Justo Sierra

OBRAS COMPLETAS
II
PROSA LITERARIA
Piedad / Conversaciones del "Domingo"
El ángel del porvenir / Cuentos románticos

Edición ordenada y anotada
FRANCISCO MONTERDE

Universidad Nacional Autónoma de México
México ·1984
Los familiares del maestro Justo Sierra han cedido a la Universidad
Nacional Autónoma de México los derechos para esta edición

Primera edición : 1!H8
Segunda edición: 1977
Tercera edición : 1984

DR @1984, Universidad Naciona l Autónoma de México
Ciudad Universitaria, 04510 México, D .F.
D IRECCiÓN GEf,ERAL DE PUBLlCACIUN~~\

Impreso y hecho en México
ISBN 968-837-241 -2 (Obra completa)
ISBN 968-837-243-9 (Tomu 11)
PIEDAD
Drama en tres actos y en prosa
A LA BOHEMIA LITERAlUA
PERSONAS

Dolores 34 años Pilar Belaval [primera actriz]

Piedad 16 años M [aría] de J[ esús] Servín [dama joven]

Guadalupe Rosario Muñoz *
El doctor 40 años N. [Bernardino] Rodríguez [actor de carácter]

Carlos 40 años Ed[uardo] González [primer actor y director]

Manuel 50 años N. N. [Juan de Mata Ibarzábal, primer
actor] **
Eduardo 25 años N. [Antonio] Muñoz [Esteve, primer actor]

Un magistrado. Sirvientes.

México. 1865 .

* Sustituyó a Rosario Muñoz, característica, la actriz cómica María Mayora
de González, según se advierte en la carta dirigida por don Justo Sierra a Emilio
Rey, que se incluye en el apéndice de este tomo.
o ** En la misma carta, el maestro Sierra habla del actor Mata, como intér-
prete de este personaje. N. del E .
ACTO PRIMERO

Casa de don Carlos. S ala con dos pu ert as late rales que llevan. a las
habitaciones interi ores y una al fondo que conduce al interior. Portiers.
Un busto, sofás, consolas, espe jos, flor es, un reloj.

ESCE NA 1

[Do lor es. Guadalupe.]
Dolores sentad a en un sofá, hojeando unos
perió dic os de m odas. Guadalupe arreglando
junto a una consola un ramo de flores sobre
~m jarro de porc elana.

DOLORES (Leyendo) . . ." L a serenidad del cielo contrastaba con
aquella lúgubre escena. Después de arrojar sobre el ataúd
el último puñado de t ierra, J or ge, sin decir una palabra,
sin derramar una lágrima, entró en su coche y partió. Al
dia siguiente se inscribía en los regi stros del convento de la
Meillerage el nombre del nuevo hermano trapista, Jorge
de la Co nsagración" . . . ( Dobla el cuaderno y se queda
pensativa. )
GUADALUPE -j Vaya un nombre ! i de la " Con sag r ación" ! ... sin duda
del m isterio de la .. .

DOLORES ( V ehementemente y com o hablando consigo m isma ) Del
misteri o de nuestra alma, sí, el hermano de la consagra-
ción, es decir, de la dedicación perpetua, mientras es eter-
na, al culto de un recuerdo . . . i Conque eso puede ser!

GUADALUPE -Yo no lo creo, ¿ y vos?

DOLORES (Sin escuchar a Guadalupe v Conque puede vivirse mucho
tiempo, muchos años adorando a una mujer desvanecida
como una ilusión, y dormirse pensando en ella, y desper-
18 JUSTO SIERRA

tar soñando con ella ... con la que acaso ha olvidado, con
la que tal vez ha oído hablar más alto dentro de su pecho la
pasión de la opulencia que... j Oh! pero yo misma me
estoy tendiendo lazos.. . Estas lecturas me hacen mal.
Guadalupe, ¿ ha parado un coche?

GUADALUPE -No, niña, no j Jesús! j ya van cuatro veces que me ' 10
preguntáis, no ha de tardar!

DOLORES -¿ Qué?

GUADALUPE -No ha de tardar mucho el señor doctor.

DOLORES [Aparte] Esta mujer sospecha algo ... ¡Bah! no, son
alarmas de mi imaginación atormentada. Por todas par-
tes se me figura ver una mano negra que escribe en mi
frente la palabra "criminal"...

GUADALUPE (Dejando las flores y poniéndose junto a su ama) Por fin,
¿ iremos a Tacubaya?

DOLORES -Hoy lo dirá el médico.

GUADALUPE -Me parece que bien 10 necesita el señor. i Válgame Dios!
j qué enfermedad tan penosa! Estar constantemente ha-
ciendo rabietas, como si vos tuvieseis la culpa de que le
duelan las entrañas.

DOLORES -Si, Carlos está muy enfermo.

GUADALUPE -¿ y qué? ¿ a consecuencias de su enfermedad tendrá ese
humor negro y os verá con ojos tan llenos de ira?

DOLORES -Probablemente.

GUADALUPE -Si no fuera porque ya otra vez me habéis dicho que no
me metiera en vuestros asuntos, os diría que tuvierais más
cuidado, niña, pues creo que el señor tiene celos. '

DOLORES -j Guadalupe !

GUADALUPE -j Ya lo veis! Ya ibais a enojaros.
DOLORES [Aparte] No hay duda, esta mujer sospecha algo ... ¡Pero
Dios mío! ¿ Habré dado a conocer 10 que pasa en mi al-
p 1 E D A D 19

ma? . .. N o, eso no es posible .. . sería el castígo antes de
la falta ... ¿ Soy cu lpable acaso ? Tiemblo al querer mirar
en mi conciencia.

GUADALUPE [Aparte] Yo te he de exprimir el alma, pecadora ; pierde
cuidado, todo me 10 has de decir, que va en ello mi fortuna.
( Se oye ruido de un. coche.)

DOLORES -Guadalupe ... ahí está el do cto r ; hazle entrar al cuarto
de Carlo s. Allí le re cibiremos . (V ase, derecha.y

ESCE NA II

[Guadalupe.]

GUADALU PE -j No ! ¡ Caramba! Esto de ser persona decente, hija de
un coronel r etirado, educada en el convento de las madres
Capuchi nas, y ver se r educ ida a servir, es cosa de enojarse.
Yo quiero salir de esta situación y yo saldré. Me han dicho
que sería camarista de la Emperatriz, y la persona que me
lo ha prome tido. .. es asi ... nada menos que .. . no sé
qué cosa del Santo Padre , allá en Roma. .. Aquí está
este diablo . .. Hagámosle la señal de la cruz y procure-
mos que trague el anzuelo.

ESCENA rfr

Guadalupe. E l doctor.

G U ADAL U P E -Buenos días, señor. V oy corriendo a avisar.
DOCTOR ( Rigurosa y eleqantemente enlu tado) Guadalupe, ¿ estás
por fin decidida?
GUADALUPE -Sí, señor, aunque creo que vaya cometer un pecado.
DOCTOR -Por eso te propongo ser mi auxiliar, porque para co-
meter pecados, no hay como las niñas de convento.

GUADALUPE -j Jesús ! j y qué hereje es este hombre!
DOCTOR -Toma es ta bolsa ; ya ves que no sólo soy hereje, sino
rico, 10 cual le da un aspecto dorado a la -cuestión.
20 J U S T O SIERRA

GUADALUPE - P ero, en fin, veamos lo que queréis.

DOCTOR - V oy a decírtelo; pero cuenta con que una ve z conocido
m i plan, es preciso que me ayudes ; de lo contrario ... yo
te haría matar. ( F ríamente. )

G U A D ALU PE - P ues no me lo digáis, señ or , porque me está dando mu-
ch o m iedo.

DOCTOR - E se miedo no viene al cas o, p orque bien reflexionado,
va te he hecho la mitad de mi confide nc ia y es preciso
que la conozcas toda .
G U A DA L l:P E - P ero . .. si .. .

DOCT OR - i Beata! ... fuera hipocresías y óy eme. Tú sabes que yo
quiero mucho, muchísimo a tu señora.

G U_-\DALV P E - S í, ya me 10 dijisteis ayer.

DOCTOR - K o me interrumpas. Necesito verla y hablarla a solas
hoy mismo. Para ello necesito determinar a su marido a
marchar inme diatam ente a su fin ca de Tacubaya. Dolores
irá antes para disponer la casa. Allí nos veremos.

G U A DA L U P E - ¿ y yo qué ve la tengo en ese entierro?

DOC TO R - T ú la acompañarás y cuidarás de que nadie nos sor-
prenda.
GUADAL UPE - P ero, ¿ po r qué precipitáis tanto las cosas?

DOC TOR - Y o tengo mis motivos. ¿ N o es hoy cuando debe qued a r
arreglado el matrimonio de Piedad con ese joven?
G U A DA L U P E - S in falt a.
DOCTOR - P ues ya ves. [Aparte] Si, es pr eciso que todo sea hoy
mi sm o. Una madre qu e prepara el v elo nupcial de su hija
sería invencible.
GU ADAL UPE - P or más vueltas qu e le doy, no sé 10 que pueda ten er
qu e ver . . .
DO CT OR - ¿ Qué te importa? Haz 10 que te mando y b asta . .. Cui-
dado con una indiscreción, porqu e antes que p as ara dos

- - -- -- - - - - - -- - -
p 1 E D A D 21

veces * la m anecill a de ese reloj, te su ced ería una desgracia .
Vete. ( Guo dalupe, san tig uándose, se retira por la der echa.y

E SCENA IV

El doctor.
DOCTOR - D iecioch o años han pas ado y hoy m e la encuentro bella
y feli z . .. j Qué horr ible torm ento, qué mar tirio de todos
los mi n utos es v er la felicidad de la mu jer que nos ha en-
gañado ! ... j Mi corazón es una ca ldera hirvien te de donde
se escapan gritos satá nicos de venganza y de amor! .. .
i Oh, sí! Necesito hacerla desgraciada, n ecesito hacerla
mía, y pronto, pronto, porque hay un obstáculo y ese obs-
táculo se acerca a mí, se acerca, com o el fantasm a del
destino. " N o imp orta... yo estoy h ech o con la masa
de los at letas ... v encer é.

ES CE N A V

El doct or. Cuadalu pc,
G U A DA L U P E - Y a po d éis entrar y ya es t iem po, porque en cuanto el
señ or se encuentra un momento a solas con su esposa, lue-
go luego empieza a marti rizarla.

DOCTOR - ¿ La hace sufrir mucho?

GUADALUPE - M uch ísim o.

DOCTOR - ¿ Ya ves cómo se hace preciso acabar pronto?

GUADALUPE -Sí, tenéis r azó n; ahora, po r ejemplo , al tratar del matri-
m on io de la niña Piedad, el señor está r abia ndo porque la
señora se opone . . . diciendo que el niño Eduardo y su pa-
dre son m uy malos. Qué ¿ será cierto ?

DOCTOR -Jamás me he ocupado de ellos.

GUADALUPE - Nada sospecha. (Viendo entr ar al doctor) ¿A mí qué
me impor tan sus amenazas? V éame yo en Palacio y que a
él se lo lleve el díablo, con quien creo que tiene amistad.
* P or el mismo punt o, se supone N. del E.
22 J U S T O SIERRA

N o puede ser malo lo que estoy haciendo .. . puesto que
me lo aconseja un padrecito tan guapo, y que es no sé
qué cosa de l Padre Santo, allá en Roma.

ESCENA VI

Guadalupe. Manu el.
MANUEL (Por el fondo) ¿ Qué diablos de conversación tan larga
tenías con el doctor?
GUADALUPE -j Friolera! Me ha abierto su corazón y ahora sí que
decididamente soy su cómplice.

MANUEL -j Bravo! Eres la Emperatriz de las camaristas.

GUADALUPE - y vos me haréis camarista de la Emperatriz, ¿ no es cier-
/ to? El padre Villalba me lo ha dicho.
MANUEL -Por supuesto, con la condición que ya sabes . .. Por otra
parte, sólo haremos una buena acción: corregir a dos in-
fames.
GUADALUPE -Si; pero es claro que tenéis otros proyectos; porque
después de todo, ese modo de corregir, ayudándoles, es
un poco raro.

MANUEL -¿ Sabes tú qué cosa es un idilio?.. ¿ Has visto esos
cuadritos en cedro llenos de árboles y de vacas que Eduar-
do ha regalado a Piedad? . .. Pues una cosa por el estilo . ..
Eso no lo entiendes; pero lo que sí entenderás, es que
debemos hundir, aniquilar a Dolores, a esa enemiga de
mi hijo; yo no creí que ella misma se pusiera en la boca
del abismo; ahora, empujarla para que los doscientos mil
pesos ... ¿ Tú sabes lo que son vencerse los plazos, sabes
siquiera lo que son los "ingleses"? .. ¿ Sí, eh? pues ahí
tienes cómo pagando lo que se debe para no ir a la cárcel
por estafador, puede un hombre, como por una de esas
mutaciones de comedia de magia, transportarse a Europa,
para comer perezosamente el dinero que no se ha ganado
con el trabajo.

GUADALUPE -Sí, Y entonces ...
p 1 E D A D "23

MANUEL -Entonces tú serás camarista de la Emperatriz, y tu con-
fesor será obispo, o viceversa.

GUADALUPE -¿ Cómo vice ... ?

MANUEL -Sí, que tú serás obispo también, tanto da ... pero allí
sube Eduardo. Es necesario empezar la batalla decisiva.

GUADALUPE -Vaya ver si oigo 10 que se platica allá dentro. De todas
maneras, 10 que me diga el médico al salir, 10 escribiré en
un papelito y 10 pondré dentro de ese ramillete. (Vase,
derecha.)

ESCENA VII

M anuel, Eduardo, en tr,aje de irreprochable
lyon.

EDUARDO -Detestables calles, detestables coches, detestables sastres,
de A ... Buenos días, papá; no te había visto. (Tararea
una canción.)
MANUEL - j Chico! confieso con vergüenza que a tus años estaba
yo a diez mil pies bajo el nivel de tu insustancialidad ...

EDUARDO - j Psh! he ahí una frase ... En tu vejez te da por el én-
fasis . . . j deplorable! j deplorable!

MANUEL -¿ y por qué no se os ha visto la cara en tres días, caba-
llera?

EDUARDO (Componiéndose la corbata frente a un espejo) j Psh! He
paseado.

MANUEL -Mucho paseáis, en vez de venir a conquistar a Piedad.
que es 10 que nos interesa.

EDUARDO -Te diré, papá: Piedad es una chica demasiado vaporosa
y sentimental. (Aparte) Lo cierto es qu e me daría mucha
lástima que cayera en nuestras manos; es tan buena ...
MANUEL -Sí, Y poco rica para un hombre que a estas horas vive
con el último aliento del crédito en el bolsillo moribundo.
¿ No es eso? j Animal!
24 J U S T O SI E R R A

EDUARDO - Padre mío: esa ex presión es perfectam ent e inc onvenien-
te, y si no fuera por estos lazos de fa milia de que habla n
los libros en verso, yo .. .

MANU EL - ¿ M e desafiarí as, eh?, pues ese no sería un duelo para
mí , sino una par tid a de caza, porque te 10 r epito, eres un
animal. Pero en fin , seamos razonabl es: ¿ no has venido a
a r reglar def initivamente tu matrimonio?

EDUARDO - E so de l casamiento .. . mira, papá: mi od io por el pu-
ch ero y 'el hogar do méstico son idénticos . . . ; pr efiero ir
a trabajar las m inas de A u stralia, como m e propone mi
amigo M orton . D ej a que yo intente primero seducirla.

MAN VEL - ¿ Q uieres no decir más disparates? Aquí la dan todavía
m ucha s hembras por esa s faltas de urbanidad que se lla ma n
inocenci a y vir tud.

ED D ARDO - j Bueno ! L a inocenc ia y la virtud son dos cosas que me
sirven mucho. Si la virt ud es un m uro, la inocenc ia es la
escala de seda que sin-e para salvarlo. Si n em ba rgo, yo
necesito vivir en Franc ia y en todo caso . . .

- P a ra eso nece sit as t en er dinero, v estamos a la ú lti ma
pregunta. Pronto se ve ncerán mi s últimos plazos y es pre-
cis o tener en nuest ro poder los doscientos m il pesos que
heredará esa muchacha.

E D V A RDO - ¡ Oh ! pero ¡ el matrim oni o ! . . . el matrimonio. (Ap arte)
F rancamente la pobrecilla es ta n buena que me remuerde
la . ..

MAN UEL - j V amos a ver! No seas to nto; sé digno de m í. Eso de
seducir así como quiera, pasó ya de m oda. Es crearse es -
o t orbos, es un disparate. Lo que es verdaderamente sabio
para personas de nuestra con dic ión , es tomar en matri-
monio una joven, bella si es po sible, pero en todo caso ri -
ca. Después la vida es fácil: el matrimo nio nos proporciona
un cuartel general desde donde nos lanzamos con armas de
oro a cacerías de amor y de placer, sabiendo que si alguna
ve z salimos de ella mal parados, allí está la esposa para
curar nuestras dolencias, pasar la rgas veladas al pie de
nuestro lecho . . .
EDUARDO - ¿y si la esposa es infiel?
p 1 E D A D 25

MANUEL - E ntonces o se la ahoga de un abrazo, 10 cual es d e muy
mal gusto, o nos aprovechamos de su falta para remach a r
inexorablemente su cadena. ( A parte ) Eso fué 10 que yo
hic e con tu madre.
E DUARDO - ::Yl e caso. (Ap arte) Venga lo que viniere.
MANUEL - A si me g ustas, guapo y atrevido.

ESCE NA VII I

L os l1ll S1110 S, Guadalupe, Lu ego Dolores y
el doctor.
GU A DA L U P E -Aquí vienen. ( A lvl am tel.)
~IANUE L - S eñ ora ... Doctor .. . (A Dolores) V os siempre tan
bella. (Al doctor ) ¿ Cómo se encuent ra Carlos, mi sabio
amigo? ¿ Tendrá por fin que ir al campo?
DOC TOR - S í ; sólo el cambio de temperamento puede aliviarlo
completamente. Necesita ir a Tacubaya y si sigue mis
consej os partirá h oy mismo.
EDUARDO - D e manera que mi felicidad queda de nuevo a plaza da.
DOLORES - ¿ Por qué, caballero? Hoy hablaré con P iedad y con-
fo rme a m i promesa tendréis una r espuesta dec isiva.
EDUARDO - j Ah, se ñora l (I1I clinándose. )
MA N UEL - Siempre amable, casi tan amabl e como bella. (Dolores
se inclina) ¿ Podemos ver a nuestro buen Ca rl os ?
DOLORE S -En tr ad . señores.
(Al allue"z y Eduardo saludan y entran.)

ESCENA I X

D olor es) Guadalu pe y el doctor.
(L os mo v imientos ráp id os quedan al arbitrio
del actor.)
DOLORES - E spera, Guadalupe .
26 JU S T O SIERR A

GUADALUPE -¿ Qué queréis, niña ? ( Guadalu pe, que iba a salir, se
detiene.y

DOLORES -Aguarda un momento, tengo qu e hacerte un encargo.

DOCTOR -Hacedla salir. (Bajo.)

DOLORES -Imposible, Javier .. . queréis pe rderme. (Bajo .)

DOCTOR ( Alto) Y por eso, señora, vaya agregar algunos consejos
higiénicos al método de curación que ha de seguir " vues-
tro" esposo durante su permanencia en el campo, y si 1')
permitís ... (Toma asiento . )

DOLORES (Aparte) j Días mío, dame valor !

DOCTOR (Bajo) ¡ Lola!

DOLORES (Bajo) Me estáis martirizando . .. ¿ Qué es lo que queréis
de mi? (Alto ) Guadalupe, coloca bien todas las flores en
los jarrones. Ya sabes cómo le gustan a " m i" Carlos.

DOCTOR (B ajo ) Esas palabras, Lola, me han corregído .. . So y un
loco, perdonadme. Esta noche estaré mu y lejos, cuando el
corazón que me ha hecho j uramentos de eterna fidelidad
los repita a " su" Carlos.

GL"ADALLPE (A parte) j Pecho al agua!

DOLORES - ¡ Ah, no, jamás ! ( H ace
mI lIIo,'ljimiento para deten er al
doctor. Aparte ) Me he vendido: .

DOCTOR ( H oje ando el periódico de 1I1oda}) i L ola ! por compasión,
despedid a esa mujer .. . ( B ajo.)

DOLORES (Bajo) ¡No! ... ¡ no !

DOCTOR (Alto) Conque ya sabéis, ejercicio y baños, sobre todo.
¡ H ola ! qué cuento tan romántico. (Viendo el periódico)
O íd.

DOLORES (Aparte) ¿Qué va a hacer?

GUADALU PE (Aparte) j Ya se hunde!
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DOCTOR (Fingiendo leer) "En una deliciosa aldehuela de nuestras
costas, en cuyo derredor se enlazaban la vegetación y el
mar, como un cinto de pedrería en torno de un botón de
oro, entre perfumes de olas y oleadas de perfumes, crecían
dos niños que se amaban tiernamente, que juraban amar-
se hasta la muerte ..."
DOLORES (Bajo) ¿ Me preparáis un nuevo tormento?
GUADALUPE (Aparte) Apostaría a que el periódico no dice nada de eso.
DOCTOR -¿ Verdad que es muy divertido? (Continúa) "Las cari-
cias del sol del trópico reproducen constantemente a Pablo
y Virginia. Nuestros niños crecieron, llegaron a la edad
en que las pasiones se abren paso como un río de lava al
través de los instintos virginales del corazón, y su ternura
se convirtió en una pasión, intensa, voraz, de esas que só-
lo se contentan, mentira, que no se contentan ni con la
posesión del objeto amado ..."
DOLORES (Bajo) Basta, Javier ... j en nombre del cielo!
DOCTOR (e ontinúa) "Los padres de los jóvenes quisieron detener
ya tarde aquella inclinación terrible, y los dos amantes se
separaron, jurando amarse a pesar de la sociedad y a pesar
del honor y a pesar del deber ..." (Dolores quiere hablar;
no puede, y llora. )
GUADALUPE (Aparte) ¿Lágrimas? Esto marcha.
DOCTOR ( Continúa) "El j oven se consagró a la ciencia, y todas
las noches durante dieciocho años, se arrodilló ante la ima-
gen de su amada, repitiendo sus juramentos ... Ella se
casó con un millonario ..."
DOLORES (.Muy agitada) Guadalupe, ve a preparar mi saco de viaje,
anda ...
GUADALUPE (Aparte) j Perdida! ... Ya soy camarista de la ... (Vase
por la izquierda.)

ESCENA X

Dolores. El doctor.
DOCTOR (Arrojando el papel y sentándose junto a Dolores, que se
ha cubierto el rostro) Un mes hace que os encontré, más
28 J U S T O SIERR A

bella que cuando erais niña, y cuando un a noche las enfer-
medades de ese hombre me pusieron a vuestro lado, juré
deciros alguna vez: Lola mía, mi amor eterno, ¿ rec uerdas
nuestros quince años?
DOLORES -j Oh! i me vuelvo loca! ... ¡piedad, Javier, piedad ! . . .
¡ ah! mi hij a, j Dios eterno, piedad en nombre de mi
hija! .. .
DOCTOR -Piedad decís . . . i ah, sí ! ... ¿ y vos la habéis tenido de
mí, señora? . . ¿ Vos a quien no pu ede sed ucir el amor,
pero a quien sedujeron el oro y la opulencia ? . . . Yo tam-
bién os lo digo, Lola . . . piedad para el hombre a quien
habéis hecho desgraciado .. .
DOLORES - j Pero esto es un castigo de Dios!
DOCTOR -Palabras sin sentido, Lola . . . ¿ Por qué os había de cas-
tigar aquel que escuchó vuestros primeros juramentos de
amor y bendijo luego vuestras promesas nupciales, aquel
que es sólo una palabra con que el hombre apellida la difi-
cultad? . . . No... mi razón se subleva contra el que os
ha permitido engañarme, y al cabo de dieciocho años de
martirio, me arroja en vuestra senda para calcinar mis
huesos con la hoguera de un amor imposible ... (Dolores
quiere arrodillarse; el doctor la detien e y la abraza ) No,
sobre mi corazón y para siempre, Lola.. . ¡ O h! así te
quiero, así te he soñado, despreciándolo to do por mí , co-
mo en aquellas horas delíciosas que pasábamos en otro
tiempo .. . ¿ Recuerdas, Lola, cuando nos perdíamos entre
los manglares del estero, mientras el sol se apagaba en la
mar, y se dormían las flores ; mientras la brisa, caliente
y olorosa, cantaba en las copas de los cocoteros? ... ¿ Re-
cuerdas? ¿ Cuando el agua besaba tus pies desnudos, y '
aquel beso me daba celos? j Ah ! ¿ P or qué me hiciste
entonces tan feliz, entonces? .
DOLORES - T e am . ..
PIEDAD (Dentro) ¡Mamá!
l'
ESCENA XI

D olores. P iedad, en traje de calle. E l doctor.
PIEDAD (Al doctor, con mucha frialdad) i B uenos días!
p l E D A D 29

DOLORES (Con emocián'y Piedad, hija mía, d éj ame a brazarte ...
i Ah! ¿ dónde habías estado, picar uela ? . . . i V aya!
j y q ué
bonit a está s ! ( La cubre de beso s) j Cómo t e sienta este
peinado! . .. Mirad, doctor, i qué sonrisa tan pura! .. .
(Aparte ) Gracias, hija m ía: me has sal vado . ..

PIEDAD - j Qué buena eres, mamá!

DOLORES - ¿ Sabes? N os vamos a Tacubaya; allí solas pasaremos
una temporada de paraíso.

PIEDAD - y cura re mos a nuestro enfermo, ¿ ve rdad?

DOCTOR - S í, Carlos lo que necesita es el amor de vosot ras .

PIEDAD - Pue s lo tendrá de sobra . . . ¿ N o es cierto , mamá ?

DOLORES (Al doctor) ¿ Verdad que es muy si mpática ?

DOCTOR - Señora . .. Piedad es el r et rato de su padre; debéis ado-
rarla. ( T om ando su sombrero .)

DOLORES (Apa rte ) E s implacable. [A l doc tor] ¿y no nos visita réis
en el campo, doctor?

DOCTOR -Señora : piens o tomar en V eracruz el paquet e del 21,
para regresar a Europa.

DOLORES (Aparte) j Partir! partir sin q ue yo le vuelv a a ver .. .

PIEDAD - ¿Os vais ? [Ap arte ] ¡ Q ué gust o! ( Con angu stia ) ¡ M a-
má! .. . ¿ Qué ti enes? . " ( Dolore s se aprieta el pecho )
i A h! ¿ que t e duele aquí ? . . Háblame . .. ¿ qué sientes?
(Hace un m ov im ien to para llamar ; Dolores la d etien e )
¿ N o? ¿ N o quieres que yo llame ? Pues habla . " ( S 0 -
llos ando i mírame . . . i D ios mí o! i Di os m ío !. " (A l
doc to r) Señor, no la veá is con esos o jos.

DOLORES ( Después de as pirar un frasco qu e el doctor le presen ta )
¿ Te asustast e mucho, mi vida ? E s ese do lor nervioso que
m e hace sufrir tanto; pero ya pasó: cálmate.

PIEDAD - ¿ Yana sientes n ada ?

DOCTOR (I ncliná ndose y Señoras . . .
30 JUSTO SIERRA

DOLORES -Piedad, acércame ese cojín. (Al doctor, bajo y rápido)
Dentro de una hora, en Tacubaya.
(Vase el doctor por el fondo.)

PIEDAD -j En santa hora! (Por el doctor.)

ESCENA XII

Dolores. Piedad. Luego Guadalupe.

PIEDAD -Tú sufres, mamá; tienes el semblante muy alterado.

DOLORES -No te aflijas; son males pasajeros.

PIEDAD -No, hace tiempo que conozco 10 que padeces; dime: papá
es muy colérico, ¿no es cierto? j Perdónalo ! ... j Está tan
enfermo el pobrecito!

DOLORES -No, no es eso; tú te figuras no sé qué ... Mira, ya es-
toy contenta, dame un beso.

PIEDAD -Un millón. (S e besan) ¿ Quieres que hablemos ahora de
mí? ¿Olvidas qué día es hoy? (Sonrojándose.)

DOLORES -No recuerdo ... Me vaya vestir; es preciso que esté
pronto en Tacubaya.

PIEDAD -Eso es. .. Ya te vas, sin decirme una palabra de ..•
Como tú quisiste que se aplazara para hoy.

DOLORES -jAh, es cierto! ... Hoy debes responder a esos señores.
[Aparte] j Dios mío, no la separes de mí! [A Piedad]
Bueno ¿y qué les diremos? ... ¿Amas a Eduardo?

_PIEDAD -Creo que sí... ya ves que es guapo, que sabe mucho
y me dice cosas muy amables.

DOLORES -Eso no basta, hija mía; ese no es el verdadero amor.

PIEDAD -¿ Qué cosa es el amor, mamá?

DOLORES -Es la voz del corazón que se sobrepone a todo.
p 1 E D A D 31

PIEDAD -j Ay! eso me dijo Eduardo el otro día y me dió mucho
miedo. Tú dirás cree que el amor podría hacerme ol-
vidar hasta de ti (Dolores hace un movimiento) Sí;
pero yo le dije que eso nunca me sucedería.

DOLORES -¿ y qué otras cosas te dice ese joven?

PIEDAD -Cuando le digo que la prueba de que lo quiero es que
me voy a casar con él, se ríe mucho y me cuenta cosas
que me espantan.
DOLORES -j Ah! no sé cómo tu padre permite que Eduardo ...
PIEDAD - y una ocasión que veía que yo iba a llorar, me enseñó
un libro francés en que todas esas cosas entusiasman ...
Yo te lo juro, mamacita, yo no sabía que ...

DOLORES (Sobresaltada) ¿ Por qué te turbas? . .. ¿ Dónde está ese
libro?
PIEDAD (Muy turbada) Está en mi cuarto ... No, no vayas a ver-
lo; dice cosas malas ... es la historia de una mujer casada,
Silvia, que ...

DOLORES -j Hija de mi corazón! ... ¿ Cómo has podido leer eso?
PIEDAD -No lo conocía, perdóname; pero no tengas cuidado: yo
sé que eso no puede ser; yo sé que es imposible . ..
DOLORES (Con creciente emoción) Sí; debe ser imposible. Sin em-
bargo, hija mía, cuando alguna vez una mujer tuviese la
desgracia. " porque las hay muy desgraciadas ...
PIEDAD -Pero, mamá, esa Silvia tenía hijos.
DOLORES -Aun cuando así fuera ...
PIEDAD - j Oh! no, madre mía, no la defiendas; esa era una mujer
maldita.
DOLORES -j Calla! j Calla! (Aparte) j Mi hija me ha maldecido!
PIEDAD -¿ Vuelves a ponerte mala? ¿ te afligen mis locuras?

DOLORES -j Hija mía, nunca pronuncien tus labios de virgen esas
palabras; perdona siempre!
32 J U S T O SIERRA

P IEDAD - Veo que aún no p odremos responder.

D OL ORES - S í, en Tacubaya. Yo tendré una entrevista con ese joven.
(Aparte) He olvidado hasta la felicidad de mi hija, i qué
horror!

P I EDAD - ¿ He de ir contigo, mamá?

DOLORES - N o ... no ... tú irás con tu padre; si no, quién le acom-
pañaría .

PIEDAD (A parte) Es extraño; nunca va sin mí.
GUADALUPE (Entrando) Señora, esta carta.
DOLORES ( Apart e ) E s de él; algú n nuevo martirio. (Lee) j Ah!
(Viendo fijamente a Gwadalupe ¡ Piedad, ve a arreglar tu
saco de viaje.

PIEDAD (Aparte) Algo pasa aquí . .. . Esto es ex t ra ño. (Vase,
iequierda. )

ESCE N A XIII

D olores. Guadalupe,
DOLOR ES (Viendo dolorosamente hacia la puerta por donde se retiró
Piedad'¡ j Soy indigna de bendecir a ese ángel . . . indigna!
¿ Y por qué? . . . ¿ Está ya manchada mi frente? . " j In-
digna! j in digna de mi hija! . . . Primero la muerte. (Rom-
pe la car ta.)
GU A DA L U P E -De modo que puedo decir al señor doctor que no iréis .. .
(Aparte) No vaya a descomponerse la trama.
DOLORES (Aparte) M e ha comprado una cómplice. CA Gu adalupe)
P uedes decir a ese señor que jamás le veré.

GU AD ALUPE -Es el caso que ya se marchó p ara Tacubaya.

DOLORES - Pues yo me quedo.
G UADALUPE - Hacéis bi en en no ir, señora; pues cuando me dijo que
quería v eros por última vez, sufría tanto aquel hombre
p 1 E D A D 33

tan serio, que llor aba como un niñ o, y ya veis que un
hom bre en ese estado es ...

DOLORE S - ¿Llorar, él?

G UADALU P E -Sí, señora, y llorando me suplicó que si no consentíais en
ir a Tacubaya, p rocur ase yo recoger una de las flores que
lleváis hoy en el p ein ado .. .

DOLORES - Y o se la lleva r é. ( A parte) j Oh !, yo le haré comprender
que es preciso separarnos, para que m i hija no llegue a
maldecirme. (Vase, izquierda.)

ESCENA XIV

Guadalupe, Luego Dolores. Un criado .

GUADALUP E -Ahor a sí que no tiene remedio. Aquí le digo a don Ma-
nuel todo lo que p asa . ( S aca un pap el del seno y lo esconde
en u n ramillete ) Ruede la bola y que mi divina abogada
nos pr ot eja a los buenos.

DOLORES (A parece seguida de un criado que lleva u n saco de viaje)
i V amos! j Guadalupe! Al salir , dirá s a Juan que tenga
preparado el coche pa ra el señor. Ya sabes que se marcha
en el tren. ( A par te) i Oh, sí! j es preciso que me olvide!
(Vanse los tres por el fondo. )

ESCE NA XV

Manue l. Luego Carlos y Eduardo.

:MANUEL (R egistra el ramillete y saca el pa pel. L eye ndav "Dentro
de una hora , en Tacubaya. Yo cuidaré de retirar a toda
la gente y dejaré abierta la puerta del ja r dín . P or allí
debéis en trar . N ada de precipitación." ¡Bueno! j Magní-
fico!
CARLOS (Entra apoy ado en el brazo de Eduardo ) ¿ Con quién ha-
blabas, Manuel?

MANUEL -Con el espíritu de un rey mago. Ya sabes que de viejo
me ha dado por la religión de ABan Kardec,
34 J U S T O SIERRA

CARLOS -No es la menos curiosa de tus setecientas metamorfosis.
MANUEL -Por lo pronto, en lo que más me interesa transformarme
es en papá suegro de t u hija. Conque así permi te a Eduar-
do que vaya a decirle flores.
CARLOS -Anda, Eduardo. Piedad no puede menos que apiadarse
de ti:
(Vase Eduardo, izquierda.)

ESCENA XVI

e arios y Manuel.

CARLOS - ¡ Quíera Dios que su matrimonio sea feliz ! i Yo así lo
espero! ¡ Aunque a veces esperamos tanto sin alcanzar nun-
ca nada !
M A NUEL -Tus preocupaciones te hacen desgraciado, i pobre Car-
los!
CARLOS - ¡ Mis preocupaciones! . .. j y bien!, sí , las tengo y me
torturan el corazón. ¿ Recuerdas nuestra vida de jóvenes
solteros? .. . Tú acababas de llegar de Francia, y nosotros,
entusias mados con tus teorías criminales, recorrimos vesti-
dos a la última moda nuestra sociedad, murmurando en
los oídos de todas las mujeres palabras de seducción y lle-
vando g rabada en nuestro estandarte la palabra adulterio ...
¿ Recuerdas?

MANUEL -Sí i tiempos pasados! (Suspirando.)

CARLOS -Recordarás también que yo era el favorito de la banda ;
que nadie contó más conquistas, ni envenenó mayor nú-
mero de matrimonios.

MANUEL -Exito brillante que prueba que aquí y en todas partes
son las mujeres lo mismo.

CARLOS - ¡ Pues bien ! Te aseguro que cada vez que profanaba la
fe conyugal, que me deslizaba como una víbora por entre
la tranquilidad de una familia, esta idea, vibora también,
se me enroscaba en el corazón: ¿ me sucederá a mí lo
mismo?
p 1 E D A D 35

MANUEL - ¡Ah !
CARLOS -¿ Por qué ese g esto sombrío ... por qué me miras así?
¡Ah!, no me hagas sufrir más de lo que sufro ... por tu
culpa.
MANUEL - ¿ Por mi culpa? no comprendo.

CARLOS -Sí, cuando tú te volvías a Francia y yo te confesé el
mal estado de mi salud: cásate, me dijiste, ahora es tiempo.
De esto hace diecisiete años; diecisiete años de martirio,
porque estoy seguro de que mi esposa no me ama; que
por amor a la opulencia se casó conmigo. . . y la víbora
de mis años de calavera está aquí, está en mi corazón, y
desde que la ciencia no puede luchar con mi enferme-
dad, desde que el dolor se me clavó en el pecho, mis sos-
pechas son cada día más horribles.

MANUEL -Lola es joven aún, y bella.

CARLOS -Sí, y yo por ex periencia sé que es muy fácil engañar a
un marido enfermo y casi ciego.

MANUEL -Sobre todo, si el médico es el seductor.

CARLOS - j Oh !, no me atormentes así , si es cierta tu amistad. Oye:
frecuentemente recibo anónimos con el verso que perdió a
Marino Faliero ... i Si yo pudiera saber el nombre del que
ejecuta semejante infamia! ...

MANUEL -Yo sé ese nombre.

CARLOS -¿ Quién? . . . ¿ Quién es? ..

MANUEL -Yo.

CARLOS - ¿ Tú ? ... j miserable!

MANUEL -j Pobre Carlos! ... Tu mujer te deshonra.

CARLOS (Queriendo incorporarse) I Mientes! I Mientes! infame ..•
jviejo vil! •. .

MANUEL - Y o creí [que] corno mañana debo ser padre de tu hija.
podría decirte la verdad.
36 JUSTO SIERRA

CARLOS -Si ere s un caballero , prométeme qu e si no es cierto 10
que dices, nos batiremos a muerte.
MANUEL - H e aquí mi mano. Antes de una hora te diré: he aquí
la prueba. Mira este billete. (Carlos lee con rabia el papel
que le entrega Manuel) N o me preguntes nada ... Vamos
a sorprenderlos. j Eduardo! (Acercándose a la puerta ie-
quierda.)
CARLOS - j Voy a bañarme en sangre ! , . . ¡ Ah! bien me 10 decía el
corazón ... eso me había de suceder .

ESCENA XVII

Carlos. Manuel. Eduardo. Luego Piedad.

EDUARDO - S eñor , Piedad ha llorado mucho y dice que esta noche
responderá en Tacubaya, donde la espera su mamá.
MANUEL - ¡ Bah! (Aparte) ¡ Malditos retardos !

SIRVIENTE -Ya está el coche. (Desde la puerta del fondo .)

CARLOS -Conque llorando. " ¿ por qué?

MANUEL (A Carlos) Tard émonos más y no los sorprenderemos.

CARLOS - j Sí! j si ! . . . Vámonos en el acto.

PIEDAD (Entrando por la izquierda) ¿Y yo no voy contigo, papá?
(Ap arte) j Qué agitado est á!

CARLOS -No, no puede ser; irás de spués; con migo es imposible.
pmDAD -Lo mi smo me dijo mamá. ¡ Pues señor! . . .
CARLOS - L o mismo ¿ eh? j N o quiso que fueras con ella! .. . Es
porque tu madre .
MANUEL -¿ Qué haces? Vámonos ...
CARLOS -j Vámonos, me sofoca la sangre ... Eduardo, hazme fa-
vor de traerme mi revólver.. . está sobre mi escritorio.
(Va E duardo, derecha) Tú, P iedad, irás después. (Sale
por el fondo.)
p 1 E D A D 37

PIEDAD -Está bien, señor. ( Como atót~ita.)

EDUARDO (Entrando con el revólver y pasando por el segundo tér-
mino) Adiós, divina.
PIEDAD -Decidme, Eduardo ... ¿ qué es lo que aquí pasa?

EDUARDO -Nada: pecadillos de las señoras e impertinencias de los
maridos. (VGSe fondo.)

PIEDAD (Queda un momento en abstracción, hasta que se oye el
ruido de un coche) j Mi madre... mi madre,.. cielo
santo! . " esto es horrible ... no sé qué peligro la ame-
naza, y yo estoy lejos de ella ... ¿ Qué hacer? . , . i Inspí-
rarne, Virgen santa! (El reloj da las doce) ¡Ah l, m e voy
por el tren. Yo llegaré antes que ellos ... Es un aviso del
cielo. (Vase apresurada, por el fondo.)

CAE EL TELOK
ACTO SEGUNDO

Tacubaya.
En el cuarto de Lola.-Puerta al fondo C01l portier. Otra, a la iz-
quierda. A la derecha, en el seg undo término, v entana por donde pene-
tran algunas enredaderas, entre las qu e cuelga una elegante jaula vacía.
En el prim er término la pue rta del dorm itorio de Lola, cerrada. En
m edio ; segundo término, una mesi ta con su lámpara de porcelana. Un
Cristo, libros, flores, espejos, sofá, sillas, una arpa.
Todo con m ucha elegancia.

ESCENA 1

El doctor. Guadolupe.
DOCTOR -Cualquier demora podría sernos fatal. Esos hombres no
tardarán sin duda en llegar, y todos mis planes quedarán
frustrados.
GUADALUPE -Pero ¿ qué pretendéis?
DOCTOR -Pretendo convencerla de que me ama -aú n, y de que es
preciso huir a toda costa.
GUADALUPE -Tiempo hay para eso.
DOCTOR -Te digo que no. Mañana esa mujer se encontrará doble-
mente mortificada pensando en el matrimonio de su hija,
a quien tal vez quiere más que a mí ... y todo será im-
posible.
GUADALUPE -Pero después sería más seguro, porque estando separa-
da de la niña Piedad ...
DOCTOR -No; pueden sobrevenir obstáculos. En fin, eres mi es-
clava; bástete saber que yo 10 quiero. Tu señora ha de
abandonar hoya su marido y a su hija.
JUSTO SI ER RA

GUADALUPE - j H um! es difícil .•. sí, muy difícil.
DOCTOR -Por eso 10 hago. ¿ Quién te ha dicho que yo he venido
al mundo para las cosas fác iles? ¿ Quién te ha dicho que no
nací para- romper el obstáculo? . . Tú no sabes eso . . .
pero, mira , si t ú fueras una dificultad para mí, ya estarías
de rodillas o muerta.
GUADALUPE - j Jesús me valga !
DOCTOR - P ara ello no necesitaría gran cosa, apretánd ote la mano
podría infiltrar en tu sangre la gangrena ...
GUADALUPE (Aparte) Este hombre me da miedo.
DOCTOR - N o te espantes ; te he dicho que si bien me sirv es, todo
10 tendrás. .. si no . ..

GUADALUPE -¿ D udáis, según eso, de mí?

DOC TOR - j Y cómo no dud ar, desgraciada, si eres una mujer!
GUADALUPE - j Ah !
DOC TOR -Pero de 10 que sí no dudo es de que me tienes mucho
miedo, y de que el miedo te contendrá .
GUADALUPE (Aparte) Sí, pierde cuidado, que ya me contuvo.
DOCTOR - P ero es preciso que yo vea a tu seño ra. ¿ Allí dices que
está ? (Señala la alcoba.)
GUADALUPE -Sí, señor, allí. r ezando.
DOCTOR - Bien. Cu ida de la entrada principal. El jardín abierto,
para que yo pueda salir a tiempo. La puerta vigilada. para
que los otros no entren sin que yo 10 sepa. A nda. (Vase
Guadalupe) j Rezando! ... Quiere decir qu e tiene miedo
de ella misma. Acabemo s de una vez.

E SCE N A JI

El doctor.
DOCT OR eAl llegar a la pu erta se de tiene y dice : ) Fuera de mí co-
bardes pen samientos . . . j A h !, qué horrible daño me causó
mi anciana madre, hacién dome creer y adorar , cuando era
p 1 E D A D 41

rnno, en ese fantasma torpe que llamaba Dios.. . ¡Dios!
yo 10 soy; mi divinidad está en mi inteligencia, arde en mi
corazón . . . Lo demás es imbécil. Este vago temor que se
[ha] apoderado de mí, viene de los recuerdos de m i pri-
mera educación que aún duermen. en mi cerebro ... Esa
mujer debe ser mia, porque mis in stintos 10 piden, porque
mi voluntad lo ordena. . . y lo será. Pero. . . ¿ y el obs-
táculo? ... Me han dicho que se encuentra en México ...
yo la he buscado en vano. " i eh l preciso es acabar hoy
mismo; mañana .. . ¿ y qué? ¿ Me he ocupado yo alguna vez
de "mañana"? (Abre violentamente la puerta de la alcoba.)

ESCENA III

Dolores. El doct or.
DOCTOR (En ademán de entrar) i Muy bella!
DOLORES (Saliendo) No entréis. Aquí nació mi hija. (Se dirige a
la v entana.)
DOCTOR - D escuida d. "Vuestro" Carlos no llega aún. Aún habrá
tjempo para hacerme infeliz o venturos o. (Dolores se sien-
ta) Dolores, ¿ habéis r ezado mucho?
DOLORES - He pedido a Dios, J avier, que me diera ánimo para de-
ciros mi invariable determinación.

DOCTOR - An t es. oídrne un solo momento.

DOLORE S - I m posible, Javier, imposible. El de be r me manda no es-
cuchar de vuestra boca otras palabras que las que p ronun-
ci éis al despediros de mí para siempre.

DOCTOR - j Vuestro deber! . . . ¿ y no lo era po r ventura el de se-
guir nuestros primeros juramentos? . .. ¿ no 10 era a ca so
el de haber permanecido fiel al ho mbr e que amabais, y no
haber m entido, halagada por el brillo de la opulencia y d e
la riqueza, al pie del altar, ante el Dios que, según vuestra
r eligión, mira hasta en el fondo de las conciencias? ... ¿ y
no me habéis jurado a mí, cuando hace diecio cho años nos
separábamos con el corazón sangrando de do lor, que m e
amaríais, aunque para ello fuese preciso pasa r po r sobr e
vuest r o deber? . .
42 JU S T O SIERRA

DOLORES - j Oh, sí! pero no por sobre m i hija. Eso no 10 he ju-
rado nunca.

DOCTOR - V uestra hija, señora . . . me estáis atormentando . ..
Vuestra hija me recuerda que habéis sido de Carlos,
que . . . Me recuerda la felicidad infi nita de ot ro homb re,
y explica el infierno que hay en mi alma .. . No, Dolores,
no me habléis de vuestra hija . . . No me creo capaz de
sufrir tanto.

DOLORES -¡Dios mío!

DOCTOR -Pero explicadme siquiera vuestra conducta, Dolores;
disculpad vuestro olvido.

DOLORES - j Disculparme yo ! si no puedo, Javie r , si no . .. pue-
do .. . si vos tenéis razón .. . Un día todo lo olvidé por el
amor a la opulencia y al lujo .. . El cie lo sabe si he su-
frido bastante para expiar ese momento fatal.

DOCTOR -j Ah!, Y mientras que vos labrabais mi eterna desgracia
¿ sabéis cuál ha sido mi vida? . ..

DOLORES - ¡ Callad! no me digáis nada, no quiero saber nada ; mi
conciencia me prohibe escucharos . . . Ya os lo he dicho.

DOCTOR - ¡ y bien! Oídme a pesar de vuestra conciencia.

DOLORES -Me dais miedo, Javier. . . ¿ Qué queréis?

DOCTOR -Lo que yo quiero es que me escuchéis una vez sola, que
sepáis hasta dónde ha llegado mi martir io, que conozcáis
la cantidad de amargura que ha podido caber en mi alma.
(Se oye el silbido de la locomotora.)
DOLORES _0 _¡ El tren ! ellos, Dios mío . .. ¡llegan!

DOCTOR (Toca una campanilla) Esperad.

ESCENA IV

D olore s, E l doctor. Gwadalwpe,
DOCTOR - N o olvides darnos aviso, si ro amo se presenta.
p 1 E D A D 43

GUADALUPE -Aún no puede llegar, señor doctor; ya os dije que debía
venir en el coche.

DOLORES - y sin embargo, mi corazón late violentamente... mi
corazón no me engaña nunca.

DOCTOR (A Guadaiupe¡ Vuelve a tu puesto y recuerda todo lo
que te he dicho.

GUADALUPE -Bien lo recuerdo ; descuide su merced, que eso no se
olvida nunca.

ESCENA V

Dolores. El doctor. Lueqo Piedad.
DOCTOR -Ya veis, Lola, que aún podemos disponer de algunos
minutos; pero son minutos preciosísimos... ¿ Sabéis a
lo que he venido aquí?

DOLORES -A decirme adiós, Javier, a huir de mí para siempre;
porque yo os he engañado, porque no soy digna de vues-
tro amor... porque quiero al menos conservarme digna
del amor de mi hija.

DOCTOR -No, no he venido a eso; he venido a llevaros conmigo,
a obligaros a abandonarlo todo para seguir los impulsos
de vuestro corazón ... porque vos me amáis, Lola.

DOLORES -Sí, Javier, la mujer os ama; la mujer os amará toda su
vida; pero la madre os lo dice hoy por la última, lo oís,
por la última vez: no puede haber nada de común entre
los dos.

DOCTOR -j Y bien! yo no busco a la madre; a mí ¿ qué me importa
la esposa? Yo a ti te adoro. Lola, a ti te perdono todo lo
que me has podido hacer sufrir. . . te perdono el olvido,
el engaño, el perjurio; te perdono mis largas vigilias de
lágrimas, cuando la frialdad de la ciencia nevaba mi ca-
beza sin poder apagar mi corazón. Te perdono todas las
horas de mi vida, durante dieciocho años, pensando en ti,
haciéndote el ídolo eterno de mi existencia, dándote en
mis creencias el lugar de Dios, poniéndote en mis espe-
ranzas en el lugar de los ángeles ... Esa palabra de amor,
44 1 U S T O SI ERR A.

esa pal abra sola te redime a mi s ojos .•. j O h, sí ! Te per-
dono y te bendigo.
DOLORES - ¡ Que el cielo me salve ! ... yo me v uelvo loca.

DOCTOR - Ven, siéntate a mi lad o, como en nuestra adolescencia.
V en, para que hablemos del po rveni r, de dicha, de paraíso.
DOLORES -j Adúltera!
DOCTOR - N o, ena morada, j oh, Lola m ía! ¿ N o te pa rece que el
cielo deb ía esta re compensa a mis dol ores ? A ba ndona esta
cas a que sólo pue de tener para ti recuerdos amargos.
DOLORES -Pero, J avier, ya te he dicho que eso era imposible.
DOCTOR - P orque cre o en tu virtud, L ola ; porque creo [en] la su-
blime ho nradez de tu alma, po r eso te digo: huyamos, hu-
yamos de aquí . . . tú, la qu e has oído mis prot estas de
amor; tú, la que me has dicho que m e am as , n o puedes es-
tar un mo mento más, compré ndelo bien, bajo el techo de
t u esposo.
DOLORES ( Con terror) j Ah ! ¿ qué decís, Javier? Me habéis per-
di do . (A parece P iedad por el fondo.)

DOCTOR - Te h e salvad o. . . ¿ N o ves que tu ex istencia iba a ser
aquí un perpe tuo calvario? . . . ¡ imposible! i cómo po drí as
tú vivir al lado de tu esposo mintiéndole (Desde aquí debe
dar la actriz a esta escena un carácter crecient e de sorpresa,
de ang ustia y de dolor ) amor en cad a minuto, contando
los ins ta ntes de tu vida. por otros tantos de perjurio y de
-
en gano .I ...

PIEDAD (A parte) j Como Silvia ! . ..

DOLORES - Tienes razón .. . huyamos . . . j Abandonar a mi hi ja ! . . .
pero no conoces que m is remordimientos n o me dej arían
amarte. . . i A h ! . . . j Y o pie rdo la razón ! . . .

PIEDAD ( Aparte ) j Oh, D ios m ío, D ios mío ! yo que soy inocente,
yo te lo pido con el alma, enloquécem e .. . j quiero volver-
me loca !

DOCTOR (Arrodillándose ) Cálma te , L ola, cálmate. Muy lejos de
aquí viviremos en paz y mo riremos tranquilos... pero
p 1 E D A D 45

no me digas nunca que no me amas . . . porque sería es-
pantoso, porque me matarías ...

PIEDAD (Haciendo un. movimiento hacia sic madre) i Mad . .. !
(Aparte) No, huyamos .. . (Se d:irige al fondo, levanta
el portier, y al ver a sw padre que llega en ese 'm om en to,
da un grito y corre hacia Dolores, en cuyos brazos cae.
Entretanto dirá:)
DOLORES - .,.¡ J
.1 Oh , SI. ' r
a'vre .
mIO I. Y o.e
t ...
PIEDAD - ¡ Ah!, j misericordia!

ESCENA VI

Dolores. Piedad. El doctor. Carlos. Manuel.
Eduardo.
MANUEL - j A llí están !

EDUARDO - ¡ V a a matarlos! (Al paño.)

:MANUEL - D éjale hacer.
( Carlos se dirige tambaleando hacia el grupo
que forman el doctor, Dolores y Piedad, y
apunta con el revólver. Rápidani ente.v
PIEDAD (Apartando el arma con la mano) j Perdón, padre mío !
CARLOS - j :Mi hija! (Asombrado. )
MANUEL - ¿ Qué es esto?

EDUARDO - j P iedad aquí!
CARLOS - ¡ Ah! j desgraciada! . " Pero esto es un sueño . . . con-
que m i hija presenciaba la .. . j Ah! . " ¡miserable! (A
Dolores.)
P IEDAD - ¡ E scuchadme, en nombre del cielo! . .. Aquí yo soy la
única culpable.
EDUARDO - ¿ Cóm o ? ... ¿ qué significa ?
46 JUSTO SIERRA

PIEDAD -j Padre mío 1, he hecho mal en no habéroslo dicho, pe-
ro . . . (A parte) j Qué suplicio!

DOLORES -j Piedad! ... ¿ qué? .. .

CARLOS -¿ Querrás acabar? j por Satanás! (A Piedad.)

PIEDAD -El doctor J avier . .. suplicaba a mi madre... que le
concediese mi mano ... i Y yo os lo ruego a VOS, padre mío!

EDUARDO -¿ Qué? . " luego.. . no, señor j si esto no puede ser l,
j aquí hay algo horrible!

PIEDAD -¿ Consentís, señor, en mi matrimonio con el doctor?
MANUEL (Aparte) Los doscientos mil huyen, se van los dioses. (A
Carlos) Tu hija miente.

CARLOS -j Déjame en paz! ... Yo sé lo que hago.

MANUEL -j Qué miente repito! ... ¿ N o ves a tu mujer que parece
una muerta?
EDUARDO -Señor, permitidme hablar una palabra con Piedad.
CARLOS -No, déjame hacer ... ¿Es cierto lo que dice esa niña,
doctor Javier?

DOCTOR -Lo juro por la ... (Dolores hace un movimiento dolo-
roso y deja escapar un gemido.)
PIEDAD (Por el doctor) j Cobarde! (Aparte.)

CARLOS -Está bien. (Deja la pistola sobre el velador) Consiento;
pero con una condición ... ese matrimonio va a verificarse
dentro de dos horas. Yo me encargaré de allanar las difi-
cultades que puedan ocurrir. (Movimiento general) Se-
ñora, retiraos. (A Dolores) Vos (Al doctor) vendréis a
las ocho a casaros. (Dolores entra a su alcoba.)
PIEDAD -Padre mío: hacedme el favor de concederme un minuto
de conversación con mi marido.

CARLOS -Sea.
p 1 E D A D 47

ES C E~A VII

Dich os . Guadalu oc,

GüADALüPE ( T rémula)' rápidasnente, a Carlos, qu e se r etira ) S eñor ,
las habitaciones est án ya preparadas.

l\IA~ üEL (Aparte) L legó el momento de a pelar al g ran r ecurso.

GUADALUPE (A M anuel'¡ ¿ Q ué ha sucedido?

:ll A ~ ü E L (A Guadalu pe y S ólo el padr e Villalba puede salva rnos .. .
¿ N o r ecuerdas que nos ha pro metido ha poco deshacernos
de ese hombre ( P or el doc tor ) en un momento dado?

CA R LO S (E ntrando po r la izquierda) Y o sabré la ve r da d, antes de
las ocho .

EDUARDO (Quiere dirigirse a Piedad y Manuel le detien e ) D éj ame ,
pad r e m ío, decirle una palabr a a P iedad. E st oy seguro de
que se sacrifica .

:I1A~üE L - V ale más que vay as a México y le digas a V illalba que
ya es ti empo.

EDüA.RDO - S í ... Tienes razón.
( Vense por la izquierda .)

ESCE :"A VII I

Piedad. E l doc tor.

PIEDAD -Sent aos, caballero. ( Cierra las puertas ,' al llegar frente
a la alcoba d e su madre, dic e: ) j Rezando !

DOC TOR (Apart e ) El dest ino y yo . .. ¡ ya ver ernos l

PIEDA D -Debo, señor , dar.os una ex plicación (A un movimiento
del doctor) ; lo quiero.

DOCTOR -Piedad, podéis dec ir cuanto gu stéis ; pero, antes, p er-
mitidme agradec eros infinito . ..
48 J U S T O SIERRA

PIEDAD - Y o, señor, hice mi deber de hi ja. Esas gracias en vuestra
boca son para mi un insulto . .. Os suplico que no pronun-
ciéis una sola palabra sobre ese particular. N o se os debe
haber ocultado que siento por vos una profunda aversión.

DOCTOR - Señor ita . . . sed conmigo menos dura; si supierais todo
lo que hay de inmenso, de irresistible .. .

PIEDAD - Basta, señor ... no me habléis de esa pasión que yo no
puedo comprender, au nque ho y se me h a revelado en todo
su h orror ... j oh, no l, no me habléis de eso ... acaso me
faltarían fuerzas para cumplir mi obligación. (Aparte )
j Señor!, dámelas para no llorar delante de este hom-
bre . ..

DOCTOR - P ero, en fin, Piedad, ¿ qué es 10 q ue deseáis ?

PIEDAD - U na cosa muy sencilla . .. pensabais embarcaros para
Europa .. . ¿ N o es cierto?

DOCTOR - Sí, " pensaba " .

PIEDAD - S upongo que no pondréis ningún obstáculo a nuestro
matrimonio.

DOCTOR - S uponed.

PIEDAD -¿ Me prometéis, en nombre de todo lo que a ún puede
haber de bu eno en v ues tro corazón, que me llevaréis a
E uropa y allí me permitiréis entra r para siempre en un
convento?

DOCTOR -Niña 10 que me pedis es imposible. (Ap ar te) T rat emos
de hacerla renunciar a la idea del enlace, para ver si me
ayuda.

PIEDAD - P ues bien, seño r ; estoy resuelta a todo: seré vuestra es-
posa: i Dios mío! ( Se cubre el rostro con las manos.v

DOCTO R - Niña, no me culpéis a mí; cu lpad a vuestro padre.

PIEDAD (Inco rporándose) j Caballero! os prohibo p ronu nciar ja-
más en mi presencia el no mbre de mi padre . . . os espero
a las ocho.
p 1 E D A D 49

DOCTOR - Y o vendré . ( Yé ndose por la izquierda) Dolores será
mía.

ESCENA IX

P iedad. Luego Dolores.

PIEDAD -Ahora sí puedo llor ar .

DOLORES ( S aliendo) j H ija !

PIEDAD - j Madre mía ! ( S e arroja en los brazos de Dolores.)

CAE EL TELa N
ACTO TERCERO

L a m isma decoracián que el anterior. L uces.

P iedad. C uadalupe ,

P IEDAD S aliendo de la alcoba ) H ela ya reposa ndo. j Dios mío,
(
qué d ulce y qué bueno es hacer algo po r una madre! . . .
¿ Q ué hora es, G uadalupe?

G CADALCPE -Las ocho me nos cuarto.

PI EDAD - j Ah l, ya se acerca el instante fatal.

G C A DA Lü P E -¿ y estáis decidida, niña?

P I ED AD - D ecidida ( A parte ) a salvar a mi madre.

GüA DALCPE -j y ese pobre ni ño Eduardo, que es t an simpático! . ..
j que en medio de sus locuras os quiere tanto!

P I E DA D - j Pobre Eduardo! Desearía hablar un momento con él . . ,
j Aún no ha llegado de México !
GCADALCPE - S í, niña. Está hablando con su papá. No tardará en
venir .. . ¿ y qué?, ¿ no tenéis miedo de que la presenci a
del señorito haga vacilar vuestra determinación ?

PIEDAD - N o tal; ahora pienso de otra manera que antes. Hace
algunas horas creía que en este mundo sólo es taba destina-
da a cu idar de las flores de mi peinado, y a oír esas frases
suaves y t iernas q ue me producían la m ism a deli ciosa im-
presión que el olor de un pañuelo bañad o en t ube rosa o una
romanza de Weber, Ahora ...
52 J U S T O SIERRA

GU ADALUPE - A hora . . .
P IEDA D - M ira, Guadalupe, si tengo alguna ca na.
GUADA L U P E - ¿ Estáis loca, niña ? .. . ¿ Canas? ... P ues no fal taba más.
Vuest ras 't renzas están ,ricas y limpias como siempre.
PI E DA D - E s extraño, porque lo que es mi corazón h a envejecido.
j Si vieras qué ideas tan raras, tan tristes tengo! Está mi
cabeza corno esa jaula, mi ra, que ha quedado a bierta desde
que se nos escapó aquella calandria que cantaba tan boni-
to . . . N o parece sino que también una calandria se ha
escapado de mi alma . .. Vete, Guadalupe; yo velaré p or
ella mientras dan las ocho.
(Vase Guadalupe, isquierda.v

ESCENA II

[Piedad. ]
PIEDAD - j Pobre madre mía! j Qué trabajo me ha costado con-
vencerla de que el matrimonio sólo se verificaría m aña-
na! . . . i Cómo ha debido sufrir, para llegar a este abi smo,
ella tan buena, tan santa ! . . . j Y qué felicidad la mía, la
de encontrarme aquí! j Oh! No hay duda; fué una inspi -
ración del Señor. Si n o fu era por ese gran consuelo, yo
creo que hubiera muerto. ( V iniendo a la puerta ) Entrad,
Eduardo.

ESCENA III

Piedad. Eduardo.
EDUARDO (Arrojando s u látigo sobre la mesa) Piedad, ¿ acaso Im-
portuno?
PI EDAD - D e ninguna manera, amigo mío, sentaos a mi lado. i P o-
bre Eduardo! Necesitaba veros.
ED UARDO - j Tan buena! (Aparte) Va a decírmelo todo.
PIEDAD -Tal vez , amigo m ío, hayáis creído que yo os podría
olvidar. No, E duardo, no; pe nsaré constantemente en mi
madre, en vos, en el cielo . . . A sí acaso no sufriré tanto.
p 1 E D A D 53

EDUARDO -Luego ¿ sufrís mucho? ..

PIEDAD -Mucho, mucho no. Hay pensamientos consoladores que
atenúan los tormentos de la vida.

EDUARDO -Estáis hablando como una ...

PIEDAD - ¿ Como una anciana, verdad ? Pues sí, es cierto. Me han
dicho que cuando se casan muy niñas las mujeres, es como
si las enterraran vivas. V os me lo habíais dicho, si no re-
cuerdo mal.

ED UARDO -Puede ser . . .

PIEDAD -Pues bien; suponed que mis quince años, que están ya
en .la tumba, han aprendido allí a hablar con un poco de
seriedad.

EDUARDO - E stáis, Piedad, fúnebre por demás. Dejadme hablaros
a mi vez de un asunto verdaderamente solemne. Aunque
es cierto que siguiendo los consejos de vuestra madre,
hasta hoy nada habéis respondido definitivamente a mis
protestas de amor, también es cierto que me habíais auto-
rizado a creer que ...

PIEDAD -¿ Me amabais de veras, Eduardo?

EDUARDO - Y o os amo aún. (Aparte) Y creo que es la pura verdad.

PIEDAD - ¡ Gracias! (Llora silenciosamente.)

EDUARDO - T odo 10 que oigo de vuestros labios, Piedad, me está
indicando que os sacrificáis, y yo no puedo ...

PIEDAD (Poniéndole la mano sobre la boca y mirando hacia la
alcoba de su madre) j Más bajo ... más bajo!

EDUARDO -Piedad, yo lo sé todo, todo; admiro vuestra heroica de-
terminación; pero confirmádmela con vuestra linda boca.

PIEDAD - E dua rdo, yo juro en presencia de Dios que nos oye, que
este casamiento es conforme a mi voluntad, y que única-
mente por mi invariable voluntad va a efectuarse.
54 J U S T O S I E R RA

EDl:ARDO (Ap arte) j Per o est a muchacha no es de es te m undo . . . o
yo he sido un loco toda m i vida! [A Piedad ] Sí , pero esa
volunta d pr ov iene de vuestro amor de hija.

PIEDAD -Entonces, ti ene la bendición del cielo .

EDL\RDO - T enéis razón .. . P erdonadme porque no había co mpren-
di do vuestro corazón, señor ita; o m ej or dicho, co m padc-
cedme, porque sólo me hab éis enseñad o, desde m uy n iño.
q ue la muj er era un juguete hueco que r íe y llora a volun-
tad y que solamente se de be aceptar cuando pudiera con-
verti rse en un premio de lotería .

PI EDAD - N o com prendo.

EDL'"ARDO - V ale más. ( Pausa) O íd, hi ja m ía : yo pido a D ios que
os libr e de semej ante hombre, que n os propo rcion e un
m edio de que vuest r a mad r e se salve sin que vos os sa-
crifiquéis ; sí, Piedad, yo eso le pido; primero, por egoísmo.
po rque ah ora que estoy a punto de pe rderos es cuando
conozco que había en mi al ma un senti mi ento oculto de
cariño y de amor, porque so is m uy buena, P iedad, sí, muy
buena . .. H ast a ahora, yo ignoraba si os qu ería ...

PI E DA D . - j Oh, D ios mi o ! i Co nque era yo t an desgraciada !

EDe ARDO - :YI ás desgracia da de 10 que creéis. Y o no os diré por q ué .
¿ Cre erí ais que detrás de ese matrimonio, mi padre. esa
cr iada . . . y yo?
PIEDAD - j .\ h !

EDL'"ARD O -Sí, habíamos tramado esa villanía; pero hace poc o tiem-
po yo m e cre ía libre de l amor; hoy que acaso es im posible
sat isfa ce rlo, 10 siento brotar en m í . . .
PIEDAD - j P obre amigo m ío ! ... ¿ De suerte que ig noraba is 10 que
era amor? j Ah ! po r eso m e decíais cosas tan singula res
sobr e el amor.
EDL'"ARDO - Sí .
PIEDAD - E ntonces erais más infeliz que yo ...
E Dl:ARDO - Piedad . . . sois un ángel, i y yo que ha bía querido per de-
ros ! . .. i E ste sacr ificio .. . esto es 10 más santo que hay
p 1 E D A D 55

en la tierra! ... ¡Oh! ¿ qué he hecho, D ios mío, de m is
veinticinco años, entregados en jirones al placer, a la pere-
za, al mal? ¿ Qué he hecho de mi juventud disipada en la
orgía, en el juego, en el seno de todas las impurezas, en el
albañal de todos los vicios? . . .
P IEDAD - Ca llad , Eduardo. ¿ Me vais a hacer llorar otra vez?

EDUARDO -Ya que sois tan buena y tan pura, Piedad, rogad por la
noche, cuando se acerca la hora de soñar con los ángeles.
por esos infelices que cifran toda su ventura en el brillo
de sus vestidos, en la velocidad de su caballo o en la blan-
cura de su tez; por esos desgraciados para quienes la vida
es un lugar impuro y que apenas han dado por ella lo s
primeros pasos, dejan evaporarse su corazón como una
esencia al aire iibre; para quienes la mujer es sólo un ob -
jeto de vanidad y de lujo, y las lágrimas son de mal tono.
Rogad por esos miserables a quienes su madre sólo ha
enseñado a acicalarse, y su padre, a reir de todo en este
mundo y a sumar algunas columnas de números; . .. por
mi, por mi, Piedad, y adiós . . . Si permanecéis libre, y al -
gún día vuelvo a encontraros, honrado y digno, ¿ aceptaréis
mi mano, Piedad?
PIEDAD - ¡ Oh! Con toda mi alma.

E D U A RDO -Ad iós .. . (Vase, icquicrda.y

ESCEXA rv

Piedad. Luego Dolores; después Cnadalu pe,

PIEDA D - P a r ece que debo sufrir hoy t odo lo q ue no he sufrido en
quince años . Siento no sé qué desfallecimiento doloroso
aquí dent ro del pecho. . . Con tal de que no vaya yo a
mor ir antes de q ue llegue la hora . .. Mi padre entonces
sabría que yo le he mentido, y mi pobre madre . . . j Ah !
no, Dios mío, dame fuerzas para vivir. ( Entra Dolores.)
DO LORE S - Y a debe ser tarde, hij a m ía; entra y acuést ate. Yo cui-
daré aquí. ¿ L o ves? Estás inquieta , calenturienta ... anda,
m i vida; necesitas dormi r un poco.
PIEDA D - N o lo creas, mamá; estoy bien, y además, he decidido
pasar la noche r ogando al Señor por la felicidad de los dos.
56 J U S T O SIERRA

Tú si ne cesitas descansar aún. V uelv e a tu cuarto ; ¿ qué
no me habí as prometido no salir de él hasta mañana?

DOLORES - j Pobre hija mía ! Yo no sé cóm o pued o mirar de frente
esos tus ojos tan puros y tan limpios.

P IEDAD -Tú siempre llená ndome de alabanzas , mamá; a creerte
a t i, yo sería la muchacha más guapa.

DOLORE S ( A bstraída ) Pero no .. . eso no puede ser; yo he decidido
que no sea.

PIEDAD - M ad re mía, yo estoy tranquila ; ya ves... E s porque
espero; yo sé que la P rovidencia vela por todos los buenos.

DOLORE S - ¿ Y sabes, n iña, si yo soy buena acaso? ¿ sabes si no soy
la m ás criminal de las muj eres?

PIEDAD - S í, 10 sé, y te juro que eres la más santa y la más que-
rida de las madres.

DO LORES - G racias, hija mía; tú siempre encontrarás una gota de
bálsamo en tu cora zón, para las heridas de mi alma; pero
con t odo yo conozco que soy culpable; pero también,
¿ quién me ha impelido? . . . ¿ Por qué tanta ceguedad, tan-
t a a ntipatía para mí?.. Carlos no m e ha querido nun-
ca . .. (El arpa suena como si una mano pasare sobre ella.)

PIEDAD - ¿ O yes, madre mía, el sonido de tu arpa? Se queja sin
duda de que hace m ucho tiempo que la has dejado huér-
fana . Después que con ella he pasado los ratos más de -
liciosos de mi vida.. . i Cómo recuerdo cuando era yo
pequeñita y mi papá me cubría de besos, mi entras acompa-
ñada de tu arpa entonabas aquella divina canción de " O t e-
lo "! j Qué contenta estaba entonces toda la casa! ¡Cómo
nos queríamos todos! (Dolores besa sil enc iosamente la
frente de Piedad.)

GU A DA L U P E (Entrando ) El señor llama a la niña Piedad. (Bajo a
P iedad ) Dice que os vistáis.

P I EDAD - V oy. Mamá, aguárdame un momento. (A G uadalupe,
aparte ) Entreténla. (V'ase, izquierda.)
p 1 E D A D 57

ESCENA V

D olor es. Guadalupe.
DOLORES - Si quieres qu e y o pida al Señor que t e perdone el ho -
rrible mal que pretendías hacerme, prométeme decirme la
verdad sobre lo que deseo saber de ti.
GUADALU PE - j Yo, señora ! si y o no ...
DOLORES - P rom étem elo.
GUADALUPE - P odéis mandar; yo diré todo lo que sep a .
DOLOR ES - ¿ E s cie rto que el casamiento de P iedad se ha suspe ndi do
hasta mañana?
Gt."ADAL UPE - K a es cierto ; va a celebrarse ahora mismo; sólo esperan
al doctor Javier.
DOLORES - V e inmediatamente a de cir a don Carlos que le espero,
para un asunto muy grave.
GUADALUPE - E n el acto. ( Aparte) Eso sirve par a nuestros planes.
L o que es ese ma trimoni o, se . .. ( Hac e Ul1 gesto al salir,
por la i:::quierda. )

ESC EXA VI

D olor es .
DOLORES - j Ya lo sospechaba yo! i Pobre niña! Empeñada en llevar
su sacrificio h asta el último término! . . . Pero p or fin m i
desfallecimiento h a pasado, y si D ios me ha sentenciado a
avergonzarme toda la vida delante de mi hi ja, por lo m e-
no s no estaré condenada a un horrible remo rdimiento.

E SCEXA VII

D olores . Carlos . Manuel.

1IIA:-<UEL ( Trae del brazo a Carlos, qu e anda con m ucho trabajo y
se adelan ta con él hasta donde está Dolores) A quí le te-
ss J U S T O S I E R RA

néis; ha tenido un ataque, y su vista se ha oscurecido un
poco más.

CARLOS - ¿ Debemos estar solos?

DOLORES - E s indispensable.

MANl.'EL - N ada de fuertes emocione s, señora ; ya sab éis que el mé-
dico lo ·ha prohibido . ( D olores hace una señal de desprecio .
A parte ) Ahora sí es tá en tre mi s m anos ; ya ten em os el
m odo de matar al docto rcito. (Saca el r eloj ) Sólo que ya
es un poco ta r de y aún no aparece. (A cercando una silla
a Carlos, qu e perman ece en pie) Siéntate. Conque hasta
luego. (Al salir ) ¿ Dónde estará Eduardo? ( V ase por el
[ondo .)

ESCEN A v rrr

D olores. Carlos .

DOLORES - A h í detrás tenéis una silla.

CARLOS - E stoy bien en pi e. Te escucho.

DOLORES - E s un poco largo lo que tengo que decir.

CARLOS - P ro cu ra ser breve, porque poco falta para las ocho y esa
es la hora del casamiento de Piedad.

DOLORES - E se casamiento n o puede ve rificarse, por lo menos mien-
tras yo v iva.

CARLOS - j Hola! ¿ Y por qué?

DOLORES - Ca r los : no es al padre simpleme nte a qui en hablo ; es al
mar ido, es al j ue z.

CARLOS - r.l e estás exaltando la bilis con tus retícencias; ex plícate.
(Ap arte ) ¡Infame!

DOLORES - Ca rlos . . . yo soy una esposa indig na ...

CARLOS - j D iablo! [ Diablo ! vaya se ntarme entonc es ; vale la pe na.
p 1 E D A D 59

DOLORES -Deja ese t ono que aumenta m i martirio.
CARLOS -j Qué frasecitas te enseñan los médicos ! ¿ Co nque qui e-
re s que yo tenga esa complacencia contigo? Veamos cuáles
son las que t ú has tenido con tu esposo.
DOLORES - S i sospecháis a lgo, Carlos, si ya sabéis mi de sg r acia,
ahorradme este t orme nt o.
CARLOS - :Me hablas en g r iego. i Y o qué h e de sospecha r ! Cuando
vine hace poco , por cierto que ahí de jé m i p ist ola ( Dolo re s
se cstrcm ecc'[ , tenía yo algún temor, es ve rdad ; pero ¡ ca !
vamos sal iendo con que era una in triguill a amorosa de la
seño ri ta Piedad, que me enf ureció sobremaner a, y a la que
puse coto con forme a sus deseos y a los tuyos, según
cr eo .. . po r lo menos , tal debe inferir se de tu estoic o si-
lencio, mi entr as tu hija pe día mi co ns entimiento para ese
matrimonio ; siendo tú una madr e tan excelente, aun cuan-
do no fueses la mejor de la s esposas, ¿ qué que r ías que yo
so spechara fr ente a tu m utismo glacial? . . (Se muestra
fatigad o. )
DOLORES - E se mutí smo es el que ahora voy a corregir, con una
confe síón sincera y leal , com o tenéis derecho de exigír
de mí.
CARLOS - Y o sólo exij o de ti, quer ida, un poco de breveda d, po r-
que ya ve s qu e me fa tigo horriblemente .
DOLORES (A parte) Esa friald ad ficticia m e está dando miedo . ..

CARLOS - A cabemos de una vez; puedes creer que el estar viendo
tus m ovimientos nervios os no es precisamente un espec-
táculo que me hace gozar.

DOLORES - Pero ¿ q ué no has com prendido que se trata de un crr-
m en . . . casi de un cr imen?

CARLOS - ¡ Ah! i Será preciso mandar por la policía!

DOLORES - j Basta ya! A l cabo, vos tenéis tanto como yo la cul pa
de 10 que ha suced ido.

CARLOS - P er o, ¿ qué es ello? Veamos.

DOLORES - Ca rl os, he sido infiel . ..
60 J U S T O S I E R RA

CARLOS - j M ientes ! Te estás levantando a t i misma la má s negra
calumn ia. ¿ Cómo, tú, la mujer modelo, la santa mujer qu e
ha pasado tantos añ os de vigilias al pie del lech o de su
marido enfermo ; cómo, tú, la que jamás ha tenido una
queja para con testar mis reproches, casi siempre inj ustos ;
cómo la niña que se casó para aliviar la miserable sit uació n
de su madr e .. . ?

DOLORES -Carlos, ¿ te fatigas mucho ?

CARLOS -La madre cuya única pasión, t ú me lo ha s repetido mil
veces. cuya única pa sión es su hija, ¿ ha podido arrojar esa
mancha de cieno sobre su frent e honrada ? ¿ Có mo tú, la
que te opo nías al casamient o de Pi edad , po rque Eduardo
era un libertino, al que rer resguardar su ve lo de virgen ,
no advertías que las manos de ese j oven , po r más q ue se
hubiesen manchado con el licor de la orgía, no serían ja-
más tan impuras como la de la que hu biera escrito sobre el
lecho de su marido enfermo, sobre el blanco y limpio de
su hija de quince añ os, la palabra "¡ ad uit erio!" ? Esa ho-
rrible palabra que es el poste de infamia que aísla a una fa-
milia entera en me dio de la sociedad, como a esos p re-
sidia rios en torno de los cuales se forma un corro para
leer en el cartel que llevan al cuello este letrero : " Por la -
drones."

DOLORES -j Ah! ¡ Carlos! . . . Carlos . .. Soy una desg raciada .

CARLOS - S í, desgraciada, no digo qu e no; ¿ pero adúltera ? . ..
E stás loca, L ola ... i no sa bes lo que dices !

DOLORES (Apar te) i Y no haber comprendido ese corazón!

C A R LO S -La mu je r adúltera es la m u jer de los sentidos, es la m u-
jer que se ac uerda del placer im pu ro mientras su hij a une
sus manecitas blancas entre sus rodillas, y se acuerda de
los halag os infames cuando el cabello suave de la niña que
duerme cae como un a caricia sobre su rost ro febril; adúl-
tera es la que se hace llamar por los de má s: mujer de mala
vida, a quien los hombres ven sonr ien do y las niñas salu-
dan son rojándo se; es la que hace viudo a su marido y
hu érfana a su hija. sin haber muerto; y ¡ ay de la hija de
la mujer adúltera! Supón un in stante que educaras a Pie-
dad para ser la qu erida de un rico negociante ...
P l E D A D 61

DOLORES - Oh I, gracias, amigo m ío . . . yo estaba al borde de l
j
abi sm o .. .

CARLOS ( C011 tin a carcajada ) Y yo te he hecho sa lvarl o de un solo
brinco ¿ no es eso?

DOLORES - Q ue ... yo . ..

CARLOS (C011 ira ) j M iserable ! . . . ( S e acerca al oído de D olores,
com o para com pletar la frase. )

DOLORES (Tambaleando ) j A h !

CARLOS - j Todo lo sé ! . . . ¿ Qué quieres que yo haga co nti go ? . ..

DOLORES - )'I á tame mil veces, pero no me martirices ya .

CARLOS (Irónicamente ) Señora: yo disminuiré vu estro de seo de
novecientas noventa y nuev e unidades, y creed , L ola , que
m uy a pesar mío; pero . .. (Com o si buscara algo .)

DOLORES - ¿ Qué. . . qué vais a hacer?

CARLOS - N ada; est oy buscando m i p istol a . . . ¿ N o comprendes
que en estas cosas de ho no r .. . ?

DOLORES ( Agitada) No, Ca rl os, no lo harás . . . eso es imposible .
m ira .. . yo no sé es cierto que le he amado . . . pero .
eso es horroroso yo te juro que ese hombre sól o ha
t en ido mi alma... ¿ est o te ofende ? . . j pero qué qui e-
res ! . . . La idea de di eciocho año s de con sagración, de
amor a mí que le había olv idado, tu comprenderás ... yo
le amé antes de conocerte y . .. pero i D ios mío! ¿ q ué es
lo que tanto buscas? i Ah ! ¡compasión!

CARLOS - j Vamos! No m e hagas aquí una escena de tragedia .. .
E so es de mal tono, querida, y bu eno es en este m undo
q ue hasta la muerte venga de guantes blancos y pañuelo
de batist a.
DOLORES - j Dios m ío! . . . S e me va la cabeza ... t odo da vu el-
tas . .. j m orir ! ( E spa ntada ) j pero y el do lor, Carlos, Car-
los m ío! . .. yo te he ofendido m ucho; pe ro d éjame
dar un beso a mi hij a . . . uno solo a ntes de q ue .
62 J U S T O SIERRA

CARLOS ( E nea l/tra ndo la pistola y exam in ánd ola'y A quí es tá , per-
fect amente ca rg ada . .. j oh! n o t engas m iedo .. . A v er ...
el corazón . . . ya verás, no se sufre n ada. (Apllntál/ do le
al pech o. )

DOLORES ( D e ro dillas y sollozando' ¡ j N o! ¡N o !, tengo m ucho mie-
do . . . n o puede ser . ( D esviando la mano de Carlos. )

CARLOS - .- Asunto de un instante. ( A mart illa.)

DOLORES - j Socor ro ! j So . . . !

CARLOS ( Po nién dole la mallo en la boca ) i Pst! j ps t! . . . nada de
esc á ndalo, n i de escenas . . . ¿ K o qui eres m orir? E stá bien .
Se casará Piedad. A di ós . Ya son las och o.

DOLORES - j Pero est o es h orrible!

CARLOS - j Qué quieres! una resolución irrevocable. Y o sé lo que
es ser un marido de buen co razón . Conque así, escoge :
tu hija o tú ; entierro o m at ri monio.

DOLORES - j Pues bien! j M átam e ! aun cuando tú vieras todas esas
balas en mi corazón, encont rari a esfuerzo suficiente para
decirte t odo 10 que te odio, todo lo que te . . .

CARLOS - S uponed , esposa mía, que a mi no se me antoja sufrir
esas ocu r r encias.

DOLORES - j Las sufrirás! Sufrirás que yo te diga que nunca te he
amado, que toda la vi da de mi cor azón la había yo consa-
g r ado a adorar el recuerdo de otro hombre.

CARLOS - S i, ¿eh?

DOLORES - y ese sí ha sido un adulterio terrible, el haber sid o in-
fiel a mis jurament os de amor, por otr os que sólo han pro-
nunciado m is la bios . . .

CARLOS - S í, ¿ eh?

DOLORES - j Si ! Yo he pensado. y o he soñado con él toda mi vida;
y cuando fuí madre, be n di je a Dios porque en el rostro de
mi hija . . .
p J E D A D 63

CARLOS (C on una explosión de rabia ) ¡ A h ! ¡ maldita ! ¡Conque
eras tan infame ! j Conq ue había tanta prostitución en
t u al ma ! .. . j A h ! sí ... yo te mataré . . . pero antes .
(B usca d e nu cv o en la 111 esa ) Conque había tanto lodo .

DOLORES - j Señor ! . .. perdónam e.

CAR L OS ( Tomando el látigo y cintbr ándol o y ¡Ah! como a una es-
clav a . ..

DOLORES - Q ué! .. . U n látig o . .. i Oh, eso no. no! .. . No .. .
j
Tam ás. ( Retro cedien do ) ¡Socorro ! ... ¡ A mí! . . . ¡A
in í ! ...

CARLOS - ¡ Cob arde ! calla ... ¡ Infierno ! . .. (A l v er entrar a los
demás. )

ESCEKA IX

D olores. Carl os . P iedad 'Y el doc tor por la
izquierda ..LVI anuel por el fondo.

CARLOS -No es nada, se ñores ; he tenido la debilidad de exaltarme
en u na explicación que acabo de tener con mi quer ida
L ola , y ella: ha tenido el mal gusto de armar un e scán da-
lo . " ( A parte) Yo la mataré.

PI EDAD - ¿ Qué habéis hecho, madre mía?

DOLORES -Mi obligación.

PIEDAD -¡Ah!

DOL ORE S - ¿ Tú también tienes un reproche para mí?

PIEDAD -El dolor te hace injusta, madre mía.

CARLOS (Viendo al do ctor que se aproxima a Dolores) D octor,
cuando gustéis, dad el brazo a vuestra esposa.

P I E D AD -Sí ...

DOL ORES -j Imposible! ¡imposible!
64 JUSTO SIERRA

MANUEL (A parte) ¿ y Eduardo? ¿ Dónde estará este muchacho? . . .
CARLOS - E s nuestra irrevocable resolución. ¿ Verdad, hija mía?

PIEDAD - E s cierto.

DOLORES (Separando violentamente al doctor del brazo de Piedad)
j Pues yo no consentiré semejante crimen! (Suplicante)
Javier, no consintáis vos ...

DOCTOR - A veinte pasos de aquí está mi coche: huyamos. (Aparte
y rápidamente.v

CARLOS -j Por Dios! j señora! . . . ¿ qué significa esto?

DOLORES - S ignifica que yo quiero evitaros una infamia; significa
que os abandono a todos ... j Vamos, Javier! (Todo vio-
lentamente.)
MANUEL (Aparte) Dejémosle huir, que así todo se compone.
(Aparte, al doctor) ¡ Por aquí! ¡ por aquí!

PIEDAD - ¿ Pero me dejáis así, madre mía? . . ¡Oh!, tú no me
has querido nunca ... (Llorando.)

DOLORES - j Pronto! pronto, me estoy ahogando.

CARLOS (Queriendo interponerse entre ellos) j Yo la mataré!

PIEDAD - j Padre mío! i mi pob re padre!

CARLOS - ¡ Aléjate, maldita! j Ah! ... Las facciones del mé-
dico .. . ¡ Infierno! N o es mi hija, no es mi hija! ( Con
j
horrible desesperación y saliendo por la puerta del fondo)
j Adiós para siempre, casa maldita! (Vase por el fondo.)

DOCTOR -j Un esfuerzo, D olores, un esfuerzo !

PIEDAD -j Sólo vos me quedáis, madre mía!

DOLORES - j Imposible ... Javier! j N o puedo dar un solo paso! ...

MANUEL - Y o ayudaré.

DOCTOR - V enid pues por aquí.
p 1 E D A D 65

ESCENA X

Dichos. Un magistrado. Guadalu.pe.
MAGISTRADO Deteneos, señores! ¿ Está aquí presente el doctor Javier
-. - j
de Neva?

DOCTOR (COII extrañezav Yo soy ...

MAGISTRADO -Celebro encontraros, señor, porque os he buscado inútil-
mente, y si no fuera por un aviso del señor Villalba, yo ...

DOCTOR -j Acabad, con mil rayos! ...

MAGISTRADO -Simplemente os quería notificar la llegada de vuestra
esposa, que .. .

DOLORES -¿ Qué, qué dice ese hombre? ...

MAGISTRADO -Sí, señora, que no habiéndole hallado por ninguna parte,
se ha dirigido al gobierno.

DOLORES -j Su esposa! ... i su esposa!

MAGISTRADO - S í, señora, casada hace quince años con el doctor Javier,
según consta en piezas justificativas.

DO LORES - ¡ Ah, Dios mío! ... j Conque era mentira! i Conque esa
consagración! i La cabeza! ... i hija mía! ... hija mía ...
j castigada! . " (Cae en los brazos de piedad que, ayudada
de M anuel, la transporta. a un sillón cercana.y
DOCTOR (Que durante toda esta escena habrá dado muestras de
cólera }' exasperación) ¡Condenación!.. . ¿ y quién os
ha traído aquí? . . . j Mi destino fatal .. . el ínfierno que se
levanta en mi camino como un escollo negro! . . . j Yo creí
que me había olvidado! ...

MAGISTRADO - j Ah! j Ya! Queríais ... La señora . .. Me alegro de ha-
ber llegado a tiempo, porque veo que Dios no olvida. ( D o-
lores se estremece) i Callad, caballero, y seguidme!
DOCTOR - ¿ Qué significa esa palabra, miserable? ( Con ira.)
66 JUSTO S I E R RA

.\I A GIST R ADO (Con autoridad) j Vamos, cab allero!
DOCTOR - Piedad . . . pe r mitid que la vea una vez sola. ( Se dirige
a· D olores, que repite las palabras del magistrado con los
ojos abiertos y fijos. )
DOLORES - D ios no olvi da . ..
DOCTOR ( E spontado'¡ ¡Loca ! .. . j E st á loca! . . . (Vase por el fon -
d o, seg uido del magistrado. )

ES CEXA xr

JI anucl. Piedad. D olores. L uego Guadalupc.

lIL\XC E L (A P iedad, qu e llora ) Pieda d , sólo yo te quedo, y t u casa-
mi en to con E du a rdo . . .
G tJ A DA L C P E (EI/trando) U na carta para vos. (A Jfanuel.)
lIU.XCEL ( A br e la carta )' lee ) " Señor padre : H oy parto con mi
amigo M orton y la compañía de mi neros, para A ustralia.
Os perdono todo el mal que me habé is hecho y espero qu e
esta resolución m ía tendrá sob re vos un a bue na influencia.
Eduardo." ( Declamando ) j Imbécil ! i Y haberte educado
yo con tanto esmero , para esto ! . . . j para que al fin le diera
por la ho mb rí a de bien!
PIEDAD -Basta , señ or; t engo necesid ad de estar sola; tú también,
Guadalupe, puedes dej ar la casa.
GCAD.-\U.:PE (A Ma nuel') De manera que ya no soy camarista de la ...
lIL\XCEL - j Anda al demonio! (Vase, fond o.)
Gl-AD,\ LCPE - A ca sa del padre Villalba. (A P ied ad ) Y vos os que-
dáis sola, sola; me ale gro. (Vase, [ondo.y
PIEDAD (Llorando ) j S ola ! . . . ¡ Sola! . . .
DOLORES (Qu e durante to da la escena Iza di cho frases incoherentes,
dice con u oz distraída, [sic] pero 11l uy pcrcep tib lc t }
j No! . . . j D ios no olvida !

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