Una emoción es un conjunto de respuestas neuroquímicas y hormonales que nos
predisponen a reaccionar de cierta manera ante un estímulo externo (algo que
vemos u oímos) o interno (pensamiento, recuerdo, imagen interna…). Digamos
que las emociones son básicas, primitivas y unidireccionales (aparecen de forma
automática al presentarse un estímulo) y nos impulsan hacia la acción.
El sistema límbico, comúnmente conocido como cerebro emocional, tiene un
papel fundamental en la aparición de los estados emocionales. Es aquí donde
las emociones tienen su base neurológica.
La amígdala es el principal núcleo cerebral relacionado e implicado en
las respuestas de miedo, tanto innatas como aprendidas.
La amígdala revisa constantemente toda la información que llega al cerebro a
través de los distintos sentidos con el fin de detectar rápidamente cualquier
cosa que pueda influir en nuestra supervivencia, una vez que detecta el
peligro, la amígdala orquesta una respuesta rápida de todo el cuerpo que nos
empuja a alejarnos de la amenaza, lo cual aumenta nuestras posibilidades de
supervivencia
Es una estructura involucrada en los procesos funcionales emocionales,
conectándose a otras estructuras, tanto subcorticales como corticales
mediantes una compleja red de neuronas. Investigaciones apoyan la teoría de
que la amígdala participa en tres niveles funcionales de la emoción.
I. En un primer nivel, estudios han demostrado que la amígdala es una
mediadora del establecimiento de las influencias de memorias. En este
procesamiento la amígdala tiene una estrecha relación con el
hipocampo, donde se consolidan la memoria explicita.
II. El segundo nivel, relaciona la amígdala en el reconocimiento de las
expresiones faciales con un significado emocional, pues aquellas
investigaciones que se han llevado a cabo a través de pacientes que
han sufrido alguna lesión bilateral o unilateral en la amígdala, muestran
dificultades a la hora de reconocer expresiones faciales negativas,
sobretodo aquellas emociones como el miedo o el disgusto.
III. El tercer nivel funcional de la amígdala hace referencia al proceso de
condicionamiento hacia las emociones de miedo. En la captación de
estímulos condicionados y procesos de aprendizaje, la amígdala juega
un papel importante en función de otras dos estructuras como el
neocórtex y el tálamo. En la cual mediante diferentes vías, una más
rápida que es la vía talámica y una más lenta pero con procesos que
conllevan una mayor complejidad, la vía neocortical.
La corteza cingulada anterior o corteza del cíngulo anterior, está
situada por encima del cuerpo calloso. Esta estructura está relacionada con
la integración de varias funciones del sistema nervioso entre las cuales
también encontramos las emociones). Al igual que la amígdala, está
relacionada con la experimentación de emociones negativas como el miedo
y la tristeza, además de estar involucrada en el procesamiento y
reconocimiento de expresiones faciales de las emociones y por ende, a
cambios relacionados con la conducta social
El neocórtex tiene un papel muy importante en las emociones, en procesos
de regulación emocional y de condicionamiento. La corteza cerebral puede
ser dividida en diferentes áreas, como el área orbitofrontal, ventromedial y
dorsolateral. Las dos primeras estructuras, la orbitofrontal y ventromedial
están involucradas en procesos de recompensa del estímulo y el refuerzo,
placer y displacer a través de la valoración de los estímulos externos.
La corteza cerebral juega un papel muy importante en la anatomía de las
emociones:
Expresión de las emociones.
Interpretación de las emociones.
Regulación y monitorización de las respuestas emocionales.
Experiencia consciente de éstas (los sentimientos).
También podemos encontrar otras estructuras como es el hipotálamo que
está involucrado en la activación fisiológica a partir de las respuestas
desencadenadas de las emociones.
Las estructuras prefrontales se encargan del control de la regulación
emocional, la comprensión de situaciones complejas y el comportamiento
social adaptativo. En condiciones normales ambos hemisferios cerebrales
trabajan de forma complementaria en la regulación y control de las
emociones.
Hemisferio derecho: Es dominante en el control del tono emocional,
con un mayor procesamiento de las emociones negativas (ej., el
miedo o la ira).
Hemisferio izquierdo: Es dominante en la interpretación de las
emociones positivas. Realiza el control cognitivo de los estados
emocionales a través del lenguaje.
La corteza orbitofrontal es una estructura que sirve de cauce de las órdenes
emocionales hacia otras zonas del lóbulo frontal encargadas de la
planificación y creación de estrategias