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Diagrama sobre el cerebro masculino

Los científicos consideran que “las áreas cerebrales como el CCA, la UTP y la ZCR
son los «centros» de la activación cerebral, que envían señales eléctricas a las restantes
áreas del cerebro, provocando que ocurran o no determinadas conductas” (Brizendine,
2010).

1. Área preóptica medial (APM): ésta es el área del impulso sexual, que se localiza
en el hipotálamo y es 2,5 veces mayor en el varón. Los hombres la necesitan para iniciar
una erección.

2. Unión témporo-parietal (UTP): este centro cerebral de la «empatía cognitiva» es


un buscador de soluciones que aúna los recursos del cerebro con el fin de resolver
problemas inquietantes, tomando en consideración la perspectiva de las demás personas
implicadas. Durante la interacción emocional interpersonal, esta zona está más activa en
el cerebro del varón, se estimula más rápidamente y se apresura a buscar una solución
rápida y práctica.

3. Núcleo premamilar dorsal (NPD): es el área de defensa del territorio. Se halla en


la zona más profunda del hipotálamo y contiene todos los circuitos del afán de
superioridad, la defensa territorial, el miedo y la agresividad, rasgos instintivos en el
varón. Es un área más amplia en el hombre que en la mujer y contiene circuitos
especiales para detectar desafíos territoriales de otros hombres, lo que le confiere una
mayor sensibilidad ante potenciales amenazas territoriales.

4. Amígdala: es el sistema de alarma de la amenaza, el miedo y el peligro. Dirige los


impulsos emocionales. La testosterona, la vasopresina y el cortisol la estimulan,
mientras que la oxitocina la calma. Esta área es mayor en los hombres que en las
mujeres.

5. Zona cingulada rostral (ZCR): es el barómetro del cerebro para registrar la


aprobación o desaprobación social. Esta área de «soy o no aceptado» impide que los
humanos cometan el error social más importante: ser demasiado distintos de los demás.
La ZCR es el centro cerebral de procesamiento de los errores sociales. Nos alerta
cuando no damos en el blanco en el marco de las relaciones o el mundo laboral. En la
pubertad esta zona tal vez ayuda a los varones a anular las respuestas faciales con el fin
de ocultar sus emociones.

6. Área tegmental ventral (ATV): es el centro de motivación, un área profunda del


centro del cerebro donde se fabrica la dopamina, un neurotransmisor necesario para
iniciar el movimiento, la motivación y la recompensa. Es una zona más activa en el
cerebro masculino.

7. Área gris periacueductal (GPA): la GPA, que forma parte del circuito cerebral
del dolor, contribuye a controlar el dolor y el placer involuntarios. Durante la relación
sexual, es el centro del gemido, el placer intenso y la inhibición del dolor. Está más
activo durante las relaciones sexuales en el cerebro masculino.
8. Sistema neuronal especular (SNE): es el sistema empático emocional del «siento
lo mismo que sientes tú». Sincroniza con las emociones de los demás mediante la
lectura de las expresiones faciales y la interpretación del tono de voz y otras pistas
emocionales no verbales. Es más amplio y está más activo en el cerebro femenino.

9. Córtex cingulado anterior (CCA): es el área «doña angustias» del miedo al


castigo y el centro de la inquietud por el rendimiento sexual. Es más pequeña en los
hombres que en las mujeres. Sopesa diversas opciones, detecta conflictos, motiva
decisiones. La testosterona disminuye las preocupaciones por el castigo. El CCA es
también el área de la cohibición.

10. Córtex prefrontal (CPF): El CPF, una suerte de director ejecutivo del cerebro,
se centra en el asunto que le ocupa, con el fin de sopesarlo a conciencia. Esta zona del
«presta total atención a esto ahora» también opera como sistema de inhibición que
refrena los impulsos. Es mayor en las mujeres que en los hombres, y en ellas madura
uno o dos años antes.

Las hormonas pueden determinar los intereses del cerebro. Su finalidad es contribuir
a dirigir las conductas sociales, sexuales, de apareamiento, parentales, protectoras y
agresivas. Pueden propiciar la brusquedad, la competitividad en el deporte o la
asistencia a encuentros deportivos, la resolución de problemas, la interpretación de
expresiones faciales y emociones ajenas etc.

Desde el crecimiento fetal hay el desarrollo cerebral desde 8 semanas después de la


concepción, la testosterona masculiniza y luego colabora con la hormona SIM para
desfeminizar el cerebro masculino. Los cambios del cerebro son el desarrollo y
masculinización de los circuitos del impulso sexual, la conducta exploratoria y los
movimientos musculares bruscos.

En la infancia continua producción de SIM; bajos niveles de testosterona durante esta


«pausa juvenil». Se desarrollan más circuitos cerebrales de conducta exploratoria,
movimientos musculares bruscos; siguen desarrollándose los circuitos de la actividad
sexual masculina.

En la pubertad los niveles de testosterona se multiplican por veinte; asimismo se


incrementa la vasopresina; bajos niveles de SIM. Los circuitos de la atracción sexual
visual se centran en las figuras femeninas; percibe las caras masculinas como hostiles;
cambia la percepción olfativa de las feromonas; cambia la percepción auditiva; cambian
los ciclos de sueño.

La madurez del hombre la testosterona sigue siendo alta, activa los circuitos del
apareamiento, el sexo, la protección, la jerarquía y el territorio. Cambian los circuitos
visuales para detectar mujeres fértiles y varones potencialmente agresivos.

Cuando se produce la paternidad que va desde el embarazo de la madre y después del


nacimiento del bebé, sube la prolactina y desciende la testosterona. Los circuitos del
impulso sexual se atenúan debido a los menores niveles de testosterona; los circuitos
auditivos se agudizan para oír el llanto de los bebés; se desarrolla la sincronía padre-
bebé.

En la andropausia se da el descenso gradual de la testosterona; hacia los 85, el nivel


de testosterona es menos de la mitad del que se tiene a los 20. Los circuitos cerebrales
activados habitualmente por la testosterona y la vasopresina entran en decadencia; la
ratio de estrógenos/testosterona se incrementa; mayores niveles de oxitocina.

Diferencias cerebro-mente de hombre y mujer

Dentro de los universales cognitivos, lingüísticos y emocionales que comparten todos


los miembros de la especie humana, mujeres y hombres tienden a presentar diferencias
en la organización funcional del cerebro, y por tanto en sus capacidades mentales.

Frente a los planteamientos tradicionales que consideran la mente como una


capacidad o competencia de carácter general, la investigación disponible en diversas
ciencias cognitivas corrobora la teoría modular de la mente (15,19). La concepción
modular caracteriza la mente como un conjunto de subsistemas o módulos
especializados en procesar información, memorias diversas, inteligencias múltiples, etc.
Cada módulo es específico y especializado en un tipo de proceso o actividad. Así serían
diferentes los módulos o sistemas responsables del lenguaje, la fabricación de
herramientas, la orientación en el espacio, la interacción con otra persona en las
relaciones sociales, el autocontrol personal.

Como tendencia general, las mujeres superan a los hombres en las pruebas de
velocidad perceptiva, cuando hay que identificar rápidamente objetos concordantes.
También en pruebas de fluidez en la ideación, por ejemplo enumerar objetos que sean
del mismo color; y en pruebas de fluidez verbal, en las que se han de encontrar palabras
que empiecen con la misma letra. Se comportan con más éxito en tareas manuales de
precisión, que requieren una coordinación motriz fina. Realizan mejor que los hombres
las pruebas de cálculo matemático.

Los hombres superan a las mujeres en determinadas tareas espaciales, como en las
tareas que implican hacer girar mentalmente un objeto. Muestran mayor precisión que
las mujeres en habilidades motoras dirigidas a un blanco, como lanzar o interceptar
proyectiles. Realizan mejor las pruebas de identificación de figuras en marcos
complejos, por ejemplo encontrar una determinada figura u objeto escondida en una
figura más compleja. También superan a las mujeres en pruebas de razonamiento
matemático (23, 24, 25, 26).

Las diferencias en las capacidades mentales por razón de sexo no sólo aparecen
después de la adolescencia. Ya están presentes desde edades tempranas como han
mostrado diferentes estudios transversales y longitudinales desde los primeros años de
vida (24, 27, 28).

Además de los estudios de carácter más psicométrico que se han venido realizando
tradicionalmente en el marco de la psicología diferencial y evolutiva sobre diferencias
en capacidades mentales ligadas a sexo. Se han realizado estudios sobre la influencia de
las hormonas sexuales en la conformación del cerebro. Las hormonas sexuales no sólo
transforman los genitales, también condicionan los comportamientos, al modificar la
estructura neural del cerebro (12, 13, 14).

Los efectos de la exposición a las hormonas sexuales son distintos según el momento
de la vida en que se producen. Cuando la edad es más temprana, periodo uterino, los
efectos son más duraderos, al modificar la organización cerebral de forma más
permanente.

Los estudios con roedores han sido especialmente reveladores. A diferencia de los
seres humanos, en las ratas la diferenciación sexual cerebral no se produce en el periodo
fetal, sino inmediatamente después del nacimiento. Por ello los experimentos son más
fáciles de realizar. Cuando a un ratón con genitales masculinos se le priva al nacer de
andrógenos, mediante castración o bloqueo de la función hormonal, se debilita su
comportamiento sexual masculino como la copulación con hembras, y en cambio se
refuerzan comportamientos femeninos como arqueado del dorso. Paralelamente, si a una
hembra, al nacer, se le administra andrógenos mostrará en la edad adulta más
comportamientos de tipo masculino, su cerebro será de tipo masculino. La rata tiene
cuerpo de hembra y cerebro de macho.

Los efectos de la temprana exposición a las hormonas sexuales no se limitan al


comportamiento sexual o reproductor, también se expresan en otros comportamientos
diferenciales entre machos y hembras, como orientación espacial y reconocimiento de
pautas, juegos, etc. Estos comportamientos diferenciales se han observado en distintas
especies de mamíferos y también en el ser humano.

Niñas que fueron expuestas en etapa prenatal a dosis altas de andrógenos


evidenciaron en su desarrollo tales diferencias en la línea que venimos señalando
respecto a orientación espacial, resolución de problemas espaciales, reconocimiento de
patrones, velocidad perceptiva, razonamiento matemático, fluidez verbal.

Otra vía para estudiar las diferencias entre cerebro masculino y femenino es a partir
de las funciones mentales alteradas como consecuencia de lesiones cerebrales acotadas.
En primer lugar respecto a la misma asimetría y lateralización cerebral. Diferentes
estudios han constatado menor asimetría en mujeres que en hombres, lo que explicaría
el hecho de que las lesiones cerebrales en mujeres suelen tener menos secuelas, por la
capacidad de otras áreas neurales para hacerse cargo de funciones lesionadas.

Algunos estudios han mostrado diferencias en la conformación del cuerpo calloso en


hombres y mujeres. Estas tendrían mayor cantidad de fibras y conexiones. Otros
estudios no han evidenciado tal dato, pero sí formas diferenciales de organización
funcional (1, 2, 24, 26).
En el comportamiento emocional, los hombres tienen mayor tendencia a expresar su
estado emocional mediante conductas agresivas; mientras que las mujeres prefieren la
mediación simbólica, la verbalización y la expresión oral (24, 28).

Las diferencias sexuales anatómicas y la forma en que trabaja el cerebro

Se encuentra que los niveles de acetilcolina, el neurotransmisor que regula la


comunicación entre neuronas y músculos, son mayores en mujeres que en hombres; sin
embargo, los hombres son más sensibles a las acciones de este neurotransmisor que las
mujeres. Por otro lado, se han encontrado diferencias entre sexos en el tipo de
neurotransmisor que es afectado por eventos tales como el estrés crónico, que en los
individuos del sexo masculino aumenta la actividad de las neuronas dopaminérgicas,
mientras que en los del sexo femenino aumenta la actividad de las neuronas
noradrenérgicas.

Estas diferencias neuroquímicas parecen tener un impacto en la incidencia de


enfermedades neurológicas y psiquiátricas en cada uno de los sexos. La susceptibilidad
a padecer desórdenes neuropsiquiátricos específicos, como la depresión, la anorexia, el
mal de Parkinson, la esquizofrenia y la enfermedad de Alzheimer, es muy distinta en
hombres que en mujeres.

Finalmente, las diferencias entre los cerebros de hombres y mujeres producen claras
diferencias conductuales; una de las más evidentes es la orientación sexual. No obstante,
tanto hombres como mujeres tienen la capacidad de generar conductas consideradas
típicamente masculinas o femeninas, aunque con distintos niveles de activación. Esto se
debe a que ambos sexos comparten los circuitos cerebrales necesarios para generarlas, y
a que un grupo de factores limitado es el que determina si el circuito es activado o
reprimido.

La evidencia que sustenta la existencia de diferencias cerebrales entre hombres y


mujeres obliga a la realización de estudios clínicos en individuos de ambos sexos y hace
evidente la necesidad de generar tratamientos específicos para cada sexo,
particularmente para los fármacos que afectan la función cerebral y la conducta, es
decir, los psicofármacos.