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Libro de Justicia Indigena en El Ecuador- Carlos Perez Guartambel

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Así como la encomienda, el tributo constituye uno de los pilares del

sistema económico hacendario de la Colonia. Tuvo tanta adhesión el
tributo a los indios que ni siquiera el cura Bartolomé de Las Casas se
atrevió a proponer la eliminación de esta institución que produjo tanta
lujuria de pocos sobre los hombros de miles de indios que aprendieron a

sudar y afigir de dolor. En 1520, Las Casas si bien aboga por la libertad

de los indios, sugiere que libertados los indios podrían organizarse en

comunidades, trabajar colectivamente y continuar pagando los tributos.

Sostenía el clérigo que si aceptan sus planes, el tributo produciría a partir
del tercer año, quince mil ducados de renta, que se duplicaban al cabo
de un decenio.
Por su parte Eugenio Espejo expresaba que cada indio tributaba
anualmente cinco pesos por cabeza aproximadamente. La exacción se

hacía muchas veces efectiva en las viudas de los tributarios, que “han

Justicia Indígena

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sido perseguidos a pagar el tributo de sus maridos difuntos, como si
fuese su propia deuda personal”
.
Con el advenimiento de las “nuevas leyes” de 1542 y 1543, la encomienda
sufre una reforma, dejando de ser repartimiento de indios pasa a ser

medio de percepción y cobro de tributos a los repartidos.
Así como hubo conquistadores y colonizadores desprovistos de
humanismo, hubo también, como excepción, españoles cristianos

comprometidos con su doctrina real que tuvieron plena conciencia de

los terribles vejámenes que padecían los indios y la terrible carga que

llevaban a cuesta sobre sus espaldas, no pudiendo ocultar su complicidad
o al menos indiferencia viéndose obligados a denunciar estas calamidades
sociales. El Arzobispo Loayza se quejaba de las odiosas tasas que se

imponían por lo que pedía mayor moderación, sin embargo no dejaban de

ser voces aisladas, más pudo la ambición patológica de sus congéneres.
Reproducimos un extracto de la opinión del Ilmo. Señor Peña, que
consta en la obra “El Indio en el Ecuador Independiente” escrito por
Julio Tobar, en su representación a la Audiencia conocida en la sesión
del 7 de agosto de 1570:

“34. - Las tasas que se han hecho en los tributos han sido el remedio en
parte para dar alivio en el desorden que se tenía llevando a esos indios
los encomendados sus haciendas y servicios personales en diferentes
modos llevándoles el tributo sin tasa y otros muchos más de la tasa y
otros con excesivas medidas de la ropa de los cuales ha habido y hay
muchas quejas en vuestra Real Audiencia otros aunque mueren indios de
su repartimiento y otros que se ausentan no descuentan la parte que les
cabe a los dichos muertos y ausentes antes que den a sus encomendados
en oro corriente de Quito que es diecinueve quilates e medio. Vuestra
alteza manda restituir todos estos excesos a los indios poniendo remedio
en lo de adelante...”
35. - Yten de cualquier manera que los indios salen de sus tierras
siendo su ausencia distante de sus casas se les siguen muchos daños
muriéndose en los caminos unos sin bautizo e sementeras por lo cual

e por otros infnitos inconvenientes vuestra alteza debe mandar que los

tributos que pagan los dichos indios a sus encomenderos se los paguen
en sus tierras el sacerdote cura de los yndios haga la quenta por parte
de los indios para que no reciban agravio”.
36. - Yten que el tributo que dan los indios a sus encomenderos sea uno y
común de todos los yndios de todas las tierras que así lo tiene mandado
vuestra alteza en la Nueva España atendiendo a que por ahora todo

Carlos Pérez Guartambel

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el tributo es personal por que el real que son otros pechos y alcabalas
por ahora suspendido y este tributo lo han moderado que en la nueva
España cada yndio paga en cada un año de tributo un peso de ocho
reales y media anega de maíz y los yndios de aquel reino a su modo
son más ricos y tienen más granjerías y aprovechamientos que los de
estos reynos en los cuales bastaría que cada indio pagase el tributo
de un año un peso y medio de plata corriente y que lo valga lo que
hubiere de tributar y nos más por que los demás es exceso”.
37. - “Ytem las tasas que de nuevo se hicieren para los tributos de
estos naturales y encomenderos se tenga consideración que los yndios
tributen de lo que tienen en sus tierras y comarcas por que esto es lo
que conviene al bien e sustento de los indios y a la conservación de
la tierra”
38. -Ytem –que los tributos de los indios no lo pueden comutar los
encomenderos ni justicias de los pueblos de españoles porque todos
son uno y de ello resultan agravados para los indios”.
39. - Ytemn que las tasas se hagan como en la Nueva España dando
los dos partes de los que se tasare al encomendero y que de la tercia
y cuarta parte para que se saque la doctrina y se de a los caciques y
principales e gente que gobierna el pueblo y en esta parte no tenga
que ver el encomendero”.
40. - Yten que los viudos solteros por casar de veinte años arriba ni
paguen mas que la mitad del tributo y los viejos de grande edad y los
mozos de hasta veinte años no tributen”.
41 Yten que los indios que murieren o se ausentaren del pueblo por
vuestra Real cédula de libertad no se cuenten en el número de los
tributarios si no los que quedan paguen lo que les caben descontando
los que faltan hasta por cantidad y no se apremie a los caciques
paguen por los dichos muertos e absentes”.
42. - “Ytem – que en el tributar los señores y principales y sus hijos
sean libres pues son hijos algo a su modo y de jure gentium son exentos
los tales entre todas las naciones”.

43. - Yten se de la tasa a los doctrineros para que manifesten a los

indios lo que a cada uno cabe en la paga del tributo y les declare no
estar obligados a mas aunque se les pida dar el cacique o encomendero
no se lo debe dar por evitar los robos que los caciques en esto hacen
a los pobres”.

Las Leyes de Indias permitían los abusos y extorsiones sin límite en

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contra de los súbditos y vasallos en América, incluso se exigía los tributos
a los que la ley prohibía, no podía ser más evidente lo que manifesta el

Obispo Solórzano:

“Que no se habían de exigir…las cuotas tributarias correspondientes a
enfermos o ausentes; que las mujeres casadas no estaban obligadas a
pagar el tributo de sus maridos, ni los hijos de los de sus padres, ni los
padres los de sus hijos”.

El tributo era obligación “natural” de pagar desde los 18 años hasta los

70, conforme disponía la ley 7ma. De la Recopilación de Indias.
La ley 8va. Hace un alcance no solo por los indios puros, sino también
por los hijos de negro e india, y por los que trabajaren en minas debían

ser objeto de especial moderación, sobre todo si fueren forasteros.

Las leyes 15, 19 y 20 excepcionan el cobro del tributo a los miembros

de las familias de los indios muertos o huidos, mientras que las indias

estaban exentas de la tasa, así como los alcaldes.

Numerosas familias indígenas escogían el suicidio en vez de la lenta

agonía en manos de los conquistadores y colonizadores. Las cifras

del genocidio indígena son aterradoras, Cook Borah nos comparte
los siguientes datos: En poco tiempo en la isla cubana medio millón

de personas fue exterminada y sustituida por igual número de reses.
Y continúan las cifras escalofriantes. En México la población de

16.871.404 redujo a 1.372.228 personas en 53 años. Eduardo Galeano

concluye: “de setenta millones o quizá más que existían en América
antes que los conquistadores extranjeros aparecieran en el horizonte;
un siglo y medio después se habían reducido en total a solo tres millones
y medio”.

En otros casos la situación fue más dramática, los indígenas de República
Dominicana se anticipaban al destino y mataban a sus hijos primero y

luego se suicidaban en masa antes que ser capturados por los asesinos

ibéricos. Se calcula que solo al inicio de la conquista se exterminó a más

de 10.000.000 de indígenas, la cifra no puede ser más elocuente.
Sin embargo el arzobispo Liñan y Cisneros negaba el aniquilamiento
de los indios “Es que se ocultan para no pagar tributos, abusando de la
libertad de que no gozaban y que no tenían en la época de los incas”
.

Lo anotado no puede ser más decidor desde la óptica tiránica y perversa
de la iglesia expansionista.

Esta fue la razón para legislar sobre los muertos, que no eran precisamente
muertos sino suicidios masivos de los indios que se producía ante los

terribles maltratos y excesos que se cometían a diario constituyéndose

Carlos Pérez Guartambel

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las huidas o deserciones como única forma de liberarse del terrible yugo

de la rapacidad con la que los conquistadores actuaban.
El tributo tenía carácter eminentemente personal, no real, es decir se
calculaba en función de las personas, más no de las cosas o predios.

Este carácter personal traía odiosas consecuencias así se expresa el
Obispo Alonso de la Peña y Montenegro en su célebre “Itinerario
para párrocos”:

“ El tributo que pagan los indios a su Majestad, y a sus encomenderos
es personal: pues todos le pagan igualmente, y no a las haciendas,
porque todos están baldados de ellas, como pobres y miserables que
son; y tan pobres, y de tan poca industria y negociación, y aun labranza
y crianza, que ha tener de ella noticia la piedad de nuestro Rey Señor,
les indultarán para que no le pagasen tributo, o les moderará: porque
los más pagan en cada un año cada vez más de lo que vale todo lo que
tienen y poseen, aunque entren en esta cuenta los vestidos con los que
se cubren”.

El mismo obispo no puede ocultar su indignación ante estos sadismos
intolerables cometidos por los encomenderos al anotar más adelante:

“ …Pecan mortalmente los encomenderos que a título de tributo ocupan
a los indios gran parte del año en sementeras, obrajes, minas y otras
ocupaciones semejantes, lo cual se prueba, porque es contra toda razón
quitar a gente libre el uso libre de personas y bienes obligándose a que
trabajen para los amos, como si fueran esclavos, con violencia y tiranía;
y no sé yo como podrán librar de la excomunión de la Bula en Coena
Domini… contra los Señores que a los vasallos los agravan y molestan
con nuevas exacciones, que exceden los límites de la razón…”

Ante espeluznantes denuncias hechas a la corona, la Cédula Real reforma
la ley de indias, ahora la edad exigible de impuestos de 18 años pasaba
a 20 y de 70 reducía a 60 años para tributar.

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