La otra Honduras poética

Prólogo a 100 años de poesía hondureña: La otra Honduras poética

El crítico y teórico literario estadounidense Harold Bloom nos dice en un libro
suyo que el interés auténtico por la lectura debe comenzar como un placer.
También hace énfasis en que para recuperar el placer de leer cuando se ha
perdido o no se ha inculcado hay que desvincularlo de cualquier asomo de
obligación o de expectativas ideológicas que generen falsas esperanzas de
que lo que leamos nos procurará un cambio social. A esto él lo llama un
fraude del conocimiento. Pasamos la niñez en gran medida mirando la
televisión y ésta se proyecta en una adolescencia frente al ordenador y la
universidad recibe a un estudiante difícilmente capaz de acoger la
sugerencia de que debemos soportar tanto el irnos de aquí como el haber
llegado: la madurez lo es todo. La lectura se desmorona, y en el mismo
proceso se hace trizas buena parte de la propia identidad y ya no habrá
programas de lectura que lo remedien. (Léase Cómo y por qué leer).

También, en 1939, el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti escribió: “¿Qué se
puede hacer en este país? Nada, ni dejarse engañar. Detrás de nosotros no
hay nada. Un gaucho, dos gauchos, treinta y tres gauchos”. Ahora,
extrapolemos esta frase a nuestra propia sociedad, repitámosla y hagámosla
nuestra: “Detrás de nosotros no hay nada. Un catracho, dos mayas-chortí,
treinta y tres lencas” y con esta frase, en el sentido que la manejo, en el
sentido generador de ideas, encierra lo que hemos considerado como
nuestra hondureñidad. Es cierto, habría que agregar garífunas, tolupanes,
etc., pero no es la enumeración lo que aquí está en juego, sino otras razones
de mayor importancia, no el detalle de agrupación y hacer valer nuevamente
conceptos sobre multiculturalidad, la anulación del tan manido, confuso y
errado concepto de “identidad”, sino algo más, algo que desde hace muchos
años he considerado que se nos ha escapado a la hora de abordar este
delicado tema de la literatura, o de nuestra literatura, o de la literatura para
nosotros, hecha para, hecha por, literatura al fin y al cabo en búsqueda más
que de la literariedad, que es uno de los fines de ella, satisfacer la exigencia
del mundo que la produce, del destinatario posible, del destinario “obligado”
o requerido para trasmitir un mensaje.

En este sentido, el presente libro, pretende dar un recorrido por cien años de
producción poética en el país, otorgando, desde la selección, mayor énfasis a
los poemas que a los autores, razón por la cual habrá escritores con más

” Agrega: “Si la poesía trata del placer. podría decirse que fui elaborando mi antología personal de poesía . tono.poemas que otros. severas constricciones. Según Terry Eagleton: “un poema es una declaración moral. y rigurosas distinciones entre lo que está bien y lo que está mal. hemos ordenado a los autores seleccionados en orden cronológico en función de facilitarles una mayor comprensión de la evolución de la poesía hondureña tanto en sus formas – sonoridad. o en este caso específico “nuestra poesía”? ¿Desde qué enfoque u óptica veníamos haciéndolo nosotros los hondureños? ¿Qué nos dan a leer en las instituciones educativas? En respuesta fui forjando un listado de poemas. no sólo con el buen comportamiento. modo y altura. Su raíz etimológica proviene del griego poiesis que significa “creación” o “producción”. Aclarado este punto. intensidad y cadencia. Durante algunos años me hice la siguiente pregunta: ¿qué es lo que debería de leer un extranjero cuando quiera conocer nuestra literatura hondureña. quien decide donde terminan los versos. Sugiere códigos y prohibiciones. en relación de que es capaz de abordar moralidades o inmoralidades como parte integral de los comportamientos de una sociedad o una civilización. ritmo. sin contexto que las origine. En realidad. es el estudio del modo de vivir más plenamente y más alegremente. poetas. en principio ser también inteligibles –entendibles. como Catalina la Grande o Ringo Starr. el arte ha sido considerado “amoral”. verbalmente inventiva y ficcional en la que es el autor. y no el impresor o el procesador de textos. “Pueden ser destinados especialmente a un lector específico. textura. comportamiento civilizado. pueden surgir de la imaginación.” Según el autor. pero para poder llamarlos poemas deben. la moral podría considerarse su opuesto. En este sentido. la moralidad en su sentido tradicional.para cualquier otro”. críticos literarios y filósofos. y no menos en las culturas anglosajonas –no digamos en nuestra sociedad conservadora centroamericana-. y el término “moral” en este contexto hace referencia a un enfoque cualitativo o evaluativo de la conducta humana y la experiencia. En conclusión. un poema puede tener los más disímiles orígenes o motivaciones: puede provenir de una experiencia personal como tampoco puede provenir de ella. La poesía ha sido definida por tantos teóricos. la moralidad tiene que ver con el comportamiento. Sin embargo.así como en sus diferentes temas y en las muy variadas formas de considerar qué es un poema y cómo debería serlo. “la palabra “moral” siempre supone un problema.

de una veta más “maldita”. Giovanni Rodríguez. Gustavo Campos. más narrador que poeta. o aquellos que puedan servir de ruta de lectura para quienes deseen saber más de nuestra poesía. Magdiel Midence. equiparable a grandes poemas de la literatura universal. incluyendo sólo una muestra de su obra y terminó convirtiéndose en Cien años de poesía hondureña. Y como ya antes hemos advertido: nuestra guía ha sido el placer estético. entre otros. aquella que goza de sello universal. escrita en Honduras. ésta última demostrando tres facetas . Carlos Ordóñez. destreza y fuerza poética. pero también se debe a dos razones: algunos no tuvieron esa altura poética y correspondió más a su “fama” y a su capacidad de respuesta estética ante los problemas que aquejaban a nuestra sociedad en un momento determinado. como Jessica Sánchez. mi selección era muy rigurosa y por lo tanto acabaría siendo muy breve. la lectura cómo único placer. pero.hondureña. porque un autor siempre remitirá a otro autor. Pero para elaborar este proyecto hice concesiones. Arturo Martínez Galindo. Releí autores y encontré en ellos y en su lenguaje intensidad. pero sus viajes y lecturas seguro le dieron otras huellas que seguir. Vale recalcar que es la poesía de León Leiva Gallardo el eslabón entre las generaciones de poetas nacidos antes del 70 y los contemporáneos. igual ejemplo que en su narrativa. aún romántica y modernista. por supuesto. de quien he considerado su poesía casi opuesta a la de Rubén Darío. Fusioné junto a la presente antología otra que había elaborado de los autores nacidos después de 1979. lo que este libro reúne es una pluralidad de voces de los poemas más relevantes. Habrá poemas muy conocidos en el ámbito nacional que no aparecerán. Así encontramos poemas de Juan Ramón Molina. Murvin Andino. También fijé un número determinado de páginas del presente volumen para darle mayor severidad. como ocurre en cada antología. en cambio Darío fue más “luminoso” y deslumbrante en su lenguaje. No habrá joven o adulto que al leer la presente antología quede indemne pues no habrá fibra emotiva y emoción estética no explorada y estoy más que seguro que volverá a leerla y la recomendará o prestará para que otros también disfruten de la experiencia lectora experimentada del recorrido de cuarenta y dos autores hondureños. el primero más existencialista. deja ver en el poema seleccionado una forma distinta de hacer poesía de la época en que vivió. Habrá omisiones de nombres. y un poema a otro poema. ritmos. Rebeca Becerra. su “torre de marfil” la construyó hacia abajo. Aparecen Jacobo Cárcamo y Clementina Suárez.

Pompeyo del Valle. quizás el escritor más emblemático de los últimos 50 años en la poesía hondureña -y a su vez el más desconocido-. Giovanni Rodríguez. José González. Efraín López Nieto. A. El uso de adverbios de negación reviste en ellos una especie de profundidad en su discurso o al menos es su pretensión.1993) en Antología de la Poesía Latinoamericana 1950-1970(1974). Jorge Martínez. Fórmula tampoco ajena a los poetas que los anteceden. que su obra oscila entre lo intimista y la militancia política. y Nelson Merren. Martin Cálix. Incluidos también José Adán Castelar y José Luis Quesada. quien además tuvo como profesor a Emil Cioran y que además sostuvo amistad con Octavio Paz. se quiera o no. intensidad y cadencia. y de quien los poetas jóvenes –menores de 35 años. Estos son los mismos para todos los cuarenta y dos poetas aquí reunidos. Nincy Perdomo. Fabricio Estrada. José Antonio Funes. heredero de la generación del 27 de España. con una poesía de un tono social fuerte y defensor de los más desposeídos. Otoniel Natarén. de quien H. Marco Antonio Madrid. En Mayra Oyuela las imágenes sobre pueblan su . lucidez y rigor”. 1918. De la denominada generación del “50” aparecen: Antonio José Rivas. Jessica Sánchez. Roberto Sosa. María Eugenia Ramos. el otro es Nelson Merren. Bermúdez expresó lo siguiente: “constituye dentro de la poesía hondureña de hoy el conjunto de mayor aliento. Salvador Madrid. estará presente. Carlos Rodríguez. el más conocido y laureado. Livio Ramírez. Gustavo Campos. Juan Ramón Saravia. Karen Valladares. dice: “su voz se caracteriza por una inquietud humana y por su tono social auténtico…Es posiblemente por esta razón que sus poemas son más representativos para su generación que aquellos de los poetas sociales”. Dennis Ávila. Carlos Ordoñez. Edilberto Cardona Bulnes. Darío Cálix. Rebeca Becerra. Nivel de conciencia y libertad creativa y su postura poética y los ya citados anteriormente: sonoridad. conocido por sus estudios y antologías sobre literatura surrealista latinoamericana. Mayra Oyuela. Magdiel Midence. ritmo. Rolando Kattán. Murvin Andino. Rigoberto Paredes. Además. En los jóvenes hay evidente tendencia a la negación como elemento creador. tono. ese agón. de quien Ştefan Baciu (Rumania. ambos miembros de La Voz Convocada.diferentes de su quehacer literario. León Leiva Gallardo. modo y altura. Son varios los criterios de selección en la presente antología. textura. Óscar Acosta. siendo Nelson Merren y José Luis Quesada los poetas que más influyeron a la generación inmediata.han abrevado y reconocido como uno de los dos poemas más influyentes en su formación. poesía intimista y además poeta de gran economía verbal. Javier Vindel. lucha por la supremacía.

Igual pasa en la narrativa. A su obra se suma un humor al estilo nonsense. y aunque haya cierto descuido en su elaboración conceptual y musicalidad de sus versos. con otros poetas como Midence. Darío Cálix. y. ese pathos. carece de ese algo que poseen los demás poetas. . cuando apenas se conocía la obra de Girondo y aun no comenzaba a sonar el nombre de Santiago Papasquiaro. literatura latinoamericana de posvanguardia y oriental recorren parte de su obra y estos también encuentran proximidad en José González y Rigoberto Paredes. A Giovanni Rodríguez se le reconoce mayor conciencia del oficio. por tanto. ese fragmentarismo tiene asonancia con la poesía de Oyuela. creacionista. quien a su vez abreva de la poesía inglesa y de la música como motor de creación. Hay una veta maldita que recorre a muchos de los poetas antologados. sus irrupciones son eco y movimiento de estos tiempos posmodernos. dista de ser la respuesta de algún despistado oráculo. Dennis Ávila y Rolando Kattán orbitan en otras esferas. sin embargo. y en su obsesiva mesura bien puede mutilar su propia creación. aunque haya publicado poco. a su vez. En Magdiel Midence hay un mayor manejo fónico con imágenes y metáforas de corte iconoclasta. En Murvin Andino. Según nuestros programas de educación e instituciones culturales en los años cuarenta se agotaron los creadores. Vale acotar que Javier Vindel es uno de los primeros en proponer una poesía lúdica. Este libro es una propuesta de lectura. Y gozará del acierto/yerro de ser la primera en compilar cien años de poesía.discurso poético.

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