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Por el Maestro

Omraam Mikhaël Aïvanhov

EL GRANO
DE MOSTAZA
2/3

Obras completas – Tomo 4/II


OM-104-02 – 4 conferencias de 12

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Obras Completas Tomo 4 - II
EL GRANO DE MOSTAZA 2/3

Relación de 4 conferencias lote 2 de 3


Palabras del Maestro

EL ESPIRITU DE VERDAD
Del 21 de Enero de 1939
LAS TRES GRANDES TENTACIONES
Del 28 Enero de 1939
EL NIÑO Y EL ANCIANO
Del 28 de Febrero de 1939
¡OJALA FUERAS FRIO O CALIENTE …..!
Del 3 de Junio del 1939

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PENSAMIENTO DEL MAESTRO

“Suponed que hayáis alcanzado este grado en el que


ya no queréis leer ni aprender más con los libros o de
cualquier otra manera. ¿Acaso es esto posible? Sí, pero
debéis saber que, en ciertos dominios, se trata de una
tentativa peligrosa. Por ejemplo, los que quieren ser
independientes, libres, y no quieren conocer nada de las
experiencias espirituales de los Maestros y de los
Iniciados, cortan la conexión entre ellos y un libro viviente
que podría, sin embargo, enseñarles lo esencial. Que no se
extrañen después si son asaltados por todas las desgracias.
Por eso es muy importante tener un Maestro, o estar en
relación con los espíritus luminosos del mundo invisible.
Al conectarnos con estos seres, que han hecho muchas
más experiencias que nosotros, que han resuelto muchos
problemas, atraemos los conocimientos que poseen, y
podemos servirnos de ellos, beneficiarnos. Nosotros
vivimos, actuamos, y otra cosa viene a añadirse a nuestras
propias experiencias, algo superior, más rico que nosotros,
y que nos ayuda. Por eso es muy útil, y hasta necesario,
tener un Maestro, pero un verdadero Maestro.”

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Conferencia del Maestro
OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
París, 21 de Enero de 1939

Del Tomo 4: O.C.


El grano de Mostaza
Capítulo V:

EL ESPÍRITU DE VERDAD
“El trabajo del Maestro”.

"Aún tengo muchas cosas que deciros, más ahora no


podéis soportarlas. Pero cuando venga el Consolador, el
Espíritu de verdad. Él os conducirá hacia la verdad completa."

San Juan 16: 12-13

Se puede encontrar extraño que Jesús, que permaneció


durante tres años con sus discípulos dándoles su Enseñanza y
haciendo milagros delante de ellos, les haya dicho en su última
conversación: "Aún tengo muchas cosas que deciros, más ahora
no podéis soportarlas..." Ello prueba que, durante el tiempo que
permaneció con ellos. Jesús solamente preparó a sus discípulos
para poder, tras su partida, enviarles el Espíritu de verdad que les
revelaría grandes misterios.

Veamos ahora cómo parte el hombre en busca de la verdad.


Ya el niño pequeñito, a los pocos meses, es muy curioso y,
tocando los objetos, llevándoselos a la boca, empieza a explorar el
mundo. Algunos años después, no cesa de hacer preguntas y, un
día, sus padres le mandan a la escuela, en donde aprende a leer, a
escribir, a observar. Esta instrucción dura años, pero llega el
momento en que se harta, quiere sentirse independiente y libre.
Antes, sus profesores eran para él maestros a quienes veneraba y
quería imitar, pero ahora corta los lazos con sus instructores,
porque ya no cuenta mucho con los demás, sino consigo mismo,
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con su propia inteligencia, con las experiencias que puede hacer


en la vida.

Cada vez más, oímos repetir que cada uno debe hacer sus
experiencias, probarlo todo para conocer la verdad. Sí, eso está
bien, yo no estoy en contra de la experiencia, pero ¿por qué los
que quieren probarlo todo de esta manera sólo prueban de hecho
aquello que es perjudicial, negativo, peligroso? Cuando se trata de
probar lo constructivo, lo espiritual, lo luminoso, se contentan con
citas: tal santo, tal místico, tal gran Maestro dijo esto o aquello...
Ya que dicen que hay que probarlo todo, ¿por qué no prueban lo
bueno, lo mismo que prueban lo malo?

El que no quiere tener en cuenta la experiencia de los demás


da pruebas de una independencia mal comprendida. Por otra
parte, lo reconozca o no, no puede no tener en cuenta esta
experiencia. ¿Qué hace un novelista, un poeta, un filósofo? Vive
su vida y después escribe una obra que es el reflejo de sus
experiencias. Es una herencia que lega a los hombres, y los
hombres se nutren con ella. Así es cómo somos acosados por las
experiencias de los demás. Y después, entonces, ¿de qué libertad
hablamos? Aunque queramos vivir separados, solos, es imposible;
sólo estamos aislados en apariencia.

Todo ser que vive es influenciado sin cesar. Porque todo lo


que contemplamos, escuchamos, saboreamos, tocamos,
respiramos, comemos, ejerce cotidianamente sobre nosotros unas
influencias incesantes, y cada segundo estamos influenciados por
el mundo exterior. El que lee un libro entra en contacto con las
experiencias de su autor; sean éstas buenas o malas, será
influenciado, las absorberá como una experiencia a hacer en su
propia vida y actuará en función de ellas. Afortunadamente
ciertos libros fueron escritos por seres que vivieron una vida
superior de sabiduría, de amor, de bondad, de pureza.
Afortunadamente hay herencias de las que podemos
verdaderamente sacar provecho.

Pero lo que quizá no sepáis es que todo ser, hombre, mujer,


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o niño, es un libro viviente en el que Dios ha escrito cantidad de


cosas. Este libro contiene el pasado, el presente y el futuro, pero
hay que saber cómo leerlo. En algunas conferencias he tratado de
explicaros algunos de los signos inscritos en este libro.
Desgraciadamente, es muy raro encontrar personas capaces de
leer los libros de carne de esta biblioteca viviente sin desgarrar
sus páginas.

Suponed que hayáis alcanzado este grado en el que ya no


queréis leer ni aprender más con los libros o de cualquier otra
manera. ¿Acaso es esto posible? Sí, pero debéis saber que, en
ciertos dominios, se trata de una tentativa peligrosa. Por ejemplo,
los que quieren ser independientes, libres, y no quieren conocer
nada de las experiencias espirituales de los Maestros y de los
Iniciados, cortan la conexión entre ellos y un libro viviente que
podría, sin embargo, enseñarles lo esencial. Que no se extrañen
después si son asaltados por todas las desgracias. Por eso es muy
importante tener un Maestro, o estar en relación con los espíritus
luminosos del mundo invisible. Al conectarnos con estos seres,
que han hecho muchas más experiencias que nosotros, que han
resuelto muchos problemas, atraemos los conocimientos que
poseen, y podemos servirnos de ellos, beneficiarnos. Nosotros
vivimos, actuamos, y otra cosa viene a añadirse a nuestras propias
experiencias, algo superior, más rico que nosotros, y que nos
ayuda. Por eso es muy útil, y hasta necesario, tener un Maestro,
pero un verdadero Maestro.

Suponed que tenéis 30 años, que no tenéis experiencia y que


os lanzáis solos a conocer la vida. Está bien. Pero necesitaréis 60
años para recoger los frutos de vuestros estudios. Cuando tengáis
90 años diréis: "Ahora he comprendido". Pero ya será el momento
de morir. Habréis comprendido, por ejemplo, que si hubieseis
sido más sabios, vuestra vida habría podido ser algo magnífico,
pero ya será demasiado tarde.

Muchos piensan que pueden divertirse durante su juventud y


que, después, cuando sean viejos, ya tendrán tiempo de ocuparse
de religión y de moral. Pero con una filosofía así todas las
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desgracias y las enfermedades van a caer sobre ellos: porque,


durante su juventud, en vez de trabajar sobre sí mismos, en vez de
desarrollar su corazón, su inteligencia y su voluntad, habrán
despilfarrado sus fuerzas alimentando a los seres inferiores
alrededor suyo. Estamos rodeados de seres invisibles que vienen
cada día a reclamarnos alimento. Si satisfacemos sus peticiones,
nos daremos cuenta más tarde, cuando nos sintamos vacíos y
hambrientos, que nosotros mismos no nos hemos alimentado.

Hoy en día, si expresamos estas grandes verdades, todo el


mundo responderá: "Los sabios profesores de las universidades no
nos enseñan nada parecido. Ellos han observado mucho con los
telescopios, los microscopios y muchos otros instrumentos, pero
nunca han visto entidades del mundo invisible, y tampoco nos
dicen que sea necesario alimentar nuestro corazón, nuestra alma,
nuestro intelecto y nuestro espíritu. Así que, lo que usted dice no
es cierto." ¿Pero qué saben los profesores de las universidades?

Por eso se necesitan verdaderos Maestros, espíritus más


poderosos que nosotros, para que, lo que saben, lo que pueden y
lo que sienten se convierta en nuestro saber, en nuestro poder y en
nuestras sensaciones. El discípulo de un gran Maestro no debe
dudar de él o criticarle, sino verificar y aplicar todo lo que dice.
Se nutre así en una fuente abundante, inagotable; es iluminado, se
siente feliz y poderoso. En cambio, et que corta esta conexión, el
que quiere ser independiente e ir a cualquier parte, sin dirección,
se expone a grandes peligros. Yo he visto a gente así, que se
negaba a seguir a gulas iluminados y que acabó muy mal.

Desde la creación del mundo existe una única Enseñanza que


revela que la vida es una escalera, una sucesión de seres
conectados entre sí y que son como las partes de un organismo
vivo. La vida es una jerarquía ininterrumpida, desde el átomo a
los Arcángeles y hasta Dios. Sin quererlo, sin saberlo, nosotros
nos encontramos insertos en alguna de esta jerarquía. Por encima
de nosotros se encuentran unos seres que están conectados con
nosotros. Somos eslabones de una cadena sin fin. Todo lo que
hacemos influye en aquéllos que están por encima de nosotros, así
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como a aquéllos que están por debajo. Si sabemos permanecer


constantemente en relación con los seres que están por encima de
nosotros, seremos atravesados por una corriente extraordinaria
que, a través nuestro, fluirá hacia otros seres, inferiores a
nosotros, y descenderá hasta las plantas y las piedras. Nosotros
estamos conectados con todos los reinos del universo, desde el
mineral a los Ángeles, y más allá. Lo queramos o no, esta
conexión existe, pero es esencial que seamos conscientes de ella.

Jesús dijo: "Cuando venga el Consolador, el Espíritu de


verdad..." En realidad, hay 7 Espíritus ante el trono de Dios, los
Espíritus de las 7 luces: el Espíritu de vida (la luz roja), el Espíritu
de santidad (la luz naranja), el Espíritu de sabiduría (la luz
amarilla), el Espíritu de eternidad (la luz verde), el Espíritu de
verdad (la luz azul), el Espíritu de fuerza (la luz Índigo), y el
Espíritu del amor divino, del sacrificio, (la luz violeta) Si
cortamos la conexión con estos Espíritus, que son también los
Espíritus de las virtudes, recibiremos todas las influencias
inferiores que emanan de los animales, de los seres infernales,
subterráneos, larvarios. El que no cesa de quejarse de que está
desesperado, decepcionado, engañado, de que es débil, prueba
que no estaba en conexión con los seres superiores, porque quería
ser libre, independiente, quería estar aislado. Hay algo escondido
en eso, no quería conectarse con el Cielo para no tener que dar
nada, ni hacer nada; quería recibir sin dar, y eso es egoísmo. En el
fondo del deseo de querer ser independientes, hay mucho de
egoísmo y de ignorancia.

Volvamos al triángulo, del que ya os


he hablado mucho en otras conferencias.

El intelecto es el padre, el corazón es


la madre, y la voluntad es su hijo. La
voluntad es el producto del intelecto y del
corazón.

Los actos dan testimonio de los pensamientos del intelecto y


de los sentimientos del corazón El intelecto tiene como ideal
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expresar la sabiduría, el corazón el de expresar el amor, y la


voluntad el de expresar la verdad. La verdad es el hijo del
intelecto y del corazón. Si preguntáis lo que es la verdad a los
religiosos, a los sabios, a los filósofos, a los poetas, etc... cada uno
de ellos os dará una definición diferente. Es imposible decir lo
que es la verdad, porque es el fruto de nuestra sabiduría y de
nuestro amor protestáis, y decís que no es cierto, que, por
ejemplo, todos veis la sala, las formas, los colores, de la misma
manera. No, de hecho es imposible encontrar a dos personas que
vean tas cosas de la misma manera. La ciencia ha estudiado esta
cuestión y ha constatado que, claro, todos los seres ven, oyen y
sienten a "grosso modo" las mismas cosas, pero con matices
diferentes. La verdad no existe como tal. Solamente existen el
amor y la sabiduría. Si tenemos en nosotros el amor divino y la
sabiduría divina, conocemos la verdad. Quizá os extrañe esta
comparación, pero la verdad es como una medalla, una de cuyas
caras es el amor y la otra la sabiduría.

Suponed que un hombre esté encerrado en una esfera hueca:


la ve cóncava. Otro, situado en el exterior, la ve convexa. ¡Ambos
discuten y se tratan de ignorantes!... El que está en la esfera es el
religioso, que observa la vida desde dentro, subjetivamente, es
decir, con el corazón. El que está en el exterior es el científico,
que lo estudia todo desde fuera, objetivamente. Entre la religión y
la ciencia se prosigue así una lucha secular. ¿Quién ve la verdad?
Ambos, pero a cincuenta por ciento cada uno. Por eso, llega un
tercer observador que dice: "La esfera es a la vez cóncava y
convexa". Los otros dos se enfadan y le tratan de toco. Sin
embargo, este último es un sabio que ha encontrado la verdad y
declara que la verdad no es lo que los otros dos piensan. Este
sabio es la intuición, que tiene la capacidad de reunir el
pensamiento y el sentimiento para ver las cosas simultáneamente
desde dentro y desde fuera. Así pues, para conocer
verdaderamente la realidad, hay que verla subjetivamente y
objetivamente.

Imaginaos que tenéis ante vosotros a una bonita mujer, bien


vestida y bien maquillada. La encontráis encantadora y deseáis
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casaros con ella. Pero, si la miráis en profundidad, sentiréis lo que


emana de ella y tendréis otra idea. ¿Dónde se encuentra la
verdad? Debéis tomar en consideración ambas cosas. En cambio,
una mujer puede no ser agraciada externamente, pero, al
estudiarla internamente, constatamos sus cualidades.

El corazón revela el mundo interior. La religión no procede


mediante experimentos, como los científicos en sus laboratorios,
no hace cálculos matemáticos; se alimenta con sentimientos que
no puede ni pesar ni medir, porque son inaprensibles y están
siempre en movimiento. La ciencia, en cambio, se ocupa de
objetos fijos, determinados, pero no puede, de todas formas, ser
exacta, porque no existe nada que sea verdaderamente fijo. Ni los
minerales, ni las plantas, ni los animales, ni los hombres, ni los
astros son idénticos de un día a otro, o de una hora a otra.
Encontramos, por ejemplo, muchas plantas que, a lo largo de los
siglos, han perdido sus antiguas propiedades y las recetas
curativas deben ser modificadas. Todo está vivo, nada subsiste en
el mismo estado para que pueda verdaderamente medirse,
calcularse. Cada día el Sol es diferente de lo que era el día
anterior, envía nuevas radiaciones, nuevas corrientes de luz, de
calor y de vida. Pero los sabios todavía no saben que el Sol es
como un director de orquesta que dirige la vida de los planetas.

No existe ninguna ciencia exacta, ni tampoco existen


definiciones exactas de la verdad, porque los hombres se
transforman y las definiciones que dan de la verdad varían con
ellos. Si desarrolláis vuestra conciencia, veréis cuántas cosas se
modificarán a vuestro alrededor. Se dijo que los átomos eran las
partículas más minúsculas de materia, y después se descubrieron
los electrones, los protones, los neutrones... Cuanto más
dividimos la materia, más elementos vivos descubrimos en ella. Y
de esta manera se franqueará la frontera del mundo físico para
entrar progresivamente en el mundo etérico, y después en el
mundo astral, y luego en el mundo mental. La verdad depende de
nuestra visión, de nuestra comprensión, de nuestra sensibilidad.

Si amáis a un ser, le encontráis todas las cualidades, lo


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comparáis con un dios. Pero otra persona, que no le ama, lo


considera como una nulidad. ¿Dónde está la verdad? Observad a
un niño. Su padre juega con él, se pone a cuatro patas y le pasea
sobre su espalda, y el niño piensa que su padre es un buen
caballo. Quizá el padre sea un rey, o un general, pero para el niño
no es más que un buen caballo, y ninguna otra cosa. Con respecto
a los seres que nos rodean, a menudo actuamos como el niño: los
utilizamos como mejor nos parece. Si poseemos la sabiduría y el
amor, vemos que los seres son grandes libros llenos de signos
extraordinarios. Si no tenemos ni sabiduría ni amor, arrancamos
las hojas de estos libros, como hace todo el mundo, y la ciencia en
particular, que sólo piensa en perforar, en cortar, en saquear, en
demoler, en aprovecharse, sin preguntar la opinión a nadie. Como
si todo le perteneciese, como si no existiese en ninguna parte un
Creador. Los maridos desgarran las páginas de los libros que son
sus mujeres. Ninguno ha comprendido las fórmulas escritas, no
saben descifrarlas.

Si poseemos el amor y la sabiduría, veremos la verdad tal


como es, tal como existe independientemente de nuestra opinión
sobre ella. Pero, sin sabiduría y sin amor, la veremos tal como
nosotros la concebimos. La realidad y la verdad son dos cosas
diferentes. Nosotros apenas vemos un pedazo de verdad.

¿Por qué Jesús no dijo todo a sus discípulos cuando todavía


estaba con ellos? Porque era imposible. No se puede poseer la
verdad solamente con el intelecto, o solamente con el corazón, es
preciso que uno y otro estén preparados previamente para conocer
la verdad. Jesús, pues, sólo preparó a sus discípulos para poder
después enviarles el Espíritu de verdad. (Los grandes Maestros actúan igual)

Cuando Pilatos le interrogó, Jesús le dijo: "Yo he nacido y


he venido al mundo para dar testimonio de la verdad: todo aquél
que está en la verdad escucha mi voz. - ¿Qué es la verdad?"
preguntó Pilatos, pero Jesús no respondió. En otra parte, Jesús
dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida." Lo que significa: yo
soy semejante a un río que desciende de las cimas. El río tiene
una fuente y un lecho por donde fluye el agua. La fuente es la
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verdad; el lecho del rio es el camino, la sabiduría por donde fluye


el agua, es decir, la vida, el amor. Así pues, estas palabras
significan: Yo soy la vida (el amor) que anima el río; y yo soy el
camino (la sabiduría) a través del cual podéis ir hasta la fuente, la
verdad.

A veces decís: "Sería magnífico si un Iniciado pudiese


revelarnos la verdad, marcharíamos por este camino y todo iría
bien." Pero los grandes Iniciados no revelan a menudo la verdad,
porque a muy pocas personas les gusta oírla, y aunque quieran,
raramente tienen la fuerza de soportarla. Imaginaos que soy un
clarividente (no os digo que creáis que lo soy, sino que lo
supongáis solamente, porque, si no, ya no tendría tranquilidad,
todos vendrían a preguntarme) y que me pongo a revelaros todo
lo que hicisteis en el pasado. ¿Cuántos de vosotros se quedarían
en la sala y volverían a venir los días siguientes? Algunos
solamente.

En nuestra Fraternidad de Bulgaria había un discípulo del


Maestro que era bastante instruido y que amaba las riquezas. Un
día, decidió preparar una expedición para ir a buscar tesoros en la
montaña: contrató a hombres, alquiló muías, etc. Pero, antes de
ponerse en camino, fue a ver al Maestro y te dijo: "Me gustaría ir
a descubrir tesoros. ¿Qué consejos me da? ¿Tengo que ir o no?"
No precisó que todo estaba ya preparado para la expedición. El
Maestro, que sabía lo que sucedía, le respondió: "Muy bien,
¡pruébalo!" El discípulo, tranquilizado, partió. Trabajó, buscó, y
no encontró nada, pero, en cambio, cayó enfermo. Volvió
descontento a ver al Maestro y le dijo: "¿Por qué no me previno
usted de que no encontraría nada y de que caería enfermo?" El
Maestro le explicó: "¿Acaso debía prevenirte cuando ya lo habías
preparado todo?" Esperabas hacer descubrimientos y, si te hubiera
detenido, habrías estado descontento: habrías pensado que no te
quería bien, puesto que te impedía encontrar tesoros." Un Maestro
no siempre puede impedir que sus discípulos hagan las
experiencias que desean hacer, aunque se trate de tonterías o de
aventuras peligrosas. Una experiencia es algo a tener en cuenta,
os cura de las ideas falsas.
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En ciertas condiciones, un Maestro no puede revelar el


futuro a sus discípulos, porque éstos no le creerían, y hasta
estarían molestos. Por eso les deja libres, les dice simplemente:
"Probadlo". Después, los discípulos lloran, porque han sufrido un
fracaso, pero tienen una experiencia más. ¡Cuántas veces se han
dirigido a mí personas para preguntarme si debían casarse o no! Y
yo les miraba, les miraba... ¡Y estaba asombrado! Después de
haberlo probado y vivido todo en el dominio sexual, me vienen a
preguntar si es adecuado, si serán felices, etc. Yo no puedo más
que responder que ya es un poco tarde para hacerme este tipo de
preguntas, que habría hecho falta hacerlo antes de ir tan lejos, y
que si ahora les tuviera que dar mi opinión correría el peligro de
descabalar todo.

Si preguntáis la opinión de un Maestro antes de


comprometeros, el Maestro se comporta diferentemente: observa
el pasado, el futuro y responde: "Si yo estuviese en tu lugar, haría
esto o aquello..." Pero siempre os dejará libres, solamente dirá: 'Si
yo estuviese en tu lugar...", para no usurpar vuestra libertad Pero
el que ha hecho toda clase de tonterías y va a ver a un Maestro en
et último momento para tener su aprobación, cuando ya lo ha
decidido todo por sí mismo, no recibe ninguna respuesta. Et
Maestro le deja frente a sus problemas. Para tales seres, siempre
estará cerrado.

Si Jesús decía: "Aún tengo muchas cosas que deciros, más


ahora no podéis soportarlas" es porque la verdad es pesada,
molesta, desagradable. Hasta hoy, el que ha osado decírsela a los
humanos ha sido amenazado, atormentado, crucificado, porque
los hombres no aman la verdad.

"Pero cuando venga el Consolador, el Espíritu de verdad, Él


os conducirá hacia la verdad completa." En esta frase hay una
idea importante que quizá no hayáis visto. Y es que, para
encontrar la verdad, hay que ser guiado: "El Espíritu de verdad os
conducirá hacia la verdad completa," Por eso debemos estar
conectados con seres superiores a nosotros. ¿Qué podemos hacer
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solos si sólo contamos con nuestra experiencia, tan limitada, y


con nuestros esfuerzos personales insuficientes? Nada, porque
somos debites y estamos ciegos. Debemos contar con los seres
que están por encima de nosotros, con los grandes Maestros de la
verdad, para que éstos puedan comunicarnos su experiencia, cuya
extensión es inconcebible, y para que, gracias a ellos, podamos
estar conectados con la verdad, con Cristo.

La dirección, el saber, la experiencia verdadera, vienen de


arriba. Ciertos seres pueden revelar verdades extraordinarias
porque son visitados por el Espíritu: otro habla a través de ellos.
El que se basa en sus experiencias personales, sin conectarse con
la jerarquía, seguirá siendo pobre en conocimientos verdaderos.
Al contrario, el que extrae sus conocimientos de la biblioteca
espiritual, será rico en saber. Las grandes verdades que nosotros
aprendemos son las que los otros nos dejan como herencia, y si
no tenemos amigos que nos regalen sus riquezas espirituales, no
sabremos nada. Éste es el sentido de la frase de Jesús. Pero la
verdad sólo se nos revela a nosotros en proporción al amor que
profesamos a los grandes Seres y a Dios. Si no les amamos,
nunca les comprenderemos y la verdad no vendrá a habitar en
nosotros. El amor y la sabiduría traen la verdad a nuestra vida,
Verificadlo.

No podemos nada sin la herencia de los grandes Iniciados.


Nuestros pasos, sin ellos, son vacilantes. Si los físicos, los
químicos, los astrónomos, no nos hubiesen legado una enorme
herencia, ¿qué podríamos hacer hoy? Imaginaos a un químico
que, para hacer sus investigaciones, estuviese tratando de
descubrir aún la electrólisis del agua... Afortunadamente tenemos
herencias en el plano físico, y las reconocemos; pero nos
olvidamos de las que hemos recibido en el dominio invisible. Por
eso he querido atraer vuestra atención hacia ellas. ¿Acaso es algo
estúpido que los discípulos de la ciencia espiritual busquen las
experiencias y las herencias que Cristo y los grandes Maestros
han legado a la humanidad para que ésta pueda vivir en la luz y en
la paz? ¿Acaso se les puede, por eso, acusar de debilidad, de
dependencia?
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Pero hay todavía un punto en el que querría insistir ahora.


Todos aquéllos que no son semejantes a servidores
comprometidos en un trabajo por el Reino de Dios, seguirán
estando eternamente hambrientos, sedientos, atormentados,
seguirán siendo débiles. ¿Por qué? Porque no recibirán ningún
salario. En cambio, los que han entrado al servicio del Reino de
Dios, que quieren ser servidores del Cielo, son como obreros que
reciben cada día, cada hora, una paga magnífica que se traduce en
fuerzas, en corrientes de luz y de amor, en un gozo, en una
dilatación, en una maravilla. Los que se encuentran con ellos
están extrañados de verlos en un estado de gozo tal y, cuando les
preguntan qué les ha pasado, estos servidores responden: "Es
porque trabajamos en el campo de Dios y recibimos nuestra
recompensa".

Si queréis ser cada día felices, si queréis estar iluminados,


llenos de fuerzas, debéis enviar una petición al Cielo diciendo:
"Dios mío, hasta ahora he pensado que, con esta estúpida
independencia, sería muy poderoso, muy rico, pero he
acabado siendo una nulidad. De ahora en adelante ya no
quiero ser independiente, vivir sólo. Envíame al Espíritu de
verdad para conducirme, para que pueda evitar los peligros y
distinguir la falsa ciencia de la verdadera. Y, si es posible.
Dios mío, encuéntrame un trabajo, seré feliz de ejecutarlo.
Inscribe mi nombre en tu gran Libro, para que sea tu
servidor."

Cada día debéis llamar al Espíritu de verdad, al Consolador,


al que se llama, en la Cábala, Rouah Ha-Emet. El Espíritu de
verdad son los rayos azules. Podéis cada día imaginaros estos
rayos alrededor vuestro y sentir que os penetran, que os traspasan.
El azul aporta la paz, está relacionado con la religión, con la
música. Es el color de la fe, y actúa favorablemente sobre los
pulmones, que están conectados con la fe, y sobre los ojos, que
están conectados con la verdad. Si tenéis amigos preocupados,
angustiados, envolvedlos con rayos azules para calmarles, y
constataréis una gran mejora.
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A medida que crezca vuestra fe en el poder de los colores


obtendréis mejores resultados. Yo he verificado todo eso durante años
y he constatado que el conocimiento de la utilización de los diferentes
rayos constituye un saber superior. Un día, todos se verán obligados a
estudiar la ciencia de la luz y de los colores. Gracias a la luz, se viajará
incluso por el espacio. La ciencia de las diversas radiaciones era la de
los antiguos hierofantes, y también es la de Cristo. El mundo fue creado
con la luz, y con la luz el hombre puede encontrar todo lo que necesita.
La luz lo es todo. Un día, cuando todas las ciencias inútiles hayan
desaparecido, quedará la ciencia de la luz. Gracias a ella, se llegará a las
más grandes realizaciones.

¡Concentraos en la luz azul y pedidle al Espíritu de verdad que os


revele el sentido de la vida en toda su plenitud! Hacedlo, veréis los
resultados…

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París, 28 de Enero de 1939

Del Tomo 4: O.C.


El grano de Mostaza
Capítulo VI:

LAS TRES GRANDES TENTACIONES


La Magia

"Entonces Jesús fue conducido al desierto por el Espíritu


para que fuese tentado por el diablo. Y después de haber
ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.
Entonces, acercándose el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios,
ordena que estas piedras se conviertan en panes. Jesús
respondió: Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de
toda palabra que sale de la boca de Dios. Después de esto le
transportó el diablo a la ciudad santa, le puso sobre el pináculo
del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, pues está
escrito: Por ti dará órdenes a sus ángeles, los cuales te llevarán
en sus manos para que su pie no tropiece contra una piedra.
Jesús le replicó: También está escrito: No tentarás al Señor, tu
Dios. Todavía le subió el diablo a una montaña muy elevada, le
mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo:
Todas estas cosas te daré, si postrándote delante de mí me
adoras. Le respondió entonces Jesús: ¡Apártate Satanás!
Porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él sólo
servirás. Con eso el diablo le dejó; y he aquí que se acercaron
los ángeles, y le sirvieron."

San Mateo 4: 1 - 11

A través de los diferentes pasajes de los Evangelios que os


he interpretado en el curso de las conferencias precedentes, hemos
penetrado en los dominios de la alquimia, de la astrología y de la
Cábala, y este pasaje, concerniente a la tentación de Jesús en el
desierto, nos servirá para entrar en el terreno de la magia. Ya sé
2

que muchos tienen miedo en cuanto oyen hablar de magia; ni


siquiera sospechan que ellos mismos hacen magia continuamente,
porque, en la vida, todo es magia.

Se dice al principio de este capítulo que Jesús fue conducido


por el Espíritu al desierto para que fuese tentado. He ahí un punto
que hay que interpretar. Si fue el Espíritu mismo (el buen
Espíritu) et que condujo a Jesús al desierto para que fuese tentado,
ello prueba que los Espíritus llamados malignos, ya que nos
tientan y nos traen pruebas, son obreros de Dios y cumplen la
voluntad de aquéllos que están más evolucionados que ellos. No
es éste el único ejemplo en la Biblia donde se trata del papel del
diablo.

En el libro de Job se menciona una conversación entre Dios


y Satanás, Está escrito: "Los hijos de Dios vinieron un día a
presentarse ante el Eterno, y Satanás vino también con ellos. El
Eterno le dijo a Satanás: ¿De dónde vienes? Y Satanás respondió
al Eterno: De recorrer la Tierra y pasearme por ella. El Eterno le
dijo a Satanás: ¿Has observado a mi servidor Job? No hay nadie
como él en la Tierra; es un hombre Integro y recto, que teme a
Dios y se aparta del mal. Y Satanás respondió al Eterno: ¿Acaso
teme a Dios Job de manera desinteresada? ¿Acaso no le has
protegido Tú, a él, su casa y todo lo suyo? Has bendecido la obra
de sus manos, y sus rebaños llenan el país. Pero extiende tu
mano, toca todo lo que le pertenece, y estoy seguro de que te
maldecirá. El Eterno le dijo a Satanás: Te entrego todo lo que le
pertenece, pero no levantes tu mano contra él." Eso prueba que el
diablo está al servicio del Señor.

La cuestión del bien y del mal es extremadamente compleja


y muy pocas personas conocen tas relaciones que existen entre
ambos. En realidad, sólo existe una Fraternidad blanca de
grandes Espíritus, y todos aquéllos a quienes se llama diablos,
espíritus malignos, son obreros que cumplen la voluntad de esta
gran Fraternidad. Todos aquéllos que descienden junto a los
hombres para probarles, tentarles, hacerles sufrir, no son más que
empleados, funcionarios, que están ahí para darles lecciones, para
3

hacerles evolucionar.

Una cuestión se plantea ahora. No era un hombre ordinario,


sino Jesús, a quien el Espíritu condujo al desierto para que fuese
tentado. ¿Por qué? ¿Por qué envió al diablo para tentarle? Esto
parece en contradicción con lo que piensan muchos religiosos,
que creen que Jesús era Dios mismo. Si Jesús era Dios mismo,
¿por qué debía ser tentado? ¿Acaso no le conocía ya el mundo
invisible? Éste no parecía estar muy al corriente, puesto que
quería saber si Jesús sería fuerte ante las tentaciones, o si
sucumbiría.

En realidad, el mundo invisible sabe perfectamente todo lo


que nos concierne: nuestro poder, nuestra paciencia, nuestra
resistencia, nuestra sabiduría, porque conoce las calidades de la
materia con la que estamos construidos, exactamente como los
físicos conocen las propiedades de los metales: su peso, su
densidad, su temperatura de fusión, etc. Algunos metales pueden
resistir una temperatura elevada, y otros no. Lo mismo sucede con
los hombres. Todos nosotros estamos hechos de una materia
especial y el mundo invisible sabe muy bien si podremos resistir
las diversas tentaciones de la vida. No necesita ponernos a prueba
para saberlo. Pero somos nosotros los que tenemos necesidad de
conocer nuestro poder, nuestra fidelidad, nuestra bondad, o bien
nuestra debilidad, nuestra maldad. Si nos ponen a prueba, es para
nosotros mismos.

A lo largo de la evolución ininterrumpida que debe


conducirnos hasta la cima, debemos atravesar pruebas para
desarrollar todas nuestras posibilidades interiores. Somos
nosotros, y no el mundo invisible, los que tenemos necesidad de
tomar conciencia de estas posibilidades. De la misma manera que
todo ser que desciende a la Tierra debe sufrir ciertos procesos de
crecimiento y pasar por ciertas etapas de la vida física, también
debe atravesar diferentes pruebas para fortalecerse espiritual
mente, cualquiera que sea su grado de evolución. La única
diferencia entre los hombres es que cada uno atraviesa estas
pruebas según su grado de evolución. Unos saben aprovecharse
4

de ellas, y otros no. Unos obtienen beneficios de todo, adquieren


riquezas, mientras que otros sucumben y no se transforman. Jesús
tuvo que pasar las mismas pruebas que los demás hombres; no
tenía necesidad de aprender, pero necesitaba pasarlas,

La naturaleza de las tentaciones que Jesús tuvo que sufrir y


las respuestas que le dio cada vez al diablo son muy
significativas. Por eso debemos prestar una gran atención a este
texto, para saber adoptar la misma actitud que Jesús y dar las
mismas respuestas para pasar victoriosamente las pruebas que se
nos presentarán también a nosotros inevitablemente.

"Después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta


noches, tuvo hambre. Entonces, acercándose el tentador, le dijo:
Si eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en
panes. Jesús respondió: Está escrito: No sólo de pan vive el
hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios." Jesús,
pues, había ido al desierto para ayunar durante cuarenta días. ¿Por
qué ayunaba? Pocas personas conocen el significado profundo del
ayuno, que nunca han practicado. Si están un día sin comer,
piensan que todo ha terminado, que van a adelgazar, a perder su
belleza, o incluso morir. En realidad, todos los Iniciados
preconizan el ayuno, porque saben que purifica el organismo y
que la pureza es la base de la salud. Si comemos mucho, las
células del estómago y de todos los órganos están habituadas a
contar con su amo, saben que éste las satisfará siempre y se
vuelven perezosas. Están tranquilas, seguras de que nunca las
faltará de nada, y cultivan la pasividad. Como hay gran
abundancia de alimento, hay una parte del mismo que no puede
ser absorbida y se estanca en los tejidos en donde empieza a
fermentar, a pudrirse, y así se declara la enfermedad.

El hombre debe ayunar para enseñar a trabajar a sus células.


Entonces, éstas cogen miedo y se dicen: "Nuestro amo tiene una
nueva idea en la cabeza, quiere matarnos". Deliberan, forman un
consejo para saber cómo mejorar la situación. Ya que su amo les
da poca comida, toman la decisión de ahorrar más y de ser más
sabias y más activas para poder desenvolverse. Y entonces deja de
5

haber fermentación en el organismo. Si no ayunamos nos


exponemos a grandes peligros para el futuro, porque las células se
vuelven pasivas, perezosas y débiles.

Pero el ayuno no sólo tiene una buena influencia sobre la


salud. Cuando los Iniciados quieren ayudar o salvar a alguien que
se encuentra sumergido en las dificultades, se ponen a ayunar
durante varios días, para poder enviarle las fuerzas espirituales
que se acumulan en ellos durante estas privaciones. Por eso los
Iniciados ayunan muy a menudo para poder ayudar a sus amigos
o a sus allegados. ¿Cómo se produce esta transferencia de
fuerzas? He ahí una cuestión que entra en el dominio de la magia.

El ayuno es un instrumento mágico gracias al cual podemos


incluso expulsar a todas las entidades maléficas que se albergan
en nosotros. El primer día de ayuno, estas entidades se quejarán
de nosotros diciendo: "Este amo se vuelve malvado, ya no nos da
nada", y se irán a buscar a otro que las alimente, Claro que hay
algunas entidades más resistentes que sólo nos abandonan el
segundo día, o el tercero, o incluso más tarde.. Cada día, nuevas
entidades nos abandonan, y nos sentimos cada vez más apacibles,
ligeros, lúcidos. Cuando sus discípulos vinieron a preguntarle a
Jesús cómo se podía expulsar a los demonios, les respondió: con
la oración y con el ayuno. No hay otros medios. Si nunca
ayunamos, todas las entidades inferiores que hay en nosotros se
fortalecen y se vuelven tan poderosas que acaban
aniquilándonos.

Jesús, pues, ayunó durante cuarenta días. Desde el punto de


vista cabalístico, el cuadragésimo día representa el término de
numerosos procesos. El número 40 representa una medida, un
límite, y, a veces también, la muerte. Después de cuarenta días, la
oruga muere a su vida de oruga que come hojas, para vivir a la
vida de mariposa que se alimenta del néctar de las flores. El
cuadragésimo día mueren todas las malas entidades que hay en
nosotros, no pueden soportar las condiciones que impone el
ayuno. Solamente una subsiste hasta la cima: es el orgullo, el
espíritu del orgullo que hizo que una parte de los ángeles se
6

rebelaran contra Dios. El espíritu del orgullo es infatigable sigue


a los discípulos, a los Iniciados, a los Santos, a los Maestros,
hasta el último grado de la evolución. Podemos liberarnos
fácilmente de todos los demás vicios, pero el orgullo es muy
resistente Es semejante al liquen, que subsiste incluso en la cima
de las altas montañas

El orgullo acompaña a los Iniciados hasta la cima, tanto


más cuanto es capaz de revestirse con todas las apariencias,
incluso las más virtuosas, las más luminosas. Muy pocos
Iniciados pueden reconocer y distinguir este orgullo bajo sus
diferentes formas. ¡Cuántos Maestros cayeron por orgullo,
orgullosos de su saber, de su santidad, de sus poderes! A pesar de
su inteligencia, de su pureza, no se dieron cuenta de que su
corazón se endurecía. Algunos acabaron creyéndose Dios en la
Tierra... Por eso se recomienda a los discípulos que se protejan
del orgullo desde el principio.

Y, justamente, lo que podemos observar en la respuesta que


Jesús da al diablo es que no aparece en ella el menor rastro de
orgullo. Sin embargo, en sus dos primeras propuestas, el diablo,
de alguna manera, provoca a Jesús; le dice: "Sí eres Hijo de
Dios, ordena que estas piedras se conviertan en panes"... "Si eres
Hijo de Dios, tírate abajo, pues está escrito: Por ti dará órdenes
a sus ángeles," Pero Jesús no sucumbe a la tentación de mostrar
que es Hijo de Dios obedeciendo a las sugerencias del diablo. En
su tercera propuesta, el diablo trata de empujar a Jesús a cometer
el pecado que cometieron los ángeles rebeldes arrastrados por
Lucifer: separarse de Dios, con la esperanza de obtener el poder y
la gloria. Pero Jesús rechaza a Satanás respondiendo con
humildad: "Porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a
Él sólo servirás."

Volvamos ahora más en detalle a estas tres tentaciones. El


diablo pidió a Jesús:
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1. Cambiar las piedras en panes.

2. Tirarse desde lo alto del templo con la convicción de que


el Señor le enviaría a sus ángeles para protegerle, Pero aquí el
templo es simbólico. El diablo no transportó físicamente a Jesús
al pináculo del templo.

3. Prosternar se ante él y adorarle para obtener a cambio


todos los reinos del mundo y su gloria, que le mostraba desde lo
alto de la montaña, Y ahí también, la montaña es simbólica.

Estas tentaciones no sólo le fueron presentadas a Jesús.


Todos los Maestros y los discípulos se encuentran con ellas en su
camino, ¡Cuántos espiritualistas se han visto tentados a vender sus
conocimientos o a servirse de los poderes que habían adquirido
para asegurarse su sustento!... Otros se sienten tan seguros de sí
mismos que quieren tentar a Dios; se imaginan que, hagan lo que
hagan, el mundo invisible les protegerá, y no dudan en tirarse
desde muy alto con la convicción de que serán protegidos. Pero
esto es un error, el mundo invisible no protege a los insensatos.
La tercera tentación corresponde a otra etapa. En ciertos periodos,
el discípulo, el ocultista, adquieren numerosos conocimientos, es
decir, simbólicamente, alcanzan la cima de la montaña. Desde allí
arriba, ven el mundo, al que se sienten capaces de dominar para
apoderarse de la gloria y de las riquezas.

Estas tres pruebas están relacionadas respectivamente con el


estómago, con et corazón y con la cabeza, es decir, con el plano
físico, con el plano astral y con el plano mental.

En su existencia, todo ser humano atraviesa estas tres fases


del estómago, del corazón y de la cabeza. Cuando es niño, vive
constantemente al nivel de su estómago: no hace más que comer,
y su deseo de probarlo todo le impulsa a llevárselo todo a la boca.
Cuando se hace más mayor, es su corazón el que quiere
manifestarse, vive en el amor y la fe, se ve impulsado a lanzarse a
las pasiones ardientes del corazón con la esperanza de que Dios
enviará a sus ángeles que le protejan, y de que, aunque caiga,
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estos ángeles le lavarán y le cuidarán. Así, el joven cree que Dios


le protege a pesar de todas las tonterías que pueda hacer. Cree en
los milagros y en que el Cielo hará una excepción con él, puesto
que está en el templo de la religión del amor, de la veneración y
de la adoración de una criatura adorable, en efecto, pero que no es
precisamente el Creador.

Encontramos así a cierto número de personas que, como


pertenecen a una religión, a una Fraternidad, se imaginan que
pueden pensar o hacer cualquier cosa, que siempre estarán
protegidas. Esto es falso. El único que es protegido es el que no se
tira abajo, porque, si se tira, es otra ley la que entra en acción.
Somos libres antes de tirarnos desde lo alto del templo, pero
después nos encontramos sometidos a otra ley, ya no somos
libres. Imaginaos un bloque de piedra o una roca sobre la
montaña: si la hacéis bascular, se acabó, ya no sois libres de su
movimiento. Antes de pronunciar una palabra, sois libres, pero,
en cuanto la habéis pronunciado, se vuelve independiente de
vosotros y ya no tenéis ningún poder sobre ella. De la misma
manera, antes de dar nacimiento a un hijo, sois libres de escoger,
pero cuando ya ha nacido, actúa como le place, y a veces incluso
contra vosotros. Es independiente, posee una voluntad propia.

Hay libertad mientras la acción no se ha llevado a cabo; no


después. En cuanto la acción ha comenzado, entramos en un
dominio en el que reina una ley favorable o desfavorable para
nosotros que se nos impone. La segunda tentación concierne,
pues, a la manera de actuar razonablemente y en armonía con las
posibilidades que nos ofrece la vida. Podemos actuar
inteligentemente o probar a tentar al mundo invisible: hay subida
o descenso.

La infancia está relacionada, pues, con el problema del


alimento, y la adolescencia con el de los sentimientos... Llegado a
la edad adulta, el hombre piensa y reflexiona, tiene más
experiencia, saber, autoridad, está maduro, en la cima, y tiene
tendencia a volverse duro, severo; quiere que le obedezcan y está
tentado a creer que el mundo entero debe reconocerle como
9

patrón, como amo. Así afronta la tercera tentación que viene de la


cabeza, de la cima de la montaña.

Podemos hacer una comparación entre el hombre y el árbol. Las


raíces están en el estómago, en el sexo. El tronco está
representado por los pulmones y el corazón, es decir, por los
sistemas respiratorio y circulatorio, con las corrientes arterial y
venosa, éstas son las dos corrientes que suben y bajan: una aporta
la savia elaborada que nutre al árbol (corriente descendente) y la
otra transporta la savia bruta hasta las hojas en donde se
transforma (corriente ascendente). Lo mismo sucede en nosotros
para la circulación de la sangre. El sistema arterial transporta la
sangre pura, y el sistema venoso la sangre que ya está viciada. Las
dos corrientes trabajan juntas para la conservación del árbol
humano. Las hojas, las flores y los frutos corresponden a la
cabeza. Todos los pensamientos representan los frutos del
hombre, porque el hombre fructifica en la cabeza, Pero las raíces,
el tronco (con las ramas), así como las hojas, las flores y los
frutos están conectados entre sí. Cada ser debe saber cómo
resolver las pruebas que corresponden a cada uno de estos
estados.

Puesto que nos vemos obligados a afrontar las tres tentaciones,


del estómago, del corazón y de la cabeza, ¿cómo debemos
comportarnos para triunfar de ellas? ¿Cómo debemos responder
a los espíritus, es decir, a los pensamientos y a los deseos
inferiores que nos asaltan? En sus tres respuestas, vamos a ver
que Jesús dio reglas de la magia blanca.

A la primera sugerencia del diablo, de convertir las piedras en


panes. Jesús respondió: "No sólo de pan vive el hombre, sino de
toda palabra que sale de la boca de Dios." En realidad, el alimento
es un símbolo. Existe, desde luego, un alimento físico para el
estómago, pero el aire, tos perfumes, los sonidos, la luz, los
colores, son también alimentos para los pulmones, la nariz, los
oídos, los ojos, etc. Son alimentos más sutiles que el alimento
físico, y debéis saber que existen criaturas en el mundo que se
alimentan solamente de perfumes, colores y sonidos.
10

Normalmente los humanos se imaginan que fuera del reino de los


minerales, de los vegetales, de los animales y de los hombres, no
existe ninguna otra cosa. Ni siquiera sospechan la existencia de
reglones invisibles pobladas de criaturas diferentes de nosotros y
de todo lo que conocemos. En realidad, el universo entero está
lleno de las criaturas más extraordinarias que algunos seres muy
avanzados han llegado a conocer. Diréis que es difícil de creer
que puedan existir entidades que se alimentan de luz, de colores y
de sonidos. Evidentemente, para los humanos, los colores, los
sonidos, la luz, no son alimentos muy sustanciales, pero para
seres hechos de materia muy sutil y tenue, representan fuerzas,
poderes, alimentos. Pero lo que debéis saber, sobre todo, es que
existe una correspondencia entre los sonidos, los colores y los
perfumes con los pensamientos y los sentimientos de los hombres,
porque los pensamientos y los sentimientos producen, en el
mundo etérico, colores, perfumes y sonidos. He ahí todo un
mundo a estudiar, un mundo vasto, de una variedad y de una
riqueza infinita. Y son estas correspondencias las que pueden
explicar los fundamentos de la moral y de la religión.

Ahora se vuelve clara la respuesta de Jesús al espíritu


maligno: no nos alimentamos solamente de pan, sino también de
la palabra de Dios, es decir, de colores puros, de sonidos
armoniosos, de perfumes sutiles. Y así es cómo Jesús pudo
alimentarse durante estos cuarenta días, e incluso durante toda su
vida.

Los diferentes estados de la materia se suceden unos a otros


sin interrupción, y lo mismo que una fuerza puede cristalizarse en
formas, la materia puede ser desintegrada y convertida de nuevo
en energía. Pero volvamos a tomar el ejemplo del alimento. Una
fruta que comemos se transforma en fuerzas que vienen a sostener
no soto nuestra vida física, sino también nuestra vida mental y
afectiva. Gracias a estas fuerzas, podemos hablar, amar, pensar,
etc. Lo que prueba que podemos transformar una materia grosera
en una materia más sutil, e incluso reducirla al estado de luz. Lo
inverso es igualmente posible. Podemos transformar la luz en
11

pensamientos, en sentimientos y en alimento, Pero,


evidentemente, únicamente los Iniciados son capaces de operar
conscientemente esta transformación. Por eso pueden permanecer
durante largos periodos sin ingerir alimento sólido. Toman la luz
del espacio, la condensan cada vez más y se alimentan con ella.
Es difícil, evidentemente, pero es posible. En ciertos casos
vosotros también podéis hacerlo; y, por otra parte, a veces lo
hacéis sin ni siquiera daros cuenta. Sucede, a veces, que estáis
toda una jornada sin comer, porque estáis tan ocupados, tan llenos
de amor, que os sentís alimentados. Es raro, pero sucede. En
menor medida todos los hombres pueden alimentarse de esta
manera.

Toda sabiduría, todo amor, todo pensamiento divino son un


alimento: se transforman y alimentan incluso nuestro estómago.
Debemos verificarlo. Si queremos alimentarnos durante mucho
tiempo de esta manera, debemos conservar el amor, la sabiduría y
los mejores pensamientos en nosotros mismos. Probad, por
ejemplo, a permanecer voluntariamente dos o tres días sin comer,
para purificaros: os sentiréis calmados y os conduciréis con
dulzura, gentileza, etc. Pero suponed ahora que os hayan obligado
a ayunar cuando vosotros queríais comer, ¿qué es lo que sucede?
Os volvéis duros, malos, casi feroces. ¿Por qué esta diferencia?
En el primer caso, el amor es el alimento superior con el que os
alimentáis, mientras que en el segundo, estáis furiosos, porque
queríais absolutamente comer, y, sin amor, obligatoriamente os
volvéis crueles. Sin amor, ni siquiera podemos resistir estar un día
sin comer. Con amor, podemos ayunar cuarenta días.

Pero todavía debo daros algunas explicaciones más sobre


una cuestión con respecto a la que no hay aún mucha luz. Lo que
os he dicho sobre el poder del pensamiento es una realidad, pero
solamente para los Iniciados que saben llenar su corazón de amor
y su espíritu de sabiduría. En general, los hombres que creen en el
poder del pensamiento no saben en qué consiste este poder.
Debemos comprender que los pensamientos que emitimos
permanecen en el mundo superior, y por eso tenemos que esperar
a veces tanto tiempo antes de que se realicen en la materia. A
12

veces, tenemos que esperar durante años, o siglos. Algunos han


sacado la conclusión de que la Ciencia iniciática no es veraz,
porque emitieron tal o cual pensamiento sin obtener ningún
resultado ¿Dónde está, pues, la verdad?

Los pensamientos son muy poderosos en su región, es decir,


en el plano mental, y para que se vuelvan también poderosos en el
plano físico, hace falta mucho tiempo, porque deben atravesar las
diferentes capas que separan el plano mental del plano físico.
¿Qué hay que hacer entonces para que se realicen
inmediatamente? Hay que tener los sentimientos y llevar a cabo
los actos que corresponden a estos pensamientos. Mirad lo que
sucede en la naturaleza: el Sol actúa sobre el aire, el aire sobre el
agua (los océanos), y el agua sobre la tierra (las rocas). Según las
leyes de correspondencia, el agua representa el sentimiento que
actúa sobre la materia, el cuerpo físico Pero únicamente los muy
grandes Maestros pueden materializar inmediatamente sus
pensamientos en el plano físico, mientras que la mayoría de los
hombres, aquéllos que se contentan con pensar y con desear sin
actuar, tendrán que esperar durante siglos la realización de sus
proyectos

Las tres tentaciones a las que el


espíritu maligno sometió a Jesús
conciernen, pues, al estómago, al
corazón y a la cabeza Os dije que
nosotros también seremos
obligatoriamente sometidos a estas
tentaciones, para superarlas, sólo
debemos contar con tres armas: la
esperanza, la fe y el amor.

La esperanza está relacionada con el estómago; puede


incluso convertir las piedras en panes, tiene el poder de
transformar el alimento.

La fe está relacionada con los pulmones y con el corazón,


Ahí está el templo en el que Dios habita, la religión, las dos
13

fuerzas equilibran tes: la izquierda y la derecha, arriba y abajo, la


subida y el descenso. Cuando Jesús respondió al diablo:
"También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios", afirmaba su
fe en el Señor que vive dentro de él, negándose a poner a prueba
esta fe cometiendo un acto tan insensato como era el de
precipitarse desde lo alto del templo.

La tercera tentación, que concierne a la cabeza, sólo puede ser


superada con el amor. Subir a la montaña, es decir, a la cima (la
cabeza), es ser sabio, poseer la autoridad y el poder. El que ha
sabido llegar hasta ahí es tentado por las grandes posibilidades
que le ofrece la vida. Es muy difícil resistirse a todas estas
riquezas que se le ofrecen, a la gloria y a la posesión del mundo.
Lo que puede salvarnos de esta tentación es el amor a Dios. Si no
poseemos este amor, escogeremos las riquezas, la opinión
pública, la gloria, y nos apartaremos del Señor. Contra esta
tentación Jesús dio esta respuesta mágica: "Adorarás al Señor, tu
Dios, y a Él sólo servirás."

La esperanza, la fe y el amor son las grandes armas que nos


permiten triunfar de las pruebas. La esperanza es el arma mágica
contra los accidentes de la vida material, las privaciones, las
pérdidas o las miserias. La fe nos permite defendernos contra los
seres que quieren quebrantarnos, seducirnos, hacernos caer en el
Infierno. El amor nos conecta con Dios y nos permite
permanecerle fieles y escapar al pecado del orgullo.

Recientemente, he visto un pequeño film muy divertido


sobre los peces: los peces en la escuela. Un gran profesor pez
daba explicaciones a sus alumnos dibujando en la pizarra. Los
pequeños alumnos peces escuchaban, tenían cuadernos y
sostenían lápices con sus aletas. El profesor, que había dibujado
pequeños anzuelos, les decía a sus alumnos: "¿Veis?, queridos
niños, esto son anzuelos. Por todas partes donde los veáis, aunque
cuelgue de ellos un hermoso gusano apetitoso, no os acerquéis a
morderlo, porque es muy peligroso, porque os cogerían y os
comerían." Había, sin embargo, un pequeño pez poco atento,
indisciplinado, que no escuchaba la lección sobre los anzuelos.
14

Pensaba: "Yo ya sé muchas cosas, no necesito escuchar todas


estas pamplinas", y se divertía contando las burbujas que hacía su
profesor mientras hablaba. Después de la hora de clase, quiso ir a
pasearse; mientras nadaba al azar, vio un pequeño gusano colgado
de un anzuelo, y, evidentemente, se precipitó para morderlo. De
repente, se sintió cogido, se agitó en todos los sentidos hasta que,
por fin, agotado, herido, consiguió desprenderse. Entonces
comprendió el gran peligro que acababa de correr y vio la utilidad
de lo que el profesor le había enseñado. Nosotros somos, también,
pequeños peces en el océano de la existencia Los grandes
Maestros nos previenen de todas las seducciones y de todos los
peligros que podemos encontrarnos, nos ponen en guardia contra
los anzuelos, pero nosotros les respondemos: "¡Déjenos en paz!
Nosotros sabemos lo que hay que hacer."

Por otra parte, podríamos comparar al hombre con muchos


otros animales imprudentes. En el pasado, para atrapar a un ratón,
se servían de ratoneras en las que ponían tocino; el ratón se
acercaba, estudiaba la situación, escuchaba. Pensaba, claro, que
sería un poco peligroso entrar en la ratonera, pero, como estaba
seguro de poder entrar y salir muy rápidamente, se precipitaba,
pues, para coger el trozo de tocino, pero la ratonera se cerraba
más deprisa y le retenía prisionero. La mayoría de los hombres
razona también como el ratón, se dicen: "Yo soy muy listo,
lograré comerme este pequeño pedazo y nadie podrá atraparme.
Las leyes existen para los demás, pero no para mí. Cogeré
rápidamente lo que quiero y saldré." Imposible, una ley entra en
juego. En cuanto tocamos la trampa, quedamos encerrados. Hasta
ahora nadie ha podido engañar a la naturaleza, porque ella tiene
ratoneras.

Cada pensamiento y cada sentimiento de celos, de odio, de


orgullo, desencadena la trampa. Después, sin saber por qué, nos
sentimos en un estado raro, indispuestos. Es porque hemos
desencadenado la cerradura de la trampa. Aunque seamos muy
listos, muy astutos, no podemos engañar a la naturaleza.

Gracias a la astrología, podemos conocer todas las pruebas


15

que un día deberemos atravesar. Existen muchas pruebas


diferentes, pero todas pueden clasificarse en una de las tres
categorías siguientes:

1. Aquéllas en las que nuestra voluntad es verificada.


2. Aquéllas en las que nuestro amor es pesado.
3. Aquéllas en las que nuestra inteligencia es sondeada.

Cada vez que tengáis una dificultad, preguntaos: "¿De qué


naturaleza es la prueba que hoy estoy pasando? ¿En qué categoría
entra?" Porque cada categoría de pruebas requiere que actuemos
de una manera determinada.

El tema astrológico da un cierto número de elementos que


permiten encontrar la solución a adoptar para las tres clases de
pruebas, pero hasta ahora nadie ha prestado atención a este
asunto. No todos los hombres se encuentran situados en las
mismas condiciones. Algunos sólo han venido a la Tierra para
resolver problemas puramente materiales. Deben luchar en la
materia para alimentarse, vestirse, tener alojamiento, dinero.
Otros se encuentran perfectamente bien en el plano material, pero
tienen dificultades en el terreno de los sentimientos. Encuentran
dentro de sí mismos celos, sospechas, gustos depravados. Nada
les falta en el plano material, pero nada anda bien en su corazón.
Otros, en cambio, tienen dificultades en el dominio mental. Están
privados de inteligencia, dudan, están inseguros y no saben cómo
conducirse.

Cada uno está predestinado a trabajar en un dominio más


que en otro. Puede suceder también que estemos llamados a
trabajar en todos los dominios a la vez; eso les sucede a los seres
inferiores que no han evolucionado mucho, o, al contrario, a
aquéllos que están muy evolucionados y muy dotados. El tema
astrológico revela estas particularidades.

Un día me encontré con un astrólogo muy sabio que me


pidió que le interpretase su tema. Entre otras cosas le dije: "Preste
atención cuando coma, observe muy atentamente los alimentos
16

antes de tragarlos, porque hay entidades del mundo invisible que


quieren empujarle a tragarse algo peligroso, para que tenga que
sufrir operaciones en la garganta". Este astrólogo me respondió
riendo: "Sí, cinco veces ya en mi vida me he tragado anzuelos al
comer pescado, y una vez incluso tuve que ser operado". Los
hombres tienen, pues, las mismas desventuras que los peces.
Desgraciadamente, para los hombres los anzuelos se encuentran
también en el plano de la voluntad, de los sentimientos y de los
pensamientos. Y los anzuelos de estos planos no se extraen
después fácilmente de la garganta. A veces hacen falta años para
liberarse de ellos.

El año 1939 será rico en buenas condiciones para el


desarrollo espiritual, y, si los hombres son razonables, si
aprovechan estas buenas condiciones, podrán evitar las grandes
desgracias de la guerra que se aproxima. Ya sé que algunos
astrólogos predicen que no habrá guerra. (El Maestro ya predecía la guerra
del 39)

¡Cómo se equivocan! Habrá guerra. Tras este año vendrán


unos acontecimientos inimaginables, terribles, terroríficos, pero
no entraré en los detalles. Hay que aprovechar bien, pues, el año
1939, mantener la libertad de acción, no quedar prisioneros de
situaciones inextricables, porque, pasado este año, estas
excelentes condiciones desaparecerán, habrá perturbaciones en el
mundo entero. Una guerra atroz estallará. Trabajad, pues,
estudiad, rezad, ya no hay mucho tiempo. Se trata ahora de cosas
graves de las que debéis estar prevenidos para poder trabajar.

La Fraternidad Blanca Universal de los grandes Espíritus de


arriba que dirigen los destinos del mundo permitirá la guerra para
dar todavía una lección a los humanos. Si ella no permite la
guerra, ésta no puede tener lugar. Pero, en realidad, para que la
guerra estalle, sólo hay que dejar hacer a los hombres, porque la
guerra no es más que la consecuencia de su conducta insensata.
Sin cesar, la Fraternidad Blanca se esfuerza en detener las
guerras, y ahora no la detendrá. No sabéis lo que es para los
Iniciados tener que detener constantemente conflictos sangrientos.
17

La Fraternidad Blanca permitirá, pues, una vez más la guerra. En


1914, también la permitió, pero como la humanidad no aprendió
entonces gran cosa, la guerra que va a venir será mil veces más
terrible aún. Es preciso que todos escuchen y sepan eso. (Y así
sucedió.)

La humanidad debe comprender y detenerse ante la


pendiente por la que se está deslizando. Quisiera poder gritar eso,
porque los seres son tan duros de mollera que aunque se les repita
durante siglos la misma verdad, siguen haciendo oídos sordos y
están como petrificados. Se diría que desean aún otra sacudida
extraordinaria que lo trastoque todo. Si llorase ante vosotros,
pensaríais que soy débil, sentimental, pero, os lo aseguro, hay de
qué llorar. Ignoráis, desgraciadamente, cuántos miles de personas
trabajan para la destrucción del mundo y de Francia en particular.
El que lo sabe, no puede permanecer tranquilo. Me tomaréis quizá
por loco, pero acordaos de que antes de los grandes cataclismos el
mundo invisible siempre ha enviado a locos así a hablar a los
hombres. No tengo palabras ni fuerzas suficientes para gritar y
para que me comprendan.

Ya os indiqué en mis conferencias los mejores métodos para


atravesar las dificultades de la vida, y esta tarde insisto todavía en
este punto: que para resolver las dificultades no hay que acumular
solamente conocimientos, sino crear dentro de uno mismo un
estado de conciencia armonioso, luminoso, poderoso; eso es lo
que importa. Insisto aún para que aquéllos que vienen aquí,
vengan para sentirse en un nuevo estado de conciencia, en un
estado de fraternidad, de calor, de paz.

Podemos aprender solos en las bibliotecas, pero solos no


podemos conocer el calor y el amor que fluyen a través de los
seres vivos. Lo más importante aquí, es sentir una corriente de
fraternidad, crear este nuevo estado de conciencia. Quiero que
vengáis aquí para crear una atmósfera luminosa que se difundirá
por el mundo entero. Todo lo que pensamos y sentimos aquí se va
a la atmósfera y alcanza a muchos cerebros que empiezan a
pensar en nosotros y participan en el trabajo de la Fraternidad
18

Blanca Universal.

Os lo ruego, no vengáis aquí para escuchar discursos


elocuentes que no haré, o para ver a un ser más o menos oriental,
joven o viejo, bello o feo. Venid para crear un ambiente de amor y
de luz, para que nazcan en el mundo entero focos fraternales

Enviemos ondas al espacio, para que todos los hombres se


despierten y se pongan al servicio de la Causa suprema. Señor,
amo tu Sabiduría, creo en tu Amor, espero en tu Poder.

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Conferencia del Maestro
OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
París, 28 de Febrero de 1939

Del Tomo 4:O.C.


El grano de Mostaza
Capítulo VII:

EL NIÑO Y EL ANCIANO
El amor y la sabiduría

"Entonces le presentaron a unos niños para que los tocara, y


los discípulos quisieron alejarlos. Viéndolo Jesús, se indignó y les
dijo: "Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis,
porque de los que se asemejan a ellos es el Reino de los Cielos. En
verdad os digo que quien no recibiese como niño el Reino de Dios,
no entrará en él" Y estrechándolos en sus brazos, y poniendo
sobre ellos las manos, los bendecía."

San Marcos 10: 13- 16

"En esta misma ocasión se acercaron los discípulos a Jesús,


y le hicieron esta pregunta: "¿Quién será el mayor en el Reino de
los Cielos?" Y Jesús, llamando a un niño, le colocó en medio de
ellos, y dijo: "En verdad os digo que si no os hacéis semejantes a
los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos."

San Mateo 18: 1 - 3

Escuchándome leer estos versículos, pensabais: "¿Por qué


escoge estas líneas? Desde hace dos mil años oímos repetir a los
curas y a los pastores que hay que ser como niños, y es ridículo. No
hay nada en estos versículos". Sí, estos versículos son muy sencillos:
"Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis, porque de los
que se asemejan a ellos es el Reino de los Cielos..." ..."Si no os
hacéis semejantes a los niños, no entraréis en el Reino de los
Cielos..." Todo el mundo los ha leído y piensa haberlos
comprendido. No, no los han comprendido, y, cuando os los haya
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explicado, podréis ver que contienen ideas muy profundas.

Cuando pensamos en un niño, no podemos dejar de pensar


también que un día se convertirá en un anciano. Para comprender al
niño hay que saber también lo que es el anciano. No podemos
comprender al uno sin el otro. Astrológicamente están representados
por el eje Géminis - Sagitario, que es el de los estudios. Géminis
representa los conocimientos adquiridos en contacto con la realidad
concreta, es el niño que estudia las cosas probándolas, tocándolas...
Sagitario es el anciano que está sumido en la reflexión abstracta: la
filosofía, la religión.

El hombre llega a la Tierra como un niño y se va de ella como


un anciano, pero no conoce el significado de esta evolución. Sin
embargo, debo deciros que, si venimos a la Tierra, es para saber lo
que quiere decir ser un niño y ser un anciano. Sí, éste es un
problema muy importante que tenemos que resolver. Conocéis la
pregunta que la Esfinge le hizo a Edipo: "¿Qué animal es el que por
la mañana camina a cuatro patas, a mediodía a dos patas, y por la
tarde a tres?" Y Edipo resolvió el problema descubriendo que este
animal es el hombre: por la mañana es un niño pequeñito que se
desplaza a cuatro patas; a mediodía es un adulto que anda con sus
dos pies; y por la tarde es un anciano que camina con ayuda de un
bastón.

Jesús dijo a sus discípulos: "Dejad que los niños vengan a mí,
porque de los que se asemejan a ellos es el Reino de los Cielos." Los
discípulos de Jesús ya tenían una cierta edad, ¿cómo podían
asemejarse a niños? Después, evidentemente, Jesús les dio
explicaciones, pero éstas no fueron escritas. Jesús profundizó ante
sus discípulos un gran número de cuestiones, pero lo que se nos ha
transmitido no es más que el esqueleto de su Enseñanza

En todos los tiempos los hombres han buscado el secreto del


rejuvenecimiento, el elixir de la vida inmortal, y, claro, muy pocos
lo han encontrado. Todas las mujeres viejas que fueron bonitas
buscan también, para rejuvenecer, remedios alquímicos; los más
modernos se llaman "Institutos de Belleza", pero, éstos, como
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ignoran los verdaderos secretos, sólo utilizan medios exteriores


cuyos efectos no duran mucho tiempo. Sin embargo, el verdadero
secreto del rejuvenecimiento existe. Oigo que decís: "Díganos
pronto este secreto, ¿por qué esperar?" Pero para poder
comprenderlo, primero debéis estar preparados.

Existe una conexión muy fuerte entre los niños y los ancianos.
Ya sabéis que a los niños les gustan las personas mayores, e
inversamente. Porque los niños desean parecerse a los ancianos, ser
sabios, filósofos, mientras que los ancianos quieren volver a ser
niños; forman un círculo cuyo principio es la infancia y cuyo final es
la vejez. Los dos extremos se tocan. Sin embargo, claro, un niño y
un anciano no inspiran en absoluto los mismos sentimientos. Cuando
veis a un niño pequeño, inmediatamente deseáis abrazarle,
acariciarle, hablarle, tenerle en brazos. Mientras que cuando veis a
un anciano, no sentís ganas de mimarle, de llevarle en brazos ¿Por
qué? Responderéis que porque el niño es más ligero. No, no sólo es
eso...

Cuando el niño nace, tiene los puños cerrados. Cuando el


anciano muere, tiene las manos abiertas. El niño, con los puños
cerrados, quiere decir: "Tengo una gran confianza en mis fuerzas,
quiero manifestarme y vencer al mundo entero". Mientras que el
anciano, que ha despilfarrado su vida en busca de una felicidad que
no ha encontrado, dice: "Estoy decepcionado, creí que obtendría
muchas cosas, y lo he perdido todo". Se va desesperado: abre las
manos. Éste es el caso más frecuente. Pero están también aquéllos
que son verdaderos ancianos, es decir, hombres que han obtenido la
sabiduría, una vasta experiencia, los que han comprendido el sentido
de la vida y pueden enseñarlo a los demás.

En realidad, es muy difícil llegar a ser un verdadero anciano,


tan difícil que Jesús dijo: "Si no os hacéis semejantes a los niños, no
entraréis en el Reino de los Cielos." Para ser aceptados en el Cielo,
hay que ser niños. En el Cielo ya están los 24 Ancianos, y no hay,
por tanto, sitio para otros. Los 24 Ancianos son unos Espíritus
sumamente sabios y forman un consejo que preside los destinos de
los seres, ¿Cómo osaríamos presentar nuestra candidatura a este
4

consejo? No podemos, pues, presentarnos en el Paraíso como


ancianos, sino que debemos entrar en él como niños. Para ellos no
hay límites, todos los niños son aceptados; el Paraíso está poblado
de niños, mientras que no hay más que 24 Ancianos. ¿No me creéis?
Si, el sólo hecho de que todos los ancianos sean expedidos para
reencarnarse en la Tierra, prueba que no han sido recibidos en el
Paraíso. Un hombre dice: "Mi padre está en el Paraíso, junto a
Dios". En realidad, ya esté reencarnado en una familia como un
pequeñito bebé. ¿Por qué ha vuelto? Para aprender la sabiduría y el
amor que están escondidos en estos dos símbolos del niño y del
anciano.

Escuchadme ahora atentamente. El niño y el viejo son los dos


estados que debemos desarrollar durante nuestra existencia. El niño
es el amor, que aporta la abundancia de fuerzas y de energías, que lo
quiere ver todo, tocar todo, que quiere actuar y manifestar la vida. El
anciano es la sabiduría, que no se agita, pero que hace
observaciones, análisis, y que, sobre todo, sabe sacar conclusiones.
Actualmente, por todas partes, en la sociedad, tas escuelas, los
negocios, los hombres desarrollan su intelecto y se olvidan de su
corazón. Estudian, se vuelven secos, críticos, suspicaces,
descontentos. El aspecto "anciano" está perfectamente desarrollado,
pero ¿dónde está el aspecto "niño"?

Observad a los niños pequeños cuando aprenden a caminar; se


caen, se levantan, vuelven a caerse, se vuelven a levantar, hasta que
consiguen mantenerse en pie. Mientras que observad a un anciano.
Si hace una experiencia en el dominio espiritual, por ejemplo, y se
cae, dice: "Se acabó, no haré un segundo ensayo". Y en el plano
físico, si se cae, espera a que le levanten y cuando le socorren es
para llevarle al hospital. Eso significa que un ser que es anciano en
su carácter, en su alma, en sus pensamientos, si se cae, ya no se
levanta. Dice que son otros los que deben levantarse y actuar, porque
su vida ya ha terminado. Y no, debe hacer miles de ensayos, si hace
falta, pero debe levantarse de nuevo para andar, porque, si no, no
aprenderá a caminar en el Reino de Dios.

Observad aún a los niños. Les dais un bombón, una piedra, un


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insecto, y se alegran. Mientras que a los ancianos, aunque les deis


una casa, no están contentos, se quejan porque no les habéis dado
dos o tres. Si les dais un millón, querrían diez. Dios les ha dado
muchas cosas, pero no las ven y nunca están contentos, no hacen
más que gruñir. Por eso no entrarán en el Reino de Dios, porque el
Reino de Dios es un estado de conciencia hecho de flexibilidad y de
gozo. Puesto que no son capaces de entrar en el Reino de Dios
durante esta vida, ¡cuánto menos lo serán en el otro mundo! Desde
ahora ya se les niega la entrada.

No penséis que cuando hablo así de los ancianos considere


sólo la edad, porque hay jóvenes que ya a los 16 años son
enteramente ancianos: están aburridos, fatigados, asqueados, tristes
y apagados: nada les interesa, ninguna actividad les tienta: son
incapaces de arrebatos, de maravilla, de entusiasmo. En cambio, hay
ancianos que tienen el corazón joven, siempre niño, rico, inagotable.
Nos gustaría abrazarles, porque están resplandecientes, son alegres,
exquisitos. Si, a pesar de su edad deseamos abrazarles, llevarles en
brazos, porque son como niños.

Los niños no se inquietan por el mañana, sonríen, saben que


sus padres les darán de comer, les vestirán y les darán juguetes. Los
ancianos están llenos de preocupaciones, están haciendo sin cesar
cálculos para el futuro, se preguntan cómo ganar dinero, cómo
vender su casa, etc. Y, justamente, toda la cultura contemporánea
nos enseña a ser ancianos. No está bien ser como niños, según
parece. El reproche más grave que se le puede hacer a alguien es
decirle: "Actúa como un niño... ¡Qué niño es usted!" Para agradar a
la opinión pública, tenemos que ser sombríos, serios, lentos,
cristalizados. Si un adulto es alegre, sencillo, accesible, consideran
que no es sabio ni profundo. Con esta filosofía que mata cada vez
más los buenos impulsos de su naturaleza, el hombre se destruye.
Por eso, sed como niños, con un corazón siempre vivo, amante, que
se interese por todo, que perdone rápido, que se alegre de las
menores cosas, que se olvide rápidamente de las vejaciones, de las
tristezas y de las caídas, un corazón constantemente dispuesto a
amar, a abrazar al mundo entero, un corazón que no se cristalice, que
no se enfríe. Mientras el corazón conserve su calor, no podemos
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envejecer.

Los niños están llenos de confianza en sí mismos, se creen


capaces de luchar contra los mayores, de derribarles, de ser más
fuertes que ellos; cuando lo intentan, no lo consiguen, pero siguen
creyéndolo. Creen también todo lo que les cuentan, aunque sean
mentiras. En cambio, los ancianos no os creen ni cuando les decís la
verdad. Son suspicaces y dicen: ¡Cuántas veces he visto eso, hijo
mío! No soy tan estúpido como para creérmelo otra vez, ¡ya no
pueden engañarme!" En realidad, se les puede engañar muy
fácilmente, porque no ven las cosas muy claramente, salvo, claro,
cuando se trata de ancianos en el sentido iniciático del término.

Voy a contaros una pequeña historia. La cosa sucedía en


Bulgaria... Eran dos ancianos, un hombre y su mujer, que se querían
mucho y que vivían muy sencillamente. Poseían un caballo, y el
marido, que ya no podía trabajar, decidió un día ir a venderlo al
mercado. Al salir abrazó a su mujer, que estaba muy contenta porque
le había prometido traerle un regalo. El anciano, pues, llega al
mercado y se pasea con su caballo, que era una bestia magnifica. Al
pasar, le llama la atención una vaca que llevaba un campesino, y se
dice a sí mismo: "¡Anda! ahí hay una vaca que puede dar leche; mi
vieja mujer estará feliz de poder beberla todos los días". Entra
entonces en conversación con el campesino y le cambia el caballo
por la vaca Muy satisfecho, sigue su camino con la vaca... Unos
minutos más tarde, ve una oveja muy gorda, con una hermosa lana
blanca, y se dice: "Esto es lo que me hace falta. Mi vieja mujer
estará encantada si además de leche tiene también lana, que reclama
desde hace tiempo. Será perfecto". Le pregunta al propietario de la
oveja, quien, evidentemente, acepta inmediatamente cambiar su
oveja por la vaca. Un poco más lejos, el anciano ve una gallina en
las manos de un campesino. La encuentra magnífica y se dice:
"¡Mira!, con esta gallina mi mujer comerá huevos. La leche hay que
ordeñarla, mientras que los huevos están listos para ser cocidos".
Cambia, entonces, la oveja por la gallina y sigue su camino. Y, he
ahí que ve unos huevos, unos huevos muy hermosos: "En vez de
esperar a que la gallina los ponga, se dice, ¿no es mejor comprar
huevos ya puestos?" Y propone al comerciante cambiar su gallina
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por los huevos. Hecho esto, se alegra de llevarle a su mujer unos


huevos tan magníficos. Más adelante todavía, ve a un hombre que
vende agujas: "Mi mujer las necesita para coser", se dice, y cambia
sus huevos por una aguja.

Finalmente, por la tarde, muy feliz por su buen negocio, vuelve


a casa. Llama a la puerta... Como se había hecho tarde su mujer
empezaba a inquietarse, pero viene a abrirle y le acoge sonriente:
"¡Ah! ya has vuelto, ¡qué contenta estoy!" Y el marido le cuenta
cómo ha ido la jornada: "¿Sabes, viejita mía, cambié mi caballo por
una vaca. Perfecto, así beberé leche. - Si, pero después cambié la
vaca por una oveja. - Mejor, así tendré lana. - No, porque cambié la
oveja por una gallina. - Mejor que mejor, comeré huevos frescos. -
Pero cambié la gallina por huevos. - Todavía mejor, porque la
gallina lo habría ensuciado todo. - Sí, pero cambié los huevos por
una aguja. -Magnífico, Justamente necesitaba coser!" Y el viejo
busca la aguja en todos sus bolsillos y se da cuenta de que la ha
perdido. Su mujer le dice entonces: "¿Sabes?, así es mucho mejor,
porque mi vista está bajando y ya no puedo coser muy bien". Y
ambos se alegran: ella por no tener que coser y él por haber pensado
en llevarle un regalo.

Os reís, pero estos dos ancianos tenían una filosofía magnifica.


No eran muy inteligentes, ni muy sabios, eso se ve, pero esta
armonía que había entre ellos les hacía felices. Todo lo que hacía el
primero era adorable para el segundo. Gracias a esta armonía vivían
en la felicidad y la juventud, una vida espléndida. Encontraréis,
claro, que es estúpido. Pero ¿encontráis acaso más inteligente la
forma de comportarse de la mayoría de los casados? El marido
vuelve a casa, y su mujer empieza a reprocharle que haya dado dos
bofetadas a fulano o zutano, en vez de haberle molido a golpes;
después, se enfada porque sólo le trae unos miles de francos, en vez
de unos millones, porque no podrá comprarse vestidos o joyas. Y
discuten... Sí, porque son muy "inteligentes". Después, recurren
también a una gran ciencia, buscan el apoyo de abogados para
querellarse, de sacerdotes para confesarse... Pero nadie puede
reconciliarles, porque son demasiado inteligentes Son unos ancianos.
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Hay que ser como niños. Claro que no os aconsejo ser como el
anciano de esta historia que acabo de contaros, sino como su vieja
mujer que se alegraba por todo y que era adorable. Yo conozco a
ancianos como éstos, todavía viven, Quizá ya tengan dos o tres mil
años, pero viven todavía. Es raro, claro, encontrar gente así, porque
todos son demasiado inteligentes. Sin embargo, llegará un día en el
que todos querrán ser un poco "estúpidos", es decir, no dar tanta
importancia a las condiciones externas, a las ventajas materiales,
sino aceptarlo todo diciendo: "¡Así es mucho mejor!" y dando
gracias al Cielo.

Os hablo de los niños y quizá entre vosotros haya mujeres que


mañana le digan a su marido: "¿Ves?, me reprochas que sea como
un niño, pero en la conferencia han dicho que había que ser como un
niño pequeñito". ¡Es magnífico! Se aprovecharán de mis palabras
para quejarse de estar siempre solas, abandonadas, y para querer que
hagan todos sus caprichos. Pienso que estas mujeres quizá sean unos
niños encantadores, pero deben desarrollar también la sabiduría.

El amor y la sabiduría, esto es lo que debemos poseer: el amor en el


corazón y la sabiduría en el intelecto. El corazón debe seguir siendo
eternamente joven, y el intelecto debe ser muy viejo. Porque, si se
produce lo inverso, si el corazón es viejo y el intelecto muy joven, el
resultado es desastroso. El hombre que siempre está descontento,
triste, decepcionado, inquieto, que siempre es suspicaz, tiene el
corazón de un anciano. No ama, no se interesa por nada y no avanza.
Pero, la mayoría de las veces, el intelecto de un hombre así se ha
quedado en la infancia. Los más grandes sabios, los filósofos más
profundos, deben conservar la juventud de su corazón, aunque sean
sumamente eruditos. Su corazón debe estar siempre dispuesto a
amar. ¿Por qué no? Yo aconsejo incluso a todos los ancianos que se
enamoren. El intelecto no debe quedarse como un niño, sino adquirir
una gran sabiduría, una gran profundidad. El intelecto y el corazón,
juntos y conectados, éste es el significado escondido en los dos
símbolos del niño y del anciano.

Cuando llega un niño a una familia, ¿cuántos padres saben de


dónde viene, cuál es su historia, y por qué nace ahí, en su casa? A
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menudo los hijos vienen a una familia porque en una encarnación


anterior tuvieron ciertas relaciones con sus padres. Si se trata de un
chico, quizá fuera el amante de la madre, o si es una chica, la amante
del padre. Como no supieron manifestar el amor bajo su verdadera
forma, ahora deben amarse de otra manera para evolucionar. No
penséis que el amor físico ordinario no evoluciona. Si hoy un
hombre y una mujer sienten el uno por el otro una atracción sexual,
volverán, quizá, para amarse como padres e hijos. De nuevo se
abrazan, pero sus besos serán los de la madre, o del padre, y del hijo;
más evolucionados, más espirituales. Pero no debéis imaginaros
ahora que los hijos de una familia siempre fueron, en una
encarnación anterior, los amantes de la madre o las amantes del
padre. Puede ser, por ejemplo, que en el pasado ciertas personas
hayan hecho daño a otras y que deban ahora acogerlas como hijos en
su familia para reparar.

Pero considerad la forma de actuar de los adultos. Ven a su


joven hijo que juega solo y que, sin embargo, habla a alguien, le
sonríe y le mira como si verdaderamente le viese. Entonces piensan:
"Mi hijo se conduce como un estúpido". No saben que hay seres
invisibles que rodean a los niños pequeñitos y les protegen. Lo
mismo que, en el plano físico, el niño está siempre rodeado de
personas que se ocupan de él, de alimentarle, de darle bombones,
pasteles, juguetes, también en el mundo invisible un niño está
rodeado de entidades que velan por él, que se ocupan de él. A veces,
el niño le dice a su madre señalando al espacio vacío: "Mira, mamá,
hay un señor muy brillante, como de luz, que me ha dado algo", o
"Mamá, mira estos ángeles que han entrado". Y la madre le da un
azote para que no siga diciendo tonterías. A veces, también, el niño
ve gnomos, elfos, u otros seres, pero sus padres le hacen callar, y
tras un cierto tiempo ya no ve nada más. Los padres deben estar muy
atentos para preservar las posibilidades psíquicas del niño. Deben
escucharle con atención para que éste les cuente sus visiones, porque
la mayoría de los niños pequeñitos son clarividentes;
desgraciadamente, si les repiten: "Cállate... dices tonterías...",
dándoles además algún azote, dejan de estar en buenas condiciones
para conservar su clarividencia. 4
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En la sexta raza, el mundo entero tendrá el ideal de realizar el


amor y la sabiduría. Hasta ahora no era éste el caso. Todos seguían
el camino de los ancianos: deseaban vivir solitarios y sin amor, en
las montañas, en un bosque, o en conventos, para adquirir la
sabiduría y permanecer puros. Esto es un error, De esta manera sólo
permanecemos puros muy poco tiempo. Para llegar a ser y
permanecer puros, hay que amar, hay que seguir estando en la vida,
en la sociedad, entre tos demás. En el pasado hubo demasiados
ascetas que vivieron como ancianos. A este respecto, os contaré otra
anécdota. Había dos hermanos; el primero era zapatero en una
ciudad y el segundo vivía solitario en un bosque, en la montaña, en
donde rezaba, meditaba y quería ponerse a salvo de las trampas del
amor y de las seducciones del mundo. Se había vuelto tan puro que
podía tener continuamente una bola de nieve en la mano sin que se
fundiese. Así pasaron años... Un día, el zapatero visitó a su hermano
en la montaña; se maravilló de la pureza que reinaba en las alturas, y
después le invitó a bajar a la ciudad para pasar algún tiempo en su
casa. El eremita aceptó y descendió a la ciudad. Una vez, estando
sentado en la tienda de su hermano, que estaba ocupado recibiendo a
sus numerosos clientes, apercibió a una bonita mujer que se
levantaba un poco la falda para probarse unos zapatos El zapatero,
que le ayudaba a ponerse el zapato, tocaba su pie con toda
tranquilidad. Pero el asceta, que miraba, sintió que la bola de nieve
empezaba a fundirse, y comprendió que permanecer puro es poder
serlo también en la vida, entre los demás, y no solamente en las
grutas de la montaña.

De ahora en adelante debemos tener otra comprensión de la


pureza, y la época de Acuario aportará esta nueva comprensión. Los
hombres tendrán en el corazón la audacia y la fuerza de Leo (que es
la constelación opuesta a Acuario) para vencer todas las dificultades,
afrontar los peligros de la vida, ayudar, proteger y salvar a los
demás. Los Iniciados, los místicos, los ascetas, que hasta entonces
vivían escondidos y solitarios, abandonarán su retiro y vendrán a la
vida misma para trabajar y aportar a todos las riquezas espirituales.
Si, es así cómo el mundo se transformará, y no de la manera que
piensan los eremitas y los puritanos.
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La Fraternidad Blanca se manifiesta ahora en el mundo para


anunciar la sexta raza, la época de Acuario, la filosofía del Amor y
de la Sabiduría. Preguntáis: "¿Pero ya estamos en Acuario?... ¿Ha
entrado ya en Acuario el punto vernal?" No, pero antes de la llegada
de la primavera ya hay signos precursores. E, igualmente, cada
cultura empieza a manifestarse antes de que las fuerzas vengan en
plenitud, porque hay un orbe de fuerzas. Exactamente como la
influencia de un planeta empieza a hacerse sentir antes de que éste
forme un aspecto preciso. Y, puesto que la sexta raza ha comenzado
a manifestarse, eso significa que la constelación de Acuario está ya
en acción.

Algunos me preguntan: "¿Por qué usted es, a veces, como un


niño?" Responderé que porque he escogido serlo. Antaño era un
anciano con una gran barba, pero vi que la época de Acuario se
aproximaba y me di prisa para nacer bajo la influencia de esta
constelación; y, por otra parte, en mi tema astrológico, el Sol, así
como otros planetas, se encuentran en Acuario. Si pensáis que soy
parecido a un niño, soy feliz, no pierdo nada con ello, al contrario.
¿Por qué los hombres quieren ser siempre estimados y respetados?
Se estima a los ancianos, se les respeta, pero no se les ama. Una
montaña es algo grande que admiramos, pero andamos sobre ella,
mientras que deseamos una pequeña perla para llevarla sobre
nosotros. ¿Quién de vosotros ofrece muestras de respeto a los niños
y les hace reverencias? A los niños, se les acaricia, a veces se les da
unos azotes, pero se les ama. En el amor que tenemos por ellos hay
calor; mientras que en el respeto a menudo hay frío. Se respeta a los
grandes personajes, a los ancianos, a los sabios, pero raramente se
les ama. La gente se inclina ante un gran anciano, le hace una
profunda reverencia, pero busca la forma de dejarle lo antes posible.

El que quiera ser siempre respetado perderá el amor de los


demás. El que quiera ser un anciano conocido perderá el calor. Al
contrario, el que quiera ser como un niño quizá no sea respetado,
pero todo el mundo le amará. Si sólo queréis el respeto de los demás,
llegará el día en que os sintáis incómodos. Diréis: "Cuando paso por
la calle, todos me saludan con mucha consideración, pero me siento
solo y nadie viene a calentarme". El respeto nunca nos colma; sólo
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el amor nos hace felices. Por eso aquél que quiera estar colmado
debe preferir el amor y, por tanto, debe llegar a ser como un niño.
¡Evidentemente, mejor si tenemos los dos; el amor y el respeto!...

Yo prefiero ser amado por los demás, más que respetado. Si no


me he presentado como un Maestro, sino como un hermano, es
porque prefiero el amor al respeto. Vosotros también debéis preferir
el amor, porque, si no, más tarde, cuando os encontréis solos,
constataréis tristemente que os dije la verdad. Aquél que, a los 99
años, es amable, agradable, alegre, es amado por todos y bien
cuidado, porque es semejante a un niño, siempre contento y
adorable. Diréis: "Pero ¿cómo se puede ser así todavía a esta edad?"
Os doy un ejercicio: cada mañana permaneced un cierto tiempo en
oración, en meditación, en la paz. Elevad vuestra conciencia lo más
alto posible, y Dios os hablará. Todo lo que os sea dicho así,
escribidlo en un cuaderno especial, anotando la fecha del día.
Escribid todos los pensamientos que os vengan en estos momentos.
Hacedlo cada día, durante todo el año.

Caminemos todos juntos por el camino del amor y de la


sabiduría, ¡vayamos juntos con alegría! Si uno se cae, debe
levantarse inmediatamente, aunque vuelva a caer, dos, tres veces...
Las peores dificultades y los sufrimientos comienzan en el momento
en que el hombre deja la infancia y se pone a pensar que debe
preverlo todo, que sólo depende de sí mismo, que no hay
Providencia ni mundo invisible para sostenerle. Entonces, corta
todos los lazos entre él y el mundo invisible, ya no es el niño que
estaba a resguardo de las preocupaciones y de los sufrimientos,
porque ya no cuenta con su Padre y su Madre celestiales, y todas las
inquietudes empiezan a hacer mella en él: porque deja de sentirse
hijo de Dios. Cuando uno se siente hijo de Dios, todas las
dificultades se resuelven. El Cielo nunca deja que su hijo llore
solitario. Todo irá mejor si sentimos que somos hijos de Dios,
porque lodos los obstáculos serán vencidos.

En realidad, únicamente los Iniciados son verdaderos niños.


Nunca dejan al Señor, no quieren ser independientes, sino estar
siempre alimentados, instruidos y protegidos por la Divinidad. Sólo
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los seres ignorantes y estúpidos quieren ser independientes y libres;


les ocurren todas las desgracias porque nadie les protege, les cura,
les sostiene. Las dificultades y las cargas pesan sobre todos aquéllos
que han abandonado a sus padres celestiales. Sed, pues, como niños,
agarraos a vuestro padre y a vuestra madre, y tened confianza plena.
Cuando llega un extraño, los niños se acurrucan junto a sus padres;
no conocen a los recién llegados.

Si queremos volver a tener una vida ligera, sin cargas ni


preocupaciones, debemos ir de nuevo al encuentro de nuestros
padres celestiales y decir "Señor, Dios mío, me imaginaba que sería
mucho mejor abandonarte, creía que yo era capaz de desenvolverme
sólo, pero no he encontrado más que preocupaciones y
enfermedades. He envejecido, me he apergaminado, la inteligencia
me abandona, y comprendo que debo volver nuevamente a Tí."

"Dejad que los niños vengan a mí, dijo Jesús, porque de los
que se asemejan a ellos es el Reino de los Cielos." Haced, pues,
como la vieja mujer que encontraba magnífico todo lo que hacía su
marido. Ella era un niño y ya vivía en el Reino de Dios. Repetid
siempre: "Señor, amo tu Sabiduría, creo en tu Amor, espero en tu
Poder." Decid también: "Señor, quiero cumplir tu Voluntad,
envíame tu Luz, todo lo que has hecho de magnífico y perfecto."

Rezad, meditad, cantad, dad gracias, alegraos, estad en


armonía con el mundo entero, trabajad para la Causa divina, para el
Reino de Dios, y os sentiréis como niños de la Luz Celestial.

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Del Tomo 4:O.C.


El grano de Mostaza
Capítulo VIII:

“¡OJALA FUERAS FRÍO O CALIENTE!…”


“EL ZODIACO”

"Escribe al ángel de la Iglesia de Laodicea: He ahí lo que dice


el Amén, el testigo fiel y verídico, el principio de la creación de Dios:
Conozco tus obras. Sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras
frío o caliente! Mas, como eres tibio, y no frío ni caliente, te
vomitaré por mi boca. Porque dices: Yo soy rico, me he enriquecido,
y de nada tengo falta: y no conoces que eres un desdichado, y
miserable, y pobre, y ciego, y desnudo. Te aconsejo que compres de
mí el oro afinado en el fuego, con el que te hagas rico, y vestiduras
blancas, para que estés vestido y no se descubra la vergüenza de tu
desnudez, y colirio para ungir tus ojos, a fin de que veas. Yo
reprendo y castigo a los que amo. Arde, pues, de celo y haz
penitencia. He aquí que estoy a la puerta, y llamo. Si alguno
escucha mi voz y abre la puerta, entraré en él, y con él cenaré, y él
conmigo.

Al que venciere, le haré sentar conmigo en mi trono, así como


yo fui vencedor y me senté con mi Padre en su trono. ¡Que el que
tenga oídos escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias!"

Apocalipsis 3:14-22

La Iglesia de Laodicea es una de las siete Iglesias a las que se


dirige el Espíritu del Apocalipsis. Las palabras dirigidas a cada una de
las Iglesias tienen un significado astrológico, cabalístico, alquímico, y
a lo largo de las conferencias precedentes hemos interpretado algunos
de los pasajes concernientes a las Iglesias de Éfeso y de Esmirna, y a
la Iglesia de Pérgamo.
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En el pasaje que ahora acabo de leeros, el Espíritu se dirige a la


Iglesia de Laodicea diciendo: "Conozco tus obras. Sé que no eres ni
frío ni caliente." Desde hace dos mil años repiten estas palabras; os
dicen que hay que ser caliente o frío, ¡porque si sois tibios, ya sabéis
lo que se producirá! Eso parece fácil de comprender, porque todo el
mundo ha tenido la experiencia del calor y del frío, pero ignoran su
significado profundo, y sobre esta cuestión os hablaré hoy.

"Sé que no eres ni frío ni caliente..." ¿De qué manera hay que
comprender estos términos? A menudo, se asimila el frío al mal, a
todo lo que es negativo, malo, a lo que contrae, paraliza, mientras que
el calor simboliza lo que es bueno, bello, vivo. Y se concluye de ello
que el Espíritu quiso decir: "Sé bueno o malo, pero no entre los dos."
Ser tibio es, pues, no ser ni bueno ni malo. Hay algo de verdad en esta
interpretación, pero no es absoluta.

Lo que debemos saber es que existen dos especies de frío y de


calor. Una especie de calor dilata, vivifica, hace madurar; la otra
quema, destruye, no dejando más que cenizas. Una especie de frío
conserva todo lo que es bueno y proporciona excelentes condiciones
para la sabiduría, para el pensamiento; la otra destruye toda vida. Son,
pues, estas dos especies de calor y de frío las que debemos estudiar.

En las regiones ecuatoriales, en donde reinan fuertes calores, la


vida es rica, exuberante, coloreada: la flora, la fauna... Pero también es
allí donde se encuentran los animales más peligrosos, los más feroces.
En cuanto a los humanos, son a la vez instintivos, violentos, ardientes
en sus pasiones, pero, a! mismo tiempo, perezosos. Se constata una
extrema abundancia en todos los dominios, pero acompañada de
violencia, de crueldad. Id ahora a las regiones frías; encontraréis
menos abundancia, pero veréis seres apacibles, que reflexionan y son
más activos. No hay grandes filósofos en los países cálidos. Allí se
ocupan más de comer, de descansar, de amar o de vengarse de sus
enemigos. El frío aparece como una buena condición para el
desarrollo de la inteligencia, mientras que el calor le es poco
favorable. El frío, cuando no es excesivo, obliga a pensar, a
desenvolverse. Pero en el frío el corazón no se desarrolla, no se siente
3

cómodo, no experimenta ni gozo, ni dilatación. En el calor, en cambio,


el intelecto se duerme, mientras que el corazón se despierta y se dilata,
a veces tanto que sólo piensa en los besos y las caricias. El calor
favorece las pasiones del hombre, le impulsa a cometer actos
desprovistos de mesura y de sabiduría. Pero, cuando hace demasiado
frió, se cierra, se vuelve distante, insensible y orgulloso...
Simbólicamente, el ecuador representa el estómago, el sexo; y el polo
representa la cabeza.

Estudiad el ciclo del agua en la naturaleza. El agua se evapora


bajo el efecto de los rayos del Sol; una vez llegada a la atmósfera, se
enfría y vuelve a caer bajo forma de nieve en las altas montañas. Pasa
un cierto tiempo... El Sol se conmueve al ver a esta pobre alma
solitaria y helada en las cimas, y te envía buenas sonrisas, miradas
cálidas, y la nieve, que empieza a fundirse, baja hacia abajo, hacia los
valles, bajo forma de agua. Y el ciclo empieza de nuevo... ¿Veis cómo
utiliza la naturaleza los dos métodos del calor y del frío? Los Maestros
utilizan también estos dos métodos con sus discípulos. Cuando un
Maestro constata que algunos discípulos tienen más calor del
necesario, sabe que hay peligros; y les pone, por tanto, en el frío para
que se vuelvan más sabios. En cambio, si ve que un discípulo se
vuelve frío, helado, le manda a calentarse haciéndole descender a los
valles; es decir, le envía a mezclarse con la muchedumbre, con la vida
de todos. Un instructor aconseja siempre a sus discípulos que suban a
las cimas mediante las meditaciones, las oraciones. Los discípulos se
elevan de esta manera, gracias al pensamiento, para huir del incendio
que les quema a veces el corazón. Cuando han llegado a las cimas, al
frío, dicen: "Gracias, Dios mío, si no hubiese logrado escapar me
habría quemado". Éste es el método que deben emplear todos los
jóvenes que están ardiendo: deben subir a las alturas, lo que les
volverá sabios y prudentes. Sin embargo, si el discípulo permanece
demasiado tiempo en las cimas, se vuelve orgulloso, distante,
inaccesible, debe volver a bajar al valle para ayudar a sus hermanos y
hermanas. No es necesario vivir mucho tiempo en las montañas.

Mirad la serpiente. Puesta al calor, se vuelve extremadamente


ágil, rápida, y puede morderos. Ponedla al frío, se vuelve inofensiva y
podéis jugar con ella como queráis. Y en cada ser se encuentra una
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serpiente que todos conocen bien: la fuerza sexual. Cuando aumenta el


calor en el hombre, esta serpiente se vuelve tan poderosa que es
imposible protegerse contra ella. Es, pues, necesario ponerla un poco
al frío. La fuerza sexual se despierta en el calor de las pasiones; se
vuelve inofensiva en el frío de la razón.

"No eres ni frío ni caliente." Es decir, en realidad, no estás ni


sobre la montaña ni en el valle, no posees ni la sabiduría ni el amor.
Eso es lo que significa ser tibio; no tener ni sabiduría ni amor. Os daré
un ejemplo. Suponed que metéis vuestra mano izquierda en agua
caliente, la mano derecha en agua fría, y que permanecéis así durante
unos minutos: cada una de vuestras manos toma, poco a poco, la
temperatura del agua en la que está sumergida. Ahora, poned
rápidamente vuestras dos manos en agua tibia, ¿qué constatáis? Que
vuestra mano izquierda la encuentra fría, mientras que vuestra mano
derecha la encuentra caliente. No podéis, pues, conocer la temperatura
de esta agua. Cada mano experimenta una sensación que proviene de
la diferencia de temperatura entre el agua en la que estaba sumergida y
la de esta agua tibia. De la misma manera, nunca tendréis ninguna
noción justa si os sumergís en pensamientos, sentimientos o actos
tibios. En lo tibio nos equivocaremos eternamente. Por eso el Espíritu
dice a la Iglesia de Laodicea:"¡Ojalá fueras frío o caliente!"

Os decía hace un rato que existen dos especies de calor y de frío:


un calor que viene del Sol y otro que viene de Marte. Hay un frío que
viene de Saturno y otro que viene de la Tierra. El Sol representa el
calor vivificante y Marte el que incendia, el que crea las pasiones, la
destrucción. Saturno es el frío de la meditación, de la inteligencia, de
la sabiduría. Para ser sabios hay que ser fríos con las pasiones.
Saturno enseña a sus discípulos: "Mis queridos hijos, si queréis
conocer la historia del mundo, entrando en el Akasha Chrónica, cuyo
Guardián del Umbral soy, y en donde dejo entrar sólo a los sabios,
debéis ser fríos y expulsar de vosotros el calor terrestre." Por eso
todos los saturninos son fríos; rechazan las grandes pasiones para
entrar en el dominio de la sabiduría (hablo aquí de los buenos
saturninos). La otra clase de frío es el de la Tierra, el de la
separación, la muerte.
5

Cuando Adán y Eva vivían en el jardín del Edén se alimentaban


del Árbol de la Vida cuyos frutos les comunicaban un calor
vivificante. Después, cuando quisieron comer de los frutos del Árbol
del Conocimiento del Bien y del Mal, descendieron a la Tierra en
donde reina el frío de la separación, del odio, de la muerte, y ahí se
encuentran todavía. En el calor eran como células conectadas en un
mismo conjunto, como lo son tos átomos animados por un mismo
movimiento en el seno de una molécula gaseosa. Pero, una vez en la
Tierra, se quedaron helados, petrificados y, cuando se miraron, se
sintieron separados. Todos los malentendidos entre los hombres
provienen de esta separación de las conciencias. El que ha bajado al
frío de la Tierra no comprenderá jamás el otro frío, el de la sabiduría.

El frío está representado, pues, por Saturno y la Tierra, y el


calor por el Sol y Marte. Lo tibio es la Luna. En efecto, todo lo que la
Luna toca es indeterminado, insulso, insípido. Por eso los hombres
que están bajo la influencia de la Luna son indolentes, irresolutos,
soñadores, indeterminados, están perdidos en su imaginación. La
Luna es la que da esta tibieza. "Mas, como eres tibio, y no frío ni
caliente, te vomitaré por mi boca", dice el Espíritu. Sí, porque, si eres
tibio, no se puede contar contigo, siempre estarás en la vaguedad, te
equivocarás siempre, nunca comprenderás la verdad, nunca formarás
nada sólido, estable. ¡No te necesito!... Si somos tibios,
permaneceremos siempre alejados del buen camino.

Las experiencias científicas que se han hecho para el calor y el


frío muestran que todavía no se ha podido descubrir el límite para el
calor, mientras que para el frío el límite es de -273° C que, por otra
parte, nunca se han podido alcanzar. Existe en la naturaleza una
fuerza que impide alcanzar el cero absoluto. Dios ha puesto en cada
cosa, en cada ser, una chispa del fuego creador y, aunque todos se
junten para apagar esta chispa, jamás podrán conseguirlo. Es el
poder del fuego creador, del Dios inmortal en el interior de cada cosa
el que actúa en ella.

¡Cuántas veces el frió ha intentado ya apagar esta chispa, sin


conseguirlo! El odio, los celos, la duda, el orgullo, el temor, el miedo,
que son una forma de frió y de muerte, han intentado millones de
6

veces apagar la chispa de la vida, la luz que hay en el mundo. Nunca


lo han logrado. Nunca se ha podido ahogar esta luz divina que brilla
en la Tierra; por todas partes se encuentran fraternidades, centros
iniciáticos, no se puede apagar este fuego sagrado. Dios lo ha puesto
en movimiento en el interior de cada cosa, en los átomos mismos, en
las moléculas, y nadie puede detener este movimiento. Bajo la
apariencia del frió, la muerte intenta ponerle fin, pero sin resultado.

Dios ha organizado las cosas de tal manera que no podemos


alcanzar el límite inferior, mientras que podemos evolucionar hasta el
infinito, elevarnos sin fin hasta la cima de la sublime jerarquía. Por
este lado, ignoramos cuál es el limite. Sucede lo inverso que para el
frío: para el frío conocemos el límite, pero no podemos alcanzarlo. En
cambio, el límite del calor es desconocido, pero podemos alcanzar a
Dios. Eso prueba que conocemos dónde está la muerte, pero que no
podemos alcanzarla. Todo el mundo conoce el límite del mal; sin
embargo, nadie puede lograr situarse en él. Es por lo que Dios vive
también en el alma del criminal, en la que todavía existe una chispa,
un poco de calor. Este desgraciado quizá haya alcanzado -272° C,
pero todavía queda dentro de él una pequeña chispa que le permitirá
remontar la pendiente de su destino.

El hombre está petrificado y, sin embargo, el Sol es tan poderoso


que le calentará con sus rayos y hará fundir el hielo. Entonces, se
formarán en él unos ríos que atravesarán vastos jardines, y este ser
malvado e inútil será salvado. Esta esperanza de que todos los
hombres sean salvados es la filosofía de los grandes Iniciados. Llega
el tiempo en el que estas grandes verdades serán explicadas por todas
las ciencias, por la botánica, la astronomía, la física, la química, la
biología, etc. Nunca el ser humano podrá destruir completamente este
bien que se encuentra en él. Todos deben saberlo, para que no pierdan
el tiempo tratando de ahogar la chispa divina que hay en ellos o en los
demás, sino que, al contrario, la alimenten.

¿Cómo podemos calentarnos o enfriarnos? Hablo del buen lado


del calor y del frío... Para enfriarnos, debemos subir, es decir, ser
filósofos, sabios, inteligentes. Para calentarnos, debemos descender un
poco al valle, ir junto a las flores, los ríos, los árboles, y junto a
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nuestros hermanos y hermanas humanos, allí donde reina la


abundancia y donde calienta el amor. Con la sabiduría nos enfriamos.
Observad a los que piensan mucho: son fríos. Y, por otra parte, podéis
observar vosotros mismos que, si meditáis durante mucho tiempo,
acabáis teniendo frío. Mientras que sí sentís amor por alguien, o por
algo, rápidamente os sentís calentados. En invierno, cuando queráis
luchar contra el frío, llamad al amor, al gozo, a la dilatación. Sin
embargo, habréis podido observar que cuando estáis descontentos,
sentís frío aunque estéis delante de una estufa al rojo vivo. Éste es el
frío inferior de la Tierra y de la muerte.

Volvamos de nuevo al zodiaco. Ya hemos hablado de los seis


ejes que forman cada constelación con las constelaciones
diametralmente opuestas: son los ejes Aries-Libra, Tauro-Escorpio,
Géminis-Sagitario, Cáncer-Capricornio, Leo-Acuario, Virgo-Piscis, y
hemos explicado el significado de estos ejes.
En la conferencia "Los dos árboles del
Paraíso", os mostré que las palabras que el
Espíritu dirige a las dos Iglesias de Éfeso y de
Esmirna están, justamente, en relación con los
dos ejes Aries-Libra y Tauro-Escorpio.

Cada una de las Iglesias a las que el


Espíritu se dirigió está relacionada con uno de los ejes del zodiaco.
Pensáis que hay siete Iglesias y que no hay siete ejes. Sí, hay siete,
pero el último no está indicado en el zodiaco. El séptimo eje es el que
pasa por el centro de la rueda del zodiaco: es el punto de partida
para un nuevo conjunto de seis principios.

Habéis podido ver, a veces, una rueda con dos pequeñas alas.
Estas alas representan el séptimo eje alrededor del cual se mueve esta
rueda en el espacio. Este séptimo eje es la fuerza que hace mover a
los otros seis. El zodiaco son también las ruedas que vio Ezequiel
cuando dice: Había una rueda sobre la Tierra, cerca de los animales,
delante de sus cuatro caras. Por su aspecto y por su estructura, estas
ruedas parecían estar hechas de crisolito, y las cuatro tenían la
misma forma; su aspecto y su estructura eran tales que cada rueda
parecía estar en medio de otra rueda."
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Ahora os recordaré rápidamente lo que os dije sobre los seis


ejes.

El primer eje (Aries-Libra) representa los intercambios entre el


sujeto y su pareja (la mujer o el marido); la primera mitad del eje
(Aries) corresponde al estado de consciencia personal, y la otra mitad
(Libra) a las posibilidades de intercambios con una persona del otro
sexo.

El segundo eje (Tauro-Escorpio) representa el poder; poder de


los sentimientos, abundancia de sensaciones y de pasiones (Tauro), y
poder de la penetración espiritual (Escorpio).

El tercer eje (Géminis-Sagitario) es el de los estudios: estudios


concretos (Géminis y reflexión abstracta, filosófica (Sagitario).

El cuarto eje (Cáncer-Capricornio) es el de la situación en la


vida; situación familiar (Cáncer), posición en el mundo y profesión
(Capricornio).

El quinto eje (Leo-Acuario) es el de los afectos: el amor y los


hijos (Leo), y la amistad, las afinidades espirituales (Acuario).

El sexto eje (Virgo-Piscis) es el del sacrificio: el duro trabajo


del padre y de la madre para hacer vivir a su familia, la dedicación
de las enfermeras a los enfermos en los hospitales (Virgo) y, por otra
parte, la abnegación y el sacrifico de los Santos y de los Iniciados
para salvar las almas (Piscis)

Vamos a buscar ahora el eje que corresponde a la Iglesia de


Laodicea, y constataréis, una vez más, que San Juan conocía
perfectamente la astrología, no la astrología actual, sino los
principios esotéricos transmitidos oralmente desde la creación del
mundo

Tomemos de nuevo las palabras que el Espíritu dirige a la


Iglesia: "No eres ni frió ni caliente... Te aconsejo que compres de mí
9

el oro afinado en el fuego, con el que te hagas rico, y vestiduras


blancas, para que estés vestido y no se descubra la vergüenza de tu
desnudez, y colirio para ungir tus ojos, a fin de que veas. Yo reprendo
y castigo a los que amo." Vais a ver ahora como puede ser
interpretado este pasaje gracias al eje Acuario-Leo.

La constelación de Leo representa el fuego creador. Es la casa


del Sol, la del calor más fuerte, la de los meses de julio y agosto. Leo
representa el corazón, que está relacionado con el calor, con la vida,
con la sangre, es el corazón cósmico, el corazón de Dios del que han
salido todas las cosas (mientras que la cabeza está representada por
Aries). Es la casa quinta, la del amor, de la creación, de los hijos. En
el otro extremo del eje, Acuario está regido por Saturno, que reina
sobre el invierno. Acuario es representado por un anciano, Saturno,
que posee la sabiduría, y que, simbólicamente, vierte el agua para los
demás (aunque Saturno no es el único regente de Acuario, porque
está también Urano). Los dos polos del eje son, pues, el amor y la
sabiduría, el calor y el frío, los valles y las cimas. "No eres frío ni
caliente" significa; no tienes amor ni sabiduría.

Veamos ahora lo que significan el oro, las vestiduras blancas y


el colirio.

"El oro afinado en el fuego": según la alquimia, el oro está


relacionado con el Sol, es la condensación de las fuerzas benéficas de
los rayos del Sol. Pero Leo representa el oro pasado por el fuego y
purificado: el amor espiritual que lo purifica todo. Por otra parte, la
etimología subraya estas correspondencias. En hebreo, corazón se
dice: "lev" y león "lavi", en búlgaro y en ruso león se dice "lev" y
amor "lioubov", raíz que también encontramos en el inglés "!ove":
amor, y en el alemán "liebe" amor y "lówe" león.

"Vestiduras blancas": estas vestiduras blancas son un símbolo


de la pureza y de la sabiduría. En la Ciencia iniciática, tener
vestiduras blancas significa poseer los colores de las virtudes, es
decir, el aura. Hay que adquirir, pues, un aura blanca, pura, clara,
que únicamente la sabiduría, la luz, podrá crear. El texto no hace
alusión a vestiduras materiales de color blanco que podemos
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comprarnos por todas partes, sino a las vestiduras espirituales que


teje la sabiduría. Por eso, los grandes Iniciados, que trabajan con la
sabiduría, llevan interiormente unas vestiduras espléndidas. Muchos
relatos mencionan la aparición de profetas y sabios con vestiduras de
colores deslumbrantes, pero hechas de una especie de materia irreal;
es su aura. Según como sea nuestra sabiduría, así será el brillo de
nuestra aura.

"Colirio para ungir tus ojos": el colirio del que habla este texto
es Urano, la verdad, que está relacionada con los ojos. En las
antiguas iniciaciones, Urano era representado bajo la forma de un
ojo volando por encima de un océano. Éste era su símbolo. No
penséis que los antiguos desconocían la existencia de Urano y que
este planeta sólo fuera descubierto por Herschel. Lo antiguos lo
conocían, pero lo llamaban "el cielo" (del griego; Ouranos, cielo).

Así, el Sol nos aporta la vida, el amor. Saturno nos aporta la


sabiduría para vestirnos, y Urano nos permite ver la verdad. Por eso.
el eje Acuario-Leo, que actuará de ahora en adelante en el mundo,
representa la época nueva en la que los discípulos y los hijos de Dios
trabajarán con el amor de Leo, con la sabiduría de Acuario, y serán
portadores de la verdad aportada por Urano.

La época Acuario-Leo será la del amor, de la sabiduría y, en


una cierta medida, de la verdad. Pero la verdadera época de la
verdad vendrá más tarde, en la sexta y la séptima razas. Cuando el
hombre realice la síntesis perfecta del amor y de la sabiduría,
entonces la verdad se establecerá en plenitud.

Aunque la Iglesia de Laodicea se crea rica ("Porque dices: Yo


soy rico, me he enriquecido, y de nada tengo falta"), el Espíritu sabe
que es miserable, pobre, ciega, y que está desnuda, y le aconseja que
compre oro, vestiduras blancas y un colirio para los ojos. Ello prueba
que fuera de este eje Acuario-Leo no podemos obtener ni el amor, ni
la sabiduría, ni la verdad, es decir, que seguiremos pobres, desnudos
y ciegos.

Algunos no estarán de acuerdo con mis explicaciones, porque


11

interpreto el frío como sabiduría, cuando ellos lo interpretan como


dureza, maldad. Sí. el frío terrestre es dureza, pero el frío espiritual
representa la sabiduría. Pero, suponed que adoptemos esta
interpretación del frío como dureza, maldad, eso no quita su sentido
al texto, que significa entonces: sed muy malvados y Dios os amará
mucho. Dios dirá: "Mi hijo es verdaderamente magnífico, está
prodigiosamente activo, lo destruye todo, pero es porque todavía no
sabe trabajar. Pega a los demás, ¡pero es para que suene la música!...
Sólo sabe tocar el bombo." Sí. Dios no pierde la esperanza en él.
Piensa que el hombre es malo hoy, pero que mañana hará un trabajo
gigantesco; puesto que ya se muestra tan activo, tan resuelto, tan
decidido y determinado, sabe que con él podrá hacer milagros.

¿Por qué fue escogido Saulo, cuando ponía tanto celo en


exterminar a los cristianos? Porque, justamente, era muy activo; era
frío, pero Dios le amaba, pensaba: "¡Qué trabajo llevará a cabo
cuando sea un buen cristiano!" Dios no piensa como nosotros, ama
incluso a los seres duros y malvados, les deja que se rompan un poco
la crisma y que sufran, pero no les olvida, porque tiene la esperanza
de que, un día, llegará a ver cómo se transforman.

En nuestra Fraternidad de Bulgaria había un hermano que tenía


una debilidad por las hermanas: siempre las perseguía para besarlas.
Éstas iban a quejarse al Maestro, y el Maestro les respondía: "Tanto
mejor, alegraos de que sólo desee eso. En una precedente
encarnación, perseguía a los demás con armas para asesinarles.
Ahora les persigue todavía, pero para besarles. Ha reemplazado su
peligroso hábito por otro, menos nocivo." Los seres pueden
transformarse. Alegraos de ciertos hábitos molestos de los demás,
porque, sin ellos, habrían sido quizá peor de lo que son hoy.

El que es frío, debe también ser caliente, e inversamente. Con


este paso de un polo al otro, encuentra de nuevo el equilibrio,
descubre la vida que se encuentra en este movimiento de subida y de
descenso. El que permanece eternamente en el frío o en el calor no
evoluciona, todo se acabó para él. ¿Cómo procedéis cuando queréis
hacer cocer vuestras legumbres? Ponéis la cacerola en el fuego, pero
pasados unos momentos la retiráis. ¿Por qué no dejáis que se queme
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todo? Porque sois sabios. Si sentís amor por alguien, está bien; pero
la sabiduría os dice no ir demasiado lejos, porque no es deseable. Si
el calor sube en vosotros por causa de alguien, ¿no dejéis la cacerola
en el fuego! ¿Verdad que me comprendéis?... El calor es bienvenido,
pero sólo si se acompaña con sabiduría...

El Espíritu dice aún a la Iglesia: "Yo reprendo y castigo


(Acuario) a los que amo (Leo)". El que ama es el Sol; el que castiga
es Saturno, pero también Urano, que trae consigo grandes
conmociones. Si el Cielo, que nos ama, nos castiga, lo hace a través
del destino, sobre el que reina Saturno. Cuando veamos llegar los
castigos de Saturno, sepamos que es Dios quien se manifiesta a través
de él. Para ser amados debemos estar en Leo y en Acuario, entre
Saturno, el viejo Adán, y el Sol, Cristo, el que nació de la tribu de
Judá. Jacob tenía doce hijos que fueron los padres de las doce tribus
de Israel, y cada una de estas tribus está relacionada con uno de los
signos del zodiaco. La de Judá corresponde a Leo, y de la tribu de
Judá nació Jesús, Cristo.

El Espíritu dice aún: "Al que venciere, le haré sentar conmigo en mi


trono, así como yo fui vencedor y me senté con mi Padre en su trono." No
hay otro trono que el de Leo en el que está sentado el Sol, Cristo.
Cristo es el Sol, el corazón que derrama su sangre, su amor, por todo
el universo. Por tanto, el que venciere al odio y la muerte (el frió
interior), dominará en el trono de Dios.

¡Que el Amor, la Sabiduría y la Verdad habiten en vosotros!

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