Está en la página 1de 4

1/4

Tema 1-6.1 Salmos,


Tema 1-6.1 Salmos, Introducción

Los Salmos, la oración del pueblo de Dios


Hemos realizado una larga recorrida por el Antiguo Testamento, con la intención de poder conocer algunas
claves para su lectura y conocimiento. Seguramente quedaron muchísimos temas por profundizar, dudas por
aclarar, interrogantes por responder. Pero esto no es negativo: por el contrario, estimula nuestros deseos de
conocer mejor la Palabra de Dios y nos anima a seguir aprendiendo.

"Si hay algún libro de la Biblia que sintetiza toda la experiencia religiosa de Israel, si hay un instrumento
donde el alma hebrea vibra intensamente, y si hay un espejo de la espiritualidad israelita, todo eso lo
hallamos en los Salmos."

Los Salmos son como un resumen de toda la Biblia. Nos enseñan que a la palabra de Dios se accede, también
y principalmente, a través de la oración y de la contemplación.
Cuando hablamos de oración y de contemplación, nos hacemos eco del caminar del pueblo de Dios, en el cual
ambas son realidades comunitarias e interpelantes. La oración que nos transmiten los salmos es
fundamentalmente una oración colectiva, comunitaria. Algunos salmos pueden haber nacido de súplicas u
oraciones individuales, pero el pueblo, que reconoció en esa forma de orar un modelo para imitar, los
comenzó a recitar, a guardar, a coleccionar y a utilizar para expresar su fe, su esperanza y su amor. La
construcción de los Salmos fue una tarea comunitaria, un proceso de largos años, en el cual el pueblo de
Dios fue orando la vida y los acontecimientos que vivía y los expresó a través de estos cantos,
oraciones, alabanzas y súplicas.
La contemplación que nos transmiten los salmos nos enseña a mirar e interpretar desde la fe la historia que
vivimos y hemos vivido, para poder responder a Dios que nos invita a seguir adelante. No es una
contemplación estática y
alienante, individualista y centrada en una relación vertical con Dios, sino, por el contrario, una
contemplación movilizadora, dinámica, que nos obliga a mirar alrededor, en la vida de nuestros hermanos y
en nuestra propia vida, cuál es
la voluntad de Dios. La contemplación nos anima al compromiso y a la conversión. La mirada que hacemos
sobre la vida puede ser la llave para el cambio, para vivir el éxodo personal y comunitario al que nos invita la
Palabra de Dios ...o puede ser la excusa para una fe conformista, aburguesada y descomprometida, que nada
tiene que ver con la experiencia que nos transmite el Antiguo Testamento.
Los salmos recogen la experiencia orante del pueblo de Dios a lo largo de casi mil años.
Los más antiguos datan del tiempo del rey David (en torno al 1000-970 a.C.), por ejemplo el salmo 18,
mientras que los más recientes se sitúan en los tiempos de la rebelión de los Macabeos (167 a.C. en adelante),
por ejemplo el salmo 44.
El libro de los Salmos fue uno de los libros de la Biblia que tardó más tiempo en redactarse.
Es difícil precisar la fecha de composición de cada uno. Pues al ser utilizados como oración del pueblo, éste
lo fue adaptando y reescribiendo en diferentes oportunidades.
Los Salmos reflejan diferentes ambientes de composición. Hay muchos que utilizan imágenes del campo,
otros nos hablan de temas propios de la ciudad, o del Templo, o de las peregrinaciones de subida a Jerusalén
para las fiestas. Algunos fueron escritos en tiempos de la monarquía, otros en tiempos del exilio. Algunos en
Palestina, otros en Babilonia. Existen también muchos salmos que recogen tradiciones y oraciones de los
antiguos santuarios locales que existían distribuidos por toda Palestina, antes de la reforma de Josías (2 Re.
23, 8. 19). Habían surgido desde la época de la llegada a Canaán, y muchos estaban relacionados con la
historia del pueblo. A ellos acudían especialmente los pobres de Israel para rezar, muchas veces en
peregrinaciones. Los salmos recopilan muchas de estas oraciones, sencillas y populares, en especial, en forma
de súplica o lamentos.
Ya hemos estudiado cómo la Biblia atribuye los libros del Pentateuco a Moisés, así como la conquista a
Josué, y varios de los libros sapienciales a Salomón. Se buscaba legitimar los escritos atribuyendo su
redacción a las grandes figuras de la historia de Israel, los modelos arquetípicos que servirían para imitar en
todo tiempo y lugar.
De una forma semejante, los Salmos son atribuidos al rey David. A partir de la reforma de Josías y, en
especial, después del exilio, la figura de David comenzó a ser destacada y exaltada en los escritos bíblicos. Su
memoria se constituyó en un motivo de esperanza para el pueblo, que anhelaba volver a vivir los tiempos del
2/4

Tema 1-6.1 Salmos,


gran rey. Esta tarea de exaltación de David fue promovida por los sacerdotes del Templo de Jerusalén, que al
presentarse como continuadores de su obra y ligados a él, legitimaban su creciente autoridad en la vida
político-religiosa del pueblo en tiempos en que la monarquía ya no existía.

"Así nace en el pueblo la voluntad de identificarse con David. Querían tener en sí mismos
los sentimientos que animaron a David: 'rezar como David rezó, cantar como David cantó'.
Para ellos era importante poder decir que un salmo era de David. Cuantos más salmos de David,
tanto mejor. Por eso, la traducción griega sacó del anonimato varios salmos y se los atribuyó a
David. En el tiempo de Jesús, ya era opinión común del pueblo: todos los salmos son de David."

Tipos y géneros de Salmos

1. Cómo clasificar las diversas formas literarias


La súplica y la alabanza son las dos tonalidades diferentes que caracterizan a los salmos de Israel. Así en ellos
se refleja la vida del individuo y de la comunidad en toda su diversidad. Reflejan la vida con sus altos y sus
bajos, en todos los ambientes, en el mar y en la montaña; la vida vivida en compañía con los animales y las
plantas, en los vastos contextos de la historia que se extiende desde la creación hasta la venida de Dios a
juzgar el mundo.
En esta gran perspectiva, la vida del individuo tiene un lugar muy importante. Los salmos reflejan las alegrías
y dolores del individuo, el nacimiento y la muerte, la fiesta y el trabajo, el sueño y el camino, la enfermedad y
la curación, el éxito y el fracaso, la angustia y la confianza, la debilidad y la fuerza.
El ritmo fundamental que determina la existencia humana, el ritmo de la alegría y el sufrimiento, caracteriza a
las dos categorías de salmos más fácilmente discernibles: los salmos de lamento (L) y los salmos de alabanza
(A). Pero hay que añadir que en el mundo de los salmos la alegría y el dolor no son situaciones meramente
humanas que más tarde se relacionan con Dios, sino que esa vivencias existen como tales en relación a Dios,
procedentes de Dios, en presencia de Dios y en ruta hacia Dios. La alabanza es la alegría vivida en Dios. El
lamento es la súplica derramada ante Dios.
Los salmos de alabanza o de súplica pueden a su vez ser clasificados en salmos del individuo (I) y salmos de
la comunidad (C). He aquí la lista principal de los géneros sálmicos, cada uno con un ejemplo.

Lamento comunitario Salmo 80


Lamento individual Salom 13
Alabanza comunitaria narrativa Salmo 124
Alabanza comunitaria descriptiva: Himno Salmo 113
Alabanza comunitaria descriptiva: Himno Salmo 30

El salmo de alabanza narrativa se llama habitualmente salmo de Acción de gracias. Es el eco de una acción
concreta de Dios que acaba de suceder. Es el suspiro de alivio alegre y libre, de una persona que ha sido
salvada y dice: “Gracias, Señor por tu salvación”. Un ejemplo de alabanza narrativa individual es la colección
de cuatro salmos de alabanza reunidos en el salmo 107, 4-32. En él hablan uno tras otro individuos que han
sido salvados de un viaje peligroso, de la cárcel, de la enfermedad y de los peligros del mar.
Como alabanza narrativa comunitaria citaremos el brevísimo canto de Myriam en Ex 15,21, probablemente el
más antiguo salmo de Israel, o el salmo 24.
Los salmos de alabanza descriptiva o himnos no son el resultado de una acción concreta puntual de Dios. En
ellos se alaba a Dios por la plenitud de su existencia y de su actividad. Su estructura básica es: “Dios es...;
Dios hace...” En tanto que género este salmo es siempre comunitario.
Cada forma puede subdividirse. La alabanza de la majestad de Dios puede aplicarse a Dios en cuanto
Creador (Sal 8) o en cuanto Señor de la historia (Sal 105). La alabanza narrativa puede tomar la forma de un
canto de victoria como en Jueces 5.
Más tarde los límites entre los géneros se hicieron más elásticos. La forma fue perdiendo importancia y se
retiró a un segundo plano a medida que el culto en el templo se convirtió en un mundo autónomo.
3/4

Tema 1-6.1 Salmos,


2. Salmos y Culto
Los salmos nacen de la experiencia del culto en Israel, pero ¿cómo debemos entender este culto? Se trataba
de algo radicalmente diverso del culto que conocemos hoy en nuestro mundo. Porque entonces el culto era el
centro indiscutible de toda vida social, de toda la vida comunitaria. El culto no era el lugar donde se reunían
las personas interesadas por la religión, sino el corazón a través del cual vibraba la vida de todos. Todo lo que
sucedía en la vida de la gente en su conjunto, o de los individuos en particular, entraba en contacto
obligatoriamente con el culto y desembocaba en la oración.
Había que llevar a la presencia de Dios mediante la súplica todas las grandes crisis nacionales, la sequía, la
amenaza de una invasión, la derrota, cualquier desastre... A partir de estas situaciones se desarrolló el salmo
de lamento comunitario LC. Pero si por el contrario el pueblo lograba la victoria, o alejaba el peligro, o
lograba una buena cosecha, también había que ir al templo, esta vez para alabar a Dios. De esta situación
nació el canto de acción de gracias que hemos llamado salmo de alabanza narrativa AC
Lo mismo ocurre en la vida del individuo. Todos los altos y bajos, la angustia y la salvación se
experimentaban en su relación con Dios y desembocaban en un lamento o en una alabanza: LI o AI.
Los acontecimientos de los que nos hablan los salmos no tuvieron lugar en el culto, sino más bien en los
trigales, en los campos de batalla, a la cabecera de los enfermos. Pero fue en el culto donde los salmos
nacieron. Lo que se vivía fuera del templo era llevado posteriormente al culto por personas que querían
expresar delante de Dios (1 Sm 1)
En la escena conmovedora de Isaías 37,14-15, el rey Ezequías recibe un anuncio amenazante y va a orar
delante de Dios. La oración comienza ya en la vida cotidiana, pero hay que ir al templo a llevar ante Dios esta
amenaza. Los enfermos oran en sus lechos y los enfermos en el calabozo. Los cantos de victoria brotan
espontáneamente en el campo de batalla (Sal 118). Pero ya entonces el templo se hace presente de una forma
imaginativa. Incluso en el fondo del mar, en el vientre de la ballena Jonás levanta sus ojos hacia el Templo.
¿Cómo volveré a encontrar tu santo templo?” (Jon 2,5). “Mi oración se elevó hacia ti en tu templo”. El poder
y el significado del culto radican en su capacidad para irradiar hasta cualquier rincón del país.
Igualmente no podemos comprender el tiempo de la oración según nuestras concepciones modernas. Los
grandes festivales, las fechas cumbres del año, no eran los únicos tiempos reservados a la oración. Eran el
signo de que el tiempo en su totalidad venía de Dios e iba a Dios, y no hay días en el año que no sean
significativos para la oración. Toda la vida estaba impregnada de oración.
Podemos comprender la plegaria de Israel si la vemos como el centro en el tiempo y el espacio de toda una
variada actividad cúltica, multiforme y sin restricciones. En esa sociedad han nacido los salmos. En ellos el
abanico de múltiples voces se convierte en una melodía al unísono que acoge las profundas corrientes de
varias generaciones. Lo salmos han sido por tanto sensibles a la evolución de las formas de pensar, de las
formas sociales, del lenguaje... Esta versatilidad es la que hace posible que los salmos puedan seguir siendo
utilizados hoy en un mundo radicalmente cambiado.

Colecciones de Salmos
→ Los cinco libros del Salterio
En su presente edición el Salterio está dividido en cinco libros
Libro 1 1 - 41
Libro 2 12 - 72
Libro 3 73 - 89
Libro 4 90 - 106
Libro 5 107 - 150

Cada uno de los cinco libros acaba con una doxología final. Ésta pudo haber sido añadida por el recopilador,
que es quien dio a los salmos su forma final. O quizás también cabe pensar que estas doxologías estaban ya
presentes en las diferentes colecciones que fueron incorporadas por el último redactor.
Pueden verse las doxologías al final de los salmos 41,14; 72,18-20; 89,53; 106,48; 150. El salmo 150 es todo
él una doxología, el acorde final del Salterio.
Siempre es posible encontrar dentro del Salterio pequeñas unidades que comparten un rasgo común. Así por
ejemplo la sección de cantos de peregrinos o Salmos de las subidas (120-134), o los salmos del Aleluya o
Hallel (113-118). Los salmos de la realeza de YHWH (91, 93, 96-99) forman una subcategoría, como ya
hemos visto. Los salmos alfabéticos (9-10, 25,34, 37, 117, 119, 135) provienen quizás de una colección
4/4

Tema 1-6.1 Salmos,


independiente. Los salmos 42-49 son todos ellos atribuidos a los hijos de Kore, que ejercían su ministerio en
el Templo.

→ Ritmo y medida
Por término medio las líneas de la poesía hebrea se componen de 7 u 8 sílabas, pero no hay una regla fija.
Pueden ser más o menos largas, según el capricho del poeta. Cuando la línea tiene más de 8 sílabas se divide
en dos mediante una cesura.
No sólo el número de sílabas, sino también los acentos pueden variar de una línea a la otra. Eso depende de la
naturaleza de cada frase. Podemos reconocer ritmos de 3 o 4 acentos. Podemos encontrar también ritmos muy
desiguales 3+3, 4+3.

También podría gustarte