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El restablecimiento de las relaciones con nuestros hijos adultos

Ya sea que el alcohólico alcance o no la sobriedad

o que nosotros continuemos o no en la relación, aún tenemos que encarar los efectos del
alcoholismo en nuestros hijos. Cuando eran pequeños, a lo mejor pensábamos que podíamos
impedir el sufrimiento de ellos por medio de nuestro intento de compensar la falta de atención
que debieron haber recibido por parte del alcohólico. Algunos tratamos de educar a nuestros hijos
acerca del alcoholismo o los exhortamos a que asistan a Alateen. Si bien estos esfuerzos pueden
haber sido útiles, no pudimos impedir que nuestros hijos se vieran afectados por la enfermedad
familiar del alcoholismo. Los efectos de haber crecido en un hogar afectado por el alcoholismo
continúan en la mayoría de los hijos hasta la edad adulta. Los hijos pueden sufrir de angustia,
depresión y escasa autoestima. A muchos se les hace difícil confiar en otra gente. Pueden optar
por relaciones con otros alcohólicos o luchar con sus propias adicciones. Como padres, pudimos
haber enviado a nuestros hijos adolescentes a centros de tratamiento contra el alcohol o haberles
pedido que se fueran de la casa. Tuvimos que fijar límites y luego reunir el valor para aplicarlos. En
Al-Anón aprendemos que no podemos controlar las decisiones de nuestros hijos adultos, lo cual,
como padres, puede ser demasiado difícil de aceptar. A pesar de todo, cuando nuestros hijos eran
pequeños, éramos responsables de su bienestar y tomamos decisiones que creíamos que los
beneficiarían de la mejor manera. Una vez que los niños han crecido, puede ser difícil permitirles
tomar sus propias decisiones, en especial si consideramos que dichas decisiones son poco
inteligentes o son perjudiciales. Esto no significa que pasemos por alto los problemas a medida
que surgen. Podemos aun expresar nuestras preocupaciones si se nos pregunta, pero no tenemos
que resolver cada problema que se les presenta. "Estoy aprendiendo a soltar las riendas de mis
preocupaciones por el bienestar de mi hijo, de manera que él pueda recurrir a su Poder Superior y
obtener ayuda" Nuestro impulso de rescatar a nuestros hijos puede en realidad impedirles
encontrar sus propias soluciones. Lo que sí podemos hacer es confiar nuestros hijos al cuidado de
nuestro Poder Superior. "Cuando mis hijos adultos no se comportan como creo que deben, intento
recordar 'Vive y deja vivir. Cuando creo que están pasando por algún problema, tengo presente
que no puedo librar ninguna batalla en su nombre. Pese a que es doloroso verlos tropezar, debo
Soltar las riendas y entregárselas a Dios Es suficientemente difícil para mí seguir mi propio camino.
Una manera de respetar a mis hijos es permitirles que caminen por el suyo". Puede ser fácil
culparnos por los problemas de nuestros hijos, en especial después de que nos llegamos a dar
cuenta de los efectos dañinos de la convivencia con el alcoholismo. Podemos cuestionar la labor
que hicimos como padres, y dudamos de si protegimos a nuestros hijos lo suficiente o si los
protegimos demasiado; de si fuimos demasiado severos o muy indulgentes con ellos. Como
pasamos tanto tiempo centrando nuestra atención en el alcohólico, a lo mejor dudemos de si le
dedicamos bastante de nuestra energía a nuestros hijos. Nuestras preocupaciones serán mayores
aun si nuestros hijos nos culpan por sus problemas. La culpa por errores pasados puede
mantenernos atrapados. Es útil tener compasión por nosotros mismos y por nuestros hijos. Aun si
cometimos errores en el pasado, no causamos el alcoholismo de nadie, tampoco el de nuestros
hijos adultos. Sencillamente, no tenemos esa clase de poder. Podemos tener presente el
perdonarnos. Podemos aceptar que hicimos todo lo posible en el momento con los recursos de
que disponíamos. Hoy podemos comprometernos a hacer las cosas de manera distinta. ¿Cómo
podemos hoy estar al lado de nuestros hijos? Podemos ofrecerles nuestro amor, apoyo y estímulo.
Podemos planear una forma de vida más sana. Podemos hablarles con honestidad acerca de los
errores que cometimos. Podemos escuchar sin estar a la defensiva si ellos desean hablar sobre su
niñez. Podemos darles espacio para sus sentimientos y experiencias aunque cuando pudiéramos
ver las cosas de otra manera. Las vidas de nuestros hijos tal vez no hayan sido como lo
esperábamos, pero no podemos impedir que aprendan las lecciones que hoy están destinados a
aprender. Cualquier problema que estén enfrentando, son ellos quienes lo tienen que enfrentar.
Ellos tienen su propio camino, su propia travesía. Aunque nos resulte poco claro ahora, tal vez
nuestros hijos están destinados a pasar exactamente por lo que están pasando por alguna razón.

Tomado del libro “Abramos el corazón transformemos nuestras perdidas” Al-anon

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