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T. Todorov (comp.)

J. Apresjan

F. G. Lounsbury

Investigaciones

semánticas

Ediciones

Buenos Aires

Nueva Visión

Advertencia del traductor

La traducción de un texto que encara un estudio sobre el lenguaje Implica siempre el problema de la traducci6n de los ejemplos, causada por las diferencias de funcionamiento lingüístico entre lengua y lengua. En el presente volumen hemos optado por adap- tar al español los ejemplos del original, aunque esto nos obligara a proponer formas que, si bien análogas desde el punto de vista del fen6meno lingüístico pertinente, se alejaban a veces bastante del original. En esos casos hemos reproducido en nota los ejem- plos usados por el autor.

Solo en tres casos hemos mantenido los original:

ejemplos en el idioma

a) cuando se trata de un estudio realizado sobre un sector espe- cifico de una lengua particular (Apresjan, Lounsbury);

b} cuando se trata de textos literarios con mención del autor;

cJ cuando la interpretación que el autor da de un fenómeno lin- güístico es demasiado particular para transponerla a otro fenó- meno sin correr el riesgo de desvirtuar su pensamiento.

T. Todorov

Investigaciones

semánticas 1

Durante un largo período, la semántica fue la pariente pobre de las ciencias lingüísticas. A pesar del gran número de teorías ge· nerales y de estudios concretos que se encuadran en su marco, se puede llegar a decir que hasta hace muy poco la semántica no existía como ciencia.

Después de 1960, aproximadamente, se realizaron interesantes investigaciones tanto en Franela como en los Estados Unidos, en Gran Bretaña y en la Unión Soviética. Nuestra primera lntenctón fue la de reunir y publicar todos los estudios importantes realiza- dos en el extranjero y que suelen ser los menos conocidos en Francia. Pero la extensión de los textos sobrepasa en gran medi- da las posibilidades del presente volumen; por lo tanto publica- mos aquí solamente algunos de esos textos representativos, mien- tras nos limitamos a discutir los demás en la introducción. Hemos añadido también un trabajo nuestro en el que las ideas de J. J. Katz y de J. A. Fodor, así como de U. Weinreich, se aplican al ám- bito de la lengua francesa.

1

Teorías generales

Para poder progresar, la semántica necesita una concepción glo- bal. En este sentido, el Curso de Lingüística General de Saussu- re, punto de partida de la lingüística moderna, no ofrecía más que

1 Quiero agradecer tanto a 105 señores Uriel Weinreich y A. J. Greimas que han puesto a mi disposición algunos textos antes de su publicación, como a mis amigos Nicolas Ruwet y Delphlne Perret que me han ayudado en este trabajo. Las referencias bibliográficas que se encuentran en el texto se re- fieren a la bibliografía crítica incluida al final del presente volumen.

algunos elementos dispersos. Se hacía necesario, entonces, co- menzar a forjar esta concepción, y para ello se presentaron dos caminos diferentes: uno, orientado hacia una teoricidad extrema:

el otro, orientado hacia un extremo practlclsrno: por un lado, la glosemática; por el otro, la lingüística descriptiva que se inscribe en la tradición de Bloornfleld.

Es difícil juzgar la validez del primero de estos caminos, puesto que no superó nunca el estadio de los prolegómenos; el carácter abstracto de la doctrina no permitió, en efecto, que se realizaran aplicaciones de ella. Nosotros no creemos que esta ausencia de aplicaciones pueda explicarse por la dificultad con la cual se acce- de a los textos de Hjelmslev: teorías aun más complejas que la suya han conocido una gran extensión. Por el contrario, la gran claridad de la exposición fue lo que atrajo a muchos lingüistas hacia la doctrina de los glosemáticos. La verdadera razón de su esterilidad se encuentra en el hecho de que son sus propios prin- cipios los que hacen que la doctrina sea inverificable; su rigor se vuelve contra ellos mismos y se convierte en la razón de su lrn- potencia. En los Prolegómenos, por otra parte, Hjelmslev deja muy poco espacio para el estudio de la significación: la substancia, es decir, lo que una palabra significa, está para él fuera del objeto de la lingüística. Solo la forma de la substancia, ese enrejado abstracto que las palabras componen con sus correlaciones, debía interesar al glosemático ortodoxo. Aun la gran distinción entre los tipos diferentes de designación que son la denotación y la conno- tación no fue ilustrada jamás suficientemente y terminó convir- tiéndose en fuente de confusiones.

En los pocos artículos consagrados especialmente a los funda- mentos de la semántica, la doctrina glosemática no se hizo más concreta. Por el contrario, quedó limitada, ya sea a algunas refle- xiones generales sobre la naturaleza de la significación, ya sea a algunos principios de dudoso valor, como en este caso: "Una des- cripción estructural solo podrá efectuarse a condición de poder reducir las clases abiertas a clases cerradas" (Hjelmslev, 1959, p. 110). Curiosamente, este imperativo está a continuación de un pasaje en el que Hjelmslev destaca que el léxico no está constl- tuido por clases cerradas. Es claro, sin embargo, que en el voca- bulario de una lengua no hay más que clases cerradas; hacer tal declaración equivale, por lo tanto, a renunciar al estudio del léxico. Y, más aun, una teoría incapaz de dar cuenta de esta cualidad esencial del lenguaje, la de poseer un léxico constituido par clases abiertas, no puede tener la pretensión de alcanzar una suficiente conformidad con la realidad lingüística. Si es verdad que la intro- ducción de una nueva palabra en el léxico no cambia para nada la

estructura semántica global de la lengua, es éste un fenómeno que debe ser explicado y no reducido.

la actitud de la lingüística descriptiva norteamericana fue diferen- te, aunque sus resultados hayan sido los mismos. Bloomfield pro- clamaba que el estudio de la significación no atañe a la lingüística sino a las ciencias concretas que estudian talo cual parte de la

realidad (así manzana significa una fruta que

pero no para el lingüista) o a una neuropsicología que podría alcanzar la esencia de la significación estudiando las fibras nervio-

sas de nuestro cerebro. Puesto que no existía una psicología se- mejante, fue la psicología behaviorista la que se encargó del asun- to: los textos se sucedieron unos a otros; se construyó una teoría (Osgood); pero el único resultado positivo para la lingüística fue el aprender que en realidad existía un significado de las palabras. del cual, por el momento, ella no debía ocuparse (la "significación pragmática", en los términos de Apresjan). Los lingüistas norte- americanos siguieron fielmente los mandamientos de Bloomfield; y sus manuales simplemente excluyeron la semántica. Así Archi- bald A. Hill, en lntroduction to linguistic Structures, concede 4 páginas (sobre 496) a la semántica, las cuales le bastan para decir que, aunque importante, el campo de la significación atañe a una "supra-lingüística". Para él, el único significado propiamente lin- güístico es el que nos permite decir si dos unidades son las "mis- mas" o si son "diferentes".

para el botánico,

No dedicaremos aquí demasiado espacio a una tercera teoría, la de los lingüistas ingleses, que recientemente se ha intentado pre- sentar como la única que haya permanecido ajena a estos puntos de vista extremos. Por un lado, en semántica esta teoría no exis- tía, hasta estos últimos tiempos, más que como una expresión de deseos (ver Dixon, 1964, y sobre todo Lyons, 1963). Por otro lado. las premisas de las cuales parte. que se hallan en los escritos de J. R. Firth, están lejos de ser evidentes. No citaremos más que dos de ellas: "Cada palabra utilizada en un nuevo contexto se convierte, por esto mismo, en una palabra nueva" (Firth, 1957, p. 190). "Mi propio enfoque de la significación en lingüística ha sido siempre independiente de dualismos tales como espíritu y cuerpo, lengua y pensamiento. palabra e idea, significante y sig- nificado. expresión y contenido" (p. 227).

Una débil luz teórica apareció con la teoría de la información, que ha ejercido gran influencia sobre la lingüística durante los últimos quince años, sin que en el momento actual sea fácil distinguir las huellas que ha dejado en ella. Esta teoría identificaba la emisión del lenguaje con las cadenas de Markoff. sucesiones de símbolos

en los cuales la probabilidad de aparición está dada por los sím- bolos precedentes. Esta probabilidad se encuentra en proporción inversa a la cantidad de información proporcionada por una pa- labra. Esa relación parecía abrir un camino al estudio objetivo de la significación; pero el camino era ilusorio. Como lo habían des- tacado por otra parte los creadores de la cibernética, esta informa- ción concernía únicamente al símbolo considerado como objeto material, no a su significado. Shannon ya había insistido en el hecho de que este último quedaba fuera de su teoría, puesto que el carácter inesperado de un mensaje no tiene ninguna relación con su valor semántico. Aunque un enunciado se repita varias ve- ces, no por eso pierde su significado (Carnap y Bar-HilleI, 1953). los escasos estudios que fueron más allá de estos límites (los de MacKay sobre el interrogativo y el imperativo) terminaron por de- sembocar en un análisis del contexto que salía del marco de la lingüística.

Existe, por último, otra tradición que podría enseñarnos mucho sobre la estructura semántica de una lengua, pero que rara vez se ha elevado al nivel de las teorías: los lexicógrafos obran coti- dianamente como semánticos activos, pero no se han preocupado nunca por enunciar las premisas sobre las que se apoya su tra- bajo.

Volvamos ahora la atención hacia los aportes que vienen de cam- pos no lingüísticos. Se trata ante todo de la filosofía y de la lógi- ca, que se han preocupado mucho por los problemas del lenguaje. las primeras nociones que ellas han brindado a la lingüística son, por otra parte, antiguas. La Lógica de Port-Royel ya las conocía y les había dado los nombres de comprensión y extensión. La intro- ducción de estos conceptos en la lógica moderna se debe sobre todo a Frege. ~ste distingue tres aspectos, y no dos, en el signifi- cado de una palabra: en primer lugar la reierencte, que designa lo que la palabra quiere decir; luego el sentido, que expresa cómo esta palabra formula su significado, y por último la Imagen asociada a esta palabra por cada usuario de la lengua. El lucero del alba y el lucero de fa tarde, o Walter Scott y el autor de Waverfey tienen la misma referencia pero no el mismo sentido. Además, "el mismo sentido no está siempre ligado, aun para la misma persona, a la misma imagen. La imagen es subjetiva: la imagen de una perso- na no es la de otra" (p. 59). Esta diferenciación entre la imagen asociada y el sentido estuvo prácticamente borrada en la termino- logía de Hjelmslev, quien, retomando los términos de J. S. Mili, llamaba a los dos, sin gran distinción, la connotación. De esta ma- nera Hjelmslev escribe: "En cierto estadio de su transformación cronológIca, una lengua nacional o regional connota, respectiva-

mente. una nación definida o una región definida. Nación o región designa la cultura nacional (o regional) en un sentido amplio: las

tradiciones, las creencias (

Ahora bien, es precisamente este "sentido amplio" el que no ha sido de ningún provecho para la lingüística. Está claro, en efecto, que lo que atañe a la imagen asociada (y que es a menudo el ob-

jeto de las investigaciones de los psicólogos norteamericanos) no forma parte, por eso mismo, del objeto de la lingüística. la noción de connotación ha llegado a ser, de hecho, una cobertura apta para todo, puesto que se ha usado para designar toda significación diferente de la referencial. Sin embargo, las funciones que una palabra puede tener dentro de la lengua son muy numerosas; tal generalización se revela, por lo tanto, inútil. ¿Qué interés pode- mos tener en denominar con el término común de connotación dos efectos de sentido tan diferentes como el de tutú en relación a automóvil y el de bufoso en relación a revólver? 2 Ch. Bally ya los diferenciaba claramente cuando hablaba de "caracteres afectivos naturales" y de "efectos por evocación".

) el comportamiento, etc." (1961).

La distinción entre sentido y referencia (o intensión y extensión, en la terminología de Carnap) parece suficientemente clara en los casos límite, pero lo es mucho menos en los otros, que son la gran mayoría y que, hasta el presente, somos incapaces de distin- guir can los medios formales que poseemos. Esto es lo que ha provocado, en el campo de la filosofía, un ataque contra esta dis- tinción (llevado a cabo fundamentalmente por Quine). los lin-

güistas, en cambio, están más o menos de acuerdo en el hecho de que deben estudiar únicamente el sentido; así Benveniste escribe:

"Cuando se dice que tal elemento de la lengua, corto o extenso, tiene un sentido, se comprende con eso una propiedad que este elemento posee, como significante, de constituir una unidad distinti- va, opositora, delimitada por otras unidades, e identificable por los

] Ca-

hablantes nativos, para quienes esa lengua es la lengua. [

da enunciado, y cada término del enunciado, tiene también un re- ferendo, cuyo conocimiento está implicado por el uso nativo de la lengua. Ahora bien, decir cuál es el referendo, describirlo. ca- racterizarlo específicamente. es una tarea diferenciada, a menudo difícil, que no tiene nada en común con el correcto manejo de la lengua".

Con todo, en la práctica, sentido y referencia se encuentran a me- nudo confundidos. Por eso U. Weinreich, que tiene perfecta con- ciencia de esta distinción fundamental, proponía, hace algunos

2

El autor utiliza los

ejemplos

del

francés crtn-crin y

que son análogos

a los que aquí damos

en español. [N.

violen,

f1ingue y

de

la T.]

fusil,

años, una forma canónica para la definición de una palabra en el diccionario, la que sería puramente extensional: "Es útil concebir el significado de una unidad como el conjunto de condiciones que

deben ser satisfechas si esta unidad

Una definición le-

xicográfica tendrá la forma siguiente: X denota si CI y C2 y Cs: por ejemplo dI y d2 Y .,. d," (donde X es la unidad en cues-

las condiciones que se deben cumplir si X denota; ejemplos de denotata) (1962, pp. 29-31). Las constantes

confusiones parecen deberse al hecho de que estas nociones no están todavía integradas en el trabajo cotidiano de los lingüistas y

de que su discusión permanece en el estadio de los buenos deseos.

tión; CI, C2

d., c6

Los lógicos, con mayor insistencia, han intentado introducir en lingüística sus métodos y su terminología (Bar-Hillel, 1954; Car- nap, 1955). Pero esos ensayos han sido bastante nefastos para la lingüística misma. Esta lamentable situación se debe, sin duda, al hecho de que los lógicos creen que sus lenguajes son homólogos a la lengua natural y que ésta tiene la misma estructura que aqué- llos, si bien de una manera menos precisa. Pero no hay nada de eso. Los lenguajes de los lógicos, todos ellos construidos sobre los modelos de Russel y Whitehead, son lenguajes de contexto in- determinado, es decir, lenguajes en los que el significado de un símbolo no depende de su contexto. El caso de la lengua natural es exactamente inverso, y no se trata de diferentes grados de la misma cualidad, sino de cualidades opuestas.

De la misma manera la mayor parte de las nociones lógicas reto- madas por la lingüística se han revelado impracticables. Tomare- mos aquí solo dos casos. Según Ch. Morris (1938) todo proceso semiótico comprende tres aspectos: sintáctico, semántico y prag- mático. Solamente la siñtaxis se ocupa de las relaciones entre los símbolos; la semántica, en cambio, se interesa por las relaciones entre los símbolos y alguna otra cosa exterior a ellos. Aunque una formulación como ésta pueda mostrarse correcta en el caso de los lenguajes artificiales, de ninguna manera refleja el verda- dero estado de cosas que existe en la l.engua natural. Allí tamo bién las relaciones semánticas son relaciones entre símbolos: "en particular entre lo definido y los términos de sus definientes" (Weinreich, 1966, 4, 1). A pesar de esto, numerosos lingüistas han intentado aplicar esta fórmula a las lenguas naturales; para evitar las contradicciones, Revzin lleqó a proponer una división de la fun- ción semántica que distinguiera la función semántica por un lado y, por el otro, la función categorial. Esta última sería una relación de tres términos: "El signo A relaciona el objeto a con la catego- ría C" (1962, p. 18). El verdadero objeto de la semántica debería ser, en su opinión, precisamente esta función categorial.

También de los lógicos se tomó prestado el término y la nocion de metalenguaje: una lengua ideal que se utilizaría para discutir la lengua-objeto. Con esto, sin embargo. se subestima el hecho de que este metalenguaje no existe "objetivamente" y que los tér- minos de los que nos servimos en él forman parte en realidad de nuestra lengua natural, de la lengua-objeto. Este hecho es muy rico en consecuencias. Recordemos aquí solamente, a manera de ejemplo. que la definición de un término, que en lógica goza de una legalidad particular, posee exactamente las mismas característi- cas formales (sintácticas) que las otras frases de la lengua na- tural (Weinreiéh, 1966, 3.441 Y 4, n.

Estas consideraciones están dirigidas esencialmente a los pocítt- vistas, pero se podría observar que existe también una filosofía "lingüística" o "analítica" que hace del estudio de la lengua na- tural (y no de un sistema formal) el centro de sus preocupaciones. Dos de sus aspectos. sin embargo, la vuelven inaceptable como modelo de teoría Ilnqüístlca. En primer lugar, los principales representantes de esta corriente (Wittgenstein, Austin) no han que- rido jamás abordar una sistematización coherente de sus concep- ciones sobre el lenguaje; más aun, han intentado, por el contrario, hacer imposible esta sistematización. En segundo lugar, esta fi- losofía se ocupa esencialmente de los casos particulares de la "referencia", abordando así un campo que está, en sí mismo, al margen del objeto de la semántica lingüística.

Podemos cerrar este breve panorama de las relaciones entre la lógica y la lingüística con estas palabras de N. Chomsky: "Una cosa es aplicar la lógica para construir una teoría lingüística clara y rigurosa y otra, totalmente diferente, esperar que la lógica. o cual- quier otro sistema formal, sea un modelo de comportamiento lin- güístico" (1955, p. 45).

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Análisis distribucional y análisis sémico

En ausencia de una teoría lingüística global que hubiera podido definir el lugar de la semántica, quedó abierto el camino para las concepciones particulares, que se desarrollaron a lo largo de los últimos treinta años. El objetivo implícito de estas investigacio- nes no fue, en la mayor parte de los casos, explicar el funciona- miento de los elementos semánticos de una lengua, sino describir su vocabulario. Nos encontramos entonces más bien en el cam- po de la lexicología que en el de la semántica. Como es obvio. dos interrogantes surgen de inmediato a propósito de este ob-

:5

jetivo: ¿puede realizarse este trabajo de una manera exhaustiva? luego: ¿para qué sirve esta descripción?

y

La casi totalidad de las investigaciones lexicológicas ha centrado su interés en una característica esencial del lenguaje: la falta de correspondencia biunívoca entre el sonido y el sentido. En otras palabras, contrariamente a lo que ocurre en una lengua ideal ima-

mismos sonidos

para designar sentidos diferentes (polisemia), y sonidos diferen- tes para designar sentidos idénticos, o por lo menos semejantes (sinonimia). Los múltiples trabajos de los lexicógrafos se refieren,

en efecto, a estos dos temas, conocidos ya por los primeros se- mánticos.

Tomemos en primer lugar la sinonimia. Este fenómeno ha sido estudiado con el nombre de campos semánticos y las investigacio- nes en este sentido se justifican, desde la perspectiva de un es- tudio general, por la siguiente hipótesis: la estructura semántica de una lengua está constituida por mlcroestructuras; en el interior de una microestructura (campo semántico) los elementos consti- tutivos tienen relaciones precisas y formalizables; una vez estu- diados los diferentes campos, se procederá a la misma operación en el interior del léxico entero. Dos problemas más concretos se plantean en este marco: ¿cómo delimitar los campos semánticos? y ¿cómo estudiar las relaciones entre unidades? A la primera pre- gunta, subestimada por los semánticos, suele darse habitualmente una respuesta "intuitiva". Esta solución se disimula frecuentemen- te detrás de muchas reflexiones que no logran modificar en abso- luto su imposibilidad de explicar los hechos. Recordemos que los primeros ensayos sistemáticos dirigidos en este sentido se en-

ginaria, la

lengua

natural

utiliza a menudo los

cuentran en el Tratado de estilística francesa de BalIy. Ni

él

ni

Wartburg, que propuso más tarde un esquema diferente para la distribución del- léxico francés, dieron respuestas serias a esta cuestión.

Si tratamos de ver qué hay detrás de esta intuición, nos encontra- remos con una forma de recortar la realidad propia de una cultu- ra determinada. Dicho de otro modo. no se clasifican nunca las palabras, sino los objetos o 105 conceptos. Se desprende de esto una consecuencia evidente: tal trabajo dará resultados positivos cuando estos objetos (animados o Inanimados) posean una estruc- tura precisa en la realidad o cuando estos conceptos formen parte de un vocabulario muy homogéneo o convencional, como lo son las terminologías científicas. Como es obvio, los datos obtenidos de esta manera nos informan sobre las estructuras de pensamiento de un pueblo determinado y. por consiguiente, pertenecen mucho más a la antropología que a la lingüística.

No puede sorprender entonces que en la actualidad este tipo de estudios goce de extraordinario favor entre los antropólogos norte- americanos. El artículo de Lounsbury que traducimos y presenta- mos en este volumen es uno de los mejores ejemplos al respecto. Otros trabajos giran en torno de los parentescos, los colores, las taxonomías populares de las enfermedades, la orientación, las par- tes del cuerpo, los pronombres. Pero basta con salirse de estos campos privilegiados para dejar de obtener resultados positivos; y nosotros no compartimos las esperanzas de Lounsbury de que pueda llegarse a dividir el léxico entero en campos semejantes.

Se han realizado muchos intentos de delimitar estos campos de manera "objetiva". La solución más seria es, en este sentido, la que representa, entre sus exponentes más destacados, J. Apres- jan. Según esta concepción, los campos semánticos (sinonímicos) están compuestos por las palabras de una clase gramatical que

tienen una distribución idéntica. El desarrollo de este razonamien- to está fundamentado y expuesto con mucha precisión en el artícu- lo que publicamos aquí. Sin embargo, son los fundamentos a priori

de la teoría los que merecen un examen

cedimiento supone que el sentido de las palabras está determi- nado por sus propiedades gramaticales, y el principio que sirve de punto de partida para llegar a esta conclusión está formulado por Z. Harris: "Dos morfemas que tienen significados diferentes difieren también en alguna parte de su distribución" (p. 7). De es- to pueden sacarse fácilmente algunas conclusiones complemen- tarias: los morfemas con distribuciones diferentes tienen signifi- cados diferentes: los morfemas con distribuciones idénticas tienen significados idénticos (o semejantes), etc. Más tarde, Apres- jan redujo esta dependencia a una relación simple: "No toda dife- rencia semántica se manifiesta en una diferencia sintáctica, pero a cada diferencia sintáctica corresponde una diferencia semántica esencial" (1963, p. 109). Pero el problema inicial (¿son las clases lexicales subdivisiones de las clases gramaticales?) queda aún abierto. No siempre hay razones claras para aceptar la hipótesis que aquí comentamos, y las objeciones de principio, formuladas por Revzin (1962), permanecen sin respuesta. Para citar un solo ejemplo que va al encuentro de un hecho de distribución muy simple: en español, las palabras terminar, último y fin no podrían estar jamás en un mismo campo semántico, puesto que pertene- cen a clases gramaticales diferentes. Sin embargo, la proximidad de su sentido es evidente y una teoría semántica está obligada a dar cuenta satisfactoriamente de este hecho.

más atento. Este pro-

Para evitar algunos defectos de este tipo, Apresjan utiliza datos estadísticos, pertinentes en el campo del habla, pero no en el de

la lengua. El desarrollo posterior de su teoría se encamina hacia dos direcciones estrechamente ligadas: por una parte, Apresjan llega a completar su modelo sin recurrir a las estadísticas; por la otra, refina aun más el análisis distribucionaJ. Utiliza para esto dos procedimientos: matiza los tipos de distribución dividiéndo- los en obligatorios, facultativos (que pueden ser completos o in- completos) y nulos, y se sirve además del análisis transformaclo- nal. Tomando esta noción en un sentido diferente del que le dan N. Chomsky y sus colaboradores, afirma que "si diferentes frases admiten las mismas transformaciones, podemos afirmar que ros núcleos utilizados para compararlas son idénticos semánticamen- te" (1962 b, p. 153). El estudio de las transformaciones posibles es el que le permite también eliminar las estadísticas de la pri- mera parte de su trabajo.

Tales perfeccionamientos, cuyos resultados son indiscutibles, no evitan, sin embargo, las dos objeciones resumidas por el propio Apresjan: "en primer lugar, la misma fórmula distribucional puede disimular significados diferentes; por otra parte, las variantes de uso, que intuitivamente identificamos, realizan en realidad fórmu- las distribucionales diferentes" (1952 b, p. 152).

En su defensa, Apresjan declara que él estudia no ya el sentido, sino un signlficado sintáctico que da cuenta de las posibilidades de combinación propias de cada unidad lexical (sus valencias). Esta última formulación revela claramente el aspecto tautológico de su razonamiento, aspecto del cual pecan, por otra parte, todos los análisis distribucionales: el resultado al que se llega mani fiesta que las unidades reunidas en una misma clase, si tomamos como base sus combinaciones sintácticas, tienen las mismas po- sibilidades de combinaciones sintácticas.

Existe, por último, otro método para delimitar Jos campos semán- ticos: es el que se basa en procedimientos que utilizan tests o muestras estadísticas; pero este método no hace más que sustl- tuir la intuición del especialista por la de los aficionados.

Llegados a este punto, hay una conclusión que se impone: por el momento no disponemos de criterios formales que permitan deli- mitar los campos semánticos. Más adelante, cuando tratemos el análisis del significado, veremos más detalladamente las conse- cuencias de este hecho. Por ahora nos limitaremos a decir que tal conclusión deja abiertas dos posibilidades: creer que un día se llegará a encontrar este criterio y obrar desde ya como si se hu- biera logrado, o volver a cuestionar la justificación de los estudios sobre los campos semánticos. La semántica estructural eligió, en este sentido, la primera de las respuestas.

Volvamos ahora a nuestra segunda pregunta: ¿cómo estudiar el significado de las unidades incluidas en un mismo campo? Los resultados que se han obtenido en este aspecto nos parecen mu- cho más interesantes. Como lo destaca con justeza Lounsbury, hay dos métodos posibles. El primero, el método analítico, consiste en tomar todas las palabras incluidas y tratar de descomponer el sig- nificado de cada una de ellas en elementos simples. Puesto que en gran parte de los casos estos elementos son idénticos para las distintas palabras (lo que difiere es la manera como se combinan), se llega a una reducida lista de "dimensiones" abstractas. Por ejemplo, las palabras burra y gata poseen ambas el rasgo femeni- no o la dimensión sexo. El segundo método es más bien sintético:

se eligen algunas unidades consideradas como elementos básicos y, con ayuda de las operaciones lógicas que hemos formulado, se obtienen finalmente las definiciones de todas las unidades i nclul- das. Este segundo método, del cual Lounsbury da un esclarecedor ejemplo, es el que utilizan ciertos equipos de traducción automá- tica (MPPL, 1964).

Nos detendremos aquí más largamente sobre el primer método, que es el que tiene una difusión mucho mayor (en Francia lo utili- zan B. Pottier y A.-J. Greimas). Este método se deriva, como puede verse, del análisis fonológico en rasgos distintivos perfeccio- nado por Jakobson, y se lo conoce con el nombre de análisis como ponenciel (entre los antropólogos americanos), análisis sémico (M. Joos, Greimas) o análisis en factores semánticos (Apresjan. Ivanov). <:omo en fonología, se trabaja aquí acoplando los térmi- nos en oposiciones binarias o ternarias. De esta manera, la com- paración entre largo y ancho nos muestra el rasgo común horizon- talidad; la comparación de alto y largo indica la presencia de los rasgos opuestos verticalidad y horizontalidad. Del mismo modo, la comparación de puf, taburete, silla, sillón y sofá revela que esta :

palabras están compuestas por los mismos seis sernas tomados en combinaciones diferentes: para sentarse, sobre patas, para una persona, con respaldo, con brazos, de material rígído. La palabra silla, por ejemplo, se definirá por la presencia de los cuatro pri- meros sernas (Pottier, 1963).

Pueden señalarse varias dificultades que aparecen en el desarrollo de este análisis semántico en rasgos dlstlntlvos:

1. En este trabajo se está obligado a tomar como punto de parti- da la referencia de las palabras y no su sentido. En consecuencia. e! más pequeño cambio que se dé en la realidad extralingüística obliga a modificar el inventario de los semas de la lengua estudia- da. Tal modificación tiene consecuencias mucho más serias de

las que produce la introducción en el léxico de una palabra nueva. El número de sernas que nos permiten una descripción exhaustiva del vocabulario de una lengua debe ser claramente inferior al nú- mero de unidades que describimos; si el procedimiento que con- siste en introducir un nuevo serna por cada palabra nueva es ine- vitable, deberemos poner en tela de juicio los propios principios de este análisis. Imaginémonos que alguien invente hoy una nueva forma de silla, por ejemplo la que levanta cada tres minutos a la persona sentada; nos veríamos inmediatamente obligados a introducir este serna en la estructura semántica del español. Al mismo tiempo, al poner el acento sobre la referencia y no sobre el funcionamiento del lenguaje, se omiten ciertos datos necesa- rios para impedir la producción de frases como la silla se levantó

sola, la silla tiene fiebre o la silla tiene cuarenta y nueve de pre·

sión; o por lo menos para asegurar que, en caso de producirse frases de este tipo, nos sintamos impactados por ellas, como era la intención de Boris Vian cuando las escribía.

2. Se identifican los sernas, positivos o negativos, que componen una palabra oponiendo esta palabra a las otras del mismo campo semántico. Pero hemos visto ya que no tenemos ningún método seguro que nos permita fijar en alguna parte los límites de este campo. El número de comparaciones es, pues, prácticamente infi- nito, como lo es el número de sernas posibles. Si retomamos el ejemplo citado más arriba, podríamos agregar a la palabra silla

sernas como no-comestible (comparándola con arveja), transporta-

ble y social (comparándola con montaña), y así sucesivamente. Podría objetarse que a nadie se le ocurriría comparar la palabra silla con palabras tan alejadas de ella por su sentido; pero basta ensayar la aplicación de los procedimientos de análisis componen- cial al léxico común para chocar de Inmediato con dificultades de este tipo, que requieren mucho mayor ingenio para ser superadas. La solución que evitaría tal infinidad de sernas podría fundarse so- bre un metalenguaje bien articulado (es decir, podría atribuir a todas las unidades índices que marcarían sus relaciones con los otros términos: relaciones de inclusión, exclusión, implicación, identidad, etc.). Pero esta solución estaría amenazada por el mls- mo peligro que señalábamos para la aplicación de las teorías de los positivistas lógicos a la Ienqua natural: el de atribuir a esta última una estructura que de ninguna manera posee.

3. Lounsbury y Apresjan nos previenen en cuanto al hecho de que ellos no toman en consideración todos los usos posibles de una palabra, sino solamente uno o algunos muy próximos entre sí. Pe- ro señalar el defecto de un método no implica en absoluto supe- rarlo. Si se considera cada palabra como monosémlca, se admite

una abstracción tal que tiene, en el lenguaje, una realización cer- cana al cero. La palabra alto revela ciertos sernas si se la toma con el sentido que tiene en una expresión como una montaña el- tal pero revelará otros bien diferentes si la pensamos en contex- tos tales como: una nota alta, una alta opinión, la alta Edad Media, el alto Bhin, etc. Para poder dar una fórmula sémica de palabras polisémicas tenemos que aceptar la existencia de definiciones disyuntivas (que es lo que Lounsbury evita en su artículo). Es evl- dente también que los problemas de sinonimia y polisemia deben encontrar soluciones complementarias y no aisladas. La explica- ción que da Lounsbury, basada en los significados metafóricos, no convence del todo, puesto que rara vez nuestra Intuición nos ln- dica con exactitud cuáles son 105 usos propios y cuáles los figu- rados.

4. Procediendo de esta manera se obtienen siempre conjuntos de- sordenados, es decir, conjuntos en los que los semas están todos en el mismo nivel. Si bien es cierto que una gran parte del léxico presenta tales aglomeraciones, queda en pie el hecho de· que al- gunas veces ciertos rasgos tienen una posición jerárquica dife- rente (superior o inferior) con respecto a los otros y, de este mo- do, componen configuraciones (en la terminología de Weinreich). Aparece aquí un defecto que es propio de todas las aplicaciones que quieren extender a otros campos' el uso de una técnica ela- borada para un campo específico. Al creer en el poder de esta técnica particular, suele darse la inclinación a deformar la natu- raleza de 105 hechos observados o a pretender ignorarlos para evitar las contradicciones. ~ste es un defecto bien conocido a cau- sa de las recientes extensiones de 105 métodos lingüísticos a las otras ciencias humanas. Parecería, en cambio, más justificado el camino inverso: si una técnica no se muestra eficaz en un nuevo dominio homólogo, habrá que interrogarse sobre su precisión y adecuación en el primer dominio. Algunos estudios recientes han mostrado, por otra parte, la existencia de una jerarquía entre los rasgos distintivos de los fonemas.

5. Podríamos preguntarnos si se debe simplemente al azar el he- cho de que s610 los campos privilegiados, con una substancia es- tructurada, se prestan bien al análisis, mientras que en el caso de campos tales como "la Incertidumbre", "los animales domés- ticos", "las acciones con un fin", etc., el análisis resulta poco con- vincente y, a decir verdad, no muestra la presencia de una es- tructura lingüística formal. No olvidemos que todos los trabajos logrados se han realizado sobre los mismos pequeños grupos de palabras, sustantivos y pronombres, que se retoman en diferen- tes lenguas, cuando, en realidad, el léxico comprende decenas de miles de unidades.

Con todo, estas dificultades, aunque son muy serias, no desacre- ditan el análisis del significado de los morfemas en elementos más simples. El análisis sémico no tiene más que unos diez años de existencia y varios aspectos de la teoría serán, sin duda, re- visados y perfeccionados. Es de desear, al mismo tiempo, que se emprenda un estudio semejante sobre el léxico entero de una lengua desarrollada (digamos sobre las 5.000 palabras más fre- cuentes); tal empresa será muy superior al muestreo que se realiza actualmente. Entonces no podrá hablarse más de campos privi- legiados, se podrá tener una justa apreciación de las efectivas po- sibilidades de economía en el lenguaje descriptivo y se nos apa- recerán un sinnúmero de problemas que hoy no estamos en con- diciones de percibir.

Las técnicas desarrolladas por el análisis sémico no son su unrco resultado de valor; esta teoría logra, al mismo tiempo, que se ad- mitan sus principios. El alcance de éstos sobrepasa ampliamente el estudio de los campos semánticos, cuyo análisis se convierte de alguna manera en un rodeo que hay que dar para llegar a la meta. Podemos resumir estos principios de la siguiente manera:

1. El sentido de una palabra no es una unidad indivisible, sino com- puesta. (En 1924, J. Tynianov, uno de los formalistas rusos, ex- presaba claramente esta idea: "No se debe partir de la palabra como de un elemento indivisible del arte literario, tratarla como si fuera el ladrillo con el que se construye el edificio. La palabra puede ser descompuesta en 'elementos verbales' mucho más finos" [p. 35].) 2. Los mismos "átomos" de sentido (los mismos semas) vuelven a encontrarse a lo largo de todo el vocabulario.

El segundo problema señalado más arriba es el de la polisemia. ¿Cómo se pueden. en primer lugar, delimitar los diferentes signi- ficados de una palabra? Ocurre aquí lo mismo que ocurría en el caso de los campos semánticos: predominan los métodos intuiti- vos. La dificultad proviene de la necesidad de establecer un lími- te entre un efecto de contexto por un lado y, por el otro, el caso de dos significados diferentes. Evidentemente, se debe establecer una primera distinción entre el significado vago y el significado ambiguo. Los lógicos han mostrado de manera convincente que existe inevitablemente "algo vago" en el interior de cada signo; pero esta vaguedad no concierne al mecanismo semántico. en el sentido lingüístico del término. La ambigüedad y la polisemia. en cambio, son fenómenos propiamente lingüísticos, y, precisamente por eso, una teoría semántica debe ser capaz de dar cuenta de ellos. Este problema, que ha sido discutido largo tiempo en el campo de la fonología, es aun más complejo en el de la semánti- ca. "El significado que es aportado. por así decirlo, por la unidad

mínima debe ser entendido como un significado puramente contex-

tual [

contexto" (Hjelmslev, 1961 a, pp. 44-45). Pero si los contextos imaginables de una unidad son infinitos, resulta que también lo son sus significados: en cada nuevo contexto, la palabra tiene un

significado distinto. De hecho, un postulado semejante implica la negación de toda semántica. Un ejemplo que ilustra esta actitud (sin que se inspire en Hjelmslev) es el que se encuentra a me- nudo en los diccionarios monolingües que pretenden tener tanta mayor riqueza cuanto mayor es el número de artículos y subartícu- los que poseen.

]. Toda unidad se define únicamente por su lugar en el

La lingüística clásica se ha ocupado muchas veces de este pro- blema intentando establecer una distinción entre los homónimos y los sentidos diferentes de una misma palabra. Se quiere afirmar, de esta manera, que los modelos derivacionales de palabras ho- mónimas muestran la diferencia que hay entre ellas; pero se olvida que en un enunciado concreto nos encontramos con la palabra en sí misma y que debemos describir los índices que la hacen no ambigua en ese texto (o bien, mostrar cuántas veces aparece como ambigua esa palabra). En este sentido, Weinreich destaca con jus- teza que "tal principio solo sirve para la contemplación lexicográ- fica de una palabra aislada" (1963, p. 162).

De la misma manera se utilizan criterios etimológicos, en particu- lar para distinguir la homonimia de la polisemia. Pero en una des- cripción sincrónica esta distinción no parece válida, salvo en el caso de los homónimos que pertenecen a clases gramaticales di- ferentes (parto, sustantivo y verbo; corte, masculino y femenino). La concepción según la cual se llaman homónimos las palabras que no tienen ningún serna en común, no es en absoluto convin- cente: de aceptarla, tendríamos que Isebol (sebo y cebo, por lo menos en la pronunciación del español de América) serían senti- dos diferentes de una palabra polisémlca (puesto que tendrían en común sernas como material o no racional, por ejemplo), mientras

que gallo en al cantante le salió un gallo (nota falsa) y en la mujer

compró un gallo sería un caso de homonlmla.!

3 Los ejemplos del francés utilizados por el autor y cuyo comportamiento

lingüístico, a los

que damos en español son, respectivamente: homónimos de clases gramatica- les diferentes: part ('noticia', susto y 'parte', verbo); volie (mase. 'velo' y fem. 'vela'); palabras con algún serna en común que no serían por lo tanto homó-

nimos:

fines de lo, que se trata en este parágrafo, es análogo a los

[sof seeu ('balde') y sceau ('sello'); homónimos sin aparentes sernas

en común: cenerd ('pato') en ietre un canard ('dar una nota falsa') y le chauf-

feur 8 mangé un canard ('el chofer se comió un pato). [N. de la T.]

Otro procedimiento que se utiliza para distinguir los diferentes sentidos de una palabra está basado, como en el caso de la de- limitación de los campos semánticos, en el análisis dlstrlbuclo- nal. A partir de la misma fórmula de Z. Harrls. se llega (en el ar- tículo de Apresjan) al siguiente axioma: "En una palabra pollsé- mica hay una correspondencia biunívoca entre un significado y una distribución". Se intenta entonces dar cuenta de ros diferentes sentidos de una palabra por medio de la enumeración de las com- binaciones sintácticas en las que ésta puede entrar. De esta ma- nera un diccionario estructural pondría en la misma entrada al- gunos empleos del verbo francés passer (pasar) tales como le cemion lui est passé sur le corps (el camión pasó sobre su cuer- po) y son tntérét pesse avant celui des autres (su provecho es para él más importante que el de los demás), puesto que ambos pertenecen a la misma clase sintagmática: "construcción disocia- ble/ + infinitivo, atributo, adverbio + preposición y complemento/ + cero + preposición y complemento y con el mismo valor de uso" (J. Dubolal.' Al mismo tiempo y por las mismas razones, ese diccionario clasificaría bajo entradas diferentes los usos de pesser en expresiones como vous pouvez passer (usted puede pasar) y il passe sur le pont (él pasa sobre el puente). Como se ve, este método no discrimina los sentidos que un hablante distingue in- tuitivamente y, al mismo tiempo, proporciona datos superfluos (desde el punto de vista semántico): distingue usos que no son sentidos como diferentes por los hablantes. Una cantidad de fe- nómenos específicamente semánticos (ambigüedades, anomalías, etc.) no podrían ser aclarados y resueltos correctamente por un diccionario semejante; por lo tanto, si los diccionarios fueran pu- ramente distribucionales, la semántica habría perdido uno de .sus más poderosos instrumentos.

El esclarecimiento de esta cuestión, que debemos a los esfuerzos de los lingüistas polacos (Kurylowicz, Zawadowskll, nos pone de nuevo frente al problema del metalenguaje, señalado más arriba. En efecto, no podríamos distinguir la nueva acepción de una pala- bra de la influencia que sobre ella ejerce el contexto, si no tuvié- ramos la posibilidad de comparar estas acepciones con las otras palabras que constituyen el vocabulario. Una palabra tiene dos sig- nificados distintos solo a partir de la posibilidad que tengamos de

4 En español no hay un uso de pasar que sea un equivalente exacto del que tiene passer en la segunda de estas oraciones: pero puede entenderse el ra- zonamiento de Todorov si se piensa en expresiones como pasar el tiempo

entre diversiones y pasar la cinta entre las ruedas, en las que pasar pertene-

cería a la misma clase sintagmática aunque su valor semántico es sentido como diferente. [N. de la r.]

identificar cada uno de ellos con una palabra slnónlma diferente o, para decirlo con la formulación de Weinreich: "El artículo W del diccionario será designado como poseedor de dos significados distintos, W1 y W 2 , si y solo si existe en la lengua un significado Z1 de un artículo Z, que es sinónimo de W 1 y que no lo es de Wz" (1966, p. 28). Tenemos entonces que si en la lengua no existe otra unidad lexical con el mismo significado, no podemos hablar de la polisemia de una palabra. Esta observación de Kurylowicz prueba al mismo tiempo el estrecho parentesco que hay entre los dife- rentes dominios de la semántica: sinonimia y polisemia son pro- blemas complementarios; ninguno de ellos puede ser explicado ni comprendido sin el otro.

De esta manera, si encontramos la palabra tomar en el contexto tomar la sopa, puede ocurrir que nos parezca provista de un sig- nificado diferente del que tiene en el contexto tomar agua: en el primer caso y no en el segundo utilizamos una cuchara. Sin em- bargo, un examen más atento prueba que, en primer lugar, se tra- ta aquí de una diferencia en la referencia y no en el sentido. Ade- más, puesto que la lengua no elaboró dos unidades distintas para designar de una manera biunívoca estas acepciones, no tenemos nosotros el derecho de plantearlas como diferentes. Por último, los rasgos adicionales (los sernas que se refieren al hecho de per- tenecer al ámbito de las comidas o al de las bebidas) provienen de los complementos sopa yagua respectivamente, y pertenecen, por lo tanto, a toda la expresión, mientras que el verbo en sí mismo conserva en ambos casos el mismo sentldo.!

Este problema particular pone en evidencia las premisas metodo- lógicas sobre las que se basan las diferentes teorías. El límite que estamos discutiendo es una noción abstracta y, por consiguiente, convencional. Pero su elección no puede por eso dejar de estar sometida a cierto número de criterios (posibilidad de integración en un sistema global, simplicidad y economía, fidelidad a las in- tuiciones de los hablantes, ligereza operacional, etc.) que nos per- mitan evaluar las soluciones y establecer si son más o menos aceptables. La razón profunda de las múltiples confusiones que se dieron en este dominio parece haber sido la falta de atención pres-

s El francés utiliza el verbo manger ('comer') para la expresión manger fa soupe ('comer la sopa'), que es la que el autor da como ejemplo en el original. Pero este comer podría ser sentido, según lo manifiesta Todorov, como di- ferente del COmer de comer una manzana, por razones análogas a las que po- drfan diferenciar en español tomar le sopa y tomar agua. También en ese caso. sin embargo. el serna liquido. responsable de la diferencia, proviene de la pa- labra soupe y pertenece por lo tanto a toda la expresión y no al verbo. [N. de

la r.]

tada a un importante problema: ¿cómo se combinan los significa-

dos de las palabras particulares para producir el frase?

la

sentido de

Una segunda pregunta se encuadra en este marco: ¿qué relacio- nes se establecen entre los distintos significados de una misma palabra? De nuevo, el análisis sémico se revela fecundo en este campo. la idea de que la definición de unidad lexical puede ser no solo conjuntiva sino también disyuntiva encuentra aquí su apli- cación. Así, siguiendo a Revzin (SSM, 1961) ya Weinreich (1963 a), podemos presentar la palabra A como una unidad compuesta por los sernas CI, C2, Ca, que establecen entre sí la siguiente relación:

A/cI . (C2 v csI/. Esta representación se muestra particularmente lmportante para explicar cómo el contexto define el significado de una palabra elegido en cada caso particular. Pero por este camino salimos del campo de la polisemia para entrar en el de la semán- tica combinatoria: estudio de la combinación de las palabras en frases, en el cual las palabras polisémicas no son más que un caso particular. Hay que decir, antes que nada, que estos estudios solo han comenzado a realizarse en los años más recientes y ha traba- jado en ellos un reducido número de investigadores (Zawadowsky, Weinreich, Pottier, Greimas). A pesar de su novedad, estas in- vestigaciones, de las cuaJes presentaremos algunos aspectos característicos, han dado ya ciertos resultados alentadores. Tales estudios se aproximan mucho a una tendencia que examinaremos en la tercera parte de esta introducción; por este motivo hablaremos aquí muy poco de ellos.

El proceso de combinación se presenta de esta manera: la pala- bra joyero 6 puede estar provista en un caso de los sernas animado y humano y, en otro, del serna objeto material. Cuando esta pala- bra aparece en un contexto formado por los adjetivos enfermo, ex- perto, irritable, comprendemos inmediatamente que se trata de su primera acepción; cuando el contexto está compuesto por los ad- jetivos nuevo, roto, desfondado, etc., elegimos el segundo signi- ficado. Se da un paso más si se intenta descubrir el serna común a todas las palabras de la misma serie; pero entonces se ve la necesidad de que haya una identidad entre los rasgos de las pa- labras para que éstas puedan combinarse. Destaquemos que estos sernas existen en realidad, en una y/o en la otra palabra; no se trata de un sentido que sería adicional con relación a las dos pa- labras vinculadas y que aparecería solo cuando éstas se encuen-

(, En el texto original se utiliza como ejemplo la palabra francesa cutslntére ('cocinera' y 'cocina') que constituye, a los efectos pertinentes a esta discu- sión, un caso perfectamente análogo al español joyero. [N. d. la L]

Esta discusión nos conduce a la crítica que puede formularse con respecto a casi todos los trabajos realizados en semántica hasta el presente. Se trata de la desdichada independencia en la que quedan tanto los estudios de la sintaxis como los de la semántica; unos y otros intentan apoderarse del dominio entero de la lengua, con el resultado de que, hasta estos últimos tiempos, no existía una teoría integral para el funcionamiento del lenguaje.

111

Análisis combinatorio

Lo expuesto hasta aquí muestra la existencia de cierto malestar en el seno de los estudios lingüísticos. Los principios estructura- listas inspiraban una confianza generalizada; los investigadores los seguían fiel y concienzudamente; pero los resultados continua- ban siendo poco satisfactorios. ¿Cómo explicar que la "semánti- ca estructural" no haya podido desarrollarse? Evidentemente, se hacía necesario cuestionarse los principios mismos de la inves- tigación.

La solución que se propuso no vino de los semánticos sino de la teoría de la gramática generativa, formulada por N. Chomsky, que llegó a modificar las propias bases de la lingüística.

lo que condujo a Chomsky a una revisión fundamental de la teoría lingüística fue la falta de precisión en la formulación de esta teo- ría. La precisión, escribe Chomsky, es útil por muchas razones:

hace que la teoría sea más elegante y más pura desde el punto de vista lógico; pero es aun más preciosa en cuanto permite mos- trar cómo una formulación inadecuada desemboca en el absurdo; de esta manera se puede conocer el origen exacto de su inade- cuación y comprender mejor los datos lingüísticos. En resumen, una teoría precisa puede dar resultados positivos: puede brindar o sugerir soluciones para algunos problemas que no han sido for- mulados explícitamente. "Las nociones oscuras e intuitivas no pueden ni llevarnos a conclusiones absurdas, ni procurarnos con- clusiones nuevas y correctas; no pueden, por lo tanto, ser útiles en dos aspectos importantes" (1957, p. 5).

La lingüística no podía conformarse ya con un simulacro de pre- cisión. El primer principio de la gramática generativa fue entonces

la exactitud y la obligación de hacer explícitas todas sus premisas.

Para eso, se dio a la gramática una forma diferente de la

que

había tenido hasta ese momento: "El estudio sintáctico de una lengua dada tiene por objeto la construcción de una gramática que

pueda ser considerada como un mecanismo cualquiera que gene- re las frases de esa lengua" (Chomsky, 1957, p. 11). La palabra "generar" cobra aquí una importancia particular. Para estar segu- ros de la precisión requerida, se otorga a la gramática de una len- gua la forma de un mecanismo que debe seguir las reglas grama- ticales (y ninguna otra cosa) y debe producir, como resultado final, frases correctas de la lengua en cuestión (y ninguna otra co- sa). Pero solo una teoría que haga absolutamente explícitas sus premisas puede llegar a generar frases correctas. Así, las nocio- nes de "generativa" y de "absolutamente explícita" se superponen.

Al mismo tiempo, se cambia el centro de gravedad de la investi- gación lingüística, que deja de ser estática y pasa a ser dinámi- ca. Ya no es la descripción de un texto prefijado lo que constituye el fin último del análisis, sino la explicación de un proceso que vuelve a empezar cada vez. La lengua no es, entonces, ni un coro pus ni un inventario, sino una posibilidad de generar y comprender enunciados; es decir, la "facultad del lenguaje". No hay que pen- sar, sin embargo, que se pretenda sustituir la gramática de la len- gua por una "gramática del emisor" o del "receptor"; la gramática de la lengua precede lógicamente a éstas y debe ser establecida en primer término.

En otras palabras, esta concepción modifica no solo el principio sino también el objeto de los estudios lingüísticos. La lingüística estructural clásica hacía, a grandes rasgos, el siguiente planteo:

hay un cuerpo de hechos de lengua; es necesario encontrar las nociones y relaciones que permitan dar de ellos una descripción que sea no-contradictoria, exhaustiva y simple. La teoría de la gramática generativa invierte la relación y se pregunta: ¿qué re- gIas lingüísticas se aplican consciente o inconscientemente para producir las frases correctas de una lengua dada? El análisis cede su lugar a la síntesis; se maneja entonces un sistema de reglas en lugar de un sistema de elementos. Podría pensarse que se tra- ta de una simple inversión de orden en el trabajo, o de la presen- tación diferente de un proceso esencialmente idéntico. Pero un examen más cuidadoso nos revela que a partir de esta primera diferencia se desprenden muchas otras, cuyo alcance hoy sólo comienza a ser medido.

El primer criterio de validez de una gramática está en su capaci- dad de generar todas las frases correctas de una lengua y sola- mente estas frases. La noción de "frase gramatical" o "agramati- cal" adquiere primordial importancia. Nos volvemos a encontrar aquí con un nuevo aspecto de la distinción saussuriana entre len- gua y habla. Mientras insistían en la imposibilidad de estudiar el habla y en la necesidad de ocuparse únicamente de la lengua, los

lingüistas se limitaban siempre al famoso "corpus" que represen- taba un número finito de frases "registradas" y absolutamente "auténticas". Sin embargo, no toda frase registrada es necesaria- mente una buena muestra de la lengua en cuestión. De aquí que haya que poner en el centro del estudio al sujeto hablante, puesto que es él quien puede, en cada momento, emitir o comprender un número infinito de frases nunca oídas antes. Al mismo tiempo, se ubica correctamente la relación entre leyes estructurales y leyes de probabilidad: las primeras atañen a la lengua y describen la competencia de los hablantes; las segundas atañen al habla e in- dican en qué grado estos hablantes respetan las reglas establecí- das de esa manera.

De acuerdo con los fines que se proponía la lingüística estructu- ral, los "procedimientos de descubrimiento" ocupaban un lugar considerable en sus investigaciones. Puesto que era necesario describir de una "determinada manera" un texto dado, había que esforzarse por mostrar cómo se llegaba a encontrar esa "manera" Con la nueva teoría, el problema ha perdido mucha de su impor- tancia. Como dice Chomsky, nos importa más decir en qué con- sIste una gramática que explicar cómo hemos llegado a ella. En compensación, en esta teoría se dedica una mayor atención al proceso de aprendizaje de la lengua que se desarrolla en el niño; en él se buscan a menudo las explicaciones para la gramática del adulto. Uno de los grandes problemas es éste: ¿cómo llega el niño a poseer, en un lapso tan breve y con la maestría suficiente, un instrumento como el lenguaje, tan complejo que los lingüistas aún no han podido explicarlo?

Por último, la teoría de las gramáticas generativas rechaza las restricciones artificiales que se imponía la lingüística descriptiva:

ésta se rehusaba a proponer explicaciones para los fenómenos lingüísticos observados y no se permitía contemplar las cuestio- nes relativas a la existencia real, aunque subjetiva, de los con- ceptos teóricos. Una gramática generativa se esfuerza por dar explicaciones; de allí el interés particular que tiene por fenóme- nos como las diferentes formas de ambigüedades, de anomalías. etc. Al mismo tiempo, esta teoría intenta mostrar el parentesco que une ciertas frases sentidas como muy próximas por los ha- blantes. Es decir, que la gramática generativa trata, por una parte. de dar cuenta de las intuicIones llnqüfsttcas del hablante y, por otra parte, de dar una descripción de ellas que pueda servir de base para la comparación y evaluación de las diferentes descrip- ciones posibles.

En cIertos aspectos, la gramática generativa está más próxima a las gramáticas tradicionales que a la lingüística estructural. Con

respecto a esto, se ha hablado ya de un renacimiento del men- talismo en lingüística, rechazado en su momento por Bloomfield en nombre del mecanicismo. Se descubrió que las raíces de la nueva teoría estaban en Humboldt, quien, por otra parte, había inspi- rado a los primeros estructura/istas; también se vieron algunos antecedentes en Jespersen. Hay, sin embargo, una diferencia pro- funda entre las dos gramáticas: la gramática generativa hace ex-

plícitas y formaliza todas sus

tica tradicional no pasaba de ser intuitiva e implícita.

la gramá-

proposiciones, mientras

El primer intento de crear una teoría semántica que estuviera de acuerdo con los principios de la gramática generativa es el que hicieron Katz y Fodor en La estructura de una teoría semántica. 8 El principio básico, que queda implícito en ese trabajo, parece aproximarse a este aforismo filosófico: se puede responder cla- ramente a las cuestiones pertinentes; las otras son falsas pregun- tas, no se podrá resolverlas jamás y es inútil empeñar en ellas nuestros esfuerzos. Queda por saber cuáles son las preguntas vá- lidas a propósito de la semántica. la discusión de Katz y Fodor se centra alrededor de dos grandes problemas: ¿cuál es el papel de una teoría semántica? y ¿en qué consiste una teoría semán- tica?

Para responder a la primera pregunta se debe partir de la situa- ción lingüística fundamental: el sujeto hablante emite y compren- de frases que no había oído nunca en su vida. "El fin de la des- cripción sincrónica de una lengua -continúan Katz y Fodor- es determinar qué conoce el sujeto hablante de la estructura de su lengua que le permite utilizar y comprender sus frases. Este su- jeto es capaz de utilizar y comprender toda frase tomada del con- junto infinito de frases de su lengua, a pesar de que, hasta ese momento, no había encontrado más que un número finito de fra- ses. Se desprende entonces que el conocimiento que un hablante tiene de su lengua toma la forma de reglas, que proyectan el con- junto finito de frases encontradas por casualidad sobre el conjunto infinito de frases de la lengua. Una descripción de la lengua que pueda representar de una manera adecuada el conocimiento lin- güístico del hablante debe, en consecuencia, establecer estas re- gias." Los autores llaman a este problema el problema de la pro- yección.

¿Será suficiente resolver el problema de la proyección para cons- truir una teoría lingüística integral? La respuesta que los autores

8 Extractos tomados de la traducción autorizada por los autores y por el Edi- tor de Language (aparecidos luego en Cahiers de lextcotoate, VIII, 1966).

dan a esta cuestión es al mismo tiempo una respuesta a los que reprochan a la gramática generativa el haber sustituido la gramá- tica de la lengua por una gramática del hablante. "Una solución al problema de la proyección es ciertamente menos que una teoría completa del lenguaje. En particular, no provee la teoría sobre la producción del habla (ni sobre su comprensión). Una descripción de la lengua y una teoría de la producción del habla se diferencian de la siguiente manera: la primera se pregunta, en última instan- cia, cómo caracterizar las reglas de la lengua conocidas por el hablante; la segunda se pregunta, en cambio, cómo el hablante aplica de hecho estas reglas cuando habla. La primera teoría, pero no la segunda, deja de lado las consideraciones sobre los pará- metros psicológicos de la producción del habla (por ejemplo. las limitaciones de la memoria inmediata, los niveles de motivación. etc.) y también la descripción de los procesos mediante los cua- les el niño aprende a hablar corrientemente su lengua (¿condicio- namiento?, ¿utilización de mecanismos innatos?, ¿combinación de dones naturales y aprendizaje?). Aunque estos problemas son ex- teriores a la teoría de una lengua, esta última es esencial para la teoría de la producción. Es necesario conocer lo que es adquirido y utilizado antes de preguntarse cómo se lo adquiere y utiliza."

En consecuencia, lo que debemos captar, desde el comienzo, es la capacidad combinatoria del sujeto hablante. Pero también la gramática (la sintaxis) se ocupa del problema de la combinación de palabras en frases. Habrá que mostrar entonces que existen indicaciones que la gramática no puede ofrecer y que sin embar- go son necesarias para dar cuenta del funcionamiento lingüístico. En efecto. la gramática dará. por una parte, descripciones idénti- cas para frases que difieren en su sentido (por ejemplo, la puerta está cerrada y la farmacia está cerrada), y, por otra parte, des- cripciones diferentes para frases idénticas en su sentido (Pedro golpea a Pablo y Pablo es golpeado por Pedro). Una descripción completa debe contener, entonces, una parte gramatical y una parte semántica. Esta prueba negativa de la existencia de fenó- menos semánticos define, al mismo tiempo, el límite inferior del campo de la semántica: éste se sitúa entre la semántica y la gra- mática. Después de un análisis de la situación lingüística funda- mental, los autores llegan a la conclusión de que una teoría se~ mántica puede y debe proveernos de las informaciones sobre las ambigüedades no sintácticas, sobre las anomalías semánticas, so- bre las posibles paráfrasis y, más en general, sobre la manera en que las palabras se combinan entre sí.

La discusión sobre el límite superior del dominio semántico se re- laciona con un problema esencial: ¿en qué medida la teoría sernán-

tica debe dar cuenta de la manera en que lo que rodea un enun- ciado (el contexto lingüístico y extralingüístico) determina la comprensión de ese enunciado? "Las anteriores concepciones de la semántica, dicen los autores, han definido generalmente los fines de la descripción semántica de una lengua natural de tal manera que, para alcanzarlos, una teoría semántica debería dar cuenta de la forma en que el contexto determina la comprensión de una frase." Más precisamente, de acuerdo con estas concep- ciones, si una frase tiene varias interpretaciones posibles, es el contexto general el que nos permite saber cuál es la que vale; y la teoría semántica debe dar cuenta de este hecho. "Se pueden obtener distintas variedades de esta teoría variando los aspectos del medio sociofísico del cual deben dar cuenta sus reglas y va- riando los parámetros espaciotemporales de ese medio. Pero es evidente que cualquier variedad de este tipo de teoría debe obe- decer a una condición necesaria: su construcción de los contex- tos 9 debe ser definida para poder representar toda la información no lingüística exigida por el hablante para comprender las frases. Puesto que la teoría no puede satisfacer esta condición, es lncorn- pleta. Existe en efecto una información que determina la manera en la cual los hablantes comprenden una frase y que no puede ser representada como parte del contexto de esa frase,"

Además, no es posible en principio que una teoría de este tipo sea completa, puesto que, para satisfacer la condición necesa- ria mencionada más arriba, haría falta que la teoría representara todo el conocimiento que los hablantes poseen sobre el mundo. "Puesto que una teoría completa de la selección por el contexto debe representar como parte del contexto toda particularidad del mundo que el hablante pueda necesitar para determinar la inter- pretación conveniente de un enunciado, y puesto que cualquier unidad de información sobre el mundo puede ser esencial para disipar ciertas ambigüedades, se imponen dos conclusiones. En primer lugar, esta teoría no puede, en principio, distinguir entre el conocimiento que el hablante tiene de la lengua y el que tiene del mundo. En efecto, según tal teoría, una parte de lo que carac- teriza la capacidad lingüística representa, virtualmente, todo el conocimiento que los hablantes poseen en común sobre el mundo. En segundo lugar, puesto que no hay ninguna posibilidad seria de sistematizar todo el conocimiento del mundo que comparten los hablantes, y puesto que una teoría semejante exige esa sistema-

9 Usamos "contexto" en sentido amplio, refiriéndonos tanto al contexto pro- piamente llnqülstlco como a [as circunstancias no Iingürstlcas que rodean una emisión determinada. Traducimos así, con esta misma palabra. los dos tér- minos franceses contexte y entourage. [N. de [a T.]

t/zación, tal teoría no puede ser, por eso mismo, un modelo serlo para la semántica. Con todo, ninguna de estas consideraciones pretende descartar la posibilidad de construir una limitada teoría de selección para los contextos sociofísicos, siempre que se es- tablezcan límites suficientemente firmes para la información sobre el mundo que puede utilizar una teoría para la caracterización de un contexto. Lo que muestran estas consIderaciones es que una teoría completa de este tipo es Imposible."

Para comprender mejor las consecuencias de esta afirmación, es necesario ver, en primer lugar, la importancia que Katz y Fodor otorgan a la noción de Interpretación semántica de una frase: ésta incluye tanto el conocimiento del significado de los morfemas par ticulares como las reglas según las cuales se realizan sus corr binaciones. Ella nos da, entonces. una información exhaustiva So- bre todas las ambigüedades. anomalías, paráfrasis, etc., propias de una frase. la explicación tradicional de la comprensión por el contexto no dlstlngufa con precisión entre esta capacidad de In- terpretación y las Indicaciones que nos brinda nuestro conoci- miento del mundo, la experiencia de situaciones semejantes, etc. Insistiendo sobre la diferencia entre estos dos tipos de información, los autores establecen los límites entre lo posible y lo imposible en las Investigaciones semánticas.

Observemos ahora esta teoría semántica "desde dentro". Vere- mos que está constituida por dos elementos. El primero corres- ponde al conocimiento acumulado en un diccionario monolingüe (su parte deflnlcional); y se llamará, precisamente, el dicctonerto. El segundo corresponde a lo que distingue al sujeto hablante de una persona que, sin conocer la lengua, dispusiera de una gramá- tica perfecta y de un diccionario completo; este elemento puede ser representado bajo la forma de reglas que nos indiquen cómo servirnos de la información brindada por el diccionario: éstas son reglas de proyección. "La distinción entre el diccionario y las re- gias para utilizarlo -escriben Katz y Fodor- corresponde, en térmi- nos psicológicos, a una diferencia entre operaciones mentales. El diccionario es algo que el sujeto hablante aprende unidad por unidad, más o menos de memoria, y del cual aprende siempre nuevas unidades. El conocimiento de las reglas para utilizar el dic- cionario, en cambio, se aprende tempranamente en su totalidad; este conocimiento entra en juego cada vez que el hablante utiliza su lengua. El empleo del saber derivado del diccionario en st mis- mo depende del recuerdo que se tiene de retazos de información relativamente independientes. Las reglas. por otra parte, impli- can el ejercicio de una facultad de codificar y de decodificar la información lingüística. Ellas organizan toda la información sls-

temática, no gramatical, que el hablante posee de su lengua, y son así, en el sentido más fuerte del término, esenciales para el co- nocimiento de la lengua. En efecto, para conocer una lengua na- tural hace falta conocer estas reglas, pero en cambio no es nece- sario conocer más que una pequeña parte de su vocabulario."

"El problema central para una teoría de este tipo es el hecho de que un diccionario presenta, para cada unidad semántica determi· nada, sentidos más numerosos de los que ésta posee en una frase determinada. Así, un artículo de diccionario caracteriza cada sentido que una unidad lexical puede tener en una frase cualquiera. Por eso, el efecto de las reglas de proyección debe ser el de seleccionar el sentido apropiado para cada unidad lexical en una frase, con objeto de permitir las interpretaciones correctas según cada es- tructura gramatical de esa frase. las interpretaciones semánticas que las reglas de proyección asignan utilizando las informaciones provenientes de la gramática y del diccionario, deben dar cuenta de la capacidad que tiene el usuario para comprender frases y de- ben estar dirigidas al enfoque de los siguientes puntos: deben re- gistrar cada ambigüedad semántica que pueda ser notada por un hablante; en el caso en que una frase suscite ciertas anomalías, deben explicar la fuente de sus intuiciones sobre las mismas; de- ben relacionar correctamente las frases que los hablantes recono- cen como paráfrasis,"

Examinemos ahora en particular cada uno de estos dos constitu- yentes. Para que la descripción de un artículo del diccionario pue- da servir a la teoría semántica, debe tener una forma particular. Según Fodor y Katz, esta descripción debe estar constituida por cuatro elementos. El primero (como ocurre en cualquier diccio nario) brinda indicaciones sobre la clase gramatical a la cual pertenece la palabra en cuestión (se trata de las "categorías grama- ticales" o "sintácticas"). El sentido propiamente dicho del térmI- no está dividido en dos partes: las categorías semánticas y los di- ferenciadores. las categorías semánticas reflejan las relaciones semánticas que se establecen entre las unidades lexicales; con- tienen, entonces, lo que es común a varias unidades. Así "anima- do", "inanimado", "macho", "hembra", etc., serían categorías se- mánticas. los diferenciadores, como su nombre lo indica, "están destinados a reflejar lo que es idiosincrásico" en el significado de una unidad. las categorías semánticas reflejan esa parte del

de

los diferen-

ciadores, por su parte, "no entran en relaciones teóricas en el interior de la teoría semántica". Por último, el cuarto elemento del artículo del diccionario está constituido por las "restrlcclo-

significado que es sistemática

en una lengua,

y

dan

cuenta

todas las relaciones formales que hay en el léxico.

nes selectivas",

que indican

la posibilidad

que tiene

una pala-

bra de combinarse con

otra en determinada relación

sintáctica:

el adjetivo blanco debe aplicarse a un sustantivo

que tenga

la

categoría semántica

"material";

por

consiguiente,

se añadirá

a

la palabra blanco la restricción selectiva "material". Para ilustrar mejor estos elementos, reproduciremos aquí el análisis de la palabra inglesa bechelor (Katz y Postal. 1964): 10

Bache/or

 

I

 

Susto

I

 

Categorías

gramaticales

 

I

j

 

(Human]

 

(Animal)

 
 
      I
   

I

(Male)

(Mala)

J

 

I

 

I

 

Categorías

semánticas

(Adult)

(Young)

(Young)

 

I

I

I

(Never-marrled)

(Knight)

 

(Seal)

 
   

[Servin'g

 

[Havlng

the

[When

Diierencle:

under the

academic

 

without

8

dores

standard

of

degree

 

mate

durlng

another]

conferred

the

 

for

breeding

 

completing

 

time]

the

first

 

four

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of

college]

 

[

Restricciones

<°1>

<0">

 

<Oa>

 

<0-1>

selectivas

¿ Cómo se llega, en la práctica semántica, a construir un diccio- nario semejante? 0, para decirlo en otras palabras ¿existe un procedimiento de descubrimiento para los artículos del diccio- nario? También aquí Katz y Fodor se oponen a las concepciones tradicionales: "A menudo se considera indiscutible el hecho de que una teorfa semántica deba ofrecer un procedimiento mecánico y realizable que permita al lingüista construir efectivamente un dic- cionario a partir de una información sobre el comportamiento ver-

JO La ramifIcacIón de significados que permite mostrar el ejemplo proviene del hecho de que la palabra Inglesa bache/or tiene cuatro acepciones. que po- drlan traducirse, respectivamente, por: soitero. mancebo, bachiller, foca macho loven sin compañera. Una manera aproximada de mostrar la misma ramifica-

bal de los hablantes. Sin embargo, toda propuesta tendiente a es- tablecer este procedimiento ha sido un fracaso completo; nosotros creemos que esto se debe a la propia naturaleza de los hechos. Pensamos también que los teóricos que insisten sobre la necesl- dad de un método mecánico para decidir si un artículo de un su- puesto diccionario es realmente óptimo, se han propuesto un ob- jetivo demasiado elevado. Creemos que también la imposibilidad práctica de hallar un procedimiento semejante se debe a la na- turaleza de los hechos". Este rechazo se inscribe evidentemente en el marco de los argumentos que N. Chomsky sostuvo sobre el papel de los procedimientos de descubrimiento en lingüística.

¿Por qué esta forma de descripción de un artículo de diccionario es preferible a la forma clásica? El motivo principal de esta trans- formación es el deseo de precisIón que ya mencionamos. Esta nueva presentación permite, en efecto, la formalización completa del proceso semántico. "Esta exigencia está concebida de mane- ra que, una vez dada una exposición formal de las reglas de pro- yección, se pueda responder por medio de cálculos formales, y

sin la ayuda

gunta de qué interpretación se da a determinada frase. Entende- mos por exposición formal una exposición en la cual la aplicación de las reglas está definida solamente por las formas de los sím- bolos a los cuales estas reglas se aplican: y en la cual, por otra parte, las operaciones efectuadas por las reglas para brindar su 'salida' (autput) son mecánicas. La necesidad de una teoría se-

de

la intuición o la perspicacia lingüística, a la pre-

cl6n

dría dar la siguiente representación:

en español podría obtenerse con la palabra cardenal,

C9rdenaJ

I

Susto

para

_Caregari <'5 gramaticales I 1 (Inanimado) I (Humano) (Dafto flslco) 1 (Rellglosol Coto90 r jas
_Caregari <'5
gramaticales
I
1
(Inanimado)
I
(Humano)
(Dafto flslco)
1
(Rellglosol
Coto90 r jas
~cmj(jlicas
[Oue
forma
rDe
la faml-
(Equimosis
parte de I S&-
en
la
Iia del tordo,
con plumas
color rojo en
color
violá-
ero
Colegio
ceo) I
Iglesia
Cat6lica]
l. cabeza]
Dtterenctedores
-1
I
I
<O;,>
ñestrtcctones
<0 1 >
$e'cctilfiiS

la

[N.

que se

po-

de

la T.]

mántica formal deriva de la necesidad de evitar la vacuidad. Una teoría semántica contiene vacíos en la medida en que, para aplicar correctamente sus reglas, se cuenta con la intuición o la perspi- cacia de los sujetos hablantes acerca de las relaciones semánti- cas. Así, decir que una frase francesa presenta una relación se· mántica R en el caso en que satisfaga la condición e, no aporta, en realidad, ninguna información si e está Formulado de tal manera que no podamos saber si e está o no satisfecho sin remitir- nos al conocimiento intuitivo del sujeto hablante acerca de rela- ciones semánticas del tipo de R. Desde este punto de vista, una teoría formal no contiene vacíos."

El segundo elemento de la teoría está representado por las reglas de proyección que "dan cuenta de las relaciones semánticas en- tre los morfemas y de la interacción entre el significado y la es- tructura sintáctica, determinando así la correcta interpretación semántica de todas las frases que la gramática genera en número infinito". Estas reglas pueden ser de dos tipos. El primero (y de hecho el único que nos interesa) tiene, como datos de partida, la interpretación de los constituyentes jerárquicamente inferiores y, como resultado final, la interpretación de los constituyentes supe- riores. Para que dos unidades puedan combinarse en una relación sintáctica determinada, es necesario que todas las restricciones selectivas de una estén contenidas en las categorías semánticas de la otra. Al mismo tiempo, la regla indica la supresión de las ca- tegorías semánticas comunes a las dos unidades. Katz y Fodor formulan cuatro reglas de este tipo que corresponden a cuatro tipos diferentes de relaciones sintácticas. Habrá, a grandes ras- gos, tantas reglas de proyección como tipos de relaciones sin- tácticas hay entre las palabras.

El segundo tipo de reglas de proyección (que ha desaparecido en el desarrollo reciente de la teoría) debía interesar, sobre todo, a las frases constituidas por varias proposiciones (es decir, el re- sultado de una transformación general izada). Estas reglas debían tomar en cuenta no solo los significados de las unidades lexlca- les, sino también los cambios en el sentido, debidos a las trans- formaciones sufridas por la frase analizada. los posteriores trabajos de Chomsky (1965 a] han brindado, sin embargo, la posibili- dad de evitar la utilización de transformaciones en un gran núme- ro de casos; no queda, por consiguiente, más que el primer tipo de reglas de proyección.

Esta teoría semántica se aproxima en muchos puntos a las teorías de las que hablamos anteriormente: las categorías semánticas coinciden evidentemente con los sernas. la descripción de las am- bigüedades es semejante a las que habían sido propuestas con

anterioridad, etc. Pero, al mismo tiempo, la teoría de Katz y Fodor tiene numerosos rasgos originales que son. a nuestro entender, los que le otorgan su importancia. Examinemos, en primer térmi- no, las consecuencias del hecho de que esta teoría esté situada en el marco de una gramática generativa. Por una parte, su objeto Yfl no es la descripción estática del vocabulario de una lengua, sino el funcionamiento del lenguaje, visto bajo su aspecto semántico. Por otra parte, la exigencia de precisión, ya mencionada muchas veces, desempeña un papel preponderante; y nunca podrá lnsls- tirse excesivamente sobre la importancia de este factor. Recorde- mos que los investigadores se vieron a menudo obligados a dejar de lado ideas que parecían seductoras a primera vista, pero cuya formulación imprecisa había ocultado las consecuencias que se desprendían de ellas. Por último, se puede decir que es ésta la primera vez que una teoría semántica define claramente su posi- ción con relación a la gramática y se pone de acuerdo con sus exi- gencias. En el campo propiamente semántico, su novedad con- siste en la importancia otorgada al proceso de combinación, en la formulación de la categoría de "restricción selectiva", etcétera.

En las críticas que seguirán aquí, y que se refieren a la segunda cuestión estudiada por Katz y Fodor (la representación concreta de la teoría semántica), se trata de llenar lagunas (o, por lo me- nos, de señalarlas), más que de corregir errores.

1. Nuestra primera crítica se referirá a la división del significado

de una palabra en categorías semánticas y

investigaciones de Wittgenstein nos enseñaron que no existe un límite "natural" para la descomposición de una unidad de sentido en elementos más simples. Este límite, si hay uno, debe basarse en otros criterios. que provienen del exterior. Desde el punto de vista de una gramática generativa, la necesidad de asegurar el co- rrecto funcionamiento del mecanismo lingüístico nos brinda tales criterios. Pero la división en categorías semánticas y diferencia- dores, tal como la formulan Katz y Fodor, no refleja suficiente- mente un Ifmite lingüístico. Es fácil darse cuenta de esto si. se piensa que, en el funcionamiento normal. las reglas de proyección exigen que haya una coincidencia entre las restricciones selecti- vas de una de las unidades y las categorías semánticas de la otra. Es evidente, sin embargo, que no todas las categorías semánticas aparecen en las restricciones selectivas; en tal caso, su conoci- miento no nos sirve de nada. Estas consideraciones nos llevan a pensar que un primer límite debería pasar entre las categorías semánticas que aparecen en las restricciones selectivas y las que no aparecen allí. Así, en el análisis de bache/or hubiéramos man- tenido categorías como humano, animal, masculino, pero no ca- tegorías como no-casado, caballero, foca, etc. Ese primer grupo

diferenciadores. Las

de categorías semánticas hubiera sido suficiente para asegurar una correcta representación de las amalgamas, de las ambigüeda- des excluidas, así como de todas las anomalías que podrían re- sultar del hecho de no respetar las restricciones selectivas (ano- malías combinatorias). Podríamos llamar clasemas a las catego- rías de ese grupo y nivel clesemético al nivel en que se detendría su análisis.

Sin embargo, muchas operaciones que se realizan en el interior de la teoría semántica exigen un análisis más profundo. Aquí nues- tra manera de proceder está emparentada con la de Ch. Bally en su búsqueda de un "término de identificación" (el archisemema de Pottier) y del modo en que los términos "vecinos" difieren de él. Tal. análisis podría dar cuenta de fenómenos como la sinonimia, la paráfrasis, las ambigüedades permitidas por las restricciones selectivas. Solamente a ese nivel se podría dar cuenta también de otra clase de anomalías llamadas "lógicas", es decir, las contra- dicciones y las tautologías. Si una representación de la estructu- ra del significado se detuviera en el primer límite, no podría ana- lizar la anomalía que existe en la frase El verde es un rojo, ni ex- plicar por qué la oración El púrpura es un rojo no presenta una anomalía semejante. Esta imposibilidad proviene del hecho de que la anomalía se debe aquí a lo que, según Katz, pertenece al diferenciador, y esta categoría no entra, por definición, en relacio- nes teóricas, (Esto explica también por qué Katz, en su tratamien- to de las proposiciones analíticas y de las contradicciones, se ve obligado a introducir la noción de elemento seménttco, que anula la diferencia entre la "categoría" y el "dlferenclador".) En nues- tra representación verde y rojo tendrían el clasema "color" y las categorías, respectivamente, "verde" y "rojo", Púrpura tendría la categoría "rojo" más un dlferenciador, puesto que rojo desempeña con relación a él el papel de término de identificación. SI se con- serva el nombre de categorla para estos sernas, podría designarse como nIvel categorial el nivel de análisis que los estudia.

2. La posición que toman Katz y Fodor con respecto al lenguaje descriptivo no es suficientemente clara. El problema está en de- cidir si se trata de un metalenguaje puramente artificial que no debe preocuparse de las correspondencias con la "lengua ob- jeto", o si es un léxico descriptivo elegido en el vocabulario de una lengua. Se puede suponer que las dos soluciones están pre- sentes en estos autores, puesto que, por una parte, afirman que "la categoría semántica es una construccíón teórica que recibe su interpretación en la metateoría semántica" (p. 208), es decir, que pertenece exclusivamente al lenguaje del descriptor; por otra par- te, dicen también que ciertas "unidades lexlcales tienen una im- portancia teórica particular: ellas son, en efecto, las representa-

clones de las cateqortas semánticas proplas de la lengua natural"

[p. 187J. ea decir, que tienen una existencia real en la lengua de

que se trata. Nosotros hemos discutido ya algunos aspectos de es- te problema, Aun si aceptamos {como nos parece correcto} que para la rengua natural no existe metalenguaje y que en la elección d~ los térrn inos de la descripción debemos tener en cuenta 'os recursos de la Jengua estudiada, quedan, sin embargo, muchos problemas sin resolver. No sabemos sl esos términos forman una jerarquía perfecta, si están siempre y solamente en relaciones de

exotusícn o rnclusion. Ignoramos también si no hay dos tipos di-

ferentes de

la

exclusión

(digamos,

por ejemplo,

la antinomia

y

neurraüdad): o, en otros términos. si las oposIciones son siempre

binarias.

3. Otro gran problema, dltrcll de estudiar en este perspectiva, es el de ras releclones entre los dJferentes sentidos de una palabra, Katz y Fodor dan una representación lineal de esas relaciones, que se encuentran todas en un mismo nlvel. Sin embargo, es evi- dente que nosotros sentimos determinados signIficados como esenciales, prioritarios, y otros como secundarlos. derivados. me- tafcncos. Todo el problema de la metáfora pasa, por otra parte, inadvertido. Lo mismo ocurre con respecto a los valores "ex- presivos" y "evocadores" de una unidad,

4. Las acotaciones anteriores se refieren principalmente a la llS-

tructura del diccionario; las

elemento

que

siguen conciernen

al

repre s El ntado po r ras "re g ras de preve cct Ón". Katz y F od or postu-

lan que las categorías semánticas están dispuestas, en el inte- rior de una unidad, sin ningún orden, salvo el de la economfa de la representación: al mismo tiempo, uno vez que las unidades se combinan. sus rasgos siguen fa simple sucesión. Se puede dudar, sin embargo, de esta un iform ldad de relactones. La más originar de las contribuciones de Weinreich, que comentamos más abajo. se sitúa en torno ~ esta cuestión.

5. Katz y Fodor declaran que la Interpretación semántica soto se de en el interior de una frase. puesto que siempre podemos repre- sentar dos frases vecinas como una única frase en la cual éstas

estarían unidas por la conjunclén y. sr en la frase stqulente encon-

tramos una indicación que hace desaparecer la ambigüedad de la primera, podremos siempre realizar una transformación generarl-

zada y unir ras dos frases. Nos parece, sin embargo, que esta so-

lución complica lnúti Imente la tarea del teórico y, además, no

rresponde en absoluto al

sujeto hablante: éste no procede por medio de transformaciones para unir la lnformaclón recibida a través de una frase y la inter- pretación de otra. Tal dificultad podría resolverse si se postulara

co-

el

proceso natural

que

se

produce en

optativa de proyección que fun-

cionaría en el proceso de comprensión de un enunciado:

Si en P 1 y P" dos proposiciones de una frase o dos frases directa- mente vecinas, se encuentra la misma palabra pollsémlce M, hay que elegir en p~ el (los) significado (s) que no esté (estén) exclui- do (s) por fas reglds de proyección de Pr, y viceversa.

la existencia de una nueva regla

Nos parece que así es como se procede para eliminar la ambigüe-

dad de la primera proposición en el siguiente enunciado: ¿Tiene usted un joyero? Sí, lo compré en la tienda "Las Vio/et8s".1l

Evidentemente, esta regla es optativa; nada nos impide utilizar en una lnmedlata vecindad diferentes acepciones de una palabra po- ltsémtca. Por el contrario. es éste un procedimiento corriente tanto en poesía como en los géneros humorísticos y aun en las bro- mas más comunes: este hecho ha sido señalado ya por Tomachevs- ky hace cuarenta años (cf. Théorie de la Littérature, 1966). A pe- sar de esto, la casi totalidad de la producción verbal obedece a la regla formulada más arriba. Por otra parte, la existencia de esta regla nos provee de una herramienta útil para facilitar el análisis semántico del enunciado y dar cuenta de ciertos efectos impor- tantes para el análisis literario y el psicoanálisis (saltos de un te- ma a otro). De esta manera, contrariamente a lo que piensa Wein- reich (1966, n. 38), la teoría semántica estará en condiciones de explicar este tipo de fenómenos.

Ninguna de las críticas aquí expuestas ataca las bases de la con- cepclón propuesta por Katz y Fodor; por el contrario, ellas se for- mulan con la intención de promover la discusión y el ulterior per- feccionamiento de la teoría.

Una nueva hipótesis que concierne a la estructura semántica del lenguaje ha sido propuesta en los últimos tiempos; la ha formu- lado Weinreich (1966), quien, en sus anteriores artículos dedica- dos a la semántica, había aportado ya varias contribuciones va- liosas. También esta hipótesis se Inscribe en el marco de una gramática generativa, pero dedica una mayor atención al desarro- llo precedente de los estudios semánticos. Weinreich se mantiene también más cerca de la realidad lingüística; su teoría pierde qui-

zá, por

de su elegancia, pero los hechos lin-

güísticos no son tan sencillos como para prestarse a una descrlp- olón que sea a la vez simple y correcta.

IDos ideas originales se hallan en la base de la teoría de Wein- reich. La primera se refiere a las relaciones que establecen entre

esto

mismo. algo

11

En el ejemplo francés: Avez-vous une cutstotere: OuT, le I'al acheté a I'hOtel

Drouot.

[N. de

la T.]

sí los sernas en el interior de un morfema y los morfemas en el interior de una frase. Destaquemos en primer término que se par- te de presuponer un isomorfismo entre las relaciones interiores de un morfema y las exteriores a él. Katz y Fodor presentan estas relaciones como si formaran conjuntos no ordenados; esto equi- vale a decir que se podrían cambiar de lugar los sernas en el inte- rior del morfema sin alterar el sentido del mismo. Para Weinreich, este tipo de relación, aunque es el más difundido. no es el único que existe; se dan también relaciones que no permiten la conmuta- ción. Para retomar las fórmulas de Welnrelch, podemos distinguir los dos tipos siguientes:

(1)

(a,

b)·~ (b,

a)

(2) (a~b)#(b~a).

En cada una de las fórmulas Q y b son semas cualesquiera, pero en (2) no podemos cambiar su orden sin alterar el sentido del mor- fema. Weínreich llama al caso (1) aglomeración (cluster) y al ca- so (2) configuración. El caso esencial en que serán necesarias las configuraciones es aquel en que la transitividad está incluida en la definición del morfema.

Si pasamos a las relaciones entre morfemas descubriremos, de igual manera, dos grandes tipos de relaciones: el encadenamiento (/inking) y el no-encadenamiento. Retomando las mismas fórmulas, se puede definir el encadenamiento como la formación de una aglomeración de sernas; el no-encadenamiento, como el caso en e! que no se crea ninguna nueva aglomeración. Si M Y N son dos palabras, (1) y (2) son casos de encadenamiento; (3), (4) Y (5) ca- sos de no-encadenamiento.

(1)

(2) M(a

M(a, b)

+ N(c.

d) =

MN(a, b, c.

d)

(3)

M(a ~ bl +

N(c) ,~ MN(a

,.

b ~

e)

(4)

M(a""'" b) + N(c ~

d) =

MN(a ~

b

,.

e ~

d)

(5)

M(a,

b) +

Níc,

d) ~ MN(a,

b~ e, d).

 

Las siguientes relaciones gramaticales (en inglés) pueden ser re-

presentadas como encadenamientos: sujeto

+ verbo principal. su-

Jeto -+- predicado, verbo principal + complemento circunstancial de modo, adverbio descriptivo + adjetivo, adjetivo + sustantivo. Las reglas de proyección de Katz y Fodor solo interesan. según Wein· relch, a estos casos de encadenamiento.

los casos de no-encadenamiento requieren una nueva subdivisión. Weinreich propone tres subclases: encaje (nesting), delimitación, modalización. El enceie es la relación destinada, antes que nada, a poder dar cuenta de la transitividad. Podemos relacionar enton- ces la oposición encadenamiento-encaje con la que proponía Seche-

haye (1926) entre los "complementos extrínsecos y complementos Intrínsecos". (En Katz y Fodor esta diferencia se refleja en la forma ligeramente diferente que dan a la regla Rs.) Destaquemos que, como lo muestra Weinreich, esta relación no se puede describir en forma adecuada por medio de la simple adición de un serna de "causatividad"; pensemos en ejemplos del tipo de Yo leo el fibra.

La delimitación es la relación que se establece entre un morfema y aquellos que definen su campo de extensión. Pensamos en los ad- jetivos numerales (cInco ove/as), en los Indefinidos (algunas ove-

jas, ciertas ovejas), en los adjetivos demostrativos (esas ovejas) o

en el artículo (le oveja). Criterios sintácticos impiden añadir estos casos a los de los otros adjetivos.

Por último, la modalización está definida por Weinreich como "una instrucción de no Interpretar literalmente la unidad semántica como puesta, sino de interpretarla con cierta calificación, tal como la falta de certidumbre sobre la veracidad de la afirmación o el hecho de declinar toda responsabilidad en cuanto a esa veracidad". Este es el papel que desempeñan tanto algunos adverbios como quizás, sin duda, etc., como el modo o el aspecto del verbo (por ejemplo, ei modo "testimonial" jpreizkaznoj del búlgaro: el sujeto hablante rehúsa transmitir el mensaje como algo cuya existencia conoce con certeza).

Estas subdivisiones, plausibles en abstracto, están ilustradas de- masiado sucintamente. Dejando de lado el encadenamiento, cuya existencia parece incontrastable, las otras relaciones no poseen aún una legalidad suficientemente sólida. En el único ejemplo de enes- je, se trata del sema para sentarse que formaria parte de la des- cripción sémica de palabras como sill6n, silla, etc. Se nos dice que este sema está en una relación más particular con los otros sernas, y esto a causa de la presencia de para. Sin embargo, tal representa- ción se vincula demasiado a la manifestación que las relaciones ló- gicas tienen en el lenguaje del que describe. No hay que creer que el término descriptivo, elegido sin ningún criterio formal. refleje de una manera biunívoca una determinada relación lógica; en ese caso podríamos afirmar que existe un número infinito de estructu- ras sérnlcas para cada morfema, puesto que esas estructuras se verían modificadas por el más pequeño cambio en los términos de la descripción (tal como el cambio de una preposición). Sería sufi- ciente, sin embargo, reemplazar para sentarse por asiento (el rasgo sin patas quedaría como diferenciador para puf); de esta manera podrfa representarse una parte de la estructura sémica de la pa- labra silla como la intersección de los semas asiento y mueble, es decir, como algo que no difiere en absoluto de la estructura de una aglomeración del tipo de madre que está constituida por la intersec-

ció n de los sernas femenino, generaci6n ascendente, grado 1 y linea directa.

Pasemos ahora a la delimitaci6n. El mismo Weinreich destaca con justeza que todo encadenamiento representa de hecho una delimi- tación; pero entonces no se comprende por qué esta última tiene un lugar aparte. Nos parece que esta diferencia se puede ilustrar con la ayuda del siguiente ejemplo: ovele negra está constituido por la Intersección de oveie y negra; en cambio, la está incluido en oveja para formar la ove¡e. Pero esta diferencia no nos parece suficiente para formar un caso aparte.

Consideremos por último la modalizaci6n. Se trata esta vez, sin lu- gar a dudas, de un fenómeno real y particular; ¿pero es realmente necesario ponerlo en el mismo nivel de la relación de encadena- miento? Los verbos y los adverbios de modo constituyen un grupo con características particulares en el Interior del léxico, que se destaca por numerosos rasgos [sintácticos, semánticos y a menudo morfofonémlcos). El estudio de este grupo es ciertamente necesario y útil, pero no esclarece directamente el proceso general de com- binación. Señalemos que la lengua poética tiene un sistema particu- larmente elaborado para obtener ciertos efectos de "suspensión"; la conjunción como, por ejemplo. puede privar de su carácter anó- malo a la frase que la sigue [las comparaciones). En la lengua escrita, las comillas desempeñan un papel semejante. Podemos con- cluir entonces que la existencia de relaciones distintas de la aglo- meración y, respectivamente, el encadenamiento, es posible pero que no está, por el momento, bien ilustrada.

la segunda idea fundamental de la teoría de Welnre/ch concierne a la relación entre los elementos gramaticales y los elementos se- mánticos de una lengua. Según Katz y Fodor, la teoría semántica co- mienza a partir del momento en que la teoría gramatical termina. La semántica dispone de una descripción sintáctica exhaustiva antes de atribuir determinado sentido a las unidades lex/cales y de some- terlas a las reglas de proyección. Para Weinreich, estas dos partes del proceso lingüístico se producen simultáneamente y los dos ele- mentos se encuentran constantemente en estrecha cooperación. "Nuestro enfoque -escribe Weinreich- no intenta atribuir a la se- mántica y a la sintaxis dominios que se excluyan mutuamente: por el contrario, nosotros insistimos en el hecho de su profunda inter- penetración" (4, 1). La presentación concreta de estas relaciones en la teoría de Weinreich será difícil de comprender si no se tiene presente la teoría sintáctica de Chomsky (1965 a) con la cual Wein- reich quiere poner de acuerdo su exposición; es por este motivo que, aunque brevemente, la expondremos aquí.

Imaginémonos, antes que nada, que debemos construir un mecanis- mo (abstracto) que cumpla exactamente las mismas operaciones que cumpliría un sujeto que hable corrientemente la lengua, y que tenga exactamente las mismas reacciones que éste tiene en cuanto a la corrección del discurso. Esta imagen nos perrnltirá comprender mejor la descripción ·que aquí sigue.

1. Existe, por una parte, una "base" de la gramática (su parte cate-

gorial) que produce secuencias preterminales (preterminal strings). Por otra parte, existe un diccionario que contiene dos tipos de cla- ses morfemáticas: las clases menores (preposiciones, conjuncio- nes. etc.) que se componen de tres elementos: una secuencia de fonemas, una categoría sintáctica, un haz de rasgos semánticos; y las clases mayores (sustantivos. verbos, adjetivos, adverbios) que se componen de dos elementos: una secuencia de fonemas y un haz de rasgos semánticos. A la base y al diccionario se les aplica una regla lexical que une cada caso vacío de la estructura sintáctica con un morfema cualquiera; en el caso de las clases menores, es necesario que la categoría sintáctica de la clase coincida con la clase exigida por la estructura sintáctica.

2. El resultado de esta operación es una secuencia lexical terminar.

Esta secuencia sufre a su vez dos operaciones simultáneas:

al está sometida a una serie de reglas transformacionales y mor- fofonémicas cuyo resultado final es una representación fonética de la frase, segmento por segmento;

b) está sometida a un proceso semántico. Este último consta a su vez de dos partes. La primera está asegurada por un calculador se- mántico; su tarea corresponde, a grandes rasgos, a la de las reglas de proyección de Katz y Fodor: asegurar la amalgama de la frase. La segunda parte se cumple por medio de un evaluador: éste evalúa el grado de anomalra de una frase (si existe alguno) y, de acuerdo con su resultado, se da o no una interpretación de ella.

3. El calculador, noción central de este proceso, funciona como una serie de reglas aplicadas a la secuencia terminal. La regla de re-

distribución une los rasgos semánticos contenidos en la estructura sintáctica abstracta con los rasgos semánticos de los morfemas. La regla de concordancia obra sobre los morfemas sometidos a la con- cordancia gramatical (éstos están enumerados por el diccionario). Esta regla repetirá, como salta a la vista, ciertas reglas de transfor- mación, pero dará cuenta con ello del efecto semántico de ciertas concordancias, como ser la del número. La regla de traspaso asocia los rasgos de traspaso (= las restricciones selectivas) a los mor- femas que aparecen en la posición sintáctica indicada. Así. en el

, se le atribuirá al complemento el rasgo

sintagma después de

"temporal", aun si éste no lo posee de por sí (cf. después de la bomba). La regla de supresión descarta el significado de los mor- femas que componen una locución idiomática (tal que no pueda ser representada como la suma de sus componentes). El hecho de que esta operación intervenga tan tarde dentro del procedimiento re- f1eja la posibilidad de tener en cuenta, para el empleo de una locución, el sentido propio de cada morfema particular. La regla de encadenamiento y de encaje ordena los rasgos semánticos en el orden prescripto por su disposición en el interior del morfema y por la relación sintáctica presente. la regla de fusión descarta los ras- gos semánticos que se repiten. La regla de construcción, por ültt- mo, reacciona a las contradicciones entre los rasgos semánticos y atribuye diferentes grados de desviación a las secuencias anérna- las. Por ejemplo, si la estructura sintáctica o los morfemas vecinos exigen de un morfema que tenga el rasgo semántico "animado", pero éste posee en cambio el rasgo "inanimado", esta regla atribui- rá a la construcción una desviación de, digamos, primer grado. Pue- de verse que esta regla encara los empleos propios de la lengua poética, como la personificación, etcétera.

Formular la teoría semántica de manera que pueda generar no sólo las frases perfectamente correctas, sino también frases "desvían- tes" o "anómalas" es un deseo permanente de Weinreich. Para él, una descripción que se vea obligada a excluir de su campo todo empleo "poético" de una palabra falla inevitablemente en la conse- cución de sus objetivos. El modelo que él propone puede no sólo generar esas frases sino también indicar con precisión qué regla del proceso semántico no ha sido aplicada. La importancia atribuida por Weinreich a esta contribución nos parece, sin embargo, un poco exagerada: por un lado, una parte de sus Indicaciones podrían apli- carse igualmente bien a una descripción que excluyera este tipo de frases (como la de Katz y Fodor): bastaría cambiar el lugar de esas consideraciones en la economía general del estudio. Por otro lado. la lengua poética representa una búsqueda consciente de evitar o transgredir los principios de la comunicación normal; una teoría que quisiera poder incluir siempre estos usos en su campo de es- tudio correría el riesgo de ensanchar demasiado sus límites (volve- remos sobre esto en el artículo dedicado a las anomalías semán- ticas) .

Con todo, la mayor atención brindada al problema de la relación entre la semántica y la gramática constituye una cualidad lndlscutl- blemente valiosa. Es de más en más evidente hoy que los proble- mas de estas dos disciplinas deben recibir soluciones complemen- tarias. Toda teoría que intente explicar el funcionamiento del lenguaje sin presentar una explicación de su mecanismo semántico, no puede, de ninguna manera, tener la pretensión de ser adecuada.

A pesar de algunas serias divergencias entre las escuelas y los investigadores que difunden la concepción de los campos semán- ticos, se ha logrado acuerdo sobre una serie de cuestiones fun- damentales, que pueden ser presentadas de la siguiente manera:

1. El diccionario de la lengua no es una acumulación caótica de unidades. Por el contrario, se divide en un cierto número de cam- pos que unen las palabras sobre la base de su comunidad se- mántica.

2. Cada campo

nera, inherente a la lengua dada. ese trozo de realidad que refleja. Como ejemplo, que ya se volvió trivial, se cita el caso de los adjetivos que designan colores. En ruso, hay 7 adjetivos para desig-

nar los colores básicos del espectro. El inglés. el francés, el ale- mán y algunas otras lenguas europeas se conforman con 6 adje- tivos básicos para los colores. Hay por fin algunas lenguas que dividen el espectro en 3 y hasta en 2 partes: las lenguas shona (Rhodesia) y bassa (Liberia) (H. A. Gleason, An Introduction to Descriptive Linguistics. N. Y., 1961. p. 4). Así, las diferentes len- gllas descomponen y sistematizan de diferente manera el mismo material.

semántico descompone de una determinada rna-

3. Se desprende de esto que el contenido de una palabra no es

algo que se baste a sí mismo. Por el contrario, está totalmente condicionado por las relaciones que se forman en la red de opo- siciones entre una palabra y las otras del mismo campo. Según la idea y la termlnologfa de F. de Saussure, la palabra no tiene un significado sino un valor. Tal manera de formular la cuestión hace suponer que el aspecto semántico de una lengua puede ser re- presentado en forma de sIstema, comparable a los sistemas fo- nológico o gramatical. Como se sabe, sonidos físicamente seme- jantes o idénticos figuran como fonemas diferentes en el sistema fonológico de diferentes lenguas. Como resultado de esto se cons- tituye la estructura del plano de la expresión, que es específico de una lengua dada. De la misma manera las palabras de dlfsren- tes idiomas, muy semejantes desde el punto de vista del sentido [por ejemplo: stnll, blue, bleu, bJau), poseen valores diferentes en los campos semánticos de esas lenguas. Como resultado, se cons- tituye la estructura del plano del contenido, también específica de la lengua dada.

Hablando estrictamente, no deben considerarse estas tesis como una teoría acabada. Puede definírselas más bien como una hipó- tesis cuya verdad debe ser probada sobre los materiales de diver- sas lenguas. J. Trier y varios de sus sucesores se han esforzado

en aplicarlas a un materIal lingüístico concreto, pero éste no se ha prestado en absoluto, o se ha prestado mal, a ese análisis.

La causa del fracaso debe ser buscada, evidentemente, en lo que exponemos a continuación. La hipótesis de Trier se presenta como totalmente opuesta a las posiciones de la semántica y la lexico- grafía tradicional, que encarnan el así llamado enfoque atomista del significado. La hipótesis de Trler incluye la idea de estructu- ra. En este sentido él ha roto con la semántica tradicional; sin embargo, no ha logrado liberarse completamente de su influencia. En efecto, después de haber desarrollado una nueva hipótesis, Trier ha intentado verificarla por medio de métodos caducos. Sus técnicas de investigación han sido tomadas en préstamo de la semántica tradicional. Su método se revela puramente intuitivo y no contiene nada de estructural. El Investigador no tiene ningún criterio formal para clasificar las palabras dadas en un campo da- do. Está guiado en esto exclusivamente por su sentido común, es decir, por consideraciones puramente especulativas.

En estos últimos tiempos, se han emprendido varios intentos para superar este defecto esencial sobre la base de diferentes méto- dos experimentales. Es indispensable recordar ante todo el tra- bajo colectivo de los psicólogos soviéticos O. S. Vinogradova y A. P. Luria, expuesto en la conferencia de Moscú sobre la traducción automática, en mayo de 1958, así como la teoría psicolingüística del espacio semántico, creada por Ch. Osgood y su escuela.

Esta teoría se aproxima. hasta cierto punto. a las construcciones de Trier y de sus sucesores.

En relación con los trabajos de los psicólogos y de los güistas, destacamos los dos puntos siguientes:

psicolin-

1. Los psicólogos soviéticos han intentado elaborar un método objetivo para la investigación de los lazos semánticos entre las palabras. En sus experiencias las palabras se unen en grupos de- terminados (campos semánticos) sobre la base del parentesco es- tablecido experimentalmente (psicológicamente).

2. Ch. Osgood y su escuela han intentado no solamente obtener grupos de palabras unidas por cierto parentesco semántico, sino también analizar los componentes semánticos de los significados verbales, es decir: descomponer cada significado en un número mayor de rasgos distintivos semánticos. cuyas combinaciones for- man toda la diversidad de los significados.

Dejando de lado, por ahora, la cuestión de saber hasta qué punto estos intentos han dado resultado, nosotros pondremos el acento sobre el hecho de que tales trabajos representan, sin lugar a du- das, un paso adelante hacia el estudio de los campos semánticos. que ya se hada necesario por la caducidad de la teoría tradicional.

Ciertos autores califican como semántica estructural la actual teo- ría de los campos semánticos. Sin embargo, lo que aparece como plenamente "estructural" en esta teoría es solo la afirmación de que los campos semánticos dan la posibilidad de representar la estructura del plano del contenido (del mismo modo en que la fo- nología representa la estructura del plano de fa expresión). Para que esta teoría justifIque el nombre de semántica estructural, son necesarias aún cinco condiciones:

a) Los campos semánticos deben ser divididos objetivamente, y

no intuitivamente como lo hacen Trier y su escuela. En esta pers-

pectiva, son interesantes los experimentos de los psicólogos y

los psicolingüistas mencionados más arriba. El único Inconvenien-

te es que el aparato de investigación utilizado en sus experiencias

el-a tan voluminoso, que es prácticamente Imposible aplicarlo a un

análisis lingüístIco exhaustivo. SI queremos pensar en un camino ideal, diremos que es indispensable buscar un método lingüístico de división de los campos semánticos y que un método experi- mental puede ser usado para la verificación de los resultados obtenidos.

b) El investigador debe estar convencido de que los campos se-

mánticos que ha obtenido reúnen unidades lingüfstlcas -es de- cir, significados- y no unidades lógicas -es decir, conceptos-o

Si bien el mismo Trier hace una distinción entre campos lexicales

y campos conceptuales (Wortfeld und Begriffsfeld), éstos. se iden- tifican bastante a menudo.

c) Los campos semánticos se elaboran sobre una base conceptual,

esto es, a partir de la lógica. Como resultado, aparece un corte entre la semántica por un lado y las otras disciplinas IJngüfsticas por el otro (fonología, morfología, sintaxis). El edificio de la lin-

güística se ve así privado de su unidad.

Para devolver a la lingüística esta unidad, los campos semánticos se deben obtener no sobre una base conceptual, sino sobre una base lingüística; no tomando la lógica sino la lingüística como punto de partida. La semántica estructural vendrá a ser, entonces,

el eslabón que sigue a la morfología y a la sintaxis en la cadena de

las disciplinas lingüísticas jerárquicamente dispuestas.

d) La teoría estructural

trar el isomorfismo de la gramática y la semántica.

de

los

campos semánticos debe demos-

e} Es igualmente deseable que la teoría estructural de los cam- pos semánticos garantice, en cierta medida, el análisis componen- cial de los significados; es decir. la descomposición de los signi- ficados en rasgos semánticos distintivos. Es oportuno subrayar aquí que la cuestión del análisis componenclal de los signi- ficados ha sido formulada pero no resuelta por Ch. Osgood y su escuela. Como lo demostraron J. Carral y U. Weinreich, el método del diferencial semántico, elaborado por Ch. Osgood, da la posi- bilidad de encarar el análisis componencial de uno solo de los elementos del significado lexlcal: su aspecto emocional. Este método no incluye los otros elementos, que son los más esencia- les del significado (J. B. Carroll, Review of The Measurement of Meaning por Ch. E. Osgood, G. J. Suci y P. H. Tannenbaum, Urbana,

1957: Language, v. 35, n 9 1, 1959; U.

Semantic Space" Word, v. 14, n C8 2 - 3, 1958).

Weinreich, "Travels through

En el presente trabajo se expone uno de los métodos posibles del estudio estructural de conjunto de los campos semánticos; este método ha sido elaborado con el mayor respeto posible por las exigencias formuladas más arriba. La fundamental técnica de in- vestigación que ha sido empleada es el análisis distribucional. Además, el método de substitución, el análisis componencial y ciertos elementos de análisis transformaclonal han sido utilizados en diferentes etapas de la investigación. Este método no ha sido aplicado, hasta ahora, más que al material de la lengua inglesa contemporánea.

11

Análisis distribucional de los significados lexicales

La premisa indispensable para el estudio estructural de los cam· pos semánticos es el análisis distribucional de los significados lexicales.

Al El concepto de distribución del significado léxico

Según la definición de Z. Harris, se llama distribución de un ele· mento lingüístico a "la suma de todos los contextos en los cuales este elemento se encuentra; es decir, la suma de todas las posi- ciones (diferentes) de un elemento con relación a los otros" (Me- thods in Structural Linguistics, The Un. of Chicago Press, pp. 15 -16).

Si se transfiere este concepto sin ninguna modificación al léxico, resultará, en la práctica, imposible de utilizar, puesto que la dis- tribución de la mayoría de los elementos parece casi Ilimitada. Es más racional, entonces, representar la distribución de cada ele- mento bajo cierta forma generalizada y no bajo forma de enume- ración de todos los contextos, sin excepción, en los que puede en- contrarse.

El concepto de distribución, aplicado al léxico, debe ser modifica- do también desde otro punto de vista. Parece más racional hablar de la distribución de las palabras enteras, dado que esto convier- te a la palabra en la más pequeña unidad semántica de la lengua. Para el/o convendría considerar que cada palabra no tiene más que un único significado. Pero tal propuesta entraría en contra- dicción no solo con la práctica lexicográfica establecida, sino tam- bién con algunos resultados bastante prometedores de las inves- tigaciones estadísticas sobre la lengua, en particular con la fór- mula

 

s

-

=

constante

 

F

que establece una dependencia directamente proporcional entre la frecuencia de una palabra y el número de significados que pue-

de tener (P. Giraud, Les caracteres stetistiques du vocebulelre, Pa-

rís, 1954).

Evidentemente, el sentido particular es una unidad semántica más pequeña que la palabra. Es por eso que resulta más oportuno exa- minar no ya la distribución de las palabras, sino la distribución de ciertos sentidos de las palabras o, en la terminología de A. S. Smirnickij, la distribución de las variantes léxico-semánticas de la palabra.

De acuerdo con esto, la distribución de tal o cual sentido de una palabra comprenderá dos eiementos: a) el modelo estructural se- gún el cual una palabra se emplea en determinado sentido. b) la fórmula generalizada de la aptitud combinatoria de la palabra en determinado sentido. El papel de estos dos factores ha sido desta- cado en los trabajos de V. V. Vinogradov, A. S. Hornby, R. S. Gins- burg, N. M. Amosova, J. Firth, A. Rudskogez, etcétera.

Se puede suponer que los modelos estructurales le serán dados

al

obtener, en principio. al terminar el análisis sintáctico de una len- gua dada. En una etapa preliminar, se puede considerar como mo- delo estructural particular cualquier fórmula de combinación de

investigador

en forma

de listas. puesto

que ellos se

deben

palabras en la cual determinada palabra entra, en uno de sus sígnificados, como uno de sus miembros. Así, para el verbo inglés se reconocerán, como modelos estructurales particulares, cons- trucciones de los siguientes tipos: N + V + N, N + V + Prp + N,

N + V + A,

N + V + Adv,

N + V + to + V,

etcétera.

Para la designación de los elementos del

notación tomada de

modelo se emplea una

lexicografía Inglesa. 13 Hubiera podido em-

la

plearse una notación destinada especialmente a este fin (cf. por ejemplo Z. S. Harris, "Co-occurrence and Transformation", Langua- ge, 33, 1957), pero resultaría menos práctica en las condiciones del sistema simbólico que hemos elegido.

En lo que concierne al carácter de las combinaciones posibles, se debe generalizar en categorías que tengan una base estructural en una lengua dada. La base estructural de la clasificación que hemos elegido es, en primer lugar, la relación de los sustantivos con el sistema de pronombres y, en segundo lugar, la relación de esos mismos sustantivos con el sistema de la formación de las pala- bras y con la categoría del número. La abundancia de pronombres

en inglés -he /él/, she /ella/, who /quien/, they /ellos/, it /neu-

troj, what /que/-permite, con la ayuda del método de substitu-

ción, definir de una manera biunívoca la pertenencia del sustantivo

a tal o cual subgrupo en la clastftcactón expuesta más abajo. Los

pronombres, frente a otras palabras auxiliares (preposiciones, con- junciones, etc.l. están considerados aparte, puesto que entran en

el tipo de elementos estructurales fácilmente identificables: para

el inglés, cerca de 150 elementos (Ch. Fries, The Structure of

Enqlisn,

N. Y., 1952).

1. Los sustantivos que designan seres animados (símbolo A. subs-

titutos: he, she, who) se oponen a los sustantivos que designan algo inanimado (símbolo A, substitutos: it, what),

2. Los sustantivos de la clase A se dividen en dos grupos: P (sus-

tantivos que designan una persona; únicos substitutos: he, she, who) y P (sustantivos que no designan una persona; substitutos:

he, she,

who o lt, whet).

3. Los sustantivos del grupo P se dividen en dos subgrupos: P1 (sustantivos que designan personas de sexo masculino; substi- tuto: he) y P2 (sustantivos que designan personas de sexo feme- nino; substituto: she).

13 la notación empleada es la siguiente: N = sustantivo; V = verbo;

posic16n; A = adjetivo; Adv = adverbio; NB = numeral. [N. de la T.]

Prp = pre-

4.

Los sustantivos de la clase A se dividen en dos grupos: e (sus-

tantivos que designan objetos concretos) y e (sustantivos que designan conceptos abstractos). Esta división tiene solo una base estructural parcial en la lenqua (se apoya en la relación de los sustantivos de la clasé A con el sistema de formación de las pala- bras y Con la categoría del número). Se puede esperar que poste- riores trabajos sobre el material permitirán describir .estructural-

mente también la parte todavía no formalizada.

5. El

(sustantivos que designan cosas; substitutos: it, they) y C2 (sus-

tantivos que designan materias; único substituto: it).

se

grupo

de

sustantivos

e

divide

en

dos

subgrupos:

e1

6. Los sustantivos del subgrupo C1 se dividen en dos series: I

(sustantivos que designan cosas aisladas: para un sustantivo en srnqular el substituto es únicamente it) e T (sustantivos colecti- vos; para un sustantivo en singular el substituto es tanto it como

they).

Para la elaboración de esta clasificación se ha aplicado, con una forma algo modificada, el método de eh. Fries (cf. Ch. Fries, tbtd., pp, 120-121).

Con ayuda del método de substitución se hubieran podido obtener aun algunos otros grupos de sustantivos, pero la clasificación que hemos expuesto se muestra suficiente para los fines de nuestro estudio. Lo más importante es aquí Jo siguiente: la existencia de to- das las categorías y grupos del léxico debe estar fundada sobre rasgos de la estructura. El detalle de la clasificación no puede continuarse más allá del punto en el que siga apoyándose sobre talo cual base estructural.

Como dijimos más arriba, la distribución de tal o cual sentido de la palabra comprende dos elementos: a) el modelo estructural en el que, una palabra se emplea en determinado sentido, b) la fór- mula generalizada de la aptitud combinatoria de la palabra en un determinado sentido. En tanto cada uno de los elementos nombra- dos pueda expresarse simbólicamente, la distribución de la pala- bra en un significado dado puede ser codificada, es decir, expre- sada por una fórmula. Así, la distribución de la palabra good en el significado "hábil para" puede representarse con la siguiente fórmula:

P + to be + good + at + e

ejemplo: He 18 good at arlthmetlc (Él es bueno en aritmética).

B) DistrIbución, signifIcado y frecuencIa

Cuando se posee una lista de modelos estructurales y una cla- sificación de los sustantivos que describa su aptitud combinato- ria, se puede pasar al análisis distribucional de los significados lexlcales. En una primera etapa, se puede partir de la concepción tradicional que ve el significado lexical como aspecto interno de la palabra, que está en correlación de determinada manera con el concepto, pero que, a diferencia de éste, posee algunas caracte- rísticas complementarias: significado de una parte del discurso (según A. 1. Smirnickij), elementos estilísticos y emocionales, etc. Puede admitirse luego que los significados de las palabras están dados con anterioridad en una lista, digamos en la lista de un dic- cionario monolingüe. Es indispensable asociar a cada sentido una fórmula específica de distribución. Se verá entonces que todos los elementos de base del significado, incluida su característica esti- lística y emocional, tienen un reflejo suficiente en su distribución, es decir, en los modelos estructurales yen su aptitud de combina- ción. (En esto conslste, aparentemente, una de las manifestaciones de la ley de conmutación, según la cual las diferentes unidades del plano del contenido corresponden a las diferentes unida- des del plano de la expresión.) Y más aun, estos elementos están ligados a otra característica del significado: su frecuencia.

Puesto que los elementos de base del significado, su distribución y su frecuencia están ligados uno al otro de determinada manera, podremos a partir de uno de sus rasgos, y con una fuerte probabi- lidad, prever o reconstruir todos los otros. Por ejemplo, si sabe- mos que determinado sentido de una palabra polisémica posee características estilísticas y emocionales claramente expresadas, tenemos el derecho de esperar que sea poco frecuente y que esté ligado a modelos estructurales y fórmulas combinatorias poco fre- cuentes (especializadas). Si por el contrario sabemos que deter- minado sentido es frecuente, tenemos todas las razones para es- perar que sea estilística y emocionalmente neutro y que esté ligado a modelos estructurales y fórmulas de combinación frecuen-

tes

Se desprende de esto que, en principio, cualquiera de las cate- gorías enumeradas puede ser utilizada como punto de partida para el análisis. Sin embargo, es más cómodo partir de las fórmulas de distribución y de los índices de frecuencia, porque, en razón de su naturaleza, estas categorías pueden ser fácilmente eva- luadas.

Si se la aplica a palabras polisémicas, la dependencia entre los distintos elementos del significado, su distribución y su frecuencia

(poco especíalízadas).

puede ser formulada de la siguiente manera: las fórmulas de dls- tribución más frecuentes -es decir, las menos especiatizadas- se fijan a los sentidos más frecuentes -es decir, los menos es- pecializados estilística, emocional y semánticamente (sentidos de

carácter más común)-. Las fórmulas de distribución menos fre- cuentes -es decir, las más especia/lzadas- se fijan a los sentidos

más especializados estilística.

menos frecuentes -es decir, los emocional y semánticamente-.

Aplicada a la serie de sinónimos, la dependencia entre los dife- rentes elementos del significado, su distribución y su frecuencia puede ser formulada de la siguiente manera: cuando las fórmulas de distribución coinciden con los significados de dos sinónimos distintos, la menor frecuencia es el signo material de la mayor especialización estilística, emocional y semántica del significado.

Estas tesis han sido verificadas en el curso de numerosos estu- dios de poca extensión, realizados sobre el material de la lengua inglesa.

En particular, se ha llevado a cabo un análisis completo de los verbos to go lirl y to come /venir/ sobre 1.239 páginas de texto (en el orden de 310.000 palabras), así como un análisis de diez pares de adjetivos sinónimos se ha realizado sobre 1.095 páginas de texto (en el orden de las 325.000 palabras).

El gran diccionario Oxford de la lengua inglesa (1933) ha servido de base para la clasificación de los sentidos de los verbos to go y tn come. El diccionario de sinónimos de Webster (1951) fue la base utilizada para establecer los significados comparados de los sinónimos y, por consiguiente, para establecer la extensión del material sometido a estudio. la exposición de todo el material hubiera ocupado demasiado espacio. Dado que las dependencias mostradas entre los diferentes elementos del significado, de la distribución y de la frecuencia aparecen con precisión en todos los casos, consideramos posible exponer aquí dos pequeños cuadros, meramente ilustrativos, y limitarnos a la interpretación de los da- tos reflejados por ellos.

En el primer cuadro están representados dos sentidos de los ver- bos to go Y to come. En cada par de sentidos, el sentido más fre- cuente se opone a uno de los sentidos menos frecuentes. La fre- cuencia absoluta del verbo to go en el material inventariado es de 1.231 casos, y la del verbo to come de 830. Destaquemos que la falla estandarizada en la evaluación de las frecuencias a partir de 8 y menos de 8 es muy grande (de 0,7 para arriba). Sin embargo,

puesto que nuestro objetivo no consiste en establecer las frecuen- cias precisas de las unidades estudiadas, sino en observar de una manera general la dependencia entre las frecuencias y algunos aspectos del significado. podemos igualmente utilizar esos datos. En efecto, aun si la frecuencia de los hechos fuera dos veces más grande que la observada por nosotros, la diferencia esencial entre las frecuencias comparadas (cf. 111 Y .7) se conservaría de todas maneras.

         

Aptitud

Caracterís-

Significado

Ejemplo

F.

Modelo

combina-

tiea ernocto-

toria

nal

y estilís-

tica.

     

he went

163

n + go

pp

 

-

1

ir

él fue

 

o

             

""

go read

2

2

anda.

something!

3

(go + v)1

P

 

+

vamos

[anda, lee

 

algo!

 

1

venir

he carne

 

n +come

pp

 

Ql

él vino

111

 

-

E

8

   

come. come.

       

2

vamos.

don't be

7

come,

+ v

P

 

+

2

vamos

a tool!

   

¡vamos,

vamos,

no seas

tonto!

Para los sentidos intransitivos el modelo N -:- V es el más freo cuente. el menos especializado Algunos modelos más frecuentes. es decir, algunos sentidos menos especializados, se relacionan también con ese modelo. Los modelos (V + V)! y V, + V! son muy poco frecuentes, es decir. muy especializados. Algunos modelos menos frecuentes, es decir. algunos sentidos más especializados de los verbos to go y to come, se relacionan también con esos mo- delos. La aptitud combinatoria está indicada únicamente en fun- ción del sujeto de la acción. Es evidente que la combinación del trpo P P es menos especializada y más frecuente que la del tipo P.

Es interesante destacar que, aunque el significado así llamado "de base" es más libre que los significados periféricos, no es, sin

embargo, totalm-ente libre. Como los significados periféricos, aquél también está ligado a determinada distribución. En otros términos. una distribución determinada señala un significado determinado. Así, el primer sentido del verbo to go puede realizarse en el mode- lo (go + v)!, característico únicamente del segundo sentido. Pero ese significado no puede realizarse en el caso en que el suje- to de la acción sea un sustantivo de la categoría C o e (cf. the magazine had gane: /la. revista ha desaparectdo/: the cherm had

encanto ha desaparecidoj). Estas observaciones se apli-

can también. en cierta medida. a los sentidos del verbo to come.

gane: j el

En el segundo cuadro están representados dos adjetivos sinóni- mos: small /pequeño/ y tiny /muy pequeño, mtnusculo/, que se comparan únicamente a partir de un elemento de la distribución:

los modelos estructurares. La frecuencia absoluta de smaJl en el material examinado es de 136 casos, la de tiny de 33.

 

1

 

2

 

3

4

5

A+N

N + to be + A

ADV +

A +

N

NB + N+ A

- PAP +

N

sm811 room

ro be smelt

8 very smell

 

two sizes

too small

cuarto

ser

pequeño

peyment

too sma/l

tor hltn

pequeño

to

be

tiny

un

salario

dos medidas

demasiado

tlny room

 

muy bajo

más chico

pequeño

Cuarto

ser

minúsculo

 

para él

minúsculo

 

-

-

-

smell

120

 

8

 

4 2

 

2

tlny

32

 

1

 

- -

 

-

El adjetivo small sirve para expresar la evaluación objetiva del volumen de un objeto. Estructuralmente esto aparece, por ejemplo, en el hecho de que el adjetivo emell puede combinarse con las pa- labras very /muy/. rether /bastante/ (cf. 8 very [rather] smell pay- ment jun salario muy [bastante] bajo/). Este rasgo semántico está representado en todos los sentidos y variantes de sentido del ad- jetivo small, pero en modelos diferentes está representado con un diferente grado de especialización.

Verbo to sbsorb:

1.

chupar

: e + absorb + C2. Bfotting paper absorbs lnk: /EI papel secante absorbe (chupa) la tinta./

2.

devorar. acumular : P + ebsorb -:- C. The boy absorbs know- ledge. /EI niño acumula conocimiento/

3. estar sumergido en

Verbo to dangla.

1. colgar Itntr.)

2. mantener suspendido. columpiar

3. agitar

4. estar pendtente

Verbo to dere.

'1. osar, atreverse

2. enfrentar

3. desafiar

Verbo to accede.

1. consentir

2.

entrar

3. unirse a

:

P + to be + absorb + ed + in + C. He ls absorbed in reading. /ÉI está absorto (sumergido) en la lectura';

: e + dangle + from + c. An eye glass dangling from a ribbon. /Un monóculo que cuelga de una cinta';

 

:

P + dangle + e + befare + P. He dan- gled a toy beiore the child. /~I columpió un juguete delante del niño';

:

P + dangle + e + before + P. He dan- gled bright prospects befare the mano /ÉI agitó frente al hombre brillantes perspectlvas.Z

 

:

P1 + dangle + eiter + P2. The man dan- gled after his wife. ¡Él hombre estaba pendiente de su esposa';

 

:

P + dare

+ (to)

+ v

He did not

dare to

 

go. /ÉI no se atrevió a ir'; : P + dare + c. He will dare any denqer. /ÉI enfrentará cualquier peligro';

:

P + dare

+ P + to

+ v. He dare

me to

 

jump over the strearh. /ÉI me desafió a

saltar el arroyo.f

 

:

P + accede

+ to

+ C. He acceded to

the request. /ÉI accedió al pedido./

 

:

P + accede

+

to

+ C. He acceded to

the estate. /ÉI entró en la propiedad /

:

P + accede + to + 1. He acceded to the party. /ÉI se unió a la ñesta.,'

Para mayor evidencia, citaremos también el adjetivo goOO en fun- ción predicativa:

1. bueno

:

n + to

be + good. He (the dog. the idea)

IEI (el perro, la idea)

es bueno

 

is good.

(a)./

2. bien dispuesto

:

P + to

be + góod + to

-1- P. He

i s good

3.

amable

to you. /1:1 es bueno contlqo.,'

: Itfthet

+ to

be

+ good

+ of

+-

P. lt's

good ot.you. lEs amable de tu parte'/

4. útil, saludable

5. ducho,

hábil

: C -1- to be + good + for -1- P. Apples are good for you. /Las manzanas son salu-

:

dables para tL/

P +to he + good + at + C. He is et countlng. '/1:1 es ducho en contar./

good

Puesto que la distribución aparece como el indicador de uno solo de los sentidos -es decir, puesto que una distribución no coinci- de con los diferentes sentidos de una palabra polisémica-, pue-

en relación de dis-

de decirse que los diferentes sentidos están tribución complementaria entre ellos.

Sobre esta base estamos en condiciones de precisar mejor la

descripción de los significados dada por el diccionario que toma- mos como materia prima para el análisis. Nosotros hemos co- menzado por atribuir ciertas fórmulas de distribución a todos los significados de una palabra polisémica que aparecían recortados como unidades independientes en el diccionario que tomamos co- mo base. Ahora podemos comparar las fórmulas de distribución de los diferentes sentidos y unir en un solo sentido aquellos que ten- gan la misma fórmula de distribución. Si el diccionario desgaja cuatro sentidos de una palabra dada. pero si la distribución difie-

re solo para dos de ellos y coincide para los otros, tendremos to-

das las razones para considerar que lo esencial para la lengua es únicamente la diferencia entre esos dos sentidos.

A manera de ilustración citaremos el siguiente caso. En el diccio-

nario de A. Hornby, se distinguen para el verbo to dare los senti- dos siguientes: 1 9 "arriesgarse a", "tener el coraje", y 2 9 "tener el

coraje de", "osar". La distribución de los dos sentidos coincide. es decIr que. estructuralmente, la lengua no hace distinción entre

de hacer ese]: primer

ellos, ef. J deren't do it ¡No tengo el coraje

sentido; How dare you say such a thing ¡¡Cómo osas decir una cosa semejante! I iCómo tienes el coraje de decir una cosa serne-

[antel /: segundo sentido.

solo sentido que se opone netamente, en el plano de la estructura,

Por esa razón, los hemos unido en un

a todos los otros sentidos del verbo.

Idealmente, la culminación de este trabajo preliminar debe ser la "copia" de un diccionario monolingüe cualquiera en términos dis- tribucionales, es decir, en términos de modelos estructurales y de fórmulas de combinación. Esta copia nos permitirá, al mismo tiem- po, revisar la división en diferentes sentidos que hemos tomado de allí. Como resultado puede obtenerse un diccionario de nuevo tipo. Es probable que un diccionario semejante pueda ser utili- zado también para las necesidades de la traducción automática.

Hagamos ahora un pequeño balance:

1) La distribución de tal o cual significado se expresa de una ma- nera suficientemente adecuada a través del modelo estructural que le es propio y a través de la fórmula generalizada de combinación.

2) La distribución refleja suficientemente todos los elementos de base del significado lexical de tal o cual palabra. En las palabras polisémicas, las fórmulas distribucionales más frecuentes, es de- cir, las menos especializadas, se fijan a los sentidos más frecuen- tes, es decir, los menos especializados (sentidos de carácter muy general). Las fórmulas distribucionales menos frecuentes, es decir, las más especializadas, se fijan a los sentidos menos frecuentes, es decir, a los más especializados.

3) Dentro de los límites de una palabra polisémica existe una co-

una distribución.

rrespondencia biunívoca entre

un significado y

4) Los diferentes sentidos de una palabra polisémica están en dis- tribución complementaria entre ellos.

111

Campos semánticos estructurados

La obtención de una descripción distribucional de los significados permite pasar a la segunda etapa del trabajo: el establecimiento de los campos semánticos. En esta etapa no se toma como punto de partida el significado sino su distribución.

Para determinar el campo semántico, es indispensable aislar la distribución del significado lexical concreto de la palabra poI isé- mica. Por consiguiente, hay que tomar únicamente la fórmula dis- tribucional general, en la cual, en lugar de la palabra concreta, aparece la designación de la parte del discurso a la cual pertenece

por ejemplo, en lugar de: P + to be + good

+ to + P, tendremos la fórmula P + to be + A + to + P, que

esa palabra. Digamos,

convendrá no sólo al adjetivo good, sino también a cruel /cruel/,

iust /justo/, kind /amable/, merciless jdespiadado/. etc. En otros términos. "A" será, en la segunda fórmula, el símbolo de una cler-

ta variable que podrá adquirir, según las circunstancias, talo cual

sentido,

Se plantea ahora la cuestión de saber si en este caso la distri- bución reflejará algún tipo de significado o será totalmente indi- ferente a la significación. Es evidente que, al estar aislada de la palabra concreta, la distribución no puede ser el signo de un sig- nificado lexical concreto. Sin embargo, algún rastro de significado lexical concreto se conserva bajo la forma de cierto rasgo semán- tico que refleja el carácter tipo de este significado lexlcal, así como de los de otras palabras que tienen la misma fórmula de distribución. Para la fórmula citada más arriba, es verosfrnll que este significado tipo sea: "dirigirse a alguien de una u otra ma- nera", Este significado, como todos los que se le asemejan. re- sulta diferencial. ya que distingue las palabras empleadas en la fórmula dlstribuclonal citada, de las palabras empleadas en otras fórmulas dlstrlbuclenales. Hablando en general, no hay ninguna razón para tener que definir de una u otra manera los significados diferenciales de las diferentes fórmulas dlstribuclonales. Confor- me a la ley de conmutación, no deberíamos hacer más que afir- mar que la diferencia de estructuras es señal de la diferencia de significados, y que la analogía de aquéllas es señal de la analogfa de éstos. Siendo estrictos. deberíamos designar las relaciones se- mánticas entre las diferentes fórmulas distribucionales por medio de números o de otros símbolos no semánticos. Sin embargo, por toda clase de razones, nos es más cómodo definir los significados diferenciales en lugar de marcarlos con números. Dos ctrcunstan- cias pueden servir de justificación para tal derogación parcial de los procedimientos estrictos: 1) en lingüística estructural se ad- miten definiciones semánticas, siempre que estén justificadas por

la estructura; 2) la legitimidad de nuestras definiciones puede ser

verificada ya sea con el testimonio de un informante, ya sea con la ayuda de métodos psico-experimentales (cf. más arriba). El slq-

nificadotipo, común a una serie de significados lexicales con- cretos. puede no existir en forma pura y aislada en una palabra independiente.

Se puede suponer que existen significados tipo correspondientes

a la fórmula dlstrlbuclonal en su totalidad, y significados tipo que corresponden a cada uno de los elementos distribucionales por se- parado (al modelo estructural par un lado y a la fórmula combina- torIa por el otro). En otros términos. se puede suponer que tanto los modelos estructurales como las fórmulas combinatorias tienen un significado tipo determinado.

A manera de ejemplo. puede citarse el modelo estructural N + V + A en inglés. Si se toma este modelo y se extraen del diccionario los verbos que pueden tomar el lugar de V. se forma un campo de significados verbales, muy variados en cuanto a su sentido concreto. pero unidos por la idea común de estar en cierto estado o de pasar a cierto estado." He aquí una breve lista de esos verbos en grupos de palabras concretas: to appear modest /parecer mo-

destn/, to bang shut /cerrar golpeandoj, to become red /ruborl-

zarsa/, to blow open jabrlr de par en par/, to blusb red /ruborizar- ee], to break loose !zafarse!. to elang shut /cerrar golpeando!, tn come awake /despertarse/, to continue warm /seguir estando ttblo/, to lall sick /caer enfermo/, to Ily open /abrlrse de repente/, to get well /restablecerse/, to grow old jenvejecer/. to go blue ¡ponerse azul/, to hold true Ipermanecer ftel/, to keep young

Imantenerse joven/, to lie flat /estar tendtdo/, to look well /tener buen aspecto/, to 100m large lacumularse!. to make good /tener éxlto/, to preve false /resultar falso/, to remaín ignorant/ seguir

en la ignorancia/, to rest easy /quedarse tan tranqullo/, to ring

qood Iparecer

true !sonar blen/, to tun dry [secerse], to seem

bueno/. to shine cleer /bríllar/, to show red Iruborizarse/, to slt stilf !permanecer sentado/, to stand stiff !permanecer en un lu-

gar/, to stay bright !segulr brlllando/, to turn black /ponerse ne-

gro/.

to weer thin

/desqaetar/. to

work loase

/aflojarse,'

(Ch.

Fries, The Structure of English. N. Y.• 1952. pp. 135-137).

Los campos de significados emparentados. formados de esta ma- nera. pueden llamarse campos semánticos.

Puesto que existe una correspondencia biunívoca entre un signifi- cado lexical concreto y su distribución, es posible pensar en ob- tener campos semánticos suficientemente homogéneos basándose en las fórmulas distribucionales generales. aisladas de los signi- ficados concretos. Sobre la hipótesis aquí expuesta se funda el trabajo que hemos realizado.

Mientras no tengamos a nuestra disposición un diccionario que contenga una descripción distribucional de los significados, el pro- blema de la sistematización de todo el léxico de la lengua en campos semánticos no podrá ser resuelto. Se puede ofrecer. sin

14 Se debe destacar que en Inglés no existe la posibilidad que tIene el espa- ñol de acompañar prácticamente cualquier verbo con un adjetivo en función de predicativo subjetIvo (cf. Me saludó distraído; El niño corría alegre; Juan leyó preocupado la carta; MarIa se mira triste en el espejo; la puerta se abrla desvencijada sobre el galpón; etc.). En tales expresiones el inglés usarla un adverbio en lugar de un adjettvo. De allf que el modelo estructural N + V + A permita Identificar un campo particular de significados verbales. [N. de la T.]

embargo, una experiencia limitada, con el apoyo de los métodos

estructurales (distribucionales) de establecimiento y de los campos semánticos.

exploración

Para la realización de la experiencia se utilizó el diccionario in- glés ya citado de A. Hornby, en el cual los verbos están descriptos en términos de 25 modelos. Cada modelo lleva un número. (La in- consistencia de la terminología de Hornby es absolutamente evi- dente y no necesita comentarios.) Los modelos 4 y 7. por ejem- plo, están considerados de esta manera:

N9 4. Sujeto + verbo + sustantivo o pronombre + (to be) + com- plemento: They be/ieved him to be tnnocent. /Ellos lo creían Ino-

cente/.

N9 7. Sujeto + verbo + objeto + adjetivos: Don't get your clothes dirty. /No te ensucies la ropa';

Los primeros 19 modelos representan los significados transitivos de los verbos, los 6 restantes, los significados intransitivos. Se atribuye un modelo definido a cada significado de cada verbo. La descripción de la gran mayoría de los significados está acompa- ñada de un número suficiente de ejemplos que confirman la pre- sencia del modelo establecido para cada uno de los significados.

Para el análisis se eligieron 15 modelos transitivos. Por numero- sas razones, todas suficientemente probatorias, se excluyeron del análisis 4 modelos. Los verbos a cuyos significados se atribuye talo cual modelo han sido tomados de la primera mitad del dic-

han

Incluido también los significados que el autor del diccionario da,

cionario de A. Hornby (de la A hasta la L). En las listas se

a manera de ilustración, en la introducción teórica a la obra. Se han examinado en total alrededor de 450 significados. Los grupos de significados obtenidos han sido analizados, en la medida de lo posible, en todos sus aspectos.

Nos parece razonable circunscribir los resultados de este estudio a las tres cuestiones siguientes:

1) constitución y significado de los campos semánticos; 2) posi- bilidades de análisis componencial de los significados lexicales; 3) eliminación de los modelos no pertinentes y postulado de archi- modelos.

1) Constituci6n y significado de los campos semánticos

Entre fas modelos sometidos al análisis, un modelo representado por tres significados en total ha sido excluido del examen por-

Que no permltfa encarar generalizaciones prometedoras. En los modelos restantes se han descubierto, de manera suficiente, carn- pos semánticos homogéneos. Esto confirma la hipótesis que ha servido de base para este estudio y, a nuestro juicio. permite que sus resultados se consideren satisfactorios. Lo dicho, sin em- bargo, es insuficiente para una apreciación general de esos resul- tados, y he aquí la razón: si en determinados modelos se fija un campo semántico homogéneo, esto no quiere decir necesaria- mente que los significados a los que se atribuye el modelo dado se fijen, todos y sin excepción, en este último. Algunos significa- dos, o pequeños grupos de ellos, pueden quedar fuera del cam- po semántico.

Por esta razón, para una apreciación definitiva de los resultados de la investigación es indispensable conocer, no sólo el número de modelos que proporcionan campos semánticos homogéneos, sino también el grado de saturación de esos campos. Por "saturación del campo semántico" entendemos la relación entre el número de significados que recaen de hecho dentro de ese campo y el número total de significados registrados en el modelo dado.

la saturación de los campos semánticos, antes de la eliminación de los modelos no-pertlnentes y la hipótesis de los archlmodelos, constituía un promedio de alrededor del 80,6 % sobre el total del material analizado. Después de realizar esas operaciones, la sa- turación de los campos había aumentado, como promedio, de un 15 % a un 17 %. A nuestro criterio, aun en esas condiciones, los re- sultados del estudio pueden ser considerados satisfactorios. Para profundizar la evaluación de esos resultados es Indispensable, en fin, conocer el número de significados de un modelo. Si, por ejemplo, en un modelo determinado se registran en total 2 Ó 3 significados, es evidente que esto será insuficiente para sacar en conclusrén sea la presencia, sea la ausencia de un campo semán- tico homogéneo en el modelo dado. Cualquiera de estas conclu- siones sería poco segura, por la gran probabilidad de coincidencias fortuitas. El mayor número de significados que hemos encontrado en los modelos analizados es de 96; el más pequeño, de 32.

Citemos, a manera de ilustración, los especfmenes de algunos campos semánticos que hemos obtenido.

N9 7. Sujeto + verbo + objeto + adjetivo: Don't get your cfothes dirty. /No te ensucies la ropa';

El significado del campo semántico es:

sobre un objeto acompañada de un cambio en su estado". El nú-

"fuerza ffslca

que obra

mero de significados en el campo es de 28. El total de significados en el modelo es de 29. La saturación del campo semántico es del 96.5 %.

Ejemplos: to bang the door shut /golpear la puerta (al cerrarlalj',

to bend something double /doblar algo en dos/. to cleave the head

open /partir la cabezal. to colour something blsck /teñlr algo de neqro/, to cut the heir short /cortar corto el cabelln/, to drain the cup dry /vaclar la taza hasta el fondo/, to get one'e feet wet /mo- jarse los ples/, to hammer metal flat /alisar el metal con el mar-

tlllo/. to (ay the land weste /dejar desierta la tterra/.

12. Sujeto + verbo + sustantivo o pronombre + (that) + propo-

sición: / told htm Itbet) he was mlstaken. /Yo le dije que se equi-

vocaba';

El significado del campo semántico es: "transmisión de Informa- ción". El número de significados en el campo es 17. la saturación es del 100 %. Ejemplos: to advlse /aconsejar/. to assure /asequ-

rer], to convlnce Iconvencer/, to inform /informar/. to lnstruct /enseñar/. to remind /recorder/. to show /rnostrar/, to tel/ Ide- ctr], to warm /preventr/, etcétera.

NI' 19. A: Sujeto + verbo + objeto indirecto + objeto directo: Our

teecher gave us en Englísh lesson. /Nuestro profesor nos dio una

clase de Inglés./

El significado del campo semántico es: "algo dado. transmisión". El número de significados en el campo es 31. la saturación del

campo semántico es

del 100 %. Ejemplos: to accord somebody a

be-

queath somebody money /Iegar dinero a alguien/. to bring sorne- body 8 box /traer a alguien una oaja/, to deny somebody nothing

/no negar nada a alqulen/, to hand somebody a book /alcanzar un libro a alqulen,', to lend somebody 5 dol/ars /prestar a alguien 5

dólares/, to lend probablffty to a theory /dar verosimilitud a una reoría/, to read somebody a book /Ieer un libro a alguien/. to throw somebody 8 rope /tirar a alguien una soga/o to tel! somebody 8

story';contar un cuento a alguien/.

warm we/come /dar a alguien

una calurosa

blenvenlda/, to

2) Posibilidades de análisis componenciel de los significados lexicales

Corno se ha dicho en el parágrafo precedente, el número de los significados varia de 96 a 8. Esto se explica por la diferente fre- cuencia de los modelos que han servido de base para el estable- cimiento de los campos semánticos correspondientes.

gurarse/, to dtscover /descubrlr/. to find /encontrar/, to leem /aprender/, to decree /decretar/. to demand /exlgir/. to destre /desear/ to direct /indicar/. to insist /insistir/. to intend /tener la intención/, to suggest /sugerir/'

Designamos con el N9 11 (por el número del modelo que estable- ce el campo semántico) el rasgo distintivo semántico de segundo grado ("acciones propias del hombre"). Atribuimos este rasgo a todos los 96 significados registrados en el modelo dado y. en par- ticula~al significado de to demando la fórmula de los significados de este verbo tomará entonces el siguiente aspecto:

to demend v-« I + /11 + y/o

El estudio del 'Rlodelo N9 11 permite ver que dentro de él se aís- lan estructuralmente una serie de grupos más pequeños. En par- ticular, los significados to arrange, to intend /tener la intención/;

to destre, to hate /desear, odlar/: to esk, to beg, to destre /pedir, rogar/; to decree, to demand, to direct, to enect, to enjoín, to insist,

to suggest /decretar. exigir. indicar, ordenar. proponerlo se distin- guen de todos los otros significados del campo semántico de "ac- ciones propias del hombre" por el hecho de que exigen. en la proposición subordinada que los acompaña, el empleo de uno de los siguientes verbos auxiliares: shall, should, may, might. Esos significados están próximos uno con respecto al otro y establecen entre sí una relación semántica, dado que comparten el significa- do común "manifestación de la voluntad" (símbolo O). Subraye- mos que en este caso el carácter más especializado del modelo (mucho menos frecuente que el modelo N9 11) corresponde ple- namente al carácter más especializado del significado. Por consi- guiente, a ese grupo de significados estructuralmente aislados y, entre ellos, al significado de to demand, puede atrlbufrseles el ras- go distintivo semántico de tercer grado: el significado común de "manifestación de la voluntad".

La fórmula del significado del verbo to demand tomará entonces, en esta etapa del análts!s, el slgulente aspecto:

to demand = I + ~11 + /0 + z/~.

En el grupo semántico que mencionamos hay subgrupos más pe- queños, que pueden ser aislados estructuralmente; en particular.

el subgrupo to decree, to demend,

to direct, to enect, to enioin,

to insist, to suggest. Su aislamiento estructural se expresa en el hecho de que la realización de cualquiera de los significados de este grupo implica el empleo del verbo auxiliar should en la pro-

posición subordinada. Este modelo estructural es aun menos fre- cuente que el anterior (en el que había la posibilidad de elegir entre 4 auxiliares) y le corresponde un significado aun más especia- lizado. Aquí, como en todos los casos anteriores, /a especia/iza- ción estructural va acompañada de una especialización semántica. El rasgo distintivo semántico de cuarto grado que caracteriza los verbos de este subgrupo -y solamente éstos- es el significado de "insistencia, imperatividad" (símbolo C). Todas las apariencias indican que el subgrupo dado representa una serie sinonímica. A todos los verbos de esa serie se les atribuirá el rasgo distintivo semántico de cuarto grado. Así, la fórmula del significado del ver- bo fa demand tomará, en esta etapa del análisis, el siguiente as- pecto:

to demsnd>« I + ~11 + ID + (C + z')/~

donde z' representa los matices de significado. lAS características estilísticas y emocionales que distinguen to demand de los otros sinónimos de la serie dada. Todo hace suponer que en la quinta y última etapa del análisis se pueden encontrar las particularida- des estructurales que corresponden a esos rasgos; el análisis componencial estaría, entonces, agotado. Por el momento, sin em- bargo, no se ha logrado una total claridad en cuanto a la natura- leza de esas particularidades.

Como puede verse en /0 que ha sido expuesto hasta aquí, en cada etapa del análisis, tales o cuales rasgos estructurales sirven de base para aislar componentes semánticos cada vez más peque- ños. Destaquemos que se puede emplear el índice de una u otra combinación como rasgo estructural particular, puesto que cual- quiera de los elementos de distribución es índice de un cierto tipo de significado. Lo ideal sería tomar en consideración tanto los mo- delos estructurales como las fórmulas de combinación.

El análisis componencial permite presentar el significado de los verbos en una pequeña cantidad de componentes. Desde el mo- mento en que se une al análisis estructural, permite desgajar sig- nificados elementales, tales que puedan entrar en un gran núme- ro de significados lexlcales. Esto permite reducir al mínimo el nú- mero de los significados elementales.

Puesto que la concepción de los campos semánticos estructura- dos está íntimamente ligada al análisis componencial, este último proporciona la base para una descripción sistemática del aspecto semántico de la lengua y para la creación de un diccionario "ideo- lógico", fundado sobre el principio de economía y sobre el de la

"puesta en factor común". propia de la serie de significados del rasgo semántico. Cf. el esquema siguiente. que refleja el material cuyo análisis hemos emprendido:

7 + [

11 +

[

."

D+

,

19 + [

(

(C

(

,

+

"

]

)J

z')

)

]

3) Eliminación de los modelos no-pertinentes y postulado de archimodelos

En el curso del análisis del material ha surgido una considerable dificultad. En efecto. se ha puesto en evidencia el hecho de que ciertos modelos engloban grupos bastante heterogéneos de sig- nificados. Por el momento. no se puede saber con claridad si esto

lo

es de los defectos del método con cuya ayuda se ha realizado el establecimiento de modelos en el diccionario de .A. Hornby. De todos modos, la dificultad que señalamos no es insuperable. En los casos muy poco numerosos en que el modelo engloba grupos semánticos heterogéneos, puede superarse la divergencia semán- tica con la ayuda de dos operaciones estructurales que hemos llamado, convencionalmente, eliminación de .modelos no-pertinen- tes y postulado de archimodelos.

es el reflejo de un efectivo estado de cosas en la lengua. o si

al La eliminación de modelos no-pertinentes

DescrIbiremos esta operación con la ayuda de los modelos nú- meros 3 y 4:

N° 3. Sujeto + verbo + sustantivo o pronombre + (not) to + in- finitivo: I edvised him to do lt /Yo le aconsejé que lo htctera.Z

El significado del campo semántIco es "causatívldad o impulso", la cantidad de significados en el modelo es de 76. La saturación del campo semántico (antes de la eliminación de los modelos no- pertinentes y el postulado de archimodelosJ es de alrededor del 80 %. Ejemplos: to cause somebody to do something {empujar a

alguien a que haga algo/. to command somebody to do something

¡ordenar a alguien que haga algo{ to force somebody to do sorne- thíng {forzar a alguien a hacer algol to Instigate somebody to do

somethlng /instigar a alguien a hacer algo/ to invite somebodv to do somethlng /Invltar a alguien a hacer alao/.

En este modelo hay nueve unidades que forman un grupo aislado

de "opinión". d. to believe somebody

to be honest /creer honrado a alguien/. to expect somebody to go

soon /esperar que alguien vaya pronto/, to f/nd somebody to be dtshonest /encontrar deshonesto a. alqulen/, to grant thls to be true /confiar en que algo es verdadero/.

con el significado común

N' 4. Sujeto + verbo + sustantivo o pronombre + (to be) + com- plemento: I know him to be honesto /Yo sé que él es honrado.Z

El significado del campo semántico es "opinión". la cantIdad de significados en el campo es 20. La cantidad de significados en el modelo es 23. la saturación del campo semántico (antes de la eliminación de los modelos no-pertinentes y el postulado del aro chimodelo) es del 87 %. Ejemplos: to eccount somebody Innocent /reconocer que alguien es inocente/, to assert somebody to be dishonest /afirmar que alguien es deshonesto{. to consider sorne- body to be honest /considerar honesto a alqulen/, to feel somebo- c1y to be wrong /sentir que alguien está equivocado{, to hold o to think somebody to be a foo/ /consíderar o pensar que alguien es tonto/, to orove somebody to be wrong /probar que alguien está equlvocadu/.

Así, "según el sentido", deberíamos haber hecho pasar 9 signifi- cados aislados del modelo N9 3 al campo semántico del mo- delo N~