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Aprender a envejecer

Min. Ismael Rodríguez García

Era Moisés de edad de ciento veinte años cuando murió;


sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor.
Deuteronomio 34:7 R.V 1960
Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes.
Salmos 92:14
Introducción

¿Aprender envejecer? ¡Quien quiere envejecer! Sobre todo, en una época como la
nuestra en donde la vejez es temida o evitada porque se asocia con decrepitud,
fealdad, enfermedad, dependencia, deterioro, con ser improductivos y con la
pérdida de autonomía. Además, en nuestra sociedad occidental la vejez solo se la
concibe como una etapa de desgaste, de deterioro y como el fin de la vida; pero
nada más falso que esto porque en realidad el fin de la vida no es la vejez, el fin
de la vida es la muerte, y la vejez es sólo una etapa más. De hecho, la muerte
puede ocurrir en cualquier momento y en cualquier etapa de la vida, no solo en la
vejez.

Este punto de vista y actitud negativa hacia la vejez se deriva de la herencia del
pensamiento griego en nuestra cultura actual y del influjo frecuente de la cultura
publicitaria sobre nuestras vidas, tanto en personas creyentes como no creyentes.
Por ello que es necesario repensar y mirar desde los ojos de la fe y del punto de
vista bíblico esta importante etapa de la vida; para darle un sentido y significado
diferente.

Desarrollo

En nuestra sociedad actual ¿quién aspira o quiere ser viejo(a) o anciano(a)? En


términos generales casi nadie, sobre todo con la cultura publicitaria que enaltece
los valores en alza de juventud, fuerza, belleza y hace falsa publicidad sobre la
vejez; una de las etapas maravillosas de la vida. ¡Así es! La juventud no es mejor
que la vejez y la vejez no es peor que la juventud, cada etapa de la vida (la infancia,
la niñez, la adolescencia, etc.) tiene su encanto, sus limitaciones, sus virtudes y
oportunidades. El problema es que por influencia de la cultura publicitaria que tiene
sus raíces en la mentalidad griega, valoramos más unas etapas sobre otras e
incluso las idealizamos, como es el caso de la juventud. Ya desde tiempos antiguos
la cultura occidental griega era veneradora de la perfección y de la belleza, y para
los griegos la vejez era considerada como una ofensa al espíritu y como un deterioro
inevitable de todos los aspectos del individuo, incluso los viejos eran provocadores
de la burla.

Sin embargo, el punto de vista bíblico sobre la vejez y la vida en general es diferente
a la mentalidad griega y a nuestra cultura actual, al respecto el salmista declara que:
Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes (Salmos 92:14 VRV).
Incluso en la vejez aún producirán fruto, seguirán verdes y llenos de vitalidad (NTV).
¡Qué hermosa declaración sobre la vejez! Las palabras con las que asocia el
salmista la vejez son positivas y esperanzadoras: fructificar, producir fruto, vigor,
vitalidad. ¡Nada que temer a la vejez! Nada de que “ser viejo(a) es igual a estar
chocheando o de ser improductivos”, nada de “ya para que si estoy viejo(a)” o que
“soy demasiado viejo para aprender”. Tampoco nada de que “ser viejo es retornar
a la infancia para ser dependientes” o “se está volviendo cascarrabias porque está
envejeciendo”; o de que “chango viejo no aprende maroma nueva”. Nada de que
vejez es igual a decrepitud, deterioro de la inteligencia y pérdida de la memoria.
Tenemos que desterrar esos mitos (falsas creencias) y fobia (miedo) hacia la vejez.
De Moisés se dice que era de edad de ciento veinte años cuando murió; y sus ojos
nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor (Deuteronomio 34:7 VRV 1960).

Hoy más que nunca se hace urgente aprender a envejecer, en lugar de evadir la
realidad del envejecimiento y tratar de retardarlo a través de pócimas y/o
tratamientos, o de esforzarnos por borrar las huellas de su presencia por medio de
cremas costosas y cirugías especiales para quitar las expresiones, las arrugas, etc.
¡Necesitamos aprender a envejecer! ¡Sí! El envejecimiento requiere de un proceso
de aprendizaje, igual que cuando aprendimos a cocinar, a pintar, o cuando
aprendimos español, biología, matemáticas, música. Es vital aprender a envejecer,
porque no es lo mismo resignarse y esperar que el tiempo para llegar a ser viejos,
que aprender la habilidad y capacidad de envejecer con estilo. Como afirmó el
psiquiatra cristiano Paul Tournier: “la vida siempre merece vivirse y sus últimas
etapas pueden ser las mejores si sabemos cómo vivirlas”.

El verdadero problema con la vejez no es llegar a viejos sino cómo llegamos, es


decir; en qué condición física, social, mental, emocional, espiritual, y con qué
anhelos, metas, sueños y aspiraciones llegamos. De esto dependerá que el paso
de la edad adulta a la vejez pueda convertirse en una meta deseable (aceptar y
querer envejecer) o en un fantasma aterrador. No hay porqué temer a la vejez, todos
vamos a envejecer, de hecho, llegar a la vejez ya es una bendición, porque significa
que por gracia de Dios ya hemos transitado por todas las etapas anteriores y somos
triunfadores al llegar a esta etapa.

Aprender a envejecer implica saber y aceptar que cuando llegamos a viejos, el


cuerpo y las fuerzas ya no son las mismas, y sobre todo la mente. Pero eso no
significa que tenemos que abandonarnos y que ya todo se acabó. Podemos
considerar la vejez como la última de las etapas de la vida o podemos hacer algo
mucho mejor: descubrir que esta nueva etapa tiene un sentido y valor único, que es
la etapa de la sabiduría y la acumulación de todas las etapas anteriores, y que nos
ha dejado un cúmulo de aprendizajes y riqueza de experiencias.

Aprender a envejecer implica hacernos cargo de nuestra propia vida, encarando


nuestros conflictos no resueltos, las frustraciones no superadas y las relaciones
conflictivas de nuestra vida; de no resolverlas y superarlas en el momento oportuno
se harán más difícil al momento de envejecer y nos causará muchos problemas. La
vejez es una invitación a celebrar la vida, a escuchar nuestro cuerpo y nuestra alma,
a invertir en los afectos y cuidar los vínculos. Solo de esta manera podremos
prepararnos para vivir una vida plena y disfrutar de la maravilla que esconde cada
una de las etapas de la vida. «El viejo o vieja que seremos mañana o que somos
hoy dependerá o depende del joven y del adulto que fuimos ayer».

Aprender a envejecer significa vivir con conciencia, para entender el valor del
presente y conectarse con los afectos y sencillez de la vida. Preparación para
organizar la vida pensando que ese momento llegará algún día. Inversión, para
saber a qué dedicar nuestras energías, calibrando lo material con los vínculos
emocionales y el desarrollo de la vida espiritual. Voluntad y fe, porque es lo que
mueve a la conciencia para producir la preparación y la orientación hacia aquello en
lo que vale la pena invertir.

Aprender a envejecer consiste en prepararse para esa etapa desde la juventud, ya


que según como nos preparemos desde jóvenes, así viviremos la vejez. Eso incluye
el cultivo de una profunda vida espiritual, el cuidado de los afectos, pero también de
la alimentación y del cuerpo, haciendo por ejemplo actividad física. También
prestando atención a la salud, sabiendo que cada dolor del cuerpo es una señal del
alma, que algo nos está queriendo decir. La vejez puede ser una etapa maravillosa
si la recibimos como un regalo de Dios y con buena actitud. Es cierto que debemos
despedirnos de muchas de las caras bellas de la juventud; pero eso también tiene
su lado positivo. Somos más libres y completos. Tenemos mejor perspectiva sobre
la vida y, sobre todo. Alguien dio que envejecer es como escalar una gran montaña:
“mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más
amplia y serena”. Por eso podemos envejecer felices y sentirnos agradecidos por
las maravillas que se encuentran en el ocaso de la vida.

Conclusión

Aprendamos que envejecemos según como hemos vivido: Las personas que han
llevado una vida gratificante, generalmente pueden aceptar los cambios de la edad
con naturalidad. Demos gracias a Dios por que hemos podido vivir mucho tiempo,
tiempo donde se nos ha permitido madurar, vivir la vida, acertar, errar, reír, llorar,
desgarrarnos y crecer. ¡La vejez es un triunfo! Aceptemos, celebremos y vivamos
con honor el llegar a la vejez. Dejemos nuestra resistencia a envejecer buscando la
manera de retardar, e ir en contra de las leyes naturales de la vida propias del
envejecimiento. No se niegue a ver sus canas, sus arrugas, su tez marchita, caída,
resquebrajada, el cuerpo decaído, lento, sin fuerzas, la memoria frágil y traicionera.
El sabio Salomón dijo que “llegar a viejo es una honra; las canas son la corona que
se gana por ser honrado” (Proverbio 16:31).

Fuentes de consulta:
Versión Reina Valera (VRV), 1960
Nueva Traducción Viviente (NTV), 2010
E-book: Manual Curso Envejecimiento Activo. Toledo, Junio de 2007.
Traducción en Lenguaje Actual (TLA), 2000
Pilar Sordo. No quiero envejecer. Las claves para vivir plenamente y disfrutar del
paso del tiempo. Edit. Oceano, 2017.

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