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Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito

Economía política (EPOL) – Grupo 1


Daniel Felipe Hernández Mancipe

Resumen sobre De La ideología alemana

Marx, K. & Roces, W. (1959). La ideología alemana. En Fromm, E., Campos, J., & Marx, K.
(2000). Marx y su concepto del hombre. México: Fondo de Cultura Económica.

La estructura social y política es una consecuencia del actuar de los hombres, pero no de como
ellos se ven a sí mismos o de lo que su imaginación les presenta de esto, sino como realmente son,
como producen materialmente y como desarrollan su vida en su propio contexto, con sus propias
limitantes y premisas. Inclusive la producción de ideas y su comercio entre los hombres se
presentan también como una emanación directa de su comportamiento material. También se
debe anotar que este actuar material de los hombres, y todo lo que este conlleva, se ve
condicionado por la organización y la estructura de sus fuerzas productivas, y por supuesto, del
intercambio que esto conlleva.

Marx presenta un método para investigar al hombre, dice que se debe partir de su representación
actual, de su actuar, de su proceso de vida real, para luego llegar a exponer su proceso ideológico.
Teniendo en cuenta en este proceso que la vida del hombre y su forma de desarrollarse se ve
sujeta al contexto de la sociedad en la que este vive. Por ende, si el contexto de su realidad obliga
a los hombres a cambiar su forma de llevar la vida real, esto también provocará un cambio en su
procesamiento ideológico y por lo tanto producirán otras ideas, otros pensamientos. Como bien lo
expresa el propio autor “No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina
la conciencia. …, se parte del mismo individuo real viviente y se considera la conciencia solamente
como su conciencia.” [pp. 114].

Para la existencia humana y, por tanto, para toda historia, el autor identifica 3 premisas o “hechos
históricos” que son necesarios para que el hombre pueda sobrevivir y, por tanto, “hacer historia”.
El primer hecho histórico es la producción de la vida material misma, es decir, de todos los bienes
materiales que necesita la humanidad para satisfacer sus necesidades básicas, y es evidente que,
desde el principio de los tiempos hasta el día de hoy, de una u otra forma, a cada momento esta
premisa ha estado presente. La segunda premisa es que la existencia y cumplimiento de la primera
premisa conduce a nuevas necesidades y relaciones, por lo cual constituye aún más el primer
hecho histórico. El tercer aspecto es el que resulta de la relación entre hombre y mujer, la
procreación, y por consiguiente la familia, la cual al principio constituye la única relación social.
Luego con el cumplimiento de las necesidades básicas, y con las necesidades adicionales que se
crean para cumplir estas, y con el aumento de la población, esta relación pasa a ser secundaria, y
por tanto, tiene que tratarse como realmente es y se desarrolla en la sociedad, no con conceptos e
ideas de la mente, sino con las pruebas empíricas. Estos tres aspectos no deben considerarse
como etapas distintas, sino como “momentos” que desde el principio de la historia siempre han
estado presentes.

La historia de los hombres nace en la necesidad que tienen estos de “producir” su vida y, además,
esta producción la hacen de una forma y con una estructura determinada, esta necesidad viene
dada por su organización física, y otro tanto de su historia es escrita por su conciencia. Un modo
de producción lleva intrínseco un modo de organización o cooperación entre los individuos de la
sociedad, es decir, una “fuerza productiva”, las cuales condicionan el estado social, por lo cual, la
“historia de la humanidad” siempre debe analizarse teniendo en cuenta siempre su forma de
producción. Esta genera también, de manera intrínseca, relaciones materiales entre los hombres,
fundamentadas en las necesidades y en el modo de producir los bienes que las satisfacen, y las
cuales evolucionan y toman nuevas formas a través del tiempo. Estas relaciones mantienen unidos
a los hombres aún sin la presencia de ideas políticas o religiosas. El lenguaje, que es la expresión
de la conciencia real, nace para el autor, con las necesidades que tienen los hombres de
intercambio de ideas y de relacionarse con los individuos de su alrededor, siendo así este el
comienzo de la conciencia de que el hombre vive, en general, en sociedad.

Al multiplicarse la población, se incrementan las necesidades, aumenta la producción, y aparece la


división del trabajo, la cual genera que ciertas actividades se asignen a diferentes individuos. La
estructura de la sociedad queda entonces dividida en familias contrapuestas, entre las cuales se da
una distribución desigual del trabajo y de sus productos, es decir, de la propiedad. Esta estructura
de la sociedad nace y se erige de manera “natural”, por lo cual se logra dilucidar una separación
entre el interés común y el interés particular, mientras que las actividades no aparecen divididas
voluntariamente, sino por modo “natural”, lo cual termina quitándole al hombre su capacidad de
dominar sus actividades, en lugar de esto, un poder ajeno y hostil, lo domina.

En una sociedad comunista esto no se presenta, en esta, cada individuo es libre de escoger su
círculo de actividades y puede desarrollarse en ellas como mejor le parezca, no se ve atado de
manera “natural” a hacer algo que no quiere por el beneficio de otro, mientras que la sociedad se
encarga de regular la producción general.

En el momento actual de nuestro desarrollo de la sociedad, con la presente contradicción de los


intereses comunes y particulares, nace un nuevo actor en representación al interés común, el
Estado, una forma propia e independiente, sobre la base de cada conglomerado familiar, y sobre
las clases, ya condicionadas por la división del trabajo, en la que siempre hay una que subyuga a
las demás. De lo que se desprende que todas las luchas que se libran dentro del estado son en
realidad la representación de la lucha de clases sociales. Y adicionalmente, se logra ver que
cualquier clase que quisiera dar prioridad a sus intereses, en el caso del proletariado
intrínsecamente acabaría con la forma anterior de la estructura social, tendría que acceder al
poder político, es decir, el Estado tendría que representar sus intereses.

Para que un poder se convierta en “insoportable” debe crear a una gran masa de la población
como “desposeída”, y es en este momento en el cual habrá que sublevarse contra este. El
desarrollo universal de las fuerzas productivas, que es a su vez una premisa práctica
absolutamente necesaria, permite el intercambio universal de los hombres y, por ende, también
permite que esta situación se genere en varias sociedades a la vez, las cuales deben tener, por
supuesto, una estructura general similar.
“Sin esto, 1) el comunismo sólo llegaría a existir como fenómeno local; 2) las mimas potencias del
intercambio no podrían desarrollarse como potencias universales y, por tanto, insoportables, sino
que seguirían siendo simples “circunstancias” de puertas adentro, y 3) toda ampliación del
intercambio acabaría con el comunismo local.

El comunismo, empíricamente, sólo puede darse como la acción “coincidente” o simultánea de los
pueblos dominantes, lo que presupone el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el
intercambio universal que lleva aparejado.” [pp. 120].

Marx afirma que, con la abolición de la propiedad privada, la regulación comunista de la


producción, se destruye el poder de la relación oferta y demanda, el hombre ya no ve como algo
ajeno a él su producción material, y por ende vuelve a ser dueño de su intercambio, de la
producción y del modo de su mutuo comportamiento. Así mismo, se llama comunismo al
movimiento que es capaz de cambiar el estado actual de las cosas, pero su contexto es dado por
las premisas explicadas anteriormente, y la forma en como estas están presentes.

La sociedad civil abarca todo, desde el intercambio material que se da entre sus individuos hasta el
desarrollo de sus fuerzas productivas, trascendiendo los límites de lo que se llamaría su estado.
Diferente es la manera en la que esta se presenta al exterior con la característica de su
nacionalidad, y al interior, como Estado. El autor también afirma que esta misma clase dominante,
al poseer los medios de producción material, también posee la producción espiritual, es decir, la
producción filosófica, de ideas, y esta producción espiritual no es más que la expresión en ideas de
las relaciones materiales dominantes de una fase dada del modo de producción, las mismas que
hacen que la clase dominante sea la que domine y por tanto las que les dan el rol dominante a sus
ideas.

Al existir una clase dominante, de antemano, se emana una clase revolucionaria, pero esta no se
contrapone a la dominante como una clase, sino como la representación del interés más general
de toda la sociedad. Evidentemente, en los comienzos esta clase es más grande, y cuando cada
nueva clase que se contrapone a la dominante instaura su poder, nace una nueva clase
revolucionaria, pero esta es siempre más pequeña que su antecesora, ya que la ahora nueva clase
dominante instaura su poder sobre una base de interés más grande que su antecesora.

El autor finalmente desglosa el método que uso para demostrar sus argumentos en relación con la
filosofía de sus conceptos y del desarrollo de la historia humana en lo que él llama 3 “esfuerzos”.
Primero se debe desglosar las ideas de los individuos que por el contexto empírico de su sociedad
pertenecen a la clase dominante. El segundo esfuerzo es demostrar que hay un orden en estas
sucesivas ideas dominantes y que aparte estas generan una “trabazón mística”, dada porque estas
ideas tienen base empírica y por lo tanto se pueden considerar como autodeterminadas, y vistas
solamente como meras ideas se convierten en el reflejo del pensamiento de la sociedad, el cual se
basa en la experiencia empírica de esta. El tercer y último esfuerzo es eliminar la apariencia
mística de este concepto, esto se logra al convertirlo en una persona (“la autoconsciencia”), es
decir, demostrar que estas ideas surgen de la visión empírica que la sociedad “pensadora” tiene
acerca de la sociedad real en la que esta se desarrolla, pero no como esta se ve a sí misma y como
se figura ser, sino por como es realmente en su desarrollo y en su contexto, con sus limitantes y
con lo que estas generan. Esto se explica de manera sencilla observando la posición práctica de los
humanos en la vida, sus intercambios, su modo de producción y su división del trabajo, junto con
todo lo que esto conlleva y repercute en su organización social.