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CUADERNOS DE DIVULGACIÓN CÍVICA

DAVID GUZMÁN JÁTIVA

LEOPOLDO BENITES VINUEZA, VIDA Y OBRA

PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA COMISIÓN NACIONAL PERMANENTE DE CONMEMORACIONES CÍVICAS

COMISIÓN NACIONAL PERMANENTE DE CONMEMORACIONES CÍVICAS Doctor Claude Lara, Presidente (e) de la CNPCC. Doctora Cumandá Campi, Miembro, Representante de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Coronel E.M.C. Arturo Cadena Merlo, Miembro, Representante de las Fuerzas Armadas. Embajador. Hernán Holguín, Miembro, Representante del Ministerio de Educación. Doctor Carlos Joaquín Córdova, Miembro Asesor, Representante de la Academia Ecuatoriana de la Lengua. Economista Fabiola Cuvi Ortiz, Miembro Asesor, Representante del Instituto Ecuatoriano de Capacitación e Investigación de la Mujer. Doctor Manuel de Guzmán Polanco, Miembro Asesor, Representante de la Academia Nacional de Historia. Fabián Bedón Samaniego, Secretario (e), Jimmy Chung, Asistente. Av. Amazonas 477 y Roca, Telfax: 2 502 770 - 2 231 596 conmeciv@mmrree.gov.ec - www.conmemoracionescivicas.gov.ec

© Comisión Nacional Permanente de Conmemoraciones Cívicas LEOPOLDO BENITES VINUEZA, VIDA Y OBRA David Guzmán Fotografías: Archivo histórico del Banco Central del Ecuador Diseño, diagramación, impresión CREAR GRÁFICA - EDITORES Quito, octubre de 2005

ÍNDICE Breve Biografía Obra in extenso Temporalidad e intemporalidad La intemporalidad desvanecida Poética del amor y de la rebelión La persistencia de lo temporal Identidad e historia Argonautas de la selva Espejo, Mejía, Montalvo Ecuador: drama y paradoja Poesía, historia e identidad Temporalidad e intemporalidad Trasunto del paisaje Fragmento de Ecuador: drama y paradoja Anexo Notas Obras del autor Bibliografía 5 11 13 19 20 24 30 4e 44 51 61 63 65

Breve Biografía
Una lucha heroica, como él mismo la llama, es la fuente primigenia de inspiración de Leopoldo Benites Vinueza. La lucha de su padre: "(...) mi padre es mi mayor orgullo.(...) Dramáticamente pobre, con su voluntad hizo sus estudios. Se graduó de médico. Nunca olvidó esta raíz humilde y esta lucha heroica".1 Leopoldo Benites nació en Guayaquil, en 1905. Fue profesor en el Colegio Vicente Rocafuerte, y entre sus discípulos tuvo a quienes formaron la generación de escritores del 30. Dice sobre Demetrio Aguilera: "Lo conocí cuando era un adolescente, un tanto huraño, que se abría fácil a la lumbre del afecto. Tres o cuatro años de edad me separaban de él. Era yo un joven profesor(...)".2 Él mismo fue precursor y actor de esa generación trascendental en la literatura del país. "Las gentes jóvenes salimos a la acción con profunda desilusión de los dos partidos (liberal y conservador). Fue la razón del movimiento de denuncia".3 Comienza en 1936 su actividad periodística en las páginas de diario El Universo. Escribía entonces artículos sobre la actualidad política o sobre aspectos económicos y sociales. Su columna diaria fue la escuela que lo preparó para el ensayo, como él mismo confiesa. Durante la invasión peruana de 1941 fue secretario de la Junta de Defensa Guayaquileña. En 1943 el gobierno de Arroyo del Río, a quien él combatía con dureza desde su columna periodística, lo envía a la cárcel, donde permaneció 10 meses sin fórmula de juicio. En carta a Pedro Jorge Vera, fechada en Esmeraldas el 23 de Junio de 1943, escribe Leopoldo Benites Vinueza:

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Querido Amigo: Nelson Estupiñán estuvo a visitarme en su nombre y ha tenido la gentileza de entregarme la suma de S/. 250 que según me dice me envía usted a nombre de un grupo de amigos a fin de aliviar la dura situación económica de un hombre a quien se le priva de sus medios de trabajo y de su libertad. Gracias para usted y espero que alguna vez me dará el nombre de los amigos que han tenido tan delicada manifestación de solidaridad en las horas de prueba. No se aún cual puede ser mi situación futura. Espero que quizás en agosto se dará amnistía a todos los detenidos políticos o que antes de esa fecha "generosamente" el régimen conceda la libertad de los mismos a fin de que el Congreso encuentre reinando en el país la libertad y la democracia. No sé si esto sea así. De todos modos, he rogado a mis amigos que no se haga ninguna gestión de libertad que parezca una petición de gracia o que comprometa mi dignidad de hombre o coarte mi libertad futura. En tanto resistiré todo. Le ruego, querido Pedro Jorge, dar de mi parte mis agradecimientos a los bondadosos amigos a que se ha referido nuestro amigo Estupiñán y usted reciba la seguridad de mi afecto de amigo y de mi estimación de compañero. Pero antes de despedirme, quisiera pedirle que no se molesten por mi causa con sacrificios económicos pues me preocupa mucho el esfuerzo que tendrán que hacer por mi causa los amigos. Me basta con saber que me acompañan con el afecto. Su amigo invariable. Leopoldo Benites 4

De izquierda a derecha: Humberto Mata, Abel Romero Castillo, Ángel Felicísimo Rojas, Leopoldo Benites, Benjamín Carrión, Carlos Cevallos Menéndez, Rigoberto Ortiz Bermeo, Pedro Jorge Vera, Otón Castillo Vélez, Guayaquil, década de los cuarenta.

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La nobleza, la elevada condición ética de Leopoldo Benites, y la lucha heroica que libró en su momento, semejante a la lucha de su padre y a la de los personajes por quienes sintió admiración, se revelan en esta carta que, por su contenido que considero esencial, he citado completamente. En 1945 fue diputado funcional por la prensa en la Asamblea Constituyente que redactó una de las constituciones más avanzadas en la historia del país, y en el mismo año miembro fundacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Es decir, su genio lo llevó a representar las fuerzas de la cohesión, la unidad y el cambio político; y también el ideal de un país representado en el pensamiento. Se inició en la carrera diplomática en 1948. Fue embajador en Uruguay(1948-1954), Bolivia(1958), Argentina(1959), y México(1981-1985), y en las Naciones Unidas(1954-1958/1960-1974), cuya Consejo de Seguridad presidió en 1966. En 1971 fue nombrado Secretario General del Organismo para la proscripción de armas nucleares en América Latina. Presidió, en 1973*, la Asamblea General. Representó al Ecuador, desde 1974 hasta el año de 1976, ante la Comisión de Derechos Humanos con sede en Suiza. Desde 1976 a 1980 formó parte de la comisión de investigación sobre la violación de los derechos humanos en Chile. A su retorno al Ecuador, en el año de 1984, luego de cumplir su última misión diplomática en México, continuó con su actividad periodística. Dice Benjamín Carrión de él: "Su gran estatura intelectual, no ha sido construida principalmente con materiales de relatador, cuentista o novelista. Está hecha por un poder de polemista férreo, de la gran línea de Montalvo, de Solano o de Calle". 5 En 1991 recibió el premio Grupo de Guayaquil por su trayectoria.

* Ver anexo: Declaración del Representante Permanente del Ecuador, Embajador Leopoldo Benites Vinueza, en el debate general del XXIX período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Nueva York, 4 de octubre de 1974. El autor agradece al Dr. Claude Lara, Presidente de la CNPCC, por su contribución con la entrega de este documento inédito para su publicación. Recepción en la Embajada de Bolivia, Quito, 1967. Pío Jaramillo Alvarado, Abel Romeo Castillo, Humberto Vacas Gómez, Humberto Mata, Marco Aguirre, Benjamín Carrión, Carlos Cueva Tamariz, Jorge Icaza, M.M. Pareja Río, Leopoldo Benites, Juan Isaac Lovato, Ing. Calderón.

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Licenciado en Ciencias Sociales, fue catedrático universitario en su ciudad natal, y recibió las siguientes distinciones académicas: Doctor Honoris causa de la Universidad de Montevideo; Doctor Honoris causa en Derecho, en la Universidad Setton Hall de New Jersey, y Doctor Honoris Causa por la Universidad de Guayaquil. Como profesor encarnó a aquel viejo Próspero que modela a sus discípulos, pero a diferencia del personaje de Ariel que señala el idealismo como la actitud humana más elevada, me atrevo a creer que Benites Vinueza colocó al heroísmo- del que su padre era un representante, y del cual él mismo llegaría a serlo en su momento- y al conocimiento en el lugar más alto. Son de su época de profesor los primeros estudios sobre Espejo y Mejía, los héroes sabios que siempre admiró. Como escritor y periodista su obra es tanto la denuncia de la injusticia, como una ansiosa búsqueda de la identidad de su pueblo. En su primer libro, La mala hora, en su trabajo periodístico en El Universo, y en sus últimos poemas utilizó la palabra para enfrentar el abuso de quienes representan la ley y el poder. En sus ensayos históricos, en oposición a la injusticia y la bajeza que combatía, Benites Vinueza escogió la figura de los sabios y los héroes para modelar la identidad de su pueblo, y en un segundo momento, escogió la historia de su propio pueblo para mostrar el origen del drama en que vive, y señalar las posibilidades de la acción transformadora. Como diplomático representó en la más elevada instancia democrática a nivel mundial, la identidad nacional que ayudó a modelar. Su paso por las Naciones Unidas, no sólo es significativo para el Ecuador, sino para América latina. Entre los homenajes póstumos es significativo el realizado en México en febrero de 1997, en el aniversario de la firma del tratado de Tlatelolco. Por último, en sus versos cantó el amor pleno, el amor por una muchacha y por la vida. Leopoldo Benites Vinueza murió en Guayaquil, su ciudad natal, en 1995. Una calle de Guayaquil lleva su nombre.

Leopoldo Benites en la Asamblea General de las Naciones Unidas, 1974.

Obra in extenso
Temporalidad e intemporalidad Cada lenguaje, cada época señala un carácter accidental para cada creación y para cada tarea, al mismo tiempo que la obra o la tarea se ufana de aspirar al ser auténtico. Aunque el juez definitivo es siempre el tiempo, es decir, las generaciones venideras, procuraremos juzgar las obras y las acciones de Benites Vinueza según los límites que él mismo se impuso para

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con las obras de Espejo, y conscientes de que somos parte de una generación posterior- una parte del tiempo-, y que podemos convertirnos en una voz capaz de juzgar en representación de nuestra generación. Dice Benites Vinueza en el prólogo a las obras de Espejo:
"Como toda obra tiene un carácter temporal que el propio tiempo destruye-Saturno devora a sus propios hijos- y un carácter de permanencia, hemos procurado eludir aquello que sólo tuvo vigencia para la época o que respondió a corrientes de pensamiento o de acción ya superadas".6

Obras que pretenden encontrarse fuera del tiempo, alentando con su existencia el culto por lo bello, y obras que aparecen para ejercer una influencia decisiva en su época, criticando las costumbres del lugar, señalando las posibilidades de la acción, convirtiéndose en un referente ético: las dos conviven muchas veces en una sola creación. Poetas como Góngora o Dylan Thomas, por referirnos a dos épocas y dos tradiciones, se inclinan por la experimentación estética, por el resplandor de la palabra. Mientras que personajes como Fray Bartolomé de las Casas o José Carlos Mariátegui, son hombres de corte o de partido y escritores que con la palabra intentan transformar una realidad política, económica, social. Nuestro autor pertenece a estos dos cultos: la estética y la ética, el amor por el arte y la defensa de la justicia. Debe, pues, mucho a la influencia de su padre.../-”le debo dos cosas: sensibilidad ante la injusticia social, lo primero;/ y otra cosa: tenía un gran temperamento artístico(...)”.7 Todo lo que hizo en nombre de la estética, permanece convertido en narración y verso, principalmente; su acción y su palabra dedicadas a provocar una transformación, un perfeccionamiento de la sociedad se encuentran en su ensayo, en su actividad pedagógica y periodística y en su talento como diplomático. En sus versos y narraciones se encuentra más fácilmente ese carácter de permanencia, de inmovilidad, que él mismo buscó en Espejo: la intemporalidad, no obstante, es ilusoria, pues la materia fundamental de toda realidad es el tiempo. En las segundas-obras y acciones- su fugacidad es una apariencia: el movimiento es una posesión del instante, y cada instante es una eternidad.

La intemporalidad desvanecida
Poética del amor y de la rebelión La literatura, como todo arte, tiene la aspiración de trascender: atravesar el río del tiempo más de una vez. Volver. Una metáfora es imperecedera, y cada metáfora es lo mismo que la primera: un juego inspirado, irónico, deslumbrante. Pero al mismo tiempo, cada metáfora es sólo una parte de la época, uno de los sentidos que, en la medida en que existe, es transformado por los otros lenguajes y realidades de la época. Cada metáfora se desvanece también, cuando las cualidades de su época y de su cultura se pierden. En la poesía -es decir en la creación- de Benites Vinueza conviven la experiencia amorosa y la crítica social que es también un llamado a la rebelión. La primera es una representación de los lazos que unen al hombre con el mundo, y se encuentra en los versos iniciales de su libro Poemas en tres tiempos. La segunda es una impugnación al orden establecido por el poder, y se refleja en la parte final de Poemas en Tres Tiempos y en La Mala Hora, su primer libro. Poemas en tres tiempos, publicado en 1977 por la Casa de la Cultura, es el último libro de Leopoldo Benites Vinueza. Contiene cuatro partes: Sonetario del Amor Sin Orillas, Cantos del Amor Unívoco, que pertenecen a la década del cuarenta, Poemas Neoyorquinos, de los años cincuenta, y La Voz Sin Eco, de los años setenta. Precisamente por ser su último libro y por conciliar cerca de 40 años de vida, resume en cierta medida, incluso por su brevedad pues tiene apenas 110 páginas, la trayectoria vital de nuestro escritor. La poesía es siempre más cercana a los aspectos íntimos de la vida, que poco preocupan

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a los historiadores, como diría el mismo Benites Vinueza al referirse a las investigaciones sobre Mejía Lequerica. Los sonetos y los poemas de la década del cuarenta, "tienen- dice el autor- unidad temática: son la expresión de lo que podría llamar panerotismo. El panerotismo es algo más que simple impulso erótico: identifica el amor con una fuerza de la naturaleza y tiende a la unimismación (...), es decir, la formación de una profunda unidad en que el Tú y el Yo se funden en identidad."8 Esta cualidad, el panerotismo, es común a toda la poesía amorosa. La analogía, inspirada por el amor, es siempre un diálogo con los seres todos de la naturaleza. Dice el autor en el Soneto de la desnudez infinita:
Estábamos tan solos como es sola La soledad transeúnte de la brisa. Más desnudos que el beso y la sonrisa. Más desnudos que el viento y que la ola.9

El poeta se comunica con la soledad de la brisa, para decirle a su amada, y a nosotros, que la soledad, la unidad de los amantes era como la soledad y la unidad de la naturaleza. Inicia, después, un diálogo con la desnudez del beso, de la sonrisa, del viento y de la ola para elevar la desnudez de los amantes por encima de la que existe en la naturaleza. Esta hipérbole, esta exageración que supone a las vivencias humanas por sobre la naturaleza, nos hacen pensar que Benites Vinueza tenía razón al creer que el panerotismo vincula al misticismo y al erotismo. En los sonetos se revela claramente un encuentro amoroso, un momento de plenitud y éxtasis, y por último, el abandono y la soledad. En los Cantos del Amor Unívoco el poeta nos describe, en un inicio, a la amada, pero no como un ser celestial, sino más bien atribulada de penas. Luego viene la unión entre amado y amada, que se mantiene hasta el final. Los Sonetos del Amor Sin Orillas nos hacen pensar lo mismo en un amor infinito, como en un amor que carece de fin, de conclusión otra que la separación. Mientras que el título de la segunda parte expresa un amor singular, único

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y que en los poemas se muestra como una unión que expresa cierta ambigüedad al final: canción para un recuerdo, es el título del último canto. En los Poemas Neoyorquinos irrumpen en la poesía las máquinas, los rascacielos, la soledad de las multitudes y también aparece al final la nostalgia por el Ecuador, por sus campos y su vida todavía rural. Sin embargo de la soledad de la metrópoli, expresada en versos como estos: "¿Cuántos hombres buscan a Dios desde los rascacielos/ que horadan la abierta soledad de humo y de hélices?" Existen también instantes en los que la naturaleza aparece, si no con toda su fuerza, al menos con su gracia: "En la esquina del Times/que tiene un otoño de hojas de papel /y llueve un diluvio de tinta/asciende una melódica espiral de palomas". La evocación nostálgica del Ecuador es también una comparación entre la vida áspera de la metrópoli y la idealizada suavidad de los aires de la selva, de los andes y del mar. En La Voz Sin Eco el poeta utiliza su palabra para expresar, como el mismo lo dice, la angustia de un tiempo en el que existen armas de aniquilación total. Esta parte final es, también, una reflexión sobre el tiempo (Río elástico el tiempo: sólo mi pulso, sólo el ágil torrente de mi sangre, sólo el aire espiral en mis alvéolos), sobre la solidaridad con el que padece (Te duelo y tu me dueles) y sobre Dios y su creación (Cada cosa en su sitio, circunscrita en su espacio, desde el día en que Dios animó con su soplo/la alfarería del cosmos). Pero esta última parte es, sobretodo, una expresión del horror que provoca la inminente destrucción total: "Pero vino el espanto/le crecieron al cielo hongos inexorables" y una crítica de la absurda labor del hombre dedicada a fraguar la desolación: "El neutrón rápido/alista apocalípticas cuadrigas/ para asaltar el núcleo de los átomos/ y ver como se estiran hacia el cielo/ los hongos del espanto./fabricante de infiernos,/enmascarado portador del espanto: sólo el hombre". La Voz Sin Eco se cierra con una acusación al hombre que, al alterar de manera tan radical la obra divina poniéndose en riesgo a si mismo, ha perdido a Dios.
El hombre ha roto como un elefante loco La alfarería paciente de Dios. Pero está solo.

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El cosmos ya no es inmutable y eterno Como en el día recién nacido del Verbo. Hoy la energía es materia y energía la materia. Pero Dios está solo. Solo. 10

Queda así reflejada una conciencia que va del amor panerótico, al escepticismo por una sociedad organizada en torno a la tecnología y al movimiento de las masas que viven en soledad, y que termina, por último, horrorizada ante la posibilidad de un fin apocalíptico. El amor y la naturaleza son las fuerzas que se oponen, implícitamente, al tremor de la ciudad y a la locura de la muerte masiva. Cuando Leopoldo Benítez publicó, en 1927, La Mala Hora, un libro que contiene dos relatos, se convirtió en precursor y parte de la poderosa literatura de denuncia social. Un solo gesto, un libro que incluye dos cuentos con temas distintos, es suficiente para reconocerlo como parte de esa expresión de rebeldía contra el orden instituido: el orden de la literatura y el de la ley. ¿Fue vana esa rebelión? No pasaremos aquí a discutir la importancia de esa literatura que desbordó el lenguaje decimonónico y terrateniente, para contradecirlo y subvertirlo. Sin embargo recordemos que iluminó, esa literatura de la denuncia social, las miserias y las mezquindades de una estructura social, la incoherencia de un lenguaje impostado sobre una realidad que se encontraba en ebullición. Hoy mismo, ¿son caducas las aventuras de esos rebeldes, cuando existen todavía miserias y mezquindades, y una realidad conflictiva que demanda un lenguaje propio? Son más actuales que nunca, hoy que los lenguajes del arte y de los medios masivos se encuentran a espaldas de una situación, en muchos casos, desesperada. En apenas dos relatos Benites Vinueza concentró el sentido de su época: el lenguaje prosaico, onomatopéyico, vivaz de indios y montubios sólo puede expresar la rebeldía contra los verdugos que mantienen la opresión. La realidad demandaba una lucha contra esas injusticias, y la literatura exigía un lenguaje absolutamente inmerso en la realidad. En la medida en que la ética sustentaba su escritura, era capaz de acceder al lenguaje del oprimido. Una cualidad esencial del símbolo, como lo señalara Humberto Eco, es la

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capacidad de fusionar el lenguaje y la realidad: todos los humillados encuentran en el personaje de La Mala Hora o de El Enemigo a su doble. Así como en los personajes de sus contemporáneos: los montubios del grupo de Guayaquil, los indios de Icaza. Una virtud de La Mala Hora es reunir en solo dos relatos (La Mala Hora y El Enemigo), los temas centrales de la literatura que estaba naciendo: el problema del montubio y la explotación del indio. En La Mala Hora, cuento que da título al libro, el montubio es, al inicio, víctima de la soldadesca violenta que irrumpe en su casa y pretende abusar de su mujer, para convertirse después en victimario que ataca y mata a esos soldados, y por último terminar viviendo como perpetuo fugitivo. Los representantes de la ley, los soldados, son los primeros en violarla. Y el montubio, que al matar también rompe con la ley, es perseguido por quienes siguen representando a la ley que violan cuando les conviene. En El Enemigo se relata la condición inhumana en que vive el indio. (Dice él mismo: "Acaso sea el único libro del grupo de Guayaquil que tiene un tema serrano. De la provincia de Chimborazo, donde viví las vacaciones desde mi juventud, donde sufrí el trato que se daba al indio. Y los caballeros feudales que violan indias. Y eso de patrón amitu...").11 Significativo que el primer y el último libro de Benites Vinueza se encuentren enlazados, formen una unidad especial sin embargo de hallarse distantes medio siglo. Por tratarse de obras que se oponen a la brutalidad del poder - a la soldadesca, a la explotación y a las armas nucleares- creo encontrar en estos dos libros una unidad. Sus valores estéticos, los artificios de lenguaje y de forma, subsisten por su fondo inmensamente humano. Por su imprecación ética: la lucha contra la muerte es su bandera. Como anotábamos antes, en oposición a la degradación del hombre producida por la violencia y el aislamiento de la vida moderna, el creador opone, en su poesía, el plácido amor panerótico y, en sus relatos, la rebeldía. Lo que persiste, lo intemporal que el tiempo con sus guerras y miserias no puede desvanecer son el amor y la rebeldía humanas. El fin de la intemporalidad-del amor y de la rebeldía- es la muerte final de cronos: la intemporalidad desvanecida es la desaparición del hombre, del tiempo que terminará devorándose a si mismo.

La persistencia de lo temporal
Identidad e historia

Arciniegas pensaba que el ensayo era la forma ideal para expresar la condición de América latina, porque para él "el problema de nuestra América es singularísimo, y ofrece un campo de estudio que literalmente solo cabe en el ensayo"12. ¿Por qué pensaba así el escritor colombiano? Porque el ensayo es al mismo tiempo un instrumento de trasformación del presente y un medio de conservación del pasado. Cambia la realidad y reinventa la identidad. La política y la historia son los contenidos esenciales del ensayo en América latina. Esto no excluye la posibilidad de una poesía política-como la de Adoum, Roque Dalton o Cardenal en los setenta- de una novela histórica o historia novelada-como la de Carpentier, Vargas Llosa o Benites Vinuezao de un ensayo a la manera de Montaigne, es decir, intimista, como el Mono gramático de Octavio Paz. La historia es objeto de una indagación constante en América latina porque nuestra identidad, no obstante ser un proceso en construcción como la de todos los pueblos, se encuentra plagada de deformaciones, omisiones, olvidos. La política es también un tema recurrente en la obra de nuestros

Funcionario de la ONU, Leopoldo Benites y Kurt Waldheim, Secretario General, 1972.

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literatos por las condiciones de injusticia social en que se debaten nuestros pueblos. La virtud de los intentos por volver evidentes estas fracturas en nuestra identidad, que he señalado superficialmente, consiste en que así se revela nuestra condición presente y nos permite proyectarnos hacia el futuro. "En este breve esquema-dice Benites Vinueza al final de Ecuador: drama y paradojaen que un hombre de América ha tratado de bucear en el fondo de la historia de su pueblo para señalar el drama, ha querido al mismo tiempo manifestar su fe y expresar su esperanza en el destino".13 Benites Vinueza entregó toda su capacidad intelectual- que lo acercan a la figura del enciclopedista- a la obligación que tenía para con su pueblo: "bucear en el fondo de la historia (...) para señalar el drama".14 Argonautas de la Selva Sin embargo de utilizar el ensayo como la forma más indicada para penetrar en la historia, su primera aproximación trascendente la hizo en la novela. Argonautas de la selva, de 1945, por su título, nos recuerda el mito griego de Jasón en busca del vellocino de oro. Como un eco del mito, Benites Vinueza recrea la aventura de Francisco de Orellana, el fundador de Guayaquil, tras una quimera como la de Jasón: un vellocino de oro, otro mundo. Un aspecto evidente de la obra es su descripción bellamente lograda de la naturaleza. No trataremos de ella aquí, pues nos parece obvia. Vale la pena, no obstante, rescatar una observación que hace Rodríguez Castello: "La selva que nos da Benites Vinuesa es la del novelista, la del artista: no la del puñado de exasperados conquistadores. De allí que tan largas y hermosasplásticamente hermosas- pinturas no logren convertirse en ambiente y envolver a los héroes, haciendo con ellos un todo".15 Según Hernán Rodríguez Castello Los Argonautas de la selva vale bastante menos como historia que como literatura. Ilustración literaria de la crónica de Fray Gaspar de Carvajal la llama el mismo. Esta característica es quizá valiosa en la concepción de la obra: Benites Vinueza, más allá de intentar una

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lectura histórica de Orellana, quizá pretendió mitificarlo. No es arbitrario que el título nos remita al conocido mito griego. Los pueblos, decía Mariátegui, además de las necesidades materiales, tienen una enorme sed metafísica que sólo puede ser saciada con los mitos. Esa sed Mariátegui trató de saciarla con el mito del Imperio Inca, y Benites Vinueza, tal vez inconscientemente, trató de colmarla con la figura mística y heroica de Orellana. Mística, pues la fe es la que alienta a Orellana. "Su fe en el destino no le abandona y cree- con intuición certera-que ha llegado el momento en que se va a realizar el sueño de su vida".16 Heroica figura, la de Orellana, que inspiró a Benites Vinueza por "su sentido trágico, de fatalidad. Una vida con sentido de fatum o de ananké"17. Sentido trágico que eleva a Orellana, por su gesta, sobre el común de los hombres. El Heroísmo y la Fe son los signos que, en todos los tiempos, distinguen a los personajes míticos: desde Ulises convencido de su regreso a Ítaca a pesar de los naufragios que terminaron por acabar con todos sus hombres, hasta Cristóbal Colón que atraviesa el mar, hazaña inmensa, por su fe en la ruta marina para llegar a las Indias. La Odisea, por su lejanía en el tiempo, es considerada una ficción, mientras que el descubrimiento de América es historia, sucedió en la realidad. Sin embargo, el personaje mítico-real o imaginario- comunica a los hombres un sentido metafísico del mundo: una Fe. En la novela la Fe es la línea maestra de la narración: con la fe en su destino nace el héroe y con el final de la fe muere. "(...) su fe es la única cosa viva que hay a bordo"18 y cuando acaba esa fe, también muere Orellana. Mientras que la novela, como todo género moderno, es una construcción fragmentaria del mundo, el mito es una invención unitaria: en la novela los personajes se transforman, cambian; en el mito son inmóviles, estáticos. A pesar de las hazañas de Orellana su heroísmo se funda en un principio inconmovible: la fe. Acabada la fe, se desvanece el heroísmo y concluyen las hazañas:
"La prisa que le domina es sólo una especie de embriaguez. Se deja conducir de ella aturdidamente. Para engañarse. Para alentarse. Para ocultarse a sí mismo la intuición borrosa de su derrota y el presentimiento de su muerte. Algo late violento y confuso sacudiendo su corazón de héroe que ha perdido la fe en el destino".19

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Mientras que Hugo Mayo, junto a quien Benites Vinuesa formó la revista Singulis,20 cantó el pasado y la fundación de Guayaquil en un poema, Benites Vinuesa narró la vida fatídica del español fundador de la ciudad. Dice un fragmento del poema de Hugo Mayo:
Quienes historian, buscarán el cumpleaños del poblado La partida se ha extraviado ¡Misterio que nadie sabe! A espera de que la escriban, la historia donó una página La espera tiene esperanza; Más la esperanza no llega Tal vez arrumbando a recónditos Pude saltar lo buscado De pronto, un valor de raíces En el desmonte se inicia Un golpeteo de alegría Salva de truenos-Estrépitos Y una ráfaga de rayos! Brotó a la vida un poblado España daba un Santiago Para poder bautizarlo, Tres nombres, luego, llegaron -nombres que tienen leyendaGuayas - Quil y Santiago Y fue un concilio que acordó Fusionar aquellos nombres Santiago de Guayaquil, la fusión Entonces fue proclamado Cuatro centurias viviendo La historia lo ha confirmado21

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A Benites Vinueza seguramente no le fue suficiente el tiempo para fijarse en las figuras de Guayas y Quil, cuya mitificación debió exigir una investigación para la que sólo existían fuentes mucho más imprecisas. Argonautas de la Selva, a pesar de la falta de fuentes históricas que la acercarían más a la biografía, y de desarrollo en la interioridad de Orellana que la convertirían en una novela más lograda, me parece que es leal con la intención, quizá inconsciente del autor: mitificar al fundador de Guayaquil. Creer que la obra es por sobre todo la narración del descubrimiento del río de las Amazonas, como reza el subtítulo de la edición española, o considerarla una respuesta al fracaso diplomático de 1942, como lo hace Simón Espinosa, es acertado, pero sólo parcialmente. Nos parece más precisa la interpretación que hemos propuesto: Benites Vinueza escribió las hazañas del fundador de Guayaquil, para exaltar la gloria de su ciudad, para calmar la sed metafísica de su lugar de origen. Como decía él mismo, cuando señalaba las razones que lo hicieron elegir a Orellana": Fue el fundador de mi ciudad y nadie se había ocupado de estudiarlo".22
De Todo lo que quiso hacer- del sueño demasiado grande de su vida hazañera- sólo quedó una cosa perdurable: la ciudad que fundara una mañana de julio en las tierras bravas de los Huancavilcas, Santiago de Guayaquil, que creció en lucha tenaz contra una adversidad semejante a la que persiguiera a su fundador, pero que pudo vencer el sino como si le alentara el alma batalladora del hombre que le dio existencia.23

¿Ilustración literaria de la crónica?, ¿novela histórica? ¿Mito fundacional? El mito y la novela se encuentran reñidos, pues mientras el primero obedece a una visión poética del mundo, el segundo expresa el predominio de la razón. La fe no admite los escepticismos y las críticas de la razón. Argonautas de la selva es, a mi parecer, más un mito sobre la historia, escrito a la manera de una novela.

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Espejo, Mejía, Montalvo Sin embargo, Benites Vinueza es sobretodo un ensayista. Los ensayos biográficos dedicados a Espejo, Mejía y Montalvo son una continuación del culto por los héroes que se inició en la novela sobre Orellana, y revelan una visión que pretendía ser total de la historia del Ecuador: la sociedad colonial que es el ambiente en el que vive y piensa Espejo; la independencia, en la que participa Mejía desde España; y la República, cuyo polemista cimero es Montalvo. "Desde mis años mozos-dice Benites Vinueza- tres personajes de mi patria ejercieron sobre mí una atracción apasionada. Eran tres rebeldes en quienes el inconformismo tomó formas diversas: personajes polémicos los tres, en torno de cada uno de los cuales se ha tejido un mito."24 Reflejar la historia del Ecuador, al estudiar la sociedad en la que vivieron sus personajes relevantes, era sin lugar a dudas una de las intenciones de Benites Vinueza. El zapador de la colonia, breves notas para una biografía de Espejo, y el estudio de Mejía, los dos publicados en 1931, son los pasos que lo acercan a la biografía del pueblo ecuatoriano, a su ensayo mayor: Ecuador, drama y paradoja. Hemos de considerar los ensayos biográficos sobre Montalvo, Mejía y Espejo como partes de su ensayo sobre el Ecuador, a pesar de haber sido desarrollados con más extensión y publicados en 1960, diez años después de la publicación de su ensayo central. Las biografías de Espejo, Mejía y Montalvo tienen la virtud de pretender-y conseguir- la desmitificación de estos personajes. Mientras que el mito obedece a un pensamiento suprarracional, o superracional, que refleja los deseos y la naturaleza espiritual de un pueblo, la biografía histórica, como todos los géneros literarios modernos, refleja las estructuras sociales de un momento histórico y las ideas y pasiones de los personajes que son protagonistas de ese momento. Un pueblo tiene sed de mitos, como ya lo hemos señalado, pero una sociedad tiene necesidad de una historia. Sin historia propia, la identidad de una sociedad se deforma. Sin embargo, eso no impide que estos personajes históricos, sean a la vez personajes heroicos: fueron ideales elevados y puros, como el mismo Benites Vinueza lo expone en sus estudios, los que alentaron a estos hombres a luchar por la igualdad, la libertad y la justicia.

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Estos ensayos biográficos, lejos de ser un elogio de los personajes que estudia, traen a la memoria a aquel insigne historiador inglés, Carlyle, que escribió un libro admirable: Los héroes. Cada héroe, según Carlyle, se presenta de manera distinta, según la época en que vive. Odín, el héroe divinidad es el fundador de un pueblo e inventor de una lengua. Shakespeare, el héroe poeta, expresa en sus tragedias las pasiones humanas, en especial de la realeza y los nobles, en la Inglaterra del siglo XVI. Rousseau, el héroe literato, se fundamenta en la razón para exigir un orden social distinto, en la Francia del siglo XVIII. Una cualidad común a los héroes es su lucha diáfana contra la hipocresía de su tiempo. Así, nuestro ensayista, ve en Espejo la lucha por convertirse en sabio, en “bello espíritu”, en una sociedad que lo excluye por su origen. En Mejía, heredero de las ideas de Espejo, Benites ve la realización de los ideales del médico sabio, y la lucha por la libertad humana. Y en Montalvo ve al idealista que impugnó a todas las tiranías y al inspirador de los cambios políticos de fines del siglo XIX. Benites Vinueza escogió, con agudo sentido histórico, a tres personajes para llenar un vacío hecho de elogios insustanciales, acusaciones infundadas o estudios parciales. El primero, un mestizo sabio y perseguido, Espejo, hijo de una esclava liberta y de un indio cantero. "Deseo ardientemente ser conocido por bello espíritu"25 - dice González Suárez. Sin embargo, a pesar de su genio que se expresó en sus estudios sobre medicina, estética, economía, en su labor pedagógica, periodística y en sus ideas políticas, Espejo fue despreciado por una sociedad que lo excluyó hasta el final: fue enterrado con los indios y negros. Dice Benites Vinueza: "El mecanismo psicológico de la fuga de su condición socialmente inferior-"el arte de esconderse"-se revela como contraste con el impulso hacia arriba, eternamente frustrado, que da a su vida un sabor amargo".26 El mestizo Espejo, negó su condición hasta el final, para ser aceptado en una sociedad que lo despreció, también, hasta el final. Benites Vinueza señala así el drama del mestizo: "El mestizo grave y docto que hizo circular el nuevo Luciano, expresaba un evidente anhelo de dación al subtitularlo 'despertador de los ingenios Quiteños', al par que un anhelo de evasión al

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poner en vez del propio nombre el de Cia. Apestegui y Perochena, simulando una posición social a la que aspiraba".27 Esta figura ambigua, contradictoria y evasiva, se convierte en un símbolo de la condición mestiza, y al mismo tiempo representa las enormes capacidades intelectuales y morales del mestizo: Benites Vinueza considera que las ideas políticas, económicas y los estudios e intuiciones médicas de Espejo se encuentran a la vanguardia de su época, por encima de sus concepciones estéticas. Espejo, por la reconstrucción indirecta que se hace de sus ideas políticas, concibió el gobierno ideal para estos territorios como el republicano, mientras que años más tarde, en distintas partes de América, todavía se creía en la posibilidad de un Reino. En economía señaló la necesidad del comercio exterior y de industrializar el país, adelantándose a quienes creían todavía en una economía cerrada en sí misma. Y en medicina su pensamiento es contemporáneo con el de los sabios europeos, y su intuición le hace dar un salto de casi un siglo hacia el futuro: "Si se pudiera apurar más-dice Espejo- las observaciones microscópicas, aún más allá de lo que las adelantaron Malpighio, Réaumur, Bufón y Needha, quizá encontraríamos en la incubación, desarrollo, situación, figura, movimiento y duración de estos corpúsculos móviles, la regla para explicar toda naturaleza, grados, propiedades y síntomas de todas las fiebres epidémicas, y en particular, de la viruela".28 Según Benites Vinueza, la teoría Microbiana, que sólo alcanzará su desarrollo con Pasteur, un siglo después, se encuentra intacta en esa intuición de un médico genial del siglo XVIII ecuatoriano. Espejo representa, en el aspecto político, la condición del mestizo: escindido entre colaborar con el criollo que lo margina, o rebelarse como lo hizo Tupac Amaru, mestizo él también, aliándose con los indios contra el blanco y criollo opresores. La conclusión que nos presenta la historia no es alentadora: las dos opciones terminaron en la muerte de los rebeldes. La de Espejo, solitaria y silenciosa, la del caudillo rebelde peruano, llena de gloria. El personaje que confluye en su trayectoria vital con Espejo, como lo señala Benites Vinueza, es José Mejía Lequerica. El estudio biográfico dedicado a Mejía es, al mismo tiempo, una relación de la declaración de

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independencia, de la lucha por liberarse de las fuerzas napoleónicas en España, y una investigación minuciosa de la vida de quien llegó a ser diputado Americano en las cortes de Cádiz. Existe en Mejía Lequerica un rasgo que Benites Vinueza considera esencial: su fe en sí mismo, su orgullo, a diferencia de Espejo, vacilante, escondiéndose siempre. Hijo expósito, alcanza rápidamente el grado de maestro en artes, se casa con Manuela Espejo, la hermana de Eugenio, quien duplicaba a Mejía en edad, y en el Alegato de méritos presentado para aspirar a la cátedra de latín, "Mejía aduce, como única causa de legitimidad para su aspiración, el conocimiento -"a ningún mérito parece debe atenerse más que al que cada uno se ha labrado en carrera de las letras"-(...)".29 Mientras que Vicente León, mucho mayor que Mejía, y quien aspiraba también a la cátedra de latín "daba excusas por cualquier falta que hubiera cometido, ofreciendo una adelantada satisfacción por la misma, y suplicaba que "por un acto de piedad se sirva tener presente mi tal cual mérito en la votación que va a efectuarse".30 Hombre del iluminismo que inicia una lucha contra la escolástica y la envidia, Mejía llegará a impartir clases de filosofía, gracias a la amplia visión del barón de Carondelet, quien lo elige para esta cátedra, y a colaborar con los sabios Mutis y Caldas, quienes lo invitaron a formar parte de su misión científica. Su juventud, y las ideas que comenzaba a enseñar, le hacen ganarse la antipatía del claustro. En un primer ataque le niegan la posibilidad de optar por el grado de Doctor en Teología, y "En 1803 la Universidad quitó a Mejía la cátedra ganada en concurso. En 1805 le negó el título de Derecho Civil basando su negativa en su condición de hijo ilegítimo(...)Y poco después se negó a admitir su nombramiento hecho por el Cabildo para que desempeñe una cátedra de medicina, ciencia en la cual acababa de obtener su licenciatura."31 Su genio, que le mereció la admiración y la amistad de Mutis, Caldas y de quienes serían los patriotas que en 1809 hicieron la declaración de independencia, se veía así acorralado, pues le habían negado la cátedra donde podía utilizarlo; y su orgullo, que era grande, se encontraba herido. Como Espejo, Mejía era marginado por sus ideas y por su origen. Aunque no perseguido, pues se había mantenido alejado de la política.

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Poseído por el puro goce de la aventura e invitado por don Juan Matheu, conde de Puñoenrostro, Mejía se embarca en Guayaquil rumbo a España, sin embargo de haber recibido la invitación de Mutis para formar parte de la expedición Botánica que se preparaba en Bogotá. La gesta heroica del pueblo español, la abdicación de Carlos IV, la traición de Fernando VII y los levantamientos independentistas en América, que tienen su expresión más revolucionaria y clara en el de Quito, son el momento histórico que vive Mejía. "El 2 de mayo -dice Benites Vinueza- encontró a Mejía en el único puesto posible para un hombre de convicción y de coraje: en las barricadas".32 Mejía defendió la soberanía del pueblo español mientras los patriotas, en Quito, hacían una declaración en la que demandaban su independencia. "Sólo en función de un noble entendimiento de lo españoldice Benites Vinueza- es posible ser auténticamente americano".33 Idea, esta última, que se encuentra reflejada en su historia novelada sobre la vida de Orellana, sobre la que ya hemos tratado. En plena guerra por la liberación de la tierra española, Mejía resiste hambre y frío, persecuciones y dolor: no cede a las ofertas de los franceses, y sale de Madrid hacia Cádiz, donde el azar y su inteligencia lo colocan en la tribuna de los diputados americanos. "El juicio de sus contemporáneos- dice Benites Vinueza- favorable o adverso según el punto de vista político, coincide siempre en la afirmación de que la habilidad, sagacidad y talentos de Mejía eran capaces de llevar las discusiones hacia la defensa de los intereses americanos".34 Cita, Benites Vinueza, a historiadores españoles que consideran a Mejía como uno de los diputados más brillantes de esas cortes, y como la cabeza de los diputados americanos que buscaban algo más que el fin del despotismo en España: deseaban la libertad de América. Las cortes de Cádiz son significativas en la historia de España por ser una expresión de la resistencia a la invasión napoleónica y por su afán de transformar las instituciones españolas hacia formas democráticas. Mientras que para América son importantes, porque allí se expresó el deseo de independencia.

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Mejía, como lo indica Benites Vinueza con toda precisión, se convirtió en el defensor de la libertad de dos mundos: España y América. Este luchador quiteño, Americano, encarna el deseo de libertad, de independencia para los pueblos Americanos, cuya independencia defendió en Cádiz, y de la misma España, por la que tomó el fusil. Si para Espejo todo fue tortuoso y al parecer no existía salida, para Mejía se abrieron las puertas de la gloria poco antes de su muerte. Montalvo es una de las cumbres de la prosa Americana del siglo XIX. Benites Vinueza se pregunta si el escritor ambateño era, además, pensador y político, como se lo considera hasta ahora. Y Montalvo era como Espejo y Mejía, un hombre de vida quijotesca, que utilizó la pluma para liberar conciencias y, en su caso específico, atacar tiranos. Dice Benites Vinueza sobre el lugar que en la literatura ocupa la obra de Montalvo: "(...) si se habla detenidamente de una corriente literaria, el fulgurante y apasionado combatiente cae dentro de las lindes del romanticismo que exaltó la pasión, agudizó el yo, incitó al titanismo y sopló sobre Europa una suerte de Siroco literario".35 Montalvo llegó por primera vez a Europa en 1857, cuando estaba muriendo el Romanticismo, y naciendo el realismo, del que será hasta el final, un tenaz opositor. Para situar a Montalvo en una de las corrientes filosóficas del siglo XIX, es decir, para encontrarle un lugar como pensador, Benites Vinueza recorre el espectro del pensamiento filosófico de la época, resume las tesis principales de cada filosofía, y concluye por considerar a Montalvo como amante de la filosofía, más no como un filósofo, no como pensador. Contra las ideas de Spinosa que expresaban una visión del mundo panteísta y que provenía de los sentidos, Montalvo opuso su fe en un Dios y en el alma. Contra los darwinistas, Montalvo persistió en la concepción edénica. Montalvo, además, no tuvo ningún interés en las ciencias físicas, tan importantes para la filosofía del XIX. Con el fin de concluir con este punto relativo a sí Montalvo era o no filósofo, Benites Vinueza cita a Rodó: "Para llenar cabalmente el concepto (de Filósofo) faltóle, sin duda, no sólo la superior serenidad que pone su atalaya encima del tumulto y el clamor de pasiones, sino también la condición más esencial, de interesarse por las ideas por si mismas y no principalmente como tema oratorio o como arena de una justa".36

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No pierde nada Montalvo, dice Benites Vinueza, si se le sitúa en su verdadera dimensión filosófica de amante de la sabiduría y de pensador sin sistema apegado al viejo estoicismo. ¿Fue Montalvo un político? Según Benites Vinueza, la valoración de Montalvo tiene que hacerse en relación con su obra periodística, que lo convierten como a Espejo, en un pedagogo del periodismo. Sin embargo, por las condiciones históricas del país en las que era incipiente cualquier ideología, su pensamiento político carece de claridad, de programa. Sólo al final de su vida, cuando se encuentra por última vez en París, escribirá Montalvo sobre las características del liberalismo: "(...)su libertad de pensamiento, su separación de la iglesia y el Estado, su abolición de la pena de muerte, su matrimonio civil(...)".37 Sin embargo de esta falta de plan, la obra de Montalvo inspiró las revoluciones liberales y el pensamiento liberal de fines del XIX. Montalvo es un guerrero, profeta desarmado como lo llama Benites, pues su vida, pródiga en exilios, y su prosa, plagada de dicterios contra los tiranos, son las dos un combate contra lo que en su época provocaba infamias e injusticias. Leopoldo Benites nos presentó a tres héroes, despojándolos de las falsas creencias que sobre ellos se tenía, y señalando sus virtudes, para por medio de su contemplación y estudio, construir una visión de la historia y una posibilidad del futuro. Sin embargo, es en Ecuador: drama y paradoja, libro considerado como el primer ensayo moderno en el Ecuador, que Benites cambia de punto de vista: no es sólo la imitación o admiración del modelo la vía capaz de forjar una identidad, sino que la historia de una nación, el análisis a veces apasionado o descarnado del pasado de un pueblo, es la materia principal de la que está hecha la identidad. Ecuador: drama y paradoja Benites Vinueza parte del análisis cronológico de la historia. Divide la "biografía del pueblo ecuatoriano", como él subtituló la obra, en ocho capítulos, cada uno correspondiente a un periodo histórico.

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El primer capítulo, Escenario, contiene tres partes: “Trasunto del paisaje”, la primera, es una descripción poética de la geografía del país, desde las selvas exuberantes de Esmeraldas, la sabana costera del litoral, los Andes, los valles cálidos entre las montañas, y la Amazonía. “En una encrucijada de la geografía”, la segunda parte, se señala nuestra situación geográfica como causa del aislamiento para con el resto del mundo (apartados de las grandes rutas marítimas hasta el siglo XIX, en que acaba la era atlántica y comienza la era ecuménica). “En El duelo de la selva y la montaña”, la parte que cierra este capítulo, el autor expone la idea de la dispersión, de la falta de unidad entre los andes y el trópico, y del inexorable destino que los llevará al encuentro. Dramatis personae, el segundo capítulo, se inicia con “Hombres de Barro”. Las migraciones de mayas, chibchas, caribes que vinieron desde el norte, las de yungas, chimús, aymaraes desde el sur, las que provinieron de oriente (de las cuales el hombre de Punín se considera una huella) y las que provinieron del mar, anteceden a los pueblos caranquis, puruhaes, cañaris y paltas que se integraron por medio de los ríos con los pueblos huancavilcas y mantas del litoral, y con los Jíbaros (hoy ya es caduca esta nominación) de la selva. Poco antes de la llegada del blanco aparecieron los Incas a dominar lo que el Padre Juan de Velasco supone constituyó el reino de Quito, es decir, una unidad. Junto con los Incas vinieron los mitimaes: los Salasacas y los Saraguros. “Aquellos hombres blancos”, la segunda parte de este capítulo, relata la epopeya caballeresca del descubrimiento alentada por la fe y el oro, la guerra entre los heroicos hidalgos, que anhelaban ascender socialmente, y lo que era el escindido Imperio Inca. El hombre negro, la esclavitud y la libertad montaraz en la que arribó a lo que comenzaba a ser el Ecuador se relatan en “Ébano vivo”, y se sugiere la necesidad de investigar los orígenes africanos del pueblo negro ecuatoriano. Crisol, el tercer capítulo, se inicia con “Sangre y Oro”, parte en la que se hace una relación de las crueldades de los españoles cometidas contra los indios, explicadas por la búsqueda del oro, por la neurosis que experimentaron al encontrarse en un medio hostil y extraño, y por su

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misticismo religioso que hacia ver a los indios como infieles. En “La conquista del trópico”, segunda parte del capítulo, el autor relata las tentativas de los conquistadores por establecerse en el trópico, y cómo lo consiguen al fundar las ciudades de Portoviejo y Guayaquil. Cierra este capítulo con “La locura de la espada”, en la que se explica el origen de la encomienda como una réplica del feudo medieval, y se narra las luchas entre conquistadores, es decir entre futuros encomenderos, y entre los conquistadores y las primeras autoridades reales. Entre dos mundos, cuarto capítulo de la obra, es un cuadro de la vida colonial. En “Configuración”, primera parte del capítulo, se describe la figura piramidal basada en la encomienda (que en el fondo es un feudo), y en el esclavismo, y en la separación entre castas que se fue volviendo borrosa por la mixtigenación (término que el autor prefiere a mestizaje, porque incluye también la noción de mulataje) entre el blanco, el indio y el negro. “La Trinidad Sangrienta”, segunda parte, es una caracterización de las tres formas de explotación de la época, ejercidas por los encomenderos, con la complicidad de corregidores y curas: la encomienda, que consistía en poseer a los hombres como parte de la tierra; la mita, que era un servicio que los indios debían cumplir en minas y en tierras; y el obraje, la fábrica textil colonial. “Santos y verdugos”, la tercera parte, es un análisis del papel de la iglesia en la colonia, papel que se encuentra representado por religiosos ilustres que se dedicaron a la educación y a la defensa de los indios, pero también por una enorme cantidad de frailes y curas poseídos por la avaricia y la lujuria, que explotaban al indio y no podían asumirse como modelos éticos. “La Mancha negra”, parte cuarta, describe la situación del negro, escaso al inicio y que vivía una esclavitud no tan dura por su alto costo; sin embargo, aumentó la población negra cuando se pretendió iniciar la explotación del cacao. “La Impronta Indiana”, parte quinta, se encuentra dedicada al arte colonial-que en su tiempo fue considerado artesanía- y que es testimonio de la riqueza de las órdenes religiosas, y de la naturaleza de un arte indio y mestizo que se destaca en la pintura, el labrado y el tallado, y que es realista, a diferencia del español que es místico. En “La Marginalidad Mestiza”, sexta parte, se expone las contradicciones sociales y psicológicas

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del producto de la mixtigenación: bajo los blancos, que eran españoles rara vez nobles, se encontraban los criollos, ansiosos por adquirir nobleza. Eran blancos y también criollos quienes llegaban a ocupar cargos públicos. Entre la casta dirigente y la base de la pirámide integrada por indios y negros, se encontraba el mestizo. Ejemplo del drama del mestizo es la obra y vida de Espejo: no pertenece ni a la clase sometida ni a la dominante, sino que se encuentra dividido entre las dos. Tránsito, quinto capítulo, se inicia con “Fermentos de insurgencia”, parte en la que se remonta los antecedentes de la independencia al momento de la conquista, ya que los conquistadores convertidos en encomenderos, y tiempo después los criollos, nunca aceptaron del todo a los peninsulares que llegaban a América a enriquecerse como comerciantes o como burócratas. Además, se describe la profunda pobreza que vivió la real audiencia de Quito durante la colonia, por los prejuicios criollos de no trabajar, y por las restricciones económicas que venían de España. Sin embargo se hace notar que la independencia no fue para todos, pues los mismos criollos que la hicieron, reprimieron las rebeliones indígenas, que en el siglo XVIII fueron más numerosas que en los siglos anteriores. En “El aluvión”, segunda parte de este capítulo, se narra como en el 10 de Agosto de 1809, la Junta Soberana que tenía como presidente al marqués de Selva Alegre, secundado por los letrados Morales y Salinas, destituyó al presidente de la real audiencia. Se define al movimiento como un producto de las élites, seguido por las masas mestizas que, sin conciencia política, se identificaban con el vencedor, antes que con un ideal. “El despertar del Trópico”, tercera parte, señala el lugar de Guayaquil en los acontecimientos de la independencia: desde Guayaquil ascendió hacia Quito el ejército libertador comandado por Sucre. Libre Guayaquil, se mostraba indeciso de a que nación unirse, si al Perú o a la Gran Colombia, o si declararse nación independiente junto con las provincias del interior. Al final, como se sabe, se impuso el partido Grancolombiano. En “El Orto del Caudillo”, se cierra este capítulo con un análisis sobre las fuerzas que integraron el ejército libertador, y cómo esas fuerzas, que Bolívar trató de volver una unidad, se convirtieron en caudillismo y dispersión.

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El sexto capítulo, Del Caos a la Unidad, comienza con “A la sombra de las espadas”, parte en la que se expone las luchas internas por el poder y la necesidad de encontrar un punto de cohesión nacional. La figura preeminente de este periodo es Flores, quien representó en el país el militarismo extranjero. En “La Misa de las lanzas”, segunda parte, se relata como acabado el militarismo extranjero, se inicia el militarismo nacional, con Urbina, quien abolió el tributo de indios y la esclavitud del negro, utilizando a este último para mantenerse en el poder. Los mulatos, negros y pardos entran así en la vida política. “Partida de Azar contra el destino”, tercera parte, describe el ascenso de García Moreno al poder, la política teocrática y fundada en el terror que impuso, las transformaciones técnicas que pretendió realizar, y las repetidas traiciones que cometió tratando de entregar el país a peruanos y franceses. “El profeta inerme y el arcángel sangriento”, cuarta y última parte de este capítulo, es una lectura del momento histórico en el que parecen nacer los partidos políticos: el liberal y el conservador, representados por Montalvo(el profeta) y por García Moreno (el arcángel). Es también un análisis del gobierno de Veintimilla, a quien el autor llama gendarme traidor del idealismo liberal. Drama y paradoja, capítulo séptimo, tiene como primera parte “La Hoguera Bárbara”, en la que se interpreta los años intensos de la revolución liberal, la lucha del trópico agro exportador contra el latifundismo serrano. Se describe las transformaciones que la revolución, encabezada por Eloy Alfaro, consiguió (separar iglesia del estado, la ley de manos muertas, etc.) y el ocaso de la revolución al perder lo esencial de la ideología liberal. Esencia que puede resumirse en la necesidad de acabar con el latifundismo colonial para inaugurar el capitalismo moderno. “El becerro de oro”, segunda parte, recrea la situación política y económica de los años posteriores al ocaso de la revolución: la identificación de los liberales con los latifundistas de la Sierra y con la banca agro exportadora de la Costa, que tenía su principal fuente de riqueza en el cacao. La crisis del cacao, unida a la irresponsable emisión de moneda sin respaldo real, provocó el advenimiento de una nueva política económica: el patrón oro como respaldo de la moneda, la creación del Banco Central. Sin embargo esta política tampoco funcionó. Durante

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estos años, hasta la fecha que el autor pone como límite (1942), liberales y conservadores, entre los cuales ya no existe una diferencia evidente en la ideología, se disputan el poder. Nace el partido socialista, que al carecer de las bases que posee en los países desarrollados, tiene una actitud contradictoria, al menos en la Sierra, ya que en la Costa existían ya organizaciones obreras modernas. “Hombres sin tierras y Tierras sin Hombres”, cierra el capítulo al exponer las condiciones en que se encuentra repartida la tierra, que responden a una estructura colonial, feudalista. Entre los datos que cita, quizá el más certero sea el de que el 40% del valor de la tierra se encuentra repartido entre 960 personas, según datos de 1942. La tercera parte de la tierra, según el autor, pertenece al estado, y el resto es propiedad de las clases medias y bajas. Además 9/10 de la tierra cultivable no se aprovechan. “En busca del destino”, única parte de Desenlace, el último capítulo, es el resumen de las ideas centrales del libro: sobrevive una sociedad de castas y una estructura económica latifundista que convive con una concepción monetarista, en lo económico, y democrática, en lo político. Toda esta contradictoria estructura social se encuentra fundamentada en la geografía que determinó las formas de producción, distintas en Costa y Sierra, así como son distintos el mestizo y el mulato. La dispersión es el producto de estas contradicciones. La paradoja se encuentra en la oposición espacial de las regiones, que sin embargo forman una unidad, y en la contradicción de las estructuras sociales, que pertenecen a distintas épocas, y que sin embargo forman también una unidad. El drama es la lucha de las clases y los hombres por transformar esas contradicciones, uniendo las regiones por medio de la técnica y cambiando las estructuras sociales: encontrarle un lugar al mestizo, crear instituciones políticas que respondan a nuestra realidad, repartir la tierra. Considerado como el primer ensayo moderno, Ecuador: drama y paradoja, concentra en su concepción el culto por la razón, y la rebelión contra la misma. Estas dos actitudes relativas a la razón, el culto y la rebeldía, vienen a ser las dos partes sustanciales de la modernidad. La

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tradición del iluminismo y su contradicción, el Romanticismo, conviven en el ensayo de Benites. Su fe en la razón se expresa en los acercamientos a la realidad desde la economía, la sociología o la historia. Mientras que su espíritu romántico se expresa en la descripción poética que abre el libro o en la narración de las vidas heroicas de algunos personajes históricos. Comunión de lenguajes, la modernidad se expresa con toda su fuerza en este ensayo. El ensayo es un punto de intersección de varios lenguajes. El lirismo convive con una interpretación marxista de la economía política, y los dos con un análisis de la sociedad de castas. Además existe el propósito de desmitificar a ciertos personajes - o de mitificar a otros. El ensayo es siempre más versátil que el trabajo historiográfico o histórico: no tiene que demostrar una tesis, ni proponer una antítesis, ni formular una síntesis. ¿Cómo encontrar una coherencia fundamental entre el pasaje poético del primer capítulo, y la parte en la que se plantea la paradoja de los hombres sin tierra y la tierra sin hombres, por medio de datos estadísticos? No existe método único: existe un tema, es decir, una idea que admite aproximaciones desde varios puntos de vista. Y el ensayo, sea histórico o político, conserva para sí la libertad de citar o no las fuentes al pie de la página. ¿Citaban sus fuentes Rodó, Martí, Paz? Es verdad que por su contenido Ecuador: drama y paradoja puede leerse como un texto de historia. Pero también como un libro de economía política. O incluso de sociología o psicología del mestizaje. Abundan los datos, pero no obedecen a un solo punto de vista, sino a varios, que en una visión general, resultan complementarios. Desmitificar a los héroes de la independencia, revelando que tras sus acciones se escondían intereses económicos, o mitificar a Montalvo y a García Moreno, al compararlos con Aquiles y Héctor, son artificios que, en el primer caso, recurren a las artes del Historiador, y en el segundo, a las del poeta. Ahora bien, la unidad del ensayo se encuentra explicada por el tema: El Ecuador. El tema abarca muchos aspectos: sus orígenes remotos, sus personajes relevantes, las estructuras sociales que determinan la conciencia de sus habitantes, la geografía, la relación con el mundo, el nombre que lleva. Así como Simón Espinosa señala que el autor descuida, en su análisis, la

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época colonial, podríamos pensar que descuidó una descripción de las formas de producción indígenas, como la comuna. Justo es, ya que las perspectivas utilizadas son múltiples, intentar un comentario desde las que se refieren a tres aspectos esenciales del texto: el histórico, el de la economía política y el de la sociología que toma como categoría de análisis la división por castas. Un intento de aproximación a los sentidos de nuestra realidad, como el de Ecuador: drama y paradoja, suscita innúmeras lecturas. Nos acercaremos a la primera que provoca nuestra atención, y que creemos esencial: la historia como drama, es decir, como género de la literatura, la economía política como problema filosófico, es decir, como expresión paradójica, y la sociología que toma como categoría de análisis a la división por castas como un punto de encuentro entre el drama y la paradoja. El drama, género literario que pretende mostrar a los hombres tal como son, en toda su medianía, es el escogido por el autor para ensayar su interpretación de la historia. Dilatada, moderada en su violencia, es concebida la historia como drama; mientras que sobrehumana, excesiva, aparece con brillo cegador la historia como epopeya o como tragedia. "(...) El movimiento elemental de la conquista obedeció más a una supervitalidad física y espiritual"38 Descomunal despliegue de fuerzas es la epopeya del origen, el genocidio del origen. Mientras en ciertos periodos republicanos y coloniales, los más extensos, prevalece el drama:
"La feudalidad colonial, borrosa y llena de contenidos esclavistas, fue más doméstica y suave en su agresividad pendenciera (que la conquista)pero oprimió al indio con las torturas constantes del látigo del trabajo forzado".39

Así como en otros momentos, mucho más breves e intensos, la historia se convierte en tragedia:
"(...)la época liberal hasta el momento de la muerte del caudillo fue una hoguera bárbara de pasión. El país entero ardió. Llamarada trágica que ilumina medio siglo de combate".40

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Y en otros momentos el autor cuestiona el contenido trágico- es decir heroico- de ciertos capítulos de la historia, como el de la independencia. Convirtiendo una acción de temple sobrehumano, en una actitud común.
"Todos los elementos futuros se encuentran así en potencia en la libertad naciente: caudillismo, que hizo poner frente a frente al marqués de Selva Alegre contra las casas rivales de Selva Florida, primero, y de Villaorellana, después; ansia burocrática; acción dispersa del mestizo que actúa sin plan; acción del clero preponderante; menudas aspiraciones personales y actitudes desinteresadas que encubren reales intereses económicos".41

Y existen también ligerísimos contenidos cómicos, como cuando se narra las mezquindades de un cura, que en la colonia, alquila la botella de vino a los indígenas para poder bendecir las ofrendas que llevan estos a sus difuntos. Es el drama el que, sin embargo, prevalece en la concepción histórica. Drama de la prehistoria: selva y montaña en perpetua oposición, es decir, geografías contrapuestas. Drama de la historia: el latifundista contra los hombres sin tierra. Drama de las culturas: las costumbres y tradiciones del blanco en oposición a las del indio y el negro. En los héroes trágicos es en quienes se encuentra vivo el símbolo de la rebelión de los sometidos (los sin tierra, los negros y los indios) contra los dominadores, los latifundistas, los blancos. De ahí que la biografía del pueblo ecuatoriano se convierta por momentos en la biografía de los héroes. Recordemos que los estudios sobre Espejo y Mejía, héroes y sabios a quienes admiraba Benites, anteceden al ensayo sobre la biografía del pueblo ecuatoriano. La historia se convierte en literatura, o más exactamente, en mitología. O viceversa, cuando se pretende desmitificar a los héroes. El sentido paradójico de una realidad entendida como drama, viene dado por la unidad que forman los actores que se mantienen contrapuestos. Unidad que no encuentra solución posible, y que se encuentra reflejada en la falta de correspondencia entre las estructuras económicas y las instituciones políticas. "La paradoja de una estructura política democrática y liberal sobre

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un fundamento feudal-colonial (...)" Mientras que la realidad obedece, por un lado, a las evidencias de injusticia y explotación, de que la tierra se encuentra en manos de muy pocas familias; el lenguaje, en especial el lenguaje que utiliza el poder para fundar sus instituciones, reconoce derechos y libertades ciudadanos y políticos para la mayoría, derechos que no tienen correspondencia con la realidad. Mientras en la realidad se mantiene la desigualdad, en la ley se defiende la igualdad. Este desacuerdo provoca la coexistencia de dos países en uno: el de verdad y el de las leyes. Y suscita a su vez una serie de problemas derivados de esta situación paradójica: una política monetaria en lugar de una política económica, una actitud evasiva siempre, en lugar de la acción transformadora. Paradoja encarnada, drama de carne y sangre el mestizo, no encuentra solución a su problema. Como un símbolo vivo de la confusión económica y política, y como territorio en el que se libran las luchas del drama histórico, se encuentra el mestizo, se encuentra Espejo, el personaje que cautivó a Benites Vinueza, y de quien no pudo concluir su biografía. No pudo darle un lugar, como si quedarse fuera de lugar fuera su destino histórico.
"Clase sin clase, la del mestizo era fluctuante y vaga. Tenía la inestabilidad de lo transitorio, pues podía subir hacia la clarificación de la piel que le daba capacidad de hombrearse con las clases dirigentes o podía subir hasta los límites más serviles de las clases dominadas. Por eso el mestizo estuvo en la Colonia- y lo está quizás hoy- dispuesto a servir a los dominadores más que a sentir el dolor de los dominados".42

Mientras que la paradoja filosófica- como la de Aquiles y la tortuga, planteada por Zenón de Elea- encuentra su solución en las tesis del griego que identifican la división infinita con el ser (a diferencia de Parménides, su contemporáneo, que pensaba el ser como unidad) la paradoja mestiza carece de solución: económicamente es y ha sido excluido, y ahora que puede participar políticamente, tiene que servir a intereses económicos opuestos a su inclinación política. (¿Es éste el origen del populismo?) La solución vendría a ser que exista coherencia entre un proyecto político y las estructuras económicas del país. La paradoja mestiza se debate, por lo tanto,

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entre ocupar el sitio destinado al verdugo, sirviendo a las clases que poseen poder económico, o sustituir su ausencia de ser ( de tesis clarificadora) con la evasión. Pocas veces el mestizo se identifica con los dominados. El mestizo es a la vez el territorio en el que se libran las luchas de los opuestos: el dominador y el dominado. Drama de la historia: el latifundista contra los sin tierra. Drama de las culturas: el blanco contra el indio y el negro. El mestizo se encuentra en la mitad de la lucha, es el territorio que podríamos llamar neutral, pero que al final toma partido. Su perpetuo contradecirse encuentra solución en estas palabras de Icaza:
"La tragedia, el desacuerdo íntimo- inestabilidad, angustia, acholamiento- que tuvo el mozo por costumbre resolverla y ocultarla fingiendo odio y desprecio hacia lo amargo, inevitable y materno de su sangre, se había transformado gracias a las circunstancias planteadas por la injusticia de funcionarios y burócratas, el amor sorpresivo de Rosario, a la esperanza en el futuro del hijo, a la diligencia leal y generosa del vecindario- en la tragedia fecunda de la permanencia de su rebeldía(...)".43

Para enlazar las palabras de Icaza con el sentido que Benites Vinueza quiere dar a la historia (su condición de drama), podríamos decir que no era " la tragedia del desacuerdo íntimo-inestabilidad, angustia, acholamiento (...)" sino el drama del desacuerdo íntimo-inestabilidad, angustia, acholamiento(...) y que ese drama histórico de nuestra nación, reflejado en la lucha por la tierra, la distinción entre castas, expresado el drama como paradoja mestiza, sólo encuentra su solución, en la "tragedia fecunda de la permanencia de su rebeldía" que para Benites Vinueza tiene que adquirir formas organizativas no violentas sino conscientes de su destino. "Una riqueza potencial capaz de dar prosperidad a una población diez veces mayor, existe en el Ecuador(...)Todo menos la conciencia clara de su destino y la voluntad organizadora que vence el infortunio".44 Estas obras temporales, dedicadas a rehacer la historia, a modelar la identidad, reflejan una visión heroica del mundo, unida a una concepción materialista: la identidad está hecha de realidades, pero también de ficción.

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Nietzsche se encontraba a sí mismo como un pesimista de la fuerza, donde el pesimismo vendría a ser la constatación de la realidad, y la fuerza una voluntad dominada por la experiencia metafísica. La información que estos ensayos recogen sobre la historia- su temporalidad, su cualidad perecible, mutable- es al mismo tiempo, por intermedio de los héroes y su culto una obra dedicada a la permanencia.

Poesía, historia e identidad
Temporalidad e intemporalidad "Nace el escritor europeo- escribía Alfonso Reyes en 1956- en el piso más alto de la torre Eiffel. Un esfuerzo de pocos metros, y ya campea sobre las cimas mentales. Nace el escritor americano como en la región del fuego central. Después de un colosal esfuerzo, en que muchas veces le ayuda una vitalidad exacerbada que casi se parece al genio, apenas logra asomarse a la sobrehaz de la tierra. Oh, colegas de Europa: bajo tal o cual mediocre americano se esconde a menudo un almacén de virtudes que merece vuestra simpatía y vuestro estudio. Estimadlo, si os place, bajo el ángulo de aquella profesión superior a todas las otras que decían Guyau y José Enrique Rodó: la profesión general de hombre"45. Nuestra historia es un sucederse de hombres extraordinarios: en Europa o en los Estados Unidos la especialización promete y cumple con la producción de grandes novelistas, poetas o científicos. En América latina existen también poetas, científicos, inventores. Pero nuestra profesión, por las dificultades del medio, es singular: es la de hombres. Como decía Unamuno, sólo América tiene entre sus hijos un libertador de naciones. Emperadores, conquistadores, descubridores los hay en todo lado. Sólo en América un hombre ha recibido el alto nombre de libertador. Apasionados por la libertad, los hombres americanos han hecho de la historia una épica de la rebelión: incluso los primeros españoles, los conquistadores, eran unos rebeldes para con España.

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¿No son esclavos aquellos apasionados por la libertad? ¿No se desea justamente lo que no se posee? Nuestra condición mestiza nos ha colocado siempre entre dos aguas: la del antiguo habitante precolombino que llevaballeva- una vida paradisíaca, comunitaria, federal o imperial; y la del conquistador que nos reducía al servilismo. El mestizo aspira a la libertad, porque no la tiene. En la obra y vida de Leopoldo Benites Vinueza se revela esa condición propia de los latinoamericanos: por sobre su versatilidad que le hace escribir en varios géneros, desempeñar trabajos diversos, se encuentra su lucha por la libertad. Esa libertad es conocimiento y acción. En su poesía- versos y relatos- y en sus ensayos históricos- los dedicados a un personaje o la biografía del pueblo ecuatoriano- se revelan maneras de conocer: el amor y la rebeldía son fuentes de libertad; el heroísmo y el pensamiento son engendrados por el amor y la rebeldía. El amor inspira aquello que Benites Vinueza llama panerotismo: misticismo y erotismo unidos. Y la rebeldía es un deseo de transformación: el fin de las injusticias, la igualdad. Los héroes son inspirados por el misticismo: Orellana por la fe en su destino, Espejo por su deseo de ser un bello espíritu, Mejía por su altiva dignidad para considerarse siempre entre iguales, Montalvo por su furor contra la tiranía. Y esos héroes son también unos rebeldes: Orellana reniega su destino oscuro en España y emprende el viaje a América; Espejo lucha contra su sociedad para ser aceptado; Mejía defiende la libertad, la de América y la de España contra los invasores; Montalvo se encuentra en pugna perpetua contra la tiranía y la vileza. Como los primeros versos dedicados a la naturaleza y a una muchacha son versos de amor, el amor por los hombres o por los ideales inspira a los héroes que retrata Benites Vinueza. La rebeldía y el pensamiento vendrían a ser consustanciales, las dos caras de una misma moneda. El afán de transformación, de perfeccionamiento, tiene su fundamento en la contemplación, el análisis, la crítica: después de bucear en lo profundo de nuestra historia, acabando con unos mitos o creando otros, Benites cerraba su ensayo mayor diciendo que el país necesitaba una honda transformación, política y social.

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Del conocimiento a la acción: su lucha por la libertad lo llevó a la cárcel y a presidir la asamblea general de las Naciones Unidas. Poeta, ensayista, profesor, periodista, diplomático. Mientras que un tirano lo redujo a prisión por sus críticas, su palabra lo puso al frente de la asamblea de la comunidad de naciones. ¿Quién es un latinoamericano? Si poeta, la naturaleza lo deslumbra. Si periodista, la injusticia lo indigna. Si historiador, la identidad le parece un problema. Si profesor, enseña a sus discípulos seguir las virtudes de los héroes de su patria. Si diplomático, es un igual a los representantes de las otras naciones y merece- y logra muchas veces, ocupar las más altas dignidades. La poesía moderna responde a dos vertientes: la crítica, representada en su momento cimero por Baudelaire, y la celebración, cuyo hombre insigne es, quizá, Walt Whitman. A pesar de ser reducida en su espectro, esta manera de entender la poesía se extiende a las concepciones modernas de la historia: Mientras Michelet, el historiador francés, invoca al progreso por sobre todoY el poeta Rimbaud era uno de sus más famosos lectores- el inspirado Carlyle cree en la espiritualidad de la Historia representada en los héroes. La crítica se convierte en la necesidad del progreso; la celebración en heroicidad. América latina mantiene un diálogo a veces directo y a veces sesgado con la tradición europea. Directo cuando Europa se convierte en el referente inmediato, tratándose de arte y literatura. Sesgado, cuando los latinoamericanos - en un estado de autocontemplación- buscamos en la continuidad de nuestra tradición, o en su interpelación, la fuente de nuestro pensamiento. En la poesía moderna Rubén Darío introduce, dentro de las tendencias de crítica o de la celebración, un aire cosmopolita. (Recordemos que Darío admiraba a Montalvo, El Cosmopolita). Nuestra poesía cosmopolita (que entra en diálogo con todas las culturas), cuando se mira a sí misma- a su realidad- encuentra un fondo social del que se siente responsable: de la poesía modernista se pasa a la denuncia social, del hondo lirismo al ensayo histórico. Del Cosmopolitismo a la autocontemplación, a pesar de ser un pequeño género humano, como lo describía Bolívar, la historia latinoamericana, como la poesía, se presiente universal. Si no, recordemos que Benites Vinueza insistía en la necesidad de encontrarse a la par del ritmo histórico universal.

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¿No es nuestro autor un representante de lo que es el latinoamericano? De lo cosmopolita- la soledad de New York- a la responsabilidad social: el drama de nuestro pueblo. Singular, el hombre latinoamericano, que puede ir de la poesía a la prisión, del lirismo a la imprecación. La juventud de América latina provoca esa tradición de la ruptura que señalaba Octavio Paz: ese deseo de transformación permanente, esa lucha heroica que sirve de inspiración a quienes venimos después. Del libro Ecuador: drama y paradoja hemos tomado un fragmento de Escenario, el primer capítulo. Trasunto del paisaje* (fragmento) La línea divisoria del mundo - el Ecuador terrestre-pasa al norte. No llegan hasta allá las aguas frías de la corriente antártica. La selva hunde sus dedos en el mar. La selva verde como una esmeralda caliente y móvil. El mar es verde como una esmeralda. La tierra misma lleva un nombre significativo: es la provincia de las Esmeraldas. El nombre vino desde los días del asombrado encuentro del hombre blanco con los ardientes litorales del trópico: cuando Pizarro y su mesnada llegaron al río de los Atacames y encontraron, entre las riquezas acumuladas, gruesas esmeraldas en las que el sol rompía deliciosamente sus rayos. Era el momento en que el hombre bautizaba los elementos, y lo sujetaron a su designio con el nombre de río de las Esmeraldas. La selva tiene allí el empuje de la vida primigenia. Fuerza vegetativa formidable y agobiadora. Pujanza de crecimiento sin limitaciones. Hay árboles. Árboles. Árboles. Caucho de suave líquido que emana de las abiertas heridas vegetales. Balsa suave y liviana. Duro guayacán y ébano moreno. Peniche oloroso y bálsamo fragante. Tagua, marfil vegetal. Maderas preciosas y variadas.

* Leopoldo Benites Vinueza, “Ecuador: drama y paradoja”, Quito - Ecuador, Banco Central del Ecuador, Corporación Editora Nacional, 1986; págs. 63 - 66.

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Es la pura e ilimitada fuerza de la naturaleza del trópico. Bajo los enormes árboles de la selva se tienden los ríos sonoros, anchos, con su leve palpitación luminosa. Amplias playas sonoras se acuestan junto al mar con una calidez de mujer. Y, más allá, un horizonte de palmas hace un tatuaje verde claro sobre el cielo demasiado azul. O, cuando la playa se angosta al acercarse a la boca de sus ríos musicales- en San Lorenzo hay una sinfonía de agua-, los manglares meten sus mil brazos largos en las aguas transparentes. Los ríos esmeraldeños- doblemente esmeraldeños por el color y la nominación- tienen una belleza distinta: el Cayapas es una paradoja. Tranquilidad idílica del agua en un crepitar de gritos animales, de cantos alados, de ruidos de élitros. El Esmeraldas tiene una voz grave, un gran acento sonoro. Corre sobre un plano inclinado, veloz como los pies de un atleta fugitivo de un hexámetro de Píndaro. Todos ellos llevan oro. El sistema del Santiago es aurífero por excelencia: el Cayapas, el Onzole, el Cachabí, el Bogotá, el Playa de Oro, los Zapallos. Y junto a la pepita áurea, suele encontrarse la pepita blanca y rutilante del platino. Más al sur, desobedeciendo la lindera política, se prolonga la selva hacia otra provincia: la de Manabí, cuyo nombre fue arrancado de la remota prehistoria ante-incaica. La invasión del Trópico se detiene, viniendo de norte a sur, casi a la altura del cabo Pasado. Allí el duelo de la selva y el mar se plantea. La corriente fría antártica, cuyo ramal marcha hasta ese punto paralelo a la costa ecuatoriana, aridece la tierra. Y cambia bruscamente la decoración. Son sabanas. Ni una nota de color en el largo secano. El sol reseca la tierra que fue humedecida por las lluvias y la agrieta formando la sarteneja, difícil red de tierra endurecida que obstaculiza el paso animal y el avance humano. A la selva abrumadora de exuberancia, sigue un paisaje seco y gris. De trecho en trecho se alzan los algarrobos resistentes a la sequía, que ofrecen sus vainillas resecas al hombre y la sed de los ganados. Y el ceibo, oveja vegetal de la tierra.

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Ningún árbol tiene la prodigiosa individualidad que este extraño árbol del secano. La lluvia lo cubre de hojas, de pequeñas flores. Pero en la larga estación seca abandona el lujo inútil de la hoja. Se despoja de la gloria transeúnte de la flor. Y quedan más visibles los gruesos troncos de corteza casi animal, rugosos y retorcidos. La fantasía no se cansa de encontrar metáfora en la serie ininterrumpida de ceibos. Tienen formas sexuadas, reminiscencias fálicas, en el incrustarse de sus ramas sobre el tronco. Obscenas figuraciones. O parecen enormes rebaños de elefantes con las trompas hacia cielos grises. O fantasmas vegetales. La monotonía de la sabana se corta por las pequeñas elevaciones montañosas. Las cordilleras costeñas ejercen su acción modificadora en la climática y bioclimática del litoral. Los cerros de Hojas y Montecristi, los dientes erizados de Paján, las sinuosidades de las montañas de Colonche y Chongón con sus prolongaciones hacia el cerrillo del Carmen y las Cabras, las elevaciones de Zamba Pala en la Puná, cambian la vegetación. El bosque trepa por los flancos verdes agarrándose con las raíces del guayacán de corazón acerado, el guachapelí duro, las maderas que proveyeron a las ciudades costaneras de su arquitectura primitiva hasta que llegó la era unificadora del cemento. Guayaquil, el puerto, queda propiamente en la región sabanera. Lejos del imperio del trópico. Enlazada la ciudad por los brazos de los ríos, rehuye el abrazo y el agua se tiende a sus plantas en una ancha ría que corre hacia el Pacífico. Por la sombra grata de los soportales, pasea desde la tarde el viento marinero que viene recorriendo las áridas llanuras con los pies mojados de humedad salubre como el viento homérico de la Iliada. Y a pesar de que su nombre evoca ideas de calor sofocante, la temperatura no sube ni aún en la época húmeda y caliente, a más de 35 grados centígrados en horas de la tarde. Próxima a la ciudad, empieza la vida del pantano. La extensión verde y temblorosa - la tembladera- en donde suelen arremansarse las garzas y tenderse al sol el caimán gigantesco. La vida multiforme y sin límites del insecto y la rana colorea los bordes palúdicos del agua.

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Entre la costa, sujeta a la variabilidad de las corrientes marinas, y la serranía, sujeta al imperio cósmico de los Andes, está la enorme planicie virgen, la selva tropical, el mundo rugiente de la fiera. Es el trópico ignoto e intacto. Desde él bajan los ríos como el Guayas, de cuyo sistema hidrográfico ha vivido el Ecuador, y el Santiago. O por él se abren paso los torrentes andinos que van formando sistema hidrográfico, como el Esmeraldas y el Jubones. Cientos de afluentes cortan la selva con su fulgor de agua, custodiada por enormes mangos espesos y naranjos frutecidos de amarillo claro. Es la zona del cacao que dio su vida dramática al Ecuador republicano. Del banano de anchas hojas sonoras. De la palma real, atalaya de los vientos. De las maderas finas y perdurables del trópico. La acción andina se patentiza en esa región cuasi abandonada, modificando la calidad de la tierra. La acidez vegetal de la descomposición de hojas putrefactas debería acentuar el PH. Pero la ceniza arrojada en siglos de erupción por los volcanes, transformada por la paciencia diligente del agua y del tiempo, alteró en acidez y dio al extenso cinturón tropical que une al macizo andino con la zona costanera, una riqueza sólo comparable a las de las tierras de Java . . .

ANEXO* DECLARACION DEL PREPRESENTANTE PERMANENTE DEL ECUADOR, EMBAJADOR LEOPOLDO BENITES, EN EL DEBATE GENERAL DEL XXIX PERIODO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS Octubre 4 de 1974 Señor Presidente: La honra que recibió el Ecuador al ser designado yo Presidente del XXVIII Periodo de sesiones de esta Asamblea tuvo la contrapartida de impedirme, por casi un año, ejercer la exclusiva representación de mi pueblo ni, durante ese lapso, en que serví a mi país en un alto plano internacional, poder servirlo en otros foros. Al volver al llano -con la tranquila conciencia del deber cumplido- y reasumir la plena y exclusiva representación del Ecuador, es muy grato para mí que el primer deber que cumpla sea el de saludar, a nombre del Pueblo y el Gobierno ecuatorianos, vuestro advenimiento a la Presidencia de la Asamblea General en estos graves y conflictuales momentos de la vida internacional que requieren la clarividencia del estadista y la recia energía del luchador, condiciones que se combinan en vuestra personalidad formada en

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el combate por la independencia de vuestra Patria y luego en la permanente acción por la liberación de los pueblos del mundo y la creación de un orden nuevo desde vuestro elevado puesto de Ministro de Relaciones Exteriores de Argelia. Es también muy grato que otro de mis primeros deberes sea el de saludar a nombre del Pueblo y Gobierno del Ecuador a los tres nuevos Miembros de la Organización que vienen de distintos Continentes: Granada, hermana nuestra por la geografía y sobre todo por la historia que, para los pueblos iberoindo-africanos de América Latina, comenzó en el Caribe, fundente de pueblos y matriz de naciones; Bangladesh incrustado en el corazón de una cultura milenaria y Guinea-Bissau que ha conquistada su independencia en una lucha indeclinable a cuyos héroes y mártires quiero rendir homenaje en la noble y austera figura de Almícar Cabral. Después de cumplir estos gratos deberes debo referirme a un hecho que ha enlutado a mi Pueblo: la tragedia de Honduras. Vientos huracanados, lluvias diluviales y altas mareas convirtieron la hermana tierra tropical de Honduras en una enorme ciénaga bajo cuyo fango quedaron enterrados 10.000 seres humanos mientras los sobrevivientes eran atacados por víboras enloquecidas y, en medio de la desolación, surgían el hambre, la enfermedad y la miseria. No quiero, señor Presidente, hacer de mi intervención en el debate general una especie de agenda ampliada ni un anticipado muestrario de temas sobre los cuales existe la posibilidad de expresarse cuando se traten en las Comisiones Principales o en las Plenarias a que han sido asignados. Me referiré solamente a aquellos que, sin constar por ahora específicamente en nuestra agenda están implícitos en numerosos puntos de nuestras deliberaciones. Puede parecer una expresión tópica, gastada por el uso, la que he venido repitiendo en mis últimas declaraciones y que hoy quiero reafirmar: que estamos en una época transicional que sólo podremos afrontar con una clara y precisa conciencia del cambio. Hace veintinueve años ocurrió un hecho nuevo en la historia: la organización de la comunidad internacional para los altos fines de vivir en paz como buenos vecinos, proscribir el uso y aun la simple amenaza de la fuerza, propender al respeto de la dignidad del hombre

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libre de toda discriminación y consagrar el derecho de los pueblos a darse su propia forma de gobierno. Sabemos que después de la creación de las Naciones Unidas ha habido violaciones de sus propósitos y principios: la guerra como medio de expansión de fronteras, la ocupación de territorios por la fuerza, la negativa a conceder a los pueblos su libre determinación, la monstruosa injusticia del apartheid en Sudáfrica y Rhodesia, la división artificial de pueblos de antiguas culturas homogéneas, la devastación masiva de tierras por bárbaros métodos de guerra química y el uso del hambre como arma. Todo esto es cierto. Pero es cierto también que la organización de la comunidad internacional que las Naciones Unidas representan ha creado una opinión pública internacional cuya presión evidente ha impedido tanto el estallido de una guerra mundial como la hegemonía de un poder dominante y ha permitido la liberación de los pueblos coloniales que hoy son Estados de pleno derecho, cuya mas preclara expresión la encontramos, en este momento, en la ruptura de una obsoleta idea de dominio que el Portugal ha iniciado con la plaudente simpatía de todos los pueblos de la tierra. La civilización que vivimos -sucesivamente mediterránea, atlántica y luego extendida por todos los mares- ha llegado a ser planetaria: del hombre -de todos los hombres- sobre un planeta que les resulta estrecho e insuficiente pero que es la única posibilidad de su propia existencia. No quiero usar las imágenes poéticas de una fácil retórica sino que acudiré a una imagen de un economista de fría y clara mente: el señor Roberto McNamara quien dijo en la Conferencia de Estocolmo sobre el Medio Humano que somos viajeros en una nave espacial en donde una cuarta parte viaja cómodamente mientras las tres cuartas partes lo hacen en condiciones de hambre, enfermedad y miseria. Después del fracaso de los esfuerzos de la primera década del desarrollo, la crisis de materias primas que obligó a la reunión del VI Periodo Extraordinario de Sesiones de la Asamblea General -por noble y diría que audaz iniciativa de S.E. el Presidente Hoari Buomediene de Argelia- ésta ha llamado la atención sobre un hecho vital: que la comunidad internacional requiere algo mas que medidas parciales: requiere un nuevo orden económico internacional. Esta es la segunda gran etapa de las Naciones

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Unidas desde su constitución como expresión de la comunidad mundial. Debo confesar, con alarma, que en vez del ambiente de cooperación, interrelación y confianza que la creación de ese nuevo orden económico requiere, el presente período ha comenzado en un ambiente de amenazas y recelos. Esto es terriblemente negativo porque amenazas y recriminaciones suelen rebotar contra quien las lanza como un boomerang manejado por manos inexpertas. En primer lugar no es exacto -y hasta podría parecer poco leal- asegurar que el deterioro económico y la paralización del desarrollo en los países a quienes se califica como más gravemente afectados, se debe exclusivamente a la elevación de los precios del petróleo. Antes de la elevación de tales precios, habían aumentado hasta en 400% los precios de artículos alimenticios como el trigo, de materiales de construcción como el hierro y el cemento, de la maquinaria agrícola y de productos derivados de los hidrocarburos como acrílicos y fertilizantes. Pero las victimas no eran, en este caso, los países industrializados, transformadores de materias primas, sino los débiles pueblos del mundo en desarrollo que silenciosamente sufrieron los desniveles de sus balanzas de pago. Tampoco el proceso inflacionario puede imputarse únicamente a la llamada "crisis del petróleo". La inflación es el fenómeno concomitante a una creación de dinero que no corresponde a una producción de bienes y por lo tanto el enorme incremento de gastos militares y las guerras de predominio político han sido generadoras de una inflación exportada inevitablemente a los países económicamente más débiles. Además, el sistema creado en Bretón Woods ha producido un desigual desarrollo que enriqueció a los más ricos y pauperizó a los más pobres. Por último, la elevación de precios de los hidrocarburos no ha afectado por igual a los países desarrollados que carecen de esos productos o tienen producción deficitaria-como los europeos y el Japón- que a Estados Unidos que apenas depende en un 12% aproximadamente de importaciones de petróleo extranjero y cuyas compañías petroleras han obtenido, en plena crisis, utilidades de hasta 800%. Quisiera, por ultimo, señalar el hecho de que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) no es una organización política pues

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reúne países de diferentes sistemas de gobierno y diversas metas sociales, ni una organización étnica puesto que en ella coinciden árabes, africanos, iraníes, asiáticos y latinoamericanos, ni una organización de productores de petróleo ya que tiene sólo un 85%, ni una mutual de ayuda pues no conozco decisiones que comprometan a los más ricos a prestar ayuda a los más pobres de sus miembros. Es solamente una organización de exportadores cuya finalidad esencial es la defensa de los precios que, durante largos años, no correspondieron al creciente incremento del de otros productos mientras se enriquecían las empresas explotando un producto no renovable. En el mensaje dirigido al Presidente Ford de los Estados Unidos, con ocasión de su declaración al iniciarse el actual período de la Asamblea, el notable estadista que rige los destinos de Venezuela doctor Carlos Andrés Pérez, dijo: "Me atrevo a interpretar la política de la OPEP al afirmarle que los países productores de petróleo aspiramos a que, en un marco mundial como el de las Naciones Unidas, pueda llegarse al entendimiento equitativo y de justicia internacional entre los países productores de materias primas y los países industrializados para encontrar compensaciones decentes y aceptables entre los precios que se nos paga por el trabajo de los hombres y las mujeres de nuestros países, acorralados en la miseria y el que pagan nuestras economías por las importaciones que requerimos". Existen dentro de OPEP grados de desarrollo diferentes que van desde países que pueden producir 8 millones de barriles diarios hasta países como el Ecuador con una producción máxima de 230 mil barriles diarios y desde países que transforman sus hidrocarburos hasta países como el Ecuador que tienen una debilísima industria de transformación y son, por lo mismo, exportadores de crudo e importadores de los derivados del producto neto pagando precios superiores a sus utilidades con grave incidencia en sus balanzas de pago. A este respecto quiero reafirmar la declaración hecha hace poco por mi Gobierno en comunicación al señor Secretario General en el sentido de que el Ecuador con una pequeña producción promedial de crudo, sin una industria petroquímica y sólo con una pequeña industria de transformación, no es un país capaz de ser donante de capitales por el solo hecho de ser miembro de OPEP sino, por el contrario, un país en desarrollo que requiere

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la ayuda económica de prestamos blandos y una ingente ayuda en cuanto a transferencias de tecnología. Hay, sin embargo, un hecho evidente que nadie puede honestamente negar: el aumento del precio del petróleo ha producido un impacto grave en la economía mundial no sólo en los pequeños productores que exportan la totalidad de su petróleo crudo y compran a altos precios sus derivados y en los países que tienen fuertes industrias de transformación pero carecen de petróleo, sino en todos los países del mundo pero especialmente en aquellos que carecen de petróleo y han visto desequilibradas sus balanzas de pago, disminuida su producción por falta de combustibles y fertilizantes y acelerado su proceso inflacionario; países, los últimos, que han sido calificados como más gravemente afectados. Por otra parte, la inversión de las utilidades obtenidas por el aumento del precio del petróleo en acciones inclusive bancarias- en empresas transnacionales y en bienes raíces de los países desarrollados ha aumentado la inflación ya gravemente acelerada por la carrera armamentista y la adquisición de armamentos por países que no tenían antes la capacidad de adquirirlos. La cifra total de inversiones en gastos militares en el mundo ha subido a 207.406 millones de dólares, mientras la humanidad se enfrenta a la próxima y hasta ahora inevitable amenaza de una dramática hambre universal. En relación con este amenazante problema se han realizado -bajo los auspicios de las Naciones Unidas pero totalmente autónomas- dos Conferencias Internacionales y otra está próxima. Me referiré brevemente a ellas. Se va perdiendo de vista que la Conferencia del Mar -cuya primera etapa se realizó en Caracas el último verano- tuvo su origen en la necesidad de que los fondos marinos y oceánicos fuera de la jurisdicción nacional así como su subsuelo, se usen con fines pacíficos y se exploten en beneficio de la humanidad para propiciar el desarrollo de los mas débiles y evitar los peligros del desequilibrio económico por el ilícito enriquecimiento unilateral de los mas poderosos técnica y económicamente. Esto implica que los fondos bajo jurisdicción nacional son de uso y beneficio del Estado ribereño y que el trabajo de la Conferencia debió centrarse principalmente en el establecimiento de un régimen jurídico y un mecanismo administrativo

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aplicable a la explotación de las ingentes riquezas del alta mar en beneficio de la humanidad. Sin embargo, el interés especial se ha centrado, hasta ahora, en la determinación de la extensión de la jurisdicción nacional más que en la clase de derechos que el Estado ribereño puede ejercer en su mar adyacente y que la humanidad puede tener en alta mar. Y esto obedece a la premiosa acción de los países con grandes flotas pesqueras para ejercer con libertad su acción depredatoria. En Caracas se ha mantenido respecto a la extensión jurisdiccional tres posiciones. La más restrictiva de ellas acepta un máximo de 12 millas de mar territorial. La segunda, nacida a partir de 1972, acepta transaccionalmente un mar territorial de 12 millas en que se ejerce soberanía plena y una zona adyacente de hasta 200 millas, o sea 188 millas más, sin que hasta ahora exista acuerdo sobre la clase de derechos que se ejercerían en esa zona adyacente, pero que no serían derechos soberanos que sólo se ejercen en el mar territorial. La última posición -que mi país sostiene y que en su nombre he defendido desde 1955 hasta 1972- se basa en el derecho del Estado ribereño a extender su plena soberanía sobre el mar adyacente de acuerdo con sus características geográficas, geológicas, ecológicas y las necesidades económicas de su población hasta 200 millas desde sus líneas de base. La expresión "mar de doscientas millas" no tiene sentido mientras no se sabe la clase de derechos que en esa extensión se puede ejercer y para evitar esa confusión el Ecuador ha sostenido e incorporado a sus leyes, que su mar territorial es de doscientas millas y en esa extensión ejerce la plenitud de su soberanía de lo que se deduce que no puede admitir un mar de doscientas millas sin soberanía plena sobre esa extensión, como ocurre con la zona económica o el mar patrimonial. El Jefe del Estado Ecuatoriano General Guillermo Rodríguez Lara en un discurso cuyo extracto publicó el diario "El Comercio" de Quito, el día 26 de julio del año en curso, destacó con énfasis patriótico la importancia del mar territorial de doscientas millas -consagrado en las leyes ecuatorianas- y afirmó que la personalidad soberana del Ecuador "está lista para hacer alto a la piratería de los poderosos y dar vigencia plena a nuestras leyes en materia de jurisdicción marítima".

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La segunda Conferencia bajo auspicios de las Naciones Unidas fue la realizada en Bucarest sobre Población. Su importancia especial consiste, a nuestro juicio, en haber llamado la atención sobre el problema de la explosión demográfica pero dejando a cada Estado su derecho a buscar sus propias soluciones. Es evidente que una gran explosión demográfica paralela a una disminución de la producción de alimentos y un encarecimiento de los materiales de construcción de viviendas, es una amenaza dramática. Pero la médula del problema debe centrarse, por lo mismo, en atender las necesidades globales del desarrollo. El VI Período Extraordinario, al propiciar la necesidad de un nuevo orden económico internacional, fijó medios inmediatos y mediatos que la presente Asamblea tiene que resolver. Los inmediatos fueron encargados al señor Secretario General de las Naciones Unidas al pedirle que organice una operación de emergencia para ayudar a los países mas gravemente afectados. Los mediatos fueron confiados al Comité Ad-Hoc que debía presentar al Consejo Económico y Social recomendaciones sobre mecanismo y alcance del Fondo Especial que proveería las necesidades urgentes de los países más gravemente afectados pero cuya finalidad sería también atender las necesidades globales del desarrollo. El problema del desarrollo nos sale al encuentro por todos los caminos. Su desafió es imperativo y urgente. Y frente a ese desafió no podemos jugar con las palabras como los niños juegan con globos de colores que estallan. Coexistencia, cooperación, no son sólo palabras sino imperativos de acción. El rito de transferir nuestras culpas al chivo expiatorio y dejarlo libre, no libera realmente nuestras conciencias con tan hipócrita subterfugio. El hecho que inexorablemente está frente a nosotros es que el VI Período Extraordinario de Sesiones nos dio el encargo irrevocable de crear un nuevo orden económico internacional. No un orden cualquiera sino un orden justo, coordinado e interdependiente. Sabemos que los países desarrollados y poderosamente industrializados están viviendo una crisis. Comprendemos que los países que han realizado ingentes ganancias al elevar el precio del petróleo tienen derecho a ellas porque antes fueron explotados y empobrecidos. Pero sabemos que si ambos pudieran ponerse de acuerdo en que inversiones prudentes y bien planeadas -especialmente en bienes de

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infraestructura- en los países menos favorecidos o de menor desarrollo podrían alejar la amenaza del hambre que se cierne sobre la humanidad angustiada y podría iniciarse exitosamente el nuevo orden económico mundial. Decir que el nuevo orden internacional debe basarse en la interdependencia es evidentemente un lugar común pero es también evidentemente una verdad inevitable. La interdependencia significa que los países industrialmente poderosos tienen que aprender a depender de aquellos a quienes explotaron y que los antiguos dependientes quieren sustituir la dependencia por la interdependencia. El nuevo orden económico tiene que ser básicamente una nueva ordenación de las recíprocas dependencias económicas. Desde la revolución industrial el orden económico se basó en la idea de imperio y por lo tanto en la relación colonial de extracción de materias primas baratas y la creación de mercados de artículos manufacturados caros, o sea una situación de dependencia. El nuevo orden tiene que basarse, en lo posible, en dotar a los pueblos antes explotados de medios de transformar sus propias materias primas y modificar progresivamente sus estructuras feudales o coloniales para un incremento mayor y un mejor aprovechamiento de las riquezas de su suelo y subsuelo así como de su mar adyacente. Por lo antes expuesto, creo que el papel de la presente Asamblea es de vital importancia y que sería deseable que en vez de diluirse en retórica estéril o en luchas infructuosas, dedique todos los esfuerzos de la razón, la imaginación y hasta de la intuición a crear el nuevo orden económico que permita una existencia digna y segura a la humanidad amenazada. Señor Presidente: Permitidme, al terminar, una nota de personal agradecimiento para los diversos oradores que han expresado tan generosas frases por mi labor como Presidente del XXVIII Período de la Asamblea General. Por decisión de mi Gobierno será ésta la última vez que hable en un debate general de la Asamblea como Representante Permanente del Ecuador aun que continuaré en ejercicio de mis funciones hasta el fin del período. En

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dieciocho períodos anteriores he compartido jornadas inolvidables en lucha por la descolonización, contra el racismo, por el robustecimiento de la seguridad internacional, la no agresión y la no intervención. He recibido de la Asamblea para mi Patria y para mí honores antes no concedidos a ciudadanos de mi país como la sucesiva Presidencia de las Comisiones Política Especial y Primera, además de la alta honra de ser el primer ecuatoriano que ha ocupado la Presidencia de la Asamblea General. Por ello no hablo "doliéndome la voz y pesándome la sombra" como diría don Francisco de Quevedo, sino como un sentimiento en que se hermanan la humildad y el orgullo, pero en el que predomina la gratitud para todos vosotros y la esperanza en vuestra acción. Pienso y lo he dicho varias veces, que cada hombre lleva consigo una llama de vida y de esperanza que, como una antorcha encendida, debe entregar. Yo planto aquí mi antorcha con una llama viva cuando me siento en la plenitud de mis fuerzas vitales. Lo hago con la fe sin eclipses que tuve y tengo en el destino de la comunidad internacional organizada para el logro de los altos fines humanos que las Naciones Unidas representan.

* De: Delegación Permanente del Ecuador ONU-Nueva York, 1974, tomo 2, No 226. (Ver nota No 4-1-182, Nueva York, a 4 de octubre de 1974). Archivo General de la Cancillería.

NOTAS
1 Rodríguez Castelo, Hernán, Entrevista a Leopoldo Benites Vinueza, Diario El Tiempo, Quito, 8 de Junio de 1971. 2 Benites Vinueza, Leopoldo, Último viaje de Demetrio, Cuadernos del Guayas Nro 50, CCE-núcleo del Guayas, mayo 1983 3 idem 1 selección y notas de Raúl Serrano Sánchez, Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión 2002. 5 Carrión, Benjamín, Nuevo Relato Ecuatoriano, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1958, Segunda Edición. 6 Benites Vinueza, Leopoldo, prólogo a las obras de Espejo, Francisco Xavier Eugenio de Santa Cruz y Espejo (ensayo sobre Espejo y Mejía Lequerica)-Biblioteca Mínima Ecuatoriana- 1960. 7 Idem 1. 8 Benites Vinueza, Leopoldo, Poemas en Tres Tiempos, CCE-Núcleo del Guayas, 1977. 9 Idem 8, pág 23. 10 idem 8, pág 107. 11 idem 1. 12 Skirius, John (Compilador), El Ensayo Hispanoamericano del Siglo XX, Fondo de Cultura Económica, México, 1994, tercera edición, pág 19. 13 Benites Vinueza, Leopoldo, Ecuador: drama y paradoja, Campaña Nacional Eugenio Espejo por el libro y la lectura, 2003. pág 263. 14 idem 13. 15 Rodríguez Castelo, Hernán, prólogo Argonautas de la Selva, Campaña Nacional de Lectura Eugenio Espejo, 2002.pág 16. 16 Benites Vinueza, Leopoldo, Argonautas de la selva, Campaña Nacional de Lectura, 2002. 17 idem 1. 18 idem 16. 19 idem 16. 20 Osinaga, Jorge, Una sombra en el zaguán, estudio sobre Hugo Mayo, www.semanaecuador.com, Quito, 2005. 4 Vera, Pedro Jorge, Los amigos y los años (Correspondencia, 1930-1980), prólogo

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21 Mayo, Hugo, Poemas de Hugo Mayo, CCE-Núcleo del Guayas, Colección de poesía ecuatoriana la rosa de papel. 22 idem 1. 23 idem 16. 24 Astuto, Philiph, Eugenio Espejo, edición abrapalabra, Quito, 1992, 3era edición. Prólogo de Leopoldo Benites Vinueza. 25 Benites Vinueza, Leopoldo, Francisco Eugenio Espejo, Habitante de la noche, CCE, 1984. pág 15. 26 idem 25, pág 21. 27 idem 25, pág 28. 28 idem 24. 29 Idem 25, pág 114. 30 Idem 25, pág 114. 31 Idem 25, pág 119. 32 idem 25, pág 139. 33 idem 25, pág 178. 34 idem 25, pág 172. 35 idem 25, pág 194. 36 idem 25, pág 217. 37 idem 25, pág 242. 38 idem 13, pág 52. 39 idem 13, pág 107. 40 idem 13, pág 227. 41 idem 13, pág 167. 42 idem 13, pág 142. 43 Icaza, Jorge, El Chulla Romero y Flores, editorial el Conejo, Quito, 1980. pág 217. 44 idem 13, pág 262. 45 Reyes, Alfonso, Notas sobre la Inteligencia Americana, en Obras Completas, tIV, Fondo de Cultura Económica, México, 1956 pág 83.

Obras del autor

BENITES VINUEZA, Leopoldo, La Mala Hora, Guayaquil, Ed. Novedes, 1927. El Zapador de la Colonia, Guayaquil, Ed. Vicente Rocafuerte, 1941. Argonautas de la selva, primera edición, México, Colección Tierra Firme, Fondo de Cultura Económica, 1945. Segunda Edición, Guayaquil-Quito, Clásicos Ariel 68 y 69, s.f. Tercera edición, Madrid, Fondo de Cultura Hispánica, 1976. Cuarta Edición Quito, Libresa, 1992. Quinta edición, Quito, Campaña Nacional Eugenio Espejo por el libro y la lectura. Ecuador: drama y paradoja, primera edición, México, Colección Tierra Firme, Fondo de Cultura Económica, 1950. Segunda Edición, Quito, Banco Central del Ecuador, 1980. Tercera Edición, Quito, Campaña Nacional Eugenio Espejo por el libro y la lectura, 2003. "Francisco Xavier Eugenio de Santa Cruz y Espejo", Precursores, QuitoPuebla, Cajica, Biblioteca Ecuatoriana Mínima. "José Mejía Lequerica", precursores, Quito-Puebla, cajica, Biblioteca Ecuatoriana Mínima, 1960. "Introducción" a Eugenio Espejo, reformador ecuatoriano de la ilustración de Ph. L. Astuto, México, Fondo de Cultura Económica, 1969. Segunda edición, edición abrapalabra, Quito, 1992. Poemas en tres tiempos, Guayaquil, Colección letras del Ecuador, CCE., Núcleo del Guayas, 1977. Francisco Eugenio Espejo, Habitante de la noche, CCE, 1984. Ensayos sobre Espejo, Mejía y Montalvo.

Bibliografía sobre el autor y el tema ESPINOSA CORDERO, Simón, Estudio introductorio a Leopoldo Benites Vinueza. “Ecuador: drama y paradoja”, Banco Central del Ecuador, Corporación Editora Nacional, 1986; págs. 11 - 58. RODRÍGUEZ CASTELO, Hernán, Entrevista a Leopoldo Benites Vinueza, Diario El Tiempo, Quito, 8 de Junio de 1971. SALAZAR ESTRADA, Yovany, Lectura plural de la Mala hora de Leopoldo Benites Vinueza, CCE- Núcleo de Loja, 2000. Nueva Historia del Ecuador, Editor Enrique Ayala Mora, Corporación Editora Nacional, 1983. CARRIÓN, Benjamín, Nuevo Relato Ecuatoriano, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1958, Segunda Edición. CUEVA, Agustín, Entre la ira y la esperanza, Quito, ECCE, 1967. SKIRIUS, John (Compilador), El Ensayo Hispanoamericano del Siglo XX, Fondo de Cultura Económica, México, 1994, tercera edición. MARIÁTEGUI, José Carlos, Siete Ensayos de Interpretación de la realidad peruana, caracas, Biblioteca Ayacucho 69, 1979. REYES, Alfonso, Notas sobre la Inteligencia Americana, en Obras Completas, tIV, Fondo de Cultura Económica, México, 1956. WEBS sobre el autor www.literaturaecuatoriana.com www.edufuturo.com www.sre.gov.ec www.onu.org www.eluniverso.com

David Guzmán Játiva, Quito, 1980. Escritor y periodista. Licenciado en Comunicación y Literatura por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y actualmente becario en la Universidad Andina Simón Bolívar, en el programa de Estudios Culturales. Coproductor del programa Palabra Suelta, que se transmite por Radio Genial, Cadena Democracia, y periodista del quincenario Tintají. Dirige, además, la revista virtual www.semanaecuador.com Ha publicado Dulce Demonio (poesía, editorial Clandestina 2002) y Bomba (relatos, editorial Clandestina 2000).

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CUADERNOS DE DIVULGACIÓN CÍVICA DE LA COMISIÓN NACIONAL PERMANENTE DE CONMEMORACIONES CÍVICAS
12345678910 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 Eloy Alfaro y Juan Montalvo Eloy Alfaro y Manuela Cañizares Eloy Alfaro y José Mejía Lequerica Antonio José de Sucre Teniente Hugo Ortiz Pedro Vicente Maldonado Aurora Estrada Jorge Carrera Andrade Elisa Ortiz Garcés de Aulestia Federico Proaño Fray Jododo Ricke Antonio Flores Jijón Alexander von Humboldt (en preparación) Manuela Sáenz Gonzalo Escudero Luis Humberto Salgado Clemente Yerovi Indaburu Rumiñahui Un Rey llamado Atahualpa Jorge Icaza Abdón Calderón La Revolución Juliana y el Gobierno de Isidro Ayora

Formato electrónico: www.conmemoracionescivicas.gov.ec/cc.html

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