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Criterio de demarcación científica

¿Qué es el criterio de demarcación científica?

El problema de la demarcación se refiere, dentro de la filosofía de la ciencia, a la cuestión de


definir los límites que deben configurar el concepto "ciencia". Las fronteras suelen establecerse
entre lo que es conocimiento científico y no científico, entre ciencia y pseudociencia, y entre
ciencia y religión.

El planteamiento de este problema conocido como problema generalizado de la demarcación


abarca estos tres casos. El problema generalizado, en último término, lo que intenta es encontrar
criterios para poder decidir, entre dos teorías dadas, cuál de ellas es más "científica".
Tras más de un siglo de diálogo entre filósofos de la ciencia y científicos en diversos campos, y a
pesar de un amplio consenso acerca de las bases generales del método científico,1 los límites que
demarcan lo que es ciencia, y lo que no lo es, continúan siendo debatidos.

La importancia del problema


Disponer de una solución al problema del criterio de demarcación no sólo tiene importancia en el
ámbito teórico, desde una dimensión estrictamente filosófica, sino que es importante en campos
prácticos y cotidianos. Distinguir lo que es ciencia de lo que no, tiene relevancia desde el punto de
vista económico (a la hora de financiar proyectos de investigación), jurídico y de policía científica
(a la hora de evaluar pruebas), sanitario (a la hora de prescribir tratamientos médicos), y educativo
(a la hora de establecer programas de estudio), entre otros.

La demarcación entre ciencia y pseudociencia tiene mucho que ver con la crítica, la censura y la
intolerancia en la investigación científica. La teoría de Copérnico fue condenada al índice de ideas
y obras prohibitivas por la Iglesia Católica que tenía el poder político y "científico" (1616) porque
supuestamente era pseudocientífica (la Tierra dejaba de ser el centro del Universo). El Partido
Comunista de la URSS declaró (1949) pseudocientífica a la genética mendeliana -por "burguesa y
reaccionaria"- y mandó a sus defensores como Vavílov a morir en campos de concentración.

En palabras de Lakatos, el problema de la distinción entre lo científico y lo pseudocientífico "no es


un pseudoproblema para filósofos de salón, sino que tiene serias implicaciones éticas y políticas”.

Antecedentes
El primer ejemplo en la historia acerca de la cuestión de la categorización y demarcación del
conocimiento humano se encuentra en la Grecia antigua, donde se trata el problema de las
diferencias entre el verdadero conocimiento (en griego ἐπιστήμη, episteme) y la opinión (δόξα,
doxa). Para Platón, por ejemplo, la episteme sólo puede tener desarrollo en el mundo de las ideas
(conocimiento intelectual puro) pero no el mundo sensible, que según él es engañoso (cfr.
Alegoría de la caverna).

Más tarde, Kant trató de delimitar el campo de las ciencias naturales del metafísico, y con su
trabajo sentó un precedente metodológico para establecer los criterios de demarcación de lo que
es y no es ciencia natural.4 (Cfr. Crítica de la razón pura y Prolegómenos a toda metafísica futura
que pueda presentarse como ciencia).

David Hume (1711-1776), establece los principios teóricos anti-metafísicos que tendrían gran
influencia en el positivismo lógico. Será en el Círculo de Viena con Rudolf Carnap (1891-1970),
Alfred Jules Ayer (1910-1989), y Karl R. Popper (1902-1994), en donde se abordará el "Criterio de
Demarcación" de la ciencia con respecto a la metafísica.
Ejemplo:

Si tomáramos cualquier volumen de teología o metafísica escolástica, por ejemplo, y nos


preguntáramos ¿contiene algún raciocinio abstracto acerca del número o la cantidad? No.
¿Contiene algún razonamiento experiencial acerca de cuestiones de hecho y de existencia? No.
Entonces, arrojémoslo a las llamas, sólo puede contener sofismas e ilusión”.

Falsacionismo:
El filósofo Karl Popper se dio cuenta de que los filósofos del Círculo de Viena (al cual él mismo
estuvo muy vinculado, pero no como miembro) habían mezclado dos problemas diferentes para
los que habían resuelto dar una única solución: el verificacionismo. En contraposición a este punto
de vista, Popper remarcó que una teoría podría perfectamente tener significado sin ser científica,
y que, como tal, un 'criterio de significación' podría no necesariamente coincidir con un 'criterio de
demarcación'. Así pues, ideó su propio sistema, al que se denomina falsacionismo (cabe señalar
que Popper no llama a su metodología falsacionismo, sino racionalismo crítico). Éste no sólo es
interpretable como una alternativa al verificacionismo; supone también un acuerdo acerca de la
distinción conceptual que habían ignorado las teorías previas.

Popper vio la demarcación como un problema central en la filosofía de la ciencia. Propuso el


falsacionismo como una forma de determinar si una teoría es científica o no. Simplificando, se
prodría decir que si una teoría es falsable, entonces es científica; si no es falsable, entonces no es
ciencia6 . Algunos [cita requerida]han llevado este principio hasta el extremo de dudar de la
validez científica de muchas disciplinas (tales como la Macroevolución y la Cosmología Física). La
falsabilidad fue uno de los criterios utilizados por el Juez William Overton para determinar que el
creacionismo no era científico y que no debería enseñarse en los colegios de Arkansas.

La falsabilidad es una propiedad de los enunciados y de las teorías, y, en sí misma, es neutral.


Como criterio de demarcación, Popper busca tomar esta propiedad y tomarla como base para
afirmar la superioridad de teorías falsables sobre las no falsables, como parte de la ciencia,
estableciendo así una posición que podría ser llamada falsacionismo con implicaciones
políticas.[cita requerida] Sin embargo, muchas cosas de las que pueden ser consideradas como
dotadas de significado y utilidad no son falsables. Con toda certeza, los enunciados no falsables
desempeñan una función en las propias teorías científicas. Lo que el criterio Popperiano permite
ser llamado científico está abierto a interpretación. Una interpretación estricta concedería muy
poco, puesto que no existen teorías científicas de interés que se encuentren completamente libres
de anomalías. Del mismo modo, si sólo consideramos la falsabilidad de una teoría y no la voluntad
de un individuo o de un grupo para obtener o aceptar instancias falsables, entonces permitiríamos
casi cualquier teoría.

En cualquier caso, es muy útil conocer si un enunciado de una teoría es falsable, aunque sólo sea
por el hecho de que nos proporciona un conocimiento acerca de las formas con las que alguien
podría evaluar una teoría. La tesis de Quine-Duhem argumenta que no es posible probar que un
enunciado ha sido falsado; en su lugar, la falsación ocurre cuando la comunidad científica se pone
de acuerdo en que ha sido falsado (véase consenso científico). Esta es una crítica importante al
falsacionismo, pues cualquier enunciado observacional, por inocente que parezca, presupone
ciertas concepciones acerca del mundo, y resulta imposible preguntarse si esas concepciones son
científicas o no. El filósofo de la ciencia William Herbert Newton-Smith, expresa así su crítica:

...para Popper, al aceptar el más modesto de los enunciados de observación estamos


implícitamente aceptando alguna teoría, y no podemos sentirnos más justificados al creer en un
enunciado observacional que en los enunciados teóricos pertinentes
Newton-Smith. "La racionalidad de la ciencia"