autoridad como diaconía
13
GALLI, ibid. p 85
14
C. FLORISTAN, Teología Práctica, Ed. Sígueme, Salamanca (1991) 49.
de masas, como servicio implicando una igualdad fundamental entre todos los hombres y como
poder verdadero.
c) Fe o práctica de los ojos o a la mirada. Ver con ojos de fe equivale a conversión o cambio de
valores. Frente al temor, Jesús suscita libertad; frente al miedo, confianza, y frente al egoísmo,
generosidad.
Esta práctica se traduce en una acción pastoral de la Iglesia como comunidad de creyentes en Jesús y en
su evangelio, y se configura en sus orígenes entorno a la koinonia, al estar juntos en comunión 15. La
pastoral se estructura en torno a tres pilares:
1. La misión evangélica (servicio de la palabra), en base al kerigma cristiano y la predicación del
mensaje evangélico.
2. La celebración litúrgica (servicio sacramental), en la que culto se manifiesta como reunión para
celebrar la cena del Señor y el resto de los sacramentos (Bautismo, perdon, uncion de
enfermos..).
3. La comunidad eclesial (servicio de comunión), comunidad cristiana que parte de la enseñanza de
los apóstoles (Didajé), y que vive la koinonía (comunión de vida, de bienes, etc) entorno a la
fraccion del pan y la oración.
Se trata de una comunidad fundamentalmente doméstica y fraternal, y su acción pastoral se enmarca
en esa forma de trabajar16. En la época patrística el cristianismo tiene un sello misionero por el cuidado
que ponen los obispos en la transmsión de la fe y el mantenimiento del catecumenado que tiene una
cuidada estructua de itinerario, desde la conversión primera hasta la entrada en la Iglesia y la vida plena
en la Iglesia como vivencia y goce en el misterio de Dios(mystagogia). Este sello misionero se refleja en
el cuidado que ponen los obispo en la proclamación de la fe y el cuidado exigente del catecumenado.
Contrariamente a la oración posterior, individualista y subjetiva, abstracta y psicológica, la liturgia antigua
tiene el sentido de la objetividad, muestra predilección por lo concreto y se expresa de forma
contemplativa.
15
Ibid., 60
16
Ibid., 70
En este tiempo patrístico, la palabra y la vida sacramental no son mera protección de la vida ética, como
ocurre más tarde, sino su verdadero fundamento. Para los Padres, ser santo es imitar a Cristo desde la
palabra y la gracia sacramental; no es un ejercicio ascético sino un quehacer profético y litúrgico17.
Pero a partir de s VII la Iglesia ya no es madre sino reina y se confunde con el Imperio o el estado, no
se entiende ya el latín, se desvía el sentido del culto, se individualiza la penitencia, todos los bautismos
son de niños y la misa se hace privada. Con todo, podemos ver retoños vivos en la época escolástica,
pero a pesar de la fidelidad de ciertos teólogos y místicos a una visión cristocéntrica, sacramental y
espiritual de la Iglesia, lo que más incide en la conciencia eclesial son los aspectos societarios y jurídicos.
Los aspectos especulativos y sistemáticos se introducen en la catequesis, convirtiéndola muchas veces
en pura retórica eclesiástica18. La pastoral se convierte en mero trámite ad-intra y solo se esfuerza
en la misión ad-extra en las tierras de misión que se colonizan. La Acción Pastoral de la Iglesia se va
esclerotizando hasta que el Concilio Vaticano II, cristalizando muchas voces que clamaban en el seno
de la Iglesia, propone un cambio radical que se ha ido concretando desde entonces, por una vuelta
a la acción pastoral del la Iglesia primitiva y la época patrística, aunque son muchos siglos de inercia
los que lastran este cambio.
La teología pastoral llega a su culmen en el postconcilio de la mano de K. Rahner, aunque había
comenzado ya a mediados del s XIX de autores como [Link] y otros 19. La teología práctica, como se
llamaba entonces, no nace del interés práctico de la teología, sino de la consideración fundamental
sobre la Iglesia al edificarse a sí misma. Es lo que ahora el papa Francisco considera la esencia misma
de la Iglesia, la Iglesia en salida que se configura como Iglesia encomunión misionera (EG23).
Equilibrio entre reflexión ad-intra y acción ad-extra en la Iglesia
El cristianismo puede ser interpretado como un modo de actuar (ortopráxis) antes que como un recto
pensar (ortodoxia). Otros lo entienden al reves. Ahora bien, entender la vida cristiana como un obrar
según el evangelio significa aceptar la acción como categoría central. En determinados momentos
17
Ibid., 89
18
Ibid., 93
19
Ibid., 113
históricos ha habido sectores de Iglesia han sido más sensibles a la exactitud del decir (formulación de
verdades) que a la rectitud del hacer (transformación de la sociedad)20.
Algunos cristianos piensan que se ha abusado del concepto griego de verdad, es decir, una adecuación
de la mente a la realidad por el conocimiento, y que se ha abandonado el sentido bíblico de verdad que
es llevar a cabo la justicia por el compromiso, con el hombre y con el mundo. Se interpreta la realidad de
un modo idealista, expresando las esencias metafísicas inmutables y despreciando los elementos
contingentes, desestimando así la acción del hombre en el mundo.
Otro sector cristiano interpreta la praxis de otra manera: Jesús no propuso ningún modelo revolucionario
de praxis concreto: “Se hizo praxis y en este ‘hacerse’ pascual exhaló el Espíritu transformador a la
humanidad entera, a través de una comunidad y de unas sucesivas comunidades, que en un lugar concreto
y en su totalidad se llaman Iglesia. Lo que Jesús demanda a sus discípulos son actos que incidan en la
realidad para transformarla y liberarla, al mismo tiempo que se sitúan ellos mismos en la conversión”21,
verificada y verificable, o testificable, por la acción y por la praxis. Si la Iglesia como comunión de
creyentes, se aleja o desentiende de la acción, no sólo vive fuera del mundo sino que deja de ser Iglesia.
El concepto de verdad en nuestros días está en crisis: el pragmatismo marxista considera verdadera
solo la acción eficaz, el existencialismo considera que la verdad depende exclusivamente del proyecto
y la decisión del hombre concreto, etc. Todo estos tipos de verdad se ha alejado del modo judeo-cristiano
de entender la verdad, la cual reside nuclearmente en la persona. La verdad cristiana se ubica en la
persona de Jesús (“Yo soy la verdad”) y Dios es verdadero porque cumple lo que promete, de manera que
“verdad” significa “fidelidad”, fidelidad que se comprueba a través de los hechos históricos. Es decir,
según el concepto bíblico de verdad, ésta no solo se piensa sino que se practica. El criterio verificador
de la verdad es el amor o caridad efectiva, y la ortodoxia se cumple en la ortopraxis: “en la praxis cristiana
se actúa siempre de nuevo en la historia el evento salvífico de Cristo y en esta actuación crece el
conocimiento de la fe”22.
20
M. D. CHENU, Ortodoxia - Ortopraxia, en Varios, Al servicio teológico de la Iglesia, Santander 1975, 49-60
21
C. FLORISTAN, Teología Práctica, Ed. Sígueme, Salamanca (1991) 184
22
Ibid., 185
La acción pastoral es una práctica que actualiza la praxis de Jesucristo a través de la acción de la Iglesia,
tal y como ocurría de forma mas evidente que ahora en la primeras etapas del cristianismo. La
teología, por lo tanto, consiste en reflexionar sobre las intervenciones de Dios entre los hombres a través
de Jesucristo y el Espíritu, y, consecuentemente, a través de la Iglesia que ha pasado a compartir su
misión por ser sacramento e instrumento de Cristo y del Espíritu.
Como la teología es un acto reflexivo o teórico, es también un acto segundo: antes de tener una teología
se tiene un cristianismo, hay una acto de fe. Han surgido diversas teologías orientadas a la acción,
como la Teología de la Liberación, que suscitaría problemas con el Magisterio, o la Teología del Pueblo,
a partir de los documentos de la CELAM de Puebla y Aparecida, cercana al papa Francisco. Se trata no
de observar el mundo y contemplarlo, sino de encarnarse en el mundo, purificarlo y transfigrarlo
con la verdad de Jesuscristo.
El Dios de la revelación cristiana no es un dios filosófico sino el Dios vivo y operante, que no se muestra
como el Otro totalmente distinto, sino como Aquél que lo cambia todo, como la clave última de lo real.
Es Jesús de Nazaret,manifestado históricamente, identificado en el decir y en el hacer, pues su revelación
esta formada palabra y obras intrisecamente ligadas. El papa Francisco alerta sobre esta tentación
intelectualista de entender y ejecutar la acción de la Iglesia (EG92). La reflexión, el conocimiento, la
teología en último término debe ser “conciencia crítica de la praxis eclesial y mundana a la luz de la
palabra de Dios”23.
Se debe tener en cuenta que no existe una práxis propiamente cristiana, sino más bien una práxis
humana ejercida por cristianos. Incluso la acción cristiana por antonomasia, que es la eucaristía, se
visualiza a través de una comida, un gesto humano, y sólo por la fe podemos decir que es praxis cristiana.24
Pero precisamente aquí está la clave, la presencia de Cristo y el Espíritu, sacramentalmente, plenifican
y transfiguran una serie acciones que son puramente humanas. La tentación neo-pelagiana que
muestra el papa en la Evangelii Gaudium consiste en olvidar la diferencia entre práxis humana y acción
de la Iglesia, en fundarse en la autocomplacencia de las propias fuerzas y en el cumplimento de unas
normas o unas actividades . Es cierto que al margen de la experiencia no hay revelación posible, pero
no es menos cierto que la mediación de la Iglesia, que presta su carne a Cristo, no debe ser pura
23
B. FORTE, La teología como compañía, memoria y profecía, Salamanca 1990,157
24
C. FLORISTAN, Teología Práctica, Ed. Sígueme, Salamanca (1991) 190
actividad ni puro cumplimiento, sino una actividad contrastada, o mejor entretejida, con la Revelación,
es decir, en la Sagrada Escritura y la Tradición. Casiano Floristán considera que esta reflexión, el
conocimiento teológico, debe usar un método diferente al usado antes del concilio, que era un
método neoescolástico, de tipo regresivo, esto es que partía de las definiciones conciliares y del
Magisterio y reconstruía hacia atrás hasta la patrística y la Escritura.
En el concilio Vaticano II el método es genético-progresivo y corresponde a la visión de la teología como
reflexión de los textos bíblicos, tiene en cuenta a los Padres de la Iglesia y, finalmente, reflexiona a la luz
de los concilios y del magisterio. Sin embargo, existe un cierto peligo de considerar la Escritura como
un momento del pasado, peligro que debe evitarse si se quiere construir una teología práctica,
fundamento de una teología pastoral que sirva de base a un Iglesia que se construye sobre al misión.
La tarea actual de la teología debe ser una correlación crítica y mutua entre la tradición cristiana y la
interpretación de nuestra vida individual y social, traduciendo la Palabra de Dios al mundo de nuestra
experiencia. El Evangelio tiene sentido para nosotros, para la situación actual, para todos los problemas
que nos afectan. Al margen de la experiencia no hay revelación posible.25.
La reflexión necesita analizar nuestro mundo actual y percibir, y comprender, las estructuras constantes
de la experiencia fundamental cristiana en la Sagrada Escritura y en la tradición posterior. La Iglesia
necesita la inteligencia de la fe y de la caridad, cuyo sujeto es el creyente que se debate por comprender
su fe y vivir en continua conversión.
Una Teología Práctica como fundamento de la nueva evangelización
La teología práctica es hermenéutica, es decir, genera un interpretación de la realidad humana actual
según la dinámica de la fe cristiana o a la luz del evangelio. Par a ella el sujeto de la historia es la humanidad
entera, cuyo fundamento es para el creyente la humanidad de Dios manifestada en Jesús de Nazaret. En
la teología práctica pueden distinguirse tres momentosinterpretativos correspondientes a la
hermenéutica de la situación humana, a la hermenéutica de la tradición cristiana y a la hermenéutica
cristiana de la situación de los hombres26.
25
Ibid., 197
26
Ibid., 200
Es una reflexión práctica ya que pretende servir. La esencia de la Iglesia en salida es el sevicio, el
verdadero poder, el Reino, es el servicio como ciencia de salvación». Es constatable la insuficiencia de
la hermenéutica teológica tradicional basada en el conocimiento del pasado y en las limitaciones que
posee el análisis lingüístico aplicado a la teología27. El mensaje cristiano se dirige a la acción y debe crear
modelos operativos y reflexionar, desde la fe, sobre el hombre, la sociedad y la Iglesia, y debe tomar
metódicamente la praxis de la comunidad cristiana y la experiencia vivida en esta praxis como punto de
partida para su reflexión. Métodos de reflexión como el métodos inductivo de revisión de vida (ver-
juzgar-actuar) son los apropiados porque parten de los hechos concretos, los ilumina con la Escritura,
la Tradición y el Magisterio, y genera propuestas de acción28.
Conclusión
La sabiduría de la Iglesia, madre y maestra, acrisolada a lo largo de los siglos a la luz del Espíritu y el
amor a la Eucaristía nos debe perimitir tener herramientas par salir a ofrecer a todos la vida de
Jesucristo. Hay que formar parte de la Iglesia que propone el papa Francisco : “una Iglesia accidentada,
herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de
aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine
clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y
preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de
la amistad con Jesucristo” (EG49).
Demos una respuesta al mandato de Cristo: «¡Dadles vosotros de comer!» (Mc 6,37). La Teología
Práctica de C. Floristán nos lleva a reordenar el esfuerzo reflexivo de la Iglesia y de los cristianos que
la constituimos, hacia una eficaz acción de la Iglesia en salida.
27
Ibid., 200
28
Ibid., 202