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Por el Maestro

Omraam Mikhaël Aïvanhov

AL PRINCIPIO
ERA
EL VERBO 2/3

Obras completas – Tomo 9/II


OM-108-02 – 5 conferencias de 14

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Obras Completas Tomo 9 - 2
AL PRINCIPIO ERA EL VERBO

Relación de 5 conferencias lote 2 de 3


Palabras del Maestro

HAY VARIAS MANSIONES EN LA CASA DE MI PADRE


Del 14 de Febrero de 1949
LA NAVIDAD
Del 25 de Diciembre de 1958
EL PADRE NUESTRO
Del 7 de Mayo de 1961
LA RESURRECCION Y EL JUICIO FINAL
Del 28 de Abril de 1966
PADRE PERDONALES PUES NO SABEN LO QUE HACEN
Del 3 de Octubre de 1968

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PALABRAS DEL MAESTRO

“Los hombres leen los Evangelios, los


interpretan, pero a menudo están muy lejos
del pensamiento de Jesús. ¡Cuántas veces os
he dado pruebas de ello! Interpretan las
palabras o los actos de alguien, pero en
función de su propio punto de vista, de sus
limitaciones, y hasta de sus lagunas y sus
imperfecciones. Hay que entrar en la cabeza
de un ser para saber exactamente lo que
quiere decir.

Existen métodos para comprender lo que


dijeron o escribieron hombres que murieron
ya hace mucho tiempo, y todos aquéllos que
los poseen llegan obligatoriamente a las
mismas conclusiones. Si nadie se pone de
acuerdo es porque se desconocen estos
métodos. Y entonces, tantos hombres, tantas
interpretaciones. Y ahora la gente está ya tan
asqueada de todas estas interpretaciones,
sobre los Evangelios, por ejemplo, que ya ni
quieren oír hablar de ellas; y es normal.”
Conferencia del Maestro
OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Sèvres a 14 de Febrero de 1942

Del Tomo 9: O.C.


AL PRINCIPIO ERA EL VERBO
Capítulo XII

HAY VARIAS MANSIONES


EN LA CASA DE MI PADRE

Os he dicho varias veces que existe alrededor de nosotros un


gran libro: el libro de la naturaleza viviente. Todo está escrito en este
libro, y, si sabemos leerlo, podemos resolver los problemas más
difíciles.

Todos los hombres habitan en casas (digamos casi todos, porque


todavía hay algunos trogloditas) y, aunque no todos sean
propietarios, al menos son inquilinos. Todo el mundo, pues, sabe lo
que es una casa, pero pocos han comprendido lo que ésta representa
y lo que representan el propietario, los inquilinos, los diferentes pisos,
etc. Las cosas que nos rodean forman parte de nuestros hábitos, las
vemos todos los días y por eso no les prestamos atención. Respiramos,
comemos, caminamos, sin pensar en ello, y lo mismo sucede con
muchos otros actos automáticos. Hay que hacerlos conscientes para
comprender ciertas verdades.

A partir de la simple imagen de una casa voy a tratar de


presentaros ahora grandes verdades esotéricas. Una casa puede ser
un palacio, por ejemplo, en el que viven unos inquilinos magníficos.
¿Cómo interpretar eso? Me sirvo de la palabra "inquilinos", pero
también podría utilizar las palabras "visitantes", "presencias",
"habitantes"...

Tal hombre es amigo vuestro, tenéis con él excelentes


intercambios, os amáis y siempre estáis contentos de volveros a ver.
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Pero pasa el tiempo y un día constatáis asombrados que ya no


reconocéis a vuestro amigo; ya no es el mismo, se ha producido entre
vosotros como una separación y sentís que se ha convertido en un
extraño para vosotros. Lo explicáis diciendo que ya no pensáis de la
misma manera. Sin embargo, a veces sucede que uno de vuestros
amigos cambia en sus convicciones y en su manera de ver las cosas
sin que vuestra amistad desparezca por ello.

Tomemos otro caso: conocéis a una persona que nunca os ha


producido la menor impresión. Para vosotros, se trata de alguien
completamente banal, es como si no existiese. Sin embargo, os
encontráis con esta persona a menudo, por asuntos de negocios o en
reuniones, y súbitamente, un día, os asombráis al ver que adquiere a
vuestro parecer una importancia considerable y que ejerce una
influencia sobre vosotros. Sin embargo, todo continúa siendo como
antes y no hay nada que explique este cambio. ¿Qué ha pasado? La
imagen o el símbolo de la casa os lo podrán explicar.

Un rio (llámese Sena, Támesis, Danubio, Misisipi) lleva siempre


el mismo nombre, aunque su agua es siempre diferente. Así se explica
también el destino de los pueblos. El nombre de un país sigue siendo
el mismo a lo largo de los siglos, pero las personas que lo habitan son
diferentes a medida que transcurre el tiempo: lo mismo que el agua
del rio al fluir vienen y se van. ¿Acaso podéis saber dónde se
encontraba el agua de un río cuando era vapor, nieve, hielo o
roció?... ¿y el camino que ha recorrido dependiendo de las corrientes
atmosféricas, del calor del Sol y de los accidentes del relieve hasta el
momento en que ha venido a engrosar el río? Imaginad que cada gota
de agua representa simbólicamente un alma que viene a encarnarse
en un país determinado: en un momento dado la población de este
país ya no se parece a la de las generaciones precedentes que lo
habitaron, a pesar de que las costumbres locales no hayan cambiado.
Eso se explica por las leyes de la reencarnación. Hay periodos
durante los cuales ciertos países son pobres, están limitados,
oprimidos, mientras que en otros periodos gozan de riqueza, de
libertad, de una gran cultura, de gloria y de todas las posibilidades de
progreso. ¿Por qué? Porque, a menudo, los seres malvados, injustos,
crueles, debido a las leyes de la reencarnación y de la justicia divina,
son enviados a los países oprimidos para que aprendan el amor. En
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cambio, los que han aprendido a vivir de acuerdo con la ley de la luz
y del amor se reencarnan en países privilegiados para que puedan
beneficiarse de su situación y desarrollarse mejor.

Algunos países, pues, juegan el papel de correccionales para


almas venidas de otros países. Así es como la ley kármica, que regula
el destino de cada uno, coloca a cada ser en el país que le
corresponde, en una época determinada, y para su evolución
particular. ¡Cuántas cosas interesantes podría deciros sobre este
tema! Pero es delicado... ¿Dónde están ahora los genios de la antigua
Grecia: Orfeo, Homero, Pitágoras, Hesiodo, Sócrates, Platón.
Fidias, Praxitel, Esquilo, Sófocles, Eurípides? ¿Por qué no se
encarnan de nuevo en Grecia?... Y la misma pregunta puede hacerse
para otros países.

Las mismas leyes rigen a los ríos, a las casas y a los hombres:
son las leyes de la naturaleza. El hombre representa un edificio que
contiene varias habitaciones: el cerebro, el corazón, los pulmones, el
estómago, etc., y todavía no se ha calculado el número de inquilinos
que habitan en todas estas habitaciones.

Diréis que hay casas que no tienen nada que ver con un palacio, que
son sombrías, miserables. Serán los pobres los que vengan a
habitarla: gentes que no pueden mantener moradas suntuosas o pagar
un alquiler elevado. Sin embargo, entre los pobres hay grandes
filósofos; escogen una casa muy modesta porque no tienen mucho
dinero, pero en ella piensan, meditan, rezan, y con frecuencia sucede
que de esta casa, que no tenía muy buena pinta, sale un día un
hombre célebre. De la misma manera, miráis a un hombre y decís:
"Verdaderamente, es un cualquiera, no saldrá nada bueno de él."
Pero he ahí que, unos años después, os enteráis que se habla de él,
que se ha convertido en un gran artista o en un gran médico. Al
contrario, hay niños que cuando son muy jóvenes parecen prodigios y
que al crecer se vuelven seres totalmente corrientes y hasta inútiles
para sí mismos, para su familia y para la sociedad. Diréis que es así
porque recibieron una mala instrucción o porque sufrieron malas
influencias. Quizá tengáis razón, pero eso no explica completamente
ciertos fenómenos de la vida del ser humano. La psicología del futuro
explicará estos fenómenos describiendo al hombre como un ser que
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vive en varios mundos (o dimensiones) y que irradia unas energías y


unas fuerzas todavía desconocidas.

La casa nos revela unas verdades muy importantes a este


respecto. Una casa a menudo está habitada por inquilinos, y estos
inquilinos son de dos clases. Unos, poco escrupulosos, estropean el
piso y ensucian las paredes diciendo: "¿Tanto peor para el
propietario!" Otros, al contrario, embellecen la casa: repintan,
cambian la tapicería, etc. De la misma manera existen también dos
clases de inquilinos en el hombre. Algunos, cuando vienen a habitar
en él, lo destruyen completamente: revientan el estómago, hieren el
corazón, reblandecen el cerebro, y a veces hasta es imposible
echarles, se niegan a irse. Mientras que otros, cuando se instalan, lo
embellecen todo, lo limpian, lo purifican, lo consolidan. A veces se
quedan, pero otras se van poco después. Conocéis bien estas dos
clases de inquilinos por las experiencias que habéis vivido, por los
sufrimientos o los gozos que habéis tenido. Lo que no conocéis es su
fisonomía. Ni siquiera distinguís en qué momento entran o salen de
vosotros. Diréis que vuestra casa no tiene portero... Pues bien,
justamente, eso no está bien. Si tuvieseis un portero (simbólicamente),
éste os avisaría inmediatamente de la llegada de visitantes. Cuando
un mal inquilino ha entrado en vosotros, lo sentís bajo la forma de
pasiones y de deseos que os atormentan. Cada día destruye algo en
vosotros, pero os dais cuenta demasiado tarde de su presencia.

Debéis observar todo lo que sucede en vosotros y saber si todos


los inquilinos que entran os aportan el bien y la verdadera felicidad.
Decís que esto es difícil de saber, pero en nuestra enseñanza existen
criterios para saberlo. Evidentemente, no se puede explicar todo en
una sola conferencia y se necesitan años para comprender a nuestros
inquilinos y sentir su manera de ser y de actuar.

Todos nosotros somos una casa para los inquilinos que vienen
del mundo invisible. Algunos se quedan unos minutos, otros meses o
años, y otros toda la vida. Saber reconocerlos es toda una ciencia.
Los que se quedan poco tiempo son, en general, los más espirituales.
Llegan a una velocidad fulminante para depositar en nosotros
regalos, una luz, pero su paso deja huellas que a veces duran toda la
vida. Y si tal hombre, que os parecía muy del montón, os ha parecido
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después luminoso, hasta sublime, es porque su casa recibió unos


visitantes magníficos; es a ellos a quienes habéis visto, sentido, y
quienes os han atraído, no es la casa la que ha cambiado.

Evidentemente, cuando los inquilinos se van ya no encontráis la


casa igual que antes. Cuando una casa está deshabitada no es muy
interesante: los postigos están cerrados y el interior está lleno de
polvo, de telarañas, de ratones. En cambio, si hay inquilinos
instalados, la luz brilla por todas partes, es decir, el hombre se vuelve
agradable, simpático. Ahí tenéis la explicación del ejemplo que os di
hace un rato. Si un hombre que al principio era de lo más común se
vuelve un día un gran artista o un gran sabio es porque su casa, que
antes estaba desocupada, ha recibido después unos inquilinos
notables.

Preguntáis: "¿Pero por qué este hombre, que al principio estaba


desocupado, ha recibido después inquilinos?" Ésta es una cuestión
muy sutil, la cuestión del destino. Y cuando un ser que habéis amado
se vuelve un extraño para vosotros es porque lo que amabais en él
eran unos inquilinos que le han abandonado. No os extrañéis, pues,
de lo que ha pasado: los inquilinos que amabais han desaparecido.
¿Volverán, un día? A veces sucede, En el caso de que los inquilinos se
hayan ido, si conocéis la nueva casa a la que han ido a habitar
podréis encontrarles allí. Cuando algunos de vuestros amigos se
mudan de casa vais a verles a una nueva dirección...

Puede suceder que un hombre superior que conocéis muera o


desaparezca. ¿Por qué no sabéis encontrarle de nuevo en otra parte,
allí donde se encuentra ahora? Si la buscáis, encontraréis en el
mundo invisible su nueva morada. Una hermana me contó
recientemente: "Hace 20 años amé a un hombre que era toda mi
inspiración. Desapareció de mi existencia y amé a otros, pero nunca
volví a encontrar en ellos lo que sentí con el primero: ese perfume,
esa luz, ese gozo. Después, un día, conocí a un hombre que no era el
que antaño había amado, pero experimenté el mismo amor que en el
pasado." Es que había encontrado al mismo inquilino en otra casa.
En tales casos habría que verificar si es efectivamente el mismo,
porque en este dominio hay hechos extraordinarios que nunca han
sido descritos ni comprendidos, ni siquiera por los ocultistas más
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avanzados.

A veces los inquilinos eran espíritus sublimes que vivieron


durante muy poco tiempo en la casa y que se volvieron a vivir después
al mundo divino. Hay que subir a buscarles, a visitarles, y
permanecer con ellos. Gracias al mismo amor, gracias al recuerdo
vivo, los visitaréis. El lazo entre ellos y vosotros no se debe cortar.

Cuando un amigo al que teníais mucho afecto se vuelve


indiferente para vosotros, decís, a menudo, que este amigo ya no es el
mismo, que ha perdido algo, pero puede ser que seáis vosotros lo que
hayáis perdido lo que poseíais. Eso se produce a menudo entre un
Maestro y sus discípulos. Por ejemplo, cuando el discípulo es puro,
noble, y quiere perfeccionarse, ve la luz y la sabiduría de su Maestro;
pero cuando se vuelve perezoso, cuando ya no reza o abandona sus
ejercicios espirituales, ya no ve a su Maestro de la misma forma que
antes. Hay que conocer muchas cosas para comprender la razón de
los cambios que creemos observar a nuestro alrededor. Muy a
menudo decimos que los demás han cambiado, pero debemos
analizamos bien primero, y quizá descubramos entonces que los
cambios se han producido en nosotros.

Cuando encontráis una bella casa (una persona), si ésta no


alberga a inquilinos de talento, esperáis en vano que produzca
grandes obras y una vida intensa. Esto es así porque, en realidad, el
propietario del inmueble es pobre, está solitario, privado de gozo y de
inspiración, o porque está despilfarrando la herencia que sus padres
le dejaron. A veces, también, hay ángeles que habitan en pequeñas
chozas. La mayoría de las veces los ángeles y los genios no tienen
necesidad de una apariencia espléndida. Pensaréis quizá que lo que
aquí os digo está en contradicción con lo que os dije hace unos días
sobre la correspondencia que existe entre la belleza exterior y la
belleza interior, entre la riqueza interior y la riqueza exterior No,
porque construir vuestra propia casa es otra cosa que alquilar una.
Podéis alquilar una casita, aunque poseáis grandes riquezas, pero
podéis también alquilar durante un tiempo una casa cuyo precio está
por encima de vuestros medios, y os arruináis.

¿Qué sabéis de cómo se forma el niño en el seno de su madre?


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¿Quién construye la casa futura, el cuerpo del niño? ¿Según qué


plano se hace esta construcción? ¿Por qué existe tan a menudo una
diferencia tan grande entre los hijos de una misma familia nacidos de
un mismo padre y una misma madre? ¿Es el espíritu del niño el
propietario de la casa, ha participado en su construcción o la han
construido otros para él y solamente se la han alquilado? Si el niño es
el que ha construido la casa, ésta expresa exactamente sus cualidades
y sus defectos; pero, si la ha alquilado, hay una diferencia entre él y
su cuerpo. ¿Habéis pensado en eso? Si somos nosotros los que
construimos nuestra casa, ésta corresponde exactamente a nuestra
bondad, a nuestra sabiduría, a nuestra inteligencia, es decir, a
nuestra fortuna, porque no podemos edificar nada bello y luminoso si
no somos bellos y luminosos dentro de nosotros, ni podemos construir
nada suntuoso si no somos ricos dentro de nosotros. Hay casas, pues,
que nosotros no hemos construido. Entramos en ellas simplemente
para vivir allí durante un cierto tiempo. Hay también espíritus que
habitan en nosotros pero que sólo son nuestros inquilinos; y un
inquilino puede subalquilar a otros inquilinos...

A veces, el propietario es un ser corriente, mientras que el


inquilino pertenece a una jerarquía superior. A menudo, en un
hombre corriente pueden habitar ángeles que han venido a ayudarle,
a mostrarle el camino. Eso explica por qué ciertos hombres de
apariencia común albergan en ellos espíritus sublimes bajo la forma
de un talento de pintor, de poeta, de músico, de cantante o de
sanador... Estos espíritus han venido a ayudarle. A veces también en
una casa magnifica habitan unos inquilinos espantosos, y detrás de
unos rostros encantadores se esconden demonios.

Estudiemos ahora la casa. En los diferentes pisos de una misma


casa pueden habitar numerosas personas que no se conocen entre sí.
Las casas humanas tienen tres pisos: el primer piso es el estómago (la
cocina); el segundo piso es la región del corazón y de los pulmones
(el salón de recepción); el tercer piso es la cabeza, con los ojos, las
orejas, la nariz y la boca {los laboratorios, los observatorios, los
gabinetes de estudio y de lectura). Desde allí se observan los astros,
las estrellas... Pero a veces sucede, por ejemplo, que los inquilinos de
abajo comen y beben y arman un jaleo tal que los inquilinos de los
pisos superiores bajan a ver lo que sucede. Existen comunicaciones
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entre los pisos y, en ciertos casos, los inquilinos pueden vivir en una
fraternidad extraordinaria. Los inquilinos del primer piso preparan
comidas para todos los demás, y los del piso de arriba hacen
investigaciones cuyos resultados revelan a los del piso de abajo,
instruyéndoles con sus conocimientos. En cuanto a los inquilinos del
segundo piso, sirven de intermediarios; mantienen la armonía entre el
primer piso y el tercero, proporcionándoles los medios para que
puedan fraternizar. Pero, si los tres pisos viven separados unos de
otros, nada marcha bien; y, desgraciadamente, esto es lo que sucede
actualmente en los hombres.

Cuando digo "inquilinos" hay que comprender también a todos


los seres que habitan en la casa; el marido, la mujer, el hijo, la hija,
el abuelo, la abuela, etc., e incluso a los servidores y a los obreros.
¿Cuántos de vosotros conocen a su numerosa familia interior?
¿Sabéis dónde están vuestra mujer, vuestro marido, y vuestros hijos?
Cuando se producen querella y desórdenes en esta familia, ¿sabéis
exactamente quién los ha provocado y cómo restablecer la armonía?
Aquél que conoce a todos los miembros de su familia interior bajo el
aspecto de factores, de fuerzas, de facultades o de principios, es
verdaderamente sabio. Y los más grandes sabios están lejos de
sospechar que esto es así.

Todavía no se ha explicado la diferencia que existe entre un


genio, un hombre de talento, un hombre corriente, un santo, un
Maestro, y ahora os diré unas palabras a este respecto.

El hombre corriente es un propietario cuya casa está


destartalada, vacía, o habitada por algunos inquilinos de naturaleza
inferior que hacen ruido, discuten y se pelean entre sí y con el
propietario.

El hombre de talento es una casa un poco en desorden; pero


algunos inquilinos empiezan a reconciliar a los habitantes de la casa,
a crear entre ellos lazos de amistad. El propietario viene a veces a
hacer una visita a los inquilinos y, si tiene algunos reproches que
hacerles, cede, sin embargo, ante su buena voluntad, y acepta tener
paciencia con ellos.
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Un genio es una casa en la que el propietario tiene mucho


trabajo, porque los inquilinos son numerosos y todos se relacionan
para realizar algo grande. El propietario viene sin cesar a visitarles,
a veces contento y otras, descontento pero cada vez para el bien de
todos. La casa marcha bien y rinde mucho. Aunque los inquilinos no
vivan en la armonía completa y no todo ande aún perfectamente, son
inteligentes, activos, fuertes, y hacen un gran trabajo.

El santo es una casa en la cual habita todo un pueblo. Muy a


menudo se ven en ella a visitantes de otros países que aportan las
manifestaciones de una cultura muy avanzada en comparación a
aquélla en la que vive el santo, y los inquilinos de la casa se reúnen
para escuchar las revelaciones que aportan los visitantes Todos viven
en armonía y están llenos de amor los unos con los otros. En esta
casa reinan el orden y la pureza. Nadie grita ni se pelea, nadie
ensucia el inmueble. Los inquilinos del piso inferior preparan las
comidas para todos los demás, mientras que los grandes inquilinos de
arriba bajan a las cocinas y pronuncian en ellas conferencias que
todos escuchan. A veces también el personal de las cocinas sube a los
pisos superiores para ir a observar el cielo. Realizan la verdadera
fraternidad.

Un Maestro es una firma muy grande cuyos inquilinos son muy


numerosos, toda una humanidad, y los empleados sumamente
instruidos, sensatos, razonables y sabios. Nunca hay entre ellos la
menor discusión. Viajan en grupo para ir a visitar países lejanos.
Reciben también a amigos en su inmueble y ponen todas sus riquezas
en común. Todo está consagrado para el bien de la humanidad.
Ninguno de los inquilinos sufre, porque todos tienen abundancia de
todo y se comunican con el mundo entero. Todavía no podemos ni
imaginarnos un tal estado interior. Un Maestro es una familia en la
que el padre, la madre, los hijos, los servidores y los amigos tienen
una vida común perfecta. Más allá de la pureza existe el amor
impersonal. Actualmente, todavía no podemos hacernos una idea de
lo que es este amor sublime.

Todo lo que acabo de deciros muestra por qué podemos


comprender muchas cosas observando una casa. Jesús dijo: "Hay
varias moradas en la casa de mi Padre... Voy a prepararos un lugar"
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¿Qué es una morada? Un árbol es una morada, el cuerpo de un


insecto es una morada... Todo cuerpo es una morada. Una morada es
un lugar en el que podemos refugiarnos para trabajar, meditar, estar
a resguardo de la lluvia, del viento, del ruido, del Sol, de los
animales, de los enemigos. Esto es verdad en el plano físico, pero
también en el plano espiritual.

El caracol lleva su casa a cuestas. ¿Cómo consigue agrandarla


progresivamente? ¿Cómo consiguen construir su casa las ostras, los
erizos y todas las conchas? ¿Cuál era el estado de esta casa antes de
ser dura y sólida?

Una casa puede estar contenida en otra casa, ésta en una


tercera, y así sucesivamente. La casa en donde habita el espíritu
humano se llama casa divina o átmica. La casa del alma se llama
casa espiritual o búdica. La casa del intelecto es la casa mental o
causal. La casa del corazón es llamada casa psíquica o astral. La
casa de la vida y de la sensibilidad tiene el nombre de casa vital o
etérica. Estas numerosas casas se manifiestan a través de la casa
terrestre: el cuerpo físico. El cuerpo físico, que contiene tantas otras
casas sutiles e invisibles, puede habitar en una casa de madera o de
piedra. Y esta casa está construida sobre otra casa más grande y más
vasta que ella: el planeta Tierra. La Tierra habita en el sistema solar,
y el sistema solar habita en el cosmos.

"Hay varias moradas en la casa de mi Padre", dijo Jesús, y no


preparó las mismas moradas para todos los apóstoles, sino que
preparó para cada uno de ellos aquélla que correspondía a su
naturaleza y a sus virtudes.

Jesús les dijo también a sus discípulos: "Si no me voy, el


Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy os lo enviaré... Y
cuando venga él, el Espíritu de verdad, os conducirá hacia la verdad
entera." Fue este Espíritu de verdad el que vino a habitar en los
cuerpos espirituales de los discípulos. Fue él el que hizo prodigios en
ellos y a través de ellos, curando a los enfermos y resucitando a los
muertos. Si no hemos preparado en nosotros esta casa espiritual
hecha de virtudes, de cualidades, de luz, el Espíritu no encuentra
lugar en donde habitar. El Espíritu de verdad es un inquilino divino
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que viene con sus obreros, los ángeles, a traer la vida divina entre los
hombres. Los apóstoles, pues, habían recibido inquilinos que
profetizaban y hacían milagros.

Cuando los apóstoles recibieron el Espíritu Santo, el día de


Pentecostés, no cambiaron exteriormente. Su casa seguía siendo la
misma, es decir, tenían el mismo rostro, las mismas arrugas, las
mismas manos desgastadas por el trabajo y los mismos vestidos. Pero
dentro de ellos ya no se manifestaba el mismo ser. Y ahí está toda la
diferencia: los inquilinos habían cambiado.

Diré ahora unas palabras desde el punto de vista cabalístico


para los hermanos y hermanas que están interesados en profundizar
esta cuestión tan vasta. La casa del Señor es el universo. En esta casa
divina hay varias moradas, que son las diez regiones o emanaciones
que los cabalistas denominan "Séfirots". Cada Séfira es una
manifestación de Dios, sirve de morada a una jerarquía angélica y
comprende una región del espacio simbolizada por un planeta. Según
la Cábala, las doce constelaciones del zodiaco entran en una sola
región: la Séfira Hochmah, que representa al Verbo.

Jesús quería decir a sus discípulos: "Hay varias moradas en las


diez moradas de la casa de mi Padre. Yo iré a preparar para cada
uno el lugar que le corresponde". Jesús tenía doce discípulos y les
distribuyó, en función de su carácter particular, los doce
compartimentos que se encuentran situados bajo el dominio de la
Séfira Hochmah, que es la segunda Séfira.

Si perseveráis en esta Enseñanza, si estudiáis durante meses y


años lo que se os ha dado hasta ahora, si rezáis, si meditáis, si hacéis
ejercicios, constataréis, sin duda, que seguís teniendo el mismo
rostro, casi, pero sentiréis que interiormente ya no sois los mismos.
Cuando os miro, ya veo a nuevos inquilinos que empiezan a preparar
su vivienda: vuestros gestos ya no son los mismos, vuestra sonrisa se
vuelve luminosa. Gracias a este trabajo podéis llegar a liberaros de
todo lo que os obstaculizaba, y hasta rejuvenecer, si éste es vuestro
principal deseo. Pero hay que producir primero las transformaciones
en el dominio psíquico, es decir, en la voluntad, en el corazón, en el
intelecto, en el alma y en el espíritu. Desde ahí se propagan después
12

las transformaciones al cuerpo físico.

Muchos no quieren entrar en una enseñanza que no les promete


el rejuvenecimiento, la salud, la longevidad macrobiótica, la fuerza y
el elixir de la vida inmortal, o la riqueza y el poder, como prometen
muchos ocultistas para atraer a la gente. Miles de personas prefieren
ir constantemente a los institutos de belleza o de cultura física más
que seguir una enseñanza de la verdad. Cuidarse físicamente no es
malo, pero hay que conocer también el valor y el poder del aire, del
agua, del Sol, del alimento puro y sano, de los pensamientos y de los
sentimientos elevados, de la vida espiritual.

Por eso, mis queridos hermanos y hermanas, debéis pensar en


llamar a inquilinos cada vez más elevados y poderosos para que
vengan a habitar en vosotros Cuando vengan, lo transformarán todo
con sus colores y con su música. El pintor espiritual que desciende en
el hombre posee un sentido tal de los colores como nunca ha sido
comprendido aún en la Tierra. Sabe cómo disponerlos para poner en
evidencia las realidades espirituales. Si el que viene a vosotros es un
músico espiritual, conocerá las correspondencias que existen entre
los sonidos y la pureza, la bondad, la sabiduría y el amor. Sabrá
expresarlos. A menudo me dicen: "¡Ah! ¡Si supiese qué magnifica
música he oído!" En realidad, esta música era una verdadera
cacofonía astral. Pero la mayoría de la gente ignora el significado de
los sonidos y escuchan maravillados una música que haría huir a un
Iniciado.

La mayoría de los artistas: pintores, músicos, poetas o


escultores, ignoran cómo pueden elevar su conciencia hasta las
regiones superiores para contemplar y captar imágenes, sonidos,
ideas de la mayor belleza y de la mayor perfección, como sabían
hacer verdaderamente algunos artistas de la Antigüedad que eran
discípulos de los Iniciados. En vez de subir a las regiones puras y
luminosas para buscar en ellas inspiración, muchos artistas actuales
viven una vida de desorden y se sumergen en las profundidades
oscuras de la subconsciencia en donde vive una fauna de animales
prehistóricos que ya desaparecieron de la superficie de la Tierra pero
que subsisten todavía en el alma humana bajo forma de instintos, de
impulsos, de deseos, de sentimientos inferiores, y en donde las plantas
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venenosas exhalan unos perfumes que perturban la razón.

Algunos pintores hacen salir de su subconsciencia unas


imágenes tan sombrías y deformadas que, al mirarlas, tenemos la
sensación de volver al caos, o de sumergirnos en una ciénaga o en un
abismo. En vez de elevaros, de purificaros, de llenaros de entusiasmo
por la belleza y la perfección, estos cuadros os quitan la alegría. Y los
músicos, que no suben muy arriba, a su supra-consciencia, para
tratar de oír la armonía de la vida cósmica y traducirla, con ayuda de
todas las posibilidades humanas, escriben unas músicas que
desencadenan las pasiones y hacen salir de sus jaulas a todas las
fieras y animales salvajes que se esconden en la naturaleza humana.
El poeta sólo conoce también el camino que le sumerge en el
subconsciente. Sólo trata de expresar estados caóticos, enfermizos y
mórbidos. ¡Cuántos quieren ser grandes artistas sin llevar a cabo un
trabajo sobre sí mismos, sin conocer las leyes de los tres mundos!
Siguen su "inspiración", sin saber de dónde viene ésta. Si en el
mercado o en las tiendas de comestibles se permitiesen vender
alimentos envenenados o nocivos para la salud, todo el mundo
reaccionaría y se castigaría a los comerciantes. Pero en el dominio
intelectual o artístico cualquiera tiene libertad para suministrar al
público alimentos envenenados, ¡o hasta excrementos!

Saber distinguir lo bello de lo feo, lo útil de lo nocivo, lo


verdadero de lo falso, lo justo de lo injusto, es una facultad que sólo
pertenece a aquéllos seres instruidos en esta ciencia espiritual
grandiosa y preciosa, sin la cual la humanidad continuaría
chapoteando, sufriendo y destruyéndose. Comprendedme bien: yo no
tengo nada contra los artistas, al contrario. Admiro a los verdaderos
artistas, porque sé que el Cielo se manifiesta a través de ellos. 7

No debemos aceptar a los inquilinos que nos destruyen. Pero,


para echarlos hay que ser diplomáticos. Los magos conocen
numerosos procedimientos para hacerlo, por ejemplo, aquí tenéis uno
de ellos.

Cuando una casa está ocupada por criaturas indeseables, el


mago entra en esta casa y se pone a cantar preparando un pan
mezclado con miel. Mientras sigue cantando o tocando con un
14

instrumento melodías apropiadas, invita a los espíritus a comer y a


beber. Los espíritus se acercan, y el mago sale entonces de la casa
con el pan en la mano para atraerlos hacia fuera. Cuando está a
alguna distancia de la casa, lanza el pan al suelo, haciéndolo rodar lo
más lejos posible. Los indeseables se precipitan tras el pan con miel y
la vivienda queda liberada. Con los indeseables hay que actuar con el
amor y la bondad. Podemos expulsarlos también leyéndoles ciertos
pasajes de la Biblia, con oraciones o con cantos. Podéis cantar
incluso ciertos cantos del Maestro Petar Deunov, como, por ejemplo;
"Douheut boji". Pero muchos otros cantos del Maestro pueden servir
para alejar a las entidades maléficas. Esto que os digo sobre los
indeseables puede aplicarse también, evidentemente, a la vida interior
del hombre. El hombre puede atraer a los espíritus, y también
expulsarlos.

El día de Pentecostés los apóstoles recibieron el Espíritu Santo.


Pero Jesús también era visitado y habitado por grandes espíritus
planetarios de la más alta jerarquía, y a menudo incluso por Dios
mismo. Algunos dirán: "¿Cómo? Usted dice que Jesús era visitado a
menudo por Dios... ¿pero acaso no le visitaba Dios desde su infancia,
sin interrupción?" Sólo cuando Jesús cumplió 30 años el Espíritu de
Dios tomó completamente posesión de él. Cuando fue bautizado en el
Jordán por San Juan Bautista, el Espíritu descendió sobre él bajo la
forma de una paloma. Pero durante estos tres años en los que el
Espíritu habitó en él verdaderamente, Jesús se sintió a veces
abandonado por Él, en el jardín de Getsemaní, por ejemplo, cuando
rogaba a su Padre que apartase de él la copa amarga... Si Jesús
hubiese estado entonces habitado por Dios no habría rezado así. Los
que no reflexionan, o no tienen esta Ciencia iniciática, se imaginan
cosas inverosímiles... ¿Y por qué también, cuando estaba en la cruz,
se sintió Jesús, por un momento, abandonado por Dios?...

Cuando los espíritus superiores que visitaban a Jesús entraban


en él, Jesús se transfiguraba, como sucedió cuando Elías y Moisés se
le aparecieron en el monte labor y sus discípulos le vieron
deslumbrante de luz. Entonces Jesús lo había iluminado todo en él
para recibir a estos visitantes del Cielo; por eso era tan
resplandeciente ¿Qué hacemos nosotros cuando recibimos a invitados
importantes? Limpiamos la casa, ponemos flores, encendemos las
15

luces de las habitaciones. Los Iniciados pueden transformarse


instantáneamente, aparecer bellos, jóvenes, luminosos. No lo hacen
muy a menudo porque tiene que haber para ello una razón especial;
pero cuando deben recibir la visita de los seres espléndidos del
mundo invisible, lo iluminan todo dentro de sí mismos. Por eso,
cuando vinieron Moisés y Elías, el rostro de Jesús era pura luz.

¿Es acaso la luz la que produce esta transformación? Si.


Imaginad que pasáis de noche junto a una mansión lujosa Miráis, y
no veis más que sombras. Si sois miedosos, creéis ver por todas partes
brazos que se tienden hacia vosotros para cogeros, seres que se
esconden para haceros daño. Pero si volvéis en pleno día, cuando
brilla el Sol, veis flores de todos los colores, pájaros, surtidores de
agua. Estáis encantados con el espectáculo: las fuentes manan, el
agua brilla en los pilones; por la noche este parque resultaba
inquietante, pero ahora es luminoso, mágico. Pues bien, toda la
diferencia proviene de la presencia de la luz.

Lo que sucede con un parque sucede también con todos los


hombres y todas las mujeres. A veces una mujer, que parece fea y
apagada, se vuelve en un instante bonita y atractiva parece que algo
se ha encendido en ella. Una mujer se transforma completamente
cuando la luz brilla interiormente en ella; pero cuando la luz se
apaga vuelve a ser una mujer corriente, del montón. Cuando una
mujer ha trabajado durante toda su vida para obtener la luz, se vuelve
tan bella que incluso cuando ya es vieja todavía desean abrazarla.
Mientras que las mujeres que sólo cuentan con el maquillaje se
vuelven cada vez más feas, y hasta horribles, cuando envejecen,
Cuando un hombre se encuentra con uno de estos vejestorios, ya al
verla desde lejos se dice: '¡Ojalá que no me vea y que no tenga que
hacerle cumplidos!" Pero, si debe saludarla, le dice: "Buenos días,
querida Señora, ¿qué tal está? ¡Estoy encantado de verla!... ¿Qué
secreto tiene usted para no envejecer nunca?", y, mientras tanto, se
pregunta cómo escapar lo antes posible.

Diréis: "¿pero cómo hacer brotar la luz interior para que todo
se embellezca y la vida adquiera un sentido?" Las lámparas se
encienden cuando el hombre empieza a amar. Por eso las mujeres que
están enamoradas se vuelven más bonitas. Pero ahí también hay que
16

saber, sin embargo, qué lámparas hay que encender, es decir, a quién
amar y cómo amar, Si una mujer ama a un granuja, o si su amor es
egoísta, evidentemente, se afea. Para embellecer verdaderamente es
preciso que ella ame a un hombre superior y que su amor sea
desinteresado.

Cuando el fuego sagrado se enciende dentro todo se embellece.


El fuego sagrado es amar a Dios, a la Fraternidad Blanca Universal,
a todas las criaturas... y hasta a los malvados. Si tenemos tiempo de
hacerlo.

No os imaginéis que con lo poco que acabo de deciros sobre la


casa ya podéis comprenderlo todo y juzgarlo todo. Hay muchas cosas
que no os he dicho y que pueden explicar también ciertos aspectos de
los fenómenos a los que he hecho alusión. Así que, si el rostro de
vuestro amigo se ha puesto triste y sombrío, no penséis
inmediatamente que es porque ha perdido su luz. Puede que sea
simplemente una nube que proyecta su sombra sobre su casa y que le
sume momentáneamente en la oscuridad. Eso les sucede incluso a los
Iniciados. En realidad, no son más sombríos que antes, pero ciertos
espíritus inferiores proyectan sobre ellos unas sombras que impiden
la manifestación visible de su radiación. Para poder pronunciarse,
pues, hay que haber estudiado durante mucho tiempo.

Todos nosotros representamos casas que albergan a un cierto


número de empleados, de obreros o de inquilinos, entre los cuales
existe más o menos amor y armonía. Hay que preguntarse, de ahora
en adelante, si estos inquilinos destruyen o construyen algo en
nosotros, y hay que ocuparse de ellos. Un día, Aquél que nos dio la
casa nos dirá que era un templo, y nos preguntará: "¿Qué has hecho
con él? ¿Lo has agrandado, los has embellecido, o lo has
profanado?" Evidentemente, nuestra casa física, nuestro cuerpo, está
abocado al desgaste y a la destrucción. Esta casa de carne se
convertirá en polvo y volverá al sitio de donde vino. Pero las casas
espirituales en las que viven nuestros pensamientos, nuestros
sentimientos y nuestros actos, podemos embellecerlas, purificarlas y
santificarlas.

Hay un punto todavía en el que quisiera detenerme, porque es


17

muy importante, Un hermano vino a decirme: "Voy a recibir una


herencia espléndida. Mi tío poseía una casa y propiedades y me las
ha legado," Le pregunté: "¿Está usted contento con esta herencia? -
Evidentemente, respondió, gracias a ella mis negocios irán mejor. -
Es magnífico, pero, dígame, ¿quién era este tío, cómo vivió?... - ¡Ah!,
desde luego no era muy honesto ni escrupuloso, y por eso pudo
amasar rápidamente esta gran fortuna." Entonces le respondí a este
hermano: "Puesto que usted quiere seguir la Enseñanza de la
Fraternidad y vivir una vida espiritual, voy a decirle lo que va a
sucederle a causa de esta herencia magnífica. Si usted no desease
mejorar, no le revelarla estas cosas. Lo hago porque quiere
evolucionar, pero ignora todavía las leyes de la evolución a las que
deben someterse todos aquéllos que desean transformarse, liberarse...
Si acepta esta herencia va a vincularse con el pariente que se la ha
dejado y éste vendrá un día a reclamarle algo a cambio. Cuando se
encarne de nuevo dirá: "Puesto que antaño dejé mi fortuna a este
pariente, me instalaré en su casa. En todos los demás sitios sería un
intruso, pero aquí tengo derechos." Este pariente vendrá, pues, a
instalarse en su familia, o incluso en su espíritu, como hijo o como
espíritu a los que hay que educar, y, como es deshonesto, sin
escrúpulos, será un hijo espantoso y usted deberá pagar por todas sus
tonterías y sus crímenes. Así que tendrá cien veces más de problemas
que si hubiese rechazado esta herencia. Le aconsejo, por tanto, que la
rechace."

Ya oigo que pensáis: "Es horroroso lo que usted dice." No lo


digo yo, sino la Ciencia Iniciática profunda. Jesús le dijo al hombre
rico que quería seguirle: "Vende todo lo que posees, distribuye tu
dinero a los pobres, ¡y sígueme!" ¿Por qué? No era un capricho de
Jesús. Él sabía que para ser libres y poder estudiar una ciencia que
supera millones de veces todos los tesoros del mundo, hay que ser
capaces de renunciar a ciertas cosas en la vida.

Si queréis ser verdaderos discípulos, debéis dejar de lado las


riquezas, que la vida antigua os lega. Evidentemente, podemos
comprender también la herencia desde un punto de vista simbólico,
porque todos nosotros somos herederos de filosofías, de opiniones y
de tradiciones que nos han legado nuestros antepasados. Meditad y
reflexionad sobre la herencia espiritual que podéis recoger de tales
18

maestros.

No os extrañéis si os digo que para conocer bien la cuestión de


las "casas" no basta con ser empresarios, ingenieros, constructores o
albañiles, sino que hay que conocer también la fisiología, la
psicología, la biología, la fisiognomonía y la astronomía. Y una casa
puede ser también una filosofía, una enseñanza, una familia, etc.
Viviremos en ella, pero si esta casa es húmeda, o si está deteriorada
en alguna parte, será muy peligrosa para la salud.

Para terminar, os diré que las almas muy evolucionadas tienen


su morada en el Sol. Por eso, mis queridos hermanos y hermanas, si
os acostumbráis a ver cada mañana la salida de Sol, conscientemente
y con amor, atraeréis a vuestra alma y a vuestro espíritu algunas de
estas almas que habitan en el Sol y éstas se manifestarán en vosotros
para el bien del mundo entero.

¡Que la luz y la paz estén con vosotros!

Centre
OMRAAM
Institut Solve et Coagula
Reus
www.omraam.es
Primer Centro
De difusión de la obra
Del Maestro OMRAAM
En lengua Española

Consultar OM-00-E-OBRAS COMPLETAS


Para ver donde están todos
Conferencia del Maestro
OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Sèvres 25 de Diciembre de 1958

Del Tomo 9: O.C.


AL PRINCIPIO ERA EL VERBO
Capítulo VI

“NAVIDAD”

Ya lo sabéis, mis queridos hermanos y hermanas, si existen


cuatro fiestas cardinales: Navidad, Pascua, la fiesta de San Juan y la
de San Miguel, no es por casualidad, ni porque se les haya antojado a
algunos religiosos instituir estas fiestas. En realidad corresponden a
fenómenos cósmicos. En el transcurso del año el Sol pasa por cuatro
puntos cardinales y en estos momentos se vierten fuerzas y energías,
no sólo sobre los humanos sino también sobre toda la naturaleza,
sobre la vegetación, sobre los animales, e incluso sobre los demás
planetas. Los Iniciados, que observaron estos fenómenos gracias a los
medios extremadamente perfeccionados de los que disponen,
constataron que si el hombre estaba atento, si se había preparado para
recibir estos efluvios, se podían producir en él grandes
transformaciones. Por esta razón, desde la antigüedad dieron a los
hombres un cierto número de preceptos para que se preparasen a
recibir estas corrientes.

Cristo nace en la naturaleza cada año el 25 de diciembre a


medianoche. La noche del 25 de diciembre es la noche más larga. A
partir de esta fecha las noches empiezan a disminuir y los días se
alargan. Hay más luz, más calor, más vida, y ello se refleja sobre todas
las criaturas. Dejaré de lado la cuestión de saber si Jesús nació
verdaderamente en esta fecha o no, pero el 25 de diciembre tiene lugar
2

en la naturaleza el nacimiento del principio crístico, es decir, de la


vida, de la luz y del calor que van a transformarlo todo. En el Cielo
también celebran entonces esta fiesta; los ángeles cantan y todos los
grandes Maestros y los Iniciados se reúnen para rezar, para dar gloria
al Eterno y festejar el nacimiento de Cristo que nace verdaderamente
en el universo.
¿Y dónde está la masa en estos momentos'? En los cabarets, en
las salas de baile y en los bares, donde comen, beben y están de juerga
para festejar el nacimiento de Jesús. ¡Qué mentalidad! Y lo más
extraordinario es que incluso los más inteligentes creen que la
Navidad debe festejarse así. En vez de ser conscientes de la
importancia de un acontecimiento que sólo se produce una vez cada
año, cuando toda la naturaleza está atenta para preparar la nueva vida,
el hombre tiene la cabeza en otra parte. Por eso no recibe nada, sino
que, al contrario, pierde la gracia y el amor del Cielo. Sí, ¿qué queréis
que el Cielo le dé a un ser que no es sensible a esa luz ni a esas
corrientes divinas y que se pasa la Navidad debajo de la mesa con una
botella o que estará al día siguiente en el hospital? Hoy muchos
estarán en los hospitales porque no supieron rechazar las invitaciones.
Conocéis esta historia; un hombre invita a su amigo y éste le
responde: "Escucha, el lunes estoy invitado en casa de fulano, así que
el martes estaré en la cama... El miércoles iré a casa de otro, así que el
jueves estaré en la cama... Bueno, entonces voy a ir a tu casa el
viernes."¿Veis?, este hombre se conocía! Sólo los Iniciados se
preparan, porque saben lo que sucede arriba. Procuran no malgastar su
tiempo en ocupaciones insignificantes para no desmagnetizarse, para
no envilecerse. Y de la misma manera que Cristo nace en el mundo
bajo forma de luz, de calor y de vida, preparan las condiciones
adecuadas para que el niño divino nazca también en ellos.
Hace 2000 años Jesús nació en Palestina, pero eso es el lado
histórico, y lo histórico, ¿sabéis?, es secundario para los Iniciados.
Antes de ser un acontecimiento histórico el nacimiento de Cristo es un
3

acontecimiento cósmico, es la primera manifestación de la vida en la


naturaleza, el comienzo de todo lo que brota. Después, este
nacimiento es también un acontecimiento místico, es decir, que Cristo
debe nacer en cada alma humana como supra consciencia, como amor
divino, como comprensión, como sacrificio. Eso es el nacimiento de
Jesús, y mientras el hombre no posea todas estas virtudes y cualidades
el niño Jesús no ha nacido en él. Puede festejarlo, puede esperarlo...
nunca habrá nada. Jesús nació hace 2000 años; y, para rememorarlo, la
gente va a la iglesia y canta que Jesús ha venido para salvarnos. Y
puesto que estamos salvados, ¿verdad?, podemos pecar, podemos
comer y beber, estamos tranquilos para toda la eternidad. Así es cómo
comprenden los humanos el nacimiento de Jesús. Evidentemente,
como les interesa no tener que hacer ningún esfuerzo, tienen que
justificarse de una u otra forma.
El aspecto histórico, mis queridos hermanos y hermanas, viene
en tercer lugar. Los más importantes son los aspectos místico y
cósmico, porque el nacimiento de Cristo es una realidad que se
produce cada año en el universo y que en cada momento. Cristo puede
nacer también en nosotros; lo que es mucho más importante que el
lado histórico. Podéis releer la historia de su nacimiento tanto como
queráis, pero mientras Cristo no nazca en vosotros mismos no
sentiréis ni calor, ni luz, ni bondad, ni felicidad, ni liberación, ni nada.
¿De qué habrá servido entonces que haya nacido hace 2000 años? Los
humanos se contentan con cantar: "Hace 2000 años Jesús nació...
Hace 2000 años..." Y con esto les basta, no quieren hacerlo nacer
dentro de ellos para que la Tierra esté poblada de Cristos. Sin
embargo, eso es lo que pedía Jesús cuando decía: "El que crea en mí
también hará las obras que yo hago. Incluso las hará más grandes." Y
entonces, ¿dónde están estas obras?.
Para algunos, Cristo ha nacido ya. Para otros, nacerá el próximo
año. Para otros, el siguiente... Y para otros nacerá dentro de algunos
siglos. Todo depende de la preparación de las condiciones. Por eso os
4

decía que es muy importante prepararse antes de que llegue la


Navidad.

Hay cosas muy interesantes todavía por revelar sobre la


Navidad. ¿Qué significa, por ejemplo, el nacimiento en un establo,
entre un asno y un buey? ¿Y los pastores? ¿Y los Reyes Magos?
Diréis: "¡Pero si todo el mundo lo sabe!"... Veremos si lo saben o no y
cómo lo saben. San Lucas es el evangelista que habla más en detalle
del nacimiento de Jesús. Los demás apenas lo mencionan, o empiezan
incluso cuando Jesús fue al encuentro de San Juan Bautista para que le
bautizase. Os leeré ahora el relato del nacimiento de Jesús en el
Evangelio de San Lucas.
“En aquel tiempo se promulgó un edicto de César Augusto
ordenando el censo de toda la Tierra Este censo, que fue el primero
tuvo lugar cuando Quirinius era gobernador de Siria. Y todos fueron
a empadronarse, cada uno a su ciudad. José también, salió de la
ciudad de Nazaret, en Galilea, para subir a Judea, a la ciudad de
David, llamada Belén -pues era de la casa y del linaje de David- para
empadronarse allí con María, su prometida, que estaba encinta. Y
mientras estaban allí llegó el tiempo en que María debía dar a luz.
Trajo al mundo a su primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó
en un pesebre porque no había sitio para ellos en las posadas.
Había en el lugar unos pastores que vivían en los campos y que
se turnaban por la noche para guardar sus rebaños. El ángel del
Señor se les apareció y la gloria del Señor les envolvió con su
claridad; y quedaron sobrecogidos de espanto. Pero el ángel les dijo
No tengáis miedo, pues os anuncio un gran gozo que será también el
de todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un
Salvador que es Cristo, el Señor. Y esto os servirá de señal:
encontraréis a un recién nacido envuelto en pañales y recostado en un
5

pesebre. Y de repente se unió al ángel una tropa numerosa del


ejército celestial que alababa a Dios diciendo:
¡Gloria a Dios en lo más alto de los Cielos y paz en la Tierra a
los hombres que Él ama!
Cuando los ángeles se hubieron ido al Cielo, los pastores se
dijeron entre sí: Vayamos pues a Belén y veamos lo que ha sucedido y
lo que el Señor nos ha hecho conocer. Fueron, pues, rápidamente
hacia allí y encontraron a María, a José y al recién nacido recostado
en el pesebre. Y, habiéndolo visto, dieron a conocer lo que se les
había dicho de este niño; y todos los que les oyeron quedaron
maravillados de lo que decían los pastores. En cuanto a Maña,
guardaba cuidadosamente todos estos recuerdos y los meditaba en su
corazón. Después se volvieron los pastores glorificando y alabando a
Dios por todo lo que habían visto y oído, de acuerdo con lo que se les
había anunciado.
Llegado el octavo día, en el que debían circuncidar al niño, le
dieron el nombre de Jesús, nombre que había indicado el ángel antes
de su concepción.
Y cuando llegó el día en el que, según la ley de Moisés, debía ser
purificado, le llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, tal
como está escrito en la Ley del Señor: Todo niño primogénito será
consagrado al Señor; y para ofrecer en sacrificio, de acuerdo con lo
que dice la Ley del Señor, una pareja de tórtolas o dos jóvenes
palomas.
Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Este hombre
era justo y piadoso; esperaba la consolación de Israel y el Espíritu
Santo descansaba en él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo
que no le llegaría la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor.
Vino, pues, al Templo, impulsado por el Espíritu, y cuando los padres
llevaron al niñito Jesús para cumplir con él las prescripciones de la
Ley, Simeón lo recibió en sus brazos, bendijo a Dios y dijo:
6

Mi Amo, ahora puedes, según tu palabra, dejar que tu servidor


se vaya en paz; porque mis ojos han visto tu salvación, la que Tú has
preparado para todos los pueblos, luz para iluminar a las naciones y
gloria de tu pueblo Israel”.
Quizá ya hayáis leído u oído varias veces este capítulo. En
realidad, contiene muchos detalles que son simbólicos. Hay también
dos pasajes que son muy misteriosos. Se dice que María guardaba
cuidadosamente todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón...
Había, pues, algo de lo que ella no podía hablar. Si se tratase de lo que
les había oído contar a los pastores habría podido hablar de ello puesto
que los pastores se lo contaban a todo el mundo. Había pues otra cosa
que ella guardaba preciosamente en su alma, algo sagrado. ¿Y quién
era Simeón? Se dice que el Espíritu Santo estaba en él... lo que
significa que era muy puro. Pero no voy a poder tocar la cuestión de
Simeón porque haría vacilar todas las conciencias cristianas. Sí,
¿quién era Simeón? ¿Quién era Simeón para el Niño Jesús?...
Vamos a ver ahora si habéis comprendido verdaderamente este
capítulo. Pero empecemos por el principio.
En primer lugar, ¿quiénes eran María y José? Si tuvieron como
hijo a Jesús, es porque ya estaban preparados: para poder ser dignos
de tenerle en su familia es que ya habían hecho un gran trabajo
espiritual, se habían purificado, y por eso fueron escogidos. Ya lo
sabéis, no puede ser escogido cualquiera. Si fueron escogidos, si
tuvieron un hijo como Jesús, el Salvador de la humanidad, es porque
María y José eran excepcionales, estaban predestinados. María se
había consagrado, ya desde muy joven; había ido al Templo para ser
servidora de Dios. ¿Y qué hacía en el Templo? ¿Quién la preparaba?
No se dice, pero se sabe en detalle. María se purificó, pues, e hizo los
mayores sacrificios para ser digna de recibir en su seno a un espíritu
tan poderoso y elevado como Jesús. Son cosas en las que la gente no
piensa.
7

Para los cristianos todo es posible para Dios, hace lo que le da la


gana, incluso las cosas más inverosímiles. Piensan que puede escoger
a cualquiera y que en este dominio no hay ni justicia, ni reglas, ni ley,
ni nada. Entonces Él, que ha hecho las leyes, ¿sería el primero en
transgredirlas? Verdaderamente, ¡qué buen ejemplo daría el Señor!...
No, mis queridos hermanos y hermanas, las cosas no suceden así. Si
Dios escoge a determinadas criaturas es porque éstas cumplen ciertas
condiciones. Claro que, como dijo Jesús, "de estas piedras Dios puede
suscitar hijos de Abraham", pero haciéndolas pasar por el estado de
planta, de animal después y, finalmente, de hombre. El germen del
niño debe pasar, asimismo, por toda clase de formas y de estados antes
de tener el rostro de una criatura humana. Y Jesús también se vio
obligado a pasar por ciertas etapas antes de llegar a ser Cristo. Esto es
algo que los cristianos todavía no pueden aceptar. Piensan que Jesús
era Dios mismo y que era perfecto desde su nacimiento. Pero
entonces, ¿por qué tuvo que esperar hasta los treinta años para recibir
el Espíritu Santo y hacer milagros? Cuando Dios en persona debe
venir a encarnarse en la Tierra acepta voluntariamente someterse a las
leyes que Él mismo ha establecido. El Señor se respeta a Sí mismo,
¿lo comprendéis? Así es cómo ven las cosas los Iniciados: en su
cabeza todo está en orden, todo es lógico, todo es sensato.
Así pues, para ser dignos de recibir a Jesús, María y José se
habían preparado desde hacía mucho tiempo, incluso en otras
encarnaciones, y eran puros. Pero no nos detengamos demasiado en
esta cuestión porque habría demasiadas cosas que decir. ¿Acaso fue el
Espíritu Santo el que dio nacimiento a Jesús? Sí, fue el Espíritu Santo.
En el plano divino fue el Espíritu Santo, pero en el plano físico
también hacía falta algo... alguien, para que en el plano físico hubiese
también un reflejo del Espíritu Santo. Para que hubiese una
correspondencia entre los tres mundos, para que en el plano físico, en
el plano espiritual y en el plano divino todo fuese siempre santo,
luminoso y puro, en el plano físico se necesitaba también un
conductor del Espíritu Santo. Diréis: "¡Pero todo es posible para el
8

Espíritu Santo!" Lo sé. Habría podido, por ejemplo, tomar un poco de


materia del espacio y formarse un cuerpo que no habría tenido que
pasar a través de una mujer. Sólo que un cuerpo hecho con materia
etérica no dura mucho tiempo: apenas unas horas, un día, y después
hay que devolver las partículas; eso es lo que sucede en las sesiones
espiritistas.
Para que el cuerpo sea duradero, éste debe formarse con las
partículas materiales aportadas por la madre. Por eso el Espíritu Santo
necesitaba a una mujer pura para que se formase un cuerpo en su seno.
Lo demás no os lo diré, vosotros mismos lo adivinaréis... ¿Una
concepción inmaculada?, desde luego que hubo una concepción
inmaculada, sin mancha, es decir, sin deseos, sin pasiones, sin
codicias, sin sensualidad. Esto es completamente posible. Siempre ha
existido, pero ha sucedido muy raramente, claro. Diréis: "¿Sin ayuda
de un cuerpo físico?" Ya os dije que, en tal caso, un cuerpo no puede
mantenerse durante mucho tiempo. Para que dure hace falta un cuerpo
físico, pero purificado de toda pasión, de todo deseo, y entonces sí,
una concepción puede ser inmaculada. Así es cómo hay que
comprender la virginidad. La virginidad es una cualidad más espiritual
que física. ¡Cuántas mujeres son vírgenes externamente, pero
interiormente... son peores que prostitutas! No os diré más sobre este
asunto, pero ya os he dicho mucho.
Insisto, pues, en eso: el nacimiento de Jesús debe ser
comprendido en los tres mundos, es decir, como un fenómeno
histórico, como un fenómenos psíquico, místico, y, finalmente, como
un fenómeno cósmico. Hoy es sobre todo el fenómeno místico el que
me interesa.
San Lucas era el más sabio de los Evangelistas, el más instruido,
el más letrado, y empieza su Evangelio diciendo: "...He decidido yo
también, después de haberme informado cuidadosamente de todo
desde los orígenes, escribir para ti la exposición que sigue."
9

Él no había sido, pues, testigo de los acontecimientos, como los


demás, pero hizo investigaciones, y en su relato del nacimiento de
Jesús sólo retuvo las imágenes de los acontecimientos que se repiten
en el alma de cada humano, y en estas imágenes es en las que nos
vamos a detener. Para que el niño nazca hacen falta un padre y una
madre. El padre, José, es el intelecto, el espíritu del hombre. La
madre, María, es el corazón, el alma. Cuando el corazón y el alma
están purificados, entonces el niño nace; pero no nace por obra del
intelecto y del espíritu, no, sino que nace por obra del Alma universal.
El Alma universal no es otra cosa que el Espíritu Santo bajo la forma
de fuego, de amor divino... una pura llama que viene a fecundar el
alma y el corazón del ser humano. El alma y el corazón representan el
principio receptivo, la mujer; y el intelecto y el espíritu, como ya os
expliqué, representan el principio masculino que prepara las
condiciones para que el Espíritu Santo, es decir, el Alma universal,
que es fuego, tome posesión del alma, de María. Entonces es cuando
nace el Niño Cristo. Pero, como el nacimiento es un fenómeno que
debe producirse en los tres mundos, es preciso que el niño nazca
también en el plano físico. ¿Veis?, se trata de una cuestión mucho más
compleja de lo que os imaginabais.
Y cuando María y José quisieron buscar refugio en una posada
ya no había sitio para ellos, es decir, que los humanos, que están
ocupados comiendo, bebiendo y divirtiéndose, nunca tiene sitio para
el Iniciado que ha recibido al niño.
Este niño divino, que ya ha sido concebido en vosotros como
una luz, puede ser un ideal, una idea que alimentáis, que amáis. Pero,
¿a dónde ir ahora con este niño? Nadie os abre la puerta, es decir,
nadie os comprende. Pero hay un establo. Este establo, con el pesebre,
es un símbolo, y, en primer lugar, un símbolo de pobreza, pero de
pobreza exterior, evidentemente. Porque, para el hombre en quien
habita el espíritu, siempre será así: los humanos no le apreciarán, no le
recibirán. Pero, gracias a la luz que proyectará por encima del pesebre,
10

habrá otros que lo verán de lejos. Esta luz, la estrella de cinco puntas,
es una realidad absoluta. Brilla por encima de todos los Iniciados cuyo
principio femenino, es decir, el alma y el corazón, ha traído al mundo
el Niño Jesús concebido por el Espíritu Santo. Y entonces el intelecto,
José, en vez de estar celoso y de repudiar a María, como un hombre
grosero, gritando: "¡Este niño que has traído al mundo no es mío!...
¡vete!", debe inclinarse y decir: "Es Dios quien ha tocado el corazón y
el alma de María, yo no podía hacerlo." El intelecto, pues, no debe
rebelarse y ponerse en cólera, sino comprender correctamente
diciendo: “Aquí hay algo que me sobrepasa”, y conservar a María.
Repudiar a María es repudiar la mitad de nuestro ser y ser como los
seres puramente intelectuales y racionalistas que han suprimido todo
lo afectivo, receptivo, todas las cualidades de dulzura, de humildad, de
bondad.
Muchos han repudiado a María porque le gustaba recibir la visita
del Espíritu Santo... Debéis comprender que María y José son
símbolos de la vida interior; aquéllos que han repudiado a María se
han secado y ya no tienen más que el intelecto que disloca, que critica,
que siempre está descontento. Pero, ¿veis?, José, al contrario, respetó
a María, conservó a María, dijo: "¡Ah! Está encinta, quiero protegerla
porque necesita mi ayuda."
¿Y qué es la estrella? Es un fenómeno que se produce
inevitablemente en la vida de un verdadero místico, de un verdadero
Iniciado. Por encima de su cabeza nace una estrella, un pentagrama
luminoso. Arriba es como abajo y abajo es como arriba; este
pentagrama debe, pues, existir doblemente; en primer lugar, el hombre
mismo es un pentagrama viviente, y después, arriba, en el plano sutil,
otro pentagrama le representa bajo forma de luz. El hombre ya es un
pentagrama, es decir, posee las cinco virtudes: bondad, justicia, amor,
sabiduría y verdad. Y la luz, la estrella que brillaba por encima del
establo significa que de cada Iniciado que posee en él a Cristo vivo
sale siempre una luz, una luz que serena, una luz que alimenta,
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reconforta, cura, purifica, vivifica... Un día esta luz empieza a ser vista
de lejos por otros que sienten que algo especial se manifiesta a través
de este ser. Lo que se manifiesta, justamente, es Cristo; entonces,
todos aquéllos que son jefes, autoridades, gobernantes, todos aquéllos
que son poderosos y ricos vienen a su lado. Y hasta los magos, que se
imaginaban ser todopoderosos, sienten también que les falta algo, que
no han llegado a este grado de espiritualidad, y vienen a inclinarse,
vienen a aprender, vienen a traer regalos. Y ahí tenéis a los tres
magos: Melchor, Baltasar y Gaspar.
Melchor, Baltasar y Gaspar eran los jefes de grandes religiones
en sus países respectivos, y vinieron. ¿Por qué? Porque sintieron esta
luz. Y como también eran astrólogos,
investigaron y descubrieron que tal y cual
planetas se encontraban en tal constelación,
en conjunción absolutamente única con
otros planetas, y comprendieron que debía
haberse producido un acontecimiento
extraordinario. Buscaron en qué lugar, ¡y lo
encontraron! El nacimiento de Jesús
corresponde también, pues, a un fenómeno astrológico que se produjo
hace 2000 años en el Cielo. Sobre los tres magos os hablaré en otra
ocasión porque hoy todavía tengo muchas otras cosas que deciros.
Pero esta estrella que les guió, creedme, es un fenómeno real. Es una
de las realidades más grandes que existen y que yo conozco porque la
he verificado. No os cuento lo que he leído en los libros; dejo ahora
todos los libros y leo en el libro de la naturaleza viviente porque es
este libro el que me interesa.
Ocupémonos ahora del establo. En este establo no había ni
pastores, ni rebaños, sólo había un buey y un asno. ¿Por qué? Desde
hace dos mil años lo repiten sin haberlo comprendido, porque los
humanos han perdido el significado del simbolismo universal. ¿Por
qué un buey y un asno? ¿Por qué no un cerdo y un gato? Así que había
12

un pesebre, un buey y un asno. El pesebre es el cuerpo físico. ¿Y el


buey?... Sabéis que en la antigüedad el toro fue considerado siempre
como el principio de la generación. En Egipto, por ejemplo, el toro
Apis era el símbolo de la fertilidad y de la fecundidad. El toro está
bajo la influencia de Venus y representa la fuerza sexual. El asno, en
cambio, está bajo la influencia de Saturno; representa la personalidad
humana, el hombre viejo, al que se llama viejo Adán, testarudo,
obcecado, pero buen servidor. Y estos dos animales estaban ahí para
servir a Jesús. Pero servirle ¿cómo? Ahora es cuando os voy a revelar
un gran misterio. Cuando el hombre empieza a trabajar para
perfeccionarse entra en conflicto con las fuerzas de su personalidad,
que es obcecada, limitada, testaruda, caprichosa, como el asno, y con
las fuerzas de la sensualidad que le empuja a traer al mundo muchos
hijos y a menudo le pone furioso como un toro.
El Iniciado es aquél que llega a dominar estas dos fuerzas, y
entonces estas fuerzas están a su servicio. ¿Veis?, no aniquila la
personalidad y la sensualidad en él. El asno y el buey estaban ahí,
presentes... ¿Y qué hacían? Enviaban su aliento al Niño Jesús, le
calentaban con su soplo de calor y de amor. Así pues, cuando el
Iniciado llega a transmutar el asno y el buey en él y a ponerlos a su
servicio éstos vienen después a calentar y a alimentar con su aliento al
Niño recién nacido. Estas fuerzas ya no están ahí pues para
atormentarle, desequilibrarle y hacerle sufrir, no, sino que se
transforman en fuerzas vivificantes. El aliento ya es la vida. ¿Veis?, el
aliento del asno y del buey son una reminiscencia del aliento mediante
el cual Dios dio el alma al primer hombre. El asno y el buey sirvieron
al Niño Jesús, lo que significa que todos aquéllos que tienen a Cristo
en ellos serán servidos por su personalidad y por su sensualidad,
porque ambas son fuerzas, como ya os expliqué hace mucho tiempo.
Después se apareció un ángel a los pastores que poseían este
establo. Éstos guardaban sus rebaños, y cuando el ángel les anunció la
noticia del nacimiento de Jesús estuvieron maravillados; tomaron
13

corderos y se los llevaron a Jesús. Eso significa que todos aquéllos


que poseen acciones del cuerpo físico, es decir, los espíritus
familiares, que están o no reencarnados, y que tienen riquezas
(simbólicamente estas riquezas son las ovejas, los corderos y los
perros) son advertidos. Son advertidos porque participaron en la
formación de este establo (el cuerpo físico) y entonces llegan todos
diciendo: "¡Ah! ¡Nunca habíamos pensado que tendríamos semejante
honor en nuestro establo!" Así pues, todos los espíritus familiares, que
están en el otro mundo o incluso aquí, en éste, reciben la noticia de
que algo espléndido ha sucedido en vuestro corazón, en vuestra alma y
vienen también a inclinarse y a traeros regalos. El mundo entero se
pone al servicio del Niño. Pero si no tenéis a este Niño no contéis con
que vengan a serviros. Los ángeles sólo vienen a servir a aquél en
quien el Niño Jesús ha nacido ya, porque no vienen por vosotros sino
por el principio divino, Cristo, el Hijo de Dios.
No hay nada más importante pues que hacer todos los esfuerzos
para que un día nazca el Niño Jesús. Entonces vendrán la Tierra y el
Cielo; en los cuatro extremos del mundo habrá seres que comprendan
que una nueva luz ha nacido, y vendrán a veros y a traeros regalos.
Claro que habrá también un Herodes (siempre lo hubo) que estará
furioso y que les dirá a los Reyes Magos: “Id e informaos
exactamente sobre el niñito, y cuando lo hayáis encontrado
hacédmelo saber también a mí para que vaya a adorarlo”. Pero,
gracias a Dios, también hay ángeles que vienen a preveniros para que
el Niño Jesús sea puesto a salvo. Un ángel vino a decirle a José:
“Toma al niño y a su madre y huye a Egipto... porque Herodes
buscará al pequeño para hacerle perecer”. Y los magos también
recibieron entonces la orden de no volver a donde estaba Herodes y se
volvieron a su país por otro camino. Eso quiere decir que todos
aquéllos que vengan a ver a Jesús, al principio crístico, no podrán
tomar el mismo camino cuando vuelvan a sus casas. ¿No habíais
pensado en eso, verdad? ¡Todo es tan profundo, tan misterioso! Para
mí es algo asombroso. Y, creedme, no invento nada. Os transmito la
14

ciencia que yo he recibido; y es verídica. Lo demás son relatos para


aquéllos que no pueden comprender; pero el contenido de estos relatos
es para los discípulos, y el significado para los Iniciados.
Y ahora, ¿por qué la noche de Navidad se tiene la costumbre de
comer, de celebrar la Nochebuena? Es algo simbólico. Cuando el niño
ha nacido hay que comer, hay que beber, hay que cantar, pero sin
sobrepasar los límites, claro. Y el niño también tiene necesidad de
alimento. El primer alimento del niño cuando ha nacido es la leche de
su madre. Ella le alimenta primero con su sangre y después con su
leche. ¿Qué significado tiene esto? Tampoco habéis pensado nunca en
ello. Todo el mundo sabe que el niño se alimenta primero con la
sangre de su madre y que después ya no bebe su sangre sino su leche.
Hay ahí dos colores: el rojo y el blanco. Ya os hablé de ello en la
conferencia que os di sobre las borlas rojas y blancas diciéndoos que
habían escondido los misterios del blanco y del rojo en estas dos
pequeñas cosas que se han conservado hasta nuestra época.
En los países eslavos, y sobre todo en Bulgaria, cada año, en
primavera, los hombres y las mujeres llevan dos borlas, roja y blanca,
prendidas en sus vestidos o en sus sombreros, y las cuelgan también
en las casas. Se trata de una tradición y ya no saben por qué lo hacen...
¡Los hombres son tan tenaces y fieles cuando no comprenden las
cosas! Como con las cartas del Tarot que recorren el mundo desde
hace siglos. Si hubiesen sabido lo que significan quizá las habrían
destruido. ¡Gracias a Dios que no lo supieron! Y cuando sepan lo que
significan estas borlas quizá querrán también suprimirlas. Contienen
grandes secretos porque el color rojo y el color blanco son símbolos.
Durante la concepción estos dos colores están ahí, presentes: la mujer
suministra el rojo y el hombre el blanco. Más tarde se repite la cosa de
nuevo cuando la mujer alimenta al niño con su sangre durante nueve
meses y después con su leche. Por otra parte, en la sangre misma
volvemos a encontrar también estos colores con los glóbulos rojos y
los glóbulos blancos; el rojo y el blanco representan los dos principios
15

necesarios para la vida. Pero no volvamos sobre eso. Si ya no os


acordáis, releed la pequeña charla sobre las borlas rojas y las borlas
blancas.
Estamos obligados a estudiar y a reflexionar sobre estos grandes
misterios; cuando los hemos comprendido, debemos aún hacerlos
descender al dominio del sentimiento, y finalmente debemos
realizarlos en el plano físico. Esto es lo más difícil. Todo el mundo
comprende, todo el mundo profundiza intelectualmente, y hasta muy
bien, pero la comprensión todavía no ha descendido hasta el
sentimiento y el corazón no siente. La comprensión debe descender
hasta el corazón y después hasta la voluntad para que tenga lugar la
realización en el plano físico. Hay, pues, tres nacimientos del Niño
Jesús: en primer lugar en el intelecto, después en el sentimiento, y
finalmente en la voluntad, en el plano físico. Diréis: "¿Pero cómo en el
plano físico?" Os lo explicaré, mis queridos hermanos y hermanas,
pero quizá no me comprendáis. El hombre no puede hacer nacer a
Jesús en él si no ha comprendido a su madre, la Tierra. Si no sabe lo
que es la Tierra, si no tiene con ella relaciones afectuosas, respetuosas,
conscientes, no tiene ninguna posibilidad de cambiar su cuerpo físico.
Nuestro cuerpo está en relación con la Tierra y volverá a la Tierra,
puesto que ha sido sacado de la Tierra, puesto que es su fruto, su hijo.
Y si el hombre no está en relación correcta con la Tierra, el Niño Jesús
no puede nacer en sus acciones, en su cuerpo físico.
La Tierra es un ser inteligente, pero nunca se piensa en ello y se
estudia solamente desde el punto de vista geográfico: tantos
habitantes, tantos mares, océanos, lagos, montañas, ríos... La Tierra es
la criatura más desconocida, la más desdeñada, la más despreciada, y
de eso se derivan grandes desgracias. Sí, porque no respetamos a
nuestra madre, que nos ha dado su cuerpo, nuestro cuerpo. Existe una
ciencia prodigiosa sobre las relaciones del hombre con la Tierra, sobre
el comportamiento que debemos tener con respecto a ella: cómo
hablarle, cómo extraer fuerzas de ella, cómo darle todo lo malo que
16

tenemos. Sí, claro, porque la Tierra posee unas fábricas, unos


laboratorios extraordinarios en los que puede transformarlo todo. Y
eso es lo que hace sin cesar: todas las impurezas, todos los desechos
que le damos los transforma para producir frutos, flores y todo lo que
es útil y bello. ¡La Tierra es muy inteligente!
¿Y qué es la Tierra? Es la hija de una madre, que es la hija de
otra madre, que es, a su vez, la hija de otra madre. Es una manera un
poco extravagante de expresarse, pero no importa, es más cómodo
para explicarlo. Así pues, hay una bisabuela, una abuela, una madre y
una hija ¿Y dónde están las otras?... Os las mostraré. La bisabuela es,
justamente, la Naturaleza cósmica, invisible, que formó todo el
universo: la Esposa de Dios. La abuela, es el universo. En cuanto a la
madre, no la vemos, está más allá de la Tierra, su hija, que es una
representante de la gran naturaleza, Isis. Y los hijos de la Tierra son
todos los árboles, todos los frutos, todo lo que ella produce.
El Sol fertiliza la Tierra y produce hijos todo el año en las
diferentes regiones. El Sol es, pues, el padre, pero detrás de él se
encuentran otros padres, hasta el Espíritu divino, que es el origen de
todo. El Sol es el padre y la Tierra es la madre, pero, más allá, hay
todavía otros padres y otras madres. En la conferencia "Al principio
era el Verbo" os hablé del Sol invisible, el Sol negro, del cual nuestro
Sol extrae sus energías... Sí, todo encaja... Cuando observamos la
naturaleza nos damos cuenta de que todo no es otra cosa que un
reflejo de esta filiación de la que acabo de hablaros. Observad el árbol.
Las raíces son la bisabuela, el tronco la abuela, las ramas la madre, las
hojas, con las flores, la hija, y los frutos son aquello gracias a lo que
todo vuelve a empezar, porque todo está comprendido en el fruto. El
árbol es una repetición de todo el universo, y cada cosa es también una
repetición en pequeño, un resumen de todo lo demás. Mirad el átomo:
es una repetición del sistema solar, e inversamente, el sistema solar no
es otra cosa que un átomo en la inmensidad y una repetición de esta
inmensidad. La llave de la analogía que os he dado abre todas las
17

puertas y debéis aprender a serviros de esta llave. En el cuerpo físico


volvemos a encontrar también esta repetición: la bisabuela, la abuela,
la madre, la hija... y los frutos. Si tuviésemos que buscar estas
correspondencias para cada cosa, eso nos retardaría, pero podría
hacerlo y mostraros que todo, todo corresponde.
El nacimiento de Cristo es una cuestión muy importante de la
que todos los Iniciados deben ocuparse. Mirad lo que dice San Pablo:
"Hijos míos, por quienes experimento de nuevo los dolores del parto
¡hasta que Cristo esté formado en vosotros!" Él también comprendió
que Cristo debía nacer en cada alma humana. Por eso hablaba a sus
discípulos, les aconsejaba, y hasta les zarandeaba, para que se
purificasen y se pusiesen en un estado de aceptación, de sumisión, de
adoración, porque éstas son las condiciones necesarias para recibir el
germen de arriba. El alma humana es como una mujer: si la mujer es
agresiva, si se resiste siempre a su marido, nunca podrá tener un hijo.
Sucede lo mismo con el alma humana: debe convertirse en una mujer
adorable, receptiva, para recibir el Espíritu Santo; si no, peor para ella,
¡no habrá hijo!
Detengámonos ahora en las palabras que el ángel les dijo a los
pastores: "¡Gloria a Dios en lo más alto de los Cielos y paz en la
Tierra a los hombres de buena voluntad!" ¿Habéis comprendido estas
palabras? ¿Por qué la paz a los hombres, y arriba la gloria? Porque,
cuando nace el Niño divino, éste glorifica al Señor y la paz se instala
en el alma del hombre en quien ha nacido. El niño aporta el sosiego
porque aporta la plenitud. Mirad a un hombre y a una mujer que no
tienen hijos: les falta algo, sienten un vacío. Pero cuando llega el niño
es la plenitud, es el triángulo sobre el que se construye el edificio. Por
eso la fórmula que el Maestro Peter Deunov nos dio: "Bojiata lioubov
nossi peulnia jivot: el amor de Dios aporta la plenitud de la vida", es
de una gran profundidad. El alma debe recibir el amor de Dios igual
que la mujer recibe el amor de su marido. Este amor divino que aporta
la plenitud de la vida es el amor que aporta el Niño Jesús.
18

Porque el amor no es otra cosa que un nacimiento, la condición


para un nacimiento. El hijo aporta la plenitud... Y el amor no es otra
cosa que la predicción, el anuncio de que el niño se acerca. Esta
fórmula del Maestro es verdaderamente muy profunda; no la dio
solamente para que la repitiésemos automáticamente antes y después
de las comidas, sino para que trabajásemos para que este amor de Dios
pudiese tocar nuestra alma y ésta concibiese al hijo, a Cristo. Y
después, ¡cuántos cambios en nuestra existencia! En todos los
dominios todo se aclara, todo se arregla, todo mejora. Así que, ¿veis?,
vale la pena trabajar todo un año, varios años, toda una vida, para
hacer nacer a Jesús en nosotros.
Esta noche ha habido muchos nacimientos en el mundo, e
incluso en la Fraternidad ha habido al menos un nacimiento. Sí, Jesús
ha nacido esta noche.
Jesús tiene muchas apelaciones. En la historia, claro, su nombre
es Jesús, pero en el dominio místico ya no se le llama Jesús, se le
llama Cristo, Yo superior. Cuando se dice que el hombre se fusiona
con su Yo superior, que se une con el Alma universal, que recibe el
Espíritu Santo, se trata de fórmulas diferentes que expresan la misma
realidad. Si hacemos un estudio en detalle encontraremos diferencias,
pero el Ego divino, el Espíritu Santo, el Alma universal, el fuego
sagrado, la Madre divina, pueden ser considerados como diferentes
manifestaciones de un único y mismo principio. El Alma universal es
el océano en el que todo vive, todo se mueve y se alimenta, es el
receptáculo cósmico de la materia primordial, de la energía sublime:
es el Akasha, es el éter más puro en el que somos acunados. Y en esta
Alma universal, que está en todas partes, que lo sabe todo, que lo
contiene todo, que lo transmite todo de un extremo al otro del
universo... en la parte más sutil de este Alma, que está viva, que es la
plenitud, la quintaesencia, la omnisciencia, habitan el Padre celestial,
la Madre divina, Cristo, el Espíritu Santo. Y cuando San Pablo decía:
“Vivimos y nos movemos en Él, tenemos en Él nuestra existencia”,
19

hablaba del Alma universal, que es una emanación de Dios, pero que
no es Dios mismo.
Cuando se dice que vivimos en Dios, en realidad no es
completamente exacto, vivimos en una sustancia que Él emanó. Al
principio Dios emanó una luz, y esta primera sustancia, que era pura
luz, eso es el Alma universal. Era antes que el Sol y las estrellas y con
ella fue creado todo. Sólo que, en la ciencia esotérica, le dan nombres
diferentes. Cuando Dios dijo: "¡Hágase la luz!", la luz que apareció
no es la luz que vemos. La luz que vemos es un reflejo, una
representación que nos da una idea de lo que es la verdadera luz. La
verdadera luz que Dios creó, y con la que después creó todo lo demás,
era el Alma universal. Ella es la que alimenta el universo; lo contiene
todo, y todos los seres se mueven en ella como los peces que nadan en
el océano. Esta luz está también compuesta de capas diferentes más o
menos sutiles. Mirad la atmósfera: es un océano en el que nosotros
somos peces de otra especie que nadamos y vivimos como los peces
en el océano líquido. Y más allá de este océano se extiende un océano
etérico en el que viven otras criaturas... El Alma universal tiene, pues,
unas capas, más o menos densas, más o menos sutiles, hasta llegar a la
cima, que es de fuego, en donde habitan el Espíritu Santo y la Madre
divina.
Debéis comprender que los Iniciados pueden servirse de temas
diferentes para expresar la misma realidad. En otro dominio, por
ejemplo, uno dice el Hijo, allí donde otro dice el Espíritu Santo o el
Padre. Y hasta invierten los aspectos a menudo: el Espíritu Santo se
convierte en el Hijo, el Hijo se convierte en la Madre, la Madre se
convierte en el Espíritu Santo, el Espíritu Santo se convierte en el
Padre. ¡Qué ciencia hay en todas estas permutaciones! Diréis: "¡Pero
es para volverse loco!" No, no, al contrario, es para volverse sabio,
inteligente, razonable. En realidad, es incluso sencillo de comprender.
Tomemos a un hombre: puede ser a la vez hijo, padre y abuelo, y, sin
embargo, sigue siendo el mismo hombre. Con respecto a su nieto es el
20

abuelo, pero con respecto a su hijo es el padre, y con respecto a su


padre es el hijo, etc. También puede ser primo, tío, sobrino, etc., todo
es cuestión de relaciones Y los antiguos, que de este tema sabían más
que nuestros religiosos, representaron a Venus como una bella joven,
pero también a veces como una diosa barbuda. Y Zeus, ¡cuántas veces
cambió de forma! Una vez era un toro, otra un cisne, otra una lluvia de
oro, etc. Hay grandes secretos escondidos en todas estas
metamorfosis. Todas las religiones de la antigüedad tienen divinidades
que cambian de sexo. Esto muestra que los antiguos conocían la ley de
la polaridad, mientras que los contemporáneos ya no la conocen. En el
Árbol sefirótico, por ejemplo, la Séfira Netzah, que representa todo lo
femenino, todo lo bello, delicado, encantador, todo lo que tiene
perfumes, colores, música, se vuelve positiva, masculina con respecto
a la Séfira Hod, que entonces se vuelve femenina. Hod es masculina
con respecto a Yesod, pero se vuelve femenina con respecto a Netzah.
Ésta es una ciencia que los hombres deben aprender: cómo
cambiar de polaridad. Cuando os encontráis ante alguien que os
sobrepasa, inmediatamente debéis ser como una mujer, si queréis
aprovecharos de todo lo que conoce. Pero si estáis ante alguien que es
inferior a vosotros, debéis ser un hombre, es decir, debéis darle,
influirle, protegerle. Hay que saber ser mujer y hombre. Éste es el
secreto más grande, incluso en una familia. Hay que saber polarizarse
en todas las circunstancias de la vida. Reflexionad un poco y veréis
que cuando no habéis sabido polarizaros con respecto a un superior, o
a un inferior, siempre habéis perdido algo en vez de ganarlo.
Ahora, quisiera deciros también que me gustaría que durante mi
ausencia trabajaseis aplicando los métodos y las fórmulas que os he
dado. Revisad las notas que habéis tomado y veréis que en muchos
lugares encontraréis la solución de los problemas que os atormentan.
Siempre esperáis nuevas revelaciones, pero todo lo que ya os he dicho
duerme en alguna parte en los armarios. Quizá encontréis que es
vanidad por mi parte, pero os pido que releáis otra vez los libros.
21

Veréis que no los habéis leído. Varios ya me lo han dicho: "Maestro,


acabamos de leer sus libros por tercera o cuarta vez, y nos damos
cuenta de que no los habíamos leído. ¡Contienen tantas cosas que no
habíamos visto!"
Y si queréis saber la verdad, os diré que incluso ya lo puse todo
en la primera conferencia: "El segundo nacimiento", y que de esta
primera conferencia han salido todas las demás. ¿Y qué hay de
extraordinario en esta primera conferencia? Nada. No encontraréis en
ella ni teorías nebulosas, ni física atómica, sino solamente una
pequeña fuente que murmura. Pero esta fuente es justamente el
secreto. Desde que empezó a manar salen siempre de ella nuevas
conferencias. No habéis prestado atención a esta fuente, pero yo dije
"¡Una fuente!... ¡Ah! ¡Todo está ahí!..." Mientras haya una fuente
habrá vegetación, animales, hombres, y toda una cultura, con música,
danzas, cantos. Sí, simplemente porque hay agua. Quitad esta fuente,
y se acabó, todo lo demás desaparece. Interpretado simbólicamente,
eso significa que hay muchos, supuestamente inteligentes, que han
decidido impedir que su fuente mane, diciendo: "Los demás no
merecen que seamos buenos, no hay que ocuparse de ellos, no hay que
ayudarles, debemos estar cerrados, y así no nos engañarán más ni
abusarán más de nosotros." Pero, ¡desgraciados!, ¡haciendo esto
habéis cortado todo! Vuestra vida se va, vuestra felicidad se va...
Dejad que los demás os engañen y se burlen de vosotros, eso no
tiene ninguna importancia, ¡pero nunca dejéis que vuestra fuente se
seque! Éste es el mayor secreto. ¿Qué importa si uno o dos os han
traicionado? Esto no es importante al lado de toda la riqueza de una
fuente que mana, porque después seréis recompensados cien veces
más, miles de veces más. Pero si cerráis vuestra fuente ya no os
quedará nada, seréis el hombre más pobre, el más miserable.
Evidentemente, ya no tendréis a nadie que os engañe, pero estaréis
muertos. ¿Acaso se engaña a los muertos? No, ya no se ocupan de los
muertos, ni siquiera para engañarles, ni para acariciarles... ¡se acabó!
22

Sí, releed la primera conferencia, mis queridos hermanos y


hermanas, porque trata, justamente, de la cuestión del nacimiento, del
segundo nacimiento: cómo nacer de agua y de espíritu, es decir, de
agua y de fuego. Se trata de dos símbolos: el agua es el principio
femenino, y el espíritu, el fuego, es el principio masculino. Si el
hombre no nace de agua y de fuego no puede entrar en el Reino de
Dios, es decir, no puede nacer por segunda vez si no posee los dos
principios en él. El segundo nacimiento es el nacimiento de Jesús,
pero el nacimiento de Jesús es vuestro nacimiento. La madre es el
agua, es decir, el amor, la pureza, la vida; y el padre es el fuego, la luz,
el espíritu. Si no poseéis estos dos principios: el amor, que es el
principio femenino, y la sabiduría, que es el principio masculino (pero
a veces puede ser lo inverso), no podéis nacer. Todo hijo presupone un
padre y una madre; si no se tiene amor y si no se tiene sabiduría, faltan
los padres y el niño no nacerá jamás. Ya hemos nacido, por supuesto,
pero no del amor y de la sabiduría. Para nacer por segunda vez bajo la
forma del Niño Jesús hacen falta un padre y una madre más elevados,
más evolucionados que el padre y la madre físicos. Hace falta amor y
sabiduría, y el niño que nazca será la verdad, la plenitud de la vida,
todo lo que es real y verídico. Ahí tenéis, mis queridos hermanos y
hermanas, unas palabras sobre la primera conferencia. Releedla otra
vez.
No os he interpretado todo el capítulo de San Lucas. Sólo he
querido presentaros un rincón de vuestra vida interior para que sepáis
que el nacimiento de Jesús no sólo es un acontecimiento que sucedió
hace 2000 años en la historia sino un fenómeno real que se produce
cada año en la naturaleza, y a veces, raramente, en el ser humano. Si
creemos que el nacimiento de Jesús es un acontecimiento que sólo se
produjo una vez hace 2000 años, entonces nada se explica. En primer
lugar, esto es incompatible con la inmensidad del amor de Dios. La
humanidad existe desde hace millones de años y, entonces, ¿qué hacía
este amor?... ¿dónde estaba? Según los cristianos, Dios habría
esperado a un corto momento de la historia para manifestar este amor
23

enviando a su Hijo... ¡y por muy poco tiempo, además! Y después, se


acabó, hay que llorar, hay que suplicar para que vuelva de nuevo.
¡Esto es algo insensato! La verdad es que Cristo apareció varias veces
en la humanidad, e incluso en otros planetas, en todo el universo, y
aparecerá todavía en el futuro. Si no podéis aceptar eso es que, en
realidad, no sois ni religiosos, ni cristianos, ni nada de nada. Creéis en
cosas inverosímiles pero no queréis creer en todo lo que es sensato.
Dicen siempre: 2Dios es amor... Dios es amor...”, pero no lo muestran
por ninguna parte. Os cuentan que este amor se manifestó en la Tierra
una vez solamente, ¡y ni siquiera vosotros estabais allí!
Pero añadiré algo todavía. Podéis dudar de que Cristo apareciera
en la historia. Algunos lo dudaron y demostraron que no existió,
dando pruebas tan científicas como los que afirman que sí existió.
¿Qué decir entonces? Que lo histórico no es tan importante. Pero hay
un punto que no se puede refutar. Suponed ahora que se llegase a
probar de una manera irrefutable que Jesús no existió, que es un
mito... habrá de todas formas una cosa que se van a ver obligados a
aceptar, y es que el que escribió los Evangelios es tan grande como él.
Y puesto que alguien fue capaz de escribir cosas semejantes, de una
profundidad tal, ni siquiera es necesario que Cristo se encarnase.
Conservad ahora esta imagen del pesebre, con José, María y el
Niño, entre el asno y el buey, y la estrella que brilla encima del
establo...
Reunidos todos juntos, hacemos un trabajo prodigioso sobre los
cerebros y sobre las conciencias, porque nuestros pensamientos,
nuestras oraciones, nuestros cantos, son ondas que se propagan y que
van a alcanzar los corazones y las inteligencias de miles de hombres y
de mujeres en el mundo. Y todas estas ideas que lanzo, en muy poco
tiempo las veréis propagadas por todas partes. Creedme, participáis en
un trabajo gigantesco y de una naturaleza gloriosa. Ése es el trabajo, el
verdadero trabajo: enriquecerse espiritualmente y al mismo tiempo
propagar la luz. Hoy, sobre todo, es un día excepcional, y habrá
24

grandes transformaciones. Ni uno de vosotros siquiera seguirá siendo


el mismo; incluso a pesar suyo, cada uno comprenderá algo, sentirá
algo, recibirá algo. Porque hoy es el nacimiento de Cristo, y este
nacimiento se ha operado formidablemente, no sólo en el mundo sino
también en nuestra Fraternidad. Lo veréis, lo constataréis. El niño es
pequeño todavía; no puede aún levantarse ni hacer milagros, pero un
día hará grandes cosas este niño. Hoy es el nacimiento real de Cristo,
sólo que hay que buscarle, hay que encontrarle. Vosotros seréis los
tres magos, y os dirigiréis guiados por la estrella. Hasta ahora nunca
os había dicho que Cristo había nacido. Y hoy os lo digo, porque es la
verdad.
Ahora os deseo la paz, la armonía, la luz, mis queridos hermanos
y hermanas, y la felicidad y la riqueza espiritual. Tenéis un Dios,
tenéis un ideal, tenéis una religión, tenéis un Maestro, y, si queréis
florecer eternamente, conservadlos preciosamente. Para cada ser llega
un momento en el que la flor se abre, y cuando la flor se abre da su
perfume. Este perfume es algo invisible que aparece alrededor de este
ser; y su sonrisa, su mirada, su piel, todo cambia, incluso su voz. Hay
periodos en los que el alma humana florece y entonces exhala unas
esencias deliciosas. Esta vida pura y sutil que se desprende de un ser
bajo forma de colores, de perfumes, de música, es esta vida lo que es
precioso, lo que buscamos y amamos. Si queréis ser buscados,
amados, admirados, debéis desprender esta vida, irradiar esta vida.
Igual que la flor se abre, cada ser debe abrirse, y un día estará rodeado
de un aura de luz y de colores.
Hoy es Navidad, y lo mismo que en el nacimiento de un niño
está presente toda la esperanza de la vida, el nacimiento de Cristo hoy
en el mundo es la esperanza de que Dios no ha abandonado a los
hombres. Aunque éstos transgredan sus leyes les da crédito
enviándoles siempre un Salvador, porque no quiere que caiga ni una
sola alma. Incluso aquéllos que han hecho las tonterías más grandes
deben levantarse. Sufrirán, por supuesto, pagarán, por supuesto,
25

repararán, pero Dios les da la oportunidad de avanzar. Lo malo es


desanimarse y negarse a subir.
Mis queridos hermanos y hermanas, os deseo una buena noche, y
no olvidéis que la Navidad continúa mañana, pasado mañana... Arriba,
en el Cielo, se celebra una fiesta, y debéis participar en esta fiesta, al
menos con el pensamiento. Desgraciadamente, muy pocos saben
desdoblarse para participar realmente en ella con su espíritu. En
cuanto a los otros, ¡ni hablemos! Han comido, han bebido, se han
atiborrado, y ahora están enfermos. De ahora en adelante se acabó, no
debéis pasar más la Navidad de esta manera. ¡Metéoslo en la cabeza!
Trabajad, y un día el Niño Jesús nacerá en vosotros. De momento
preparáis las condiciones.
¡Buenas tardes y buenas noches, mis queridos hermanos y
hermanas!

Centre
OMRAAM
Institut Solve et Coagula
Reus
www.omraam.es
Primer Centro
De difusión de la obra
Del Maestro OMRAAM
En lengua Española
.
Conferencia del Maestro
OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Les Monts-de-Corsier, 7 de mayo de 1961 Suiza

Del Tomo 9: O.C.


AL PRINCIPIO ERA EL VERBO
Capítulo III

“PADRE NUESTRO..."

Pregunta: Maestro, un día nos dijo que nos hablaría de las tres
primeras frases del “Padrenuestro...”:
“Santificado sea tu nombre”,
“Venga a nosotros tu reino”,
“Hágase tu voluntad, así en la Tierra como en el Cielo”.

Sí, se trata de un tema muy importante. Todos los cristianos, los


católicos, los protestantes, los ortodoxos, etc., recitan esta oración,
pero no siempre han comprendido bien su significado. Fue Cristo
quien nos dio esta corta oración, y algunos se han preguntado por qué,
justamente, no era un poco más larga y no contenía también otras
peticiones. Sí, ¡es pobre!... Jesús sólo mencionó el pan cotidiano, no el
aceite, la mantequilla o el queso, sino sólo el pan. Y tampoco
mencionó el dinero, el dinero para procurarse una casa, un coche, una
mujer...

“Dame una mujer, dame todos los placeres...” No, ¡solamente


pan! Muchos cristianos encuentran que esta oración no es muy
elocuente, ni rica, ni académica, mientras que ellos han creado otras
que son verdaderamente completas, ¡interminables! Y de las que están
muy satisfechos, porque ahí sí que hay frases grandilocuentes. Pero,
¿qué contienen estas oraciones? No gran cosa, justamente.
2

Voy a tratar ahora de mostraros el significado de estas tres


primeras frases, pero no podré decíroslo todo, porque se trata de algo
inmenso. Vais a ver... Jesús puso en estas frases toda una ciencia muy
antigua que ya existía mucho antes que él y que había recibido de la
tradición, pero la resumió y la condensó tanto que sólo los Iniciados
pueden comprenderla. Los Iniciados proceden como la naturaleza. La
naturaleza logra resumir magníficamente, magistralmente, en un
pequeño hueso, en una pequeña semilla, en una simiente, todo un
árbol gigantesco, con sus raíces, su tronco, sus ramas, sus hojas, sus
flores y sus frutos. Toda esta maravilla que es el árbol, con sus
posibilidades de producir frutos, de vivir durante mucho tiempo y de
resistir las intemperies, todo eso está escondido en una semilla
minúscula. Pues bien, Cristo hizo lo mismo. Toda la ciencia que
poseía quiso resumirla en el “Padrenuestro” con la esperanza de que
los hombres que lo recitasen y meditasen plantarían esta semilla en su
alma, la regarían, la protegerían y la cultivarían, para descubrir lo que
es este árbol de la ciencia que nos dejó. Sí, pero es una lástima, recitan
esta oración sin reflexionar, maquinalmente.
“Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea tu
nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad, así en la
Tierra como en el Cielo...” Con estas tres peticiones empieza ya el
trabajo espiritual, iniciático, el trabajo mágico por excelencia. Diréis:
“¡Pero usted ve magia por todas partes!” Sí, todo es mágico, y si no
veis el significado mágico de cada cosa no habéis visto nada, porque
es el aspecto más importante.
“Padre nuestro que estás en los Cielos”, significa que existe un
Padre celestial que lo ha creado todo, de quien depende todo, que es el
Dueño del universo, pero que también existen varios Cielos, varias
regiones a las que se llaman “Cielos”, con sus habitantes y toda una
organización extraordinaria. Y el Padre Celestial habita, pues, en los
Cielos.
3

“Santificado sea tu nombre”. Eso significa que el Padre


Celestial tiene un nombre que hay que conocer y santificar. ¿Y qué
quiere decir santificar el nombre de Dios? Ésta es una parte
importante de una ciencia muy antigua. Los Iniciados nos enseñan que
todo lo que hacemos debe ser puro, luminoso y sagrado para que el
nombre de Dios sea santificado toda nuestra vida, en el menor de
nuestros actos. Es todo un programa, pues, el que Cristo nos ha
trazado; no se menciona en detalle, pero veréis que es la consecuencia
lógica de las explicaciones que voy a daros.
“Venga a nosotros tu Reino”. Eso significa que existe un Reino
de Dios, con sus leyes, su organización, su armonía, y con todas las
cualidades de un reino perfecto, ideal, unas cualidades que todavía no
nos podemos imaginar, pero de las que tenemos a veces una visión
fugaz en los momentos más maravillosos y más espirituales de nuestra
vida. Porque sólo cuando nos encontramos en estos estados
maravillosos empezamos a comprender lo que es el Reino de Dios. Si
no, ¡si tuviéramos que imaginarnos los reinos terrestres!... Los reinos
terrestres están lejos de ser perfectos: en ellos hay continuamente
peleas, gritos, motines, revoluciones, locuras. Eso no es el Reino de
Dios. Sin embargo, este Reino puede instalarse en la Tierra, existe
toda una Enseñanza y unos métodos para hacerlo venir. Porque no
basta con pedirlo. Pedirlo, sí, se está pidiendo desde hace miles de
años, pero no viene porque se pide sin hacer nada para que venga.
“Hágase tu voluntad, así en la Tierra como en el Cielo”,
significa que la voluntad de Dios debe ser realizada en el plano físico,
en el cuerpo físico, tal como ya ha sido realizada arriba, en el Cielo.
El hombre ha sido creado a imagen de Dios, es decir que, como
Él, es una trinidad: intelecto, corazón, voluntad. Las tres primeras
frases del "Padrenuestro" corresponden a esta trinidad.
4

Volvamos ahora más en profundidad a cada una de las


peticiones.
“Santificado sea tu nombre”. ¿Qué significa santificar?
Generalmente, los humanos no tienen ninguna idea clara de las
palabras "limpiar", "lavar", "purificar", "santificar", porque no están
habituados a trabajar con los cuatro elementos: la tierra, el agua, el
aire y el fuego con los que todo ha sido creado. No saben que su
cuerpo, su corazón, su intelecto, su alma y su espíritu están en relación
con las fuerzas y las cualidades de estos cuatro elementos. Pero un
Iniciado posee estos conocimientos y sabe que un Ángel preside cada
elemento. Por eso, cuando un Iniciado quiere purificarse pide ayuda a
los Ángeles de los cuatro elementos: al Ángel de la tierra le pide que
limpie su cuerpo físico, al Ángel del agua que lave su corazón y sus
sentimientos, al Ángel del aire que purifique su intelecto y sus
pensamientos, y al Ángel del fuego que santifique su alma y su
espíritu.
La santificación está relacionada con el mundo del pensamiento.
Es en nuestros pensamientos donde primero debemos santificar el
nombre de Dios. El nombre representa, resume, contiene a la entidad
que lo lleva. Así pues, cuando pronunciamos el nombre de Dios, Le
llamamos, Le permitimos que se introduzca en nosotros, hacemos que
esté presente. Según la Cábala, el nombre de Dios es múltiple, está
compuesto por 72 nombres cuyo conocimiento requiere un estudio
muy largo y muy difícil. El que conoce estos 72 nombres está tan
impregnado de la santidad y de la luz de Dios que sólo con
pronunciarlos es capaz de atraerle, de hacerle descender en cada cosa,
de santificar todos los objetos, todas las criaturas, todas las
existencias. Los Iniciados no se contentan con pedir "¡Santificado sea
Tu nombre!", sino que lo santifican realmente en sí mismos.
¿Y qué significan las palabras "santo", "santificar"? En búlgaro,
santo se dice "svétia", y esta palabra tiene la misma raíz que
"svetlina", la luz. El "svétia" es un ser que ha llegado a sumergirse en
5

la luz divina; todo está encendido en él, brilla, irradia, ilumina el


mundo. Por otra parte, en búlgaro, mundo se dice "svet", y eso es
también muy significativo, porque fue la luz la que, al condensarse,
creó el mundo. El mundo no es otra cosa que una formación de la luz.
Dios creó en primer lugar la luz como primer poder, y fue con este
poder con el que el mundo fue creado. En francés, las palabras:
mundo, luz, santo, no tienen ninguna relación entre sí. Mientras que
en la lengua búlgara queda claro que todo proviene de la luz. La luz
crea el santo y la luz crea el mundo.
“Santificado sea tu nombre”. Pero no podemos santificar nada si
nosotros mismos no somos santos. Lo mismo que no podemos
purificar nada si nosotros mismos no somos puros. Sólo la luz puede,
pues, santificar, puesto que ella misma es santidad. La luz en el
hombre se encuentra en el plano mental, en su cabeza, en sus
pensamientos. Es ahí donde santifica en primer lugar el nombre de
Dios. Pero para ello debe saber que la luz no puede entrar en la cabeza
de aquél que no ha descorrido las cortinas. El hombre quiere que la luz
venga, pero deja las cortinas corridas y la luz no puede entrar. La luz
no es poderosa hasta este punto. Es todopoderosa para hacer mover los
mundos, es verdad, pero no puede descorrer una cortina, somos
nosotros los que debemos hacerlo. Cuando están descorridas las
cortinas la luz entra inmediatamente en nuestra habitación, es decir, en
nuestra cabeza, en nuestro intelecto, y todo se vuelve claro. Después,
cuando hemos comprendido, cuando sabemos que un pensamiento
luminoso puede santificar todos los objetos y todas las criaturas,
debemos lanzarnos a hacer este trabajo y vivir, desde principio a fin
de jornada, con el gozo extraordinario de poder, por fin, santificar
todo lo que tocamos, todo lo que comemos, todo lo que miramos.
Sí, el mayor gozo que existe en el mundo, mis queridos
hermanos y hermanas, es el de llegar a la comprensión de esta práctica
cotidiana y, por todas partes a donde vayamos, bendecir, iluminar,
santificar. Sólo entonces cumplimos el precepto que Cristo nos dio.
Pero repetir: "Santificado sea tu nombre", sin hacer nada para
6

santificarlo, incluso en nuestros actos, es no haber comprendido nada.


Y eso es justamente lo que sucede: este trabajo, que es el más
formidable de todos, todavía no ha empezado en el mundo. Sólo
algunos sacerdotes, algunos Iniciados, algunos yoguis, piensan en
purificarlo todo, en santificarlo todo, pero eso no basta, porque,
mientras tanto, los demás lo destruyen, ensucian y profanan todo con
su ignorancia y su grosería. Desgraciadamente, los cristianos serán los
últimos en comprender lo que se espera de ellos. ¡Los últimos!
Os dije que el nombre de Dios está compuesto por 72 nombres o
poderes. Pero, para que lo comprendáis mejor, añadiré aún unas
palabras sobre la forma en la que la Cábala lo presenta. Ya lo sabéis,
en hebreo el nombre de Dios tiene 4 letras: hwhY. Según la ciencia
cabalística, cada letra tiene un número: y = 10, h = 5, w = 6, h = 5.
Sumados dan 26. Y ahora, ¿por qué 72? Porque, cuando los cabalistas
inscriben el nombre de Dios en un triángulo, lo presentan así:
Si sumamos todas estas letras da 72. O lo ponen
también de esta manera:
El nombre escrito así tiene 24 nudos que
representan a los 24 Ancianos de los que habla el
Apocalipsis. De cada nudo parten 3 florones. Lo que da
también 72.
Estas pocas palabras son, evidentemente, insuficientes para
mostraros la riqueza y la profundidad de
esta cuestión. Digo eso sólo para
estimular a aquéllos que quieran
profundizar esta cuestión. Al pronunciar
el nombre de Dios, al escribirlo, el
hombre ya se conecta con Dios y con las fuerzas divinas a las que
puede hacer descender hasta el plano físico Pero este trabajo empieza
en su cabeza. "Santificado sea tu nombre" concierne al pensamiento y
significa que el hombre no debe profanar jamás este mundo divino del
pensamiento, sino clarificarlo y volverlo puro, luminoso, perfecto.
7

Para ser más preciso todavía, os diré que la verdadera


santificación se produce más arriba de la región del pensamiento y de
la inteligencia, que es también la región de la purificación. La
santificación afecta al alma y al espíritu. Éste es el mundo de la supra
consciencia, del éxtasis, el mundo de todas las revelaciones y de toda
la beatitud. El que se consagra a santificar sin cesar el nombre de Dios
puede llegar hasta el éxtasis.
Con la segunda petición: "Venga a nosotros tu Reino",
descendemos al mundo espiritual del corazón. El nombre de Dios
debe ser santificado en nuestra inteligencia, pero es en nuestro
corazón en donde su Reino debe venir a instalarse, porque el Reino de
Dios es un reino de amor, de bondad, de generosidad, de caridad y de
armonía entre todas las criaturas, es el reino del gozo, de la felicidad y
de la paz que debe instalarse en el corazón de todos los hombres. Este
Reino no es un lugar, sino un estado interior en el que se refleja todo
lo que es bueno, generoso y desinteresado. De este Reino decía Jesús
hace dos mil años: "Está cerca", pero todavía no ha venido, y no
vendrá ni siquiera dentro de veinte mil años si nos contentamos con
esperar externamente su venida sin hacer nada dentro de nosotros. En
realidad, este Reino ya ha venido para algunos; para otros viene, y
para otros aún, vendrá... Para los Maestros y los Iniciados ya ha
venido desde hace mucho tiempo; para los discípulos viene; y para la
masa vendrá... ¡pero no se sabe cuándo!
Llegamos ahora a la tercera petición, que es la peor comprendida
y, sin embargo, la más extraordinaria. Toda la Ciencia iniciática se
encuentra condensada en ella. “Hágase tu voluntad, así en la Tierra
como en el Cielo”. En el mundo divino, en el Cielo, la voluntad de
Dios siempre es ejecutada sin réplica, sin rebelión. Las criaturas de
arriba cumplen la voluntad de Dios, actúan de acuerdo y en total
armonía con ella. Esta petición: “Hágase tu voluntad, así en la Tierra
como en el Cielo” tiene un carácter mágico. La Ciencia iniciática
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explica que en el universo las criaturas se distinguen por su grado de


sumisión a la voluntad divina. Pero en la Tierra las cosas no suceden
como en el Cielo y Cristo formuló esta petición para que nosotros
trabajemos en armonizar nuestra voluntad con la voluntad del Cielo.
Se pueden encontrar toda clase de imágenes para expresar esta idea: la
del espejo, que refleja un objeto, o incluso la de cualquier otro aparato
de los que nos servimos. Cada aparato tiene un emisor y un receptor,
es decir, un principio masculino y un principio femenino, y el
principio receptor, con sus posibilidades vibratorias, sus ondas y su
frecuencia debe sintonizarse, ajustarse, adaptarse y conformarse al
principio emisor. La estación emisora es el Cielo; y la Tierra, es decir,
el plano físico, debe adaptarse, sincronizarse, conformarse, a las
corrientes del Cielo, modelarse de acuerdo con las formas del Cielo,
de acuerdo con las virtudes y las cualidades del Cielo, para poder
realizar todo el esplendor de arriba.
“Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea tu
nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad, así en la
Tierra como en el Cielo”... Todas estas peticiones tienen un
significado oculto que sólo puede descubrir un hombre que posea una
buena comprensión de las cosas. Cuando los arqueólogos estudian
manuscritos, objetos o monumentos muy antiguos, tratan de descifrar,
en función de los textos, de las figuras, o del emplazamiento de las
construcciones, la mentalidad de la época o del pueblo que los
dejaron, y, gracias a estos indicios, penetran sus intenciones y
adivinan lo que querían decir. Nosotros también podemos considerar
cada objeto como una huella, como un mensaje, y, justamente, esta
oración que Jesús nos dio es una especie de monumento, de
testimonio, como en arqueología o en paleografía, sobre el que
podemos hacer investigaciones, porque encontraremos toda una
Enseñanza escondida en estas pocas frases que os estoy descifrando.
9

Y esto lo que Jesús quería decir: “A pesar de todo lo que puedan


contaros, a pesar de todo lo que os hayan enseñado en el pasado en la
India o en cualquier otra parte, que la Tierra era un lugar espantoso
que había que abandonar lo antes posible, ahora debéis cambiar de
filosofía. Habéis sido enviados a la Tierra con una misión; habéis
venido a la Tierra para cumplir en ella la voluntad de Dios, y no para
abandonarla e irse a vivir en el nirvana, como muchos hicieron.
Vuestra misión es trabajar en la Tierra para transformarla en un jardín
lleno de flores y de frutos. No debéis huir. Si habéis descendido a ella,
es que no os necesitan arriba, si no, no os habrían enviado aquí y os
hubierais quedado en la beatitud”. Esto es lo que se esconde tras estas
palabras. Pero muy pocos se han dado cuenta de que esta oración
contiene todo un programa que obliga a los hijos de Dios a no desertar
de la Tierra. Algunos quieren morir, porque, por miedo o por
debilidad, no quieren afrontar las dificultades de la vida, quieren
escaparse. Pero Jesús quiso decir lo contrario: “¡Vamos, afrontadlo
todo! Tenéis la misión de embellecer la Tierra para que Dios venga a
habitarla, para que el Cielo descienda a ella, con los ángeles, los
arcángeles, los Maestros. ¿Qué hacéis para mejorar la Tierra?"
Alguno dirá: "A mí, la Tierra, ¿sabe usted?, ya no me dice
nada..." - Pues bien, ¡usted no ha comprendido la Enseñanza de Jesús!
Sin embargo, está claro, mire, Jesús dice: “Hágase tu voluntad, así en
la Tierra como en el Cielo”. En el Cielo todo es perfecto ya. Es aquí
abajo donde no todo es maravilloso. Hay que descender, pues, y
descender conscientemente, audazmente hacia la materia para
dominarla, para vivificarla, para espiritualizarla, porque la vida del
Espíritu debe realizarse en la Tierra tan perfectamente como arriba.
A nosotros nos corresponde, pues, a los obreros, a los cristianos,
ponernos a hacer esta tarea, puesto que nos lo piden. No basta con
recitar la oración e impedir después con la vida que llevamos la
realización de lo que pedimos. A menudo los hombres hacen como
aquél que dice: "¡Entre, entre!" y os cierra la puerta en las narices.
Rezan, dicen: "mmmmmm", murmuran, y, después, ¡hala!, cierran la
10

puerta. ¡Es formidable ser inconscientes hasta este punto! Y después


van a vanagloriarse de ser cristianos. Diréis: “Pero lo que usted nos
cuenta no está escrito en el Padrenuestro”. No, ya lo sé, pero hay que
entrar en el pensamiento de Jesús; Jesús resumió todo lo que tenía que
decir, y somos nosotros los que debemos analizar ahora sus palabras
para penetrar en su pensamiento y adivinar todo lo demás.
En el "Padrenuestro" Jesús dio todas las claves de la magia
blanca. Está el Cielo y está la Tierra, es decir, nosotros. Pero esta
Tierra no vibra al unísono con el Cielo, y por eso no puede tener ni
gozo, ni paz, ni felicidad, que son cualidades del Cielo; porque está
cerrada al Cielo, o bien abierta a las regiones subterráneas, al infierno.
Hay dos mundos... En realidad, hay tres, pero el tercero es un mundo
intermediario que atraviesan las energías que circulan entre el mundo
de arriba y el mundo de abajo. Y aquí, en la Tierra, no sólo tenemos
las posibilidades de sintonizarnos, de armonizarnos con este mundo ya
perfecto del Cielo, sino que todo lo que hacemos aquí lo hacemos
también arriba. Jesús dijo: “Todo lo que atéis en la Tierra será atado
en el Cielo, y todo lo que desatéis en la Tierra será desatado en el
Cielo”. Mencionaba, pues, unas leyes mágicas. En la Tabla de
Esmeralda, Hermes Trismegisto dijo: “Abajo es como arriba y arriba
es como abajo”. Así pues, basándonos en lo que sucede en el mundo
físico podemos descubrir lo que sucede en el mundo divino, porque el
mundo físico es el reflejo del mundo divino. Por eso nosotros también
debemos hacer algo abajo, en el mundo físico, en nuestro cuerpo, para
que sea hecho también en el Cielo. Los dos mundos están en relación
constante. El Cielo emite ondas que vienen hasta nosotros y en cada
instante recibimos del universo energías, mensajes... Pero, como
nuestro aparato receptor no está bien ajustado, las comunicaciones, es
decir, las imágenes, los mensajes que recibimos tienen interferencias,
están deformados. Por eso debéis comprender ahora la importancia de
esta conexión y poner todo vuestro amor para armonizaros con el
Cielo y entonces la Tierra será como el Cielo.
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En esta frase: “Hágase tu voluntad, así en la Tierra como en el


Cielo”, Jesús dio las bases de la magia divina. Para entrar en contacto
con el mundo divino los magos se servían de talismanes, de
pentáculos y de objetos simbólicos de todas clases que representaban
tal región, tal fuerza o tal entidad; exactamente igual que el sacerdote
se sirve de pan, de vino, de cálices o de ciertas vestiduras y de ciertos
libros para atraer las energías y las presencias del mundo divino.
Porque para atraer al Cielo hay que realizar en la Tierra la armonía del
Cielo. En el Cielo hay pureza y todo debe ser puro en la Tierra. En el
Cielo hay belleza y todo debe ser bello en la Tierra. En el Cielo hay
luz y todo debe ser luminoso en la Tierra. Mediante esta semejanza la
ciencia esotérica nos enseña a establecer una comunicación entre la
Tierra y el Cielo.
En vuestras actividades, en vuestros gestos, en vuestras palabras
y en vuestro comportamiento debéis sintonizaros con el mundo divino
para poder reflejar el Cielo. Entonces realizaréis, por fin, el ideal que
los grandes Maestros nos han dejado: el de ser conductores, médiums,
intermediarios, instrumentos del Cielo. ¿Veis?, es un trabajo
maravilloso, grandioso, gigantesco. Cada cristiano debe de ahora en
adelante impregnarse de este ideal, no pensar más que en él, día y
noche, durante años, durante toda la vida, y decirse: “Voy a dejar que
el Cielo se refleje a través de mí. Que las entidades luminosas, que la
sabiduría divina, que los poderes celestiales, la Madre divina, Cristo,
el Espíritu Santo, los 24 Ancianos, Melquisedec y todos los Maestros
puedan manifestarse a través de mi, en mis pensamientos, en mis
sentimientos y en mis actos”. No hay trabajo más glorioso que éste.
Pero los hombres lo dejan de lado, se ocupan de cosas mucho menos
gloriosas, ¡y pretenden después ser cristianos! No, el verdadero
cristiano sólo piensa en este trabajo; desempeñará su profesión, claro,
estudiará, ayudará a los demás, pero eso no le impedirá llevar dentro
de él esta idea y pensar en ser en todo lo que haga un representante del
Cielo, en reflejar el Cielo en la Tierra. Mis queridos hermanos y
12

hermanas, se acerca una fase decisiva, una nueva fase en la que


deberemos realizar este ideal.
Vuelvo sin cesar a la misma idea. Digo: siempre ponemos en el
centro de nuestras acciones y de nuestros descubrimientos la
satisfacción de nuestro egoísmo, de nuestra personalidad. Queremos
que todo esté a nuestro servicio; Dios, las fuerzas del Cielo, los
ángeles, todo debe girar en torno nuestro, porque no queremos ningún
otro centro que no sea nosotros mismos. Pero llega una época de
comprensión extraordinaria en la que abandonaremos, por fin, este
punto de vista personal, y, en vez de querer esclavizar al Cielo (que,
por otra parte, no se dejará), seremos nosotros los que le sirvamos;
ésta es la única manera de mostrarle que somos inteligentes, que
tenemos mucho amor en nuestro corazón y mucha buena voluntad
para convertirnos en sus servidores. Debemos salir de nosotros
mismos y dejar de razonar como todos aquéllos que sólo tratan de
esclavizar a las fuerzas de la naturaleza en provecho suyo, y que no
son más felices por eso, de todas formas. Aunque lo logren, aunque
tengan de todo, confort, facilidad, riquezas, opulencia, no son más
felices; al contrario, el miedo, la angustia, los tormentos, los
sufrimientos, están siempre ahí, y su estado no hace sino empeorar.
Los hombres no saben trabajar para los demás. Cuando un
hombre se casa, se busca a una mujer para que le sirva, es decir, para
que le dé hijos, para que cocine para él, para que se ocupe de lavarle la
ropa, etc. ¿Dónde encontraréis a un hombre que quiera casarse para
ayudar al mundo entero con su mujer?... ¿Y a una mujer que quiera
casarse para ayudar al mundo entero con su marido? Es raro. En
general, hacen todas las cosas para ellos mismos, para satisfacerse a sí
mismos. Y en la religión sucede lo mismo, pedirán muchas cosas
materiales, pero siempre serán los demás los que tengan que santificar
el nombre de Dios, los que tengan que realizar Su Reino en la Tierra.
Dirán: "¡Hágase tu voluntad!", pero ellos no se desplazarán, no harán
un gesto siquiera. ¡Qué mentalidad más extravagante!, ¡es
extraordinario! Siempre me asombra ver que los humanos sólo
13

piensan en hacer converger todas las cosas hacia sí mismos, en vez de


girar ellos mismos en torno a algo superior. No hay que extrañarse
después de que no lleguen a nada. Lo que desean no puede venir.
Ningún individuo puede por sí solo realizar el Reino de Dios; es
preciso que la colectividad lo desee, que la colectividad aplique las
prescripciones, y entonces sí, vendrá. ¿Veis?, ha habido santos, ha
habido profetas, mártires, grandes patriarcas, apóstoles, y el mundo
sigue siendo el mismo, porque los demás no quisieron imitarles.
Ahora todos deben comprender que es la colectividad la que debe
mejorar y que, aunque por aquí o por allá, existan seres luminosos,
puros, santos, con eso no basta, porque puede ser que éstos vayan,
quizá, a la diestra de Dios, pero el mundo entero seguirá siendo tan
miserable como antes.
En esta frase: “Hágase tu voluntad, así en la Tierra como en el
Cielo”, veo inscrita toda la magia teúrgica. Si el discípulo comprende
la importancia formidable de esta demanda de Jesús, si llega a
realizarla, se volverá un día un transmisor, un espejo del Cielo, y él
mismo será un Cielo. Está escrito, y esto es lo que se espera de
nosotros.
La primera petición: “Santificado sea tu nombre” concierne a
nuestro pensamiento. Para santificar el nombre de Dios hay que
estudiar, meditar, iluminar nuestra conciencia. La segunda: “Venga a
nosotros tu Reino” concierne a nuestro corazón, porque es en los
corazones llenos de amor donde el Reino de Dios debe venir. La
tercera petición concierne a nuestra voluntad. “Hágase tu voluntad,
así en la Tierra como en el Cielo” sobreentiende trabajos, luchas,
resistencias, victorias, y para eso hace falta fuerza, tenacidad. Por eso,
justamente, la Enseñanza nos da ejercicios, métodos de trabajo que
nos ayudan a ponernos en armonía con el Cielo, a vibrar de acuerdo
con él. En primer lugar, ejercicios con el Sol. ¿Por qué miramos el
Sol, por la mañana? Para llegar a ser semejantes a él, para que la
Tierra, nuestro cuerpo físico, llegue a ser como el Cielo. Al mirarlo, al
14

amarlo, al vibrar al unísono con el Sol, el hombre se vuelve como él,


luminoso, cálido, vivificante. Es, pues, un método, ¿veis?, para
cumplir la prescripción: “Hágase tu voluntad, así en la Tierra como
en el Cielo” pero hay muchos otros.
Sí, mis queridos hermanos y hermanas, debéis decidiros a
adaptaros, a sintonizaros con el mundo divino. ¿Y cuánto tiempo os
llevará?, eso no es asunto vuestro, no debéis preocuparos por ello.
Puede ser que sea mucho, o puede que sea más rápido, pero eso no es
lo importante. Lo importante es tener esta idea y no otra. Después
podéis ir a vivir en el mundo, si queréis, podéis casaros, tener hijos,
una profesión, pero en vuestra alma, en vuestro corazón y en vuestro
pensamiento debéis ser el reflejo del Cielo, debéis ser conductores de
las energías divinas; nada es más importante que eso. Si hoy logro
haceros sentir la importancia de estas pocas palabras estaré muy
contento. Las preocupaciones de la vida abruman tanto la conciencia
de los hombres y la vuelven tan somnolienta que les cuesta mucho
comprender esto; pero todos, los jóvenes, los viejos, los hombres y las
mujeres, deben comprenderlo. Este trabajo concierne a todo el mundo.
Nadie puede justificarse diciendo: "Yo todavía soy joven, tengo otros
proyectos en mi cabeza..." No, porque, entonces, jamás encontraréis ni
la paz, ni la tranquilidad, ni la felicidad. Haced todo lo que queráis,
pero, noche y día, sólo debéis tener estas preocupaciones: cómo
santificar el nombre de Dios, cómo introducir su Reino en vuestro
corazón, y cómo ejercitar cada día vuestra voluntad para que la Tierra,
es decir, vuestra actividad, vuestro comportamiento, sea un reflejo del
Cielo, y para que todos aquéllos que vengan a vuestro lado empiecen a
sentir las corrientes del Cielo.
Para el que ha estudiado la verdadera filosofía iniciática, las tres
primeras frases del “Padrenuestro” son muy claras. Los Iniciados se
comunicaban sus conocimientos a través de fórmulas muy cortas, y se
comprendían. Por ejemplo, en la Tabla de Esmeralda Hermes
Trismegisto indicó todos los procedimientos para fabricar la piedra
filosofal. Sí, todo está dicho, pero de forma tan condensada, tan
15

simbólica, que el recién llegado no comprende nada. Es un lenguaje


especial; y Jesús se servía del mismo lenguaje. Por ejemplo, si me
detuviese solamente en la expresión “Padre nuestro”... veríais que
toda una filosofía está escondida en estas dos palabras. Ya no se nos
presenta a Dios como en el Antiguo Testamento: como un fuego
devorador, como un déspota terrible al que no se podía amar y ante el
que había que temblar incluso, porque “el temor de Dios es el
principio de la sabiduría”. Jesús reemplazó el miedo por el amor; en
adelante es el amor de Dios el principio y el final de la sabiduría. En
vez de temblar ante Él hay que amarle. Nosotros somos sus hijos, y
eso es lo nuevo que trajo Jesús, este afecto, este amor por el Señor,
como padre. "Padre nuestro que estás en los Cielos"... y si está en los
Cielos, eso significa que nosotros también podemos estar en ellos,
porque el hijo estará, un día, allí donde está el padre. Toda una
esperanza se esconde tras estas palabras, la esperanza de un gran
futuro. Dios nos ha creado a su imagen, Él es nuestro Padre y nosotros
somos sus herederos; nos dará reinos, nos dará planetas a organizar,
nos lo dará todo.
¿Veis? Las tres primeras peticiones del “Padrenuestro”
corresponden a los tres mundos que hay en el hombre. En primer
lugar, el de la consciencia, el del pensamiento, que debe ser luminoso,
para santificarlo e iluminarlo todo. Después, el del corazón, que es el
centro de todas las energías y en el que hay que instalar el Reino de
Dios, es decir, el Reino de la paz y de la bondad para con todas las
criaturas. Y, finalmente, el mundo de la voluntad, es decir, el plano
físico, en el que debemos expresar y repetir, con nuestros actos, todo
lo que hay en el Cielo. ¡Es maravilloso!...
Para mí, ningún trabajo puede compararse con éste. Cuando
hayamos hecho este trabajo Dios se ocupará de nosotros, de lo que
debe darnos. Y, por otra parte, ¿qué podría darnos aún? Ya nos lo
habrá dado todo. Cuando realizamos lo que contienen estas tres
peticiones ya lo poseemos todo: la luz, puesto que lo comprendemos
16

todo; la felicidad, puesto que podemos amar; la salud y la fuerza,


puesto que trabajamos y realizamos. Entonces, ¿qué queréis de más?.
Añadiré ahora unas palabras para aquéllos que están interesados
en profundizar más en esta oración. Hoy no tenemos tiempo de
ocuparnos de todos los puntos interesantes y solamente hablaré de la
última frase: “Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, por los
siglos de los siglos”.
Árbol sefirótico
¿A qué corresponden estas palabras:
Reino, Poder y Gloria?... Ya conocéis el Árbol
de la Vida, del que habla la Cábala. Este árbol
está constituido por 10 sefirots: Kether,
Hohmah, Binah, Hessed, Guebourah,
Tiphereth, Netas, Hod, Iesod, Malhouth. El
nombre de cada séfira expresa una cualidad, un
atributo de Dios; Kether: la corona, Hohmah: la
sabiduría, Binah: la inteligencia, Hessed: la
misericordia, Guebourah: la fuerza, Tiphereth:
la belleza, Netsah: la victoria, Hod: la gloria,
Iesod: el fundamento, Malhouth: el reino. Así
pues, en este árbol el Reino de Dios es
Malhouth, la décima séfira que refleja y
condensa a todos los demás sefirots.
Jesús dijo: “El Reino de Dios es semejante a un grano de
mostaza”. El grano representa siempre un principio, el principio de
una planta, de un árbol, etc. Pero hay que comprender que, si en el
plano físico el principio está abajo, en el plano espiritual, en donde los
procesos se desarrollan a la inversa del plano físico, el principio está
arriba. Por eso, mientras que en el plano físico el crecimiento se lleva
a cabo de abajo a arriba, en el plano espiritual se lleva a cabo de arriba
abajo. La semilla plantada es, pues, la primera séfira, es Kheter.
Cuando la semilla se desarrolla, se divide primero en dos, y después se
17

convierte en tallo, ramas, hojas, brotes, flores y frutos, y el fruto, a su


vez, lleva semillas. La semilla plantada, Kheter, se convierte en árbol,
pasando sucesivamente por todos los demás sefirots, hasta llegar a
Malhouth. El fruto maduro, el fruto que da la vida, la pulpa que
comemos, es Iesod, y lleva la semilla. ¿Veis, pues?, al final de su
crecimiento, la semilla plantada se convierte en semilla en el fruto, y
Malhouth, la semilla de abajo, es idéntico a Kheter, la semilla de
arriba. En realidad, el principio y el fin de las cosas son siempre
idénticos. Cada punto de partida no es otra cosa que el término de un
desarrollo anterior; y cada resultado final no es otra cosa que el punto
de partida de otro desarrollo. Toda cosa tiene un principio y un fin,
pero no existe un principio verdadero. Cada causa produce un efecto,
pero este efecto es la causa de un nuevo efecto. De esta manera, el
pasado, el presente y el futuro se juntan.
Pero, lo que quería explicaros es que en la frase “porque Tuyo es
el Reino, el Poder y la Gloria”, el Reino, el Poder y la Gloria
corresponden a los tres últimos sefirots: Malhouth, Iesod y Hod.
El Reino es, pues, Malhouth, el Reino de Dios, la realización.
Como ya sabéis, cada séfira corresponde a una manifestación de Dios,
y, en Malhouth, Su nombre es Adonai Melek; en ella también reina el
arcángel Sandalfon sobre los Ischim o Almas bienaventuradas.
El Poder es Iesod, que significa "fundamento", "base", porque
esta séfira preside la vida pura, que es el fundamento de todas las
cosas. La fuerza sexual está también relacionada con Iesod, porque la
fuerza sexual etérica es, justamente, el verdadero poder. En esta séfira
Dios se manifiesta bajo el nombre de Chadai El Hai y el arcángel
Gabriel gobierna a la orden angélica de los Keroubim.
La Gloria es Hod, la luz que brilla con el resplandor de todas las
ciencias, de todos los conocimientos. En la séfira Hod se manifiesta
Elohim Tsebaoth y el arcángel Raphael gobierna a la orden angélica
de los Bnei-EIohim.
18

La última frase del Padrenuestro significa, pues: "Porque a Ti te


pertenecen las tres regiones que se encuentran al término de Kether en
Malhouth, regiones que representan la realización. El Reino, el Poder
y la Gloria forman un triángulo que repite el triángulo del principio:
"Santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu
Voluntad." El Nombre, el Reino y la Voluntad, son los sefirots Kheter,
Hohmah, Binah. Así pues, al triángulo superior, Kheter, Hohmah,
Binah, que representa la creación en el mundo invisible, espiritual,
corresponde el triángulo inferior, Malhouth, Iesod, Hod, que
representa la concretización, la formación, la realización en el mundo
físico.
He ahí, muy brevemente, unas palabras sobre la oración
dominical. Podéis meditar mucho tiempo sobre ella y descubriréis
riquezas, maravillas.
¡Que la luz y la paz estén con vosotros!

Centre
OMRAAM
Institut Solve et Coagula
Reus
www.omraam.es
Primer Centro
De difusión de la obra
Del Maestro OMRAAM
En lengua Española
Conferencia del Maestro
OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Sèvres – 28 Abril del 1966 – Pascua

Del Tomo 9: O.C.


AL PRINCIPIO ERA EL VERBO
Capítulo XI

LA RESURRECCION
Y
EL JUICIO FINAL

Hoy, mis queridos hermanos y hermanas, os leeré un pasaje del


capítulo duodécimo del Evangelio de San Marcos.

"Los saduceos, que decían que no hay resurrección, vinieron a


ver a Jesús y le hicieron esta pregunta: Maestro, esto es lo que Moisés
nos prescribió: si el hermano de alguien muere, y deja mujer sin tener
hijos, su hermano desposará a la viuda y suscitará una posteridad a
su hermano. Pero, he ahí que había siete hermanos. El primero se
casó y murió sin dejar descendencia. El segundo tomó a la viuda por
mujer y también se murió sin dejar descendencia. Lo mismo sucedió
con el tercero, y ninguno de los siete dejó descendencia. Después que
todos ellos, la mujer también murió. En la resurrección, ¿de cuál de
ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer. Jesús les
respondió: ¿No estáis acaso en el error, porque no comprendéis ni las
Escrituras, ni el poder de Dios? Porque en la resurrección de los
muertos, los hombres no tomarán mujeres, ni las mujeres maridos,
sino que serán como los ángeles en los Cielos. Con respecto a la
resurrección de los muertos, ¿no habéis leído en el libro de Moisés lo
que Dios le dijo a propósito de la zarza: Yo soy el Dios de Abraham,
el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es un Dios de muertos,
sino de vivos. Estáis en un gran error."

Queridos hermanos y hermanas, no dudo que muchos os habréis


detenido en este pasaje para estudiarlo y hasta quizá para
2

comentarlo. Pero yo nunca he leído, ni oído, una explicación


satisfactoria sobre el mismo. La resurrección de los muertos, el Juicio
final, he ahí una cuestión extremadamente vaga y brumosa. Pero,
puesto que hoy es Pascua, el día de Resurrección, os diré algunas
palabras sobre este pasaje. No estoy seguro de que todo os quede
claro, ni de que me comprendáis, porque ésta es una cuestión muy
vasta y muy difícil de comprender.

En este pasaje, hay algunos puntos importantes en los que


vamos a detenernos, Jesús dice: "¿No estáis acaso en el error porque
no comprendéis las Escrituras ni cuál es el poder de Dios?" Jesús
habla del poder de Dios, pero nunca se han detenido en esta frase, sin
pensar que quizá pueda ser la llave para comprender todo lo demás.
Si, el poder de Dios. ¿Qué tiene que ver el poder de Dios con la
resurrección de los muertos? Vais a verlo. Y, después, Jesús dice:
"Porque, cuando resucitemos..." Jesús no niega, pues, la
resurrección, pero la entiende de otra manera. Hay una resurrección,
puesto que él mismo resucitó, pero ¿cómo comprender esta
resurrección?... "Porque, cuando resucitemos, los hombres no
tomarán mujeres, ni las mujeres maridos, sino que serán como los
ángeles en los Cielos." ¿Y cómo son los ángeles en los Cielos? Son
asexuados. No tienen órganos sexuales, sino algo muy superior.
¿Dónde? Os lo diré. Los ángeles también hacen intercambios, porque
los intercambios de amor continúan en el universo entero y ninguna
criatura está privada de ellos. Todos hacen intercambios de amor,
sólo que la forma de estos intercambios es diferente. ¡Si supieseis
cómo se aman los ángeles entre sí! Diréis: "Pensábamos que eran tan
puros que no tenían necesidad de amor." Pero Dios es Amor, y Dios
penetra a todas las criaturas. Entonces, ¿cómo podríamos escapar al
amor? Sólo que hay que comprender este amor.

En cuanto a la resurrección de los muertos, ¿veis?, Jesús no


está de acuerdo. Dice: "Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos."
Todavía otra cuestión que no ha sido comprendida. Hay, pues, aquí
algunos puntos que vamos a estudiar y que nos ayudarán a
comprender este problema extraordinariamente importante que ha
permanecido oscuro desde hace dos mil años: la resurrección.
Repiten siempre: la resurrección... la resurrección... y leen los
3

pasajes de los Evangelios en los que se cuenta que Jesús resucitó. No


os leeré estos pasajes porque son demasiado conocidos. Que un ángel
estaba junto a la tumba, pero que Jesús ya no se encontraba allí, y
que después se apareció a María Magdalena y a sus discípulos, etc.,
no hablaremos de todos estos detalles para no embarullarnos. Nos
detendremos solamente en lo que quería decir Jesús en el pasaje que
acabo de leeros.

Pero veamos primero cómo comprenden los cristianos la


resurrección de los muertos. Alguien muere, le entierran, y se
imaginan que va esperar miles y miles de años en su tumba. Todos
aquéllos, pues, que ya estaban muertos en la época de Jesús, e incluso
mucho antes, todavía no han resucitado, y esperan... El momento de
la resurrección no ha llegado todavía, y sólo llegará en los últimos
días. Pues bien, yo no creo en una resurrección en la que las
criaturas tengan que esperar durante siglos. ¿Por qué? Porque ya no
están allí. Cuando son enterradas, sucede, más o menos, lo que
sucede en las imprentas. Cuando hay que imprimir un libro, se
constituyen las páginas de este libro con letras de plomo, y, después,
cuando ya se ha acabado la impresión, ¡recogen todas las letras y las
colocan en pequeños casilleros, de donde un día las volverán a tomar
para hacer otro libro. Lo mismo sucede con los hombres. Los
impresores vinieron, sí, los cuatro elementos, y con partículas de
tierra, de agua, de aire y de fuego, han construido el cuerpo del
hombre. Y, cuando el hombre muere, todo se va; pasado algún tiempo
no quedan más que los huesos, y después también los huesos
desaparecen. ¿A dónde han ido todas estas partículas? Algunas han
entrado en la tierra, en las rocas, en los árboles, otras en los océanos,
en los ríos, otras en la atmósfera, y algunas otras se han vuelto al Sol,
al fuego. Entonces, ¿a dónde ir ahora para poder hacer resucitar a
todos estos seres que fueron enterrados, muchos de los cuales eran
bandidos, truhanes, asesinos, verdugos? ¿Y todos aquéllos que
estaban enfermos, que eran gangrenosos, sifilíticos?... Van a
resucitarles, vale, ¡pero qué espectáculo! Una verdadera corte de los
milagros. ¡Id a ver lo que sucede en la India1... Todos estos
desgraciados mendigos, sin nariz, sin orejas, sin brazos, sin piernas,
¡mutilados por todas partes! Porque, desde hace milenios, ¿sabéis
cuánta gente ha nacido y ha muerto? Ni siquiera se puede hacer el
4

cálculo,

Y, por otra parte, ¿dónde van a poner a toda esta gente cuando
vuelvan? Nunca habrá sitio suficiente y van a tener que demoler el
mundo entero para arrancar las partículas de su cuerpo que están en
los árboles, en las rocas, en las montañas... ¿Y qué va a quedar
entonces? ¿Habrá que deshacer toda la Tierra para que se puedan
reconstruir todos estos energúmenos? Excusadme, ya sé que entre
ellos hay algunos santos y algunos profetas, pero son una minoría y
se pierden como una gota en el océano. Entonces, os pregunto a
vosotros, los estetas, ¿cómo encontráis esta perspectiva?
Encantadora, ¿verdad? Volver a ver a toda esta gente, de pie para ser
juzgados. Compadezco a los jueces, a los jueces celestiales, Dios mío,
¡cómo les compadezco! ¿Cómo van a poder soportar los malos
olores? Porque todo debe ser restablecido. ¡Ah! escuchad... ¿cómo se
puede juzgar a alguien si no se sabe cómo huele? No se le puede
juzgar. Todo tiene que estar ahí, el cuerpo del delito, todo. Me
pregunto, entonces, lo que tendrán que ponerse en la nariz estos
espíritus para poder soportar estos olores.

¡Pobres cristianos! Están maravillados con la idea de que un


buen día toda esta humanidad va a resucitar: sus tíos, sus tías, sus
abuelos,... Y esperan... Y desde hace millones de años todos estos
hombres duermen en las tumbas. ¡Mirad qué pereza y qué vagancia
ha inventado el Señor! Una escuela de pereza y de vagancia eternas,
estar ahí así, sin moverse, sin hacer nada, sin pensar, esperando
solamente, en la tumba, la Resurrección y el Juicio final. Me pregunto
si el buen Dios... Que me perdone, yo estoy aquí para explicar las
cosas, y, como me conoce, sonríe y dice: "Es un tipo curioso, es un
tipo curioso, pero, ¿qué le vamos a hacer?, soy Yo quien le ha hecho
así". Así que me pregunto cómo es posible que el Señor, que es tan
activo, pueda tolerar una pereza así, Él, que crea sin cesar un nuevo
Cielo y una nueva Tierra, y que nunca ha descansado... Sí, en mi
opinión el Señor nunca ha descansado. Porque el descanso que tomó
el séptimo día era otro tipo de trabajo. Si el Señor tuviera que
descansar, ya no creería en Él. Diría: "¡Ah el pobre... Debe tener
impurezas en su organismo para estar fatigado también Él." Dios es
la pureza absoluta, y en esta pureza absoluta no hay fatiga.
5

Pero ¿cómo comprenden las cosas los cristianos?, me lo


pregunto. Lo han reducido todo a proporciones humanas, y, en vez de
que el hombre se vuelva como Dios, es Dios el que se ha vuelto como
un hombre. Se le parece en todas las debilidades, y hasta se pone tan
furioso que Moisés se ve obligado a calmarle, a dulcificarle, a
aconsejarle, ¿comprendéis?... ¡Es increíble! Yo no me creo todo eso.
Por eso, excusadme si os escandalizo, pero os diré que hubo un
Antiguo Testamento, y después un Nuevo Testamento, y que habrá
todavía un tercero. No es que en los dos Testamentos no haya cosas
verídicas, pero estaban adaptados a los hombres de la época en las
que fueron escritos. Ahora hace falta un Tercer Testamento, y os
aseguro que vendrá. No contradirá a los dos precedentes, pero hará
puestas a punto, ajustes... Porque, ¿veis?, el Nuevo Testamento no
contradice al Antiguo. En ciertos puntos, sí, un poco, pero porque los
humanos eran tales que en la época de Moisés no se les podía dar
otra Enseñanza. Después vino Jesús y trajo et Nuevo Testamento. Y
ahora, que la época es un poco diferente, y que los hombres son
también diferentes. Cristo mismo, que veta por la evolución de la
humanidad, prepara todavía un nuevo Testamento. ¿Cómo será
escrito y por quién?, no es necesario que os lo diga, pero así será. Ya
sé que la Iglesia no lo aceptará jamás; prohibirá a Dios mismo hacer
nada que sea nuevo, igual que los judíos prohibían a Jesús que se
mezclase en los asuntos del Señor.

Sí, la Iglesia nunca va a dejar al Señor libre de hacer lo que


quiera. No, no, Él también tiene que estar prisionero de las viejas
formas que había encontrado convenientes, necesarias para tal o cual
época y que ahora ya están superadas. Sin embargo, si el Señor
quiere cambiar estas formas y dar otras nuevas a su Enseñanza y a su
Espíritu, ¿qué hay de malo en ello? La Iglesia va a responder, y no
sólo la Iglesia, por otra parte, porque está apegada a estas formas
sobre las que fue edificada. Pero tiene que saber que estas formas no
durarán eternamente. Un día, los hombres adorarán a Dios "en
espíritu y en verdad", porque irán más arriba y más lejos en la
comprensión. Ya no irán a encerrarse en edificios construidos por los
humanos, ya no se basarán en objetos materiales, visibles, tangibles.
Pero ya os hablé sobre este tema. Un día habrá un Nuevo Testamento,
6

una nueva Vida, una nueva Iglesia. Además, esta Iglesia ya existe, es
la Iglesia de San Juan, es la Iglesia de todos los Iniciados, es la
Iglesia del Espíritu. Se acerca la época en la que los humanos podrán
recibir unas nociones más elevadas, en vez de aferrase siempre a la
materia, pensando que con estas bagatelas se salvarán. No. no es así
cómo se salvarán. Sólo aquél que vive en el Espíritu y con et Espíritu
será salvado. Podéis acumular tantos iconos como queráis, podéis
encender centenares de cirios, nada os salvará si, dentro de vosotros,
no sois impulsados por algo superior, si no estáis animados por un
movimiento espiritual. Y la resurrección, para el hombre, es salir de
la materia y de las mentiras para vivir, por fin, en el Espíritu y en la
Verdad. ¡Ésta es la verdadera resurrección!

Pero volvamos a estos muertos que ya están dislocados y


dispersos en la naturaleza ¿Cómo reconstituirlos? Con los mismos
materiales se han hecho sucesivamente muchos seres humanos y, para
restablecer a unos, habría que destruir a los otros. Así que, ¿veis?,
esta resurrección de los muertos tal como se la imaginan es
inverosímil, no resiste ante la inteligencia, ante la lógica, ante el
sentido común, Y ahora, para juzgar a estos muertos... Han
permanecido miles de años en las tumbas, y van a juzgarles por una
vida de 30, de 40, de 60, o de 100 años... Supongamos que algunos
hayan llegado a tan viejos como Matusalén, a 900 años; incluso así es
muy poco Estos hombres habrán vivido y trabajado durante muy poco
tiempo, y habrán dormido durante muchísimo tiempo. Si hay que
juzgarles, pienso yo que les juzgarán justamente, porque habrán
dormido demasiado. Sí, porque mientras dormían eran inútiles, y ser
inútil es el mayor de los pecados. Así pues, todos están ya juzgados de
antemano, ni siquiera vale la pena convocarles para pronunciar el
veredicto; ya está hecho: demasiado sueño. Y otra cosa todavía...
Verdaderamente, oso decirlo, encuentro insensato este juicio. A todos
estos hombres se les habría podido dar condiciones para que
pudieran redimirse y reparar sus faltas; pero no, ninguna posibilidad:
enterrados, y se acabó. Entonces, los pobres, ¿cómo podían reparar?
En este juicio hay algo que falla. Juzgar a los hombres millones de
años después, sin haberles dado la posibilidad de reparar. ¿Os dais
cuenta? En mi opinión, este Juicio final hay que comprenderlo de otra
manera.
7

Veamos cómo suceden las cosas en el mundo, en las


administraciones, por ejemplo. En cada administración hay un cajero,
o un tesorero, o un administrador... Supongamos que no hagan
ningún control, sino que, sólo miles de años después viene un
inspector a verificar lo que este tesorero ha hecho con el dinero que
habla en la caja... ¡Ah!, estará bien tranquilo, le importará un comino
que haya una verificación y un juicio dentro de miles de años, porque
él ya estará muerto. No sé cómo suceden las cosas exactamente, si
verifican las cuentas cada año o cada tres meses; en todo caso, las
verifican y esto ya es una forma de juicio final. Juzgan cómo ha
trabajado el tesorero, si ha sido honesto, etc. Y después de esto, le
clasifican, no esperan millones de años para hacerlo. De la misma
manera, si esperasen millones de años para juzgar a los hombres,
sería demasiado complicado; Y, por otra parte, sería inútil incluso
para la educación de estos pobres hijos de Dios, porque se les habría
dejado acumular tantas deudas, tantas faltas y crímenes, que ya
nunca podrían corregirse.

En realidad el Juicio final existe para cada uno de nosotros y


bajo varias formas. Cuando os vais al otro mundo ya es un Juicio
final. Han juzgado, arriba, que ya habíais vivido suficiente, que ya
habíais acabado vuestro trabajo, que ya no erais necesarios, ¡y hala,
fuera!, no hay más que hacer las maletas. Cuando estáis enfermos
también es un juicio final, para un mes, o para una semana... Los
jueces han venido, han verificado, y os castigan un poco para no
dejaros acumular tantas tonterías que luego ya no podríais
repararlas. Os haría falta una eternidad para poder liquidar las
deudas que habríais contraído durante una eternidad. Así pues, para
ayudaros, la ley, el amor divino, viene y os da una pequeña
enfermedad; ya es un juicio final. Claro que no es absolutamente el
último, el final; digamos que es el penúltimo; y, por otra parte,
siempre es el penúltimo. Así os llegan pequeñas enfermedades, porque
la ley ha juzgado que habíais comido demasiado, bebido demasiado,
trabajado demasiado, o que habíais transgredido otras leyes. ¿Veis?,
en todos estos juicios hay una inteligencia, hay un amor. Mientras que
el otro Juicio final es estúpido, inverosímil, y yo no puedo aceptarlo,
porque sé que todo lo que Dios hace es, al contrario, de una
8

inteligencia y de una utilidad increíble. Así que, mis queridos


hermanos y hermanas, no esperemos Juicio final, porque ya somos
juzgados sin cesar, sin que ni siquiera nos demos cuenta.

Y ahora debéis saber que tampoco la muerte es un juicio


absoluto. No debéis imaginaros que permaneceréis en la tumba,
esperando a que os pudráis. No, no, esto son vuestras vestiduras, es
decir, vuestro cuerpo que se disgrega, y vosotros volvéis a la Tierra,
tomáis nuevamente otro cuerpo, porque la vida continúa, y esta vida
es el resultado del juicio que se ha hecho sobre vuestra vida
precedente. Y, entonces, la resurrección, ¿qué es la resurrección?...
La resurrección, mis queridos hermanos y hermanas, es otra cosa
muy distinta. No hay resurrección tal como los cristianos la
comprenden. No vamos a resucitar para ser juzgados. No hay
resurrección de los muertos. Los muertos nunca resucitan, lo suyo se
acabó. Son los vivos los que resucitan. Las almas, que han
abandonado sus vestiduras, que están vivas, ellas sí que pueden
resucitar, pero no los cuerpos físicos. Dios no es un Dios de muertos,
sino que es un Dios de vivos. Como el cuerpo ya está muerto, éste
nunca resucitará. Es el alma la que resucita. ¿Y cuándo?

Todo está dicho aquí, en este pasaje, pero hay que saber cómo
comprender las cosas y relacionarlas entre sí. Jesús dice: 'Cuando
resucitemos, los hombres no tomarán mujeres, ni las mujeres maridos,
sino que serán como los ángeles que están en los Cielos." ¿Y dónde
habrán podido evolucionar tan formidablemente los humanos para
que puedan convertirse en ángeles? No en la tumba, en todo caso. En
la tumba no hay evolución, seguimos igual. No porque los hombres
hayan permanecido miles de años en una tumba van a resucitar como
ángeles. ¿Cómo podrían hacerlo? Y de todas formas, si han llegado a
ser ángeles, ¿para qué juzgarlos? No se juzga a los ángeles. Hay que
comprender, pues, que entre la muerte y la resurrección hay todo un
intervalo de tiempo durante el cual los humanos pueden
transformarse y evolucionar, porque se han reencarnado. Se han ido,
han vuelto, se han ido de nuevo, y han llegado a perfeccionarse tanto
que se han convertido en ángeles. Y esto es la resurrección. Todos los
hombres, pues, están predestinados a resucitar un día y a llegar a ser
como ángeles, de una pureza perfecta. Pero esta resurrección
9

presupone la reencarnación. Querer convencerme ahora de que es en


la tumba donde los hombres se convertirán en ángeles... ¡nunca!
Saldrán de ella, se reencarnarán, aprenderán, se purificarán hasta
llegar a ser perfectos. Todas las criaturas resucitarán un día de esta
manera. Pero no los muertos... Únicamente los vivos resucitarán.

Escuchad, y tratad de comprender. Cuando Jesús responde:


"¿No estáis acaso en el error porque no comprendéis ni las Escrituras
ni el poder de Dios?", ¿qué quería decir?, ¿cuál es este poder de
Dios? El poder de Dios es, justamente, llevar a los humanos hasta la
resurrección. El poder de Dios es el poder que transforma, que
sublima. Sí, pero no se encuentra en las tumbas. Dios sólo resucita a
los vivos. Por otra parte, en otro lugar, Jesús dice: "Sígueme. Y deja
que los muertos entierren a los muertos" 4 La reencarnación no se
menciona claramente en el pasaje que os he leído, pero se
sobreentiende. Porque, si pregunto: "¿Qué ha sucedido entre el
entierro y esta transformación angélica?... ¿Y por qué un juicio
después? ¿Acaso se juzga a los ángeles?...", nadie podrá
responderme. Se ven obligados a reconocer que algo ha sucedido
para que el hombre llegue a una transformación tal. Pero no saben lo
que ha sucedido. Por eso la Iglesia, por el momento, es ineficaz e
incapaz de traer el Reino de Dios a la Tierra. Porque no es con
errores como se puede traer el Reino de Dios.

La Iglesia debe empezar por revelar la reencarnación. Diréis:


"Pero aquí no se menciona". Ya os mostré que en otros lugares sí. En
el Evangelio de San Mateo, en el capítulo XI, Jesús dice, a propósito
de Juan Bautista "Y él, si queréis creerme, es Elías, que debe volver.
¡Que el que tenga oídos oiga!." Y en el capitulo XVII, cuando sus
discípulos le preguntan: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías
debe venir primero?, Jesús responde: "Sí, Elías debe venir y poner
todo en orden; pero, os lo digo. Elías ha venido ya, y no le han
reconocido, sino que le han tratado como han querido. Y el Hijo del
Hombre tendrá que sufrir también a causa de ellos." Entonces, San
Mateo añade que los discípulos comprendieron que estas palabras se
referían a San Juan Bautista. Si, y a San Juan Bautista le cortaron la
cabeza porque, cuando era Elías, mandó cortar la cabeza a otros, y
está dicho: "El que saque la espada, perecerá por la espada." Puedo
10

citaros aún otros pasajes que mencionan la reencarnación, pero con


eso basta por hoy. Aquí también, cuando Jesús habla del poder de
Dios, es un argumento, pero un argumento que debemos descubrir
gracias al razonamiento; mientras que los otros argumentos son
mucho más claros, son llamativos incluso. Entonces, ¿qué necesita la
Iglesia para aceptar y enseñar la reencarnación, en vez de seguir
engañando a los humanos? 5

"Cuando resucitemos, dice Jesús, los hombres no tomarán


mujeres, ni las mujeres maridos" Os habéis casado con tal mujer en
una encarnación, y después, en las siguientes, os habéis casado con
otras. ¡Id, pues, ahora a buscar a la mujer que habéis tenido hace
miles de años, cuando, mientras tanto, habéis tenido tantas otras! No
vale la pena buscarlas y encontrarlas, nadie pertenece a nadie,
porque, desde entonces, ¡cuántos intercambios ha habido!, ¡cuántos
matrimonios! No se dice, pero se sobreentiende. ¡Cuántas veces se ha
casado cada uno! Por eso ninguno tiene derechos sobre los demás.
Cada hombre ha tenido cantidad de mujeres, y cada mujer ha tenido
cantidad de maridos, y, como ya están hartos de hacer experiencias
costosas y deplorables, se han dicho: "Se acabó, ya no queremos
casarnos más de esta manera." Y han evolucionado tanto en su amor
que se han convertido en ángeles. ¿Y cómo son los ángeles?... Cuando
dos ángeles se encuentran, se fusionan con sus rayos de luz y de
colores, y se produce entre ellos un extraordinario intercambio de
amor... Después se alejan y se van a abrazar a otros ángeles. Siempre
intercambian los ángeles de esta manera y no conocen la vergüenza.
Entre los ángeles ya no se ven mujeres que acechan a su marido
diciendo: "¡Ah! Mi querido maridito no ha vuelto a casa... ¿Con qué
mujer estará aún?... ¡Se va a enterar cuando vuelva!" Los ángeles
sólo hacen intercambios de amor, sin celos, sin rencor.

Así que, mis queridos hermanos y hermanas, ¿veis la felicidad


que os espera? Porque ardéis en deseos de abrazar a todas las
mujeres, y las mujeres de abrazar a todos los hombres, lo leo en
vuestro corazón. Y, aunque me digáis: "No, no, usted miente... ¡Qué
acusación!', no os creeré. Dejad un poco libres a los hombres y a las
mujeres y veréis si se contentan con un solo hombre o con una sola
mujer. Todos no piden otra cosa que abrazar a todas las mujeres y a
11

todos los hombres. Sólo que, dada la forma como están construidos,
por el momento esto no es aconsejable, e incluso es muy peligroso,
porque pronto estarían enfermos y desequilibrados. Hay que esperar.
Os aconsejo que esperéis, ¡y mucho tiempo! No sabéis la felicidad y
los gozos que Dios os prepara, pero no de inmediato, porque, tal
como somos, todavía no es el momento, no estamos a punto, ni mucho
menos. Hay que esperar la transformación, y después, Dios mío,
cuando seamos como ángeles, podremos acercarnos los unos a los
otros para abrazarnos, para fusionarnos. Por eso debemos darnos
prisa en resucitar.

¿Y cómo se hace esta resurrección? ¿Cómo se prepara? Jesús


dijo: "Yo soy la resurrección y la vida" Jesús resucitó, y si Jesús
resucitó, eso quiere decir que nosotros podemos también acelerar este
proceso de resurrección que debe producirse un día para toda la
humanidad. Todos los hombres resucitarán un día, pero se necesitará
mucho tiempo. Vosotros debéis saber que podéis acelerar este
proceso de resurrección, pero que, para ello, debéis vivir de otra
manera, pensar de otra manera, actuar de otra manera, es decir,
debéis llegar a ser como Jesús. Jesús resucitó, no esperó siglos y
siglos para resucitar con toda la humanidad, Y muchos otros también
resucitaron. Jesús no es el único. La resurrección ha sido siempre
enseñada en los templos, y muchos seres han resucitado. Pero ¿de
qué resurrección se trata? Os lo diré. El cuerpo físico del hombre
tiene un doble, otro cuerpo, invisible, sutil, al que se llama,
justamente, doble etérico o cuerpo vital, y es este cuerpo el que
contiene los gérmenes del cuerpo de resurrección. Con sus
pensamientos y sus sentimientos luminosos, espirituales, el hombre
forma este cuerpo (al que se llama también cuerpo de gloria, cuerpo
de luz, cuerpo de inmortalidad, cuerpo de Cristo) que debe hacerle
resucitar un día."

Todos, pues, están trabajando para la resurrección, mis


queridos hermanos y hermanas, incluso inconscientemente. Los
hombres más comunes están preparando también su resurrección,
pero no se sabe, evidentemente, cuándo se producirá ésta, porque su
trabajo es mucho más lento, puesto que es inconsciente. Mientras que
para los discípulos de la Fraternidad Blanca Universal, que tienen las
12

cosas claras, que se han instruido, el proceso puede ser mucho más
rápido, porque preparan esta resurrección en sí mismos
conscientemente. Y cuando su cuerpo de luz sea suficientemente
poderoso, intenso, puro e irradiante, entonces resucitarán. No es
necesario morir para resucitar, no es necesario haber sido puestos
primero en la tumba. Resucitar quiere decir no tener ya las mismas
debilidades, los mismos vicios, las mismas enfermedades. ¡Esto es la
resurrección! ¿Y por qué Jesús resucitó tan rápidamente? Porque era
muy puro. Para que un ser resucite, es preciso que sus células sean de
una pureza perfecta y que vibren intensamente. Por tanto, si algunos
hermanos y hermanas viven una vida espiritual muy intensa, es que
están prestos a resucitar.

Ahora, os daré una imagen. Una mariposa, ¿qué es una


mariposa? Es una criatura que ha resucitado. Al principio no era más
que una oruga; un día, esta oruga tejió su capullo, y después se
durmió... Y, pasado algún tiempo, sale una mariposa. ¿Qué sucedió
cuando esta oruga estaba sumida en el sueño, en su estado de
crisálida? Si se ha transformado en mariposa, es que ya había
desencadenado en ella un cierto número de procesos que
desembocaron en esta metamorfosis.

Ver capitulo XIII: "El cuerpo de resurrección"

Los mismos fenómenos se producen con el discípulo. De


momento es una oruga, y una oruga es un animal que se arrastra, que
no es bello, y, sobre todo, que se come las hojas. Por eso lo persiguen,
porque es dañino. Y he ahí que, un día, se transforma en mariposa...7
La naturaleza ha trabajado desde hace mucho tiempo para
instruirnos, ha puesto signos por todas partes, índices para
enseñarnos cómo puede producirse la resurrección.

Cuando meditáis, ¿qué hacéis? Sois como una crisálida, os


encerráis en un capullo, y entonces se producen en vosotros toda
clase de transformaciones. Pero todavía no sois mariposas porque
vuestro trabajo no es suficiente: volvéis a vuestros quehaceres y
seguís siendo como una oruga que se arrastra lentamente y se come
las hojas... Algún tiempo después, os encerráis en vuestro capullo,
13

tejéis algunos hilos espirituales, pero, de nuevo, los quehaceres os


esperan, y de nuevo interrumpís el trabajo. Una vez más lo
reemprendéis, etc. Y, por fin, un día, ¡salís como una mariposa!
Entonces, ya no destruís las hojas, sino que buscáis el néctar en las
flores. Eso quiere decir que extraéis lo que hay de más sutil en los
corazones, en las almas de todas las mujeres y de todos los hombres,
sin ir a comerles ni a estropearles. Ya no tenéis necesidad de alimento
grosero; sumergís vuestra pequeña trompa (simbólicamente, claro).
Y, como cada ser tiene, en alguna parte, algo delicioso, un poco de
néctar, extraéis este néctar y sois felices, voláis en la luz y sois tan
bellos que todo el mundo se queda maravillado ante vosotros.
Evidentemente, algunos coleccionistas, o ciertos sabios, que están
deseosos de capturar mariposas, os querrán clavar un pequeño alfiler
para poder exponeros en su vitrina... Pero, si no. todo el mundo es
gentil con las mariposas.

¿Veis cómo debe comprenderse la resurrección? La


resurrección es posible, es real, muchos ya han resucitado, y todos
resucitarán. Pero hay que comprender que esta resurrección no se
produce después de que os hayan puesto en la tumba. Allí, se acabó,
allí os quedáis, o, más bien, vuestro cuerpo se disgrega. Para
resucitar debéis volver a la Tierra, debéis aprender, debéis renunciar
a todas vuestras debilidades, debéis encerraros como una crisálida en
vuestro capullo, es decir, debéis renunciar a comer todo lo que es
inferior. Y eso es lo que nosotros hacemos, aquí, desde hace años, con
las oraciones y las meditaciones. Aquéllos que no lo han comprendido
y se sienten atraídos exclusivamente por los placeres, las diversiones,
las ocupaciones a ras de suelo, descuidan la oración y la meditación,
sin darse cuenta de que así interrumpen su trabajo de transformación,
de resurrección. Yo lo he observado, meditando es como nos
transformamos. Lo he observado en mí mismo y en los demás. En una
verdadera meditación vuestro rostro debe iluminarse. Si no se
produce ningún cambio, no resucitáis. En cada meditación la luz debe
aumentar en vosotros. Esta luz entra en la edificación de vuestro
cuerpo de gloria, y, un día, resucitáis. Y aquél que ha resucitado vive
una vida nueva; tiene otros pensamientos, otros deseos, otro
comportamiento. Interiormente ya no es el mismo. Camina en otra
dirección, tiene otra meta.
14

Jesús dijo: "Yo soy la resurrección y la vida." ¿Por qué no dijo


solamente: "Yo soy la resurrección"? ¿Por qué añadió la vida?
¿Acaso la resurrección no es una vida? ¿Acaso la vida es diferente de
la resurrección? No. Cuando Jesús dijo: "Yo soy la resurrección y la
vida", eso significa que la resurrección no es otra cosa que una forma
de vida, una calidad de vida, más pura, más intensa Cuando vivamos
esta vida superior, resucitaremos. La resurrección no es otra cosa que
una calidad de vida, una vida de hijo de Dios. Jesús quería decir
también: "No esperéis a que pasen siglos para vivir esta vida... Yo soy
la resurrección y la vida, y, a través de mí, os convertiréis también en
resurrección y vida," Esto es lo que los cristianos no han
comprendido, y esperan... No. no hay que esperar. Tomemos a Cristo
como modelo, agarrémonos a él, vivamos la vida que él vivió y
nosotros también seremos la resurrección y la vida. Éstas son las
nociones nuevas que os doy. Estas nociones son las únicas capaces de
haceros salir de las tumbas. Porque es ahora cuando estáis en las
tumbas... Y, si esperáis a que suenen las trompetas para salir de ellas,
entonces, podréis esperar millones de años.

Así pues, cuando Jesús dijo: "No comprendéis el poder de Dios",


este poder de Dios es el que está en el corazón del cuerpo de gloria y
que es capaz de transformar la oruga en mariposa. ¡Si creéis que la
oruga es lo bastante sabia para fabricar tan bellos colores!... No, ¡la
oruga es tonta! Es el poder divino, dentro de ella, el que se pone a
trabajar. Nosotros también tenemos este poder de Dios dentro de
nosotros. Abandonémonos a él y él sabrá cómo volvernos bellos,
poderosos, y cómo hacernos resucitar. Dejémonos llevar por el poder
divino, porque él es el que puede producir todas estas
transformaciones. Jesús lo dijo todo para que estuviese claro. Dijo:
"Comed, éste es mi cuerpo"... "Bebed, ésta es mi sangre"... "Yo soy el
pan vivo bajado del Cielo"... "Yo soy el camino, la verdad y la vida..."
ÉI lo dijo todo, ¿a qué esperamos para comprender? El verdadero
pan y el verdadero vino están en el Sol, en donde habita el Espíritu de
Cristo. Por eso habrá un nuevo Evangelio, en el que se explicaré la
profundidad de las palabras de Jesús cuando decía: "El que come mi
carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna." ¿Dónde está esta
carne?... ¿y dónde está esta sangre?, ¿acaso en el vino? He visto a
15

personas que han bebido toneles y toneles de vino y que no han


cambiado. Si, su nariz ha cambiado: se ha vuelto muy roja; y algunos,
que quisieron sobrepasar a los demás, cambiaron también el color de
su nariz, como en la anécdota. Alguien que quería enriquecerse había
inventado enviar pequeños prospectos a los borrachos del mundo
entero. Decían: "Enviadme 25 francos y os daré un secreto para
cambiar el color de vuestra nariz." Todos los borrachos enviaron 25
francos (en aquella época era mucho), y en respuesta recibieron este
consejo: "Seguid bebiendo y el rojo de vuestra nariz se transformará
en violeta." ¡Es formidable!...

Mis queridos hermanos y hermanas, en este pasaje que os he


leído al principio, hay, para mí, un cierto número de indicaciones que
permiten descubrir cómo comprendía Jesús la resurrección. Ahora,
encontraré todavía otra indicación en la traducción de la palabra
"resurrección" en ruso y en búlgaro. En búlgaro, se dice
"veuzkressenié", y en ruso, "vos
kressenié", Eso significa literalmente:
salir de la cruz. 9 ¿Y qué es la cruz? La
cruz, podemos comprenderla en los tres
mundos. Ya os di, hace años, una
conferencia sobre la cruz, y no volveré
hoy sobre ella. Cuando dibujamos una
cruz de dos dimensiones observamos que está constituida por seis
superficies, y, cuando plegamos estas seis superficies, forman un
cubo.

El cubo simboliza la prisión, la materia, es el número 4, los 4


estados de la materia. Así que, resucitar significa salir de esta
dependencia, de esta esclavitud, de esta cárcel de la materia, del
cuerpo físico, porque el cuerpo físico es también una cruz. ¿Veis qué
luz viene sólo de esta palabra; "veuzkressenié"? Cuando decimos
"llevar su cruz", es llevar sus dificultades, sus cargas, arrastrar el
cuerpo físico. La cruz es pesada, y cuando salimos de la cruz salimos
de la cárcel, salimos de la tumba, es decir, de todas las pasiones, de
los pensamientos inferiores, de todo lo que bulle dentro de nosotros, y
nos volvemos libres, libres como mariposas.
16

La resurrección es, pues, algo real, mis queridos hermanos y


hermanas, pero rio hay resurrección de los muertos. Sólo hay
resurrección de los vivos, e incluso son los más vivos los que
resucitan, aquéllos que viven la vida más intensa, la más divina, la
más Crística. ¿Y cómo podemos resucitar? Entrando en la Escuela de
la gran Fraternidad Blanca Universal. En esta Escuela os enseñarán
a tener los pensamientos más luminosos, los sentimientos más cálidos,
a llevar a cabo los actos más justos y más nobles, porque, para
resucitar, debemos intensificar nuestro amor, nuestro deseo de ayudar
a los demás, de hacer sacrificios y renuncias... Si no, viviremos como
todo el mundo. Resucitaremos un día, desde luego, ¿pero cuándo?
Sólo Dios lo sabe...

El ser que resucita tiene toda clase de posibilidades de


alegrarse, de comulgar con toda la naturaleza, de conocerla, de
descifrar sus secretos, de ayudar a los humanos, e incluso de curarles.
Si. Mis queridos hermanos y hermanas, veréis cosas increíbles.
Todavía no ha llegado el momento, pero, un día, veréis la gloria de
Dios. Pienso que ahora debéis tener una idea clara de la
resurrección. Todos resucitarán; pero algunos mucho más
rápidamente, siempre que se preparen. Nos vamos preparando en
encarnaciones sucesivas, y si hacemos grandes esfuerzos para
purificarnos, podemos incluso dejar de reencarnarnos. Algunos ya no
se reencarnan; se van al otro mundo y ya no vuelven para tomar un
cuerpo. Pueden venir a introducirse, a habitar, a vivir en ciertos seres
para ayudarles, para instruirles, para animarles, pero ya no toman
cuerpo físico.

¿Veis?, si no se interpreta el pasaje que os he leído como acabo


de hacerlo, la Resurrección y el Juicio final son unas cuestiones
absolutamente indescifrables e incomprensibles. No puede haber
Juicio final como se imaginan, con todos los hombres que salen de las
tumbas para ser juzgados. Porque ya somos juzgados sin cesar, mis
queridos hermanos y hermanas; cada problema, cada sufrimiento,
cada tormento ya es un juicio, y pagamos. Cuando ya no tenéis nada
que pagar, dejáis de sufrir. Ahora, sólo os resta alegraros ante el
pensamiento de llegar a ser como los ángeles en el Cielo y vivir en la
felicidad y, sobre todo, en el amor, poder amar a cualquier criatura,
17

fundirse con ella. Sí, pero no tengáis prisa; primero debéis


prepararos. ¿Está claro?

Releed de nuevo este pasaje y comprenderéis lo que había en la


cabeza de Jesús cuando respondió a los Saduceos. Veréis claramente
el plan de Dios, cómo se desarrolla, y cómo podemos resucitar.
Mientras que en todas las interpretaciones de la resurrección que da
la Iglesia no hay nada que sea sensato, nada que sea lógico Nos
presentan al Señor como un monstruo de estupidez, ¡y este Juicio final
también es tan insensato!... Así que, tranquilizaos, ahora sabéis que
este Juicio final no tendrá lugar. Pero, aunque estéis tranquilos a este
respecto, el Juicio final os espera. Sí, cuando sois picados por una
pulga, o por un chinche, ya es un juicio. Si una pulga os pica y gritáis
es que ya sois juzgados.

Lo que es extraordinario es que un día que había hablado de


una pulga, vino a verme una hermana y me dijo; "¿Cómo ha visto
usted que me había picado una pulga?" Le respondí que no había
visto nada en absoluto. "Sí, dijo ella, usted ha hablado de mi en la
conferencia... Esta noche una pulga me ha picado". Pues bien, yo
estaba a miles de kilómetros de pensar que, durante la noche, una
pulga la había picado y mordido... Sí, "mordido", ¡porque las pulgas
tienen unos dientes y unas mandíbulas formidables! Y los chinches
también. Pero contra los chinches alguien encontró también un truco.
Publicó este anuncio: "Enviadme 20 francos y os daré el medio de
desembarazaros de los chinches." Y a todos los que se lo pedían les
envió un pequeño martillo de boj, bien tallado, eso sí, en un buen boj;
y en el mango del martillo figuraba esta inscripción: "¡Apuntad a la
cabeza y golpead fuerte!" Y otra persona encontró otro remedio.
Había enviado un frasco con estas instrucciones de uso: "Coged al
chinche, abridle la boca y dadle el liquido con una cucharita. El
chinche dará algunas patadas antes de morir, pero, por fin, os habréis
librado de él..." ¡Mira que hablar de historias semejantes en una
conferencia tan importante sobre la resurrección!... Pero esto os
sentará bien y os ayudará a resucitar. Ya estáis resucitando en la
alegría y la felicidad.

¡Cuántos podían acelerar su resurrección en vez de esperar!


18

¿Por qué no han explicado la resurrección de esta manera? Las ideas


de la Fraternidad Blanca Universal van a renovar el mundo entero,
no hay duda, sobre todo si las estudian seriamente, si las comprenden.
Si consideráis a menudo el futuro glorioso de cada ser, esto ya os
dará un impulso extraordinario. Pero, evidentemente, si lleváis la
Enseñanza como si fuese una pequeña decoración, y si pensáis
siempre que con estas ideas os moriréis de hambre, que la opinión
pública se burlará de vosotros, que estaréis enfermos, que lo
perderéis todo, sin ver nunca la meta grandiosa que está ahí, al final,
y que os espera, ¿cómo podréis tener impulsos y aspiraciones? Pero,
si os centráis de ahora en adelante en el ideal que os presento,
muchas cosas empezarán a resucitar en vosotros.

No os lo he explicado todo, desde luego. La cuestión de la


resurrección es mucho más vasta, mucho más profunda y científica, y
sólo puedo deciros sobre ella algunas palabras. Os encontráis con
alguien que tiene un moratón en la pierna, casi negro. "¿Qué te ha
sucedido, amigo? - Me he dado un golpe." Pues bien, toda la
conferencia que os he dado está ahí. Cuando nos hacemos un
moratón, hay células que mueren, y después, pasado algún tiempo, la
piel vuelve a ser clara y lo negro desaparece... Esto es la
resurrección. Las antiguas células no han resucitado, sino que han
venido otras células en su lugar. Las antiguas células han sido
reemplazadas por las nuevas que han aportado esta mejora, y, de
nuevo, camináis, ya no sufrís. Este es el mecanismo de la
resurrección, mis queridos hermanos y hermanas.

Y ahora estudiemos el conjunto del organismo. Muchos hombres


tienen células que ya están muertas y que no son reemplazadas por
nuevas células. Poco a poco, el número de estas células aumenta,
hasta invadir el organismo entero, y mueren. Mientras que otros
mueren, pero su cuerpo no está enteramente muerto; hay aún células
vivas que se pueden recuperar para hacer trasplantes. Esto es algo
científico; hay vivos que ya están muertos, porque arrastran consigo
cadáveres, células que empiezan a pudrirse y que no pueden
reemplazar con otras nuevas, mientras que otros, por ejemplo, que
mueren por accidente, tienen todavía casi todas sus células vivas. El
mismo fenómeno se produce en el dominio espiritual, pero ahí no se
19

trata de células, sino de entidades. De la misma manera que el cuerpo


físico del hombre está constituido por miles y miles de millones de
células, su ser espiritual está constituido por una multitud de
entidades. Y ahí también sucede a menudo que hay entidades que
mueren, o bien que el hombre es habitado por entidades tenebrosas y
maléficas. Hay que reemplazarlas, pues, y esto es la resurrección.

Sin ser aún definitiva ni completa, esta resurrección ya ha


empezado para algunos. Deben continuar, que continúen resucitando
y reemplazando a las antiguas entidades por otras entidades,
espirituales, luminosas, y, un día, la resurrección se producirá de un
solo golpe. Esto es lo que dice San Pablo: "En un instante, en un abrir
y cerrar de ojos, al sonido de la trompeta final, porque esta trompeta
sonará, y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos
transformados" En realidad, no, la resurrección no se produce de un
solo golpe. Hay que comprender. Y aquí es la química la que nos
ayudará a comprender. Tenéis un ácido en el que habéis vertido
algunas gotas de tornasol; el líquido es de color rojo. Vertéis ahora
una solución básica, una gota tras otra... Al principio no observáis
ninguna transformación, pero continuáis vertiendo, y, de repente, el
líquido, que era rojo, se vuelve azul. Esto es la resurrección. El rojo
cambiado en azul; el rojo, el viejo Adán, egoísta, que resucita en
Cristo, el azul del Cielo. ¿Veis?, vertéis una gota tras otra, y es la
última gota la que lo transforma todo de un solo golpe, hemos
resucitado. Esta resurrección, pues, ya había empezado desde hacía
mucho tiempo, pero no se percibía ningún cambio visible.., hasta el
último minuto. Las palabras de San Pablo son verídicas, pero hay que
explicarlas.

La resurrección no se produce, pues, de golpe, hace falta todo


un trabajo preliminar. Con la última gota es con la que se produce
todo de un solo golpe. ¿Y por qué no antes? ¿Por qué hay que esperar
a la última gota? Éste es un misterio que los químicos todavía no han
explicado. Algunos de vosotros ya han comenzado a resucitar, es
decir, a reemplazar a las entidades egoístas, tenebrosas, violentas,
por entidades inteligentes y llenas de amor, pero se quejan de que
todavía no se ve nada, de que se siguen sintiendo los mismos. Hay que
esperar a la última gota, y eso son las trompetas... Pero las trompetas
20

no pueden resucitar a los muertos si los muertos no han hecho ya un


trabajo sobre sí mismos. Ninguna trompeta puede resucitar a un
muerto. ¡Probadlo! Llevaos una trompeta a un cementerio, y, venga,
¡tocad la trompeta tanto como queráis! Nadie saldrá... O quizá un
vagabundo que estaba escondido aparecerá ante vosotros,
¡resucitado!... Porque a los vagabundos les gusta mucho habitar en
los cementerios; a falta de otros domicilios, se entienden bien con los
muertos.

¿Veis cuántos ejemplos en la naturaleza nos muestran la


realidad de la resurrección? Y os diré que incluso la solución de los
más grandes problemas iniciáticos, a menudo los encuentro en las
orugas, los topos, las pulgas, los chinches. Sí, la solución de los
problemas más grandes la encuentro ahí. Preguntaréis: "¿En los
chinches, en las pulgas?, ¿qué es lo que puede encontrar ahí? - Todas
las leyes de la medicina, y que la medicina todavía no ha encontrado,
me las han revelado a mí las pulgas y los chinches. - ¡Ah!, ¿así que
son las pulgas y los chinches sus maestros e instructores? - ¿Por qué
no? - ¿Y no tiene usted otros?, ¿no va a instruirse con las
celebridades? - No, me extraviarían, yo prefiero estudiar estos
bichos." ¿Y queréis saber ahora las revelaciones que me han hecho
las pulgas? He comprendido que ellas se dirigen gracias a una
especie de instinto, como los radiestesistas; y en los lugares en los
que hay mucha gente echada, como en los dormitorios, por ejemplo,
una pulga toma su péndulo de radiestesia y dice: "No, éste no, está
demasiado duro... Éste tampoco, no parece muy apetitoso... ¡Ah!, éste
sí, me lo voy a zampar..." Y, después de haber medido bien las
distancias, cae sobre él y empieza a beber su sangre, mientras que las
demás personas, a su lado, no son picadas. Así es cómo las pulgas me
han hecho comprender muchas leyes y me han revelado el principio
de la enfermedad. Me han enseñado que la enfermedad no es otra
cosa que una acumulación de ciertos materiales muy apetitosos para
ciertos microbios, o para ciertas entidades, y que, si el hombre posee
en abundancia estos materiales, vienen a deleitarse con él. ¿Y para la
curación? Pues bien, hay que suprimir toda esta comida, los
microbios se mueren de hambre y estamos curados.

También he observado a las hormigas, a las avispas, y a todos


21

los pequeños insectos, y he visto que, cuando en alguna parte hay


restos de comida, los sienten desde lejos y vienen a comerlos. Si
limpiamos, se van, porque ya no hay comida para ellos. Éste es el
mayor secreto: no deis ningún alimento a tal o cual entidad, es decir,
no dejéis impurezas, y éstas no os visitarán, ¿En qué libro de
medicina encontraréis esto? En ninguno; y por otra parte, yo no leo
libros de medicina.

La resurrección física... La muerte y la resurrección físicas...


No, mis queridos hermanos y hermanas, es la resurrección espiritual
la que nos interesa, porque no habrá resurrección física. Los que
están muertos, están muertos, se acabó. Os lo acabo de decir. Pero
los que están vivos tienen su alma viva, y para ellos habrá una
resurrección, porque Dios es un Dios de vivos.

¡Os deseo la verdadera ciencia, la luz y la paz, que aportan el


Reino de Dios y su Justicia a la Tierra!

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Conferencia del Maestro
OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Sèvres, el 13 de Junio de 1968

Del Tomo 9: O.C.


AL PRINCIPIO ERA EL VERBO
Capítulo IX

PADRE PERDONALES, PUES


NO SABEN LO QUE HACEN

Los hombres leen los Evangelios, los interpretan, pero a


menudo están muy lejos del pensamiento de Jesús. ¡Cuántas
veces os he dado pruebas de ello! Interpretan las palabras o los
actos de alguien, pero en función de su propio punto de vista, de
sus limitaciones, y hasta de sus lagunas y sus imperfecciones.
Hay que entrar en la cabeza de un ser para saber exactamente lo
que quiere decir.

Existen métodos para comprender lo que dijeron o


escribieron hombres que murieron ya hace mucho tiempo, y todos
aquéllos que los poseen llegan obligatoriamente a las mismas
conclusiones. Si nadie se pone de acuerdo es porque se
desconocen estos métodos. Y entonces, tantos hombres, tantas
interpretaciones. Y ahora la gente está ya tan asqueada de todas
estas interpretaciones, sobre los Evangelios, por ejemplo, que ya
ni quieren oír hablar de ellas; y es normal.

Tomemos un ejemplo. Desde hace dos mil años se citan las


palabras que Jesús pronunció en la cruz; "Padre, perdónales,
porque no saben lo que hacen." Todos los que comentan estas
palabras insisten en el perdón, diciendo que hay que perdonar
como Jesús perdonó; y eso es todo. Y, desde hace dos mil años,
los que escuchan estos consejos tratan de perdonar a sus
enemigos y a todos aquéllos que les han hecho daño, pero no lo
consiguen. ¿Por qué? Porque Jesús poseía un secreto y, mientras
2

no conozcamos este secreto, aunque tomemos a Jesús como


modelo, no vamos a poder perdonar.
No basta con querer tomar a Jesús como modelo. Mientras
no podamos establecer contacto con él, a través del conocimiento
y de la comprensión de lo que él mismo conocía, seguirá estando
lejos de nosotros, inaccesible, y no podremos imitarle;
pensaremos que él podía perdonar, puesto que era el Hijo de
Dios, Cristo, pero que nosotros no podemos hacerlo.

Lo que voy a explicaros ahora os dará el método para


perdonar a todos aquéllos que os han hecho daño. Algunos dirán:
"¡Pero nosotros no queremos perdonar!" Bueno, vale, pero
seguiréis estando sobrecargados, y os atormentaréis, os
envenenaréis, seréis desgraciados y estaréis tristes. Porque sentir
rencor contra alguien es algo espantoso. Hay que hacer algo
para salir de esta situación, y como no es aconsejable matar a
vuestro enemigo para desembarazaros de él, debéis perdonarle; y
os diré cómo

Estudiemos ahora la frase de Jesús: "Padre, perdónales,


porque no saben lo que hacen" ¿Por qué no se ha analizado
mejor esta frase?... "Padre, perdónales, porque..." Jesús le
explica al Señor que hay que perdonar, y por qué hay que
perdonar. ¿Cómo comprender eso? ¿Acaso hay algo que el Señor
ignore y que se le pueda enseñar? ¿Por qué hay que decirle
"porque no saben lo que hacen"? ¿Acaso el Señor no estaba al
corriente? ¿Acaso no sabe que los hombres son inconscientes,
que son ignorantes y estúpidos? ¿Tenía que aclararle las cosas
Jesús?... Y después, en vez de decir: "Yo les perdono"... Jesús
dice: "Padre, perdónales"... ¿Por qué es Dios el que debe
perdonar? Dios no tiene nada que ver con todo eso, no es Él el
que ha sido crucificado, sino Jesús.

En realidad, todo el secreto del perdón está en esta fórmula


que no ha sido estudiada. Al decir: "Padre, perdónales..." Jesús
se conectó con Dios, se situó, pues, muy arriba, por encima de
sus enemigos y de sus verdugos. Después les compadeció, al ver
que no eran inteligentes, que no tenían luz, y que eran por tanto
pobres y miserables, porque, verdaderamente, no tener luz es
3

carecer de todo. Así pues Jesús, desde este estado superior en el


que se había situado, veía tanta miseria en los demás que ni
siquiera tenía necesidad de perdonar. Esta fórmula es un método
psicológico que Jesús utilizó para actuar interiormente sobre sí
mismo. Diréis: "No, no. Jesús sabía que Dios es terrible e
implacable, que castigaría a sus enemigos, y por eso le suplicó
que no los exterminase." No. Jesús, que decía que Dios es Amor,
no podía de repente pensar que debía proteger a los hombres de
la cólera de Dios. Si lo hubiese pensado, se habría puesto por
encima del Señor, se habría creído más grande, más generoso,
más misericordioso que Él, y eso no es posible.

"Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen" es una


fórmula que Jesús utilizó para sí mismo, para llegar a vencer y a
transformar la última gota de rencor que podía quedar en él.
¡Porque no os imaginéis que Jesús fue siempre indulgente, dulce
y amable! Habéis leído todo lo que les decía a los fariseos y a los
saduceos... Les decía cosas espantosas: que eran hipócritas, que
estaban ciegos, que eran insensatos, sepulcros blanqueados,
serpientes, raza de víboras... Había pues en él algo que no podía
perdonar. Pero él quería perdonar, no quería que quedase ni un
solo átomo de esta hostilidad contra los humanos, ni siquiera
contra sus enemigos. Puesto que dijo: "Amad a vuestros
enemigos", él debía también hacerlo para ser un modelo. Se
acordaba de lo que había dicho, y para no contradecirse debía
realizar esta prescripción. Dijo: "Padre, perdónales, porque no
saben lo que hacen" y esto le dio inmediatamente el poder de
perdonarlo todo.

Si tratamos de explicar estas palabras de otra manera, todo


se complica. Habría que suponer que Jesús no creía demasiado
en el amor de Dios ya que tenía que suplicarle ahora que fuese
bueno e indulgente; se ponía, pues, por encima de Dios mismo, y
esto es orgullo. No, Jesús empleó una fórmula puramente
psicológica, una fórmula mágica. Gracias a esta fórmula se situó
muy arriba, muy arriba, y puso a sus enemigos muy abajo, hasta
suscitar en sí mismo una gran piedad para con ellos. Cuando
vemos que los hombres son ignorantes, brutos, miserables, no
tenemos ninguna gana de ir a aplastarles aún más. Y eso es
4

nobleza. La nobleza consiste en que, cuando somos grandes no


atacamos a los pequeños, cuando somos fuertes no nos lanzamos
sobre los débiles. Un perro grande ni siquiera se vuelve cuando
le persigue un perro pequeño que le ladra.

Y Jesús era tan grande en su amor, en su ciencia y en su


poder que pudo perdonar. Sí no, con sus poderes era capaz de
proyectar rayos y todos habrían sido aniquilados. Perdonó,
justamente, para no hacer lo que todos los demás, que actuaban
según la justicia, que eran servidores de la justicia, habían hecho
antes que él. Con la justicia no se perdona: ojo por ojo, diente
por diente. Jesús, sin embargo, había venido para enseñar el
amor, la piedad, el perdón de tas ofensas, y por eso, en el
momento de morir, dijo para sus enemigos: "Padre, perdónales,
porque no saben lo que hacen". Cuando hemos comprendido bien
el significado de estas palabras, podemos emplearlas, y los
resultados son extraordinarios.'

El que es pobre y débil espiritualmente no puede perdonar,


trata de vengarse. Para poder perdonar al que os ha hecho daño
debéis ser grandes, ricos, fuertes, luminosos; debéis deciros:
"Debo perdonarle, porque el pobre está privado de luz, de
conocimiento, de nobleza... Y tampoco sabe en qué condiciones se
pone, porque las leyes de la justicia divina son implacables y
sufrirá para reparar el mal que ha hecho. Mientras que yo,
aunque sea su víctima, tengo el privilegio de trabajar para el
bien, para el Reino de Dios, para la luz." Y al pensar así, al
haber escogido el camino del bien, al comparar el esplendor en el
que vivís con la miseria y la oscuridad de aquéllos que son
injustos y malvados, se apodera de vosotros un sentimiento de
piedad, de indulgencia y de amor. Lo que no podíais obtener con
ningún otro medio lo obtenéis fácilmente de esta manera.

Algunos dirán: "Pero esta actitud se parece mucho a la del


fariseo del Evangelio que oraba en el templo dando gracias al
Señor por no ser como los demás hombres, ni como el publicano
que estaba arrodillado a poca distancia de él: ¡es orgullo!" En
absoluto. El fariseo se vanagloriaba porque ayunaba dos veces
por semana y daba el diezmo de todos sus bienes, y despreciaba
5

sin razón al publicano que quizá era mejor que él. La actitud de
la que os hablo es diferente. Os explico que, si sois victimas de
calumnias y de injusticias, al reconocer todos los esplendores que
Dios os ha dado, y daros cuenta de que vuestro enemigo se
encuentra privado de ellos, debéis comprender que, en realidad,
sois unos privilegiados. De momento vuestro enemigo triunfa, es
verdad, ha logrado haceros daño; pero hay que compadecerlo, de
todos modos, porque siempre somos dignos de lástima cuando
hacemos el mal, y un día la justicia divina le castigará, de una u
otra manera. ¿Veis?, es completamente diferente, y es en este
sentido en el que hay que comprender las palabras de Jesús:
"Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen"

Leer los Evangelios está bien, pero hay que saber


profundizarlos y comprender lo que había en el pensamiento y en
el corazón de Jesús cuando pronunció ciertas frases. Cuando
dijo: "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen", se
conectó con su Padre para poder perdonar a sus enemigos. No
creáis que era fácil para Jesús perdonarlo todo, porque también
había gente que no le gustaba. A los fariseos, a los saduceos, a
los jefes de la Iglesia, casi los detestaba. Diréis: "¡Pero ésta es la
primera vez que oímos una cosa así!" Es posible, pero toda su
actitud con respecto a ellos lo muestra. Eso no significa que Jesús
fuese malo, no, pero tenía una gran integridad y honestidad, y los
hombres honestos no pueden amar a los que son falsos,
hipócritas, injustos, es normal. Por eso fustigaba a los fariseos y
a los saduceos, y hasta los humillaba. Evidentemente, en estas
condiciones podríamos decir que Jesús no era muy diplomático ni
psicólogo, porque hubiera debido saber de antemano que
atacando de esta manera a hombres inteligentes, instruidos,
incluso eruditos, y que se ocupaban de las más altas funciones,
corría grandes peligros. Siempre les desenmascaraba, e incluso
en público, delante de los demás, desvelaba sus defectos
diciéndoles: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!,
porque cerráis a los hombres el Reino de los Cielos; vosotros no
entráis en él, e impedís que entren aquéllos que quieren entrar!"
Les reprochaba también que se reservasen los mejores sitios en
los banquetes y en las sinagogas, que robasen los bienes de las
viudas, etc.
6

Si Jesús no hubiese sido tan violento con los fariseos y los


saduceos, sin duda que éstos no le habrían hecho tanto daño.
Pero él les provocaba. Debemos ser, en eso, verdaderamente
honestos y sinceros: Jesús les provocaba sin cesar. ¿Cómo
queréis, pues, que los otros aceptasen semejante situación? No
podían hacerlo. Se merecían, sin duda, todos estos reproches,
pero Jesús hubiera podido acosarles un poco menos. "Entonces,
diréis, ¿por qué hacía eso?" Para que las Escrituras se
cumpliesen, para que su misión se realizase. Estaba escrito. Si no
hubiese actuado así con los fariseos, nunca habría sido
crucificado y la historia habría tomado otros derroteros; nada de
lo que después se produjo hubiera tenido lugar.

¿Veis, pues?, mis queridos hermanos y hermanas, os explico


cómo Jesús, en la cruz, tuvo que hacer todo un trabajo sobre sí
mismo para poder superarlo todo y que empleó esta fórmula para
perdonar a sus enemigos. En la Tierra es imposible encontrar a
alguien que no sienta alguna hostilidad contra alguien. Ni
siquiera los seres más elevados pueden librarse de algunos
pensamientos o de algunos sentimientos negativos. Pero estos
seres poseen toda una ciencia, con unos medios y unas fórmulas,
gracias a los cuales logran vencer todas sus debilidades,
transformarlas, y ése es su mérito. No creáis que nacen,
absolutamente llenos de amor, de inteligencia, de sabiduría, y
dotados de todas las virtudes; no. deben adquirirlas. El saber, el
poder, hay que adquirirlos. El hombre, claro, viene a la Tierra
con ciertas cualidades que ya ha adquirido en otras
encarnaciones, y Jesús vino con unas riquezas y unas virtudes
inmensas, pero sin duda había aún en él una o dos pequeñas
debilidades que tenía que vencer.

Los cristianos no aceptarán nunca semejante cosa, lo sé,


porque piensan que eso disminuirla el valor de Jesús. De ninguna
manera, al contrario. Jesús se vuelve aún más grande para mí
cuando sé cómo logró vencerlo todo. Incluso venció al miedo que
se había apoderado de él en el jardín de Getsemaní ¡Qué guerra!
¡Qué lucha! Este miedo eran fuerzas milenarias que están
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escondidas ahí, en el cuerpo humano, monstruos, hidras,


dragones, y los venció. El sudor perlaba su frente como gotas de
sangre, y rogó a su Padre: "Padre mío, si es posible, que esta
copa se aparte de mí..." Pero, inmediatamente después añadió:
"Sin embargo, que sea, no lo que yo quiero, sino lo que Tú
quieres." Y cuando Jesús estaba en la cruz gritó: "Elohi. Elohi.
¿lama sabachtani?", lo que significa: Dios mío. Dios mío. ¿Por
qué me has abandonado?" Para decir semejante cosa, para
sentirse abandonado por Dios, debía sentirse perturbado. En
realidad Dios no le había abandonado, pero esta impresión de
abandono pueden sentirla incluso los más grandes Iniciados.
Después Jesús volvió a encontrar la plenitud y la luz, y murió
diciendo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu." No
creáis que diciendo eso disminuyo la gloria de Jesús. En
absoluto. Jesús es alguien muy grande para mí, más grande que
para cualquier religioso, que no sabe, en realidad, quién es
Jesús. Sí, Jesús es alguien muy grande para mí, aunque hago la
diferencia entre Jesús y Cristo.

Os he hablado a menudo de la personalidad (nuestra


naturaleza inferior, humana, o incluso animal) y de la
individualidad (nuestra naturaleza superior, divina). Esta
distinción permite comprender los diferentes estados por los
cuates puede pasar un ser humano. En general, lo confunden todo
y dicen: "Jesús"... "Cristo"... sin hacer absolutamente ninguna
diferencia. Jesús era el hombre, el hombre que vivió en Palestina
en cierta época; y Cristo es el principio divino que Jesús recibió
en él y que se manifestaba a través de él. Desgraciadamente, ni
siquiera el Iniciado más grande puede manifestar siempre sin
cesar su naturaleza divina. Así que, cuando Jesús estaba
desanimado, era el hombre, la personalidad, si queréis, la que
hablaba a través de él. Y el hombre puede sentir rencor, puede
tener miedo a la muerte, puede sentirse abandonado por Dios. Si
hubiese sido Cristo el que habló entonces en la cruz, ¿cómo
Cristo, que es Dios, hubiese podido abandonarse a Sí mismo?

A veces, Jesús se encontraba cansado, tenía hambre, sed,


sueño, y es normal. Pero cuando Cristo hablaba a través de él
decía: "Mi Padre y yo somos uno"... "Yo soy el pan vivo
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descendido del Cielo"... "Yo soy la luz del mundo"... "Yo soy la
resurrección y la vida"... "Yo soy la cepa y vosotros los
sarmientos"... "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Está claro,
¿verdad? En el lado humano puede haber, de vez en cuando,
lagunas, deficiencias, un ensombrecí miento. Pero cuando el
principio divino se manifiesta, cuando el principio divino habla,
no hay deficiencias, no hay errores, no hay debilidades. Debemos
tener esta llave cuando leemos los Evangelios, o cualquier libro
sagrado, para saber si, en tal momento, es el hombre o la
divinidad lo que se manifiesta a través de un ser.

Y también para vosotros es lo mismo. Debéis saber que


tenéis dos naturalezas y no debéis confundirlas. Debéis saber lo
que es divino y lo que es humano en vosotros. Pero ahí es,
justamente, donde se cometen los mayores errores; ahí es donde
más se engaña la gente. Cuando la voz divina habla, para dar
buenos consejos, no la creen y hacen tonterías. Pero cuando la
que habla es la voz de la personalidad, rápidamente la escuchan,
¡y también hacen tonterías!... Hay que saber discernir, Todavía
no habéis dado suficiente importancia a esta cuestión: saber
discernir las dos naturalezas y saber a cuál de ellas hay que
escuchar. Y es algo muy importante, porque las consecuencias
que de ello se derivan son inmensas. Todas las desgracias del
hombre provienen de su incapacidad para discernir cuándo es la
personalidad y cuándo es la individualidad la que trata de
influenciarle. Os he hablado a menudo de esta cuestión, he
insistido en ella, pero no le prestáis atención, la dejáis de lado
porque encontráis que no es una cuestión demasiado
apasionante. Sin embargo, de ella dependen vuestro progreso,
vuestro éxito, vuestra felicidad. Saber lo que sucede en vosotros,
de dónde viene, quién os inspira, nada hay más importante que
eso.

Suponed que Jesús hubiese escuchado a su personalidad, al


miedo... Como San Pedro que, la primera vez que Jesús habló de
su muerte, dijo: "No, Señor, ¡eso no sucederá!" Y Jesús le
respondió: "¡Atrás, Satanás!, tú me escandalizas, porque tus
palabras no son las de Dios, sino las de los hombres." Ahí vemos,
verdaderamente, que Jesús, no sólo distinguió bien los
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pensamientos de Dios de los de los hombres, la individualidad de


la personalidad, sino que vio también que esta tentación le era
enviada por el diablo, puesto que dijo: "¡Atrás, Satanás" Esta
lucha entre la individualidad y la personalidad se volvió a
producir después en el jardín de Getsemaní, y esta vez la
personalidad ya no se manifestó a través de San Pedro, sino a
través de él mismo, Y ahí también le dijo a su personalidad:
"¡Cállate!", y al Señor: "¡Hágase Tu voluntad y no la mía!" Y se
acabó. Debía sufrir, debía perecer, pero dijo: "¡Hágase Tu
voluntad!" Rechazó a la personalidad y se inclinó ante la
Divinidad. Pero ¿quién os explicará las cosas así? Dicen
siempre: "En el jardín de Getsemaní empezó a sentir Jesús la
angustia de la muerte... Cuando fue crucificado. Jesús dijo:
"Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen", pero no ven
las verdades iniciáticas contenidas en estos momentos de la vida
de Jesús, no ven que se trata de procesos psíquicos, de fuerzas en
presencia, ni cómo se afrontan éstas, ni cuál es la participación
de la persona misma en esta lucha.

Las palabras que Jesús pronunció en la cruz: "Padre,


perdónales, porque no saben lo que hacen" sólo pueden
explicarse por esta lucha entre la personalidad y la
individualidad, y fue la individualidad la que salió victoriosa de
esta lucha. ¡Si os imagináis que era tan fácil para Jesús perdonar
a aquéllos que se habían burlado de él, que le habían golpeado,
coronado de espinas y crucificado!... Pero se conectó con su
individualidad, con su Padre celestial, y a través de Él, a través
de la inmensidad del amor y de la luz de Dios, perdonó a sus
enemigos y a sus verdugos. Creedme, sólo aquél que ha trabajado
durante toda su vida para unirse a la Divinidad, para
introducirla dentro de sí mismo, y que ya está habitado por ella,
puede verdaderamente perdonar como Jesús perdonó.

Y vosotros, mis queridos hermanos y hermanas, estáis en la


Enseñanza, estáis en la Fraternidad, y habéis tenido ya tantas
comunicaciones y experiencias con el mundo divino que debéis
consideraros muy privilegiados, muy ricos, y saber utilizar estas
riquezas. Si alguien os hace daño, debéis deciros: "Dios mío,
¡qué ignorante, qué pobre y qué débil es este hombre! Tengo que
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perdonarle, porque el Cielo me ha dado a mí tantas cosas, y a él


nada... Verdaderamente, merece que le compadezca y hasta que
haga algo por él." Entonces todo se transforma; en vez de
alimentar rencor y deseos de venganza, inmediatamente todo se
borra. ¿Por qué? Porque no podéis ser demasiado exigentes con
alguien que es tan desgraciado, que está privado de tantas
cosas... ¿Por qué querer golpear a un hombre que ya no tiene
nada? Ya está por los suelos, ¿por qué machacarle? Eso no se
hace, no es noble; puesto que estáis en la luz, ¿para qué
abrumarle?... Hacéis un gesto de generosidad y dais gracias al
Señor.

Sin estos conocimientos, vais a atormentaros toda vuestra


vida. Como no podéis destruir a vuestro enemigo, vivís con
rencores de los que no podéis liberaros, y os envenenáis. Vuestro
enemigo, en cambio, está tranquilo: se pasea, come, bebe,
duerme, trafica, y durante este tiempo vosotros os destruís,
atormentándoos. Hay que poder perdonar. Sí, pero no podemos
perdonar si somos estúpidos e ignorantes. Para perdonar, hay
que poseer este saber, ¿Me comprendéis?...

¡Que la luz y la paz estén con vosotros!

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OMRAAM
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Reus
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