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Reflexiones en torno a la pericia y al testimonio del niño en ASI.

Liliana Álvarez

Mostré mi obra maestra a las personas mayores y les pregunté si mi dibujo les asustaba. Me
contestaron: “¿Por qué habrá de asustar un sombrero?” Mi dibujo no representaba un sombrero.
Representaba una serpiente boa que digería un elefante. (ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY, “El
Principito”)

Reflexionar en torno a la prueba, el testimonio y la pericia psicológica en abuso sexual infantil


implica una toma de posición acerca de la construcción de saberes que dan cuenta de una
problemática compleja y de los dispositivos de intervención.

La misma densidad de la materia que trabajamos nos enfrenta al arrasamiento de la dignidad


humana y a veces sentimos que también la propia está en peligro.

Este espesor implica la puesta en juego de un conocimiento comprometido con las cuestiones que
hacen a lo traumático, a lo catastrófico y a lo acontecimental.

Sin embargo paradojalmente en nombre del interés superior del niño en las prácticas judiciales
respecto a niños abusados reina una cierta relación inversamente proporcional entre la complejidad
del tema y el reduccionismo con el que se deciden las intervenciones, así mismo como de la
inmediatez y urgencia desde el lugar que se las solicita.

La obtención del testimonio del niño, en relación a la búsqueda de la verdad, plantea una de las
cuestiones sobre las que es imperante reflexionar.

Quisiera repensar en este artículo las diferencias entre evaluación psicológica y la obtención del
testimonio del niño en casos de abuso sexual infantil y sus diferencias en cuanto a su estatuto
procesal y discursivo

Acerca del estado actual de las prácticas

Por los comienzos de los años 85 comienzan a sistematizarse en USA, Canadá y en la mayor parte
de Europa los saberes acerca de los efectos devastadores en el psiquismo infantil de las prácticas
abusivas y de las especificidades de los dinamismos de las familias en las que circula la
promiscuidad violenta. Se sistematizan sus secuelas e indicadores, se describen síndromes, se da
un fuerte impulso a los modelos protocolarizados de intervención y se diseñan modelos específicos
de evaluación de riego en abuso sexual infantil.
En nuestros días en nuestro medio hay una demanda creciente de la intervención del psicólogo como
la pieza clave en la resolución del caso. Las prácticas psi jurídicas comienzan a realizarse desde
miradas diferentes de acuerdo a la orientación teórica de los entrevistadores así como desde donde
se demanda la intervención

Si bien se reconoce socialmente al fenómeno de abuso sexual infantil y se lo conceptualiza aun


falta un análisis conceptual respecto del tipo de constructo teórico al que se alude cuando nos
referimos al abuso sexual infantil que rija a partir de allí el destino de las intervenciones.

Considero que ciertos conceptos que hacen a las prácticas psi-jurídicas como abuso sexual infantil,
riesgo o peligrosidad son constructos que requieren de su deconstrucción para poder operar.

En relación a los abordajes estos difieren radicalmente.

En el intento de la búsqueda de la verdad no se recapacita generalmente acerca de que tipo de


verdad es la que está en juego ni de cual es posible reconstruir desde los diversos saberes.

Algunos posicionamientos psicológicos se vuelven hegemónicos entre los operadores jurídicos y


desde allí estos formulan sus preguntas.

Son consabidas las preguntas que se nos formulan desde los dispositivos jurídicos que reducen
todo el saber psi a la cuestión de si un niño fábula o no, o si aparecen indicadores de abuso sexual.

Ante tal demanda se puede responder el pedido a la letra degradándose la cuestión psi a una
respuesta empobrecida quedando por fuera toda la riqueza de un despliegue posible de información.
Se banaliza un saber.

Pero también es problemática la situación en el interior mismo de las prácticas psicológicas. Algunas
posiciones sostienen que la evaluación psicológica en abuso sexual infantil no consiste en la
evaluación de las funciones psíquicas sino en la toma de decisiones clínicas acerca de los hechos
ocurridos en la situación. El objetivo por lo tanto seria arribar a la decisión clínica acerca de si el
hecho ocurrió o no, llamando a este proceso validación diagnóstica.

Desde esta perspectiva se pueden diferenciar verdaderos de falsos alegatos basándose en la


especificidad del relato y la localización de ciertas especificidades conductuales.

Algunos se refieren a la herramienta psicológica como la indicada no solo para detectar la existencia
o no del abuso, sino también para despejar la identidad del abusador describiendo un perfil típico del
“abusador”.

Otras evaluaciones tratan de dar cuenta de los efectos en la subjetividad de los niños que han sido
presuntamente abusados y de las características de la parentalidad abusiva. Teniendo en cuenta
los diversos registros de verdades se trata de ofrecer al que tiene que decidir l respecto de si el
hecho existió o no el máximo espectro de información acerca de la verdad histórica o vivencial y las
trazas de compatibilidad con la realidad material.

La reforma del código de procedimiento penal llevado acabo en el ámbito de la justicia nacional y en
diferentes provincias tratando de evitar las situaciones de revictimización del niño cuando se lo
expone a transitar por múltiples estudios, ha otorgado al psicólogo el lugar de recibir el testimonio
del niño instalando un mayor debate en le interior de los enfoques psicológicos de la práctica
forense

Hay consenso generalizado y tenemos el deber ético de sostener los principios de la reforma en el
sentido de que se trata de revalorizar tanto la palabra del niño como su escucha, pero se opera un
equivoco cuando se confunde su escucha psicológica con la de la obtención de la evidencia
delictiva

Esta nueva convocatoria nos hace pensar desde donde nos es formulada la demanda de
intervención, el para qué y por qué de la misma y desde allí repensar qué dispositivo técnico se
podría implementar teniendo siempre presente en el horizonte los límites y alcances de nuestra
intervención. Recorramos cómo llegamos hasta aquí.

Para historizar una práctica

Hace tiempo (1995) escribimos, con Marta Beramendi, un artículo que se llamaba “Apuntes para la
historización de una práctica”. Ya habíamos recorrido durante varios años los avatares del que hacer
en los distintos estamentos de la institución judicial, preguntándonos acerca de las características y
especificidades de la práctica “Psi”, en el campo jurídico.

Conocíamos, desde el pensamiento de Hans Gross, quien reclamaba una psicología experimental,
viva y concreta para conocimiento de los abogados la entrada de la Psicología experimental, ciencia
natural, objetiva, y concreta, en los estrados judiciales.

También puntualizábamos, que en esa misma época de auge de la Psicología Experimental, Sigmund
Freud en el Seminario del Profesor Leofler, de la Universidad de Viena disertaba acerca la
investigación de los hechos y el psicoanálisis planteando a Magistrados y a Funcionarios judiciales los
límites y alcances de los experimentos de asociación de palabras para ser introducidos en la
operatoria judicial. Daba cuenta de las analogías y diferencias de esta con la Clínica, de la verdad del
histérico y la verdad del delincuente, estableciendo los primeros parámetros éticos.

Desde allí entonces una primera aproximación: la verdad que la disciplina psicológica podrá dar
cuenta es la del criminal, no la del crimen, la del sujeto, no la del hecho.

Nos planteábamos también la necesidad de la construcción de una psicología forense que se


diferenciara de aquella psicología para abogados de la obtención de la evidencia delictiva, la reforma
moral preventiva e higiene moral del delincuente (Mira y López, Manual de Psicología Jurídica) y de la
Psiquiatría Forense, y encontrara un discurso propio que sostener y la sostenga frente al discurso
jurídico.

Esto es una que no renunciara a la pregunta acerca del sujeto , acerca del quién y de la
constitución subjetiva, una psicología forense que se preguntara acerca del que , como para que y
por que de la intervención remarcando la pregunta insoslayable acerca de la ética en el marco de las
prácticas psi – jurídico.

Ética, el refugio básico, el albergue de la subjetividad...

El abordaje ético de una práctica implica sostener y sostenerse en “los valores universales entre los
cuales el carácter simbólico del ser humano expresado en el lenguaje constituye la prioridad” (Fariña).
De aquí que la Psicología Forense, como práctica social derivada del foro, debe ser una respetuosa
de la subjetividad y garantizadora de los derechos humanos, cuyo planteamiento ético debe estar
dirigido a los dos polos de la intervención, tanto al sujeto como a la institución que nos convoca.

“Forense” alude, no sólo al ámbito de la práctica, sino al modo en que el saber “psi“se articula, en
referencia a la administración de justicia lo que implica la insoslayable reflexión a cerca de la relación
entre ley, sujeto, verdad. Reconocer el espesor, la complejidad, los bordes, las posibilidades y
alcances de nuestra intervención, pero también sus límites es un imperativo ético.

También en estos años recorrimos los distintos lugares del que hacer para no quedar entrampados
por el tramiterío del funcionario preguntándonos acerca de la posibilidad de una Clínica forense
(Abelleira – Delucca), pero ya no como Kliné al lado de la cama del enfermo, pero sí del que sufre.

Las miradas en torno a las prácticas. Algo acerca del caos reinante

Este es el momento de máxima tensión de las prácticas puesto que se superponen en algunas
operatorias sin diferenciación la evaluación psicológica con la obtención del testimonio, unificándolas
en el acto pericial sin analizar las especificidades de sus estatutos discursivos y los registros de
verdades que ambos conllevan, sin pensar en profundidad en las incumbencias profesionales ni en
la necesaria capacitación.

Interpelados por esta nueva asignación de funciones algunos colegas consideran que el testimonio
es un nuevo campo de práctica del psicólogo forense refiriéndose a la entrevista psicológica de la
obtención del testimonio. Otros responden a esta demanda de intervención transcribiendo la
entrevista psicológica.

Otros, realizaran en Cámara Gessel una evaluación psicodiagnostica siendo videograbados y


pudiendo los funcionarios judiciales que observan detrás de un vidrio espejado trasmitir preguntas. Y
otros finalmente reciben la declaración del niño en Cámara Gessel ajustándose a protocolos de
intervención.
También se ha producido un debate en torno a la implementación de la Cámara Gessel entre
aquellos que la consideran un instrumento fundamental y aquellos otros que deniegan de su
utilización por considerar que se trata de un instrumento extrapolado del campo de la clínica. Otros
colegas han alertado en relación a la sobreestimación de efectos positivos de la utilización de la
Cámara Gessel argumentando que la protección de los niños debe ubicarse en todo el procedimiento
judicial y no solo depositarse en la utilización de en un dispositivo técnico.

Al mismo tiempo la Federación de Colegios de Abogados ha presentado un protocolo indicativo


para recibir el testimonio del niño abusado prescribiendo que debe ser tomado por personal
debidamente especializado, pero al describir la metodología de intervención la señalizaría como
propia del saber psi.

Este protocolo ha suscitado críticas de diversa índole que oscilan desde aquellas que se centran en
sus conceptualizaciones acerca del abordaje psicológico hasta los que lo consideran incompleto por
habilitar únicamente a los psicólogos para la toma del testimonio infantil, hasta los que afirman que
no es incumbencia del psicólogo esta operatoria.

Acerca de las practicas y de sus instancias discursivas

Refiriéndose a la circulación de discursos en la construcción de los casos penales Ernesto


Doménech los diferencia en tres clases. En primer lugar localiza aquellos que provienen de
expertos (peritos) o de testimonios o de confesiones y son los que brindan información. En segundo
lugar localiza los que formulan preguntas y peticiones y en tercer lugar se refiere a aquellos que dan
ordenes y resuelven los pedidos.

Especificando las lógicas discursivas explicita que “el testigo dice, el perito informa” y que la confesión
o el testimonio no presumen de discursos científicos mientras que el discurso pericial sí.

En este sentido podríamos afirmar que el experto psi llega a una conclusión e la evaluación de un
niño a partir de una metodología que incluye instancias de interpretación del discurso verbal lúdico
grafico, siendo una interpretación sujeta a reglas especificas de su campo de conocimientos
disciplinar.

El que toma declaración se ajusta al decir del niño acerca del hecho tratando de obtener la
máxima información a cerca de la verdad material del mismo.

Diferentes formas de tratar con la palabra, diferentes objetivos de la intervención, diferentes cajas de
herramientas y posicionamientos si bien en ambos no es sin efectos desde dónde se formulan las
preguntas, ni como se las formule.

Así las modalidades de percepción del testigo, las características de su memoria, su lengua, se
articulan en los que algunos han llamado la coproducción del testimonio con la modalidad en que se
realizan las preguntas, la reformulación de las mismas y el clima emocional en que se obtienen la
información.
Asimismo la implicación del perito en la tarea pericial, su concepción de la evaluación de los niños,
su teorización respecto del abuso sexual infantil, marcan los destinos de la conclusión diagnostica.

Cabría formularse entonces el interrogante acerca del efecto que producen en las pruebas las
formas de obtener la verdad y el estatuto que se les da a las mismas.

Desde aquí podríamos adentrarnos en la pregunta acerca de que lugar ocupa la interrogación del
hecho y cual ocupa la evaluación psicológica en la construcción de los casos de abuso sexual y
que expectativa se deposita en cada dispositivo.

Al mismo tiempo cabe la reflexión acerca del efecto que produce en la subjetividad de un niño la
forma en que se obtenga la verdad.

Al igual que la lectura criminológica y la critica de arte el psicoanálisis acostumbra a deducir lo


secreto de rasgos poco estimados, inobservados, del residuo del “refuse “.

Carlo Guinzburg ubica a este método que prescinde de la impresión de conjunto acentuando la
importancia y característica de los detalles secundarios en un nuevo paradigma de las ciencias
sociales el paradigma indiciario o semiótico.

La práctica psi jurídica también trabaja en la indagación de los pequeños indicios, pero en un trabajo
sobre textos…no sobre hechos.

Acerca de los fundamentos de las construcción del diagnostico las entrevistas de develación y
la validación del relato en abuso sexual infantil

Tuve oportunidad en Canadá (1995 1998 y 2202): Children Aid Society, Catholic Children Aid,
Metropolitan Toronto Comitee in Child Abuse, Family Court Clinic Ontario, y en Family Services of
Greeter Vancouver, de observar entrevistas de investigación o de develación llevadas a cabo por
trabajadores sociales y oficiales de justicia en abuso sexual infantil, al mismo tiempo que tuve acceso
a investigaciones referentes a la metodología y la eficacia de las entrevistas en niños abusados
realizadas en la Universidades de Toronto, y de Simon Freiser, y de British Columbia en Vancouver.

Lo que encontré superó ampliamente mis expectativas: un tratamiento holístico de la problemática


que planteaba un ejercicio horizontal comunitario de intervención basado en el profundo respeto por
los derechos humanos.

Me encontré con una política pública que enfatizaba la integración de los aportes de varios
ministerios, intentando reducir el efecto traumático de la intervención judicial sobre la familia y el niño
y maximizando la rapidez de la intervención.

Me llamó poderosamente la atención el esfuerzo en el establecimiento de comisiones de trabajo


interministeriales y la confección de protocolos que establecen guías operacionales para articular las
diferentes practicas y especifican los fundamentos filosóficos de las mismas
Desde allí, comprendí la importancia de la intervención compartida y del trabajo interdisciplinario,
diferenciando la evaluación psicológica de la obtención del testimonio, el cual no era efectuado allí
por psicólogos. Un equipo se hace cargo del caso, desde el comienzo y efectúa su seguimiento.
Trabajador social y oficial de policía conducen la entrevista inicial juntos. La entrevista es reglada y en
sus fases se privilegia un modelo no intrusivo de exploración. Ir de lo general a lo particular, de
preguntas abiertas a cerradas. La utilización de recursos lúdicos como muñecos sexuados fue siendo
cuestionada hasta caer en desuso.

Se tiene muy en cuenta que cuando el niño necesite ser acompañado por un adulto este estará
próximo, pero no en la escena de la entrevista. Los objetivos de la entrevista son maximizar la
información y minimizar la intervención y no revictimizar al niño con sucesivos interrogatorios. Esta
entrevista será grabada en vídeo y es la que se utilizará en los distintos estamentos. Al ser
semiestructurada sigue pasos: establecimiento del rapport, presentación de los entrevistadores con
sus roles y funciones, esclarecimiento del motivo de la entrevista, evaluación del lenguaje verbal y
gestual, evaluación de la memoria, fase de narración libre, fase focalizada en el hecho con
introducción de muñecos.

Cabe señalar que se solicita que señalen en los muñecos las injurias que han recibido, utilizándose
estos como apoyatura para la investigación y no para realizar una lectura simbólica de la actividad
lúdica

Cuando se concluye la entrevista, se le agradece al niño su presencia, se le pregunta si tiene algo


que agregar y se explicita cuáles son los próximos pasos (examen médico). Los lugares donde se
efectuaban estas entrevistas de investigación o de develación estaban equipados con rincones de
juego con gran cantidad de material para que el niño se encuentre en un entorno agradable.

Es importante remarcar que en la comunidad científica descripta existe una considerable controversia
respecto a los aspectos metodológicos en la conducción de las entrevistas, centrando la ineficacia
de las mismas en lo que llaman sesgo del entrevistador: cuando sugiere respuestas, formula
preguntas cerradas en el inicio de la entrevista, utiliza información proveniente de otras fuentes, etc.

Otro de los puntos que desde esta perspectiva analizan críticamente es la conceptualización misma
acerca de cómo cuentan los niños lo que les ha sucedido, sus idas y retrocesos, lo que es importante
a considerar a la hora de escuchar el primer relato.

Sostienen que la develación es un proceso que se construye con fases y características definibles, en
las cuales se oscila desde la retractación a la develación. Esto ha sido descrito por ellos como el
síndrome del “no – puede ser – a veces – sí” (“no-maybe-sometimes-yes” syndrome) (MacFarlane y
Krebs 1986). Otra cuestión que complejiza la problemática es el tema de la elaboración posterior que
realiza el niño, respecto a lo que le ha sucedido.

A medida que el caso progresa a través de los distintos procedimientos el equipo se seguirá
ampliando, se incorporará por ejemplo al oficial de probattion, los que deberán compartir toda la
información relativa al caso. Y en el caso de que sea necesario que el niño testifique en la corte un
equipo de psicólogos lo prepara para tal acto.

Se da mucha importancia en la capacitación de los operadores que obtienen el testimonio a las


miradas sociales, culturales y psicológicas en torno al abuso sexual infantil y al testimonio así como
al análisis de sus propias percepciones.

Esto es sostener el principio de que una problemática compleja tan solo puede ser abordada a través
de distintas perspectiva, de distintas miradas pero articuladas entre sí.

Acerca del entrevistador. Identidad perdida

Cabe consignar que en los modelos anglosajones la obtención del testimonio no es patrimonio
exclusivo del Psicólogo. Lo que se sostiene acerca del investigador, es que profesionales del campo
de la Psiquiatría, Psicología, Trabajo Social, Pedagogía, especialmente entrenados supervisan a
aquellos que formados en cualquiera de estas disciplinas, reciban capacitación especial en el
conjunto de conocimientos para la obtención del testimonio. En Israel, por ejemplo, existe claramente
delineada la figura del “interrogador”.

Actualmente en Canadá existen programas de apoyo a cargo de psicólogos para preparar a los
niños que tienen que testimoniar frente a la corte. Los niños declaran cuando se considera que la
información obtenida fue insuficiente o se encontraron errores metodológicos en las entrevistas de
develación. Se contempla en el caso a caso lo que requiere el niño para poder brindar declaración y
que este acto no sea revictimizante parar él en el marco del derecho a ser informado a ser escuchado
y a ser asistido.

En nuestro país se ha comenzado a utilizar fragmentariamente las conceptualizaciones de la


psicología del testimonio por ejemplo efectuando análisis del contenido de las declaraciones de los
niños de acuerdo a los criterios que marca Stéller pero sin los requisitos de que estos hallan sido
obtenidos a través de entrevista forense semiestructurada y sin la trascripción exacta de la
entrevista.

Asimismo se instrumenta esta práctica otorgándole un cierto valor de certeza, mientras que el mismo
Stéller (1994) se refiere a este modelo como un método semiestandarizado basado en apreciaciones
clínicas, estando pendiente aun la comprobación de su estatuto de confiabilidad y validez e
indicando su utilización para validar declaraciones que tengan poca credibilidad, pero no con el objeto
de detectar las falsas.

Desde las investigaciones más recientes en psicología del testimonio Arce y Fariña consideran que
como los juicios están basados en un conjunto de creencias sobre las pruebas podría considerase al
proceso del juicio como un proceso de evaluación de las pruebas.

Agregan que la estimación de la credibilidad de un testimonio puede realizarse desde un modelo


subjetivo o social o un modelo objetivo o científico. En este sentido implementan un modelo
criminológico global de credibilidad del testimonio: en el que se incluye la entrevista clínico forense,
el protocolo de obtención de testimonio, la entrevista cognitiva, la repetición de la declaración, el
contraste de las declaraciones recabadas en el proceso judicial el análisis del contenido de las
declaraciones, el análisis de la fiabilidad de la medida a través de intercontextos, intermedidas, la
recurrencia a dos evaluadores las medidas de las secuelas clínicas del hecho traumático. Por otra
parte, en el intento de lograr criterios cada vez más objetivos de credibilidad proponen que el mismo
sistema se aplique al imputado. Desestiman la utilización de las muñecas llamadas anatómicamente
correctas, consideran que es necesaria más de una entrevista de obtención del testimonio y
diferencian claramente la entrevista clínico-forense de la evaluación del testimonio. Utilizan el
concepto de huella psíquica del delito considerando como victimización tanto el hecho de haber sido
victima de un delito como también toda la gama de consecuencias de este acto, físicas, sociales
psíquicas. Esto es que el testimonio sería una parte del modelo global criminológico así como la
evaluación psicológica.

Hasta aquí las consideraciones de la psicología del testimonio (aquella que se basa en
investigaciones de la psicología experimental y social para determinar la cualidad del testimonio).

Me hace pregunta en cuanto a la obtención del testimonio en el origen de la psicología del testimonio
la utilización de pruebas tales como galvanómetro y el detector de mentiras. Me hace pregunta desde
el interior de la psicología forense, el tema de los registros de verdad y de verosimilitud y
compatibilidad. Me hace pregunta la utilización de la Cámara Gessel considerando la cuestión de la
confidencialidad y del consentimiento informado y el de trasladar un dispositivo pensado para la
clínica a uno pericial sin contemplar las diferencias contextuales y objetivos de cada intervención.

Urge repensar, desde aquí, cómo las relaciones de poder originan diversas situaciones que hacen a
la alienación de la propia identidad profesional y al modo en que se juega la pertenencia institucional
desde una oscilación entre la más ciega obediencia al desacato irreverencial.

Vigilancia epistemológica y reposicionamientos éticos permanentes nos permitirán pensar las


encrucijadas de nuestra práctica actual.

Hemos tenido entonces que armar dispositivos, en referencia a lo instituyente, y no respondiendo


ciegamente a lo instituido, en relación a la evaluación de niños abusados. Esto nos hace pregunta en
el sentido de cómo resguardar en la práctica la subjetividad del niño repensando nuestro propio
posicionamiento. Es decir, efectuar una lectura crítica de ciertas interpretaciones del interés superior
del niño, que bajo la invocación de “por su propio bien” terminan objetalizándolo, desde un discurso
amo.

Asistimos a un paradigma de protección integral de la niñez.

¿Por qué rara paradoja, esto se conjuga con una psiquiatrización de las prácticas psicológicas?

Hemos tenido que repensar los dispositivos técnicos para abordar la complejidad de la problemática
del abuso sexual infantil. Hemos podido a través de nuestro avance en el conocimiento de los efectos
de la violencia precisar ciertos indicadores conductuales y características de la actividad lúdica y
gráfica en niños objetos de situaciones abusivas. Hemos escuchado a Arnold Bentovim que en sus
trabajos pioneros allá por 1960 acerca de cómo se construye el diagnostico psicológico de ASI
afirmaba que la presencia de todos los indicadores no da cuenta de la presencia del hecho y Lyons
que en (1999), plantea que la ausencia de evidencia, no es evidencia de ausencia y viceversa.

Escuchar a un niño

Las entrevistas de niños que se sospecha que han sido abusados sexualmente nos enfrentan con su
desvalimiento y el nuestro ante la crudeza de la escena y lo insoportable de su escucha.
Desconstitución de espacios y de tiempos, borramiento de lugares generacionales, asesinato del
alma, disparo en la cabeza, escuchamos en el discurso infantil relatos pobres, lacónicos, en los que la
labor del trauma operó tachaduras, omisiones, escuchamos balbuceos, heridas y dolores. Asistimos a
su particular actividad lúdica y grafica.

La entrevista psicológica puede constituir a veces la primera oportunidad para un niño que ha sido
abusado de hablar de lo sucedido a un adulto que desde una posición empática esté dispuesto a
escucharlo.

Estas entrevistas en sede judicial pueden tener un efecto de promoción de salud, si algo de una
experiencia avergonzante pudo ser puesta en palabras, si el que escucha no indaga
persecutoriamente, si el envoltorio sonoro del entrevistador es tranquilizador.

Entrevistas con el niño, hora de juego, entrevistas semiestructuradas con cada padre o adulto
centradas en el análisis de la función parental y de su propia historia familiar, serán centrales para la
construcción del diagnóstico psicológico.

Ante la complejidad de la problemática, la mayor parte de las veces la evaluación de abuso sexual
infantil se efectúa desconociendo los aportes de las entrevistas semiestructuradas los parámetros
para la evaluación de testimonio en niños, y los modelos de evaluación de riesgo o se abusa de los
mismos…

En una omnipotencia abusiva, se intenta dar cuenta en el diagnóstico de la probanza de los hechos y
no de la subjetividad de los sujetos en juego. El psicólogo será, al mismo tiempo, detective y juez,
renegando de su identidad.

Muchas evaluaciones tienen un complejo marco teórico, pero no responden a la demanda de la


operatoria judicial. Otras presentan una pobre y rudimentaria construcción teórica y efectúan
formulaciones de certezas de ASI revictimizando a los niños y a sus padres en su rotulación. En la
búsqueda de protocolos que se adecuen al proceso legal de búsqueda de la verdad se transforma a
la evaluación psicológica en una nueva instancia abusiva, confundiendo los registros de verdad
subjetiva y verdad material.
En los distintos dispositivos psicológicos se oscilará del sobre–diagnóstico a la falta del mismo,
provocando la revictimización o victimización secundaria del niño.

Si el campo de la violencia ejercida contra los niños es un campo traumatizante, lo es también para
los operadores que trabajan en el mismo, los que quedan expuestos e inermes, reproduciéndose en
ellos la situación que se advierte en los niños maltratados. El contexto se vuelve para el operador
previsible – imprevisible; observándose reacciones pasionales, tóxicas y traumáticas que degradan la
intervención en un” hacerlo para cubrirse “,” no estoy de acuerdo pero lo hago igual”, “mejor no digo
nada para salvarme”.

Considero que otro deslizamiento de la cualidad de la problemática del abuso es la calidad de


algunos informes. Hay que poner en palabras la transgresión de la ley fundante. ¿Será por eso que
los informes pierden el registro de documentos disciplinares de orden científico? Algunos están
atravesados por la clara marca del impacto transferencial, otros describen una y otra vez la escena,
vuelcan a la letra las palabras del niño y la de sus padres, en un abuso de detalles del hecho, sin
arribar a conclusiones diagnosticas. Allí lo fuera de escena.

¿Será efecto de que aquello que escuchamos hace tambalear en nosotros mismos los ejes de
nuestra constitución subjetiva? ¿Será que se desea excoprar lo horroroso? Será para que nos
crean…

¿Por qué se considera que la evaluación psicológica en esta problemática debe renunciar a los
parámetros en los que habíamos establecido nuestra práctica psicológica? ¿Por qué se trata de la
prohibición fundante? Pero todo crimen es un parricidio. Y en tanto el ASI remite a una rotura de la
subjetividad, a una pérdida de la identidad en el niño preservar por lo menos la nuestra parecería ser
una primera posición (Abelleira).

Siguiendo a Dominique Vrignaud, la institución judicial está mal armada o equipada en su conjunto
para tratar este tipo de situaciones. Sin duda el incesto ilustra estos síntomas que por un lado invisten
a las instituciones de misiones que no pueden cumplir. Difícil y delicada misión, porque autor y víctima
son indisociables, o cuando la decisión judicial fuere la que fuere no puede limitarse a sancionar, sino
que debe ser también prospectiva. Es necesario que cada magistrado en su dominio específico, y en
el marco del respeto y del reconocimiento de la función del otro conserve presente en la mente la
dimensión familiar de la infracción seguida, sancionada y las consecuencias materiales, psicológicas
y simbólicas de las decisiones que se han de tomar.

Escuchar a un niño en sede judicial, en su registro lúdico verbal y gestual, reivindica la diferencia de
nuestra escucha con la de indagación judicial destinada a la obtención de la verdad, como la de la
escucha confesional religiosa destinada a la absolución.

Deberíamos demarcar para la evaluación psicológica el análisis de las funciones psíquicas, el de la


trama vincular con las especificidades de la función paterna y materna, los indicadores de la
desconstitución del psiquismo infantil que dan cuenta de situaciones arrasadoras de la instancia
abusiva, las marcas de lo histórico vivencial y su compatibilidad con lo material.
El psicólogo sabe escuchar, ¿qué escucha?: ¿Se trata de un saber dirimir entre mentira y verdad?
¿De un saber interrogar acerca de los hechos?

Debemos desbaratar la ilusión de completud de que podamos desde un saber certero dar cuenta de
todo. Hemos siempre reflexionado acerca del saber- poder de la técnica del examen. Reflexionemos
también del saber- poder en relación al testimonio.

Ya decía Laundri “El psiquiatra debe prestarle atención a aquello que no puede responder. Él mismo
debe reconocer los límites de su poder, así como las infranquezas y las incertezas de su saber.”

Marta Gerez Ambertín plantea que “Quien pretenda interpretar al sujeto no puede desconocer la
estructura fundamental que lo sostiene. Cuerpo y lenguaje hablan desde el en una declaración
perpetua que es preciso saber escuchar. En suma, saber escuchar como el sujeto se declara y los mil
y uno vericuetos por los que se deslizara su declaración.” Es este el registro de la escucha el que nos
pertenece… no otro.

Saber, poder y poder, saber….Un poder saber acerca del límite, del no todo, del caso a caso. Y por
lo tanto la cuestión es ética.

El lugar del profesional psi en el campo jurídico podrá ser repensando desde el pensamiento de
Pierre Legendre teniendo en cuenta los alcances y límites de la intervención lo que implica un
posicionamiento ético y no tecnológico.

Esto es poner de relieve en cada intervención el estatuto antropológico y no gestionario de la ley que
permita pensar al proceso judicial como montaje ficcional subjetivante.

¿Podremos salir de las dicotomías de las intervenciones aisladas y poder pensar acerca de la
necesidad de la interdisciplinariedad, pero también de la intervención compartida? ¿Podemos pensar
en los límites del discurso psicológico y del no todo?

Se arriba a una conclusión acerca de abuso sexual infantil a través de la articulación de las diversas
piezas, la del testimonio, la de la evaluación psicológica la del la pericia social, la medica y de las
bioquímicas entre otras, esto es desde una ética de la diversidad que tolere lo que no coincide y no
desde una reducción descomplejizante.

Necesitamos delimitar roles, funciones y responsabilidades de los psicólogos, psiquiatras y otros


operadores del dispositivo judicial. Hemos recorrido un largo camino, tratando de sostener una
escucha, de encontrar un discurso que sostener y que nos sostenga, de repensar al sujeto. Hemos
afirmado la soldadura entre ética y técnica... Nos seguimos preguntando.

¿Que hace digna una práctica para que winicotanamente sea suficientemente buena?

¿Que hace digna a una persona?

¿Que hace digna a una escucha?


Sostengamos la pregunta…

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