EL PERDON
Temas de reflexión comunitaria para construir una pastoral de la paz
Parroquia de Santo Domingo de Guzmán, Palenque, Chiapas. 27 de mayo de 2022
Para seguir reflexionando y proponiendo en relación a la tarea de construir la paz como Iglesia vamos a iniciar una
reflexión acerca del PERDÓN y LA RECONCILIACION.
Preguntas para iniciar
¿De qué modo estamos aprendiendo a vivir el perdón y la reconciliación en el hogar?
¿Cómo estamos aprendiendo a vivir el perdón en la sociedad que vivimos hoy?
No es fácil reflexionar sobre el perdón, es una situación difícil de pensar, porque el perdón es difícil, tanto
recibirlo como darlo. Sin embargo el perdón también es un valor muy importante, porque recibir y dar perdón es
central a nuestra fe.
Cuando hacemos daño o nos hacen daño, incluso cuando nos hacemos daño a nosotros mismos vivimos una
dinámica que tiene enormes consecuencias para la vida.
Cuanto dolor hay cuando una persona no perdona, en una persona que no se perdona o
no quiere aceptar el perdón. Cuanto sufrimiento en comunidades enteras cuando no se
consigue el diálogo y el acuerdo reconciliador. Cuantas parejas y familias destrozadas
por malos entendidos y ofensas que bien podían solucionarse con un proceso de
reconciliación. Cuanto sufrimiento en el interior de una persona cuando no da el paso a
pedir perdón encerrándose en el orgullo y el odio. Cuanto dolor en aquel que no acepta
perdonar a quien lo dañó para salir del rencor y la venganza.
Y sabemos que como cristianos el perdón es un valor y una labor que se aprende. Es un
camino para reconocer que nuestro Dios es un Padre que se distingue por ser misericordioso. Sabemos que en el
camino hacia la reconciliación no vamos solos. Que es Jesús con su Espíritu Santo el que nos asiste y ayuda para
llegar al perdón, si se lo sabemos pedir. La búsqueda del perdón nos debe exigir a los creyentes a luchar siempre
para mantenernos en el amor y la paz que vienen de Dios.
a. Perdonar no es un asunto solo de emociones. No debo caer en el juego de buscar una simpatía con el que
me ofendió. El perdón es un asunto de decisión que transforma la emoción.
b. Perdonar no es excusar. No tengo que llegar a aprobar lo que hizo esa persona. No tenemos que estar de
acuerdo o justificar su comportamiento.
c. No necesariamente lleva a restablecer la relación porque eso implica a ambos. Eso se logra si el ofensor
se arrepiente sinceramente. Pero si él no quiere entonces puede haber perdón por parte del ofendido
porque ya ha tomado su decisión.
d. No debemos caer esa trampa de decir “perdono pero no olvido”. Muchas veces seguimos sintiendo el
daño ocasionado y no se puede olvidar la ofensa. Es verdad que como humanos muchas cosas nos van a
acompañar toda la vida. Por eso el perdón es un ejercicio permanente de tal modo que aunque
humanamente no podríamos olvidarlo, en la dinámica de la fe y del amor de Dios es posible transformar
o transfigurar esa ofensa y poder olvidar en un momento. Olvidar significa que me he empeñado en dejar
que el recuerdo reavive algo que ya sucedió y el daño que ocasionó. Es dejar la memoria que lo trae pero
no es capaz de revivir el acontecimiento hasta que un día simplemente pasa.
e. Tenemos que ser muy cuidadosos y poner atención al dolor que causa una ofensa. Muchas veces nos
gusta sentir ese dolor para demandar atención y se vuelve una enfermedad de inseguridad. Y también es
importante nos sentimos con la obligación de seguir adoloridos. Nadie nos obliga a mantener ese dolor ni
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a revivirlo con el recuerdo. Muchas veces sabemos que ese dolor no olvidado solo recrea y alimenta el
deseo de venganza.
Como hombres y mujeres de fe sabemos que solo existe una forma de vencer todo lo que ocasiona la ofensa.
Que quizá no existe fuerza humana que pueda sacarnos de la dinámica del odio y la venganza, del dolor y del
resentimiento que como humanos siempre nos acompañan. Sabemos que solo en la dinámica de sentir el
amor y el perdón de Dios encontramos una respuesta y un camino de reconciliación y sanación verdadera.
LA DINÁMICA DE LA OFENSA
Cuando alguien nos hace daño la reacción inmediata es ir contra quien nos lo hizo –“si me la hizo me la paga”,
decimos- ; pero esta reacción lógica y natural tiene sus problemas. Reaccionamos para lograr que el daño se
termine. Pero si el daño es profundo y deja una herida puede durar mucho tiempo.
Pensemos en la siguiente metáfora:
Cuando alguien te hace daño es como si te mordiera una serpiente. Las hay que tienen la boca grande y
hacen heridas inmensas. Una vez que te ha dejado de morder, curar una mordedura así puede ser largo y
difícil; pero cualquier herida se cierra finalmente. Pero el problema es mucho peor si la serpiente es
venenosa y, que aunque se ha ido, te deja un veneno dentro que impide que la herida se cierre.
Los venenos más comunes son el de la venganza, el ojo por ojo y el de buscar justicia y reparación por
encima de todo. El veneno puede estar actuando durante muchos años y, por
eso, la herida no se cierra, el dolor no cesa durante todo ese tiempo y la vida
pierde alegría, fuerza y energía.
Cada vez que pensamos en la venganza, o la injusticia que nos han hecho, la herida
se abre y duele, porque recuérdanos el daño que nos han hecho y el recuerdo del
sufrimiento nos lleva a sentirlo de nuevo. Sacar el veneno de nuestro cuerpo implica
dejar de querer vengarse, en resumen, dejar de hacer conductas destructivas hacia quien te mordió.
QUÉ ES EL PERDÓN
Perdonar consiste en un cambio de conductas destructivas voluntarias dirigidas contra el que ha hecho el daño,
por otras constructivas. En consecuencia, para perdonar, es preciso comprometerse, por el propio interés, con el
pensamiento de querer lo mejor para esa persona, aunque sea solamente que recapacite y no vuelva a hacer daño
a nadie o deseando que le vaya bien en la vida, etc.
Si el proceso de perdón se hace bien, se modificarán en consecuencia, los sentimientos hacia el ofensor. Los
pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones no condicionan obligatoriamente la conducta y que lo
importante es la modificación de la conducta, que finalmente llevará a un cambio en los pensamientos,
sentimientos, sensaciones y emociones. Por eso, perdonar no significa la reducción o cese total de los
pensamientos o sentimientos “negativos”; no es solo un estado afectivo o una condición emocional o solo una
colección de pensamientos y sentimientos; perdonar es una conducta libremente elegida de compromiso y
determinación.
El perdón no es un acto único que se hace en un momento dado, es un PROCESO CONTINUO que se puede ir
profundizando y completando a lo largo del tiempo. Por eso podemos decir que se dan varios niveles de perdón
que se pueden considerar como una serie de tareas que van completando e incrementando el proceso hasta llegar
al grado más completo de perdón.
1. El primer paso consiste en dejar de hacer conductas destructivas abiertas y explícitas (como cesar de
buscar venganza o justicia, quejarse a todo el mundo, etc.) o encubiertas e implícitas (como desear
conscientemente mal al agresor, rezar para que le pase algo malo, rumiar el daño que se ha recibido, etc.).
2. El segundo nivel es hacer conductas positivas hacia él. Completando el perdón, si hay respuestas positivas
por el perdonado, se puede llegar a restaurar la confianza en el agresor.
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QUÉ NO ES EL PERDÓN
El perdón no incluye obligatoriamente la reconciliación. Perdonar o pedir perdón son opciones personales que
no necesitan de la colaboración de la otra persona. Sin embargo, la reconciliación es un proceso de dos. Por
ejemplo, el perdón no supondrá restaurar la relación con alguien que con mucha probabilidad pueda volver a
hacer daño.
El perdón no implica olvidar lo que ha pasado. El olvido es un proceso que se irá dando, o no, en el tiempo.
Solamente implica el cambio de conductas destructivas a positivas hacia el ofensor. Hay ideas erróneas asociadas
con el perdón como que si se perdona no se debe acordar o sentirse enfadado por lo ocurrido. Recordar algo es
un proceso automático que responde a estímulos que se pueden encontrar en cualquier parte y los sentimientos
que se tienen no se pueden modificar voluntariamente, las respuestas que damos cuando tenemos esos
sentimientos si pueden llegar a ser voluntarias. El perdón no supone justificar la ofensa que se ha recibido ni
minimizarla. La valoración del hecho será siempre negativa e injustificable, aunque no se busque justicia o se
desee venganza.
Para que se dé la reconciliación es preciso que el ofensor realice una restitución del daño que ha causado, si es
posible, o realice aquello que se necesita para que la relación se restablezca. El perdón consiste en que el que
perdona deja de buscar activamente que se haga justicia y menos hacerse justicia y, sobre todo, no intenta obtener
una descarga emocional junto con la justicia.
Perdonar no es síntoma de debilidad, porque no se trata de dar permiso al otro para que vuelva a hacer daño,
sino que se puede perdonar cuidando de que no nos hagan daño de nuevo.
JESÚS NOS ENSEÑA A PERDONAR DE UNA MANERA NUEVA – EL PERDÓN CRISTIANO
Vamos a proclamar y leer el siguiente pasaje: Mt 18,21-29
Leemos detenidamente. Repasamos los personajes, las actitudes, las acciones, los
lugares.
¿Qué nos hace pensar el siervo malo acerca de nosotros?
¿Qué nos hace pensar el señor que perdona?
PROFUNDIZACIÓN DEL TEXTO
La palabra de este pasaje tiene varios elementos que tenemos que profundizar muy bien.
1. La deuda de este siervo malvado con su señor es muy grande, es enorme. Hablar de más de 100 talentos
en tiempos de Jesús es una cantidad inmensa. Contrasta con los 100 denarios que le debía su compañero.
Hay mucha distancia. ¿Qué nos dice esto? Que Dios perdona la ofensa por muy grande que sea. Dios como
señor en esta historia no le da plazos para pagar, le perdona toda la deuda. El siervo hace una suplica y el
señor le concede más de lo que le pidió. Le otorga el perdón. Dios va más allá de un perdón cualquiera.
Dios perdona con una gran cantidad de amor que le hace dar más de lo que le pedimos. Dios quiere que
sintamos más su amor con su gran perdón. El perdón que nos da Dios es una EXPERIENCIA DE AMOR
porque perdona y ama inmensamente, sin límites.
2. Sin embargo este siervo le perdona la deuda de su compañero. Era
una deuda quizá grande para su compañero (que se hace
pequeñísima ante la deuda que a él le perdonaron) pero no la
perdona, al contrario, además de su falta de corazón se vuelve
violento. Se deja llevar por su enojo e intenta lastimarlo como
presión para conseguir el pago. Se deja llevar por las emociones y
descarga su enojo. Jesús retrata con dolor como se puede oscurecer
nuestro corazón. A Jesús le duele que ante el amor y el perdón de
Dios, es decir, ante la experiencia viva de un padre que ama, la
experiencia de sentirse amado, no seamos capaces de vivir ese amor en el amor y el perdón al hermano.
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3. Jesús retrata esta separación entre la relación con Dios y la relación con los demás. Y que, aunque la
experiencia con Dios sea tan grande y tan fuerte como el sentirse perdonado, esto no se lleva a un amor
a los otros. Específicamente con los que nos han ofendido o dañado. Es en el perdón a los otros donde se
mide realmente nuestro amor a Dios. Son dos relaciones unidas; una lleva a la otra, y no puede ser de otra
manera porque la experiencia del perdón debe identificarnos con los demás, hacernos mejores, nos debe
ser mucho más sensible y capaces de comprender al otro y perdonarlo como signo de amor. Aquí hay una
CLAVE cristiana que no debemos perder de vista:
A. Cuando vivimos el dolor de sentirnos deudores de algo, es decir, cuando hemos ofendido, eso nos
debe hacer comprender a todo al que nos debe a nosotros. Al deber conocemos la experiencia de ser
deudores y nos debe llevar a un acto de vernos iguales en el ser ofensores. Eso nos debe humanizar.
Pero si esa experiencia me hace duro de corazón y no me lleva a comprender al otro, me deshumaniza,
me hace tirano, insensible.
B. Del mismo modo la experiencia de perdonar, de otorgar el
perdón porque nos gana algo que viene de Dios y no la venganza,
esa experiencia nos humaniza también y nos hace felices y
también deseamos que todos la vivan: atrévete a perdonar como
yo he perdonado.
1. ¿Por qué nos cuesta llevar el amor que recibimos de Dios a un
amor a otros, especialmente a los que nos deben? ¿Por qué vivimos una fe que ama a Dios, pero no
quita la deuda al hermano que me debe?
4. Jesús al mostrar el amor de Dios también nos muestra que tanto se puede torcer o envilecer nuestro
corazón si nos descuidamos en lo más importante: no olvidar nunca que Dios nos ama y perdona a pesar
de nuestro error. El perdón de Dios debe edificarnos, nos hace más humanos, más hermanos porque nos
hace capaces de perdonar a los otros, se da lo que se recibe. ¿Por qué este siervo no fue capaz de
perdonar? Porque en realidad no vivió el perdón en su corazón como una experiencia de liberación, del
rencor y del odio. Dios se lo otorgo pero en realidad no lo recibió porque no lo transformo, y es que
podemos recibir mucho de Dios pero que no se transforma en vida para nosotros mismos –- porque
seguimos atrapados en el círculo del odio y del enojo para exigir pago- ni para los demás.
1. ¿Cuáles son todas estás dinámicas de odio, de venganza que vivimos y que nos atrapan en la vida?
2. ¿Por qué muchas veces vemos a nuestros hermanos como deudores donde todo tiene que ser
pagado, donde los explotamos y les exigimos más de lo que necesitamos?
JESÚS NOS PIDE:
1. Reconocer nuestro error.
2. Aceptar el perdón transformador de Dios.
3. Dar vida con ese perdón.
4. Ejercitarnos en el perdonar continuo.
5. Ejercitarnos en percibir en perdón grande e ilimitado de Dios.
¿Qué nos impide perdonar al que nos ha hecho daño?
CONCLUSIONES
El perdón es un proceso. Se vive a través de un camino largo y consciente. No es fácil realizar un proceso de
perdón. Nunca será fácil perdonar y recibir el perdón.
Como hombres y mujeres de fe sabemos que el perdón se debe vivir en la dinámica del amor. Que solo desde el
amor que recibimos de Dios y con el amor que le tenemos podremos vivir el perdón y sanarnos completamente.
En la dinámica del perdón necesitamos la asistencia, la fuerza, la sabiduría de Dios. Para perdonar tenemos que
orar y pedirle a Dios su ayuda. No lo podemos lograr solos. Él nos acompaña en este proceso para vivirlo.
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