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Poemas de Hermann Hesse

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Poemas de Hermann Hesse

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Esbozo Libros Huida de la juventud Anochecer en la aldea Enseñanza Lamento El lobo estepario Reflexión Vida de una flor Letras Noche del temprano estio Sobre Hirsau La nube silenciosa Chioggia Noche El poeta Montañas en la noche Oda a Höderlin Ante una colección de esculturas egipcias Anochecer solitario Excursión en el otoño tardío Dolores Otoño prematuro El poeta y su tiempo Lenguaje Conocimiento Escrito en la arena Un sueño

Esta pequeña página contiene diversos poemas de Hermann Hesse, y aunque la poesía escrita en una lengua extranjera pierde bastante en la traducción, creo que es bonito leer algún poema de Hesse. Por mi parte, se los dedico a la toda la gente que me ha enviado correos. Como decía la traducción puede modificar bastante la forma de un poema, sirva como ejemplo estas dos traducciones del mismo poema:

(Escrito el 5 de diciembre de 1946) Página con esbozos Esbozo
Frío crepita el viento otoñal entre los secos juncos agrisados por la tarde; Aleteando, las cornejas vuelan del sauce a tierra adentro. Solo, un anciano se detiene un instante en la orilla, siente el viento en sus cabellos, la noche y la nieve inminente; eleva su mirada de los bordes de sombra hasta la luz, allí donde, entre mar y nube, cálida sonreía aún, iluminada, la cinta de una orilla lejana: áureo más allá, dichoso como el sueño y la poesía. Firmemente retiene en sus ojos la fulgurante imagen, piensa en la patria, recuerda sus buenas épocas, ve empalidecer el oro, lo ve extingirse, se vuelve y, lentamente, se dirige del sauce a tierra adentro. El viento del otoño cruje con frialdad entre las secas cañas, ha envejecido con el anochecer; tierra adentro, desde los sauces aletean cornejas. Un viejo solitario descansa en una orilla, siente el viento en su pelo, la noche y la nieve que se acercan, desde la orilla en sombras mira la luz enfrente donde entre nube y lago la línea de la costa más lejana todavía refulge en la cálida luz: un allende dorado, feliz como la poesía, como el sueño. La mirada sostiene con firmeza el cuadro iluminado, piensa en la patria y en los buenos años, ve cómo el oro palidece y se extingue, se aparta y lentamente camina tierra adentro desde la salceda.

¿Verdad que parecen dos poemas distintos sobre el mismo tema? Por cierto, esto no es ninguna crítica a los traductores.

Libros (Entre 1911 y 1918)
Ninguno de los libros de este mundo te aportará la felicidad, pero secretamente te devuelven a ti mismo. Allí está todo lo que necesitas, sol y luna y estrellas, pues la luz que reclamas

Huida de la juventud (1895-1898)
El estío, cansado, inclina la cabeza para verse surgir, amarillo, del lago. Hago mi camino cansado y polvoriento por las alamedas en penumbra. El viento titubea y corre entre los álamos. A mis espaldas el cielo empieza a enrojecer. Delante de mí tengo el miedo de la noche. Y crepúsculo. Y muerte.

habita en tu interior. Ese saber que tú tanto buscaste por bibliotecas, resplandece desde todas las lágrimas, puesto que es tuyo ahora.

Hago mi camino cansado y polvoriento y detenida y dudosa queda tras de mí la juventud, que baja su cabeza hermosa y que se niega a acompañarme.

Anochecer en aldea (1895-1898)
Entra el pastor con sus ovejas por callejuelas silenciosas, dormir desean las casuchas y cabecean en la sombra. Entre los muros donde estoy me siento solo y extranjero mi corazón apura el cáliz de mi dolor con pesadumbre. Donde el camino me llevó siempre una lumbre daba abrigo pero yo nunca conocí qué es una patria y un hogar.

Enseñanza (1919-1928)
Algo más, algo menos, mi querido muchacho, las voces de los hombres son todas un engaño; sólo somos honestos cuando niños, y ya después en el sepulcro.

Yacemos luego junto a los que nos precedieron, sabios al fin y llenos de fría claridad, y con los huesos blancos crujir hacemos la verdad, y alguno mentiría, otros preferirían una vez más vivir.

Lamento (1929-1941)
El ser no nos ha sido dado. Somos un río sólo y dócilmente en toda forma confluimos: tanto la noche como el día, catedral o caverna, todo lo atravesamos, pues nos arrastra la sed por existir. Así llenamos forma tras forma sin descanso, y ninguna llega a ser patria, ni dicha, ni necesidad, siempre de viaje, huéspedes para siempre, no nos llama el campo ni el arado, tampoco crece el pan para nosotros. Desconocemos lo que Dios piensa de los hombres.

El lobo estepario (1919-1928)
Yo, lobo estepario, troto y troto, la nieve cubre el mundo, el cuervo aletea desde el abedul, pero una liebre nunca, nunca un ciervo. ¡Amo tanto a los ciervos! ¡Ah, si encontrase alguno! Lo apresaría entre mis dientes y mis patas, eso es lo más hermoso que imagino. Para los afectivos tendría buen corazón, devoraría hasta el fondo de sus tiernos perniles, bebería hasta hartarme de su sangre

El juega con nosotros, somos arcilla entre sus manos, enmudecida y maleable, ni ríe ni solloza, es realmente dúctil, pero tampoco se calcinará. ¡Ser convertido en piedra alguna vez, durar! Siempre viva por ello está nuestra nostalgia, mas también queda siempre un temeroso escalofrío y nunca se hace pausa para nuestro sendero.

rojiza, y luego aullaría toda la noche, solitario. Hasta con una liebre me conformaría. El sabor de su cálida carne es tan dulce de noche. ¿Acaso todo, todo lo que pueda alegrar una pizca la vida está lejos de mí? El pelo de mi rabo tiene ya un color gris, apenas puedo ver con cierta claridad, y hace años que murió mi compañera. Ahora troto y sueño con los ciervos, troto y sueño con liebres, oigo soplar el viento en noches invernales, calmo con nieve mi garganta ardiente, llevo al diablo hasta mi pobre alma.

El poema que le adjunto guarda relación con mi neutralidad en el campo político (repetidas veces atacada por los "emigrantes"). (Escrito en Baden, el 20-XI-33, como un intento por formular los pocos fundamentos de mi fe, de los que estoy seguro). Poema que Hermann Hesse envió a Thomas Mann en Baden (Suiza) el 26-XI-1933

Reflexión
Divino es y eterno el Espíritu. Hacia Él, cuya imagen e instrumento somos, conduce nuestro camino, y es nuestro entrañable anhelo llegar a ser como Él, fulgurar con su luz. Mas del barro y mortales nacimos e inerte pesa en nosotros, criaturas, la gravedad. Aunque amor y cuidados maternales nos brinde Natura, y la tierra nos nutra y sea cuna y tumba, la paz no nos otorga; paternal y próvida, deshace la chispa del Espíritu inmortal de Natura el amoroso encanto: hace hombre al niño, diluye la inocencia y nos despierta a la lucha y la conciencia. Así, entre padre y madre,

así, entre cuerpo y espíritu, vacila el hijo más frágil de la Creación: el hombre de alma temorosa, pero capaz de los más sublime: un amor más fiel y esperanzado. Arduo es su camino, la muerte y el pecado lo alimentan, se extravía con frecuencia en las tinieblas y más le valdría a veces no haber sido creado. Eternamente fulge, sin embargo, sobre él su misión y su destino: la Luz, el Espíritu. Y sentimos que es a él, desamparado, a quien ama el Eterno especialmente. Por ello no es posible amar, erráticos hermanos, aun en la discordia. Y ni condenas ni odios, sino amor resignado y amorosa paciencia nos acercan a la meta sagrada.

Vida de una flor
(escrito el 14-VIII-1934) Por la verde ronda de hojas ya se asoma con temor infantil, y apenas mirar osa; siente las ondas de luz que la cobijan, y el azul incomprensible del cielo y del verano. Luz, viento y mariposas la cortejan; abre, con la primera sonrisa, su ansioso corazón hacia la vida, y aprende a entregarse, como todo ser joven, a los sueños. Más ahora ríe toda, arden sus colores y su cáliz abulta ya el dorado polen; aprende a sentir el calor del mediodía y, agotada, se inclina al lecho de hojaspor la tarde. Labios de mujer madura con sus bordes, donde las líneas tiemblan por la edad ya presentida. Cálida florece al fin su risa, en cuyo fonfo amarga caducidad y hastío anidan. Pero ya se ajan y reducen los pétalos, ya cuelgan pesadamente sobre ñas semillas. Palidecen los colores como espectros: el gran

secreto envuelve ya a la moribunda.

Letras, escrito el 8-II-1935, que originalmente llevaba el título de Jeroglíficos:

Letras
En ocasiones solemos coger la pluma y escribimos, sobre una hoja en blanco, signos que dicen esto y aquello: todos los conocen, es un juego que tiene sus reglas. Si viniera, en cambio, algún salvaje o loco, y, curioso observador, acercase a sus ojos una de esas hojas con su campo rúnico, otra imagen del mundo, extraña, de ahí lo observaría. Acaso un salón de mágicos retratos; vería la A y la B como un hombre o animal moverse, como los ojos, cabellos y miembros, allí pensativos, impulsados aquí por el instinto; leería como en la nieve las huellas de las cornejas, correría, reposaría, sufriría y volaría con ellas y vería trasguear entre los signos negros, fijos, o deslizarse entre los breves trazos, de cualquier creación, las posibilidades. Vería arder el amor, al dolor contraerse, y se admiraría, reiría, lloraría, temblaría, pues tras las mejillas de aquella escritura el mundo entero, con su ciego impulso, pequeño se le antojaría, embrujado, exiliado entre los signos que, con rígida marcha, avanzan prisioneros y tanto se asemejan que impulso vital y muerte, deseos y pesares, fraternizan hasta hacerse indiscernibles... Gritos de intolerable angustia lanzaría finalmente el salvaje, atizaría el fuego y, entre golpes de frente y letanías, la blanca hoja entregaría a las llamas. Luego, tal vez adormilado, sentiría cómo ese No-mundo, ese espejismo insoportable lentamente retorna

a lo Nunca-sido, al Ningún-lado, y suspiraría, sonreiría, sanaría...

Noche del temprano estío Oda a Höderlin(1911-1918) (1895-1898)
Amigo de mi juventud, a ti regreso agradecido ciertos atardeceres, cuando entre los saúcos en el jardín que duerme suena sólo la fuente susurrante. El cielo tormentoso, y un tilo en el jardín, en pie, tiembla. Es tarde ya. Un pálido relámpago vemos en el estanque permanecer, con ojos grandes, humedecidos. Las flores se mantienen en tallo fluctuante y afiladas guadañas se acercan más y más. El cielo tormentoso trae un aire pesado. Mi chica se estremece: <<¿Lo sientes tú también?>> Hoy nadie te conoce, amigo mío; en estos tiempo nuevos muchos se han apartado del encanto tranquilo de la Hélade, sin oraciones y sin dioses prosaicamente el pueblo camina sobre el polvo. Pero para una secreta multitud de absortos entrañables a los que el dios llenó el alma de anhelos aún suenan las canciones de tu arpa divina. Cansados del trabajo regresamos ansiosos a la ambrosiaca noche de tu canto, cuyas flotantes alas nos protegen con un sueño dorado. Y cuando nos encanta tu canción más ardiente se enciende, más dolorosamente arde hacia el país dichoso del pasado hacia los templos de los griegos esta nostalgia que jamás termina.

La nube silenciosa
(1899-1902)

Noche (1903-1910)
He apagado mi vela con un soplo. Por la ventana abierta se introduce la noche, dulcemente me abraza y me permite ser como amigo o hermano.

Suave, silenciosa, angosta, blanquecina, una nube se extiende en el azul. Inclina tu mirada y siente Enfermos ambos por igual nostalgia; cómo te lleva con ternura blanca lanzamos sueños aprensivos entre sueños azules. y hablamos quedamente de los viejos tiempos en el paterno hogar.

Sobre Hirsau (1899-1902)
Mientras descanso bajo los abedules recuerdo tiempos ya pasados, cuando con mi dolor adolescente un mismo olor atravesaba el bosque.

El poeta y su tiempo (1929-1941)
Fiel a las imágenes eternas, constante en la contemplación, dispuesto para la acción y el sacrificio. Pero en tu tiempo sin respeto no tienes cátedra ni oficio, ni dignidad ni confianza.

En este lugar mismo, sobre el musgo, Debe bastarte, en un lugar perdido, tímido y ardoroso, yo soñaba expuesto a los escarnios del mundo, consciente sólo con una joven rubia y muy esbelta, de tu vocación, primera rosa para mi corona. renunciar al brillo y al placer diario y guardar los tesoros que jamás enmohecen. Pasado el tiempo envejeció mi sueño La burla de mercados puede apenas dañarte y se alejó de mí. Mas otro mientras para ti suene la sagrada voz; sobrevino. si se muere entre dudas, te encuentras despreciado ¡Cuánto hace ya que me dijera del propio corazón, como bufón sobre la tierra. adiós! ¿Con quién se fue? ¿Quién fue? Aún hoy no lo sé, solamente que era graciosa, esbelta y rubia de cabellos. Mas para una futura perfección es preferible servir con tristeza, sacrificarse sin acción, que hacerse grande y rey traicionado lo que otorga sentido a cuanto sufres: tu misión.

El poeta (1903-1910)

Ante una colección de esculturas egipcias (19111918)

Miráis desde unos ojos esculpidos sobre piedras preciosas, más allá de nosotros, silenciosos y eternos, hermanos remotos. Para mí, el solitario, sólo para mí Ni la añoranza ni el amor brillan las innumerables estrellas de la noche, parecen conocer vuestros brillantes la fuente de piedra susurra su mágica canción, rasgos. y sólo para mí, para mí, el solitario, Regios y emparentados con los astros, surcan las sombras coloreadas antaño misteriosos, igual que nubes que deambulasen como sueño caminasteis entre los templos. sobre el paisaje. Hoy flota santidad, como tardío aroma No un hogar ni un sembrado, de los dioses, ni bosque o profesión me fueron concedidos, alrededor de vuestras frentes, mío es tan sólo lo que no tiene dueño, la dignidad en torno a las rodillas; el arroyo que cae tras el velado bosque, con serenidad respira vuestra mío el fecundo mar, hermosura, mío el gorgojeo de los niños que juegan, el dolor y su patria es la eternidad. las lágrimas del enamorado solitario en el atardecer. Nosotros, sin embargo, vuestros Míos también los templos de los dioses, hermanos jóvenes, el venerable bosque del pasado. nos tambaleamos sin dioses a lo largo Y no es menos mi patria en el futuro de una vida errabunda, la iluminada bóveda celeste: todas las torturas de la pasión, Mi alma alza el vuelo a veces con nostalgia cualquier anhelo ardiente para ver el futuro dichoso de los hombres, están abiertos ávidamente al alma para ver el amor, vencedor de la ley, amor de temblorosa. pueblo a pueblo. Nuestro final es la muerte, Vuelvo a encontrarme a todos, cambiados con vanidad nuestro credo, nobleza: nada alejado de la actualidad al rey, al campesino, al comerciante, al laborioso se opone a nuestra efigie suplicante. pueblo de los marineros, Pero también nosotros, sin embargo, al jardinero y al pastor, todos, agradecidos, tenemos grabadas en nuestras almas celebran la universal fiesta del futuro. la huella de un misterioso parentesco, Sólo falta el poeta, intuimos los dioses y ante vosotras, él, testigo solitario, mudas portador del anhelo del hombre y su pálida imágenes, sentimos de los tiempos imagen, antiguos pues que el futuro, el mundo consumado como un amor sin miedo. Porque, no necesitan más. Sobre su tumba sabed, no odiamos muchas coronas se marchitan, a ser alguno, ni a la muerte tampoco, pero ni rastro ya de su recuerdo. ni el sufrimiento ni la muerte aterra nuestras almas, porque aprendimos a amar profundamente.

Nuestro corazón como el de un pájaro a mar y bosque pertenece, y llamamos hermanos a los esclavos y a los miserables, y a piedras y animales también, con nombres del amor. De ese modo la imagen de nuestra vida efímera no ha de sobrevivirnos en la sólida piedra; se desvanecerán mientras sonríen, y en el polvillo efímero del sol, impacientes y eternos, cada hora a nuevas penas y alegrías resucitarán.

Anochecer solitario (1911-1918)
Oscila el fuego de la vela en la botella vacía y en el vaso. En el cuarto hace frío. Fuera sobre la hierba la lluvia cae blandamente. Vas al lecho de nuevo para un corto descanso, lleno de escalofríos y tristeza. La mañana y la noche vienen otra vez vienen siempre de nuevo mientras que tú jamás.

Un sueño(1944-1962)
Salones que cruzamos con timidez, un centenar de rostros que desconocemos... Con lentitud, una tras otra, las luces palidecen. Allí cuando su brillo se hace gris cuando se ciega con el atardecer, un rostro me parece familiar, la memoria del amor encuentra conocidos los rostros que antes fueron extraños. Oigo nombres de padres, hermanos, camaradas, así como de héroes, de mujeres,

Excursión en el otoño tardío (19191928) La lluvia del otoño ha escarbado en el bosque grisáceo, el valle tirita con el viento frío de la mañana los duros frutos del castaño caen y estallan y sonríen húmedos y parduscos. El otoño también ha escarbado en mi vida, el viento arranca hojas desgarradas y sacudiendo va rama tras rama, ¿dónde el fruto? Florecí amor, fue sufrimiento el fruto. Florecí fe, y el odio fue su fruto. Corre el viento por mis ramas estériles,

poetas que yo reverencié cuando muchacho. Pero ninguno de ellos me concede siquiera una mirada. Como las llamas de una vela se desvanecen en la nada dejan en el entristecido corazón sonidos de poemas olvidados, oscuridad, lamentos en torno de los días ya encauzados en leyenda y en sueño de una luz disfrutada alguna vez.

yo me río con él, aún resisto tormentas. ¿Cuál es el fruto para mí? ¿Cuál mi meta? -Yo florecía y era mi meta florecer. Ahora me marchito y esa es la meta, no otra cosa, breves las metas son que el alma se propone. Dios vive en mí, Dios muere en mí, Dios sufre en mi pecho, y es ésta meta suficiente. Buen camino o errado, flor o fruto, todo es lo mismo, pues que nombres tan sólo. El valle tirita con el viento frío de la mañana, los duros frutos del castaño caen y fuerte y claramente ríen. Yo con ellos.

Otoño prematuro (1929-1941)
Huele con fuerza a hojas marchitadas, trigales vacíos y sin panorama; sabemos que alguna de las próximas tormentas desnudará al verano fatigado. Crujen las vainas del esparto. Y repentinamente lo legendario y lo remoto se nos aparecen, todo lo que creemos tener en nuestras manos y cada flor maravillosamente se extravía. Medrosamente crece un deseo en el alma asustada: que no se una a la vida demasiado, que viva como un árbol su marchitamiento, que no falte a su otoño fiesta ni color.

Dolores(1919-1928)
En la chimenea el tizón se retuerce dolorido, una escritura llameante corre sobre su cenicienta piel estremeciéndolo. Fuera la húmeda noche se precipita y sufre como animal atormentado que gritase pidiendo compasión y muerte. Me arrodillo en el centro a la oscilante luz que surge de la chimenea, mi destino parece insoportable al alma temblorosa, como aguacero corre sobre mi corazón fuego del sufrimiento, entre cuya tortura me consumo. Igual que el tronco en llamas y la noche quejosa el corazón se ofrece palpitante al terrible enemigo, ese dolor, en que entregados e impotentes ardemos y que hace iguales tronco, llama, tormenta y grito de animal.

Lenguaje(1929-1941)

Conocimiento(1929-1941)

El sol nos habla por medio de la luz, Es eterno el espíritu y divino. con aroma y color lo hacen las flores, Hacia él, de quien somos la imagen, e

el aire con las nubes, nieve, y lluvia. instrumento, En el santuario del mundo nos llevan nuestros pasos; es nuestro anhelo vive un impulso, es insaciable, íntimo: para romper el mutismo de las cosas, ser como él y brillar en su luz. y en la palabra, el gesto, el sonido, el Pero somos terrenos y mortales, color sobre nosotros pesa con gravidez la declarar el ser y su secreto. negligencia. La clara fuente de las artes corre Dulce nos trata, sin embargo, la naturaleza, aquí, maternalmente cálida, lucha por la palabra la revelación, nos cría con la tierra y nos prepara cuan y por el alma del mundo, y luminosa sepultura. anuncia Mas a pesar de todo, la naturaleza no nos trae con los labios del hombre una el sosiego, experiencia eterna. su maternal encanto lo atraviesa Toda vida tiende hacia el lenguaje, la chispa paterna de inmortal espíritu, en la voz y en el número, en el color, hace del niño un hombre, la línea y el sonido la inocencia nos borra, nos despierta a la lucha y alza un trono cada vez más alto a los y la conciencia. sentidos. Así entre padre y madre, entre cuerpo y espíritu, El rojo y el azul en una flor se vuelve en la palabra de un poeta vacila el sino frágil de la creación, el edificio interno de la creación el alma temblorosa de los hombres, capaces que siempre empieza y no termina para el sufrimiento nunca. como ser otro alguno, capaz de lo más alto: Y allí donde el sonido y la palabra se un amor más creyente y con más esperanza. combinan, donde una canción suena, el arte se Difícil su camino, muerte y pecado su comida, despliega, se pierde a veces entre la tiniebla, y es cada vez allí el sentido de todo el sería mejor a veces no haber sido creado. universo, La nostalgia, no obstante, irradia eterna sobre y la existencia toda se conforma de él, nuevo, también su determinación: luz, espíritu. y cada libro y cada canción Entonces y cada cuadro es un descubrimiento, lo sentimos: es él, amenazado, un nuevo intento, tal vez hace el a quien ama el Eterno con amor especial. millar, para alcanzar la unión de lo que vive. Por eso, hermanos extraviados, a nosotros Os atraen música y poesía nos es posible amar, incluso en la discordia, a entrar en esa unión, y no juzgar ni tan siquiera el odio, para captar la variedad de lo creado y por eso es posible este paciente amor. una mirada basta solamente al espejo. Una resignación amante nos acerca Lo que nos afecta con su desconcierto cada vez más al límite sagrado. se vuelve claro y simple en el poema: ríe la flor, la nube llueve, tiene sentido el mundo, y lo que es

mudo habla.

Escrito en la arena (1944-1962)
Que lo hermoso y lo hechicero sea tan sólo hálito y tormenta, y que lo encantador y lo precioso y lo propicio nunca permanezca: que flor y nube y pompa de jabón, fuegos artificiales, risas de los niños, mirada de mujer en el espejo y tantas otras cosas tan maravillosas que se extinguen, apenas descubiertas, duren sólo un instante, eso penosamente lo sabemos. No nos es tan querido lo duradero, inmóvil: piedra preciosa con un fuego frío, pesada barra de oro refulgente; y las mismas estrellas extrañas, alejadas, no parecen iguales a nosotros, seres transitorios, pues la hondura del alma no la alcanzan. Parece que lo hermoso, que lo amable tienda a la destrucción, tan cerca siempre de la muerte, y que lo más precioso, los tonos de la música que desde el nacimiento huyen, se desvanecen, hálito son tan sólo, ríos, persecución. Y por un dolor tenue derribados de un soplo, pues tampoco se dejan detener por el tiempo que dura este latido, tampoco exorcizar; sonido tras sonido, casi apenas tocados, se esfuman y se escurren desde allí. Así está nuestro corazón lealmente entregado, fraternalmente a lo fugaz, la vida, lo que mana, no a lo que, sólido, posee duración. Pronto lo permanente nos fatiga, joyas, roca y mundo estrellado, a nosotros, en el eterno cambio a la deriva,

almas de viento y pompas de jabón, al tiempo unidos, y fugaces, a quienes el rocío de una hoja rosa, a quienes el cortejo de unas aves, la muerte del espejo de las nubes, el brillo de la nieve, el arco iris, la mariposa que voló, nosotros, a quienes el sonido de una risa que al pasar nos rozara nos parece una fiesta o nos causa dolor. Amamos todo aquello que nos es semejante, y entendemos lo que el viento escribe sobre la arena.

Montañas en la noche (19031910)

Chioggia (1899-1902)
Fachadas apretadas que el tiempo oscureció, cuadros marianos en ocultos nichos, en medio espejos de agua, góndolas perezosas y anchas barcas cargadas de oscuros pescadores. Pero por todas partes, sobre los muros que se desmoronan, por todas las callejas, por las escalas y por los canales adormecida yace una tristeza desesperanzada que quiere hablarnos de pasados tiempos. Avanzo muy despacio sobre las baldosas y con temor: quisiera despertarlas. ¡Si acaso despertaran no podría salvarme! Sigo andando con prisa y busco el puerto, y busco el mar, y trato de ganar un barco. Tras de mí se aduermen se demoran tristemente las calles.

El lago se ha extinguido, oscuro duerme el cañaveral murmurando en el sueño. Sobre el campo extendidas alargadas montañas amenazan. No reposan. Hondamente respiran, se mantienen unidas unas contra otras. Respirando hondamente, llenas de oscuras fuerzas, irredentas en su pasión devoradora.

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