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Porge, Erick – Transferencia a la cantonade

El autor comienza planteando que una de las preguntas que frecuentemente surge a los

analistas a propósito de la práctica con niños es esta: ¿Es realmente análisis?

En este punto sostiene que más que formular preguntas de legitimidad del psicoanálisis

de niños hay que partir de preguntarse ¿Qué es lo mínimo que sólo un analista está apto

para efectuar cuando los padres consultan a un "psi"?

La respuesta a esta pregunta es: la transferencia.

En 1926, en Inhibición, síntoma y angustia Freud distingue entre:

- Neurosis infantil: Una reconstrucción a partir del análisis de los adultos.

- Neurosis del niño: Una sintomatología neurótica en los niños.

La cuestión que se plantea es saber si esta neurosis se encuentra en los niños o no.

Freud plantea que en la mayoría de los casos, ese acceso neurótico de la infancia se

supera de manera espontánea. Pero que, en cambio, en ninguno de los que luego se

vuelven neuróticos echamos de menos el anudamiento a la enfermedad infantil, que no

necesita haber sido demasiado llamativa en su época.

En 1932 en la conferencia 34 sobre Esclarecimientos, aplicaciones y orientaciones Freud

plantea que la dificultad de la infancia reside en que el niño debe apropiarse del dominio

sobre las pulsiones y la adaptación social, al menos los primeros esbozos de ambos.

Sostiene que mediante su propio desarrollo sólo puede lograr una parte de ese cambio, y

que a menudo domina esta tarea sólo de manera incompleta.

Va a decir que es en esos períodos tempranos, que muchos niños atraviesan por estados

que es lícito equiparar a las neurosis, y ello vale sin duda para todos los que luego contraen

una enfermedad manifiesta.


Sostiene que en numerosos niños la contracción de una neurosis no aguarda hasta la

madurez, sino que estalla ya en la infancia y ocasiona cuidados a padres y médicos.

En este punto, Freud plantea que el niño es un objeto muy favorable para la terapia

analítica, que los éxitos son radicales y duraderos pero que es preciso modificar en gran

medida la técnica de tratamiento elaborada para adultos, puesto a que el niño todavía no

posee un superyó, no tolera mucho los métodos de la asociación libre, y la trasferencia

desempeña otro papel, ya que los progenitores reales siguen presentes.

La transferencia:

Siguiendo esta línea, Porge se pregunta: ¿Qué papel juega en el niño la transferencia?

Responde retomando nuevamente a Freud (1914) en Recordar, repetir y reelaborar,

donde plantea que el principal recurso para domeñar la compulsión de repetición del

paciente, y transformarla en un motivo para el recordar, reside en el manejo de la

trasferencia. Allí, Freud sostiene que volvemos esa compulsión inocua y, más aún,

aprovechable si le concedemos su derecho a ser tolerada en cierto ámbito: le abrimos la

trasferencia como la palestra donde tiene permitido desplegarse con una libertad casi total,

y donde se le ordena que escenifique para nosotros todo pulsionar patógeno que

permanezca escondido en la vida anímica del analizado.

Con tal que el paciente nos muestre al menos la solicitud de respetar las condiciones de

existencia del tratamiento, conseguimos, casi siempre, dar a todos los síntomas de la

enfermedad un nuevo significado trasferencial: sustituir su neurosis ordinaria por


una neurosis de trasferencia de la que puede ser curado en virtud del trabajo

terapéutico.

La trasferencia crea así un reino intermedio entre la enfermedad y la vida, en virtud

del cual se cumple el tránsito de aquella a esta. El nuevo estado ha asumido todos los

caracteres de la enfermedad, pero constituye una enfermedad artificial asequible por

doquiera a nuestra intervención.

Es simultáneamente un fragmento de experiencia vivida real, pero posibilitada por

condiciones particularmente favorables, y tiene la naturaleza de algo provisorio.

En este punto, Porge se pregunta: Si la transferencia juega en el niño un papel diferente

del que juega en el adulto ¿no es porque en el niño no sustituye a una neurosis ordinaria?

En el niño, es neurosis ordinaria.

Si es así, entonces el camino será inverso: En el niño la neurosis ordinaria sustituiría

a una neurosis de transferencia no resuelta.

Pero ¿Sobre quién dirige el niño una neurosis de transferencia? y ¿por qué?

Sobre cualquier objeto parental cercano: el padre, la madre, un hermano, una hermana.

Hans es neurótico por haber perdido las reglas del juego en su transferencia hacia su

madre. La neurosis de transferencia estalla frente a quien no sostiene más la

transferencia del niño. Muy frecuentemente en ocasión de un cambio de lugares en la

familia, por nacimiento o muerte.

Sujeto supuesto saber:


En la perturbación del discurso de los padres es perceptible que no asumen más un

lugar de sujeto supuesto saber. El niño se transforma en persecutorio para los padres,

a saber, perciben el trastorno de su niño como si fuera dirigido contra ellos: "Él me

hace una crisis” "Querríamos que nos aprenda algo, no aprende, no habla casi nada"

El síntoma del niño es simultáneamente el representante para los padres de un

saber supuesto que el niño oculta, no dice, y que el analista debería descubrir.

Porge lo plantea en este punto como si hubiera una ruptura en la transmisión del

saber, sostiene que la perturbación en el niño manifiesta un punto de ruptura respecto a un

saber familiar.

Ruptura que prueba que ese saber no es otro que el saber de una transmisión, que el

saber es lo que se produce por un cierto lazo social, o más bien, que la familia es tomada

en un tipo de discurso - el del histérico - dónde el saber está en el lugar del producto.

Discurso histérico: discurso a la cantonade

En este momento el autor introduce la relación de un tercero y su importancia en este

discurso.

En la cura de Hans se localiza uno de esos momentos: cuando Freud se dirige por una

nota directamente a Hans. Esto ocurre en el transcurso de un diálogo entre éste y su padre.

Este último le sugiere a su hijo que ha querido eliminar a su hermanita Anna:

- El padre: "Y así te quedarías solo con mami, y un muchacho bueno no desea eso.

- Hans: "Pero tiene permitido pensarlo"

- El padre: "Pero eso no está bien"

- Hans: "Pero si él lo piensa, es bueno escribírselo al profesor"


En este preciso lugar, Freud añade una nota en la que se dirige a Hans: "Bravo, pequeño

Hans, no desearía para los adultos un mejor entendimiento del psicoanálisis."

Hans se dirige a su padre, pero su mensaje está destinado a Freud. A buen

entendedor, pocas palabras.

Freud, fue buen entendedor respondiendo del mismo modo a Hans: se dirige al

niño, pero su mensaje está destinado a los lectores, especialmente a los analistas.

Ésta simultaneidad de dos planos en la dirección del mensaje se llama "Hablar a la

cantonade"

Hablar a la cantonade es hablar a un personaje que no está en escena.

Lacan ya había llamado la atención sobre este modo de dirigirse del niño, en el

Seminario XI de Alienación y separación sostiene que el error piagético reside en la noción

de lo que llama el discurso egocéntrico del niño.

Lacan plantea que en este famoso discurso, el niño no habla para sí, como lo sostiene

Piaget, sin duda, no se dirige tampoco al otro. Pero tiene que haber otros ahí: cuando las

criaturas están todas juntas, jugando y hablan, hablan a la cantonade, en alta voz pero a

nadie en particular.

Este discurso egocéntrico es a buen entendedor, pocas palabras.

Transferencia a la cantonade

Porge aborda ahora el lugar del analista:

Toma el caso en el que el analista que es llevado a cubrir la función de restablecer

una transferencia puesta a prueba.


Situación que aparece cuando se da un punto de ruptura de la transferencia en uno

de los padres, cuando ya no es más buen entendedor, cuando no escucha más la división

del sujeto en su mensaje.

En efecto, el analista llega a encontrar un lugar en la neurosis de transferencia del niño,

pero no será, como en el adulto, una neurosis de transferencia que sustituirá a la neurosis

ordinaria.

Es más bien una transferencia indirecta que aspira a sostener la transferencia sobre la

persona que de entrada se reveló inepta para soportarla.

Se trata de una transferencia a la cantonade.

Esto marca el límite del papel del analista en el análisis del niño y permite abordar

la cuestión del fin del análisis.

El papel del analista

El analista permitirá que la neurosis de transferencia del niño se desarrolle y que el

entorno la tolere.

Lo que demanda el niño, es que lo dejen hacer su neurosis. Quiere poder hablar a la

cantonade. Incluso, es necesario que el lugar de esta cantonade sea preservado y

diferenciado.

Las intervenciones del analista sobre la ubicación de los padres frente a la neurosis del

niño son tan o más importantes que sus intervenciones directas sobre esta neurosis.

Porge plantea que existe un límite estructural. Que no hay análisis de transferencia

amorosa niño- analista.


El niño no puede tener acceso al análisis de la transferencia amorosa con el analista

porque no tiene acceso a lo que en y por el encuentro sexual lo pone en la determinación de

la fórmula "no hay relación sexual"

Está exceptuado para la reproducción y también está exceptuado de un saber.

Fin de análisis

Entonces, ¿cómo terminar un análisis con un niño cuando sabemos que por una

necesidad de estructura queda inacabado? ¿Cómo terminar de tal forma que sea inacabado

pero de una buena manera?

Es necesario abocar a una diferencia: entre:

- Fin de análisis de neurosis de transferencia

- Fin de análisis de la transferencia.

Esta diferencia es la garantía de que el sujeto pueda formular una demanda, si

siente la necesidad de ella, cuando sea adulto, cuando pueda contar con sus propios

recursos simbolizantes.

Entonces, ¿Se debe tomar a un niño en análisis?

Si, a condición de detenerse a tiempo.