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"El fin justifica los medios," usualmente implica hacer algo malo para alcanzar

un fin positivo y justificar la maldad al señalar un buen resultado. Ahora bien, ¿Es
correcto poner en practica esta frase?

La respuesta a esta pregunta, depende de lo que el fin o la meta sean, y de qué


medios sean usados para alcanzarlos. Si las metas son buenas y nobles, y los
medios que utilizamos para alcanzarlas también son buenos y nobles, entonces sí,
el fin justifica los medios. Pero eso no es a lo que la mayoría de la gente se refiere
cuando usa esa expresión. La mayoría la usa como una excusa para alcanzar sus
metas a través de cualquier medio que se necesite, sin importar cuán inmoral,
ilegal o desagradable puedan llegar a ser esos medios. Lo que generalmente
significa esa expresión, es algo como "No importa cómo consigas lo que necesitas
o quieres, en tanto de alguna forma logres obtenerlo."

El fin justifica los medios es una frase que señala al individuo dispuesto a realizar
cualquier cosa que desea para conseguir o cumplir un objetivo. Dicha frase en un
principio se aplicaba únicamente en el ámbito de la política, o los negocios, pero
actualmente aborda a otros contextos de la vida del individuo.

"El fin justifica los medios," usualmente implica hacer algo malo para alcanzar un
fin positivo y justificar la maldad al señalar un buen resultado. Un ejemplo sería
mentir en un currículo vitae, para conseguir un buen empleo, y justificar la mentira
diciendo que un mayor ingreso le permitirá al mentiroso proveer más
adecuadamente para su familia. Otro podría ser, justificar el aborto de un bebé
para salvar la vida de la madre. Mentir y quitar la vida a un inocente, son
igualmente inmorales, pero el proveer para la familia de uno y salvar la vida de
una mujer, es moralmente correcto. ¿Entonces, dónde está la línea divisoria?

El dilema del fin/medios, es un escenario popular en las discusiones sobre


ética. Usualmente, la pregunta es algo como: "Si tú pudieras salvar al mundo,
asesinando a alguien, ¿lo harías? Si la respuesta es "sí", entonces el resultado
moralmente correcto, justifica el uso de un medio inmoral para lograrlo. Pero hay
tres diferentes aspectos a considerar en tal situación: la moralidad de la acción, la
moralidad del resultado, y la moralidad de la persona que ejecuta la acción. En
esta situación, la acción (asesinato) es claramente inmoral, así como lo es el
asesino. Pero salvar al mundo es un resultado bueno y moral. ¿O lo es? ¿Qué
clase de mundo es salvado si se les permite a los asesinos decidir cuándo y si un
asesinato es justificado y luego queda libre? ¿O el asesino enfrenta el castigo por
su crimen en el mundo que él ha salvado? ¿Y el mundo que fue salvado es
justificado al quitarle la vida a aquel que los acaba de salvar?

Ahora bien si nos remontamos de donde surgió la frase podemos encontrar que “el
fin justifica los medios” fue atribuida a Nicolás Maquiavelo. Él tenía un
pensamiento político caracterizado por muchos investigadores como déspota, frío
y amoral. Según esta premisa, un gobernante debería utilizar todos los medios
disponibles a su alcance, sin limitarse por la moral o la ética, con el objetivo de
conseguir una meta que lo merezca.
Maquiavelo, no obstante, no ha de observarse como un ser inhumano y privado de
sentimientos. Simplemente, hay que ubicarlo en una época marcada por la
inestabilidad social y política, en la que diferentes teorías políticas luchaban por
conseguir un método efectivo con el que controlar todos los problemas del siglo
XV y XVI, sin que todo el Gobierno caiga en el intento.
Teorías como que lo único importante para el gobernante es el poder, que la ética
no es válida para tomar decisiones en el Gobierno o el favoritismo hacia la
simulación, aparentar lo que no se es, para obtener favores de los demás, son
características básicas de la obra. “El Príncipe” escrita en 1513 y publicada en
1532, en la que el autor intenta defender a toda costa teorías por las que el
gobernante puede mantener su soberanía y mandato, ante cualquier vicisitud

El tiempo y el análisis le han concedido el privilegiado título de genio literario y


político, pero siempre será conocido por fomentar, entre otras cosas, el
despotismo, la tiranía y el espíritu nacionalista para conseguir una soberanía plena
y firme. (Martinez esteban, 2012)
Es verdad que cuando escuchamos esta frase se nos venga al recuerdo
Maquiavelo como lo mencionamos, sin embargo hay autores que manejan que
Maquiavelo no menciono y ni se le puede otorgar dicha frase. En el blog de
filosofía se menciona que es ridículo porque Maquiavelo nunca dijo tal cosa, y lo
es más todavía porque es atribuirle al intelectual florentino una simpleza que no lo
deja en muy buen lugar, no tanto por el carácter maléfico de la simpleza, sino por
la superficialidad de lo que dice. (Galisteo Gámez 2016)

Lo que Maquiavelo sí dijo y es Lo más parecido a “el fin justifica los medios” que
se puede encontrar en El príncipe, obra de Maquiavelo debido a la cual se le
atribuye tan estúpida frase, está en el penúltimo párrafo del capítulo XVIII del libro,
titulado: “Si los príncipes deben ser fieles a sus tratados”.

En consideración a lo anterior, este es el texto:

“(…) en las acciones de los hombres, y particularmente de los príncipes, donde no


hay apelación posible, se atiende a los resultados. Trate, pues, un príncipe de
vencer y conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados
por todos; porque el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito; y en
el mundo sólo hay vulgo, ya que las minorías no cuentan sino cuando las
mayorías no tienen donde apoyarse (…)”

Así, el postulado “el fin justifica a los medios” no aparece textualmente en las
palabras de Maquiavelo pero se atribuye como conclusión a la idea dada por el
escritor en sus narraciones. Sin embargo, existen historiadores que atribuyen la
frase al teólogo alemán Hermmann Busenbaum, extraída del libro en
latín “Medulla theologiae moralis”, bajo la frase:

“Cum finis est licitus, etiam media sunt licita”, que traducido al español es “Cuando
el fin es lícito, también lo son los medios”.
Según otras teorías, indican que Napoleón Bonaparte, en el libro de “El Príncipe”,
anotó una frase con un significado parecido “Triunfad siempre, no importa cómo, y
siempre tendréis razón” que lleva al individuo a la misma conclusión.

Esta frase aparte de Napoleón, y Maquiavelo, la han utilizado varios escritores


seguidores de la religión cristiana, donde sus contenidos hacen referencia a que el
fin justifica los medios. Por ejemplo A Baltasar Gracián se debe la frase "Todo lo
dora un buen fin, aunque lo desmientan los desaciertos de los medios", en su
obra Oráculo manual y arte de prudencia del año 1647 y Hermann Busenbaum
como ya se mencionó en el año 1950. Esto significa que varios autores a pesar de
no usar la frase como tal si pusieron ciertas connotaciones a esta, y por ende se
siguieron utilizando atreves del tiempo.

Sabiendo la historia, sobre todo que la frase tiene un trasfondo político si es que
nos enfocamos a Maquiavelo, ¿sería correcto emplearla?

Esta frase se emplea para evadir cualquier acto o vía que son contrarias a la ética
y buenas costumbres pero que acarrean un fin presumiblemente bueno. Con esta
frase el individuo coloca en un segundo plano la moral y la ética, y justifica todos
sus medios engañosos siempre que le permita alcanzar un fin determinado.

Sin embargo, según el famoso escritor inglés Aldous Huxley los fines no pueden
justificar los medios, porque los medios usados determinan la naturaleza del fin
que es alcanzado.

Aquí un ejemplo de una persona que considera que el fin justifica los medios: en
una empresa, dos grandes directivos deben de presentar cada uno un interesante
proyecto para aumentar las ventas y reconocimientos de los productos y/o
servicios presentados por la empresa, y ser premiados con el aumento de sueldo y
puesto de trabajo.

Ambos querían impresionar al jefe, pero especialmente aquel que tiene una familia
para sustentar y el deseo de brindarle una mejor vida a sus hijos. En el día de la
presentación de proyecto, el candidato A llega más temprano a la oficina con el
objetivo de destruir el proyecto del candidato B, imposibilitándolo a asistir al evento
de hoy.

En virtud de lo anterior, se puede concluir que el fin justifica los medios, ya que el
candidato A buscaba dar una mejor vida a su familia, por lo que era necesario
impresionar con su proyecto para lograr aumento de sueldo, sin importar los daños
ocasionados a los su colega

En conclusión, según este ejemplo los actos de los hombres deben de ser juzgado
por los resultados, por lo que si al final el individuo logra sus objetivos, los medios
deben de ser aceptados.

Desde la ética de Kant el resultado de la acción es algo secundario y, después de


él sigue algún mal en forma de dolor o injusticia, se trata de la responsabilidad de
los otros que, por no ser capaces de respetar la ley moral a la que debían
ajustarse.

Ahora bien, la ética utilitarista pretende la mejora del mundo y, a menudo, los
medios son justificados por el fin. Y si hablamos de extremos, Un kantiano radical
optaría por salvar a un inocente, aunque la consecuencia fuese la destrucción del
mundo, y un utilitarista radical optaría por salvar al mundo, aunque para ello
tuviese que perecer un inocente.

Cada día realizamos miles de acciones. Desde que nos levantamos hasta que nos
acostamos, nos proponemos unas metas con fines y utilizamos para ello unos
medios.

Y frente al conflicto ético que genera en muchas ocasiones el uso de medios para
obtener fines, considero que es útil considerar algunos aspectos que nos ayudan a
decidir adecuadamente.

1. El valor ético del fin u objetivo que me propongo.


Es evidente que no todas las acciones humanas tienen el mismo valor ético. Por lo
tanto hay que valorarla. Comparando el fin de su acción con sus principios éticos.
Si no entran en conflicto, ¡adelante! De lo contrario, debe valorarse antes de
actuar y si es necesario, cambiar el fin.

2. Las consecuencias de mi acción

Analizar las repercusiones, positivas y negativas, que tendrá esa acción, tanto
para mí como para los demás. Y también analizar sus consecuencias inmediatas,
mediatas y a largo plazo si fuese necesario.

3. El valor ético de los medios que utilizo

Para conseguir mi fin necesitaré unos medios. ¿Los medios son éticamente
coherentes con mis valores o, aunque los medios vayan en contra de mis
principios éticos, la finalidad es superior a esta situación y, por lo tanto, en nombre
de la finalidad utilizo los medios irracionales e incoherentes éticamente? Este es el
verdadero conflicto ético. (Pereira, Molay 2013)

Hay que retomar a Kant y a Maquiavelo frente a sus dos posturas. Para unos, lo
más importante es la validez de los fines y, por lo tanto, los medios son
secundarios, y para otros, los medios nunca justifican los fines, por muy dignos
que sean. En situaciones extremas se crean conflictos de este tipo.

Cada persona tendrá diferentes puntos respecto a esto. Sin embargo es importan
resaltar a la acotación de Juan Ginés de Sepúlveda, filósofo e historiador español
que al respecto dice:

Suele llamarse virtud al poder o facultad inherente a una persona para conseguir
un fin propuesto. Malos medios dan mal fin, esto dice la experiencia: que la dicha
la dan solo, la virtud y la prudencia.

Es evidente que se pueden tomar distintas opiniones sin embargo si se quiere


llegar a tomar desde un punto humanista esta frase no está correctamente
empleada, ya que no contempla la moralidad y la humanidad de esta, no se puede
llegar a una meta o aun “fin” haciendo cualquier tipo de cosa aunque esta pueda
llegar a hacer un bien. Las cosas no son tan sencillas como para afirmar o negar,
depende mucho también de las circunstancias y del fin que se quiera obtener pero
ante todo siempre no rompa o evada cualquier derecho fundamental del hombre,
es correcto que en algunas ocasiones si se pueda tomar en cuenta, pero como se
vuelve a reiterar, no siempre se toma si no se le ve el lado humanista y esencial
de las cosas.

BIBLIOGRAFÍA

Galiseo Esteban (mayo, 2016). Lo que Maquiavelo no dijo: ‘El fin justifica los
medios’ Blog La guía. Disponible en: http://filosofia.laguia2000.com/filosofia-y-
sociedad/lo-que-maquiavelo-no-dijo-el-fin-justifica-los-medios

Lussier, R.N y CF Achua (2016). Liderazgo. Teoría, aplicación y desarrollo de


habilidades. Editorial CENGAG. México. 6ª edición.

Pereira Molay (Noviembre, 2013). Al progreso de la humanidad: El fin justifica los


medios. Blog La respetable Logia. Disponible en:
http://jacquesdemolaypereira.blogspot.mx/2013/11/el-fin-justifica-los-medios.html
Martínez, Estaban (Agosto, 2012) El fin justifica los medios. Disponible en:
www.proceso.com.mx/316385/el-fin-justifica-los-medios-2
Anexos

El fin justifica los medios

Qué es El fin justifica los medios:


El fin justifica los medios es una frase atribuida erróneamente al escritor y
personaje relevante de la Italia renacentista, Nicolás Maquiavelo. La misma
expresa que cuando el objetivo o la causa son importantes, cualquier medio
utilizado para lograrlo es válido.
Habitualmente, muchos han atribuido esta frase como postulado a Nicolás
Maquiavelo incluido en su obra “El Príncipe”, escrita en el año 1513 y publicada en
1532 en la que el autor defiende la imposición de cualquier teoría o plan político
por parte del gobernante para permanecer en el poder ante cualquier incidencia.
En consideración a lo anterior, lo más parecido a esta frase se encuentra en la
obra “El Príncipe”, en el capítulo XVIII:

“(…) en las acciones de los hombres, y particularmente de los príncipes, donde no


hay apelación posible, se atiende a los resultados. Trate, pues, un príncipe de
vencer y conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados
por todos; porque el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito; y en
el mundo sólo hay vulgo, ya que las minorías no cuentan sino cuando las
mayorías no tienen donde apoyarse (…)”

Así, el postulado “el fin justifica a los medios” no aparece textualmente en las
palabras de Maquiavelo pero se atribuye como conclusión a la idea dada por el
escritor en sus narraciones. Sin embargo, existen historiadores que atribuyen la
frase al teólogo alemán Hermmann Busenbaum, extraída del libro en
latín “Medulla theologiae moralis”, bajo la frase:

“Cum finis est licitus, etiam media sunt licita”, que traducido al español es “Cuando
el fin es lícito, también lo son los medios”.

Según otras teorías, indican que Napoleón Bonaparte, en el libro de “El Príncipe”,
anotó una frase con un significado parecido “Triunfad siempre, no importa cómo, y
siempre tendréis razón” que lleva al individuo a la misma conclusión.

Explicación de la frase “El fin justifica los medios”


El fin justifica los medios es una frase que señala al individuo dispuesto a realizar
cualquier cosa que desea para conseguir o cumplir un objetivo. Dicha frase en un
principio se aplicaba únicamente en el ámbito de la política, o los negocios, pero
actualmente aborda a otros contextos de la vida del individuo.

Esta frase se emplea para evadir cualquier acto o vía que son contrarias a la ética
y buenas costumbres pero que acarrean un fin presumiblemente bueno. Con esta
frase el individuo coloca en un segundo plano la moral y la ética, y justifica todos
sus medios engañosos siempre que le permita alcanzar un fin determinado.

En conclusión, según esta frase y su supuesto autor los actos de los hombres
deben de ser juzgado por los resultados, por lo que si al final el individuo logra sus
objetivos, los medios deben de ser aceptados.

Sin embargo, según el famoso escritor inglés Aldous Huxley los fines no pueden
justificar los medios, porque los medios usados determinan la naturaleza del fin
que es alcanzado.

Por último y para una mejor comprensión, citaré un ejemplo de una persona que
considera que el fin justifica los medios. En una empresa, dos grandes directivos
deben de presentar cada uno un interesante proyecto para aumentar las ventas y
reconocimientos de los productos y/o servicios presentados por la empresa, y ser
premiados con el aumento de sueldo y puesto de trabajo.
Ambos querían impresionar al jefe, pero especialmente aquel que tiene una familia
para sustentar y el deseo de brindarle una mejor vida a sus hijos. En el día de la
presentación de proyecto, el candidato A llega más temprano a la oficina con el
objetivo de destruir el proyecto del candidato B, imposibilitándolo a asistir al evento
de hoy.

En virtud de lo anterior, se puede concluir que el fin justifica los medios, ya que el
candidato A buscaba dar una mejor vida a su familia, por lo que era necesario
impresionar con su proyecto para lograr aumento de sueldo, sin importar los daños
ocasionados a los su colega

https://www.significados.com/el-fin-justifica-los-medios/

En primera instancia la definición encontrada en la web es:


El fin justifica los medios es una frase atribuida a Maquiavelo y significa que
gobernantes o el pueblo han de estar por encima de la ética y la moral dominante
para conseguir sus objetivos o llevar a cabo sus planes.

Nicolás Maquiavelo, nacido el 3 de mayo de 1469 Un pensador del Renacimiento,


afirmó en su libro El príncipe, que la finalidad de un príncipe es mantener el poder
y que puede utilizar los medios que quiera como traicionar a los amigos, condenar
a muerte a los opositores, etc. Así pues, para él, el fin (el poder) justifica los
medios (muerte, traición).

Ser un príncipe, decía, significa tener el poder e implica matar si hay que matar
para defender tu patria.

De ahí viene la frase que se le achaca del " fin justifica los medios", frase que
nunca dijo, pero que se ha interpretado como suya porque expresó que los actos
de los hombres deben juzgarse por los resultados; es decir, si al final se logra el
fin los medios se tienen que perdonar.

Desde la ética de Kant se busca la integridad personal, la dignidad. En ese


sentido, el fin nunca justifica los medios. Desde la ética de Kant el resultado de la
acción es algo secundario y, después de él sigue algún mal en forma de dolor o
injusticia, se trata de la responsabilidad de los otros que, por no ser capaces de
respetar la ley moral a la que debían ajustarse.

Ahora bien, la ética utilitarista pretende la mejora del mundo y, a menudo, los
medios son justificados por el fin. Y si hablamos de extremos, Un kantiano radical
optaría por salvar a un inocente, aunque la consecuencia fuese la destrucción del
mundo, y un utilitarista radical optaría por salvar al mundo, aunque para ello
tuviese que perecer un inocente.

Cada día realizamos miles de acciones. Desde que nos levantamos hasta que nos
acostamos, nos proponemos unas metas Léase fines y utilizamos para ello unos
medios.

Y frente al conflicto ético que genera en muchas ocasiones el uso de medios para
obtener fines, considero que es útil considerar algunos aspectos que nos ayudan a
decidir adecuadamente.

1. El valor ético del fin u objetivo que me propongo.

Es evidente que no todas las acciones humanas tienen el mismo valor ético. Por lo
tanto hay que valorarla. Comparando el fin de su acción con sus principios éticos.
Si no entran en conflicto, ¡adelante! De lo contrario, debe valorarse antes de
actuar y si es necesario, cambiar el fin.

2. Las consecuencias de mi acción

Analizar las repercusiones, positivas y negativas, que tendrá esa acción, tanto
para mí como para los demás. Y también analizar sus consecuencias inmediatas,
mediatas y a largo plazo si fuese necesario.

3. El valor ético de los medios que utilizo

Para conseguir mi fin necesitaré unos medios. ¿Los medios son éticamente
coherentes con mis valores o, aunque los medios vayan en contra de mis
principios éticos, la finalidad es superior a esta situación y, por lo tanto, en nombre
de la finalidad utilizo los medios irracionales e incoherentes éticamente? Este es el
verdadero conflicto ético.

Y acá retomo a Kant ya Maquiavelo frente a sus dos posturas. Para unos, lo más
importante es la validez de los fines y, por lo tanto, los medios son secundarios, y
para otros, los medios nunca justifican los fines, por muy dignos que sean. En
situaciones extremas se crean conflictos de este tipo.

No voy a expresar mi postura. De hecho creo que es individual y cada uno de


acuerdo a sus principios tomará sus propias decisiones y librará sus propias
batallas frente a sus conflictos éticos. Solo quiero referirme a la acotación de Juan
Gines de Sepúlveda, filósofo e historiador español que al respecto dice:

Suele llamarse virtud al poder o facultad inherente a una persona para conseguir
un fin propuesto. Malos medios dan mal fin, esto dice la experiencia: que la dicha
la dan solo, la virtud y la prudencia
http://jacquesdemolaypereira.blogspot.mx/2013/11/el-fin-justifica-los-medios.html

Lo que Maquiavelo sí dijo

Lo más parecido a “el fin justifica los medios” que se puede encontrar en El príncipe, obra de
Maquiavelo debido a la cual se le atribuye tan estúpida frase, está en el penúltimo párrafo
del capítulo XVIII del libro, titulado: “Si los príncipes deben ser fieles a sus tratados”. Allí
dice Maquiavelo lo siguiente:
¿Qué dice aquí Maquiavelo? Lo primero de lo que habla es de “juzgar el interior de los
hombres, y principalmente el de los príncipes”. Este “interior” de los hombres es subjetivo, es
su subjetividad y se compone de motivaciones, intenciones, ideales, fines, etc. Maquiavelo
entiende que este “interior” nos está vedado, no es público, sino privado: cada hombre puede
conocer su propio “interior” y nadie el de los demás, por ello no es posible “recurrir a los
tribunales”. Sin embargo, eso no nos impide “juzgar el interior de los hombres”, sobre todo de
los príncipes, ya que siempre podemos juzgar los resultados de sus acciones, con
independencia de aquello que las haya motivado.
En segundo lugar, habla de fines y medios: el fin del príncipe es gobernar y para ello debe
“mantener su autoridad” por encima de todo. Si no la mantiene, entiende Maquiavelo que el
príncipe no es tal, sino a lo sumo un títere, un mediocre o, en el peor de los casos, un futuro
cadáver, con las desastrosas consecuencias que ello pueda acarrear para el pueblo que
gobierna. ¿Y qué dice de los medios? Pues que con tal de no perder su autoridad, pueden ser
cualesquiera, pues en apariencia serán vistos, por la mayoría gobernada, como “honrosos” y
dignos de alabanza.

Lo que Salustio está diciendo, y lo que Maquiavelo está secundando, está muy claro: por muy
buena que sean las intenciones del príncipe, si las acciones derivadas de tales intenciones
comprometen su autoridad, no son dignas de alabanza, lo lícito es mantener, cómo sea, tal
autoridad. Maquiavelo añade: y al hacerlo, que parezca que el príncipe se guía por todas las
virtudes que haya.
Las frases siguientes son aún más interesantes, pues recogen mejor el pensamiento de
Maquiavelo. El príncipe desempeña una función social: gobernar por el bien del pueblo. Ya
avisa Maquiavelo, al principio del libro, que él pertenece al pueblo y el autor florentino no era
gilipollas, es decir, no le está diciendo al príncipe en esta obra que machaque al pueblo que
gobierna.
Maquiavelo distingue entre el vulgo y una minoría: el primero no se percata del tipo de hombre
que lo gobierna, y mientras que todo vaya bien, las acciones del príncipe serán juzgadas con
benevolencia, puesto que el vulgo no se percata de lo deshonroso que es su gobernante. Solo
unos pocos individuos perspicaces lo hacen, pero estos guardan silencio, pues, como dice
nuestro filósofo político favorito más adelante:

Ahora bien, estos ciudadanos perspicaces hablarán en cuanto el vulgo no sepa “a qué
atenerse”, es decir, cuando no se sienta arropado por el gobernante, esto es, cuando el
gobernante no mantenga el bienestar general. De hecho, el capítulo siguiente, el XIX, se titula
“Que el príncipe ha de evitar que se le menosprecie y aborrezca”, en el que aconseja, entre
otras cosas, que se debe hacer querer por el pueblo, el cual es el principal apoyo del
gobernante:

Es importante, a este respecto, tener en cuenta lo siguiente: que el príncipe sea la autoridad
real, y no un mero títere, es importante desde la perspectiva de los gobernados. Si el príncipe
con autoridad es efectivo y los gobernados viven felices y comen perdices, enhorabuena, ese
príncipe tiene muchas posibilidades de morir apaciblemente en la cama de viejo. Si el príncipe
carece de autoridad y gobiernan otros, entonces es poco ventajoso para el pueblo gobernado
y para el mismo príncipe: el pueblo podría participar, incluso protagonizar, su derrocamiento, y
dado que la autoridad real no la ejercía él, nada cambiará. El que ejerce la autoridad debe
ser un personaje público y conocido, no alguien oculto en las sombras. Si el príncipe es
un mentecato que haciendo uso de su autoridad arruina a su pueblo, el pueblo lanzará sus
dardos con acierto si ataca al príncipe.

http://filosofia.laguia2000.com/filosofia-y-sociedad/lo-que-maquiavelo-no-dijo-el-fin-justifica-los-
medios

El fin justifica los medios.

MÉXICO, D.F. (apro).- Desconcertantes y desconcertados vivientes: como


se los prometí en pasada carta, aquí tienen la presente para recordarles
cómo fue que este servidor de ustedes resultó ser el principal responsable
de la frase: “el fin justifica los medios”.
Por principio de cuentas debo aclarar que como padre de la misma no lo
soy tanto, ya que en Demócrito, en uno de los fragmentos que se conservan
de su obra, pueden leer estas dos proposiciones: “El bien no consiste en no
hacer nada malo, sino en no querer nada malo…” y “No es malo aquel que
hace el mal; malo es el que quiere hacerlo”. Por su parte, Platón, mi
maestro, en su libro Las Leyes afirma que el hombre que
inconscientemente, sin propósito determinado, hace algo, no comete sin
razón, por lo que hay que averiguar como punto principal no las
consecuencias, sino la intención con que llevó a cabo ese algo que hizo.
Esos fueron los antecedentes. Pero el verdadero sistematizador de la
relación entre la voluntad y la ética fue este servidor de ustedes, como se
puede confirmar en mi libro ÉTICA A NICOMACO, obra que ha servido de
base e inspiración a la mayor parte de las posteriores y diversas teorías
sobre moral y derecho.
El que mi libro sobre la ética haya sido tan importante, de tanta influencia en
las doctrinas morales, en las leyes de las ciudades-Estado de la antigua
Grecia, en Roma, en toda la cultura occidental y ahora en el mundo, por ser
esa civilización la que ha conformado mayormente a la globalidad en la que
respiran, me llena de satisfacción, pues hombre fui y por ello sujeto de
vanidad, pero como filósofo, igualmente me alarma el uso y hasta el abuso
de la mala interpretación que se ha hecho de mi teoría… y se sigue
haciendo de ella… más ¡ay de mi!, pues, repito, como filósofo debo admitir
la parte de culpa que tuve y tengo en eso por no tener en cuenta la enorme
puerta que abría… ¿a la necesidad, a los anhelos, a los miedos, a la
necedad, a la malicia del hombre? de y para justificar sus desmedida
ambición, su insaciable codicia, a los siempre insatisfechos orgullo y
arrogancia, a ese su constante afán de verse, sentirse, actuar y mostrarse
en lo colectivo y sobre todo en lo individual, como si fuese el principio y fin
de todo lo habido y por haber… impulsos y motivos que mueven al hombre
y que, insisto, no tuve suficientemente en cuenta al reelaborar y hacer una
teoría de las propuestas de Demócrito y Platón… motivos e impulsos todos
que bien sirvieron y siguen sirviendo a los humanos para pasar del “no es
malo el que hace el mal; malo es el que quiere hacerlo”, al “lo que no está
prohibido, está permitido”, y al de “el fin justifica los medios”… frases que,
de una manera u otra, han permitido a padres de la Iglesia –ejemplo San
Agustín– escribir que “por justa serenidad y por amor, los buenos persiguen
a los malos” y “la intención hace buena la obra, no mires mucho lo que el
hombre hace, sino a dónde se propone ir, a llegar con su acto”.
O San Bernardo: “Me atrevo a decir que sólo la buena intención merece
alabanza; la buena voluntad no quedará sin merecida recompensa ni aun en
la obra no buena”. Y la Santa Madre Iglesia, con el santo fin de erradicar la
herejía y salvar el alma de los herejes, legitimó y hasta legalizó la
implacable persecución, la horrible prisión, las brutales torturas e incluso la
muerte de los herejes. Y en toda época y rincones del mundo, los políticos,
los gobiernos, siguiendo el consejo de Maquiavelo, no han dudado ni dudan
en usar y hasta abusar de medios inmorales, ilegales y hasta perversos,
cuando han y consideran que la ventaja, los beneficios que con ello se
pueden alcanzar, sobrepuje ese uso indebido de los malos medios, véase,
en la actualidad, las elecciones discutibles y discutidas en Rusia y en otros
países.
Las empresas y corporaciones transnacionales, la iniciativa privada, por su parte,
no se quedan a tras, ya que justificándose en el dicho “lo que no está prohibido,
está permitido”, en los países donde las leyes imponen barreras y frenos a sus
actividades, se comportan conforme a la ley y estricto apego al Derecho que priva
en los mismos… y lo mismo hace en los países en que no son tan estrictas ni
rigurosas, ya que en ellos, con perfecta legalidad, pueden depredar recursos
naturales renovables y no renovables, pagar menos salarios e incluso pagar
menos impuestos, practicando una doble moral al hacer bueno el dicho que corre
entre ustedes: “moraleja, al que le joden es porque se deja”.
Mucho es lo que todavía puedo seguir escribiendo sobre mi teoría de la relación
entre la voluntad y la ética, pero como eso sería hacer interminable la presente,
mejor aquí la corto.
Sin más y con el debido respeto que me merecen.

http://www.proceso.com.mx/316385/el-fin-justifica-los-medios-2

Maquiavelo, Nicolás, el fin justifica los medios


(1469 – 1527)
El historiador político más calculador no tenía más objetivos que una
soberanía fuerte ante los peligros e inestabilidades de su época.
La máxima “el fin justifica los medios” fue atribuida a Nicolás Maquiavelo por su pensamiento político
caracterizado por muchos investigadores como déspota, frío y amoral. Según esta premisa, un gobernante
debería utilizar todos los medios disponibles a su alcance, sin limitarse por la moral o la ética, con el
objetivo de conseguir una meta que lo merezca.

Maquiavelo, no obstante, no ha de observarse como un ser inhumano y privado de sentimientos.


Simplemente, hay que ubicarlo en una época marcada por la inestabilidad social y política, en la que
diferentes teorías políticas luchaban por conseguir un método efectivo con el que controlar todos los
problemas del siglo XV y XVI, sin que todo el Gobierno caiga en el intento.

Este autor experimentado en teoría política nació en Florencia (Italia) el 3 de mayo de 1469. Comenzó a
destacar dentro del entramado político a finales de siglo, coincidiendo con la proclamación de la República.
Famosas son algunas de sus actuaciones diplomáticas, que hicieron subir su prestigio ante los jefes de
Estado del momento. Cabe destacar su intervención ante el rey francés (1504, 1510-1511), la Santa Sede
(1506) y el emperador (1507-1508).

Durante estas actuaciones, Maquiavelo contactó con importantes gobernantes, sobre todo con el poderoso
César Borgia. Pero el autor acompañó la misma suerte que la República y, tras su desintegración en 1512,
perdió todos sus privilegios como funcionario del Estado, así como la confianza en su persona. Intentó el
favor de los gobernantes del momento, los Médici, pero nunca consiguió recuperar el estatus que tenía
anteriormente. Más adelante, en 1527, la República volvió a tomar forma, pero sus acercamientos a los
Médici hacían sospechar de su fiabilidad.

Aún así, Maquiavelo pasó a la posteridad, más que por sus decisiones políticas, por sus afamados libros
dirigidos a los gobernantes con el fin de que éstos supieran cómo tratar al pueblo. Destaca por encima de
varias obras, “El Príncipe” escrita en 1513 y publicada en 1532, en la que el autor intenta defender a toda
costa teorías por las que el gobernante puede mantener su soberanía y mandato, ante cualquier vicisitud.
Teorías como que lo único importante para el gobernante es el poder, que la ética no es válida para tomar
decisiones en el Gobierno o el favoritismo hacia la simulación, aparentar lo que no se es, para obtener
favores de los demás, son características básicas de la obra.

Aún así, no es la única obra de Maquiavelo. Otras creaciones suyas que han trascendido por su importancia
histórica son “Sobre el arte de la guerra” (1521), sobre las ventajas que acarrean las tropas reclutadas
frente a las mercenarias. La “Historias florentinas” (1525), crónicas de la ciudad, en términos de causalidad
histórica, la biografía “Vida de Castruccio Castracani” (1520), el poema “La mandrágora” (1524), que es una
increíble sátira sobre la corrupción de la sociedad italiana de su tiempo, etc.

El tiempo y el análisis le ha concedido el privilegiado título de genio literario y político, pero siempre será
conocido por fomentar, entre otras cosas, el despotismo, la tiranía y el espíritu nacionalista para conseguir
una soberanía plena y firme.
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