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Amor y secretos en la adolescencia

El relato narra la historia de Teo, un joven que se siente atraído por Norra, una chica extrovertida y enigmática que transforma su vida cotidiana en una serie de emocionantes aventuras. A medida que su relación se profundiza, Teo descubre la vulnerabilidad de Norra y se enfrenta a sus propios miedos, prometiendo apoyarla a pesar de los secretos que ella guarda. La conexión entre ambos se fortalece a través de experiencias compartidas, culminando en un momento de intimidad que simboliza su amor y comprensión mutua.

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Amor y secretos en la adolescencia

El relato narra la historia de Teo, un joven que se siente atraído por Norra, una chica extrovertida y enigmática que transforma su vida cotidiana en una serie de emocionantes aventuras. A medida que su relación se profundiza, Teo descubre la vulnerabilidad de Norra y se enfrenta a sus propios miedos, prometiendo apoyarla a pesar de los secretos que ella guarda. La conexión entre ambos se fortalece a través de experiencias compartidas, culminando en un momento de intimidad que simboliza su amor y comprensión mutua.

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A.

B MÜLLER
(2014)
Me voy con ella
Ocultar quien eres es mostrar tu verdadero yo.

El primer día de clases sentí una extraña sensación de intriga, como si el universo tuviera algo especial
preparado para mí este año. Después de despedirme de mis padres, la emoción empezó a fluir por mi
sangre. A la corta edad de trece años, podía sentir que estaba a punto de vivir algo trascendental. Me
reuní con mis amigos y me presenté a los nuevos compañeros y compañeras. Una chica en particular
llamó mi atención con sus encantos, casi como si me estuviera manipulando. Me quedé mirándola por
un largo tiempo hasta que se fue, sin darse cuenta de mi presencia. Cuando me despegué de ese hechizo
hipnotizante, me di cuenta de que no era el único que apreciaba su belleza; mis amigos también la
admiraban. Me fui a reflexionar sobre lo que había visto, pensando en cada detalle de aquella musa:
fina, hermosa, delicada, una belleza desconocida. Todos esos detalles los aprendí con una sola mirada,
aunque ella no me notó ni un poco.
Volví al aula y encontré a mis amigos adaptándose al nuevo estilo de primero medio. Convencido de que
aquella mujer sería mía, me convencí a mí mismo a dedicar todo el semestre a averiguar sobre ella. Me
contaron varias personas que a ella le gustaban las personas con un "espíritu libre". Traté de calmarme,
ya que eran demasiadas emociones para un solo momento. Las clases habían comenzado y los nuevos
profesores nos contaban sus experiencias de vida, muchas de las cuales me parecieron similares, como si
el mundo fuera una copia de fragmentos de diferentes personas, conformándose por pedazos esenciales
pero a la vez monótonos. El día fue tomando forma lentamente pero a su vez con un sentido de urgencia
para volver a mi hogar. Al terminar las clases, caminé a casa con una nueva motivación, una nueva
inspiración, una nueva vida. Todas esas experiencias en solo un par de horas fueron una explosión para
mi cerebro.
Esa noche, no pude dejar de pensar en ella. Su imagen se repetía una y otra vez en mi mente. Soñé con
su sonrisa, con la manera en que sus ojos brillaban como estrellas en un cielo nocturno. Al día siguiente,
me desperté con una determinación renovada. Sabía que debía acercarme a ella, conocerla, descubrir
qué había detrás de esa belleza enigmática. Con cada paso que daba hacia la escuela, mi corazón latía
con fuerza, impulsado por una mezcla de miedo y esperanza.
Los días siguientes se convirtieron en una danza de miradas furtivas y sonrisas tímidas. Cada encuentro
con ella era un torbellino de emociones, una mezcla de alegría y desconcierto. Sentía que había algo más
allá de lo evidente, algo oscuro y profundo que me atraía irremediablemente. Sin embargo, en su
presencia, todo parecía posible, como si el tiempo se detuviera y el mundo se desvaneciera. A medida
que nuestras miradas conectaban más y más, comprendí que mi destino estaba irrevocablemente ligado
al suyo, y aunque no entendía completamente la naturaleza de nuestra conexión, estaba dispuesto a
seguir adelante, a enfrentar lo desconocido, con la esperanza de encontrar en ella la felicidad que tanto
anhelaba.
Después de una semana de miradas furtivas y sueños inquietos, decidí que era hora de presentarme a la
chica que había capturado mi imaginación. Mi corazón latía con fuerza mientras me acercaba a ella
durante el recreo. Con un nudo en el estómago y las manos sudorosas, me armé de valor y dije: "Hola,
soy Teo."
Ella me miró con una sonrisa traviesa y respondió: "Hola, Teo. Soy Norra."
Norra era todo lo que yo no era: extrovertida, segura de sí misma y siempre en busca de diversión.
Mientras yo era reservado y bastante aburrido ahora que lo pienso, ella parecía vivir cada momento al
máximo, sin preocuparse por lo que los demás pensaran. Esa misma tarde, me convenció de hacer algo
que nunca hubiera imaginado: escalar hasta el techo de la cafetería para pasar el rato.
Con una mezcla de emoción y temor, la seguí. La vista desde arriba era impresionante, y la sensación de
estar haciendo algo prohibido añadía una chispa de adrenalina que nunca había experimentado antes.
Norra reía y charlaba sin parar, llenando el aire con su energía contagiosa. A pesar de mi naturaleza
cautelosa, no pude evitar sentirme atraído por su espíritu libre.
A partir de ese momento, nos hicimos inseparables. Pasábamos los recreos y las tardes juntos,
explorando cada rincón de la escuela y acumulando pequeñas secretas aventuras que solo nosotros
compartíamos. Con cada día que pasaba, mi fascinación por Norra crecía, y aunque ella seguía siendo un
enigma, sentía que poco a poco iba desvelando partes de su alma que nadie más había visto.
Norra me enseñó a ver el mundo con nuevos ojos, a encontrar la belleza en lo inesperado y a disfrutar de
las pequeñas aventuras que la vida ofrecía. Mientras más tiempo pasaba con ella, más comprendía que
nuestra conexión era algo único, algo que iba más allá de la simple amistad. Y aunque no sabía a dónde
nos llevaría este camino, estaba dispuesto a seguirla, a descubrir junto a ella los misterios que aún nos
aguardaban.
Desde que Norra había entrado en mi vida, cada día era un nuevo desafío, una nueva oportunidad para
experimentar la vida de una manera que nunca antes había imaginado. Ella me enseñó a liberar mis
miedos, a lanzarme a lo desconocido y a abrazar la incertidumbre con una sonrisa. Con ella, aprendí que
la verdadera aventura no está en lo que hacemos, sino en cómo lo vivimos. Las risas compartidas, los
secretos susurrados y los momentos robados nos unían más allá de lo físico, creando un vínculo que
desafiaba las convenciones del tiempo y el espacio.
Norra tenía una manera peculiar de ver el mundo, como si cada rincón escondiera un misterio esperando
ser descubierto. A su lado, los días comunes se transformaban en épicas travesías llenas de emoción y
asombro. Sin embargo, también había una sombra en sus ojos, una tristeza profunda que ella nunca
mencionaba. En ocasiones, sus risas se desvanecían y su mirada se perdía en algún lugar lejano, como si
estuviera viendo algo que yo no podía comprender. Pero incluso en esos momentos, su presencia era un
faro de luz en mi vida, guiándome a través de la oscuridad y llenándome de una sensación de propósito y
significado.
Los meses pasaron y mi conexión con Norra solo se hizo más profunda. Sin embargo, una sensación de
inquietud comenzó a crecer en mi interior. Había algo en ella, algo que no terminaba de entender.
Susurros de secretos antiguos, sombras que danzaban en sus ojos cuando pensaba que no la observaba.
A veces, en los momentos más tranquilos, me preguntaba si realmente la conocía, si alguna vez podría
comprender completamente el enigma que era Norra.
Una tarde, mientras paseábamos por un bosque cercano, Norra se detuvo y me miró con una intensidad
que nunca antes había visto en sus ojos. "Teo," dijo suavemente, "hay algo que debes saber." Mi corazón
latió con fuerza mientras esperaba sus palabras. "Mi pasado es feo pero estos momentos contigo
iluminan el oscuro vacio que hay en mi corazon, te digo esto para saber si tu sientes lo mismo, porque
sino mejor olvida lo que dije"
La revelación cayó sobre mí como un golpe, dejándome sin aliento. Pero mientras la miraba, vi algo más
allá de sus palabras: una vulnerabilidad, un deseo de ser comprendida y aceptada. Y en ese momento,
supe que, sin importar qué secretos escondiera, mi amor por ella era más fuerte que cualquier temor. La
abracé con fuerza, prometiéndole que enfrentaríamos juntos lo que viniera, que no dejaría que su
oscuridad nos separara.
Nuestra próxima aventura fue completamente inesperada y alocada. Una tarde, Norra y yo estábamos
caminando sin rumbo fijo cuando ella de repente se detuvo frente a un supermercado. Con una sonrisa
traviesa, me susurró al oído: "¿Te atreves a hacer algo loco conmigo?" Antes de que pudiera responder,
me tomó de la mano y me llevó hacia la entrada del establecimiento. Entramos con una confianza
incalculable, como si el mundo nos perteneciera.
Norra me guió por los pasillos del supermercado, sus ojos brillando con una emoción contagiosa.
"Vamos, saca todo lo que quieras," dijo, "como si estuviéramos en una película." Mi corazón latía con
fuerza mientras la veía deslizar productos en su mochila con una destreza impresionante. Aunque una
parte de mí se sentía nerviosa, la adrenalina de la situación y la presencia de Norra me hicieron sentir
invencible. Nos movimos de un pasillo a otro, riendo y disfrutando de la emoción del momento
prohibido.
Salimos del supermercado justo antes de que alguien pudiera sospechar. Afuera, Norra se giró hacia mí,
sus ojos brillando con una intensidad feroz. "¡Lo hicimos!" exclamó, abrazándome con fuerza. La risa nos
envolvía mientras corríamos por las calles, dejando atrás el supermercado y cualquier preocupación. En
ese momento, comprendí que no era solo la emoción del robo lo que me hacía sentir tan vivo, sino la
conexión profunda y salvaje que compartía con Norra. Juntos éramos imparables, capaces de desafiar
cualquier norma y crear nuestro propio mundo lleno de aventuras y locuras.
Los días que siguieron a esa salvaje aventura en el supermercado fueron un torbellino de emociones
para mí. Cada vez que pensaba en Norra, mi corazón se llenaba de una mezcla de asombro y adoración.
Ella era como un cometa brillante que había entrado en mi vida, iluminando todo a su paso con una luz
deslumbrante. Sus ojos, su risa, su forma de ser, todo en ella era fascinante y magnético. Me encontraba
constantemente perdido en pensamientos sobre ella, preguntándome cómo alguien tan extraordinario
había elegido estar a mi lado.
A menudo, cuando estábamos juntos, me encontraba observándola en silencio, maravillándome de su
presencia. Sus gestos, sus palabras, incluso sus silencios tenían un poder indescriptible sobre mí. Cada
pequeño detalle de Norra era un recordatorio de lo increíblemente afortunado que era. Mi amor por ella
crecía con cada día, una pasión intensa que me llenaba de una felicidad pura y absoluta. Con ella, el
mundo parecía lleno de posibilidades infinitas, y mi corazón se expandía con la esperanza y el amor que
sentía por ella.
Una noche, después de una de nuestras tantas aventuras, llegué a casa sintiéndome completamente
agotado pero inmensamente feliz. Mientras me dejaba caer sobre mi cama, el cansancio se apoderó de
mí de una manera abrumadora. Cerré los ojos y dejé que los recuerdos del día llenaran mi mente. Pensé
en Norra, en su sonrisa, en su risa, en la manera en que hacía que todo pareciera más brillante y
emocionante. Pero de repente, una extraña sensación de mareo me envolvió. Intenté levantarme, pero
mis fuerzas me abandonaron, y lo último que recuerdo antes de perder el conocimiento fue el rostro de
Norra, sus ojos mirándome con una mezcla de preocupación y algo más que no pude identificar.
Me sentía perdido en un vacío oscuro y sin fin, como si estuviera atrapado en un abismo sin salida. La
negrura me envolvía, fría y opresiva, y no había señales de luz a mi alrededor. Mis pensamientos se
desvanecían en este vasto océano de oscuridad, sin un punto de referencia, sin una guía. Era como si el
mundo se hubiera desvanecido, dejándome solo con mis miedos e inseguridades. Intenté gritar, pero
ningún sonido salió de mi garganta. Sentí que mi ser se disolvía, cada parte de mí separándose en
fragmentos, flotando sin rumbo en este vacío eterno. La desesperación me invadía, y todo lo que podía
pensar era en Norra. La necesitaba. Ella era mi ancla, mi salvación en este mar de oscuridad. Sin ella,
estaba perdido, condenado a vagar por este vacío sin fin, atrapado en una pesadilla de la que no podía
despertar.
Me desperté en mi cama, con un olor penetrante en la nariz. Mis padres estaban a mi lado, sosteniendo
sales aromáticas. "¡Teo! ¿Estás bien?" preguntó mi madre con preocupación en sus ojos. Asentí
débilmente, aún aturdido por la experiencia. Me ayudaron a levantarme y me preparé para ir a la
escuela, aunque mi mente estaba llena de preguntas y confusión.
Al llegar a la escuela, busqué a Norra, pero no había rastro de ella por ningún lado. La mañana
transcurrió lenta y desalentadora, cada minuto sin verla aumentaba mi ansiedad. Finalmente, llegó el
recreo, y me dirigí al techo de la escuela, nuestro lugar secreto. Allí la encontré, sentada con los ojos
llenos de lágrimas que caían silenciosamente por su rostro. Al verme, esbozó una sonrisa y se levantó
para abrazarme con fuerza. "¿Qué te parece si nos saltamos la escuela hoy?" le susurré, y Norra asintió,
su expresión iluminándose con una chispa de emoción. Juntos, salimos de la escuela y nos dirigimos
hacia las vías del tren. Corrimos a lo largo de las vías, riendo y disfrutando de la libertad que nos
brindaba ese momento. El sol comenzó a ponerse, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados.
"Deberíamos regresar," dije finalmente, aunque no quería enfrentar a mis padres. Norra me miró con
cierta duda antes de sugerir: "¿Y si vienes a mi casa?" Acepté sin dudarlo, y la seguí hasta su hogar.

Al llegar, el panorama que se desplegó ante mis ojos fue desolador. La casa de Norra estaba en un estado
deplorable: las ventanas rotas, la puerta colgando de sus bisagras, y un olor a humedad y abandono
impregnaba el aire. Las paredes, una vez pintadas de colores vivos, ahora estaban descoloridas y llenas
de manchas de moho. El interior no era mejor; muebles rotos y desechos esparcidos por el suelo
creaban una atmósfera de desolación. Sin embargo, nada de esto importaba en ese momento. Lo único
que importaba era estar con Norra, sentir su presencia y compartir este espacio íntimo que, a pesar de
todo, era parte de ella.
A pesar de la incomodidad y el malestar que el lugar me provocaba, me obligué a permanecer tranquilo.
La casa reflejaba una parte oculta de Norra, una vulnerabilidad que ella había decidido mostrarme.
Sentía una mezcla de curiosidad y compasión, y una necesidad desesperada de protegerla, de estar con
ella sin importar las circunstancias. Mientras caminábamos por las habitaciones oscuras y polvorientas,
me encontré admirando la fuerza de Norra, su capacidad para encontrar belleza y significado incluso en
un lugar tan sombrío.
Nos acomodamos en lo que solía ser su sala de estar. Norra encendió unas velas, cuyo parpadeo débil
proporcionaba una calidez inesperada en medio de la decadencia. Nos sentamos juntos en el suelo,
abrazados para mantener el calor. Hablamos durante horas, compartiendo secretos y sueños, y con cada
palabra, sentía que nuestra conexión se profundizaba. La fragilidad de nuestro entorno contrastaba con
la intensidad de nuestros sentimientos, creando un espacio único en el que nuestras almas podían
encontrarse sin barreras.
Finalmente, el cansancio comenzó a ganarnos. Norra me miró con una suavidad que nunca antes había
visto en ella, y sin decir una palabra, se inclinó hacia mí. Nuestros labios se encontraron en un beso
tierno y lleno de significado, una promesa silenciosa de amor y comprensión. El mundo exterior
desapareció, y solo quedamos nosotros, unidos en ese momento perfecto.
Nos quedamos dormidos en el suelo de su casa, abrazados bajo el tenue brillo de las velas. La noche
pasó en un suspiro, y a pesar de las circunstancias, sentí una paz que nunca antes había experimentado.
Estar con Norra, incluso en un lugar tan inhóspito, me hacía sentir completo. Sabía que, sin importar lo
que el futuro nos deparara, mientras estuviéramos juntos, podríamos enfrentar cualquier cosa.

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