CENTRO DE ESTUDIOS UNIVERSITARIOS
DIVISIÓN HUMANIDADES
“DAÑOS PSICOLOGICOS QUE CAUSA EL ABUSO SEXUAL”
POR:
HILLARY MONSERRATH LÓPEZ GALLEGOS
Capítulo I PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
1.1 ANTECEDENTES
1.2 DEFINICIÓN DEL PROBLEMA
1.3 DELIMITACIÓN DEL PROBLEMA
1.4 JUSTIFICACIÓN
1.5 OBJETIVO GENERAL
1.6 PREGUNTA DE INVESTIGACIÓN
1.6.1 HIPOTESIS
Capítulo 2 MARCO TEORICO
2.1 MALTRATO INFANTIL
2.2 INFANCIA Y MALTRATO
2.3 VIOLENCIA
2.4 VIOLENCIA FISICA
2.5 VIOLENCIA PSICOLOGICA O EMOCIONAL
CAPITULO 3 NATURALEZA DE LA INVESTIGACIÓN
3.1 FAMILIAR
3.2 SOCIAL
3.3 PSICOLOGICO
3.4 ESCOLAR
CAPITULO 1 PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
1.1 ANTECEDENTES
En la mayoría de los estudios los padres biológicos son los principales
responsables de los abusos sexuales, seguidos por familiares cercanos, luego, por
conocidos no familiares y por último, por desconocido. Desde 1998 hasta el 2003
fueron atendidos por causa de abuso sexual 120 menores realizando revisión
detallada de la documentación existente en el Centro Territorial de Medicina Cuba
cuyo objetivo era observar la frecuencia de abuso sexual, el cual concluye que en
su mayoría el abuso ocurre en niñas adolescentes del área urbana, el agresor es
del sexo masculino y se encuentra en más de la mitad de los casos en el entorno
familiar. En 2001 se llevó a cabo en la Universidad de Barcelon a sobre la
experiencia en una unidad funcional de abuso a menores donde se hizo una
revisión prospectiva de la historia de los pacientes con sospecha de abuso sexual.
Se estudiaron 704 casos. El 75% eran niñas. El relato del niño fue la forma más
frecuente de descubrimiento del abuso (51 %), la anamnesis fue positiva en el 45
% de ocasiones. La exploración genital fue normal en el 74% de casos y la anal en
el 79%. En la conclusión, el 40% fue normal, el 11%, compatible, el 41%, alta
probabilidad y el 4%, seguro abuso sexual. El abusador fue en el 92% de casos un
varón.
Los tocamientos fueron la forma más frecuente de agresión y en el 25% el abuso
duró más de un año
En el año 2003 se realizó un estudio en niñas – adolescentes con historia de abuso
sexual, atendidas en el Servicio de Psicología – Ginecología del Instituto
Especializado de Salud del Niño, en el periodo de Enero a Octubre del 2003 el que
concluye que es necesario mejorar los programas de prevención haciendo más
participes a los padres, en cuanto al cuidado del menor, independientemente de las
campañas de autocuidado infantil, puesto que el 53.7% tenía en su historia un
suceso de abuso sexual cometido por una persona de sexo varón que pertenecía a
su familia. En nuestro medio se hace el reconocimiento a través del Decreto
Ministerial (67-97. noviembre
1996) el que aborda que la violencia es un problema de salud pública y para
enfrentar este fenómeno se cuenta con los siguientes programas:
● Política pública contra la Explotación sexual y comercio de niños, niñas y
adolescentes.
● El Plan nacional para la prevención de la violencia intrafamiliar y sexual, 2001- 2006 y
que se va a extender hacia el 2014.
● Programa de comisarías de la mujer y la niñez.
● Normas y procedimientos para la Atención de la violencia intrafamiliar.
En agosto del año 2001, el Programa de Atención Integral a la Mujer, Niñez y
Adolescencia publica las Normas y Procedimientos para la Atención a la Violencia
Intrafamiliar, documento elaborado y validado con la participación de personal de
salud de diferentes perfiles y niveles de atención del MINSA y de múltiples
sectores que trabajan el tema.
1.2 DEFINICIÓN DEL PROBLEMA
Hablar sobre maltrato contra los niños, niñas y adolescentes no es un tema fácil;
muchas veces este tipo de violencia es un acto oculto que no sólo es muy difícil de
percibir por presentarse en el seno familiar, sino que no se reconoce socialmente
como tal, razón por la cual se generan muchas dudas y confusiones. El maltrato
infantil ha pasado de simples episodios aislados a ser una preocupación que
aqueja a la sociedad en su conjunto. En los últimos años las noticias y denuncias
de estos casos han puesto en evidencia la magnitud del problema que está
presente en todos los grupos poblacionales, pero sobre todo en los niños. El
maltrato tiene lugar en todos los países del mundo, en todas las sociedades y se
reproduce sin diferenciar grupos sociales, raciales ni étnicos. Millones de niños en
todo el mundo sufren de violencia en sus propios hogares, dejando en ellos
severas consecuencias sobre su presente y futuro. La violencia contra la niñez y
adolescencia genera problemas emocionales y cognitivos de corto y largo plazo
que pueden tener efectos en su salud física, mental y emocional. De la misma
forma, los niños, niñas y adolescentes que sufren violencia tienen un a alta
probabilidad de reproducir, cuando sean adultos, patrones similares de conducta en
su familia y en la sociedad, transmitiendo así las consecuencias de la violencia por
generaciones. A nivel mundial la mayoría de los datos disponibles sobre malos
tratos recibidos por niños en la historia muestran que la resolución de conflictos
mediante el castigo es una práctica arraigada desde la antigüedad. Ante la
evidencia histórica, es claro que el maltrato infantil (como práctica, como fenómeno)
es tan antiguo como la sociedad humana, componente común en la educación y la
crianza de los hijos en las más diversas culturas y casi elemento inevitable de la
vida infantil de todos los tiempos, algo aceptado como lícito desde las más remotas
épocas.
El maltrato infantil ha estado presente en todos los momentos de la historia del ser
humano, en la vida de la familia, la sociedad, las instituciones, pero no siempre con
la misma intensidad ni del mismo modo, pues sus manifestaciones h an ido
cambiando conforme a las diversas condiciones de cada época y cultura.
1.3 DELIMITACIÓN DEL PROBLEMA
“El maltrato infantil se define como acción, omisión o trato negligente, no accidental,
que priva al niño de sus derechos y su bienestar, que amenaza e interfiere su
ordenado desarrollo físico, psicosocial y cuyos autores pueden ser personas,
instituciones o la propia sociedad”. El maltrato infantil es un gran problema que
afecta al individuo
1.4 JUSTIFICACIÓN
La violencia es una enfermedad social de proporciones epidémicas y endémicas
cada vez más arraigada en la población. El futuro de la sociedad y de toda la
civilización descansa en la posibilidad de hacer algo por evitar la violencia. Los
niños maltratados de esta generación, si sobreviven, serán padres y madres que
maltraten a la generación siguiente y a miembros desadaptados de la sociedad. El
abuso sexual es un secreto angustiador con el que viven muchos niños y
adolescentes. Es un tema delicado, complejo y sumamente serio, abordarlo es
exponer un tabú, algo que es poco tratado a la luz pública, por ser un secreto,
tanto para el abusador, que no quiere ser descubierto, como para la víctima, que
está completamente desorientada y siente un miedo terrible. Los niños, niñas y
adolescentes, que sufren del abuso sexual tienen que vivir con un secreto
desgarrador. Porque a no ser que intervenga una tercera persona, el niño o el
adolescente seguirá atrapado en una situación dañina y pervertida, debido a la
vergüenza, el temor, la confusión y las amenazas del abusador. El estado brindará
especial atención a los niños, niñas y adolescentes que se encuentran en
situación de peligro, riesgo sicológico, social o material de acuerdo con las
disposiciones del Libro Segundo del Código de la niñez y adolescencia. nivel
mundial, latinoamericano y en nuestro medio es un problema de salud pública que
día a día va en ascenso, pero que no se le presta la debida importancia y lo
hacemos pasar desapercibido, sin tomar en consideración todas las alteraciones
que esto provocara en el niño, niña y adolescente; desde el punto de vista
psicológico, social, anatómico/funcional por tal razón considero importante la
realización de dicho estudio.
1.5 OBJETIVO GENERAL
Crear conciencia acerca de los abusos sexuales en niños de primaria
y el cómo afecta psicológicamente tanto a ellos como a los padres
por falta de información concisa
1.6 PREGUNTA DE INVESTIGACIÓN
Existen tipos de daños psicológicos como estrés postraumático, sufrimiento
emocional, insomnio, depresión, trastornos alimentarios y hasta puede
derivar en intentos de suicidio según los niveles de tristeza y el desconsuelo
que experimente la víctima.
Como podemos prevenir los abusos sexuales en niños, esto es un tabú para
los padres hablar con los niños de esto sobre cuáles son sus partes
privadas. Diles que nadie puede tocarles y que ellos tampoco deben tocar el
cuerpo de otra persona. Existe apoyo para las víctimas de abuso sexual
como son los centros y las líneas de ayuda a víctimas de abuso sexual
cuentan con voluntarios capacitados y otros profesionales (como
profesionales de salud
mental) que pueden ayudarte a encontrar apoyo y recursos cerca de donde
vives. Una de las líneas de ayuda es la Línea Nacional de Ayuda Contra el
Abuso Sexual, 800-656-HOPE (4673). Algunas características de los
abusadores En la gran mayoría de los casos de abusos sexual, los victimarios
son personas cercanas a las familias. A veces son los padres, tíos, hermanos,
primos o amigos de la familia. Las relaciones de confianza que se construyen,
a veces les permiten actuar con total impunidad.
1.6.1 HIPOTESIS
Las principales hipótesis que he propuesto contrastar y confirmar para la solución del
problema en el presente estudio, son las siguientes:
1. Los padres son los principales exponentes del maltrato físico y
psicológico, mientras los acudientes y las madres son las principales agresoras en
cuanto a la negligencia y/o abandono escolar.
2. El maltrato infantil incide en gran medida en la motivación y la estima en el infante.
3. El estar siendo víctima del maltrato infantil en la familia, lleva al estudiante
a reflejar comportamientos agresivos y altos niveles de intolerancia en la
escuela.
4. El maltrato infantil y los bajos niveles de motivación y emocional hacen del hogar
un ambientehostil paragarantizarlosderechosdelosniños.
5. Actualmente no existe una clara y oportuna sensibilización social frente al
problema del maltrato infantil en la población de Monterrey
CAPITULO 2 MARCO TEÓRICO
El marco teórico es uno de los capítulos más importantes en la realización de
una investigación, porque constituye el sustento de todo el proceso de la
misma, sirve como factor fundamental en la formulación del problema, el análisis
de la información y para la interpretación psicológica del conjunto de variables.
El estudio se realiza según los postulados de la psicología social puesto que
enfoca la actitud en sus dimensiones cognitiva, afectiva y comportamental, cuyo
instrumento de evaluación de igual manera se sustenta en estas posiciones
teóricas. En este sentido, el marco teórico está constituido en función de cada
una de las variables que componen el presente trabajo de investigación. Así, en
primer lugar, se hizo una descripción de todo lo relacionado al maltrato infantil,
actitud, componente cognitivo, componente afectivo, para finalizar con el
componente conductual
2.1 Maltrato Infantil
La expresión "Maltrato Infantil" fue introducida y propuesta por el Dr. Henry C.
Kempe, en el Simposio de la Academia Americana de Pediatría con el nombre
de "Síndrome del Niño Golpeado". El concepto tipifica a niños, niñas y
adolescentes que alguna vez han experimentado daño físico y/o daño psíquico,
abuso sexual o privación de cuidados básicos de forma no accidental por parte
de sus progenitores o personas responsables de su cuidado y que amenazan el
desarrollo normal tanto físico como emocional del menor. Esta definición
supone el uso de la violencia en forma intencionada, habitual u ocasionalmente,
de alta frecuencia y de alta intensidad y dirigida no accidentalmente a lesionar o
destruir al menor. Empero, el maltrato infantil no sólo incluye agresiones físicas,
sino también actos lesivos, verbales y de privación afectiva que determinan
traumas psicológicos que alteran el normal desarrollo psicosocial del menor.
(Moreno V., A.E., 2013, p. 192)
2.1.1 “El maltrato infantil se define como toda aquella situación en que incurra una
persona consciente de sus actos, por acción u omisión que atente contra la
integridad o altere el normal crecimiento y desarrollo de una niña o niño en
detrimento del desarrollo de su s potencialidades físicas, emocionales,
intelectuales, sociales, éticas, morales, estéticas, culturales, espirituales y
religiosas, afectando sus relaciones y desempeño con los miembros de la
sociedad”. (Lago, Rojas y otros, 2007, p. 3)
2.1.2 "Maltrato infantil son los actos y las carencias que afectan gravemente
el desarrollo físico, psicológico, afectivo y moral del niño o niña, ejecutados por
los padres, cuidadores o personas adultas alrededor de él o ella". (Muñoz
Rodríguez, D.I., 2006, p. 5)
2.2 INFANCIA Y MALTRATO
El origen latino de las palabras infancia y maltrato, bien podrían dar algunos
indicios de las vicisitudes que supone la construcción de la noción maltrato
infantil; siguiendo esta lógica, el concepto infancia enfatizaría la valorización del
período inicial de la vida, de características vinculadas a la capacidad lingüística
expresiva, a su vez establecería
diferencias respecto a otras etapas, como correspondientes al mundo adulto, o
a la senectud ya que, históricamente, para muchos autores la infancia,
representa una “adquisición tardía” de la modernidad, que va a contrapunto de
transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales. El concepto de
maltrato, a su vez, englobaría acciones dañinas (atormentar, golpear, perseguir,
afectar corporalmente, apalear, etc.) que se dan en una relación sujeto - objeto.
Es a mediados del Siglo XIX, desde el enfoqu e médico que la noción de
maltrato hacia los niños se ve nutrida, en el intento de nombrar una
problemática ampliando el concepto respecto a las dimensiones que abarca,
buscando explicaciones, causas y efectos del daño ocasionado a los niños por
las “acciones” de los otros.
2.3 VIOLENCIA
Una de las primeras observaciones que es posible realizar es el uso casi
indistinto de expresiones en las que se incluyen los términos violencia y
maltrato; éstos pueden ser entendidos como conceptos genéricos (es decir
incluyen otras clases o especies), y en muchos casos se suelen emplear como
sinónimos. Sin embargo, esta noción no es uniforme, lo que puede crear cierta
ambigüedad para la comprensión y diferenciación de otros fenómenos; es decir
pensar que el maltrato infantil es una forma de violencia, o que toda forma de
maltrato es violento, o que lo que define la violencia es el uso de la fuerza y
cuán concreta o manifiesta puede ser ésta, en contrapartida implica distinguirla
y definir el buen trato infantil, así tenemos por ejemplo las definiciones a,b,c,d.
(Chacón B. Ma.E. y Sheriff B. H.Ernesto, 2014, p. 8)
2.4 VIOLENCIA FÍSICA
La violencia física contra los niños se presenta con cualquier lesión infligida, no
accidental, que provoca un daño físico, enfermedad o los coloca en grave
riesgo de padecerla. Puede ser el resultado de uno o dos incidentes aislados, o
puede ser una situación crónica de abuso. Las lesiones incluyen trastornos
reconocidos como inflamación, irritación o el enrojecimiento de la piel causada
por una palmada, golpe con el puño o pie, golpes con chicote u otros objetos y
acciones que dañen cualquier área del cuerpo.
2.5 VIOLENCIA PSICOLÓGICA O EMOCIONAL
La violencia psicológica o emocional contra los niños(as) es un acto de
naturaleza intencionada o cualquier esfuerzo que trata de socavar la valoración
que tiene el niño(a) o adolescente de sí mismo.
La violencia sexual se define como cualquier tipo de contacto sexual por parte
de un adulto o tutor. El niño, niña y adolescente puede ser utilizado como objeto
de estimulación sexual o para la realización de actos sexuales, cambiando su
intensidad desde la exhibición a la violación; es la más difícil de aceptar para el
niño(a) o adolescente que la sufre. Se puede expresar en: incesto, violación,
vejación sexual, abuso sexual sin contacto físico. (UDAPE-UNICEF, 2008, p.
14)
CAPÍTULO 3
NATURALEZA DE INVESTIGACIÓN
3.1 FAMILIAR:
Irene Intebi (2008) plantea que a menudo le preguntan si ante una sospecha simple
de abuso la intervención de la Justicia no sea inútil, la respuesta que siempre da es:
“Sólo mediante una intervención especializada es posible confirmar o desechar una
sospecha o una evidencia” (p.290). Son los familiares, amigos, vecinos, los
maestros, profesionales de la salud y las instituciones que trabajan con los niños y
están en contacto con ellos los que deben acercarse a especialistas o a la instancia
legal para denunciar el abuso. La autora destaca la importancia de la intervención
judicial para poder trabajar eficazmente con las familias, que generalmente
minimizan, racionalizan y niegan los actos violentos. (Intebi, 2008, p.295-296).
Llama la atención la prevalencia de la modalidad de abuso sexual intrafamiliar en
comparación con el extrafamiliar. Por ejemplo, las cifras reportadas por el CAIVAS
muestran que en 2015 fueron 113 los casos de abuso sexual donde el presunto
agresor fue un familiar o conocido; mientras que los casos de abuso sexual
extrafamiliar-ASE, es decir, donde el presunto abusador no presenta ningún tipo de
parentesco o reconocimiento directo con el niño víctima del abuso sumaron 32
(Redacción Ámbito Jurídico, 2015).
Precisamente, el objeto de este artículo es el abuso sexual de tipo ASE, que, en
términos de antecedentes considerados durante los últimos 10 años, y en particular,
sobre el tema de los padres frente al ASE, evidencian un vacío en la producción
científica en comparación con los estudios realizados con padres en el abuso sexual
de tipo Intrafamiliar-ASI. En esta vía, se encuentran investigaciones que abordan la
disminución del malestar emocional de las víctimas del ASE, favoreciendo la
intervención en crisis, pero que no involucran directamente a los padres (Grosz,
Kempe & Kelly, 2000; OMS, 2002).
Estos últimos autores resaltan el tratamiento sobre la situación de abuso en las
víctimas, las conductas de los agresores y sus motivaciones en la realización del
hecho abusivo, pero también reiteran que son pocos los estudios dirigidos tanto a la
comprensión y al tratamiento de las consecuencias relacionadas con los padres no
agresores de víctimas de abuso sexual, lo que los ubica no solo en el lugar de
“víctimas secundarias” sino en el de “víctimas secundarias olvidadas” (McCourt et
al., 1998). Por otra parte, Manion, Mcintyre, Firestone, Ligezinska, Ensom & Wells
(1996) afirman que esta problemática debe presentarse como una oportunidad para
evaluar el ajuste parental en los padres de niños víctimas de ASE, y precisan que no
atenderles ni reconocer su implicación como padres, puede traumatizar a todo el
sistema familiar, debido al alto malestar emocional experimentado tras el evento, lo
cual puede ocasionar un pobre funcionamiento familiar y llevarlos a una baja
satisfacción en su rol parental.
3.2 SOCIAL:
El abuso sexual infantil no puede entenderse si no se lo estudia en el marco del
contexto histórico y social donde se produce. La cosmovisión del mundo en general
y de cada conducta social está determinada por las ideologías y teorías que
predominan en determinados momentos. En esta cosmovisión quedan incluidos
prejuicios, avances sociales, nuevas teorías, el retroceso a otras que ya no se
consideraban útiles y la tolerancia
social que permite que tales teorías sigan o n o en vigencia. (Unicef 2015, 12)
Las narrativas son construcciones complejas alrededor de tramas temáticas,
construidas en una dimensión histórica y negociadas socialmente, manteniéndose
siempre abiertas a la reconstrucción, y no constituyéndose como una posesión de
las personas, sino de sus relaciones vividas en un sistema social e histórico, y en
los modos discursivos reservados por la cultura. Por lo tanto, no se refieren
solamente al mundo interno de la persona o a sus cogniciones, sino también son
formas sociales de significar lo ocurrido, y organizar las acciones que forman parte
del proceso conversacional (Gergen, 1996).
El abuso sexual es un fenómeno determinado por diversos factores, el cual abarca
aspectos culturales, socioeconómicos, individuales y familiares. La relación sexual
es un tipo particular de relación social implicando límites individuales y sociales. En
la situación de abuso sexual, la víctima es tratada como objeto parcial, o incluso
como objeto inanimado (fetiche), de manera que la persona no es respetada en su
decisión y autonomía. Aunque el hecho ocurra sin violencia o sin marcas físicas
evidentes, sí se considera un abuso sexual, dado que el/la niño/a y el/la
adolescente están supeditados a una fragilidad física y emocional ante el otro.
(Azevedo & Guerra, 1989; Cardin, Mochi & Bannach, 2011; Cohen, 2000; Cohen &
Figaro, 1996; Esber, 2009; Habigzang, Koller, Azevedo & Machado, 2005; Penso,
Conceição, Costa & Carreteiro, 2011; Santos, Costa & Granjeiro, 2009).
3.5 PSICOLÓGICO:
Aunque la mayoría de los estudios que han examinado las secuelas a largo plazo del
ASI enumeran numerosas dificultades psicológicas, conductuales y sociales en la edad
adulta, que varían desde la depresión y baja autoestima hasta el abuso de sustancias y
los trastornos de personalidad (Godbout, Lussier y Sabourin, 2006; Levitan, Rector,
Sheldon y Goering, 2003; Pickering, Farmer y McGuffin, 2004; Roy y Janal, 2006), no
tenemos evidencia de la existencia de un grupo consistente de síntomas que se puedan
considerar como un «síndrome post abuso, y ciertamente no todas las víctimas de
abuso infantil muestran un daño significativo posterior (Rind, Tromovich y Bauserman,
1998). El ajuste psicológico se han centrado en el rol de variables intrapersonales
como las «dinámicas traumatogénicas» (sexualización traumática, traición,
estigmatización e indefensión) (Finkelhor y Browne, 1985), el trastorno de estrés
postraumático (Wolfe, Gentile y Wolfe, 1989), y las estrategias de afrontamiento
(Spaccarelli, 1994); en procesos interpersonales como el apego (Alexander, 1992) y las
relaciones familiares (Wind y Silvern, 1994); y en factores ecológicos más amplios
(Harvey, 1996). Nuestro interés se centra en el estudio del papel positivo o negativo que
desempeñan las diferentes estrategias de afrontamiento utilizadas por las víctimas en
su recuperación tras la experiencia de abuso sexual sufrida en la infancia.
El término afrontamiento hace referencia al aspecto del proceso de estrés que incluye
los intentos del individuo para manejar los estresores (Salanova, Grau y Martínez,
2005). En la actualidad se emplean diversas taxonomías de estilos de afrontamiento, lo
que hace difícil las comparaciones entre estudios. Sin embargo, el modelo que
predomina a la hora de clasificar las estrategias empleadas al hacer frente a la
experiencia de abuso es el de «aproximación -evitación» (Roth y Cohen, 1986). Según
este modelo, los pensamientos y/o acciones pueden estar dirigidos hacia una amenaza
o a alejarse de ella (Merrill, Thomsen, Sinclair, Gold y Milner, 2001). De este modo se
enfatiza la dirección del afrontamiento, de forma que las estrategias de aproximación
están orientadas hacia la amenaza, mientras que las de evitación a alejarse de dicha
amenaza. encontrarse presentes en la infancia y la adolescencia.
Si bien muchos de los efectos iniciales del abuso sexual infantil pueden perdurar a lo
largo del ciclo evolutivo (Swanston, Tebbutt, O’Toole y Oates, 1997; Tebutt, Swanston,
Oates y O’Toole, 1997), algunos de ellos se minimizan o desaparecen (Oates, O’Toole,
Lynch, Stern y Cooney, 1994), especialmente al llegar a la edad adulta, e incluso
pueden desarrollarse exclusivamente en determinados periodos evolutivos (Kendall-
Tackett et al., 1993). La presencia de conductas sexualizadas, también denominadas
comportamientos erotizados, es uno de los problemas más frecuentes en víctimas de
abuso sexual infantil, siendo tomada habitualmente como un indicador de marcada
fiabilidad para su detección. Como ejemplo, en la revisión de Bromberg y Jonson (2001)
los autores indican que la conducta sexualizada es 15 veces más probable en menores
víctimas de abuso sexual que en no víctimas.
3.6 ESCOLAR:
En el nivel preescolar se identificó a alumnos que reconocieron haber vivido
episodios de abuso sexual; en el nivel de secundaria algunos jóvenes aceptaron
haber sido víctimas de acoso sexual, mientras que, en el nivel de primaria, se
identificaron tres tipos de abuso: maltrato mixto (emocional y físico), acoso y abuso
sexual, estas diferencias pueden explicarse debido a que las etapas de mayor
vulnerabilidad dependen del periodo evolutivo de los niños, algunos autores
refieren que las edades de mayor riesgo para vivir abuso sexual se encuentran
entre los 6 y 12 años edad (Finkelhor, 2005).
En una consulta infantil y juvenil se identificó que alumnos de seis a nueve años de
edad señalaron como una de sus principales preocupaciones la violencia de la que
son objeto, en especial son vulnerables a los golpes y regaños que reciben del
profesorado; en esta misma consulta los alumnos de 12 a 15 años de edad
identifico como uno de sus principales problemas el enfrentar la falta de información
sexual (Nateras, Torres & Linares, 2004).
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