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Por el Maestro

Omraam Mikhaël Aïvanhov

EL GRANO
DE MOSTAZA
3/3

Obras completas – Tomo 4/III


OM-104-03 – 4 conferencias de 12

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Obras Completas Tomo 4 - III
EL GRANO DE MOSTAZA 3/3

Relación de 4 conferencias lote 3 de 3


Palabras del Maestro

BUENO ES ALABAR AL ETERNO


Del 6 de Junio de 1939
EL GRANO DE MOSTAZA
Del 2 de Junio de 1941
EL ARBOL SOBRE EL RIO
Del 7 de Febrero de 1942
CRECED Y MULTIPLICAROS
Del 1 de Mayo de 1943

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PALABRAS DEL MAESTRO

“Así pues, por la mañana, al despertaros, debéis dar


gracias al Cielo y no olvidar que tenéis cada día un
programa que cumplir. Decís: "Dios mío, te doy gracias
con todo mi corazón por todo lo que me has dado hoy.
Llena mi corazón de calor y de bondad. Fortalece mi
voluntad, para que cumpla la Tuya y para que todas mis
acciones sean para Tu gloria, en Tu Nombre." Después de
esto, podéis levantaros. Y debéis bajar de la cama, con la
cara hacia delante, y no como algunos que se bajan de la
cama de espalda, con la cara vuelta hacia la cama.
Bajarse así de la cama es muy malo y hace que todo os
vaya mal en el transcurso de la jornada. En nuestra
Fraternidad de Bulgaria había una hermana que me
confió, un día, que se levantaba así. Le pregunté por qué
razón lo hacía, y me dijo que lo ignoraba. Sin embargo,
cada cosa tiene una causa que debemos buscar. Y el pie
derecho es el primero que debemos poner en el suelo.
Cada movimiento que hacemos cuando nos levantamos
debe ser ejecutado correctamente. Todo eso es difícil y
exige atención.”

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OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
París, 6 de Junio de 1939

Del Tomo 4:O.C.


El grano de Mostaza
Capítulo IX:

“BUENO ES ALABAR AL ETERNO…”


Ejercicios para antes de ir a dormir

"Bueno es alabar al Eterno,


celebrar Tu Nombre, ¡oh Altísimo!
Proclamar Tu bondad por la mañana.
Tu fidelidad durante las noches.
Con el decacordio y con la lira.
Con los sonidos del arpa.

Tus hechos son mi delicia, ¡oh Eterno!


Canto con alegría las obras de Tus manos.
¡Cuan grandes son Tus obras, oh Eterno!
¡Qué profundos son Tus pensamientos!..."

Salmo 92: 1-6

No iremos más adelante en este Salmo, porque hoy me


gustaría detenerme solamente en los primeros versículos:

"Bueno es alabar al Eterno,


celebrar Tu Nombre, ¡oh Altísimo!
Proclamar Tu bondad por la mañana.
Tu fidelidad durante las noches..."

Cada hombre se levanta por la mañana y espera a la noche


para acostarse. Pero, a veces, sucede que ciertas personas hacen
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lo inverso: trabajan durante la noche y se acuestan por la


mañana. En general, los hombres no reflexionan mucho sobre lo
que conviene hacer por la mañana y por la noche. La salida de Sol
y el ocaso son, sin embargo, dos momentos muy importantes para
todos los seres, y especialmente para los discípulos. El discípulo
sabe cómo debe empezar la jomada si quiere que ésta sea
fructífera, llena de gracia de Dios, y poder derramar esta gracia a
su alrededor, sobre muchas criaturas. Sabe igualmente acostarse
de forma que pueda ir a instruirse y a trabajar para los demás, en
el mundo invisible.

Al despertarse por la mañana los discípulos saben que no


empiezan la jornada, sino que la continúan, porque la vida es un
círculo sin principio ni fin. Y, por otra parte, esto es lo que vemos
en la Tierra: una mitad está iluminada, mientras que la otra mitad
está en la sombra. Y la zona clara avanza progresivamente,
mientras que la zona opuesta entra en la oscuridad. Así pues, la
salida y la puesta de Sol no empiezan en ninguna parte. Hay sin
cesar salidas y puestas de Sol en toda la superficie de la Tierra.

La mayoría de los hombres empiezan la jornada sin pensar


en la importancia de este momento. La primera palabra es, a
menudo, un gruñido, una queja. Se quejan de la criada, que no ha
preparado el desayuno a su hora; se irritan contra su mujer que
ha puesto en otro sitio las zapatillas, los calcetines... ¡o los
gemelos de la camisa!... No deben extrañarse, pues, de que
después toda la jornada se desarrolle en el mismo tono. Por la
noche, cuando están en la cama, no pueden dormir dan vueltas en
la cama, encienden y apagan la luz; están agitados por mil
preocupaciones; los negocios que no andan bien, los niños, que no
trabajan en la escuela o que están enfermos.. Y acaban tomando
calmantes. ¿Por qué? Porque antes de meterse en la cama no se
han preparado para el sueño. Para el hombre corriente, que no
comprende el valor de las dos caras de la existencia, ni el
principio ni el fin de la jornada son horas sagradas.

Si comparamos el tiempo que pasamos comiendo y


durmiendo con el que pasamos reflexionando, constataremos que
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la reflexión sólo ocupa una milésima parte de nuestra existencia.


Nos pasamos más de un tercio de nuestra vida en la cama,
enfermos, durmiendo o descansando. Pero descansar durante el
día es perder la posibilidad de descansar durante la noche,
porque, poco a poco, se establece un nuevo orden en el
organismo. Decimos a nuestras células: "Dadas las circunstancias
y las condiciones de la vida, vamos a cambiar nuestros hábitos:
trabajaremos por la noche, comeremos a medianoche..." Las
células se someten a este programa, pero todo lo demás en el
organismo se modifica en consecuencia y, pronto, nada anda bien
en el cuerpo, porque la noche está preparada para realizar una
cosa en el hombre, y el día para hacer otra.

En el momento en que los hombres se duermen, su alma


abandona su cuerpo físico. No ve a su alrededor más que seres
dormidos y encuentra que esto no es interesante. Por eso, se va al
otro lado del planeta, allí donde los seres están despiertos. Y
vosotros también, durante el día, cuando estáis despiertos, no
sabéis que alrededor vuestro, hay muchos seres invisibles que os
vigilan, que os frecuentan, y que, a veces, os hacen daño. Son las
almas y los espíritus de hombres y de mujeres dormidos que
habitan en el otro lado de la Tierra. Vienen a distraerse junto a
vosotros, a cuchichearos al oído sus historias o sus sufrimientos.
Muy a menudo, las dudas y las tristezas que sentís provienen de
estos seres. Creéis que son vuestros tormentos, vuestras
preocupaciones, pero, en realidad, son las de las almas venidas del
otro lado de la Tierra que han abandonado su cuerpo físico durante
el sueño.

¿Os preguntáis por qué atraéis a estas almas y a estos espíritus


junto a vosotros? Porque, en vuestra vida cotidiana, tenéis
pensamientos, preocupaciones y deseos que actúan de una forma
especial sobre todo vuestro ser y le hacen apto para atraer a las
almas de ciertas criaturas de la Tierra. Vuestro destino no será el
mismo según atraigáis de esta manera a chinos, japoneses, o
búlgaros, etc. Igualmente, si leéis muchos relatos que conciernen a
cierto país, preparáis en vosotros unos elementos químicos, físicos,
fluídicos, que os conectarán con los habitantes de este país, y
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participaréis en su suerte: si este país se vuelve glorioso, vosotros


seréis elevados; si sufre desgracias, vosotros también recibiréis
estas desgracias.

Debéis saber, pues, que según sean vuestras ocupaciones,


vuestros deseos, vuestros impulsos, vuestras aspiraciones, os
ponéis en relación con tales o cuales seres, con tales o cuales
entidades. No podemos escapar a nuestro destino, porque, aunque
cambiemos de país, seguimos atrayendo a las mismas almas según
el estado particular de nuestras células. Por eso, la felicidad y la
desgracia os siguen. Suponed que seáis un imán preparado para
atraer a las entidades luminosas y poderosas, aunque os vayáis al
Infierno, atraeréis a los ángeles hacia vosotros y expulsaréis a los
demonios, que tendrán miedo de que estos ángeles destruyan su
reino.

Volvamos ahora a estos dos momentos esenciales de la


jornada: la mañana y la noche. Al despertar, debemos, ante todo,
dar gracias al Señor, ninguna otra cosa. Las primeras palabras que
debemos tener en los labios cuando nos despertamos son: "Te doy
gracias, Señor, porque me has dado buena salud, porque me has
permitido ver, hablar, cantar, oír, ¡y tantas otras cosas!" Podéis
también dar gracias a Dios porque podéis fumar, beber vino de
Oporto o café, poco importa. Lo que importa es dar gracias, lo que
nunca hacemos. Nunca he visto, todavía, a ningún borracho dar
gracias al Cielo por poder beber lo que quiera, "¡Esto sería el
colmo!", pensáis. No, porque hasta ser borracho ya es una
bendición. El que bebe hubiera podido ser un asesino; pero el vino
paraliza sus malos instintos en lugar de despertarlos. Si no hubiese
bebido, se habría servido de su inteligencia para hacer daño; pero
el vino ha embotado su inteligencia y deformado un poco su nariz,
que está relacionada con la inteligencia.

Así pues, por la mañana, al despertaros, debéis dar gracias al


Cielo y no olvidar que tenéis cada día un programa que cumplir.
Decís: "Dios mío, te doy gracias con todo mi corazón por todo lo
que me has dado hoy. Llena mi corazón de calor y de bondad.
Fortalece mi voluntad, para que cumpla la Tuya y para que todas
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mis acciones sean para Tu gloria, en Tu Nombre." Después de


esto, podéis levantaros. Y debéis bajar de la cama, con la cara
hacia delante, y no como algunos que se bajan de la cama de
espalda, con la cara vuelta hacia la cama. Bajarse así de la cama
es muy malo y hace que todo os vaya mal en el transcurso de la
jornada. En nuestra Fraternidad de Bulgaria había una hermana
que me confió, un día, que se levantaba así. Le pregunté por qué
razón lo hacía, y me dijo que lo ignoraba. Sin embargo, cada cosa
tiene una causa que debemos buscar. Y el pie derecho es el
primero que debemos poner en el suelo. Cada movimiento que
hacemos cuando nos levantamos debe ser ejecutado
correctamente. Todo eso es difícil y exige atención.

En cuanto hayamos dado gracias al Cielo, debemos


acordamos de lo que hemos soñado en el transcurso de la noche.
Si lo hacemos, a menudo constatamos que nos han dado un
programa durante el sueño. Pero hay que tratar de acordarse de
los sueños inmediatamente, porque, en estos momentos, las
imágenes más importantes flotan aún en el cerebro. A veces, es a
lo largo de la jornada cuando los sueños nos vuelven a la
memoria, pero es mejor tratar de acordarse por la mañana,
cuando nos despertamos. Si nos acostumbramos a recordar cada
mañana los sueños de la noche, nuestra facultad de recordarlos
aumentará.

Quizá os haya sucedido que al hablar con una persona, en el


transcurso de la jornada, de repente os hayáis acordado de haber
tenido la misma conversación con ella la noche precedente, en
sueños. En efecto, lo que hacemos durante la jornada es la
repetición de lo que hemos hecho durante la noche, en el plano
astral, en el otro lado de la Tierra. Eso prueba que la noche es
más importante que el día. Por la noche nos vamos al mundo sutil,
que es más evolucionado, más elevado que el mundo físico. Lo que
se manifiesta en la Tierra es la consecuencia de lo que se
manifiesta arriba. Esto es lo que explica que un clarividente pueda
predecir los acontecimientos futuros: porque ya los ha visto
realizados en el mundo superior. Hace falta un cierto tiempo para
que estos acontecimientos alcancen el plano físico, pero lo
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alcanzan obligatoriamente, porque ya están inscritos arriba.


Observad una serpiente: su cola siempre pasa por donde ha
pasado su cabeza. La cabeza representa el pensamiento y la cola
representa los actos. La cola sigue a la cabeza La Tierra
representa la cola, los resultados de aquello que ya ha tenido
lugar en el otro mundo, en el mundo sutil.

Los Iniciados dan una enorme importancia a la manera de


dormirse, porque la noche determina el día siguiente. Así que,
antes de acostarse, se conectan con el mundo invisible, dejan de
lado todo aquello que les ha turbado en el transcurso de la
jornada, las preocupaciones, las inquietudes, las penas… Piensan
en los errores que han podido cometer para repararlos durante la
noche. Y se abandonan después al Ángel de la muerte, éste es el
nombre que la Cábala da al Ángel del sueño, porque cada noche
nos morimos, y cada mañana resucitamos.

Algunos se asombran de que podamos creer en la existencia


del otro mundo. Para ellos es algo absurdo. Pero ellos, que niegan
este otro mundo, ¡cuántas veces han ido ya a él! Dormirse, dejar
el cuerpo físico para ir al otro mundo, es un entrenamiento, un
ejercicio que practicamos cada noche para habituarnos para el
día en que debamos irnos verdaderamente al otro mundo. El que
no sabe cómo dormirse, tampoco sabrá morir. No existe ninguna
diferencia entre dormirse y morir, salvo que, cuando morimos, ya
no volvemos, abandonamos definitivamente la casa en la que
habitábamos, simplemente. Durante el sueño, la abandonamos
también, pero subsiste una conexión que nos retiene en esta casa.

¿Por qué la Iglesia da tanta importancia al hecho de dar la


extremaunción, de convertir a los moribundos? No se preocupa
tanto de convertirles durante su vida, cuando cometen pecados y
crímenes, pero, en cuanto están a las puertas de la muerte, los
sacerdotes tratan de volver a llevarlos por el buen camino; se
acercan al moribundo para decirle: "Debes creer en el Señor y
pedirle perdón por tus pecados, porque, si no, irás al Infierno".
¿Acaso tienen razón? Sí, porque de esta manera actúan conforme
a una tradición extremadamente antigua, según la cual aquéllos
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que dejan su cuerpo físico sin la fe y la luz de la existencia de Dios


y del otro mundo, sufren luego mucho más y vagan por las
regiones oscuras del más allá. Por eso, también, los que se quedan
en la Tierra deben rezar para facilitar (a partida del muerto. Por
otra parte, la hora de la muerte es un momento esencial para la
encarnación siguiente, que depende del último momento, de la
manera como se termina la vida, porque la actitud del moribundo
actúa en el otro mundo hasta su próxima reencarnación.

Os daré algunos ejemplos para mostraros qué cierto es que


el último momento de la vida determina la próxima encarnación.
Suponed que hoy hayáis sido felices y que os encontráis bien
dispuestos. Pero, he ahí que en el momento de dormiros empezáis,
sin saber por qué, a tener pensamientos de tristeza, de desánimo.
Al día siguiente, al despertar, estáis extrañados al daros cuenta
que aquello que habíais vivido de bueno el día anterior ha
desaparecido completamente, y que en su lugar os ha quedado,
incluso, una impresión desagradable. Podéis entonces constatar
que el último momento ha sido más importante, más significativo
que toda la jornada. Suponed, al contrario, que hayáis vivido toda
la jornada bastante mal, pero que, antes de abandonaros al sueño,
gracias a las oraciones y los buenos pensamientos hayáis logrado
dormiros apaciblemente. Estos últimos momentos lo limpian todo
en vosotros, os purifican, de forma que al día siguiente os
despertáis con buenas intenciones y buenos proyectos. Existen en
el hombre obreros que utilizan todo lo que éste ha pensado en la
frontera entre la vigilia y el sueño, y estos pensamientos accionan
fuerzas. Por eso, desconfiad, no os durmáis con malos
pensamientos, porque éstos destruirán todo lo bueno que hayáis
adquirido durante la jornada. Mientras que, si os dormís con
buenos pensamientos, éstos mejorarán todo en vosotros y al día
siguiente estaréis asombrados al ver en qué estado de paz y de luz
os despertáis.

Evidentemente, no digo eso para que penséis que podéis vivir


de cualquier manera durante la jornada si luego decís una
oración antes de dormiros, o que en el momento de morir podréis
borrar todas las malas acciones de vuestra vida. No, porque
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actuando así tendréis a todos los diablos con vosotros. Pero, de


todas formas, es muy importante que antes de dormiros consigáis
calmaros, equilibraros, purificaros. Cuidad mucho de que sea así.
La noche es más importante que el día y los discípulos que se
benefician de la luz de esta Enseñanza saben trabajar durante su
sueño.

El Maestro Peter Deunov nos dio una fórmula para recitar


en el momento de acostarse: se dice apoyando la palma de la
mano derecha sobre el plexo solar, y el dorso de la mano
izquierda, en la espalda, al nivel también del plexo solar. Esta
fórmula es la siguiente:

Dios es luz en mí.


Los ángeles son el calor,
Los hombres son la bondad.
(tres veces)

Dios es luz en mí.


Mi espíritu es el calor.
Yo soy la bondad.
(tres veces)

Para aquéllos que lo deseen, aquí tenéis la fórmula en búlgaro:

Gospod veuv méné é svétlina,


Anguélité seu toplina,
Tchélovétsité seu dobrina.
(tres veces)

Gospod veuv méné svétlina,


Douheut mi é toplina.
Az seum dobrina.
(tres veces)

Podéis decir también: "Dios mío, permíteme esta noche ir a


Tu escuela de amor, de sabiduría y de verdad, para aprender a
servir mejor Tu causa a fin de que Tu Reino y Tu Justicia vengan a
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la Tierra." Y permanecéis unos momentos en meditación.


Entonces, la Fraternidad Blanca enviará guardianes para proteger
vuestro cuerpo contra los espíritus que siempre tratan de
apoderarse de él durante vuestro sueño para servirse de él.

El verdadero discípulo deja su cuerpo y se va con su Maestro


con el que se sigue instruyendo. Lee los libros más ocultos en las
bibliotecas del universo y asiste a ceremonias grandiosas cuyo
recuerdo a veces conserva, aunque el cerebro humano no esté
preparado para conservar la memoria de tales cosas. Este recuerdo
deja en su corazón una sensación tan dulce, tan tranquila, que,
cuando se despierta, dice: "¿Dónde he estado esta noche? ¡Era tan
hermoso lo que he visto!..." Debéis comprender lo sagrado que es
el hecho de dormir cuando os acostáis para ir a estudiar al otro
mundo, porque es allí donde se recibe la verdadera Iniciación.

Lo que un Iniciado no puede hacer durante la jornada -que es


muy corta- puede hacerlo durante la noche. Puede, por ejemplo,
ayudar e instruir a miles de seres a la vez. A lo largo de una
jornada sólo puede recibir a un número muy pequeño de gente en
su casa, y sólo durante quince o veinte minutos como máximo.
Vienen a él agobiados, atormentados; ¿cómo ayudarles en tan poco
tiempo? En cambio, durante la noche, un Iniciado puede estar en
varios lugares a la vez. Un día, verificaréis estas posibilidades.

"Bueno es alabar al Eterno,


celebrar Tu Nombre, ¡oh Altísimo!
Proclamar Tu bondad por la mañana,
Tu fidelidad durante las noches."

Aquí hay dos puntos importantes: "Proclamar Tu bondad por


la mañana, y Tu fidelidad durante las noches." Proclamar la
bondad de Dios por la mañana, sí, porque es la bondad de Dios la
que hace que por la mañana el hombre se vuelva a encontrar vivo y
sano; y, si pasa esta jornada correctamente, se irá a estudiar por
la noche al otro lado de la vida, donde verificará que todas las
promesas del Señor se realizan.
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Os pediré ahora que os acordéis de cuántas veces en la vida


os habéis despertado súbitamente dando gracias al Cielo porque
no estabais muertos, ni heridos, porque acababais de soñar que
alguien había penetrado en vuestra casa y que os había cogido
por el cuello. Otra vez, soñabais que estabais en una torre muy
alta, que alguien os empujaba hacia abajo, y que os caíais,
pensando que todo había terminado para vosotros Pero os
despertabais, constatando que estabais sanos y salvos. En tales
momentos, pues, os habíais creído muertos o heridos y, al
despertaros, habíais constatado que sólo se trataba de un sueño.
¿Cómo es posible que, estando muertos en un lado, os podáis
despertar en el otro diciendo: "Gracias, Dios mío, por estar
vivo"? Hay grandes secretos ocultos en los menores
acontecimientos de la vida que nadie se ocupa de interpretar y de
utilizar.

Veis un topo que se pasea en el jardín y le perseguís; se da


prisa por volver bajo tierra, porque allí está a resguardo. ¿Cómo
sabe que debe esconderse en ese agujero para escapar de
vosotros? Igualmente, cuando perseguís a un pez, a un insecto, o a
cualquier otro animal, éstos huyen a un agujero en la roca, tras de
una mata, o de la corteza de un árbol. Los pájaros, en cambio, se
escapan volando por el aire. Cuando llegan las inundaciones, los
hombres se suben a los tejados de las casas, a los árboles, a las
rocas. Si son aviones los que les amenazan, descienden a los
refugios subterráneos. En un caso, el hombre es un topo, en otro,
un pájaro, y en el otro un pez. Eso significa que estamos hechos
para imitar a los animales; podemos bajar y subir. Nuestro cuerpo
físico es un abrigo, una cava. Cuando somos perseguidos en el
mundo astral, allí donde están los monstruos y las entidades
maléficas, entramos de nuevo en el cuerpo físico, dicho de otra
forma, en nuestro agujero, en nuestra cava. Así que es sencillo:
cuando el peligro viene de arriba, descendemos; cuando el peligro
viene de abajo, subimos.

Pero, lo que debéis saber, es que verdaderamente había un


peligro cuando habíais soñado mientras dormíais. Algo podía
mataros y os habéis puesto a salvo entrando en vuestro cuerpo,
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cambiando de mundo. En general, los espíritus no pueden


manifestarse en todos los dominios: algunos viven sólo bajo tierra,
otros en el agua, o en el aire. El topo no puede nadar, los pájaros
tampoco, excepto algunos. El pez no puede ni caminar, ni volar.
Cada ser está construido para un elemento determinado. Así pues,
ciertas entidades no pueden perseguirnos por todas partes; si
sabemos cambiar de dominio, estamos salvados. Esta posibilidad
de poder entrar en diferentes dominios es lo que hace del hombre
un ser superior. Puede, en efecto, descender hasta el Infierno y,
una vez que está allí, si sabe desplazarse, puede también escapar
de los diablos

Habéis podido, sin duda, hacer ciertas experiencias. Un día


estáis apenados, fatigados, tenéis la sensación de que todo el
mundo está contra vosotros, pero os dormís, es decir, subís al otro
mundo, y, cuando os despertáis, sentís que todo ha cambiado.
¿Qué ha sucedido? Habéis huido, simplemente, y los que os
perseguían no han podido seguiros. Con estos medios podéis
protegeros de muchos sinsabores en la Tierra. Cuando os
persiguen en el otro mundo, tenéis que volver a entrar en vuestro
cuerpo físico.

Estudiad el significado de estos dos símbolos: el día y la


noche. Y tratad de utilizarlos. El día es la vida manifestada, la
noche es el lado sutil de la existencia. Podéis aprovecharos de
ambos. Si tenéis tristezas, asuntos que no van bien, cambiad de
mundo, id a aquél en donde estéis a salvo. Si la pena se encuentra
en el intelecto, iros al corazón. Si sois perseguidos a la vez en el
corazón y en el pensamiento, subid al alma. Si os persiguen
también en el alma, refugiaos en el espíritu; en el espíritu nadie os
puede alcanzar.

¡Bienaventurados aquéllos que saben elevarse con la


oración y la meditación!

Lo que aquí os digo es de un valor inestimable para vuestro


futuro. Algunos no lo sentirán inmediatamente, pero que no
esperen al momento en el que abandonen la Tierra, porque sería
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un poco tarde. No es en el momento en el que partimos al otro


mundo cuando hay que aprender estas verdades.

Debéis saber cómo aprovechar el día y la noche. Pero debéis


saber que el día depende de la noche. Éste es incluso un hecho
científico; antes de nacer, el hombre se encuentra en la noche, y
todo se prepara en esta noche. La vida en la Tierra no es más que
el desarrollo de todo lo que sucede durante la gestación. Cuando
el niño está encerrado en el vientre de su madre, se encuentra en
la oscuridad, y allí es donde se construye su cuerpo: sus pulmones,
su corazón, su cerebro... Si esta construcción se ha efectuado mal,
todo se acabó ya de antemano, porque el día (la vida terrestre)
depende de esta noche. Por eso la noche es muy importante.

Todas las plantas trabajan durante la noche. Las abejas


trabajan en la oscuridad de su colmena. Los discípulos, también,
deben trabajar en la noche, en la oscuridad. ¿No sabéis lo que eso
significa? Sin embargo, es sencillo: cuando hacen el bien, no
deben contarlo, ponerlo a la luz del día. Y es por la noche, a
menudo, cuando los grandes Iniciados hacen sus ceremonias más
solemnes. Durante la noche se prepara todo aquello que debe
manifestarse durante el día. Toda manifestación puede ser
comparada con el devanado de una pelota de hilo formado por
hebras de colores diferentes. Tirar del hilo, desenrollarlo, es una
manifestación, pero estos hilos no serán otros que aquéllos que
previamente fueron enrollados. Es imposible obtener nada de la
forma que lo hacen los prestidigitadores. Si no habéis preparado
nada en vuestra cabeza con ayuda de la sabiduría, no esperéis
sacar sabiduría de vuestro cerebro. Muchos seres se imaginan
poder manifestar sabiduría, pureza, sin haber preparado en ellos
estas virtudes durante años. Esto es imposible. No os engañéis; sin
haber trabajado durante mucho tiempo en nuestro propio corazón,
estamos incapacitados para dar a los demás.

Haced cada día, por la mañana y por la noche, los ejercicios


que hoy acabo de indicaros. Aquéllos que ya han empezado el
trabajo ya han sentido afluir a ellos las bendiciones.
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"Bueno es alabar al Eterno,


Y celebrar Tu Nombre, ¡oh Altísimo!
Proclamar Tu bondad por la mañana.

Y Tu fidelidad durante las noches.


Con el decacordio y con la lira,
Con los sonidos del arpa.

Tus hechos son mi delicia, ¡oh Eterno!


Canto con alegría las obras de Tus manos.
¡Cuan grandes son Tus obras, oh Eterno!
¡Qué profundos son Tus pensamientos!..."

Que el Señor os bendiga hermanos.

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Sèvres, 2 de Junio de 1941

Del Tomo 4: O.C.


El grano de Mostaza
Capítulo X:

EL GRANO DE MOSTAZA
La Fe
"Les propuso otra parábola diciendo: El Reino de los Cielos
es semejante al grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró
en su campo. Es la más pequeña de todas las semillas: pero,
cuando crece, es mayor que todas las hortalizas y se hace árbol, de
forma que las aves del cielo vienen a posarse en sus ramas."

San Mateo 13: 31-32

"Entonces los discípulos se acercaron a Jesús, le hablaron


aparte y le dijeron: ¿Por qué no hemos podido nosotros echar a
ese demonio? Porque tenéis poca fe, les dijo Jesús. En verdad os
digo que si tuvieseis fe como un grano de mostaza, podríais decirle
a este monte: Trasládate de aquí a allá, y se trasladaría: nada os
sería imposible."

San Mateo 17: 19-20

Y también en otros pasajes en el Evangelio utilizó Jesús la


imagen del grano de mostaza.

Habéis observado, sin duda, en las imágenes empleadas por


Jesús, la oposición entre la pequeñez de este grano y su desarrollo
extraordinario; se convierte en un árbol, de forma que las aves del
cielo vienen a posarse en sus ramas; y. por otra parte, la idea de que
si los discípulos tuviesen fe como un grano de mostaza, ¡podrían
desplazar montañas! Justamente, son estas imágenes las que hay que
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explicar: el árbol en el que las aves del cielo vienen a habitar, y la fe


que permite desplazarlas montañas.

Ya os hablé de la fe Es una virtud que todavía no ha sido bien


estudiada Todos saben que se manifiesta en los desgraciados y que
puede hacer milagros en los enfermos a los que la ciencia ya había
desahuciado Esto no se puede negar, pero no se sabe cómo explicar
sus efectos ¿Porqué existe la fe en los seres más sencillos, y mucho
menos en los seres más inteligentes? Ya os indiqué dónde se
encuentra ubicada la fe desde el punto de vista frenológico.

Os expliqué también las relaciones que


existen entre la fe y el amor. Si queréis
ganaros el amor de alguien, debéis creer en
él; y, si amáis a alguien, éste empieza a
creer en vosotros. La esperanza está entre los
dos, entre el amor y la fe, es su hijo, su
resultado en el plano físico. El amor, la
esperanza y la fe son unas virtudes que
pertenecen al plano más elevado, al plano causal, donde se
encuentran las causas de todas las cosas.

Puesto que Jesús insistió muy a menudo en la fe que debían


tener los enfermos o los posesos para ser curados o liberados del
demonio, la gente cree que es la fe la que produce los milagros. No,
la fe es solamente la condición indispensable para que los
milagros se produzcan. Los milagros son provocados por otra
fuerza distinta de la fe. Habéis observado que Jesús pronunciaba
ciertas palabras cuando curaba a los enfermos: "Todo es posible
para el que cree...", "Anda, tu fe te ha salvado...", "Hágase según tu
fe". Diréis que habría podido curarles, aunque no tuvieran fe, puesto
que tenía todos los poderes. No, no podía hacer nada por ellos si
eran incrédulos, porque entonces no se daban las condiciones
necesarias para la curación. Hubiera podido curarles, a pesar de
todo, pero empleando la violencia, y la violencia nunca es un buen
método. Jesús quería que la curación viniese también del enfermo
que, con su fe, abría las puertas a las fuerzas del mundo espiritual
para que éstas entrasen y actuasen en él.
3

La fe es una puerta abierta a las fuerzas espirituales. Nosotros


mismos no hacemos nada, sólo abrimos la puerta, y son otros los que
lo hacen todo. Aquello que emprendéis sólo con vuestra voluntad
obedece a un mecanismo natural y se encuentra, por tanto, sometido
a la ley de causas y consecuencias. Mientras que la fe es una puerta
que se abre para dejar entrar unas fuerzas que vienen de otra parte,
unas fuerzas celestes que penetran dentro de vosotros, en donde
actúan, reparan, purifican, curan, a veces hasta cuando no lo
merecemos. Se trata, pues, de la gracia; la fe abre la puerta a la
gracia. ¡Cuántos se equivocan pensando que es la fe la que hace los
milagros! Podemos creer, o no creer, pero en realidad solamente
abrimos la puerta, y es posible que nada pase por esta puerta.
Muchos creen que les va a tocar el gordo de la lotería, y nunca les
toca, a pesar de su fe. Y otros creen que vivirán mucho tiempo, que
serán felices, que se curarán, pero están enfermos y mueren. Así
pues, está bien creer que las plantas van a crecer, pero previamente
hay que sembrar, y después creer.

Vuestra fe abre una puerta, pero si nadie pasa por ella, porque
no habéis desencadenado nada, porque no habéis invitado a los
espíritus a venir, no se produce nada. Primero el enfermo pedía a
Jesús que le curase, y esta petición era un desencadenamiento.
Después, había que tener la puerta abierta, la fe. Y, finalmente, el
poder de Jesús se manifestaba. ¿Veis, pues?, tres condiciones.
Desde hace dos mil años repiten que hay que tener fe, y tienen fe,
pero, como falta la Ciencia iniciática, no avanzan mucho.

Os daré una imagen. Suponed que tenéis un recipiente lleno de


agua en la que ponéis unos pececillos de papel o de cualquier otra
materia, que habéis recortado, y en cuyos extremos habéis puesto
unos trocitos de alcanfor: los pececillos se desplazan en el agua.
Pero añadís ahora al agua una minúscula gota de aceite con la
punta de una aguja: el movimiento de los pececillos se interrumpe,
ya no pueden moverse. ¿Qué ha pasado? Habéis modificado las
condiciones que eran necesarias para que pudiesen moverse. Las
dudas, las sospechas, representan unas condiciones inversas a las
creadas por la fe: interrumpen el curso de las fuerzas que estaban
4

poniéndolo todo en movimiento. La menor duda ya es suficiente


para crear una materia que recubre los canales espirituales y
absorbe las fuerzas benéficas que en ellos circulan.

¿Se puede dividir a los hombres en creyentes e incrédulos? En


realidad, no existe nadie en la Tierra que esté totalmente privado de
fe. Todos creen, pero ¿en qué? Uno cree en sí mismo, otro en su
mujer, un tercero en la riqueza... Creen en Dios, en la naturaleza.
Los hay que creen en la naturaleza inferior, y otros en la naturaleza
superior. Todos vosotros habéis creído en alguien, y os habéis dado
cuenta de ello, sobre todo, el día que os ha decepcionado. Para
haber sido decepcionado, hay que haber creído primero. Hubierais
debido prever, cuando creíais, que tendríais esta decepción; porque,
a menudo, creemos en ciertas cosas que sólo nos pueden traer
decepciones. Creéis en la pasión de alguien, pero esta pasión tiene
que extinguirse un día, fatalmente. Creéis en su poder destructivo,
pero se agotará. Todo lo que es terrestre, inferior, debe
desaparecer, no hay que contar con ello como si fuese eterno. En
estos casos la duda es una cosa maravillosa. Hay que saber dudar y,
sobre todo, saber cuándo y de quién dudar. Si algunos se
decepcionan de sus amigos, de sus hijos, de sus empleados, de sus
jefes, la culpa es suya. Hubieran debido discernir, primero, la
naturaleza de lo que provocaba su fe, y entonces habrían sabido que
se producirían cambios en estos seres, y así no habrían sufrido
decepciones.

Dudar está permitido, pero de lo que es inferior, débil,


pervertido, indecente. Cuando se trata de la naturaleza superior, en
la que reinan el amor, la sabiduría, la libertad, no debemos dudar
Todas las desgracias, todas las dificultades vienen de que no
sabemos en qué poner nuestra fe. Sólo debemos creer en aquello que
no se debilitará nunca, que no se destruirá nunca: en el amor de
Dios, en Su sabiduría. El amor de Dios y Su sabiduría se derramarán
sobre nosotros hasta el fin del mundo y no se agotarán jamás.
También habrá siempre aire, agua, luz, calor, frutas. Nadie puede
impedir que los árboles den frutos, ni que el Sol caliente la Tierra.
Debemos, pues, tener fe en el Espíritu cósmico que nos alimenta y
nos ayuda. Tampoco tenemos derecho a dudar de los Iniciados que
5

sacrifican su vida para ayudar a sus hermanos, a sus prójimos, y que


trabajan para la Causa divina.

Podéis dudar de los filósofos que os han inducido a error, de


vuestra mujer que os ha engañado, sí, pero es porque habéis creído
en su naturaleza inferior. Sólo hay una cosa de la que no debéis
dudar: de la naturaleza superior que se encuentra en vosotros y en
los demás. Todos seréis castigados, flagelados, atormentados,
mientras dudéis de vuestra naturaleza superior, de aquello que el
Señor ha puesto de divino en vosotros desde la creación del mundo.
Cuando os observo, constato que tenéis una confianza absoluta en
vuestra naturaleza inferior: creéis que os protegerá, que os lo dará
todo, y dudáis, en cambio, de esta voz que habla muy bajito dentro
de vosotros para daros buenos consejos.

Algunas personas quieren curar a los enfermos sin


medicamentos, con fórmulas, con pases magnéticos, diciendo que es
la fe la que cura. Sí, pero ¿por qué no obtienen resultados? Es muy
fácil de comprender. Para lograr curar a alguien, hay que remover el
mundo causal. Si no llegamos a tocar el mundo causal, por muchas
cosas que hagamos, no habrá resultados. Claro que, si persisten
durante mucho tiempo, acabarán consiguiéndolo. Pero, si tenemos
fe, esta fe que toca el mundo causal, los resultados serán inmediatos:
porque las fuerzas manan directamente de arriba. La fe es, pues,
necesaria para tocar directamente el mundo causal, ella es la que
permite el contacto, y la curación sigue rápidamente.

Diréis que es difícil tener esta clase de fe. Había una mujer
vieja que había leído los Evangelios y sabía por ellos que con la fe
pueden moverse montañas. Como había una colina frente a su casa,
decidió moverla de sitio, porque esta colina le impedía ver el Sol por
la mañana. "Si quito esta colina, se dijo, podré ver el Sol desde mi
ventana." Por la noche, antes de acostarse, pronunció unas palabras
para pedir que la colina fuese desplazada. Al día siguiente, al
despertarse, fue rápidamente a la ventana: la colina seguía en el
mismo sitio. Entonces dijo: "Lo que yo pensaba, no me extraña que
siga estando ahí". No tenía fe.
6

Nosotros nos parecemos muy a menudo a esta mujer. Cuando


queremos hacer un gran esfuerzo, decimos grandes palabras, pero las
montañas siguen en su sitio. Cuando Jesús dijo que si tuviésemos fe
como un grano de mostaza podríamos trasladar montañas, no
hablaba de montañas físicas. Grandes seres calcularon muy bien el
emplazamiento que debían ocupar las montañas en la Tierra, y para
qué servirían. Cada montaña debe permanecer donde está. ¿Qué
pasaría si varias personas empezasen a desplazar las montañas? No
creo que a Jesús le hubiesen gustado este tipo de perturbaciones.

Las montañas de las que habla Jesús representan las grandes


dificultades de la vida. ¿Cómo desplazarlas en un instante? Esto no
es posible, y el Cielo no nos pide tanto. Nos pide que empecemos
transportando una pequeña piedra semejante a un grano de mostaza,
y así, piedra tras piedra, llegaremos a transportar nuestra montaña a
otra parte. En un año, en dos, en diez... la dificultad será desplazada.
Pensáis que esto se hace largo, y queréis hacerlo inmediatamente.
Bueno, entonces haced como las hormigas que llegan a transportar
verdaderas montañas de grano en unos minutos. Porque,
proporcionalmente, para ellas son montañas. Sí, pero una hormiga
no trabaja sola, son muchas las que trabajan juntas. Por eso, todos
los hombres que siguen actualmente la enseñanza del egoísmo, de la
separación, nunca transportarán las montañas; solos no podemos,
pero juntos, sí. Muchas cosas han sido hechas porque los hombres se
han reunido para trabajar juntos para construirlas, edificarlas,
organizarías. Para un gran número de seres unidos en el trabajo, las
montañas no son más que pequeños guijarros. Juntos, lo podemos
todo.

Si queréis ser capaces de transportar las montañas, uníos como


hacen las hormigas. Aunque, en realidad, las hormigas no sean el
mejor símbolo: se introducen en las casas, en las que hacen
destrozos, y acumulan y amontonan egoístamente. Tomad, más bien,
el símbolo de las abejas que, en cambio, no destruyen nada:
cosechan el polen, unos granos minúsculos, todavía más pequeños
que el grano de mostaza, y, después, lentamente, con una gran
paciencia, preparan montañas de miel. Las abejas representan a los
discípulos de la nueva enseñanza. Los de la antigua enseñanza están
7

siempre ávidos, hambrientos, temen sin cesar que les falte de todo.
Son grandes trabajadores, pero trabajan movidos por la necesidad de
poseer. Mientras que, cuando las abejas van hacia las flores, no es
para cargarse con un enorme fardo; de cada estambre recogen un
grano minúsculo, y nadie puede acusarlas por ello. Por otra parte,
nadie las expulsa, porque sólo toman de las flores lo que está
preparado para ellas, y además, modelan, construyen; mientras que
las hormigas destruyen. Ahí tenéis dos imágenes simbólicas: las
hormigas y las abejas, Saturno y Venus.

Si os encontráis ante montañas de dificultades, para hacerlas


desaparecer hay que seguir el ejemplo de las hormigas. Pero, para
construir montañas, hay que recurrir al ejemplo de las abejas. Vais a
comprender mi pensamiento. Sí alguien tiene un tumor, es una
montaña que hay que desplazar, y para eso hay que recurrir a las
hormigas, Son pequeños obreros, pacientes, voluntarios, obstinados.
Todas las células de la sangre, los glóbulos blancos y los glóbulos
rojos, son como hormigas y abejas: pueden destruir y construir. Así,
para destruir el tumor, hay que recurrir a aquéllos que son como las
hormigas y hay que ponerlos a trabajar; cada día quitarán un poco
del tumor. No reclaméis que todo desaparezca inmediatamente.
Jesús no dijo que eso podía hacerse instantáneamente. Sólo los
perezosos quieren resultados tan rápidos. Cada día debemos trabajar
con la fe para tocar el mundo causal.

Todos los hermanos y hermanas de la Fraternidad Blanca del


mundo entero deben unirse con fe y amor para hacer un gran trabajo
de luz y de paz, y obtendrán tantos más resultados cuanto más
poderosa sea la conexión que se cree entre ellos. El que permanece
solo nada puede obtener, nunca podrá transportar las montañas.
Jesús dijo: "Los hijos de este mundo son más inteligentes que los
hijos de la luz." Si, la gente ordinaria, los materialistas, son más
inteligentes: cuando quieren construir un puente, perforar túneles,
lanzar una empresa comercial, saben reunirse, organizarse. Son,
pues, más inteligentes que los espiritualistas, que pretenden siempre
trabajar solos, separados unos de otros, fuera de toda colectividad.
Mientras que los espiritualistas no quieran trabajar juntos, no
podrán instalar el Reino de Dios en la Tierra. Deben unirse con
8

amor, fe y confianza, con la Fraternidad Blanca Universal cuya


cabeza es Cristo.

El grano de mostaza nos enseña que no debemos tener miedo


de empezar nuestro trabajo con cosas minúsculas, sino trabajar
hasta convertirnos en un árbol en el que vengan a resguardarse los
pájaros del cielo, es decir un alma y un espíritu. El grano de
mostaza representa una idea, un pensamiento, que es minúsculo en
apariencia. Este pensamiento es tan pequeño incluso que, quizá, al
principio, todo el mundo pueda reírse de él. Pero plantadlo, y se
convertirá en un árbol cuyos frutos todos vendrán a comer. No es
más que un grano de mostaza, pero tened confianza en esta
simiente, porque tendrá la paciencia de crecer y de convertirse en
un árbol. Somos nosotros, los hombres, los que no tenemos la fe de
este grano de mostaza: empezamos y nos paramos inmediatamente.2
No encontramos trabajo, tenemos algunas dificultades en la familia,
¡y ya pensamos en suicidarnos!

Sabéis que el grano de mostaza sirve para preparar la mostaza


con la que se hacen cataplasmas. El grano de mostaza es, pues, tan
poderoso que absorbe el mal de dentro y lo hace salir fuera. Así
Jesús quería decir: "Si vuestra fe no es tan poderosa como el grano
de mostaza, hasta el punto de hacer salir el mal que hay dentro de
vosotros, es que no es fe." El Sol actúa de la misma manera. ¿Por
qué os ponéis morenos cuando os exponéis a sus rayos? Porque es
una cataplasma que hace salir las impurezas de dentro. Si no os
ponéis morenos al Sol, no mejoráis vuestra salud. De la misma
manera, el amor, la fe, la sabiduría, son cataplasmas. Si las ponéis
sobre la parte enferma y no producen ningún efecto, es que no
tienen en vosotros el poder del grano de mostaza.

Cuando queréis hacer desaparecer algo nocivo en vosotros,


recurrís a las hormigas (los glóbulos blancos), que saben cortar,
limpiar, disgregar todo lo malo de vuestro cuerpo. Recurrid a las
hormigas con la pureza y os desembarazarán de todas las montañas
acumuladas durante mucho tiempo: los tumores, las obstrucciones
de todas clases Para construir, recurrid a los glóbulos rojos, con el
amor, porque, cuando amáis algo, lo atraéis, lo modeláis. Cuando
9

el hombre debe desaparecer, llegan unos obreros semejantes a


hormigas para hacer su trabajo, y esta montaña empieza a
dislocarse. Al contrario, cuando un niño debe nacer, hay abejas que
van a recoger el polen por todas partes, en todas las flores. El niño
representa una montaña de miel. Su madre lo ama, lo respira, lo
abraza diciéndole: "Mi pequeña miel".

Con la paciencia, la constancia, nosotros también debemos


hacer desaparecer las montañas que nos impiden ver el Sol interior.
Estas montañas de mentiras, de decepciones, de problemas,
debemos trasladarlas, disgregarlas. Después, habrá
emplazamientos en los que prepararemos nuevas construcciones con
los materiales provenientes de estas montañas. Demoled, pues, las
montañas, porque, en estos momentos, hay compradores para las
piedras, y harán con ellas calzadas, edificios, porque en la
naturaleza nada se pierde. Hay que vender o dar todas las montañas
de nuestra alma, de nuestro corazón, de nuestra inteligencia, de
nuestro cuerpo físico, estas montañas acumuladas desde hace tanto
tiempo y que no sirven para nada.

Recurrid a la ayuda de las hormigas: la paciencia, la tenacidad,


y después llamaréis a las abejas para que se forme una fraternidad
magnífica en la que todos vivirán felices cantando y glorificando al
Señor.

Pero el aspecto más importante de la parábola del grano de mostaza


lo vais a ver ahora. Jesús dice que el grano de mostaza se hace un
árbol tan grande que los pájaros del cielo vienen a habitar en sus
ramas. Para explicaros esta imagen, me veo obligado a tocar la
cuestión de Árbol sefirótico del que habla la Cábala. Debéis saber
que todo lo que sucede en la naturaleza, en el dominio de las plantas,
de los animales o de los hombres, se realiza con la participación de
los diez Séfirots. Los diez Séfirots son las más altas entidades
conocidas, los diez dedos de Dios que corresponden a las diez
cualidades o virtudes. Se les llama: Kether, Hochmah, Binah,
Hessed, Guebourah, Tiphereth. Netzah. Hod. Iesod y Malkouth.
Cada uno de estos nombres tiene un significado: Kether significa
corona; Hochmah, sabiduría; Binah, inteligencia; Hessed.
10

misericordia; Guebourah, fuerza; Tiphereth, belleza; Netzah,


victoria; Hod, gloria; Iesod, fundamento; Malkouth, reino.

Vais a ver ahora que cuando Jesús dijo que el Reino de Dios se
asemeja a un grano de mostaza que se hace árbol, hacía alusión al
Árbol sefirótico. En efecto, los diez Séfirots representan el Árbol
cósmico. Si sabéis cómo estudiar un árbol, meditar sobre él,
comprenderéis grandes misterios, porque el árbol es un símbolo de
la vida. Todas las cuestiones se explican, todos los problemas se
resuelven cuando comprendemos el significado y las
correspondencias de cada uno de los detalles del árbol

Los diez Séfirots corresponden a un


momento determinado del crecimiento del
grano de mostaza.

Kether, es el grano, la semilla que


plantamos en tierra, el principio, la
cabeza de las cosas. Sin Kether no
podemos obtener nada.

Una vez plantada en tierra, la


semilla se divide en dos, se polariza, y es
Hochmah, la sabiduría, el binario, la
oposición de lo positivo y lo negativo, del
más y del menos, de lo alto y lo bajo.
Todas las fuerzas contenidas en la corona
empiezan a dividirse, a oponerse unas a
otras El binario separa, divide. Por eso,
todos aquéllos que no comprenden el 2, el
bien y el mal, no pueden comprender la
sabiduría. El que quiere ser sabio debe comprender el número 2.

Pero las fuerzas no están completamente separadas, siguen


conectadas por la Corona, que les dice: "Queridos hijos, sois chico
y chica, así que uníos y vais a hacer un gran trabajo que vendréis
después a mostrarme". Se unen, y es Binah, la inteligencia, la razón
que las armoniza, las reconcilia para el cumplimiento de un trabajo
11

común. Tal como lo ha ordenado la Corona, Binah armoniza las


corrientes contrarias, ascendentes y descendentes.

Kether, Hochmah y Binah están enterradas en la tierra. La


planta es el reflejo del mundo de arriba. La raíz de la planta es, en
realidad, la cabeza de la planta. En cuanto al hombre, es una planta
cuya raíz es la cabeza, porque está plantada en el mundo causal. Lo
mismo que los tres Sefirots, Kether, Hochmah y Binah están
enterrados en la tierra, nuestra cabeza está enterrada en el mundo
espiritual.

Para que la planta aparezca por encima del suelo hace falta la
intervención de la cuarta Séfira. Hessed, la misericordia. Hessed, es
el tallo, el tronco del árbol, lo que siempre trata de resistir. Es la
vida basada en la caridad, la bondad. Toda vida que no está basada
en la misericordia no posee tallo. Tiene una raíz, pero no tallo, no
crece. Hessed representa el tallo por donde las fuerzas cósmicas
circulan de abajo a arriba y de arriba abajo. La misericordia sirve
de canal para la circulación de las fuerzas del mundo terrestre
hacia el mundo espiritual, e inversamente.

La quinta Séfira, Guebourah, la fuerza, corresponde a las ramas.


Cuando el hombre posee la fuerza, el poder, empieza a extender sus
ramas por todos lados. Cuando una sociedad, un pueblo, se vuelven
poderosos, logran extenderse por todas partes. Cinco es el número
del trabajo del hombre, de su mano que empieza a preparar las
hojas.

La sexta Séfira, Tiphereth, la belleza, son las hojas que adornan al


árbol. Después de las hojas, aparecen los brotes: es la séptima
Séfira, Netzah, la victoria, Cuando el árbol ha llegado al estadio de
los brotes, se dice que es la hora de la victoria. Ha vencido todas las
dificultades, dará frutos.

Ahora se hace un gran trabajo en los brotes, que van dando


nacimiento a las flores, a la octava Séfira, Hod, la gloria, la
alabanza. El árbol se cubre de flores y ésta es, justamente, su
gloria; alaba al Eterno con su belleza y sus perfumes… El perfume
12

que las flores empiezan a exhalar, es la gloria, la alabanza que el


árbol envía al Eterno; entonces, el árbol empieza a hablar al Eterno,
está cubierto de insectos que zumban, compone salmos que canta
para el Señor.

Finalmente, en la flor se forma el fruto que, más tarde, se


volverá delicioso. El Sol lo hace madurar, le da colores, y los niños
vienen a jugar junto a él. Es el nacimiento del niño Cristo, la novena
Séfira. Iesod, la base, el punto de partida de otra vida, de un nuevo
árbol. El número 9 representa la terminación: el fruto está maduro y
cae.

El fruto contiene de nuevo una semilla, y es Malkouth. la


décima Séfira. Cada semilla o simiente representa Malkouth. el
Reino de Dios. ¿Cómo reconocer que se trata del Reino de Dios?
Plantad la semilla y todos los demás atributos pronto aparecerán. Así
pues, Malkouth y Kether se encuentran. El principio y el fin de las
cosas son idénticos. Por eso Jesús decía que el Reino de Dios (dicho
de otra manera Malkouth), puede compararse con un grano de
mostaza. ¿Dónde están los demás Séfirots? Jesús solamente habló de
Malkouth, la semilla. Los otros deben ser encontrados como acabo
de hacerlo.

Cada día debéis pedir al Señor que podáis plantar


pensamientos y sentimientos por todas partes en el mundo, en las
almas, para producir los 10 Séfirots.

Actualmente, los hombres son desgraciados, están


decepcionados, porque no han comprendido el misterio del grano de
mostaza. No hay que emprender bruscamente las grandes cosas,
querer desplazar de un solo golpe las montañas, porque eso acabará
siempre con una decepción. Si queréis saltar un precipicio grande y
ancho, caeréis dentro de él y, cuando os levantéis - si acaso os
levantáis - habréis recibido un golpe tal que renunciaréis en adelante
a intentar ni siquiera los más mínimos esfuerzos. En cambio, si
aprendéis a saltar un foso de un metro de largo, iréis más lejos,
porque, poco a poco, cogeréis confianza en vosotros mismos.
Cuando os lanzáis a empresas gigantescas, como no tenéis éxito,
13

vuestra fe disminuye. La fe crece en vosotros cuando lográis hacer


cada día pequeños esfuerzos, pequeños ejercicios; podéis verificar
esta ley. ¡Cuántos métodos os he dado en las conferencias!
Pronunciar una palabra, hacer un gesto... No los habéis utilizado,
porque os parecen demasiado insignificantes. Sin embargo, estos
métodos eran, justamente, granos de mostaza que podían llevaros
muy lejos. Las empresas grandiosas no os llevarán lejos, os
destruirán. Veo a muchas personas arruinadas por las prácticas de
ocultismo: ¡han querido transportar montañas de un solo golpe!

Debemos ser como el grano de mostaza, es decir, muy


pequeños en apariencia, pero contener dentro, concentrados, todos
los poderes del Espíritu.

Señor, amo tu Sabiduría, creo en tu Amor, espero en tu Poder y


me apoyo en él.

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OMRAAM
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Del Maestro OMRAAM
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Conferencia del Maestro
OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Sèvres, 7 de Febrero de 1942

Del Tomo 4:O.C.


El grano de Mostaza
Capítulo XI:

EL ÁRBOL SOBRE EL RÍO


La nueva Jerusalén – La reencarnación

"Y me mostró un río de agua de vida, como de cristal, que


manaba del trono de Dios y del cordero. En medio de la plaza de la
ciudad*, y en las dos orillas del río había un árbol de vida que
producía doce frutos, dando cada mes su fruto, y cuyas hojas
servían para la curación de las naciones. Allí no habrá jamás
maldición ninguna, sino que Dios y el cordero tendrán su trono en
ella, y sus siervos le servirán y verán su faz, y su nombre, estará en
sus frentes. Y allí no habrá jamás noche, y no necesitarán lámpara
ni luz, porque el Señor Dios los alumbrará. Y reinarán por los siglos
de los siglos.

* La Ciudad celeste la nueva Jerusalén.

Y me dijo: Estas palabras son ciertas y verdaderas: y el Señor,


el Dios de los espíritus de los profetas ha enviado a su ángel para
mostrar a sus servidores las cosas que deben suceder pronto.
¡Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este
libro!"

Apocalipsis 22: 1 - 7

Estos versículos que acabo de leeros contienen dos imágenes: la


del rio que mana del trono de Dios, y la del árbol que produce frutos
doce veces. Vamos a ocuparnos hoy de estas dos imágenes.

Todos habéis visto ríos, pero muy pocos de vosotros se han


2

parado a reflexionar sobre las correspondencias que existen entre un


río y nuestra existencia. Basta sólo con la imagen del río para
encontrar la solución de todos nuestros problemas; sí, pero para eso
hay que saber mirar todas las manifestaciones de la naturaleza de
forma que podamos relacionarlas, vivificarlas, y considerarlas como
un sistema organizado en el que cada detalle tiene su significado.

El río es un símbolo de la vida. La fuente del río se encuentra en


la montaña. La fuente está siempre en las alturas. Un rio conecta una
montaña con un mar, con un océano o un lago; dicho de otra manera,
lo que está más alto con lo que está más bajo. Es un intermediario
entre los mares y las montañas. Las montañas son el símbolo de la
inteligencia, de la razón, de lo que está más arriba, de lo más puro.
Los océanos son el símbolo de los sentimientos, del corazón, de las
profundidades del subconsciente. Los ríos conectan, pues, la razón con
el corazón. Pueden ser largos o cortos, anchos o estrechos, rectos o
sinuosos, límpidos o turbios, todo esto no son más que detalles
secundarios que aportan precisiones sobre la vida personal. Donde
fluye un rio se instala una cultura, porque tos ríos aportan la vida.
Donde no existe agua, tampoco existe vida. Si estudiáis la historia,
constataréis que en todos los sitios donde hubo grandes ríos
florecieron también grandes civilizaciones. En cambio, cuando
desaparecen los ríos, desaparecen también las civilizaciones.

En nuestro cuerpo también encontramos los ríos en las arterias y


las venas. Si éstas son demasiado frágiles, o están obstruidas, la sangre
circula mal y el hombre pierde la vida poco a poco. Volvemos a
encontrar los ríos en las líneas de la mano, con su trazado ancho o
estrecho, recto o sinuoso, continuo o interrumpido, y cada una de estas
particularidades corresponde a una particularidad en la vida del
hombre.

En un paisaje puede haber dos ríos que fluyan uno al lado del
otro, y que, después, se crucen, se separen y vuelvan a juntarse más
lejos... También puede haber obstáculos con los que el río se
encuentre. Cuando miráis las líneas de la mano, podéis extraer de
éstas muchas informaciones, si antes habéis observado los ríos,
porque, si no, no comprenderéis nada de estas líneas. Muchas
3

explicaciones que da la quiromancia o, digamos, la quirología, no


corresponden a lo que nos enseña la naturaleza. Para corregirlas, hay
que observar la naturaleza, porque todo lo que ocurre en la naturaleza
ocurre también en nosotros. Por eso los verdaderos alquimistas han
dicho siempre que hay que observar cómo trabaja la naturaleza.

Los ríos nos ayudarán también a comprender ciertas cuestiones


esenciales del destino. Me han preguntado a menudo: "¿Por qué una
raza, una nación, vive catástrofes colectivas? ¿Por qué un pueblo es
perseguido sin cesar y obligado a sufrir?" Cuando se observan las
cosas superficialmente, parece que no hay ninguna justicia. ¿Por qué
un pueblo es condenado a sufrir? ¿Por qué, durante un cierto periodo,
caen las desgracias en un cierto lugar y no en otra parte? Esta cuestión
es un poco delicada, pero os diré lo que enseña la Ciencia iniciática a
este respecto. Tomemos el ejemplo de Bulgaria: durante 5 siglos
sufrió bajo la dominación de los turcos y, después de la guerra de
1914, fue desmembrada, en parte, en provecho de otras naciones. ¿Por
qué este país debía padecer sufrimientos que los otros países no
conocieron? Los búlgaros son un pueblo trabajador, religioso, bueno,
que no hacía daño a nadie. ¿Por qué la Justicia cósmica ha sido tan
severa con él? Esto es todavía más cierto para el pueblo judío, que ha
sido perseguido sin cesar en el mundo entero desde hace siglos y
siglos.

¿Qué respuesta, pues, nos da el río con respecto a todos estos


pueblos que sufren? Nos dice: "Observadme, me llamo Támesis, Sena,
Danubio, Nilo, Amazonas... Conservo siempre el mismo nombre, pero
nunca soy el mismo, porque el agua que fluye nunca es la misma. Ni
las orillas tampoco, porque cambian sin cesar" Para no vejar a ningún
país, continuaré tomando a Bulgaria como ejemplo. Su nombre ha
seguido siendo el mismo a través de los siglos, pero el agua que fluye
en Bulgaria (es decir, los hombres que se han encarnado en este país)
no son los mismos. Cambian continuamente. El nombre del país es el
mismo, pero los habitantes han cambiado. Los que vivían en Bulgaria
antes de la dominación de los turcos eran buenos, magníficos, y por
eso no sufrieron. Los que sufrieron 5 siglos bajo la dominación de los
turcos representan un agua que venía de otra parte ¿De dónde? De
muy lejos: de Francia, de Inglaterra, de Alemania, etc., e incluso de
4

otros continentes. Cuando volvieron a la Tierra, todos los hombres de


estos países que fueron duros, injustos, malvados, tuvieron que ir a
encarnarse en Bulgaria para sufrir, porque este país, durante un cierto
tiempo, había sido transformado en correccional. Los hombres
malvados de todos los países vinieron entonces a Bulgaria. Y, puesto
que Francia era un país de belleza, de felicidad, de abundancia, los
buenos búlgaros vinieron a encarnarse aquí, para gozar un poco de
esta felicidad.

Esta explicación es absolutamente verídica, aunque, en realidad,


no todos los que sufren lo hacen obligatoriamente en castigo de una
falta. Hay casos muy diferentes. Algunos se encarnan voluntariamente
en pueblos desgraciados para ayudarles, para hacer sacrificios;
comparten los sufrimientos de este pueblo, no porque sean culpables,
sino porque han venido a ayudar a sus hermanos a salir de sus
condiciones dolorosas. Por eso, en las familias también, a veces, nacen
niños que no se parecen para nada a sus padres o a sus hermanos y
hermanas, que son apagados y toscos. Hay, a menudo, espíritus que
descienden voluntariamente en las familias, en las naciones, para
ayudarles a elevarse. Como estos espíritus tienen necesidad de
evolucionar más, y saben que no pueden hacerlo sin pasar por grandes
sufrimientos, escogen encarnarse en unas condiciones difíciles.

¿Cómo distinguir entre aquéllos que se sacrifican y aquéllos que


sufren como castigo de sus faltas? Existe un medio de distinguirlo.
Todos aquéllos que se rebelan contra su suerte, que nunca quieren
comprender o aceptar su situación, hicieron, en el pasado, tonterías
que ahora deben corregir y pagar, a pesar suyo. Pero el que no se
rebela, el que está dispuesto a seguir soportándolo todo con más
ánimo y paciencia todavía, éste ha descendido para ayudar a los
demás. Jesús sufrió, aunque no tuviese ninguna deuda que pagar
Decía: "Viene el príncipe de este mundo, pero no tiene nada en mi que
le pertenezca" Ahora, el príncipe de este mundo se presenta en todas
partes y, si encuentra en los hombres cosas que le pertenecen, es decir,
que son de la misma naturaleza que la suya, se pagará a sí mismo. No
debemos tener en nosotros pensamientos, codicias, cálculos y deseos
de los que él sea propietario, porque, si no, vendrá para recuperarlos,
para absorberlos, puesto que es su dueño. Nuestro trabajo, pues, es
5

liberarnos de todo aquello que le pertenece, para que, cuando venga,


no encuentre nada que tomar en nosotros.

El rio desciende de una alta montaña, límpido, claro, puro. Al


descender, se ensucia, porque los hombres se lavan en él, echan en él
sus basuras, dan de beber en él a su ganado... Pero el rio dice:
"Desciendo con mucha alegría a los valles para apagar la sed de los
hombres, para regar sus campos y sus jardines. No tengo miedo de que
me ensucien, porque el Sol me purificará: me calentará y subiré de
nuevo a la montaña." El río se purifica continuamente. Y, lo mismo
que el río, aquél que ha venido hacia los hombres para ayudarles no se
queja nunca de los sufrimientos que debe soportar; a pesar de los
acontecimientos, no abandona sus ideas luminosas. Por eso, si le
ensucian, o incluso si le cortan en pedazos, siempre será de nuevo
lavado, reconstituido, purificado.

Todos los habitantes de las naciones expuestas a sufrir, sufren


por sus pecados antiguos o por sacrificio. Los franceses actuales no
son los mismos que los de Francia de antaño. En Francia se han
encarnado ingleses, alemanes, rusos, y hasta asiáticos y africanos. Los
franceses de antaño están en otra parte. ¿Por qué hay estas
sustituciones? Son viajes necesarios. Cada espíritu viaja para
perfeccionarse e instruirse; cada uno se encarna sucesivamente en
varios países. Por eso, las ideas de separación entre los pueblos no
descansan sobre ninguna base sólida. Decís: "Seguimos teniendo tal
río". Es el nombre lo que se conserva, porque, ¿cómo hacéis para
conservar la misma agua? El agua fluye, se ríe de vuestras opiniones.
¿Cómo vais a poder conservar el espíritu, embotellarlo? Él se ríe de
vuestras teorías.

Considerad también el caso de que quieran matar a alguien para


desembarazarse de él. En ese momento, este ser sale de su cuerpo
físico y vuelve por otro lado. El espíritu del hombre viaja por todas
partes, y no puede ser aniquilado. Son los hombres los que crean
artificialmente separaciones entre los pueblos. Son puntos de vista
pasajeros de los que, un día, no quedará nada. Nadie tiene razón, ni los
búlgaros, ni los franceses, ni los ingleses, ni los rusos, ni los alemanes,
ni ningún pueblo. Únicamente tiene razón el que trabaja para la paz en
6

el mundo, para el Reino de Dios en la Tierra. Todos los pueblos se


equivocan cuando trabajan solamente para sí mismos; éstas son unas
metas limitadas, minúsculas. Es necesario que todos los pueblos
empiecen a trabajar para que el mundo entero forme una gran familia.
Aunque los demás les combatan, la Tierra, las aguas, el Sol, les dan la
razón.

Permaneceremos en la Tierra hasta que la filosofía de la


separación, de la división, de la destrucción, desaparezca.

Esto es lo que quería deciros a propósito de la imagen del rio.

La Ciudad celeste, la nueva Jerusalén.

Ahora, os diré unas palabras concernientes a la imagen del árbol.


Evidentemente, habéis debido encontrar que los detalles que da San
Juan sobre este árbol son un poco extravagantes: "En medio de la
plaza de la ciudad,* y en las dos orillas del río, había un árbol de
vida que producía doce frutos, dando cada mes su fruto, y cuyas hojas
servían para la curación de las naciones". ¿Cómo es posible que el
árbol se encuentre en las dos orillas del río? Si comprendemos las
cosas literalmente, eso no tiene ningún sentido. Este árbol también es
un símbolo; existe en nosotros, y el río
también fluye en nosotros.

En realidad, nosotros somos la


ciudad, en el centro de esta ciudad - el
plexo solar - fluye un río con un árbol
de vida en sus orillas que da 12 frutos
cada año. Os acordáis que ya os hablé
de la cadena de ganglios del sistema
simpático: 4 pares de ganglios sacros,
4 pares de ganglios lumbares, 12 pares
de ganglios dorsales, 3 pares de
ganglios cervicales y 3 pares de
ganglios craneanos. El hombre, pues,
es la ciudad, con un centro, el plexo
solar, que representa, al mismo
7

tiempo, el árbol en las dos orillas del rio y el río mismo, esta fuerza,
esta vitalidad que circula en el plexo solar en el que desembocan los
12 pares de nervios y de ganglios dorsales: 12 ramas que producen 12
frutos.3

Veamos ahora las propiedades de estos frutos.

El primer fruto vuelve al hombre activo, dinámico y decidido. El


segundo le da una gran sensibilidad, mucha gentileza y bondad. El
tercero le impulsa hacia el conocimiento y le incita a ir por todas
partes, a tocarlo todo, a viajar. El cuarto le da una gran mediumnidad
para captar las ondas y las presencias más sutiles. El quinto inspira
una gran nobleza y el valor para ayudar y salvar a los demás. El sexto
purifica y limpia. El séptimo da la posibilidad de unirse a la Causa
divina y restablecer en uno mismo el equilibrio cósmico. El octavo
hace comprender el sentido de la vida y de la muerte. El noveno
permite desdoblarse, abandonar el cuerpo físico y viajar por el
espacio. El décimo inspira el poder, la autoridad para dominar a los
demás y dominarse a sí mismo. El undécimo da mucho encanto y la
posibilidad de atraer amigos a nuestro alrededor. El duodécimo nos
impulsa a hacer renuncias y a soportar el
sufrimiento e incluso a ver su buen lado y
alegrarnos por él.

Éstas son las cualidades de los frutos de


este Árbol de Vida, que no es otra cosa que el
Árbol sefirótico del que habla la Cábala, con
los Séfirots Kether. Hochmah. Binah. Hesed,
Gebourah. Tiphereth. Netzah. Hod, Iesod,
Malkouth. Kether, es la semilla que contiene
todas las posibilidades del árbol; la semilla
que se divide (Hochmah) para dejar salir el
pequeño tallo, Binah; el tronco, Hesed; las
ramas, Guebourah; los brotes, Tiphereth; las
hojas, Netzah; las flores, Hod; el fruto, Iesod;
y Malkouth. la simiente que plantamos en
tierra y que dará un nuevo árbol.
Comprenderéis ahora por qué Cristo comparó
8

el Reino de Dios, Malkouth. con un grano de mostaza, que es


minúsculo, pero que se convierte en un árbol en el que vienen a
resguardarse los pájaros.

San Juan dice que las hojas del árbol servían para la curación de
las naciones. Así que, ¿veis?, no sólo los frutos del árbol hacían
milagros, sino también las hojas; y las raíces, aunque San Juan no
haya hablado de ellas.

Estas dos imágenes del árbol y del río representan la sabiduría y


el amor. El árbol es la sabiduría y el rio es el amor. Cuando veáis fluir
un rio, debéis saber que este río representa el amor, la vida que fluye.
Cuando veáis un árbol, debéis saber también que representa la
sabiduría. Ambos se encuentran en la ciudad, en la Nueva Jerusalén
(el hombre nuevo, inspirado por la Nueva Enseñanza) que desciende
del Cielo. No creáis que lo que un día descienda del Cielo vaya a ser
una verdadera ciudad, con sus doce puertas y sus cimientos adornados
de piedras preciosas. ¿Qué cable podría hacer bajar una ciudad así?

La Nueva Jerusalén es el hombre que recibe la Nueva


Enseñanza. En esta Nueva Jerusalén fluye un rio, el amor de Dios, y
hay un árbol que se encuentra en las dos orillas del río, porque el
saber, la sabiduría, posee dos bases. Por eso el amor pasa bajo este
árbol. La sabiduría lo abarca todo y está en el exterior, es el
continente, mientras que el amor es el contenido que fluye. Por eso, en
este símbolo, la sabiduría está fuera del río. El amor y la sabiduría
están ahí, y la ciudad representa el hombre, pero también la Enseñanza
que posee el árbol y el río, la sabiduría y el amor. En esta Enseñanza,
en esta fraternidad que debe representar el Reino de Dios, la Nueva
Jerusalén, hay un río, el amor, y un árbol, la sabiduría. Cuando el
amor y la sabiduría reinen en esta fraternidad que debe representar un
día el mundo, será el Reino de Dios. Ya no habrá noche, ya no habrá
necesidad de luz exterior, porque la luz se encontrará dentro de cada
uno.
Existen un gran número de fraternidades, de comunidades, de
monasterios, pero no han logrado realizar el Reino de Dios. ¿Por qué?
Porque el amor y la sabiduría eran solamente para algunas personas.
Mientras que, ahora, es preciso que el amor y la sabiduría sean para el
9

mundo entero: una fraternidad universal. Hay que vivir para esta idea,
hay que llegar a ser modelos, ejemplos vivos, ¡y no sólo pensar en
salvar cada cual su alma! Cristo dijo: "Vengo pronto." Sí, viene, pero
¿cuándo vendrá? Hace ya 2000 años que dijo eso. ¿Acaso nos engañó?
No, todo lo que dijo se cumplió. Ya vino, pero en el corazón y el alma
de algunos Ahora debe venir para toda la humanidad, cuando ésta
acepte la Enseñanza del Amor, de la Sabiduría y de la Verdad.

Para terminar, os diré que esta guerra acabará, claro, que las
condiciones mejorarán, pero que, si no se ha sacado de esta guerra una
conclusión de sabiduría, estallarán otras, aún más terribles y
devastadoras. Sólo la propagación de esta filosofía, de esta Enseñanza,
puede salvar a la humanidad: que todas las naciones formen una gran
Fraternidad Universal, que se tiendan la mano para vivir en la paz y en
la abundancia. Ahí es donde se encuentran la felicidad, el
florecimiento y el verdadero progreso de la humanidad.

Que la luz del Señor este con vosotros.

Centre
OMRAAM
Institut Solve et Coagula
Reus
www.omraam.es
Primer Centro
De difusión de la obra
Del Maestro OMRAAM
En lengua Española

Esta conferencia fue dada en Francia durante el transcurso de la segunda guerra mundial. Lo que dice el
Maestro sobre los aspectos kármicas de algunas naciones, explicarían los casos de bienestar que reinan en ciertos
países, tales como Suiza, Mónaco, Costa Rica, Puerto Rico, Australia, Nueva Zelanda, Suecia, Noruega,
Dinamarca. Y no quiero citar los que viven en las dificultades… Pero observemos también el significado de sus
nombres.. No es lo mismo llamarse Costa-Rica que Guate-Mala. A.C.
Conferencia del Maestro
OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Sèvres, 1 de Mayo de 1943

Del Tomo 4: O.C.


El grano de Mostaza
Capítulo XII:

“CRECED Y MULTIPLICAOS…”
El sacrificio

Lectura de un pensamiento del Maestro Peter Deunov:

"Cuando el niño nace, es débil, está privado de fuerzas.


Pero, poco a poco, se desarrolla, se transforma. La madre mira a
su hijo y dice: "¡Cuánto ha crecido! ¡Cuánto ha cambiado!"
Para no caer en contradicciones, la madre debe saber que su
hijo no es realmente suyo. Dios probó el amor de Abraham a
través de su hijo. Le pidió que tomase a su hijo único y que se lo
ofreciese en holocausto. Abraham no dudó, soportó la prueba
que le estaba destinada: tomó el cuchillo y se acercó a su hijo
bienamado; pero la mano de un ángel retuvo el cuchillo y, en
lugar de su hijo, le designó hacer otra ofrenda a Dios.

Vosotros también debéis estar dispuestos a sacrificar a Dios


los pensamientos y los sentimientos divinos que hay en vosotros,
porque le pertenecen. Si estáis dispuestos a un sacrificio
semejante, estos pensamientos y estos sentimientos
permanecerán siempre en vosotros. Sólo gracias al amor de Dios
adquirís el verdadero saber. "El amor precede al saber."

********

Este pensamiento del Maestro puede desconcertar a muchas


madres, porque las madres piensan siempre que su hijo les
pertenece. Por otra parte, la mayoría de los padres se creen que son
los creadores de sus hijos y piensan que tienen derecho a hacer con
ellos lo que quieran, incluso, en ciertos casos, que tienen derecho a
2

matarles. Los padres deben saber que el hijo ha sido enviado a su


casa como a un lugar ajeno para acabar sus estudios. La familia a
la que llega es para él como una pensión en donde será alojado,
alimentado, educado e instruido. El niño es un alma venida de lejos
y sus padres no son otra cosa que sus preceptores. Estos
preceptores se han comprometido a alimentar al niño hasta que su
Padre lo reclame. Deben ser buenos con esta alma. Si todos los
padres aceptasen estas verdades, el mundo se transformaría
completamente.

Preguntáis qué cambios se pueden derivar de una mejor


comprensión de las relaciones entre padres e hijos... Vais a ver.
¿Cómo se conduce ordinariamente un padre? Está muy orgulloso de
su autoridad de padre y trata siempre de influenciar al hijo para
que tenga los mismos gustos que él, las mismas opiniones políticas y
religiosas y, después, le incita a ganar todo el dinero que pueda, a
triunfar en la vida. En vez de enseñarle el amor, la bondad, la
generosidad, y de educarle como se educaría a un hijo de rey que le
ha sido confiado, trata solamente de imponerse y de realizar sus
ambiciones a través de él, sin ninguna precaución ni atención; y el
hijo se vuelve semejante a su preceptor. Eso se repite de generación
en generación, y así se crea una humanidad completamente
mediocre, simplemente porque los padres se imaginan tener derecho
a hacer lo que quieran con sus hijos. Si pensasen que estos hijos que
educan vienen de Dios y que deben tratarles bien para que, más
tarde, puedan decir a su Padre con qué amor se han comportado
con ellos sus preceptores, todo cambiaría. Entonces, ¡qué
recompensa del Señor recibirían más tarde los padres! Cuando a un
niño se le aloja en una familia, un día u otro sus padres vienen a
reclamarlo; preguntan lo que deben a aquéllos que se ocupaban de
sus hijos y, si el niño ha estado bien cuidado, son muy generosos.

Esta cuestión de los hijos es muy interesante y mucho más


profunda de lo que pensáis. Los padres que son verdaderamente
sensibles verán, al mirar a sus hijos a los ojos, que son almas
extrañas a ellos. No podemos crear el alma humana, sólo creamos
su casa física. El padre y la madre sólo son unos empresarios a
quienes se les ha confiado la construcción de la casa del alma: esta
3

casa es, a veces, un palacio, pero la mayoría de las veces es una


barraca o una choza. Los padres sólo son responsables de la
construcción de la casa, no tienen ningún poder sobre el alma que
viene, de no se sabe dónde, y que se irá, sin que tampoco sepan a
dónde...

Es posible que, a veces, venga un ángel a encarnarse en esta


casa construida por los padres, y que éstos le traten mal. Otras
veces, es un animal el que toma posesión del habitáculo: un oso, un
tigre o un lobo, y los padres, que no lo saben, están henchidos de
orgullo, y alimentan a este animal, le halagan y muestran a todos el
fruto de su trabajo.

La mayoría de las madres no pueden aceptar la muerte de un


hijo pequeñito. ¡Pero el niño no estaba obligado a quedarse! Y, por
otra parte, el hecho de que haya venido y se haya ido, sin pedir la
opinión de sus padres, prueba bien que éstos no son otra cosa más
que preceptores. Si los padres han cuidado al hijo de forma
desinteresada y pura, con el objetivo de dejar en él unos recuerdos
magníficos, el alma que se ha ido les estará eternamente agradecida
y volverá para traerles espléndidos regalos. A veces sucede, en
ciertas familias, que los padres ponen gobernantas a sus hijos, y que
estas gobernantas se apegan después más a los hijos que los propios
padres. He recibido las confidencias de algunas de ellas que me
dijeron que no querían seguir haciendo este trabajo, porque cada
vez que tenían que separarse de los niños vivían un desgarro. Era
exactamente como si les quitasen a sus propios hijos. Sin embargo,
un día u otro, siempre hay que separarse del hijo. Lo mismo sucede
en la vida: los padres siempre deben acabar separándose de sus
hijos. Los padres sólo son unos asociados que se encargan de
albergar a un alma.

Vayamos más lejos. La familia es una noción muy vasta: el


padre, la madre, el hijo, la hija, los nietos, el abuelo, la abuela,
todos existen dentro de nosotros. Los mismos fenómenos se
producen en la familia y en nosotros. ¿Qué representa una familia
numerosa? Dios dijo a los primeros hombres: "Creced, multiplicaos
y poblad la Tierra." Pero se ha comprendido muy mal el significado
4

de estas palabras. Dios no quería decir que creciéramos y nos


multiplicáramos únicamente en el plano físico, sobre la Tierra. Por
otra parte, si comparamos a! hombre con ciertos animales que se
multiplican con tanta rapidez, nos vemos obligados a reconocer que
el hombre se queda muy atrás en cuanto a la obediencia de esta
regla. En esta clasificación, uno de los primeros lugares es para los
peces, pero, sobre todo, para los microbios, que crecen y se
multiplican a una velocidad extraordinaria. "Creced y
multiplicaos", esta regla la debemos comprender primero en el
plano espiritual y, sólo después, en el plano físico.

¿Qué significa crecer y multiplicarse? ¿Dónde se encuentran


los padres, los abuelos, los hijos en nosotros? El abuelo es el
espíritu, la abuela es el alma, el padre representa el intelecto, la
madre el corazón, y los hijos, chicos y chicas, son los pensamientos
(los chicos) que produce el intelecto, y los sentimientos (las chicas)
que salen del corazón. Los chicos y las chicas pueden producir a su
vez: traen al mundo hijos varones o hembras que son los actos
nacidos de la unión del intelecto y del corazón. Los actos, pues, son
los nietos. Hay actos masculinos y otros femeninos; unos pertenecen
más al pensamiento, y otros al sentimiento. Y no puede haber nietos,
actos, si no ha habido, primero, pensamientos y sentimiento.
Igualmente, no puede haber pensamientos y sentimientos si no ha
habido intelecto y corazón, que provienen de un alma y un espíritu.
Esta alma y este espíritu han salido, a su vez, de un Alma y de un
Espíritu cósmicos. Y así hasta Dios. ¿Veis qué familia
representamos?

En un ser viven, a veces, el abuelo y la abuela, pero éstos no


tienen nietos, es decir, están el alma y el espíritu, el intelecto y el
corazón, pero todavía no han empezado a crecer y a multiplicarse,
es decir, a producir pensamientos y sentimientos que, a su vez,
produzcan actos. Estos seres son flojos, pasivos, no tienen ninguna
actividad: no tienen hijos. Esperáis que su inteligencia produzca
bellos pensamientos, pero es estéril, y su corazón, que está helado,
no produce ningún sentimiento. En esta familia hay que rezar a
Dios, pues, para que les conceda hijos.
5

A veces, el intelecto es el único que produce; el hombre sólo


tiene pensamientos y no sentimientos, es un puro intelectual. Su
familia sólo se compone de chicos. Otras veces sólo hay chicas, es
decir, sentimientos, y faltan totalmente los pensamientos. Hay que
tener a la vez chicos y chicas, porque, si no, se rompe el equilibrio.
Conozco casos de familias en las que no hay más que chicos, es
decir, elementos positivos, masculinos. En estas familias sólo se
oyen discusiones, todos se pelean. Introducid una chica, un
sentimiento, y todo se calma, porque la influencia femenina suaviza
todas las cosas, ¡aunque algunos digan lo contrario! A los seres de
estas familias les digo, pues: "En vuestra familia no hay suficiente
influencia femenina, por eso sois duros, violentos, tajantes". Pero
existen también personas en cuyas familias no hay más que chicas;
por eso son tan sentimentales y débiles. Poseen la bondad, la
dulzura, pero demasiada sensibilidad, demasiada imaginación y
ensueño. Hay que introducir un chico para que todas estas chicas se
ocupen de él y se vuelvan activas, decididas y audaces gracias a este
contacto.

En una familia es preferible que el primer hijo sea una chica,


porque, si es necesario, puede ocuparse de sus hermanos y
hermanas pequeños. Mientras que si la chica viene en segundo
lugar, el chico no sabe ocuparse de ella, la coge en brazos, a veces,
pero la deja caer o la sostiene de forma tal que la hace llorar. A
menudo, la madre está ocupada en otra parte, y el chico se
aprovecha para tirar de los pelos a su hermanita, para arañarla,
golpearla, y la chica es muy infeliz. Mirad también lo que sucede en
nosotros. Antes de que llegue el chico, es decir, un pensamiento
inteligente y sabio, debe manifestarse el sentimiento. Como dice el
Maestro: "El amor precede al saber." Cuando el amor está en el
corazón, todos los pensamientos que llegan a la cabeza están
protegidos del frío, de la sequedad, de los peligros, y están bien
alimentados. Es el amor el que alimenta. Si falta el amor, ¿cómo se
las arreglan los pensamientos (los chicos)?

Hay que ocuparse, pues, de que nazca una hija primogénita, el


amor. Es la hija más bonita, la más pura, la más bella que la madre
pueda traer al mundo. Se parece a su abuela, el Alma cósmica,
6

mucho más que a su madre, el corazón. El amor tiene un origen muy


lejano, tiene detrás de él una larga ascendencia. La sabiduría (el
saber) es el más hermoso de los hijos, el más fuerte, el más
resistente, al que su abuelo, el Espíritu cósmico, puede dar
nacimiento a través del padre, el intelecto.

El intelecto y el corazón no son más que gobernantes


encargados de ocuparse de los hijos para los que han construido
una casa. Estos hijos son la quintaesencia de los mejores
pensamientos y de los mejores sentimientos, o al contrario. El amor
sólo viene a habitar en la casa construida por los padres durante un
tiempo muy corto: pasa por el corazón, pero no se queda, porque
viene de muy lejos. Su padre y su madre verdaderos son el Espíritu y
el Alma cósmicos. El amor y la sabiduría no se quedan siempre con
el intelecto y el corazón, porque el intelecto y el corazón sólo son
las envolturas, los vehículos que pueden albergarlos y
transportarlos durante un tiempo. Las almas superiores vienen de
Dios, mientras que las entidades inferiores vienen del hombre, por
eso la ley permite poderlas matar. El hombre puede matar la ira, el
odio, el miedo, los celos, puesto que los ha creado. En cambio, no
debe destruir la dulzura, el amor, la sabiduría, la bondad, la
ternura, porque vienen de otra parte, no son sus propios hijos, él es
sólo su gobernante.

Cuando los hijos causan estropicios o roban fruta a los


vecinos, éstos llaman a los padres para pedirles que reparen los
daños causados. Los vecinos no osan pegar a los niños, saben que
no tienen derecho a hacerlo; por eso se dirigen a los padres
reclamándoles indemnizaciones. Suponed que los padres se nieguen
a pagar: los llevan a los tribunales. Todo sucede de la misma
manera en nosotros. Si nuestros pensamientos y nuestros
sentimientos son malvados, son como hijos terribles que hacen
estropicios por todas partes y causan toda clase de problemas. La
mayoría de los hombres ignoran que sus pensamientos y sus
sentimientos se pasean por todas partes fuera de ellos produciendo
accidentes y estragos. Pero los demás, que ya están hartos de ser
importunados, buscan a los padres de estos hijos y les exigen que
reparen los daños. Los padres deben corregir, entonces, lo que sus
7

pensamientos y sus sentimientos han producido en el otro mundo o


en el plano físico.

Decís que no sois responsables. Sí, lo sois; puesto que sois los
padres o las madres de este hijo, sois responsables de sus actos, no
debéis dejarles en libertad, sin vigilancia. Seguro que, si no vigiláis
a los hijos, éstos irán a tirar piedras contra los cristales de las casas
vecinas o contra las farolas de la calle; se divertirán taponando una
canalización de agua o incendiando los cubos de basura. ¡Nos
asombramos, a veces, viendo las tonterías que la imaginación de los
niños puede inventar! Por eso, cada uno es responsable de los actos
de sus hijos, pensamientos y sentimientos.

A menudo, cuando vienen personas a verme para hablarme de


sus dificultades interiores, yo les respondo: "Usted deja demasiada
libertad a sus hijos; por eso hacen tonterías y usted debe pagar por
los daños causados. Pero, si no estoy casado, no tengo hijos. - Si,
tiene muchos hijos dentro de usted". A veces, viene una mujer a
pedirme la explicación de sus sufrimientos y yo le aconsejo que
arregle sus relaciones con su marido. "Pero, si no estoy casada... -
Sí, usted tiene un marido. Cuando la Samaritana le pide a Jesús que
le dé de esta agua de la que acaba de decir: "el agua que yo le daré
se volverá una fuente de agua que brotará hasta la vida eterna".
Jesús le pide: "Ve, llama a tu marido y vuelve". La mujer respondió:
No tengo marido. Jesús replicó: "Tienes razón al decir: no tengo
marido, porque has tenido cinco, y el que tienes ahora no es tu
marido En eso dices la verdad." Yo también le digo: "Tráigame a su
marido; debo verle y constatar si está en armonía con él". Los que
no se encuentran en armonía con su marido, o con su mujer, dentro
de sí mismos, no pueden recibir esta agua que reclaman. Para
recibir esta agua, la pareja debe estar unida.

Un corazón sin inteligencia representa a una mujer soltera,


cubierta de moho. Un intelecto sin amor representa a un solterón
reseco: no se lava ni cuida nada de sí mismo. Debe, pues, casarse:
su mujer le limpiará y estará más presentable. Mientras que, de
momento, ni siquiera hay un plato entero en su casa, ni un traje sin
agujeros ni desgarrones, y por todas partes no se ve más que polvo
8

y desorden... Por eso no es feliz.

Todos los fenómenos de la existencia son para mí un libro que


me revela los acontecimientos de la vida interior. Los sufrimientos
del hombre provienen de pensamientos y de sentimientos que no han
sido educados. Así pues, para ser felices y vivir una vida espléndida,
hay que ser semejantes a una familia en la que los hijos, que son
inteligentes, bellos, amables, sólo dan alegrías, riqueza y gloria a
sus padres. En las Escuelas iniciáticas se enseña a los discípulos a
traer al mundo solamente pensamientos luminosos y sentimientos
cálidos, para que estos hijos bellos, sabios y virtuosos creen cosas
buenas y bellas en la cabeza y en el corazón de los demás. La gloria
y la riqueza empiezan ahí.

De los cuatro principios (espíritu, alma, intelecto y corazón)


con los que está constituido el hombre, ya os dije que el corazón
representa al niño que suma; el intelecto, al adolescente que resta;
el alma, al adulto que multiplica; y el espíritu, al anciano que
reparte la herencia.

Así pues, "Creced y multiplicaos", significa: traed al mundo


hijos con corazones llenos de amor y con inteligencias luminosas;
así dominaréis la Tierra y la cubriréis con vuestra generación.
Cuando vuestro hijo haya crecido y haga una carrera de artes, de
ciencias, de política, o de cualquier otra cosa, su influencia se
extenderá por todas partes y, de esta manera, vosotros también
estaréis en todas partes. No os doy como ideal, claro, a las familias
que han poblado la Tierra físicamente y que se encuentran a la
cabeza de los bancos, de las fábricas, etc., sino a las familias que
han dado nacimiento a un gran número de artistas, de filósofos, de
investigadores, de hombres de Estado notables. De esta manera
podemos invadir el mundo, creciendo y multiplicándonos.

Si vivimos en el amor y la sabiduría, invadiremos el mundo


entero; nuestras ramificaciones se extenderán por todas partes y
podremos mejorar a los seres y hacerles el bien. Es en este sentido
en el que Dios nos dijo: "Creced y multiplicaos". El bien tiene que
crecer y multiplicarse para equilibrar y neutralizar las fuerzas
9

negativas, porque, si no, lo malo nos invadirá como una mala


hierba que extiende por todas partes su semilla.

Debéis saber si estáis solteros, casados, separados o


divorciados... ¿Atormentáis a vuestros maridos? Es porque no
habéis sabido regular vuestras relaciones con vuestro marido
interior... Todo lo que sucede interiormente se refleja exteriormente.
Si no os entendéis bien con vuestro marido, o con vuestra madre, o
con vuestros hijos, debéis empezar por armonizaros con vuestro
marido, o con vuestra madre, o con vuestros hijos interiores. Esta
discordia entre los miembros de vuestra familia prueba que en
vosotros hay algo que no está a punto. Si no os entendéis con
vuestro marido, es que algo no va bien en vuestro intelecto. Si estáis
peleados con vuestra mujer, es que algo no va bien en vuestro
corazón. No os engañéis: habéis escogido exteriormente la mujer, o
el marido, que se asemeja exactamente a vuestro corazón o a
vuestro intelecto. Cambiad, pues, vuestro corazón, y vuestra mujer
exterior cambiará. Cambiad vuestro intelecto, y vuestro marido
exterior se transformará. Los seres tratan siempre de dominar y de
aprovecharse unos de otros exteriormente, y se olvidan de echar un
vistazo a su vida interior para descubrir en ella la causa de todo
aquello de lo que se quejan. Todos los malentendidos, todos los
encontronazos y las desarmonías en la sociedad, en la familia,
provienen de ahí; en cada uno falta algo, falta la armonía, y nadie
trata de obtenerla. Cada uno tira de la manta hacia sí y mira los
defectos de los demás. Por eso, todos aquéllos que sufren deben
decirse: "Ciertamente, tengo hijos que producen estos malos
efectos". Deben vigilar a sus propios hijos.

Si profundizo esta cuestión haremos numerosos


descubrimientos sobre la influencia del pensamiento y de los
sentimientos que cada día proyectamos a nuestro alrededor los
caminos que recorren, los viajes que llevan a cabo antes de volver
de nuevo hacia nosotros. Esta familia va tan lejos que, cuando
volvemos a la Tierra, construimos nuestro cuerpo con la ayuda de
estos nietos que se han multiplicado hasta el infinito. Los hombres
que se van al otro mundo y que deben volver a encarnarse vienen, a
menudo, a habitar en sus nietos, con generaciones de intervalo.
10

Estos nietos, o nietas, han contraído una deuda con sus


antepasados; éstos, que les han dado mucho, pueden también venir
a reclamarles mucho. Cuando vais de viaje, por ejemplo, si pasáis
por una ciudad en la que tenéis parientes, vais a alojaros a su casa
y no en la casa de extraños, o en el hotel. Estos parientes os sirven.
¿Por qué? Porque ya les disteis un capital en el pasado, y ahora
encontráis natural que os cuiden y os alberguen. ¿Y dónde se instala
el viejo abuelo? En su familia, en casa de uno de sus hijos. Los otros
no le conocen; le cierran las puertas por todas partes, menos en
casa de los suyos.

Igualmente, el que debe reencarnarse trata de hacerlo en casa


de los miembros de su familia, y más especialmente allí donde dejó
la mayor herencia. Por eso, es peligroso, a veces, recibir una
herencia de sus parientes, porque, de esta manera, se provocan,
acontecimientos que no deseábamos. El que acepta una herencia
crea unos lazos que durarán después de la muerte. Si este pariente
del que debéis heredar era un criminal, no aceptéis su herencia,
porque vendrá a reencarnarse junto a vosotros, o, a veces, en
vosotros, y os dirá: "Te di tierras, casas, dinero, muebles; tengo
derecho a reclamarte que me alojes ahora". Y entonces tendréis un
hijo criminal sin comprender la razón. Os preguntaréis de dónde
viene este hijo, y será simplemente un tatarabuelo, o un tío abuelo,
que era un bandido, un ladrón, un asesino, cuya herencia
aceptasteis con alegría. Es preferible no aceptar la herencia de
aquéllos que no han andado por el camino de la verdad, por el
camino recto. La gente ordinaria se burlará, evidentemente, de mis
palabras; les pareceré un insensato. Pero, sin embargo, estaréis
cien veces más tranquilos si rechazáis una herencia así. Mientras
que de un hombre bueno podéis aceptarlo todo, y hasta es una
bendición que algo de este hombre quede en vuestra familia.

La cuestión va mucho más lejos aún. Cuando el hombre se


forma un cuerpo físico en el seno de su madre, recurre a su familia,
que es muy numerosa, para que le ayude en esta construcción. Los
miembros de la familia que se encuentran ya en el mundo invisible
llegan de todos lados y se ponen manos a la obra. Por eso el cuerpo
físico está condicionado por el atavismo, por la herencia. Esta
11

herencia puede ser enfermiza o robusta, criminal o virtuosa. Toda


una generación, y a veces varias, participan en la construcción del
cuerpo del hombre, de su casa. El cuerpo físico es el reflejo, el
símbolo de estas generaciones que están compuestas por miles de
seres escalonados en años y años. No podemos escaparnos
fácilmente del atavismo, de la herencia, de la influencia de una
familia.

Y esto no es todo, porque nuestros pensamientos y nuestros


sentimientos pueden ser verdaderos hijos e hijas vivos, activos,
vestidos con unos cuerpos hechos de una materia sutil y que tienen
poderes creadores, lazos reales y misteriosos con aquél que los
creó. La mayoría de los hombres ignoran que los pensamientos y los
sentimientos pueden existir durante más tiempo que el cuerpo físico
del que los creó y convertirse, a su vez, en los obreros, los
constructores del nuevo cuerpo físico del espíritu que debe
reencarnarse. Y, sin embargo, ésta es la realidad: los pensamientos
y los sentimientos, buenos o malos, luminosos o tenebrosos,
participan con el espíritu de la madre en la construcción del nuevo
cuerpo del hombre para su próxima encarnación. Según la calidad
de los hijos (pensamientos y sentimientos), es decir, según su
inteligencia, su bondad, su riqueza, este cuerpo será un palacio o
una choza.

Todo lo que pasa por la cabeza, el alma o el espíritu del


hombre, se graba en cada célula, y las células, principalmente las
de los órganos reproductores, conservan las huellas de los impulsos
experimentados desde hace milenios. Cada una de estas células
lleva en ella todo el pasado y los dos principios, masculino y
femenino, y, por tanto, las posibilidades de cambio de sexo aparecen
en cuanto se presentan las condiciones necesarias y propicias para
esta transformación.

La ciencia investiga para descubrir las leyes que rigen el


nacimiento de chicos y chicas, y todavía no las ha encontrado. ¿Qué
pensaréis si os digo que yo sé cómo deben proceder los padres si
desean tener una chica o un chico? Diréis: "Entonces, ¿por qué no
nos revela este secreto?" Por varias razones que no explicaré aquí.
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Es necesario que un ángel, o un gran espíritu, se encarne en


una familia para poner fin a una herencia pesada que se transmite
de generación en generación. Para dar un nuevo punto de partida,
hay que ser capaz de hacer un gran sacrificio. Por eso, en ciertas
familias, llega a veces un ángel, un espíritu poderoso que se
sacrifica para dar una nueva dirección a todos los demás miembros
que, no sólo se encontraban ellos mismos en un estado deplorable,
sino que también contaminaban a la sociedad. Puesto que ellos
también crecían y se multiplicaban, era necesario que viniese un
espíritu muy elevado para cambiar el destino de esta familia, porque
sólo un gran espíritu puede detener el mal e inmortalizar el bien.

Un día comprenderéis por qué el sacrificio es considerado por


los Iniciados como un acto de un poder extraordinario que abre la
puerta a una nueva vida y libera al ser de la cadena ininterrumpida
de las causas y de las consecuencias, el karma. Si hay un problema
mal comprendido, es, sin duda, el del sacrificio. La mayoría de los
hombres, incluso los más capaces, dan la preponderancia a las
cualidades de astucia, de cálculo, de diplomacia, y desprecian a los
seres que hacen voluntariamente sacrificios. Los consideran como
unos primos, o como unos idiotas, unos imbéciles. Evidentemente,
yo no soy partidario de los sacrificios estúpidos e inútiles, aunque,
en realidad, no hay sacrificios estúpidos e inútiles si están
originados por unos motivos desinteresados

Para volver a la cuestión de la herencia, voy a repetiros que


debéis vigilaros para traer al mundo los hijos más hermosos y las
hijas más bellas: los mejores pensamientos y los mejores
sentimientos. Desgraciadamente, la mayoría de los hombres hacen
todo lo posible para matar en ellos los hijos magníficos y dar
nacimiento a los malvados. No hablo aquí, claro, de los hijos
físicos, que no se pueden matar sin ser severamente castigados por
la ley, y que, además, no pueden ser destruidos. Si lo hacemos, no
destruimos, en realidad, más que su cárcel: el cuerpo físico. Si
pensáis haberos desembarazado de alguien eliminándole
físicamente, os equivocáis. Por eso, la pena capital no aporta nada
bueno; equivale a romper una botella en la que se encuentra
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encerrado un gas asfixiante. Al romperse la botella, este veneno se


difunde por el mundo y causa en él los mayores destrozos. Han
guillotinado a un asesino peligroso, pero ahora se encuentra libre
en el mundo invisible. Se va a visitar a un gran número de seres, y
entra en las cabezas de varios y sugiere a sus cerebros ideas
criminales que quizá él mismo no había podido poner en ejecución.
Y causa más daño, de esta manera, que cuando todavía se
encontraba en su cuerpo de carne.

Es por esta razón por la que el mundo invisible procura, a


veces, prolongar la vida física de los malhechores, de los bandidos,
de los malvados. Si los malvados viven, a menudo, mucho más que
los hombres muy virtuosos, es porque el mundo invisible les hace
permanecer en la cárcel el mayor tiempo posible, mientras que los
demás son invitados a volver pronto entre los seres espirituales que
se les parecen. Hagáis lo que hagáis para tratar de curar a estos
seres angélicos, éstos no pueden quedarse mucho tiempo en esta
Tierra inhospitalaria para ellos. Las más bellas flores se van, y las
que se quedan, tenaces, sólidas, son las malas hierbas, porque están
mejor preparadas para agarrarse al suelo y soportarlo todo en la
Tierra. Los seres angélicos no pueden permanecer mucho tiempo en
la Tierra - lo que es un gran sacrificio para ellos – mas que si han
recibido una misión especial que exige su presencia.

Pero no siempre será así. La Tierra es un jardín en el que


trabajan innumerables seres bajo la dirección del Señor. Esta
Tierra todavía no está bien elaborada. Para que lo esté, se necesitan
aún siglos y milenios. Pero las condiciones mejoran, cada vez más,
y, un día, la Tierra será verdaderamente un jardín florido, un jardín
divino. Será un Reino de Dios habitado por los hijos del amor y de
la luz. Miles de millones de seres trabajan, voluntariamente,
comprometidos en un trabajo gigantesco del que nadie tiene idea
aún.

Pero, mientras tanto, la Tierra es un correccional. Podemos


decir que los criminales permanecen en él mucho tiempo, mientras
que aquéllos que ya se han transformado, son rápidamente
liberados. Como se han comportado bien, el mundo invisible quiere
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llevarles a las regiones superiores, mientras que los malvados se


quedan aún para que se corrijan, a través de los sufrimientos y las
necesidades de la Tierra. Muchos se alegrarán de oír eso, porque la
mayoría no pide otra cosa que permanecer mucho tiempo en la
Tierra. Y, sin embargo, en el universo la Tierra no está considerada
como un lugar privilegiado, y tampoco es un honor encontrarse en
ella. La Tierra es un correccional al que nos envían para ser
educados por unos gobernantes, y después volveremos con nuestro
Padre celestial. Pero eso no nos da derecho a suicidarnos, ni a
desertar, ni a dejar a los enfermos sin cuidados, ni a despreciar el
cuerpo y no alimentarlo con el pretexto de volver lo antes posible a
un mundo mejor.

Todos aquéllos que piensan en desembarazarse de los seres


malvados matándolos, lo que hacen, al contrario, es aumentar el
mal. lo multiplican. No hay que matar a los criminales, porque su
influencia se extiende más tras su muerte. Cuando matan al jefe de
una banda, o de un partido, constatamos siempre, pasado un cierto
tiempo, que su influencia se manifiesta por otro lado. Nunca han
podido exterminar completamente el mal de la superficie de la
Tierra cortando la cabeza a los criminales; son como cabezas de
hidra que siempre vuelven a crecer. Únicamente el fuego puede
aniquilar las cabezas de hidra, el fuego del amor y el fuego de la
sabiduría. Muy pocos han sabido utilizar este fuego para obtener
resultados; todos lo intentan con medios externos, utilizando la
violencia, el cuchillo, la guillotina, los cañones. Si tales medios
fuesen eficaces, y puesto que han sido ya utilizados durante tanto
tiempo, ¿por qué existe el mal todavía? Continuamente cortan
cabezas, pero los asesinos, los ladrones, no han desaparecido, muy
al contrario. La causa radica en esta costumbre de matar a los
criminales, de aniquilar a todos aquéllos que parecen molestos, sea
con guerras o de otra manera. Piensan que actuando así triunfarán,
pero, de hecho, el mal vuelve a crecer y se multiplica. La idea sobre
la que los hombres han basado los castigos es impotente para
corregirles, es insuficiente. Para mejorar a la humanidad, hace falta
todo un sistema de educación que empieza ya en la concepción del
hijo y, después, en su existencia en el seno de la madre durante la
gestación.7 Para que la humanidad mejore, hay que darle una
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educación conforme a esta ciencia de los Iniciados que os enseño.


Es preciso que esta ciencia penetre en cada ser humano, en cada
familia, en cada pueblo.

Gracias al amor y la sabiduría la humanidad saldrá del viejo


camino que sigue desde hace tanto tiempo. Todas las mujeres saben
que, para tener el mejor hijo, hace falta un padre bello, inteligente y
sano. Incluso hay mujeres que se presentan ante los hombres más
notables para pedirles que sean los padres de sus hijos. Algunos se
desconcertaron mucho ante tales peticiones, y otros las aceptaron
con gran placer. No me corresponde a mí darles consejos a las
mujeres sobre los hombres que deben escoger para ser los padres de
sus hijos. A mí me interesa esta cuestión en la vida interior. Para
traer al mundo hijos de amor y de sabiduría, hay que conectarse con
las virtudes del Espíritu divino, porque estos hijos habrán salido
verdaderamente del Espíritu de Dios. Cuando un Iniciado
contempla a la Divinidad, su alma es como una mujer que quiere
recibir una chispa, un germen de Dios mismo; se expone y se
consagra a la luz de Dios. Recibe este germen en su alma, lo lleva
en ella y trae al mundo un niño divino. Igual que una mujer, un
hombre puede concebir un hijo, pero en un mundo que no es el
mundo físico. Cuando un Iniciado se conecta con el Creador,
cambia de polaridad, se vuelve mujer y da nacimiento al hijo amor y
al hijo sabiduría.

Hay que rezar, conectarse con el Espíritu cósmico para poder


traer al mundo los más bellos hijos. Desgraciadamente, la mayoría
de los hombres conciben hijos interiores conectándose con otros
padres que no son el Espíritu Cósmico. Cuando los fariseos le
dijeron a Jesús: “Nuestro padre es Abraham", Jesús les respondió:
"Vosotros tenéis como padre al diablo", lo que significa que en ellos
el padre era un habitante de las tinieblas. En su ignorancia, casi
toda la humanidad trae al mundo a hijos de padres oscuros,
extravagantes, tenebrosos...

¿Por qué la mujer virgen que se consagra al servicio de Dios


se prepara para desposar a Cristo? El que no comprende el
significado de los símbolos encontrará que Cristo es un ser
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verdaderamente muy particular. Critican a tos orientales por tener


harenes y. al mismo tiempo, ¡preparan a una cantidad increíble de
vírgenes y de esposas para Cristo! Muchos orientales podrían, pues,
envidiar a Cristo. En realidad, si la virgen que se consagra al
servicio de Dios se prepara para desposar a Cristo, es para ser
madre espiritualmente. En la vida interior no hay matrimonio
estéril, siempre que el hombre, o la mujer, estén preparados.

Si tengo que ir todavía más lejos en mis explicaciones, tocaré


una cuestión muy misteriosa. Sí, a través del hombre y de la mujer
que se unen para concebir un hijo, son, a menudo, otros seres los que
se juntan. A veces, participan en este acto toda clase de entidades:
salamandras, silfos, quienes crean a los hijos. Los personajes más
notables de la historia y que fueron considerados como semidioses,
fueron creados por espíritus superiores que, a través de los padres,
participaron en la concepción del hijo. Pero no tengo derecho a
deciros más sobre este asunto.

"Creced y multiplicaos" En realidad, no he hecho más que rozar esta


cuestión, pero, meditad sobre lo poco que os he dicho, ponedlo en
práctica conectándoos, cada vez más, con el Señor, y así todo se
arreglará en vuestra vida. Algunos dirán: "Pero, ¿por qué hay que
amar a Dios? ¿Por qué hay que conectarse con Él? ¿Acaso no
podemos vivir sin Dios?" Sí, podemos vivir sin Dios, pero ¿cómo?
Como microbios. Y podemos crear hijos también, pero ¿qué hijos?...

Hubiera querido extenderme más sobre este tema, pero tengo


un tiempo limitado. Al escucharme, los padres pensarán que les veo
culpables de todas las faltas y los errores, mientras que sus hijos son
irreprochables. Ya sé que hay hijos terribles que nacen de padres
honestos y nobles, lo que extraña a todo el mundo; pero, a pesar de
las apariencias, la Ciencia iniciática no se equivoca cuando dice que,
consciente o inconscientemente, los padres alimentaron unos
pensamientos, unos deseos o unos sentimientos, reprimidos quizá,
que se grabaron en las células y que, un buen día, se exteriorizaron a
través de sus hijos.

Toda la felicidad del hombre depende de los hijos que trae al


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mundo. Si sois desgraciados, debéis saber que son vuestros


pensamientos y vuestros sentimientos de otras encarnaciones los que
vienen a atormentaros. A causa de vuestros hijos tenéis éxitos o
fracasos. Vuestros pensamientos y vuestros sentimientos son las
causas de todas las dichas y de todas las desgracias que encontráis
en vuestro camino. Los discípulos de un Maestro son también sus
hijos y pueden causarle mucho bien o mucho mal.

Empezad por ahí: cread hijos divinos, buenos sentimientos,


buenos pensamientos, purificando vuestro corazón e iluminando
vuestro intelecto. Pero, para eso, debéis buscar a vuestra abuela y a
vuestro abuelo, al alma y al espíritu, porque ellos poseen las llaves
de los cofres que contienen las mayores riquezas. Ellos son los que
os dejarán una herencia. La herencia del alma y del espíritu es
inmensa; sólo en el alma y en el espíritu encontraréis todo lo que
buscáis, porque están conectados directamente con Dios.

Debemos crecer y multiplicarnos, es decir ¡crear la gran familia


de la Fraternidad Blanca Universal!

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