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PEORO SILLER

CUADl~UADRO
Miguel Ángel IJemmen, FJ)JTOR
PEDRO SILLER

11
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CUADRoS(cuADRO
Miguel Ángel Berumen, EDITOR
Primera edición septiembre de 2001

© 2001, Pedro Siller Vázquez


© 2001, Miguel Ángel Berumen, Cuadro por Cuadro, Imagen y Palabra
Río Danubio 930, Col. Los Nogales,
Ciudad [uárez, Chihuahua, México.

Queda rigurosamente prohibida, sin autorización de los titulares


del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción
parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendido
Para Vidal y Alba
la reprografía y el tratamiento informático y la distribución de ejemplares de
ella mediante alquiler o préstamos públicos.

ISBN: 970-92641-1-7

Edición: Cuadro por Cuadro, imagen y palabra


Editor: Miguel Ángel Berumen Campos
Corrección: Mayola Renova
Corrección fotográfica: José Hernández y Martín Sierra

Diseño gráfico: Gustavo Gómez Quintana

Fotografías de portada: En primer plano foto de Jimmy Hare, tomada el 5 de


mayo de 1911 en el campamento revolucionario de Ciudad Juárez, cortesía de
Photography Collection Harry Ransom Humanities Research Center, The
University of Texas at Austin. Sentados de izquierda a derecha: Pascual Orozco,
Federico González Garza, Francisco l. Madero, Abraham González, José María
Pino Suárez y Gustavo Madero; de pie: Sara Pérez de Madero y Roque González
Garza (el de barba), entre otros. Al fondo: retrato de Brenda Muñoz,
por Jaime Bailleres.

Apoyos especiales:
SMART
Willivaldo Delgadillo
Isidro Samaniego
Dirección de Educación y Cultura del Municipio de Juárez
Walter Servín, Zulema Castellanos, Raúl y Celina Ortega,
Federal Mogul y Roque Carreón

Impreso en EUA
Printed in USA

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CONTENIDO

A manera de prólogo 9

~I
PRIMERA PARTE

'
Decir tu nombre 15
¡,
Papigochi: un rencor viejo 23
\' El relámpago 55
Don Abraham: ese desconocido 81

SEGUNDA PARTE

Chihuahua: la hija mayor 113


Los desencuentros 141
Villa en las ciudades 167
La rueda de la fortuna 187

TERCERA PARTE

Mi stetson negro 213


Nos volveremos a reunir 235
Prisionero de la imagen 265
Materia de sombras 287
111

A manera de prólogo

A mediados de 1939, recibí en mi oficina del Consulado


de México en San Francisco, California, un sobre que con-
tenía documentos acerca de la muerte del primer gober-
nador revolucionario de Chihuahua, Abraham González.
Fue una sorpresa y un misterio porque no mostraba nin-
gún remitente, solamente se podía leer que el matasellos
de correos había sido puesto en Monterrey, México.
Abraham había muerto veintiséis años antes, asesi-
nado en los primeros días de marzo de 1913, después del
golpe militar del general Victoriano Huerta contra el go-
bierno de Francisco I. Madero. Yo estuve muy cerca de
todo eso.
Conocí a Abraham en 1906, unos pocos años antes de
que se embarcara en la aventura revolucionaria, cuando él
era funcionario de un banco y yo una de las secretarias.

9
A partir de entonces fuimos muy unidos. Viví paso a Así que animada por revivir algo de la época revolu-
paso su participación en el movimiento antirreeleccionista cionaria, por dolorosa que fuera, comencé con las prácti-
de 191O; con él compartí el inicio de la Revolución y luego cas espiritistas y así pude escuchar a tres personas que
los días del triunfo; también las vicisitudes cuando fue por razones diferentes cada una, fueron cercanas a Abra-
gobernador de Chihuahua y yo era una de sus más cerca- ham, como Pascual Orozco, Francisco Villa y Francisco
nas colaboradoras. Vázquez Gómez.
Sufrí allí el infierno de la Decena Trágica, es decir Ellos, en las sesiones espiritistas a las que fueron con-
los diez días de la rebelión militar en la ciudad de México vocados, me dictaron uno a uno, o mejor dicho, llevaron
-que después para nosotros en Chihuahua se convirtió mi pluma a través de líneas y de páginas enteras de unos
en casi un mes de terror-, hasta el que fue el día de su cuadernos en los que escribían sus mensajes, aunque en
muerte. aras de la claridad, decidí no respetar muchos de los
Después opté por salir de México. Al principio por- modismos y frases regionales. También, como eran res-
que como cualquier otro maderista escapaba de la furia puestas a mis preguntas, que no tenían al principio más
de Victoriano Huerta; después, porque regresar era des- interés que lo que yo quería saber, tuve que ordenarlas
enterrar recuerdos todavía muy frescos; y al final ya fue después para que no parecieran incoherentes o disparata-
el hábito, la dolorosa costumbre del exilio. das. Rehacer todo esto no era más que reunir materia de
En San Francisco, gracias a que dominaba el inglés sombras.
aun siendo mexicana, y la taquigrafía y la mecanografía, Al releer estos apuntes, incluyendo mis propias re-
no tuve problemas para conseguir empleo, y después pasó flexiones a ratos, he decidido que pueden tener cierto in-
lo que entonces consideré como algo fortuito: me ofrecie- terés porque forman parte de la historia de México y de
ron un trabajo en el Consulado de México, desde donde Chihuahua, por eso he aceptado su publicación, pero so-
he visto pasar buena parte de la historia nacional. l~f bre todo porque quiero compartir mis recuerdos de José
Luego de muchos años, el primero de los documen- Abraham Pablo Ladislao González Casavantes. Yaverán us-
tos que recibí avivó nuevamente la llaga que había estado tedes por qué.
tratando de acallar por tanto tiempo. Al principio recibir
el sobre con el acta fue un misterio, pues no tenía remi-
tente, y además no adivinaba el porqué de esa intención ]ulieta Álvarez
anónima. Luego llegaron otras notas, además de breves San Francisco, California.
folletos sobre espiritismo acompañados por relatos de ex- Primavera de 1940
periencias firmadas con un seudónimo: Arjuna.

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t 11
PRIMERA PARTE
Decir tu nombre

En estación Mápula, Chihuahua, a 24 de febrero de 1914,


el suscrito mayor Agustín Lavanzat, nombrado por el Eje-
cutivo del Estado de Chihuahua general Francisco Villa,
para encabezar la comisión que investigue acerca de la
muerte del gobernador Abraham González Casavantes, así
como localizar sus restos, doy fe de lo siguiente: De que a
los dos postes al norte del lugar que señala el kilómetro
1562 de la línea del ferrocarril central y como a 15 pasos
de la vía hacia el poniente, se encontraron los restos de
un esqueleto humano, faltando relativamente pocos hue-
sos para su complemento y los de menor densidad. Visto
esto por la comisión y reconocida la ropa o más bien di-

'
1
cho, los jirones de ropa que se tenían a la vista, se observó
que una fracción del saco tenía las letras "A. G." y exami-
nados los bolsillos, se encontró en el del reloj uno de mar-

15
ca Omega, y en el del pantalón se encontró un pequeño el interior del tren, supo que al darse cuenta don Abraham
papel muy doblado, en el que se lee un recado que le man- que iba a ser fusilado pidió solamente se le permitiera ob-
dó una señorita, el cual se comprende que recibió a últi- servar el horizonte por unos momentos, fijando la vista
ma hora, pues en él se le daba informes sobre las gestio- en el desierto, sin que en ningún momento solicitara mer-
nes que se hacían para liberarlo de manos de sus enemi- ced o gracia de sus captores. Uno de ellos procedió a dis-
gos y finaliza diciendo "y nosotros Abraham, ¿cuándo ha- pararle por la espalda, acción que los demás imitaron y
brá tiempo para nosotros?" Considerando con esto com- entre quienes se encontraba el capitán Hernando Limón.
pletamente identificados los restos encontrados, se dio por Localizado éste y declarado al respecto, aceptó efectiva-
terminada la correspondiente diligencia, haciéndose cons- mente haber formado parte del grupo que escoltaba al
tar como datos de antecedentes los que siguen: Que al ini- señor González, diciendo que en principio tuvo conoci-
cio de las averiguaciones se tuvo conocimiento de que el miento de que a raíz de que el general Victoriano Huerta
mayor Jovito Orozco, al salir de una cantina en la ciudad tomó posesión del gobierno por la renuncia y posterior
de Chihuahua en los días posteriores a la desaparición del fallecimiento del señor Francisco l. Madero, el señor Gon-
señor González, en estado de ebriedad expresó: "ya le die- zález trataba de levantarse en armas contra el supremo
ron agua a don Abraham" por lo que se procedió a inte- gobierno, y que se encerró en el Palacio de Gobierno ro-
rrogarlo al respecto y confesó como cierto lo asentado aquí, deado de sus incondicionales y otros voluntarios del Esta-
así como que tuvo conocimiento del hecho por medio del do. Que el jefe de policía local e incondicional gonzalista,
Sr. Juan Bravo, maquinista del Ferrocarril Central, quien Ramón Márquez, trató de huir de la ciudad de Chihuahua
dijo que, obligado por la fuerza y con centinelas de vista, al temer que su causa no tuviera el éxito deseado, y al ser
había efectivamente conducido el tren en el que se trasla- aprehendido por las fuerzas federales, se le encontraron
daba a don Abraham presuntamente de la ciudad de Chi- documentos de suma importancia que comprobaban de
huahua a la de México y que fue obligado a detenerse a manera clara el complot que se fraguaba desde el Gobier-
medianoche en un paraje conocido como los llanos de no del Estado encabezado por don Abraham, motivo por
Mápula durante una breve demora. Que alcanzó a ver cómo el cual, el jefe de armas en la ciudad, general Antonio
don Abraham era conducido por varios oficiales internán- Rábago, ordenó la aprehensión del gobernador y poste-
dose en el horizonte para posteriormente escucharse de- riormente a su reclusión fue trasladado a la estación del
tonaciones que no pudo distinguir si de máuser o de pis- ferrocarril central para ser originalmente conducido pri-
tola, así como presumir el regreso inmediato de los oficia- sionero a la ciudad de México, pero al pasar por la esta-
les, pues acto seguido se le dio la orden de continuar la ción Mápula recibieron un telegrama del general Rábago
marcha de la máquina. Por conversaciones escuchadas en en donde se ordenaba fusilarlo, por lo que en una parada

16 17
entre Bachimba y Mápula fue conducido por una escolta que se pusieron en una caja especial que al efecto se trajo
del Quinto Regimiento a las órdenes del capitán Benjamín y finalmente firmando todos los que en ella intervinieron,
Camarena que lo sacó fuera de la vía como a 20 metros y dando fe, yo, de la veracidad de los hechos que fueron
lo fusiló. Por lo confesado anteriormente, se procedió a practicados y relatados aquí. Doy fe. Sufragio Efectivo No
poner a disposición de un juez al capitán Limón a fin de Reelección.
que se determine la correspondiente responsabilidad en Mayor Agustín Lavanzat.
el homicidio, no así al general Rábago quien falleció al
parecer de un paro cardíaco cuando se encontraba dete- Cuando cerré la última página del documento, me di
nido y en espera de su consignación. Se agrega a la pre- cuenta que ya todo el personal del Consulado se había ido.
sente acta que cuando se localizaron los restos del señor Eso me hizo sentir confortable. Veinticinco años después
González se encontró su cuerpo destrozado, lo que hace de haber sido redactado, alguien había tenido la audacia
comprender que al cometerse el asesinato se dejó el cuer- de sacarlo de algún lado y depositármelo en un sobre ce-
po insepulto, lo que dio origen a que fuera devorado por rrado, sin remitente, para hacerlo llegar hasta mis manos.
los coyotes y habiendo motivos fundados para suponer ¿Quién? Alguien sin duda de los que sabían de mi
que el citado señor González fue fusilado y aun recibió el relación contigo, Abraham.
tiro de gracia acostumbrado en estos casos, por estar el
cráneo destrozado como puede verse en los restos que se
1 No encontré sorpresas en el documento, sólo el gus-
to de saber que al final tenías ese breve recado, y sólo por
tuvieron a la vista, tal y como sucede en actos de esta na- J eso había sido posible identificarte; después de todo lo
turaleza y además por haberse encontrado cerca de los 1 que hiciste y luchaste, tu cuerpo fue reconocido por una
!
restos un casquillo se supone fundadamente sea el tiro de nota romántica; eso fue lo único que sirvió para que otra
gracia. En consideración a todo lo anterior, se acordó a vez pudieran decir tu nombre.
última hora formar encima del lugar en donde se encon- Ese reproche final, tan inútil. ¿Ynosotros, Abraham?
traron los restos un montículo de piedras grandes, a efec- ¿Cuándo habrá tiempo ... cuándo habrá tiempo ...?
to de conservar de una manera segura el lugar, por si más No lo hubo nunca. Fui la secretaria amable que co-
adelante se acordare elevar en dicho punto un monumen- nociste, tu compañera a veces, tu confidente siempre. La
to conmemorativo a quien fuera el primer gobernador re- testigo silenciosa de tu soledad.
volucionario de Chihuahua y uno de los más valientes com- No eras un joven cuando te conocí, tenías ya cuaren-
batientes contra la dictadura de Porfirio Díaz. Con esto se ta y dos años, y eso fue en 1906, aunque aparentaras me-
terminaron todas las diligencias levantándose la presente nos, eso sí; y yo era una mujer de treinta años, lo que en
acta, cerrándola con el inventario de sus restos y objetos una provincia es bastante.

18 19
Quiero decirte que cada tarde, cuando salgo de tra- ahora quiero hacerlo sin la rabia y el coraje de antes, sino
bajar y camino un buen trecho para tomar el tranvía que con la frialdad con la que se quiere comprender la deci-
me lleva a mi casa, tengo una buena oportunidad de ver el sión de un ser querido, por más amarga que fuese.
mar, la bahía, y siempre recuerdo que nos quedamos a Voy a escucharlos: a Pascual Orozco, que había sido
deber el mar. tu primer general, y después fue nuestro peor enemigo, y
El mar es enorme Abraham, mucho más de lo que tú finalmente el cómplice de Huerta; a Francisco Villa que
me describías. Pero lo más hermoso hubiera sido que tú estuvo siempre tan cerca de ti, pero a quien nunca le tu-
me lo enseñaras. Entonces sí, hubiera tenido ese aire ro- viste la suficiente confianza; a Francisco Vázquez Gómez,
mántico que dicen que tiene y no este de nostalgia con el porque sólo él puede contarme lo que sucedía en la ciu-
que siempre lo he visto. dad de México mientras nosotros estábamos en Chihua-
Nos quedamos a deber el mar. hua.
Me lo debes, Abraham. Quiero que me hablen de lo que sucedió paso a paso.
Es parte del rencor que tengo contigo ¿por qué Abra- Ahora soy una espiritista convencida que escribe lo que le
ham? Tengo derecho a una respuesta; al menos si pudie- dictan los convocados y así los escucha. Le agradezco a
ras algún día explicarme qué fue lo que pensaste, o qué Madero esta enseñanza.
fue lo que esa noche te llevó a decidir quedarte en el Pala- if Lo lamento, Abraham, pero he envejecido.
cio de Gobierno, cuando todos sabíamos que serías apre- ' Lavejez es una lenta y paulatina separación del mun-
hendido por las fuerzas de Victoriano Huerta a través del do. Cada vez me importa menos lo que sucede a mi alre-
traidor de Rábago. Te fusilarían sin remedio, de la misma dedor. Tengo sesenta y tres años. Quiero ahora que me
manera como los periódicos hacían la reseña de la supuesta dejen en paz, que los vecinos no hagan ruido por la no-
muerte de Madero ¿Por qué preferiste quedarte? che, que la humedad de la bahía no haga estragos en mi
Tus más leales amigos, incluyéndome a mí, te espe- pequeño apartamento. Quiero el silencio y la intimidad
ramos toda la tarde en las afueras de Chihuahua; mensa- de mis recuerdos.
jeros iban y venían pidiéndote, rogándote, que te reunie- Te quiero a ti, Abraham, en este final.
ras con nosotros. La lucha continuaría, podría continuar,
pero tú preferiste quedarte y morir allí.
¿Por qué Abraham?
Ahora, después de veintiséis años de tu muerte, he
decidido que vale la pena intentar hablar con la gente que
te rodeaba y quiero entender el porqué de tu decisión, 1~

20 21
Papigochi: un rencor viejo

A mí la muerte de don Abraham me pesa mucho. Cuando


vivía cargué con su imagen, con su presencia como con un
muro y ahora cargo con la acusación de complicidad por
su asesinato. No fui yo, fue Victoriano Huerta quien man-
dó matarlo porque no le quedaba de otra, porque sabía
que él no iba a transigir, que la revuelta estallaría otra vez
en Chihuahua, por eso lo hizo.
Pero también yo, es cierto, había acumulado tanto
odio contra él, que más de una vez quise que se muriera.
Los dos nacimos y crecimos en la misma región:
Papigochi, él en Ciudad Guerrero y yo en la comunidad de
San Isidro. Sólo que él fue el niño bien vestido, con sus zapa-
tos limpios, la misa dominical y en ella la banca reservada
para su familia, el orgullo aristocrático de una familia que
viene del centro del país, de Guadalajara, lugar pulcro, no

f'1tlfltr1úlai Jb..._.
Blbllotecas

23
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este paraje con un nombre tan poco refinado que casi es rita, él ni siquiera tenía por qué haber estado, usted sabe
impronunciable para ellos, como un trabalenguas: Papigochi. que no era muy rico, pero tampoco era pobre. Pero lo que
Cuando la Revolución, la familia de don Abraham ya sí es cierto es que sin él, quién sabe si este cuento de la
había venido a menos. Conservaban su prestigio social, Revolución hubiera comenzado.
pero los problemas de ellos con los Terrazas -los meros Yofui Pascual Orozco Vázquez, el arriero, el conduc-
meros caciques de Chihuahua-, los había dejado sin gran- tor de las mulas hasta la estación del tren o hasta la fron-
des propiedades; ya no era como antes, como cuando uno tera; el que se pasó buena parte de su vida defen diendo
de sus familiares, Carlos Pacheco, había sido gobernador las cargas de mineral, comerciante en pequeño, sembran-
del estado y secretario de Fomento de la República. Sin do por aquí y por allá; pastor protestante.
duda Díaz los había utilizado en una época como contra- Bueno, a mí no me salen las palabras bonitas como a
peso frente al clan de los Terrazas, pero finalmente por mi compadre Buenaventura Comadurián, que ya le iré
una vuelta del destino, se había decidido por volver a apo- platicando de él.
yar a estos últimos y ellos se la cobraron a los González y Pero como le decía, a mí me jodía la vida un tal Joa-
a los Casavantes. quín Chávez Rodríguez, un protegido del entonces gober-
Nuestras familias no eran amigas, tampoco enemi- nador de Chihuahua, Luis Terrazas: el señor dueño de gran-
gas, pero había una separación muy fuerte, sobre todo des extensiones de tierras y principal sostenedor de la Igle-
debido a que nos habíamos convertido al protestantismo; sia católica. Chávez quiso hacer valer su posición de jefe
no pagábamos el diezmo a la Iglesia católica como en otras de policía en la zona para adjudicarse el monopolio de la
partes y mi padre era el pastor de la comarca; los Gonzá- conducción de metales. Me quiso quitar mi ruta de con-
lez, los Casavantes y otros que llamábamos "de sangre azul" ducción para tenerlas todas él, me vi obligado a ir siem-
eran católicos; nosotros éramos pequeños comerciantes y pre alerta para defender mis cargas, y más que de los ban-
agricultores; nos llamaban "coyotes", que antes había sido didos, era de Chávez de quien tenía que cuidarme. Él que-
un apodo que se les daba nada más a los apaches. ría robarme para después quedarse con la concesión de
Nosotros habíamos sido siempre liberales en el sen- los traslados que yo tenía, y varias veces casi lo logra. In-
tido de que las ideas de Benito Juárez nos garantizaban la clusive hizo circular el rumor de que a mí y a mi gente nos
libertad religiosa, y sabíamos leer y escribir porque leía- iba a mandar a Valle Nacional acusados de insurrectos y
mos La Biblia. Los de sangre azul eran ilustrados pero por ateos. No tenía por qué dudar de sus intenciones, después
otras razones. de todo no seríamos los primeros a los que él mandara
Así que don Abraham y yo estuvimos en esto de la para allá.
Revolución por motivos diferentes, y se lo digo bien seño- Sentía yo no sólo la rabia de la impotencia y por eso,

24 25
...•

cuando escuchábamos al que había sido nuestro maestro su muerte, con mis actos se la pago por adelantado.
de primaria, Mariano Irigoyen, que lo había sido también Le dije que no nomás era yo, que recordara que era
de don Abraham, o cuando don Daniel Rodríguez nos re- una terquedad antigua de Papigochi, siempre levantándo-
unía allá en los patios a medio construir de la estación del se en armas, a cada rato, siempre orgullosos pidiendo jus-
tren del Noroeste, para platicarnos acerca de los escritos ticia, que yo era gente de respeto entre ellos porque había
de los Flores Magón, pues nos daba mucha curiosidad. sabido defenderme, que sabía manejar armas, que cono-
El de los Flores Magón había sido el primer movi- cía el terreno y los caminos a la frontera, que para mí era
miento del que tuvimos noticia, pero ya estaban en el des- más fácil que para otros.
tierro en los Estados Unidos. Sus pronunciamientos con- Cuando yo apenas tenía diez años, en la guerra de
tra el gobierno habían fracasado muchas veces, y una vez, Tomóchic, la gente de la región derrotó varias veces al
las gentes de Chávez nos encontraron leyendo un folleto gobierno federal, la guerra estalló entonces también por
de ellos y nos amenazaron con encarcelarnos. culpa de Chávez que intrigó para nombrar a un pariente
Entonces un día yo mismo fui a ver a don Abraham a suyo recién llegado, como presidente municipal, y que se
la ciudad de Chihuahua, por recomendación de don adueñó de mala manera de tierras del pueblo. El propio
Mariano. Le conté mi niñez en Papigochi, le hice saber que general Porfirio Díaz tuvo que hacerse cargo directamen-
estaba enterado de sus planes y que, aunque no entendía te de la campaña y toda la región de Papigochi se convir-
de política, ni conocía al dictador Porfirio Díaz, estaba dis- tió en zona de guerra y también en símbolo de orgullo.
puesto a todo por acabar con esta opresión que no nos Eso nos servía siempre de inspiración.
dejaba en paz con nuestros negocios y que amenazaba En ese sitio tuvo lugar una masacre cuando el ejérci-
constantemente a nuestra comunidad religiosa; yo sabía to tomó por asalto el pueblo, defendido sólo por cien ha-
que don Abraham, a pesar de venir de una familia católi- bitantes dispuestos hasta el final a morir peleando, y tar-
ca, no era un practicante, era muy liberal, por eso le puso dó nueve días para que concluyera la batalla. No hubo un
el nombre de Benito Juárez a su club. Le di diez pesos oro solo tomochiteco que se rindiera y en medio de los cadá-
para que pagara los gastos del periódico, me acuerdo bien: veres de los hombres adultos, se encontraron los de muje-
El Grito del Pueblo. res y niños, como testimonio de que habían luchado todos
Así fue como me afilié a los antirreeleccionistas, como ju~tos hasta el final.
se hacían llamar los enemigos del principal dictador, de Fue por consejo de don Abraham que apoyamos a
quien decían, era la causa de todos los males del país, in- los antirreeleccionistas para postular a Francisco Madero
cluyendo los míos. Pero se lo advertí desde el principio: a como candidato a la Presidencia. Pero alertas como esta-
Joaquín Chávez, si lo mato, no vayan después a cobrarme ban las autoridades en Chihuahua, mandaron una estre-

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cha vigilancia para que solamente votara gente de su con- del país menospreció al principio nuestra capacidad militar.
fianza. Así que nuevamente no nos quedaba más que el exi-
Por supuesto que ganaron los candidatos oficiales y lio, irnos con familiares o hermanos de religión que esta-
usted sabe que lo peor fue la noticia de la detención de ban en el otro lado de la frontera, o pelear. Por eso apoya-
Madero en Monterrey bajo el cargo de haber injuriado al mos a Madero.
presidente de la república, Porfirio Díaz. Por mi parte, tal como se lo prometí a don Abraham,
Con todo eso nos dimos cuenta de que la lucha así cumplí con levantarme en armas, pero lo hicimos hasta
estaba completamente cerrada, legalmente no podíamos por adelantado el diecinueve de noviembre de mil nove-
ni siquiera defendernos. cientos diez. El día anterior mi cuñado nos informó que
Esos habían sido años de puras calamidades. Las re- Chávez se estaba preparando con 50 hombres bien arma-
cientes cosechas habían sido malas y la última ni siquiera dos para aprehendernos, lo que hizo que nos pronunciá-
valió la pena recogerla. Con la construcción del ferroca- ramos ese mismo d'i1.
rril al Pacífico, las tierras altas que nosotros ocupábamos Así que nos reunimos el dieciocho de noviembre por
y que antes nadie quería, despertaron la codicia de los la noche, que por cierto era una de las más frías que re-
ricos de Chihuahua. Las tierras con mineral subieron de cuerdo. Fue en mi casa de San Isidro, que era también la
valor porque el producto ya podría ser llevado hasta la de mis padres. Era una casa fuertemente construida y en-
frontera en tren, los transportes de mineral serían nomás calada por fuera. En un ala había un cuarto grande que
en tramos cortos, lo mismo que la madera. servía también como la escuela primaria. Allí fueron lle-
El tren trajo mucha gente de fuera que quería acapa- gando amigos y parientes desde las más apartadas
rar todo, comprar todo por las buenas o por las malas. No rancherías, entre ellos algunos que hacía mucho tiempo
respetaban nada. Nomás querían echarnos de aquí a como que no veía.
diera lugar. Mis hermanas se recogieron en el cuarto de mis pa-
Éramos pobladores en lo que antes se llamaban colo- dres y espiaban desde la ventana la llegada de unos y otros,
nias militares, nuestros abuelos habían dado la batalla para rezando por todos los presentes.
contener a los apaches y a cambio un pedazo de tierra; Éramos nosotros cuarenta y cinco hombres. Estába-
pero ahora, ya sin apaches y con ferrocarril, pues ya está- mos los Frías, Albino padre, y sus cuatro hijos; también
bamos en la mira de los ricos. Marcelo, José y Samuel Caraveo; mi padre, Pascual Orozco
Nosotros pues, habíamos sido siempre gente de gue- y muchos más. Aunque don Abraham me había nombrado
rra, de combate, ya fuera contra los apaches o contra los a mí como representante de la Revolución en el distrito, la
federales. Por desconocer eso, fue que la gente del centro jefatura de las armas recayó, por acuerdo entre los jefes

28 29
/

de familia, en Albino padre, mi suegro. Con esas dos victorias y la gente que se nos unía, conside-
No fuimos los primeros, pues días antes, nuestro her- ramos que teníamos fuerza suficiente como para atacar la
mano de religión Toribio Ortega había tomado el pueblo cabecera municipal, que era Ciudad Guerrero. Así que en
de Cuchillo Parado -en la sierra del Pegüis cerca de la madrugada le pusimos sitio y pedimos su rendición.
Ojinaga, en la frontera-, por la misma razón que noso- Durante dos días mantuvimos el ataque, éramos cua-
tros cuando se sintió descubierto. trocientos hombres y a pesar del cerco y de haber cortado
En los distritos de la sierra de Galeana y Guerrero, las comunicaciones, el capitán Ormachea logró avisar a
fuimos más bien los miembros de las sociedades protes- Chihuahua de su predicamento, pero yo ya había organi-
tantes los que servimos como grupos para difundir ideas zado un sistema de avisos, así que cuando llegó el ejército
políticas. En San Isidro los miembros de la iglesia creamos a Ciudad Guerrero, pude emboscar la partida militar y
un club; en Ciudad Guerrero era el pastor protestante Je- derrotarla completamente en el poblado de Pedernales.
sús Grijalba el que tenía a su cargo la formación cívica de Después regresé con ochocientos hombres a Ciudad
los antirreeleccionistas. Guerrero y no tuvieron más remedio que rendirse. Con
Nosotros estábamos en el secreto del levantamiento eso, mi nombre comenzó a aparecer en los periódicos y
y era como algo sagrado, habíamos tejido durante muchos llegaron reporteros de todos lados, inclusive norteameri-
años estrechas relaciones de confianza dentro de una co- canos, deseosos de conocer a los hombres que se habían
munidad religiosa. A la Revolución la veíamos como re- atrevido a desafiar al terrible Porfirio Díaz, al feroz asesi-
dención y como resurrección. Era pues como lograr la vuel- no de Tomóchic.
ta al origen, antes del tiempo este de la injusticia. Así, la Luego, por enfermedades de don Albino, se acordó
Revolución era sagrada. Madero, como le voy a ir dicien- en una junta que se le sustituyera. Me eligieron a mí, des-
do, se montó en ella como en un caballo que le quedaba de entonces fui el jefe.
grande y después en un reparo lo derribó. Con ayuda de mi compadre Comadurián y de don
Primero marchamos sobre Miñaca, que era un im- Abraham, escribimos el 6 de diciembre de 191O, y digo la
portante centro comercial y ferrocarrilero defendido por fecha con mucho orgullo, el primer manifiesto revolucio-
una pequeña guarnición; allí tomamos armas y bastimen- nario en la República Mexicana. En él decíamos que re-
to. Luego ese mismo día regresamos a San Isidro que esta- chazábamos con la fuerza la brutalidad de la dictadura y
ba cerca y atacamos la casa de Joaquín Chávez, y aunque firmamos: sufragio efectivo, no reelección. Al mismo tiem-
tuvimos la decepción de que se nos escapara, a los cua- po, invitamos a amigos nuestros que por esos días anda-
renta hombres que tenía de guardia personal les quita- ban abandonando a los Flores Magón, desesperados por la
mos las armas y el parque, que nos sirvieron de mucho. intransigencia y la cerrazón de éstos, para que se unieran

30 31
a nosotros y nos buscaran apoyos económicos para com- armamento y casi sin nociones de disciplina militar, sin
prar armas y parque. embargo, cada día éramos más y andábamos de victoria
Desde la ciudad de Chihuahua, las fuerzas federales en victoria, con el pecho henchido del orgullo: éramos
al mando del general Navarro se dirigieron a Ciudad Gue- insurrectos.
rrero tratando de recuperarla, eran mil doscientos hom- Pero a medida que crecíamos, el sostenimiento se
bres bien armados; los emboscamos en Cerro Prieto, pero complicaba. No era lo mismo el abasto de cincuenta hom-
a pesar de la sorpresa y de nuestra mejor posición en el bres que el de quinientos y en aquellas pobres rancherías
terreno, tuvimos que retirarnos. Allí Navarro hizo varios era imposible encontrar lo suficiente.
prisioneros, entre ellos a mi tío Alberto, a mis cuñados A mediados de enero de 1911 recibí una carta firma-
Antonio y Graciano Frías y a otros más. Esa fue nuestra
'•¡ da por don Abraham, que andaba por Ojinaga, en la que
primera derrota. Navarro ordenó que fueran fusilados to- nos pedía que nos dirigiéramos al norte del estado con el
dos los prisioneros, y que los que no pudieran tenerse en propósito de apoderarnos de Ciudad Juárez y hacernos de
pie, fueran pasados a bayoneta. Eso nos encendió el odio elementos económicos y militares para impulsar la Revo-
personal contra él. lución. Con el grueso de mis fuerzas salí hacia el norte,
Más que combates eran golpes que les asestábamos a por el rumbo del Cañón de Santa Clara con intenciones de
los federales con ayuda siempre de los campesinos de la tomar Ciudad [uárez. Mientras tanto, don Abraham envió
zona, como fue en Malpaso, donde mandé a recoger las a Braulio Gutiérrez a San Antonio, a urgir a Madero para
botas y demás prendas personales que habían dejado los que ya entrara a territorio mexicano o de plano renegara
federales y haciendo un gran paquete se los envié al gene- del Plan de San Luis. Madero siguió con dudas y le ofreció
ral Navarro con un mensaje que decía: te envío estas ho- una resolución posterior.
jas, mándame más tamales. Don Abraham no cayó en el desánimo, se regresó a
Luego del combate, convoqué a una junta en la que El Paso, donde instaló una oficina en el centro y daba en-
se acordó mandar a José de la Luz Blanco, un hermano trevistas y conferencias anunciando la Revolución; allí tuvo
protestante que había sido minero en Temósachic y el más varias reuniones con los magonistas como Lázaro Gutié-
enterado de lo que sucedía con los floresmagonistas, para rrez de Lara y acordaron de manera informal que trabaja-
que se fuera junto con Francisco Rojas y una pequeña fuer- rían juntos, y esto de informal era porque Gutiérrez no
za hacia Sonora, para activar la Revolución por esos rum- lograba convencer a los jefes del magonismo, sobre todo a
bos, ya que tenía buenos amigos entre los antiguos lucha- Ricardo, de hacer alianzas con otros revolucionarios. Des-
dores de la huelga del mineral de Cananea. pués me enteré que motivados por las declaraciones de
Éramos entonces un ejército sin dinero, con poco don Abraham a los diarios norteamericanos, se le

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apersonaron el italiano Garibaldi, el holandés Viljoen y Las cosas se complicaban porque a insistencia de los
un americano llamado Tom Mix, una bola de aventureros porfiristas, los gringos habían decidido acusar a Madero
todos ellos. de organizar desde El Paso una insurrección en México.
También allí convenció a Ira Bush, un doctor ameri- Por nuestra parte, o sea en lo militar, no podíamos avan-
cano que nos fue de mucha utilidad para curar a nuestros zar porque la plaza estaba bien defendida y llegaban con-
heridos y organizar el servicio sanitario. tinuamente refuerzos del interior, nosotros no teníamos
Después de descansar unos días, pasamos a la ha- armas suficientes ni parque, y las provisiones de boca co-
cienda de San Isidro, y llegando a la estación Moctezuma menzaban a escasear.
nos apoderamos de cuatro trenes de pasajeros y carga, Había que tomar una determinación, don Abraham
con ellos llegamos a Villa Ahumada donde nos enteramos fue el que decidió que Madero tenía que entrar a territo-
de que el general Rábago venía con quinientos hombres rio nacional sin vacilaciones, para demostrar que efecti-
desde Chihuahua con la intención de detener nuestro avan- vamente tenía madera de líder.
ce, así que sabiendo que llegarían por ferrocarril, ordené Finalmente, cuando fue enterado de que ya existía
que se aflojaran los rieles, lo cual me dio muy buen resul- una orden de aprehensión en su contra por los norteame-
tado, pues cuando el convoy se acercaba a Villa Ahumada ricanos y que sería deportado a México, Madero se deci-
se produjo un gran descarrilamiento y el consecuente dió a entrar, y se fijó la fecha para el cinco de febrero, o
descontrol de la tropa. Ahí los atacamos y Rábago se reti- sea el aniversario de la Constitución de 1857, la de Benito
ró casi a gatas a Chihuahua. [uárez.
Les tomamos las armas y las municiones, y nos se- Después de tres días de arduas batallas, la guarni-
guimos a Ciudad [uárez, más bien a las afueras, en el lu- ción recibió más refuerzos comandados por el general
gar que llamaban Rancho Flores, frente a la refinería de Antonio Rábago, y esta vez tuvo suerte y logró entrar a la
metales de la compañía Asarco en El Paso, donde se nos ciudad. Tuvimos que retirarnos. Se decidió que Madero
unieron don Abraham y Toribio Ortega viajando por el no tenía más remedio que entrar a México, pero no por
lado norteamericano. Ciudad Iuárez, sino por la zona de Ysleta, como a ocho
Madero llegó a El Paso, donde lo esperaba don Abra- kilómetros al oriente, para dirigirse ya en territorio na-
ham y comenzamos pequeñas batallas con la intención de cional hacia el poblado fronterizo de Guadalupe, a 20 ki-
tomar la ciudad. Desde su escondite en casa de la señora lómetros de Iuárez, bordeando la línea divisoria.
Hernández, Madero estaba aún indeciso sobre si entrar o Nosotros recibimos órdenes de regresar al distrito
no a territorio mexicano y de hecho estaba esperando el Guerrero por la misma ruta que habíamos llegado y forta-
resultado de nuestras batallas para decidirse. lecernos ahí. El viaje de regreso fue muy diferente porque

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la gente de las rancherías ya estaba enterada de nuestra quiera su bendición, de ahí nos venía el orgullo, de nues-
lucha; mi nombre estaba en boca de todos los rancheros tra lealtad a la causa sin ambiciones ni oportunismos.
porque yo había sido la cabeza visible de los combates de Los magonistas, a quienes entonces veíamos como
Ciudad Juárez, así que se nos adhería espontáneamente y compañeros nuestros, porque aunque tenían diferente
recibíamos apoyos en alimentos y una que otra carabina, programa, compartían con nosotros el rechazo a la dicta-
aunque la mayoría estaban ya muy antiguas y dañadas. dura, tomaron el poblado de Guadalupe, al oriente de Ciu-
Estábamos muy orgullosos porque sabíamos que an- dad juárez, tres días antes de la entrada de Madero, que
teriormente, Madero había enviado a Coahuila el mensaje finalmente no fue el cinco sino el catorce de febrero. Fue-
de que se le esperara el 20 de noviembre en el paraje de El ron las tropas de Prisciliano Silva las que izaron ahí la
Indio, en la línea fronteriza, entonces había llegado allí bandera del que se llamaba Partido Liberal Mexicano con
con dos de sus hermanos y dos sirvientes con la intención una manta que decía: Tierra y Libertad.
de dirigirse a tomar Ciudad Porfirio Díaz -que después Madero, acompañado de don Abraham, llegó
de la Revolución regresó a su nombre original de Piedras coincidentemente o no al mismo poblado y trató de con-
Negras-, pero del lado mexicano sólo había una docena vencer a Silva de que se pasara de su lado, pero éste se
de hombres encabezados por Catarino Benavides, nada negó, pero no así Lázaro Gutiérrez de Lara, y otros que
más. Así que decidió retirarse a San Antonio a masticar su venían con su gente desde Estados Unidos, con buen ar-
amargura. mamento y parque, con lo que la mayoría se pasó con
Venustiano Carranza, según supimos después, se en- nosotros y Silva fue aprehendido porque insistió en su fi-
contraba en San Antonio en noviembre de 1910, le pidió a delidad al magonismo. Al día siguiente fue liberado y se le
Madero veinte mil pesos y mil hombres armados para ini- pidió que se retirara o se le iba a fusilar. Los Flores Magón
ciar la Revolución, lo que por supuesto no le fue enviado publicaron entonces en su periódico Regeneración, un fuer-
por la simple razón de que Madero no los tenía y entonces te ataque a Madero.
ya no hizo nada. Carranza se apareció de manera muy Esto fue terrible para los magonistas, pues provocó
oportunista en Ciudad Juárez al año siguiente, casi en vís- que se dividieran; unos decidieron irse con nosotros y otros
peras de que tomáramos la ciudad, y eso porque Madero se quedaron con el viejo partido y sus ideas muy radicales.
lo volvió a llamar con un recado en el que le decía que si Desde Guadalupe, Madero y don Abraham con su gente
no se decidía a entrar a la Revolución, se vería en la nece- se internaron en territorio mexicano, cruzando las llanuras
sidad de retirarle el nombramiento de gobernador provi- hasta el centro de Chihuahua, por Villa Ahumada, y luego
sional de Coahuila. Nosotros desde el principio no le pedi- llegaron a la montaña, donde los esperábamos.
mos dinero ni nombramientos ni nada a Madero, ni si- Como la primera vez no había sido posible la toma

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de Ciudad Juárez, habíamos convenido con don Abraham Abraham González se expidió el decreto número uno, en
en que lo mejor era hacer nuestra zona de operaciones en el que se establecía que quedaba terminantemente prohi-
la región que nosotros conocíamos bien, tomando una ciu- bido en toda la República Mexicana imponer contribución
dad importante, o sea Casas Grandes, y desde ahí ver si alguna a toda clase de obreros y de trabajadores del cam-
era posible tomar la ciudad de Chihuahua. po, esto como una muestra de lo que sería su gobierno.
Madero necesitaba urgentemente la victoria que se nos Don Abraham firmó como secretario.
había negado en Ciudad Juárez y lo más seguro, como le Madero ahí mismo me refrendó el nombramiento de
digo, era obtenerla en la zona que nosotros dominábamos; coronel que me había dado don Abraham y me prometió
además, había leído la novela Tomóchic, de Heriberto Frías, el grado de general brigadier si ganábamos, y la verdad,
con quien se carteaba frecuentemente y éste a su vez con no me gustó lo fácil que salió de su boca esa promesa. La
don Abraham, por eso tenía noticias también del fuerte sen- cumplió, es cierto, y mi padre insistía en que era natural,
timiento de la población de esa región contra Díaz. pues ¿quién otro como yo se había jugado la vida por su
Nosotros ya de regreso a nuestra tierra, en San Isi- causa?, pero lo cierto es que la fácil promesa es halago
dro, allá en la sierra, nos quedamos sólo un par de días, pasajero, ya verá usted señorita como tenía yo razón.
porque Madero nos llamó para reunirnos en el poblado Allí me presentó con Pancho Villa, a quien con todo
de Galeana, esto iba a ser después de que él tomara Casas mi disgusto le dio el nombramiento de mayor, y le digo
Grandes, pero lo que vimos -y ahí lo conocí por primera esto porque para mí no era más que un simple bandolero
vez-, fue un Madero herido y derrotado después de lo y lo siguió siendo siempre. En esos días también conocí a
que fue su primer hecho de armas. sus asesores militares, Viljoen y Garibaldi que como le dije,
Madero estuvo luego en San Isidro, de visita en casa había reclutado don Abraham.
de mis padres. Ahí con su figura desgarbada y su voz chi- En esa hacienda, Madero dio varias y desconcertan-
llona, todavía nervioso por lo que había sido su primer tes declaraciones de prensa, igual que su hermano Gusta-
enfrentamiento militar en serio, nos habló desde debajo vo que no paraba de hablar sobre algunas eminencias del
de las arquerías del ayuntamiento sobre el programa de la gabinete de don Porfirio, como era el caso del señor
Revolución, con palabras claras y sencillas, diciéndonos Limantour, ministro de Hacienda, y de quien teníamos
que el pueblo recobraría sus derechos cívicos y que ya no noticia porque se había apoderado de un latifundio de
habría más farsas electorales, además de que se acabaría 220 mil hectáreas en las cercanías de Tomóchic, donde
el latifundismo y el maltrato a los obreros. Chávez había obligado a trabajar como esclavos a gente
En la hacienda de Bustillos, propiedad de la familia de la región y que después vendieron a una empresa ma-
Zuloaga, emparentada con los Madero, a iniciativa de don derera americana.

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En Bustillos tomamos la determinación de dirigirnos a Paso, cuando de repente comencé a ver que la gente se
Ciudad Juárez, con el plan original que había trazado don arremolinaba en el exterior para verme y yo, que como le
Abraham, que era el de tomar una ciudad fronteriza para digo, siempre fui muy retraído, sentí que enrojecía al ver
garantizarnos el abasto, o de plano, la huida. Era el camino a la multitud que me observaba y algunos de ellos grita-
que nosotros ya habíamos andado, por lo que nos fuimos en ban abiertamente: "¡Viva Orozco!", hasta que tuvo que in-
ferrocarril hasta Las Varas, cerca de las tierras del norte- tervenir la policía de El Paso para que desalojaran la en-
americano Randolph Hearst y desde donde continuamos a trada y no impidieran el paso de la gente por la calle. Nunca
pie porque hasta allí llegaban las vías. Luego retomamos la me había imaginado que mi nombre sería tan rápidamen-
vía del tren y llegamos nuevamente a Ciudad Juárez, donde te popular. Inclusive, el pequeño cerro en el que se encon-
nos instalamos en los terrenos ubicados frente a la Asarco, traba la casa de adobe era nombrado por la prensa norte-
que ya conocíamos como lugar seguro. americana como el Monte Orozco.
Allí Madero instaló su cuartel general, las reuniones Madero decidió darme entonces el nombramiento de
se llevaban a cabo en una casa de adobe, que le llamába- brigadier general, fue el mismo día que Carranza llegó a
mos la Casa Gris para distinguirla de la Casa Blanca norte- El Paso. En el semicírculo de una barranca, cerca de la
americana, pero la nuestra era pobre, mexicana y revolu- Casa de Adobe, como a las cuatro de la tarde hizo reunir a
cionaria. Pero no crea usted que Madero vivía allí, sino en los dos mil hombres que estábamos a su lado, y algunos se
el Hotel Sheldon en El Paso y cruzaba el Río Bravo todos quedaron en la mera orilla del Río Bravo. Don Federico
los días. Para entonces, los americanos al ver nuestra fuer- González Garza inició la ceremonia amenizada con una
za, se habían olvidado de la famosa orden de aprehensión banda alquilada en El Paso que tocaba música militar. Lue-
contra él. go, Madero parado arriba de un automóvil en lo alto de la
Por principio se firmó un armisticio entre Madero y colina, pronunció un buen discurso acerca de la Revolu-
el general que estaba en esos momentos al mando de la ción y las tareas que nos esperaban.
guarnición: Juan J. Navarro, el mismo que había asesina- Después, se dirigió a mi persona con halagos de todo
do a nuestros parientes y amigos en Cerro Prieto. tipo, reconociendo las operaciones militares en las que
Mientras tanto, el general Rábago permanecía a la había participado y llamándome héroe de la Revolución,
expectativa al mando de las tropas en la ciudad de Chi- me presentó como brigadier general de su ejército.
huahua y no podía llegar esta vez a Juárez porque noso- Don Abraham no estuvo presente porque andaba
tros, por la experiencia anterior, teníamos cortadas y muy organizando el ejército rebelde desde Ciudad Guerrero y
vigiladas las vías de acceso. toda la zona circundante a la ciudad de Chihuahua, con
Una mañana fui a desayunar a un restaurante de El eso nos ponía a salvo de que los federales enviaran todas

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sus tropas a Ciudad Juárez, porque en ese caso don Abra- Una tarde, Madero nos hizo escuchar a los enviados
ham caería fácilmente sobre la capital del estado. Al mis- de Díaz para que opináramos sobre las propuestas que
mo tiempo, él seguía coordinando las acciones en Ojinaga llevaban. La noche anterior había terminado el armisticio
y en otros puntos, al grado de que pudo declarar que en sin que ninguno de los delegados del gobierno hubiera
esos momentos, en seis de los doce distritos de Chihuahua hecho proposiciones claras como para entender qué cosa
ya no había presencia de tropas federales, sino que esta- era lo que querían.
ban en poder de los revolucionarios. En público no dije nada, sobre todo por mi carácter
A fines de abril llegaron al campamento los envia- retraído, pero envié a los emisarios de Díaz una nota es-
dos de Díaz y se iniciaron las pláticas con ellos, Toribio crita por Comadurián en la que les decía que si el ejército
Esquive! Obregón, que decía haber estado con Madero al federal se retiraba de Ciudad Iuárez y entregaba la plaza,
principio como antirreeleccionista; Francisco Carbajal, yo estaba dispuesto a pacificar el estado, después de todo,
ministro de la Suprema Corte; un primo de los Madero: las tropas levantadas estaban bajo mi mando.
Raúl Hernández Madero y un señorito de sociedad medio No me contestaron.
aventurero: Osear Braniff. En la noche terminó el armisticio sin que ninguno de
Las pláticas dizque de paz siguieron y un día Madero los delegados del gobierno, que sólo parecían ganar tiempo,
me llamó para consultarme mi opinión sobre si Díaz debe- hubieran hecho proposiciones que nos llevaran a una paz,
ría de retirarse del gobierno o no, y yo le dije que no era sólo veladas amenazas como las del señor Braniff acerca del
asunto mío. Lo mío, es lo militar, le dije. Yeso no era cier- peligro de una intervención norteamericana, diciendo que
to, pero de momento no tenía idea de qué decir. De pron- era un hecho inevitable si una sola bala caía en El Paso.
to recordé que nunca habíamos tenido en realidad ningu- Pero Madero había cambiado de opinión y quería que
na conversación con Madero acerca de lo que para noso- desalojáramos las márgenes del Río Bravo, retirándonos y
tros significaba la Revolución y que por supuesto iba más nosotros no estábamos de acuerdo, porque considerába-
allá de la renuncia de Díaz. Pero discutirlo en esos mo- mos que era un buen momento para tomar la ciudad y
mentos frente a los enviados del gobierno no era sólo in- darle más prestigio a nuestra causa. Por otra parte, sabía
útil, sino imprudente. Mientras tanto yo veía indecisiones yo que la moral de los soldados federales estaba por los
por todos lados y don Abraham, en quien habíamos dele- suelos. Durante muchos años se habían cometido muchas
gado toda nuestra confianza y con quien sí tuvimos largas tropelías con sus haberes, algunas veces tardaban varios
pláticas, no quería tomar ninguna iniciativa, sino que an- meses para pagarles los 34 centavos diarios que ganaban
daba en los preparativos militares como le había dicho, y y aunque en vísperas de nuestro ataque se les aumentó a
dejaba todo lo político en manos de Madero. un peso diario, nunca llegaron a recibirlo.

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¿Se imagina usted regresar nuevamente, por segun- Tal como lo suponía, Madero me llamó para que inme-
da vez a Casas Grandes, sin haber conseguido nada? diatamente suspendiera las acciones militares, pero le hice
Sólo a Madero podía ocurrírsele semejante cosa. ver que esto era imposible, estaban las tropas luchando casi
Nosotros teníamos prácticamente cercada a Ciudad cuerpo a cuerpo y casa por casa, se habían tomado ya im-
Juárez, que en esa época era el punto más importante de portantes posiciones como era el que toda la margen del
exportación de ganado a los Estados Unidos y que cada Bravo estaba ocupada ya por nuestras tropas y en un movi-
año dejaba a la ciudad de El Paso millones de dólares de miento envolvente se dirigían al centro de la ciudad, donde
ganancia como puerto de entrada. Los ganaderos ameri- estaban las fortificaciones federales, las que yo creía que no
canos habían acordado con don Abraham que se les per- podrían resistir nuestras bombas caseras de dinamita.
mitiera seguir utilizando la vía a Ciudad Juárez y a cam- A sugerencia de Madero envié con gran riesgo de su
bio se entregara un peso por cada cabeza de ganado -que vida a Emilio Campa para que buscara un arreglo con el
en promedio tenían un precio de veinte pesos cada una- general Navarro, pero éste no quiso entregar la plaza y los
como impuesto revolucionario, lo que habían hecho efec- soldados federales no detuvieron el fuego durante el trato
tivo y con lo que podíamos seguir financiando la lucha. con su superior.
Así que consideraba yo que estábamos en un lugar privi- Luego, Cástulo Herrera fue enviado como parlamen-
legiado que no deberíamos abandonar. tario, entrando por el puente de la Aduana sin que los
Entonces le di instrucciones al coronel José Orozco para norteamericanos pusieran algún obstáculo, llevando otras
que con su gente respondiera a la menor provocación de propuestas de Madero que tampoco fueron aceptadas.
nuestros enemigos, pero que lo hiciera rápidamente porque Mientras tanto, a Villa, a quien lo había mandado a la
Madero ya había dado la orden de levantar el campamento retaguardia porque no tenía mucha confianza en él, le orde-
e iniciar la marcha hacia el sur. Sus asesores militares Viljoen né que con sus cien hombres atacara por el sur de la ciudad
y Garibaldi, no estaban de acuerdo con tomar Ciudad juá- y a Marcelo Caraveo que se dirigiera a estación Bauche, por-
rez, argumentando que con la superioridad del armamento que teníamos noticia de que el general Rábago intentaría
de las fuerzas federales, nos derrotarían rápidamente. una acción desesperada de refuerzo a Navarro tratando a
La situación se presentó con un pretexto cualquiera, toda costa de llegar a juárez por la línea del tren.
que mucha gente después dijo que era una razón u otra, Para que usted se pueda imaginar la actitud de Ma-
no importaba, pero tenía que ser rápido para que no se dero con nosotros, debo decirle que le pidió a Viljoen que
diera la contraorden. Inmediatamente me fui a ElPaso para fuera a inspeccionar si acaso era cierto que teníamos to-
afeitarme y allí me llegaron las noticias de que se había madas importantes posiciones, o en caso contrario desau-
iniciado el tiroteo. torizar completamente la acción militar, pero como éste

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le confirmó lo que nosotros decíamos y que las posibilida- movimiento envolvente y el capitán Marcelo Caraveo hizo
des de triunfo eran muy seguras, Madero se abstuvo de que uno de sus soldados prendiera fuego a la iglesia, lo
emitir esa criminal declaración que tenía pensado hacer. que produjo un pánico enorme en la población.
Durante la noche, la ciudad quedó a oscuras, pues la Tras un cañonazo a la iglesia, el enemigo se retiró de
corriente eléctrica era abastecida desde la ciudad de El allí concentrándose en la comandancia, donde fueron cer-
Paso y había sido cortada. Para avanzar, aunque fuera len- cados por Garibaldi y entonces éste interceptó un mensa-
tamente, fueron horadados los muros de adobe en manza- je de Navarro en el que pedía al emisario Carbajal que
nas enteras y al rayar el alba, nuestras tropas estaban ya hiciera un arreglo urgente con Madero; pero Garibaldi sin
muy cerca de las fortificaciones militares, que como le consultar, contestó en su nombre que si no se rendía in-
decía, nuestras bombas de mano las convirtieron en rato- condicionalmente, lo volaría, por lo que después de tirar-
neras. les dos bombas de mano con dinamita, el general Navarro
En la parte sur de la ciudad, es decir en los llanos, el izó inmediatamente la bandera blanca en el mástil del
combate fue muy reñido con las tropas de Villa, pero como cuartel general.
el enemigo tuviera ametralladoras bien emplazadas, hubo La poca gente de Navarro que sobrevivió -hubo cua-
necesidad de retirarse y por la noche siguió el tiroteo por trocientos muertos y doscientos heridos-, estaba casi
toda la ciudad. muerta de sed y en el último día trataron inútilmente de
Garibaldi entró al combate y tomó la plaza de toros, excavar en el pozo azolvado que estaba en el patio de la
lo que fue muy importante porque los federales, ya des- comandancia, pero sin resultados.
moralizados, comenzaron a retirarse a su cuartel general Al rendirse el general Navarro, los malvivientes y
en medio del desorden y de la necesidad de agua, pues no ladronzuelos se confundieron con los revolucionarios y
había ya en ninguno de los sitios y el calor era muy fuerte hubo casos de robo, pillaje, e inclusive incendios. Esto no
en esos días. sólo fue obra de mexicanos, muchos de los habitantes po-
Al tercer día de combate, el coronel José Orozco des- bres de El Paso cruzaron para aprovechar la situación de
alojó a los defensores del cuartel general y el enemigo se desorden y hacer todo tipo de pillerías. Con esto no quie-
replegó a la comandancia de policía y a la iglesia, mien- ro cerrar los ojos y negar que también entre nosotros, los
tras tanto la columna de Villa se fue para cubrir en las revolucionarios, hubo personas que dieron rienda suelta
afueras de la ciudad por donde supuse que el enemigo a sus tendencias reprimidas.
intentaría escapar. Inmediatamente di órdenes a mis hombres de cuidar
A eso de las once de la mañana, las tropas de las tiendas y casas para evitar estos incidentes desagrada-
Garibaldi, las de José Orozco y las mías efectuaron un bles, que bien sabía yo que manchaban a la Revolución,

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sobre todo porque estábamos todo el tiempo observados era que el general Navarro fuera juzgado como criminal
por los corresponsales y algunos de ellos no desaprove- de guerra y le cité el párrafo del Plan de San Luis en don-
chaban ninguna oportunidad para denigrarnos. de se decía que serían fusilados durante las veinticuatro
El 11 de mayo hicimos de Ciudad Juárez la capital horas siguientes y después de un juicio sumario, las auto-
del país y Madero nombró entonces a su gabinete provi- ridades civiles o militares al servicio del general Díaz que
sional: Francisco Vázquez Gómez quedó como secretario una vez estallada la Revolución hubieran ordenado fusi-
de Relaciones Exteriores; Federico González Garza, de Go- lar a prisioneros de guerra. Le expuse directamente el caso
bernación; José María Pino Suárez, de Justicia; Manuel del hermano de mi padre, mi tío Alberto Orozco, a quien
Bonilla, en Comunicaciones. Eran puros desconocidos para después de haberlo hecho prisionero lo fusilaron por ór-
nosotros, pero lo peor fue que hizo secretario de Guerra denes directas de Navarro.
al recién llegado don Venustiano Carranza. Le insistí que yo no quería con Navarro un simple
Cuando Madero anunció su gabinete, a mí me ganó la fusilamiento, pues de haberlo querido lo hubiera hecho
rabia, mi padre, que estaba a mi lado, me agarró fuerte del desde que se rindió, sin tener que consultar a Madero.
brazo para que no fuera a hacer una tontería ahí delante Quería un juicio legal, un juicio sumario como correspon-
de todos, pero lo único que hizo fue retrasar unos momen- día, es decir, un consejo de guerra con todas las de la ley
tos la tormenta, otra tormenta y entonces sí muy canija. para que sirviera de escarmiento a las tropas federales.
Sentí que me hirvió la sangre. Con una victoria tan impor- La segunda era que los miembros del gabinete provi-
tante como la de Ciudad [uárez, era el momento de poner sional renunciaran y se nombraran nuevos ministros de
las cosas en claro. Ya eran demasiadas discrepancias. entre los hombres que habían luchado efectivamente en
¿Dónde quedaba, por ejemplo, el nombramiento su campaña y dado a Madero la capital para su gobierno.
de vicepresidente dado a don Abraham durante la cam- Aquí Madero de inmediato se mostró inflexible, me
paña militar? respondió que él solamente, como presidente provisional,
Dos días después, cuando Madero estaba presidien- tenía el derecho de nombrar su gabinete. Era una prerro-
do una junta de gabinete en el edificio de la Aduana, don- gativa que en esos momentos no iba a poner a discusión,
de era la sede de su gobierno, Villa y yo acompañados de mucho menos con amenazas físicas, como yo lo estaba
diez hombres armados entramos sin previo aviso en me- haciendo en ese momento, aprovechándome de tener gente
dio del salón. Tomé la palabra y dirigiéndome a Madero le armada bajo mi mando.
reproché su falta de cumplimiento a los principios que La tercera demanda era que a nuestros hombres no
nos había enseñado con anterioridad don Abraham sobre les habían pagado, no tenían comida, no se les permitía
la Revolución. Después le hice tres demandas; la primera tomar las cosas por la fuerza, y por tanto, la desespera-

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ción estaba haciendo presa de ellos al grado que se amoti- una revuelta local que las fuerzas del gobierno aplasta-
narían a menos que les solucionáramos estos problemas. rían como chinches; además, los norteamericanos descon-
Madero trató primero de negarse diciendo que los bancos fiarían de inmediato de nosotros por confundirnos como
no le habían entregado el dinero que le prometieron y por facinerosos que matan a su jefe por el reparto del botín.
consiguiente no podía hacer nada para remediar la situa- Villa y yo asentimos, pero le advertí a don Abraham
ción, pero cuando vio que yo insistí en los graves proble- que para mí Madero no era ningún Dios todopoderoso,
mas que veía venir, me firmó un cheque contra el City era un hombre real. De él esperábamos honestidad, la ho-
Bank de El Paso y me dijo que tenía fondos adicionales en nestidad que se refrenda en la congruencia.
caso de necesidad, pero que era indispensable calmar a la Don Abraham regresó al salón y tomó del brazo a
tropa. Madero. Así salimos juntos a la puerta, donde frente a los
Entonces le dije que si no accedía a los dos puntos soldados que se habían arremolinado Madero dijo un dis-
anteriores, nos veríamos en la obligación de desconocerlo curso. Por la rabia que tenía en ese momento, ahora ya no
como jefe y él me respondió que yo era quien estaba des- me acuerdo ni de qué habló, pero algo sobre la unidad de
tituido de todo cargo militar, así que enfurecido le grité: los revolucionarios y eso sí, recuerdo que nos gritaron mu-
- ¿Usted cree que eso es lo que ahora merezco? chas vivas a Madero y a mí.
Estuve a punto de levantarlo por la solapa, pero en Madero luego me llevó a una parte del salón y me dijo:
eso don Abraham se abalanzó sobre mí, y rodeándome con ¿por qué ha venido, general, a cometer ese atentado tan escan-
sus brazos por un costado, imposibilitó todos mis movi- daloso en los momentos más sagrados y difícilespara nuestra
mientos, mientras Gustavo Madero nos gritaba quién sabe patria, en que estábamos tratando de arreglar la paz?
cuántas cosas. - Porque yo soy el jefe militar de la Revolución, le
En esto nos habló don Abraham a Villa y a mí y nos contesté.
llevó a un reservado que había contiguo al salón de sesio- Sonriéndome, Madero me dijo:
nes. Allí nos dijo que lo que acabábamos de hacer era una - ¡Pero qué jefe de la Revolución es usted! No, no,
barbaridad, que lo peor que podía pasar en esos momen- mire Pascual, la Revolución la he hecho yo: política, arma-
tos era que la Revolución fusilara o aprendiera a su pro- da y económicamente, a mi familia le ha costado todo:
pio caudillo. Era directamente darles la razón a los cientí- usted no es más que uno de mis soldados; pero a usted le
ficos que decían que éramos una bola de salvajes. Des- reconozco su patriotismo, el esfuerzo y su sacrificio; quie-
pués de todo, ni yo, ni Villa ni el propio don Abraham ro que volvamos a ser amigos. Olvide lo que ha pasado y
éramos personajes conocidos en toda la República como deme esa mano para arreglarnos, que todo lo que pasó no
lo era Madero; sin él, nosotros no sólo representábamos sea más que un mal sueño.

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Luego Madero salió con don Abraham y se dirigie- convocar a nuevas elecciones y mientras tanto se nombró
ron a la prisión para llevar al general Navarro al otro lado a un nuevo gabinete.
del Río Bravo.
Usted lo recuerda ¿o no, señorita?, de los ocho nom-
Recibí esa tarde una carta de Madero y don Abraham brados sólo teníamos noticia de que habían sido partida-
me visitó para que ese mismo día le enviara la contesta- rios de la Revolución, don Emilio y don Francisco Vázquez
ción, así lo hice.
Gómez que les tocó en Gobernación y Educación respecti-
Al día siguiente caminaba yo por las calles de Juárez vamente, y del ingeniero Bonilla que lo dejaron en Comu-
cuando vi que repartían unos volantes, para mi sorpresa nicaciones, los otros cinco provenían de la maquinaria del
era la carta de Madero que me había enviado el día ante- antiguo equipo porfirista.
rior, en donde me decía que la fantasía popular y nues- Eran los mismos contra los que habíamos luchado y
tros adversarios habían magnificado los acontecimientos yo no hallaba cómo explicárselo a nuestra gente.
de la Aduana y todo eso con el propósito de mostrarnos
desunidos ante la opinión pública, pero que si bien había-
mos tenido diferencias dizque en lo administrativo, pues
no por eso íbamos a desunirnos, y que mi lealtad hacía él
nunca había sido puesta en duda, como podía constatarse
en el abrazo que nos habíamos dado en público al final
del suceso.
A la vuelta de ese volante aparecía mi contestación,
decía que los rumores de nuestra desunión eran inexactos
y que por sobre todo estaba la patria y otras cosas que no
recuerdo porque fue redactada por Comadurián y le puso
cosas que nada más de verlas me daban mucha risa, le
decía a Madero por ejemplo: mensajero luminoso; vidente
de la redención del pueblo mexicano y cosas así, usted
sabe, del lenguaje de los políticos.
Se firmaron entonces los famosos acuerdos de Ciu-
dad Juárez y los porfiristas aceptaron su derrota, al me-
nos de palabra. El licenciado De la Barra, de quien jamás
habíamos oído hablar, se hizo cargo del gobierno para

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El relámpago

He venido a conferenciar con usted señorita, porque me


siento obligado por el cariño que siempre le tuve a don
Abraham, usted sabe que para mí fue como un padre. Hoy
se lo puedo decir, con el mismo sentimiento de pena y do-
lor de esos días. Me costó trabajo creerlo al principio, nun-
ca pensé que Pascual Orozco fuera capaz ni siquiera de le-
vantar la mano contra él. A pesar de todo, don Abraham ...
Déjeme contarle cómo lo conocí. Un día, mi compa-
dre Tomás Urbina junto con otros tres o cuatro hombres y
yo andábamos por aquí y por allá asaltando caminos, cuan-
do vimos un grupo de buenos caballos conducidos por tres
hombres, don Abraham González, Nicolás Fernández Ca-
rrillo y otro más a quien no recuerdo. Por supuesto que lo
primero que se nos vino a la mente fue hacernos de esa
caballada, pero don Abraham negoció con nosotros y nos

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convenció de que aceptáramos un trato: dos caballos fi- te, y lo vimos entrar al local. Tenía yo mucha desconfian-
nos, uno para Urbina y otro para mí y doscientos pesos za por la forma como lo habíamos conocido y recelaba yo
oro que eran una fortuna para unos pobres asaltantes como de una emboscada, pero ya me había informado y todos
nosotros y que difícilmente los hubiéramos conseguido acreditaban a don Abraham como hombre de buena fe y
malbaratando los caballos, aunque en realidad' uno solo de palabra certera. Al entrar al local lo saludamos con un
de ellos valiera cien pesos. "buenas noches, don Abraham", y nos invitó a pasar. De
A pesar de ese mal encuentro, todavía cabalgamos repente vi un ademán para sacar algo debajo del chaleco
un rato juntos hasta que llegó el momento de separarnos e inmediatamente El Tuerto y yo desenfundamos las ar-
y en el trayecto don Abraham me fue preguntando mu- mas. Élvio de reojo y lentamente sacó una caja de cerillos,
chas cosas y la verdad que lo sentí muy sincero, y todo al prender el primero y encontrarse con las pistolas apun-
eso pues como que me dejó medio atontado porque nunca tándole a la cabeza, sin inmutarse en lo más mínimo, con
me esperé que todavía fuera capaz de despedirse de mí el pulso completamente firme, encendió la lámpara de
sin ningún sentimiento de rencor. petróleo, puso la bombilla de cristal en su lugar y con una
Verá usted, no sé si él le habrá contado alguna vez sonrisa dijo: [están ustedes muy listos! Pueden enfundar
todo esto, porque un tiempo después, cuando me mandó sus armas, pues aquí no hay nada que temer.
llamar, creí que era por mi fama de matón y me decía a mí Esa actitud de don Abraham, que para mí reflejaba
mismo, ¿para qué querrá don Abraham hablar conmigo? al hombre íntegro que no tenía nada que esconder, capaz
Pues ¿yo qué?, ¿una cuenta pendiente que no quiere sal- de una serenidad que sólo tienen las almas más nobles,
dar él solo? Un trabajito de esos, usted sabe, de esos que fue la que me ganó desde ese instante, sentí como si esa
la gente bien no quiere hacer por sí misma. luz fuera como un relámpago y con ello ganó mi afecto
Pero esa noche en que nos habló don Abraham a mi para toda la vida.
compadre Domínguez, y a mí, Francisco Villa, un bandido Él sabía de nuestras cortas entendederas, así que nos
común y corriente, sus palabras cambiaron mi vida, ¡vaya habló con mucha calma acerca de la insurrección que se
que si la cambiaron! preparaba debido a que el dictador Porfirio Díaz no acepta-
Llegué una noche a la hora convenida al local del ba para los puestos del gobierno más candidatos que a sus
Centro Antirreeleccionista, acompañado de mi amigo El amigos y cómplices, y de cómo el señor Madero y el doctor
Tuerto Domínguez. Lo esperé en el oscuro zaguán mien- Vázquez Gómez eran perseguidos por ser opositores. Al mis-
tras nos cubríamos con sarapes para dizque protegernos mo tiempo me hablaba del perdón prometido para mí y para
del sereno, pero en realidad para no ser reconocidos. Al mi gente si colaborábamos en la Revolución.
llegar nos saludó con un "buenas noches", muy indiferen- Así que poco a poco entramos en detalle de cómo

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prepararse y cuáles eran los objetivos militares. Lefui con- creyó que yo no me atrevería a hacerle nada. Me acerqué
tando que yo conocía muchos escondites en el estado de con lentitud a paso de caballo, para que todos supieran
Chihuahua y cómo se podían burlar, con poquísimos hom- mis intenciones de venganza, anunciando que iba por la
bres, las persecuciones de los federales, de la misma ma- vida de Claro, sin prisa y sin duda. Cuando estuve frente a
nera como lo había hecho yo en los últimos años. frente, le recordé el secreto violado a la vez que le dije
En aquellos tiempos, yo podía cruzar de Sonora o todo lo que pensaba de su persona; finalmente un balazo
Sinaloa a Chihuahua con una gavilla, en medio de pasajes certero terminó con la discusión y con su vida, sin que las
serranos, aunque fuera con una venda en los ojos y seguro personas que estaban a su lado se atrevieran siquiera a
de no ser localizado ni enfrentado a ninguna fuerza. moverse.
Comenzamos pues a tener reuniones con don Abra- Regresé por donde había llegado, sin que nadie hi-
ham y nos tenía al tanto de lo que sucedía con el señor ciera el menor movimiento, ni mucho menos quisiera se-
Madero, que según él, era nuestro jefe y guía de la Revo- guirme, y con eso quedó firme en toda la población el sen-
lución. tir de que con nosotros, los revolucionarios, no se podía
Por esos días, a fines de 191O, regresó Braulio Her- jugar ni mucho menos traicionar. Entre mis propios hom-
nández de conferenciar con Madero en San Antonio, don- bres se supo lo que les esperaba en caso de una delación o
de se organizaba la Revolución, avisándonos que Madero también por el más mínimo descuido de sus palabras.
entraría a México por Coahuila y nosotros deberíamos es- Un día don Abraham me mandó llamar y me dijo:
tar preparados para apoyarlo distrayendo a las fuerzas - Quiero, Pancho, que vengas a ocultarte con tu gen-
del gobierno federal. te en alguna casa de la ciudad para que desde allí me cui-
Supe de buena fuente que la partida militar en la des. La policía me vigila mucho y desconfío de que cual-
ciudad de Chihuahua tenía una red de informantes y que quier día los enemigos me agarren y me metan a la cárcel.
había logrado infiltrar a algunos en el movimiento revo- Yyo le contesté:
lucionario, entre los que estaba un bandido con quien yo -Así lo haré señor. Voy a traer a la gente y mandaré
había hecho confianza: Claro Reza. que siempre le hagan guardia dos de mis hombres, y to-
Públicamente hice saber que eso era una traición y dos los demás estaremos listos para que, si por desgracia
que debería comenzar a despedirse, porque más pronto lo agarra la policía, nosotros lo saquemos de donde se
que temprano pagaría con su vida. Así lo hice. Entré solo a encuentre y nos lo llevemos a la sierra.
la ciudad de Chihuahua a pleno día y tal como se me ha- Días antes del mero día del levantamiento al que nos
bía confiado, encontré al traidor junto al monumento de había llamado Madero, fue don Abraham a cenar con no-
don Joaquín Terrazas; estaba rodeado de gente, por lo que sotros a mi casa, acompañado de Cástula Herrera. No me

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sorprendió que al final de la cena nombrara a Cástulo como del coronel Alberto Dorantes. Durante todo el mes de di-
jefe, porque él había sabido ganarse la confianza de to- ciembre y principios de enero hubo combates tanto a las
dos. Don Abraham nos habló con palabras llenas de emo- puertas de la ciudad como en los lugares cercanos, y el
ción y nos dijo: más comentado fue el que se libró en el Rancho de Vanegas,
- Ha llegado el momento de emprender la campaña. que duró varios días con muchas bajas de una y otra par-
Yo me voy al norte del estado, a Ojinaga, y tú Pancho, te te, pero sin que ninguno pudiera cantar victoria. Mientras
vas al sur. Saldrás para San Andrés a organizar las fuerzas tanto, en el pueblo contiguo de Presidio, los norteameri-
y todos reconocerán como jefe a Cástulo que está aquí canos observaban sin entrometerse y permitían el libre
presente. Espero pues que obedecerán sus órdenes y sa- tránsito de las fuerzas, ya fueran rebeldes o federales.
brán cumplir con su deber hasta morir o hasta triunfar En enero de 1911 recorrí la sierra para reclutar a la
por la noble causa que perseguimos. gente que nos acompañaría a recibir a Madero, quien se-
Se fue don Abraham a Ojinaga y allí se reunió con gún don Abraham para entonces ya estaba por entrar a
José María Maytorena, amigo suyo, que estaba preparan- territorio nacional. En una de esas correrías, en el pueblo
do la insurrección en Sonora y a través de quien se com- de San Andrés había una señora, doña Trini, que tenía
praban armas en los Estados Unidos. una pequeña tienda, allí conocí a su hija: Luz Corral, pero
Nuestra partida era de cien hombres y tuvimos la por aquellos días no había tiempo para enamoramientos.
primera batalla como revolucionarios en el poblado de San En eso llegó Madero a El Paso y fueron a recibirlo
Andrés. Allí asaltamos un tren militar que llevaba doscien- don Abraham y otras gentes, mientras nosotros nos que-
tos soldados. Nosparapetamos frente a la estación, y cuan- damos en la sierra. Como la toma de Ciudad Juárez se di-
do llegó la máquina comenzamos a disparar; el tiroteo duró ficultó mucho y hubo más resistencia de la que habían
como veinte minutos y por falta de previsión nuestra, pudo creído, determinaron entonces ir hacia Casas Grandes, en
arrancar nuevamente. En eso murió un teniente y uno que las faldas de la parte serrana, donde estaban seguros de
otro soldado, pero tuvimos mucha difusión de ese suceso. conseguir la primera victoria importante para la Revolu-
Esos mismos federales fueron los que se dirigieron a ción. Eran quinientos hombres y veintiún carretas cruzan-
Ciudad Guerrero, y antes de llegar fueron emboscados en do en diagonal de norte a sur el estado de Chihuahua.
Pedernales por las fuerzas de Pascual Orozco. Después de La travesía fue difícil, era el mes de febrero con el
este enfrentamiento regresaron a Chihuahua sólo los 28 clima más frío que se tenga memoria en la zona; nevaba y
soldados que quedaban. nuestro ejército tuvo que recorrer en veinte días casi tres-
En Ojinaga se produjeron encuentros casi a diario cientos cincuenta kilómetros de estepa, allí Madero dio
entre las fuerzas de don Abraham y las tropas federales una muestra de su capacidad de aguante porque la mayo-

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ría pensábamos que se iba a arrepentir. Lo difícil del cli- mil hombres y nuestro grupo al mando de Cástulo Herrera
ma hizo que el ejército federal, con pura gente del sur que éramos como cuarenta, conocimos entonces por primera
no estaba acostumbrada a esos aires, no asomara ni las vez a don Francisco l. Madero.
narices por las ventanas de los cuarteles, por lo que no se Yo ya sabía que el señor Madero era pequeño de es-
dieron combates. tatura, pero que un hombre así fuera capaz de encabezar
Es posible que para don Abraham, uno de los atracti- la guerra contra el viejo dictador, era algo que me dejaba
vos para atacar Casas Grandes fuera que dos años antes, muy impresionado, y por dentro pensaba yo que había un
en esa localidad cincuenta personas encabezadas por misterio que a hombres de muy pocas luces y sin instruc-
Praxedis G. Guerrero, se rebelaron contra Porfirio Díaz con ción alguna como yo, no nos había sido dado a conocer,
la bandera de que eran del grupo de Flores Magón, rivales por lo que la primera vez que lo vi no me sorprendió en-
de Madero en la lucha contra la dictadura, y sus simpati- contrarle un cierto resplandor, un algo que nos hace sa-
zantes eran muy fuertes en esa zona. Inmediatamente des- ber cuando se está frente a un hombre que es muy dife-
pués del ataque se dirigieron al poblado de Palomas, en la rente a los demás, así como cuando dicen que es cuando
frontera, y luego se dispersaron ya que el apoyo que ellos uno está frente a un santo, o como le pusieron después,
esperaban de los grupos magonistas en los Estados Unidos no sé si como apodo o qué, pero un apóstol, le decían.
nunca les llegó. Guerrero murió en combate a los pocos El primer día me dijo: "aquí tiene usted su nombra-
días, cerca de ahí, en el poblado de [anos, entonces los miento como mayor, usted va a ser secretario del coronel
sobrevivientes de su grupo decidieron unirse al maderismo. Pascual Orozco", a lo que le contesté:
Don Abraham y Madero atacaron Casas Grandes, pero - Señor presidente, yo no puedo ser secretario de
por un error de estrategia se permitió el refuerzo de los Pascual Orozco porque no sé leer ni escribir.
federales y éstos dieron un combate muy fuerte, al grado - ¿Pero tiene el corazón bien puesto para la Revolu-
que hubo que tocar retirada y Madero salió herido en un ción?
brazo y estuvo a punto de caer prisionero si no es por la - Sí, señor hasta la última gota de sangre.
oportuna intervención de Máximo Castillo, quien acudió - Entonces tenga su nombramiento y preséntese con
en su ayuda y lo rescató. Ahí el señor Eduardo Hay, que Pascual Orozco aquí mismo, él llega mañana.
fue después un revolucionario muy famoso, fue herido y Al mismo tiempo, me entregó la copia de un decreto
perdió un ojo. en el que se me concedía el indulto por considerar que
Madero con los cuatrocientos hombres que le queda- siempre había actuado yo en defensa propia.
ban se dirigió a la hacienda de Bustillos. Allí fue donde Eso para mí tuvo un gran significado, no solamente
llegamos Orozco y yo por caminos diferentes, él con dos estaba yo aliviado en mi propia conciencia, sino que ade-

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más conocía yo a otro gran hombre que como don Abra- democracia y sus seguidores ganarían un peso diario; la
ham comprendía mi pena y me ofrecía la oportunidad de gente se encolerizó, dijeron que no estaban allí por el peso
ser verdaderamente libre. del que ni siquiera tenían noticia, sino por un deber pa-
En cuanto vi a Orozco, se puso muy serio y me dijo triótico como tantas y tantas veces les había dicho don
que conocía mis antecedentes, que me daba la bienvenida Abraham, y a todo eso no había hecho referencia sino en
a su grupo pero que estuviera yo muy conciente de que el primera persona. Fue necesario que don Abraham hiciera
hecho de incorporarme al ejército revolucionario no me un improvisado mitin para contener los ánimos contra
iba a servir de escudo para cometer tropelías. Madero y componer el asunto.
No era que me sorprendiera la actitud de Orozco, su Además, hubo otra peor, esa de don Gustavo Madero,
poca fe de que yo pudiera de verdad rehabilitarme, sino porque declaró a un periodista que los revolucionarios es-
que de inmediato intuí que daba poca autoridad a Made- taban listos para un arreglo con el gobierno, diciendo ade-
ro, quien de hecho ya me había comprendido y perdona- más que eran admiradores del entonces ministro de Ha-
do. Era pues como si lo que dijera Madero le importara cienda: Limantour. La verdad es que el hermano de nues-
poco o nada. tro líder estaba muy desmoralizado por lo sucedido en Ca-
Orozco me pidió de inmediato que consiguiera dina- sas Grandes y Cerro Prieto y creía que lo mejor era conse-
mita para usarla contra el general Navarro, a quien tenía guir un pacto con la federación lo más pronto posible.
encajonado en la barranca de Malpaso y no lo dejaba salir Entre nuestras filas había algunos problemas serios
ni para Chihuahua ni para Ciudad Guerrero, por lo que a con los grupos que habían sido magonistas. En Estación
puros cohetazos de dinamita los obligamos a dejar sus tre- Guzmán, Madero me mandó llamar y caminando entre los
nes y logramos que él huyera a pie hasta Cerro Prieto, rieles, me dijo:
pero cuando Orozco, confiado, quiso atacarlo allí, fue fea- - Pancho, ya no hallo qué hacer; ya no como ni duer-
mente derrotado. mo tranquilo. José Inés Salazar, y todos esos magonistas
Cuando Madero supo la noticia de la derrota en Ce- que se nos han unido, me mandan cartas altaneras, tra-
rro Prieto se sintió muy deprimido, pero cuando vio que tando de desconocerme y hacen propaganda entre la tro-
cada día teníamos más y más gente de nuestra parte, vol- pa para ese propósito. A Orozco le he ordenado dos veces
vió a sentirse animoso. que desarme a esa gente, pero él me contesta que para
Allí recibimos las noticias de que Maytorena ya esta- hacerlo tendrá que correr mucha sangre ¿tú qué dices de
ba levantado en armas en Sonora. esto Pancho?
La primera entrevista pública que dio Madero fue Le contesté que simplemente haría lo que me orde-
muy conflictiva porque dijo que él estaba luchando por la nara y que en caso de que opusieran resistencia, no ha- lj

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bría más de ocho o diez muertos a lo máximo. mentas a cuestas, para tomar nuevamente el ferrocarril
- No queda más remedio que hacerlo -me dijo-, en el punto en el que recomenzaba la línea que venía del
hazlo tú. norte y que nos llevaba directamente a Ciudad Juárez
Sin perder el tiempo me dirigí al campamento, esco- Este movimiento fue en verdad heroico y los federa-
gí varios grupos de confianza hasta reunir quinientos hom- les no se imaginaron que pudiéramos hacerlo y sobre todo
bres y me apersoné con los magonistas. En cinco minutos en un tiempo tan corto, y era porque nosotros conocía-
les quitamos las armas y el parque sin que hubiera un mos mejor que nadie las veredas y las cañadas de la re-
solo muerto, pero sí uno que otro golpeado. gión, por eso caímos de sorpresa en Ciudad Iuárez, cuan-
Sometidos se los entregué a Madero, quien a su vez do todos nos esperaban en Chihuahua.
se los entregó a Orozco obligándolo a responsabilizarse Para entonces Madero ya estaba recuperado de la
de la conducta de ellos, y amenazándolos de que la próxi- herida en el brazo que había sufrido en Casas Grandes.
ma vez los fusilaría sin contemplaciones. Usaba un sarape de Saltillo al hombro y montaba un caba-
Hasta entonces, los federales, que al principio eran llo donde tenían que subirlo, porque como usted sabe era
como cinco mil en el estado, habían perdido ya entre muer- muy chaparro y el caballo era de esos árabes, muy gran-
tos y desertores a casi la mitad de su gente. Ellos creían de, enmielado.
que nos habíamos reunido en Bustillos para atacar la ciu- Llegando a Ciudad Juárez, se entablaron las prime-
dad de Chihuahua, como tal vez habría querido Madero, ras negociaciones con unos señores enviados de Porfirio
pero tanto don Abraham como Orozco le señalaron que lo Díaz. Hacía un calor de todos los demonios. Estábamos
mejor era dirigirse a Ciudad Juárez. Como buenos furiosos por la inmovilidad y por la tensión. Por esos días
chihuahuenses, conocían la importancia estratégica de esa tuve un altercado con el italiano Garibaldi, que tenía a su
ciudad. Por los fracasos de Casas Grandes y sus torpezas mando como cien hombres, italianos unos y americanos
con las declaraciones, Madero quizás se vio obligado a otros. Sucedió que un día en que estaba descansando, se
aceptar esta idea, que al principio no veía con buenos ojos me presentó un soldado de mis fuerzas y me pidió permi-
porque temía que en la frontera se provocara a los norte- so para hablar conmigo, me dijo:
americanos con el menor incidente. - Mi jefe: al pasar por el campamento del coronel
Nos fuimos en tren hacia el norte hasta un lugar que Garibaldi, éste me mandó desarmar y ahora no quiere de-
se llama Las Varas, que era donde finalizaba el tramo que volverme mi rifle ni mi parque. Se lo comunico a usted
venía del Pacífico hacia el Norte, es decir donde termina- para su debido conocimiento.
ba la línea del Ferrocarril del Noroeste, cruzamos a pie las Interrogué yo entonces al soldado sobre los motivos
montañas más altas de Chihuahua, con nuestros imple- que el tal Garibaldi podría tener para desarmar a uno de

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mis soldados y como no encontraba ninguno y al parecer demostrárselo vengo tan sólo con treinta hombres, aunque
el único delito del soldado era haber cruzado por aquel sean buenos, como todos los míos, pues con ellos me basto
campamento, decidí mandarle un recado, escrito por uno yo y me sobro para recoger no sólo el rifle y el parque de mi
de mis soldados, que decía: soldado, sino también las armas y las municiones de uste-
des. Ytodo esto señor Garibaldi, es con el ánimo de conven-
Señor Garibaldi, tenga usted la bondad de entregar a mi cerlo de que yo sí soy hombre y no hablador como usted.
soldado su rifle y su parque. Si usted tiene algún motivo Como él me respondiera que también era muy hom-
de queja contra él, pase a exponerla, que yo no me meto
bre, le eché encima el caballo y le di con la pistola un
con su tropa de usted para que usted no se meta con la
golpe en la cabeza de lo que se dolió mucho. Yo le grité:
mía.- Francisco Villa.
- Entrégueme esa pistola, hijo de tal...
Y quien quería parecer pantera se convirtió en cor-
El soldado afectado llevó el recado y Garibaldi lo leyó
dero y sin replicar nada se quitó la pistola, que me dio
y me escribió al reverso:
junto con la espada y el rifle. Al mismo tiempo su gente
empezó a entregar sus armas y una vez que lo hubieron
Señor Francisco Villa: No entrego nada de rifle ni de
hecho les dije:
parque. Si usted es hombre, yo también lo soy. Pase si
- Señor Garibaldi, que esto le sirva de ejemplo para
quiere a recogerlos. Giussepe Garibaldi.
que sepa que los mexicanos no consentimos ser ofendidos
Sorprendido de aquella respuesta tan grosera me por ningún extranjero. Sepa usted que a un soldado mexi-
enfurecí, porque además creía yo que en mi recado no cano se le trata con respeto. Así que lo dejo en su campa-
ofendía en nada al tal Garibaldi y no merecía pues una mento en absoluta libertad, y todavía debe usted agrade-
cerme que no lo fusile.
respuesta de esa manera. Ymás arreciaba mi coraje consi-
derando que se trataba de un filibustero que no contento Como a las dos horas de este suceso, apareció un
con venir a entrometerse en nuestros asuntos, cuestiona- ayudante del señor Madero trayéndome el encargo de que
ba mi reputación de hombre valeroso. Junto con treinta me presentara en la Casa Gris a la brevedad posible. Al
de mis más aguerridos combatientes monté hacia al cam- quedar frente a él me dijo con sus palabras sencillas:
- Pancho, ¿por qué has desarmado tú a Garibaldi?
pamento del italiano.
En cuanto llegué me le encaré reprochándole su pro- Por respuesta lo que hice fue entregarle el papel don-
de estaba escrito, por un lado mi recado y por el otro, el
ceder, le dije:
- Ni usted ni toda su gente junta me espantan. Para recado de Garibaldi. Mientras lo leía vi cómo cambiaban
las facciones de su rostro, como alegrándose de que no

ll
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fueran ciertas las intrigas que se tejían contra mi persona, Madero pero no tuvo tiempo de hablar con nosotros, pues
y con unas palmadas en el hombro me dijo: apresuradamente salió de regreso para Ojinaga.
- Pancho, quiero que Garibaldi y tú vuelvan a mi- Por lo que se platicaba en las reuniones, ya íbamos a
rarse como buenos amigos. salir al sur del estado, aunque nosotros no estábamos de
Le contesté que yo haría lo que él me ordenara, así acuerdo, pues veíamos que la guarnición estaba
que llamó a Garibaldi y nos dimos un abrazo en presencia desprotegida. La opinión de los generales extranjeros que
del señor Madero, luego fuimos a mi campamento donde acompañaban a Madero: Garibaldi y Viljoen, era contraria
le devolví las armas y municiones de su gente, junto con a tomar la ciudad y advertían que la superioridad en ar-
su revólver. mamento de los federales podría acarrearnos otra derrota
Nos manteníamos mientras tanto acampados, y con como la de Casas Grandes.
mucha tensión, porque durante la tregua de tres semanas, Mientras tanto, para prevenir cualquier sorpresa,
Madero le ordenó a Orozco no combatir y sobre todo te- Orozco ordenó a Marcelo Caraveo la salida de algunas fuer-
ner mucho cuidado con la gente para que no se fuera a zas para ir a apoyar a Agustín Estrada, que se encontraba
alebrestar y que no se iniciaran conflictos que pudieran en Estación Bauche, en acecho de la columna del general
tener consecuencias con los norteamericanos. Por pláticas Rábago que ya había salido de Chihuahua. Estrada siem-
entre la gente de confianza de Madero, sabíamos que te- pre cumplió muy valientemente su misión de hacer fraca-
nía la intención de internarse al sur, precisamente porque sar todos los intentos de Rábago por avanzar.
temía ese conflicto. A Garibaldi le dio órdenes de salir con La verdad es que a punto de salir de Juárez, el día
un grupo hacia Sonora con Maytorena, quien para enton- ocho de mayo, Orozco se alborotó y me dijo: No señor,
ces se nos había reunido en Ciudad Iuárez, con la inten- ahora es cuando debemos combatir, atacarlos, porque es-
ción de abrir otro frente militar en aquella región. tán derrotados, no tienen elementos ...
Por esos días, mandó a llamar a don Abraham para No -le dije-, son órdenes del Presidente.
informarle de los avances en las conferencias con los en- Pues aunque sea -me contestó-, él no te preguntó a
viados gubernamentales y tuvo que viajar a matacaballo ti ni a la gente con mando para decidir lo que se hace, ¿o
dos días con sus noches para estar presente. En cuanto lle- qué?, ¿la gente que nos han matado no vale nada?, ¿por
gó, lo entrevistó la prensa norteamericana y les dijo: Noso- qué vamos a permitir eso?
tros hemos hecho enormes sacrificios desde el inicio de esta Para entonces yo quería hacerme de la buena volun-
guerra. Los acuerdos deben ser hechos con las mejores con- tad de Orozco, que ya no me viera como un bandolero,
diciones para nosotros y deben darnos todo aquello por lo sino como un buen soldado.
cual hemos estado peleando. Don Abraham conferenció con Fíjese usted que entonces los federales apenas alean-

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zaban los seiscientos hombres y nosotros éramos como dos pena de muerte, sin embargo, llegó el momento en que no
mil quinientos, además ya teníamos controladas las vías les quedó de otra.
del ferrocarril que estaban cortadas a la altura de Ahuma- Fue entonces cuando mandé a avisar a Orozco lo que
da, así que los federales no podían recibir refuerzos de sucedía y vino como alma que lleva el diablo para ver lo
Chihuahua, pero en cualquier momento la suerte podía que estaba pasando. Madero inmediatamente lo mandó
cambiar. Por otra parte, el calor era insoportable y la gen- llamar y allí por supuesto le pidió cuentas.
te se ponía muy inquieta. Algunos de ellos, que venían de Por principio, le ordenó que suspendiera el ataque,
rancherías del interior del estado, comenzaron a desertar, pero Orozco le contestó que era imposible hacerlo porque
se pasaban del lado americano y se subían a los trenes los soldados habían tomado ya algunas posiciones impor-
rumbo a California para ir a trabajar allá, así que la deser- tantes del enemigo y que lo mejor sería continuar. Made-
ción era cada día mayor y ante la orden de regresar, pues ro ordenó la suspensión de las hostilidades de inmediato
quién sabe con cuánta gente íbamos a contar, sobre todo y Orozco se limitó a decirle: Voy a ver qué puedo hacer. Se
fue y el combate continuó como si nada.
¿para qué tanta plática?
Ese día, ya puestos de acuerdo, Orozco se fue a El Paso Según nosotros, el plan de ataque debería desarro-
por la mañana y mientras tanto la gente nuestra iba toman- llarse a lo largo del Río Bravo con el propósito de evitar en
do posiciones en las huertas de las afueras de la ciudad, ya lo posible que las balas cruzaran a territorio norteameri-
traían la misión de provocar a los federales para iniciar la cano, es decir, de poniente a oriente y de norte a sur. Así
batalla, pero las cosas se presentaron hasta más fáciles. fue, rápidamente tomamos las posiciones y en todo eso
Mire usted señorita, los federales -los changos como nos ayudó que el combate fue casi casa por casa, con lo
les decíamos por su forma de caminar encorvados por las que las ametralladoras y todo el moderno equipo federal
mochilas y el equipo-, comenzaron a distribuir una hoja en quedó neutralizado porque tenían muy poca efectividad
la que se decía que éramos unos robagallinas y que había- de calle a calle.
mos despojado de sus miserables pertenencias a unos po- Además, la dinamita que llevábamos fue una de las
bres labriegos. Losfederales comenzaron a gritarnos que las armas más efectivas porque las edificaciones en las que se
devolviéramos y quién sabe cuánta cosa más. Así que co- parapetaban se convirtieron en verdaderas trampas.
menzó una guerra de insultos, como de señoras en los mer- La ventaja estuvo siempre del lado de nuestras tro-
cados, hasta que sonó el primer disparo, luego.el otro, y así pas porque se desparramaban por toda la ciudad, y po-
comenzó la batalla de Ciudad [uárez. dían hacerse de víveres y agua, mientras que a los federa-
Al principio, los federales en su gran mayoría no dis- les, defendiendo disciplinadamente determinados puntos,
paraban, pues tenían orden de Navarro de no hacerlo bajo les era imposible hacerse de bastimento y especialmente

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de agua, debido sobre todo a que el sistema de abasteci- za de Ciudad Juárez, Orozco y yo entramos al salón donde
miento de Ciudad Juárez dependía de la energía eléctrica estaban en junta de ministros y sin mediar ningún aviso
que venía de la ciudad de El Paso y ya había sido cortada, previo, Orozco le dijo a Madero que los revolucionarios
así que los cuarteles se quedaron sin agua. Tres días resis- estábamos muy descontentos por lo que estaba pasando,
tieron los federales el calorón de ese mes de mayo hasta le pidió que nos dejara fusilar a Navarro por su comporta-
que se rindieron casi muertos de sed. miento indigno con los soldados de la Revolución en Ce-
Por supuesto que no me pareció justo que a la hora rro Prieto; le reprochó el haber nombrado en su gabinete
de la rendición el general Navarro entregara su espada a a señores que nada habían hecho por la Revolución y tam-
Garibaldi, y que éste a su vez fuera el que la entregara a bién por la falta de pago a los soldados.
Madero; en principio porque Garibaldi, como he dicho, no Pero Madero se indignó por el tono de voz de Orozco
estaba de acuerdo con la toma de la ciudad y porque en y también le gritó:
realidad no participó o si lo hizo, fue muy poco. - Usted no me amenaza a mí, y si me sigue faltando
Los malentendidos con Madero siguieron inmediata- al respeto, lo mando fusilar.
mente después de la toma de la ciudad, sobre todo porque En cuanto escuché estas palabras corrí al cuartel, que
Orozco y yo tuvimos unas pláticas entre nosotros en don- estaba junto al Correo y saqué a cincuenta hombres arma-
de expresamos nuestro desacuerdo debido a que, en prin- dos, después supe que Orozco perdió la cabeza ante la
cipio, Madero se negaba a juzgar a Navarro, que se había amenaza de Madero, y cogiéndole de la solapa del saco lo
portado de manera cruel con los prisioneros en Cerro Prieto levantó en vilo y le restregó la espalda en la pared.
fusilando inclusive a heridos y a otros como al tío de En aquel momento don Abraham intervino separán-
Orozco, a quien lo quemó vivo torturándolo para que con- dolos, con lo que Orozco reaccionó y se serenó. Madero al
fesara acerca de nuestros apoyos y armamento; luego, dos verse libre, se incorporó nuevamente al grupo de minis-
días después vino lo de los nombramientos del gabinete tros que veía lo que pasaba con verdadero pánico.
provisional, en donde no aparecían los verdaderos revo- Entonces don Abraham se llevó del brazo a Orozco a
lucionarios, sino los señoritos que desde El Paso se mante- un cuarto a solas, donde conferenciaron por un rato. Cuan-
nían todo el tiempo en juntas y negociaciones. do salieron yo iba entrando con mis hombres, con lo que
Todos esos nombramientos nos parecieron extraños, los ministros se alarmaron más y comenzó a arremolinar-
por ejemplo que don Abraham no fuera nombrado como se la gente en la puerta de la Aduana para enterarse de lo
vicepresidente como todos suponíamos, sino gobernador que estaba pasando, mientras tanto, un grupo de los nues-
provisional de Chihuahua. tros gritaban mueras a Navarro: Muera el asesino de Ce-
Así las cosas, tres días después de la caída de la pla- rro Prieto.

74 75 11

¡.
....•••••..... ~~~~~-

Después de hablar un rato con don Abraham, que Después de todo, tenían razones. Por seguir a Orozco
los había decepcionado y a mí Orozco me había traiciona-
nos hizo ver lo imprudente de la acción de Orozco, me
do. El sí había logrado quedarse entre los revolucionarios
arrepentí y dirigiéndome a Madero le pedí disculpas y le
y además con mando de tropa, haciéndome ver ante Ma-
prometí que desde entonces en adelante lo que él hiciera
dero y ante don Abraham como un indisciplinado por lo
estaba bien hecho.
Pero los conflictos con el gabinete maderista siguie- del suceso dentro de la Aduana, sin que él hiciera nada
por defenderme. Yome había equivocado tratando de ser-
ron. Una vez nombrado Carranza como secretario de Gue-
le fiel a él y no a Madero o a don Abraham, como debió de
rra, dio órdenes de que nadie podía entrar al edificio de
haber sido siempre. Eso le dije a Madero al despedirme; le
la Aduana en donde se encontraban los pertrechos de gue-
pedí que si algún día me daba otra oportunidad, nunca
rra que eran de Navarro. Un día estábamos conversando
más le iba a desobedecer. Madero me contestó sólo con
frente al edificio varios de los revolucionarios cuando sa-
una sonrisa amable.
lió Carranza y de muy mala manera nos dijo que nos lar-
Con ese dinero me puse a reparar mi casa en Chihua-
gáramos. Entre nosotros estaba José Estrada que era el más
hua, me casé con Luz Corral y puse un negocio de carnice-
bravo, y le contestó a mentadas a Carranza a la vez que
ría y de comercio de ganado.
echaba mano a su revólver, con lo que el secretario de
Pascual fue de los más favorecidos, porque como ge-
Guerra dio media vuelta y fue a refugiarse en los salones,
neral le tocaron cincuenta mil pesos, aparte de que lo
mientras tanto nosotros le gritábamos en medio de risota-
recontrataron como jefe de los rurales. Al resto, como le
das a Estrada que por favor ya no anduviera asustando a
decía, los licenciaron con cincuenta pesos más veinticinco
nuestro secretario de Guerra.
a los que entregaban su rifle o carabina. Aquí empezaron
Cuando Orozco lo supo nos llamó para regañarnos,
los problemas, porque los encargados del licenciamiento
pero no como quería Carranza, que era que se nos proce-
cometieron muchas injusticias, pues eran los mismos
sara militarmente. Eso yo creo nunca lo olvidó, le quedó
"changos" contra los que habíamos peleado, así licencia-
el rencor y por eso la conducta que después iba a seguir
ron a mucha gente con la mitad del dinero y el resto se lo
Carranza para conmigo cuando se autonombrara Primer 1

embolsaron.
Jefe de la Revolución.
A mí fue el primero que licenciaron. Allí mismo en Por supuesto que hubo injusticias con las proporcio-
Ciudad juárez me llamó Orozco y de manera brusca me ,, nes, porque a gente tan combativa como Toribio Ortega o
Tomás Urbina -mi compadre-, Lázaro Gutiérrez de Lara
dijo que ya todo había terminado. Me dio diez mil pesos.
y otros, les dieron cien pesos a cada uno y las gracias.
Fui a despedirme de don Abraham y de Madero, y la ver-
Otra vez intervino don Abraham y les pidió a los
dad los sentí huraños.

76 77
inconformes que esperaran mientras él hacía las gestio- Ese día Orozco le dijo a Madero que Pino Suárez po-
nes para aumentarles, o a veces para pagarles, pero la gente día ser una buena persona, pero que la lucha original ha-
estaba muy lastimada y nos acordábamos del peso diario bía sido por él y por Vázquez Gómez y no con personas
que había hablado Madero en Bustillos, pero a muchos de ajenas. Madero dijo que entendiera de una vez por todas
los soldados ni eso les tocó. que el vicepresidente sería Pino Suárez.
Estaba yo pues retirado y ocupado nada más en mis Con la confianza que le tenía, me acerqué y quedito
negocios, muy contento porque mi pasado de bandido se ' le dije: mire señor presidente, estos canijos -refiriéndo-
había borrado y podía yo andar en la calle con toda tranqui- me a los antiguos porfiristas-, si lo dejan durar un año
lidad, pero veía que Orozco tenía el gusanito del poder y en el poder es mucho, lo van a asesinar, ¿y estos soldados
por todo Chihuahua se escuchaba que quería ser goberna- analfabetas como yo, que lo llevamos al poder?, ¿por qué
dor. Sabedor que la ambición entre los hombres, una vez no nos pone en el Colegio Militar y de aquí a unos años le
que se engendra ya es muy difícil de matar, me daba cuenta seremos de mucha utilidad?
de que aquella tranquilidad no iba a durar, como sucedió. Madero me respondió que me mandaría llamar.
Fui a ver a Madero cuando regresó después a Chi-
huahua en gira como candidato electo a la Presidencia de
la República y ante más de tres mil personas pronunció
un discurso muy emotivo, la gente aplaudía entusiasma-
da, pero cuando comenzó a hablar de Pino Suárez, dicien-
do que era el mejor hombre para la vicepresidencia, el
pueblo empezó a gritar: "Pino no", "Pino no", hasta que
hicieron que Madero se callara. Eso lo enfureció y comen-
zó a gesticular con tanta fuerza, que por poco se cae del
banco de madera que se le había puesto en el balcón cen-
tral para que sobresaliera por encima del barandal. Tris-
temente para finalizar, Madero gritó: "Quieran o no quie-
ran, Pino Suárez será vicepresidente".
Nosotros queríamos a Vázquez Gómez porque tenía-
mos noticias de que él y su hermano habían tratado el pro-
blema de los licenciamientos con más justicia y que incluso
eran contrarios a desmantelar a los revolucionarios.

78 79
... -.,:;,.~,--,-,,-,-:,,,,,,--------

Don Abraham:
ese desconocido

A mí no me conoció nunca en persona señorita, permíta-


me presentarme ante usted, soy el doctor Francisco Váz-
quez Gómez. Gracias por haberme convocado, fui una de
las personas que más apreciaron a don Abraham. Hay mu-
chas cosas que usted no conoció, es cierto, aunque no sé
para qué quiere saberlas ahora, pero usted las sufrió to-
das yeso es quizás 10 más importante.
Por supuesto que fue debido al movimiento
antirree1eccionista que 10 conocí.
Al principio, por el trabajo político que desde hacía
años, desde 1890, desarrollaba mi hermano Emilio, quien
había publicado un folleto muy popular: La reelección in-
definida, Madero 10 invitó participar con él. Así que cuan-
do ellos inauguraron el Centro Antirree1eccionista de Méxi-
co, mi hermano era el presidente y Madero y Toribio Es-
quivel Obregón, los vicepresidentes. abnegación rayana en el heroísmo asistía a las reuniones
A mí Madero me buscó cuando se trataba de formar ya lIt'l Centro, a la vez que prestaba sus servicios en las más
el Partido Antirreeleccionista. Al principio no me negué abier- humildes labores. Su porte y sus actos inspiraban respeto
y cariño a la vez que mostraban una fuerte dosis de ener-
tamente, pero le di largas y pretextos. Madero insistió di-
ciendo que sería un partido con tendencias muy firmes y gla. Fuimos inclusive amigos, aunque divergíamos en los
me dijo: Necesitamos una persona como usted, bien conoci- rrtterios sobre la forma de resolver los problemas, pues él
da, de prestigio y amiga de los hombres del gobierno por preveía, como don Abraham, la inminencia de la lucha
virtud de su profesión, pues en un momento puede servir- armada. Ya verá doctor -me decía- qué bonita es la vida
nos de intermediario entre el gobierno y nosotros. de campaña y qué furor el de las hojas sueltas.
Esos argumentos me parecieron convincentes, por- Yo había sido de cuna muy humilde en mi niñez y
que yo sentía la necesidad de hacer algo por mi país. Así juventud y tenía para entonces cincuenta años. Había he-
que acepté. rho de todo antes de lograr entrar a la escuela de medici-
Poco tiempo después regresó a visitarme y me anun- na, fui jornalero en mi natal Tampico, aprendiz de zapa-
ció su decisión de ser el candidato del partido para la Pre- tero -de ahí mi eterna manía por la limpieza de mis zapa-
sidencia de la República, me dijo: He sugerido a los los-, sastre, gendarme descalzo, carpintero, en fin. Pude
correligionarios de Chihuahua que lo propongan a usted costearme mis estudios de medicina mientras trabajaba y
como vicepresidente en nuestra próxima Convención. también, mientras soportaba todo tipo de humillaciones.
Así que por primera vez escuché el nombre de don Un día, mis compañeros de clase hablaron con los
Abraham González. A su propuesta debía yo mi candida- maestros, pues querían que se me expulsara o al menos se
tura a la vicepresidencia de la República, mi entrada for- me aplicara un correctivo; la razón era mi pobre y remen-
mal a la vida política. Como usted verá, con él entraba yo dada vestimenta, eso sí, siempre muy limpia, pero que
a las páginas más trágicas de la vida nacional. según ellos deshonraba al gremio. Sólo me salvó el hecho
Terminada la Convención, el ánimo empezó a diluirse, de que en todos mis años universitarios fui el mejor estu-
muy pocos permanecían constantes y con fe en la causa. diante de mi clase. Después obtuve una beca para estu-
Entre estos últimos estaba don José de la Luz Soto, a quien diar en Europa mi especialidad en oídos y garganta, así
a simple vista no se le notaba la edad, porque había sido llegué a ser el médico personal de Porfirio Díaz.
combatiente desde la guerra contra la intervención fran- Verá usted, en una reunión en la escuela de medici-
cesa, era otro revolucionario de corazón que usted segu- na, me tocó hacer una exposición sobre un tema de mi
ramente conoció muy bien, porque su incorporación al especialidad, sin saber que entre el público había una per-
maderismo fue también obra de don Abraham y con una sona muy allegada a la familia Díaz.

82 83
oo.debemos felicitarnos por el resultado que hasta aho-
Doña Carmelita, la esposa del General, sufría por esa
ra hemos obtenido, parece que el pueblo mexicano no
época de un malestar que su médico de cabecera no había
estaba tan dormido como se creía, y que al primer lla-
logrado controlar, así que fui llamado un día para aten-
mamiento ha despertado resuelto y vigoroso.
derla, y como mis visitas se hicieron cada vez más fre-
cuentes y con buenos resultados, me tocó también aten-
Pero yo estaba seguro que Díaz no dejaría el poder
der al general Díaz de su avanzada sordera.
tan fácilmente.
Allí pude darme cuenta de su fragilidad que cada día
Cuando supe que durante su gira, Madero había sido
era más evidente.
aprehendido en Monterrey, creí que era la señal de que el
Yo había tenido para entonces algunos acercamientos
I>ictador estaba ya dispuesto a reprimir con la fuerza públi-
con los partidarios del general Reyes, que estaban muy ac-
ca todo intento de protesta política. Eso me dio la medida de
tivos para que lo nombraran candidato a la vicepresiden-
que el camino estaba clausurado; habíamos hecho lo que
cia, y conociendo mi cercanía con la familia Díaz me invita-
nuestra conciencia nos había dictado y no había más.
ron a formar parte de su grupo. Considerando yo que de-
Después de las elecciones me separé del partido, creía
bía poner esto en conocimiento de Díaz, que me había dis-
yo que ya nada se podía hacer y había que esperar mejo-
pensado su confianza, le comenté la invitación y me dijo: Si
res tiempos, sin embargo, a Madero se le ocurrió procla-
el pretendiente fuera un hombre como usted, que se ha
mar el Plan de San Luis llamando a la rebelión sin que se
formado a sí mismo y que tiene carácter, sería distinto.
nos hubiere consultado o advertido, con lo que sus más
Lo que yo entendí era una fuerte crítica que descali-
cercanos simpatizantes quedamos en una situación muy
ficaba a quien aspiraba a ser su vicepresidente.
comprometedora.
Por esos días el general Reyes, que era el más popu-
Madero me invitó a irme a San Antonio, pero le en-
lar candidato a la vicepresidencia -pero como le digo, no
vié mi negativa -le escribí con mi seudónimo de Catón-
precisamente el candidato de Díaz-, salió muy discipli-
le dije que iniciar una rebelión contra Díaz despertaba el
nado al exilio a Europa, y muchos de sus partidarios se
recuerdo de los alzamientos como el del propio Díaz con-
pasaron al bando maderista.
tra juárez proclamado en Tuxtepec y olía a personalismo;
La gira de Madero para la Presidencia fue impresio-
lo que habíamos pedido en nuestra lucha era el imperio
nante. Había partidarios por todas partes de la república
de la ley y no el inicio de un nuevo caudillismo.
y con ánimo muy favorable para nosotros. En uno de sus
Pero él insistía en el alzamiento proclamado en el
viajes, me escribió muy optimista:
Plan de San Luis, me pidió entonces que no hiciera decla-
raciones en contra del movimiento, pues eso me perjudi-

84 85

IU
caría como personalidad política. Le contesté que por nin- dt, dejar a mis hijos en un ambiente mucho más agradable
gún motivo figuraría en su nuevo proyecto y que si la re- 11 11(' este que les esperaba en México, por muchas razones
presión se desencadenaba, tendría que hacer algunas de- 1'l1venenado. Elperiodista Francisco Bulnes resumió en una
claraciones, pues de otra manera no podría salir ni me- Irase el ambiente que reinaba en ese momento: La paz rei-
dianamente librado, ya que su proclama de revuelta me l1a en las calles y en las plazas, pero no en las conciencias.
ponía en serios aprietos, como ya lo había hecho con to- Madero se encontraba entonces en San Antonio, Te-
dos sus partidarios pacíficos. xax, organizando la rebelión que según él, era esperada con
El radicalismo de Madero aunque comprensible, era ansia en todas partes de la república. Desde ahí telegrafió a
absurdo y de hecho desconocía nuestros propios acuer- su antiguo aliado y paisano, Venustiano Carranza para de-
dos, ya que habíamos convenido en que dado el caso lle- dril': Bueno señor, vámonos levantándonos en armas.
garíamos a un acuerdo con Díaz, Madero pediría la elec- Pero como usted sabe, casi nadie lo secundó en su
ción libre del vicepresidente, o cuando menos que fuera propio estado, mucho menos Carranza.
un hombre demócrata; la remoción de los gobernadores En otros lugares del país habían sucedido cosas se-
más nefastos y si fuese posible, la de dos o tres ministros. mejantes, por ejemplo en el sur, el agente encargado de
Fue entonces cuando declaré públicamente que todo promover la rebelión, Alfredo Robles Domínguez, repor-
lo que había surgido en la Convención Antirreeleccionista taha que los dirigentes locales se habían disculpado, unos
había terminado con la declaración de la Cámara recono- por enfermedad y otros por atender asuntos urgentes de
ciendo la victoria de Díaz; por lo tanto ya no había más familia. Al no haber nadie con quién organizar la insu-
campaña electoral. En verdad los antirreeleccionistas se rrección, Robles Domínguez renunció al cargo.
habían desmoronado y renuncié al partido públicamente. Para colmo, una semana antes del día previsto para
Consideré lo más prudente partir con mi familia a el levantamiento, Robles fue detenido y encarcelado en la
los Estados Unidos, a San Antonio, pues aunque mis decla- capital y con él se fue la coordinación del ala sur de la
raciones me distanciaron de Madero, públicamente nos se- Revolución. Cinco días después, una balacera acabaría con
guían relacionando. la vida de Aquiles Serdán y con el grupo poblano.
Lo hice con la amargura y con reproches a mí mis- Después de su decepción en Coahuila, Madero me en-
mo. Aunque debo decirlo con franqueza, la posibilidad de vió un mensaje en el que decía que deseaba verme a su lle-
vivir y ejercer en los Estados Unidos eran un deseo larga- gada a San Antonio proveniente de Eagle Pass, así que fui a
mente acariciado en mi mente. esperarlo a: la estación del tren porque consideraba que era
No sólo significaba un nuevo reto profesional que un acto de lealtad frente a quien, bien o mal, era un patriota
estaba seguro de sobreponer, sino también la posibilidad desinteresado. Vi allí a un hombre que había sacrificado su

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barba y llevaba un sombrero viejo, pero aún así era fácil- V;I Orleans, fui testigo de que en la familia Madero priva-
mente reconocible, sobre todo porque su criado, Julio Peña, hil un aire de resignación, pero también había un cierto
no se desapartaba de él ni un segundo. Fue hasta que llega- rilsgo de felicidad y alivio por el nuevo camino a empren-
mos al hotel cuando pudimos hablar claramente. IIt'r y por dejar atrás tantos peligros y sobresaltos.
Nunca había visto, ni volvería a ver, a un Francisco I. Los días siguientes los dediqué a resolver algunos
Madero tan demacrado, con la expresión de crisis moral .isuntos, decidido como estaba a quedarme en San Anto-
en su rostro y sus ojos hundidos. Madero estaba franca- nio por una buena temporada. Estando ocupado en esos
mente agobiado por el fracaso de la rebelión. menesteres, Roque González Garza me comunicó que don
Por la noche en el hotel de San Antonio, Madero me Ahraham había llamado urgentemente a Madero y que éste
St' encontraba en El Paso y requería allí de mi presencia.
comentó que todo había fracasado, que la Revolución ha-
bía sido un fiasco, que el pueblo permanecía inerte, por lo Llegué a El Paso movido más por la curiosidad que
que desistiría de su empeño y partiría a Europa lo antes por otra cosa, porque estaba decidido a dedicarme a mi
posible como había acordado con su familia. Ninguno de profesión y olvidarme de la política, pero también porque
los presentes, Roque Estrada, Gustavo Madero y demás me sentía profundamente conmovido por el Madero que
personas ahí presentes, protestaron. yo recordaba de nuestra última conversación en San An-
Al terminar, Madero me llamó aparte, a un extremo tonio. Pero para mi sorpresa, don Abraham no había caí-
del salón y me dijo: "la Revolución ha fracasado, el pueblo do en el desánimo que imperaba entre los demás partida-
acepta servilmente al gobierno del general Díaz y no hay rios de Madero. Había instalado una oficina de informa-
esperanza de que responda a nuestro llamado. Mi situa- ción en el centro de la ciudad de El Paso y daba conferen-
ción es difícil, por mi causa muchos sufren en las cárceles. cias de prensa anunciando la proximidad de la Revolu-
Yo no puedo -me dijo-, menos que doblegarme ante los ción. Don Abraham nos describía que tenía cientos de hom-
hechos, pero antes lanzaré un discurso reconociendo al bres levantados en armas y entonces las noticias que nos
gobierno del general Díaz, ya que el pueblo lo reconoce, y habían llegado de un estado incendiado por la Revolución
le suplicaré que perdone a todos mis partidarios, así po- se confirmaron ante mis ojos.
drá usted regresar pronto a la patria... y en breve recupe- Madero le hizo caso a don Abraham e insistió -era
rará su posición por merecimiento propio". el mes de febrero de 1911- en que yo formara parte de la
Nunca pude imaginarme, ni en el peor de mis temores, Revolución y acepté a cambio de que fuera yo quien lleva-
que llegaría el día en que presenciaría esa escena. Aldespedir- ra a cabo 'la representación en Washington, y de fungir
me le di un abrazo al amigo, al hombre en su más honda crisis. como intermediario ante el gobierno de Díaz a fin de lle-
Ellos estaban decididos a salir al día siguiente a Nue- gar lo más pronto posible a una transacción o arreglo, que

88 89
debía ser formal y público, de esta manera se terminaría "1,1 1111 gran terrateniente en el estado de Morelos, donde
el derramamiento de sangre y se lograría una amnistía ",tilia una enorme efervescencia política.
para nuestros correligionarios en México. Por esta vía pen- Alfonso me escribió una nota a Washington, pidién-
saba yo servir a mi patria, como lo había previsto desde dOllu' ir a Corpus, pero le dije que no tenía sentido gastar
un principio. rluu-ro, cuando yo en lo personal andaba escasísimo de
Madero permaneció en El Paso pendiente de las noti- 1olidos entre tanto ir y venir, además, no tenía caso ir para
cias de los revolucionarios de Chihuahua y esperando el pl'dir perdón y amnistía a quienes no tenían ninguna au-
momento adecuado para pasarse a México. turlznción oficial de Díaz para negociar -y yo que no la
Así partí para Washington a hacerme cargo de la re- 1I'IIIa en ese caso ni del propio Madero-, otros sí y ade-
presentación oficial del movimiento. lilas esas conferencias a mis espaldas eran prueba de que
Madero entró por el poblado de Guadalupe y envió ~Iadero jugaba dobles cartas.
dos mensajes, en uno de ellos garantizaba las propiedades Le escribí pues una amarga carta a Alfonso díciéndo-
y los bienes de los extranjeros en México, cosa que creí 11' que podían prescindir de mi presencia en Corpus Christi,
muy oportuna y prudente; en otra, nombraba a una comi- ¡Hll'S si en familia arreglaban todo y salía bien, sentiría yo

sión para que gestionara un empréstito en los Estados III1Icha alegría, pues mi mayor deseo era la paz.
Unidos por un millón de pesos con el propósito de finan- Pero el asunto no era nada sencillo, porque yo veía
ciar la guerra, lo que me fue imposible de lograr porque lomo la situación del país se complicaba. Por eso días, un
entonces nadie, ni yo mismo a decir verdad, creía en él. grupo de filibusteros a nombre de Ricardo y Enrique Flo-
En ese poblado se dieron los primeros documentos res Magón tomaron la ciudad de Tijuana y amenazaban
del gobierno provisional de Madero. Me dijeron que in- seriamente con apoderarse del importante puerto de En-
cluso don Abraham había sido nombrado vicepresidente, senada. México era un caos a los ojos de los norteamerica-
pero creo que prefirió el de gobernador provisional del nos. En el interior del país, Emiliano Zapata se había le-
estado de Chihuahua. vantado en armas sumándose al Plan de San Luis y sus
Me llevé una gran sorpresa al enterarme de que mien- fuerzas amenazaban a la ciudad de México desde lugares
tras esto sucedía en la frontera y los rebeldes se dirigían a tan cercanos como el cerro del Ajusco.
tomar la ciudad de Casas Grandes, aunque yo era el repre- No me avergüenzo de nada señorita, a pesar de 10
sentante oficial de Madero en los Estados Unidos, su her- que mis críticos han escrito contra mi persona. Es cierto
mano Alfonso Madero se encontraba negociando la paz en que cuando se viene de una cuna humilde somos los más
Corpus Christi con un enviado extraoficial de Díaz, el co- fuertes defensores del Estado, de la institución como tal.
merciante de origen español Íñigo Noriega, que además Los pobres hablamos del Estado o más bien del gobierno,

90 91
.1

poplllares para instaurar la vicepresidencia, pero no quería-


cuando pedimos educación, salud, progreso. Esperamos 1110.. rpmo fue- que estuviera en manos de un tipo como
mucho de él, es cierto, porque no tenemos nada. Otros no, I(,IlIlon Corral, que era la imagen de lo más corrupto y vil de
ni siquiera cabe en sus pensamientos, fueron a escuelas 1.1 dictadura, sino de alguien que pudiera abrir puertas a
privadas y mucho de su educación provino de su familia. 1111,1 vida al menos un poco más democrática, pero sin que
No necesitaron más que de ellos mismos. Yo sólo tuve a mi C",(I significara atentar contra los pilares del país.
madre como a un enorme aliento y fuerza de espíritu, pero Conviviendo entre herejes y rebeldes yo me sentía Ila-
fui a escuelas públicas. Gané becas aquí y en el extranje- m.ulo a realizar esa conciliación. Había vivido entre la mise-
ro. Por eso para los pobres, el Estado es tlatoani, cacique, 11" de mi juventud y la cercanía del poder en los últimos
padre y familia. ,1 nc )s. Podía entender a unos y a otros, era el momento, mi
Sé bien que en el norte del país ha sido diferente, p.us me llamaba, a mí, Francisco Vázquez Gómez, doctor.
por eso pueden ser más irrespetuosos frente al Estado, el En Nueva York se reunieron por esos días Limantour
peso de su presencia es menor para ustedes. Díaz pudo que regresaba de Europa-; Carranza, que estaba en el
ser un gobernante cruel a los ojos de los norteños, pero «xtlio por oponerse a Díaz; y otros más que hablaban de
nunca dejó de ser un hombre como cualquier otro. Para una posible paz. Limantour, que para ese entonces había
un oaxaqueño, el presidente, sea su paisano o no, es ese .. Ido ministro de Hacienda durante once años, de joven
Dios encarnado de cuya mano depende la vida o la muer- luo el abogado de confianza de los Madero, en especial
te de cientos o de miles de hombres. Un grito de "¡Muera dl'1 patriarca del clan, don Evaristo, y luego había mante-
Díaz!" en Chihuahua era rebeldía, pero en el sur equivalía nido el trato con todos ellos por cuestiones que tenían
a la peor de las herejías. que' ver con los impuestos y los negocios. Cada uno de los
¿Había oído hablar usted entonces de Zapata? ¿En- iI h í reunidos eran de absoluta confianza entre sí.
tendió por qué Díaz prefirió negociar ante rebeldes que Por su parte, Carranza había sido senador, luego aspi-
ante herejes? r<'l a la gubernatura de Coahuila que perdió porque no obtu-
Nosotros en un principio no queríamos nada en lo per- vo la venia de Díaz. Tenía en 1911 cierto peso entre algunos
sonal contra Díaz..., el viejo tarde o temprano y más tem- políticos porque había sido ferviente partidario del general
prano que tarde iba a morirse, él era la institución, pero sin keyes. Carranza me escribió que había estado en esas pláti-
él se advertía el caos que en realidad fue. Era la dictadura, ras pero que no había que esperar nada del gobierno y que
es cierto, pero queríamos una transición pacífica que el vi- en tres meses sería derribado el régimen. Me sorprendió su
cepresidente podía asegurar y así cuando Díaz muriese, una seguridad ¿por qué? De repente, todos estaban interesados
nueva clase política podía haber tomado las riendas del país. en la caída del Dictador y en favor de la paz. Aun el viejo
Por eso, antes, en 1904, luchamos desde las tribunas

93
92
1101 mandado movilizar veinte mil hombres a la frontera
general Reyes nos avisaba a nosotros, los revolucionarios
11111 México. Esto quiere decir que tratará de intervenir.
que habíamos sido sus antiguos simpatizantes, que regresa-
IIsll'des serán los responsables de la intervención armada
ba a México desde Europa a colaborar con la paz.
d(' este país en México.
Madero me interrogó entonces acerca de Carranza
Los señores Madero, que como todos sabíamos, ad-
diciéndome que le informara sobre sus verdaderas inten-
míraban al ministro porfirista como a un ser sobrenatu-
ciones, ya que según él, había estado haciendo preparati-
1.11, se quedaron callados, como yo me di por aludido, le
vos para su expedición a Coahuila, pero con una lentitud \
1 out esté sin perder la calma:
desesperante y argumentando que aguardaba ciertas no-
- Usted sabe -le dije-, que la Revolución se origi-
ticias para pasar. Lo cierto era que, Carranza, antiguo
110 sobre todo por la imposición del señor Corral como
reyista de hueso colorado, estaba esperando al ex gober-
vírcpresídente, y con eso se canceló toda transición pací-
nador de Nuevo León para ponerse a sus órdenes, mien-
lka del poder y generó un enorme sentimiento de fatali-
tras tanto recibió un ultimátum de Madero y no le quedó
dad en nuestra generación, y fue usted quien se lo impuso
otra que apersonarse en Ciudad ]uárez.
011 general Díaz.
En marzo me entrevisté con Limantour en el Hotel
Para mi sorpresa, Limantour reaccionó a la defensi-
Astor de Nueva York, donde se encontraban él y también
va y me preguntó:
el embajador de México en los Estados Unidos: Francisco
- ¿Y cómo sabe usted eso...?
León de la Barra. Al principio hablamos de generalidades,
- Porque el general Díaz me lo dijo el 24 de junio
luego poco a poco fue entrando en materia. Dijo que acce-
del año pasado en Chapultepec, a las seis de la tarde.
día a nuestra entrevista por consideración a don Evaristo,
Ante mi afirmación tan rotunda, que además era cier-
quien le había escrito una carta suplicando su interven-
la, el señor Limantour llevándose las manos a la cabeza y
ción para que cesaran las represalias a sus negocios: "sólo
sentándose violentamente explotó:
porque el visionario de mi nieto Francisco se ha metido a
- Es cierto, llevaré siempre ese pecado.
querernos redimir de nuestros pecados, como dice el ca-
- Pues ese pecado -agregué para rematar-, será la
tecismo del padre Ripalda; y todo ello dizque por revela-
causa de la intervención, si es que la hay.
ciones de los espíritus de Benito ]uárez o de no sé quién,
Así terminó nuestra conferencia. Para mí, el culpa-
comprenderá usted que nuestra situación es tan angustio-
hle de la situación en la que nos encontrábamos era
sa". Así que poco a poco aquello fue tomando el tono de
l.imantour, por él habíamos llegado a esta confrontación
regaño y de repente Limantour levantándose de su asien-
directa con Díaz y a la vez era el obstáculo para no poder
to me dijo en un tono un poco violento:
llegar a un acuerdo digno.
- Ustedes deben saber que el gobierno americano

95
94
su_ _•

~u,nque yo ya no asistí a las siguientes conferencias, I le 1Il de Díaz!, es decir, éste se dio cuenta de que se negocia-
la familia Madero sí lo hizo, y se le entregó a Limantour ha ron Madero a sus espaldas y lo aborreció de por vida.
u~ borrador de propuesta para la paz que yo había pre- Yo creía que la toma de Ciudad Iuárez, que preten-
viamente elaborado, que convenía la amnistía general la dla don Abraham, traería como consecuencia la interven-
renuncia de diez gobernadores señalados como nefas;os I Ion norteamericana con el más mínimo pretexto. Hubo

n,~evas elecciones en esos estados, principio de no reelec- por esos días en los Estados Unidos un suceso de máxima
cI~n ,Y cambios en cuatro secretarías (Justicia, Instrucción Importancia para México. El 11 de abril, el periódico The
PublIca, Fomento Y la de Comunicaciones) Y por supuesto ,\'1111 publicó un telegrama del embajador norteamericano

la renuncia de Ramón Corral como vicepresidente. en México, Henry Lane Wilson, del convenio secreto entre
Al~uno~ años después, evocando estos días con otros México y Japón, concediendo a este último una estación
re~o~~cIOn~nos, me dijeron que su hermano Gustavo se carbonera para su flota y otros privilegios en la Bahía Mag-
reñríó a nu conducta en esa ocasión como "un comporta- dalena en Baja California, lo que de inmediato provocó la
,
miento sumamente desagradable". movilización de la Armada norteamericana y un fuerte sen-
P.~r mi pa~te logré comunicarme con Díaz para acla- timiento antidíaz de la opinión pública norteamericana.
rar qUI~neS senan sus verdaderos emisarios, así como sus Eso era particularmente benéfico para nosotros, no
~retensI~~es. Para mi sorpresa, me di cuenta de que la solo porque atacaba directamente al general Díaz, sino
m:ormacIOn que t,enía era la que Limantour le hacía llegar porque en los pasillos del Departamento de Estado norte-
Y esta no era precIsamente la más correcta. Así que le hice americano se comentaba con razón, que Madero había sido
lleg~r e~ estado de las negociaciones Ylas propuestas que de los más fervientes impugnadores de este tratado y que
ha~I~ LImantour a los Madero. Después de eso, Díaz vio había escrito varios artículos señalando que se dañaría
traícíones Y defecciones por todos lados , la que mas' 1o seriamente a los Estados Unidos, que yo sabía que siem-
,
a~ar~~ fue la de Limantour, a quien vio detrás de la cons- pre había admirado por sus instituciones democráticas.
piracton de Madero. Por ello le comentó a uno de sus alle- La situación demandaba actuar con urgencia, pues
gados el 2~ d~ mayo: Estoy dispuesto a renunciar; pero no el general Reyes anunciaba su regreso a México y como
presentare mr renuncia mientras no llegue la de C 1 tenía muchas simpatías, de hecho los maderistas se divi-
N . deí arra.
o quiero ejar una bandera de legalidad en manos de dirían y terminaríamos por perderlo todo.
gente ~~e me estuvo engañando mucho tiempo y ahora Le telegrafié a De la Barra, ya secretario de Relacio-
me traICIOna. nes Exteriores, le informé que los revolucionarios estaban
, Des~e entonces Limantour quedaba eliminado de cual- al frente de tres mil hombres dispuestos a atacar Ciudad
quier gabinete de transición y curiosamente ¡por impugna- [uárez, y si el gobierno de Díaz deseaba evitar complica-

96 97
Hl'ladones Exteriores, y desde e! punto de vista legal, la
ciones internacionales y pérdidas de vidas y propiedades, .uisencta del presidente y vicepresidente tenía que ser
mandara desalojar dicha plaza para que fuese ocupada vuplldn por él, por lo que la legalidad no se rompía. Lo de
por las fuerzas de Madero y se tratasen luego las condi- 1.1 renuncia de Díaz se lo contaré después.
ciones de paz. Al día siguiente me llamaron de la Embaja- lln día, Juan Sánchez Azcona, secretario particular
da para decirme que solamente aceptaban un armisticio dI' Madero, me telegrafió urgiendo otra vez mi presencia
que debería ser firmado por el jefe de la Revolución y el 1'11 1:1 Paso porque según él, los enemigos habían ganado el
comandante militar de la plaza, general Juan]. Navarro. .1111 mo del señor Madero y se estaba arreglando la paz en
Se lo comuniqué a Madero y aceptó el armisticio para u-rminos desfavorables para la Revolución.
iniciar las pláticas. El armisticio fue de cinco días cubrien- A fines de abril de 1911 llegué a El Paso, allí me
do el área comprendida entre Ciudad Iuárez, Chihuahua, l'slwrahan Venustiano Carranza, Roque González Garza y
Miñaca -ese pequeño poblado a 350 kilómetros al sur de don Abraham González. Me dijeron de viva voz que todo
la frontera, cerca de San Isidro- y Casas Grandes. I'slaha perdido si yo no lo remediaba, porque Madero ha-
Creía yo desde entonces que Madero no daba la me- 11Ia convenido que no renunciara Díaz, sino solamente el
dida para salir adelante en el gobierno provisional, sus sl'11or Corral.
vacilaciones eran muchas, las conversaciones de paz se Madero había establecido su cuartel general en una
mezclaban entre comisionados y familiares cercanos a I asa de adobe que se encontraba en las márgenes del Bra-

Madero, cuya influencia parecía siempre dominarlo. vo, por lo que se decía que él había acercado como ningún
Le escribí diciéndole que era pertinente solicitar la 011'0, la Presidencia de México a los Estados Unidos. El te-
renuncia de Díaz y también le propuse a Francisco León ner en las manos un puerto fronterizo había resultado una
De la Barra como presidente provisional. Lo hice entonces maniobra excepcional.
por las siguientes razones: De la Barra era hijo de un mili- En cuanto llegué, hablé con él sobre la necesidad de
tar chileno nacionalizado mexicano. La mitad de su vida exigir la renuncia de Díaz y me dijo textualmente: Estoy
la había pasado en México y la otra mitad en los Estados compromettdo con Limantour.
Unidos, su llegada al servicio exterior había sido más bien Eso significaba que los arreglos familiares habían te-
por accidente, sin que estuviera ligado a ningún grupo nido éxito y que estaba dispuesto a la mera renuncia del
político en lo particular; era bien visto en Washington, lo vicepresidente para lograr un convenio de paz. Como esto
que aseguraba que en la Presidencia provisional los nor- me causó una sorpresa enorme y tardé varios minutos en
teamericanos tendrían un interlocutor de confianza y que reponerme, le pedí volver a tratar nuevamente este asun-
verían la transición de una manera benevolente. Por otra lo al día siguiente.
parte, De la Barra acababa de ser nombrado secretario de

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Tardé un día entero hablándole a solas, exponiéndo- dos, creo que con esto estamos seguros.
le el porqué debería Díaz renunciar, entre otras cosas por- Orozco respondió:
que el gobierno muchas veces había prometido cambiar y - Señor, no me pregunte usted estas cosas porque
nunca había cumplido, ¿quién garantizaba que esta vez sí no entiendo de ellas, dígame por qué parte viene el ene-
la iba a cumplir?; además, le argumentaba que sin la re- migo y yo veré qué hago; pero de esto no sé, ustedes sa-
nuncia del dictador dejábamos a nuestros partidarios en ben lo que hacen.
el mayor desamparo, que todo había sido entonces inútil Orozco se retiró y Madero me vio con sus ojos
y que por la debilidad senil de éste, dejábamos la conti- entrecerrados como diciendo: Usted gana por ahora, y fir-
nuidad de nuestra obra a otros como al general Reyes o mó el documento. Pero al día siguiente llamó y me dijo que
Limantour; le insistí que ya había pasado el momento en me presentara con el texto que había firmado, sospeché que
el que la renuncia del vicepresidente hubiera bastado y deseaba romperlo y regresar a su postura original.
que para los revolucionarios el gobierno era el general No acudí al llamado de Madero pero sí lo hicieron
Díaz, por lo que estos no lo iban a aceptar y nuestras pro- los demás jefes revolucionarios, y como Madero efectiva-
pias fuerzas se podrían rebelar. Finalmente me dijo: mente se retractó de pedir la renuncia de Díaz, fueron a
- Bueno, pediremos la renuncia del general Díaz, verme y Carranza me dijo: No hay más remedio que irme
pero que se haga de modo tal que no se le insulte. a Coahuila con los revolucionarios que andan por allá y
Cuando redacté el documento me insistió: reactivar la Revolución. Lo nombraremos a usted como jefe.
- Pero doctor, ¿por qué se empeña usted en pedir la - No -le dije-, la Revolución se dividiría y no es
renuncia del general Díaz? Mire que nos dan cuatro mi- bueno. Además van a decir que nosotros tiramos a Made-
nistros y catorce gobernadores. ro a un voladero para aprovecharnos de la situación, ve-
Le insistí recordándole las razones y me replicó: remos qué resuelve él antes de las conferencias de paz
- Vaya preguntarle a Orozco a ver qué dice de esto. que están citadas para mañana a las diez de la mañana.
Sabía yo que esto era una jugarreta de Madero, pues Así fue, Madero me llamó a las ocho para pedirme
¿quién era Orozco para opinar sobre política? que estuviera como delegado y que estaba decidido a pe-
En cuanto llegó Orozco, le dijo: dir la renuncia de Díaz.
- General, lo he mandado llamar porque aquí el doc- Como representantes de Díaz, por primera vez ofi-
tor Vázquez Gómez se empeña en que pidamos la renun- cialmente se presentaron Francisco S. Carbajal, magistra-
cia del general Díaz y yo le digo que nos dan catorce go- do de la Suprema Corte de Justicia y los señores Oscar
bernadores, cuatro ministros y nos permiten que ustedes Braniff y Toribio Esquivel Obregón. Por nuestro lado, el
los revolucionarios permanezcan guarneciendo los esta- señor Madero padre, Pino Suárez y yo.

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( Ion que transa es revolución perdida.
El primer día de negociaciones, el cinco de mayo, acu- La posición de Carranza era entendible pero no era
dimos el señor Pino y yo, el señor Madero no quiso asistir y poI' su radicalismo contra Díaz, ni por su patriotismo frente
por parte de Díaz asistió solamente el señor Carbajal. ,11 dtrtador, sino porque sabía, al igual que yo, desde las
Cuando presenté como primera proposición la renun- I unvcrsacíones con Limantour en Nueva York, que los nor-
cia de Díaz, Carbajal dijo que esto no estaba a discusión, u-.uncricanos deseaban la renuncia del dictador o de otra
porque ya estaba convenido con anterioridad que no se manera estaban dispuestos a intervenir en México a cual-
trataría este asunto. Me causa sorpresa -me dijo Carba- quler precio. De tal manera, la salida del dictador estaba
jal-, pues apenas el día de ayer Madero me dio las seguri- por así decirlo, a la mano, sólo había que presionar un
dades de que no se trataría la renuncia de Díaz. Por eso no poro y aparecería como una victoria de la Revolución.
tenía sentido continuar las discusiones y que por su parte Por fin al día siguiente de terminadas las conferen-
las daba por terminadas. das de paz sin ningún resultado, Madero resolvió no ata-
Notas fueron y vinieron durante tres días sin llegar a I'ar Ciudad ]uárez y retirarse al interior del estado de Chi-
ningún punto, pues los enviados gubernamentales insistían huahua para continuar las pláticas. Dio las órdenes para
en no retroceder en lo ya acordado con Madero y yo no que las fuerzas se movilizaran desde el amanecer, pero
quitaba el dedo del renglón sobre la renuncia de Díaz. Ade- misteriosamente nada sucedió. Como por milagro, Esqui-
más, hubo una reunión en la que Madero permitió que los vcl Obregón y Braniff nos dieron a conocer esa mañana
enviados: Esquivel Obregón, Braniff y un enviado informal, que Díaz había anunciado a la prensa internacional que
el diputado Rafael Hernández Madero, primo del señor Ma- estaba dispuesto a renunciar tan pronto como se pacifica-
dero, hablaran con los jefes revolucionarios Abraham Gon- ra el país, por lo que desaparecía el obstáculo para reanu-
zález, Carranza, Orozco y otros que no recuerdo entre los dar las pláticas y éstas deberían continuarse.
que estuve yo; en ella Esquivelles habló de la necesidad de Mientras tanto, Díaz no podía aparecer en público por-
cesar las hostilidades y aceptar los acuerdos de paz sin la que continuaba gravemente enfermo de una infección en el
renuncia de Díaz. Algunos de los revolucionarios insistieron maxilar que le producía una hinchazón enorme que le de-
en el tema y de repente Rafael Hernández, sumamente in- formó la cara; además de intensos dolores y fiebre, lo que le
dignado protestó con las siguientes palabras: ¿Quieren la impedía concentrarse y tomar cualquier determinación.
renuncia del general Díaz?, ¡Piden demasiado! Se les dan Mientras se cruzaban las notas acerca de cuándo y
cuatro ministros y catorce gobernadores y aun esto que es dónde deberían reunirse nuevamente los comisionados
mucho, ¿se les hace poco? A lo que Carranza respondió: Sí, para otra ronda de negociaciones, nos llegaron las noti-
nosotros no queremos ministros ni gobernadores, sino que cias de que se había iniciado una escaramuza entre nues-
se cumpla con la soberana voluntad de la nación. Revolu-

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1LIS 1ropas y las federales, por lo que Madero llamó inme- Vasconcelos, que estaba de representante en Washington,
l! 1.11 a rnent~ a .arozco que se encontraba en El Paso y le que hiciera todo lo posible para que los norteamericanos
pldlo explIcacIOnes que éste no supo dar. no cerraran la frontera y permitieran el paso de víveres,
Madero me mandó llamar y me dijo que era necesario medicinas y parque a Ciudad juárez. La respuesta de
.'ill.'ip,ll~der el ataque porque todavía estaba vigente el ar- Vasconcelos me sorprendió porque me dijo que los norte-
l1~i.'i~ICIO, le,respondí que no era cierto porque el armisticio americanos aceptaron inmediatamente nuestra solicitud
había termmado. Se habían cruzado notas en el sentido de y nos pedían que nombráramos a un representante mexi-
que las conversaciones deberían continuar, pero en ningu- cano de aduanas, pues de esa manera deseaban mostrar a
na ~e ellas s~ habló de extender el armisticio, por lo que en Díaz su descontento con él, según ellos, por la forma en
estncto se~~Ido no habíamos violado ningún acuerdo, todo que los había tratado recientemente.
e~t~ parecio tranquilizar a Madero, pero incluso se comu- Tres días después de la toma de Ciudad juárez esta-
mc~ con el general Navarro para decirle que el ataque se ba yo con Carranza curioseando en el cuartel federal, cuan-
habl~ hecho sin su consentimiento y para preguntarle si do vimos unas cajas de parque que habían permanecido
era ~lerto que los revolucionarios tenían tomadas posicio- intocadas. Al preguntarle a un soldado acerca de por qué
n,e~ Importantes, cosa que por supuesto Navarro negó en- ni siquiera los habían movido, contestó sin inmutarse: No
fatIcamente y no permítío ' " tranquilizar completamente a explotan, son cartuchos defectuosos.
Madero, que desconfiaba ya de las versiones de Orozco. Era una muestra de lo podrido que estaba el régimen
~a toma de Ciudad juárez fue caótica y envuelta en y de cómo la corrupción había minado sus cimientos, de
los m~s contradictorios rumores, pero afortunadamente, tal manera que no le permitió ni siquiera defenderse.
a ~edlda que transcurría el primer día, las fuerzas se in- Eso me hizo recordar un suceso de la ciudad de Méxi-
clmaban a nuestro favor, pese a las advertencias tan fu- co: cuando estalló la Revolución en el norte, el dictador
nestas que teníamos unos y otros: los asesores militares ordenó la movilización de las tropas, incluso las
de Madero, G~ribaldi y Viljoen temían una derrota mili- acuarteladas en la capital, eso obligó a que se utilizaran
~a~, otros temíamos una intervención norteamericana. Los las mulas que eran propiedad del ejército para arrastrar
ammos de Abraham González y Orozco nos eran ajenos el material bélico, entonces la ciudad se quedó sin los fa-
pues p~ra nos?t:~s, quienes desde la capital de la repúbli~ mosos tranvías de mulitas porque resultaba que estaban
ca hablamos ínícíado el movimiento antirreeleccionista tiradas por las mismas bestias que oficialmente estaban
ellos eran verdaderamente unos desconocidos. ' adscritas al ejército y por cuya manutención los militares
Afortunadamente, la suerte estuvo de nuestro lado. cobraban sumas enormes, las que a su vez eran alquiladas
Una vez tomada Ciudad Juárez, pedí al licenciado José a las compañías de tranvías.

104 105
Las causas originales de nuestra Revolución tenían espeso junto con un calor agobiante.
por esencia, no tanto la ineficacia de tal o cual sistema En eso revisábamos en mi hotel en El Paso las noticias
económico o las necesidades políticas de algún grupo, sino que llegaban de la ciudad de México, alarmados por el he-
la mutilación y el menosprecio a la justicia, que fue entre cho de que Emiliano Zapata había tomado la ciudad de
nosotros la llaga productora de la decadencia, como en la Cuautla y de hecho estaba a las puertas de la de México,
desgraciada república de Roma. cuando me avisaron que Madero iba a salir de Ciudad Iuá-
Estaba cavilando sobre eso cuando vi pasar a Villa rez rumbo al centro del país, así que corrí a verlo y le dije
con algunos de sus hombres, todos ellos con la carabina que no podía hacer el viaje: ¿por qué no? me respondió.
terciada y la actitud hostil. Pronto se corrió el rumor de Pues porque todavía no se firma ningún acuerdo de paz,
que los revolucionarios habían apresado a Madero. así que mañana pueden tomarlo preso y regresamos otra
En eso vi a Madero todo sudoroso y pidiendo agua vez al mismo lugar donde comenzamos. Es cierto -me dijo.
para beber, ¿de dónde viene? -le pregunté-, vengo -me Así que al día siguiente en las instalaciones de la Aduana,
dijo-, de llevar al general Navarro y a su estado mayor a el señor Sánchez Azcona y yo nos sentamos a redactar dos
la orilla del río, pues querían fusilarlo y como creí que no borradores de paz para proponérselos a Madero.
debe hacerse eso, me los llevé en un automóvil hasta la Yo no quiero dejar de mencionarle que cuando está-
margen del Bravo y allí pasaron al otro lado. bamos terminando el segundo documento, se presentó el
Ni siquiera podíamos enterarnos bien a bien lo que señor Madero padre, y nos dijo que deberíamos incluir
sucedía, cuando comenzaron a llovernos telegramas so- una cláusula en la que el gobierno pagaría a la familia
bre todo desde Washington, en los que se nos pedían in- Madero cuarenta mil pesos diarios por concepto de gas-
formes sobre una supuesta rebelión de Orozco, e incluso tos. Por supuesto que no le hicimos caso, pero esto puede
el Departamento de Estado se mostraba inquieto. Madero darle una idea del tipo de personas de las que estaba ro-
me ordenó desmentir inmediatamente el hecho, e incluso deado Madero y tenían enorme influencia en él. Tan sólo
distribuimos entre la prensa internacional una carta de le diré que al partir la comitiva, Gustavo Madero se diri-
Madero y otra de Orozco en las que se decía que los rumo- gió a su padre refiriéndose a mí con la siguiente frase: Ese
res eran infundados. pinche indio nunca será vicepresidente.
Para mí, no fue más que un incidente y nunca me ima- Escribimos el acuerdo y fui con el señor Carbajal que
giné la enorme trascendencia que tendría después este su- se encontraba en El Paso para que lo leyera y si lo encon-
ceso. traba de conformidad, lo firmara. Aceptó y mandamos lla-
Sin embargo pasaban los días y el dictador no re- mar al señor Madero, padre, y al señor Pino Suárez, quien
nunciaba. Había una inmovilidad en la frontera, un clima estaba en una fiesta y . nos dijo que lo firmaría al día si-

106 107
-
menos obtener la promesa de la renuncia de Díaz y del
guiente, como sucedió, y decidimos entonces encaminar-
vicepresidente, con lo que nos dejaba libre el campo p~ra
nos a Ciudad ]uárez para que el documento fuera firmado
en territorio mexicano. que Madero ocupara la silla presidencial y luego se hanan
las reformas que demandaba la opinión pública.
Resulta que al llegar a la garita mexicana de aduanas,
Lo otro era que, quiéralo o no Madero, el acuerdo de
nadie nos estaba esperando y los vigilantes se habían ido,
Ciudad ]uárez derogaba o dejaba al margen los radicalis-
por 10 que no podíamos pasar en automóvil. Brincamos la
mos inútiles del Plan de San Luis, como por ejemplo, se
barrera y tratamos de iluminarnos con los faros de los au-
aceptó en nombre de la Revolución que siguieran f~ncio­
tos, pero como nos quedaban muy bajos, decidimos
nando normalmente las cámaras federales y las legislatu-
iluminarnos con cerillos recargándonos en las espaldas de
ras de los estados.
los otros para poder firmar cada uno, pero eso sí, muy fir-
mes en territorio nacional. Así, a las once de la noche del 21
de mayo de 1911 yen la calle en donde se encuentra ubica-
da la Aduana de Ciudad Juárez, alumbrándonos con cerrillas
y faros de automóviles y sobre la espalda de cada uno de los
concurrentes, se firmó el acuerdo de Ciudad ]uárez.
Como usted bien sabe, porque me fue reprochado
hasta la saciedad por quienes después escribieron acerca
de estos días, ese acuerdo no contenía todos los puntos
que en ese momento podríamos haber aprovechado en
beneficio de la Revolución, aun eso de que "el señor Díaz
ha manifestado su resolución de renunciar a la Presiden-
cia de la República..." era de 10 más ambiguo que uno se
pudiera imaginar, porque en ningún momento se estable-
cía que debería hacerlo, sin embargo, dada la premura del
momento, era 10 más apropiado, pues de otra manera era
recomenzar las rondas de negociaciones, y tal y como se
10 dije a un corresponsal por esos días, eran más difíciles
las negociaciones de paz que lo que había sido militar-
mente la Revolución.
Lo importante era que el acuerdo nos permitía al

109
108
SEGUNDA PARTE
Chihuahua: la hija mayor

Te digo que fue Madero el que me enseñó esto del espiri-


tismo, el que me dijo, al principio con su seudónimo de
Arjuna, cómo debía hacerle para hablar con los muertos,
para invocar los espíritus como él 10 hacía. Recuerdo la
emoción con la que leí la primera carta, o más bien la
segunda, enviada después del parte militar de Lavanzat:
El espiritismo, bálsamo de las heridas, tónico poderoso para
las almas, en todos los casos consuela y explica por qué se
sufre, por qué se llora... es pues el espiritismo el remedio
contra las enfermedades del alma.
Al principio no le creí.
¡Viejo loco!
Pero ha podido más la esperanza de volver a hablar-
te, de escucharte aunque fuera con este sentimiento de
lejanía, en medio de esta bruma en la que sólo la fe puede

113
hacerme sentir que me escuchas. sela. El Madero del que tanto te había hablado Silvestre te es-
¿Me escuchas, Abraham? cribía a ti una carta y te confiaba la calidad de correligionario.
A los demás he podido escucharlos: al sentimental Después recibiste una carta de Emilio Vázquez
de Villa cuando se refiere a ti; al imperdonable de Orozco Gómez, el presidente del Club Antirreeleccionista. Te pe-
siempre tratando de justificar su traición; a la odiosa som- día que te tranquilizaras, que en el centro sabían de las
bra de intriga que rodeó siempre a Vázquez Gómez, Ellos condiciones pésimas en el interior del país, sobre todo de
me han hablado de ti, me lo dijeron como lo que siempre la dificultad de hacer las cosas a la manera legal, pero que
fui y sólo yo lo sabía: tu compañera Abraham, tu soldadera. era la adecuada; lo otro era el aventurerismo.
Sí, aunque te rías, porque escucho tu risa fuerte como sa- Le digo todo esto -te escribió- porque los espíritus
lida de un tronco, de adentro de un árbol grande como los irritados y desesperados tienen tendencia natural al des-
de tu tierra, porque eso eras para mí, ese asidero fuerte y orden, y hasta a la revuelta a veces; y yo y todos los que
yo quería crecer contigo, aunque fuera bajo tu sombra, estamos en nuestra causa debemos trabajar resuelta e
aunque fuera ... integralmente por la paz y por el orden, porque eso es la
y a veces no te sentía tan fuerte Abraham, a veces causa de que la tiranía apriete más. Ser héroe en estos
eras ese niño tierno que perdió a su madre a los ocho años, momentos es saber contener los ánimos. En otros tiempos
y detrás de tus ojos la tristeza era como la marea subien- llevaba camino de héroe el que tomaba el camino de la
do por la bahía. Eras la flama débil que uno protege entre revuelta. Hoy, el héroe es el que tiene la fuerza de volun-
sus manos, como amenazada siempre por el destino. tad bastante para dominar todas las irritaciones y deses-
¿Sabes lo que es la espera, Abraham?, esas noches peraciones del espíritu.
eternas mientras estabas en una tras otra de tus reunio- y tenías que hacerlo y hacérselos saber a los miem-
nes políticas y yo presintiendo que cualquiera podía ser bros del antirreeleccionismo.
la última, pero esperándote Abraham, escuchándote al día Era además una carta que indirectamente te hacía
siguiente en el relato interminable de tus sueños. un reproche personal porque tú mismo le habías escrito
Te escuché muchas veces, hasta que un día mi cuer- que era una ilusión creer que el régimen reconociera al-
po ahogó tu voz, tu voz como un murmullo que fue apa- guna vez una victoria electoral, que era necesario derri-
gándose poco a poco, hasta hacerse inaudible bajo el peso barlo a hachazos y que en Chihuahua habían comenzado
de mi boca. los preparativos para iniciar la protesta armada, que tú
Nadie sino yo fui la testigo de tu euforia con la primera considerabas inminente.
carta que te llegó de Madero a principios de 1909, cuando Pero es que ellos no tenían ni idea de lo que sucedía,
corriste a casa del periodista Silvestre Terrazas para mostrár- no sabían del sentimiento de rabia con el que Toribio Or-

114
tega vino un día, a mediados de 1909, a pedirte consejo cargado ridículamente de medallas, rodeado de jinetes
porque con el apoyo de los Terrazas y los Creel, el cacique ataviados con oro y plumas de aves, copia cursi de los
Ezequiel Montes se había apoderado de los terrenos co- uniformes militares en las aristocracias europeas. De un
munales de su pueblo, Cuchillo Parado, y quería de tu con- lado la simplicidad de la democracia tal como la soñabas,
sejo para defenderse y unirse al antirreeleccionismo. Des- y del otro, el oropel de la dictadura.
de entonces fue tu fiel amigo y tú le hablabas de la lucha ¿Qué había de común entre tú y Madero?
de todos ustedes, de los de San Andrés, en donde Joaquín ¿El modernismo quizás?
Chávez había terminado también por apropiarse de las tie- Lo conociste por primera vez cuando Madero vino
rras comunales y mantenía el monopolio del comercio y en su gira promoviendo la formación de clubes
del transporte de mercancías, y de otros muchos casos se- antirreeleccionistas, aunque desde antes habías enviado a
mejantes en Chihuahua. José de la Luz Soto para que estuviera cerca de él y les
Madero llegó a personificar para mí todo lo que nos informara todo lo que sucedía en la ciudad de México. La
separaba: Madero por aquí, Madero por allá, las cartas que gira de Madero había sido accidentada en muchos lugares
te llegaban de Madero, las cartas que le escribías a Made- del país y aquí no sabíamos bien cómo podía resultar. En
ro. Pero qué absurdo Abraham, cuando pienso que fue él la ciudad de Guadalajara, el Gobernador del Estado, el
quien me enseñó, ahora que estás muerto, cómo poder general Ahumada que era de origen chihuahuense, había
hablarte. Fue él a quien yo recordaba con su sonrisa bo- pedido a Madero que no celebrara ninguna reunión pú-
nachona, casi sarcástica a veces, quien poco a poco me fue blica, pero éste no le hizo caso; primero improvisó un mi-
convenciendo a través de sus cartas y sus mensajes de que tin en el vestíbulo del hotel y pidió el Teatro Degollado
tratara de hablarte y ¿ya qué podía perder? para hacer otro, pero se lo negaron; logró alquilar otro en
Díaz pasó por Chihuahua rumbo a Ciudad juárez para las afueras de la ciudad, pero entonces la alcaldía le negó
entrevistarse con el presidente norteamericano Taft, tú el permiso. Finalmente pidió una audiencia para ver a Ahu-
insistías en que los miembros de los clubes liberales no mada, pero aunque se le citó para el siguiente día por la
deberían participar en los actos de saludos a Díaz, pero mañana, el gobernador no asistió. Mientras lo esperaba,
Madero te insistió diciéndote que el general Díaz iba como una gran multitud se reunió para presenciar el duelo ver-
Presidente de la República y no como candidato a la re- bal entre ambos, pero la ausencia de Ahumada hizo que el
elección y había que hacerle los honores. Y tú aceptaste. candidato se viera como un héroe ante unas seis mil per-
Para ti la entrevista fue la prueba de la escandalosa sonas reunidas entre seguidores y curiosos.
situación del país. Por un lado el presidente norteameri- Fuiste a esperarlo a Ciudad juárez, te impresionó su
cano Taft sobriamente vestido, por el otro, un anciano cultura, su vocación democrática, su vida austera casi como

116 117
de fraile franciscano. Entonces platicaron por primera vez. Tú y Madero estudiaron en Estados Unidos en la mis-
Luego llegaron a Chihuahua donde el gobernador Creel ma época; tú en la Universidad de Notre Dame en 1884 y
prohibió las manifestaciones y las reuniones de más de él en la de Indiana. Tenían sus temas favoritos: la admi-
dos personas, pero en realidad Creel vio a Madero con nistración, los avances en la agricultura, él te hablaba de
tolerancia y desprecio, prefirió creer que era la curiosi- las máquinas modernas para beneficiar el guayule, tú le
dad 10 que llevaba a la gente a escucharlo. decías de la raza Hereford de ganado, los dos podían pa-
Después salieron en grupo a Parral, donde Cástula sarse horas y horas en interminables conversaciones so-
Herrera, como líder de los ferrocarrileros, había fundado bre estas cosas.
un club antirreeleccionista; de ahí a la ciudad de ]iménez Le hablabas de la necesidad de estudiar comparati-
y luego Madero regresó a México al parecer muy contento vamente las constituciones norteamericana y mexicana,
con su gira. Le llamó la atención que casi todos sus parti- de hecho, era 10 que hacían en las reuniones de formación
darios en el estado fueran de clase media porque veía que cívica de los clubes liberales. Allí se pasaban horas ente-
aun los obreros o campesinos eran gente más o menos bien ras leyendo comparativamente las constituciones.
vestida y con modales muy propios. Por eso le insistías en que había que modificar las
Sólo ahora, cuando he podido leer el libro de Roque leyes y hacer la presión necesaria para hacerlas respetar
Estrada, que llegó entonces como ayudante de Madero, en cada municipio, pero él te decía que 10 que importaba
me doy cuenta de que la impresión que tuve de él como era 10 nacional, no los municipios y que no había que per-
un jovencito pedante y rencoroso era cierta, y sólo así der tiempo modificando leyes. Si este gobierno -te escri-
puedo entender ahora 10 que escribió al conocerte, que bió- llegara a modificar la ley, sería para asegurarse ma-
tuvo la impresión de que eras alguien: De mediana ilus- yores prerrogativas; pero nunca para darle al pueblo ma-
tración... aunque de talento práctico. yor libertad.
¿Así nos veían todos los capitalinos, Abraham? A ratos uno era el radical, a ratos el otro. Pero ¿era la
Era acaso que el propio Estrada compartía la opinión misma modernidad de la que hablaban entre ustedes?
de los periódicos de la ciudad de México cuando escri- y además, ¿era 10 mismo la modernidad entre uste-
bían, por ejemplo que: Delante de Madero está la plebe, la des, que el reclamo de los agravios que sufrían los demás,
multitud semidesnuda y pestilente, que movida por los como los de San Andrés o los de Cuchillo Parado? ¿La mo-
periódicos extranjeros como el Mexican Herald lanza vi- dernidad, evitaba los agravios? No, sabíamos que no se
vas al huarache y a la tilma, faltó una viva al piojo, con trataba de evitar la modernidad. El problema era cómo
esta turba de imbéciles y hediondos, pretende Madero re- enfrentarla.
gir los altos destinos de la patria. Cuando Madero te preguntó acerca de a quién sería

118 119
conveniente nombrar como candidato a la vicepresiden- como tú 10 habías previsto desde hacía mucho tiempo. No
cia de la república por parte del Partido Antirreeleccionista, sirvió de nada que Díaz hubiera enviado ahora al coronel
le contestaste que si deseáramos inspirarnos o imitar en Ahumada como gobernador de Chihuahua para ver si con
parte el sistema de los políticos norteamericanos, había su masonería se componían un poco las cosas. Era dema-
que llamar la atención (y Madero por supuesto 10 sabía) siado tarde.
de que en los Estados Unidos el candidato a presidente Te vi salir a San Antonio para convencer a Madero
tiene gran influencia para el nombramiento de vicepresi- de que entrara a México por Ciudad ]uárez, que aquí la
dente. Él te contestó muy sutilmente que aunque no tenía gente estaba lista para la Revolución. Recibí tus cartas en
candidato alguno, había que considerar que el doctor Fran- las que me decías que no caerías en el desánimo y la ale-
cisco Vázquez Gómez, el hermano de Emilio, el presidente gría con la que me hablabas de que cada vez tenían más
del partido, era un hombre de grandes cualidades, de una simpatizantes.
gran inteligencia, un gran carácter y era muy apreciado Luego empecé a recibir noticias de los combates, aquí
en México. Entonces tú 10 propusiste como candidato. y allá y yo preguntándome ¿dónde estará Abraham?, ¿dón-
La diferencia era que tú estabas convencido de que de?
así debería ser, y debería hacerse abiertamente, recono- Estuvimos días enteros con el alma en un hilo mien-
ciendo los hechos, que no había nada que ocultar o de tr as se realizaron las pláticas de paz, y recibía noticias de
qué avergonzarse; Madero hablaba con el lenguaje sutil que estabas aquí o allá, siempre con los misterios y secre-
del: No tengo candidato... pero... tos de esos días de zozobra, hasta que finalmente triunfa-
Tú no 10 notabas, no me lo digas ahora... yo sé que tú ro n en Ciudad ]uárez.
no 10 notabas entonces, pero en esos dos lenguajes tan Antes que tú me 10 contaras, yo te vi en el cine. Pasa-
diferentes como eran el tuyo y el de Madero, también ha- ba n entonces 10 que llamaban vistas , que era un noticiero
bía, querámoslo o no, dos formas de ver la vida. en cinematógrafo. Yo te vi allí, caminabas delante del au-
Las elecciones habían sido igual de fraudulentas que tomóvil que conducía a Madero en su entrada triunfal a
las elecciones locales en Chihuahua el año anterior. Fue- Ciudad ]uárez por el puente internacional. Llevabas en tu
ron finalmente 10 que tú esperabas, pero no te habían que- mano derecha tu sombrero y la vista en alto, caminabas
rido escuchar. Era la misma mecánica que tú habías visto tr anquilo, como quien ha cumplido una promesa.
y advertido por años en Chihuahua, el mismo cinismo. Por Caminabas y eras tú, y tu imagen muda y
eso la propuesta del levantamiento armado en el Plan de fantasmagórica, ondulando sobre el telón como si tu ima-
San Luis fue como una luz en el túnel. gen estuviera estampada en la vela de un barco.
No hubo más remedio que levantarse en armas, era Después te vi de regreso entrar victorioso a la ciu-

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dad de Chihuahua. ¿Cómo olvidarlo? Compartí entonces ¡Qué días tan hermosos! Parecía entonces, como hu-
contigo el sentimiento de orgullo con el que me mostraste biera dicho Vasconcelos, que toda la tormenta había pasa-
la carta en la que Madero, al llegar a territorio nacional, do. Atrás se habían quedado los días aciagos, como cuan-
te había nombrado como el segundo hombre al mando de do Orozco se insubordinó contra Madero en [uárez por-
la Revolución: Por la manera en la que organizó la campa- que perdonó a Navarro. Pero lo que no dijo Madero, era
ña en el estado de Chihuahua, su tacto, su perseverancia, que lo que en realidad estaba en juego, era que si se le
su inteligencia, su sinceridad. fusilaba, el ejército se opondría a los acuerdos de paz, y
Te pasaste días enteros contándome anécdotas, como eso era un peso muy importante para que Díaz aceptara
aquella que me hizo reír tanto, cuando Madero escondido cualquier acuerdo, de otra manera se derramaría más san-
en casa de la señora Hernández, no se decidía a pasarse gre; es decir, fusilar a Navarro era como echarse encima a
del lado mexicano, y te quería hacer entender que era todo el ejército, porque los militares hasta entonces ha-
necesario primero una victoria, como tomar Ciudad Juá- bían permanecido al margen de la política.
rez por ejemplo, y luego él entraría victorioso. No era por Lo otro era que Navarro González era tío de Francis-
miedo, sino por el prestigio de la Revolución, pero entre co 1. Madero González, cosa que también era importante.
el sí y el no, llegaron los avisos de que la policía norte- Después de ese incidente Madero te cuestionó, muy
americana lo buscaba, porque Díaz había conseguido fi- serio, sobre el reclutamiento de Villa y Orozco:
nalmente que se le encarcelara; entonces no quedó más - Don Abraham: ¿cómo es posible que usted hubie-
remedio que organizar la entrada a México, pero como la ra incorporado a ese tipo de hombres a la Revolución?
casa estaba muy vigilada, a ella se le ocurrió, como buena y le respondiste también en tono serio:
dama de sociedad que había sido en Chihuahua, que lo - Señor Madero, ¿y quienes iban a iniciarla? Sólo hom-
mejor era organizar una fiesta de disfraces, con mucha bres como ellos acostumbrados a enfrentar a los rurales de
cerveza y todo, además de cuatro o cinco personajes que Díaz, capaces de infundirles más miedo que el diablo. Sin
dieran la talla de Madero, de tal manera que a la salida, ellos, usted y yo estaríamos ahora reunidos en San Antonio
los policías americanos se hicieron bolas y pudo escapar haciendo solamente declaraciones a la prensa.
disfrazado, aunque nunca me contaste de qué se disfrazó, Después de la insubordinación tú me contaste que
sólo te reías cuando te lo preguntaba. Carranza, que no quería acuerdos en un principio, urgió a
Así que disfrazado y simulando estar borracho, huyó Madero para que aceptara cualquiera, porque refiriéndose a
en un descapotable que manejaba la señora Hernández Villa y Orozcole dijo: Estavez nos hemos salvado por la ente-
por las márgenes del Río Bravo hasta el punto donde los reza de usted, firme esos acuerdos porque éstos hoy nos la-
esperaban para cruzarlo a México. dran, pero mañana nos muerden.

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No eran simples anécdotas. Era la sangre entrando ¿Era otra vez el rencor entre los pobres de San Isidro
por debajo de la puerta. y los ricos de Ciudad Guerrero? ¿Era otra vez el problema
Luego de que las tropas revolucionarias se retiraron del catolicismo y del protestantismo?
de Ciudad ]uárez, pasaron dos semanas para que permitie- Orozco se retiró cuando se dio cuenta de que aunque
ras que Orozco y su ejército entrara a la ciudad de Chihua- ganara, las menciones en los periódicos en donde se le
hua. Había que dejar muy claro que el militarismo no se relacionaba con los porfiristas le habían hecho mucho
impondría como casta, que no habría ocupación militar, daño, al grado que todos lo identificaban con la contra-
que la victoria de la Revolución era de civiles en armas, rrevolución, aunque tú y yo sabíamos que eso no era com-
subordinados siempre al poder civil. Recuerdo el mitin para pletamente cierto, al menos no entonces.
celebrar la entrada de las tropas, en el que hablaron el an- Todos, aun nuestro querido amigo el doctor Ramón
tiguo magonista Antonio Villarreal, Braulio Hernández, y Puente, quien escribió aquel folleto contra Orozco acusán-
el general porfirista Lauro Villar, quien dijo que los milita- dolo de frecuentar los clubes sociales de alcurnia en Chi-
res no tenían, ni tendrían nunca bando político. huahua -de lo que era testigo presencial, pues
La sorpresa nuestra fue en realidad Orozco, ninguno hipócritamente era asistente asiduo de esos lugares y acu-
de nosotros suponía la popularidad que había ganado, sador a la vez-, también coincidió con Orozco al denun-
estaba inflado por la prensa. En el resto del país, cuando ciar a Madero por caer en manos de la reacción con la
se inauguraban cuarteles revolucionarios se les nombra- formación del gabinete de transición de De la Barra, y
ban Pascual Orozco; comenzaron también los clubes polí- públicamente lo acusó de nepotismo porque dejó a su her-
ticos con ese nombre, era el caudillo-macho frente a los mano Gustavo como secretario de Hacienda, a la vez que
políticos de las ciudades. A la entrada de Orozco con el dejaba manipular despóticamente al resto de su familia.
ejército a Chihuahua, él fue mucho más ovacionado que Después de eso, parecía que la paz ya estaba cerca,
tú, y todo porque tú te negabas a aparecer siempre como ¿te acuerdas de tus primeros días como gobernador?
protagonista, como debería de haber sido, como en reali- Por ejemplo, recuerdo que lo primero que hiciste fue
dad era. No se trataba que quisiéramos negar la enorme la creación de los municipios, tu idea del municipio libre,
capacidad organizativa de Orozco, pero que de un guerre- la de crear allí una fuerza legal capaz y suficiente como
ro a un político como nosotros lo pensábamos que debe- para que los pueblos recuperaran su fundo legal y los ejidos
ría de ser, en eso había mucha diferencia. que se les había arrebatado, que no se les impusieran con-
Primero fue un rumor, luego un hecho innegable. tribuciones excesivas, lo que los hacía miserables y siem-
Orozco quería disputar contigo la candidatura a Goberna- pre dependiendo de la cabecera política. Eso fue tres años
dor. Nos mordían Abraham, como diría Carranza. antes de que Carranza hiciera algo semejante en Veracruz

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y cinco antes de que la Constitución 10 incluyera. de los excesos que según él cometías y que estabas con-
Querías que los extranjeros no siguieran como seño- fundiendo la democracia con una venganza personal. Lo
res feudales, sobre todo los constructores del ferrocarril, increíble era que Madero te exigió, así, te exigió una expli-
pagando con vales y cartones a los jornaleros. cación detallada, como si Creel tuviera más credibilidad
Cualquiera diría que era por tus estudios de admi- que tú. Eso nos dolió, Abraham. Le contestaste refutando
nistración, pero te obsesionaba de verdad 10 de los im- las aseveraciones de Creel, pero el daño ya estaba hecho.
puestos, decías que allí se reflejaba toda la iniquidad en- Después apareció la noticia en los diarios nacionales que
tre los pobres y los ricos. Muchas veces comentamos 10 Creel gestionaba ante Gustavo Madero, al parecer con éxi-
injusta que era esa ley que ahora gravaba a los campesi- to, la cantidad de un millón de pesos como pago por com-
nos por cada uno de los animales de trabajo en sus ran- pensaciones de daños, en 10 que incluía con creces el ga-
chos, por 10 mucho que tenían que pagar por cada mula, nado que Villa le había robado para financiar la primera
caballo o 10 que fuera, mientras que los grandes terrate- parte de la Revolución.
nientes estaban exentos de impuestos en sus haciendas. Ahora con más serenidad he reflexionado sobre mu-
En los impuestos era donde se veía toda la injusticia, chas cosas que antes no me pasaban por la cabeza y que
y tú me explicaste una vez con esa infinita paciencia que ahora me parecen significativas, como cuando Madero llegó
tenías para quien entiende muy poco, que la tierra no había a finales de enero a El Paso, y le conseguiste alojamiento
que repartirla, que bastaba una ley que gravara progresi- en casa de la señora Hernández donde vivió más de un
vamente a quien más tierra tenía para que los propieta- mes hasta que entró a México. Al final dejaron a la señora
rios accedieran a deshacerse de ella y se creara la peque- y a sus cuatro hijos sin nada de comer y con la cuenta de
ña propiedad, como en Norteamérica. la lavandería, que esa sí, a diferencia de la de Creel, Gus-
Lo del BarTívoli fue de 10 más interesante, ¿verdad?, eso de tavo Madero no quiso reconocer.
quitarles la exención de impuestos al garito que tenían los Creel, El otro doloroso problema que se mantenía era el del
con el pretexto de que era una industria y la saña con la que a su licenciamiento de los revolucionarios; era como fulminar-
vez éstos les cobraban a los campesinos y proletarios su parte de los el decirles que tenían que abandonar las filas, el com-
impuestos. pañerismo, el prestigio del rifle en las manos, los amores
Por 10 del Tívoli te llegó el primer ofrecimiento de soborno, furtivos con las citadinas. Otra vez la incertidumbre del
y nos dio tanta risa por 10 fácil que creían los Creel que era com- campo, sobre todo los que no tenían tierras ¿a qué regre-
prar a alguien, bastaba con ofrecer un poco de dinero, total... saban?, ¿a dónde?
Pero 10 que no esperabas era que cuando rechazaste Además, controlar a los revolucionarios ya licencia-
su oferta, Creelle escribió a Madero una carta quejándose dos era el peor de los problemas. José de la Luz Blanco

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alentó de manera escandalosa los juegos de azar en Ciudad pronto vendría la Comisión de Reparaciones para estu-
[uárez y tuviste que destituirlo de manera vergonzosa; otros diar las reclamaciones y las demandas de indemnización;
querían seguir imponiendo préstamos forzosos a los ha- después, sólo me pedías que escribiera que "En la ciudad
cendados; otros más, como los Dozal, se apropiaban de cuan- de México hay una Comisión de Reparaciones, la que es-
ta tierra veían apetecible. Tu viejo amigo José de la Luz toy solicitando que viaje a Chihuahua...", hasta que termi-
Soto te escribió que Villa había vuelto a las andadas como naste por pedirme que ya no contestáramos las cartas, que
bandido, robaba ganado descaradamente que luego vendía ya no había nada más que decir. La famosa Comisión nun-
en su carnicería; había hecho de la zona de Parral el lugar ca vendría. Tú mismo perdiste la esperanza.
predilecto de sus pillerías. Te pedía ayuda para someterlo, Los problemas con la familia Madero seguían. Al día
fusilarlo si era necesario. Tuviste que llamarlo, amenazarlo, siguiente de la toma de Ciudad [uárez, los empleados de
escuchar otra vez sus súplicas de perdón como en Iuárez, la Aduana entregaron a los revolucionarios sesenta mil
de que todo eran intrigas orozquistas en su contra. pesos que había en caja, pero el problema fue que des-
Pero entonces surgieron más problemas con los Ma- pués se les pidieron cuentas a los empleados, sobre todo
dero, sobre todo con Gustavo que se negaba a pagar los cuando se reintegró a su puesto al antiguo porfirista, en-
licenciamientos que faltaban y te insistía en que había que tonces le escribiste a Ernesto Madero lo que había sucedi-
ser estricto con el pago a las viudas y huérfanos de la Re- do y le pediste que no se tomaran represalias contra los
volución. Pedía que fueran a la ciudad de México con do- empleados y que no se ratificara en su empleo al viejo
cumentos: actas de matrimonio, actas de nacimiento de administrador, pero no te hicieron caso.
los hijos, abogados que los representaran, ¿quién tenía todo La tierra seguía como el problema principal. Anun-
eso? Si tuvieran dinero no tendrían necesidad de mendi- ciaste que los terrenos libres serían vendidos a los peones
gar una pensión, además nosotros los conocíamos bien, en condiciones accesibles, era el mínimo gesto de justicia
eran viudas e hijos de nuestros compañeros de armas, para los que te habían acompañado con la esperanza de
¿cómo ignorarlos?, ¿cómo explicarles la necesidad de los obtener algo. Y por la tierra habían problemas con Hearst
papeles, certificados, cartas de altas en el ejército irregu- -el magnate norteamericano de la prensa con sus enor-
lar, y todo eso? Y Gustavo te decía "es que no hay dinero mes territorios-, el financiero]. P. Margan, que por esos
don Abraham, es que no hay dinero..." ¡Cómo no lo iba a días tenía un acuerdo financiero con Madero, en fin.
haber! Bueno, no lo hubo ni para saldar la cuenta de la Chihuahua. La hija mayor de la Revolución, no era
lavandería de la señora Hernández. entonces más que un rehén, prisionera por un lado de los
Fueron cientos de cartas las que me hiciste escribir acuerdos y caprichos de los Madero; del abuso y desenfre-
-como tu secretaria que era-, diciendo, primero, que no de dizque revolucionarios, por el otro.

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y tantas otras venganzas como la del general Lauro Si develamos el misterio, si descorremos las cortinas,
Villar que, seis días después de firmados los acuerdos de la sangre corre inevitablemente.
paz de Ciudad Iuárez, con un pretexto cualquiera asaltó el ¿Será ese nuestro pacto entre mexicanos?
pueblo de Cuchillo Parado escarmentando a quienes se ha- A mí me sorprendió al principio que Madero te esco-
bían alzado con Toribio Ortega al inicio de la Revolución. giera como su secretario de Educación Pública, a ti tam-
¿Recuerdas cuando Madero llegó a Chihuahua ya hién te sorprendió. No lo esperábamos. Educación no era
como candidato? No fue posible contener las manifesta- lo que más te interesaba.
ciones de descontento por lo de Pino Suárez, la gente gri- Lo más sorprendente fue que varios de los propios
taba en las calles, ¡Madero sí, Pino no! Ylo repetía todo el miembros del gabinete maderista criticaron este ofreci-
tiempo y Madero se mostraba molesto, sin poder ocultar miento, como lo hizo Manuel Calero, diciendo que no te-
su desagrado. nías la estatura para la silla que había ocupado durante el
Habías aceptado la candidatura de Pino Suárez, aun porfirismo don Justo Sierra.
contra la voluntad de los clubes políticos, aun contra la vo- Creo que fue una buena reacción tuya el no aceptar-
luntad del Club Benito Juárez, que se inclinaba por otro can- lo, pero Madero te pidió entonces que fueras su secretario
didato, más bien sobre Vázquez Gómez, y no por Pino Suárez de Gobernación, no podías negarte, de hecho, muchos de
que era abiertamente una imposición de Madero, hablaste los que él convocó se negaron a seguirlo, quizás porque
entonces de la disciplina política. Eso nos costó la más grave adivinaban lo que estaba pasando: la fragilidad de su ga-
fractura en el interior, el resquicio por donde, ahora sí, se hinete; la fuerza intrigante de Gustavo Madero que echó
metió el orozquismo como una palanca mortal. ahajo tu intento de constituir formalmente desde la Se-
Fueron los días de las rupturas, inclusive con Silves- cretaría de Gobernación una comisión de reclamaciones;
tre Terrazas, que no soportó la imposición de Pino. que te bloqueó completamente el tratar el problema de
Acabo de leer un libro sobre México, Abraham, don- Zapata; que hizo que los diputados desecharan tu proyec-
de dice que después de la Conquista, los indígenas escon- to de ley para detener las calumnias de la prensa porfirista
dían a sus ídolos tras los altares cristianos; así, cuando los contra los revolucionarios, etcétera, etcétera.
curas los veían absortos en sus rezos, podían sonreír sa- Aureliano González se quedó como gobernador inte-
tisfechos de su obra cristianizadora, pero mientras tanto rinode Chihuahua y con él la crisis. Todo se derrumbaba
los indígenas les rezaban tranquilamente a sus ídolos. poco a poco como un edificio mal construido, como si tu-
¿No habremos hecho lo mismo con la democracia? viera cimientos falsos.
Ponerla en un altar para que el mundo nos acepte y por ¿En qué fallamos Abraham?
atrás adorar nuestra propia forma de gobierno. Braulio Hernández fue incapaz de soportar a

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Aureliano como gobernador, reclamó sus propios méritos magonismo, del viejo magonismo intransigente de los pri-
de maderista de la primera hora, reprochó la timidez de meros días, corrieron a los mormones de la zona y los ame-
Aureliano, su falta de compromiso real como decía. Se nazaron de muerte.
volvió más radical que nunca en su creencia protestante, En medio del caos renunció Aureliano y la Cámara
cuando renunció vino a despedirse de mí y me dejó caer pidió a Pascual Orozco que asumiera el cargo de goberna-
un amargo reproche: Entre la justicia y Madero, don Abra- dor interino, pero éste se negó. jamás lo hubiéramos creí-
ham prefirió a Madero. do. Para todos nosotros era lo que Orozco había estado
Las cosas comenzaron a estar tan graves, y la autori- buscando ¿por qué se negó? ¿Era por su soberbia? ¿Era el
dad de Aureliano tan disminuida, que cuando quiso en- hecho de que él quería demostrar a todos que tomaría el
viarte un telegrama cifrado, tuvieron el descaro de que poder con sus propias manos, con su fuerza, y no como
después de enviarlo, salió publicado en los periódicos lo- una transacción o una dádiva?
cales, para que la gente viera lo que te decía de Orozco y Ese será otro de los misterios eternos. Parte del labe-
Aureliano se diera cuenta de que no podía hacer nada, ni rinto tortuoso que era la mente de Orozco.
siquiera mandar un telegrama sin contar con el acuerdo Te envié ese telegrama en el que te decía que si no
de Orozco. venías rápido todo estaba perdido. La rebelión se propa-
Orozco le pidió a Madero que lo enviara a Morelos, laba por todo el estado, la Cámara de Diputados se negó a
la primera vez se negó y la segunda, aunque ya lo había prorrogar tu licencia a la gubernatura. Cuando te diste
aceptado, Gustavo, que tenía muy presente el incidente cuenta en tu viaje de regreso que ni siquiera podrías lle-
en Ciudad juárez, le hizo ver lo peligroso que podía ser si gar a la ciudad de Chihuahua, porque estaban cortadas
además de la influencia que tenía en Chihuahua, tuviera todas las comunicaciones y tuviste que dar un rodeo por
otra como la de Morelos. Madero decidió dar marcha atrás Ciudad [uárez, le enviaste entonces a Madero el telegra-
y dejarlo en Chihuahua donde al menos creía que tú po- ma de tu renuncia como secretario de Gobernación.
drías controlarlo. Orozco y Aureliano González habían salido en auto-
No creo que Orozco sea culpable de todo lo que su- móvil para esperarte en una estación cercana a Chihua-
cedía, nunca podré saber si efectivamente estaba detrás hua, pero como el tren no se detuvo, llegaste a la ciudad
de cada movimiento de tropas. En otros casos, te puedo sin hallar ni siquiera un alma que te recibiera. Tu llegada
asegurar, yo que estuve esos días en Chihuahua y siempre a Palacio de Gobierno no pudo ser más triste: un par de
pendiente, que en ese entonces no era así como el demo- partidarios y dos o tres impertinentes a quienes sobre todo
nio que después fue. Emilio Campa y su gente se levantó era el morbo el que los llevaba a estar allí... para tener
en armas por esos días en Casas Grandes en nombre del con qué alimentar las murmuraciones.

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Después de media hora llegaron Aureliano y Orozco. contra ti, Y maldecir a Madero, ridiculizándolo con la le-
Para todas las dudas sobre su actuación, Pascual tenía un tra de la canción El Pagaré:
pretexto, una salida, invocaba siempre su lealtad hacia el
gobierno. y cantaban los Madero:
Era tan diferente esa llegada a la de unos meses an- ¡Ay, qué gusto me daré!
tes; ahora el ambiente era frío, tenso, se respiraba la des- ¡Ay, qué gusto me daré!
confianza, el temor. Hablamos mucho sobre Orozco, pero Cuando cobre el pagaré
querías seguir creyendo en él. Lo dijiste claramente en el
manifiesto que redactaste ese día: Los descontentos ha- Al terminar la manifestación, cuando te retirabas del
bían apelado al ardid de invocar el nombre de Pascual balcón desde donde encaraste todas las críticas, sentí como
Orozco en una forma injustificada y descubierta la super- un golpe cuando me di cuenta de que los empleados y
chería habían abandonado su primera actitud, que Made- algunos diputados que al principio estaban con nosotros,
ro había ya autorizado cantidades suficientes para indem- al final se escabulleron como por encanto. Todos huían y
nizar a las viudas y huérfanos de guerra además de que el se nos apartaban como quien teme a un contagio.
problema agrario estaba ya en vías de resolverse, por lo Yeso era sólo el principio. Alguien tenía que pagar y
que los motivos del descontento desaparecerían en breve. eran otra vez Cristo y Barrabás.
Pero la sombra de duda ya estaba bien sembrada con Orozco se rebeló finalmente argumentando que Villa
Orozco. Llamaste a Villa y a Toribio Ortega para reorgani- se había propuesto tomar la ciudad de Chihuahua y sa-
zar fuerzas auxiliares, las únicas en las que podrías contar quearla; de hecho, tomó el poder por las armas con sus
en caso de una rebelión. antiguos compañeros, sus subordinados apenas el día an-
En el primer manifiesto de la gente de Orozco, no se terior.
hablaba del llamamiento de Madero, sino sólo del levan- Debo decirte que en la ciudad de Chihuahua hubo
tamiento en la sierra de Chihuahua, ellos hablaban de una muchos rumores sobre Villa en aquel momento y para to-
Revolución, la del norte, que también era la tuya en reali- dos nosotros, aun para ti, fue una sorpresa recibir su apo-
dad, a la que el maderismo se les había sobrepuesto como yo en una forma tan decidida y valiente, a pesar de que se
un disfraz, como una máscara. decía que Villa buscaba una alianza con Orozco pero que
Al día siguiente de la renuncia de Pascual Orozco, éste la había rechazado. Más de una vez te oí decir que si
sus partidarios le ofrecieron un baile de despedida y des- Villa nos traicionaba, estábamos perdidos.
pués, estando nosotros en Palacio, escuchamos a la multi- Pero ya no lo volviste a ver nunca.
tud, en la que tímidamente, uno que otro lanzaba gritos Hubo que salir de Palacio y esconderse aquí y allá,

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temiendo siempre que en cualquier momento la gente de rer efectivamente aplastar totalmente la rebelión, y le en-
Orozco te encontrara y te fusilara, fue horrible Abraham, viaste una carta a Madero con pruebas de que mantenía
aunque yo siempre quise hacerme la fuerte, era horrible, una secreta correspondencia que rayaba en la vil traición.
peor aún que cuando luchábamos contra Díaz. Huerta además inventó historias sobre Villa para arres-
Si algo debería estar prohibido es el espectáculo de tarlo y te dejó sin uno de tus brazos, finalmente no sé si
ver a los demás en toda su bajeza y su perfidia. Produce fiel, pero al menos el que quedaba.
una enfermedad incurable en los ojos, arden tanto que Madero, en busca de una paz definitiva, comenzó a
hasta preferirías arrancártelos como en la tragedia griega. intrigar entonces con Orozco a tus espaldas. Jamás lo hu-
A ti ya nada volvió nunca a producirte la menor ale- hieras creído, pero estaba sucediendo. Francisco I. Made-
gría, el regresar a tu cargo de gobernador después de que ro, tu correligionario, amigo, apóstol, envió a su primo
los orozquistas fueron derrotados en Bachimba no te devol- Rafael Hernández a conferenciar con Orozco en El Paso y
vió más que la responsabilidad, pero no la paz, no el ánimo. a ofrecerle condiciones de paz sin consultarte para nada,
Con la amable complicidad de Isidro Fabela, tu se- ¿te creía incapaz?, ¿se contagió de lo que decía de ti la
cretario particular, muchas veces intentamos animarte , prensa capitalina?
pero poco lográbamos siempre. Sí, hablo del mismo Isidro Afortunadamente para nosotros, en su insensato ra-
Fabela que después como Oficial Mayor de Relaciones Ex- dicalismo, Orozco planteó condiciones inaceptables como
teriores me ofreció -sin saber yo de parte de quién- un la propia renuncia de Madero, porque de otra manera, Ma-
empleo en San Francisco. dero te hubiera sacrificado como gobernador para nom-
Orozco se convirtió entonces, desde su rebelión, en hrarlo, lo que por cierto estuvo a punto de suceder. A ti te
un enemigo contra el que había que luchar ya sin contem- envió una carta en la que te mencionaba que varios de sus
placiones. Se iniciaron en agosto de 1912 las demandas consejeros le insistían en que debería hacerte renunciar,
de extradición de los Estados Unidos y en una carta abier- pero él lo dejaba a tu criterio, era un simple comentario
ta a los chihuahuenses, expusiste a Orozco en toda su vile- que te hacía, era su manera de hablar, de decir las cosas.
za y traición. Todo lo soportaste Abraham, como si ya nada más
Además, Victoriano Huerta, ahora como jefe militar buscaras la fatalidad. Por eso después, cuando el cuartela-
en Chihuahua nombrado por Madero, era como la presen- zo de la Ciudadela en el que Huerta ordenó aprehenderte,
cia del viejo poder contra el que habíamos luchado, era pudiste haber huido, te estábamos esperando todos a la
un diario recordatorio de nuestro fracaso. Desobedecía tus salida de Chihuahua, pero tuvimos que entender que no
órdenes y las de Madero, se reía de ustedes, mantuvo una querías otra cosa sino quedarte al final con tus propios
irritable pasividad ante Orozco sin dar muestras de que- fantasmas.

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Pero para mí los seis días que permaneciste encarce- Cuando se confirmó tu muerte; Lechner mantuvo una
lado fueron un infierno, antes de que te sacaran cobarde- constante correspondencia con el Departamento de Esta-
mente de la cárcel, cuando recibiste mi nota. En esos días do, y creo que fue muy importante para evitar que se re-
fui a ver al cónsul americano Lechner, le pedí, le rogué conociera al gobierno de Huerta y a la vez, para que Lane
por ti. Lechner intercedió con Henry Lane Wilson, para Wilson abandonara México.
que a su vez éste lo hiciera con Huerta, por eso yo te decía Me arrepiento de no haber estado contigo, debí
en la nota que tuvieras fe, que todo parecía ir por buen desobedecerte cuando te negaste a que me quedara conti-
camino. Pero ya no se pudo hacer nada. Lechner me en- go esa última noche en el Palacio de Gobierno, ¿por qué
tregó una copia de la carta que envió: Abraham? Si tu suerte y la mía ya estaban ligadas para
siempre. Tú que hiciste una legislación para que los hom-
He estado en contacto con don Abraham y nuestras re- bres y las mujeres de Chihuahua tuvieran los mismos de-
laciones han sido siempre satisfactorias, reflejando el rechos políticos, te negaste a darme el mío, que no era
respeto que nos hemos tenido el uno al otro. El señor otro que el de morir contigo.
Gonzá1ez es un hombre educado, graduado en la Uni-
versidad de Notre Dame en Indiana, es una de las perso-
nas más respetadas y honorables de la región. Ha pasa-
do buena parte de su vida en los Estados Unidos y tiene
una exaltada admiración por nuestro país y por su gen-
te, por 10 que su trato con nuestros nacionales ha sido
siempre justo y respetuoso, si 10 asesinan, como esa pa-
rece ser la intención, será la víctima del odio mortal de
hombres ruines... uno de los actos que provocó el odio
hacia don Abraham por parte del ex gobernador Terra-
zas, fue la negativa de éste a pagar impuestos por sus
inmensas propiedades agrícolas. Si lo asesinan, será un
insulto para la humanidad y para los Estados Unidos.
No dudaré en denunciar que si el señor Gonzá1ez mue-
re, será el principio de crímenes horrendos con los cua-
les se pretende mantener esta oligarquía militar que tie-
ne ahora el control del país.

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Los desencuentros

Después de que Madero salió de Ciudad juárez para irse a


la capital de la República, don Abraham se fue a la ciudad
de Chihuahua para tomar posesión al día siguiente como
gobernador provisional y yo acampé con mis fuerzas, por
órdenes suyas, en la estación ferroviaria de El Sáuz, a 50
kilómetros de distancia de la capital del estado. Allí recibí
una nota confidencial del licenciado Emilio Vázquez
Gómez, secretario de Gobernación, en la que se me pedía
que me mantuviera en ese lugar y que no avanzara a la
ciudad de Chihuahua hasta nueva orden, además, me exi-
gía seguir a las órdenes del gobernador provisional y se
me exhortaba a mantenerme leal al nuevo régimen.
El mensaje me causó una fuerte indignación, pues se
suponía que las diferencias ya estaban zanjadas y después
de eso no había yo dado muestras de insubordinación como

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para ser requerido de esta manera. Le contesté pues, que maron el Centro Independiente Chihuahuense para apo-
era mi voluntad ser fiel al gobierno revolucionario. yar mi candidatura, y para mi sorpresa, gente allegada a
Imagínese usted señorita, lo que sentí al desfilar por don Abraham comenzó a esparcir rumores acerca de que
la principal avenida al frente de mis tres mil hombres, el mío era un grupo financiado por los más
usted fue testigo de que la multitud me hizo bajar de mi antírrevolucionarios de Chihuahua. No era cierto. Había
caballo y tuve que aceptar que me llevaran en hombros de todo ¿Acaso no era así con el grupo del señor Madero?
hasta el Palacio de Gobierno donde estaba usted discreta- Es más, en ese grupo que me apoyaba no estaban ni
mente detrás de don Abraham. Ahí estaban también los los Creel ni los Terrazas, como ustedes los gonzalistas de-
viejos oficiales del ejército federal, codeándose con noso- cían. Conmigo estaba la oposición a Madero y esa prove-
tros con la mayor naturalidad, como si nada hubiera pa- nía de todos lados, sobre todo de la enorme cantidad de
sado, todos aparentemente en la mayor alegría. chihuahuenses desilusionados, es decir, venían sobre todo
El general Antonio Rábago estaba junto a don Abra- de las filas de los verdaderos revolucionarios, como le voy
ham y no se le despegaba para nada cuando estábamos en a ir contando a usted.
los balcones, ¿recuerda usted? Recuerda que en dos oca- Pero no le vaya ocultar mi amargura por los ataques
siones quise hacerme el desentendido frente a los aplau- que recibí por todos lados. Inclusive, por los más destaca-
sos de la multitud y los gritos de ¡Viva Orozco! Ydos veces dos gonzalistas, y que no me viniera a decir don Abraham
me obligaron a salir al balcón a saludar a la gente, yeso que no se daba cuenta. Me acusaron de borracho y pa-
me parecía algo más difícil de soportar que la lluvia de rrandero, a mí, el hijo del ministro protestante, que siem-
metralla en el combate. pre había hecho un honor de su profesión de fe. No nece-
A la semana recibí mi nombramiento como coman- sité nunca del alcohol. Señorita: la euforia emborracha más
dante de los rurales en Chihuahua, con la anotación de mi fuerte que el alcohol.
sueldo: ocho pesos diarios. Un sueldo ridículo para quien Pero no sólo eran las acusaciones políticas; del mis-
había sido el general de todos los ejércitos revolucionarios. mo grupo de gonzalistas salían las más descabelladas ver-
Después de la entrada que hicimos en Chihuahua, siones sobre mi comportamiento. Sobre todo en el caso de
vino a verme mucha gente, me hablaron de la necesidad la señorita Olivas.
de un jefe político fuerte, capaz de conducir verdadera- Yo la conocí es cierto, y ella fue lo más hermoso que
mente la Revolución en el estado, y por primera vez sentí he sentido, se rindió como una fortaleza frente a su con-
la tentación de entrar en la política. quistador, tenía una piel dulce, hurtada de la resequedad
Don Abraham era ya el gobernador provisional y se del sol y de la pobreza; era como un becerro recién nacido.
convocaron entonces las elecciones. Mis partidarios for- Lo más grosero, fue el hecho de que mi candidatura

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fue desechada, o negada más bien, por las autoridades los que había luchado a brazo partido desde los primeros
políticas que encabezaba don Abraham, porque publica- días de la dictadura.
ron que yo no podía ser candidato, ¡imagínese usted!, por- Es cierto que entre mis simpatizantes muchos habían
que no tenía la edad suficiente. Usted recordará eso, el sido porfiristas, sí, ¿pero qué acaso no los tenía Madero
argumento era yo no tenía todavía los treinta años cum- también en su gabinete? -el mismo "Enano de Parras"
plidos como 10 establecía la Constitución local, pues me romo le apodaba la gente. Además ¿no habíamos luchado
faltaban unos meses para cumplirlos. Así quedé fuera. por elecciones libres? Qué de malo pues, que las hubiera
¿Se acordaría Madero que tampoco tenía yo la edad su- ¡por qué no postularme? Madero mismo en un discurso
ficiente, ni los demás requisitos para ser general brigadier? que pronunció antes de irse a la ciudad de México, nos
Si algo quedó claro durante mi campaña, era que la dijo que el voto libre que acabábamos de conquistar era
gente ya no se tragaba las palabras rimbombantes de Ma- más importante que todo 10 que pudiéramos haber alcan-
dero, nadie, ni él mismo recordaba el Plan de San Luis y a zado con los rifles.
nadie parecía importarle. El partido oficial nombraba a Yo estaba acostumbrado desde la infancia a ver con
don Abraham, luego 10 sacaba como en tiempos de don respeto a don Abraham, y no sólo porque era mayor que
Porfirio, es decir, el gobernador revolucionario seguía ac- yo, sino porque reconocía en él al hombre sabio; en la
tuando como uno más de los funcionarios federales y con Revolución 10 vi como un superior en todos los sentidos,
esta decepción se dejaba abierta la puerta a las nuevas pero también ella me hizo ver otras cosas, por ejemplo,
revoluciones. Ya verá usted. que los hombres que habíamos luchado teníamos mereci-
Todavía Madero me escribió una carta aconsejándo- mientos, la Revolución nos hizo iguales, porque igual se
me renunciar a la candidatura. No me quedó más remedio moría un rico o un pobre, tanto valía el miedo de uno
que renunciar a mi postulación contra la voluntad de mi como del otro, tanto el odio de uno como del otro.
padre y la de Comadurián, que me insistieron en que si- Si cedí fue nomás por no enfrentarme directamente
guiera en la pelea. con don Abraham, porque entonces sí que no me habría
Ve usted, yo no me rebelaba contra don Abraham, ni quedado más que levantarme en armas contra él. Asistí
intrigaba contra él, sólo que la vida nos iba poniendo en como una muestra de respeto a la toma de posesión de
lados opuestos a cada rato. don Abraham y se me ratificó como comandante de los
Si don Abraham no tenía ambiciones como alardeaba rurales de Chihuahua.
en las entrevistas que le hacían, ¿por qué él y no yo ten- Mientras tanto, seguían entre nosotros muchas dife-
dría que ser el primer gobernador revolucionario de Chi- rencias por 10 del licenciamiento de las tropas. Esto, como
huahua?, a mí me elegían mis partidarios, los mismos con sucedía en todo el país, obligó a don EmilioVázquez Gómez

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a renunciar y quedó como nuevo secretario de Goberna- Entre los gonzalistas comenzó también a gestarse la
ción, el porfirista García Granados, quien insistía en que división. Don Abraham insistió en que había que apoyar a
todas las tropas revolucionarias deberían ser licenciadas Madero y dejar que seleccionara a su vicepresidente, aun-
y sobre todo, deberían recogérseles las armas y todo el que a él mismo le doliera, porque había simpatizado bas-
equipo militar. tante con Vázquez Gómez, pero decía que era mejor Pino,
Cuando llegaron el mayor Lauro Cárcamo y el capi- o al menos, que Madero sabía por qué lo hacía. A lo mejor
tán Manuel García Vigil a Ciudad juárez con las órdenes alguien como Vázquez quería causarle problemas al inte-
de recoger el armamento y los cañones que tenía allí en su rior. Vaya usted a saber. Llegó a tal grado la división que
poder jasé de la Luz Blanco, envié a Agustín Estrada con poco a poco comenzaron a pasarse a mi lado, hablando
órdenes de apresar a los militares e impedir de cualquier pestes de don Abraham por agachón frente a Madero.
manera que el armamento fuera trasladado a la ciudad de Nunca les permití que en mi presencia se hablara mal de
México. Comprendiendo después que ellos en lo personal don Abraham, pero naturalmente sí sabía lo que se co-
solamente cumplían órdenes, los liberé, pero a pesar de mentaba en los pasillos.
las protestas del secretario de Gobernación, y al intento Además de lo del vicepresidente, el asunto se com-
de don Abraham de mediar en el conflicto, nunca les en- plicaba por todos lados. Una de las cosas era que el gene-
tregué las armas. ral Reyes, de quien yo nunca había oído hablar, pero que
Seguramente que García Granados se quejó amarga- por lo visto era muy popular en época de don Porfirio,
mente de mí con Madero y con el presidente De la Barra, lanzó su candidatura a la Presidencia compitiendo con Ma-
pero yo no estaba dispuesto a que nos desmantelaran. dero, y tuve noticias de que en una convención un licen-
Lo mío se complicó porque al mismo tiempo estaba ciado, a quien tampoco conocía, lanzó un discurso en el
en boca de todos el asunto de quién sería el vicepresiden- que se me elogiaba grandemente y que al final la gente
te junto con Madero. No teníamos dudas al principio de gritaba: "¡Viva Pascual Orozco!"
que sería el doctor Vázquez Gómez, como que había sido Días después recibí un nombramiento como miem-
su compañero de elecciones el año anterior, pero había hro honorario del comité reyista, pero amablemente re-
rumores, a los que al principio no les dimos ningún crédi- chacé el ofrecimiento. Dígame usted, ¿qué más pruebas
to, que Vázquez Gómez había sido echado del grupo querían de mi lealtad?
maderista y que su lugar sería ocupado por el señor Pino Aún más, el gobernador revolucionario de Morelos,
Suárez, al que conocí en los días de Ciudad juárez y que a Francisco Figueroa, me pidió que lo apoyara militarmente
decir verdad y sin ánimo de ofender, no tuvo ninguna ac- en ese estado; le escribí a Madero poniéndolo en antece-
tuación, ni siquiera para hacerse notar en lo más mínimo. dentes y diciéndole que estaba dispuesto a ir a Morelos

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para contribuir a la paz en ese lugar, pero no recibí nin- Madero me duplicó el sueldo: quince pesos por día, lo que
guna contestación. verdaderamente me hacía reír, porque eso sentía que era
Por eso consideré que era urgente entrevistarme con muy poco para quien, como yo, lo había llevado al poder.
Madero y aclarar los malentendidos antes de que fuera Pero las reacciones de la gente no son a veces las que
muy tarde, así que un día antes de las elecciones, llegué uno espera. Cuando en Chihuahua se supo lo de mi nom-
por primera vez en mi vida a la ciudad de México y sin hramiento, le llovieron telegramas a De la Barra pidiéndo-
sospecharlo, me encontré con casi dos mil personas espe- le que me mantuviera en el estado y muchos argumenta-
rándome en la estación del ferrocarril y otra multitud igual ron que si el general Reyes se levantaba en armas, yo era
en las puertas del hotel donde me hospedaba. el único que podía controlar la situación. Una manifesta-
Lo que más señalaron los periódicos de la capital es ción de tres mil gentes tuvo lugar frente al Palacio de Go-
que efectivamente la emoción que recibí fue tan fuerte hierno en la ciudad de Chihuahua para pedirle a don Abra-
que me dejó sin poder hablar, no pude pronunciar ni una ham que intercediera para que no fuera enviado fuera del
sola frase para agradecer el recibimiento que se me daba. estado.
Sentí que era un héroe nacional y que todo había Por razones que para mí todavía permanecen en el
sucedido sin proponérmelo. misterio -aunque García Granados dijo que era por la
Madero esa vez fue muy cordial conmigo, me habló solicitud de don Abraham-, a la semana de haber tomado
con optimismo de lo que sucedía en el país y tuvo frases el cargo en Sinaloa recibí un telegrama de Madero en el
elogiosas para el presidente De la Barra, quien según él que se me avisaba de mi nombramiento como jefe de la
había cumplido virilmente con su palabra empeñada de guarnición federal en Ciudad juárez.
facilitar la transición. De Reyes, que ya de nuevo en Méxi- Lo entendí como un gesto de confianza de don Abra-
co había anunciado que contendería por la Presidencia, ham, a sabiendas que no lo traicionaría con Reyes, le agra-
me dijo que no le temía, ya que el general no tenía nada decí que me regresara a donde estaba mi gente.
que ofrecer, que su momento había pasado y ahora sería En eso llegó Madero a Chihuahua y se llevó a don
un monigote ridículo, y respecto a Zapata, tenía fe en que Abraham como secretario de Gobernación. Yo fui otra vez
pronto se llegara a un arreglo. a la ciudad de México, ahora como invitado a su toma de
Me pidió también Madero que aceptara el puesto de posesión. Cuando Madero nombró su gabinete, fue lo mis-
jefe de rurales en Sinaloa. Acepté porque a eso había veni- mo que en el de transición en Ciudad juárez o el provisio-
do a la ciudad de México, a dejar claro que no había dife- nal de De la Barra, fuera de don Abraham como secretario
rencias con él, si consideraba que era en Sinaloa y no en de Gobernación, todos los demás habían sido eminentes
Morelos donde podía serle útil. Como muestra de gratitud, porfiristas y de nuevo estaban allí Gustavo Madero, Rafael

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Hernández y como jefe nacional de los rurales, o sea mi dieron una opinión yeso para mí fue como una burla de
superior, se nombró a uno de los militares porfiristas, Cle- don Abraham.
mente Villaseñor. Otra vez lo mismo. Y no es que yo, Pas- Sí, usted eso lo recuerda bien, dígame si no es cierto
cual Orozco, quisiera ver mi nombre entre los secretarios que a los diez días de haber sido nombrado, su propio secre-
de Estado, pero con esa gente era como tener al enemigo tario de gobierno, Braulio, aquel que había servido como
encima todo el tiempo. correo con Madero en San Antonio, se levantó en armas con-
Fue un tema delicado cuando hablamos de Chihua- tra Madero, alegando traición a los principios revoluciona-
hua, me pidió que no interfiriera en el proceso político rios y apoyando ahora la rebelión que encabezaba el anti-
local que no acababa de apaciguarse, y menos con la au- guo compañero de Madero: Emilio Vázquez Gómez.
sencia de don Abraham, porque cuando él se fue a México Pero no era sólo eso, no, yo vi con mis propios ojos
hubo más desorden y cada cosa que pasaba me la achaca- cómo Madero se rodeaba cada vez más de porfiristas, cómo
ban a mí: que si los vazquistas se rebelaron en Chihuahua, la familia de Madero se convertía en una nueva realeza,
yo tenía la mano metida; que si los ricos conspiraban era cómo se iba olvidando poco a poco de las razones por las
conmigo; pero no querían ver sus propios errores, las que habíamos luchado, haciendo lo mismo, exactamente
mentiras del maderismo, es más... su traición a la causa. 10 mismo de lo que a mí, falsamente me acusaban.
Por esos días estaba muy latente el problema de Alos pocos días de haber tomado posesión, nueve para
Morelos, que por la cercanía de la capital todo lo que allí ser exactos, Madero ordenó a sugerencia de don Abraham
sucedía repercutía inmediatamente en el gobierno. En uno que se retirara a todo el ejército federal de Chihuahua y que
de los banquetes que se le ofrecieron, conocí al general se enviaran las tropas a Coahuila, Durango y Tamaulipas
Huerta, ya que tomó la palabra para responder a una de donde podrían hacer más falta debido a la posible populari-
las acusaciones de Madero respecto a lo que estaba suce- dad que podría tener Reyes en esos estados. En Chihuahua
diendo en Morelos y dijo: "señor presidente, usted hizo sólo quedarían las tropas de rurales a mi cargo.
mal en dudar del ejército. La duda es el mayor insulto que El ridículo del general Reyes fue esta vez tal como
se puede hacer a un ejército honrado y leal y el mexicano Madero me 10 dijo, ya que quiso imitarlo, primero trató
lo es como pocos. Hizo usted mal en dudar de él". Madero de lanzar su candidatura, después alegó que puesto que
negó la sombra de duda y elogió al ejército, pero lo que los maderistas organizaban las elecciones, ningún otro
me simpatizó fue la franqueza de Huerta que era poco usual candidato tendría ni siquiera las más mínimas posibilida-
entre la gente que yo veía que rodeaba al presidente. des de ganar, así que salió del país anunciando su exilio
En Chihuahua, don Abraham nombró al gobernador definitivo para luego, al frente de un pequeño grupo de
sustituto, el señor Aureliano González. Ni siquiera me pi- hombres armados entrar a México, pero igual que a Made-

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ro en Coahuila, nadie lo esperaba. No le quedó más que se me reconocía como jefe de la Revolución libertadora y en
rendirse. Si Reyes creía que se podía hacer una revolución caso de que yo no aceptara, el jefe único sería Emiliano Za-
sin hombres como nosotros, de verdad era un iluso. pata.
Otro problema que estaba tratándose en Chihuahua Aunque no lo quisiera así y estuviera lejos de ello
por esos días era que, Emilio, el hermano del doctor Fran- por mi natural carácter retraído, lo cierto es que era muy
cisco Vázquez Gómez, estaba en El Paso desde noviembre popular en la república. Todo parecía arrastrarme como
conspirando abiertamente contra el gobierno de Madero. en una corriente contra Madero.
Yo tenía simpatías por él, no vaya negárselo, era inteli- En enero, parecía que al menos en Chihuahua todo
gente, hablaba muy bien y no tenía antecedentes malos, prometía paz, Madero me llamó a México. Esa vez me pi-
aunque no había sido tan popular como su hermano. dió que lo apoyara pacificando el estado de Morelos, don-
Uno de mis allegados, hombre de confianza desde la de Zapata seguía en franca rebeldía y se había decretado
primera hora, Antonio Rojas -aquel a quien habíamos el estado de sitio, acepté, pero posteriormente Gustavo
enviado a Sonora en los primeros días-, llamado por quién Madero, quien manejaba todo lo relativo al caso de Morelos
sabe qué vuelco del destino, se declaró en rebeldía y para y no don Abraham que era el secretario de Gobernación,
sorpresa de todos, declaró a Emilio Vázquez Gómez como intervino directamente para echar abajo la orden de Ma-
Presidente de la República. dero. Habló con él y lo convenció de que me dejara en
Quizás a Rojas le pareció natural, y a quienes se ocu- Chihuahua y el sanguinario general juvencío Robles fuera
paban todo el tiempo de relacionarme con cualquier suce- designado como jefe militar en Morelos.
so levantisco les cayó como regalo del cielo, porque Rojas, Lo otro que me pidió, era que apoyara a don Abra-
sin mi consentimiento, tuvo la ocurrencia de proclamar- ham para que no tuviera problemas en la prórroga de su
me como vicepresidente de México para ganar populari- licencia como gobernador del estado, y que influyera para
dad a su causa. que la Cámara se la prorrogara, a lo que también me ne-
Para no dejar sola la plaza de Ciudad Iuárez, y por- gué porque consideraba que no tenía la influencia que se
que no ameritaba mi presencia, envié a Juan Dozal con me atribuía, por lo que no podría actuar ni en uno ni en
una partida de hombres a someter a Rojas que práctica- otro sentido.
mente se rindió sin combate, y fue internado en la cárcel Pero el colmo fue que me pidiera que apoyara la can-
de la ciudad de Chihuahua para ser juzgado. Otros peque- didatura de don Julio Luján como gobernador interino,
ños grupos vazquistas corrieron la misma suerte. dada la imposibilidad de Aureliano González para mante-
Cuando Zapata proclamó su Plan de Ayala, me hizo ner el orden. No pude disimular mi enojo y le dije:
figurar en un lugar prominente, ya que ahí se declaraba que - ¿Pero me ha visto usted la cara de vaqueta, don

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Francisco? ¿O me considera tan bribón para pedirme que periódicos norteamericanos y me decía que el hecho de que
obligue a estos señores a que impongan otro gobernador? insistiera tanto en que aceptara ser gobernador, era una
¿Estas son las libertades por las que tanto luchamos y se prueba más de la confianza que me tenía.
derramó tanta sangre hermana? ¿Eso es en 10 que hemos Don Abraham, de acuerdo con los Madero, dispuso
venido a parar? Tratándose de esas cosas no debe usted que los cuerpos de rurales dependientes de la Secretaría
contar conmigo para nada. Indíqueme a quién debo en- de Gobernación redujeran sus efectivos, y entonces los cien
tregar mi puesto, me retiro gustoso para atender mis ne- soldados que fueron amenazados con el licenciamiento,
gocios particulares. st' amotinaron al recibir la noticia. Se lanzaron a la calle a
La ruptura ya era inevitable. Había hecho todo 10 los gritos de "¡Viva Vázquez Gómez y Viva Zapata!", pues
posible pero no había de otra. era sabido que ambos personajes eran contrarios allicen-
A mi regreso a la ciudad de Chihuahua, a fines de ciarníento de las tropas. El pretexto era también que se
enero, le envié a Madero el texto de mi renuncia y una corrió el rumor de que yo había sido cesado como jefe de
carta que hice pública en los diarios locales, en la que le los rurales, pero el verdadero motivo era que el licencia-
decía que procurara rodearse de hombres desinteresados, miento los lanzaba a ellos a la calle.
cultos y patriotas. Como respuesta, don Abraham me tele- Esa tarde, Ciudad Iuárez sufrió uno de los más gra-
grafió pidiéndome que me quedara en el puesto hasta el ves saqueos, más que cuando la tomamos el año anterior.
siguiente primero de marzo. Acepté y por esos días Tiendas y cantinas fueron quemadas y muchas familias
Aureliano renunció como gobernador interino y la Cáma- I uvieron que buscar refugio en El Paso a altas horas de la
ra me solicitó que aceptara el puesto, pero 10 rechacé por- noche, tomadas por sorpresa por el levantamiento.
que consideraba que las relaciones con Madero eran ya Tan pronto como 10 supe, le solicité a Madero su apo-
tan malas que no podría hacer nada, sobre todo sabiendo yo con tropas federales y me 10 concedió. Llegué y me
que el apoyo de don Abraham era para Luján. A la burla le entrevisté con los alzados, les hice ver que yo estaba toda-
añadía la injuria. vía al mando de las tropas de rurales y que gestionaría
Madero envió a su hermano Alberto que se encontra- para que el gobierno reconsiderara la situación en Chi-
ba en Chihuahua para que hablara conmigo respecto a mi huahua y se les devolviera a sus puestos.
negativa a hacerme cargo del gobierno del estado, y le dije Sin disparar un solo tiro, logré imponer mi autori-
que aceptaría, pero que cuál era la política que seguiría dad, nombrar nuevos jefes de la ciudad y acabar con todo
Madero en materia de reparto de tierras... además Madero t"l alzamiento.
me envió un telegrama en el que me decía que él no hacía Esto fue malinterpretado por mucha gente que dijo
caso de los rumores sobre mi deslealtad que publicaban los que yo solamente me había ido a poner de acuerdo con los

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pronunciados y que por eso los calmé tan rápidamente. han jefe del ejército libertador y al mismo tiempo reívín-
Por eso cuando don Abraham regresó para ver lo que ti icaban la bandera del magonismo con el lema de "Tierra
sucedía en Chihuahua, después de la renuncia de Aureliano y Libertad". Les contesté públicamente que yo era leal al
que no pudo con el encargo, él me arrancó una promesa: gobierno de Madero y que no podía servir a dos amos.
General -me dijo-, nuestros enemigos pretenden a toda Por esos días, uno de mis oficiales, Marcelo Caraveo,
costa desunirnos; toda esa serie de trabajos no tienen otro recibió órdenes de Madero a través del cónsul mexicano
fin; pero nosotros debemos mostrarles que marchamos de en Ciudad [uárez, para que fuera a batir a los más de seis-
acuerdo, que estamos en armonía. Yo quiero -me dijo-, cientos pronunciados de Casas Grandes y que de cualquier
que no sólo por fórmula venga usted todos los días, sino forma les impidiera el paso a Ciudad juárez. Pero por la
que deseo consultar con usted algunos puntos, prométa- superioridad de los alzados, pues Caraveo sólo tenía dos-
me que lo hará, porque creo que el remedio de estas cosas cientos cincuenta hombres y ellos el triple, le contestó que
estriba en que usted y yo estemos de acuerdo. no seguía más órdenes que las mías. A Caraveo le dije que
y yo le prometí que así sería. por disciplina debería acatar las órdenes de Madero, no
Fui varias veces a verlo, pero ya no era posible en- importaba que fueran dadas a través del cónsul y lo que
tendernos, para mí don Abraham ya no era el mismo, y hizo fue entablar una breve escaramuza y retirarse rápi-
además me recriminaba no haber terminado con los damente antes de que lo hicieran trizas con toda su gente.
vazquistas, pero es que eran nuestra propia gente, los mis- Sin duda la victoria más importante que lograron los
mos junto a quienes habíamos luchado contra el dictador, rebeldes fue la toma de Ciudad [uárez. La ciudad fue to-
y lo que no quería decirle era que quizá serían nuestros mada por Emilio Campa casi sin luchar, después de la re-
aliados del mañana, si Madero insistía en ser el porfirista 1irada de las tropas del gobierno, supuestamente para evi-
que ya se perfilaba. tar un incidente con los Estados Unidos.
Así que mejor ya no volví. La situación era grave. Mis propios compañeros de
Mientras tanto, decepcionados de Madero y de la lucha y de religión estaban del lado opuesto a Madero y
pasividad de don Abraham, muchos de los antiguos aunque tuve muchas muestras de apoyo para que siguiera
maderistas se habían convertido al vazquismo. Nuestro como jefe militar, el 29 de febrero a las doce de la noche,
amigo José Inés Salazar, Emilio Campa y otros -usted los tal como lo había comunicado oficialmente, presenté mi
recordará que eran los magonistas a los que Villa había renuncia desligándome de cualquier actividad dentro del
sometido en Estación Guzmán en 1911-, proclamaron en gobierno. Así quedaba ya libre.
Casas Grandes un manifiesto en el que decían que la Re- y es que en realidad ya no tenía ganas de nada, har-
volución había sido traicionada, por lo que me nombra- to de tanta traición de tanto engaño. Consideré seriamen-

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t~ retirarme a mis negocios otra vez, después de todo, ya dirrne de mis funciones militares, entonces se me informó
dIfu~to el señor Chávez, había que ir cuidándolos y estar que Villa, el antiguo bandolero que nunca dejó de serlo,
pendíents de ellos. Le entregué entonces la jefatura de se acercaba a la ciudad de Chihuahua con una partida de
armas a Agustín Estrada y me quedé como simple particu- hombres con el ánimo de aprehenderme y sobre todo de
lar. Yo, Pascual Orozco, el que había sido a mucha honra castigar a quienes en el mitin se habían expresado contra
el jefe único e indiscutido de la Revolución en Chihuahua. Madero y don Abraham. Fue el momento más difícil de mi
Nuevamente hice que en la prensa local se publica- vida, si permitía que Villa tomara el mando de las armas,
ran unas declaraciones mías que decían que yo permane- entonces todos estaban condenados a muerte, pues cono-
cería en ~hihuahua dispuesto a correr la suerte que depa- cía yo la ferocidad de la que era capaz, y el rencor que
rara a mIS soldados, siempre al lado de la sociedad y de había hecho público que tenía para conmigo. Así que no
las gentes de orden. Los que conmigo compartieron los me quedó más remedio que enfrentarlo.
t~iunfos y las derrotas en los campos de batalla, que vela- Me dirigí a las tropas que hasta el día anterior esta-
na porqu~ sus enemigos no les causaran molestias y que ban bajo mi mando y les hablé de la necesidad de salvar a
en cualquier trance difícil me tendrían de su parte. la ciudad del pillaje y de las venganzas de Villa, por lo que
Si mi padre participó después, al día siguiente en una obtuve una respuesta de apoyo unánime. Salimos a
ma~ifest~ción contra Madero, era cosa que no podí~ yo im- enfrentarlos y los derrotamos en la localidad de Rancho
pedír, ~I padre tenía tantos merecimientos como yo en la Blanco, luego huyeron rumbo a Satevó.
campana ~~ntra Díaz, tenía sus propias ideas políticas y no Mientras, don Abraham permaneció solo en el Pala-
era yo quien para decirle lo que tenía que hacer o pensar. cio de Gobierno, pues todos sus compañeros políticos lo
Durante la manifestación se tocó constantemente una habían abandonado, y yo, a pesar del rencor que le tenía
canción:.El Paga~é, que era una burla por el supuesto pago por todo lo que me había despreciado, no acepté que na-
de setecientos cmcuenta mil dólares que Madero había die le hiciera daño. Por eso es que yo insisto en que aun-
h.e,cho a sus familiares por perjuicios de guerra. La can- que se me cargue la mano hablando de las culpas que tuve
Clan estaba prohibida para que se tocara en público, pero con don Abraham, nunca permití que nadie lo tocara o al
todo el mundo la cantaba y la sabía de memoria. Por su- menos que lo intentara, yeso sin ninguna guardia ni pro-
puesto que la autoría se la achacaban al doctor Francisco tección hubiera sido fácil.
Vázquez Gómez, que algo sabía de un famoso pagaré des- Don Abraham permaneció según él, escondido todo
de los tiempos de los acuerdos de Ciudad ]uárez. el tiempo que ocupamos la ciudad, pero yo sabía lo que
F.ue al día s~gUiente de mi renuncia cuando un grupo hacía a cada momento. Lo que nunca supo fue que Villa
de amigos orgamzaron un baile en mi honor para despe- me envió un mensaje de adhesión pero lo rechacé dicién-

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dale que no se admitían bandidos en las filas del movi- ros revolucionarios. Allí decía yo que era una síntesis del
miento. Villa siempre quiso matarme para que no revela- Plan de San Luis, del de Tacubaya de Emilio Vázquez Gómez
ra estas conversaciones, la saña con la que trató a mis y el de Ayala de Zapata. Todos acusábamos a Madero de
hombres fue por el desprecio que le hicimos. entreguista, ladrón, traidor a la Revolución y desconocía-
Sin saberlo, fui yo el que lo libró de cometer el que mos su gobierno.
hubiera sido el peor de sus asesinatos, casi un parricidio, El Plan, redactado por David de la Fuente -que ha-
pues en sus manos don Abraham seguramente hubiera bía elaborado el de Emilio Vázquez Gómez de Tacubaya-
muerto por lo sanguinario que era Villa. Si usted no lo y por Comadurián, era el más completo sobre las deman-
cree, pregúntele a Aureliano González, a Paulina Martínez das del pueblo, las mismas que Madero había ignorado
y a tantos otros a quienes acabó asesinando. una vez en el gobierno. Pedíamos la supresión de las tien-
Mandé llamar a la ciudad de Chihuahua a Emilio das de raya; el pago en efectivo a los trabajadores y la
Campa que todavía tenía ocupada Ciudad juárez, a Rojas jornada máxima de diez horas; una reforma agraria en la
que andaba en la sierra y también a nuestro viejo amigo que decíamos que quien hubiera residido diez años en un
Braulio Hernández, les dije que serían bienvenidos en son predio, se le daría el título de propiedad; devolución de
dl' paz, que era necesario unirnos para enfrentar al ene- tierras arrebatadas por los hacendados y que las tierras
IIIIHo romún. baldías y nacionalizadas serían repartidas; las tierras que
I.os propósitos los expresamos en un manifiesto en las grandes haciendas no utilizaran, serían expropiadas
l'l qu« demandarnos la dimisión del Presidente de la Repú- previo avalúo y los hacendados recibirían el cuatro por
blica y dl'l Gobcmador del Estado, desconociendo ambos ciento de interés anual hasta que se les pagara completa-
poderes y tomando yo el mando. Aunque pareciera parte mente, y esto se haría porque los nuevos propietarios la
de un plan hecho con anterioridad, la verdad es que la pagarían en diez años y con módico interés. Además, el
fuerza de las cosas me fue orillando a la rebelión. Yo no Plan pedía la nacionalización inmediata de los ferrocarri-
quería el poder, de otra manera lo hubiera aceptado cuan- les y el uso exclusivo de mexicanos en sus operaciones.
do me lo ofreció Madero. En otra parte, el documento que redactamos resultó
Los diputados chihuahuenses se unieron unánime- muy antinorteamericano, pues decíamos que Madero ha-
mente al movimiento y declararon como nuevo goberna- hía profanado nuestra bandera con la mano del yanqui; y
dor al ingeniero Felipe Gutiérrez. cosas así como esas.
Los manifiestos siguieron uno tras otro. Sobre esto, la reacción de los norteamericanos y de
El más importante de todos fue el que llamamos Pac- los hombres de negocios en Chihuahua fue tan fuerte que
to de la Empacadora, en donde nos reunimos los verdade- me vi obligado a suavizar algunas cosas, pues algunos lle-

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garon a pensar que íbamos a correr a los norteamericanos La falta de diplomacia entre nosotros hizo que no
del estado. Hice pues una carta de aclaración que decía hubiéramos tomado en cuenta debidamente el aspecto de
que no queríamos otra cosa sino la amistad con los Esta- las relaciones con los norteamericanos, estábamos hasta
dos Unidos y que se estaba creando un resentimiento por- entonces acostumbrados a comprar libremente las armas
que estaba ayudando a Madero a gobernar. Nosotros le y parque que necesitábamos, por lo que fue una sorpresa
suplicábamos al presidente norteamericano que fuera im- que se decretara un embargo de armas contra nosotros, y
parcial. la ciudad de El Paso se convirtió en la ciudad más vigilada
Para aclarar las confusiones que se sucedían con tan- de todo Estados Unidos. Aunque fue posible el contraban-
tos desplegados, pronunciamientos, grupos políticos y frac- do de armas por otros lugares menos vigilados, como
ciones, llamé al licenciado Emilio Vázquez Gómez a una Arizona, lo que sí lograron fue que las armas subieran de
conferencia en Ciudad ]uárez, pero los intentos de acerca- precio y además, pudiéramos conseguirlas sólo en canti-
miento no tuvieron resultados. Lo primero que hizo este dades pequeñas.
señor fue proclamarse Presidente de la República y nom- Para combatirnos, el general González Salas renun-
brar a su gabinete, pero con tan mala suerte para él, que ció a su puesto como secretario de Guerra, se puso al man-
no fue posible ponernos de acuerdo, solamente un día par- do de dos mil hombres y se dirigió a Chihuahua, pero lo
ticipamos de manera conjunta cuando al siguiente tuvimos derrotamos en Rellano, un lugar estratégico, con lo que
que desconocerlo, y se retiró a San Antonio, donde expidió todo Coahuila, Chihuahua y el norte de Durango estuvie-
un comunicado en el que ridículamente me destituía. Braulio ran bajo nuestro control.
Hernández fue el único de nosotros que se quedó de su Mientras tanto, la única respuesta que obtuve de la
lado y luego ya no volvimos a saber más de él. Casa Blanca no era la que esperaba, sino otra, pues se tra-
Con' eso se eliminó completamente el vazquismo en taba de una protesta formal porque en Parral habíamos
Chihuahua y todo se convirtió en orozquismo. fusilado a un mercenario norteamericano, Tomás Fountain,
Lagente me siguió simplemente porque se sintió trai- que trabajaba enseñando a los hombres de Villa a mane-
cionada, primero porque ninguna de las razones por las jar ametralladoras, por lo que lo pasamos por las armas.
cuales se adhirió al maderismo le fue cumplida, los pro- Le escribí a Taft explicándole que la ejecución de
blemas agrarios se mantenían tal y como estaban antes, y Fountaín se había llevado a cabo porque estaba luchando
aunque se habían hecho decretos y leyes, no había mane- contra nosotros mediante un pago en efectivo, por lo que
ra de hacerlos cumplir; y el licenciamiento era completa- su ejecución no tenía nada que ver con su nacionalidad,
mente ofensivo para todos los que habían peleado a nues- sino con la actividad mercenaria que desempeñaba. Tam-
tro lado. poco me respondió.

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Como teníamos necesidad de reorganizar nuestra cilmente y nosotros no, igual que las municiones.
economía, decomisé todo el sistema de los ferrocarriles El parque que mandamos comprar a los Estados Uni-
que pasaban por Chihuahua y establecí un sistema de im- dos nunca nos llegó por aquello del embargo. De no ser
puestos a la minería, 10 que a la larga resultó contrapro- así, la historia hubiera sido otra, ya que además, no pude
ducente en términos de mis relaciones con los norteame- enviarle a Zapata el armamento que me había solicitado
ricanos, pero con ellos consideraba yo que todas las puer- para que él, por su parte, continuara la presión sobre el
tas habían sido cerradas y no por mi voluntad. ejército federal en el sur.
El gobierno maderista, amenazado por nuestros triun- De Rellano nos fuimos derrotados a Bachimba, don-
fos y con miedo a que nos uniéramos a Zapata, y sobre de quemamos los pocos cartuchos que nos quedaban. Allí
todo por el anuncio que hice de que estaba planeando nos refugiamos en ese cañón, esperando que la infantería
entrar a la ciudad de México con una fuerza de ocho mil federal pasara para agarrarla a dos fuegos, pero no caye-
hombres, decidió jugarse el todo por el todo. ron en la trampa, pues los irregulares de Villa, entrando
Huerta fue el encargado de organizar la campaña en pequeños grupos, localizaron nuestras posiciones y
contra nosotros y logró reunir en Torreón una columna desde el valle, la artillería despeñó a nuestra gente por
de diez mil hombres entre tropa de línea e irregulares, racimos.
dirigidos por Raúl y Emilio Madero, Francisco Villa, To- Así, Huerta tuvo libre la entrada a la ciudad de Chi-
más Urbina, Mac1ovio y Luis Herrera, Toribio Ortega y huahua.
otros. Tenían cañones de grueso calibre de sobra, un sin- Nuestros hombres se dispersaron por todo Chihua-
fín de ametralladoras y una super abundancia de parque; hua, Sonora y algunos a Coahuila. En su camino se queda-
ya no se diga de ambulancias, víveres, médicos y todo eso. han unos y otros en sus pueblos y rancherías; al rato los
Nosotros no teníamos más de cuatro mil hombres, bien alcanzamos -nos decían- y se internaban por las vere-
armados, pero no tanto como el enemigo. das y serranías para llegar a sus lugares a curarse y a des-
Fue en Conejos, cerca de Rellano, donde entablamos cansar, desalentados todos.
el combate formal. Era un día muy caluroso y estábamos a Entonces nos dividimos en varios grupos, unos se
la mitad del desierto. Comenzaron a atacarnos con un internaron en el desierto donde murieron, como el capi-
nutrido fuego de artillería, luego nos lanzaban la caballe- tán Muñoz que se abrió las venas por la desesperación del
ría de Villa y enseguida venía la infantería con los irregu- calor y la sed.
lares al frente. Las bajas entre nosotros fueron tan graves Mientras tanto, Huerta se quedó en Chihuahua y no-
que tuvimos que retirarnos a Rellano. En proporción, no- sotros teníamos la plaza de Ciudad [uárez. En esos mo-
sotros les causamos más bajas, pero ellos las reponían fá- mentos Huerta quiso conferenciar conmigo intrigando con-

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tra Madero, pero no tuvo tiempo de concretar la reunión
porque al parecer los mensajes fueron interceptados y él
fue llamado por Madero a la ciudad de México.
Villa fue cruel con nuestros soldados. Quemó vivos a
los que encontraba sabiendo que habían sido partidarios
nuestros, como sucedió en el poblado de San Andrés, don-
de además fusiló en masa a los que podían tenerse en pie,
y los pocos que pudieron escapar contaron lo que suce-
dió. Yo mismo, cuando llegué, pude constatar muchos cuer-
pos mutilados de hombres y mujeres; otros completamen-
te carbonizados. Algunos de ellos habían sido quemados
con leña verde de encino, que en muchos casos no puede
arder bien, yeso produce mayor tortura. Villa en las ciudades
El orozquismo parecía ser un viejo recuerdo, apenas
en unos días.
Después es cierto, fui huertista, pero para entonces Como le decía, en Chihuahua aproveché unos días des-
don Abraham ya había muerto, no lo maté yo, a quien don pués de la toma de ]uárez para tranquilizarme -que por
Abraham había traicionado, mentido con falsas promesas cierto fueron muy pocos-, y tratar de llevar otra vida.
de democracia. No lo mató tampoco la bala huertista, fue Pero las aguas seguían muy agitadas.
Madero el que lo arrastró al descrédito, hasta su muerte. Lasalida de don Abraham de la gubernatura fue muy
comentada, pues la gente decía que Madero estaba hacien-
do lo mismo que don Porfirio, llevando y trayendo gober-
nadores sin importarle quién o para qué habían sido ele-
gidos. Para otros, como para mí, Francisco Villa, su salida
era también el dejar las promesas de la Revolución en duda,
pues una vez que don Abraham se fuera, pues como que
nos dejaba por así decirlo, colgados de un mecate. Se ha-
bían hecho muchos acuerdos con los revolucionarios, se
habían despertado muchas esperanzas.
A otros les podría parecer normal que Madero lla-

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mara junto a él a gente de su confianza, y de hecho era lo 10, pero Orozco se negó creyendo que si lo firmaba podría
que habíamos reclamado a Madero en Ciudad juárez, pero malinterpretarse, porque era tanto como reconocer que
lo difícil aquí era encontrar el sustituto de don Abraham. no había hecho lo que tenía que hacer: garantizar el or-
Se nombró como gobernador interino al licenciado den.
Aureliano González, yeso se interpretó como un despre- A fines de 1911, recibí un recado del señor Madero
cio a Orozco, ya que prácticamente era el segundo jefe en en el que me pedía que fuera a la capital del país para
el estado y después del problema de las elecciones estába- platicar con él, y sentí que era otra vez una buena oportu-
mos listos para cualquier rompimiento violento. Aureliano nidad, pues yo volvía a ser necesario. En cuanto me vio,
no tenía más mérito que haber sido uno de los primeros me recibió de manera cariñosa y me dijo:
antirreeleccionistas, pero nada más, y no tenía ningún - Tengo muy malos informes de Pascual Orozco, ¿tú
ascendiente entre la gente. qué sabes de eso?
Don Abraham colocó a Braulio Hernández a las órde- - Pues que se pasa mucho tiempo con los Creel y los
nes de Aureliano y aquél se sintió herido también en su Terrazas, y usted sabe el resentimiento que nos tienen esos
orgullo porque se creía con mayores méritos. Braulio era señores, por lo que creo que no se trata de nada bueno.
un ministro protestante muy influyente en su gremio, del - Oye, Pancho, ¿y si Orozco traiciona a la Revolu-
mismo grupo religioso que el papá de Orozco; muy pronto ción ¿tú serías fiel a mi gobierno?
tuvo choques con Aureliano yeso originó que se pasara al - Sí señor presidente, usted y su gobierno pueden
vazquismo, quién sabe si en acuerdo con los orozquistas. contar siempre conmigo.
Cuando hablaba en los mítines, este señor no podía olvi- Nos despedimos muy amablemente y me pidió que
dar que era pastor, entonces mezclaba la política con la estuviera pendiente de todo lo que sucedía, así como que
religión y llamaba a una santa revolución. en caso necesario pondría a mi disposición los elementos
Frente a todo esto, la gente veía la debilidad del go- de guerra que se necesitaran.
bierno de don Aureliano y que Orozco, que era verdade- En enero, cuando Agustín Estrada, Albino Frías y sus
ramente el hombre fuerte del estado, no hacía nada por hombres tomaron Ciudad juárez, el verdadero problema
contener la violencia y combatir a los rebeldes. La gente fue el licenciamiento de las tropas, que en vez de aceptar-
de dinero en Chihuahua, entre ellos muchos españoles, lo preferían de buena gana pronunciarse por algo, des-
comenzaron a buscar a Orozco tratando de arrancarle la pués de todo no tenían nada qué hacer ni a dónde ir,
promesa de que pacificaría al estado y que no permitiría mucho menos querían regresar a su tierra con las manos
más desmanes, incluso trataron de persuadirlo para que vacías. Eso fue muy efectivo para reclutarlos del lado de
firmara un documento en el que se comprometía a hacer- la rebelión de don Emilio Vázquez Gómez como hubiera

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sido para cualquier otra, de todos modos ni lo conocían ni Chihuahua estaba cortada por los orozquistas. El jefe de
sabían quién era. la guarnición allí era El Tuerto Domínguez, hombre de toda
Orozco acudió al lugar según él con el propósito de mi confianza como le he dicho, que no se dejó convencer
dar garantías a los ciudadanos y desalojar a los amotina- por los rebeldes y protegió a don Abraham pese a que la
dos, y en realidad sólo fue a ponerse en inteligencia con tropa era abiertamente simpatizante de Orozco.
ellos, a pedirles que se calmaran hasta que su renuncia El Tuerto me contó después que don Abraham insistió
fuera aceptada. en ir a Chihuahua y que salió en un carro de mano del ferro-
Luego fue Rojas el que se rebeló y estaba en acuerdo carril, pero afortunadamente a poco camino encontraron una
con Pascual, por eso un día, dizque la tropa se amotinó. locomotora, la hicieron regresar y dirigirse en ella a jiménez,
Usted recuerda que todo comenzó cuando la soldadera de ahí a Torreón y luego Piedras Negras para ir a Chihuahua
alcoholizada salió de una corrida de toros y se reunieron por Ciudad juárez. Aunque de Camargo a Chihuahua sólo
en la plaza de armas de Chihuahua demandando la liber- hay unos doscientos kilómetros, tuvo que recorrer como cin-
tad de Rojas, que fue liberado y Orozco no tomó ninguna co veces más para poder llegar.
medida para castigar a los asaltantes de la cárcel, al final Don Abraham llegó a Chihuahua desde Ciudad [uá-
se repartieron armas entre sus adeptos, las mismas armas rez, creyendo que Orozco no lo traicionaría y conciente
que le entregaba la federación para defender al gobierno. del peligro que significaba ya no tener el apoyo popular
Orozco se hallaba en el Palacio de Gobierno en com- que unos meses antes lo había hecho aparecer como hé-
pañía de varios oficiales cuando llegó allí Rojas con la pre- roe nacional.
tensión de conferenciar con el gobernador y éste le orde- Hubo entonces varias conferencias entre don Abra-
nó que volviera a la cárcel, teniendo que confiar en su ham, Orozco y yo, en las cuales se nos expuso el panora-
palabra, puesto que nadie se presentaba a custodiar al reo; ma nacional y la necesidad de ganar tiempo para que las
Orozco no tuvo la menor intención de imponerse a Rojas, promesas de Madero fueran cumplidas. Orozco insistió en
como era su deber, y dar las órdenes a los oficiales o a la su lealtad tanto a don Abraham como al presidente, y yo
tropa, a fin de que se respetara la orden del gobernador y le eché en cara que durante todo el movimiento no hicie-
el preso fuera devuelto a la penitenciaría. ra nada, cuando bastaba una sola declaración suya para
Rojas salió tranquilamente de la ciudad, pero antes apaciguarlo, sobre todo cuando abiertamente usaban su
tuvo el descaro de comunicarse con Orozco y pedirle al- nombre para rebelarse.
gunas mantas para protegerse de la intemperie. Ya sería mi tiempo, y a solas, le pedí a don Abraham
Así que cuando don Abraham venía de regreso tuvo armas y parque, pero estando todo en manos de Orozco y
que detenerse en Camargo, porque la vía a la ciudad de romo ni don Abraham ni Madero querían tomar medidas

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drásticas contra él, nada pude conseguir. ver si lograba él escaparse en compañía de algunos leales
Lo de Orozco ya se veía venir. Por la sierra sus hom- y entonces, unidos ellos con mis hombres, nos iríamos al
bres recorrían las rancherías interrogando a las personas sur a rehacer nuestras fuerzas. Acudí en su auxilio, pero
si acaso estarían o no dispuestas a unirse a su movimiento no pude llegar porque las fuerzas de Orozco eran con
y haciendo las listas de simpatizantes. mucho superiores a las nuestras.
Cuando cundió la noticia de que Orozco había renun- Obedeciendo las órdenes que don Abraham me ha-
ciado, hubo una manifestación popular frente al Palacio de hía comunicado, me fui acercando a la ciudad de Chihua-
Gobierno con mantas que decían: "El pueblo de Chihuahua hua en dos trenes, llegue a la estación de Las Ánimas, en
repudia a Madero", "Chihuahua con Pascual Orozco" y así, las afueras de la ciudad como a las doce de la noche y bajé
en algunas se pedía la renuncia del gobernador don Abraham. de los trenes a mi tropa. Allí tuve noticias de que Orozco
La gente cantaba El pagaré en medio de risas y señas me preparaba una emboscada a la entrada de la ciudad.
de esas que se usan en las cantinas. Fue entonces cuando Al amanecer mandé ensillar a la caballería y me acer-
vimos a don Abraham que apareció en el balcón para res- qué poco a poco a Chihuahua, sin permitir que mi tropa
ponder, y dijo que no estaba dispuesto a renunciar porque participara en ningún tipo de combate, pues no quería
había sido electo por la mayoría de los chihuahuenses y la desobedecer a don Abraham.
gente que estaba allí reunida no era más que un pequeño Orozco destacó de inmediato una fuerza de ataque y
grupo. como a mí, además me escaseaba el parque empecé a reti-
En eso hubo momentos de muy fuerte tensión y yo y rarme poco a poco y con mucho orden, mientras las fuer-
algunas de mis gentes estábamos preparados por si acaso zas de Orozco nos disparaban sin conseguir herir a ningu-
don Abraham era agredido o si se lanzaban piedras o algo no de mis hombres.
así, pero fue impresionante el respeto que se le tuvo. La Así, había yo cumplido con las órdenes de don Abra-
muchedumbre siguió lanzando mueras a Madero, pero sin ham, quien quizá hubiera visto en peligro su vida si yo,
aludir al gobernador. Luego se desbandaron, pero siguie- despreciando mi escasez de medios, me lanzo a combatir
ron los escándalos por las calles de la ciudad. sin prevenirlo, o sea, si falto al cumplimiento de mi deber.
Viendo esto, yo ya estaba preparado, porque se Desde entonces Orozco y yo nos juramos odio eter-
rumoraba en toda la ciudad un golpe para don Abraham, no. Para mí no había mayor crimen que la deslealtad per-
así que salí a una hacienda cercana con gente de confian- sonal, la traición. Mi lucha contra Orozco fue desde en-
za y allí tuve el aviso de don Abraham de que ya había tonces una batalla personal, por eso nunca le perdoné la
estallado la rebelión, con un recado donde me decía que vida a ningún orozquista, aunque lo hice, sí, con muchos
me acercara a la capital del estado, pero sin combatir, para federales o huertistas.

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Pero no podría dejar de ver cómo el orozquismo cre- Salas se confió y ordenó que sus tropas avanzaran por la
cía, José Inés Salazar, nuestro antiguo compañero de armas vía del tren; pero Emilio Campa, uno de los oficiales de
se pasó al orozquismo y tomó Ciudad juárez; Juan Dozal Orozco, ordenó que se lanzara una máquina llena de ex-
con sus hermanos; también por supuesto Braulio Hernández; plosivos sobre la vía, una máquina loca como les llamába-
Cástula Herrera, mi primer jefe militar; Rodrigo M. Quevedo, mos, que al chocar en la mera estación con uno de los
Máximo Castillo, Emilio Campa y muchos más. t renes lleno de soldados, explotó con todo y parte de la
Orozco también tuvo éxito reclutando gente porque estación causando muchas muertes y pérdidas de equipo,
a los soldados les pagaba dos pesos diarios, que muy difí- pero sobre todo, un enorme descontrol que las tropas de
cilmente podían ganar en otra actividad; por su parte, los Campa aprovecharon para diezmar a las fuerzas de Gon-
soldados federales ganaban menos de un peso y de mane- zález Salas, o sea que le pegaron duro y de la pura ver-
ra muy irregular. güenza se disparó un tiro en la cabeza.
Los pocos revolucionarios que no secundaron la re- Luego, Madero en la peor de sus ocurrencias mandó
belión como Marcelo Caraveo, Agustín Estrada y otros fue- a Victoriano Huerta en lugar de González Salas, y me puso
ron hechos prisioneros, pero después Orozco convenció a bajo sus órdenes, pues recibí un recado suyo en el que me
Caraveo y a su gente, quienes participaron en la primera decía:
batalla de Rellano.
Orozco emprendió con sus hombres la marcha hacia Pancho, te felicito por tu lealtad. Ojalá siempre sigas
el sur del estado y tomaron el último bastión federal que como hasta ahora. Pide los elementos que necesites al
estaba en Parral, con 10 que prácticamente tenían abiertas señor general Huerta; y mayor gusto me proporcionarás
las puertas al centro del país, la importancia era tan gran- si sé que operas de acuerdo con él. Francisco I. Madero.
de que en la ciudad de México el propio Madero fue a la
estación de trenes a despedir a los que salían al norte a Como desde el primer día hubo malas relaciones con
combatir a los rebeldes. Ituerta, porque no me parecía bien su temperamento de
Primero vino del centro el general chihuahuense José dar órdenes tratándonos como simples changos y yo no
González Salas y en Rellano se enfrentó con los orozquistas, olvidaba su origen federal que a él siempre lo enorgulle-
allí quedó claro que el que ganara la batalla era el vence- cía, lo primero que hizo fue ordenarme ir a combatir en
dor de la guerra, es decir, Orozco o Madero. El número de las situaciones más difíciles, que bien sabía yo que lo que
soldados fue más o menos el mismo. En el primer encon- huscaba era que una bala orozquista me quitara de en
tronazo la artillería federal fue muy imponente y obligó a medio. En el mismo caso estaba Toribio Ortega, a quien
los orozquistas a retirarse a los cerros, entonces González mandó a Ojinaga con su guerrilla seguro que ahí lo harían

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papilla, como estuvo a punto de suceder. Huerta, que no desaprovechaba ninguna oportuni-
Derrotamos a los rebeldes primero en Rellano, ven- dad semejante, me mandó llamar de inmediato y me urgió
gando a González Salas y luego en Bachimba. En Rellano iI que devolviera la yegua, pero como yo ya estaba bien
ganamos por un movimiento estratégico de la caballería enterado de 10 que sucedía, le dije que no tendría ningún
irregular que yo comandaba. Huerta recibió los honores, 1nconveniente en hacerlo siempre y cuando él devolviera
pero de seguir yo sus instrucciones como originalmente él el automóvil. Mi orgullo y firmeza para no dejarme inti-
quería, nos hubieran derrotado. La guerra en el campo es midar por el uniforme ni por los gritos de Huerta, hicie-
diferente que sobre el papel o los mapas. ron que me subiera cada vez más el tono de voz y los in-
A partir de Rellano y de Bachimba, el orozquismo se sultos, hasta que ya no aguanté y le di una bofetada rom-
desplomó y fueron de derrota en derrota, mientras noso- piéndole los lentes.
tros recuperábamos el territorio. En una sola batalla Los oficiales de Huerta se quedaron pasmados, pues
Toribio Ortega derrotó a mil doscientos orozquistas. nunca se imaginaron mi reacción, por 10 que pude salir
Pero eso ya no pude verlo, porque antes, a fines de del despacho sin que nadie se atravesara en mi camino.
mayo, un día que estaba en Ciudad Jiménez, mis soldados A los pocos momentos, Huerta me mandó arrestar y
recogieron en el campo una hermosa yegua, de buena raza, ordenó el desarme de toda mi tropa, así como la vigilan-
propiedad de un rico comerciante de Jiménez, el señor cia estrecha a mi gente más allegada.
Marcos Russek, por 10 que ordené que la llevaran al cam- Estando ya preso me enteré de que había ordenado
pamento para probarle la rienda y si salía edúcada, pues mi fusilamiento, así como que varios jefes militares, de los
tanto mejor. antiguos maderistas, hacían gestiones telegráficas con el
Al llegar mis hombres al cuartel, el hermoso ejemplar presidente Madero para enterarlo del problema y tratar
llamó la atención de los soldados y Huerta se enteró del ha- de evitar la ejecución.
llazgo cuando iba rumbo a Ciudad [iménez. En el camino, Ya estaba yo frente al pelotón de fusilamiento cuan-
Huerta encontró un automóvil de la propiedad del mismo do llegó el telegrama de Madero ordenando que se sus-
comerciante de jíménez y decidió quedarse con él. pendiera y que inmediatamente fuera trasladado a la ciu-
El propietario, afectado doblemente, se presentó con dad de México, eso sí, en calidad de prisionero.
Huerta y le dijo que, como sentía profunda animadversión Quiero decirle a usted que eso de que tenía fama de
por mi persona, no quería que por ningún motivo me que- llorón, misma que algunos me hicieron, pues puede que
dara yo con el animal, por 10 que le suplicó a Huerta que 10 sea cierto, porque a veces, frente a muchas injusticias que
recogiera y a cambio de este servicio se quedara con el auto- he visto que se cometen, pues lloro de rabia o de coraje,
móvil, que el comerciante le obsequiaba de buena gana. pero nunca he llorado por miedo a perder la vida, por eso

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esta vez no lo hice. Me arrodillé de frente al pelotón por- por no dejar que me robaran la cobija o la comida. Final-
que esa era la costumbre, cuando uno siente que ya está mente estuve muy enfermo de la reuma por la humedad
próximo a rendir cuentas al Creador, pero no por otra cosa. de la celda donde había sido encerrado.
Me despedí en voz alta de mis amigos. Ellos fueron testi- Esto llegó a oídos de Madero y ordenó que se me en-
gos del tono de mi voz. viara a la cárcel de Santiago Tlatelolco, que en aquel en-
Mire usted señorita, una de las cosas que más ansía tonces estaba habilitada como especial por el tipo de hués-
el que manda el pelotón de fusilamiento es ver el momen- pedes que tenía: allí estaban entre otros, el general
to en que el que va a ser ajusticiado reniegue de lo que ha porfirista muy famoso por esos días, Bernardo Reyes, y el
hecho, eso justifica su muerte: que el condenado llore, que profesor Gildardo Magaña, quien por primera vez me dio
pida perdón, que reniegue de su hombría, que implore pormenores del zapatismo.
clemencia. Pero Pancho Villa, con el perdón de usted, fue Magaña regresaba de una comisión en el norte del
siempre el mismo aunque lo quisieran fusilar. país, a donde había ido a comprar armas y parque, cuan-
Como todo se sabe en estos casos, fue muy comenta- do a su paso por la ciudad de México fue delatado por
do que al llegar el telegrama, Huerta lanzó todo tipo de unas personas y arrestado, pero afortunadamente pudo
insultos para Madero. No se contuvo ni frente a don Emi- poner a salvo la mercancía. Después de varios días, los
lio Madero, hermano del presidente para atemperar sus que pasó en "capilla" como se decía porque estuvo a pun-
gritos, si don Emilio no hubiera tenido el telegrama en sus to de ser enviado a Morelos, en donde el general ]uvencio
manos seguramente que Huerta hubiera dicho que no lo Robles de seguro lo iba a fusilar, luego, como le decía, fue
recibió a tiempo y entonces me hubieran fusilado. trasladado a donde estábamos los presos de más cuidado.
Amarrado de las manos y con centinelas de vista re- Me presenté una mañana en su celda y le dije:
corrí el camino hasta la ciudad de México, y pude ver cómo - Amiguito, ¿por qué lo trajeron preso?
en las estaciones, la gente se arremolinaba para verme y Yo nomás veía que Magaña cavilaba, acababan de
uno que otro lanzaba el grito de "¡Viva Villa!", que mucho levantarle una incomunicación rigurosa, pero se suponía
me enorgulleció. vigilado y tenía sobre su persona todavía la amenaza de
Me llevaron a la penitenciaría de la ciudad de Méxi- ser remitido a Morelos.
co y me pusieron con todo tipo de presos comunes, - No sé por qué me tengan en esta cárcel-me con-
raterillos, asesinos, en fin, no es que me espantara por ese testó como quien no quiere hablar con nadie.
tipo de gente, pero lo que sí es cierto es que en la ciudad Comprendiendo su situación, le dije que yo sabía que
de México éstos tienen habilidades especiales, de tal ma- era zapatista y que por eso procuraba su amistad:
nera que dos o tres veces estuve a punto de ser apuñalado - Volveré otro día para que platiquemos -le dije-,

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pues quiero que seamos buenos amigos. - No, hombre -me respondió. Qué trabajoso va a
Al día siguiente volví a la celda de Magaña y las con- ser, todo es que usted se lo proponga y aprenderá con
versaciones comenzaron a ser frecuentes, en una de esas lacilidad, yo le enseñaré.
le pregunté: y así fue como aprendí a leer y escribir. "A poner el
- Si Zapata era maderista, ¿por qué ahora pelea en fierro", como decía yo cuando firmaba con mi letra
contra de Madero? ganchuda.
y Magaña me fue contando su versión de las cosas, De don Bernardo Reyes tengo también muy buenos
entre otras, de cómo los hacendados les habían quitado recuerdos, ya que él me platicaba de los grandes estrategas
las tierras a los pobladores y las malas condiciones en las mundiales como Napoleón, yen el piso de tierra de la pri-
que vivían, el pago con vales, tiendas de raya y todo eso sión dibujaba esquemas de las grandes batallas, con
por lo que se decidieron a levantarse en armas junto con montoncitos de arena simulando montañas o sierras y así
Madero, pero como con el derrocamiento de la dictadura recordaba él mismo sus hazañas como militar y me explí-
no lograron nada práctico, sino puras promesas, al gene- raba lo que había aprendido en otros lugares como en
ral Zapata no le quedó otro remedio que continuar la lu- l.uropa.
cha y por eso seguía levantado en armas. Esa amistad con Reyes me puso alerta sobre la suerte
Ante el relato de Magaña, al que a veces le entendía del gabinete, que yo veía amenazado por multitud de ene-
y a veces no, porque hablaba y emborronaba papeles don- migos poderosos: por un lado el ejército, que siempre fue
de me ponía muchos números, pues yo nomás asentía con enemigo de la Revolución; por otro, los periódicos, que ha-
la cabeza y le decía: hlaban pestes, y que como decía Madero, mordían la mano
- Pues lástima que Madero sea tan bueno y se haya que les había quitado el bozal; además estaba el llamado
dejado engañar por sus propios enemigos. Partido Conservador, que había comenzado a organizarse; y
Mientras más corrían los días, teníamos cada vez más luego la Iglesia misma, que desde el púlpito, según teníamos
confianza uno en el otro, y gracias a que yo tenía compra- noticia, hacía una activa campaña contra el régimen.
do a uno que otro celador con dinero que me enviaba don Reyes inclusive me había invitado a unirme a él y yo
Abraham, la celda de Magaña comenzó a tener sillas, mesa sabía que estaba de acuerdo con el general Félix Díaz, que
y libros. Lo que más me gustaba era cuando leía en voz a la sazón estaba recluido en la penitenciaría después de
alta una historia de México. un fracasado levantamiento contra Madero en Veracruz.
En una de esas reuniones, le dije: En cuanta ocasión tenía yo, le comunicaba a don Abraham
- ¿Podría yo aprender a leer y escribir?, ¿será muy lo que se escuchaba en esa prisión, que era un hervidero
trabajoso enseñarme? político.

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Ahí fue donde me creció un fuerte resentimiento con- operación. Al principio se negó a recibir mi ayuda, pero
tra los españoles, porque aunque los conocía como cientí- viendo que la enfermedad avanzaba y no había más reme-
ficos y aristócratas en Chihuahua, en Tlatelolco pude ver dio, pues un día aceptó.
cómo los representantes de la colonia española eran los Este ofrecimiento mío no cabe duda que le llegó al
que más intrigaban contra Madero, instando en sus visi- fondo, pues se veía que no hallaba cómo recompensarme
tas al general Reyes a proclamar otra rebelión. A los y yo no le decía nada. Después de que se veía que le daba
maderistas como a mí, nos acusaban de ser mercenarios al muchas vueltas al asunto, un día se acercó de repente y
servicio del oro yanqui, y que habíamos derrocado a Díaz me dijo:
pagados por los ricos de ese país, que de esa manera se - Oiga, ¿por qué no se fuga usted de la prisión?
apropiarían de la riqueza mexicana. Después, cuando el - No lo he pensado -le contesté-, tengo fe en que
asesinato de don Abraham, hicieron grandes muestras de pronto me resuelvan favorablemente y así saldré sin
regocijo. Por eso cuando fui gobernador de Chihuahua, intranquilidades... además -le dije-, ¿cómo podría ha-
los expulsé del estado y confisqué sus propiedades. cerlo si estoy tan vigilado y no hay por dónde salir?
Nunca aprendí tanto como cuando estuve en la cár- - Por aquí -me contestó-, ya cortados estos barro-
cel, sobre todo lo que significaba la educación, por eso tes se doblan muy fácilmente.
después en cuanto pude, lo primero que hice fue hacer - Ya lo pensaré -le respondí.
escuelas. Aquella noche casi no pude dormir pensando en esa
La Revolución debería tener dos manos: en una de- posibilidad, sobre todo recelando de la actitud de jáure-
biera de ofrecer educación al pueblo y en la otra la justi- gui, pero confiando más en su sinceridad y gratitud.
cia. Si una faltara, todo estaría incompleto y la Revolución jáuregui comenzó su tarea limando él mismo los ba-
no serviría de nada. rrotes de la sala de juzgados cuando yo no estaba, para
Estando en prisión me gané la amistad de un joven que así no se despertaran sospechas de nuestro entendi-
que trabajaba allí como escribiente, llamado Carlos [áurc- miento y un día, fui llamado al juzgado para una supuesta
gui que siempre andaba de buen humor, dicharachero, práctica de diligencias. Allí jáureguí se encontraba solo al
pero de repente cambió y su semblante se hizo muy taci- otro lado de los barrotes, así que golpeé fuertemente en la
turno. cabeza al soldado que me custodiaba, doblamos los barro-
Resulta que su señora madre había enfermado gra- tes y me puse una capa española, lentes, sombrero bom-
vemente y no tenía dinero con qué curarla, así que. en bín y un elegante bastón que me había llevado jáuregui,
cuanto lo supe, le reclamé el hecho de que no me lo hu- nunca me sentí tan incómodo en mi vida, pero eso sí, muy
biera comunicado antes y le ofrecí lo necesario para la feliz de pisar la calle.

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A la salida encontramos algunos amigos de jáureguí, contestación de que se alegraba de mi libertad, pero que
quienes lo saludaron efusivamente preguntándole por qué por el momento no disponía de medios para levantar a la
abandonaba tan temprano sus labores, a lo que presen- gente, pues no había fondos por ningún lado, dado el le-
tándome como doctor, les dijo que me acompañaría un vantamiento orozquista. Los últimos intentos los hicimos
ron el recaudador de rentas de Ciudad juárez, Sebastián
trecho y luego regresaba.
Salimos apenas a tiempo, pues al día siguiente tras- Vargas, a quien don Abraham le había instruido para con-
ladaban preso a ese lugar al sobrino de Porfirio Díaz, el seguirlos como fuera posible, pero simplemente no los
coronel FélixDíaz que se había insurreccionado contra Ma- había por ningún lado.
dero en el puerto de Veracruz y derrotado por las tropas Supimos allí que al conocerse los sucesos de la Ciu-
leales, con lo que la vigilancia de seguridad en el penal se dadela, Pablo González abandonó con sus fuerzas federa-
había hecho mucho muy dura, pues se temía que sus par- les el estado de Chihuahua y salió a Coahuila a reunirse
tidarios, los antiguos porfiristas, lo liberaran. ron don Venustiano Carranza, sin avisar a don Abraham,
De Tlatelolco salimos en auto de alquiler a Toluca ron 10 que 10 dejó a merced de los huertistas y de los
donde tomamos el tren a Celaya y luego a Manzanillo, allí orozquistas.
nos embarcamos y casi nos aprenden, pues me encontré a Al enterarme de la rebelión de la Ciudadela, con Car-
varios de mis enemigos, así que tuve que fingir mareos y los jáureguí me fui a ver a Maytorena a Sonora, con quien
encerrarme en el camarote hasta que llegamos a Mazatlán, había estado muy cercano en nuestra lucha contra Orozco,
luego en tren a Nogales y aparecimos en El Paso para los pero ya era un hombre hecho pedazos por un cáncer esto-
primeros días de enero. macal. Mientras hablábamos veía hacia la ventana, donde
Apenas llegamos le escribí una carta a Madero don- tenía un jarro de leche del que tomaba todo el tiempo.
de le comentaba el peligro que corría, dándole cuenta de Nos dijo con tristeza que ya no quería meterse en más
todo lo que yo había escuchado en la prisión, sobre todo líos.
de las intrigas de la colonia española con el general Reyes. De regreso a Ciudad juárez, mientras conseguíamos
Al mismo tiempo le telegrafié a don Abraham noticiándo- fondos, visitaba yo diariamente en El Paso la cantina
le mi fuga y llegada a El Paso. Desde ahí le conté breve- t.mporlum, del griego Teodoro Kiriacópulos, quien era un
mente mi historia reciente y le pedí ayuda para levantar maderista de corazón y finalmente nos proveyó de algu-
quinientos o mil hombres y estar listos para combatir a nos fondos, otros nos los envió finalmente José María
los científicos en cuanto se levantaran contra Madero, tal Maytorena desde Sonora, más los que pudimos conseguir
como yo lo había escuchado en la prisión. localmente en Ciudad juárez. Nos robamos unos caballos
Por medio de don Baltazar Anaya me hizo llegar la de Fort Bliss y entramos a México.

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Éramos diez hombres entre ellos Juan Dozal y muy
pronto se nos unió Toribio Ortega, todos los demás nos
decían que era una locura, sobre todo pensando en que el
enemigo al que nos enfrentábamos tenía una capacidad
considerable, pero muy pronto a nuestra pequeña fuerza
la convertimos en la famosa División del Norte, que fue
decisiva para la derrota de Huerta.
Después me enteré que el mismo día que entramos a
México para empezar la campaña contra Huerta, asesina-
ron a don Abraham.

La rueda de la fortuna

Satisfecho de haber conseguido al fin que se firmaran los


acuerdos de Ciudad Iuárez de manera conveniente para
la Revolución, y orgulloso de haber participado en su fir-
ma, después de tantos días de desvelos y tensiones salí
para San Antonio a ver a mi familia, sobre todo a mi espo-
sa, Guadalupe Norma de Vázquez Gómez. Entonces me
enteré de los problemas en la capital de México debido a
que Díaz aún no presentaba su renuncia como se había
previsto en Ciudad juárez.
Madero me llamó insistentemente diciendo que ur-
gía mi presencia en la ciudad de México, para hacer ver
que habíamos triunfado y evitar desmanes, sobre todo de
quienes se ostentaban ya como maderistas sin haberlo sido
nunca. El hecho es que 10 que sucedía allí como en otros
lugares del país respecto a la dictadura, refrendaba el di-

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cho aquel de que frente al león herido, cualquier ratón se gir de la multitud que estaba en la calle, que irritada por
siente pantera. no poder entrar, vociferaba todo tipo de insultos a los di-
La toma de Ciudad Iuárez fue sin exagerar como una putados.
pequeña cuarteadura por donde se coló un aire fresco, y El nerviosismo de los miembros de la Cámara fue
aquel ambiente que había permanecido tantos años as- evidente para todos los reporteros, y según me narraron
fixiado por la represión, estalló entonces como un grito, algunos de ellos, apenas se aprobó el acta de la sesión
como una bomba. anterior cuando comenzaron a escucharse por todos la-
La gente quería un cambio, cualquiera que fuera, poco dos gritos de: "¡La renuncia!" "¡La renuncia!"
importaba, 10 mencionaban con una exaltación casi enfer- Un diputado presentó entonces una inoportuna pro-
miza, aunque a la hora de hablar de los sustitutos nadie puesta de ley sobre las escuelas rudimentarias y el desor-
se ponía de acuerdo. den y los gritos comenzaron a oírse ya dentro del recinto,
Eso me dio la pauta para entender 10 que realmente junto con las primeras vivas a Madero y a Pascual Orozco.
había pasado allá en Ciudad [uárez, cuando recibimos la Los gritos solamente se calmaron un poco cuando desde
noticia de que Díaz estaba dispuesto a renunciar. Lo que la tribuna se amenazó con desalojar el salón. Eso irritó
sucedió fue que Díaz mencionó que si hubiera paz, él renun- más a la gente y cuando el presidente de la Cámara trató
ciaría, porque no tenía la intención de sostenerse por las de regañarlos, comenzó un griterío fenomenal y sobre los
armas. Al día siguiente la prensa le dio un giro a sus pala- diputados llovieron todos los insultos que se les tenían
bras publicando que Díaz estaba dispuesto a renunciar, y guardados durante muchos años, como el de serviles, in-
todos dimos como un hecho algo que, ni por asomo, preten- útiles, etcétera.
día el dictador, sino que había sido con la intención de con- De la multitud salieron los gritos de "Vámonos a la
vocar adhesiones con la apariencia de modestia y desinterés calle de Cadena", que era donde el general Díaz tenía su
que otras veces le había dado resultado. residencia y al correrse la voz, la gendarmería ocupó los
Todavía estaba yo en San Antonio, pero como la re- bocacalles para impedir el paso. Al no poder llegar hasta
seña de 10 sucedido me viene de buenas fuentes, puedo la casa de Díaz, la multitud se dispersó en varios grupos
narrárselo a usted sin temor de mentir, para que mejor que recorrieron las calles por diferentes rumbos, rompien-
comprenda el desorden que había entonces en la capital. do faroles, vidrieras, y provocando pequeñas escaramu-
Cuando los periódicos anunciaron que se presenta- zas con los soldados y gendarmes.
ría la renuncia de Díaz, mucha gente acudió al mediodía Al día siguiente, las escenas en la casa del presidente
al Congreso. Se invadieron las tribunas, palcos y salones, fueron patéticas; según un informante seguro, la familia
y cuando se declaró abierta la sesión, se escuchaba el ru- de Díaz le rogó que renunciara; por fin a las dos de la

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tarde, don Porfirio, en medio de la fiebre, casi inconciente, claro cuál iba a ser el gabinete de transición.
se resignó y firmó. Pero con la designación del general Rascón en el mi-
Por la noche, cuando fue ya conocida la renuncia, la nisterio de Guerra, era claro que Madero no confiaba en
gente del pueblo salió a la calle a celebrar, golpeando bo- ninguno de los que le habían acompañado en su aventura
tes vacíos de petróleo como tambores y con antorchas en militar, ni siquiera en Carranza y que el ejército porfirista
las manos. Había alegría, pero no sabían a quién vitorear, se mantendría intacto.
unos lanzaban vivas a Madero, a Orozco y en el colmo de Ese mismo día, Madero dirigió un discurso en el que
la confusión, otros vitoreaban al general Reyes. legitimaba el gobierno de De la Barra diciendo que sería
En la madrugada del día siguiente, sin que lo supieran el intermediario entre el despótico gobierno del general
ni sus más íntimos amigos, el viejo dictador acompañado de Díaz y un gobierno eminentemente popular que saldría
sus parientes más cercanos salió en tren rumbo a Veracruz, de las próximas elecciones, y respecto a sus antiguos com-
escoltado por una partida de federales que mandaba el des- pañeros de armas, les dijo que los que se retiraban a la
pués tristemente célebre general Victoriano Huerta. vida privada estaban armados con el voto y que eso era
El tren llegó a Veracruz y el general Díaz fue recibi- más importante que un rifle en la mano.
do por el gobernador, Teodoro Dehesa, con todos los ho- La verdad es que nadie entendía por qué era necesa-
nores. El ya ex presidente permaneció tres días en el puer- rio un gobierno como intermediario y no directamente un
to, hasta que el 31 de mayo a las cuatro y media de la gobierno popular.
tarde se dirigió al muelle donde estaba el vapor Ipiranga Díaz había partido, pero aunque mis puntos de vista
que lo llevó a Europa. Poco antes, el general Huerta lanzó fueron confirmados respecto a lo acertado de insistir en
un discurso de despedida y Díaz contestó con un breve su renuncia, el distanciamiento de la familia Madero para
agradecimiento. Fue del dominio público que en voz baja conmigo era evidente. La relación era de un frío glacial.
se dirigió a uno de sus acompañantes y le dijo: Madero Cuando salía de San Antonio para la ciudad de Méxi-
soltó al tigre, a ver si puede con él. co, encontré a Carranza en la estación de trenes y después
El dictador fue finalmente despedido con veintiún de saludarlo le pregunté si haría el viaje con nosotros,
cañonazos disparados desde el histórico castillo de San pues lo suponía listo para tomar posesión como goberna-
Juan de Ulúa. dor interino de Coahuila, a lo que sorpresivamente me
En la capital, De la Barra tomó posesión y bien a bien contestó que no, pues a última hora tenía noticias de que
no se sabía si los secretarios que la prensa nombraba eran el Congreso de ese estado había decidido nombrar a Óscar
los acordados o no, pues en medio de tantos telegramas y Garza, íntimo amigo de los Madero y me pedía mi inter-
embrollos, mediadores oficiales y oficiosos, nadie tenía vención para arreglar ese asunto.

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Envalentonado como estaba yo en esos días, desde la I rucción Pública y mi hermano Emilio la de Gobernación.
estación de trenes a toda prisa puse un telegrama a la Le- El ambiente estaba enrarecido porque a pesar de la
gislatura del estado de Coahuila en el que los amenazaba victoria de la Revolución, no se alcanzaba a ver en reali-
con tomarla por la fuerza si no se acataba ese acuerdo dad un cambio que lo enmarcara.
hecho con la Revolución. Finalmente, después de una tormentosa espera, el fa-
Cuando llegué a Torreón me informaron que lo que moso 7 de junio de 1911, casi un mes después de la batalla
me había mencionado Carranza era cierto, pero que el error de Ciudad [uárez, Madero entró a la ciudad de México.
había sido corregido. Eso consta en el Diario de los Debates De cuanto ha vivido en su historia la capital de la
de esa Legislatura, pues el mismo día por la mañana fue República, no existe nada comparable al recibimiento que
elegido Garza y por la tarde renunció para permitir la en- se le tributó. Era una euforia popular como nunca se vio,
trada de Carranza. Así que le telegrafié a éste último para ni siquiera cuando entró el Ejército Trigarante, ni a don
que se dispusiera lo más rápido posible para viajar a To- Benito después de haber derrotado a las tropas imperia-
rreón y protestar el cargo antes de que otra cosa sucediera. les, ni posteriormente a Carranza cuando el triunfo de la
Quiero decirle que el día 28 de mayo parla noche, Revolución constitucionalista. Inclusive, ese día hubo un
cuando llegamos a la ciudad de México, me embargó una i ligero temblor en la ciudad que parecía celebrar al recién
indescriptible sensación de felicidad, volví a respirar ese llegado.
aire frío y denso del altiplano de México. Habíamos deja- No hay nada en la historia mexicana que haya pene-
do esa ciudad un año antes, salimos con el alma sobreco- t rada tan hondo en el espíritu popular como el grito de
gida tanto por los peligros que entrañaba el viaje, ya que "¡Viva Madero!" Pero el hombre y el personaje que había
podíamos haber sido aprehendidos en cualquier momen- construido la imaginación popular, eran muy distintos.
to por las fuerzas de la dictadura, como por la incerti- Al día siguiente de su entrada a la ciudad de México,
dumbre de nuestro futuro en el exilio. Ahora regresába- t uva una entrevista con el jefe suriano Emiliano Zapata, a
mos triunfadores. Al menos así lo creí esa noche excepcio- quien le pidió que tomara las disposiciones necesarias para
nalmente fresca y clara. Parados al pie del andén, a mi licenciar a su gente, le dijo que en adelante la política tenía
lado estaba mi esposa, y con sostenerle una mano entre que llevarse a cabo dentro del orden y que no permitiría la
las mías, quise expresarle mi enorme gratitud por todo lo violencia. Zapata respondió que hasta el momento el gober-
que había soportado junto a mí sin protestar nunca, con- nador de Morelos estaba actuando en favor de los hacenda-
fiada siempre en que yo no hacía otra cosa más que cum- dos, aun estando los revolucionarios armados, así que no
plir con mi destino. tendrían ninguna garantía en caso de que se desarmaran.
Al día siguiente tomé a mi cargo la Secretaría de Ins- Madero lo increpó entonces respecto a sus propósi-

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tos y Zapata se levantó con la carabina en la mano, se terio de Gobernación. Le atribuye ideas inconvenientes
dirigió hasta donde estaba sentado y apuntándole a la ca- para el gobierno. Por ese motivo me ha pedido que se se-
dena de oro que colgaba de su chaleco, le dijo: mire señor, pare de su cargo y yo he convenido en que tiene razón y
si yo aprovechándome de que estoy armado le quito su quiero que usted se lo diga al licenciado.
reloj y me lo guardo, y andando el tiempo nos llegamos a Por supuesto que me negué, le hice ver a Madero que
encontrar, los dos armados con igual fuerza, ¿tendría de- limilio era, junto conmigo y Bonilla, de los pocos hombres
recho a exigirme su devolución? de la Revolución que estaban en el gabinete, y que él no
- Sin duda, dijo Madero, pediría inclusive una in- tenía más pecado que el ser un revolucionario convencido
demnización. y fiel a sus principios, por lo que no estaba dispuesto a
- Pues eso justamente -terminó diciendo Zapata- prestarme a ese juego que no tenía más propósito que el de
es lo que ha pasado en el estado de Morelos y mi gente me permitir el paso de los enemigos de nuestro movimiento.
pide que le exija a usted que se proceda a la devolución Mi hermano, además había tenido la sinceridad para
de sus tierras. expresar en una reunión de gabinete con la presencia de De
Desde el principio ni mi hermano ni yo habíamos la Barra, que éste debería renunciar para terminar de una
estado de acuerdo con la forma en la que se estaban llevan- vez por todas con el descontrol que significaba el gobierno
do los licenciamientos de las tropas revolucionarias, y en de transición, y que Madero debería de asumir el poder di-
la práctica habíamos hecho lo posible por contrarrestarlos. rectamente, sólo esto detendría la obra de quienes insistían
En el caso del estado de Morelos, no pudimos incorporar a en minimizar la victoria de la Revolución. Pero no terminó
los zapatistas al grupo de rurales, que dependían de la Se- la argumentación, porque lo que quería era denunciar lo
cretaría de Gobernación, pero de manera informal hicimos que De la Barra comentaba en privado a sus íntimos: que él
que les llegaran armas y municiones. Con esto estuvieron era presidente por ministerio de ley, y en todo caso se la
mejor armados que al principio, pero los hacendados debía a Porfirio Díaz, quien previendo que llegaría el mo-
morelenses -entre los que se encontraba Íñigo Noriega, el mento de negociar, le había conferido el cargo de secretario
mismo que Díaz había enviado a conferenciar con los Ma- de Relaciones Exteriores tres meses antes de los acuerdos de
dero en Corpus Christi- protestaron con De la Barra. Ciudad juárez, con lo que lo convertía por ley en su sucesor
A fines de junio, cuando apenas teníamos un mes de en caso de que faltase y esto había sucedido no por sugeren-
haber tomado posesión de nuestros cargos, fui a ver a cia de los revolucionarios, específicamente de Madero, a
Madero a su casa de Tacubaya, y allí me expresó: El señor quien según él, muy poco le debía.
presidente De la Barra me ha dicho que no está contento Por absurdo que pareciera, el principal objetor de la
con su hermano el licenciado Vázquez Gómez en el minis- propuesta de mi hermano, respecto a que Madero debería

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asumir inmediatamente el poder, fue el secretario de Ha- daderos racimos de cadáveres, y se vieron espectáculos
cienda, Raúl Madero, quien lo increpó sin permitirle ter- horribles como el de mujeres aterrorizadas que murieron
minar, diciendo: "Lo que usted propone es una barbari- abrazadas de sus críos.
dad". De la Barra no dijo nada, pero por supuesto la suer- Al día siguiente por la mañana, al arribar Madero a
te de Emilio estaba decidida, lo mismo que la del país. Puebla fue informado del suceso por los militares, lo que
Mientras tanto, sucedió uno de los episodios más re- hizo que al principio culpara a los revolucionarios, cre-
veladores de la ceguera de Madero. En la ciudad de Pue- yendo que ellos habían iniciado el zafarrancho, por lo que
bla hubo un choque entre las fuerzas del ejército que se los tachó de bandidos.
encontraban posesionadas de la capital del estado y un Lo peor fue que muy entretenido por los agasajos y
grupo de revolucionarios que estaban esperando recibir a las fiestas, se olvidó de las víctimas, que se quedaron aban-
Madero por la noche. donadas en el lugar en donde cayeron. Luego los cadáve-
Allí, un grupo de oficiales del ejército organizó una res fueron amontonados y arrojados al panteón Agua Azul
provocación contra los zapatistas con la intención de ha- sin darles sepultura. Ahí permanecieron tres días hasta
cerlos aparecer como responsables del zafarrancho. Apro- que yo mismo ordené que fueran enterrados.
vechándose de esto, al parecer tenían planeado atentar Durante la ceremonia fúnebre, se corrió el rumor
contra la vida de Madero, pero por un retraso involunta- entre los revolucionarios y los familiares de los muertos
rio, éste no llegó a Puebla esa noche, sino hasta la mañana de que Madero los había traicionado, que no entregarían
siguiente. las armas y rechazarían el pretendido licenciamiento.
Los revolucionarios, que estaban alojados provisio- Zapata, en cuanto supo la noticia ordenó a su gente
nalmente en las instalaciones de la plaza de toros, fueron concentrarse en Cuautla para marchar hacia Puebla, te-
atacados por varios automóviles en convoy, y al salir a miendo que se asesinara allí a Madero o que éste lo nece-
perseguirlos, se encontraron en los bocacalles con los dis- sitara para hacer justicia. Pero no pasó nada. A partir de
paros de soldados federales formados en línea, al mando entonces Zapata entendió que desmovilizarse y confiar en
de Aureliano Blanquet, y quedaron ochenta cadáveres re- Madero, equivalía a morirse.
gados por la calle. Lo de Puebla fue como una advertencia para Zapata,
Luego, las tropas asaltaron el improvisado campa- que de hecho le permitió sobrevivir después a casi todos
mento donde estaban los zapatistas acompañados de' sus los engaños provenientes de Palacio Nacional, estuviera
mujeres e hijos. Cuando los federales tomaron la plaza, quien estuviera sentado en la silla presidencial.
hicieron una horrible carnicería, donde lo mismo se pasó Hubo un lapso en el que Madero pareció no insistir
a bayoneta calada a mujeres que a niños. Allí estaban ver- en la renuncia de mi hermano, pero en otra ocasión Emí-

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lio propuso a De la Barra la necesidad de disolver la Cá- romo presidente, tal como 10 quería el recién formado
mara de Diputados, como una de las condiciones para que Partido Católico.
Madero pudiera gobernar y eliminar ese nido de ponzoña Muchos jefes militares comenzaron entonces a incre-
que no sólo incitaba continuamente contra el régimen, sino par públicamente a Madero por haber dado cabida a co-
que ponía en riesgo la estabilidad del gobierno revolucio- nocidos miembros del antiguo régimen, inclusive el gene-
nario. ral Cándido Navarro 10 enfrentó de una manera poco di-
El día dos de agosto de 1911, mi hermano Emilio, a plomática en el estado de Puebla, a 10 que Madero le con-
solicitud expresa de Madero presentó su renuncia como testó que él no toleraba que los militares tomaran parte
secretario de Gobernación en el gabinete de De la Barra, e en política y mucho menos él, Navarro, quien a su parecer
hizo público el contenido de la misma que decía textual- era indigno de pertenecer al ejército libertador, y que si a
mente que era motivada porque De la Barra representaba él (Madero) se le tachaba falto de energía, Navarro debía
la tendencia conservadora del antiguo régimen; y él, la saber, de una vez por todas, que él había expuesto su pe-
tendencia renovadora de la Revolución triunfante, de quien cho ante los insubordinados Orozco y Villa en Ciudad [uá-
su conciencia no debía separarse. rez: que era enemigo de que se derramara sangre, pero si
Al saber que ya se había hecho público, Madero re- se le juzgaba cobarde, estaba dispuesto a matar por me-
celó de una confrontación con otros revolucionarios, por dio de la ley.
10 que de inmediato me pidió que hablara con los simpati- Díasdespués el general Navarro fue llamado a la ciudad
zantes de la Revolución para explicarles que no había nin- de México, y cuando llegó fue aprehendido y recluido en la
gún rompimiento entre nosotros y que la renuncia de cárcel de la ciudad, donde estuvo hasta la caída de Madero,
Emilio era algo convenido. Pero por el contrario, hice pú- después se incorporó a la Revolución contra Huerta.
blico un texto en el que le decía que no solamente no era Junto con la llegada de García Granados, se comenzó
algo convenido, sino que creía firmemente que con esa en Morelos una doble política, por una parte Madero ha-
política Madero iba directo al suicidio. hlaba de reconciliación nacional, mientras que por la otra
Entonces llegó a sustituir a mi hermano el licenciado el Estado se militarizaba cada vez más. Lasfuerzas del ejér-
Ricardo García Granados, conocido porfirista, el mismo cito federal tomaban cada día posiciones amenazadoras
que acuñó la frase de que "La bala que mate a Madero, alrededor de los pueblos.
será la bala que salve al país". Y ya verá usted su actua- El tiempo pasaba rápidamente y se acercaba la fecha
ción posterior. Por el momento, García Granados se esme- para la postulación de los candidatos a la Presidencia y
ró por convencer a De la Barra que dada la crisis que vivía vicepresidencia. Como mi hermano había renunciado en
el país, debería aceptar las invitaciones para postularse malos términos con Madero, algunos aprovecharon esto

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para argumentar que yo no debería de figurar, y por su- para pedirme que en vista de mi supuesta deslealtad, re-
puesto que ya era público que la familia Madero desapro- nunciara a mi cargo en el gabinete.
baba mi candidatura a la vicepresidencia. Tuve que hacerlo en la mayor tristeza y amargura,
Para entonces Madero auspició la creación del Parti- 110 por dejar el cargo, sino por la infamia de una acusa-
do Constitucional Progresista para quitarse de encima los ción que Madero no quiso aclarar y que me hacía ver como
compromisos del anterior Partido Antirreeleccionista, que II n desleal y traidor.
de hecho lo había liquidado de un plumazo como si fuera Por esos días, en la población de Tacubaya los anti-
algo de su propiedad. En la Convención del nuevo partido guos revolucionarios Paulina Martínez, Policarpo Rueda y
para elegir candidatos, debido a los cincuenta votos de la otros más, proclamaron el Plan de Tacubaya, desconocien-
delegación de Chihuahua encabezada por supuesto por don do al próximo gobierno de Madero que tomaría posesión
Abraham, ganó la fórmula de Madero-Pino Suárez y yo siete días después y en forma directa manifestaban su pro-
perdí la candidatura a la vicepresidencia. pósito de que mi hermano Emilio tomara las riendas del
Una vez entré gracias a don Abraham, pues él me gobierno llamándolo "El inmaculado de la Revolución", y
había propuesto como vicepresidente en 1910, Y ahora acusando a Madero de haber traicionado el Plan de San
me tocaba salir por él porque su voto fue decisivo para Luis por intereses personales. El Plan no pasó de la simple
que ganara Pino Suárez, pero como le dije señorita, los declaratoria por el momento y de uno que otro arresto en
que siguieron ciegamente a Madero se suicidaron. la ciudad de México.
Después de la Convención en la que inútilmente tra- La última vez que vi a Madero fue en su casa, cuando
té de tomar la palabra, fui tachado de traidor, y el propio al término del período del gobierno de De la Barra, consi-
Madero ya lo gritaba a quien quisiera escucharlo, pero yo deré mi deber pasar a despedirme de él, pues yo me rein-
le pregunto a usted que vivió todo esto ¿cómo, cuándo y tegraba a mi profesión y él tomaría posesión de la Presi-
en qué? Nunca, nadie, ni el mismo Madero pudo fincarme dencia. Al despedirme le recomendé que no se rodeara de
un cargo concreto. enemigos de la Revolución, pues eso resultaría nefasto a
No presenté mi renuncia inmediatamente, como quizá corto plazo, a lo que me contestó que en su gabinete ha-
debí hacerlo. Sino lo hice fue porque consideré que en aquel hría personas de reconocido prestigio y que durante el
momento era ahondar más en la división del maderismo, periodo de transición todos ellos se habían portado muy
pero al poco tiempo se presentó una burda maquinación en bien con él, lo que inmediatamente entendí como una alu-
mi contra: me acusaban de que mi hermano me había envia- sión a mi persona, además, me dijo que: Todo el que se
do un telegrama con instrucciones para iniciar una revuelta acoge a la popularidad de Madero no tiene nada que te-
en la ciudad de México. Así que García Granados me llamó mer. No pude contenerme y le respondí que confundía el

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prestigio con la popularidad: La popularidad se adquiere prensa, sobre todo con motivo de la sublevación de Orozco
muy fácilmente y se pierde del mismo modo; el prestigio en Chihuahua, la que consideré como natural, debido al
es obra del tiempo y de muchos méritos, se adquiere con abandono de Madero de las ideas revolucionarias.
dificultad y difícilmente se pierde; usted tiene populari- En diciembre de 1911, mi hermano Emilio lanzó un
dad -le dije- pero no prestigio. documento desde San Antonio, Texas, en el que desconocía
Nunca volvimos a hablarnos. a Madero y la situación en Chihuahua se mantenía cada vez
En el primer gabinete de Madero tomó posesión don más caliente, así que se lanzó en Ciudad ]uárez la proclama
Abraham, a quien se le reprochó ser de Chihuahua, haber firmada por un grupo de orozquistas que declaraba a Emilio
desempeñado modestos empleos antes de la Revolución y presidente de México y a Orozco como vicepresidente.
no haber vivido nunca antes en la ciudad de México, pero Desde ese momento quedó claro que ya no eran los
eso no era cierto, porque había estudiado un tiempo en la maderistas sino los antiguos soldados porfiristas los que
Escuela Nacional Preparatoria. sostenían al régimen. Desde la campaña contra Orozco, la
El gabinete maderista fue un buen ejemplo de nepo- Revolución como grupo armado había caído en despresti-
tismo, pues abundaban sus familiares en puestos claves. gio. Huerta, el porfirista que despidió sentidamente al dic-
Por otra parte, muchos de los maderistas que habían esta- tador en Veracruz, ahora despedazaba a Orozco, el anti-
do con él desde los inicios, se negaron a entrar al gabine- guo héroe del maderismo; Villa, al principio revoluciona-
te: José Vasconcelos, LuisCabrera, Soto y Gama, entre otros. rio, terminaba recluido en una prisión por bandido; Zapa-
A todos ellos Madero les cobró posteriormente esta afren- ta, a quien le debíamos indirectamente la victoria en Ciu-
ta. A Vasconcelos, que aspiraba a ser diputado, le negó la dad ]uárez, también estaba fuera de la ley.
candidatura. Por la rebelión orozquista, el señor González se fue
Usted sabe que a don Abraham le ofreció primero el inmediatamente después de entregar el ministerio para la
puesto que yo tenía en el gobierno de De la Barra, pero le ciudad de Chihuahua, salió entre la rechifla de la prensa
rechazó la oferta. Madero insistió entonces para que acep- capitalina que lo colmaba de injurias y lo llamaba tonto y
tara la cartera de Gobernación, y creo que debió recha- ranchero, con los más ridículos apodos.
zarla también, aunque con esto se evidenciara más la cri- Con todo respeto señorita, don Abraham fue en rea-
sis entre los revolucionarios. Así, por tratar de ayudar a lidad un ave rara en la capital mexicana. Recuerdo que un
Madero, prendió el orozquismo en Chihuahua, que a la día se atrevió a ir desde el céntrico hotel donde se hospe-
larga tuvo un precio mayor que lo que trataba de evitar. daba a Palacio Nacional, es decir, un par de cuadras, ha-
Regresé a mi profesión y no tuve nada que ver en ciendo el recorrido a pie y no en automóvil o carroza como
política más que para ofrecer una que otra entrevista de todos los capitalinos importantes lo hacían.

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Para don Abraham fue un acto natural y digamos así, ' declaró una ley del descanso dominical, la jornada máxi-
republicano, pero los capitalinos no se 10 perdonaron. Sólo ma de diez horas de trabajo y un aumento inmediato del
la plebe llegaba a pie a Palacio -le recriminaron en los diez por ciento sobre los salarios de los obreros. A pesar
periódicos- y por supuesto así llegaba también el ran- de todo esto, con mucho se le criticó que tratara de poner
chero de 'ñor Abraham. un freno a la prensa, 10 que en realidad era necesario ha-
La salida de Abraham González del ministerio era cer, pues las burlas eran desmedidas, sobre todo para el
previsible, entre otras cosas por el conflicto entre él y propio Madero.
Gustavo Madero. De hecho, Gustavo daba órdenes como si A la salida de don Abraham de Gobernación, se que-
fuera el presidente y contravenía sin el menor recato todo dó con el cargo el licenciado Jesús Flores Magón, herma-
cuanto viniera del despacho de don Abraham, como por no de los fundadores del Partido Liberal Mexicano y que
ejemplo la ley sobre libertad de imprenta. Con ella, don seguían combatiendo a Madero desde los Estados Unidos.
Abraham había querido poner un alto a los insultos que la El propio Jesús no ocultaba su animadversión hacia el
prensa de la capital dirigía contra los revolucionarios to- régimen maderista y llegó incluso a conspirar en Chihua-
dos los días, como los que escribía por ejemplo José Juan hua en alianza con Orozco contra Madero, y en particu-
Tablada refiriéndose a Madero: lar para desestabilizar en 10 posible a Abraham González
e impedir que restableciera el orden en Chihuahua, para
¡Qué paladín vas a ser! ello contaba con la complicidad de sus antiguos compa-
te 10 digo sin inquinas. ñeros de partido, quienes como Juan Sarabia, Soto y Gama
Gallo bravo quieres ser, y otros liberales radicales deseaban la caída de Madero.
y te falta, chantecler, Por eso reaparecieron los magonistas en Chihuahua jun-
10 que ponen las gallinas. lo con Orozco, quien los apoyó con fondos.
El ministro Flores Magón no pudo sostenerse mu-
Pero otra vez, la oposición vino del grupo maderista cho tiempo en el gabinete, tanto por sus diferencias con
en el Congreso. los demás ministros, como por la pugna personal que te-
Además, los trabajos de don Abraham no fueron bien nía con Pino Suárez. Surgió entre ellos una polémica tre-
comprendidos ni por los propios maderistas. Muy pocos menda que se hizo pública en los periódicos, con decla-
reconocieron después el enorme trabajo de don Abraham raciones de ambas partes bastante subidas de tono.
para sacar una nueva ley electoral, la de diciembre de 1911, En diciembre de 1912 apareció en la ciudad de Méxi-
que es una de las más perfectas que hemos tenido, ni tam- co el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, so-
poco el hecho de que fue a iniciativa suya por 10 que se hre todo con la intención de convencer a Madero de que

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le permitiera mantener un ejército propio, pero a cargo ' rlores y no por vocación al servicio de las armas, por lo que al
de la federación y además, quería expresarle el desagra- Integrarlos con los profesionales, terminarían por defeccionar,
do de un grupo de patriotas -como él decía- por la cons- lo que no era conveniente.
tante inclusión de porfiristas al régimen revolucionario, Madero insistió con el argumento de que si quería tener
sobre todo por la designación de Rafael Hernández como un ejército propio, debería mantenerlo él.
secretario de Gobernación y con quien él mismo había Carranza decía que en cuanto el orozquismo fuera de-
polemizado fuertemente durante las conversaciones de rrotado en Chihuahua, trataría de extenderse a Coahuila, como
paz en Ciudad Iuárez, Madero se negó aduciendo la ne- frontera y como zona minera, por lo que era necesario man-
cesidad de organizar el ejército de una manera profesio- tener fuerzas y que había que detener su expansión.
nal, a cambio, le ofreció incorporarlo al gabinete. Finalmente se aceptó el ejército carrancista como
Carranza le dijo al principio que aceptaría, pero conside- regular, el cual quedaría por sugerencia de Carranza bajo
rando después que en él participaban personas que le el mando de Pablo González, pero Madero ordenó que fuera
habían manifestado su enemistad como Hernández y ubicado en Durango y Chihuahua para combatir la rebe-
Gustavo Madero, le comentó a Madero que su posición Ilón orozquista.
sería muy difícil, a lo que éste le respondió que efectiva- Pablo González, que era uno de los más fieles
mente era así y que él nada podía hacer: Son mis tíos -le carrancístas, pronto le escribió a Carranza para comuni-
recalcó. Así que Carranza prefirió no formar parte del carle que sus tropas, aunque moralmente animados por
gabinete, además, el de Coahuila no olvidaba el madru- las derrotas infligidas a los orozquistas, amenazaban con
guete que le habían hecho los hermanitos de Madero el desertar si no eran regresados a Coahuila ya que se les
año anterior. había dicho que su comisión era solamente de mes y me-
Así, Carranza mantuvo un conflicto permanente con dio. Carranza se lo comunicó a Madero y amenazó él mis-
Madero debido a que éste último insistía en que las fuerzas mo con licenciar las tropas si no eran regresadas a
irregulares debían de ser licenciadas y quedar solamente las Coahuila.
fuerzas regulares del ejército federal. De acuerdo con él,no Obviamente esto de que con o sin consentimiento del
podía haber dos ejércitos: uno federal y otro al mando de los presidente, Carranza licenciaría a las tropas, indignó a
gobiernos estatales, y ambos sostenidos por la federación. Madero y le telegrafió inmediatamente diciéndole que no
Carranza se negó abiertamente a licenciar a sus' tropas tenía derecho a ordenar que regresaran de Chihuahua tro-
y también se opuso a que se integraran a las fuerzas regula- pas que estaban sostenidas por el gobierno federal y que
res bajo el mando de oficiales del ejército, diciendo que los dependían exclusivamente de él.
irregulares estaban allí por afectos personales con sus supe- Eran dos mil quinientos hombres pagados por la fe-

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de ración y si Pablo González desobedecía la orden del pre- Para mi sorpresa, en enero de 1913 fui aprendido por
sidente, entonces el general Rábago, como comandante en la policía reservada, y así, sin ninguna orden, como lo hu-
jefe de las tropas federales en Chihuahua, haría respetar biera hecho naturalmente bajo la dictadura porfirista, fui
esa indicación por la fuerza. Así se mantenía entre ellos el llevado a la comandancia de policía, donde un inspector me
clima de tensión. hizo un interrogatorio sin ton ni son, y sin que él se tomara
Desde Saltillo, Carranza escribió a los gobernadores de la molestia de escribir nada. De ahí se me pasó a la peniten-
Sonora, San Luis Potosí y Durango para invitarlos a una cace- ciaría, que estaba a cargo del señor Octaviano Liceaga, her-
ría en Ciénega del Toro, en enero de 1913, que en realidad se mano del doctor que había sido uno de mis mejores maes-
trataba de una conferencia política para ver qué era lo que se tros en la Facultad de Medicina. Antes de las setenta y dos
podía hacer para según él salvar a la Revolución. horas se me informó que el motivo de la detención era -al
Entre ellos se dispuso armar gente y tenerla preparada igual que en 1911-, una supuesta carta de mi hermano
para cualquier eventualidad contrarrevolucionaria, aun si Emilio que estaba en Estados Unidos y donde se mencionaba
Madero no quería aceptar la eventualidad de que eso suce- nuestra participación en un complot contra Madero. Por su-
diera, por lo que hacía aparecer esto entre sus amigos como puesto que nada pudo probarse, aunque catearon mi casa
una provisión necesaria para defender al gobierno, pero que sin ninguna orden y buscaron hasta en las maceteras las
algunos y entre ellos don Abraham, creyeron que eran ver- pruebas que pudieran incriminarme, pero se me declaró for-
daderos preparativos para rebelarse contra Madero. malmente preso y salí mediante fianza de tres mil pesos.
A pesar de las advertencias, Madero seguía creyendo Estuve en mi casa atendiendo a mis pacientes y tra-
que Carranza no era de temer, pues no tenía las suficientes tando de olvidar todos estos tragos amargos, cuando la
energías para emprender nada, que lo del ejército local que mañana del domingo 9 de febrero empezaron a oírse
pretendía que se le mantuviera, no era más que un pretex- tiros tanto en la prisión militar como por el rumbo del
to para obtener dinero federal y hacer chanchullos con él. zócalo y poco después comenzó a circular la versión de
Por lo pronto, yo estuve bajo la vigilancia de la po- , que habían matado al general Bernardo Reyes.
licía maderista que se daba el lujo de estacionarse fren- Así comenzó la llamada Decena Trágica.
te a mi casa, pendiente todo el tiempo de mis movimien-
tos. Inclusive, una mañana leyendo tranquilamente el
periódico, me enteré de la noticia de que, según' el re-
portero, yo mismo había huido de la ciudad de México y
tomado un tren en Tlalnepantla para reunirme con
Orozco en el norte del país.

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TERCERA PARTE
Mi Stetson negro

A pesar de la persecución de los villistas y de las fuerzas


federales en México, y del hostigamiento de los norteameri-
canos, que siempre me tuvieron muy vigilado, nosotros siem-
pre nos mantuvimos en la pelea aunque con altibajos.
A finales de 1912 fui a San Luis Missouri donde un
grupo de mexicanos me ofreció a mí, Pascual Orozco, su
apoyo y en El Paso pude mantener una fuerte base de
amigos y simpatizantes, sobre todo de quienes eran vejados
por el villismo.
Como le decía, el hostigamiento de los americanos
llegó a tal grado que mi padre fue aprehendido y llevado
a San Antonio para ser juzgado por violar las leyes norte-
americanas de neutralidad y por contrabando de armas.
Ellos insistían en saber si estábamos o no ligados al llama-
do subversivo que desde Veracruz había hecho Félix Díaz

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pero que por falta de armas había sido sofocado. En Chihuahua, creo que don Abraham confió dema-
Mis hijas le escribieron entonces una carta al presi- siado en la lealtad del general Rábago. Cometió el mismo
dente norteamericano Taft en la que le pedían por la vida error que Madero cuando creyó en el general Lauro Villar
de su abuelo. Mi padre permaneció preso hasta diciembre -el mismo que atacó Cuchillo Parado- como jefe de ar-
de ese año, desde allí me escribió que tenía esperanzas mas de la ciudad de México.
que el gobierno mexicano (o sea Madero), lo utilizara para En cuanto don Abraham supo del golpe de Huerta,
negociar la pacificación. envió al coronel Eleuterio Hermosillo rumbo al sur para
Así sucedió, porque de repente se le anularon los que se reuniera con los voluntarios y se levantaran en ar-
cargos y Madero le hizo llegar una propuesta de paz para mas, y ordenó salir de Chihuahua a Aureliano González
mí en forma de un armisticio y me envió emisarios para con los fondos del gobierno -para que en todo caso estu-
tratar de lograr un acuerdo. La contestación se la hice lle- vieran a buen recaudo- y dio las órdenes de preparar la
gar argumentando que no habría ninguno sin la renuncia resistencia; creía entonces que además podía contar con
del propio Madero y la formación de un nuevo gabinete las fuerzas de Pablo González, que anteriormente se en-
encabezado por el general Gerónimo Treviño, que había contraban estacionadas en jíménez, pero para su sorpre-
sido gobernador de Nuevo León y a quien los mexicanos sa, ya habían huido a Coahuila.
en el extranjero tenían en alta estima, y a Francisco Váz- Cuando los preparativos que estaba haciendo don
quez Gómez con quien me unía el antimaderismo. Abraham llegaron a oídos del general Rábago, éste se co-
Como usted puede ver, ni siquiera me refería para municó inmediatamente con Huerta y se le dieron instruc-
nada a don Abraham, ni para bien ni para mal. Lo que él ciones de aprehenderlo. Rábago ordenó que se colocaran
quisiera hacer, yo lo consideraría como algo que debía ametralladoras apuntando al Palacio de Gobierno a las
respetar. Para todo esto, Madero no lo tomó a él en cuenta cuatro de la tarde del 22 de febrero, y entonces el mayor
en lo absoluto. José Alessio Robles cercó el edificio y entró con un pelo-
El armisticio se terminó sin llegar a ningún acuerdo, tón de soldados, arrestó don Abraham en su propio des-
con lo que el norte de Chihuahua se convirtió nuevamen- pacho y con lujo de fuerza se lo llevó a los separas de la
te en un campo de batalla, pero fue breve porque dos se- zona militar, en donde se quedó rigurosamente incomuni-
manas después, en la ciudad de México se gestó la rebe- cado.
lión que tumbó definitivamente a Madero. Ese mismo día, en toda la ciudad metieron presos a
No es que yo quiera decirle que fuimos nosotros los todos los que se sospechaba que podrían ser simpatizan-
que derrocamos a Madero, pero lo cierto es que la falta de tes de don Abraham, pero la verdad que no eran muchos;
paz en el norte del país contribuyó a su caída. por una parte, porque ya no tenía popularidad, y por otra,

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porque a sabiendas de 10 que se preparaba, muchos de Luego vino el cambio de presidente norteamericano
ellos ya habían dejado la ciudad. y con ello tuvimos unos días de respiro y sobre todo la
¿Por qué no huyó don Abraham, señorita? esperanza de que su política hacia México fuera otra, es-
Dicen que en prisión pidió una licencia para sepa- pecialmente en todo 10 que nos perjudicaba.
rarse del cargo, pero yo no 10 creo, ni habrá nunca forma Así que me interné en México porque después de los
de saberlo, pero 10 cierto es que la legislatura, que sólo sucesos de la Ciudadela, muchos grupos hicieron pública
esperaba que un hombre bragado le dijera 10 que tiene su adhesión a nuestro movimiento, tanto en Durango como
que hacer para de inmediato ponerse a las órdenes, igual en Coahuila y Sinaloa. Muchos jefes militares revolucio-
como le sucedió a Madero en la ciudad de México, aceptó narios hicieron saber a Huerta que 10 apoyarían sólo si yo
sin dudar la licencia de don Abraham y nombró como go- 10 hacía. Así que Huerta envió a tres comisionados para
bernador interino al general Rábago. hablar conmigo: Ricardo García Granados, el ex ministro
Don Abraham estuvo preso y como usted sabe, inco- de Gobernación de De la Barra y luego de Madero; Este-
municado, y aún así la prensa dio a conocer una supuesta ban Maqueo Castellanos y Antonio Herrejón López. Las
renuncia a su cargo, que era tan absurda como para que conferencias tuvieron lugar en Villa Ahumada y por mi
ni un chiquillo se atreviera a creerla. Tanto así que en ella parte estipulé cinco condiciones: que como los soldados
por una parte pedía el apoyo para el general Rábago, y que me quedaban habían contribuido a la caída de Made-
por la otra desmentía el que hubiese tratado de levantar- ro, se les pagarían sus haberes a la fecha con dinero de la
se en armas contra Huerta. Lo cierto es que no dejaron Tesorería de la Federación; que se establecerían pensio-
que nadie 10 viera ni pudiera confirmar la veracidad del nes para las viudas y los huérfanos de los que se habían
documento, ni siquiera su amigo, el cónsul Lechner. muerto en las campañas antimaderistas; inmediatamente
Yo llegué a la ciudad de Chihuahua dos días des- se promulgarían leyes de reforma agraria que dieran tie-
pués de que don Abraham fuera asesinado en Mápula, ya rras a los pobres; que el gobierno pagaría las deudas que
nada podía hacer. Tampoco culpar a Huerta. los orozquistas habían contraído para obtener provisio-
Le digo señorita, más bien fue su maderismo ciego 10 nes y, finalmente, que los soldados orozquistas serían da-
que 10 mató. dos de alta como guardias rurales.
Una de las primeras cosas que hizo Huerta fue nom- ¿Que por qué me alié a Huerta? Bueno, pues porque
brar a David de la Fuente, nuestro redactor del Plan de la no me quedaba de otra. Bien sabía yo que don Venustiano
Empacadora, como secretario de Comunicaciones, pero no no nos aceptaría entre sus filas, porque él me consideraba
por eso 10 apoyamos inmediatamente, sino que pedimos un traidor a Madero y para nosotros no era nadie de fiar,
que escuchara nuestras peticiones. es más, por 10 que sabíamos de él, no 10 considerábamos

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capaz de enfrentarse a Huerta. Carranza para nosotros no mado Huerta y yo, es decir, Zapata nombraría a un gober-
representaba al principio ningún peligro militar, lo que nador interino y las fuerzas rurales quedarían a su cargo;
más sorprendió fue el villismo, pues de no haber sido por habría pago para todos los soldados que habían luchado
esa fuerza, hubiéramos deshecho a Carranza desde el pri- contra el maderismo y las viudas de guerra serían indem-
mer combate. nizadas; el problema agrario sería resuelto en un lapso
Huerta me pidió que fuera a la ciudad de México y razonable, pues en ese momento no era posible cumplir
me fui acompañado de José Comadurián, Marcelo Caraveo con los postulados del Plan de Ayala.
y otras de mis gentes de confianza. Huerta, con grandes Considerábamos nosotros que la nación no tenía di-
lentes oscuros y su voz ronca, nos dijo que aunque ante- nero para indemnizar a los propietarios de las tierras y
riormente hubiera tenido que combatirnos, porque ese que eso de la devolución de las tierras a los indígenas,
había sido su deber, ahora ya no había motivos para que pues como que era algo muy delicado, por ejemplo, ¿cómo
estuviéramos distanciados, que había llegado la hora de le íbamos a devolver las tierras de San Isidro a los apaches?
hacer las paces en bien de la nación. La entrevista duró Por otra parte, insistíamos en que la solución del pro-
como una hora, en la que Huerta se deshizo en amabilida- hlema agrario era mejor resolverlo mediante impuestos
des y cortesías. No hubo nada en claro, sólo sirvió para progresivos, tal como lo había propuesto don Abraham, y
que fuera el inicio de pláticas más formales. que era lo mismo del Plan de la Empacadora.
Posteriormente me nombraron brigadier general del Mi padre había llevado a Zapata una carta mía en la
ejército federal, se me encargó al mismo tiempo suprimir que le expresaba que yo tenía conciencia de que el gobier-
la rebelión militar en el estado de Sonora y se me pidió no de Huerta no era emanado de la Revolución del norte
usar mi influencia con Zapata para lograr un acuerdo pa- ni de la del sur, porque había sido constituido por un con-
cífico. venio que sólo conocían un grupo de personas en la ciu-
Zapata seguía reacio a los principios del Plan de Ayala, dad de México, sin consultar ni atender a los revoluciona-
insistía en la expropiación de las tierras de las haciendas , rios, pero que lo habíamos aceptado como último recurso
la confiscación de los bienes de los que llamaba enemigos para vivir en paz.
del pueblo y la restitución de las tierras a los indígenas. Zapata me contestó una carta diciendo que "Si el pacto
Con la confianza que tenía en la estima que Zapata Madero-Díaz en Ciudad juárez fue vergonzoso y nos trajo
me había expresado hasta entonces, le envié a mi padre 1Ina derrota de sangre y desventuras, el convenio Orozco-
como emisario de paz a Morelos, pero para mi sorpresa Iluerta que se me ha propuesto, nos precipitaría a un suicidio
fue encarcelado. Mi padre era emisario de un arreglo de nacional. Si Madero traicionó a la Revolución, usted y los que
paz entre Huerta y Zapata, semejante al que habíamos flr- se han sometido al cuartelazo, acaban de hacer lo mismo."

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Como el más trágico añadido que hubiera podido A pesar del nombramiento rimbombante de Merca-
esperar, una mañana, la peor de mi vida, me enteré que do, 10 cierto es que mi ejército constituía el cincuenta por
Zapata había ordenado el fusilamiento de mi padre. rlento de las fuerzas federales, y era la parte más impor-
Otra vez el destino volvía a golpearme y cada vez tante, porque eran hombres muy disciplinados y casi to-
con mayor fuerza. dos curtidos en los combates, capaces de sobrevivir en el
Pero 10 que me reconfortaba era que en el norte del medio y con una moral muy recia, mientras que las de él
país yo volvía nuevamente a reconquistar mi tierra. De eran sobre todo de novatos con un total desconocimiento
hecho, nuestras batallas en el norte fueron decisivas para en materia de armas y lucha en el campo de Chihuahua.
que la fuerza de Pancho Villa retrasara su avance y permi- Por principio, Villa nos dio un golpe inesperado cuan-
tiera la consolidación del resto del ejército do tomó la ciudad de Torreón y con esto cortó la vía que
constitucionalista. De no ser por nuestras fuerzas, Villa comunica a Chihuahua con el centro del país; luego, trató
hubiera quedado muy por encima de Carranza en la reor- de tomar Chihuahua, la sitió durante dos días y mientras
ganización del ejército y sin duda, con mucha más ventaja Mercado rechazaba las avanzadas villistas, en un momen-
sobre los sonorenses. De hecho, a mí me tocó llevar todo to pareció como que atacaría desde el norte de la ciudad y
el peso del combate contra los sonorenses, coahuilenses y en un movimiento sorpresivo, subió a su gente a los tre-
a las fuerzas que estaban en Chihuahua bajo las órdenes nes y se dirigió a Ciudad ]uárez donde agarró dormidos a
de Villa. los federales y así, en la madrugada, tomó la ciudad sin
Cuando prácticamente tenía al estado de Chihuahua resistencia
y a buena parte de Sonora bajo mi control, Victoriano Sólo el cuartel de los irregulares orozquistas se negó
Huerta me mostró su verdadera cara y mandó al general a rendirse, hubo un combate muy encarnizado porque mi
Salvador Mercado con el nombramiento de gobernador gente sabía muy bien que en caso de caer en manos de
militar de Chihuahua y al mismo tiempo responsable de Villa, no habría perdón para nadie, como sucedió, porque
la segunda zona militar, y a mí me dejó como brigadier al final pasaron por las armas a todos los prisioneros y
general, pero prácticamente bajo el mando de Mercado, heridos que ya no podían, ni tenían con qué defenderse.
cosa que por supuesto provocó muchas desavenencias. Como yo sabía mejor que nadie por mi propia expe-
Entre otras de las cosas absurdas que nos pasaron a riencia, cuál era la importancia de esa ciudad, organicé
Villa y a mí, siendo los mayores combatientes de uno y otro rápidamente su rescate, pero a cada momento Mercado
bando, es que a mí Huerta me puso a Mercado como supe- me obstaculizaba contrariando todas mis órdenes. Así que
rior y Carranza nombró a Manuel Chao como jefe en el es- no tuve más alternativa que dejar en sus manos la ofensi-
tado de Chihuahua y no a Villa. A los dos nos tenían miedo. va y como se vio después en la batalla de Tierra Blanca,

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allí Mercado enterró al ejército federal. a curar a los hospitales norteamericanos, mientras que a
Por actuar de la misma manera que González Salas los nuestros ni siquiera podíamos recogerlos.
en Rellano, Mercado juntó a la tropa en trenes y se dirigió Lo peor fue que a mitad del combate, el segundo día,
a Ciudad ]uárez, pero antes de llegar, a unos quince kiló- Mercado huyó dejando a su gente a la buena de Dios, 10
metros de la línea fronteriza -tan cerca que los oficiales que en medio de la batalla desmoralizó a todos, y enton-
norteamericanos estacionados en Fort Bliss observaban la ces los villistas hicieron una carnicería feroz. A Chihua-
batalla sinentrar a territorio mexicano-, cinco mil solda- hua regresaron menos de la mitad de los hombres que
dos federales quedaron detenidos a la mitad de la llanura, habían partido a reconquistar la frontera, y en tal mal
rodeados de seis mil villistas. estado que hicieron que hubiera pánico en la población y
Para ellos, luchar contra las tropas federales era un aumentaron la imagen de un Villa poderoso e invencible.
juego de niños. Esos federales ya en nada se parecían a las Me comuniqué inmediatamente con el entonces mi-
tropas porfiristas contra las que nosotros habíamos lucha- nistro de Guerra, el general Aureliano Blanquet, para ha-
do al principio. Ahora era gente reclutada por la leva ape- cerle ver la situación y pedirle que mis fuerzas dependie-
nas unos días antes, no tenían las mínimas nociones mili- ran directamente de su jefatura y no de la de Mercado,
tares, no conocían el terreno y 10 que querían era desertar pero la respuesta fue absolutamente negativa, haciéndo-
a la primera oportunidad. Entre las tropas de Mercado me ver que debería sujetarme en todo momento a las ór-
habían mil que fueron reclutados en una sola tarde a la denes de quien yo consideraba completamente incompe-
salida de la plaza de toros de la ciudad de México. lente, por 10 tanto, la ruptura fue inevitable.
Antes de que los federales pudieran bajar su caballe- Con esa derrota y la separación entre Mercado y yo,
ría y colocar la artillería en posición de combate, Villa les pues la defensa del estado de Chihuahua era ya insosteni-
abrió fuego y los fue despedazando como tirar al blanco hle. La persecución de los villistas contra nosotros se hizo
en una feria de pueblo. encarnizada. Cuando Huerta se dio cuenta del error que
Mientras los federales y mis tropas de irregulares había cometido al mantener a Mercado como jefe militar,
permanecían inmóviles y aisladas en la mitad del desier- ya era demasiado tarde.
to, Villa abastecía a las suyas de agua, alimentos y parque La toma de Villa de Ciudad ]uárez y después la de-
en trenes que iban y venían rápidamente a la frontera, rrota nuestra en Tierra Blanca, hizo que muchos huyeran
que los americanos tuvieron abierta y bien surtida todo el a Texas, utilizando la frontera de Ojinaga. Principalmente
tiempo, es decir, que nuestra derrota fue sobre todo por eran antiguos revolucionarios con sus familias, otros eran
la evidente complicidad de los norteamericanos para con campesinos pobres, pacíficos, como les decíamos, que te-
Villa, que inclusive permitieron que sus heridos se fueran nían miedo de la venganza de Villa. Con ellos huyeron

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también los ricos de la ciudad. inicio de la Revolución, no había una sola casa con el te-
Durante ocho días la gente caminó por el desierto y cho completo y todas mostraban en sus fachadas las hue-
por los desfiladeros, en los trescientos kilómetros que se- llas de los diferentes calibres usados en la guerra. Allí, los
paran a la ciudad de Chihuahua con la de Ojinaga, 10 que hombres que quedaban del ejército vivían como animales
fue una terrible prueba de sufrimiento humano. Los pe- en cuevas con sus mujeres y algunos hasta con sus hijos.
riódicos americanos escribieron que eso era un espectá- Como la mayoría del ejército federal era reclutado
culo desesperante, y recibieron muchas cartas donde ata- en el sur, no tenían consideraciones para nuestra gente,
caban a la gente pobre escribiendo que eran extranjeros, por 10 que además de la caminata hasta Ojinaga, cuando
antihigiénicos y tendientes a convertirse en cargas públi- llegaban a la frontera, se encontraban con que, con el pre-
cas, que estaban violentando las leyes de admisión en Es- texto de las revisiones para ver si no tenían armas, los
tados Unidos. federales despojaban a la gente pacífica de todo 10 que
En un solo día, cinco mil mexicanos junto con sus llevaba de valor y esto aumentaba el odio contra ellos y a
familias formaron un río interminable de gente y de mise- la vez, contra nosotros por cómplices.
ria, cruzaron la frontera para demandar asilo en los Esta- Además, Huerta andaba escaso de fondos, los norte-
dos Unidos huyendo de Francisco Villa y de su sangrienta americanos le habían declarado su animadversión y le
venganza, porque donde quiera que llegaba no había com- cerraron todas las fuentes de abastecimiento, por 10 que
pasión para nadie. las tropas llevaban ya dos meses sin cobrar sus haberes.
Toda mi familia, junto con las demás de San Isidro Mis fuerzas de irregulares dieron buenas batallas.
que habían iniciado la Revolución, cruzaron por Ojinaga Derrotamos a Pánfilo Natera cuando pensó que podía to-
para luego irse a radicar a El Paso. mar fácilmente la ciudad, luego, Villa nos envió a unos
Mercado se concentró en Ojinaga, esperando que generalitos pensando que nos iban a asustar con su sola
Huerta le rehiciera sus tropas. Durante tres meses perma- presencia y los mantuvimos a raya durante buen tiempo.
necimos esperando, pero nunca llegó la ayuda. Allí se con- Finalmente, Villa tuvo que tomar las riendas de la batalla.
centraron tres mil quinientos hombres, eran todo 10 que En enero de 1914 hacía un frío de los mil demonios,
quedaba de los cinco mil que originalmente tenía Merca- mientras Villa se acercaba, la consigna era resistir un rato
do y los casi cinco mil irregulares que yo había aportado. para no dejarse vencer tan fácilmente, y luego, correr a la
El espectáculo del ejército federal era el peor que línea divisoria. Lo razonable fueron dos horas de dispa-
usted se puede imaginar. Los soldados iban en harapos, ros, después Ojinaga cayó en manos de Villa. Ya no fue
no había uno solo con el uniforme completo. En Ojinaga, posible resistir más.
que para entonces había sido tomada cinco veces desde el A pesar de que tanto los norteamericanos como los

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villistas me buscaban por todos lados, logré huir al inte- órdenes de acudir en apoyo cuando en realidad ya esta-
rior de los Estados Unidos y luego regresar a México. La ban evacuando la ciudad. Todo estaba perdido y ya nada
derrota de Ojinaga desmoralizó completamente a mucha más era cuestión de tiempo.
de mi gente. Mi compadre Comadurián se despidió de mí Pero si la victoria de Villa en Torreón hizo que nues-
para irse a vivir a Nogales, sin querer saber ya nada de la tras fuerzas se retiraran, la siguiente batalla en San Pedro
Revolución. de las Colonias provocó una verdadera estampida entre
Villa, lo primero que hizo al regresar a la ciudad de los federales. Se abandonaron armas, medicinas y hasta
Chihuahua fue hacerse nombrar gobernador pese al dis- las más elementales prendas con tal de salvarse, y su des-
gusto de Carranza y mandó exhumar los restos de don conocimiento del terreno hizo que muchos trataran de huir
Abraham. Como un vulgar teatrero desfiló delante del cor- cruzando el Bolsón de Mapimí, donde murieron de sed
tejo fúnebre simulando dolor, pero de seguro se acordaba cientos de soldados.
de su intento de apalabrarse conmigo para derrocarlo, Veinte mil soldados -lo mejor del ejército federal-
nomás que ahora más le convenía olvidarlo. se convirtieron en un puñado de andrajosos y mutilados
Por un tiempo traté de reorganizar mis fuerzas, en que andaban por los caminos del centro del país rumbo a
un intento por recuperar lo que se había perdido con Mer- la capital.
cado, me entrevisté con Huerta en la ciudad de México en Iba yo detrás de los militares tratando de recuperar
febrero y trazamos un plan de reconquista, pero en el áni- siempre lo que ya estaba perdido. Lo mismo pasó en Zaca-
mo de todos estaban ya las heridas que se habían produ- tecas, pues cuando se me permitió trasladarme a esa ciu-
cido por la desconfianza y los brotes antihuertistas en todo dad, los federales ya estaban en franca retirada.
el país, sobre todo en Morelos. Para la toma de Zacatecas, los villistas reunieron un
Una vez liberado de la batalla contra nosotros, Villa ejército de diez mil hombres con pertrechos militares como
crecía enormemente y seguía saqueando al estado; su her- nunca los habíamos visto en toda la lucha revolucionaria,
mano, Hipólito, era el encargado de vender el ganado en pues para sorpresa nuestra, el embargo decretado contra
juárez y desde el otro lado, don Luis Terrazas veía todos nosotros en 1912 había sido revocado a principios de 1914,
los días cómo su hato, calculado al principio de siglo en un pero sólo para aquellos que se hacían llamar constitu-
millón de cabezas, mermaba casi hasta acabarse, mientras cionalistas.
alimentaba a precio de ganga al suroeste norteamericano. Como si fuera poco, para nuestra mayor decepción,
En marzo Villa dirigió con éxito su ataque famoso Huerta, que a sus 69 años todavía era alguien que aparen-
sobre Torreón, o sea su segunda victoria allí, y con ello taba fortaleza y mucho carácter, presentó su renuncia y
ganó la puerta de entrada a la ciudad de México, recibí las ese mismo día se dirigió a Puerto México para embarcarse

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a Europa. sentante del Deutsche Bank en México- llegaron a un
Huerta en su renuncia, reflejó toda su amargura con- acuerdo: Alemania lo proveería de armas en las costas
tra los Estados Unidos, diciendo que habían intervenido mexicanas, le daría dinero y apoyo internacional, a cam-
de una manera cobarde. bio, cuando Huerta tomara de nuevo el poder sería un alia-
Por ese tiempo me mantuve a la expectativa en los do de Alemania frente a cualquier eventualidad contra los
Estados Unidos, viendo cómo seguía la guerra entre her- Estados Unidos.
manos en México, mientras el pachorrudo de Carranza, Él había cultivado una estrecha relación con el Kai-
ahora como jefe supremo, hacía piruetas para no dejar el ser durante el tiempo que fue presidente -un año y cinco
poder y seguir robando, por eso los chihuahuenses inven- meses- y había tratado de buscar su apoyo después de
taron el verbo carrancear, que no era más que robar con que se intensificó el movimiento constitucionalista y la
la fuerza de las armas. hostilidad de Estados Unidos contra él se empezó a mani-
Villa saqueaba el norte y Carranza se mantenía de lo festar. En verdad, el motivo de la ocupación militar de los
que sus tropas saqueaban en el centro y en el sur. Cose- Estados Unidos a Veracruz, fue que iba llegando al puerto
chas enteras eran trasladadas de un lugar a otro para ser un gran embarque de armas alemanas en apoyo a Huerta.
vendidas y su producto quedaba en manos de los En 1915 partí a Nueva York para entrevistarme con
carrancistas, mientras que las poblaciones se morían de Rintelen, quien ya estaba como diplomático en Estados
hambre. Unidos. Huerta les había dado mis señas y lo que querían
Durante la jefatura de la llamada Convención Revo- era saber si en caso de apoyarlo yo estaría dispuesto a
lucionaria, Villa cometió verdaderos asesinatos contra los secundarlo en su nueva aventura. En principio acepté.
revolucionarios. A Paulino Martínez, aquel antiguo redac- Como en la Convención no se ponían de acuerdo, era
tor con Zapata del Plan de Ayala, el viejo periodista que natural que la guerra siguiera, pero las tropelías de Villa
no dudó en arriesgar muchas veces su vida por el hacían que los norteamericanos estuvieran cada vez más
maderismo, Villa lo asesinó a sangre fría en la ciudad de recelosos de él; en la frontera cometió varios asesinatos
México por el único delito de haber sido orozquista, es contra norteamericanos, lo que me hizo pensar que el fa-
decir, por haber sugerido a Zapata mi nombre en el Plan moso apoyo que tenía y por el cual nos había ganado in-
de Ayala y por haber estado después con nosotros en el justamente varias batallas, no iba a tardar en acabársele,
Plan de la Empacadora además el odio contra él aumentaba entre los
Huerta estuvo después en varios países de Europa, y chihuahuenses, por sus ultrajes. Todo eso nos iba a dar la
durante su estancia en España, los alemanes a través de oportunidad de regresar y ahora sí, triunfar para siem-
un conocido suyo, Frank von Rintelen -un antiguo repre- pre. El país rechazaba a Carranza, que había sobrevivido a

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Villa gracias a nosotros. Villa no había sido más que un con catorce ametralladoras, quinientos rifles y cien mil
bandido con suerte, pero que ya se le estaba terminando. cartuchos. Nos dábamos cuenta entonces de la enorme
Los norteamericanos, desesperados porque la situa- vigilancia que había sobre nosotros, así que convenimos
ción en México no tenía visos de terminar y también por en que esperaríamos a Huerta en la estación Newman, a
la guerra en Europa, publicaban artículos todos los días veinte millas al oeste de El Paso.
en los que urgían a su gobierno a intervenir en México o La conspiración, sin embargo, fue descubierta por los
al menos a apoyar a una de las fracciones para terminar servicios de inteligencia británicos que inmediatamente
con el conflicto. lo comunicaron a los norteamericanos, quienes le siguie-
En eso nos llegó la noticia de que en París, Porfirio ron los pasos día tras día a Huerta sin que éste lo notara.
Díaz había muerto en el mes de julio. Desde nuestra victo- El tren llegó temprano y en la estación lo esperába-
ria en Ciudad juárez no habíamos vuelto a saber de él y mos Luis Fuentes -su yerno- y yo, con un coche listo
ahora esos cuatro años nos parecían una eternidad. para llevarlo a El Paso. Antes de que pudiéramos salir de
Para entonces el enfrentamiento entre Carranza y la estación, fuimos sorprendidos por agentes del Departa-
Villa tenía que dar como resultado la desaparición de uno mento de justicia. Se nos condujo a las instalaciones de
de ellos. Por fin, en una de las batallas de Villa contra los Fort Bliss, en donde el oficial de Departamento de justi-
carrancistas, en Celaya, éste se dio cuenta de que se le cia, Beckman, nos mostró copias de la documentación in-
terminaron las municiones y pidió a Hipólito que desde El terceptada, para que no tuviéramos duda de que las de-
Paso le enviara de inmediato una buena dotación, de lo tenciones estaban fundamentadas.
que nosotros nos enteramos por nuestros espías, y que La acusación formal, sin embargo, sería solamente por
Hipólito le contestó: los americanos no permiten el paso violar las leyes de neutralidad al tratar de organizar una
de un solo cartucho que no sea para Carranza y vigilan expedición armada a México desde Estados Unidos. Denues-
estrechamente la frontera. tra relación con Alemania no se hablaría en público.
Con esa noticia, nosotros sabíamos que Villa estaba Tres días después, se nos concedió la libertad bajo fian-
terminado, lo demás era cuestión de esperar un breve tiem- za pagando quince mil dólares Huerta y siete mil quinientos
po. La historia nuestra después de Rellano y Bachimba se yo y fuimos puestos bajo arresto domiciliario, yo junto con
repetía ahora con Villa en Celaya. mi madre y mis hermanas, y Victoriano Huerta, en casa de su
A fines de junio, estando ya Huerta de regreso en los hija Luz, esposa de Fuentes, que radicaban allí.
Estados Unidos, abordó un tren y dijo a la prensa que via- A los pocos días, una tarde de julio, mientras mi fami-
jaría a San Francisco, y por esos días, las autoridades nor- lia dormía la siesta, me enfrenté al espejo, decidí colocar-
teamericanas decomisaron una bodega nuestra en El Paso me mi Stetson negro igual al que usaba mi padre, y que me

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había acompañado en tantas y tantas aventuras. Mi herma- mi cabalgadura y de mis armas.
na Serafina me sorprendió y con un movimiento de los de- Muchas fueron mis reflexiones al encontrarme solo
dos le pedí que se callara. Sin saberlo yo había tomado una en el desierto: ¿qué hice, Dios mío? En esa soledad no era
decisión; los soldados americanos que resguardaban mi más que uno de sus hijos desprotegido.
puerta se habían dormido por el calor, así que silenciosa- Yo voy aquí, en el desierto como tú, Señor mío. CÓ-
mente abrí la puerta y salí a respirar libremente. brame mis culpas. Mi castigo mayor es ignorar lo que para
Me reuní con mis antiguos compañeros y pronto es- ti fueron ofensas ¿me las dirás algún día? Déjame volver a
tábamos cabalgando de nuevo. ver a mi padre, déjame otra vez ver a mis hijos, que serán
Por esos días seguí luchando por varios cauces para como golosinas ante mis ojos.
mantener viva la llama de una Revolución que, finalmen- Ya no tengo nada más que este andar jadeante.
te, cristalizara en algo para todos los que habían muerto o Déjame morir.
habíamos vivido para ella, pero todo era imposible. Regálame la muerte como un descanso.
Fui buscado por las autoridades norteamericanas Déjame caer en sus brazos con esta debilidad, como
como un perro rabioso, viví en el desierto buscando refu- una borrachera que me hace caer a lo hondo.
gio de un lado para otro. Usted señorita, no me convoque más,
Dos meses después de mi fuga, acompañado de los Escucho las risas de los niños jugando en el lodazal,
últimos cuatro hombres que me quedaban, y luego de siento las manos de mi madre sobre mi cuerpo, déjeme
muchos días en los que no comíamos más que uno que morir.
otro miserable animal silvestre, llegamos al rancho de un Tengo un sabor a elote tierno en mi boca.
norteamericano en la orilla del desierto de Big Bend, don- Déjeme así. Usted me convocó, ahora escúcheme, no
de pudimos comer algo y dar forraje a nuestros caballos, sé si pueda volver a hablar.
salimos rápidamente para que no les diera tiempo de avi- Me mataron los indios. Morí antes de que los gringos
sar a las autoridades de nuestra presencia, pero al poco llegaran. Ellos sólo encontraron mi cuerpo, no les di ese
rato nos dimos cuenta de que éramos perseguidos por los gusto.
rangers, nos alcanzaron y murieron mis compañeros. Yo Déjeles mi odio.
quedé herido y pude escapar. Es todo.
Allí me encontraron un grupo de indios norteameri-
canos que me seguían, pero que no podían acercárseme
porque yo estaba armado, así que optaron por esperar a
que el cansancio y la sed me rindiera para despojarme de

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Nos volveremos a reunir

Al cruzar la línea divisoria para entrar a México, no pude


dejar de recordar los días aquellos del triunfo, ¡tan boní-
los! de Ciudad juárez.
Caminamos todo el día desde la madrugada y des-
pués de haber pasado el Rancho Flores a la medianoche,
seguimos hasta Ojo de Agua, único lugar en la travesía
hacia el interior de Chihuahua donde podíamos encon-
I rar agua, y luego, catorce horas después llegamos al mé-
dano llamado La Puerta de los Siete Aires, allí descansa-
mos al fin de dos días de cabalgata continua, para seguir
hasta la Hacienda del Carmen, propiedad del ex goberna-
dor Luis Terrazas.
Cerca de la hacienda nos detuvimos para comer y
dar forraje a nuestros animales, en eso se nos acercaron
unos peones del rancho que sabiendo que éramos rebel-

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des, nos confiaron que en esa hacienda se azotaba a los lIl' se encuentra?
trabajadores por cualquier motivo; otros nos contaron que - Supe por la prensa que trataban de extraditarme
estaban allí amarrados por deudas de sus antepasados y y he venido.
nos dijeron de los abusos que cometía el administrador', - Nada de extradición. El gobierno del general Huerta
con las jovencitas hijas de los peones. no es enemigo de usted como lo supone.
Frente a esa hoguera se me aparecían como fantasmas , - Tenemos cuentas pendientes, general Rábago, y lo
todos mis recuerdos de lo que nos contaba don Abraham, y Invito a que salga usted de Chihuahua con sus hombres
se me venía algo así como un mensaje, entonces fue cuando para liquidarlas.
nació el Pancho Villa que se conoció en todo México. - Está usted en un error creyendo que lo persigue el
Después de escuchar a los peones, les dije que como gobierno. El presidente Huerta me ha autorizado para ofre-
revolucionario y parte de un ejército que buscaba la justi- cerle el grado de general de división y cien mil pesos en
cia, yo mero condenaba a muerte al administrador. efectivo si depone de su actitud.
Con ayuda de los mismos peones atacamos la hacien- - Pues diga usted a Huerta que en cuanto al grado,
da por sorpresa, abrimos las trojes para que se distribuye- no lo necesito, porque mando como jefe supremo a hom-
ra alimento, elegimos a una persona como autoridad local hres libres, y por lo que toca a los cien mil pesos ... que se
y por supuesto, fusilamos al administrador, un señor de los beba de aguardiente.
apellido Salvatierra y a cuatro de sus más allegados que De San Andrés en adelante comenzaron a unírsenos
mantenían muy atemorizados a los trabajadores. multitud de gente, algunos de ellos eran antiguos partida-
Lo mismo hicimos al llegar a las haciendas San Lo- rios de la época maderista, otros venían atraídos por in-
renzo, Las Ánimas, El Saucito y otras más. Después, en cada ' corporarse a la Revolución.
lugar nos esperaban con los gritos de "¡Viva Villa!" y que Así, poco a poco se nos fueron uniendo otras fuerzas
"¡Dios los proteja!". y recibimos la noticia de que Venustiano Carranza se ha-
Nuestro camino tenía por rumbo San Andrés, a don- hía levantado en armas, por lo que me puse en contacto
de vivía mi esposa, Luz Corral. Enterado ya del triste des- con él y desde Sonora nos llegaron más refuerzos.
tino de don Abraham, después de sorprender a la guarni- Mire señorita, don Venustiano no era de las perso-
ción obligué al telegrafista para que me pusiera en comu- nas que se dejan conocer. Bien sabía él desde su actuación
nicación con el general Rábago y por telégrafo mantuvi- como político porfirista, que el disimulo era una de sus
mos esta conversación: más valiosas virtudes. No era fácil conocer su pensamien-
- Mucho gusto en saludarlo, general Rábago. to verdadero. Baste decirle que cuando recibía una visita,
- Igualmente Villa, ¿qué actitud asume usted y dón- lo primero que hacía era colocar su sillón a espaldas de la

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ventana, así él quedaba en la penumbra y su cuerpo no ra al Plan de Guadalupe y reconociera a Carranza como
era más que una sombra en la que sobresalía su barba primer jefe.
plateada, en cambio, él podía observar claramente a su Yo les expresé estas palabras:
visitante, y cuando su mirada era insistente, bajaba sus - Díganle a don Venustiano que acepto el Plan de
lentes azulados. Yo siempre creí que tenía muy buena vis- Guadalupe y a él como Primer Jefe, que puede estar en la
ta y que si llevaba lentes era para ocultar su mirada y que seguridad de mi amistad y lealtad, pero que no trate de
no se le pudiera conocer el pensamiento. imponerme a ningún otro como superior en lo militar.
En el poblado de Ascención recibí a los señores Juan I Así quedamos de acuerdo.
Sánchez Azcona y Alfredo Breceda, con quienes discutí que Mientras tanto, Toribio Ortega se posicionó en el
no entendía yo por qué Carranza había tomado para enton- ) poblado de Guadalupe, en la línea divisoria, desde donde
ces la decisión de autonombrarse jefe único, de quien por nos aprovisionaba de armas y parque, mientras que el ge-
cierto tenía yo malos recuerdos de su estancia en Ciudad neral huertista Castro permanecía en Ciudad Iuárez sin
Iuárez. Élpodía mandar en Coahuila, si acaso podía, pero en molestarlo. En la ciudad de Chihuahua estaba concentra-
Chihuahua éramos nosotros los dueños del terreno. da la principal fuerza de Huerta apoyada por los irregula-
Sánchez Azcona, a quien conocía porque había sido res de Orozco.
un fiel maderista, me decía que la unidad de la Revolu- Estaba yo acampado en Namiquipa, como a tres días
ción era necesaria para el logro de nuestros fines. Si cada de distancia de San Andrés, cuando recibí la noticia de
jefe lleva un movimiento por su cuenta -me dijo-, no que mi hija había fallecido víctima de un envenenamiento
alcanzaremos el restablecimiento de la legalidad y la jus- y que la guarnición federal había hostigado a mi esposa
ticia, sino que nos perderemos en la anarquía. Luz, de tal manera que le había hecho imposible el acceso
A mí no me parecía muy bien que Carranza se adjudi- a medicinas y todo tipo de medios para curarla. Como
cara todo de buenas a primeras, y mucho menos que hubie- pocas veces en mi vida, me cegó la rabia, inmediatamente
ra dispuesto que un tal Obregón se encargara de los movi- ordené tocar a botasilla y sin pensarlo me dirigí a San
mientos militares en Chihuahua. O sea que además de todo Andrés, que entonces se había convertido en el principal
iba a resultar jefe mío un hombre que estaba en toda la ig- fuerte de aprovisionamiento de los federales. El combate
norancia de lo que habíamos hecho en Chihuahua. fue feroz y tardó dos días, con más de doscientos muertos
Azcona y Breceda me dieron la razón y me prometie- por parte de los huertistas y otro tanto de prisioneros, a
ron interceder ante Carranza para solucionar el proble- .' quienes inmediatamente ordené que se les fusilara como
ma, pero por lo pronto era necesario que yo me declarara escarmiento, fueron tantos los muertos que tuvimos que
a favor del movimiento de justicia por Madero, me suma- incinerarlos ante la imposibilidad de enterrarlos a todos.

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La batalla de San Andrés nos permitió hacernos de ) carbón, embarqué allí a mi tropa, hice que el telegrafista
los más importantes pertrechos que nos faltaban, como anunciara que iban a Ciudad juárez refuerzos federales y
rifles, de los cuales obtuvimos más de mil nuevecitos, va- a las once y media de la noche llegamos.
rios cañones en perfecto estado y trenes enteros de ali- Muy ordenados nos dirigimos a los puntos conveni-
mentos. Sobre todo, muy importante fue la cantidad de dos por cada uno: cuarteles, oficina de telégrafos, adua-
gente que se nos unió y la fama de invencibles que se nos na, etcétera y apenas tuvieron tiempo los huertistas de
hizo a partir de ese combate. huir despavoridos, el comandante federal, el general Fran-
Luego reuní las fuerzas de Urbina, Maclovio Herrera, cisco Castro, escapó a medio vestir y descalzo cruzando el
Calixto Contreras, Aguirre Benavides, Juan E. García y Río Bravo.
otros, pensando que era hora de que se organizara una Lo primero que hice fue mandarle un recado a mi es-
sola división, de la que ellos me nombraron jefe y se le posa, Luz Corral, que por entonces ya estaba viviendo en El
puso el nombre de División del Norte. Así, consideré que Paso, para decirle que viniera a reunirse conmigo a Ciudad
ya estaban listas las cosas como para tomar una ciudad [uárez para contarle las peripecias de los últimos meses.
grande y me dirigí a Torreón, a sabiendas de que podía I Allí llegaron a saludarme mucha gente, y entre ellos,
contar con un fuerte apoyo por parte de los revoluciona- unos que también luchaban contra Huerta desde Sonora,
rios laguneros, con esa batalla nos hicimos famosos por entre ellos Plutarco Elías Calles.
nuestra capacidad de fuego. Así, quienes nos habían visto partir de El Paso a prin-
Fue entonces en la primera toma de Torreón donde cipios del mes de marzo, con un modesto bagaje, nos vie-
organicé con toda su fuerza la División del Norte, con el ron regresar a Ciudad juárez a mediados de noviembre,
mismo nombre de la que antes mandara Victoriano Huerta, i en calidad de ejército victorioso, y yo como un general
y ya organizados, nos fuimos a tomar la ciudad de Chihua- que podía contratar con los comerciantes americanos mi-
hua. llones de cartuchos, vestuario y armamento para miles de
La defensa de esa ciudad fue una de las batallas más soldados. Nos veían con asombro.
duras que libré entre ellas con el propio Orozco. Después Huerta contraatacó enviando catorce trenes milita-
de varios días de sitio, todos los recursos que había traído res con casi cinco mil hombres, pero en un lugar en donde
de Torreón estaban a punto de acabárseme, así que fin- ya tenía yo prevista la batalla, en el paraje de Tierra Blan-
giendo retirarme de Chihuahua, escogí ochocientos hom- ca, organizamos la emboscada.
bres y me dirigí con ellos a una estación de ferrocarril al El asunto era sencillo, que se cortara la vía delante
norte, sobre la vía a Ciudad [uárez, Allí capturé dos tre- del primer tren e inmediatamente detrás del último, para
nes que sabíamos que venían a Chihuahua cargados de que los federales no pudieran avanzar ni retroceder y, una

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vez muertas las locomotoras, se les atacara de improviso Como al mediodía, mi gente retrocedía una y otra
antes de que pudieran desembarcar sus tropas. vez sin lograr ningún avance y sí muchas pérdidas. Pero
Yo había logrado reunir casi cinco mil hombres, mal I mi suerte no me falló. En uno de los momentos más difíci-
armados, algunos ni siquiera tenían armas de fuego, sólo I les, de la llanura surgió un cuerpo de caballería como de
machetes y cuchillos de monte. 350 jinetes que se abalanzaron sobre el flanco izquierdo
A las 3 de la mañana, sabiendo que el contingente de de los federales, era Toribio Ortega. Resulta que le había
federales venía en camino, di órdenes de comenzar la enviado una orden para que se reuniera con nosotros en
movilización hacia Tierra Blanca. El silencio fue completo, Ciudad Iuárez el día anterior, pero el mensajero se extra-
sin trompetas ni tambores. vió y Herrera recibió el mensaje hasta el día siguiente, así
Para entonces debo confesarle que toda la noche no que se apresuró y cuando vio la batalla, de manera intuitiva
había dormido y tenía una rabia malhumorada. La razón organizó una carga que resultó de 10 más acertado, pues
era que por primera vez iba yo a dirigir un ejército. Antes, les dio en el lugar preciso. Con esto la iniciativa volvió a
eran partidas de hombres más o menos indisciplinados nuestras manos.
que guiados por el instinto atacaban o retrocedían. Ahora Al anochecer estaban completamente cercados y la
era diferente. Cinco mil soldados estaban atentos a mis noche pasó mientras recogíamos a nuestros heridos. Alre-
órdenes y a mí no se me ocurría nada más que haber esco- dedor de las dos de la mañana del día siguiente, mis ex-
gido el lugar del encuentro. Nada más. Ahí sí que era el ploradores me reportaron que los federales habían ajus-
miedo 10 que me paralizaba. tado considerablemente sus flancos, así que inmediatamen-
No me quedaba más que apostarle a la suerte y que te ordené un ataque frontal, estando yo casi sin parque,
mis comandantes pudieran tener la iniciativa necesaria una hora antes del alba.
como para hacer el resto, así como cuando andábamos de El combate fue con toda la fiereza y a las dos de la
guerrilleros. tarde, el enemigo, temeroso de verse completamente ro-
En cuanto llegamos al lugar divisamos los trenes que deado, perdió el coraje y empezó a evacuar más posicio-
venían sin ninguna avanzada de exploradores, debido a la nes. En ese momento, la partida de dinamiteros dirigida
confianza de Mercado. En el primer encontronazo con mi por Rodolfo Fierro, que había sido ferrocarrilero, voló las
gente, los trenes retrocedieron hasta una loma desde don- vías del ferrocarril al frente del enemigo. Tuvo la suerte
de parapetaron a sus tropas y comencé a lanzarles cargas además de capturar un tren que venía del sur, así que
de infantería y de caballería que ellos resistieron muy bien desenganchó la máquina y la cargó con dinamita y fulmi-
y de pronto, los federales comenzaron a tomar la ofensiva nantes amarrados al quitapiedras, mandando la máquina
desplazando a mis tropas. a toda velocidad por detrás de los trenes parados sobre

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los rieles. La explosión fue tremenda, pero el efecto des- Cuando en la ciudad de Chihuahua se supo la derro-
moralizador fue peor, ya estaban aislados en medio del ta de los orozquistas, las tropas federales y todos los que
desierto, rodeados de enemigos muy valientes y con jefes habían participado con los colorados, como les llamaban,
incapaces. huyeron a Ojinaga para pasarse del lado americano como
Algunos grupos de federales comenzaron entonces a refugiados, entre ellos los ricos que habían apadrinado al
rendirse, pero por experiencias anteriores, mi gente les traidor de Orozco y que tanto habían intrigado contra don
disparaba de todos modos, entonces comenzaron a correr Abraham. El hombre más rico de Chihuahua, don Luis Te-
sin orden hacia el sur, abandonándolo todo. rrazas, huyó por esa vía con su familia, sus peones, sus
Pareció que en cuanto los oficiales perdieron la es- amigos y todos los que quisieron seguirlo o se sintieron
peranza de ganar, debido al pánico, se apuraron a correr culpables. El equipaje de don Luis apenas cupo en 20 va-
y la tropa los siguió a campo abierto. Entonces ya eran gones de ferrocarril que cruzaron a Presidio, Texas, y to-
como las seis de la tarde. Ninguno se quiso quedar a espe- maron rumbo a El Paso a donde se fue a vivir temporal-
rar la oscuridad de la noche en un campamento sitiado. mente en la casa del senador norteamericano Albert Falls.
El botín fue enorme: trenes, municiones, ametralla- Yo hubiera querido decirle a mis paisanos, a los po-
doras, caballos y setenta mil pesos oro para comprar lo bres de mi tierra, que nada tenían que temer de Francisco
que quisiéramos en las tiendas de El Paso. Villa, que no llegaba yo a sacrificar a nadie sino a hacerles
La batalla de Tierra Blanca, cerca de Ciudad Juárez, justicia a ellos, a los pobres, pero por el momento tenía
fue uno de los combates decisivos en la historia de la Divi- que concentrarme en lo militar.
sión del Norte, y durante esos días el choque entre los Después de haberlos derrotado en Tierra Blanca, los
orozquistas y villistas fue encarnizado, en cada bando se federales concentraron lo mejor de su ejército en Torreón
conocía que el enemigo no tendría ningún tipo de perdón y la otra parte se quedó en Ojinaga. Con esto quiero decir-
para ellos en caso de ser vencidos. Al final de la batalla se le que Mercado abandonó la ciudad de Chihuahua sin pe-
calculó que el enemigo había perdido alrededor de la mi- lear y se fue a la frontera, a Ojinaga, previendo su huida a
tad de sus hombres y entre nosotros las pérdidas fueron Estados Unidos en caso de una derrota, como sucedió.
menores, pero muy lamentables. El señor Carranza, tratando de que su gente partici-
¡Viera usted señorita, cuánto difunto... ! para en la derrota de Huerta, mandó a Pánfilo Natera a
Así que la toma de Ciudad [uárez en 1911 fue en tomar esta última ciudad, donde por más que se esforzó,
realidad algo muy simbólico, pero muy pequeño en com- no pudo hacer nada, así que a Carranza no le quedó más
paración con las batallas que libramos después entre remedio que pedirme que fuera yo quien tomara ese puerto
Orozco y yo, ambos que éramos hechura de don Abraham. fronterizo.

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La toma de Ojinaga era necesaria, pues era la entrada Esome mantenía ocupado en Chihuahua mientras que
de abastecimiento para los orozquistas, pero como a mí las los orozquistas daban una dura pelea y después de tres
ocupaciones no me dejaban salir de Chihuahua -a pesar de días de combate mis fuerzas no lograban entrar y las pér-
que ya estaba conmigo Miguel Trillo, que junto con usted didas ya eran considerables, y todos se las achacaban a
había sido de los auxiliares de más confianza de don Ortega. Así que me vi obligado a salir para Ojinaga donde
Abraham-, así que organicé una expedición y les dije a mis acabamos la película.
generales que deberían escoger un jefe de entre mis candi- Caía una helada muy cruda y había un viento que
datos que eran Pánfilo Natera y Toribio Ortega. Natera no casi nos arrancaba de la silla de montar, pero pude darme
quería la jefatura alegando que no conocía el terreno y que cuenta de que en cuanto se supo la noticia de que yo esta-
por eso no había podido tomarla anteriormente, así que pi- ba con ellos, cundió el ánimo entre la tropa.
dió que fuera ahora Ortega el que la encabezara. En cuanto estuve frente a mis generales, les dije:
Mientras tanto, recibí una invitación de unos norte- - ¿Cómo les ha ido, muchachitos? Me parece que me
americanos para hacer una película sobre las batallas; están rindiendo muy malas cuentas, pero siéntanse segu-
pagaban bien y 10 mejor era que nos daban mucho mérito. ros, que otra gallina no me la vuelve a llevar el coyote.
Llegó con ellos un joven que traía escrita una historia, que Mandé llamar después a solas a Toribio Ortega y le
según esto era 10 que iba a contar en la película. En esta dije:
historia yo era una persona a quien una partida de solda- - ¿Ya no se acuerda de mis consejos? Le dije que
dos le había violado a su hermana, y por causa de esto se usted era responsable de explorar el terreno y que si el
había vuelto un individuo fuera de la ley, pero que en ataque le parecía difícil, que no 10 intentara. Pues parece
realidad sólo buscaba justicia; así, primero era yo un ban- que ya todo se le olvidó. Ahora vea la cantidad de gente
dido y luego un revolucionario. que me ha costado ese olvido suyo. Si hoy en la noche me
Acepté, pues me parecía buena la historia. Les dije rinde malas cuentas, ya no se las vaya perdonar. Hasta
que era mejor si en lugar de un soldado, fuera un hacen- luego.
dado el que cometiera la infamia, pero se negaron dicien- Así, dispuestas mis fuerzas para la toma de Ojinaga,
do que en los Estados Unidos resultaría más popular la esa tarde les hablé a mis soldados: Ya conocen la consigna:
versión del soldado. Así que firmamos el contrato y me al venírsenos las sombras de la noche, o más bien dicho,
regalaron un uniforme que me pareció muy apropiado, cuando se pierda de vista la mira del rifle, todas las brigadas
me gustó tanto que luego me mandé a hacer varios iguali- avanzarán hasta el centro del pueblo y no habrá un solo
tos. Ya no volví a usar el traje de paisano, sino puro uni- hombre que retroceda. De coronel a subteniente, muchachi-
forme militar, como el de la película. tos, todos los jefes y oficiales me vigilarán la marcha de la

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tropa, para que si alguien hay que no progrese, o vacile, o se para que localizara el lugar en donde había sido sacrificado,
atrase, allí mismo sea pasado por las armas. se localizaran sus restos y se les diera cristiana sepultura.
A uno de los hombres que me había ganado la con- Lavanzat los localizó y cuando todo estuvo listo orga-
fianza, Rodolfo Fierro, le encargué que sin contemplacio- nizó una ceremonia al cumplirse el primer aniversario de su
nes se colocara en la retaguardia y disparara sin remordi- muerte. Fui hasta el lugar en donde había sido sacrificado el
mientos a los hombres más retrasados, de tal manera de hombre aquel a quien quise como a un padre y que me ha-
empujarlos hacia el enemigo. bía ofrecido la posibilidad de reivindicarme y ser útil a mi
En hora y media tomé Ojinaga, con esto todo el estado patria. Viajé acompañado de una multitud de simpatizantes
de Chihuahua quedó libre de tropas federales, pero se me de don Abraham hasta aquel lugar, en donde también se
escapó Pascual Orozco que cruzó el río y de la misma mane- habían reunido muchos lugareños que hasta entonces igno-
ra que Mercado, fue a refugiarse a los Estados Unidos. raban lo que había sucedido en ese paraje.
Ya me había yo convertido en una gente muy popu- Recordé con particular rencor al general Antonio
lar, sobre todo después de la batalla de Tierra Blanca; a Rábago. Don Abraham confió de buena fe en él, creyendo
todas horas llegaban a entrevistarme y en la prensa se los juramentos de quien lo aprehendió e inició un falso
contaban muchas mentiras sobre mi persona, así que can- proceso, pero asegurándole que era para protegerlo en
sado de ver cómo inventaban cosas, llamé a uno de los nombre de la amistad que había entre ellos y que aunque
periodistas mexicanos que andaban con nosotros, Pérez recibiera órdenes expresas del asesino de Madero y Pino
Rul se llamaba y le dije que quería contarle la verdad so- Suárez, no lo entregaría, pero lo hizo sin el menor remor-
bre mi vida. dimiento. Por eso consideré que no debería perdonarle la
Él escribió unos cuadernillos porque yo andaba muy vida a Rábago, pero el destino me lo arrebató de las ma-
atareado, pero cuando mis antiguos conocidos oían lo que nos, porque sufrió un infarto que le resultó mortal.
le decía a Pérez Rul, se reían mucho ¡Cuál hermana, Pan- Usted mejor que nadie sabe que don Abraham no
cho! Esa era la historia de la película, acuérdate que a ti te quiso abandonar la ciudad de Chihuahua ante la inminen-
corrieron de tu casa porque tu mamacita ya no te aguan- cia de su detención, a pesar de que en las afueras de la
taba, me decía Tomás Urbina; pues sí, le decía yo, pero ciudad lo esperaban fieles amigos con caballos listos para
pues si esa es la historia que les gusta yeso ayuda a nues- salvar su vida ... usted estaba entre ellos, yo lo sé.
tra causa ¡pues qué más da! En el trayecto de regreso a la ciudad de Chihuahua,
En cuanto tomé posesión del gobierno de Chihuahua, ni yo mismo podía reconocerme, no podía desprenderme
lo primero que hice fue ordenar al mayor Agustín Lavanzat, de aquella urna que contenía los restos y los objetos de
quien como usted sabe, fue gran amigo de don Abraham, don Abraham y sentía una honda pena, como un dolor

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físico, por la muerte del que fue quizás mi único amigo. Gobierno y allí en la sala de audiencias coloqué la caja
Don Abraham había logrado darle un sentido a la vio- sobre la mesa cubierta de flores. Tomé mi rifle y me puse
lencia que yo llevaba dentro, a mi desahogo por el odio que a hacer la primera guardia, mientras la multitud guarda-
me dejaron los perros de presa que me habían perseguido ba un profundo silencio, pero se escuchaba su respiración
siempre. Él logró que el Doroteo Arango, sin rencores, so- como la de un solo hombre.
breviviera en mí a todas las traiciones y desengaños. Nadie puede decir que yo no había cumplido fiel-
Sin llamar a nadie al cortejo, se fue nutriendo de gen- mente, a la manera de un hijo que entierra a su padre.
te, hubo como diez mil personas, rechacé subirme al auto- Después de terminada la ceremonia, recibí al gene-
móvil que me esperaba y caminé detrás de la carroza fú- I ral Ángeles, a quien tenía yo en muy alta estima, sabiendo
nebre, tirada por cuatro caballos negros y briosos, perfec- que era de los hombres que habían permanecido leales a
tamente engalanados de luto. En partes del trayecto había 1 Madero en todo momento, inclusive que se habían jugado
soldados reunidos espontáneamente en correcta formación la vida por él cuando los cómplices de Huerta los apre-
militar, que saludaban a nuestro paso con descargas de hendieron en Palacio Nacional.
fusilería. En el camino las mujeres arrojaban flores y nun- Ángeles venía a reunirse conmigo porque no se encon-
ca como entonces las campanas de duelo sonaron tanto a traba a gusto entre la gente de Carranza, sobre todo intriga-
muerto, y hubiera querido agradecerles personalmente a do por Álvaro Obregón, quien había dado malas señas de
cada uno de los hombres de Chihuahua por el gesto de Ángeles: Es un hombre que piensa mucho 10 que tiene que
descubrirse generosamente, tomando entre sus manos los decir, y la verdad -decía Obregón-, no se piensa.
sombreros, en señal de este duelo que era mío, pero tam- Con la confianza que me inspiraba el general Ánge-
bién de todos. les, nos lanzamos a la toma de Torreón, 10 que logramos
Por la noche se organizó una velada en el Teatro de después de una lucha de catorce días, el dos de abril de
los Héroes, que estuvo abarrotada de gente humilde que 1914. Después de eso ya no dudaba yo en hablarle de tú
verdaderamente sentía pena por don Abraham y un coro por tú a Carranza, sobre todo a sabiendas de que a su
cantó un adiós muy sentimental; en eso no pude aguantar alrededor, se tramaban todo tipo de intrigas contra mí.
más ese sentimiento que me ahogaba, tomé de repente la Le voy a contar una de ellas: llegó un señor a quien
caja que contenía los restos de don Abraham entre mis tenía yo cierta estima por sus servicios a la Revolución,
manos y como si estuviera abrazando a un niño, caminé José Bonales Sandoval, y me dio una carta que supuesta-
con ella por entre los pasillos del Teatro, la gente se le- mente me enviaba Félix Díaz, el sobrino del dictador, en
vantó de su asiento y me hacía valla mientras caminaba donde se me decía que se me reconocía como jefe supre-
entre la multitud; así crucé la Plaza hasta el Palacio de mo del movimiento revolucionario y me ofrecía dinero y

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gente, diciéndome que él odiaba por igual a Carranza y a otro de mis grandes amores. Ella era taquígrafa, mucha-
Huerta. cha sencilla de clase media. Sus padres se opusieron ter-
Cuando terminé de leer la carta, se me vinieron a la minantemente a nuestra relación, pero cuando vieron que
cabeza aquellas pláticas en la prisión donde sus partida- yo estaba dispuesto a matrimoniarme, pues ya no tuvie-
rios, los felicistas, conspiraban tanto contra Madero y es- ron pretexto.
peraban entonces al líder para dar su golpe asesino, ¡así Me casé con ella y sin que se enterara, ordené al juez
que ahora resultaba yo uno de ellos! que rompiera el acta, aunque debo confesarle que me re-
De inmediato ordené que se le fusilara y tomé la car- mordió la conciencia, pero es que mi matrimonio con Luz
ta, escribiendo la nota de que al portador se le había fusi- Corral, pues no lo podía yo negar ni menospreciar.
lado y se la mandé a Carranza, como jefe mío que era. En el camino a la ciudad de México sólo quedaba la
Después me enteré de que la carta no la había envia- ciudad de Zacatecas, y aunque Carranza no lo quisiera y
do Félix Díaz, sino Carranza, creyendo que iba yo a caer mucho menos Obregón, yo era el único capaz de tirar ese
en la trampa y así me exhibiría como traidor y reacciona- obstáculo para entrar triunfante al país. De nuevo Carranza
rio. Cuando recibió la carta y mi nota se asustó, pues cre- quiso jugar conmigo como en Ojinaga y mandó de nuevo a
yó que yo le había descubierto la trampa y que como bur- Pánfilo Natera ahora a tomar Zacatecas. Esto produjo na-
la, le mandaba el recado. turalmente una enorme derrota de sus tropas y por unos
En abril llegó Carranza a Chihuahua y ahí tuvimos dos días Carranza anduvo huyendo como prófugo por el de-
serios problemas: uno era por la forma tan agresiva con la sierto del sur de Coahuila, temeroso de las fuerzas
que hacía sus declaraciones contra los Estados Unidos, cosa huertistas. Entonces entré yo a la batalla y el 23 de junio
que veía yo muy peligrosa, pues dependíamos de la frontera de 1914, Zacatecas se rindió y detrás de ella, el ejército
para todos nuestros aprovisionamientos; la segunda era que huertista en pleno. Lo único que lamenté entonces fue la
notaba yo un cierto desprecio hacia mí, nunca me miraba muerte del amigo Toribio Ortega, quien falleció víctima de
derecho, y toda su conversación se reducía a recalcarme una incurable enfermedad a los pocos días de la batalla.
nuestras diferencias de origen, haciéndome ver que él había Después de la toma de Zacatecas, sabía yo que en
sido de todo: desde presidente municipal, jefe político, go- aquel momento no había general más famoso en todo el
bernador, senador, hasta Primer Jefe, yen explicarme cosas país que Francisco Villa, y de todas partes venían gentes a
de decretos y leyes que yo no conocía. Además, sabía yo que conferenciar conmigo, así como inversionistas norteame-
lo de las afueras de la Aduana de Iuárez tarde o temprano ricanos preocupados por sus empresas.
iba a querer cobrármelo. La película en Estados Unidos había tenido mucho
Pero no todo eran problemas, en Torreón conocí a éxito, ya no se me trataba de bandido, sino como un héroe

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y nadie dudaba de que lo que allí se contaba era la pura des que dentro de cien años todo el mundo dirá que Pan-
verdad, eso fue lo que me dejó siempre muy intrigado de cho Villa no supo respetar la vida de su huésped.
cómo se sugestionaba la gente con aquella maravilla que Yeso me trajo el pensamiento de que el héroe que
era el cine. En muchas partes de México se exhibían peda- todos veían en el cine, pues no podía matar a su huésped.
zos con vistas de las batallas, como la de Ojinaga, y era Por eso le perdoné la vida a Obregón, que luego fue
mucha la gente que me aplaudía y gritaba mi nombre. de mis peores enemigos.
Pero al mismo tiempo que crecía mi popularidad, el Con la batalla de Zacatecas había yo tomado tanta
choque contra Carranza era inevitable. El Primer Jefe in- fuerza, que Carranza ya no podía ningunearme como que-
sistía en que yo era un bruto incapaz, un pelele a las órde- ría, y con la derrota del huertismo y su salida del país, las
nes de los maderistas que a mi sombra intrigaban contra fuerzas revolucionarias convinimos en que era necesaria
él, como lo habían hecho cuando fue gobernador de la unión para terminar con toda esa matanza inútil y
Coahuila. Así que un día Carranza declaró a la prensa nor- personalista, puesto que con la salida de Huerta, lo que
teamericana que él creía que el bandolero de Villa no tar- urgía era organizar un gobierno.
daría en rebelarse. Eso llegó a mis oídos y por supuesto, Así que lancé un manifiesto desconociendo a
en adelante ya sabía yo a qué atenerme. Carranza, argumentando que sin tener derecho se había
En eso llegó Álvaro Obregón, como representante de arrogado la Presidencia de la República y desconocido las
Carranza para tratar de llegar a un arreglo conmigo, pero demandas sociales de la Revolución, entre ellas la urgente
en realidad se trataba de explorar a mis tropas en lo que reforma agraria.
se refiere al número y armamento de ellas, como consta- Él se mantuvo en su posición de intransigencia, lo
tar la lealtad de mis generales. Así que le dije: mira que era natural, pues ya conocía yo su soberbia y me con-
compañerito: si hubieras venido con tropa nos hubiéra- testó que yo no era más que un reaccionario instrumento
mos dado muchos balazos; pero como vienes solo, no tie- del porfirismo, como lo había sido Pascual Orozco.
nes por qué desconfiar. Pancho Villa no es un traidor. Estuve pues, a pesar de todo, para participar en lo
Pero sin hacer caso a mis advertencias, inició las in- que se llamó la Convención Revolucionaria. Mandé de re-
trigas entre mis hombres. Estaba yo dispuesto a fusilarlo presentante a Roque González Garza y al general Ángeles;
cuando le comenté a Luz que iba a hacerlo: Carranza nombró a los suyos y Zapata también.
- Vaya mandar fusilar a ese perfumado de Obregón Como ya lo esperaba, en cuanto la Convención tomó
por traidor, ya me cansé de sus cochinos actos. Ella me un poco de fuerza, Carranza comenzó a recelar, sobre todo
comentó: cuando fue evidente que mis hombres y los zapatistas po-
- Está bien Pancho, fusílalo si quieres, pero no olvi- drían llegar a acuerdos y los carrancistas estaban en des-

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ventaja. Asistí a las reuniones pero sin apersonarme, des- todo el tiempo siguió intrigando como lo había hecho en
de el vagón del ferrocarril estacionado en los patios tenía Chihuahua, salió detrás de él, junto con todo el grupo de
yo noticias a cada rato de lo que iba pasando, así que pude sonorenses, a quienes el zapatista Gildardo Magaña había
advertir que Carranza no iba a tener más remedio que bautizado como "el grupo compacto".
desconocer a la Convención en caso de que no lo aceptara En ese momento la Revolución se dividió, ¡ay señori-
como jefe único. ta, triste la vida de mis paisanos!
Yo no estaba dispuesto a admitir que Carranza se Carranza de plano se lanzó militarmente contra la
adjudicara la Revolución como si fuera de su propiedad Convención y no hubo más remedio que seguir comba-
personal, en ella habíamos luchado muchos, y algunos te- tiendo. Eulalio me nombró jefe militar y nos trasladamos
níamos más merecimientos que él, que como usted sabe, a la ciudad de México. Allí nos reunimos Zapata y yo, man-
estaba muy orondo en San Antonio cuando nosotros con tuvimos nuestras conferencias, pero yo veía que a pesar
don Abraham andábamos ya repartiendo plomo en Chi- de su integridad, pues como que no me convencían esos
huahua, y mucho menos cuando abiertamente se negaba señores de huarache y con sus estampitas religiosas en el
a reconocer que la Revolución tenía un sentido dé justicia sombrero.
que no quería ver. En la Convención no nos poníamos de acuerdo y todo
Propuse que ni él ni yo figuraríamos como jefes ni era un ir y venir de los abogados y consejeros que no pa-
nada por el estilo, que nos retiraríamos los dos de la Revo- raba en nada. Luego Eulalio me desconoció como jefe mi-
lución y es más, que nos pasaran por las armas a los dos litar y huyó al norte, dizque llevándose el gobierno con
para que terminara ya esta rivalidad que no tenía sentido él. Muy pocos lo siguieron: el licenciado Vasconcelos que
y que hacía mucho daño. Así, los que sobrevivieran ten- no era más que un intelectual traidor; Lucio Blanco, un
drían conciencia de que nosotros no habíamos luchado títere; pero en eso se me fue hasta mi secretario particu-
por ningún tipo de personalismo. Carranza, claro, se negó lar, Luisito Aguirre. Dígame usted, ¿quién en su triste vida
a esta propuesta y dijo que no tenía por qué aceptar las lo trató mejor que yo?
barbaridades que yo proponía. A Eulalio es al que menos culpo. No era mi amigo. Me
Como el ",clima era cada vez más anticarrancista, él la cantó derecho y me la hizo con advertencia. Pero los
lanzó la advertencia de que al final de cuentas seguía sien- otros sí que me engañaron yeso es lo que creo que fue
do el Primer Jefe y que ninguna Convención lo iba a desti- como un crimen.
tuir por sus pistolas. Como finalmente se eligió a Eulalio Después de la división de los mexicanos por lo de la
Gutiérrez como presidente, de plano Carranza se rebeló y Convención, comencé a ver la mano de los norteamerica-
salió con sus tropas a la ciudad de Veracruz. Obregón, que nos en franco apoyo a los carrancistas. Por ejemplo, en

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Agua Prieta mis tropas tenían sitiad '
de los pocos reductos constit ' o,a Ellas Calles, en uno Él estaba retirado en una hacienda que se había ad-
estaba a punto de ha 1 uClOnallstas de la frontera, y judicado, sufría de intensos dolores de reumatismo. Se
cer o pedazos c d pasaba todo el día sentado en una silla tomando el sol,
norteamericano Wilso uan o el presidente
n permitió el d dizque para ver si así se le curaba su dolencia, con una
territorio para que desd C h ?aso e tropas por su
sonorenses pasando c te d oa uila se apoyara a los damajuana de aguardiente al lado, unas barraganas y un
, on o as las a enano que 10 divertía haciendo piruetas. Así se la pasaba
norteamericano. rmas por territorio
mientras nosotros continuábamos luchando. Supe que
Como veía que otra vez b
gresé a Chihuahua con " esta a todo en peligro, re- había enterrado cajones con oro, ya no me tomaba en cuen-
ammos de ve ta y con todos los que 10 visitaban criticaba a grito abierto
que me habían traicionad ' ngarme de todos los
mas
la causa revolucionari o'p qu~ a mí en lo personal, a todo 10 que yo hacía. Se había arrinconado allí rodeado de
Carranza y sus cómpl' a. ara mr el gran traidor era pistoleros, antiguos soldados míos que ahora eran vulga-
. ICes eran los no t ' res matones que se dedicaban a saquear las haciendas y
ínsístían en decidir s b r eamerIcanos que
o re nosotros . 1
Zapata que se me uniera e ' ',~nc uso le propuse a poblados vecinos.
n una mvaslOn contra los ' Ordené una partida de doscientos hombres, entre mis
Desde entonces no sólo h . , grIngos.
se del lado carrancista- sin ubo ~~aIClOnes -pasándo- más leales soldados, y una madrugada 10 sorprendí en su
profundo dolor yeso f' o tambtér; decepciones. Con guarida. Hubo una balacera y logramos someterlo, aun-
, , u e otra más d 1 f que herido. Trató entonces de justificarse y disculparse
Clones, pude darme cu t e as uertes decep-
en a que en dos d ' , conmigo, lloró, me recordó las muchas cosas que había-
nos amigos, José Isabel Robles ' e mIS mas cerca-
bía incubado la traícío y Maclovín Herrera, se ha- mos pasado juntos, hasta me reí un rato con él cuando
se del lado carrancista~' pues estaban dispuestos a pasar- platicamos 10 de la película y la historia que yo había in-
ventado después. Estuve a punto de perdonarlo, pero Ro-
Maclovio Herrera incluso lle ' .
nosotros en la batalla d C d go a combarjr contra dolfo Fierro me recordó:
, e an ela ya lo t dí - Mi general, vinimos a fusilar a Urbina; usted me
cayo en nuestras manos y 1 " s res las de eso,
El ' e ajustamos cuentas dio su palabra de que iba a haber justicia.
mas doloroso de todos 1 fusí . .
que hacer fue el de Tomás U bi os .usI1amlentos que tuve - Pues entonces, le dije, disponga usted del prisio-
ñero más cercano en 1 .r ma, nu compadre, mi cornpa- nero.
os primeros año d 1 y me quedé de pie, con la cabeza entre las manos y
con quien como usted dará s e a Revolución y
recor ara habf los codos contra la pared mientras escuchaba sus gritos
órdenes, con quien compartí h nb la comenzado bajo sus
tos años y que al final 1 ' am res y fatigas de todos es- de clemencia.
resu to uno de los desleales. Después sucedió otra de las cosas que más pena me

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provocaron, estaba yo en Chihuahua en casa de mi espo- Después de leer la carta tenía ganas de matarla, y den-
sa, la que conocí en mi primera victoria de Torreón, Juana tro de mí no podía entender cómo una mujer, que después
Torres, donde había yo escondido cuarenta mil pesos que de todo la había hecho mi mujer por ley, podía cobijar sen-
eran propiedad de la Revolución, cuando me di cuenta de timientos tan negros para un hombre que la amparaba con
que habían desaparecido, llamé entonces a mi hermano su cariño y la agasajaba en cuanto antojo tuviera.
Hipólito y le pedí cuentas, él me dijo que no sabía nada de Cuando yo era bandido, hubiera entendido que se
ese dinero. Entonces llamé a Juana y me dijo que tampoco refiriera a mí de esa manera, pero ahora era yo un general
sabía nada, lo mismo Luis, mi lugarteniente. Me enfurecí victorioso, un hombre de bien.
como nunca, y a todos les dije que quien fuera el ladrón Así que ahora tenía yo que actuar también de otra
iba a sufrir un fuerte castigo porque en verdad que aquel manera y no nomás mandándola al paredón como me acon-
dinero no me lo robaban a mí, sino a la causa del pueblo, sejaba mi rabia. Fui entonces a donde ella se encontraba y
y si por eso castigaba yo hasta con la muerte a nuestros le dije:
enemigos, más castigo merecían los traidores, - Anda hijita, léeme esta carta.
Hipólito y yo nos pusimos a investigar y descubri- Al ver ella el papel y reconocerlo, se demudó y se le
mos que el dinero había sido robado por la madre y la notaba la angustia, como que se quería desmayar. Como no
hermana de Juana, y sentía yo un gran dolor, pues veía abría la boca, yo me ensañaba con preguntas diciéndole:
cómo por la mera ansia del dinero mis gentes cercanas me - ¿Con que no conoce estas letras mi' jita?, ¿con que
traicionaban. no me la quiere leer?
Juana me juraba y me perjuraba que tanto su madre Como fin a esto, no pudiendo desobedecerme y pre-
como su hermana eran inocentes, y que todo aquello era sa de pánico, empezó a leer y le brotaba el llanto y los
obra de gentes que querían perjudicarla a ella, pero no estertores, estuve yo a punto de conmoverme, mientras
me ablandé y le dije que mientras el dinero no apareciera, tanto, cuando terminó hice que la leyera otra vez y otra
las mantendría encerradas aunque fuera por toda la vida. vez, hasta que por fin ordené que pusieran en libertad a
Un día escribió Juana una carta a su madre y la qui- su madre y a su hermana, para que las tres juntas abando-
so pasar a escondidas, pero llegó a mis manos, y cuando naran Chihuahua lo más rápido que pudieran.
la abrí me quedé muy sorprendido, porque a pesar de todo Desde entonces ordené que todas las soldaderas de
lo que había vivido, estas eran cosas que no me podía ima- mi tropa tenían prohibido ir en las campañas, como lo
ginar; en la carta, ella decía que sufría mucho conmigo y habían venido haciendo.
que mejor quisiera morirse. Que era yo un hombre malo y En eso supe de la muerte de Orozco a manos de los
sanguinario. rangers texanos. Le escribí un telegrama a su viuda dicién-

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dale que por mí no había inconveniente si quería enterrarlo Señorita, oigo una risa como la de Madero; ¿dónde
en Chihuahua y que ya no habría represalias para ninguno está?, ¿de qué se ríe?, ¿la escucha?, ¿por qué Madero no
de los orozquistas, que por mí ya todo había terminado. está aquí entre los muertos? Dígame usted señorita ¿dón-
Sabedor de que Huerta estaba preso en El Paso, pedí, de está Madero?
como gobernador de Chihuahua, que se me concediera el
extraditarlo a México para juzgarlo por la muerte de Ma-
dero y don Abraham, pero ya no fue posible, porque al
poco tiempo me enteré de que había sido asesinado con el
pretexto de una operación.
Otra de las fuertes decepciones que sufrí fue la de
Aureliano González, a quien había enviado yo en comisión a
El Paso para que negociara la cobranza de algunos cheques
expedidos en dólares, y de acuerdo con mis informes, depo-
sitó una buena cantidad a su nombre, por 10 que al regresar
a Chihuahua ordené que se le fusilara sin contemplaciones.
El reconocimiento de los Estados Unidos a Carranza,
y el fracaso del gobierno de la Convención, me hicieron
saber que por el momento era inútil seguir peleando-y
sacrificando a más mexicanos, pobre de mi raza, pero así
era. Así que decidí que 10 mejor era retirarme a la sierra y
esperar mejores tiempos.
Me despedí de mis tropas diciéndoles: yo me retiro,
mientras Carranza hace el gobierno, y me voy pobre, por-
que aunque he andado sobre los millones, no me ha tenta-
do la codicia. Quisiera de buena gana que este fuera el
final de la lucha, que se acabaran los partidos políticos y
que todos quedáramos como hermanos, pero como por
desgracia será imposible, me aguardo para cuando se con-
venzan ustedes de que es preciso continuar el esfuerzo, y
entonces... nos volveremos a juntar.

262 263
Prisionero de la imagen

Como le decía, habían comenzado los últimos días de Ma-


dero, los diez días que se conocieron como la Decena Trá-
gica. Del cuartelazo de Reyes se hablaba por todas partes
desde noviembre de 1912 y a principios de 1913 se daban
incluso fechas de las que luego se comentaba que eran
aplazadas por tales o cuales razones. De hecho eran tres
cuartelazos de los que se hablaban, uno estaría dirigido
por el general Félix Díaz, el otro por Bernardo Reyes y
otro más por el general neoleonés Jerónimo Treviño.
A todo esto, los diputados y senadores habían con-
tribuido en buena medida a socavar los cimientos del ré-
gimen maderista. Aun los del bloque renovador que se
hacían llamar maderistas, le faltaban el respeto al presi-
dente, inclusive trataron de polemizar con él. En esta acti-
tud había maldad, pero también una buena dosis de igno-

265
los encargados de la prisión estaban a favor de los conspi- rancia, ¡cuánta falta hacían allí los verdaderos revolucio-
radores, en medio de la euforia, Reyes ordenó marchar narios!
hacia Palacio Nacional confiando en que el jefe de armas Esto quería decir que a pesar de todo 10 que se ha-
de la ciudad, general Lauro Villar, antiguo amigo suyo, no blaba de él como estratega, Gustavo Madero no era capaz
opondría resistencia ante el movimiento rebelde. de controlar a su propia gente, la porra maderista.
En esos momentos, Reyes -quien como le había di- Ese mismo día, un domingo 9 de febrero, el general
cho, en otra época había sido un verdadero ídolo- creyó Manuel Mondragón se presentó en el cuartel general de
que era su oportunidad para poder reivindicarse, porque Tacubaya donde estaba alojado el regimiento de artillería
al final 10 habíamos tenido por vacilante e indeciso ante y los arengó a levantarse en armas contra Madero. Los
Díaz, además de inútil y patético en su primer intento por militares se le unieron y marcharon para poner en liber-
derrocar a Madero. tad al general Bernardo Reyes que se encontraba en la
En aquella última cabalgata, tomó el papel del solda- prisión de Santiago Tlatelolco.
do desafiante a la adversidad, convencido de que ningún Los sublevados llegaron al frente de la prisión e hi-
general sería capaz de oponérsele. cieron que se libertara de inmediato al general Reyes. Cuan-
El general Reyes se adelantó a la columna sin pre- do éste apareció frente a las tropas y a un grupo de civiles
cauciones, dirigiéndose a la puerta de Palacio Nacional; el participantes, fue saludado con vivas y alusiones a su va-
general Villar estaba al mando y avanzó para recibirlo. lentía personal. El General vistió ese día un traje de paño
Uno de los acompañantes de Reyes le advirtió que había negro, sombrero gris, botas militares de charol y se cubría
oído al general Lauro Villar girar órdenes de resistir en el con un capote de capitán general español que había sido
interior de Palacio hasta 10 último, pero todo hace pensar obsequio del rey de España, Alfonso XIII. Luego montó en
que Reyes desestimó la advertencia diciendo en voz alta: su caballo Lucero y con un saludo militar partió al frente
Eso no puede ser, Villar está con nosotros y nunca nos de la columna hacia la penitenciaría del Distrito Federal
hará fuego. Ypor 10 tanto, rechazando el aviso con la ma- para libertar al general Félix Díaz.
yor indiferencia, siguió avanzando hacia la puerta princi- Para entonces ya sumaban entre voluntarios y solda-
pal, la puerta Mariana de Palacio Nacional. dos, unos mil ochocientos hombres.
De ahí en adelante todo fue muy rápido. En el trayecto, Reyes fue aplaudido por los capitali-
- ¡Ríndase usted!, le gritó el general Bernardo Re- nos que asomaban a las ventanas y se paraban en las es-
yes, al mismo tiempo que le hacía un movimiento envol- quinas como si aquello fuera un desfile militar como los
vente al general Villar para aislarlo de su gente. que se acostumbraban en los tiempos de Porfirio Díaz.
-¡Quien debe rendirse es usted! -le contestó el ge- Después de liberar sin problemas a Félix Díaz, pues

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En el trayecto, Madero se enteró de que el general neral Villar-, y al verse rodeado gritó a sus soldados:
Lauro Villar había sido herido, por 10 que pidió al general - ¡Fuego!
Victoriano Huerta -que el destino quiso que estuviera a Entonces se desató una balacera, el caballo se enca-
la mano cuando más se le necesitaba-, para que se hicie- britó, al mismo tiempo que las balas de una ametralladora
ra cargo de la situación, ya que el secretario de Guerra, el se incrustaron en el pecho del general Reyes y 10 derrum-
general Ángel García Peña, no aparecía por ningún lado. baron junto con Lucero.
No había hasta entonces ninguna razón para dudar de Mientras tanto, en la ciudad corría la noticia del le-
Huerta. Lasveces que había sido destituido aceptó las san- vantamiento y en el zócalo imperaba el desorden. Cuando
ciones sin protestar. los soldados maderistas vieron que se retiraban los suble-
Desde Palacio Nacional, Madero solicitó de inmedia- vados, el miedo los hizo continuar disparando. Lo hicie-
to apoyo de las tropas de Veracruz, Toluca y Morelos, pero ron contra civiles, curiosos, mirones, simpatizantes del
no logró ninguna ayuda en firme. Así que salió en auto- reyismo y gente que salía de misa en la Catedral y que
móvil a Cuernavaca, el 9 de febrero por la tarde, para pe- ignoraba 10 que estaba sucediendo.
dirle apoyo al general Felipe Ángeles, recién nombrado Al ver que en el interior de Palacio había resistencia,
jefe militar en el estado de Morelos. La sorpresa de Made- y que Reyes había muerto, Díaz y Mondragón decidieron
ro fue espantosa. Ángeles tenía una sola ametralladora, dirigirse a la Ciudadela para apropiarse de las armas que
los cañones estaban inservibles y la dotación de municio- allí se encontraban e impedir que fueran tomadas por los
nes de los soldados era sólo la tercera parte de 10 que nor- leales.
malmente les correspondían, y encima, nada más era po- La Ciudadela no era un cuartel cualquiera, sino una
sible contar con cuatrocientos de ellos. fortificación militar cercana al corazón de la ciudad de
Cuando Huerta supo de la salida de Madero a Morelos, México, donde por esos días se habían almacenado una
dijo a sus ayudantes: Así que ya no tenemos presidente. Y cantidad importante de pertrechos de guerra comprados
creyó que Madero no regresaría, por 10 que ese día inició en los Estados Unidos y en Europa: 85 mil rifles, ametra-
sus contactos con los insurrectos. lladoras, 27 cañones de campaña, 100 mil granadas y 20
En Morelos, Zapata permaneció a la expectativa, or- millones de cartuchos de guerra entre otros implementos
denó cesar los combates contra los federales y esperó el de guerra.
desenlace. Madero regresó acompañado de Ángeles y al La Ciudadela se rindió sin la más mínima resistencia.
día siguiente se trazó el plan para recuperar la Ciudadela. Mientras tanto, Madero que estaba en el Castillo de
Pero sin material bélico las fuerzas leales no lograban ha- Chapultepec decidió acudir a Palacio Nacional acompaña-
cer mella. do de los cadetes del Colegio Militar.

269 268
Mientras tanto, los diputados y senadores seguían rigir la revuelta y señaló a Huerta como el nuevo líder.
con su labor de zapa. No se declaraban abiertamente ene- Con esto quiero decirle que lo que se conoció como la De-
migos de Madero, pero tampoco condenaban al golpismo. cena Trágica, fue en principio una rebelión reyista, luego
En voz baja se referían a él como el inepto. felicista y después, casi por accidente, cayó en las manos
En Chihuahua, Pablo González se llevó a su gente para de Huerta.
concentrarla en Coahuila a las órdenes de Carranza y cho- Así que para finalizar el episodio, Huerta se alió a los
có con Rábago en combate, ya que éste quería que se res- rebeldes como todo mundo esperaba. Apresó a Gustavo
petaran las órdenes presidenciales de no abandonar el Madero y lo condujo a la Ciudadela donde lo asesinaron.
estado, pero después de una breve escaramuza González Entre sus ropas llevaba una libreta de apuntes que termi-
logró reunirse con Carranza. naba con estas frases: Todo está perdido, los soldados se
El abandono de esas fuerzas significaba que para us- niegan a pelear.
tedes era el final. Todos lo sabíamos. Don Abraham más En cuanto Huerta supo que Gustavo estaba muerto,
que nadie ¿En qué estaría pensando en esos días? ¿Pensó ordenó la aprehensión del Presidente.
hacia dónde lo llevaba su lealtad a Madero? Con una fuerte escolta, Blanquet -"El chacal de Pue-
A los ocho días de combate, al ver que Huerta no bla" - se dirigió al salón de Consejo y declaró presos a
lograba ningún avance sobre la Ciudadela, Madero orga- Madero y al pobre de Pino Suárez el mediodía del 18 de
nizó un viaje a San Luis Potosí para preparar el asiento de febrero. En la confusión, hubo un instante de lucha, uno
una capital provisional. Ese día, Madero fue advertido por de los ayudantes del presidente hirió a varios traidores y
su hermano Gustavo, por José Vasconcelos y por su pro- mató a uno de ellos, Madero logró zafarse por un instante
pio primo Rafael Hernández, de que Huerta se mantenía de sus captores, reunió a los pocos leales que estaban con
en conferencia con los rebeldes, pero el presidente deses- él y se asomó al balcón de Palacio intentando llamar al
timó los consejos. Algo en su interior le llamaba a confiar pueblo en su auxilio.
en él de una manera casi sobrenatural. Afuera, las calles estaban totalmente desiertas.
Como Huerta y Félix Díaz no llegaban a ningún acuer- En la catedral metropolitana, las campanas tocaron
do, intervino el embajador norteamericano Henry Lane a gloria celebrando la caída de Madero. Al día siguiente,
Wilson, quien amenazó con una intervención militar si no con un Te Deum festinaron la llegada de Huerta al poder
cesaban los combates en la ciudad y se llegaba a un enten- y la desaparición de aquél que había osado desafiar a la
dimiento. Fue lo que conocimos como el Pacto de la Emba- gente bien, e intentado además entregar al país a los
jada. Allí, Lane Wilson obligó a Félix Díaz -a quien identi- anglosajones protestantes, sospechoso además de prácti-
ficaba como un porfirista furioso- a que renunciara a di- cas espiritistas.

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En el diario El País, leímos con profundo dolor y sor- Bernardo Reyes, que lo condujo a la muerte. Cuando está-
presa el telegrama Papal en el que se felicitaba a Huerta por bamos despidiéndonos me dijo: ¿qué opina usted de los
haber restablecido la paz y se le colmaba de bendiciones. presos? -refiriéndose a Madero y Pino Suárez-, a 10 que
Madero renunció a la Presidencia de la República, yo le contesté:
creo convencido de que aún podría salvar su vida para - Que no los toquen, que los entreguen al cuerpo
viajar a La Habana. Para mí esto era contrario al carácter diplomático para que los saquen del país, esa es una opor-
de Madero, no creo que lo hubiera hecho por cobardía, tunidad que no deben desaprovechar.
algo pasó que lo envolvió como una sombra y 10 hizo to- Pero el domingo 23 de febrero, muy temprano, entró
mar esa determinación. mi esposa al desayunador con los periódicos en la mano
Pedro Lascuráin, secretario de Relaciones Exteriores, y, presa de una fuerte impresión, me dijo: Mira, ya mata-
fue nombrado su sucesor por cuarenta y cinco minutos, ron a Panchito".
que fueron suficientes como para -de acuerdo a la Cons- - ¡Qué bárbaros -exclamé-, no saben lo que han
titución- nombrar a Huerta secretario de Gobernación, hecho!
que Lascuráin renunciara, y que los diputados se encarga- Recibí entonces la noticia de que la señora Madero
ran de nombrar al presidente para que Huerta llegara al se había refugiado en la Embajada de japón en México, y
poder dizque legalmente. no pude dejar de recordar que precisamente los ataques
En el primer gabinete huertista estaba otra vez Fran- de Madero a los acuerdos de México y japón habían sido
cisco León de la Barra como secretario de Relaciones Exte- uno de los argumentos decisivos para que en 1911, obtu-
riores -el mismo que yo había propuesto como presiden- viéramos el apoyo norteamericano y con ello la victoria
te provisional en Ciudad juárez-; Toribio Esquivel Obre- frente al dictador.
gón, el antiguo antirreeleccionista con Madero en 1909; Haciendo a un lado la versión oficial que decía que
Ricardo García Granados en Gobernación otra vez; Rodol- Madero y Pino Suárez fueron muertos a manos de unos
fa Reyes, hijo del general, en justicia; y David de la Fuen- gavilleros que asaltaron el convoy, donde iban como pri-
te, el vazquista y orozquista, en Comunicaciones. sioneros, hay otras versiones que me parecen, si no absur-
La tarde del 21 de febrero, era un viernes, lo recuer- das como la primera, al menos bastante sospechosas.
do bien, me habló por teléfono el licenciado Rodolfo Re- A mí nunca me ha quedado claro -yeso se 10 confie-
yes, para que fuera a hablar con él, pero con cualquier so ahora que ya no importa- el que a Madero y a Pino
pretexto me negué a ir ese día a su despacho, y le contesté Suárez los hayan trasladado de manera separada en dos
que 10 vería en su casa al día siguiente. Durante nuestra automóviles con capacidad para ocho personas cada uno.
conversación me narró la aventura de su padre, el general En uno de ellos subieron a Madero custodiado por el ma-

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yor de rurales Francisco Cárdenas, y en el segundo, a Pino Cuba en México y amigo personal de su esposo, Manuel
Suárez vigilado por el cabo Rafael Pimienta. Márquez Sterling, para que éste los apoyara en la gestión
Las versiones de la muerte de Pino Suárez fueron de entrega del cadáver. Márquez Sterling, sabedor de la
hechas por parte de Pimienta y del chofer Ricardo Her- influencia del embajador norteamericano Henry Lane
nández; de lo que sucedió en el auto de Madero, sólo se Wilson, fue con él para que intercediera ante Huerta y se
contó con la versión de Cárdenas, tal como se la dijo a un concediera la muy natural petición de la señora Madero.
periodista en Guatemala, donde corrió a refugiarse cuan- Lane Wilson le dio una tarjeta dirigida a Huerta, quien le
do Carranza entró a la ciudad de México, allá el entonces dio otra dirigida a Aureliano Blanquet quien le dio otra
presidente guatemalteco Rodolfo Ubico lo hizo fusilar y para el jefe de la prisión; pero cuando llegaron se les reci-
su versión nunca pudo ser corroborada. bió con una negativa por el momento y se les dijo que se
Algunas personas fueron testigos parcialmente de los presentaran hasta el día siguiente, el lunes, que sería cuan-
sucesos de esa noche; unos afirmaron que durante la ma- do se les entregaría el cadáver.
drugada, los cuerpos del presidente y vicepresidente -al Finalmente, el lunes se le entregó a la familia Made-
menos permítame seguirles llamando así-, fueron ente- ro [un ataúd forrado completamente en zinc! Esdecir, com-
rrados en el mismo lugar en donde cayeron, detrás de la pletamente sellado y se les dijo que en el interior estaba el
Penitenciaría, pero que luego fueron desenterrados, lle- cuerpo de Francisco 1. Madero. Envié una corona de flores
vados al interior de la cárcel y posteriormente entregados con la leyenda: Último tributo al desaparecido compañero
a sus familiares. de luchas.
En cuanto se supo la noticia, el hijo mayor de Pino Entre los escasos partidarios de Madero en esos mo-
Suárez acudió al anfiteatro para identificar el cadáver de mentos, que concurrieron al Panteón Francés, se hallaban
su padre, lo que hizo y se le entregó para su sepultura en distribuidos agentes de la policía reservada. Uno de ellos
el panteón de Dolores. me habló para decirme que tenían órdenes de dar sepul-
Entre los miembros del cuerpo diplomático corrió la tura a los restos inmediatamente si acaso se pretendía abrir
noticia y ese domingo a las nueve de la mañana, el minis- la caja para examinar el cadáver. Así se los comunicó a los
tro de España y el de Japón se apersonaron para reclamar familiares el coronel Morales -quien fue quien me refirió
el cadáver de Madero a nombre de sus familiares, pero les el tema- y la caja no fue abierta.
dijeron que se le estaba haciendo la autopsia y que nadie En cuanto terminó la ceremonia luctuosa, la señora
podía pasar. Al mediodía llegaron con la señora Madero y Madero partió a los Estados Unidos y finalmente se fue a
tampoco se les permitió entrar. vivir a Monterrey, donde tenía familiares cercanos.
La señora Madero acudió entonces al embajador de Don Ernesto Madero, ex ministro de Hacienda, se

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encontraba en Nueva York donde hizo declaraciones a la Federico Gamboa, el autor de Santa; el novelista José Ló-
prensa, en el sentido de que todos los miembros de la fa- pez Portillo y Rojas; el músico [ulián Carrillo y los poetas
milia Madero habían resuelto abstenerse de toda partici- José Juan Tablada y Enrique González Martínez.
pación política, pues tenían la esperanza de que pronto se Yo escuchaba por todos lados rumores acerca de las
restablecería la paz en la nación. Desmintió categórica- atrocidades que diariamente se cometían por parte de los
mente que alguno de los miembros de la familia tratara partidarios de Huerta, entre ellos los más graves eran los
de organizar movimientos armados en.contra de Huerta o que se referían a los asesinatos, lo que pude confirmar
que simplemente tomara participación en los que para con el tiempo.
entonces habían estallado. El ex ministro de Gobernación , En cuanto nombraron a Huerta como presidente,
Rafael Hernández, aprobó públicamente las declaraciones envió telegramas a los gobernadores de todo el país. Cier-
de don Ernesto y las hizo suyas. to que Carranza contestó el telegrama en el que aquél le
Si Madero no hubiera desilusionado tanto al pueblo comunicaba la renuncia de Madero y Pino Suárez así como
mexicano, a pesar del cuartelazo y de la conducta del ge- su nombramiento, respondiendo que no aceptaba este úl-
neral Huerta, se hubiera salvado; pero el pueblo no res- timo hecho porque la Cámara no tenía facultades para ello,
pondió por lo pronto, ni al llamado que le hacía Carranza, y emitió un decreto desconociéndolo, pero hubo un se-
ni al de otros generales. Fue después, cuando supo que gundo telegrama en el que García Granados le explicó con
había sido asesinado, cuando comenzó a reaccionar. detalle a Carranza el curso de los acontecimientos y el por
El día en que se instaló el gabinete de Huerta, vino a qué era legítimo el gobierno huertista, entonces Carranza
visitarme el licenciado Jorge Vera Estañol. Su visita fue reconoció a Huerta.
muy corta y en ella me habló del nuevo gobierno y de sus Pasaron los días ...
ideas acerca de la justicia de la Revolución, y también me Cuando Huerta dijo que el ejército pasaba sin dila-
dijo que muchas de las demandas populares iban a ser ción a las órdenes de la federación, entonces sí Carranza
satisfechas con el propósito de pacificar al país. se rebeló publicando el Plan de Guadalupe, 20 días des-
En una más de las ironías de nuestra historia, los pués de la muerte de Abraham González.
gabinetes de Huerta fueron de lo más brillantes en cuanto Evidentemente que Carranza, mientras negociaba con
a la cantidad de intelectuales que estuvieron en ellos, fíje- Huerta ganaba tiempo, mantenía su aire amenazante y se forta-
se nada más en los nombres: historiadores como Carlos lecía para respaldar sus condiciones, pero entre tanto todo se
Pereyra, nuestro experto nacional en lo que se refiere al mantenía normal y seguía gobernando Coahuila como si nada.
Virreinato; juristas renombrados como Jorge Vera Estañol, Después del cuartelazo estaba yo en una situación
Emilio Rabasa, Querido Moheno; de los escritores ni se diga: verdaderamente difícil, y lo primero que pensé era cómo

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podía salir del país. Otra vez el tren hacia la frontera y a una carta de mi hermano Emilio, en la cual me recomen-
recomenzar otro periodo de vida errante. daba que hiciera todo 10 conveniente en bien de la paz, y
Recibía entonces todo tipo de anónimos amenazantes de los intereses de la Revolución, por 10 que creía necesa-
y se me hacían llegar a través de terceras personas avisos rio escribirle diciendo que después de dos largos años de
de que no era bien visto por algunos miembros del nuevo guerra civil, pensara en la necesidad de poner su patrio-
gobierno, quienes inclusive hablaban de cobrarse algunas tismo y abnegación al servicio de la patria, que reclamaba
cuentas pendientes. el cese de la guerra.
Las razones que tenían eran varias: una, porque me Le decía también que el gobierno estaba en la mejor
había mostrado intransigente en las negociaciones de Ciu- disposición de seguir una política de concordia y de estricta
dad Iuárez respecto a la renuncia de Porfirio Díaz; la se- justicia, que además, muy pronto haría públicos los acuer-
gunda, y verdaderamente grave, fue una conversación con dos y resoluciones acerca del problema agrario, y que era el
el licenciado Victoriano Agüeros que éste publicó sin mi momento de entablar negociaciones con el gobierno.
consentimiento en uno de los diarios de la capital, acerca Por supuesto que ni la carta de mi hermano ni mis
de las mulas de tranvías de la ciudad de México y del par- apreciaciones sobre el gobierno eran ciertas, pero debido
que que no explotaba en Ciudad juárez. Esto me atrajo el a que los asesinatos políticos estaban a la orden del día,
odio feroz del general Mondragón, ahora secretario de no tenía yo otra opción. De palabra le dije al señor Gui-
Guerra, que en el antiguo régimen tenía a su cargo preci- llermo Gaona Salazar, quien fue la persona que escogí para
samente las compras y abasto del ejército federal. Otra servir de enlace: Dígale a Zapata que me he visto obligado
razón más era que mi hermano Emilio se mostraba franca- a escribir esta carta: que proceda como él considere con-
mente rebelde a Huerta, y otra finalmente, aunque no veniente. Mientras tanto esperaba una oportunidad para
menos importante, era que se rumoraba que yo tenía in- salir del país.
fluencia entre los zapatistas y que éstos estaban siempre En eso regresó Gaona y me dijo: que dice el general
pendientes de mis consejos. Zapata que se vaya usted de la ciudad porque 10 matan.
Los huertistas me presionaron de una manera amena- Me entregó una carta en la que Zapata me decía que
zante para que yo escribiera una carta a Zapata aconseján- él era un ferviente partidario de la paz, pero no de una
dole que se rindiera al nuevo gobierno, y en cierta forma 10 paz mecánica, ni de siervos, sino una paz de acuerdo con
hice, pero puse como condición que habría de llevarla un los ideales inscritos en el Plan de Ayala; una paz de acuer-
conocido del jefe suriano, porque si no se hacía así, el envia- do a la civilización del siglo XX. Por 10 tanto, si se respeta-
do iba a ser considerado como espía y podría ser fusilado. ban esos principios y se comenzaba a formar un gobierno
En ella le decía yo a Zapata que acababa de recibir interino, la paz sería un hecho y sus cuarenta mil hom-

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bres armados dejarían su actitud hostil. A mí me entregó No puedo menos que felicitarlo por su actitud digna y
el 'Original, pero una copia se la dio al ministro de Guerra. patriota... ahora sí, nada de magnanimidad, pues hemos
En eso llegó José de la Luz Soto, el viejo compañero visto con dolorosa experiencia que sólo entienden a
de armas de don Abraham, y me dijo que las cosas esta- fuetazos. Dígale a don Venustiano que no olvide que los
ban tan graves que venía a pedirme que saliera del país Vázquez Gómez también han sido traidores.
inmediatamente porque mi vida corría peligro. Irónica-
mente, José de la Luz no pudo escapar a tiempo y fue fusi- Cuando llegué a Coahuila, Carranza me mostró la
lado por Huerta. carta.
En vano traté de hacer una alianza con Carranza. Fui Después me enteré que la animadversión de Carranza
para ver qué elementos intelectuales dirigían la política; y hacia mí, tenía además otro origen, este accidental, que
aunque usted se imagina que a esas alturas ya poco podía por supuesto yo desconocía. Resulta que Vasconcelos tam-
escandalizarme, me quedé horrorizado: allí estaba la mera bién había abandonado la ciudad de México, escapando
porra maderista sin faltar uno solo de los grandes pillos del terror huertista, semanas antes de que yo lo hiciera y
nacionales y extranjeros. El Plan de Guadalupe no tuvo se estableció en La Habana por unos días. Allí tuvo la ocu-
más origen ni motivo que la restauración de un maderismo rrencia de enviar un comunicado a Carranza en el que le
sin Madero, o el porrismo que para el caso es igual. sugería de buena fe llamar al mayor número posible de
Las relaciones de Carranza con Madero nunca fue- diputados a territorio revolucionario y proclamarme a mí
ron muy cordiales, como usted ha podido ver, por eso como presidente provisional o interino mientras que él
cuando algunos de los verdaderos maderistas como Ro- estaba como Jefe del Ejército Constitucionalista. De esta
que y Federico González Garza se le presentaron en Sono- manera no quedaba imposibilitado para ser presidente al
ra a ofrecerle sus servicios, el señor Carranza los rechazó final de la lucha armada por el problema de la reelección,
con cierta dureza, forzándolos a irse con Villa a Chihua- ya que de hecho, con el Plan de Guadalupe, estaba asu-
hua; los que no quisieron no tuvieron más remedio que el miendo el papel del ejecutivo federal. Pero Carranza sos-
exilio. pechó un plan maquinado entre Vasconcelos y yo, por lo
Además, doña Sara P. de Madero, desde San Antonio que su reacción al verme fue de frialdad y suspicacia, no
donde se encontraba temporalmente, le había escrito al tanto por la carta de doña Sara.
carrancista Luis Garfias, felicitándolo por su valentía con- Me fui, pues, de nuevo al exilio y para contrarrestar
tra el dictador y le decía: la campaña de infamias que se publicaban todos los días
en mi contra, entre otros por los carrancistas, luego envié
desde Washington una carta a los principales diarios mexi-

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canos, en la que refutaba toda intención de proclamarme tuvieron que ver las cartas que desde Chihuahua había
presidente provisional o algo por el estilo, insistía yo en enviado el cónsul Lechner al Departamento de Estado.
que por fortuna, la Revolución de 1910 no tuvo por prin- Lind no simpatizó con Huerta ni con Félix Díaz. En-
cipal objetivo cambiar a las personas en el gobierno, sino contró un movimiento constitucionalista que le pareció
que luchó por resolver los problemas sociales y asegurar con mayores posibilidades de una reconciliación nacional
las libertades del pueblo. y se dio cuenta de que la solución militar en el sur era
La revolución del sur -decía yo- apenas bosqueja- imposible de lograr, y que el camino de las negociaciones
da en 1910, y entonces no comprendida por muchos, ha- con Zapata estaba definitivamente clausurado. Para que
bía tenido su eco claro y bien definido en el Plan de Ayala. Huerta obtuviera el reconocimiento como gobierno por
Era sobre todo una revolución inspirada en la francesa y parte de los Estados Unidos, Lind puso como condiciones
al igual que ella pretendía repartir entre millones de cam- que hubiera un armisticio nacional y la promesa de hacer
pesinos las vastas propiedades de los terratenientes, como pronto elecciones libres, en las que Huerta no se debería
en Francia se había hecho con la de los nobles, hasta con- presentar como candidato. El conflicto entre Huerta y los
seguir que la multitud de los favorecidos se adhiriese con Estados Unidos se hizo cada vez más difícil, por lo que De
tal vigor a la obra revolucionaria que se comprometiera a la Barra prefirió renunciar y fue a su sucesor, Miguel Gar-
perpetuarla. La del norte era hija de las ideas libertarias za Aldape, a quien le tocó la tarea de declarar a Lind per-
norteamericanas, de ese ascenso democrático de fin de sona non grata y pedir que saliera del país.
siglo y de un sentido de la libertad y de la propiedad indi- Con las dificultades que Huerta iba teniendo con una
vidual. Entre ambos yo creía que podía encontrar la solu- Cámara de Diputados que no le servía para nada y en
ción mexicana. mucho le estorbaba, decretó su disolución y se hizo un
Con esta declaración por supuesto, me gané todo el simulacro de elección en el cual supuestamente ganó, fren-
odio de Carranza, que esperaba mi apoyo para el Plan de te a la leal competencia de Federico Gamboa como candi-
Guadalupe sin más comentarios. dato opositor a la Presidencia y De la Barra como vicepre-
Mientras tanto, en la ciudad de México, Huerta pos- sidente por el Partido Católico. A los pocos días, Huerta
tergaba la realización de elecciones que había sido una mismo anuló los resultados electorales y simplemente pro-
parte del arreglo con Félix Díaz. El fatídico embajador de rrogó su interinato.
los Estados Unidos, Henry Lane Wilson, cómplice con Huer- El nombramiento como agente confidencial del Ejér-
ta del asesinato de Madero, fue sustituido por el enviado cito Libertador del Sur me lo hizo llegar Zapata a los Esta-
personal del ahora presidente norteamericano Wilson, Iohn dos Unidos, y me pidió que intentara un préstamo para
Lind, en calidad de agente confidencial. Para ello mucho comprar municiones, pero ya nada podía hacer, las ges-

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tiones de los agentes de Carranza, a quien Zapata se nega- res, Francisco Carbajal, asumió la Presidencia, era el mis-
ba a reconocer y hablaba de él en un tono despectivo por mo que en Ciudad juárez, como ministro de la Suprema
"sus exageradas pretensiones" nos llevaban mucha delan- Corte de Justicia, había firmado junto conmigo el tratado
tera y Lind no tenía tampoco una buena opinión del Cau- que puso fin a la era porfirista.
dillo del Sur. Como le he dicho a usted, el tramo de la historia que
En un aparatoso e inútil intento por entrometerse en recorrí junto a Madero y durante el cual mi historia y la
los asuntos mexicanos, el presidente norteamericano de don Abraham se cruzaron, fue breve y con mucho, la
Wilson ordenó el desembarco de las tropas norteamerica- más significativa de mi vida.
nas en Veracruz. Huerta inmediatamente trató de presen- Creo firmemente que Madero no debió sucumbir a la
tar la situación como la de una guerra patriótica y deman- tentación militar, creo que fue un error, contrario a todas
dó un armisticio para detener a los invasores. nuestras intenciones y propósitos de cuando iniciamos el
Zapata nuevamente evadió el truco del nacionalismo movimiento antirreeleccionista. Díaz, el anciano dictador,
y con la experiencia que tenía de la época maderista, com- habría sucumbido por obra del tiempo. He creído -como
prendió bastante bien que no podía depender de nadie Catón en la antigua Roma- que el dejarse persuadir pron-
dentro del gobierno para llevar a cabo las reformas que se to, o llevado por las circunstancias, es de ordinario una
había planteado, por 10 cual no sólo rechazó la oferta muestra de flaqueza o de debilidad de carácter, misma
huertista, sino que intensificó su lucha contra el ejército muestra que Madero dio frente a su parentela, 10 que 10
federal, que se encontraba completamente desmoralizado condujo al desastre.
y avanzó directamente sobre la ciudad de México, de he- Uno es presa siempre de su propia imagen. Al final
cho, se rearmó con los restos de los federales que huían de mi vida, 10 más importante fue el no haber flaqueado
despavoridos de Morelos y Puebla. nunca en mi propósito de evitar sufrimientos a mi patria,
Por otro lado, las noticias que nos llegaban de Euro- en tratar de conciliar las fuerzas, manteniendo siempre la
pa eran alarmantes y en eso el archiduque Francisco Fer- autoridad moral que da la persistencia en el ideal y la
nando cayó asesinado en Sarajevo con 10 que sabíamos rectitud de ideas.
que se venía una guerra enorme y que los norteamerica- En eso coincidí siempre con don Abraham, y en mi
nos estarían muy pendientes de ella, por ser además la recuerdo ha pesado siempre más que nuestras ocasiona-
mayoría de sus pobladores de ese origen. les diferencias. Espero que mi conversación le hubiera sido
Finalmente, despreciado por todos, Huerta huyó a grata, como me fue a mí el recordar esos años.
Europa por la misma ruta que cuatro años antes había re-
corrido don Porfirio. El secretario de Relaciones Exterio-

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Materia de sombras

¿José Vasconcelos?, ¿lo recuerdas, Abraham? acaba de pu-


blicar sus memorias, son cuatro libros pero en realidad es
uno solo. Es de un egoísmo inconcebible. No hay nada en
la Revolución que no sea suyo, hasta el lema Sufragio efec-
tivo, No reelección se lo adjudica. Fíjate en los títulos que
escogió para sus memorias: Ulises criollo, para hablar de
los primeros días de la Revolución, luego La tormenta so-
bre el periodo armado; El desastre, que es como el final y,
sobre el período de Calles: El proconsulado.
En los últimos años se ha desatado una fiebre por
escribir acerca de la Revolución, sobre todo por el escán-
dalo que provocaron los primeros libros de Vasconcelos.
Como Roque González Garza, ellos nos han entregado imá-
genes maravillosas sobre sí mismos como héroes revolu-
cionarios, pero no son los mismos que conocimos. De cual-

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quier manera, en la autobiografía hay un intento de se- Quizás había ya que estar contentos al final. Fuera lo
guir luchando aún después de la muerte. que fuera, era el final.
Lo que me gustó es que Vasconcelos dice que des- Abraham, ahora, en 1939, estamos en vísperas de
pués de que se conoció la noticia de la aprehensión de elecciones presidenciales, tú no los conoces, ni siquiera
Madero, todos esperaban que tú te levantaras en armas y supiste de Ávila Camacho que cuando tú y yo conspirába-
encabezaras la Revolución contra Huerta, él mismo dice mos, él era apenas un joven, no lo hará mal, ya veremos.
que tú eras su esperanza, pero que no te dieron tiempo Hace apenas un año se nacionalizó el petróleo en
porque te asesinaron antes de que pudieras levantar en México, ¡hubieras visto!, parecía que otra vez recuperába-
armas a todo Chihuahua. mos ese orgullo que alguna vez tuvimos.
Un día leí en el periódico la ceremonia luctuosa de Hablan mucho en México de pleitos entre generales
Orozco, según el corresponsal, muerto a manos de los rangers y caudillos militares, me hacen recordar nuestra época con
texanos. Decía la nota que habían sido muchos los asistentes cierta añoranza, pero también con ironía.
al sepelio. El cortejo fúnebre desfiló por las calles de El Paso, Tengo tu foto sentado con Madero, Villa, Orozco y
y narraba que la procesión presentaba un aspecto impresio- los demás, en las afueras de lo que ustedes llamaron La
nante porque el carro, adornado con una bandera mexicana casa gris ¿te acuerdas? Todos están sentados con las pier-
y todo cubierto de flores, no parecía conducir un muerto, y nas abiertas, tú las has estirado como si estuvieras cansa-
que detrás de él iba mucha gente, la mayoría viudas, todas do de estar sentado y aprovechaste que no había nada
de negro, enlutadas, y niños huérfanos de las guerras revo- delante de ti, ninguno de ustedes podía cerrar las piernas,
lucionarias, acompañando a quien había sido su líder. Yque a lo más cruzarlas en escuadra, sin embargo ahora son
el negro del luto de la gente contrastaba con los colores vi- capaces de sentarse con las piernas trenzadas como seño-
vos de la improvisada carroza que se destacaba más impo- ritas ¿Te imaginas, Abraham? ¿Qué tan feroces pueden ser
nente. La ceremonia estuvo a cargo de Marcelo Caraveo y sus pleitos? ¡No te rías, Abraham! No es chiste, es una tra-
José Urbano Escobar leyó un mensaje luctuoso, muy grandi- gedia para todos los que se quedan en México.
locuente (¡Oh brisa! Lleva este mensaje doloroso a las mon- Otra de tus fotos está en un billete emitido por Villa.
tañas de Chihuahua... diJes que aquí cayó Pascual Orozco... Estas tú y está Madero. Dos caritas, les decía la gente a
Diles que más tarde, cuando regresemos al terruño bien esos billetes de un peso.
amado, llevaremos con nosotros, como una reliquia sacra, En Hollywood vive el general De la Huerta, el fiel co-
sus restos exánimes, diJes que más tarde consagraremos en laborador de Maytorena, el jovencito panzón carirredondo
bronce su memoria...) y al final se cantó el himno protestan- que lo acompañaba en Ojinaga en enero de 1911, después
te: La piedra de los tiempos. de su frustrada rebelión contra Obregón y Calles se exilió

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y ahora tiene una academia de baile De la Huerta Dancing En 1936, hace tres años, me llegó la noticia de que
School. Según él, Carranza escogió a Obregón como jefe en adelante, cada día 20 de noviembre sería celebrado
militar para enfrentarlo a Villa -salvaje contra salvaje- como Día de la Revolución, fíjate, 26 años después de 1910,
y evitar lo que Villa y Orozco le hicieron a Madero en Ciu- hasta entonces se acordaron de celebrarlo. Un grupo de
dad [uárez, pero que la historia se repitió luego, como deportistas lo había hecho ocho años antes ¡con una ca-
algo inevitable, porque Obregón se la hizo a Carranza y rrera de relevos! Me pregunto si algún día dentro de no sé
hasta peor, porque él sí lo asesinó. cuánto, tu muerte será también una celebración ¿qué di-
Carranza, el viejo zorro, te sobrevivió apenas siete rán? ¿Será como tú lo soñabas?: ¡Abraham González, revo-
años antes de salir gritando de una tienda de campaña, lucionario! Durante unos años, por ti Villa Ahumada se
que todos, todos sus jóvenes generales -y entre ellos aun llamó Villa González, así la rebautizaron en 1916, pero
su delfín: Álvaro Obregón-, lo acribillaban a balazos en después en 1923, volvió a su antiguo nombre.
Tlaxcalatongo, sólo le faltó decir ¿tú también, Álvaro? Carranza, cuando fue presidente, nunca quiso celebrar
Otros han tenido más suerte. De la Barra salió de el 20 de noviembre porque él decía que se relacionaba con
México después de distanciarse de Huerta y se fue a vivir Madero, y que le parecía hipócrita, tan hipócrita como decía
a Europa, luego hizo una carrera muy brillante como abo- que eran las festividades de Porfirio Díaz en honor a Benito
gado en Francia. Limantour también, aunque murió con la juárez y que hacían sonreír a tantas personas ¿te acuerdas?
pena de no reconciliarse nunca con su antiguo jefe. Los El viejo dictador bautizaba pueblos, ciudades y calles en su
Vázquez Gómez, repudiados por todos, regresaron a México nombre, cuando en vida llegaron a ser irreconciliables ene-
y vivieron sus últimos días en el ostracismo y la amargu- migos, inclusive Díaz se levantó en armas contra el liberal
ra, igual que Vasconcelos, Roque González Garza, Roque de juárez acusándolo de todas las maldades del mundo, pero
Estrada y muchos más. era bien sabido que sólo por la muerte prematura de Iuárez
En los discursos actuales, como los de Calles por ejem- pudo Díaz ascender al poder y quedarse con él por 30 años,
plo, hay un lenguaje que deja entrever que los revolucio- incluyendo sobre todo, los últimos que fueron los que pasa-
narios no sabían a ciencia cierta por qué habían luchado; ron cuando éramos jóvenes.
hay la idea de que no era más que un vago sentimiento de Lo que Carranza dijo es que no lo hacía porque nun-
justicia, y que fueron ellos, los generales sonorenses, los ca sintió apego por Madero, no le creyó cuando habló de
que le dieron el contenido real a la Revolución, nadie más. levantarse en armas en 1910, que le pareció verdadera-
En Chihuahua no volvió a haber elecciones sino hasta 1920, mente inverosímil que alguien pudiera jugarse la vida por
cuando ellos pudieron sentirse más o menos seguros de ese enano ridículo, como le llamaba, además de loco espi-
que sólo su gente participaría. ritista; por eso, cuando los vio a ustedes desafiando al ejér-

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cito del dictador sintió que esa era su oportunidad, aun- villistas; pero más que nada odiaban todo aquello que pu-
que tuviera que ser junto con Madero, quien tarde o tem- diera significar hacerles sombra o restarles méritos.
prano caería con un leve empujón al barranco de la histo- Lo que pasaba también era que Villa, después de un
ria. Entonces ahí estaría él, aunque mientras tanto tuviera breve retiro en 1915, siguió luchando con su guerra de
que hacer buches de coraje maldiciendo la suerte fabulo- guerrillas por todo Chihuahua. Sabíamos que ya no tenía
sa de Madero, quien a su vez te la debía a ti, porque si no, ningún futuro, pero él seguía luchando. Así que después,
Madero se hubiera embarcado a Europa... cuando Carranza convocó al Constituyente, el estado se-
Sí, a Europa, Abraham. Ahora aquí en el exilio -aun- guía en pie de lucha contra los constitucionalistas, de he-
que sea porque trabajo en el Consulado de México, pero cho seguía una situación de guerra civil con gobernador
es casi como el exilio-, convivo con muchos de tus com- militar y todo.
pañeros de esos años y después de tantos y tantas versio- y no sólo eso, sino que ellos comenzaron a devolver-
nes no me queda la menor duda, vaya decírtelo: Madero les las propiedades a muchos de los ricos en el exilio. A los
estaba en Nueva Orleans, vencido, con las maletas arriba Creel, a los Terrazas, se les devolvieron sobre todo sus
del barco que lo llevaría al viejo mundo, cuando recibió industrias y parte de las tierras que les habían sido con-
tus cartas, tu ofrecimiento de un ejército levantado en fiscadas durante la época en la que Villa había sido gober-
armas por su causa. nador del estado.
A través de los años, después de ustedes, los otros Un día nos amanecimos con la sorpresa de que el
dizque revolucionarios que sobrevivieron, ellos no cambia- audaz de Villa había atacado el pueblo norteamericano de
ron mucho, Abraham. Sólo quizá en la sutileza, pero Madero Columbus. Bien a bien nadie sabe todavía sus razones para
lo era más ¿herencia del antiguo y refinado régimen? hacerlo. Quizá fue la idea de provocar un conflicto inter-
En el Congreso Constituyente de 1917 no hubo ni nacional -que lo hizo de todas maneras- y confrontar a
uno solo, ni siquiera uno de los revolucionarios de Chi- Carranza con los Estados Unidos. Imagínate el susto cuan-
huahua. De los seis diputados que le correspondían como do se supo la noticia. El general norteamericano Pershing
representación, sólo a uno de ellos le fue permitido asis- entró a México a perseguir a Villa pero nunca logró en-
tir, a un señor Manuel Prieto, que nadie conocía ni volvió contrarlo, con lo que la figura del guerrillero mexicano se
a oír jamás de él, y que durante todo el Congreso sólo hizo todavía más famosa, y se publicaron cientos de re-
abrió la boca al pasar lista de presente. portajes sobre su crueldad.
Nos odiaban, Abraham. A los de Chihuahua nos odia- Los norteamericanos revivieron las historias de Villa
ban, Carranza porque nosotros encumbramos a Madero; los y de su gente, sobre todo de Rodolfo Fierro en Tierra Blan-
sonorenses, porque los chihuahuenses fueron orozquistas o ca, de cuando mató a cincuenta prisioneros orozquistas

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I
que estaban en un corral. Uno a uno los obligó a salir y " sobre ellos, hablamos de ti y del país, me dijo que nunca
correr hacia el descampado mientras él, sentado con su te diste cuenta de las debilidades de Madero.
revólver, los cazaba como conejos. A los federales les dio Duele decirlo, pero los cargos que le hacían los
Villa a escoger entre retirarse con la promesa de no volver magonistas eran de lo más razonable; muchos, y nosotros
a tomar las armas contra él, o ser fusilados inmediata- entre ellos, vimos en él más de lo que en realidad era y
mente, pero te digo, contra los orozquistas nunca tuvo la nos guste o no, lo cierto es que la incomprensión de Ma-
menor compasión. dero sobre lo que sucedía en el país era un hecho innega-
Villa también tuvo un final triste: nueve años des- ble, si no, entonces ¿por qué tu muerte?
pués de tu muerte, el general De la Huerta y Elías Calles Sí, Abraham, ya lo sé, lo supe poco a poco después,
planearon su asesinato en las calles de Parral, como si lentamente como me fueron llegando sus mensajes secre-
Madero se lo hubiera anunciado de alguna manera y por tos firmados por Arjuna. Al principio creí que era alguien
eso su fobia a las traiciones. que quería hacerme una broma, muy macabra por cierto,
En el nuevo régimen, lo único sincero que tuvieron pero poco a poco se me fueron mostrando detalles de tu
fue el odio visceral a la verdad. Frente a ellos, es la misma relación con Madero que sólo él conocía, así que tuve que
sensación de indignación que la que tuvimos cuando los comenzar a creerlo.
americanos obligaban a los mexicanos a bañarse en gaso- Madero estaba vivo.
lina para que eliminaran de su cuerpo las chinches y las Cuando nombró a Huerta para combatir a Orozco en
garrapatas antes de cruzar hacia las calles de El Paso, has- Chihuahua, al principio te negaste a aceptarlo, le dijiste
ta que un día a un gracioso americano se le ocurrió arro- tu percepción negativa de su personalidad, le hablaste en
jar un cerillo a la pila llena de gente adentro. cada mensaje de que hacía todo lo posible por obstaculi-
Hubieras visto a los mexicanos cuando ocurrió la cri- zarte como gobernador, pero siguió creyendo en él, te lo
sis de mil novecientos veintinueve, fueron corridos, hu- dijo claramente, que en los mensajes espiritistas que ha-
millados una vez más en este país, ¿y el que tenían, Abra- bía recibido, era el hombre en el que debería de confiar
ham, el que se supone que existía porque nosotros pelea- ciegamente, contra la advertencia de todos, porque por
mos por él? alguna razón que todavía no le era revelada, Huerta tenía
Hace unos días vino al consulado don Nicolás Bernal, en sus manos la solución final, el arreglo.
es ahora un hombre maduro, lo conocimos en Chihuahua y lo fue.
cuando hacía proselitismo para los Flores Magón; ahora Cuando se rebelaron los militares en la Ciudadela
anda todo el tiempo con un portafolios lleno de documen- -los mismos en los que Madero había confiado tanto, a
tos sobre los magonistas y recopilando todo lo que puede los que sentía como suyos, más que a ustedes que habían

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sido el ejército revolucionario-, Madero le dio a Huerta pués me dijo que lamentaba haberse rodeado de quienes
el mando de toda la tropa. Si de algo te sirve, te diré que finalmente no eran sus amigos ni partidarios de la Revo-
incluso su propio hermano Gustavo le pidió no confiar en lución, pero que para entonces ya era demasiado tarde.
Huerta, pero él siguió firme en su decisión. Pero 10 que más me duele, Abraham, es que final-
Huerta se rebeló diciendo que era la única forma de mente, aunque no me 10 dijo así, pero entendí, que de 10
terminar con la anarquía y el desorden del gobierno que más se arrepentía era de haber desencadenado la Re-
maderista, 10 apresó y durante cuatro días 10 tuvo cautivo. volución, de haber hecho caso de tu noticia del levanta-
En la ciudad donde dos años antes se le había recibi- miento y llevado por la emoción, haber hecho bajar el
do como el más grande de los héroes nacionales, nadie equipaje que 10 hubiera llevado a Europa.
fue capaz de mover un dedo para salvarlo, y los más cer- y no porque Madero fuera cobarde, ni porque le fal-
canos maderistas abarrotaron las estaciones de trenes para taran energías, no, nunca fue así, no quiero decirte eso.
huir hacia el extranjero. Lo que pasa es que la revuelta armada no era 10 suyo, 10
Tú y yo recibimos en Chihuahua esas noticias, fue- que él me explicó después es que 10 que buscaba era la
ron los días más largos que he conocido en toda mi vida, transformación, pero de una manera, si era necesaria, len-
el estar pendiente momento a momento, con aquella an- ta, que hiciera surgir un país con ese sentimiento de justi-
gustia, de los cables periodísticos que llegaban a casa de cia, hombres con voces como armas y no con armas como
Silvestre Terrazas. palabras. Yque 10 estaba logrando, que el país ya era otro
Pero déjame decirte, nadie mejor que nosotros cono- después de la campaña de mil novecientos diez; el
cíamos el sufrimiento de Madero porque cuando Orozco se maderismo era el sinónimo de la esperanza democrática y
rebeló en Chihuahua, nosotros supimos 10 que era escuchar había el entusiasmo por un nuevo mundo, la dictadura
los gritos de insultos de boca de los mismos que un año an- como sistema había sido derrocada y él había sido la per-
tes te habían recibido con vivas y halagos. La hiriente indi- sona que 10 derribó, yeso significaba mucho para él.
ferencia de unos, las bromas sarcásticas de otros. Pero la Revolución, la guerra armada, retrasaba esto
Igual que durante la rebelión orozquista cuando el otra vez, porque era de nuevo la brutalidad de la violen-
Congreso no vaciló en aceptar a Gutiérrez como goberna- cia; sí, de esa violencia que no es de un color o de otro,
dor interino, la Cámara de Diputados en México aceptó la sino violencia a secas, y es muerte y es tragedia y es llanto
renuncia de Madero. Pero a diferencia de tu caso, la re- amargo y es ira, esa furia vuelta contra uno mismo frente
nuncia que se presentó de Madero no era falsa. a la muerte del hermano de sangre; y que para Madero
Cuatro días con sus noches, Madero meditó sobre la era también uno de los métodos de la dictadura: su mane-
ingratitud de todos y sobre sus propios errores, años des- ra de renacer entre nosotros.

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y en medio de eso, Madero no podía gobernar por- No creas que el vivir en San Francisco me ha conver-
que nadie le entendía, ni siquiera él mismo lograba captar tido en una pro yanqui que olvida todo el veneno que el
la dimensión de la vorágine. embajador Henry Lane Wilson derramó contra Madero y
Hay dos maderismos en nuestra historia Abraham, que estimuló la conjura contra él, pero lo que no puedo
uno es el que se conoce en la ciudad de México, allí donde aceptar es echarle la culpa a los extranjeros cada vez que
Madero es un santo, un iluminado, un apóstol. El otro nos pasa algo malo. No Abraham, ellos han entrado por la
maderismo es el que nosotros conocimos en Chihuahua y puerta que nosotros mismos les hemos dejado abierta,
que es una historia de desencuentros. gringos o franceses, da lo mismo. La historia de las inter-
Por eso en Chihuahua y Ciudad juárez, a diferencia de venciones extranjeras es también la de nuestros propios
muchas de las ciudades importantes de la república, aun errores como mexicanos.
ahora, ninguna de las calles principales lleva su nombre. Al cuarto día de su detención, por la noche, Madero
Madero era un líder sin pueblo. La audiencia a la que y su vicepresidente Pino Suárez, salieron custodiados de
dirigía sus discursos no existía, le hablaba de democracia Palacio Nacional rumbo a la penitenciaría de la ciudad de
a un pueblo que pedía solamente pan y justicia. Soñaba México, lo que los diarios dijeron -la versión oficial como
que era el dirigente de un pueblo culto y avanzado; lo se dice ahora- fue que los asaltaron en el trayecto y que
imaginaba sorprendido por la lucidez de La sucesión pre- en la refriega murieron Madero y Pino.
sidencial, y estimulado por el avance de las democracias Pobre Pino Suárez, el poeta modernista, su último
en el mundo, pero no era así... verso es conmovedor: "Me persiguen los mismos odios que
El país era diferente, el país real, el país que le estor- al presidente, sin la compensación de sus honores, ni de
baba a Madero para gobernar ¿Cuál es, Abraham? ¿Es este su gloria. Mi suerte ha de ser más triste que la de usted,
que conozco todos los días? Esa interminable fila de hom- señor Madero".
bres y mujeres afrentados por la miseria y el hambre, el Imagínate, gritos y explosiones a mitad de la noche fría
desprecio racial, el odio, ¿es ese, Abraham? ¿Ese que le de febrero. Destellos y ráfagas. Una vez vino a San Francisco
propinó una rechifla a Madero cuando les dijo que el pue- el general Rafael Pimienta, que estuvo entre los que escolta-
blo no quería aumento de salario sino democracia? ron a los prisioneros y claro, me contó la versión oficial. Por
Cuando se dio cuenta quiso regresar entonces al lu- supuesto, después hizo una larga carrera militar aun entre
gar en donde se había perdido, a retomar el camino de esa los revolucionarios ¡qué fácil fue para algunos el perdón!
larga marcha y empezar de nuevo a crear esa generación Él me dijo que nunca vio lo que sucedió en el auto de
de hombres iluminados por el modernismo, que serían los Madero, sólo en el vehículo de Pino, porque el grupo de
únicos capaces de transformar realmente al país. Madero iba a cargo de otro oficial, el mayor Francisco Cár-

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denas, del que sólo se sabe que huyó a Guatemala donde de Huerta. A cambio sería la segunda oportunidad, él se
fue fusilado. ¿Ves? Uno hizo carrera militar, el otro fue retiraría a meditar como buen Mesías, a un nuevo desier-
fusilado. El resto de su escolta supuestamente murió en el to y esa decisión sería como un corte quirúrgico con su
enfrentamiento, y el chofer del auto de Madero, Ricardo vida anterior, como la de las otras vidas de las que se ha-
Hernández, se vino inmediatamente a los Estados Unidos bla en el espiritismo.
y después nada se supo de él. El único hombre que habría aceptado el arreglo te-
Tan consternados estábamos tú y yo por lo que suce- nía que ser uno del tipo tan cínico, un verdadero paria...
día en esos días, que nunca reparamos en los detalles, yo como Huerta. El destino hizo que se quedara con el poder,
sola tuve que atar los cabos mucho tiempo después. y él 10 aceptó aunque tuviera que cargar con el peso de un
Leímos los diarios en los que se decía que Madero crimen. Curiosamente el único que en realidad no come-
había sido enterrado en el patio de la prisión a la maña- tió. Madero siguió su tarea que no tenía nada que ver con
na siguiente de su muerte, después, al otro día, había la violencia, sino la de irse a Monterrey a formar esa nue-
sido exhumado, luego hecha la autopsia y que a la fami- va élite de hombres que serían finalmente quienes segui-
lia no le permitieron ver el cadáver. Doña Sara pidió a rían su obra, formarlos en el industrialismo y en el apego
Márquez Sterling que interviniera, finalmente le entre- a las modernas democracias.
garon un féretro ¡forrado con zinc! Sí, un féretro de metal y nos hizo creer que se había muerto.
fuertemente soldado, por eso no existe ninguna foto de ¿Lo sabría Carranza y por eso no quería celebrar el
Madero muerto, si no, hubiera inaugurado toda esa ico- 20 de noviembre?
nografía fúnebre de los héroes nacionales. De todos hay Pero ahora sí parece que por fin Madero se va a mo-
fotos cuando muertos: Carranza, Zapata, Villa, de todos, rir, al menos esta vez físicamente. Me ha mandado decir
sólo de Madero no existen. que todas las mañanas hace que su ayuda de cámara -ese
Nos hicieron creer a todos que Madero había muerto señor que no conozco pero que siempre ha estado pen-
a balazos esa noche, cuando en realidad lo que sucedió es diente de mí, de todo lo que se me ofrece-, lo levante de
que habló con Huerta y le propuso un arreglo: para uno la cama y lo acerque en su silla de ruedas a la ventana,
sería el poder, no importa a cambio de qué culpa, pero el desde donde él puede contemplar su obra, ahora su semi-
poder, para ello inclusive firmaría su renuncia como pre- llero, el resultado de su obsesivo apego a su modernidad;
sidente y ofreció el retiro de toda la familia Madero de la el lugar desde donde ahora pretende formar a la nueva
política; la renuncia era 10 más importante, porque de otra clase dirigente del país.
manera hubiera asesinado al presidente en funciones. Así Lo demás es hoy recuerdos, lamentos, nostalgias,
se permitió el interinato de Lascuráin y luego la ascensión materia de sombras.

300 301
CHIHUAHUA
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LA JUNTA

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