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Los estereotipos

Los estereotipos de género constituyen las ideas que ha construido una sociedad sobre los comportamientos y los
sentimientos que deben tener las personas en relación a su sexo y que son transmitidas de generación en generación.
Con el tiempo los estereotipos se naturalizan, es decir, se olvidan que son construcciones sociales y se asumen como
verdades absolutas e intemporales respecto a cómo son los hombres y cómo son las mujeres, con lo que se dificulta su
cuestionamiento y la deconstrucción del contenido de los roles que están en su base. Así pues, a través de estos
estereotipos de género naturalizamos la masculinidad y la feminidad, biologizando los roles e identidades que
socialmente se les han asignado a los hombres y a las mujeres. Los estereotipos se encuentran fuertemente enraizados
en la sociedad, marcando y controlando las pautas de comportamiento que se esperan de hombres y mujeres,
definiendo los modelos de feminidad y masculinidad, sancionando aquellas conductas que se escapan de los patrones
de género admitidos. Estos arquetipos sustentan las relaciones entre los géneros. Éstas tienden a caracterizarse por ser
excluyentes al establecer espacios, funciones, responsabilidades opuestas y particulares para hombres y mujeres, pero
fundamentalmente por ser discriminatorias, porque lo masculino es considerado siempre superior a lo femenino. Así
pues, los estereotipos distorsionan la realidad y se han utilizado para justificar y legitimar las situaciones de desigualdad
y de dependencia que las mujeres han vivido con respecto a los varones en todas las sociedades.
Por ejemplo, cuando se afirma: “todas las mujeres son…” (débiles, sensibles, charlatanas) o “los varones son…”
(inquietos, desprolijos, fuertes) o también cuando son solo las mujeres quienes se tengan que ocupar o sean
responsables de la crianza de las niñas y los niños, de las personas mayores o del trabajo doméstico. El estereotipo
femenino está asociado con los cuidados, la emoción, la fragilidad, la docilidad, la obediencia a la autoridad masculina.
¿Como evitamos estos estereotipos?
• Evitar imágenes sexistas y eludir valores y actitudes estereotipadas que encajen tanto a hombres como a mujeres
desarrollando determinadas actividades y/o situándolos en determinadas profesiones.
• Mostrar imágenes de cooparticipación de hombres y mujeres en todos los ámbitos de la vida.
• Fomentar que las mujeres accedan o se integren en opciones profesionales que tradicionalmente hayan sido
consideradas masculinas (y viceversa).
 Prestar atención a los valores familiares que transmitimos: reparto de tareas domésticas y toma de decisiones
de manera compartida y con el mismo peso.
Es importante que conozcamos las implicaciones que conllevan la existencia de estos roles diferenciados para aumentar
nuestra conciencia de género, es decir, el reconocimiento de la desigualdad entre hombres y mujeres. Esta desigualdad
se traduce en limitaciones para ambos géneros. Las mujeres sufrimos distintas formas de discriminación y violencia. Los
hombres se pierden aspectos fundamentales de su vida afectiva y emocional. En definitiva, hombres y mujeres salimos
perdiendo.
Solamente cuando superemos estos modelos tradicionales de masculinidad y feminidad podremos construirnos
como personas libres y autónomas.