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LA GUERRA DE LAS GALIAS

Origen y descripción de las Galias


Edad Antigua La guerra de las Galias Origen y descripción de las Galias

Expansión de los celtas

Los galos pertenecían al gran grupo de pueblos que denominamos celtas, un conjunto
muy dispar de tribus que ocuparon un enorme territorio en el centro de Europa durante
la Edad de Hierro. Se trataba de poblaciones inicialmente seminómadas (que más tarde
se hicieron semisedentarias) cuyo modo de vida variaba en función de la riqueza natural
del territorio bajo su control, pero que tenían en común las mismas creencias religiosas
y una pasión exacerbada por la guerra, además de contar con una notable tecnología
metalúrgica. Eran de origen indo-europeo que emigraron sobre el 1.300 hacia el este
junto con los pueblos germánicos, itálicos y helenos  ocuparon una zona entre el Rin, el
Elba y el Danubio.

En el siglo IX AC, se produce una emigración de celtas sobre carros pertenecientes a la


cultura de Hallstatt que pasaron por Francia y llegaron a la península Ibérica,
asentándose en Cataluña y el valle del Ebro, aunque también por la meseta y el noroeste
peninsular.

En el siglo VII y VI se produce otra emigración de celtas pertenecientes a la cultura de


Tené en que siguen con sus carros de guerra y aparecen los primeros jinetes. En el siglo
III AC fue su momento de máximo esplendor, llegando a ocupar vasto territorio que
limitaba con el mar Negro, los Balcanes, los Alpes y el Atlántico, y que incluía el norte
de Italia, las islas Británicas y los ríos atlánticos de la península Ibérica salvo el
Guadalquivir; uno de estos pueblos celtas, el de los gálatas, llegó a adueñarse del centro
de Anatolia.

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Expansión de los celtas

División de la Galia

En tiempo de Cesar las Galias se dividían en las que estaban bajo el control de Roma
que eran la Galia Cisalpina (al sur de los Alpes), y la Galia Narbonenese que
comprendía una franja de terreno entre los Pirineos y los Alpes, era una provincia de
gran importancia pues comunicaba Roma con Hispania.

La Galia no Romana se dividía en tres partes:

La Galia Aquitana comprendida entre los Pirineos y el rio Garona. Sus pueblos no eran
de origen celta y hablaban un idioma distinto y tienen más parecido con sus vecinos
iberos que con los galos. Entre estos pueblos se encuentran los sociates, tarbelos,
garunos, ptianos, elusates, gates, etc.

La Galia Céltica o Melenuda. Sus pueblos eran de origen celta, era la más grande y los
pueblos más importantes eran los heduos, senones, boyos, mandubios, parisios,
lexovios, lemovices, arvernos, buturiges, aulercos, secuanos, carnutes, leucos, tréveros,
helvecios, etc. Los boyos y senones habían cruzado los Alpes y atacado a roma con
anterioridad.

La Galia Bélgica. Sus habitantes no eran de origen celta, sino germano, los pueblos más
relevantes eran los suesiones, nervios, eburones, atrebates, ambianos, atúaticos,
mórinos y menapios, estos últimos situados en la costa.

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División de las Galias en tiempos de Cesar según su descripción.

Sociedad gala

La entidad étnica fundamental entre los galos era la tribu, un conjunto de familias
unidas por un origen común. Incluía a miles o incluso decenas de miles de individuos
que ocupaban un pagus, un espacio delimitado casi siempre por accidentes naturales
(cursos de agua, macizos montañosos, bosques) cuyo tamaño equivaldría al de una
comarca actual. Las tribus se agrupaban generalmente en pueblos o civitas, que podían
aglutinar entre 200.000 a 600.000 personas y de las que conocemos la existencia de
medio centenar; entre las más importantes se contaban las de los héduos, arvernos,
secuanos y senones. A lo largo de la historia, las continuas guerras entre tribus llevaron
a éstas a confederarse o a establecer relaciones clientelares entre sí; confederaciones y
relaciones que se vieron modificadas continuamente.

La sociedad se dividía los reyes, druidas, guerreros, pueblo llano, y en la parte inferior
siervos y esclavos.

A cargo de los druidas corrían la religión, la justicia y la educación, mientras los


guerreros constituían el grupo que tenía el privilegio de hacer la guerra; este privilegio,
hereditario, estaba condicionado por la necesidad que tenía el guerrero de adquirir su
propio y costoso equipo militar. Por debajo figuraba el pueblo llano, también compuesto
por hombres libres: en la parte superior estaban artesanos y comerciantes y en la parte
inferior los campesinos y pastores. En el último escalón de al sociedad se encontraban
los siervos y esclavos, muy numerosos, cuya condición se debía normalmente al hecho
de haber sido capturados en el curso de las frecuentes guerras.

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Sociedad gala. Jerarquía de la población, a la cabeza el rey la la reina, posteriormente
los vergobretos o magistrados anuales, después los druidas y los guerreros, detrás los
artesanos y comerciantes, detrás los paisanos que eran agricultores y ganaderos y por
último los siervos y esclavos

El rey

La figura del rey tenía entre los celtas un sentido religioso muy fuerte. A él se debía la
felicidad del pueblo y su riqueza agrícola. En ocasiones, los reyes llevaban el nombre de
algún dios: Nuada Necht, Nuada Fin Fail, etc. El rey no podía ser imperfecto de cuerpo,
ni tampoco de espíritu. Si era injusto, no crecerían en su reino hierbas y frutos. Su vida
estaba rodeada de extraños tabúes y siempre circulaban numerosas leyendas acerca de
su elección. Era simbolizado por el toro. La entronización era la banaisrigi (boda del
rey); la esposa era la tierra de los antepasados. Bajo su mando, muchas naciones celtas
se unieron, y consiguieron múltiples victorias frente a los romanos, saquearon los
campos de trigo y cereales para impedir el abastecimiento a los romanos.

En la época de César, la realeza había sido casi abolida y en su lugar se nombraban


magistrados anuales o vergobretos. Cada año, representantes de los diferentes estados se
reunían en asamblea, y las cuestiones de política nacional se discutían. Debido a las
naturalezas violenta y excitable de los galos, estas asambleas a menudo acababan en
escenas tumultuosas de desorden.

Druidas

La formación jerárquica dentro del mismo grupo es unipersonal, ya que sólo uno de
todos los ”sacerdotes druidas” ejerce la suprema autoridad. No obstante, el cargo no es
perpetuo y es en ocasiones se otorga por votación o la lucha armada. La mayoría de
ellos se capacitaban y recibían sus tradiciones en la isla de Britannia (al norte de Galia);
la transmisión de ese saber no es escrito sino oral, por lo que no existen mayor
evidencias que ciertas crónicas de viajeros o militares; como la de Julio César que en
este punto nos explica ”los druidas suelen estar ausentes de la guerra y no pagan
tributo alguno a los demás. Estaban exentos del servicio militar y tienen inmunidad en
todo. Tentados por semejantes privilegios, muchos van a aprender su doctrina por
propia iniciativa o son enviados por sus padres y parientes. Dicen que allí aprenden de
memoria gran número de versos. Y así algunos permanecen veinte años aprendiendo.
No consideran lícito poner por escrito su enseñanza, mientras que en todas las demás
cosas, negocios públicos o privados, usan las letras griegas”.

Según la doctrina druida, las almas no mueren sino que pasan de un cuerpo a otro en
forma de reencarnación. Esta costumbre vitalizaba y renovaba la valentía de los galos en
frente al combate y exacerba su valentía. Los druidas tenían un detallado conocimiento
sobre los astros y otros menesteres; y consideran que la escritura no permitía mantener
viva la memoria.

Se requería años de estudio intenso para poder formar parte de ella. Ellos se encargaban
de la educación de los jóvenes y todos les tenían un profundo respeto. Se les
consideraba los más justos entre los hombres y por ello se les confíaba los juicios.

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”Si se ha llevado a cabo un asesinato, si hay alguna controversia por una herencia, por
los límites de un terreno, de igual modo son ellos quienes deciden y resuelven los
premios y los castigos. Si algún individuo o pueblo no cumple con lo decidido por ellos,
prohíben los sacrificios. Este es el castigo más duro entre los galos. Y quienes sufren
esta prohibición son tenidos por impíos y criminales, todos se apartan de ellos, rehuyen
su conversación para no recibir en el contacto parte de la calamidad” (César, VI, 13)

Se dedicaban a los oficios divinos, hacían sacrificios y practicaban las ciencias de la


naturaleza, se consagraban a la parte moral de la filosofía. Los druidas estaban exentos
de las guerras y podían detener un combate pasando la línea de batalla si lo deseaban.
Eran venerados por todos los galos y también era el vínculo que mantenía unidos a los
galos; la religión. El máximo dogma de los druidas era la inmortalidad del alma.
Afirmaban que las almas y el universo son indestructibles, pero que un día el fuego y las
aguas prevalecerán sobre ellos. Tenían como árbol sagrado el roble, y en él buscaban el
muérdago sagrado. Elegían bosques de robles para llevar a cabo sus ritos sagrados.
Consideraban sagrado todo lo que crecía en el roble y creían que era signo de que el
árbol ha sido elegido por la propia divinidad. Rara vez se encontraba el muérdago pero
cuando así era se recogía con una gran solemnidad, especialmente el sexto día de la luna
(que para ellos constituía el inicio de los meses y el año) y después del trigésimo año del
siglo, pues es entonces cuando crece en todo su esplendor. Para esta ocasión organizan
un banquete bajo el árbol y traen dos toros blancos cuyos cuernos han sido atados por
primera vez para esta ocasión. Un sacerdote vestido con ropas blancas sube al árbol y
corta el muérdago con una hoz de oro, recogiéndolo en su sayo blanco. A continuación
inmolan a las víctimas.

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Druidas de la Galia. A la izquierda celebrando un sacrificio, a la derecha recolectando el
muérdago con un hoz de oro

Creían que el muérdago mezclado con una bebida da la fertilidad a cualquier animal
estéril y que es un antídoto para los venenos. Los druidas tenían un druida supremo, un
archidruida a quien todos los demás obedecían. En la Galia, los druidas, solían reunirse
anualmente en cierto lugar sagrado del país de los carnutes, bien pudiera ser un bosque
sagrado en el emplazamiento donde hoy se encuentra la catedral de Chartres. Se cree
que donde hoy está el altar era donde antiguamente los druidas hacían sus ofrendas y
sacrificios, es decir, el santuario druídico por antonomasia en la Galia. Muchos también
eran versados en la lengua y escrituras griega y latina. Muchos de ellos fueron
preceptores de romanos.

Los druidas fueron perdiendo importancia con el tiempo, en el 300 AC realizaron su


primera aparición, hacia el 200 AC consiguieron su máxima extensión, y a la llegada de
Julio Cesar eran combatidos por los nuevos políticos y habían perdido su importancia.

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Los guerreros

En tanto que celtas, los galos se definían a sí mismos como guerreros, y fue sobre todo
en la guerra y por la guerra como fueron conocidos por el resto de los pueblos clásicos.

Tras los reyes galos destacaban en cada tribu los jefes, que tenían gran autoridad sobre
los demás y estaban encargados de velar por su seguridad. A ellos estabas unidos todo
su clann (palabra gaélica que significa familia). Una de las características de los jefes
era la responsabilidad suprema, puesto que, en caso de fallar o de ser vencido en batalla
debía de pagarlo con su entrega o con su vida. Muchas veces después de la derrota, los
jefes celtas admitiendo su responsabilidad se suicidaron (como la reina Boudicca) o se
entregaron al vencedor (caso de Vercingetórix).

La importancia de los guerreros galos dependía de la cantidad de sirvientes conseguidos


para batalla, al linaje al cual pertenecía el individuo, y a su propia fortuna. No tenían ni
la organización ni la destreza táctica de sus oponentes “civilizados”, pero lo
compensaban con su experiencia como mercenarios y con la metalurgia y su manera de
desenvolverse en combate no tenía nada que envidiar a griegos o romanos. Según
Estrabón “los galos estaban locamente enamorados de la guerra“. Eran muy
beligerantes. Tenían la costumbre de cortar la cabeza a los enemigos abatidos y las
llevaban colgadas de sus caballos o carros. Al secarse, las colgaban en su casa, en el
panteón familiar.

Sus insaciables ansias de combatir, unidas a su reputación de pueblo sangriento, eran


suficientes para llenar de miedo el corazón de sus oponentes.

El pueblo llano

Estaba formado por los artesanos y comerciantes y por debajo los paisanos. Los
artesanos galos eran habilísimos en toda clase de elaboración de los metales, verdaderos
maestros del cuidadoso trabajando con el oro. Forjaban armas de excepcional calidad,
entre las cuales destacamos las largas espadas celtas, los escudos, la cota de mallas, los
yelmos…eran excelentes forjadores. Hacia el norte, y en la costa Atlántica construían
naves que servían para enfrentarse con las grandes olas del océano.

Los paisanos se dedicaban a la agricultura o a la ganadería. La propia agricultura gala


estaba más avanzada que la romana, y aquí debemos de señalar que contrariamente a lo
que se cree, que los galos fueron copiados en armamento por los romanos y no a la
inversa.

Siervos y esclavos

Además de las familias o clanes, las tribus más importantes contaban con un grupo de
esclavos o gente de la considerada ”sin posición”, por haber cometido un delito que
conllevaba la pérdida de sus derechos. Se les permitía seguir viviendo allí, aunque en
una cabaña peor y siempre en condición de siervo. El castigo que se les imponía no les
prohibía, sin embargo, formar su propia familia.
Entre los irlandeses, galos y galeses, muchos de los esclavos eran adoptados por las

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familias. Esto se traducía a la postre en una adquisición por parte del esclavo de los
mismos derechos que tenían los adoptantes, lo cual era la razón de que su fidelidad a la
tribu superase en ocasiones a la de los propios celtas.

Costumbres

El tiempo para los galos, no se mide en días como en los pueblos latinos, sino en
noches, y los cumpleaños se celebran tomando en cuenta que el día debe seguir a la
noche. En cuanto a los matrimonios, los varones aportan una parte de su patrimonio
como dote, mientras las mujeres ponen la otra parte. Esta costumbre, variaba de tribu en
tribu.

Seguramente, los sacrificios humanos eran permitidos por los celtas, y esto habría
causado mucha impresión por parte de los conquistadores romanos. En ocasiones,
aquellos que eran apresados por robo o bandidaje eran sacrificados o quemados vivos
como suplicio a los dioses, pero como bien observa César ”hay escasez de esta clase de
gente, incluso los inocentes llegan a los suplicios” (César).

Los rumores y chismes debían ser tratados exclusivamente en las asambleas públicas, y
cuando un sujeto se enteraba de un rumor, tenía la obligación de no divulgarlo, y
ponerlo en conocimiento de los jefes de la asamblea, que harán mención a la noticia en
concordancia con el bien de la comunidad. Asimismo, si la noticia es perjudicial o
genera pánico, la asamblea está constituida de tal forma que puede ocultar información
o manipularla según sea la ocasión. ”Las tribus que son consideradas más eficientes en
administrar los asuntos públicos tienen decretado por ley que, si alguien se entera de
algo acerca de una cuestión pública, por los vecinos, gracias a un rumor o un
comentario, debe llevar la noticia al magistrado y no compartirla con ningún otro,
porque a menudo se vio que hombres temerarios y sin experiencia son aterrorizados
por falsos rumores y llevados al crimen y a tomar decisiones sobre cuestiones
cruciales. Los magistrados ocultan lo que saben; lo que juzgan que es de provecho, lo
comunican a la multitud. No está permitido hablar de cuestiones públicas sino en la
asamblea”.

La lengua

Los galos hablaban diferentes dialectos de una lengua celta perteneciente a la familia
indo-europea, que en la actualidad está extinguida. En la zona de Aquitania hablaban
probablemente lenguas vascas. Esta zona era bastante más amplia de lo que es en la
actualidad. Ninguna de las lenguas que en estos tiempos se ha dado en llamar lengua
celta proviene de aquel lenguaje hablado por los galos o los celtas. La lengua que se
habla en Bretaña es una herencia de las gentes que llegaron de Gran Bretaña durante los
primeros siglos de la era cristiana.

Se conoce poca escritura de los galos y se cree que esto se debe a los tabúes religiosos
que tenían respecto la escritura. Después de su contacto con griegos y romanos
utilizaron el alfabeto de unos y de otros.

Aspecto físico

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Los galos se describen como altos y de gran fuerza física, con una piel clara y cabello
rubio, que a menudo se teñían por medios artificiales agrupación. Hombres de rango y
las autoridades llevaban pelo y barbas largas. Las tribus más bárbaras dieron a sí
mismos un aspecto terrible pintando sus cuerpos semidesnudos con dibujos horribles.

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Una familia gala. Se puede apreciar la forma de vestir

Las mujeres galas son descritas por los escritores antiguos como las más bellas de todas
las mujeres bárbaras y como amas de casa ahorrativas. Añade que, ayudados por sus
esposas, que eran mucho más formidable que ellos, los galos podían llevar a cabo
cualquier conflicto. Los invasores romanos fueron a menudo testigos del heroísmo de
estas verdaderas amazonas.

Mujeres galas: a la izquierda fabricando el pan, a la derecha con su marido. Autor Peter
Connolly

Los primeros griegos y los romanos que tomaron contacto con los celtas y galos no
tuvieron muy buena impresión acerca de las costumbres imperantes en el seno de estas
tribus. Las tacharon de indignantes, propias de una colmena en la que ”domina la
promiscuidad más absoluta, no se respetan los modales y la moral, y los hombres,
todos ellos gigantescos y de una piel blanquísima aunque estén sucios, te observan con
unos ojos llenos de crueldad. Como la mayoría llevan barbas y largos bigotes, al comer
les queda en ellos restos de alimentos, que al levantarse de la mesa recogen con su
lengua igual que si el pelo les sirviera de colador”.

Carácter

Sus voces eran ásperas y duras, sus palabras pocas, y su lenguaje oscuro y figurativo.
Despreciar a otros y se jactaban de sí mismos, eran arrogantes, orgullosos de la

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ociosidad. Eran muy peleones y siempre estaban listo para luchar, para aliviar la
monotonía de su existencia, sin otra razón más. Eran, sin embargo, de elevado espíritu y
valientes para despreciar la muerte.

Los galos carecían de estabilidad de carácter, y fueron a menudo criticados por César
por su inconstancia; eran también muy avariciosos y dados a las supersticiones. Por otra
parte, no eran viciosos y llevaban una vida sencilla. Eran muy rápidos en aprender y
adoptar cualquier arte de sus vecinos que les fueran útiles. Su amor por la libertad era
apasionada; sus largos años de deambular no habían desarrollado en ellos el sentimiento
de unidad nacional y del amor de la tierra que se incluye bajo el término patriotismo.

Comerciantes latinos en un poblado galo trasalpino. Autor Peter Coonlly

Una de las costumbres seguramente más conocida fue su inmoderada afición a la


comida y la bebida. Un gobernante podía organizar banquetes que duraban varios días.
Los platos que se servían eran innumerables: cerdo cocido, buey, vaca, venados, truchas
u otro pescado fluvial, además de miel, queso, requesón, mantequilla, leche, hidromiel,
vino y cerveza. Lo usual era que todos los invitados se sentaran en círculo sobre pieles
de animales extendidas en el suelo. El lugar de honor lo ocupaba el invitado más ilustre,
a cuyo lado se colocaba el anfitrión; luego, junto a estos se iban acomodando todos los
participantes, pero respetando las jerarquías, de tal manera que el más alejado de la
cabecera fuese el de menor categoría. Utilizaban el puñal para cortar la carne, aunque lo
más normal era comer con los dedos. Los servidores permanecían de pie e iban
atendiendo las peticiones mientras los bardos “tañían las liras y entonaban canciones
sobre tragedias amorosas y héroes muertos en terribles batallas“.

Diodoro dejó escrito lo siguiente: ”Con frecuencia uno de los asistentes a estos
banquetes tribales alzaba la mano cuando el bardo había concluido una canción.
Entonces todos permanecían en silencio, porque sabían que iba a empezar el momento
tan esperado de las disputas verbales. Casi siempre daban comienzo con la
exageración de los méritos personales a costa de poner en duda los de algunos de los
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asistentes. Esto terminaba por provocar un enfrentamiento muy duro que, al llegar a
las manos, imponía una especie de tregua. Los espectadores se olvidaban, por el
momento, del banquete para prestar toda su atención a la pelea. Luego los rivales se
enfrentaban en un duelo que podía suponer la muerte de uno de ellos, unido a las
graves heridas que sufría el otro. Todo esto formaba parte de la fiesta. Por la noche,
después de que los servidores se hubieran llevado el cadáver, los comensales se
echaban a dormir sobre las pieles que les habían servido anteriormente de asientos…”

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Peleas entre galos. Muchas veces durante la celebración de un banquete surgían peleas
entre hombres que habían bebido en exceso, a veces terminaban con la muerte de uno de
los participantes. Autor Peter Connolly.

Ropas y joyas

Su ropa era multicolor, sus principales prendas eran una túnica corta de colores
brillantes, con o sin mangas ceñida con un cinturón de de metal ancho que cubría el
vientre, que a veces era de oro o de plata; vestían pantalones (bracae) o tartán con los
colores propios de su tribu. Sobre los hombros llevaban un manto corto (sagum) a
menudo de material fino y con magníficos colores. Los pies estaban protegidos por los
zapatos o por suelas de madera atadas a los pies con correas de cuero.

Llevaban muchas joyas, tanto hombres como mujeres, de oro si se lo podía permitir, en
caso contrario de bronce. Especialmente característico era el pesado collar trenzado o
torque (torquis), que se ponía alrededor del cuello, dependiendo de la riqueza de su
material y de su elaboración, era un símbolo de rango y de grandeza. Además en la
batalla, le daban la vuelta y servía para evitar que le degollaran.

Casas y ciudades

La vida de las tribus menos civilizadas era extremadamente. Sus casas eran poco más
que chozas de barro y madera, con techo de paja y ramas. La vivienda solo tenía una
puerta, y dentro había pocos o ningún mueble. Sus camas eran montones de paja o de
pieles. La guerra era su principal ocupación. Se daba un poco de atención a la
agricultura, cultivando cereales, la mayor parte de las frutas y verduras eran
desconocidas para ellos. Tenían rebaños de ovejas y vacas. Consumían grandes
cantidades de carne, que cortaban con sus espadas y comían de una manera voraz.

Las poblaciones galos eran un conglomerado de cabañas en forma circular o


rectangular, con techos de paja y ramas, la forma y el tamaño dependían de la región y
solían estar rodeados por una empalizada.

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Reconstrucción de un poblado galo, las casas son chozas de planta cuadrangular
rodeadas por una empalizada

Las ciudades se fortificaban para protegerse. Su ubicación solía elegirse por


determinadas características donde premiaba la ventaja defensiva. Presencia de agua y
un lugar elevado, eran los principales condicionantes. Más que una ciudad era como un
fuerte, un lugar de refugio ante el peligro, amurallado. Los romanos le llamaban
oppidum a este tipo de ciudades galas situadas arriba de una pequeña altiplanicie. Sus
ciudades más famosas eran Gergovia y por supuesto, Alesia. César describe sus

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murallas y las llama murus gallicus. Entre dos capas de piedra tallada, se colocan unos
troncos entrelazados, y para llenar los huecos y hacerlas mucho más resistentes, lo
llenan todo de piedras y tierra, formando una masa compacta y muy resistente a las
minas y a las catapultas. Delante solían hacer un foso cuya tierra era empleada para
hacer un terraplén en la parte posterior de la muralla.

Construcción de un oppidum o fortaleza gala. Observar que están construyendo un foso


y una muralla o murus gallicus hecho con troncos entrecruzados

El ejército de los galos

La clase alta y media de la sociedad gala componían una “casta militar“, dedicada
exclusivamente a la guerra. El guerrero celta o galo estaba desde la adolescencia ligado

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al ejército, mediante el uso de las armas, la practica del arte marcial, y de las costumbres
de los guerreros, como la bebida, las fiestas y la caza. Estos guerreros estaban
integrados en grupos de la misma edad, el cual no se separaría durante el entrenamiento
en la juventud y que luego combatirá en batalla con sus compañeros, apoyando y siendo
apoyado por estos, dando una mayor firmeza a la unidad de combate. Estas
característicos básicas del guerrero lo hacían muy orgulloso de su condición y altamente
indisciplinados por tanto.

La aristocracia formaba la caballería y el pueblo que era la mayoría formaba la


infantería, La caballería era el arma por excelencia; cargaba a toda velocidad para
romper las líneas enemigas, mientras la infantería luchaba cuerpo a cuerpo. La
caballería inicialmente iba montada en carros ligeros y posteriormente a caballo como
jinetes.

Carros de guerra

En un principio los caballos que tenían los galos eran pequeños y no permitían la
equitación, por lo que les enganchaban a carros ligeros. Como pueblo indo-europeo su
expansión se vio ligada al uso del carro en combate, muy similar a lo que aconteció en
Egipto con la invasión de los hicsos indoeuropeos también. Al igual éstos, emplearon en
una primera etapa un carro de combate ligero, tirado por dos caballos y tripulado por
dos hombres. Esta arma estaba integrada por la nobleza gala que podía permitirse tener
caballos.

Los galos utilizaron carros según Diodoro de Sicilia: ”En los viajes y en las batallas los
galos se sirven de carros tirados por dos caballos y en el centro van el auriga y el
guerrero. Cuando se encuentran en batalla con la caballería enemiga primero lanzan
sus jabalinas contra el adversario y luego descienden y combaten con la espada.
Algunos de ellos desprecian la muerte hasta tal punto que bajan a enfrentarse al
peligro desnudos ciñendo solo un cinto. ”

Livio cuando describe la batalla de Santino en el 295 AC ”El enemigo, armado de pie
sobre carros de guerra y carruajes, se presentó con enorme estrépito de caballos y
ruedas y espantó a los caballos de los romanos no avezados a semejante estruendo.”

César en su descripción de las armas y tácticas delos pueblos britanos del libro V
”Hasta muy entrada la noche se siguió luchando en torno a los bagajes, pues tenían
sus carros como de parapeto”.

Cuando Julio Cesar invadió la Galia, los carros de guerra habían desaparecido, y solo
eran empleados en el norte y en Britania. César describe que los conductores de carros
como extremadamente ágiles en el manejo, incluso eran capaces de ir hacia adelante por
la lanza del carro y llegar hasta el yugo con el fin de dirigir los caballos mejor. Los
carros celtas utilizaron un sistema de suspensión que le permitía operar incluso en
terreno accidentado o en laderas inclinadas. El manejo del carro en la batalla, el
conductor dirigía el carro paralelo al frente enemigo para que el tripulante lanzase sus
jabalinas con el fin de intimidarlos con el ruido que producían, cuando agotaba las
jabalinas, el guerrero saltaba fuera del vehículo y luchaba como un guerrero de
infantería. Una vez que el guerrero estaba cansado o quería volver de nuevo al carro, lo
llamaba y se subía.

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Carro de guerra celta. Autor Peter Connolly

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Carro de guerra celta (1). Autor Johnny Shumate

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Carro de guerra celta (2). Se puede apreciar los adornos del bocado y de los arneses.
Autor Wayne Reynolds

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Carro de guerra celta (3) Autor Luca Tarlazzi

Jinetes a caballo

Hacia el siglo II AC, los galos comenzaron a utilizar los grandes caballos mediterráneos
para crear vastos cuerpos de caballería que sustituyeron a sus viejas formaciones de
carros tirados por caballos de pequeño tamaño (ponis); los jinetes vestían casco y cota
de malla, otra invención gala, como alternativa al gran escudo de la infantería que no
podían manejar sobre el caballo.

Una de las primeras crónicas de la caballería celta fue escrita por Jenofonte, el cual
relata su actuación contra un ejército Tebano cuando estaban saqueando en los
alrededores de Corinto, describiendo como los celtas manipulaban a estos, haciéndolos
retroceder o avanzar según sus deseos. Este autor griego es bastante fidedigno por
tratarse de un general de caballería, conociendo el tema ampliamente. Incluso sus
observaciones del empleo que hacían los celtas de la caballería, lo llevaran a incluirlas
en un tratado que escribirá sobre el tema.

Posteriormente los jinetes galos fueron reclutados entre las tribus pacificadas,
encontrándose galos en los ejércitos de Aníbal Barca.

Los jinetes galos es cierto que cobraron gran fama, Julio César los empleó mucho
durante su guerra de las Galias para paliar la escasez de caballería romana. Sobre todo
los oriundos de la tribu de los heduos, aunque según avanzaba victorioso se fueron
sumando otros muchos. Le fueron muy efectivos sobre todo para perseguir al enemigo
derrotado, causa fundamental de la multitud de bajas que sufrieron los ejércitos galos

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que se enfrentaron a César. Pero a la hora de la verdad fueron de poca fidelidad, y la
caballería germana le fue más rentable, como la que llevó a su guerra contra Pompeyo.

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Jinete celta siglo III AC: 1 torques; 2 decoraciones de bronce; 3 silla de montar copiada
de los nómadas de la estepa, 4 espuelas, 5 bocado articulado. Autor Wayne Reynolds
para Osprey

Las tácticas de caballería celta eran muy sofisticadas, disparaban jabalinas sobre el
enemigo antes del contacto, atacándolo luego mediante cargas controladas, las cuales
además podían concentrase en un punto con el fin de romper las filas enemigas. Si una
primera carga no surtía efecto, era seguida de otras con intervalos para descansar.

Pausanias menciona el término ”trimarcisia” que describe como ”cada jinete tenía
asociado dos escuderos, que se denominaban a si mismos como ‘jinetes eméritos’.
Cuando un jinete entraba en combate, los escuderos quedaban en retaguardia. Si el
jinetes caía en combate o era herido, uno de los escuderos le reemplazaba, mientras
que el otro permanecía con él si estaba herido. Si el caballo era muerto o herido, uno
de los escuderos le llevaba una montura de repuesto”.

Según Cesar, las tácticas de la caballería gala eran muy eficaces, ”…no combatían
nunca en orden cerrado, sino al contrario en formaciones abiertas, y disponían de
reservas escalonadas, de manera que estos diferentes grupos se cubrían mutuamente la
retirada, y podían ser reemplazados con tropas de refuerzo cuando estaban fatigados”.

En cuanto al equipo de los jinetes galos, como protección en un principio llevaban


yelmo y un escudo redondo, posteriormente con la aparición de la cota de malla,
desecharon el escudo. Los yelmos era variados, había incluso alguno con la cimera con
un águila, cuyas alas se movían al galopar como en el caso del tipo Ciumesti encontrado
en Rumania. Como armas llevaban varias jabalinas que lanzaban a distancia, una lanza
y una espada larga tipo Tené, que se sujetaba a la cintura con una cadena. El equipo del
caballo era una silla de cuernos que sería copiada posteriormente por los romanos, un
bocado generalmente de bronce, y los arreos embellecidos con discos metálicos o
falarae. Los caballos tenían una alzada a la cruz de 14 palmos o 142 cm.

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Jinetes celtas del periodo la Tené C (120 – 50 AC): 1 lleva un yelmo tipo Port, lleva el
emblema del jabalí; 2 lleva un yelmo romano capturado, porta una lanza y 3 jabalinas; 3
jinete con carnix . Autor Angus McBride

La infantería

La base del ejército era la infantería, pues despreciaban el combate a distancia. La


infantería estaba compuesta por agricultores y artesanos que se pagaban su propio
armamento y estaba respaldados por la caballería, que la componían los ricos
terratenientes que se podían pagar el mantenimiento de un caballo.

Constituía la parte más espectacular de los ejércitos celtas, los guerreros a pesar de no
llevar ningún tipo de protección aparte de su escudo combatían como infantería pesada,
estableciendo el contacto cuerpo a cuerpo con el enemigo desde el comienzo de la
batalla.

La infantería en un principio se organizaba en bandas de guerra (warband) lideradas


cada una por sus líderes, posteriormente se organizaron en grandes masas de hombres
en formación cerrada, y estaban distribuidos en unidades que seguían a sus estandartes.
La organización estaba de acuerdo con la agrupación de clanes y la clase social. Cada
formación iba encabezada por un líder, mientras que sus compañeros inmediatos eran
conocidos entre los galos como ambaxtoi (“los que acompañan”), un término del que
deriva la palabra embajador.

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Antiguos guerreros celtas. A la izquierda cultura Halsttat siglo VI AC. A la derecha
cultura La Tené A siglo V AC: 1 guerrero con pectoral y yelmo cónico tipo Marte, 2
lleva un yelmo tipo Negau (Croacia), 3 guerrero tribal. Autor Angus McBride

El arma principal de la infantería gala era la lanza, y como arma secundaria las jabalinas
que las lanzaban antes del choque, y para el cuerpo a cuerpo el hacha o la espada. La
táctica ofensiva celta era la carga masiva, un ataque frontal salvaje, al que los romanos
denominaron como “el furor céltico” y que era devastador.

Los galos también luchaban en defensiva, al igual que la antigua falange griega, con una
línea de escudos delante formando lo que se denomina un muro de escudos y a los
lados, y en ocasiones con un techo de escudos por arriba, algo así como la formación en
”testudo” de los romanos. César describe una falange celta que se formó para defender
los carromatos de los helvicios. Los gálatas, que formaron un estado galo en las
montañas de Anatolia central, en Turquía moderna, también utilizaron la formación tipo
falange, posiblemente para hacer frente frente a los jinetes en las llanuras abiertas, y
contra las formaciones griegas que encontraron en su ruta a Asia Menor.

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Los celtas también emplearon las tácticas de guerrilla. Entendieron que bien podrían
obtener una ventaja al atacar a sus oponentes desde los bosques o perturbarlos con
incursiones y emboscadas. Esto permitió a los celtas que estaban menos protegidos,
aprovechar su velocidad y conocimiento del terreno.

Guerreros nobles galos la Tené C (120-50 AC): Izquierda infante con: 1 torque, 2
broche para sujetar la capa; · 3 Medallón, 4 espada con su vaina sujeta con una cadena;
5 escudo celta sin es espina y con umbo redondo de 1,1 x 0,6 m,  autor Wayne reynols.
Derecha jinete con yelmo tipo Port,  autor Johnny Shumate

La guerra

Los galos no concebía estar mirando mientras los demás estaban luchando. Para ellos la
lucha era una cuestión de honor e incluso a veces, luchaban entre si. Dirimían sus
disputas con una lucha entre los campeones de cada tribu, pero a los romanos eso no les
valía.

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Al comienzo de la guerra, se hacía un llamamiento a las armas haciendo sonar un
cuerno, al que respondían jóvenes y viejos. El último hombre en aparecer fue puesto a la
muerte con la tortura en presencia del pueblo reunido.

Reclutamiento celta. Un jefe galo o patrón acompañado por dos guardaespaldas se


dirige a un cliente (con el que mantiene juramento de alianza) que está secundado por su
escudero. Un joven que ha sido acogido en patronage se esconde de su padre entre los
cerdos, ya que no puede dirigirle la mirada hasta que no porte armas. Autor Wayne
Reynolds

A Teutates los celtas lo veían como espíritu de la guerra, la productividad, la


constructividad y riqueza. Se le ofrecían sacrificios humanos para apaciguarlo y como
medio de redención. Cada tribu nativa tenía su propio Teutates. En todas las
inscripciones que hacen referencia a este dios se le asocia con el planeta Marte, por lo
que no se sabe si Teutates era un calificativo divino aplicado a este planeta, o bien era el
equivalente al dios romano Marte ya que era, como él, una divinidad guerrera. En sus
rituales era común hacer un sacrificio humano donde las víctimas ofrecidas a él

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generalmente eran cautivos de guerra que eran sumergidas cabeza abajo en un depósito
de Ale. Fueron los galos establecidos en Asia los que introdujeron esta bárbara
costumbre en las tribus europeas.

Celebración celta antes de la batalla, un bardo (músico) tocando cuernos mientras el


resto sigue el ritmo golpeando los escudos. Autor Peter Connolly

Iniciaban los combates con ciertos rituales de intención mágica: ante su ejército
formado, algunos campeones abandonaban las filas y avanzaban danzando blandiendo
sus armas para retar a los mejores de sus adversarios a un combate singular. Mientras, el
ejército hacía entrechocar sus armas y sonaban los famosos trompetas de guerra o
carnyx, que eran una especie de trompetas de bronce, en posición vertical, con la boca
en forma de cabeza de jabalí, que permitía llevar sus notas por encima de las cabezas de
los participantes en las batallas o ceremonias. Con semejante espectáculo, lo que
pretendían era intimidar al enemigo y preparar sus mentes para afrontar adecuadamente
el combate.

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Guerreros galos provocando antes de la batalla siglos II y I AC. Autor Andrey
Karashchuk

La carga de esta infantería era precedida por los gritos de guerra de los guerreros
sacudiendo los estandartes, y golpeando sus espadas sobre sus escudos rítmicamente,
todo ello realizado bajo el sonido del carnix, mientras la masa de infantería corría hacia
el enemigo de forma impetuosa, solo para detenerse pocos metros antes y lanzar sus
jabalinas sobre éste, estableciendo a los pocos segundos la lucha cuerpo a cuerpo,
intentando los guerreros con sus lanzas y sus espadas y su gran complexión romper las
filas enemigas.

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Carga de la infantería gala. Autor Giuseppe Rava

Blandían la espada dando tajos a distancia, por lo que necesitaban espacio para poder
manejarlas, mientras que en el cuerpo a cuerpo quedaban en inferioridad de condiciones
frente a las gladios romanas.

Los galos eran altos y corpulentos, de 1,75 metros de altura aproximadamente, mientras
que romanos eran de 1,50 de altura más o menos, los galos les debía parecer unos
temibles guerreros.

Si este primer asalto fracasaba seria seguido como en la caballería por otros con
intervalos para descansar, los cuales durarían hasta que el enemigo rompiera filas, o los
celtas extenuados abandonaran el campo de batalla o simplemente defendieran su
posición.

Los celtas eran cazadores de cabezas, en la batalla, cortaban las cabezas de los enemigos
caídos y las colgaban de sus carros, de sus caballos o de su cinturón, después las
exhibían a la entrada de los templos o incluso dentro de sus chozas. Algunas cabezas
muy significantes eran embalsamadas en aceite para su conservación. En la batalla de
Benevento en el 214 AC, el general romano Graco ordenó a su ejército de esclavos
libres (presumiblemente celtas) que dejarán de recoger cabezas y seguir luchando.

Después de una victoria, los celtas celebraban grandes banquetes que solían durar varios
días. Los asistentes escuchaban a poetas y músicos que cantaban las proezas de los
guerreros vencedores. Los celtas también guardaban las cabezas de los enemigos

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vencidos como trofeos sagrados. De los prisioneros capturados, algunos eran
sacrificados a los dioses y el resto eran vendidos como esclavos, muchas veces en los
mercados romanos.

Prisioneros de los celtas. Algunos de los prisioneros eran sacrificados a los dioses y los
otros eran vendidos como esclavos, en este caso se ve prisioneros que están siendo
vendidos a traficantes romnos. Autor Wayne Reynolds

También solían ofrendar las armas de sus enemigos a los dioses, arrojándolas a un río o
un lago. Cientos de armas se han sacado del lago de Neuchâtel, procedentes de ofrendas
de este tipo.

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Ofrenda de los galos a los dioses tras la vicgtoria. Tras la victoria, los galos arrojaban
las armas al agua de los ríos o lagos como ofrendas a los dioses. Autor Peter connolly

Armamento

Armas arrojadizas

Los celtas nunca adoptaron como otros pueblos indoeuropeos, el arco como arma
fundamental en batalla, por considerar que no era digno de un guerrero matar a su
oponente a distancia considerándolo un acto de cobardía. Cesar menciona que había
arqueros en sus filas. Solían llevar varias jabalinas cuya punta era de unos 10 cm de
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longitud, y las arrojaban antes de llegar al cuerpo a cuerpo. Aunque parezca una
contradicción, si usaban la honda que era un arma simple y barata, era usada por los más
jóvenes, quienes no poseían mucha experiencia militar y no se encontraban encuadrados
en el cuerpo principal de infantería actuando estos como infantería ligera a vanguardia,
portando la honda, venablos y una lanza más larga con punta de hierro, para los
enfrentamientos cercanos, ya que evitaban el cuerpo a cuerpo. Hay un venablo especial
al que denominan gaesum o gaison del que no se tiene mucha información y que
algunos autores dicen que era similar al soliferrum, es decir que estaba hecha entera de
hierro.

Las lanzas

El arma gala por antonomasia era la lanza, un arma de fácil manejo, barata de fabricar,
ya que requiere poco material noble, como era el hierro, era muy práctica y podía causar
graves daños al oponente. Podía ser manejada con una o con las dos manos, la longitud
de su asta variaba de 180 a 250 cm. La punta de hierro tenía una longitud hasta 50 cm y
podía tener una variedad de formas, pero la forma más común era la de hoja de sauce,
otras tenían estrías en la punta para provocar aún más daños al extraerlas del cuerpo del
enemigo. Tenían en el extremo opuesto un regatón de bronce como contrapeso.

Puntas de lanzas y de jabalinas celtas o galas. Fuente Peter Connolly

Las espadas

El guerrero galo decoraba su espada y trataba de tener la mejor arma posible, pues eso
indicaba su estatus social, así como su escudo.
La espada era celta de la época de la cultura de la Tené A (450 – 250 AC) era

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relativamente corta de 55 a 65 cm de longitud de la hoja, terminaban en punta, lo que
permitía el combate cuerpo a cuerpo o el movimiento en el combate de carros. Estaba
hecha de hierro, y el pomo era de madera. El perfil de la hoja era lenticular.

Posteriormente durante el periodo la Tené B (250 – 120 AC) la espada se alargó


alcanzando de 65 a 70 cm el largo de la hoja y estaba afilada por ambos lados.

Posteriormente se pasaron a la espada tipo la Tene C (120 – 50 AC), aumentando su


longitud entre 75 y 90 cm, con una anchura de 6 cm, tenía filo por ambos lados y era
empleada tanto por la infantería como por la caballería, era empleada para asestar
golpes sobre el enemigo, de arriba hacia abajo o sobre la cabeza de su adversario, su
empleo requería espacio, por lo que el guerrero celta combatía como individuo, lo que le
ponía en desventaja frente a los legionarios romanos en la lucha cuerpo a cuerpo, sin
embargo era muy eficaz en la caballería que le permitía dar tajos a distancia, siendo
copiada por los romanos para sus jinetes y le dieron el nombre de spatha.

Los británicos siguieron fabricando espadas puntiagudas y más cortas con una longitud
de 55 a 57 cm de hoja, eran típicas por su pequeña contera (final de la vaina) de doble
pie.

Iban colgadas con cadenas del lado derecho con cadenas. Los guerreros que no podían
permitirse una espada llevaban un hacha, que posiblemente era la misma de uso
domestico.

Algunos guerreros además de la espada llevaban puñales o dagas.

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Espadas celtas: 1, 2 y 3 espadas y vainas de la zona del Marne (Francia) durante la Tené
A; 4 y 4a espada y vaina de la Tené B en Suiza ; 5 y 5a espada de la Tené C en Suiza, 6
vaina del Tamesis; 7, 7a y 7b espada y vaina de Cumberlad; 12 y 12a espada y vaina de
Yorkshire. Autor Peter Connolly

Protecciones

Los medios de protección habituales de los galos eran el casco o yelmo y el escudo, los
más ricos llevaban la coraza y posteriormente la cota de malla.

Yelmos

La mayoría de los galos llevaban la cabeza descubierta o protegida por un casco de


cuero. Los más acaudalados llevaban un yelmo metálico. Los primeros yelmos celtas de
la cultura de Halstatt eran de bronce, consistían en dos planchas ligeras y oblongas
unidas, a menudo termina en una cresta. Posteriormente en una sola pieza, a principios
de la cultura Tene, los cascos tenían forma cónica, como el encontrado en la región del
Marne y que data del siglo III AC.

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Hubo cascos semiesféricos llamados tipo Coolus que eran muy parecidos a los que usan
los jockeys actuales, podían ser de hierro o bronce, y llevaban una pequeño reborde.

Posteriormente evolucionaron en forma del yelmo tipo Montefortino, encontrado en la


necrópolis de Ancona, en el norte de Italia y que posteriormente fueron adoptados por
los romanos. A estos yelmos se les añadieron plumas o penachos de adorno, incluso
alguno como el tipo Ciumesti encontrado en Rumanía, llevaba un águila cuyas alas eran
móviles y se movían al cabalgar. Posteriormente se les reforzó en el borde, y se les
añadió carrilleras articuladas para proteger las mejillas y un protector de nuca.

Posteriormente evolucionaron en los yelmos de hierro tipo Agen (ciudad Suiza) que
eran semiesféricos, más ligeros y llevaban reborde. Este yelmo evolucionó en el tipo
Port (de Port Bei Nidau en Suiza), estaba hecho de hierro y llevaba protección para la
nuca y refuerzos en la frente posiblemente para evitar los tajos verticales, los romanos
lo copiaron y evolucionaron en su yelmo tipo galea.

Evolución del yelmo celta: 1 y 2 crestado tipo Villanova (norte de Italia), 3 cónico de
Somme-Tourbe (Francia), 4 cónico de Dürrnberg (Austria); 5 semiesférico de Halstatt
(Austria); 6 Coolus de Montpelier (Francia); 7 Montefortino de Senones; 8
Montefortino con carrilleras; 9 Montefortino de Umbria; 10 Montefortino de Etruria; 11
Montefortino norte de Italia; 12 Agen de Vadenay (Francia); 13 Agen; 14 Agen de
Castellroto (Italia); 15 Agen de Batina (Croacia), 16 Montefortino de Sanceno (Italia);

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17 Agen de Ciel (Francia); 18 tipo Port bei Nidau (Suiza), 19 Port de Giubiesco (Suiza).
Fuente Peter Connolly

Escudos

La protección por excelencia de los galos era su escudo, había dos tipos de escudos uno
de bronce para ceremonias y otro de madera para la guerra.

Los escudos ceremoniales eran usados para ritos o ceremonias de gala en manos de
régulos o grandes nobles, o bien de ofrendas votivas. Se han encontrado el escudo
Witham, hallado en dicho río en 1.826 en Lincolnshire, Inglaterra. Está datado hacia el
siglo IV AC, tiene una longitud de 113 cm, está fabricado con listones de madera de 8
mm. de grosor recubiertos por una fina lámina de bronce de 0,2 mm. Otro escudo
ceremonial es el Battersea, extraído del Támesis en 1.857. Mide 77 cm de alto por 35 de
ancho, y en su decoración se utilizaron cristales rojos. Este escudo está considerado
como una de las más valiosas piezas del arte celta, y está datado entre los años 350 y 50
AC, hay muchas teorías sobre la época más cercana a su diseño.

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Escudos ceremoniales celtas: izquierda escudo ovalado, centro Witham, derecha
Battersea

Los primeros escudos Hallstatt eran redondos, pero pronto se pasaron a la forma oval a
un tamaño de aproximadamente 150 a 160 cm de altura con un ancho de 50 a 60 cm de
ancho de madera. Eran de madera con capas cruzadas para aumentar su resistencia,
estaban perforados en su centro para colocar un asa horizontal colocada en el centro de
gravedad, para permitir su fácil manejo tanto en defensiva como en ofensiva. Se
empleaba madera de roble que era muy dura y pesada que el sauce empleado por los
romanos, usaban tablas de roble y las pegaban sin machihembrar, cubriendo
posteriormente el escudo con cuero o fieltro, siendo posteriormente adornado.

Estaba reforzada por una espina de madera, que también tiene una función de dar
rigidez al escudo y proteger la mano que sujetaba el escudo. La espina salía ser de una
sola pieza, que era pintada y clavada al escudo. Las manijas para agarrar el escudo
solían ser fabricarlas de bronce o madera, y a veces incluso con ambos materiales, la
base era de madera y llevaba un refuerzo metálico. Resultaba un escudo muy pesado.

Durante el periodo de la Tené, el escudo ha evolucionado ligeramente en compuesto, se


insertaron capas de lino entre las capas de madera por lo que es más resistente a los
golpes, pero también escudo más flexible. Se disminuyó su longitud siendo de 120 cm
de largo con un ancho de 60 cm. La espina se había refinado significativamente, o
incluso desapareció por completo en los modelos finales.

El umbo o tachón aparece para reforzar la espina, lo que aumentaba de forma notable su
capacidad ofensiva, ya que además de proteger la mano que empuñaba el escudo, era
bastante útil para golpear al enemigo, así que provistos de dicho espolón se convertían
en un arma temible. En un principio era una pieza cuadrada y después evolucionó en
forma de mariposa y abrazaba a la espina, sujetándose con remaches, posteriormente se
hizo circular, uniéndose al escudo con seis remaches haciendo desaparecer la espina
completamente.

Se reforzó los cantos con hierro primero el borde superior, después el inferior y en
algunos casos totalmente.

En cuanto a las formas se mantiene el escudo oval, pero también los hay de forma
exagonal alargada, pero seguían siendo rectos a diferencia de los romanos que ya los
hacían curvos y protegían mucho mejor.

Los escudos galos estaban ricamente decorados y llevaban emblemas de los clanes. Los
jinetes galos llevaban escudos redondos en un principio con espina y finalmente sin ella.

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Escudos celtas y galos. Arriba composición de un escudo, abajo evolución de los
escudos

Las corazas

En un principio solo los jefes llevaban coraza que generalmente era de bronce y que
cubría todo el torso, también había algunos con solo placas pectorales generalmente
redondas.

Un nuevo tipo de protección apareció en el siglo IV antes de Cristo, la lorica hamata o


cota de malla construida a base de anillos de hierro. Esta protección de hierro consistía
en anillos de hierro de 6 mm. Aunque pesada, que tiene la ventaja de ser
extremadamente flexible y formar a segunda capa protectora en combate. Era muy
eficaz contra las armas de corte pero poco eficaz contra las armas puntiagudas ya que
los anillos se expandían y permitían llegar al cuerpo. Esta fue adoptada rápidamente por
los romanos que la copiaron y adaptaron a su ejército.

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Coraza de los celtas y galos: izquierda coraza o torax de bronce, en el centro discos
pectorales, a la derecha cota de malla

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Campaña contra los helvecios (58 AC)
Edad Antigua La guerra de las Galias Campaña contra los helvecios (58 AC)

Antecedentes

Cayo Julio César en el año 58 AC, recibió poderes proconsulares para gobernar las
provincias de Galia Transalpina (Galia Narbonense actualmente el sur de Francia) e
Iliria (la costa de Dalmacia) durante cinco años, gracias al apoyo de los otros dos
miembros del triunvirato, que cumplieron con la palabra dada. A estas dos provincias se
añadió la Galia Cisalpina tras la muerte inesperada de su gobernador Quinto Cecilio
Metelo que había sido cónsul en el año 60 AC. El pueblo celta de los helvecios era una
confederación de tribus, entre las más conocidas estaban los vervigenos y los tigurinos,
que habitaba en aquella época en lo que aproximadamente hoy es Suiza y sus
alrededores, es decir entre entre la orilla sur del río Rin, lo que los hacía vecinos de los
germanos; el lago de Ginebra; los Alpes, que los separaba de los dominios romanos; y el
monte Jura, que limitaba con el cantón de los galos secuanos.

Por razones que se desconocen, tal vez el cambio climático, la superpoblación o la


presión de los germanos, hizo que 368.000 helvecios, de los cuales unos 100.000 serían
guerreros, decidieran dirigirse al país de los galos sántonos al norte de Aquitania, a
orillas del Atlántico, que ya conocían cuando acompañaron a los cimbrios y teutones
durante la invasión anterior hacia 50 años; para ello o bien tenían tenían que cruzar los
montes Jura hacia el territorio de los secuanos, que presentaban un dificultad para el
paso de los carromatos o bien seguir las orillas del Ródano y cruzar por el territorio de
los alogroves, que era territorio bajo control romano, y que permitía mejores accesos.
Eligieron esta última opción.

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Antiguos helvecios discutiendo sobre su emigración

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Resueltos a migrar con sus familias al completo, según César, ”pusieron fuego a todas
las ciudades, que eran doce, y a cuatrocientas aldeas, con los demás caseríos;
quemaron todo el grano, excepto lo que podían llevar consigo, para que, perdida la
esperanza de volver a su patria, estuviesen más dispuestos a las contingencias.
Mandaron que todos se proveyesen de harina para tres meses. Indujeron a sus vecinos
los rauracos, tulingos y latobrigos a que sigan su ejemplo, y quemaron las poblaciones
para que se pusieran marcha con ellos”. Ademas, recibieron por compañeros a los
boyos establecidos en el otro lado del Rin, que continuaban viviendo en la actual
Bohemia, ya que en esos momentos invadían el país de los galos nóricos (al norte de los
Alpes y el este de Recia) y sitiaban su capital.

Batalla de Ginebra

Cesar, que se encontraba aún en Roma, al conocer la noticia marchó inmediatamente a


Ginebra, ciudad por donde tenía que pasar aquella oleada de gente y Cesar solo disponía
de una única legión posiblemente la IX (4.800 hombres) y a marchas forzadas se dirigió
a Ginebra. Al mismo tiempo dio la orden a toda la provincia de reclutar el mayor
número posible de milicias, posiblemente logró reunir 15.000 infantes y 4.000 jinetes
galos, ya que las otras tres legiones se encontraban en Véneto

Campaña contra los helvicios: Movimientos de fuerzas

La primera orden de César nada más llegar fue mandar a cortar el puente por la parte de
Ginebra. Enterados los helvecios, mandaron inmediatamente, dos embajadores ”de la
gente mas distinguida de su nación, dirigidos por Numeyo y Verodocio, para indicarle
que su propósito era pasar por la provincia sin agravio de nadie, por no haber otro
camino; que le rogaban no lo tomase a mal”.

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Cesar y los embajadores helvecios en el puente del río Ródano

Entonces para dar tiempo a que llegasen milicias solicitadas, dado que con sus 4.800
hombres no podía frenar a los 368.000 helvecios, respondió que se tomaría tiempo para
pensarlo, y los citó nuevamente para el 13 de abril.

Evidentemente no podía plantear una batalla en la que la proporción sería de 20 a 1, así


que puso a todos sus hombres a construir una línea defensiva que cubriera los 19.000
pasos (28 km) de distancia entre el lago Leman y el monte Jura. Con un foso tras la
orilla del río, la tierra del foso apilada para formar un terraplén y sobre  éste un vallado
de madera con torres y fuertes.

Legionarios romanos realizando tareas de fortificación a orillas del río Ródano. Autor
Peter Connolly

Cumplido el plazo, y acabados los trabajos, César respondió a los embajadores


helvecios que, ”según costumbre y práctica del pueblo romano, él a nadie puede

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permitir el paso por la provincia, y que si ellos presumen abrírselo por sí, el tendrá de
oponerse”.

Divicón jefe de los helvecios, tampoco había estado inactivo, así que había construido
barcas y balsas para cruzar el río. Al recibir la negativa, lanzó a sus hombres sobre las
defensas romanas en la margen del río. Lo hicieron por donde el río corría manso, y lo
intentaron de día y de noche; pero siempre fueron repelidos gracias a la bien dispuesta
defensa y fortificación romana. Tras varios intentos los helvecios desistieron y se
retiraron buscando un paso menos complicado de cruzar.

Divicón mandó un enviado a los secuanos, una tribu gala que esperaba que tan
formidable ejército le devolviera el favor destruyendo a sus enemigos los heduos aliados
de Roma. El objetivo fue logrado, y previo intercambio de rehenes, iniciaron el paso.

Cesar sabía lo sabía lo que haba ocurrido con la emigración de los címbrios y teutones
que estuvo a punto de engullir a Roma y que solo fue frenada gracias al genio de su tío
Mario.

Enterado César de lo resuelto entre helvecios y secuanos, dejó a su lugateniente Tito


Labieno al mando de las fortificaciones, marchó a la Galia Cisalpina, donde alistó dos
nuevas legiones (XI y XII); sacó de los cuarteles cuarteles de invierno otras tres (VII,
VIII y X), que invernaban en los contornos de Aquileia (Véneto), reunió en Ocelum las
cinco legiones (28.000 legionarios) más 4.000 jinetes galos aliados, y se dirigió en
persecución de los helvecios.

Eligió volver a la Galia por el camino mas corto. Esto es, cruzando los Alpes por el
camino de Ocelum a los galos voconcios. Encontró cierta resistencia entre los galos
montañeses de las tribus de los centrones, grayocelos y caturigos, y a los que derrotó.
Tras siete días de marcha, entró en el país de los voconcios; desde allí conduce su
ejército a los alóbroges, y de estos a los segusiavos, que eran el primer pueblo tras la
frontera del Ródano.

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Guerreros galos atacando. Autor Giuseppe Rava

Los helvecios mientras tanto habían pasado del país de los secuanos al de los ambarros.
Según César, los helvecios habían llegado al país de los héduos aliados de Romo y que
no podían hacer frente a los invasores y solicitaron la ayuda de César.

Batalla de Arar (Saona) 58 AC

Al llegar al ro Arar (Saona), los helvecios se dispusieron a cruzarlo construyendo


balsas, aunque eran tantos que el cruce duró veinte días. Lo cruzaron divididos en
tribus, con lo que los guerreros quedaron divididos. Cuando quedaban por cruzar los
tigurinos que disponían aproximadamente unos 10.000 guerreros, César, al frente de
tres legiones llegaron al río a marchas forzadas, les cayó sobre ellos sin darles tiempo a
reaccionar.

La velocidad del ataque, y lo sorpresivo de la aparición de las legiones, dejaron


estupefactos a los tigurinos, que hicieron lo que pudieron y fueron aplastados, siendo el
resto de sus camaradas tristes testigos de la masacre, no pudiendo hacer mucho en su
ayuda. El azar quiso que fuesen los tigurinos, que años atrás se habían sido aliados con
los címbrios.

El resto de los helvecios continuaron su marcha con la enorme lentitud. César mandó
construir un puente y que, en un solo día, todo el ejército romano había cruzado el rio
sin mojarse los pies. Pasaron 15 días los romanos siguiendo a esa gigantesca masa de
gente a paso de tortuga, que para los legionarios no dejaba de ser más que un lento y
apacible paseo. César cuenta que entre su vanguardia y la retaguardia helvecia haba una
distancia entre 5.000 y 6.000 pasos (8 km). César quería que sus legionarios vieran con

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sus propios ojos a lo que iban a enfrentarse y que los helvéticos sintieran la presión. Se
produjeron constantes escaramuzas entre las caballerías, en una de ellas, concluyó con
los 4.000 galos de César perseguidos por los 500 helvecios. César se quedó de piedra al
saberlo, pero inmediatamente comprendió que podía sacar partido de aquel revés y se
dispuso a hacerlo, ya que ahora los helvecios estarían muy contentos con su “victoria“.

Batalla de Bibracte 58 AC

Una noche César envió a Labieno a ocupar un cerro en muy buena situación, pero
regresó inmediatamente para informar que los helvecios se le habían adelantado y le
esperaban allí. Al día siguiente, puesto que la ciudad hédua de Bibracte estaba muy
cerca, decidió encaminarse a ella para solucionar la escasez de trigo que tenía ya que sus
aliados héduos no le aprovisionaban dándole toda clase de excusas, sabiendo que
tardaría un día en dar de nuevo alcance a los helvecios. Pero éstos, envalentonados por
su “victoria” contra la caballería gala, creyeron que César se retiraba huyendo y
decidieron perseguirle. Al ver que los helvecios daban media vuelta, César decidió
retirarse a un monte cercano donde posicionó a sus tropas a la espera del ataque
helvecio. Los helvecios, muy seguros de repetir con los legionarios lo mismo que
habían hecho con los jinetes galos, avanzaron en bloque compacto contra las líneas de
César. Éste dispuso a sus tropas en el monte con las cuatro legiones veteranas en
primera línea (VII, VIII, IX y X), tras ellas como reserva las dos legiones de novatos
recién alistadas (XI y XII) y tras esta segunda línea el convoy de suministros romano
con las alas protegidas por los auxiliares galos.

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Batalla de Bibracte 58 AC: Despliegue inicial

Los helvecios debían ser algo más de 70.000  y Cesar dice que formaron en una falange
(posiblemente una formación compacta de gran profundidad).

Cuando los helvecios estaban a unos veinte metros de las líneas romanas, lanzaron las
pila que atravesaron los escudos de madera y la primera línea tuvo que despojarse de los
escudos Cesar lo narra así: “Nuestros soldados, al lanzar sus pila desde un lugar más
elevado, rompieron fácilmente la falange enemiga. Una vez descompuesta,
desenvainando las espadas cargan sobre ellos. Una circunstancia obstaculizaba

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enormemente a los helvecios en el combate: y es que, atravesados y trabados los
escudos de varios de ellos por un solo impacto, al haberse doblado el hierro del pilum
ni lo podían arrancar ni podían luchar con comodidad, al tener la mano izquierda
trabada y sujeta. Por lo que, muchos de ellos, tras largos forcejeos con el brazo,
optaron por arrojar los escudos y pelear a cuerpo descubierto“.

Batalla de Bibracte 58 AC: Primera fase

Rota la línea helvecia, los legionarios la terminaron de destrozar con sus formidables
gladius hispanas provocando la retirada helvecia. En ese momento las dos legiones

58
novatas entraron en combate espoleadas por la demostración de disciplina que los
veteranos habían dado. Cuando los romanos empujaban a los helvecios hacia su
campamento, una parte de ellos, César los estima en 15.000, flanquearon a la formación
romana para atacarla por detrás. Pero las legiones romanas eran una máquina
formidable. Ante esta nueva amenaza, la tercera línea de las legiones dio media vuelta e
hizo frente al ataque helvecio que pronto fue desmantelado. Cesar lo narra así:

“Los romanos, haciendo girar su formación, formaron un doble frente: la primera y


segunda líneas, por un lado, enfrentándose a los que ya habían sido vencidos y
rechazados; la tercera, por el otro, sosteniendo el ataque de los que se incorporaban
ahora al combate“.

59
Batalla de Bibracte  58 AC: Segunda fase

Los helvecios, tras cuatro horas de terrible lucha e incapaces de sostener la formación,
huyeron hacia su campamento, cuyo perímetro estaba protegido por los miles de carros
que formaban su convoy. Los legionarios, pisándoles los talones, consiguieron asaltar el
campamento por varios puntos en plena noche y los supervivientes, unos 130.000,
escaparon. Entre la batalla del Arar y la que acababa de concluir los romanos habían
matado a 238.000 helvecios.

60
Batalla de Bibracte 58 AC Julio Cesar al frente de la Legión X dirige el ataque contra
los helvetios. Se distingue por la capa púrpura. Autor Mark Churms

César no quiso perseguir a los fugitivos porque prefirió dar un descanso de tres das a
sus agotados hombres, enterrar a los muertos y cuidar de los heridos.

Los 130.000 helvecios siguieron sin detenerse, al cuarto día llegaron a la frontera de los
galos lingones. César había enviado unos correos a los lingones, intimándolos a que ”no
los socorriesen con bastimentos ni cosa alguna, so pena de ser tratados como los
helvecios”, y pasados tres días, marchó él mismo con todo su ejército en su persecución.

Los helvecios sufrían necesidades debido a la falta de todo tipo de provisiones, enviaron
emisarios a César para pactar una rendición. César dictó sus condiciones: todas las
armas deban ser entregadas, y también debían entregarse como rehenes los hijos de los
jefes. 124.000 helvecios supervivientes fueron autorizados a volver a sus tierras.

61
Unos 6.000 hombres de la tribu de los vervigenos, no estaban de acuerdo con este pacto
y se negaron a entregar las armas, abandonaron el campamento galo, y se retiraron en
dirección al Rin, pensando que no sería notada su falta entre la multitud de prisioneros.
No fue así. Enterado, César ordenó a todos aquellos por cuyas tierras estos huían, que
fueran tras ellos y los hicieran volver. Y una vez traídos ante César, este comenta que
”se los trató como a enemigos”, es decir fueron hechos esclavos.

A continuación, a los helvecios, tulingos y latóbrigos les ordenó que volviesen a poblar
sus tierras abandonadas, obligándoles a reconstruir sus ciudades. Y teniendo en cuenta
que habían perdido todo, ordenó a los alóbroges que los proveyesen de granos.

62
Primera campaña contra los germanos
(58 AC)
Edad Antigua La guerra de las Galias Primera campaña contra los germanos (58 AC)

Antecedentes

Las constantes disputas de los diferentes pueblos galos por la supremacía habían llevado
al enfrentamiento por un lado los heduos, amigos del pueblo romano, y por otro los
arvernos y sus aliados los secuanos. Éstos decidieron pedir ayuda a Ariovisto rey de los
suevos germanos. Los secuanos ganaron la contienda y aumentaron sus territorios y sus
aliados, pero tuvieron que sufrir en sus carnes el férreo protectorado del germano. Los
galos se unieron entonces con el único fin de destruir de destruir el poder de Ariovisto.
En la batalla de Magetobriga (60 AC) todos los galos fueron aplastados por el ejército
germano que a partir de ese momento se hizo totalmente dueño de la situación.

Imperio del suevo Ariovisto 58 AC antes de su enfrentamiento con Julio Cesar

Ariovisto, ya dueño de la situación, confisco un tercio del territorio secuano para


mantener a sus gentes al tiempo que dio entrada a la Galia a más y más tribus con sus
63
correspondientes cuotas de guerreros, una de estas tribus, la de los harudes (llamados
posiblemente después de la batalla de Magetobriga), de 24.000 miembros, fue a
instalarse en otro de los tercios del territorio que pertenecía a los secuanos, que no
podían si no sufrir en silencio la humillación.

Guerreros germanos. Autor Giuseppe Rava

Los galos acudieron a Cesar para que los librase de los germanos, que se entrevistó con
Ariovisto y le dijo que era deseo de Roma que devolviese a los héduos sus rehenes y
diese la guerra por concluida y no diera acceso a la Galia a mas tribus germanas, si
cumplía estas razonables peticiones habría paz, de lo contrario, la guerra sería
inevitable.

El germano respondió, que tenía el mismo derecho que los romanos para posesionarse
del territorio de los galos, y además, él también había sido llamado por otros galos,
ofreciéndose a apoyar a Roma en todas las guerras a las que quisiese conducirle.

64
Campaña de Cesar contra los helvecios y germanos en el 58 AC

Al mismo tiempo que negociaban, le llegan noticias de que un nuevo y masivo


contingente de germanos cruzaba el Rhin por el territorio de los tréveros, César
consideró que no puede perder más tiempo y decidió emprender la marcha rápidamente
con la intención de evitar que ambos ejércitos pudiesen unir sus fuerzas.

Con la rapidez las legiones se pusieron en marcha hacia el Rin, a los tres días de haber
salido de sus campamentos llegan las primeras noticias sobre la presencia de las huestes
de Ariovisto. Se informó a César de que el germano se dirigía con su ejército a atacar la
ciudad secuana de Vesontio (Besançon), una estratégica ciudad gala que el romano
decide que no debe dejar caer en manos de Ariovisto, se hicieron marchas forzadas, y se
adelantó a su enemigo, los secuanos no presentaron gran resistencia, la ciudad fue
ocupada y en ella estableció César.

César permaneció durante varios días en Vesontio, para abastecerse y preparar la


campaña, pronto llegaron a oídos de las tropas los rumores sobre las fuerzas enemigas,
el tamaño de sus hombres, las cualidades como guerreros. Cesar tuvo que arengar a las

65
tropas y se puso en marcha en dirección a la región en donde debía encontrarse con el
enemigo.

El camino lo hizo dando un largo rodeo, no quería verse expuesto a una emboscada así
que prefirió ir por la llanura aunque esto supusiese andar bastante más, al séptimo día de
marcha, los exploradores localizaron el campamento enemigo que se encontraban los
germanos a unos 40 km de distancia, los romanos acamparon al otro lado de la llanura
en la que Ariovisto tenía su campamento, cerca de la actual Mulhouse.

Ariovisto levantó su campamento y avanzó, probablemente protegido por los bosques y


colinas, hasta el propio campamento romano, lo rebasó y acampó a 3 km de su
retaguardia, la intención de cortarle los suministros, César se limitó a desplegar su
ejército ofreciendo batalla a su adversario, durante cinco días, los germanos no
aceptaron el combate, Ariovisto tan solo despachaba la caballería con un número igual
de infantes para escaramucear. No atacaba porque esperaban mejores augurios.

César se vio obligado a construir otro campamento para volver a tomar contacto con las
líneas de aprovisionamiento, la tarea era ciertamente delicada, pues era posible que el
rey germano aprovechase ese momento para desatar un ataque por sorpresa, Cesar
alineó cuatro legiones para proteger las otras dos mientras trabajaban en la construcción
del nuevo campamento. Ariovisto solo se limitó a un ataque diversivo con sus fuerzas
ligeras (16.000 hombres) apoyadas por la caballería. Una vez finalizada dejó dos
legiones y una parte de los auxiliares, suficientes para la tarea de proteger las líneas de
abastecimiento, volviéndose al campamento principal con las otras cuatro.

Ariovisto levantó su campamento y avanzo, probablemente protegido por los bosques y


colinas, hasta el propio campamento romano, lo rebasó y acampó a 3 km de su
retaguardia, la intención de cortarle los suministros, César se limitó a desplegar su
ejército ofreciendo batalla a su adversario, durante cinco días, los germanos no
aceptaron el combate, Ariovisto tan solo despachaba la caballería con un número igual
de infantes para escaramucear. No atacaba porque esperaban mejores augurios.

César se vio obligado a construir otro campamento para volver a tomar contacto con las
líneas de aprovisionamiento, la tarea era ciertamente delicada, pues era posible que el
rey germano aprovechase ese momento para desatar un ataque por sorpresa, Cesar
alineó cuatro legiones para proteger las otras dos mientras trabajaban en la construcción
del nuevo campamento. Ariovisto solo se limitó a un ataque diversivo con sus fuerzas
ligeras (16.000 hombres) apoyadas por la caballería.  Una vez finalizada dejó dos
legiones y una parte de los auxiliares, suficientes para la tarea de proteger las líneas de
abastecimiento, volviéndose al campamento principal con las otras cuatro.

Batalla de los Vosgos o de Ochsenfeld 58 AC

Al día siguiente de nuevo César ofreció batalla a su adversario, encuentro al que el


germano renuncio pero cuando había retirado a sus tropas a los campamentos, atacó
campamento menor. El choque se alargó varias horas sin que los germanos pudiesen
traspasar las trincheras romanas, ambos bandos sufrieron severas pérdidas.

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Al día siguiente 10 de septiembre, decidió tentar definitivamente a los germanos al
combate y al mismo tiempo obligarlos a combatir a desgana, avanzó en tres columnas
con sus legiones en dirección al campamento enemigo, el cual, ante la ofensa de ver su
campamento amenazado se vio así obligado a presentar combate. Salieron del
campamento los guerreros germanos y se desplegaron para la batalla, César detuvo su
avance y comenzó a desplegar a sus legiones para el inminente combate.

Despliegue Inicial

Fuerzas romanas y aliadas

Cesar disponía de 44.000 infantes: de los cuales 27.000 eran legionarios (6 legiones de
la VII a la XII), 3.000 auxiliares arqueros y honderos, 5.000 infantes ligeros galos,
9.000 infantes galos, además disponía de 300 ballestas escorpión y 200 sabuesos de
guerra. De caballería disponía de 6.000 jinetes (1.000 romanos y 5.000 galos)

Desplegó sus fuerzasde en un frente de unos 3,2 km de la siguiente manera:

 Flanco izquierdo mandado por Cesar con las legiones X, XI y IX, de izquierda a
derecha, así como auxliliares galos mandados por el héduo Dumnorix.
 Flanco derecho mandado por Tito Lavieno con las legiones VII, XII y VIII, a la
izquierda caballería gala mandada por el héduo Divitacus.
 Reserva mandada por Publio Licinio Craso con los jinetes romanos e infantes
ligeros.

Fuerzas germanas

En el campo de batalla los germanos presentaban un abrumador despliegue humano,


una coalición de tribus suevas (de derecha a izquierda los harudes, marcomanos,
tribocos, vangiones, nemetes, sedusios y suevos), desplegaban unos 60.000 guerreros
(15.000 de élite fuertemente armados y 45.000 normales), “apoyados” los carromatos y
sobre estos una masa de no combatientes de unas 120.000 personas, contaban con unos
9.000 jinetes que actuaban con infantes escogidos y que cogiéndose a las crines de los
caballos, les seguían en la carrera. Si la situación era apurada los jinetes se replegaban
sobre los infantes, y si un jinete caía, le rodeaban para protegerle; también había unos
800 jinetes montados sobre alces y 500 jinetes walkirias, mujeres guerreras jurados al
sacerdocio de Woðanaz. Los caballos de los germanos eran pequeños y feos según la
descripción de César.

Desplegaron de la siguiente manera:

 Flanco izquierda: mandada por el rey Ariovisto con los suevos y sedusios, y
caballería.
 Centro mandado por el rey Mallomar de los marcomanos con los marcomanos,
nemetes y vangiones.
 Flanco derecho mandado por el rey Alarbo de los hérulos con los hérulos y
tribocos así como la mayor parte de la caballería.

67
Batalla de los Vosgos o de Ochsendfeld 58 AC, despliegue de fuerzas

Ariovisto conocía la técnica de combate de las legiones romanas, y a juzgar por su


comportamiento posterior le preocupaba sobre todo la temible capacidad destructiva de
los pilum romanas. Por ello, al comenzar el ataque, los germanos no recurrieron a la
usual formación en cuña para golpear aquí y allá el dispositivo romano, esta vez ordenó
a sus huestes que, al llegar a la distancia de lanzamiento de las armas arrojadizas,
saliesen a la carrera contra las líneas romanas para, de esta forma, escapar, al menos las
primeras líneas, de la letal nube de pilum.

La batalla

Una vez desplegados los ejércitos César dio la orden de avanzar, el flanco derecho
romano comenzó a caminar en dirección al frente formado por las tribus germanas, que
se alineaban por naciones, y que aparentemente aguardaban el asalto romano, César
había observado que este flanco era el más débil, por ello ataco en primer lugar en
dirección a este sector. Cuando Ariovisto consideró que los romanos se habían acercado
lo suficiente dio la orden de ataque, toda la masa compacta compuesta por esas decenas
de miles de guerreros se lanzaron en una frenética carrera contra las filas romanas que,

68
como el germano había previsto, no pudieron hacer uso de sus pila, el choque fue sin
duda terrible, y siguiendo con la táctica previamente dispuesta por el rey germano,
formaron una especie de compacto testudo (tortuga) con sus escudos, miles de guerreros
unieron así sus fuerzas para presentar al enemigo una invulnerable formación de choque
que intentaba, gracias a esta insólita protección, romper las líneas adversarias al tiempo
que se protegían de la inevitable lluvia de proyectiles que caerían sobre sus cabezas. La
línea romana sostenía con dificultad pero con resolución aguantaron el primer empuje
germano.

Romanos y germanos luchando cuerpo a cuerpo. Autor Giuseppe Rava

El ejército de César aguantó en el centro y en el flanco izquierdo que era el más fuerte y
por donde habían atacado los suevos, pero en el flanco derecho romano de Tito Lavieno,
llego a imponerse al izquierdo germano, llegó un momento en que estos no podían
avanzar más o romper el frente de batalla romano, entonces, una serie de valientes
legionarios decidieron saltar sobre el testudo (tortuga) que formaban los germanos con
sus escudos y comenzar a arrancarlos con sus manos mientras sus compañeros
empuñando el gladius hacían una verdadera escabechina, los germanos que portaban
espadas largas eran inútiles en el cuerpo a cuerpo. A medida que la batalla se prolongó,
Tito Labieno dio las órdenes a cada legado para que la segunda línea relevase a la
primera, dando un respiro a los hombres exhaustos de la primera línea. Estos atacaron
con nuevo ímpetu y los germanos no aguantaron mucho tiempo el empuje de sus
rivales, por lo que pronto se propago el pánico en la formación germana, esta se deshizo
y comenzó la huida.

69
En el ala derecha romana, la caballería gala era superada en número y los combates en
terreno boscoso era favorable a los teutones. Pero consiguieron detenerlos y evitar el
envolvimiento.

En el flanco izquierdo romano, Cesar había tomado la precaución de realizar


fortificaciones de campaña el día anterior. Una zanja poco profunda y estacas de madera
afiladas, permitió que los auxiliares y guerreros galos estacionados allí pudieran
defenderse de los ataques germanos, mientras los proyectiles de los honderos baleares,
las flechas de los arqueros y las jabalinas detenían a los germanos, pero un grupo
consiguió romper la línea y amenazaba el flanco derecho de la legión X, Cesar envió
dos cohortes para cerrar la brecha.

Era el momento en Ariovisto había estado esperando. Había sacrificado miles de sus
guerreros, pero al final el flanco izquierdo romano estaba empezando a resquebrajarse.
Fue en este momento que se dio la orden de emplear su arma secreta: los berserkers
mandados por Sigurd o ”el martillo del Demonio”, eran unos 200 hombres muy fuertes
que tomaban un brebaje que los hacía muy agresivos y blandían enormes martillos; los
jefes rivales solo podían tener una docena de ellos.

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Batalla de los Vosgos o de Ochsendfeld 58 AC, ataque de los berserkers mandados por
Sigurd o ”el martillo del Demonio”, eran hombres grandes pero no gigante como en la
imagen. Autor Brian Snoddy

Sigurd acometió y a pesar de haber sido alcanzado por la flecha de un escorpión, dos
pila, cuatro flechas, y haber sido apuñalado una docena de veces en combate cuerpo a
cuerpo; sin embargo, estas lesiones no parecían molestar al hombre bestia en lo más
mínimo, ya que todavía tuvo fuerzas suficientes para matar sin ayudaal menos 40
hombres (25 de los cuales eran galos). Entre las víctimas de Sigurd se encontraba el
centurión Publio Pisón, Primus Pilus de la X Legión, finalmente un tal Titus consiguió
cortarle el tendón de Aquiles y el gigante se desplomó, siendo rematado.

71
Viendo las brechas que habían producido los berserkers, el joven oficial Publio Craso,
que a la sazón mandaba una unidad de caballería de la reserva, tomó la acertada
decisión de mandar sus jinetes en apoyo del sector amenazado con tanto éxito, que no
solo fueron detenidos los germanos, si no rechazados y puestos en fuga.

La línea de batalla germana se desmorona rápidamente, sus mejores guerreros habían


caído, y el espíritu de su ejército se había roto. Ariovisto se dio cuenta de que la batalla
estaba perdida, y llamó a sus pocos guerreros supervivientes, exhortándolos a seguirlo.

El resto de los guerreros se dirigió a refugiarse al campamento, sin embargo, su retirada


estaba bloqueada por su propio tren de carros, animales de carga, y sus propias familias,
que se defendían desde los carros. Sorprendentemente, en esta etapa de la batalla, fueron
las mujeres germánicas que tomaron las riendas de sus maridos, valientemente luchando
contra los romanos que avanzan, a veces sin más armas que sus uñas de las manos, y
todo el tiempo gritando.

Fue el centurión Marco Pulcro, Primuspilus de la VII Legión, quien entró primero en el
campamento teutónico, descubriendo que a pesar de su ferocidad, las mujeres germanas
eran humanas, y tras él, el resto de su legión consiguieron entrar.

Junto con Mecio y Procilo, Craso que también se encuentra un par de docenas de los
rehenes heduos y secuanos en poder de Ariovisto, la más destacada entre estos
prisioneros era Xenia, hija de Diviciaco. Entre los muertos en el campamento se
encontraban las dos esposas de Ariovisto, y una de sus hijas, la otra sería capturada por
los jinetes héduos.

72
Caballería gala en acción. Autor Giuseppe Rava

Durante más de 25 kilómetros, hasta el mismo Rin, los fugitivos suevos fueron
perseguidos por la caballería galo-romana, Ariovisto pudo cruzar el rio y ponerse a
salvo mediante una barca que le estaba esperando, pero se cuenta que murió poco
después a causa de las heridas sufridas durante el combate.

Secuelas

Las bajas de los romanos y aliados fueron 6.000 (3.000 muertos y 3.000 heridos), las
bajas de los germanos fueron unos 35.000 guerreros y otros tantos civiles. El resto se
dispersó y huyó.

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En conjunto, más de un centenar de hombres ganaron condecoraciones y honores de ese
día, Tito Romulo Leonino fue condecorado con la Corona Aurea (corona de oro) por su
notable valor y habilidad al matar al berserker Sigurd y mantener la línea, Publio Craso
por su carga de caballería oportuna que le había salvado la Décima, así como Mecio y
Procilo prisioneros romanos de Ariovisto, por haber sobrevivido a su terrible
experiencia. Xenia fue galardonada por su valor y resistencia. El resto de los soldados
en el ejército se les prometió acciones en cualquier botín que había que ser tenía (de los
cuales no había suficiente para todos, como el tesoro del rey alemán incluido un buen
cuatro años más o menos el valor de botín acumulado y el tributo tomado de la galos).
Una vez que los hombres hubieron descansado, los heridos atendidos, y los muertos
cremados con los ritos y honores adecuados, el victorioso ejército romano a
continuación, se dirigió de nuevo a Vesontio, donde serían aclamados como héroes y
libertadores por los pueblos agradecidos de los héduos, los secuanos, y el resto de la
Galia.

El primer enfrentamiento se saldaba con una completa victoria romana, sin embargo, la
marea germana distaba mucho de recular, el propio César intervendrá varias veces más
para detener y rechazar a las sucesivas tribus que amenazan con pasar al interior de la
Galia.

Se aproximaba el invierno, por lo que César dejó las tropas en el país de los secuanos y
bajó a la Galia Cisalpina para saber qué ocurría en Roma por esos días y ponerse al día
con tareas administrativas.

Durante el descanso invernal armó dos legiones nuevas: la XIII y la XIV. Promocionó
nuevos oficiales y los mezcló con algunos veteranos de otras legiones e inmediatamente
comenzó el entrenamiento físico y militar para mantener la disciplina y seguir órdenes
durante una batalla.

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Campaña contra los belgas (57 AC)
Edad Antigua La guerra de las Galias Campaña contra los belgas (57 AC)

Al saber de las victorias romanas en el año 58 AC en Bibracte contra los helvecios y en
Los Vosgos contra los suevos de Ariovisto las tribus belgas decidieron unirse con el fin
de evitar el sometimiento a los romanos.

Se decidieron a formar un ejército poderoso para derrotar a los romanos cada tribu debía
aportar fuerzas: los belovacos, la más numerosa y fuerte 60.000, los suesonios 50.000  y
además su rey Galba ostentaría el mando supremo, los nervios 50.000, los atraves
15.000, los mórinos 25.000, los atúaticos 29.000, los ambianos 10.000, los cáletes
10.000, los menapios 10.000 y otras tribus 50.000, en total unos 300.000; cifra que
proporciona Cesar que está muy inflada para la población de aquella época.

Campaña de Cesar contra los belgas en el 57 AC

Los romanos tenían que reaccionar pronto si no querían ver reducidas sus opciones de
victoria frente a un ejército tan numeroso. César recibió la noticia como un regalo de los
75
dioses, pues eso le permitía tener una excusa para seguir sus campañas en la Galia y
saciar su sed de gloria y guerra. En 15 días se presentó en la frontera belga con 10
legiones, unos 60.000 hombres. Allí recibió una embajada de la tribu belga de  los
remos, que no querían participar de la conjura masiva de las tribus vecinas y que se
pusieron a disposición de los romanos. César se aseguró su fidelidad tomando como
rehenes a los hijos de las familias más poderosas de la tribu.

Batalla del río Axona o Aisne 57 AC

Cesar cruzó el río Axona y estableció el campamento al otro lado, dejando 6 cohortes en
un fuerte para asegurar el puente a las órdenes de Quinto Titurio Sabino. El ejército
belga estaba asediando la ciudad rema de Bibrax o Bibracte, cuya población envió un
mensajero a Cesar pidiendo socorro. Cesar envió parte de sus auxiliares, arqueros
númidas y cretenses, honderos de baleares, que aprovecharon la noche para entrar en
Bibrax. Después de esto, los belgas abandonaran su asedio de la ciudad y acamparon su
ejército a 3 km del campamento de César. Aunque era reacio a presentar batalla al
principio, algunas pequeñas escaramuzas de caballería entre los campamentos, en
especial los tréveros que eran vecinos de los belgas y dieron a César la impresión de que
sus hombres no eran inferiores a los belgas, de manera que decidió presentar batalla.

Como las fuerzas de César eran superadas en número y por lo tanto corrían el riesgo de
ser rodeadas por los flancos, hizo que su ejército construyera dos trincheras, cada una de
400 pasos de largo, una a cada lado de la llanura por delante del campamento romano.
Al final de estas trincheras, César hizo que se construyeran pequeños fuertes en los que
colocó su artillería. Entonces, dejando a las legiones más bisoñas la XIII y XIV como
reserva en el campamento, llevó a las otras seis (VII, VIII, IX, X, XI y XII) en orden de
batalla, y el enemigo hizo lo mismo.

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77
Batalla del río Axona o Aisne 57 AC, despliegue de fuerzas belgas y romanas

Se entablaron algunas escaramuzas de caballería, pero los belgas no se movieron, dado


que para atacar a los romanos, debían atravesar una pequeña zona cenagosa a ambas
orillas del río Miette afluente del Axona y luego atacar cuesta arriba, lo que suponía
darle una enorme ventaja al contrario. En lugar de ello, parte de las tropas belgas
intentaron vadear el Axona para atacar el fortín defendido por Titurio y destruir el
puente, a fin de cortar la retirada romana y privarles de suministros. Pero el procónsul
reaccionó de inmediato y mandó unidades a cortar el paso, y Cesar envió a su caballería
e infantería ligera (arqueros y honderos) pasaron por el puente, y atacaron por ambos
flancos las fuerzas que estaban intentando vadear el ría Axona, que rápidamente se
dieron a la fuga y muchos fueron muertos.

Desanimado por el atrevido ataque de los hombres de César, y por su consecuente


incapacidad de tomar el campamento al asalto o bloquear a los romanos de
impidiéndoles cruzar el río, las fuerzas belgas se retiraron a su campamento.

Entonces, convocando un consejo de guerra. Se acordó que cada cual volviera a su tierra
y que desde todas partes se reunieran para defender a los primeros a cuyo territorio
llevasen los romanos su ejército.

Galos atacando a los romanos. Autor Ángel Todaro

La retirada se hizo en total descoordinación, casi una huida: al anochecer, cada cual se
puso en marcha, sin orden ni concierto, alertando con la algarabía a los romanos que,
además, tenían espías dentro del campamento enemigo que les comunicaron lo que

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ocurría. Aun así César, temiendo una emboscada y para evitar el combate nocturno,
siempre confuso y complicado, esperó al amanecer para lanzarse en su persecución, una
vez que sus exploradores confirmaron la retirada enemiga. La caballería y el legado Tito
Labieno con tres legiones dieron alcance a la retaguardia belga, y se produjo gran
mortandad al romper filas el enemigo y buscar su salvación cada cual. César había
quebrado la coalición belga.

Sin dilación, el procónsul romano aprovechó la desbandada y, a marchas forzadas, se


presentó aquel mismo día delante de la capital suesiona, Noviodunum, pues había oído
que disponía de pocas fuerzas. Pero no pudo tomarla, gracias a su ancho foso y elevadas
murallas, con lo cual se aprestó a fortificar su campamento y a preparar el asedio,
construyendo manteletes, torres y una rampa.

Entretanto, los fugitivos del ejército suesión aprovechando la noche, entraron en la


plaza, pero, desmoralizados ante el despliegue romano y aprovechando la intercesión de
los remos, se rindieron y entregaron armas y rehenes.

Inmediatamente, se puso en marcha hacia la principal plaza belóvaca, Bratuspancio,


pero, antes siquiera de alcanzarla, ésta envió su rendición. Esta vez fue el druida
Diviciaco quien intercedió por los belóvacos, a los que unían lazos de clientela con los
héduos. Otra vez se tomaron rehenes y armas, y el ejército romano continuó hacia el
territorio ambiano, alcanzando su capital, Samarobriva, y aceptando también su
rendición.

Batalla de Sambre o Sabis (57 AC)

Pero no todos los belgas iban a doblegarse tan fácilmente. Al noreste del territorio
ambiano habitaban los nervios, que reprochaban al resto de belgas su cobardía. Reacios
a la influencia de Roma, no consentían recibir importaciones mediterráneas, sobre todo
vino, por considerarlo debilitador.

El ejército romano se internó en territorio nervio con 8 legiones (40.000), 8.000


auxiliares y 4.000 jinetes celtas aliados. Al tercer día, César supo por prisioneros que los
nervios le esperaban a unos 15 km de distancia, al otro lado del río Sabis (Sambre).
Junto a los nervios que eran unos 60.000 habían acudido los atrebates unos 15.000 y los
viromanduos unos 10.000, y estaban esperando también a los atuátucos que estaban en
camino. Los nervios habían refugiado a sus no combatientes en un lugar inaccesible,
entre pantanos.

César envió exploradores y a algunos centuriones delante del ejército, para buscar un
emplazamiento adecuado para el campamento.

Localizaron una colina en la ribera del Sabis (Sambre), que descendía hasta el río
suavemente, y frente a la cual, al otro lado del cauce, se levantaba otro ribazo,
descubierto en sus primeros 300 metros pero después poblado por un tupido bosque.
Salvo algunos destacamentos de caballería que patrullaban la orilla opuesta, no había
rastro de los nervios.

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César envío por delante a su caballería, detrás 6 legiones y detrás la impedimenta con
otras dos legiones que eran más bisoñas.

La caballería, los honderos y arqueros auxiliares cruzaron el río, que tenía cerca de 1
metro de profundidad, para ahuyentar a la caballería belga y actuar de cobertura
mientras las legiones construían el campamento.

Las seis legiones llegaron a la colina elegida y, empezaron la fortificación del


campamento. A parte de la caballería y los infantes ligeros, César no dispuso una línea
de legionarios cubriendo el trabajo de sus compañeros, como había hecho en anteriores
ocasiones.

Los belgas salieron del bosque en tromba, rechazando fácilmente a la caballería e


infantes ligeros romanos que pudieron dar la alarma, y cruzaron con ese mismo ímpetu
el río Sabis.

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Batalla del río Sambre o Sabis 57 AC: los belgas cruzan el río Sabis (Sambre), derrotan
a la caballería y tropas ligeras que daban cobertura y atacan a los legionarios que
estaban construyendo el campamento. Autor Wayne Reynolds

En el flanco izquierdo iban los nervios mandados por su rey Boduognato, en el centro
los viromanduos y a su derecha los atrebates. Se enfrentaron respectivamente a las
legiones VII y XII del flanco derecho, la VIII y XI del centro, la X y IX del flanco
izquierdo romano.

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Batalla de río Sambre o Sabis 57 AC primera fase:  ataque de los belgas y defensa
apresurada de los romanos

Los romanos se vieron sorprendidos por los súbito del ataque e inmediatamente dieron
las señales de alarma con las tubas, para llamar a las armas e intentar formar una línea
de batalla. Ante la inminencia del ataque y la imposibilidad de recoger su equipo
completo, algunos soldados romanos que se hallaban en la construcción del
campamento se dispusieron a la defensa del mismo, y entablaron combate sin casco y
utilizando la pala o la dolobra (zapapico) como arma.

En el flanco izquierdo, los legionarios de la X y IX, con una salva de pila a los
atrebates, que tras cruzar el río debían subir colina arriba. Esto los desorganizó, y la
feroz carga de los legionarios hizo que retrocedieran, intentando plantar cara al otro lado
del cauce, aunque también de allí fueron desalojados.

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En el centro, las legiones XI y VIII recibieron de igual forma a los viromanduos que
combatían contra ellos en la orilla del Sambre (Sabis).

Batalla del Sambre o del Sabis 57 AC. Contraataque de la Legión VIII. Un centurión de
la Legión VIII dirigiendo un contraataque contra los viromanduos. Autor Mark Churm

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Batalla del río Sambre o  Sabis 57 AC. Contraataque romano. Las legiones del centro
VIII XI y las de la izquierda IX y X contraatacan y hacen retroceder a los galos hasta su
campamento. Autor Peter Connolly

Pero las cosas eran distintas en flanco derecho. El jefe de los nervios, Boduognato,
lanzó a una parte de sus guerreros, en formación cerrada, contra las legiones XII y VII,
mientras que otros intentaron rodearlas por la derecha. Éstos penetraron en el
campamento romano a medio levantar y rechazaron a la dispersa caballería y tropas
ligeras que había buscado refugio allí, además del personal no combatiente como
criados y esclavos de los legionarios.

Los jinetes auxiliares tréveros, viendo cómo se desarrollaba la batalla, creyeron


completa la derrota romana y volvieron grupas.

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Batalla del río Sambre o Sabis 57 AC, segunda fase contraataque romano en el centro e
izquirda y ataque de los nervios en la derecha

Cesar acudió a la zona de la Legión XII, que según cuenta el propio César, muertos los
centuriones y el abanderado de la 4ª cohorte, perdido el estandarte, heridos o muertos
casi todos los centuriones de las demás cohortes, el resto de los legionarios se
mostraban remisos a la lucha, y que otros muchos se contentaban con evitar los dardos
del enemigo.

César cogió el escudo a uno de los que huía y, por entre la masa humana que obstruye el
paso, se adelanta hasta la primera fila. Una vez allí, arenga a sus tropas, dio la orden de
abrir las filas para evitar el apelotonamiento y poder usar las gladius, y dio la orden a la
Legión VII, que había quedado aislada, que se aproximase para formar un cuadro para
protegerse mutuamente la retaguardia. Aprovechado que los nervios debieron retroceder

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para recuperar reagruparse antes de volver a la carga, la legión XII se aproximó a la VII
y se juntaron por la retaguardia de ambas para evitar el ataque nervio por la espalda.

Batalla del río Sambre o Sabis 57 AC. Julio Cesar al frente de la Legion XII. En el
momento clave de la batalla, cuando los nervios están a punto de quebrar las líneas de la
legión XII, El jefe nervio Boduognato encabezó a sus guerreros, protegido con una cota
de malla y un casco de hierro de tipo Agen con reborde y  carrilleras, su escudo oval
cuenta  un umbo y no lleva espina. La mayoría de los romanos están sin su yelmo, Julio
Cesar lleva una coraza anatómica cogió un escudo caído y gladius en mano anima a los
hombres de la Legión XII. Autor Ágel García Pinto

Tras hacer huir a los atrebates, Tito Labieno que había conducido a las legiones X y IX
hasta el campamento belga, en la cima de la colina al otro lado del río Sabis y, viendo
desde allí cómo se desarrollaba la batalla, ordenó a la Legión X descender a la carrera
para socorrer a sus compañeros, y atacar a los nervios por retaguardia.

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El sobrino de César, que con las legiones XIII y XIV se dirigían al campamento romano
escoltando los convoyes de víveres, se topó con los jinetes en fuga, que le informaron
de la situación. Rápidamente agrupó a sus hombres y se lanzó a paso ligero en auxilio
de su tío. Atrapados por todas partes, estos vendieron cara su vida, sufriendo pérdidas
tremendas (según César sólo sobrevivieron 500 de los 60.000 guerreros).

Batalla del río Sambre o Sabir 57 AC, tercera fase:  ataque de la Legión X y ataque de la
Legión XIII

Cesar ante lo desesperado de la situación mando formar a la XII y VII en cuadro


aprovechado que los nervios debieron retroceder para recuperar reagruparse antes de
volver a la carga, la legión XII se aproximó a la VII y se juntaron por la retaguardia de
ambas para evitar el ataque nervio por la espalda.

87
Tras hacer huir a los atrebates, Tito Labieno que había conducido a las legiones X y IX
hasta el campamento belga, en la cima de la colina al otro lado del Sambre (Sabis) y,
viendo desde allí cómo se desarrollaba la batalla, ordenó a la X descender a la carrera
para socorrer a sus compañeros.

El sobrino de César, que con las legiones XIII y  XIV se dirigían al campamento
romano escoltando los convoyes de víveres, se topó con los jinetes en fuga, que le
informaron de la situación. Rápidamente agrupó a sus hombres y se lanzó a paso ligero
en auxilio de su tío. Atrapados por todas partes, estos vendieron cara su vida, sufriendo
pérdidas tremendas (según César sólo sobrevivieron 500 de los 60.000 guerreros).

La batalla había acabado, y con ella, prácticamente, la resistencia belga. César marchó
contra los atuátucos, que pagaron con el cautiverio el intentar resistirse al rodillo
romano.

Batalla del Sambre o de Sabis 57 AC. Boduognato, líder de los nervios, rendido y
humillado ante César tras la batalla. Autor Yannick de Smet

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Expedición de Galba al país de los
veragros
Edad Antigua La guerra de las Galias Expedición de Galba al país de los veragros

En el otoño del año 57 AC, Servio Sulpicio Galba fue enviado con la legión XII
Fulminata y parte de la caballería, que regresaban de la Galia Bélgica, para abrir un
camino a través de las montañas con el fin de mantener una ruta comercial a través de
los Alpes y los aborígenes de Mont-Joux (Gran San Bernardo).

Galba abandonó el territorio de los alóbroges en el extremo oriental del lago de


Ginebra, y se adentró en el país de los nantuates. Después de algunos combates y
capturar varias fortalezas, se firmó la paz con los nantuates. Dejó detrás dos cohortes de
acantonamiento y continuó hasta territorio de los veragros. Alcanzado el río Vicus cerca
de Octoduro (la actual Martigny). La ciudad estaba separada por el río en dos partes,
ocupó ambas y comenzó a instalar su cuartel de invierno en la orilla derecha. Tras tomar
la ciudad pasó a controlar la región y hacerse con el paso estratégico del Gran San
Bernardo.

Guerreros galos veragros

89
A los pocos días después de la instalación del campamento, ante el asombro de los
romanos (que habían tomado la precaución coger a muchos niños como rehenes), los
exploradores de Galba anunciaron que los aborígenes de la izquierda del río Vicus se
habían levantado.

Una multitud de guerreros veragros, con la ayuda de sus vecinos sedunos, habían salido
de las colinas y hostigaban el campamento romano con sus flechas. Después de seis
horas de batalla, los galos casi habían tomado el lugar. Las tropas romanas estaban
agotadas y con las pila agotadas, decidieron realizar un a salida por sorpresa de la
fortaleza, cogiendo a los galos totalmente desprevenidos y los obligaron a huir, dejando
10.000 bajas y posteriormente quemaron las casas del pueblo. Ante el temor de que sus
enemigos se estuvieran reorganizando después de la batalla de Octodure, y esperando
nuevos ataques en el invierno, los romanos retrocedieron a tierra de los alóbroges.

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Batalla de Octodure 57 AC. El campamento de la legión la XII Fulminata, bajo el
mando de Sulpicio Galba, fue atacado por los galos veragros y sedunos, una salida de
las fuerzas derrotó a los sitiadores.

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Campaña contra Bretaña y Aquitania (56
AC)
Edad Antigua La guerra de las Galias Campaña contra Bretaña y Aquitania (56 AC)

Publio Craso con la Legion VII, fue enviado a reconocer el oeste, estableció sus
cuarteles de invierno en Cenabum en el país de los cornutes y otro en Turonum en el
país de los turones, ambos en las orillas del río Liger (actual Loira), no lejos del
Océano. Por carecer de granos aquel territorio, despachó a las ciudades de las comarcas
cercanas a algunos prefectos y tribunos militares en busca de provisiones. De éstos Tito
Terrasidio fue enviado al pía a los esuvios, Marco Trebio Galo a los curiosolites, Quinto
Velanio con Tito Silio a los vénetos.

Los vénetos fueron hostiles y arrestaron a Silio y Velanio, obligando al resto de las
tribus a hacer lo mismo. Los confinantes arrestaron a Trebio y Terrasidio. Enviaron una
embajada a Craso exigiendo la retirada romana a cambio de la liberación de los rehenes.

La tribu de los vénetos habitaba en la región de Armórica (la actual Bretaña), era el más
poderoso de los que allí moraban. Se asentaron en el sur del territorio, a lo largo de la
bahía de Morbihan o golfo Quiberón, donde habían construido fortalezas costeras a las
que la marea transformaba en islas. Su ciudad más importante era Darioritum (actual
Vannes). Controlaban el comercio en la región y con Britania, por lo que consiguieron
una riqueza tal que poseían moneda propia.

Esta tribu había reunido una confederación de tribus para combatir a Roma, entre los
que se encontraban los osismos, lexovios, námnetes, ambiliatos, mórinos, diablintes,
menapios y britanos.

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93
Campaña de Cesar en la Galia en el 56 AC contra Bretaña y Aquitania

César se encontró con la rebelión total de la casi totalidad de las tribus costeras del
noroeste de la Galia. En esos momentos se encontraba en Italia creyendo que la Galia se
hallaba en paz, enterado ordenó la construcción de una flota en Andium (Nantes) a
orillas del río Liger (Loira) que desemboca en el océano Atlántico y movilizar hasta allí
a los marineros.

Conscientes del poderío romano que enfrentarían, los galos tenían a su favor sus barcos,
adaptados a las duras condiciones navales del Atlántico, la falta de preparación de los
romanos y su mejor conocimiento de la geografía local, que incluía un alto número de
islas que servían de refugios y puertos protegidos de las fuerzas terrestres por las mareas
altas y de las flotas navales por las mareas bajas, las ciénagas y marismas.

El Cesar llegó a la Galia en abril y envió a sus tropas a diversos puntos de la región para
impedir la expansión de la rebelión:

 Tito Labieno: fue enviado con la caballería al territorio de los tréveros para
evitar una rebelión en la Galia Bélgica.
 Publio Craso: con doce cohortes y parte de la caballería fue enviado a Aquitania
para evitar que desde aquella región se enviaran guerreros y suministros a los
rebeldes.
 Quinto Titurio Sabino: con tres legiones a pacificar a los lexovios, coriosolites y
unelos.
 Décimo Junio Bruto Albino: quedó a cargo de la flota que enfrentaría a los
vénetos.

Los pictones, sántonos y otros pueblos enviaron tropas a apoyar la campaña romana.
César marchó con sus tropas al sur de la Armórica a unirse a Junio Bruto. Las ciudades
de los vénetos estaban en promontorios fortificados, inaccesibles por tierra y muy
difíciles por mar. Aunque César tomo varios fuertes lo vénetos se retiraban por mar en
cuanto veían que no podían defenderlos, llegando a una nueva fortaleza, lo que llevó a
César a entender que necesitaba el dominio del mar.

Batalla de Morbihan o del Golfo de Quiberón 56 AC

Se inició una frustrante campaña terrestre en la que César capturó algunos poblados
vénetos, pero fue incapaz de evitar que sus habitantes fueran evacuados por mar,
mientras que la nueva flota romana se terminaba.

Ante la imposibilidad de tomar por tierra todas las fortalezas vénetas los romanos
decidieron usar su flota, César entendió que para derrotar a los vénetos debía destruir
primero la flota de estos.

Cuando las tormentas desaparecieron, y la flota romana, bajo el mando de Décimo


Bruto, pudo zarpar hacia las costas de la Bretaña francesa. Conforme la flota se
aproximaba a las fortalezas de los vénetos, estos decidieron reunir su propia flota y
prepararse para una decisiva batalla naval.

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Batalla de Morbihan o del Golfo Quiberón 56 AC: Despliegue de las flotas

Cada barco romano llevaba su contingente de soldados, posiblemente de las legiones de


César. Al igual que durante la Primera Guerra Púnica, los romanos sólo iban a poder
superar a sus rivales si conseguían llegar al abordaje. Los barcos romanos llevaban
afilados cuchillos curvos montados en largas pértigas y también ganchos con cuerdas.
Conforme las dos flotas se acercaban a distancia de combate, estos cuchillos fueron
usados para cortar los aparejos de las embarcaciones enemigas, dejándolos muy
vulnerables a los abordajes, mientras se lanzaban los ganchos de abordaje para atraer a
los barcos adversarios.

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Batalla de Morbihan o del Golfo de Quiberón 56 AC. Buques romanos atacando a los
buques vénetos. Autor Giuseppe Rava

Una vez unos cuantos barcos vénetos fueron abordados y capturados de esta manera, el
resto de la flota trató de escapar, pero en el momento decisivo les falló el viento,
dejándolos dispersos y vulnerables a lo largo de la costa. Los romanos sacaron ventaja a
la velocidad de sus barcos, impulsados por los remos, y persiguieron y derrotaron uno a
uno a los barcos vénetos. La batalla duró aproximadamente desde media mañana hasta
el anochecer, cuando los barcos vénetos supervivientes pudieron escapar.

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Batalla de Morbihan o del Golfo de Quiberón 56 AC. Un barco véneto es abordado por
uno romano, se ve un romano tirando de un gancho de abordaje. Autor Angus McBride

Viendo su flota destruida, los vénetos no tuvieron otra opción más que rendirse. César
no fue particularmente piadoso, y como el mismo nos cuenta, quería dar ejemplo con los
vénetos para que se respetasen a los embajadores romanos enviados a otras tribus,
aunque también debía estar frustrado por la campaña de verano. Los vénetos
supervivientes fueron vendidos como esclavos, excepto sus líderes, quienes fueron
ejecutados.

Sometimiento de Aquitania

Publio Licinio Craso, le tocó someter a los aquitanos, que vivían en la actual


Aquitania. Partió con una fuerza de 2 legiones (10.000), 3.000 auxiliares y 4.000 jinetes
galos aliados, en total 18.000 hombres. En el camino los sociates les atacaron mientras

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marchaban. Los aquitanos lanzaron contra la columna romana a su poderosa caballería
pero ésta fue rechazada. Luego la infantería gala, escondida en el bosque, se lanzó al
ataque y tras una larga lucha huyeron a Sotio, capital de los sociates.

Romanos contra galos. Se ve a un centurión con yelmo tipo Port, lorica hamata y


grabas, el resto de los romanos llevan el yelmo tipo Montefortino. De los galos sólo
llevan armadura los jefes. Autor Johnny Shumate

Publio decidió tomar Sotio, la puso sitio y aceptó la rendición de los sitiados. Sin
embargo, era una trampa, pues mientras se negociaba la rendición, fue atacado por el
caudillo sociato, Adiatuano, aunque lo pudo rechazar. Tras esto el asedio continuó hasta
que los sociates terminaron por capitular.

Tras la rendición de los sociates las demás tribus aquitanas empezaron a someterse. 
Craso persiguió a las demás fuerzas aquitanio-cántabras que se refugiaron en un

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campamento en la zona actual de Mont-de-Marsan, los romanos los rodearon y de noche
lanzaron un ataque sorpresa; de los 50.000 guerreros celtas solo un cuarto sobrevivió.

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Segunda campaña contra los germanos
Edad Antigua La guerra de las Galias Segunda campaña contra los germanos

Entre el 56 y 55 AC las tribus germanas de los usípetes y téncteros (que sumaban de
150.000 a 180.00 personas, aunque según César eran 400.000), presionados por los
suevos, cruzaron el río Rin, A continuación cruzaron también el río Mosa. En el cruce
vencieron a la tribu belga de los menapios y se asientan en sus villas. Desde allí,
atacaron a los eburones aliados de Roma, que pidieron ayuda.

Así que, César se dirigió al norte con su ejército a poner orden. Se le acercaron
embajadores germanos explicándole los motivos de su migración y sus buenas
intenciones. César, sospechando que solo querían ganar tiempo para reorganizar su
ejército y enfrentarle, les exigió, ya que necesitaban tierras donde asentarse, que se
retirasen más al sur, junto a una tribu aliada de Roma, los ubios.

100
Guerreros tribales germánicos. Fuente Warlordgames

En plena tregua, y mientras se llevaban a cabo las conversaciones, las caballería gala
aliada de los romanos fue sorprendida y derrotada por la germana, causándoles 6.000
bajas, curiosamente los germanos tenían caballos de menor porte y tamaño que los
aliados galos.

Los germanos se disculparon diciendo que había sido un hecho aislado no organizado
por los jefes germanos, sino por circunstancias ajenas a ellos y más propia producto de
la presión que habrán sentido algunos germanos por el acoso del ejército romano.

101
Campaña de Cesar en la Galia el 55 AC. Primera invasión de Germania y primera
invasión de Britania

César, enfurecido, apresó a los jefes germanos y ordenó un ataque general general al
campamento germano, aprovechando que la caballería de éstos había salido a pastar.
Los germanos fueron sorprendidos y no pudieron organizarse, ya que sus jefes habían
sido apresados por César y su caballería estaba fuera. Muchos germanos murieron,
capturando a 100.000 de ellos, en su mayoría mujeres, niños o ancianos. En
consecuencia, ambas tribus germanas volvieron a su país con los sobrevivientes.

A raíz de estos éxitos, César deseó cumplir otro hito: ser el primer general romano que
cruzara el Rin con un ejército. Mandó a construir un puente y en tan solo diez días
estaba listo. El puente fue una gran obra de ingeniería en la época, demostrando al
mundo, y especialmente a los germanos, que no había límites físicos para donde Roma
pueda ir.

Cruzó el río con unos 40.000 efectivos, pero los germanos se retiraron ante el avance
romano y no presentaron batalla. El propio Julio César estimaba en
430.000 guerreros germanos la fuerza a combatir (hoy se considera una exageración).

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No obstante los suevos, contra quienes principalmente se había dirigido la expedición,
jamás llegaron a ser combatidos.

Después de haber hecho la demostración de fuerza y no haber conseguido botín, decidió


retirarse. Sólo estuvo 18 días del otro lado del Rin, a su regresó mandó desmontar el
puente de nuevo para que no fueses utilizado por los bárbaros.

Puente de Cesar sobre el río Rin. Autor arquitecto John Soane

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Campañas de Cesar en Britania (55 y 54
AC)
Edad Antigua La guerra de las Galias Campañas de Cesar en Britania (55 y 54 AC)

Campaña del 55 AC

Preparativos de la campaña

Durante el transcurso de su campaña en la Galia, César alegó que los britanos habían
estado apoyando a los belgas en su campaña contra él, ya que los soldados galos que
huían del campo de batalla se dirigieron a los asentamientos galos en Britania, y los
vénetos de Armórica, que controlaban el comercio con la isla, habían iniciado las
negociaciones con sus aliados britanos para que estos acudieran al continente a combatir
contra Roma.

A finales de verano del año 55 AC, a pesar de que ya era tarde para iniciar una
campaña, César decidió realizar una expedición a Britania. El general romano convocó
a los comerciantes que negociaban con la isla, pero no pudo obtener ninguna
información útil acerca de las tácticas militares de los britanos, o de los puertos en los
que podría desembarcar, ya que éstos no querían perder su monopolio comercial.
Carente de información, César envió a uno de sus tribunos militares, Cayo Voluseno, en
una misión de exploración. Voluseno exploró la región de Kent, aunque no se atrevió a
adentrarse en territorio desconocido por miedo a los bárbaros, y tras cinco días volvió a
la Galia, donde César al fin obtuvo algo de la ansiada información.

Tras esta preocupante acción del general romano, muchos de los pueblos de Britania
enviaron embajadas a los comerciantes galos para que impidieran la inminente invasión,
comunicando a César una promesa de sumisión. César decidió enviarles de vuelta a
Britania acompañados de su aliado Comio, el rey del pueblo de los atrebates, quien
utilizó su influencia para atraer a un buen número de tribus a su causa.

Se reunió una flota compuesta de 80 barcos de transporte, suficientes para transportar a


las dos legiones (Legión VII y Legión X), y un número desconocido de navíos de
guerra. La flota se reunió en algún puerto del territorio de los mórinos, probablemente el
Icio (portus Itius, hoy Boulogne). A ellos se unieron otras 18 embarcaciones de
transporte, procedentes tal vez de Ambleteuse, para transportar a la caballería. Los
barcos que César utilizó fueron los barcos de la guerra contra los vénetos y de otras
tribus costeras. César dejó una pequeña guarnición bajo el mando de Sulpicio Rufo en el
puerto y embarcó, sin perder tiempo, con la infantería, dejando atrás a la caballería, que
recibió la orden de unirse tan pronto como fuera posible.

Desembarco

Inicialmente, César trató de desembarcar en Dubris (Dover), cuyo puerto natural había
sido presumiblemente identificado por Voluseno como un punto apropiado para el
desembarco. Sin embargo, cuando la armada romana avistó tierra, una fuerza masiva de

104
britanos había ocupado por completo las colinas y acantilados de la playa. Esto disuadió
a los romanos de desembarcar, ya que los enemigos que estaban copando los riscos de
los acantilados podían masacrarles lanzando las jabalinas que portaban. Tras esperar
anclados en una playa cercana “hasta la hora nona” (desde las 3 de la tarde y esperando
presumiblemente a que el viento se tornara favorable), César convocó un consejo de
guerra, en el que ordenó a sus subordinados actuar por iniciativa propia. Después,
condujo la flota unas siete millas a lo largo de la costa hacia una playa abierta. Debido a
la ausencia de restos arqueológicos, se desconoce la ubicación exacta del punto de
desembarco, aunque el lugar más probable es la playa entre Deal y Walmer.

Con toda la playa copada por los carros y la caballería britana, el desembarco parecía
imposible. Para empeorar las cosas, los barcos eran demasiado grandes para moverse
con facilidad, y los legionarios se verían obligados a desembarcar en aguas muy
profundas, mientras los britanos salían de todas partes.

Carros britanos exhibiéndose delante de los barcos de Cesar en el 55 AC. Autor Peter
Dennis

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Finalmente se decidió el desembarco. Sin embargo, la dificultad de los barcos para
moverse cerca de la costa hizo que los legionarios tuvieran que desembarcar en aguas
profundas.

La playa y las colinas circundantes llenas de carros de guerra y de britanos armados de


espadas y jabalinas, gritando como demonios, mientras los legionarios tenían que
desembarcar con el agua por el pecho, cargados con toda la panoplia de armadura,
casco, scutum, pila y gladius. Es comprensible que tuvieran miedo de desembarcar y
tomar la playa.

Cesar mandó disparar las catapultas montadas en los barcos de guerra, para facilitar el
desembarco de las tropas, ante la lluvia de proyectiles, los britanos se replegaron de la
orilla, sin que nadie se atreviese a desembarcar.

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Desembarco de la legión X de Cesar en Britania en el 55 AC. El aqulifer al ver que los
legionarios no se decidían a desembardar, se lanzó al agua con águila al agua. Al fondo
se observa las fuerzas britanas en la playa. Autor Peter connoly

Allí estaban aquellos legionarios atemorizados y renegando de su suerte cuando, de


repente, el aquilifer o portador del águila de la Legio X desembarcó y saltó al agua
gritando: ”Seguidme, compañeros soldados, a menos que queráis regalar el águila de
vuestra legión al enemigo. Yo, por mi parte, voy a cumplir mi deber hacia mi general y
hacia la república”.

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Los legionarios avergonzados siguieron al aquilifer, logrando desembarcar atacar a los
defensores y ponerlos en fuga.

Desembarco de Cesar en Britania 55 AC. El aquilifer de la Legión X lanzándose al


agua, al fondo se observa un carro de guerra britano dispuesto a atacarle. Autor Mark
Churms

Los romanos establecieron un campamento en la cabeza de playa (del que no se han


hallado restos arqueológicos, hecho por el cual se desconoce el punto exacto de
desembarco). Una vez instalados en el recinto, el ejército recibió una embajada de su
aliado Comio, que había sido detenido por apoyar a César.

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109
Carros de guerra britanos acosando a las fuerzas de Cesar desembarcadas

Negociaciones

Cesar decidió iniciar las negociaciones con los dirigentes britanos a los que, alegando
que estaban en una posición de inferioridad, exigió el cese de ataques, la cesión de
rehenes y la disolución de su ejército. Cuando los britanos se hallaban a punto de
aceptar las condiciones de César, al cuarto día de su llegada a Britania, los 18 barcos
que transportaban la caballería y las provisiones por el canal de la Mancha, estando ya
tan cerca de las islas y divisando el campamento romano, se levantó de repente tal
tormenta, y el viento contrario las empujó hacia la Galia, parte de la flota fue destruida y
el resto tuvo que regresar.

Los britanos viendo la penuria en que se hallaban los romanos de caballos, naves y
granos, al percibir la complicada posición de César, decidieron que lo mejor era
rebelarse, privar a los romanos de los víveres, y retenerlos en Britania hasta que llegara
el invierno.

En este entretanto, habiendo destacamento de la Legión VII, había salido en busca de


trigo, descubrió una polvareda fuera de lo ordinario. Al enterarse Cesar mandó de
inmediato que fuesen las cohortes que estaban de guardia, cuando llegaron vieron que el
destacamento estaba dispersado y rodeado por enemigos, pronto las cohortes de auxilio
fueron también rodeadas por la caballería y carros de guerra.

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Emboscada de los britanos a la legión VII en el 55 AC. Un destacamento romano fue
enviado a buscar grano, es emboscado por los britanos, las cohortes que acuden en su
ayuda acogen a los fugitivos, siendo también rodeados, finalmente los britanos fueron
puestos en fuga por tropas de refuerzo.

111
”Su modo de pelear en tales vehículos es éste: corren primero por todas partes,
arrojando dardos; con el espanto de los caballos y estruendo de las ruedas desordenan
las filas, y si llegan a meterse entre escuadrones de caballería, desmontan y pelean a
pie. Los conductores, en tanto, se retiran algunos pasos del campo de batalla y se
apostan de suerte que los combatientes, si se ven apretados del enemigo, tienen a mano
el asilo del carro. Así juntan en las batallas la ligereza de la caballería con la
consistencia de la infantería; y por el uso continuo y ejercicio es tanta su destreza, que
aun por cuestas y despeñaderos hacen parar los caballos en medio de la carrera, cejar
y dar vuelta con sola una sofrenada; corren por la lanza, se tienen en pie sobre el yugo,
y con un salto dan la vuelta al asiento’‘.

Carro de guerra britano y su tripulación 55 AC. Se ve al conductor desplazándose por la


lanza hasta llegar al yugo donde se mantienen de pie, al fondo un oppidum britano.
Autor Angus McBride

Cesar había reunido al resto de las cohortes y acudió a socorrerlos, llegando justo a
tiempo, los britanos huyeron y los legionarios regresaron al campamento, los romanos
se encerraron en el campamento para prepararse ante los subsiguientes ataques. Al cabo
de varios días, durante los cuales los britanos reunieron una importante fuerza, atacaron
el campamento romano. En este combate fueron completamente derrotados. Durante la
retirada, fueron masacrados por los 30 jinetes que Comio había logrado reunir entre las
tribus de Britania afines a César.

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Tras la debacle, los britanos enviaron una nueva embajada a César, doblando el número
de rehenes. Aunque César deseaba proseguir la lucha, no se atrevió a permanecer más
tiempo en suelo britano y ante la cercanía del invierno, decidió retirarse para reorganizar
sus fuerzas y planear una segunda expedición. De los britanos se aseguró una promesa
de rehenes, aunque sólo dos tribus cumplieron con lo acordado.

Campaña del 54 AC

Preparativos

Cesar dio orden a los legados comandantes de las legiones de construir cuantas naves
pudiesen, y de reparar las viejas, dándoles las medidas y forma de su construcción. Para
cargarlas prontamente y hacerlas de menor calado que las usadas en el Mediterráneo.
Una vez construidas las mandó reunir en el puerto de Icio.

Determinado a no cometer los mismos errores del año anterior, César reunió una fuerza
superior a la de la primera expedición (cinco legiones, en contraste con las dos
empleadas en la anterior invasión, y más caballería). Los barcos que se utilizaron para
esta segunda invasión habían sido mejorados a partir de la tecnología de los barcos de
guerra vénetos.

Cruce y desembarco

Con unos 800 barcos, buques de guerra mercantes, embarcó 5 legiones (35.000
hombres) y unos 2.000 jinetes. Dejó a Tito Labieno, en puerto Icio para asegurar los
suministros al mando de tres legiones y 2.000 jinetes.

Al poner del sol se hizo a la vela. Navegó a favor de un ábrego fresco, pero a eso de
medianoche, calmado el viento, perdió el rumbo, y llevado de las corrientes un gran
trecho, advirtió a la mañana siguiente que había dejado Britania a la izquierda. Entonces
virando de bordo, a merced del reflujo, y la fuerza de remos procuró ganar la playa más
cómoda para el desembarco.

Arribó toda la armada a la isla casi al hilo del mediodía sin que se dejara ver enemigo
alguno por la costa; y es que, según supo después César por los prisioneros, que
habiendo visto la cantidad de naves, se habían retirado y metiéndose tierra adentro.

Cuando César desembarcó y tras elegir el lugar del campamento, dejó a Quinto Atrio al
cargo de la defensa de la playa y de las naves al frente de una fuerza de 10 cohortes y
300 jinetes, mientras él realizaba una marcha nocturna.

113
Campaña de Cayos Julio Cesar en Britania 54 AC

Campaña de Kent

Cuando había recorrido unos 12 millas (20 km) hacia el interior, se encontró con las
fuerzas britanas en el cruce de un río (probablemente el Stour), alcanzó a descubrir los
enemigos, los cuales, avanzaban con su caballería y carros de guerra hasta el río,
tratando de parar la marcha y trabar batalla. Los britanos atacaron, pero fueron
rechazados por la caballería romana y trataron de reagruparse en un lugar fortificado en
los bosques (posiblemente la fortaleza de Bigbury Wood, en Kent). Desde su posición
fortificada, trataron de defenderse, pero los soldados de la Legión VII, levantaron
terraplén contra la fortificación, y la asaltaron, los britanos huyeron. César no permitió
seguir avanzando por desconocer el terreno y porque era tarde y quería que le quedase
tiempo para fortificar su campamento. Derrotados de nuevo, terminaron dispersándose.

Sin embargo, a la mañana siguiente, cuando se preparaba para seguir avanzando, César
recibió noticias de Atrio de que, una vez más, el anclaje en los buques se había visto
azotado por una tormenta y había sufrido daños considerables. Según él se perdieron
aproximadamente cuarenta naves. Los romanos habían utilizado esos barcos para cruzar
el Canal de la Mancha, y habían soportado mareas y tormentas. Cesar se volvió de
inmediato a la costa y llamó a todas sus legiones, con órdenes de que se pusieran a
trabajar en la reparación de los barcos. Los legionarios trabajaron día y noche durante
diez días en la reparación de los barcos y en la construcción de un campamento
fortificado alrededor de la zona de desembarco. Mientras, César envió un mensaje a
Labieno con órdenes de enviar más barcos.

Marcha sobre Wheathampstead

114
César regresó al cruce del río Stour, donde se encontró con una gran fuerza de britanos.
Casivelono, un señor de la guerra del norte del Támesis que había estado anteriormente
en guerra con todas las tribus británicas, había derrocado recientemente al rey de los
trinovantes y había mandado a su hijo al exilio. A pesar de todo, los britanos le habían
elegido para liderar la resistencia.

Cuando los romanos avanzaban, los jinetes y carros de guerra britanos trabaron en el
camino un recio choque con la caballería romana, forzándolos finalmente a retirarse a
los bosques y cerros.

Carro de guerra y jinete belgas que se habían refugiado en Britania acosando a un


legionario romano durante la segunda expedición de Cesar a Britania en el 54 AC.
Autor Angus McBride

Más tarde cuando los romanos estaban descuidados y ocupados en fortificar su campo,
salieron al improviso del bosque, y arremetiendo a los que hacían guardia delante de los
reales pelearon bravamente. Entonces César envió las dos primeras cohortes de dos
legiones en su ayuda, perdiendo la vida en esta jornada el tribuno Quinto Laberio Duro.

Al día siguiente se apostaron los enemigos lejos del campamento en los cerros, y
comenzaron a presentarse no tantos, y a escaramuzar con la caballería más flojamente
que el día antes. Pero al mediodía, César destacó tres legiones y toda la caballería con el
legado Cayo Trebonio a forrajear, de repente los britanos cayeron por todas partes sobre

115
los que andaban muy separados de las banderas y legiones. Tribonio logró formar las
legiones y cargar contra los britanos.  El resultado de esta batalla fue una aplastante
victoria romana, a la que siguió la posterior debacle del ejército britano, cuando sus
fuerzas fueron perseguidas y exterminadas por retaguardia por la caballería.

Carros de guerra de Casivelono atacando a las legiones de Cesar en Britania. Autor


Angus McBride

Casivelono se dio cuenta de que no podía derrotar a César en batalla campal y decidió
disolver la mayor parte de su ejército, confiando en la rapidez y movilidad de sus 4.000
carros de guerra y en su conocimiento del terreno. Tras ello, Casivelono empezó a
utilizar tácticas de guerrilla para desgastar al ejército de César, sin arriesgarse a un
enfrentamiento directo. Sin embargo, César continuó penetrando en territorio enemigo y
alcanzó el río Támesis, donde se encontró con una gran fortaleza localizada en la actual
Westminster. A pesar de la resistencia que los britanos se opusieron al avance de César,
éste consiguió consiguió cruzar el río y continuar su marcha en territorio enemigo.

El escritor griego Polieno relata una anécdota en su Stratagemata (Estratagemas) según


la cual César superó la defensa del río mediante un elefante con armadura. Este
comentario puede ser verdad o quizás se deba a una confusión con la conquista romana
de 43 DC, cuando el emperador Claudio sí que llevó elefantes a Britania.

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Romanos vadeando el río Tamesis 54 AC durante la expedición de Julio Cesar a
Britania, se ve que incluso llevó un elefante indio que causó terror entre los britanos.
Autor David Pentland

Viendo el avance de Cesar, los trinovantes, tribu que era la más poderosa de la región
decidieron enviar una embajada a César prometiéndole soldados y provisiones.
Mandubracio, que había acompañado a César, fue restaurado en el trono de los
trinovantes y la tribu suministró al general alimentos y rehenes. Cinco tribus más, los
icenos, los segoncíacos, los ancalites, los bíbrocos y los casos, se rindieron a César y le
revelaron la ubicación del campamento base de Casivelono, probablemente localizado
en la colina fortificada de Wheathampstead, al que César puso inmediatamente bajo
sitio.

Casivelono envió peticiones de ayuda a sus aliados de Kent: Cingétorix, Carvilio,


Taximágulo y Ségovax descritos por Cesar como los cuatro reyes de los cantiacos. El
plan de Casivelono era que estos dirigieran un ataque combinado contra los
atrincheramientos navales mientras las fuerzas de Cesar le asediaban, con el objetivo de
expulsarles de la región.

Realizaron el ataque pero los romanos hicieron una salida, matando a muchos de ellos, y
capturando entre otros, al noble caudillo Lugotórige, se restituyeron a las trincheras sin
pérdida alguna. Tras la derrota se retiraron y Casivelono se vio obligado a negociar su

117
rendición. César estaba ansioso por volver a la Galia debido a los crecientes disturbios
que allí se estaban levantando y estuvo de acuerdo en negociar una paz con Comio
como mediador. Casivelono, por su parte, cedió rehenes y se comprometió a no volver a
atacar a Mandubracio o a los trinovantes.

Cuando César emprendió el regreso a la Galia, no dejó ni un solo soldado como


guarnición en la isla. No obstante, la entronización de Mandubracio supuso el
establecimiento de un rey-cliente en la isla. De esta manera, Britania quedó dentro de la
zona de influencia de Roma y, durante más de un siglo, se mantuvieron relaciones
diplomáticas y comerciales. El territorio britano quedó abierto para una posible
conquista, que finalmente fue llevada a cabo por Claudio en el año 43.

118
Expedición contra los eburones (54-53
AC)
Edad Antigua La guerra de las Galias Expedición contra los eburones (54-53 AC)

En el año 54 AC, César estacionó una legión y cinco cohortes (una legión y media)
durante el invierno en el país de los eburones, que habitan entre el Mosa y el Rin, bajo
el mando de los legados Quinto Titurio Sabino y Lucio Aurunculeyo Cota. Los
eburones, encabezados por su rey Ambiorix y atacaron y mataron a unos legionarios
romanos que buscaban alimento fuera del campamento. Algunos soldados huyeron y se
refugiaron en el campamento, los romanos tomaron inmediatamente las armas,
desplegaron en línea y destacaron un grupo de jinetes hispanos, en el choque los galos
fueron derrotados y desistieron del asalto. Al ver Ambiorix lo arriesgado que suponía
seguir el combate, decidió negociar con los jefes romanos y les ofreció información de
cómo otras tribus planeaban atacar los campamentos romanos con ayuda de tribus
germánicas que cruzarían el río Rin.

Ambiorix rey de los eburones. A la izquierda dibujo del rey, a la derecha monumento
erigido en Tongeres o Tongren

Batalla de Atuatuca 54 AC

119
Asustados con las noticias, aunque venía de boca del enemigo, no podían despreciarlas.
Tenían dos opciones o quedarse y pedir refuerzos o bien levantar el campamento e ir a
otro campamento.

Campañas de Cesar en el 54 AC: segunda invasión de Britania, campaña contra los


eburones, cornutes y senones.

Para evitar el riesgo los romanos decidieron trasladarse, iniciaron el viaje al amanecer y
cuando cruzaban un valle de Atuatuca Tungrorum (la actual Tongeren en Bélgica),
Ambiorix les había tendido una trampa, la vanguardia fue bloqueada y la columna fue
atacada por ambos flancos desde las laderas del valle. Los romanos reaccionaron
formando círculos para defenderse de los ataques. Los galos lanzaban proyectiles a los
círculos, y cuando los romanos salían de la formación para atacar a los galos, estos
huían monte arriba, su mayor peso del equipo les impedía hacer una persecución eficaz.
Con el tiempo las bajas fueron aumentando y la tropa romana fue exterminada, salvo

120
unos pocos que escaparon por el bosque y llegaron hasta el campamento de Tito
Labieno. Cayeron la legión y las cinco cohortes.

121
122
La batalla entre el ejército de los eburones dirigidos por Ambiorix y legiones de César
en el 54 AC. Autor Nick Roysman.

Asedio de Cicerón

Envalentonado Ambiórix con esta victoria, marchó sin dilación con su caballería a los
aduáticos, confinantes con su reino, sin parar día y noche, y mandó que siguiese detrás
la infantería. Los aduáticos se unieron a la rebelión, y al día siguiente se dirigieron a los
nervios. Despachando al punto mensajeros a los centrones, grudios, levacos,
pleumosios y gordunos, reunieron un gran ejército y se dirigieron a otro campamento
romano a cargo de Quinto Tulio Cicerón, hermano del famoso orador y que se
encontraba en Namur.

Los romanos que estaban en busca de leña y fajina, fueron sorprendidos con la repentina
llegada de los galos, que empezaron a atacar el campamento. Cicerón envió mensajeros
a Cesar prometiéndoles una gran recompensa, todos fueron capturados.

Los galos cercaron el campamento con foso y terraplén, al día séptimo del cerco,
soplando un viento recio, empezaron a tirar proyectiles incendiarios, prendiendo fuego a
los barracones cuyo techo eran de paja, y con la violencia del viento se extendió por
todo el campamento. Los seguros ya de la victoria, acercaron la torre de asedio y con
escalera comenzaron a escalar el vallado. Los romanos consiguieron derribar y quemar
la torre.

Cicerón envió a un esclavo galo llamado Verticón, prometiéndole la libertad y grandes


galardones, para que llevase un mensaje a Cesar, consiguiendo pasar las líneas. Cesar
recibió el mensaje a los once días de asedio, mandó inmediatamente aviso al cuestor
Marco Craso que tenía sus cuarteles en los belovacos, a distancia de unos 40 km
mandándole que acudiese inmediatamente con su legión. Envió otro al legado Cayo
Fabio, para que condujese su legión a la frontera de Artois, por donde pensaba él hacer
su marcha. Mandó otro a Labieno, para se acerque con su legión a los nervios. Partiendo
con 400 jinetes inmediatamente.

Los galos, al enterarse de los movimientos por sus espías, levantaron el cerco, y con
todas sus tropas, que se componían de 60.000 efectivos, se dirigen contra César.
Cicerón, pidió de nuevo a Verticón, que llevase otra carta a César. Recibida esa carta
César, al enterarse de que Cicerón estaba libre de asedio, y por tanto no era menester
apresurarse, eligió un terreno favorable, hizo alto, y se atrincheró lo mejor que pudo con
sus 7.000 efectivos.

Los galos aguardaban mayores refuerzos, que aun no se habían reunido. A la mañana
siguiente, la caballería gala se acercó al campamento, la caballería romana salió y se
trabó combate. Cesar ordenó replegarse al campamento.

Envalentonados los galos, avanzaron con su ejército desordenadamente contra la


empalizada, y arrojando toda clase de proyectiles, y otros comenzaron llenar los fosos.
Entonces César ordenó abrir todas las puertas y hacer una salida, poniendo en fuga a
los enemigos que se encontraban desperdigados, de suerte que no ofrecieron mucha
resistencia, salió después la caballería que los persiguió con que mató a muchos de
ellos.

123
Asedio de Lavieno

Mientras Labieno, había entrado en el país de los nervios y se había atrincherado para
evitar que estos se uniesen a la rebelión. El rey nervio Induciomaro casi diariamente
andaba merodeando alrededor del campamento con toda su caballería, bien para
observar el asedio, bien para trabar conversación, o bien para acosar lanzando
proyectiles. Labieno tenía a los suyos encerrados en las trincheras, y procuraba por
todos los medios dar la impresión que tenían miedo.

Todos los días Induciomaro realizaba su demostración de fuerza sin que hubiese
reacción por parte de los defensores. Esto les hacía cada vez más atrevidos. Un día
mientras los jinetes galos estaban lanzando proyectiles a la empalizada romana, Labieno
ordenó salir toda su caballería por dos puertas, con la orden expresa de matar solo a
Induciomaro, prometiendo un gran premio al que le matase, y detrás destacó a parte de
la legión para apoyar a la caballería. Al ir todos tras Induciomaro, este intentó vadear un
río para huir, siendo muerto, y su cabeza llevada en triunfo al campamento. La
caballería de vuelta persiguió y mató a cuantos pudo. Con la noticia de la muerte, las
tropas de los eburones y nervios se dispersaron.

Tras la victoria, Cesar quiso dar un escarmiento a los eburones, su país era difícil para
los romanos, al ser boscoso y abundante en parte de ciénagas. César invitó a los pueblos
vecinos a saquearlo, para preservar sus propios hombres, y también, con la ayuda de
ellos, para exterminar a este pueblo. César incendió cada villa y edificio que pudo
encontrar en el territorio de los eburones, se llevó todo el ganado, y sus hombres y
bestias consumieron todo el grano que el tiempo de la estación otoñal no había
destruido. Dejó a aquellos que se habían ocultado, si quedó alguno, con la esperanza de
que morirían de hambre en el invierno. Y así parece que ocurrió, pues no se volvió a oír
nada sobre los eburones. Su país pronto fue ocupado por otra tribu germana,
los tungros.

Este mismo año se produjeron varias rebeliones esporádicas, como la de los carnutes o
los senones, pero fueron fácilmente reprimidas.

124
Tropas de Cesar atacando un poblado galo posiblemente eburón. Autor Christian Jégou

125
Tercera campaña contra los germanos
(53 AC)
Edad Antigua La guerra de las Galias Tercera campaña contra los germanos (53 AC)

Muerto Induciomaro, los tréveros no pierden ocasión de solicitar a los germanos y


ofrecer dineros. César cuando se enteró de que los nervios, aduáticos y menapios
juntamente con todos los germanos de esta parte del Rin, se estaban armando; decidió
no esperar el fin del invierno, y se puso al frente de cuatro legiones las más inmediatas,
entró en territorio de los nervios, y antes que pudiesen escapar, tomó gran cantidad de
ganados y personas, y los repartió entre los soldados, obligándoles a entregarse y darle
rehenes. Concluida la operación, envió de nuevo las legiones a sus cuarteles de invierno.

Sosegada esta parte de la Galia, todas sus miras y atenciones se dirigieron a la


expedición contra los tréveros y los eburones de Ambiórix.

126
Campaña de Cesar en la Galia en el 53 AC. Campaña contra los tréveros, eburones y
tercera campaña contra los germanos.

Campaña contra los menapios

Los menapios, vecinos a los eburones, cercados de lagunas y bosques eran los únicos
que nunca habían tratado paz con César. Ambiórix tenía con ellos el derecho de
hospedaje, y habían también contraído amistad con los germanos por medio le los
tréveros. Con el fin de acabar con ellos envió a Labieno con los bagajes de todo el
ejército con la escolta de dos legiones, y él con cinco legiones a la ligera marchó contra
los menapios. Éstos, confiados en la fortaleza del sitio, se refugiaban entre los sotos y
lagos con todas sus pertenencias.

César, repartiendo sus tropas con el legado Cayo Fabio y el cuestor Marco Craso,
construyeron unos pontones, atacaron por tres direcciones, quemando caserías y aldeas,
y capturando gran porción de ganado y gente, forzando a los menapios a enviar
embajadores pidiendo paz. Una vez recibidos los rehenes y obtenido la promesa de no
acoger en su país a Ambiórix ni a sus seguidores, partió contra los tréveros.

Lavieno derrota a los tréveros

Mientras, los tréveros, con un gran ejército de infantes y jinetes se disponían a atacar
por sorpresa a Labieno, que con una legión sola invernaba en su comarca. Se
encontraban a dos jornadas de distancia, cuando recibieron noticias de las dos legiones
enviadas por César. Acamparon a unos 25 km de distancia y decidieron esperar los
refuerzos de Germania. Labieno, enterado de las intenciones de sus enemigos, dejó 5
cohortes a cargo de los bagajes, él con 25 y la caballería marchó contra el enemigo, y a
una milla de distancia fortificó su campo. Mediaba entre Labieno y el enemigo un río de
difícil paso y de riberas escarpadas. Ni él pensaba en atravesarlo, ni creía que los
enemigos lo pasasen.

Con el fin de obligar a los tréveros a cruzar antes de la llegada de los germanos, ideó
una estratagema, celebró un consejo de guerra en el que se acordó que al día siguiente
levantarían el campamento y se irían, sabiendo que las noticias llegarían a los galos,
mandó mover las tropas con mayor estruendo posible, para que pareciese una huida.

Los galos se decidieron atravesar el río sin esperar a los germanos, Labieno, tal y como
había previsto, avanzó lentamente hasta que todos hubiesen cruzado el río.

De repente, mandó volverse y desplegar contra el enemigo, destacando algunos jinetes


para proteger el bagaje, el resto los situó en las alas y los infantes en el centro.

Los romanos se dirigieron contra sus desorganizados perseguidores, lanzando primero


las pila y a continuación cargaron, el ataque sorpresa los cogió desprevenidos, y tras el
primer choque retrocedieron chocando con los que los seguían, los legionarios
aprovecharon la confusión y produjeron una gran mortandad, muchos huyeron a los
bosques cercanos; pero fueron perseguidos y alcanzándolos por la caballería, muchos
murieron y otros tantos fueron hechos prisioneros.

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Romanos contra galos primera fase lanzaminto de pilum. Cuando el enemigo se
encuentra a unos 30 metros lanzan primero la pilum ligera y a continuación la pilum
pesada. Fuente Warlord Games

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Romanos contra galos segunda fase cuerpo a cuerpo. Una vez lanzadas los pilum, los
legionarios desenvainan la gladius y chocan con el enemigo, donde tienen ventaja sobre
las espadas galas que necesitan mucho espacio para ser manejadas debido a su longitud.
Fuente Warord Games

En pocos días recobró todo el país. Los germanos que venían de socorro, al enterarse de
la desgracia, se volvieron a sus casas, los parientes de Induciomaro huyeron con ellos, y
el gobierno recayó en Cingetórix que siempre se había mantenido leal a los romanos.

Tercera campaña contra los germanos

César, llegó al pais de los tréveros después de la expedición de los menapios, determinó
pasar el Rin, por dos razones: la primera, porque los germanos habían enviado socorros

129
a los tréveros; la segunda, porque Ambiórix no hallase acogida en sus tierras. Con esta
resolución da orden de lanzar un puente poco más arriba del sitio por donde la otra vez
transportó el ejército. Instruidos ya de la traza y modo los soldados, a pocos días, por su
gran esmero dieron concluida la obra. César, puesta buena guarnición en el puente por
el lado de los tréveros para precaver toda sorpresa, pasa las demás tropas y caballería.
Los ubios,  que antes le habían dado rehenes y no habían enviado socorro a los tréveros,
suplicaron que no los maltratase, ya que fueron los suevos los que prestaron los
socorros; y les informa de los caminos a seguir para ir al país de los suevos.

A los pocos días de haber cruzado, los ubios informaron de que los suevos estaban
reuniendo todas sus tropas en un lugar, obligando a las naciones dependientes a que
acudiesen con infantes y jinetes. Conforme a estas noticias, hizo provisión de granos, y
asentó sus reales en un lugar ventajoso. Mandó a los ubios a recoger los ganados y todos
los víveres de los campos, esperando que los suevos, forzados a la penuria de alimentos,
se resolverían a pelear inmediatamente. Después de algunos días, llegó la noticia de que
los suevos, desde que supieron de cierto la venida de los romanos, con todas sus tropas
y las auxiliares se habían retirado tierra adentro a lo último de sus confines. Allí se
extiende una selva interminable llamada Bacene.

Al enterarse de la retirada de los suevos, decidió replegarse, pero para contener a los
bárbaros con el miedo de su vuelta, y permitir el tránsito de sus tropas auxiliares, una
vez pasado el ejército, desmonto doscientos pies del extremo del puente en el lado
germano, y en la otra levantó una torre de cuatro altos, y puso en ella para guarnición y
defensa del puente doce cohortes, quedando bien pertrechado este puesto, y por el joven
Cayo Volcacio Tulo.

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Puente de Cesar sobre el río Rin en el 53 AC. Al fonde se ve el campamento de Cayo
Volcacio con 12 cohortes para defender el puente. Autor Peter Connolly

Cesar decidió marchar contra Ambiórix, envió por delante a Lucio Minucio Basilo con
toda la caballería por la selva Ardena, la mayor de la Galia, que va desde las orillas del
Rin y fronteras de los treveros corre por más de 500 millas (750 km), alargándose hasta
los nervios; no permitiéndole hacer fuegos en el campo a fin de que no se aparezca de
lejos señal de su venida, y añade que presto le seguirá.

La súbita llegada les sorprendió en medio de sus labores, Ambiórix fue sorprendido
pero pudo escapar, dado que compañeros y sirvientes detuvieron un rato la caballería
romana dentro del recinto de su palacio, pero tuvo que abandonar todas sus
posesiones. Después despachó secretamente correos por todo el país, avisando que se
salvasen como pudiesen. Con eso unos se refugiaron en la selva Ardena, otros entre las
lagunas inmediatas, los vecinos al Océano en los islotes. Cativulco, rey de la mitad del
país de los eburones, cómplice de Ambiórige, agobiado de la vejez, no pudiendo
aguantar las fatigas de la guerra ni de la fuga, se suicidó bebiendo jugo de tejo, de los
que hay gran abundancia en la Galia y en la Germania.

Los segnos y condrusos, descendientes de los germanos, situados entre los eburones y
tréveros enviaron legados a César, suplicándole ”que no fuesen tratados como
enemigos”, les ordenó que si se acogiesen eburones fugitivos se los entregase
inmediatamente y les dio palabra de no molestarlos.

Después distribuyó el ejército en tres partes, e hizo llevar los bagajes de todas las
legiones a una castiella llamada Atuatica, que estaba situada casi en medio de los
eburones, donde Titurio y Arunculeyo habían estado de invernada. Prefirió César este
lugar por estar céntrico y por estar aún en pie las fortificaciones del año anterior, con
que ahorraba el trabajo a los soldados. Para su protección dejó la Legion XIV, que era
una de las tres alistadas últimamente y traídas de Italia, junto con 200 jinetes bajo el
mando de Quinto Tulio Cicerón.

De las tres partes en que dividió su ejército, una parte con tres legiones bajo el mando
de Tito Lavieno fue enviada a las las costas del Océano contra los menapios. Un
segundo grupo con otras tres legiones bajo el mando de Cayo Trebonio contra los
aduáticos. Él, con las otras tres restantes, marcho en busca de Ambiórix, que según le
decían, se había retirado con algunos jinetes hacia el río Sabis (Sambre), donde se junta
con el Mosa al final de la selva Ardena. Prometió volver en siete días, y pidió a Labieno
y Trebonio volviesen el mismo día con ánimo de comenzar otra vez con nuevos bríos la
guerra, conferenciar entre sí primero, y averiguar las intenciones del enemigo.

Estos parajes eran conocidos sólo de los lugareños y había que proceder con gran
cautela, la variedad de los senderos desconocidos les impedía el marchar juntos. Era
preciso destacar varias partidas de seguridad y los galos aprovechaban la dispersión para
tenderles emboscadas.

132
Guerrero germánico contra legionario romano siglo I AC

César despachó correos a las ciudades comarcanas convidándolas con el cebo del botín
al saqueo de los eburones, queriendo más exponer la vida de los galos en aquellos lares
que la de sus soldados. Mucha fue la gente que luego acudió de todas partes a este ojeo.

Voló la noticia del saqueo de los eburones a los germanos del otro lado del Rin, y como
todos, estaban invitados. Los sicambros vecinos al Rin, que habían acogido a los
tencteros y usipetes fugitivos, reunieron 2.000 jinetes, y pasaron el río en barcas y
balsas unas treinta millas (45 km) más abajo del lugar donde estaba el puente cortado y
la guarnición dejada por César, entraron en territorio de los eburones: cogiendo a
muchos que huían descarriados, y juntamente grandes hatos de ganados de que ellos son
muy codiciosos. Cebados en la presa, prosiguieron adelante, sin detenerse por lagunas
ni por selvas. Preguntaron a los cautivos dónde para César. Respondiéndoles que estaba
muy lejos, y con él todo su ejército, uno de los cautivos dijo: ” ¿Para qué os cansáis en
correr tras esta ruin y mezquina ganancia, pudiendo haceros riquísimos a poca costa?
En tres horas podéis estar en Atuática, donde han almacenado los romanos todas sus
riquezas. La guarnición es tan corta, que ni aun a cubrir el muro alcanza; ni hay uno
que ose salir del cercado”.

Los germanos en cuanto se enteraron, pusieron a buen recaudo su botín y se dirigieron a


la castiella de Ataútica.

133
Cicerón, todos los días precedentes, según las órdenes de César, había contenido con el
mayor cuidado a los soldados dentro de la castiella, sin permitir que saliese de la
fortaleza, pero el sétimo día, desconfiando que César hubiese cumplido su palabra, por
haber oído que se había alejado mucho y no tener la menor noticia de su regreso, envió
cinco cohortes a forrajear en las zonas de alrededor, con su gran recua de acémilas.

Antes de que regresaran, aparecieron los jinetes germanos a galope tendido, muchos no
tuvieron tiempo de meterse dentro. Los enemigos se abalanzan a todas partes por si
podían encontrar una entrada abierta por donde irrumpir. Muchos de los heridos
combalescientes se unieron a la defensa, entre ellos Publio Sestio Báculo, ayudante de
César, que tuvo un comportamiento heroico.

La partida de vuelta del forrajeo, viendo el jaleo, se adelantaron los jinetes para
reconocer lo que pasaba, no hay para ellos lugar seguro.
Los bárbaros, descubriendo a lo lejos estandartes, desistieron del ataque, creyendo a
primera vista que las legiones habían retornado, pero después, viendo el corto número,
arremetieron por todas partes.

La partida de forrajeo huye a una altura, siendo rodeados. Unos opinaban que estando
tan cerca, formar en cuña y romper el cerco, otros son partidarios de quedarse en la
colina.

Los partidarios de romper el cerco, capitaneados por Cayo Trebonio, formaron la cuña y
consiguieron pasar por medio de los enemigos sin una sola baja, entrando en la castiella,
los acemileros y jinetes, corriendo tras ellos por el camino abierto, amparados del valor
de los soldados, se salvaron igualmente.

Al contrario los que se quedaron en el cerro, ni perseveraron en el propósito de hacerse


fuertes en aquel lugar ventajoso, ni supieron imitar a los primeros, sino que se metieron
en un barranco para infiltrarse. Fueron rodeados y muertos, unos cuantos
milagrosamente se salvaron.

Los germanos, perdida la esperanza de la castiella, se retiraron tras el Rin con el botín
que habían guardado en el bosque.

César emprendió de nuevo las operaciones para acabar con los eburones, reunió en los
territorios vecinos un gran contingente de caballería y lo envió en todas las direcciones.
Incendiaron todos los pueblos y casa que se encontraron a su paso, entrando a saco
todos los lugares. Capturaron el ganado, las personas y las mieses no sólo fueron
destruidas de tanta muchedumbre de hombres y bestias, sino también por causa de la
estación y de las lluvias que echaron a perder lo que pudo quedar.

Despues de haber asolado el país, César reunió su ejército con la pérdida de dos
cohortes en la ciudad de Durocortoro (Reims), en el país de los remos, donde convocó
consejo de toda la Galia, para tratar la conjura de los senones y carnutos; y pronunciada
sentencia de muerte contra el príncipe Acón, que había sido su cabeza, la ejecutó según
costumbre de los romanos. Algunos temiendo el juicio huyeron.

134
Para invernar alojó dos legiones en la tierra de tréveros, dos en la de los lingones y otras
seis en la de los senones, en Agencico, dejándolas todas provistas de trigo, partió para
Italia a tener las acostumbradas reuniones.

135
Sublevación de Vercingetorix (52-51 AC)
Edad Antigua La guerra de las Galias Sublevación de Vercingetorix (52-51 AC)

Alzamiento de Vercingetorix

En el invierno de 53 AC, César se desplazó hasta una de sus provincias, la Galia


Cisalpina. Vercingétorix (joven muy poderoso, cuyo padre fue Celtilo el mayor príncipe
de toda la Galia, y al fin muerto por sus nacionales por querer hacerse rey de todos),
convocó sus leales arvernos, los amotinó fácilmente. Conocido su intento por Goba su
tío y los demás señores que desaprobaban este atentado, le expulsaron de Gergovia.
Reunió toda clase de gente que se uniese la causa contra los romanos, y les exhortó a
liberar la Galia del yugo romano, exhortándoles a tomar lar armas aprovechando la
situación de la aniquilación de las legiones romanas en la batalla de Carras por los
partos.

En el año 52 AC, los comerciantes romanos de Cénabo (Orleans), fueron masacrados


por los carnutes dirigidos por Cotuato y Conetoduno, entre ellos los muertos se
encontraba el noble caballero Cayo Fusio Cota, a quien César le había encargado las
provisiones. Las noticias volaron, y a esto le siguió la matanza de todos los ciudadanos
romanos, comerciantes y colonos en las ciudades galas más importantes. El grueso del
ejército de César se hallaba en el territorio de los senones (6 legiones), pero por una
campaña de guerrillas y tierra quemada de parte de los galos, las legiones no estaban en
condiciones de actuar de hecho.

Vercingetórix fue nombrado rey de los arvernos y expulsó a los que antes le expulsaron
a él. Envió embajadores a todos los pueblos y les rogó que permanecieran fieles.
Rapidamente se unieron los senones, parisios, pictones, cadurdos, turones, aulercos,
lemovices, andes y todos los que tocan el Océano. Por unanimidad se le concede el
mando supremo de todos los pueblos galos, a excepción de los héduos que siguieron
aliados de Roma. Valiéndose de esta potestad absoluta, exigió rehenes a todas estas
naciones, y mandó que aportasen cierto número de soldados. Para cada una de las
provincias se le determinó la cantidad de armas y el tiempo preciso de fabricarlas. Sobre
todo empezó a proveerse de caballos. Para mantener la disciplina y obligar a los
indecisos estableció una serie de castigos. Por delitos graves eran condenados a muerte
por el fuego y a todo género de tormentos. Por faltas leves, cortarles las orejas o sacarles
un ojo, y después enviados a sus casas para servir de escarmiento y ejemplo a los demás
con la magnitud del castigo.

Vercingetórix y sus galos decidieron no hacer enfrentamientos directos, sino utilizar la


táctica de tierra quemada, para evitar que las legiones estacionadas no obtuviesen
suministros, por otro lado estableció relaciones con todas las tribus galas, y asesinando a
todos los habitantes romanos que se encontrasen en el territorio.

Los galos comandados por un tal Lucterio de la tribu de los rutenos, se unieron a los
arvernos, pasando a los nicióbreges y gábalos, obteniendo rehenes de ambas naciones y
aumentando sus efectivos, decidieron entonces dirigirse a Narbona, la capital de la Galia
Cisalpina.

136
Julio César, que se encontraba en la Cisalpina, al enterarse cruzó inmediatamente los
Alpes con 2 legiones y se dirigió a Narbona.

Detenido el avance de Lucterio, que se retiró en cuanto supo que Cesar se dirigía allí,
César aprovechó esto tomando las ciudades de las tribus rebeldes del sur de Galia,
principalmente de los carnutes y alobogres. Después se dirigió su marcha al país de los
helvios para dirigirse al territorio de los arvernos.

La montaña Cebena, que separa los arvernos de los helvios, cubierta de nieve por ser
entonces lo más riguroso del invierno, sin embargo, abriéndose camino por seis pies de
nieve con gran fatiga de los soldados, penetró en los confines de los arvernos. Cogidos
éstos de sorpresa, porque se creían protegidos por un monte que suponían que era
impenetrable, no pudieron ofrecer resistencia, Cesar dio orden a la caballería de correr
todos aquellos territorios, dándoles rienda suelta, llenando de terror a los galos. Las
noticias llegaron hasta Vercingetórix, y todos los arvernos lo rodearon espantados y
pidieron que pusiera remedio. Rendido en fin a sus peticiones, levantó el campo de
Berri y se dirigió al país de los arvernos.

Con motivo de reclutar nuevas tropas y caballos, entregó el mando al joven Bruto, y le
recomienda emplear la caballería en correrías por todo el país; que él haría lo posible
para volver dentro de tres días. Acompañado solo por su escolta se dirigió a Viena, allí
se encontró con la nueva caballería que se había dirigido mucho antes a esta ciudad, sin
parar día y noche pasó por el territorio de los héduos, marchando al país de los lingones
donde invernaban las legiones. Desde allí despachó órdenes a las demás legiones, para
reunirlas todas en un lugar antes que los arvernos pudiesen tener noticia de su llegada.

Luego que la entendió Vercingetórix, vuelve de contramarcha con su ejército al país de


los biturgos; de donde pasó a sitiar a Gorgovina, población de los boyos, que César
había entregado a los héduos, cuando los venció en la guerra helvética.

Cesar después de dejar 2 legiones con todos los bagajes del ejército en Agedinco, se
dirigió al país de los boyos. Primero se dirigió a tomar la ciudad de Valeadonuno de los
senones, ya que no quería dejar enemigos a su retaguardia. En solo dos días habían
circunvalado la ciudad; al tercero, enviaron emisarios para tratar la entrega, les mandó
rendir las armas, sacar fuera las cabalgaduras y dar 600 rehenes. Encomendó la
ejecución de esto a Cayo Trebonio su legado; él, por no perder un punto de tiempo,
mueve contra Genabo, ciudad de los carnutos. Sus habitantes habían oído del cerco de
Velaunoduno, y creyendo que iría más despacio, estaban reuniendo refuerzos para
defender la ciudad.

César se presentó ante la misma, levantó el campamento y por ser ya tarde, difirió el
ataque para el día siguiente, para que no huyesen los sitiados, ordenó que 2 legiones
velasen armas. Los genabeses, hacia la medianoche, salieron de la ciudad en silencio, y
empezaron a cruzar el río; avisado César, introdujo en la ciudad las legiones que estaban
en alerta, y se apoderó de la fortaleza. La ciudad fue saqueada y la quemada entregando
el botín a los soldados. Después cruzó el Loira entró en el país de los biturgos.

Cuando Vercingetorix se enteró de la llegada de Cesar,  levantó el cerco y salió a su


encuentro.

137
César había pensado asaltar a Novioduno, fortaleza de los biturgos, situada en el
camino, pero los habitantes enviaron mensajeros para rendir la ciudad a cambio del
perdón y sus vidas. Les mandó entregar las armas, los caballos, y dar rehenes. Mientras
hacían la entrega dentro de la ciudad, divisaron la caballería de Vercingetorix que se
acercaba, los sitiados tomaron las armas, cerraron las puertas, y cubrieron las murallas.
Los centuriones que estaban dentro, conociendo por la bulla de los galos que algo estaba
pasando, tomaron las puertas, y se pusieron en salvo con todos los suyos.

César envió su caballería para que se enfrente a la gala, al entablar combate, los suyos
estaban en dificultades, enviando 400 jinetes germanos, los galos fueron puestos en fuga
con muchas perdidas. Ahuyentados éstos, atemorizados de nuevo los sitiados,
entregaron a César a los que creían haber alborotado la plebe, y se rindieron.

Asedio de Avarico

Vercingetórix decidió practicar la táctica de tierra quemada, todos los suministros


debían ser quemados, todas las ciudades galas al alcance de las unidades de Cesar que
fueran difíciles de defender, debían ser quemadas para privar así de suministros a César.
En un solo día se incendiaron mas de 20 ciudades de los biturigos.

El jefe galo ordenó a la tribu de los biturigos que abandonaran y quemaran su capital,
Avárico. Sin embargo, éstos confiaban en sus murallas y se negaron, alegando que sus
murallas eran inexpugnables y además estaba cercada casi por todos lados por el río y
una laguna, con sólo una entrada muy angosta. Consiguieron convencer a Vercingetórix
a hacer un a excepción, éste acampó a las afueras de la población, la ciudad contaba con
unos 40.000 habitantes, de los cuales 10.000 eran guerreros.

138
Asedio de Avarico o Avaricum 52 AC. Despliegue de fuerzas

Sin embargo, con la aparición de César ante la ciudad con seis legiones y auxiliares (de
35.000 a 40.000 efectivos), Vercingétorix trasladó sus ejércitos a una distancia de 25
kilómetros de la ciudad, a una distancia perfecta para hostigar a las fuerzas del cerco e
impedir el acceso desde las regiones vecinas para recibir refuerzos y suministros y
poder forrajear. Para aumentar las preocupaciones de César, sus aliados los boyos y
héduos, no podía darle suministros, ya que los primeros habían desertado en secreto
pasándose al lado de Vercingetorix y los segundos simplemente no tenían comida para
compartir. La escasez de cereales era tan agudo que los hombres comían sólo la carne.
César visitó personalmente a sus hombres y les dijo que si la escasez era demasiado,

139
debería levantar el sitio y retirarse. Sus soldados protestaron ya que no querían perder la
oportunidad de venganza por los romanos asesinados por los galos.

Contentado con la respuesta de sus tropas, César diseñó y comenzó a construir un


impresionante aparato de asedio. Comenzando desde un terreno alto, construyó una
especie de terraza de asedio. Se hicieron dos muros que la flanqueaban, junto con dos
torres que irían avanzando hasta las murallas del oppidum. Se construyó otro muro entre
los muros laterales para conectarlos y abrir el frente de batalla.
Desde la distancia, Vercingetorix hostigaba al ejército de César, pero su ejército
empezaba también a quedarse sin provisiones.

Conforme continuaba la construcción de la plataforma de asedio de César,


Vercingétorix trató de provocar a César a emprender una batalla, pero éste la rechazó
sabiendo que el líder galo había elegido una posición elevada que sería difícil para sus
legiones. Ante el rechazo de César de pelear, Vercingétorix envió 10.000 hombres que
montaron un campamento cerca de la ciudad para poder aumentar el hostigamiento a los
constructores de la rampa. Habiendo descubierto esto, César avanzó en el silencio de la
noche y amenazó al campamento principal de Vercingétorix. Esto hizo que
Vercingétorix se retirara a su campo principal, dándose prisa en ir en su ayuda. Logrado
su objetivo, César se retiró.

140
Asedio de Avarico o Avaricum 52 AC. Se puede apreciar la plataforma de asedio y las
dos rampas con las torres de asedio. Autor Peter Connly

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Asedio de Avarico o Avaricum 52 AC. Se puede apreciar las dos torres de asedio
construidas por los romanos y en frente las torres construidas por los galos para
contrarrestarlas. Autor Adam Hook

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144
Asedio de Avarico o Avaricum 52 AC. Se aprecia la plataforma de asedio flanqueada
por dos rampas para las torres de asedio. se precia los túneles protegidos para los
trabajos de asedio. Maqueta de la Academia de West Point.

Después de 25 días de intenso trabajo de construcción, rechazando los ataques de los


galos y los intentos de incendiar la plataforma de asedio, se terminó el dispositivo de
asalto. César ordenó que avanzaran las torres, y debido en gran medida a su buena
suerte, estalló una fuerte tormenta, haciendo que los centinelas galos tuvieran que
refugiarse en las torres de vigilancia y no en las murallas, frente a las torres de asedio.
Aprovechándose de esta falta de disciplina, César furtivamente movió sus soldados
hacia las torres y el muro, y lanzó un ataque brutal. Las murallas cayeron rápidamente, y
los galos supervivientes se retiraron hacia el centro de la ciudad, creando una formación
en cuña, determinados a luchar hasta el final. Sin embargo, ningún legionario romano
bajó de las murallas, simplemente se quedaron allí cómodamente, mirando a los galos.
Cundió el pánico entre los defensores galos, y todos ellos huyeron por todos los lugares
por los que creían que podían escapar pero allí estaban los soldados de César que
mataban a todos los habitantes que intentaban huir.

Esta victoria romana constituyó un fracaso en la táctica de tierra arrasada utilizada por
Vercingétorix. Las legiones de César no tenían intención de ser benévolos con los
40.000 habitantes de Avárico, especialmente después de 25 días de raciones cortas y
gran frustración. Según cuenta el propio César, sobrevivieron sólo 800, que
consiguieron escapar a la masacre que siguió.

Después de alimentar a sus hombres con los abastecimientos almacenados en la ciudad,


decidió dejar descansar a su ejército en Avárico, hasta comienzos de junio. Mientras
tanto tuvo que mediar en un conflicto de sucesión entre los héduos Convictolitavix y
Coto, obligando a Coto a renunciar al poder.

Resuelto el conflicto, pidió a los héduos toda su caballería y 10.000 infantes. Dividió su
ejército: 4 legiones con Labieno para que se dirigiese al país de los senones y parisios, y
él con las 6 legiones marcharía al país de los arvernos dirigiéndose a su capital
Gergovia. De la caballería dio una parte a Labieno, otra se quedó consigo.

Asedio de Gergovia

Tras la batalla de Avárico, Vercingetórix, se había retirado a la capital de los arvernos,


Gergovia, una ciudad situada en una colina de difícil acceso, y protegida por un muro, y
unos 200.000 galos. César con sus 6 legiones marchó hacia Gergovia, pero se encontró
con que Vercingetórix había quemado todos los puentes que había sobre el río Elaver
(Liger), y en el caso de construir un puente, sería destruido por las tropas galas que
estaban al otro lado del río. Finalmente ambos ejércitos acamparon a la vista uno de otro
separados por el río.

César, envió 4 legiones de su ejército hacia el sur con todos los bagajes, para que el
enemigo pensara que se estaba retirando. Al ver esto, los galos marcharon hacia el sur
para impedir que se construyera un puente allí. Entre tanto, César con 2 legiones que
estaban escondidas en los bosques, construyeron un puente aprovecharon los pilotes que
permanecían intactos y cruzaron el río y eligieron un buen lugar para fortificarse,

145
llamando al resto del ejército. Al saber que estos también habían cruzado, los galos
huyeron a Gergovia.

Vercingetorix situó su ejército en las laderas alrededor de la ciudad. Cuándo Julio César
llegó a Gergovia, instaló un campamento, dado que un asalto frontal era imposible y
además disponía de pocas provisiones. Después de pequeñas escaramuzas, tomó una
colina cerca de la ciudad y la fortificó con dos legiones, y unió esta posición con doble
foso para asegurar el enlace.

Un tal Eporedorix avisó a Cesar que Levitaco que mandaba los 10.000 infantes héduos,
se había pasado al enemigo porque había llegado rumores de que Cesar había matado a
los rehenes. Tras un combate favorable de la caballería, dejó a Cayo Fabio a cargo del
cerco con dos legiones y se fue al el país de los héduos con 4 legiones y la caballería
hédua sin bagajes para evitar que un tren de provisiones héduo no se pasara al enemigo.
Lo consiguió sin lucha enviando a Eporédorix y Viridómaro, caudillos de los héduos,
que estos daban por muertos, ya que eran rehenes. El pretexto para sublevar a los
héduos fue precisamente la muerte de esta pareja de caudillos. En el camino de regreso
a Gergovia, César se enteró por mensajeros que sus campamentos corrían sumo peligro
y que estaban siendo asaltados por enormes fuerzas.

Aprovechando el momento en que las fuerzas romanas habían disminuido,


Vercingetórix atacó el campamento romano, a duras penas aguantó Fabio, al día
siguiente sufrió otro ataque.

Cuando Cesar regresó restableció la situación, pero se dio cuente que tomar la ciudad al
asalto era imposible ya que no contaba con fuerzas suficientes y que retirarse
inmediatamente le haría parecer débil a sus enemigos, así que que planeó una pequeña
victoria para mantener las apariencias.

César observó una posición en una colina que había sido abandonada por los galos y
recordó que en días anteriores apenas podía verse por la multitud de hombres que había
allí, y la otra bien defendida, así que ordenó de noche un ataque con la caballería así
como con las mulas de los bagajes para dar la impresión de una fuerza mayor, y que
hicieran el mayor ruido posible para atraer la atención, mientras otras legiones atacaban
a una posición mal defendida.

146
Asedio de Gergovia 52 AC. Se aprecia los dos campamentos romanos unidos por un
foso, el ataque de diversión de la caballería de Cesar y la dirección de ataque de las
legiones.

La caballería ocupó la colina de los Risolles, próxima a Gergovia, y cuando los galos
acudieron a ese sector para defenderlo, Cesar atacó posiblemente con cuatro legiones
entre las que se encontraban la VII, la VIII y la X. Asaltaron los muros que rodeaban los
campamentos galos y lo hicieron con tanta rapidez que Teutomato, rey de los
niciobreges fue sorprendido en su tienda descansando. Tomaron tres de los
campamentos galos, matando a muchos de los que allí se encontraban.

Cesar alcanzado su objetivo, Cesar dio la orden de retirada, la caballería y la X legión le


obedecieron y se retiraron, mientras que el resto, o bien no escucharon la señal o bien
ansiando una victoria rápida, cargaron hasta las mismas puertas de la ciudad. Licio

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Flavio, centurión de la Legión VIII, consiguió escalar las murallas de la ciudad, siendo
seguido por varios compañeros. Las fuerzas del ejército galo que estaban defendiendo el
otro sector regresaron y se sumaron a los defensores, poco a poco los romanos fueron
cayendo y siendo expulsados. Viendo esto, Julio César, ordenó a Tito Sixtilio que
mandaba el campamento pequeño con la Legión XIII, que sacara las cohortes y las
dispusiera al pie de la colina a la derecha del avance galo, para proteger a las legiones
que habían desobedecido, y facilitarles la retirada.

Batalla de Gergovia. Autor Mariusz Kozik

148
Asedio de Gergovia 52 AC. Ataque y retirada romana.

El ejército romano estaba desordenado y se asustaron al ver llegar a lo héduos, a los que
confundieron con otros galos, sin percatarse de que llevaban el hombro derecho
desnudo, distintivo de los aliados de César. César ordenó a la Legión X y la reserva del
campamento principal proteger la retirada, resistieron sin demasiados problemas a los
galos que perseguían a los legionarios. Estos, llegados a la llanura, formaron en orden
de combate. Vercingétorix, al ver que la sorpresa de los romanos había pasado y que
encima habían sido rechazados, recondujo a los suyos al interior de las fortificaciones
desde el pie de la colina. Ese día los romanos perdieron alrededor de 700 soldados y 46
centuriones.

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Legión X Equestris (montada) de Julio Cesar enfrentándose a los galos. Autor Mariusz
Kozik

El mito de la invencibilidad de César quedaba en entredicho y los héduos abandonaron


su bando. Los almacenes romanos de Noviodunum fueron asaltados, los rehenes
liberados y César se vio obligado a un repliegue hasta reunirse con el cuerpo de ejército
de Labieno, que había conseguido reducir a los parisios.

La campaña de Gergovia había fortalecido la posición de Vercingétorix. Una asamblea


general de representantes de la Galia, celebrada en Bribacte, volvió a reelegirle como
caudillo federal, a pesar de la oposición de los héduos, aspirantes también a la dirección
de la guerra. Con él, triunfó su vieja estrategia de reducir al hambre a los invasores,
impidiéndoles la posibilidad de abastecimiento sin dejarse atraer a un enfrentamiento
decisivo, estilo de lucha que se ha denominado por los expertos militares como ”patear
al enemigo en el estómago”.

César se dirigió hacia el norte para reunirse con Labieno, que acababa de obtener una
victoria en Lutecia (París). Sus hombres debieron vadear el Loira, con agua hasta el
cuello y transportando su equipo en los escudos, sobre su cabeza. Reunido el ejército

150
romano con sus 10 legiones y escasos apoyos de las tribus aliadas galas, y al no poder
recibir refuerzos desde Italia, César pidió apoyo a los germanos.

Los galos eran poderosos debido a su inmensa caballería, por lo que César pidió a sus
aliados germanos ubios que colaboraran con jinetes y su infantería ligera de apoyo,
también pidio ayuda a sus aliados los remos, logrando obtener también una
poderosa caballería.

Asedio de Alesia

Los galos posicionaron su caballería en una colina cercana a Bibracte, habían dividido
la caballería en tres partes, dos a las dos alas, y el tercero de mayor entidad al frente
para cortarles el paso. Enterado César dio también orden que su caballería en formara en
tres partes, y ocultó una legión con auxiliares arqueros y honderos, esperando el ataque
enemigo. Cuando los jinetes enemigos atacaron, los legionarios se dejaron ver, y con
sus arqueros y honderos mataron a muchos de los galos, en el ala derecha la caballería
germana se impuso en la derecha a la gala, y temiendo ser envueltos huyeron en
desbandada al campamento de la infantería de Vercingetórix. Este, viendo la derrota de
sus jinetes, decidió refugiarse en Alesia, esperando que pasara lo mismo que en
Gergovia.

Asedio de Alexia 52 AC: los dos muros de circunvalación y contra circunvalación


rodeaban la ciudad, se establecieron 7 campamentos (3 infantería y 4 de caballería), así
como 23 fuertes o castellum.

La ciudad de Alexia se encontraba en una meseta de 47 hectáreas denominada monte


Auxois que estaba a una altura de 407 m, cuyas paredes caían casi verticalmente hasta
los 150 m, estaba bordeada por tres ríos (Oze, Ozerain y Brenne) y cuatro colinas o
montes (Flavigni 420 m, Rea 385 m, Bussy 430 y Penevelle 405 m), sus murallas eran

151
fuertes , las tropas galas acamparon junto a las murallas y habían escavado un foso y
construido un muro de seis pies de altura delante del campamento.

Asedio de Alesia 52 AC. Despliegue de fuerzas. Autor Peter Connoly

Cesar llegó a Alexia y vio las defensas de la ciudad, y decidió no podía asaltar el
oppidum debido a la fortaleza de sus defensas y al elevado número de sus defensores,
que eran 80.000 infantes y unos 15.000 jinetes más la población civil, el hambre y la sed
forzarían rápidamente la rendición de los galos.

Comenzó inmediatamente la construcción de siete campamentos fortificados (4 de


caballería y 3 de infantería), apoyados por 23 fuertes en los puntos clave, los construyó
un muro de tres pasos (4 m) de altura con una longitud de 17 Km alrededor de Alexia
para impedir la huida de los sitiados, a continuación los rodeó de dos fosos de 4,5
metros de ancho por 1 m de profundidad, el más cercano a la fortificación se llenó de
agua procedente de los ríos cercanos, y todo esto lo hizo en tres semanas.

152
Asedio de Alexia 52 AC: los legionarios realizando trabajos de fortificación

153
Asedio de Alesia 52 AC. Trabajos de fortificación. Autor Adam Hook

154
Asedio de Alesia 52 AC. Muro de circunvalación con sus obstáculos. Autor Peter
Connoly

Cesar contaba con 10 legiones (50.000 legionarios), 15.000 tropas auxiliares y 8.000
jinetes germánicos.

Vercingétorix para dificultar los trabajos, envió su toda poderosa caballería, Cesar
mandó a las legiones para bloquear toda súbita irrupción de la infantería contraria, y con
el resto atacó a la caballería gala, que comenzó a huir, los jinetes germanos los
persiguen hasta las fortificaciones. Los galos se apretujaron delante de las puertas para
entrar, César mandó avanzar las legiones, y Vercingetórix mandó cerrar las puertas,
muchos quedaron fuera y fueron muertos y cogieron un buen número de caballos.

Tras dos semanas de trabajo, Vercingetórix, teniendo problemas para alimentar a los
caballos y aprovechar antes de que se completase el cerco, ordenó despachar una noche
parte de sus jinetes, ordenándoles al partir para que cada cual fuera a su patria y forzase
a la guerra a todos los que tuvieren edad y acudiesen en su ayuda, dado que solo le
quedaban víveres para 30 días. Todas las tropas acampadas delante de la fortaleza las
metió dentro y se dispuso aguardar los refuerzos.

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Asedio de Alesia 52 AC. Jinetes galos abandonando la fortaleza de noche antes de que
se completase el cerco para pedir ayuda.

César enterado por prisioneros y desertores de las intenciones del enemigo, previendo la
llegada de tropas de refuerzo, mandó construir una segunda línea defensiva exterior
protegiendo sus tropas. El nuevo perímetro era de 21 km, contaba con un muro situado
encima de un terraplén y tres fosos con trampas entre ellos, con una torre de madera
cada cierta distancia. Dentro del recinto estableció 3 campamentos de infantería y 4 de
caballería que serían sus fuerzas de reacción. En total tuvieron que escavar cuatro
millones de metros cúbicos de tierra en las trincheras.

Para entonces, las condiciones de vida en Alesia iban empeorando cada vez más. Con
los 80.000 guerreros que aún quedaban, más la población local, había demasiada gente
dentro de la fortaleza para tan escasa comida. A Vercingetórix le dieron los jefes galos
atrincherados dos opciones para evitar la capitulación por hambre. Sacrificar los 10.000
caballos que aún tenían dentro o enviar a los civiles con los romanos. El caudillo galo
optó por expulsar de la ciudad a los no combatientes, ya que esperaba usar a los
animales en la batalla y así podría ahorrar las provisiones para los combatientes y forzar
a los romanos a agotar las suyas en alimentarlos. Sin embargo, César ordenó que no se
hiciese nada por esos civiles, y los ancianos, mujeres y niños se quedaron esperando a
morir de hambre en la tierra de nadie entre las paredes de la ciudad y la circunvalación,
ya que Vercingetórix se negó también a recibirlos de nuevo.

Se conoce el caso de un centurión que se había dejado llevar por sentimientos


compasivos e intentó apoderarse de una hermosa joven poniéndola bajo su protección,

156
con lo que enterado el procónsul, ya que contaba con una eficaz red de espías por todas
partes, ordenó que lo azotaran y lo degradaran a la categoría de legionario raso que
cuida las mulas de los pertechos, y a la joven bellísima gala, la hizo azotar igualmente,
obligándola a que volviera con el resto de su gente para que continuara muriéndose de
hambre.

Solo se abrieron las puertas de la fortaleza de Alesia, para que entraran los hambrientos
niños, mujeres y ancianos adentro cuando vieron los refuerzos galos en el exterior.

Según Julio César, la asamblea de jefes reunidos antes de Alesia pidieron 240.000
efectivos y los contingentes asignados a cada tribu fueron:

 Héduos, segusiavos, ambivaretos, aulercos branovices y blanovios: 35.000


guerreros.
 Arvernos: 35.000.
 Eleutetos, cadurcos, gábalos, velavios, sécuanos, senones, bituriges, sántonos,
rutenos y carnutes: 12.000.
 Belóvacos: ofrecieron 10.000 (aunque al final sólo aportaron 2.000).
 Lemovices: 10.000.
 Pictones, incluyendo túronos, parisios y suesiones eleuterios: 32.000.
 Ambianos, mediomátricos, petrocorios, nervios, mórinos y nitióbroges: 35.000.
 Aulercos cenómanos: 5.000.
 Atrebates: 4.000.
 Veliocases, lexovios y aulercos eburovices: 9.000.
 Ráuracos y boyos: 30.000.
 Arémoricos (coriosolites, redones, ambibarios, cáletes, osismos, vénetos y
unelos): 6.000.

Tras varias semanas, hacia finales de septiembre, llegaron 8.000 jinetes y 240.000
infantes de refuerzo mandados por Comio rey de los atrebates, un aliado de
Vercingetórix, también de origen arverno, ocuparon una colina denominada Mussy-la
Fosse a unos 2 km de las fortificaciones y separada por la llanura de las Laumes.
Vercingetorix al verlos ordenó que empezasen a rellenar los fosos interiores para atacar
desde dentro.

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Asedio de Alesia 52 AC. Las fuerzas de auxilio haciendo señales a los sitiados con las
carnix o trompetas verticales

Al día siguiente Comio, salió del campamento y desplegó sus fuerzas en la llanura de
Laumes, la caballería delante y la infantería detrás ocupando un frente de unos 5 km,
posiblemente su intención era hacer una demostración de fuerza. Vercingétorix condujo
a sus hombres hacia abajo desde Alesia y comenzó a rellenar tramo del para atacar la
circunvalación. Cesar ordenó ocupar las trincheras y salir la caballería acompañados de
infantería ligera. Ambas caballerías chocaron, y los galos fueron derrotados y
perseguidos hasta su campamento.

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Asedio de Alesia 52 AC. Los galos asaltando un fuerte o castellum que albergaba una
cohorte,  . Autor Adam Hook

Los galos estuvieron un día sin atacar, decidieron utilizar su inmensa infantería para
atacar a César. A media noche, avanzaron los 240.000 infantes de Comio hasta la
muralla que guarnecían los 50.000 legionarios de César. Al llegar, hicieron ruido, para
que los sitiados salieran de Alesia y atacaran en ese mismo punto. Esta vez iban
equipados con fajinas para rellenar los fosos, escaleras de asalto, postes, planchas para
pasar las zanjas, algunos llevaban lo César llamó ”musculi”, una especie de escudo
pesado o pavés para protegerse de los proyectiles romanos. Sin embargo, César
hábilmente hizo uso máximo de sus líneas internas, sus fortificaciones y la mayor
formación y disciplina de sus hombres para compensar la superioridad numérica gala.
que envió a sus hombres a la batalla. En la oscuridad brutal, se produjo una gran
confusión sobre todo en los asaltantes y muchos cayeron por los proyectiles de sus
compañeros (lo que actualmente se llama fuego amigo). Los romanos causaron estragos
en las filas enemigas con sus escorpiones y las pila. Los galos consiguieron cegar los
fosos y llegar hasta las empalizadas, comenzando su asalto, los legados Marco Antonio
y Cayo Trebonio, que defendían sectores que no habían sido atacados, enviaron
refuerzos a los sectores más comprometidos. La situación del ejército romano también
era difícil, habían agotado sus proyectiles y defendían cuerpo a cuerpo el asalto galo. Al
amanecer los galos decidieron retirarse después de haber cegado algunos fosos y
asaltado la empalizada en algunas partes pero sin éxito.

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Asedio de Alesia 52 AC. Ataque nocturno galo. Se puede apreciar los galos
protegiéndose con los musculi o escudos, llevan fajinas para cegar los fosos. Los
romanos disparan sus escorpiones desde las torres

161
Asedio de Alesia 52 AC. Asalto nocturno galo. Se puede observar que los galos llevan
tablones para cruzar los fosos, fajinas para cegar los fosos, escaleras de asedio
para escalar los muros, los romanos disparan arcos y escorpiones desde las torres de
observación, y lanzan las pila desde las mmpalizadas, algunos galos alcanzan el muro y
luchan cuerpo a cuerpo. Autor Adam Hook

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Batalla de Alesia 52 AC: Los galos tras el fracaso del asalto nocturno sin haber roto las
líneas defensivas romanas, al amanecer se retiran. Autor José Daniel Cabrera Peña

Al día siguiente 2 de octubre, Comio dividió a su ejército en dos, para que uno atacara a
la muralla romana por donde habían cegado la noche anterior, y el otro con 60.000
efectivos bajo el mando de Vercasivelauno marchó hacia una parte de la circunvalación
que, por la naturaleza del terreno, los romanos no la habían podido fortificar conocida
como el monte Rea, partió de noche y terminada su marcha cerca del amanecer, se
ocultó tras del monte, y ordenó a los soldados que descansen, mientras que

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Vercingetórix saldría de la ciudad, obligando a Julio César a combatir, no solo
quintuplicado en número, sino a hacerlo por ambos flancos.

Asedio de Alesia 52 AC. Ataque final galo

El monte Rea estaba guarnecido por dos legiones mandadas por los legados Cayo
Antistio Regino y Cayo Caninio Rehilo, Vercasivelauno ordenó el asalto y consiguió
incendiar la empalizada, comenzando el asalto de la misma. Los galos consiguieron
entrar entre las dos líneas defensivas, Cesar ordenó a Lavieno que reforzara el sector por
su lado y en caso necesario que hiciese un contraataque, Lavieno envió inmediatamente
4 cohortes el sector, y César por su parte envió primero al joven Bruto con 6 cohortes, y
tras él al legado Fabio con otras 7 consiguiendo restablecer la situación, la lucha en el
interior favorecía a los romanos al emplear mejor el cuerpo a cuerpo.

Los galos debido a su superioridad nmérica, consiguieron romper las las líneas de
contracircunvalación y entrar entre las dos líneas, el propio Cesar finalmente acudió a la
zona con 4 cohortes y animó a los suyos a seguir combatiendo.

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Batalla de Alesia 52 AC: lucha cuerpo a cuerpo entre las empalizadas. Autor Angus
McBride

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Asedio de Alesia 52 AC. Lucha entre las empalizadas. Los galos rompen las defensas
romanas combaten cuerpo a cuerpo entre las empalizadas, se ve la caballería gala
tratando de romper la defensa romana. Autor Peter Connolly

Finalmente Lavieno con 11 cohortes de la zona no atacada contraatacó y ordenó al


mismo tiempo al legado Marco Antonio que con la caballería (unos 6.000 jinetes)
saliese del campamento por la parte que no estaba siendo atacada, y que atacase por la
retaguardia a los galos de Vercasivelauno por retaguardia, quienes, al ver a Antonio y
sus jinetes atacándoles por retaguardia, huyeron en desbandada, Vercasivelauno fue
hacho prisionero, y se capturaron 74 estandartes. Los sitiados al ver la huida perdieron
toda esperanza.

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Asedio de Alesia 52 AC. Contraataque de Lavieno con 11 cohortes y Marco Antonio
con la caballería

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Batalla de Alesia 52 AC: la caballería romana sale del muro por la parte no atacada

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Batalla de Alesia 52 AC. Ataque final, los galos asaltando las empalizadas romanas se
ve a Cesar animando a sus hombres y al fondo se ve a los jinetes germanos dirigidos por
Marco Antonio atacando a los galos por retaguardia . Autor Peter Dennis

Las bajas de la batalla fueron 12.500 romanos entre muertos y heridos, los sitiadores
sufrieron unos 60.000 muertos y 40.000 prisioneros.

El rey galo se dio cuenta de la inutilidad de la lucha, y de lo hambriento que estaba todo
su pueblo encerrado en Alesia, ya presto a morir de hambre, y estuvo meditando sobre
rendirse. Convocó a sus nobles, que les expuso que como rey de los galos tenían la
opción de matarle allí mismo, o entregarse a César. Los nobles no quisieron matarle, por
lo que el rey de los galos optó entregarse a César con la condición de que perdonara a su
pueblo, pues el suicidio no era tradición de los galos, como lo había sido el de los
hispanos sitiados en Numancia, por ejemplo, antes de rendirse y exponerse a ser
rebajados como esclavos. El rey de los galos consideró que su pueblo debía de
sobrevivir para poder alcanzar la independencia y liberación algún día. Vercingetorix
procedió enviarle mensajeros a César para negociar su rendición.

La respuesta de César fue que se levantaría una gran trinchera en un lugar señalado del
anillo interior romano, donde debían cruzar en primer lo que quedaba de los 80.000
infantes y 10.000 jinetes de Vercingetorix, llevarían allí todas sus armas y armaduras,
para arrojarlas ahí en aquel gigantesco hoyo, y se pondrían a un lado para recibir un
poco de alimento y de paso organizarlos para enviarlos al mercado de esclavos de
Marsella.

A continuación el resto de los civiles de Alesia, reservándose las mujeres galas más
hermosas para regalárselas como esclavas a sus mejores legionarios, y con cuyo botín
obtenido del mercado de esclavos, repartir importantes primas en recompensa a todos
sus legionarios, ya que preveía que iba a necesitar en el futuro para otras guerras y
batallas; y en último lugar lo que quedaba de los nobles y el propio príncipe
Vercingetórix. Y eso debería de hacerse nada más empezara el alba. Se hizo construir
un estrado de poco más de medio metro de alto, donde recibiría la rendición de
Vercingetorix, y como Roma aceptaba la rendición, oficialmente le recibiría con la toga
consular, símbolo de su imperium, en vez de con su armadura de oro guerrera. El rey de
los galos fue el último en salir de Alesia, y ataviado con sus mejores galas guerreras, se
acercó ala silla curul de César, bajó de su caballo, empezó a quitarse su corona, sus
armaduras y sus armas, y las arrojó al suelo, diciendo con ademán orgulloso: ”Me has
vencido, César, pido clemencia para mi pueblo”. ”La tendrás, príncipe Vercingetorix”,
le respondió César. Acto seguido un funcionario romano se acercó al rey de los galos,
para que firmara el documento de la rendición, y hecho esto, los generales que estaban a
ambos lados del estrado, y los legionarios de atrás y desde el resto de la muralla del
anillo romano, lanzaron vítores y vivas a César, por lo que consideraban el fin de la
guerra de las Galias. El rey de los galos empezó a arrodillarse al suelo ante el vencedor,
en señal de sumisión, y César se levantó de su silla curul para acercarse y ofreciendo su
brazo al humillado rey galo para ayudarle a levantarse. ”Has luchado como has podido,
y eso te honra, espero que esta vez hayas aprendido que no es nada bueno desafiar a
Roma” le dijo César.

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Rendición de Vercingétorix. El caudillo galo arrojando sus armas a los pies de Julio
César por Lionel Noel Royer (1.899). Museo Crozatier, en Le Puy-en-Velay.

Se le comunicó que inmediatamente se le llevaría prisionero a Roma, con buen trato y


en buenas condiciones alojado como rehén, para estar disponible en el día del desfile
triunfal. Después del desfile se le daría una muerte limpia y rápida en la cárcel de
Tullianum.

Poco después los héduos y arvernos enviaron embajadas para someterse. Les ordenó
entregar un gran número de rehenes y les restituyó cerca de 20.000 prisioneros.

Envió las legiones a cuarteles de invierno. A Tito Labieno mandó ir con dos legiones y
caballería al país de los secuanos; a Cayo Fabio y a Lucio Minucio Basilo al país de los

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remos, para defenderlos de los belovacos; a Cayo Antistio Regino al país de los
ambivaretos con una legión; a Tito Sestio al país de los bitúrigos con una legión; a
Cayo Caninio Rebilo al país los rodenses con una legión. A Quinto Tulio Cicerón y a
Publio Sulpicio los acuarteló el país de los héduos, para el acopio y distribución del
trigo. Cesar determinó pasar el invierno en Bilbracte.

El Senado Romano, manipulado por Catón y Pompeyo, declaró 20 días de acción de


gracias (supplicatio) por esta victoria, pero denegó el honor a César de celebrar un
triunfo, incrementando la tensión política.

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Pacificación de la Galia y consecuencias
Edad Antigua La guerra de las Galias Pacificación de la Galia y consecuencias

Operaciones finales

Desde su cuartel general en Bribacte, Cesar comenzó la pacificación de la Galia Central


en pleno invierno en enero se se dirigió contra los bitúrigos, que no se esperaban su
llegada y se huyeron a las ciudades vecinas, después se dirigió contra los carnutos, y
finalmente contra los belovacos, al mismo tiempo que envió a Lavieno al país de los
tréveros y vagiones. A mediados del año 51 AC, le tocó el turno al ámbito septentrional
de los belgas, mientras diferentes cuerpos de ejército se desplegaban por los pueblos de
las orillas del Loira, Bretaña, Normandía, devolviéndolos a la obediencia romana.

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Campaña de Cesar en la Galia en el 52 AC. Pacificación de la Galia

Fabio derrotó a Dumnaco y sometió a los carnutos y armòricos.

Asedio de Uxeloduno

Lucterio, el jefe de los cadurcos, y Drapes, el líder de los senones unieron sus fuerzas y
decidieron seguir la resistencia, Cayo Caninio Rébilo que era el gobernador de la zona,
los persiguió y estos se refugiaron en el oppidum de Uxeloduno, pretendiendo esperar
hasta el fin del gobierno de César, después de lo cual podrían de nuevo rebelarse.
Uxeloduno estaba fuertemente fortificado por su posición natural, estaba construida en
una colina con con empinadas laderas, una de ellas apoyada en un río, no podía tomarse
como Alesia lo había sido en año anterior. Caninio, era consciente de que sus dos
legiones no podían esperar repetir el éxito de César en Alesia, y se contentó con dividir
sus legiones en tres campamentos situados en un terreno suficientemente alto para
impedir la salida de la fortaleza y permitirle cerrarla gradualmente.

Lucterio, que había estado en Alesia, urgió a los sitiados que acapararan provisiones.
Huyendo al amparo de la noche, Lucterio y Drapes dejaron 2.000 guerreros dentro de
Uxeloduno, y se llevaron al resto en busca de grano. Mientras algunos de los cadurcos
les dieron provisiones libremente, otros se vieron obligados a entregarlas a la fuerza.
Después de reunir una gran cantidad, intentaron introducir subrepticiamente las
provisiones en la fortaleza. Sin embargo, los centinelas de Caninio los detectaron, y
Caninio dirigió sus tropas a un fiero ataque contra los convoyes. Lucterio, a cargo del
convoy, huyó sin advertirlo a Drapes. El resto de los hombres que acompañaban al
convoy fueron masacrados hasta el último hombre, cerca de 12.000 galos fueron
masacrados.

Caninio entonces dejó a una legión defendiendo los campamentos, y tomó la otra legión
y toda la caballería para perseguir a Drapes, le alcanza y en el combate consiguió matar
o capturar a todos los galos, incluyendo al propio Drapes.

Regresando al campamento dedicó sus hombres a completar el cerco de Uxeloduno.


Cayo Fabio, otro de los legados de César a quienes se le había asignado la tarea de
someter a los senones, llegó poco después, y puso sus propias dos legiones a trabajar
junto a las de Caninio.

Cesar determinado a someter la Galia mientras aún era su gobernador, dejó detrás a sus
legiones, y cabalgó junto con la caballería hacia Uxeloduno, moviéndose tan rápido
como podían sus caballos. Sorprendiendo a sus legados, quienes no esperaban su
llegada, rápidamente percibió que Uxeloduno no podía ser tomado por asalto. Habiendo
sido informado de que la ciudad tenía mucha comida, a pesar del fracaso de Lucterio y
Drapes para incrementar las reservas, César eligió privar a sus habitantes de agua y
rápidamente ideó un método para hacerlo. La naturaleza del terreno le impedía desviar
el río, pues corría muy próximo al pie de la montaña de manera que no podían
excavarse canales de derivación en ninguna dirección. Pero esa misma inclinación
también hacía difícil la vida para los defensores, pues la bajada al río era

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extremadamente difícil. Dándose cuenta de ello, César ubicó arqueros y balistas para
atacar a cualquier defensor que intentara coger agua del río.

La única fuente adicional de agua, era un manantial que surgía de la escarpada montaña
justo por debajo de los muros de Uxeloduno, parecía imposible de bloquear ya que el
terreno era demasiado escabroso, y no podía ser tomado a la fuerza. Sin embargo, César
conocía se informó de las fuentes del manantial. Ordenó a sus hombres que
construyeran una rampa de tierra y piedras, en la cual poder apoyar una torre de asalto
de diez pisos de alto para bombardear el manantial. Sin embargo, mientras se llevaba a
cabo esta tarea, tuvo a hombres cavando minas en la tierra, con túneles que
inexorablemente se acercaban a las fuentes del manantial.

Los galos estaban entretenidos con la torre de asalto de César, y la atacaron con todos
sus medios, consiguiendo incendiarla, César ordenó a sus hombres que rodeasen la
fortaleza y lanzaran grandes gritos, como si se dispusieron a asaltar las murallas para
seguir teniéndoles entretenidos. Mientras los minadores de César habían logrado desviar
las fuentes del manantial. Cuando éste se secó, los galos dentro de Uxeloduno cayeron
en la desesperación, convencidos de que los dioses los habían abandonado, y
capitularon.

Cesar les castigó bárbaramente con la amputación de las manos. El resto de la campaña
fue ya simplemente una concesión a la vanidad del procónsul, que recorrió la Aquitania
para recibir personalmente las muestras de sometimiento de sus habitantes.

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Julio Cesar en la Galia con la  Legión X Equestris paseandose triunfalmente. Esta legión
fue reclutada por Cesar cuando era gobernador de la Hispania Ulterior, era su preferida
y tenía como distintivo el toro.

Consecuencias

Según Plutarco, los resultados de la guerra fueron 800 ciudades conquistadas, 300 tribus
sometidas, un tributo de más de 40 millones de sextercios para César, un millón de
prisioneros vendidos como esclavos y otros tres millones muertos en batalla (se estima
que la población gala era de unos 8 a 15 millones de habitantes antes de la guerra). Cada
soldado romano recibió un esclavo galo.

El triunfo romano en la Guerra de las Galias se debió a una combinación de astucia


política, campañas efectivas y una mayor capacidad militar que sus oponentes galos.
César llevó a cabo una política de “divide y conquista” para acabar con sus enemigos,
poniéndose del lado de tribus individuales durante sus disputas con oponentes locales.
Reunió de forma sistemática información sobre las tribus galas para identificar sus
características, debilidades y divisiones, lo que a su vez le permitía poder librarse de
ellas. Cesar no menciona en sus el número de las fuerzas galas que le apoyaban, que
comprendían casi la totalidad de su caballería y fuerzas ligeras.

Los galos podían disponer de inmensos ejércitos pero sufrían falta de flexibilidad,
disciplina y constancia sobre todo cuando se enfrentaban a posiciones organizadas, los
legionarios de cesar decían que se habían ganado más batallas con el zapapico que con
la espada.

El emperador Augusto, sucesor del asesinado Julio César, dividió la Galia en el año 27
en cuatro administraciones o provincias:

 Gallia Narbonensis, desde los Alpes hasta los montes Cévennes.


 Gallia Lugdunensis, entre los ríos Loira, Saona y Sena.
 Gallia Aquitania, que limitaba al norte con el río Loira.
 Galia Bellgica, que se extendía entre los ríos Sena y Rin y cuyo límite por el
norte era el mar del Norte.

Esta administración se mantuvo así hasta principios del siglo IV en que hubo cambios
con el emperador Diocleciano.

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