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Libido

Libido (del latín libīdo ‘deseo, pulsión’ y en sentido estricto ‘lascivia’) es un término que se usa en medicina y psicoanálisis de
manera general para denominar al deseo sexual de una persona.1 Como comportamiento sexual, la libido ocuparía la fase
apetitiva en la cual un individuo trata de acceder a una pareja potencial mediante el desarrollo de ciertas pautas etológicas.2 No
obstante, existen definiciones más técnicas del concepto, como las encontradas en las obras de Sigmund Freud y Carl Gustav
Jung que hacen referencia a la fuerza o energía psíquica. Estos autores vinculan la energía libidinal, respectivamente, a las
pulsiones y a su carácter eminentemente sexual como meta primaria (Freud) o a una energía mental indeterminada que mueve el
desarrollo personal general de un individuo (Jung). Sigmund Freud, a su vez, habría tomado el término de A. Moll, quien lo
utilizó en 1898 en la obra Untersuchungen über die Libido sexualis [«Investigaciones acerca de la Libido sexualis»].[cita requerida]

Índice
En medicina
En psicoanálisis y psicología analítica
Según Freud
Según Jung
Errores comunes
Véase también
Referencias
Bibliografía
Enlaces externos

En medicina
En medicina, el término libido se aplica para designar específicamente el deseo sexual. La mayoría de los médicos y psiquiatras
consideran que un nivel de libido inferior a lo «normal» representa una patología. El criterio que más comúnmente se aplica es el
de atribuir la disminución de la libido a algún trastorno emocional, considerándola con frecuencia un síntoma de cuadros o
trastornos afectivos de corte depresivo.[cita requerida]

En psicoanálisis y psicología analítica

Según Freud
Libido es también un concepto descrito en la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud.3 Se refiere a la energía de la pulsión, o más
propiamente, al afecto ligado a la transformación energética de las pulsiones, cuya meta original sería siempre sexual (si bien
puede ser «desexualizada» secundariamente, lo que implicaría inexorablemente renuncia o compromiso y un esfuerzo para
canalizarla de manera diversa). La mente es un sistema cuyo equilibrio resulta del conflicto entre tendencias o instancias
opuestas: se trata de fuerzas o pulsiones (‘energía psíquica profunda que orienta el comportamiento hacia un fin y se descarga al
conseguirlo’). Esta energía que opera en la dialéctica interna de la psique se la llama libido.4
Desde la óptica freudiana (del psicoanálisis clásico), la libido es el afecto que se encuentra ligado a determinada pulsión: en el
primer marco teórico que regía hasta 1914, la energía de las pulsiones sexuales; después de 1915, pero aún en el marco de la
«primera tópica» (hasta 1920), es la energía tanto de las pulsiones sexuales como de las pulsiones yoicas; y en el tercer marco
teórico (la segunda tópica, a partir de 1920), este término es transformado en Eros.5 Si bien los trabajos iniciales de Freud la
definieron desde un punto de vista únicamente sexual, sus últimas obras reconsideraron este concepto y lo ampliaron, aplicándolo
no sólo a ese ámbito, sino también a la energía productiva y vital de todo ser humano.[cita requerida]

En Esquema del psicoanálisis (1940 [1938]), Freud sostiene que la libido, cuyo monto íntegro se concentra al principio sobre el
yo, es luego utilizada para investir o catectizar representaciones de objeto, lo cual supone una superación de la etapa narcisista y
la trasposición de libido narcisista en libido de objeto. Sin embargo, el yo seguirá cumpliendo la función de almacenarla: de él
partirán las nuevas investiduras objetales y a él regresarán cuando un objeto sea resignado o desinvestido. Se requerirá del más
profundo enamoramiento para que el componente objetal se granjee para sí la mayor parte de esta energía en perjuicio del yo.
Freud destaca la naturaleza móvil de la libido, que es cedida de un objeto a otro e incluso al propio yo, considerado por el
psicoanálisis como un objeto más. Tal movilidad, sin embargo, dista de ser absoluta dado que la libido muestra una tendencia
contrapuesta a permanecer fijada a ciertos objetos, constatándose fijaciones que pueden durar toda la vida.6

Para Freud, la libido tiene origen somático y es reconducida al yo desde numerosas partes del cuerpo, lo cual puede apreciarse
con mayor facilidad en el caso de aquella porción de la libido que se exterioriza como excitación sexual. Si bien el autor reconoce
la existencia de regiones somáticas cuya contribución libidinal es más importante ―y que son llamadas zonas erógenas―,
ninguna parte de aquel se encuentra excluida de la propiedad de la erogeneidad: “en verdad el cuerpo íntegro es una zona erógena
tal.” La función sexual ―que en psicoanálisis no coincide con Eros, sino que se subsume a él como uno de sus elementos―
habría permitido realizar los principales descubrimientos sobre los que se desarrolló la teoría de la libido, que establece que una
pulsión sexual más o menos integrada tendría por antecesor en la ontogenia individual cierto número de tendencias pulsionales
fragmentarias, adscrita cada una de ellas a una u otra zona erógena.7

Según Jung
Para el psiquiatra y psicólogo Carl Gustav Jung la naturaleza de la libido representó uno de los primeros puntos de sus
discrepancias con Freud. En desacuerdo con el carácter eminentemente sexual enfatizó una energía vital amplia e indiferenciada,
se trataría de una «energía psíquica indiferenciada», el «élan vital de Bergson», no atada a un sustrato biologicista (Freud).8

A la hora de explicar el funcionamiento de la energía psíquica propondrá tres ideas básicas derivadas de la física:9 10

Principio de los opuestos. Principio omnipresente en todo el sistema junguiano, del mismo modo que existen
opuestos o polaridades en la energía física (calor/frío, altura/profundidad, creación/deterioro), lo mismo acontece
con la energía psíquica. Es precisamente este conflicto entre polaridades el principal motivador del
comportamiento y generador de energía. Dicho de otro modo, a mayor conflicto entre opuestos mayor energía
psíquica, no hay energía sin oposición.

Principio de equivalencia. Jung aplicará a todo acontecer psíquico el principio físico de la conservación de la
energía, es decir, la energía no puede crearse ni destruirse, sólo se puede cambiar de una forma a otra. Tal y
como lo describe citando a Ludwig Busse,11

La suma total de la energía no varía y no puede aumentar ni disminuir.

Con lo cual, siempre se produce una continua redistribución de la energía dentro de la personalidad. Si la energía gastada o
invertida en originar alguna condición se debilita o desaparece, esta no se pierde, sino que es transferida a otra parte de la psique.

Toda energía invertida o consumida para lograr un efecto determinado provoca la aparición de la
misma cantidad de esa o de otra forma de energía en otro punto.12
Así, la pérdida de interés en una persona genera que la energía psíquica antes invertida en esa área cambie a una nueva, o que se
produzca un intercambio energético entre la actividad consciente de vigilia y la onírica inconsciente al dormir. Dicha nueva área
ha de tener un valor psíquico equivalente, sino el exceso de energía fluirá al inconsciente.

Principio de entropía. En física el principio de entropía alude a la igualación de las diferencias de energía. Por
ejemplo, tendencia al equilibrio térmico al unir dos cuerpos a diferente temperatura. Aplicando idéntica ley a la
energía psíquica Jung propuso la existencia de una tendencia al balance o equilibrio dentro de la personalidad.
Así, si existen dos deseos de diferente intensidad o valor psíquico, la energía fluirá del más intenso al más débil.

Según la ley física de la entropía, la energía fluye de niveles más altos a niveles más bajos hacia
estados más probables de intensidad.13

La distribución equitativa de energía psíquica en toda la personalidad nunca se alcanza, dado que si fuera así, este tercer
principio, el principio de entropía, entraría en contradicción con el primer principio, o principio de los opuestos. Un equilibrio
excesivo evitaría el conflicto entre opuestos, fuente de la energía.

Son así mismo de vital importancia los términos regresión y progresión de la libido, haciendo referencia a la dirección del
movimiento de la energía,14 así como la función del símbolo, emergido de la base arquetípica de la personalidad, es decir, lo
inconsciente colectivo, como gran organizador y transformador de la libido, a diferencia del concepto psicoanalítico de
sublimación sustitutiva.15

Errores comunes
Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra debe pronunciarse como llana (li bi do) y no como esdrújula (lí
bido) porque deriva del latín libído, con i: larga. La pronunciación extendida, aunque incorrecta líbido, probablemente se deba a
la influencia de la palabra lívido (que no tiene relación semántica con el concepto y que significa «amoratado» o «pálido»).16

Igualmente erróneo es el artículo singular masculino el («el libido»), puesto que se trata de un sustantivo de género femenino, lo
correcto es «la libido».

Véase también
Comportamiento sexual humano
Ello, yo y superyó
Asexualidad

Referencias
sexual en cuanto al objeto (desplazamiento de las
1. Santamaría Hernández, María Teresa (2018). catexis), en cuanto al fin (por ejemplo, sublimación) y
«Libido», en Diccionario Latino de Andrología, en cuanto a la fuente de la excitación sexual
Ginecología y Embriología desde la Antigüedad (diversidad de las zonas erógenas). En Jung, el
hasta el siglo XVI (DILAGE). Roma - Turnhout: concepto «libido» se amplía hasta designar la
Brepols. pp. 512-513. «energía psíquica» en general presente en todo lo
2. Nelson, Randy J. (2005). An Introduction to que es «tendencia a», appetitus.»
Behavioral Endocrinology. Sunderland: Sinauer 4. «Libido» (https://www.salud180.com/salud-z/libido).
Associates. ISBN 0-87893-617-3.
5. Freud, Sigmund (1921). Psicología de las masas y
3. Jean Laplanche & Jean-Bertrand Pontalis, bajo la análisis del yo. Obras completas, Vol. XVIII.
dirección de Daniel Lagache. Diccionario de Amorrortu. p. 87. ISBN 950-518-594-4. «Por su origen,
psicoanálisis. Barcelona: Paidós. p. 210. ISBN 978-84- su operación y su vínculo con la vida sexual, el Eros
493-0256-5. «Energía postulada por Freud como del filósofo Platón se corresponde totalmente con la
substrato de las transformaciones de la pulsión fuerza amorosa (Liebeskraft), la libido del
psicoanálisis... y cuando el apóstol Pablo, en su v=onepage&q&f=false). Cengage Learning Editores.
famosa epístola a los Corintios, apreciaba el amor ISBN 9789706861122. Consultado el 12 de enero de
por sobre todo lo demás, lo entendía sin duda en ese 2012.
mismo sentido "ampliado".» 11. Gregg M. Furth (1992, 2005). El secreto mundo de
6. Freud, 2013, pp. 148-149. los dibujos. Barcelona: Luciérnaga. p. 31.
7. Freud, 2013, p. 149. ISBN 9788487232329.

8. C. G. Jung. O.C. 4. Freud y el psicoanálisis. Madrid: 12. Ibíd.


Trotta. pp. 233, § 568. ISBN 978-84-8164-395-4. «Desde 13. Murray Stein (2004). El mapa del alma según Jung.
un punto de vista más amplio puede entenderse la Barcelona: Luciérnaga. p. 103. ISBN 9788489957640.
libido como energía vital en general o como el élan 14. Ibíd. 112.
vital de Bergson.»
15. Ibíd. 117-118.
9. C. G. Jung. «1. Sobre la energética del alma
16. Real Academia Española (1ª edición, 2005). «Lema:
(1928)». O.C. 8. La dinámica de lo inconsciente.
Libido» (http://lema.rae.es/dpd/?key=libido).
Madrid: Trotta. ISBN 978-84-8164-587-3.
Diccionario panhispánico de dudas. Consultado el 28
10. Duane P. Schultz, Sydney Ellen Schultz (2002). de noviembre de 2010.
Teorías de la personalidad (http://books.google.es/bo
oks?id=-6d7sRVMF0cC&lpg=PP1&hl=es&pg=PA95#

Bibliografía
Freud, Sigmund (2013). «Esquema del psicoanálisis». Obras completas (José Luis Etcheverry, trad.). XXIII -
Moisés y la religión monoteísta, Esquema del psicoanálisis y otras obras (1937-1939). Buenos Aires: Amorrortu
Editores. pp. 133-209. ISBN 978-950-518-599-3.

Enlaces externos
Wikcionario tiene definiciones y otra información sobre libido.

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