Antropología bíblica
EL HOMBRE COMO CRIATURA
Génesis 1:26-27
Y dijo: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Que tenga dominio sobre los
peces del mar, y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales
salvajes, y sobre todos los reptiles que se arrastran por el suelo. Y Dios creó al ser humano a su
imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó.
I. Introducción a la doctrina
Nuestro interés es la antropología enseñada en las escrituras, no en la
psicología o sociología como tal.
Entender y juzgar la perspectiva moderna del hombre desde la perspectiva
de la palabra de Dios, y no al contrario.
Polaridad entre la bajeza y la grandeza del hombre
La perspectiva bíblica del hombre es marcada por una polaridad básica
entre la bajeza y la grandeza del hombre.
Por un lado es una criatura muy distinta a Dios ya que proviene de la
tierra, hecho de barro y perece, como la hierba del campo.
La necesidad de esta doctrina hoy
Es importante indagar en esta doctrina para resistir el secularismo
humanístico, que efectivamente niega que la vida humana tenga
sentido o propósito.
Es necesaria esta doctrina para contrarrestar el efecto de la tecnología y
burocracia modernas, que tienden a deshumanizar a las personas.
Es necesaria para rebatir las filosofías que niegan la pecaminosidad o
culpabilidad del hombre.
II. El origen del hombre
Fue planeada por Dios (Génesis 1:26) la creación del hombre no fue
un acto de última hora, sino el resultado de un consenso de la
deidad.
Fue directa, especial, e inmediata (Génesis 1:27; 2:7) no fue un
proceso de evolución en ninguna forma.
Abarco dos facetas Dios usó el polvo de la tierra en el cual sopló el
aliento de vida. En el caso de Eva, Dios primero tomó una costilla
con la carne que la rodeaba del costado de Adán y entonces la
formó.
¿Por qué nos creó Dios? nos creó para su propia gloria. Dios habla de
sus hijos e hijas de todas partes de la tierra como aquellos que él ha
creado para su gloria (Is 43:7; Ef. 1:11-12). Por tanto, estamos llamados
a hacer todo lo que hagamos «para la gloria de Dios» (1 Co 10:31)
¿Cuál es nuestro propósito en la vida? el saber que fuimos creados para
gloria de Él da sentido a nuestra vida responde completamente a la
pregunta ¿Cuál es nuestro propósito en la vida?
«Me llenarás de alegría en tu presencia, y de dicha eterna a tu derecha»
(Sal 16:11). Él anhela morar en la casa del Señor para siempre, «para
contemplar la hermosura del Señor» (Sal 27:4).
y Asaf exclamó: ¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo ya nada
quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios
fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna (Sal 73:25-26).
¡Cuán hermosas son tus moradas, Señor Todopoderoso! Anhelo con el alma los
atrios del Señor... Con el corazón, con todo el cuerpo, Canto alegre al Dios de la
vida... Más vale pasar un día en tus atrios que mil fuera de ellos (Sal 84:1-2, 10).
El hombre creado a la imagen de Dios: De todas las criaturas que
Dios hizo, solo una, el hombre, se dice que fue creado «a imagen de
Dios. El hecho que el hombre está formado a la imagen de Dios
quiere decir que el hombre es como Dios y representa a Dios.
Cuando Dios dice: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme
a nuestra semejanza» (Gn 1:26), el sentido es que Dios planeaba
hacer una criatura similar a él.
La palabra hebrea que se traduce «imagen» (tselem) y la palabra
hebrea que se traduce «semejanza» (demut) se refieren a algo que
es similar, pero no idéntico a aquello que representa o de que es
una «imagen». La palabra imagen también se puede usar para
denotar algo que representa otra cosa.
La caída: La imagen de Dios queda distorsionada, pero no se ha
perdido. Santiago 3:9
Aspectos específicos de la imagen de Dios. Algunos aspectos nos muestran que
somos más como Dios que el resto de la creación: a. Aspectos morales: b.
Aspectos espirituales c. Aspectos mentales aspectos relacionales, aspectos
físicos.
El origen del alma.
Existen 3 puntos de vista: preexistencia, creacionismo, traducianismo.
A. Preexistencia
Este punto de vista afirma que al principio el alma fue creada por Dios como un
ser racional y espiritual, pero después cayó en pecado y fue asignada a un
cuerpo físico como un castigo por el pecado. Platón y los griegos enseñaban la
transmigración de las almas, y en la iglesia primitiva Orígenes mantenía un
punto de vista similar En tiempos modernos lo enseñan la teosofía, el
hinduismo, y el filósofo F. R. Tennant. Los mormones
B. Creacionismo
El creacionismo enseña que Dios crea el alma al momento de la concepción
o al nacer, e inmediatamente la une al cuerpo. El alma es pecaminosa no
porque su creación fuera en alguna forma defectuosa, sino a causa de su
contacto con la culpabilidad heredada por medio del cuerpo Esta idea fue
popular entre los griegos (Cirilo) y pasó también a occidente (Hilario,
Ambrosio, Jerónimo, Pelagio) Según lo sostiene Charles Hodge (Systematic
Theology. Hodge ofrece tres argumentos en respaldo del creacionismo. (1)
Está más de acuerdo con pasajes de las Escrituras como Números 16:22 y
Hebreos 12:9, que dicen que el alma proviene de Dios (mientras que, por el
contrario, el cuerpo proviene de los padres terrenales). (2) Puesto que la
naturaleza del alma es inmaterial no pudiera ser transmitida por la
generación natural. (3) La naturaleza inmaculada de Cristo solamente
pudiera ser posible si Su alma hubiera sido creada
C. Traducianismo
Que el alma, al igual que el cuerpo al cual es unida, proviene de los padres;
es decir, la persona entera, alma y cuerpo, es fruto de un mismo acto
generativo. Tertuliano (siglo III) mantenía este punto de vista, con un
concepto material del alma. William G. T. Shedd (Dogmatic Theology [New
York: Scribners) cita dos clases de apoyo para esta teoría. 1) Escritural:
Hebreos 7:10 indica un acto racional y moral de parte de Leví, que aún no
había nacido; Génesis 2:1– 3 declara que Dios descansó en el séptimo día
de la creación porque Su obra creativa ya estaba terminada. No se indica
ningún otro acto, como el crear nuevas almas; y el versículo 7 no permite
que el aliento de vida sea soplado sobre cualquier otro que no sea Adán. 2)
Fisiológico: el hombre siempre se considera como una unión de alma y
cuerpo; por lo tanto, es más natural pensar que lo psíquico y lo físico se
desarrollan juntamente.
Un enfoque bíblico y equilibrado:
Recoge lo válido de la tradición, es decir, del traducianismo y del creacionismo:
hay algo de heredad tanto como de “novedad” en cada alma.
Enfoca a la persona entera como unidad psico-física (psicosomática), vs. Un
enfoque dicótomo (lo material vs. lo espiritual).
Enfatiza el papel que hace Dios en mi comienzo (Sal. 139:13-16).
Tú creaste mis entrañas;
me formaste en el vientre de mi madre.
14
¡Te alabo porque soy una creación admirable!
¡Tus obras son maravillosas,
y esto lo sé muy bien!
15
Mis huesos no te fueron desconocidos
cuando en lo más recóndito era yo formado,
cuando en lo más profundo de la tierra
era yo entretejido.
16
Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación:
todo estaba ya escrito en tu libro;
todos mis días se estaban diseñando,
aunque no existía uno solo de ellos.
Reconoce que este énfasis crea dilemas éticos para algunos que no son fáciles
de resolver.
La naturaleza del hombre
MULTIDIMENSIONAL
Un complejo de aspectos numerosos
I. Imagen y semejanza de Dios. (la más importante de las descripciones
bíblicas del hombre)
Materiales bíblicos
A.T. -- Gn. 1:26-27, 5:1-3, 9:6.
N.T. -- describiendo la deidad de Cristo, el cual es, de forma
única, la "imagen" de Dios: 2 Co. 4:4, Col. 1:15, He. 1:3; describiendo la
semejanza de Dios que los creyentes también reflejan en Cristo: Ro. 8:29,
Col. 3:10; describiendo la unicidad del hombre como criatura de Dios: Stg.
3:9.
Definición: La palabra hebrea que se traduce «imagen» (tselem) y la palabra
hebrea que se traduce «semejanza» (demut) se refieren a algo que es similar,
pero no idéntico a aquello que representa o de lo que es una «imagen».
«Imagen» o «semejanza» simplemente les informaban a los lectores originales
que el hombre era como Dios, y que en muchas maneras representaba a Dios,
mucha de la controversia sobre el significado de «imagen de Dios» parece ser
una búsqueda de un sentido demasiado estrecho o demasiado específico.
Cuando las Escrituras nos dicen que Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra
imagen, conforme a nuestra semejanza» (Gn 1:26, RVR 1960), significaría
sencillamente a los lectores originales: «Hagamos al hombre como nosotros
somos y para que nos represente». Debido a que «imagen» y «semejanza»
tienen estos significados.
Otra definición. Imagen de Dios se define como la capacidad del hombre para
responder a Dios y relacionarse con Él, con otros, consigo mismo, y con su
mundo. Según esta perspectiva del imago Dei, el pecado no se queda como algo
superficial o material en la existencia del hombre, sino que le afecta en el centro
de su ser, y desde ahí afecta todo aspecto de su vida, especialmente
distorsionando su capacidad de responder y relacionarse apropiadamente. (David
Dixon)
II. Unidad psicosomática (psico-física)
Las Perspectivas tradicionales analizan al hombre como un ser compuesto
de diferentes partes o divisiones:
(a) Tricotomía: analiza al hombre como un ser tricótomo de cuerpo,
alma, y espíritu (1 Te. 5:23, He. 4:12; ver Mc. 12:30 – ¿no serán cuatro?)
(b) Dicotomía: analiza al hombre como un ser dicótomo, compuesto de
cuerpo y alma (Mt. 10:28, 2 Co. 4:16).
Perspectiva bíblica: analiza al hombre como un ser unitario con aspectos
inseparables, aunque a veces el lenguaje bíblico es funcionalmente dualista; los
términos principales incluyen carne, espíritu, cuerpo, alma, corazón, mente,
conciencia, hombre interior / hombre exterior.
(a) Carne [hebreo basar = carne, cuerpo, hombre en su debilidad y
corruptibilidad]: griego, sárx = la sustancia visible de la que está hecho el cuerpo ,la
persona entera considerada desde el punto de vista de su origen terrenal, apariencia y
condición exterior "pâsa sárx"). Pablo también utiliza el término carne en un sentido
ético para significar "el hombre apartado de Dios, la naturaleza no regenerada, su
capacidad de cooperar con la maldad, su capacidad de utilizar mal la totalidad de su
persona" (Ro. 8:5-9 habla de la carne como una postura de vida en rebelión contra
Dios: los que viven según la carne [lit., en sarkí] no pueden agradar a Dios; Gál. 5 habla
de las obras de la carne, haciendo referencia a un estilo de vida pecaminoso, pero no
implica que la carne sea inherentemente mala).
(b) Espíritu [heb. ruaj = viento, aliento, el poder vital del hombre]:
griego, pneûma = en ocasiones puede ser usado como modismo para referirse
simplemente a la persona, pero normalmente sugiere la dimensión interior del
hombre en contraste con la exterior, el hombre interior visto en términos de su
relación con Dios (2 Co. 7:1); la esencia del hombre (Ro. 1:9); en este siglo, el Espíritu
Santo da vida al hombre interior (Ro. 8:10), y en el siglo venidero dará vida también a
nuestro cuerpo mortal (Ro. 8:11).
(c) Cuerpo: griego, sôma = puede ser usado como sinónimo de la
persona total o la vida de uno (Fil. 1:20, 2 Co. 4:10, Ro. 12:1); considera la vida del
hombre desde el punto de vista de su existencia física; su identidad como hombre está
inseparablemente ligada a su cuerpo, el cual es mortal, y no es inherentemente malo;
sin embargo, puede ser usado de mala manera (Ro. 6:12-13), y en este sentido está
íntimamente relacionado con la "carne" en su capacidad de cooperar con la maldad
(Ro. 8:13). El hombre no puede imaginarse una existencia sin cuerpo; la existencia
corporal es la norma, pero no es la esfera donde se encuentra su verdadera "vida"; el
cristiano no anhela ir al encuentro del Señor para entrar en un estado
incorpóreo/amorfo después de la muerte, sino que desea revestirse ya de su cuerpo
glorificado, parecido al de Jesús en Su resurrección (2 Co. 5:1-8, 1 Co. 15:35-44, Fil.
3:20-21).
(d) Alma [heb., nephesh = garganta, aliento, vida o vitalidad de una
persona, alma]: griego, psyxé = a menudo sinónimo de "persona," especialmente se
aplica al hombre como ser vivo (Lc. 12:19-20; Hch. 2:41, 7:14); se refiere a la vida del
hombre, la energía vital que vivifica su existencia física/corporal (Hch. 20:10, Ef. 6:6, 1
Ts. 2:8).
De los primeros cuatro términos entonces, todos pueden ser usados, según el
lenguaje bíblico, para referirse a la persona total o a la existencia humana. Por tanto,
debemos evitar caer en el viejo dualismo griego, especialmente el dualismo radical
que ve al hombre como un ser "compuesto" de cuerpo y alma.
(e) Corazón [heb., leb(ab) = corazón, centro de la vida interior del
hombre en cuanto a pensamientos, decisiones, carácter, coraje]: griego, kardía = sede
de emociones, intelecto, voluntad, juicio ético, experiencia religiosa (Ro. 8:27, 10:9-10;
Ef. 1:18, donde "entendimiento" traduce "kardía"; 1 P. 3:4, 15; 1 Jn. 3:20).
(f) Mente: griego, noûs = mente, entendimiento; con este término se
considera al hombre desde el punto de vista de su capacidad de pensar, conocer,
juzgar, razonar, y elegir (Ro. 1:28, 12:2).
(g) Conciencia: griego, syneídesis [lit., conocimiento compartido con uno
mismo] = facultad de juicio moral sobre la conducta de uno mismo (Ro. 9:1, 2:15; 2 Co.
4:2; 1 P. 2:19, 3:16).
Un enfoque equilibrado:
No queremos analizar al hombre en términos de "componentes," sino
entender que el lenguaje bíblico nos señala "aspectos" de su vida; bíblicamente hemos
de verlo como una unidad psicosomática (psico-física).
Nos oponemos a cualquier perspectiva que sea degradante respecto al cuerpo
humano, o que sea demasiado superlativa y mística respecto al espíritu, como en el
Platonismo o la teología catolicorromana tradicional.
III. Varón y hembra: enfoque bíblico.
El hombre realiza su potencial sólo en relación con su semejante. Notar
el contraste en Gn. 1-2: muchas cosas fueron llamadas "buenas," pero
Dios dijo expresamente, "No es bueno que el hombre esté solo."
Conclusión: "Le haré ayuda idónea para él."
Los dos sexos recibieron juntos la tarea de reflejar la imagen de Dios y
de ser Sus representantes en el mundo (Gn. 1:26-27): implicación de
igualdad.
La sexualidad fue inventada por Dios; es decir, es algo bueno dentro de
la buena creación de Dios VS la perspectiva tradicional
catolicorromana, que implica que el sexo es un mal necesario, sólo
para la procreación]; el estándar bíblico es que la práctica de la
intimidad sexual sea limitada a aquella relación de compromiso mutuo y
permanente entre marido y esposa, donde es un elemento hermoso en
la realización del ideal “una sola carne” (este ideal tiene otros
componentes emocionales y psicológicos).
No hay ninguna subordinación esencial de un sexo al otro; la
descripción de Gn. 3:16 (“él se enseñoreará de ti”) fue un resultado de
la caída en pecado; por tanto, la desigualdad que se ha producido a lo
largo de los siglos entre los sexos, ha sido una expresión del
desequilibrio espiritual provocado por el pecado; el hombre y la mujer
cumplen diferentes papeles, pero son iguales (Lc. 10:42, 1 Pd. 3:7, Gá.
3:28, 1 Co. 7:3-5, 11:11-12). Cuando Pablo dice a la mujer que calle en
la iglesia (1 Cor. 14:34), entendemos que se trata de disturbios creados
en el culto por mujeres que no entendían cosas puntuales, ya que no
tenían el mismo acceso a la educación que los hombres. No puede ser
una prohibición absoluta porque Pablo mismo procura dar pautas para
la participación de la mujer en el culto, orando y profetizando (1 Cor.11,
pautas que ciertamente representan una sensibilidad a costumbres
sociales de aquel tiempo y lugar). Igualmente en Ef.5, debemos buscar
el fondo de su exhortación a los esposos en el imperativo del v. 18 (“sed
llenos del Espíritu”), del cual todos los participios de los vv. 19-21
dependen gramaticalmente. Entonces, el contexto de su “ilustración
doméstica” (vv.22ss.) es el participio del v.21, “sometiéndoos unos a
otros en el temor de Dios” -- principio fundamental sobre el cual Pablo
basa su palabra a las mujeres y a los maridos. Es decir, su sumisión
mutua recibe su más alta expresión cuando el marido y mujer se
cuidan recíprocamente en armonía y unión, tal como un cuerpo y una
cabeza se cuidan (y cuánto más en el caso del Cuerpo de Cristo).
IV. Individual y social
La Biblia afirma el inestimable valor de cada individuo, porque cada uno
lleva la imagen de Dios. Todo individuo merece ser tratado con respeto.
La Biblia también afirma el valor de la agrupación: el pueblo de Dios, la
nación santa, la ekklesía (asamblea) de Jesucristo. Los individuos
somos responsables ante Dios los unos por los otros, que se traduce
en términos de responsabilidad social. Yo sí soy guarda de mi
hermano. Es decir, el hombre tiene necesidad de relacionarse con su
semejante y cuidar de él para realizar su propio potencial y cumplir con
lo que está grabado en su naturaleza por Dios mismo. Preocuparse por
su semejante es expresión del imago Dei en el ser humano, y no hacerlo
es dañar esa imagen.
La Biblia protege la individualidad, pero condena el individualismo. La
norma cristiana es que los miembros del cuerpo se preocupen todos los
unos por los otros (1 Co. 12:25), y que todos se sometan a la cabeza y al
bien común. "Mi" bien está íntimamente vinculado al bien común.