UNIVERSIDAD DE LA SALLE
Centro de Lectura Escritura y Oralidad – CLEO / Club de
escritura
Profesor: Henry Alexander Gómez
Correo: literaturaymetal@[Link] – henrgomez@[Link]
“Vida en Marte”
“Un perfil de la poesía norteamericana”
Cuando se me urgieron respuestas
EL HUESO PÉLVICO Para nuestra inconsistencia.
Alma (…)
¿Entiendes de las dagas que hurgan la sangre De ninguna parte me sobrevino una frase
Para alcanzar las coronas dogmáticas? Que llegaba con su imagen: el hueso pélvico, en alto,
Elizabeth Schön Que carga una diosa. Algo que no era
Autoderogativo como acostumbra serlo
Aquí el presente le sigue al presente Nuestro forcejeo cotidiano, cuando
En un mundo de pura y maciza cotidianidad. Arrojamos la materia misma
Igor Barreto. De la que estamos hechos: sangre, miasma. Vi
Ten piedad de una casa que se derrumba. Todo malherido, todo
La Eneida, Libro IV Como verdaderamente era,
Tal supe que ese centro a donde iba
I Era el presente macizo,
Yo venía a través de la ciudad Un haz de luz blanca, ciega.
Desde mi carro al centro,
Al otro extremo de aquel valle,
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País nombrado con ánimo de sojuzgarlo, peyorativo, En el cenit del día,
Porque uno es el nombre que lleva, La canícula, la resolana.
Y en nosotros no mirarnos,
Cuando todo está desnudo de afecto, hiriente. Dejo el auto,
En el atolladero,
Olores de infancia en una localidad cualquiera:
Turmero. Queda en el tiempo, Giro la llave
Enterrado aquel país irresponsable, En la canícula,
Cuando cruzo el pueblo y
Voy al centro (minerías, guerras), voy Salgo al sol,
A una manifestación humana. A la bruta premonición,
Junto con todos.
Así el desfile, náufragos,
Como fantasmas que atosigan III
Perlas, las esquinas son esquirlas Salve reina
De granadas Que estás en las aguas
En un patio interno. Pulpa Digo esta oración
Ofrecida, abierta, Ante tu estatua
Así la patria que no amas.
-Más tú no existes
II Sino en el hueso materno
Voy al centro del país peyorativo,
Voy sorteando los obstáculos
Vamos los creyentes
Dentro de un paisaje innoble,
En la hora descreída
Basurales, baldíos,
Por un puente
La luz burda cierra los portales
Sobre el presente duro
Del tiempo hacia el futuro.
Queda el presente puro
Espléndida figuración
Que te ha descubierto.
De una mujer
Te descubres en el tiempo
Enarbolada
Que has merecido,
Contigo y con tus hijos.
Carga la ciudad
Sobre la espalda
Estás en el vacío
Pero vas al centro,
Al centro de su arteria
Fluvial
Sin orillas,
Sin escampaderos,
En el presente de los descreídos, Pasamos sin mirarla
Has sobrevivido.
Reina sagrada
Vamos los sobrevivientes Que un artista supuso
Junto con la marea humana, Ver sobre la danta
Vamos por las carreteras
Atascados Espoleada
En el tráfago de almas. En su musculatura
Compacta
Cruzamos la ciudad
Hacia el centro Carga
Caído el sopor Hacia la vertical
De la mañana,
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Un hueso Como si un trineo se precipitara
De interrogación Por sobre una montaña de nieve.
Patria Pero piensa tú, ahora,
Por el derivativo En las palabras y en los signos
Interrogada Que abren. La poesía
No expresa a un descreído,
Levanta Ni lo absuelve. Es responsable.
El hueso duro No malgastes su Poder
De roer En estos tiempos
Sino te encuentras con ella
Portezuela, finalmente, En mitad de la noche.
Es apertura
V
Una vez por la hendija (Jamaica Hubo un naufragio
Cuando llegas con sangre
Allí carga Eneas
IV Corona
Leer a tus poetas. Para sus cascos
Y metrallas
Lastimeras partituras,
No de las cigarras, paraduras, Amor
De niños Ya no es señuelo
En las montañas quietas. Para destino tan alto
Ay, nada puede intimidarte, poeta, Partió
Ni el viento en los alambres. Sí, La flota de los mares
Temidos horizontes Ahíta
Que escribió Enriqueta.
De tempestades
Mañana será el día Y catástrofes
Del enfrentamiento. Te ruego
Si hubiese sido merced
Levanta la cabeza Reina patria morada
Pero que haga sentido Posteridad
Lo que escribes. De cuido y belleza
Las opiniones no son mi fuerte Por el amor
Dejada
Puso Gottfried Benn
En boca de un pianista, Más
El sublime Chopin
De los Noscturnos. Fuego
Cubrió la zaga
Así, el artista es preso A más llanto épica
De un interior de sangre Amarga
Hasta dar con su “música”.
Tal fue
Me adscribo a ese credo El sueño cumplido
Que supone fe en el arte, Y el sacrificio del Héroe
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Cuanto vale Existe el sol.
Cuanto resta: Esto que parece perorata
Has de ver el mar Es premonición.
Existe el sol,
Enturbiarse de maderos
Priva en el valle
Y crueles antorchas Una montaña en flor.
Encenderse
VII
El litoral Patria
Hervir en llamas) Son olores de la infancia,
VI Un cierto grado
No has cortado el hilo De la luz,
Umbilical
Enero,
Se oye la música En la remembranza.
De las esferas lastimar,
Es una soñolencia,
Caravanas, Certificación que trae
Patrullas metropolitanas.
Lo estrictamente subjetivo,
Cree, cree en algo Personal,
Que no sea corrupción.
Hasta la casa.
Tú mismo lo eres
Desde tu indefensión: un cínico. Patria
Es tu presente oscuro,
Pero estás en tu país.
Lo trivial que también
¿No escribió un sabio Te constituye:
Siguiendo tradición
De siglos, antes de morir, Éstas serán
Un signo que conjuga Tus banderas.
Respiración con muerte,
Mordiendo la cabeza? Casa
Es tu respiración,
Vamos al centro
El arqueo acompasado
Donde un cerco De tu pecho
Humano nos espera,
Piedras Sobre tu vencimiento.
De amolar los cascos.
No defiendas nada.
No habrá bandajos Quédate con tus palabras.
En este acto multitudinario, En tu boca.
Ni campanas. Que no sea nada
Lo que has dicho o pensado
Sonaremos los odios, Alguna vez. Todo
Ya tajado el país
Lo que a tus manos llegue,
Cuyo espanto subsiste.
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Aún lo que es contrario Avanza, como hasta ahora los has hecho,
A tus ideas y a tus obras, Contra el miedo, ya que nunca te ha abandonado
Siendo uno de tus temas, a tímidos pasos,
Recíbele como dádiva Sobre el vidrio.
De tus empleadores.
¿Recuerdas la visión aquella noche
Pero nos quieren ver De la torre de espejos, en Bogotá,
Con las banderas. Por lo que se avenía como una asonada,
En 1989?
Hacia el balcón del pueblo
Van los ciegos No lo olvides, pero que no te amedrenten.
Porque si volviese del paisaje turbio la mirada
Por el desfiladero. Que arroja tu país en nombre de una ideología,
Has visto ciega y recuerda tus logros:
VIII
La oscuridad es un territorio La casa que has levantado
En el que abundan los exploradores. Son opacos Como una barricada de color rojizo;
Los márgenes de la conducta humana, tenebroso Tus hijos, que viven contigo; las horas
El origen de la humanidad en la Biblia Que le has dedicado a la poesía
Y en los infiernos de Dante.
Para callar (o no) por sobre el vocerío.
La revista Natura
Publicó en su número de diciembre X
Un descubrimiento en el que participaron Vamos
25 científicos, Por nuestra ración
Para vislumbrar por primera vez
La materia oscura del Cosmos. Desconcertada
Al centro del meollo:
El hallazgo reveló el espectro
De una débil estrella. XI
Nada. No ha cambiado el paisaje.
Así Hasta la herida en la montaña
Apareció el dios Nahuatzin Del deslave que causó tantas muertes,
Encorvado y con llagas La cubre ahora, al cabo del tiempo,
Hasta convertirse en astro; así Un cielo impenetrable.
Esta enana lisiada.
Son iguales las curvas en la carretera,
Pero es la doctora Vera Rubin Atravesando el parque, las ventas
Quien introduce la materia oscura: De cambures y empanadas
De pescado, hasta el puente,
“Imagine Aquella exuberancia de la vegetación
Por un momento Que distingue una selva aragüeña.
Que una noche despierta
Abruptamente de un sueño. Arriba El pueblo de Ocumare ha crecido,
A la conciencia, parpadea sus ojos Pero no se siente una extraña
Sondeando la oscuridad Al recorrer su plaza sombreada
Y se encuentra inexplicablemente Y su bonita iglesia, pobre, como tantas.
Solo
En lo vasto de la negrura”. Algunos intentos de ineptos gobernantes,
Hablan del gesto de embellecer baldíos
IX Con toscos ornamentos, donde antes había casas
No ensombrezcas tu día: Que, abandonadas, terminaron siendo escombros
Que sea como los otros Y ahora, muecas.
Celebrado en familia, una fiesta
De modestos regalos.
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Es el mismo paisaje de mi infancia, En alto
En el playón: resol de gentes y de licorerías.
Fragilidad
Es cierto que nosotros, los niños Que es vida
Que antes fuimos, no nadamos
Entre espigones que mitigan, siete, Por donde la flor del valle
La fuerza de las olas, En la montaña
Entre aguas contaminadas.
Corona
Pero es la misma arena y el mismo abandono,
Cuando no nos perturbaba Atrás la oscuridad
La humedad del aire y la tristeza de las edificaciones; Quedaba
Menos la música, en los altoparlantes.
De la estrella
Embrutecerse, divertirse. Lisiada
Igual el agua calmaba nuestros ánimos
Y aunque sintiera miedo en la noche
La luz entraba
Al escuchar las olas venir contra la casa,
Por el hueso
Cerraba al fin los ojos, pensando
De la madre
Que el sol saldría para distraer,
Junto al azul caribe,
Como resurrección al mar
La indigna realidad que nos informa.
Por los desfiladeros
XII
Adentro
El autor de la nota
De una casa
Que he citado
Acerca del origen de la oscuridad
Publicada en Internet desde México,
(CNI en línea, Yolanda Pantin (Caracas, 1954) Poeta, miembro del grupo
Jueves 9 de diciembre de 2001) Tráfico. Ganadora del XVII Premio Casa de América de
Refiere en su encabezado Poesía (2017). Es autora, entre otras, de los libros Casa o Lobo
La interpretación del mito de Prometeo, (1981), Correo del corazón (1985), La canción fría (1989), Poemas
Según Kafka; cómo del escritor (1989), El cielo de París (1989), El hilo de la voz
(2003), Lo que hace el tiempo (2017).
Lo único que sobrevivió, dice,
Del héroe que entregó a los hombres
La luz en forma de fuego, y luego
De haber sido devorado
Por ave de rapiña,
Su cuerpo tajado, atado a una roca,
Cansados los dioses, y la herida,
Al cerrarse, cansada, también, en olvido de sí,
Tal como olvidaron el águila y los dioses,
Y el héroe mismo, uno con la roca,
Al replegarse,
Fue la roca misma.
Quedó la montaña de roca, inexplicable.
XIII
Descendimos del auto
En el atolladero
Cuando vimos a la diosa