18 - NO PROPER Guerras Mitriádicas (Arrecaballo)
18 - NO PROPER Guerras Mitriádicas (Arrecaballo)
Orígenes
Según Plutarco, Antígono uno de los diádocos que controlaba una parte del imperio de
Alejandro tenía por uno de sus asistentes a Mitrídates, el hijo del gobernador de Cíos.
Siendo Mitrídates de la misma edad y amigo de Demetrio I de Macedonia. El padre de
Demetrio, Antígono, asesinó al padre de Mitrídates en su ciudad de Cíos en el año 302
AC, posiblemente para evitar su unión a la liga de Casandro y sus confederados. Antes
de que Antígono pudiese asesinar a Mitrídates con el fin de evitar posibles venganzas,
fue advertido por su amigo Demetrio hijo de Antígono. El joven Mitrídates, huyó esa
noche de Capadocia y se refugió con algunos partidarios en la fortaleza de Cimiata, en
Paflagonia. Tras la derrota de las fuerzas de Antígono y Demetrio en la batalla de Ipso,
Mitrídates expandió su dominio por el Ponto y libró combates continuos contra los
seleúcidas por espacio de 20 años hasta asumir, en 281 AC. el título de rey (basileus).
Durante su reinado, Mitrídates I firmó una alianza con la ciudad bitinia de Heraclea
Póntica para concederle protección contra Seleuco I Nicátor. Fue sucedido por su hijo
Ariobarzanes y enterrado en un mausoleo real ubicado junto a Amaseia, la capital inicial
del reino. Todos los reyes del Ponto tendrían sepultura junto a él hasta la conquista y
conversión de Sinope en capital en el año 183 AC.
Mitrídates II (250 – 220 AC), al poco de acceder al trono, su reino se vio invadido por
los gálatas, que fueron expulsados con éxito. consumó la política de acercamiento con
los seléucidas casándose con Laodicea, hija de Seleuco II Calinico, recibiendo la
provincia de Frigia como dote. En el año 222 AC, entregó en matrimonio a su hija, la
princesa póntica Laodicea, a Antíoco III. En 220 AC. inició una guerra contra la rica
ciudad griega de Sínope, que contó con ayuda enemiga enviada desde Rodas. La
aventura militar terminó en fracaso, y por esa época Capadocia se independizó del
Ponto bajo su rey Ariarates IV.
Mitrídates III (220 – 184 AC) se casó con una oscura princesa seléucida llamada
Laodice, y hay muy pocos datos de su reinado.
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Farnaces I (184 – 170). La fecha de sucesión no se puede fijar con certeza, pero en todo
caso es anterior a 183 AC, año en que conquistó la importante ciudad de Sinope, que
había sido objeto de ambición por sus antecesores en el trono. Los rodios enviaron una
embajada a Roma, protestando por la agresión, pero sin resultado. Se vio envuelto en un
conflicto con su vecino Eumenes II de Pérgamo, que llevó a algunos enfrentamientos, y
a repetidas embajadas de ambos a Roma. En la primavera de 181 AC, sin esperar la
vuelta de su embajador, Farnaces atacó a Eumenes II y a Ariarates IV de Capadocia, e
invadió Galacia con una numerosa fuerza. Eumenes también se puso al frente de su
ejército, pero las hostilidades se suspendieron pronto con la llegada de los enviados del
Senado Romano, dispuestos a investigar las causas de la disputa. Se acordaron
negociaciones en Pérgamo, pero sin resultado, y las demandas de Farnaces fueron
rechazadas como no razonables. La guerra continuó hasta 179 C, cuando Farnaces,
incapaz de hacer frente a las fuerzas combinadas de sus enemigos pidió la paz, viéndose
obligado a ceder sus conquistas en Paflagonia y Capadocia, a excepción de Sínope.
Mitridates IV Filopator (170 – 150 AC) envió una fuerza en auxilio de Átalo II de
Pérgamo, contra Prusias II de Bitinia, importante acontecimiento que señala el
comienzo de la política amistosa del Ponto con Roma y sus aliados.
Mitridates V Evergetes (150 -121 AC) Siguió con su política amistosa con Roma
iniciada por su antecesor, Colaboró con barcos y una pequeña fuerza auxiliar en la
tercera guerra púnica (150 – 146 AC), y posteriormente prestó plena asistencia en la
guerra contra Aristónico (131/0 AC). Por sus servicios a Roma fue recompensado por el
cónsul Manio Aquilio con la provincia de Frigia. El senado rescindió las actuaciones del
cónsul, acusado de soborno, pero Mitrídates mantuvo la posesión de Frigia hasta su
muerte. También incrementó el poder de su reino por el matrimonio de su hija Laodicea
con Ariarates VI de Capadocia. Murió asesinado en Sínope en una conspiración de su
entorno inmediato, que posiblemente incluía a miembros de su familia.
Mitridates VI Eupator (150 – 120 AC). Creció en la ciudad póntica de Sinope, siendo el
primer hijo de Mitrídates V y Laodice VI. Cuando su padre fue asesinado en 120 AC,
envenenado en un banquete, abandonó el reino, dejando el gobierno a su madre,
Laodice VI, y a su hermano menor, Mitrídates Chrestus. Ni él ni su hermano estaban en
edad de gobernar, y la madre actuó como regente, del 120 al 113 AC.
Mitrídates VI volvió a Ponto entre 116 y 113 AC, depuso a su madre y a su hermano, y
los metió en prisión, donde posiblemente murieron. Poco después se casó con su joven
hermana de 16 años, Laodice del Ponto. Había recibido una educación muy amplia y se
decía que hablaba veintidós lenguas.
Su reinado personal comienza en 112 AC, cuando tenía unos 20 años de edad. Rodeado
de consejeros griegos y contando con un poderoso ejército, retomó de inmediato la
política expansionista de su padre, intentando unificar todas las tierras a orillas del Mar
Negro: Bitinia, Táurica y Capadocia. Con los recursos necesarios y un ejército capaz,
inició un programa de expansión principalmente en la dirección opuesta a los dominios
romanos. Rápidamente se apoderó de la Cólquida. Extendió su poder por las costas
septentrionales del mar Negro donde, seis siglos antes, se habían establecido ciudades
griegas en lo que es ahora la península de Crimea, formando el Reino del Bósforo, al
que tomó como protectorado en el año 115 AC debido a su incapacidad de defenderse
ante las incursiones escitas. Afirmó la dominación del Ponto sobre Galacia y Capadocia
y formó una estrecha alianza con el reino de Armenia.
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Pudo hacer todo esto sin la intervención romana, pues la atención de Roma estaba
puesta en Yugurta, en el norte de África. No tenía tiempo para preocuparse por un
reyezuelo oriental que combatía en montañas y costas remotas.
La leyenda más conocida de Mitridates VI, es la la pasión con los venenos, se dice que
experimentaba con prisioneros, y que él mismo se inmunizó en un intento por
protegerse de posibles envenenamientos, acostumbraba a experimentar los efectos de
los tóxicos con delincuentes convictos y consigo mismo, buscando un antídoto que lo
mantuviera a salvo de posibles intentos de asesinato, lo cual encontró en el mitridato,
una mezcla de sustancias vegetales y animales atribuida a su invención, que le permitió
inmunizarse. Según cuenta Apiano en Historia romana, cuando fue derrotado por
Pompeyo, Mitrídates VI intentó suicidarse ingiriendo veneno para evitar su captura por
los romanos, pero al estar inmunizado debió recurrir a uno de sus oficiales para que le
provocase la muerte a espada. Dión Casio y Juniano Justino, también hacen referencia a
su resistencia al veneno. Aulio Cornelio Celso, enciclopedista romano del siglo I AC,
recogió en su obra ”De Medicina” la composición del Mitridato o Mithridatium.
Las guerras Mitridáticas fueron llevadas a cabo entre el rey Mitridates VI y la República
Romana fueron 3 y se extendieron a lo largo de 30 años.
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Reino del Ponto con Mitridates VI
El Ponto limitaba al noroeste con el reino de Bitinia, que un siglo antes había sido el
último refugio de Aníbal Barca, y que ahora era aliado de los romanos. Al sur estaban
Galacia y Capadocia, cuya historia era semejante a la del Ponto. Galacia era llamada así
porque tribus galas que habían invadido Asia Menor dos siglos antes se habían
establecido allí. Al este desde el mar Negro hasta el Caspio, al sur de las elevadas
montañas del Caúcaso, estaba Armenia.
Sociedad póntica
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La información disponible, salvo de los últimos reyes pónticos, es muy escasa y
fragmentaria. Existen importantes epígrafes y la coincidencia de que el antiguo
historiador Estrabón fuera natural de Amasia, la antigua capital del Ponto.
Las costas de Anatolia llevaban siglos recibiendo la influencia griega a través de las
numerosas colonias que allí se establecieron. Son destacables las dos ciudades que
fueron capitales del Reino del Ponto: Amasia y Sinope.
El reino del Ponto se caracterizó por una marcada distinción entre la clase rural y la
urbana. La distancia social entre las clases altas y las bajas fue acentuada por las
diferencias culturales prevalentes entre ellas. Las ciudades costeras estaban plenamente
helenizadas; en cambio, solo se puede especular que en algunas zonas rurales penetró la
civilización griega. Los territorios montañosos lejanos a la costa siguieron aferrándose
tenazmente a sus antiguos lenguajes, costumbres y formas de vida. Sin lugar a dudas, el
Ponto es un ejemplo más de la propagación de la cultura helénica después de las
conquista de Alejandro en otras regiones bárbaras. Esto también afectó a la concepción
e idea de la realeza, que se vio envuelta en círculos griegos cada vez más influyentes y
poderosos, terminando por adoptar las pautas de educación y los criterios sucesorios que
predominaban en las grandes dinastías macedonias. Sin obviar la permanencia de ciertos
rasgos ancestrales, que permanecieron posiblemente con vistas a legitimar al heredero
respecto a la nobleza irania y al conjunto de población indígena, en particular la rural, a
la que gustaba ver en el rey la encarnación tradicional de la soberanía, al margen de
unos cambios que afectaban ante todo a algunas élites de la sociedad póntica.
La cultura del Reino del Ponto fue una síntesis entre la civilización irania y la helénica,
conservando elementos de la época persa e introduciendo otros nuevos procedentes del
helenismo. Hubo una evolución gradual hacia este último. Se especula con que, al no
tener una lengua propia, se hablaba una amplia variedad de lenguas procedentes de
algunas regiones de Anatolia, armenio, cario, frigio, griego, gálata, lidio, licio, pisidio,
sidético o tracio Sin embargo, a partir del siglo III AC, la región se considera muy
helenizada, por lo que es probable que el griego fuese entonces el idioma predominante.
Es posible que los descendientes de la aristocracia persa utilizasen el persa antiguo, un
dialecto iranio de la rama suroccidental, emparentada con el medo, perteneciente a la
noroccidental.
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imagen mítica de la infancia de Mitrídates VI, llena de tópicos comunes a los reyes
fundadores de grandes imperios, debiendo superar numerosas pruebas, pasar un periodo
de ascenso, demostrar su capacidad y su control sobre los elementos naturales, combatir
con fieras, todo ello con el fin de crear una imagen de ser divino elegido y predestinado
a la gloria.
Ejército póntico
Es evidente que el ejército póntico, cuyos gobernantes eran de origen persa, pero
fuertemente helenizados, estaría compuesto por guerreros de estilo griego y guerreros
estilo persa.
El ejército antiguo, en los inicios del año 300 AC, era probablemente todavía en gran
medida del estilo persa. Podría haber contado con lanceros, arqueros a pie protegidos
por sparabaras, mercenarios montañeros como las tropas ligeras de asalto y
mercenarios griegos tipo hoplita o falangita. Las unidades de élite serían probablemente
del estilo de los takabara reales y los kardaces. La caballería póntica caballería estaría
compuesta por arqueros a caballo, reclutados entre los escitas e incluso sármatas de las
estepas pónticas. También contaría con jinetes locales de Capadocia.
En los últimos tiempos, a partir del 150 AC, el ejército póntico estaba muy influenciado
por el ejército seleúcida, alcanzando su mayor poder en el reinado de Mitrídates VI.
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Unidades de élite pónticas: carros de guerra con conductor y acompañante, caballería
pesada posiblemente la Agema o guardía real, arqueros a pie y falange hoplita. Autor
Ángel García Pinto
Los ejércitos de Mitrídates VI del Ponto eran muy diversos y habían evolucionado con
el tiempo. Durante sus primeras campañas tropas de Mitrídates eran bastante similares a
los de cualquiera de los reinos asiáticos de la época helenística. El núcleo de sus
primeros ejércitos eran los escudos de bronce, muy probablemente contratado de entre
las poblaciones griegas del Ponto o mar Negro, y estaban armados como falangitas
macedonios tradicionales, ya que la población griega de Ponto era relativamente
pequeña, es probable que fuera suplementada con contingentes de Asia, principalmente
los leucosyri una de las tribus más pobladas del Ponto.
También es muy probable que hubiera tenido como unidades agema o guardia personal
como los reyes persas o los sucesores o epígonos. Mitrídates estaba muy orgulloso de
mostrar su herencia asiática no parece improbable que también hubiera tenido una
unidad de guardia específica siguiendo el modelo de los persas. Los eunucos eran
comunes también en el Ponto, y aunque es posible que no formaran sus propias
unidades pero definitivamente actuaron como agentes de Mitrídates y para vigilar el
harén y la mujer real, que podría ser una unidad históricamente como “guardia eunuca“.
Por último, unidades catafractas sármatas actuaron como la caballería de élite de
Mitrídates.
La mayoría de los ejércitos pónticos se hicieron con hombres de todas partes de Asia
Menor con sus sus propias fortalezas y debilidades. Los paflagonios era común ser
empleados como caballería e infantería ligeras. Los mosynoeci, eran diestros en
emboscadas, pero iban poco protegidos y se utilizaban con infantería ligera. Los
chalybes eran expertos en el trabajo del metal y tenían buen armamento y corazas, se
usaban como infantería pesada. Los estados del Ponto y el resto de Asia Menor podrían
haber proporcionado a sus propias tropas para ayudar a los reyes del Ponto. Y las tribus
caucásicas de las montañas orientales habrían proporcionado algunas excelentes tropas
de montaña, pero con poca disciplina.
La caballería era considera lo mejor de los ejércitos del Ponto, tenían unidades
especificas de caballería griega (posiblemente caballería de ciudadanos) y especificas
asiáticas de arqueros a caballo, pero no contaba con catafractas, estos eran mercenarios
contratados.
Infantería ligera
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Contaba con tropas ligeras o peltastas eran reclutados principalmente en Paflagonia y
Frigia y en las montañas del Caucaso como íberos, albanos, georgianos.
Infantería pesada
Falange falangita
En cuanto a la infantería pesada contaba con falanges tipo falangita armados con
sarisas, Plutarco los describe ”Los bárbaros (pónticos) extendieron hacia adelante sus
largas astas, y trataron de apretarse entre sí, para mantener su primera línea unida y
compacta, mientras que los romanos les arrojaban sus pila”. Les había de dos tipos la
mercenaria que era muy superior y los katoikoi o locales, que eran muy inferiores.
Infantería póntica. En primer plano un falangita con las dos secciones de la sarisa,
seguido de un thureoforos o y detrás infantería ligera tracia. Autor Jose Daniel Cabrera
Peña
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Falange hoplita
Los había también locales y mercenarios, iban armados del escudo u hoplón y lanza de
acometida.
Argiraspidos
Eran los sucesores de los hipaspistas, más ligeros y maniobrables que los falangitas y
hoplitas, solían actuar como la guardia real de infantería, estaban acuartelados en Sinope
y su número sería 3.000 como en los ejércitos seleúcidas.
Tureóforos
Machiraphoroi
Eran unidades locales equipadas y entrenadas como las legiones romanas. Fueron
utilizadados por primera vez durante la Segunda Guerra Mitridiatica. Algunos de ellos
eran esclavos libres, justo en el mismo concepto que las legiones de Mario, pero la
mayoría eran reclutas armenios, como ha dicho Apiano. Sus equipos eran similares a
los romanos, pero llevaban xyphos como arma principal, junto con dos pilum, y como
escudo ovalado o thureos, también llevaban cota de malla. Su instrucción no era
equiparable a la de los romanos, su instrucción mejoró mucho con la llegada del general
sertoriano Marco Valerio. Su acción fue decisiva en la batalla de Ennium (61 AC) en el
que flanqueaban la falange bajo el mando Farnaces.
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Machiraphoroi eran unidades pónticas equipadas y entrenadas como las legiones
romanas, llevan un yelmo tipo póntico, pilum y cota de malla. Autor Ángel Gracía Pinto
Caballería ligera
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Caballería ligera póntica. Eran en su mayoría mercenarios escitas de la región de Mardia
Caballería pesada
Estaba formada de forma similar a los reyes seleúcidas, serían unos 3.000 y
compondrían la élite de la caballería, eran arqueros-lanceros, y no irían tan protegidos
como los catafractas, llevando sólo protección petral. Se puede considerar mas bien una
caballería media.
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Lanceros
Catafractas
Estos famosos jinetes pesados eran probablemente los mercenarios más costosos, pero
eran realmente impresionantes, eran bien sármatas o bien armenios que eran muy
similares a los partos e iban montados en caballos niseos. Los caballos pesar del peso
que tenían que soportar, seguían siendo rápidos y ágiles, utilizaban su temible kontos
como arma principal, e incluso una espada o maza en el cuerpo cuerpo a cuerpo. El
jinete y caballo estaban completamente revestidos con una armadura de escamas, que
era ligera y flexible, pero impenetrable para cualquier arma arrojadiza, llevaban el típico
yelmo compuesto sármata de forma cónica.
Carros de guerra
Mitridates contaba con una unidad de élite de 150 carros de guerra falcados parecidos a
los que se habían usado en el ejército seleúcida. Aunque ya estaban totalmente obsoletos
al comienzo de las guerras Mitridáticas, eran una antigua tradición del este, preservada
por tanto por el reino del Ponto como por los seléucidas, probados con éxito muchas
veces contra contra ejércitos poco disciplinados o desprotegidos, necesitaban de terreno
llano y despejado para su utilización. El puesto del conductor estaba revestido con
placas de hierro y paneles de madera, y el propio piloto estaba fuertemente protegido.
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Carros de guerra pónticos. Eran de tipo falcado con guadañas en los ejes y varias lanzas
al frente y a los lados para evitar que los enemigos se acercasen.
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Primera Guerra Mitridática (90 – 85 AC)
Edad Antigua Guerras Mitridáticas Primera Guerra Mitridática (90 – 85 AC)
Antecedentes
El reino que heredó de su padre estaba ubicado en las costas orientales del Mar Negro
de la actual Turquía. Mitrídates ambicionaba expandirse hacia las vecinas Bitinia y
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Capadocia. Pero como no quería soliviantar a Roma hasta ser lo suficientemente fuerte
concentró sus conquistas hacia el noroeste, en las costas de la Cólquida (en la actual
Georgia) y más al norte, hacia el Quersoneso (Crimea, Ucrania).
Cuando tuvo suficiente poder, atacó y destituyó del trono a su vecino Nicomedes III de
Bitinia, protegido de Roma. El senado romano, receloso de la descomedida ambición de
Mitrídates mandó restituir al rey bitinio. El joven rey del Ponto, conocedor de su
inferioridad frente a las legiones, accedió a someterse al designio de Roma, e incluso
colaboró enviando auxiliares. Pero el gobernador de Asía, Manio Aquilio, exigió una
indemnización para el rey Nicomedes, petición a la que Mitrídates contestó que él
mismo era acreedor de Roma, pues había sobornado a numerosos senadores y no
pensaba pagarla.
Manio Aquilio y Lucio Casio no iban a esperar la respuesta de Mitrídates. Sin esperar a
que el senado o el pueblo decidieran acerca de una guerra de tanta magnitud, reunieron
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un ejército procedente de Bitinia, Capadocia, Paflagonia y Galacia, e incitaron a
Nicomedes rey de Bitinia a invadir el Ponto.
Dividieron dividieron las fuerzas en dos ejércitos cada uno con unos 40.000 infantes y
4.000 jinetes, Nicomedes mandaba otros 50.000 infantes y 6.000 jinetes. También
disponían de una flota, al frente de la cual estaban Minucio Rufo y Cayo Popilio, en las
proximidades de Bizancio, para custodiar la entrada del Ponto (Mar Negro).
Aquilio avanzaría desde la línea fronteriza de Bitinia y Galacia donde se uniría con
Mitridates; Casio se dirigiría desde Capadocia y se uniría a Opio otro general, en las
montañas de Capadocia para saquear la zona.
Mitridates tenía 45 años de edad, y escasa experiencia de combate. Para la batalla que se
avecinaba, el rey del Ponto tomó el mando personalmente de las tropas que se estaban
reuniendo en Sinope.
Según Apiano, la riqueza del reino se reflejaba en las armas y armaduras del ejército del
Ponto: cascos y petos de bronce forjado, espadas con empuñaduras ricamente
adornadas, escudos adornados con valiosa pedrería, etc.
Como comandante supremo de su ejercito, Mitridates iba a decidir qué estrategia se iba
a seguir y qué actitud tomar en la batalla, aunque contaba con la colaboración de dos de
sus mejores generales que eran hermanos Arquelao, que tenía cierta experiencia en
combate con los romanos, y Neptolemo, que había derrotado a los escitas en su propio
territorio, puso a su hijo Arcatio, al mando de la potente caballería armenia, al general
Dorileo el mando de la falange de los mercenarios griegos y Crátero mandaba los 130
carros de guerra falcados.
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Nicomedes al frente del ejército bitinio que contaba con 50.000 infantes y 6.000 jinetes,
cruzó la frontera y avanzó hacía el río Amnias (actual Gok, afluente del Halis, Asia
Menor).
Arquelao inmediatamente mandó una pequeña fuerza para hacerse con una pequeña
elevación que dominaba el campo de batalla, pero fueron rechazados por las fuerzas de
Nicomedes. Realizaron otro ataque pero fueron rechazados, siendo obligados a retirarse.
Las fuerzas de Nicomedes estaban desorganizadas con el avance y los carros falcados
hicieron una masacre, segando miembros de los infantes causando una gran impresión
entre sus tropas.
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Carros falcados o escitas de Mítridates. Llevan el león, símbolo del rey.
Aquelao aprovechó la ocasión y atacó por el centro con su infantería ligera para fijarla
hasta que llegase la infantería pesada. La caballería de Nicomedes se retiraró a
Paflagonia, donde pudo unirse al ejército romano de Manio Aquilio.
La infantería pesada no tuvo tanta suerte, los jinetes y carros les atacaron por
retaguardia, siendo derrotados y prácticamente exterminados, menos un pequeño
contingente que se rindió al rey del Ponto al anochecer. La falange de Dorileo apenas
entró en combate.
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Aquelao se hizo con el campamento enemigo, una gran cantidad de dinero y muchos
prisioneros, que las tropas de Nicomedes habían saqueado en sus incursiones en
Armenia y el Ponto.
Encantado con su victoria, Mitridates hizo llevar a su presencia a los varios miles de
prisioneros que sus tropas habían capturado. En un sorprendente gesto, decidió ponerlos
en libertad y permitir que volvieran a sus hogares. Entregó a cada uno de ellos
provisiones, ropas y algunas monedas para facilitarles el viaje de regreso. Sorprendidos
por el benevolente acto de Mitridates, los prisioneros recién liberados aclamaron a
Mitridates como Eupator, “buen padre“, y volvieron a sus hogares preocupándose de
gritar a los cuatro vientos el comportamiento clemente del rey.
Tras haber sido derrotado Nicómedes en las cercanías del río Amnias, se replegó hacia
el campamento de Manio Aquilio que se encontraba en el Monte Scorobas, en el límite
entre Bitinia y el Ponto.
Manlio Aquilio se estaba retirando hacía la fortaleza de Protofacio, pero fue alcanzado y
obligado a presentar batalla. Mitridates atacó por ambas alas con su caballería, (50.000
escitas y armenios) derrotando a los 5.000 jinetes y atacando a la infantería por
retaguardia. Aquilio huyó dejando 10.000 muertos y 300 prisioneros, a los que, de
manera similar, Mitrídates, cuando los llevaron a su presencia, dejó ir libres, ganándose
así el favor popular entre sus enemigos.
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Caballería póntica. Lanceros pónticos con kontos o lanza de acometida sujeta con
ambas manos
El campamento romano fue capturado, pero Aquilio consiguió huir hasta el río
Sangario, lo atravesó al llegar la noche y se puso a salvo en Pérgamo.
Casio, Nicomedes y los demás generales romanos se trasladaron el campamento a la
Cabeza del León, que era una plaza fuerte de Frigia perfectamente protegida. En ese
lugar se dedicaron a reclutar e instruir a una muchedumbre de artesanos, campesinos y
particulares entre los frigios. Pero, como se mostraban reacios para la milicia,
desistieron de conducir al combate a unos hombres ineptos para la guerra y, tras
licenciarlos, se retiraron: Casio con su ejército a Apamea, Nicomedes a Pérgamo y
Mancino hacia Rodas.
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Mitrídates.
El general romano Aquilio fue entregado por la ciudad de Pérgamo: ”No mucho tiempo
después, cogió prisionero a Manio Aquilio, máximo responsable de la embajada y de
esta guerra, y lo llevó atado sobre un asno, proclamando, ante todos los que lo veían,
que se trataba de Manio, y finalmente, en Pérgamo vertió oro fundido sobre su boca
para censurar a los romanos su venalidad. Tras designar sátrapas para varios pueblos,
prosiguió su con alegría por todos. Los efesios incluso destruyeron las estatuas
romanas que había entre ellos, por lo que no mucho después sufrieron un castigo. A su
regreso de Jonia, se apoderó de Estratonicea, le impuso una multa e introdujo una
guarnición en la ciudad. En ella vio a una joven de gran belleza y la añadió a su lista
de esposas. Su nombre, si alguien tiene curiosidad por conocerlo, era Mónima, la hija
de Filopemen. A aquellos de los magnesios, paflagonios y licios que se oponían
todavía, los combatió por medio de sus generales“.
De todas las regiones y aliados griegos, solamente los rodios mantuvieron fieles a
Roma. Lo que provocó que los pónticos emprendiesen la guerra contra ellos, tanto por
mar como por tierra, pero sin conseguir conquistar la ciudad. Después de fracasar en sus
planes de invadir Rodas, escribió a todas las ciudades griegas de Asia instruyéndolas
para que asesinaran a cualquier ciudadano romano que hubiese en Asia. Según las
fuentes históricas alrededor de 80.000 personas fueron ejecutadas en unas jornadas
conocidas como las “Vísperas asiáticas“. Tras la rápida y exitosa expansión del Ponto,
buena parte de la Grecia continental que estaba igualmente bajo el yugo de Roma apoyó
a Mitrídates.
Tras esto, Arquelao fue enviado a Grecia para tratar de levantarla también contra Roma.
En Atenas logró colocar a Aristión como tirano títere y tanto el Peloponeso como
Beocia y Macedonia hicieron tratos de amistad con Mitrídates. Tan sólo el el general
romano Bruto Sura, frenó a Aquelao en Macedonia, evitando que todo el territorio se
pasara al enemigo.
Entretanto, los rodios fortificaron sus murallas y sus puertos y colocaron máquinas de
guerra por todas partes, les ayudaban algunos telmiseos y licios. Todos los italianos que
habían escapado de Asia se reunieron en Rodas y, con ellos, Lucio Casio, el procónsul
de Asia. Cuando Mitrídates navegó contra ellos, destruyeron los arrabales de la ciudad,
para que no fueran de utilidad al enemigo y se hicieron a la mar para librar un combate
naval con unos barcos dispuestos para atacar de frente y otros, de costado. Pero el rey,
que navegaba alrededor de los suyos con una quinquerreme, ordenó a sus barcos que se
desplegaran por las alas hacia alta mar y que, forzando la remadura, envolvieran a los
enemigos, pues eran inferiores en número. Por último, los rodios, ante el temor de verse
rodeados, se replegaron poco a poco, y después, haciendo virar sus barcos, se refugiaron
en el puerto, lo cerraron con barreras y combatieron a Mitrídates desde las murallas.
Éste trasladó su campamento cerca de la ciudad, intentando continuamente forzar los
puertos; pero, como fracasó en dicho propósito, aguardó a que estuviera presente la
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infantería procedente de Asia. Mientras tanto, tenían lugar cortas y continuas
escaramuzas con los que estaban apostados sobre las murallas; al llevar en ellas los
rodios la mejor parte, recobraron poco a poco su confianza y prepararon las naves para
atacar a los enemigos, si se les presentaba la ocasión.
Cuando una nave de carga de la flota real pasó navegando a vela junto a ellos, avanzó
contra ella una nave rodia de dos bancos de remos. Al acudir con presteza en auxilio de
éstas otras naves de ambos bandos, tuvo lugar un fuerte combate naval en el que
Mitrídates agobiaba al enemigo por su ímpetu y el número de barcos, pero los rodios
rodearon y embistieron a sus naves con tal habilidad, que regresaron a puerto llevando a
remolque una trirreme con su tripulación y muchos mascarones de proa y despojos del
enemigo. En otra ocasión, al ser apresada por los enemigos una quinquerreme, los
rodios, desconociendo este hecho, mandaron a buscarla a seis de sus barcos más rápidos
bajo el mando de Damágoras. Mitrídates envió contra él a veinticinco naves y
Damágoras se mantuvo en retirada hasta la puesta de sol. Pero, cuando, al oscurecer, las
naves del rey dieron la vuelta para emprender el regreso, las atacó, hundió a dos, a otras
dos las persiguió hasta Licia y regresó a puerto después de pasar la noche en el mar.
Éste fue el resultado del combate naval entre los rodios y Mitrídates, desenlace
inesperado para los rodios, a causa de su escaso número de barcos y, para Mitrídates,
por el gran número de los suyos. En esta acción, cuando el rey navegaba en torno a sus
barcos y apremiaba a los hombres, una nave de Quíos, debido a la confusión, chocó
contra el barco de aquél con un fuerte impacto. El rey entonces fingió no darse por
enterado, pero después castigó al piloto y al segundo de a bordo y, desde aquel
momento, siempre mantuvo su odio hacia los de Quíos.
Por aquellos mismos días, un fuerte viento de Cauno se abatió contra las naves de carga
y trirremes que transportaban las tropas de infantería de Mitrídates y las desvió hacia
Rodas. Los rodios se hicieron a la mar rápidamente y, atacándolas cuando todavía
estaban perturbadas por la tempestad y diseminadas, apresaron a algunas, perforaron
otras con los espolones, a otras las quemaron y cogieron 400 prisioneros. Por este
motivo, Mitrídates se preparó para otro combate naval y para un asedio al mismo
tiempo. Construyó una sambuca, enorme máquina de guerra que transportó sobre dos
naves. Algunos desertores le indicaron una colina fácil de escalar, donde estaba situado
el templo de Júpiter Atabirio, rodeado de un muro bajo. Embarcó, por consiguiente, a su
ejército en las naves durante la noche y dio escalas a otros, ordenándoles que avanzaran
cada uno en silencio, hasta que algunos les hicieran una señal con fuego desde el monte
Atabirio, y que, entonces, todos a la vez, con el máximo ruido que pudieran, atacaran
unos los puertos y otros trataran de forzar las murallas. Así pues, ellos se aproximaron
en un silencio profundo, pero los centinelas rodios, dándose cuenta de lo que ocurría,
hicieron una señal con fuego y el ejército de Mitrídates, pensando que esa era la señal
del monte Atabirio, hicieron un ruido enorme, tanto los que llevaban las escalas como
los de las naves. Pero los rodios no se amedrantaron ante ellos, sino que prorrumpieron,
a su vez, en otro clamor igual y corrieron en tropel hacia las murallas. Las fuerzas
pónticas no llevaron a cabo ningún intento esa noche y, al día siguiente, fueron
rechazadas.
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Asedio de Rodas 88 AC por las fuerzas de Mitridates VI rey del Ponto, se puede
apreciar la famosa sambuca utilizada por los pónticos. Autor Adam Hook
Lo que más temor causaba a los rodios era la sambuca que había sido arrimada junto a
las murallas, por donde estaba el templo de Isis, y disparaba, a la vez, muchos
proyectiles, arietes y dardos. Además, soldados, en numerosos barcos pequeños,
navegaban a su alrededor con escalas para trepar a las murallas por ella. Pero los rodios
también resistieron con firmeza este ataque, hasta que la máquina empezó a vencerse a
causa del peso y pareció que una aparición de Isis lanzaba una gran cantidad de fuego
contra ella. Y Mitrídates, habiendo perdido también la esperanza de este intento, se
retiró de Rodas.
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Sila en la primavera del 87 AC, desembarcó en Dirraquio con cinco legiones y algunos
auxiliares de infantería y caballería. Sin perder tiempo marchó con sus tropas
atravesando Grecia, mandando por delante a Lúculo, que se entrevistó con Bruto Sura,
comandante romano de la zona que se unió a él. Tras esto se entrevistó con embajadores
de ciudades de Beocia, que inmediatamente se unieron a la causa. Inició una marcha
hacia Atenas, tratando de evitar su inferioridad en caballería.
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Primera Guerra Mitridática. Campaña en Grecia (87 – 86 AC)
Asedio de Atenas
Cuando llegó a Atenas puso asedio al Pireo defendido por Arquelao y Atenas
gobernadas por el tirano Aristión, una marioneta del rey del Ponto. La política de tierra
quemada llevada a cabo por Aristión y la consiguiente carencia de madera para
construir máquinas de asedio, llevó a Sila a ordenar talar todos los árboles en cien millas
a la redonda, quedando el Ática arrasada, entre los árboles talados se encontraron los
centenarios de la famosa Academia.
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Atenas y el Pireo. Autor Peter Connolly
Mientras Sila iba cerrando su cerco sobre Atenas, los populares retomaron el poder en
Roma, pero continuó con el cerco que quedó completado, y a pesar de varios intentos de
romper el asedio, ambas partes se sentaron a esperar. Pronto el campamento de Sila
empezó a llenarse con sus partidarios, huidos de las matanzas de los populares en Roma.
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Asedio de Atenas en el 86 AC por Sila. Autor Johnny Shumate
Tras el largo asedio, una mina provocó el derrumbe de un lienzo de muralla al sudeste
de la ciudad, entre las puertas Sagrada y Piraeica, y Atenas fue expugnada el 1 de marzo
del año 86 AC, siendo saqueada. No hubo misericordia para sus habitantes y muchos
fueron asesinados. Aristión se refugió en la Acrópolis, donde resistió bastante tiempo,
hasta que la sed se hizo insoportable y se rindió, siendo ejecutado.
Según Plutarco: ”…el mismo Sila entró a la medianoche, causando terror y espanto con
el sonido de los clarines y de una infinidad de trompetas y con la gritería y algazara de
los soldados, a los que dio entera libertad para el robo y la matanza: así, corriendo por
las calles, con las espadas desenvainadas, es indecible cuánto fue el número de los
muertos..”.
Asedio de Atenas y el Pireo fase final 86 AC. Sila contra Aquelao y Aristón
Así mismo, El Pireo fue tomada al asalto poco tiempo después, Arquelao escapó por
mar, para unirse a las fuerzas pónticas conducidas por Taxiles que había relevado a
Arcathias, desembarcó en Beocia y rápidamente se dirigió a Tesalia.
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Antes de internarse en Beocia para interceptar a estos ejércitos enemigos que se
aproximaban desde el norte, Sila ordenó desmantelar los Muros Largos y destruir las
fortificaciones y el grandioso arsenal del Pireo, que fue incendiado para evitar que la
flota del Ponto desembarcara un ejército a sus espaldas.
Sila marchó al encuentro de Taxiles y evitó la batalla hasta que encontró un terreno que
no favoreciese el uso de la caballería.
El ejército póntico contaba con unos 100.000 infantes, 10.000 jinetes y 60 carros
falcados. Por su parte Sila contaba con 5 legiones (20.000) y 20.000 infantes aliados y
un número desconocido de jinetes.
Una vez que ambos ejércitos estuvieron cerca, y Arquelao avanzaba hacia Calcis,
estableciendo su campamento en una región rocosa cerca de Queronea.
Sila no perdió el tiempo y ocupó una colina llamada Filoboeto, que nacía en las
estribaciones del monte Parnaso. Arquelao era partidario de desgastar lentamente a los
romanos, pero Taxiles tenía órdenes de Mitrídates decidió atacar inmediatamente.
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Arquelao avanzó a través de los vados y trató de flanquear a las fuerzas silanas con su
caballería, por ambos flancos, mientras que los carros falcados de Aquelao cargaron por
el centro. Cuando chocaron contra las trincheras romanas se hicieron añicos, otros
dieron media vuelta y crearon confusión en la falange póntica.
En el ala izquierda romana, Aquelao atacó con 2.000 jinetes y los chalkaspides
(hipaspistas). Estos cargaron, pero fueron frenados por 5 cohortes romanas en reserva.
En el ala derecha romana, los pónticos realizan otra carga de caballería, pero son
detenidos con la ayuda de dos cohortes de reserva.
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esclavos liberados armados como falangitas, formando una densa masa de picas a la que
los legionarios arrojaban sus pila para después incluso hacer algún intento de abrirse
paso con sus espadas entre el bosque de picas pero la falange combatiendo de frente
resultaba prácticamente inexpugnable. Dado que la artillería romana se encontraba en
una posición algo elevada también pudo arrojar sus proyectiles sobre la masa de las
tropas pónticas. Para los esclavos el combate era cuestión de victoria o crucifixión por
lo que se mantenían firmes esforzándose en mantener la cohesión de la falange. Por su
parte los romanos estaban enrabietados por tener que enfrentarse a esclavos.
En vista del fracaso, Arquelao, decidió llevar más tropas al flanco derecho romano,
desguarneciendo el izquierdo. Éstas cargaron, pero tampoco pudieron superar las
defensas romanas y sufrieron fuertes bajas bajo el fuego de la artillería romana y una
cohorte de reserva que acudió en ayuda.
Sila aprovechó la debilidad del flanco izquierdo, atacó con su caballería reunida,
desbaratando el flaco y mandando avanzar a todas sus fuerzas. La matanza fue terrible,
y según algunas fuentes sólo sobrevivieron 10.000 soldados de Mitrídates, Sila ordenó
degollar a los prisioneros, que algunos elevan a 90.000 hombres.
Tras la derrota de Queronea, Arquelao embarcó las fuerzas que se habían reagrupado en
Chalcis y se retiró a la isla de Eubea. Posteriormente, sus 10.000 hombres
supervivientes se vieron reforzados con la llegada de un nuevo ejército póntico al
mando de Dorilao estimado por los cronistas romanos en unos 80.000 hombres.
Arquelao desembarcó de nuevo en Beocia y Sila se dirigió hacia el sur para enfrentarse
a él. Ésta vez, Arquelao había instalado su campamento en la gran llanura de
Orcómenos, no lejos de Queronea. Era un terreno amplio aunque en un extremo había
un lago y cerca unas marismas. Arquelao no estaba dispuesto a dar batalla otra vez en
términos desfavorables y Sila quería liquidar la cuestión rápidamente pues tenía que
regresar cuanto antes posible a Roma y recuperar el poder, por ello Sila se avino a situar
su ejército en el llano a pesar del riesgo que eso suponía.
Sila tendría entre 1.500 y 2.000 jinetes, la mayoría reclutados localmente; mientras que
los pónticos tenían una caballería de unos 15.000 jinetes.
Sila para impedir el uso de la caballería póntica, mandó cavar grandes trincheras (con
reductos incluidos) para proteger los flancos del ejército romano.
Viendo que las zanjas podían cercar su campamento, Arquelao decidió un ataque
rápido. Varios miles de jinetes salieron velozmente del campamento póntico y se
lanzaron contra los trabajadores. La sorpresa fue tal, que tanto los soldados que estaban
cavando como las tropas que debían protegerlos, fueron presas del pánico huyendo
hacia al campamento romano.
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Tras un breve descanso, Arquelao se decidió a hacer otro asalto. El ejército póntico se
dispuso según salía del campamento de la siguiente manera: a vanguardia los 60 carros
falcados, a continuación la falange, en tercera línea auxiliares equipados a la ”romana”
(entre los que había esclavos fugitivos) y las tropas ligeras. La caballería se situó en las
alas pero sus posibilidades de intentar envolver los flancos romanos estaban muy
disminuidas por la presencia de las trincheras.
Por su parte el ejército romano se dispuso en tres líneas de legionarios de acuerdo con la
típica triplex acies. Las tropas ligeras y la caballería quedaron a retaguardia pero podían
avanzar por intervalos de las formaciones para al frente cuando hiciera falta.
Esta vez los carros falcados si tenían suficiente espacio para coger velocidad y se
lanzaron a la carga. La primera línea romana abrió pasillos, desvelando una sorpresa y
es que los legionarios de la segunda línea habían plantado numerosas estacas en el suelo
a modo de obstáculos contracarro.
Los carros fueron frenados en seco y los escaramuceadores romanos aprovecharon para
atacarles y forzarles a retirarse en dirección a la falange que venía detrás.
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Batalla de Orcómenos 85 AC. Despliegue de fuerzas
Sea por los carros fugitivos o sea porque los nuevos falangistas no estaban
suficientemente instruidos, el caso es que la falange entró en pánico y el ejército romano
se lanzó a aprovechar la oportunidad. Arquelao tuvo que mandar a la caballería a
proteger la huida póntica, ésta peleo duramente pero los romanos lanzaron su propia
caballería en apoyo de los legionarios y el resultado fue una gran mortandad entre los
jinetes pónticos (incluido Diogenes, un hijastro de Arquelao que se distinguió en el
combate). Es posible que los pónticos perdieran ese día 15.000 hombres, 10.000 de ellos
sus esforzados jinetes que impidieron con su sacrificio que la derrota fuera total.
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número a los romanos) a luchar de nuevo. El ataque fue rechazado y Sila aprovechó la
buena oportunidad para intentar el asalto del campamento póntico. Hubo duros
combates pero finalmente los romanos se hicieron con una esquina y abrieron un hueco
por el que se lanzaron al asalto.
Tratado de Dárdanos 85 AC
Mientras el cónsul Lucio Valerio Flaco rival de Sila en Asia, era un hombre avaricioso y
cruel que se ganó la hostilidad del ejército y ya en Grecia, habiendo desembarcado en el
Epiro, sus tropas se negaron a combatir, por lo que se retiró al Helesponto. Pero decidió
viajar a Calcedonia (zona del actual Estambul) para reclutar auxiliares para su ejército.
Cayo Flavio Fimbria que era partidario de Cayo Mario, aprovechó la ausencia del
cónsul Flaco para amotinar a las tropas que se habían quedado en Bizancio. Flaco, al ser
informado de este hecho, se volvió para castigar a Fímbria pero fue puesto en fuga por
los rebeldes y tuvo que marchar hacia Nicomedia, la capital de Bitinia, para escapar,
pero fue perseguido por Fimbria y sus hombres, que descubrieron a Flaco escondido en
un pozo. Fimbria decapito a Flaco y lanzó la cabeza al mar, dejando el cuerpo
descabezado para que fuera devorado por los animales.
El senado romano retiró el apoyo a Fimbria, que se había colocado fuera de la ley
romana, pero disponía de dos legiones. Mitridates se encontraba entonces frente a su
peor pesadilla, dos ejércitos romanos, uno en Bitinia, otro en Grecia, cada uno deseando
terminar con Mitridates para congraciarse con el senado romano.
En su camino a Pergamon, las tropas de Fimbria alcanzaron Ilium, la antigua Troya. Los
ciudadanos de la ciudad recordaron a Fimbria que, según el mito fundacional de Roma,
de Troya había partido Eneas, antepasado lejano de Rómulo y Remo. Por lo tanto,
Troya había sido la ciudad origen de Roma, y un romano como Fimbria debía respetar
la ciudad.
Fimbria agradeció la información a los ciudadanos, y después les ordenó abrir las
puertas de la ciudad. Una vez los legionarios estuvieron dentro, exterminaron a toda la
población, hombres, mujeres y niños. Algunos intentaron refugiarse en el templo de
Atenea, acogiéndose al derecho de asilo. Fimbria ordeno quemar el templo, y después
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que sus soldados continuaran hasta quemar la ciudad por completo, después de haberla
saqueado.
Pero Fimbria emboscó una noche al ejército del Ponto y lo derrotó plenamente,causando
más de 6.000 muertos. Tras tantos complots contra su vida, Mitridates ya no confiaba en
sus ciudadanos, y temiendo que los de Pérgamo abrieran las puertas a los legionarios de
Fimbria, marchó por tierra hasta Pitane, en la costa. Fimbria le persiguió, y puso sitio a
la ciudad.
Era la única salida que le quedaba a Mitridates, era firmar las condiciones del tratado
que estaban negociando. Lúculo entonces le permitió salir del puerto de Pitane, en
dirección a la isla de Lesbos. Allí se reunió con la flota del Ponto, mandada por el
almirante Neptolemo, que le trasladó a Dardano para firmar el tratado.
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Segunda Guerra Mitrídatica (83 – 81
AC)
Edad Antigua Guerras Mitridáticas Segunda Guerra Mitrídatica (83 – 81 AC)
Sila en Asia
Tras el tratado de Dárdanos en el 85 AC, el rey del Ponto volvió a su reino, dejando a
Sila que se ocupara de las dos legiones de Fimbria. El senado romano, controlado por el
partido de los populares de Mario no reconocía la autoridad de Sila y por lo tanto,
cualquier tratado firmado por este no era considerado valido.
Tras recuperar Grecia y arrasar parte de Anatolia, Sila había accedido a las indicaciones
de sus consejeros y había presentado a Mitridates unas condiciones de una limitada
dureza, que el rey del Ponto había aceptado sin apenas negociación. Sila quería terminar
rápidamente con el asunto y volver a Roma, a tomar el poder. Para volver a Roma, Sila
necesitaba eliminar la amenaza que suponían para su retaguardia las dos legiones de
Fimbria.
Sila marchó sin dilación hacia el campamento de Fimbria, en las cercanías de Pérgamo.
Exigió la rendición de las legiones, a lo que Fimbria se negó aduciendo que Sila era
enemigo público de Roma y era él quien tenía que rendirse. Sila ordenó rodear el
campamento de Fimbria, cavando trincheras y fosos para evitar la salida de los
legionarios.
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En el 84 AC, Sila consideró que su misión en Asia había terminado satisfactoriamente y
volvió a Roma, dejando al pretor Lucio Licinio Murena en Frigia con las dos legiones
de Fimbria. Sila decidió pasar una temporada en Grecia, para engordar aun más su
enorme botín.
Campañas de Murena
Murena buscó un pretexto para desatar una nueva guerra para su provecho personal, ya
que su zona había sido tan expoliada que quedaban muy pocas cosas de valor.
Mientras tanto Mitrídates VI, habiendo regresado a su reino del Ponto, fue a la guerra
con la Cólquida y las tribus Bósforo Cimerio que se había rebelado contra él. Mitrídates
ordenó la construcción de una nueva flota para luchar contra estas poblaciones del
Bósforo y también creó un gran ejército.
El tamaño de los preparativos dio la impresión o la escusa a los romanos de que éstos se
se estaban haciendo, no tanto para luchar contra sus enemigos, sino contra los propios
romanos; sobre todo porque el rey de Ponto aún no había devuelto a Ariobarzanes todos
sus territorios en Capadocia, de acuerdo con el tratado de Dárdanos.
Las sospecha de Murena aumentó cuando el antiguo general póntico Arquelao, que
había huido, lo convenció para iniciar una nueva guerra contra Mitridates, realizando un
ataque preventivo.
Murena avanzó a través de la Capadocia, para atacar la ciudad póntica de Comana, que
fue sorprendida por el súbito ataque. La reacción del rey no se hizo esperar, envió
embajadores a Murena, para recordarle el reciente tratado de paz con los romanos. El
procónsul le respondió que él no había visto ”ningún tratado”, ya que Sila no lo había
dejado escrito cuando regresó a Grecia, y el Senado no lo había ratificado. Mientras
tanto, Murena saqueó Comana y sus ricos templos, después acampó para pasar el
invierno en Capadocia.
Mitrídates decidió entonces enviar una embajada al Senado y a Sila, quejándose de las
acciones Murena. Mientras tanto este último, había cruzado el río Halis, que era muy
difícil de cruzar debido a las lluvias y capturó 400 poblaciones pertenecientes a
Mitrídates, sin que éste pusiera ningún impedimento en su avance, por el contrario,
estaba esperando pacientemente el regreso de su embajada. Murena pudo de esta
manera regresar de esta incursión sin problemas y regresó a Frigia y Galacia con el
botín.
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ligeros y de arqueros, adaptándolos para la guerra de guerrillas, y aumentó el número de
sus jinetes, empleando expertos jinetes persas y armenios.
Envió a su potente armada a la costa norte del mar Negro al mando de su hijo Machares,
que rápidamente se puso a la tarea de reclutar gran cantidad de mercenarios de las tribus
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allí asentadas. Mientras, en Colchis se produjo una rebelión de los ciudadanos, que
reclamaron que el hijo mayor de Mitridates, Mitridates el joven, se convirtiese en su
nuevo rey. Mitridates lo hizo llamar a su presencia en Sinope, lo hizo encadenar y lo
encarceló hasta que murió, un par de años después.
Murena volvió a invadir los territorios de Mitrídates el 82 AC. Murena y sus legionarios
volvieron a cruzar el rio Halis durante el verano, atacando y saqueando mas de 400
pueblos del reino del Ponto, sin ninguna oposición por parte del ejercito del rey
Mitridates. En el otoño, tras acabar con el saqueo, las legiones se dirigieron a Galacia
para pasar el invierno.
Quinto Calidius fue enviado desde Roma tras las quejas de Mitrídates, aunque no
llevaba con él ningún decreto del Senado, instó a Murena a no molestar más al rey del
Ponto, para evitar la ruptura del tratado en vigor.
Ninguno de los dos, tenía planes de comenzar la batalla, hasta que llegó Mitrídates con
un ejército más grande que el de Gordio. La batalla comenzó por lo tanto a lo largo de
las orillas del río y los ejércitos de Mitrídates comenzaron a prevalecer, y cruzaron el
río, empujando a las legiones romanas de Murena. Este último se retiró a una colina
cercana, donde, sin embargo, el rey siguió atacándole. Después de perder muchos
hombres, Murena fue capaz de escapar a las cercanas montañas de Frigia.
La paz
Mientras tanto Sila, creyendo que no era correcto hacer la guerra a Mitrídates, porque
según él no había violado ningún tratado, envió una nueva embajada de Murena, esta
vez encabezada por Aulo Gabinio, prohibiéndole realizar cualquier tipo de hostilidad, y
conciliar Mitrídates con el rey Ariobarzanes I. En esta circunstancia, Mitrídates
prometió su hija, de tan sólo cuatro años, a Ariobarzanes, y renunció a los territorios que
hasta entonces había conservado, y añadió otros como dote de su hija. Y así terminó la
Segunda Guerra Mitridiatica entre Mitrídates y los romanos, que duró cerca de tres
años.
Esta victoria fortaleció, sin embargo, la creencia en el rey del Ponto que los romanos no
eran invencibles, y sus esperanzas de crear un gran reino en Asia que podrían
contrarrestar la creciente hegemonía romana en la cuenca Mediterránea.
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Esta segunda paz duró ocho años. Sila murió en el 78 AC, silenciándose una de las
voces en el Senado partidarias de la paz. Ambos bandos se prepararon para una nueva
guerra que comenzaría en el 75 AC, cuando murió el rey Nicomedes IV de Bitinia, que
dejó su reino en herencia al Senado Romano, y la oposición de Mitrídates VI, daría
lugar a un nuevo conflicto.
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Tercera Guerra Mitridática (75 – 65 AC)
Edad Antigua Guerras Mitridáticas Tercera Guerra Mitridática (75 – 65 AC)
El ejercito que logró reunir Tigranes era el más numeroso que se había visto en Asia
menor desde los tiempos del rey Jerjes. 120.000 soldados de infantería,varios centenares
de carros y una caballería de más de 12.000 jinetes catafractas a lomos caballos niseos
ideales para transportar con éxito a los jinetes ayrudzi del rey Tigranes, que combatían
al estilo catafracta de los partos.
Tigranes se puso a la cabeza de sus tropas y se dirigió a Capadocia, que ocupó sin
resistencia. Según los términos del tratado secreto entre Mitridates y Tigranes del año
75 AC, Capadocia pasaría a formar parte del reino del Ponto, mientras Tigranes se
quedaría con el botín obtenido y los cautivos.
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Mitridates VI rey del Ponto y Tigranes rey de Armenia
Tigranes apresó a más de 300.000 hombres, mujeres y niños. Pero no los convirtió a la
esclavitud. Usó a la mayoría para poblar su nueva capital, Tigranocerta.
La guerra civil romana entre optimates y populares había permitido que los piratas se
multiplicaran por todas las costas del mar Mediterráneo. Ningún barco romano estaba
seguro, y poco a poco los piratas pasaron a controlar todas las rutas marítimas por las
que la República comerciaba y se aprovisionaba.
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Sertorio envió emisarios a Mitridates proponiéndole una rebelión simultánea en
Hispania y Asia menor. Era la última esperanza de la facción popular, Sertorio era un
maestro de la emboscada, el engaño y la guerra de guerrillas. El prestigio militar de
Sertorio se había extendido por todo el Mediteraneo. piratas, comerciantes, mensajeros
procedentes de Hispania cantaban las victorias de Sertorio contra la odiada Republica
Romana. Los consejeros militares de Mitridates comparaban a Sertorio con Aníbal, y
finalmente Mitridates se convenció de la necesidad de una alianza.
En el año 75 AC, Sertorio tenía alrededor de 50 años de edad, y Mitridates 60. Ambos
líderes nunca se habían visto en persona, pero ambos tenían el mismo objetivo, terminar
con el poder romano, y creían saber como lograrlo. El futuro de ambos se iba a poner en
juego en ambos extremos de la República Romana, en el oeste, en Hispania, y en el este,
en Capadocia. Comenzaron las negociaciones entre ambos. Sertorio garantizó a
Mitridates la posesión de Bitinia, Capadocia, Galacia y Paflagonia, aunque se reservó
para sí el oeste de Armenia, que debería seguir siendo una provincia de Roma.
El tratado, que se mantuvo en secreto hasta varias decenas de años después, fue firmado
por Mitridates y los enviados de Sertorio en el reino del Ponto: los senadores romanos
Lucio Magius y Lucio Fanio, y el general Marco Vario.
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Jinetes mercenarios escitas con jinetes griegos uno lancero y otro jabalinero. El jefe
escita marcha en cabeza.
Apiano afirma que Mitridates logró reunir una fuerza de 140.000 hombres de infantería
y 16.000 jinetes, apoyados por decenas de miles de bestias de carga y todos los
trabajadores necesarios para servir a un ejército tan enorme; porteadores, carniceros,
cocineros, obreros para construir caminos, prostitutas, etc.
Ademas, Mitridates disponía de una flota de 400 buques, pero quizá lo más
impresionante era el listado de generales de los que disponía: Marco Vario, Magius y
Fanio, los tres generales romanos, además de Dorileo, Gordio, Neptolemo, Diofanto,
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Taxiles, Hermocrates, Alejandro de Paflagonia, Dionisio el Eunuco, Eumaco y Konarix
(sátrapas de Galacia), Metrofanes y Aristonico.
Mientras, en Bitinia, el rey Nicomedes IV aliado de Roma, murió a finales del año 75
AC, sin dejar descendencia. Para evitar luchas internas, dejó a la Republica Romana
heredera su reino, y el senado romano envió a un gobernador para tratar de administrar
su nueva provincia, el cónsul Marco Aurelio Cota.
En un año normal, Escitia aportaba un tributo al reino del Ponto de 180.000 medimnos
(1 medimno = 40 kg) y 200 talentos (1 talento 0 = 32 kg) de plata.
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Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 74 AC
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Batalla de Calcedonia 74 AC
Cota colocó a sus tropas terrestres en una llanura al este de la ciudad, bajo el mando de
su prefecto Nudus. La flota romana, de 64 buques, permaneció en el interior del puerto
de Calcedonia.
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Asedio y batalla de Calcedonia 74 AC
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En tierra, Taxiles y Hermocrates, los generales de Mitridates, dirigieron las tropas del
Ponto que atacaron la posición de Nudus, que contaba con una legión y los 3.000
hoplitas de Cízico. Poco a poco, fueron obligados a retroceder hacia las murallas de la
ciudad, que seguía con las puertas cerradas.
Solo pudieron salvar sus vidas el prefecto Nudus y algunos de sus oficiales, que fueron
izados con cuerdas hasta el interior de la ciudad. Las tropas romanas y los civiles que
permanecían acampados en el exterior de la muralla fueron masacrados por las tropas de
Mitridates, que causaron mas de 5.000 muertos y capturaron a otros 5.000 prisioneros.
Pero las tropas de Mitridates no pudieron superar la muralla de Calcedonia.
Asedio de Cízico 74 AC
Mitridates dejó una pequeña guarnición en las cercanías de Calcedonia, y se dirigió con
el grueso de su ejército hacia Cízico, en la Propontide. Pensaba utilizar el gran puerto
fortificado de la ciudad como base para una futura invasión de Grecia.
Mientras tanto, en Roma, Lucio Licinio Lúculo, el protegido de Sila, habia sido
nombrado cónsul del año 74 AC. Celoso de los éxitos que su rival Pompeyo estaba
logrando en Hispania combatiendo al rebelde Sertorio, Lúculo maniobró políticamente
en el senado romano para ser nombrado encargado de suprimir la rebelión de Mitridates.
Tras terminar su periodo como cónsul, fue nombrado procónsul de Cilicia y se le
encargó la tarea de dirigir la guerra en Asia Menor.
El senado le concedió 3.000 talentos para reclutar una flota, pero Lúculo afirmó que no
necesitaba una flota para derrotar a Mitridates, y empleó los 3.000 talentos para reclutar
3 legiones. Se dirigió hacia Anatolia, y allí tomó el mando de las 2 legiones que
anteriormente habían estado bajo el mando del cónsul Fimbria y del cónsul Lucio
Valerio Flaco. Ambas legiones habían sobrevivido en Anatolia a base de saquear toda la
zona, y habían entrado en un periodo de constantes motines, deserciones en masa e
insubordinaciones constantes.
Mitridates buscaba una batalla decisiva y envió a una parte de su ejercito a provocar a
Lúculo. Envió al general romano Marco Vario al mando de buena parte de la caballería
a la llanura de Otryae, en el sur de Bitinia, entre Nicea y Prusa.
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Según Plutarco, ambos bandos vieron en la caída del meteorito un mal presagio. La
aparición de un bólido dejando su estela por los cielos era un buen presagio, pero su
caída a la tierra no lo era.
Mientras Lúculo y sus legiones se entretenían con las tropas de Mitridates en Frigia, el
rey del Ponto se había dirigido a Cízico con el grueso de su ejercito, y había puesto a la
ciudad bajo asedio. Envió a la flota del almirante Metrofanes a bloquear el puerto,
mientras su ingeniero jefe Niconides dirigía la construcción de torres y otros ingenios de
asedio.
En primer lugar cerró el puerto marítimo con una doble línea marina, y luego trazó una
línea de circunvalación alrededor del resto de la ciudad. Levantó las rampas, construyó
maquinas, torres de asedio, arietes y tortugas. Luego construyó una maquina de asedio
de 50 metros de altura, en la que a su vez se elevaba una torre, en la que situaron
algunas catapultas para lanzar piedras y proyectiles de todo tipo. Unieron dos
quinquerremes entre sí, en donde montaron una sambuca o puente levadizo móvil que se
bajaba para dar acceso a las murallas desde el mar.
Cuando todo estuvo listo, Mitrídates envió inicialmente contra la ciudad, a bordo de
algunos barcos, 3.000 habitantes de Cícico que habían hecho prisioneros. Estos
levantaron las manos hacia las murallas de la ciudad suplicando por sus vidas, pero
Pisístrato, el general de ciziceno, les contestó que debían ser valientes y enfrentarse a su
destino.
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Cuando este intento fracasó, Mitrídates hizo avanzar la sambuca, que dejó caer el
puente levadizo sobre las murallas, y sus soldados en fila empezaron a subir. Los
cizicenos se quedaron en un principio, con la boca abierta por el nuevo dispositivo, pero
más tarde se animaron y lograron repeler el primer asalto de los soldados, poco después
de que lanzaron fuego contra las dos naves, obligando al enemigo a alejarse.
Mientras todas las máquinas de asedio en tierra realizaron un asalto continuo contra las
murallas de la ciudad, donde consiguieron romper algunas partes de las murallas con
arietes, aunque los residentes trataron de amortiguar los golpes con cestas de lana.
También apagaron las flechas incendiarias con vinagre y agua, en otros casos se trató de
mitigar la fuerza destructiva de las piedras lanzadas por las máquinas de asedio,
situando sacos terreros frente a las casas de la ciudad. Los habitantes también
consiguieron reconstruir los lienzos de muralla derribados durante la noche.
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Asedio de Cízico 743 AC. Las fuerzas de Mitridates rodean la ciudad, mientras Lúculo
con 5 legiones, se sitúa en una elevación en las inmediaciones para cortarle el
suministro
Lúculo llegó en auxilio de la ciudad unos días después. Pero su ejército seguía siendo
muy inferior numéricamente al ejército de Mitridates, y optó por tomar una táctica
prudente. Colocó a sus 5 legiones en una posición defensiva en las laderas de las
montañas de Adrasteia, para desde allí amenazar las líneas de comunicaciones y
aprovisionamiento de Mitridates. Su estrategia era que “vencer al enemigo sin luchar.“
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La táctica de Lúculo funcionó. Aunque Mitridates controlaba la costa, no disponía de un
puerto lo suficientemente grande para que su enorme ejercito pudiera ser aprovisionado
por mar. Y las tropas de Lúculo impedían que los forrajeadores de Mitridates pudieran
salir de la llanura cercana a Cízico para conseguir las provisiones y el forraje suficiente
para mantener alimentado a las tropas y los animales.
Los repetidos intentos de asalto de la ciudad por tierra y mar no tuvieron éxito. Los
ciudadanos de Cízico lanzaban brea ardiendo sobre los barcos de la flota de Mitridates,
incendiando una docena de ellos y dañando seriamente otros tantos. Además, Lúculo
pudo infiltrar en la ciudad un buen número de ingenieros de sus legiones, que
contribuyeron decisivamente a reforzar las defensas y las murallas contra los repetidos
asaltos. Se construyeron enormes cantos rodados en el interior de la ciudad, que se
lanzaban desde lo alto de las murallas contra las torres de asedio, y se utilizaron grandes
garfios para atrapar y desmantelar los arietes. Se colocaron pieles mojadas con vinagre
sobre puertas y portones, para repeler las sustancias combustibles y el fuego de las
flechas de los arqueros de Mitridates.
Para tratar de salvar su caballería, Mitridates la envió al otro lado de las montañas, junto
con multitud de soldados heridos y enfermos. Miles de famélicos caballos, cientos de
mulas de carga y camellos de Bactria salieron una noche del campamento de Mitridates
y tomaron al ruta que rodeaba el monte Dindimus (la montaña sagrada de la diosa
Cibeles ), tratando de evadir la vigilancia romana. Entre la nieve y el hielo en las
montañas, la caravana se dirigió en silencio hacia el rio Rindacus. Pero habían sido
detectados.
Lúculo dispuso una fuerza de 5.000 soldados, que siguió a distancia segura a la
caravana. Cuando esta llegó al río Rindaco o Rindacus y se dispuso a cruzarlo, los
soldados romanos cayeron por sorpresa sobre el grupo.
No hubo opción para las tropas de Mitridates. Enfermos y heridos, 15.000 de sus
soldados cayeron en manos de los romanos, además de 6.000 caballos y mulas de carga
y un par de centenares de camellos. Para la mayoría de los legionarios romanos, era la
primera vez que veían a tal animal.
Para desmoralizar al enemigo, Lúculo hizo desfilar a sus 15.000 prisioneros y los
animales capturados a la vista de los hambrientos soldados de Mitridates.
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Batalla de Lemnos 73 AC
A mediados del invierno del año 73-72 AC, después de que los habitantes de Cízico
consiguieran quemar las máquinas de asedio, Mitridates decidió abandonar el asedio.
Tras repetidos intentos de asalto por tierra y mar, las tropas pónticas habían sido
rechazadas por los defensores una y otra vez.
La falta de alimentos, los rigores del invierno y la presión de los legionarios de Lúculo
sobre la retaguardia de Mitridates obligaron al rey a tomar la decisión.
Una noche tomó a su escolta y embarcó en uno de los barcos de su flota, dirigiéndose a
continuación al Helesponto. La infantería de su ejército intentó huir esa misma noche,
tratando de evitar las patrullas romanas en completo silencio. Pero cuando intentaban
vadear el río Gránico, el sonido del agua y el entrechocar de las armas alertó a los
centinelas romanos, que dieron la alarma. Lúculo envió a su caballería en persecución
de los escapados.
Ateridos de frío, hambrientos y agotados, poco pudieron hacer para defenderse. Mas de
20.000 infantes del ejercito de Mitridates murieron, y cerca de 10.000 fueron
capturados. El resto apenas pudo llegar a refugiarse en Lampsaco, de donde fueron
rescatados por los piratas aliados del rey.
Decenas de miles de esclavos, miles de mujeres y niños, las familias de los soldados del
ejercito de Mitridates que habían seguido a sus esposos y padres fueron asesinados
mientras los frustrados legionarios saqueaban lo poco que quedaba en el campamento.
Lúculo entró en entre las aclamaciones de sus habitantes, que le colocaron la corona de
laurel por su victoria. Desde allí Cízico y tras unos días de descanso, puso a todas sus
tropas a construir una potente flota, aprovechando las excelentes instalaciones
portuarias de Cízico.
Por su parte, Mitridates había navegado hacia Nicomedia, dejando 50 de sus barcos y
10.000 soldados al mando de Marco Vario (el general enviado por Sertorio), Alejandro
de Paflagonia y Dionisio el eunuco, para tratar de bloquear el estrecho del Helesponto y
evitar la entrada en el mar Negro de la flota romana.
Lúculo había logrado reunir una flota de la provincia de Asia, y se había distribuido
entre sus legados. Cayo Valerio Triario navegó a Apamea que poco después de
ocuparla, mató gran número de habitantes que se habían refugiado en los templos de la
ciudad. Barbato presentó Prusa, que se encuentra en la base de una montaña, y luego
también tomó Nicea, que había sido abandonada por la guarnición mitridática. Mientras
tanto, en el puerto de los aqueos (cerca de la antigua Troya), Lúculo consiguió capturar
13 de las naves enemigas y a su comandante Isidoro. había enviado su flota en
persecución de la flota de Marco Vario, a la que diviso atracada en Lemnos. Incapaz de
maniobrar en las poco profundas aguas cercanas a la isla, desembarcó a la infantería en
el lado opuesto de la isla. Mientras atacaba con su flota a los barcos de Marco Vario, la
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infantería romana atacó por la retaguardia, en un movimiento de pinza que atrapó a los
hombres de Mitridates, que fueron rodeados y prácticamente exterminados. Solo unos
pocos pudieron escapar e internarse en la isla.
Lúculo quería capturar vivos a los generales de Mitridates, para trasladarlos a Roma y
así poder celebrar el triunfo que sin duda le sería concedido por el Senado. Se otorgaba
el triunfo si un general al mando de las tropas romanas conseguía matar al menos a
5.000 enemigos en un solo combate en tierra extranjera y las tropas le aclamaban
imperator.
Lúculo ordenó cargar de cadenas a Alejandro y mantenerlo con vida, pero ordenó
ejecutar inmediatamente al general Vario, ya que consideraba impropio y demasiado
humillante para un senador romano el tener que desfilar como derrotado en un triunfo.
Lúculo envió a Voconius, uno de sus mejores generales, a Nicomedia, con el encargo de
buscar y encontrar a Mitridates, y capturarlo con vida. Y al mismo tiempo envió una
misiva al senado romano, anunciando su victoria total por anticipado sobre el rey del
Ponto. Pero su confianza puesta en Voconius fue traicionada por éste, que en vez de
dirigirse a Nicomedia, navegó hasta Samotracia, para iniciarse en el culto y los
misterios de los dioses Cabiros.
Mientras tanto, Mitrídates cuando navegaba al Ponto, fue sorprendido por una terrible
tormenta en la que perdió alrededor de 10.000 hombres y 60 naves, mientras que el
resto de la flota se dispersó por todo el fuerte viento. Plutarco dice que tuvo que
abandonar su barco que se hundía y refugiarse ,en un pequeño barco pirata aliado.
Consiguió llegar a Heraclea del Ponto. Allí recibió el refuerzo de unos 60 barcos de la
flota del pirata Seleuco de Cilicia. Dejó en Heraclea una guarnición de 4.000 hombres al
mando del gálata Konnarix. Mitridates con su renovada flota zarparon hacia la capital
del reino, Sinope.
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Tercera Guerra Mitridática. Operaciones 73 al 71 AC
Asedio de Temiscira 71 AC
Desde Sinope, Mitridates se dedicó a enviar emisarios a todos aquellos reyes y nobles
que pudieran ayudarle; a su hijo Mazaares, virrey del reino del Bósforo; a su yerno
Tigranes II rey de Armenia, a las tribus de Crimea, por último envió a Diocles con una
gran cantidad de oro y otros regalos a los escitas, pero este último se quedó con el oro y
huyó después a los romanos. A principios del año 71 AC, marchó hacia Kabeira, para
reclutar un nuevo ejercito desde allí.
Mitridates envío un contingente para defender Sinope, y colocó otros grupos más
pequeños en la ruta hasta Kabeira, para tratar de anticipar y más tarde entorpecer la
llegada de las tropas de Lúculo, seguramente a principios de la primavera.
Pero Lúculo tenía otros problemas mas acuciantes. Había declarado antes de tiempo la
victoria sobre Mitridates, y cuando llegó a Roma la noticia de la nueva amenaza del rey
del Ponto, su prestigio cayó en picado.
Ante tanta dificultad, Luculo decidió atacar. Sabía que la única manera de detener a
Mitridates era terminar físicamente con él. Y decidió invadir el Ponto. Para resolver el
problema de los gálatas atacando su ruta principal de suministro, decidió contratar a
30.000 porteadores gálatas para que cada uno de ellos transportara sobre sus hombros
un saco de trigo, desde los puertos de Cilicia a través de Galacia y Bitinia hasta el reino
del Ponto. Lúculo entró en el Ponto y saqueó todo a su paso, poniendo sitio a las
ciudades de Amisus y Eupatoria.
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Lúculo dejó varios contingentes asediando Amisus y Eupatoria, y envió una legión
completa a tomar la legendaria ciudad de Temiscira, a orillas del río Termodón. En
Temiscira, los legionarios intentaron tomar la ciudad por asalto construyendo gran
cantidad de grandes túneles debajo de las murallas aguantados por columnas de madera,
que después llenaban de paja, yesca y madera embadurnada de brea realizaban unos
cuantos respiraderos para aportar oxigeno fresco, y prendían fuego al combustible, para
que al quemarse las pilastras de madera, la muralla se desplomase.
Parece ser que los temisciranos respondieron de una forma ingeniosa, introducían
enormes cantidades de furiosas abejas en los túneles, y mientras los romanos se
encontraban ocupados tratando de evitar las picaduras de los molestos insectos,
entonces introducían todo tipo de animales salvajes como lobos, osos, zorros, jabalís,
serpientes mortales, etc, causando el caos entre los legionarios y obligándoles a
abandonar el túnel a la carrera.
Batalla de Cabira 71 AC
Mientras, Lúculo y las otras dos legiones continuaban la ruta por las ciudades del norte
del reino de Mitridates durante el otoño y el invierno del año 72 AC, entraron en el
territorio de las tribus de los cálibes y los tibareni. Allí, en las cercanías de la ciudad de
Kherasion, descubrieron los romanos un extraño fruto de color rojo, la cereza,
totalmente desconocida hasta entonces en occidente. Lúculo decidió hacer acopio de
arboles de cerezo para enviarlos a Roma, al igual que Alejandro Magno había hecho
siglos antes, cuando desde Armenia había enviado a Macedonia los primeros arboles de
albaricoque que llegaron a Europa. Pero, en opinión de sus legionarios y oficiales,
Lúculo estaba perdiendo el tiempo recolectando arboles y pensando en la mejor y más
rápida manera de hacerlos llegar a Roma. Pero en realidad Lúculo no quería atacar
frontalmente a Mitridates por que temía una posible alianza del Ponto con Armenia y su
rey Tigranes.
En la primavera del año 71 AC, las tropas de Lúculo finalmente partieron hacia Cabira.
Avisado por su hijo bastardo Fénix, líder de las tropas del Ponto en Cabira, Mitridates
se puso a la cabeza de 4.000 jinetes escitas, cruzó el rio Lico y atacó a las 2 legiones de
las que disponía Lúculo.
El primer choque fue favorable a la caballería de Mitridates, que hizo retroceder a los
legionarios. Lúculo estaba en un serio aprieto. La caballería de Mitridates dominaba el
campo de batalla y podía cortar con facilidad las rutas de suministro de las legiones.
Ademas, el asalto de Cabira era muy complicado, ya que la ciudad se encontraba en
medio de altas montañas y espesos bosques, en los que era sumamente difícil desplegar
las legiones con efectividad.
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Los espías de Mitridates en el campamento romano le informaron de la marcha a
Capadocia de 10 cohortes bajo el mando de un tal Sornacio, para conseguir grano a toda
costa. Era una oportunidad que Mitridates no quería desaprovechar.
Menandro decidió atacar el convoy en plena llanura. Las cohortes romanas pudieron
desplegarse con su eficacia habitual, y las constantes cargas de la caballería de
Menandro fallaron una y otra vez en su intento de romper las líneas de legionarios que
defendían los carros cargados de provisiones. Derrotados, los jinetes escitas de
Menandro volvieron al campamento de Mitridates, y trataron de excusar su derrota
inventando la aparición por sorpresa de un inexistente ejército romano en la zona.
Antes del amanecer, cada soldado del ejército de Mitridates debía cargar sus posesiones
en caballo o mula, y comenzar a salir de Cabira en completo silencio. Pero los
miembros de la corte de Mitridates, sus consejeros y oficiales de mas alto rango
decidieron salir en plena noche, anticipándose a las órdenes recibidas. Los soldados de
Mitridates creyeron que sus oficiales les estaban abandonando, y corrieron a las puertas
de la ciudad.
Los soldados de Mitridates y los civiles que no habían podido huir intentaron una
defensa desesperada, pero tras unos minutos de lucha, la ciudad se rindió. Lúculo
prohibió el saqueo y la matanza de los civiles. Pero sus legionarios, hambrientos,
cansados por la larga campaña y resentidos con su general desobedecieron las órdenes
recibidas y se lanzaron al saqueo de las muchas riquezas de Cabira.
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Mientras, el eunuco Baquidas había llegado a Farnacia, y cumplido con su funesto
cometido. Muchas mujeres que formaban parte del harem de Mitridates, fueron
asesinadas, así como dos de las hermanas del rey, Roxana y Estatira que estaban
solteras, y dos de sus esposas, Berenice de Quíos y Monime de Mileto. Cuando los
comandantes de Mitrídates en la guarnición vieron esto, se rindieron en masa a Lúculo,
excepto unos pocos. Una vez ocupada Cabira y la mayoría de las fortalezas, se
encontraron con grandes tesoros, y muchos prisioneros, entre ellos muchos griegos.
Con la flota del Ponto en franca inferioridad en el mar Negro y con su ejercito terrestre
prácticamente desmantelado, Mitridates confiaba en la capacidad negociadora de su hijo
Mazaares y en las buenas relaciones que mantenía con los romanos para tratar de llegar
a algún acuerdo que evitara la completa desaparición de su reino. Y su única esperanza
para su propia supervivencia personal era el rey Tigranes, su yerno, en quien confiaba
para ayudarle a recuperar sus dominios.
Mientras, Lúculo se dedicaba a tomar todos los puntos fuertes del Ponto. El palacio real
de Mitridates en Eupatoria fue capturado sin lucha. En Sinope, Mitridates había dejado
al mando de los defensores al eunuco Baquidas y al pirata Seleuco de Cilicia. Los
defensores resistieron bravamente los asaltos romanos hasta que la resistencia se hizo
imposible. Entonces, Seleuco ordenó quemar su flota, excepto un birreme y ambos,
Baquidas y Seleuco, zarparon una noche y navegaron hacia la Colquida.
Según Estrabon en su obra ”Geografía”, entre los numerosos tesoros se encontraban dos
piezas singulares; una valiosa estatua del fundador de Sinope, Autolico el Argonauta
(los ciudadanos habían intentado ocultar la estatua sumergiéndola en el mar, pero los
romanos la habían encontrado en el puerto y la sacaron a la superficie) y un extraño
objeto, saqueado directamente del palacio real de Mitridates, un objeto que los romanos
nunca habían visto hasta entonces; lo que Estrabon llama “la esfera de Bilarus“, un
planetario mecánico de forma esférica.
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Tras la caída de Sinope, Mazaares el hijo de Mitridates y virrey de Escitia y el Bósforo,
envió a Lúculo una lujosa corona que llevaba engarzadas más de 100 piezas de oro. Era
un claro mensaje por el que Mazaares se ofrecía como nuevo amigo de Roma.
Según Plutarco, en ese momento Lúculo creyó que había ganado la guerra a Mitridates,
ya que incluso su hijo Mazares deseaba convertirse en amigo de Roma, y no le
quedaban mas aliados en la zona. Lúculo envió al tribuno Apio Claudio Pulcro a la corte
real de Tigranes, para convencer al rey armenio de que entregase a Mitridates a los
romanos si lo capturaba.
Mientras esperaba que sus legionarios le llevaran al rey del Ponto encadenado y
derrotado, Lúculo se puso a la tarea de reorganizar la nueva provincia romana del Ponto.
Para poner de su lado a los más ricos ciudadanos de la provincia, decidió aliviar la carga
impositiva que Sila había impuesto años atrás (20.000 talentos de oro ) y que había
llevado a los ciudadanos del Ponto a la rebelión. Inició también la construcción de una
nueva flota en el puerto de Sinope y de varias calzadas para comunicar el Ponto con
Armenia, para poder desplazar rápidamente sus legiones en caso de necesidad.
A principios del año 69 AC, aún sin recibir buenas nuevas del tribuno Apio sobre el
destino de Mitridates, Lúculo decidió celebrar por anticipado su triunfo en la Tercera
Guerra Mitridática. Sacrificos a los dioses, juegos atléticos y gimnásticos, festivales de
poesía y teatro y los imprescindibles juegos de gladiadores: lo único que faltaba en la
celebración era la presencia física del rey Mitridates encadenado.
Tras un año y medio de búsqueda incesante por el Ponto, Anatolia y Armenia, nadie
había visto a Mitridates.
Batalla de Tigranocerta 69 AC
Los enviados del rey Tigranes habían prometido al tribuno Apio Clodio guiarle hasta
Antioquia, en donde afirmaban se encontraba oculto Mitridates. Pero los guías sirios de
la expedición parecían incapaces de encontrar la ruta adecuada, y el grupo de romanos
pasó un par de meses deambulando por la zona. Finalmente, un esclavo sirio condujo al
grupo de Apio hasta Antioquia. Pero Mitridates no estaba allí, y el rey Tigranes se
encontraba en una expedición de castigo contra los rebeldes fenicios.
El tribuno Apio no pareció impresionarse por el lujo y la riqueza del salón de audiencias
del palacio real de Antioquía, y tampoco se dejo impresionar por los opulentos ropajes
del rey y sus cortesanos.
Apio comenzó su discurso afirmando que era el enviado de Lúculo, el imperator del
ejército romano y gobernador de la provincia romana de Asia. A continuación, exigió la
entrega de Mitridates; en caso contrario, Roma declararía la guerra a Armenia.
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Según Plutarco, nadie había hablado de tal manera al rey Tigranes en sus 25 años de
reinado, y su rabia se desató, replicando a Apio Clodio que nunca entregaría a
Mitridates, y que si Roma declaraba la guerra, el rey de reyes lideraría a toda Armenia
contra el invasor.
Apio Clodio volvió a Sinope a darle a Lúculo las noticias de la negativa a colaborar del
rey Tigranes. Llevado por la rabia, el orgullo y el deseo de conseguir mas gloria, Lúculo
decidió poner de nuevo en pie de guerra a sus legiones y cumplir con su amenaza,
invadiendo Armenia.
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Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 70 y 69 AC
A principios del año 69 AC, dejando en el Ponto a sus dos legiones menos fiables,
Lúculo marchó a través de Capadocia y cruzo el río Éufrates a la altura de Tomisa, e
invadió Armenia con 15.000 legionarios y auxiliares.
Cruzó la cordillera del Antitauro en las cercanías del lago Golcuk y se dirigió hacia el
sur. Su objetivo primario era ocupar la costa de Cilicia y el norte de Siria, territorios que
el rey Tigranes había arrebatado anteriormente a los partos y a los reyes seleúcidas
sirios. Lúculo tenía la esperanza de reclutar allí un gran número de soldados, además de
garantizarse una vía marítima de aprovisionamiento totalmente segura.
Lúculo dejó un pequeño contingente haciendo los preparativos iniciales del asedio a la
ciudad, mientras el grueso del ejercito acampaba en la llanura cercana.
Tigranes, haciendo caso omiso de los avisos de sus consejeros militares, decidió buscar
una batalla decisiva y atacar de frente a las tropas de Lúculo. En vez de mantenerse a la
defensiva y esperar que el paso el tiempo minara las fuerzas romanas, reunió un enorme
ejército y se dirigió hacia su capital.
Lo más probable las fuerzas de Lúculo serían tres legiones (15.000 legionarios), 13.500
jinetes (3.500 romanos y 10.00 gálatas y trácios), y 25.000 infantes auxiliares en total
unos 40.000 efectivos.
Según Plutarco, las tropas de Tigranes totalizaban más de 250.000 soldados, incluyendo
20.000 arqueros bactrianos y 55.000 jinetes, de los cuales más de 15.000 eran
catafractas. Es una exageración, se estiman de 80.000 a 100.000 efectivos en
total. Algunos miles de sus infantes estaban entrenados al modo hoplita, aunque la gran
mayoría eran infantería ligera procedentes de innumerables tribus y pueblos de los
dominios del rey de Armenia: Siria, Media, Mesopotamia, Mardia, Arabia, Partia,
Fenicia, Bactria, etc, armados al modo oriental, sin armadura de ningún tipo y
protegidos por un pequeño escudo de cuero y madera. Decenas de lenguajes y
centenares de dialectos, una autentica pesadilla para la transmisión y la comprensión de
las órdenes dadas.
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Los dos ejércitos convergieron hacia el río Batman-Su ligeramente hacia el suroeste a
Tigranocerta. Desde una colina sobre el río Tigris, Tigranes y sus generales observaban
el ejército romano al otro lado del río. Hacían bromas sobre la aparente debilidad de las
tropas de Lúculo y su escaso número. Allí fue donde Tigranes pronunció la frase que le
haría entrar en la historia. ‘‘Si los romanos vienen como embajadores, son demasiados.
Si vienen como un ejercito, son muy pocos”.
El ejército de Tigranes se situó en la orilla oriental del río, mientras que Lúculo, que
había dejado una retaguardia para continuar el asedio de la ciudad, se situó frente al
ejército armenio en la orilla oeste del río. El ejército armenio desplegó a vanguardia su
caballería en tres grupos. Dos de reyes vasallos Tigranes se situaron a los flancos
izquierdo y derecho, mientras que Tigranes se situó en el centro con sus catafractas en el
centro. El resto de su ejército se puso frente de una colina, una posición que Lúculo
tardó poco en explotarla.
Lúculo por su parte, desplegó probablemente en simplex acies, con el fin de poder
cubrir todo el frente armenio, situando su caballería en retaguardia. Lúculo reservó dos
cohortes en manípulos, unidades aun más manejables, para vadear el río y ocupar la
colina que dominaba el campo de batalla, para posteriormente cargar sobre el flanco de
los catafractas, atacando a los caballos que montaban.
Lúculo atacó rápidamente, antes de que los 20.000 arqueros de Tigranes pudiesen
desplegarse adecuadamente. Y envió a su caballería ligera tracia y gálata sobre la
retaguardia de los catafractos armenios. Tigranes y sus generales estaban asombrados de
que los romanos, numéricamente muy inferiores, hubieran decidido atacar en vez de
adoptar una estrategia defensiva.
Por una vez, los legionarios de Lúculo obedecieron sus órdenes y dejaron el saqueo del
campamento armenio para más tarde, dedicándose en cambio a masacrar a las tropas de
Tigranes en su huida .La matanza duró hasta el anochecer, y según las fuentes de la
época, las pérdidas del rey Tigranes oscilarían entre 10.000 y 100.000 hombres.
Plutarco dice que en el lado romano, “sólo un centenar de heridos, y sólo cinco
muertos.”
Conmocionado por la derrota contra una fuerza muy inferior numéricamente, el rey
Tigranes partió con su hijo y sus consejeros hacia las montañas. Para no ser reconocido
y capturado por los destacamentos de caballería ligera que Lúculo había enviado en su
busca, Tigranes entregó su tiara real a un esclavo de su confianza, encomendándole la
tarea de ocultarla y protegerla con su vida.
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Las tropas de Lúculo pasaron los siguientes días dando caza a los fugitivos y asediando
Tigranocerta, que no resistió más de una semana. Sus habitante no sufrieron daño, pero
fueron enviados a Cilicia, Siria y Grecia. Para comenzar a desmembrar el reino de
Tigranes y privar al rey de sus apoyos, Lúculo cedió el gobierno de Antioquia a
Antioco, descendiente de los antiguos reyes seleucidas, que rápidamente reclamo (y
obtuvo) el control de toda Siria. Varios príncipes de Arabia renegaron de sus alianzas
con Tigranes y juraron lealtad a Lúculo, cediéndole varios miles de jinetes para su
ejercito. Los lideres locales de la provincia de Sofene rindieron pleitesía al nuevo
gobernante, y los ciudadanos de Corduene, en el actual Kurdistan, ejecutaron al
gobernador armenio Zarbienos, y enviaron su cadáver a Lúculo en muestra de
arrepentimiento por su anterior rebelión contra el gobernador romano de la ciudad.
Batalla de Artaxata 68 AC
Enviaron, también, los mensajeros al rey de los partos, para solicitar ayuda, pero
Lúculo, que a su vez había tomado medidas para invitarle, notó el doble juego del rey
parto Fraates III, que al parece haber prometido su alianza con Tigranes, a cambio de la
cesión de la Mesopotamia.
Luculo quiso atacar a los partos, pero el riesgo de un motín general de las tropas
romanas, cansadas de la larga guerra, obligó al procónsul romano que renunciar a la
campaña parta, volviendo a concentrarse en el enemigo armenio, retirándose del río
Eufrates.
Mientras tanto Mitrídates había producido y reunido nuevas armas en todas las
ciudades, pero esta vez los soldados fueron reclutados entre las tropas armenias según
Apiano de Alejandría. Entre éstos, el rey de Ponto seleccionó los mejores reuniendo
70.000 infantes y 35.000 jinetes, descartando todos los demás. Luego se dividió en
unidades similares a las cohortes romanas, y se contrató a oficiales experimentados del
Ponto para adiestrarlos.
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Caballería póntica. En un primer plano se la agema o guardia real, al fondo un hippeis o
javalinero a caballo tracio. Autor José Daniel Cabrera Peña
Plutarco dice que estaban en el medio del verano y el procónsul romano cruzó los
montes Tauro, y marchó contra los armenios; comenzando a saquear algunos pueblos,
para recolectar el grano para abastecer a sus tropas. Apiano añade que habían acampado
en una colina, y Tigranes con la caballería, atacó al ejército romano que había obtenido
suministros de granos y alimentos, pero fue derrotado. Los romanos se encontraron
capaces de moverse más libremente, hasta el campamento en las proximidades del
mismo ejército de Mitrídates. A continuación, Lúculo ofreció batalla, el despliegue del
ejército, pero fue en vano, Mitridates no la acepto y se retiró. Él decidió marchar hacia
la otra capital de Tigranes, Artaxata, donde estaban las esposas y los hijos del rey
armenio.
Tigranes no podía permitirse el lujo de dejar que su segunda capital fuera ocupada por
Lúculo sin siquiera tratar de defenderla, y así que desplegó sus fuerzas en la orilla del
río Arsania, para proteger la ciudad, no lejos de allí. Lúculo tenía que cruzarlo
forzosamente si quería llegar a la capital. Cuando llegó el ejército de Lúculo que eran 2
legiones, 1.600 jinetes y auxiliares. Según la versión de Plutarco, una vez hechas las
debidas ofrendas propiciatorias, decidió cruzar el río con la caballería delante y detrás
12 cohortes como vanguardia, mientras que el resto del ejército se mantuvo para
proteger sus flancos.
Contra ellos lanzó la mayor parte de su caballería, que se componía sobre todo de
arqueros a caballo y lanceros de Mardia y de Iberia (no confundir con España), sin
embargo, estos jinetes no brillaron en su acción, y después de un primer encuentro con
la caballería romana a distancia, se dio paso al avance de la infantería romana, y los
jinetes armenios no pudieron con ellos, retirándose siendo perseguidos por la caballería
romana. Al ver la dispersión de sus tropas, Tigranes montó al frente de su caballería
catafracta, directamente contra el propio Lúculo, que sorprendido y asustado llamó a la
caballería romana al mismo tiempo que él mismo, en primera fila, con los mejores de
sus hombres, se enfrentó a los jinetes que se dirigían contra él, consiguiendo
rechazarlos. De los tres reyes con que se enfrentó en la batalla, Mitrídates del Ponto
72
huyó vergonzosamente La persecución fue larga, y duró toda la noche los romanos
mataron La persecución fue largo y duró toda la noche, hasta el punto de que los
romanos, no sólo mataron enemigos, sino que también hicieron un gran número de
prisioneros y recogieron un gran botín. Los legionarios estaban cansados del peso del
mismo, y entre los prisioneros se encontraban un gran número de dignatarios.
Asedio de Nisibis 68 AC
Lúculo animado por esta victoria, se decidió avanzar aún más en el interior y someter a
todo el reino Armenio. Pero, contrariamente a lo que podría esperarse, el clima de ese
país en el período del equinoccio de otoño, que ya era muy duro, tanto es así que
algunas zonas ya estaban completamente cubiertas de nieve. Esto generó un gran
malestar no sólo en tropas por el frío, sino también por los caballos que tenían
dificultades para beber y atravesar los ríos congelados. Hay que añadir que la mayoría
de esos territorios estaban cubiertos por bosques densos, con estrechas gargantas y
humedales, por lo que los legionarios romanos estaban constantemente incómodos por
estar casi siempre húmedos o cubiertos de nieve. Como resultado, comenzaron a
quejarse de las continuas dificultades que se encontraron a diario, antes de enviar las
delegaciones procónsul para que desistiese de esta nueva empresa militar en un período
tan frío. Entonces, al no recibir respuestas adecuadas, se reunieron en asambleas
tumultuosas, hasta que se rebelaron abiertamente contra las órdenes de su comandante.
73
74
Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 68 AC
Lúculo se vio obligado a regresar, a pesar de que había intentado por todos los medios
convencer a sus tropas, incluso diciéndoles que era la Cartago de Armenia, ya que en su
tiempo había sido fundada gracias a los consejos del eterno rival de Roma, Aníbal. Y
por lo que volvió a cruzar los montes Tauro, y esta vez, descendió en el país llamado
Mygdonia, cuyo territorio era fértil y soleado, y que tenía una ciudad grande y populosa
llamada Nísibis. El gobernante de esa ciudad se llamaba Gouras, y era el hermano de
Tigranes II, mientras que el jefe de su ejército se llamaba Calímaco, un hombre que una
vez había dado los grandes problemas de Lúculo, durante el sitio de Amiso . Y así, el
procónsul romano decidió establecer su propio campo fuera de la ciudad, para comenzar
el asedio por todos los medios a su alcance.
Lúculo llegó a esta ciudad en otoño, la ciudad estaba rodeada por una doble muralla,
hecha de ladrillos grandes y en medio de ellas había un profundo foso, las murallas eran
difíciles de escalar o de destruir. Intentó varios asaltos en vano.
Cuando llegó el invierno, Lúculo aprovechó una tormenta durante una noche sin luna,
los defensores habían dejado desatendidos la muralla exterior y el foso para guarnecerse
de la misma, dejando sólo un pequeño grupo custodiándolos. Entonces intentó el asalto
en la muralla exterior por varios puntos. Los legionarios romanos escalaron sin
problemas la muralla y mataron fácilmente a los bárbaros que montaban guardia, ya que
eran muy pocos. Después llenaron el foso y tras cruzarlo, conquistaron otras posiciones
en la muralla interior que estaba menos fortificada, por la confianza que tenían en la
muralla exterior.
Los romanos entraron en la ciudad y parte de los habitantes con el hermano de Tigranes
se refugiaron en la ciudadela. Se llegó a un acuerdo con los habitantes de la ciudad, por
el que se respetaría la vida si se entregaban a cambio de una gran suma de dinero.
Mientras tanto, en Roma las quejas habían llegado al Senado Romano, donde se decidió
sustituir el procónsul romano, no solo por tener insatisfechos a sus tropas, sino también
por haber antagonizado la poderosa facción de prestamistas y cobradores de impuestos
de Asia.
Tigranes II se había retirado dentro de su propio reino, comenzando a reconquistar
partes de su reino previamente perdidas e incluso puso sitio al legado romano, Lucio
Fannius (antiguo aliado de Mitrídates). Por su parte Mitrídates se apresuró a volver a los
territorios que que aún le quedaban, consiguiendo recuperar parte del Ponto y Armenia
Menor, llevando consigo 4.000 de su ejército y otros recibidos de Tigranes.
La retirada de Lúculo de los territorios allende del río Eúfrates fue la señal que Tigranes
y Mitrídates tanto habían esperado para lanzar la contraofensiva. Las legiones romanas,
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soportando los efectos del frío y de las nevadas del implacable invierno armenio,
regresaron a sus bases en Asia Menor, no sin antes sufrir el hostigamiento de los
nativos. A poco, la retirada se fue tornando en desbandada, a medida que los armenios y
los pónticos mataban y asesinaban a los rezagados o distraídos. Las bajas romanas
durante el trayecto desde Capadocia hasta Pérgamo llegaron a ser más numerosas
incluso que las que Lúculo había sufrido en el campo de batalla de Tigranocerta.
Tamaña debilidad fue el factor decisivo que determinó el regreso de Mitrídates a sus
dominios en el litoral del Mar Negro, de dónde aquél le había expulsado antes de la
invasión a Armenia. Tigranes, por su parte, recuperó todos los territorios que los
romanos habían ocupado entre el Eúfrates y el Tigris, incluida su capital y algunos
distritos de Siria, frutos de su campaña del año 86 AC. Era como si los romanos nunca
hubieran invadido esas latitudes.
En la primavera del año 68 AC, la mayoría de las tropas romanas dejaron el Ponto y se
dirigieron a Mesopotamia, quedando sólo dos legiones fimbrias que se negaron a partir,
convirtiéndose en una presa fácil para Mitrídates.
Mitrídates para contraatacar a los romanos, en primer lugar, se dirigió contra un legado
de Lúculo, llamado Fabio, en un primer enfrentamiento fueron derrotados por los
pónticos, donde los romanos perdieron 500 hombres y Mitrídates fue alcanzado por una
piedra en la rodilla y un dardo bajo el ojo, lo que obligó al rey a alejarse del campo de
batalla y detener la lucha, lo que le permitió a Fabio y a los romanos salvarse.
A continuación, Fabio se retiró y se encerró en ciudad de Cabira. Siendo cercado por las
fuerzas de Mitridates. Fueron liberados por la intervención de Cayo Valerio Triario, que
estaba casualmente estaba por allí, había movilizado a esclavos para que lucharan junto
a los legionarios.
Triario, decidió enfrentarse a Mitrídates, que logró vencer al rey del Ponto en el primer
encuentro, al parecer ambos ejércitos estaban separados por un río, el ejercito de
Mitridates trató de cruzarlo por un puente que se colapsó con el peso de tantos soldados,
momento que aprovecharon los sitiados para salir y atacarlo por retaguardia.
Mitridates se retiró al país que los romanos llamaban Pequeña Armenia situada en las
alturas cerca de Talauro, destruyendo todo lo que no era capaz de llevarse, con el fin de
evitar ser alcanzado por Lúculo en su marcha. Con la llegada del invierno, los romanos
suspendieron todas las operaciones militares.
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Según Tito Livio debido a una nueva sedición entre los soldados, Lúculo no pudo
continuar luchando contra Mitrídates y Tigranes, ya que había sido abandonado por sus
tropas.
Batalla de Zela 67 AC
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Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 67 AC
Puesto que Tirario no dio ninguna señal de movimiento, envió a algunos de sus fuerzas
para conquistar Dadasa, una fortaleza donde se almacenaban los bagajes y suministros
romanos, con la esperanza de que el legado romano se apresuraría a defender el lugar. Y
así sucedió acudió allí y ambos ejércitos volvieron a estar frente a frente cerca de Zela o
Zile, los romanos intentaron recuperar la iniciativa de la campaña. La batalla fue
precedida por un violento tornado que ambas partes interpretaron como presagio de un
encuentro final y decisivo.
Los romanos atacaron el campamento enemigo en Zela por la noche, la batalla creció
tuvo un resultado incierto durante mucho tiempo, al menos hasta que el rey del Ponto no
ordenó una carga poderosa contra el ejército romano, consiguiendo romper el frente
romano, los romanos fueron repelidos y empujados contra sus propias trincheras que
terminaron por llenarse de cadáveres de su ejército. Mitrídates fue herido nuevamente
de gravedad, pero gracias a la intervención de un shaman llamado Agari se curó con
veneno de serpiente y pudo volver a cabalgar poco tiempo después.
El ejército romano resultó por su parte destruido. Las bajas fueron 7.000 legionarios
romanos muertos entre los que se encontraban 24 tribunos y 150 centuriones.
Llegada de Pompeyo
Su mayor éxito fue combatir a los piratas que asolaban las costas y puertos del
Mediterráneo, cuando éstos cortaron el suministro de grano a Roma e incluso atacaron
el puerto de Hostia, el Senado decidió acabar con la piratería. Para ello, Pompeyo
recibió del Senado, después de largos debates, poderes extraordinarios en el 67 AC: el
poder proconsular (Imperium Proconsolare) durante tres años en toda la cuenca del
Mediterráneo hasta el Mar Negro con el derecho de operar hasta 45 millas (70 km)
tierra adentro. Quince delegados puestos bajo su mando con el título de propraetores y
20 legiones (120.000 hombres) y 4.000 jinetes, 270 barcos y un presupuesto de 6.000
talentos. Pompeyo dividió el Mediterráneo en trece regiones separadas, cada una bajo el
mando de uno de sus legados. En 40 días expulsó a los piratas del Mediterráneo
occidental, y restauró la comunicación entre Hispania, África e Italia. En una campaña
rápida y bien organizada derrotó a los piratas. Dos meses bastaron para patrullar el Mar
Negro y erradicar a los alborotadores; a continuación, fue el turno de Creta y de Cilicia.
Los piratas fueron derrotados en sus propios territorios y se rindieron a Pompeyo con
una gran cantidad de armas y barcos, algunos en construcción, otros ya en el mar, junto
con el bronce, hierro, tela de vela, cuerda y diversos tipos de madera. A Cilicia se llevó
71 barcos para la captura y rendición de unos 300 barcos. Muchos de estos piratas los
asentó en Soli, que fue a partir de entonces llamada Pompeyópolis.
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Derrota de los piratas cilicios 66 AC. Pompeyo el Grande realizando una operación
anfibia contra los piratas de Cilicia. El principal barco romano es un trirreme. Los
barcos cilicios ardiendo son dos myoparones. Los piratas tratando de romper la
formación romana en testudo. Autor Giuseppe Rava
Pompeyo era consciente de que sólo la muerte o captura del viejo rey ocasionaría el
final del conflicto de una manera satisfactoria para la República Romana. Pompeyo
también envió uno de sus antiguos generales llamado Metrófanes, como embajador ante
Mitridates para conocer sus intenciones y ofrecerle una oportunidad de rendición. Las
propuestas fueron rechazadas de manera orgullosa por el rey póntico, ya que eran
inadmisibles y sólo tenían como objetivo ganar tiempo para poner en marcha sus planes
de invasión.
En segundo lugar, Pompeyo dio la orden de movilización a todas las tropas bajo su
control y convocó a todos los reyes aliados para que se uniesen con sus propias
unidades nativas. Luego, con estas fuerzas más las tres legiones de Marcio Rex partió de
Cilicia y marchó hacia el norte a través de las Puertas Cilicias en dirección a Galacia, a
través de Capadocia, para ponerse en disposición de franquear el río Halys y penetrar en
el Ponto cuando se diera la orden.
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trocmi, en la Galacia Oriental. Al principio los saludos entre Pompeyo y Lúculo fueron
formales y corteses, pero pronto empezaron a aparecer discrepancias dado que ambos
querían atribuirse el mérito de la conquista de Asia. Cuando Lúculo partió, Pompeyo se
hizo cargo de todas las tropas, a excepción de un contingente de 1.600 hombres que le
dejó como guardia de honor para que participaran en su triunfo. En realidad no eran más
que hombres heridos y enfermos que eran devueltos a Italia.
Pompeyo una vez reunido su ejército se dirigió contra Mitrídates, éste alarmado por los
preparativos de Pompeyo y dada su inferioridad numérica, envió delegados para
conocer en qué condiciones este concluiría una tregua. Pero Pompeyo no estaba en
modo alguno por la negociación, ya que una tregua sólo permitiría a Mitrídates
reconstruir sus propias fuerzas y daría tiempo a Tigranes a reafirmarse en Armenia.
Además, si la guerra llegaba a su conclusión sin que hubiese lucha, Pompeyo sería
objeto de toda clase de burlas y las acusaciones que se habían vertido contra él se
encontrarían bien fundadas. Como la estrategia de Pompeyo se basaba en que Mitrídates
debía continuar la contienda, le ofreció de nuevo unos términos que éste estaría
obligado a rechazar: exigió que se rindiera entregándose él y todos los desertores
romanos de su ejército, sin condiciones.
Pompeyo llegó a la zona y decidió no atacar a Mitrídates esa colina, prefirió acampar en
un lugar también con buenas condiciones de defensa no lejos de Mitridates y esperar. La
zona donde se encontraban era en la frontera de su reino y Lúculo había devastado esa
región, había pocos recursos para suministrar a un ejército, y la espera debilitaría
debilitaría al ejército de Mitrídates.
La primera acción militar registrada entre los dos contendientes fue un encuentro entre
las caballerías. Pompeyo preparó una emboscada, ocultando parte de su fuerza de
caballería, mientras que un grupo de jinetes hostigó abiertamente a los puestos de
avanzada del monarca póntico, con el objeto de provocar al enemigo y después
retroceder, como si huyeran, esperando ser perseguidos y conducirlos a la trampa. Así lo
hicieron, cuando los jinetes pónticos llegaron a la zona trampa, los jinetes que se
encontraban escondidos salieron y rodearon a sus perseguidores pónticos, los derrotaron
y los pusieron en fuga.
Mitrídates, por temor a que fuese una trampa, había ordenado avanzar a su infantería,
ante la cual los romanos retrocedieron.
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hostigar con su caballería a las vanguardias de Pompeyo, para hacerles desistir de su
persecución. Pero Pompeyo no se desanimó y continuó con la persecución.
Las primeras escaramuzas y maniobras se habían desarrollado en el alto curso del río
Halys, donde Pompeyo se apoderó de una fortaleza montañosa casi inexpugnable que
había sido abandonada por Mitrídates debido a la falta de agua. La superior destreza en
el reconocimiento por parte romana se demostró cuando las tropas excavaron pozos para
localizar fuentes de agua, cuya existencia Pompeyo había deducido de la vegetación
existente en las bajas pendientes. Mitrídates efectuó su retirada a través de un paso
montañoso al norte del Halys, en el valle del río Lycus, a lo largo de la carretera mayor
que discurría en dirección este-oeste por el Ponto. Aquí acampó en la población de
Dasteira (cerca de la actual Pürk), con la intención de detener a Pompeyo y cortar la
ahora alargada línea de suministros de Pompeyo, y desgastarle gradualmente.
Pompeyo para poder continuar su marcha pasando a través de las fronteras orientales
del reino de Mitrídates, había establecido de una serie de nuevas posiciones fortificadas
(a unos 25 km entre sí), y llegó a Dasteira donde se encontraba Mitridates y la puso bajo
asedio.
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Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 66 AC
Batalla de Belgazi 66 AC
Al día siguiente, cuando Pompeyo se dio cuenta de la huida del monarca y se lanzó
rápidamente en su persecución. El convoy real remontó el alto valle del río Lycus, que
era muy encajonado. Mitrídates continuó su viaje marchando sólo de noche y
acampando de día, evitando así el ataque de Pompeyo, que era reticente a cargar contra
una posición defendida o arriesgarse a una batalla nocturna en un territorio poco
familiar. Durante los dos o tres primeros días las tropas pónticas estaban lo
suficientemente lejos para justificar este tipo de tácticas, pero después de recorrer unos
80 km, Pompeyo, alcanzó la retaguardia póntica.
Consiguió que parte de sus tropas avanzaran más allá del campamento enemigo y,
ocultas, prepararon una emboscada en un estrecho paso (la actual garganta de Belgazi).
Esta vez Mitrídates fue cogido por sorpresa junto con sus tropas. La siguiente noche,
cuando su ejército penetró por el paso, los romanos, desde las alturas, anunciaron su
presencia con un toque de trompeta, con el golpeteo de las pilum y espadas sobre sus
escudos. Este ruido aterrador fue seguido por una lluvia de jabalinas y piedras, y por un
duro ataque sobre las confundidas líneas enemigas. Las tropas pónticas, atrapadas en el
desfiladero, ofrecieron poca resistencia, estorbados además por el pánico de las mujeres,
la presencia de caballos y camellos en medio de la formación, y por las carretas de
transporte. La luna naciente ayudó a los romanos, iluminando a sus víctimas y
confundiendo su ánimo. En la masacre cayeron cerca de 10.000 enemigos, una tercera
parte de las fuerzas totales del ejército póntico, y fue capturado todo el material de de
guerra.
Fuga de Mitridates 66 AC
Sin embargo, Mitrídates no estaba entre las bajas. Pudo forzar el paso de los riscos
acompañado tan solo de su guardia personal, junto con una de sus concubinas,
Hipsicratea, vestida como un hombre, burlando la vigilancia establecida por Pompeyo
para evitar su fuga. En su huida se encontró con unos 3.000 infantes y unos 800 jinetes
de su ejército. Con esta fuerza, Mitrídates se dirigió en primer lugar a su fortaleza de
Sinoria, situada en el alto Éufrates, cerca de la frontera con la Gran Armenia, donde
había guardado una gran suma de dinero. En Sinoria recompensó la lealtad de sus
hombres, en el amplio sentido de la palabra, dando a cada soldado la paga de un año
y,después de reservarse él mismo la suma de 6.000 talentos, dejó que el resto del tesoro
se lo llevaran aquellos que pudieran transportarlo. También envenenó a sus amigos para
que no le entregaran a los romanos.
Posiblemente, éstos habrían intentado llegara algún tipo de acuerdo con Pompeyo que
incluiría la entrega de Mitrídates. En previsión de los siguientes movimientos, envió
mensajes a Tigranes para rogarle que le diera refugio. Sin embargo la respuesta de este
no fue ni mucho menos positiva. Al conocer la derrota de Mitrídates, arrestó a sus
mensajeros y puso precio a su cabeza, una recompensa de 100 talentos.
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era nieto de Mitrídates, y sospechaba que el monarca póntico era cómplice de la
sublevación.
Pero ante todo fue su propio interés lo que pesó en la balanza, al considerar que la causa
del viejo rey estaba perdida. Consciente de las intrigas de su hijo con Fraates, su mejor
baza para sobrevivir era ofrecer tan poca resistencia como su propio respeto a sí mismo
permitiera,con la esperanza de obtener la indulgencia de Pompeyo. Mitrídates se
encontró entonces con que la única vía de escape que se le abría era dirigirse hacia el
norte, dirección que tomó con las pocas tropas que le quedaban y el tesoro retirado de
Sinoria. A pesar de sus recursos financieros, la imposibilidad de poder formar un nuevo
ejército revela el total colapso económico y social del Estado póntico, así como la
pérdida por completo del control sobre su propio reino. Mitrídates se apresuró hacia las
fuentes del río Éufrates (hacia el desfiladero de Erzeroum), con la idea de llegar, desde
allí, hasta la región de la Cólquida. Cruzó el Éufrates hacia el cuarto día de su salida de
Sinoria y, tres días más tarde, penetró en Armenia por Cotene (Chorzene). En esta
región rechazó a los, que trataron de impedirle el paso por la fuerza. Mitrídates logró
franquear este obstáculo y llegar hasta el río Apsarus (Tchoroki) para, después de
alcanzar la Cólquida y pasar el invierno del año 66/65 AC en la ciudad de Dioscuriae
(Soukhoum).
El rey de Ponto quería pasar a lo largo de la costa del Ponto, y llegar al reino del
Bósforo. Allí iba a robar el reino a hijo traidor, Macaare que era ahora aliado de los
romanos, y a continuación, volver a atacar a los romanos, esta vez desde Europa, a
través de Tracia, Macedonia, Panonia, y luego a través de los Alpes hasta llegar a Italia.
Al final de Mitrídates llegó a la zona del mar de Azov, donde vivían muchos príncipes,
quien lo recibieron con toda la amistad, escoltando y el intercambio de regalos con el
rey de Ponto, ya que conocía los hechos, el reino y el poder. Una vez establecidas las
alianzas suficientes con la población local (de hecho dio sus hijas a los más poderosos
de estos príncipes).
Cuando su hijo Macare, supo que su padre no estaba lejos de su reino, después de haber
atravesado el desierto en un tiempo tan corto, y las mismas ”Puertas Escitas“, nunca
antes atravesado por algunos, enviado algunos embajadores que intentaran defenderle
por su pacto con los romanos. Al contestarle que no iba a perdonarle, prefirió huir al
Quersoneso Ponto, quemando las naves para evitar que su padre pudiera seguirle.
Cuando este último fue capaz de adquirir otros nuevos, las envió de nuevo contra su hijo
y consiguió matarlo. Mitrídates, entonces mató a todos aquellos que le habían
traicionado, pero por el contrario, liberó a todos los amigos de su hijo, porque él se
había comportado de esa manera por la relación de amistad que habían tenido con
Macare.
Rendición de Artmenia
Pompeyo tan solo había necesitado seis meses para derrotar a Miridates, pero la
experiencia le advirtió que el conflicto no podía considerarse finalizado mientras
Mitrídates permaneciese con vida. Envió algunas tropas en su persecución, pero éste se
puso a salvo cuando cruzó el río Phasis (Rioti). Pompeyo preparó entonces el avance
contra su segundo enemigo Tigranes, por lo que se movió con el resto de su ejército
aguas arriba del Éufrates, hasta localizar un vado por donde cruzar el río cerca de sus
fuentes. Poco después pasó a Armenia y cuando se acercaba a la capital Artaxata,
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Tigranes salió a su encuentro paara rendirse. Además de traicionar a su suegro y antiguo
benefactor, Tigranes debió acceder a abandonar todas sus conquistas en Siria y a
renunciar a sus pretensiones expansionistas sobre Capadocia (Pequeña Armenia) y parte
del Ponto. También tuvo que comprometerse a pagar un tributo anual a los romanos,
inicialmente fijado en 6.000 talentos de oro, sin contar el cargo por reparaciones de
guerra. Tigranes el Joven, el desleal príncipe que había ayudado a los romanos contra su
padre, se vio favorecido con tierras en la Sofene. El resto de su reinado, Tigranes II el
Grande lo haría efectivo sobre un territorio que volvió a ser las fronteras originales del
reino.
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Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 65 AC
Una vez sometida Armenia, Pompeyo se dirigió al norte hacia la Cólquida. Todas las
tribus indígenas de la zona se sometieron, pero Oroses, rey de los albanos y Artoce, rey
de los ibéricos, que disponían unas fuerzas 70.000 efectivos, decidieron atacar a los tres
campamentos romanos de Quinto Cecilio Metelo Celer, del propio Pompeyo y de Lucio
Flaco que se encontraban en la orilla del río Lycus al pie del Monte Caúcaso.
Oroses quería golpear a los romanos durante la fiesta de la Saturnalia, dividieron sus
fuerzas en tres ejércitos diferentes, decidieron atacar primero Quinto Cecilio Metelo
Celer, y mientras los otros dos fijarían las fuerzas en sus campamentos respectivos para
que no pudiesen apoyarse mutuamente.
Así Pompeyo, después de derrotar al ejército que había sido enviado contra su
campamento, poniendo en fuga al propio Oroses, se dirigió a atacar a los albanos, a
medida que cruzaban el el río Cyrus y matando a muchos.
Pompeyo a pesar de los riesgos de invierno, decidió invadir su país, y se preparó para
cruzar el río Cyrus. Artoce, aterrado por el repentino avance, no hizo ningún intento de
desplegar el ejército de unos 40.000 efectivos, y en su lugar decidió replegarse
rápidamente a través del río. Pompeyo sometió la zona al sur del río.
Cuando Artoce vio que Pompeyo se preparaba para pasar el Cyrus, envió de nuevo
mensajeros para pedir la paz en vano. El rey de Iberia huyó al río Pelorus (al norte del
Cyrus). Pompeyo aprovechó la oportunidad para perseguirle a ella, y vencerlo
aprovechando la rapidez de su acción. De nuevo Artoce logró escapar, y poco después
ofreció la paz, que Pompeyo aceptó.
Pompeyo dirigió su mirada hacia el oeste, donde fluía el río Fasi, su idea era dirigirse a
la Cólquida, descendiendo este río y reunirse con la flota de su legado, Publio Servilio
Vatia, y atrapar a Mitridates.
Para evitar a los albanos que le estaban esperando, prefirió tomar un desvío en Armenia,
para rodearlos y tomarlos por sorpresa.
Siguió el curso del Cyrus. A partir de ahí continuó su marcha hacia el río Cambises, y
aunque no sufrió ningún ataque de los enemigos, era en cambio el calor el creaba las
mayores dificultades. Siguió por el río Abante, cuando se enteró de que Orose marchaba
contra él. Decidió desplegar su ejército, y cuando Oroses llegó, se lanzó al ataque
60.000 infantes y 12.000 jinetes. Los romanos vencieron en la subsiguiente batalla.
Al parecer, en el choque estuvieron presentes mujeres guerreras del lado de los albanos,
a los que los romanos llamaron Amazonas. Después de la batalla, los territorios de los
albanos fueron sometidos y les concedió la paz. Hizo tratados de alianza con otros
pueblos vecinos del Cáucaso hasta el Mar Caspio.
Cneo Pompeyo Magno se dirigió a Judea para asegurar esos territorios, encontrándose
con el enfrentamiento entre los hermanos Hircano y Aristóbulo. Hijos del sumo
sacerdote Alejandro Janneo y de su esposa Salomé Alejandra, iniciaron una disputa por
el trono a la muerte de sus padres. Ambos se erigieron reyes en diferentes territorios,
bajo los nombres de Hircano II y Aristóbulo II, apoyados respectivamente por los
fariseos y los saduceos, ambos grupos judíos con distintas pretensiones.
La primera intervención romana en esta zona fue dos años antes, sencillamente para
acudir en ayuda de Aristóbulo cuando éste se encontraba sitiado en Jerusalén. El tribuno
militar de Pompeyo, Marco Emilio Escauro, encargado de estudiar la situación de la
guerra civil judía, optó por aceptar la suculenta recompensa de 400 talentos de oro de
Aristóbulo ofreciéndole su ayuda por medio de amenazas a los sitiadores. Finalmente
Hircano, que estaba siendo ayudado por el rey nabateo Aretas III, levantó el sitio.
Muchos cambios sufriría el trono judío desde este momento. Pompeyo tuvo que mediar
en la trifulca judía cuando a él acudieron Aristóbulo, Hircano y una delegación
representante del pueblo judío para exponer sus ideas de gobierno.
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Tercera Guerra Mitridátic. Operaciones en el 64 y 63 AC
Pompeyo decidió unir sus fuerzas a las del bondadoso Hircano II, y su ejército conjunto
de romanos y judíos asediaron Jerusalén durante tres meses, después de los cuales la
tomaron de Aristóbulo. Aristóbulo fue encarcelado y posteriormente enviado a Roma
para el triunfo, sus partidarios se refugiaron en el templo, que fue tomado en el año 63
AC, muriendo 12.000 judíos. Pompeyo entró en él, incluso hasta el Sancta Sanctorum.
Fue al templo para comprobar si los judíos carecían de estatuas o imágenes físicas de su
Dios en el lugar más sagrado de veneración. Para Pompeyo, era inconcebible rezar a un
Dios sin retratarlo en un tipo de parecido, como una estatua. Lo que Pompeyo vio no se
parecía a nada que él hubiera visto en sus viajes a lugares santos. No encontró ninguna
estatua, imagen religiosa o descripción pictórica del dios hebreo. En lugar de ello vio
rollos de la Torá y quedó confundido.
”De los judíos cayeron 12.000, pero de los romanos muy pocos… y no se cometieron
daños insignificantes en el templo en sí, que, en épocas anteriores, habían sido
inaccesible, y visto por nadie; pues Pompeyo entró, y no pocos de aquellos que estaban
con él fueron también, y vieron lo que era ilícito que viera cualquier otro hombre
distinto a los sumos sacerdotes. En aquel templo estaban la mesa dorada, el sagrado
candelabro, y los recipientes para libaciones, y una gran cantidad de especias; y
además de estos había tesoros, dos mil talentos de dinero sagrado: pero Pompeyo no
tocó nada de todo esto, debido a su consideración hacia la religión; y en este punto
también actuó de una manera que era merecedora de su virtud. Al día siguiente dio la
orden a aquellos que estaban a cargo del templo que lo limpiaran y que llevasen las
ofrendas que la ley exigía a Dios; y restauró el sumo sacerdocio de Hircano, tanto
porque le había resultado útil en otros aspectos, y porque dificultó que los judíos del
país dieran ayuda a Aristóbulo en su guerra contra él”. Josefo
Los judíos quedaron sorprendidos de que saliese indemne del Templo, pues según ellos,
los que profanasen el Templo, morirían instantáneamente o les ocurriría una gran
desgracia. Los cierto es que no volvió a ganar ninguna batalla después de la
profanación.
El legado Afranio sometió a los árabes de la zona de Amano, el objetivo estratégico era
llegar al mar Rojo, llevó a cabo la guerra contra los árabes de la ciudad nabatea de
Petra, cuyo rey se llamaba Areta III, derrotándolo en varias ocasiones.
Final de Mitridates 63 AC
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Mientras tanto Farnaces, el hijo favorito de Mitrídates había designado como su sucesor,
preocupado por la expedición de su padre a Italia, formó una conspiración contra su
padre , pero fue descubierto. Todos los conspiradores fueron ejecutados, pero él en
cambio fue perdonado. Pero este, temiendo la ira de su padre, empezó a correr la voz de
los infortunios habrían encontrado, si hubieran seguido a su padre en su loca empresa
para llegar a suelo italiano. Muchos comenzaron se unieron a Farnaces.
Mitrídates, sitiado por las fuerzas de su hijo Farnaces en Panticapaeum, fuera de sí,
también por temor a ser entregado a los romanos, en primer lugar mató a sus esposas e
hijos, luego trató de suicidarse con veneno, al que, sin embargo, era inmune, al final la
muerte se la se dio, según Apiano y Livio, un general galo llamados Bituitus, que le
ayudó a clavarse su propia espada. De acuerdo con Dione en cambio le mataron los
soldados de su hijo Farnaces. Este fue el fin del rey del Ponto, tenía 69 años y había
luchado contra Roma durante casi 30 años. Su hijo Farnaces II (63-47 AC) se convirtió
en rey del Bósforo. Más tarde se enfrentaría a César en la batalla de Zela.
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Muerte de Mitridates VI rey del Ponto en el año 63 AC con 69 años
Pompeyo permitió el funeral del gran rey, que sería enterrado en las tumbas reales en el
camino de los reyes de Sinope, porque admiraba sus grandes logros y lo consideraba
como el rey más grande de su tiempo. Farnaces, fue declarado oficialmente “amigo y
aliado de los romanos“, y se le concedió el reino del Bósforo, excluidos Paflagonia,
cuyos habitantes eran libres e independientes, ya que ellos fueron los primeros en
resistir a Mitrídates y habían contribuido a desencadenar la revuelta en muchas otras
ciudades y países, haciendo que su colapso final.
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