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EL MOVIMIENTO LITÚRGICO1

De Dom Guéranger a Anibal Bugnini, o el Caballo de Troya en la Ciudad de Dios.

R.P Didier Bonneterre

Título del original francés: “LE MOUVEMENT LITURGIQUE. De dom Guéranger a


Annibal Bugnini ou le Cheval de Troie dans le Cité de Dieu” Éditions “Fideliter",
Escurolles, 1980. Traducción al castellano: CORA B. DE ZALDIVAR. Revisión:
GUSTAVO DANIEL CORBI. Editorial ICTION, Buenos Aires, 1982.

INDICE

PREFACIO .............................................................................................................. 3
PRÓLOGO .............................................................................................................. 4
INTRODUCCIÓN ................................................................................................... 6
CAPITULO I - DESDE LOS ORÍGENES HASTA ALREDEDOR DE 1920 ........... 9
CAPÍTULO II - ENTRE LAS DOS GUERRAS .....................................................20
CAPÍTULO III - LA GUERRA 1939-1945 ............................................................ 31
CAPÍTULO IV - LA POSGUERRA ....................................................................... 41
CAPÍTULO V - LOS AÑOS 1950-1960 ................................................................. 53
CAPITULO VI - LAS REFORMAS LITÚRGICAS ................................................ 66
CAPÍTULO VII - LA BATALLA FINAL ................................................................ 77
CONCLUSION GENERAL ...................................................................................86
ORACIÓN A SAN PÍO X ..................................................................................... 88
EPÍLOGO - TAIZÉ Y EL NUEVO ORDO MISSAE ..............................................89
I. UN DEBATE EN LA PRENSA: DOM BOTTE Y MONS. LEFEBVRE. .........89
II. UN DOCUMENTO REVELADOR: EL ORDO DE TAIZÉ EN 1959 .......... 101

1 La presente versión (abril 2018) fue editada porXQJUXSRGHILHOHVGH&XED, y es una corrección


GHODpublicada en 1982 por “Editorial ICTION” en Buenos Aires, Argentina.

1
“Creo que el culto divino tal como lo regulan la liturgia, el ceremonial, el ritual y
los preceptos de la Iglesia romana sufrirá próximamente, en un concilio
ecuménico, una transformación que, al mismo tiempo que le devolverá la
venerable simplicidad de la edad de oro apostólica, lo pondrá en armonía con el
nuevo estado de la conciencia y de la civilización moderna”.

ROCA (1830-1893), sacerdote apóstata y satanista, en “L‟abbé Gabriel”.

“Lo que quiere construir la Cristiandad no es una pagoda, es un culto universal


donde todos los cultos estarán englobados”.

Del mismo autor, en “Glorieux Centenaires”.

2
PREFACIO

Econe, 21 de noviembre de 1979.

Mucho se ha escrito sobre la Reforma litúrgica salida del Vaticano II, se la ha


analizado y a justo título se ha descubierto en ella una sorprendente semejanza
con la Reforma luterana y con la Reforma anglicana. Se han subrayado los
dolorosos resultados causados por la desacralización y la profanación. Nunca se
lo dirá demasiado.

Pero nadie que yo sepa había buscado los orígenes cercanos de esta Reforma
de una manera profundizada y detallada con documentos en su apoyo.

Será el mérito del abbé Didier BONNETERRE, director de nuestro seminario de


Albano, el haber puesto en evidencia el trabajo de zapa y destrucción de la
Liturgia Romana operado desde hace un siglo, con una perseverancia y una
habilidad consumadas para desembocar en la legalización de esta destrucción
por la Reforma conciliar y posconciliar.

¿Quién dudará después de la lectura de estas páginas que un espíritu diabólico


está obrando en el interior de la Iglesia desde hace muchísimos años, como ya
lo denunciaba San Pío X?

Gracias al conocimiento de estos hechos será más fácil emitir un inicio sobre
esta Reforma litúrgica que ha causado ya tantos estragos en el alma de
millones de católicos.

¡Que puedan estos documentos hacer comprender a las autoridades de la


Iglesia la urgencia de una contrarreforma como la realizada por el concilio de
Trento! confirmando la santa liturgia Romana de siempre.

Marcel Lefebvre

3
PRÓLOGO

La insistencia de muchos amigos nos decide a confiar a las Ediciones FIDELITER la


publicación, en un libro, de siete artículos aparecidos desde mayo de 1978 a mayo de
1979, en la revista “Fideliter”.

Hemos revisado y un poco completado esos artículos, que constituyen los siete
capítulos principales de este libro. Le hemos agregado un epílogo sobre la influencia de
los medios protestantes en la reforma litúrgica, que contiene un documento muy poco
conocido y todavía nunca explotado: el rito de la Eucaristía de Taizé en 1959. Los
retratos fotográficos de los principales personajes puestos en escena en nuestro
estudio no solamente tienen como objetivo adornar esta obra, sino que también
quieren ayudar a nuestro lector a comprender mejor a esas personas, porque creemos,
con Barbey d‟Aurévilly, que “el rostro es el alma dada vuelta”.2

Nuestro estudio no es exhaustivo, no tiene otra pretensión que ser el esbozo de una
investigación sobre las causas de la “autodemolición de la Iglesia”, que denunciara el
papa Pablo VI.

Tal vez nuestro diagnóstico podrá parecer severo a algunos, a aquellos sobre todo que
han cooperado, en su juventud sacerdotal, en el “Movimiento litúrgico”. Casi todos,
hoy en día, se dan cuenta que se ha abusado de su generosidad. Si algunos no están
de acuerdo con nuestras conclusiones, que nos lo digan, y nos señalen nuestros
errores.

Quisiéramos también poner en guardia a nuestros lectores contra una cierta moda
intelectual que se propaga como una peste en nuestros medios reputados como
“tradicionalistas”: el espíritu de emulación en la más extrema de las opiniones que
hace buscar, a cualquier precio, la posición más “dura”, como si la verdad de una
proposición admitiera el ser influenciada por un prejuicio voluntarista de anti-cualquier-
cosa-que-sea.

Que nuestro lector rehúya también el espíritu de simplificación que hace poco caso de
todas las distinciones necesarias para un razonamiento justo.

Para indicar finalmente la orientación de nuestros trabajos, compartimos totalmente el


mensaje que el abbé DULAC dirige a quien quiere escucharlo, al final de su notable
obra sobre “La colegialidad episcopal en el Concilio Vaticano segundo”.3

“Dirijo las últimas líneas de esta obra —escribe el abbé Dulac— a mis
condiscípulos, a nuestros amigos, cercanos o lejanos. Ellos sufren, nosotros
sufrimos de las humillaciones padecidas por la Iglesia nuestra madre, en el
curso de ese Concilio desnaturalizado, y después. ¡Pero sufrimos dentro de la
Iglesia! No pensemos que nos corresponde a nosotros, y a distancia, el curarla

2 El autor se refiere a una serie de fotografías que ilustran la edición original francesa de este
libro.
3 “La collegialité épiscopale au deuxiéme Concile du Vatican” por el abbé Raymond Dulac. Ed.

du Cédre, París, 1979, pp. 159-160.

4
de sus heridas. Recordemos el consejo verdaderamente católico dado por
Dionisio de Alejandría al cismático Novaciano: „Si, como lo pretendes, es contra
tu voluntad [que estás separado de la Iglesia] pruébanoslo volviendo a ella, por
tu voluntad‟ ”

“Y este otro consejo, de nuestro Yves de Chartres, del que nos atrevemos a
adaptar su sentido a nuestro objetivo: „Si sucede que algunos se quejan de
haber sido excesivamente agobiados por la autoridad de la propia Iglesia,
entonces que sea de Ella a Ella que vayan a buscar refugio; que pidan el alivio
allí mismo donde han experimentado el agobio: inde levanten... unde
gravamen”.

"¿Queremos, amigos, violentamente, conservar la fe de siempre‟? Que sea


también la fe SALUDABLE. Creamos, pero „como es debido‟: sicut oportet.4 Esta
fe no es una simple exactitud. Ella por cierto no es nada, si no es conforme, en
su objeto y en sus motivos, a la Revelación del Verbo de Dios hecho hombre.
Pero no es nada, tampoco, si no es profesada en la Iglesia, in medio Ecclesiae:
en ese medio biológico en el que fuimos sumergidos el día de nuestro
bautismo, la fe vitalizando el agua y el agua santificando la fe, convertida en la
pura luz que une el alma del fiel a la Luz de gloria del Señor, vivo en su
Iglesia".

"La Iglesia de África conoció, en tiempos de San Agustín, una „crisis‟ que se
parece a la nuestra. Recordemos las palabras que el obispo de Hipona dirigió,
un día, a uno de los jefes de la secta donatista, Emérito, presente en la
asistencia. „Fuera de la Iglesia, Emérito puede poseerlo todo, menos la
salvación. Ruede tener la dignidad [del episcopado], puede tener el
Sacramento, puede cantar el Aleluya, puede responder Amén, poseer el
Evangelio, tener y predicar la fe; pero en ninguna parte, si no es en la Iglesia,
podrá encontrar la salvación‟

"¡LA IGLESIA PRIMERO!”

"Es Ella, únicamente Ella, la Catholica, visible en su jefe visible, el obispo de


Roma, incluso un día desfalleciente, únicamente Ella la que sabrá separar el
trigo puro de la paja de todos los aggiornamenti”.

Es para ayudar a ese discernimiento del trigo y de la paja que hemos escrito este libro,
IN CARITATE NON FICTA.

4 Expresión consagrada que se encuentra, como una fórmula definida, en el Concilio de Orange
(año 529): c.6. Cfr. Dz. Sch. 376. Su uso es frecuente en la teología de la Edad Media.

5
INTRODUCCIÓN

El Movimiento litúrgico de Dom Guéranger a Aníbal Bugnini o el


“Caballo de Troya en la Ciudad de Dios”

La relación que sugiere semejante título quizás parecerá a nuestro lector un


poco osada. Pero no somos nosotros quienes vemos un lazo de parentesco
entre el autor de las “Instituciones Litúrgicas” y “el sepulturero de la Misa”, son
las propias autoridades romanas.

PABLO VI escribía, en efecto, al abad de Solesmes el 20 de enero de 1975:

“Compruebo la solidez y la irradiación de la obra de Dom Guéranger, en


quien el „Movimiento litúrgico‟ contemporáneo saluda a su precursor”.

Ya el “Proemium de la Institutio Generalis” del nuevo misal pretendía que las


reformas contemporáneas eran la continuación de la obra de San Pío X:

“Vaticano II” —declara el final del Proemium— "ha conducido a su


término los esfuerzos que apuntan a acercar los fieles a la liturgia,
esfuerzos emprendidos durante estos cuatro siglos y sobre todo en una
época reciente, gracias al celo litúrgico desplegado por San Pío X y sus
sucesores”.5

Así pues, y podríamos multiplicar los testimonios hasta el infinito, los “liturgos”
más avanzados y la propia “Iglesia conciliar” pretenden que existe una
continuidad, incluso un “desarrollo homogéneo”, en el “Movimiento litúrgico",
entre Dom Guéranger, incluso San Pio X, y Aníbal Bugnini.

¡Ahí está la impostura, ahí está lo que no podríamos admitir! Es por esto que
nos esforzaremos en mostrar en qué esté movimiento se ha desviado. Por
cierto, históricamente, Dom Guéranger y San Pío X están sí en el origen del
“Movimiento litúrgico”, pero es falso y pernicioso pretender que ese
“Movimiento”, al menos en sus formas contemporáneas, sea el heredero de su
pensamiento, peor todavía, que sea la continuación de su obra. Para demostrar
esta tesis, tendremos que estudiar la historia del “Movimiento litúrgico”,
reconocer sus magníficas realizaciones, pero también comprobar, ante la
evidencia de los hechos, las precoces desviaciones de esta grandiosa empresa
que hubiera podido aportar tanto a la Iglesia.

El señor VAQUIÉ, en su notable obra sobre “La revolución litúrgica”6, hacía


votos por un estudio sobre este asunto:

5 Documentation Catholique, 1970, p. 568


6 J. Vaquié, “La révolution liturgique”, D.P.F., 1971 ; p. 79

6
“Es de esperar que este período preconciliar será objeto de un estudio.
Ya se verá en él a los progresistas trabajando, poniendo a punto sus
argumentos y poniendo en su lugar a su personal para el ataque
decisivo”.

¡Pueda este estudio responder a ese llamamiento! ¡pueda él aclarar algunos


puntos hasta ahora oscuros! ¡pueda, sobre todo, hacer comprender que la
revolución litúrgica contemporánea no es el fruto de una generación
espontánea, sino que es, por el contrario, el resultado de un largo y paciente
trabajo de zapa!

Ya el ABBÉ DE NANTES abordaba este asunto en un artículo titulado “¿De


dónde viene esta reforma?”.7 Pero la conclusión de la investigación del abbé de
Nantes difiere enormemente de la nuestra. Para él, en efecto, el “Movimiento
litúrgico” era una cosa excelente sobre la cual no debe hacerse ninguna
reserva; ese movimiento debía desembocar en una buena y santa reforma
litúrgica y, si la reforma se ha desviado, es por culpa de Pablo VI, único
responsable de esta desviación. Para nosotros, al contrario, el “Movimiento
litúrgico”, obra por cierto magnífica en sus orígenes, conoció muy pronto graves
desviaciones, y, por un proceso común a toda revolución, es decir, por una
“superación permanente”, ese “Movimiento” llegó, mucho antes del Vaticano II,
a renegar totalmente de sus orígenes, y a predicar un reformismo que no podía
desembocar sino en la nueva misa. Para nosotros, Pablo VI, y no buscamos con
esto declararlo inocente, no es el responsable de la desviación de una reforma
que hubiera debido ser buena. Para nosotros, no es, en cierta forma, sino el
“escenógrafo” de un “guión” del que no es el principal autor. Desde antes del
Vaticano II, el nuevo Ordo Missae ya estaba concebido, fruto envenenado de
las desviaciones del “Movimiento litúrgico”.

Lejos de ser negativo, semejante estudio permitirá discernir lo que hay que
rechazar y lo que hay que conservar preciosamente en el “Movimiento
litúrgico”. Importa, en efecto, por sobre todo, que nosotros que trabajamos en
el mantenimiento de la liturgia católica seamos los herederos y los
continuadores de la obra de Dom Guéranger y de Pío X. Hacemos nuestra la
voluntad de San Pío X:

“Siendo nuestro más vivo deseo que el verdadero espíritu cristiano


reflorezca en todas formas y se mantenga en todos los fieles, es
necesario ante todo, proveer a la santidad y a la dignidad del templo
donde los fieles se reúnen precisamente para encontrar allí ese espíritu

7 C.R.C. nº 101, enero de 1976. El abbé de Nantes saca su documentación de la obra muy
contemporizadora de Dom Bernard Botte O.S.B.: “Le Mouvement Liturgique, Témoignage et
Souvenirs”, Desclée, 1973.

7
en su fuente primigenia e indispensable, a saber: la participación activa
en los sacrosantos Misterios y en la oración pública y solemne de la
Iglesia”.8

8 “Tra la sollecitudini”, del 22 de noviembre de 1903. Ed. Solesmes Liturg. I, nº. 220

8
CAPITULO I - DESDE LOS ORÍGENES HASTA ALREDEDOR DE 1920

Definiremos el “Movimiento litúrgico”, con Dom O. ROUSSEAU, como

“el renuevo de fervor del clero y de los fieles por la liturgia”. 9

Este renuevo tiene como principal autor a un monje benedictino justamente


célebre: DOM GUÉRANGER.

En el siglo XVIII, la liturgia había dejado de ser una fuerza vital del catolicismo.
La liturgia, tan admirablemente restaurada por San Pío V,10 había sufrido los
asaltos repetidos del jansenismo y del quietismo. Los discípulos de Jansenio
habían apartado a los fieles de la práctica de los sacramentos. El quietismo, que
pretendía llegar a Dios directamente, había desviado a las almas de la liturgia,
intermediaria querida por la Iglesia entre Dios y nosotros. Es la época en que el
galicanismo triunfante componía sus liturgias diocesanas en las que el único
punto de encuentro era el carácter antirromano. En Alemania, Febronio, auxiliar
de Tréveris, divulgaba estas ideas; en Italia, era el trabajo de Ricci, obispo de
Pistoya, condenado con su sínodo por Pío VI en la bula “Auctorem Fidei” del 28
de agosto de 1794.11

Toda Europa se hundía pues en “la herejía antilitúrgica”, cuando estalló la


revolución en Francia. El culto católico fue prohibido, y remplazado por el de la
diosa Razón. El concordato de 1801 devolvió la esperanza... ¡pero cuántas
pruebas para la liturgia! Al pueblo ya no le gustaba; el clero mismo no amaba
esas ceremonias que verdaderamente ya no comprendía... tanto más por
cuanto la restauración del culto había restablecido la multiplicidad de las
liturgias galicanas.

Pero la esperanza de una verdadera restauración seguía siendo posible. Ya


Chateaubriand con sus obras: “Le génie du Christianisme” y “Les Martyrs”,
había revelado a los franceses de entonces las maravillas de la liturgia de la
Edad Media. Una nueva juventud era invitada a inclinarse sobre los manuscritos
de la Antigüedad, para descubrir en ellos ceremonias de las que la liturgia tan
fragmentada de la época no podía dar una idea exacta. Entre esas cabezas
estudiosas, hay una que sobresale, es la de Prosper-Louis-Pascal GUÉRANGER
(1805-1875)12. No cabe aquí describir la vida del fundador de la Congregación
Benedictina de Francia; nos atendremos solamente a destacar los grandes
lineamientos de su inmensa actividad litúrgica, dejando voluntariamente de lado
su obra teológica y su restauración del canto gregoriano.

9 “L´Eglise en priére”, obra colectia. A.G. Martimort, 1961, p. 51


10 P. TILLOY : “Saint Pie V, un pape pour notre temps”. Forts dans la foi, 1974.
11 “Auctorem Fidei” D. 1501
12 Dom Guéranger, abbé de Solesmes por un monje benedictino. Dos tomos, Plon-Mame, 1910

9
En sus “Considérations sur la liturgie catholique”, publicadas en el “Memorial”
de 1830, el futuro fundador de Solesmes precisaba la doble orientación de su
trabajo litúrgico.

Primeramente, restablecer en el clero el conocimiento y el amor a la liturgia


romana. Con este fin publicará, a partir de 1840, “Les Institutions liturgiques”
13
, que contienen un ataque cerrado contra las liturgias neogalicanas y una
maravillosa manifestación de la antigüedad y de las bellezas de la liturgia
romana.

Por otra parte, Dom Guéranger se dedicará a asociar a los fieles con la
jerarquía mientras ésta celebra el Sacrificio, administra los sacramentos y
celebra el Oficio. Para esto, publicará, a partir de 1841, una traducción
comentada de los textos litúrgicos distribuidos en el curso del año litúrgico: es
su célebre Año litúrgico.

“El año litúrgico de Dom Guéranger —escribe Dom FESTUGIÉRE— es


simplemente una maravilla para revelar a todas las clases de almas,
cualquiera sea el grado de su instrucción, las riquezas espirituales que
contiene la liturgia. Esta facultad de adaptación de una misma obra
constituye un hecho muy notable. La Imitación de Jesucristo está lejos
de poseerla en el mismo grado. ¿La explicación? Pero es el
temperamento de la propia liturgia que el abad, de Solesmes había
penetrado completamente. El Año litúrgico participa de algo que no ha
salido de la mano de los hombres”.14

Mientras tanto, Dom Guéranger había fundado Solesmes y su Congregación que


podrían continuar su obra. Obra coronada de éxito, puesto que, antes de morir
en 1875, tuvo el consuelo de comprobar que todas las diócesis francesas
habían vuelto al rito romano, y que la piedad litúrgica reflorecía ya entre el
clero y los fieles.

Para Dom Guéranger la liturgia es, antes que nada, Confesión, Plegaria y
Alabanza, mucho más que enseñanza.15

“Dom Guéranger —escribe Dom FROGER— redescubrió pues la liturgia.


Discernió sin vacilar lo que es su esencia: culto público por el cual la
Iglesia, bajo la moción del Espíritu Santo que la anima y reza en ella con
„gemidos inenarrables', canta a Dios su fe, su esperanza y su caridad.

13 Institutions liturgiques, 3 vol. Fleuriot, La Mans, 1840.


- 2da ed en 4 vol. De 1880
- Extractis, por J. Vaquié, D.P.F., 1977
14 Dom FESTUGIÉRE, O.S.B.: La liturgie catholique. Essai de synthése, Maredsous, 1913.
15 Institutions liturgiques de Dom Guéranger, tomo I, cap. I.

10
“Sin desconocer ni en mínima parte el valor formativo y educador de esta
oración para los fieles que la ejercitan, Dom Guéranger consideraba con
toda justicia que la liturgia, siendo sacrificio espiritual, tiene por fin
supremo la alabanza, y que canta la gloria de Dios de manera
desinteresada y en el olvido de sí. Ante todo, expresión de sentimientos
de fe, de confianza, de amor, de alegría, de esperanza, etc., la liturgia no
puede sino recurrir al canto, a la música, a la poesía, como al único
lenguaje que es capaz de traducir sus transportes y su „sobria
embriaguez‟. Así pues la liturgia es lírica mucho más que didáctica”.16

La liturgia, para el abad de Solesmes, es esencialmente teocéntrica. Dom


DELATTE podía escribir:

“También la obra de santificación y de educación sobrenatural que


realiza en el curso del tiempo en las almas que se confían en sus manos,
se relaciona como en su término a la obra de glorificación y de adoración
que ella cumple con Dios. Las almas se santifican para entrar más
profundamente en las condiciones de ese espíritu y de esa verdad en
que deben adorar a Dios; las almas se elevan para que el culto que
rinden a Dios sea menos indigno de Él; su educación sobrenatural
prosigue en el tiempo para que puedan sin fin glorificar y alabar a Dios
durante la eternidad. Es en Dios como término y en su gloria, donde
desemboca finalmente todo el orden de las cosas”.17

En la misma época, en Mesnil-Saint-Loup, el padre EMMANUEL trabajaba en la


restauración de la vida litúrgica en su parroquia:

“Ahí, en ese marco exiguo donde trascurrió toda su vida —escribe Dom
Bernard MARÉCHAUX— ensambló tan bien juntas la enseñanza de la fe y
la de la liturgia, que los vecinos de la región no creerían ser verdaderos
cristianos, si no buscaran comprender los textos litúrgicos para rezar
mejor y para honrar a Dios con una alabanza más perfecta... Este
fenómeno de vida cristiana y litúrgica dura desde hace más de cincuenta
años, sin debilitarse. No es un fuego de paja. Demuestra estos dos
puntos de grandísima importancia: que los simples fieles, por la gracia de
su bautismo, son aptos para gozar de la oración litúrgica; y que hacerles
querer en espíritu de fe esa oración, es el medio más eficaz, si no el
único medio de impedir la deserción de las iglesias. El padre Emmanuel,
que puso en evidencia estas verdades, que resolvió prácticamente un

16 Dom J. FROGER, de Solesmes: L´encyclique Mediator Dei et la liturgie, en “La Penseé


Catholique”, nº 7, 1948.
17 Dom Guéranger par un moine… I, p. 260.

11
problema de tan palpitante interés ¿no merece acaso que su nombre
figure al lado del de Dom Guéranger?” 18

Por nuestra parte, no vacilamos en dar al humilde monje un lugar no lejos del
célebre abad. El padre Emmanuel fue, en efecto, el primero en poner en
práctica los principios de Dom Guéranger; y verdaderamente merecen los dos
ser mirados como los dos “coprincipios” del “Movimiento litúrgico”, es decir, del
renuevo de fervor del clero y de los fieles por la liturgia.

Nacido de padres benedictinos, el “Movimiento litúrgico” verá durante mucho


tiempo su historia ligada a la de la Orden de San Benito. El “Movimiento” nacido
con la Congregación de Francia iba a desarrollarse con ella, y a extenderse
rápidamente más allá de las fronteras francesas.

Mientras que Dom Mocquereau (+ 1930), Dom Pothier (+ 1923) y Dom Cagin
(+ 1923) continuaban en la casa matriz la obra del fundador, Solesmes lanzaba
sus primeras fundaciones. Primero fue Beuron en 1863, y ésta fundó después
Maredsous en 1872 y luego Mont-César en 1899, mientras que Dom Guépin
partía para España en 1880 a restaurar Silos.

En Francia, la expulsión de los religiosos iba, por un tiempo, a desplazar el


centro de gravedad del “Movimiento litúrgico”. El Centro ya no sería Francia,
sino Bélgica. Ya en 1882 Dom Gérard van Caloen, monje de Maredsous, y
futuro obispo de Focea, publica "El Misal de los fieles” en latín y en francés,
seguido más tarde del "Pequeño Misal de los fieles”, que logran un gran éxito.
En 1884, funda el “Messager des fidéles” [“Mensajero de los fieles”], que se
trasforma en 1890 en la sabia “Revue bénédictine” [“Revista benedictina”]. En
1889, en el Congreso eucarístico de Lieja, presenta una atrevida tesis para la
época: la comunión de los fieles durante la misa. En 1898, se funda una
segunda revista en la misma abadía de Maredsous, “Le Messager de Saint
Benoit” [“El Mensajero de San Benito”], que, en 1911, se ocupa más
especialmente de liturgia bajo el título de “Revue liturgique et monastique”
[“Revista litúrgica y monástica”].

Pero antes de continuar nuestro estudio del “Movimiento litúrgico” belga,


tenemos que mirar hacia Roma, donde, en 1903, acaba de subir a la sede de
Pedro aquél que iba a dar al “Movimiento” un impulso definitivo, San Pío X.
Dotado de una inmensa experiencia pastoral, este santo papa sufrió
terriblemente por la decadencia de la vida litúrgica. Pero sabe que una corriente
de renovación está desenvolviéndose, y está decidido a hacer cualquier cosa
para que brinde frutos. Es por ello que, desde el 22 de noviembre de 1903,

18Dom MARÉCHAUX: Dom Guéranger et le Pére Emmanuel, en “Nostre-Dame de la Sainte


Espérance”, octubre de 1910.

12
escribe su célebre Motu proprio “Tra le sollecitudini”, por el cual restaura el
canto litúrgico. En ese documento inserta la frase capital que va ahora a jugar
un papel determinante en la evolución del “Movimiento litúrgico”.

“Siendo nuestro más vivo deseo que el verdadero espíritu cristiano


reflorezca en todas formas y se mantenga en todos los fieles, es
necesario proveer, antes que nada, a la santidad y a la dignidad del
templo donde los fieles se reúnen precisamente para encontrar en él ese
espíritu en su fuente primigenia e indispensable, a saber: la participación
activa en los sacrosantos Misterios y en la oración pública y solemne de
la Iglesia”.

San Pío X no es un veleidoso, y realiza enérgicamente su programa de


renovación litúrgica. Citemos a título de información: la invitación a la comunión
frecuente y a la comunión de los niños, por los decretos “Sacra Tridentina” del
20 de diciembre de 1905, y “Quam singulari” del 8 de agosto de 1910; Carta
del 14 de junio de 1905 al cardenal Respighi, en la cual pide que el catecismo
sea completado con una introducción sobre las fiestas litúrgicas; la bula “Divino
aflatu” del 1º de noviembre de 1911, por la cual ese Papa de genio reforma el
breviario, “solución que restaura el oficio del tiempo —escribo monseñor
BATIFFOL— sin disminuir en nada el oficio de los santos: solución osada,
elegante y, con la ayuda de Dios, definitiva”.19 San Pío X, al designar “la
participación activa en los sacrosantos misterios” como “la fuente primigenia e
indispensable del verdadero espíritu cristiano”, dio un nuevo impulso al renuevo
del fervor litúrgico. San Pío X constituyó incluso una Comisión de reforma del
misal en 1912, pero ante las tendencias destructoras ya manifestadas por
algunos expertos disuelve esa comisión. Para San Pío X, como para Dom
Guéranger, la liturgia es esencialmente teocéntrica, es culto antes de ser
enseñanza de los fieles; sin embargo, ese gran pastor subrayó un aspecto
importante de la liturgia: ella es educadora del verdadero espíritu cristiano.
Pero, repitámoslo, esta función de la liturgia no es sino secundaria.

Es a Dom Lambert BEAUDUIN (1873-1960), a quien le cabe el mérito de haber


comprendido todo el partido que se debía sacar de la enseñanza de San Pío X.
Pero ay, ese monje no supo cuidar toda su vida esta jerarquía de los fines de la
liturgia, como lo veremos más adelante en este estudio, pero no nos
anticipemos...

Dom Lambert Beauduin, primero sacerdote de la diócesis de Lieja, “misionero


del trabajo” bajo León XIII, entró en 1906, a la edad de treinta y tres años, a la
abadía del Mont-César que los monjes de Maredsous habían fundado en
Lovaina pocos años antes (1899). Su mente, orientada hacia los problemas del

19 “La Croix” del 28 de diciembre de 1911.

13
apostolado y de la pastoral por su actividad anterior en el clero secular, encaró
la liturgia bajo el ángulo de las preocupaciones que le eran habituales, y muy
rápido “descubrió” en la liturgia, siguiendo a San Pío X, un maravilloso medio de
formar a los fieles en la vida cristiana. En 1909, inauguró en el Mont-César un
“Movimiento litúrgico” que conoció enseguida un inmenso éxito.

Veamos rápidamente sus etapas. Es al principio el Congreso católico de Malinas


en 1909: el cardenal Mercier sostiene en él con toda su autoridad el programa
de Dom Beauduin. Se fijan cuatro objetivos:

1) Traducir el misal romano, hacer de ese libro el primer libro de devoción de


los fieles. Popularizar al menos la misa y las vísperas del domingo.

2) Un esfuerzo para hacer a la piedad más litúrgica, comunión en la misa.

3) Desarrollo del canto gregoriano, conforme al deseo del Papa.

4) Animar a los miembros de las corales a hacer retiros en un centro de vida


litúrgica: las abadías benedictinas.

Una vez precisados estos objetivos, y muy alentado por el episcopado belga,
Dom Beauduin va a trabajar en ganar a su causa a los sacerdotes, y muy
particularmente a los curas de parroquia. Con este fin, lanza dos revistas que
conquistan un inmenso éxito (70.000 suscriptores en pocos meses), „„Questions
liturgiques et paroissiales” [“Cuestiones litúrgicas y parroquiales”] y “Semaines
liturgiques” [“Semanas litúrgicas”]. En fin, para explicar mejor su concepción
del “Movimiento litúrgico”, publica en 1914 un fascículo que se hizo célebre: “La
piété liturgique: principes et faits” [“La piedad litúrgica: principios y hechos”].

Pero dejemos la palabra a Dom FROGER, en su magistral artículo:

“La acción de Dom Lambert Beauduin no tuvo sólo por efecto dar un
nuevo impulso al movimiento suscitado por Dom Guéranger; consiguió
también hacer aparecer a la liturgia bajo un nuevo día. El punto de vista
de Dom L. Beauduin no es ya del todo, como el de Dom Guéranger, el de
la oración contemplativa, de un lirismo desinteresado que canta su amor
sin otra preocupación que la alabanza; este aspecto de la liturgia, Dom L.
Beauduin no lo desconoce, pero prefiere poner el acento sobre su
aspecto didáctico; más bien considera a la liturgia en su acción sobre las
almas que en su papel de santificación”.

Y Dom Froger lleva más lejos la conclusión de su análisis:

“Ya no se trata pues totalmente de liturgia, sino más bien de pastoral


litúrgica”.

14
Así pues, con Dom Lambert Beauduin, el “Movimiento litúrgico” tiende a
convertirse en un “Movimiento de Pastoral litúrgica”. San Pío X, es verdad,
había subrayado el valor educador de la liturgia; Dom L. Beauduin “tiende” a
insistir demasiado en este aspecto. Señalemos al pasar que Dom Festugiére
siguió siendo fiel al punto de vista totalmente “teocéntrico” de Dom Guéranger.
Sin embargo, subrayemos bien que en esa época no se trata en Dom Beauduin
sino de una “tendencia” a insistir demasiado sobre un aspecto verdadero de la
liturgia. Estamos todavía infinitamente lejos de la inversión de los fines de la
liturgia con que nos encontraremos en la continuación de la historia del
“Movimiento litúrgico”. Agreguemos con el Padre L. BOUYER:

“Tal es el rasgo más importante del Movimiento litúrgico belga: es que


nunca se fue a perder en el arqueologismo, y que nunca sufrió la
tentación de extraviarse en innovaciones dudosas”.20

Por otra parte, seamos justos con el “Movimiento belga” y reconozcamos que,
si Dom L. Beauduin “tiende” a subrayar demasiado el aspecto pastoral de la
liturgia, no es el único en la liza: ya hemos mencionado a Dom Festugiére, pero
no olvidemos a Dom Gaspar Lefebvre de Saint-André-de-Lophem, Dom
Marmion, Dom Flicotteaux, Dom Vandeur, ni a Dom Cabrol, de Farnborough, en
Inglaterra.

Todos esos monjes de carácter se ponen a trabajar, y los libros de propaganda


abundan. En primer lugar, se debe citar “La liturgie catholique”, largo artículo
publicado en la “Revue de philosophie” (Francia), y debido a la pluma del gran
filósofo y pensador Dom FESTUGIÉRE, benedictino de Maredsous. Este artículo
de 1913 provoca una inmensa polémica. Dom Festugiére desarrollaba en su
artículo el pensamiento de San Pío X sobre la liturgia, fuente primigenia e
indispensable de la vida espiritual. Los jesuitas se sintieron —sin razón—
aludidos en esta serena exposición. El 20 de noviembre de 1913, la revista “Les
Études” replicó violentamente con un artículo del R. P. Navatel titulado
“L‟apostolat liturgique et la piété personnelle” [“El apostolado litúrgico y la
piedad personal”]. El jesuita sostenía prácticamente que la piedad podía muy
bien prescindir de la liturgia, y tendía con ello a contradecir a San Pío X. La
respuesta del benedictino fue genial21:

“él iba a combatir un esfuerzo de propaganda que parecía perjudicial


para la verdad, para el bien de las almas y para las intenciones de la
Sede apostólica. (...) apenas el padre Navatel, en su exordio, ha hecho
votos para la restauración del sentido litúrgico entre los fieles, dirigido
elogios, casi demasiado copiosos, a los hijos de San Benito que a ello se

20 Louis BOUYER, de l´Oratoire : La vie de la liturgie, Cerf, 1956, p. 85


21 “Revue Thomiste”, 1914, nº 1, 2, 3.

15
dedican, y protestado de su celo por abrazar los intereses que el papado
recomienda, cuando, olvidando sus buenas disposiciones y dando media
vuelta, se pone a atacar, en casi todos los puntos, la causa de la oración
pública y de los ritos —nociones fundamentales, historia, bases
sociológicas, valor como método de apostolado, aptitud para procurar la
santificación de las almas— y se aplica en suma lo mejor posible a
desacreditar lo que él llama la obra de los „neoliturgos‟ ”

Dom Festugiére se apoyaba pues en la autoridad de San Pío X, y supo, con


talento, mostrar el valor educativo y apostólico de la liturgia, respetando por
supuesto el “teocentrismo” del culto litúrgico. La guerra puso fin a la
controversia, y, una vez calmados los ánimos, el padre PEETERS, S.J. supo
mostrar que no había ningún antagonismo entre la espiritualidad ignaciana y la
liturgia.22 Esta querella tuvo el mérito de hacer conocer a todo el mundo el
“Movimiento litúrgico” y de propagar a través del mundo entero ese “renuevo
de fervor por la liturgia”.

En FRANCIA: Párrocos y seminaristas participarán, en los monasterios


benedictinos belgas, de las Semanas y de los Retiros litúrgicos y vuelven
animados por el deseo de restaurar la liturgia en sus iglesias. Esta restauración
se efectúa sobre todo durante las tristes horas de la guerra y, cosa
sorprendente, en la parte invadida de Francia. Dom Lefebvre y monseñor
Charost multiplican las manifestaciones en Lila, Roubaix y Tourcoing. El vicario
general LECONTE, el canónigo DEHOVE, Dom LEFEBVRE, el abbé BAYARD
publican una revista, “La voix de l‟Église”, que se convierte en “La revue
pratique de liturgie et de musique sacrée”. Más lejos del frente de batalla, las
asociaciones litúrgicas se multiplican: “Los amigos de las catedrales”, “Los
amigos del gregoriano”, etcétera. Monseñor BATIFFOL da en el Instituto
católico de París conferencias sobre la misa.23 El abbé HARSCOUËT, futuro
obispo de Chartres, publica interesantes estudios sobre “Las Misas de la
Cuaresma”, las “Misas de las Cuatro Témporas”, luego sobre las “Misas del
Tiempo Pascual”.24 Dom GRÉA (+ 1917) escribe: “La Sainte Liturgie”25, luego
presenta en un prefacio “El Breviario romano” traducido en francés por el
Carmelo de Brujas. Dom BESSE (+ 1920), apóstol ardiente y apasionado de la
liturgia, lleva a cabo un buen combate con su revista “La vie et les Arts
liturgiques”, que desapareció poco después que él.

Vuelta la paz, el “Movimiento litúrgico” adquirió un desarrollo mayor todavía.


Bástenos citar la Semana litúrgica de Ruán, las Jornadas litúrgicas y

22 Padre PEETERS, SJ.: “Méthode ignatienne et spiritualité liturgique”, Lovaina, 1918; y


Conferencias en el Congreso de Malinas de 1924.
23 Monseñor BATIFFOL: Leçons sur la Messe, Gabalda, París, 1920.
24 Ed. Saint-Brieux, 1918, y París, Art catholique, 1922.
25 París, Bonne Presse, 1909.

16
gregorianas de Tournus, las Jornadas gregorianas de Lourdes (1920)
activamente dirigidas por Dom Lucien David, y sobre todo el Congreso general
de música sacra de Tourcoing (1919), verdadero triunfo de la liturgia,
consagrado por la presencia del cardenal Dubois y de varios obispos y abades
mitrados. Luego tuvo lugar el Congreso de Estrasburgo donde se formó la
“Asociación francesa de Santa Cecilia”, presidido por el nuncio en París; ese
congreso emite entre otros votos los siguientes: enseñanza de la liturgia y del
canto gregoriano, comunión de los fieles en el momento del Sacrificio,
asociación de los fieles a la misa por la lectura del texto, etcétera. En diciembre
de 1922, se realiza en París un Congreso de canto gregoriano y de música
religiosa, obra del cardenal Dubois y de los monjes de Solesmes vueltos a su
país natal después de largos años de exilio. En 1924, el cardenal Dubois funda
en París un Instituto Gregoriano; en una carta del 11 de abril, Pío XI le
manifiesta “su viva satisfacción”. ¡Qué inmensa renovación producida en menos
de veinte años!

En esa época, HOLANDA es uno de los países mejor organizados desde el


punto de vista litúrgico. Cada diócesis tiene su sociedad litúrgica, comisión de
eclesiásticos encargados oficialmente por el obispo de promover el “Movimiento
litúrgico” en la diócesis. Esas sociedades bien organizadas se reúnen en una
Federación nacional con estatutos aprobados por el episcopado desde 1915, y
dotada de una revista, “Maandschrift voor Liturgie”, que tiene más de cinco mil
suscriptores. De 1914 a 1919, esta federación distribuyó 209.070 impresos de
propaganda litúrgica. ¡Ahí también, qué celo!

En ALEMANIA, el centro del “Movimiento litúrgico” es el monasterio


benedictino de María Laach. Ahí se hacen periódicamente Semanas litúrgicas
organizadas de una manera práctica para las diferentes clases de la sociedad.
Los monjes multiplican sus conferencias a través de toda Alemania. Una
colección de obras: “Ecclesia orans” viene a completar la enseñanza oral. RECK
publica el “Misal meditado”; Dom SCHOTT publica en 1921 un misal en lengua
vulgar. Otras abadías benedictinas, como San José, en Westfalia, Ettal en
Baviera, Beuron en el Hohenzollern son también centros muy activos del
“Movimiento litúrgico”. Ya, en esa época, encontramos nombres que
volveremos a encontrar a lo largo de este estudio, Dom Odon Casel, Dom
Pius Parsch, agustino de Klosterneuburg; Romano Guardini, secular. Por
supuesto, hacia 1920, los escritos de estos autores siguen siendo moderados,
pero eso no durará mucho tiempo, como lo veremos en nuestro capítulo
siguiente. Es en Alemania donde el “Movimiento litúrgico” va a conocer
sus primeras y tal vez sus más graves desviaciones.

En ITALIA, la expansión de la “renovación” data de 1913. Ese año, dos retiros


litúrgicos son predicados para el clero en la diócesis de Aosta por Dom

17
Beauduin y Dom Besse. Sus instrucciones son completadas por una carta
pastoral de monseñor Tasco quien exhorta a todos los fieles a tomar una parte
activa en la celebración de la liturgia. En 1921, el cardenal Lafontaine, patriarca
de Venecia, organiza en su ciudad las estaciones cuaresmales a imitación de las
antiguas estaciones en Roma. En setiembre de 1920, se organiza en la abadía
benedictina de Cava un Curso de Liturgia sagrada; Su Santidad Benedicto XV
envía un telegrama para animar y bendecir a los sacerdotes que frecuentan ese
curso. Al mismo tiempo se reúne en Turín el XII Congreso Nacional de la
Asociación Italiana de Música Sacra. El cardenal Gasparri escribe a los
congresistas que el Augusto Pontífice “hace ardientes votos para que los fieles
participen más ampliamente y más activamente en la liturgia”. Por primera
vez, Su Santidad Pío XI dialoga con la multitud en la misa de medianoche
en San Pedro, en el Congreso eucarístico de Roma de 1922. La misa dialogada
era en efecto el caballito de batalla del “Movimiento litúrgico” de entonces.
Veremos muy pronto lo que es dable pensar al respecto. El “Movimiento”
italiano tiene como órganos de propaganda la “Rivista litúrgica” de los
benedictinos de Padua y de Génova, el “Bollettino litúrgico” del reverendísimo
Dom Caronti de Parma y el “Ambrosius” de Milán. No olvidemos los célebres
misales de Dom Caronti y de Dom Battisti. En 1919, el cardenal SCHUSTER
escribe su célebre “Liber Sacramentorum”, profundo estudio del año litúrgico.26
El "renuevo de fervor por la liturgia” en Italia, bendecido por los papas y por
eminentes cardenales, conoce pues un inmenso éxito, y sólo tardíamente se
desviará de sus primeras orientaciones.

En ESPAÑA, los hogares de la “Renovación” son las dos abadías de Montserrat


y de Silos. Montserrat publica la “Revista Montserratina”, y organiza en 1915 un
inmenso Congreso de un resonante éxito. Bendecido por Benedicto XV,
animado por la adhesión del nuncio apostólico y de los cardenales Serafini
O.S.B., Billot S.J., Gasquet O.S.B. y de numerosos obispos, especialmente
realzado por la presencia de dos mil congresistas de los que trescientos eran
sacerdotes, ese Congreso emite como votos: asociar íntimamente a los fieles
con la liturgia sagrada, vulgarizar los libros litúrgicos, etcétera. Dom Prado,
Dom Gubianas publican sus misales, en tanto que el misal cotidiano de Dom
Lefebvre es traducido al español. El “Movimiento litúrgico” español estaba pues
lleno de promesas, pero, como lo veremos, fue “desnaturalizado” por la
revolución, y cuando se restablecerá será para padecer los contragolpes de las
desviaciones alemanas y francesas.

En los ESTADOS UNIDOS el “Movimiento litúrgico” se dedica sobre todo a la


formación de los niños. En junio de 1920 es el Congreso internacional de canto
gregoriano de Nueva York: la misa es cantada ahí por un coro de cuatro mil

26 Ildephonse cardenal SCHUSTER: “Liber Sacramentum”, Vromant, Bruselas, 1925.

18
niños de las 47 escuelas católicas de la ciudad. En esa época quinientos mil
niños aprenden canto gregoriano en las escuelas católicas. Numerosas
publicaciones nutren la piedad de los fieles: “The Román Missal” de Dom
Cabrol; “The Sunday Missal” del reverendo F. X. Lasance; “The daily Missal” de
Dom Lefebvre. “Liturgia” del mismo autor es traducido bajo el título “The
Catolic Liturgy”. En 1921, Dom Michel, O.S.B. publica “My Sacrifice and yours”;
el reverendo Hoffman, O.S.B., “Liturgical Dictionary”; las religiosas dominicas
de Marywood (Michigan) cinco folletos: “With Mother Church”, destinados a la
enseñanza de la liturgia en las clases, etcétera. Como lo veremos más adelante
en este estudio, el “Movimiento” norteamericano había partido muy bien, y no
se desviará sino ante el empuje de los “Movimientos” alemán y francés, pero
para esto será preciso esperar los años que siguieron a la última guerra.

Este rápido vistazo general del “Movimiento litúrgico” a través del mundo
durante los años que precedieron o siguieron a la guerra de 1914-1918 nos ha
permitido comprobar su prodigiosa expansión. Nacido del genio de Dom
Guéranger y de la indomable energía de San Pío X, esta corriente brindó en esa
época frutos magníficos de renovación espiritual. Sin embargo, no hay que
engañarse, el carácter de “apostolado” de la liturgia que Dom Beauduin
“tiende” a acentuar demasiado, se va a volver, a continuación, cada vez más
fuerte. Y ésa será la gran tentación del “Movimiento”: hacer de la liturgia antes
que nada un medio de apostolado; hacer plegar la liturgia a las exigencias del
apostolado. El nudo del drama está ahí. Como lo veremos, es por culpa de no
haber sabido resistir a esta tentación que esa obra magnífica se derrumbó
arrastrando en su caída a casi todo el edificio de la Iglesia.

19
CAPÍTULO II - ENTRE LAS DOS GUERRAS

El “Movimiento litúrgico” en los diferentes países de Europa. Aparecen


desviaciones teológicas al mismo tiempo que la tendencia reformista.

Hemos expuesto en nuestro primer capítulo los orígenes del “Movimiento


litúrgico”. Nacido del genio de Dom Guéranger, de la voluntad de San Pío X, y
del celo de Dom Beauduin, ese “renuevo de fervor por la liturgia” conoció un
desarrollo prodigioso, y produjo los magníficos frutos que hemos reconocido.
Igualmente hemos subrayado los precoces gérmenes de futuras desviaciones
que Dom Beauduin había colocado en los principios mismos de su
“Movimiento”. Pero, prosigamos nuestro estudio... y detengámonos algún
tiempo en la extraña personalidad de Dom BEAUDUIN, padre del “Movimiento”
belga, antes de trasladarnos a Alemania para encontrar a Dom Casel.

Habíamos dejado al célebre monje del Mont-César en vísperas de la guerra de


1914-1918: dirigía, con un celo infatigable, el “Movimiento litúrgico” belga. La
guerra y una serie de encuentros inesperados van a arrastrarlo, por un tiempo,
lejos de la liturgia, a las turbias esferas del ecumenismo. Hombre de confianza
del cardenal Mercier, que en general daba pruebas de un mejor discernimiento,
Dom Lambert Beauduin representa un papel capital en la resistencia belga ante
el invasor alemán. No solamente redacta él mismo, casi íntegramente, la
famosa carta pastoral del cardenal Mercier, llamando a Bélgica a la resistencia,
sino que además se encarga de su difusión, recurriendo a los servicios de su
hermano, de las famosas fábricas de azúcar de Tirlemont.27 Después de una
serie de aventuras rocambolescas, Dom Lambert Beauduin se ve obligado a
refugiarse en Inglaterra; y allí, hecho capital, hace amistad con numerosas
personalidades del anglicanismo.

Después del armisticio, Dom Beauduin puede volver al Mont-Cesar, donde se


encuentra con monseñor Szepticki,28 jefe de la Iglesia uniata, que le comunica
su apasionado amor por el Oriente así como sus concepciones sobre la vida
monástica. Nuestro monje, que ya se encontraba muy apretado en su
monasterio, demasiado “beuroniano”, demasiado “guérangeriano”29, es decir,
en realidad demasiado conservador, o demasiado católico, nuestro monje, digo,
no soñará ya sino en una nueva fundación monástica que restauraría la vida de
los monjes llegados originariamente de Oriente.

27 Dom L. Beauduin : “Le Cardinal Mercier et ses suffragants en 1914”, en la “Revue Génerale
Belge”, 1º de julio de 1953, pp- 416-417.
28 Monseñor Szepticki, metropolita de Lvov en Galicia, jefe de la Iglesia uniata, es decir, de esa

porción de la Iglesia ortodoxa ucraniana que el acuerdo de Brest-Litovsk, con motivo de una de
las reorganizaciones de Polonia en el siglo XVIII, había hecho entrar nuevamente en la
comunión de la Iglesia romana.
29 Cf. Louis BOUYER de L´Oratorie : “Dom Lambert Beauduin (1873-1960), un homme

d´Eglise”, Casterman, 1964.

20
Dom Robert de Kerchove, que estima profundamente a su monje un poco
“movedizo” va a darle la posibilidad de “tomar aire”. Y es así como Beauduin es
enviado como profesor al colegio San Anselmo de Roma.30

El abad primado de San Anselmo, Dom Fidéle de Stoizingen, monje muy


conservador, no podrá dominar a su nuevo profesor que entusiasmará a sus
alumnos por la causa de Oriente. Esta pasión por la Iglesia oriental no hace
sino crecer en Dom Beauduin con sus encuentros con Cirilo Korolevsky, y sobre
todo con el reverendo padre (muy pronto Monseñor) Michel d‟Herbigny, S. J.31

Actuando así, Dom Beauduin se adelantaba a los conocidos deseos del nuevo
Papa que sucedía, en febrero de 1922, a Benedicto XV. En efecto, Pío XI, desde
los primeros tiempos de su pontificado, mostraría que se interesaba
apasionadamente por el Oriente, por esa enorme masa de Rusia que aún
parecía, en esos años que siguieron a la revolución de octubre, vacilar en un
equilibrio inestable entre los caminos en que se internaría.

Espoleado por monseñor d‟Herbigny, el ardoroso Pío XI iba a apurar las cosas:
el 21 de marzo de 1924, enviaba al abad primado el Breve apostólico “Equidem
verba”, en el que el Soberano Pontífice retomaba las grandes ideas de Dom
Beauduin, sobre el papel capital que representaría una fundación benedictina
de un tipo nuevo para el acercamiento con Oriente.

El abad primado de San Anselmo ya no comprendía más nada: ¿cómo el Papa


podía apoyar a un monje al que él juzgaba como “de un temperamento muy
sanguíneo, de una imaginación extremadamente viva, que se convertía en
fuego y llamas por sus proyectos, casi despreciativo hacia la Iglesia occidental,
hombre muy inclinado a la actividad exterior”?32 Dom Fidéle no comprendía que
detrás de Pío XI estaban monseñor d‟Herbigny y el cardenal Mercier, quien, en
esa época, era presa de un vértigo de “unionismo”. En efecto, 1924 era el año
de las conferencias de Malinas...33

30 Colegio fundado por León XIII en 1887, centro de estudios teológicos para los benedictinos
del mundo entero.
31 Monseñor Michel d'Herbigny (1880-1957): Ferviente orientalista. Pio XI hace de él su hombre

de confianza para los asuntos orientales. Nombrado en octubre de 1922 presidente del Instituto
pontificio oriental. Abril de 1930: presidente de la comisión pontificia “Pro Russia”. Consagrado
obispo en 1926 por Mons. Pacelli en Berlín, intenta inútilmente restablecer la jerarquía en la
URSS. Diciembre de 1931: dimisión del Instituto oriental. 31 de mayo de 1934: dimisión de la
comisión “Pro Russia”, oficialmente por razones de salud. Se retira a Bélgica donde vivirá hasta
su muerte como simple religioso, sujeto a un riguroso retiro.
32 Carta de Dom de Kerchove del 20 de enero de 1925.
33 Louis BOUYER : Dom Lambert Beauduin, p. 126. Las CONFERENCIA DE MALNAS : se

trataba de conversaciones amistosas entre algunos anglicanos y algunos católicos, destinadas a


precisar las respectivas posiciones. Su primer motor fue lord Halifax, presidente de la English
Church Union, de la más “alta Iglesia” y deseoso entonces de un acercamiento con Roma.
Animado por Pio XI, el cardenal Mercier representaba el partido católico. No es posible
ocultarse las diversa desventajas que gravaban desde la partida a las conferencias de Malinas:

21
Dom Beuduin, teólogo del cardenal Mercier, preparó para esas conferencias un
informe sobre “la Iglesia anglicana unida pero no absorbida”. Allí develaba a
plena luz sus concepciones más que dudosas sobre el ecumenismo.

Pero dejemos hablar al reverendo padre Louis BOUYER, aquí bien inspirado:

“No solamente ese informe contenía graves errores, sino que era en sí
mismo un error más grave todavía. Cuando había que esforzarse por
precisar de ambas partes en dónde se estaba exactamente, él se
colocaba en la hipótesis de una unidad en la fe ya alcanzada. Sobre esta
base, trazaba un plan que no podía ser sino quimérico. La imagen de un
patriarcado anglicano unido, en el que serían salvaguardados la liturgia y
el derecho canónico anglicanos y los usos tradicionales del anglicanismo
estaba copiada de la situación hecha en principio a las Iglesias orientales
unidas a Roma. Pero desconocía el hecho de que nada, ni en el pasado
de la Iglesia anglicana, ni en su presente, permitía asimilar su situación a
la de ellos. Pero había algo peor. Al no poder dejar de lado la existencia
de una Iglesia católica en Inglaterra, ya presente al lado de la Iglesia
anglicana, era esta Iglesia cuya absorción se encaraba tranquilamente en
la hipótesis de la Iglesia anglicana “unida pero no absorbida”. Se
sacaban todas las consecuencias hasta incluso la supresión de las sedes
episcopales creadas en el siglo xix, con la dimisión de sus titulares”.34

Todo esto se supo sólo más tarde, hacia 1926. Mientras tanto, Dom Beauduin
debía fundar su monasterio, realizando así el deseo de “Equidem verba”. Pío XI
se impacientaba, la Sagrada Congregación para la Iglesia oriental daba la luz
verde.

Dom Eeauduin no espera más y, en 1925, funda el “Monasterio de la Unión” en


Amay-sur-Meuse, en Bélgica. Durante ese mismo año, redacta los estatutos de
la fundación:

“Sus monjes quieren, con plena fidelidad a la Iglesia romana, hacerse un


alma oriental: redescubrir todas las riquezas propias al Oriente cristiano
e impregnarse de ellas a fondo. Quieren hacerse un alma tan católica
como fuera posible, abandonando todo prejuicio particularista, racial o
nacional, y especialmente bien decididos a poner todos los medios, en
cuanto de ellos dependa, de acuerdo a lo que los pontífices mismos han

mal humor de la jerarquía católica de Inglaterra, casi ninguna simpatía en la jerarquía


anglicana. Detrás de esta doble prevención, existía el equívoco del propio Halifax: anglicano
muy apegado a su iglesia, pero prácticamente católico de fe y de práctica, arriesgaba ilusionar a
los católicos sobre el verdadero estado de la Iglesia anglicana. La introducción del informe de
Dom Beauduin tenía que enredarlo todo.
34 Ibid. pp. 126-127

22
dicho y repetido, para que catolicismo ya no pueda ser confundido con
latinismo.

“Medios empleados: iniciación a la oración litúrgica oriental; estudio


profundizado del Oriente; prestar atención al acercamiento en curso
entre ortodoxos y anglicanos; amplia hospitalidad brindada a todos
aquéllos, católicos o no, a quienes preocupa el problema; fundaciones
previstas en Oriente, para hacer in situ la prueba de la posibilidad de
realizar un catolicismo plenamente católico al mismo tiempo que
plenamente oriental. Dom Beauduin llega hasta encarar la posibilidad de
nuevos desarrollos dentro de la Iglesia, incluso doctrinales, que
permitirían a los no católicos captar mejor, y por consiguiente aceptar
más fácilmente, la presentación oficial de su doctrina, presentación sin
duda exacta en sí, pero que puede todavía seguir siendo incompleta,
insuficiente”. 35

Tal vez nuestro lector cree que nos alejamos de nuestro tema, con estas
consideraciones sobre el ecumenismo de Dom Beauduin. Al contrario, estamos
de lleno en él. Nuestro monje muy pronto, sin confesarlo, va a hacer pasar sus
concepciones ecuménicas al “Movimiento litúrgico”; va a trabajar, y sus
sucesores aún más que él, en adaptar nuestra liturgia a las necesidades del
apostolado, mejor todavía a las urgencias de la “unión de las Iglesias”. Nuestro
lector también habrá notado cuánto se parece este lenguaje al de JUAN XXIII y
del Vaticano II. No es fruto de la casualidad; en 1924, Dom Beauduin acababa
de trabar una fiel amistad con monseñor Roncalli, quien había caído en la
diplomacia después de haber perdido, bajo sospecha de modernismo, su
cátedra en el Ateneo de Letrán. El futuro Juan XXIII iba a ser uno de los
primeros y de los más fieles simpatizantes de Amay. Elegido Papa, ¿acaso no
declaró un día en estos propios términos: “El método de Dom Lambert
Beauduin es el bueno”?36

“El método de Dom Lambert Beauduin es el bueno”, no es lo que pensaba el


cardenal Merry del Val, el secretario de Estado de San Pío X, entonces prefecto
del Santo Oficio. El “Monasterio de la Unión” de Amay había fundado una
revista de significativo título: “Irenikon”... el apellido del editor no lo era menos:
“Duculot”37. Esa revista por demás ecuménica no dejó de escandalizar. El gran
cardenal Mercier, protector sin duda inconsciente de Dom Beauduin, había
muerto en 1926. Graves dificultades internas sacudían a Amay.38

35 Ibid. pp. 133-135


36 Ibid. pp. 135-136
37 Avoir du culot: tener descaro, ser un caradura.
38 Monjes católicos se pasaban a la ortodoxia

23
Pío XI empezaba a darse cuenta que había soltado demasiado las riendas que
San Pío X retenía con tanta fuerza en la mano... De allí el trueno, en los
primeros días de 1928, de la encíclica “Mortalium animos”, verdadera carta
del ecumenismo católico verdadero. Nadie se engañó, era sí el “espíritu de
Amay” al que se apuntaba. Una visita canónica, de resultados bastante
favorables, siguió a principios de 1928.

Dom Beauduin se sintió tocado personalmente, mucho más que su obra:


renunció a su cargo de prior. Se retiró primero a Tancrémont, después de un
viaje por Oriente. Fue luego convocado a Roma, durante 1929, para
comparecer ante su amigo de ayer, monseñor d‟Herbigny, todavía en gracia
ante los ojos del Papa; se le hizo comprender a Dom Beauduin que haría bien
en dejar de residir habitualmente en Bélgica; ésa fue su estada en Estrasburgo.
En la primavera de 1932, nuevo proceso en Roma: se le ordenó a Dom
Beauduin que no tuviera ninguna relación más con Amay, y que se retirara por
dos años en un monasterio alejado; ése fue el exilio en Encalcat.

Al salir de su retiro, Dom Beauduin fue nombrado capellán de las oblatas


olivetanas, entonces en Cormeilles-en-Parisis. Ahí, contribuyó grandemente a
que se echaran a perder la congregación olivetana39 y los futuros monjes del
Bec Hellouin, tan versados sobre el ecumenismo con los anglicanos. Poco antes
de la guerra, Dom Beauduin, ya de edad, se retiraba en el Berry, en Chalivoy.
Pero dejemos al reverendo padre Louis BOUYER describirnos cándidamente las
actividades más que extrañas de nuestro “monje maldito”:

“Encontraría en Bourges a un viejo arzobispo, honorable exegeta, que


aún no se había sobrepuesto de haber atravesado él mismo con tan
pocos daños la época modernista. No solamente la recepción sería
fraterna, sino que Dom Beauduin volvería a ser una vez más el “Missus
Dominicus” que se encargaría de esas misiones particularmente delicadas
que la autoridad no sabe demasiado ni cómo ejecutarlas ella misma ni a
quien confiárselas. Lo que tendría mayor porvenir, es que el arzobispo lo
lanzaría a un ministerio de retiros y de ejercicios sacerdotales, al cual le
tomaría un gusto cada vez más vivo. El éxito que él tendría debía
desembocar en uno de los movimientos más importantes de posguerra:
el movimiento litúrgico y pastoral, que desde 1942 florecería alrededor
del Centro de pastoral litúrgico de Neuilly y de su revista “La Maison-
Dieu”.40

39“Itinerarires”, nº 216, sep-oct de 1977, pp 35-36


40L. BOUYER: Dom Lambert Beauduin, p. 168. El nombre de este obispo, de quien el padre
Bouyer oculta púdicamente la identidad es Mons. Martin-Jérôme Izart, arzobispo de Bourges de
1916-1943.

24
Pero dejemos ahí a Dom Lambert Beauduin, lo volveremos a encontrar en
nuestro próximo capítulo, trabajando con los dominicanos modernistas de las
Ediciones du Cerf en inocular el veneno de su ecumenismo entre los fieles por
medio de la “Pastoral litúrgica”. Habiendo partido de la liturgia, el ex-prior de
Amay, ahora de Chevetogne, volverá a ella, pero no ya para servir a la causa
de la Liturgia, como lo había hecho en 1909, sino para hacerla servir para la
destrucción de la Iglesia. “Movimiento ecuménico” y “Movimiento litúrgico” no
forman sino una sola cosa en la mente de Dom Beauduin.

Por su lado, el “Movimiento litúrgico belga” que Dom Beauduin había


prácticamente abandonado desde 1920 andaba bien. Continuaba, fiel al primer
impulso dado por San Pío X. Las ediciones de misales y de trabajos litúrgicos de
gran valor se suceden en esos años 1920-1935. En 1920, Dom Gaspar Lefebvre
publica Liturgia, ses principes fondamentaux:41 esta obra puede ser considerada
como la carta del “Movimiento litúrgico” auténticamente católico. El prior de la
abadía de Saint-André expone ahí claramente el objetivo del “Apostolado
litúrgico”.

“Objetivo: Restaurar en Cristo la sociedad cristiana haciéndola:

1º. Glorificar a Dios por el ejercicio, digno y consciente, del culto oficial
que le es debido;

2º. Santificarse a sí misma por la participación activa en la liturgia que


es, según Pío X, la fuente primigenia e indispensable del verdadero
espíritu cristiano”.42

No podemos sino suscribir a semejante programa. ¡Qué lástima que el


“Movimiento litúrgico” alemán no haya sabido conservar una orientación tan
buena!

ALEMANIA, Pascua de 1918: es la creación y el lanzamiento al gran público


cultivado de la colección “Ecclesia orans”, por el abad de María Laach, el
reverendo padre Dom Ildefons HERWEGEN. Hacer volver al pueblo alemán,
quebrado por la guerra, a la piedad litúrgica, tal era la ambición del abad. Más
modestamente que Dom Beauduin, no hablaba de “Movimiento litúrgico” sino
de “Esfuerzo litúrgico”; no apuntaba a llegar a las masas, como el “Movimiento”
belga, sino a constituir una élite, reclutada entre los numerosos visitantes de los
monasterios. ¿Cuál era la orientación de este “esfuerzo” de María Laach?

Dom Herwegen no lo oculta: quiere librar a la liturgia de todas las escorias con
que la ha oscurecido la Edad Media. La Edad Media ha recargado a la liturgia

41 Dom Gaspar LEFEBVRE: Liturgia, abadía de Saint-André, 1920.


42 Ibíd., p. 200, en la IV edición do 1929.

25
con sus interpretaciones fantasiosas, y con desarrollos ajenos a su naturaleza:
insistencia demasiado unilateral sobre la presencia real de la santa Eucaristía,
que ha abierto la ruta al abandono de la liturgia por el protestantismo, y al
descrédito y a la negligencia de que finalmente iba a ser objeto por parte de un
porcentaje tan grande del catolicismo pos-tridentino.43

Otra gran idea del abad es que esa funesta Edad Media se ha desviado de un
modo objetivo de piedad hacia un modo subjetivo.

Es el tema fundamental de su libro Kirche und Seele (La Iglesia y el alma), en


el que presenta la oposición entre la piedad de la Iglesia y la piedad del alma
como paralela a la oposición entre la objetividad tradicional y el subjetivismo
moderno.

He allí el doble “pecado mortal” del “Movimiento litúrgico” alemán: un


arqueologismo desenfrenado que se traduce por el desprecio, no solamente de
la liturgia tridentina, sino también de la liturgia medieval, así como una
tendencia a formar una piedad “colectivista”. ¡Y estamos solamente en los años
1920-1925!

El nombre de Dom Herwegen ya hace mucho que ha sido olvidado, pero no el


de Dom ODON CASEL, monje del mismo monasterio de María Laach, con su
teoría concerniente al “Kultmysterium” (el misterio del culto cristiano). Dejemos
al reverendo padre BOUYER explicarnos de qué se trata:

“Digamos en una palabra el contenido del „misterio‟. Es la reactualización


en, para y por la Iglesia, del acto de Nuestro Señor que realizó nuestra
salvación, es decir, su Pasión y su muerte en la plenitud de su efecto
último: la Resurrección, la comunicación de la gracia salvadora a la
humanidad y la consumación final de todas las cosas. En esta
perspectiva, la propiedad central de la liturgia, y por consiguiente lo que
hay que captar ante todo para comprenderla, es el modo único por el
cual el acto redentor de Cristo es renovado y distribuido en forma
permanente por la Iglesia. El comprender bien ese modo, que es
totalmente diferente del de una representación teatral o imaginativa, o
de toda repetición físicamente realista, es la clave de la comprensión de
toda la liturgia, cuya pérdida comenzó durante la Edad Media. Y es esta
clave la que el período barroco perdió tan profundamente que no
conservó bajo su mirada sino la cáscara vacía de la liturgia, una cáscara

43Louis BOUYER do l’Oratoire: La vie de la liturgie, Colección “Lex Orandi”, Cerf. 1956, pp. 29-
30.

26
tanto más decorada y sobrecargada exteriormente cuanto la realidad
interior más tendía a ser olvidada”.44

Resumamos este largo texto, diciendo con Wolfgang WALDSTEIN:

“Dom Casel nos ha hecho salir del callejón sin salida de las teorías
postridentinas del sacrificio”.45

Con claridad, Dom Casel nos liberó de la XII sesión del Concilio de Trento sobre
el Sacrificio de la Misa. Ese precursor reconocido de la “Institutio generalis” del
Nuevo Ordo Missae peca también gravemente por arqueologismo: rechazando
la época barroca como la época medieval, consagra un amor apasionado a la
edad patrística donde solamente entonces la liturgia tenía el sentido del
“misterio”. Traducido en el arte, ese arqueologismo “caseliano” produjo esa
falso bizantinismo desprovisto de alma y de inspiración: ¡providencialmente
esas obras maestras fueron destruidas por el bombardeo norteamericano a
Monte Casino!

Las realizaciones “artísticas” de María Laach ya no existen, pero sus terribles


desviaciones doctrinales han echado a perder el “esfuerzo” litúrgico alemán.

Otro nombre célebre de ese “entre-dos-guerras” alemán: el de Romano


GUARDINI. Ese italiano trasplantado a Maguncia desde su infancia fue uno de
los más brillantes universitarios de su tiempo; ordenado sacerdote en 1911,
enseña en la universidad de Berlín, en la cátedra de filosofía católica, a partir de
1922. Este sacerdote secular representará un gran papel en el “esfuerzo”
alemán, no a título de rubricista o de historiador de la liturgia, sino a título de
poeta. Considerado por los críticos literarios como el “maestro de la intuición
psicológica”, Guardini va a trabajar para

“aportar una inteligencia y una sensibilidad modernas —¡tan bien conoce


todos sus estremecimientos, sus arrebatos como sus desfallecimientos!—
para la comprensión y el amor de la liturgia”.46

El estilo del autor es prodigiosamente bello, y el éxito de su obra "El espíritu de


la liturgia” 47 es resonante; veintiséis mil ejemplares vendidos de 1918 a 1922.
Todo esto parece bien, pero, no vacilemos en decirlo, el proceder de Guardini
“huele a modernismo”. Esa preferencia por la experiencia religiosa recuerda al
abbé Brémond. Esa manera toda intuitiva de proceder denuncia el
inmanentismo:
44 Ibid. p. 33
45 WALDSTEIN: “Hirtensorge und Liturgiereform”, Schan, Liechtenstein, 1977. (Dom Casel:
1886-1948)
46 Robert D´HARCOURT: Prefacio a “L’esprit de la liturgie”, de R. Guardini, Colección “Le

roscan d´or”, Plon, 1929.


47 "Vom Geist der Liturgie", 1er, volumen de “Ecclesia Orans”, Herder, 1918.

27
“Nosotros no poseemos, buscamos... —escribe a menudo—; no podemos
dar acá nada de terminado, de absolutamente seguro y poseído; nada
más que ensayos, algunas veces simples tanteos y presentimientos”.48

Robert D‟HARCOURT escribía acertadamente:

“Él [Guardini] colabora más de lo que enseña. Nunca nada de perentorio,


de tajante, de profesoral en su tono. Nunca tampoco nada de decidido,
de fijado... temor a las sistematizaciones, a las estabilizaciones, a los
endurecimientos. En todas partes se atestigua el cuidado de dejar al
pensamiento la flexibilidad, la vacilación esenciales a su marcha, el
horror a lo macizo...”49

Así era Romano Guardini, chantre y profeta de una “mentalidad litúrgica".


Juzgaremos muy pronto, en los hechos, al árbol por sus frutos.

Pero antes de ver las realizaciones concretas del “esfuerzo” litúrgico alemán,
dirijamos nuestra mirada hacia otro de sus “tenores”: Dom Pius PARSCH. Este
canónigo agustino de Klosterneuburg (Austria) se nos aparecerá, desde el
principio, con una orientación netamente reformista; además, lanzará en los
países de lengua alemana un vasto “movimiento bíblico” que va a influenciar
profundamente al "Movimiento litúrgico”.

Pero escuchemos al propio Dom PARSCH contarnos inocentemente sus


“experiencias” litúrgicas:

“Alrededor de esa época —escribe— oí hablar de una Missa Recitata que


se celebraba en los medios estudiantiles. Resolví celebrar con mi círculo
la primera misa de comunidad. Fue en la Ascensión de 1922. En la
víspera había reunido a los miembros del círculo en Santa Gertrudis, la
capilla que se iba a convertir en la cuna del movimiento litúrgico popular
y yo explicaba las ceremonias y el sentido de la misa cantada (la
llamábamos entonces misa litúrgica). En aquel momento se realizó la
separación de los espíritus: muchos católicos con un estado de ánimo
subjetivo se separaron de nuestro círculo. Esa misa cantada era todavía
muy primitiva: el Kyrie, el Sanctus y el Agnus Bei eran cantados en
alemán; el profesor Goller nos había compuesto algunas melodías corales
bastante simples. Los responsorios, el Gloria, el Credo eran recitados en
coro por todos los asistentes. Las lecturas y las oraciones eran dichas por
el presidente. Hacíamos una ofrenda y hasta el beso de paz era indicado
por un apretón de manos. Fue sin duda la primera celebración de la misa
dentro del espíritu de la liturgia popular en un país de lengua alemana”.

48 Prefacio a "Auf dem Weg" y a "Liturgische Bildung”.


49 Loc. Cit. d´Harcourt, p. 32.

28
Semejante texto no necesita comentario... Dom PARSCH prosigue:

“Hasta entonces mi actividad se había limitado al pequeño círculo de la


comunidad bíblica y litúrgica de Klosterneuburg. Pero el convento se
halla a las puertas de Viena y yo me esforzaba en trasplantar mis ideas a
la capital. Ahí el terreno estaba ya preparado para la Biblia y la liturgia...
En Viena empezaba ya una renovación católica. Y mis ideas litúrgicas
encontraban allí eco. Entonces empezaron para mí ideas de un verdadero
trabajo misionero litúrgico”. 50

A través de la revista “Bibel und Liturgie”, Dom Parsch lanzaba entre los fieles
las ideas más peligrosas respecto de las relaciones entre la palabra de Dios y la
liturgia.

“Esta ampliación del objetivo del movimiento litúrgico —escribe el


reverendo padre L. BOUYER— es un hecho de la mayor significación para
la historia de su desarrollo, porque la importancia de esa renovación
bíblica en el interior del movimiento litúrgico supera en mucho la esfera
de los métodos prácticos e implica presupuestos teológicos de la mayor
importancia. Existe una estrecha interrelación entre Revelación y liturgia,
o más exactamente entre la palabra divina y el culto comunitario de la
Iglesia. Comprender esta interrelación y captar su plena significación es
pues un factor decisivo si queremos alcanzar una comprensión verdadera
y renovada de la naturaleza de la misma Iglesia. Tal comprensión es por
cierto el objetivo supremo de todo el movimiento litúrgico”.51

El análisis del reverendo padre L. Bouyer, él mismo muy comprometido con el


“Movimiento” francés de la posguerra de 1939-1945, es muy penetrante. La
palabra de Dios, considerada como la revelación inmediata de Dios en medio de
la asamblea, va a trastrocar totalmente la concepción de la Misa. La Misa de los
fieles va a ceder el paso a la Misa de los catecúmenos. Dios estará presente
mucho más por su palabra que por su Eucaristía. Los fieles “asistentes a la
Misa” van a transformarse en una Asamblea del “Pueblo de Dios”, la reunión de
los creyentes en medio de los cuales sopla el Espíritu...

No estamos lejos del pentecostalismo contemporáneo. Tal es la nueva


concepción de la liturgia, tal es la nueva concepción de la Iglesia que insinúa en
los espíritus el “Movimiento bíblico-litúrgico” de Dom Parsch. ¡Y estamos en los
años 1925-1930!

Todas estas teorías heterodoxas, incluso francamente heréticas, no se


quedaron por mucho tiempo en el mundo de las ideas puras, sino que fueron el

50 Dom Pius PARSCH (1894-1954): “Le renoveau liturgique”, Casterman, 1950, p. 12


51 L. BOUYER: “La vie de la liturgie”, p. 89

29
alma de una verdadera revolución litúrgica en la joven Alemania nazi. Fue
primero una avalancha de misas dialogadas de manera más o menos
fantasiosa, luego la “gran misa alemana”, especie de Missa cantata en la que el
celebrante canta su parte en latín, pero en vez del propio y del ordinario en
latín, el coro y la muchedumbre cantan cánticos alemanes. Los movimientos
juveniles se declararon a favor del “Movimiento litúrgico”, lo que trajo la
multiplicación de las “experiencias”: altar cara al pueblo, empleo de la lengua
vulgar, etcétera.

El contexto político precipitó los acontecimientos:

“Desde 1936 —escribe Johann Wagner—, la Iglesia de Alemania fue


privada progresivamente, por las autoridades del Estado y del Partido, de
su campo de acción hacia el exterior. Las actividades de la Iglesia, que
se ejercen normalmente en los confines del campo propiamente
espiritual, en el plano social, el de los deportes, etc., fueron limitadas a
un solo campo: el del culto, la celebración del culto. Todos se precipita-
ron a esta tarea con ardor, buena voluntad, y a veces incluso un poco
ciegamente. Los abusos y las exageraciones no faltaron”.52

Abusos litúrgicos tan espantosos que hacían decir a Dom BAUMSTARK de María
Laach:

“No quisiera vivir ya el día en que el movimiento litúrgico llegará a su


meta”.53

En esa época, el resto de Europa no sufría todavía la influencia del “Movimiento


litúrgico” alemán, y el “renuevo de fervor por la liturgia” se propagaba en ella
sin tropiezos. Pero en Alemania, las cosas habían llegado tan lejos que estalló
una violenta y saludable reacción, signo precursor, como lo veremos, de la
encíclica “Mediator Del”.

Concluyamos este capítulo: La entreguerras vio el desarrollo de las más graves


desviaciones teológicas del “Movimiento litúrgico”. Dom Beauduin lo arrastra
por los caminos de un falso ecumenismo, Maria Laach lo pierde en el
arqueologismo, Dom Parsch liga su causa a la de un biblismo judaizante. En
vísperas de la segunda guerra mundial, las fuerzas modernistas dominan el
“Movimiento”. Roma, que con San Pío X había roto tan bien el impulso del
modernismo teológico, ¿no añojo demasiado su vigilancia en esos años 1930-
1935, y particularmente en el campo, demasiado poco tenido en cuenta en ese
entonces, de la liturgia?

J. WAGNER: “Le mouvement liturgique en Alemagne” en “La Maison-Dieu” nº25, Cert. 1951.
52
53Citado por JUNGMANN, en “Tradition liturgiqueet problémes actuels de pastorale”, Ed.
Xavier Mappus, 1962.

30
CAPÍTULO III - LA GUERRA 1939-1945

La guerra. La mezcla y los contactos que ella trae. El conflicto en


Alemania entre el “Movimiento litúrgico” y los conservadores
(monseñor Gröber). El Vaticano se entera del asunto.

La entreguerra vio desarrollarse graves desviaciones teológicas en el seno del


“Movimiento litúrgico”. Dom Beauduin lo arrastró por los caminos de un falso
ecumenismo, Dom Casel lo perdió en el arqueologismo y Dom Parsch ligó su
causa a un “Movimiento bíblico” desviado. Vamos a reencontrar a estos
personajes trabajando más que nunca, a la sombra de la guerra, en su obra de
“renovación de la Iglesia”, en realidad, en su destrucción.

EN FRANCIA, LAS MALAS FRECUENTACIONES DE DOM BEAUDUIN

Las afrentas del exilio habían conducido a Dom Lambert Beauduin hasta
Bourges. Es ahí, bajo la protección de monseñor Fillion, donde se dedicaba a un
ministerio de “retiros”, pero de retiros muy particulares, antepasados de los
“cursos de actualización” que conocemos muy bien. Pero dejemos al reverendo
padre L. BOUYER que nos describa la atmósfera de esos “retiros”:

“Iba a volver a verlo muy pronto —escribe de Dom Lambert Beauduin—.


Esta vez, comenzó por llamarme „pastor‟, al igual que en una novela de
Andró Gide, para decirme „Louis‟ al cabo de cinco minutos y tutearme a
la manera de Lieja. Este segundo encuentro fue del todo una idea de él.
Me había invitado a encontrarnos en uno de esos sitios imposibles que él
tenía un olfato único para descubrir. Se trataba de una especie de
reformatorio para eclesiásticos caídos en la bebida o en la lujuria. Ahí
conocía (tenía amigos en todos lados) a uno de los buenos padres
samaritanos do ose extraño establecimiento. Seguro de que nadie lo iría
a localizar, daba allí pequeños retiros —a su manera— a sacerdotes
irreprochables, pero que estaban, como decía él mismo, „en nuestras
ideas‟, ideas que no eran entonces tan bien vistas dentro de la santa
Iglesia como desde que se instalaron sólidamente en la Cátedra de
Pedro”.54

El R. P. BOUYER concluye así su párrafo:

“Yo caí de improviso en una de esas pequeñas orgías íntimas de


ecumenismo litúrgico”.

Así pues, durante la guerra, Dom Beauduin tenía ya a un buen número de


discípulos “en sus ideas”. “Sus retiros un poco canallas” como los llamaba él

54 L. BOUYER: Dom Lambert Beauduin, homme d´Eglise, por Casterman, 1964.

31
mismo, abarcaban a todo un auditorio de sacerdotes que se reunían o en lo de
monseñor Fillion o en lo de monseñor Harscouet, el obispo de Chartres, quien,
por lo general, elegía mejor a sus amigos. ¿Quiénes eran esos sacerdotes?
Muchos venían de París, alrededor de monseñor Chevrot55, otros venían de los
ambientes scouts del R. P. Doncoeur, otros en fin, y tal vez los más peligrosos,
llevaban el hábito blanco de los dominicos.

Ya existía pues en París todo un clero de vanguardia, muy dedicado a la acción


católica, que valoraba mucho las elucubraciones de ecumenismo litúrgico de
Dom Beauduin. Ese clero agrupado alrededor de monseñor G. Chevrot, el
influyente cura de San Francisco Javier, también se ocupaba mucho de la
resistencia, y conoció entonces a muchos militantes del partido comunista
convertidos repentinamente en patriotas. La influencia que representaron los
maquis sobre toda una juventud clerical fue considerable y, en muchos casos,
fue lejos de ser benéfica. Toda esta evolución socializante se hizo bajo los
episcopados de los cardenales Verdier y Suhard cuyas cualidades dominantes
no fueron ciertamente ni la vigilancia ni la lucidez.

La Compañía de Jesús no se quedaba atrás del clero diocesano: ya desde hacía


varios años, el R. P. Doncoeur era el alma de un vasto movimiento de
scoutismo católico. Nuestro lector recuerda que en Alemania el “Movimiento
litúrgico” era vehiculizado por los movimientos juveniles. El padre Doncoeur
multiplicó justamente, en la entreguerra, los viajes al otro lado del Rin. Desde
1923,

“comprendió en Rothenfels que la causa del „Movimiento litúrgico‟ estaba


en lo sucesivo ligada a la de un „movimiento de juventud‟ ”.56

Desde ese momento, para el capellán scout, la liturgia se volverá ante todo una
pedagogía, una manera incomparable de educar a la juventud; el aspecto
cultual y teocéntrico se desdibujará cada vez más...

Pero dejemos hablar a la señorita BAUD:

“Los juegos pueden ser también una excelente preparación al culto, que
en sí mismo no parece a los pequeños muy diferente de un juego. Que
esto no nos escandalice. La palabra juego no es en el lenguaje infantil, y
particularmente en tierra scout, sinónimo de diversión. El juego es una
acción, apasionante en la misma medida en que es verdadera. Ahora
bien, el culto oficial es eminentemente verdadero. El niño lo siente. Se
encuentra a gusto en esa atmósfera de verdad. Saborea esa acción seria,

55 Mons. CHEVROT: cura de San Francisco Javier, en París. Predicador muy célebre en esa
época (Nostre-Dame). Merece seguramente la nota de “liberal”.
56 R.P DUPLOYÉ: Les origines du C.P.L. 1943-1949, Salvator, 1968, p. 338

32
donde todo participa, las almas y los cuerpos, esa acción colectiva y
ordenada como uno de esos grandes deportes modernos en que la
juventud moderna encuentra su disciplina y a veces su mística. Pero el
corazoncito fiel siente, claro que sí, que el culto es más noble que el
deporte. El culto es el Gran Juego, el Juego sagrado, que se juega para
el Jefe de los jefes. (...) En los grupos, la misa es generalmente
dialogada por toda la asistencia. Algunas incluso tienen la ofrenda. Los
cadetes que el padre Doncoeur lleva cada verano por las rutas de Francia
con la mochila al hombro también tienen la misa dialogada. Agrupados
alrededor del altar, contestan a las oraciones litúrgicas, hacen en el
ofertorio la ofrenda de las hostias que serán consagradas para ellos...”57

El padre DUPLOYÉ dirá más tarde del padre Doncoeur:

“Sin la ruta de los scouts de Francia que le proporcionó un terreno de


experimentación apropiado a su genio, no habría sido el creador litúrgico
que fue.”58

No hay pues nada de sorprendente en que encontremos a muchos capellanes


scouts en los “retiros” de Dom Beauduin.

Tampoco nos sorprende que allí se codeen con dominicos que han abjurado de
su juramento antimodernista. Hacen allí migas con los jesuitas. Una gran
fraternidad los unía, desde que se habían agrupado, en 1927, alrededor del
nuevo profeta Jacques Maritain, contra aquéllos que el gran Dom BESSE, él sí,
verdadero apóstol de la “renovación litúrgica”, llamaba “los católicos de
derecha”.59 Los padres Congar y Chenu recientemente han revelado el estado
de putrefacción avanzada de la orden dominicana y en particular del Saulchoir
en los años 1930-1940.60

Citemos a Paul RAYNAL quien resume muy bien la evolución de la Orden:

“Después de la crisis de 1926 —escribe—, los elementos tradicionales, en


el seno de la orden, se vieron reducidos al silencio, y un hombre de gran
talento, el padre Chenu, pudo apoderarse libremente de las mentes de
los jóvenes hermanos para instilarles su virus progresista: de esta

57 Liturgia, obra colectiva redactada bajo la dirección del abbé Aigrain. Bloud et Gay, 1930, pp.
1000-1001.
58 Les origines du C.P.L., loc. cit., p. 338
59 En efecto, colaboraron en "Pourquoi Home a parlé”, Spes, 1927: los jesuitas: Doncoeur y

Lallement; los dominicos: Bernadot y Lajeunie, sin olvidar al abbé Maquart y al inevitable J.
Maritain.
60 "Une vie pour la vérité”, Y. Congar interrogado por J. Puyo, Centurión, 1975. "Un théologien

en liberté”, el padre Chenu interrogado por J. Duquesne, Centurión, 1975.


El R.P Barbara ha hecho de ello un excelente informe en “Dos modernistas testigos de su
tiempo” in “Forts dans la foi”, nº 53.

33
manera, hacia el año 1935, se encuentra preparado todo un medio
humano donde se reclutarán los equipos necesarios para las empresas
de desfiguración. La principal de estas empresas, que servirá de raíz a
las demás, es la creación de las ediciones du Cerf en Juvisy por el padre
Bernadot; ahí iba a nacer el semanario progresista „Sept‟ [Siete] y su
sucesor „Temps Présent‟ [Tiempo presente]”.61

Las ediciones du Cerf fueron fundadas en 1932, su órgano es “La vie


intellectuelle” [La vida intelectual], “Sept” data de 1934; su tendencia
netamente marxista acarrea su desaparición en agosto de 1937, pero “renace
de sus cenizas” con el nombre de “Temps présent”. Todas esas revoluciones
intelectuales no dejaban de tener repercusión en el campo de la liturgia:

“Antes de la guerra, el padre Maydieu O.P. celebraba en Notre-Dame,


para 'Los amigos de Sept‟, una misa estilo nuevo, con el sacerdote cara
al pueblo, y que era animada en francés. El padre Duployé seguía esto
con apasionada lucidez”.62

Así las fuerzas modernistas francesas van a cercar el “Movimiento litúrgico”. No


tiene nada de sorprendente que toda esta “intelligentsia” se vuelva a encontrar
alrededor de Dom Beauduin. La guerra será el catalizador que hará brotar de
ese caldo de cultivo el Centro de Pastoral Litúrgico (C.P.L.).

Volvamos a trazar rápidamente las etapas de la fundación del C.P.L. En 1941, el


padre Maydieu publica un álbum litúrgico en unión con “Temps Présent” y la
J.A.C. En junio de 1941, el padre Boisselot, director de las ediciones du Cerf,
lanza “Fétes et saisons” [Fiestas y estaciones]. En 1942, las ediciones de
l‟Abeille, en Lyon, en zona libre, lanzan “La Clarté-Dieu” [La Claridad-Dios], que
será el primer órgano del C.P.L. en su estado embrionario. Siempre en zona
libre, el padre Duployé, el alma de toda esta efervescencia, se vincula con el
padre Roguet que había consagrado los últimos años de la preguerra a la
liturgia radiofónica. El padre Roguet traducía entonces las obras de Dom Vonier,
y las publicaba en las mismas ediciones de l‟Abeille. Esas obras influenciaron
considerablemente la eclesiología; entonces apareció el término “pueblo de
Dios”, concepto judío, y no cristiano, que tanto gustaba a todos esos
neoliturgos. Recuerde nuestro lector a Dom Parsch y a su “Palabra de Dios”. Es
de la reunión del “Pueblo de Dios” con la “Palabra de Dios” que surgió la liturgia
neojudaizante de estos últimos años.63

61 P. RAYNAL: "Liturgie et qualité dans la défense de la Tradition catholique”, p. 22.


62 "Un théologien en liberté", pp. 92-93.
63 Dom VONIER: Lo Peuple de Dieu, traducido por el padre Roguet, Ed. de l'Abeille, Lyon, 1943.

34
Durante ese tiempo, Dom Beauduin multiplicaba sus “retiros sacerdotales”: La
Pierre-qui-vire (1936), Clamart (1937), Paray-le-Monial (1938); con frecuencia
se lo encuentra en Thieulin en la diócesis de su amigo el obispo de Chartres.

“Un nuevo retiro sacerdotal dado por él en Clamart en 1942, produjo tal
impresión sobre sus participantes que, para prolongar sus efectos,
monseñor Chevrot organizó unas reuniones periódicas en el curso de las
cuales se discutía sobre el espíritu de la liturgia y sobre la pastoral
litúrgica. Ese grupo de sacerdotes constituyó uno de los núcleos del
Centro en su fundación, al lado de otros que, viniendo de otros
horizontes, tenían quizás otras concepciones de la liturgia. Al menos,
aportando al proyecto dominicano de un Centro de pastoral litúrgico su
patronato entusiasta y sonriente, Dom Beauduin le proporcionaba
enseguida adherentes ya convencidos y experimentados".64

El 20 de mayo de 1943, se efectuó en las ediciones du Cerf la reunión


fundacional del Centro de Pastoral litúrgico; Dom Beauduin, viejo profeta de
setenta años, presidía. Ese día fue su triunfo, veía ahí la consagración de las
ideas por las cuales había luchado casi 11 cinta años. La primacía de la pastoral
sobre el culto estaba oficializada.

¿No es posible decir, retomando la expresión de San Pío X, que el C.P.L. es “la
cloaca colectora de todas las herejías” anti litúrgicas? En todo caso, es seguro
que reúne en su seno a todas las desviaciones del “Movimiento litúrgico”:
inversión de las relaciones culto-pastoral; arqueologismo; desprecio del
“rubricismo”; primacía de la Palabra de Dios; concepción activista de la
participación; colectivización de las asambleas litúrgicas, etcétera.

Retengamos los nombres de los principales colaboradores del C.P.L. en esa


época: los padres Duployé, Roguet, Chenu, Chéry, Maydieu, todos de la orden
de predicadores, por supuesto Dom Beauduin O.S.B., los jesuitas Doncoeur y
Daniélou, sin olvidar al padre Louis Bouyer del Oratorio, y al abbé A. G.
Martimort de Toulouse. Los elementos más conservadores de esas asambleas
eran el padre Dom Bernard Capelle y Dom Botte, ambos de Maredsous.65 El
monasterio benedictino de Vanves, cerca de París, se convierte en el lugar
habitual de las reuniones de la asociación. En octubre del 45, es la creación de

64 A. G. MARTIMORT: "Dom Lambert Beauduin et le C.P.L.”, in "Questions liturgiques et


paroissiales”, 1959.
65 Dom Botte sostenía entonces enérgicamente la diferencia esencial entre el sacerdocio de los

sacerdotes y el de los fieles: nociones muy cuestionadas por los otros miembros del C.P.L. desde
sus orígenes. Cf. Dom BOTTE: Le Mouvement liturgique, p. 64
“En 1943 – escribe Dom Botte – fui invitado a un consejo de redacción de “La Maison-
Dieu”. Se trataba de hacer un número sobre el Sacerdocio de los fieles. Puesto que
pedían mi opinión, la di con toda simplicidad, y tuve la impresión de ser un hereje, que
prefería blasfemias en medio de padres ortodoxos.”

35
la colección “Lex orandi” que publicó en las ediciones de du Cerf muchas obras
litúrgicas de las que volveremos a hablar. Antes, en enero de 1945, había
aparecido el primer número de “La Maison-Dieu”, órgano oficial del C.P.L. Dom
Lambert escribió su editorial: lo estudiaremos en nuestro próximo capítulo;
contentémonos ahora con dar su título, es por otra parte todo un programa:
“Normas prácticas para las reformas litúrgicas”.66

Concluiremos con un testimonio del padre Chenu dirigido en marzo de 1945 al


C.P.L.:

“Es cierto que me agrada lo que ustedes están haciendo, como ustedes
dicen: que el padre Congar y yo mismo reconocemos y reconoceremos
los hermosos frutos madurados sobre los retoños nacidos con petulancia
hacia 1935”.67

¿Qué hacían las autoridades eclesiásticas en esa época? Los obispos ignoraban
las cosas, cuando no las bendecían. La terrible guerra de 1939 a 1945
preocupaba demasiado a la Santa Sede como para que pudiera actuar. Por otra
parte ¿estaba informada? En todo caso, el silencio del episcopado francés no
nos hará sino apreciar mejor la valerosa toma de posición de monseñor Gröber
en Alemania.

EN ALEMANIA ESTALLA EL CONFLICTO ENTRE LOS CONSERVADORES


Y EL MOVIMIENTO

Como ya lo hemos dicho, el clero alemán, confinado en las iglesias y las


sacristías por los nazis, se entregaba a una verdadera "revolución litúrgica”
avant la lettre. Una ola de protestas se alzó en todos los medios católicos. La
controversia, primero oral, encontró eco en dos obras, “Irrwege und Umwege
der Frömmigkeit” (Errores y desviaciones de la piedad) de Max KASSIPE y
“Sentire cum Ecclesia” de DOERNER. Esos libros francamente hostiles al
“Movimiento litúrgico” alemán llevaron a los dirigentes del “Movimiento” a
poner un poco de orden en sus asuntos. Roma no soporta el desorden... unas
sanciones eran inminentes. Había que apresurarse para evitar las condenas
romanas. Una asamblea privada, realizada en Fulda en agosto de 1939, designó
como jefe del “Movimiento” al obispo de Passau, monseñor Landesdorfer
O.S.B., siendo sus asistentes el padre Jungmann y Romano Guardini.

El comité dirigente no perdió el tiempo. La primera necesidad era la de dominar


al conjunto del episcopado alemán. La maniobra fue hábil: Al irse amplificando
la controversia, el episcopado alemán resolvió, durante la asamblea de los
obispos en Fulda en agosto de 1940, encargarse él mismo de los asuntos

66 “Le Maison-Dieu”, enero de 1945, nº 1, Cert.


67 “Les origines du C.P.L.” p.288

36
litúrgicos. Como informadores de las cuestiones litúrgicas, la Asamblea designó,
bajo la instigación de monseñor Landesdorfer, a monseñor Stohr, de Maguncia
(amigo íntimo de Guardini), protector de la juventud (así se vio a juventud y
liturgia juntas) y al propio monseñor Landesdorfer de Passau.68 Por supuesto,
ese “Liturgisches Referat” se rodeó de especialistas, de “expertos”, de “periti”
que no eran otros que los grandes dirigentes del “Movimiento” alemán. En un
año pues, la jugada estaba hecha, “el caballo de Troya había entrado en la
ciudad”: la Asamblea episcopal alemana estaba en manos de la “Renovación”.

Era no contar con el valor y la energía de un gran obispo, monseñor GRÖBER,


arzobispo de Friburgo en Brisgovia. En efecto, a mediados de enero de 1943,
ese prelado dirigió a sus colegas alemanes (de la “Gran Alemania” de después
del Anschluss) una larga carta en la que, con tono grave, enumeraba en
diecisiete puntos los principales temas de inquietud que le causaban los
movimientos juveniles; algunas de sus quejas se referían a la teología general o
a la eclesiología; no retendremos aquí sino los pasajes de su carta que tienen
más relación con la liturgia.69

El punto nº 1: la notoria escisión espiritual en el interior del clero de la gran


Alemania, los unos siendo partidarios del “Movimiento” y siéndole opuestos los
otros.

El punto nº 5: “Lo que me inquieta, es, al mismo tiempo que una crítica
radical e injustificada de lo que ha sido válido hasta el presente y de lo que ha
aparecido en el curso de la historia, el retorno práctico, audaz y brutal, a
épocas y a normas y a formas antiguas y antiquísimas, declarando
abiertamente que entre tanto se ha producido una „evolución que sería una
desviación‟ ”.

Monseñor Gröber apunta aquí, no cabe duda, al arqueologismo de María Laach.


Notemos al pasar que Pío XII retomará este punto particular y varios otros en la
“Mediator Dei” de 1947.

El punto nº 11: Errores graves sobre el Cuerpo Místico de Jesucristo. Una vez
más notemos que Pío XII se hará eco del arzobispo de Friburgo en su encíclica
“Mystici Corporis” del 29 de junio de 1943.

El punto nº 13: Se pone el acento de manera excesiva sobre el sacerdocio


general en detrimento del sacerdocio ministerial.

¡Y sí! ¡Ya entonces! monseñor Gröber había acertado plenamente.

68Johanm WAGNER: “El Movimiento litúrgico en Alemania", “La Maison-Dieu”, nº 25, 1951.
69Cf. DOM J. FROGER: “L´Encyclique Mediator Dei sur la liturgie”, en “La pensée catholique”,
nº 7, 1948, pp. 56-75

37
El punto nº 14: La insistencia particular sobre la tesis del “sacrificio-comida” y
de la “comida-sacrificio”. Así pues, en plena guerra, la teología luterana de la
Institutio generalis del N.O.M. se encontraba en estado difuso en el
“Movimiento litúrgico” alemán.

El punto nº 15: El exceso con el que se insiste sobre el elemento litúrgico. Se


pretende que sólo la liturgia puede constituir una verdadera pastoral y se
ridiculiza las formas precedentes de apostolado. Al mismo tiempo, se trata a las
rúbricas en la forma más insolente, permitiéndose todas las excentricidades.

El punto nº 16: Los esfuerzos para hacer obligatoria la misa dialogada.

Nuestro lector recuerda que la misa dialogada fue, desde el principio, uno de
los caballitos de batalla del “Movimiento litúrgico”. El papa Pío XI la había
autorizado a partir de 1922, con el acuerdo del ordinario del lugar. Dom
Gaspar Lefebvre había publicado, en 1923, una apología de la misa dialogada
en la erudita revista “La vida espiritual”. En sí, la misa dialogada no es algo
malo, es un medio de hacer participar a los fieles en la Acción sagrada. Pero no
es sino un medio, no hay que imponerla como un remedio universal.

Eso es lo que escribía monseñor GRÖBER:

"No tengo la más mínima objeción que hacer en contra de las misas
dialogadas como tales, en cuanto son celebradas con una frecuencia
limitada (...). Se puede muy bien ensayarlas, pero sin poner en ello
esperanzas excesivas. Pese a todo, consideraría siempre a la misa
dialogada como algo que se sitúa al margen, y como algo del momento,
que muy pronto las leyes del cambio y de la reacción moderarán y harán
pasar de moda”.

Lo que más inquietaba a este buen obispo, era la comprobación de que

“los neoliturgos veían en la misa dialogada la expresión de sus


concepciones sobre el sacerdocio general, y una manera de insistir sobre
los derechos de los laicos a cooperar en el sacrificio de la misa”.

Esta participación “activista”, que se fundamentaba en la teoría del sacerdocio


general, eso era lo que hacía temblar al obispo de Friburgo. Aquí, una vez más,
Pío XII se hará eco de esta inquietud en “Mediator Dei”, condenando la nueva
teología del sacerdocio, y marcando los límites de la misa dialogada70, pero
dejemos el análisis de la “Mediator Dei” para nuestro próximo capítulo.

El punto nº 17: La fuerte tendencia no solamente a poner en alemán más de


una oración durante la administración de los sacramentos, sino también a

70 “Mediator Dei”, del 26 de noviembre de 1947, Ed. Solesmes, Liturgia I, nº 578 a 581.

38
adelantarse a los deseos del pueblo introduciendo el idioma alemán hasta en la
santa misa; a pesar del “non expedire” del Concilio de Trento (Sesión XXII, c. 8,
can. 9).

El arzobispo de Friburgo terminaba su carta en estos términos patéticos:

“Someto todas estas aprensiones al Venerable Episcopado, para desligar


mi responsabilidad pro parte mea (...). Esta lista de las cosas que me
inquietan, podría alargarla aun más agregándole más de un punto
igualmente problemático y, me parece, contrario a la doctrina católica.
¿Podemos guardar silencio, nosotros, los obispos de la Gran Alemania, y
Roma?”.

Roma iba a actuar muy rápido. Por una carta del cardenal Bertram, arzobispo
de Breslau, a los miembros de la Conferencia Episcopal de Fulda71, la Santa
Sede hizo saber: la viva inquietud que le causaba el “Movimiento litúrgico”
alemán, su deseo de recibir informaciones sobre este asunto, su llamado a la
vigilancia de los Ordinarios, la interdicción de toda discusión sobre este tema, y
finalmente que estaba dispuesta a examinar con benevolencia ciertos privilegios
que podrían ser ventajosos para el bien de las almas. La Santa Sede se
ocupaba pues del asunto. Era de esperar una intervención pontificia.

Ante ese peligro para el “Movimiento”, el episcopado alemán sostuvo con


pasión a los neoliturgos. El 24 de febrero, el cardenal Innitzer respondió a
monseñor Gröber que la situación en Alemania y en Austria no era tan
inquietante como él decía; la existencia de corrientes doctrinarias divergentes
no era sino suficientemente normal; convenía dejar a los teólogos proseguir
libremente sus investigaciones; una intervención del magisterio eclesiástico
corría el riesgo de desanimar el entusiasmo de los liturgistas.72

Esta intervención tan temida tuvo sin embargo lugar. Se hizo en dos tiempos
por las encíclicas “Mystici Corporis” y “Mediaior Dei”. La enérgica “frenada” de
Pío XII habría seguramente salvado la situación, si, al mismo tiempo, la
Secretaría de Estado no hubiera animado al “Movimiento” alemán por la
concesión de privilegios especiales.

En efecto, en abril de 1943, el cardenal Bertram enviaba un memorándum al


Santo Padre en nombre de todos los demás obispos. Ese memorándum es una
defensa universal y calurosa del “Movimiento litúrgico”; juzga a la liturgia
exclusivamente latina poco apta para favorecer la participación de los fieles y
defiende la misa comunitaria, la misa, comunitaria con cánticos y la misa
cantada en lengua alemana. El Cardenal aprovecha la ocasión para proponer

71 Carta del 15 de enero de 1943, citada por Dom Froger, loc. cit.
72 “La Maison-Dieu”, nº 7, pp. 108-114.

39
algunas reformas: la atenuación de la disciplina del ayuno eucarístico
prolongada más allá del tiempo de guerra, una nueva traducción latina del
salterio, un enriquecimiento del Ritual por la inserción de pasajes de la Sagrada
Escritura, la transferencia de las ceremonias del Jueves Santo y del Viernes
santo a la noche.73

El cardenal Maglione, secretario de Estado74, contestó el 24 de diciembre de


1943:

“En su respuesta —escribe F. KOLBE—, las observaciones críticas no


faltaron, es cierto; pero la decisión sobre la manera de celebrar la misa
comunitaria y la misa comunitaria con cánticos es dejada a la discreción
de los obispos, y la misa cantada alemana es permitida expresamente.
Esta carta aseguraba el desarrollo ulterior de la celebración de la misa en
la línea del „Movimiento litúrgico‟, bajo la protección de los obispos”.75

El mal estaba hecho, y ya no existiría medio alguno de encauzarlo. Pío XII se


esforzará en vano por añadir todas las precisiones doctrinarias queridas, la
revolución continuará ganando terreno. ¿La Secretaría de Estado sabía acaso
que los obispos de la Comisión litúrgica alemana, a la que le confiaba la
responsabilidad de las formas de la celebración de la misa, estaban entre los
elementos más avanzados del “Movimiento”? ¿Estaba Pío XII al corriente de los
manejos del cardenal Maglione? Tantas preguntas a las que no es posible
responder. Pero, lo que es seguro, es que asistimos ahí a las primerísimas
victorias del descarriado “Movimiento litúrgico” sobre la Autoridad romana. Y
sabemos ahora, en 1980, hasta dónde nos ha llevado esa larga de retrocesos
que tanto ensombrece la historia de la Iglesia, en 'da segunda mitad del siglo
XX.

Así, al final de la segunda guerra mundial, el “Movimiento litúrgico” reforzó


considerablemente sus posiciones. Puso a punto un poderoso organismo de
subversión litúrgica, el Centro de Pastoral Litúrgica. Y sobre todo, elaboró su
táctica de guerra: ganar a su causa a los obispos y así actuar dentro de
la legalidad, hacer presentar sus demandas a la Santa Sede por los obispos,
siempre so pretexto de ventajas pastorales. Ya no le faltará más sino que
Dom Beauduin ponga todo esto en forma en el editorial del nº 1 de “La Maison-
Dieu”, en enero de 1945: “Normas prácticas para las reformas litúrgicas”.

73 “Liturgisches Jahrbuch”, 1953, pp. 108 y ss., artículo de J. Wagner.


74 El cardenal Maglione murió en 1944, y fue reemplazado por dos prosecretarios: monseñor
Tardini para los asuntos extraordinarios y monseñor Montini (futuro Pablo VI) para los
ordinarios.
75 F. KOLBE: “Alemania”, “La Maison-Dieu”, nº74, 1963

40
CAPÍTULO IV - LA POSGUERRA

Dom Rousseau hace el balance. Dom Beauduin elabora las “Normas


prácticas para las reformas litúrgicas”, carta del Centro de Pastoral
Litúrgica francés (C.P.L.); evitar el conflicto con la jerarquía
(Alemania). “Mediator Dei” retoma las tesis de monseñor Gröber, pero
es demasiado tarde: se pasa por alto la encíclica. Los objetivos
reformistas del “Movimiento”.

Los años de la guerra con sus disturbios permitieron a los dirigentes del
“Movimiento” poner a punto su estrategia. Nace el Centro de Pastoral litúrgica.
Se engaña a los episcopados francés y alemán. Roma vacila... Los años de la
posguerra van a ser decisivos para el porvenir del “Movimiento litúrgico”.

DOM ROUSSEAU HACE EL BALANCE

En 1945, un benedictino de Chevetogne76, Dom Olivier ROUSSEAU, publica en


las ediciones du Cerf una Histoire du Mouvement liturgique. Use monje,
lúcido discípulo de Dom Lambert Beauduin, hace en este libro un penetrante
análisis de la historia de los orígenes del “Movimiento”. Pero es la conclusión de
su obra la que retendrá nuestra atención: Dom Rousseau lanza allí un grito de
alarma.

“La Iglesia es viviente —escribe—, el pasado sigue estando vivo en ella


—y sucede que a veces los modernos lo olvidan—; pero el presente
también está vivo en ella. Digamos más: el pasado no vive en ella sin el
presente, ni el presente sin el pasado. Sepamos reconocer la indudable
preponderancia de los primeros siglos de la Iglesia, preponderancia que
permanecerá siempre y a la cual nunca podremos cambiarle nada. Pero
sí digámonos que si es comprender mal a la Iglesia „hacerla comenzar‟ en
algún período posterior de su historia, es también comprenderla mal
hacerla cesar en algún momento. Que una semejante disposición, en
Dom Guéranger, haya a veces sido excesiva, eso no debe sorprendernos
demasiado en un hombre de su empuje. Su ultramontanismo, su
conservatismo, su dogmatismo mismo y su gusto por la lucha no son
sino los extremos de sus cualidades. Era preciso que tuviera semejante
temple para dar a su movimiento una armasen inflexible. Es sobre esta
armazón que vinieron a apoyarse sus discípulos, y principalmente
aquéllos que, ligados a su filiación en la Orden monástica, propagaron
sus enseñanzas y sus ideas. Lo hicieron con una seguridad total y una
absoluta persuasión de que no comunicaban a los demás sino el más
puro espíritu de la Iglesia”.

76 Chevetogne, el monasterio ecuménico de Dom Beauduin, primeramente instalado en Amay.

41
Y Dom Olivier ROUSSEAU concluye en la última frase de su libro:

“Y esto nos hace comprender también cuánto importa para el porvenir


que el movimiento litúrgico surgido de él, sin dejar de seguir de cerca la
evolución de las ideas y mezclándose a ellas lo más posible, siga fiel a
ese sentido católico primordial, sin el cual, tarde o temprano, está
expuesto a errar”.77

Nuestro lector nos perdonará esta cita demasiado extensa, pero no podíamos
omitirla, por ser tan notable. Dom Rousseau dio en el blanco, y lo único que
lamentamos es que no lo haya dicho con más fuerza: el “Movimiento litúrgico”
está perdiendo, si no lo ha perdido ya, el sentido católico de la Iglesia. Para un
católico, la Iglesia es la única Arca de Salvación; Sociedad divina, sigue siempre
viva a través de los siglos, siempre pura e inmaculada, sin arruga, su dogma78
como su liturgia conocen un “desarrollo homogéneo”. De esta verdad
fundamental, Dom Guéranger se hizo su intrépido defensor en sus “Institutions
Liturgiques”. Es en nombre de ese principio que combatió las diversas
manifestaciones de la “herejía antilitúrgica”. Para Dom Guéranger, como para
todo católico, la liturgia es engendrada por la Iglesia, y asistida por el Espíritu
Santo todo a lo largo de su camino sobre la tierra. A este título, la liturgia
tridentina y postridentina es tan igualmente venerable como la liturgia de la
Edad Media o de la época patrística.79

Esto, los dirigentes del “Movimiento litúrgico” ya no lo comprenden. Para ellos,


la liturgia de la “época barroca”, la liturgia de la Edad Media son liturgias
muertas. “El Espíritu” ya no sopla en ellas como en los tiempos de los Apóstoles
y de los primeros Padres. Se trata de volver cueste lo que cueste a esa liturgia
primitiva, porque sólo ella podrá ser el alma de una verdadera renovación, de
un verdadero “progreso de la Iglesia”.80

DOM BEAUBUIN PREDICA LA REFORMA LITÚRGICA

Dom Rousseau apenas acababa de dejar la pluma, cuando Dom Lambert


Beauduin ahogó, con toda su autoridad de “viejo profeta”, el grito de alarma de
su discípulo demasiado vigilante.

77 Dom O. ROUSSEAU: Histoire du Mouvement liturgique, Cert.1945, pp 213-232.


78 Cf. La evolución homogénea del dogma católico, dos tomos, por el R.P. MARÍN SOLÁ, O.P.,
ed. S. Paul en Friburgo, Suiza, 1924.
79 Cfr. Supra. pp. 39-40
80 Cr. la carta pastoral del cardenal SUHARD, “Essor ou déclin de l´Eglise” [Progreso o

declinación de la Iglesia], de 1947.

42
En efecto, en enero de 1945, Dom Lambert Beauduin escribía el editorial del nº.
1 de “La Maison-Dieu”, órgano oficial del C.P.L.; su título es todo un programa:
“Normas prácticas para las reformas litúrgicas”.81

Vamos a analizar en detalle este artículo que constituye verdaderamente la


carta del “Movimiento litúrgico” descarriado. Veremos hasta qué punto Dom
Beauduin ha perdido ese “sentido católico primordial” que hace un instante
recordaba Dom Olivier Rousseau. Este editorial contiene un verdadero método
de subversión a practicar dentro de la Iglesia: no comprendemos, o más bien
comprendemos demasiado bien cómo tal escrito pudo ser impreso “cum
permissu superiorum”.

Por empezar, Dom Beauduin expone el objetivo del C.P.L., lo hace de una
manera hábil, recordando las célebres palabras de San Pio X:82

“Queremos poner en su pleno valor a la liturgia y hacer volver no


solamente a una élite, sino a los fieles, a todos los fieles, a todo el
pueblo de Dios, a esta auténtica fuente de la vida cristiana”.

Luego, nuestro autor hace una doble comprobación: por una parte, el
empobrecimiento actual de la liturgia (hasta usa esta palabra blasfema:
“Liturgia momificada”); por otra parte, el antiguo dinamismo evangélico. En
1909, Dom Lambert Beauduin se habría dicho ante ese hecho: trabajemos para
explicar los ritos, para hacerlos vivir, pero respetémoslos. En 1945, el mismo
monje concluye en la absoluta necesidad de una reforma.

“¿Hay que liberarse prudentemente —escribe— de la disciplina


demasiado estrecha de las regias litúrgicas actuales y devolver a los
signos sacramentales y a las instituciones cristianas toda su virtud y su
eficacia?”

Pero Dom Beauduin sabe que la Iglesia (¡en esa época!) no soporta la anarquía
y las experiencias demasiado avanzadas; él mismo ha tenido que vérselas con
la autoridad romana en ocasión de sus aventuras ecuménicas, y no quiere
sobre todo que se reproduzcan en Francia los graves disturbios que conoció
Alemania. Por lo cual afirma con Justeza:

1) la liturgia pertenece a la Iglesia;

2) la Santa Sede, desde el Concilio de Trento, se reserva de una forma


exclusiva el poder de legislar en el campo litúrgico;

81 “La Maison-Dieu” nº 1, de enero de 1945, Cerf, pp. 9-22.


82 “Tra le Sollecitudini”, Nov. 22, 1903

43
3) el derecho litúrgico, por una disposición excepcional, se sustrae al ámbito de
la costumbre legítima, la cual sin esto tiene la fuerza de abrogar la ley y de
volver lícito lo que, literalmente, podría ser ilícito.

Así pues, el “Movimiento” no podrá atacar de frente a la liturgia de la Iglesia,


no podrá destruirla sino por medio de un método subversivo muy estudiado.
Pero dejemos hablar a nuestro monje, maestro consumado en el arte de la
revolución dentro de la Iglesia.

“Si la Santa Sede —escribe— está justamente preocupada por el


mantenimiento integral de las observancias litúrgicas y muy severa hacia
toda empresa o toda iniciativa contraria a sus leyes, se muestra, por otra
parte, muy comprensiva y muy acogedora de todos los esfuerzos hechos
dentro del marco de las leyes actuales y alienta sin reserva los trabajos
históricos que investigan el origen y la evolución de nuestros ritos. La
Santa Sede desea pues que su disciplina sea estudiada por todos los
métodos históricos. El C.P.L. puede pues realizar ampliamente ese punto
de su programa. Su disciplina, su teología y las Sagradas Escrituras se
benefician ampliamente con todos los resultados de los progresos de la
ciencia. Sucederá lo mismo en el campo de las reformas litúrgicas, bajo
una triple condición que nuestro movimiento debe cumplir”.

Vamos ahora a citar en síntesis ese texto de un cinismo inaudito:

"Será preciso proceder jerárquicamente: no tomar como iniciativa


práctica sino lo que está en conformidad con las reglas actuales de la
liturgia. Proceder pacientemente: utilizar modestamente lo que es
legítimo hoy y preparar el porvenir haciendo desear y amar todas las
riquezas contenidas en la liturgia antigua; disponer las mentes: Roma
teme por sobre todo el escándalo de los fieles. Proceder metódicamente:
hacer estudios serios de vulgarización (Oficios de Semana Santa, Noche
Pascual, Concelebración). Acentuar también el aspecto moral y práctico:
Comunión frecuente, ayuno eucarístico, horas de la Misa: la Iglesia no
teme modificar su disciplina por el bien de sus hijos”.

Nuestro lector comprende ahora por qué los neoliturgos se lanzaron con tanto
celo en la historia de la liturgia, historia concebida por otra parte de una
manera muy racionalista, sin tener para nada en cuenta el carácter sagrado de
la liturgia. Los Jungmann,83 los Bouyer, y otros Roguet multiplicaron
entonces las obras de este género. La creación de la colección “Lex Orandi” en
las ediciones du Cerf es un ejemplo entre otros de la efervescencia de esas

83Su obra más famosa es el célebre MISSARUM SOLLEMNIA, traducción francesa, 3 vol.,
Colección teología, 19, 20, 21, París, Aubier, 1951-1954.

44
producciones literarias. Los neoliturgos buscaban con ello influenciar a la
Sección Histórica de la Sagrada Congregación de Ritos creada por Pío XI en
1930. Ese hábil trabajo de presiones indirectas no tardó en brindar sus frutos
envenenados, como lo veremos en seguida.

Dom Lambert Beauduin expone después una segunda manera de presión


indirecta. Comprueba que la Iglesia romana está animada de un espíritu
fuertemente jerárquico. Para no chocar de frente con esta jerarquía, hará
presentar sus deseos y sus demandas por los obispos:

"Es preciso —escribe— que podamos contar con simpatías convencidas y


actuantes”.

En eso, nuestro monje utilizó en pleno sus dotes de seducción: "Tenía amigos
en todas partes”, nos dice el padre BOUYER84. Sus amigos más influyentes eran
entonces los monseñores Roncalli, Suhard, Harscouët, Richaud y el
reverendo padre Dom Capelle.

Dom Lambert Beauduin pone luego el toque final a su programa de subversión


litúrgica:

"El C.P.L. debe tomarse el trabajo de hacer conocer y apreciar sus obras a los
consultores de la Sagrada Congregación, a los miembros de la Academia
litúrgica, etcétera... Si nunca se debe permitir adelantarse a las decisiones de
las autoridades competentes, tiene el derecho y el deber de hacer conocer a
éstas las „desiderata‟ y los buenos y motivados deseos de los pastores más
celosos y del pueblo fiel, en particular de los abnegados miembros de la Acción
Católica”.85

Veamos ahora la puesta en práctica de este manifiesto en los primeros años de


la posguerra.

EL CENTRO PASTORAL LITÚRGICO REALIZA EL PROGRAMA DE DOM


LAMBERT BEAUDUIN

En julio de 1945, tiene lugar la reunión de un equipo reducido, en Ligugé, bajo


la protección del padre abad, Dom Basset; en setiembre de 1945, se efectúa el
primer congreso en Saint-Plour, gracias al apoyo del obispo monseñor Pinson y
al del cardenal Gerlier. En abril-mayo de 1945, son las jornadas de Vanves,
dirigidas por al abbé Martimort, sobre la Misa y su catequesis. Durante esas
sesiones el cardenal SUHARD confiesa:

84L. BOUYER: Dom Lambert Beauduin, un homme de l´Eglise, Casterman, 1964.


85La Messe et sa Catéchése, Venves, 30 de abril-4 de mayo de 1946, Colección Lex Orandi, Cerf,
1947.

45
“De diversos lados nos solicitan actualmente para conseguir facilidades
en materia de disciplina litúrgica”.

Se trataba entonces de la Misa vespertina y de la introducción del


vernáculo en la administración de los sacramentos. Nuestro lector recuerda
que en el mismo momento, en Alemania, los mismos pedidos eran presentados
a Roma por el cardenal Bertram. ¿Simple coincidencia? Necesidades pastorales
comunes, tal vez... ¿pero no se trata más bien de la puesta en ejecución de la
táctica de Dom Lambert: hacer presentar a Roma por los obispos las desiderata
de la subversión litúrgica, so pretexto de exigencias pastorales?86 Por nuestra
parte, retendremos la última hipótesis, sin dejar de reconocer la existencia de
ciertas necesidades pastorales.

Durante el año 1946, el C.P.L. trabaja activamente en Alsacia; ahí se hace la


confluencia definitiva del “esfuerzo litúrgico” alemán y del “Movimiento
litúrgico” francés. Notemos al pasar una confidencia del padre DUPLOYÉ:

“También hemos hecho contactos con los representantes de las


diferentes Iglesias cristianas. Dom Beauduin nos enseñó para siempre a
no disociar ecumenismo y liturgia”.87

Al mismo tiempo, el “Movimiento” penetra en los seminarios (especialmente el


de la Misión de Francia); en el Saulchoir, el padre Roguet enseña liturgia. Se
organizan sesiones regionales, especialmente en Rodez donde agrupan a ciento
veinte sacerdotes.

El C.P.L. puso en movimiento una gigantesca revolución a la que ya no domina:

“Los riesgos existen —confiesa el padre DUPLOYÉ— y son temibles...


Constituimos una punta de avanzada en el clero francés. No hablamos el
mismo lenguaje que la mayoría de los párrocos y si la mayor parte del
episcopado sigue nuestro esfuerzo con simpatía, no debemos ocultarnos
que esta simpatía, cuya sinceridad no pongo en duda, puede muy bien
coincidir con una ignorancia casi completa de los principios que nos
guían... Entre esta punta de avanzada y la mayoría del clero francés,
debemos vigilar, según una táctica que ha sido muy bien puesta de
realce por el padre Doncoeur, para que no se creen intervalos... Los
temidos intervalos se producirán si no precedemos a una dispensación

86 Dom Botte lo confiesa en su “Mouvement liturgique”, p. 102: “Tomar iniciativas sin el acuerdo
de la Congregación era provocar un fenómeno de frenaje. Se eligió entonces una solución
intermedia: preparar en privado proyectos de reforma y hacerlos presentar en Roma por el
episcopado de diversos países. Pero para ello, no había que trabajar en una orden disperso.
Importaba por el contrario concentrar los esfuerzos de los diversos grupos de trabajo. De ahí el
origen de las reuniones internacionales”
87 Padre Duployé, Les origines du CPL, 1943-1949, Salvator, 1968, p.308.

46
económica y pedagógica de la verdad descubierta por nosotros...
Debemos saber callar y saber esperar... En Ligugé o en Vanves, no se
trata sino de una etapa de nuestro trabajo... Pero sería terriblemente
peligroso, y sería simplemente estúpido tirar a la cabeza del clero francés
estas aporías tal como están. Públicamente no podemos sino presentarle
pan bien cocido. Desde el principio de nuestro esfuerzo hablamos de
adaptación y de evolución litúrgica. Me pregunto a veces si no nos
engañamos con estas palabras... Estamos sobre una máquina lanzada a
gran velocidad. ¿Somos todavía capaces de conducirla? Les confieso para
terminar mi cansancio y mis temores”.88

Ante esta aceleración excesiva del “Movimiento”, Dom Beauduin se asustaba...


Asistimos con ello a los primeros fenómenos de “rebasa mientes permanentes”,
propios de todas las revoluciones: los dirigentes de ayer son rebasados por los
agitadores de hoy, los primeros revolucionarios van a aparecer como
reaccionarios, los incendiarios van a gritar ¡fuego! En efecto, el padre BOUYER
comenta de Dom Lambert Beauduin:

"Yo no sabría disimular, sin embargo, que todo no lo maravillaba en el


nuevo movimiento. El precipitado apasionamiento por las „paraliturgias‟,
que tan rápido pasaron del papel de liturgia preparatoria a la pretensión
de ser una liturgia del porvenir, un porvenir que demasiado fácilmente
hace tabla rasa del pasado tradicional, no le decía nada de bueno”.89

Esas tensiones internas van a provocar, en julio de 1946, la autonomía del


C.P.L. respecto de las ediciones du Cerf. El abbé Martimort adquiere desde
entonces una creciente influencia en el seno de la organización, poco a poco, el
padre Duployé va a retirarse... la revolución avanza, y se radicaliza.

Señalemos finalmente una reunión en el Thieulin, cerca de Chartres. Cuarenta


superiores y directores de seminarios se reúnen allí bajo la presidencia de
monseñor Harsccuët. Los oradores son el abbé Perrot, director del Seminario de
la Misión de Francia, el padre Régamey de “L‟Art Sacré”, el abbé Martimort, los
padres Duployé y Congar, y por supuesto el inevitable Dom Beauduin. El
espíritu de la reunión debió ser de lo más subversivo, porque el padre DUPLOYÉ
confiesa:

“Unos días antes de la reunión del Thieulin, yo había recibido la visita de


un lazarista italiano, el padre Bugnini, que me había pedido ser
invitado. El padre escuchó atentísimamente sin decir una palabra,
durante cuatro días. Cuando volvíamos a París, y el tren pasaba a la

88 Ibidem. pp. 310-312.


89 Dom Lambert Beauduin, homme d'Église, pp.178-179.

47
altura del estanque de los Suizos, en Versalles, me dijo: „Admiro lo que
ustedes hacen, pero el mayor servicio que les puedo prestar es no decir
nunca en Roma una palabra de todo lo que acabo de escuchar‟. Para el
mayor bien del Concilio Vaticano II, del que fue uno de sus obreros más
inteligentes, el padre Bugnini felizmente no iba a cumplir con su
palabra”.90

Este texto revelador nos muestra una de las primeras apariciones del
“sepulturero de la Misa”, un revolucionario más hábil que los otros, que mató a
la liturgia católica, antes de desaparecer de la escena oficial.91 Es pues en esa
época que la “Contra-Iglesia” penetró completamente al “Movimiento litúrgico”.
Hasta entonces, había sido cercado por las fuerzas modernistas y ecuménicas:
en la posguerra, su grado de putrefacción es suficiente para que la
Francmasonería tome directamente sus riendas: Satán se introduce en el
Caballo de Troya.

EL PAPA PÍO XII Y LA ENCÍCLICA “MEDIATOR DEI”

Ya hemos comprobado las reculadas de la Secretaría de Estado ante las


exigencias del “esfuerzo litúrgico” alemán. Pío XII era traicionado y estaba
mal informado. Sin embargo, su genio excepcional y sus grandes cualidades
de Pastor le hicieron tomar enérgicas iniciativas para tratar de frenar “la herejía
antilitúrgica”. El Pastor Angélico había quedado impresionado por la carta
pastoral de monseñor Gröber. Iba a responder a las inquietudes del obispo de
Friburgo en Brisgovia con dos encíclicas dirigidas a la Iglesia universal, que
fueron: “Mystici Corporis” del 29 de junio de 1943, y “Mediotor Dei” del 20
de noviembre de 1947.

La encíclica “Mediator Dei”, una de las más largas que haya salido nunca
de la Cancillería pontificia, es indudablemente una de las más bellas
enseñanzas del papa Pío XII.92 Con un discernimiento y una habilidad
extraordinarios, el Papa va a retener todo lo que hay de himno en el
“Movimiento litúrgico”, y a condenar enérgicamente sus desviaciones. Vamos a
resumir este documento único, sometiéndonos en todo a su juicio, pero
lamentando asimismo que no haya sido acompañado de realizaciones concretas
y de sanciones precisas contra los revolucionarios de la liturgia.

En la introducción de su encíclica93, el Papa recuerda que el sacerdocio católico


prolonga la acción de Cristo Redentor (508 a 510). Se congratula después por

90 Duployé: Les origines du CPL, p.308, en nota.


91 Mons. Lefebvre: “ Carta a los amigos y benefactores”. Nº 10, del 27 de marzo de 1976.
92 Cf. el excelente artículo de Dom FROGER: “L´encyclique Mediator Dei” in “La Pensée

Catholique” nº7, de 1948.


93 Ed. Solesmes, Lit. I, nº 508 a 653. Los números dados en el texto remiten a esta edición.

48
el renuevo de fervor por la liturgia, nacido al final del siglo pasado, incitando al
celo a aquéllos que todavía siguen dormidos, pero sobre todo criticando a los
elementos progresistas del “movimiento”:

“Notamos —escribe Pío XII— no sin preocupación y sin temor, que


algunos están demasiado ávidos de novedades y se extravían fuera de
los caminos de la sana doctrina y de la prudencia... manchan de errores
esta santa causa, de errores que tocan a la fe católica y a la doctrina
ascética” (511 a 515).

La encíclica se divide luego en cuatro partes: Naturaleza de la liturgia - El Culto


eucarístico - El Oficio divino - Directivas pastorales.

La parte consagrada a la naturaleza de la liturgia (516 a 550) es una admirable


síntesis doctrinal, que contiene la más profunda definición de la liturgia:

“El culto público integral del Cuerpo místico de Jesucristo, es decir de la


Cabeza y de sus miembros”.

Al final de esta parte de la encíclica Pío XII condena de nuevo las innovaciones
temerarias:

“No obstante, hay que reprobar la audacia completamente temeraria de


quienes, con deliberado propósito, introducen nuevas costumbres
litúrgicas o hacen revivir ritos perimidos, en desacuerdo con las leyes y
rúbricas ahora en vigor”.

Esos párrafos 547 y 548 constituyen una verdadera condenación del


“arqueologismo”,

“de manera que, —escribe el Papa— sería salirse de la recta vía el querer
devolver al altar su forma primitiva de mesa, el querer suprimir
radicalmente de los colores litúrgicos al negro, el excluir de los templos a
las imágenes santas y a las estatuas, etcétera”.

La segunda parte del documento (551 a 5S8), consagrada al Culto eucarístico,


es un verdadero tratado de la eucaristía, tanto desde el punto de vista
dogmático y litúrgico como desde el punto de vista ascético. Pío XII condena
ahí enérgicamente los errores teológicos sobra la naturaleza del sacerdocio de
los fieles (563), y las exageraciones sobre la noción de participación.
Precisa exactamente la participación “mística” de los fieles en la oblación (565 a
572) y en la inmolación (573 a 577). Indica luego los medios de promover esta
participación: misales, participación activa en los cánticos y en la Misa
dialogada, a la cual impone límites precisos (579).

49
La tercera parte de la encíclica (599 a 628) trata de la liturgia laudativa, es
decir, del Oficio divino. Pío XII reafirma que esta liturgia constituye la oración
oficial de la Iglesia (509 a 607). Analiza después el año litúrgico y la naturaleza
del culto de los Santos.

Viene luego la cuarta parte de la carta (629 a 651) que contiene las directivas
pastorales,

“a fin —escribe el Papa— de apartar más fácilmente de la Iglesia los


errores y las exageraciones de la verdad, de los que Nos hemos hablado
anteriormente, y a fin de permitir que los fieles se entreguen muy
fructuosamente, siguiendo reglas bien seguras, al apostolado litúrgico”.

La encíclica trata primero de las relaciones de la liturgia con las devociones


privadas, y concluye:

“Haría una cosa perniciosa y llena de engaño aquél que osara,


temerariamente, asumir la reforma de estos ejercicios de piedad, para
reducirlos sólo a las ceremonias litúrgicas. Es necesario sin embargo que
el espíritu de la santa Liturgia y sus preceptos influyan con provecho
sobre ellos, para evitar que allí se introduzca cualquier cosa de
inadaptado o de poco conforme con la dignidad de la casa de Dios...”

El Pastor Angélico trata luego de las Artes litúrgicas (639 a 646); recuerda
oportunamente:

“En todo lo que atañe a la liturgia, es preciso que se manifiesten lo más


posible estos, tres caracteres, de los que habla Nuestro predecesor Pío X:
el carácter sagrado, que rechaza con horror la inspiración profana; la
presentación y la corrección de las obras de arte, verdaderamente dignas
de ese nombre; en fin el sentido universal, que, sin dejar de tener en
cuenta costumbres locales y tradiciones legítimas, afirma la unidad y la
catolicidad de la Iglesia" (640).

Pío XII exhorta luego a la adquisición de una sólida formación litúrgica (647 a
651), particularmente por el clero joven.

Antes de terminar su carta, el Pontífice pone nuevamente a los Pastores en


guardia contra

“la introducción de una falaz doctrina, que altera la propia noción de la fe


católica”,

y contra un

“retorno excesivo al „arqueologismo‟ en materia litúrgica”.

50
El santo Papa nos da luego la conclusión de su encíclica (652 a 653); exhorta al
celo a los “tibios y recalcitrantes”, y se dirige para terminar a los progresistas:

"A aquéllos que un celo intempestivo empuja a veces a decir o a hacer lo


que Nos lamentamos no poder aprobar, les repetimos el consejo de San
Pablo: „Poned todo a prueba; guardad lo que es bueno‟. Y Nos les
pedimos paternalmente tengan a bien rectificar su manera de ver y de
actuar, según una doctrina cristiana que sea conforme a las lecciones de
la esposa sin mancha de Jesucristo, Madre de los santos”.

La tradicional bendición apostólica concluye el documento.

Esta encíclica es admirable, y recomendamos a todos nuestros lectores leerla y


meditarla. Es una verdadera “Suma litúrgica”. Es en todo caso la última
recomendación de la Iglesia a sus hijos antes de penetrar en esa misteriosa e
inmensa noche de la que todavía no vemos la salida. No tenemos sino una
pena, lo decíamos hace un momento, es que esta carta tan hermosa no haya
sido acompañada de medidas concretas, incluso de sanciones. ¿Acaso el Gran
Pío XII no prestó intenciones demasiado puras, intenciones a la medida de su
santidad, a los dirigentes del “Movimiento litúrgico”? Está claro que no vio en
esos hombres a los “bandidos” que eran. Creyó habérselas con intelectuales un
poco extraviados, cuando se trataba al menos para algunos de verdaderos
dirigentes revolucionarios. ¿Y podía ser de oro modo cuando esos dirigentes
eran presentados, sostenidos, animados por influyentes prelados?

San Pío X no se había contentado con escribir la “Pascendi”, había excomulgado


a Tyrell y a Loisy, había hecho prestar el juramento antimodernista.
Lamentamos que Pío XII no haya hecho otro tanto frente a la herejía
antilitúrgica. Pero repitámoslo, ¿podía ser de otro modo cuando el Papa era
traicionado y mal informado, y cuan do muchos modernistas se habían ya
infiltrado en los puestos claves de la Iglesia?

Pío XII había hablado claramente, quedaba para los pastores de almas el
difundir la enseñanza del Padre común y el ponerla en práctica. Pero, ahí una
vez más, hubo traición: no se retuvo de la encíclica sino los estímulos al celo
por la renovación litúrgica, y se callaron deliberadamente las innumerables
puestas en guardia del documento. El modelo de esos comentarios
edulcorantes es el que hizo el mismo Dom Beauduin en “La Maison-Dieu”.94
Pero escuchemos al abbé MARTIMORT que escribía estas líneas en 1959:

“Las puestas en guardia de la encíclica no asustaban al padre Lambert


Beauduin. Con el extraordinario vigor de su mirada, situaba al
documento dentro de una perspectiva católica universal. A doce años de
94 “La Maison-Dieu”, no.13, 1948, pp.7-25

51
distancia, hay que reconocer que el padre Lambert Beauduin había
acertado: la encíclica „Mediator Dei‟ ha puesto en movimiento, en el
mundo entero, un resurgimiento litúrgico inaudito”.95

¡Y sí! ése es el drama: se ha utilizado a la “Mediator Dei” para la subversión


litúrgica. Utilizar un documento pontificio para un fin contrario a las intenciones
del Papa, ahí tenemos la marca de Satanás. El Caballo de Troya está sí dentro
de la Ciudad de Dios... Ya nada detendrá la marcha hacia adelante del
“Movimiento litúrgico” extraviado, y no podemos sino lamentar la creación, el
18 de mayo de 1948, de una “Comisión pontificia para la Reforma de la
Liturgia”. No porque tal reforma, dentro de proporciones dadas, sea imposible
en sí, sino porque, dentro del contexto de la época que el Papa no podía
sospechar, era entregarse atados pies y manos al Adversario.

95A. G. Martimort, "Notre Pere Dom Lambert Beauduin," in “Les questions liturgiques et
paroissiales”, de septiembre de 1959.

52
CAPÍTULO V - LOS AÑOS 1950-1960

El “Movimiento” se saca la máscara, reniega de Dom Guéranger y


confiesa sus orígenes anti-litúrgicos (R.P. Louis Bouyer) La expansión
del “Movimiento” por el mundo.

“Quien siembra viento recoge tempestades”. Este refrán bien conocido resume
perfectamente este período de la historia de la liturgia que nos hemos puesto a
estudiar. El viento, son los Beauduin, los Casel, los Parsch quienes lo
sembraron... y la tempestad se alza, creciendo sin cesar, desde los años 1950...
muy pronto llegará el huracán, el concilio, después la muerte, la Nueva Misa.

Para estudiar este lapso ocupado por el final del pontificado de Pío XII y por el
inicio del de Juan XXIII, mostraremos sucesivamente: las confesiones de los
dirigentes del “Movimiento litúrgico”; la expansión del "Movimiento” por el
mundo.

EL “MOVIMIENTO” SE SACA LA MASCARA

Nuestro lector recuerda esta frase de Dom BEAUDUIN, escrita en 1945:96

“Si la Santa Sede está justamente preocupada por el mantenimiento


integral de las observancias litúrgicas y muy severa hacia toda empresa o
iniciativa contraria a sus leyes, se muestra, por otra parte, muy
comprensiva y muy acogedora de todos los esfuerzos hechos dentro del
marco de las leyes actuales y alienta sin reserva los trabajos históricos
que investigan el origen y la evolución de nuestros ritos. La Santa Sede
desea pues que su disciplina sea estudiada por todos los métodos
históricos. El C.P.L. [Centro de Pastoral Litúrgica] puede pues realizar
ampliamente ese punto de su programa”.

Influenciar a la Santa Sede por la publicación de obras de una pretendida


erudición histórica, he allí el plan de acción del “Movimiento litúrgico” de
posguerra, y, en particular, del C.P.L. francés y de su colección “Lex Orandi”.

Una obra de esta colección retendrá particularmente nuestra atención, se trata


de La vie de la Liturgie por el R.P. Louis BOUYER del Oratorio97. ¿Por qué
este libro antes que otro? Porque marca una etapa decisiva dentro de la historia
del “Movimiento litúrgico”: inaugura la hora de las confesiones y de las
negociaciones.

96 En “Normas prácticas para las reformas litúrgicas”, in “La Maison-Dieu”, nº 1, de enero de


1945, pp. 9-22, ed. du Cerf.
97 Louis Bouyer, “La vie de la liturgie”, Collection Lex Orandi, nº20, Paris: Éditions du Cerf,

1956.

53
— de las confesiones: porque el padre Bouyer afirma ahí claramente las
simpatías del “descarriado Movimiento por los promotores de la herejía
antilitúrgica”;

— de las negaciones: porque el autor ridiculiza ahí sin reserva a Dom


Guéranger y a todo el “Movimiento litúrgico” ortodoxo. Los lobos están
ahora en el aprisco, ya no tienen necesidad de esconderse bajo pieles de
corderos.

Pero vayamos al detalle. Este libro, que es en realidad la traducción de las


conferencias dadas por el padre Bouyer en los Estados Unidos98, comienza por
una afectuosa dedicatoria a Dom Lambert Beauduin:

"D. Lamberto Beauduin Patri filius, Magistro discipulus pro tantis


beneficiis hoc quamquam exiguum semper Deo gratias referens dedicavit
monumentum”.99

Tal padre, tal hijo, esto es cierto, pero Dom Beauduin nunca había abandonado
cierta prudencia, incluso de cierta moderación, últimos vestigios de su
formación benedictina, mientras que el padre Bouyer da libre curso a sus
teorías y a su pluma elegante pero acerada. El subtítulo de la obra es ya todo
un programa: “Una crítica constructiva del Movimiento litúrgico”.

Toda la primera parte del libro está consagrada a la crítica. “No se critica bien
sino lo que se ama bien”, escribe el padre BOUYER en el prefacio. ¡Sea, pero de
todos modos! Después de un juicio feroz sobre la liturgia tridentina y
postridentina, a la que intencionalmente califica de “período barroco”, el
oratoriano llega a la reacción romántica, a la obra de restauración operada por
Dom Guéranger.

Primero estigmatizar a la liturgia del siglo XVII:

“La liturgia, como lo dicen explícitamente muchos manuales de este


período, era considerada como la etiqueta del Gran Rey. Las
características más evidentes de ese ceremonial eran la pompa exterior,
el decoro y la grandiosidad que convienen a un príncipe de tal majestad.
La ausencia de toda significación inteligible en tantos ritos, y hasta en las
palabras sagradas, era entonces alabada como si realzara la impresión
de reverencia que había que dar a una multitud deslumbrada (...).
Naturalmente, dentro de tal concepción, el penacho de plumas en el

98Precisamente en la Universidad Nostre-Dame de Indiana de la que hablaremos más adelante.


99“A Dom Lambert Beauduin por tan grandes beneficios el hijo dedica esta humilde obra al
padre, el discípulo al Maestro, dando gracias en todo momento a Dios” Es, en efecto, poco
antes de la guerra cuando Dom Lambert había convertido del protestantismo luterano al pastor
Bouyer.

54
casco de los guardias-nobles es por lo menos tan importante como los
misterios sacramentales. Y es el momento de recordar que esta
concepción general de una liturgia que consiste en un trascendente
ceremonial de corte fue aceptada, sin ninguna objeción, por los primeros
pioneros del movimiento litúrgico en el siglo XIX, tanto por Dom
Guéranger como por Dom Gréa”.100

¡Pobre Dom Guéranger! Para empezar, como todos esos católicos


ultramontanos y antiliberales, era un ignorante, a lo sumo un autodidacto.

“La gran debilidad del renacimiento católico en el siglo XIX —escribe el


sabio autor— fue pues un defecto congénito de bases científicas, e
incluso de toda sana crítica. Esta misma carencia aparece al comienzo de
lo que podemos llamar el renacimiento moderno de la liturgia, bajo el
aspecto de extrañas deficiencias de razonamiento y de argumentación,
que llega a veces hasta la absurdidad, para justificar la práctica litúrgica
que se creía buena”.101

Dom Guéranger consideraba el período medieval

“como proporcionando la clave para entrar en la verdadera significación


de la propia liturgia”.

De donde, agrega el padre BOUYER,

“la manía de meter el gótico por todas partes: edificios góticos,


vestimentas góticas, cánticos góticos, poesías góticas, y así
continuamente”.102

Por cierto, esta voluntad de un retorno casi exclusivo a la Edad Media fue sin
duda excesiva en el restaurador de Solesmes, ¿pero es por cierto inteligente
agregar como lo hace el autor?:

“No podemos negar tampoco que ese culto fue una restauración de
anticuarios y una restauración de una autenticidad muy dudosa respecto
de muchos puntos esenciales (...) la antigüedad que él recreaba no era
lo que él se imaginaba ser más de lo que era verdaderamente gótica la
arquitectura de apariencia engañosamente gótica de Viollet-le-Duc o de
Pugin”.103

Para el padre Bouyer, la Edad Media, como tampoco el período barroco, no


había comprendido nada de la verdadera naturaleza de la liturgia:

100 Louis Bouyer, loc. cit, p. 15


101 Louis Bouyer, loc. cit, p. 24
102 Louis Bouyer, loc. cit, p. 23
103 Louis Bouyer, loc. cit, p. 25

55
“Dom Herwegen —escribe— ha mostrado con más fuerza que nadie, que
el período medieval, por más que su manera de practicar la liturgia
tradicional haya sido superior a la práctica barroca, había ya comenzado
a oscurecer la liturgia con interpretaciones fantasiosas y desarrollos
extraños a su naturaleza. Por ello, muy lejos de producir una
comprensión y una práctica ideal de la liturgia católica, el período
medieval, en realidad, ha abierto el camino al abandono de la liturgia por
el protestantismo, y al disfavor y a la negligencia de que finalmente iba a
ser objeto en una parte tan grande del catolicismo postridentino”.104

Santo Tomás de Aquino y Durand de Mende, responsables de los errores de


Lutero: había que pensarlo...

La “crítica constructiva” del padre Bouyer nos conduce así a la era patrística, la
edad de oro de la liturgia, la época privilegiada en quo la Iglesia tenía aún el
sentido del “Misterio cristiano”, según la expresión de Dom Casel. Así, para el
padre Bouyer y el “Movimiento litúrgico” descarriado, la Iglesia ha perdido el
sentido de la liturgia a medida que se sucedían los siglos. ¡Qué impiedad!

De ahí que la continuación de la obra ya no nos sorprende; habiendo sido la


Iglesia infiel a su misión litúrgica, los buenos y verdaderos cristianos son sólo
aquéllos que han reaccionado contra la “momificación” de la liturgia. Pero
dejemos hablar al oratoriano:

“Después de lo que se ha dicho —escribe—, de la lenta pero continua


desintegración de la liturgia que se produjo durante la Edad Media, no
nos sorprenderá el comprobar que deban encontrarse los orígenes de un
verdadero movimiento litúrgico en el siglo XVI”.105

Erasmo y los primeros reformadores son los padres de ese movimiento.

Ciertamente, el padre Bouyer reprocha a estos últimos el haber abandonado la


Iglesia, pero para agregar enseguida:

“Se puede decir que en ese campo como en muchos otros, la Reforma
ha fracasado no porque fuera demasiado audaz, por más que se lo haya
creído con frecuencia, sino porque no criticaba suficientemente algunas
de sus afirmaciones”. 106

“Por esos motivos —escribe todavía el autor— los orígenes de un


verdadero renacimiento litúrgico no deben ser buscados en la pretendida
Reforma, sino más bien en la reacción que se produjo contra ella, una

104 Louis Bouyer, loc. cit, p. 29


105 Louis Bouyer, loc. cit, p. 60
106 Louis Bouyer, loc. cit, p. 61

56
reacción que llegó a criticar a la vez a la propia Reforma y al estado de
cosas que la Reforma había puesto en tela de juicio. Desgraciadamente,
no fue así de entrada. La debilidad de la Contrarreforma se halla en su
larga incapacidad de realizar con la crítica de la Reforma la crítica de sus
causas, y el resultado de esta incapacidad fue el catolicismo barroco”.107

¡Qué insulto para la magnífica renovación católica surgida del Concilio de


Trento!

Pero la “crítica constructiva” del oratorio no se detiene allí; vienen luego


páginas y páginas de alabanzas para los teólogos anglicanos de la época de
Carlos Estuardo, los “Caroline Divines”. Es finalmente una descripción idílica de
los trabajos de los reformadores galicanos y jansenistas de los siglos XVII y
XVIII: les Letorneux, Voisin y otros Jubé son puestos en el pináculo, mientras
que Dom Guéranger que se atrevió a criticarlos108 es precipitado al fondo del
infierno.

He aquí resumido lo esencial de la parte crítica del libro del padre Bouyer.
Dejamos apreciar a nuestro lector hasta qué punto el oratoriano de 1958 ha
perdido ese “sentido católico primordial” del que hablaba Dom Rousseau en
1945. ¡Qué camino recorrido en diez años!

Viene luego la parte más “constructiva” que crítica de la obra. El pudre BOUYER
va, para empezar, a definir ahí el concepto de tradición:

“en cuanto atañe a la reforma de la liturgia —escribe— hay antes que


nada que tener presente en la mente el peligro que presenta o un falso
tradicionalismo, o un modernismo desconsiderado”.109

Bien, pero en lugar de tomar el partido del verdadero tradicionalismo, el


oratoriano toma el de un modernismo “considerado”: va a avanzar
prudentemente por el surco trazado por el cardenal Newman.110 La liturgia,
como todo el magisterio de la Iglesia, será el reflejo de la verdad católica, pero
esta enseñanza tendrá valor sólo para una época dada.

No exageramos las afirmaciones del padre BOUYER:

“Como se puede ver en las definiciones del Concilio de Trento —


escribe— y en las minuciosas fórmulas de las diversas bulas pontificias
CANONIZANDO el Misal y el Breviario de Pío V, y finalmente en la
encíclica „Mediator Dei‟, en este campo de la liturgia, como en todos los

107 Louis Bouyer, loc. cit, p. 62-63


108 Guéranger, lnstitutions liturgiques, el tomo II completo.
109 Louis Bouyer, loc. cit, p. 95
110 J.H. Newman, “Via Media”, vol.I, pp. 249-51.

57
demás la autoridad viviente de la Santa Sede misma y de todos los
obispos, en Trento y en otras partes, interviene precisamente a fin de
CANONIZAR lo que se considera como el más perfecto INSTRUMENTO
capaz, EN NUESTRA EPOCA, de mantener la tradición que, a través de la
antigüedad cristiana, nos viene de los Apóstoles mismos”.111

Semejante frase es una declaración de modernismo.

Ya en 1907 San Pío X había escrito:

"Para los modernistas las fórmulas religiosas constituyen pues entre el


creyente y su fe una especie de algo intermedio: en relación a su fe, no
son sino signos inadecuados de su objeto, vulgarmente unos símbolos;
en relación al creyente, no son sino puros INSTRUMENTOS. De donde se
puede deducir que no contienen la VERDAD ABSOLUTA: corno símbolos
son imágenes dé la verdad, que tienen que adaptarse al sentimiento
religioso en sus relaciones con el hombre; como instrumentos son
vehículos de verdad, que tienen recíprocamente que acomodarse al
hombre en sus relaciones con el sentimiento religioso. Y como lo
absoluto, que es el objeto de ese sentimiento, tiene aspectos infinitos,
bajo los cuales puede aparecer; como el creyente, por otra parte, puede
pasar sucesivamente por condiciones muy desemejantes, se sigue de allí
que las fórmulas dogmáticas están sometidas a esas vicisitudes, por
consiguiente sujetas a mutación (...). El día en que esta adaptación
llegare a cesar, ese mismo día se vaciarían de un solo golpe de su
contenido primitivo: no quedaría otro partido por tomar que
cambiarlas‟‟.112

Así pues, para el padre Bouyer, como para todos los modernistas que ocupan
hoy la Iglesia, las definiciones del Concilio de Trento y la liturgia surgida de él
han “mantenido, en SU EPOCA, la tradición que, a través de la antigüedad
cristiana, nos viene de los Apóstoles mismos”. Pero ya han transcurrido casi
cuatro siglos desde el Concilio de Trento, las fórmulas dogmáticas como la
liturgia ya no están adaptadas “al Hombre-de-Hoy”, al cristiano adulto, “no hay
otro partido por lomar que cambiarlas”. Por ello, el oratoriano va a dedicarse a
descubrir

111 Louis Bouyer, loc. cit, p. 97. Nuestro lector habrá notado al pasar la expresión “CANONIZAR”,
empleada por el P. Bouyer. Mons. Lefebvre igualmente la empleó en su sermón del 29 de junio
de 1976, pero dándole todo su alcance católico.
“San Pio V – declaraba Mons. Lefebvre – ha afirmado solemnemente en su Bula: que a
perpetuidad, que nunca, que en ningún tiempo se podrá infligir censura alguna a un
sacerdote porque diga esta Misa. ¿Por qué? Porque esta Misa está canonizada, él la ha
CANONIZADO DEFINITIVAMENTE. Ahora bien, un Papa no puede suprimir una
canonización. El Papa puede hacer un nuevo rito, pero no puede suprimir una
canonización.”
112 San Pío X, Pascendi Dominici Gregis, del 8 de septiembre de 1907. Cf. Dz 2079-2080.

58
“la forma permanente de la liturgia”,

y luego indicará

“ciertos medios por los cuales esta riqueza permanente de la tradición


cristiana puede ser aplicada a la situación presente y a sus necesidades”.

Esta “forma permanente de la liturgia”, el padre Bouyer la descubre en la


Eucaristía judía. Con el “sensus catholicus” que lo caracteriza, el oratoriano saca
casi todos sus informaciones de escritores protestantes: Brilioth, Lietzmann,
Cullmann son abundantemente citados.113 Es en estos autores donde el
oratoriano descubre los cuatro elementos constitutivos de la Eucaristía: la
comunión, el sacrificio, la acción de gracias y el memorial. En la
definición que el padre Bouyer da de estos términos, vemos aparecer toda una
nueva teología de la Misa, teología que consagrará trece años más tarde, en
1969, la Institutio Generalis del Nuevo Ordo Missae. No exageramos nada
al afirmar que el padre Bouyer, en la actualidad miembro de la Comisión Central
de Teología, es uno de los principales responsables de la protestantización de la
liturgia posconciliar.

Pero dejemos hablar al autor:

“Así el elemento de „comunión‟ —escribe— significa que la eucaristía es


una comida, una comida de comunidad en la cual todos los participantes
están reunidos para participar en común de bienes comunes”.

Más lejos, encontramos:

“el empleo de estos términos sacrificiales no viene, como se podría


suponerlo, de la idea de que la Cruz es representada de una cierta
manera en la Misa. Muy al contrario, los datos históricos nos conducen
más bien a pensar que la Iglesia ha llegado a aplicar habitualmente a la
Cruz la terminología sacrificial porque se comprendía que la Cruz está en
el corazón del sacrificio ofrecido por la Iglesia en la celebración
eucarística”.

La acción de gracias, tal como la comprende el oratoriano, nos deja ya entrever


las conocidas modificaciones del Ofertorio:

“Es una acción de gracias a Dios por todos sus dones —escribe— que
incluye en una sola perspectiva todo el conjunto de la creación y de la
redención, pero que toma siempre como punto de partida el pan y el

113Yngve BRILIOTH, “Eucharistic Faith and Practice” (London, 1930); LITZMANN, “Messe und
Herrenmahl”; Oscar CULLMAN, “La signification de la Sainte Cene dans le Christianisme
primitif” (Estrasburgo, 1936).

59
vino, representativos de todas las cosas creadas, y cuya consumición es
la ocasión efectiva de la comida como de la celebración a ella vinculada”.

El memorial considerado en su relación con la Palabra de Dios permite al padre


BOUYER escribir, dentro de la tradición abierta por Dom Pius Parsch:

“La celebración eucarística toda entera es también un memorial (...). Hay


una conexión necesaria entre las dos partes de la sinaxis cristiana, entre
las lecturas de la Biblia y la comida. Porque las lecturas conducen a la
comida (...). Y las lecturas son indispensables a la comida, para
mostrarnos de qué manera hay que considerarla, no ya como un
acontecimiento de hoy que valdría por él mismo, sino como un
acontecimiento que no se puede comprender sino por referencia a una
acción decisiva realizada una vez por todas en el pasado. Esta
consideración nos llevará, llegado el momento, a ver que toda la misa no
es sino una sola liturgia de la Palabra, que comenzó por hablar al
hombre, que le habló en forma cada vez más íntima, que finalmente le
habló al corazón en cuanto Palabra hecha carne, y que ahora, del
corazón mismo del hombre, se dirige a Dios Padre por el Espíritu”.114

Nuestro lector comprenderá mejor ahora el lugar desmesurado que las liturgias
modernas conceden a la sacrosanta “liturgia de la Palabra”. No, nada,
absolutamente nada, en las reformas conciliares y posconciliares es fruto del
azar: cada modificación de rúbrica corresponde a un error teológico grave
elaborado en las oficinas del "Movimiento litúrgico” descarriado. Y esto es tan
cierto que encontramos bajo la pluma del padre Bouyer el contenido casi
íntegro del lamoso artículo nº. 7 de la INSTITUTIO GENERALIS del N.O.M., de
la que hablábamos hace un momento:

“Es evidente —se atreve a escribir— que esta noción equilibrada de la


celebración eucarística puede permitirnos abarcar plenamente la
PRESENCIA REAL de Cristo en su Iglesia. En una palabra, no debemos
concentrar nuestra contemplación exclusivamente en el pan y el vino
sacramentales sino asimismo en otras dos realidades (...). Su presencia
en cuanto gran sacerdote de toda la jerarquía. Por otra parte, Cristo
debe finalmente estar presente en todo el cuerpo de la Iglesia, porque la
Iglesia no goza de la presencia eucarística sino para hacerse una en
Cristo y con Cristo, por la celebración eucarística, y especialmente por la
consumición de éste en la comida sagrada”.115

114 Estas cuatro citas han sido extraídas del libro ya citado del P. Bouyer, p. 102-106.
115 Louis Bouyer, loc. cit, p. 108

60
Es en la liturgia judía donde el padre BOUYER encuentra esta “concepción
equilibrada de la celebración eucarística”116. La liturgia de las Comidas sagradas
le proporciona la fórmula eucarística ideal:

“Bendito seas, Señor nuestro Dios, rey de toda eternidad, que has hecho
producir el pan a la tierra”;

“Bendito seas, Oh Señor nuestro Dios, rey de toda eternidad, que has
creado el fruto de la viña”.

Aquí una vez más, repitámoslo, los “studios Lerearo-Bugnini” que realizaron la
Nueva Misa encontraron su libreto en las obras del “Movimiento litúrgico” de los
años 1950-1960. El nuevo Ofertorio no es sino la repetición de las bendiciones
judías tan alabadas por el padre Bouyer.

Esperamos no haber aburrido al lector con este largo análisis de La vie de la


liturgie, pero pensamos que tal estudio era necesario para darse bien cuenta
del estado real del “Movimiento litúrgico” a principios de la segunda mitad del
siglo XX: el modernismo y el protestantismo lo coparon completamente. De
ahora en adelante, ya no habría que hablar más del “Movimiento litúrgico”, sino
de “Revolución litúrgica”, revolución, no solamente en la teoría, sino también en
la práctica de la liturgia; retengamos como prueba esta frasecita de Romano
GUARDINI:

“La celebración debe realzar los grandes momentos del acontecimiento


sagrado, acusar los rasgos de su estructura interna, obtener una
participación de los fieles más inmediata, etcétera. Semejante trabajo no
es el que nos proponemos aquí. Incumbiría más bien a una especie de
ORDO IDEAL, para cuya redacción, por otra parte, los trabajos
preparatorios no dejan de estar muy adelantados”.

Esta frase reveladora fue escrita justo después de la segunda guerra


mundial...117 Desde ese entonces, nada detendrá ya a la revolución litúrgica.

LA EXPANSIÓN DEL “MOVIMIENTO” A TRAVÉS DEL MUNDO

Este período de la historia del “Movimiento litúrgico” está marcado por la


creciente influencia, a través del mundo, de los liturgistas franceses y
alemanes. Están en todas partes, multiplicando congresos y reuniones,
organizando “universidades de verano”, traduciendo sus escritos a todos los

116 Los “Cahiers sioniens”, publicados por los padres de Sion, de la calle Nostre-Dame-des-
Champs 68, en París, jugaron un gran papel en esta judaización de la liturgia. Los principales
redactores eran la señora Renée Blocj, el profesor Vermes de Oxford y el padre Paul Demann.
117 Romano Guardini, Besinnung von der Feier der heiligen Messe (Mainz, 1947). Obra

traducida por Pie Duployé y publicada bajo el título “La Messe”, Colección Lex Orandi, nº21
Cerf, 1957.

61
idiomas, y sobre todo ganando, según la expresión de Dom Beauduin, la “activa
simpatía” del episcopado.

En FRANCIA, por empezar, el famoso C.P.L. es desbordado por revolucionarios


más radicales que multiplican lo que entonces se llamaba las “paraliturgias”,
especies de reuniones con oraciones no previstas por la liturgia de la Iglesia,
donde se “iniciaba” a los participantes al culto dentro de un espíritu de una
mayor participación. El C.P.L. ya no controla sus tropas. Los capellanes de
Acción Católica sacan sus militantes del ambiente parroquial, ya no se
preocupan sino de evangelizar al mundo moderno no creyente, descuidando
casi totalmente a los fieles católicos.

El padre BOUYER emitió entonces sobre estas tentativas un juicio muy lúcido:

“Estos diversos factores podían conducir, y algunas veces han conducido,


a cierta negligencia del aspecto tradicional de la liturgia, y a un interés
que quizás no es perfectamente equilibrado por una reestructuración de
la liturgia. La creación y el excesivo éxito de lo que se ha llamado
paraliturgias proporcionan la prueba de lo que acabamos de decir.
Compuestas al principio para ser un medio de educación, una
estratagema pasajera que preparara el camino a la comprensión de la
liturgia propiamente dicha, estas paraliturgias muy a menudo se
convirtieron en fines en sí mismas. Es decir que ' algunos intentaron
encontrar en estas paraliturgias no ya un medio para hacer participar en
la liturgia real, sino más bien una liturgia del porvenir, que debiera
reemplazar o remodelar más o menos la propia liturgia oficial”.118

Así pues, hacia 1955, la generación de los Duployé, Roguet, Bouyer es


superada por unos “jóvenes lobos” más feroces que lo que ellos mismos habían
sido con los dirigentes de preguerra. Los incendiarios empiezan a gritar
¡fuego!..

En 1956 es fundado el INSTITUTO SUPERIOR DE LITURGIA DE PARIS, dirigido


por Dom Bernard Botte, con el padre Gy como sub-director y el abbé Jounel
como secretario. Este instituto, distinto del C.P.L. tuvo como primer laureado a
Dom Adrien Nocent, al que volveremos a encontrar en San Anselmo de Roma
en vísperas del Concilio.119

Al mismo tiempo, los contactos se multiplicaron entre el Centro de Pastoral


litúrgica de París y el Instituto litúrgico de Tréveris. Los padres Doncoeur y
Chenu van a menudo a Alemania, mientras Dom Pius Parsch y el profesor

Louis Bouyer, loc. cit, p. 91


118

Sobre la historia completa del Instituto Superior de Liturgia de París, cf. Dom Botte, Le
119

movement liturgique, pp. 119-35.

62
Romano Guardini viajan a Francia. Estos constantes intercambios desembocan
a partir de 1950 en las “Semanas de estudios litúrgicos” de Luxemburgo que,
bajo la protección de los monseñores Philippe y Lommel, jugaron un papel muy
grande en la coordinación de las diversas organizaciones litúrgicas europeas.120

La Conferencia de los Cardenales y Arzobispos de Francia es ganada a la causa


del “Movimiento litúrgico”; en 1956 publica un “Directorio para la pastoral de la
Misa para uso de las diócesis de Francia”. Sólo el título de este documento
basta para mostrar la considerable influencia del C.P.L. sobre el episcopado
francés.

En ALEMANIA,121 la situación se degrada más rápidamente todavía. Desde


1940, la Asamblea episcopal estaba ganada a la causa del “Movimiento”.
Monseñor Gröber y la encíclica “Mediator Dei” no habían podido contener la
corriente revolucionaria y los años 1950-1960 van a conocer las sucesivas
victorias del Instituto litúrgico de Tréveris (fundado en 1947) y de los obispos a
él ligados.

La “Misa cantada alemana” se propagaba por todas partes, hasta en las


funciones pontificales, lo que llevó a una reacción del Santo Oficio en 1955. El
decreto del 29 de abril de 1955 precisaba que el privilegio de la Misa cantada
alemana no se extendía a las misas pontificales, a las misas con asistencia del
obispo, ni en los seminarios, conventos y catedrales; además, quedaba
prohibido cantar el propio en lengua alemana. El episcopado alemán
no se sometió, y monseñor Stohr, presidente de la Comisión litúrgica, llegó a
escribir que ese decreto representaba “una nueva aprobación de la misa
cantada alemana”. Durante este tiempo, Romano Guardini trabajaba en una
traducción del salterio destinado al uso litúrgico.

Hay que recordar también la reunión de los dos grandes congresos litúrgicos de
Alemania, que se realizaron uno en Francfort en 1950 y el otro en Munich en
1955. Las resoluciones finales de esos congresos van siempre en el mismo
sentido: flexibilización del ayuno eucarístico, autorización de las misas
vespertinas, reforma de la Semana Santa, lecturas de la misa en lengua vulgar.

En ESPAÑA,122 el “Movimiento litúrgico” conoció una extinción, consecuencia


directa de las matanzas de 1936, desde el comienzo de la guerra civil hasta
1954. A partir de los años 1950, los liturgistas franceses y alemanes conjugan
sus esfuerzos para hacer renacer el “Movimiento litúrgico” español sobre bases
netamente reformistas. Como en todos los países, en esa época, la Acción

120 Jean Hild, “Perspectives de pastorale liturgique”, 1951. Primera semana de estudios
litúrgicos de Luxembourg, 1950.
121 Ferdinand Kolbe, "Allemagne," en “La Maison-Dieu”, nº 74, 1963, pp.47-62.
122 Casiano Floristan, "Espagne," en “La Maison-Dieu”, nº74, 1963, pp.109-127.

63
Católica anima igualmente esa “renovación”. Es por empezar, en mayo de
1952, el 35º. Congreso eucarístico internacional, que reúne en Barcelona a
liturgistas del mundo entero. En 1954, el periódico muy progresista “Incunable”
concurre a la fundación de los “Coloquios de Pastoral Litúrgica”, presididos por
monseñor Miranda, obispo auxiliar de Toledo. El mismo obispo dirigirá
igualmente, hasta su muerte sobrevenida accidentalmente en 1961, la “Junta
Nacional de Apostolado Litúrgico”, fundada el 15 de abril de 1956. En 1957
tiene lugar la Primera Semana Nacional de Estudios Litúrgicos donde hay que
destacar la presencia de monseñor Tarancón: como en los demás países, la
publicación de un “Directorio de la misa” está a la orden del día. Señalemos
finalmente el resultado de todos estos esfuerzos: la fundación en 1958 del
“Centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona”.

En ITALIA,123 las cosas anduvieron menos rápido en razón de la inexistencia


de Conferencia episcopal hasta 1959. Aquí también, la influencia del C.P.L.
francés y del Instituto litúrgico de Tréveris fué considerable, sobre todo por la
difusión de las obras de los “líderes” de los “Movimientos” alemán y francés. El
“Centro di Azione litúrgica” fue fundado en 1948 por monseñor Bernareggi,
obispo de Bérgamo; el protector de este organismo análogo al C.P.L. era el
poderosísimo cardenal Lercaro. Dos diócesis, la de Milán y la de Bolonia,
están, alrededor de esos años 1955-1960, a la cabeza del “Movimiento”
italiano; los nombres de sus pastores se volverán a continuación tristemente
célebres, puesto que se trata de los cardenales Montini y Lercaro.

En los ESTADOS UNIDOS,124 el “Movimiento litúrgico” fue, desde sus orígenes,


muy dependiente del de Alemania, en particular de la abadía de María Laach.
Los jefes de fila del “Movimiento” norteamericano, el padre Reinhold, Dom
Winzen y el profesor Quasten vienen todos de Alemania. Desde 1947, se
organiza un curso de liturgia de verano en la universidad Notre-Dame de
Indiana, que recibe a los más grandes “especialistas” europeos, entre otros al
padre Jungmann y al padre Jean Daniélou; es ahí, igualmente, donde el
padre Jungmann expuso su “Crítica constructiva” del Movimiento litúrgico. La
universidad de Washington alberga también un Centro de investigaciones muy
fiel al pensamiento de Dom Casel.

Este panorama mundial del “Movimiento litúrgico” sería incompleto si


pasáramos en silencio las “Reuniones internacionales de Estudios litúrgicos” que
reunían cada año a la intelligentsia litúrgica del mundo entero. Allí, bajo la
protección de eminentes prelados, como el cardenal Bea, los “periti” de los
cinco continentes intercambiaban sus puntos de vista, tomaban resoluciones y

Rinaldo Falsini, “Italie,” en “La Maison-Dieu”, nº74, 1963, pp.155-169.


123
124Jean Danielou, "Le mouvement liturgique aux Etats-Unis," en “La Maison-Dieu”, nº25, 1951,
pp.90-93

64
proponían reformas. Esos Congresos se realizaron en Maria Laach en 1951,125
en el Mont-Sainte-Odile en Alsacia en 1952, en Lugano en 1953, en Lovaina en
1954, en Asís en 1956, en Montserrat en España en 1958 y finalmente en
Munich en 1960.

Notemos al pasar la alocución que el papa Pío XII dirigió el 22 de setiembre de


1956 a los miembros del congreso de Asís.126 Refleja perfectamente la
ambigüedad profunda de la situación de la Iglesia al final del pontificado del
Pastor Angélico. Insistiremos mucho sobre esta cuestión en el próximo capítulo;
el papa Pío XII, y ya hemos puesto el acento sobre este hecho, no conocía la
situación real del “Movimiento litúrgico”. Los dirigentes más peligrosos eran
sostenidos y protegidos por los más altos dignatarios de la Iglesia. ¿Cómo
habría podido el Papa sospechar que los “expertos” que tanto alababan los
cardenales Bea y Lercaro eran, en realidad, los más peligrosos enemigos de la
Iglesia? Es por esto que Pío XII dirigió estímulos más que inoportunos a los
congresistas de Asís:

“El Movimiento litúrgico ha aparecido —les dijo— como un signo de las


disposiciones providenciales de Dios sobre el tiempo presente, como un
pasaje del Espíritu Santo sobre su Iglesia para acercar más a los
hombres a los misterios de la fe y a las riquezas de la gracia, que brotan
de la participación activa de los fieles en la vida litúrgica”.

Semejante declaración hubiera sido verdadera y oportuna antes de 1920; en


1956, ya no lo era. Mientras tanto, el “Movimiento litúrgico” había renegado de
sus orígenes y apostatado de los principios que le habían dado Dom Guéranger
y San Pío X. Ya no era el soplo del Espíritu Santo el que lo animaba, sino el
fétido aliento de Satanás.

125 Las primeras reuniones internacionales se hicieron sin representantes de la jerarquía, hasta
Lugano en 1953. Allí se discutía apasionadamente sobre la reforma de la misa. El padre
Jungmann se mostraba muy severo hacia el Canon Romano. Cfr. Dom Botte: Le Mouvement
liturgique, pp. 102-104. Se realizaron otras reuniones técnicas “estrictamente privadas” en 1954,
en Mont-César, bajo el auspicio de Dom Capelle, donde se debatió sobre la concelebración.
126 La traducción completa de esta alocución se encuentra en las Enseñanzas pontificias

publicadas en Solesmes: Liturgie, tomo I, nº 793 a 822.

65
CAPITULO VI - LAS REFORMAS LITÚRGICAS

Las reformas litúrgicas del papa Pío XII. La muerte de Pío XII, los
comienzos del pontificado de Juan XXIII. Sus relaciones con Dom
Beauduin, su reforma litúrgica. La creciente inquietud de los fieles
ante todos estos cambios.

Nos queda ahora por analizar las primeras reformas litúrgicas, tanto las de Pío
XII como las de Juan XXIII, tratar de comprender la intención de sus autores y
juzgar los fundamentos de sus iniciativas, sin por eso pretender emitir un juicio
definitivo sobre una cuestión tan delicada, y hasta ahora tan poco estudiada.
Concluiremos mostrando que, sea lo que fuere lo que se piense de esas
reformas, no se puede negar que causaron ya un doloroso trastorno entre los
fieles, signo precursor de la angustia de nuestros tiempos.

LAS REFORMAS LITÚRGICAS DEL PAPA PÍO XII

Por el Motu proprio “In cotidianis precibus” del 24 de marzo de 1945,127 Pío XII
autorizó la utilización de una nueva traducción de los salmos en la recitación de
las Horas canónicas. Esta nueva traducción latina hecha por el Pontificio
Instituto bíblico no tuvo casi ningún éxito, lo que rinde homenaje al buen gusto
y sentido religioso del clero católico. Esta versión muy elaborada y muy fiel al
texto hebreo está en efecto desprovista de toda poesía, llena de palabras
difíciles de pronunciar, y totalmente inadaptada a las melodías gregorianas;
queda para siempre como testimonio del escaso sentido litúrgico del cardenal
Bea y de sus cofrades jesuitas que realizaron ese trabajo.

Un acontecimiento mucho más importante retendrá en mayor grafio nuestra


atención: la fundación, el 18 de mayo de 1948, de una “Comisión pontificia
para la reforma de la liturgia”. Pero antes de ver las realizaciones de esta
Comisión, detengámonos sobre los motivos de su fundación, y sobro las
circunstancias que la rodearon.

En primer lugar, reformar la liturgia, dentro de límites dados, es una cosa


perfectamente legítima. No es pues el hecho en sí de 1a, fundación de la
Comisión de Reforma lo que cuestionamos, sino su oportunidad. Hagamos una
comparación: en un período de temblores de tierra y de sismos, no se le
ocurriría a ningún arquitecto emprender la restauración de una fortaleza por
cierto vetusta, pero sin embargo sólida y resistente; temería mucho desquiciar
con sus trabajos a la vieja morada ya atacada por todas partes.

Hagamos la aplicación: emprender una reforma de la liturgia en un período en


que era atacada por todas partes por sus peores enemigos, era concurrir a la

127 “Enseignements Pontificaux”, Liturgie I, de Solesmes, nº 481 a 489

66
ruina de la liturgia desquiciando su estabilidad ya bien comprometida. No se
cambia de rumbo en medio de una tempestad... Pero también es preciso darse
cuenta de la existencia de la tempestad. También es preciso que el capitán esté
bien informado por sus oficiales.

Y bueno, digámoslo y repitámoslo, el papa Pío XII no se daba cuenta de la


tempestad que sacudía entonces a la Barca de Pedro. Pío XII no sabía que el
“Movimiento litúrgico” estaba en manos de los más temibles adversarios de la
Iglesia. ¿Cómo habría podido sospechar tan cruel realidad cuando eran los más
grandes príncipes de la Iglesia quienes revestían a esos lobos con una piel de
cordero? ¿Cómo darse cuenta, EN ESA ÉPOCA, SIN LA PERSPECTIVA DE LA
HISTORIA, de tal situación? Era algo imposible. Es fácil de juzgar en 1980,
ahora que los modernistas desde hace tiempo se han sacado la máscara y nos
han revelado sus manejos subterráneos, pero en 1948, ¿quién podía saber que
bajo esa púrpura cardenalicia, bajo ese hábito blanco o negro, se escondía un
discípulo de Loisy?

Dom Beauduin había dado la consigna en 1945128: hacer presentar nuestras


demandas por los obispos y por los sacrificados miembros de la Acción Católica.
Había escrito también: “La Iglesia no teme modificar su disciplina para el bien
de sus hijos”. Por ello, en esta época, los obispos multiplicaron las súplicas a
Roma para obtener reformas litúrgicas y suavización de la disciplina
sacramental: reforma del ayuno eucarístico, misas vespertinas, reforma de la
Semana Santa, introducción de la lengua vernácula en la administración de los
sacramentos. Las necesidades pastorales eran a menudo reales. Pío XII creyó
deber aceptar esas demandas.

Pío XII emprendió pues, con toda pureza de intención, las reformas exigidas
por las necesidades de las almas, sin darse cuenta —Y NO PODÍA— que
desquiciaba la liturgia y la disciplina en uno de los períodos más críticos de su
historia, y sobre todo que ponía en práctica el programa del “Movimiento
litúrgico” descarriado. Las desiderata presentadas por monseñor Harscouët o
por el cardenal Bertram eran elaboradas por Dom Beauduin y por Romano
Guardini... y Pío XII no podía ni siquiera sospecharlo, tal es el espantoso drama
que vivió la Iglesia durante esta parte del pontificado del Pastor Angélico.

Vamos a tener entonces que situarnos en este doble plano para comprender
estas primeras reformas romanas: son, por una parte, la expresión de la
voluntad de un Papa que es un santo —lo que garantiza su perfecta ortodoxia;
son, por otra parte, las etapas de la realización de un complot urdido para la
muerte de la Iglesia. Vayamos a los hechos...

128“Normas prácticas para las reformas litúrgicas”, “La Maison-Dieu”, nº1, enero de 1945, pp.9-
22.

67
Por empezar, la reforma del ayuno eucarístico: desde el final de la guerra los
obispos no cesaban de suplicar a la Santa Sede que extendiera los indultos
concedidos en razón del conflicto. Por la Constitución apostólica “Christus
Domínus” del 6 de enero de 1953, el papa Pío XII redujo

“el tiempo de ayuno que se debe guardar antes de la misa o de la santa


Comunión, respectivamente celebrada o recibida, a tres horas para los
alimentos sólidos y a una hora para las bebidas no alcohólicas”.129

Por el Motu proprio “Sacram Communionem” del 19 de marzo de 1957, el


mismo Pontífice extendió el permiso de celebrar la misa durante la tarde.

Citemos un pasaje de ese documento, nuestro lector sentirá en él nítidamente


la doble corriente de influencias que anima esas reformas, y de las que
hablábamos hace un rato: por una parte, las presiones episcopales (manejadas
por los diversos C.P.L.) y por otra parte, la preocupación pastoral
perfectamente legítima del Pastor Angélico:

“Los obispos Nos significaron —escribe— su profunda gratitud por esas


concesiones, que habían producido abundantes frutos, y muchos Nos
han rogado con insistencia que los autoricemos a permitir, cada día, la
celebración de la Misa durante las horas de la tarde, en vista del gran
provecho que de ello sacarían los 'fieles (...). Dados los considerables
cambios que se han producido en la organización de los trabajos y de los
servicios públicos y en toda la vida social, Nos hemos juzgado bueno
acoger las demandas apremiantes de los obispos...”130

Pio XII concluye su Motu proprio por un llamado al sacrificio:

“Pero Nos exhortamos vivamente a los sacerdotes y a los fieles, que


están en condiciones de hacerlo, a observar, antes de la Misa o de la
Santa Comunión, la antigua y venerable forma del ayuno eucarístico”.

Así pues, se trata ciertamente para el Papa de concesiones legítimas a las


exigencias de la salud y de la vida moderna, mientras que, para los neoliturgos,
esas reformas constituyen las primeras etapas de la destrucción de la disciplina
sacramental de la Iglesia... De tres horas se pasará a una hora, para llegar al
“cuarto de hora” de Pablo VI.

Vamos a reencontrar exactamente los mismos elementos en la reforma de la


Semana Santa. A partir de los años 1945-1946, el C.P.L. francés y los
organismos análogos del mundo entero multiplicaron las conferencias, las
publicaciones y tentativas de todas clases con el fin de hacer participar a los

129 Cf. Liturgie I, de Solesmes, nº 678 a 683


130 Cf. íbid., nº 825

68
fieles en las ceremonias de la Semana Santa. Ceremonias interminables,
celebradas a horas indebidas, ante I una asamblea irrisoria de fieles... Eso no
podía durar.

“Por esas razones —escribe el cardenal C. CICOGNANI— grandes sabios


liturgistas, sacerdotes encargados del ministerio de las almas, y sobre
todo los excelentísimos obispos, en estos últimos años, han dirigido
insistentes ruegos a la Santa Sede precisamente para el retorno de las
ceremonias litúrgicas del sagrado triduo en las horas de la tarde, como
en la antigüedad, con el fin seguramente de que todos los fieles puedan
asistir con facilidad a esa ceremonias”.131

Aquí una vez más, señalemos que es esencialmente un motivo pastoral el que
hizo actuar a Pío XII: que los fieles puedan asistir en gran número a las más
grandes ceremonias litúrgicas del año.

Con este fin, desde 1951, autorizó a ciertas diócesis a celebrar el oficio de la
vigilia pascual en la noche del Sábado Santo. En 1953, confió a la Comisión
para la reforma de la liturgia el cuidado de restaurar los Oficios de toda la
Semana Santa. El trabajo terminado y aprobado por el conjunto de los
cardenales el 19 de julio de 1955, fue proclamado por la Sagrada Congregación
de Ritos en el decreto “Maxima Redemptionis” del 16 de noviembre del mismo
año.

En dos años, los miembros de la Comisión habían realizado un trabajo


considerable, pero también habían, con toda seguridad, superado la intención
del Papa. Pío XII quería una restauración de los horarios tradicionales de los
Oficios, con el fin de facilitar su frecuentación por los fieles; en ninguna parte
encontramos rastros de una voluntad de modificar los ritos de la Semana Santa.
Esto es tan cierto que el decreto “Maxima Redemptionis” no justifica más que el
cambio de la hora, sin explicar en absoluto las modificaciones de las ceremonias
en sí. Los “periti” de la Comisión aprovecharon los trabajos en curso para hacer
pasar en los ritos sus descubrimientos arqueológicos y sus concepciones de la
liturgia. Los “expertos” utilizaron esta reforma como un banco de prueba;
comprobando luego el éxito alcanzado por sus ceremonias, las extenderán a
toda la liturgia.

Es así como las modificaciones de los ritos de la Misa del “Ordo Hebdomadae
Sanctae Restauratus” fueron extendidas a toda la liturgia por la reforma
promulgada por Juan XXIII en 1960. Pero no nos anticipemos, contentémonos
con enumerar las modificaciones fundamentales de los ritos.

131Decreto “Maxima Redemptionis” S.C.R, del 16 de Noviembre de 1955, “Liturgie I” de


Solesmes, nº 740 a 743.

69
Primeramente, la extrema simplificación de la bendición de los ramos, so
pretexto de expurgar el Misal de sus elementos no romanos; el proyecto de tal
depuración remontaba a mucho tiempo atrás, puesto que el liturgista inglés E.
BISHOP escribía en 1899:

“El propio Misal romano, es cierto, no está completamente desprovisto


de piezas parecidas a las composiciones „galicanas‟ mejor caracterizadas.
Tal es, especialmente, la tercera fórmula para la bendición de los ramos,
que empieza a la manera de una simple colecta, luego se pierde en una
instrucción sobre el sentido místico de la ceremonia: „los ramos de
palmas significan pues el triunfo de Cristo‟. Es ésta una exposición
perfectamente apropiada para un discurso a las multitudes, pero que
seguramente ya no conviene más, según un sentimiento que todo el
mundo comparte hoy en día, a una oración que se dirige a Dios”.132

Señalemos también que los cuatro relatos de la Pasión cantados durante la


Semana Santa ya no contienen ni la unción de Betania, ni, lo que es más grave,
la Última Cena. Notemos igualmente la supresión del último Evangelio el
Domingo de Ramos, el Jueves Santo y en la Misa de la vigilia pascual. Está
también la supresión de las oraciones al pie del altar en la velada pascual. El
celebrante omite leer lo que el diácono y el subdiácono cantan; el diácono solo
dice “flectamus genua” y responde “levate”. Todo esto sin hablar de las
modificaciones de la ceremonia del lucernario y sobre todo de la enérgica
disminución de la cantidad de las lecturas y de los responsos.

Un último golpe en la sombra permitió también la desaparición de la


ceremonias bautismales en la vigilia de Pentecostés. El aspecto positivo de
todas estas reformas es una vez más de orden pastoral: la introducción del
lavatorio de los pies en la Misa vespertina del Jueves Santo, la reaparición de la
Misa Crismal, y la renovación de las promesas del Bautismo durante la velada
pascual. Digamos pues para concluir que este “Ordo Hebdomadae Sanctae” ha
traído algunas ventajas pastorales, pero al precio de una reestructuración más
que cuestionable de las más antiguas y más venerables ceremonias de la
liturgia católica romana.

Pío XII consideró que las ventajas eran más considerables que los
inconvenientes, no nos permitiremos cuestionar su juicio, pero recordamos
simplemente a nuestro lector que, durante ese tiempo, el “Movimiento litúrgico”
descarriado marcaba puntos. Citemos al padre CHENU:

132Edmund Bishop, “The genius of the Roman Rite”, ed. francesa anotada por Dom. A. Wilmart,
Librairie de l´Art catholique, París, 1920.

70
“El padre Duployé seguía esto con una lucidez apasionada. Recuerdo, fue
mucho tiempo después, cuando me dijo un día: „Si conseguimos
restaurar en su valor primigenio a la vigilia pascual, el movimiento
litúrgico habrá vencido; me doy diez años para ello‟. Diez años después,
estaba hecho”.133

Las rúbricas del Misal y del Breviario no fueron perdonadas. Como ya en


los casos precedentes,

“algunos Ordinarios del lugar han dirigido insistentes demandas a la


Santa Sede”

y, prosigue el cardenal C. CICOGNANI,

“el sumo pontífice Pío XII, en razón de su solicitud y de su cargo


pastoral, ha remitido el examen de esta cuestión a una Comisión especial
de expertos a la que ha sido confiado el estudio de una reorganización
general litúrgica”.134

Esos trabajos desembocaron en la promulgación, el 23 de marzo de 1955, del


decreto “Cum hac nostra aetate” de la Sagrada Congregación de Ritos. Esta
reforma tendía a simplificar las rúbricas, con el fin de hacer más fácil a los
sacerdotes la recitación del Breviario. El papa Pío XII quiso un aligeramiento del
Breviario, y, esta vez también, los “expertos” orientaron la reforma en el
sentido deseado por el “Movimiento litúrgico”.

Desde 1915, el reverendísimo Dom Cabrol estimaba que la reforma de San Pío
X era insuficiente, que el ciclo santoral se hallaba en ella aún demasiado
privilegiado. Cuarenta años más tarde, Roma adoptaba su parecer reduciendo
todas las fiestas semidobles y simples al grado de conmemoración, y
dando la posibilidad de decir el Oficio ferial de Cuaresma o de Pasión más bien
que el Oficio de un santo.135 El número de las vigilias fue disminuido
considerablemente y el de las octavas reducido a su más mínima expresión:
solamente Navidad, Pascua y Pentecostés fueron exceptuadas. El breviario fue
aligerado de todos sus Pater, Ave, Credo; la Antífona final a la Santísima Virgen
sólo fue conservada en las Completas; las reglas de las Preces y de las
Conmemoraciones fueron simplificadas; el credo de San Atanasio, sin embargo
tan actual, fue reservado solamente al domingo de la Trinidad.

133 En “Un théologien en liberté”, J. Duquesne interroga al padre Chenu, colección “Les
Interviews”, le Centurion, 1975, pp.92-93.
134 Decreto “Cum hac nostra aetate” del 23 de marzo de 1955, in “Les heures du jour", Desclée,

1959, p. 31.
135 Los “expertos” comentaban así: “Si bien la elección es libre, resulta que para estar dentro del

espíritu de esta reforma, vale más elegir bastante a menudo el Oficio ferial”.

71
Para concluir este demasiado rápido estudio de las reformas litúrgicas del papa
Pío XII, tenemos el deber de recordar su perfecta ortodoxia, garantizada por la
de aquél que las promulgó, pero tenemos que reconocer también que
constituyen, por las razones que hemos explicado, las primeras etapas de la
“autodemolición” de la liturgia romana.

LA MUERTE DE PIO XII Y LOS COMIENZOS DEL PONTIFICADO DE


JUAN XXIII

La noticia de la muerte del Pastor Angélico fue recibida con una alegría casi
delirante en los medios del “Movimiento litúrgico" descarriado. Las reformas de
Pío XII claro que habían dado algunas satisfacciones a los “líderes” del
Movimiento, pero la ortodoxia implacable que el Papa había mantenido en ellas
no era de su gusto. Hacían falta nuevas reformas más audaces, hacía falta un
papa que comprendiera el problema del ecumenismo, que fuera partidario del
„Movimiento" sin reserva. La desaparición de Pío XII por fin iba a permitir
esperar.

Pero escuchemos al padre Bouyer y al anciano Dom Lambert Beauduin:

“Yo estaba en Chevetogne, el nuevo Amay, invitado a predicar el retiro a


los monjes”,

escribe el padre BOUYER:

“La muerte de Pío XII nos fue anunciada inesperadamente. Con un celo
que podría parecer intempestivo, creyendo a la radio italiana, creo
incluso que hasta cantamos una „panykhide‟ para el reposo de su alma
unas buenas doce horas antes de su muerte. Esa noche, en la celda
adonde había vuelto, al cabo de su camino terrestre, el anciano Dom
Lambert BEAUDUIN, tuvimos con él una de esas conversaciones del final
entrecortada por silencios, en la que el torpor interrumpía, sin jamás
embotarlo, el curso de su pensamiento. „Si eligieran a Roncalli, nos dijo,
todo se salvaría: él sería capaz de CONVOCAR UN CONCILIO y de
CONSAGRAR EL ECUMENISMO...‟ El silencio volvió otra vez, luego
retornó la vieja malicia, en un relámpago de la mirada: „Tengo confianza,
dijo, tenemos nuestra chance; la mayoría de los cardenales no saben lo
que tienen que hacer. Son capaces de votar por él”.136

Y el padre Bouyer concluye:

“Viviría bastante tiempo como para saludar en Juan XXIII el comienzo de


las realizaciones de sus más invencibles esperanzas”.

136 Bouyer, Dom Lambert Beauduin, Casterman, 1964, pp.180-181

72
Nuestro lector recuerda que monseñor Roncalli y Dom Lambert Beauduin eran
amigos desde 1924. Un episodio de esta amistad nos permitirá comprender
mejor lo bien fundado de las esperanzas de Dom Beauduin; sigamos
escuchando al padre BOUYER:

“Cuando monseñor Roncalli —escribe— había sido bombardeado como


nuncio en París, de una forma pasablemente inesperada137, él había ido a
visitarlo no sin preguntarse si José, con el anillo en el dedo y el hábito
purpurino en las espaldas, podría aún reconocer a su humillado
hermano. No tuvo mucho tiempo para dudar. Apenas pasó su tarjeta
escuchó de la antecámara la voz bien conocida: „¡Lamberto!... ¡Venga!
¡Venga!'. Un instante después, experimentaba uno de esos calurosos
abrazos que se harían célebres. Y antes de saber lo que le pasaba,
escuchaba al Nuncio decirle: '¡Vamos! Siéntate allí y cuéntanos tus
aventuras‟. Empujado amigablemente, subía retrocediendo un escalón y
se encontraba instalado en un asiento particularmente augusto.
Habiendo tomado lugar su interlocutor en una silla frente a él, y riendo a
carcajadas, comenzaba pues el relato de sus tribulaciones romanas...
dándose poco a poco cuenta que lo estaba haciendo desde lo alto del
trono papal que decora obligatoriamente la residencia de todos los
legados... No imaginaban entonces lo que esta situación bufa podría
llegar a tener después, de simbólico”.138

Dom Beauduin conocía bien a Juan XXIII: sabía desde 1958 que él consagraría
al ecumenismo, y que reuniría un concilio que haría la síntesis de todo su
trabajo, la síntesis del “Movimiento ecuménico” y del “Movimiento litúrgico”.
Pero la hora del concilio no había llegado aún, y el nuevo Papa quería terminar
la obra de reforma litúrgica comenzada por su predecesor, y extender sus
conclusiones a toda la liturgia.

Fue el Motu proprio “Rubriearum Instructum” del 25 de julio de 1980; he aquí


un pasaje:

“En 1956, mientras se proseguían los estudios preparatorios para la


reforma general de la liturgia, Nuestro mismo predecesor quiso escuchar
la opinión de los obispos respecto de una futura reforma litúrgica del
breviario romano. Entonces después de haber examinado atentamente
las respuestas de los obispos, decidió que se debía encarar la reforma
general y sistemática de las rúbricas del Breviario y del Misal y confió
dicha tarea a la Comisión especial de expertos, a la que ya le había sido
pedido el estudio de la reforma general de la liturgia. Luego, Nos

137 Mons. Roncalli ejerció las funciones de nuncio en París de 1944 a 1953.
138 Bouyer, Dom Lambert Beauduin, mismas páginas.

73
mismos, después de haber decidido, SIGUIENDO UNA INSPIRACIÓN
DIVINA, convocar el Concilio Ecuménico, hemos pensado más de una vez
lo que convenía hacer con respecto a esta iniciativa de Nuestro
predecesor. Y, después de haber examinado bien la cuestión, hemos
llegado a la decisión de que se debían presentar, a los Padres del futuro
concilio, los principios fundamentales concernientes a la reforma
litúrgica, y que no se debía diferir más la reforma de las rúbricas del
Breviario y del Misal romano”.139

Esta reforma litúrgica entró en vigor el 1º. de enero de 1981. En el fondo no es


otra cosa que la extensión a toda la liturgia de las rubricas “probadas” en 1955
y 1958 por los “periti” de la Comisión de reforma, y merece, a este título, el
mismo juicio que las reformas de Pío XII. El Breviario es, sin embargo, la
principal víctima de esta reforma demasiado apresurada, de lo que Juan XXIII
se dio bien cuenta puesto que escribió de una manera un poco ingenua:

"También, con un espíritu paternal, exhortamos a todos los que están


obligados a la recitación del Oficio divino a hacer en forma de que lo que
está suprimido en el Oficio divino por las abreviaciones, sea compensado
por una recitación hecha con una diligencia y una devoción
acrecentadas. Y como a, veces la lectura de los Santos Padres es
igualmente un poco reducida, Nos exhortarnos encarecidamente a todos
los eclesiásticos a tener asiduamente entre las manos, como textos de
lectura y de meditación, los volúmenes de los Padres, llenos de sabiduría
y de piedad”.140

Esta reforma de 1960 constituye pues un poco la síntesis de las reformas


preconciliares. Pese a dolorosas desapariciones y a insignes torpezas, la liturgia
católica permanece en ella sustancialmente sin cambios. El gran error de Juan
XXIII será el de confiar al Concilio la reestructuración de los principios
fundamentales de la liturgia. A partir de ese momento, las reformas estarán
animadas totalmente por una concepción nueva de la liturgia. Es cierto, esta
concepción “surgía” ya en las reformas preconciliares, pero estaba contenida,
dominada, por la vigilante ortodoxia de Pío XII.

LA CRECIENTE INQUIETUD DE LOS FIELES ANTE TODOS ESTOS


CAMBIOS

Todas estas reformas preconciliares nos parecen hoy bien superadas; reformas
mucho más considerables vinieron después a trastrocar enteramente la liturgia.
Por cierto, esto es verdad, pero no habría que olvidar que esas primeras

139 Motu Proprio “Rubrimrum lnstructum”, in Liturgie I de Solesmes, nº 891 al 892.


140 Ibid.

74
reformas causaron ya una considerable perturbación entre los fieles. Testimonio
de esta inquietud, un librito escrito por el padre ROGUET: “Nos cambian la
Religión”.141 Este libro expresa las inquietudes de los católicos de los años
1958-1960 ante los cambios sobrevenidos en la liturgia. Los fieles sentían muy
bien que detrás de esos detalles de rito existía en la voluntad de los
reformadores —y no del Pontífice— una intención de cambiar el
comportamiento religioso de los católicos, si no ya de cambiar su fe.

El padre ROGUET no se lo oculta:

“Así, los gestos que hacemos, las prácticas cultuales en apariencia las
más mínimas significan y alimentan nuestra fe. No es pues indiferente
que asistamos a la Misa, que recibamos la Eucaristía de una manera
antes que de otra. Esos comportamientos comprometen la fe, y al mismo
tiempo, la forman. Cambios en el horario de la Misa y de los Oficios, en
la reglamentación de la comunión o en la disposición de los altares
pueden pues tener consecuencias profundas. Es lo que sienten
vivamente aquéllos que se quejan de que nos cambian la Religión”.142

Contentémonos con enumerar los títulos de los capítulos, expresan


elocuentemente los asombros y las quejas de los fieles: ¡Ya no se puede rezar!
El altar al revés. ¡Oh alma mía, adora y calla! ¡Quieren hacernos cantar! La
oración del cuerpo. Una verdadera novedad: las misas vespertinas. La
transformación del ayuno eucarístico. La Misa de medianoche... en Pascua. El
día más bello de la vida. El retorno a la Biblia. ¿Hacia una Liturgia en francés?
Rejuvenecimiento de las iglesias.

Para concluir este apartado, contentémonos con citar al padre Rouguet. Este
pasaje es la conclusión de su obra, contiene todo el programa de los
neoliturgos: hacernos volver a una Iglesia primitiva, concebida de una
manera muy protestante, negando quince siglos de vida de la Iglesia; la
última frase presagia ya la excomunión de hecho de los católicos apegados a la
Tradición:

“Nos cambian la Religión” —escribe el autor—. “No. Se trata solamente


de liberar a nuestra religión de rutinas que, por ser antiguas, no son por
eso venerables. Se trata de volver al surgimiento y a la frescura del
Evangelio. Es ésa la verdadera infancia: si no sabemos volver a ella, no
entraremos en el reino de Dios”.143

141 Aimon-Marie Roguet, O.P., “On nous change la religion”, Colección "Tout le monde en parle",
Cerf, 1959.
142 Loc. cit., p. 8
143 Loc. cit., p. 123

75
Así pues, en 1960, el “Movimiento litúrgico” descarriado ha ganado ya muchas
batallas, pero todavía no ha ganado la guerra. Sus dirigentes, protegidos en las
altas esferas, han aprovechado de la solicitud pastoral de los papas para
desquiciar la antigua estabilidad de la liturgia católica, y para insinuar a través
de los ritos su nueva concepción de la liturgia. Juan XXIII había anunciado la
reunión del Concilio ecuménico que trataría, entre otros, los principios de la
reforma litúrgica. Ese concilio fue verdaderamente, según la expresión del
cardenal Suenens, “1789 en la Iglesia”.

76
CAPÍTULO VII - LA BATALLA FINAL

El preconcilio, el Concilio y el Consilium. La gran victoria del


“Movimiento”. Los últimos preparativos (San Anselmo en 1960). Se
coloca a los hombres en sus puestos. Se pone en marcha la máquina y
desembocará en el “Novus Ordo”.

A la noticia de la muerte de Pío XII, el anciano Dom Lambert BEAUDUIN


confiaba al padre Bouyer:

“Si eligieran a Roncalli, todo se salvaría: sería capaz de convocar un


concilio y de consagrar el ecumenismo”.144

Consagrar el ecumenismo, sí, pero también consagrar el “Movimiento litúrgico”,


tal sería la tarea del Concilio tan esperado. Desde hacía más de cuarenta años,
los neoliturgos desparramaban sus errores, habían conseguido influenciar a una
porción considerable de la jerarquía católica, habían obtenido de la Santa Sede
alentadoras reformas: todo ese paciente trabajo de zapa iba a dar sus frutos.
Los revolucionarios de la liturgia aprovecharon la Constitución sobre la liturgia
para hacer admitir sus tesis. Nombrados luego miembros del Consilium, no
tuvieron más que sacar las conclusiones extremas de los principios del Vaticano
II.

Nos queda, pues, para terminar este estudio del “Movimiento litúrgico”, volver a
trazar a grandes rasgos las etapas del asalto final de los revolucionarios contra
la liturgia católica. Y mostraremos por fin que la liturgia conciliar, promulgada
por el papa Pablo VI, no es sino la conclusión necesaria, la expresión y la
síntesis de todas las desviaciones del “Movimiento litúrgico”.

LOS ÚLTIMOS PREPARATIVOS ANTES DEL ASALTO

Desde 1960, todo el mundo conocía los proyectos de Juan XXIII sobre la
liturgia:

“Nos hemos llegado a la decisión —escribía— de que se debían presentar


a los Padres del futuro concilio los principios fundamentales
concernientes a la reforma litúrgica”.145

Así el Papa no se contentaría con una reforma de detalle, sino que apuntaba a
una reforma de fondo, cuya discusión de los principios sería confiada a los
Padres del Concilio.

Bouyer, Dom Lambert Beauduin, pp. 180-181.


144

Decreto “Rubricarum Instructum”, del 25 de Julio de 1960, Solesmes, “Liturgie I”, nº 891 al
145

892.

77
Había pues que actuar rápido, aprovechar plenamente los pocos meses que
faltaban aún para la apertura del Concilio. No recordaremos sino un ejemplo,
en el marco demasiado limitado de este estudio, de la acrecentada actividad de
los reformadores. Nuestro neo-liturgo tipo será Dom Adrien Nocent, monje
benedictino de Maredsous, nacido en 1913. Este ex-alumno del Instituto de
liturgia de París fue nombrado en 1961 profesor en el Pontificio Instituto de
liturgia San Anselmo de Roma. En esta venerable universidad benedictina
fundada por León XIII, donde también Dom Beauduin había enseñado, Dom
Nocent preparaba el Concilio.

Su obra: “El porvenir de la liturgia”, publicada el mismo año 1961146, con el


imprimatur de monseñor Suenens, va a permitirnos juzgar el estado de ánimo
de los neoliturgos en vísperas del Vaticano II. He aquí, primeramente, un
extracto de la introducción, encontraremos en él la caricatura del buen fiel,
luego la descripción llena de caridad del católico progresista, y por fin el trazado
exacto de la vía media que tomará el Concilio, etapa hacia reformas ulteriores;
pero dejemos hablar al autor:

“No habría sin embargo que imaginarse a todos los católicos vibrando de
esperanza a la espera de un Concilio donde serán estudiadas las
cuestiones planteadas por la vida litúrgica en la Iglesia en nuestro
tiempo. Los hay todavía, y más de lo que se podría creer, que se
preguntan por qué razón hay que modificar usos tan antiguos, bien
anclados dentro de sus viejas costumbres. Hay en ellos una oposición
feroz a lo que podría turbar una religión que ellos han flexibilizado a su
propia medida y en la que degustan una maniaca satisfacción, como uno
se siente perezosamente cómodo dentro de un traje viejo y de unos
zapatos gastados. ¿Por qué turbar prácticas con las que se encuentran
bien y de las que creen sacar un real provecho espiritual?

En oposición a este inmovilismo, existe otra actitud, demasiado


impaciente, a veces insuficientemente ilustrada, a la que regocija por
adelantado toda „iconoclastia‟ y todo incendio de los viejos ídolos.
Confunde rutina perezosa con tradición legítima y verdadera, ama el
cambio por él mismo, como manifestación suprema de vitalidad. A veces
sin embargo hay que perdonar su violencia y explicarla por una
atormentadora angustia pastoral...

Paralelamente a los PROBLEMAS ECUMÉNICOS, se sabe que en el orden


del día del futuro Concilio está inscrita UNA REVISIÓN de la LITURGIA y
que unas comisiones de estudio ya se han puesto a trabajar. Sería sin
embargo ir al encuentro de una desilusión el esperar soluciones del todo

146 Adrian Nocent, “L´avenir de la liturgie”, Éditions Universitaires, 1961.

78
hechas, una reorganización completa. EL PAPEL DEL CONCILIO SERÁ,
ASÍ COMO TOMAR RESOLUCIONES FIRMES, DAR UN IMPULSO A TAL
ORIENTACIÓN PRECISA EN TAL BÚSQUEDA DE ADAPTACIÓN, Y
CORTAR EL CAMINO A TAL TENDENCIA, LEGÍTIMA TAL VEZ, PERO
RECONOCIDA COMO INOPORTUNA”.147

Nuestro lector nos perdonará esta cita demasiado larga, pero es tan reveladora
que no podíamos omitirla. Con dos años de antelación, Dom NOCENT nos
revela el plan de los revolucionarios: la oposición “tradicionalista” era todavía
demasiado fuerte, en esa época, para que se pudiera pensar en un
trastrocamiento inmediato de la liturgia, será preciso contentarse, en un primer
tiempo, con principios de reforma aceptables para la tendencia “tradicionalista”,
para confiar luego la aplicación de esos principios a representantes de la
tendencia “progresista”. Adrien Nocent sabe bien que el Concilio no podrá
aceptar de golpe una nueva liturgia de la Misa, pero sabe también que esta
nueva liturgia.—en la cual ha trabajado— será promulgada más tarde en
nombre del Concilio, es por esto que toda la continuación de su libro trata de la
liturgia del porvenir.

Detengámonos algunos instantes en la “misa de Adrien Nocent”; que pueda


ella hacer comprender a nuestros lectores quo en 1961 la nueva Misa ya estaba
concebida... simplemente inoportuna en 1963, será promulgada en 1969.

El profesor de San Anselmo afirma, primeramente, el principio y fundamento


del nuevo culto:

“Una gran variedad de celebración sería pues permitida alrededor del


núcleo central siempre respetado y que sería celebrado sólo en los días
simples”.

El altar debe estar cara al pueblo, sin mantel fuera de las celebraciones, las
oraciones de preparación deben ser simplificadas, las lecturas multiplicadas, la
oración universal restaurada. El ofertorio, después del Credo recitado solamente
el domingo, está muy acortado. El celebrante no hace sino elevar las oblatas en
silencio. El cáliz es colocado a la derecha de la hostia, la palia facultativa, la
incensación rápida. El lavabo no se realiza a menos que el celebrante tenga las
manos sucias, “hay que evitar ese simbolismo fácil y sin mayor interés”. La
patena permanece sobre el altar, el Orate Fratres es recitado en voz alta, la
secreta en alta voz. El Canon es despojado de toda plegaria de
intercesión, de los “per Christum Dominum nostrum”, menos señales de la
cruz y genuflexiones, Canon recitado en alta voz, incluso en lengua vernácula,
Pater recitado por todos; apretones de mano en el Agnus Dei, durante el cual

147 Ibid., pp. 9-10-11.

79
tiene lugar la fracción de la hostia. La fracción de todas las hostias se realiza en
el mismo pan ordinario. Comunión bajo las dos especies, de pie y en la mano.
Bendición, Ite Missa est, ya no más último Evangelio, ni oraciones de León XIII.
Nuestro reformador pasa luego en revista todos los Sacramentos y propone
igualmente reformas que sería demasiado largo repetir aquí, pero que son en
sustancia los sacramentos reformados de la Iglesia conciliar.148

En 1961, Adrien Nocent conocía pues muy exactamente el plan de la revolución


conciliar. “Cortar el camino a tal tendencia, legítima tal vez, pero reconocida
como inoportuna”, dicho de otro modo: el Concilio va a hacer un esquema tal
que abra la puerta a los innovadores y parezca cerrarla a los “ultrarreformistas”,
pero por un tiempo solamente. El plan se desarrollará así:

— tendencia reformista moderada: 1964;

— que progresivamente se va acentuando: 1967;

— para dejar por fin el lugar a los “ultrarreformistas”: 1969.

LA TORMENTA REVOLUCIONARIA

De todos los esquemas preparatorios del Concilio, el único que no fue


rechazado fue el de la liturgia. El ala progresista no podía, en efecto, sino
estar satisfecha de un texto cuyo autor principal era el reverendo padre
Bugnini, c.m., secretario de la Comisión preparatoria de liturgia. Citemos los
nombres de algunos miembros de esta comisión: Dom Capelle, Dom Botte
(tenía setenta años en 1963), el canónigo Martimort, el abbé Hängii
(actualmente obispo de Basilea, entonces profesor en Friburgo en Suiza), el
padre Gy, el abbé Jounel. El presidente de esta comisión era el anciano
cardenal Gaetano Cicognani, que se opuso con todas sus fuerzas a ese
esquema que él juzgaba muy peligroso. El proyecto del esquema, para ser
presentado en el aula conciliar, debía llevar la firma del Cardenal... Juan XXIII
lo obligó a firmarlo:

“más tarde —escribe el padre WILTGEN— un experto de la Comisión


preconciliar de liturgia afirmó que el anciano Cardenal estaba al borde de
las lágrimas, que agitaba el documento diciendo: „Quieren hacerme
firmar esto, no sé qué hacer‟. Luego puso el texto sobre su escritorio,
tomó una lapicera y firmó. Cuatro días más tarde, estaba muerto”.149

El 22 de octubre de 1962 ese esquema preparatorio fue presentado en el aula


conciliar, y el 4 de diciembre de 1963 el nuevo papa Pablo VI150 promulgó la

148 Para los detalles de la "misa de Adrien Nocent," ver cf. Ibid., pp. 119 -171.
149 Ralph Wiltgen, S.V.D., “The Rhine Flows into the Tiber”, Éd. du Cédre, 1975.
150 Juan XXIII había muerto el 3 de junio de 1963, a las 9.49

80
Constitución “Sacrosantum Concilium”. ¡Había sido aprobada por 2.151 votos
contra 4!

Para un estudio detallado de esta Constitución, remitimos a nuestros lectores a


las obras de Pierre Tilloy151 y Jean Vaquié152, contentándonos aquí con resumir
su pensamiento.

Las características de esta Constitución

1) Es una LEY-MARCO, es decir que enuncia solamente las grandes líneas de


una doctrina litúrgica en la que se inspirarán el Consilium y las comisiones
litúrgicas nacionales y diocesanas para elaborar la nueva liturgia (a. 44-45).

2) Inaugura una TRANSFORMACIÓN FUNDAMENTAL de la liturgia; en


particular, anuncia la revisión del ritual de la Misa (a. 50), un nuevo rito de la
concelebración (a. 58), la revisión de los ritos del Bautismo (a. 66), de la
Confirmación (a. 71), de la Penitencia (a. 72), de las Ordenaciones (a. 76), del
Matrimonio (a. 77), de los Sacramentales (a. 79), etcétera.

3) Constituye un COMPROMISO entre el tradicionalismo y el progresismo,


pretendiendo equilibrar a uno con el otro. Para satisfacer a la mayoría
tradicionalista sin principio firme, se respetarán los principios fundamentales de
la liturgia, pero sin ninguna aplicación práctica. Para la minoría progresista
actuante, se asegurará la evolución ulterior en el sentido del progresismo. Esto
en particular para las cuestiones tan importantes de las relaciones culto-
pedagogía en la liturgia (a. 33), y del empleo del latín (a. 36, 54, 101).

“Una ley-marco, inaugurando una transformación fundamental —escribe


VAQUIÉ153— e inspirándose en dos doctrinas contradictorias, así se
presenta la Constitución litúrgica del 4 de diciembre de 1963”.

Así el deseo de Juan XXIII, emitido en 1960154, estaba realizado, los Padres del
Concilio se habían pronunciado sobre “los principios fundamentales
concernientes a la reforma litúrgica”. La revolución litúrgica estaba virtualmente
acabada, los principios constitutivos de la liturgia estaban atacados, la nueva
liturgia, salida de esta Constitución, iba a ser DIDÁCTICA, EVOLUTIVA,
DEMOCRÁTICA y LIBRE. Quedaba por llevar a cabo esta reforma; el papa Pablo
VI iba a consagrarle todas sus energías, sosteniendo sin cesar al partido
ultrarreformista contra el ala tradicionalista en la interpretación de la
Constitución. Aceptada por una buena mayoría de obispos fieles, pero carentes

151 “De la herejía antilitúrgica de nuestros días”, estudio policopiado de mayo de 1965. De
nuestro conocimiento, la primera y la más lúcida reacción contra la Constitución conciliar.
152 J. Vaquié, “La revolution liturgique”, D.P.F., 1971.
153 Ibid., p. 30
154 Decreto “Rub. Instruct.” Loc. cit, cf. nota 2 supra.

81
de convicciones o, por lo menos, de conocimientos litúrgicos, la Constitución
conciliar sobre la liturgia va a servir para la destrucción de la liturgia católica.
Pero veamos las etapas de esta agonía.

Se pone en marcha la máquina y desembocará en el “Novus Ordo


Missae”

El 25 de enero de 1964, Pablo VI por el Motu proprio "Sacram liturgiam”,


pone en inmediata aplicación ciertas disposiciones de la Constitución y anuncia
la creación de un Comisión especial encargada de poner en aplicación esta
Constitución.

El 29 de febrero de 1964, el Papa crea el “Consilium ad exsequendam


Constitutionem de Sacra Liturgia”; confía sus puestos a los elementos más
avanzados del “Movimiento litúrgico”, en particular la presidencia al cardenal
Lercaro y el secretariado al padre Bugnini.155 El Consilium puede ser
comparado muy exactamente al Comité de salud pública de la Revolución
Francesa; va a funcionar hasta 1969, como un verdadero tribunal de
excepción, desposeyendo a la Sagrada Congregación de Ritos de casi todos sus
poderes. Pablo VI interviene personalmente el 20 de octubre de 1964 y el 7 de
enero de 1965 para sostener al Consilium entonces en conflicto con la
Congregación romana.

Dejemos a Dom BOTTE explicarnos la organización del Consilium:

“El Consejo —escribe156 — estaba constituido por dos grupos diferentes.


Había en primer lugar una cuarentena de miembros propiamente dichos
—la mayoría cardenales u obispos— que tenían voz deliberativa. Luego
estaba el grupo de los consultores, mucho más numeroso, encargado de
preparar el trabajo. Las sesiones se realizaban la mayoría de las veces en
el Palazzo Santa Marta, detrás de la basílica de San Pedro, en la gran
sala de la planta baja”.

Varios expertos estaban agrupados y trabajaban juntos, bajo la dirección de un


relator. Dom Botte fue encargado de la revisión del primer tomo del Pontifical, y
le debemos, en gran parte por lo menos, la desaparición de las órdenes
menores así como el nuevo ritual de las Ordenaciones y el nuevo rito de la
Confirmación.157

155 El padre Bugnini declaró en el Observatore Romano del 19 de marzo de 1965 que: “La oración
de la Iglesia no debía ser un motivo de malestar espiritual para nadie”. Y que era preciso
“apartar toda piedra que pudiera constituir aunque más no fuera la sombra de un riesgo de
estorbo o de disgusto para nuestros hermanos separados”.
156 Dom Botte: Le mouvement liturgique, p. 156.
157 Ibid. pp. 165-188

82
Monseñor Wagner, director del Instituto litúrgico de Tréveris, fue el relator del
grupo encargado de la reforma de la misa, cuyos miembros más activos fueron:
el profesor Fischer, monseñor Schnitzler, el padre Jungmann, el padre Louis
Bouyer, el padre Gy, Dom Vaggagini y Dom Botte.

El 26 de setiembre de 1964, el Consilium autoriza el uso facultativo de la


lengua vulgar en todos los ritos salvo el prefacio y el canon de la Misa; el
salmo “Judica me” y las oraciones después de la Misa desaparecen, muchas
rúbricas de la Misa son modificadas y, en fin, por primera vez, se confían
poderes litúrgicos a las Conferencias episcopales. El decreto entró en
vigor el 7 de marzo de 1965.

La revolución se radicaliza aún más, el 4 de mayo de 1967, con la Instrucción


“Tres abhinc anuos”, que autoriza la recitación del canon de la Misa en voz alta
y en lengua vulgar.

Pero esto no les bastaba a los innovadores, la Misa tridentina, incluso mutilada
y reformada, seguía siendo un obstáculo para el ecumenismo, para ese
cristianismo universal tan deseado. El cardenal Lercaro y el padre Bugnini no
habían perdido el tiempo desde el Concilio, habían logrado en tres años poner a
punto una nueva liturgia de la Misa, conforme en todos los puntos a las
desiderata del “Movimiento litúrgico-ecuménico”. La quintaesencia de la herejía
anti-litúrgica iba a ver el día. Se bautizó a ese nuevo culto “Misa normativa”, y
se lo presentó ante los obispos reunidos en Roma en Sínodo el 24 de octubre
de 1967.

He aquí el relato que el “Courrier de Rome” dio del acontecimiento:

“Un „estreno‟ en la capilla Sixtina: es de la Misa normativa, montada en


los estudios de la comisión Lercaro-Bugnini, que queremos hablar. Por
una delicada atención, los productores, antes de someter su invento al
voto del Sínodo, habían querido ejecutar ante ellos una representación
general. Había que „probar‟. Antes de actuar se había explicado, a los
ciento ochenta y tres prelados que se tenían que imaginar haciendo el
papel de los parroquianos asistiendo a la nueva misa, activa, consciente,
comunitaria, simplificada. Seis seminaristas harían la schola cantorum,
un lector leería las dos más una lecturas, y el padre Annibal Bugnini
mismo se esforzaría por celebrar y pronunciar la homilía.

Esta „Misa Normativa‟ estaría llamada a reemplazar la que San Gregorio


Maguo, Santo Tomás de Aquino, San Felipe Neri, Bossuet, el cura de Ars,
celebraron sin sospechar jamás que celebraban una misa pasiva,
inconsciente, individualista y complicada.

83
La misa normativa suprime el Kyrie, el Gloria y el Ofertorio. Pulveriza el
Confíteor. Pasa por alto la intercesión de los santos, el recuerdo de las
almas del Purgatorio, todo lo que expresa la ofrenda personal del
sacerdote humano. Propone cuatro cánones de recambio. Corrige las
palabras de la Consagración. Y, por supuesto, reemplaza el latín por el
idioma nacional.

Con el fin de quitar toda duda en el espíritu de nuestros lectores,


debemos precisar que esta misa „experimental‟ quería ser una misa
verdadera, un verdadero sacrificio, con presencia real de la Víctima Santa
del Calvario”.158

Los obispos rechazaron esta misa en la votación del 27 de octubre. A la


pregunta: “¿La estructura general de la misa llamada normativa, tal como ha
sido descrita en el informe y la respuesta, tiene el acuerdo de los Padres?”, las
respuestas fueron: Placet, 71; Non Placet, 43; Placet juxta modum, 62;
Abstenciones: 4.159

El relativo fracaso de la “Missa Normativa” no desanimó al Consilium...160 El


Papa pondría su autoridad en la balanza. En efecto, el 3 de abril de 1969, Pablo
VI proclamaba la Constitución Apostólica “Missale Romanum” por la cual
reformaba el rito de la misa e introducía “a la fuerza” la “Misa Normativa”
apenas retocada. El 6 de abril, la Sagrada Congregación de Ritos promulgaba el
Nuevo Ordo Missae, con su “Institutio generalis”; el nuevo Misal debía entrar en
vigor el 30 de noviembre de 1969.

El Consilium había llevado a cabo la revolución litúrgica, podía desaparecer. El 8


de mayo de 1969, Pablo VI, por la Constitución Apostólica “Sacra Rituum
Congregatio”, sustituyó la antigua Congregación de Ritos por dos nuevas
congregaciones, denominadas una “para la causa de los santos”, y la otra “para
el culto divino”, heredando esta última las competencias del antiguo dicasterio y
absorbiendo al Consilium. El prefecto de la Congregación “para el culto divino”
era el cardenal Gut, el secretario, “el instrumento ciego de esta reforma”,
Annibal Bugnini.

Gracias a Dios, los reformadores habían ido un poco lejos, y un poco rápido, lo
que produjo la saludable reacción tradicionalista. Captando por fin a donde los
llevaban, los católicos fieles reaccionaron. El 3 de setiembre de 1969, los
cardenales Ottaviani y Bacci escribieron a Pablo VI su célebre carta abierta,
presentando al Papa el “Breve examen crítico del Novus Ordo Missae”. A partir

158 “Le Courrier de Rome”, nº 19, del 1ro de Noviembre de 1967.


159 Cf. “Documentation Catholique”, 1967, cols. 2077-2078.
160 Por una misteriosa razón el cardenal Lercaro fue entonces reemplazado por el cardenal Beno

Gut, al decir de Dom Botte, “no era una luz” (sic).

84
de esta fecha, la resistencia católica iba a convertirse en lo que ya se sabe,
gracias sobre todo a la firmeza y al celo intrépido de Su Excelencia monseñor
Lefebvre.

Desenmascarado por esta carta abierta, el padre Bugnini anunció el 18 de


noviembre una nueva redacción de la “Institutio generalis”, “para una mejor
comprensión pastoral y catequística”; nueva redacción que sigue siendo tan
mala como la primera161 y que deja sin cambiar el rito mismo. Por su lado, el 19
y el 26 de noviembre, Pablo VI se esforzó por tranquilizar a los fieles. Ya, el 20
de octubre, la Congregación para el culto divino había publicado la Instrucción
“De Constítutione Missale Romanum gradatim ad effectum deducenda”, por la
cual la introducción del N.O.M. era diferida al 28 de noviembre de 1971, y se
dejaba a las Conferencias episcopales la libertad de fijar una fecha ulterior. Se
sabe que varios episcopados europeos aprovecharon esta ocasión para declarar
prohibida la misa tradicional. ¿Acaso el papa Paulo VI no declaró lo mismo en el
Consistorio de mayo de 1976?

Cuando los jefes llegan a reclamar la sumisión incondicional de sus súbditos,


sólo en nombre de su voluntad, y con el más flagrante desprecio de las leyes,
es porque su conciencia no está muy tranquila, pero es también porque se
sienten débiles... débiles, porque han sido desenmascarados. Pero es preciso
que lo sean todavía más: gritemos “al lobo”, a tiempo y a destiempo.

161 Cf. “Itineraires”, de febrero de 1978, Documentos.

85
CONCLUSION GENERAL

Con la promulgación del Nuevo Ordo Missae terminamos pues nuestro estudio
del “Movimiento litúrgico”. Esta Nueva Misa es, en efecto, como la síntesis de
todos los errores y desviaciones de esa gran corriente de ideas.

Quebrados por San Pío X, los modernistas comprendieron que no podían


penetrar en la Iglesia por la teología, por una exposición clara de sus doctrinas.
Utilizaron la noción marxista de “praxis”, entendiendo que la Iglesia podría
volverse modernista por la acción, por la Acción sagrada por excelencia que es
la liturgia. La revolución utiliza siempre las fuerzas vivas de un organismo, las
copa poco a poco y, finalmente, las hace servir para la destrucción del cuerpo a
abatir. Es el proceso bien conocido del caballo de Troya. El “Movimiento
litúrgico” de Dom Guéranger, de San Pío X y de los monasterios belgas, al
menos en sus comienzos, era una fuerza considerable en la Iglesia, un medio
prodigioso de rejuvenecimiento espiritual, que por otra parte produjo buenos
frutos. El “Movimiento litúrgico” era pues el caballo de Troya ideal para la
revolución modernista. Les fue fácil a todos lo revolucionarios esconderse en el
interior de esa gran carcaza... Antes de “Mediator Dei”, ¿quién se ocupaba de
liturgia en la jerarquía católica? ¿Qué vigilancia se usaba para descubrir esa
forma particularmente sutil de modernismo práctico?

Es así cómo, desde los años-1920, y sobre todo durante y después de la


segunda guerra mundial, el “Movimiento litúrgico” so convirtió en “la cloaca
colectora de todas las herejías”. Dom BEAUDUIN le dio primero una primacía
excesiva al aspecto pedagógico y apostólico de la liturgia, concibió luego la idea
do hacerla servir al “Movimiento ecuménico” al que se dedicó con cuerpo y
alma. Dom PARSCH unió el “movimiento” a la renovación bíblica. Dom CASEL lo
hizo el vehículo de un arqueologismo furioso y de una concepción muy personal
del “Misterio cristiano”. Esos primeros revolucionarios fueron ampliamente
superados por la generación de los neoliturgos de los diversos C.P.L.

Después de la segunda guerra mundial, el “Movimiento” se había vuelto una


fuerza que ya nada detendría. Protegidos en las altas esferas por eminentes
prelados, los neoliturgos coparon poco a poco la Comisión de reforma de la
liturgia, fundada por Pío XII, influenciaron las reformas elaboradas por esta
Comisión, al final del pontificado de Pío XII y al comienzo del de Juan XXIII. Ya
dueños, gracias al Papa, de la Comisión preconciliar de liturgia, los neoliturgos
hicieron aceptar a los Padres del Concilio un documento contradictorio y lleno
de ambigüedad, la Constitución “Sacrosanctum Concilium”. El papa Pablo VI, el
cardenal Lercaro y el padre Bugnini, ellos mismos miembros muy activos del
“Movimiento litúrgico” italiano, dirigieron los trabajos del Consilium, que
desembocaron en la promulgación de la nueva misa.

86
Este nuevo rito toma por cuenta suya todos los errores emitidos desde el
comienzo de las desviaciones del “Movimiento”. Este rito es ecuménico,
arqueológico, comunitario, democrático, casi totalmente; desacralizado;
también se hace eco de las desviaciones teológicas modernistas y protestantes:
atenuación del sentido de la presencia real, disminución del sacerdocio
ministerial, del carácter sacrificial y sobre todo propiciatorio de la misa. La
Eucaristía se transforma en él en un ágape comunitario, mucho más que en la
renovación del sacrificio de la Cruz.

Por este nuevo rito, los modernistas y los revolucionarios de toda especie
quieren transformar la fe de los fieles. Fue monseñor DWYER quien lo
confesaba ya en 1967:

“La reforma litúrgica es —declaraba— en un sentido muy profundo, LA


CLAVE DEL AGGIORNAMENTO. No se equivoquen en esto, es allí donde
comienza la REVOLUCIÓN”.162

Ya en 1965, Pablo VI no había ocultado sus intenciones a los fieles:

“Vosotros probáis con eso —les decía— que comprendéis cómo la NUEVA
PEDAGOGÍA RELIGIOSA, que la presente renovación litúrgica quiere
instaurar, se inserta para tomar el lugar del MOTOR CENTRAL en el
GRAN MOVI MIENTO inscrito en LOS PRINCIPIOS CONSTITUCION A LES
de la Iglesia de DIOS”.163

Así pues, esto es seguro, la revolución y el modernismo han penetrado en la


Ciudad de Dios por la liturgia. El “Movimiento litúrgico” fue el caballo de Troya
por medio del cual los discípulos de Loisy han ocupado la Iglesia.

Pueda este estudio haber hecho comprender mejor a nuestros lectores la


gravedad de la revolución litúrgica y la perversidad de este nuevo rito de la
misa, expresión y símbolo de la herejía anti-litúrgica de los tiempos modernos.
Y que hayamos podido nosotros sobre todo haber afirmado nuestras
convicciones: la Iglesia está ocupada. Se trata de “expulsar” afuera al
adversario, repitiéndonos a menudo que la fuerza de los malos proviene de la
cobardía de los buenos. Nuestro indefectible apego a la liturgia católica romana
de siempre, nuestra íntegra fidelidad a los principios de los autores del
verdadero “Movimiento litúrgico”, Dom Guéranger y San Pío X, son ya las
prendas de la Victoria.

162 Conferencia de prensa de Mons. Dwyer, Arzobispo de Birmingham, el 23 de Octubre de 1967,


“Documentation Catholique”, 1967, col. 2072.
163 Discurso del 13 de enero de 1965

87
ORACIÓN A SAN PÍO X

“Oh San Pío X, gloria del sacerdocio y honra del pueblo cristiano; tú, en quien la
humildad pareció fraternizar con la grandeza, la austeridad con la
mansedumbre, la piedad sencilla con la profunda doctrina, tú, pontífice de la
Eucaristía y del catecismo, de la fe íntegra y de la firmeza impávida, vuelve tu
mirada hacia la santa Iglesia que tanto has amado y a la cual has dado el mejor
de los tesoros que la divina bondad, con pródiga mano, había depositado en tu
alma.

“Obtén para ella la integridad y la constancia en medio de las dificultades y de


las persecuciones de nuestro tiempo, sustrae esta pobre humanidad a los
dolores en que tanto tuviste parte que terminaron por detener los latidos de tu
gran corazón. Haz que la paz triunfe en este mundo agitado, la paz que debe
ser armonía entre las naciones, acuerdo fraterno y colaboración sincera entre
las clases sociales, amor y caridad entre los hombres, a fin de que de ese modo
las angustias que agotaron tu vida apostólica se transformen, gracias a tu
intercesión, en una realidad de felicidad, a la gloria de Nuestro Señor Jesucristo
que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén”.

Pío XII

(Discurso “Quest‟ora” pronunciado el 29 de mayo de 1954, para la canonización


de Pío X).

88
EPÍLOGO - TAIZÉ Y EL NUEVO ORDO MISSAE

I. UN DEBATE EN LA PRENSA: DOM BOTTE Y MONS. LEFEBVRE.

Todos recuerdan el „„verano caliente” de 1976, la suspensión “a divinis” de


monseñor Lefebvre, y la Misa celebrada por él en Lila, el 29 de aposto de ese
mismo año.

Un diario belga, “La Libre Belgique”, fue en aquel momento el portavoz de un


debate, al que se le prestó poca atención en su momento, entre el célebre
liturgista Dom Botte164 y “el Obispo de hierro”.

Publicamos aquí íntegramente esos artículos, porque constituyen un documento


histórico de gran interés. Nuestro lector verá en ellos al liturgo benedictino
tratando de defender la nueva liturgia, y a monseñor Lefebvre acusando la
misma liturgia de “sabor protestante”.

El gran Obispo pretende que unos protestantes participaron en las reformas, y


lo prueba, apoyado en documentos. Dom Botte se encarniza en negarlo.

164 O.S.B., abadía del Mont-César, Lovaina.

89
“La Libre Belgique”, 25 de agosto de 1978

LA LITURGIA DEL VATICANO II

Una puesta a punto del reverendo padre BOTTE

La liturgia del Vaticano II suscita agitaciones. Es preciso distinguir su contenido


de ciertas adaptaciones por demás fantasiosas que hay que lamentar y
condenar. Publicamos más abajo el testimonio autorizado de Dom Bernard
Botte O.S.B., que fue uno de los testigos y de los actores de la comisión
litúrgica del Vaticano II. Con mucha claridad y autoridad, Dom Bernard Botte
pone las cosas en su lugar. Evoca por ejemplo ciertas disidencias históricas,
trata del latín y hace una oportuna puesta a punto a propósito de la misa de
San Pío V. He aquí el texto del R.P. BOTTE:

Mucho se ha hablado de la reforma litúrgica del Vaticano II. Ella sería obra de
hombres ajenos a la liturgia romana. Si he comprendido bien, ni siquiera serían
católicos. Resulta tanto más fácil cortar las alas a ese infundio cuanto que se
conoce perfectamente a los responsables de esta reforma. El Vaticano hace
algún misterio al respecto. Pero en realidad no existe ningún secreto. Los
responsables tienen toda libertad para hacerse conocer, y es lo que hago por
mi cuenta.

Reforma católica

La reforma de la misa fue confiada a una comisión cuyo presidente era


monseñor Joseph Wagner, director del Instituto litúrgico de Tréveris
(Alemania). Secretario Dom Franquesa, O.S.B., monje de Montserrat.

Miembros: R.P. Joseph Jungmann, profesor en Innsbruck, autor de Missarum


Sollemnia, la mejor historia de la misa romana, obra que ha sido traducida del
alemán al francés, inglés, italiano.

Monseñor Balthazar Fischer, profesor en la facultad de teología de Tréveris.

Monseñor Schnitzler, maestro de ceremonias de la catedral de Colonia.

Dom Juan Vaggagini, O.S.B., entonces profesor en el colegio benedictino San


Anselmo en Roma.

RP. Gy, O.P., entonces subdirector del Instituto superior de liturgia de París.

Monseñor Pierre Jounel, profesor en el Instituto superior de liturgia de París.

Nunca hubo un protestante en esta comisión.

90
Además, el presidente, monseñor Wagner, había querido invitar a título
personal a dos hombres conocidos por su apego a la tradición, al padre Louis
Bouyer y a mí mismo. Monseñor Wagner vino especialmente en auto de
Tréveris a Lovaina para invitarme a tomar parte en la sesión en la que debían
redactarse las nuevas anáforas (oraciones eucarísticas). He sido pues no
solamente testigo, sino actor.

Historias de disidencias

Asistimos a un fenómeno que comenzó con el primer Concilio ecuménico, el de


Nicea (325). Al día siguiente de ese Concilio, hubo minorías que rehusaron
someterse a la ley de la mayoría. Aparentemente tenían razones para hacerlo.
El término homoousios era una innovación ajena a la Escritura. Además, era
equívoco y se prestaba a varias interpretaciones. Hubo pues una oposición al
Concilio. Duró un buen siglo. Pero desde los comienzos del siglo V, todas las
grandes Iglesias estaban unidas al Concilio. Para encontrar Iglesias arrianas,
había que ir entre los bárbaros, godos de toda obediencia. Eso duró todavía
unos siglos más, pero esas Iglesias desaparecieron progresivamente. La
disidencia arriana no dejaba ya ninguna huella en la Edad Media.

Los concilios de Éfeso y de Calcedonia también provocaron disidencias. Pero


después de un cierto número de siglos, uno se da cuenta hoy que es una
querella de palabras. En realidad, los nestorianos no son más nestorianos de lo
que los monofisitas son realmente monofisitas. Se puede considerar de aquí a
algunos años el momento en que los nestorianos y los monofisitas se habrán
unido a la ortodoxia. Las Iglesias nestorianas y monofisitas ya no existirán
como tales.

Después del Vaticano I, también hubo disidentes. Eso dio nacimiento a una
minoría de Viejos-Católicos. Para sobrevivir, se acercaron a los obispos
jansenistas.

¿Vamos a asistir al nacimiento de una nueva disidencia? El hecho sería tanto


más lamentable cuanto que monseñor Lefebvre no plantea el problema sobre
una cuestión doctrinal, sino sobre una cuestión disciplinaria.

La misa “de Pío V”

Notemos que el problema está planteado de tal manera que corre peligro de
inducir a error a hombres de muy buena fe. No he escuchado decir
explícitamente que estaba prohibido decir la misa en latín: pero éste parece ser
un postulado admitido por todo el mundo. Y es totalmente falso.
Personalmente, cuando no concelebro y tengo que decir la misa solo, la digo
enteramente en latín. Es totalmente regular y nunca se me ocurrió hacer

91
publicar por la radio que tal día a tal hora celebraré la misa en latín en la cripta
del Mont-César.

En segundo lugar, la posición de monseñor Lefebvre descansa sobre un doble


error, histórico primero, teológico después.

Error histórico, porque no es verdad que la misa de Pío V sea normativa de la


fe. ¿Qué es esta misa? Es poco más o menos la misa del Misal de la Curia
Romana del siglo XIII, fórmula que contiene muchos suplementos desconocidos
de la tradición romana auténtica. Así, todas las oraciones del ofertorio, desde el
Suscipe sancte Pater hasta el Orate fratres son totalmente desconocidas en el
Ordo missae de San Gregorio Magno en el siglo VI: ¿Ese gran Papa es acaso
menos ortodoxo que su sucesor del siglo XVI?

Por otra parte, la misa latina nunca fue normativa para nadie. El latín no es una
lengua sagrada contrariamente a lo que se dice a menudo. Es una lengua
litúrgica de traducción que comparte la suerte de todas las lenguas litúrgicas.
La costumbre en la antigua Iglesia era que, cuando se encontraba con una
lengua culta comprendida por el pueblo, la adoptaba para la traducción de la
Biblia y para la liturgia. Así sucede con el siriaco, el copto, el armenio, el árabe,
el etíope. El latín llena las mismas condiciones. Es una lengua culta que permite
la conservación de los textos y, en la época en que fue adaptada, era una
lengua viva. Su única particularidad es que era, en Occidente, la única lengua
culta. Pero la misa latina era tan desconocida para los orientales como la
anáfora de Santiago lo era para los latinos. Esto no tiene nada que ver con la
Fe.

Ignorancia del Concilio

Sobre todo, monseñor Lefebvre parece ignorar las circunstancias particulares en


las que se desenvolvió el Concilio. Sobre los casi dos mil quinientos obispos
presentes, había por lo menos dos mil que pertenecían a las misiones o a las
nuevas Iglesias. Era imposible imponer a esas Iglesias la pantalla del latín. El
Evangelio debe ser predicado en todas las lenguas. Además, el Concilio ha
querido volver a la antigua tradición; la catequesis y la predicación deben partir
de la Escritura. Es la tradición testificada por todos los Padres, tanto en Oriente
como en Occidente. No hay influencia del protestantismo, sino retorno a una
tradición apostólica.

Mi deseo es que estas querellas absurdas cesen y que las personas autorizadas
se abstengan de lanzar rumores que no tienen la menor seriedad. Los
protestantes no tienen nada que ver en la redacción de las nuevas anáforas. He
citado a los principales responsables. Nadie puede poner en duda su
competencia. Además, después de nuestra redacción, nuestros textos fueron

92
sometidos a la discusión y a la votación de la Comisión episcopal, es decir, unos
cuarenta entre cardenales y obispos.

Si alguien cree estar mejor informado que yo, le ruego se haga conocer y
alegue en mi contra. Estoy dispuesto a confirmar bajo juramento todo lo que he
enunciado aquí y a someterme a un jurado de honor.

Bernard BOTTE

93
“La Libre Belgique”, 15 de septiembre de 1976.

ALGUNAS PRECISIONES SOBRE LAS ORACIONES EUCARÍSTICAS DEL


VATICANO II

El artículo que publiqué en “La Libre Belgique” ha provocado movimientos en


diversos sentidos y me ha traído una abundante correspondencia a la que me
es imposible contestar individualmente.

Me permito recordar a todos mis corresponsales que mi testimonio tenía un


alcance voluntariamente limitado. A la afirmación de que las nuevas oraciones
eucarísticas eran obra de protestantes, oponía la desmentida más formal. Esas
oraciones son de veras obra de monseñor Wagner y de su equipo de liturgistas
católicos competentes. Los protestantes no tienen absolutamente nada que ver
con ellos. Al final de mi artículo, proponía renovar esta desmentida bajo
juramento en presencia de un jurado de honor.

Monseñor Lefebvre no pone en duda mi buena fe, pero me contesta que no


puedo hacerme fiador de las intenciones de los miembros de la Comisión, que
pudieran sufrir la influencia de los observadores protestantes presentes en el
Concilio. Contesto que yo no tengo ninguna razón para poner en duda la buena
fe de monseñor Wagner, pero que tengo razones positivas para tenerle
confianza.

Señalemos que no hay que darle demasiada importancia a esta presencia de


observadores no católicos. Contrariamente a lo que afirma monseñor Lefebvre,
nunca tuvieron la facultad de tomar la palabra en una sesión pública. Asistían a
las discusiones. No más que sobre otras cuestiones, tampoco pudieron dar su
opinión sobre las nuevas oraciones.

No solamente no tengo ninguna razón para desconfiar, sino quo tenga razones
positivas para creer en la buena fe de monseñor Wagner. Desde la primera
reunión internacional de María Laach, en 1951, he sido el defensor del Canon
romano y desde entonces nunca cambié. Monseñor Wagner lo sabe muy bien.
No tenía ninguna obligación de invitarme. Habría podido invitar a alguno de los
liturgistas que habían criticado fuertemente el Canon romano. El hecho de que
me invitara significaba evidentemente que contaba conmigo para que siguiera
defendiendo la tradición. Lo mismo sucede con el padre Louis Bouyer, bien
conocido también como defensor de la tradición. En realidad, durante la sesión
en la que redactamos las nuevas oraciones eucarísticas no se trató de los
protestantes.

94
Nuestra preocupación era responder al deseo de Pablo VI de tener tres nuevas
fórmulas. Queríamos dar tres fórmulas diferentes, pero que representara cada
una un tipo auténtico de oración eucarística. He aquí cuál era nuestra elección.

1. La más antigua oración eucarística conocida, conservada en la Tradición


apostólica de San Hipólito.

2. Una oración de tipo galicano, caracterizada por un desenvolvimiento del


Sanctus antes del relato de la última Cena. Fue preparada por el padre Bouyer.

3. Una oración de tipo oriental. Habíamos propuesto la anáfora (oración


eucarística), de San Basilio, utilizada en el rito de Alejandría. Pero fue
descartada por la Comisión de los obispos, a causa del lugar de la invocación al
Espíritu Santo, demasiado alejada de las palabras del Señor. Tomamos
entonces como base una fórmula inspirada en varias anáforas orientales que,
en la acción de gracias, detallan las etapas de la salvación. Esta oración fue
compuesta por Dom Juan Vaggagini. No tiene más que textos extraídos de las
auténticas liturgias orientales, sin ninguna relación con el protestantismo. En el
Canon romano, que ha sido conservado y que figura a la cabeza de la elección
actualmente propuesta, a las últimas palabras de Jesús: “Haced esto en
conmemoración mía”, se les une la ofrenda sacrificial de la eucaristía: “Es por
esto, Señor, que haciendo memoria de la bienaventurada pasión de Cristo tu
Hijo nuestro Señor, de su resurrección de entre los muertos... ofrecemos a tu
gloriosa Majestad... la víctima perfecta, la víctima santa, la víctima sin mancha,
el pan sagrado de la vida eterna y la copa de la eterna salvación”. Lo mismo
pasa en las tres oraciones nuevas como en todas las antiguas anáforas
orientales; es el lugar tradicional do la expresión do la ofrenda eucarística.

No puedo pues sino repetir y reforzar mi primer testimonio: las nuevas


oraciones eucarísticas no tienen nada que ver con los protestantes ni con el
protestantismo.

Por lo demás, no tengo ningún deseo de proseguir una controversia con


monseñor Lefebvre.

Bernard BOTTE, O.S.B.


Abadía del Mont-César
Lovaina

95
“La Libre Belgique”, 25 de septiembre de 1976.

En un nuevo derecho de respuesta, Monseñor LEFEBVRE nos escribe:

LA NUEVA MISA ES DE ESPÍRITU PROTESTANTE

Hemos recibido un nuevo “derecho de respuesta” de monseñor LEFEBVRE. He


aquí el texto:

El artículo de Dom Botte, en donde soy citado tres veces y constantemente


apuntado, termina con un desafío: “Si alguien cree estar mejor informado que
yo, le ruego se haga conocer y alegue en mi contra. Estoy dispuesto a
confirmar bajo juramento todo lo que he enunciado aquí y a someterme a un
jurado de honor”.

El “todo” es un poco temerario.

¿Qué testimonio?

No cometeré la crueldad de pedir a Dom Botte (que otrora ha servido bien a la


liturgia católica) que “confirme bajo juramento” que cree verdaderamente que
los obispos arrianos y semiarrianos que perseguían o abandonaban a San
Atanasio y a San Hilario eran “minoritarios”; tampoco hay necesidad de
molestar para eso a un “jurado de honor”. Bastaba con abrir cualquier historia
de la Iglesia para encontrar las palabras de San Jerónimo: "el mundo gimió y se
asombró de encontrarse totalmente arriano”.

Tampoco le pediré que confirme con un juramento... modernista que está


verdaderamente persuadido de que “homoousios” (consubstantialis =
consustancial) es un término “equívoco” (como sostenían, en efecto, los
arríanos) y por lo tanto que toda la santa Iglesia proclama desde hace quince
siglos, en Oriente como en Occidente, ¡un Credo “equívoco”!

En cuanto a su testimonio personal, quiero creerlo, ¿pero qué ha comprobado


exactamente? Que ningún protestante era oficialmente miembro titular (como
tampoco él mismo por otra parte) de la comisión encargada de la redacción de
la nueva misa y que no ha visto a ninguno en “la sesión en la que debían
redactarse las nuevas anáforas” y a la cual él había sido invitado “a título
personal” por el presidente de la susodicha comisión. Sea. Es osado concluir de
(dio que “los protestantes no tienen nada que ver en la redacción de las nuevas
anáforas” (y a fortiori de la nueva misa).

Seis “observadores” protestantes

Esta comisión, que yo sepa, no trabajaba en cónclave y Dom Botte no puede


entonces afirmar que ninguno de sus colegas, entre las sesiones, no se

96
comunicó con los seis “observadores” protestantes incorporados qualitate sua
al Consilium para la reforma de la liturgia, del que dependía la susodicha
comisión (no hay manera de negar la existencia de esos observadores: la
fotografía donde posan al lado del Papa en la sesión de clausura del 10 de abril
de 1970 apareció en la portada de “La Documentation catholique” del 3 de
mayo siguiente). ¿Es dable imaginar que hayan podido ser ignorados en el
momento mismo en que se discutía una de las cuestiones que más les
importaba, puesto que atañe a la naturaleza sacrificial de la misa?

La activa intervención de esos “observadores” está corroborada por las


declaraciones de monseñor W. W. BAUM, “executive director” para los asuntos
ecuménicos de la conferencia episcopal norteamericana:

“No están simplemente ahí como observadores, sino también como


consultores, y participan plenamente en las discusiones sobre la
renovación litúrgica católica. No tendría mucho sentido que se
contentaran con escuchar, sino que contribuyen”. (Detroit News, 27 de
junio de 1967)

Reforma protestantizante

En todo caso, en la hipótesis altamente inverosímil de que los susodichos


“observadores” no hubieran colaborado en la redacción de las nuevas oraciones
eucarísticas (y en el saqueo del canon romano del que la prex I es sólo una
hábil falsificación), habría entonces que decir que el espíritu de ellos había de
tal manera impregnado a los miembros de la comisión que éstos
espontáneamente colmaron los deseos no expresados de los heréticos. En
efecto, Jean GUITTON ha informado en “La Croix” del 10 de diciembre de 1969
haber leído “en una de las más importantes revistas protestantes”:

“Las nuevas oraciones eucarísticas católicas han dejado caer la falsa


perspectiva de un sacrificio ofrecido a Dios”.

En cuanto al Consistorio superior de la Iglesia de la Confesión de Augsburgo de


Alsacia y Lorena, declaró el 8 de diciembre de 1973 en Estrasburgo:

“Nos interesa la utilización de las nuevas oraciones eucarísticas, en las


cuales nos reencontramos y que tienen la ventaja de matizar la teología
del sacrificio que teníamos la costumbre de atribuir al catolicismo”.
(“Derniéres Nouvelles d'Alsace”, 14 de diciembre de 1973).

Por otra parte, no se trata solamente de la oración eucarística. Lutero


abominaba el ofertorio de la misa romana en razón de su carácter oblativo,
presacrificial: de él no queda casi nada en el nuevo ordo missae... Dom Botte
objeta que el ofertorio no tiene la antigüedad del Canon romano: ¿debo

97
recordarle que la tradición es una cosa viva, no inmovilizada, y que el
“arqueologismo” litúrgico (que sirve de pretexto a los innovadores para
garantizar sus invenciones) fue reprobado por Pío XII en la “Mediator Dei”?
Esas oraciones del ofertorio databan ya de varios siglos cuando la codificación
de San Pío V (¡“San Pío V”, por favor, Dom Botte! ¿tanto le disgusta que haya
sido canonizado?). Puesto que constituían una muralla contra el protestantismo,
desmantelarlas equivalía a entregar la fortaleza. ¿No existía bajo esa forma en
tiempos de San Gregorio Magno? ¡Pero las herejías protestantes tampoco! En
todo caso, ni en el siglo de San Gregorio ni en ningún otro, a nadie se le habría
ocurrido utilizar como ofertorio... ¡las oraciones judías de bendición de la
comida! Hubo que esperar para ello la obra de los liturgistas de quienes,
parece, “nadie puede poner en duda la competencia”.

¿Qué competencia?

No tengo tiempo para entregarme por ahora a apreciaciones críticas sobre cada
una de las personas cuyo nombre ha citado Dom Botte. Espero que las revistas
especializadas harán este trabajo. Dos observaciones no exhaustivas en espera
de eso:

- Dom Vaggagini es conocido por su acerba crítica al Canon Romano, del que
no tengo por qué recordar a Dom Botte su antigüedad excepcionalmente
venerable y del cual el santo Concilio de Trento enseba que no contiene “nada
que no respire en el más alto grado la santidad y la piedad y que no eleve hacia
Dios el espíritu de quienes lo ofrecen”. (XXIIa sesión, capítulo IV).

- Dom Botte mismo, que se dice “conocido por su apego a la tradición” (es
cierto que lo fue antaño) afirma: “el latín no es una lengua sagrada", contra la
enseñanza de JUAN XXIII, que lo declaró "la lengua viva de la Iglesia”, una
lengua “que podemos verdaderamente llamar católica” (constitución apostólica
“Veterum sapientia”). "Esto no tiene nada que ver con la fe”, agrega Dom
Botte, contra Dom GUÉRANGER, que defendía el latín litúrgico como “un punto
de doctrina” (Institutions liturgiques, III, 55) y contra el papa Pío VI, que en su
bula “Auctorem fidei" reprobó como "falsa, temeraria, perturbadora del orden
prescrito para la celebración de los misterios, engendrando fácilmente muchos
males” la proposición del sínodo jansenista de Pistoya pidiendo el empleo de la
lengua vulgar en la liturgia (66º proposición condenada; cf. también la 33º).
Que el latín sea una “pantalla” en los países de misión, que Dom Botte me
permita sonreír después de treinta años en África, donde pude al contrario
apreciar sus beneficios de unidad, y hacerle observar que si, efectivamente, el
“Evangelio debe ser predicado en todas las lenguas”, ¡yo no tengo costumbre
de predicar en latín! Pero reducir la liturgia, y especialmente el Santo Sacrificio
de la misa, a “la catequesis y la predicación” es una ilustración muy típica de la

98
contaminación protestante, por intermedio del Concilio, incluso en un sacerdote
en otros tiempos apegado a la tradición. ¡Es verdad que, para Dom Botte, la
liturgia no es sino una “cuestión disciplinaria” y no doctrinal! ¿Qué hace él
entonces de la máxima “lex orandi, lex credendi”, tan bien puesta en evidencia
por Dom Guéranger? Pero, ¿qué queda de su obra de restauración de la liturgia
romana en unas abadías donde, por confesión de Dom Botte, el latín ya no es
tolerado sino “en la cripta”, y para los sacerdotes no solicitados para la
concelebración vernácula?...

Y además, al lado do los miembros de la comisión, no hay sin embargo que


descuidar la personalidad del secretario del Consilium, de quien el “Osservatore
romano" del 20 de julio de 1075 escribo que "ha dirigido el trabajo de las
comisiones”. El susodicho secretarlo ha presentado así la Reforma litúrgica:

"No se trata solamente de retoques en una obra de arto do gran precio,


sino que a veces hay que dar estructuras nuevas a ritos enteros. Se trata
de una restauración fundamental, diría casi de una reestructuración y,
para ciertos puntos, de una nueva creación (...). La imagen de la liturgia
dada por el Concilio es completamente diferente de lo que era antes".
(Conferencia de prensa del 4 de enero de 1967).

Esto no está dentro del espíritu de la tradición católica recordado por Dom
GUÉRANGER: “la antigüedad, la inmutabilidad de las fórmulas del altar es la
primera de sus cualidades”. (Inst. liturgiques, V, 405).

La caridad, de la verdad

Hago notar que mi rechazo de la protestantización de nuestra santa liturgia no


implica de ninguna manera hostilidad a la persona de los protestantes. Muchos
protestantes leales están por otra parte asqueados por los equívocos de ese
sincretismo de sabor masónico y me han expresado su simpatía. Su honestidad
natural aprecia la claridad del dogma católico, lo que puede ser un camino
providencial para su conversión. Como lo dije en Ginebra el 4 de julio:

“Nuestros amigos protestantes tienen necesidad de sentir al lado de ellos


a católicos que son católicos. Uno no engaña a sus amigos, no podemos
engañar a nuestros amigos protestantes. Si creemos en nuestra fe
católica, si estamos persuadidos de que Dios verdaderamente ha dado
sus gracias a la Iglesia católica, debemos esforzarnos en hacer
comprender que esta verdad puede hacer bien también a nuestros
amigos. Es carecer de la caridad el velar la verdad”.

Ahora bien, la nueva misa vela la verdad católica, por no decir más. He aquí
dos juicios extrañamente convergentes. Del hermano

99
MAX THURIAN, de Taizé, uno de los seis “observadores”:

“Uno de los frutos será tal vez que comunidades no católicas podrán
celebrar la Santa Cena con las mismas oraciones que la Iglesia católica.
Teológicamente, es posible”. (La Croix, 30 de mayo de 1969).

De los cardenales OTTAVIANI y BACCI:

El nuevo ordo missae “se aleja de manera impresionante, en el conjunto


como en el detalle, de la teología católica de la santa misa, tal como fue
formulada en la XXII sesión del Concilio de Trento”.

(Carta al Papa, presentando el “Breve examen crítico del nuevo ordo


missae”).

“Y sin embargo —señala ese “Breve examen”— la conciencia católica


sigue para siempre ligada a esa doctrina. De ello resulta que la
promulgación del nuevo ordo missae pone a cada católico en la trágica
necesidad de elegir”.

Eso es lo que yo he hecho: con la gracia de Dios, elijo seguir siendo católico.

MARCEL LEFEBVRE
Superior general
de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X

100
II. UN DOCUMENTO REVELADOR: EL ORDO DE TAIZÉ EN 1959

Tres años después, conviene reanudar el debate. Uno de nuestros amigos


belgas acaba de hacernos entrar en posesión de un documento aplastante,
para la tesis de Dom Botte, y para la nueva liturgia en general.

Se trata del ritual utilizado en Taizé en 1959 para celebrar la Eucaristía.


Recordamos que el monasterio de Taizé es una comunidad de monjes
protestantes dedicados al ecumenismo, reagrupados alrededor del pastor
Schutz, desde 1945, en Taizé, Francia, en el departamento de Saóne-et-Loire.

Reproducimos íntegramente ese documento. Que nuestro lector lo lea por


completo, y que saque de él las conclusiones que se imponen.

Es manifiesto que este ritual protestante de 1959 es la prefiguración del “Novus


Ordo Missae” de 1969.

Monseñor Lefebvre tenía razón contra Dom Botte: unos protestantes han
colaborado en forma activa, directa o indirecta poco importa, en la reforma de
la Misa.

101
LA LITURGIA EUCARÍSTICA

Domingos y fiestas

© Prensas de Taizé, F 71250 TAÍZÉ reproducido con la autorización de la


Comunidad de Taizé.

+++

Canto de entrada

(Introito del día: salmo y antífona)165

Invocación

C En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Nuestro socorro
está en el Nombre del Señor.

T Que ha hecho el cielo y la tierra.166

Confesión

C Yo confieso ante Dios todopoderoso, en la comunión de los santos del cielo y


de la tierra, y ante vosotros, mis hermanos, que he pecado mucho, en
pensamientos, en palabras y en obras; por mi culpa, por mi culpa, por mi
grandísima culpa, es por ello que os pido, hermanos, en la comunión de los
santos del cielo y de la tierra, que roguéis por mí a Dios Nuestro Señor.

T Que Dios todopoderoso tenga misericordia de ti, y después de haber


perdonado tus pecados, le conduzca a la vida eterna.

C Amén.

T Yo confieso...

C Que Dios todopoderoso tenga misericordia de vosotros, y después de haber


perdonado vuestros pecados, os conduzca a la vida eterna.

T Amén.

Kyrie

T Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

165Véase la tabla de los "Cincuenta y tres salmos” da GÉLINEAU.


166Se puede decir aquí la Ley de Dios (Ex. 20,1-17) el 1er. domingo de Adviento y el 1er. domingo
de Cuaresma.

102
Señor, ten piedad.

Absolución

Que cada uno de ustedes se reconozca verdaderamente pecador, humillándose


antes Dios, y crea que el Padre quiere tener misericordia de él en Jesucristo; a
todos quienes, de esta manera, se arrepienten y buscan a Jesucristo para su
salvación, yo les declaro la absolución de su pecado + en el Nombre del Padre
y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

(se canta entonces el Gloria)167

Gloria

(cantado en coro o alternadamente)

Gloria a Dios en lo más alto de los cielos, Y sobre la tierra paz a los hombres
que Él ama. Te alabamos, Te bendecimos, Te adoramos, Te glorificamos, Te
damos gracias por tu inmensa gloria, Señor Dios, rey de los cielos, Dios Padre
todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo
del Padre, Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que
quitas el pecado del mundo, acoge nuestra súplica; Tú que te sientas a la
diestra del Padre, ten piedad de nosotros. Porque tú sólo eres santo, Tú sólo
Señor, Tú sólo Altísimo, Jesucristo, ¡Con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios
Padre! Amén.

Oración de entrada

D El Señor esté con vosotros.

T Y con tu espíritu. Roguemos: (silencio, luego la oración del día)

T Amén.

Lectura del Antiguo Testamento

SD o L Ven, Espíritu Santo de verdad: condúcenos a la verdad, toda entera.


Lectura del Antiguo Testamento en el libro de... o Profecía de...

(Lectura del texto del día que concluye con: ¡demos gracias a Dios!)

Canto de meditación

(Gradual del día168 cantado en forma de responso)

Co (antífona)

167 Salvo en tiempo de Adviento y de Cuaresma en que se pasa a la Orden de entrada.


168 En el tiempo pascual: Primer Aleluya

103
T (repetición de la antífona)

Co (versículo)

T (repetición de la antífona)

Epístola

SD Señor, conságranos en la verdad: tu Palabra es la verdad. Epístola de San…


a… o Lectura de los Hechos de los Apóstoles, o Lectura del Apocalipsis.

(Lectura del texto del día que concluye con: ¡Gloria a ti, Señor!)

Aleluya

(Aleluya del día cantado en forma de responso)

Co Aleluya

T Aleluya

Co (versículo)

T Aleluya

(O tracto del día169 cantado por un chantre)

Evangelio

D Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, que tocaste con un


carbón ardiente los labios del profeta Isaías; santifícame en tu gratuita
misericordia, para que pueda proclamar fielmente tu Santo Evangelio por Cristo,
nuestro Señor. Amén. Hermano, dame la bendición del Señor.

P Que el Señor esté en tu corazón y sobre tus labios a fin de que proclames
alegremente su Evangelio.

D Amén. El Señor esté con vosotros.

T Y con tu espíritu.

D ¡Estemos atentos a la Sabiduría de Cristo! Evangelio según San...

(Lectura del día que concluye con: ¡Alabanza a ti, oh Cristo!)

169 En los tiempos de Septuagésima, de Cuaresma y de Pasión.

104
Canto después del Evangelio

Predicación Silencio Cántico Credo

Símbolo de los Apóstoles o Símbolo de Nicea:

C Unámonos en el amor fraternal y confesemos con un corazón unánime la fe


de la Iglesia universal:

T Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de


todas las cosas visibles e invisibles. Creo en un solo Señor, Jesucristo. Hijo
único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios que proviene de
Dios, Luz que proviene de la Luz, verdadero Dios que proviene del verdadero
Dios, engendrado, no creado, consustancial al Padre, y por quien todo ha sido
creado. Es El quien, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó de
los cielos; Se encarnó en la Virgen María por obra del Espíritu Santo; y so hizo
hombre; luego fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilatos; padeció y fue
sepultado, resucitó al tercer día, según las Escrituras; subió a los cielos donde
está sentado a la diestra del Padre; de nuevo vendrá con gloria para juzgar a
los vivos y a los muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo; que con el Padre y el
Hijo recibe la misma adoración y la misma gloria; y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia una, santa, universal y apostólica. Reconozco un solo
bautismo para la remisión de los pecados. Y espero la resurrección de los
muertos y la vida del mundo por venir. Amén.

Intercesión

C Intercedamos ante Dios.

D Padre muy bueno, te pedimos, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, aceptes
nuestras oraciones y nuestras intercesiones.

T Señor, atiéndenos.

Memoria de la Iglesia

D En primer lugar, te las ofrecemos por tu santa Iglesia universal: quiere, a


través del mundo entero, darle la paz, protegerla, reunirla en la unidad y
gobernarla: te rogamos también por sus autoridades... y por todos aquéllos
que, fieles a la verdadera doctrina, guardan la fe cristiana y apostólica.

Memoria de los vivos

D Acuérdate, Señor, de tus servidores y de tus servidoras… y de todos los que


nos rodean: tú conoces su fe, has experimentado su afecto; con ellos te

105
ofrecemos este sacrificio de alabanza, Dios eterno, vivo y verdadero, y te
dirigimos nuestras plegarias por todos los hombres... por la redención de su
vida, por la liberación y la paz en las que tienen esperanza.

T Señor, atiéndenos.

Memoria de los santos

D Unidos en una misma comunión,...

(Interpolación propia de ciertas fiestas y de su octava: página siguiente)

recordamos ante ti la memoria170 de tus bienaventurados Apóstoles y


Mártires…171 y de todos los Santos…; unidos a su fe, a su vida y a su oración, te
pedimos nos acuerdes en toda ocasión el socorro de tu fuerza y de tu
protección.

T Señor, atiéndenos.

Memoria de los difuntos

D Recordamos también, Señor, la memoria de tus servidores y de tus


servidoras que nos han precedido, marcados por el signo de la fe, y que están
en la paz… A todos los que descansan en Cristo, otórgales, Señor, la morada
del refrigerio, de la luz y de la paz.

T Señor, atiéndenos.

Memoria de los pecadores

D A nosotros también pecadores, tus servidores, que ponemos nuestra


confianza en tu infinita misericordia, danos un lugar en la comunidad de tus
santos Apóstoles y Mártires y de todos los Santos; para admitirnos en su
compañía, no midas nuestro valor, sino acuérdanos ampliamente tu perdón.

T Señor, atiéndenos.

Memoria de la unidad

D Como el pan que va a ser partido, en otro tiempo diseminado en los campos,
ha sido recogido para no hacer más que uno, reúne así a tu Iglesia, desde los
extremos de la tierra en tu Reino.

T Señor, atiéndenos.

170 … de la bienaventurada Virgen María, madre de nuestro Dios y Señor Jesucristo, recordamos
también la memoria de San Juan Bautista el Precursor.
171 … Pedro y Pablo, Andrés, Santiago, Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón

y Judas, Esteban, Matías y Bernabé...

106
Plegarias libres

...por nuestro gran sacerdote Jesucristo.

T Señor, atiéndenos.

Memoria del Reino

D Ven, Espíritu Santo de caridad, llena los corazones de tus fieles y abrásalos
con el fuego de tu amor; ven, Señor Jesús, ven pronto.

T Maranatha, el Señor viene.

Navidad

...y celebrando (la santísima noche) el santísimo día en que la bienaventurada


Virgen María dio a luz para nuestro mundo al Salvador, recordamos ante ti su
memoria, como madre de nuestro Dios y Señor Jesucristo, recordamos también
la memoria de San Juan Bautista el Precursor, de tus bienaventurados
Apóstoles y Mártires...

Epifanía

... y celebrando el santísimo día en que tu Hijo único, Él que comparte tu


eternidad y tu gloria, se manifestó con un cuerpo visible en la realidad de
nuestra humanidad de carne, recordamos ante ti la memoria...

Pascua

...y celebrando (la santísima noche) el santísimo día de la Resurrección de


nuestro Señor Jesucristo en su naturaleza humana, recordamos ante ti la
memoria...

Ascensión

...y celebrando el santísimo día en que nuestro Señor, tu Hijo único, hizo sentar
con Él a la derecha de tu gloria a nuestra naturaleza corruptible a la que se
había unido, recordamos ante ti la memoria...

Pentecostés

...y celebrando el santísimo día de Pentecostés en que el Espíritu Santo se


manifestó a los Apóstoles bajo la forma de innumerables lenguas de fuego,
recordamos ante ti la memoria...

O, si no se la ha dicho al comienzo:

107
Letanía

D Roguemos en paz al Señor... Por la paz interior y la salvación de nuestra


vida... roguemos al Señor.

T Señor, atiéndenos.

D Por la paz del mundo entero, la vida de las Iglesias y su unidad... roguemos
al Señor.

T Señor, atiéndenos.

D Pura que celebremos la liturgia en la casa de Dios con fe, fervor y


obediencia... roguemos al Señor.

T Señor, atiéndenos.

D Por todos los ministros de la Iglesia y todo el pueblo de los fieles... roguemos
al Señor.

T Señor, atiéndenos.

D Por los gobiernos de los pueblos, para que tengan el sentido de la justicia
social y de la unidad humana... roguemos al Señor.

T Señor, atiéndenos.

D Por nuestra comunidad, nuestro pueblo (nuestra ciudad) y nuestro país, para
que la fe se renueve en ella... roguemos al Señor.

T Señor, atiéndenos.

D Para que el tiempo sea favorable, las cosechas abundantes y en paz nuestra
existencia... roguemos al Señor.

T Señor, atiéndenos.

D Por los viajeros en peligro, los enfermos, los afligidos, los prisioneros y para
que todos sean liberados... roguemos al Señor.

T Señor, atiéndenos.

Para vernos liberados de toda angustia, peligro, necesidad... roguemos al


Señor.

T Señor, atiéndenos.

(Oraciones libres)

...por nuestro gran sacerdote Jesucristo.

108
T Señor, atiéndenos.

D Ven, Espíritu Santo de caridad, llena los corazones de tus fieles y abrásalos
con el fuego de tu amor; ven, Señor Jesús, ven pronto.

T Maranatha, el Señor viene.

O, particularmente cuando se ha dicho la letanía al comienzo:

Memento

D Roguemos en paz al Señor... Pidamos al Señor la paz en la Iglesia, y para


cada uno de nosotros la gracia de una vida santa.

T Señor, atiéndenos.

D Pidamos al Señor la caridad fraternal por el socorro de su Espíritu Santo.

T Señor, atiéndenos.

D Entreguémonos nosotros mismos y unos a otros a nuestro Dios.

T Señor, atiéndenos.

D Acordémonos ante el Señor de todos aquéllos que han dejado este mundo y
han muerto en la fe... que Dios les conceda la corona de vida en el día de la
resurrección y que los juzgue dignos de entrar en la alegría de su Maestro, con
los justos que le fueron agradables.

T Señor, atiéndenos.

D Recordemos ante el Señor a todos sus servidores y testigos de antaño, en


particular a Abraham, el padre de los creyentes, a Moisés, Samuel y David,
Elías, Isaías, Jeremías y todo los profetas, a Juan Bautista el Precursor, a Pedro
y a Pablo, a Juan y a Santiago y a los otros apóstoles, a Esteban primer mártir,
a María madre del Señor, y a todos los santos, los mártires y los doctores de la
Iglesia, en cada siglo y en cada país.

T Señor, atiéndenos.

D Que el Señor Dios, en su misericordia, nos haga partícipes con ellos en la


esperanza de su salvación y en la promesa de vida eterna en su Reino.

T Señor, atiéndenos.

(Oraciones libres)

... por nuestro gran sacerdote, Jesucristo.

109
T Señor, atiéndenos.

D Ven, Espíritu Santo de caridad, llena los corazones de tus fieles y abrásalos
con el fuego de tu amor; ven, Señor Jesús, ven pronto.

T Maranatha, el Señor viene.

Canto de ofrenda

(Ofertorio del día: antífona y versículos de salmo si corresponde, cantados


como en el gradual172)

Oración eucarística

D Oremos: (silencio, luego la secreta del día)

T Amén.

Oración de ofrenda

Diálogo

C El Señor esté con vosotros.

T Y con tu espíritu.

C Elevemos nuestros corazones.

T Los elevamos hacia el Señor.

C Demos gracias al Señor nuestro Dios.

T Es digno y justo.

Prefacio

C (prefacio del día)

Sanctus

T Santo, Santo, Santo el Señor, Dios de las Fuerzas del cielo; llenos están el
cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en lo más alto de los cielos. Bendito sea el
que viene en nombre del Señor. Hosanna en lo más alto de los cielos.

Epíclesis

OH PADRE NUESTRO, DIOS DE LAS FUERZAS DEL CIELO, LLENA CON TU


GLORIA NUESTRO SACRIFICIO DE ALABANZA

172Durante este canto se llevan el pan, el vino y las ofrendas al altar; o bien se descubre el pan y
la copa ya en el altar.

110
+

ESTA OFRENDA, BENDÍCELA, TERMÍNALA, ACÉPTALA COMO LA FIGURA DEL


SACRIFICIO ÚNICO DE NUESTRO SEÑOR

ENVÍA TU ESPÍRITU SANTO SOBRE NOSOTROS Y NUESTRA EUCARISTÍA:


CONSAGRA ESTE PAN AL CUERPO DE CRISTO Y ESTA COPA A LA SANGRE -DE
CRISTO; QUE EL ESPIRITU SANTO CREADOR CUMPLA LA PALABRA DE TU
HIJO BIENAMADO.

Institución

QUIEN, EN LA NOCHE EN QUE FUE ENTREGADO, TOMÓ PAN, Y, DESPUÉS DE


HABER DADO GRACIAS, LO PARTIÓ Y LO DIO A SUS DISCÍPULOS DICIENDO:

TOMAD, COMED, ESTO ES MI CUERPO ENTREGADO POR VOSOTROS; HACED


ESTO EN MEMORIAL DE Mí.

DEL MISMO MODO, DESPUÉS DE LA CENA, TOMÓ LA COPA, Y, DESPUÉS DE


HABER DADO GRACIAS, LA DIO A SUS DISCÍPULOS DICIENDO: BEBED TODOS
DE ELLA, ESTA COPA ES LA NUEVA ALIANZA EN MI SANGRE, DERRAMADA POR
VOSOTROS, POR UNA MULTITUD, PARA LA REMISIÓN DE LOS PECADOS;
CUANTAS VECES BEBIEREIS DE ELLA, HACED ESTO EN MEMORIAL DE MÍ.

ASÍ, CADA VEZ QUE COMEMOS DE ESTE PAN Y BEBEMOS DE ESTA COPA,
PROCLAMAMOS LA MUERTE DEL SEÑOR, HASTA QUE ÉL VUELVA.

Memorial

POR ELLO, SEÑOR, REALIZAMOS ANTE TI EL MEMORIAL DE LA ENCARNACIÓN


Y DE LA PASIÓN DE TU HIJO, DE SU RESURRECCIÓN DE LA MORADA DE LOS
MUERTOS, DE SU ASCENSIÓN A LA GLORIA DE LOS CIELOS, DE SU PERPETUA
INTERCESIÓN EN NUESTRO PAVOR; ESPERAMOS E IMPLORAMOS SU VENIDA.

TODO VIENE DE TI Y NUESTRA UNICA OFRENDA ES RECORDAR TUS


MARAVILLAS Y TUS DONES.

POR ELLO, TE PRESENTAMOS, SEÑOR DE GLORIA, COMO NUESTRA ACCIÓN


DE GRACIAS Y NUESTRA INTERCESIÓN, LOS SIGNOS DEL SACRIFICIO

111
ETERNO DE CRISTO, UNICO Y PERFECTO, VIVO Y SANTO, EL PAN DE LA VIDA
QUE DESCIENDE DEL CIELO Y LA COPA DE LA CENA EN TU REINO.

EN TU AMOR Y TU MISERICORDIA RECIBE NUESTRA ALABANZA Y NUESTRA


ORACIÓN EN CRISTO, COMO TE DIGNASTE ACEPTAR LOS DONES DE TU
SIERVO EL JUSTO ABEL, EL SACRIFICIO DE NUESTRO PADRE ABRAHAM Y EL
DE MELQUISEDEC, TU SUMO SACERDOTE.

Invocación

TE SUPLICAMOS, DIOS TODOPODEROSO, MANDES LLEVAR ESTA ORACIÓN,


POR MANOS DE TU ÁNGEL, ALLÁ ARRIBA, SOBRE TU ALTAR, EN TU
PRESENCIA; Y CUANDO RECIBAMOS, COMULGANDO EN ESTA MESA, EL
CUERPO Y LA SANGRE DE TU HIJO, PODAMOS TODOS SER LLENOS DEL
ESPÍRITU SANTO, COLMADOS DE LAS GRACIAS Y BENDICIONES DEL CIELO,
POR CRISTO, NUESTRO SALVADOR.

Conclusión

POR ÉL, SEÑOR, SIEMPRE CREAS, SANTIFICAS, VIVIFICAS, BENDICES Y NOS


CONCEDES TODOS TUS BIENES.

POR ÉL, Y CON ÉL. Y EN ÉL, TE SON DADOS, PADRE TODOPODEROSO EN LA


UNIDAD DEL ESPÍRITU SANTO, TODO HONOR Y TODA GLORIA, POR LOS
SIGLOS DE LOS SIGLOS.

T Amén.

Oración dominical

C Instruidos por el mandamiento del Salvador, y formados por su enseñanza,


nos animamos a decir: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
nombre, que tu reino venga, hágase tu voluntad así en la tierra como en el
cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy; perdónanos nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos a quienes nos han ofendido; no nos
sometas a la tentación, mas líbranos del Mal. Porque es a ti a quien
pertenecen: el reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Fracción

C El pan que partimos es la comunión del Cuerpo de Cristo. La copa de


bendición por la cual damos gracias es la comunión de la Sangre de Cristo.

112
Puesto que hay un solo pan, todos nosotros formamos un solo cuerpo, porque
todos participamos de ese único pan.

Agnus Dei

T Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ¡ten piedad de nosotros!

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ¡ten piedad de nosotros!

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ¡danos tu paz!

Beso de paz

C Señor Jesucristo, tú dijiste a tus apóstoles: Es la paz lo que os dejo en


herencia, es mi paz lo que os doy. No mires mis pecados, sino la fe de tu
Iglesia, y, como tú lo has querido, dale la paz, reúnela en la unidad Pues tú
vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. La paz sea contigo.

D Y con tu espíritu.

(El beso de paz pasa del diácono al subdiácono, y de éste a la comunidad, a los
fieles)

Invitación

C Las cosas santas son para los santos.

T Uno solo es Santo, un solo Señor: Jesucristo, a la gloria de Dios Padre.

C Gustad y ved cuán bueno es el Señor. Venid, porque todo está pronto.

Canto de comunión

(Comunión del día: antífona, y versículos de salmo si corresponde, cantados


como en el gradual)

Comunión

T Tomaré el pan del cielo e invocaré el nombre del Señor: Señor, yo no soy
digno de que entres en mi morada, pero tienes que decir sólo una palabra y
estaré curado.

¡Que ni Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo guardo mi vida para la eternidad!

(El celebrante comulga)

¿Cómo retribuiré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alearé la copa de la


salvación invocando el Nombre del Señor. Y exclamo: Loado sea el Señor, y soy

113
liberado de mis enemigos. ¡Que la Sangre de nuestro Señor Jesucristo guarde
mi vida para la eternidad!

(El celebrante da la comunión a los oficiantes diciendo al diácono:)

C El Cuerpo de Cristo.

La Sangre de Cristo, la copa de la Vida.

(el diácono y el subdiácono, y otros oficiantes si corresponde, dan la comunión


a la comunidad, a los fieles; el diácono comienza diciendo:)

D He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

(Al final el celebrante dice:)

C ¡Id en paz!

(Se vuelven a su lugar retomando el canto de comunión: la antífona, y otros


versículos de salmo si corresponde)

Oración de acción de gracias

D Oremos: (silencio, luego poscomunión del día)

T Amén.

Bendición

D Bendigamos al Señor.

T Gracias sean dadas a Dios.

C o D Que Dios todopoderoso os bendiga, Padre e Hijo y Espíritu Santo.

T Amén.

114