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INICIATIVA EMPRENDEDORA
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INICIATIVA EMPRENDEDORA
MÓDULO 1.
INTRODUCCIÓN A LA INICIATIVA EMPRENDEDORA
ÍNDICE DE CONTENIDOS DEL MÓDULO 1
TEMA 1. ¿QUÉ ES EMPRENDER?................................................................................ 2
TEMA 2. RAZONES PARA EMPRENDER ...................................................................... 3
2.1. Concepto de emprendedor ......................................................................... 6
2.2. ¿Cómo se cultiva el emprendedor? ........................................................... 10
TEMA 3. IMPORTANCIA DEL EMPRENDIMIENTO ..................................................... 11
TEMA 4. ETAPAS DEL PROCESO EMPRENDEDOR...................................................... 12
4.1. El proyecto Global Entrepreneurship Monitor ............................................ 19
TEMA 5. CARACTERÍSTICAS DEL EMPRENDEDOR ..................................................... 22
TEMA 6. ALGUNOS MITOS ...................................................................................... 28
REFERENCIAS.......................................................................................................... 30
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TEMA 1. ¿QUÉ ES EMPRENDER?
El término emprender, para el que no existe una definición única, ha estado asociado
en sus inicios con la realización de actividades propias de la construcción, pero
también se ha entendido que tiene relación con la tendencia a crear, y otras veces se
le ha encontrado similitud con el mundo de los negocios (Briasco, 2014).
Se podría decir que emprender está relacionado con el hecho de inventar, de
transformar y de innovar con los recursos disponibles, para lo que se precisa tanto de
habilidades como de interés por modificar dicha realidad hacia algo mejor. Ello se
conseguiría a través de la identificación de momentos, de la curiosidad y el arrojo
necesarios para poder concebir el referido cambio (Tamarez, 2011).
Emprender es, ante todo, una actitud personal ante la vida, ser positivo, activo,
mostrar liderazgo. No depende, por lo tanto, de que se trabaje por cuenta ajena o
propia (Giner de la Fuente, Gil Estallo, & Martí Pidelaserra, 2013).
Consecuentemente con lo anterior, una actitud emprendedora sería la predisposición
con la que una persona emprendedora afronta sus retos, convirtiéndola en una
tendencia antes y durante el proceso de creación (Sánchez Aguilar, 2013).
Pero si se habla de habilidades, podría pensarse que no todo el mundo cuenta con
ellas. De hecho, se ha llegado a indicar que tener un espíritu emprendedor es algo
innato a los individuos, siendo ello por lo que se presumiría que dichas habilidades no
pueden ser adquiridas o fomentadas mediante la enseñanza y el aprendizaje. Nada
más lejos de la realidad. La orientación para emprender, esto es, las habilidades
necesarias para ello, se pueden enseñar y, por lo tanto, aprender, aun cuando los
métodos utilizado para ello no sean únicos (Briasco, 2014).
Emprender es, por lo tanto, la búsqueda y posterior creación de algo para solucionar
un problema. La solución al pain point de un cliente. De este modo, se emprende
cuando se pone en marcha, algo que no se había realizado anteriormente, pero
también cuando algo que se estaba haciendo habitualmente de algún modo es posible
mejorarlo, y se aplica dicha mejora. En suma, emprender es crear una empresa que
tenga por objeto el desarrollo de productos o servicios, o de ambos, capaces de
solucionar un problema o de satisfacer una necesidad. Esto es, centrarse en la
identificación y explotación de oportunidades aún sin explotar (Esteban, 2014).
Las cuestiones que resultan de los párrafos anteriores parecen evidentes. ¿Por qué se
emprende?, ¿tiene ventajas frente a una actitud pasiva en el ámbito laboral?, ¿quién
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puede ser realmente un emprendedor?, ¿hay algún proceso que seguir para
emprender?, ¿qué cualidades tiene un verdadero emprendedor? En las líneas que
vienen a continuación se tratará de dar respuesta a todas ellas.
TEMA 2. RAZONES PARA EMPRENDER
Un 95% de los individuos que emprenden fracasan antes del quinto año, con el
consiguiente sufrimiento personal y familiar. Entonces, ¿por qué emprender? Una
respuesta puede ser el hecho de que, si se es capaz de saber en qué fallaron otros, es
probable que se consiga evitar el fracaso (Trías de Bes, 2007).
Según este razonamiento, analizar el fracaso en lugar de centrarse exclusivamente en
las razones del éxito a la hora de emprender, puede proporcionar conocimientos
adicionales sobre el proceso de creación de empresas (Justo, 2008).
En una explicación más idealista, Esteban (2014) considera que el mundo necesita a los
emprendedores, a gente que genere riqueza, por lo que en sí misma, sería una razón
adicional para emprender.
Aun no siendo un listado exhaustivo, y partiendo de la existencia de tantos motivos
para emprender, como autores los propongan, estos podrían ser algunos de los
factores para emprender (Hernando Polo, 2013):
Expectativas de altas ganancias económicas y de ventajas fiscales.
Libertad para decidir el futuro propio y el del negocio.
Inquietud personal, libertad, independencia, realización personal, etc.
Oportunidad de aprender.
Pasión por los retos.
Oportunidad laboral.
Sin embargo, pocos factores puedan ser tan determinantes a la hora de emprender
como la actitud con que el individuo emprendedor se enfrenta a la realización de una
actividad, y la autoevaluación que realiza el mismo de sus habilidades y destrezas, esto
es, de su capacidad emprendedora (Sánchez Aguilar, 2013). Esta capacidad
emprendedora, además, debería permitir no cometer el error más grave de todos: el
no emprender (de Pablos Heredero & Blanco Jiménez, 2013).
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Así pues, y solo cuando a un conocimiento fiel y objetivo de las propias capacidades se
le acompaña la actitud adecuada, se estará en disposición de descubrir el verdadero
potencial emprendedor con que se cuenta (Sánchez Aguilar, 2013).
El propio Sánchez Aguilar (2013) señala algunos de los principales motivos para
emprender, recogidos en la tabla 1.
Tabla 1. Motivos para emprender
Satisfacción por crear su propio puesto de trabajo
Trabajar para sí mismo
Superación personal
Posibilidad de aumentar los ingresos
Solucionar una situación personal
Establecerse, o permanecer, en un determinado lugar geográfico
Porvenir de los descendientes
Realización personal
Tradición familiar
Servir a la sociedad
Independencia
Anhelo de poder, reconocimiento social, prestigio, etc.
Fuente: Sánchez Aguilar (2013)
Nótese que en la tabla 1 no aparece la idea de negocio como una de las razones para
emprender, quizás en concordancia con lo expuesto por Trías de Bes (2007), quien no
lo señala como un motivo válido al entender que la idea es el vehículo de la actividad
emprendedora en sí misma. En consecuencia, este autor también define una lista de
razones o motivos que denomina “lamentables” (véase la tabla 2) al ser sintomáticos
de la ausencia de un auténtico emprendedor. Ello es así por cuanto tras ellos parece
ser que se esconde una especie de “huida hacia adelante” como solución ante
situaciones personales o familiares amargas.
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Pérez Aguilera (2013), por su parte, coincide en la mayoría de las razones señaladas en
la tabla 1 anterior cuando propone las suyas:
Solucionar una situación familiar.
Crear su propio puesto de trabajo.
Aumentar el nivel de renta.
Permanecer o establecerse en un lugar geográfico del gusto del emprendedor.
Crear una empresa para ofrecer más y mejores oportunidades a los
descendientes.
Desarrollar una empresa en toda su extensión.
Poner en práctica una idea empresarial como fórmula de realización personal.
Crear una empresa para poder trabajar con el cónyuge, con los padres, los
hijos, con compañeros de trabajo, etc.
Tradición familiar.
Independencia.
Tabla 2. Motivos "lamentables" para emprender
Estar en paro y tener que salir adelante
Odiar al jefe
Odiar la empresa en que actualmente se trabaja
No soportar recibir órdenes
Tener libertad de horario
Ganar más dinero que trabajando por cuenta ajena
Gozar de potestad para decidir cuáles son los días de vacaciones
Querer recuperar el patrimonio que perdió la familia
Demostrar algo a los demás
Demostrarse algo así mismo
Demostrar algo a los padres
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Hacerse rico dando un “pelotazo”
Contribuir al desarrollo de una región
Dedicarse al tema que más le gusta a uno mismo
Compaginar la vida personal y profesional
Fuente: Adaptado de Trías de Bes (2007, p. 32)
2.1. Concepto de emprendedor
El origen del término emprendedor es atribuido al economista irlandés Cantillon
(1680-1734) (Hayek, 1985; Kubeczko & Rametsteiner, 2002; Stevenson & Jarillo, 1990),
quien lo identifica como el verdadero agente social que cataliza el desarrollo
económico, al tratarse de una persona que pretende explotar una oportunidad
económica (McKenzie & Ugbah, 2007).
Lo anterior, como oposición a un individuo diferente al productor de la economía de
mercado con salarios o rentas fijas, es decir, el contratado (Osorio Tinoco, Murillo
Vargas, & González Campo, 2015). Cantillon se centra, sin embargo, en el papel
económico que tiene el emprendedor, más que en el individuo que desempeña dicho
papel (Stevenson & Jarillo, 1990).
Para Villagrá (2009) la persona que emprende aplica sus capacidades, convierte una
idea en un proyecto económico específico y genera algún tipo de innovación,
beneficios económicos y sociales.
Hoy día el término emprendedor se aplica a las personas que cuentan con una especial
sensibilidad para la detección de oportunidades y la capacidad para movilizar recursos,
por lo general, propiedad de otras personas, con el objeto de explotar aquellas. Ser
emprendedor es, por lo tanto, descubrir oportunidades y lanzarse a su transformación
mediante una empresa (Setó Pàmies, 2009).
Desde una perspectiva semántica, la figura del emprendedor está representada por
aquella persona que lleva a cabo acciones difíciles. Bajo una perspectiva práctica, sin
embargo, el individuo emprendedor es la persona que pone en marcha su propio
negocio. En un ámbito operativo, por su parte, la persona emprendedora es la que
aplica su talento a la innovación, en su propia empresa o en otras organizaciones.
Además, y como definición popular del término, se podría asumir que se trata de
aquella persona que hace que las cosas simplemente ocurran. Finalmente, y como
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definición ideológica del término emprendedor, se asocia con la persona que convierte
sus sueños en realidad (Lobato Gómez, 2009).
El emprendedor también ha sido definido como aquella persona que inicia una
organización, o que, trabajando dentro de los confines de una de ellas, persigue
oportunidades sin necesidad de relacionarlas con los recursos que actualmente pueda
controlar (Stevenson & Jarillo, 1990). Esta asimilación de emprendedor con el inicio de
una organización también es compartida por Sharma y Chrisman (1999), autores para
los que el concepto de emprendedor estaría relacionado con las empresas de nueva
creación. Es por ello que, coloquialmente, el término emprendedor se viene utilizando
para definir a la persona que desarrolla un proyecto económico (Sánchez Almagro,
2003).
Shane (2012), por su parte, sugiere que más que la formación de nuevas empresas, el
concepto clave para la identificación del concepto de emprendedor es la evaluación y
la explotación de oportunidades que esta persona lleva a cabo.
El emprendedor, además, es aquel individuo que combina (Miller, 1983) la innovación
referida en los términos de Schumpeter (1934) con la asunción de riesgos (Knight,
2002) y el carácter proactivo. Es decir, quien toma la iniciativa para crear, con
imaginación, nuevas oportunidades (Cuervo, Ribeiro, & Roig, 2006). Dicho de otro
modo, los individuos responsables de la fundación de una empresa basada en nuevas
ideas asumen el papel del emprendedor a través del proceso de innovación (Roach,
Ryman, & Makani, 2016).
Por lo tanto, serían funciones del individuo emprendedor el reconocimiento y la
aplicación de nuevas posibilidades. Esto es, la producción y puesta en marcha nuevos
productos o servicios (o cambios en los mismos), la introducción de nuevas formas de
organización, de nuevas formas de producción, etc. (Osorio Tinoco et al., 2015).
Un emprendedor es aquel individuo que, ante todo, forja su propio destino en la vida
haciendo realmente lo que quiere hacer en ella. En suma, hace aquello con lo que
disfruta y se siente a gusto y libre (Giner de la Fuente et al., 2013).
Samuelson (1970) ya describió al emprendedor como el individuo cuya función es la de
introducir un nuevo producto o servicio en el mercado, más que la de inventarlo o
crearlo. Introducción que, por otra parte, sería debida al conocimiento superior que
tiene de las imperfecciones del mercado y que utiliza como ventaja (Kirzner, 1979).
Emprendedor es aquella persona que detecta una oportunidad y que organiza los
recursos necesarios para ponerla en funcionamiento bajo la forma de empresa,
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caracterizándose por ser innovadora, esto es, ser capaz de generar bienes o servicios
de un modo creativo (Sánchez Aguilar, 2013).
Ahora bien, innovar no siempre implica crear algo nuevo (innovación radical) y, de
hecho, en la mayoría de las ocasiones tan solo supone mejorar algo ya existente
(innovación incremental) significando, de hecho, la base del progreso y desarrollo
humano (Hernando Polo, 2013).
La Organización Internacional del Trabajo señala que el emprendedor es la persona
que tiene una idea de negocio, que percibe como una oportunidad para el mercado al
que se la ofrece, y que mediante motivación, impulso y habilidad para movilizar
recursos, persigue nuevas ideas aun cuando puedan ser rechazadas (op. cit. en Briasco,
2014).
Una persona emprendedora es aquella que persigue realizar cambios en su situación
personal o en el desarrollo de la comunidad a la que pertenece, por lo que no
necesariamente se habría de ligar el concepto de emprendedor al de un negocio o
actividad económica ─vg. emprendedores sociales, que buscan mejorar la convivencia
dentro de la sociedad─ (Briasco, 2014).
La definición de emprendedor(a) que realiza la Real Academia Española es la siguiente:
“1. adj. Que emprende con resolución acciones o empresas innovadoras. Es una
mujer muy emprendedora. Apl. a pers., u. t. c. s. Un negocio para emprendedores.
2. adj. Propio de la persona emprendedora. Carácter emprendedor.”
Podría afirmarse, por lo tanto, que el individuo emprendedor es quien aborda la
aventura de un negocio, lo organiza, busca capital para financiarlo y asume toda o la
mayor acción de riesgo (Poncio, 2010).
Un individuo emprendedor es aquella persona que identifica oportunidades de
negocio y organiza los recursos necesarios para poder aprovecharlas (Hernando Polo,
2013). El emprendedor es quien comienza a realizar su propio proyecto, creando
trabajo para sí y para otros, de modo que, al consolidarse, podría ser considerado
empresario (Poncio, 2010).
Como se ha visto, falta un consenso a la hora de definir la figura del emprendedor y su
función. Ello puede ser debido, según Veciana (1999, 2006), a que se intenta elaborar
una definición esencialista. Es decir, que se pretenden identificar por medio de la
intuición las características o atributos más esenciales o importantes del emprendedor
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cuando, para cada autor, serán esenciales unas y no otras características, por lo que
nunca existirá acuerdo.
En cualquier caso, la figura del emprendedor está omnipresente en las instituciones y
en las discusiones sobre un importante número de diferentes áreas económicas. Su
ausencia ha llegado a justificar, entre otras causas, el declive de ciertas industrias. De
igual modo, las crisis de la balanza de pagos de los países han podido ser explicadas
por la falta de un fuerte tejido emprendedor. Estas circunstancias harían suponer que,
tanto a nivel micro como a nivel macro, existe un importante lugar que justifica el
análisis de la figura del emprendedor (Baumol, 1968).
De este modo, las personas emprendedoras pueden crear su propia empresa para
convertirse en empresarios, pero también pueden ser trabajadores por cuenta ajena o
intra-emprendedores ─corporate entrepreneurs (Sharma & Chrisman, 1999)─,
resultando de gran valía en las empresas debido a que vuelcan su potencial creativo y
su iniciativa en la compañía de la que perciben su sueldo (Hernando Polo, 2013).
En consecuencia con lo anterior, y a nivel laboral, se podrían distinguir dos tipos
básicos de individuos emprendedores (Ferrandis-García Aparisi & Martínez Calderón,
2015):
Emprendedor individual. Como aquella persona capaz de reconocer y evaluar
un proyecto y llevarlo a la práctica con iniciativa e ilusión, asumiendo el riesgo
de sus decisiones para aprovechar las oportunidades de negocio que se le
presentan mediante la organización de los recursos necesarios para ello.
Emprendedor corporativo. Como la persona que aplica un comportamiento
emprendedor e innovador desde el interior de una organización a la que ya
pertenece.
Además de lo ya expuesto, no hay que olvidar que todos y cada uno de los atentos
lectores tendrán en la mente la imagen de lo que puede ser un emprendedor, por lo
que resulta aún más difícil ofrecer una definición universal del mismo (González
Domínguez, 2012).
Los individuos emprendedores comienzan por la creación de su propio puesto de
trabajo y el de otras personas al realizar sus proyectos que, una vez consolidados, les
permitirán llamarse empresarios (Poncio, 2010).
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Quien emprende asume el cambio como parte de su naturaleza, buscando adelantarse
al tiempo y, mediante su interés, añadir valor a lo ya existente, mejorando e innovando
de forma constante (Briasco, 2014).
El individuo emprendedor disfruta emprendiendo, mientras que el empresario
disfrutaría generando crecimiento, siendo en este último caso la gestión una
característica básica. Y es que, no todo emprendedor es buen gestor del crecimiento,
por lo que en ocasiones deciden poner a otra persona al frente de su empresa (Poncio,
2010).
2.2. ¿Cómo se cultiva el emprendedor?
Para ciertos autores (Giner de la Fuente et al., 2013), seis son las circunstancias clave
que pueden dar lugar al nacimiento del emprendedor:
1. Entorno favorable. Un ambiente familiar, educativo y social que favorezca el
aprendizaje continuado, que anime la realización de intentos sin pensar en los
posibles errores (de modo que no se conviertan en un estigma), estimula la
generación de emprendedores y de futuros empresarios. Cabe recordar en este
punto, que los negocios suelen fracasar no por la ausencia de competencias
técnicas de los individuos emprendedores, sino por cuestiones tales como las
desavenencias con los socios, los problemas personales, los miedos, etc. (Trías
de Bes, 2007).
2. Aprendizaje en el trabajo. Aquellos puestos de trabajo en los que se fomenta el
aprendizaje y la mejora continuada, el contacto con los clientes y proveedores,
puede ser el detonante de un pensamiento sencillo e intuitivo: “Esto puedo
hacerlo yo por mi cuenta”.
3. Empuje y apoyo de la propia empresa. En ocasiones, y para evitar despidos,
son los propios empleadores quienes ofrecen a sus trabajadores la posibilidad
de asumir la externalización de algún proceso de producción, una división o
departamento, convirtiéndose en proveedores de su antigua empresa. El
empleador facilitaría la salida del trabajador y le ayudaría, al menos
provisionalmente, en su nueva etapa como emprendedor.
4. Salida al hundimiento inminente. Ante el cierre de una empresa, puede que
sean sus propios trabajadores quienes decidan unirse para acceder a su
propiedad y tratar de reflotarla con su esfuerzo colectivo.
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5. Experiencias negativas en el trabajo. La insatisfacción con el actual puesto de
trabajo por cuenta ajena es uno de los detonantes para su abandono,
pudiéndose llegar a tomar la decisión de emprender un negocio propio.
6. Única salida. Situación en la que quizás se encuentren aquellas personas que,
después de haber prestado servicios durante décadas en la misma empresa,
pierden su trabajo por razones diversas (regulaciones de empleo, despidos
colectivos, etc.) y, por su edad, no encuentran otro trabajo, y aún siguen
estando en condiciones físicas y mentales para trabajar. Esta forma de acceder
al emprendimiento, sin embargo, caería dentro del ámbito de los motivos
“lamentables” para emprender expuestos por Trías de Bes (2007).
TEMA 3. IMPORTANCIA DEL EMPRENDIMIENTO
El emprendimiento es importante porque incide no solo sobre el proceso de
innovación, sino también sobre la forma en que se tratan las nuevas oportunidades. El
emprendimiento es capaz de evitar el éxodo de la población en las zonas rurales hacia
las grandes ciudades, y puede permitir el surgimiento de una clase media que
contribuya económica y socialmente a la redistribución de la renta (González
Domínguez, 2012). Los individuos emprendedores crean nuevas empresas que, a su
vez, generan nuevos puestos de trabajo que hacen aumentar la demanda de otros
sectores, mejoran la productividad promoviendo cambios tecnológicos e innovaciones
y, en términos globales, contribuyen a elevar el nivel competitivo de los países
(Schnarch Kirberg, 2014). En consecuencia, el fomento del espíritu emprendedor ha de
perseguir, además de que haya más emprendedores, que estos sean de mayor calidad
(Trías de Bes, 2007).
Los resultados de 2015 obtenidos por el proyecto Global Entrepreneurship Monitor en
México (Naranjo, Campos, & López, 2016) arrojan saldos positivos, puesto que parecen
confirmar una tendencia alcista tanto de los niveles de actividad emprendedora en el
país, como una mejora sobre los factores (financiación, política gubernamental,
educación para el emprendimiento, etc.) que influyen en el ecosistema emprendedor.
Así las cosas, el 18,8% de los adultos en México tiene la esperanza de iniciar un negocio
en los próximos tres años. Si se considera a los que actualmente no son parte de la
actividad emprendedora, la cifra desciende al 13,7%. El promedio de intenciones
emprendedoras de América Latina está en torno al 29,9% de la población adulta.
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La tasa de actividad emprendedora temprana (TEA, por sus siglas en inglés), que
incluye a las empresas nacientes y a las que llevan operando menos de 3 años y medio,
se duplicó al pasar del 10,5% en 2010 al 21% de la población adulta en 2015. De igual
modo, la tasa de empresas establecidas llegó a alcanzar el 6,9% de la población.
En México, una tercera parte de los individuos emprendedores tiene entre 25 y 34
años, y la mitad de ellos tan solo cuenta con estudios secundarios. En cuanto al
género, los hombres parece que ven más oportunidades de negocio, se sienten más
competentes y confían más en sus capacidades, mostrando menos miedo al fracaso.
Como resultado de ello, la tasa de emprendimiento de los hombres es cuatro puntos
porcentuales superior a la de las mujeres.
Por sectores de actividad, cuatro de cada cinco empresas mexicanas se encuentran
operando en los servicios personales y generan entre uno y cinco empleos, de modo
que en los próximos cinco años, el 21% de aquellas espera generar entre 6 y 19
empleos. De la TEA se extrae que el 70% de las empresas no ofrece ningún producto
nuevo, y tan solo el 7% proporciona algo nuevo para todos sus clientes. El 90% de las
empresas no utiliza nuevas tecnologías, característica que se reserva tan solo para un
2,6% de estas empresas (Naranjo et al., 2016).
Por otra parte, y aun cuando los datos ofrecidos por el GEM señalan que la experiencia
es un valioso activo para emprender, esta no garantiza el éxito. Esto es, los errores del
emprendedor vienen de la mano del mismo factor que le induce a emprender: su
ilusión (Trías de Bes, 2007). Y es que con ideas, pero sin ilusión, no hay empresa, pero
con ilusión y sin ideas, estas terminarán por aparecer (Campa Planas, 2009).
TEMA 4. ETAPAS DEL PROCESO EMPRENDEDOR
El proceso emprendedor se puede entender como aquel que integra todas las
funciones, actividades y acciones que están asociadas con la identificación y con la
explotación de oportunidades (Urbano & Toledano, 2008).
La creación de empresas puede definirse como un proceso que está constituido por
etapas que, de forma racional, permiten al emprender ir tomando las decisiones
precisas de una manera secuencial y con un nivel de riesgo moderado (Weinberger
Villarán, 2009).
Pero si un emprendedor es, por lo tanto, aquella persona que supera un proceso, las
etapas que componen el mismo pueden variar según el autor que se considere
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(Schnarch Kirberg, 2014). Así, para Rodríguez y Moreno (2013), las ideas son el punto
de partida, seguido de la visualización del negocio y, en tercer lugar, la definición del
plan de vuelo o explicitar la empresa en que se quieren volcar dichas ideas de negocio.
Urbano y Toledano (2008), por su parte, señalan que este proceso emprendedor está
formado por tres elementos: la oportunidad, la figura del empresario, y los recursos.
De este modo, suele iniciarse con la detección de la oportunidad de negocio, cuya
forma, tamaño y alcance determinarán las características de los individuos destinados
a su aprovechamiento y explotación, así como los recursos necesarios para ello.
Para Weinberger Villarán (2009), a su vez, el flujo de este proceso (véase la Ilustración
1) estaría constituido por las etapas que, enumeradas a continuación, se expondrán
brevemente:
1. Existencia de oportunidades de negocio y fortalezas del emprendedor.
2. El descubrimiento de una oportunidad de negocio. En este sentido, hay que
destacar que una buena oportunidad no tiene por qué proceder,
necesariamente, de una buena idea (Urbano & Toledano, 2008).
3. La decisión de explotar la oportunidad.
4. La preparación de una idea de negocio sobre la base de una oportunidad
detectada.
5. La definición del modelo de negocio.
6. La formulación de un plan de negocio.
7. La adquisición de los recursos necesarios para la puesta en marcha del negocio.
8. La determinación de una estrategia empresarial competitiva.
9. La organización de los procesos para el funcionamiento de la empresa.
10. La puesta en marcha del plan de negocios.
11. La evaluación del proceso emprendedor.
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Etapa 1. Existencia de oportunidades de negocio y fortalezas del emprendedor
Puede caerse en la tentación de pensar que no existen oportunidades de negocio,
excusándose en factores externos como la situación política, la economía, o la cultura,
su animadversión al proceso empresarial.
La constante búsqueda de oportunidades que guía al individuo emprendedor hace que
aquellas aparezcan al observar y estudiar las tendencias de los mercados. Además de
lo anterior, la asistencia a ferias comerciales, las visitas a bibliotecas, museos, fábricas,
las redes de contactos del individuo emprendedor, así como el conocimiento y
experiencia previas del mismo sobre el sector o industria, determinarán su capacidad
para la detección y posterior evaluación de oportunidades (Weinberger Villarán, 2009).
Etapa 2. El descubrimiento de una oportunidad de negocio
Hablar de oportunidades empresariales implica la satisfacción de las necesidades de un
mercado a través de la combinación creativa de recursos que supongan un valor
añadido superior (Kirzner, 1973; Schumpeter, 1934). En consecuencia, una
oportunidad podría ser definida como aquel conjunto de circunstancias que generan
necesidades, o que inician un nuevo concepto de negocio (Morris, 1998), que tiene un
valor económico no esperado y, por lo tanto, aún no ha sido valorado (Cuervo et al.,
2006).
Para Weinberger Villarán (2009), el descubrimiento de una oportunidad de negocio
con la que poder formular una idea de negocio parte de la observación del entorno,
del uso de la red de contactos profesionales (parte del capital social del individuo
emprendedor), y de la preparación a la hora de poder competir con cualquier otra
empresa que pueda resultar una amenaza en el desarrollo del proyecto.
Etapa 3. La decisión de explotar la oportunidad
Se basará en las fortalezas y debilidades del individuo emprendedor, de modo que
pueda estar moderadamente seguro de las probabilidades de éxito de la idea de
negocio. No se trata, pues, de un juego de azar. Antes bien, consiste en la realización
de análisis previos que, unidos a las habilidades e intuición propias del emprendedor,
deberán determinar cuál es el mejor momento para explotar la oportunidad de
negocio detectada (Weinberger Villarán, 2009).
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Etapa 4. La preparación de una idea de negocio sobre la base de una oportunidad
detectada
Tras haber decidido explotar una oportunidad de negocio previamente identificada, la
siguiente etapa consiste en la definición de una idea de negocio que, al principio, será
genérica y poco específica, pero que deberá ser refinada para su adecuación al
producto o servicio que se pretenda destinar al mercado en que se quiera entrar. Se
trata de evitar que sea una idea sólida que perdure en el tiempo (Weinberger Villarán,
2009).
Lo importante, según Weinberger Villarán (2009, p. 25), no es centrarse en un grupo
de productos o servicios, sino generar un “concepto innovador” que permita involucrar
muchos nuevos productos, servicios y formas de operar.
Etapa 5. La definición del modelo de negocio
Debe estar basada en una idea claramente formulada para establecer los marcos entre
los que actuará la futura empresa a crear. ¿Qué hace la empresa?, ¿qué bienes o
servicios produce o presta?, ¿qué actividades serán subcontratadas en el exterior?,
etc., son algunas de las cuestiones que el emprendedor debería plantearse en esta
etapa porque se trata de indicar cómo se conseguirán ganancias con los productos o
servicios ofrecidos (Weinberger Villarán, 2009).
Etapa 6. La formulación de un plan de negocio
Consiste en la fijación de objetivos y estrategias, así como en la elaboración de
presupuestos concretos. Para ello, es preciso conocer cuáles serán los recursos
necesarios, los posibles obstáculos en el camino, cómo se perseguirán los objetivos y
qué se hará en caso de divergencias, etc. ¿Cuáles son las amenazas del entorno, cuáles
las fortalezas y debilidades de la empresa a crear, del entorno, etc.? (Weinberger
Villarán, 2009).
Etapa 7. La adquisición de los recursos necesarios para la puesta en marcha del
negocio
Tras identificar una oportunidad, decidir explotarla, así como elaborar una idea de
negocio y proponer un modelo de negocio para la misma, y después de formular un
plan de negocios, el siguiente paso es la búsqueda de los recursos necesarios
(humanos, materiales, financieros, etc.) para poner en marcha la actividad empresarial
(Weinberger Villarán, 2009).
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Ilustración 1. Flujo del proceso emprendedor
Fuente: Weinberger Villarán (2009).
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A pesar de la importancia que para la puesta en marcha de un nuevo proyecto
empresarial tienen los recursos, especialmente los económicos, el dinero no es lo
único a tener en cuenta y, es más, basar el proceso emprendedor en el mismo puede
ser contraproducente. Los recursos humanos, los tangibles y los intangibles,
complementan el paquete de necesidades del emprendedor quien, ante su escasez,
deberá optimizarlos (Urbano & Toledano, 2008).
El mayor reto del emprendedor, en esta etapa, es conseguir individuos que crean en su
proyecto, que compartan el modelo de negocio planteado y que estén dispuestos a
trabajar en una empresa cuya marca todavía no está posicionada en el mercado y a la
que hay que dedicarle muchas horas de trabajo en ambientes aún desordenados y
caóticos. Por otro lado, y dado que en etapa inicial de un negocio no se pueden pagar
sueldos competitivos en el mercado, los empleados deben tener fe en la empresa, y
los posibles inversores habrán de confiar en la capacidad de dirección del futuro
empresario para alcanzar el éxito y obtener una rentabilidad atractiva por su inversión
(Weinberger Villarán, 2009).
Etapa 8. La determinación de una estrategia empresarial competitiva
Tras conseguir identificar y adquirir los recursos necesarios para la puesta en marcha
de la empresa, es fundamental decidir la estrategia más adecuada para el acceso al
mercado y competir con las empresas que ya se encuentran posicionadas (Weinberger
Villarán, 2009).
Este es un aspecto crítico, que podría marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso de
la iniciativa empresarial porque el futuro empresario está tan preocupado por crear
productos y servicios innovadores, que olvida que debe enfrentar a la competencia
(Weinberger Villarán, 2009).
Etapa 9. La organización de los procesos para el funcionamiento de la empresa
Toda vez definida la estrategia con la que competir en el mercado, enfrentarse a la
competencia y alcanzar los objetivos planteados en el plan de negocios, el siguiente
paso consiste en el desarrollo de los procesos que optimicen el desempeño de la nueva
empresa para satisfacer no solo a los clientes, sino también a los inversores
(Weinberger Villarán, 2009).
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Etapa 10. La puesta en marcha del plan de negocios
Como en cualquier plan, es común el seguimiento de una serie de fases para su
obtención: 1) establecer objetivos; 2) buscar y obtener información; 3) evaluar las
alternativas disponibles; 4) volcado sobre un documento escrito, y; 5) desarrollar el
programa de trabajo establecido en el mismo, durante el tiempo requerido para ello
(Urbano & Toledano, 2008).
La decisión de poner en marcha el plan de negocios no es una tarea fácil, pues si bien
el empresario tiene mucho entusiasmo, optimismo y ganas de trabajar, también se
requiere de gran coraje y mucha dedicación.
Por ello, es importante lograr el equilibrio entre el entusiasmo y la cantidad real de
recursos disponibles, reconociendo que toda empresa tiene una curva de aprendizaje
única. En este momento, la capacidad de gestión del empresario se somete a prueba
para el cumplimiento de los objetivos planteados y el manejo de contingencias o
situaciones no previstas (Weinberger Villarán, 2009).
La puesta en marcha de un plan de negocios, pone en juego la capacidad gerencial del
empresario, quien deberá controlar que las actividades se desarrollen de acuerdo con
lo planificado, que la estructura organizacional y los procesos sean los adecuados, que
la calidad y disponibilidad de los recursos humanos, materiales y financieros sean
óptimos, que el estilo de dirección motive a los trabajadores y contribuya con el logro
de los objetivos planteados y, sobre todo, estará atento a cualquier cambio en el
entorno que pudiera representar una amenaza para la empresa (Weinberger Villarán,
2009).
El empresario debe estar preparado para administrar y liderar su empresa, o en todo
caso, tener la capacidad de atraer a administradores que sean capaces de dirigir la
organización y llevarla al éxito planeado.
Etapa 11. La evaluación del proceso emprendedor
Cuando una empresa se ha puesto en marcha, es fundamental que el empresario
revise permanentemente cada una de las fases del proceso emprendedor.
Seguramente que se atendieron bien las etapas de planificar, organizar, dirigir y
controlar las operaciones de la empresa, pero también debe monitorearse
constantemente qué nuevas oportunidades se presentan en la industria en la que está
o en cualquier otra industria con potencial de desarrollo.
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En muchas ocasiones, una vez que la empresa está operando con eficiencia, el
empresario contrata a un administrador para que se haga cargo de la organización, y él
nuevamente se dedica a descubrir oportunidades y formular un plan de negocios para
una nueva aventura empresarial.
Para Urbano y Toledano (2008), todo proceso emprendedor implicará una
planificación previa que podría resumirse en torno a cuatro etapas: 1) gestación de la
idea; 2) creación de la empresa/proyecto; 3) lanzamiento o proyección, y; 4)
consolidación.
En la fase de gestación de la planificación, el individuo emprendedor plantea las ideas,
los objetivos a conseguir, el sector de actividad y las características del producto o
servicio que será el centro del negocio. El análisis de toda esta información se lleva a
cabo en la segunda fase, la más larga del proceso de planificación porque abarca el
análisis de ideas y de oportunidades, la búsqueda de apoyos, el plan de empresa, etc.
En la fase de lanzamiento y apertura del negocio (tercera etapa de la planificación) se
crea el equipo humano necesario para iniciar la actividad, se organizan los medios de
producción y se busca financiación, etc. Finalmente, la consolidación consistiría en la
puesta en marcha de la empresa o proyecto, momento en que se podría estar
demostrando una cierta solvencia del negocio y, como señalan Urbano y Toledano
(2008), poder plantearse un futuro crecimiento del mismo.
4.1. El proyecto Global Entrepreneurship Monitor
El proyecto Global Entrepreneurship Monitor (GEM8F1), que se centra en el
emprendimiento como el mayor catalizador del crecimiento económico (Reynolds et
al., 2005), nació en 1997 como un programa de investigación conjunta entre el Babson
College de Wellesley ([Link]. de América) y la London Business School (Reino Unido),
realizándose un estudio piloto en 1998 a partir de los datos sobre emprendimiento
recogidos mediante encuestas a lo largo de seis países (Canadá, Dinamarca, Finlandia,
Alemania, Reino Unido y los [Link]. de América). Desde 1999 se publica con carácter
anual un informe GEM de ámbito global dada la participación en el mismo de más de
40 países (Sternberg & Wennekers, 2005).
1
El acrónimo original era GOEI (Global Opportunity and Entrepreneurship Index). El nombre de GEM fue
propuesto por Erkko Autio, quien de forma anecdótica acababa de comprar las gemas para el anillo de
compromiso con su futura esposa.
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Por lo tanto, se puede decir que el GEM es una iniciativa multinacional con el objetivo
explícito de facilitar la comparación de la actividad empresarial entre países, utilizando
la misma medida para todos y cada uno de ellos (Reynolds et al., 2005).
Mediante la metodología seguida por el GEM, se proporciona una visión de varios
atributos individuales, tales como la percepción de oportunidades, la percepción de
capacidades propias para actuar de manera emprendedora, el temor o miedo al
fracaso, y las intenciones empresariales que, dentro de un contexto específico definido
por las condiciones marco del emprendimiento, conducen a la realización de
actividades emprendedoras (Singer, Amorós, & Moska Arreola, 2015).
El GEM es un proyecto académico a gran escala diseñado para estudiar las causas y las
implicaciones del comportamiento empresarial. Dicho de otro modo, estima las tasas
de actividad emprendedora en su etapa más temprana a lo largo de varios países
(Minniti & Nardone, 2007).
Para poder facilitar comparaciones entre países acerca de su nivel de actividad
empresarial, estimar el rol de la actividad empresarial en el crecimiento económico de
las distintas naciones, determinar los factores que a nivel nacional cuentan para
establecer diferencias en emprendimiento, y facilitar políticas que promuevan el
espíritu emprendedor, el GEM ensambla datos relevantes y armonizados acerca de la
figura del emprendedor, utilizando para ello una base de tiempo anual (Reynolds et al.,
2005).
Es por ello que el GEM, a diferencia de cualquier otro proyecto en el que no existe una
medida estándar o referencia de comparación, puede utilizarse como una base para la
realización de comparaciones internacionales fiables (Acs, Arenius, Hay, & Minniti,
2005). No existe otra medida que pueda ser usada en este sentido, ni tampoco para
determinar y analizar las motivaciones que dirigen a los agentes económicos
individuales, así como tampoco ninguna otra medida puede ser utilizada para informar
a los gestores políticos acerca de cómo promover el desarrollo del capital humano
empresarial (Reynolds, Bygrave, Autio, Cox, & Hay, 2002).
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Ilustración 2. Fases del proceso emprendedor según GEM
Fuente: Informe GEM España 2016 (Peña et al., 2016).
El objetivo principal del GEM es la estimación de los individuos involucrados en la
actividad emprendedora en un momento concreto del tiempo, en lugar de hacer un
seguimiento de aquellos a lo largo del tiempo y analizar los factores que condujeron a
la exitosa creación de una empresa (Reynolds et al., 2005). Para conseguirlo, el GEM
recolecta datos por medio de encuestas realizadas a una muestra representativa de
individuos de cada uno de los países participantes en el proyecto de modo que, al
menos, son tenidas en consideración las respuestas de 2.000 individuos en cada uno
de los referidos países (Minniti & Nardone, 2007).
Así, por ejemplo, el GEM entiende el emprendimiento como un proceso (véase la
ilustración 2) que parte de la generación de una idea, prosigue con las acciones para su
puesta en marcha, se lanza al mercado, entra en una fase de consolidación cuando se
consigue sobrevivir durante más de tres años y medio, o se produce el abandono del
promotor, ya sea para traspasar su iniciativa a otros, ya para cerrarla definitivamente
(Peña et al., 2016).
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TEMA 5. CARACTERÍSTICAS DEL EMPRENDEDOR
No hay un prototipo de emprendedor, pues a cada persona le ha de gustar y apasionar
lo que hace, estar dispuesto a arriesgarse y a recibir menos hoy con la esperanza de
compensarlo mañana (Briasco, 2014).
Aun siendo muchos los estudios que lo han intentado, es prácticamente imposible
determinar de forma objetiva y neutral el perfil ideal del emprendedor de éxito pero,
además, es complejo dictaminar si el mismo es innato o, por el contrario, es fruto del
emprendimiento (Sánchez Aguilar, 2013). De hecho, no existe una solución de
consenso acerca de cuáles son las características del individuo emprendedor ideal o
excelente, y aun cuando se han identificado ciertos rasgos comunes a la mayoría de
ellos, la clave para explicar el éxito de sus iniciativas se explica, muy a menudo, gracias
a sus características personales (Setó Pàmies, 2009).
No son pocos los autores (Caldas Blanco, Carrión Herráez, & Heras Fernández, 2014;
Poncio, 2010) que proponen una recopilación de un importante número de cualidades
personales, y de habilidades sociales y de dirección, deseables en un emprendedor,
siendo la tabla 3 y la tabla 4 mostradas a continuación, tan solo un ejemplo de ello.
Tabla 3. Cualidades personales del emprendedor
Obrar por propia voluntad, adelantándose a cualquier
Iniciativa
otra motivación.
Funcionar sin supervisión, eligiendo y tomando
Autonomía
decisiones.
Creatividad Capacidad para imaginar nuevos proyectos.
Análisis desde ópticas no habituales, proponiendo
Innovación
soluciones originales sin temor.
Visión de futuro Capacidad para identificar oportunidades de negocio.
Tenacidad Ser constante y perseverar en las ideas.
Capacidad para asumir las consecuencias de las
Responsabilidad
propias decisiones.
Ser capaz de valorar las ventajas y los inconvenientes,
Sentido crítico
ser objetivo y realista.
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Autodisciplina Saber controlar la propia conducta.
Percibirse de forma positiva, conociendo las propias
Confianza en uno mismo
capacidades y aptitudes, así como las limitaciones.
Búsqueda permanente del éxito aun mediando
Motivación por el logro
fracasos.
Proactividad Tomar la iniciativa asumiendo la responsabilidad.
Curiosidad Estar interesado por todo, todo el tiempo.
Flexibilidad Capacidad de adaptación a los cambios.
Capacidad para actuar decididamente frente a
Asunción de riesgos
situaciones difíciles.
Tolerancia a la frustración y Afrontar obstáculos y perseverar.
a lo incierto
Fuente: Caldas Blanco, Carrión Herráez y Heras Fernández (2014)
Tabla 4. Condiciones para ser emprendedor
Perseverancia Ser constante
Independencia Afán por controlar la vida propia
Fundamental para poder tomar los fracasos como una
Visión optimista
fuente de aprendizaje
Dedicación de tiempo, aun restándoselo a la propia
Pasión
familia, al proyecto
El interés económico no siempre es lo primero para el
Sentimientos de realización
emprendedor. El reconocimiento y el prestigio social
y de reconocimiento
son otras formas de recompensa a su labor.
Entender que para cada producto/servicio existe la
Vocación innovadora oportunidad de ser mejorado para satisfacer al
consumidor
Autoestima Fortaleza ante las críticas a sus obras
Saber rodearse de un buen Delegando en el mismo aquellas tareas que no sean
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equipo exclusivas del individuo emprendedor
Pensar por cuenta propia sin descuidar la creación de
Autonomía
redes de contactos
No culpar al contexto, sino ser protagonista en el
Iniciativa
mismo y asumir una responsabilidad
Voluntad de aprendizaje Lo que requiere ser humilde, observador, curioso, etc.
Fuente: Adaptado de Poncio (2010)
Sánchez Aguilar (2013, p. 11) hace una recopilación de los atributos y cualidades que
son más citados por los investigadores a la hora de construir el perfil del individuo
emprendedor. El resultado es el mostrado a continuación:
Se trata de una persona organizada y planificadora.
Tiene ambición.
Es una persona positiva y proactiva, pero realista.
Es perspicaz.
Es perseverante, capaz de superar las adversidades. Esta característica es clave,
para poder tener capacidad de ilusionarse (Martín, 2008).
Tiene liderazgo.
Está dotado de una mente abierta a las novedades.
Su orientación es el logro de metas, por lo que es una persona tenaz.
Es innovador y creativo.
Posee un elevado nivel de autoestima y de confianza en sí mismo. Saber
apreciar lo que se es, y lo que se tiene (desde lo más importante hasta lo más
insignificante), permite alcanzar la satisfacción y la felicidad (Martín, 2008).
Es valiente, pero calcula los riesgos.
La iniciativa es una de sus virtudes.
Trata de motivar y de entusiasmar a los demás. Para Martín (2008), el
entusiasmo es lo que permite que alguien se recree en lo que hace,
permitiéndole entender todo lo que la vida le ofrece.
Busca de forma continua nuevas oportunidades.
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Valora la eficiencia y la calidad.
El presente le genera cierta insatisfacción.
Convierte sus debilidades en ventajas.
Tiene carácter adaptativo.
Para otros autores (Giner de la Fuente et al., 2013), tres son las competencias que
deberían aprender quienes decidan emprender un negocio:
1. Competencias emocionales y personales. De modo que sirvan para desarrollar,
de forma paralela, su proyecto de vida y su proyecto de emprendimiento. Para
ello, será mucho más útil la inteligencia intuitiva que la inteligencia racional.
2. Competencias sociales y éticas. Aquellas que determinan las relaciones
personales y el modo en que las mismas se desarrollan. Dicho de otro modo, el
individuo emprendedor debe contar con una red de contactos que le sirva y a la
que sirva. Ha de contar con una ética personal que evite la ejecución de
acciones dirigidas hacia su exclusivo beneficio, fomentando valores como la
honradez, transparencia, etc.
3. Competencias técnico-empresariales. Necesarias para poder realizar, aun
cuando sea a niveles mínimos, un plan de negocio. El aprendizaje, por lo tanto,
será necesario, pero sin que se convierta en una obsesión (siempre existe la
posibilidad de rodearse de expertos). El corazón del negocio es la idea, y este es
el punto fuerte del individuo emprendedor.
Se trata, en suma, de aquel conjunto de capacidades esenciales, o atributos, que serían
deseables para que el emprendimiento tenga éxito al crear y desarrollar una nueva
empresa, residiendo el interés por su conocimiento en el hecho de que muchas de
aquellas pueden desarrollarse o potenciarse con la formación y entrenamiento
apropiados (González Domínguez, 2012). De hecho, la pasión que se pone en un
proyecto, el espíritu de lucha, la perseverancia o la voluntad para aprender, pueden
desarrollarse independientemente de las características innatas de toda persona
(Poncio, 2010).
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Tabla 5. Habilidades sociales y directivas del emprendedor
Saber hablar y expresarse con adecuada
Habilidades comunicativas
corrección y propiedad, siendo asertivo.
Capacidad para expresar lo que uno siente sin
Asertividad
herir las ideas y pensamientos de los demás.
Capacidad para exponer y defender ante los
Habilidad negociadora
demás las ideas propias
Capacidad para trabajar en colaboración con
Espíritu de equipo
los demás.
Solidaridad Adopción de actitudes para cooperar.
Capacidad para influir y motivar a otros,
Liderazgo
implicándoles en proyectos.
Capacidad para saber transmitir una visión a
Capacidad para entusiasmar todas las personas de su entorno con la
intención de implicarlas en ella.
Capacidad para afrontar problemas y encontrar soluciones
Capacidad de planificación, gestión y toma de decisiones
Capacidad para organizar y optimizar recursos escasos
Fuente: Caldas Blanco et al. (2014)
El 49,9% de los hombres y 41,2% de las mujeres consideran que poseen las
habilidades, la experiencia y los conocimientos necesarios para iniciar un negocio o
empresa, cifra por debajo del promedio de América Latina de 60,4% de la población
adulta (Naranjo et al., 2016).
Junto con la capacidad de organización y gestión, el hecho de ser emprendedor es una
de las cualidades esenciales de todo empresario (Hernando Polo, 2013). Sin embargo,
no existe un “gen emprendedor” pues, antes bien, las capacidades y habilidades del
individuo emprendedor forman parte del proceso de aprendizaje de la persona a lo
largo de su vida y, en consecuencia, se pueden no solo enseñar sino también aprender
(Prieto García, Álvarez Martínez, & Herráez Vidal, 2013).
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Los individuos emprendedores, por otra parte, suelen compartir ciertas actitudes y
comportamientos como, por ejemplo, el hecho de que suelen trabajar duro, son
perseverantes, están comprometidos con su proyecto, ven el vaso medio lleno, luchan
por alcanzar aquello que se proponen, están insatisfechos con el actual estado de las
cosas y buscan oportunidades para su mejora, utilizan el fracaso como herramienta
para aprender, evitan la perfección en aras de la eficiencia, etc. (Urbano & Toledano,
2008).
No obstante lo anterior, dos suelen ser las características en común que con más
frecuencia se presentan entre los individuos emprendedores. Por un lado, contar con
un sueño, desear hacer algo diferente por sí mismo. Este será su motor y, en caso de
no ponerlo en funcionamiento, el origen de su insatisfacción con la vida. Por otro lado,
la resistencia al fracaso, que impide tirar la toalla por el convencimiento de que puede
conseguirlo. El error, por lo tanto, no es un estigma (Giner de la Fuente et al., 2013) ya
que el éxito no implica la ausencia de errores, sino el aprendizaje derivado de los
mismos (Martín, 2008).
La mentalidad del individuo emprendedor se basa en no desanimarse ante las
adversidades, la perseverancia, el aprendizaje de los fracasos, disfrutar con lo que hace
y la confianza en uno mismo (Hernando Polo, 2013).
Para Poncio (2010), los requisitos de un perfil emprendedor son la perseverancia, la
independencia, la visión optimista, la pasión, la necesidad de realización y de
reconocimiento, la vocación innovadora, la autoestima, el saber rodearse de buena
gente, la autonomía, la iniciativa, y la voluntad para aprender.
Hernando Polo (2013) hace su propio listado de las cualidades deseables en un
emprendedor:
Tener inquietudes.
Ser observador.
Tolerar la frustración.
Ser previsor.
Tener auto-motivación.
Aceptar el riesgo y la incertidumbre.
Ser organizado y planificador.
Contar con iniciativa.
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Ser resolutivo.
Confiar en sí mismo y en su idea.
Ser constante, tenaz.
Permanecer atento a la competencia.
En consecuencia, parece que el hecho de ser emprendedor no es una cuestión de
conocimientos, sino más bien de actitud y de carácter (Poncio, 2010). Y es que, aun
cuando no se cuente con la formación específica en un sector, ni conocimientos de
gestión, contabilidad, o de dirección, es posible ir aprendiendo a medida que el
negocio así lo requiere (Hernando Polo, 2013).
En suma, se podría decir que el potencial emprendedor es la combinación de
conocimientos (acerca del tipo de negocio a crear, del mercado, la tecnología, etc.),
destrezas, actitud (emprendedora), y motivaciones e intereses (Sánchez Aguilar, 2013).
TEMA 6. ALGUNOS MITOS
Quizás fruto del desconocimiento de la figura del individuo emprendedor, no son
pocos los autores que señalan la existencia de creencias que se han convertido en
mitos, siendo destacables las siguientes (González Domínguez, 2012): “El emprendedor
nace y no se hace”, “El emprendedor ama el riesgo”; “El emprendedor con talento
triunfa rápido”; “El emprendedor busca el poder absoluto”; “El emprendedor ha de ser
joven y enérgico”, y; “La riqueza es el principal motivador del emprendedor”.
El emprendedor nace y no se hace. Para Timmons y Spinelli (2007) la realidad
es que un emprendedor puede contar con cierta inteligencia innata, pero llegar
a ser uno de ellos es el fruto de la acumulación de habilidades, conocimientos
prácticos, experiencias, etc. En consecuencia, el individuo emprendedor, como
cualquier otro, precisa desarrollar las características que le sean innatas y
aprender otras muchas a través de la formación.
El emprendedor ama el riesgo. La realidad es que los emprendedores de éxito
asumen riesgos, sí, pero muy cuidadosos y calculados (Timmons & Spinelli,
2007). Dicho de otra forma, ya que el individuo emprendedor tiene una alta
necesidad de logro, es la misma la que le lleva a controlar sus acciones de
forma que no asuma cualquier tipo de riesgo.
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El emprendedor busca el poder absoluto. Si bien es cierto que la necesidad de
logro le lleva a controlar toda la actividad de su organización (McClelland,
1961), ello no significa que no permita la participación de los demás miembros
de la empresa. La realidad, por lo tanto, es que los emprendedores de éxito se
guían por la búsqueda de logros, los resultados y la responsabilidad, más que
por el poder (Timmons & Spinelli, 2007).
La riqueza es la principal motivación del emprendedor. Se ha podido
comprobar a lo largo de las líneas anteriores cómo las razones para emprender
no son únicas, sino más bien la combinación de varias de ellas. El dinero, en
consecuencia, es un factor más (McClelland, 1961).
El emprendedor con talento triunfa rápidamente. Aun siendo importante para
el éxito, disponer de talento no lo garantiza, y, mucho menos, en poco tiempo.
Antes bien, el individuo emprendedor pretende la consolidación y el futuro de
la empresa que pretende crear (Bhide, 2000).
El emprendedor ha de ser joven y enérgico. Para Timmons y Spinelli (2007)
esto no es una barrera. Autores como Lévesque y Minniti (2006) o Parker
(2005), entre otros, señala que la edad se convierte en una de las variables que
pueden llegar a determinar la mayor o menor propensión de los individuos a
crear una empresa. De hecho, y según Bönte, Falck y Heblich (2009) la decisión
que toma el individuo al iniciar un negocio está influenciada no solo por su
edad, sino también por la distribución que de dicha edad existe en la región en
que reside aquel.
Ahora bien, y en oposición a la corriente de autores que mantienen la existencia de
una relación negativa entre el emprendimiento y la edad (Hatak, Harms, & Fink, 2015;
Lévesque & Minniti, 2006), están los autores que observan una relación positiva
(Backman & Karlsson, 2013; Bönte et al., 2009; Kautonen, 2008; Kautonen, Down, &
Minniti, 2014; Kautonen, Tornikoski, & Kibler, 2011) debida, principalmente, al acopio
de experiencia y conocimientos que sobre la industria han ido adquiriendo los
trabajadores de mayor edad que deciden iniciar su propio negocio.
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