Temporada 2020 - Online
Taller y Mentoría en Alimentación basada en plantas
* Capítulo 4 y 5:
Germinados, Brotes y Mini Verdes-
Bonus Track: Jugos Verdes
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Variedad y rotación de ingredientes Naturales
Comer variado a lo largo del día. Comer diferentes colores
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Comer germinados, brotes y mini greens es comer vida, es incorporar auténtica energía
vital concentrada a todas las células del cuerpo La gran cantidad de nutrientes vivos que
contienen los germinados los convierten en el alimento más adecuado para corregir las
carencias provocadas por la alimentación moderna, deteriorada por los procedimientos
industriales
Las semillas se hallan en la naturaleza en “estado latente”. Mientras estén secas pueden
retener su capacidad germinativa durante varios años, La semilla contiene los mejores
nutrientes de la planta, posee la energía para crear la nueva planta.
Más allá de la riqueza contenida en el germen, lo mágico y nutritivo es la explosión de
complejas sustancias de altísimo valor alimenticio y energético (enzimas, vitaminas,
minerales, oligoelementos, aminoácidos), cuando la semilla sale de su estado latente y
comienza a germinar.
Se pueden cultivar y conservar fácilmente en casa, por lo tanto son muy económicos, dado
que el volumen de las semillas aumentan de 3 a 6 veces, además de tener la seguridad de
consumir un producto que no ha sido rociado con insecticidas o fertilizantes químicos, se
puede disponer en cualquier época del año con la garantía de que sus nutrientes son de alta
calidad biológica.
Los germinados, brotes y mini greens pueden comerse, incluyendo las raíces y hojas. Son
sencillos de preparar y se consumen crudos.
Para hacer germinar o activar estas semillas hay que aplicar los tres principios básicos de la
vida: humedad, temperatura, y oxígeno. Los inhibidores de enzimas impiden que las
semillas germinen si no están dados estos requisitos. Cuando se dan estas condiciones, se
generan procesos fermentativos (enzimáticos) que en pocas horas modifican la composición
química de la semilla.
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El agua pasa del 10-15% al 70-80%
Los almidones se transforman en azúcares simples (dextrosa y maltosa); por ello el
sabor dulce de los brotes
Aumentan las proteínas (hasta un 20%) y se descomponen en aminoácidos libres,
fácilmente asimilables.
Se incrementa la presencia de ciertos aminoácidos y hasta aparecen algunos
inexistentes previamente.
Se incrementa el volumen de alimento, obteniéndose gran cantidad de brotes a partir de
pocas cucharadas de semillas.
Se produce un estallido en el contenido vitamínico (grupo B, D, E) y se sintetizan
vitaminas (C) ausentes en la semilla.
También se genera una explosión del contenido de enzimas, sin las cuales las
vitaminas no pueden aprovecharse.
Las grasas se convierten en ácidos grasos libres.
Los minerales se hacen biológicamente asimilables y algunos se incrementan en
función del agua utilizada (calcio de aguas calcáreas o hierro de aguas ferrosas)Si
dejamos desarrollar hojas, como en los brotes y mini green se sintetiza la clorofila,
estructuralmente muy similar a la hemoglobina, como ella, lleva oxígeno a las células y
es un buen agente desintoxicante y regenerador del organismo
Se inactivan tóxicos y ácidos (ácido fitico, acido oxálico) presentes en las semillas como
defensas naturales.
El efecto acidificante de algunas semillas se transforma en alcalinizante al consumir el
germinado.
Los brotes se convierten en alimento predigerido, lo cual facilita enormemente su
asimilación, evitándose la cocción.
Favorecen los procesos de desintoxicación y depuración.
Fortalecen el sistema inmune.
Combaten la acción de los radicales libres.
Estimulan la secrección del páncreas.
Facilitan la digestión al activar los procesos de regeneración y desinflamación del
aparato digestivo.
Mejoran el funcionamiento intestinal y fortalecen la flora intestinal.
Rebajan el índice de colesterol.
Favorecen en general el metabolismo por su acción reconstituyente.
La creencia de que no podemos vivir sin productos animales es errónea. Los vegetales
pueden proporcionar a nuestro organismo todos los elementos que necesita y es incluso
más fácil tener una alimentación equilibrada con vegetales que con productos animales. Es
importante saber que en los germinados, los aminoácidos (que forman las proteínas) llegan
al organismo con varias sustancias biológicas vitales que ayudan a asimilarlos y utilizarlos.
Al añadir progresivamente los germinados en la alimentación, puede reducirse fácilmente el
consumo de carne sin sufrir reacciones de privación.
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Los alimentos ricos en enzimas son fáciles de digerir ya que las enzimas son esenciales
para la digestión y si la obtenemos de nuestra comida el cuerpo lo agradece. Promueven y
aceleran las reacciones químicas de nuestro cuerpo. Forman y reparan células. Las enzimas
cambian los compuestos químicos de las comidas a una forma más simple.
Cuando germinamos las semillas:
Los Carbohidratos se convierten en azúcares simples
Las Proteína se convierten en aminoácidos
Los Lípidos se convierten en ácidos grasos
Los germinados son en realidad comida predigerida que es fácilmente asimilada por el
cuerpo y es fácil de digerir. Los germinados contienen proteínas de alta calidad, son bajas
en grasa y no contienen colesterol.
La vitamina C es un ejemplo de la explosión que ocurre durante la germinación: de valor 0
en la semilla seca, pasa a 8mg tras 24hs, 12mg tras 48hs y 14mg tras 72hs. Una
experiencia realizada en India con niños padeciendo escorbuto (carencia de vitamina C),
mostró cómo se recuperaba más rápidamente el grupo que consumía brotes, respecto al
grupo que consumía jugo de limón.
En el poroto mung (usado para hacer los mal llamados brotes de soja), la vitamina A se
duplica en 48hs, en 54hs aumenta un 280% y en 72 hs un 370%. En la avena, las vitaminas
del complejo B se incrementan entre 500 y 1.500%. En la arveja, la vitamina B12 pasa de
0,36mg en semilla seca, a 1,27mg tras 48hs y a 2,36mg tras 4 días (o sea 6,5 veces más).
Tras 4 días de germinación, la vitamina B2 (riboflavina) aumenta 329% en la alfalfa, 467%
en la lenteja, 567% en la arveja, 770% en el trigo, 844% en la cebada y 1.462% en la avena.
En la alfalfa, el cinc (oligoelemento esencial para el cuerpo) pasa de 6,8mg a 18mg en el
germinado, garantizando el consumo de una taza de brotes, más de nuestras necesidades
diarias. Justamente los brotes de alfalfa (los más fáciles de hacer) son buena muestra de la
riqueza nutricional obtenida mediante la germinación.
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Entre los beneficios del consumo de los germinados, podemos sintetizar que: alcalinizan el
cuerpo, regeneran la sangre, regulan la función intestinal, tonifican el sistema nervioso,
modulan el colesterol, desintoxican, combaten los efectos de raquitismo, escorbuto, anemia,
descalcificación, diabetes, problemas de piel, oxidación, tumores...
¿Qué cantidad de germinados y/o brotes son necesarios para obtener una alimentación
equilibrada?. No hay cantidad determinada ya que los individuos son todos diferentes, cada
uno es único. Al añadir progresivamente germinados y brotes, así como varios alimentos
vivos en nuestra alimentación cotidiana, sentimos más fácilmente las necesidades de
nuestro cuerpo ya que al desintoxicarse, nuestro instinto alimenticio y nuestra conciencia
van despertándose.
Los germinados contienen mucha vitamina C y por lo tanto una persona que no está
acostumbrada a consumirlos puede notar efectos estimulantes. Por la misma razón, el
consumo de germinados proporciona más vitalidad y hace que desaparezcan el cansancio y
los problemas digestivos.
No se trata de considerar los germinados como una panacea y convertirse en adeptos
fanáticos de una secta alimenticia, sino experimentarlo personalmente. Los germinados nos
permiten tomar conciencia de la relación entre nuestra alimentación y nuestro bienestar o
malestar.
¿Qué se puede germinar y que no?, Si bien todas las semillas se pueden germinar, no
todas deben ser utilizadas para la alimentación directa. Muchas semillas pertenecen a
plantas con alguna toxicidad, tal es el caso del grupo conocido como los “SOLANACEAS”,
entre los que se encuentran: Papa, Batata, Tomate, Berenjena, Pimientos, etc. Estás
no las debemos utilizar.
Para iniciar este proceso de germinación se requiere unas horas de remojo en agua de la
mejor calidad posible para que la semilla se deshaga de los inhibidores de enzimas y pueda
entonces germinar. El tiempo de remojo o activación depende de cada tipo de semilla,
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(ver tabla adjunta). El agua de remojo de las semillas se descarta, no se utiliza ya que
contiene inhibidores
Principios básicos
Agua–humedad. Tras el remojo, hay que asegurar que las semillas quedan
húmedas para que se desarrollen. Suele bastar con lavarlas dos veces en un día, lo que
también sirve para eliminar las sustancias liberadas por la actividad de las semillas. Es
recomendable usar agua a temperatura ambiente, siendo su calidad importante para la
germinación: generalmente, los brotes resultan mejores si se usa agua filtrada en lugar de la
clorada disponible en el grifo. Aunque es discutible, pues la concentración de cloro que se
puede encontrar en el agua de grifo es muy baja y puede evitar el crecimiento de bacterias
patógenas.
Aire. Las semillas necesitan aire (oxígeno) para desarrollarse, por lo que no deben
usarse recipientes sellados para la germinación. Una gasa (o similar) permite el intercambio
de aire al tiempo que protege los brotes de polvo, etcétera y facilita el enjuagado.
Luz indirecta. Las semillas no necesitan una iluminación especial para germinar,
pero debe evitar exponerse a la luz directa del sol. Cuando queremos cultivar brotes y
minigreens serán más o menos verde (contenido en clorofila) según la cantidad de luz que
reciban, cambiando su sabor.
Calor. Las semillas germinan a temperatura ambiente, haciéndolo más rápido cuanto
más calor haga. En días con alto porcentaje de humedad es recomendable guardar en la
heladera las bandejas o bolsas para evitar que se prolifere hongos y/o putrefacción,
principalmente en los garbanzos y la familia de las leguminosas como los porotos.
LAS SEMILLAS
Cualquier semilla puede ser brotada, sugiero comenzar por las más fáciles (alfalfa,
fenogreco, lentejas, mung, quínoa) hasta ir tomando práctica en el cultivo. Es importante
comprar semillas de buen origen y confiables, libres de químicos, evitando aquellas
tratadas para la siembra con agroquímicos y usando solo aquellas comestibles. Quién
tiene algo de tierra en casa, puede tirar semillas de ciclo corto (en el caso de la rúcula) en
algún cantero y dejar que la planta, luego de darnos sus hojas fructifique y nos entregue sus
semillas para nuestras germinaciones.
Más allá de las características botánicas debemos clasificar a las semillas por su
comportamiento. Existen las semillas pequeñas (alfalfa, sésamo, amaranto, mijo, quínoa)
que crecen rápido y sin problemas, ofreciendo sabor marcado, ideal para ensaladas o jugos.
Luego están la un poco más grandes (Girasol con cascara, trigo sarraceno, fenogreco)que
se desarrollan rápido y forman volumen y poseen un sabor suave.
También encontramos granos pelados (arroz, cebada perlada, girasol, trigo sarraceno,
avena) que se hidratan el tiempo estipulado y luego se enjuagan dos veces por día durante
uno o dos días, luego se utilizan en las distintas preparaciones.
Otro grupo lo forman las mucilaginosas (lino, chía, mostaza, berro) que por su aspecto
gelatinoso es conveniente cultivarlas en bandejas abiertas, requieren más ventilación que en
un frasco. Tienen un sabor destacado.
También encontramos semillas leguminosas de cáscara tierna (lentejas, mung, aduki),
fáciles de cultivar y de buen rinde. Por su parte las leguminosas de cáscara dura (arveja,
garbanzo, habas) son más dificultosas de producir y digerir, obligando a descartar el
tegumento. Esto también ocurre en semillas completas con cáscaras indigestas (zapallo,
girasol, Trigo Sarraceno), las cuales funcionan mejor en tierra.
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Luego las gramíneas que se utilizan para generar hierba tierna (trigo, cebada mondada,
centeno, avena), destinadas al cultivo en tierra para aprovechar sus hojas y su clorofila.
Finalmente ubicamos a las grandes oleaginosas (almendra, nuez, pará, cajú, maní), que
más que germinar, se suelen activar, para que la semilla salga de su estado latente y
hacerlas también más digeribles.
En cualquier tipo de procesamiento que hagamos, previamente debemos seleccionar y
enjuagar las semillas a utilizar, descartando aquellas rotas y defectuosas (generalmente
son aquellas que flotan en el agua), pues al no germinar, generarán putrefacción y mal olor,
arruinando el cultivo.
Cuando tenemos dudas respecto a la calidad de una semilla, aconsejamos hacer una
prueba reducida en un frasco pequeño, es decir testeamos el poder germinativo y nos
evitamos malograr un trabajo de gran volumen. En general esta recomendación es útil para
los comienzos, hasta tomar experiencia.
Según aquello que pretendamos obtener (vitalidad, predigestión, nutrientes, clorofila),
podemos usar diversas técnicas y tiempos de germinación, destacándose tres métodos
que veremos en detalle: activación (en agua), brotar (en aire) y cultivar hojas (en tierra).
ACTIVAR
Esta sencilla técnica consiste en “despertar” la semilla de su estado de latencia (soaking
en inglés). Es un procedimiento muy común en horticultura, a fin de acelerar el desarrollo de
la siembra, y solo requiere varias horas de remojo en agua. En este período, la semilla
absorbe agua y pone en marcha procesos (cascadas enzimáticas) que: inactivan
antinutrientes (como el ácido fítico), predigieren nutrientes (desdoblamientos) e incrementan
su contenido nutricio (síntesis vitamínica y enzimática).
La activación de las semillas comestibles resulta siempre aconsejable, previa a cualquier
forma de consumo que hagamos. Conviene activar las semillas que directamente
consumiremos sin germinar (nueces, almendras, cajú, maní), las semillas que luego
germinaremos (alfalfa, quínoa, lentejas, girasol), las semillas que usaremos para cultivar
hojas (trigo, avena, centeno, cebada) y las semillas que luego procesaremos como cremas
o quesos (cajú, maní, girasol, sésamo).
Para activar semillas, solo necesitamos un frasco de vidrio limpio; el plástico no es
aconsejado por higiene (estructura porosa) y porque puede migrar compuestos al agua. El
procedimiento consiste en colocar una cantidad de semillas en el frasco previamente
seleccionadas y enjuagadas, completando con agua de buena calidad. Al concluir el
proceso, eliminar el agua residual (excelente para regar las plantas) y enjuagar las semillas
varias veces con agua limpia.
Si las semillas se consumirán directamente, se puede: usarlas de inmediato, conservarlas
un par de días en la heladera o deshidratarlas para que vuelvan a estar crocantes y se
preserven por más tiempo. Caso contrario, se continúa el proceso, con las técnicas de
brotado o cultivo que veremos luego.
En cuanto al tiempo de activación, en general se habla de 8 a 12 horas, dependiendo del
tipo de semillas, como puede verse en las tablas.
BROTAR
Tras el proceso de activación, las semillas quedan listas para la germinación (sprout en
inglés). El método continua en el mismo frasco, al cual simplemente le colocamos un tul o
una malla fina (mosquera plástica) en su embocadura, sosteniéndola mediantes una banda
elástica. Este sencillo dispositivo evitará el ingreso de insectos y facilitará la tarea cotidiana
de remojo y enjuague, que debe realizarse en general entre dos (en invierno) y tres veces
(en verano, donde hay más actividad germinativa) al día.
La tabla resumen sirve para orientar acerca de las necesidades particulares de cada semilla:
cantidad de enjuagues diarios recomendados, días aproximados necesarios para su pleno
desarrollo (varía de acuerdo a diferentes factores) y su rendimiento en volumen respecto a
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la cantidad usada inicialmente. Este último dato es ilustrativo para evitar colocar en el
frasco, más semillas de aquellas que pueden desarrollarse cómodamente en su interior.
Recomendamos tomar los valores de la tabla sólo a modo orientativo, pues están influidos
por muchos factores: temperatura, humedad, radiación solar, calidad del agua, etc.
Cada enjuague consistirá en echar abundante agua en el interior del frasco, remover y
escurrir con el frasco invertido; la operación se repite un par de veces al día (ver tablas).
En invierno se recomienda utilizar agua templada para no afectar el desarrollo de los
brotes. Luego del enjuague, se dejará el frasco boca abajo, en posición invertida
inclinada, permitiendo que pueda escurrir el agua remanente (si las semillas quedan
encharcadas, se pudren) y que circule aire en su interior (esto es fundamental para evitar la
formación de hongos). En el caso de semillas que desprendan cáscaras (mung, lentejas)
conviene, al menos una vez al día, enjuagarlas retirando el tul o malla, con abundante
agua y agitando delicadamente con las manos; el objetivo es desprender y retirar las
cáscaras, evitando que se pudran dentro del frasco y generen mal olor. El objetivo es
mantener un ambiente ventilado y húmedo, pero no anegado. Como soporte del frasco
podemos usar distintos recipientes o un escurridor de platos, cuidando la adecuada
inclinación, sobre todo al germinar semillas grandes como el maní, evitando que se obstruya
la ventilación al interior del frasco y se generen hongos. Este proceso de germinación se
puede realizar en bolsas de voyle, red o distintos coladores, depende del tamaño de las
semillas y sus requerimientos.
Durante las primeras 24 horas de germinación, es conveniente que el frasco este en
oscuridad de ser posible, lo cual simula las condiciones reales de germinación en el suelo.
No es imprescindible, las semillas germinan igualmente. Posteriormente el frasco puede
recibir algo de luz pero nunca sol directo. Es importante mantener siempre en un ambiente
próximo a los 20/22 °C, evitando grandes fluctuaciones de temperatura y la influencia de
radiaciones electromagnéticas (microondas, celulares, televisores) que afectan a los
germinados.
Al concluir el desarrollo de los brotes, y previo al consumo, es recomendable exponerlos
unas horas a la luz solar indirecta, a fin que fijen que fijen clorofila. Luego se deben enjuagar
bien (removiendo con la mano y descartando cáscaras sueltas) y ya se pueden consumir o
guardar en la heladera; el frío detiene la germinación (salvo semillas de clima frío, como el
lino, que en heladera sigue germinando) y permite conservar el brote en buenas condiciones
durante varios días (una excepción es el girasol, que se conserva poco)
CULTIVAR
El tercer método de trabajo con las semillas, apunta a desarrollar la germinación durante
más tiempo, con el objetivo de cultivar hojas fijadoras de la benéfica clorofila. Por ello se
usan por ejemplo semillas como trigo, avena, la cebada, centeno, girasol, amaranto, el trigo
sarraceno, etc... El proceso lleva varios días, la semilla termina su cultivo sobre un sustrato
de tierra enriquecida. Ver en tablas adjuntas.
El objetivo de cultivar Brotes y Minigreens, es consumir la elevada concentración de
clorofila sintetizada por la pequeña planta en sus cotiledones (son como las primeras hojitas
que nacen, en las gramíneas aparece un solo cotiledón y en el resto dos) El poder
depurativo, oxigenante y regenerador de la clorofila es enorme. Estos pigmento
presentes en vegetales terrestres y marinos (algas), están especializados en captar energía
luminosa (fotones) para convertirla en energía química.
La estructura molecular de la clorofila es exactamente igual a la hemoglobina
sanguínea, con la diferencia que la clorofila tiene un ion central de magnesio en lugar de
hierro.
El potencial de la hierba de germinados saltó a la luz en la década del 60, mientras se
estudiaban fuentes alimentarias para la cría animal, definiéndose a la hierba de trigo (wheat
grass) como el alimento más rico, enzimático y concentrado de la Naturaleza. Luego
comenzó a ser utilizada por terapeutas naturistas como la Dra. Wigmore o el Dr. .Moerman
para curar enfermedades como el cáncer.
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Por efecto de la clorofila sintetizada por los germinados en general y especialmente en las
hojas tiernas, su consumo nos aporta gran cantidad de beneficios. La clorofila hace más
eficiente la respiración y el metabolismo celular, activándose las funciones regenerativas,
depurativas y curativas.
La clorofila de las hojas de los germinados permite: depurar la sangre, eliminar toxinas
del cuerpo, alcalinizar el organismo, controlar infecciones, crear un ambiente adverso para
virus y parásitos, cicatrizar heridas, reducir la presión sanguínea, hacer más eficiente el ciclo
de la insulina, mejorar la actividad tiroidea, modular mejor el colesterol y mejorar estados
degenerativos como la esclerosis.
En el jugo de estas hojas de germinados, recogidas entre el 7mo y 10mo día de cultivo, el
70% es clorofila. Si bien todas las hojas verdes contienen clorofila, la hierba joven de los
brotes tiene 20 veces más concentración: 100gr de hierba de germinado equivale a 2
kilos de la mejor verdura. Pero el secreto de las jóvenes hojas no pasa solo por la clorofila;
los científicos han detectado la presencia de más de cien sustancias conocidas: poseen 11
veces más calcio que la leche, 5 veces más hierro que la espinaca, 5 veces más magnesio
que la banana, 60 veces más vitamina C que la naranja, 45% más proteína que la carne y
todos los aminoácidos esenciales
Pese a todos sus atributos, la hierba de germinados nunca pudo ser comercializada e
industrializada, ya que estos méritos solo se observan en la hoja fresca del brote o en el
jugo, dentro de la hora de extracción. Por eso la necesidad de cultivarla en casa, y cortarla
fresca, a medida que se consume. Tampoco puede ingerirse en dosis elevadas, dado su
densa concentración nutricional.
Para el cultivo de la hierba de trigo ver el adjunto con el paso a paso por día.
Si no tenemos cultivo de hierba de trigo, podemos recurrir al licuado de hojas de alfalfa que
brinda su elevado potencial nutritivo y depurativo. También podemos utilizar hojas de nobles
hierbas: llantén, rúcula, diente de León, etc.
Los jugos verdes son una excelente opción para incorporar verduras a nuestra
dieta de una forma sencilla y aprovechar todos sus nutrientes y propiedades. Se elaboran
principalmente, mezclando verduras de hoja verde, se le puede agregar una fruta para
suavizar los sabores, y también se pueden añadir limón, lima, jengibre, cúrcuma. etc. Su
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consumo además de nutrientes, aportan oxígeno y ayudan en el proceso depurativo de
nuestro organismo eliminando toxinas, estimulan nuestro metabolismo; al tiempo que nos
mantenemos hidratados y nutridos.
La diferencia entre jugos verdes y licuados verdes es que mientras los licuados verdes
contienen toda la fibra, los jugos verdes carecen de ésta, por lo que pasan al torrente
sanguíneo rápidamente y los licuados verdes se absorben más lentamente debido a la fibra
que contienen. Los jugos verdes se pueden tomar a primera hora de la mañana, y después
de media a una hora, se puede desayunar con licuados u otras preparaciones. Podemos
tomarlo también durante el resto del día pero distanciado de dos a tres horas de las
comidas.
Los jugos verdes se pueden preparar con una máquina Omega de extracción por presión.
También podemos preparar jugos verdes con una licuadora y una vez elaborado
simplemente colar el licuado para separar el jugo de la pulpa o fibra, con una bolsa de voyle
que se usan para realizar leches vegetales. Para hacer los jugos verdes en licuadora se
agrega medio vaso de agua o Rejuvelac.
Los jugos y licuados verdes están llenos de clorofila, vitaminas, minerales y enzimas muy
beneficiosas para nosotros.
Fortalecen nuestro sistema inmunológico, por lo que nos ayudan a proteger nuestro
organismo y mantenerlo con buena salud.
Por su aporte en clorofila, nos ayudan a oxigenar la sangre y ésta llevará más oxígeno a
todo el cuerpo, algo especialmente interesante para deportistas.
Ayudan a alcalinizar el pH de la sangre
Eliminamos toxinas acumuladas en el organismo
Se facilita la regeneración de las células que forman los tejidos, órganos y sistemas de
nuestro cuerpo.
En los Jugo Verdes, con tres o cuatro ingredientes es suficiente, por ejemplo: unas hojas de
lechuga, perejil, pepino y una pera. Mejor combinaciones lo más sencilla posible, de esta
forma facilitaremos la absorción de los nutrientes. Es conveniente ir variando los
ingredientes que se utilizan, así obtenemos los diferentes nutrientes y además probamos
distintos sabores.
Hojas de remolacha, Mostaza, Kale, Acelga, Lechuga, Espinaca, Brócoli, rabanitos, Repollo,
perejil, rúcula, pepinos (durante el verano) tallos y hojas de Apio, etc.
Tradescanthia, diente de león, ortiga, bardana, suico, etc.
Germinados y brotes. Limón, limón sutil, lima, pomelo
Manzana, pera o papaya. Solo un trozo o una unidad, se utiliza si es necesario suavizar el
sabor.
Cúrcuma, jengibre, canela
REJUVELAC ‐ Agua enzimática. Esta bebida, que algunos conocen como Rejuvelac (término
francés que alude a su propiedad rejuvenecedora) es clave en el contexto de una
alimentación vitalizante. El agua enzimática es muy sencilla de hacer, pero tremendamente
benéfica para la digestión y la salud. Se obtiene del remojo de semillas germinadas, lo cual
estimula un enriquecedor proceso fermentativo. Aporta un nivel muy alto de enzimas y
bacterias benignas, necesarias para tener un colón saludable. Es rica en proteínas,
carbohidratos, dextrinas, fosfatos, lactobacilos, vitaminas B, C y E.
Se puede preparar con trigo germinado, y también es recomendable el uso de germinados
de fenogreco, lenteja, quínoa o amaranto; siendo recomendados por el Dr. David Jubb los
dos primeros como anti anémicos, por su capacidad para fijar hierro y mejorar el equilibrio
intestinal.
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En la preparación es muy importante asegurar la higiene de los recipientes y la calidad del
agua. Dado que se parte se semillas germinadas (ni bien aparece la punta de la raíz),
debemos cuidar que hayan sido correctamente enjuagadas durante el germinado, a fin de
evitar la presencia de hongos indeseables en la fermentación. Enjuagarlas muy bien durante
el breve proceso de germinación.
Para el cultivo, se colocan los brotes en un frasco de vidrio y se cubren con agua, en
proporción de litro de agua por taza de germinados. Se tapa el frasco con tul y banda
elástica, manteniéndolo 48 horas a temperatura ambiente (20‐22ºC). Si la temperatura es
mayor (verano), se puede acortar el tiempo de maceración. Hay quienes prefieren moler los
brotes antes de incorporar el agua, reduciendo así el tiempo de cultivo.
Luego del cultivo se trasvasa el líquido resultante a otro frasco y se lo guarda en heladera,
pudiéndose consumir de inmediato. Los germinados remanentes en el frasco se pueden
utilizar nuevamente, cuidando de no enjuagarlos y agregando nuevamente el agua y
dejándolo solo 24horas, una vez pasado este tiempo colamos y guardamos el liquido en la
heladera. Pudiendo hacer nuevamente la última preparación de 24hs. En total se utiliza 3
veces las semillas germinadas.
El agua enzimática debe ser turbia, ambarina, de sabor ligeramente ácido y algo
carbonatado, con reminiscencias gustativas a levaduras y con algo de espuma en superficie.
El exceso de fermentación la convierte en una bebida agria.
Se puede conservar varios días en heladera (una semana), aunque por su sencillez, conviene
hacer agua enzimática periódicamente. También tiene importantes usos culinarios; se puede
utilizar en la preparación de licuados y como ingrediente en el queso de semillas o la sopa
energética.
Nutrición depurativa Néstor Palmetti y Distintos libros de Ann Wigmore
GRACIAS POR VENIR........
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