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Los puentes

Para Susan, Benigno y Cinthia

Por. Jorge Luis Peña Reyes Pocos tienen el oficio de crear puentes en un mundo donde la gente prefiere vivir su isla. Póntífice es ya un término que poco dice al hombre moderno.
Bacunayagua. El puente más alto de Cuba

Hacer puentes es cosa del pasado, la gente se une en los mercados pero se aleja recelosa, como si custodiaran el tesoro de su soledad. Es tanta la falta de compañías que la humanidad dice puentes e imagina muros. Y es que de algún modo los puentes se tornan muros para quienes a priori sueñan las barreras o los límites. Cuando un puente tiene guardas, torreones y dueños o se exige algún provecho para cruzar del otro lado, algo corroe su esencia, su naturaleza generosa de unir. Un puente es un camino que apuesta por destruir los probables obstáculos de la geografía y aunque es un artificio del hombre, nadie puede negar su utilidad, como no puede cuestionarse al que fabricó las primeras sandalias. Dios sabía que el hombre en su oficio de caminante debía aprender a conectar, a unificar la creación con su naturaleza. Babel era también un puente, que conectaba todo el esfuerzo posible del hombre con la grandeza de Dios, en un intento que todavía se hace imposible comprender. Solo en ese contexto debían nacer los idiomas, esos puentes que establecen barreras solo cuando falta el amor. Luego el arco iris evoca ese pacto eterno entre Dios y sus criaturas. Los hombres hoy reverencian los puentes, su historia, sus diseños y conocen el flujo de gente que va de prisa de un lado a otro sin apenas sostener conversaciones con el caminante eventual. Tanto valen los puentes al sol como aquellos que perforan las entrañas de la tierra. Siempre pienso que cuando alguien decide quitarse la vida lanzándose de un puente, establece un reclamo, ante una humanidad desconectada con su prójimo y explica así las razones del término que se impuso.

Gracias a esa moda anticuada, obsoleta y a veces olvidada, nosotros construimos un puente de un material que perdura y que la erosión no puede destruir, un puente de brazos que tiene como modelo otro similar en lo alto. Atraviesa mares y borra esas historias que emergieron en el antagonismo por mantenerse tanto tiempo separadas. Un puente de oración y alegrías que inhibe los anchos muros de la cultura y de las políticas. Como prefiere el cálido abrazo, el ardoroso cariño fraternal, ha sembrado los extremos del puente en una tierra fresca y otra tibia. Y así el puente tiene esa temperatura adecuada, meridiana y oportuna como rescoldos en tiempos invernales. Por eso este puente extensivo y amplio.
Jorge Luis Peña Reyes Puerto Padre, enero de 2013

Está situado en el oeste de la Mayor de las Antillas y es paso obligado entre la capital de Cuba y el balneario de Varadero. El puente constituye una de las siete maravillas de la ingeniería civil cubana Constituye un espectáculo sin par en la geografía cubana. Algunos chóferes sienten un susto en el estómago al pasar por él, pues la longitud y el peligro de los vientos cruzados los ponen en tensión. Los turistas tienen una visible preferencia por visitarlo y los cubanos admiran la obra humana, que se sitúa entre las siete maravillas de la ingeniería civil de la Isla. Hablamos del Puente de Bacunayagua, el más alto y largo de Cuba.www.dcubanos.co

Bridges By: Jorge Luis Peña Reyes Traslation: Sarah Palmer for Susan, Benigno and Cynthia Few are tasked with building bridges in a world where people prefer to live the island life. "Pontifex" is now a term that means little to the modern man. Building bridges is a thing of the past; people gather in the markets but back away from each other distrustfully, as if guarding their treasured lonesomeness. So great is the lack of companionship that humanity says "bridges" and imagines walls. And indeed bridges somehow do turn into walls for those who dream of a priori barriers or limits. When a bridge has guards, turrets and owners, or when some sort of fee is demanded for crossing to the other side, something corrodes its essence, its generous uniting nature. A bridge is a thoroughfare committed to destroying the likely obstacles of geography, and though it is a human artifice, nobody can deny its usefulness, just as nobody can question the person who made the first sandals. God knew that man, in his role of walker, had to learn to connect, to unify creation with his nature. Babel was also a bridge that connected all possible human effort with God's greatness, in an attempt that still seems impossible to understand. Only in that context could languages be born, those bridges that create barriers only when love is lacking. Later, the rainbow evokes that eternal pact between God and his creatures. Men today revere bridges, their history, their designs, and they understand the flow of people who hurry from one side to the other, barely engaging in conversation with the casual wayfarer. Bridges are worth as much to the sun as those that pierce the entrails of the earth. I always think that when someone decides to take his life throwing himself off a bridge, he's lodging a complaint against a humanity that's disconnected from its neighbours and thus spells out the reasons for the end he has imposed upon himself. Thanks to this antiquated, obsolete and sometimes forgotten fashion, we build a bridge out of a material that endures and that erosion cannot destroy, a bridge of arms modeled after a similar one above. It crosses seas and erases those stories that emerged from the antagonism born of long separation. A bridge of prayer and joys keeps out the wide walls of culture and politics. As it prefers warm embraces, ardent brotherly affection, it has planted its two ends in a cool land and a warm land. And thus the bridge maintains that appropriate, midday temperature, as desirable as hot embers in winter weather. That's the reason for this long, wide bridge.