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Sroufe, A. (2000).

Desarrollo
emocional: La organización
emocional en los primeros
Cap. 8 Significado, evaluación yaños. México: Oxford University.
emoción

1. Supuestos teóricos:

Alan Sroufe sustenta la idea de que la subjetividad y el significado son decisivos para
entender todos los aspectos del desarrollo emocional, dice que estos se encuentran en la
base del despliegue de las emociones maduras a partir de sus precursoras, (pues este
proceso se funda en el creciente significado de los sucesos para el niño), son primordiales
para explicar por qué se despierta una emoción en vez de otra (aquí se enfoca a la alegría
y al miedo) y son esenciales para conceptuar las diferencias individuales en la vida
emocional.

Conforme el niño se desarrolla, el aparato de estímulo es el mismo, pero el


significado es diferente (es decir, ya no tanto el evento, sino lo que el niño piensa de él).
Es definitivo el significado que encuentran los bebés en sus transacciones con el
ambiente, tanto en el desarrollo de las emociones, como en lo que suele llamarse
desarrollo emocional individual. Este empapamiento de los sucesos con el significado es lo
que quiere decir Sroufe con el término evaluación. Sroufe, en su estudio encontró que al

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final del primer año de vida, ya no son los sucesos como tales, sino lo que los niños
descifran de ellos. Esto es lo que determina las reacciones emocionales y la reactividad
individual.

Entre los hallazgos que obtuvo Sroufe en su estudio sobre la alegría y el miedo,
hace hincapié en que existe una línea menuda entre ambas emociones, ya que sólo hay
un cambio en la interpretación del estímulo (cuando el estímulo es el mismo). Sroufe
expone que lo anterior llevó a varios autores, entre ellos a Ambrose (1963), a decir que la
risa es una “ambivalencia” entre estas dos emociones, sin embargo él propone que la risa
es la respuesta positiva máxima.

Para comenzar a establecer su propuesta sobre lo que implica el significado y la


evaluación en la aparición de una emoción (alegría o miedo), él menciona que existen
diversos factores que permiten esclarecer el papel de éstos. Entre ellos está la tensión
como parte del proceso de la equilibración explicado por Piaget, la cual recibe un papel
central en la explicación de la risa. Sroufe menciona que de acuerdo a Piaget, el bebé se
engancha cognitivamente ante el suceso nuevo, después vienen los esfuerzos de
adecuación y la tensión se genera como un estado natural. Cuando el esfuerzo conduce a
una asimilación, el resultado es la sonrisa (o la risa), y de acuerdo a Hebb (1949); el
desequilibrio y la incertidumbre producen a veces angustia. No obstante, la postura de
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Sroufe toma en cuenta los elementos cognitivos que dichos autores mencionan, además
de otros aspectos del desarrollo, así como las experiencias emocionales.

Sroufe dice que entre las causas determinantes de la alegría a nivel teórico, han
sido explicadas según la hipótesis de la discrepancia propuesta por Kagan (1971) y otros
desarrollistas. Mediante esta, el afecto positivo se da en casos de “discrepancia
moderada”, cuando debido a que el estímulo no es demasiado diferente de los estímulos
conocidos, el bebé es capaz de alterar sus estructuras mentales, de tal modo que el
suceso discrepante pueda acomodarse; un suceso discrepante, llevaría a fallas en la
acomodación (y al miedo). Sin embargo, Sroufe ha encontrado que es difícil definir qué
sería moderadamente discrepante dada la complejidad de las situaciones
socioemocionales y la multiplicidad de experiencias de un individuo a otro: la sola
discrepancia desempeña un papel parcial en la determinación de la expresión afectiva.
Arguye que los factores de estímulo (intensidad, discrepancia, novedad, complejidad y
prominencia) influyen principalmente en el grado de atención y producción de la
excitación, y de este modo en la magnitud de respuesta afectiva. De este modo, en su
perspectiva destaca la evaluación fundada en el contexto, apoyándose en Stechler y
Carpenter (1967), en que la dirección (tono hedónico) del afecto sea positiva o negativa
depende de la capacidad del bebé para modular la tensión y la seguridad del contexto.

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Menciona que con el fin de manejar estos datos, se necesitan conceptos como el de
evaluación basada en el contexto o el de umbral de la amenaza.

En esta perspectiva Sroufe, destaca la participación del niño en el suceso según el


contexto. La participación es la que produce la excitación (tensión). El contexto en el que
se alojan siempre los sucesos, incluye tanto evaluación general de la situación por parte
del niño como la evaluación basada en experiencias particulares con tales sucesos. La
novedad o prominencia del suceso tiene mucho que ver con el grado de tensión generado,
pero el nivel de tolerancia de la tensión está establecido de antemano por la satisfacción,
basada en la evaluación del niño, con la situación. Así, desde esta perspectiva, la
participación cognitivo/afectiva conduce a la tensión, la cual lleva a la emoción positiva o
negativa, basada en una evaluación del suceso en el contexto. La tensión y la emoción
entran posteriormente, en una evaluación constante, pero no es la tensión la que
únicamente se evalúa, y el suceso y la evaluación no se consideran independientes.

2. Categorías

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o La capacidad evaluadora es un proceso mental subjetivo, claramente manifiesta
entre los seis y los 12 meses de edad, aún cuando tiene raíces más antiguas y
evoluciona considerablemente con el desarrollo de la capacidad simbólica. Ésta
influye en gran medida en el despliegue de los sistemas afectivos, es vitalmente
importante para determinar la naturaleza de la respuesta afectiva en cualquier
situación dada.

o La tensión. Este concepto está más cercano a excitación que al término


psicoanalítico de pulsión. No contiene forzosamente aversión por lo que no necesita
mantenerse en niveles bajos. Está en la base de los elementos comunes de
diversos sistemas afectivos en el curso del desarrollo. Se prefiere el término tensión
que excitación, porque entraña procesos psicológicos y no meramente fisiológicos.

o Sroufe también define que consideraciones incluye el concepto de contexto.


Arguyendo que éste no abarca sólo los procesos periféricos de la situación, sino
comprende sucesos inmediatamente anteriores, sucesos del pasado y resultados
esperados. Incluye al afecto que se está presentando en ese momento, así como la
historia de las experiencias con la regulación del afecto, en este tipo de situación y
en lo general. Abarca no sólo la presencia de la persona encargada de él, sino las

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expectativas del niño en relación con la capacidad de respuesta de dicha persona
constituida en el transcurso de la historia interactiva de otros.

3. Objetivos del capítulo

• Examinar los factores subjetivos y el significado en la emoción como una transición


para analizar las diferencias individuales en la expresión y regulación emocionales.

4. Interpretación personal

Considero que Sroufe cuando empieza a introducir los términos significado y evaluación
para explicar el despliegue y desarrollo emocional, particularmente de la emoción alegría
y miedo, retoma lo que ha encontrado sobre la interdependencia del afecto y la cognición
al momento de mencionar que no es tanto el estímulo lo que desencadena una reacción
emocional, sino que lo que el niño interpreta de esto en función de la formación de los
esquemas que se han ido construyendo en su corta vida.

Es interesante conocer, cómo este autor reconoce que en el proceso de la


evocación de una emoción sí influyen elementos cognitivos, tales como la discrepancia,
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sin embargo formula que no sólo es éste elemento interno (proceso cognitivo), sino el
contexto en el que ocurre determinado estímulo favorecedor de una respuesta emocional.
Además, me parece muy importante la precisión sobre lo que él está considerando como
contexto.

Finalmente, todos estos elementos que el menciona para que el niño pueda hacer
uso de esa capacidad evaluadora, nuevamente reflejan el nivel de desarrollo cognoscitivo,
las experiencias individuales y la interpretación de las mismas, los elementos de contexto
físico y la tensión.

Gabriela Sanchez Mondragon