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MATRIZ DE LA ESCUELA MODERNA

DR. JORGE EDUARDO NORO

JUAN BAUTISTA DE LA SALLE, LAS ESCUELAS CRISTIANAS
Y LA MATRIZ DE LA ESCUELA MODERNA

PROF.DR. JORGE EDUARDO NORO
norojor@cablenet.com.ar

 El recorrido constitutivo y genealógico de la matriz va definiendo el final de su periplo histórico. El
formato de la escuela moderna va encontrando – en los albores del siglo XVIII – su configuración definitiva,
aunque siga en posesión exclusiva de las iglesias de las diversas confesiones. No obedece a ninguna
planificación a priori y racional, sino que su recorrido genealógico ha permitido comprobar que se ha
conformando con el paso del tiempo y las condiciones del contexto histórico. La escuela encuentra su lugar
en el paisaje moderno al depositar la máquina de educar en manos del Estado y al servicio de su poder y sus
intereses. Si bien opera como generadora de las estructuras modernas a las que da a luz en el tiempo
indicado, no parece haber anticipado su constitución como matriz, no se construye sobre la conciencia de
sus posibilidades y el encadenamiento de sus decisiones y producciones, sino que se reconoce en el proceso
mismo de su maternidad y de la filiación, generando se genera a sí misma y haciendo, descubre su ser.
 Mientras Erasmo, Martín Lutero, Juan Calvino, el Concilio de Trento y Juan Amos Comenio PROCLAMAN
LA NECESIDAD DE LA EDUCACIÓN y reclaman la reapertura, la transformación y la difusión de las escuelas, al
mismo tiempo que – en mayor o en menor medido – contribuyen a definirla en términos modernos,
ajustándose a las demandas del clima de la Reforma, Ignacio de Loyola, José de Calasanz y Juan Bautista de
La Salle CONTRIBUYEN EFICAZMENTE A CONSTITUIRLA en los diversos estratos sociales, niveles y geografías.
Con ellos la escuela se vuelve una institución reconstituida que se instala con derecho propio en el
escenario de la civilización moderna. Todos ellos, sin embargo, se encuentran con la escuela: no salen a
buscarla. En algunos opera un propósito netamente instrumental: en un siglo de reformas es necesario
hacer uso de todo lo que pudiera transformar, expandir y consolidar las ideas y las instituciones escolares se
convierten en una prolongación necesaria del púlpito y de la iglesia, de los rituales y de los preceptos, factor
determinante de la nueva configuración social. En los fundadores se produce otro fenómeno compartido:
todos, en algún momento, optan por una actividad pastoral y evangelizadora que los deposita al pie de las
necesidades educativas y de las instituciones escolares: Ignacio Loyola deliberando con los primeros
miembros de la Compañía, José de Calasanz como miembro de las Cofradías en los barrios de Roma, Juan
Bautista de La Salle en Ruen. La necesidad de los más pobres, las urgencias de determinados sectores
sociales, las demandas de una mejor educación en escuelas verdaderas van definiendo la voluntad de cada
uno de ellos y terminan precisando y armando fundación a fundación el sentido de su actividad y el

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desarrollo del proyecto1. La escuela se erige al calor de las solicitudes y, a medida que se consolida, permite
construir sobre ella nuevas estructuras: Calasanz reconoce y utiliza el aporte de los jesuitas; la Salle – casi un
siglo después – no los puede desconocer a ambos, y aunque no hace mención de sus predecesores es quien
le da la vuelta final al proceso.
 Pero, además, la centralidad de la escuela como instrumento educativo se cristaliza en un proceso muy
particular que la hace salir lentamente desde el interior de las iglesias al complejo escenario de las ciudades.
(1º) Ignacio de Loyola suma a sus actividades pastorales la presencia de los miembros de la Compañía en los
Colegios: la función educativa escolar no es privativa sino complementaria y fruto de discusiones internas
que terminaron aceptándola como aporte necesario. (2º) José de Calasanz mantiene en sus compañeros y
seguidores su carácter sacerdotal, pero a la orden la destina exclusivamente a la misión educativa en las
Escuelas Pías: dignifica la tarea porque no sólo supone y exige una preparación para el ejercicio de la
función como maestros, sino que presupone maestros que tienen el agregado de una vocación sacerdotal
que refuerza – desde la espiritualidad y la función de pastores de la iglesia – el desempeño como
educadores. (3º) Juan Bautista de la Salle, a las demandas de educación que su tiempo formula, responde
con agentes religiosos (hermanos consagrados por votos) pero sin convertirlos en sacerdotes. Si Calasanz
debía luchar para lograr que los miembros de su Orden no aceptaran otra tarea que la de ser educadores de
los niños y de los jóvenes, La Salle clausura estas posibilidades al restringir el ejercicio de su vida religiosa
consagrada a la tarea de educar en las Escuelas Cristianas. No inhabilita los vínculos con la iglesia o con los
rituales del templo, pero le crea una autonomía que permite cerrar el círculo constitutivo de la matriz.
 En este sentido, entre la imagen germinal de la escuela de la Reforma y de la Contra-reforma y la
educación moderna en manos del Estado, las Escuelas Cristianas de Juan Bautista de la Salle representan un
paso necesario y determinante para convertir aquel ideal en una posibilidad universal, a través de la figura
de maestros que, aunque religiosos (como una forma de entrega absoluta a la misión) no asumían ni el valor
social, ni las posibilidades pastorales de los sacerdotes. De alguna manera la escuela abandona la iglesia y se
instala en el paisaje universal de la modernidad: en el contexto del siglo XVIII se vuelve una presa codiciada
para un Estado absolutista, con aires de despotismo, que sueña con enriquecer sus fantasías de dominio
universal con los bellos sonidos de las nuevas ideas de la Enciclopedia y la Ilustración. QUERRIEN, al
proponer una profundización de la línea de su investigación, señala: “Se trata de continuar esclareciendo la
cara oculta de la institución escolar. Tentativa que puede continuarse con la lectura de los manuscritos de
Juan Bautista de La Salle y la clasificación de los orígenes de su institución, con el estudio de las prácticas
pedagógica de los jesuitas y de otras congregaciones religiosas (…) con el análisis de la influencia efectiva de
las prácticas pedagógicas en la enseñanza anterior a la Revolución”. (1979: 165) 2

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Aunque excede las posibilidades y los alcances de la presente investigación es curioso comparar los procesos que
llevan a cada uno de los Fundadores a la actividad en las escuelas y a la formulación – casi al mismo tiempo – de las
Constituciones internas y de los Reglamentos para las Instituciones educativas: en este sentido es oportuno revisar el
período de Ignacio de Loyola y de sus seguidores, entre 1540 y 1550, los momentos claves de José de Calasanz entre
1590 y 1600, y el período decisivo de La Salle, entre 1675 y 1685. A estas deliberaciones interiores (y/o comunitarias)
deberían sumárseles los acontecimientos o personajes providenciales – generalmente exagerados por los hagiógrafos –
que se cruzan en la vida de cada uno de ellos y que operan como disparadores de la decisión. Además es oportuno
señalar que las ideas innovadoras en el seno de las Instituciones son siempre presencias nuevas y cuerpos extraños
que suele generar resistencias, condenas y persecuciones. En ningún momento la historia está aguardando la llegada
de los fundadores.
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El impacto no fue solamente cualitativo, sino también cuantitativo: Los Hermanos de las Escuelas Cristianas se
convirtieron en la mayor congregación de enseñanza de Francia con 121 comunidades y mas de 1000 Hermanos. Al
morir La Salle existían 36 escuelas de la orden. (BOWEN, 1985: III, 168), cifra que se sumaba a la expansiva presencia
de la Compañía de Jesús por todo el mundo conocido, y a la multitud de Escuelas Pías que fueron creando los

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 Una de las razones para privilegiar la matriz eclesiástica ha sido el soporte homogéneo sobre el que
trabaja. La iglesia adquirió una naturaleza universal, se extendió – a lo largo de la edad media y en la
modernidad – a todas las geografías y se afincó en todos los sectores, y obtuvo una presencia legítima y
uniforme en todos los ámbitos. No se trata de una estructura – como la militar o la jurídica – que se recrea
en cada sitio, respondiendo al mismo patrón cultural, sino que se trata de la misma estructura con los
mismos recursos que se extiende y se expresa en todos los terrenos: los templos, los sacerdotes, el credo, el
cuerpo dogmático y doctrinal, la referencias morales y axiológicas, las construcciones simbólicas, las
oraciones, los rituales: todo se difunde por doquier y todo mantiene el mismo formato. Aun cuando se trate
de una Iglesia dividida, la combatida, discutida y finalmente conquistada libertad de confesión y de
conciencia habilitó a todas las iglesias por igual, otorgándole la misma catolicidad (como derecho, no
siempre de hecho). Al hablar de la matriz eclesiástica de la escuela sabemos que trabajamos con ese
principio legitimador. Eso es lo que relativiza – sin desconocerlas - otras iniciativas innovadoras e
igualmente importantes que se produjeron en los albores de la modernidad3.
 Las órdenes religiosas crecieron al calor de esta misma catolicidad y homogeneidad: al crear las escuelas,
se crearon o se re-crearon a sí mismas, y al expandirse pudieron asentar su presencia – como prolongación
de la iglesia – en todos los lugares, porque las habilitaba la aprobación oficial y el formar parte de ella. Esa
educación universal en escuelas universales que soñaba Comenio fue posible sobre la base del pasaporte
que le otorgaba a los portadores de la novedad la institución eclesial. En el caso de las órdenes religiosas se
produjo un agregado adicional: tenían autonomía, se manejaban dependiendo del poder central que le ha
otorgado legitimidad al crearlas, y acordaban con las autoridades religiosas y civiles del lugar su presencia y
funcionamiento. La escuela moderna nace de una matriz universal que tiene todas las credenciales para dar
a luz en las más diversas geografías, y que por ello mismo se exhibe como una matriz dinámica que se recrea
con las diversas producciones e innovaciones, hasta alcanzar el formato definitivo. Toda educación es un
esfuerzo continuo para imponer al niño maneras de ver, de sentir y de actuar. El sistema escolar moderno
es pues una de las formas históricas que adoptó estas formas de ver, de sentir y de actuar, a las que los
niños no hubieran llegado espontáneamente, a partir de la Edad Moderna. ”Y en esas formas históricas
tuvieron que ver directamente jesuitas, escolapios y lasallanos en un período en que las guerras de religión
desgarraba a Europa”. (VARELA – URIA, 1991: 283)

01. LA SALLE Y SU PRESENCIA EN LA MATRIZ, EN LA FORMACIÓN DE LA ESCUELA
 La figura de Juan Bautista de la Salle,4 a diferencia de José de Calasanz, tiene una presencia mas
destacada en las Historias y en los estudios de la Educación, ya que abundan las referencias en muchos de
seguidores de Calasanz, junto con otros aportes menores (iniciativa de los Obispos y de las parroquias y otras
congregaciones religiosas)
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No se pueden silenciar los aportes de Juan Sturn (1507 – 1589), Wolfang Ratque (1571 – 1635), Juan B. Andreae
(1586 – 1654), Peter Ramus (1515 – 1572) y otros educadores, cuyas contribuciones no llegaron a expresarse en un
verdadero sistema educativo, aunque aportaron ideas y promovieron acciones. El primer antecedente político
registrado de educación obligatoria para todos desde la edad de cinco años ocurrió en el principado de Gotha en 1642,
bajo el gobierno del luterano Ernesto el Pío y la inspiración de Wolfgang Ratke. Poco después, Samuel Hartlib, un
mercader polaco, el mismo que convocó a Comenio para que ensayara la aplicación de sus ideas en Inglaterra, propuso
al Parlamento, en su obra London's Charity Enlarged (1650), extender la educación a los pobres.
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Para trabajar el pensamiento, los escritos y los aportes de Juan Bautista de La Salle debíamos enfrentarnos con una
seria disyuntiva: multiplicar las referencias y concentrar el desarrollo, o certificar paso a paso el cruce de las fuentes
primarias y secundarias consultadas. Hemos creído oportuno mantenernos fiel a nuestra metodología y aun
suponiendo que el desarrollo se extendiera, consideramos necesario sumar a las numerosas referencias de FOUCAULT
y QUERRIEN, el pensamiento y los escritos originales del autor para contextualizar sus afirmaciones y no fragmentarlas

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ellos (BOWEN, 1985: III, 165 – 168; ABBAGNANO-VISALBERGHI, 1979: 312; ARIES – DUBY, 1992, V: 179-191;
DUSSEL-CARUSO, 1999: 72 - 79; LAMANNA P., 1964, III: 114), como una continuidad histórica de las
acciones de la Iglesia Católica iniciadas por los Jesuitas en el siglo XVI. La vida de Juan Bautista de La Salle
exhibe un periplo análogo al de José de Calasanz, especialmente en el descubrimiento de la misión
educativa, la constitución de la orden religiosa, la expansión de las escuelas y los ataques y los conflictos
que debió afrontar para defender las Escuelas y la Orden religiosa. 5 Frente a los menguados aportes que
en torno a determinadas tesis que avalan procesos argumentativos específicos. Juzgamos, además, que el cruce de las
fuentes habilita la circulación de pensamientos e ideas que suelen transitar por andariveles paralelos e incomunicados.
No podemos dejar de señalar que resulta un verdadero hallazgo comprobar y exhibir la genealogía de los mínimos
detalles que constituyen las prácticas de las escuelas modernas y que se muestran (a quienes quieren verlos) en las
diversas páginas de los documentos consultados. Hemos citados las fuentes principales respondiendo al siguiente
criterio: (1º) REGLAS, para mencionar las Reglas de cortesía y urbanidad cristiana (1703) con la indicación sucesiva de
sus diversas partes, capítulos, artículos; y GUIA, al presentar la Guía de las escuelas cristianas (1706 y 1720) también
con la indicación progresiva de sus partes, capítulos y artículos.
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Juan Bautista de La Salle: (1º) nació en la ciudad de Reims el 30 de abril de 1651. Su padre era un hombre de Leyes,
magistrado de la audiencia de Reims. En octubre de 1661 concurrió a la escuela cristiana de su ciudad natal, el colegio
Des Bons Enfants, cuyas instituciones y personas iban a influir sobre él durante ocho años. (2º) A los 15 años de edad
recibió el nombramiento de canónigo en el cabildo de Nuestra Señora de Reims. Aunque en las costumbres de aquel
tiempo, y aún en la legislación, no se requería el sacerdocio para el canonicato, Juan Bautista prosiguió sus estudios:
dos cursos de teología en la universidad de Reims. Y después pasó a París, para ingresar al seminario de San Sulpicio,
que debía darle una regla, un método, una ascética. (3º) Debió abandonar el seminario porque habían muerto sus
padres y tenía que hacer frente, a sus veintiún años, del cuidado de seis hermanos. (4º) El sacerdocio tardó en llegar.
Hubo vacilaciones, luchas, y la intervención de personas de autoridad. El 9 de abril de 1678 recibe el presbiterado en
su ciudad natal. (5º) Muerto Nicolás Roland, su protector, fue designado como su albacea. No se hizo solamente cargo
de la administración de sus bienes sino eligió continuar trabajando en sus tareas; por lo que se refería a la juventud
femenina, sacar adelante la Congregación de Hermanas del Niño Jesús, que el difunto había fundado; y por lo que se
refería a los niños, había que hacerlo todo. Cumplir el segundo encargo iba a ser la labor de toda su vida. (6º) En 1679,
tuvo un encuentro con el Sr. Adrián Nyel. Con la ayuda brindada a Nyel y a sus profesores, La Salle inició su contacto
con el mundo de la escuela y de la educación. La primera escuela lasallana se abrió el 15 de marzo de 1679 en la
ciudad de Reims (Parroquia de San Mauricio). El espíritu inquieto de Adrián Nyel lo llevó a abrir nuevos centros
educativos en otras ciudades, lo que ocasionó el descuido y abandono de los profesores de Reims. La Salle, atento a la
obra que él había ayudado a establecer, se hizo cargo de los maestros: les dio formación religiosa y pedagógica, les
indicó un horario, y trató de organizarlos. (7º) El 24 de junio de 1681, el canónigo De la Salle sentó a la mesa,
juntamente con sus hermanos, aquellos humildes, simples y vulgares maestros de las escuelas parroquiales de Reims.
La familia se alarmó e inició una ofensiva: presionó, amenazó, insistió, volvió a la carga, quitándole derechos familiares.
Al año siguiente abandonó su propio hogar para irse a vivir con sus maestros en la casita de la calle Nueve. Esa es la
fecha de fundación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, aunque el nombre sea adoptado posteriormente. (8º)
Al frente de aquel grupo de maestros Juan Bautista de la Salle descubrió que su cargo de canónigo le otorgaba
privilegio y le robaba tiempo, y mientras los maestros tenían que mirar a su porvenir fiándose únicamente en su
trabajo, La Salle tenía su beneficio y su fortuna personal para cualquier sobresalto que pudiera sobrevenir. Decidió vivir
la vida de sus maestros en toda su integridad, renunciando a la canonjía y a su fortuna personal, y lo hizo llevando
ambas cosas hasta las últimas consecuencias. (9º) Los maestros pidieron una regla, pero el prefirió que esta regla fuera
hecha entre todos. El 9 de mayo de 1684 se abrió la primera reunión de la nueva Congregación. Como resultado de ella
el 27 de mayo, doce discípulos, con Juan Bautista a la cabeza, hicieron sus primeros votos (se trataba sólo del voto de
obediencia por un año). (10º) Por vez primera en la historia de la Iglesia nacía un Instituto única y exclusivamente de
hermanos. Y esta nueva orden – que convocaba a los maestros convocados por La Salle para constituirse en asociación
religiosa - estaba destinada a dar nueva respuesta a la educación de los niños y de los jóvenes, con un método
pedagógico nuevo y con maestros especialmente preparados para esa función. (11º) En 1703, inició la Escuela
Dominical para atender a los jóvenes obreros de todos los barrios de París. Además de la formación religiosa, recibían
cursos de escritura, matemáticas, geometría y dibujo. En 1705, en Rouen abrió un internado para formar, cristiana y
académicamente, a los jóvenes de la burguesía, la enseñanza era gratuita aunque los alumnos pagaban su pensión. A
solicitud de las autoridades civiles, se abrió un centro especializado para atender a muchachos difíciles, díscolos e

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despiertan el pensamiento y las obras de Calasanz, adquiere relevancia el desarrollo que del mismo realizan
Michel FOUCAULT (1989) y Anne QUERRIEN (1979) porque ambos descubren en Juan Bautista de La Salle y
en los Hermanos de las Escuelas Cristianas los caracteres más destacados de la Escuela Moderna como
instrumento de disciplinamiento y control. Según Foucault – que hace menciones mínimas de los
representantes anteriores y desconoce la historia precedente de la escuela6 – el verdadero creador de esta
escuela moderna sería Juan Bautista de la Salle, ya que consciente o involuntariamente es el supuesto
mentor de una técnica o método de dominación cuya novedad se correspondía al articular obediencia y
utilidad. Se trataba obtener de los individuos a cambio de una capacitación escolar, la inserción económica
y social, asociada a una estrategia de sujeción y docilidad. El apogeo pedagógico del Siglo XVIII dio forma a
una manera de hacer dóciles a los hombres, y con ello a la posibilidad de una regulación especial entre la
utilidad, progresivamente adquirida por el individuo que aprende una profesión, y la estructura de
dominación - en este mismo proceso (de aprendizaje) - por parte de los mecanismo de poder, a través de
una observación hecha de detalles. 7 Juan Bautista de La Salle abrió - junto con otros religiosos – escuelas y
casa para niños pobres y generó un sistema para alentar a las familias a mandar a sus hijos a las escuelas y
para ello fundó en 1698 (un siglo después de la primera obra José de Calasanz y de la puesta en vigencia de
la Ratio Studiorum) la Sociedad para la promoción del conocimiento cristiano. Profundizando la
intratables. (12º) El Instituto se desarrollaba, crecía, se extendía por toda Francia, pero el fundador comenzó a vivir una
vida de continuas persecuciones. Entró en conflicto con una serie de intereses: chocó ante todo con el monopolio de
los maestros que entonces ejercitaban la enseñanza se sintieron heridos en sus intereses. Los enfrentamientos
asumieron diversas formas: asaltos violentos a las escuelas, calumnias, libelos ofensivos o interminables pleitos, con
sentencias desfavorables. Los maestros calígrafos, que enseñaban a escribir cobrando por ello, empezaron a quedarse
sin alumnos porque los Hermanos no cobraban y enseñaban mejor. Comenzaron a molestar a los Hermanos, entrando
a sus clases rompiendo y quemando mesas, bancos y todo lo demás y, finalmente, llevaron a juicio a La Salle. Se
trataba de hacerles la vida imposible, poniendo en riesgo la continuidad del instituto. (12º) La Salle debió defender
algo más que su derecho a ejercitar la enseñanza: la idea misma del Instituto. Lo que él intentaba hacer chocaba
demasiado con las ideas vigentes y, los eclesiásticos y las autoridades civiles, muchos amigos verdaderos de las
Escuelas Cristianas, intervenían para darle consejos e imponer otros criterios. (13º) En pleno período del jansenismo
francés, la Obra de La Salle recibió otros ataques; se utilizaron todo: la habilidad, el halago, la argumentación doctrinal,
las amenazas, la coacción, y cuando todas estas armas fallaron, el jansenismo decretó una guerra a muerte al fundador
y a su Instituto. Hubo choques en Marsella, en París, en Rouen. (13º) No faltaron tampoco problemas internos que se
produjeron al calor de hermanos inadecuadamente incorporados a las comunidades, o aquellos que cedían a los
diversos ataques, lo abandonan e incluso lo traicionan. (14º) Evaluando la suma de las dificultades vividas, la Salle optó
por retirarse del gobierno y pasó unos meses al margen de la vida de la Congregación. Una reconocida carta que los
hermanos le escribieron pidiéndole que volviera a ponerse al frente de ellos, determinó su regreso: "Teniendo a la
vista la mayor gloria de Dios, el mayor bien de la Iglesia y de nuestra sociedad, reconocemos que es de una extrema
necesidad que usted vuelva a tomar el cuidado y la dirección de la santa obra de Dios que es también suya, pues gustó
al Señor servirse de usted para establecerla y conducirla desde hace tanto tiempo” (15º) En mayo de 1717 se hizo la
elección de un nuevo superior y quedó elegido el hermano Bartolomé. El capítulo continuó trabajando y se fijaron las
reglas definitivas de la Congregación en 1718, estableciendo que el Superior General debía ser un Hermano y no un
Sacerdote. La Salle se convirtió en un Hermano más, y el 4 de abril de 1719 murió a los sesenta y ocho años de edad.
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Aún descubriendo en La Salle uno de los representantes más importantes en la producción de metodología de
control, Foucault no hace un seguimiento de la práctica escolar anterior, de cómo estaba mal visto y en desuso toda
referencia a la educación, o de la profesión también sospechada del maestro durante el siglo XVI. Enseñar era un
oprobio, y el maestro no distaba mucho de ser considerado un embustero y pegador de niños. El látigo aparecerá a lo
largo de los siglos XV, XVI y XVII como el símbolo constitutivo de la enseñanza. Algunos maestros conformaban su
escudo con “un maestro sentado, que tiene un azote, y sobre las piernas, un libro abierto. A un lado se halla un niño
arrodillado con su libro en la mano, y al otro lado, uno de pie, que dice de memoria la lección” Para el año 1597
Shakespeare estrenaba Ricardo II, y en esta obra, la Reina hará la siguiente comparación frente a la debilidad de su
esposo al que pretenden usurparle la corona, "Vos como un escolar, ¿aceptáis el castigo?, ¿besáis, sumiso, el látigo, y
laméis la cólera con la más vil humillación?”. (NOZICA G., 2002)
7
Cfr. NOZICA Gustavo (2002)

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metodología de trabajo de sus antecesores fue el que maximizó la relación entre el maestro y el grupo de
alumnos, trabajando todos con el mismo libro y en actividades directa y simultáneamente monitoreadas por
el educador. Profundiza a pedagogía del detalle, con minuciosos controles de la actividad educativa y con
ritualizadas relaciones entre el maestro, el grupo y los alumnos. El silencio se convirtió en un factor
determinante en el aula y en la escuela, para detectar conductas trasgresoras y para sostener el monopolio
del maestro y del uso de la palabra. Establece también una serie de formas disciplinarias individualizadoras
como la vigilancia constante del cuerpo infantil y del cuerpo docente, (DUSSEL – CARUSO, 1999:74) 8
 “El detalle era desde hacía ya mucho tiempo una categoría de la teología y del ascetismo: todo detalle es
importante, ya que a los ojos de Dios, no hay inmensidad alguna mayor que un detalle, pero nada es lo
bastante pequeño para no haber sido querido por una de sus voluntades singulares.9 En esta gran tradición
de la eminencia del detalle vendrán a alojarse, sin dificultad, todas las meticulosidades de la educación
cristiana, de la pedagogía escolar o militar, de todas las formas finalmente de encauzamiento de la
conducta. Para el hombre disciplinado, como para el verdadero creyente ningún detalle es indiferente, pero
menos por el sentido que en él se oculta que por la presa que en él encuentra el poder quiere aprehenderlo.
Característico de este gran himno a las cosas pequeñas y a su eterna importancia, cantado por Juan Bautista
de La Salle, en su Tratado de las obligaciones de los hermanos de las Escuelas Cristianas. La mística de lo
cotidiano se une en él a la disciplina de lo minúsculo. (…): cosas pequeñas, pero grandes móviles, grandes
sentimientos, gran fervor, gran ardor y, por consiguiente, grandes méritos, grandes tesoros, grandes
recompensas. La minucia de los reglamentos, la mirada puntillosa de las inspecciones, la sujeción a control
de las menores partículas de la vida y del cuerpo darán pronto dentro del marco de la escuela, del hospital o
del taller, un contenido laicizado, una racionalidad económica o técnica a este cálculo místico de lo ínfimo y
de los infinito.” (FOUCAULT, 1989: 143)
 La Salle se encuentra – en Francia – con un panorama muy similar al que descubrieron Calasanz en Roma
y Comenio en diversos lugares de Europa. Casi todos los maestros, eran gentes sin educación, y los mejores
eran aquellas personas que se habían quedado en los primeros peldaños de estudios eclesiásticos. Muchas
parroquias de las grandes urbes, contaban con escuelas para niños pobres pero carecían de auténticos
educadores que enseñaran a cultivar los valores cristianos. Flotaba en el ambiente el miedo por parte de los
niños porque muchos maestros respiraban amargura y rencor, y generaban más rechazo que adhesión a la
escuela y a la educación. Existían tres clases de escuelas populares: (1) Escuelas menores. (2) Escuelas de
escritura. (3) Escuelas de caridad.10 En las dos primeras, dependientes de un delegado episcopal, tan solo
se enseñaba a leer y escribir, y los maestros percibían una retribución de los propios alumnos. Las Escuelas
de caridad, dependían de las parroquias y eran gratuitas, pero el sueldo de los maestros lo pagaban los
propios párrocos. En cuanto a la organización y ubicación, bastaba un rótulo a la entrada de una casa: “Aquí,
se enseña a leer, escribir, contar”. El sistema era individual y de esta manera, la instrucción llegaba a los
8

DUSSEL Inés, CARUSO Marcelo (1999)
Cfr. Los aportes de LEIBNIZ G. (1980), con sus referencias a los mínimos componentes metafísicos de la realidad, su
cálculo infinitesimal y su principio de razón suficiente que lo lleva a proclamar el optimismo absoluto con respecto al
mundo, la historia y la realidad.
10
En París – como en otras ciudades francesas - las escuelas de caridad existían desde 1650: las 43 parroquias habían
sido divididas en 167 distritos escolares, cada uno con una escuela para niños y otra para niñas. Pero rápidamente
entraron en decadencia. En algunas parroquias, la idea volvió a surgir y abundaron las nuevas creaciones para
beneficiar a los niños notoriamente pobres y mantenidas por una Asamblea de Caridad que no sólo vigilaban la
asistencia de los alumnos y el cuidado de su salud, sino que visitaban a las familias para certificar el buen uso de las
limosnas y de la caridad. (QUERRIEN, 1979: 24). Sin embargo, la constante de todas estas iniciativas era la falta de
continuidad de los proyectos, que terminaban agotándose en pocos años. La presencia de La Salle en muchos lugares
representaba una respuesta al llamado de los Párrocos o de las autoridades solicitando fundar sus Escuelas Cristianas,
para sustituir iniciativas agotadas.
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alumnos a destiempo y de manera desordenada, ya que muchas horas quedaban sin ocupación alguna. Se
generaba indisciplina y falta de asistencia. En la ciudad de Reims existían cuatro o cinco escuelas populares
(una por barrio) y dos colegios de pago: el colegio de los Jesuitas y el Bons Enfants.11 Para los más
privilegiados, existía una Universidad con tres facultades: Teología, Medicina y Derecho. Dos tercios de la
población de Francia vivía fuera de las ciudades (pueblos y aldeas, de menos de 300 habitantes) lo que
dificultaba la creación de escuelas. La pobreza y la ausencia de cualquier protección social multiplicaban la
presencia de los numerosos los chicos que vagabundeaban por las calles y plazas de las ciudades. Éste fue el
mundo y el contexto en el que se movió La Salle: luchó a brazo partido durante toda su vida por fundar y
mantener las escuelas gratuitas para que los niños de los artesanos y los pobres recibieran educación, y
tuvo que esforzarse mucho para cambiar los esquemas mentales y se este modo: (1º) se reconociera el
valor de la educación y de la escuela para todos, especialmente los más desprotegidos; y (2º) se valorizara a
los maestros de escuela, superando la concepción social que los juzgaba similares o menores que los siervos
o lacayos.
 La determinación efectiva de hacerse cargo de la Educación y de la Educación de los más pobres
despertó por la presencia de Adrián Nyel, maestro de los niños recogidos en el Hospital y Administrador
General del Servicio de los Pobres en Ruán: había abierto allí cuatro escuelas entre 1661 y 1669 para
sustituir a las antiguas Escuelas de Caridad y utilizando como maestros a los enfermeros del mismo
hospital.(QUERRIEN, 1979:23) La obra educativa y de caridad recibía el respaldo económico de numerosas
familias y mujeres piadosas que contribuían en su mantenimiento. En el primer encuentro le pidió ayuda
para abrir escuelas para niños pobres en Reims, replicando las que ya funcionaban en Ruán. Adrián Nyel era
un buen cristiano, dotado de excelentes cualidades para la catequesis, sabía hacerse escuchar por sus
discípulos y mantenía el buen orden en las escuelas. La señora de Maillefer, que había sido la mentora de la
idea y que había dirigido una carta especial para La Salle, se ofreció a pagar el sueldo de dos maestros para
que se abrieran dos escuelas en la ciudad. Antes de dar respuesta a la iniciativa, Nyel y La Salle visitaron al
párroco de San Mauricio para proponerle el plan. La primera escuela se puso en marcha, y fue el mismo
Nyel el que reclutó a los jóvenes interesados en hacerse hábiles maestros. La Salle respaldaba la iniciativa
aunque su presencia fue por un tiempo de acompañamiento y mera ayuda:
"Yo me había imaginado - afirmaba en un Memorial - que el cuidado que yo tomaba de las escuelas y
de los maestros no dejaría de ser puramente exterior y que no me llevaría más allá de la solicitud que
yo desplegaba para asegurar su subsistencia y velar porque ejercieran su empleo con piedad y
aplicación. Anteriormente yo no había pensado en ello, y no ciertamente porque no me lo hubieran
propuesto, pues algunos amigos habían tratado de inspirármelo. Pero la idea no había logrado
penetrar en mi espíritu, ni llegué jamás a concebir la idea de realizarla. Tanto es así que si yo hubiera
podido barruntar que el cuidado de simple caridad que yo tomaba por los maestros de escuela me iba
a llevar hasta obligarme a vivir con ellos, lo hubiera abandonado; pues por reacción natural yo
consideraba como inferiores a mi lacayos a quienes me veía precisado a emplear en las escuelas,
sobre todo en los comienzos; la sola idea de que hubiese tenido que vivir con ellos me habría resultado
insoportable y efectivamente experimenté gran repugnancia cuando en los comienzos les hice venir a
mi casa, lo cual duró dos años. Yo creo que debió ser ésa la razón por la cual Dios, que todo lo dispone
con sabiduría y suavidad y que no acostumbra forzar la inclinación de los hombres, queriendo
11

Los padres de Juan Bautista de La Salle lo matricularon en el colegio Bons Enfant, dependiente de la Universidad. Su
familia no optó por el colegio de los Jesuitas aunque gozaba de mayor prestigio. El Colegio elegido cobraba una
cantidad sustanciosa por la enseñanza impartida y esto lo convertía en un centro escolar de élite, al que concurrían
parientes e hijos de familias conocidas. Era una prolongación de los Colegio Universitarios que repetían sus estructuras
desde los últimos siglos de la Edad Media. Sólo se admitían varones y se estudiaban las materias en latín, respondiendo
a una educación clásica y tradicional. Obtuvo allí el Diploma de Maestro de Arte.

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inducirme a ocuparme enteramente de las escuelas, lo hizo de modo imperceptible y en etapas
sucesivas, de modo que un compromiso llevaba a otro, sin poderlo prever desde el principio". (LA
SALLE, Escritos breves)
 Sin pretenderlo, La Salle se vio inmerso en la organización interna de las sucesivas escuelas creadas: la de
San Mauricio (atendida por Nyel y un ayudante), la de la Parroquia de Santiago (a cargo de dos maestros
contratados) y en 1680 la de la Parroquia de San Sinforiano.12 Las dificultades por las que tuvo que
atravesar, le fueron obligando a pensar no sólo en la organización misma de esas sucesivas escuelas y de sus
maestros, sino también en métodos y programas que mejoraran la calidad de la enseñanza. Cuando
finalmente se decidió a poner en funcionamiento un verdadero proyecto educativo, comprometiendo su
esfuerzo y su patrimonio, y asociándose al tipo de vida de los maestros contribuyó al nacimiento de una
entidad totalmente original.13 Se trataba de un grupo de maestros cristianos, dispuesto a trabajar al servicio
de los niños y jóvenes sin medios económicos. Ni la escuela, ni el oficio de maestro eran un trampolín para
medrar socialmente, sino que sus principios serÁn la pobreza, la entrega y el trabajo para la promoción de
los hijos de los artesanos y de los pobres. Así se sembró la semilla que, pasado el tiempo, iba a convertirse
en un instituto religioso: Sociedad de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. .He aquí las razones con las
que él llegó a convencerse a sí mismo a cambiar el rumbo de su propia vida, al mismo tiempo que le daba
forma a la nueva organización (1682):
(1º) "Me hallo con la boca cerrada y sin derecho alguno para predicarles sobre la pobreza mientras yo
mismo no sea pobre” ; (2º) “Sus quejas continuarán si yo sigo siendo lo que soy y ellos lo que son, pues
sigue subsistiendo la causa que la origina y yo no podré remediarla. Mi confortable renta seguirá
siendo para ellos un pretexto capcioso y hasta razonable para justificar su desconfianza del presente y
su inquietud respecto al futuro.” (3º) Los maestros, o todos a la vez o uno tras otro, se irán y me
dejarán de nuevo con la casa vacía y con las escuelas sin nadie para ocuparse de ellas. (4º) La
deserción intimidará a todos aquellos a quienes podría venir la idea de hacerse maestros de escuela y
su vocación quedará como congelada. (5º) Sin maestros, las escuelas desaparecerán. (6º) Es cierto
que una prebenda de canónigo no constituye un obstáculo para las buenas obras, pero, ¿es seguro
que puedo ser a la vez un buen canónigo y un buen Superior de una comunidad que exige presencia
continua? (7º) Debo determinarme a abandonar mi canonicato para encargarme de las escuelas y de
la educación de los maestros destinados a regentarlas. (8º) “Finalmente, puesto que yo no siento
inclinación por la vocación de canónigo, puedo inferir que es ella la que me ha abandonado antes que
yo abandone tal estado.” (LA SALLE, Escritos Breves)

12

“El modo más pronto y acaso el único para dar feliz comienzo al establecimiento de escuelas cristianas y gratuitas
para niños es el de ponerlo a cubierto de cualquier contradicción confiándolo a la protección de un párroco
suficientemente generoso para sostenerlo. Como tiene el derecho de insistir a sus feligreses y como su título de pastor
le autoriza a procurarles maestros capacitados para enseñarles la doctrina, nadie podrá impedírselo". Por esta razón La
Salle formula la propuesta al párroco: "La única condición que se os pone en este asunto es la de que aparentéis ser el
autor de la escuela esta y le prestéis vuestro nombre. Casi todos vuestros parroquianos son pobres; les debéis una
instrucción que ellos no pueden procurarse; se la daréis por boca del Sr. Nyel y de su joven compañero a quienes os
presentamos como maestros de escuela. Acogedlos, pues, como si fueran vuestros y si la ocasión se presenta, haced ver
que los habéis contratado para la instrucción de vuestros parroquianos". (LA SALLE, Escritos Breves)
13
Los Maestros convocados por La Salle no lo querían sólo como un organizador, sino comprometido totalmente con el
nuevo proyecto, por eso le manifiestaban: “Os es fácil hablar así pues nada os falta, poseéis una buena prebenda y un
rico patrimonio y estáis al abrigo de la indigencia. Si nuestra empresa fracasa, Vos quedáis respaldado, y la ruina de
nuestro estado no afectará al vuestro. Gente sin bienes, sin rentas y hasta sin empleo ¿dónde iremos nosotros? La
pobreza será nuestra suerte y la mendicidad el único medio de aliviarla". (LA SALLE, Escritos breves)

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 De esta manera la formación de los religiosos (noviciado) se convirtió también en una necesaria
formación de maestros, fortaleciendo y otorgándole más identidad a las iniciativas formativas de José de
Calasanz: si se determinaba – como lo establecía Comenio - el método universal más oportuno para la
enseñanza de los niños, resultaba imperioso preparar a los maestros para su correcta aplicación y el buen
desempeño en las Escuelas. Sobre los albores del siglo XVIII se sentaban las bases de los seminarios
pedagógicos y de las Escuelas Normales que fueron creados respondiendo al mismo criterio.14 Se trataba de
definir un método pedagógico que permitiera mantener ocupados a un máximo de niños con un mínimo de
maestros, un método colectivo, global y simultáneo de la enseñanza y del aprendizaje que representaba
una verdadera economía en el esfuerzo y una probada efectividad en los resultados. (QUERRIEN, 1979: 25)
 La intención de La Salle era darle una identidad especial al oficio de los religiosos consagrados y
constituidos específicamente en maestros, y ésa el la razón, también, de su hábito o uniforme. Quiso que
los Hermanos se diferenciaran tanto del mundo seglar como de los clérigos incluso en su vestimenta: en
septiembre de 1684, determinó adaptar la sotana negra, sin botones, cerrada con corchetes hasta la
cintura; el cuello blanco de dos tablas que era común a clérigos y otras personas, calzado ordinario y
sombrero de alas largas y circulares. Poco después y aconsejado por el alcalde de la ciudad, se añadió una
especie de capote atado al cuello con un gancho, de anchas mangas que flotaban al aire al andar por la
calle. “Este hábito singular consigue que la mayoría de los que ingresan en la Comunidad no se pregunten
siquiera si la misma está asentada o no. Y los seglares miran a los miembros de este Instituto como a
personas separadas y retiradas del mundo, lo cual es muy oportuno para que los Hermanos no frecuenten
con facilidad, ni se relacionen con desenvoltura, con la gente seglar.” El hábito representaba una verdadera
separación tanto de las costumbres eclesiásticas como de las seculares, lo que obligaba a los Hermanos a
refugiarse en la propia Comunidad como referencia necesaria. (QUERRIEN, 1979: 144)
 Las Escuelas Cristianas recibían prioritariamente a los niños pobres, pero muy pronto la afluencia de los
niños fue importante, y a los niños pobres se le sumaron los hijos de los burgueses y de los artesanos15,

14

La institución que prefigura a las escuelas formadoras de maestros en Europa es la Academia de San Carlos, fundada
en Lyon en 1672 por Charles Démia. Sin embargo, el término normal según Bowen (1985, III: 325) deriva quizás, del
que en 1744 el abate Johann Ignaz Felbiger empleaba en Silesia para referirse a su colegio de maestros austriacos
como Normalschule (escuela de la norma). Bernard Heinrich Overberg, otro eclesiástico y educador austríaco
estableció en Munster en 1783, un curso de estudios teóricos y prácticos para maestros de escuela durante el verano y
otoño. Esta institución era conocida como el Normalschule. Tanto Felbiger como Overberg, buscaban la formación
docente sobre bases mas firmes y uniformes que ordenaran la práctica docente tan irregular y caótica que se
desarrollaba en las escuelas elementales de Austria en ese entonces. Es común que en este período la denominación
utilice normal schule o Seminarium praeceptorum), El término norma originalmente refería a una escuadra para
arreglar y ajustar los maderos, piedras y otras cosas, es decir remite a una idea de dar forma a algo. Es quizá un
término muy afortunado por una parte ya que delinea un aspecto fundamental del trabajo magisterial, la formación de
personas, es decir de su normalización en el sentido de ajustar las conductas, los hábitos y los conocimientos a un
perfil ideal; pero por otra parte se puede advertir el riesgo enajenante de la conversión colectiva a patrones fijos y
programados que anulan a los sujetos individuales. En 1795 se fundó la escuela para la preparación de maestros, la
École Normale, incorporando el sentido original del término.
15
Cuando aparecieron las primeras resistencias a la organización de las Escuelas Cristianas, los maestros perjudicados
en sus intereses exigieron que solamente se limitaran a la educación de los más pobres. Interpretaban que esta
novedosa máquina educativa no los afectaba si solamente se limitaban a enseñarle al pueblo los conocimientos
mínimos dentro de la condición y de las ocupaciones socialmente establecidas. El derecho de los Hermanos a enseñar
se debía certificar a través de un libro de matrícula que permitía verificar la nómina de alumnos que concurrían y su
condición social. (QUERRIEN, 1979: 26) Si bien la congregación debía dedicarse preferentemente a los niños pobres,
como había sucedido con José de Calasanz, el éxito de la enseñanza ofrecida en las escuelas atrajo a los sectores más
acomodados. La Guía redactada a partir de 1706 y publicada en 1720 refleja la variedad de clases que circulan por las

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aunque frecuentemente eran separados para que no se contaminaran con sus enfermedades (físicas) y sus
groserías (enfermedades espirituales). Su atractivo radicaba en la concentración en un solo lugar de todas
las demandas de los niños y de sus familias: (1º) la enseñanza religiosa; (2º) la formación en la moral, en la
urbanidad y en las buenas costumbres; (3º) la enseñanza de la lectura y del canto; (4º) la enseñanza de la
escritura y del cálculo. Mientras para los pobres era la única oferta educativa disponible, para los artesanos
y los burgueses representaba una feliz sustitución de una serie de servicios que prestaban diversos
maestros en distintos lugares: la permanencia de los niños en una única escuela – alejados de la calle –
representaba un verdadero reaseguro moral.

02. ESCUELAS CRISTIANAS Y LA CONSOLIDACIÓN DE LA MATRIZ
 Cuando en la primera mitad del siglo XVIII, las nuevas ideas comenzaron a germinar y el poder real de
Francia decidió montar la propia maquina escolar descubrió la necesidad de asignarle esa responsabilidad a
cada una de las parroquias, única división territorial reconocida. Necesitado de brindar educación a todos
los niños, requería que “los curas, los vicarios, los maestros y las maestras de escuelas enviaran
mensualmente un registro exacto de todos los que van a la escuela, al catecismo, a las instrucciones, para
hacer a continuación las diligencias necesarias”. Y aunque el rey no podía poner en marcha su propia
política de escolarización, sus intendentes eran los encargados de cobrar un nuevo impuesto por cada
escuela que abriera, vigilar la construcción y la habilitación de los edificios escolares y perseguir a los
padres reacios a la hora de mandar a sus hijos a las escuelas. Sin embargo, fueron los Hermanos de las
Escuelas Cristianas los que efectivamente pudieron responder a la iniciativa, sobre todo porque su
maquinaria comenzaba con la preparación y la formación de los maestros (los obreros especializados) que
debían sostener el sistema. Para fortalecer la fundación y la continuidad de cada una de las Escuelas se
recurría a la obediencia a la misma regla y a la pertenencia de los maestros a la misma orden, pero también
al sostén y al apoyo de las autoridades y de la comunidad que proveían a su mantenimiento material y que
frecuentemente conservaban la propiedad de la casa-escuela. (QUERRIEN, 1979: 28, 92) La Salle y su
congregación religiosa representan un nuevo avance con respecto a Comenio y Calasanz: asocian su propia
iniciativa religiosa con las propuestas del Estado y en la disputa por el poder y el territorio, comienzan a
gestar la transferencia de la estructura, recursos y metodología que la matriz eclesiástica había acumulado
en los siglos precedentes.
2.1. PROPÓSITOS Y FINES DE LOS HERMANOS Y DE LAS ESCUELAS:
 Las Reglas comunes de los Hermanos de las Escuelas Cristianas conocidas también como Regla segunda
de los Hermanos fueron redactadas en 1694. Forman un breve volumen donde se reunieron las principales
reglas y prácticas que se usaban en el Instituto, “para que facilitándoles el tenerlas a menudo ante los ojos,
las guarden con fidelidad y sean el primer medio que Dios les da para procurar su salvación y la de aquellos a
quienes El les ha encomendado dentro de su misión”; en ellas se mezclaban reglas y constituciones,
principios y normas, que se usaban entre los Hermanos. Tanto al describir el fin y la necesidad del Instituto,
como en la fórmula de los votos consagratorios propios de la orden, se señalaba que todos debían
fundamentalmente ser maestros y la misión específica era enseñar:
“El Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas es una Sociedad en la que se hace profesión el
dar escuela gratuitamente. Los miembros de esta Instituto se llamarán Hermanos, y nunca permitirán
escuelas y asigna obligaciones y exigencias para los ricos y los de escasa condición, si hacer distinciones de derechos
con respecto a la educación, a la promoción, a los premios y a los castigos.

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que se les llame de otro modo. (...) El fin de este Instituto es dar cristiana educación a los niños, y con
este objeto tiene las escuelas, para que, estando los niños por mañana y tarde bajo la dirección de los
maestros, puedan éstos enseñarles a vivir bien, instruyéndolos de nuestra santa religión, inspirándoles
las máximas cristianas, y darles así la educación que les conviene” 16
“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, prosternados con profundísimo respeto ante vuestra
infinita y adorable Majestad, me consagro a Vos para procurar vuestra gloria cuanto me fuere posible
y lo exigiereis de mí. Y, con este fin, yo Juan Bautista de la Salle, sacerdote, prometo y hago voto de
unirme y permanecer en sociedad con (…) Para tener juntos y por asociación las Escuelas gratuitas, en
cualquier lugar que sea, aunque me viere obligado para ello a pedir limosna y a vivir de pan
únicamente, o para hacer en la susodicha Sociedad aquello a que sea destinado, ora por el cuerpo de
la sociedad, ora por los superiores que tengan su gobierno. Por lo cual, prometo y hago voto de
obediencia, tanto al cuerpo de esta Sociedad como a los superiores; los cuales votos, tanto de
asociación como de estabilidad en la susodicha sociedad y de obediencia, prometo guardar
inviolablemente durante toda mi vida. En fe de lo cual he firmado: dado el seis de junio, fiesta de la
Santísima Trinidad del año 1694.” (LA SALLE, Escritos breves)
2.2. SELECCIÓN Y FORMACIÓN DE LOS EDUCADORES

Uno de los aspectos más cuidados en La Salle es la preocupación por establecer los criterios de admisión
de los diversos interesados en desempeñarse como maestros. Si Calasanz recomendaba que no debían ser
incorporados los inconstantes, los iracundos, y “aquellos que sufrían de una cierta especie de manía
religiosa o bien eran supersticiosos”17, La Salle abordará también al problema de la formación de los nuevos
maestros, debiendo estos abandonar todos los hábitos y las costumbres que profesionalmente pudieran
impedirle desempeñarse y desarrollando las conductas favores. Ambos se preocuparon por la formación de
los maestros, determinando cómo debían actuar, qué debían decir, callar o evitar, y recomendando el
semblante de gravedad que debían ostentar a fin de mantener de manera permanente el orden en la clase.
Si bien es cierto que pensaron la matriz formadora de los maestros para una estructura eminentemente
religiosa (las Escuelas Pías y las Escuelas Cristianas), las exigencias impuestas a las condiciones personales y
a la preparación específica se proyectaron – a partir del siglo XVIII – a la configuración misma del oficio de
enseñar. La vieja tradición de los primeros siglos del cristianismo preocupado por la mejor manera de
extender el mensaje del evangelio en el medio de la diversidad de caracteres, posiciones e inclinaciones
supo derivar en la necesidad de lograr la adaptación a la diversidad en las capacidades, defendiendo la
igualdad en el trato hacia los alumnos. Pero este enseñar igualmente a todos implicaba establecer una clara
demarcación entre el ámbito familiar y el escolar, entre las relaciones construidas por los afectos y las
relaciones convenida sobre la obediencia, la disciplina y el control, retaceando los niveles de acercamiento y
confianza: “los maestros amarán a todos sus alumnos tiernamente, pero no se familiarizarán con ninguno ni
atenderán una especial amistad a no ser por vía de premios o estímulos. Mostrarán un afecto igual para
todos sus alumnos.” (NOZICA, 2000) 18
16

El Papa Benedicto XVIII, en la Bula de aprobación del Instituto fechada el 26 de enero de 1725, afirma que: “El celo
por la educación de la niñez según las Reglas de la ley cristiana deberá ser el principal carácter y espíritu de éste
Instituto.”
17
CALASANZ José de, De las Reglas de las Escuelas Pías, citado por SANTHA G. (1956: 79)
18
LA SALLE le dedica a la conducta debida a los alumnos un capítulo especial en las Reglas de la comunidad: “No
permitirán que ningún alumno permanezca a su lado mientras estén en su puesto (nº 16); No hablarán en particular a
sus alumnos, sino muy rara vez y por necesidad, y cuando tengan que hablarles terminarán en pocas palabras (nº 17);
No darán ningún encargo a sus alumnos (nº 18); No mandarán escribir ni copiar nada por ningún alumno, ni para sí, ni
para persona cualquiera (nº19);No pedirán a los alumnos noticia alguna, ni permitirán que ellos se las den, por buenas
o útiles que fueren (nº 20)”. LA SALLE, “Reglas comunes de los Hermanos”, cap. VII. Además de los recaudos vinculados

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 Con La Salle y la constitución de su Congregación de Hermanos, algunos aspectos educativos basados en
las estructuras y en las prácticas religiosas sufrieron transformaciones. La administración del sacramento de
la reconciliación implicaba, en la práctica, dos condiciones: (1º) No debía limitarse al puro análisis,
diagnóstico y curación de los pecados confesados en el pasado, sino que, sugiriendo el confesor un proyecto
de vida para el futuro debía organizar la vida del presente y del porvenir, constituyéndose en una verdadera
ortopedia moral. En este sentido la confesión se instrumentó, también, como un dispositivo que clausuraba
el pasado y cedía su lugar, automáticamente, a la posibilidad de un futuro de conversión, apertura de lo que
el individuo podía decidir y hacer con su vida y sus costumbres; (2º) La confesión debía producirse sin que el
sacerdote y el penitente se vieran entre sí, para facilitar la confianza de los niños y de los feligreses. Para la
práctica de este sacramento - y la aplicación de esta estrategia - se necesitaban sacerdotes, y para las
Escuelas Cristiana, La Salle pensó sólo en Hermanos - maestros, que expresamente renunciaran a la
posibilidad del sacerdocio y que, por lo tanto, no tuvieran ninguna participación en la administración del
sacramento de la reconciliación. Frecuentemente el problema volvía a resurgir cuando los Hermanos le
reclamaban la posibilidad del sacerdocio para llegar – a través de la administración de los sacramentos – a
los alumnos. Y aunque el programa de la comunidad de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en ningún
momento descartó la participación en ella de los sacerdotes como agregados o asociados a la sociedad, en
la práctica el maestro tenía una función claramente diferenciada del confesor y del sacerdote, adquiriendo
una autonomía educativa que debía lograr el reconocimiento de las culpas, el arrepentimiento y el cambio
de conducta sin que medie una intervención de carácter formalmente religiosa.
 La Sociedad de los Hermanos de las Escuelas Cristianas fue una las primeras que tuvo un sistema de
formación de maestros que les permitía progresar rápidamente venciendo todas las resistencias. En 1750
estaban instalados en casi todas las ciudades de Francia y el único freno a su expansión en las pequeñas
poblaciones era el precepto que los obligaba a no abrir ninguna escuela si no tenían al menos tres hermanos
para que se vigilaran entre sí, pero sobre todo para que vivieran en una comunidad en la que la oración, los
ejercicios religiosos, las comidas, el descanso, el trabajo y los recreos fueran comunes. (QUERRIEN, 1979:
28, 34,47, 49)
 La formación de los maestros noveles implicaba la misma actitud de vigilancia y control que con los
alumnos, asociando la corrección, la penitencia y el castigo si correspondieren. Se suponía que si los
maestros habían adquirido las cualidades morales y personales fundamentales, su entrega a la misión de
educar los obligaba aplicar con docilidad y corrección del método único, homogéneo y uniforme que
caracterizaba a las Escuelas Cristianas. La formación de maestro no reposaba sobre saberes disciplinares, ni
sobre estrategias didácticas, sino sobre contenidos procedimentales que constituían el sostén para el
trabajo y la adecuación al método que las escuelas cristianas como escuelas ofrecían. El método no era
propiedad o saber de los maestros, sino del sistema y de las escuelas mismas. ”Siempre que sea posible
colocará a un maestro novel junto a otro que desempeñe bien su cometido. Es preciso obrar de tal forma que
los escolares salgan siempre contentos de la escuela, de modo que no tengan nada que referir a sus padres
que pudiese apenarlos. Cuando no haya orden en la escuela, es preciso que el Hermano maestro sea muy
enérgico al principio, y que corrija más y con más exactitud que si hubiera orden en ella; es preciso también
en esos comienzos recompensarles cuando actúen bien y no dejarles pasar ordinariamente ninguna falta sin
castigo; corregir a aquéllos cuya corrección sirva de ejemplo, que son de ordinario los mayores y más
indisciplinados.” (GUIA, III)

con el cuidado vigilante de los alumnos y la defensa de la justicia en las relaciones, no debe soslayarse el cuidado moral
de los propios maestros y hermanos, considerando que los vínculos entre los maestros y los alumnos podían provocar
diversas formas de abusos y maledicencia.

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 El criterio general para la preparación y la formación de los maestros noveles se resumía en dos puntos:
(1º) En quitar a esos maestros noveles lo que tienen y no deben tener. (2º) En darles lo que no poseen y es
muy necesario que posean. Quince eran los defectos que era necesario desarraigar en los maestros
noveles::
(1º) El hablar demasiado por cualquier razón que sea; (2º) El activismo y el demasiado
apresuramiento; (3º) La ligereza, o el reír o hacer actos ridículos o faltos de cortesía que provoquen
risa en los demás ;(4º) La precipitación. (5º) El rigorismo y la dureza; (6º) La impaciencia. (7º) El
desagrado respecto de algunos o la acepción de personas. (8º) La lentitud. (9º) La pesadez. (10º) La
flojedad. (11º) El desalentarse fácilmente. (12º) La familiaridad, ya que engendra el desprecio, y una
vez que el maestro es despreciado por sus escolares, todo lo que pueda hacer o lo que pueda decir, no
les toca, todas sus enseñanzas y todas sus instrucciones no tienen peso (13º) La ternura y las
amistades particulares. 19(14º) La inconstancia y versatilidad. (15º) Un exterior disipado y aéreo o
quieto y fijo en un punto. (GUIA: III) La formación de los maestros noveles). Diez era las cualidades que
los maestros debían conocer, aprender, desarrollar y poseer:(1º) Decisión. (2º) Autoridad y firmeza.20
(3º) Circunspección o un exterior grave y formal. (4º) Vigilancia. (5º) Atención sobre sí. (6º)
Compostura. (7º) Prudencia. (8º) Aire simpático y atrayente. (9º) Celo profesional. (10º) Facilidad para
hablar y expresarse con nitidez y orden, y al alcance de los niños que cada uno enseña. (GUIA: III, La
formación de los maestros noveles)
 La tarea de los Hermanos-maestros debía ser siempre gratuita, sin que mediara recompensa ni regalos
por su actividad: la limitación en los espacios y la vigilancia constante reforzaba el cumplimiento del
precepto. Su presencia en la escuela y en el aula representaba para cada uno de los alumnos un verdadero
modelo a imitar, por lo que abundaban las recomendaciones sobre su comportamiento:
“Los maestros (1º) irán a las clases tan pronto como se haya terminado el rosario por la mañana y
después de comer; los días de ayuno por la tarde inmediatamente después de las letanías de San José,
sin detenerse en ningún sitio de la casa. (2º) Caminarán con gran modestia y en silencio, con paso no
19

La insistencia de La Salle con respecto a este tema, tratándose de maestros célibes, tiende a poner límites precisos
para evitar desbordes que inhabilitarían – por escándalo – toda la labor de los maestros y de las escuelas.” los
maestros noveles “deben tener una caridad común e igual para con todos los escolares así como también para con
todos los Hermanos y no deben nunca amar a alguno en perjuicio de los demás. Esto no significa, que no se pueda y se
deba siempre preferir los pobres a los ricos (…) Esto no quiere decir que no se deba amar especialmente a los que por su
piedad, su fidelidad, exactitud, docilidad y asiduidad para asistir todos los días a la escuela y puntualmente, y
particularmente por sus otras buenas cualidades se vuelven dignos de estima, sino que normalmente y delante de
todos, no se debe dar ninguna señal de amistad exterior a unos más que a otros. (…)Que no pongan a su lado a los que
son guapos, majos, listos y lucidos; que no les hablen en particular, salvo al acabar las clases, por turno, para alentarles
a que cumplan bien su deber; que corrijan con equidad a todos los que hayan merecido castigo, sin tolerar en algunos
lo que no hubieran aguantado en otros; hay que obligarles, incluso, en tales circunstancias a que obren contra sus
inclinaciones y contra su repugnancia. El formador les hará comprender bien que estas clases de amistades particulares
ocasionan graves inconvenientes tanto para los que son así amados y acariciados como para los otros que no lo son.
Los primeros aprovechan frecuentemente de esa amistad para el mal, y se vuelven insolentes, de manera que pierden
todo el respeto y el temor que deberían tener a sus maestros y no se preocupan más de ello, y los demás se dejan llevar
a menudo de la envidia, y conciben odio y aversión hacia los maestros y hacia los escolares que creen ser más
estimados que ellos. (GUIA: III, Final)
20
“Cuando ya tengan una idea correcta de la escuela y antes de hacerles entrar en una clase para darla, es preciso
obligarles a entrar en ella con un aire decidido y grave, la cabeza levantada y mirando a todos los escolares de una
manera audaz, como si tuviera 30 años de experiencia. Que hagan enseguida lo que se debe hacer (…) Haga todas las
cosas con tanta seguridad como si hubiera estado mucho tiempo en la escuela. (…)La firmeza consiste en hacer ejecutar
lo que uno quiere en el momento, sin dilación.” (GUIA: III, Final)

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precipitado sino moderado, y manifestando en sus ojos y en todo el exterior una gran compostura.
(3º) Al entrar en la Escuela se descubrirán, tomarán agua bendita con mucho respeto y llegados a su
clase harán reverencia al crucifijo, se pondrán de rodillas, harán la señal de la cruz y luego una oración
breve; después de hacer una reverencia al crucifijo se colocarán en su puesto. (4º) Cuando los
maestros entren en la escuela, todos los alumnos de cada clase se levantarán y permanecerán en pie
hasta que el maestro haya llegado a su sitio. (5º) Desde que los maestros se hayan sentado en su
puesto hasta que comience la clase, se ocuparán en leer el Nuevo Testamento y permanecerán en
silencio para dar ejemplo a sus escolares, vigilando sobre todo lo que ocurra en la clase para
mantener el orden”. (GUIA: I, 1º, 2)
“El maestro (1º) debe permanecer siempre sentado o de pie ante su sitial durante todas las lecciones,
tanto las de los carteles, como las de los libros y documentos manuscritos. (2º) No debe abandonar su
puesto sino cuando haya verdadera necesidad, y bastará suficiente atención sobre sí mismo para que
tal necesidad resulte excepcional. (…) (3º) Para que un maestro cumpla bien con su deber debe estar
formado para hacer estas tres cosas al mismo tiempo: Primero, vigilar sobre todos los alumnos para
moverles a cumplir con su deber y mantenerlos en orden y silencio. Segundo, tener en la mano
durante toda la lección el libro que se esté leyendo y seguir al lector con exactitud. Tercero, prestar
atención a quien lee, y a la manera como lee, para corregirle cuando se equivoque. 21(GUIA: I, 3º, 2)
[El maestro] (1º) “Cuidará de manifestar un exterior muy mesurado y de mantenerse con gran
dignidad, sin incurrir en nada improcedente, ni en actuaciones infantiles o propias de escolares, como
sería reír o hacer algo que pueda provocar la risa de los alumnos. (2º) Esta gravedad externa que se
exige a un maestro no consiste en mostrar un semblante severo, ni austero, en parecer enfadado, ni
en decir palabras ásperas. Sino que consiste en observar gran compostura en sus acciones y en sus
palabras. (3º) El maestro estará muy sobre aviso para no familiarizarse con los alumnos, para no
hablarles de manera poco viril, y para no consentir que los alumnos les hablen sino con gran respeto”.
(GUIA: I, 3º, 2)
 Además de estas indicaciones, la Guía de las Escuelas Cristiana definía la presencia y la función del
maestro especificándola hasta en los detalles más mínimos, creando un verdadero contrato pedagógico
sometido a la permanente vigilancia del Director y del Inspector de cada escuela, exigiendo del maestro una
dedicación profesional y vocacional a su tarea, involucrando no sólo el tiempo escolar, sino toda su vida.
Este proceso de normalización definía – por rebote - la preparación previa que los maestros debían tener,
preparación que sumaba la incorporación de conocimientos básicos y comunes, la adquisición de aptitudes
y un tipo de conducta que los convirtiera en idóneos para el desempeño de la tarea. La vinculación
eclesiástica como Hermanos de las Escuelas Cristianas significaba la resolución ideal de la propuesta. La
concepción de un verdadero sacerdocio laical asociado a una consagración religiosa a la tarea de enseña
encontraba en estas prescripciones su fundamento, uniendo en una síntesis indisoluble el hacer y el ser, las
palabras y los hechos, el trabajo y la vida. Para certificar el ejercicio de la misión y la función de maestros, el
Inspector debía vigilar una multitud de detalles:
“(1º) que los que tienen la escuela en la casa, se dirijan a la escuela inmediatamente después del
rosario y que no entren en ningún lugar de la casa, sin necesidad y sin permiso. (2º) Que todos los
maestros que van a las escuelas fuera de la casa, al salir del oratorio, vayan directamente a la puerta,
sin pararse en ningún lugar; que recen el rosario durante todo el camino y que no hablen. (3º) Que
caminen por las calles con gran modestia, y que, por su exterior sean motivo de edificación para
21

Quedan establecidas las tres tareas esenciales del maestro: (1) vigilar, (2) enseñar y garantizar que todos los alumnos
están aprendiendo, (3) corregir,

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todos. (4º) Que no se lleguen a nadie en las calles y no entren en ninguna casa, bajo ningún pretexto;
(5º) que si alguien se les acerca en las calles, sólo el primero responda en pocas palabras a lo que sea
propuesto o pedido, en caso que pueda o deba responder, si no que se excuse cortésmente; (6º) Que
todos comiencen la escuela y los ejercicios de la escuela exactamente a la hora señalada, sin atrasarse
un solo momento; (7º) que en todas las clases el tiempo que deba durar cada lección esté regulada en
proporción al número de escolares. (8º) Que habiendo determinado de esa manera el tiempo para
cada lección, ningún maestro disminuya ni prolongue el tiempo que haya sido prescrito para cada
uno. (9º) Que ningún maestro emprenda nada en su clase contra la Regla y sin orden del Director;
(10º) que estén siempre sentados, o de pie delante de su sitio y que no salgan de su sitio sino por
necesidad evidente; que vigilen siempre a los escolares y los tengan siempre a la vista. (11º) Que
durante el tiempo de las lecciones se apliquen a lograr que los escolares lean pausada y claramente, ni
demasiado alto ni demasiado bajo, sin ningún soniquete, según el orden y la regla de la lectura. (12º)
Que usen siempre la señal y no hablen nunca en voz alta a los escolares, durante el tiempo de las
lecciones; (13º) que sigan siempre en su libro y estén atentos para corregir durante todo el tiempo
dedicado a la lectura. (14º) Que no lean en la escuela libros diferentes de los que se usan en ella, de
acuerdo con los niveles; (15º) que hagan leer a todos los escolares sin ninguna excepción; que les
hagan leer aproximadamente el mismo tiempo a todos. (16º) Que los maestros de escritura presten
mucha atención para que el modo de tomar la pluma y la postura del cuerpo de los escribanos, sean
correctos, y para corregir los errores que cometan en la escritura(…); (17º) Que se ejercite a los
escolares en la letra redonda o bastardilla, según su disposición, la edad que tengan, las vacaciones
que puedan tomar y el tiempo que deben frecuentar la escuela; (18º) que se apliquen con el mismo e
incluso más cariño a instruir a los pobres que a los ricos, y que no descuiden a ninguno y no hagan
acepción de personas. (19º) Que no tengan afecto particular a ningún escolar, que no les hablen
nunca en particular, sino con pocas palabras, con motivo de una ausencia o en previsión de la misma;
que nunca sienten a ninguno cerca de sí; (20º) que se preocupen en hacer aprender las oraciones a los
de nuevo ingreso; que cumplan exactamente lo que exige su deber. (21º) Que ningún maestro escriba
en la escuela, sino los de escritura, y solamente para corregir; (22º) que ningún Hermano hable a otro
en la escuela, sino sólo al que reemplaza al Inspector; si tiene alguna cosa o alguna observación
referente al bien de la escuela que lo comunique al Director. (23º) Que dé el catecismo a la hora y
sobre el tema de la semana; (24º) que no diga en el catecismo nada que no haya leído en los libros
debidamente aprobados y debidamente autorizados (…) (24º) Que no reciban nunca nada de los
escolares, y si les recogen alguna cosa porque juguetean con ella, o por cualquier otra razón, que se la
devuelvan al salir de la escuela, o si creen que sea inútil o peligrosa para los escolares, la entreguen al
Hermano Director. (25º) Que no den nunca nada a ningún escolar, sino a modo de recompensa y no
por amistad o simpatía. (26º) Que no se familiaricen o traben amistad con nadie, por ningún motivo;
que nadie venga a visitarles en la escuela, y no hablen a nadie sino a los padres de los escolares (…);
(27º) que hablen siempre muy cortésmente y en pocas palabras. (28º) Que no dejen entrar a nadie en
la escuela, excepto al señor Cura de la parroquia en la que tienen las escuelas, o a alguna otra persona
que tenga permiso del Director para ver las escuelas y en la manera de llevarlas. (29º) Que los
maestros no salgan de su sitio sino por las necesidades comunes y ordinarias; (30º) que no se dejen
llevar por la impaciencia al reprender o corregir a los escolares; (31º) que las correcciones con varas
sean raras, y las de palmeta no demasiado frecuentes, y que sean siempre según la regla. (32º) Que
no corrijan durante el catecismo y las oraciones; (33º) que los maestros noveles y jóvenes no corrijan
con varas, sin haberlo consultado con el Inspector o el que haga sus veces, y que no empleen las
palmetas demasiado frecuentemente. (34º) Que los maestros impongan las penitencias con toda
seriedad, y no empleen sino las que están prescritas; (35º) que los maestros se preocupen de hacer oír
todos los días la Santa Misa a sus escolares, con piedad y modestia, que los maestros no tengan
ningún libro durante la Santa Misa, sino que todo su cuidado sea velar sobre los escolares,(…) (36º)
Que los maestros den cuenta al volver de la escuela, de las personas que hayan acudido, sea a la

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escuela, sea a la puerta de la escuela, y de los asuntos por los que hayan venido (…); (37º) que los
maestros no golpeen a los escolares con el pie, con la mano o con el puntero, procurará
esmeradamente que no incurran en ese defecto; (38º) que no hablen fuerte sino en contadas
ocasiones y en caso de gran necesidad, fuera del catecismo, del examen y de las reflexiones; (39º) que
no salgan de su sitio, que sigan leyendo en su libro, lo que se lee, y no hagan otra cosa sino su deber
en cualquier tiempo que sea. (40º) Que corrijan la escritura en el tiempo y según el modo que esté
señalado. (…) Todas estas faltas revisten tanta importancia y tienen consecuencias tan graves, que no
deben tolerarse en los maestros, ni tan siquiera una sola vez, y nunca deben incurrir en ellas por más
razones que pudieran aducir para justificarlo.” (GUIA: III, 1º, 2)

2.3. INGRESO, CLASIFICACIÓN, ORDENAMIENTO DE LOS EDUCANDOS.
 La Guía de las Escuelas Cristiana establece criterios muy claros y universales para decidir el ingreso y la
matriculación de los alumnos en las escuelas de la orden. En todas las escuelas regirán los mismos
principios, aplicados por las autoridades de cada casa:
(1º) Responsable del ingreso e inscripción de los alumnos: “Sólo el Superior, o el Inspector de las
Escuelas, si aquél está ausente, y por orden suya, recibirá a los escolares que se presenten para asistir
a la escuela. Les recibirá el primer día de escuela de la semana; si únicamente hay dos escuelas en la
ciudad, dependientes de una casa, recibirá los escolares para una escuela el primer día de escuela por
la mañana, y los escolares para la otra escuela el mismo día por la tarde.” (GUIA: III, 2º, 1)
(2º) Condiciones para la inscripción: “El Hermano Director no recibirá niños para la escuela, que no le
hayan sido presentados por el padre o la madre, o la persona con quien vive, o por alguien que tenga
derecho para hacerlo, o que tenga una edad razonable y que haya seguridad que se presentan de
parte de los padres del niño.” (GUIA: III, 2º, 2)
(3º) Clases de niños que se pueden presentar para ser recibidos en las escuelas cristianas son: los que
han estado en otras escuelas; los que no han estado en ninguna escuela; los que han venido a la
escuela y la han dejado, sea para trabajar o para permanecer ociosos, sea para ir a otra escuela; y los
que han sido expulsados de la escuela. (GUIA: III, 3º, 4)
(4º) Procedimiento para la inscripción: “Cuando el Director reciba a un escolar, se informará con la
persona que lo presenta, del apellido y nombre del niño, del de su padre y del de su madre, o el de la
persona que está encargada, su profesión y su domicilio, la calle, el emblema y la parroquia; la edad
del niño, si está confirmado, si ha hecho la primera comunión; si ha estado ya en la escuela 22, con
quién, por qué razón ha salido, si no es por razón de alguna bribonada o por haber sido castigado; si
ha estado ya en las Escuelas Cristianas, cuánto tiempo; si ha sido expulsado, lo cual conocerá el
Director por el Registro, si está bien cumplimentado. Si es un muchacho mayorcito, qué es lo que
pretenden sus padres (…) cuáles son las buenas y malas costumbres o cualidades del niño, si tiene
alguna molestia o enfermedad corporal, sobre todo (…) enfermedades que se puedan contagiar, a lo
22

El Reglamento de las Escuelas Cristiana quería evitar conflictos con otras instituciones: “Si el escolar ha estado en
otra escuela, que los padres paguen al maestro con quien el niño ha estado, si no le han pagado totalmente” Y
también (GUIA: III, 3º, 3): “Si el escolar deja la escuela por haber sido enseñado mal, o por algún otro motivo, en el cual
aparentemente el maestro ha tenido culpa, se evitará con cuidado criticar al maestro, más bien se le excusará en
cuanto sea posible.”

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cual debe prestarse mucha atención; si tiene alguna enfermedad corporal, el Director se informará si
ésta le puede impedir la asistencia a la escuela. Cuánto tiempo hace que no se ha confesado, si lo hace
a menudo; si no frecuenta libertinos; se preguntará al escolar, si duerme solo o con otro y con quién.”
(GUIA: III, 2º, 2)
(5º) Condiciones para el ingreso: “Cuando se reciba a algún escolar en la escuela se exigirá a los
padres y al escolar que tenga todos los libros necesarios, y un libro de oraciones si sabe leer, o un
rosario, si no sabe leer para rezar a Dios en la Santa Misa. Que sea asiduo a la escuela y no falte nunca
sin permiso; que llegue puntualmente todos los días a la escuela. (…) Que no refiera nada de lo que
haya pasado en la escuela, sea con respecto a algún escolar, sea respecto de sí mismo. Si refiere
alguna cosa en su casa, o en otra parte, será severamente castigado. Que los padres no escuchen las
quejas que sus hijos podrían presentarles, sea contra el maestro, sea contra su proceder, sino que
cuando se quejen de alguna cosa, se tomen la molestia de acudir a hablar con el maestro, sin que sus
hijos estén presentes, y se procurará dejarlos satisfechos. Que los padres envíen a sus hijos, así
durante el invierno como durante el verano. Que el escolar lleve ropas limpias y se presente en la
escuela con un atuendo adecuado y que haya sido lavado; que esté bien peinado y libre de parásitos.
Cada maestro cuidará este punto en relación con todos sus escolares, especialmente los más
desaseados”. (GUIA: III, 3º, 3)
(6º) Criterios para negar el ingreso: no se recibirá ningún escolar que (1º) no tenga 6 años cumplidos;
(2º) sea tan poco inteligente y tan tonto que no pueda aprender nada y que pueda distraer a los
demás y provocar algún desorden en la escuela; (3º) padezca alguna enfermedad que se pueda
contagiar, como las escrófulas, la tiña perniciosa, la epilepsia; (4º) teniendo padres sean ricos, acudan
a la escuela pasado el primer día, sin tener los libros necesarios para su nivel de lectura; (5º) no pueda
ser asiduo a la escuela, sea por alguna enfermedad, sea por cualquier otro motivo, y esta asiduidad
consiste en no faltar más de dos veces a la escuela por semana; (6º) no quiera asistir al oficio los
domingos y las fiestas, con el maestro y los escolares, y al catecismo; y si alguno no asiste
asiduamente será despedido; 23 (7º) haya estado en otras escuelas sin conocer la razón que ha
motivado su separación. (8º) ya ha asistido a nuestras escuelas y las haya dejado por su propia
voluntad, o porque los padres son demasiado complacientes y crédulos y o se lo admitirá con grandes
precauciones. (9º) Haya estado antes y haya sido expulsado; en este caso se señalará en el registro
por qué causa, y después de dar a conocer a los padres los motivos importantes que se tuvieron para
expulsar de la escuela a esos escolares, y después de haberles hecho esperar algún tiempo, se les
recibirá, si hay esperanza de enmienda, con la condición de expulsarlo si no cambia de conducta y no
recibirlo nunca más. (GUIA: III, 3º, 3)
 Aunque existían diferentes clases para los diversos grados, en la misma se distinguían distintas
categorías de alumnos: principiantes, mediocres, avanzados y perfectos. El paso de una categoría a otra se
hacía cada mes siguiendo un catálogo en el que estaban registrados los progresos realizados por cada uno
de los alumnos. (QUERRIEN, 1979: 49) En todas las escuelas regía un orden universal que distribuía a los
alumnos según su edad y su preparación en diversos niveles:
“(1º) En las Escuelas Cristianas habrá nueve niveles Primero, el cartel del Alfabeto. Segundo, el cartel
de las Sílabas. Tercero, el Silabario. Cuarto, el Primer Libro. Quinto, el Segundo Libro, en el cual, los
que saben deletrear perfectamente comienzan a leer. Sexto, el Tercer Libro, que sirve para aprender a
23

La Salle admite alumnos que tengan algunos problemas de enfermedad o alumnos que trabajen en oficios
compatibles con la escuela, siempre que nos le impida romper con la normalidad establecida. “No se recibirá ningún
escolar, por grande que sea, que no proceda en todo como los demás.”

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leer de corrido. Séptimo, el Salterio. Octavo, la Cortesía Cristiana. Noveno, los Documentos
Manuscritos. (2º) Todos los alumnos de todos los niveles, excepto los que leen en los carteles, se
distribuirán en tres órdenes: el primero, los principiantes; el segundo, los medianos; y el tercero, los
avanzados y perfectos en ese nivel. (3º) A los principiantes se les llama así, no porque comiencen a
estar en ese nivel, pues varios podrían quedar mucho tiempo en ese orden de nivel porque no progresa
lo suficiente para pasar a un orden superior. El orden de los principiantes de cada nivel está formado
por los que aún cometen muchas faltas al leer. (4º) El orden de los medianos lo estará por quienes
cometan pocas faltas al leer, es decir, una o dos faltas cuando mucho, cada vez. (5º) El orden de los
avanzados y perfectos en cada lección, será el de quienes leen bien y que normalmente no cometen
ninguna falta en la lectura. (6º) Todos los alumnos de cada nivel seguirán en el mismo libro y la misma
lección. Se hará que siempre lean primero, los menos adelantados, comenzando por el nivel inferior y
terminando por el superior.”(GUIA: I, 3º, 1)
 Según FOUCAULT (1982: 146 – 151) “A cada individuo, su lugar y en cada emplazamiento, un individuo”
para organizar las distribuciones de los grupos, porque era necesario descomponer las implantaciones
colectivas, analizar las pluralidades confusas, masivas o huidizas, imponer un sistema de jerarquización y
clasificación. En la disciplina, los elementos son intercambiables porque cada uno se define por el lugar que
ocupa en una serie y por la distancia que lo separa de los otros. La unidad es el rango. “Poco a poco – en el
siglo XVIII – el espacio escolar se despliega; la clase se torna homogénea, ya no está compuesta sino de
elementos individuales que vienen a disponerse los unos al lado de los otros bajo la mirada del maestro. El
rango comienza a definir la gran forma de distribución de los individuos en el orden escolar: hileras de
alumnos en la clase, en los pasillos, en los estudios. Rango atribuido a cada uno con motivo de cada tarea y
cada prueba, rango que se obtiene semana a semana, de mes en mes, de año en año; alineamiento de los
grupos de edad unos a continuación de los otros; sucesión de las materias enseñadas, de las cuestiones
tratadas según un orden de dificultad creciente. Y en este conjunto de alineamientos obligatorios, cada
alumno de acuerdo con su edad, sus adelantos y su conducta, ocupa ya un orden, ya otro”. (FOUCAULT,
1989: 149 - 150) En este contexto deben leerse las prescripciones de La Salle, sobre cuyos textos trabaja el
autor “Habrá en todas las clases lugares asignados para todos los escolares de todas las lecciones, de suerte
que todos los de la misma lección estén colocados en un mismo lugar y siempre fijo. (...) Habrá de hacer de
modo que aquellos cuyos padres son descuidados y tienen parásitos estén separados de los que van limpios
y no los tienen; que un escolar frívolo y disipado esté entre dos sensatos y sosegados; un libertino o bien solo
o entre dos piadosos”. Los recién llegados solamente reciben su ubicación definitiva cuando han sido
reconocidos por sus cualidades y capacidades. (FOUCAULT, 1989: 151) De la misma manera deben
interpretarse las numerosas clasificaciones positivas (para premiar, distinguir y estimular) y negativas (para
censurar y castigar) que reaparecen una y otra vez en el desarrollo de los reglamentos. Los rendimientos
intelectuales, las capacidades, los hábitos y las costumbres, las respuestas cotidianas a las obligaciones de la
escuela y de la clase habilitan una de serie de categorizaciones que ubican a cada uno de los alumnos de las
diversas series que obran en los registros y en los catálogos (que además dan cuenta de los datos
personales y familiares, pero sobre todo, de todos estos procesos de ordenamiento).
 Por eso, podemos comprobar que el mecanismo clasificador no cesa: de manera positiva y como forma
de estímulo, los alumnos – recreando el modelo precedente - se distinguían y clasificaban por las funciones
que cumplían en el interior de la institución y en su estructura de funcionamiento como oficiales de la
escuela, complementando y aliviando la tarea de los Hermanos maestros. “Habrá varios oficiales en las
escuelas para desempeñar variadas y diferentes funciones, que los maestros no pueden o no deben ejercer
por sí mismos. Todos estos oficiales serán designados por los maestros en cada clase, el primer día de clase
después de las vacaciones. Cada maestro pedirá el parecer del Director o del Inspector de las escuelas, y, si
luego fuera preciso cambiarlos o reemplazar a alguno, el nombramiento de éste o de los otros seguirá
idéntico procedimiento. “(GUIA: II, 8º) La designación de los mismos respondía a un elenco puntual de las

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cualidades que debía reunir el elegido con la expresa posibilidad de ser removido de su cargo: (1º) Recitador
de oraciones; (2º) Ministro de la Santa Misa; (3º) El limosnero; (4º) El porta-hisopo; (5º) El porta-rosarios;
(6º) El campanero 24; (7º) El inspector de clase 25: (8º) Los vigilantes. 26 (9º) Los primeros de cada banco
(encargados de señalar los ausentes del día); (10º) Los visitadores de ausentes; (11º) Los distribuidores y
recogedores de papeles; (12º) Distribuidores y recogedores de libros; (13º) Los barredores. (14º) El portero27;
(15º) El llavero. (GUIA: II, 8º, 1 -14). El sistema fiel a su estrategia, controlaba permanentemente las
indisciplinas y las faltas que pudieran alterar el orden establecido, pero sabía contraponer un régimen de
premios y de recompensas que incluía la designación en una serie de cargos, funciones y servicios que
distinguían a los elegidos y los comprometían como instrumentos de refuerzo efectivo del mismo sistema,
ya que – a diferencia de los maestros – sus cargos estaban marcados por la provisoriedad: duraban el
tiempo que se mantenían vigentes las cualidades que les permitían sobresalir por sobre sus compañeros. El
desempeño de cada una de estas tareas o funciones representaba además del valor de la función asignada,
24

“En cada escuela habrá un escolar cuya función será la de tocar la campana para comenzar la escuela y los ejercicios
que en ella se hacen. Dará veinte campanadas sin parar al iniciar las clases y a cada hora; a las medias, dará veinte
campanadas; al finalizar las clases dará también veinte campanadas, y sonará luego otras veinte para indicar que
terminan las clases y que debe comenzarse la oración. Procurará escuchar la hora atentamente y de tocar, a la hora, en
el momento preciso en que acaba de sonar, y a la media, en el momento en que acaba de sonar la última camp anada.
(...)Este oficial debe ser muy asiduo a la escuela, cuidadoso, vigilante, exacto y muy puntual para tocar precisamente a
la hora; y el maestro cuidará que no falle nunca en tocar a la hora; no se le cambiará a no ser que el maestro, con el
parecer del Director, lo juzgue oportuno.” (GUIA: II, 8º, 6)
25
“Habrá inspectores en cada clase cuando se ausente el maestro, y no en otras circunstancias; a no ser en las clases de
escritura, en las que habrá un inspector durante el desayuno y la merienda, que vigilará al o a los que repasan las
oraciones, el catecismo y las Respuestas de la Santa Misa. El inspector no tendrá otro cuidado, en cada clase, más que
de observar todo lo que sucede en clase durante la ausencia del maestro. Todo su cuidado consistirá en notar y en
prestar atención a todo lo que sucede en clase, sin decir palabra, pase lo que pase, y sin dejar su puesto. Tampoco
permitirá que otro alumno le hable ni se le acerque mientras ejerce su cometido. (…) No dejará de darse cuenta de
cualquiera falta que cometan los escolares, anotará a los que faltan al silencio o que hagan ruido. El maestro hará que
el inspector comprenda que se le ha escogido no sólo para prestar atención a cuanto acontece en la clase, sino ante
todo para servir de modelo y ejemplo que los demás deben imitar. (…) [El maestro] no corregirá a los escolares
acusados sino después de ver la coincidencia entre lo que el inspector ha dicho y lo que los otros le han informado. El
maestro escuchará las quejas contra el inspector, particularmente si proceden de los no interesados, de los más
formales; y si el inspector resulta culpable, será castigado con mayor severidad que cualquier otro que hubiera
cometido la misma falta, y será depuesto inmediatamente de su oficio. Se debe escoger como inspector al más atento y
al más puntual en llegar entre los primeros, que sea despierto para poder notar todo lo que pase en clase, que sea
silencioso y moderado, que no sea ni ligero ni disimulado, ni mentiroso, que sea incapaz de hacer acepción de personas,
de forma que pueda acusar con la misma libertad a sus hermanos, amigos, compañeros”. (GUIA: II, 8º, 7)
26
“Habrá en cada clase dos escolares que estarán encargados de vigilar cómo procede al [alumno] inspector mientras
ejerce su oficio (…) El maestro tendrá cuidado de que el inspector ignore quiénes son esos vigilantes, y con este fin, no
serán designados públicamente como los otros oficiales y ni aún conocerán los nombres. Los vigilantes contarán entre
los escolares más juiciosos, más piadosos y más diligentes en acudir a la escuela, y que tengan suficiente ingenio para
observar el comportamiento del inspector sin que éste lo note.” Se establece una curiosa cadena de vigilancia que
recorre la escuela respondiendo al criterio de las miradas eficaces y el panoptismo universal de la sociedad
disciplinaria. (GUIA: II, 8º, 7)
27
“Cada escuela tendrá una sola puerta por la cual se entrará; en caso de haber más de una, las otras puertas, que
serán las que el Director juzgue oportuno, estarán fuera de uso y siempre cerradas. Habrá un escolar de una de las
clases, según orden del director, sin embargo será ordinariamente de la clase por la que se entra, que estará encargado
de abrir y cerrar esta puerta cada vez que alguien entre en la escuela, y por esta razón se llamará portero. Estará
colocado junto a la puerta, para poder abrirla rápidamente; nunca la dejará abierta, y la cerrará siempre con cerrojo.
No dejará entrar en la escuela más que a los maestros y a los escolares, al señor cura de la parroquia en que están las
escuelas. Y no dejará entrar a otras personas, si no es por orden del director, o del maestro encargado de esta escuela
en su ausencia.” (GUIA: II, 8º, 13)

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un verdadero proceso clasificador, porque todo el universo escolar leía en las designaciones las cualidades y
los méritos de los elegidos.
 Como contrapartida, desde el punto de vista del control de la disciplina y de la administración de los
castigos, la Guía reconocía diversos tipos de personalidades y alumnos que exigían un cuidado y una
atención especial para velar por su educación y resguardar el orden de las escuelas:
(1º) Los viciosos, según los cinco defectos que no deben perdonarse nunca, y que deben castigarse con
las varas o con el latiguillo: La mentira; las peleas; el robo; la impureza; la falta de seriedad en la
iglesia. (2º) Los maleducados, caprichosos, descarados, insolentes, disipados y ligeros. (3º) Los tercos,
especialmente los que son rebeldes en la corrección, resisten al maestro y no quieren soportar que se
les corrija. (4º) Los niños mimados, educados de tal manera por sus padres, que les conceden todo
cuanto piden, y no les contradicen en nada, ni les corrigen casi nunca sus faltas. (5º) Los que tienen
temperamento manso y tímido, a quienes generalmente no hay que corregir sino atender y alentar.
(6º) Los necios, que sólo arman alboroto cuando se intenta corregirles: si están a disgusto en la
escuela, es preferible despedirles. (7º) Los recién llegados: hay que abstenerse de corregir a los niños
recién llegados a la escuela. Hay que conocer antes su carácter, su temperamento y sus inclinaciones.
(8º) Los que acusan a los otros: no darán oídos fácilmente a las delaciones y acusaciones que se hagan
contra los alumnos; no rechazarán, sin embargo, a los que las hagan, sino que cuidarán de
examinarlas atentamente y de no corregir a la ligera, ni inmediatamente por las acusaciones que les
hayan hecho. (GUIA: II, 5º, 6)
 ¿Cuáles eran los caracteres de un buen estudiante de las escuelas Cristiana? ¿Qué conductas debía
observar y cuáles debía evitar? Como sucede en los escritos de los Jesuitas y de José de Calasanz, La Salle –
de manera redundante – repite una y otra vez los caracteres, pero los sintetiza a la hora de especificar las
observaciones y la vigilancia que deben realizar de manera permanente las autoridades. Se trataba de un
compromiso que cada escolar debía producir sobre sí mismo con niveles crecientes de convicción y
autonomía (subjetivación) y que los educadores debían construir en cada uno de los alumnos a través de la
insistencia sobre reglas y la vigilancia sobre el cumplimiento. Entre los caracteres positivos se mencionaban:
(1º) que lleguen antes de que comience la escuela, y que no se ausenten sin permiso y sin una
verdadera necesidad; (2º) que sean modestos, juiciosos y edificantes en las calles; (3º) que entren en
la escuela modesta y ordenadamente y permanezcan en silencio; (4º) que tengan siempre sus ojos
sobre el libro, que sigan la lectura, y digan en voz baja lo que el lector dice en voz alta; (5º) que lean
todos cada vez, y que todos escriban durante el tiempo de la escritura, ni muy deprisa ni demasiado
lentamente y que formen bien sus letras; (6º) que sepan bien las oraciones y el catecismo e incluso las
respuestas de la Santa Misa; (7º) que recen a Dios todos los días, mañana y tarde; (8º) que tengan
devoción a la Santísima Virgen y a San José; (9ª) tengan piedad y rueguen siempre a Dios en la iglesia
y que vayan de vez en cuando a confesarse, e incluso tan a menudo como sea posible; 28(10º) que los
que comulgan lo hagan al menos una vez al mes, (11º) que sean asiduos a sus parroquias los
domingos y fiestas, y que sean asiduos al catecismo; (12º) que tengan un gran respeto a su padre y a
su madre y que [les] asistan con mucha humildad y gran respeto; (13º) que saluden con respeto a las
28

El papel fundamental que desempeñaba la confesión en Calasanz – incorporada como una obligación reglamentaria
y reglamentada – decrece en importancia (y se circunscribe a lo religioso) en el contexto de una congregación que no
tiene sacerdotes sino Hermanos religiosos a cargo de la educación. [El mestro]“Tendrá cuidado de que se confiesen a
menudo, pues nunca es demasiado temprano para que adquieran ese hábito, puesto que no hay nada más apropiado
para impedirles caer en pecados considerables. Aun cuando hubiese algunos entre ellos que no tengan la edad para
recibir la absolución, no dejará sin embargo de hacerlos confesar a fin de prepararlos y hacer que adquieran el hábito
de frecuentar los sacramentos”. (GUIA: III, 3º, 3)

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personas respetables, sobre todo a los eclesiásticos y religiosos, a sus maestros y a las personas
revestidas de autoridad. (14º) Que ningún escolar vaya a los sanitarios sin tener la contraseña, que no
vayan nunca dos o más juntos, y que los mantengan aseados y limpios. (15º) Que todos tengan un
compañero al salir de la escuela, y que vayan siempre con él, y no se junten a otros hasta que hayan
llegado a su casa. (16º) que se junten con compañeros juiciosos, reservados, honestos y que les
puedan llevar al bien, con sus ejemplos y con sus palabras; (17º) que todos los que tengan oficios en
cada escuela y en cada clase, cumplan su deber exactamente. (GUIA: III, 1º, 3)
 Y entre los aspectos negativos o acciones desaconsejadas se marcaban: (1º) que no se aglomeren al venir
a la escuela, cuando se abra; (2º) que no riñan, ni en grupo ni con otros; (3º) que no se paren en las calles,
incluso para orinar; (4º) que no hagan sus necesidades en las calles, ni al venir a la escuela ni al volver; (5º)
que no hablen a los maestros sin necesidad, y que cuando lo hagan, en voz baja y en pocas palabras; (6º)
que no charlen con sus compañeros, y no miren para todas partes; (7º) que no frecuenten malas compañías;
que eviten, sobre todo, con gran cuidado, la de las niñas.29 (GUIA: III, 1º, 3)

2.4. ORGANIZACIÓN DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS:
 A diferencia de los autores y fundadores precedentes, en este aspecto La Salle asume una visión
sintética y global, y prefiere presentar la totalidad de los recursos que contribuyen a garantizar los
caracteres y el funcionamiento efectivo de las Escuelas Cristianas. Sus formulaciones pueden asemejarse
con las propuestas de Comenio, aunque se diferencian, otorgándoles notas específicas, el comprobar que se
trata de un instrumento de uso para el sistema de las escuelas a cargo de los Hermanos de la nueva
congregación. Todas las estrategias responden al principio general del orden, el control y la disciplina, pero
algunas de ellas son preventivas y organizacionales, otras reglamentan las prácticas cotidianas otorgándole
la homogeneidad requerida, y las restantes tienden a establecer los criterios universales para la asignación
de los premios y los castigos.
“Son nueve las cosas que pueden contribuir a establecer y mantener el orden en las escuelas: (1º)La
vigilancia del maestro; (2º) Los signos; (3º) Los catálogos; (4º) Las recompensas; (5º) Las correcciones;
(6º) La asiduidad de los escolares y su exactitud en llegar a la hora; (7º) El reglamento para los días
de asueto; (8º) El establecer varios oficiales y la fidelidad de éstos en cumplir bien su cometido; (9º)
La estructura, la calidad y la uniformidad de las Escuelas y de los muebles convenientes.” (GUIA: II.
Introducción)
 El maestro era el señor de su clase y de sus alumnos, y era allí donde debía ejercer su rol de
responsabilidad y control, cumpliendo con sus funciones específicas. La clase era tal si mantenía a lo largo
de su desarrollo el orden, el silencio, el trabajo, el respeto a los lugares. La misión del maestro se definía a
través de las siguientes funciones:
(1º) “Corregir todas las palabras que el alumno que lee diga mal. Es preciso que el maestro sea
exactísimo para corregir todas las letras, todas las sílabas y todas las palabras que un escolar dice
mal, cuando practica la lectura; el progreso de los escolares será tanto más grande cuanto mayor sea
29

El contacto con el sexo opuesto en una escuela que sólo recibía varones, refleja el espíritu de la época, idea que se
refuerza mas adelante: que no frecuente muchachas, ni compañeros libertinos, aunque no fuese sino para jugar con
ellos. No se acueste con su padre o con su madre, ni con alguna de sus hermanas, ni con alguna persona de otro sexo.
Y si se acuesta así es preciso obligar a sus padres a separarlo, y, si, llegase a ser necesario, informar de ello al Sr. Cura
de la parroquia en la que vive para que ponga remedio. (GUIA: III, 3º, 3)

21

MATRIZ DE LA ESCUELA MODERNA
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la exigencia del maestro en este punto ”; (2º) Garantizará el trabajo universal y simultáneo de los
todos los alumnos en cada uno de los niveles: “tendrá cuidado de que todos los alumnos de un mismo
nivel sigan a medida que el que lee adelanta de sílaba, o de palabra en palabra, y que si se señala a
otro para que continúe, no repita ninguna de las palabras que haya dicho quien leyó anteriormente;
esta práctica permite comprobar si el que lee ha seguido como se debe. El maestro no permitirá nunca
que los alumnos se soplen unos a otros las letras, sílabas o palabras durante la lectura, ni tampoco las
respuestas completas, en los repasos o durante el catecismo. El maestro estará muy atento a los
diferentes niveles, tendrá siempre su libro, y sin embargo tendrá cuidado, de vez en cuando, de que
todos los del nivel sigan. Para ser fiel a esta práctica, no tendrá nada entre las manos, durante todo el
tiempo de la lección, sino la señal, el libro durante la lectura, las plumas, papeles y demás cosas
necesarias para la escritura, si está en la clase de los escribanos.” 30(GUIA: II. 1º, 2) (3º) “El silencio es
uno de los principales medios para establecer y conservar el orden en las escuelas, por lo cual cada
maestro hará que se observe exactamente en su clase, no tolerando que ninguno hable sin permiso.”
 La organización general del funcionamiento de las escuelas reposaba sobre principios básicos que
debían cumplir todos los maestros, supervisados por el Hermano Director y el Hermano Inspector, basados
en una disciplina rígida que imponía la vigilancia permanente y utiliza la visión panóptica:
[El maestro] (1º) hará que los alumnos entiendan que deben observar silencio, no porque él esté
presente, sino porque Dios los ve y esa es su voluntad. No permitirá que los alumnos hablen mientras
reciben una corrección, ni les permitirá que salgan de su puesto sin permiso. Cuando algún alumno
pida hablar, no se lo concederá sino en contadas ocasiones, y no le responderá sino cuando esté
sentado en su silla y siempre en voz baja.31 (2º) Se cuidará de que los escolares estén colocados de tal
manera que los maestros les puedan tener siempre a la vista. El maestro hará observar fácilmente el
silencio, si exige que los escolares estén siempre sentados, con el cuerpo siempre derecho, con la
mirada hacia el frente, ligeramente dirigida hacia el maestro, que tengan los libros en las manos,
leyendo siempre en él, que coloquen los brazos y las manos de tal modo que los pueda ver bien, que
no se toquen mutuamente con los pies o con las manos, que no se den nada los unos a los otros, que
no se miren nunca unos a otros, que no se hablen por signos, que tengan siempre los pies apoyados
tranquilamente, que no saquen los pies fuera de los zapatos o zuecos, que los que escriben no estén
como echados sobre la mesa cuando terminan, ni adopten posturas descuidadas. 32 (3º) El maestro
velará particularmente sobre sí mismo para no hablar sino muy rara vez, y en voz muy baja, a menos
que sea necesario hacerse oír de todos los alumnos.(…) No hablará a ningún alumno en particular, ni a
todos en general, sin haber examinado lo que va a decir, y sin considerar qué es necesario decir.
30

La exclusiva dedicación de todos los alumnos a la actividad de la clase exige algunas intervenciones del maestro: “Si
alguno de los alumnos está jugueteando con algo en la clase, un escolar se encargará de quitárselo, y lo guardará hasta
el final de la escuela, en que, habiendo salido todos los escolares, y estando presentes el alumno o alumnos a los que
pertenecen las cosas que tiene en la mano, presentará esas cosas al maestro, para devolvérselas a estos escolares o
disponer de ellas al instante mismo, según lo juzgue oportuno el maestro, si cree que las cosas pueden perjudicarles.
Los maestros serán muy fieles en no recibir nada de los alumnos y en no guardar nada de lo que éstos hayan llevado a
la escuela, bajo ningún pretexto, excepto los malos libros que llevarán al Hermano Director para que los queme; este
asunto reviste mucha importancia.”(GUIA: II, 1º, 2)
31
“A los escolares que no se les permitirá hablar alto en la escuela, más que en tres ocasiones, a saber: cuando les
corresponde leer, en el catecismo y cuando rezan. El maestro observará igualmente una regla semejante, y hablará alto
sólo en tres momentos: para corregir a los alumnos durante la lectura, cuando sea necesario, porque ningún alumno
puede hacerlo; durante el catecismo; en las reflexiones y en el examen.” (GUIA: II, 1º, 3)
32
Sólo le maestro podrá habilitar con su autorización al alumno que desee hablar o que necesite satisfacer sus
necesidades, aunque ante el pedido del alumno (que levanta la mano o se pone de pie junto al banco) se reserva la
posibilidad de indicarle con una señal la respuesta afirmativa o negativa. (GUIA:II, 2º, 7)

22

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(…)Fuera de estas tres circunstancias el maestro no hablará alto sino cuando lo juzgue necesario y
procurará que esto sea pocas veces.” (GUIA: II, 2º, 3)
 En sólo uno de los artículos – y como principio del ordenamiento de las instituciones – La Salle concentra
los caracteres de la sociedad disciplinaria: vigilancia exterior, convencimiento interior, presencia de un Dios
omnipresente, dedicación al trabajo, silencio absoluto, mínimas señales de comunicación con el maestro,
aislamiento de los individuos con respecto al resto de los alumnos, corrección en la postura corporal,
mirada puesta en el maestro o en la tarea (carteles, libros, escritura). La enseñanza era simultánea, pero –
exceptuadas las circunstancias en que se imponía la ayuda mutua – el maestro enseñaba y atendía al
mismo tiempo a cada alumno, sin que interactuara ni interfiriera el grupo como tal.
“De poco serviría que el maestro se esforzase por mantener en silencio, si él mismo no lo guardase
(…). Por esta razón se ha introducido el uso de las señales en las Escuelas Cristianas. Como hay
muchas ocasiones en que los maestros deben hablar, y en las que se le ordena utilizar la señal en vez
de la palabra, se han establecido numerosas señales de diferentes clases, para ordenarlas en alguna
forma se las ha calificado en relación con los ejercicios y actividades que se practican normalmente en
las Escuelas Cristianas. (…) Todas las señales serán las mismas en todas las casas, sin cambiar ni
añadir nada.” (GUIA: II, 2º, 1) 33
 Para cada uno de los lugares y actividades maestros y alumnos debían conocer y reconocer el sistema de
señales: (1º) durante las comidas; (2º) durante la práctica de las lecturas; (3º) durante los ejercicios de
escritura; (4º) durante la enseñanza del catecismo; (5º) en el rezo de las oraciones. Todos los maestros de
todas las escuelas empleaban las mismas señales, entre las que se cuentan: dar un golpe con la mano sobre
el libro cerrado; dar uno o varios golpes con la señal; una palmada; una palmada sobre el libro abierto;
juntar las manos: golpearse el pecho; señalar a un alumno; hacer una señal con la boca, levantando la mano
de derecha a izquierda; pequeño ruido con la boca y movimiento de los dedos; mirar fijamente a los
alumnos y realizar la acción corporal que se debe imitar. (GUIA: II, 2º, 2 - 4)
 En las Escuelas Cristianas reinaban el silencio mas riguroso y el orden absoluto: “Dado que se impone una
estrategia del silencio, de un silencio tan estricto que no se oye ningún ruido, ni siquiera el de los pies, deben
eliminarse los sonidos inútiles, entre ellos, la palabra, sustituyéndolas con determinados golpes o señales,
cuyo código debe indicar claramente al receptor lo que debe hacer, como si fuera un ritual que se maneja
con determinados automatismos y que avanza al son de las diversas señales.” (FOUCAULT: 1989: 171)
“Al entrar en la escuela, (1º) todos los escolares caminarán tan suave y pausadamente que no hagan
ruido alguno. (2º) Los que pasen por otras clases para ir a la suya, no se detendrán en ninguna por
ningún motivo, bajo pretexto incluso de hablar con alguno, aunque fuese su propio hermano. (3º)
Mientras los escolares se reúnen y al entrar en la clase, guardarán silencio, tan riguroso y exacto que
no se oiga el menor ruido, ni de los pies; de manera que no se distinga quiénes van entrando, ni se
note que los demás estudian. (4º) Los maestros advertirán que quienes hablen o hagan ruido en la
clase durante su ausencia, serán castigados rigurosamente, y que no se perdonarán nunca las faltas
que cometan contra el silencio y buen orden durante ese tiempo.” (GUIA, I. 1. 1)

33

“El maestro no se servirá de la palabra, ni de ningún ruido de boca para corregir en la lectura, sino que dará dos
golpecitos seguidos.” Las señales codificadas sustituyen a las palabras, cuya economía es uno de los principios de la
pedagogía lasallana: si un signo o una señal puede sustituir la pronunciación de una orden, debe siempre preferírselos.
(GUIA: II, 1º.1)

23

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 Finalmente, para garantizar la identidad y la homogeneidad de las Escuelas Cristianas y para darle
aplicación universal al Reglamento de las mismas, se establecía la vigilancia sobre toda la organización y el
sistema:
“Habrá en todas las casas del Instituto un Inspector de las escuelas, que tendrá autoridad sobre todas
las escuelas dependientes de una misma casa. El Director será el Inspector; si hay 3 ó 4 escuelas
dependientes de la casa en donde es director, se le podrá dar un Hermano para ayudarle en la
inspección de las escuelas, de las que será, sin embargo, responsable, de tal manera que este
Hermano no hará nada sino por su mandato, y le dará cuenta de todo lo que haya hecho y de lo que
haya pasado en las escuelas. El Inspector de las escuelas estará siempre en alguna de las escuelas de
las que tenga la dirección, ya en una, ya en otra, no según su elección sino según la necesidad que se
tenga de su presencia; de seguido y por orden, según le haya sido señalado por el Superior del
Instituto. No se ausentará sin una necesidad evidente; y, si es Director, informará al Superior del
Instituto del tiempo en que no haya estado, y de la necesidad y razones que haya tenido para
ausentarse. Permanecerá en la misma escuela, desde la entrada hasta la salida y prestará atención a
todo lo que acontezca en todas las clases; procurará que las reglas y prácticas de la escuela se
observen exactamente, sin ningún cambio ni alteración.” (GUIA: III. Introducción)
2.5. CONTENIDOS Y ORGANIZACIÓN CURRICULAR DE LAS ESCUELAS.
 La Guía para las Escuelas Cristianas detalla la enseñanza progresiva primero de la lectura y, luego, de la
escritura, separando claramente la primera de la segunda; a la enseñanza de la lengua materna y del latín,
se le adicionaba el reconocimiento y la posterior escritura de los diversos tipos de letras34. A estos
contenidos que ocupaban la mayor cantidad del tiempo escolar, se le sumaba la enseñanza de los números
y de las operaciones, así como la utilización de diversos y progresivos textos entre los que se encontraban
los libros religiosos o litúrgicos y el Libro de Urbanidad. La presentación de los contenidos siempre se
asocia a la metodología que debía ser empleada por el maestro, los recursos para mantener la atención
simultánea de todos los alumnos y la aplicación a la tarea escolar, y la utilización de ejercitación variada y
creciente para afianzar los conocimientos adquiridos, junto con los instrumentos indispensables para el
trabajo: 35
34

Se menciona (GUIA: I, 4º, 4) la letra redondilla, la letra bastardilla y se menciona la letra gótica como mas dificultosa
para la lectura. Al mismo tiempo se establecen los diversos ocho niveles de aprendizaje y de dificultad en que se
divide la clase, comenzando por los que comienzan a tomar la pluma y acomodan el cuerpo para el ejercicio hasta el
grado de los escribanos que escriben en caracteres de comercio y en letra rápida todo tipo de escritos: mandatos
judiciales, embargos, contratos, recibos, presupuestos, contratos de obreros, arrendamientos, actas notariales (lo que
se facilita para la lectura en los Registros). A los alumnos de los últimos niveles se les enseñará la ortografía y se
efectuarán controles sobre la calidad de sus escritos.(GUIA :I, 6º)
35
Para la lectura eran necesario disponer de carteles, libros y registros, para la escritura los alumnos necesitan
disponer de los recursos materiales que significarán la presencia progresiva de los instrumentos de trabajo en el
interior de la escuela moderna, sujeta a sucesivas adecuaciones históricas y disponibilidades tecnológicas: (1º) El Papel:
“El maestro cuidará que los alumnos tengan siempre papel blanco en la escuela, y para ello les indicará que lo pidan a
sus padres, a más tardar cuando no les queden sino seis hojas de papel en blanco. Cuidará incluso que, si algún alumno
ha olvidado de traer papel, no se lleve el que ha escrito hasta que haya traído papel en blanco. Todos los que escriben
traerán cada vez, al menos, media mano de papel bueno.” (GUIA: I, 4º.2) (2º) Las plumas y cortaplumas: “El maestro
exigirá que los alumnos traigan diariamente dos plumas grandes a la escuela para que siempre puedan escribir con una
mientras tajan la otra. Cuidará que las plumas no sean ni demasiado finas, ni demasiado gruesas, sino cilíndricas y muy
limpias, secas y de la segunda muda. (…)Todos los escribientes tendrán también un cartapacio donde puedan guardar
sus plumas y cortaplumas.” (GUIA: I, 41.2) (3º) La tinta: “Se proporcionará tinta a los alumnos; con este fin habrá en las
mesas tinteros de plomo que no puedan volcarse fácilmente. Se colocará uno entre cada dos alumnos. El maestro
cuidará de que se distribuya la tinta necesaria y de que los encargados de recoger los papeles limpien los tinteros una

24

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(1º) “El primer libro que se usará en las Escuelas Cristianas será un texto seguido. Deletrearán, al
menos, tres renglones cada uno, de acuerdo con el tiempo de que disponga el maestro y con el
número de alumnos. (…) El segundo libro que se utilizará en las Escuelas Cristianas. Los alumnos no lo
usarán para leer sino cuando sepan deletrear perfectamente. Habrá dos grupos de lectores en este
libro: unos deletrearán y leerán silabeando, y otros que no deletrearán y sólo leerán silabeando.
Todos seguirán la misma lección, y mientras uno deletrea o lee, todos los demás de la misma lección
seguirán, tanto los que deletrean y leen como los que únicamente leen. (…) El maestro cuidará de vez
en cuando de sorprender a algunos, haciéndoles deletrear algunas palabras para comprobar si en
realidad siguen. (…) Los que deletrean, deletrearán más o menos tres renglones, y leerán después
tanto cuanto hayan deletreado; y los que sólo leen, leerán cinco o seis renglones, según el número de
alumnos y el tiempo de que disponga el maestro. (…) El tercer libro que se empleará para enseñar a
leer en las Escuelas Cristianas lo leerán por párrafos y de corrido, deteniéndose sólo en los puntos y en
las comas. No se colocarán en este nivel sino a aquellos que sepan leer perfectamente silabeando. (…)
El maestro enseñará estas cosas a los escolares cuando lean, haciéndoles notar todas las faltas que
cometen contra la pronunciación y corrigiéndolas exactamente, sin pasar por alto ninguna. Por este
motivo cada maestro debe saber perfectamente el tratado de la pronunciación”. (GUIA: I, 3º, 4 – 6)
(2º) “Queda claramente establecido el predominio de la lengua francesa sobre el aprendizaje del latín:
“El libro en el que se aprenderá a leer el latín será el Salterio. No se colocará en este nivel sino a
quienes sepan leer perfectamente en francés. Habrá dos grupos entre los que leen el latín: los
principiantes que leerán únicamente silabeando y los adelantados que leerán de corrido. No se les
hará leer de corrido sino cuando sepan leer perfectamente silabeando; y tanto los que leen de corrido
como los que leen silabeando tendrán la misma lección; leerán, sin embargo, por separado, pero
todos seguirán mientras los otros leen.” (GUIA, I, 3º, 8)
(3º) “El otro cartel debe presentar la numeración francesa y romana por separado y en columnas,
hasta cien mil. Para aprender todas estas cosas, se tomará un cuarto de hora al principio, dos veces
por semana. El primer día de escuela de la semana, se enseñará durante ese cuarto de hora (por las
tarde dos veces por semana) todo lo que presenta el primer cartel, procediendo así: El maestro
señalará en el cartel y hará que varios alumnos repitan uno tras otro, las diferentes dificultades y las
razones de lo que en ellas se presenta. Mientras uno explica, los otros mirarán el cartel y estarán
atentos para poder comprender y retener lo que se explique. El maestro procurará preguntar a otros
sobre lo que se está explicando para darse cuenta de si siguen lo que dice el compañero y si lo
comprenden.” (GUIA: I, 3º. 7)

vez por semana, el último día de clase.” (GUIA: I, 4º. 2) (4º) Los modelos: “Habrá dos clases de modelos para
distribuirlos a los alumnos; unos con el alfabeto, con todas las letras del alfabeto unidas. En segundo lugar, muestras
presentadas en renglones, cada una debe comprender cinco o seis renglones. Los modelos que se proponen a los
alumnos estarán en hojas sueltas y los maestros no trazarán las muestras en los papeles de los alumnos. Todas las
muestras por renglones serán textos de la Sagrada Escritura o bien máximas cristianas sacadas de los Santos Padres o
de libros de piedad.” (GUIA: I, 4º, 2) (5º) Las falsillas y los secantes: “Se darán falsillas únicamente a aquellos que no
puedan escribir derecho por sí mismos. El Inspector de las Escuelas y el maestro examinarán quienes tienen necesidad
de ellas, y las usarán lo menos posible. La falsilla es una hoja de papel con renglones, en sentido de lo ancho, según la
longitud que deben tener; (…) sirven para regular las líneas que escriben, porque las escriben sobre los renglones de la
falsilla. Cada uno de los que escriben tendrá en su cartapacio una hoja de papel gris del tamaño del cartapacio, que
absorba muy fácilmente la tinta, a fin de poder secarla sin emborronarla; se llama papel secante a causa del uso que se
le da.” (GUIA: I, 4º. 2)

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(4º) “Una vez que los alumnos sepan leer perfectamente tanto en francés como en latín, se les
enseñará a escribir, y desde que comiencen a escribir, se les enseñará a leer en el Libro de la
Urbanidad. Este libro contiene todos los deberes, así para con Dios como para con sus padres, y las
reglas de la buena educación social y cristiana. Está impreso en caracteres góticos, más difíciles de
leer que los caracteres franceses. En este libro no se deletreará, ni tampoco se leerá silabeando, sino
que cuantos lo reciben leerán siempre de corrido.” (GUIA: I, 3º. 9) “Es necesario que los alumnos sepan
leer perfectamente, tanto en francés como en latín antes de que comiencen a escribir. Con todo, si
sucediera que algunos alumnos han cumplido los 12 años y aún no han comenzado a escribir, se les
podrá poner a escribir antes que aprendan a leer en latín, con tal que sepan leer bien y correctamente
el francés, y que se prevea que no acudirán a la escuela el tiempo suficiente para aprender a escribir
satisfactoriamente. Prestarán atención a ello el Hermano Director y el Inspector de las Escuelas. Se
hará de tal manera que los alumnos no aprendan a escribir antes de los diez años de edad.” (GUIA: I,
4º. 1)
(5º) “El Inspector procurará que se enseñe a leer en los Registros a los que estén en el cuarto orden de
letra redondilla y en el tercero de bastardilla. Para distribuir bien estos papeles o pergaminos
manuscritos, que se llaman Registros36, debe haber muchos en cada casa, diferentes y que se
distingan unos de otros según la facilidad o dificultad que haya al leerlos. Como los Registros que
ofrecen la misma dificultad, son normalmente de un mismo autor y escritos con la misma clase o tipo
de letras, particularmente los que no constan más que de una hoja o unos folios, como por ejemplo,
las órdenes de comparecencia, los recibos, los contratos, etc., es muy útil hacer que los alumnos
aprendan a leer en forma seguida todos los Registros de un mismo autor, porque grabándose en la
memoria e imaginación su escritura y sus abreviaturas, no tendrán ya dificultad para interpretarlos, y
los más difíciles y complicados llegan a hacérseles muy fáciles gracias a esa práctica. Los alumnos que
leen en los Registros se distribuirán en seis órdenes, según la dificultad mayor o menor de los grupos
de Registros, para que leyendo todos estos papeles seguido y por orden, adquieran al fin facilidad
para leer los más difíciles, y lean por orden y seguido todos los niveles de papeles o Registros que
estén en la clase.” (GUIA: I, 3º. 10)
(6º) “En la lección de Aritmética habrá escolares de diferentes niveles. Unos aprenderán la suma, otros
la resta, la multiplicación o la división, según el progreso alcanzado. El maestro cuidará de escribir en
la pizarra una regla para cada nivel, los sábados o el último día de clase de la semana, si cayere una
fiesta el sábado. (…) Se enseñará la Aritmética sólo a los que han iniciado el cuarto orden de escritura
redondilla y segundo de bastardilla, y será el Hermano Director o el Inspector de las Escuelas quien
coloque a los alumnos en este nivel lo mismo que en los otros. Se enseñará la Aritmética el martes y el
viernes por la tarde, desde la una y media hasta las dos. (…) Para enseñar Aritmética el maestro
estará sentado delante de su sitial, y un alumno de cada nivel, de pie, aplicará la regla de su nivel
señalando las cifras unas tras otras, con un puntero y sumando, restando, multiplicando o dividiendo
en voz alta. (…)Todos los alumnos que escriben y que no estudian aún la Aritmética, prestarán
también atención. El maestro tendrá la lista de todos los alumnos que aprendan la Aritmética,
agrupados por niveles, y hará que todos practiquen en la clase una regla de su nivel en la pizarra, unos
después de otros, sin exceptuar a ninguno. Los escolares de cada nivel se dividirán en principiantes y
avanzados”. (GUIA: I, 5º)
2.5.1. FORMACIÓN RELIGIOSA

36

Se trata de libros que reúnen diversos tipos de discursos o de textos que permiten que el alumno se familiarice con
el uso de la lengua en contextos sociales variados y respondiendo al uso en los diversos oficios y profesiones.

26

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“Se les inspirará que entren en sus clases con profundo respeto en atención a la presencia de Dios. Al
llegar al centro harán una profunda reverencia al crucifijo y saludarán al maestro, si está presente, se
pondrán de rodillas para adorar a Dios y rezar una breve oración a la Santísima Virgen. Una vez
terminada se levantarán, repetirán la reverencia al Crucifijo y el saludo al maestro e irán
pausadamente y sin ruido a su sitio ordinario”. (GUIA: I, 1º, 1)
 La enseñanza del catecismo y de las partes de la misa, con sus respectivas oraciones obedecía al mismo
esquema de enseñanza, repetición, memorización y recitación que el resto de los contenidos escolares.
(GUIA: I, 2º.2) Pero las Reglas para el funcionamiento de las Escuelas Cristianas determinaban: las oraciones
diarias que obligatoriamente se debían rezar en la escuela, las condiciones y los horarios de las mismas
(7º.1); las reflexiones y enseñanzas que debían realizarse cada día de la semana (7º. 2); las oraciones que se
proponen pero que no practica diariamente sino en situaciones especiales (7º. 3); Las indicaciones para la
organización, el control, las prácticas religiosas y el aprovechamiento de la Misa (GUIA: 8º). A esto había
que agregarle las normas específicas que determinan las posturas corporales de los maestros y de los
alumnos para el rezo de las diversas oraciones, especificando las acciones y posiciones permitidas y
censuradas (GUIA, I, 7º. 4) y para la celebración de la Misa: la forma de entrar a la Iglesia, la forma de
comportarse durante la ceremonia litúrgica, la forma de salir. (GUIA: I, 8º)
 Finalmente se presenta el plan de trabajo para la formación religiosa o para el catecismo; La función del
maestro respondía al parámetro establecido para los contenidos enunciados y su tarea de control lo
comprometía – en la enseñanza de la religión – a velar por la seriedad de la tarea y de los aprendizajes.
“Los alumnos de todas las clases estarán divididos en seis niveles por lo que se refiere al catecismo. El
primer nivel será el de los que leen en el primer cartel; el segundo, el de los que leen en el segundo
cartel; el tercero el de los que leen en el silabario; el cuarto el de los que leen en el primer libro; el
quinto el de los que leen en el segundo libro; y el sexto el de los que leen en el tercer libro y el de todos
los otros que están en niveles avanzados. (…)El maestro no hablará a los alumnos durante el
catecismo como quien predica, sino que les interrogará casi continuamente, por preguntas y subpreguntas para hacerles comprender lo que les enseña. 37 El maestro preguntará sucesivamente a
varios alumnos acerca de una misma cuestión, siete u ocho, y hasta diez o doce y, en ciertas
ocasiones, incluso un número mayor. Se preguntará a los alumnos y responderán uno detrás de otro,
según el orden de los bancos; sin embargo, si el maestro nota que varios seguidos no pueden
responder a la pregunta, o no contestan bien, podrá preguntar a uno o a varios en diferentes lugares
de la clase; en tal caso, después de dar un golpe con la señal, indicará a uno para que responda, y
después que uno o varios hayan contestado, hará que responda aquél a quien había preguntado
anteriormente siguiendo el orden de los bancos. (…)El maestro sólo empleará en sus preguntas
expresiones sencillas y palabras muy fáciles de entender, que no necesiten explicación, en cuanto sea
posible, y hará que las preguntas y respuestas sean lo más cortas posible. El maestro no permitirá que
le respondan palabra por palabra, sino que exigirá las respuestas completas y de corrido. Si se da el
caso que algunos niños o retrasados no pudiesen dar la respuesta cabal, el maestro la dividirá de tal
forma que el escolar que responda, logre realizar en tres veces lo que no podía en una. Si sucede que
alguno tiene el espíritu tan corto que no puede repetir bien una respuesta que varios hayan dicho
sucesivamente, para ayudarle a retenerla, hará que la repita cuatro o cinco veces, alternando primero
con un alumno que la sepa bien, ofreciéndole así mayor facilidad para aprenderla. ” (GUIA: I, 9º)
2.5.2. FORMACIÓN EN LA MORAL Y BUENAS COSTUMBRES.

37

Hay diferencia entre el predicar y el explicar el catecismo.

27

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 Si bien la escuela debía funcionar como prolongación y refuerzo de la educación familiar38, a partir de los
contextos en los que se definieron los sujetos a educar en Calasanz y en La Salle, la familia lejos de ser
siempre una aliada de la escuela, se convirtió provisoriamente en una enemiga a la que era necesario
conquistar y civilizar, porque muchos de sus usuarios pertenecían a sectores sociales que ignoraban normas
fundamentales de la convivencia y desconocían el valor de la educación. Era la escuela la primordialmente
que dictaba los comportamientos que debían adoptar los niños en la misma escuela, en la sociedad y en la
familia. Y esta educación de los niños representaba un proceso civilizatorio de la misma familia. La Salle
trasladó los manuales de urbanidad y civilidad de las familias honestas y acomodadas a toda la población. La
honestidad debía ser una condición de la totalidad de la población: educar cristianamente a los hijos era una
manera de lograr que la familia entera lograra alcanzar la educación. Frente a la propuesta de las escuelas
los padres se mostraban obedientes y confiaban en la eficacia de la acción educativa ya que eran testigos de
sus transformaciones. El objetivo de la escuela era normalizar socialmente a todos los niños y lograr que la
familia lograra reconocer su valor y adquiriera las mismas pautas de civilidad y urbanidad. (QUERRIEN,
1979: 127. ARIES – DUBY, 1992: V)39
 Anne Querrien se encargó de mostrar cómo las miradas son captadas por los dispositivos de poder y
organizadas para servirlos, miradas eficaces a partir de las cuales se organizan los espacios escolares. (1979:
105) Entre los Hermanos de las Escuelas Cristianas regía el lema de "las tres S”: "Sanos, Santos y Sabios". El
ordenamiento de los alumnos, la distinción entre unos y otros mediante la organización de un espacio
adecuado (en el que no pueden mezclarse, ni tocarse), la vigilancia permanente, dan muestras claras de
este tipo de poder aplicado al cuerpo del alumno. La escuela aparece no sólo como transmisora de
conocimientos, sino como la encargada de subjetivar normas, a partir de una vigilancia del cuerpo en su
totalidad: limpio, sano, santo. La asociación de estos tres aspectos quedó instalada en la estructura de la
escuela moderna y llegó a potenciarse con la vigencia del positivismo que acompañó a la universalización y
a la obligatoriedad de la escolarización, remarcando la vigencia de (1º) la urbanidad y los controles
higiénicos, (2º) el cuidado del cuerpo y de la salud y (3º) la moralidad y la vigencia de las buenas
costumbres.
 La Salle en sus Reglas de Cortesía y de Urbanidad Cristiana (1703)40 expresaba el sentido que tenía para
los cristianos esta necesaria formación en la civilidad y en las buenas costumbres, al punto de llegar a definir
la misma como una propiedad específica y necesaria de los creyentes:
“Causa sorpresa comprobar que la mayoría de los cristianos considera la cortesía o urbanidad como
simple cualidad humana y mundana, y(…) no la miran como virtud que muestra la relación a Dios, al
prójimo y a sí mismo. Es una prueba del poco cristianismo que reina en el mundo y de las escasas que
son las personas que en él viven y se conducen según el espíritu de Jesucristo. (…) Incumbe a los
38

“Los alumnos que repitan todas las cosas de que se ha hablado anteriormente, deben haberlas aprendido de
memoria en su casa o en el tiempo en que están en la escuela antes de comenzar las clases. Las repiten, no para
aprenderlas sino para demostrar que las saben, y en relación con las oraciones y respuestas de la Santa Misa, para
aprender a decirlas como es debido.” (GUIA: I, 2º. 2)
39
Ranum O. en ARIES - DUBY (V: 179, 185, 187, 202) mencionan reiteradamente los aportes de La Salle en las
cuestiones de Urbanidad y Civilidad, potenciando los aportes que originalmente había confeccionado Erasmo, en su De
civilitate forum puerilium libellus, publicado en Basilea, en 1530. Las Reglas del decoro y de la civilidad cristiana
publicada originalmente en 1703, tiene una difusión extraordinaria: en 1875 se cuenta ya 126 ediciones de la misma.
Muchas de las observaciones que realiza, las exige en primer lugar en los Maestros – Hermanos de las Escuelas
Cristianas. Puede considerarse al texto como un instrumento que fija la versión canónica de la civilidad logrando que el
mismo se convierta en instrumento de uso por parte de los públicos más diversos.
40
LA SALLE Juan Bautista de, (1703), Reglas de Cortesía y Urbanidad Cristiana. Troyes. 1703. Trabajamos la versión
virtual que ha volcado las documento de las Cahiers Lasalliens 19)

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padres y madres tomar esto en consideración cuando educan a sus hijos; y los maestros y maestras
encargados de instruir a los niños deben prestar a ello particular atención. (…) Cuando les propongan
normas de cortesía no descuiden nunca el decirles que hay que ponerlas en práctica sólo por motivos
puramente cristianos, que miran a la gloria de Dios y a la salvación.“ (REGLAS, prefacio) “La cortesía
cristiana es el proceder discreto y regulado que se traduce en las palabras y acciones exteriores
mediante un sentimiento de modestia y respeto, o de unión y caridad de cara al prójimo, y que toma
en consideración el tiempo, el lugar y la persona con la que se conversa; y esta cortesía en cuanto
mira al prójimo se llama mas propiamente urbanidad”. (REGLAS, prefacio)
 Para que las prácticas de urbanidad y cortesía respondieran a los parámetros socialmente establecidos,
no bastaba establecer y dar a conocer solamente las reglas, sino que en cada caso se debían adaptar al
tiempo, la geografía o el país propio o de visita, los ambientes concretos en que se producían, las personas
con las que se establecía relación, las relaciones familiares y la diversidad de clases41; requerían una
capacidad de discernimiento y adaptación (criterio o sentido común) que diera cuenta de la personalidad
de quien las ponía en práctica, porque “la cortesía y la urbanidad no son en el fondo sino acciones de
comedimiento y de respeto para con el prójimo, que brilla mas en las acciones ordinarias, que casi siempre
se realizan delante de los demás”.
 En el desarrollo y enumeración de los diversas prescripciones, LA SALLE -- que se propone tratar en la
primera parte, la circunspección que debe aparecer en los modales y la compostura de las diferentes partes
del cuerpo, y en la segunda, las señales exteriores de respeto o de afecto especial que deben tributarse, en
las diversas circunstancias de la vida, a todas las personas ante quien se realizan y con la que se debe tratar
-- obedece siempre al mismo esquema de presentación: (1º) enumera las acciones o costumbres que deben
evitarse o eliminarse por inapropiadas; (2º) especifica cuáles son las conductas aconsejadas y necesarias;
(3º) aborda las cuestiones particulares que atienden a situaciones específicas que requieren una
formulación especial.
 En cada uno de los catorce capítulos de la primera parte se ocupa de la higiene, de la manera de
conservar y usar, y de las acciones convenientes para cada parte del cuerpo: (1º) Modales y compostura de
todo el cuerpo; (2º) La cabeza y las orejas; (3º) Los cabellos; (4º) La cara; (5º) La frente, las cejas y las
mejillas; (6º) La nariz; (7º) Los ojos y la vida; (8º) La boca, los labios, los dientes y la lengua; (9º) El habla y la
pronunciación; (10º) Bostezar, escupir y toser; (11º) La espalda, los hombros, el brazo y el codo; (12º) Las
manos, los dedos y las uñas; (13º) Las partes del cuerpo que se deben cubrir y las necesidades corporales;
(14º) Las rodillas, las piernas y los pies. No es difícil descubrir que las normas oportunamente establecidas
para el manejo de los Hermanos de las Escuelas Cristianas al definir su ingreso y su permanencia en la orden
respondían a estos parámetros que La Salle universaliza a través del tratado, a los efectos de difundirlo en
cada una de las Escuelas. Si muchos de los Hermanos - debido al carácter mismo del oficio de maestros de
escuela y a su calidad de miembros de la iglesia sin poder disfrutar de los privilegios sociales y económicos
del sacerdocio - provenían de sectores sociales menos favorecidos, era necesario sembrar en ellos las
principios de la cortesía y la urbanidad para que sirvieran de ejemplo permanente de todos los alumnos.
Las prácticas de civilidad, cortesía y urbanidad reproducían, para La Salle (REGLAS: I, 8), la “buena
educación” que no podía ser exigida como condición previa en el ingreso de todos los alumnos a las Escuelas
41

Los escritos y las reglas de LA SALLE no tienen como destinatarios determinadas clases sociales, sino que se dirige a
todos por igual, aunque no desconoce las diferencias de clases: “debe profesar sumisión a los que son superiores, bien
sea por alcurnia, por el empleo o por su calidad, manifestándole mas respeto que el que les mostraría otro que fuera
igual que ellos”. Se distingue al campesino del artesano y ambos del gentilhombre, así como se mencionan
permanentemente las costumbres propias de los clérigos para separarlas de las costumbres de los seglares y hombres
de mundo, a quienes se dirige.

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Cristianas sino que trasladaba a la educación escolarizada la responsabilidad de producir los hábitos,
generar los acostumbramientos, domesticar y servir como germen de la transformación en el seno de las
familias y de la sociedad. Mientras que para las clases más altas, la Reglas eran solamente un recordatorio
que codificaba las prácticas de rigor, para los restantes sectores sociales que accedían a la escuela
representaba un verdadero ingreso en sociedad: el buen gusto y las costumbres civilizadas. Más allá de lo
que representaran otros contenidos de los que daba cuenta la escuela, este inicio en las pautas básicas de
“la buena educación” significaba una verdadera promoción social porque habilitaba a los alumnos para el
desempeño en cualquier medio social. El individuo honesto y bien educado será – de aquí en más – aquel
que responde a las pautas sociales de la urbanidad y de la cortesía que se encuentran vigentes para una
determinada sociedad, adecuación que no solamente responde a los principios de la buena convivencia
entre las personas, sino que traducen en términos civilizados y modernos el mandado evangélico de la
caridad y del amor al prójimo42. No sólo se trata de un aporte relevante de La Salle a la educación universal,
sino que representa una verdadera marca o sello en la configuración de la escuela moderna, que será la
encargada de asumir y difundir estos principios sociales, reforzando los discursos familiares o despertando
en el seno de hogar las pautas sociales de rigor.
 La insistencia en la higiene y la limpieza corporal refleja los requerimientos sanitarios y de cortesía del
momento:
(1º) Debe considerarse la limpieza del cuerpo y en particular de la cabeza, como signo exterior y
sensible de la pureza del alma; (2º)Las orejas deben estar aseadas y sin aditamentos; (3º) El respeto a
la Iglesia obliga a no entrar en ella si no se está limpio; (4º) El aseo pide limpiar todas las mañanas la
cara con un paño blanco, para desengrasarla: no es tan conveniente lavarla con agua, pues ello la
torna más sensible el frío en invierno y al bochorno en verano; (5º) Por cortesía, se debe tener siempre
la boca limpia, y para ello conviene lavarla todas las mañanas.(6º) Es signo de distinción el mantener y
tener siempre las manos limpias, siendo vergonzoso aparece con ellas negras y grasientas (esto no se
puede consentir mas que a los obreros o aldeanos): para mantenerlas limpias y aseadas, hay que
limpiarlas todas las mañanas, lavarlas inmediatamente antes de las comidas y cada vez que se hayan
ensuciado, al hacer algún trabajo; (7º) Para no tener los pies sudorosos y malolientes lo que resulta
muy molesto para los demás, hay que procurar que los pies estén siempre limpios. (REGLAS, I) 43
 Todas las recomendaciones permiten reconstruir la insistencia permanente de la educación escolar - en
la que cotidianamente convivían una número importante de niños y jóvenes que procedían de sectores
sociales diversos y traducían conductas corporales variadas - a través de Reglas que se asociaban a la
domesticación y al control del cuerpo y de sus necesidades naturales (ARIES – DUBY, 1992); se trataba de
42

Es curioso como La Salle insiste una y otra vez en las prácticas de urbanidad y cortesía, refiriéndolas a las costumbres
en el interior de las Iglesias: “El respeto debido a estos lugares consagrados a Dios y destinados a darle el culto que se
le debe, pide que se conserven bien limpios y honor, incluido el pavimento sobre el que se anda: sin embargo sucede
que no hay suelo de cocina e incluso establo que esté mas sucio que el de la Iglesia, a pesar de ser la morada y la casa
de Dios sobre la tierra”. (REGLAS: 10)
43
“Desde finales de la Edad Media y hasta mediados del siglo XVIII, la limpieza corporal prescinde del agua e ignora el
cuerpo, con excepción del rostro y de las manos que son las únicas partes que se muestran. La atención de concentrará
en lo visible: el vestido y sobre todo la ropa blanca, cuya pulcritud ostensible en el cuello y en los puños es el verdadero
indicio de limpieza. (…) Existe una concepción del cuerpo que repele el agua como agente peligroso capaz de penetrar
en todas partes. Por consiguiente el aseo debe ser seco y se identifica con enjugarse y perfumarse.” El agua retorna
entre 1740 y 1750 y con ella las técnicas de limpieza, indicio de las nuevas distinciones sociales y rehabilitación de la
intimidad corporal, asociándose con la medicina y la difusión de las normas sanitarias. En todos los casos la ropa blanca
representa una barrera que divide el interior asociado a la intimidad y a lo inviolable, y el exterior objeto de la propia
mirada y de la mirada ajena. RANUM O. en ARIES-DUBY, 1992: V, 190

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construir los cuerpos socialmente dóciles, tema ampliamente abordado y reflejado por FOUCAULT (1989:
139). A tal efecto, LA SALLE elabora un verdadero elenco de prohibiciones que combinan las pautas morales
con las buenas costumbres (cortesía o urbanidad). 44 Pero sin llegar a los extremos mencionados, proponía
un elenco de las costumbres que preferentemente debían evitarse:
(1º) Afectación, laxitud, flojera, encogimiento en el cuerpo, posturas indecorosas; (2º) encerrar o
hundir la cabeza entre las espaldas, girarla en todas las direcciones; (3º) no debe haber en el rostro
nada severo, ni repugnante, huraño o salvaje, malhumorado, melancólico; (4º) el rostro no ha de estar
arrugado, mostrando un espíritu inquieto y triste; (5º) los ojos extraviados que nunca se detienen y
miran sin parar a un lado y a otro como típico espíritu ligero; (6º) la boca no debe estar ni demasiado
abierta, ni demasiado cerrada, y al comer nunca debe estar llena; (7º) los dientes no deben limpiarse
con cualquier instrumentos sino que sólo pueden utilizarse los mondadientes; (8º) La lengua siempre
debe permanecer en el interior de la boca, encerrada por los dientes; (9º) es mala educación gritar al
hablar, hablar por la nariz o pronunciar mal algunas de las letras, tener un hablar demasiado flojo,
lento o lánguido, o demasiado duro y brusco. (10º) no es elegante encorvar la espalda y los hombros,
como si se tuviese un fardo pesado sobre las espaldas, hay que habituarse a mantenerse siempre
derechos; (11º) es deseducado meter ambas manos en los bolsillos o tocar a los interlocutores cuando
se habla o gesticular ampulosamente señalando personas u objetos con la mano; (12º) debe evitarse
cuidadosamente poner la mano desnuda sobre las partes del cuerpo que no están ordinariamente
descubiertas y, si es necesario tocarlas, es preciso que se haga con precaución; (13º) se debe evitar el
rascarse, frotarse, moverse o asumir posiciones indecorosas, porque es necesario saber soportar las
pequeñas molestias que nos provoca el cuerpo; (14º) es indecoroso y descortés ver o tocar en otras
personas, especialmente del sexo opuesto, lo que Dios prohíbe mirar en sí mismo45; (15º) las
necesidades naturales – siempre, aun entre los niños – deben realizarse en un lugar separado, sin ser
visto por los demás y sin provocarles molestias. 46(REGLAS, I, 1 – 14)

44

(1º) Rascarse la cabeza es muy indecoroso e indigno de las personas bien nacidas; (2º) no se debe dejar acumular
suciedad en las orejas y es descortés servirse de cualquier medio para limpiarlas; (3º) téngase sobre todo cuidado de
que los cabellos no tengan parásitos ni piojos (especialmente los niños); (4º) no hay que comer con extrema avidez,
mostrando una glotonería inmoderada; (5º) un hombre cuerdo nunca debe levantar la mano contra otro: abofetear a
un hombre constituye una gran injuria: (6º) se considera muy grosero hurgar continuamente las narices o sonarse de
una manera inadecuada (con las manos o con los vestidos); (7º) es muy descortés que los dientes se vean negros,
mugrientos o llenos de suciedad; (8º) no es oportuno escupir cuando uno se encuentra en compañía de otras personas,
aun cuando sea natural la necesidad de hacerlo, y nunca hay que hacerlo en el piso; (9º) es vergonzoso aparecer con las
manos negras y grasientas (propio solamente de obreros y de aldeanos); (10º) no se debe dejar crecer las uñas o
tenerlas llenas de porquerías; (11º) no se pueden hacer las necesidades naturales en presencia de otros; (12º) es
deshonroso y vergonzoso dar puntapiés a otros en cualquier parte del cuerpo, corresponde a un hombre violento y
apasionado. (LA SALLE, REGLAS, I, 1)
45
Curiosa la recomendación del autor: “las mujeres deben cubrir decentemente el cuerpo y velar el rostro ya que no
está permitido exponer lo que los otros no pueden mirar libre y decentemente”.
46
“Orinar”, “cualquier otra necesidad natural que pueda tener”, ” ventosidades por arriba o por abajo”: “ciertas
necesidades del cuerpo a las que la naturaleza ha sometido al hombre” (REGLAS.13) Similares recomendaciones se
encuentran al concluir la primera parte de la GUIA, al reglamentar – en el capítulo 10º - el recorrido de los alumnos
desde la escuela hasta sus domicilios. Esta prescripción sirve para introducir el tema de los baños y de los servicios
sanitarios en las escuelas, ya que la reunión de una gran cantidad de alumnos, durante un período prolongado de
tiempo imponía un sector especial destinado a ellos y una organización específica para su uso. Curiosamente no se
hacen menciones a las construcciones ni al diseño de los mismos, en los escritos de los autores anteriores, aunque es
de prever que fueran resueltos según las costumbres de la época, tal como lo mencionado por ARIES – DUBY (1992)

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 Y finalmente, el cultivo de la sobriedad, la modestia, la compostura, la sencillez en el porte, en las
posiciones, en las posturas corporales, como espejo o reflejo del espíritu, reunía su propio elenco
normativo:
(1º) gravedad, mesura, sensatez, aire de altura y grandeza, cuerpo derecho, distendido al sentarse;
(2º) mantener derecha la cabeza y las orejas descubiertas para poder escuchar atentamente las
instrucciones en torno a la religión; (3º) se conoce al hombre cuerdo, por el aspecto de su cara,
mostrándose grave y sensato, alegre, sereno sin ser demasiado libre, un rostro siempre igual, que no
lo cambien ni la adversidad ni la prosperidad; (4º) los ojos revelan lo que uno lleva en el fondo del
alma, los ojos deben ser dulces, pacíficos y comedidos para demostrar humildad y modestia y tener
un exterior formal y sereno, natural y simpático; (5º) la nariz es el honor y la belleza del rostro; (6º)
Los labios deben estar siempre juntos uno con otro, suavemente y sin fuerza; (7º) al hablar debe
emplearse un tono de voz natural, pausado y bastante alto para poder ser oído por las personas con
las que se habla, haciendo sonar bien todas las letras y sílabas y pronunciando separadamente todas
las palabras, en un tono benevolente; (8º) es signo de cortesía abstenerse de bostezar en presencia de
otros o disimularlo en caso de necesidad; (9º) la urbanidad consiste en no mostrar nada referente a
quienquiera que sea, que pueda ocasionarle molestia o producirle confusión; (10º) la mansedumbre,
la humildad y el respeto al prójimo tienen que animar siempre nuestra conducta; (11º) solamente la
cabeza y las manos son las partes del cuerpo que pueden exhibirse porque el resto debe ser
pudorosamente cubierto.47 (14º) nuestro cuerpo no es más que el templo vivo en el que Dios mora y
debe ser tratado con verdadero respeto: no se lo debe tocar ni mirar sin indispensable necesidad;
(15º) cuando se está acostado hay que tener una postura tan decente y modesta que los que se
aproximen a la cama no puedan ver la forma del cuerpo48; (16º) la cortesía quiere que, al estar
sentado, se tengan las rodillas en su posición natural, ni demasiado juntas ni muy separadas; al estar
de pie, es cortés tener los pies medios hacia fuera y los talones separados y alejados unos cuatro
dedos uno de otro; (17º) un cristiano siempre debe mostrar dulzura, moderación y cordura en toda su
conducta. (REGLAS, I, 1 – 14) 49
47

Este acento puesto por LA SALLE en los lugares descubiertos del cuerpo, permite comprobar que la escuela moderna
se construyó con estos dos instrumentos corporales de uso y comunicación, subordinando o negando el resto y
potenciando su docilidad y su rendimiento: una cabeza que mira hacia el frente de la clase y tiene los ojos y los oídos
atentos para seguir las explicaciones (y eventualmente para poder hablar) y la manos (preferentemente la derecha)
para la escritura, son las partes habilitadas de un cuerpo que queda encerrado e inmóvil en el banco asignado. “Los
alumnos deben estar siempre sentados durante las lecciones, incluso cuando lean en el cartel; tener el cuerpo derecho y
los pies en el suelo y bien apoyados. Los que leen en los carteles deben tener los brazos cruzados, y los que leen en los
libros deben sostener el libro con las dos manos sin colocarlos ni en las rodillas, ni en la mesa. Deben mirar hacia
adelante volviéndose ligeramente hacia el maestro” (GUIA: I, 3º. 2) La educación es educación del espíritu, atenta a los
principios religiosos, a la moral y a la buenas costumbres, a la civilidad y a la urbanidad, a la formación intelectual e
instrumental básica. El cuerpo no es objeto de educación, sino de sometimiento y control, ya que se trata de
convertirlo es un cuerpo dócil al servicio de los ideales que lo incluyen como un instrumento a su servicio.
48
Lo refuerza en la segunda parte cuando afirma: “La decencia quiere que al acostarse uno se oculte a sí mismo su
propio cuerpo, y que se eviten las más mínimas miradas. (…) Apenas se mete en la cama, hay que cubrir todo el cuerpo,
salvo la cara que debe quedar siempre al descubierto; tampoco se debe tomar ninguna postura indecente, para mayor
comodidad ni que el pretexto de que se dormirá mejor valga más que el recato”. (GUIA: I, 1º)
49
Aunque se enfrentaron en el campo de las ideas y se disputaron la presencia en el escenario de la educación
francesa, La Salle pudo haber respirado – en los cuidados y reparos con respecto al cuerpo – algunos conceptos y
elementos que defendía el jansenismo. Exagerando las doctrinas de San Agustín, los jansenistas – cuyo centro mas
destacado por Port- Royal - afirmaban que el pecado original había corrompido totalmente al hombre cuya voluntad
estaba dominada por la detectatio terrestres, al punto tal que sin la intervención de la gracia divina, todas las acciones
humanas serían pecaminosas. (REALE – ANTISERI, 1888: II, 500). No se puede olvidar que el verdadero enfrentamiento
se produjo entre los jesuitas y el jansenismo en el corazón del siglo XVII, aunque las discusiones doctrinales y las

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 A su vez, en la Segunda parte La Salle desarrolla – en los diez capítulos, algunos de ellos con numerosos
artículos - La cortesía en las acciones comunes y ordinarias:
(1º) Levantarse y acostarse; (2º) Manera de vestirse y desnudarse; (3º) Los vestidos (los usos y las
modas de los vestido; modestia y limpieza de los vestidos; el uso del sombrero; manto, guante,
medias, zapatos, camisa y corbata; espada, bastón y cayado); (4º) La comida (lo que debe hacerse
antes de comer; lo que se utiliza en la mesa; cómo se debe invitar, pedir, dar, recibir o tomar; manera
de cortar y servir las carnes; modo de comer dignamente; modo de tomar la sopa; modo de servir,
tomar y comer el pan y la sal; los huesos, la salsa y la fruta; modo de beber en la mesa; modo de servir
la mesa, de levantarse y quitarla); (5º) Las diversiones (el recreo y la risa, el paseo, el juego, el canto,
diversiones no permitidas); (6º) las visitas (obligaciones que imponen hacer visita y sus preparativos;
modo de entrar en la casa de la persona que se visita; modo de saludar; modo de abordar a la persona
que se visita, como sentarse o levantarse; modo de despedirse y salir; visitas que se reciben y modo de
comportarse; modo de comportarse en una reunión); (7º) Las entrevistas y la conversación
(condiciones que deben acompañar las palabras según cortesía; verdad y sinceridad que exigen las
palabras; faltas contra la cortesía hablando contra la ley de Dios; faltas contra la caridad debida al
prójimo; faltas por habla inconsiderada, ligera e inútilmente; cómo se debe hablar de las personas y
de las cosas; varias maneras diferentes de hablar; descripciones respecto de la alabanza y la
adulación; modo de preguntar, informarse, repetir y dar el parecer; cumplidos y malas maneras de
hablar) (8º) El modo de dar y recibir, y comportarse cuando se encuentra a alguien; (9º) Modo de
comportarse al andar por las calles y en los viajes; (10º) Las cartas. (REGLAS, II)
 Una breve selección de las consignas y recomendaciones permite reconocer los criterios para ordenar el
trato y el comportamiento social que La Salle codifica a partir de los escritos precedentes y de su propia
experiencia como religioso cuyo origen pertenecía a una clase social acomodada:
influencias ocuparon un largo período de la edad moderna. (MONTHERLANT, 1959) Se los reconocía como seguidores
de la Imitación de Cristo y alejados de toda familiaridad, estímulo y reconocimiento, ya que estaban marcados por el
sentimiento de culpa original y del pesimismo propio de la maldad innata de todo ser humano. “Para los jesuitas, la
educación apuntaba sobre todo al desarrollo de la inteligencia; los jansenistas, por el contrario, aspiraban a desarrollar
las facultades sólidas, el juicio y la razón. En los colegios jesuitas primaba la retórica y en las Escuelas de Port-Royal
predominaban la lógica y el ejercicio del pensamiento. Los hábiles discípulos de Loyola se acomodaron al siglo y fueron
complacientes con la debilidad humana; los solitarios de Port-Royal fueron severos para con los demás y para con ellos
mismos. Los jesuitas fueron los epicúreos y los jansenistas los estoicos del cristianismo: fueron los grandes rivales del
siglo XVII. Los jesuitas se extendieron en el tiempo y llegaron a un numero importante de alumnos, mientras que los
jansenistas duraron unos veinte años y llegaron a pocos alumnos, aunque su influencia se extendió en el tiempo”.
(COMPAYRE, 1920: 117 - 118) Aunque duraron poco tiempo, hay numerosas obras que traducen el espíritu de PortRoyal: NICOLE, Lógica. (1670), La educación de un príncipe. LANCELOT, Métodos. Lógica. Gramática general.
ARNAULD, Reglamento de estudios en las letras humanas. COUSTEL (1687), Las Reglas de la Educación de los niños.
VARET (1668), Educación cristiana. JACQUELINE PASCAL (1657), Reglamento para los niños. (1920: 129) Compayré –
en un amplio desarrollo - presenta a los jansenistas como una alternativa superior a la de los jesuitas, mostrando clara
simpatía por los primeros y animosidad por los segundos. (1920: 128 – 136). Entre los jansenistas y los jesuitas
aparecieron los Oratenses u oratorianos, fundados en 1614 por Bérull de la orden del Oratorio (denominación
tradicional en esos tiempos porque designaba el lugar en el que se rezaba o se atendía a una devoción particular).
Tuvieron numerosos colegios entre ellos el famoso colegio Juilly y prestigiosos educadores, destacados en las ciencias y
en la teología. En general tratan de introducir un tipo de educación que una el cristianismo y la libertad, religión sin
abuso de religión, sólidos pero sin erudición, Tuvieron un acceso generoso a la historia y al humanismo, a la ciencia a
través de laboratorios y a la geografía con sus grandes mapas murales. Hasta accedieron a la filosofía cartesiana
(prohibida entre los jesuitas), ya que la consideraban como la verdadera sangre que circulaba en la filosofía.
(COMPAYRE, 1920: 124 – 126)

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(1º) “Aunque la urbanidad no regule en nada la duración del sueño ni la hora de levantarse, es con
todo cortés levantarse desde el amanecer, pues, aparte que es un defecto dormir demasiado, es
vergonzoso e intolerable que al salir el sol nos sorprenda la cama”. (REGLAS: II, 1) (2º) “El pecado nos
ha impuesto la necesidad de vestirnos y de cubrir nuestro cuerpo. (…) No debemos mostrarnos jamás
no sólo sin ropa, sino sin estar enteramente vestidos: es exigencia del pudor, así como de la ley de
Dios.”. (REGLAS: II, 2) (3º) “La forma de vestirse es una de las cosas que mas mira la cortesía: incluso
contribuye mucho a dar a conocer el espíritu y la conducta de una persona, y da asimismo, y no sin
fundamento, buena idea de su virtud. Para que los vestidos sean adecuados es precisos que le vayan
bien a la persona que los usa y que sean proporcionados a su talla, a su edad y a su condición”.
(REGLAS: II, 2.1) (4º) “La regla más razonable y segura en lo tocante a las modas es la de no ser el
inventor de las mismas, no ser el primer en utilizarlas, ni esperar a que ya nadie las siga para
dejarlas.” (REGLAS: II, 2.1) (5º) “Se debe particularmente cuidar de tener siempre los vestidos muy
limpios: la modestia y la urbanidad no pueden soportar nada de suciedad ni de negligencia.(…) para
ello hay que cambiarla a menudo, al menos cada ocho días y hacer de modo que esté siempre limpia”.
(REGLAS: II, 2.2) (6º) “Es tan natural la inclinación del hombre a buscar el placer en la bebida y en la
comida que San Pablo exhorta a los cristianos que deben hacerlo sin ofender a Dios, porque la
mayoría de los hombres comen como animales y para satisfacerse. (…) Es propio del hombre sensato
hablar poco de esta acción y de lo que a ella se refiere, o hacerlo con parquedad y circunspección, de
modo que se vea que no hay afición alguna en ello”. (REGLAS: II, 4) 50 (7º) “En la mesa debe uno
servirse de una servilleta, un plato, el cuchillo, la cuchara y el tenedor, y sería deseducado prescindir
de alguna de tales cosas al comer.” (REGLAS: II, 4, 2) (8º) “El Sabio da varios consejos importantes
sobre el modo de comportarse en la mesa, para comer con cordura y cortesía. Advierte que, primero,
tan pronto está uno en la mesa, no hay que dejarse arrastrar por la intemperancia en el comer,
mirando las viandas con avidez, como si se debiera comer todo lo que está sobre la mesa, sin dejar
nada para los demás; segundo, dice que no se debe ser el primero en servirse los alimentos; que se
deje ese honor y señal de preeminencia a la persona más calificada del grupo; tercero, prohíbe
apresurar al comer(…); cuarto, quiero que cada uno use sobriamente lo servido, comiendo con mucho
comedimiento y moderación; (…) y finalmente acabar de comer el primero por modestia, para no
excederse ni caer en falta.” (REGLAS: II, 4, 5) (9º) “No hay que esperar a tener el estómago lleno de
comida para cesar de comer: así como es educado comer con moderación, también lo es no comer
hasta la saciedad”. “El que come poco disfruta de un sueño saludable”. (REGLAS: II, 4, 10) (10º) “Las
diversiones son ejercicios a los cuales se puede dedicar algún tiempo del día, para liberar el espíritu de
las ocupaciones serias, y el cuerpo de los trabajos fatigosos que se le dan durante el día”. (REGLAS: II,
5) (11º) “Es conveniente y honesto tomar todos los días algún recreo después de las comidas, con las
personas con quienes se vive y con quienes se come (…). El recreo discurre normalmente conversando
de manera desahogada, contando historias agradables y graciosas que provoquen la risa y la
diversión del grupo”. “Hay tres cosas principalmente de las que nunca de debe reír: las cosas tocante a
la religión, las palabras o acciones deshonestas, los defectos de los demás y algún accidente molesto
que les haya ocurrido”. (REGLAS: II, 5.1) (12º) “El paseo es un ejercicio que contribuye grandemente a
la salud del cuerpo y hace el espíritu mejor dispuesto a las actividades que le son propias; se
transforma en distracción si se le añade conversaciones agradables”. (REGLAS: II, 5.2.) (13º) “el
juego51 es una diversión que se autoriza a veces, aunque ha de tomarse con muchas precauciones; se
50

FLANDRIN J.L. en ARIES – DUBY, 1992: V, 267 – 309, hace una pormenorizada historia de las transformaciones en las
costumbres de la alimentación: La distinción a través del gusto. Allí se presentan algunas exageraciones en las
prácticas, que es lo que LA SALLE pretende censurar o “civilizar”.
51
A pesar de las referencias a los juegos autorizados, en las propuestas y actividades propias de las Escuelas Cristianas
no hay referencias a los juegos de los niños, ni a su utilización con fines educativos, recreativos y de vigilancia y control
del carácter. La educación se encierra en las aulas (y en los espacios cerrados) y no se atiende al desarrollo del cuerpo,

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puede dedicar cierto tiempo a esa ocupación, pero hay que poner en ello no poca discreción; son
necesarias muchas cautelas para no dejarse arrastrar por alguna pasión desordenada; y requiere
discreción para no entregarse del todo al juego, ni dedicarle tiempo excesivo. Hay especialmente dos
pasiones que es preciso vigilar: la avaricia y la impaciencia y los arrebatos”. (REGLAS: II, 5.3.)52 (14º) El
canto es un pasatiempo que no sólo está permitido, sino que es al mismo tiempo muy conveniente y
puede ayudar mucho a divertir el espíritu de modo muy agradable e inocente a un tiempo. Sin
embargo, el buen sentir, lo mismo que la religión, quieren que un cristiano no se deje llevar por toda
suerte de canciones; y que se guarde en particular de cantar cosas deshonestas, ni otras cuyas
palabras sean demasiado libres o de doble sentido.” (REGLAS: II, 5.4) (15º) “Existen otras diversiones
(…) que no están permitidas al cristiano en modo alguno, ni por las leyes de la religión ni por las reglas
de la cortesía. Hay unas que sólo frecuentan los ricos, como los bailes53, las danzas y el teatro. Otras
son más corrientes para los artesanos y los pobres, como los espectáculos de charlatanes, bufones,
volatineros, títeres, etc.” (REGLAS: II, 5.5) (16º) “Los hombres que viven en el mundo, teniendo siempre
asuntos en común, se ven obligados a conversar, a hablar unos con otros; por esto, una de las cosas
sobre las cuales la cortesía prescribe más reglas es la conversación; quiere que los cristianos sean
extremadamente discretos en sus palabras. (…)Quiere la cortesía que el cristiano nunca profiera una
palabra que vaya contra la verdad o la sinceridad, que falte al respeto a Dios o a la caridad con el
prójimo, que no sea necesaria o útil, y dicha con prudencia y discreción. Estas son las condiciones que
exige acompañen a todas nuestras palabras.” (REGLAS: 7) (17º) “Hablar inconsideradamente es
hablar sin discreción, sin orden y sin prestar atención a lo que se dice. Para no caer en este defecto, el
Sabio nos advierte que estemos muy atentos a nuestras palabras, por miedo, dice, a deshonrar
nuestras almas. En efecto, no se tiene estima alguna de un hombre que habla indiscretamente, y a
causa de esto debemos procurar, según el consejo del mismo Sabio, no ser ligeros de lengua, pues la
razón por la cual se habla a menudo fuera de propósito y sin orden, es porque se dicen cosas sin
haberlas pensado seriamente.” (REGLAS: II, 7.3) (18º) “Hay muchas maneras diferentes de hablar, que
expresan varios sentimientos e inclinaciones nuestras. Estas maneras de hablar son: alabar, adular,
preguntar, responder, contradecir, dar el propio parecer, disputar, interrumpir y repetir.” (REGLAS: II,
7.3.3.) (19º) “Se debe prestar atención, cuando se anda por las calles, a no ir demasiado lentamente,
ni demasiado aprisa. La lentitud en el andar es señal de pesadez o de negligencia; es, sin embargo,
más descortés andar demasiado aprisa, lo cual es mucho más contrario a la modestia. No es
conveniente pararse en las calles54, incluso para hablar con alguien, a menos que sea necesario, y aun
aun cuando se recomiende su cuidado y las prácticas de la higiene. Ni el tiempo libre, ni los espacios públicos y
abiertos son abordados aun como objeto de vigilancia, acompañamiento y control.
52
“Los juegos que ejercitan el cuerpo, como el frontón, el croquet, la bocha, los bolos, el volante, son preferibles a los
demás e incluso a los que ejercitan y aplican demasiado el espíritu, como son el ajedrez y las damas. (…)Hay ciertos
juegos de naipes que pueden permitirse alguna vez, como el de los cientos, porque la destreza tiene su parte y no son
de pura suerte; pero otros están tan subordinados al azar, como la berlanga, el sacanete, los dados y otros semejantes
que no sólo los prohíbe la Ley de Dios, sino que las normas de la urbanidad no autorizan a jugar a ellos. Deben, pues,
ser considerados como indignos de una persona educada.” (REGLAS: II, 5.4)
53
“Respecto a los bailes basta decir que son asambleas cuyo comportamiento no es cristiano ni honesto: se tienen de
noche, como queriendo esconder a sí mismo las indecencias que se cometen en estas asambleas, y buscando las
tinieblas para tener más libertad para cometer el crimen. Las personas en cuyas casas se tienen, están obligadas a abrir
su puerta indistintamente a todo el mundo, lo que trae consigo que sus casas sean como lugares infames y públicos,
donde los padres y madres exponen a sus propias hijas a toda clase de muchachos, que tienen la libertad de entrar en
estas asambleas y se toman también la de examinar a todas las personas que las componen y de ligarse con aquellas
que más les gustan; divertirlas, sacarlas a bailar, acariciarlas y tomarse con ellas libertades que padres y madres se
avergonzarían de permitirles en sus propias casas.“ (REGLAS: II, 5)
54
Aun para el universo adulto, la calle es considerada un lugar desaconsejado y lleno de peligros por lo que la buena
educación aconseja no frecuentarlas ni permanecer en ella. Son los domicilios particulares y los ámbitos institucionales
los que – en una estructura de encierro – garantizan la seguridad física y moral de todos, principalmente de los niños.

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MATRIZ DE LA ESCUELA MODERNA
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deberá ser por poco tiempo”. (REGLAS, II, 9.) (20º) “Así como un cristiano no debe hacer visitas
inútiles, la cortesía pide también que haga de modo que no escriba cartas que no sean necesarias.
Hay tres clases de cartas, en relación con las personas; pues se escribe a los superiores, a los iguales o
a los inferiores. Las hay también de tres clases, vistas las cosas que se escriben, pues son cartas de
negocios, familiares o de cumplidos: estas clases de cartas piden cada una su estilo y su forma
particular. (…)Nunca se debe leer cartas, ni esquelas, ni papeles, ni nada, cuando se está en compañía,
a menos que sea tan urgente que no pueda uno dispensarse de ello; no está siquiera permitido en
presencia de otro, a menos que sea uno muy superior al mismo.” (REGLAS: II, 10)

2.6. MÉTODO UTILIZADO EN LAS ESCUELAS CRISTIANAS.
 Juan Bautista de La Salle es fiel a la tradición eclesiástica que lo precede y que lo rodea (jesuitas,
escolapios) y rompe con el tipo de pedagogía y con la metodología usual en las escuelas de caridad, las
mismas a las que viene a socorrer, primero con su buena voluntad y luego con la organización de una nueva
orden. El maestro se convierte en el eje del proceso, funcionando como un modelo de conocimientos y de
disciplina que cada alumno trata de imitar, bajo la mirada del compañeros y compitiendo
permanentemente con ellos. Se trata de convertir al maestro, a través de una cuidadosa formación, en una
especie de alumno mayor que se instala en la clase para lograr la emulación y el progreso de todos.
(QUERRIEN, 1979: 46, 47) Es por eso que el Reglamento de las escuelas se construye sobre el Reglamento de
los Hermanos: si los maestros logran crear en sí mismos los caracteres necesarios (en su personalidad, en su
obrar y en sus conocimientos) lograrán la reproducción de los mismos en los alumnos. Algunas de las
recomendaciones hechas a los Hermanos se transforman indirectamente en un instrumento de formación
de los alumnos.
 Los Hermanos debían tener una conducta igual hacia todo el mundo, sin preferir a nadie; no debían
hacer nada sin el permiso del Hermano Director. Todos los comportamientos de los Hermanos estaban
minuciosamente reglamentados. Se imponían los siguientes criterios: dependencia jerárquica total, la
especificidad del comportamiento y la solidaridad consecuente, uniformidad de funcionamiento en todos
los lugares. Aun la disciplina corporal los identificaba:
“Los Hermanos llevarán siempre la cabeza derecha, un poco inclinada hacia delante; no la volverán
hacia atrás ni de un lado al otro, y si la necesidad les obliga a hacerlo girarán al mismo tiempo todo el
cuerpo despacio y con gravedad.(…) Presentarán un rostro siempre alegre, los ojos bajos, la frente sin
pliegues, la boca semicerrada, los brazos cruzados, no llevarán nunca los brazos colgando, ni las
manos en los bolsillos, tendrán los pies casi juntos, no cruzarán ni separarán jamás las piernas”.
(QUERRIEN, 1979: 47-48, 144)
 La principal innovación de La Salle – profundizando las reformas escolares anteriores e introduciéndola
en las diversas ciudades de Francia – fue la división de los escolares en grupos del mismo nivel a los que
enseñaba simultáneamente un solo maestro: en las Escuelas Cristianas se impuso como organización y
práctica: la comunidad de maestros, el carácter colectivo del aprendizaje de los niños, la uniformidad de los

La calle parece un territorio en el que no tienen cabida las normas de ciudadanía, urbanidad y cortesía. Calasanz y La
Salle lo tomarán como norma al establecer vínculos directos entre la familia y el hogar, y los educadores y la escuela,
compartiendo responsabilidades. En esta línea temática debería incorporarse la separación formulada por ARIES –
DUBY (1992) V – VI, separando y oponiendo el espacio público del ámbito privado. La escuela con su estructura de
protección y de encierro parece asemejarse a la familia y al ámbito doméstico, oponiéndose ambos a la desprotección
y el descontrol propio de la calle. (VI, 16 – 21)

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libros, de los espacios y de las actitudes físicas. En lugar de llamar a cada uno de los alumnos, el maestro se
ubicaba sobre un estrado o una tarima para solicitar a los diversos alumnos que hicieran públicamente el
ejercicio de lectura: (1º) Los alumnos competían entre sí para demostrar sus capacidades; (2º) El orden y la
prontitud en las respuestas determinaba una jerarquía entre los estudiantes; (3º) Todos disponían del
mismo libro para poder seguir los ejercicios y las lecturas; (4º) Las correcciones que realizaba el maestro
servía para todos: “Las escuelas están organizadas de tal modo que un mismo libro, un mismo maestro, una
misma lección y una misma corrección sirvan para todos”. (LASALLE, 1680) Aunque el método colectivo no
es el más eficaz para lograr los aprendizajes, es el que permite asegurar con el mismo número de maestros
la instrucción de un mayor número de alumnos.55 Formados los maestros en cantidad suficiente y con una
adecuada metodología, se hacía posible una efectiva escolarización de todos los niños. Pero con esta
simultaneidad – heredada de los representantes y las organizaciones precedentes – el maestro no podía ser
alguien que transfirieran individualmente sus conocimientos a quien lo recibía, sino que exigía un cuerpo de
enseñanzas que dominara el arte de enseñar a muchos y de hacerse obedecer por el grupo. (QUERRIEN,
1979: 49, 26)
 La metodología de trabajo de las Escuelas Cristianas privilegiaban el silencio y el trabajo permanente: se
debía escribir continuamente sin perder el tiempo, porque la escritura representaba no sólo un mecanismo
de aprendizaje sino un instrumento disciplinario. Si se mantenía ocupado a los niños (uno de los defectos
mas criticados de las escuelas precedentes era la pérdida de tiempo de los alumnos que aguardaban la
atención del maestro) no era necesario un control directo y permanente de los mismos, sino que el maestro
supervisaba el trabajo en general e interrogaba a cada uno para certificar los cumplimientos. (QUERRIEN,
1979: 51) Pero además, a diferencia del sistema de enseñanza mutua56 que utilizaba las pizarras que no
dejaba testimonio del trabajo en el aula, el método simultáneo instituye un sistema de control institucional
compartido ya que registra en cuadernos las enseñanzas del maestro y las ejercitaciones de los alumnos
para el conocimiento de la familia (ausente del ámbito escolar) y para prolongar en el propio hogar las
obligaciones y los deberes. A través de este instrumento la geografía de la educación y el disciplinamiento
se hacía homogénea: escuela y familia compartían al mismo sujeto y asumían solidariamente la
responsabilidad, y el modelo instalado por este tipo de escuela se universalizaba. No es extraño que – un
siglo después – se afirme: “La escuela es nuestra Iglesia: es la casa donde se vota, donde uno se casa, donde
educa a los jóvenes enjambres de la colmena nacional; es – en una palabra – el centro de la vida comunal,
política, social, la casa de los ricos y de los pobres, la casa de todos”: la matriz eclesiástica ha dejado caer
como fruto maduro la escuela moderna dejando en ella impresas sus huellas indelebles. (QUERRIEN, 1979:
34, 51, 119, 83) 57
55

QUERRIEN señala (1979:50) que en seis horas de clases dadas a cuarenta niños el método individual solamente le
permitía al maestro lograr que los alumnos leyeran y escribieran solamente algunos minutos bajo su control. Con el
método simultáneo se ganaba mucho tiempo, respondiendo a la concepción del tiempo propia de la modernidad: si los
niños son subdivididos en secciones pueden ganar tiempo para la lectura (18 minutos), la escritura (12 minutos) y el
cálculo (6 minutos), bajo el control directo o indirecto del maestro. La escuela simultánea posterior se encargará de
multiplicar los maestros para asignarle a cada uno de ellos la enseñanza y el control de cada una de las disciplinas.
56
QUERRIEN (1979: 55, 51,73) interpreta que los Hermanos de las Escuelas Cristianas son los vencedores, con su
método simultáneo, frente a las iniciativas de aplicación del método de enseñanza mutua. Implicaba crear una
articulación de todos los niños entre sí, sumando el esfuerzo de todos en la búsqueda y la transmisión del saber, y
logrando que los movimientos individuales se movieran de manera organizada y sistemáticamente, renunciado a la
uniformidad y optando por creatividad y los rasgos individuales: se obtenían mejores resultados, haciendo de una
multitud un conjunto de individuos que podían organizarse para volverse obedientes a una misma voluntad. Como
método tenía mas ventajas que el método simultáneo pero en los hechos era demasiado utópico y ofrecía ciertas
dificultades de aplicación, por lo que no pudieron suplantar el modelo ya consolidado de los Lasallanos.
57
Los Hermanos de las Escuelas Cristianas se convierten en una referencia necesaria para cualquier tipo de práctica
educativa, obligando aún a las iniciativas estatales y secularizadas a sumergirse en el modelo religioso y disciplinario.

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MATRIZ DE LA ESCUELA MODERNA
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 El Reglamento (Guía) se encarga de presentar el método único y universal para la enseñanza progresiva
de la lectura que avanzaba progresivamente desde el reconocimiento de las letras mayúsculas a la
formación de las sílabas, y de éstas a las palabras y a la constitución de las oraciones y de los párrafos.
(GUIA: I, 3º. 2) La utilización de sucesivos carteles en los primeros niveles (y la ausencia inicial de los libros)
permitía utilizar un método simultáneo que, sin embargo, obligaba al maestro a realizar un seguimiento
individual de cada uno de sus alumnos, o asignándole un compañero aventajado para la enseñaza
compartida.
“Cada escolar de este nivel leerá solo y en particular por lo menos tres veces todas las letras del
renglón que le corresponde como lección, una vez de seguido y las otras dos veces sin orden, para que
no las sepa sólo de carretilla. (…) Conviene recalcar que es muy importante que un alumno no deje el
estudio del abecedario sino cuando lo sepa perfectamente. (…) El maestro cuidará que quien lea abra
bien la boca y que no pronuncie las letras entre dientes, lo que constituye un defecto muy grande, ni
demasiado de prisa ni muy lentamente; ni con alguna entonación o particularidad que manifiesten
afectación, sino en forma muy natural; cuidará también que ninguno emplee un tono de voz
demasiado alto al decir su lección. Basta que quien lea pueda ser escuchado por quienes están en el
mismo nivel. (…) Antes de colocar a un alumno en este nivel y para que pueda acostumbrarse a seguir
en su libro mientras leen los demás, el maestro cuidará de darle durante los días que sean necesarios,
un compañero que le enseñe la manera de seguir, haciéndole seguir con él en el mismo libro,
sosteniendo ambos el libro, uno de un lado y otro del otro.” (GUIA: I, 3º. 2)
“Los alumnos leerán uno después de otro e irán de dos en dos y por turno delante del maestro,
siguiendo los puestos que ocupan en los bancos donde están y los que los bancos tienen en la clase, de
manera que todos los del mismo banco acudan uno tras otro, y a continuación los del banco siguiente,
o colocado detrás. Los principiantes leerán unas cuatro palabras, los de los otros órdenes diez
palabras más que los del orden precedente; en cada orden se aumentarán diez palabras.” (GUIA: I, 3º.
10)
“[En la enseñanza de la matemática] mientras un alumno haga ejercicios sobre la regla de su nivel, el
maestro le hará varias preguntas tocante a esta regla para hacérsela comprender y retener mejor, y,
si el maestro se sirve de términos que no entiende el alumno, que son términos propios del arte, se los
explicará todos y se los hará repetir antes de seguir adelante. El maestro preguntará también de vez
en cuando, a cualquier otro alumno del mismo nivel para darse cuenta si están atentos y si
comprenden. (…) En la Aritmética, lo mismo que en las otras lecciones, se comenzará por la más
sencilla y se acabará por la más difícil. Cuando el escolar que aplica la regla de la primera, es decir, de
la lección más fácil, haya terminado, el que deba aplicar la regla de la lección siguiente, lo hará de la
misma manera, y así las demás.” (GUIA: I, 5º) 58

Pero no hacen sino reflejar el espíritu educativo, moralizador y de disciplina que rige en la época. Los jansenistas – que
se enfrentaron también con los Hermanos de las Escuelas Cristianas - utilizaban una metodología similar en Port-Royal:
“En ningún momento el niño permanecerá inactivo o distraído. Había numerosos maestros que no perdían nunca de
vista a los alumnos, participando de sus paseos, de sus conversaciones y de sus juegos. Cada escolar tenía su armario,
su silla y sus libros. No debía prestar nada a sus compañeros ni hablar con ellos. El maestro abarcaba con una sola
mirada la reducida asamblea. Durante el recreo estaba prohibido salir del espacio estrictamente delimitado sin
permiso.(…) Todos los escolares, príncipes o errabundos, iban vestido igual” (QUERRIEN, 1979: 73)
58
Los principios formulados en la primera mitad del siglo XVII por Comenio encuentra en el Reglamento de La Salle una
aplicación directa y efectiva a través de la definición de un método único para las Escuelas Cristianas.

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“Una de las principales preocupaciones del maestro durante el catecismo, será la de procurar que
todos los alumnos estén muy atentos y que retengan fácilmente cuanto se les diga. Para lograrlo
mirará siempre a todos los escolares y observará todo lo que hacen; cuidará de hablar poco y
preguntar mucho; No hablará sino de la materia señalada para cada día, procurando no apartarse del
tema. Hablará siempre de una manera [digna], capaz de inspirar respeto y seriedad a los escolares, y
no dirá nada vulgar o que pueda provocar la risa. Cuidará de no hablar de manera dejada que cause
aburrimiento. En cada explicación del catecismo, señalará, sin falta, algunas prácticas a los alumnos y
les instruirá, tan profundamente como sea posible, sobre cuanto se refiere a las costumbres y al modo
de vivir como verdadero cristiano. (…) “Los maestros tomarán tan a pecho la instrucción de todos los
escolares que no tolerarán que ninguno permanezca en la ignorancia, al menos de las cosas que un
cristiano está obligado a saber, tanto en cuanto a la doctrina como en la práctica. (…) Los maestros
ayudarán a los alumnos para que presten mucha atención durante el catecismo, cosa no fácil para
ellos ya que se distraen con suma facilidad, y emplearán para ello los siguientes medios: (1º) Cuidarán
de no desanimarlos ni intimidarlos, con sus palabras o con sus reacciones, cuando no puedan
responder correctamente a las preguntas que se les hayan hecho. (2º) Les animarán e incluso les
ayudarán a manifestar lo que les resulte difícil memorizar. (3º) Les prometerán recompensas, que
darán de vez en cuando a los más atrasados que se hayan esforzado más para aprender
debidamente.” (GUIA: I, 9º. 2 y 3) 59
 Mientras que la tarea de mantener el orden era responsabilidad privativa y permanente del maestro, el
quehacer de enseñar lo podían desempeñar y compartir alumnos aventajados, habilitados para la
enseñanza mutua:
“(1º) Quien recite los títulos de las oraciones y las preguntas del catecismo corregirá al otro en caso de
que se equivoque en algo, y si no le corrige, el maestro hará sonar la señal para corregirle, y si el
alumno no sabe lo que ha dicho mal, el maestro, que debe entonces vigilar, no sólo a los que recitan,
sino para mantener el orden de la clase, indicará a otro alumno que corrija, como se hace en la
lectura. (2º) En la clase de los que escriben, dado que el maestro está ocupado durante ese tiempo en
la escritura, será un escolar en funciones de Inspector, quien realice lo que correspondería al maestro
en relación con esta repetición solamente. El maestro no debe dispensarse en modo alguno de velar
por el orden de la clase durante este tiempo.” (GUIA: I, 2º. 2)
2.7. REGLAMENTO Y RÉGIMEN DISCIPLINARIO60EN LAS ESCUELAS.
59

Como es de rigor, todas las metodologías de la enseñanza y del aprendizaje finaliza con las recomendaciones con
respecto a las posturas corporales del maestro y, principalmente, de los alumnos al atender en las lecciones y al
responder a la preguntas. (GUIA: I, 9º. 4)
60
En la película española Arriba Azaña (España, 1997. Dir. José María Gutiérrez Santos. Novela original de VAZ DE
SOTO J., 1975, El infierno y la brisa), se presenta la sistematización de ciertos códigos que llaman al orden
prescindiendo de la utilización de la palabra oral. Un número específico de sonidos de silbato hace que se formen filas,
se cante el himno, se dispersen ordenadamente los alumnos; ante un número de palmadas se debe rezar, y otros
ejemplos similares. No es más que la reproducción – en el contexto del siglo XX - del sistema de señalizaciones y signos
que operaba en las Escuelas Cristianas. Estas formas de autoridad moderna trabajan sobre la internalización de las
normas más que sobre la coacción exterior, para producir una obediencia interior y no superficial: los signos exteriores
operaban como recordatorio de las normas debidamente conocidas e incorporadas en cada uno de los usuarios de la
escuela. En la película los diversos Hermanos que se asocian como parte de un aceitado sistema traducen en sus
palabras y en sus gestos el sistema de codificación de las conductas. La conducción del grupo se asocia al modelo del
poder pastoral (FOUCALT, DUSSEL – CARUSO), es decir, un liderazgo ejercido sobre un rebaño por parte de un
educador-pastor, con el objetivo de disciplinarlo y al mismo tiempo conducirlo hacia la salvación. Este tipo de

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 La regla vigente debía ser lo más simple posible para ser fácilmente obedecida; no debía admitir ninguna
excepción ni considerar casos particulares o eventuales adaptaciones, de tal manera que la verificación y el
control se pudiera hacer con facilidad. Si la conducta en la escuela - tanto la de los maestros como la de los
alumnos - se normalizaba, tanto las autoridades como los actores eran los que naturalmente vigilaban su
cumplimiento, porque solamente se registraban las conductas establecidas y deseadas. (QUERRIEN, 1979:
99) Como en el proyecto de José de Calasanz, la regla comenzaba a escribirse y a regir al ser colgada en las
paredes y estar exhibidas para el conocimiento de todos. Es a partir de allí cuando la in-conducta es
detectada y sancionada: no se necesitaban palabras, ya que los sonidos de los maestros marcaban la
infracción y habilitaban el castigo. El Reglamento, el Manual o la Guía habilitaba una cadena de miradas
eficaces (QUERRIEN, 1979: 105) y solidarias, porque todos participaban de la mirada de control. Los
Hermanos tenían sus aulas y sus clases en sitios contiguos para vigilarse mutuamente y los lugares
asignados a los alumnos no admitían ningún cambio sin la autorización de la autoridad. Pero más allá del
aula, toda la vida de los alumnos y de los maestros estaba sometida a esa cadena de miradas en la que los
controles se cruzaban y cada uno miraba al inferior (y también al superior o a compañero) por mandato del
sistema y contribuía a su manera a la constitución y al mantenimiento del orden general.
“La mirada colectiva es la garantía de la ejecución de la ley que, ahora escrita, se expone, se cuelga y,
muda, exige que se la aplique, que se vigile la aplicación, que se la vigile. La ley se observa y desde
entonces su interpretación, las variantes de su aplicación, no son sino desviaciones a una norma única,
el texto de la ley. (…) La regla escrita, colgada, expuesta a las miradas de todos los alumnos debe ser
cumplida puntualmente”. (QUERRIEN, 1979: 108)
 La Guía de las Escuelas Cristianas 61 que ordenaba La Conducta de las escuelas fundadas por La Salle,
estaba dividido en tres partes: (1º) Indicaciones y criterios para proceder a la apertura, al funcionamiento y
al cierre de la escuela: Todos los ejercicios de la Escuela y de todo lo que en ella se practica desde la entrada
hasta la salida. (De la entrada en la escuela y del comienzo de la clase; De las lecciones; De la escritura; De
la aritmética; De la Santa misa; Del catecismo; De los cánticos; De la salida de la escuela) (2º) Los medios
para mantener en orden la clase: Los medios necesarios y útiles que emplearán los maestros para establecer
y mantener el orden en las Escuelas (De la vigilancia que el maestro debe ejercer en la escuela; De las
señales que se emplean en las escuelas cristianas; De los catálogos; De las recompensas; De las correcciones;
De las ausencias; De los asuetos; De los oficiales de la escuela) (3º) Criterios para la inspección de las
escuelas y la formación de los maestros: Los deberes del Inspector de las Escuelas; el cuidado y aplicación
que debe emplear el formador de nuevos maestros; las cualidades que los maestros deben poseer o adquirir
y cómo deben proceder para cumplir bien sus deberes en la escuela (De la vigilancia; De la recepción de los
escolares; De la calificación de los alumnos y de la graduación de las secciones; Del cambio de los escolares

conducción se evidencia a partir de la presencia constante de pecados y castigos. La película reproduce la estructura
panóptica en la misma arquitectura escolar y ubica al Director como el observador universal que tiene la capacidad de
ver desde sus prismáticos todo lo que sucede en el colegio, y con sus interrogatorio, todo lo que circula por el interior
de cada uno de los alumnos (pensamientos, sentimientos, cumplimientos religiosos, respaldo familiar), anulando todo
secreto y poniendo en práctica la convicción de que Dios lo ve todo, mientras los diversos educadores asumen
participan de su autoridad absoluta asumiendo una mirada omnipresente. Cfr. FATTORE Natalia, PIERELLA Ma. Paula,
Sugerencias desde la problemática de la autoridad. http://www.buenosaires.gov.ar/cepa/arribahazana.php
61
Para guiar efectivamente el funcionamiento de las Escuelas Cristianas La Salle había escrito, a partir de 1706, un
manual que circulaba sólo en manuscrito permitiendo sucesivas e incesantes correcciones. Recién en 1720 – muerto el
fundador – aparecerá la primera versión Impresa del mismo. (BOWEN, 1985: III: 167) A pesar de los recaudos tomados
en la Introducción, en el desarrollo se designa como Reglamento a las Guías de las Escuelas Cristianas. Cfr. Primera
parte. Cap. 3º. Art. 1º

40

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de un nivel a otro; Reglas del Formador de los maestros noveles).62 Este Manual o Guía se convirtió en un
instrumento necesario cuando las escuelas constituyeron un verdadero sistema. La disciplina (externa o
corporal e interna o de conciencia) se aplicaba tanto a los alumnos como a los docentes: las relaciones de
poder se sustentaban en la capacidad de mirar / ser mirado y juzgar / ser juzgado. La disciplina operaba a
través de diversas técnicas: (1º) ser observado, (2º) sentarse en el mismo lugar, (3º) permanecer quieto, (4º)
la posición del alumno en la clase: cabeza y mirada siempre hacia delante; (5º) formas correctas de leer y de
escribir.63 Todas eran normas posteriormente se naturalizaron y se volvieron las únicas correctas y
necesarias, especialmente en el contexto en que se reprodujeron, ya que reforzaban las estrategias del
Estado absolutista. (DUSSEL I., CARUSO M., 1999: 78-79) 64
 Para la redacción de su Guía (1706 – 1720) La Salle utilizó un estilo claro, sencillo y directo, de fácil
comprensión y se mostró preocupado en desmenuzar hasta los mínimos detalles de la vida en la escuela. Es
esa pedagogía del detalle lo que lo lleva a multiplicar casos y ejemplos, y a caer deliberadamente en un
discurso reiterativo y redundante, asegurándose que ninguno de los lectores (principalmente los Hermanos-

62

Trabajamos la Guía de las Escuelas Cristianas, traducción del original francés de las Obras Completas, publicadas en
Roma en 1993, sobre la edición princeps de 1720. Cfr también LA SALLE (1703 – 1720) Obras Completas de San Juan
Bautista de La Salle. Madrid. 2001, y Vida y pensamiento de San Juan Bautista de La Salle. (1986) BAC. Madrid
63
La escritura con la mano establecida (la derecha) es una expresión más de esta ortopedia que imponía
exteriormente al cuerpo e interiormente al alma los moldes al que debían adaptarse todos los alumnos sin excepción.
64
QUERRIEN (1979: 48) sugiere que La Salle adopta algunas de los principios de la organización (militar) de Carlos
Demiá (1636 – 1689) pero – en general – la redacción de sus Reglamentos obedece al modelo previamente presentado
de los Colegios Jesuitas y de las Escuelas Pías. Ya hemos abordado la posibilidad de una construcción racional común y
paralelo del modelo escolar y del modelo militar. “Entre los hombres de iniciativa que lucharon contra el estado de
cosas y que trataron de hacer adelantar las escuelas católicas debe citarse, antes que a La Salle, al sacerdote lionés
Démia que, en 1666, fundó la congregación de Los hermanos de San Carlos para la instrucción de los niños pobres. En
161668 habiendo dirigido a lo prebostes de los comerciales de la ciudad de Lyon una excitativa calurosa, sus
Exhortaciones para el establecimiento de escuelas cristianas para la instrucción de los pobres, Demiá obtuvo una suma
anual de 200 libras y en 1675 recibió de parte del Arzobispo de Lyón el mandado expreso de la guía y dirección de las
escuelas de la ciudad y de la diócesis, y redactó un reglamento escolar que fue citado como modelo en su género.
Demiá seguía las indicaciones del El libro de la Escuela Parroquial dio indicaciones para el manejo de las escuelas: los
que pretendían dirigirlas debían dar un examen de religión, capacidad y buenas costumbres. Allí se consideraba que
“estos establecimiento son de tan importancia y de tanta utilidad que no hay en la policía que sea más digno de
cuidado y de la vigilancia de los magistrados. No teniendo los pobres ningún medio de educar a sus hijos los dejan en la
ignorancia de las obligaciones. La educación está completamente descuidada, a pesar de que es lo más importante
para el estado: por eso más necesario sostener para ellos las escuelas públicas que para los colegios de los hijos de las
familias acomodadas”. El libro había sido escrito por un sacerdote de la diócesis de París y en 1655 se convirtió en un
manual escolar que se imprimió varias veces (…) El autor no hace gran caso de la profesión de instructor, a la que
consideraba un empleo sin brillo, ni placer, ni gusto. No espera obtener grandes resultados de la enseñanza, de la cual
sólo dice que no es completamente inútil, aunque la enseñanza es realmente muy elemental. Tiene aportes
importantes sobre la necesidad del ejemplo por parte del maestro y la necesidad de conocer los caracteres de los
alumnos. Pero tiene apreciaciones discutibles como suponer que el exceso en el consumo de pan embrutece el espíritu
y los incapacita para aprender cosas... Se observan forma de organizar el control a través de tutores: “El maestro
elegirá a dos de sus alumnos mas fieles y mas listos para evitar el desorden y las inmodestias en la escuela y en la
iglesia. Inscribirán a los delincuentes y a los inmodestos en un pedazo de papel o en una tablilla para comunicarlo al
maestro: esos oficiales se llaman observadores”. (COMPAYRE,1920: 209 – 212) También CLAUDIO JOLY, chantre de
Nuestra señora, director y juez de las escuelas de la ciudad, arrabales y afueras de Paris, escribió en 1675 Advertencias
cristianas y morales para la instrucción de los niños. Intenta ordenar administrativamente la creación de escuelas y el
ejercicio de la profesión de maestros para que no quede librado a la libre iniciativa y sin control alguno. (COMPAYRE,
1920: 210 – 211)

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maestros de las Escuelas Cristianas) pudiera malinterpretar el ordenamiento establecido. Como Reglamento
de las Escuelas Cristiana (1720) respondía a los siguientes criterios, expresado en la introducción: 65
(1º) UNIFORMIDAD, HOMOGENEIDAD: “Fue necesario establecerlas a fin de que hubiese uniformidad
en todas las Escuelas y en todos los lugares donde hay Hermanos de este Instituto, y para que las
prácticas fuesen siempre las mismas. El hombre está tan propenso a la inconstancia e incluso al
cambio, que necesita tener reglas por escrito que lo mantengan en los límites de su deber y le impidan
introducir novedades o destruir lo que ha sido sabiamente establecido.(…) Los Hermanos se aplicarán
con muchísimo cuidado a ser fieles en observarlas todas, convencidos de que no habrá orden en sus
clases y escuelas en tanto en cuanto sean exactos en no omitir ninguna, y recibiendo esta Guía como
si hubiese sido dada por Dios, por medio de sus Superiores y de los primeros Hermanos del Instituto”.
(2º) RACIONALIDAD Y EXPERIENCIA: “Fue redactada después de un gran número de intercambios con
los Hermanos de este Instituto, los más antiguos y los más capaces de hacer bien la Escuela; y después
de una experiencia de varios años no se ha consignado nada que no haya sido debidamente
concertado y bien experimentado y de lo cual no se hayan sopesado las ventajas e inconvenientes y
previsto, lo más posible, las buenas y malas consecuencias.”
(3º) criterio de aplicabilidad: “No ha sido hecha en forma de regla, sino conteniendo varias prácticas
que no se indican más que como medios de llegar a actuar lo mejor posible, y que acaso no podrán ser
observadas fácilmente por los que tienen poco talento para las escuelas, por eso varias de entre ellas
se acompañan y refuerzan con razones con el fin de hacerlas comprender y dar a conocer la manera
de practicarlas”.
(4º) COMPROMISO Y OBLIGATORIEDAD: “Los Superiores de las casas y los Inspectores de las
Escuelas se esforzarán para aprenderlas debidamente y poseer perfectamente todo cuanto contienen;
y procederán de manera que los maestros observen exactamente todas las prácticas en ellas
prescritas, hasta las menores, a fin de procurar por este medio un gran orden en las Escuelas, una
actuación bien regulada y uniforme en los Hermanos que estén encargados de ella, y un fruto muy
grande con respecto a los niños que serán instruidos. Los Hermanos que trabajen en la Escuela leerán
y releerán a menudo en ella, lo que les conviene para no ignorar nada, para tomar los medios de no
olvidar nada de ellas, y para practicarlas fielmente.” (GUIA, introducción)
 Entre el maestro que imponía la disciplina y el alumno que obedecía, la respuesta debía ser rápida:
sobraban las palabras y bastaban las señales en un clima en donde lo que reinaba era el silencio total:
campanas, palmadas, gestos, miradas, utensilio de madera (la señal) utilizado por los Hermanos. “El buen
escolar, siempre que oiga el ruido de la señal imaginará estar oyendo la voz del maestro o mas bien la voz
del propio Dios que lo llama por su nombre”. (FOUCAULT, 1989: 171) De alguna manera la Escuela de los
Hermanos no sólo se convertía en un ejército ordenado que marchaba hacia el saber, sino en un verdadero
taller de producción con obreros dóciles: se inculcaba el hábito del cumplimiento y de la regularidad, la
autoridad no circulaba ni se diluía, sino que estaba concentrada siempre en la misma persona y en sus
delegados, a través de la educación era necesario hacer a los alumnos mas capaces para lograr salir – a
través del trabajo – de la miseria. Sin que fuera un propósito explícito, se trataba de gobernar y encauzar el
65

Las Reglas de las Escuelas Cristianas comparte criterios con las producciones de las Escuelas de las Compañía de
Jesús (Ratio Studiorum) y de las Escuelas Pías: aparecen como fruto de la discusión y del consenso, se convierten en un
reglamento único para dotar de homogeneidad a las escuela de la orden: a pesar de la diversidad, todos los actores
institucionales puede leer allí la única manera de hacer las cosas en la escuela y todas las escuelas responden a un
único patrón, que facilita el desplazamiento y los cambios de los Hermanos.

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deseo de aprender, ya que muchos de los ejercicios y de los aprendizajes eran verdaderos instrumentos
disciplinarios, que activaban mecanismos de adiestramiento y regularidad. (QUERRIEN, 1979: 48, 61, 65) 66
Entre las razones para explicar el éxito de los Hermanos se señalan: (1º) la severa disciplina que mantienen
en sus clases satisfaciendo a la opinión pública que goza con el orden perfecto y el silencio productivo,
interpretando que se trata de escuelas bien dirigidas y de niños juiciosos; (2º) la gratuidad de los estudios
(aun de los útiles escolares) gracias a las diversas donaciones; (3º) la protección directa del clero e indirecta
del gobierno, de los poderes constituidos.67
 Todos los mecanismos puestos en funcionamiento intentan normalizar el funcionamiento de la escuela,
simplificando y uniformando las conductas y los procedimientos, para convertirlos en un instrumento eficaz
de moralización y de disciplinamiento. El esfuerzo realizado por La Salle y por los Representantes Religiosos
precedentes sienta las bases para la construcción de una escuela que traslade este esfuerzo formativo,
íntimamente vinculado con la función evangelizadora y confesional, al terreno del trabajo, de la producción
y de la constitución de los súbditos y de los ciudadanos. Ese descubrimiento, que desencadena un
mecanismo de transposición de estrategias, es el origen de la escuela moderna que se considera como
necesaria, se la universaliza, se la hace obligatoria y termina instalándose naturalmente en el paisaje
moderno.
2.8. SISTEMA DE PREMIOS Y RECONOCIMIENTOS EN LAS ESCUELAS:
“Los maestros darán recompensas de vez en cuando a los alumnos que hayan sido más fieles en el
cumplimiento del deber, a fin de inducirlos a que lo hagan de buena gana y para estimular a los otros
con la esperanza de la recompensa. Las recompensas que se darán a los alumnos serán de tres clases:
(1º) recompensas por la piedad, (2º) recompensas por la capacidad, (3º) recompensas por la
asiduidad. Las recompensas por la piedad serán siempre más hermosas y más valiosas que las otras, y
las recompensas por la asiduidad mejores que las que se otorgan por la capacidad. Las cosas que
podrán darse como recompensas serán de tres grados diferentes: (1º) libros, (2º) estampas de papel
satinado, imágenes de yeso, como vírgenes, agnus y otras pequeñas obras manuales, (3º) estampas
de papel y sentencias en letras grandes. Normalmente, se distribuirán sentencias a los alumnos a
modo de recompensas, porque suelen ser más útiles y mejor aceptadas, y todas estas sentencias serán
piadosas. (...) A los pobres se les darán únicamente los Cánticos Espirituales, las Oraciones de la
escuela, el Catecismo de la diócesis, y otros libros de uso en las Escuelas, que no se darán a los que
puedan comprarlos. (GUIA: II, 4º)
 El sistema de premios y recompensas preveía: (1º) cada semana: reconocimiento por el esfuerzo y las
respuestas del catecismo; (2º) cada mes: reconocimiento por la capacidad en la lectura, escritura,
matemática (sólo un premio por nivel); (3º) anualmente (antes de las vacaciones) recompensas ordinarias
para los que hayan sobresalido en todo, es decir, en piedad, en modestia, en asiduidad y en capacidad; (4º)
recompensas extraordinarias creadas, asignadas y distribuidas por el Director o por el Inspector de las
Escuelas. (GUIA: II, 4º)
“Los maestros cuidarán, antes que llegue el día en que se puede cambiar a los alumnos de nivel, de
prever quiénes son, según lo convenido con el Hermano Director o el Inspector, los que no pueden ser
cambiados, sea por su bien particular, porque son muy pequeños, sea por el bien de la clase y de ese
66

FOUCAULT interpreta que la suma de estas estrategias disciplinarias se constituye en la táctica definida como “el
arte de construir, con los cuerpos localizados, las actividades codificadas y las aptitudes formadas, unos aparatos
donde el producto de las fuerzas diversas se encuentra aumentado por su combinación calculada”. (1989: 172)
67
Louis Arsene Reunier, citado por QUERRIEN, 1979: 65

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nivel, con el fin de que queden algunos que puedan estimular a los demás, y procederán de tal manera
que estos alumnos acepten con gusto el permanecer en el nivel o en el orden de nivel en el que están.
Les moverán a ello, incluso con alguna recompensa, o bien encomendándoles un oficio, como por
ejemplo, el de primero del banco; haciéndoles comprender que es mejor ser el primero o de los
primeros en un nivel inferior que de los últimos en otro más avanzado”. (GUIA: I, 3º, 2)

2.9. RÉGIMEN DE CASTIGOS Y CORRECCIÓN DE LAS CONDUCTAS.
 Los castigos funcionaban en las Escuelas Cristianas como un mecanismo de control y de normalización
para garantizar el cumplimiento de las reglas establecidas, reglas que conducían directamente al bien y a la
formación de todos los miembros de la comunidad escolar. Nunca el castigo era un fin en sí mismo y no se
trataba de una pedagogía brutal. Por el contrario, los castigos previstos y administrados con criterio
metódico y racional solo contribuyeron a fortalecer la ortopedia o el arte el correcto crecimiento.
FOUCAULT (1989: 183) señala que en todas las instituciones y también en la escuela reina una “verdadera
micropenalidad del tiempo (retrasos, ausencias, interrupciones de tareas), de la actividad ( falta de atención,
descuido, falta de celo), de la manera de ser (descortesía, desobediencia), de la palabra (charla, insolencia),
del cuerpo (actitudes incorrecta, gestos impertinentes, suciedad), de la sexualidad (falta de recato,
insolencia)” y para todas ellas se imponen una serie de procedimientos sutiles que van desde los castigos
físicos leves, a privaciones, pequeñas humillaciones, frialdad en el trato, algunas preguntas, la destitución de
algún puesto. Se consideraba castigo “todo lo que es capaz de hacer sentir a los niños que han cometido una
falta”.
 Las Reglas de los hermanos de las escuelas cristianas mencionan la corrección de los niños según el
espíritu del evangelio, asociándolos a los criterios de la vida comunitaria de los hermanos-maestros y las
recomendaciones del fundador sobre la mutua tolerancia y corrección de los errores. “El uno será de
temperamento difícil, el otro de humor contradictorio; éste tendrá modales poco delicados; aquél, genio
antipático, y el de más allá, excesiva condescendencia; quien manifestará con excesiva facilidad lo que
piensa; aquel otro se mostrará en extremo reservado y cauteloso; éste será fácil a la crítica. Raro será que
tales diferencias de condición e índoles tan distintas no acarreen dificultades entre los Hermanos (…) El
medio de mantener la unión en el seno de la Comunidad, no obstante esta diversidad de humores, es
soportar caritativamente a cada uno sus defectos, y estar dispuesto a excusar a los otros como queremos
que ellos nos disculpen” (NOZICA, 2000. QUERRIEN, 1979: 81)
 Los procedimientos disciplinarios no tendían a la expiación ni a la represión, sino o reparar o rehacer lo
que no se había hecho o se había hecho mal: volver a hacer la tarea, volver a escuchar las lecciones, repetir
el procedimiento normalizado para no alterar lo establecido, porque el castigo tenía como función reducir
las desviaciones y debe ser esencialmente correctivo. Se alejaban del modelo judicial para instalar un
mecanismo de ortopedia, de rectificación del crecimiento inadecuado, utilizando la conocida imagen de la
planta o del árbol que crece rectamente ayudado por un tutor que le sirve de guía. (FOUCAULT, 1989: 184 y
láminas 29 y 30). Por eso los castigos debían desaparecer cuando la conducta se había modificado y de allí
que – en el ámbito educativo – se prefiera más la recompensa y el premio para lograr el proceso de
encauzamiento de los comportamientos. “Debe evitarse, tanto cuanto se pueda, usar de los castigos; por el
contrario, se debe tratar de hacer que las recompensas sean mas frecuentes que las penas”.68
68

Los Hermanos de las Escuelas Cristianas habían implementado un sistema que compensaba los méritos con las
faltas, por un sistema de compensación. Quienes tenían buen desempeño acumulaban una serie de puntos de
privilegios que podía ser utilizado o canjeados al momento de recibir alguna sanción, sirviendo de moneda de cambio.
Las buenas y las malas acciones entraban en un proceso de equilibrio y compensación, aunque el objetivo final era la

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 La racional y detallada reglamentación de los hechos establecía una matemática clasificación de las
acciones censurables, al tiempo que se mencionaban las frases que permitían justificar los de la sanción, y
sin mediar palabras – solamente señales – establecer el castigo que cada alumno debía recibir para
corregirse y reparar su error.
“Todas las señales para las correcciones quedan reducidas a cinco, y los maestros harán que los
alumnos comprendan por cuál de las cinco cosas se les corrige. Las cinco cosas por las cuales se
impondrán correcciones en la escuela, serán (1º) por no haber estudiado; (2º) por no haber escrito;
(3º) por haber estado ausente de la escuela; (4º) por no haber escuchado el catecismo; (5º) por no
haber rezado a Dios. Habrá cinco frases en diferentes lugares de cada clase, que recordarán la
obligación de hacer estas cinco cosas, cada una expresada en los términos siguientes: (1º) No hay que
ausentarse de la escuela, ni llegar tarde a ella sin permiso. (2º) Hay que aplicarse en la escuela a
estudiar su lección. (3º) Hay que escribir sin perder tiempo. (4º)Hay que escuchar atentamente el
catecismo. (5º) Hay que rezar piadosamente a Dios, en la iglesia y en la escuela. Cuando un maestro
quiera corregir a un alumno, (1º) le hará un signo señalándole con la señal, y al mismo tiempo (2º) le
indicará, con la misma señal la sentencia contra la cual ha faltado, y después (3º) le hará un signo
para que se acerque, si es para darle un palmetazo; si es para aplicarle la corrección, le hará un signo
mostrándole con la señal el lugar donde se administra. Cuando el maestro quiera amenazar a los
alumnos con alguna corrección hará una signo dando un golpe con la señal, y cuando todos le miren,
señalará con la misma señal, la sentencia que marca el deber, por cuya transgresión el maestro les
amenaza con la corrección, y después, con la señal otra vez, les enseñará el lugar donde se recibe la
corrección, o bien tendrá la mano como se pone para recibir la palmeta. “(GUIA: II, 2º, 6)
 A diferencia de lo que sucedía en la sociedad disciplinaria armada sobre la estructura policial, judicial y
carcelaria, las Escuelas Cristianas recurrían directamente (simplificando el proceso) al castigo como un
medio necesario pero no buscado ni preferido: “Si se quiere que una escuela trabaje como es debido y con
mucho orden, hay que llegar a que los castigos sean raros. (... ) Para evitar la frecuencia de castigos, que es
un gran desorden en una escuela, es necesario tener muy en cuenta que el silencio, la vigilancia y la
moderación del maestro, son los que establecen y conservan el orden en la clase, y no la dureza ni los
golpes.” 69 (GUIA: II, 5º, 2) Como en la totalidad del programa educativo, los castigos eran puntualmente
clasificados y reglamentados (como lo eran las acciones que podían y debían ser corregidas y castigadas),
disciplinando tanto a quienes debían aplicarlos (Hermanos, maestros, directores e inspectores) como a los
alumnos que debían sufrir el castigo.
(1º) CON LAS PALABRAS: “Como una de las principales reglas de los Hermanos de las Escuelas
Cristianas es el hablar rara vez en las Escuelas el uso de la corrección con palabras debe ser muy raro;
hasta parece preferible no servirse de ella. Las amenazas son a modo de corrección con palabras.
Puede uno servirse de ellas, pero hay que hacerlo rara vez y con mucha circunspección, y cuando un
maestro haya hecho alguna amenaza a los alumnos tocante a determinada falta, si alguno incurre en
esa falta, el maestro lo castigará sin perdonarle. Nunca hay que hacer puras y simples amenazas.”
(GUIA: II, 5, 1)
conducta ideal ya que los puntos acumulados representaban la posibilidad de recibir premios de diversos valores.
(FOUCAULT, 1989: 185) A diferencia de los procedimientos disciplinarios de la justicia, la escuela permitía darle valor
acumulativo a las buenas acciones para compensar las faltas (generalmente pequeñas e involuntarias) que el sujeto
pudiera producir.
69
Con qué sabiduría y precisión se establece la verdadera autoridad del maestro que no está basada en los castigos,
concepto que se repite una y otra vez a lo largo de la Guía. Por el contrario, para poder aplicar los castigos es
necesario disponer de una autoridad legítima y verdadera.

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(2º) CON LA PENITENCIA: La práctica de las penitencias será mucho más frecuente en las escuelas que
la de la corrección; irritarán menos a los alumnos; causarán menos disgusto a los padres, y serán a
menudo muy provechosas. Los maestros las emplearán para humillar a sus alumnos, y para excitar en
sus corazones el deseo de corregirse de sus faltas. Serán medicinales y proporcionadas a las faltas que
los alumnos hubieran cometido. (…) Cuando un maestro quiera imponer una penitencia a un alumno,
le hará seña de ir al centro de la clase, de arrodillarse, teniendo las manos juntas; llevando
primeramente la señal hacia el escolar, después señalando con la misma señal el centro de la clase, y
luego juntando sus manos para indicar al alumno que las junte; lo cual no se hará más que cuando se
imponen penitencias, para que el escolar a quien el maestro quiere imponérsela, y los demás también,
sepan que si este alumno está de rodillas en medio de la clase es para recibir una penitencia. Una vez
que el escolar esté de rodillas en medio de la clase, el maestro indicará con toda circunspección la
penitencia, señalando la falta que la ha motivado limitándose estrictamente al contenido de la
penitencia, diciendo así, por ejemplo, con voz fuerte, pausada e inteligible: por haber llegado tarde
hoy, durante ocho días vendrá usted el primero a la escuela, y, si no lo cumple, usted me esperará en
el lugar donde se recibe la corrección, hasta que yo llegue a la escuela.” (GUIA: II, 5, 9)
(3º) CON LA PALMETA: “La palmeta es un instrumento formado por dos tiras de cuero cosidas. Tendrá
[...] un mango para tomarla y la palmeta misma será ovalada (...) con la cual se golpeará en la mano;
el interior de la palmeta estará guarnecido, para que no sea totalmente lisa, sino abultada por fuera.
La palmeta debe hacerse de esta manera y tener esta forma. Se podrá emplear la palmeta (...) por
faltas que no son considerables. Solo se debe dar un golpe de palmeta cada la vez en la mano del
alumno. 70 (GUIA: II, 5, 1)
(4º) CON LAS VARAS O CON EL LATIGUILLO “El latiguillo consta de un palo de 8 ó 9 pulgadas de largo,
en el extremo del cual hay 4 ó 5 cuerdas, terminadas cada una de ellas con tres nudos. Debe estar
hecho de esta manera. Se servirá de él para azotar a los escolares. Podrán emplearse las varas o el
latiguillo para corregir a los alumnos, por varios motivos (1) Por no haber querido obedecer con
rapidez. (2) Cuando alguno ha tomado la costumbre de no seguir. (3) Por haber garabateado, hecho
bromas o tonterías en la hoja, en vez de escribir. (4) Por haberse peleado en la escuela o en la calle. (5)
Por no haber rezado a Dios en la iglesia. (6) Por no haber guardado modestia en la Santa Misa o en el
catecismo. (7) Por haberse ausentado voluntariamente de la Santa Misa y del catecismo los domingos
y fiestas. (...) De ordinario no habrá que dar sino tres golpes con las varas o con el latiguillo; si alguna
vez hubiera que pasar de este número, no habrá que exceder de cinco, sin orden especial del Hermano
Director.” (GUIA: II, 5, 1)
(5º) EXPULSÁNDOLO DE LA CLASE: “Se puede, y algunas veces se debe, expulsar a los alumnos de la
escuela, pero no debe hacerse sino con el parecer del Hermano Director. Se debe expulsar a los
viciosos, que pueden pervertir a los demás; a los que faltan fácilmente y con frecuencia a la escuela; a
los que faltan a la misa parroquial y al catecismo los domingos y fiestas por culpa de sus padres; a los
incorregibles, es decir, los que después de haber sido corregidos en repetidas ocasiones, no cambian
de conducta.” 71(GUIA: II, 5, 1)
70

La Guía señala que siempre se argumentará “que se castiga por no haber rezado a Dios. Porque si los escolares dicen
en su casa que se les castigó por haber enredado, reído, algunos padres no estarían de acuerdo, considerando la falta
como demasiado leve, y que no merece tal castigo.” Curiosa manera de justificar los castigos y evitar las discusiones: el
maestro siempre apela al valor supremo e indiscutible (Dios o lo religioso) y allí se justifican todas las acciones.
71
El concepto de fruta podrida que debe ser quitada del cajón en el que se encuentran las restantes frutas sanas es un
concepto que justifica y habilita la expulsión necesaria de algunos. Cfr. El desarrollo que efectúa FOUCAULT (1989: 199)

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 La expulsión - claramente definido anteriormente por Calasanz en los Reglamentos de sus Escuelas Pías funcionaba como un mecanismo de exclusión necesario cuando algunos de los alumnos no admitía el
encauzamiento necesario y amenazaba con contagiar al resto: quien era portador de germen de la
corrupción y podía instalar el desorden y la indisciplina, debía ser eliminado.
 Pero la aplicación de los castigos requería una serie de condiciones que los transformaban en educativos
y efectivos, porque lograban el cambio en la conducta, la rectificación de las actitudes, el arrepentimiento y
la conversión, y no hacían huir a los alumnos de las Escuelas Cristianas.
“Para que la corrección sea provechosa, debe ir acompañada de las diez condiciones siguientes: (1ª)
Debe ser pura y desinteresada, es decir, hecha únicamente por amor y para gloria de Dios, y para
cumplir su santa voluntad, sin ningún deseo de venganza personal, sin que el maestro tenga ninguna
consideración de tipo personal. (2ª) Caritativa, es decir, que debe aplicarse por motivo de verdadera
caridad para con el alumno que la recibe y para salvación de su alma. (3ª) Justa: por lo cual hay que
examinar cuidadosamente antes, si lo que motiva la corrección del maestro es efectivamente una
falta, y si merece ese castigo. (4ª) Conveniente y proporcionada a la falta por la cual se aplica, es
decir, que debe corresponder a la falta (...) (5ª) Moderada, es decir, que debe ser más bien menos
enérgica que excesiva, guardando un justo medio, y que no debe hacerse con precipitación. (6ª)
Sosegada, de forma que quien la impone no se sienta poseído por la cólera, sino que sea totalmente
dueño de sí mismo y que quien la recibe la acepte de una manera serena, con tranquilidad de espíritu
y compostura exterior (...). (7ª) Prudente por parte del maestro, quien debe exteriormente tener en
cuenta lo que hace para no cometer ningún desacierto que pueda ocasionar malas consecuencias. (8ª)
Voluntaria y aceptada por parte del alumno, procurando que la acepte libremente, haciéndole
comprender que la ha merecido, haciéndole notar la gravedad de la falta y la obligación que se tiene
de corregirla.(...) (9ª) Respetuosa por parte del alumno, quien debe recibirla con sumisión y respeto,
como recibiría un castigo que Dios mismo le impusiese. (10ª) Silenciosa, primero por parte del maestro
que no debe hablar, a lo menos en voz alta, en ese tiempo; en segundo lugar por parte del alumno,
que no debe decir una sola palabra, ni gritar, ni hacer ruido alguno.“ (GUIA: II, 5, 3) 72
 Pero todo maestro o encargado de castigar debía tener en cuenta algunas precauciones para no
convertir la medida disciplinaria en un remedio que agravaba o producía la enfermedad: (1) Cuando se
estime que una corrección no será útil sino para escarmiento de los demás y no para quien la recibe, no hay
que emplearla, a menos que sea necesaria para mantener el orden en clase; (2) No hay que emplear ninguna
que pueda ocasionar desorden en clase o hasta en la escuela, como, por ejemplo, la que no serviría sino para
hacer gritar al niño, desanimar al escolar, o exasperarle contra el maestro, o hasta alejarle de la escuela; o
inspirarle aversión por los maestros y por los escolares. (3) No habrá que dar nunca una corrección que
pueda ser perjudicial a aquél que debe recibirla, porque sería proceder directamente contra la finalidad de
las correcciones, instituidas únicamente para producir un bien, de manera que las quejas que haga a sus
padres podrían causar el mismo rechazo en otros e impedirles de enviar a sus hijos a la escuela. (GUIA: II, 5,
4)

con respecto a la peste y a las estrategias disciplinarias de encierro, vigilancia, control y exclusión. Cfr. También NOZICA
Gustavo (2002)
72
La Salle – en la Guía – enumera las faltas que deben ser castigadas en el Catálogo de las penitencias ordinarias que
están en uso y que se deben aplicar (GUIA, II, 5º, 9) El elenco es un espejo de las prácticas o de las in-conductas de los
escolares de aquella época: llegar tarde, comer fuera de lugar, no seguir la lectura, no escribir, falta de respeto al
rezar, malas posturas corporales, distracciones o charlas en la iglesia, dedicarse a jugar en el camino de regreso a la
casa…

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MATRIZ DE LA ESCUELA MODERNA
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 El Reglamento – como si se tratara de un verdadero ritual – detallaba cuáles eran los procedimientos
establecidos para la corrección y el castigo, especificando las acciones de los actores involucrados (del
maestro que castiga y del alumno castigado). El aula se convertía en un verdadero escenario para la
representación, donde cada uno debía desempeñar el rol que le correspondía, reproduciendo fielmente el
libreto establecido: señas, palabras, desplazamientos, posiciones corporales, acciones, actitudes,
intervenciones, coro.
“Cuando el maestro quiera dar un palmetazo a un alumno, hará la señal ordinaria para avisarlos;
después señalará con el extremo de la señal la sentencia contra la que ha faltado el alumno; luego le
hará seña de que se acerque. Una vez que el escolar esté junto al maestro, hará la señal de la Santa
Cruz y extenderá la mano. El maestro cuidará de que la mano esté bien extendida y bien firme, y que
el alumno no la retire. (...) Cuando el escolar haya recibido la corrección con la palmeta, cruzará los
brazos, saludará al maestro y volverá tranquilamente a su puesto, sin hacer ninguna contorsión con el
brazo o con el cuerpo, ni nada improcedente, sin refunfuñar ni llorar fuerte. (...) Cuando el maestro
quiera corregir a un alumno con las varas o el latiguillo, hará la señal ordinaria para que los alumnos
le miren; después indicará con el extremo de la señal la sentencia contra la cual haya faltado el
alumno; acto seguido señalará al escolar con la misma señal, el lugar donde suele recibirse la
corrección. Después de esta seña, el escolar irá al medio de la clase, se arrodillará, juntará las manos,
mirando hacia la sentencia contra la que ha faltado, y, sin hablar alto, pedirá perdón a Dios por la
falta que ha cometido, y aceptará de buena gana, por amor a El, la corrección que va a recibir; luego
el maestro le indicará que debe ir al lugar donde suele darse la corrección e irá con tranquilidad y con
los brazos cruzados. Una vez llegado, se dispondrá a recibir la corrección, de modo que el maestro no
tenga más que golpear cuando llegue; (...) le hará entrar en sí mismo y tomar la firme y sincera
resolución de no volver a incurrir en semejante obstinación. Cuando el maestro se haya visto obligado
a constreñir al escolar que ha sido corregido, volverá su puesto y el escolar irá a ponerse de rodillas
modestamente delante de él, con los brazos cruzados, para agradecerle por haberle corregido, y se
volverá después hacia el Crucifijo, para agradecerle a Dios y prometerle, al mismo tiempo, no volver a
recaer en esa falta por la que acaba de ser corregido; lo cual hará sin hablar en voz alta. Acto seguido
el maestro le hará seña de volver a su puesto. 73 (GUIA: II, 5, 7)

2.10. SISTEMA DE EXÁMENES DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS.
 En el desarrollo constitutivo de la matriz eclesiástica la presencia y la aplicación de exámenes en diversas
instancias ha sido una de las constantes. No es de extrañar que los mismos se desprendan de las
costumbres académicas medievales y de manera asociada de las diversas estrategias de exámenes que la
Iglesia misma había instalado para el manejo y la conducción de la propia vida espiritual. Para FOUCAULT
(1989: 189) “el examen combina las técnicas de la jerarquía que vigila y las de la sanción que normaliza. Es
una mirada normalizadora, una vigilancia que permite calificar, clasificar y castigar. Establece sobre los
individuos una visibilidad a través de la cual se los diferencia y se los sanciona. A esto se debe que, en todos
los dispositivos de disciplina, el examen se halle altamente ritualizado. En él vienen a unirse la ceremonia del
poder y la forma de la experiencia, el despliegue de la fuerza y el establecimiento de la verdad”.
73

El texto respira el aire de una sociedad disciplinaria que había desarmado la estructura del castigo público y que la
había instalado – reglamentándola – en el interior de las instituciones, conservando los rasgos fundamentales de una
ceremonia en la que todos comparten los códigos y se ajustan a las prescripciones elaboradas. No es el momento de la
deliberación y del juicio, sino de la aplicación de la pena: los funcionarios y las víctimas saben qué es lo que deben
hacer.

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MATRIZ DE LA ESCUELA MODERNA
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 La escuela se convierte en una especie de aparato de examen ininterrumpido que acompaña en toda su
longitud la operación de enseñanza. En las diversas instancias de exámenes, los alumnos adquieren también
un rango, porque la continuidad en las pruebas permite continuamente medir y sancionar, y acrecentar
permanentemente el conocimiento del maestro sobre cada uno de los alumnos. Pero además la
continuidad progresiva de los exámenes garantizaba la paulatina transmisión de los conocimientos del
maestro al discípulo, que tenía la obligación de dar cuenta de sus esfuerzos. A través de los exámenes los
individuos ingresaban en un nuevo sistema de registro y documentación, en el que quedaban diversas y
sucesivas constancias de lo realizado. Es a través de los exámenes que las diferencias individuales se
transforman en una demostración objetiva ritual y científica: las notas y las calificaciones otorgan un nuevo
tipo de privilegio que el sistema se encarga de premiar y de distinguir. 74
En las Escuelas Cristianas, la práctica de los exámenes era frecuente y no se limitaba a un momento
específico del año escolar. El maestro proponía ante la autoridad escolar (el Inspector) a los alumnos que
podían cambiar de nivel. La graduación no estaba pre-establecida en una división en niveles o grado que
respondieran a medidas rígidas de tiempo sino que era el resultado de periódicos exámenes. Cada
estudiante ordenaba su presencia en los sucesivos niveles, imponiéndole un ritmo según su capacidad, su
esfuerzo y su aprendizaje. La existencia de niveles consecutivos no se traducía en un número análogo de
años de permanencia en la escuela.
“Los maestros (1º) no cambiarán, ni de nivel ni de orden de lectura a ningún alumno de su clase.
Presentarán sencillamente al Inspector aquellos que consideran hallarse en condiciones de ser
cambiados. (…) (2º) Para que ningún maestro se equivoque respecto a la preparación de los escolares
para ser cambiados de lección, cada maestro examinará hacia el fin de cada mes, en el día que señale
el Hermano Director o el Inspector de las Escuelas, a todos los alumnos de todos los niveles y de todos
los órdenes de nivel que estén en condiciones de ser cambiados al final de mes. (…) (3º) Los maestros
se pondrán de acuerdo con el Inspector acerca de los alumnos que podrían ser cambiados, pero que
no sería prudente hacerlo en esta ocasión, porque es conveniente dejar algunos en cada nivel y cada
orden de nivel, que sepan leer bastante bien, para animar a los otros y servirles de modelo para
enseñarles a pronunciar bien y a expresar bien claramente o las letras, o las sílabas, o las palabras, o a
hacer bien las pausas”. (GUIA: I, 3º, 2)
 Había una precisa reglamentación sobre los diversos y progresivos procesos de acreditación, con los
mecanismos de exámenes que acreditaban el paso de un nivel a otro a lo largo del año escolar (y no
necesariamente al concluirlo): se trataba de un proceso deliberativo previo (acerca de la posibilidad) y de un
examen puntual definitivo para certificar los aprendizajes. No podían dejarse de lado a los que merecían
cambiar, pero no debían ser admitidos aquellos que no reunían comprobadas condiciones para hacerlo.
(GUIA: III.4º 2) A las condiciones intelectuales se le sumaban la conducta y la moralidad, el cumplimiento
integral de las obligaciones especialmente las religiosas, la acumulación de faltas cometidas y la corrección
de las mismas. La Guía de las Escuelas Cristianas especifica al final de sus Reglas los criterios para cada una
de las promociones en lectura, escritura, aritmética, religión.

2.11. ORDENAMIENTO DEL TIEMPO Y CALENDARIO ANUAL.
74

En algunos casos, las escuelas reflejaban en la indumentaria de los alumnos la diversidad de rango que surgía del
lugar que ocupaban y del éxito en los exámenes. El exterior reflejaba las cualidades morales y las condiciones
intelectuales de los alumnos. FOUCAULT (1989: 186 – 187) menciona las prácticas en las escuelas militares a mediado
del siglo XVII.

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 Las órdenes religiosas habían sido las especialistas en la administración del tiempo, como una expresión
de las disciplinas y de la ascesis, asignándole un ritmo uniforme a las actividades e imponiendo un horario
rígido que le otorgaba a cada acción su tiempo y a cada división del tiempo su actividad autorizada y
obligada.75 La modernidad ensambla los preceptos religiosos con los postulados económicos: “El principio
que estaba subyacente en el empleo del tiempo (…) era el principio de no-ociosidad: está vedado perder un
tiempo contado por Dios y pagado por los hombres”, para conjurar - en la escuela y sobre todo fuera de ella
- el peligro de derrocharlo. Los ingresos y los egresos no sólo respondían a horarios estrictos y fijos, sino que
la serie ritual de las acciones obedecía a un minucioso y racional cálculo del tiempo (ingresar, saludar,
ocupar el lugar, rezar, sentarse, abrir los cuadernos y los libros, etc.) de la misma manera que los soldados
de los ejércitos marchaban de una determinada manera con rítmicos y predefinidos movimientos,
respondiendo al sonido del tambor. Cuanto más se multiplica el tiempo, cuanto más se multiplican sus
subdivisiones, mejor se lo desarticula desplegando sus elementos internos, mejor se lo aprovecha y mejor
se lo pude controlar. (FOUCAULT, 1989: 154 – 158) 76
 El ritual de ingreso a la Escuela y a las aulas estaba perfectamente organizado, acentuando los caracteres
de la pedagogía del detalle:
“(1º) Se abrirá siempre la puerta de las Escuelas a las siete media por la mañana, a la una por la tarde.
(2º) Los escolares dispondrán de media hora para reunirse, así por la mañana como por la tarde. (3º)
Se cuidará de que no se amontonen en la calle donde está la Escuela, antes de que se abra la puerta, y
de que no hagan ruido gritando o cantando. (4º) No se consentirá que se diviertan en ese lapso de
tiempo corriendo o jugando por los aledaños de la Escuela, ni que molesten en modo alguno a los
vecinos. Por el contrario se procurará que marchen con tal recato por la calle donde se encuentra la
Escuela, y que permanezcan luego ante la puerta esperando que se abra, con tal compostura, que
puedan edificar a los transeúntes. (5º) Cuando se abra la puerta se cuidará de que los niños no entren
en tropel sino que lo hagan pausadamente uno detrás de otro. (6º) Al entrar en la escuela, todos los
escolares (…) teniendo su sombrero en la mano, tomarán agua bendita, y después de hacer la señal de
la cruz irán directamente a sus clases. (7º) Llegados a su puesto, permanecerán quietos en él, sin
dejarlo por ningún motivo, hasta que haya entrado el maestro. (8º) Los maestros harán cuanto esté
de su parte para que todos los alumnos estén en clase y que ninguno llegue retrasado, sino por
motivos justificados y por necesidad. Estarán muy atentos para hacer observar este punto y el
inspector de las Escuelas cuidará que se cumpla e indicará incluso a los padres al admitir a los
escolares, que deberán llegar todos los días a la hora indicada y que se les recibe con esa condición.
(9º) Las clases comenzarán siempre a las 8 en punto de la mañana, y a la una y media de la tarde. A la
última campanada de las 8 y de la una y media, un alumno tocará la campana de la escuela, y, al
75

FOUCAULT (1989: 165) señala que la distribución lineal del tiempo en una continuidad progresiva y ordenada
ingresan tardíamente en la estructura escolar y militar: tiene un origen religioso y responden al esquema de ejercicios
rituales, místicos y ascéticos propios de los religiosos que ordenaban el tiempo terreno para poder conquistar el
tiempo definitivo y la salvación. El buen uso del tiempo, al servicio de Dios, era una forma de acumulación que les
aseguraba el logro de la eternidad. Nuevamente aquí la matriz religiosa aparece en la génesis de las instituciones
modernas.
76
“El tiempo que debe emplear cada maestro para hacer leer a los escolares de un mismo nivel, no puede ser regulado,
ni ser siempre el mismo. Pero es deber del Director o del Inspector de las escuelas regular el tiempo que deben emplear
para leer los escolares en cada nivel, en todas las clases. El tiempo debe ser regulado para cada nivel de acuerdo con el
tiempo que el maestro debe emplear para hacer leer o escribir”. (GUIA: III, 3º, 5) El Reglamente detalla la cantidad de
alumnos que pueden ser examinados en determinada cantidad de tiempo, para poder predeterminar los alcances
reales del método simultáneo que efectuaba controles individuales, algo que detalla QUERRIEN (1979) al comparar el
método de los Hermanos con el método de enseñanza mutua.

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primer tañido, todos los alumnos se arrodillarán con los brazos cruzados, con una postura y un
exterior modestos. (10º) En cuanto termine el toque de la campana, el presidente de oraciones
comenzará la oración en tono alto y elevado, pausada y claramente. (…) Los alumnos lo continuarán
con él, pero en un tono más bajo, y dirán así, junto con él, el resto de la oración como se indica en el
Libro de Oraciones para las Escuelas Cristianas. (11º) Terminada la oración, los maestros darán unas
palmadas y en ese momento todos los alumnos se pondrán en pie y desayunarán77 en silencio.” (GUIA:
I, 1º, 1 - 2)
 Y de manera simétrica, se estructuraba el ritual de egreso o salida de la clase y de la escuela,78
prolongado con la mirada y con la fuerzas de las recomendaciones el recorrido del espacio sagrado al propio
domicilio:
“Los alumnos de las clases inferiores saldrán antes que los de las clases superiores. Los de la clase
elemental, por ejemplo, saldrán mientras que se cantan los cánticos. Los escolares saldrán de sus
clases y de la escuela de dos en dos, cada uno con el compañero que le haya señalado el maestro. Los
alumnos saldrán de su sitio ordenadamente.(…) Se juntarán los dos en medio de la clase, uno al lado
del otro, y después de hacer una reverencia al maestro, (…) saldrán con toda compostura, llevando los
brazos cruzados, y con la cabeza descubierta, hasta que hayan atravesado todas las clases.” (GUIA: I,
10º)
“[Los alumnos saldrán entonando los cantos religiosos y rezando las oraciones aprendidas.] Los
maestros exhortarán después a sus alumnos y procurarán convencerlos para que recen el rosario por
el camino, cada uno con su compañero, hasta que lleguen a casa. Esta práctica les mantendrá en el
orden durante todo el trayecto y será indudablemente muy edificante.” (GUIA: I, 10º)
“Uno de los maestros, si hay más de dos en la misma escuela, vigilará la salida de los alumnos, desde
la última clase hasta la puerta de la calle, estando atento también a lo que acontece en esta clase. Si
hay tan solo dos maestros, uno de ellos vigilará a las dos clases, para que salgan los escolares con
77

“El maestro debe cuidar que los alumnos lleven todos los días el desayuno y la merienda, a menos que esté seguro de
que sean pobres. (…) Con el fin de asegurarse que no han comido su desayuno y que lo han traído, hará que todos se lo
enseñen tan pronto como se termine la oración, antes de empezar a comer. Si alguno no lo trae, debiendo hacerlo, se le
castigará. (…) Hay que hacerles comprender que si se desea que coman en la escuela es para enseñarles a comer con
circunspección, con modestia, y de una manera cortés, y a rogar a Dios antes y después de hacerlo. Cuidará el maestro
de que los alumnos no bromeen durante el desayuno y la merienda, sino que estén muy atentos al ejercicio que se hace
en este tiempo en la clase, y para cerciorarse que lo siguen, hará que alguno repita de vez en cuando lo que se haya
dicho.” (GUIA: I, 2º. 1) La escuela, aunque universal y abierta preferentemente a los pobres, tiene usuarios de clases
mas acomodadas, que conviven armónicamente. ¿Se trata de la escuela universal, crisol de razas y de clases sociales,
que trata por igual a todos sus usuarios en su proceso expansivo del siglo XIX? “Durante el desayuno y la merienda, uno
de los escolares, que será el primero de uno de los bancos que esté al principio, tendrá un cesto delante de él para
recoger el pan para los pobres. Y los que hayan traído mucho pan podrán dar algún trozo o lo que les sobre después de
haber comido suficientemente. El maestro sin embargo cuidará que no den tanto pan, que no les quede bastante para
ellos. (…) Hacia el fin del desayuno, un poco antes de la acción de gracias, cuando se hayan recogido todas las limosnas
o casi todas, el maestro tomará un trozo de pan del cesto y luego haciendo la señal de la Cruz, lo tendrá en la mano,
entonces todos los pobres se levantarán y permanecerán de pie sin hacer señal alguna. Después el maestro irá a todos,
uno detrás de otro, para distribuirles según su necesidad, lo que haya en el cesto”. (GUIA: I, 3º.3)
78
No se menciona – como lo encontramos en la Ratio Studiorum y en los Reglamentos de las Escuelas Pías - un horario
detallado que exhiba la organización de cada día de la semana. Tampoco hay referencia a los momentos de recreo o
descanso, ni se menciona la actividad y las actitudes que en los mismos debían mostrar maestros y alumnos. La matriz
original parece haberse ocupado de la escuela como una actividad educativa circunscrita al aula y a sus actividades
obligatorias.

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orden, y el otro vigilará en la puerta de la calle. El Director o el Inspector de las Escuelas, o uno de los
maestros que tenga este encargo, estará en la puerta de la calle, y exigirá que los alumnos salgan con
orden, con compostura y modestia. Cuidará de que los alumnos no se separen uno del otro en las
calles, que no se tiren piedras, que no corran, que no griten, que no molesten a nadie, sino que vayan
siempre en silencio [cumpliendo al detalle todas las normas de Urbanidad y Cortesía]. (…) El maestro
puede ver tan sólo lo que pasa en la calle de la Escuela, el Director o el Inspector de las Escuelas, junto
con los Hermanos, ordenará a algunos alumnos que observen lo que pasa en las otras calles, sobre
todo en las que viven muchos alumnos, y que den cuenta fielmente de lo que hayan observado. Será
preciso, sin embargo, que esos escolares observen únicamente, sin decir una sola palabra, en caso
contrario serán castigados o se les impondrá una penitencia por haber hablado.” (GUIA: I, 10º)
 El año escolar abarcaba la totalidad de los días de la semana, exceptuado el domingo (con sus
correspondientes obligaciones religiosas) y todos los meses del año, descontado el mes dedicado a las
vacaciones. Si al total de los días del año le descontamos los 52 domingos, los 52 jueves, los 30 días de
vacaciones y algunos otros asuetos ordinarios y extraordinarios, el ciclo escolar sumaba un total de 200 días
de clase. Sin embargo, su conclusión de cada año no representaba la clausura de una etapa, ya que las
promociones y el pase de un nivel a otro se realizaban a lo largo de todo el año. La Guía consideraba
importante que los asuetos y las vacaciones estuvieran siempre reglamentados de la misma manera en las
escuelas, porque la continuidad en la tarea una de las cosas que contribuían más a mantener el orden
debido. (GUIA: II, 7º) A tal efecto se fijaba reglamentariamente el calendario de los días de descanso y pausa
en la actividad escolar:
(1º) LOS ASUETOS ORDINARIOS “se darán todo el día el jueves de cada semana del año durante la
cual no haya fiesta. Cuando haya una fiesta en la semana, si esta fiesta cae el lunes, el martes o el
sábado, se dará asueto el jueves por la tarde. Si la fiesta ocurre el jueves o el viernes, se dará asueto
por la tarde del martes. Y si cae el miércoles, no habrá asueto esa semana. (…) El día de Todos los
Difuntos, habrá asueto durante todo el día. El día de la fiesta de San Nicolás, patrón de los alumnos, y
el Miércoles de Cenizas; (…) el día de la fiesta de San José, que es el Patrón de la Comunidad, se dará
asueto todo el día en lugar del jueves; (…) Se dará asueto desde el Jueves de la Semana Santa inclusive
hasta el martes de la semana siguiente exclusive, en cuyo día se reinician las clases. (…) Los días de
las fiestas de la Transfiguración de N.S., de la Exaltación de la Santa Cruz, de la Presentación y
Visitación de la Santísima Virgen, se dará asueto todo el día, en lugar del jueves”. (GUIA: II, 7º, 1)
(2º) LOS ASUETOS EXTRAORDINARIOS: “no se dará ningún asueto extraordinario sin evidente e
indispensable necesidad, y cuando el Hermano Director de una casa se crea obligado a dar alguno,
pedirá el parecer del Superior del Instituto, antes de otorgarlo, en caso de que pueda prever esto. Si no
ha podido preverlo, se lo pedirá enseguida al Superior del Instituto, dándole a conocer las razones que
le han obligado a ello. (…) Las ocasiones en las que se dará asueto extraordinario son las siguientes: Se
dará asueto los días de Ferias cuando duran un solo día. (…) Se dará asueto el día del entierro de un
Hermano, fallecido en la casa de esta ciudad. Se dará asueto los días en que haya alguna ceremonia o
alguna cosa extraordinaria en la ciudad, siempre que no sea mala o que no resulte perjudicial la
asistencia de los escolares, y cuando se juzgue que no se puede impedir a los escolares de ir a ver esa
cosa extraordinaria, ni se puede obligar a que vengan a la escuela. Se dará asueto el día del Patrón de
cada una de las parroquias en las que se tienen las escuelas; se dará también asueto los días de
ciertas fiestas, que, aunque no sean días de obligación, se celebran, sin embargo, en la ciudad o en la
parroquia en la que está situada la casa del Instituto en esa ciudad. Se dará también asueto el día de
la octava del Santísimo Sacramento, incluso cuando haya una fiesta en esa misma semana. (…) Las
ocasiones en que no se dará asueto, ni ordinario ni extraordinario, son los días siguientes. Nunca se
dará asueto, en ningún lugar, el lunes y el martes que preceden inmediatamente al primer día de

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Cuaresma, y que ordinariamente se llaman el lunes y martes de carnaval. Se obligará incluso a los
alumnos a ser más exactos para acudir a la escuela en esos días que en cualquier otro, y de no faltar,
a menos que estén enfermos. No se dará asueto en ningún lugar, los días de Rogativas y de la fiesta
de San Marcos, so pretexto de asistir a las procesiones. (…) No se dará asueto en ningún lugar los días
de las fiestas de los Patronos de los oficios, sin ninguna excepción. No se disminuirá el tiempo de
escuela, sino debido a una necesidad evidente e indispensable.”79. (GUIA: II, 7º, 2)
(3º) VACACIONES: “Todos los años las escuelas suspenderán sus actividades durante un mes. Esta
interrupción de la escuela se llama vacaciones. No se cambiará a los escolares de nivel el último día
antes de las vacaciones, sino que se esperará hasta después de ellas. Se les hará comprender, sobre
todo a los que son más lentos o que se aplican poco en la escuela, que, en casa, durante las
vacaciones, tienen que estudiar y leer a menudo, y escribir, aunque estén aprendiendo, con el fin de no
olvidar lo que hayan aprendido ; y para que no se les tenga que colocar, por su pereza, en un grado
inferior de nivel, o incluso en un nivel inferior a aquél en el que están”. (GUIA: II, 7º, 3) 80

2.12. CRITERIO PARA LA DISTRIBUCIÓN Y EL CONTROL DEL ESPACIO.
 La Salle insiste en conformar una estructura necesaria, asociada a la calidad y a la uniformidad de las
escuelas y del mobiliario para que también la misma pueda desempeñar un papel disciplinario, como un
espacio neutro que aniquile todo deseo y que traduce la presencia de un poder omnipresente y lejano que
habilita las únicas actividades que pueden realizarse. (QUERRIEN, 1979: 48) El fundador interpreta que el
poder pastoral necesita el momento colectivo y el individual. Para ello era necesario reunir la experiencia y
los aportes de Comenio y de los Jesuitas. La ubicación en la clase reflejaba la categoría de los alumnos y la
jerarquía o el orden que cada uno había alcanzado en la misma, de esta manera el espacio transformó a la
masa indefinida en una serie ordenada y jerarquizada: había un lugar para cada uno y una persona en cada
lugar, y la distribución no era arbitraria, sino que respondía al funcionamiento mismo de la clase. La masa
de alumnos se volvió analítica, resultado de la metódica y racional articulación de las divisiones que se
operaban sobre la multitud: grados, niveles, agrupamientos, lugares en la clase, bancos; con componentes
que podían aislarse para su estudio y que se ensamblaban para su funcionamiento. Reinaba un código
implícito pero compartido: los alumnos sabían qué significaban cada uno de los lugares y quien visitaba el
aula – principalmente las autoridades – reconocían en la distribución los diversos tipos de alumnos que los
habitaban y leían en ellos sus cualidades intelectuales y disciplinarias. En las clases numerosas el docente
79

Los asuetos ordinarios y extraordinarios enunciados en el calendario escolar son los del calendario litúrgico: casi no
hay asueto que responda a otras razones que no sean las religiosas. Entre todos los días libres – que generalmente se
asocian al asueto de los días jueves – solamente uno menciona las Fiestas de la Ciudad, poniendo los debidos reparos
con respecto a las celebraciones que se realizan. El tiempo dedicado a la escuela es sagrado y no se lo debe interrumpir
sino median razones inobjetables.
80
La escuela no se cierra sobre sus muros, sino que de la misma manera que vela por el regreso a casa, vigila el tiempo
de descanso para que sea una continuidad del período escolar, de tal modo que el regreso devuelva a los alumnos mas
fortalecidos y no empobrecidos espiritual e intelectualmente. los consejos que los maestros darán a los alumnos para
pasar bien las vacaciones: “(1º) No omitir durante este tiempo, al levantarse y al acostarse, las oraciones de la mañana
y de la noche que todos los días se rezan en las escuelas: (2º) Oír todos los días la Santa Misa, con devoción, y rezar las
oraciones que están en el libro de ejercicios, durante la Santa Misa; (3º) Asistir todos los domingos y días de fiesta a la
Misa Mayor y a Vísperas, en su parroquia. (4) Ir a confesarse, y los que comulgan que lo hagan al menos una vez
durante ese período. (5) Pasar todos los días, por lo menos un cuarto de hora delante del Santísimo Sacramento. (6)
Rezar todos los días el rosario para adquirir y conservar la devoción a la Santísima Virgen. (7) No frecuentar malas
compañías. (8) No tomar frutos en los huertos y las viñas, lo que sería un hurto; (9) No bañarse, no jugar a las cartas, ni
a los dados, ni apostar dinero.” (GUIA: II, 7º 3)

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manejaba con la mirada - desde el estrado o la tarima que simbolizaba su poder - la necesaria ubicación de
sus alumnos, reconociendo diversos territorios, y arbitrando sus estrategias disciplinarias. De la misma
manera que la geografía de una ciudad o de un territorio moderno, algunas zonas del aula no generaban la
preocupación del maestro porque estaba habitada por los alumnos buenos, en otras se requería la atención,
la presencia y la intervención docente para controlar a los alumnos más díscolos, incumplidores o con
menores capacidades. El lugar del maestro guardaba un equilibrio simétrico con el de los alumnos: su lugar
de dominio le permitía ver a todos los alumnos y todo su cuerpo, porque la base de su poder estaba en la
mirada, en la capacidad permanente de mirar y ser mirado.
 Distribución de los alumnos en la clases obedecerá a los siguientes criterios, aplicados en todas las
escuelas: (1º) “escolares de los niveles más avanzados ocuparán los bancos más próximos a la pared, y los
otros de seguido, según el orden de los niveles, yendo hacia el medio de la clase”. (2º) “Cada uno de los
escolares tendrá su sitio señalado, y ninguno de ellos lo dejará, ni cambiará el suyo, sino por orden y con
autorización del Inspector de las Escuelas.” (3º) Tendrá mucho cuidado de que los escolares estén colocados
con orden y prudencia de modo que aquéllos cuyos padres son negligentes y tienen parásitos (piojos), estén
separados de los que estén aseados y no tienen parásitos; que un escolar juguetón y disipado esté colocado
entre dos que sean juiciosos y reposados; un cabeza hueca solo, o entre dos de cuya piedad se esté seguro;
un escolar propenso a hablar, entre dos que sean silenciosos y muy atentos; y así en los otros casos. (4º) Es
necesario tener en cuenta el número de escolares: “Cuando haya un número demasiado grande de escolares
en una clase, en proporción a la otra u otras, si hay varias, el Inspector colocará una parte en la clase
superior o en la inferior. (…) El número de escolares en cada clase será de 50 ó 60.” (GUIA: III, 3º. 1)
 La clase encontraba una medida y distribución deseable que anticipaba la estructura y las demandas de
una sociedad ordenada y obediente a la moralización y a la disciplina masiva. Mientras la desobediencia
individual podía ser tratada y corregida, una obediencia grupal revestía una mayor gravedad, aunque la
situación podía revertirse con una estructura de la clase que diferenciara y separara a los diversos grupos:
para dominarla, la masa o la multitud debía descomponerse en sus elementos constitutivos. (DUSSELCARUSO, 1999: 74 – 75. QUERRIEN, 1979: 106. NEGRI, 2002)
“Cada orden [o clasificación de los alumnos] tendrá su lugar designado en la clase, de suerte que los
de un orden no se mezclen ni confundan con los de otro orden del mismo nivel; los principiantes, por
ejemplo, con los medianos, sino que puedan distinguirse fácilmente unos de otros por el lugar que
ocupan”. (GUIA: I, 3º.1)
“Los alumnos (1º) deben estar siempre sentados durante las lecciones, incluso cuando lean en el
cartel. (2º) tener el cuerpo derecho y los pies en el suelo y bien apoyados. (3º) Los que leen en los
carteles deben tener los brazos cruzados, y los que leen en los libros deben sostener el libro con las
dos manos sin colocarlos ni en las rodillas, ni en la mesa. (4º) Deben mirar hacia adelante volviéndose
ligeramente hacia el maestro, quien, sin embargo, cuidará de que no giren tanto la cabeza que les
permita hablar con sus compañeros, y de que no se estén volteando a uno y otro lado. (…) (5º) Todos
los alumnos de un mismo nivel estarán descubiertos desde el comienzo de la lección y no se cubrirán
sino después de haber leído.” (GUIA: I, 3º. 2)
[Al efectuar los ejercicios de escritura] “El maestro cuidará que los alumnos mantengan el cuerpo lo
más derecho que les sea posible y que lo inclinen sin tocar la mesa, de modo que colocando el codo
sobre la mesa, la barbilla pueda apoyarse sobre el puño; es preciso que tengan el cuerpo un poco
vuelto y libre hacia el mismo lado y que todo el peso del cuerpo caiga sobre el lado izquierdo. El
maestro velará para que observen exactamente las otras indicaciones referentes a la postura del
cuerpo, como se señala en las reglas de la escritura. Procurará sobre todo que no tengan los brazos

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demasiado separados del cuerpo, y que no opriman el estómago contra la mesa, porque, además de
ser esto bastante desagradable de ver, esa postura podría causarles grandes incomodidades. Para
mantener bien el cuerpo, el maestro colocará él mismo al alumno en la postura que debe tener. Para
ello, le colocará cada miembro en el lugar que le corresponde, y cuando le vea cambiar de postura,
tendrá cuidado de que la corrija.” (GUIA: I, 4º, 7) 81
 La escuela se definía como una estructura anti-calle y se alimentaba de su oposición a ella: el objetivo de
La Salle era fundamentalmente escolarizar a los niños que estaban abandonados en los espacios públicos de
las grandes ciudades. (QUERRIEN, 1979: 82) El educador francés reproduce la reacción que frente al mismo
fenómeno había inspirado a José de Calasanz. Desde el origen de la matriz eclesiástica de la escuela
moderna, la calle aparece como la depositaria de todos los calificativos negativos: es el ámbito desprovisto
de control en el que se concentran todos los males y acechan especialmente a los niños y jóvenes. La casa
familiar, la iglesia y la escuela eran los ámbitos cerrados y seguros que clausuraban los peligros y
neutralizaban las influencias negativas. Permanecer en la calle, deambular por la calle era un riesgo
permanente que la educación y la escuela debían evitar. Los espacios cerrados constituían – aún
arquitectónicamente – verdaderas fortalezas. Y en algunos casos, la protección se extendía de puerta a
puerta, desde la puerta del hogar hasta las puertas de la escuela y desde la escuela hasta las puertas
mismas de la morada familiar, cuando – como en el caso de las Escuelas Pías – los alumnos eran
acompañados por su educador por las calles de la ciudad. 82 “La comunidad de los Hermanos de las Escuelas
Cristianas tiene como vocación enrolar a todos los niños pobres del territorio nacional, (…) a todos los niños
cuyos padres no pueden garantizar el encierro, el no-vagabundeo en la calle”. Al no poder estar el maestro
presente en todas las calles a lo largo de las cuales se dispersaban los escolares para ir a sus domicilios, se
confiaba en algunos escolares encargados de informar al Hermano Director sobre lo que han visto de sus
compañeros, utilizando una mirada delegada, la del maestro que observaba a través de la mirada de los
condiscípulos. (QUERRIEN, 1979: 99, 105) 83 Había un lugar de contacto entre la familia y la escuela, una
zona de presencia y de vigilancia, alejado de las aulas y los patios: un punto de encuentro que servía de paso
entre la calle y la actividad específica de la escuela, como en las Iglesias existía un espacio (atrio y entrada)
81

Esta detallada ortopedia puesta al servicio del cuerpo y de la mano que escriben, se refuerza con la pormenorizada
enumeración de las condiciones para escribir bien, formar las letras y mover la mano sobre el papel. Las indicaciones
se extienden sobre la forma de tajar las plumas y los controles que debe efectuar el maestro. (GUIA: I, 4º, 7)
82
Al sufrir la clausura de la orden, se recuerda y testimonia claramente esta práctica que los Reglamentos enuncian:
Los miembros de la Orden que acompañaban a los alumnos a sus casas, según costumbre, eran afrentados y
mortificados, sobre todo cuando se encontraban con otros muchachos que salían de otras escuelas diciendo en alta
voz: "Mira los Padres de la Des-congregación; están excomulgados, desobedientes al Sumo Pontífice, dan escuela
contra la voluntad del Papa". Cfr. GINER GUERRI S., 1992. Cuando el sacerdote italiano Juan Bosco – en el siglo XIX – se
interesa por las cuestiones educativas, siguiendo un itinerario de búsqueda y de definiciones muy similar a los
enunciados, reaccionará ante la presencia de numerosos niños y jóvenes que deambulan por las calles de Turín
desprovisto de toda protección. Pero Don Bosco surge y trabaja en otro contexto: en plena revolución industrial y bajo
la fuerza de la escuela universal y obligatoria en manos de los Estados. Su proyecto educativo – y debería ser objeto de
una investigación específica – es darle otra vuelta de tuerca a la estructura educativa escolar y encontrar la forma de
atraer realmente a todos: no es extraño que antes que fundar escuela haya recreado la figura del oratorio que no era
más que la vigencia de un gran patio, con una panóptica presencia de educadores, y el patio se transforma en una
calle controlada, que sabiamente une la libertad de la calle y del control disciplinario de una educación necesaria.
83
La presencia de un alumno destacado y de confianza prolonga la mirada vigilante de los Hermanos, ya que es el
encargado de observa sin ser observado e informar sobre las conductas de los compañeros, poniendo en vigencias la
omnipresencia del control de la escuela que se extiende más allá de sus muros, pero operando como un brazo del
poder que no se identifica ni se da a conocer: “El primer maestro o inspector de las Escuelas encargará a uno de los
escolares más juiciosos que observe quiénes hacen ruido mientras se reúnen. Este escolar se contentará con observar
sin hablar e informará luego al maestro de lo que haya ocurrido, sin que los otros puedan percatarse de ello.” ( GUIA, :
I, 1º. 1)

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que había dejado de ser calle, espacio público y contaminado para servir de tránsito al espacio sagrado e
incontaminado. Se amortiguaban los ruidos, se clausuraban las miradas, se velaban por la intimidad del
espacio sagrado. Con ese mismo propósito operaban los estrictos horarios de entrada y salida, para poder
habilitar esos espacios de circulación y de encuentro, y lograr el desplazamiento de los mecanismos de
vigilancia. (QUERRIEN, 1979: 113) 84
 La Salle llegó a enunciar algunas reglas sobre las dimensiones que debían tener las salas de clase para ser
utilizables y sobre la necesidad de asociar a ellas un jardín, pero en la práctica debió conformarse con la
utilización de los edificios ya construidos que le facilitaban. A partir del siglo XVIII se desarrolló una
preocupación progresiva por establecer racionalmente las condiciones necesarias para la construcción de
aulas85 y escuelas, predeterminando el espacio mínimo que cada alumno debía ocupar y disponer,
principalmente cuando las Iglesias y sus instalaciones dejaron de poder contener la expansión de una
educación que se transformaba en universal y obligatoria. Los diseños arquitectónicos expresaron en
estructuras edilicias los principios pedagógicos vigentes: higiene y salud, ubicación fija de los alumnos, lugar
de privilegio para el maestro a cargo de la clase simultánea (tarima) y forma rectangular para poder
dominar con la mirada al conjunto de los estudiantes. (QUERRIEN, 1979: 95) Paulatinamente las ideas
definidas por Comenio y Calasanz se profundizan y se expanden en las sucesivas creaciones de las Escuelas
Cristianas de los Lasallanos:
“La escuela debe estar alejada de los lugares ruidosos, malsanos o peligrosos, de todos los lugares
donde transcurre la vida pública de los padres de los niños: fábricas, mercados, cafés. Al mismo
tiempo que produce la infancia, la escuela organiza la separación entre vida pública y vida privada. La
escuela está ligada al hábitat y no al trabajo para el que en principio debía preparar, pero del que no
reconoce mas que las formas artesanales, naturales, individuales, limpias en oposición a las formas
industriales, artificiales, colectivas, sucias.” (QUERRIEN, 1979: 139)
2.13. DIVERSOS SISTEMAS DE REGISTROS Y DOCUMENTACIÓN ESCOLAR.
La mejor forma de garantizar el funcionamiento del sistema era multiplicar los mecanismos de control. Las
escuelas crearon sucesivos registros para supervisar y asentar de manera permanente la asiduidad y el
84

La diversidad y la multiplicidad de miradas que recorren el espacio escolar remiten de manera obligada al
Panoptismo ampliamente desarrollado por FOUCAULT (1989: 199 – 230) “En un extremo, la disciplina-bloqueo, la
institución cerrada, establecida en los márgenes, y vuelta toda ella hacia funciones negativas: detener el mal, romper
las comunicaciones, suspender el tiempo. Al otro extremo, con el panoptismo, la disciplina-mecanismo: un dispositivo
funcional que debe mejorar el ejercicio del poder volviéndolo mas rápido, más ligero, más eficaz.” (212)
85
Los carteles: “En la primera clase habrá dos grandes murales colgados en la pared, a la altura de 6 a 7 pies contados
desde el borde superior de los murales al piso. Uno contendrá letras sueltas, minúsculas, mayúsculas, diptongos; y las
otras sílabas de dos o tres letras. Los dos carteles serán idénticos en las casas de las Escuelas Cristianas. 85 (…) Los
carteles tendrán al menos dos pies y cuatro pulgadas (de largo) y un pie y ocho pulgadas de alto. Las letras y las sílabas
estarán colocadas unas sobre otras. (…) Los dos carteles con las minúsculas y las mayúsculas, tendrán una separación
de aproximadamente tres pulgadas de distancia entre la última letra y el primer renglón del primer cartel.” (…) No hay
referencia al pizarrón o pizarra, ni a ningún medio que le permita al maestro escribir a la hora de presentar un tema,
efectuar explicaciones o proponer ejercitaciones. (GUIA, 1720: I, cap. 3º. Art. 2) Los bancos de los alumnos [que deben
leer en los murales] “no estarán ni demasiado cerca ni demasiado lejos de ellos, para que los alumnos que lean en ellos
puedan ver y leer fácilmente las letras y las sílabas; por este motivo se cuidará que el borde delantero del primer banco
esté por lo menos a cuatro pies de la pared donde están colgados los murales. Los alumnos que leen en los murales se
colocarán en frente del mural en el cual leerán, de manera que si hay 24 alumnos que leen en el mural del alfabeto, y
12 que leen en el de las sílabas, y que cada banco contiene 12 alumnos, Se les colocará en tres bancos dispuestos uno
detrás del otro, y habrá en cada uno ocho alumnos que leen en el mural del alfabeto y están delante de él, y cuatro que
leen en el mural de las sílabas colocados de tal manera que estén también delante.” (GUIA, 1720: I, cap. 3º. Art. 2)

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progreso de los alumnos. El registro facilitaba la tarea de las inspecciones y de las miradas vigilantes. 86
FOUCAULT (1989: 194. 200) le otorgaba un sentido particular a los sistemas de reconocimiento, ya que los
diversos exámenes hacían entrar a las individualidades en el campo documental. Los registros operaban no
solamente en las escuelas - donde permitían conocer las costumbres de los niños y los progresos en los
diversos conocimientos - sino también en otras instituciones en las que permitían marcar y reconocer
ingresos, alistamientos, presencias, desgranamientos, deserciones87, repeticiones (hospitales, cárceles,
ejércitos, iglesias).
 “Una cosa que puede contribuir mucho a mantener el orden en las escuelas, es que haya Catálogos
debidamente ordenados; debe haberlos de seis clases. Los dos primeros serán para uso del Inspector de las
Escuelas. Los maestros se servirán de los otros dos, y los dos últimos serán para uso de los alumnos.” (GUIA:
II.3º, 1) Cada uno de los registros estaba puntualmente justificado y reglamentado para el uso común y
uniforme en todas las Escuela Cristianas y permitía dar cuenta de cada uno de los alumnos desde el ingreso
a la escuela hasta la conclusión de sus estudios. No sólo cumplía un rol administrativo, sino que
determinaba los avances que se producían en los diversos grados y secciones, certificaba sus asistencias e
inasistencias, daba cuenta de sus defectos y de sus cualidades, especificaba los lugares que ocupa, ofrecía
un registro completo de su familia, su domicilio y sus antecedentes en materia de formación religiosa. Los
minuciosos registros o catálogos que se archivaban en las escuelas instalaban un valioso sistema de
información y de control, en muchos sentidos un anticipo directo de los mecanismos de control que utilizó
en su momento el Estado moderno para monitorear la universalidad y la obligatoriedad de la educación
escolar. Las Escuelas Cristianas ofrecían un conjunto de Registros de la información y de la vigilancia escolar
que prolongaba, acrecentaba y especializaba los instrumentos ideados por los Jesuitas en la Ratio Studiorum
y los propuestos en los sucesivos Reglamentos de las Escuelas Pías. En cada uno de los sistemas educativos –
en la primera mitad del siglo XVIII – se acumuló un riquísimo y abundante material documental archivado en
los diversos formatos de anotaciones instalados en cada una de las Escuelas. Como en otras instituciones o
lugares sociales de tránsito la población dejaba sus rastros y certificaba su paso por la estructura escolar. 88
(1º) REGISTROS DE MATRÍCULA: “son aquellos en los que se anotan todos los nombres de los
escolares recibidos y admitidos en las escuelas, desde el comienzo del año escolar hasta el final”. (…)
“Todos los registros de todos los años estarán escritos de seguido en un libro grueso; los escolares
86

Si bien las Escuelas Cristianas reproducen los modelos de registros que ya funcionaban entre los Jesuitas y los
Escolapios, un siglo después (1843) los sistemas registros invaden la escuela para ordenar de manera uniforme el
funcionamiento de las escuelas y de sus actores: (1º) Registro de matrícula de los alumnos; (2º) Registro de asistencias
para controlar las presencias diarias y exigir a los padres cartas de justificación; (3º) Registro de premios y
recompensas; (4º) Registro de castigos; (5º) Registro de correspondencia entre autoridades; (6º) Registro de visitantes;
(7º) Registro o inventario del material y de los instrumentos de la escuela; (8º) Registro de contabilidad; (9º) Registro
del maestro en el que anota todo lo que hace, los deberes y las lecciones; (10º) Registro de la conducta de los alumnos
para la información a las familias. (QUERRIEN, 1979: 119)
87
Los abandonos de las escuelas por parte de los alumnos tienen resonancia semánticas asociadas a los desertores de
los ejércitos, ya que nadie podía abandonar las instituciones sin haber cumplido totalmente con los objetivos y las
funciones propuestas por las mismas.
88
Cfr. DELEUZE Giles (1991) “Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas sociedades
alcanzan su apogeo a principios del XX, y proceden a la organización de los grandes espacios de encierro. El individuo
no deja de pasar de un espacio cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después la escuela (“acá ya
no estás en tu casa”), después el cuartel (“acá ya no estás en la escuela”), después la fábrica, de tanto en tanto el
hospital, y eventualmente la prisión, que es el lugar de encierro por excelencia. (…) Foucault analizó muy bien el
proyecto ideal de los lugares de encierro, particularmente visible en la fábrica: concentrar, repartir en el espacio,
ordenar en el tiempo, componer en el espacio-tiempo una fuerza productiva cuyo efecto debe ser superior a la suma de
las fuerzas elementales.” Napoleón – en los albores del siglo XIX - fue en encargado operar la conversión definitiva de
una sociedad de soberanía a una sociedad disciplinaria.

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recibidos en un año, separados de los que se hayan recibido en otro año. (...) El apellido de cada
escolar se anotará también en el margen, al lado del sitio donde está escrito en el registro, para que
se le pueda localizar fácilmente. Al fin del registro habrá índices con los nombres y apellidos de los
escolares de todos los catálogos contenidos en este registro, por orden alfabético; un índice para cada
año escolar y junto a cada apellido estará marcada con un número la página del registro en el que
está escrito.” 89 (GUIA: II, 3º, 1)
(2º) REGISTRO O CATÁLOGOS PARA CAMBIO DE NIVELES: “Los Inspectores de cambio de nivel
tendrán cada uno un catálogo en el que figuren los nombres de los alumnos, y ordenados según los
niveles y según los grados de cada nivel; cada alumno estará anotado en el grado del nivel al cual
pertenece. Habrá tantos catálogos de esta clase, cuantas sean las escuelas que dependen de una
misma casa; y cada catálogo comenzará por los nombres de los alumnos del primer grado del nivel
inferior, continuando así hasta el último grado del último nivel que es el de los registros.” (GUIA: II, 3º)
(3º) REGISTRO O CATÁLOGOS PARA LOS GRADOS EN LOS NIVELES: “cada maestro tendrá un
catálogo que contenga 24 folios, en el cual estarán consignados los nombres de los alumnos de su
clase conforme a los grados de cada nivel; todos los nombres de los alumnos del mismo grado y nivel
estarán escritos seguidos bajo el título del grado y nivel en el cual están. Cada maestro tendrá todos
los años un catálogo nuevo de esta clase. El Inspector escribirá o mandará escribir todos los catálogos
de los grados, y los entregará a los maestros, el primer día de cada mes, por la mañana, antes de que
vayan a la escuela”.90 (GUIA: II, 3º, 3)
(4º) REGISTRO O CATÁLOGOS DE LAS CUALIDADES BUENAS O MALAS DE LOS ALUMNOS: “Hacia el
fin de cada año escolar, durante el último mes que se tengan las clases antes de las vacaciones, todos
los maestros redactarán cada cual un registro de sus escolares, en el que señalarán las buenas y malas
cualidades, según sus observaciones durante el año. Escribirán el nombre y apellido de cada escolar,
cuánto tiempo hace que viene a la escuela, el nivel y el orden de nivel en los que se encuentra, el
carácter de su inteligencia, si es piadoso en la iglesia y durante las oraciones, si está sujeto a algunos
vicios tales como: la mentira, la blasfemia, el robo, la impureza, la gula, etc. Si tiene buena voluntad o
es incorregible; cómo hay que vérselas con él, si la corrección resulta útil o no, si ha sido asiduo a la
escuela, o si se ha ausentado a menudo o rara vez, por algunas buenas razones, o sin motivo, con
permiso o sin permiso; si ha sido exacto o no para llegar a la hora y antes que el maestro, si se aplica
en la escuela, si lo hace por sí mismo, si es propenso a hablar y bromear, si aprende bien, si ha sido
cambiado habitualmente en el tiempo requerido, o cuánto tiempo ha permanecido en cada orden de
89

Otras informaciones que debían registrarse: si está confirmado y si ha hecho la primera Comunión, el nombre de su
padre y de su madre, o, si es huérfano de ambos, el nombre de la persona con la cual vive, la calle, el símbolo, la
habitación y la parroquia; en qué nivel y en qué orden de nivel ha sido colocado; a qué hora ha de llegar por la mañana
y por la tarde, y en qué día de la semana puede ausentarse; si ha estado ya en la escuela y cuánto tiempo, si ha tenido
uno o varios maestros y cuanto tiempo; será preciso dejar un espacio en blanco suficientemente amplio, para agregar
posteriormente indicaciones: cuál es su manera de ser (GUIA: II, 3º 1)
90
En este libro de registros, “habrá tres columnas en cada folio de estos catálogos, las cuales estarán separadas por
líneas de arriba abajo. En la primera columna, que será más estrecha, al lado de cada nombre, se anotará el mes y el
día del mes en que cada uno de esos alumnos haya sido colocado en ese grado y nivel. En la columna del medio se
anotarán el nombre y apellido de cada alumno de un mismo grado y nivel, todos seguidos, sin orden alguno, conforme
hayan sido admitidos en la escuela o colocados en el grado y nivel en el que están, y todos los nombres estarán
separados entre sí por líneas que van de un lado al otro del folio. En la tercera columna habrá cuatro cuadraditos al
lado de cada nombre en los cuales se indicará, por puntillos, en el primero, cuántas veces llegó tarde el alumno; en el
segundo, cuántas veces ha estado ausente con permiso; en el tercero, cuántas veces ha estado ausente sin permiso; y
en el cuarto, cuántas veces no ha sabido el catecismo diocesano. “(GUIA:II, 3º, 3)

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nivel, más allá del tiempo establecido para ser cambiado; si esto ha sido por su culpa, o porque tiene
una inteligencia lenta, si sabe bien el catecismo y las oraciones, o si ignora lo uno y lo otro; si es
obediente en la escuela, si no es de genio difícil, terco y propenso a resistir al maestro; si no es
demasiado mimado por sus padres, si no les gusta que se le corrija, si se han quejado a este respecto;
si ha tenido algún oficio y cuál, y cómo lo ha cumplido”. (GUIA: II, 3º, 4) “Cada maestro al fin del año
escolar, entregará al Director este registro que haya redactado, y el Director lo dará, el primer día de
clase después de las vacaciones, al maestro que atenderá esa clase, si es uno diferente del año
precedente, el cual se servirá del registro durante los tres primeros meses para aprender a conocer a
los escolares y cómo deberá proceder respecto a los mismos.” 91 (GUIA: II, 3º, 4)
(5º) REGISTRO O CATÁLOGOS DE LOS PRIMEROS DEL BANCO: “Habrá en cada clase una lista de cada
banco que contenga los nombres y apellidos de todos los escolares del mismo banco. Uno de los
escolares de este banco, que será colocado el 1º, y al cual se le llamará el 1º del banco, estará
encargado de esa lista y su nombre será colocado el primero de los que estarán en esa lista. Los
nombres de los demás escolares de este banco serán colocados a continuación según el orden que
tengan después de él en ese banco.” (GUIA: II, 3º, 5) 92
(6º) REGISTRO O CATÁLOGOS DE LOS VISITADORES DE LOS AUSENTES: “Habrá en cada clase, listas
para los visitadores de los ausentes, en cada una se anotarán como máximo unos 15 ó 20 escolares.
Cada una de estas líneas corresponderá a los escolares de un mismo barrio para que puedan ser
fácilmente visitados por los visitadores de ese barrio. Cada visitador tendrá su lista y allí señalará
todos los días a los ausentes” (GUIA: II, 3º, 6) 93

91

El informe anual que elabora cada maestro refleja un seguimiento puntual de la educación integral de cada uno de
los alumnos, al tiempo que marca las cualidades recomendadas y los defectos combatido en el ámbito escolar Informe
que sirve para el conocimiento de quien debe continuar la tarea de manera articulada, ya que las aulas constituyen
una escuela en la que la empresa es continuada y común. Ejemplo: “François de Terieux, 8 años y medio de edad, viene
a la escuela desde hace dos años. Está en el tercer orden de escritura desde el 1º de julio último; es de espíritu inquieto,
tiene poca piedad y modestia en la iglesia y en las oraciones, a menos que se esté sobre él, pero por ligereza; su vicio
particular es la inmodestia. Tiene bastante buena voluntad, es preciso ganarle y animarle para que lo haga; la
corrección le sirve de poco, porque es ligero; ha faltado raramente a la escuela, algunas veces sin permiso, por juntarse
con algún compañero libertino y por su comodidad no ha llegado a la hora, no se aplica más que medianamente, a
menudo observa y se duerme, a menos que se le vigile. Aprende fácilmente, ha faltado dos veces antes de ser cambiado
de nivel del 2º al 3º orden; falto de aplicación; sabe bien las oraciones, es sumiso en la corrección, si se la aplica con
autoridad y es reticente si no se la tiene. Es sin embargo, de un carácter difícil; es preciso que se le gane y hará lo que
uno quiere; es querido por sus padres y no están contentos de que le corrija, no ha estado en ningún oficio, porque no
es muy capaz, es vigilante, cumplirá bien su deber, si es que no llega tarde a menudo.”
92
Como ya lo hemos señalado, la ubicación en los bancos marcaba un lugar, determina una jerarquía, constituye un
instrumento de vigilancia: en la clase y en la escuela cada individuo (y quienes lo acompañan y rodean) sabe dónde
puede y debe estar, para que el maestro lo pueda ubicar con la mirada. No hay libertad de manejo de los lugares y el
espacio determina el rango, la jerarquía, que puntillosamente se registra y se declara.
93
El compromiso de la escuela y de los maestros con los alumnos no se reducía a esperar su arribo, sino comprometer
día a día su asistencia, asegurarse la concurrencia obligatoria o ir a certificar la razón de su ausencia. La escuela se
arma como una institución que convoca pero que se reserva el derecho de exigir la presencia de sus usuarios. Como
señalábamos con José de Calasanz, la escuela no es obligatoria a la hora de elegir su incorporación, pero una vez en
ella, la asistencia a ella y el cumplimiento de las obligaciones se convierten en compromisos ineludibles. El Reglamento
de la Escuelas Cristianas se extiende en el detalle del tipo de inasistencias y de tardanzas que deben ser juzgadas y
castigadas. (GUIA, II, 5º, 9)

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2.14. EQUIPAMIENTO DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS:
 Una de los capítulos de la minuciosa Guía para el ordenamiento de las Escuelas Cristianas (III, 1º, 1)
permite tomar conocimiento de todos los elementos y la infraestructura que se requería para el
funcionamiento de cada una de las aulas y de las escuelas. Se trataba de los recursos didácticos, en la
medida que los mismos respondían a una necesidad concreta del maestro y de los alumnos. Aunque
muchos de estos recursos han sufrido transformaciones tecnológicas, son numerosos los elementos que se
han conservado a lo largo de todo el período de expansión de la escuela moderna o que han sido sustituidos
por otros que cumplen idéntica función.
“El Inspector de las escuelas velará y procurará que haya (1º) una pila de agua bendita en la puerta de
cada escuela;(…); (2º) cuatro imágenes en todas las clases: un crucifijo, una imagen de la Santísima
Virgen, una de San José y otra de Jesús. (…) que haya en todas las clases (3º) las sentencias que
deberán ser mostradas con la señal; (4º) rosarios suficientes en cada escuela, para los escolares que
no saben leer; (6º) un hisopo en cada escuela para tomar agua bendita al entrar y al salir de la iglesia;
(7º) un cesto en cada clase para recoger el pan que se da a los pobres durante el desayuno y la
merienda; (8º) libros para todos los niveles, cuantos sean necesarios para los pobres que no puedan
adquirirlos: (9º) papel para los escribanos pobres que no puedan comprarlo; (10º) todos los libros
necesarios para cada maestro; que por ningún motivo haya libros diferentes de los que se emplean en
la escuela: (11º) en cada clase de los escribanos una repisa o armario, para dejar los papeles de los
escribanos, los registros, los libros para los pobres; y que todos los libros estén bien ordenados; (12º)
tinteros encajados en los bancos entre dos escribanos, y estén todos cubiertos; (13º) un palo con una
cuerda en la extremidad por la cual se pueda pasar el brazo, y cada escolar la tome para ir a los
sanitarios, y que haya solamente uno; (14º) tantas escobas para barrer como clases, y que se las
renueve cuando sea necesario; (15º) un cubo, un rastrillo, una cesta para recoger la basura; (16º) un
catálogo de cada banco; (17º) un manojo de varas, o una palmeta, para todas las clases de una
misma escuela, y que uno de los maestros esté encargado por orden del Hermano Director”. (GUIA: III,
3º)
 A su vez, para el funcionamiento de cotidiano de las clases y de las escuelas se requería que el estado
de cada uno de los lugares habilitados se ajustara a las siguientes caracteres: (1º) que todo esté bien
ordenado y muy limpio; (2º) que todos los bancos estén sanos y salvos, es decir en buen estado, y que se los
repare cuando tengan alguna cosa pequeña para arreglar; (3º) que estén bien ordenados, siempre en la
misma posición, y no se cambie ninguno sin orden del Hermano Director. (4º) que las mesas de los
escribanos estén colocadas de tal modo que puedan escribir con una buena iluminación (GUIA: III, 3º, 1); (5º)
que las clases estén limpias, que no haya en el suelo ni papeles, ni trozos de plumas, ni huesos ni ninguna
otra cosa que pudiera ensuciarlas o afearlas; (6º) que se barran diariamente todas las clases y se las rocíe
con agua al barrerlas; que no haya ni barro, ni otras inmundicias acumuladas sobre el piso de las clases, y
que se las pula de vez en cuando; (7º) que los vidrios estén siempre en buen estado. (GUIA: III, 1º, 1)

03. FORMACION DE LA ESCUELA. LA MATRIZ DE LA ESCUELA MODERNA
 Consideramos que, en el primer cuarto del siglo XVIII, el periplo de constitución, siembra y
alumbramiento de la matriz eclesial de la escuela moderna y de su lógica habían logrado una indiscutible
consolidación, y que - con la presencia y los escritos de Juan Bautista de la La Salle y de las Escuelas
Cristianas - los aportes constitutivos del modelo escolar moderno habían llegado a la plenitud. Pero el
recorrido y la consulta de los textos y los contextos nos revelan que en realidad no se trata de una sucesión
de postas en las que el legado va pasando de mano en mano, armonizando iniciativas y propuestas para

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enriquecerlas en cada nueva formulación; se trata de una sucesión de respuestas que implícitamente se
suponen (y muy ocasionalmente se refieren y se citan), pero que puntualmente no se encuentran, ni se
ensamblan, no articulan los mensajes y las formulaciones, aunque comparten el suelo común y los mismos
códigos. Entre 1530 y 1730 encontramos un número relevante de discursos, formulaciones, creaciones e
instituciones, pero no podemos afirmar ni probar que el Concilio de Trento, Ignacio de Loyola, José de
Calasanz, Juan Amos Comenio y Juan Bautista La Salle hayan obedecido a un proyecto común o a un mismo
itinerario pedagógico, religioso, eclesial. Se mencionan encuentros fugaces, conocimientos ocasionales,
experiencias comunes, coincidencias llamativas en formulaciones e ideas, circunstancias históricas o
personales análogas, pero nunca un referente compartido. Ni siquiera la Iglesia – en el caso de los
fundadores de las órdenes y las congregaciones – se constituye en un poder referente y legitimador que
ordena prolijamente las respuestas: se limita a aceptar la iniciativa evangelizadora, orientar a los
promotores, discutir el carácter, la aprobación y la continuidad de la obra, evaluar su presencia, bendecir y
alentar sus emprendimientos. Somos nosotros los que ponemos el orden, la continuidad, el ensamble, y
fieles al apriorismo reinante la Europa del momento, descubrimos continuidad, coherencia, reiteraciones,
redundancia y sucesión porque dirigimos nuestra mirada armada de una búsqueda predefinida,
construyendo una síntesis progresiva allí en donde sólo existen multitud de fenómenos.94
 La matriz eclesiástica va constituyéndose como las sucesivas capas geológicas de la corteza terrestre o
como la sedimentación que se produce en terrenos próximos a algunos ríos: la corriente los eleva, los nutre
y los constituye en suelo fértil para la siembra y la cosecha: con cada representante, el territorio original se
fue cultivando, humanizándose, haciéndose más apto para el trabajo y la producción. La matriz eclesiástica
se constituyó en matriz, al mismo tiempo que dio a luz su producto; se hizo madre en el mismo momento en
que alumbró a su hija, al crear se creó a sí misma, se reconoció como tal95. Crea los elementos claves y
constitutivos de la escuela moderna y su acción de crear se deposita en las mismas instituciones religiosas y
eclesiales: (1º) los colegios de la Compañía de Jesús; (2º) las Escuelas Pías; (3º) las Escuelas Cristianas.
Involuntariamente comienzan a diseminar en el paisaje moderno las escuelas y las difunden como
institución – en la geografía europea y en los territorios descubiertos y conquistados brotan las escuelas y
los colegios subordinados a la marca de cada uno de los sistemas – y también como modelo, como trama,
como molde, como referencia. Hacer una escuela, crear una escuela, organizar una clase, dar clase, diseñar
un currículo, definir un sistema integral de educación escolarizada, ser alumno, ser maestro, dirigir,
controlar, reglamentar examinar, promover, registrar, titular, significaba inspirarse, copiar, reproducir,
traducir las experiencias exitosas y multitudinarias de los jesuitas, los escolapios, los lasallanos.
 Éste es el sentido definitivo de nuestro recorrido histórico, de nuestra genealogía: dar cuenta de la
escuela moderna y de sus elementos constitutivos, y des-cubrir, probar y exhibir los lugares en los que se
acuñaron las prácticas que al convertirse en universales y obligatoria, se naturalizaron. La arqueología de la
escuela se había propuesto – en esta investigación – recorrer pasó a paso, detalle a detalle, el nacimiento de
la institución escolar, animada por el convencimiento de que era en el contexto de la iglesia y de sus
instituciones en donde se podía develar la matriz. El concepto mismo de genealogía (o de arqueología) 96
94

Cfr. La constitución del objeto a partir del caos fenoménico en Kant y la defensa de la originalidad de su pensamiento
al mencionar que “muchos descubrimientos son tale, después de haber señalado la dirección que debemos buscar y
mirar”. HEIDEGGER M. (1967: 70)
95
Nos recuerda la atrevida relación entre el Creador y las Criatura que presenta y defiende Escoto Eriúgena en el
tratado medieval División de la naturaleza (peiuphyseon) nº 453c – 455c
96
Para Foucault, las historias tradicionales estaban demasiado profundamente saturadas de nociones de continuidad,
causalidad y teleología, procedentes de las formas del racionalismo moderno. En lugar de eso, las historias de Foucault
se inician habitualmente con su percepción de algo está mal en el presente y de que comprender el pasado es
comprender el presente. Las primeras de sus obras se llamaron arqueología y las posteriores, genealogía. Una
investigación arqueológica o genealógica descubre discontinuidades y rupturas en la cronología y en los desarrollos,

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nos permite desarticular los discursos deseados para descubrir las palabras no dichas, las fuentes no
abordadas. La lógica de la escuela pareciera exigir un pasado asociado a los caracteres actuales y ambos
vinculados con procesos ajenos a las vertientes eclesiásticas y religiosas. (DUSSEL – CARUSO, 1999: 55) Pero
el recorrido nos ha permitido desmontar un proceso que nos remite paso a paso a la matriz religiosa: aun
cuando la escuela moderna y contemporánea se mueva en territorios propios, particularmente asociados a
la función del Estado y absolutamente desacralizados, en los orígenes, hemos descubierto otros
componentes que dan razón de su ser y de su constitución.
 Cuando se produce el cambio de contexto, cuando el estado despierta de su letargo absolutista 97 y se
arma con las nuevas ideas de la ilustración, cuando las demandas de los sociedades políticas y de la
economía generan otro tipo de súbditos, habilitando ciudadanos, soldados, trabajadores eficientes, la
escuela es el instrumento disponible, y el producto emerge de la matriz para secularizarse, para adquirir su
independencia y su autonomía, pero, al mismo tiempo, la escuela conserva sus caracteres intactos,
mantiene las invenciones consagradas, las formas de hacer y de responder a las situaciones y a las
problemáticas. Muta el poder de referencia, se nacionaliza el poder organizador del sistema que pone en
funcionamiento el conjunto de las escuelas de cada uno de los Estados, pero se salvaguarda la estructura
original, preservando hasta en los detalles los principios y la rutina cotidiana de los alumnos y de los
maestros jesuitas, escolapios, lasallanos, junto con las ideas propuestas por Comenio y los restantes
promotores presentados.
 Sin embargo es necesario destacar - íntimamente asociado a esta genealogía - otro aspecto
fundamental: no se trata de una matriz eclesiástica por el simple hecho histórico que exhibe su
configuración en el seno de las instituciones eclesiásticas o del pensamiento de la religión institucionalizada.
La matriz eclesiástica de la escuela moderna se define, fundamentalmente, porque representa una
traducción fiel de los caracteres, rituales, costumbres, preceptos, concepción de tiempo y espacio, actores
propios de la iglesia al ámbito y al funcionamiento de la escuela engendrada. En cada uno de los detalles no
sólo hay hombres religiosos, hombres de la iglesia, creando escuela, sino que cada detalle se estructura a
imagen y semejanza de la iglesia, como arquitectura, como distribución, como ordenamiento, como
administración del tiempo, como asignación de roles, como creación de códigos comunes, como modelo
sobre el que se plasma la unidad del aula (o clase) que fija el punto de partida de la escuela de la
modernidad. Los silencios, los rituales de saludo, el uso y la sucesión de los bancos, la dirección de las
miradas, la posición del sacerdote, el lugar del altar, el desarrollo puntual de la liturgia, la administración de
la palabra, el espacio cerrado y sagrado, los resguardos contra la amenaza del exterior y muchos otros
aspectos se reproducen en la matriz original y, acondicionados para responder a las demandas de su
funcionamiento, sobreviven en la lógica de la escuela moderna. Allí está la verdadera explicación, en la
conjunción de los dos factores: por un lado los fundadores, los creadores, los productores de ideas que
buscando aquello no dicho que debe ser de-velado para poder ser comprendido. HEYNING K E., en POPKEWITZ,
FLANKLIN, PEREYRA (2003)
97
HAMILTON D. (2003: 202) menciona este traspaso de poderes que se opera en la modernidad y que directamente
afecta a la escuela: la teología se separa de la política, las iglesias ya no pueden gobernar a sus miembros puesto que
se dividen y se enfrentan, es necesario que el Estado crezca para convertirse en el único y verdadero referente del
poder. El absolutismo político se gesta como una forma de unidad política y militar, amparado por la credibilidad
política, sobreponíéndose como único poder, al sectarismo propio de la reforma. Además de recordar a Jean BODIN, ya
abordado en nuestro desarrollo, menciona los aportes de Justus LIPSIUS (1547 – 1606) un curioso personaje que supo
recorrer sucesivamente las prácticas religiosas como luterano (1572 – 1574), como calvinista (1579 – 1590) y como
católico (1592 – 1606) cambiando sucesivamente las geografías. Es quien aborda la noción de disciplina en el ámbito
político y la construcción del ciudadano como el habitante del Estado moderno. El estado debía convertirse en el lugar
donde residiera la autoridad centralizada, la disciplina pública y el deber personal. No es difícil imaginar que la tarea de
construirlo encontraba en la escolarización moderna la matriz institucional necesaria.

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MATRIZ DE LA ESCUELA MODERNA
DR. JORGE EDUARDO NORO

gradualmente van haciendo la transposición de los modelos eclesiales a los escolares; por el otro, el
registrable fenómeno que permite yuxtaponer, comparar y descubrir las semejanzas entre las dos
estructuras: la iglesia y la escuela.98 Y no puede sorprendernos que esta asociación de factores
intervinientes se haya producido: Erasmo, Lucero, Calvino, Loyola, Calasanz, Comenio, La Salle eran
hombres de iglesia, frecuentadores de las estructuras y de los rituales eclesiales, familiarizados con su
estructura y su funcionamiento: al dar una organización efectiva a una escuela para que, superando las
limitaciones precedentes, llegara primordialmente a los feligreses y posteriormente a todos los hombres,
no podían sino traducir, trasladar, recrear el modelo del que provenían y en el que se desempeñaban, de la
misma manera que un origen militar, judicial, familiar99 o de otra índole la hubieran imaginado y constituido
de manera asociada a su propio carácter.
 El recorrido genealógico y hermenéutico nos ha permitido reconstruir la historia de la matriz y descubrir
progresivamente las analogías, pero para certificar su adecuación debemos comprobar si la escuela
moderna generada por la matriz eclesiástica, responde a los caracteres originalmente enunciados al
presentar la unidad de de análisis.

98

La escuela es una institución En todos los casos, las escuelas fundadas, más allá de los
socialmente reconocida por la función principios religiosos que las animaban, respondían
intencional y específica de brindar la prioritariamente a la necesidad de brindar educación y
educación formal.
como tal se estructuraron para responder a ese
mandato. La educación escolarizada es definida
progresivamente como un bien universal y necesario,
superando las limitaciones impuestas por la geografía, la
clase social y las condiciones económicas.
La escuela goza de un reconocimiento Escuelas y colegios crecieron amparados por las
por parte de los poderes vigentes y de autoridades religiosas y – en menor grado – por las
los tutores o responsables de cada uno civiles que respaldaban a las órdenes religiosas, pero –
de los sujetos que ingresan a ella.
sobre todo – se expandieron rápidamente debido a las
respuestas de las familias de todas las clases sociales que
les confiaron voluntariamente sus hijos.
La escuela lleva adelante sus funciones Aun cuando nacieron al calor de las iglesias y de las
en un espacio específico y delimitado
parroquias, rápidamente definieron el espacio – cerrado,
ordenado y controlado – para distribuir y organizar la
tarea, distinguiendo los diversos ámbitos (aulas) en los
que debían atender a la diversidad de edades,
capacidades y niveles. Paulatinamente cada uno de los
espacios de la escuela y del aula es objeto de
organización, distribución, vigilancia y control.
La escuela desarrolla su actividad en un Cada uno de los fundadores y autores, en sus escritos y
horario acotado y en un determinado reglamentos, se encargaron de organizar el tiempo
período de tiempo.
diario y semanal, determinando rigurosamente la
distribución del tiempo escolar; coincidentemente
definieron un calendario escolar que otorgaba
continuidad y prioridad al trabajo de la escuela (cuya

Hemos reservado para el siguiente capítulo el desarrollo puntual de esta comparación y transposición de elementos.
Es posible que esta estructura familiar operara en la primitiva organización de las escuelas premodernas: en ellas, los
maestros – limitados en sus saberes y en sus servicios – habilitaban un espacio doméstico y amparados por ese modelo
creaban un sistema de enseñanza y de aprendizaje mimetizado con la estructura familiar.
99

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DR. JORGE EDUARDO NORO

La escuela se ocupa de la transmisión
del patrimonio cultural, de las pautas
morales y de comportamiento y del
universo axiológico que las nuevas
generaciones necesitan para su
incorporación en la sociedad.

La escuela se muestra como una
práctica comunitaria que comparten
sujetos en crecimiento.

La escuela exige la presencia de
educadores
como
los
sujetos
responsables del cumplimiento de las
funciones asignadas a la institución.

La escuela ordena sus prácticas y sus
actividades específicas, según reglas y
pautas
determinadas
por
el
cumplimiento de los fines estipulados.

asistencia era obligatoria), privilegiaba los momentos
claves para la promoción y los reconocimiento y
distribuía los días de descanso y de asueto a lo largo del
año. La vigencia de la concepción moderna del tiempo
se instala en la escuela y vigila sus actividades.
Todos los autores y fundadores establecieron – en
mayor o en menor medida – un verdadero diseño
curricular que distribuía los contenidos a enseñar y los
graduaba a lo largo de la permanencia en la escuela,
generalmente asociados a las normas que ordenaban la
conducta personal y social. Asociado a los diversos
contenidos
pre-definieron
una
metodología
racionalmente posible para su presentación y el
desarrollo, metodología que debía ser fielmente aplicada
por los maestros y controlada por las autoridades, de tal
manera que en todas las escuelas se enseñara lo mismo
y de la misma manera.
Todos los modelos trabajados asumieron una
metodología de trabajo común, frontal y simultánea, en
la que el maestro tenía a su cargo un grupo numeroso de
alumnos a quienes atendía y enseñaba, al mismo tiempo
que efectuaba los controles de sus rendimientos
supervisando a cada uno de ellos directamente o a
través de auxiliares habilitados (monitores o alumnos
ayudantes que implementaban parcialmente la
enseñanza mutua). El ingreso y la división de las clases o
niveles respondía a criterios reglamentariamente
establecidos (edad, condiciones, capacidades, cualidades
personales) y la ubicación, el desempeño y el sistema de
premios y castigos definían los diversos grupos de
alumnos dentro de cada clase.
La función del maestro o del educador fue el mayor
logro de la matriz porque reivindicó su tarea, la asoció
de manera explícita con la función de evangelización y
con la consagración religiosa, y exigió una preparación
intelectual, moral y personal para su desempeño; en
principio consolidó y privilegió su presencia sumando a
los rasgos profesionales, cualidades y exigencias
vocacionales. La idoneidad de los maestros se definía no
tanto por la creatividad en la enseñanza, sino por su
capacidad de controlar el grupo de alumnos, vigilar
atentamente su comportamiento y su actividad
permanente y aplicar el método de enseñanza
obligatorio en el desarrollo de los contenidos pautados.
La abundancia de reglamentos, guías, reglas, preceptos,
indicaciones dieron muestras de la intención de ordenar
metódica y racionalmente cada una de las actividades de
la escuela y del funcionamiento de sus actores.
Animados por la necesidad de construir sistemas

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La escuela admite diversos esquemas
de organización, de graduación,
promoción y acreditación.

10

La escuela habilita a los usuarios para
responder a diversas condiciones
impuestas por la sociedad.

universales y homogéneos crearon metodologías y
procedimientos únicos, aplicables en todas las
instituciones. El paso del tiempo y el crecimiento en
complejidad de las escuelas, los grados o niveles y del
sistema, multiplicaron la normativa amparados en la
necesidad de anticipar las actividades y las relaciones
posibles, y las consultadas deseables.
Todas las iniciativas, propuestas y creaciones
distribuyeron la actividad de enseñanza, ejercitación y
aprendizaje en torno a la posibilidad de determinar
objetivamente – a través de exámenes – los saberes
adquiridos y las acreditaciones. Un rígido y detallado
sistema de registros documenta el ingreso, la
permanencia y la conclusión de los estudios de cada uno
de los alumnos.
Defendieron la posibilidad de brindar a través de la
educación escolar la preparación para ser mejores
feligreses y creyentes, súbditos o ciudadanos educados,
honestos y responsables, trabajadores o profesionales
útiles según la clase social a la que cada uno pertenecía.

 La matriz eclesiástica de la escuela moderna y de su lógica constituye un gran relato 100, un típico relato
de la modernidad, asociado con las utopías renacentistas – a las que no fueron ajenos los autores y
fundadores presentados – , a las grandes formulaciones religiosas de la Reforma y de la Contrarreforma, y
amparados en una producción enunciativa que depositaba en la educación todas las posibilidades de
conquista y recuperación del hombre y del cristiano, de la sociedad y de las instituciones. Ese mismo relato
incluye como uno de sus actores protagonista a la escuela, a la que meticulosamente instala en el escenario
de la modernidad y le asigna un papel fundamental. En ese primer gran relato, los principios religiosos
aportaron los constituyentes esenciales para la fundamentación y la consistencia de la teleología, de la
antropología y de la metodología.
 La escuela se volvió definitivamente moderna cuando se desprendió lentamente de ese relato original y
– al calor de la secularización y la autonomía iluminista y positivista – construyó su propio relato, del que la
escuela siguió formando parte: no abandonó el escenario, apenas si mudó su ropa y su rutina, y se limitó a
reconstruir con otro campo semántico y otros referentes la estructura discursiva original.

CONCLUSION
 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE descubre la necesidad de la educación y el valor de las escuelas a calor de
sus primeras experiencias pastorales (como Calasanz) pero interpreta que la mejor manera de responder a
las demandas de la sociedad es fundar una congregación de Hermanos que renuncien al sacerdocio y hagan
consistir la tarea evangelizadora – como religiosos - en el exclusivo trabajo en las Escuelas Cristianas. De
esta manera contribuye a la dignificación de un oficio despreciado (ejercer como maestros), compromete la
100

Utilizamos el término relato en el sentido en el que lo trabaja LYOTARD Jean F. (1987), La condición postmoderna.
REI. Buenos Aires, en los capítulos 8 º y 9º, y el concepto de crisis o fin de los grandes relatos que caracteriza a la
postmodernidad. Y lo ampliaremos en capítulos posteriores.

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presencia religiosa entre los sectores populares y define el itinerario formativo específico de la preparación
de los educadores (seminarios) proclamado por los representantes que lo preceden. Con La Salle el
itinerario formativo convertía a los interesados en religiosos y maestros, la Ratio Studiorum alcanzaba su
mayor grado de plenitud. Por eso podemos afirmar que el círculo constitutivo de la matriz se cierra con La
Salle, porque con él los ajuste de creación / constitución del formato de la Escuela llega a su fin y porque – a
partir del siglo XVIII – el estado comienza paulatinamente a interesarse y apropiarse de la educación
escolarizada. Históricamente parte de una experiencia educativa rudimentaria y construye a través de sus
Reglamentos y Guías un modelo homogéneo de Escuelas cristianas, basado en un minucioso ordenamiento
del funcionamiento racional (a priori) del modelo (pedagogía del detalle). El grado de difusión de las
Escuelas Cristianas se sumó – como otro sistema – a la presencia universal de los Jesuitas y de los
Escolapios: desde mediados del siglo XVI hasta el primer cuarto del siglo XVIII, los tres sistemas educativos
(y muchos otros de menor extensión y trascendencia) ocupan las diversas geografías del mundo moderno.
 ESCUELAS CRISTIANAS Y HERMANOS LASALLANOS. Las escuelas se proponían asegurar la formación
religiosa (pietas) a través de una sólida formación cultural (letras) en un clima de riguroso encierro y
disciplina. Para esto, acentuaron los siguientes caracteres: (1) cuidadosa selección y preparación de los
educadores (religiosos); (2) los maestros debían tener funciones claras y específicas y observar una
conducta ejemplar; (3) ingreso, clasificación, distribución y ordenamiento de los alumnos; (4) criterios
únicos y homogéneos de organización de las escuelas; (5) disciplina y control que acompaña cada acción,
tiempo y lugar de la escuela; (6) distribución de los contenidos y de la organización curricular: formación
religiosa, formación moral y de buenas costumbres; (7) método utilizado en el proceso de enseñanza y
aprendizaje; (8) reglamento y régimen disciplinario de las clases y de las escuelas; (9) sistema de premios y
de reconocimientos; (10) régimen de castigos y corrección de las conductas (conversión); (11) sistema de
exámenes; (12) ordenamiento del tiempo y calendario anual de actividades; (13) criterio de distribución y
control del espacio; (14) Diversos registros y documentación escolar; (15) equipamiento escolar.

ANEXO I
JUAN BAUTISTA DE LA SALLE Y FOUCAULT: VIGILAR Y CASTIGAR (DISCIPLINA)

El "detalle" era desde hacía ya mucho tiempo una categoría de la teología y del ascetismo: TODO DETALLE
ES IMPORTANTE, ya que a los ojos de Dios, no hay inmensidad alguna mayor que un detalle, pero nada es lo
bastante pequeño para no haber sido querido por una de sus voluntades singulares. En esta gran tradición
de la eminencia del detalle vendrán a alojarse, sin dificultad, todas las meticulosidades de la educación
cristiana, de la pedagogía escolar o militar, de todas las formas finalmente de encarnamiento de la
conducta. Para el HOMBRE DISCIPLINADO, como para el verdadero creyente, NINGÚN DETALLE ES
INDIFERENTE, pero menos por el sentido que en él se oculta que por la presa que en él encuentra el poder
que quiere aprehenderlo. Característico, ese gran himno a las "cosas pequeñas" y a su eterna importancia,
cantado por JUAN BAUTISTA DE LA SALLE, en su Tratado de las obligaciones de los hermanos de las Escuelas
Cristianas. La mística de lo cotidiano se une en él a la disciplina de lo minúsculo. "¡Cuan peligroso es no
hacer caso de las cosas pequeñas! Una reflexión muy consoladora para un alma como la mía, poco capaz de
grandes acciones, es pensar que la fidelidad a las cosas pequeñas puede elevarnos, por un progreso
insensible, a la santidad más eminente; porque las cosas pequeñas disponen para las grandes.
(…)

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La minucia de los reglamentos, la mirada puntillosa de las inspecciones, la sujeción a control de las menores
partículas de la vida y del cuerpo darán pronto, dentro del marco de la escuela, del cuartel, del hospital o
del taller, un contenido laicizado, una racionalidad económica o técnica a este cálculo místico de lo ínfimo y
del infinito. Y una Historia del Detalle en el siglo XVIII, colocada bajo el signo de JUAN BAUTISTA DE LA
SALLE, rozando a Leibniz y a Buffon, pasando por Federico II, atravesando la pedagogía, la medicina, la
táctica militar y la economía, debería conducir al hombre que había soñado, a fines del siglo, ser un nuevo
Newton, no ya el de las inmensidades del cielo o de las masas planetarias, sino de los "PEQUEÑOS
CUERPOS", de los pequeños movimientos, de las pequeñas acciones. (…) Una observación minuciosa del
detalle, y a la vez una consideración política de estas pequeñas cosas, para el control y la utilización de los
hombres, se abren paso a través de la época clásica, llevando consigo todo un conjunto de técnicas, todo un
corpus de procedimientos y de saber, de descripciones, de recetas y de datos. Y de estas fruslerías, sin duda,
ha nacido el hombre del humanismo moderno.
(…)
LA DISCIPLINA EXIGE A VECES LA CLAUSURA, la especificación de un lugar heterogéneo a todos los demás y
cerrado sobre sí mismo. Lugar protegido de la monotonía disciplinaria. Colegios: el modelo de convento se
impone poco a poco; el internado aparece como el régimen de educación si no más frecuente, al menos el
más perfecto (…) Poco a poco el espacio escolar se despliega; la clase se torna HOMOGÉNEA, ya no está
compuesta sino de elementos individuales que vienen a disponerse los unos al lado de los otros bajo la
mirada del maestro. El "rango", en el siglo XVIII, comienza a definir la gran forma de distribución de los
individuos en el orden escolar: hileras de alumnos en la clase, los pasillos y los estudios; rango atribuido a
cada uno con motivo de cada tarea y cada prueba, rango que obtiene de semana en semana, de mes en
mes, de año en año; alineamiento de los grupos de edad unos a continuación de los otros; sucesión de las
materias enseñadas, de las cuestiones tratadas según un orden de dificultad creciente. Y en este conjunto
de alineamientos obligatorios, cada alumno de acuerdo con su edad, sus adelantos y su conducta, ocupa ya
un orden ya otro; se desplaza sin cesar por esas series de casillas, las unas, ideales, que marcan una
jerarquía del saber o de la capacidad, las otras que deben traducir materialmente en el espacio de la clase o
del colegio la distribución de los valores o de los méritos. Movimiento perpetuo en el que los individuos
sustituyen unos a otros, en un espacio ritmado por intervalos alineados.
LA ORGANIZACIÓN DE UN ESPACIO SERIAL fue una de las grandes mutaciones técnicas de la enseñanza
elemental. Permitió sobrepasar el sistema tradicional (un alumno que trabaja unos minutos con el maestro,
mientras el grupo confuso de los que esperan permanece ocioso y sin vigilancia. Al asignar lugares
individuales, ha hecho posible EL CONTROL DE CADA CUAL Y EL TRABAJO SIMULTÁNEO DE TODOS. Ha
organizado una nueva economía del tiempo de aprendizaje. Ha hecho funcionar el espacio escolar como
una máquina de aprender, pero también de vigilar, de jerarquizar, de recompensar. J.-B. de La Salle soñaba
con una clase cuya distribución espacial pudiera asegurar a la vez toda una serie de distinciones: según el
grado de adelanto de los alumnos, según el valor de cada uno, según la mayor o menor bondad de carácter,
según su mayor o menor aplicación, según su limpieza y según la fortuna de sus padres. Entonces, la sala de
clase formaría un gran cuadro único, de entradas múltiples, bajo la MIRADA CUIDADOSAMENTE
"CLASIFICADORA" DEL MAESTRO: "Habrá en todas las clases lugares asignados para todos los escolares de
todas las lecciones, de suerte que todos los de la misma lección estén colocados en un mismo lugar y
siempre fijo. Los escolares de las lecciones más adelantadas estarán sentados en los bancos más cercanos al
muro, y los otros a continuación según el orden de las lecciones, avanzando hacia el centro de la clase. Cada
uno de los alumnos tendrá su lugar determinado y ninguno abandonará ni cambiará el suyo sino por orden y
con el consentimiento del inspector de las escuelas." Habrá de hacer de modo que "aquellos cuyos padres
son descuidados y tienen parásitos estén separados de los que van limpios y no los tienen; que un escolar
frívolo y disipado esté entre dos sensatos y sosegados, un libertino o bien solo o entre dos piadosos" (LA
SALLE)

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Al organizar las "celdas", los "lugares" y los "rangos", fabrican las disciplinas espacios complejos:
arquitectónicos, funcionales y jerárquicos a la vez. Son unos espacios que establecen la fijación y permiten
la circulación; recortan segmentos individuales e instauran relaciones operatorias; marcan lugares e indican
valores; garantizan la obediencia de los individuos pero también una MEJOR ECONOMÍA DEL TIEMPO y de
los gestos. Son espacios mixtos: reales, ya que rigen la disposición de pabellones, de salas, de mobiliarios;
pero ideales, ya que se proyectan sobre la ordenación de las caracterizaciones, de las estimaciones, de las
jerarquías. La primera de las grandes operaciones de la disciplina es, pues, la constitución de "cuadros
vivos" que trasforman las multitudes confusas, inútiles o peligrosas, en multiplicidades ordenadas.
(…)
Durante siglos, las órdenes religiosas han sido maestras de disciplina: eran los especialistas del tiempo,
grandes técnicos del ritmo y de las actividades regulares. Pero estos procedimientos de regularización
temporal que las disciplinas heredan, ellas mismas los modifican. Afinándolos en primer lugar. Se ponen a
contar en cuartos de hora, en minutos, en segundos. En el ejército, naturalmente. En las escuelas
elementales, el recorte del tiempo se hace cada vez más sutil; las actividades se hallan ceñidas cada vez más
por órdenes a las que hay que responder inmediatamente: "al último toque de la hora, un alumno hará
sonar la campana y a la primera campanada todos los escolares se pondrán de rodillas, con los brazos
cruzados y los ojos bajos. Acabada la oración, el maestro dará un golpe como señal para que los alumnos se
levanten, otro para hacerles que se inclinen ante el Cristo, y el tercero para que se sienten". A comienzos
del siglo XIX, se propondrá para la escuela de enseñanza mutua unos empleos del tiempo como el siguiente:
8 h 45 entrada del instructor, 8 h 52 llamada del instructor, 8 h 56 entrada de los niños y oración, 9 h
entrada en los bancos, 9 h 04 primera pizarra, 9 hs 08 fin del dictado, 9 h 12 segunda pizarra, etcétera.245
La extensión progresiva del salariado lleva aparejada por su parte una división ceñida del tiempo: "Si
ocurriera que los obreros llegaran pasado un cuarto de hora después de haber tocado la campana." "aquel
de los compañeros a quien se hiciera salir durante el trabajo y perdiera más de cinco minutos..." La fórmula
era: tiempo empleado: control ininterrumpido, presión de los vigilantes, supresión de todo cuanto puede
turbar y distraer, se trata de constituir un tiempo íntegramente útil: "Está expresamente prohibido durante
el trabajo divertir a los compañeros por gestos o de cualquier otro modo, entregarse a cualquier juego sea
el que fuere, comer, dormir, contar historias y comedias".
(…)
Toda la actividad del individuo disciplinado debe ser ritmada y sostenida por órdenes terminantes cuya
eficacia reposa en la brevedad y la claridad; la orden no tiene que ser explicada, ni aun formulada; es
precisa y basta que provoque el comportamiento deseado. Entre el maestro que impone la disciplina y
aquel que le está sometido, la relación es de señalización: se trata no de comprender la orden sino de
percibir la señal, de reaccionar al punto, de acuerdo con un código más o menos artificial establecido de
antemano. Situar los cuerpos en un pequeño mundo de señales a cada una de las cuales está adscrita una
respuesta obligada, y una sola: técnica de la educación que "excluye despóticamente en todo la menor
observación y el más leve murmullo"; el soldado disciplinado "comienza a obedecer mándesele lo que se le
mande; su obediencia es rápida y ciega; la actitud de indocilidad, el menor titubeo sería un crimen". LA
EDUCACIÓN de los escolares debe hacerse de la misma manera: pocas palabras, ninguna explicación, en el
límite un silencio total que no será interrumpido más que por señales: campanas, palmadas, gestos, simple
mirada del maestro, o también el pequeño utensilio de madera que empleaban los hermanos de las
Escuelas Cristianas; lo llamaban por excelencia LA SEÑAL y debía unir en su brevedad maquinal la técnica de
la orden a la moral de la obediencia. "El primer y principal uso de la señal es atraer de golpe todas las
miradas de los alumnos hacia el maestro y volverlos atentos a lo que quiere darles a conocer. Así, siempre
que quiera atraer la atención de los niños, y hacer que cese todo ejercicio, dará un solo golpe. Un buen

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escolar, siempre que oiga el ruido de la señal imaginará estar oyendo la voz del maestro o más bien la voz
del propio Dios que lo llama por su nombre. Compartirá entonces los sentimientos del joven Samuel,
diciendo con éste desde el fondo de su alma: 'Señor, heme aquí'." El alumno deberá haber aprendido el
código de las señales y responder automáticamente a cada una de ellas. "Terminada la oración, el maestro
tocará una vez la señal, y mirando al niño al que quiere hacer leer, le indicará con una seña que comience.
Para hacer que se detenga el que lee, hará sonar una vez la señal... Para indicar al que lee que se corrija,
cuando ha pronunciado mal una letra, una sílaba o una palabra, hará sonar dos veces la señal sucesiva y
rápidamente. Si, después de haber recomenzado, no lo hace por la palabra que pronunció mal, por haber
leído varias después de ésta, el maestro hará sonar la señal tres veces sucesivamente y con rapidez para
indicarle que retroceda unas palabras y continuará haciendo este signo, hasta que el alumno llegue a la
sílaba o a la palabra que ha dicho mal. La escuela de enseñanza mutua insistirá sobre este control del
comportamiento por el sistema de señales a las que hay que reaccionar instantáneamente. Incluso las
órdenes verbales deben funcionar como elementos de señalización: "Entren en sus bancos. A la palabra
entren los niños ponen ruidosamente la mano derecha sobre la mesa y al mismo tiempo pasan la pierna por
encima del banco; a las palabras en sus bancos, pasan la otra pierna y se sientan frente a sus pizarras. ..
Tomen pizarras. A la palabra TOMEN los niños llevan la mano derecha hacia la cuerdecita que sirve para
colgar la pizarra del clavo que está delante de ellos, y con la izquierda, toman la pizarra por la parte media; a
la palabra pizarras, la descuelgan y la ponen sobre la mesa.101

ANEXO II = QUERRIEN, LA SALLE Y LOS HERMANOS DE LAS ESCUELAS CRISTIANA
TRABAJOS ELEMENTALES SOBRE LA ESCUELA PRIMARIA
La ruptura de Juan Bautista de la Salle con el tipo de pedagogía frecuente en las escuelas de caridad del siglo
XVII consiste en recuperar la característica de la enseñanza tradicional en la relación de un maestro y un
grupo numeroso de alumnos, característica de la escuela de caridad. El maestro se convertirá en el modelo
al que cada uno tratará de imitar bajo la mirada del vecino y en competencia con él. Se trata pues de hacer
del maestro una especie de alumno mayor, es decir, de desplazar el problema de la organización colectiva al
nivel de la formación de maestros, la formación de los alumnos se desarrollará lógicamente por homotesis
LA REGLA DEL INSTITUTO DE LOS HERMANOS DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS se dirige primero al
comportamiento de cada hermano, al comportamiento de los alumnos entre sí; la dirección de las escuelas
es una cuestión secundaria. En vez de imponer directamente a los escolares los hábitos de disciplina
monacal como hacía Démia, Juan Bautista de la Salle se los impone a los Hermanos; es seguro que los
escolares, llevados por la corriente de homosexualidad pedagógica, los imitarán. Juan Bautista de la Salle no
es por supuesto tan explícito sobre los resortes profundos de la instrucción que funda. Los Hermanos deben
vivir en un espíritu de comunidad, hacer todo en común: los ejercicios religiosos, las comidas, los recreos, el
trabajo, el sueño. Los Hermanos no tienen derecho a abrir una escuela si son menos de tres. Los locales
deben estar concebidos de tal forma que cada uno pueda estar siempre vigilado, al menos por uno de los
otros dos. Solamente está permitida la individualidad en la relación con el jefe jerárquico, ya que la delación
sistemática tiene el rango de regla de gobierno. Los Hermanos deben enseñar gratuitamente, rechazar
cualquier regalo de sus alumnos, tener un comportamiento igual hacia todos, permanecer en silencio, no
interesarse por ninguno en particular. Cuanto más reprimido esté su amor por los inferiores mayor será el
grado de sumisión hacia sus superiores. Los Hermanos no leerán en la escuela ningún libro que no esté en
relación con su clase. La disposición material de los espacios evitará toda posible flaqueza. No podrán hacer
101

Cfr. También: CASTRO ORELLANA Rodrigo (2005), Foucault y el saber educativo. REVISTA ELECTRÓNICA DIÁLOGOS
EDUCATIVOS. AÑO 5, N° 10, 2006. http://www.umce.cl/~dialogos/n10_2005/castro.swf

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nada sin permiso. Cuando deseen viajar su ruta será minuciosamente establecida por el Hermano Director.
“Los Hermanos llevarán siempre la cabeza derecha, un poco inclinada hacia adelante; no la volverán hacia
atrás ni de un lado al otro, y si la necesidad les obliga a hacerlo girarán al mismo tiempo todo el cuerpo
despacio y con gravedad...” “Presentarán un rostro siempre alegre, los ojos bajos, la frente sin pliegues, la
boca semicerrada, los brazos cruzados, no llevarán nunca los brazos colgando, ni las manos en los bolsillos,
tendrán los pies casi juntos, no cruzarán ni separarán jamás las piernas.”
El director de cada comunidad deberá rendir cuentas al Hermano Director sobre todas sus salidas, sus
beneficios y sus gastos, redactará un informe de todo lo que hacen los Hermanos de su comunidad, así
como un registro de las entrevistas con los niños. La “dirección de las escuelas cristianas” retorna algunos
principios ya adoptados por Démia: organización de los movimientos exteriores a la clase, basada en el
modelo militar; los maestros no deben entrar en la clase antes de que los niños estén reunidos y ordenados
bajo la vigilancia de sus oficiales responsables. Numerosas páginas tratan de la postura que maestros y
alumnos deben adoptar en general y durante las lecciones, concretamente a la hora de leer y escribir.
Entre los “medios de establecer y mantener el orden en las escuelas” está la asiduidad de los escolares y su
puntualidad, las cuales son objeto de un registro especial en función de su verificación, el reglamento de los
días de vacación, y en contrapartida la práctica de las retenciones, las recompensas y los castigos, el
establecimiento de varios oficiales, es decir, el apoyo de la estructura disciplinaria en el grupo mismo de
niños, mediante el procedimiento de destacar en posición intermedia a los niños más conformes con la
disciplina que se quiere imponer. En fin, Juan Bautista de la Salle insiste mucho en la estructura, la calidad y
la uniformidad de las escuelas y del mobiliario que les conviene, es decir, en el papel disciplinario de un
espacio neutro que aniquile todo deseo, que traduce la presencia de un poder lejano, no local, enmarcando
así las actividades que pueden realizarse. Existen al menos dos elementos sobre los que el escolar no debe
poseer ningún poder: el tiempo y el espacio. ¿Qué te queda para poder manifestar el deseo si no es el
fraude? Como en Démia, la regla está en el silencio, “un silencio tan estricto que no se oye ningún ruido, ni
siquiera el de los pies”. La palabra, los intercambios están reducidos al mínimo; el número de golpes dados
por el maestro con su “señal”, es decir con su regleta de hierro, y la orientación misma de dicha señal,
deben indicar al alumno lo que debe hacer. Si el alumno no responde a alguna de estas órdenes, el maestro
le señala por medio de la regleta y después señala la máxima colgada en la pared, contra la cual ha
cometido la falta. Los alumnos están pues forzados a seguir los movimientos de la señal para no ser
castigados, deben tener siempre los ojos fijos en el maestro. El espacio de la clase está distribuido para
facilitárselo. El espacio escolar se asemeja al de una misa permanente, la institución religiosa es la
institución social de referencia para concebirlo.
Pero la principal innovación de Juan Bautista de la Salle es la división de los escolares en grupos del
mismo nivel a los que enseña simultáneamente un solo maestro. En lugar de llamar uno por uno, el maestro
permanece en su tarima, y llama a una determinada sección para realizar la lectura. El maestro puede
interrumpir a un escolar a media lectura y mandar a otro que la continúe, de este modo se asegura de que
todos estén atentos. Si alguno no sabe continuar pregunta a otro; aquel que responde siempre cuando los
demás no saben es el primero. La competición por el amor de un maestro distante juega más o menos
siendo el principal resorte del progreso de los niños. Este método simultáneo de lectura implica que cada
niño tenga su libro y que todos los libros sean iguales, lo cual acontece entonces por vez primera. En las
escuelas parroquiales los niños traían cualquier libro que encontraban en su casa. Ahora “la escuela deberá
estar organizada de tal forma que un mismo libro, un mismo maestro, una misma lección, una misma
corrección sirvan para todos” (aviso enviado a las escuelas en 1680). Juan Bautista de la Salle emplea el
futuro porque en su época todavía no era así: las divisiones creadas por él coexisten generalmente en el
mismo espacio va que las escuelas siguen en todas partes concebidas siguiendo el principio: una escuela-un
maestro. Los fondos no son suficientes para pagar un maestro para cada división. Será él mismo quien abra

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MATRIZ DE LA ESCUELA MODERNA
DR. JORGE EDUARDO NORO

la posibilidad a una pluralidad de maestros al imponer que los Hermanos no se instalen si son menos de
tres, dos enseñantes y un hermano que se ocupe de la dirección de la comunidad. Establece nueve niveles
distintos o clases, dividido cada uno en cuatro categorías: principiantes, mediocres, avanzados y perfectos.
El paso de una categoría a otra se hace todos los meses siguiendo un catálogo en el que están registrados
los progresos realizados por cada uno. Comunidad de maestros, carácter colectivo del aprendizaje de los
niños, gracias a la uniformidad de los libros, de los espacios y de las actitudes físicas: la innovación es de
calla y el éxito también.
EN 1750 TODAS LAS GRANDES CIUDADES TIENEN UNA ESCUELA DE LOS HERMANOS, las reglas elaboradas
por Juan Bautista de la Salle aparecieron en 1680. La innovación se ha extendido con bastante rapidez. Las
limitaciones de la institución provienen de su carácter religioso, y la gran cuestión de la Restauración y de la
Monarquía de Julio, para todos los que se interesan por la educación como instrumento de sumisión, será el
saber cómo recuperar la innovación de Juan Bautista de la Salle dándole un carácter laico. La educación
nacional no puede estar asegurada por un grupo cuyos estatutos dicen “Los Hermanos verán siempre a Dios
en la persona de su director”. Los Hermanos deben ser capaces de ver en su lugar al que detenta el poder
de Estado, o mejor, al representante del poder de Estado, cuya persona concreta importa poco. ¿Cómo
llegar a producir en los Hermanos un amor no personalizado hacia el representante del poder, un amor que
no necesite la creencia en un ser supremo? Los primeros dirigentes de la educación nacional tenían una
gran admiración por Juan Bautista de la Salle: “Buen padre que supo hasta este punto doblegar la voluntad
rebelde del hombre, inmolar sin cesar el individuo a los intereses del grupo (se entiende social
naturalmente) y encontrar encantos en la dependencia eterna”. Es bueno que un gobierno conozca cómo
funciona esto, “por qué vías y hacia qué fines dirigen estos vigorosos remeros”.

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