VII.
- Las emociones
Las emociones son fenómenos psicofisiológicos que representan modos
de adaptación a ciertos estímulos ambientales o al interior de uno mismo. Son
mecanismos de respuesta que ejerce el organismo ante un estímulo
determinado del entorno. Las emociones son patrones de respuestas
fisiológicas y conductas típicas de una especie particular.
Psicológicamente, las emociones trastornan la atención, hacen subir de
intensidad ciertas conductas guía de respuestas del individuo e impulsan redes
asociativas notables en la memoria.
Fisiológicamente, las emociones organizan rápidamente las respuestas
de distintos sistemas biológicos, incluidas las expresiones faciales, los
músculos, la voz, la actividad del SNA y la del sistema endocrino, a fin de
establecer un medio interno óptimo para el comportamiento más efectivo.
Conductualmente, las emociones sirven para establecer nuestra posición
con respecto a nuestro entorno, y nos impulsan hacia ciertas personas, objetos,
acciones, ideas y nos alejan de otros. Las emociones actúan también como
depósito de influencias innatas y aprendidas, y poseen ciertas características
invariables y otras que muestran cierta variación entre individuos, grupos y
culturas.
Etimológicamente, el término emoción viene del latín emotĭo, -ōnis, que
significa "que en toda emoción hay implícita una tendencia hacia la acción".
En psicología se define como aquel sentimiento o percepción de los elementos
y relaciones de la realidad o la imaginación, que se expresa físicamente
mediante alguna función fisiológica como reacciones faciales o pulso
cardíaco, e incluye reacciones de conducta como la agresividad, el llanto. Las
emociones son materia de estudio de la psicología, las neurociencias, y más
recientemente la inteligencia artificial.
El estudio de la emoción es conocido como Neurociencia Afectiva,
término acuñado por Panksepp1 en el 1992[))] que se define como: “el campo
de investigación científica que estudia las bases neurales de los procesos
1
Jaak Panksepp es un neurocientífico de la Universidad de Washington que desde hace algún tiempo dedica
sus esfuerzos al estudio de la felicidad. Ha salido a la palestra a partir del 2005 con su estudio sobre la risa de
las ratas.
afectivos y sociales de los seres humanos y animales, que abarca niveles
conductuales, morales y neurales de análisis”.
Las emociones: Son estados anímicos que manifiestan una gran
actividad orgánica, que se refleja a veces como un torbellino de
comportamientos externos e internos, y otras con estados anímicos
permanentes. Estas se conciben como un comportamiento que puede ser
originado por causas externas e internas; que puede persistir, incluso, una vez
que ha desaparecido el estímulo y que acompaña necesariamente, en mayor o
menor grado, toda conducta motivada.
Se puede decir, que las emociones no son entidades psicológicas
simples, sino una combinación compleja de aspectos fisiológicos, sociales, y
psicológicos dentro de una misma situación polifacética, como respuesta
orgánica a la consecución de un objetivo, de una necesidad o de una
motivación. Las emociones como los motivos pueden generar una cadena
compleja de conducta que va más allá de la simple aproximación o evitación.
Las respuestas emocionales pueden ser divididas en:
a) Los afectos: son torbellinos emotivos de corta duración que van
acompañados de intensas actitudes somáticas de carácter expresivo:
cuando se expresa un ataque de ira.
b) Los sentimientos: son muy rico en contenido, se desarrollan en la espera
íntima; están casi totalmente desligados de manifestaciones somáticas
viscerales: el goce que provoca el aroma de una flor o la profunda
conmoción espiritual que surge ante la contemplación de una obra de
arte.
7.1- Núcleos Cerebrales en las emociones
Sistema límbico, circuito de Papez
El sistema límbico está integrado por una serie de estructuras cerebrales
interconectadas entre sí que realizan la tarea de controlar las motivaciones y
las emociones. Papez fue quien propuso en el 1937 que estas estructuras
asociadas formaban parte de un circuito que tiene que ver con las emociones.
Pero fue MacLean quien en el 1949 amplio el sistema incluyendo otras
estructuras y lo llamó sistema límbico2.
2
Carlson, Neil R., Fisiología de la Conducta, Pearson Educación, Madrid, 2006, 92.
Dentro de las estructuras más importantes que forman el sistema
límbico están: el hipocampo y la amígdala, localizados cerca del ventrículo
lateral en el lóbulo temporal. También están el fornix, el tálamo, el
hipotálamo, los cuerpos mamilares, el cuerpo calloso, el giro cingulado y la
precorteza frontal así como otras regiones específicas de la corteza cerebral
frontal y temporal.
Amígdala: es la puerta de entrada al sistema límbico. Recibe todos los
estímulos, los integra y los distribuye hacia otras estructuras procesadoras
centrales. La amígdala está especializada en las cuestiones emocionales y en la
actualidad se considera como una estructura límbica muy ligada a los procesos
del aprendizaje y la memoria. La amígdala constituye una especie de depósito
de la memoria emocional3. Se relaciona con las emociones de defensa, miedo
y agresividad. Las lecciones de la amígdala deterioran la capacidad en las
personas de reconocer las expresiones faciales de emoción, en particular
expresiones de miedo. No obstante, hay estudios que señalan que estas
lecciones no impiden que las personas puedan reconocer emociones por el
tono de voz4.
Hipocampo: asocia la información sensorial con la emoción provocada
y establece una nueva memoria accesible para ser relacionada con antiguas
memorias. Posibilita el aprendizaje desde las emociones.
Hipotálamo: conecta las emociones con su expresión visceral. Su
principal actividad es proporcional una aguda memoria del contexto, algo que
es vital para el significado emocional. Mientras el hipocampo registra los
hechos puros, la amígdala se encarga de registrar el clima emocional que
acompaña a estos hechos.
Precorteza frontal: supervisa los procesos perceptivos, las emociones,
los impulsos y el planeamiento a largo plazo. Dirige e integra las operaciones
de otras regiones cerebrales. Su rol es central en la modulación del
comportamiento.
Corteza cerebral: conciencia emocional, asociaciones y orden de
ejecutar la acción específica, entre otras funciones.
La respuesta emocional está constituida por tres tipos de componentes:
3
Cf. Goleman, Daniel, Inteligencia emocional, Editorial Kairós, Barcelona 1997, 38-39-
4
Ibid., 400.
a) Componente comportamental: son los movimientos musculares
apropiados a la situación que los provoca5.
b) Respuestas neurovegetativas: facilitan las conductas y aportan una
movilización rápida de energía para realizar movimientos vigorosos.
c) Respuestas hormonales: vienen a reforzar las respuestas
neurovegetativas. Las hormonas segregadas por la médula suprarrenal –
adrenalina y noradrenalina- incrementan más el flujo sanguíneo hacia
los músculos y promueven la conversión en glucosa de los nutrientes
almacenados en los músculos.
Hay neuronas en la amígdala que se activan frente a los estímulos que
son emocionalmente relevantes. La amígdala interviene en los efectos de las
feromonas sobre la fisiología y la conducta reproductora. Hay cinco regiones
principales dentro del complejo de la amígdala que debemos tener muy
presente:
a) El núcleo medial: compuesto por varios núcleos, que reciben
aferencias sensoriales y la envían al prosencéfalo basal medial y al
hipotálamo.
b) El núcleo lateral: recibe información sensorial desde la corteza
sensorial primaria, la corteza de asociación, el tálamo y la formación
hipocampal. El núcleo lateral envía información a otras partes del
cerebro, incluyendo al estriado ventral y al núcleo dorsomedial del
tálamo, que proyecta a la corteza prefrontal. El núcleo lateral
también envía información a los núcleos basal (B) y basal accesorio
(BA). Los tres envían información al núcleo central.
c) El núcleo basal:
d) El núcleo basal accesorio:
e) El núcleo central: es la región particular más importante del cerebro
para la expresión de respuestas emocionales provocadas por
estímulos adversivos. Las neuronas del grupo central de la amígdala
envían axones a las regiones del cerebro que rigen las expresiones de
los distintos componentes de las respuestas emocionales.
Le Doux y sus colaboradores han demostrado que el núcleo central es
necesario para el desarrollo de la respuesta emocional condicionada. Dos
mecanismos distintos, ambos controlados por el núcleo central de la amígdala,
son responsables de los componentes autonómicos y conductuales de las
respuestas emocionales condicionadas.
5
Carlson, Neil R., Fisiología de la Conducta, Pearson Educación, Madrid, 2006, 378- 379.
La amígdala contiene una alta concentración de receptores
benzoidiacepínicos, especialmente las regiones que proyectan al núcleo
central, y el propio núcleo central contiene una alta concentración de
receptores para los apiodes.
Una gran cantidad de datos indica que la amígdala está implicada en las
respuestas emocionales en humanos. Por otro lado, las lecciones de la
amígdala disminuyen las respuestas emocionales de las personas. Dos estudios
han puesto en evidencia que las lecciones de la amígdala provocan
dificultades para adquirir respuestas emocionales condicionales tanto en
personas como en ratas6.
Una lección de la amígdala trae como consecuencia inmediata un
trastorno de las emociones sobre la memoria. A mayor degeneración de la
amígdala, menor es la probabilidad de que un paciente pueda recordar un
acontecimiento. Varios estudios de neuroimagen cerebral han evidenciado
que la amígdala humana participa en las respuestas emocionales. La actividad
de la amígdala derecha aumentaba cuando los sujetos recordaban episodios
con contenido emocional, realidad que no pasaba frente al recuerdo de
contenido neutro. La presencia de situaciones amenazante incrementa la
actividad de la amígdala7.
Circuito de Papez
James Papez (1883-1958) fue un neurólogo estadounidense. Graduado
en la Universidad de Minnesota, su principal contribución a la ciencia y en
especial a la neurología y psicobiología es la descripción del llamado «circuito
de Papez», que es la vía neuronal en la que se produce el control de la corteza
cerebral sobre las emociones; Papez fue el primero en proponer el sistema
límbico como sistema de control de las emociones, lo que supuso un gran
avance en la biopsicología de la emoción. «…Papez (1937), sugirió que un
conjunto de estructuras cerebrales interconectadas formaban un círculo cuya
función primaria era controlar la motivación y la emoción»8.
6
Cf. Ibid. 382-383.
7
Cf. Ibid. 383.
8
Carlson, Neil R., Fisiología de la Conducta, Pearson Educación, Madrid, 2006, 92.
El esquema anatómico para describir el circuito neural de la emoción,
que se ha denominado «circuito de Papez» sigue una trayectoria fija: El
camino del estímulo emocional llega al tálamo y desde aquí sigue su
recorrido hacia la corteza sensorial y luego al hipotálamo, una vez que la
información proporcionada por la corteza sensorial y el hipotálamo es
integrada por la corteza cingulada ocurre la experiencia emocional. Las
sensaciones que se han experimentado se transforman ahora en percepciones,
pensamientos y memorias. Papez consiguió demostrar que la corteza
cingulada y el hipotálamo están interconectados a través del núcleo anterior
del tálamo, el hipocampo y los cuerpos mamilares, poniendo en evidencia que
estás conexiones son necesarias para el control cortical de las expresiones
emocionales.
Papez, igual que Cannon y Bard, creía que la información sensorial que
llega al tálamo se dirigía hacia la corteza sensorial y el hipotálamo. La
información que procedente del hipotálamo eran las que daban lugar a las
respuestas emocionales que activaban la reacción corpórea y, por último, la
información que salía de la corteza singulada originaban los sentimientos
emocionales. Los trayectos seguidos hasta la corteza se llamaban «canal del
pensamiento».
Papez fue más explícito que Cannon y Bard a la hora de mostrar cómo
se comunica el hipotálamo con la corteza y sobre las zonas corticales que
intervienen. Planteó una serie de vínculos desde el hipotálamo hasta el tálamo
anterior y hasta la corteza cingulada. Las experiencias emocionales ocurren
cuando la corteza cingulada integra las señales recibidas desde la corteza
sensorial y desde el hipotálamo. La información que sale de la corteza
cingulada hacia el hipocampo y, desde aquí, al hipotálamo permite que los
pensamientos que tienen lugar en la corteza cerebral controlen las respuestas
emocionales.
Fue Paul MacLean quien en el 1949, amplió «La teoría de Papez» con
otras estructuras tales como: la amígdala, el fórnix, los cuerpos mamilares, y
las denominó «sistema límbico». Para MacLean la evolución de este sistema
que es el más primitivo y elemental de corteza cerebral, está implicado en el
desarrollo de las respuestas emocionales9.
Para MacLean, la arquitectura del cerebro consiste en tres sistemas
cerebrales, que caracterizan un desarrollo evolutivo:
1. El primer sistema, consiste en el cerebro reptiliano (complejo
estrial y los ganglios basales), con la cual se pueden observar
emociones primitivas como la agresión y el miedo.
2. El segundo sistema es el antiguo cerebro de mamífero, el cual
aumenta las respuestas emocionales del cerebro reptiliano como
la agresión, además de elaborar las emociones sociales, este
sistema cerebral incorpora componentes del circuito de Papez
(hipotálamo, tálamo, hipocampo y la corteza cingulada) con
estructuras importantes como la amígdala y la corteza prefrontal.
3. El tercer sistema, el nuevo cerebro de mamífero consiste en la
neocorteza, la cual representa la interfaz de la emoción con la
cognición.
MacLean propuso que las sensaciones en el entorno producen cambios
corporales. Estos cambios regresan al cerebro donde son integrados con la
percepción y se generan las experiencias emocionales, una postura que puede
considerarse Neo-Jamesiana.
7.2.- Respuestas emocionales
Las emociones pueden agruparse, en términos generales, de acuerdo con
la forma en que afectan nuestra conducta: si nos motivan a aproximarse o
evitar algo.
9
Cf. Ibid. 92.
Las primeras teorías neurofisio-lógicas sobre la emoción provienen de
las ideas de Galeno, quien determinó la existencia de cuatro humores:
sanguíneo, colérico, flemático y melancólico, los cuales determinaban las
emociones.
Darwin en el 1872 en su libro «La expresión de las emociones en
hombres y animales», describió que las expresiones de las emociones eran
producto de la evolución. Hizo un estudio comparativo observando las
actitudes faciales en personas de diferentes culturas, llegando a la conclusión
de que las respuestas emocionales eran innatas tanto en los hombres como en
los animales10.
Ekman y Friesen con su investigación acabaron confirmando la
hipótesis de Darwin: la expresión facial de la emoción es el producto de
respuestas innatas, típicas de especie. No son patrones de conductas
aprendidas como es la reproducción del lenguaje.
Wund las ha clasificado en tres grandes grupos, según su contenido11:
a) Placer – displacer,
b) Excitación – calma,
c) Tensión – relajación.
Robert Plutchik, quien identificó y clasificó las emociones en el 1980,
propuso que los animales y los seres humanos experimentan 8 categorías
básicas de emociones que motivan varias clases de conducta adoptiva. Temor,
sorpresa, tristeza, disgusto, ira, esperanza, alegría y aceptación; cada una de
estas nos ayudan a adaptarnos a las demandas de nuestro ambiente aunque de
diferentes maneras.
Según Plutchik, las diferentes emociones se pueden combinar para
producir un rango de experiencias aún más amplio. La esperanza y la alegría,
combinadas se convierten en optimismo; la alegría y la aceptación nos hacen
sentir cariño; el desengaño es una mezcla de sorpresa y tristeza.
Estas emociones varían en intensidad, la ira, por ejemplo, es menos
intensa que la furia, y el enfado es aún menos intenso que la ira. La intensidad
10
Carlson, 397.
11
Cf. Cerdá, E., Una psicología de hoy, Herder, 1985, 265. Leahey, Thomas H., Historia de la psicología,
Pearson Prentice Hall, España 2009, 224.
emocional varía en un individuo a otro. En un extremo se encuentran las
personas experimentan una intensa alegría y en el otro extremo están los que
parecen carecer de sentimientos, incluso en las circunstancias más difíciles.
Entre más intensa sea la emoción, más motivará la conducta. Las
emociones varían según la intensidad dentro de cada categoría y este hecho
amplía mucho el rango de emociones que experimentamos.
Si bien es cierto que las expresiones de las emociones parecen ser
innatas, no menos cierto es que podemos en ocasión exagerar nuestras
emociones para que los demás perciban como nos sentimos. Los patrones de
movimiento musculares que acompañan a una emoción determinada pueden
ser modulados hasta cierto punto. No obstante, la expresión emocional en
principio sigue determinadas normas de manifestación12.
Reconocemos los sentimientos de los demás mediante la visión y
audición.
7.3.- Estudios de las emociones en modelos animales.
En su generalidad las especies animales exhiben conductas agresivas
donde hay implicados gestos de amenaza o ataques proyectado hacia otro
animal. Los patrones de movimientos están programados por los genes del
animal. Muchas conductas agresivas están vinculadas con la reproducción o
con la autodefensa. Hay varios niveles desde los cuales se muestran esta
conducta:
a) Conducta de amenaza: posturas o gestos que advierten al adversario
para que abandone su actitud o de lo contrario será atacado.
b) Conducta defensiva: ataque contra la amenaza de otro animal. Hay una
actitud de excitación, la actividad del sistema nervioso autómo es alta.
c) Conducta de sumisión: aceptación de la derrota y actitud de no
enfrentamiento.
En el habitad natural, los animales presentan más conductas de amenaza
que de ataque. Las conductas de amenazas son importantes a la hora de
demarcar la jerarquía social en grupo de animales. Tiene la ventaja que no
implica una pelea real, pero delimito los roles en el grupo.
12
Cf. Ibid. 398.
Control neural de la conducta agresiva. Hay una jerarquía en el control
neural de la conducta agresiva, los movimientos musculares están
programados por circuitos neurales del tronco del encéfalo, el cual está
controlado por el hipotálamo y la amígdala. La actividad del sistema límbico
está controlada por sistemas perceptivos que se dan en el entorno.
Un caso diferente de agresividad donde no se observan los mismos
componentes fisiológicos es la depredación. Este ataque se hace más a sangre
fría, es más calculador. No hay implicado una alta activación simpática que
manifieste furor.
Incidencia de la serotonina en la actitud agresiva: la presencia de alto
contenido de serotonina controla las conductas de riesgo que inducen a la
agresión. Experimentos con animales que tenían niveles bajos de serotonina
mostraban patrones conductuales riesgosas y agresivas; una conducta
diferente se presentaba en los animales con los niveles más alto de serotonina.
La serotonina juega un papel inhibidor en la agresión.
Papel de la corteza prefrontal. La corteza prefrontal desempeña un rol
muy significativo en las manifestaciones emocionales, regulando las
respuestas ante determinadas situaciones. Las investigaciones ponen en
evidencia que el hemisferio derecho es más importante que el izquierdo; no
obstante, el papel más especial lo lleva a cabo la corteza orbitofrontal 13. Un
ejemplo iluminador es el accidente Phineas Gage, a quien una barra de acero
le penetró por la mejilla izquierda y le salió del lado izquierdo de la frente.
Aunque mantenía una reflexión lógica y coherente, sus actos personales eran
todo un desastre.
La misión de la corteza orbitofrontal no es hacer juicio ni sacar
conclusiones, sino más bien en convertir los juicios en sentimientos y
conductas apropiados. Las respuestas emocionales nos proporcionan a
menudo un elemento importante en la toma de decisiones. Las reacciones
emocionales guían los juicios morales así como las decisiones que implican
riesgos y recompensas personales.
En los chimpancés se ha observado una mayor participación del hemisferio
derecho en el reconocimiento emocional.
13
Cf. Ibíd. 388.