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EVALUACION PSICOLOGICA EN SITUACIONES CRITICAS

ABUSO SEXUAL INFANTIL

Lic. Liliana Alvarez


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Para que en la dignidad de un escucha reencuentren la dignidad de la acción de


pensarse, modificando un destino posiblemente trágico.
R. Arias

Evaluación Psicológica en situaciones críticas: abuso sexual infantil.

La evaluación psicológica en los casos de abuso sexual infantil es una tarea compleja
que interroga permanentemente la práctica de los profesionales del campo de la salud
mental.
La tarea que ya es de por sí complicada en adolescentes, se complejiza aún más cuando
nos enfrentamos con la problemática de niños pequeños en los que su repertorio verbal
es escaso y cuando se supone que han sido abusados dentro del su propio contexto
familiar.
El terreno de las decisiones clínicas, como el de las judiciales, es sumamente intrincado.
Las estrategias clínicas, al igual que las jurídicas, necesitan articularse para que sean
efectivas cuando se trata de escuchar a un niño violentado, y de respetarlo en su
subjetividad.
Todo el dispositivo de protección de menores (abogados, peritos, trabajadores sociales,
médicos, terapeutas, magistrados y funcionarios judiciales) es fuertemente impactado
por el tratamiento de estos casos. Diversos desarrollos de afecto que llegan hasta el
arrasamiento de los operadores provocan en éstos efectos de sobreimplicación y
desimplicación emocional.
Escuchar a un niño abusado sexualmente, escuchar a sus padres, convoca particulares
localizaciones transferenciales. La situación abusiva hace tambalear lo más íntimo de
nuestro ser, nos envía a lo siniestro, a un “no–lugar”.
La institución judicial no está bien preparada en su conjunto para actuar con este tipo de
situaciones. Faltan recursos materiales, profesionales y de comprensión de un modelo
interdisciplinario e interinstitucional de intervención, que resguarde la subjetividad del
niño. No se cuida al niño en la intervención... No se cuida a sus cuidadores...

LA INTERVENCION ABUSIVA.

“Necesitamos que efectúe el informe psicológico hoy”... Perplejos, ante la urgencia, a


veces se responde mecánicamente a ella.
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El equipo pericial debe a menudo efectuar la evaluación en condiciones ambientales


totalmente inadecuadas y en un mínimo de tiempo, que resulta insuficiente para abordar
la complejidad de la problemática. Muchas veces, se dispone de una sola entrevista para
evaluar a los niños, y en algunas oportunidades no se cuenta con la presencia de los
padres o guardadores para su evaluación.
La urgencia para la toma de decisiones judiciales nos deja muchas veces sin tiempo para
la reflexión acerca de la correcta evaluación de la problemática, suscitándose así
diferentes tipos de efectos indeseables: revictimización de los niños y efectos de
traumatización vicaria en los operadores.
Los niños que han sido abusados sexualmente llegan a sede judicial con un profundo
grado de desvalimiento y vulnerabilidad psíquica.
Muchas veces la develación del niño provocó la expulsión del padre del hogar, y el
niño, desde su pequeña estatura, deberá soportar, además de la pesada carga que implica
la traición abusiva, la de ser designado como el responsable de haber provocado el
quiebre familiar. Doble carga: su propia rotura y el fantasma de haber provocado la
rotura familiar.
¿Qué implica para un niño develar algo de lo ominoso familiar? El mandato
endogámico en estas familias es “de eso no se habla”, entonces, hablar es fuga y
traición. Hablar puede ser un salto al abismo. ¿El relato del niño podrá dar cuenta del
caos, de la confusión trágica?
Ante estas situaciones, nos encontramos con distintas vicisitudes parentales: madres
arrasadas psicológicamente por lo que les ha sucedido a sus hijos, otras indignadas por
lo que consideran una falsa acusación del niño o niña contra su cónyuge o compañero, y
en un tercer caso, padres perplejos ante las verbalizaciones de sus niños frente a las que
se sienten incomprensiblemente acusados.
Últimamente ha crecido el número de alegatos de abuso de niños en situaciones de
disputas por tenencia, o cuando se discute el régimen de visitas dentro de procesos de
divorcio. Disputas violentas, acusaciones encarnizadas se suscitan tanto en la pareja en
proceso de disolución como a los profesionales intervinientes, tornando aún más crítica
la situación.
Cuando se trata de situaciones en las que predomina el maltrato físico, la mayor parte de
las veces los padres asisten forzadamente, enviados por la escuela u hospital a la
citación judicial, sin implicarse en aquello que la motivó. Otras son traídos por personal
policial. Otras veces, son los padres quienes traen espontáneamente a su niño violento, y
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al desgranarse el relato infantil, éste no hará más que dar cuenta de la propia violencia
parental..
Habitualmente, como respuesta, los padres se ven invadidos por una sensación de
ajenidad, respecto de una intervención que no comprenden, y a veces tienen razón ante
lo absurdo de las operatorias judiciales. No vienen a atenderse, no demandan nuestra
intervención. A lo sumo quieren que no se los moleste más. Generalmente nos dicen
que se sienten presionados por la intervención, dando cuenta de las dificultades para
tramitar la exigencia de sus propias mociones pulsionales. Viven al otro como
profundamente intrusivo. A menudo no toleran las exigencias de sus hijos, pero
tampoco toleran su ausencia. Un eje fundamental para tener en cuenta en estas
entrevistas será el que los padre violentos, la mayoría de las veces no consultan, no solo
por el temor a las consecuencias penales de su accionar, sino por la especificidad de su
funcionamiento psíquico. Ante la imagen caótica de su cuerpo evitan el cuerpo a cuerpo
de la consulta, ponerse al abrigo de una mirada que les resulta aniquiladora porque
equivale al tacto. (Tesone, 1996 ).
Habitualmente las entrevistas con los padres tienen aspectos conflictivos, no están en
una situación de igualdad con respecto a los que deberían ayudarlos, existe una
asimetría fundamental, en general son objeto de menosprecio, en el mejor de los casos
son considerados incapaces.... Detrás de la defensa del niño se perfila un juicio de valor
sobre los padres....
Las entrevistas de niños que han sido abusados sexualmente nos enfrentan con su
desvalimiento y el nuestro ante la crudeza de la escena y lo insoportable de su escucha.
Muchas veces la develación se efectúa en medio de la confusión perceptual
enloquecedora producto de la situación traumática abusiva. El horror provoca descrédito
y la desmentida atraviesa todos los estamentos Se descree de la identidad del autor ,de la
realidad del hecho y de la participación en el mismo. ”No puede ser cierto que sea mi
padre”, ”No puede ser cierto que esto pase”, ”No puede ser cierto que esto me pase a
mí”. Desconstitución de espacios y de tiempos, borramiento de lugares generacionales,
una hija puede ser madre de su hermano. En su loca completud de lo” todo posible” es
muy difícil acceder a los padres con practicas abusivas sexuales. Al igual que los padres
que ejercen violencia física, también se esconden. ¿Qué escuchan, como escuchan, y
como escucharlos? ¿Qué dicen y que callan? ¿Qué dicen y que callan los niños?
Ante la complejidad de la problemática, la mayor parte de las veces la evaluación de
abuso sexual infantil se efectúa desconociendo los aportes de las entrevistas
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semiestructuradas específicas para Abuso Sexual Infantil( ASI,) los parámetros para la
evaluación de testimonio en niños, y los modelos de evaluación de riesgo.. o se abusa de
los mismos...
En una loca omnipotencia abusiva, se intenta dar cuenta de la probanza de los hechos y
no de la subjetividad de los sujetos en juego. El psicólogo será, al mismo tiempo,
detective y juez, renegando de su identidad.
Muchas evaluaciones tienen un complejo marco teórico, pero no responden a la
demanda de la operatoria judicial. Otras reproducen el modelo de intervención
anglosajón, reduciéndolo a una pobre y rudimentaria construcción teórica y solo
efectúan formulaciones generales descriptivas de ASI revictimizando a los niños y a
sus padres en su rotulación. En la búsqueda de protocolos que se adecuen al proceso
legal de búsqueda de la verdad se transforma a la evaluación psicológica en una nueva
instancia abusiva, confundiendo los registros de verdad subjetiva y realidad material.
Ante este tipo de evaluaciones es necesario recordar las palabras de C. Eliacheff: “Un
padre no puede ser reducido nunca a la violencia que imprime, sea esta física o
psicológica, así como tampoco puede serlo un niño a lo padecido o aún a los efectos de
lo padecido” (1997).

DE VIOLENCIAS PRIVADAS Y PÚBLICAS

Pocas estrategias de intervención apuntan al análisis de redes que fortalezcan los


recursos de apoyo de que disponen los niños y su familia.
Institucionalmente, no se incluyen instrumentos específicos probados en su validez y
confiabilidad (Risk Assessment Model) que guíen la evaluación del caso desde su
recepción hasta el cierre del mismo y que hagan trabajar la pregunta acerca de la
eficacia de las estrategias caso a caso.
La evaluación de abuso sexual y la consiguiente evaluación de riesgo depende del punto
de vista personal de cada evaluador, el destino de un niño que ha sido abusado difiere
no sólo de acuerdo a las características de funcionamiento e ideología del juzgado sino
también de la particular posición ética del evaluador.
Toda una gama de discursos del poder y del saber, acerca de la sexualidad, de la moral y
del bien, circularán en las instituciones que reciben al niño victimizado sexualmente.
Si un niño ha sido abusado y ha develado su situación, algo siniestro de la órbita de lo
privado saldrá a la luz. En este pasaje del espacio de lo privado al espacio de lo público,
se efectuará otro pasaje: el de la violencia privada a la violencia pública.
Si analizamos el recorrido de un caso desde la denuncia policial y judicial hasta su
asistencia terapéutica, se podrá observar la reiteración de exámenes médicos,
psicológicos e interrogatorios de distinta índole. En los distintos dispositivos
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psicológicos se oscilará del sobre–diagnóstico a la falta del mismo, provocando la


revictimización o victimización secundaria del niño.
La revictimización opera tanto por ausencia de intervención como en la sobre–
intervención. En el primer caso se acalla la palabra de alguien que pudo romper un
pacto de secreto y por abandono institucional se lo vuelve a enmudecer.
Siniestramente se plantea la situación a mayor desamparo institucional mayor
reproducción del desvalimiento psíquico y vulnerabilidad subjetiva. Se reproduce el
clima violento familiar cuyo lema es: “aquí no pasó nada” o “de eso no se habla”. Se
reproduce la instancia que obliga a no saber y a no darse cuenta y a callar, tan cara a los
vínculos despóticos.
En el segundo caso, asistentes sociales, psicólogos, actúan como investigadores, fiscales
o defensores, requiriendo que alguien violentado haga y diga lo que no puede desde su
estado de inermidad psíquica. Se violenta así con la intervención, abroquelando a la
familia en situaciones paranoicas, desde la cual rechazan toda posibilidad de
intervención o promueven una escalada violenta.
Si el campo de la violencia ejercida contra los niños es un campo traumatizante, lo es
también para los operadores que trabajan en el mismo, observándose reacciones
pasionales, tóxicas y traumáticas que degradan la intervención.
Podemos entonces señalar en los profesionales intervinientes fenómenos de sobre–
implicación y de desimplicación subjetiva.
Se pasa de revestir omnipotentemente el rol y ser un salvador heroico de los niños
violentados a sentirse tan desvalido y desprotegido como éstos. Se oscila entre la
reparación omnipotente y la desesperanza. A menudo los profesionales se sobreadaptan,
arman estrategias de supervivencia anestesiando su propia capacidad de sentir, otras
veces se sobreimplican emocionalmente, ubicándose en la posición de un juez.
El solo transitar por un Tribunal de Menores tiene algún tipo de impacto para un niño y
éste se potencia aun más cuando lo hace como víctima de experiencias tan terribles
como el maltrato y el abuso sexual. La decisión judicial altera su entorno visible, pero
también produce cambio más profundos. Dentro de lo legal, se considera que una
intervención judicial efectiva debe ser rápida, equilibrada y eficiente y por sobre todas
las cosas, garantizadora para el sujeto, sobre todo cuando ese sujeto es un niño(Alvarez-
Fiorini 1995).
Siguiendo a Dominique Vrignaud, la institución judicial está mal armada o equipada en
su conjunto para tratar este tipo de situaciones. sin duda el incesto ilustra estos síntomas
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que por un lado invisten a las instituciones de misiones que no pueden cumplir. Difícil y
delicada misión, porque autor y víctima son indisociables, o cuando la decisión judicial
fuere la que fuere no puede limitarse a sancionar, sino que debe ser también prospectiva.
Es necesario que cada magistrado en su dominio específico, y en el marco del respeto y
del reconocimiento de la función del otro conserve presente en la mente la dimensión
familiar de la infracción seguida, sancionada y las consecuencias materiales,
psicológicas y simbólicas de las decisiones que se han de tomar.

CÓMO CUENTAN LOS NIÑOS: EL PROCESO DE DEVELACIÓN EN ABUSO


SEXUAL INFANTIL

El modelo anglosajón ha formulado la hipótesis de que los niños abusados sexualmente


presentarían un proceso de develación que va de la negación a la tentativa de develación
activa. También han clasificado a la develación como intencional o accidental y
descripto los factores motivacionales que desencadenaron la revelación.
La ruptura de barreras defensivas en el proceso de develación ha sido descripto por ellos
como el síndrome del “no – puede ser – a veces – sí” (“no-maybe-sometimes-yes”
syndrome) (MacFarlane y Krebs 1986).
Conceptualizaron la develación como un proceso con fases y características definibles:
1) La negación es definida como la afirmación inicial del niño/a a cualquier persona de
que no ha sido sexualmente abusado.
2) En la develación se identifican dos fases, tentativa y activa: la develación tentativa
se refiere al reconocimiento parcial, vago o vacilante de una actividad sexualmente
abusiva; la develación activa indica una admisión personal por parte del niño de
haber experimentado una actividad sexualmente abusiva específica.
3) La retractación se refiere al retiro de una acusación previa de abuso que había sido
formalmente presentada y mantenida por un cierto período de tiempo.
4) Por último, la reafirmación de la validez de la denuncia previa de abuso sexual que
había sido retractada.
En este modelo se utilizan como técnicas de evaluación de abuso sexual infantil,
material proyectivo, muñecos anatómicamente correctos, técnicas gráficas y lúdicas. La
entrevista clínica es un elemento esencial.
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Dividen a la entrevista en fases.


Fase 1

Estableciendo raport Presentarse y definir los roles.

Evaluando el lenguaje Que relate por lo menos dos episodios de su vida


verbal y gestual, y que sean independientes del abuso.
aspectos mnésicos

Fase 2

Introduciendo la problemática “¿Sabes por qué estamos reunidos hoy?” Si no


surge espontáneamente la temática, la introducen a
través de generalizaciones del tipo de: “a muchos
chicos les cuesta contar algo que los puso
incómodos”

Fase 3

Fase de narración libre Se escucha el relato del niño sin interrumpirlo.

Fase 4

Fase centrada en la problemática Brindan material de juego (le solicitan que juegue
específica del abuso con las muñecas anatómicamente correctas).

Fase 5

Concluyendo la entrevista Se le agradece su presencia, se le pregunta si tiene


algo que agregar y se explicita cuáles son los
próximos pasos.
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Tanto la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente (American


Academy of Child and Adolescent Psychiatry) (1988) como la Sociedad Profesional
Americana del Abuso de Niños (American Professional Society of the Abuse of
Children) (1990) han propuesto directrices que utilizan la entrevista clínica como la
técnica principal para la evaluación del abuso sexual infantil.
En nuestro medio se ha comenzado a implementar mecánicamente este modelo, sin
ningún tipo de reconsideración al respecto del probable efecto revictimizantes para el
niño del uso de muñecas sexuadas, ni de interrogación respecto al marco conceptual de
la operatoria.
En tal sentido, es importante señalar que en la comunidada científica descripta, existe
una considerable controversia respecto del método en que estas entrevistas son
realizadas. Los críticos sugieren que el proceso de entrevista en sí mismo compromete
la validez del diagnóstico de ASI, al conducir al niño a la revelación a través del tipo de
preguntas formuladas, el refuerzo diferencial para la revelación, o la introducción de
información sugerida, etc.
Considero importante tener siempre presente la relación del niño con la fantasía y
revisar permanentemente la certeza de ciertas afirmaciones. Considero, al igual que
Caroline Eliacheff, que respecto al ASI, muchas de las explicaciones satisfactorias,
tranquilizadoras, que confirman un saber sobre el abuso sexual tienen por función cerrar
el debate más que profundizarlo.Coincido con la inquietud de esta autora cuando se
pregunta¿con que derecho son sometidos los niños sin discriminación alguna e charlas
de develación en las que se les muestra muñecos sexuados sobre cuya anatomía deben
señalar lo que les han hecho?
.

CONSTRUYENDO UN DIAGNOSTICO

Considero que un proceso adecuado metodológicamente debería incluir


1) Entrevista de juego con el niño, y hora de juego vincular
2) Entrevista semiestructurada.
3) Entrevistas vinculares con cada uno de los padres.
4) Entrevistas semiestructuradas con cada padre o adulto centradas en el análisis de la
función parental y de su propia historia familiar
5) Evaluación psicológica de cada padre.
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A diferencia de otras formas de abuso de niños, el abuso sexual con frecuencia no deja
marcas. Por lo tanto, si bien el examen médico puede brindar información importante, la
evaluación psicológica del niño, tiene especial significado.
La entrevista puede constituir a veces la primera oportunidad para un niño que
ha sido abusado de hablar de lo sucedido a un adulto que desde una posición empática
esté dispuesto a escucharlo con calma. y sin críticas
Estas entrevistas pueden tener un efecto terapéutico, si algo de una experiencia
avergonzante pudo ser puesta en palabras, si el que escucha no indaga
persecutoriamente, si el envoltorio sonoro del entrevistador es tranquilizador.

El examen médico debería realizarse a continuación de la entrevista semiestructurada, a


menos que se haya producido una agresión física. Durante la entrevista se prepara al
niño para el examen médico, anticipándole lo que va a suceder en los pasos siguientes.

Especialmente con niños pequeños, puede resultar muy útil disponer de una mesa baja,
sillas confortables, materiales de dibujo, juguetes, como una casa de muñecas, autitos y
muñecos de ambos sexos y que puedan representar diferentes edades. Entre los
materiales más importantes se debe contar con arenero y elementos que permitan la
posibilidad de jugar con agua, tierra y arcilla.
Un período inicial de juego libre permite observar el juego espontáneo del niño.
No existen elementos específicos y típicos para asegurar el diagnóstico del abuso sexual
mediante el juego. El ASI es un constructo al cual debe arribarse desde distintas
disciplinas. En general, el juego de los niños que han sido violentados sexualmente
pueden tener distintas manifestaciones: juegos sexuales compulsivos; especial violencia
en el trato con los muñecos adultos; representación de actividad sexual explícita con los
muñecos o insertar sus dedos en las aberturas vaginales o anales. Pero también puede
haber un juego vacío de contenido y un sometimiento al entrevistador en una dócil
apatía.
Para analizar la cualidad del vínculo parental-filial es útil realizar:
1) Una reunión con el niño entrando a la habitación donde el padre o madre está
esperando.
2) Hora de juego vincular con cada uno de los progenitores, sin instrucciones
específicas.
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3) Un refrigerio compartido.

Las observaciones de las interacciones arrojan luz sobre aquellos casos en los
cuales hay discrepancia entre el informe del adulto con lo que se observa.
Las áreas a tomar en cuenta en las entrevistas semiestructuradas con los padres
comprenden:
 La percepción del adulto de las declaraciones en relación a la sospecha de abuso, las
creencias o explicaciones de por qué el otro padre expresó esas declaraciones, etc.
 Experiencias pre y post-natales vivenciadas con ese hijo particularmente
 Experiencias cotidianas con el niño y temas relacionados con la función rol parental.
 Relaciones de pareja pasadas y actuales.
 Estilos de vida y aspectos concernientes a la salud mental.
 Experiencias infantiles de cada progenitor.
 Posibilidades de gratificación
 Modo de resolución de las crisis vitales y accidentales.

En cuanto a la evaluación psicológica de cada padre no existen tests o baterías de tests


que puedan determinar si las declaraciones de abuso son fundadas o no. Los tests
psicológicos (el Rorschach, T.A.T., articulados con escalas de evaluación) brindan
importantes datos del funcionamiento psíquico de los padres.
En este sentido, es muy útil la confección de un genograma. que aporta datos relevantes
familiares respecto de los aspectos imaginarios y fantasmáticos de la filiación.
Es importante para los entrevistadores tener claros los objetivos de la entrevista con el
niño (minimizar el trauma, maximizar la información, minimizar cualquier tipo de
inducción, respetar su subjetividad) y las áreas que deben cubrirse durante la misma.
Los principios básicos que guían la entrevista semiestructurada son:
 Ir de lo general a lo particular
 No hacer preguntas directivas
 Explicitarle al niño que el entrevistador pregunta porque necesita entender lo que
pasó y no porque dude de su relato
 No utilizar información obtenida de otras fuentes
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Las verbalizaciones del niño, ya sean espontáneas o en respuestas a preguntas, tales


como el contenido del juego y la interacción con el perito, son analizados en el campo
transferencial con especial referencia al contexto institucional en el que se desarrolla.
El análisis de redes de palabras que dan cuenta de las lógicas psíquicas es fundamental.
Evaluar desde un primer momento la capacidad familiar tanto de los padres como de los
niños, de movilizarse en relación a los desordenes enunciados, y trabajar con ellos,. es
tan importante como no acallar.
La evaluación de niños victimizados sexualmente implica la tarea permanente de
reflexionar qué nos pasa con cada unas de las cuestiones que esta problemática plantea.
Habrá que soportar el discurso catártico del niño, aceptar sus idas y vueltas, su hablar,
su denunciar y negar lo que dijo, para luego volverlo a enunciar. Habrá que escuchar
nuestras propias dudas y temores, nuestras propias idas y vueltas, nuestro propio
desvalimiento y nuestras propias violencias. Pensar acerca de la violencia ejercida y
padecida permitiría: evitar el atolladero que representa la identificación con la víctima,
proceso que lleva a las instituciones a pensarse bomberos y ser piromaníacos (C.
Eliacheff).
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Bibliografía

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¿Por qué se queda? ¿Por qué no se va? Consideraciones metapsicológicas sobre un
caso de violencia conyugal. Publicado en revista Actualidad Psicológica, año XXI,
Nº232, Junio de 1996.